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México 1521-1821 Se forja una nación. Tomo I

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Dirección

Cándida Fernández de Calderón Coordinación académica

María Cristina Torales Pacheco Guadalupe Jiménez Codinach María Teresa Franco

tomo i


Portada y p. 4

Autor no identificad o

Encuentro de Cortés y Moctezuma (detalle), siglo xvii pp. 2-3

Antonio Joli (1700-1777)

Partida de Carlos de Borbón a España, vista desde la dársena, 1759 autor no identificad o

Batea, ca. 1662-1663

Primera edición, 2022 D. R. © Fomento Cultural Citibanamex, A. C. Francisco I. Madero 17, Centro Histórico Ciudad de México, 06000 ISBN obra completa 978-607-9478-33-9 ISBN tomo i 978-607-9478-37-7 Depósito Legal M-9996-2022


contenido

presentación. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11 M anuel Romo

prólogo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 15 Cándida Fernández de Calderón

introducción. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 19 TOMO I li bro pr i m ero

introducción. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 33 El siglo xvi: la fundación de un reino M aría Cristina Tor ales Pacheco

La monarquía hispana y el marco europeo en los inicios de la globalización. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 43 Renate Pieper

La España de 1521: encrucijada de caminos y proyectos. . 63 M aría del Carmen M artínez M artínez

Los pueblos mesoamericanos en 1521: la situación, guerras y conflictos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 81 M aría Concepción Obregón Rodríguez

La caída de la Ciudad de México. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 97 Rodrigo M artínez Bar acs

Las otras conquistas: el avance hispánico sobre el septentrión en el siglo xvi. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 127 Juan Carlos Ruiz Guadala jar a

Los aliados del proyecto de expansión y poblamiento: Tlaxcala y la conformación de la Nueva España en los siglos xvi y xvii . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 169 Alba González Jácome

Los virreinatos indianos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 195 Óscar Cruz Barney

La conquista espiritual. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 225 Fr ancisco Mor ales

El episcopado y el clero secular en la Nueva España, siglos xvii-xviii . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 257 Antonio Cano Castillo

El surgimiento del cristianismo mexicano . . . . . . . . . . . . . 287 Serge Gruzinski

Gobernar en nombre de Dios y del rey: las primeras estructuras políticas de la Nueva España. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .309 Antonio Rubial García

li bro se gu n d o

introducción. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 347 Surgimiento y consolidación del criollismo en el “largo siglo xvii” novohispano M aría Cristina Tor ales Pacheco

Los virreyes de la Nueva España en los siglos xvii y xviii. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 355 Enriqueta Vila Vilar

La Ciudad de México: miradas, representaciones escritas e invenciones plásticas, siglos xvi-xviii. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 377 M aría Cristina Tor ales Pacheco

Las civilizaciones de la Nueva España: historias diversas en busca de la nación mexicana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 423 John Tutino

Entre Europa y América: transmitir letras y saberes en la Nueva España. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 447 Enrique González González

Los pueblos de indios en el siglo xviii: población, finanzas y educación. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 475 Dorothy Tanck de Estr ada

La química del tiempo: africanos y asiáticos en la Nueva España. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 493 Antonio García de León

El papel de la mujer en el virreinato, siglos xvi-xviii. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 513 Silvia M arina Arrom

El culto a la Virgen de Guadalupe en México: algunas reflexiones. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 531 Xavier Noguez

Filosofía y teología en la Nueva España, siglos xvi-xviii. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 547 M auricio Beuchot

“De mi patria, la dulce afición”: Sor Juana. . . . . . . . . . . . . . 563 Sar a Poot Herrer a

El sentido de la historia y su escritura. . . . . . . . . . . . . . . . 575 Patricia Escandón

Arquitectura y artes plásticas en la Nueva España, 1521-1821. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 591 Clar a Bargellini


Juan Correa (1646-1716)

Biombo Encuentro de Cortés y Moctezuma, ca. 1684


p. 10

p. 14

Josefus de Riber a y Argom anis (siglo xviii)

Sebastián de Herrer a Barnuevo (1619-1671)

Verdadero retrato de Santa María Virgen de Guadalupe, patrona principal de la Nueva España, 1778

Carlos II niño, ca. 1670

pp. 12-13

Pedro de Medina (1493-1567)

Mapamundi, en Suma de cosmographia, 1550

p. 16

Autor no identificad o

Dama, siglo xviii


Desde nuestra fundación en 1884, hemos sido una empresa comprometida a impulsar el desarrollo del país y el progreso de las comunidades donde estamos presentes, una labor que llevamos a cabo al ejercer de forma profesional y responsable nuestra función principal como intermediario financiero y que complementamos con una amplia y activa participación en materia de responsabilidad social empresarial. Cumplir exitosamente esta misión implica necesariamente un conocimiento profundo del país donde operamos y la sociedad a la que servimos. Por ello, durante décadas hemos llevado a cabo múltiples esfuerzos para entender mejor a México y a su gente, no sólo en el plano político y económico, sino también en el ámbito social y cultural, incluidos nuestros valores y nuestra historia. Fuimos pioneros en instaurar un área de estudios económicos, que luego extendimos al ámbito social; en 1951 establecimos el Premio Citibanamex de Economía; hemos auspiciado siete investigaciones que se han traducido en sendos libros sobre los valores de los mexicanos y, en 1984, instituimos el Premio Atanasio G. Saravia de historia regional mexicana. Además, a través de Fomento Cultural Citibanamex, A. C., nos hemos consolidado como referente del sector privado en la promoción y la difusión de la cultura mexicana apoyando expresiones artísticas y culturales que permiten valorar y comprender mejor los rasgos de nuestra identidad, entre ellas, la edición de doscientos cuarenta títulos de arte e historia de México, treinta de los cuales han obtenido el reconocimiento del gremio editorial y cultural por su calidad y contenidos. En sintonía con estos esfuerzos y en el marco del quincuagésimo aniversario de Fomento Cultural Citibanamex, A. C. y de la apertura del Palacio de Iturbide como recinto cultural, me complace presentar la publicación en dos tomos de México, 1521-1821. Se forja una nación, con la cual nos sumamos a la revisión historiográfica de los quinientos años de la Conquista y de los doscientos años de la consumación de la Independencia. Esta obra aborda diversos aspectos de nuestra historia a lo largo de esos tres siglos que determinaron en buena medida nuestro carácter como nación independiente y que tienen eco hasta nuestros días. Agradecemos y reconocemos la valiosa colaboración de los notables especialistas, tanto nacionales como extranjeros, que aportaron sus investigaciones y la redacción de los textos. Nuestro agradecimiento y reconocimiento, asimismo, a las historiadoras María Cristina Torales Pacheco, Guadalupe Jiménez Codinach y María Teresa Franco por la coordinación de los contenidos, así como a la dirección de Fomento Cultural Citibanamex, A. C. y su equipo editorial, que compaginaron los esfuerzos de autores, fotógrafos, editoras, traductoras, diseñadoras e investigadores iconográficos. Conocer más a México y a los mexicanos nos permite servirlos mejor. Este proyecto continúa felizmente con una añeja tradición de Citibanamex de impulsar el arte, la cultura, las tradiciones, los valores y el conocimiento de la historia de México como un elemento muy destacado de nuestro compromiso con la sociedad. Manuel Romo Director General Grupo Financiero Citibanamex Banco Nacional de México

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prólogo

La edición de México, 1521-1821. Se forja una nación pone al alcance

por potenciar el sentido de ciudadanía y en favor de una mayor com-

de nuestros lectores y del público en general un amplio corpus docu-

prensión de nosotros mismos y de nuestra identidad.

mental dedicado a los trescientos años de historia que significaron la

Amén de ello, en los últimos treinta años, además, hemos vincu-

fundación y el desarrollo del virreinato de la Nueva España que, sin

lado esfuerzos y sumado alianzas de socios culturales y de aliados, tanto

lugar a dudas, corresponden a la intrincada construcción de un orden

públicos como privados, en el terreno nacional y en el internacional.

distinto, en el que, en su modelo multicultural, se implementaron las

Por ello y para conmemorar —o hacer memoria juntos— de tan

simientes de las estructuras políticas, religiosas, migratorias, econó-

significativos aniversarios, me complace presentar la publicación Mé-

micas, comerciales, etnográficas, sociales y artísticas que a la larga

xico, 1521-1821. Se forja una nación, que forma parte de un proyecto

forjaron nuestra identidad como nación independiente.

más amplio, que incluye conferencias y programas audiovisuales para

Qué mejor manera de adentrarnos en el conocimiento de aque-

ser retransmitidos en distintas plataformas. Se trata de una iniciativa

llos aspectos que fraguaron la identidad de los mexicanos que hacerlo

editorial de gran calado en su concepción de ahondar en trescientos

con la conmemoración de dos fechas históricas relevantes para nues-

años de historia virreinal desde una perspectiva panorámica y con un

tro país: la capitulación de Mexico-Tenochtitlan, acontecida el 13 de

conocimiento integral del entramado de los procesos que dieron lu-

agosto de 1521 —hace cinco centurias—, y el final de la Guerra de In-

gar a una historia común y compartida y que cimentaron lo que hoy

dependencia y su consumación el 27 de septiembre de 1821, hechos que

es la nación mexicana. Transmitir los valores de ese periodo —poco

cumplen su bicentenario. Historia de bronce aparte, es innegable

y mal conocido— es uno de nuestros principales objetivos.

que ambas fechas son fundacionales para el presente de todos nosotros.

En la planeación de esta obra contamos con la valiosa colabora-

Adicional a estos dos significativos hitos históricos, sumamos una

ción de tres historiadoras especialistas en temas novohispanos, a

tercera fecha que para El Banco Nacional de México-Citibanamex es

quienes agradezco su compromiso y generosa aportación a este proyec-

motivo de celebración: me refiero a los cincuenta años de la fundación

to: las doctoras María Cristina Torales Pacheco, Guadalupe Jiménez

de Fomento Cultural Banamex, A. C, institución creada en 1971 con la

Codinach y María Teresa Franco, con cuya asesoría se pudo organi-

convicción por parte de los directivos del banco de impulsar la inver-

zar una gran diversidad de temas y reunir el trabajo de los estudiosos

sión en el desarrollo cultural, así como fomentar la cultura en nues-

en cada una de las materias que se abordan. Cabe destacar que como

tra sociedad mediante la divulgación y la difusión del conocimiento

directora de esta iniciativa tuve el privilegio de pasar largas horas

de la historia, el arte y las tradiciones de México. La aportación de la

con ellas en medios electrónicos a lo largo de dos años para, prime-

institución ha significado, entre otros aspectos, la formación de va-

ro, concretar un listado de temas y, después, a manera de consejo edi-

rias generaciones de un público cada vez mayor y mejor informado

torial, llevar a cabo la revisión académica de los textos, todo ello con

en diversos contenidos culturales y en aquellos que configuran nues-

miras a plasmar una visión global e integrada de trescientos años de

tra oferta, con sus principales líneas de acción, como son las exposi-

historia y dotar de contexto el devenir de lo que conocemos como el

ciones, el apoyo al arte popular, el quehacer editorial, la conservación

virreinato de la Nueva España; eso por una parte, y por la otra, para

del patrimonio —artístico y monumental— y la preservación de nues-

poder hilar fino cada uno de los procesos del entramado que significa

tros valores históricos y culturales, tangibles e intangibles.

México, no sólo como Nueva España y en la génesis de su indepen-

Fomento Cultural Citibanamex, A. C., en tiempos de conmemo-

dencia, sino como la patria que habitamos y nos brinda abrigo.

raciones, refrenda su vocación y determinación por aportar al conoci-

Había que considerar la importancia del impacto de la Nueva

miento, por crear vínculos, así como por comprender mejor nuestra

España en Europa y en la propia monarquía católica. En ese contexto,

historia y entorno social a través de la promoción y la difusión de los

no es exagerado decir que la Nueva España estaba en el vértice del

estudios más recientes y con las voces más calificadas.

mundo y que fue, durante doscientos años, el eje de un mundo globa-

A lo largo de estos cincuenta años, se ha trabajado con criterios

lizado. En esta revisión es importante entender que la historia es

de calidad, investigación seria, respeto a la diversidad, preocupación

móvil; es un proceso humano, abierto a sus protagonistas, no dado

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sentan el panorama fundacional de la Nueva España, que abarca desde los procesos de gestación en el siglo xv, de eso que la historia terminó por llamar “imperios” mexica y español. Tanto los europeos como los naturales de América reconfiguraron su idea del universo, del mundo y de ellos mismos. Cambiaron las mentalidades, la religión, las herramientas tecnológicas, la fauna, la flora y las formas de producción. Dos mundos frente a frente que, como decía Edmundo O’Gorman, se darían un “encontronazo” que marcó tanto a América como a Europa en forma radical, con luces, pero también sombras, con esperanzas, pero también con dolor. Queda claro el papel fundamental de los frailes mendicantes, que aprendieron a valorar las virtudes del otro, del ser humano; de allí el crecimiento del proceso de evangelización, cuyo mejor botón de muestra son los más de doscientos conventos construidos por los indios entre 1530 y 1590 y la organización de poblados a todo lo largo y ancho de la Mesoamérica española, bajo la dirección de unos cuantos religiosos. Los textos repasan cómo se construyó la sociedad novohispana, sus debilidades y mezquindades, sus fortalezas y grandezas, sus nuevas costumbres y el gran mestizaje cultural que arrancó desde los primeros días de Hernán Cortés en tierras mesoamericanas. La extraordinaria organización de las sociedades precortesianas permitió de antemano, y que además la relatan personas que escriben para

una transición sorprendentemente rápida, aunque no carente de tro-

alguien y por algo.

piezos, hacia la conformación de los pueblos de indios, con intere-

En ese panorama, también ha sido necesario marcar los mitos que

santes sistemas de educación y la asimilación de nuevos oficios, entre

nos dividen, que nos hacen daño, al repetirse acríticamente en forma

otros aspectos. Las epidemias redujeron drásticamente a la pobla-

indefinida y que ya no se sostienen ante la historiografía producida

ción indígena, pero las nuevas condiciones geográficas y económicas,

en las últimas décadas. Se procuró, pues, presentar distintas perspec-

si bien con lentitud, permitieron perfilar su recuperación.

tivas, así como apostar a la mejor comprensión de nuestro pasado.

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La organización política se fue entramando a lo largo del territo-

Desde el contexto de 1521, hemos querido superar la visión que

rio, con personalidades como Hernán Cortés, Sebastián Ramírez de

sólo resalta el amor al metal, a la violencia, a la Iglesia y el fanatismo,

Fuenleal o Antonio de Mendoza, quienes tenían consideración por el

sin considerar que también estuvieron presentes la preocupación por

otro, en parte debido a sus experiencias de vida anteriores a este par-

la trascendencia y la creación de un reino “para siempre”, la conside-

ticular proceso de expansión.

ración humana del indio, las leyes de Indias, el estado de derecho y la

En el libro segundo, compuesto por doce capítulos y también

riqueza de la cultura mestiza, que se desarrolló en todos los aspectos

introducido por María Cristina Torales Pacheco, se presenta un am-

de la vida novohispana.

plio recorrido por lo que hemos llamado el “largo siglo xvii”. Nues-

Por otro lado, dentro de la perspectiva de 1821, se quiso poner de

tros lectores podrán adentrarse en el fascinante mundo novohispano,

relieve el trabajo conciliador y diplomático de Agustín de Iturbide para

en sus destellos brillantes pero también en sus facetas sombrías, en el

llegar a la consumación de la Independencia con un mínimo derrama-

cual “cuajó” la sociedad que nos antecedió, con sus gobernantes, de-

miento de sangre. Ése fue el papel innegablemente positivo de Iturbi-

vociones, filosofía e intelectualidad y su arte.

de en esa etapa final del movimiento insurgente. También había que

Se expone el pleno desarrollo del gobierno de los Austrias como

hablar de cómo la nueva nación independiente nació en medio de un

una maquinaria casi perfecta que, antes que imponerse, negociaba con

gran entusiasmo social, pero con graves problemas económicos, que

una sociedad muy diversa. A partir del segundo tercio del siglo xvii,

no facilitaron la organización del nuevo país.

se dio un crecimiento económico que alcanzó niveles significativos,

Así pues, la presente edición México, 1521-1821. Se forja una

unido al desarrollo de las letras y de un gran arte pictórico y arquitec-

nación está conformada por más de cuarenta textos de investigación

tónico. Fueron los tiempos de Sor Juana Inés de la Cruz, Juan Ruiz

académica, inéditos, escritos ex profeso para esta obra editorial, rea-

de Alarcón y Carlos de Sigüenza y Góngora en el mundo de las letras, de

lizados por connotados especialistas en cada materia, tanto de México

Juan Correa y Cristóbal de Villalpando en el de la pintura y de Car-

como del extranjero, provenientes de universidades, centros de inves-

los García Durango y Pedro de Arrieta en el de la arquitectura, todos

tigación y de colegios de historia, a quienes hago patente mi agrade-

ellos pruebas fehacientes de la robusta y rica sociedad novohispana.

cimiento por su participación y el entusiasmo con el que desarrollaron

Se afianzó una religiosidad propia de la Contrarreforma, y la Vir-

los temas propuestos. Los escritos han sido organizados a lo largo de

gen de Guadalupe se fue afirmando como un elemento importante para

dos tomos, en cuatro grandes apartados o libros, con la finalidad de dar

potenciar la identidad de una sociedad multicultural y multiétnica.

un hilo conductor a una historia tan vasta y de prolongada duración.

Al mismo tiempo, se consolidaron los pueblos de indios como so-

El libro primero está dedicado al siglo xvi. Lo conforman una

ciedades solventes y con pleno ejercicio de sus derechos. El crecimiento

introducción, a cargo de María Cristina Torales Pacheco, y diez ensa-

económico de las haciendas como unidades de producción se hizo

yos de destacados autores de ambos lados del Atlántico que nos pre-

patente y también el fortalecimiento de la extracción de metales en


las minas, que cobraría aún más vigor durante la primera mitad del siglo xviii.

En los veintitrés puntos que Agustín de Iturbide postuló en el Plan de Iguala se presenta la suma de las distintas iniciativas que

En el libro tercero se recopilan nueve textos, en los que se estu-

lo precedieron y planteó otras más que consiguieron unir a la in-

dia la segunda mitad del siglo xviii, la Nueva España de la Ilustra-

mensa mayoría de las voluntades de la Nueva España bajo el esquema

ción, presentado nuevamente por María Cristina Torales Pacheco. Se

de la defensa de la religión católica, la independencia total, la igual-

revisan, entre otros aspectos, la economía, el comercio, los intercam-

dad y la libertad de todos los mexicanos en el marco de una monar-

bios oceánicos, las industrias novohispanas, los descubrimientos, las

quía constitucional.

innovaciones científicas y las reformas borbónicas, que significaron un giro en la política y en la gestión de los recursos americanos.

Tras su acercamiento con Vicente Guerrero y mediante una encomiable labor diplomática exhaustiva, Iturbide se dedicó a enviar co-

En el siglo xviii, la Nueva España se convirtió en la “perla” de las

municados al resto de los insurgentes, oficiales realistas, alcaldes y

posesiones de la monarquía hispánica, con un desarrollo minero sin

personalidades clave de la sociedad novohispana, en un llamamiento

precedentes, una moneda de plata que fluía por todo el mundo —sos-

para que se sumaran al plan de independencia.

tén indispensable para la política internacional de la Corona—, y con

Con el último “jefe político” de la Nueva España, el liberal Juan

vigorosas expresiones en las artes y en las ciencias. Hasta el tercer

O’Donojú, el entendimiento desembocó en los Tratados de Córdoba,

cuarto de la centuria se mantuvieron elevados niveles de vida, medi-

que dieron paso a la entrada triunfal del Ejército Trigarante a la Ciu-

bles en el incremento de la estatura de los habitantes, el monto de los

dad de México. Así, el jueves 27 de septiembre de 1821, 16 mil soldados

salarios o la ingesta de carne de la sociedad en general. La población

junto con sus oficiales cruzaron el arco efímero de la calle de Plate-

indígena continuó su recuperación demográfica y participó del creci-

ros, en medio de la felicidad y la algarabía del pueblo, que enarbolaba

miento económico. El comercio interno siguió siendo robusto, con

los colores trigarantes, y con el sonido de piezas musicales alusivas a

una emergente sociedad de consumo, y donde también desempeñaba un

la Independencia.

papel importante el abundante flujo de los intercambios transatlánticos y transpacíficos.

A manera de conclusión, diremos que México, 1521-1821. Se forja una nación es una obra con un valor académico e historiográfico cuyo

La llegada al trono de la dinastía de los Borbones significó una

alcance he tratado de exponer con la mención de algunos de los te-

nueva idea de monarquía, aunque no fue sino hasta el reinado de Car-

mas que constituyen el estudio integral de trescientos años de vi-

los III cuando los cambios se implantaron de lleno en América.

rreinato, la relevancia que implica el conocimiento de uno de los

Carlos IV tuvo que hacer frente a un complicado escenario interna-

más grandes reinos de su época y cómo esa fracción de nuestra mile-

cional derivado de las guerras revolucionarias y napoleónicas, que

naria historia impactó en la configuración de nuestro presente y de

significaron el inicio de una crisis de la monarquía. Los sucesores del

nuestra nación libre e independiente.

virrey, segundo conde de Revillagigedo, el último gran gobernante

Para finalizar, no me resta más que agradecer, en primera ins-

del virreinato, sumaron insensibilidad y desconsideración hacia el

tancia, a El Banco Nacional de México-Citibanamex, a Manuel Romo

reino de la Nueva España y una exigencia de grandes cantidades de

y a su equipo de dirección por su confianza en nuestra labor y por

metálico que fueron minando la solvencia novohispana, lo que se

impulsar las iniciativas que llevamos a cabo, como esta publicación

aunó después al descalabro económico que provocó el movimiento

que ahora ponemos a disposición del público.

de la revolución de independencia, extendido durante diez largos y agotadores años en los albores del siglo xix.

Por su puesto, valga mi gratitud para todos los que intervinieron en la realización de México, 1521-1821. Se forja una nación, como

En el libro cuarto, último de la edición, introducido por Guadalu-

autores, asesoras, diseñadoras, correctoras, traductores, fotógrafos,

pe Jiménez Codinach, los autores analizan las primeras dos décadas

investigadores iconográficos, investigadores auxiliares y a mi equipo

del siglo xix, es decir, el inicio y la consumación de la Independen-

de la Coordinación Editorial y de otras áreas, que se sumaron para

cia de México, abordándolas más allá de la visión bélica que significó

lograr su conclusión. Con esta obra editorial reafirmamos nuestro

ese periodo de nuestra historia. En ocho ensayos se dilucidan los as-

quehacer por aportar al conocimiento de nuestra historia contenidos de

pectos que motivaron la sublevación americana.

vanguardia, con innovadoras perspectivas de investigación, así como el

Vemos cómo a través del Plan de Independencia de la América Sep-

compromiso fehaciente de El Banco Nacional de México-Citibanamex

tentrional del 24 de febrero de 1821 se sentaron las bases para que el

por fomentar la difusión de nuestra cultura y resguardar la memoria

27 de septiembre de ese año se consumara la Independencia.

de esta significativa parte del ser de los mexicanos.

Cándida Fernández de Calderón Directora Fomento Cultural Citibanamex, A. C.

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introducción

Quiero una imprevisible historia […] sólo inteligible

del general Vicente Riva Palacio (1832-1896), impresa en Barcelo-

con el concurso de la luz de la imaginación […]; una

na por la Casa Ballesca y distribuida esa primera edición por sus-

historia-arte, cercana a su prima hermana la narra-

cripción en fascículos entregados a lo largo de seis años (1884-1889),

tiva literaria […] reflejo, pues, de la impronta de su

los cuales integraron cinco tomos. Riva Palacio escribió el voluminoso

libre albedrío para que en el foco de la comprensión

segundo tomo, consagrado precisamente al virreinato. En él plasmó

del pasado no se opere la degradante metamorfosis del

su interpretación de trescientos años de historia, erudita y rigurosa-

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hombre en mero juguete de un destino inexorable.

mente documentada. Enriqueció su texto con valiosos testimonios

Edmundo O’Gorman (1906-1995)

escritos, que seleccionó en sus incursiones en archivos públicos y en las colecciones de amigos y colegas. Las experiencias vívidas en los

Con la publicación en dos tomos de México, 1521-1821. Se forja una

azarosos y convulsivos años de invasiones, guerras y enfrentamien-

nación, Fomento Cultural Citibanamex, A. C. se suma a las conme-

tos políticos seguramente influyeron en la escritura de los autores,

moraciones con motivo del quinto centenario del 13 de agosto de 1521

en la que se privilegió el devenir político de la nación. En su percep-

y el bicentenario del 27 de septiembre de 1821. Conmemorar implica

ción del pasado novohispano, Riva Palacio estructuró su obra con la

alimentar, enriquecer la memoria colectiva con el significado de los

exposición de uno a uno de los periodos de gobierno de los virreyes

sucesos que tuvieron lugar en esas fechas que marcan el inicio y el fin

y, con creatividad e inclinación a las bellas letras y a la luz de sus in-

de un extenso periodo de nuestra historia, en el que nuestro territo-

dagaciones, resaltó aspectos sociales, económicos y culturales del

rio y sus habitantes estuvieron vinculados a la monarquía española.

virreinato. México a través de los siglos fue profusamente ilustrada, lo

La primera corresponde a la caída de Mexico-Tenochtitlan, su-

que permite considerar esta obra la más importante muestra de la

ceso que es posible interpretar como una acción conjunta de naturales

gráfica decimonónica.

y europeos, que tuvo como consecuencias la liberación de los nu-

La Antología del centenario fue la otra gran obra de fines del si-

merosos pobladores (con diversidad de lenguas y costumbres), la can-

glo xix. Fue iniciativa de Luis G. Urbina (1868-1934) y contó con el

celación de la subordinación tributaria a los mexicas y el punto de

patrocinio del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. El ob-

partida de la fundación del reino de la Nueva España, que quedaría

jetivo inicial pretendía seleccionar obras representativas de los escri-

sujeto a la monarquía hispánica. La segunda fecha marca su final. En

tores del siglo xix y de la primera década del siglo xx. Sin embargo,

ella tuvieron lugar el ingreso a la Ciudad de México del Ejército Triga-

la exigencia impuesta por el maestro Justo Sierra (1848-1912) de que

rante, presidido por Agustín de Iturbide, y la proclamación de la In-

debía estar terminada en escasos nueve meses con tan sólo tres escrito-

dependencia a sus habitantes.

res —el propio Urbina, Pedro Henríquez Ureña (1884-1946), Nicolás

Conviene dejar registradas algunas notas a propósito de la origi-

Rangel (1864-1935) y Rafael Heliodoro Valle (1891-1959), contratado

nalidad de esta obra. En la primera mitad del siglo xix, la historio-

como “escribiente mecanógrafo”— no permitió la realización de este

grafía mexicana, con un cariz político, se ocupó con actitud crítica y

anhelo. Encerrados prácticamente en una sala en los altos de la Bi-

severa del pasado virreinal en aras de justificar el proceso de inde-

blioteca Nacional, los tres escritores y el “escribiente mecanógrafo”

pendencia y reafirmar la identidad nacional. No obstante, con nostal-

lograron concluir sólo dos voluminosos tomos. En ellos se ocuparon

gia, estuvo presente la valoración de la cultura de ese remoto pasado

de los principales autores de las bellas letras en el ocaso del virreinato

a través de las bellas letras y la exaltación de las obras arquitectónicas, escultóricas y plásticas. Fue hasta el final de ese siglo cuando, en la proximidad del centenario del movimiento insurgente, los intelectuales impulsaron el estudio sobre el virreinato de México. Acorde con el positivismo imperante en los círculos letrados, fueron publicadas dos magnas obras: México a través de los siglos, escrita bajo el liderazgo

1 Edmundo O’Gorman, “Fantasmas en la narrativa historiográfica” (alocución leída en el Salón de Actos de la Universidad Iberoamericana en la ceremonia de recepción del doctorado honoris causa en Humanidades, Ciudad de México, 4 de octubre de 1991), México, Universidad Iberoamericana/Centro de Estudios de Historia de México Condumex, 1992, pp. 27-28.

19


p. 18

motivaciones, interrogantes, conocimientos y experiencias, podrá se-

Felipe II ofreciendo el cielo al infante don Fernando (detalle), 1573-1575

leccionar algunos andamios para la concepción y edificación de su

T i z i a n o ( c a . 1 4 9 0 - 1 5 76 )

propia historia. Los nacidos en México se identificarán con un pasado que les confiere y reafirma su identidad; los extranjeros podrán develar el complejo rostro pretérito y presente de los mexicanos. Como es característico de la producción bibliográfica de Fomento Cultural Citibanamex, A. C., a la palabra escrita se sumaron numero-

(1800-1821). Se trató de una historia intelectual que el secretario del

sas y muy selectas imágenes, producto de investigaciones iconográficas

ministerio, Justo Sierra, calificó como

orientadas a construir un discurso histórico visual y complementario a la escritura. El relato multisensorial de este pasado remoto se expre-

[…] una excursión crítica a través de nuestros progenitores literarios,

sa a través de ambos elementos de comunicación, lo que fortalece el

resultan unos cuantos bocetos admirables que hablan, que cuentan histo-

mensaje y constituye un deleite para la mente y la mirada del lector.

ria de almas, de pasiones y anhelos en un momento supremo de nuestra

Ambos discursos se fusionan para ofrecernos un complejo acervo de

existencia, en el momento en que bajo la superficie mansa del lago colo-

conocimientos que invita a configurar nuestra propia interpretación

nial se preparaba, como erupción de volcán, el advenimiento de una pa-

de la historia de tres centurias del acontecer mexicano, singular com-

tria nueva, de una sociedad, de una mentalidad nueva.2

prensión de un extenso y complejo proceso que confiere y conforma la identidad de la nación mexicana.

20

Superados los movimientos armados de las primeras décadas del

Los textos que integran México, 1521-1821. Se forja una nación

siglo xx, en los textos oficiales de la historia mexicana la atención al

muestran polifacéticas vetas del pasado virreinal. Son una escritura

periodo virreinal fue reducida a efecto de exaltar las culturas prehis-

propositiva de la historia, que invita a valorar el siglo xvi como la cen-

pánicas como fundamento del indigenismo y el siglo xix como puntal

turia de conquistas, sí, pero también de reconocimiento de un espacio

de comprensión del México contemporáneo. En el siglo xx, desde la

pródigo, y de cómo europeos y americanos se fusionaron, se expan-

academia, los dos más importantes historiadores, Edmundo O’Gor-

dieron en él y lo poblaron. Se trata de un siglo fundante. Las multicen-

man (1906-1995) y Silvio Zavala (1909-2014), se distinguieron por

tenarias instituciones castellanas de gobierno cruzaron el Atlántico y se

privilegiar en sus investigaciones el pasado virreinal, ambos conscien-

adecuaron a la realidad americana. Se propone al lector la percepción

tes de que fue en ese periodo cuando tuvo lugar la génesis y el desa-

de la gestación de la sociedad mestiza, que logró conjugar bagajes del

rrollo de la conciencia y de la identidad mexicanas. O’Gorman fue

pasado indígena con acervos culturales europeos, asiáticos, y africanos.

maestro e investigador en la Universidad Nacional Autónoma de Mé-

La lectura de diversos escritos nos aproxima al “largo siglo xvii”,

xico y Zavala en El Colegio de México. Ambos hicieron de sus semi-

que puede apreciarse como el espacio temporal en el que se impulsó

narios de investigación semilleros en los que se formaron numerosos

la economía por medio de la ubicación y explotación de numerosos

investigadores dedicados al estudio del virreinato. Éstos, en la segun-

reales de minas y del desarrollo de ranchos y haciendas, unidades de

da mitad del siglo xx y hasta el día de hoy, han contribuido exponen-

producción agrícola y ganadera que, además de abastecerlos, propicia-

cialmente a la formación de nuevas generaciones de historiadores que

ron el trazo de los distintos ramales del Camino Real de Tierra Adentro

se ocupan día a día de dilucidar ese extenso y significativo periodo de

y la multiplicación de ciudades. En ellas se consolidaron las institu-

la historia de México.

ciones que velaron por los vecinos y les garantizaron la convivencia

Los dos volúmenes que tiene el lector en sus manos son una obra

en orden y policía, de acuerdo con los valores cristianos. El fomento

un tanto insólita en su género. Se trata de un discurso colectivo inter-

y la práctica de la caridad, por ejemplo, dieron lugar a una determina-

generacional e internacional. Para su realización, fueron convocados

da concepción de la vida en común y a la fundación y edificación de

por Fomento Cultural Citibanamex, A. C. numerosos investigado-

numerosas instituciones en favor de los vecinos: iglesias para la ad-

res de América y de Europa; unos, con décadas de experiencia profe-

ministración de los sacramentos; recogimientos, conventos y cole-

sional, y otros, con apenas algunos años en el oficio, han dirigido su

gios para la protección y formación de mujeres y varones; ermitas y

ya reconocido talento hacia la comprensión de los trescientos años en

capillas de cofradías y hermandades para las prácticas pías de sus

los que surgió y se consolidó el reino de la Nueva España como parte

integrantes, etcétera. La fundación y el desarrollo urbano de la Ciu-

de la monarquía española, que entonces ejercía el liderazgo de la lla-

dad de México se expone como proyección de la modernidad en

mada “globalización temprana”.

América. Aproximarse así al siglo xvii devela a una sociedad mul-

México, 1521-1821. Se forja una nación es una obra en la que no

tiétnica, orgullosa de conciliar las culturas prehispánicas y los rasgos

se pretendió la escritura de una historia total, homogénea y lineal.

culturales europeos, asiáticos y africanos. Es descubrir al criollo, que

Fue concebida como un mosaico multidimensional, integrado con

aprecia sus singulares orígenes y que, en la profesión de su fe católica,

percepciones, miradas, conceptos y metodologías heterogéneas. En

finca su identidad asociada a la veneración y devoción a Nuestra Se-

muchos de los escritos, el lector podrá apreciar afirmaciones en con-

ñora de Guadalupe del Tepeyac. Con la pluma, el pincel o el cincel en

sonancia; en otros, diferencias y tensiones que provocan, sugieren y

mano, los novohispanos hicieron alarde de su creatividad, de sus ex-

generan nuevas hipótesis. Quien se aventure en su lectura, con sus

presiones estéticas y de la singularidad de su ser americano. El siglo xviii fue un tiempo de sucesivas convulsiones económicas, sociales y políticas. En la Corona española la dinastía de los reyes

2 Justo Sierra, “Aprobación”, en Luis G. Urbina, Pedro Henríquez Ureña y Nicolás Rangel, Antología del centenario: estudio documentado de la literatura mexicana durante el primer siglo de la Independencia (1800-1821) [1910], primera parte, t. 1, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1985, pp. iii-iv.

de la Casa de Austria dio paso a los monarcas herederos del cristianísimo rey Luis XIV de Francia, cuyos modos de gobierno a través de intendencias habrían de instrumentarse en la península ibérica y en


los reinos y gobernaciones más allá de los océanos. América y el Pa-

En México, 1521-1821. Se forja una nación se rescata a muchos

cífico insular fueron escenarios observados, ambicionados y asedia-

de los que en las primeras décadas del siglo xix se proclamaron defen-

dos por la piratería de holandeses, franceses e ingleses. La Corona, de

sores del modo de ser monárquico, fueron proactivos en las denun-

cara a la Ilustración, respondió con la construcción de inmensas y

cias y combates contra las huestes de Hidalgo y de Morelos y, años

sólidas fortificaciones. Organizó un ejército permanente y fortaleció

después, se sumaron al Plan de Iguala y fueron actores principales de

la armada para, junto con los guardias marinos, proteger las fronteras

los diversos proyectos orientados a la construcción de la nación mexi-

y los litorales. El rey y sus ministros reconocieron con autocrítica,

cana. Se incluye a las mujeres y a los niños como protagonistas en los

aciertos y desaciertos el potencial económico de cada uno de los rei-

movimientos insurgentes y se aprecia a contingentes significativos de

nos de ultramar y aspiraron a su conocimiento. Para ello fomentaron

letrados, clérigos y abogados. Muchos de estos actores sociales se

numerosas exploraciones dirigidas por hombres de ciencia que cru-

empeñaron en construir una opinión pública favorable a la emanci-

zaron los mares y exploraron y describieron los territorios, su variada

pación y a la vindicación de Agustín de Iturbide como líder de la con-

naturaleza y sus riquezas naturales. Privilegiaron la economía políti-

solidación de la Independencia. Es innegable su formación de cara a

ca e instrumentaron los censos de los pobladores, reconocidos como

las Luces, su capacidad estratégica y habilidad diplomática, cualida-

la máxima riqueza de la monarquía. Fueron establecidas intenden-

des que les permitieron la conformación de un amplio grupo, diverso

cias como sistema de gobierno y se reorganizó el régimen fiscal con

en su composición social, en sus recursos económicos y en sus pro-

experimentados hombres de cuentas.

yectos políticos. En esta reescritura de la historia es asimismo dado

La sociedad novohispana, multicultural, intercomunicada, ilustra-

reconocer que la firma del Acta de Independencia no fue sólo el fruto

da y sensible a las transformaciones ideológicas, percibió los cambios

de una guerra continua entre hermanos, sino también de otros proce-

en el gobierno hasta avanzado el siglo xviii. Con un ser corporativo, co-

sos; entre ellos, el parlamentario gaditano y el de carácter diplomático

lectivo, comunitario, que había abrevado las primeras luces en los

conducido por Iturbide en la Nueva España decimonónica. Él culmi-

colegios jesuitas y en ellos conciliado la fe y la razón, fue testigo de la

nó con la conciliación de la amplia gama de intereses de los novohis-

desarticulación de la estructura educativa ocasionada por la expul-

panos, incluidos en este calificativo europeos y americanos, unidos

sión de la Compañía de Jesús. Las generaciones por ella formadas

por sus vínculos culturales y por sus intereses económicos.

fundaron los semilleros de la Ilustración: numerosas escuelas de prime-

♔

ras letras. Otras órdenes religiosas abrieron colegios, se multiplica-

México, 1521-1821. Se forja una nación está integrado por dos volú-

ron los seminarios diocesanos y abrieron sus puertas instituciones

menes, dividido cada uno de ellos en dos partes o libros. Cada libro

tales como la Real Academia de Cirugía y la de Bellas Artes, el Jardín

está introducido por un texto que resalta aspectos significativos del

Botánico y el Seminario de Minería, todas ellas auspiciadas por ilus-

periodo, en aras de motivar, provocar y enriquecer la lectura de los

trados americanos y sancionadas con la protección de los monarcas.

artículos que la componen.

En estas instituciones abrevaron los artífices de los numerosos pro-

El libro primero, con introducción de María Cristina Torales Pa-

yectos políticos y de la cultura e identidad hispánicas como soportes

checo, conduce al lector al remoto siglo xvi. En un contexto mundial

de la construcción de los proyectos nacionales.

se aprecia la gesta de Hernán Cortés y de los primeros migrantes, unos

Tradicionalmente, la historiografía ha hecho énfasis en las con-

con experiencias vividas en las islas del Caribe y otros que recién ha-

tiendas bélicas del levantamiento de Miguel Hidalgo y de su conti-

bían cruzado el Atlántico, quienes “quemaron sus naves” para hacer

nuidad bajo los mandos de José María Morelos y de Vicente Guerrero

de la construcción de un reino su proyecto de vida.

como el centro de las gestas de independencia. En México, 1521-1821.

Renate Pieper, investigadora de la Karl-Franzens-Universität

Se forja una nación se amplía la mirada: se añaden como factores de

Graz, en Austria, y reconocida por sus estudios de la Europa del si-

comprensión, desde una perspectiva mundial, los procesos ideoló-

glo xvi, en “La monarquía hispana y el marco europeo en los inicios

gicos en América, Asia y Europa que tuvieron lugar entre 1808, año

de la globalización” escribe sobre la coyuntura en la que se hallaba Eu-

de la intervención napoleónica en la Península, y 1814, cuando Fer-

ropa en 1521 y la relevancia de su influencia en otras partes del mun-

nando VII fue reinstalado en el trono. Se develan también significati-

do. Nos remite a ese año en el que Carlos V fue coronado emperador

vas coordenadas y diferencias intelectuales en la interacción de los

del Sacro Imperio Romano Germánico, Hernán Cortés consumó la

novohispanos en las Cortes de Cádiz. No debemos olvidar que, cru-

conquista de Mexico-Tenochtitlan y Fernando de Magallanes, junto con

zado el umbral al siglo xix, la difusión y la adopción de la Constitución

Juan Sebastián Elcano, emprendieron la primera circunnavegación

de Cádiz en varios Estados-nación es un testimonio de la impronta

del orbe. Pieper refiere cómo la monarquía hispana se convirtió en el

en el orbe de la multicentenaria tradición jurídica hispánica. No se

puntal y principal actor geopolítico de la globalización temprana, po-

olvidan los miles de individuos que perdieron la vida entre 1810 y

tenciada por la gestación y desarrollo de los reinos de Nueva España

1821, tanto por los embates con las armas como por las continuas

y de Perú.

epidemias y las hambrunas en algunas regiones, ocasionadas por la fal-

En “La España de 1521: encrucijada de caminos y proyectos”, Ma-

ta de granos ante el abandono de las tareas agrarias, así como la escasez

ría del Carmen Martínez Martínez, académica de la Universidad de

de trabajo debida a la inundación de las minas y la suspensión de su

Valladolid y una de las más reconocidas estudiosas de la figura de Her-

explotación y la parálisis del tráfico mercantil transoceánico por Ve-

nán Cortés, propone el año de 1521 como el inicio de una nueva eta-

racruz y por Acapulco. Se reconoce que la nación mexicana surgió

pa para la monarquía hispánica, en la que Carlos V tuvo que tomar

como fruto de la racionalidad de quienes, en bandos contrarios, pri-

un conjunto de decisiones cruciales y en la que las Indias tuvieron una

vilegiaron sobre los intereses de su facción los de la sociedad en ge-

importancia fundamental. Se refiere cómo en Castilla su elección fue

neral y optaron por contribuir a la construcción de un nuevo ente

vista con recelo por favorecer a los flamencos e insertarlos en el gobier-

político bajo el lema de “Religión, Unión e Independencia”.

no y cómo se manifestó el descontento en un sector de la población

21


que consideraba que se trataba de un régimen contrario a los intere-

pasando por el establecimiento del Consejo de Indias —máximo ór-

ses internos. Así, desde 1522, relata la autora, y durante los siguientes

gano de la administración indiana—, hasta la descripción de las reco-

siete años, el rey permaneció en la Península intentando organizar,

pilaciones de reales cédulas, provisiones, ordenanzas, instrucciones

gobernar y gestionar sus extensos territorios y pronto reveló la pro-

y demás disposiciones, que en su conjunto se llamaron “leyes de in-

yección de sus expectativas y planes para los reinos americanos.

dias”, derivadas en una primera instancia del derecho castellano.

Sigue el ensayo de María Concepción Obregón Rodríguez, profe-

Francisco Morales, miembro de la Academia de Historia Francis-

sora-investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia,

cana Americana y de la Academia Mexicana de la Historia, reconoci-

“Los pueblos mesoamericanos en 1521: la situación, guerras y conflic-

do por su importante labor en el rescate del patrimonio documental y

tos”. En él plantea que cuando llegaron los europeos existía —en el

bibliográfico de su orden, reflexiona sobre “La conquista espiritual”

territorio que hoy llamamos México— una multiplicidad de culturas,

en la Nueva España, en un afán por desestigmatizar lo que algunos

con lenguas y grados de desarrollo económico-social y político diversos.

han llamado la “forma violenta” de la expansión del cristianismo. Ex-

Expone que algunas de esas naciones indígenas presentaban organi-

pone las diversas características de evangelización de las órdenes re-

zaciones sociales complejas, como los mexicas en el centro-sur del

ligiosas, en un siglo impregnado del humanismo renacentista y de la

territorio o los purépechas en el occidente; otras, más al norte, en

concepción utópica que, entre otras cosas, se proyectó en la arquitec-

zonas áridas, llevaban formas de vida nómadas y eran identificadas

tura que acompañó los empeños de la cristianización: majestuosos y

en su conjunto despectivamente como “chichimecas” (propiamente

originales conventos y extraordinarias fortalezas, monumentales igle-

“bárbaros”), y, en el extremo sureste, diferentes grupos mayas se halla-

sias con vestigios del gótico tardío, decoradas con pinturas murales al

ban fragmentados y en franca rivalidad de unos contra otros. Concluye

temple y esculturas que dejan ver la interpretación indígena de los

que era un gran conjunto de pueblos y culturas que distaban mucho

modelos europeos mostrados por los frailes. Se suman a esto los tex-

de formar un conjunto heterogéneo.

tos de gran valor lingüístico, filosófico y teológico que fueron em-

Rodrigo Martínez Baracs, investigador de la Dirección de Estu-

22

pleados en apoyo a la evangelización.

dios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia, ex-

En “El episcopado y el clero secular en la Nueva España, siglos

pone en su escrito “La caída de la Ciudad de México” las vicisitudes

xvii-xviii”, Antonio Cano Castillo, coordinador de la maestría en His-

del extremeño Hernando Cortés y de su gente por llevar a cabo la

toria del Catolicismo en México en la Universidad Pontificia de México,

conquista de la gran Mexico-Tenochtitlan, hasta salir victoriosos e

relata el tránsito de la introducción de la fe católica por parte de reli-

imponer el régimen político español y su “conquista espiritual”. Es una

giosos mendicantes, cuyos métodos estuvieron impregnados de gran

invitación a reflexionar sobre el significado de la Conquista “desde

creatividad, a la fundación de la Iglesia diocesana: los obispados y el

una pluralidad de perspectivas”.

nombramiento de sus prelados —de su actividad pastoral y su parti-

En “Las otras conquistas: el avance hispánico sobre el septentrión

cipación en la vida política del virreinato—, la aplicación de los de-

en el siglo xvi”, Juan Carlos Ruiz Guadalajara, investigador de El Co-

cretos del Concilio de Trento (1545-1563), el derecho del patronato

legio de San Luis, muestra —más allá de la conquista del “Imperio

eclesiástico y la fundación del Tribunal de la Inquisición. El doctor

mexica”— la complejidad del esfuerzo por conocer el espacio y poblar

Cano expone también el regalismo de los obispos ilustrados y los cam-

el norte, lo que llevó décadas, si no es que siglos, de guerras cruentas

bios en las diócesis durante el reinado de los Borbones.

contra pueblos nómadas aguerridos que rechazaron con violencia la

Serge Gruzinski, director de investigación emérito del Centre

invasión de sus territorios. Expone que el mayor interés de la Corona

national de la recherche scientifique (cnrs) y director de estudios en la

española por conquistar gran parte de esas tierras estuvo en la pers-

École des hautes études en sciences sociales (ehess), ambos en París,

pectiva de explotar los minerales e impulsar las estancias para la

reconocido por sus estudios sobre la identidad americana, en su tex-

crianza de ganado.

to “El surgimiento del cristianismo mexicano” sostiene que la Nueva

Alba González Jácome, profesora emérita de la Universidad Iberoa­

España fue el primer laboratorio de cristianización y, por tanto, de

mericana y profesora invitada en Centros Regionales de la Universi-

occidentalización del continente americano. Nos recuerda que para

dad Autónoma Chapingo, investigadora destacada por sus estudios

cuando la Iglesia misionera estaba dando los primeros pasos en la evan-

interdisciplinares sobre Tlaxcala y el medio ambiente en general, en

gelización del Nuevo Mundo, Martín Lutero había roto con Roma y

“Los aliados del proyecto de expansión y poblamiento: Tlaxcala y la

en el norte de Europa se extendían corrientes renovadoras, como la

conformación de la Nueva España en los siglos xvi y xvii” hace un

devotio moderna y el erasmismo. Gruzinski señala también la impor-

repaso de las condiciones demográficas, políticas y sociales del terri-

tancia de los conventos e iglesias de los mendicantes como centros

torio tlaxcalteca y de sus habitantes después de haber sido derrotados

medulares de la vida espiritual, así como de la divulgación de textos e

por los españoles y de su posterior alianza con ellos en la expansión

imágenes que servían de apoyo a la predicación y a la conversión de las

hacia el norte del territorio y en el Pacífico insular. Se pone de relieve

mentes de los naturales —incluido el culto guadalupano—, con el fin de

cómo la Corona española, entre otros privilegios, permitió que Tlax-

llevar a cabo cambios profundos en sus modelos sociales; todo ello

cala fuese gobernada por los cuatro señores principales, la creación

frente a constantes manifestaciones de resistencia, por un lado, y de

del cabildo indígena y la importancia de los aliados en la expansión y

franca colaboración, por otro, por parte de los pueblos indígenas.

consolidación temporal de la monarquía en la Nueva España.

En “Gobernar en nombre de Dios y del rey: las primeras estruc-

Óscar Cruz Barney, historiador del derecho y catedrático en

turas políticas de la Nueva España”, Antonio Rubial García, investiga-

la Universidad Nacional Autónoma de México, aborda en su texto

dor y catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad

“Los virreinatos indianos” la conformación de los reinos americanos

Nacional Autónoma de México y miembro de la Academia Mexicana

desde un punto de vista jurídico-­administrativo, desde la creación de

de la Historia, se remonta a los primeros instrumentos de gobierno de

la primera Real Audiencia en Santo Domingo, capital de La Española,

los que dispusieron los conquistadores y sus aliados —primera


Audiencia—, para posteriormente pasar al desarrollo de la segunda Au-

des tipos de civilizaciones: las sociedades organizadas en estados,

diencia y la llegada de los primeros virreyes. Refiere cómo Carlos V

fundamentalmente agrícolas, que habitaban en distintas regiones de

gobernó por medio de consejos, integrados por numerosos hombres

Mesoamérica, y las sociedades sin estado —generalmente nómadas—,

de leyes e individuos hábiles en la administración de justicia, en la ges-

que se movían constantemente por las regiones áridas del norte, y su

tión de la hacienda pública (cobro de tributos), en la guerra y en el

desarrollo, hasta forjar la Mesoamérica y la Norteamérica españo-

dominio de los mares, siempre con el apoyo de la Iglesia católica, cuyo

las. Expone, entre otros asuntos, los problemas demográficos de des-

alto clero fue adquiriendo cada vez mayor injerencia política. Tam-

poblamiento por enfermedades y destrucción y la resistencia de los

bién hace referencia a la fundación de los pueblos de indios y de las

pueblos indígenas, así como la importancia del dinamismo de la plata

ciudades para españoles, y de cómo, a pesar de la complejidad de su

y su repercusión en el desarrollo de la Nueva España y del comercio

evolución, en la conformación social de la Nueva España del siglo xvi

globalizado. A manera de conclusión, el autor se refiere a las luchas

se logró una unidad política y administrativa. Destaca la personali-

de Independencia, a las cuales califica de “desafío imposible”, por los

dad de Antonio de Mendoza como un virrey elegido por su capacidad

años de violencia e inestabilidad que las caracterizaron.

de comprender al otro, ya practicada en la España mozárabe por él y su familia.

En el artículo “Entre Europa y América: transmitir letras y saberes en la Nueva España”, Enrique González González, investigador del

Con introducción de María Cristina Torales Pacheco, académica

Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de

emérita de la Universidad Iberoamericana y miembro de número de la

Universidad Nacional Autónoma de México, expone la creación del am-

Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, se inicia el libro

plio y diverso conjunto de colegios y universidades que existieron en

segundo, que versa sobre el “largo siglo xvii”.

la Nueva España, los contextos en los que surgieron y sus transforma-

El primer ensayo, “Los virreyes de la Nueva España en los siglos

ciones en el tiempo. Apunta que los centros de enseñanza se crearon

xvii y xviii”, fue escrito por Enriqueta Vila Vilar, investigadora del

a iniciativa de las élites locales, ya que los europeos en América anhe-

Consejo Superior de Investigaciones Científicas y miembro de núme-

laban la creación de instituciones para formar a sus descendientes,

ro de la Real Academia de la Historia. La autora resalta la figura del

que a futuro habrían de acceder a los cargos de la administración civil

virrey como el ente de gobierno representante unipersonal del rey e

y eclesiástica. González afirma que con la dinastía borbónica en el tro-

investido con grandes poderes. Refiere también que presidía la Real

no, los espacios de gobierno que antes ocupaban los criollos fueron

Audiencia de México, tenía el mando del poder militar en su calidad

asumidos poco a poco por peninsulares, de manera que se gestó un ma-

de capitán general y, como vicepatrono de la Iglesia, velaba por la pro-

lestar generalizado que abonó en gran medida a desatar los conflictos

moción de la fe católica, por el buen gobierno de las diócesis y el correc-

que conducirían a la independencia.

to ejercicio del Tribunal de la Inquisición. La autora hace hincapié en

Dos unidades esenciales del gobierno y la administración en la

las diferencias políticas que existieron entre la dinastía de los Habs-

Nueva España fueron los “pueblos de indios”, asentamientos para la con-

burgo y la de los Borbones. Describe la vida en la corte virreinal y los

centración de los naturales, y las “ciudades” y “villas” para los españo-

afanes en los virreinatos por imitar a las cortes europeas mediante un

les. En “Los pueblos de indios en el siglo xviii: población, finanzas y

repaso de las acciones puntuales de los virreyes de mayor relevancia

educación”, Dorothy Tanck de Estrada, profesora-investigadora de El

de los siglos xvii y xviii.

Colegio de México, explica que los pueblos de indios necesariamente

María Cristina Torales Pacheco, en “La Ciudad de México: mira-

debían tener ochenta tributarios indios, una iglesia consagrada, autori-

das, representaciones escritas e invenciones plásticas, siglos xvi-xviii”,

dades indígenas electas anualmente y una asignación de tierra inalie-

apoyada en textos escritos por los novohispanos, aproxima al lector a

nable. Para finales del siglo xviii, apunta la autora, el censo del virrey

la evolución tricentenaria del modelo urbano americano, que fue sede

Revillagigedo reportó la existencia de 4 468 pueblos de indios en el

del gobierno virreinal. Signo de la modernidad de quienes acompa-

virreinato y analiza la composición étnica de la población de la Nueva

ñaron a Cortés en las conquistas y población, Torales afirma que fue

España y el estado financiero que guardaban las intendencias y cómo

la traza y fundación de la Ciudad de México espacio desde el que se

los préstamos y donaciones a la Corona española, exigidos por ella a los

dirigió la vida política y económica del reino. Del siglo xvii, apunta,

pueblos de indios para financiar la guerra contra Francia, trajeron ma-

se hace notar la asombrosa vitalidad de una sociedad multicultural,

lestar a los gobernantes indios. Tanck de Estrada se refiere, asimismo,

cuya expresión urbana dejó de manifiesto la adopción de los propó-

a la educación, a las escuelas de primeras letras, y proporciona datos

sitos del Concilio de Trento, con la multiplicación de la edificación de

sobre el número de recintos en los que los naturales aprendían el

conventos, de colegios, de parroquias y de espacios píos patrocinados

castellano y los libros de texto esenciales con los que se les enseñaba

por hermandades y cofradías, que día a día se ocuparon de exhibir la

a leer y a escribir.

veneración a Jesús, a María, su madre, y a los santos. Del siglo xviii,

Antonio García de León, profesor-investigador emérito del Ins-

la autora muestra la evidente impronta de la Ilustración en los habi-

tituto Nacional de Antropología e Historia, rescata la importancia de

tantes de la ciudad, que se apropiaron de los principios del urbanismo

la herencia multicultural que nos legó la época virreinal en cuanto a la

bajo las normas del “buen gusto”, con el trazo de calzadas, paseos y

diversidad de etnias a partir de las cuales se construyó la sociedad

plazas, y patrocinaron la construcción de magníficos edificios para la

novohispana, con una multiplicidad de lenguas e identidades que se

difusión y práctica de las artes y de las ciencias útiles.

fusionaron y enriquecieron su devenir para conformar más tarde la

John Tutino, catedrático de la Universidad de Georgetown y re-

nación mexicana. En su artículo “La química del tiempo: africanos y

conocido estudioso de los espacios rurales del Bajío, rastrea los orí-

asiáticos en la Nueva España” deja en claro que en el inmenso territo-

genes y la evolución de las múltiples civilizaciones que conformaban

rio convivieron y se fusionaron americanos de diversos grupos étnicos,

la Nueva España. En su texto “Las civilizaciones de Nueva España:

españoles peninsulares, españoles americanos (criollos) y otros euro-

historias diversas en busca de una nación mexicana” describe dos gran-

peos; mestizos (mezcla de europeos y nativos); negros, llegados

23


pp. 24-25

que se fue adquiriendo durante esos siglos en relación con el concepto

La familia de Felipe V (detalle), 1743

de nación y, por ende, su importancia en la construcción progresiva de

L o u i s - M i c h e l va n L o o ( 1 7 0 7 - 1 7 7 1 )

una identidad. Refiere cómo la filosofía y la teología estuvieron estrechamente entrelazadas en la creación de la tradición del pensamiento novohispano y cómo, durante el siglo xvi, privaron las ideas del Renacimiento escolástico y humanista, influido en gran medida por la Utopía de Tomás Moro y la devotio moderna que profesaba

como esclavos desde África, y “chinos”, así nombrados los asiáticos que

Erasmo de Róterdam. Beuchot habla de destacados representantes del

cruzaban el Pacífico. El autor pone especial acento en los esclavos

humanismo renacentista, como Vasco de Quiroga y fray Bartolomé

africanos, que llegaron a representar el segundo grupo poblacional

de las Casas, y de cómo, a partir del siglo xvii, ese escolasticismo se

más numeroso después de los indios y quienes al llegar a la Nueva

fue impregnando de las corrientes herméticas (Athanasius Kircher) que

España pronto alcanzaban su libertad y se convertían en jornaleros o

llegaban desde Europa, junto con una carga considerable del espíritu

se dedicaban al sector terciario y a la defensa de los puertos. También

barroco. Refiere cómo, para el siglo xviii, permearon paulatinamen-

hace mención de las migraciones asiáticas y su incorporación a la so-

te en la Nueva España las ideas de la Ilustración, del enciclopedismo

ciedad novohispana a raíz del comercio que se desarrolló a través del

y de la nueva ciencia, para encontrarse primero con una resistencia

Pacífico con la Nao de China.

por parte de los pensadores y posteriormente con la adopción de esa

Silvia Marina Arrom, académica emérita de Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Brandeis, en Massachusetts, escribió

26

modernidad, como en el caso de Miguel Hidalgo y Costilla, iniciador de la Independencia.

el ensayo titulado “El papel de la mujer en el virreinato, siglos xvi-­

Mucho se ha escrito sobre la “Décima Musa”, “Fénix de México”,

xviii”. Sostiene que en la Nueva España se ha dicho que primaba el

la mujer que asombró a la Nueva España del siglo xvii con su inteli-

viejo refrán de “El hombre en la calle, la mujer en la casa”, y que las mu-

gencia y su producción literaria. Sin embargo, en “‘De mi patria, la

jeres se limitaban a ser esposas y madres, a cuidar de su familia, a rea-

dulce afición’: Sor Juana”, Sara Poot Herrera, investigadora de la Uni-

lizar las tareas domésticas y a velar por las prácticas religiosas; que

versidad de California en Santa Bárbara, reconocida por sus estudios

estaban sujetas a la tutela de los varones; que obedecían al padre y al es-

sobre Sor Juana Inés de la Cruz, ofrece una aproximación a la vida y

poso y que eran dirigidas por su confesor. Se ha dicho también que

a la obra de la poeta novohispana desde la perspectiva del personaje

tenían limitado acceso a la educación y que para muchas de ellas el con-

que, por su temprano y acertado entendimiento del concepto de “pa-

vento era el espacio en el que se desenvolvieron. No obstante, las mu-

tria”, percibida como historia, mestizaje lingüístico y geografía, con

jeres novohispanas tenían mayor autonomía y poder sobre su destino

su complejidades pluriétnicas y multiculturales, se convirtió en forja-

de lo que hasta ahora se ha afirmado. Participaban en la esfera pública

dora de una nación pensada desde la palabra, de lo que dejó amplio

y a menudo se desempeñaron en el ámbito de la producción agraria, el

registro en su extensa y genial obra literaria.

comercio y los servicios, así como en una gran variedad de oficios, ya

En “El sentido de la historia y su escritura”, Patricia Escandón,

que muchas de ellas tenían que encontrar la manera de ganarse la vida.

investigadora del Centro de Investigaciones sobre América Latina y

En “El culto a la Virgen de Guadalupe en México: algunas re-

el Caribe de la Universidad Nacional Autónoma de México, examina

flexiones”, Xavier Noguez, afiliado a El Colegio Mexiquense, sitúa la

cómo se injertó la cultura hispánica en América principalmente des-

profunda devoción que los españoles profesaban a la Virgen María,

de el cristianismo. Afirma que transmitir la fe y el mensaje de Dios fue

“madre victoriosa” en la lucha contra los moros —desde Colón, con

suficiente fundamento para la expansión y la conquista del Nuevo Mun-

su carabela Santa María, hasta los primeros conquistadores, que por-

do. Analiza el traslado a la Nueva España de los modelos europeos de

taban imágenes consigo— como antecedente del futuro y poderoso

conformación social, tradicionalmente verticales y jerárquicos, en

arraigo en México del culto a la Virgen del Tepeyac. Sostiene que fue-

los que los individuos pertenecían a determinados grupos que, en su

ron las órdenes mendicantes las que con mayor ahínco difundieron la

conjunto, conformaban una entidad colectiva. Los indígenas, ins-

devoción mariana entre los nativos y rastrea las fuentes más antiguas

truidos por los evangelizadores, aprendieron a identificar su lugar

que dan noticia de la tradición, entre las cuales el Hueitlamahuizolti-

(jurídico-­político-social-moral) y el de los demás grupos sociales en

ca, escrito en náhuatl, tendría una influencia decisiva en el proceso

este entramado corporativo, cuyo máximo representante era el virrey,

religioso de la Nueva España. Dividido en el Nican mopohua, que re-

alter ego del propio monarca de Castilla. La historia de la Nueva España

fiere las apariciones de la Virgen a Juan Diego, y en el Nican motecpana,

quedó plasmada en textos que recogieron las crónicas de la Conquis-

que habla los primeros milagros, su mensaje espiritual cautivó pro-

ta y en las crónicas religiosas, hasta bien entrado el siglo xviii, cuando

fundamente a los macehuales, dice Noguez, y afirma que, sin duda, el

cambió en gran medida la manera de historiar.

culto a la Virgen de Guadalupe fue uno de los pilares más importan-

En la historia de la conformación de la nación mexicana no po-

tes sobre los que se construyó la nación, un cimiento que ha ido ga-

día faltar una mirada a la “Arquitectura y artes plásticas en la Nueva

nando fuerza con los siglos, no sólo en México, sino también como

España, 1521-1821”. En este ensayo, Clara Bargellini, investigadora del

“Emperatriz de las Américas”.

Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autó-

En “Filosofía y teología en la Nueva España, siglos xvi-xviii”, Mau-

noma de México, señala que las primeras grandes edificaciones fue-

ricio Beuchot, investigador del Instituto de Investigaciones Filológi-

ron de naturaleza religiosa, supervisadas por frailes, y que contaron

cas de la Universidad Nacional Autónoma de México y miembro de

con el trabajo de artistas y artesanos europeos, pero también de mu-

número de la Academia Mexicana de la Lengua y de la de Historia,

chos indígenas. Refiere que esos recintos requerían forzosamente el

ofrece un recuento de las corrientes de pensamiento que se desarro-

apoyo de la iconografía cristiana, imágenes que en un principio llega-

llaron durante la época virreinal, la cuales reflejan el tipo de conciencia

ban de Europa, pero que luego también sirvieron de modelo para el


desarrollo del arte sacro propiamente novohispano. Reafirma que los

construcción de una red de rutas para el transporte (Camino Real de Tie-

estilos en la Nueva España se fueron correspondiendo con los europeos,

rra Adentro), muchas de las cuales habían sido trazadas desde la épo-

aunque con sus marcadas diferencias locales, y que un aspecto im-

ca prehispánica. Marichal destaca cómo, desde finales del siglo xvi y

portante acerca de la historia de la arquitectura, la pintura y la escultu-

sobre todo en el xvii, la difusión internacional del peso de plata (real

ra en la Nueva España fue la organización por gremios y, por tanto, la

de a ocho) circuló de manera casi mundial, y cómo, en el siglo xviii,

transmisión de conocimientos de generación en generación, aunque

mineros y mercaderes habían amasado inmensas fortunas, pero a par-

también fue primordial la apertura de la Real Academia de San Carlos

tir de la guerra contra Gran Bretaña (1761 y 1763) la Corona empezó a

en 1781 para el estudio de las artes.

exigir grandes cantidades de plata para financiar sus conflictos en Eu-

Para dar inicio al libro tercero, que abre el segundo tomo de México,

ropa. El autor desemboca en 1810 y en el estallido del movimiento in-

1521-1821. Se forja una nación, María Cristina Torales Pacheco introdu-

surgente, que deprimió el sistema fiscal de México y tuvo un impacto

ce a los lectores a la segunda mitad del siglo xviii, la Nueva España de la

negativo sobre la minería. Aun así, después de la consolidación de la In-

Ilustración, cuyo primer ensayo, “La economía de la Nueva España

dependencia —aclara— recobró de manera lenta cierto dinamismo, y el

en el ocaso del dominio español” es de la autoría de Enrique Cárdenas

peso de plata continuó teniendo vigencia internacional en el siglo xix

Sánchez, reconocido historiador de la economía y catedrático en la

y hasta la tercera década del siglo xx.

Universidad Iberoamericana de Puebla. Se trata de un extenso análisis

En “Acciones transmarítimas de la Nueva España, siglos xvi-­xviii”,

sobre la relativa prosperidad que prevaleció en el último medio siglo

Hugo O’Donnell y Duque de Estrada, VI conde de Lucena, VII duque de

del virreinato y su declive en los albores del siglo xix debido, en gran

Tetuán, VIII marqués de las Salinas y miembro de la Real Academia

medida, a que la Corona española financió con recursos provenientes

de la Historia, hace una revisión sobre la importancia y las repercusio-

de los virreinatos el alto costo de sus guerras contra Francia e Inglate-

nes de las empresas y los proyectos oceánicos que se llevaron a cabo

rra en aras de mantener la hegemonía en Europa. El autor afirma que

desde la Nueva España a lo largo de casi tres siglos. Sostiene que la

las reformas borbónicas impulsaron la centralizaron del gobierno, y la

ubicación geográfica del extenso territorio de este virreinato, entre dos

extracción de recursos descapitalizó a la Nueva España; con ello, se

océanos, fue determinante en el devenir de la monarquía y afirma que,

socavó, dice, la economía novohispana y se dio el deterioro y la margi-

en comparación con el enorme empeño transoceánico por el Pacífico, la

nación de los pueblos indígenas, que debían pagar más impuestos, se

empresa atlántica fue significativamente menor. Las iniciativas que se

contrajo la producción minera y se llegó a su eventual destrucción.

proyectaron en la Mar del Sur, apunta el autor, se encauzaron hacia

De todo aquello, la Guerra de Independencia fue el colofón que llevó

tres puntos de destino: el suroeste (las islas Molucas), el noroeste (las

a México a la quiebra.

Californias y altas latitudes) y el oeste (Filipinas), y lo que se consiguió

Carlos Marichal, investigador de El Colegio de México, miem-

a raíz de esos empujes expansivos determinó el curso de la historia.

bro fundador de la Asociación Mexicana de Historia Económica, en

En “El ejército colonial ante la Independencia de México: los sol-

su texto “México, crisol de la globalización temprana: comercio y na-

dados del rey en la Nueva España, 1762-1821”, Juan Marchena, profe-

vegación en el Atlántico y en el Pacífico, siglos xvi-xviii” describe la

sor titular del área de América y director del programa de doctorado

importancia de la Nueva España como uno de los principales elemen-

en Historia Latinoamericana en la Universidad Pablo de Olavide de

tos que orquestaron la navegación y los intercambios marítimos mun-

Sevilla, plantea que las llamadas “reformas borbónicas” —que afectaron

diales en tres de los entramados mercantiles de la llamada “primera

de manera particular al continente americano— fueron una conse-

globalización”: las conexiones a través del Atlántico (la Carrera de

cuencia directa de la decisión de Carlos III de acabar con la neutralidad

Indias), entre Sevilla, La Habana y Veracruz; los enlaces marítimos a

que hasta entonces había mantenido su antecesor en el entramado

través del golfo de México, las Antillas y el Gran Caribe, y los entra-

político-militar del orbe. Desde el inicio de su reinado, refiere Mar-

mados mercantiles que operaron entre Acapulco y Manila por medio

chena, le declaró la guerra a Inglaterra, se dice, para resarcir una an-

de la Nao de China. Marichal menciona también las tardías reformas

tigua afrenta de la armada británica y decidió emplear a un grupo de

borbónicas; entre ellas, las que suponían un desafío en el ámbito del

técnicos ilustrados para modernizar el ejército y la armada. Para sufra-

libre comercio. A manera de conclusión, el autor refiere la desarticu-

gar los altos costos que suponía tan belicosa iniciativa, envió a Amé-

lación del mercado interno a raíz del estallido de la insurgencia y de

rica a expertos en materia fiscal y tributaria con miras a extraer de

sus consecuencias en el comercio.

sus reinos lo necesario para hacer frente a los gastos de guerra. A par-

“Las minas de plata de México y el peso como moneda universal,

tir de entonces, sólo altos oficiales peninsulares habrían de quedar al

siglos xvi-xix”, texto del mismo Carlos Marichal, versa sobre el papel

frente del llamado “Ejército de América”, el mismo que en escasas cua-

crucial que desempeñó la plata en el proceso de la primera globaliza-

tro décadas desempeñaría un papel determinante en los procesos

ción. El autor apunta que la Europa del siglo xvi incrementó considera-

de independencia de la América española. Una vez planteados los

blemente la demanda de ese metal, vinculado a su desarrollo económico,

antecedentes, Marchena se centra en la reconfiguración del ejército

pero cómo su posesión también constituía un significativo símbolo

novohispano como pilar fundamental de los planes de defensa de la

de poder. Nos recuerda que, a partir de la primera fase de explotación de

monarquía española. Para 1810, esa fuerza militar del rey, que había

las minas de plata de la Nueva España hacia 1530 y 1540 (en las minas

sido organizada para hacerle frente a un enemigo exterior, se vio in-

de Taxco), proliferaron las exploraciones y los descubrimientos de

volucrada en una guerra civil.

metales preciosos, sobre todo en el norte novohispano, y cómo, du-

José Enrique Ortiz Lanz, investigador independiente y sobresa-

rante la segunda mitad del siglo xvi, la estructura productiva de la

liente defensor de las construcciones virreinales para la protección del

minería se fortaleció gracias a la introducción, entre otras tecnolo-

territorio, en “Las nuevas fortificaciones de un antiguo territorio”, con

gías, del “sistema de patio”, de manera que, debido al incremento de

una óptica interdisciplinar, escribe sobre un objeto de estudio poco

los reales de minas, se hizo necesaria la fundación de ciudades y la

atendido. Afirma que los europeos que arribaron a tierras americanas

27


28

se encontraron con un territorio fortificado. El propio Hernán Cor-

fornia en San Diego, reconocido por sus investigaciones sobre el mo-

tés, en su marcha hacia la gran Tenochtitlan, dejó constancia de la

vimiento insurgente, propone un razonamiento sobre la insurgencia

gran cantidad de fortificaciones con las que él y sus hombres se topa-

de 1810 tomando en cuenta ciertos factores que, desde su perspecti-

ron en el camino, así como de las enormes habilidades que mostra-

va resultaron, determinantes. Después de un análisis sobre las condi-

ban tener los constructores nativos. Ortiz Lanz nos recuerda que

ciones en las que vivía la población rural del virreinato hacia finales

precisamente de la época de Hernán Cortés datan las primeras obras

del siglo xviii y principios del xix, el autor concluye que la historio-

militares edificadas por los españoles, pocas de las cuales han sobre-

grafía ha subestimado el papel que desempeñaron los indígenas en la

vivido, pero que dejaron testimonio del vigoroso aparato de poder de

lucha por la independencia. Sostiene que una parte importante de

los conquistadores, ya sea en forma de vestigios arquitectónicos o en

varones indígenas campesinos no estaba conforme con las condicio-

escritos. El autor hace un repaso del tipo de construcciones militares

nes de vida que para entonces habían llegado a acarrear un gran des-

que se erigieron en todo el territorio durante la época virreinal y que

contento social debido, entre otras razones, a la escasez de tierras

respondían a tres razones defensivas básicas: evitar las incursiones

cultivables, a una mayor intervención de las autoridades virreinales y

de piratas, contener las rebeliones indígenas violentas y frenar alguna

eclesiásticas en los pueblos y a una caída de los salarios reales. Todo

eventual invasión extranjera. Destaca el dinamismo de las obras mi-

ello contribuyó, afirma el autor, a que muchos indígenas se sumaran

litares en el siglo xix, las cuales, ya para el xx, se volvieron obsoletas.

a la insurgencia, mas no por un ideal de nación, sino en defensa de la

Ortiz Lanz concluye con una invitación al rescate urgente, hasta aho-

autonomía de sus comunidades. A la vez, Van Young describe y exami-

ra insuficiente, de este singular patrimonio histórico nacional.

na las reformas borbónicas y las repercusiones negativas que provocó

En “El maestro gremial, el ingeniero y el científico: los saberes

su aplicación a diferentes niveles —militar, fiscal, político, económi-

técnicos y de la naturaleza en el virreinato de la Nueva España”, Fran-

co— en las élites criollas novohispanas, que serían las que eventual-

cisco Omar Escamilla González, director del Archivo Histórico y Bi-

mente terminarían por liderar la insurgencia.

blioteca del Palacio de Minería, incursiona en el funcionamiento de

Con “El arduo caminar hacia la independencia de México, 1808-

los gremios y su eventual evolución hacia la certificación de los sabe-

1821”, de Guadalupe Jiménez Codinach, investigadora de Fomento

res y el desarrollo de la ciencia en México. En un principio, dice, los

Cultural Citibanamex, a quien en el año 2010 se le otorgó el Premio

principales motores que impulsaron la expansión del conocimiento

Nacional Ernesto de la Torre Villar por sus aportaciones al estudio de

fueron la navegación (construcción de embarcaciones, instrumentos de

la Independencia de México, se introduce al lector al libro cuarto.

navegación, conocimientos geográficos y cosmográficos, exploración

Esta sección da inicio con el texto “El mundo de 1808 y la Inde-

de la naturaleza, etcétera) y la industria de la minería (experimenta-

pendencia”. Su autor, Manuel Moreno Alonso, profesor de la Univer-

ción de métodos para extraer los metales). Por su parte, la construcción

sidad de Sevilla, arranca con la invasión napoleónica de la metrópoli

y la necesidad de levantar fortalezas, puentes y caminos para la defensa y

en 1808, la cual llevó a la Guerra de Independencia española. Ésta,

la comunicación favorecieron el desarrollo de la ingeniería y de otras

dice el autor, dio paso al Estado liberal, al desmantelamiento del An-

disciplinas relacionadas. Escamilla señala que, gracias a la creación

tiguo Régimen y, como consecuencia, a las independencias de los

de instituciones de enseñanza en el siglo xviii, tales como la Academia de

virreinatos americanos.

San Carlos, el Seminario de Minería y el Jardín Botánico, comenzó la transición hacia un sistema de profesionalización certificada.

Rafael Estrada Michel, profesor visitante en la Universidad Autónoma Metropolitana, Azcapotzalco, y miembro del Sistema Nacional de

En “Las redes transoceánicas, condiciones sine qua non para la con-

Investigadores, autor de “Los grandes temas del constitucionalismo

solidación de la Independencia”, María Cristina Torales Pacheco afir-

gaditano en la configuración del Estado nacional mexicano, 1810-1821”,

ma que debe asumirse que la emancipación frente a la monarquía fue

afirma que la Constitución de Cádiz, promulgada en 1812, se quedó cor-

una iniciativa compartida a través de los entramados sociales transo-

ta y resultó inadecuada frente al tamaño de las aspiraciones de los te-

ceánicos. Habitantes del reino de la Nueva España y de otras gober-

rritorios americanos, lo cual no pasó inadvertido por algunos de los

naciones y reinos, así como sus parientes y paisanos, dice la autora,

líderes insurgentes en México, quienes consideraron que la carta ga-

desarrollaron mecanismos que garantizaron los estrechos vínculos de

ditana carecía de mecanismos efectivos de control constitucional, pues

paisanaje, de familia, de compadrazgo y de amistad. Apunta también

no tutelaba a cabalidad los derechos de los españoles “de ambos he-

que operaron en la monarquía hispánica entramados corporativos con

misferios”. Así, en el programa independentista de las Tres Garantías,

incidencia mundial, como la Compañía de Jesús. Las centenarias re-

nos recuerda Estrada Michel, se insistió en la preservación de una

des sociales de las que habla Torales explican, entre otras cosas, las

cultura constitucional, en una articulación política de la población y

estrategias y los expeditos mecanismos de comunicación y socializa-

en una organización territorial y de gobierno específica acorde a las

ción de las ideas y de los acontecimientos entre las élites de los virrei-

circunstancias locales.

natos y las de la metrópoli; los apoyos económicos transoceánicos

Carlos Herrejón, investigador de El Colegio de Michoacán y miem-

para afrontar las contiendas bélicas de independencia de la península

bro de la Academia Mexicana de la Historia, en “El movimiento insur-

ibérica y, más tarde, las estrechas relaciones entre los líderes de las

gente desde 1808 y las insurgencias de 1810 a 1815” relata los sucesos

independencias de los virreinatos americanos. La autora muestra que,

que se desencadenaron a partir del vacío de poder que dejó en la

con tradición corporativa y fines comunes, fueron fundadas después

Nueva España la crisis de la monarquía española en 1808. Inicia con

de la Independencia sociedades ilustradas con el objeto de definir e

el golpe de Estado que se perpetró en contra del virrey Iturrigaray en

instrumentar proyectos socioeconómicos y culturales que habrían de

la Ciudad de México. Herrejón esgrime que la razón de fondo que llevó

reactivar la economía y la cultura de la joven nación.

a la insurgencia fueron la opresión y la serie de agravios que desde

En “Décadas de reformas, época de resistencia: Nueva España,

tiempo atrás venía padeciendo la población a raíz de la aplicación de

1750-1808”, Eric Van Young, investigador de la Universidad de Cali-

las llamadas “reformas borbónicas”. Da cuenta de las conspiraciones


de Valladolid, de San Miguel el Grande y Querétaro, así como de los levantamientos de Miguel Hidalgo y de Ignacio Allende, y las características de sus campañas militares; presta asimismo atención a la

pp. 30-31

Ada m Will aerts (1577-1664)

La batalla de Gibraltar, 25 de abril de 1607, ca. 1617

segunda gran fase del proceso de insurgencia, de 1811 a 1813, encabezada por Ignacio López Rayón en el norte y la primera campaña de Morelos en el sur. Describe también el establecimiento de la Suprema Junta Gubernativa de Zitácuaro, el Congreso de Chilpancingo, la promulgación del “Decreto constitucional para la libertad de la América

Interdisciplinares, advierte las complicaciones que supone para los in-

mexicana”, mejor conocido como la Constitución de Apatzingán, y la

vestigadores el que los documentos sobre Agustín de Iturbide se ha-

erección del Supremo Tribunal de Justicia en Ario.

llen dispersos en acervos públicos y privados, en México y en otros

Guadalupe Jiménez Codinach pondera el papel, poco explora-

países, y plantea emprender “una recopilación seria, lo más completa

do por la historiografía, que mujeres y niños desempeñaron en la lu-

posible y crítica, de esos miles de documentos”. Invita a replantear la

cha por la independencia de México y la construcción de la nación, en

visión que sobre Iturbide ha creado la historiografía oficial. Del Are-

“Del calor del hogar al fragor de la guerra civil: mujeres y niños en la

nal relata los pasos de Iturbide desde su participación en las fuerzas

Nueva España postrera, 1808-1821”. La autora expone algunos ejem­

realistas, su posterior baja del ejército, para retirarse a explotar unas

plos de mujeres y niños de los que se tiene noticia que tuvieron una

tierras de su propiedad cerca de la Ciudad de México, hasta su reapa-

actuación valerosa en aquellos años críticos. Alude a dos conspira-

rición en la escena político-militar en la Comandancia Militar del Sur,

doras, Josefa Ortiz de Domínguez y Mariana Rodríguez del Toro de

cuando casi de inmediato comenzó a dar forma al Plan de Indepen-

Lazarín, y a mujeres bien posicionadas socialmente que tomaron par-

dencia de la América Septentrional, mejor conocido como Plan de

tido por las causas de los insurgentes, como la “Güera Rodríguez”,

Iguala, basado en el principio de las tres garantías: “Unión, Religión e

entre otras. Señala que existen registros de mujeres a las que se de-

Independencia”. En el ánimo de Iturbide estaba la idea de que en el

nominaba “seductoras de tropa”, enviadas en misiones para conven-

plan se conciliaran todos los intereses y la satisfacción de las deman-

cer a oficiales y tropas realistas a abandonar la guerra, así como de

das de la sociedad novohispana. Del Arenal hace un minucioso y ex-

otras que se decidieron por el camino de las armas. De los niños, afir-

tenso análisis del Plan de Iguala y concluye que la trigarancia saldría

ma que son escasos los registros documentales; no obstante, recupera

finalmente victoriosa después de que Vicente Guerrero reconociera y

atisbos de la participación de algunos de ellos, como Martín Carrera,

aceptara el documento que daría paso al contenido jurídico del pro-

Manuel María Lombardini, Mariano Arista y Pedro María Anaya.

ceso de independencia hacia el parto del nuevo Imperio Mexicano.

En “Tenacidad insurgente, 1815-1820”, Gustavo Pérez Rodríguez,

Este conjunto de ensayos, que exponen un ambicioso recorrido

coordinador del Seminario de Historia Militar y Naval, inicia su rese-

por los tres siglos de la historia virreinal de la Nueva España, cierra con

ña histórica a partir de los acontecimientos después de la muerte de

un texto escrito por Guadalupe Jiménez Codinach, “Consummatum est:

José María Morelos: una nueva etapa de la insurgencia, caracterizada

el nacimiento del México independiente”, en el que relata cómo llega-

por una táctica de resistencia, en la que Guanajuato fue de nuevo el

ron a fraguarse los esfuerzos que se llevaron a cabo para alcanzar la In-

escenario de la contienda. Atrincherados en fortificaciones defensivas,

dependencia; la suma de ideas y de proyectos de muchas generaciones;

desde las que se orquestaba la guerra de guerrillas, los insurgentes no

las vivencias de una década de guerra civil, desde aquel año fatídico de

dieron tregua a las tropas realistas. El autor también aborda los ante-

1808 hasta el encuentro, en algún lugar cercano a Acatempan, de Vi-

cedentes del guerrillero Xavier Mina y su expedición e incorporación

cente Guerrero y Agustín de Iturbide en marzo de 1821, y, como apun-

al combate en favor de los rebeldes, hasta su derrota a finales de 1817,

ta la propia autora, “cómo se alcanzó ‘lo supremo’ de la obra libertaria

y cómo después siguieron las campañas militares en las regiones del

aquel hermoso y radiante jueves 27 de septiembre de 1821”.

sur del virreinato hasta casi la aniquilación del movimiento disiden-

♔

te por parte de las tropas realistas. En 1820 la Península restablecía el

Es obligado concluir estas líneas introductorias con el reconocimien-

orden constitucional, de manera que aquel vuelco en el régimen abría

to a quienes contribuyeron a la realización de este proyecto intelec-

un resquicio para la pacificación en la Nueva España, donde Vicente

tual, con el que Citibanamex conmemora el inicio de un reino y la

Guerrero buscaba el diálogo y Agustín de Iturbide ya estaba más bien

eventual fundación de la nación mexicana. Gracias a los directores de

pensando en un llamado a la unión y en un plan de independencia.

las instituciones que apoyaron la investigación documental e icono-

Rodrigo Moreno Gutiérrez, investigador del Instituto de Inves-

gráfica. Gracias a los profesionales que dieron lugar a los textos que

tigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de Mé-

integran el libro y su ilustración y, finalmente, nuestro agradecimien-

xico, en su texto “El Ejército Trigarante” propone una aproximación

to al excelente equipo que configuró la edición y, en analogía con una

al proceso de independencia de México desde la perspectiva de la or-

obra escultórica, hizo de ella una publicación que deleita los sentidos

ganización militar. Analiza lo que fueron el brazo armado de la ges-

y fortalece la conciencia histórica y la identidad nacional.

tión, la negociación y la implantación del programa político del Plan

Nos satisface presentar en 2025 esta edición en versión digital, la

de Iguala, promulgado en 1821, y ahonda en las características del

cual incorpora textos que no alcanzaron su entrada en la edición im-

movimiento de las tres garantías, que sentaría las bases de las condi-

presa, pero que son parte de la serie de conferencias que complemen-

ciones sobre las cuales se construyó el Estado independiente. Abor-

tan el proyecto editorial; todos ellos pertenecen al Libro Segundo A

da los orígenes del Ejército Trigarante y ofrece una reflexión sobre su

de esta edición de 2025. Andrés Calderón Fernández, del Museo de El

importancia histórica.

Carmen, inah, escribe sobre “Las epidemias y la Nueva España: de la

En “Agustín de Iturbide y el Plan de Iguala”, el embajador Jaime del Arenal Fenochio, historiador del derecho del Centro de Estudios

catástrofe a las vacuna contra la viruela”, y María Isabel Monroy, del Colegio de San Luis, presenta “El Camino Real de Tierra Adentro”.

29


LIBRO PRIMERO INTRODUCCIÓN

El siglo xvi: la fundación de un reino M aría cristina tor ales pacheco*

El siglo xvi debe ser tenido por un periodo fundacional, más que por

sas: multiplicidad de climas, una accidentada orografía, extensos y

el de una empresa improvisada de exploración, reconocimiento y sa-

caudalosos ríos y selvas que aún hoy, pese a su tala inmoderada, con-

queo, como suele afirmarse en muchos discursos historiográficos tra-

tinúan siendo reservas naturales del globo terráqueo. Este espacio fue

dicionales. Debe ser entendido, entre otras cosas, como aquel en el que

poblado por migraciones milenarias procedentes de otros continentes.

la monarquía española, conducida por la reina Juana, por Carlos I y

Grandes grupos se dispersaron desde Alaska hasta la Patagonia. Es pro-

su sucesor, Felipe II, tuvo un papel protagónico en la gestación y el de-

bado que hubo también minorías que lograron arribar por mar y se

sarrollo de la concepción mundial de la cultura, sustentados en el

establecieron en las costas. Los océanos constituyeron barreras para la

humanismo propio del Renacimiento, interpretado como la centrali-

intercomunicación con los pobladores de Europa, Asia y África y de

dad de lo humano, la confianza en lo ilimitado de sus posibilidades y

quienes se internaron en el accidentado y extenso territorio americano.

la valoración de sus mejores producciones culturales.

Las diversidades fisiográficas, sumadas a las diferencias de sus

El libro primero de México, 1521-1821. Se forja una nación inicia

pobladores, dieron lugar a significativas desigualdades en el desarro-

con selectos ensayos que dejan ver el impulso entusiasta e innovador

llo de las múltiples culturas. Cuando arribó Hernán Cortés, había na-

de los europeos que, ya asentados en las islas del Caribe, asumieron un

turales que habían domesticado plantas y animales y transitado a la

nuevo reto: explorar y poblar en tierra firme americana.

sedentarización a lo largo de varias centurias, al tiempo que otros,

La expedición organizada bajo el liderazgo de Hernán Cortés

por siglos, se resistieron y desarrollaron una cultura nómada, en la

(1485-­­1547), por disposición del adelantado Diego Velázquez (1465-

que su sustento dependía de las condiciones naturales del entorno y

1524), gobernador de Cuba, está inscrita en un programa de explora-

de la constante movilidad por el territorio. En los siglos xiv y xv, dos

ciones, con ambiciones de conquistas y fundaciones, emprendido en

complejos culturales, de herencia ancestral, se volvieron hegemónicos:

las primeras décadas del siglo xvi, cuya primera culminación la cons-

en el sur, los incas, y en el centro, los mexicas. Ambos se caracteriza-

tituye el surgimiento de una sociedad derivada de la convivencia de

ban por su capacidad organizativa y bélica, así como por la asimila-

numerosos grupos, cada cual con sus respectivas pautas culturales.

ción, el cultivo y el dominio de antiguos saberes. Al mismo tiempo, el

Americanos, europeos, asiáticos y africanos dieron lugar a una sociedad

accidentado territorio favoreció, tanto en el norte como el sur del con-

mestiza, cuyo legado multicultural nos distingue hasta el día de hoy.

tinente, la supervivencia de grupos nómadas; unos convivieron en las

La madurez del reino de la Nueva España quedó de manifiesto en

espesas selvas; otros se adaptaron a las condiciones físicas de estepas,

las últimas décadas de ese siglo, al tiempo que la monarquía española,

desiertos y agrestes montañas. Su movilidad estuvo condicionada por

gobernada entonces por Felipe II, además de sostener sus contiendas

el clima, por la búsqueda de alimentos y por su deseo de protección

europeas en defensa de la fe católica, procuró la protección de los rei-

frente a otros grupos.

nos americanos y favoreció e impulsó la organización de la empresa marítima, que culminó con el tornaviaje de Filipinas a Acapulco. Con

Hernán Cortés: el fundad or

ello, se hizo realidad la expectativa que se tuvo desde los tiempos de

Desde el siglo xvi, la historiografía resaltó la figura de Hernán Cortés

Hernán Cortés de garantizar que la Nueva España fuese el enlace en-

como pieza clave de la conformación del reino de la Nueva España.

tre Europa y Asia. Podemos, así, asumir que la fundación de la Nueva

Los cronistas e historiadores Bernal Díaz del Castillo (1496-1584), Fran-

España, el primer reino de América, brindó el andamiaje de la primera

cisco López de Gómara (1511-1559), Antonio de Herrera y Tordesillas

globalización, uno de cuyos motores esenciales fue la plata novohis-

(1549-1625), Antonio de Solís y Rivadeneyra (1610-1686), el arzobis-

pana, que activó y transformó los mercados de todo el orbe.

po y cardenal Antonio de Lorenzana y Buitrón (1722-1804) y William

E l e s c e n a r i o pa r a l a f u n d a c i ó n d e u n r e i n o

América, esa masa territorial que, a diferencia de los otros continentes, va de polo a polo, da lugar a espacios con características muy diver-

* Universidad Iberoamericana, Ciudad de México, México.

33


p. 32

que cambió la espada por el hábito de Santo Domingo y ya octogena-

Escenas de la Conquista: encuentro de Cortés y Moctezuma, siglo xviii

rio escribió que, al tiempo en que Diego Velázquez convocó a Cortés

Autor no identificad o

para dirigir la expedición, era “[…] alcalde ordinario, hidalgo y persona noble”, y que lo acompañaron “personas muy nobles”, como Pedro de Alvarado (1485-1541), Pedro Portocarrero Alegre (¿?-1537), sobrino del conde de Medellín,3 y Cristóbal de Olid (1488-1525), entre otros. El cronista religioso también llamó la atención sobre la diversidad

34

H. Prescott (1796-1859) ocuparon sus plumas para configurar en las

de los orígenes y la calidad de sus compañeros de armas, los que, dijo,

mentalidades de sus contemporáneos la fisonomía del conquistador.

eran: “[…] griegos, sicilianos, italianos vizcaínos, montañeses, astu-

Durante el periodo virreinal y en el primer siglo del México nacional,

rianos, portugueses, andaluces y extremeños”.4

Cortés fue apreciado como un sensible cristiano, devoto de María en

Nobleza —entendida por civilidad, acorde con los valores cristia-

su advocación de la Asunción, y no sólo como hombre de armas, sino

nos—, multiculturalidad —por diversidad de procedencia— y ambición

también como un letrado, inmerso en el humanismo, seguro de sí mis-

de conocer, poblar y edificar, como mentalidades afines al Renaci-

mo, estratega y emprendedor.

miento, caracterizaron a quienes, con los muchos naturales america-

En la primera mitad del siglo xx, los miembros de la Sociedad de

nos contrarios a los mexicas, fundaron el reino de la Nueva España.

Estudios Cortesianos colaboraron con sus investigaciones a la com-

Cuando Cortés arribó al espacio continental americano, no fueron

prensión del contexto del conquistador y de los individuos que apor-

del todo motivo de sorpresa para él las bondades de la tierra, sus ha-

taron a la construcción del reino. Por otra parte, algunas tendencias

bitantes y las evidencias de su sólida cultura. Habían pasado varias

historiográficas posrevolucionarias, en aras de rescatar y exaltar el pa-

décadas desde la primera presencia de Colón en las islas del Caribe y

sado prehispánico, contribuyeron a crear una historia oficial, divulga-

se habían realizado exploraciones en los litorales del continente. En el

da a través del arte y de la escritura, en la que se caracterizó a Cortés y

relato de la primera carta de relación (“justicia y regimiento de la Rica

a sus huestes como sanguinarios y destructores. Avanzado el siglo xx,

Villa de la Vera Cruz”) dirigida el 10 de julio de 1519 a la reina Juana

varios reconocidos autores dedicaron su intelecto a revalorarlo. José

y a su hijo, el emperador Carlos V, quedó constancia de las incursiones

Luis Martínez Rodríguez (1918-2007) asumió como proyecto de vida,

realizadas por Hernández de Córdoba y por Juan de Grijalva.

desde la investigación histórica y las letras, la rigurosa y obsesiva tarea

Cortés no fue inicialmente hombre de armas y proclive al com-

de indagar su trayectoria. Un recorrido por su vasta biblioteca, abier-

bate, a la guerra. Hay que considerarlo, ante todo, y percibirlo como

ta hoy al público, evidencia su compilación bibliográfica y documental

un emprendedor. La empresa de Cortés exigía ambición y un plan es-

relativa al siglo xvi y al conquistador, y constituye una invitación a la

tratégico para hacerse de tierras continentales y de sus pobladores para

lectura de los dos densos volúmenes en los que, además de su apre-

fundar un reino. Diestro en la organización y el mando, expresó sus

ciación sobre el extremeño, incorporó una valiosa e inédita selección

propósitos fundacionales en una de sus cartas dirigidas al príncipe

de documentos que permiten, a quien se aproxima a ellos, la configu-

Carlos, ya emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

ración de su historia desde sus propias interrogantes.1 Es también de

El libro primero de México, 1521-1821. Se forja una nación está

mencionar la biografía de Hernán Cortés escrita por el embajador Juan

integrado por ensayos sobre el temprano siglo fundacional que pueden

Miralles (1930-2011), quien, motivado por las apreciaciones polémi-

apreciarse como claves de acceso a una visión más comprensiva de

cas a propósito del extremeño, incursionó por más de treinta años en

Cortés y de los procesos políticos, sociales y económicos que sentaron

documentos y libros y, una vez jubilado de la carrera diplomática, ofre-

las bases del primer reino cristiano en el continente. Se valora como

ció una fresca construcción literaria sobre su personalidad. Cabe

pieza nodal al dirigente de la expansión europea y de la concepción

mencionar el reconocimiento que el autor manifestó a los intelectuales

del reino de la Nueva España, desde aquel 3 de mayo de 1519, día de la

que lo auxiliaron en su caminar por la escritura de la historia: Manuel

Santa Cruz, fecha en la que Cortés se adentró en este territorio.

González de Cosío (1915-2003), Ernesto de la Torre Villar (1917-2009)

Chimalpahin (1579-1645), historiador descendiente de los seño-

y José Luis Martínez, quien le facilitó su cuantioso acervo documen-

res principales de Chalco, a principios del siglo xvii, en su tercera re-

tal y bibliográfico. Miralles mostró en esta biografía la humanidad de

lación, afirmó que, de acuerdo con el testimonio de los naturales, fue

Hernán Cortés, comprendida en el marco valorativo propio del tem-

en el año 1-Caña,

prano siglo xvi.2 Aquí, es pertinente recordar al lector unas breves palabras escri-

[…] en el día 1-Viento de la veintena de días. Aquí aparece cuando la

tas por fray Francisco de Aguilar (1479-1571), miembro de su hueste,

persona del que fuera Moteuhczomamatzin salió a recibirlo en Acachinanco. Salió a recibirlo con joyeles de oro y, rogándole, le dijo: “Habéis tenido coraje para saber andar sobre los caminos, pero no os importunéis más, ésta no es vuestra patria, ni mi trono real es vuestro, ni mi es-

José Luis Martínez, Hernán Cortés, 2 vols., México, Fondo de Cultura Económica/ Universidad Nacional Autónoma de México, 1990. 2 Juan Miralles, Hernán Cortés, inventor de México, México, Tusquets, 2001. 3 Seguramente se refirió al II conde de Medellín, Juan Portocarrero y Pacheco (14601528). 4 Francisco de Aguilar, Relación breve de la conquista de la Nueva España, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1980, pp. 65-66. 5 Relaciones originales de Chalco Amaquemecan, escritas por Francisco de San Antón Muñón Chimalpahin Cuauhtlehuanitzin, paleograf ía, traducción e introducción de Silvia Rendón, prefacio de Ángel María Garibay K., México, Fondo de Cultura Económica, 1965, p. 121. 1

tera real es vuestra. No enojéis a los legítimos señores de los pueblos que por doquier se encuentran.5

Al tiempo en que Carlos I de España procuraba su elección como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Hernán Cortés, con miles de nativos americanos, se preparaba para tomar la ciudad de Mexico-Tenochtitlan. La mirada de quienes precedieron a Cortés y contemplaron ciudades con “casas de cal y canto” que revelaban un


nivel cultural de sus habitantes superior al que identificaron en las

desde 1517, gestionó, a solicitud del gobernador de Cuba, Diego Veláz-

islas del Caribe, la numerosa participación de nativos que se aliaron al

quez, la fundación de la primera diócesis para el gobierno de la Igle-

conquistador para combatir a los mexicas, así como la aprehensión

sia en tierra firme. Fue aprobada por el papa León X el 24 de enero de

del tlatoani Cuauhtémoc, motivaron en Cortés el ofrecimiento al

1518, con el título de diócesis Carolense, en honor al monarca. Éstos

monarca de fundar un reino que habría de nombrarse “Nueva Espa-

fueron los primeros pasos en la configuración de la cultura del nuevo

ña”. De él, más tarde, dependerían las villas y lugares ya fundados en

reino en el contexto del Renacimiento y en el marco intelectual e

las islas. Carlos I de España, una vez elegido emperador, asintió a la

ideológico del humanismo cristiano. Inmersos en él, muchos de los

iniciativa de crear un reino más allá del Atlántico, en un tiempo en el

primeros gobernantes, pobladores y religiosos se interiorizaron en el

que en Europa se avecinaba la fractura de la unidad en la fe. Unos

conocimiento de los conquistados; fueron sensibles a su sufrimiento

años antes, el 31 de octubre de 1517, Lutero había dado a conocer sus

y contribuyeron a la formación de un nuevo orden en su favor. En la

noventa y cinco tesis.

Nueva España se pusieron en práctica las experiencias de evangeliza-

Nueva España fue el primer reino americano producto de una

ción heredadas del medievo, en defensa de la fe ante la impronta del

migración, la que tuvo lugar como fruto de la inserción europea en

islam. Como antecedente inmediato, habría que tener presente la em-

tierra firme, donde, con la espada y la cruz, los vasallos de la monarquía

presa de cristianización que siguió a la conquista de las islas Canarias.

española sumaron su afán de expansión a las aspiraciones de libera-

La expansión de la fe católica entre los diversos grupos indíge-

ción de los pueblos sujetos por los mexicas. A este propósito, procede

nas ha merecido un lugar singular en la historiografía mexicana. Los

dirigir la atención del lector hacia los tlaxcaltecas y los otomíes, po-

cronistas e historiadores de las órdenes religiosas formaron sus repo-

bladores que, cuando llegó Cortés, habitaban un extenso territorio que

sitorios documentales y dejaron escritas sus historias. Algunas se

llegaba hasta el litoral atlántico. Es pertinente profundizar en el estu-

imprimieron cuando fueron escritas y se difundieron más allá de los

dio y comprensión de estos y otros grupos que se resistían a ser so-

océanos; otras se han ido desempolvando a través del tiempo y hoy en

juzgados por los mexicas y que por ello se aliaron al conquistador.

día tenemos acceso a ellas ya impresas. Las letras de actores y testigos

Una vez tomada Mexico-Tenochtitlan, los naturales aliados, además

de la evangelización, sumadas a los cuantiosos escritos de autoridades

de adoptar la fe cristiana y las prácticas de vida acordes a ella, es de-

civiles y religiosas, permiten enriquecer la valoración del significado

cir, a vivir en pueblos y guardar en ellos “orden y policía”, colaboraron

de las titánicas tareas misioneras en la fisonomía de nuestra cultura.

en los procesos de expansión y población del territorio hacia el norte y más tarde hacia el Pacífico insular.

La presencia muy temprana de las órdenes mendicantes —franciscanos, dominicos y agustinos—, también con un carisma misione-

El reino creado a iniciativa de Cortés fue el modelo a seguir para

ro inmerso en el humanismo cristiano, además de la introducción de

la expansión de la cultura hispánica en el continente. A pesar de que

una fe asociada a la valoración de la vida, contribuyó a aminorar los

a lo largo de trescientos años la fundación de pueblos y ciudades fue

efectos de la violencia que significaron las contiendas bélicas y la apli-

una constante, la mayoría de las instituciones políticas, económicas y

cación de un orden nuevo y distinto.

culturales que operaron durante el virreinato tenían un origen ances-

Como huella imborrable de la ardua labor misionera, quedó la

tral en la península ibérica. Se trasladaron y adecuaron a la realidad

palabra escrita de los cronistas de las órdenes religiosas, quienes, a

americana, primero en el reino de la Nueva España y después en los

la par de consignar los trabajos emprendidos para extender la fe ca-

otros virreinatos y gobernaciones.

tólica entre los naturales, fueron acuciosos autores de los relatos de

Juana, reina de Castilla y Aragón, y su hijo el príncipe Carlos,

su pasado. Alternaron en sus narraciones los tiempos pretérito (ritos

emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, asintieron a las de-

e idolatrías) y presente (la impronta de Cristo, la Virgen y los santos).

mandas del conquistador para la edificación del reino, no así a su as-

Testigos mudos de las tareas misioneras son los monumentales

piración de ser su gobernador absoluto. Por real cédula del 9 de julio

espacios conventuales que sobreviven: extensos atrios, capillas abier-

de 1529 se le otorgó el título de marqués del Valle de Oaxaca y se le

tas, iglesias, claustros austeros pero elegantes, proyección de los sa-

confirmó la posesión de un vasto territorio y la jurisdicción civil y

beres y expresiones estéticas y pías de los misioneros, los mentores, y

criminal sobre sus 23 mil pobladores, residentes en los valles de Cuer-

de los neófitos, sus discípulos. Los primeros fueron ideólogos y maes-

navaca, Toluca y Oaxaca.

tros de obra; los segundos, artífices que, con el cincel en la mano, interpretaron y labraron los símbolos de su nueva fe.

E va n g e l i z a r : e l c i m i e n t o d e l r e i n o

Es importante la mención de las iglesias y los conventos dirigi-

La rápida expansión europea en tierra firme tuvo un cariz y un im-

dos por los misioneros y edificados por centenares de indios. Estas

pulso fundantes, que quedaron de manifiesto en el inmediato progra-

construcciones son testigos mudos de la supervivencia de los ideales

ma evangelizador para la expansión de la fe entre sus pobladores, la

de los naturales, en particular, de la destreza arquitectónica y de la

multiplicación de las diócesis para el gobierno eclesiástico, el estable-

monumentalidad de sus espacios sagrados. Los extensos atrios, las ca-

cimiento de la primera imprenta fuera de Europa en apoyo a las tareas

pillas abiertas y las capillas pozas son innovaciones arquitectónicas

misioneras, el reconocimiento de la diversidad y las bondades del te-

que tuvieron como precedente las edificaciones prehispánicas para el

rritorio, la fundación de ciudades y el desarrollo de empresas agrarias

culto. Las piedras labradas en sus exteriores y las pinturas murales en

y mercados y la temprana identificación y explotación de minerales.

el interior dejan ver la apropiación por parte de los neófitos america-

El propio Hernán Cortés solicitó religiosos mendicantes para fun-

nos de los principios estéticos de la cultura hispánica asociados con el

dar la Iglesia novohispana e iniciar la expansión de la fe. Carlos V se-

cristianismo. Los naturales respondieron a la sensibilidad de los misio-

leccionó de entre sus vasallos del Imperio a los tres primeros religiosos

neros y éstos fueron perceptivos a las demandas del otro, acostumbrado

franciscanos: Pedro de Gante, Juan de Tecto y Juan de Ayora. Los eli-

a llevar a cabo sus ritos al aire libre y a participar en las prácticas re-

gió de origen flamenco, como él. Como patrono regio de la Iglesia

ligiosas con cantos, música y danzas.

35


L as muchas lenguas: signo de diversidad

bro por la cantidad y calidad de los pobladores a medida que se inter-

c u l t u r a l y l e g a d o d e l a s ta r e a s m i s i o n e r a s

naron en el territorio. También se refieren las numerosas muertes

La intervención de los religiosos mendicantes fue decisiva para ga-

ocasionadas por los enfrentamientos que Cortés, sus huestes y los in-

rantizar la supervivencia de los naturales y el reconocimiento y apre-

dios aliados tuvieron con quienes les opusieron resistencia a medida que

cio de su diversidad cultural, lo que se manifestó, entre otras cosas,

se aproximaban a la gran Tenochtitlan. Los testimonios documenta-

en el afán de evangelizar a partir de la otredad. Así, los mendicantes

les que existen —tanto de origen europeo como de los naturales— sobre

—y más tarde los jesuitas— aprendieron las múltiples lenguas habla-

la toma de Tenochtitlan y los primeros años de la fundación del reino de

das en el territorio novohispano e indagaron y escribieron sobre el re-

Nueva España dan cuenta de la mortandad ocasionada por la guerra.

moto pasado de los naturales. Además de la religión católica, que es

Los decesos derivados de la violencia de las contiendas bélicas

profesada por la mayoría de la población en México, las lenguas autóc-

en el establecimiento de un nuevo orden y por las pestes causaron or-

tonas que siguen vivas y los numerosos documentos y escritos sobre

fandad, hambre y desolación. En 1520, a causa de la epidemia de vi-

ellas son, entre otros, signos de supervivencia de las tareas misioneras.

ruela, a la que los naturales llamaron huey záhuatl, introducida por

En el siglo xix Manuel Orozco y Berra, como empleado del Mi-

un hombre que pertenecía a la expedición de Pánfilo de Narváez, llegó

nisterio de Fomento, inició sus primeros registros sobre la diversidad

a perecer en algunas partes hasta la mitad de la población: “[…] y como

lingüística, los cuales culminó con la monumental obra Geografía de las

las viruelas se comenzasen a pegar a los indios, fue entre ellos tan

lenguas y carta etnográfica de México, precedidas de un ensayo de cla-

grande enfermedad y pestilencia mortal en toda la tierra que en algu-

sificación de las mismas lenguas y de apuntes para las inmigraciones

nas provincias morían la mitad de las gentes y en otras poco menos”.7

de las tribus, que llevó a la imprenta en el año de 1864, con el auspicio del

No fue ni la primera ni la última epidemia que padecieron los

emperador Maximiliano. Orozco y Berra, con el rigor científico propio

naturales. En una analogía con las siete plagas de Egipto menciona-

del positivismo, para hacer el registro de las lenguas, investigó en las

das en el Antiguo Testamento, Motolinía consideró la viruela como

colecciones documentales de José Fernando Ramírez y Joaquín García

una de las diez principales plagas que padecieron los naturales en los

Icazbalceta, reconocidos ambos por su interés en la historia virreinal,

primeros años del reino de la Nueva España.8 Once años después “un

6

36

así como en los “Documentos para la historia” preservados en el Archi-

español herido de sarampión” contagió a los naturales, aunque no mu-

vo General de la Nación. La titánica investigación histórica y etnográ-

rieron tantos como en el caso de la epidemia de viruela, porque se les

fica de Orozco y Berra sobre las migraciones de las distintas tribus, la

insistió en que no se bañaran y se les recomendaron “remedios contra-

clasificación y la geografía de las lenguas es un referente invaluable

rios a la enfermedad”. Los naturales se refirieron a esta enfermedad

para el estudio de la cultura indígena. Si asumimos que la lengua es

como tepiton záhuatl (pequeña lepra). La tercera epidemia y pri-

cultura, se trata de un legado intelectual que podemos sugerir al lec-

mera de cocoliztle (plaga) tuvo lugar en los años 1544-1545. A la fecha,

tor como preámbulo de México, 1521-1821. Desde mediados del si-

no se sabe bien cuál fue esta enfermedad. Se trató de una afección de

glo xix, la Geografía de las lenguas permitió la construcción en el

las vías respiratorias y uno de sus síntomas era un sangrado nasal abun-

imaginario de la complejidad y la diversidad culturales de los habi-

dante. En su momento se afirmó que causó la muerte de una tercera

tantes, del tiempo en el que Cortés llegó a las costas atlánticas de nues-

parte de los naturales que habitaban el centro del territorio novohispa-

tro territorio. En 1864 Orozco y Berra afirmó que hubo ciento ochenta

no. Bernardino de Sahagún, franciscano que emprendió un significa-

y dos hablas diferentes, once familias lingüísticas, con treinta y cinco

tivo rescate de la cultura mexicana, escribió: “[…] enterré más de diez

idiomas y sesenta y nueve dialectos; ciento veinte lenguas vivas enton-

mil cuerpos, y al cabo de la pestilencia diome a mí la enfermedad y

ces y sesenta y dos idiomas muertos. Cabe añadir que la Carta etnográ-

estuve muy al cabo”.9 La epidemia ocasionó una significativa escasez

fica de México que Orozco y Berra trazó y publicó como complemento

de abasto en la Ciudad de México, en virtud de las limitaciones que

de su Geografía de las lenguas sirvió hasta el siglo xx de guía para

tuvieron los naturales para cultivar sus tierras.

identificar los espacios de la sociedad multiétnica en México.

La más mortífera de las epidemias fue la de cocoliztle que surgió en el centro en 1574 y se extendió a todo el territorio en un lapso de

E l d e c r e c i m i e n t o d e l o s n at u r a l e s

cuatro años. El virrey Martín Enríquez se valió de los jesuitas —que

en el naciente reino

unos meses antes habían abierto su primer colegio— para que junto

Se han hecho estudios demográficos para sugerir la densidad de po-

con sus discípulos auxiliaran a la población afectada. Acudían todos

blación al arribo de los europeos a las costas de Veracruz; sin embar-

los días a los barrios de la Ciudad de México para distribuir alimen-

go, los conceptos numéricos que ofrecen los testimonios a ese respecto

tos y ofrecer apoyo espiritual. Juan Sánchez Baquero, de los primeros

no corresponden a los nuestros; podríamos considerar esas cifras como

jesuitas que en 1572 arribaron a las costas veracruzanas, apreciado

simbólicas. En las narraciones de los cronistas es explícito su asom-

por sus múltiples saberes, afirmó, como testigo y actor, en su Historia: “Fue lamentabilísima la pestilencia, porque se tiene por averigua-

Manuel Orozco y Berra, Geografía de las lenguas y carta etnográfica de México, precedidas de un ensayo de clasificación de las mismas lenguas y de apuntes para las inmigraciones de las tribus, Imprenta de J. M. Andrade y F. Escalante, México, 1864. 7 Toribio de Benavente, Motolinía, El libro perdido: ensayo de reconstrucción de la obra histórica extraviada de fray Toribio, dirección de Edmundo O’Gorman, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1989, primera parte, cap. ii, p. 42. 8 Ibid., pp. 42-43. 9 Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España, vol. 3, México, Imprenta de Alejandro Valdés, 1830, libro undécimo, cap. xii, p. 328. 10 Juan Sánchez Baquero, Fundación de la Compañía de Jesús en la Nueva España (15711580), México, Patria, 1945, p. 88. 6

do que de tres partes de los indios murieron las dos y los que vieron la muchedumbre que presedió y la cotejan con los pocos que hoy hay, les parece que se acortan mucho”.10 Además, el cronista informó que la epidemia había asolado también a los habitantes de los alrededores, a los que el virrey Martín Enríquez, con el apoyo de los jesuitas, envió: […] grande cantidad de regalos y dineros para los enfermos con orden de que por su mano se distribuyesen. Los cuales, junto con el socorro corporal, acudieron al espiritual animando a sus curas al trabajo y administración


de los sacramentos, llamando y llevando a las casas de los enfermos, y

de cara a la modernidad las Leyes y ordenanzas nuevamente hechas

asistiendo a su ayuda en todo lo que podían, así los que sabían la lengua

por S. M. para la gobernación de las indias, y buen tratamiento y con-

como los que la ignoraban.

servación de los indios, promulgadas el 20 de noviembre de 1542, cor-

11

pus que evidencia la procuración real en favor de los naturales y las Los tr a zos de ciudades y pueblos

Ordenanzas de descubrimiento, nueva población y pacificación de las

pa r a l o s h a b i t a n t e s d e l r e i n o

Indias, de Felipe II, signadas el 13 de julio de 1573, que tomaron en

La conformación de la nueva sociedad fue el reto en los primeros años

cuenta las experiencias previas en el continente de fundaciones de

de la Nueva España. Muchos de los europeos dejaron las armas para

lugares, villas y ciudades. Así, el derecho ancestral del Medioevo y el

transformarse en vecinos de la Ciudad de México y de las ciudades

emanado en el marco del humanismo cristiano, a partir de la realidad

que fueron surgiendo a medida que se avanzó en el reconocimiento

americana, fueron sólidos y experimentados soportes de la Recopila-

del territorio. Con frecuencia hicieron valer su colaboración en las

ción de leyes de los reynos de las Indias, promulgada por Carlos II, el

conquistas y demandaron el tributo y servicio personal de los natura-

último monarca de la Casa de Austria, en 1680 e impresas por Julián

les en encomienda. Los letrados hijosdalgo participaron en el gobierno

de Paredes en 1681.

como alcaldes y regidores; otros se habilitaron como labradores, se-

La Recopilación de leyes de los reynos de las Indias es un legado

ñores de ganado, comerciantes; otros más continuaron en el recono-

que revela una historia en común que pervive hasta nuestros días y que

cimiento de los espacios y aun, con espada en mano, se internaron

explica en mucho los orígenes de nuestra identidad. Numerosas formu-

tierra adentro o recorrieron los litorales para emprender otras con-

las jurídicas de este corpus subyacen en las Constituciones que se pro-

quistas. Las noticias de la toma de Tenochtitlan en las islas del Caribe

mulgaron en los Estados independientes durante el siglo xix y muchas

y en la Península motivaron los procesos migratorios de letrados, la-

de ellas permanecen en la que rige a la nación mexicana hoy en día.

bradores y artesanos, que se unieron a la empresa fundacional. Las primeras ciudades fueron trazadas a la manera castellana, para

L a economía del Medioevo en tr ánsito

reducir a los naturales americanos, un mosaico pluriétnico, a vivir en

a l a modernidad

pueblos en torno a los conventos o en espacios próximos. Es posible

La multiplicación de fundaciones de lugares, villas y ciudades en la

identificar esas primeras trazas en la cuenca de México, en los valles

Nueva España durante las primeras décadas del siglo xvi evidencia

de Puebla-Tlaxcala y de Cuauhnáhuac, como el corazón de los pueblos

la generación y el desarrollo de una sólida economía sustentada en la

que hoy día se encuentran conurbados a las grandes ciudades.

recaudación tributaria de los pobladores sometidos y basada en el sistema de repartimiento de los naturales en encomiendas, experimen-

Gobernar el nuevo reino confor me

tado previamente por los castellanos una vez realizada la conquista

a la tradición y al derecho castellanos

de las islas Canarias. La encomienda, en las primeras décadas, exigió

La primera mitad del siglo xvi fue el espacio temporal en el que las

el tributo y el trabajo personal a favor del encomendero. Éste a su vez

instituciones de gobierno e impartición de justicia se establecieron en

estaba obligado a proteger a los naturales encomendados, a garantizar

el reino. Las más de ellas de tradición castellana; no obstante, leyes,

su evangelización y su vivir en “orden y policía” como buenos cristianos.

usos y costumbre de otros reinos y provincias fueron inducidos en la

El tributo de los pueblos fue inicialmente instrumentado de acuerdo

cotidianeidad por sus propios migrantes, que se incorporaron al reino

con los parámetros impuestos por los mexicas a sus vasallos. De for-

de la Nueva España. Después del breve lapso en el que el Cortés fun-

ma paralela, entre los actores de las conquistas y primeros migrantes

gió como capitán y gobernador, siguieron las dos primeras Audien-

con deseos de explorar para poblar, es posible identificar el surgimien-

cias y, finalmente, Carlos V optó por gobernar en la Nueva España por

to de individuos emprendedores, interesados en generar actividades

medio de un virrey. En un principio tuvieron facultades sólo de go-

agrarias y mercantiles, así como en aventurarse en la búsqueda y la

bierno, pero en las primeras décadas del siguiente siglo los virreyes

explotación de yacimientos minerales. Un ejemplo de esto fue Alonso

habrían de ser reconocidos como gobernadores, presidentes de la Au-

de Villaseca, señor de ganados y propietario agrario, que culminó su

diencia, capitanes generales, vicepatronos de la Iglesia y superinten-

trayectoria en la extracción de la plata en los reales próximos a Ixmi-

dentes de la Real Hacienda.12 Cuando el 20 de noviembre de 1542 se

quilpan. Se distinguía en su tiempo por su apoyo a la fundación de la

fundó el virreinato de Perú, la Corona contaba ya con la experiencia

Real y Pontificia Universidad y por el patronazgo del primer colegio

de la acertada gestión del gobierno de Antonio de Mendoza. Para el gobierno de los lugares, villas y ciudades se optó por la fórmula de gobierno impulsada por Cortés cuando fundó el ayuntamiento de la Villa Rica de la Vera Cruz. Los ayuntamientos o cabildos de tradición latina habían operado por siglos en la península ibérica como modos de gobierno representativos de los derechos de los vasallos del rey y constituyeron un perfil de gobernanza participativa, un modo de ser del que hoy en día aún se precia el país.13 La multiplicación de las leyes que fueron redactadas durante el primer siglo del virreinato para resolver asuntos de gobierno no contemplados en las Siete partidas y en las Leyes de Toro conformaron la base del derecho indiano, que fue compilado en cedularios, como el de Vasco de Puga, publicado en 1563,14 y el de Diego de Encinas, de 1596.15 A éstos, deben sumarse como aportaciones jurídicas innovadoras y

Ibid. María Cristina Torales Pacheco, “Los virreyes de Nueva España en tiempos de los Austria”, en Lillian von der Walde Moheno y Mariel Reinoso Ingliso (eds.), Virreinatos II, México, Destiempos, 2013, pp. 575-599. 13 María Cristina Torales Pacheco, “El cabildo de la Ciudad de México, 1524-1821”, en La muy noble y muy leal Ciudad de México, t. 3, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Departamento del Distrito Federa/Universidad Iberoamericana, 1994, pp. 87-107. 14 Vasco de Puga, Philippus Hispania rum, et indiarun rex: provisiones, cédulas, instrucciones de Su Majestad, ordenanças de difuntos y Audiencia para la buena expedición de los negocios y administración de justicia y governación de esta Nueva España, México, Pedro Ocharte, 1563. 15 Diego de Encinas, Provisiones, cédulas, capítulos de ordenanzas, instrucciones y cartas, libradas y despachadas en diferentes tiempos por sus Majestades de los señores Reyes Católicos, don Fernando y doña Ysabel, y emperador don Carlos de gloriosa memoria y doña Juana su madre, y católico rey don Felipe, con acuerdo de los señores presidentes, y de su Consejo Real de las Indias, que en sus tiempos ha habido tocantes al buen gobierno de las Indias, y administración de la justicia en ellas, Madrid, Imprenta Real, 1596. 11 12

37


de la Compañía de Jesús en México, instituciones pilares de la educa-

Burgoa en su crónica sobre la provincia dominica de Oaxaca (cuando

ción de los jóvenes novohispanos.

se refiere a Tehuantepec), población habitada por españoles, mula-

Apenas trazada la Ciudad de México, fueron repartidas mercedes

tos, mestizos y 1 500 indios casados, con sus familias, los cuales, gra-

de tierra en torno a los lagos para el cultivo de trigo y el desarrollo de

cias a que poseían ganado mayor, participaban en el tráfico mercantil

huertas en las que se producían frutos importados de Europa, muchos

entre México, Veracruz, Chiapas y Guatemala. Se refirió a ellos como:

de los cuales ya se habían sembrado en las islas del Caribe. En torno al río de Tacubaya se establecieron los primeros molinos. Para llevar a cabo

[…] gente hábil, ladinos, políticos, liberales, trabajadores, algunos tienen

la fundación de la Puebla de los Ángeles, primera ciudad concebida

recuas de cuarenta a cincuenta mulas aparejadas con que trajinan estos rei-

para españoles, fueron convocados en la península ibérica labradores

nos de México, Veracruz, Chiapa, y Guatemala, fletando sus bestias, para

y criadores de ganado. Motolinía fue testigo ocular de esta fundación,

llevar las haciendas de unas a otras partes con grande puntualidad y con-

que tuvo lugar el 16 de abril de 1531, y celebró en ella la primera misa.

fianza, y ellos hacen sus empleos en Soconusco en cacao y en la Puebla

Una década más tarde, describió cómo en las proximidades de la ciu-

de paños surtidos, jabón y herramientas de machetes, hachas, arados,

dad ya había árboles de manzanas, membrillos, peras melocotones,

rejas, frenos, estribos y corazas; todos visten muy aseado y de camino

duraznos y ciruelos. Se sembraban también parras, higueras, granadas,

como españoles de pies a cabeza, con muy buenas mulas y sillas.23

melones, pepinos y berenjenas. Comentó que en la tierra asignada 16

al convento de San Francisco había un vecino agricultor de trigo que

L o s m i n e r a l e s : u n at r a c t i v o

le había mencionado “[…] que sembraba una fanega y cogería ciento,

pa r a e s t a b l e c e r e l r e i n o

no por ser aquel el primer año que se sembraba, porque antes que la

Para que el lector se forme una idea de la importancia de la produc-

ciudad allí se edificase, sembraba la ribera de aquel arroyo para el es-

ción argentífera en el reino de la Nueva España, incluimos unas líneas

pañol que tenía el pueblo de Cholollan en encomienda”.17

dirigidas al monarca en un memorial sobre las condiciones económi-

A propósito de la fertilidad y la producción de trigo en el valle de

cas del reino, escrito por un experimentado criollo, quien manifestó

Atlixco o “val de Cristo”, Motolinía mencionó que era tierra caliente

haberse dedicado por más de cuarenta años a la minería y haber sido

y bien irrigada y que en él los vecinos de Puebla tenían sus huertas y

alcalde mayor de minas:

viñas y de trigo: “[…] cogen cuando quieren. Muchas veces acontece

38

estar un trigo acabado de sembrar, y otro que brota y otro en porreta

[…] de las minas de plata que los mineros tenían en Nueva España se

y espigando y otros para coger y ésta es muy común cosa, y el pan de

sustenta el mundo, que sin ellos todas las cosas fueran de ningún valor,

este trigo en extremo es muy bueno”.

18

porque la plata les da a los frutos de la tierra y a las cosas que se hacen

Las prácticas agrarias en el valle de Puebla-Tlaxcala garantiza-

de ellos con el ingenio e industria de los hombres, de manera que, faltan-

ron el abasto de la ciudad de los Ángeles y el de las naves que cruzaban

do ellos, de necesidad la contratación se había de convertir en traer algu-

el Atlántico.19 Antes de concluir el siglo xvi también a la Nao de China.

nas cosas en trueque. […] todo el peso del mundo está sobre los hombros

Sabido es que los caballos son originarios de América, pero que

y voluntades de los mineros; y es cosa justa y razonable que Su Majestad

migraron a Asia y de ahí al continente europeo. En la época moderna,

sepa cuántos y en qué número son éstos, que tan gran carga sufren. Digo,

los primeros dieciséis caballos de origen europeo llegaron al continente

que con todos los mineros del Perú y de Nueva España no llegan a ocho-

con la expedición de Hernán Cortés. Fray Toribio de Benavente, en su

cientos, de manera que toda esta máquina está pendiente de ochocien-

crónica concluida hacia 1541, afirmó que en los equinos estaba “la for-

tos hombres. Digo que sí, y que el daño o bien de toda la contratación del

taleza de los españoles”,20 y refirió la presencia de más de mil de a caballo

mundo pende de estos ochocientos hombres.24

y buenos jinetes en la Ciudad de México, “[…] y de tan buenos caballos que ninguna ciudad por grande que sea les hará ventaja […]. Tiene

Su autor, Gonzalo Gómez de Cervantes, reveló así su percepción

muchos ganados de vacas y yeguas y ovejas y cabras y puercos”. Grego-

sobre el relevante y fundamental lugar que la Nueva España tenía en-

rio Villalobos, en 1521, hizo traer las primeras cabezas de ganado va-

tonces en el desarrollo de la economía global por la extracción de plata.

cuno y en 1528, por intervención de Juan Gutiérrez Altamirano, primo

Anexo a su memorial, incluyó una sugerente información sobre las

de Hernán Cortés, arribaron los primeros toros de lidia desde Navarra.22

remesas de metales preciosos enviadas a la monarquía durante el pri-

Las bondades para los naturales por la introducción de ganado a

mer siglo. Desde una óptica económica, podemos ver el impulso as-

tierras americanas nos las ilustra en breves líneas fray Francisco de

cendente de la minería a mediados del siglo xvi. En mucho se explica

21

por la instrumentación del proceso de amalgamación introducido por T. de Benavente, Motolinía, op. cit., tercera parte, cap. xxxiv, p. 448. Ibid., p. 453. 18 Ibid., p. 449. 19 Ibid., cap. xxxiii, p. 445 20 Ibid., cap. xxxiv, p. 454. 21 Ibid., cap. xvii, p. 355. 22 Ramiro Ramírez y José Manuel Berruecos, La educación de la medicina veterinaria y zootecnia en México, citado en Alfonso Reséndiz Núñez, Los primeros herraderos, puerta hacia la charrería y su imbricación con el mestizaje: una revisión histórica documental del siglo xvi, en prensa, p. 37. 23 Francisco de Burgoa, Geográfica descripción de la parte septentrional del polo ártico de la América y nueva Iglesia de las Indias Occidentales, México, Imprenta de Juan Ruiz, 1674, 11a. parte, p. 391 v. 24 Gonzalo Gómez de Cervantes, La vida económica y social de Nueva España al finalizar el siglo xvi [1599], México, Antigua Librería Robredo de José Porrúa e Hijos, 1944, pp. 138-139. 16 17

Bartolomé de Medina en las minas de Pachuca, quien a su decir lo aprendió de “un alemán”. Este sistema fue rápidamente difundido en otros reales próximos a la capital del reino, entre ellos Zultepec, Temascaltepec y Taxco. El descubrimiento de yacimientos en Zacatecas significó el puntal para el aceleramiento de la explotación mineral en el norte del territorio. Fue así como el siglo xvi se convirtió en el espacio temporal en el que se fundó el primer reino de América y en la pieza angular de la monarquía y de su liderazgo en la economía mundial. Los textos que integran el libro primero de México, 1521-1821. Se forja una nación son claves de acceso que invitan al lector a ampliar su mirada sobre el acontecer en las primeras décadas del reino de Nueva España.


R e l a c i ó n d e l a p l ata , o r o y j o ya s r e m i t i d a s a l o s r e i n o s d e C a s t i l l a d e s d e l a N u e va E s pa ñ a , 1 5 2 2 - 1 5 9 9

años Gobernando Hernando Cortés, envió

1522 1523

pesos

tomines

granos

años

52 709

4

9

1549

No se llevó nada

pesos

tomines

granos

No se llevó nada

1550

268 702

5

2

1524

99 264

5

8

1551

252 937

4

2

1525

30 886

2

0

1552

284 857

5

0

Oro en hoja

….

838

0

0

1553

315 218

1

2

Oro en joyas

….

592

0

0

1554

333 209

7

1

Oro sin ley

….

145

2

0

1555

424 409

0

1

1556

480 597

4

1

1557

167 078

2

3

313 543

1

0

Gobernando Alonso de Estrada, envió

1526

20 387

1

1

….

5 542

0

0

1527

47 505

6

7

Oro sin ley

….

16 049

4

0

Oro en joyas

….

330

0

0

Oro sin ley

Gobernando la Real Audiencia, envió

1528

33 015

3

6

….

16 558

0

0

1529 Oro sin ley

Gobernando don Antonio de Mendoza, envió

20 142

4

6

1531

24 971

4

1

1532

40 927

7

1

1533

40 272

5

6

1534

104 440

2

9

1535

16 250

0

0

1536

32 500

0

0

1537

33 108

6

6

1538

65 407

7

0

1540

132 996

1

0

1541

61 635

3

1

….

Gobernando la Real Audiencia, envió Gobernando el marqués de Falces, envió Gobernando la Real Audiencia, envió

253 marcos

Gobernando don Martín Enríquez, envió

No se llevó nada

1560

268 702

5

2

1561

252 937

4

2

1562

284 457

5

0

1563

315 218

1

2

1564

333 209

6

1

1565

424 409

0

1

1566

480 597

4

3

1567

517 394

4

1

1568

931 463

2

0

4

11

2

0

4

10

1569

338 737

1570

811 484

1571

704 383

1572

684 052

0

10

1573

690 076

5

5

1574

685 629

3

4

1575

641 276

4

8

1576

934 391

4

11

1543

165 039

7

0

1577

1 111 211

5

9

1544

165 636

0

10

1578

937 002

3

10

1545

207 118

4

2

1579

835 304

7

0

1546

433 914

2

7

1580

734 285

2

11

113 marcos 0

4

1581

521 883

4

8

1582

582 293

4

7

1583

775 483

7

1

…. Plata baja

No se llevo nada

1558 1559

No se llevó nada

1539

1542

Plata baja

No se llevó nada

1530

Gobernando don Luis de Velasco, envió

1547

167 078

2

3

1548

313 543

1

0

Gobernando el conde de la Coruña, envió

39


Gobernando la Real Audiencia, envió

Gobernando el arzobispo Pedro Moya de Contreras, envió Gobernando el marqués de Villa Manrique, envió Gobernando don Luis de Velasco II, envió

40

años

pesos

tomines

granos

1584

835 720

6

4

1585

880 474

7

7

1586

1 114 588

2

7

1587

852 078

2

7

1588

1 092 000

0

0

1589

791 797

5

0

1590

1 038 675

4

9

1591

1 043 377

2

5

1592

748 000

0

0

5

9

1593

No se llevó nada

1594

2 136 114

Ordenanzas y compilación de leyes hechas por el muy ilustre don Antonio de Mendoza, visorrey y gobernador de esta Nueva España, México, Juan Pablos, 1548

Gobernando el conde de Monterrey, envió

años

pesos

tomines

granos

1595

945 712

1

8

1596

899 386

0

4

1597

1 311 053

7

3

1598

1 100 000

0

0

1599

1 474 406

0

0

1600*

1 100 000

0

0

1601*

1 127 000

0

0

fuente: “Relación de la plata, oro y joyas, que se ha llevado a Su Majestad desta Nueva España a los reinos de Castilla desde el año de mil y quinientos y veinte y dos que fue recién descubierta y ganada esta tierra hasta el año presente de mil y quinientos y noventa y nueve que es cuando este memorial”, en Gonzalo Gómez de Cervantes, La vida económica y social de Nueva España al finalizar el siglo xvi [1599], México, Antigua Librería Robredo de José Porrúa e Hijos, 1944 (anexo). * Alberto María Carreño, quien publicó el manuscrito (inédito hasta 1944), nos informa que en su interior aparece lo que llama “Estadística con adiciones a dos años más”, inscrito con otro tipo letra, por lo que afirma que no se puede saber si lo hizo el propio autor.


La monarquía hispana y el marco europe0 en los inicios de la globalización RENATE PIEPER*

DA CLIC PARA VER LA CONFERENCIA

Entre enero y mayo de 1521, Carlos V, recién electo emperador del

Tal y como se definió en Worms en 1521, se presentará primero

Sacro Imperio Romano Germánico, asistió a la dieta imperial de

la situación geopolítica de los territorios de los Habsburgo en Euro-

Worms. En el marco de ese evento se sentaron las bases de la geogra-

pa. A continuación, sigue el análisis de las condiciones tecnológicas y

fía política de su reinado y de sus sucesores: Carlos y Fernando acorda-

económicas que permitieron una mayor interacción de Europa con

ron que Fernando heredaría los territorios austriacos de los Habsburgo.

otras economías distantes. Finalmente, se describe el impacto de

Los estamentos del Imperio alemán, los príncipes, el clero y las ciu-

América en la cultura, la religión y la sociedad en los mundos euro-

dades imperiales establecieron la forma en que repartirían ayudas

peos. Si bien el título de mayor prestigio de Carlos V fue el de empe-

fiscales para combatir el avance del Imperio otomano en el este de

rador, la base de su poder se fue situando cada vez más en Castilla.

Europa. Finalizada la dieta, pero todavía en Worms, Carlos V pro-

De allí que el análisis del impacto de América en la Europa de los

mulgó un edicto contra Lutero y su protestantismo religioso.1 En las

Habsburgo se centre en la monarquía hispana, pero desde la perspec-

decisiones que se tomaron en Worms, la división de la herencia entre

tiva del Sacro Imperio.

Carlos V y Fernando I, el reparto de la carga fiscal destinada a las agendas imperiales, así como en la reacción contra la reforma religio-

L o s e s pa c i o s g e o p o l í t i c o s e u r o p e o s d e l a

sa, se tenía contemplado que huestes en nombre del rey de Castilla

m o n a r q u í a h i s pa n a y s u c o n e x i ó n a m e r i c a n a

—y por ende del emperador— estaban asediando otro imperio en

En 1521, en Worms, el reparto de la herencia entre Carlos V y su

América, cuyos primeros artefactos enviados por Hernán Cortés en

hermano menor, Fernando I, fue un tema central. Si bien las caracte-

1519 se expusieron en Bruselas y causaron la admiración de Alberto

rísticas de los territorios heredados por los hermanos han recibido

Durero. Gran parte de la historiograf ía se ha centrado en el contexto

ampliamente la atención de la historiograf ía, las posibles influencias

europeo y ha hecho escasa referencia a la influencia que tuvieron esas

de los reinos americanos son menos obvias y se discutirán a continua-

noticias y los primeros objetos llegados de América sobre las decisio-

ción. Para ello, conviene hacer un repaso sobre las particularidades

nes que se tomaron en el Sacro Imperio y en los reinos europeos de

de esa herencia territorial.3

Carlos V, de ahí que un análisis del impacto de la situación de Amé-

Las posesiones del padre de ambos príncipes, Felipe el Hermoso

rica sobre las circunstancias europeas ofrecerá nuevas perspectivas.

2

de Borgoña, fallecido en 1506, abarcaban el ducado de Borgoña, que

El marco del análisis serán los territorios europeos de Carlos V;

incluía los Países Bajos. Fernando I heredó los bienes del abuelo pa-

a saber, los territorios de las Coronas de Castilla y Aragón en la penín-

terno, Maximiliano I de Austria, que comprendían los territorios he-

sula ibérica y en el sur de Italia, así como las demarcaciones de los Aus-

reditarios austriacos, incluidos Eslovenia, parte de Croacia y el Tirol.4

trias esparcidas por el Sacro Imperio, es decir, en Alemania, Austria,

Carlos V reivindicó el ducado de Borgoña —herencia de su padre y

los Países Bajos, Borgoña y en el norte de Italia. Se describirán los

de la abuela paterna— y en el norte de Italia reclamó el ducado de

antecedentes y los acontecimientos posteriores, partiendo de la coyun-

Milán. La futura herencia por parte materna —las Coronas de Casti-

tura en 1521. Como deja entrever la Dieta de Worms, el temario en el

lla y Aragón— quedó indivisa en sus manos. En el sur de Italia, el

que podía impactar la cuestión americana era muy diverso; se trataba de asuntos en el ámbito del poder militar y de gobierno, de aspectos económicos y tecnológicos, así como de cuestiones religiosas, sociales y culturales. Sobre la influencia de América en la cultura material y la economía europeas existe toda una serie de estudios. No obstante, las interrelaciones entre los diversos aspectos son poco conocidas; por lo tanto, el propósito de las consideraciones que siguen a continuación es el de señalar la amplia gama de influencias entre América y Europa, y su interdependencia, en los inicios de la globalización.

* Karl-Franzens-Universität Graz, Graz, Austria.

1 Para una síntesis sobre el reinado de Carlos V, véase Alfred Kohler, Carlos V, 15001558, Madrid, Marcial Pons, 2000. 2 Robert Evans y Peter Wilson (eds.), The Holy Roman Empire, 1495-1806: A European Perspective, Leiden, Brill, 2012, y Jean Bérenger y C. A. Simpson, A History of the Habsburg Empire, 1273-1700, Londres y Nueva York, Routledge, 2014. 3 Para una impresión de la amplia gama de territorios, véase Manuel Fernández Álvarez (ed.), El imperio de Carlos V, Madrid, Real Academia de la Historia, 2001. 4 En la época se denominaban como los ducados de Austria, Estiria, Carintia, Carniola y Tirol.

43


p. 42

reino de Nápoles, que comprendía Sicilia, estaba unido a la Corona

La familia del emperador Maximiliano I, ca. 1520

de Aragón, mientras que los territorios americanos formaban parte de

Bernhard Strigel (ca. 1461-1528)

Abr aha m Ortelius (1527-1596) Fr ans Hogenberg (ca. 1535-1590)

Europa, en Theatrum orbis terrarum, Amberes, 1574

la Corona de Castilla. La herencia de los territorios italianos —el ducado de Milán y el reino de Nápoles— dio lugar a las llamadas Guerras de Italia, en las que Carlos V se enfrentó a Francisco I, el papado y a Venecia, que se sentían acorralados por los territorios de los Habsburgo. Carlos V pudo defender su posición en Italia, pero en el ducado de Borgoña tuvo que ceder parte del feudo francés. Con respecto a la posición interna de Carlos V en sus reinos, conviene subrayar el papel de los estamentos, que se reunían en dietas o cortes para jurar al nuevo rey, quien, a su vez, procedía a reconocer los fueros de los diversos territorios.5 Desde 1516 Carlos V tuvo que compartir la regencia de Castilla y Aragón con su madre, Juana I, quien vivió recluida en Tordesillas hasta su muerte en 1555, año anterior a la abdicación de su hijo. La regencia fue cuestionada y hubo levantamientos en varios sitios. En el contexto de la coronación imperial de Carlos V en Alemania, en Castilla estalló la Guerra de las Comunidades (1520-1522).6 Además, se levantaron las Germanías en Valencia y Mallorca (1519-1523) y, en el sur de Alemania, Suiza y Austria estalló la Guerra de los Campesinos (1524-1525); ambas sublevaciones tuvieron sus orígenes en cuestiones sociales. El poder de Carlos V como emperador era restringido, ya que el Sacro Imperio estaba conformado por una unión de territorios casi autónomos, gobernados por príncipes, eclesiásticos y ciudades. El emperador había sido elegido por un comité, ante el cual, entre otros candidatos, se había presentado Francisco I de Francia, quien, al igual que Carlos, reclamaba la Corona imperial aduciendo relaciones de parentesco con emperadores anteriores. Pero Carlos V ganó el proceso gracias a que sus derechos de parentesco eran mejores y porque, en vez de prometerles tierras o rentas a los electores imperiales, distribuyó elevadas sumas de dinero pagadas por sus banqueros, las casas mercantiles de los Fugger y los Welser —quienes habían arrendado las minas de plata y de cobre del Tirol—, lo cual causó un gran escándalo.7 A las contiendas entre Carlos V y Francisco I, se sumaron los enfrentamientos con el Imperio otomano. Las fuerzas turcas avanzaron por Hungría hacia el norte, amenazando los territorios austriacos. Al oeste del Mediterráneo y en la costa del norte de África, las huestes turcas y sus aliados arremetieron contra las costas italianas y las castellanas en el sur. La situación en el reino de Granada fue especialmente crítica, ya que la reconquista de los cristianos apenas había culminado en 1492 y se temía la sublevación de la población morisca, alentada por el Imperio otomano. Además, el rey de Francia había pactado con el Imperio otomano y sus aliados en el norte de África, lo que ocasionó que Carlos V encabezara dos expediciones: una a Túnez en 1535, llevada a cabo con éxito, y una segunda a Argel en 1541, que resultó en derrota. Los ataques de Carlos V en el norte de África y las guerras en Ita­ lia y Borgoña, así como la división de la herencia con su hermano, se pueden relacionar con las expectativas que se tenían del mundo atlántico. A pesar de formar parte de su herencia paterna, Carlos V había cedido a su hermano menor los territorios hereditarios austriacos, 5 Manuel Herrero Sánchez y Joaquim Albareda (eds.), Political Representation in the Ancien Régime, Londres y Nueva York, Routledge, 2018. 6 Joseph Pérez, Los comuneros, Madrid, La Esfera de los Libros, 2016. 7 Sobre la importancia de esos banqueros, véase Mark Häberlein, The Fuggers of Augsburg: Pursuing Wealth and Honor in Renaissance Germany, Charlottesville y Londres, University of Virginia Press, 2012.

45


M a e s t r o d e l a V i r g e n d e l o s R e y e s C at ó l i c o s

La Virgen de los Reyes Católicos, ca. 1491

contra los príncipes luteranos alemanes. Cuando estaba por alcanzarse un acuerdo con Portugal en la cuestión de las Molucas, Carlos V contrajo matrimonio con Isabel de Portugal en Sevilla en 1526. Isabel de Portugal era la segunda infanta de Portugal en contraer matrimonio con un emperador del Sacro Imperio desde mediados del siglo xv. Su antecesora, Leonor, sobrina de Enrique el Navegante, se había casado en 1452 con Federico III de Austria, bisabuelo de Car-

que contaban con acceso al mar Adriático y, por ende, al este del Me-

los V. Tanto en el caso de Isabel como en el de Leonor, la unión con

diterráneo. Esas regiones sufrían constantes incursiones por parte del

la casa imperial se consideraba un gran honor. La boda de Leonor con

Imperio otomano, lo que dificultaba su conexión con el Atlántico. Al

Federico había sido oficiada con gran pompa por el papa Nicolás V

final de su reinado en 1548, Carlos V incluso promovió cierta separa-

en Roma, quien después coronó al emperador y a la emperatriz. Ade-

ción de los Países Bajos y parte del ducado de Borgoña del Sacro Im-

más del honor que representaba esa unión, los beneficios económi-

perio para mejorar su vinculación con la monarquía hispana, ya que

cos vinculados a las empresas atlánticas eran considerables. El enlace

en Flandes se situaba uno de los emporios mercantiles más impor-

facilitaba el acceso de los portugueses a las regiones de los Alpes, pro-

tantes del noroeste europeo: el puerto de Amberes. El mundo atlánti-

ductoras de hierro, cobre y plata, metales muy codiciados en África,

co influyó también en la política italiana. Cuando el ducado de Milán

y para los Austrias significaba la posibilidad de participar en el comer-

cayó en manos de las tropas de los Habsburgo en 1525, en lugar de

cio atlántico. El matrimonio de la infanta de Portugal, Leonor, con un

unirlo de nuevo a los territorios austriacos, fue integrado a la monar-

miembro de la Casa de Austria se había llevado a cabo a propuesta

quía hispana, ya que el Tirol —y sus minas de plata y de cobre— co-

de la hermana de Enrique el Navegante, Isabel de Portugal, duquesa de

nectaba con la República de Génova, aliada de Carlos V. El acceso de

Borgoña, que residía en Flandes, por donde se exportaban los mine-

Génova al Atlántico a través del oeste del Mediterráneo estaba ase-

rales alpinos tan codiciados por los reinos africanos. Tanto la conexión

gurado por el reino de Nápoles, unido a la Corona de Aragón. Para

matrimonial como la vinculación política y económica de Austria

Carlos V debe de haber sido muy importante el hecho de que sus te-

con Portugal vía Flandes se mantuvieron y fueron corroboradas por

rritorios estuvieran vinculados con el Atlántico y con el oeste del Me-

la única nieta de Isabel y el único hijo de Leonor. En 1477 Maximilia-

diterráneo, ya que incluso consintió en que su hijo no fuese elegido

no de Austria se casó con María de Borgoña. Para que la relación con

emperador, dejando la dignidad imperial en manos de Fernando y

las casas reinantes de la península ibérica siguiera siendo fructífera,

sus descendientes.

Maximiliano I casó a sus únicos dos hijos, Felipe el Hermoso y Mar-

En 1521, el interés de Carlos V en Castilla y los reinos que tenían

garita de Austria, con los herederos de la Corona de Castilla, Juana y

nexos con el Atlántico se debía a la incorporación de los territorios

Juan, en 1496 y 1497, respectivamente, al regresar Colón de su segun-

americanos a la Corona de Castilla. En el Atlántico, Carlos V comba-

do viaje. Ese mismo año, en 1497, los Reyes Católicos casaron a su

tió a los franceses con más facilidad que en Borgoña o en Italia. Desde

hija primogénita Isabel con Manuel I de Portugal. El éxito de las ex-

1503, había habido intentos por parte de Francia de colonizar algunas

ploraciones castellanas en el Caribe fue una de las razones más impor-

zonas de las costas de Brasil y también Florida, pero fracasaron. En

tantes para celebrar la unión de los Austrias con la Corona de Castilla,

1559, con la firma del Tratado de Paz de Cateau-Cambrésis con Fran-

un enlace que rindió frutos durante dos siglos gracias a que Carlos V

cia, Castilla pudo acordar que las contiendas más allá de las líneas

había vinculado el ducado de Borgoña y Flandes a la monarquía his-

mencionadas en los Tratados de Alcazobas (1479) y de Tordesillas

pana. Durante ese tiempo, la rama de la Casa de los Habsburgo, que

(1494) no quebrantaran la paz en Europa. Ese acuerdo fue adaptado

gobernaba las tierras austriacas y la Corona de Bohemia, mantuvo

a las relaciones de la monarquía hispana con Inglaterra y los Países

sus conexiones con la rama hispana de la familia mediante lazos ma-

Bajos del norte, de manera que ni Castilla ni Portugal aceptaron asen-

trimoniales. Los Habsburgo que gobernaban en Austria sustentaron

tamientos de sus rivales europeos fuera de Europa y los consideraron

la alianza con los príncipes católicos en el Sacro Imperio con subsi-

piratería hasta que finalizó la Guerra de los Treinta Años (1618-1648).

dios de plata americana procedentes de Castilla, especialmente du-

Después, la monarquía hispana se vio obligada a firmar tratados con

rante la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), y contuvieron el

sus rivales europeos al norte del Atlántico que concernían a la situa-

avance del Imperio otomano, que culminó con la derrota de las fuerzas

ción en América.

turcas en el segundo sitio de Viena en 1682.8 La muerte de Carlos II

En el Atlántico, Portugal era un adversario mucho más poderoso

de Castilla y Aragón en 1700 marcó el final de las alianzas políticas y

que Francia, por lo que la firma de acuerdos entre Castilla y Portugal

matrimoniales que habían mantenido unidos los territorios atlán-

referentes a la situación atlántica fue imprescindible desde un principio.

ticos por medio de los lazos de la península ibérica y Flandes con

Los acuerdos de Alcazobas (1479) y Tordesillas (1494) habían fijado los

Europa Central desde 1452. A lo largo de la siguiente centuria, las

límites de las exploraciones en el Atlántico entre ambos. Cuando en

principales conexiones europeas con América se trasladaron al no-

1522, Juan Sebastián Elcano regresó de la expedición que había inicia-

roeste de Europa.

do Fernando Magallanes, Carlos V acordó con Juan III de Portugal que las zonas de interés respectivas en el Pacífico las marcara un grupo de expertos aplicando los principios del Tratado de Tordesillas. El fruto de esas negociaciones fue la firma del Tratado de Zaragoza en 1529. La zona de los portugueses abarcaba las islas Molucas, mientras que las islas Filipinas se quedaron en la parte castellana. Además, Carlos V recibió una recompensa monetaria que utilizó para financiar la guerra

8 Bartolomé Yun Casalilla (dir.), Las redes del Imperio: élites sociales en la articulación de la monarquía hispánica, 1492-1714, Madrid, Marcial Pons/Universidad Pablo de Olavide, 2009.

47


48

L as economías europeas y sus tecnologías en

Un aspecto notable —que siempre ha sido mencionado— del in-

los inicios de l a globalización

tercambio entre los continentes era el beneficio que obtenía la Real

Los nexos políticos que unieron los territorios de los Habsburgo en

Hacienda y, en consecuencia, los asuntos fiscales fueron de los pun-

ambas orillas del Atlántico se asentaron sobre una amplia base eco-

tos más importantes a tratar en la Dieta de Worms de 1521. Los asis-

nómica. Formaron el fundamento de la llamada “expansión europea”,

tentes a la dieta estaban conscientes de que el éxito de la conquista de

que ha sido objeto de numerosos estudios, enfocados sobre todo en

Hernán Cortés iba a acrecentar los fondos reales y, por ende, el poder

el impacto europeo en otras regiones y el envío de fondos hacia Eu-

de Carlos V, de manera que no se esforzaron mucho por aumentar los

ropa. Sin embargo, las transformaciones que experimentaron las

donativos. Acordaron, en cambio, un esquema para repartir la carga

economías europeas debido a su conexión con lugares distantes han

entre los territorios del Sacro Imperio, sin que aquello supusiera la

suscitado menos interés, por lo que deben considerarse también.

erogación de flujos financieros inmediatos. Además, los fondos sólo

9

debían usarse para gastos concretos, como en la defensa contra el Imperio otomano o el desplazamiento del emperador a Italia para ser Para una interpretación general, véase John H. Elliott, Imperial Spain, 1469-1716, Londres, Penguin, 2002. 9

coronado por el papa. Debido a esas restricciones en la aplicación de los gastos imperiales, así como por el monto reducido de los ingresos,


Atribuido a A l o n s o S á n c h e z C o e l l o ( c a . 1 5 3 1 - 1 5 8 8 ) Vista de la ciudad de Sevilla, finales del siglo xvi

cuero que fabricaban los llamados “cordobanes”. Valencia y Talavera de la Reina (cerca de Toledo) producían mayólica de alta calidad. Conviene mencionar también los viñedos y los olivares de Andalucía y la comarca de Tierra de Campos —el granero de Castilla—, que además albergaba el centro comercial y financiero de Medina del Campo,10 con sus famosas ferias mercantiles. La lana merina de los rebaños trashumantes, organizados por el gremio de la Mesta, se exportaba a través de Bilbao al noroeste de Europa. En Cataluña, Mallorca y Andalucía, al igual que en Portugal, prosperaron técnicas y conocimientos navales y mercantiles. En tiempos de Carlos V, las economías de la península ibérica se encontraban en plena expansión, fomentadas por el comercio con América y el Caribe. A pesar del considerable importe de las rentas reales procedentes de las actividades económicas en los distintos territorios de Carlos V, la utilidad de las recaudaciones era restringida, especialmente porque las posibilidades de transferir los ingresos entre los diferentes reinos y principados eran bastante limitadas. Una de las pocas excepciones en las que las transferencias entre las distintas entidades políticas eran posibles correspondía a los ingresos americanos. En 1521, se trataba sobre todo del quinto real, que era el tributo sobre la producción de oro y de plata. En aquel momento, los fondos provenían del Caribe, a lo que se sumarían posteriormente los impuestos sobre la producción de plata y de oro en la Nueva España y Perú. Los ingresos procedentes de la minería de metales preciosos tuvieron dos ventajas para Carlos V y sus descendientes: en primer lugar, se trataba de regalías, de manera que no era necesario el voto de las Cortes para su recaudación, con lo cual, en principio, la Corona podía usar esos ingresos libremente, aunque las Cortes siempre imponían restricciones para impedir la exportación de los metales preciosos de España hacia los demás reinos de los Austrias. En segundo lugar, los metales preciosos servían de divisas tanto en Europa como fuera de ella. No es de extrañar, pues, que la base financiera del reinado de Carlos V la proporcionaran los reinos de las Indias y Castilla, mayoritariamente. Ya en 1521, los ingresos americanos sirvieron de base para financiar una serie de créditos, con lo cual esos fondos se embargaron muy pronto, lo que fue subsanado por el auge casi continuo de la producción minera americana hasta inicios del siglo xvii. Así, los ingresos americanos de la Corona castellana fueron una fuente bastante fiable para financiar las costosas contiendas europeas. La administración de los reinos de Carlos V, tan dispersos geográficamente, fue posible gracias a los avances tecnológicos que venían dándose desde la Edad Media. Marineros portugueses, castellanos y aragoneses habían desarrollado nuevos tipos de embarcaciones, como

esos fondos no conformaban la base del poder de Carlos V, sino que

las carabelas, las naos y las carracas, con las que se podía navegar por

más bien se sostenía de las cajas de los territorios hereditarios.

altamar.11 A fin de enfrentar los vientos contrarios e incrementar la

En 1521, la herencia de Carlos V comprendía regiones muy prós-

velocidad, se aumentó el número de mástiles y se empezó a combinar

peras. El ducado de Borgoña contaba con una industria férrea en Va-

el empleo de velas rectangulares con el de velas latinas, que son trian-

lonia y otra en el ramo textil en Flandes, de la cual los encajes de

gulares. Las carabelas, rápidas, pero con poca capacidad de carga,

Bruselas todavía conservan su fama. A ello se sumaba el puerto y cen-

habían sido útiles al inicio de las exploraciones europeas del siglo xv

tro comercial de Amberes. En el ducado de Milán, por otra parte, se

y fueron desapareciendo a lo largo del siglo xvi. La mayor parte de

había establecido una floreciente industria textil, y el reino de Nápo-

los navíos empleados para mantener las comunicaciones transoceá-

les se consideraba el granero de Italia. A su vez, los reinos de Castilla

nicas consistía en naos, carracas y galeones, cuya capacidad en el vo-

y Aragón abarcaban economías muy diversas: astilleros y altos hornos

lumen de carga aumentó a lo largo de los siglos xvi y xvii. Además de

en las Vascongadas, los famosos telares que trabajaban lana merina muy fina en Segovia y también estaban los sederos de Valencia, Granada y Toledo. La ciudad de Toledo era muy conocida, además, por la confección de espadas damascenas y Córdoba por sus talleres de

10 Hilario Casado Alonso (ed.), Simón Ruiz y el mundo de los negocios en Europa en los siglos xvi y xvii, Valladolid, Universidad de Valladolid, 2017. 11 Pierre Chaunu, Sevilla y América, siglos xvi y xvii, Sevilla, Universidad de Sevilla, 1983.

49


Rodrigo de Vill andr ando (ca. 1588-1622)

Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV, ca. 1620 Dibujo de J a n C o r n e l i s z V e r m e y e n ( c a . 1 5 0 4 - 1 5 5 9 ) Campaña de guerra del emperador Carlos V contra Túnez (detalle), 1546-1550

la adaptación de las embarcaciones a las particularidades del Atlántico y del Pacífico, fue imprescindible la confección y la propagación de instrumentos náuticos, como el astrolabio, la vara de Jacob y la brújula. La falta de un cronómetro exacto, apto para el transporte marítimo, suponía un problema serio, y la solución no surgió sino hasta mediados del siglo xviii. De ahí que, hacia 1521, la navegación en altamar la guiaban fundamentalmente las estrellas, la luna y el sol más la brújula, y no se podía determinar con exactitud la posición de un barco con respecto a su longitud. Pero los navegantes encontraban soluciones prácticas, y la conexión transoceánica regular que se estableció entre América y las monarquías ibéricas impulsó avances importantes en las marinas de toda Europa. A los instrumentos necesarios para determinar la posición de un barco en altamar hay que añadir los adelantos en la cartograf ía.12 Dado que en Lisboa y Sevilla se habían adoptado los conocimientos de la escuela cartográfica mallorquina del siglo xiv, se estableció un comercio floreciente de mapas náuticos manuscritos sobre papel. A partir de éstos, se empezaron a confeccionar mapas del mundo conocido sobre pergamino con fines representativos. Uno de los primeros pergaminos que señala las exploraciones en América y su posible ubicación en el Atlántico fue un mapa portulano que el mercader Alberto Cantino encargó a unos cartógrafos de Lisboa y que le fue enviado a su príncipe, Hércules I de Este, en 1504. La carta portulana debió atraer a varios personajes, de modo que incluso se conserva otro mapa portulano que copió gran parte del mapa de Cantino. Este segundo mapa

Perú.14 Tres metales serían cruciales: la plata, el hierro y el cobre. El

sobre pergamino fue diseñado por Nicolo Caverio probablemente en

final del reinado de Carlos V marcó la caída de una larga época de

Génova en 1505. Ambos mapas se ajustaban a los conocimientos del

bonanza en la minería de la plata y del cobre en los Alpes y los Mon-

mundo en 1502, es decir, que dejaban en blanco una conexión entre

tes Metálicos. El auge minero había comenzado a mediados del siglo

las tierras americanas recientemente descubiertas del norte y del sur.

xv con la aplicación de nuevas técnicas metalúrgicas. Para extraer la

Además, dibujaron la isla de Cuba en una forma peculiar, muy cerca

plata y el cobre, se añadía plomo a los minerales de cobre con bajo

de un pico de tierra que quizás podría representar Florida. Esas ca-

contenido de plata. A mediados del siglo xvi, empezó a llegar plata

racterísticas y otras más muestran que los mapas de Cantino y Cave-

en cantidades considerables desde la Nueva España, lo cual provocó

rio sirvieron de modelo para un mapa especialmente famoso, ya no

el declive de la minería de la plata en Europa. La bonanza minera en

diseñado a mano sobre pergamino, sino impreso sobre papel en 1507:

la Nueva España y después en Perú se debía a dos factores: primero,

el mapa de Martin Waldseemüller. En ese mapa, el cartógrafo le dio

porque los yacimientos americanos eran mucho más ricos, y segun-

un nombre al nuevo continente ubicado al sur de Europa: lo llamó

do, porque cuando se agotaron los depósitos minerales de alta cali-

América. Venía acompañado de un diseño impreso, con el cual se po-

dad, hubo una transformación crucial en la metalurgia que radicaba

día confeccionar un pequeño globo, que también mencionaba el nom-

en extraer plata de minerales de baja calidad y, al mismo tiempo, se

bre de América, y una edición impresa del tratado de geograf ía de

ahorraba combustible. Las técnicas innovadoras centroeuropeas del

Ptolomeo, con unas adiciones que justificaban la elección del nombre,

siglo xv consistían en añadir plomo a los minerales de plata y de co-

todo ello dedicado al emperador electo Maximiliano I. Así, Maximi-

bre en el proceso metalúrgico, mientras que los procesos realmente

liano I ponía de manifiesto que, aun después de la muerte reciente de su hijo, Felipe el Hermoso, gracias a su nieto Carlos, los Habsburgo mantenían sus conexiones con Castilla y el Nuevo Mundo en el sur del Atlántico. De esta manera, Maximiliano I esperaba obtener fondos para la expedición de su coronación en Roma. Gracias a esa enorme publicidad, América se convirtió en el nombre del nuevo continente.13 Hubo otra faceta que caracterizó el reinado de Carlos V: el auge de la minería, la metalurgia y el tratamiento de metales en fundiciones y fraguas de Europa, primero, y después de la Nueva España y

Ricardo Padrón, The Spacious Word: Cartography, Literature and Empire in Early Modern Spain, Chicago, Chicago University Press, 2004. 13 Renate Pieper, “Between India and the Indies: German Mercantile Networks, the Struggle for the Imperial Crown and the Naming of the New World”, en Culture and History Digital Journal, vol. 3, núm 1, junio de 2014, disponible en e003 doi:10.3989/chdj. 2014.v3.i1; consultado en julio de 2021. 14 Renate Pieper, Claudia de Lozanne Jefferies y Markus Denzel (eds.), Mining, Money and Markets in the Early Modern Atlantic: Digital Approaches and New Perspectives, Cham, Palgrave Macmillan, 2019. 12

51


M a rt i n Wa l d s e e m ü l l e r ( ca. 14 70 - 1 5 2 0 )

Universalis cosmographia secundum Ptholomaei traditionem et Americi Vespucii aliorumque lustrationes, Estrasburgo, 1507


revolucionarios que se empleaban en la América del siglo xvi utilizaban mercurio en lugar de plomo y, a diferencia de Europa, en Améri-

M a r i n u s C l a e s z o o n va n R e y m e r s w a e l e ( c a . 1 4 9 3 - c a . 1 5 4 6 )

Colectores de impuestos, 1530-1540

ca no se calentaba la mezcla, sino que se dejaba reposar al aire libre. Esas innovaciones que se aplicaban en América no se adoptaron en Europa sino hasta finales del siglo xviii, de manera que la plata y el cobre de los Alpes —que habían conformado el fundamento de los reinados de los Habsburgo desde mediados del siglo xv— fueron sustituidos por la plata americana, que sentó las bases del régimen de

ron de modelo para los tapices que se confeccionaron en el taller de

Carlos V y sus sucesores.

Willem de Pannemaker en Bruselas, entre 1548 y 1554.16 La gran can-

Aparte de la plata y del cobre, el hierro europeo era un metal muy

tidad de lanzas y otras armas blancas presentes en esos tapices re-

codiciado en los mercados internacionales. En el siglo xv, en África,

presentativos del poder militar de Carlos V sobresale por encima

los portugueses pagaban las importaciones que remitían a Europa,

del segundo plano, espacio asignado a arcabuces y cañones. El em-

entre otras cosas, con hierro, pues los cuchillos y las hoces cumplían

pleo de armas de fuego en la conquista de América tampoco debe

funciones monetarias en varias regiones africanas. Con la demanda

sobreestimarse; fue precisamente por su novedad y su relativa esca-

proveniente de África, la minería del hierro en Europa recibió un gran

sez por lo que su descripción llamó tanto la atención de los lectores

impulso y se introdujeron mejoras técnicas en los trabajos subterrá-

europeos de las crónicas americanas. Así que el impacto de América

neos similares a las empleadas en la minería de los metales preciosos.

en las innovaciones tecnológicas europeas —en la minería, la meta-

Durante el siglo xvi, la demanda de hierro siguió creciendo, ya que

lurgia, en la elaboración de metales y en la fabricación de armas y ma-

en Hispanoamérica la importación de herrajes era imprescindible,

quinaria— fue más bien ambiguo.

porque proporcionaba, entre otras cosas, las herramientas necesarias

Por otra parte, conviene resaltar los profundos cambios en la ad-

para trabajar en la minería de la plata. En América, carecía de sentido

ministración y en la organización, tanto en los asuntos militares como

invertir recursos y mano de obra —que eran escasos— en la minería

en los civiles. Así, bajo el reinado de Carlos V, se organizaron los ter-

del hierro, ya que se podía obtener plata. Los territorios europeos de

cios españoles, que fue cuando adquirieron fama; además, la creación

Carlos V albergaban importantes yacimientos férreos: en Vizcaya en

definitiva del Consejo de Indias en 1524 reforzó el aspecto territorial

la península ibérica y en Valonia en los Países Bajos. Además, los terri-

de la monarquía hispana.17 A ello se sumaron la creación de la Carre-

torios que Carlos V le había dejado a su hermano Fernando I tenían

ra de Indias —con su constante y extenso movimiento transoceánico

un subsuelo igualmente rico. En los Alpes, el Tirol tenía minas de pla-

y transamericano de personas y mercaderías— y una amplia gama de

ta y de cobre, y en Estiria había yacimientos férreos notables. La mi-

innovaciones administrativas en el sector privado, especialmente en

nería del hierro en Europa tuvo una evolución bien distinta a la de la

el mundo de las finanzas. Contribuyeron, en ese sentido, la expansión

plata. La minería del hierro experimentó un auge gracias a la crecien-

del uso del papel, la alfabetización y la invención de la imprenta de

te demanda americana, mientras que la de la plata entró en declive a

tipos móviles.18 El primer molino de papel en Europa se instaló en

mediados del siglo xvi debido a la competencia americana.

Italia en el siglo xii y, a partir de entonces, la escritura y la lectura

54

Junto a los cambios tecnológicos en la minería y en la metalur-

poco a poco dejaron de ser un privilegio exclusivo del clero. De la cre-

gia, también mejoraron las técnicas de tratamiento de los metales y

ciente alfabetización se beneficiaron sobre todo los mercaderes y los

sus procesos de transformación. En los siglos xv y xvi, debido a una

letrados, junto con algunos profesionales, como los cartógrafos, hasta

mayor disponibilidad de hierro y de cobre, se desarrollaron nuevos

que, a mediados del siglo xv, Johannes Gutenberg inventó la impren-

tipos de máquinas que empezaron a incorporar mayor cantidad de

ta de tipos móviles. Si bien en la península ibérica esto no fomentó

piezas de metal, aunque la maquinaria seguía siendo fundamental-

directamente las exploraciones transoceánicas, sí sirvió para difundir

mente de madera. Ése fue el caso en la fabricación de armamento.

15

conocimientos bien establecidos sobre las tierras americanas y au-

En las guerras europeas del siglo xv, se había extendido el uso de las

mentar el interés por la lectura. A principios del siglo xvi, sobre todo

primeras armas de fuego, cañones y arcabuces; sin embargo, las ar-

en el norte de Europa, el uso de la escritura estaba restringido a unos

mas blancas prevalecieron por casi una centuria más. La importancia

pocos focos geográficos y sociales. Muestra de ello son los lienzos

de las armas de fuego era, por tanto, relativa, y ello se puede apreciar

satíricos de Marinus van Reymerswaele, un pintor flamenco, miembro

en algunas representaciones de la primera mitad del siglo xvi. En los

del gremio de pintores de Amberes. Para subrayar la crítica social, el

tapices que conmemoran la batalla de Túnez de 1535, el armamento

pintor caricaturizó la importancia de los asuntos administrativos y el

tradicional ocupa más espacio que las novedosas armas de fuego. El

uso de la escritura, al contrastarlos con la presencia de personas ile-

pintor flamenco Jan Cornelisz Vermeyen había sido testigo de aquella

tradas y pobres. Así se consigna, por ejemplo, en uno de sus cuadros, en

campaña y Carlos V le encomendó la pintura de cartones que sirvie-

el que el pintor representa a unos recaudadores de impuestos, cuya avaricia se muestra mediante el cobro de monedas de plata y de oro, mientras asientan minuciosamente el monto de la recolección sobre libros de cargo y data. Obviamente, esa combinación de documentos

Antonio Campillo, La fuerza de la razón: guerra, Estado y ciencia en el Renacimiento, Murcia, Universidad de Murcia, 2008. 16 Antonio Gozalbo, “Tapices y crónica, imagen y texto: un entramado persuasivo al servicio de la imagen de Carlos V”, en Potestas, núm. 9, 2016, pp. 109-134. 17 Horst Pietschmann, El Estado y su evolución al principio de la colonización española de América, México, Fondo de Cultura Económica, 1989. 18 Fernando Bouza Álvarez, Del escribano a la biblioteca: la civilización escrita europea en la alta Edad Moderna (siglos xv-xvii), Madrid, Akal, 2018. 15

mercantiles con monedas de metales preciosos se entendía como una crítica social. Hay que interpretarlo como una señal de que tanto el uso de la escritura como las formas de administración fiscales y comerciales, así como el empleo de monedas de oro y de plata, se consideraban privativas de una élite y de una clase media alta del mundo de las finanzas, incluso en Flandes a mediados del siglo xvi. En los


pueblos del Mediterráneo, el uso de la escritura estaba más extendido y llamaba menos la atención, de lo cual da cuenta el proceder de la administración real, noble y mercantil desde las primeras conquis-

Christoph Weiditz (ca. 1498-1560)

Moriscos en el reino de Granada y Músicos, en Trachtenbuch [libro de indumentaria], 1530-1540

tas portuguesas en el Atlántico y en las costas africanas durante el siglo xv. Allí, entre otras pautas, la escritura documentaba la toma de posesión. Ese canon lo siguió Hernán Cortés cuando se apresuró a escribir varias cartas sobre los acontecimientos en tierras mexicanas. En los decenios y siglos posteriores, las “cartas de llamadas”, es decir,

petición de los reyes, el papa Sixto IV creó el Tribunal del Santo Ofi-

las cartas de particulares residentes en América a sus corresponsales

cio de la Inquisición para el control de los feligreses.19 La Inquisición

en España, formaron parte de los documentos necesarios para la emi-

fue la única institución bajo el control de la Corona que tuvo jurisdic-

gración regular hacia las Indias. Esto no quita que la mayoría de la

ción tanto en Castilla como en Aragón. Tomás de Torquemada, fraile

población del Mediterráneo y de América también fuera analfabeta,

dominico y confesor de la reina Isabel I, fue nombrado primer inqui-

pero sí estaban más familiarizados con los textos escritos, y el inter-

sidor general. La Inquisición contaba con tribunales locales, cuyos

cambio constante entre los dos mundos fomentó innovaciones admi-

miembros eran reclutados tanto al interior del clero como entre per-

nistrativas y financieras basadas en una oleada creciente de papeles

sonajes laicos de renombre (los familiares), con lo cual consiguió un

escritos e impresos.

arraigo profundo en la población y entre las élites. Tras varios brotes de violencia contra la población judía a finales del siglo xiv y al fina-

56

Lo s c a m b i o s c u lt u r a l e s y s o c i a l e s e n lo s r e i n o s

lizar la Guerra de Sucesión castellana en 1479, la labor de la Inquisi-

europeos de los Austrias

ción estaba dirigida, en un principio, a combatir a una parte de la élite

A la competencia económica y política entre los reinos y principados

judeoconversa de las grandes ciudades, acusada de criptojudaísmo. A

de Europa, que formó una de las bases de la expansión europea, se su-

partir del reinado de Carlos V, la Inquisición se dedicó a la persecu-

maron profundos conflictos religiosos y sociales. Ese entramado se

ción del protestantismo, a controlar la imprenta y a supervisar las

hizo patente en la Dieta de Worms de 1521, en donde la cuestión del

prácticas y las creencias religiosas de la población en general, incluido

protestantismo luterano fue central. El debate sobre la reforma pro-

el clero.20 Aunque la Inquisición se trasladó también a Hispanoamé-

puesta por Martín Lutero a partir de 1517 se basaba en disputas reli-

rica, la extensión de los reinos transatlánticos representaba una posi-

giosas del siglo xv. Uno de los antecedentes más importantes fue la

bilidad de escapatoria para las minorías religiosas y los perseguidos

reforma religiosa planteada por Jan Hus en Bohemia. Los husitas ha-

en Europa. Las drásticas medidas de control que había en España, en

bían sido derrotados en 1434, pero el movimiento siguió activo de

combinación con la salida de quienes tuvieron la oportunidad de huir

manera clandestina con el apoyo de la nobleza local. Cuando a partir

hacia América, favorecieron la creación de un escenario en el que los

de 1517 Martín Lutero desarrolló su doctrina religiosa, parte de los

debates religiosos en la península ibérica podían ser vigilados por la

husitas se unieron al luteranismo, con el cual compartían varios prin-

administración real, por lo que los movimientos de reformas religio-

cipios. Otra corriente religiosa precursora del protestantismo fue la

sas no consiguieron suficiente respaldo ni político ni social. Además,

devotio moderna (devoción moderna) en los Países Bajos. Ese movi-

una vez finalizadas las guerras intestinas del siglo xv, en la península

miento de reforma religiosa tuvo una amplia aceptación. Incluso el

ibérica, el panorama económico que ofrecían América y Asia, así como

preceptor de Carlos V, Adriano de Utrecht, estaba vinculado a él. No

los frutos de la expansión hacia África y el Caribe —perspectivas or-

obstante, Carlos V lo nombró regente de Castilla y Aragón en 1520 y,

questadas bajo el mando de las Coronas portuguesa y castellana—,

en 1522, fue elegido papa (Adriano VI, 1522-1523). El humanista Eras-

fomentaron un clima social de relativo equilibrio, en comparación con

mo de Róterdam había sido uno de sus discípulos. Carlos V se había

la tensa situación que se vivía en el Sacro Imperio.

formado en el ambiente de las reformas religiosas en Flandes, sin em-

En España, la población morisca representaba una excepción.

bargo, como emperador, pasó gran parte de su reinado combatiendo

Aunque la mayoría había tenido que convertirse al cristianismo, con-

a los príncipes del Imperio que se habían adherido al luteranismo

servó algunas de sus costumbres durante cierto tiempo, como se mues-

para tratar de ganar mayor autonomía en los asuntos religiosos y po-

tra en los dibujos del pintor Christoph Weiditz, sobre un viaje que

líticos. Finalmente, a pesar de que esas guerras intestinas habían sido

hizo a la Península, y que fueron realizados en Augsburgo hacia 1530.

financiadas en parte con fondos americanos, en 1555, Carlos V tuvo

El arte mudéjar de la población morisca también se mantuvo hasta

que ceder y su hermano Fernando I firmó un tratado de paz religiosa

bien entrado el siglo xvi. Con excepción del reino de Granada, los mo-

en Augsburgo. El acuerdo estipulaba que cada príncipe del Imperio

riscos estaban asentados mayormente en áreas rurales, de tal forma que

tendría el control sobre la religión que debía profesarse en su territo-

los señores cuyas tierras cultivaban los apoyaban y protegían sus cos-

rio, con lo cual, en las regiones protestantes, los príncipes pudieron

tumbres. No obstante, se registró un número elevado de procesados

ejercer el patronato eclesiástico.

por la Inquisición y algunas sublevaciones; la más seria, en las Alpu-

A diferencia del norte y del noroeste europeos, los Reyes Católi-

jarras (1565-1571), en las inmediaciones de Granada. Pero los temo-

cos ya habían realizado una reforma del clero secular y regular en

res no impidieron que los moriscos alentaran una invasión de fuerzas

Castilla y Aragón, a lo que se sumaron importantes esfuerzos por in-

berberiscas del norte de África respaldadas por el Imperio otomano.

tensificar el control religioso, político y social. Entre 1478 y 1483, a

A principios del siglo xvii, la política de unidad religiosa y cultural iniciada por los Reyes Católicos —con la creación de la Inquisi-

Henry Kamen, La Inquisición española: mito e historia, Barcelona, Crítica, 2013. 20 Werner Thomas, Los protestantes y la Inquisición en España en tiempos de Reforma y Contrarreforma, Lovaina, Leuven University Press, 2001. 19

ción en 1478, la expulsión de la población judía en 1492, seguida de la represión del protestantismo por Carlos V— culminó con la expulsión de los moriscos en 1609 por Felipe III.


Georg Flegel (1566-1638)

Naturaleza muerta con tabaco, ca. 1630 pp. 60-61

Fr ans Fr ancken (1581-1642)

Alegoría de la abdicación del emperador Carlos V en Bruselas (detalle), ca. 1635-1640

bleció una producción manufacturera de pipas en los Países Bajos del norte y en las regiones adyacentes. En 1630, en Fráncfort, el pintor Georg Flegel realizó una naturaleza muerta que muestra una pipa con su mecha; el tabaco aparece sobre un papel blanco, al lado de un vaso de cristal y dos fresones. Como se puede deducir de la composición, a principios del siglo xvii, todos los elementos del cuadro tienen un carácter distintivo. El tabaco y los fresones, ambos productos procedentes originalmente de América, apenas formaban parte del consumo cotidiano en Alemania; en la imagen aparecen asociados a una pipa de barro de fabricación europea y con un diseño algo sofisticado; el papel, relativamente nuevo en aquella época, era caro, y el vaso de cristal representaba cierto valor; esa forma peculiar de fabricar cristal se había difundido desde finales del siglo xv. Es decir, todos los elementos de la naturaleza muerta de Flegel eran considerados lo suficientemente lujosos o exóticos como para poder expresar una crítica moral inherente a las naturalezas muertas del noroeste de Europa. Si hacemos una comparación entre las naturalezas muertas de Georg Flegel, pintadas en Fráncfort, con las que realizaba Juan van der Hamen y León en Madrid, se deduce que las frutas y los objetos

58

Sin embargo, las restricciones en las políticas religiosas y étnicas

re­pre­sen­tados en Castilla eran más comunes en la vida cotidiana de

de los Reyes Católicos y sus sucesores no impidieron la recepción de

lo que lo eran en la pintura centroeuropea. En Madrid, para crear un

nuevos impulsos, ya que en los inicios de la globalización se dieron

ambiente suntuoso, era necesario agregar animales exóticos —como

intercambios culturales y un comercio intercultural inevitables.21 La

monos—, platones de porcelana china y dulces de azúcar en grandes

necesidad de integrar nuevos saberes, especialmente en el área de

cantidades y, aun así, los animales africanos, así como los productos

la cultura material, rápidamente unió a los cuatro continentes cono-

asiáticos y americanos, resultaban menos espectaculares y lujosos que

cidos. Entre las innovaciones más tempranas que llegaron a Europa

cuando se representaban en los cuadros pintados en Fráncfort. Allí,

estaba el tabaco. El consumo de este bien americano se difundió pri-

una naranja, una pipa de tabaco y un plato chino eran suficientes para

mero en España y en Portugal y de ahí pasó al resto de Europa, espe-

crear un ambiente exótico. Esto se puede interpretar como una señal

cialmente a los reinos de Carlos V y las regiones económicamente

de que los bienes importados de ultramar eran más abundantes y se

vinculadas a sus territorios. Desde principios del siglo xvi, los mari-

habían integrado a la cultura material en la península ibérica en ma-

neros portugueses habían adoptado la costumbre de fumar tabaco en

yor medida que en el noroeste de Europa. Como lo dejan entrever las

pipa. Aquello resultó tan llamativo que, en la misma época, en Sierra

naturalezas muertas, los cambios culturales, fruto de la incipiente

Leona, artesanos de la etnia sapi elaboraron un salero de marfil en

globalización e introducidos en el sur de Europa en tiempos de Car-

cuya decoración figura un marinero portugués fumando en una larga

los V, se realizaron más rápidamente y con mayor profundidad en la

pipa; el hombre aparece sentado sobre varios cojines adornados con

península ibérica que en el noroeste europeo, en donde conservaron

figurines y animales africanos. Ese salero, elaborado para contener un

un carácter exótico hasta bien entrado el siglo xvii. De allí que la

producto caro, hecho de un material raro y decorado con elementos

sobriedad de dos fresas se haya asociado a la reforma religiosa del nor-

que subrayan la conexión entre tres mundos, entró a formar parte de

te, mientras que la suntuosidad de una bombona de dulces de azúcar

la colección de Fernando II del Tirol, en Ambras.

simbolizaba el catolicismo mediterráneo. En ambos casos, la cultura

22

Muy pronto, el uso de pipas para fumar tabaco se extendió desde

material americana impactó profundamente en la cultura europea.

Portugal a Flandes y a los Países Bajos del norte hasta el oeste de Alemania. La demanda fue tal que, a principios del siglo xvii, se esta-

Conclusión

Desde sus inicios, la globalización tuvo un impacto notable en Europa, a la vez que Europa influyó en otras partes del mundo. Se puede Alfred W. Crosby, The Columbian Exchange: Biological and Cultural Consequences of 1492, Westport, Praeger, 2003, y Florike Egmond, Eye for Detail: Images of Plants and Animals in Art and Science, 1500-1630, Londres, Reaktion, 2017. 22 Jessica Keating y Lia Markey, “‘Indian’ objects in Medici and Austrian-Habsburg Inventories”, en Journal of the History of Collections, vol. 23, núm. 2, 2011, pp. 283-300. Para el intercambio en el ámbito de la pintura, véase Rafael Dobado González y Andrés Calderón Fernández (coords.), Pintura de los reinos: identidades compartidas en el mundo hispánico. Miradas varias, siglos xvi-xix, México, Fomento Cultural Banamex, 2012. 21

caracterizar como un proceso recíproco, que involucró a todos los participantes y se potenció a sí mismo. La situación en 1521 así lo demuestra, que fue cuando se conectaron diversos acontecimientos que normalmente se analizan por separado: la conquista del imperio mexica coincidió con la primera circunnavegación del globo, bajo el mando de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano; esos su-


cesos ocurrieron al mismo tiempo que la dieta imperial de Worms,

la península ibérica y en el resto de Europa surgieron nuevas formas

en Alemania, que fue presidida por el nuevo emperador, recién coro-

administrativas y se alentó el uso de documentos escritos e impresos.

nado como Carlos V, quien, junto con su hermano Fernando I, firmó

En Worms, la cuestión del protestantismo fue uno de los puntos

el reparto de la herencia de su abuelo paterno, acordó con los prínci-

cruciales, ya que Lutero contaba con el respaldo de varios príncipes

pes del Sacro Imperio la entrega de ayudas fiscales para las agendas

del Imperio. Para evitar una situación semejante a la ocurrida en la

imperiales y, finalmente, un vez concluida la dieta, promulgó el edic-

Guerra de las Comunidades de Castilla, Carlos V proclamó un edicto

to contra Lutero y su reforma teológica.

contra Lutero después de concluida la dieta. Sin embargo, no pudo

Los efectos de los acontecimientos en América y en el Pacífico

evitar las guerras confesionales en el seno del Sacro Imperio, costea-

se vieron reflejados en todos esos asuntos. Carlos V se reservó los

das en parte con los metales preciosos llegados de América. En la pe-

territorios adyacentes al Atlántico o con conexiones seguras con ese

nínsula ibérica, debido al éxito de las empresas atlánticas, el auge

océano, lo que deja de manifiesto que sus principales expectativas

económico encubrió las diferencias sociales, y los movimientos aso-

estaban puestas en el mundo atlántico y que éstas impactaron en

ciados a la reforma religiosa no ganaron aceptación general. Además,

la forma de repartir la herencia. En 1521, consintió que su sucesor

las regiones limítrofes en América ofrecieron cierta escapatoria a los

a la Corona imperial fuese su hermano Fernando I, quien heredaba

embates de la Inquisición.

también los territorios de su abuelo paterno, pero la península ibérica

Así, el mundo ibérico fue el verdadero motor de los inicios de

y Flandes pasaron eventualmente a manos de Felipe II, la cabeza de la

la globalización, la cual se vio reforzada por la creación del reino de la

casa de Austria.

Nueva España y el auge de la Ciudad de México, que unieron a Orien-

En la Dieta de Worms se fijaron los mecanismos de la reparti-

te con Occidente durante siglos. Eso ya se vislumbraba en 1521: en el

ción de las ayudas imperiales, sin establecer sumas concretas, ya que

centro de Castilla, las ferias de Medina del Campo se pudieron cele-

lo que se esperaba era un aumento de los ingresos fiscales vinculados

brar a pesar del saqueo de la ciudad durante la Guerra de las Comu-

a la conquista del Imperio mexica y por la posibilidad de establecer

nidades. En la iglesia de San Francisco se habían salvado del incendio

un comercio directo con Asia. Por mucho, se rebasaron las expecta-

los bienes del comercio global incipiente más valiosos: “[…] sedas, ter-

tivas, ya que la cantidad de metales preciosos llegados desde América

ciopelos, paños, especias”.23

fue tal que ante semejante competencia hubo que clausurar las minas de plata en el Tirol. En Europa, la conexión constante entre la península ibérica y América fomentó avances en la navegación, en la cartograf ía y en la minería del hierro, que proporcionaba herramientas de trabajo y armamento. Además, con las relaciones transatlánticas, en

23 Luis Fernández Martín, “El incendio de Medina del Campo, 21-viii-1520: un testimonio inédito“, en Investigaciones Históricas: Época Moderna y Contemporánea, núm. 13, 1993, p. 96.

59


La España de 1521: encrucijada de caminos y proyectos m aría del carmen m artínez m artínez*

DA CLIC PARA VER LA CONFERENCIA

En los dominios de Carlos V se produjeron, a lo largo de 1521, acon­

vida de su madre, la reina Juana, se autoproclamó rey en la catedral

tecimientos de gran importancia para el devenir del monarca y sus

de Santa Gúdula de Bruselas como Carlos I, rey de Castilla y de los

reinos. El emperador era la cabeza en la que se integraban territorios

reinos de la Corona de Aragón.

diversos y distantes, cada uno con sus singularidades. Ese año, el nom­

Para obtener la autorización de su madre, asumir el poder real y

bre de Lutero se escuchó con fuerza en Alemania; en Castilla tuvo

ser reconocido como rey por las Cortes, Carlos hizo su primer viaje a

lugar el levantamiento de las Comunidades y en Valencia el de las

España en 1517. Desembarcó a finales de septiembre y permaneció

Germanías; en el transcurso del viaje a la Especiería falleció Fernando

en la Península hasta mayo de 1520. En su embarcación lucía el lema

de Magallanes y, en la Nueva España, Hernán Cortés tomó la ciudad de

“Plus ultra” (“Más allá”), que marcaría su destino y lo convertiría en el

Tenochtitlan. En el terreno personal, el rey perdió a quien había sido

primer monarca europeo que tuvo bajo su dominio posesiones tan

su sombra desde niño, el señor de Chièvres, y a su médico, Luigi Mar­

extensas al otro lado del Atlántico.2 Paulo Jovio atribuyó la invención

liano. En el devenir de la política internacional se evidenció la tensa

del mote a su médico, el humanista Luigi Marliano.3 Cuando en 1552

relación que mantenía con Francisco I, rey de Francia, punto de con­

el cronista Francisco López de Gómara dedicó la primera parte de su

tinuos desencuentros durante su reinado, y la elección como papa de

Historia de la Indias “A don Carlos, emperador de romanos, rey de

Adriano de Utrecht (Adriano VI), a quien había dejado como gober­

España, señor de las Indias y Nuevo Mundo”, afirmó que con la adop­

nador en Castilla. Se iniciaba una nueva etapa, en la que don Carlos

ción de aquella divisa dio a entender el señorío del Nuevo Mundo y,

tendría que tomar decisiones y en la que las Indias tuvieron una relevan­

a renglón seguido, no dudó en afirmar que “la mayor cosa después de

cia especial por la acción del capitán Hernán Cortés que pronto se

la creación del mundo, sacando la encarnación y muerte del que lo

difundió por Europa, sobre todo, con la impresión de sus Relaciones.

crio, es el descubrimiento de Indias”.4 En la portada de la obra lucía el

Los extensos territorios que reunió bajo su cetro, unos heredados

escudo imperial flanqueado por las columnas de Hércules con la fa­

y otros nuevamente incorporados en las Indias, hicieron que afrontase

mosa divisa.

un gobierno sin precedentes y que, aunque fuese un monarca viajero,

Al joven rey, marcado por la etiqueta de la corte de Borgoña, lo

no los conociese todos. A su muerte en España (Yuste, 1558) se hicieron

acompañaba un numeroso grupo de flamencos que pronto se vieron

túmulos funerarios en Europa y en las Indias. En ellos no faltaron las

favorecidos con concesiones y cargos, medida que no fue bien recibida

figuras de Moctezuma y Atahualpa, como en el que diseñó en Valla­

en Castilla. Dos meses después de su llegada, el milanés Pedro Mártir

dolid Juan Calvete de la Estrella o en el que se levantó en la Ciudad de

de Anglería se hizo eco del descontento reinante por aquel proceder:

México, en 1559, donde también se representó a Cortés y Tenochti­

“A nadie le hacen gracia los comienzos éstos. El tiempo dirá los frutos

tlan en una laguna. Para comprender los acontecimientos que se

de estas semillas”.5

1

produjeron en la España de Carlos I en sus primeros años de reinado

El mismo año que don Carlos viajó por primera vez a Castilla, a

es conveniente recordar su llegada a Castilla y la situación que desen­

miles de leguas de distancia, en la isla Fernandina (Cuba), Francisco

cadenó el cambio de la dinastía Trastámara por la de los Habsburgo. Carlos: rey y emper ador de rom anos

En febrero de 1500, la princesa Juana, hija de Isabel de Castilla y Fer­ nando de Aragón, alumbró en Gante a Carlos, su primer hijo varón. Años después, una serie de muertes prematuras convirtieron al joven, declarado mayor de edad con tan sólo quince años, en heredero de las posesiones de sus abuelos maternos (Isabel de Castilla y Fernando de Aragón) y paternos (Maximiliano de Austria y María de Borgoña). En marzo de 1516, tras la muerte de Fernando de Aragón, mas en

* Universidad de Valladolid, Valladolid, España. 1 Francisco Cervantes de Salazar, Tvmvlo Imperial de la gran Ciudad de México, Méxi­ co, Antonio de Espinosa, 1560. 2 Geoffrey Parker, Carlos V: una nueva vida del emperador, traducción de Victoria E. Gordo del Rey, Madrid, Planeta, 2019. 3 Paulo Jovio, Diálogo de las empresas militares y amorosas [1561], edición de Jesús Gómez, Madrid, Polifemo, 2012, p. 154. 4 Francisco López de Gómara, La istoria de las Indias y conquista de México, Zaragoza, Agustín Millán, 1552. 5 Pedro Mártir de Anglería, Epistolario, estudio y traducción de José López de Toro, en Documentos inéditos para la historia de España, t. xi, Madrid, Imprenta de Góngora, 1956, p. 286.

63


p. 62

B a r e n d va n O r l e y ( c a . 1 4 8 8 - 1 5 4 1 )

Retrato del emperador Carlos V (detalle), ca. 1515-1516 Abr aha m Ortelius (1527-1596)

Typus orbis terrarum, Amberes, 1587


Hernández de Córdoba y sus socios, con autorización de Diego Ve­ lázquez, teniente de gobernador de Diego Colón, alcanzaron una tie­

Maître de la vie de Joseph

Felipe el Hermoso y Juana la Loca en los jardines del castillo de Bruselas, 1495-1506 pp. 68-69

rra que empezó a llamarse “Yucatán”. La noticia de la llegada del rey a

Autor no identificad o

la Península se conoció en la isla, y el concejo de la ciudad de Santia­

Vista de Sevilla (detalle), ca. 1660

go, del que en aquellas fechas era alcalde ordinario Hernán Cortés, lo celebró con fiestas y juegos de cañas. Las prometedoras noticias de la tierra hallada por Hernández de Córdoba llevaron a Diego Velázquez

66

a despachar rápidamente una nueva expedición con Juan de Grijalva

sin la presencia del rey y desde su llegada, marginados, pues sólo con­

(1518) y, al año siguiente, la capitaneada por Cortés. Cualquier aspi­

cedía favores a sus acompañantes flamencos. En enero de 1518 fue

ración sobre aquel territorio pasaba por la obtención de mercedes

jurado como rey en las Cortes de Castilla y luego se dirigió a Aragón,

que le reconociesen la empresa y, por ello, Velázquez buscó apoyos

donde sus Cortes, reunidas en Zaragoza, se mostraron más duras y

en la corte; entre ellos, el del obispo de Burgos, Juan Rodríguez de

sólo lo querían reconocer como príncipe mientras viviese su madre

Fonseca, y el de algunos consejeros cercanos al rey, como el señor de

doña Juana. Más tarde, con la misma intención, fue a Barcelona.

Chièvres, cuya ascendencia sobre don Carlos no pasó desapercibida

En las Cortes castellanas solicitó un impuesto o subsidio (600 mil

a sus contemporáneos. Es más, en opinión de algunos, lo manejaba a

ducados en tres años), y los procuradores de las ciudades presenta­

su antojo. El primer afectado con la llegada del rey fue el cardenal

ron una serie de peticiones que traducían la inquietud reinante. Le

Cisneros, de cuyos servicios se acordó prescindir y a quien la muerte

pidieron al rey que respetase las leyes de Castilla, que aprendiese la

impidió conocer al nuevo monarca.

lengua del país, que su hermano, el infante Fernando, nacido y criado en

El territorio en el que desembarcó don Carlos era muy diferente

Castilla, no saliese del reino, y que no otorgase cargos a los extranjeros.

al de los Países Bajos, donde se crio. La Península, por un lado, se

Entre éstos, sobresalía Guillaume de Croÿ, señor de Chièvres, com­

proyectaba hacia el Mediterráneo (Baleares, Nápoles y Sicilia) y, por

pañero inseparable del joven Carlos desde que el emperador Maximi­

otro, hacia el Atlántico, donde las Canarias eran escala en la ruta a las

liano lo nombrase tutor de sus nietos. También el canciller de Borgoña

posesiones de las Indias. En la Corona de Castilla, las dos mesetas supo­

(Jean Le Sauvage), el deán de Besançon (Jean Carondelet), el caballe­

nían cerca de la mitad del territorio peninsular. En ella destacaban

rizo mayor (Charles de Lannoy) y el gobernador de Bresse (Laurent

algunos centros urbanos: Valladolid, sede de la Chancillería, tenía

de Gorrevod). Los españoles cercanos al rey eran pocos; entre ellos,

universidad, al igual que Salamanca y Alcalá de Henares; Burgos,

Pedro Ruiz de la Mota y Francisco de los Cobos, que ya había servido

asiento del Consulado, controlaba el comercio de la lana; Segovia so­

al rey en Flandes como secretario. El obispo Juan Rodríguez de Fonse­

bresalía por la producción de paños y Medina del Campo por sus fe­

ca, separado de los asuntos indianos durante la regencia de Cisneros,

rias, desde donde se tejían relaciones comerciales con otras ciudades

recuperó cierto protagonismo, pero limitado por el sistema colegial

y con Flandes. En el sur peninsular, hacia donde se proyectó Castilla,

que se impuso al tener que trabajar con el cardenal de Tortosa, Adriano

Sevilla era la puerta y puerto de las Indias, y Granada, sede de la Chan­

de Utrecht, y el gran canciller, Mercurino di Gattinara.

cillería que administraba justicia a las tierras al sur del río Tajo. En la

En enero de 1519, a la muerte del emperador Maximiliano, se

Corona de Aragón descollaban ciudades como Zaragoza, Barcelona y

abrió la carrera por la Corona imperial. Aunque su deseo, manifestado

Valencia, cuyas costas a menudo se veían amenazadas por los ataques

desde hacía años, era que le sucediese su nieto Carlos, el Imperio ale­

de los berberiscos.

mán no era hereditario. Necesitaba los votos de al menos cuatro de

El territorio peninsular estaba desigualmente poblado. Hacia 1530,

los siete príncipes electores para ser “rey de romanos”, al que el pon­

la Corona de Castilla contaba con unos cuatro millones de habitan­

tífice coronaría como “emperador del Sacro Imperio Romano”. Fran­

tes, la mayoría en los valles del Duero y del Tajo, mientras que los de

cisco I, rey de Francia, también se postuló; intentó convencer a los

la Corona de Aragón y Navarra eran menos de un millón. La socie­

electores y buscó el apoyo del papa. En la competición por hacerse

dad presentaba una estratificación heredada de la Edad Media y esta­

con el Imperio, Carlos tuvo que destinar mucho dinero y regalos para

ba organizada en estamentos jerarquizados internamente. La nobleza

lograr el apoyo de los electores y, tras numerosas intrigas y el aval

y el clero disfrutaban de exenciones fiscales, honores y preeminen­

del banquero de Augsburgo Jakob Fugger, el 28 de junio de 1519 fue

cias, frente al campesinado y las clases populares, la gran masa de la

elegido por unanimidad “rey de romanos”. En aquella causa había de­

población. En el estamento nobiliario, la capacidad económica dife­

sembolsado un millón de ducados, hipotecando sus ingresos, los im­

renciaba a los grandes nobles de los pequeños hidalgos rurales. Los

puestos votados por las Cortes de Castilla y los subsidios concedidos

cargos superiores de la Iglesia, ocupados habitualmente por segun­

en las de Aragón.8

6

dones e hijos ilegítimos de la nobleza, distaban de los curas o de los miembros de órdenes religiosas, que tenían orígenes plebeyos.7

Don Carlos conoció la noticia de su elección imperial a comien­ zos de julio de 1519 en Barcelona, donde se encontraba para reunirse

Para ser reconocido como rey, don Carlos recorrió los caminos

con las Cortes. Por aquellas mismas fechas, en la Villa Rica de la Vera

peninsulares acompañado de su séquito borgoñón. Durante la regen­

Cruz se ultimaban los preparativos para despachar a los procurado­

cia de Cisneros, en los reinos hispanos se habían sentido huérfanos

res con nuevas esperanzadoras y un rico presente. La exigencia de los electores de que para utilizar el título tendría que jurar las Capitula­

Jordi Nadal, “La población española durante los siglos xvi, xvii y xviii: un balance a escala regional”, en Vicente Pérez Moreda y David-Sven Reher (eds.), Demograf ía histórica en España, Madrid, El Arquero, 1988, p. 40. 7 Alberto Marcos Martín, España en los siglos xvi, xvii y xviii: economía y sociedad, Barcelona, Crítica, 2000, pp. 262-267. 8 G. Parker, op. cit., pp. 139-140. 6

ciones Imperiales hizo que el rey modificase su plan inicial de visitar todos los reinos peninsulares, suspendiendo su viaje a Valencia. El cambio de guion, que incluyó el envío de su hermano Fernando a Flan­ des, no agradó al pueblo. Pronto afloraron las consecuencias de aque­ lla decisión y se manifestó el malestar acumulado.


En Castilla, la elección imperial fue vista con recelo, pues intu­

Objetos imperiales, siglo x

yeron la ausencia del rey, que primaría los asuntos del Imperio, que la presión fiscal recaería sobre ellos y que lo recaudado se gastaría en otros señoríos. El descontento fue creciendo y, en marzo de 1520, cuan­ do en Valladolid se conoció que el rey abandonaba la villa, sus habitan­ tes intentaron impedir su salida, sin éxito. Los preparativos del viaje continuaron, al tiempo que crecía el descontento por el reparto de fa­

70

vores a los flamencos. Estaba muy reciente la concesión al joven sobri­

de que el rey abandonara España, fue seguido por otras ciudades y

no de Croÿ de la mitra de Toledo, los salvoconductos para que algunos

villas castellanas que se unieron en defensa de los derechos de la reina

flamencos sacasen riquezas de la Península y la proyección de sus am­

Juana y de los intereses de sus reinos frente a la rapiña de los flamen­

biciones en las Indias, de lo que era buen ejemplo la licencia concedi­

cos. Pronto afloraron las rivalidades familiares y antiguas rencillas

da a Laurent de Gorrevod para introducir mano de obra esclava.

entre partidarios de Felipe el Hermoso y de Fernando de Aragón po­

El rey se dirigió a la ciudad de Santiago, donde había convocado a

niendo en evidencia la falta de unidad de los implicados. Por otra par­

las Cortes de Castilla para solicitar una nueva ayuda económica para

te, las aspiraciones de las ciudades no eran fáciles de conciliar, pues

afrontar los gastos de su viaje a Inglaterra, Flandes y Alemania. Desde

mientras que Burgos ponía sus ojos en exportar lana a Flandes por las

allí, ordenó el traslado de los procuradores a La Coruña, puerto en el

relaciones comerciales establecidas, Segovia y sus tejedores reclama­

que embarcó el 20 de mayo de 1520, y dejó el territorio inquieto y con

ban que se limitase su salida.

claros signos de rebeldía. Antes de partir designó a Adriano de Utrecht

Los factores que desencadenaron la revuelta fueron varios, al

como administrador y gobernador de Castilla, las islas Canarias y las

igual que las vertientes del conflicto. El carácter cambiante del levan­

Indias durante su ausencia. El nombramiento recaía en un extranje­

tamiento, sus causas y pretensiones han sido ampliamente tratados

ro, incumpliendo el juramento que había hecho de proveer los cargos

por la historiograf ía.10 Para unos fue una revolución moderna; para

en naturales del reino.

otros estaba anclada en la tradición medieval.11 Aunque se inició en

En su viaje, tras entrevistarse con Enrique VIII en Inglaterra y

las ciudades de Castilla, el movimiento contó con muchos campesi­

sellar su alianza comprometiéndose con su hija, María Tudor, don

nos entre sus filas.12 La necesidad de coordinar las acciones entre los

Carlos se dirigió a Bruselas y luego a Aquisgrán. Allí, el 23 de octubre

centros levantados chocó con su tradicional rivalidad. De hecho, a la

de 1520, juró cumplir las Capitulaciones Imperiales que aceptaron

junta convocada por los cabecillas de Toledo en Ávila sólo acudieron

sus procuradores cuando había sido elegido “rey de romanos” y, al día

los representantes de tres ciudades. En agosto de 1520, el incendio de

siguiente, fue ungido con la espada imperial, el cetro, el orbe y la co­

Medina del Campo, importante centro comercial, animó a otras ciu­

rona. La ceremonia concluyó con la lectura de la proclamación del

dades del sur a sumarse a la revuelta. Como líderes destacados del

papa aprobando la elección y ordenando que fuese llamado empera­

movimiento actuaban Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldo­

dor. A partir de entonces, se generalizó el tratamiento de Sacra, Ce­

nado. Con el ánimo de alcanzar sus objetivos, los comuneros pusie­

sárea, Católica, Real Majestad.9 La siguiente escala en el viaje fue

ron sus ojos en la reina Juana. Aunque la visitaron en Tordesillas, ésta

Colonia, donde convocó, para enero de 1521, a la Dieta de Worms, la

no firmó ningún documento a su favor que legitimara sus actuacio­

primera a la que asistió y en la que declaró a Lutero fuera de la ley al

nes. Al contrario, sus evasivas defendían a su hijo Carlos, mantenién­

negarse a retractarse de sus tesis. La coronación de don Carlos como

dose fiel a los intereses dinásticos.

emperador no se produjo hasta 1530 en Bolonia.

Durante la ausencia del rey, Adriano de Utrecht le escribió en numerosas ocasiones informándole del sentimiento generalizado de

El rey ausente, el reino en llam as

sus súbditos y advirtiéndole que, si no se ocupaba de los asuntos de la

En mayo de 1520, tras la salida del rey, la antorcha de la protesta en

Península personalmente, en España nunca le tendrían verdadero

Castilla se avivó con motines e incidentes. La elección imperial modi­

amor ni lo acatarían. El reino, en definitiva, necesitaba la presencia de

ficó la relación con sus súbditos españoles, sobre todo con los caste­

su rey.

llanos. En las Cortes de La Coruña, varios procuradores mostraron

Ante el panorama peninsular, los consejeros del emperador sus­

su oposición al préstamo que solicitaba el rey; otros se abstuvieron y el

pendieron la recaudación del servicio votado en La Coruña y suma­

pueblo atacó las casas de los que votaron a favor del subsidio. Así se ini­

ron a la regencia de Adriano de Utrecht a dos nobles castellanos: el

ció el levantamiento de las “Comunidades” o “comuneros” en Castilla.

almirante Fadrique Enríquez y el condestable de Castilla, Íñigo Fer­

Los comuneros se alzaron contra un régimen que consideraban

nández de Velasco. Con ello se atrajeron a los grandes del reino, que

contrario a los intereses de Castilla. El levantamiento de Toledo, ca­

se fueron posicionando a favor de la causa del rey. Además, la postura

pitaneado por Pedro Laso de la Vega y Juan de Padilla, iniciado antes

del emperador quedó clara en el edicto de Worms, que declaró a los comuneros rebeldes y traidores a la Corona, por lo que deberían per­

Ibid., p. 160. 10 Joseph Pérez, La revolución de las Comunidades de Castilla (1520-1521), Madrid, Si­ glo xxi, 1999. 11 José Antonio Maravall, Las Comunidades de Castilla: una primera revolución moderna, Madrid, Alianza, 1979. 12 Pablo Sánchez León, Absolutismo y comunidad: los orígenes sociales de la guerra de los comuneros de Castilla, Madrid, Siglo xxi, 1998. 13 Juan Ignacio Gutiérrez Nieto, Las Comunidades como movimiento antiseñorial: la formación del bando realista en la guerra civil castellana de 1520-1521, Barcelona, Planeta, 1973. 9

der la vida, oficios y bienes. El levantamiento en las ciudades degene­ ró en enfrentamientos entre bandos y empezó a adquirir un carácter antiseñorial, lo que puso de manifiesto los riesgos que supondría para la aristocracia.13 La defensa de los privilegios tradicionales de sus fa­ milias se antepuso a la incomodidad que para muchos supuso asumir el cambio de dinastía. En la primavera de 1521, el movimiento se mostraba como una lucha social contra la nobleza y se optó por una guerra a “fuego, saqueo


M anuel Picolo y López (1855-1912)

La batalla de Villalar, 1887

y sangre” contra las tierras y las propiedades de los grandes del reino. Pese al apoyo de Antonio de Acuña, obispo de Zamora, el avance del ejército realista derrotó a las fuerzas de los comuneros en Villalar, el 23 de abril, y capturó a sus cabecillas. Al día siguiente fueron juzga­ dos y sentenciados a muerte Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, representantes de Toledo, Segovia y Salamanca. En la semana siguiente, casi todas las ciudades depusieron las armas. Sólo Toledo resistió nueve meses más, dirigida por María Pacheco, mujer de Padilla. La noticia pronto se difundió y también llegó a las Indias el mensaje de que el ejército real había vencido a “los traidores y tira­ nos” alzados contra el poder real “engañando y persuadiendo” a las ciudades y villas.14 En el “inconveniente de Castilla”, como lo calificó el rey, la balanza se había inclinado a su favor. En los territorios de la Corona de Aragón (Valencia y Mallorca) también se produjeron revueltas. En Valencia, coincidiendo con la estancia del rey en Barcelona, en el verano de 1519 estalló el movi­ miento de las Germanías, en el que, si bien no se manifestó un recelo hacia los flamencos, sí tuvieron incidencia la cuestión sucesoria y otros factores. El rey decidió partir a Alemania antes de visitar Valen­ cia, como estaba previsto, y envió una embajada para que las Cortes se convocasen sin su presencia, propuesta que rechazaron. Ello coin­ cidió con la propagación de una epidemia de peste y una mala cose­ cha, de manera que, cuando las autoridades abandonaron la ciudad, los artesanos de los gremios, que habían sido armados para afrontar la defensa en caso de ser atacadas sus costas por berberiscos, toma­ ron el poder. Pronto extendieron su acción, manifestándose como un movimiento social en el que se integraron tejedores, artesanos y pe­ queños burgueses. La Germanía o hermandad, con la que inicialmen­ te se sintieron cercanos algunos nobles, fue sofocada en octubre de 1521 y la mayoría de los implicados condenados con multas y confis­ cación de bienes. Cuando el rey regresó a la Península, mandó ejecutar a los prin­ cipales implicados en las Comunidades. Meses después, a comienzos de noviembre de 1522, hizo público en la Plaza Mayor de Valladolid el “Perdón General de Todos los Santos”, que alcanzaba a la mayoría de los involucrados, con excepción de los antiguos partidarios del infante Fernando y aquellos a quien Chièvres había separado de la administración. Las ciudades que se levantaron fueron castigadas con impuestos, para compensar las pérdidas y los daños a los que habían permanecido leales a la Corona.15 El triunfo sobre los comuneros y las Germanías afianzó a la Casa de Habsburgo, tanto en Castilla como en Aragón, y se inició un largo periodo de paz en los reinos peninsulares. E l r e g r e s o d e l r e y: p roy e c to s e n e l h o r i zo n t e

Cuando el rey desembarcó en Santander, a mediados de julio de 1522, la situación estaba en calma. Durante los siete años siguientes, per­ maneció en la Península y tuvo la oportunidad de interesarse por sus reinos y mostrar sus proyectos e ideas; entre ellas, cómo organizar, gobernar y gestionar sus extensas posesiones que, en el caso de las Indias, se incrementaron notoriamente en la siguiente década. Aunque en un mapa de Martin Waldseemüller de 1507 se es­ tampó el nombre de América, los territorios de la monarquía his­ pánica al otro lado del Atlántico eran conocidos como “las Indias”.

14 Real cédula al almirante y a los oficiales de las Indias, Burgos, 6 de septiembre de 1521, Archivo General de Indias (en adelante, agi), Sevilla, Indiferente, 420, l. 8, ff. 321-322. 15 J. Pérez, op. cit., pp. 590-601.

73


D i e g o G u t i é r r e z ( 1 4 8 5 - 1 5 74 )

Americae sive quartae orbis partis nova et exactissima descriptio, Amberes, 1562

merecía la fundación de la villa y la organización de un gobierno in­ dependiente de la autoridad de Velázquez. A aquellas alturas, ya se le había concedido a Velázquez el título de adelantado y gobernador del territorio que llamaban Yucatán. La noticia de los preparativos de la armada que Diego Velázquez despachó tras los pasos de Cortés con Pánfilo de Narváez se conoció en Barcelona, donde se encontraba el rey, en los primeros días de ene­

Durante el reinado de los Reyes Católicos, el asentamiento se realizó

ro de 1520. La elección imperial había sido comunicada a las autori­

en el ámbito antillano. Desde La Española, se acometió la expansión

dades indianas, por lo que, en algunos documentos, incluso antes de

a las islas cercanas (Puerto Rico, Jamaica y Cuba) y, desde los prime­

viajar a Alemania, ya es tratado como “Sacra, Cesárea y Católica Real

ros años del siglo xvi, se intentó una clara política pobladora. Tras la

Majestad”. Así, desde La Española, el licenciado Lucas Vázquez de

muerte de la reina Isabel (1504), se inició el tímido salto al continen­

Ayllón se dirigía al rey por aquellas fechas como “muy alto y muy po­

te. En el reinado de su nieto se (re)dibujó el perfil de la geograf ía de

deroso, católico, príncipe, rey y señor, el invictísimo emperador don

sus posesiones en las Indias, desvelando sus verdaderas dimensiones.

Carlos, nuestro señor”.21 Por ello no resulta tan sorprendente que Cor­

En ese sentido, la continua ampliación del horizonte geográfico llevó

tés utilice esa fórmula en el envío de la segunda Relación, fechada en

a Gonzalo Fernández de Oviedo a llamar la atención sobre la necesi­

Segura de la Frontera el 30 de octubre, y que, con la clara intención

dad de corregir las cartas de navegación para incorporar las novedades

de destacar la importancia de la Nueva España y con ello de sus ac­

que no se podían aprender en Salamanca ni en Bolonia ni en París,

ciones, escribiese: “[…] se puede intitular de nuevo emperador de ella

“sino en la cátedra de la gisola (que es aquel lugar donde va puesta la

y con título y no menos mérito que el de Alemania, que por la gracia

aguja de navegar) y con el cuadrante en la mano”.16

de Dios Vuestra Sacra Majestad posee”.22 Con tono laudatorio, descri­

La expansión castellana también se proyectó en el ámbito asiáti­

bió la maravillosa Tenochtitlan, que se había levantado contra el va­

co. En 1518 se capituló con Fernando de Magallanes para alcanzar la

sallaje dado al monarca español, y su deseo de ponerla nuevamente

Especiería por una ruta diferente a la de los portugueses. En septiembre

bajo su señorío.

de 1519, cuando las embarcaciones de su armada salieron de Sanlú­

La información fluía entre ambos lados del Atlántico con el en­

car, Cortés avanzaba hacia Tenochtitlan. La suerte de ambas empre­

vío de procuradores, cartas, peticiones e informes. Cuando en marzo

sas la conoció el rey en 1522. Poco después de su regreso a Castilla,

de 1521 Cortés confió a Alonso de Mendoza la entrega de la segunda

atracó en el puerto de Sevilla la única embarcación que regresó a

Relación, carecía de noticias sobre las gestiones de los procuradores

puerto de la armada de Magallanes, la nao Victoria, capitaneada por

y de la voluntad real. Lograr apoyos en la corte se convirtió en su ob­

Juan Sebastián Elcano. La expedición había circunnavegado el globo

jetivo, y consiguió, entre otros, el del doctor Lorenzo Galíndez de Car­

terráqueo y se abrieron nuevas expectativas que incidieron en las re­

vajal, destacado miembro del Consejo Real.

17

laciones con la vecina Portugal.

Los procuradores de la Villa Rica, acompañados por Martín Cor­

Por lo que respecta a las Indias, en su primer viaje a Castilla,

tés, padre de Cortés, acudieron a La Coruña donde, en los últimos días

Carlos I tuvo la oportunidad de contemplar los bellos objetos que le

de abril de 1520, se recibió su testimonio. Semanas después, el rey

entregaron los procuradores enviados por Cortés y los pobladores de

abandonó la Península sin que se decidiese a quién correspondía

la Villa Rica de la Vera Cruz de las “tierras nuevamente descubiertas”,

aquella conquista. En abril de 1521, los del Consejo Real, que enten­

donde, como servicio al rey y al acrecentamiento de sus reinos, ha­

dían en las cosas de las Indias, dispusieron que, independientemente

bían poblado. A finales de 1519, cuando fue informado de su llegada, se

del nombramiento que se había hecho a Velázquez, el veedor Cristó­

encontraba en Molins de Rey, desde donde ordenó que compareciesen

bal de Tapia fuese como gobernador a las “tierras de Uluacan”, las que

ante él con el presente y los naturales que los acompañaban. Éstos se

Cortés proponía que se llamasen “Nueva España”. La medida lo apar­

pusieron de camino a Valencia pensando que el rey estaría allí, pero

taba de su deseo de obtener la gobernación. El documento, firmado

modificaron sus planes cuando supieron que se dirigía a Valladolid.

por los gobernadores, estaba refrendado por Fonseca, lo que en tér­

Aquellas bellas piezas, entre ellas, un disco de oro y otro de plata

minos prácticos suponía el triunfo de los velazquistas. Aquella deci­

maravillosamente labrados, además de penachos, mantas y libros, se

sión se conoció en Veracruz en diciembre de 1521. Para dar cuenta de

contemplaron en la corte con gran asombro.18 El rey se llevó algunos

los acontecimientos de 1521 en la Nueva España, Cortés envió su ter­

en su viaje y, cuando se exhibieron en Bruselas, causaron admiración

cera Relación, firmada en Coyoacán, en mayo de 1522, meses después de

por su belleza y fina ejecución. La muestra fue ocasión para proyectar

la toma de Tenochtitlan. También remitió el quinto que correspondía

las riquezas de sus territorios en las Indias y suscitar curiosidad inte­ lectual por aquellas tierras y sus habitantes. Los procuradores tam­ bién eran portadores de la primera Relación que escribió Cortés al rey, de las cartas del cabildo de Veracruz y de la petición con la que los pobladores requirieron al cabildo, el 20 de junio de 1519, para que solicitasen que Hernán Cortés, su capitán, fuese nombrado goberna­ dor de la tierra en la que habían poblado.19 En aquellos momentos, aunque el rey no ocultó su curiosidad por ver lo que traían, optó por el disimulo, una de las palabras más habi­ tuales en su diccionario político.20 Expresamente ordenó a los oficia­ les de la Casa de la Contratación que no manifestasen la opinión que

16 Gonzalo Fernández de Oviedo, Historia general y natural de las Indias, islas y tierra firme [1535-1557], vol. i, edición y estudio preliminar de Juan Pérez de Tudela Bueno, 4 vols., Madrid, Atlas, 1959, cap. ix, pp. 39-40. 17 José Luis Martínez, Hernán Cortés, México, Fondo de Cultura Económica, 1990. 18 P. Mártir de Anglería, op. cit., p. 18, Valladolid, 14 de marzo de 1520. 19 María del Carmen Martínez Martínez, Veracruz 1519: los hombres de Cortés, León, Universidad de León/ Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2013, pp. 24-67. 20 G. Parker, op. cit., p. 18. 21 Carta del licenciado Lucas Vázquez de Ayllón a Carlos I, Santo Domingo, 8 de enero de 1520, agi, Patronato, 174, r. 20, f. 109. 22 Hernán Cortés, Cartas de relación, edición de Ángel Delgado, Madrid, Castalia, 2016, p. 161.

75


al rey, joyas, oro, plata y bellos objetos de pluma. Cortés quería agra­

J u a n Pa n t o j a d e l a C r u z ( 1 5 5 3 - 1 6 0 8 )

Isabel de Portugal, siglo xvi

dar a quienes decidían en los asuntos de las Indias, máxime cuando

pp. 78-79

en diciembre de 1521 los cabildos que habían fundado los españoles

Autor no identificad o

(Veracruz, Segura de la Frontera, Tenochtitlan y Medellín) rechaza­

La llegada de Cortés a Veracruz y la recepción de los embajadores de Moctezuma (lienzo 2), siglo xvii

ron como gobernador a Cristóbal de Tapia. Sin duda, sabía que los regalos y sobornos inclinaban voluntades porque, en esa ocasión, in­ cluyó varias piezas para el obispo de Burgos (Fonseca) y, en menor número, para el cardenal de Tortosa (Adriano de Utrecht), el almi­

cedidas a su padre— y, al regreso del emperador a España, presidió la

rante y el condestable de Castilla, el obispo Pedro Ruiz de la Mota, los

comisión que dirimió las diferencias entre Velázquez y Cortés.29 Aun­

secretarios Francisco de los Cobos y Juan de Samano, el comendador

que finalmente se le concedió a Cortés la gobernación y la capitanía

mayor Hernando de Vega, el doctor Carvajal, varios consejeros, no­

general de la Nueva España (octubre de 1522), también se nombra­

bles e incluso para algunos flamencos, como el caballerizo y el ma­

ron oficiales reales y se le enviaron instrucciones para el gobierno, el

yordomo mayor del rey. La corte era un espacio de poder, intrigas e

buen trato de los naturales y su evangelización.

influencias, en el que convenía estar bien relacionado.23

76

La instalación de la Casa de Habsburgo vino acompañada de cam­

Las noticias de la Nueva España se difundieron por los caminos

bios en la administración indiana. A inicios de 1503 se había estableci­

del Imperio con rapidez. De hecho, la primera recreación gráfica de

do en Sevilla la Casa de la Contratación de la Indias, con competencias

la “imaginada” ciudad de Tenochtitlan se publicó en Augsburgo en

en la organización del tráfico atlántico y el control de pasajeros. Aun­

marzo de 1522. Meses después, cuando el emperador regresó a Cas­

que Fonseca regresó después de haber sido separado de los asuntos

tilla, escribió a Cortés: “[…] quise por mi real persona ver y entender

de las Indias en época de Cisneros, la realidad no era la misma. Desde

vuestras Relaciones y las cosas de esa Nueva España, y de lo que en

marzo de 1519, el grupo que dentro del Consejo Real entendía en los

mi ausencia de estos reinos en ella ha pasado”.

asuntos de las Indias empezó a ser denominado como “Consejo de las

24

En aquellos años sobresalieron en la corte Mercurino Arborio di

Indias”, aunque no iniciaría su andadura independiente como Real y

Gattinara y Francisco de los Cobos. Desde 1518, tras la muerte de Le

Supremo Consejo de las Indias hasta 1524, con García de Loaysa, con­

Sauvage, Gattinara era canciller.25 Cuando llegó a España era un hom­

fesor del emperador, como presidente.30

bre maduro, con experiencia en leyes y servicios al emperador Maxi­

Durante su segunda estancia en la Península (1522-1529), el em­

miliano y a su hija Margarita de Austria. A ello sumaba su dominio de

perador se ocupó de las cosas de España y acometió la renovación

diversas lenguas que le permitía expresarse en italiano, francés, ale­

administrativa e institucional que afectó a los consejos y al funciona­

mán, latín y español.26 El sueño que tenía de una monarquía mundial,

miendo de su casa real. La labor ordenadora se encaminó a la conso­

y cómo conseguirla, lo había expresado en 1516 en un texto del que

lidación de algunos consejos que ya existían y a la creación de otros,

habló al joven Carlos su médico Marliano.27 Para algunos autores el

reforma que sentó las bases de la monarquía hispánica. Gattinara

proyecto imperial de Carlos V era de Gattinara, quien veía al empe­

defendió la creación de un Consejo de Estado, cuya función sería la de

rador como el paladín de la cristiandad.28 En ese sentido, intuyó el re­

coordinar la política del Imperio. Aparecería también el Consejo

levante papel de las Indias para la propagación de la fe. De hecho, su

de Hacienda de Castilla, el reino que con el paso de los años contribui­

firma figura en la mayoría de las cédulas que se dictaron en los pri­

ría más a los gastos de la política imperial. En el Consejo Real de Cas­

meros años del reinado de Carlos I. También apoyó el proyecto de

tilla sobresalió en esos años Francisco de los Cobos, secretario de la

colonización pacífica con labradores en Tierra Firme de fray Bartolomé

Cámara de Castilla, pequeño comité que entendía en la concesión de

de las Casas, intervino en las diferencias de la Corona con Diego Co­

mercedes, y secretario del Consejo de Indias desde su fundación. Por

lón —almirante de las Indias, que reivindicaba las prerrogativas con­

otro lado, la reforma de su casa real permitió la integración de las éli­ tes nobiliarias que tan marginadas se sintieron cuando vino a ser reco­

José Martínez Millán (coord.), La corte de Carlos V: corte y gobierno, vol. i, Madrid, Sociedad Estatal para la Conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, 2000, p. 141. 24 Documentos cortesianos, vol. i, edición de José Luis Martínez, México, Universidad Nacional Autónoma de México/Fondo de Cultura Económica, 1990, p. 254. 25 Rebecca Ard Boone, Mercurino di Gattinara and the Creation of the Spanish Empire, Londres, Pickering and Chatto, 2014, p. 38. 26 Manuel Rivero Rodríguez, Gattinara: Carlos V y el sueño del Imperio, Madrid, Sílex, 2005. 27 G. Parker, op. cit., p. 123. 28 Ernest Belenguer, El imperio de Carlos V: las coronas y sus territorios, Barcelona, Pe­ nínsula, 2002, p. 83. 29 Luigi Avonto, Mercurino Arborio di Gattinara e l’America: documenti inediti per la storia delle Indie Nuove nell’archivio del Gran Cancelliere di Carlo V, Vercelli, Biblioteca della Società Storica Vercellese, 1981. 30 Ernesto Schäfer, El Consejo Real y Supremo de las Indias: historia y organización del Consejo y de la Casa de Contratación de las Indias, Valladolid, Junta de Castilla y León/ Marcial Pons, 2003. 23

nocido como rey. Otros muchos territorios requerían su atención y para su gobierno recurrió a miembros de su familia. Para el de los Países Bajos y el Franco Condado nombró a su tía Margarita; a su hermano Fernando le confió la regencia imperial y, en la Dieta de Worms, estableció un Consejo de Regencia para ayudarlo en su labor de gobierno. Durante los siguientes años que pasó en la Península, el rey contra­ jo matrimonio con Isabel de Portugal y nació su heredero, el príncipe Felipe. Antes de embarcarse para ser coronado en Bolonia, conoció a Hernán Cortés, en quien vino a resumirse la agregación del territorio novohispano y cuyas riquezas ayudaron a financiar su política en los tres frentes abiertos: Francia, los protestantes alemanes y los musul­ manes norteafricanos y turcos.


Los pueblos mesoamericanos en 1521: la situación, guerras y conflictos m aría concepción obregón rodríguez*

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A la llegada de las primeras expediciones de exploración y de conquis-

en la observación del movimiento solar que les permitían ajustar esas

ta españolas a la costa del golfo de México (1516-1519), el centro-sur

actividades productivas para lograr un mejor rendimiento de sus es-

del territorio que hoy constituye nuestro país estaba poblado por una

fuerzos; el concepto cíclico del tiempo y religiones politeístas centra-

gran cantidad de grupos indígenas que estaban muy lejos de consti-

das principalmente en la propiciación de las fuerzas que controlaban

tuir un todo homogéneo o unificado en ningún sentido. Se trataba,

la lluvia, la fertilidad y el crecimiento de los cultivos, por mencionar

en cambio, de múltiples culturas locales distintas —hablantes de muy

sólo algunos.

diversas lenguas—, entre las cuales existían además enormes diferen-

No obstante, al mismo tiempo que coincidían en general en estos

cias en cuanto al grado de complejidad que habían alcanzado en su

y otros muchos rasgos, las culturas mesoamericanas mostraban tam-

desarrollo económico-social y político.

bién fuertes diferencias (particularidades) y expresiones muy locales.

A ello vendría a sumarse el hecho de que su larga vecindad había

Algunas de esas naciones indígenas, además, habían llegado a

promovido una constante y prolongada interacción entre gran parte

constituir sociedades altamente estratificadas, con formas de organi-

de ellas, y esto, al mismo tiempo que había promovido el intercambio

zación política complejas y en proceso de expansión, que buscaban

comercial, la formación de ideas compartidas, la trasferencia de cono-

imponer su hegemonía sobre otras para unificar amplios territorios

cimientos, prácticas, tradiciones, etcétera, también había generado

bajo una autoridad centralizada, como son la de los purépechas hacia

resistencias y fuertes conflictos de interés entre unas y otras. Esas di-

Michoacán y el occidente y la de los mexicas1 sobre buena parte del

ferencias entre los propios grupos nativos, como se podrá ver adelante,

centro-sur de México. En dirección hacia el norte, los mesoamerica-

tendrían como resultado significativo las muy distintas posturas que

nos, en su larga historia, habían hecho varios intentos de avanzar y

cada uno de ellos tomó frente a los conquistadores españoles, quienes

colonizar nuevos territorios; sin embargo, habían desistido de ello de-

a su vez tuvieron la necesidad de desarrollar estrategias diferenciadas

bido a que las condiciones ecológicas no resultaban propicias para

para su conquista y pacificación.

desarrollar sus técnicas agrícolas tradicionales. Además, en dicha fron-

Para la segunda década del siglo xvi, la mayor parte del centro y

tera tuvieron siempre que defenderse de muy belicosos grupos nóma-

del sur del actual territorio mexicano estaba ocupada por millones de

das, con formas de vida muy simples, que explotaban, por medio de

indígenas que compartían rasgos esenciales en sus formas de vida:

la recolección y de la caza, los escasos y dispersos recursos que esas

estrategias básicas de sobrevivencia, tecnología, instituciones políti-

zonas semidesérticas ofrecían. Sus vecinos mesoamericanos despre-

cas, conceptos, visión del mundo y de su funcionamiento, creencias

ciaban a esos grupos por considerarlos bárbaros, y los identificaron

y prácticas religiosas, entre otras. Es decir, habían llegado a constituir

con el apelativo genérico de “chichimecas”.

o a formar parte de una tradición cultural común, a la cual los especia-

Entre los pueblos mayas que poblaban el extremo sureste del área

listas modernos, para estudiarla, han dado el nombre de Mesoamérica,

mesoamericana hubo también, durante el periodo Posclásico, varios

tradición que, como hemos dicho antes, no era sino producto de mi-

intentos por parte de algunas de sus capitales de expandir sus do-

lenios de coexistencia e intercambio entre ellos.

minios y gobernar extensas zonas, pero hacia los primeros años del

Entre los rasgos centrales que compartían destacan su dedica-

siglo xvi estaban viviendo un proceso de fuerte fragmentación y riva-

ción a la producción agrícola y, dentro de ésta, en especial, al cultivo

lidad entre vecinos, lo que los haría especialmente vulnerables frente

del maíz —el cual, una vez nixtamalizado, se había constituido en la

a los conquistadores extranjeros.

base de su dieta, que complementaban principalmente con frijol, ca-

A continuación, intentaremos dar una visión general sobre

labaza y chile—, así como la construcción de basamentos piramida-

las realidades sociopolíticas específicas que se vivían en ambas áreas

les; el pulimento de la obsidiana; la observación y el desarrollo de conocimientos precisos sobre ciclos naturales (vegetales, astronómicos, climatológicos, etcétera) directamente relacionados con sus actividades productivas; la utilización de precisos calendarios basados

* Profesora-investigadora, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México. 1

Mal llamados coloquialmente “aztecas”.

81


(centro-sur y sureste de México) y sobre las que, tras la derrota militar de los indígenas, vendría a imponerse el dominio español.

p. 80 Teocalli de la Guerra Sagrada (detalle), 1507 En Códice Mendoza, f. 46r, ca. 1542

El centro de México

Cuando todavía no había llegado a cumplir un siglo de su fundación,2 la Triple Alianza3 —constituida por los reinos de Mexico-Tenochtitlan, Texcoco y Tlacopan (capitales de grupos mexicas, acolhuas y tepanecas, respectivamente)— había logrado imponer militarmente su hegemonía sobre una amplísima área que abarcaba casi todo el centro-sur de la actual República Mexicana (buena parte del Altiplano central, de la costa del Golfo, el área oaxaqueña y partes de la costa del Pacífico,4 hasta el istmo de Tehuantepec y una pequeña colonia militar en el Soconusco), constituyendo lo que comúnmente se ha denominado el Imperio azteca. Con esto, quedaron los tres reyes, hechos Señores de los más de la tierra, porque en ellos se incluía, todo el más poder, y señorío de ellos, que dado caso que muchas gentes se habían rebelado, y otras aún no estaban sujetas, fue después fácil de reducir a los más, por bien, y a los que no querían los rendían, por fuerza.5

A diferencia de otros intentos fallidos de centralización política que le antecedieron, éste había logrado exitosamente acabar con la inestabilidad generada por la competencia endémica que se venía dando entre distintos señoríos que ocupaban la Cuenca de México, desde el siglo xiii hasta principios del xv, por extender sus dominios a costa de las entidades políticas vecinas. Su triunfo y la subsecuente y acelerada concentración de autoridad en manos de sus tres capitales se sustentaron en haber mermado durante la lucha armada los linajes gobernantes de los pueblos a los que iban incorporando, para luego apoyar a ciertas de sus facciones o de sus noblezas secundarias para hacerse con el poder. Con ello, los gobernantes locales, así entronizados, que82

daban comprometidos y en necesidad de obedecer con lealtad los intereses de la Triple Alianza como única forma de que los líderes los apoyaran para mantener su autoridad sobre sus propios súbditos, aunque eso representara tener que compartir parte de sus ingresos. Varios especialistas han cuestionado que se clasifique la hege-

yotl ), resultaba poco centralizado, ya que evitaba la concentración de

monía tripartita como un “imperio” en el sentido estricto de la palabra,

poder y de riqueza bajo una sola capital o cabeza; no tenía por obje-

si es que se toma como referencia el modelo del “imperio territorial”

tivo una real ocupación de las zonas conquistadas ni ejercer un dominio

propuesto por Carl von Clausewitz. En contraste, este Imperio, por

directo o total interviniendo en la organización interna de los tlato-

su estructura triple desde el más alto nivel jerárquico (hueytlatocá-

cáyotl o reinos subordinados. Usualmente, dejaba casi intactos los gobiernos preexistentes, incluso en manos de los mismos linajes no-

A partir de haber unido sus fuerzas para enfrentarse al reino tepaneca de Azcapotzalco y su triunfo en 1428 con el fin de seguir apoyándose militarmente en la defensa y expansión de sus dominios. 3 Son varias las formas y términos con que se refieren a la Triple Alianza las fuentes primarias del siglo xvi. Chimalpahin la llama excan tlatoloyan (o tlahtolloyan), “el tribunal de tres sedes” (Alfredo López Austin y Leonardo López Luján, El pasado indígena, México, El Colegio de México/Fondo de Cultura Económica, 1998, p. 212), mientras que el Códice Osuna la define como “las tres cabezas” (yn étetl tzontecómatl) (Pedro Carrasco, Estructura político-territorial del Imperio tenochca: la Triple Alianza de Tenochtitlan, Tetzcoco y Tlacopan, México, El Colegio de México/Fondo de Cultura Económica, 1996, pp. 31-32), en coincidencia con Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, que dice: “[…] ser ya tiempo que fuese jurado y recibido con la solemnidad que convenía en el Imperio; y lo que en tiempo de sus pasados había sido gobernado por una sola cabeza, parecióle ser mejor y más permanente que fuese gobernado por tres” (Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, Obras históricas [1891], t. ii, edición de Alfredo Chavero, México, Editora Nacional, 1952, cap. xxxii, p. 153, y cap. lxxiii, p. 318). 4 Con excepción de algunas áreas intermedias no conquistadas, como los reinos de Tlaxcala, Huexotzinco, Atlixco, Cholula, Teotitlan, Yopitzinco y Tototepec. 5 Juan de Torquemada, Monarquía indiana [1615], t. i, México, Porrúa, 1986, libro 2, cap. xl, p. 146. 2

bles locales, que gozaban de cierta autonomía interna. Con el paso del tiempo, establecieron alianzas matrimoniales con dichas familias y fueron teniendo una injerencia cada vez mayor en la sucesión dinástica dentro de dichas entidades políticas. A cambio, las autoridades imperiales sólo exigían como contribución la entrega de tributos (tanto en bienes como en trabajo) —intervenían poco y selectivamente en su economía— y la subordinación a su autoridad, política y militar, última. A algunos pueblos sujetos que se localizaban en áreas fronterizas con reinos rebeldes o enemigos (como eran los purépechas en Michoacán, los de Metztitlan en Hidalgo o Tlaxcala y sus aliados), en vez de excedentes económicos, les exigían hombres que prestaran servicio militar en apoyo a las guarniciones que la Triple Alianza mantenía en esas zonas realizando labores de guerra de baja intensidad contra los rivales, y con ello aseguraban que las rutas de comunicación que permitían la circulación


Provincias tributarias del Estado mexica y señoríos independientes

1 2

4 5

6

18

7

12 16

20

21

26

9

Tlaxcala

15 17

19

22 23

29 30 31 33

Golfo de México

8

10

11 14

3

Metztitlan

Yopitzinco

13 25

24

27

34

28

Teotitlan del Camino

32 35

36

37

Océano Pacífico

1. Oxitipan 2. Ctzicoac 3. Atlan y Tuchpa 4. Axocopan 5. Xilotepec 6. Hueypochtla 7. Atotonilco el Grande 8. Tlapacoyan 9. Tlatlauhquitepec 10. Acolhuacan 11. Atotonilco de Pedraza 12. Quauhtitlan 13. Quauhtochco

Golfo de Tehuantepec

14. Xocotitla 15. Quahuacan 16. Citlaltepec y Tlatelolco 17. Petlacalco 18. Tuluca 19. Chalco 20. Ocuilan 21. Malinalco 22. Quauhnahuac 23. Huaxtepec 24. Tepeacac 25. Cuetlaxtlan 26. Tlachco

27. Yoaltepec 28. Tochtepec 29. Tepecuaquilco 30. Tlacoçauhtitlan 31. Quiauhteopan 32. Coayxtlahuaca 33. Cihuatlán 34. Tlapan 35. Tlachquiauhco 36. Coyotapan 37. Xoconochco

Provincias tributarias Señoríos independientes del Imperio mexica


84

de bienes (tanto del tributo como del comercio) y la movilización de

de espectaculares estrategias de intimidación —como lo fueron los

tropas dentro del Imperio no fueran afectadas, lo que resultaba indis-

castigos ejemplares a pueblos rebeldes— y de propaganda, como

pensable para el buen funcionamiento del sistema.

aquella que describe fray Diego Durán al hablar de las fiestas de con-

6

Esa forma de dominio hizo muy eficaz y poco costosa la incor-

sagración de la ampliación de Templo Mayor hecha por Ahuízotl,

poración y la administración de una enorme población multiétnica

después de su victoriosa reconquista de los huastecos. A esas celebra-

(varios millones), organizada bajo instituciones propias, y facilitó la

ciones fueron invitados no sólo todos los señores aliados y sujetos,

velocidad con que se fue extendiendo la hegemonía tripartita. No obs-

sino también los de los pueblos enemigos, para que pudieran ver la

tante, a largo plazo la relativa fragilidad de sus estructuras de domi-

gran cantidad de pueblos que les obedecían y los numerosos tributos

nación actuaba en contra de la consolidación de un poder central

que recibían y para que presenciaran los fastuosos rituales públicos

incuestionable y duradero. Al no alterar sustancialmente la adminis-

en los que se sacrificó a un impresionante número de cautivos y don-

tración y el control político de los señores sujetos, éstos aceptaban la

de les fueron regalados costosos presentes; todo ello “para manifestar

subordinación en la medida en la que les convenía cumplir con lo que

su grandeza y señorío a sus enemigos y huéspedes y gente forastera y

el Imperio les exigía, pero en cuanto lograban visualizar alguna op-

ponerles temor y espanto, viéndole señorear a todo este mundo y rei-

ción más ventajosa o la oportunidad de liberarse de su yugo, se rebela-

no, tan amplio y abundoso y que tenía sujetas a todas las naciones y a

ban. De esa manera, la resistencia al poder imperial estaba siempre

su mandar”.8

latente, lo que generaba la necesidad permanente de realizar nuevas

Aunque nominalmente la Triple Alianza aparecía como la unión

y costosas campañas militares para volver a someter y castigar a quie-

de tres entidades políticas con total independencia interna e iguales de-

nes lo hubieran hecho.

rechos, las fuentes documentales dejan ver que, de hecho, nunca lo

Por todas las características descritas, es claro que resulta más

fue. Tenochtitlan y Texcoco recibían dos quintas partes del tributo

adecuado clasificar la naturaleza del dominio aliado como la de un “im-

exigido a los vencidos, mientras que Tlacopan tan sólo percibía una

perio hegemónico o de dominio indirecto”, en el que los subordina-

quinta parte.9 Además, al paso del tiempo, dentro de ella se fue dando

dos se gobernaban a sí mismos, pero en beneficio de la política y de

un proceso paulatino de centralización, gracias al cual el Estado me­

los intereses del dominador.

xica, como resultado de la actuación destacada de sus ejércitos en las

7

Ese tipo de imperios suele caracterizarse por descansar más en la

campañas de conquista (liderazgo militar), fue adquiriendo un papel

amenaza de que la fuerza punitiva pueda ejercerse que de hecho en

preponderante e imponiendo sus intereses incluso sobre los de sus

su utilización, y ello explica el que los tenochcas no mantuvieran ejér-

dos socios.

citos permanentes ni obras defensivas monumentales ni siquiera en

Al interior de la propia sociedad mexica la estructura social tam-

sus fronteras; por el contrario, les resultaba fundamental el despliegue

bién se fue haciendo más rígida, y la acelerada expansión militar de las últimas décadas del siglo xv había venido a profundizar las dife-

Frances F. Berdan, “Economic Alternatives under Imperial Rule: The Eastern Aztec Empire”, en Mary G. Hodge y Michael E. Smith (eds.), Economies and Polities in the Aztec Realm, Albany, Institute for Mesoamerican Studies-State University of New York, 1994, p. 307. 7 Ross Hassig, Comercio, tributo y transportes: la economía política del Valle de México en el siglo xvi, México, Alianza, 1990, pp. 98-113, y M. G. Hodge y M. E. Smith, op. cit., p. 13. 8 Diego Durán, Historia de las Indias de Nueva España y islas de Tierra Firme, t. ii, México, Porrúa, 1984, cap. xliii, p. 341. 9 F. de Alva Ixtlilxóchitl, op. cit., t. ii, cap. xxxii, p. 154. 6

rencias entre los distintos estratos sociales que la conformaban. Los nobles o pipiltin recibían cada vez mayores beneficios económicos por medio de premios en tierras y objetos suntuarios que les hacía el tlatoani (rey) de acuerdo con su actuación en el campo de batalla o por otros servicios al Estado, distintivos con los que, a su vez, se subrayaba su posición privilegiada. La brecha cada vez más evidente en las desiguales condiciones de vida entre los distintos estratos fue haciendo que aumentaran las


Piedra de Tízoc, 1481-1486 En Fray Bernardino de Sahagún y sus informantes, Códices matritenses, f. 269r, 1559-1564

tensiones sociales, que empezaban a tener claras manifestaciones. Por mencionar tan sólo un ejemplo, tal fue el caso de la rivalidad entre la nobleza y los pochtecas, dedicados al comercio fuera de las fronteras del Imperio, quienes a pesar de que su actividad especializada les permitía llegar a acumular importantes capitales económicos, aun mayores que los de algunos nobles, veían muy limitada su influencia en todos los demás aspectos de la vida pública. Aunque el común de la población mexica había perdido desde casi un siglo atrás la capacidad de presión sobre la élite gobernante en la toma de decisiones que afectaban la vida pública (incluida la participación en la elección de un nuevo rey), la estructura interna de los calpultin10 —originalmente de naturaleza gentilicia e igualitaria—

ble llevar hasta las capitales imperiales los tributos exigidos a los ven-

empezaba también a sufrir la intervención de la autoridad política,

cidos. Esa realidad hizo evidente la necesidad de replantear la forma

que iba convirtiéndolos en una célula o unidad administrativa a su

en como, hasta ese momento, se había venido desarrollando todo el

servicio al atreverse a nombrar a sus líderes. Asimismo, algunas de

sistema imperial. Y, como veremos a continuación, los ajustes que

esas comunidades se estaban viendo despojadas de su derecho tradi-

buscaron su transformación serían implementados por el último so-

cional a la propiedad de sus tierras, si es que resultaban estratégicas

berano mexica muy pocos años antes del arribo de naves españolas a

para el Estado o codiciables para entregarlas a individuos destacados.

la costa del golfo de México.

Hasta las últimas décadas del siglo xv, los enormes recursos necesarios para financiar una amplia burocracia —capaz de gobernar el

Cambios en las políticas imperiales

enorme Imperio que iban conquistando las tropas de la Triple Alian-

Tras la muerte en 1502 del emperador Ahuízotl, el gran conquistador

za, mantener el fausto con que vivían los nobles y la realeza en sus

que había ampliado las fronteras imperiales hasta zonas muy lejanas,

tres capitales, hacer regalos a los señores sujetos para afianzar lealta-

fue entronizado11 como noveno huey tlatoani de Mexico-Tenochti­

des, realizar espectaculares rituales y eventos públicos para conven-

tlan su sobrino Motecuhzoma Xocoyotzin, cuyos nombres se tradu-

cer de la legitimidad de su poder, financiar campañas militares para

cen literalmente como “se enoja señorialmente” y “el venerable hijo

castigar las continuas rebeliones, etcétera— habían sido obtenidos por medio de la conquista de nuevos súbditos, con cuyas contribuciones aumentaban los ingresos de las arcas imperiales. Sin embargo, para esas fechas, el Imperio llegó a alcanzar los límites máximos que la logística le impondría. En dirección hacia el norte, sus intentos de conquista se habían visto frenados por barreras externas: por la imposibilidad de doblegar a los purépechas y al reino de Metztitlan, así como por toparse con áreas poco propicias para el desarrollo de pueblos agrícolas. De manera que dirigieron sus campañas hacia las costas y el sur, donde también la complicada geograf ía y los medios de transporte con que se contaba dificultaban el control político y militar a grandes distancias, así como que resultara costea-

Plural de calpulli: célula básica de organización social y política. No hay pleno consenso entre los especialistas, debido a distintas versiones registradas en las fuentes y en sus interpretaciones, acerca de si la fecha de su entronización fue el mismo 1502/10 conejo (Fernando Alvarado Tezozómoc, Crónica mexicáyotl, México, Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1975, p. 148, y Guilhem Olivier y Leonardo López Luján, “Las imágenes de Moctezuma II y sus símbolos de poder”, en Leonardo López Luján y Colin McEwan (coords.), Moctezuma II: tiempo y destino de un gobernante, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2010, p. 83) o 1503/11 caña (Códice Aubin, vol. ii, edición facsimilar, paleograf ía y traducción de Rafael Tena, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2017, p. 63; Richard F. Townsend, “Moctezuma II y la renovación de la naturaleza”, en L. López Luján y C. McEwan (coords.), op. cit., p. 129, y Elisenda Vila Llonch, “Piedra de la coronación de Moctezuma II”, en ibid., p. 68). 10 11

85


Atribuido a A n t o n i o R o d r í g u e z ( 1 6 3 6 - 1 6 9 1 ) Retrato de Moctezuma II, ca. 1680

dependencia aumentaba los riesgos de que sus recaudadores de tributos, comerciantes y/o sus tropas pudiesen ser emboscados o atacados a su paso a través de ellas. Así, las campañas militares de esos años serían dirigidas a la conquista de esos “espacios en blanco”,18 en especial hacia Oaxaca y Guerrero, aunque no siempre llegaron a ser triunfales. Otra área que constituía una especial preocupación para los estrategas militares tenochcas era la que ocupaba la confederación de rei-

menor”, respectivamente, también conocido como Moctezuma II o

nos de Tlaxcala, Huexotzinco, Cholula y Atlixco, que por su ubicación

“el joven”.

en la ruta más importante de comunicación entre el Altiplano central

12

Según las fuentes documentales, su elección entre otros candi-

(y en consecuencia de las tres capitales aliadas) y todo el sur del área

datos del más puro linaje real tenochca se debió a que había destacado

mesoamericana (la costa del Golfo, Oaxaca y el área maya) resultaba

tanto por su carácter prudente y sabio13 —“muy recogido y virtuoso y

un obstáculo indeseable para el funcionamiento del sistema imperial.

muy generoso, de ánimo invencible, y adornado de todas las virtudes

Dichos reinos no habían podido ser vencidos de manera defini-

que en un buen príncipe se podían hallar, cuyo consejo y parecer era

tiva por los ejércitos tripartitas a pesar de los varios intentos que se

siempre muy acertado”—14 como por su experiencia y méritos indivi-

habían hecho por conquistarlos, lo que contribuía a desprestigiar la

duales tanto en la religión como en la milicia. En la primera, Fernan-

imagen de superioridad militar mexica. Ello terminó por convertirlos

do de Alva Ixtlilxóchitl afirma que, al momento de ser electo, “a la

en los más abiertos opositores (enemigos) al poder imperial y, como

sazón era sumo sacerdote del templo de Huitzilopochtli, persona que

tales, un posible mal ejemplo para otros pueblos.

tenía las partes y requisitos para la majestad real”, mientras que en

Poco después de su entronización, los ejércitos de Moctezuma II

batalla había probado su valentía en la lucha cuerpo a cuerpo y de-

habían sido vencidos primero por Tlaxcala (1504) y luego por Hue­

mostrada capacidad en el cumplimiento de sus deberes, lo que lo ha-

xo­­tzinco (1506), por lo que decidió, aprovechando que los tenía

bía llevado a ocupar el cargo de tlacochcálcatl, uno de los más altos

completamente sitiados por pueblos que le obedecían, castigarlos cor-

rangos del ejército mexica.

tándoles el libre paso hacia la costa de Veracruz y, por tanto, el acceso

15

Desde el momento en que asumió el poder, todas las acciones

a productos como el algodón y la sal. Con ello, el odio en contra de

muestran la clara intención por parte de la élite gobernante mexica

los mexicas creció y se extendió entre la población común de esos

de llevar a cabo cambios significativos en las políticas (económicas,

reinos enemigos.

sociales, políticas y militares) imperiales, con el fin de consolidar el

A pesar de la racionalidad de las reformas estratégicas promovi-

poder bajo el liderazgo absoluto de Tenochtitlan, pero hubo muy poco

das por Motecuhzoma, su implementación empezó a tener efectos in-

tiempo (una década y media) para ponerlos en marcha. Aquellas re-

mediatos sobre varios grupos de interés. A lo largo de todo el siglo

formas no habían llegado a cumplir su cometido u objetivo final y ape-

anterior, para individuos de todos los estratos de la sociedad mexica,

nas empezaban a vislumbrarse algunos de sus efectos más inmediatos,

la práctica de la guerra había representado la posibilidad de movili-

cuando su implementación se vio interrumpida por la presencia de

dad y ascenso, así como de recibir algo de los beneficios económicos

los conquistadores españoles en territorios del Imperio. En cambio,

de la expansión (aunque distribuidos inequitativa y jerárquicamente).

como se verá más adelante, esas medidas habían generado ya —tanto

Ello había incentivado fuertemente su desempeño en el campo de

dentro de la propia sociedad mexica como entre los pueblos sujetos y

batalla, haciendo que llegaran a considerar las victorias del Estado

aun en sus propios aliados— malestar, fuertes resistencias e inconfor-

como propias. De ahí que la reducción del ritmo con que habían ve-

midad en su contra; aquello tendría importantes repercusiones en las

nido dándose en los años inmediatamente anteriores a su mandato

muy diversas actitudes y posturas que mostrarían ante la disyuntiva

las conquistas de la Triple Alianza generaría gran incertidumbre y

de apoyar al Estado tenochca en su lucha contra los recién llegados o,

nerviosismo entre los súbditos de todas las clases sociales, ya que

por el contrario, aliarse a ellos durante la guerra de conquista.

parecía significar el cierre de la única vía para mejorar su posición

Una de las políticas más recurrentes puestas en práctica bajo el

económica y política.

reinado de Motecuhzoma, con el fin de garantizar un sometimiento

Asimismo, ese cambio en las políticas tendría que enfrentar otro

más estable y duradero de lo ya conquistado, fue la de castigar con

reto especialmente delicado, pues parecía contradecir lo que la per-

dureza a los pueblos que, una vez incorporados al Imperio, seguían

suasiva propaganda ideológica estatal mexica había logrado: conven-

dando muestras de resistencia o desobediencia a acatar sus órdenes,

cer y, en consecuencia, hacer que se aceptara como natural y justa su

como había sucedido pocos años antes de su entronización, cuando

supremacía sobre los pueblos vencidos, presentando a su dios pro-

sólo algunos de los pueblos convocados por Ahuízotl habían manda-

tector Huitzilopochtli, el sol, y a su nación como los dominadores del

do hombres a prestar trabajo para labrar el templo monolítico de Malinalco.16 Mostrar franca rebeldía intentando sacudirse el dominio tenochca parece haber sido algo muy frecuente durante su reinado, pues la “evidencia documental indica que hasta un tercio de sus campañas fueron de reconquista”.17 Asimismo, se decidió que, en vez de seguir ampliando las fronteras e invirtiendo en costosísimas guerras de conquista, lo que ya no resultaba rentable, los ejércitos imperiales debían centrar sus esfuerzos en conquistar áreas (enclaves) que habían quedado sin controlar en medio de las provincias a las que ya se tenía dominadas. Dicha in-

Ibid., p. 21. Francisco de Aguilar, Relación breve de la conquista de la Nueva España [1559-1571], México, Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1977, p. 81. 14 D. Durán, op. cit., t. ii, cap. lii, p. 398. 15 F. de Alva Ixtlilxóchit, op. cit., t. ii, cap. lxx, p. 306. 16 Códice Aubin, op. cit., t. i, f. 40r, y t. ii, p. 63. 17 Frances F. Berdan, “El gobierno militar y económico de Moctezuma II”, en L. López Luján y C. McEwan (coords.), op. cit., p. 191. 18 Ibid., p. 187. 12 13

87


En Códice Mendoza, f. 64, ca. 1542 En Fray Bernardino de Sahagún, Códice Florentino, vol. 2, f. 283v (detalle), 1577

Quinto Sol y como responsables de garantizar “la sucesión regular de las estaciones, de la fertilidad, la abundancia de plantas y animales”,19 es decir, de la regeneración de la vida misma sobre la tierra porque alimentaba a las fuerzas sobrenaturales (divinidades) con el sacrificio de cautivos tomados en batalla. Se presentaba a la práctica de la guerra (imposición por la fuerza de su dominio) como indispensable para evitar la vuelta al caos cósmico, y con ello se permitía la continuidad de la vida humana tal como la conocían. De esa manera, a pesar de ser heredera de una larga tradición, compartida por todas las culturas mesoamericanas, y que, como tal, conservaba en su núcleo central un importante componente agrícola, la religión había sido reformulada con tintes cada vez más bélicos, al

que su tío Ahuítzotl había puesto y de los que se había servido, porque

servicio de las necesidades de la hegemonía imperial. A través de me-

muchos de ellos eran de baja suerte e hijos de hombres bajos, lo cual era

dios como el arte, los grandes rituales públicos y la educación, se había

gran menoscabo y gran bajeza de los reyes servirse de gente baja y que él

logrado inculcar en todos sus ciudadanos los valores de la valentía y

quería servirse de otros tantos tan buenos como él […]; sino que, además

el arrojo militar, la obediencia, el cumplimiento del deber, el respeto

de ser hijos de señores, fuesen legítimos e hijos de señoras muy princi-

a las normas y el orgullo de ser el pueblo elegido por el dios más po-

pales y de sangre muy limpia.20

deroso de la era en que les había tocado vivir. Las reformas que se estaban impulsando habían despertado gran

A pesar de no poder continuar con la ampliación de sus domi-

inquietud, pues surgía la pregunta de cómo podrían mantener el favor

nios, resultaba indispensable que el Imperio pudiera concentrar ingre-

y la protección de los dioses si ya no se les ofrecía con la misma inten-

sos cada vez mayores para sostener su poderío; además, se vinieron a

sidad el sacrificio de cautivos. Los cambios habrían tenido que venir

sumar importantes gastos extraordinarios para el erario público de

acompañados de una profunda reforma ideológica que respondiera

las tres capitales ocasionados por una serie de imprevistos (la gran

mejor a las nuevas políticas estatales, pero se hubiera requerido de

inundación del islote de Tenochtitlan en 1500, las hambrunas de 1505-

mucho más tiempo.

1506 y 1514 y las heladas de 1511 y 1512),21 durante los cuales sus

Sin embargo, durante el reinado de Motecuhzoma Xocoyotzin sí

reyes “Nezahualpilli, Motecuhzoma y Totoquihuatzin abrieron sus tro-

llegaron a implantarse importantes transformaciones de orden eco-

jes y socorrieron a sus súbditos y vasallos, y por un año les remitieron

nómico, social y político que pretendían mitigar algunas de las debili-

los tributos”.22

dades estructurales de las que hasta ese momento adolecía el sistema

Para recuperarse de esas pérdidas, se elevaron las contribucio-

imperial; entre ellas, el interés por enaltecer la imagen pública del

nes a muchas provincias tributarias ubicadas en el corazón del Impe-

soberano, lo que restringía mucho el acceso a su persona: se le rodeó

rio (especialmente de la zona chinampera de la Cuenca de México y

de un aura de misterio y majestuosidad por medio de una gran osten-

valles aledaños),23 que eran las que abastecían a Tenochtitlan de bienes

tación de riqueza material y de la solemnidad de su actuación en todo

de primera necesidad, lo que causó gran malestar y resentimiento en-

acto en el que participaba y se le presentaba como la personificación

tre ellas por considerar onerosas las demandas.

misma de algunas deidades, alejándolo cada vez más del resto de la so-

Entre ellas, estaba la vecina ciudad de Tlatelolco —también ha-

ciedad. Las fuentes documentales relatan que dentro de su palacio

bitada por gente de origen mexica que se dedicaba principalmente a

solía comer solo; nunca pisaba descalzo el suelo y quienes lo visitaban

lucrativas actividades comerciales y que históricamente había mos-

tenían que utilizar prendas humildes y entrar descalzos (con la única

trado una reacia resistencia a caer bajo el dominio tenochca—, con la

excepción de sus aliados, los huey tlatoques de Texcoco y Tlacopan, y

que habían sido especialmente severos en dos ocasiones en que,

su primer ministro, el cihuacóatl). Estaba estrictamente prohibido mirarlo a la cara o tener contacto corporal con él. Aquella imagen haría que Motecuhzoma fuera visto con gran respeto y admiración, pero también con temor, por la creciente arrogancia e intransigencia que fue mostrando frente a quienes opinaran en contra de sus deseos, posturas o decisiones. Fray Diego Durán relata que, haciendo alarde de elitismo y rigor, ordenó destituir a toda la gente de origen plebeyo (macehualtin), pues […] era que él quería poner nuevos oficiales, así en el servicio de su casa y persona como en el régimen de la provincia y reino, y mudar todos los

19 R. F. Townsend, “Moctezuma II y la renovación de la naturaleza”, en L. López Luján y C. McEwan (coords.), op. cit., p. 129. 20 D. Durán, op. cit., t. ii, cap. liii, pp. 403-404. 21 F. F. Berdan, “El gobierno militar y económico de Moctezuma II”, en L. López Luján y C. McEwan (coords.), op. cit., p. 186. 22 F. de Alva Ixtlilxóchitl, op. cit., t. ii, cap. lxxi, p. 309. 23 La zona chinampera abarcaba las tierras que rodeaban los lagos sureños de agua dulce (los de Xochimilco y Chalco), que contaban además con abundantes manantiales y eran las de mayor profundidad de toda la Cuenca de México, por lo que presentaban las condiciones necesarias para la intensificación agrícola por medio de la construcción de chinampas. Todo ello las había llevado a convertirse en indispensables para el abastecimiento de comida de la densamente poblada isla de Tenochtitlan.

89


además de sancionarla militarmente, se le había impuesto el castigo

Guerrero Águila, ca. 1480

ejemplar de ejecutar a su rey.24 En la segunda ocasión, bajo el pretexto de que no había cumplido cabalmente con el tributo que tenía asignado, no sólo lo incrementaron notablemente, sino que además fue humillada, obligándola a entregar gran cantidad de objetos y bastimentos para la guerra, prohibieron el culto en su templo y sufrió la imposición de un linaje gobernante protenochca. El aumento de las contribuciones al Imperio de muchas de las provincias afectaría de manera directa los intereses de los señores y

remitiéndolo al tiempo”.27

reyes sujetos (élites intermedias), quienes veían reducirse los exce-

Además, al ser electo Moctezuma II, su hermano mayor, Macuil-

dentes económicos que estaban acostumbrados a acumular; en con-

malinal, yerno de Nezahualpilli, que había sido también un fuerte candi-

secuencia, se vieron ante la disyuntiva de aceptar ver disminuidos

dato al trono de Tenochtitlan, se había ido a refugiar a Texcoco, donde

sus ingresos, o bien de incrementar sus exigencias a las comunidades

se integró al ejército como si fuera un acolhua más. Moriría poco des-

que gobernaban.

pués (1508), en batalla contra los de Atlixco, quienes, según la versión

Pero, además, de manera simultánea a esa tensión por lo econó-

texcocana de los hechos, a pesar de ser sus históricos rivales, recibie-

mico, se puso en marcha una nueva estrategia política que vendría a

ron información por parte de Moctezuma (“un pacto secreto”) para

alterar la relación que el Imperio había mantenido con ellos tradicio-

asegurar que triunfaran y con ello poder deshacerse definitivamente

nalmente. Consistía en que las autoridades centrales (imperiales) empe-

de su hermano y posible rival. En dicha guerra también fueron cap-

zaron a intervenir directamente en el gobierno y en la sucesión dinástica

turados y sacrificados a los dioses algunos hijos del señor de Texcoco.

en el interior de sus propios reinos, lo que amenazaba acabar con la

Casi al mismo tiempo, Nezahualpilli, como máximo juez del Im-

semiautonomía de que habían venido gozando hasta entonces.

perio, endureció la sentencia que habían propuesto los tribunales de

Incluso las relaciones en el máximo nivel de la jerarquía política

Tenochtitlan y Tlacopan, al decretar una muerte ejemplar para el

(huey tlatocáyotl), es decir, entre los reyes de la Triple Alianza, sufrie-

rey Tezozómoc de Azcapotzalco, suegro de Motecuhzoma, por haber

ron cambios significativos al quedar ésta bajo el liderazgo absoluto de

cometido adulterio, lo que molestó mucho al tlatoani mexica.

los mexicas. La pretendida igualdad de derechos e independencia en

Toda esa serie de desacuerdos habían hecho crecer enormemen-

asuntos internos terminó por desaparecer, y se llegó al extremo de

te la desconfianza y el malestar entre los dos “aliados”, que se agrava-

que, para los últimos años antes de la Conquista, las posesiones mexi-

ron aún más cuando el texcocano le ganó al tenochca una apuesta en

cas eran mayores que las de las otras dos capitales, de que en Tenoch-

el juego de pelota, acerca de que su interpretación sobre la aparición,

titlan se concentraran los tributos asignados a los tres y de que las

todas las noches, de un resplandor hacia el oriente “anunciaba la ruina

últimas campañas militares fueran programadas de acuerdo con los

y total destrucción de toda la tierra y mudanza de todo el Imperio”.28

intereses tenochcas.

Fray Diego Durán recoge las palabras textuales de Nezahualpilli, quien

25

90

dos del castigo tan público que el rey hizo, y procuraron su venganza

Las fuentes documentales dejan ver que desde años atrás se venía

había predicho: “[…] de aquí a muy pocos años, nuestras ciudades

desarrollando un importante conflicto entre Mexico-Tenochtitlan y

serán destruidas y asoladas; nosotros y nuestros hijos, muertos, y

Texcoco, su principal socio dentro de la alianza. El deterioro de su

nuestros vasallos, apocados y destruidos. Y de esto no tengas duda”.29

relación fue producto de una serie de desavenencias que se remonta-

El enojo que dichas palabras provocaron hizo que el rey mexica le

ban al reinado de Ahuízotl, cuando el rey Nezahualpilli le cuestionó

echara en cara a Nezahualpilli el comportamiento descuidado y poco

abiertamente su decisión y sus acciones con respecto a la construc-

disciplinado de las tropas texcocanas, en comparación con las del res-

ción del acueducto Acuecuézatl, que terminó teniendo por resultado

to de los aliados tripartitas, y le recordó, además, que en cuatro años

una desastrosa inundación de Tenochtitlan: “Ahora, señor, os quejáis

no habían traído cautivos para sacrificar a los dioses. Aquello presionó

y teméis, si se hubiera evitado este inconveniente, no se mirara ane-

al texcocano a pelear contra Tlaxcala para conseguirlos, pero como

gado todo, pues de ello fuisteis avisado por el desdichado rey Tzotzoma

era ya muy viejo para salir al campo de batalla, mandó al frente a dos

de Cuyuacan, que lo matasteis por ello”.26

de sus hijos. Sin embargo, al parecer, Motecuhzoma lo traicionó nue-

Las diferencias entre estos soberanos se agrandaron cuando, en

vamente, al poner en sobre aviso a sus más aguerridos enemigos, los

1498, el texcocano mandó ejecutar públicamente a garrotazos a su

tlaxcaltecas, por lo que el ejército texcocano fue sorprendido, derro-

concubina, la princesa Chalchiuhnenetzin (sobrina de Ahuízotl y her-

tado y sus líderes sacrificados. Aprovechando el momento, el rey mexi-

mana de Motecuhzoma), como castigo por su conducta sexual licen-

ca “mandó que las ciudades y pueblos de la Chinampa, que solían dar

ciosa, y fue “tan ejemplar y severo que todos loaron al rey, aunque los

cierto reconocimiento a los reyes de Tetzcuco, no se lo diesen más: e

señores mexicanos deudos de esta señora quedaron sentidos y corri-

hizo otras cosas, con que de todo punto mostró su saña”.30 Muy poco tiempo después de esos sucesos murió Nezahualpilli,

24 Primero al rey Cuauhtlatoa por orden de Itzcóatl (1427-1440) y luego a Moquíhuix por Axayácatl (1470). 25 P. Carrasco, op. cit., pp. 21 y 68. 26 Fernando Alvarado Tezozómoc, Crónica mexicana, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1943, p. 173. 27 F. de Alva Ixtlilxóchitl, op. cit., t. ii, cap. lxiv, p. 287. 28 Ibid., t. ii, cap. lxxii, p. 315. 29 D. Durán, op. cit., t. ii, cap. lxi, p. 459. 30 F. de Alva Ixtlilxóchitl, op. cit., t. ii, cap. lxxiv, p. 325. 31 Ibid., t. i, p. 450.

y el emperador mexica se atrevió, sin disimulo, a intervenir en asuntos internos del reino aliado al imponer, de acuerdo con sus intereses, a uno de los candidatos al trono: “[…] creció más la soberbia de Moctezuma, que mandaba lo suyo y ajeno, y así, aunque contra la voluntad de los grandes del reino de Tezcuco, mandó jurar a su sobrino Cacama […] por rey de los aculhuas”.31 El resultado de dicha imposición provocaría el estallido de la guerra civil en ese reino, cuando el príncipe Ixtlilxóchitl, otro de los


El castillo, Tulum, Quintana Roo, México

Fragmentación política de Yucatán a la llegada de los españoles 1. Champutún 2. Can Pech 3. Ah Canul 4. Chakan 5. Ceh Pech 6. Hocabá 7. Maní 8. Ah Kin Chel

candidatos con derecho al trono, se negó a aceptarla. Ese importante

9. Sotuta 10. Chikinchel 11. Cupul 12. Tases 13. Ecab 14. Cochuac 15. Huaymil 16. Chetumal

5

4

Mayapán 6

3

9

7

14

integrantes de la Triple Alianza, estaba todavía sin resolverse cuando llegaron las tropas de Hernán Cortés a la Cuenca de México.

Santa Rita

Al problema con su aliado de Texcoco, en 1517 se vino a sumar el

Lamanai

Tayasal

guna ganancia de ello— en un conflicto entre dos de sus enemigos

Centro Posclásico mayor Centro Posclásico menor Estados independientes de la zona norte en el Posclásico tardío

históricos: Tlaxcala y Huexotzinco. A raíz de su derrota en batalla, Tecayéhuatl, el gobernante de Huexotzinco, mandó pedir ayuda a Tenochtitlan, donde tanto él como un buen número de la gente común

Zacaleu

de su reino fueron recibidos como refugiados. Poco después, el pro-

Utatlán Iximché

pio ejército mexica se lanzó contra Tlaxcala, pero ninguno de los dos

Ichpaatún

Dzibanché

Itzmkanac

hecho de que los mexicas se involucraran —sin llegar a obtener nin-

13

San Miguel Isla de Tancah Tulum Cozmel Muyil

15 Cilvituk

Xicalanco

12

Chac Mool

1

Golfo de México

nea tanto dentro del propio Texcoco como entre los dos principales

11

Chichén Itzá Cobá

2

conflicto dinástico, que se estaba desarrollando de manera simultá-

Isla Mujeres

10

8

16

Mar Caribe

Topoxté

Wild Cane Cay Nito Chacujal

Naco

Mixco Viejo Chinautla

bandos pudo lograr un triunfo definitivo, por lo que los mexicas se vieron obligados a solicitar apoyo de sus aliados de Texcoco y de Tlacopan. Una vez liberado Huexotzinco, pudieron regresar a su capital

territorios por medio de la conquista militar. Los intereses de sus

el gobernante y muchos de los que lo habían seguido. A pesar de esa

élites directivas estaban relacionados con la explotación y la comer-

ayuda, muy poco tiempo después, el rey volvería a declararse enemi-

cialización a larga distancia, por medio de la navegación costera, de

go de Tenochtitlan, bajo el pretexto de estar presionado por su alian-

productos como la sal, el algodón, la cera y la miel de abeja. Esos pro-

za histórica con Cholula.

ductos, junto con algunos bienes manufacturados, eran llevados ha-

32

Así, cuando a finales de la segunda década del siglo xvi se reci-

cia el occidente, hasta Veracruz y Tabasco, y hacia el oriente, a toda

bieron en la capital tenochca las primeras noticias de la presencia de

la costa del Caribe. De ahí la proliferación de asentamientos, que du-

“cerros que flotaban en el mar” por el este, los sucesos coincidieron

rante varios siglos funcionaron como puertos de desembarco, como

con un momento coyuntural en el que el esfuerzo por consolidar la

Tulum, Xel-Há, San Gervasio (Cozumel), Santa Rita Corozal y Cay, en

hegemonía absoluta del Estado mexica en todo su Imperio había pro-

Belice, entre otros.

vocado gran impopularidad, animadversión y resentimiento en su

Sin embargo, ambas hegemonías habían acabado por desplo-

contra no sólo entre los grupos que nunca habían sido vencidos de

marse bruscamente como resultado de la rebelión de los grupos su-

manera definitiva, sino también en aquellos que, como subordinados,

bordinados a su autoridad: en contra de Chichén, encabezados por el

consideraban onerosas las nuevas exigencias tanto económicas como

linaje Cocom, gobernantes de Mayapán, con la subsecuente huida de

políticas, en los propios reinos aliados que habían ido perdiendo te-

los líderes itzaes hacia el centro del Petén guatemalteco, mientras que

rreno y trato digno dentro del acuerdo tripartita e, incluso, en buena

Mayapán, tan sólo un par de siglos después, sería vencida por el ata-

parte de la propia sociedad mexica, cada vez más fracturada por la

que de los Tutul Xiu, apoyados por muchos otros pueblos que querían

profunda desigualdad económico-social.

liberarse de las políticas especialmente despóticas con las que los

Ese descontento generalizado en contra del gobierno tenochca

habían tenido sujetos. Tras su derrota en 1441, dicha capital fue com-

explica la facilidad con la que muchos pueblos y naciones indígenas

pletamente destruida y, según registra fray Diego de Landa, toda la

lo abandonaron a su suerte, ignorando su solicitud de apoyo o, inclu-

familia cocomina asesinada, con la única excepción de uno de sus

so aún más, aliándose a las fuerzas españolas.

miembros, que se encontraba dirigiendo una expedición comercial al golfo de Honduras. A partir de entonces, en todo el norte de Yucatán se daría un claro

E l m u n d o m aya e n l o s ú lt i m o s c i e n a ñ o s a n t e s d e l a C o n q u i s ta

proceso de balcanización o fragmentación política, y quedó dividido

Durante los primeros siglos del periodo Posclásico, entre los mayas

en dieciocho pequeñas unidades políticas rivales, que adoptaron una

de las tierras bajas septentrionales se habían desarrollado —primero

forma de organización conocida como el sistema “multepal”, en el que

por parte de Chichén Itzá (1000-1200) y posteriormente de Mayapán

el gobierno y la toma de decisiones recaían en un consejo de jefes de

(1200-1441)— dos importantes intentos por unificar el norte de la

distintos linajes y no en un solo individuo.

península yucateca bajo un control político centralizado. En ambos

Para esos señoríos siguió siendo central la práctica de la guerra

casos, grupos de élite que se identificaban a sí mismos como itzaes

como forma de imponer tributos para mantener a sus linajes gober-

—que habían adquirido, como resultado de su convivencia en la costa

nantes. En cuanto a la relación entre ellos, se alternaban intentos de

del golfo de México, ciertos rasgos distintivos de las culturas del centro de México (el culto a Quetzalcóatl, la ideología, armamento, iconograf ía, etcétera)— habían logrado imponer tributación sobre amplios

32

D. Durán, op. cit., t. ii, cap. lx, pp. 453-458.

93


L u i s C o va r r u b i a s ( 1 9 1 9 - 1 9 8 4 )

La isla de México en el siglo xvi, 1964

formar alianzas, con recurrentes momentos en que crecía la competencia y la hostilidad hasta derivar en el estallido de violentos enfrentamientos. Las rivalidades debilitarían mucho su capacidad de unirse para tratar de resistir el avance de la conquista española. Por otra parte, otros grupos mayas como los quichés, los cakchiqueles y los rabinales, que habían migrado en el Posclásico temprano desde la costa del golfo de México y las selvas de Petén hasta las tierras altas de Chiapas y Guatemala, llegaron a imponerse como élites gobernantes sobre las poblaciones originales (hablantes de lenguas mayas) que encontraron asentadas en ellas. En un principio, mientras exploraban esos territorios y afianzaban su posición, construyeron asentamientos en puntos fácilmente defendibles. Venían organizados como pequeños linajes semiautónomos, que decidieron formar una confederación (organización de tipo segmentario) para apoyarse en la defensa de los territorios que iban colonizando para la producción agrícola y para celebrar rituales. Pocos años después, los recién llegados empezaron además a establecer lazos con gente de las comunidades originarias por medio de matrimonios y, al ser pocos en número, terminaron por asimilar sus tradiciones culturales. Asimismo, adoptaron las variantes de las lenguas mayas que hablaban, pero siempre subrayaron su relación con el centro de México mediante la apropiación de algunos elementos, como la adoración al sol y a la Serpiente Emplumada. Cuando los grupos quichés empezaron a adquirir mayor poder que los demás linajes aliados, la confederación terminó por disolverse 94

y cada uno fundó su propia ciudad-Estado o señorío independiente. Desde sus capitales, los linajes principales controlaban a otros secundarios que gobernaban a los campesinos, obligados por medio de la fuerza a pagar tributación. Los grupos —también hablantes de lenguas mayas— más afectados por la expansión de los reinos quiché, cakchiquel, rabinal y tzutuhil fueron, entre otros, los pokomames, los mames, los choles, los lacandones, los kekchís y los pokomchíes, que les prestaron resistencia y, en algunos casos, lograron detener sus avances. Sin embargo, con el paso del tiempo, también los intereses de los cuatro principales señoríos de la región de Los Altos entraron en conflicto y se desataron violentas guerras entre ellos, y en medio de ellas se encontraban cuando llegaron hasta allí las tropas españolas. Como hemos visto, las dinámicas particulares que se venían desarrollando tanto entre los pueblos mesoamericanos del centro de México como en los del área maya, para 1519 habían generado — aunque por razones distintas— un ambiente caracterizado por la proliferación de conflictos de intereses, guerras y tendencias a la fragmentación política que imposibilitarían que, ante la llegada de los europeos, pudieran formaran un frente común capaz de defender sus formas de vida.


La caída de la Ciudad de México rodrigo m artínez bar acs*

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Los españoles estuvieron veinticinco años expoliando a los hombres

a su encomienda de Cuba y se había unido a la lucha indigenista de

y el oro de las islas antillanas, con ocasionales cacerías de esclavos en

los dominicos, sin ingresar él mismo en la orden (lo haría en 1523).

las costas venezolanas y centroamericanas (la Tierra Firme), sin saber

Para aplicar el proyecto, el cardenal Cisneros mandó a tres frailes de la

propiamente de la existencia de México.1 A este periodo, se le ha llamado

orden de San Jerónimo (fray Luis de Figueroa, fray Bernardino de Man-

la “fase antillana” (1492-1517). Aunque Juan Díaz de Solís (1470-

zanedo y fray Alonso de Santo Domingo) como gobernadores de las

1516) y Vicente Yáñez Pinzón (1462-1514), en 1506, y unos navegan-

Indias en la ciudad de Santo Domingo, con el apoyo del segoviano li-

tes enviados por Vasco Núñez de Balboa (1475-1519), en 1511, tocaron

cenciado Alonso de Zuazo (1466-1539), como justicia mayor, y de Barto-

tierras mexicanas, poco se sabía realmente. Pero para 1516, en Cuba,

lomé de las Casas, con el nuevo cargo de “procurador de los indios”. A

la isla llamada Fernandina, conquistada en 1511, los indios se estaban

Velázquez se le recordó claramente su condición no de gobernador,

muriendo, víctimas de las epidemias que, sin saberlo, habían traído

sino de teniente de gobernador de la isla Fernandina de Cuba, por lo

los españoles y sus esclavos africanos, y las minas de oro se estaban

que tuvo que pedir a los gobernadores jerónimos su autorización para

agotando, por lo que un grupo de españoles pobres, cansados de es-

armar rumbo al occidente.

perar en vano a que les dieran en “encomienda” un pueblo de indios

Los tres barcos de la armada salieron finalmente de la ciudad y

tributarios, concibieron el proyecto de formar una compañía para

puerto de Santiago de Cuba en febrero de 1517 y recorrieron la costa

embarcarse hacia unas islas ricas que, se decía, se encontraban nave-

norte de la isla, cerca de las depredadas islas de los Lucayos, donde

gando al oeste de la isla de Cuba. El mejor conocedor de las Antillas

recibieron el embate de una tormenta, antes de proseguir hacia el oes-

era el andaluz Antón de Alaminos (ca. 1475-ca. 1520), del puerto de

te, más allá de la punta occidental de la isla de Cuba, llamada Guani-

Palos de la Frontera, quien había participado en el cuarto viaje de Cris-

guanico o cabo de San Antón. El 4 de marzo de 1517 la armada llegó

tóbal Colón (1451-1506), y él sería el piloto mayor idóneo para la ar-

a la punta Catoche, en el extremo nororiental de la península de Yuca-

mada que se planeaba. El capitán sería el hidalgo cordobés Francisco

tán, que fue considerada una isla y bautizada con el nombre de Santa

Hernández de Córdoba (ca. 1475-1517), uno de los encomenderos

María de los Remedios de Yucatán.

más ricos de Cuba. Diego Velázquez de Cuéllar (1465-1524), teniente

El nombre Catoche proviene de que los mayas les dijeron a los

de gobernador de la isla, apoyó la iniciativa, como autoridad, pero

españoles: “In ca wotoch” (“Ésta es mi casa” o “Nuestras casas”), acaso

también como particular, aportando dinero propio. Todos los hom-

una manera de decirles que se regresaran a las suyas. Respecto al nom-

bres de la armada, en grados diversos, aportaron dinero y recursos a

bre de Yucatán, Pedro Mártir de Anglería (1457-1526) y Francisco

la compañía, que esperaban recuperar acrecentados con el “rescate”

López de Gómara (1511-1566) registraron que surgió porque así les

(trueque) con los indios y eventuales depredaciones por “justa gue-

sonó a los españoles que les contestaban los mayas cuando les pregun-

rra”, como estaban acostumbrados a hacerlo en la brutal caza de es-

taron el nombre del lugar: “Yucatán” o “Tectetán”, que significaría:

clavos en la Costa de las Perlas venezolana y en las “islas inútiles” (las que no tenían oro), como las de los Lucayos (hoy Bahamas).2 Pero Diego Velázquez no podía mandar la armada sin la anuencia de la autoridad superior de las Indias, asentada en la ciudad de Santo Domingo. Estaba políticamente debilitado por la muerte del rey Fernando II de Aragón (1452-1516), sustituido como regente de Castilla por el cardenal fray Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517), humanista franciscano, quien apoyó el proyecto dominico de reformación de las Indias, para tratar de evitar la total destrucción de los indios. También participó en la elaboración del proyecto el clérigo Bartolomé de las Casas (ca. 1484-1566), quien acababa de renunciar

* Dirección de Estudios Históricos, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México. El autor agradece a Fomento Cultural Citibanamex y a la señora Cándida Fernández de Calderón la invitación a escribir este breve memorial. Agradece, asimismo, el apoyo y los consejos de Alma Rosa Martínez González. 1 Para aligerar este texto de notas a pie de página, remito en términos generales a la narración y a las referencias de José Luis Martínez (1918-2007), mi padre, en su Hernán Cortés (México, Fondo de Cultura Económica/Universidad Nacional Autónoma de México, 1990), y a las mías en “Veracruz en la Conquista de México” (en Juan Ortiz Escamilla [coord.], El Veracruz de Hernán Cortés, Xalapa, Universidad Veracruzana, 2015, pp. 85-240). 2 Silvio Zavala, Los intereses particulares en la conquista de la Nueva España, opinión de Rafael Altamira, Madrid, Imprenta Helénica, 1933; segunda edición: preámbulo de Miguel León-Portilla, nota al lector de Silvio Zavala, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1964, y tercera edición: México, El Colegio Nacional, 1991.

97


p. 96

Autor no identificad o

La Noche Triste (lienzo 5) (detalle), siglo xvii Juan de l a Cosa (ca. 1460-ca. 1510)

Carta, 1500


“No te entiendo” (“Ci uhtán”, “Eso dicen”, piensan ahora los estudiosos). Para entenderse con los mayas, los españoles se llevaron de Ca-

En Fray Diego Durán y sus informantes, Historia de las Indias de la Nueva España e islas de Tierra Firme, f. 152r (detalle), ca. 1579-1581

toche a dos jóvenes mayas, que fueron bautizados como Julián y Melchor, y llamados Julianillo y Melchorejo, que aprendieron algo de español y se volvieron intérpretes de los españoles en esta armada y las siguientes. La armada navegó por las costas norte y oeste de la “isla” de Yucatán, hasta que en Champotón (del maya Chacán Putum, “región de

Xocoyotzin (1466-1520), por el eficiente sistema de comunicación del

la sabana”, al sur del actual estado de Campeche), los españoles fueron

Imperio, con comerciantes espías y diplomáticos (pochtecah), pinto-

atacados y severamente castigados por los mayas, acaso adiestrados

res (tlacuiloh) y el sistema de postas.

3

100

por el andaluz Gonzalo Guerrero (1470-1536), del puerto de Palos, que

La llegada a Yucatán de las tres grandes naves españolas del ca-

naufragó en 1511 y se había quedado entre los mayas, se casó y tuvo

pitán Hernández de Córdoba en 1517 vino a confirmar lo que se sabía

el primer niño mestizo mexicano. Hernández de Córdoba y sus hom-

o sospechaba cuando menos desde 1502, cuando unos comerciantes

bres descubrieron en carne propia la existencia de habitantes más

(mayas o nahuas) se toparon en el golfo de Honduras con unas em-

numerosos y organizados, con ciudades y altos templos, a los que

barcaciones muy grandes, las de Cristóbal Colón en su cuarto viaje, y

llamaron “cúes” (término de origen maya), y también más belicosos

la noticia pronto corrió por las rutas comerciales. Llegó a la Ciudad

que los pacíficos taínos (“taíno” en taíno significa “amigo”). El piloto

de México en el mismo año de 1502, en el que Moteuczoma fue en-

Alaminos dirigió la retirada navegando hacia la “isla” de Florida —que

tronizado, por lo que su gobierno ya no fue estrictamente prehispá-

había conocido en 1512 con la armada del vallisoletano Juan Ponce

nico —de allí le vino acaso su nombre “Mo-teuc-zoma” (“él se enoja

de León (1474-1521)—, y navegó hacia el sur rumbo a Cuba, al puer-

como señor”; “Xocoyotzin” significa “hijo menor”). Jerónimo de Agui-

to de La Habana y de allí al de Santiago. De los ciento diez hombres

lar (1489-1531) y Gonzalo Guerrero (ca. 1470-1536), que habían so-

de la armada, murieron cincuenta y seis, entre ellos, el propio Her-

brevivido a un naufragio en 1511, informaron ampliamente a los

nández de Córdoba, en su encomienda de Sancti Spiritu, por los doce

mayas de Yucatán y de Cozumel sobre los españoles y el cristianismo,

flechazos que recibió.4

y no olvidemos que Cozumel era un importante centro de peregrina-

La noticia del encuentro causó sensación entre los españoles de

ción. Una joven náufraga jamaiquina que vivía entre los mayas de

las islas. El teniente de gobernador Velázquez inmediatamente, en ju-

Cozumel les debió contar sobre los españoles en su isla de Jamaica,

lio de 1517, mandó procuradores a la corte para solicitar que le dieran

sobre la encomienda, la esclavitud, las minas y las epidemias, y sobre

el título de adelantado de Yucatán y otras tierras que se descubrieren,

su gobernador, el vizcaíno Francisco de Garay (1475-1523), que siem-

que le daría el control y provecho de todo lo que se encontrara, y se

pre les predicaba a los indios con una imagen de la Virgen María.

puso a organizar una segunda armada. El licenciado Zuazo, justicia

Llegó también flotando del mar un cofre con suntuosas telas y una

mayor en la ciudad de Santo Domingo, amigo de escribir relaciones

espada, que en vano Moteuczoma trató de romper. Se confirmó la

sobre descubrimientos, se apasionó con las noticias y deseó encabe-

presencia cercana de gente extraña, poderosa, agresiva, abusiva. Aun-

zar él mismo una armada a Yucatán, pero se lo impidieron los frailes

que Moteuczoma procuró acallarla, la noticia se expandió en forma

jerónimos gobernadores de las Indias. Y el extremeño Hernando Cor-

de rumor y dio sentido ominoso a fenómenos naturales, como los

tés (1485-1547), amigo de ambos, encomendero y alcalde ordinario

temblores, los cometas, los animales con deformidades, los sueños y

del cabildo de la villa de Santiago de Cuba, otorgó el 1 de diciembre de

las visiones, que, tras la Conquista, se reelaboraron y conocieron como

1517 una carta poder amplia a su pariente Francisco Altamirano para

presagios o augurios.6

que se encargara de sus asuntos públicos y negocios privados, proba-

Para la segunda armada a tan ricas tierras nuevas, el teniente de

blemente con el fin de tener las manos libres para participar en la nue-

gobernador Velázquez no se animó a ir él mismo porque, con los años,

va armada que estaba organizando Diego Velázquez.5

se había puesto gordo y no era bueno para viajar y pelear. Por ello

Mientras tanto, la noticia de la llegada en 1517 de grandes em-

escogió a alguien muy de su confianza, su pariente Juan de Grijalva

barcaciones con gente bien armada, maloliente, peluda, grosera y abu-

(ca. 1490-ca. 1528), de su misma villa de Cuéllar, en la provincia de

siva también se difundió en Mesoamérica. El más informado era el

Segovia. Nuevamente Antón de Alaminos sería el piloto mayor de las

hueytlatoani (“emperador”, “gran rey”, en náhuatl) mexica Moteuczoma

cuatro naves de la armada, en las que se embarcaron doscientos cuarenta hombres. Su capellán sería el sevillano Juan Díaz (1480-1549), que escribió un diario de la armada de Grijalva que nos permite se-

José Enrique Ortiz Lanz, Las verdaderas historias del descubrimiento de la Nueva España, México, Cámara de Diputados, 2018, pp. 67 y 132-134. 4 Bernard Grunberg, Dictionnaire des conquistadores de Mexico, París, L’Harmattan, 2001, pp. 240-241. 5 Alonso de Zuazo, Cartas y memorias (1511-1539), edición de Rodrigo Martínez Baracs, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2000, pp. 175-179 y 182-183. 6 Rodrigo Martínez Baracs, “Contactos y presagios”, en Historias, núm. 40, México, Dirección de Estudios Históricos-Instituto Nacional de Antropología e Historia, abril-septiembre de 1998, pp. 29-34. 7 Juan Díaz, Itinerario de la armada del Rey Católico a la isla de Yucatán en la India, el año 1518 en la que fue por comandante y capitán general Juan de Grijalva. Escrito para Su Alteza por el capellán mayor de la dicha armada [1520], edición facsimilar, introducción de Jorge Gurría Lacroix, traducción de Joaquín García Icazbalceta, México, Juan Pablos, 1972. 3

guirla día a día.7 Y por supuesto se embarcaron los cuatro “oficiales reales” de la Real Hacienda (tesorero, contador, factor y veedor). Una vez más, Velázquez pidió y obtuvo la autorización de los gobernadores jerónimos en la ciudad de Santo Domingo. El licenciado Zuazo le escribió unas largas instrucciones particulares al veedor Francisco Peñalosa, que anticiparon mucho de lo que se descubriría más allá de la “isla” de Yucatán. La armada se dirigió a Yucatán, pero se topó antes con la —ésta sí— isla de Cozumel, llamada Santa Cruz de Cozumel por su descubrimiento el 3 de mayo de 1518, día de la Invención de la Santa Cruz. Allí, los españoles intentaron comunicarse con la gente, que huyó


atemorizada. Finalmente, se les presentó la mencionada joven y guapa mujer que, además de maya, hablaba taíno, y les pudo decir a los españoles —algunos de los cuales también lo hablaban— que ella era de la isla de Jamaica y había naufragado hacía años y vivía entre los mayas de Cozumel. La joven jamaiquina fue llevada por Grijalva y sus hombres, que la utilizaron como intérprete para comunicarse con los mayas, a través del taíno.8 De Cozumel, la armada de Grijalva conti102

G a s pa r B o u t t a t s ( c a . 1 6 4 0 - c a . 1 6 9 5 )

El capitán Juan de Grijalva de Cuéllar, 1728 Sor Isabell a Piccini (164 4-1734)

Ferdinando Cortes, cavato da un originale fatto iñazi ch’ei si portassi alla conquista del Messico, 1733 Isla de Cuba, puerto de Santiago, en Antonio de Herrera y Tordesillas, Historia general de los hechos de los castellanos en islas y Tierra Firme del mar océano [1601-1615], edición de Juan Bautista Verdussen, Amberes, 1728

nuó hacia la “isla” de Yucatán, que costeó como lo había hecho la de

nombre y por la fecha, 23 de junio, fiesta de San Juan Bautista, y Ulúa

Hernández de Córdoba, hasta llegar al río al que pusieron el nombre

por Colhuacan, pronunciado Uluacan por los españoles. Los hombres

de Grijalva, sin pretensiones de navegarlo para “boxar” (pronunciado

de Grijalva se dividieron entre los que querían poblar la tierra, estable-

“boshar”, circunnavegar) la isla de Yucatán, para comprobar si real-

cerse, comerciar y conquistar, y los que seguían la opción prudente del

mente lo era o si era tierra firme.

capitán Grijalva, quien juzgó que sería peor ser rápidamente derrota-

Menos voluntad de “boxar” Yucatán tendrían Grijalva y sus hom-

dos y dejar prevenidos a los bravos guerreros de la tierra, que dif ícilmen-

bres al oír que la gente de Tabasco les señalaba hacia el oeste y les

te podrían ser después conquistados. Tal vez tuvo razón Grijalva. Si

decía “Mexico, Mexico, Culuá, Culuá”. Se referían a la Ciudad de Mé-

sus hombres se hubiesen quedado y hubiesen sido atacados y mata-

xico, capital de los mexicas, también llamados colhuas, por su mítico

dos, la siguiente armada (la de Hernando Cortés) no hubiese podido

parentesco con el linaje tolteca del reino, altépetl (“agua y cerro” o

llegar “en son de paz” para establecer el tejido de alianzas con los rei-

“cerro de agua”, en náhuatl), de Colhuacan (“lugar de los que tienen

nos y señoríos locales que hizo posible la Conquista de México.

abuelo, linaje”), al sur del lago de Tezcoco. Grijalva y sus hombres

El capitán Grijalva tomó entonces la decisión de dividir su armada.

continuaron por la costa del actual estado de Veracruz, donde la

Mandó al capitán Pedro de Alvarado (1485-1541), que estaba enamo-

joven jamaiquina no les pudo ya servir de intérprete, porque ya no se

rado de una taína en Cuba, en una nave de regreso a la isla para dar

hablaba maya, sino totonaco y náhuatl.

noticia del descubrimiento, más allá de la isla de Yucatán, de la isla o

Grijalva llegó por primera vez al actual puerto de Veracruz, al

tierra firme de San Juan de Ulúa; mientras que el propio Grijalva y los

que puso el nombre de San Juan de Ulúa; San Juan, por su propio

demás continuarían el recorrido del litoral del golfo de México hasta

Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, Historia general y natural de las Indias [1535], edición de Juan Pérez de Tudela Bueso, Madrid, Atlas, 1959, libro xvii, cap. x; Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, Madrid, Imprenta del Reyno, 1632, y edición crítica de Carmelo Sáenz de Santa María, basada en las ediciones de fray Alonso Remón y el manuscrito Guatemala, Madrid y México, Consejo Superior de Investigaciones Científicas/Universidad Nacional Autónoma de México, 1982, cap. viii. Es necesario leer con cautela los capítulos de Bernal Díaz sobre la armada de Grijalva, pues deja entender que allí estuvo, pero hay evidencia que indica que no participó en esa armada (aunque sí en las de Hernández de Córdoba y de Cortés), como lo muestra María del Carmen Martínez Martínez, en “Bernal Díaz del Castillo: memoria, invención y olvido” (en Revista de Indias, vol. lxxviii, núm. 273, 2018). 8

el río Pánuco (“lugar del vado”, en el norte del actual estado de Veracruz) y de allí regresó a Cuba, donde el gobernador Velázquez lo insultó por no haberse atrevido a poblar. Le urgía apropiarse de la tierra. Ya entonces, desde el regreso a Cuba de la nave de Alvarado, Velázquez estaba planeando y juntando los recursos para el envío de una tercera armada a la provincia recién descubierta. Ya vimos que él mismo no podía encabezar la armada, por su torpeza f ísica, y tenía que mandar a otro capitán para que realizara la conquista en su nombre, y que, para asegurarse de que las conquistas realizadas se le acreditaran,


desde julio de 1517 había mandado a España procuradores y cartas

Desde que Velázquez lo nombró capitán general de la tercera ar-

pidiendo el título de adelantado de Yucatán y de las islas y tierras que

mada, Hernando Cortés se vistió y atavió ostentosamente para recau-

se descubrieren.

dar hombres, dinero, armas, bastimentos, barcos, naborías (servidores

Aunque dudó sobre a quién mandaría como capitán de la terce-

taínos y taínas), caballos imponentes y perros feroces. El propio Ve-

ra armada, en un ambiente de fuertes intrigas, Velázquez acabó eli-

lázquez aportó dinero a la compañía, pero también lo hicieron Cor-

giendo a su amigo y colaborador Hernando Cortés, alcalde de la villa

tés y los hombres que se le unieron. En los documentos de la época

de Santiago, encomendero, empresario, con formación de escribano.

no aparece la palabra “soldado” para referirse a los hombres de Cortés

Aunque fue subordinado de Velázquez, desde la conquista de Cuba

y de otros conquistadores, término que aparecerá treinta años des-

en 1511, varias veces tuvieron conflictos. Comento ahora que en los

pués con los cronistas Francisco López de Gómara y Bernal Díaz del

documentos de la época a Cortés siempre se le dice Hernando Cor-

Castillo (1495-1584). Pero es que los hombres de Cortés no eran mili-

tés, o Fernando Cortés, pero nunca Hernán Cortés ni Fernán Cortés.

tares profesionales, pues tenían varias otras profesiones, aunque to-

El nombre Hernán Cortés aparece hacia la segunda mitad del siglo xvii

dos eran diestros en el uso de las armas, herederos de la España de la

y lo entronizó el cronista Antonio de Solís y Rivadeneyra (1610-1686)

Reconquista contra los musulmanes (711-1492), de las que abusaban

en su Historia de la Conquista de México, de 1688.

contra los indios antillanos indefensos. Además, los conquistadores

Para mandar la tercera armada a las tierras o islas de Yucatán y

no eran soldados porque no percibían un sueldo a cambio de su par-

de Uluacan, el teniente de gobernador Velázquez pidió nuevamente

ticipación en la armada como compañeros en una compañía, sino que

la autorización de los frailes jerónimos gobernadores en la ciudad de

esperaban recibir una ganancia del botín de la conquista, de las enco-

Santo Domingo, que junto con el licenciado Zuazo, justicia mayor,

miendas de indios tributarios que se repartiesen y de los indios que

aprobaron la armada y le mandaron instrucciones tanto a Velázquez

se capturasen como esclavos.

como a Cortés, que detallaban varios de sus objetivos. Con base en

La armada que reunió Cortés fue de once navíos y cerca de qui-

esas instrucciones, Velázquez redactó las suyas para Cortés. En ellas,

nientos hombres, además de los marineros (que, por cierto, sí reci-

la nueva tierra de Uluacan es llamada Santa María de las Nieves (en

bían un sueldo). El piloto mayor fue nuevamente Antón de Alaminos.

referencia al Pico de Orizaba o al Popocatépetl y el Iztaccíhuatl), tal

Venía el fraile mercedario fray Bartolomé de Olmedo (1485-1524) y

vez para distinguirla claramente de la “isla” de Yucatán, jurisdicción

nuevamente el padre Juan Díaz. No faltaban los oficiales reales de la

del teniente de gobernador Velázquez en caso de que la Corona lo

Real Hacienda (tesorero, contador, factor y veedor), atentos a recabar

nombrara adelantado de Yucatán. Las instrucciones mandaban a Cor-

el quinto de Su Majestad, la quinta parte de todo lo que se “rescatara”

tés a averiguar en Yucatán sobre las representaciones de cruces que

o se obtuviera en guerra. El teniente de gobernador Velázquez vio el

habían sido vistas en los templos mayas por los hombres de las arma-

gran ánimo y entusiasmo que supo suscitar Cortés en sus hombres y

das de Hernández de Córdoba y de Grijalva. También le mandaban

desconfió, por lo que decidió revocarle el cargo de capitán de la ar-

buscar en Cozumel a unos náufragos españoles que vivían entre los

mada, pero ya no lo pudo detener, porque Cortés tenía también las

indios, de los que supieron los hombres de Grijalva. Nada mencionan las instrucciones sobre la posibilidad de poblar o de conquistar la tierra; no lo ordenan, pero tampoco lo prohíben.9

9 Documentos cortesianos, vol. i, edición de José Luis Martínez, México, Universidad Nacional Autónoma de México/Fondo de Cultura Económica, 1990, pp. 45-57.

103


Autor no identificad o

Diego Velázquez elige a Cortés como general, 1783-1800 En Fray Diego Durán y sus informantes, Historia de las Indias de la Nueva España e islas de Tierra Firme, f. 202r (detalle), ca. 1579-1581

instrucciones que le habían dado directamente a él los gobernadores jerónimos y el licenciado Zuazo. Entre los hombres de Cortés, varios habían participado en las armadas de Hernández de Córdoba o en la de Grijalva, y algunos habían deseado poblar la tierra, establecerse, y esperaban hacerlo esta vez. Pero varios otros eran amigos del teniente de gobernador Veláz-

Cortés les habló a las autoridades sobre el reino de España y la reli-

quez y buscaban evitar que Cortés poblara por su cuenta y se inde-

gión cristiana, les dio una cruz y una Virgen, y los tabasqueños les

pendizara de él, como el mismo Velázquez lo había hecho en 1511 al

trajeron comida, regalos de oro, piedras, plumas preciosas y veinte

conquistar Cuba por su cuenta, haciendo a un lado a don Diego Colón

bellas esclavas. Todas fueron bautizadas por el padre Juan Díaz y re-

(1478-1526), gobernador de las Indias en la ciudad de Santo Domingo.

partidas a varios españoles, para que les sirvieran.

El capitán Pedro de Alvarado fue el primero en llegar a la isla de

Cortés y sus hombres continuaron costeando hasta que llegaron

Cozumel, y trató con despotismo a los indios. Cortés llegó poco des-

a territorio veracruzano, donde ya no se hablaba maya (o alguna va-

pués y, enterado de los atropellos de Alvarado, lo reprendió pública-

riante del maya), sino totonaco y náhuatl, por lo que Jerónimo de

mente. Tal vez el regaño de Cortés tuvo una teatralidad diplomática

Aguilar ya no servía como intérprete. Arribaron a San Juan de Ulúa

con el fin de hacerse ver ante los indios no como un conquistador

el 21 de abril de 1519 y tres días después llegaron emisarios de Mo-

abusivo, sino como un gobernante justiciero y liberador. Entró en co-

teuczoma, hueytlatoani mexica, con víveres y regalos, pero no se pu-

municación con las autoridades del reino de Cozumel y les habló sobre

dieron comunicar. Sucedió entonces que una de las veinte esclavas

el rey don Carlos (1500-1558), sobre la religión cristiana, sobre Dios

regaladas en Tabasco, bautizada con el nombre de Marina —y que

y la Virgen María, utilizando como intérpretes a Julianillo o a Mel-

Cortés había otorgado a su paisano, el capitán Alonso Hernández

chorejo, y puso en lo alto del templo mayor de Cozumel una cruz y

Portocarrero (1495-1523), de la extremeña villa de Medellín, como

una imagen de la Virgen María, que los mayas aceptaron como dei-

Cortés—, se acercó a los emisarios y habló con ellos en náhuatl. Lo

dades, entre las muchas otras que tenían.

que dijeron se lo transmitió Marina a Jerónimo de Aguilar en maya y

Ya se iba de Cozumel la armada de Cortés, cuando los llamaron de la isla para avisarles que había llegado uno de los españoles náu-

éste se lo transmitió a Cortés en español. Así se constituyó el equipo de intérpretes del que se sirvió Cortés a lo largo de la Conquista.

fragos por los que habían preguntado. Se trataba del subdiácono an-

Cortés le preguntó a Marina cómo era que hablaba maya y ná-

daluz Jerónimo de Aguilar, de la villa de Écija, que desde 1511 había

huatl, y ella le contó que era hija de los señores de Olotla (“lugar de

vivido como esclavo entre los mayas y no había dejado de rezar con un

olotes”), pueblo sujeto al señorío de Coatzacoalco (“en el refugio de la

libro de horas de Nuestra Señora. Tras el emotivo encuentro, Aguilar

serpiente”, en el actual estado de Veracruz), que su padre había muerto,

les dijo a Cortés y los suyos que otro español, Gonzalo Guerrero, ya

se volvió a casar su madre, y su padrastro, temeroso de que opacara a

no había querido regresar con los españoles, pues vivía bien entre los

sus dos hijos propios, la vendió a unos mercaderes para alejarla, y así

mayas, casado y con hijos mestizos, y que había adiestrado a los ma-

llegó como esclava a Tabasco.10 Cortés la liberó de la condición de es-

yas para atacar a la armada de Hernández de Córdoba. Utilizando a

clava y, en atención a ser de familia noble, fue llamada doña Marina.

Jerónimo de Aguilar como intérprete, Cortés profundizó en sus plá-

Se desconoce cuál fue su nombre nahua en Olotla y su nombre

ticas con los señores de la isla de Cozumel sobre el reino de España y

maya, o mayanizado, en Tabasco. La lengua náhuatl no tiene los so-

la religión cristiana. Aguilar funcionó como intérprete maya-español

nidos de la “d”, la “ñ” y la “r”, por lo que “doña” podía sonar a “tonan”

durante todo el recorrido de las costas norte y oeste de la península

(nuestra madre) y Marina a “malina”, apócope de Malinalli (“paja” o

de Yucatán.

“enredadera”), de donde vino el nombre reverencial de “Malintzin”, que

En Tabasco, la armada de Cortés se enfrentó a una seria resisten-

los españoles pronunciaban “Malinche”. Y éste es el nombre que le

cia indígena y se entabló una cruenta batalla de la que salieron triun-

quedó en el México mestizo, la Malinche. Es notable que en algunas

fantes los españoles. Ésta fue la primera batalla de la Conquista, y

relaciones de la Conquista se menciona que no sólo a ella los indios

vencieron los españoles sin aliados indios, con la pura fuerza de su

le decían Malintzin, sino también a Cortés; hablaban del señor Malin­

armamento superior, con espadas y lanzas, cascos, armaduras y escu-

tzin y la señora Malintzin, y los códices de la Conquista los represen-

dos, cañones y tiros, caballos y perros. Tras la batalla, nuevamente

tan juntos, del mismo tamaño a ambos (a veces más grande Marina), más grandes que los demás personajes.

La información sobre los primeros años de doña Marina es escasa y discordante. El mejor estudio de conjunto de su vida y de sus “elecciones” es el de Camilla Townsend, Malintzin’s Choices: An Indian Woman in the Conquest of Mexico, Albuquerque (University of New Mexico Press, 2006; edición en español: Malintzin: una mujer indígena en la Conquista de México, traducción de Tessa Brisac, México, Era, 2015). 11 Rodrigo Martínez Baracs, La perdida Relación de la Nueva España y su conquista de Juan Cano, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2006. 10

Cortés se involucró sentimentalmente con doña Marina, que se separó del extremeño Alonso Hernández Portocarrero (también se habla de un acercamiento amoroso fallido con su cointérprete Jerónimo de Aguilar).11 Puede pensarse que doña Marina desempeñó un papel importante para que Cortés entendiera la estructura del Imperio mexica, conformado por un conjunto de reinos o señoríos

105


(altépetl ), sometidos y tributarios, a menudo inconformes, hartos del

T i z i a n o ( c a . 1 4 9 0 - 1 5 76 )

El emperador Carlos V con un perro, 1533

militarismo sacrificial del Imperio, que además tenía enemigos muy poderosos, como los nahuas de Tlaxcallan (“lugar de tortillas”) y los tarascos o purépechas de Mechuacan (“lugar de pescadores”). Sin duda, su propia historia, la de su señorío y su comprensión de las lenguas y de los mundos nahua y maya le dieron a doña Marina un conocimiento privilegiado del mundo mesoamericano y pudo transmitírselo a Cortés. Con ella, Cortés aprendió algo de náhuatl y él le

can que los españoles descubrieron y a que llegaron a los arenales de

enseñó español.

Chalchiuhcuecan el 22 de abril, Viernes Santo de la Cruz. Todo se

12

106

Cortés estableció su real o guarnición en los arenales de Chal-

realizó de manera formal ante uno de los escribanos de Su Majestad

chiuhcuecan (“lugar de la falda de chalchihuites”), cerca del actual

que acompañaban a la armada, que dio fe de que los hombres de la

puerto de Veracruz. Y a partir de entonces hasta agosto de 1519, du-

compañía habían decidido poblar y fundar una villa, de la cual ellos

rante cuatro meses, los españoles estuvieron en territorio veracruza-

se constituirían como vecinos, y que habían votado para designar al

no, preparándose, viendo cómo proceder a la conquista de la tierra.13

cabildo o ayuntamiento de la villa, compuesto por dos alcaldes ordi-

Con la ayuda de doña Marina, Cortés y los suyos se dieron cuenta de

narios y cuatro regidores.

que para conquistar el Imperio debían conquistar su cabeza, la ciu-

Cuando regresaron los hombres de la exploración de un mejor

dad de Mexico-Tenochtitlan, gracias a lo cual caerían más fácilmente

puerto, se encontraron con el hecho consumado: había sido fundada la

los territorios sometidos; y que para tomar la cabeza del Imperio era

Villa Rica de la Vera Cruz, con su cabildo, y hasta el salamantino Fran-

posible hacer alianzas militares con los reinos o señoríos inconfor-

cisco de Montejo (1479-1553), del bando de Velázquez, había sido

mes con el dominio imperial mexica y sus enemigos.

designado alcalde ordinario y pronto se pasó al bando cortesiano. En-

La decisión de poblar y conquistar la tierra de Uluacan la tomó

seguida, Cortés se presentó ante el cabildo y renunció formalmente a los

Cortés bastante pronto, tal vez desde 1518 en Cuba. Poblar implicaba

cargos de capitán general y de justicia mayor de la armada que le había

fundar un “pueblo” con la categoría de “villa”, para que su cabildo o

dado Diego Velázquez. Poco después, haciéndose de rogar, acudió nue-

ayuntamiento tuviera legitimidad y la autoridad necesaria para tomar

vamente ante el cabildo y aceptó esos mismos cargos a nombre ahora

decisiones y hacer nombramientos, siempre a nombre del rey y suje-

ya no de Velázquez, sino del cabildo, con la finalidad de conquistar la

tos a su ratificación. Muchos de los hombres de la armada pertene-

tierra, con el pretexto de que en sus instrucciones de noviembre de

cían al bando de Diego Velázquez y se opondrían a la fundación de

1518 Velázquez le había prohibido poblar, lo cual, como vimos, no hizo.

una villa, por el peligro de que Cortés se independizara de él, como

La expedición que Cortés mandó hacia el norte encontró —o cre-

vimos que éste se había independizado en 1511 de don Diego Colón,

yó encontrar— un puerto mejor en el altépetl llamado Quiahuiztlan

gobernador de las Indias en la ciudad de Santo Domingo, cuando se

(“lugar de lluvia”), con un templo ceremonial y una gran peña o ber-

apropió de la conquista de la isla de Cuba, con el apoyo de sus amigos

nal, que supuestamente protegería al puerto de los vientos, lo cual no

del bando fernandino o aragonés del obispo Juan Rodríguez de Fon-

resultó cierto. Pero esto no lo sabían Cortés y los suyos, y decidieron

seca (1451-1524) y el secretario Lope de Conchillos (¿?-1521), ahora

trasladarse —y con ellos la Villa Rica de la Vera Cruz— del puerto de

temporalmente debilitado con la muerte del rey Fernando en 1516. Y

Chalchiuhcuecan al de Quiahuiztlan, porque las villas y las ciudades

para legitimar su gobernación de la isla de Cuba, Velázquez propició

podían ser desplazadas f ísicamente. Cortés organizó el viaje por agua

la fundación no sólo de la villa de Santiago de Cuba, sino la de varias

y por tierra, gracias a lo cual la compañía aumentó su conocimiento

villas más en la larga isla, en cuyos cabildos estaban representados los

de la región. Pasaron por el altépetl de Cempoala (“lugar de la veinte-

voraces encomenderos y mineros que la depredaron. Para alejar duran-

na”), con su impresionante centro ceremonial, y conocieron al Caci-

te un rato a los partidarios de Velázquez de la guarnición de San Juan

que Gordo, su rey o tlatoani, que les habló —a través de doña Marina

de Ulúa, Cortés les encomendó realizar una exploración hacia el norte

y Jerónimo de Aguilar— de los pesados tributos que les imponían los

en un barco, con el piloto Alaminos, en busca de un puerto mejor,

mexicas, tributos que incluían la entrega de gente como esclavos des-

pues el de los arenales de Chalchiuhcuecan estaba muy expuesto al

tinados a ser sacrificados en el Templo Mayor de México, y con el que

mal tiempo (los españoles estaban comenzando a descubrir los “nor-

comenzaron a entablar una alianza política y militar. Debieron influir

tes” veracruzanos).

las explicaciones de doña Marina, que fue testigo de la batalla de

Se han perdido los documentos relativos a la fundación, entre el

Centla en Tabasco, que exhibió el poderío militar superior de los cax-

15 y el 25 de mayo de 1519, de la villa, que recibió el nombre de Villa

tiltecah (como llamaban los nahuas a los españoles, gente de Castilla,

Rica de la Vera Cruz, en atención a la riqueza de la provincia de Ulua-

de Caxtillan). Ésta fue la primera de las alianzas militares antimexicas impor-

Christian Duverger, Cortés, prólogo de José Luis Martínez, México, Taurus, 2005. El mejor estudio sobre los cuatro meses veracruzanos de Cortés es el de María del Carmen Martínez Martínez, Veracruz 1519: los hombres de Cortés, León, Universidad de León/Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2013; véase también María del Carmen Martínez Martínez, “1519: los primeros pasos de Veracruz”, en Carmen Blázquez Domínguez, Gerardo Antonio Galindo Peláez y Ricardo Teodoro Alejandrez (coords.), Veracruz: puerta de cinco siglos, 1519-2019, Xalapa, Gobierno del Estado de Veracruz/ Universidad Veracruzana, 2019, pp. 51-87. 14 Gran diccionario náhuatl, en Marc Thouvenot (dir.), Compendio enciclopédico del náhuatl, Sup-Infor/Instituto Nacional de Antropología e Historia/Universidad Nacional Autónoma de México, disponible en https://gdn.iib.unam.mx/; consultado en febrero de 2021. 12

13

tantes que hizo Cortés. Al tlatoani de Cempoallan se le conoce como el “Cacique Gordo”, tal como le dice Bernal Díaz del Castillo. El historiador mestizo tezcocano don Fernando de Alva Ixtlilxóchitl (15681648) registró su nombre en náhuatl: Chicomácatl (“Siete Caña”) que es un nombre divino o el de una planta medicinal.14 Los españoles continuaron su camino de Cempoallan rumbo a Quiahuiztlan, donde se reestableció la Villa Rica de la Vera Cruz. A comienzos de junio de 1519 llegó una nave española, capitaneada por Francisco Salcedo (o Saucedo), que pertenecía a la armada de Cortés,


Abr aha m Ortelius (1527-1596)

Culiacanae, Americae regionis, descriptio; Hispaniolae, Cubae, aliarumque insularum circumiacentium, delineatio, Amberes, 1579

pero que por problemas se había quedado más tiempo en Cuba antes de poder alcanzarlos. Salcedo traía la noticia de que el teniente de gobernador Diego Velázquez estaba por recibir el anhelado título de adelantado, que ponía en grave peligro a la armada de Cortés, pues la conquista de la provincia de Uluacan se le acreditaría a Velázquez, que quedaría como su gobernador, justicia mayor y capitán general.15 Cortés tuvo que actuar y organizar la redacción de un conjunto de cartas, relaciones y documentos, y hacer el acopio del quinto real y de una gran cantidad de regalos de oro y de plata, de plumas y piedras preciosas, con el fin de convencer al rey don Carlos de apoyarlo a él y no a Diego Velázquez. Cortés entró en una fiebre escrituraria. Los documentos y los regalos los llevarían como procuradores los dos alcaldes ordinarios del cabildo de la Villa Rica, Alonso Hernández Portocarrero y Francisco de Montejo, al mando del piloto Antón de Alaminos, en un barco bien arreglado para esta misión crucial para el proyecto cortesiano. Uno de los primeros documentos que se escribieron y en cuya redacción participó Cortés fueron las detalladas instrucciones del cabildo de la Villa Rica de la Vera Cruz a los procuradores Montejo y Portocarrero.16 Para darles validez, las instrucciones fueron presentadas el 20 de junio de 1519 a la comunidad de los vecinos de la villa, que expresaron su apoyo a Hernando Cortés y a las instrucciones a través de su procurador Francisco Álvarez Chico. Firmaron el pedimento cerca de cuatrocientos hombres, entre otros, Bernal Díaz (que todavía no se agregaba el “del Castillo”). Éste es el documento más antiguo conocido escrito por los españoles en México y expresa su apoyo a Hernando Cortés como capitán general y justicia mayor en “la Villa Rica de la Vera Cruz de esta isla de Uluacan nuevamente descubierta”, y piden que se le dé el cargo de gobernador una vez conquistada la provincia.17 Es posible que el pedimiento se refiera a Uluacan como isla, aunque bien se supiera que era tierra firme, con el objeto de que quedara claramente separada de la otra “isla”, la de Yucatán, que quedaría en poder de Velázquez al ser nombrado adelantado. Las instrucciones a los procuradores Montejo y Portocarrero apoyan de manera decidida a Cortés como capitán y justicia mayor de la tierra; critican a Diego Velázquez, así como el nombramiento de cargos vitalicios, como el de adelantado; presentan varias peticiones particulares de los españoles de la compañía de Cortés y asientan, desde entonces —seis meses antes de llegar a Tenochtitlan y dos años y medio antes de derrotarla—, un plan de lo que caracterizaría el poblamiento de la tierra que acabaría por nombrarse “Nueva España”. Las instrucciones dan plena cuenta de lo mortífera que fue la presencia María del Carmen Martínez Martínez (Veracruz 1519: los hombres de Cortés, op. cit.) reformuló la fecha aceptada para la llegada de la nave de Saucedo, porque debía ser anterior al pedimiento de los vecinos de la Villa Rica de la Vera Cruz a su cabildo, del 20 de junio, y a la primera redacción de las instrucciones del cabildo a los procuradores que se enviarían a España. 16 Robert S. Chamberlain, “Two Unpublished Documents of Hernán Cortés and New Spain, 1519 and 1524”, en Hispanic American Historical Review, vol. xviii, núm. 4, 1938, pp. 516-523; véanse también Documentos cortesianos, op. cit., vol. i, pp. 77-85. María del Carmen Martínez Martínez dejó establecido que de las instrucciones del cabildo a los procuradores no se conserva la primera versión, que se leyó a los vecinos de la Villa Rica de la Vera Cruz el 20 de junio de 1519, sino la versión definitiva, tal como se la llevaron los procuradores a España el 26 de julio (Veracruz 1519: los hombres de Cortés, op. cit.). 17 Ibid.; Rodrigo Martínez Baracs, “El primer documento conocido escrito en México por los conquistadores españoles”, en Historias, núm. 60, México, Dirección de Estudios Históricos-Instituto Nacional de Antropología e Historia, enero-abril de 2005, pp. 113-123, y, del mismo autor, “El descubrimiento del documento más antiguo conocido escrito por los españoles en México”, en Cinco siglos de documentos notariales en México, México, Amigos del Acervo Histórico del Archivo General de Notarías/Colegio de Notarios de la Ciudad de México/Quinta Chilla, 2015, pp. 17-30. 15

109


Tobias Stim mer (1539-1584)

Ferdinandus Cortesius, siglo xvi Entrada de Cortés a Tenochtitlan, en Códice Azcatitlan, f. 22v, siglo xvi

española en cada una de las islas antillanas y, lejos de culpar a las pestes que trajeron los españoles, reprocharon la manera en que eran repartidas las encomiendas, pues un solo “cacique y pueblo” era asignado a varios encomenderos, lo cual los desmembraba y destruía. Además, el tributo incluía trabajo en las remotas minas de oro, de las que pocos indios regresaban vivos. Cortés y sus hombres sabían muy bien de lo que hablaban. Por eso en las instrucciones establecieron que en las nuevas tierras cada “cacique y pueblo” sería repartido a un solo encomendero. Ésta fue una decisión importante, porque permitió el mantenimiento a lo largo del periodo novohispano de la orga-

Vera Cruz en Quiahuiztlan y pasó al altépetl de Cempoallan, donde

nización política, económica y social de los antiguos altépetl, reinos o

formalizó la alianza con el Cacique Gordo y la organización de la par-

señoríos, como base de las encomiendas, de los corregimientos y de

ticipación de contingentes cempoaltecas de guerreros y cargadores

las parroquias, fundamental para su supervivencia en medio de la ca-

(tamemes), junto a los españoles. Salieron de Cempoala el 16 de agosto,

tástrofe demográfica que trajo la Conquista al conjunto del conti-

pasaron por Xalapa el 18 y dejaron finalmente el territorio veracruza-

nente americano.18

no, donde habían estado casi cuatro meses desde su llegada el 21 de

Varias otras cartas se escribieron en la Villa Rica de la Vera Cruz

abril. Durante todo el camino rumbo a la Ciudad de México, los espa-

en junio y julio de 1519. No existe, o no se conserva, por cierto, la pri-

ñoles recibieron varias embajadas de los mexicas y otros señoríos,

mera de Hernando Cortés al rey don Carlos y a la reina doña Juana,

que les daban regalos con la intención de que se fueran, pero que más

y se la sustituye en las ediciones de las Cartas de relación por la ex-

bien encendieron su codicia.

19

tensa carta del cabildo de la Villa Rica de la Vera Cruz del 10 de julio

Tras el dif ícil paso por la montaña, los españoles llegaron el 28

de 1519, en cuya redacción Cortés debió también participar y que

de agosto al señorío de Iztacmaxtitlan, en la Sierra Norte de Puebla,

narra los inicios del descubrimiento y la conquista de esa tierra y par-

con el que formaron una nueva alianza antimexica. El 1 de septiembre

ticularmente menciona la armada de Cortés. Es notable en estos es-

entraron al territorio del altépetl complejo de Tlaxcallan (compuesto

critos la tranquila seguridad con la que se afirma que la conquista de

por los altépetl de Ocotelulco, Quiahuiztlan, Tepetícpac y Tizatlan),

la tierra se daría sin ninguna duda (como habían conquistado cada

feroces enemigos de los mexicas, que los tenían rodeados, sin acceso

una de las islas antillanas, aun las habitadas por los belicosos y caní-

a algodón o a sal, con quienes se enfrentaban en las periódicas xochi-

bales caribes).

yáoyotl (“guerras floridas”), en las que se tomaban cautivos para ser

La nave con los procuradores, las cartas, el quinto real y los rega-

sacrificados. Sin embargo, no por ello los tlaxcaltecas se sometieron

los finalmente salió el 26 de julio. El piloto Alaminos tomó la ruta entre

sin más a los españoles, pues se enfrentaron a ellos durante varios

el norte de Cuba y la península de la Florida, más al oriente poblada

días. Viendo la capacidad militar de los caxtiltecah (gente de Caxtillan),

por las islas de los Lucayos, tan lastimadas por los ataques esclavistas

con sus desconocidas armas ofensivas y defensivas, los miembros del

y las epidemias. Así evitaron que se enterara el gobernador Diego Ve-

“senado” de los cuatro altépetl de Tlaxcallan, decidieron pactar con

lázquez en la villa de Santiago, aunque sí tocaron Cuba en la costa

ellos. Siguieron pláticas políticas y religiosas y la entrega de una Vir-

norte, donde se encontraban encomiendas de indios que podrían abas-

gen y una cruz. Pero el pacto no implicaba un sometimiento de los

tecer con víveres a los ya más de quinientos hombres de Cortés en

tlaxcaltecas a los españoles, sino el establecimiento de una alianza

Veracruz (porque se habían incorporado los hombres de Salcedo).

con ellos para luchar contra sus enemigos comunes: los mexicas.22

Pero Velázquez se enteró del paso de la nave de los procuradores de la Villa Rica de la Vera Cruz y mandó, él también, a sus propios procuradores a la corte, que se enfrentaron a Montejo y a Portocarrero. Finalmente, vencieron los regalos mexicanos y los argumentos de Cortés y sus hombres y, en 1522, ya ganada la Ciudad de México, la Corona confirmó los cargos de capitán general y justicia mayor de Cortés y le dio también el de gobernador. Pero ya nos estamos adelantando. Partida la embarcación de los procuradores, Cortés preparó su salida del territorio veracruzano para avanzar, por la “escalera de México”,20 hacia la ciudad de Mexico-Tenochtitlan. Cortés mandó encallar sus barcos, salvo uno, en el puerto de Veracruz-Quiahuiztlan, para evitar que nadie se arredrara y huyera, una vez tomada la decisión de conquistar la tierra, y para que no se estropearan los barcos si se les dejaba a flote tanto tiempo.21 Cortés dejó instalada la Villa Rica de la

18 Rodrigo Martínez Baracs, “Conquista”, en Javier Garciadiego Dantan (ed.), México: 500 años de historia en 500 objetos, México, Turner/Fundación bbva/Academia Mexicana de la Historia, 2020, p. 303. 19 María del Carmen Martínez Martínez, En nombre del hijo: cartas de Martín Cortés y Catalina Pizarro, México, Instituto de Investigaciones Filológicas-Universidad Nacional Autónoma de México, 2006. 20 La expresión es de Fernando Benítez (1912-2000) (La ruta de Hernán Cortés, México, Fondo de Cultura Económica, 1950). 21 J. L. Martínez, op. cit., p. 205, y Matthew Restall, When Montezuma Met Cortés: The True Story of the Meeting that Changed History, Nueva York, Harper Collins, 2018, pp. 188-191. 22 Charles Gibson, Tlaxcala in the Sixteenth Century, New Haven, Yale University Press, 1952; edición en español: Tlaxcala en el siglo xvi, traducción de Agustín Bárcena, México, Fondo de Cultura Económica/Gobierno del Estado de Tlaxcala, 1991, y Andrea Martínez Baracs y Carlos Sempat Assadourian, Tlaxcala: una historia compartida, siglo xvi, México, Gobierno del Estado de Tlaxcala/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1991.

111


112

Cortés y los suyos y sus aliados cempoaltecas, iztacmaxtitlantecas

dad de México). Supongo que en el palacio de Axayácatl dif ícilmente

y otros estuvieron en Tlaxcala durante un mes, hasta el 11 de octubre,

podrían caber todos los indios aliados de los españoles que los acom-

cuando salieron rumbo al altépetl de Cholula (“lugar de la huida”),

pañaban, por lo que debieron acampar en la Plaza Mayor. La Ciudad

donde el culto al dios Quetzalcóatl atraía a muchos peregrinos, con la

de México se ocupó de darles de comer a todos. La situación debió ser

presencia de su imponente Tlachihualtépetl (“montaña construida”),

muy tensa, por la rivalidad y el odio de los tlaxcaltecas y los mexicas,

su templo antiguo. Aunque los españoles y sus hombres fueron “reci-

y más con el antecedente fresco de la matanza de Cholula. Cortés y

bidos de paz” en Cholula, pronto llegó a doña Marina la noticia de

sus hombres recorrieron maravillados la ciudad en sus dos partes, la

que se estaba organizando un ataque contra ellos, y los tlaxcaltecas

dominante Mexico-Tenochtitlan y la subordinada Mexico-Tlatelolco,

presionaban para castigar a sus enemigos cholultecas, que durante un

al norte de la isla. Cortés se escandalizó al ver la sangre y los despojos

tiempo se habían aliado con ellos y regresaron al dominio mexica.

de los sacrificios y se puso a destruir y a tirar ídolos, hecho un ener-

Comenzó entonces la terrible matanza de Cholula, que se extendió

gúmeno, y lo trataba de calmar el mercedario fray Bartolomé de Ol-

entre el 16 y el 18 de octubre, y que corrió en buena parte a cargo de los

medo, que pensaba que la palabra de Dios debía entrar suavemente

tlaxcaltecas, que destruyeron los templos y la ciudad, mataron a mucha

en los corazones de los infieles, además de recordarle la situación muy

gente y a muchos se los comieron, ante los ojos de los españoles, que

peligrosa en la que se encontraban en la isla de Mexico, diríase que en

no se atrevían a reprender a sus indispensables aliados. Finalmente,

la boca del león.

Cortés se presentó como justiciero magnánimo, e interrumpió la ma-

Le llegaron a Cortés noticias de que los hombres que había dejado

tanza para iniciar las consabidas pláticas políticas y religiosas con los

en la Villa Rica de la Vera Cruz habían sufrido agresiones, por lo que el

señores de Cholula. Los españoles se quedaron allí varios días, donde

14 de noviembre tomó al propio Moteuczoma como rehén, aunque lo

estuvieron hasta el 1 de noviembre, para después dirigirse hacia la

hizo de tal forma que no se rompiera su amistad ni afectara el respe-

Ciudad de México, pasando por territorio del altépetl de Huexotzinco,

to que merecía como emperador y pudieran hablar —con la media-

que se unió a la alianza antimexica.

ción de doña Marina y Jerónimo de Aguilar— y hasta jugar patolli.

Cortés y sus hombres pasaron entre los volcanes Popocatépetl e

Durante sus pláticas en el palacio de Axayácatl, Moteuczoma

Iztaccíhuatl, desde donde columbraron maravillados la gran ciudad

informó a Cortés sobre la organización de su Imperio y las riquezas y

lacustre. De allí pasaron por el altépetl de Amaquemecan (“donde es-

los tributos que percibía de cada provincia. Cortés mandó expediciones

tán los revestidos de papel”, según el historiador Rafael Tena) y prosi-

a varias de ellas, acompañadas por destacamentos mexicas y posible-

guieron hacia la Ciudad de México por el sur, a la que entraron el 8 de

mente también tlaxcaltecas. No hay acuerdo entre los historiadores

noviembre por la sureña calzada de Iztapalapa; las otras grandes cal-

sobre sí creerle a Cortés cuando dijo, en su segunda carta de relación

zadas de la ciudad isleña de México eran la occidental calzada de Tla-

(1520), que Moteuczoma le había dicho que los propios mexicas eran

copan (“sobre las jarillas”) y la norteña calzada de Tepeyácac (“en la

advenedizos en esta tierra —se refiere a su proveniencia chichimeca—,

nariz o prolongación del cerro”). El emperador Moteuczoma los reci-

por lo que voluntariamente le cedía su dominio al rey don Carlos. Lo

bió con toda solemnidad y les dio alojamiento nada menos que en el

interesante es que, aun suponiendo que Cortés haya inventado esta

palacio de su padre, Axayácatl (1450-1481), hueytlatoani entre 1469

historia (que, por cierto, confirmaron testigos en su juicio de residen-

y 1481 (en donde es hoy el Monte de Piedad, en el Zócalo de la Ciu-

cia), él ya tenía noticia sobre esta visión de los mexicas de sí mismos,


En Diego Muñoz Camargo, Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala de la Nueva España e Indias del Mar Océano para el buen gobierno y ennoblecimiento dellas, ca. 1580-1584 Autor no identificad o

Cuando llegó a Veracruz, Narváez repitió varios de los pasos que había dado Cortés: fundó ante escribano una villa, con alcaldes ordinarios y regidores, para legitimar su poblamiento de la tierra, esta vez

Estandarte de Hernán Cortés, siglo xvi

a nombre de Diego Velázquez; se alió con el Cacique Gordo de Cempoa-

Copia de J u a n M a n u e l Y l l a n e s ( a c t i v o e n l a s e g u n d a m i ta d d e l s i g l o X V I I I )

la, que al hacerlo rompió su alianza con Cortés, y comenzó a tejer una

Lienzo de Tlaxcala [ca. 1552] (detalle), 1773

alianza con los emisarios mexicas de Moteuczoma, con los que inicia-

la tradición historiográfica mexica, reescrita y reformulada por órdenes

no sabemos con qué intérprete contó Narváez para entenderse con el

del hueytlatoani Itzcóatl (1427-1440) y, después, del propio Moteuc-

Cacique Gordo de Cempoala y con los emisarios de Moteuczoma.

zoma Xocoyotzin,23 que acaso le refirió él mismo, a través de doña Marina y de Aguilar.

ron un entendimiento que podía conducir a una alianza. Por cierto,

Cortés decidió enfrentar directamente a Narváez y sus hombres en la ciudad de Cempoala, donde se habían establecido. Dejó el mando

No llegaban las primeras lluvias del año y los gobernantes y sa-

de la Ciudad de México al capitán Pedro de Alvarado y el 10 de mayo

cerdotes mexicas se quejaron ante Cortés de que no llovía porque los

salió rumbo a Cempoala con setenta españoles y un fuerte destaca-

conquistadores habían afrentado a sus dioses. En respuesta, para mos-

mento de aliados tlaxcaltecas. Después se incorporaron más hombres,

trar a los mexicas que la Virgen era más poderosa que sus dioses, Cor-

para sumar cerca de trescientos, muy por debajo de los ochocientos

tés encabezó una procesión por la Ciudad de México, invocando a la

o mil de Narváez. Pero su principal arma no fue la fuerza, sino la di-

Virgen María, cuya imagen había colocado en el altar de la improvisa-

plomacia, la corrupción, la astucia y el conocimiento del terreno. Con

da iglesia puesta al pie del Templo Mayor, cuando se formaron unas

el pretexto de comprobar la validez de los documentos en los que Nar-

nubes negras en el cerro de Tepeyácac, al norte de la ciudad, que tra-

váez fundaba sus derechos sobre la tierra, los emisarios de Cortés y

jeron una fuerte lluvia. No sé si Cortés y los suyos sabían que en el Te-

particularmente el mercedario fray Bartolomé de Olmedo se ganaron

peyácac se adoraba a la diosa Tonantzin Cihuacóatl (“nuestra madre la

a muchos de los hombres de Narváez diciéndoles que Cortés ya había

serpiente mujer”) y se sacrificaban adultos y niños para pedir lluvia.24

ganado la capital, que había capturado a Moteuczoma y que pronto

A fines de abril de 1520, a través del eficiente sistema de infor-

repartiría entre todos grandes riquezas y encomiendas.

mación del Imperio mexica, con corredores con relevos en postas,

Entre los hombres de Narváez que se voltearon estuvo el encar-

Moteuczoma recibió la noticia, que transmitió a Cortés, de que una

gado de los tiros (cañones), que no se oyeron la noche de la batalla,

armada española se aproximaba por las costas del Golfo, con el doble de barcos, hombres, caballos y armas que los de Cortés. Se trataba de una armada mandada contra él mismo por el gobernador de Cuba, Diego Velázquez, con su título de adelantado, para reclamar como suya la tierra de Uluacan o Santa María de las Nieves, que Cortés ya había bautizado como Nueva España. Velázquez puso como capitán de la armada anticortesiana al segoviano Pánfilo de Narváez (ca. 14701528), viejo depredador de los indios de Cuba.

23 Miguel León-Portilla, Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares, México, Fondo de Cultura Económica, 1961, y Michel Graulich, Montezuma, ou l’apogée et la chute de l’Empire Aztèque, París, Fayard, 1994; edición en español: Moctezuma: apogeo y caída del Imperio azteca, traducción de Tessa Brisac, México, Era, 2014. 24 El único cronista que se refiere al Tepeyac en varios episodios de la Conquista es el humanista toledano Francisco Cervantes de Salazar (1514-1575), Crónica de la Nueva España [1557-1564] (prólogo de Juan Miralles Ostos, México, Porrúa, 1985). Véase también Rodrigo Martínez Baracs, “Tepeyac en la Conquista de México: problemas historiográficos”, en Carmen Aguilera e Ismael Arturo Montero García (coords.), Tepeyac: estudios históricos, México, Universidad del Tepeyac, 2000, pp. 55-118.

113


Obr ador de los Correa (siglo xvii)

Biombo Historia de la conquista de Tenochtitlan y vista de la Ciudad de México, 1692-1696


116

del 27 al 28 de mayo, en la que cayó una lluvia torrencial que mojó la

habían entrado la primera vez, sino ahora por el norte, por la calzada

pólvora. Las lanzas largas que traían los hombres de Cortés que ha-

de Tepeyácac. Pasaron una lúgubre noche en el pueblo de Tepeyácac,

bían ido a conocer la provincia de Oaxaca (Huaxyácac, en náhuatl;

con su santuario dedicado a Tonantzin Cihuacóatl y a Tláloc. Vieron

“en la nariz o prolongación del guaje”) fueron decisivas para atacar

ruines señales, como un caballo que se había tropezado en un puente

a los hombres de Narváez, amparados en lo alto de las pirámides de

de maderos y quedó lamentablemente colgado. A la mañana siguien-

la Plaza Mayor de Cempoala. Narváez mismo perdió un ojo en la ba-

te, el 24 de junio, Cortés y los suyos entraron a la Ciudad de México

talla y fue capturado por Cortés. Los hombres de Narváez fueron de­

por la calzada, por la parte tlatelolca de la ciudad. Todo estaba lúgu-

sarmados y se les ofreció la posibilidad de regresar a Cuba o de unirse

bre y en silencio, la rebelión apagada, el odio soterrado.

a la armada de Cortés. Los más lo hicieron, pero no les devolvieron

Llegaron al centro de la ciudad y regresaron al palacio de Axayá-

sus armas, sino que les dieron las más viejas y desgastadas que traían

catl. Cortés y Alvarado debieron discutir sobre lo que había desenca-

los hombres de Cortés. Muchos quedaron resentidos.

denado la matanza. Alvarado le debió contar que durante su fiesta los

Al verse con tantas fuerzas y restablecida la alianza con Cempoa-

mexicas habían tratado de subir una gran escultura pintada de Hui­tzi­

la, Cortés planeó exploraciones hacia el norte y el sur, pero lo detu-

lopochtli, hecha de semillas de amaranto amasadas con sangre, al Tem-

vieron las noticias que le mandó Pedro de Alvarado de la Ciudad de

plo Mayor, donde intentaron quitar la imagen de la Virgen María que

México, donde se había desatado una gran rebelión de los mexicas

había puesto Cortés. También le dijo del peligro de que los mexicas

que tenían a los españoles atrincherados en el palacio de Axayácatl.

atacaran a los españoles. Efectivamente, la llegada de la armada de

Después supo Cortés que el motivo había sido que, durante la fiesta

Narváez había trastornado las alianzas que había establecido Cortés

que celebraron los mexicas en el mes de Tóxcatl dedicada a Tezcatli-

con el Cacique Gordo de Cempoala y con el emperador Moteuczo-

poca y a Huitzilopochtli en el Templo Mayor, los españoles y los tlax-

ma. Era lógico que los mexicas pensaran en atacar a los españoles al

caltecas los atacaron y realizaron una gran matanza, que despertó la

verlos divididos entre Cortés y Narváez. La matanza del Templo Ma-

indignación de los mexicas y la rebelión de la ciudad.

yor y la rebelión mexica, por un lado, y la batalla de Cempoala, por el

Cortés regresó rápidamente de Cempoala y llegó primero a Tez-

otro, fueron casi simultáneas (segunda mitad de mayo de 1520), y fue-

coco, desde donde mandó canoas a la Ciudad de México para recibir

ron batallas de una misma guerra desencadenada en lo inmediato por

más noticias de la situación. Entre otras cosas, algunos hombres de

la llegada de Narváez, pero que era, tarde o temprano, inevitable. Co-

Alvarado le contaron que hubieran fenecido de no ser porque la Virgen

menzó la fase más violenta de la Conquista.

María se aparecía a caballo en las batallas y echaba tierra a los ojos

Pronto se reanudó la rebelión mexica. No sabemos qué la desató.

de los indios. También se dice que sucedió que el capitán Alvarado le

Tal vez los hombres de Narváez que se habían incorporado a la tropa

pidió al emperador Moteuczoma que saliera a la terraza del palacio

de Cortés se abalanzaron a robar a los mexicas para hacerse rápido de

de Axayácatl para pedirles a los mexicas que interrumpieran su ataque.

tesoros, pues no habían aprendido el trato de alguna manera respe-

De Tezcoco, Cortés y los suyos avanzaron hacia el norte para en-

tuoso que habían establecido Cortés y sus hombres. O tal vez Cortés

trar a la ciudad no por el sur, por la calzada de Iztapalapa, por donde

ofendió a Moteuczoma cuando le recriminó no haber logrado evitar


Autor no identificad o

Biombo Escenas de la Conquista de México, siglo xviii

Tecuichpochtzin fue rescatada por los mexicas. Finalmente, los españoles lograron llegar a la ciudad de Tlacopan, donde se dice que Cortés lloró bajo un ahuehuete por esa noche triste, aunque el historiador Fernando de Alva Ixtlilxóchitl aclaró que Cortés había dicho que no lloraba de tristeza por los españoles y los indios aliados caídos en la retirada, sino de agradecimiento con la Virgen María, que les había permitido salir con vida de la Ciudad de México. Los españoles continuaron su retirada y pasaron el 7 de julio por Otompan (“lugar de otomíes”, hoy Otumba), donde se dio una sangrienta batalla, y el día siguiente llegaron a Tlaxcala, donde se recuperaron de las heridas recibidas y se prepararon para regresar y tomar la Ciudad de México. Entre el regreso de los españoles a Tlaxcala, el 8 de julio de 1520, y el inicio del sitio de la Ciudad de México, el 30 de mayo de 1521, pasaron casi once meses, durante los cuales los españoles conocieron mejor el país, planearon la toma de la ciudad y dieron los pasos necesarios para realizarla. A fines de julio de 1520, Cortés atacó el altépetl de Tepeaca (Tepeyácac, en el actual estado de Puebla), para controlar ese camino rumbo al puerto de Veracruz. En Tepeaca, Cortés fundó una segunda villa, la de Segura de la Frontera, donde firmó, el 30 de la rebelión de los mexicas. La noche del 27 de junio Cortés le pidió a

octubre de 1520, una extensa carta de relación dirigida al rey (es la

Moteuczoma que saliera nuevamente a la terraza a apaciguar a su gen-

segunda carta de relación suponiendo que sí escribió una perdida

te, pero fue inútil, y en ese momento Moteuczoma recibió la herida

primera carta en julio de 1519, en Veracruz-Quiahuiztlan), que narra

que en pocos días lo mataría. Hay varias versiones sobre lo que pasó.

los acontecimientos acaecidos a partir de su salida de Cempoala en

Se ha dicho que los propios mexicas ofendieron a su hueytlatoani y le

agosto de 1519: la guerra y la alianza con Tlaxcala, la guerra y la alian-

tiraron la piedra que lo hirió de muerte, pero también que fue un fle-

za con Cholula, la entrada a Tenochtitlan y la alianza con Moteuczo-

chazo, y no se sabe si realmente iba dirigido a él o le llegó por acci-

ma, la guerra con Narváez, que rompe la paz y la alianza, la retirada

dente. Y se ha dicho también que fue el propio Cortés el que lo mandó

de la Noche Triste, el regreso a Tlaxcala y otras campañas, y le da el

matar, al ver que ya no era obedecido por los mexicas o porque él

nombre de “Nueva España del Mar Océano” a la tierra.

mismo les había ordenado atacar a los españoles.25 Antes de morir,

Para atacar efectivamente la lacustre ciudad de Mexico, Cortés

según un documento, Moteuczoma le encargó que cuidara a sus hi-

ideó aprovechar la madera, las cuerdas, las velas y los aparejos de

jas, particularmente a una, la mayor, que fue bautizada como doña

sus naves encalladas en el puerto de Veracruz-Quiahuiztlan para cons-

Isabel (1509-1551), pronunciado “Tonan Ixapeltzin” (“nuestra madre

truir, bajo la dirección de los carpinteros de la compañía, varios bergan-

doña Isabel”) por los nahuas, que también le decían Tecuichpochtzin,

tines, barcos pequeños. Los aliados cempoaltecas fueron los encargados

“Princesita”, e Ichcaxóchitl, “Flor de algodón”. Tras la muerte y las

de trasladar como tamemes (de tlamamani, “cargador”, en náhuatl)

ceremonias fúnebres de Moteuczoma, fue electo nuevo hueytlatoani

las piezas de los barcos a Tlaxcala, donde se dio la construcción de los

su hermano Cuitlahua (1476-1520) (tal vez signifique “el cuidador”),

bergantines, que fueron trece, y que concluyó en marzo de 1521 y

señor de Iztapalapa, que adoptó una actitud fieramente opuesta a los

fueron transportados a Tezcoco.

26

invasores españoles. (Cuitlahua, o Cuitlahuatzin, y no Cuitláhuac, es

Durante esos meses, fueron llegando a Veracruz varios barcos con

el nombre del penúltimo hueytlatoani mexica; Cuitláhuac es el nom-

hombres deseosos de incorporarse a la armada de Cortés. No todos

bre de un altépetl al noroeste de la Ciudad de México.)

lograron llegar con vida a la Ciudad de México, como el grupo de

Ante la persistencia del ataque mexica y la falta de alimentos, Cor-

hombres y mujeres españoles y un africano que venían de Veracruz-­

tés y los suyos decidieron emprender una retirada sigilosa la noche

Quiahuiztlan y que fueron capturados y sacrificados en Tecoaque,

del 30 de junio por la calzada de Tlacopan (hacia el oeste), pero fue-

que significa notablemente: “se comieron a la gente”. Al mismo tiem-

ron descubiertos y atacados. Murieron muchos españoles y muchos

po, Cortés avanzó en la formación de una gran alianza antimexica

más aliados indios. La calzada había sido segada en varios puntos y

con varios altépetl mesoamericanos. El altépetl de Tezcoco (integrante

muchos lograron pasar pisando sobre pilas de cadáveres de hombres

de la Triple Alianza con Mexico-Tenochtitlan y Tlacopan) se encon-

y caballos en el fango. Los hombres de Narváez, los más codiciosos,

traba dividido en dos facciones y territorios enemigos: el del tlatoani

cargados de oro, se hundían en el lodo sanguinolento: “Murieron ricos”, comentó el cronista Francisco López de Gómara. En la retirada

25

murieron también varios parientes de Moteuczoma, y la princesa

26

J. L. Martínez, op. cit., cap. ix. Documentos cortesianos, vol. i, pp. 377-381.

117


Códice Cozcatzin, f. 1v, 1572 Miguel González y Juan González (siglo XVII)

Conquista de México: retirada de los españoles en la Noche Triste. Cuauhtémoc aclamado rey. Guerra de Tacuba, 1698

con su sobrina, la princesa Tecuichpochtzin Ichcaxóchitl (doña Isabel Moteuczoma), hija de Moteuczoma. Cuitlahua, primero, y Cuauhtémoc, después, mandaron emisarios a varios altépetl sometidos o aun enemigos suyos, para que los ayudaran contra los españoles, que estaban preparando el ataque a la gran ciudad. Sabemos, por la Relación de Mechuacán (1541) de fray Jerónimo de Alcalá, de varias embajadas que mandaron los mexicas a Tzintzuntzan, capital de sus grandes enemigos, los tarascos o michoacanos, para pedirles que en esta ocasión se unieran contra los invasores. El cazonci michoacano, Zuangua (¿?-1520), no aceptó la alianza, pero él y muchos más michoacanos fallecieron por la epidemia de viruela que, sin quererlo, habían traído los mensajeros mexicas. La muerte del cazonci Zuangua desencadenó una sangrienta crisis dinástica de la que salió vencedor Tangáxoan Tzíntzicha (¿?-1530).28 De esta manera, desde 1520 la viruela se expandió por las rutas y los reinos de Mesoamérica, con su rastro de muerte, terror y azoro. Para mayo de 1521 todo estaba listo para iniciar el sitio de la gran ciudad. Cortés mandó hacer un mapa de la ciudad lacustre, con sus calzadas de ingreso. Los trece bergantines estaban en el astillero de Tezcoco. Después de las pérdidas sufridas en la Noche Triste, las fuerzas

118

Cacama (1483-1520), que aceptaba el predominio mexica en la Triple

españolas habían crecido considerablemente en hombres, caballos y

Alianza (la Excan Tlahtoloyan, “gobierno de tres sedes”), y el del señor

armas, según se mostró en el alarde de fuerzas que hizo Cortés el 28

Ixtlilxóchitl (1500-1550), que no lo aceptaba, y se alió con los españo-

de abril, cuando nombró capitanes y oficiales de campo y decidió for-

les contra los mexicas y fue bautizado como don Hernando Cortés

talecer los trece bergantines, que él mismo dirigiría, con “tiros” (ca-

Ixtlilxóchitl. Cacama fue tomado como rehén por los españoles y eje-

ñones pequeños). Conformó una gran alianza antimexica que reunió

cutado antes de la retirada de la Noche Triste. Con otros pueblos ribe-

a cerca de 150 mil indios aliados en el sitio, según José Luis Martínez.29

reños, Cortés procedió de manera más violenta en diciembre de 1520,

La epidemia de viruela atacó a los mexicas, pero también a sus enemi-

cuando los “machacó” para evitar que auxiliaran a la Ciudad de Mé-

gos. Con la diferencia de que los mexicas estaban atrapados en su

xico con hombres, armas, alimentos, agua y noticias.

ciudad isleña, mientras que los refuerzos de los españoles en hombres,

Mientras tanto, después de la retirada española de la Noche Tris-

alimentos y armas no dejaban de llegar de diversos altépetl. Todavía

te, en la Ciudad de México comenzó una epidemia de viruela, traída,

a fines de abril, Cortés se entrevistó con Cuauhtémoc para ofrecerle

según algunas fuentes, por un esclavo africano de la armada de Nar-

un trato pacífico, que el orgulloso tlatoani no aceptó.

váez, que mató a mucha gente, entre otros al hueytlatoani Cuitlahua, el

El sitio de la ciudad comenzó el 30 de mayo y concluyó el 13 de

25 de noviembre de 1520. Lo sucedió Cuauhtémoc (1496-1525) (“águi-

agosto, dos meses y medio después. Cortés cortó el suministro de agua

la que bajó”, en náhuatl), hijo del hueytlatoani Ahuítzotl (ca. 1446-1502)

dulce de la ciudad rompiendo el acueducto de Chapultepec y la aisló

y primo de Moteuczoma, hasta entonces cuauhtlatoani del altépetl

poniendo guarniciones en la calzada de Tlacopan —al mando del ca-

subordinado de Mexico-Tlatelolco, quien había encabezado junto con

pitán Pedro de Alvarado—, en la calzada de Coyoacán —al mando

Cuitlahua la lucha contra los españoles. Llegó al poder gracias a que

del capitán Cristóbal de Olid (1488-1524), natural de Jaén— y en la

los posibles sucesores de Moteuczoma habían muerto durante la No-

calzada de Iztapalapa —al mando del joven capitán extremeño Gon-

che Triste o en otras circunstancias, y legitimó su poder casándose

zalo de Sandoval (1497-1528), alguacil mayor de la armada. Por el sur

27

y por el oeste, pues, inició Cortés el ataque y dejó la norteña calzada de Tepeyácac abierta para darle a Cuauhtémoc la oportunidad de salir, Miguel León-Portilla, “Cuauhtémoc”, en David Carrasco (coord.), The Oxford Encyclopedia of Mesoamerican Cultures, vol. i, Nueva York, Oxford University Press, 2001, p. 289. 28 J. Benedict Warren, La conquista de Michoacán, 1521-1530, traducción de Agustín García Alcaraz, Morelia, Fímax Publicistas, 1977. 29 J. L. Martínez, op. cit., cap. xi. 30 Además de Francisco Cervantes de Salazar, narran el establecimiento en Tepeyácac de la guarnición de Gonzalo de Sandoval, Bernal Díaz del Castillo, el extremeño Juan Cano de Saavedra (ca. 1502-1572), que vino con Narváez y odiaba a Cortés, y el cordobés Alonso de Zorita (¿1512?-¿1585?), siguiendo a Cano. Véase R. Martínez Baracs, La perdida Relación de la Nueva España y su conquista de Juan Cano, op. cit., cap. vi. 27

con lo que la ciudad caería. “A enemigo que huye, puente de plata.” Pero Cuauhtémoc no huyó, y por la calzada de Tepeyácac no dejaban de entrar a la ciudad refuerzos, armas, alimentos y agua potable. Cortés decidió entonces mandar al capitán Sandoval a establecer su guarnición en la calzada de Tepeyácac.30 Como buen extremeño que era, al igual que Cortés, Sandoval debía ser devoto de la Virgen de Guadalupe, en su advocación española, la del convento jerónimo de Guadalupe, en Extremadura, que es una estatua en madera de cedro de la


Guiller mo de Gante (siglo XV )

La Virgen con el Niño, siglo xv

la caballería, que quebrantaban las líneas mexicas y permitían la irrupción de los guerreros aliados. Los mexicas lucharon con valor contra los españoles y sus armas de hierro (espadas, lanzas, cascos, armaduras, escudos, tiros, cañones y sus perros y caballos), siendo que ellos mismos estaban debilitados por el hambre, la sed y varias enfermedades, incluida la viruela, que había llegado un año antes con la armada de Narváez. La parte tenochca de la Ciudad de México cayó más pronto en manos de los españoles que la parte tlatelolca, subordinada, que resistió con valentía. Lo podemos comprobar leyendo el libro xii sobre la Conquista, con textos en náhuatl y en español, de la Historia general de las cosas de la Nueva España (Códice Florentino), de fray Bernardino de Sahagún (1499-1590) y sus colaboradores nahuas, así como

120

Virgen, sedente, con Niño. Es probable que Sandoval y Cortés tuvie-

en los Anales de Tlatelolco, que expresan ambos la visión mexica tla-

ran impresiones de la pintura de la Virgen de Guadalupe del coro del

telolca de la Conquista.33

convento extremeño, con sus rayos y pisando una luna, como su hija,

También hay varias versiones sobre la captura o entrega de Cuauh-

la Guadalupe mexicana. Sandoval y sus hombres debieron rezarle an-

témoc el 13 de agosto. Juan García Holguín, capitán de un bergantín,

tes y después de las batallas, y sus aliados indios deben haber visto la

presume que lo capturó, cuando trataba de escapar en una canoa; tam-

imagen y oído invocar su nombre, lo que les pudo sonar algo así como

bién se ha dicho que trataba de escapar para reorganizar desde afuera

“Coatlalopeuh”, pues no existen los sonidos de la “g” y la “d” en ná-

la guerra contra los españoles, todo lo cual es poco verosímil, si se con-

huatl. Así nació el culto guadalupano en Tepeyácac.31

sidera que lo acompañaban en la canoa Tetlepanquetza, tlatoani de

En sus entradas, por las calzadas o con los bergantines, los espa-

Tlacopan, y Coanácoch, tlatoani de Tezcoco, y acaso también su esposa

ñoles se cuidaban de avanzar con cautela en el laberinto de casas y

Tecuichpo Ichcaxóchitl. Tal vez Cuauhtémoc había decidido entregar-

canales, pues podían sufrir emboscadas y verse rodeados e imposibi-

se porque vio la batalla perdida e inútil el sufrimiento de la población

litados de emprender la retirada, como les había sucedido más de una

mexica, hambrienta, sedienta, enferma, agotada, dolida y desesperada.

vez. Varios españoles fueron capturados y sacrificados con impresio-

El conquistador cronista Bernal Díaz del Castillo contó que “llo-

nante ceremonial en lo alto del Templo Mayor, con el redoble incesan-

vió y relampagueó y tronó aquella tarde y hasta medianoche mucha

te de los tambores y las chirimías. En una refriega, al mismo Cortés

más agua que otras veces”. Y cuenta que, al cesar de pronto el griterío, el

casi lo capturan en Copolco, si no fuera porque lo rescataron unos

sonar permanente de los tambores y chirimías, “después de que se hubo

guerreros tlatelolcas, según fuentes tlatelolcas, o guerreros tezcoca-

preso Guatemuz, quedamos tan sordos todos los soldados como si de

nos, según fuentes tezcocanas, o la misma Virgen María, según una

antes estuviera un hombre encima de un campanario y tañesen mu-

pintura hoy desaparecida que se conservó en la iglesia del convento

chas campanas, y en aquel instante que las tañían cesan de tañerlas”.34

franciscano de Santiago Tlatelolco.32

Ciertamente, la toma de la Ciudad de México el 13 de agoto de

La ciudad tenía que ser tomada metro a metro y arrasada para

1521 no fue la conquista de todo lo que hoy es México, pero fue un

quitar el obstáculo de los templos y las casas, y rellenar los canales

momento fundamental que condujo a la extensión de la conquista.

para que así funcionaran los cañones, los tiros y las cargas, junto con

Para tomar la ciudad, Cortés ya había consolidado una amplia alianza con señoríos sometidos al Imperio mexica y con sus enemigos, los

El primero en darle importancia a la presencia del extremeño Gonzalo de Sandoval en Tepeyácac fue el polígrafo Carlos de Sigüenza y Góngora (1645-1700), en sus “Anotaciones críticas sobre el primer apóstol de Nueva España y sobre la imagen de Guadalupe de México” [ca. 1699] (en Alicia Mayer [coord.], Carlos de Sigüenza y Góngora: homenaje, 1700-2000, vol. i, México, Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de México, 2000, pp. 19, 267 y 296-377). 32 Robert H. Barlow, “Una pintura de la Conquista en el templo de Santiago” [1945], en Jesús Monjarás-Ruiz, Elena Limón y María de la Cruz Paillés H. (eds.), Obras de Robert H. Barlow, vol. ii: Tlatelolco: fuentes e historia, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia/Universidad de las Américas, 1989, pp. 211-216. 33 De la Historia general de las cosas de la Nueva España (Códice Florentino) de fray Bernardino de Sahagún y sus colaboradores nahuas (1576) y de los Anales de Tlatelolco hay varias ediciones y estudios, entre los que destaca el libro clásico y fundador de Ángel María Garibay K. (1892-1967) y de Miguel León-Portilla (1926-1919), Visión de los vencidos: relaciones indígenas de la Conquista (México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1959). 34 B. Díaz del Castillo, op. cit., cap. clvi. 31

tlaxcaltecas y los rebeldes tezcocanos, leales a don Hernando Cortés Ixtlilxóchitl, entre otros. Pronto Cortés les informó que quedaban liberados de pagar tributo en productos y trabajo al Imperio mexica, pero que ahora lo pagarían al rey de España. Pero lo harían a través de conquistadores españoles, que serían designados “encomenderos” de los diferentes “pueblos y caciques” de la tierra ahora llamada “Nueva España”. Con el tributo que recibían los encomenderos debían pagar el quinto de Su Majestad y subvenir a la cristianización de los indios. El altépetl complejo de Tlaxcala, que fue el más importante de los aliados indios de los españoles en la Conquista, también tuvo que pagar tributo al rey de España, aunque no a través de uno o varios encomenderos, sino a través de un corregidor. La provincia de Tlaxcala conservó este y otros privilegios a lo largo del periodo colonial.


Después del primer saqueo de los tesoros de la Ciudad de México

ciones, se cerró el estrecho y quedaron divididos los dos mundos en

tras su caída el 13 de agosto, muchos conquistadores estaban a dis-

diez milenios cruciales en la historia de la humanidad, cuando se pro-

gusto con lo poco que les había tocado del reparto del botín y de los

dujo, en ambos mundos por separado, la revolución agrícola, la tran-

pueblos encomendados, particularmente los que habían llegado con

sición del mundo de los cazadores-recolectores nómadas al de los

la armada de Narváez. Comenzaron las habladurías y Cortés decidió

agricultores sedentarios, así como la formación de civilizaciones. Pero

alejarlos de la capital incorporándolos a las expediciones de explora-

lo tardío del poblamiento humano del Nuevo Mundo hizo que la abun-

ción y conquista que mandó a diferentes regiones de la Nueva Espa-

dancia de recursos vegetales y animales, el paraíso americano, retarda-

ña, siempre acompañados por importantes contingentes de guerreros

ra la necesidad de la agricultura, que comenzó milenios después que

indígenas, ahora ya no sólo antimexicas, sino mexicas también, que

en el Viejo Mundo. También fue tardía la formación de las civiliza-

extendieron el dominio español y el pago de tributos en la mayor par-

ciones mesoamericana y andina, en comparación con las civilizacio-

te de los territorios antes dominados por el Imperio mexica, así como

nes del Viejo Mundo. Sucedió también que el poblamiento humano

de enemigos suyos, como el gran reino (iréchecua, en lengua purépe-

de América tomó a los grandes animales desprevenidos, pues no tu-

cha) de Mechuacán, con su nuevo cazonci, Tangáxoan Tzíntzicha, que

vieron tiempo para desarrollar el instinto de huir de los expertos ca-

aceptó someterse de manera relativamente pacífica.

zadores humanos (no tenían “defensas” contra los humanos), lo cual

Para 1524, buena parte de la región central de Mesoamérica se

provocó la extinción de la megafauna americana, que hizo imposible

hallaba sometida, pero la región maya del sureste se vio por un tiem-

el desarrollo de especies domesticables (el poblamiento de Australia

po defendida, debido a su dispersión política y por la falta de oro u

también provocó la extinción de la megafauna, hace 45 mil años, se-

otro producto de exportación en su territorio. El avance hacia el nor-

gún lo refirió el historiador Yuval Noah Harari).35 La agricultura en

te, tierra de promesas y fantasías, también tardó un tiempo más en

América se dio, pues, sin el complemento de la ganadería, de allí la

concretarse: con las depredaciones esclavistas de Nuño Beltrán de

importancia que siguieron teniendo la cacería, la guerra, el sacrificio

Guzmán (1490-1558) en el noreste como gobernador de la provincia

y la antropofagia, en el conjunto del continente. Esa diferencia tem-

de Pánuco (1526-1528), y en el noroeste, en la cruel conquista de los

poral y cualitativa en la revolución agrícola provocó un desfase tec-

“teules chichimecas”, en la Nueva Galicia (1529-1536); con la Guerra

nológico que resultó decisivo en la Conquista de México (quién le

del Mixtón, de chichimecas y de refugiados michoacanos y nahuas, de

ganó a quién), así como en sus efectos a corto, mediano y largo pla-

1541 y 1542; con la colonización ganadera de la “provincia de los chi-

zos: la Conquista trajo a América una verdadera revolución tecnoló-

chimecas”, promovida por el virrey don Antonio de Mendoza y con el

gica y en todos los aspectos de la vida.

descubrimiento en 1546 y 1548 de las minas de Zacatecas y de Gua-

Esto es particularmente cierto si consideramos otra diferencia

najuato, que desencadenó el avance español y la larga Guerra Chichi-

fundamental entre el Viejo y el Nuevo Mundo: que muchas de las en-

meca de la segunda mitad del siglo xvi, guerra esclavista que se

fermedades infecciosas que desarrolló la humanidad en el Viejo Mun-

prolongó en los siglos siguientes.

do durante sus cientos de miles de años de vida, contra las cuales fue

De modo que en 1521 no fue conquistado México, pero sí se abrió

adquiriendo anticuerpos, no cruzaron a América por el frígido paso

un proceso aún más dramático de conquista del conjunto de lo que

del estrecho de Behring. Por otro lado, durante el periodo de aislamien-

hoy es México, y con él, la imposición de un régimen de explotación

to de ambos mundos, la convivencia entre hombres y ganado en el Vie-

tributaria, esclavista y laboral de los pobladores originarios, su some-

jo Mundo provocó el desarrollo de enfermedades infecciosas, como

timiento al régimen político español (que respetó los reinos o seño-

la viruela y el sarampión, lo cual no sucedió en el Nuevo Mundo. Por

ríos prehispánicos) y su “conquista espiritual”. De allí la importancia

eso las enfermedades infecciosas que trajeron los españoles a partir

del 13 de agosto de 1521 y la necesidad de conmemorar el quinto cen-

de 1492 provocaron una serie de mortíferas epidemias de diversas

tenario de la caída de la Ciudad de México, entendido “conmemorar”

enfermedades combinadas, que resultaron en una catástrofe demo-

como “con-memorar”, “hacer memoria juntos, reflexionar juntos”, como

gráfica de la mayor gravedad en el conjunto del territorio americano,

lo propuso el historiador Miguel León-Portilla.

del orden de 80 por ciento o más en la disminución de la población: la

Al reflexionar sobre la fecha de 1521 debe tenerse en considera-

catástrofe demográfica más grave de la historia de la humanidad, que

ción que la caída de la Ciudad de México es un momento importante,

se extendió a lo largo de los siglos siguientes. La destrucción de la

pero particular, de un proceso que había comenzado años antes, en

población antillana fue casi total, debido al clima caluroso y húmedo

1492, cuando el descubrimiento colombino provocó el encuentro de dos

y a su condición insular; tuvo que ser sustituida por africanos escla-

mundos, que, aunque Cristóbal Colón nunca supo que había llegado

vizados y, en el continente americano, la destrucción de la población

a un cuarto continente, desencadenó un conjunto de cambios profundos

de las tierras bajas y costeras fue más severa que la de las tierras altas.

e irreversibles en los aspectos más importantes de la vida: tecnológi-

Con todo, sobrevivió una población indígena importante, que, en la

cos, epidemiológicos, demográficos, políticos, sociales, alimenticios,

Nueva España, pese a la catástrofe, siempre fue más numerosa que la de

religiosos, lingüísticos, culturales, etcétera, que conformaron una ver-

europeos, africanos, mestizos y otras mezclas juntos, que es la condi-

dadera revolución, en el sentido más profundo de la palabra.

ción de posibilidad del mestizaje o de los mestizajes mexicanos.

Los dos mundos que se encontraron fueron el Viejo Mundo (Eu-

Otro aspecto demográfico del encuentro de 1492 es que, miles

ropa, Asia y África: Eurasiáfrica) y el Nuevo Mundo (América). El

de años después de la extinción de la megafauna americana, los espa-

Viejo Mundo es el viejo porque allí nació el ser humano (en varias

ñoles trajeron ganado mayor (caballos, burros, vacas, etcétera) y me-

especies) hace dos millones de años, y el homo sapiens hace doscien-

nor (puercos, ovejas, chivos), previamente aclimatado en las Antillas,

tos mil, mientras que el Nuevo Mundo es nuevo porque el hombre llegó allí recientemente, hace unos veinte mil años, pasando por el estrecho de Behring. Hace unos diez mil años, con el fin de las glacia-

35 Yuval Noah Harari, Sapiens: A Brief History of Humankind, Nueva York, Harper, 2015, p. viii.

121


Georg Br aun (1541-1622) Fr ans Hogenberg (CA. 1535-1590)

Mexico, regia et celebris Hispanie Novae civitas; Cusco, regni Peru in Novo Orbe caput, 1572

que se desarrolló de manera extraordinaria en un paraíso virgen y fue un elemento importante de la colonización de la frontera norte de la Nueva España.36

pp. 124-125

Autor no identificad o

Conquista de México por Cortés (lienzo 7) (detalle), siglo xvii

Así, pues, el encuentro de 1492 trajo a México y al conjunto del territorio americano una gran revolución tecnológica y en todos los aspectos de la vida, que se produjo en medio de una trágica catástrofe demográfica. Además, ambos aspectos, el tecnológico y el epidemiológico, fueron determinantes para que no sólo México, sino todo el continente americano cayera bajo el dominio de España, Portugal, Inglaterra, Francia u Holanda, aunque con ritmos diferentes y dando lugar a colonizaciones diversas, según los recursos humanos y naturales de cada región de América. La revolución tecnológica que vivió el Nuevo Mundo tras el encuentro de 1492 aumenta si se considera que se produjo precisamente cuando Europa iniciaba el proceso de transición planetaria de las sociedades agrarias tributarias a las sociedades industriales capitalistas, que a partir del siglo xvi no dejaron de desarrollarse de manera cada vez más acelerada e impredecible. El descubrimiento de América desempeñó un papel importante, aunque no decisivo, en la transición al capitalismo, que se hubiese producido con o sin América. Pero América hubo, y su descubrimiento fue de gran importancia para la formación de un mercado mundial y para producir buena parte del oro y de la plata que necesitaba en forma de dinero el desarrollo comercial. Ahora bien, al considerar estos aspectos de la revolución que trajo al continente americano el encuentro de 1492, puede pensarse que en su mayor parte se hubiesen producido, aunque no se hubiese realizado la Conquista. De manera particular, aunque los españoles hubiesen sido derrotados y no hubiesen logrado tomar la Ciudad de México en 1521, de cualquier forma, la presencia de los españoles cerca, el comercio y las batallas hubiesen traído las epidemias mortíferas que habrían provocado una catástrofe demográfica terrible. La revolución tecnológica que trajo el encuentro de dos mundos también se hubiese producido, no de igual manera, sin duda, pero inevitablemente, porque la tecnología no se impone, se compra y se aprovecha, la adoptamos y nos adapta. Puede pensarse que la tecnología para la explotación de las minas de oro y de plata de la Nueva España bien hubiese podido ser adquirida por los mexicas, aprovechando sus propias formas de organización de la producción. De manera semejante, el campo mesoamericano se hubiese llenado de vacas, caballos, ovejas, puercos y chivos. Sin embargo, es dif ícil decir si, en el caso de que los conquistadores españoles hubiesen sido derrotados, los pueblos mesoamericanos habrían aceptado la presencia predicadora de los frailes franciscanos, dominicos y agustinos, y si tal vez la escritura alfabética habría sido aprovechada para escribir en sus propias lenguas. De modo que buena parte de los grandes cambios que se produjeron en México en el siglo xvi y en los siguientes no fueron consecuencia de la Conquista, sino del encuentro de dos mundos, lo cual entonces nos plantea el problema del significado de la Conquista, porque de que hubo Conquista, la hubo. Puede decirse que los españoles se aprovecharon de su superioridad tecnológica militar y bacteriológica para establecer un sistema de dominio sobre los americanos que perduró tres siglos justos, de 1521 a 1821, y que merece el escrutinio crítico de los historiadores desde una pluralidad de perspectivas. Enrique Florescano, Estructura y problemas agrarios de México (1500-1821), México, Secretaría de Educación Pública, 1971, y Elinor G. K. Melville, A Plague of Sheep: Environmental Consequences of the Conquest of Mexico, Cambridge, Cambridge University Press, 1994.

36

123


Anónimo

Ejemplo de un horno castellano en Tetela del Río. Anónimo

Ejemplo de un horno castellano en Tetela del Río.


Las otras conquistas: el avance hispánico sobre el septentrión en el siglo xvi juan carlos ruiz guadala jar a*

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E l n o r t e e n l a m i r a d a d e l a s h u e s t e s h i s pá n i c a s

incluido un imaginario estrecho que el conquistador ubicaba al norte

Cuando en agosto de 1521 la ciudad de Mexico-Tenochtitlan, capital

de América y que posibilitaría la navegación expedita entre los océanos

de los mexicas, era finalmente derrotada y destruida por los ejércitos

Atlántico y Pacífico. A la par de aquella empresa de expansión plane-

indígenas aliados de Hernán Cortés, éste magnificó en sus cartas di-

taria, Cortés envió a sus hombres, acompañados de huestes de indios

rigidas al emperador Carlos V la narrativa de haber conquistado un

aliados, a correr la tierra y ensanchar las conquistas de territorios y na-

enorme imperio; sin embargo, la realidad era muy otra. Ya desde su

ciones para el emperador. Con ello se dio continuidad a la guerra que

segunda carta de relación (octubre de 1520), el futuro marqués del

convulsionó enormes regiones, tanto aquellas que habían sido tributa-

Valle había dado por sentada la entrega voluntaria que presuntamente

rias de la Triple Alianza como muchas otras que habían quedado fuera

Moctezuma habría realizado de su señorío y soberanía al emperador

de esa órbita política. Pánuco, Coatzacoalcos, Tehuantepec, Tutute-

de los castellanos, estratagema discursiva que le permitió construir la

pec, Soconusco, Colima, Michoacán, Oaxaca, Guatemala, entre otras

idea de una translatio imperii jurídicamente válida, pero que era diame-

regiones, fueron rápidamente sujetadas a la Corona de Castilla me-

tralmente opuesta a la enorme violencia, muerte, convulsión y despo-

diante la combinación de una hegemonía incontestable de la violen-

jos que desató la ocupación y conquista que los milicianos españoles

cia con una dominación de naturaleza pactada.5

y sus aliados indígenas hicieron del Anáhuac.1 Lo cierto es que el de-

La disyuntiva para todos los linajes gobernantes que después de

nominado “imperio de Moctezuma” era una ficción convenientemen-

1521 vivieron la llegada de las huestes hispano-indígenas a sus seño-

te alentada por Cortés, pero que en nada reflejaba la complejidad de

ríos o altepeme era muy clara: pactar el vasallaje y la conversión al

una territorialidad política mesoamericana formada por cientos de pe-

cristianismo a cambio de respetar su posición y privilegios, o asumir

queños señoríos o altepeme que, además, contaban con linajes pro-

las consecuencias de la guerra y la esclavitud. Frente a ello, la resis-

pios y grados diferenciados de autonomía. Por ello, la Conquista de

tencia de muchos pueblos indígenas fue inútil, lo que les permitió a

Mexico-Tenochtitlan representó el primer y más importante episodio

los españoles mantener el funcionamiento de buena parte de la estruc-

de una larga cadena de procesos violentos o negociados de integra-

tura de dominación tributaria que había construido la Triple Alianza

ción y agregación de naciones y territorios de la América septentrio-

encabezada por los mexicas, además de iniciar la implantación de las

nal a la dominación hispánica, mismos que fueron precedidos por

instituciones castellanas para hacer efectiva la dominación política

múltiples empresas de exploración y expansión que marcaron el de-

del territorio, así como su poblamiento y organización hispánicos.

rrotero de muchas naciones originarias.

Esa dinámica se desarrolló sobre los pueblos de raigambre mesoame-

2

La urgencia de Cortés por allegarse noticias sobre los territorios

ricana y se valió en buena medida de toda la información que Cortés

que se abrían para su horizonte de conquista y enriquecimiento se

y sus hombres obtuvieron de los mexicas sobre sus tributarios y fron-

aprecia en las constantes indagaciones que realizó antes y después de

teras. Mas no fueron ésas las únicas noticias que Cortés recogería de

la caída de los mexicas. En un primer momento predominó la inten-

múltiples fuentes, incluidas las relaciones que le entregaban sus hombres

ción de encontrar una ruta a la Mar del Sur (océano Pacífico) para reactivar la navegación hacia las islas de la Especiería, buscadas sin éxito por Cristóbal Colón. Para alcanzar ese objetivo, Cortés envió dos pequeñas expediciones hacia el sur y el sureste del Anáhuac, mismas que tocaron la costa en los últimos meses de 1521. También recabó información sobre otra ruta terrestre hacia la Mar del Sur con la primera embajada que desde Michoacán le envió el irecha Tangáxoan.3 Con ello, Cortés logró que en 1523 sus hombres fundaran en la costa la villa de la Concepción de Zacatula, donde habilitó un astillero “[...] para descubrir por la Mar del Sur todo lo que a mí fuere posible”,4

* El Colegio de San Luis, San Luis Potosí, México/Red Columnaria.

1 Hernán Cortés, Cartas y documentos, introducción de Mario Hernández SánchezBarba, México, Porrúa, 2004, pp. 58-61. 2 Bernardo García Martínez, “Nueva España en el siglo xvi: territorio sin integración, ‘reino’ imaginario”, en Óscar Mazín Gómez y José Javier Ruiz Ibáñez (eds.), Las Indias Occidentales: procesos de incorporación territorial a las monarquías ibéricas, México, El Colegio de México/Red Columnaria, 2012, p. 246. 3 H. Cortés, op. cit., pp. 190-191. 4 Ibid., p. 204. 5 José Javier Ruiz Ibáñez y Gaetano Sabatini, “Monarchy as Conquest: Violence, Social Opportunity, and Political Stability in the Establishment of the Hispanic Monarchy”, en The Journal of Modern History, vol. lxxxi, núm. 3, Chicago, 2009, pp. 508-509.

127


p. 126

Autor no identificad o

Biombo Escenas de la Conquista de México (detalle), siglo xvii pp. 128-129

Autor no identificad o

La batalla de Otumba (lienzo 6), siglo xvii En Historia tolteca-chichimeca, vista 32, f. 25, siglo xvi

tras las expediciones de conquista y pacificación. También comenzó a obtener noticias sobre los territorios y naciones ubicados al occidente y al septentrión del valle del Anáhuac. Fue así que se enteró, por ejemplo, sobre la existencia de una tierra ubicada al poniente denominada Cihuatlan (“lugar de mujeres”), la cual sedujo de inmediato la imaginación de los conquistadores, quienes consideraban posible la existencia de las amazonas y de la isla de la reina Calafia.6 La misma alucinación sobre la realidad de lejanos pueblos con grandes riquezas de oro, plata y perlas se despertó en los españoles tras saber que los mexicas decían provenir de Aztlan, un lugar presuntamente ubicado al norte, al igual que el mítico Chicomoztoc. No obstante todas las referencias que los conquistadores se allegaron desde muy temprano sobre lo que podrían hallar en los territorios septentrionales que los nahuas denominaban Chichimecapan, Chichimecatlalli o Mictlampa,7 ubicados más allá de las fronteras de lo que fuera la Triple Alianza, el espacio norteño representaba para ellos una gran incógnita, no sólo por sus dimensiones, sino también porque no tuvieron evidencia y noticias ciertas de señoríos inmediatos a dichas fronteras que les llevaran en esa dirección en pos de gloria y enriquecimiento por la vía de la guerra y el despojo. En contraste, los españoles pudieron conocer a través de los mexicas la visión peyorativa que entre las culturas indígenas sedentarias predominaba sobre las naciones que habitaban el norte inmediato, las cuales eran defini-

130

6 “[...] y asimismo me trajo relación de los señores de la provincia de Ciguatán, que se afirman mucho haber una isla toda poblada de mujeres, sin varón ninguno, y que en ciertos tiempos van de la tierra firme hombres, con los cuales han acceso, y las que quedan preñadas, si paren mujeres las guardan, y si hombres los echan de su compañía” (H. Cortés, op. cit., p. 213). 7 Chichimecapan y Chichimecatlalli significan en náhuatl “lugar o tierra de chichimecas”. Mictlampa, en la misma lengua, significa “lugar de muerte”. Todos estos términos también determinaban el rumbo norte. Según Beatriz Braniff, la tierra de los chichimecas también era definida por los nahuas como Teotlalpan Tlacochcalco Mictlampa, “campos espaciosos que están hacia el norte-lugar de la muerte”. Véase Beatriz Braniff (coord.), La Gran Chichimeca: el lugar de las rocas secas, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Jaca Books, 2001, p. 7. 8 La diversidad de naciones originarias que habitaban al norte de Mesoamérica fue eclipsada por el uso que los españoles hicieron del término “chichimeca” para referirse a todas ellas, o bien por las formas que desarrollaron para clasificar a dichos grupos humanos en función de necesidades administrativas. Lo cierto es que desconocemos el nombre original de muchas de esas naciones e incluso de algunas otras no quedó memoria. A la llegada de los castellanos, el espacio septentrional inmediato a las fronteras mesoamericanas estaba habitado por los nómadas guamares, copuces, guachichiles y pames. Más hacia el centro-norte estaban los zacatecos y los tepehuanes, ambos de economía mixta, así como los tepecanos, irritilas, laguneros, coahuiltecos, tobosos, cacaxtes, conchos, chisos, huiquetzales, acaxes y xiximes; hacia el noroeste se encontraban los xaliscos y texcoquines, además de los caxcanes, de tradición agrícola; en la vertiente del océano Pacífico se ubicaban los huicholes y los coras y, más al norte, los yaquis y mayos; hacia la provincia de Chihuahua y el norte de Sonora, los tarahumaras, pimas, mansos, sumas, jumanos, ópatas, jovas, papagos, chinipas, varojíos, seris y cahitas. La Baja California estaba habitada por los pericúes, dieguinos, borjeños, guaicuras y huchitis. En el noreste radicaban los coahuiltecos, negritos, bozalos, janambres, borrados, rayados, pintos, malincheños, pisones, bocaprietas, siguillenes, otujanos, cataaras, icauras, comepescados, alazapas y ayancuras. En el lejano septentrión, en las regiones de los actuales estados de Arizona, Nuevo México, Chihuahua, Durango y parte de Zacatecas, se ubicaba Oasisamérica, con naciones de tradición agrícola, como los indios pueblo (anasazi). Para un panorama más completo, véanse Richard W. Adams y Murdo J. MacLeod (eds.), The Cambridge History of the Native Peoples of the Americas, vol. ii, parte ii, Cambridge, Cambridge University Press, 2000; y Alfredo López Austin y Leonardo López Luján, El pasado indígena, México, El Colegio de México/Fondo de Cultura Económica, 1996. 9 H. Cortés, op. cit., p. 321.

das bajo el nombre de “chichimecas” (“los del linaje de perro”). Se trataba de un término genérico y barbarizante que ocultaba la existencia de una diversidad de naciones nómadas de cazadores-recolectores y otras de economía mixta, cuyos territorios eran próximos o fronteros a señoríos mesoamericanos con los que mantenían frecuentes relaciones de intercambio comercial.8 El término “chichimeca” era entonces el equivalente al bárbaro de la cultura occidental, y fue así como lo utilizaron los españoles desde la primera generación de conquistadores. El mismo Hernán Cortés, en su quinta carta de relación de septiembre de 1526, informó a Carlos V sobre la existencia de los chichimecas: Entre la costa del norte y la provincia de Mechuacán, hay cierta gente y población que llaman chichimecas; son gentes muy bárbaras y no de tanta razón como estas otras provincias; también envío ahora sesenta de caballo y doscientos peones, con muchos de los naturales nuestros amigos, a saber el secreto de aquella provincia y gentes. Llevan mandado por instrucción que si hallaren en ellos alguna aptitud o habilidad para vivir como estos otros viven, y venir en conocimiento de nuestra fe, y reconocer el servicio que a Vuestra Majestad deben, que trabajen por todas las vías posibles los apaciguar y traer al yugo de vuestra majestad, y pueblen entre ellos en la parte que mejor les pareciere; y si no lo hallaren como arriba digo, y no quisieren ser obedientes, les hagan guerra y los tomen por esclavos.9

Hasta el momento no existen evidencias de que dicha expedición se haya realizado. Lo cierto es que, a pesar de la voluntad de Cortés


Genealogías indias de Tenochtitlan y Tlatelolco vinculadas a la monarquía hispánica, en Códice Techialoyan García Granados (detalle), siglo xvii


por desentrañar el secreto de aquellas tierras y su gente, los denominados “chichimecas” se convertirían durante las siguientes décadas en uno de los mayores dilemas y peligros para la expansión de los es-

Los capitanes de los naturales salieron a encontrar a Cristóbal de Olid y sus capitanes y fueron a dar noticias al rey Caltzontzin; Vasco de Quiroga y fray Jerónimo de Alcalá tratan del traslado del obispado de la ciudad de Tzintzuntzan a la de Pátzcuaro, en Fray Pablo Beaumont, Crónica de Michoacán, ca. 1792

pañoles en tierras americanas. Todas las noticias que en aquellos años los conquistadores se pudieron allegar sobre el septentrión estaban impregnadas de profundas interrogantes y contrastes. Hacia ese rumbo, pero en rangos de extrema lejanía, los españoles vieron estimulado su imaginario con la posible existencia de lugares extraordinarios,

temprana dominación que los hispánicos lograron de dos territoria-

algunos de ellos parecidos a otros que ya se mencionaban o prefigu-

lidades que fueron la clave para penetrar el septentrión: por un lado,

raban en fuentes occidentales como la Biblia, el libro de Marco Polo

el poderoso Estado tarasco, denominado por los nahuas como Mi-

o incluso en novelas de caballería. Sin embargo, la información sobre

choacán y, por el otro, el señorío otomí de Xilotepec.

un norte no tan lejano, poblado de indios considerados bárbaros, sin 132

pueblos y errantes, hicieron que la mirada española a través de su

L a c o n q u i s ta d e M i c h o a c á n :

logos occidental los asimilara en un primer momento a los alárabes

e l p r i m e r pa s o h a c i a e l s e p t e n t r i ó n

del norte de África, imagen que los ibéricos utilizaban para referirse

La mayoría de las tradiciones historiográficas que abordan la conquis-

a los nómadas. La barbarización de los chichimecas, así como la ausen-

ta de Michoacán han resaltado un aspecto que hasta nuestros días

cia de posibles riquezas a expoliarles, desestimularon en un principio

resulta muy controvertido: la entrega supuestamente voluntaria que

cualquier empresa española de conquista más allá de los señoríos se-

el irecha Tzíntzicha Tangáxoan, cazonci de los tarascos, hiciera del

dentarios que eran fronteros a la tierra chichimeca. Fue precisamente

país de los michuaques a los castellanos. Esa interpretación toma

esa frontera la que delineó las primeras rutas hispánicas de explora-

como base el hecho de que los españoles y sus aliados indígenas no

ción hacia el norte y occidente del valle del Anáhuac. Por tanto, el

encontraron una resistencia bélica en sus avances hacia Michoacán

septentrión comenzó a ser pensado por los españoles a partir de un

por parte del poderoso Estado tarasco, pero también se sustenta en

norte inmediato habitado por naciones bárbaras y un norte lejano, el

las actitudes que asumió el cazonci tras conocer y testificar lo que

cual daría paso a la idea de una Tierra Adentro con pueblos y rique-

había sucedido con los mexicas. La percepción que sobre los españoles

zas por descubrir.

desarrollaron los tarascos comenzó con la primera embajada que los

Si bien ambos escenarios representarían con el tiempo experien-

mexicas enviaron al cazonci Zuangua en busca de una alianza contra

cias muy diferentes para los afanes de expansión de la dominación

los españoles, posiblemente en la segunda mitad de 1520, esto es, tras

hispánica, tuvieron como elemento en común la ausencia de una con-

la derrota sufrida por éstos y sus aliados tlaxcaltecas durante la huida

quista militar de nota. En cambio, lo que sucedió fue el despliegue de

de Tenochtitlan. La relación de Michoacán menciona que habría sido

una apropiación hispánica del espacio septentrional a partir de pro-

enviada por el mismísimo Moctezuma, sin embargo, para el momento

cesos de poblamiento muchas veces detonados por hallazgos mineros

del diálogo entre mexicas y tarascos el huey tlatoani ya era muerto y

o por la instauración de encomiendas. Dichos procesos, a su vez, ge-

el mando estaba en manos de Cuitláhuac. Más allá de este detalle, la

neraron escenarios de conflicto muy diversos que se tradujeron en el

crónica establece que los diez mexicas mensajeros llegaron a la forta-

desplazamiento, exterminio, pacificación pactada o esclavización tan-

leza de Taximaroa, señorío ubicado en las fronteras del Estado taras-

to de nómadas como de pueblos de agricultores del norte, quienes

co, donde fueron recibidos por el señor de Taximaroa, quien a su vez

padecieron el avance de los españoles y sus aliados indígenas sobre

informó a Zuangua. Éste autorizó el paso de la embajada hasta Uchi-

sus territorios, trayectoria disruptiva que tuvo como antecedente la

chila-Tzintzuntzan.


El siguiente pasaje de La relación de Michoacán intentó recons-

toda la trama de la invasión europea a tierras americanas. Fue así que

truir lo que en nombre del huey tlatoani comunicaron los mexicas

Zuangua y muchos sacerdotes y principales tarascos fallecieron rápi-

al cazonci, y que fueron las primeras noticias que llegaron a la capital

damente de esa enfermedad en la primera pestilencia que entre los

del Estado tarasco sobre la guerra desatada en el Valle del Anáhuac y

tarascos registraron las fuentes. En ese contexto de luto arribó a Uchi-

la situación de asedio que vivía la gran ciudad de Mexico-Tenochti­

chila-Tzintzuntzan una nueva embajada de diez mexicas pidiendo ver

tlan, pero también muestra la impresión que los españoles y sus re-

al cazonci para transmitirle un nuevo mensaje del huey tlatoani; traían

cursos bélicos habían causado en los mexicas:

diversas armas que habían tomado a los españoles. El hijo de Zuangua, el irecha Tzínzicha Tangáxoan, decidió sacrificarlos para que pudie-

[...] no sé qué gente es una que ha venido aquí y nos tomaron de repen-

ran acudir ante su padre muerto a darle el mensaje en el inframun-

te; habemos habido batalla con ellos y matamos de los que venían en

do.12 Ya ungido como nuevo cazonci, a Tangáxoan le correspondería

unos venados, caballeros doscientos y de los que no traían venados, otros

el dif ícil papel de enfrentar la expansión de los españoles sobre un

doscientos. Y aquellos venados traen calzados cotaras de hierro y traen

Estado tarasco que terminaría por ser sometido en un breve periodo.

una cosa que suena como las nubes y da un gran tronido y todos los que

La historia de los primeros contactos entre españoles y tarascos

topa mata, que no quedan ningunos, y nos desbaratan. Y hanos muerto

es confusa. En el capítulo xxiv de La relación de Michoacán queda-

muchos de nosotros y vienen los de Tascala con ellos, como había días

ron registrados al menos tres encuentros previos a la llegada de las

que teníamos rencor unos con otros, y los de Tezcuco. Y ya los hubiéra-

fuerzas de Cristóbal de Olid que Cortés envió a Michoacán en 1522

mos muerto si no fuera por los que los ayudan, y tiénenos cercados, ais-

para exigir vasallaje a los tarascos. El primero habría ocurrido el 23 de

lados en esta ciudad.10

febrero de 1521, cuando un español montado en un caballo blanco llegó al pueblo-fortaleza de Taximaroa durante la fiesta de Purecora-

Zuangua envió de regreso a la embajada mexica con diversos re-

qua, donde permaneció dos días antes de retornar a México.13 El se-

galos para el huey tlatoani, pero sin comprometer una respuesta a su

gundo encuentro habría sucedido algunas semanas después de la

petición. Ante la secular desconfianza hacia los mexicanos, el cazonci

caída de Tenochtitlan, cuando tres españoles penetraron en Michoa-

les hizo acompañar hasta Tenochtitlan por algunos tarascos nahuatla-

cán para llegar hasta Uchichila-Tzintzuntzan, donde los recibió el

tos que tuvieron por encargo investigar la verdad sobre los españoles.

cazonzi Tangáxoan con una mezcla de reverencia, cautela y temor, al

Al llegar, los enviados del cazonci fueron transportados en canoas

grado de haberlos ataviado con guirnaldas y rodelas de oro, además

hasta Texcoco; de allí caminaron para subir una sierra, desde la cual

de ofrendarles pulque, pan de amaranto y frutas, tal como lo hacían

pudieron divisar a las fuerzas invasoras con sus aliados indígenas.

los tarascos con sus dioses. El mismo Tangáxoan habría exclamado:

Con esa información retornaron a Uchichila-Tzintzuntzan. Tras ren-

“Éstos son dioses del cielo”. Antes de abandonar Uchichila-Tzintzun­

dir su parte al cazonci, éste decidió dejar a su suerte a los mexicas:

tzan para retornar a México, los españoles habrían hecho dos cosas

“¿A qué habremos de ir a México? ¡Muera cada uno de nosotros por

que dejarían una huella significativa en la historia de la conquista de

su parte!”. La reacción de Zuangua aparece en La relación de Mi-

Michoacán. Primero, le pidieron al cazonci dos mujeres de entre sus

choacán, aderezada con diversas exclamaciones que reflejan el rechazo

parientas, mismas que les fueron concedidas; ese episodio es una de

11

que los tarascos sentían por los mexicanos y su costumbre de honrar a sus dioses con cantares y no con ofrendas de fuego, como hacían los michoacanos en todos sus adoratorios. Paradójicamente, el intercambio de mensajeros entre mexicas y tarascos parece haber sido la causa de la introducción de la viruela en Michoacán, elemento central en

Jerónimo de Alcalá, La relación de Michoacán, edición de Francisco Miranda, México, Secretaría de Educación Pública, 1988, p. 290. 11 Ibid., p. 297. 12 Ibid., p. 298-299. 13 Ibid., p. 300. 10

133


Autor no identificad o

Ciudad de Cintzuntzan (Escudo de armas de la ciudad de Tzintzuntzan, Michoacán), 1595 En Jerónimo de Alcalá, La relación de Michoacán, 1539-1541

las versiones en torno al posible origen del gentilicio tarasco, pues la historia cuenta que los españoles y las mujeres “juntábanse” en el camino, por lo que la gente que los veía llamaba a los españoles “tarascue”, que quiere decir “yernos”, término que habrían comenzado a utilizar los mismos españoles para referirse a los michuaques. Y segundo, los españoles dejaron en agradecimiento un perro y diez cerdos al cazonci, quien al verlos exclamó: “¿Qué cosa son éstos?, ¿son ratones que trae esta gente?”, y tomándolos por mal agüero ordenó la muerte de los once animales. Fueron, por tanto, las primeras víctimas en Michoacán del mal llamado encuentro de dos mundos, pero también el preámbulo de lo que poco tiempo después sería la migración e integración de especies europeas a tierras michoacanas.14 La identidad de estos primeros españoles que entraron en contacto directo con el cazonci en Uchichila-Tzintzuntzan quedó establecida gracias a la causa que uno de ellos, Juan de Herrera, inició en 1541 ante la Real Audiencia de México para defender una encomienda en la provincia de Tepeaca. Según esa fuente, inmediatamente después de la caída de Tenochtitlan, el miliciano Herrera, junto con Juan Francés y otro español, a quien sólo se le menciona bajo el nombre de Porras —los tres formaban parte del campo que Pedro de Alvarado capitaneaba desde Tacuba—, “[...] sin se tener noticia de la provincia de Mechoacán fueron a la dicha provincia y trajeron de paz a muchos indios principales de los pueblos de la dicha provincia y dieron la obediencia al dicho capitán general [Cortés] en nombre de Su Majes­tad”.15 El cotejo entre las versiones indígena y española sobre ese primer encuentro deja en evidencia las miradas diametralmente opuestas que

joyas” que el cazonci envió, pues fueron incluidas en la contabilidad

los sujetos de ambos universos culturales tuvieron el uno frente al

que realizó Juan de Alderete, primer tesorero de la naciente Nueva

otro: lo que para los tarascos representó la angustia de un dilema casi

España. Según esas cuentas, Cortés recibió las ofrendas en nombre

indescifrable, para los ibéricos significó un paso más en su camino de

del emperador en noviembre de 1521.18

conquistas, dominación y rapiña. A pesar de que Herrera intentó rei-

El tercer encuentro de los tarascos con los españoles que regis-

vindicarse como uno de los tres descubridores de Michoacán, la me-

tró La relación de Michoacán habría sucedido hacia finales de 1521 o

moria de estos españoles y su fugaz hazaña no trascendió.

principios de 1522, cuando cuatro españoles llegaron a Uchichila-

Sin embargo, la huella de aquel episodio fue capitalizada por Cor-

Tzintzuntzan y pidieron al cazonci hombres para hacer una entrada

tés, quien en su tercera carta de relación, escrita en mayo de 1522, le

hacia Colima. Al llegar a las fronteras occidentales de los dominios

informó a Carlos V haber recibido a los enviados “[...] de un señor de una

michoacanos, los españoles enviaron a los tarascos ante los señores de

muy gran provincia que está setenta leguas de Temixtitan, que se dice

Colima para demandarles que viniesen de paz. La respuesta fue con-

Mechuacán [...]”, quien tras saber la manera en que había sido des-

tundente: los emisarios tarascos fueron sacrificados y los españoles

truida la capital de los tenochcas decidió enviar mensajeros y regalos a Cortés para manifestarle su deseo de vasallaje al emperador: “Y yo le respondí que era verdad que todos éramos vasallos de aquel gran señor, que era Vuestra Majestad, y que a todos los que no lo quisiesen ser les habíamos de hacer guerra”.16 Por encima del manejo político que de sus cartas al emperador hiciera Cortés, lo verosímil de su discurso se encuentra en la contundencia de su mensaje de guerra al cazonci, cuyos mensajeros fueron convenientemente amedrentados mediante la diplomacia de la persuasión, alardes de armas y escaramuzas de caballos, “[...] para que allá lo contasen”.17 Las fuentes indígenas, principalmente La relación de Michoacán, no dicen nada sobre esa primera embajada de tarascos y su encuentro con Hernán Cortés en Coyoacan. Lo que sí se conoce es el conjunto de “ciertas cosas y

14 Ibid., pp. 300-302. Para una exploración del gentilicio tarasco, véase Alfredo López Austin, El conejo en la cara de la luna: ensayos sobre mitología de la tradición mesoamericana, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Instituto Nacional Indigenista, 1994, pp. 96-102. 15 Archivo General de Indias (en adelante, agi), Sevilla, Patronato 56, n. 2, r. 3. Por su parte, J. Benedict Warren planteó que los tres españoles que llegaron por primera vez a Uchichila-Tzintzuntzan ante el cazonci fueron enviados por Cortés en el otoño de 1521 y que entre ellos se encontraba a la cabeza Antonio Caicedo, versión con la cual no concordamos. Véase J. Benedict Warren, La conquista de Michoacán, 1521-1530, Morelia, Fímax Publicistas, 1989, pp. 34-35. 16 H. Cortés, op. cit., p. 190. 17 Ibid., p. 191. 18 La relación del tesorero incluía diversas piezas de orfebrería de plata y cobre para indumentaria, zapatos y brazaletes de cuero, plumajes, vasos de calabaza pintados y mantas de algodón. agi, Contaduría 657, núm. 1. La relación fue publicada en J. B. Warren, op. cit., pp. 377-378.

135


J u a n Pa n t o j a d e l a C r u z ( 1 5 5 3 - 1 6 0 8 )

El emperador Carlos V, 1605

que la caída de Tenochtitlan tuvo en el ánimo y el imaginario del cazonci Tangáxoan. Los escasos testimonios indígenas sobre ese hecho,

Lienzo de Carapan, siglo xvii

fundamentalmente La relación de Michoacán, permiten conocer los intentos del cazonci y su consejo por organizar una posible defensa de sus posesiones ante el inminente arribo de los españoles y sus aliados, intentos todos ellos marcados por el miedo a sufrir la misma suer-

debieron regresar a Coyoacan. Una fuente de origen español nos per-

te que los mexicas. Según esta fuente, el cazonci habría dicho a los

mite saber que esa expedición la integraron Francisco Montaño, Die-

señores de su consejo: “Vayan correos por toda la provincia y lléguese

go de Peñaloza, Gaspar de Tarifa y Bartolomé López. Montaño fue

aquí toda la gente de guerra y muramos, que ya son muertos todos

uno de los soldados que habían llegado con la expedición de Pánfilo

los mexicanos y ahora vienen a nosotros”.22

19

20

de Narváez en busca de Cortés; tras unirse a sus fuerzas, se convirtió

Los datos revelan al menos dos intentos de resistencia militar or-

en uno de los conquistadores de Tenochtitlan. En su relación de mé-

ganizada por parte de los tarascos; el primero, con la concentración

ritos destacó las heridas recibidas durante el desalojo de dicha ciudad

de fuerzas en la zona de Taximaroa, frontera de Michoacán con los

el 30 de junio de 1520, así como la expedición que por órdenes de

mexicas, y el segundo, con las referencias sobre una posible fortifi-

Cortés realizó con Francisco de Mesa e indios aliados al cráter del Po-

cación de Uchichila-Tzintzuntzan. A ello se agrega la escasa informa-

pocatépetl con el fin de obtener piedra azufre para elaborar pólvora.

ción sobre el número de guerreros tarascos disponibles para resistir

Tras la toma de Tenochtitlan, Montaño y sus compañeros fueron en-

a Olid y su hueste. Un testimonio de finales del siglo xvi estableció

viados por Cortés desde Coyoacan “[...] a la ciudad de Mechuacán

que los tarascos contaban con una fuerza de 80 mil hombres.23 Por su

para que de allí fuésemos en busca de las amazonas, y yendo en la

parte, el cazonci confió a sus hermanos Huitzitziltzi y Cuyniarángari

dicha busca los naturales de la tierra nos resistieron que no pasáse-

buena parte de las acciones de defensa. Este último se dirigió a Taxima-

mos adelante y sobre ello nos quisieron matar muchas veces, y de

roa y al llegar fue hecho prisionero por las fuerzas de Olid. Interrogado

esta ida trajimos grandes relaciones de las tierras y provincias que

por el capitán español sobre el propósito de su venida, Cuyniarángari

habíamos visto”.

le habría contestado que lo enviaba el cazonci “[...] a recibir a los dio-

21

Con toda la evidencia recogida hasta entonces, Cortés organizó

ses”. Cristóbal de Olid le respondió que mentía, que estaba ahí para

la entrada de sus huestes a Michoacán. Confió la empresa a uno de sus hombres más cercanos, Cristóbal de Olid, quien en julio de 1522 partió con una hueste de doscientos españoles de a caballo, otros tantos de a pie, además de fuerzas de indios aliados conformadas por contingentes de tlaxcaltecas y mexicanos. El objetivo fue lograr la sumisión de lo que los españoles denominaban como “reino” de Michoacán e integrar el segundo Estado indígena en importancia, fuerza y riqueza a los dominios de Carlos V. Sin embargo, la conquista de Michoacán adquirió rasgos específicos que la hicieron muy diferente a la experiencia inmediata anterior de sujeción de los mexicas. Las fuentes históricas permiten establecer, por ejemplo, el impacto enorme

J. de Alcalá, op. cit., p. 302. agi, Patronato 54, n. 7, r. 1., s. f. 21 “[...] teniendo el dicho marqués del Valle mucha necesidad de materiales para hacer pólvora, el dicho marqués, siendo informado que cerca de esta ciudad de México estaba una boca donde sale grandísima cantidad de humo y fuego, el dicho capitán envió a la dicha boca que está trece leguas de México a buscar si en la dicha boca halla alguna piedra azufre para hacer la dicha pólvora, y si saben que para ello envió a Francisco de Mesa y al dicho Francisco Montaño, los cuales fueron a donde la dicha boca estaba, la cual es una cosa muy alta y muy espantosa de subir” (ibid.). 22 J. de Alcalá, op. cit., p. 303. 23 Francisco Ramírez, El antiguo Colegio de Pátzcuaro, estudio, edición, notas y apéndice de Germán Viveros, Zamora, El Colegio de Michoacán/Gobierno del Estado de Michoacán, 1987, p. 69. 19 20

137


Las Yácatas, Tzintzuntzan, Michoacán, México

hacer la guerra. Cuyniarángari se mantuvo en su dicho, por lo que Olid le pidió regresar a Uchichila-Tzintzuntzan y decirle al cazonci que saliera a recibirlo en un lugar llamado Quangaceo y que no tuviera miedo, “[...] que no dé guerra que son muy liberales los españoles y no hacen mal y que haga llevar el oro que tiene”.24 En su trayecto de regreso, Cuyniarángari desactivó todas las celadas militares que las fuerzas tarascas habían preparado para detener el avance de Olid, bajo el argumento de que los españoles no venían enojados y querían amistad con el cazonci. Con ello se esfumó la posibilidad de resistir con oportunidad la entrega de Michoacán.25 Cuando Cuyniarángari llegó a Uchichila-Tzinztuntzan y le comunicó a Tangáxoan la petición de Olid, la situación se tornó muy confusa. Por un lado, un grupo de principales tarascos, encabezados por el poderoso señor Timas, había casi convencido al cazonci de ahogarse en la laguna de Pátzcuaro para no sufrir la humillación de convertirse en esclavo de los españoles. Por el otro, Cuyniarángari intentaba convencerlo de recibir a Olid y su hueste. Desconfiado, Tangáxoan decidió ocultarse en Uruapan y observar desde ahí lo que harían los invasores. Con ello se difundió la noticia de que el cazonci se había ahogado, especie que le llegó a Olid y lo hizo avanzar. De acuerdo con La relación de Michoacán, ante la inminente llegada de los españoles, los tarascos habrían sacrificado a ochocientos esclavos que tenían prisioneros para evitar que se unieran a los invasores. Cuyniarángari y su hermano Huitzitziltzi encabezaron entonces la última acción de defensa, cuando a media legua de Uchichila-Tzintzuntzan salieron con todos los señores tarascos a recibir de guerra a Cristóbal de Olid y su hueste. En un lugar llamado Api hicieron una raya, les pidieron a los españoles no cruzarla y que manifestaran si el motivo de su llegada era para matar a los tarascos. Olid respondió que no venían de guerra, y los tarascos, al creerle, los recibieron de paz y dejaron ir con ello la última oportunidad de evitar la caída de su poderoso señorío. De esa forma, a los españoles se les abrió la puerta de Uchichila-Tzintzun­ tzan, en cuya plaza ceremonial comenzaron de inmediato a realizar alardes con tiros de arcabuz y escaramuzas de caballos para amedrentar a los tarascos, además de subir a los templos para derribar las piedras de sacrificio y las imágenes de los dioses. En los días posteriores, Olid y sus hombres se dedicaron al saqueo de los tesoros del cazonci, fundamentalmente piezas de oro y de plata.26 El corolario de ese proceso es digno de un drama histórico. Con el producto del primer expolio de tesoros, Olid hizo doscientas cargas de oro y de plata que envió a Hernán Cortés a Coyoacan con Cuyniarángari. Del encuentro entre ambos personajes, ocurrido en agosto o septiembre de 1522, quedó testimonio en La relación de Michoacán. Cortés le habría preguntado a Cuyniarángari sobre el cazonci, su presunto ahogamiento y descendencia, además de enviarlo a Tenochti­ tlan diciéndole: “Ve a México y verás cómo le destruimos”. Al regresar con Cortés, éste ya había recibido la noticia de que el cazonci en realidad no había muerto y estaba escondido en los montes. Tras reprender a Cuyniarángari por la falsa noticia y perdonarlo, lo envió de regreso a Michoacán con el siguiente mensaje: “Di al cazonci que venga donde yo estoy, que no tenga miedo, que se venga a sus casas a Michoacán, que no le harán mal los españoles. Y vendrame a visitar”. Al recibir el mensaje, el cazonci se movió a Uchichila-Tzintzuntzan y se apersonó

Ibid., pp. 305-306. Ibid., pp. 306-307. 26 Ibid., pp. 308-313. 24 25

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En Historia tolteca-chichimeca, vista 32, f. 25, siglo xvi En Fray Felipe de Santiago, Códice de Huichapan, ca. 1632

ante Olid, quien le exigió más y más oro y plata. Tras reunir otras trescientas cargas, Tangáxoan fue enviado a Coyoacan para entregarlas personalmente a Cortés. Cuando finalmente se encontraron, Cortés le dio la bienvenida y lo llevó a ver a Cuauhtémoc, en ese momento preso y torturado con la quema de sus pies, en represalia por los españoles que los mexicas habían sacrificado durante la guerra. Tras cuatro días de regocijos en honor del cazonci, Cortés lo llamó para un encuentro final donde quedó plenamente establecida la sumisión y vasallaje de Tangáxoan y sus dominios al emperador Carlos V: “Vete a tu tierra, ya te tengo por hermano. Haz llevar a tu gente estas áncoras. No hagas mal a los españoles que están allá en tu señorío porque no te maten, dales de comer y no pidas a los pueblos tributos que los tengo de encomendar a los españoles”. El cazonci respondió que así lo haría.27 E x pa n s i ó n y p o b l a m i e n t o h i s pá n i c o hacia el norte: el origen

Después de su peculiar entrega a la dominación hispánica, Michoacán se convirtió en el puente geoestratégico para la exploración de nuevos territorios ubicados al noroeste y al norte de las fronteras tarascas. El primer fruto de esa nueva situación se dio cuando Cortés retomó sus esfuerzos por encontrar a las amazonas hacia el occiden-

tró los pormenores de una extensa franja costera que incluyó el valle

te, en la región donde los nahuas ubicaban Cihuatlan. Entre 1522 y

y la bahía de Banderas, y refrendó el dominio sobre la región de Sa-

1523, ahora con los tarascos como aliados, Cortés envió dos expedi-

yula, bautizada como provincia de Ávalos por haber sido descubierta

ciones hacia el señorío de Colima. La primera, encabezada por Juan

hacia 1523 por dos primos de Hernán Cortés: Juan de Ávalos y Her-

Rodríguez de Villafuerte desde Michoacán, no logró el objetivo. La

nando de Sayavedra.

28

segunda, al mando de Gonzalo de Sandoval, partió desde Zacatula en

En cuanto al territorio tarasco, lo primero que hizo Cortés fue

la costa de la Mar del Sur y, tras un largo recorrido terrestre hasta la

enviar, hacia mediados de 1523, a Antonio de Carvajal a la ya para en-

región de Colima, logró vencer militarmente la resistencia que opu-

tonces denominada por los españoles como provincia de Michoacán.

sieron los pobladores de sus señoríos. Pacificada la tierra, el 25 de

Su misión fue establecer un padrón de los pueblos que habían estado

julio de 1523 Sandoval fundó la villa de Colima en el antiguo Teco-

sujetos a tributo bajo la dominación del cazonci, para con ello definir

mán. Gracias a toda la información recopilada por las huestes espa-

su repartición en encomiendas a los soldados españoles.32 En 1524,

ñolas, en 1524 Cortés ordenó a su pariente Francisco Cortés formar

antes de su salida a las Hibueras, Cortés ya había realizado un primer

una milicia y realizar otra entrada desde la villa de Colima hacia el

repartimiento de pueblos, incluidos algunos que reservó para él mis-

noroeste del territorio. Con base en una instrucción civil y militar,

mo y sus parientes. Entre 1525 y 1528 los españoles avanzaron en el

Francisco Cortés debía continuar la búsqueda de las ilocalizables ama-

reconocimiento efectivo de Michoacán enviando visitadores, jueces

zonas, recorrer la costa para buscar posibles puertos, hacer relación

y alcaldes para instaurar la primitiva organización del nuevo orden

de poblados, minas y riquezas, y lograr el vasallaje de todas las pobla-

hispánico del territorio, ubicar minas y realizar la tasación de tribu-

ciones que viniesen de paz. También se le ordenó asentar ante escri-

tos.33 Comenzó entonces un complejo proceso de explotación eco-

bano “[...] todas las cosas, así oro como plata, perlas y esclavos y otras

nómica del territorio por encomenderos, que disputaron hombres y

29

cosas, que hobiéredes en este camino, así de lo que los señores os dieren por voluntad, como de lo que hubiéredes de despojo, si alguna guerra se os ofreciere”.30 En un punto de su instrucción, Hernán Cortés asentó un dato relevante que muestra el fuerte y temprano impacto que la introducción de especies europeas provocó en la transformación de los paisajes americanos, en este caso en Colima: “[...] porque algunos vecinos de la dicha villa tienen puercos e agora llevan más, ternéis especial cuidado en que no los pongan en partes en que hagan daño a los naturales de la tierra”.31 La expedición de Francisco Cortés extendió la presencia hispánica hasta Tepic y Xalisco, recorrió y regis-

Ibid., pp. 318-321. J. B. Warren, op. cit., pp. 72-73. 29 H. Cortés, op. cit., pp. 212-213. 30 Documentos cortesianos, vol. i: 1518-1528, secciones i a iii, edición de José Luis Martínez, México, Universidad Nacional Autónoma de México/Fondo de Cultura Económica, 1993, p. 314. 31 Ibid., p. 311. 32 Los fragmentos que se conocen de la visita de Carvajal se pueden consultar en agi, Justicia 130 y 138. 33 Carlos Herrejón Peredo, Los orígenes de Morelia: Guayangareo-Valladolid, México, El Colegio de Michoacán/Frente de Afirmación Hispanista, 2000, pp. 52-53. 27 28

141


Figura antropomorfa, periodo Clásico temprano Perros de Colima, sin fecha G . Va l k y

Nova Hispania et Nova Galicia, siglo xvii

142

recursos para sus proyectos privados, algunos de ellos marcados por

sus afluentes, fueron sujetas a encomiendas destinadas a proporcio-

34

historias de crueldad y esclavitud contra indios de diversas naciones.

nar recursos, fuerza de trabajo para búsqueda y explotación de minas,

En esos primeros años de reconfiguración del territorio tarasco, el ca-

o bien para desarrollar labores agrícolas y estancias de ganado, que

zonci actuó como aliado incondicional de Cortés, garantizándole el

comenzaron a invadir desde muy temprano la franja sur del territorio

abasto de bienes y servicios para los proyectos de expansión hispánica.

nómada, denominado desde entonces como “llanos de los chichimecas”.

La aportación de los tarascos también se reflejó en la informa-

Muchos de los encomenderos de esa primera generación realizaron

ción que proporcionaron a los españoles sobre las parcialidades chi-

intercambios y traslados de derechos en favor de nuevos encomende-

chimecas que habitaban al otro lado de la frontera septentrional de

ros que desarrollarían poderosas encomiendas. Un caso notable fue

Michoacán. En dicha frontera, Cortés se había alzado también con el

el de Juan de Villaseñor, a quien Cortés había dado el pueblo de Pu­

dominio de Acámbaro y sus pueblos sujetos; entre ellos, Yuririapún-

ruán­diro, lo que le permitió con los años extender sus intereses sobre

daro y Apaseo, poblaciones estratégicas en la frontera nororiental mi-

las tierras fronterizas de los chichimecas; otro caso similar sucedió con

choacana que habían formado parte de los dominios del cazonci y que

Acámbaro, encomendado originalmente al bachiller Pedro de Soto-

estaban conformadas por tarascos, otomíes y mazahuas que mante-

mayor y desde 1528 en manos de Gonzalo Riobó de Sotomayor, con-

nían relaciones importantes de intercambio con parcialidades chichi-

servándola hasta su muerte en 1538, cuando pasó a manos de Hernán

mecas de la nación guamare.35 Lo mismo sucedió con Puruándiro y

Pérez de Bocanegra, quien la consolidó como una extensa propiedad

Huango, en la frontera noroccidental. Todas esas poblaciones, dota-

que abarcó zonas importantes de Apaseo.36

das de enormes recursos hídricos, ante la cercanía del río Grande y

Sin embargo, Cortés y los primeros encomenderos a los que había favorecido comenzaron a experimentar cambios políticos impor-

Sobre este tema, véase J. B. Warren, op. cit., pp. 275-321. Relaciones geográficas del siglo xvi: Michoacán, edición de René Acuña, México, Instituto de Investigaciones Antropológicas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1987, pp. 59-72. 36 J. B. Warren, op. cit. 226-228, y Guillermo Porras Muñoz, El gobierno de la Ciudad de México en el siglo xvi, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1982, pp. 251 y 391-393. 37 H. Cortés, op. cit., p. 206. 38 En un punto de la instrucción que Nuño de Guzmán dio a Juan Cervantes como su teniente de capitán general del Pánuco en 1529 para conquistar y pacificar las poblaciones rebeldes de Oxitipa y Tanchipa, se ordenaba: “[...] la gente que prendieres, así en el campo como en poblado, habiendo salido de guerra como dicho es, si hallares que fueron primero amonestados y requeridos a que viniesen de paz y no lo hicieron, los haced esclavos y los herrad con la marca real que para ello lleva el oficial de contador” (agi, Patronato 63, r. 4, s. f.). Para la gestión de Nuño de Guzmán como gobernador presencial y ausente del Pánuco, véase Donald E. Chipman, Nuño de Guzmán y la provincia de Pánuco en Nueva España, 1518-1533, México, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social/El Colegio de San Luis/Universidad Autónoma de Tamaulipas, 2007, pp. 99-151. 34 35

tantes a partir de la creación de la primera Audiencia Gobernadora en 1528, cuyo primer presidente, Nuño de Guzmán, utilizaría esta posición para intentar una gesta conquistadora que opacara lo hecho por los primeros fundadores de la Nueva España. Nuño alcanzó el título de gobernador del Pánuco en 1527, región que Cortés y sus huestes habían conquistado en 1523 en una de las expediciones más violentas de todo el proceso de expansión hispánica.37 La conquista de los huastecos en Pánuco también provocó disputas con otros actores hispánicos que se habían involucrado en la exploración y penetración de esa región, como Francisco de Garay. Con Nuño de Guzmán como gobernador de Pánuco, las campañas de extrema violencia dirigidas a crear un mercado de esclavos indígenas hacia las Antillas se intensificaron y llegaron a niveles inauditos de crueldad.38 A la par de su desbocada carrera por lograr enriquecimiento y ejercer un poder


político desmedido en Nueva España, Guzmán utilizó la primera Au-

só formalmente a Tangáxoan y, tras abrirle proceso por traición du-

diencia para levantar procesos judiciales en contra de Cortés y sus hom-

rante el camino hacia la frontera del río Grande con los llanos de los

bres. En 1529 envió a Uchichila-Tzintzuntzan a Antonio de Godoy

chichimecas, fue condenado a muerte, ejecutado a garrote y su cuerpo

como autoridad principal y encargado de mermar la injerencia polí-

incinerado el 14 de febrero de 1530, en uno de los episodios más crue-

tica de Cortés en Michoacán. La intención era preparar lo que Guz-

les de toda la conquista y preámbulo de la violencia extrema que ejer-

mán denominó “la conquista de los teules chichimecas”, expedición

cería Nuño de Guzmán a lo largo de toda la campaña que se extendió

militar dirigida a someter los territorios y las naciones ubicados más

hasta 1533.39

allá de Tepic y la provincia de Ávalos. Ese objetivo se aceleró cuando

En las siguientes etapas, el ejército de Guzmán llegó hasta Sayu-

las noticias sobre los abusos cometidos por Guzmán ya habían llega-

la, en la provincia de Ávalos, y a partir de ahí se dirigió a Xalisco y a

do a la corte de Carlos V y éste se disponía a disolver la primera Au-

Tepic para formalizar una “reconquista” en su nombre y bautizar su

diencia de México para llamar a cuentas a sus miembros. Guzmán

nuevo reino como la Gran España. La idea de Nuño de Guzmán fue

tenía el firme propósito de ganar un nuevo reino que le permitiera lo-

la de enlazar esta posesión con el lejano Pánuco a través de los llanos

grar por parte del emperador las recompensas necesarias para su fu-

de los chichimecas, con la idea de cercar territorialmente al naciente

turo ennoblecimiento. Pero también lo movía la ilusión profunda de

reino de la Nueva España, producto de las gestas de Hernán Cortés y

dar con las amazonas que Cortés no había logrado hallar, así como

sus huestes hispano-indígenas, sin embargo, el proyecto no prospe-

con otros sitios que, a ojos de los españoles, eran posibilidades reales

ró.40 A partir de Tepic, la expedición siguió por regiones ignotas para

e históricas, como la existencia de ciudades de oro, o bien el remoto

los españoles, en medio de constantes vicisitudes, hasta llegar a la

y presuntamente rico lugar de origen de los mexicas.

región de Culiacán, donde formalizó la fundación de la villa de San

Como parte de los preparativos y aprovechando que entre 1528

Miguel, asentamiento español que, a pesar de su lejanía, lograría so-

y 1530 Cortés viajó a España, Guzmán envió por el cazonci Tangáxoan,

brevivir. En su retorno a Xalisco, Guzmán fundó, en las inmediacio-

entonces ya bautizado con el nombre de Francisco, y por Cuyniarán-

nes de Tepic, la villa del Espíritu Santo y la ciudad de Compostela,

gari, bautizado como Pedro. Las versiones sobre la ida de estos no-

reconocida en 1531 por cédula de la reina Juana como capital de un

bles tarascos a la casa de Guzmán en Mexico-Tenochtitlan contienen

nuevo reino que fue bautizado como la Nueva Galicia.41 Al mismo

diferencias importantes; lo cierto es que Guzmán mantuvo cautivo a

tiempo, envió a algunos de sus capitanes a buscar emplazamientos

Tangáxoan en México al parecer en dos ocasiones, en las que le exigió cantidades ingentes de oro y de plata para su redención. El 22 de diciembre de 1529 Nuño de Guzmán salió a su conquista desde la ciudad de Mexico-Tenochtitlan con una hueste que había reunido más por autoritarias amenazas que por interés, y que incluía importantes contingentes indígenas. Había enviado por delante al cazonci a reunir bastimentos para el ejército, el cual llegó a Uchichila-Tzintzuntzan hacia enero. Confabulado con diversos encomenderos, Guzmán apre-

39 La mejor reconstrucción del proceso de tortura y muerte del cazonci Francisco Tangáxoan fue realizada en J. Benedict Warren, op. cit., pp. 325-362. Véase también J. de Alcalá, op. cit., pp. 334-341. El proceso contra el cazonci se puede consultar en agi, Justicia 108 y 227. 40 John H. Parry, La Audiencia de Nueva Galicia en el siglo xvi: estudio sobre el gobierno colonial español, Zamora, El Colegio de Michoacán, 1993, p. 64. 41 Relaciones geográficas del siglo xvi: Nueva Galicia, edición de René Acuña, México, Instituto de Investigaciones Antropológicas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1988, p. 88.

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En Fray Felipe de Santiago, Códice de Huichapan, ca. 1632 Fernando M artínez

Piriseo, Acámbaro, 1579

en su empresa43 hicieron de la pacificación de la tierra algo aún remoto para los intereses de poblamiento y expansión hispánicas hacia el septentrión, e incluso fue una de las causas profundas de la guerra que emprendieron los caxcanes y sus aliados en 1539 para intentar expulsar de sus territorios a los invasores españoles e indígenas. Si bien todo lo anterior tuvo como necesario preámbulo la conquista de Michoacán y la expansión hacia Colima, en el flanco norte de lo que fueron los dominios fronterizos de la Triple Alianza con los chichimecas se desarrolló un proceso muy diferente, que tuvo como protagonistas a los otomíes del señorío de Xilotepec. Esta importante territorialidad política había sido dominada por Moctezuma Ilhuicamina en el siglo xv y, antes de la invasión hispánica que conquistó el Anáhuac, era controlada por el señorío de Tlacopan como parte de la Triple Alianza.44 La zona occidental de Xilotepec, que constituía la frontera con los nómadas,45 estuvo resguardada por una serie de poblados que hacían la función de mojoneras del señorío: Tecozautla, Hueychiapa, Atlan, Tleculutlicatzia, Acagulcingo, Tlechatitla y Tiltmiepa: “[...] y en ellos había guarnición de gente de guerra contra los indios chichimecos”.46 Con la caída de Tenochtitlan, Xilotepec fue rápidamente integrado a la dominación hispánica. Sabemos muy poco sobre un primer reparto que de sus pueblos hiciera Cortés en encomienda,

144

para realizar nuevas fundaciones; de ello surgieron, entre 1532 y 1533,

lo cierto es que, para 1533, casi todo el territorio de ese señorío, in-

las villas de Chiametla, Guadalajara y Purificación.42 Con esas funda-

cluida la frontera chichimeca, estaba encomendado al conquistador

ciones, aunque sin haber dado con las amazonas, Nuño de Guzmán

Juan de Jaramillo, casado entonces con doña Marina (la Malinche).47

sentó las primeras bases para la permanencia de la Nueva Galicia como

Otras tres pequeñas encomiendas abarcaron territorio de Xilotepec:

reino, mas la estela de violencia, esclavitud y crímenes que desplegó

la de Chiapa, otorgada al conquistador Gerónimo Ruiz de la Mota; la

Peter Gerhard, La frontera norte de la Nueva España, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1996, pp. 118-121 y 152; Relaciones geográficas del siglo xvi: Nueva Galicia, op. cit., pp. 90-93 y 210; Antonio Tello, Libro segundo de la Crónica miscelánea, en que se trata de la conquista espiritual y temporal de la santa provincia de Xalisco en el nuevo Reino de la Galicia y Nueva Vizcaya y descubrimiento del Nuevo México, México, Porrúa, 1997, pp. 65-73. 43 Las atrocidades que Nuño cometió en contra de las naciones del noroccidente le costaron tres juicios de residencia por parte de la segunda Audiencia Gobernadora, así como su detención y destierro a España en 1537, juicios que nunca lo condenaron. Para la relación de Nuño de Guzmán al Consejo de Indias sobre la entrada a los teules chichimecas, véase agi, Patronato 184, r. 10. 44 David Charles Wright Carr, Querétaro en el siglo xvi: fuentes documentales primarias, Querétaro, Gobierno del Estado de Querétaro, 1989, pp. 42-43. 45 La documentación no aclara la nación o las naciones nómadas que interactuaban con la frontera de Xilotepec, pero es del todo verosímil que se tratara de parcialidades guamares, guachichiles y pames. 46 Relaciones geográficas del siglo xvi: Michoacán, op. cit., pp. 217-218. 47 Francisco del Paso y Troncoso, Epistolario de la Nueva España, 1505-1518, vol. iii, México, Antigua Librería Robredo, 1939, pp. 31-32. 48 Peter Gerhard, Geograf ía histórica de la Nueva España, 1519-1521, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1986, p. 393. 49 Wright Carr afirma que Conni comerciaba con parcialidades pames, sin embargo, la documentación no especifica la nación nómada de referencia y bien podrían haber sido también guamares y guachichiles. Véase David Charles Wright Carr, La conquista del Bajío y los orígenes de San Miguel de Allende, México, Fondo de Cultura Económica/Universidad del Valle de México, 1999, p. 37. 50 Relaciones geográficas del siglo xvi: Michoacán, op. cit., p. 218. 51 Ibid. 52 Hernán Pérez de Bocanegra había recibido del virrey Antonio de Mendoza las encomiendas de Acámbaro y Apaseo en 1538, por lo que la fecha de 1539 como estimación de su llegada a la cañada de Anda Maxei es aproximativa. Para información sobre Pérez de Bocanegra, véase G. Porras Muñoz, op. cit., pp. 391-394. 42

de Chiapantongo, en manos de Hernán Sánchez, y la de Tzayamalquilpa, de Juan Navarro.48 De acuerdo con la Relación geográfica de Querétaro, de 1582, tras la caída de Tenochtitlan y del consiguiente avance de la dominación hispánica sobre Xilotepec, un pochteca o mercader otomí llamado Conni, oriundo de Nopala, pueblo fronterizo muy próximo a Hueychiapa, decidió refugiarse en tierras chichimecas con un grupo de parientes, deudos y amigos, que hacían un total de treinta familias. A pesar de las relaciones hostiles entre los otomíes de Xilotepec y los nómadas, Conni se había dedicado a comerciar con ellos durante mucho tiempo, llevándoles mantas de fibra de maguey y sal a cambio de buena cantidad de pieles, arcos y flechas que vendía en los tiánguez o mercados de México y su comarca.49 Gracias a esas relaciones de trueque, Conni pudo abandonar Nopala para huir de los españoles y refugiarse con su gente en el Chichimecapan: “[...] e hizo asiento en unas cuevas que están en una cañada por do corre un arroyo de agua”.50 Dicho asiento fue llamado Anda Maxei, que en otomí significa “gran juego de pelota”: “Y llamáronle así, porque las dichas peñas a donde primero pobló el dicho indio Conni con su gente tenían la facción y hechura del cercado do jugaban a la pelota”.51 De esa manera lograron permanecer varios años en Anda Maxei cultivando maíz, frijol y chile e intercambiando esos productos con los nómadas. Hacia 1539 arribó a Anda Maxei el entonces encomendero de Acámbaro y Apaseo, Hernán Pérez de Bocanegra, acompañado por indios tarascos.52 El


encomendero entabló relaciones con Conni, le dio regalos y lo con-

San Juan del Río.56 Esos procesos de poblamiento temprano del espacio

minó a reconocerlo como su señor y permitir la evangelización. Tras

meridional chichimeca —causados por refugiados otomíes que atra-

la aceptación de Conni, Pérez de Bocanegra solicitó un fraile a los fran-

jeron a nómadas o bien por la penetración hispánica por medio de las

ciscanos de Michoacán. El nuevo escenario de amistad entre los cas-

encomiendas y sus unidades productivas— se dieron a la par de otro

tellanos y los otomíes de Anda Maxei alteró a los nómadas, quienes

proceso de repartición de territorio mediante mercedes para estan-

fueron regalados y convencidos por Conni “[...] a que recibiesen la

cias de ganado y caballerías de tierra, el cual se acompañó de la entra-

ley de los españoles, que, por lo que habían predicado, le parecía

da de misioneros franciscanos a regiones cada vez más remotas y

muy buena”.53

peligrosas de la tierra chichimeca. Todo ello ocurrió con la instaura-

Al retornar a Anda Maxei, Pérez de Bocanegra trajo consigo a un

ción del virreinato.

franciscano, del cual desconocemos su nombre. Fue este fraile quien bautizó a Conni como Hernando de Tapia, iniciando con ello la evan-

E l n o r t e e n l o s o r í g e n e s d e l v i r r e i n at o :

gelización de los otomíes y de los chichimecas que poblaban la cañada.

r e c o n q u i s ta y p r o d i g i o

Pérez de Bocanegra también dejó a su criado Juan Sánchez de Alanís

Los esfuerzos por encontrar una solución política a la organización

para trabajar en la conversión de los chichimecas. Poco tiempo des-

del gobierno en la naciente Nueva España tuvieron como consecuen-

pués, Hernando de Tapia, con ayuda de Sánchez de Alanís, decidió

cia la supresión de la primera Audiencia Gobernadora y su sustitución

sacar a la población de la cañada de Anda Maxei para fundar, a media

por una segunda, la cual gobernó de 1531 a 1535, como preludio de

legua de distancia, una nueva población ahora bajo el nombre de Que-

la creación del virreinato. En ese último año, a mediados de noviem-

rétaro, que es la traducción al tarasco de Anda Maxei.54 Por la fertili-

bre, llegó a la Ciudad de México el primer virrey de la Nueva España,

dad de sus tierras, la abundancia de agua y su posición, Querétaro se

don Antonio de Mendoza, quien cargaba diversas instrucciones del

convertiría en muy pocos años en la puerta de entrada a la tierra chi-

emperador para avanzar, entre otras muchas cosas, en la organiza-

chimeca y en el punto de referencia para el trazado de los caminos

ción de las instituciones, principalmente la Real Hacienda. Llegaba

hispánicos hacia el septentrión. Sobre la fecha de fundación de Que-

también con el encargo de investigar todo lo referente a las guerras

rétaro no existen datos ciertos, aunque debió ocurrir entre 1540 y

contra los indios, su esclavización, su adoctrinamiento y su buen trato.

1542.55 Lo mismo podemos afirmar de otra población que siguió una dinámica similar, San Juan del Río. De acuerdo con la misma Relación geográfica de Querétaro, ante el avance español, otro otomí de Xilotepec se habría refugiado en tierra chichimeca junto a un río y una loma conocida como Iztac Chichimecapan. Tras ser contactado por los españoles y bautizado como don Juan, el asentamiento fue nombrado

Relaciones geográficas del siglo xvi: Michoacán, op. cit., p. 220. Ibid., pp. 220-221. 55 Wright Carr es quien ha dado los mejores elementos para afirmar que la fundación de Querétaro debió ocurrir en 1540. Véase D. C. Wright Carr, Querétaro en el siglo xvi: fuentes documentales primarias, op. cit., p. 73. 56 Relaciones geográficas del siglo xvi: Michoacán, op. cit., p. 222-223. 53 54

145


146

En cuanto a la expansión de los descubrimientos y conquistas para la

realizado una junta eclesiástica en México para tomar el parecer de

integración de nuevos territorios a la Corona de Castilla, Mendoza

diversos personajes sobre la conveniencia de continuar con la guerra

tuvo especial cuidado en estimular la exploración de nuevas regiones

iniciada por Nuño de Guzmán contra los teules chichimecas. El pri-

en busca de yacimientos de metales preciosos.57 En cuanto al pobla-

mer testigo interrogado por dicha junta, Cristóbal de Barrios, era un

miento, parte de su estrategia se centró en la expedición de mercedes

miliciano que había ido con la hueste de Guzmán desde que salió de

de tierra a españoles no conquistadores y recién llegados a Nueva Es-

la ciudad de Mexico-Tenochtitlan y que se encontraba de regreso en

paña interesados en poseer espacios aptos para el desarrollo de labores

ésta. Además de manifestar su completo apoyo a la guerra, sobre todo

agrícolas y ganaderas, lo que impactó de manera especial en las zonas

para expandir el cristianismo, acabar con lo que los españoles deno-

inmediatas de la tierra chichimeca. Sin embargo, el desafío más grande

minaban “idolatrías”, poblar aquella tierra y aprovechar sus riquezas,

que hubo de enfrentar el virrey fue precisamente la pacificación y el

fundamentalmente oro y plata, Barrios señaló una circunstancia muy

aseguramiento de lo hasta entonces ganado en el septentrión, esto es,

reveladora de la situación de inestabilidad y violencia que se vivía du-

en el reino de la Nueva Galicia, que entonces gobernaba su fundador

rante el parto de la Nueva Galicia:

Nuño de Guzmán. La situación en esa enorme región estaba muy lejos de normali-

[...] quéste testigo tiene por muy útil é provechoso la dicha guerra, por-

zarse, no sólo por la violencia hispánica que desplegaron sus con-

que la tierra donde se hace, que le han puesto nombre la Mayor España,

quistadores en las campañas desarrolladas entre 1529 y 1533, sino

confina con Mechuacan é Colima é Panuco, que son provincias questán

también por el permanente estado de guerra que en contra de los es-

á obediencia de Su Magestad, é por la vecindad de las dichas tierras, los

pañoles y sus aliados indígenas mantenían diversas naciones de agri-

cristhianos é las tienen pobladas, é no eran tan bien obedescidos en las

cultores y nómadas que escaparon a la dominación de Guzmán. A

tierras pacíficas, como era razon, por el favor que tenían de los vecinos

ello se agregaban las epidemias provocadas por la movilidad de las

questában de guerra.59

58

huestes hispano-indígenas que asolaron la región entre Xalisco, Nochistlán, Tepic y Culiacán. Ya en 1531, la segunda Audiencia había

Los nexos que mantenían sectores de naciones indígenas “integradas” a la dominación hispánica con naciones insumisas de diver-

Las instrucciones al virrey Mendoza se pueden consultar en Ernesto de la Torre Villar, Instrucciones y memorias de los virreyes novohispanos, 2 vols., México, Porrúa, 1991, pp. 80-97. 58 Principalmente los texcoquines, quienes por décadas resistieron la dominación his­ pánica. 59 Alberto Carrillo Cázares, El debate sobre la guerra chichimeca, 1531-1585, Zamora, El Colegio de Michoacán/El Colegio de San Luis, 2000, p. 413. 57

sas regiones del septentrión representaban un peligro latente para todos los planes de expansión y aseguramiento de nuevos territorios para los cristianos. Sin embargo, el pragmático apoyo a la guerra dado por Barrios también se manifestó en la opinión de importantes prelados y misioneros de la primitiva Iglesia novohispana. Fray Julián Garcés, obispo de Tlaxcala, manifestó que debían “[...] proseguir tan


Joannes de L aet (1581-1649)

Nova Hispania, Nova Galicia, Guatimala, Leiden, 1625-1640 Atribuido a M i g u e l C a b r e r a ( 1 6 9 5 - 1 7 6 8 ) Retrato del obispo fray Juan de Zumárraga, siglo xviii


R a món Torres

Antonio de Mendoza (detalle), 1786 Autor no identificad o

Los doce primeros franciscanos, siglo xviii

la legitimidad de los castellanos para despojarlos de sus territorios. Ello forjó un clima de profundas disputas en torno a la justificación de las conquistas por el supuesto bien que acarreaban a los dominios del emperador y al ensanchamiento de la cristiandad, disputas que también reconocieron la necesidad de asumir otras estrategias para integrar a las naciones indígenas al dominio hispánico. Al igual que otros religiosos y humanistas, el obispo fray Juan de Zumárraga mantenía una postura de rechazo hacia toda la violencia con que se habían realizado hasta entonces las conquistas. En una carta que escribió en abril de 1537, fray Juan le contaba a un interlocutor haber llamado a un fraile desde Guatemala para que diera testimonio ante el virrey Mendoza sobre las crueldades cometidas en contra de los indios por quienes se decían cristianos; sobre esto, el virrey habría enviado un informe al emperador y al Consejo de Indias. A la par, el obispo informaba haber enviado relaciones sobre el mismo tema para que fueran puestas en manos de Carlos V: [...] comunicándolo con el señor doctor Bernal que persuadirá harto su

148

santa empresa, sin escrúpulo de conciencia” para dilatar la cristian-

corazón católico para que se quiten estas conquistas, que son obprobiosas

dad; fray Juan de Zumárraga, obispo electo de México, manifestó que,

injurias de nuestra cristiandad y fe católica, y en toda esta tierra no ha

a pesar de ser una guerra injusta, no se podía abandonar “[...] pues la

sido sino carnicerías cuantas conquistas se han hecho, y si S. M. comete

costa está hecha, é la gente allá”, y agregaba que las únicas causas

esta cosa a su Visorrey Don Antonio de Mendoza, yo creo que cesarán y

por las cuales se les podría impugnar a los naturales eran su infideli-

lo que se descubriere y descubierto se conquistará apostólicamente o

dad, las idolatrías y los ritos gentiles, y que Guzmán debía ser reem-

cristianamente como lo tenemos platicado con religiosos, mandando a los

plazado; fray Martín de Valencia manifestó que, en un principio, se

españoles que, so pena de muerte, no entren en pueblo ni casa de indio.61

había opuesto a la partida de la hueste de Guzmán a la guerra porque dejaría desamparada y en mucho peligro a la Ciudad de México, pero

Sin embargo, el virrey Mendoza no tardó mucho en experimen-

que gracias a los muchos españoles llegados de España la situación ya

tar la dificultad de vivir entre las rectas intenciones y la violencia que

era diferente y la guerra se debía continuar para erradicar la idolatría,

se había vuelto endémica en el avance hispánico sobre la América sep-

aunque también pedía sustituir a Guzmán; por su parte, fray Francis-

tentrional. En 1537, mismo año de la carta de Zumárraga, Nuño de

co de Soto y fray Francisco Jiménez se manifestaron en favor de pro-

Guzmán fue aprehendido en México por Diego Pérez de la Torre, quien

seguir la guerra para acabar con lo que denominaban “la adoración al

fue enviado desde España para sustituirlo en la gobernación de la Nue-

diablo” y reiteraban la necesidad de reemplazar a Nuño de Guzmán y

va Galicia. El nuevo gobernador llegó con la instrucción de ordenar

someterlo a juicio de residencia.

todos los asuntos de aquel reino, mas la guerra por parte de las nacio-

60

Opiniones como éstas se siguieron manifestando ante el avance

nes que resistían la penetración de los españoles y sus aliados indígenas

de las empresas hispánicas de sometimiento de las naciones del sep-

lo llevó a las armas y fue herido de muerte dos años después. En su

tentrión y en ellas predominaron los dilemas sobre la guerra justa, la

lecho fatal, a Pérez de la Torre sólo le dio tiempo de designar como

esclavización de los indios, las atrocidades cometidas en su contra y

sucesor a Cristóbal de Oñate, encomendero y uno de los capitanes que habían combatido en la hueste de Guzmán. Pero el virrey Mendoza

Ibid., pp. 414-418. 61 Documentos inéditos del siglo xvi para la historia de México colegidos y anotados por el P. Mariano Cuevas, S. J., México, Porrúa, 1975, pp. 83-84 (cursivas añadidas). 62 Álvar Núñez Cabeza de Vaca y sus tres compañeros, sobrevivientes de la desastrosa expedición de Pánfilo de Narváez a la Florida en 1527, pasaron seis años como cautivos de diversas naciones de Florida y Texas; hacia 1534 lograron liberarse y caminar hacia el oeste, hasta que en 1537 llegaron a San Miguel Culiacán, donde se volvieron a encontrar con españoles. Núñez pasó ese mismo año a la Ciudad de México y relató su experiencia al virrey Mendoza, quien tomó la determinación de ir en pos del lejano septentrión. De regreso en España, Álvar Núñez escribió su famoso relato Naufragios, publicado por primera vez en 1542. Véase Baltasar de Obregón, Historia de los descubrimientos antiguos y modernos de la Nueva España, México, Porrúa, 1988, pp. 12-14, y Danna A. Levin Rojo, Return to Aztlan: Indians, Spaniards, and the Invention of Nuevo México, Norman, University of Oklahoma Press, 2014, pp. 69-70. 60

no lo reconoció y en su lugar nombró a Francisco Vázquez de Coronado, quien, al igual que el virrey, tenía la mirada puesta en descubrir los secretos de las tierras ubicadas en el norte lejano. Ese deseo llevaba años de nutrirse con las referencias sobre la presunta existencia de Aztlan, el lugar de origen de los mexicas, y se potencializó en 1537 con las fascinantes descripciones que divulgó Álvar Núñez Cabeza de Vaca ante el virrey Mendoza, después de su legendaria travesía de diez años desde Florida hasta San Miguel Culiacán.62 Fue entonces cuando Mendoza, con ayuda de Vázquez de Coronado, impulsó la expedición del franciscano fray Marcos de Niza hacia ese norte lejano. Fray Marcos había recibido instrucciones precisas


del virrey que incluían una serie de mandamientos dirigidos a los ve-

Cuando Estebanico alcanzó Cíbola, fue impedido de entrar a la ciudad

cinos de Culiacán para evitar la esclavitud y los abusos contra los in-

y finalmente flechado y muerto. Fray Marcos decidió entonces acer-

dios, darles buen trato y atraerlos al cristianismo. Sobre la tierra a

carse lo más que pudo para ver de lejos la tan ansiada ciudad:

explorar, Mendoza pidió buscar cualquier indicio de la Mar del Sur o de algún brazo de mar que entrara por el septentrión, ello con el fin de

[...] y con mis indios y lenguas seguí mi camino hasta la vista de Cibola,

mantener la búsqueda del tan ansiado estrecho o paso marítimo entre

la cual está asentada en un llano á la falda de un cerro redondo. Tiene

los océanos que permitiera la ruta a la Especiería.63 Acompañado del

muy hermoso parescer de pueblo, el mejor que en estas partes yo he vis-

negro Estabanico (uno de los cuatro miembros del grupo de Álvar

to, son las casas por la manera que los indios me dixeron, todas de piedra

Núñez Cabeza de Vaca), de indios que el virrey había liberado de la

con sus sobrados y azuteas, á lo que me paresció desde un cerro donde

esclavitud y de otros tantos que se unieron a la expedición, fray Marcos

me puse á vella. La población es mayor que la cibdad de México; algunas

partió desde Culiacán el 7 de marzo de 1539. Los testimonios no permi-

veces fui tentado de irme á ella, porque sabía que no aventuraba sino la

ten saber con precisión el itinerario que siguió y mucho menos lo que

vida, y esta ofrescí á Dios el día que comencé la jornada; al cabo temí,

realmente sucedió y encontró, lo que sí conocemos es la relación que

considerando mi peligro y que si yo moría, no se podría haber razon des-

en septiembre de ese año el mismo fray Marcos entregó en la gran

ta tierra, que a mi ver es la mayor y mejor de todas las descubiertas [...].

ciudad de Mexico-Tenochtitlan al virrey, quien la recibió, acompaña-

Vista la dispusición de la ciudad, parescióme llamar aquella tierra el nue-

do de miembros de la Audiencia, de Francisco Vázquez de Coronado

vo reino de San Francisco.64

como gobernador de la Nueva Galicia y de fray Martín de Hojacastro. Lo relatado por fray Marcos fue una mezcla de datos que en su

La noticia sobre las siete ciudades de Cíbola y de otros lejanos

momento despertaron las más sorprendentes alucinaciones. Entre

reinos llenos de riquezas por expoliar y de multitudes a convertir des-

otras cosas, el franciscano dijo que tras haberse internado en el sep-

pertó el inmediato interés de los españoles, quienes vieron la posibi-

tentrión recibió de diversos pobladores las primeras noticias sobre

lidad de superar las conquistas previas. Sin embargo, ese espejismo,

una provincia con siete grandes ciudades gobernadas por un mismo

propagado por un exaltado fray Marcos de Niza, también tuvo enormes

señor, la primera de ellas llamada Cíbola. Todas, le habrían contado,

consecuencias políticas. De inmediato, el virrey Mendoza impulsó

tenían casas de piedra y cal de hasta cuatro pisos, forradas de turque-

una nueva expedición de conquista a cargo de Francisco Vázquez de

sas y habitadas por mucha gente que vestía algodón y cueros de unas

Coronado, quien salió a principios de 1540 de la ciudad de Mexico-

vacas grandes, seguramente bisontes. Más allá de esa provincia existían

Tenochtitlan con una primera hueste que incluía contingentes tlax-

otras más ricas, así como tres reinos: Marata, Acus y Totonteac. Confor-

caltecas. Ya en Nueva Galicia se unió a la expedición una cantidad

me avanzaba hacia el norte, fray Marcos realizaba actos de posesión de la tierra en nombre del virrey como representante del emperador. También dijo haber atravesado valles fértiles con muchos poblados, donde recibía más y más noticias sobre Cíbola. Tras haber enviado por delante a Estebanico, éste le daba detalles por medio de mensajeros.

63 La instrucción completa en Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquista y colonización de las posesiones españolas en América y Oceanía, vol. iii, bajo la dirección de Joaquín F. Pacheco, Francisco de Cárdenas y Luis Torres de Mendoza, Madrid, Imprenta de Manuel B. de Quirós, 1865, pp. 325-328. 64 Ibid., pp. 347-348.

149


Muerte de Pedro de Alvarado, en Códice Telleriano-Remensis, 1550-1556

representó el inicio de su efectiva dominación. La guerra también tuvo consecuencias demográficas generadas por la irrupción en la zona de los miles de indígenas que formaron la hueste de Mendoza, además del reordenamiento administrativo que implicó, entre otras cosas, la mudanza inmediata de la ciudad de Guadalajara de Tlaco­ tlan a su definitivo emplazamiento en el valle de Atemajac, donde milicianos nahuas decidieron fundar el barrio de Mexicalcingo para no

importante de los pobladores españoles de ese territorio, seducidos

regresar al centro de la Nueva España.70 Poco tiempo después, hacia

por la idea de lograr el golpe de fortuna, los méritos y las recompen-

junio de 1542, la expedición a Cíbola del gobernador Francisco Váz-

sas que no habían obtenido hasta entonces. Antes de continuar su

quez de Coronado regresó a San Miguel Culiacán sin logros ni rique-

camino, Vázquez de Coronado nombró como gobernador interino a

zas, pero al menos con la restitución poblacional de españoles que

Cristóbal de Oñate. Fue así que los asentamientos hispánicos de la

requería la Nueva Galicia.71 Esta nueva etapa de paz impuesta tam-

región, sobre todo la ya de por sí abandonada Compostela, quedaron

bién les permitió a los españoles extender la búsqueda de nuevas tie-

más vulnerables ante los constantes ataques de las naciones que re-

rras y yacimientos mineros, como los de Huachinango y Etzatlán, o

chazaban la presencia de los españoles y sus aliados indígenas. Ante

bien las exploraciones que llevaron la frontera hispánica, la guerra y

esto, Oñate decidió trasladar su gobierno a la villa de Guadalajara,

la esclavitud más allá de la Sierra Madre Occidental hacia los altipla-

también asediada por la violencia de los naturales, y desde allí hubo

nos septentrionales.72

de confrontar a los indómitos caxcanes, quienes se mantenían desa-

Los frutos de las nuevas empresas desplegadas hacia el norte des-

fiantes en Juchipila, Tlaltenango, Nochistlán y Teocaltiche. Oñate tam-

de Guadalajara no tardaron mucho en caer. En 1546 una expedición

bién realizó entradas punitivas a sangre y fuego hacia el norte de su

en la que participaron Juan de Tolosa y Diego de Ibarra dio con un

gobernación que se prolongaron hasta 1541 y que terminaron por

macizo montañoso del que se sacaron muestras prometedoras de mi-

incendiar toda la región, al grado de quedar la Nueva Galicia a un tris

neral de plata. El sitio estaba en medio de las altiplanicies que formaban

de desaparecer, lo que habría puesto en riesgo todo lo ganado por los

parte de la territorialidad de los indios zacatecos, y la perspectiva de

cristianos en la Nueva España.65

riquezas argentíferas impulsó de inmediato el interés por fundar y

Frente a ese incierto escenario, Oñate informó al virrey, quien, al

asegurar un emplazamiento. Para enero de 1548, Juan de Tolosa, Diego

ponderar el enorme riesgo de perderlo todo, envió al conquistador

de Ibarra, Baltasar Temiño de Bañuelos y Cristóbal de Oñate funda-

Pedro de Alvarado a Guadalajara. Se trataba de uno de los más presti-

ron el real de minas de Nuestra Señora de los Zacatecas en medio de

giados y experimentados milicianos de todo el proceso de conquistas.

una cañada que bajaba del cerro de la Bufa, en la cual se desarrolló un

Tras arribar en junio a Guadalajara, y sin escuchar consejo ni esperar

primitivo núcleo poblacional que involucró, entre otros, a españoles,

ayuda, Alvarado decidió emprender con sus hombres la campaña con-

portugueses, tarascos, mexicanos, otomíes y africanos, y que se con-

tra los caxcanes y sus aliados zacatecos en el peñón de Nochistlán.

vertiría en pocos años en una de las joyas de la Corona española.73 El

Repelido y fuertemente dañado, Alvarado fue aplastado en plena retirada por el caballo de uno de sus hombres que resbaló en una barranca.66 Días después, falleció en Guadalajara, hecho que representó un duro golpe en el ánimo de los españoles. Al conocer la noticia, el virrey Mendoza decidió organizar el mayor contingente de guerra hasta entonces visto en la Nueva España. Según las fuentes disponibles, la hueste incluyó en la primera etapa a quinientos españoles, con al menos trescientos de a caballo, además de un aproximado de 50 mil in­ dios amigos que aportaron diversos señoríos indígenas aliados de los españoles, quienes fueron a la guerra contra “los chichimecas de Xu­ chipila”.67 Esa fuerza la integraban principalmente hombres provenientes de Xilotepec, Tlaxcala, Tenango, Tlalmanalco, Amecamecan, Chalco, Huejotzingo, Cholula, Aculhuacan, Xochimilco, Coyoacan y Cuauhtitlan, es decir, nahuas y otomíes. El 29 de septiembre de 1541 Mendoza salió de la ciudad de Mexico-Tenochtitlan a la cabeza de ese impresionante ejército para conquistar de nueva cuenta la Nueva Galicia. A su paso por Michoacán se le integraron huestes tarascas y, más adelante, ya en tierra neogallega, huestes tonaltecas.68 La estrategia de Mendoza fue llevar la guerra a sangre y fuego a los peñones de Juchipila, Mixtón, Teul y Nochistlán para someter a los caxcanes y arrasar sus asentamientos aldeanos. Consumado su objetivo, Mendoza llevó a su hueste hacia el oeste y el suroeste de la Nueva Galicia en otra guerra para aplastar y pacificar pueblos insumisos.69 El impacto de esa brutal campaña hispano-indígena fue definitivo para las naciones que hasta entonces habían obstaculizado con efectividad la expansión de los cristianos en el corazón de la provincia novogalaica y

65 En su historia de Xalisco, escrita a mediados del siglo xvii, el franciscano fray Antonio Tello recreó las palabras que supuestamente pronunció Cristóbal de Oñate ante la junta de alcaldes, regidores, oficiales reales, capitanes y principales de las poblaciones de Nueva Galicia que logró congregar tras recibir noticias del alzamiento generalizado de las naciones indígenas en toda su gobernación: “[...] Señores: aquí nos hemos congregado á cabildo para que se trate del remedio de tanto daño como vemos en todo el reino, y que será más dificultoso sujetarle, que cuando se ganó, habiendo traído Nuño de Guzmán quinientos españoles y veinte mil amigos, y con todo eso nos vimos con grandes trabajos para ganarle y sujetarle; pero ahora que somos tan pocos para tanto incendio y para volver á ganar la tierra y resistir enemigos tan malos y diestros en las armas, con tan pocas fuerzas, y que los más amigos y que teníamos más por nuestros, se han vuelto enemigos, y que lo de Culiacán, Compostela y Purificación está todo alzado; sacar á un hombre de ellas, será perderlo todo” (A. Tello, op. cit., pp. 347-348). 66 Una reconstrucción dramática de la muerte de Alvarado en ibid., pp. 367-373. 67 La expresión consta en la relación que sobre esta jornada de guerra a Nueva Galicia hizo el señor de Tlalmanalco, Francisco de Sandoval Acazitli. Véase Colección de documentos para la historia de México [1858-1866], vol. ii, edición de Joaquín García Icazbalceta, México, Porrúa, 1980, p. 307. 68 Ibid., pp. 308-309. 69 Ibid., pp. 324-327. 70 P. Gerhard, La frontera norte de la Nueva España, op. cit., p. 120. 71 D. A. Levin Rojo, op. cit., p. 74. Las entradas hacia Tierra Adentro exploraron hasta Quivira y constataron la existencia de enormes territorios que fueron denominados como Nuevo México. A pesar de los esfuerzos de los franciscanos, que enviarían dos misiones hacia el territorio de los indios pueblo entre 1581 y 1582, la multiplicidad de naciones nómadas y sedentarias que habitaban en ese gran espacio lograrían mantenerse al margen de los cristianos españoles. Hasta 1595 Juan de Oñate obtuvo licencia de Felipe II para intentar la colonización del Nuevo México. Oñate y su milicia se enfrentaron por casi un año a los indios pueblo y lograron asentarse a orillas del río Grande. En 1607 fue reemplazado en la expedición por Pedro de Peralta, quien finalmente logró fundar Santa Fe en 1610, el único asentamiento español del Nuevo México hasta bien entrado el siglo xvii. 72 Atanasio G. Saravia, Apuntes para la historia de la Nueva Vizcaya, t. i, México, Uni­ver­ sidad Nacional Autónoma de México, 1993, p. 85. 73 Elías Amador, Bosquejo histórico de Zacatecas, t. i: Desde los primeros tiempos hasta el año de 1810, Zacatecas, Instituto Zacatecano de Cultura, 2009, pp. 191-196.

151


a Perú escribió hacia 1550 un memorial a su sucesor Luis de Velasco

Ta l l e r d e l o s G o n z á l e z

La conquista de Cholula, 1670-1740

en el que le informaba, entre otras cosas, que por su mandato un tal Juan Muñoz de Zayas, vecino de Pánuco, había descubierto el camino hacia los Zacatecas: “[...] y por ser camino tan conveniente para el proveimiento y contratación de aquellas minas, mandará V. Sa. que se aderecen las partes que fueren necesarias para que puedan ir y venir por él arrias, y se excusen las vejaciones a los indios”.77 No queda

nuevo reordenamiento del espacio fronterizo provocado por la im-

claro cuál fue ese temprano camino a Zacatecas, pues no parece ha-

portancia del hallazgo minero, así como por la necesidad de asegurar

ber sido el que se consolidó pocos años después con ayuda de los taras-

esta nueva posesión, tuvo también consecuencias profundas para di-

cos y que invadió el corazón del territorio guachichil. Lo cierto es que

versas naciones nómadas, que se verían severamente afectadas, princi-

para el virrey la minería era la prioridad en todas las exploraciones, y

palmente los zacatecos y los guachichiles que dominaban las enormes

así lo estableció en el mismo memorial donde asentó: “Lo que al pre-

regiones ubicadas al norte, al este y al sureste de Zacatecas. Otra de

sente parece que da ser a la tierra y la sostiene son las minas [...] por-

las exploraciones que reconfiguraron en breve lapso la frontera sep-

que el ser de la tierra está en las minas”.78

tentrional de la Nueva Galicia fue la emprendida por Ginés Vázquez

A la par de esa prioridad, el virrey Mendoza promovió desde el

de Mercado, quien, en 1548, año de la instauración de la Audiencia de

comienzo de su gobierno el poblamiento de la parte sur de la tierra

Nueva Galicia en Compostela, fue encomendado por los oidores para

chichimeca mediante la política de mercedar caballerías de tierra y

incursionar hacia el norte e intentar confirmar las versiones sobre la

estancias de ganado, estrategia que tuvo una lenta, aunque sostenida,

existencia de una montaña de plata. Tras salir de Guadalajara en 1553,

aplicación. La política del virrey respondió también a uno de los cam-

Vázquez de Mercado se movió por la Sierra Madre Occidental y lo-

bios más importantes que Carlos V y su Consejo de Indias instru-

gró llegar al sitio que sería bautizado como valle de Guadiana, donde

mentaron entre 1541 y 1542 para reorganizar la administración de sus

encontró una montaña mineralizada de hierro, además de la hostili-

posesiones de ultramar a través de las Leyes nuevas, conjunto de ordenan-

dad de los indígenas, quienes lo hirieron de muerte. Esa malograda

zas que, entre otras cosas, abolieron en la letra el derecho de esclavitud

expedición fue el antecedente de otras más que estuvieron a cargo de

y la servidumbre personal de los indios, además de prohibir la conce-

Francisco de Ibarra, quien desde Zacatecas había participado en el

sión de nuevas encomiendas.79 Fue así que desde 1540 la franja meri-

descubrimiento de las minas de San Martín, Fresnillo, Sombrerete y

dional de la provincia de los chichimecas comenzó a ser invadida por

Nieves, y que en 1562, tras haber llegado a Topia, fue nombrado por

estancieros, ganado y misioneros, que la penetraron paulatinamente

el virrey Luis de Velasco como gobernador de una nueva e indefinida

desde Querétaro, Michoacán y Guadalajara, en un proceso de lenta

territorialidad política hispánica denominada la Nueva Vizcaya. Un

colonización agrícola y ganadera.80 Los franciscanos, por ejemplo, se

año después Ibarra fundó la capital de la nueva gobernación en el

habían asentado en diversos puestos fronterizos entre Michoacán y

valle de Guadiana, extendiendo la presencia septentrional de los cris-

la tierra nómada, e hicieron del monasterio de Acámbaro uno de sus

tianos hasta San Bartolomé.75 Entre 1563 y 1567 Francisco de Ibarra

principales bastiones para intentar atraer a los chichimecas al cristia-

buscó sin éxito el imaginario lugar de origen de los mexicas, lo que le

nismo. Fue precisamente desde Acámbaro cuando en 1542 fray Juan

permitió descubrir la región de la que sería posteriormente la impor-

de San Miguel realizó una de las entradas más importantes al Chichime-

tante provincia de Santa Bárbara.76

capan. Siguiendo la ruta hacia el primitivo pueblo otomí-chichimeca

74

de Querétaro, fray Juan se internó hacia la frontera entre los territorios E l ú lt i m o e s l a b ó n : e n t r e l a g u e r r a c h i c h i m e c a

guamare y guachichil para fundar un primer pueblo de indios que

y e l P o t o s í n o v o h i s pa n o

bautizó como San Miguel de los Chichimecas. Desde ahí siguió hasta

Si bien la expansión hispánica dio un salto notable tras la reconquista

Xichú, en la zona más agreste de la Sierra Gorda, para después retor-

de la Nueva Galicia hecha por el virrey Mendoza, la integración de

nar a San Miguel y volverse de nuevo hacia el norte para llegar hasta

nuevos territorios y naciones septentrionales a la dominación hispá-

la lejana región del Rioverde, de donde regresó a Acámbaro en 1544.81

nica estaba lejos de tener una continuidad geográfica. Existía, por el

Fray Juan logró asentar en el primitivo San Miguel de los Chichime-

contrario, una dominación discontinua que dejaba grandes zonas fue-

cas a guamares con tarascos y otomíes.

ra del control de los cristianos, así como un gran norte, lejano e ignoto, que se dividía en espacios abiertos hacia el noroeste, norte y noreste de lo hasta entonces conquistado. En la segunda mitad del siglo xvi, los españoles no abandonarían su intención de alzarse con las imaginarias riquezas del lejano septentrión; sin embargo, la urgencia de asegurar Zacatecas y todo el distrito minero que se construyó en su entorno consumiría buena parte de los esfuerzos del gobierno virreinal. La razón fue el rechazo de los nómadas chichimecas, principalmente los guachichiles, a la invasión de sus territorios, misma que comenzaron a experimentar por parte de los españoles, que necesitaban abrir un camino directo entre Querétaro y Zacatecas, además de una red asociada de caminería transversal para conectar los nuevos espacios poblacionales y productivos que aviarían las minas. Ese conflicto lo visualizó con claridad el virrey Mendoza, quien antes de partir

A. G. Saravia, op. cit., pp. 86-89, y J. H. Parry, op. cit., pp. 135-137. Ibid., pp. 137-143, y P. Gerhard, La frontera norte de la Nueva España, op. cit., p. 206. 76 Chantal Cramaussel, Poblar la frontera: la provincia de Santa Bárbara en Nueva Vizcaya durante los siglos xvi y xvii, Zamora, El Colegio de Michoacán, 2006, pp. 29-35. 77 E. de la Torre Villar, op. cit., p. 112 (cursivas añadidas). 78 Ibid., p. 100. 79 Véase Las leyes nuevas de 1542-1543: ordenanzas para la gobernación de las Indias y buen tratamiento y conservación de los indios, edición, estudio y notas de Antonio Muro Orejón, Sevilla, Escuela de Estudios Hispano-Americanos-Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1961. Si bien el nuevo régimen de trabajo establecido en las Leyes nuevas convirtió a los indios hispanizados en trabajadores libres, los preceptos de derecho estuvieron lejos de cambiar las prácticas hispánicas de esclavización de los indios insumisos del septentrión. 80 Philip W. Powell, La guerra chichimeca (1550-1600), México, Fondo de Cultura Económica, 1977, p. 20. 81 Carlos Herrejón Peredo, El Colegio de San Miguel de Guayangareo, México, Frente de Afirmación Hispanista, 1995, pp. 65-76. 74 75

153


154

Sin embargo, en 1554, precisamente en el inicio de las acciones

encomiendas de Acámbaro y Apaseo, de Hernán Pérez de Bocanegra,

de rechazo hacia la acelerada penetración hispánica en sus tierras para

quien impulsó la colonización otomí como estrategia de pacificación

abastecer a Zacatecas, los guamares copuces atacaron y destruyeron

y aseguramiento de la tierra chichimeca.84 Esa dinámica de pobla-

San Miguel de los Chichimecas, el cual hubo de ser refundado como

miento vía la formación de redes migratorias tarascas y otomíes para

pueblo español en 1555 ahora como San Miguel el Grande, debido a

formar ranchos o participar en la fundación de barrios en pueblos y

su estratégica ubicación para el naciente camino hacia las minas y

villas se extendería y fortalecería en la segunda mitad del siglo xvi,

ante el desarrollo en la zona de un creciente número de estancias ga-

haciendo de esas naciones indígenas las mayores aliadas en la hispa-

naderas.82 En dicha refundación, los otomíes y los tarascos migrantes

nización del territorio chichimeca.

volvieron a tener un importante protagonismo, tal como lo tuvieron en

Sabemos que entre 1549 y 1550 los españoles, con ayuda de ta-

la fundación de Pénjamo-Numarán, donde hacia 1549 el encomendero

rascos y otomíes, comenzaron a trazar una ruta entre Querétaro, San

Juan de Villaseñor y el agustino fray Guillermo de Santa María con-

Miguel de los Chichimecas y Zacatecas, la cual atravesaría el corazón

gregaron a chichimecas guamares con tarascos,83 o bien en la funda-

de los territorios guamares y guachichiles. Mientras ello tomaba forma,

ción del asentamiento indígena de Chamacuero, donde hacia 1543

el primitivo Zacatecas lograba abastecerse desde Michoacán a través

habrían sido congregados indios otomíes para crear un pueblo que

de dos rutas: una que salía desde Guayangareo hacia Apaseo para des-

sirviera de puente y custodia entre el recién fundado San Miguel de

pués cruzar el paso de Chamacuero rumbo a San Miguel, y de ahí

los Chichimecas y las tierras bajas del sur, donde se encontraban las

entroncar con las primeras rutas que se abrían hacia Zacatecas, y otra que salía por la zona oeste de la frontera michoacana en los márgenes

Guillermo de Santa María, Guerra de los chichimecas (México, 1575-Zirosto, 1580), edición de Alberto Carrillo, Zamora, El Colegio de Michoacán/Universidad de Guanajuato, 1999, p. 205, y P. Gerhard, Geograf ía histórica de la Nueva España, 1519-1821, op. cit., p. 244. 83 Wigberto Jiménez Moreno, “La colonización y evangelización de Guanajuato en el siglo xvi”, en Arqueología e historia Guanajuatense: homenaje a Wigberto Jiménez Moreno, León, El Colegio del Bajío, 1988. 84 G. Porras Muñoz, op. cit., p. 392, y Pablo Beaumont, Crónica de Michoacán, vol. iii, Morelia, Balsal, 1987, p. 69. 85 P. Powell, op. cit., pp. 34-35. 82

del río Grande y subía por territorio guamare hacia el norte.85 Tanto el poblamiento agrario como la búsqueda y apertura de caminos para carretas también impulsaron a los más importantes mineros y estancieros de la zona a solicitar nuevas mercedes para instalar ventas y hospederías de servicio a recuas de comerciantes y viajeros; asimismo, algunos de esos personajes aprovecharon para realizar entradas a mano armada en tierra chichimeca para buscar minas, causando daños y maltratos a parcialidades nómadas. Todos esos procesos fueron


Fernando Benítez

en la parte más fragosa de todas las Indias, divididos sin pueblo ni poli-

Exvoto a San Miguel, ca. 1710

cía, más como venados y fieras por los montes, nunca se les ha hecho guerra ni han sido conquistados [...] por lo cual a Vuestra Majestad suplicamos sea servido no permitir tan gran maldad y pecado, sino mandar sean castigados así por lo tocante al servicio de Nuestro Señor y salvación de sus ánimas como al servicio de Vuestra Majestad [...] que siéndoles amonestado y requerido no quisieren salir sean castigados con mano

la causa de la violenta reacción que hacia 1550 manifestaron guama-

armada y hechos esclavos o naborías por fuerza y que salgan a poblar a

res y guachichiles, quienes comenzaron a realizar ataques a las recuas

lo llano.89

españolas ante el despojo territorial del que eran objeto, convirtiendo la provincia de los chichimecas en tierra de guerra. La nueva situa-

Orientados por esta visión y en medio de una creciente belicosi-

ción de violencia extrema hizo que la Audiencia de México acudiera

dad por parte de los guachichiles y otras naciones, los españoles y sus

a los encomenderos de la región para proteger el naciente camino a

indios aliados incrementaron las entradas punitivas y exploraciones

Zacatecas e intentar escarmentar a los chichimecas, principalmente

entre Michoacán, Querétaro y Zacatecas, lo que les permitió descubrir

a los de las naciones guachichil y guamare. Entre los más importantes

entre 1553-1554 las primeras vetas mineras en Guanajuato y acelerar

encargados de realizar esas tareas estuvo el encomendero Hernán Pé-

con ello la agudización del conflicto. En ese hallazgo fue determinan-

rez de Bocanegra, a quien el virrey Luis de Velasco comisionó en 1551

te la ayuda de los caudillos otomíes al mando del cacique Pedro del

para “[...] la punición y castigo de los indios chichimecas que han he-

Toro, quienes habrían guiado a los españoles a las serranías de “Hua-

cho los robos, muertes y daños en el camino de los Çacatecas y en otras

najuato” para vencer a los nómadas y fundar la villa de Santa Fe y sus

partes”.86 El virrey ordenó que desde Michoacán, Querétaro y San Mi-

minas.90 Entre 1555 y 1565 se crearon nuevos asentamientos rurales

guel de los Chichimecas se proveyeran todos los bastimentos necesa-

en tierra chichimeca, como las congregaciones de los Llanos de Silao

rios a Pérez de Bocanegra, incluidos indios amigos con sus respectivos

y de Labradores de Irapuato, además de una villa, la de San Felipe,

capitanes, lo que llevaría a tarascos y otomíes a participar en las ac-

fundada en 1562 como un poblado defensivo para proteger el ya para

ciones en contra de los chichimecas en calidad de conquistadores y

entonces bien trazado camino a Zacatecas.91 Un año antes, en 1561,

pacificadores. En las siguientes tres décadas de recrudecimiento de la

las autoridades y los estancieros de la provincia de los chichimecas

violencia, los españoles acudirían a diversos caciques y sus milicias,

calcularon que desde el descubrimiento de Zacatecas, los chichime-

entre quienes destacaron los señores otomíes Hernando de Tapia y

cas ya habían muerto a más de doscientos españoles y a más de dos

Nicolás de San Luis Montañez, este último con nombramiento de ca-

mil indios aliados y comerciantes en los caminos entre México, Mi-

pitán por parte de los españoles, así como el hijo del malogrado Tangá­

choacán y Guadalajara hacia las minas del norte, principalmente ta-

xoan, el tarasco don Antonio Huitziméngari, quien envió a sus hombres

rascos y mexicanos.92 En contraparte, las atrocidades cometidas por

a pacificar chichimecas y a asegurar el camino a Zacatecas.

los españoles en contra de guamares, guachichiles y otras naciones

87

Los españoles estaban incapacitados para cuestionar su proce-

chichimecas en resistencia fueron registradas por diversos religiosos,

der hacia los nómadas, no sólo porque visualizaban la integración de

que denunciaron las matanzas de mujeres y niños, así como la escla-

las tierras chichimecas como una empresa civilizatoria ante la asimi-

vización y venta de chichimecas con el pretexto de la guerra justa.93

lación que hicieron de las naciones nómadas a la figura del bárbaro,

La acumulación de agravios llegó a un punto climático en 1561,

sino también y sobre todo porque no estaban dispuestos a renunciar

cuando guachichiles y zacatecos encabezaron una confederación con

a las riquezas de un territorio que consideraban como tierra de nadie.

otras naciones para intentar expulsar a los cristianos de su territorio,

Esa visión dicotómica entre civilización y salvajismo en su relación

lo que incluía no sólo a los españoles, sino al conjunto de indios mesoa-

con la tierra quedó patente incluso en las reflexiones del teólogo agus-

mericanos ya hispanizados que actuaban como invasores y conquista-

tino fray Alonso de la Vera Cruz, quien en 1554 justificaba la apropia-

dores en tierra chichimeca. El objetivo del alzamiento era precisamente

ción hispánica de los territorios nómadas diciendo que en éstos no

Zacatecas; sin embargo, el espacio que abarcó el movimiento fue enor-

existían pueblos con linderos definidos, sino sólo chichimecas que

me y comprendió ataques a estancias, robo de ganado, toma de caminos

“[...] viven a la manera de los brutos y no cultivan la tierra”. De hecho,

con asalto de recuas para cortar el abastecimiento a las minas y, por

88

para los españoles los territorios nómadas a “civilizar” representaban la mayoría del espacio septentrional. Así lo expresaron al emperador en 1549 la justicia y regimiento de Compostela, en la Nueva Galicia: Desde la provincia de Pánuco corre una cordillera de sierras por la cumbre de los llanos de los chichimecas y minas de los zacatecas, ciudad de Guadalajara y Compostela, y hasta pasar de Culiacán a la tierra nueva [...] en la cual serranía hay gentes muy bestiales, desnudas, que parecen apartarse de la razón humana, y así los unos matan y comen a los otros, y su crueldad fue principio del levantamiento de esta provincia y de las demás alteraciones y peligros que cada día se ofrecen a este nuevo reino porque salen por diversas partes, a las gentes y pueblos que están de paz y los queman roban, matan y comen sin dejar cosa viva, ni piedra inhiesta, y por ser como es gente fiera belicosa y estar en tan áspera serranía y

86 “Y por mí visto...”: mandamientos, ordenanzas, licencias y otras disposiciones virreinales sobre Michoacán en el siglo xvi, edición de Carlos Paredes Martínez, México, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social/Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, 1994, pp. 72-73. 87 D. C. Wright Carr, Querétaro en el siglo xvi: fuentes documentales primarias, op. cit., p. 37. Sobre Antonio Huitziméngari, véase agi, México 112, núm. 3. 88 Alonso de la Vera Cruz, De dominio infidelium et iusto bello/Sobre el dominio de los infieles y la guerra justa [1553-1554], edición crítica, traducción y notas de Roberto Heredia Correa, México, Instituto de Investigaciones Filológicas-Universidad Nacional Autónoma de México, 2007, p. 33. 89 agi, Guadalajara 51, núm. 1, s. f. 90 D. C. Wright Carr, La conquista del Bajío y los orígenes de San Miguel de Allende, op. cit., pp. 119-127. 91 W. Jiménez Moreno, op. cit., pp. 38-41. 92 P. Powell, op. cit., p. 75. 93 Un ejemplo al respecto es el memorial de fray Alonso Maldonado al Consejo de Indias de 1566. Véase A. Carrillo Cázares, op. cit., pp. 560-562.

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Autor no identificad o

Mapa de las villas de San Miguel y San Felipe de los Chichimecas y el pueblo de San Francisco Chamacuero, ca. 1579-1580

supuesto, muchos muertos. De acuerdo con los reportes de los españoles, se trató de una rebelión generalizada que abarcó, por el suroeste, las fronteras de la tierra chichimeca con Michoacán por el rumbo de Pénjamo y Ayo; por el este, la zona de San Miguel el Grande y por el noroeste los valles del Peñol Blanco y de Guadiana. Era, sin duda, el mayor alzamiento indígena después del realizado por los caxcanes veinte años antes, lo que provocó una situación de pánico que hizo vivir durante meses al primitivo Zacatecas en condiciones de zozobra. Fue entonces que la Audiencia de Guadalajara comisionó al minero Pedro de Ahumada para organizar la defensa y persecución de los alzados. Tras formar una hueste que incluía indios aliados, Ahumada emprendió una campaña de ocho meses con cuatro itinerarios de guerra: uno en el malpaís, ubicado hacia el noroeste de Zacatecas; otro hacia la sierra de Guadiana; otro hacia el Peñol Blanco y uno más hacia la zona del Tunal Grande en el sur. El resultado final fue la recuperación de los caminos para el flujo de abastecimientos, además de un saldo importante de nómadas cautivos; sin embargo, la violencia en la tierra chichimeca estaba lejos de ser erradicada.94 A pesar de esto, el respiro que tuvieron los españoles tras la campaña de Ahumada les permitió extender sus exploraciones y descubrir las minas de Nieves (1564), Fresnillo (1566), Mazapil (1568) y Charcas Viejas (1574). Las de Mazapil, ubicadas a más de cincuenta leguas al norte de Zacatecas, fueron descubiertas por Francisco Cano y sus soldados durante una persecución contra guachichiles insumisos, y representaron un importante avance de la frontera novogalaica hacia el septentrión, así como el punto de entrada para las exploraciones que se sucedieron rumbo al noreste.95 Hacia 1570 quedaba claro para la Audiencia de México y la de Guadalajara que el problema con los chichimecas no tenía visos de solución y que éstos habían recuperado su capacidad para mantener las hostilidades hacia los cristianos. En esa década, los debates y las opiniones teológicas sobre la cuestión chichimeca mantuvieron la postura de apoyo a la guerra contra el nómada. Religiosos como el franciscano fray Juan Focher o el agustino fray Guillermo de Santa María analizaron entonces desde la escolástica los elementos que justificaban las acciones del rey y sus agentes, al establecer que la guerra contra los chichimecas contaba con causa justa, autoridad del príncipe y recta intención. Fray Guillermo, además, realizó en 1575 una de las primeras descripciones detalladas sobre los chichimecas, a quienes había observado y conocido desde las casas agustinas de Huango, San Felipe y Zirosto.96 Otra descripción, quizás la más relevante, fue realizada en 1582 por el presbítero Juan Alonso Velázquez, quien como cura beneficiado de San Miguel el Grande había conocido a profundidad a los guachichiles insumisos con quienes mantenía contacto.97 Velázquez describió una serie de prácticas que mostraban el sentido de territorialidad política de los nómadas, quienes defendían sus fronteras ante otros grupos; contaban con una tecnología de caza y guerra muy eficaz a partir del dominio en la manufactura y el manejo de flechas y arcos con tendones de venado; ejercían prácticas de justicia muy definidas, además de jerarquías de gobierno y formas de organización social propias de los nómadas a partir de parcialidades dispersas de baja densidad demográfica; dominaban amplios espacios Ibid., pp. 563-574, y P. Powel, op. cit., pp. 89-103. Valentina Garza Martínez, Poblamiento y colonización del noreste novohispano, tesis de doctorado en Historia, México, El Colegio de México, 2002, pp. 39-41. 96 A. Carrillo Cázares, op. cit., pp. 593-628. 97 agi, México 110, r. 86. 94 95

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Autor no identificad o

Escudo de la ciudad de Nuestra Señora de los Zacatecas, 1588 Autor no identificad o

Don Nicolás de San Luis Montáñez, 1722

cuenta, el buen tratamiento y la no esclavización de los indios. Pero el punto de mayor nota lo dio la supresión en dichas Ordenanzas del término “conquistas” dado hasta entonces a los descubrimientos, debido a los agravios y fuerzas que dicho título había provocado hacia los indios. Con ello, Felipe II apelaba a la expansión de sus dominios por la vía de la persuasión, el buen trato, las alianzas y la amistad con los naturales, diplomacia que debía acompañarse de la recopilación de informes sobre las cosas de la tierra, lo que prefiguró el levantamiento de las relaciones geográficas que el monarca ordenó desde 1577.

158

y se comunicaban entre ellos por señales de humo, etcétera. En cuan-

Mas la realidad de la violencia que acompañaba la expansión hispá-

to a sus rituales, que tanto interesaban a los eclesiásticos, Velázquez

nica en América se volvía a imponer.

describió prácticas que se pueden definir como chamanismo: uso de

Durante su gestión, el virrey Enríquez hubo de sistematizar los

mitotes y danzas colectivas; prácticas funerarias por incineración;

menesteres de la guerra contra los chichimecas creando un fondo es-

oráculos e ingestión de peyote; corte de cuero cabelludo y antropofa-

pecial y designando tenientes de capitán general. Ante la continuidad

gia ritual de enemigos, entre otras. Pero la información más impor-

del conflicto, apoyó en la segunda etapa de su gobierno la guerra a

tante que le transmitió Velázquez al rey Felipe II tenía que ver con el

sangre y fuego en contra de los nómadas, lo que incrementó las justi-

hecho de que los nómadas guachichiles hacía ya mucho tiempo que

ficaciones para su captura y esclavización.99 Siguiendo la experiencia

habían integrado a sus recursos de guerra diversos elementos espa-

de la villa de San Felipe como asentamiento defensivo en la ruta a

ñoles: dominaban el caballo; habían adoptado a los perros como cen-

Zacatecas, el virrey profundizó dicha estrategia e impulsó la creación

tinelas; contaban con algunos arcabuces obtenidos en los asaltos a las

de fuertes y presidios a cargo de compañías de milicianos pagados

caravanas españolas; también obtenían por el mismo mecanismo pól-

con fondos de la Real Hacienda, lo que llevó a las armas a toda clase

vora y planchas de plomo; ya no flechaban al ganado, sino que lo ro-

de mercenarios que incrementaron los abusos y las crueldades en con-

baban; hacían vaquería e improvisaban corrales, aficionándose a la

tra de los chichimecas. Los presidios se replicaron en Nueva Galicia,

carne de vacas, yeguas y mulas, y habían desarrollado flechas más

Nueva Vizcaya y la provincia de Pánuco hasta 1585.100 En algunos ca-

delgadas para atravesar las cotas de hierro, entre otros puntos. A pe-

sos fueron complemento de diversos asentamientos ya existentes; en

sar de estas transferencias, era indudable que los guachichiles tam-

otros, nacieron de manera simultánea a la fundación de importantes

bién habían sufrido un desgaste importante debido a la pérdida de

poblaciones que fueron promovidas por Enríquez durante su gobier-

buena parte de sus espacios de reproducción, así como por el impac-

no, como Celaya (1571), Santa María de los Lagos (1571), Aguasca-

to que les provocaban las entradas punitivas de los españoles.98

lientes (1575) y León (1576). En ese periodo, la expansión hispánica

Es importante destacar que tanto la situación que presentan es-

también tuvo avances importantes en el noreste, donde las explora-

tas descripciones, así como las cuestiones que sobre los chichimecas

ciones se habilitaron desde 1568 gracias al corredor que se formó tras

se dirimieron en las juntas teológicas desarrolladas entre 1569 y 1575,

el aseguramiento de las minas de Mazapil. Esto permitió sortear,

tuvieron como realidad de base, por un lado, la gestión del virrey Mar-

por el norte, el espacio de guerra que prevalecía con los guachichiles

tín Enríquez de Almanza (1568-1580), y por el otro, la expedición de

en toda la extensa región al oriente de Zacatecas. Desde Mazapil, par-

las Ordenanzas de descubrimiento, nueva población y pacificación de las

tieron diversas exploraciones en búsqueda de nuevos descubrimientos

Indias, conocidas como Ordenanzas ovandinas, promulgadas en Sego-

mineros, entre las que destacó la encabezada por el portugués Alberto

via por Felipe II en 1573, con la clara intención de reformular las mo-

del Canto, viejo miliciano que se había movido entre la Nueva Galicia

dalidades del dominio hispánico sobre sus posesiones de ultramar.

y la Nueva Vizcaya como esclavista de indios de guerra. Fue Del Canto

En ellas, el monarca atendía todas las controversias jurídicas y teoló-

quien en 1577 llegó con sus milicianos a las tierras de Coahuila, bau-

gicas para descargar su conciencia y establecer como norma, de nueva

tizadas posteriormente como la Nueva Extremadura; allí descubrió dos sitios mineros que bautizó como San Gregorio y Trinidad, para después fundar, en el mismo año, la villa de Saltillo, desde donde ejer-

Ibid. 99 Antes del gobierno del virrey Enríquez en 1568 no existía un fondo especial de la Corona para sostener los gastos de la defensa y pacificación de los chichimecas; el coste se compartía entre la Real Hacienda y los particulares, y el pago a milicianos se pactaba de acuerdo con las circunstancias. Véase P. Powell, op. cit., pp. 115-131. 100 Ibid., pp. 149-164, y Charles Foin, Rodrigo de Río de Losa, 1536-1606?, San Luis Potosí, Academia de Historia Potosina, 1978, pp. 18-19. 101 V. Garza Martínez, op. cit., pp. 46-53. 102 Eugenio del Hoyo, Historia del Nuevo Reino de León, 1577-1723, Monterrey, Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey/Fondo Editorial de Nuevo León, 2014, p. 95. 98

ció la cacería de nómadas para esclavizarlos, venderlos o colocarlos al servicio de sus minas.101 También en ese año Del Canto habría fundado en el valle de Extremadura el pueblo de Ojos de Santa Lucía.102 A la par, otro importante miliciano, el portugués Luis de Carvajal y de la Cueva, realizó exploraciones hacia Mazapil, partiendo de la Huasteca y la villa de Tampico, donde se había asentado hacia 1570 como alcalde ordinario. En 1573 y 1575 fue nombrado por el virrey Enríquez corregidor de Huejutla y Tamaholipa, respectivamente, y


Bernardo Portugal

Descripción de la muy noble, y leal ciudad de Zacatecas, capital de su provincia en la Nueva Galicia, 1799 M i g u e l C o n s t a n z ó ( 1 74 1 - 1 8 1 4 )

Carta o mapa geográfico de una gran parte del reino de N. E., ca. 1779

participó en algunas campañas contra naciones chichimecas insumisas; entre ellas, una expedición en 1573 para abrir la ruta entre Tampico y Mazapil. Para 1576 Carvajal contaba con negocios ganaderos en la Huasteca y minas en Mazapil, y en 1577 regresó a España para negociar con Felipe II un proyecto para la creación de un nuevo reino en el septentrión. En 1579 el rey, convencido de la nueva empresa, firmó unas capitulaciones donde, a cambio de poblar, pacificar y evangelizar el territorio ubicado al norte de la línea entre el río Pánuco y Mazapil, le otorgaba a Carvajal el título de gobernador y capitán general de todas esas provincias que tomarían el nombre de Nuevo Reino de León. Con sus títulos y mercedes en la bolsa, Carvajal reclutó a treinta y cinco familias españolas y portuguesas y se embarcó en 1580 rumbo a Tampico, punto desde donde partió su empresa colonizadora. Entre 1581 y 1583 Carvajal y su hueste recorrieron diversas regiones para dar forma al Nuevo Reino de León, pero también para buscar nuevas minas y mantener las entradas hacia las rancherías de los nó160

madas para esclavizarlos y venderlos. En la sierra de San Gregorio fundó un asentamiento bajo el nombre de León y, en marzo de 1583, fundó la villa de San Luis Rey de Francia a un lado del sitio donde Alberto del Canto había fundado el poblado de los Ojos de Santa Lucía. Inmerso en disputas con otras jurisdicciones y denunciado por su feroz actividad esclavista, Carvajal fue apresado en la Ciudad de México en 1586 por órdenes del virrey Álvaro Manrique, para posteriormente caer bajo el cargo de judaizante en manos de la Inquisición, en cuyas mazmorras falleció en 1590. Su detención provocó un despoblamiento del entonces frágil Nuevo Reino de León; sin embargo, éste tendría un primer renacimiento en 1596, cuando Diego de Montemayor regresó a poblar la villa de San Luis, ahora bajo el nombre de Monterrey.103 Más allá del surgimiento de una nueva frontera hispánica en el noreste, con Coahuila, por un lado, y con lo primeros balbuceos del Nuevo Reino de León, por el otro, el fracaso de la guerra a sangre y fuego en contra de los chichimecas guachichiles, activos al sur de esas nuevas demarcaciones, era una contundente realidad para 1580. A pesar de ello y de reconocer el fracaso de la pacificación, el virrey Enríquez recomendó a su sucesor, el virrey conde de la Coruña, profundizar la guerra:

103 V. Garza Martínez, op. cit., pp. 54-91; E. del Hoyo, op. cit., pp. 129-135, y P. Gerhard, La frontera norte de la Nueva España, op. cit., pp. 425-440.


Unos indios que acá llaman chichimecos, a los cuales se juntan otros de otras naciones, que todos quedaron por conquistar, y andan alzados y

P e t e r Pa u l R u b e n s ( 1 5 7 7 - 1 6 4 0 )

Felipe II a caballo, 1629-1640

rebelados al servicio de Dios y Su Majestad ha sido una plaga que ha dado bien en qué entender a este reino, porque éstos habitan en la tierra más larga y fragosa que hay en él, por lo cual entiendo que si para castigarlos se juntasen todos los españoles que hay acá, no bastarían [...] y aunque para remediarlo se ha hecho siempre lo que se ha podido por mí y por las Audiencias Reales de aquí y de Guatemala comunicando algunos me-

lo representó la figura del capitán mestizo Miguel Caldera, hijo de un

dios con personas graves y religiosos, y diferenciando diligencias y gas-

capitán español y de una india guachichil, muy probablemente cautiva

tando mucho dinero, así de Su Majestad como de personas interesadas

de guerra. Nacido en el primitivo Zacatecas hacia 1548, Caldera cre-

que tienen por allí haciendas, y aun harto también de la mía, nunca ha

ció como cristiano, pero también en estrecha relación con su tronco

sido remedio bastante, ni creo ha de bastar ninguno, si Su Majestad no

materno, lo que le permitió absorber desde pequeño los elementos

se determina a mandar que sean asolados a fuego y a sangre.

claves para su posterior relación con los nómadas, incluido el idioma

104

guachichil y el manejo del arco y la flecha. Su doble vertiente cultural,

162

La evidencia del fracaso ante la continuidad de la guerra contra

en la cual predominó su personalidad como cristiano y vasallo de Feli-

unos escurridizos guachichiles pero, sobre todo, por el aumento de la

pe II, aunada a su vida de miliciano y gran conocedor del territorio de

violencia en la tierra chichimeca, hizo que en 1585 el nuevo virrey

guerra, lo convirtieron en uno de los más importantes capitanes en la

marqués de Villamanrique, así como diversos agentes de la monar-

frontera de Colotlán, Tlaltenango y Juchipila. En este último sitio, Cal-

quía, comenzaran a sostener un cambio radical en la estrategia de

dera reclutó en 1583 una hueste de flecheros caxcanes que pelearon

pacificación. El giro final atendió muchas de las recomendaciones que

a su lado en 1585 contra los guaynamotas. En 1586 participó activa-

por años hicieron algunos eclesiásticos y religiosos, quienes plantearon

mente en la estrategia de pacificación del virrey Villamanrique, lleván-

que, en lugar de mantener el elevado gasto en milicianos, los fondos

dole a México a indios principales de Tepic para establecer la paz, o bien

se podrían utilizar para dar a los nómadas alimento y ropa a cambio

encabezando la reducción y obediencia de parcialidades guachichiles

de negociar la paz. Las opiniones en contra de la guerra se habían

a cambio de alimentos y vestido.107 En 1587 el capitán Caldera tomó

fortalecido incluso el mismo año de la llegada de Villamanrique a la

una decisión que resultaría fundamental para la final pacificación del

Nueva España, cuando inició el Concilio Tercero Provincial Mexicano.

territorio guachichil: por esos años y producto de las entradas que mi-

En esta que fue la reunión conciliar más importante de todo el periodo

licianos españoles realizaban en la región del Gran Tunal guachichil,

virreinal, la postura de la Iglesia frente a la guerra contra los chichi-

zona de guerra ubicada al oriente de Zacatecas, corría la versión sobre

mecas comenzó a manifestar un notable cambio al cuestionar como

la existencia de yacimientos minerales en una serranía denominada

causas de la violencia los abusos reiterados de los españoles contra

como Potosí.108 Fue así que Caldera obtuvo en dicho año el permiso de

los nómadas. Si bien no fue una postura compartida por todos los

las autoridades de la Nueva Galicia para ir en pos de dicha montaña,

involucrados en las discusiones y pareceres, las conclusiones apelaban

llevando sus acciones hacia el norte del valle de San Francisco. Así,

a la conciencia del monarca para que interviniera en la reparación de

entre 1588 y 1589, el capitán y su hueste ayudaron de forma notable

los males causados a los chichimecas.105 En esa misma dirección, Vi-

a la pacificación de parcialidades de nómadas guachichiles y al esta-

llamanrique aplicó una reducción importante de presidios y sobre todo

blecimiento de los franciscanos en Mezquitic y en el puesto de San

de milicianos, muchos de ellos responsables de abusar y esclavizar a

Luis de la Paz, donde fueron congregados guachichiles que aceptaron

los nómadas e incluso a indios de paz, prácticas que alimentaban la

la paz por compra. Esas acciones le valieron el nombramiento de alcal-

violencia e impedían su fin.106 Esa nueva diplomacia comenzó a des-

de mayor de la villa de Jerez y corregidor de Tlaltenango. Sin embargo,

plegarse en 1586 y en tan sólo dos años el virrey informaba de exce-

Caldera permaneció en la zona guachichil para auxiliar desde ahí al

lentes resultados. Las claves de ello fueron diversas, como el hecho

virrey Luis de Velasco el Mozo y a los franciscanos en la migración

del enorme desgaste que acusaban las parcialidades de nómadas gua-

inducida que se pactó con los cuatro señoríos de Tlaxcala mediante

chichiles tras casi cuatro décadas de perder sus territorios, de expe-

capitulaciones en marzo de 1591.109 Esa primera migración tlaxcalteca

rimentar cambios en sus formas de reproducción social, de padecer

al septentrión, integrada por novecientos treinta y dos colonos, tuvo

mermas demográficas y de resistir mediante desplazamientos hacia

un peso enorme para el final de la larga guerra contra los nómadas

zonas periféricas de lo que fuera su territorio original.

iniciada en 1550, pero, sobre todo, cambió por completo el rostro de

Pero también existió otro factor de enorme peso: la presencia de

las fronteras en todo el arco chichimeca desde Mezquitic hasta Co-

mediadores hispánicos que, forjados en la guerra contra los nómadas,

lotlán, pasando por Saltillo y el puesto de San Luis de la Paz, donde

actuaron también como un vínculo importante de negociación con

se estableció una colonia tlaxcalteca para cohabitar con guachichiles se-

ellos. De todos esos mediadores, el caso más relevante y extraordinario

dentarizados. En ese nuevo contexto, en marzo de 1592 Caldera y sus hombres finalmente encontraron el cerro mineralizado que tanto habían buscado, al cual bautizaron como Descubrimiento del Apóstol

E. de la Torre Villar, op. cit., p. 182. 105 A. Carrillo Cázares, op. cit., pp. 679-721. 106 P. Powell, op. cit., pp. 189-198. 107 agi, México 220, núm. 30. 108 Ibid. 109 Colección de documentos para la historia de San Luis Potosí, t. i, edición de Primo Feliciano Velázquez, San Luis Potosí, Archivo Histórico del Estado de San Luis Potosí, 1985, pp. 177-183. 104

San Pedro Cerro del Potosí de la Nueva España, ubicado a sólo cuatro leguas del puesto tlaxcalteca-guachichil de San Luis de la Paz. La noticia del hallazgo, en medio del éxito de la pacificación de la provincia chichimeca y de la colonización tlaxcalteca, generó un inmediato movimiento migratorio hacia el Potosí, formado principalmente por españoles, portugueses, tarascos, negros libres y negros


164

esclavos. En noviembre del mismo año, el capitán Caldera y Juan de

por la empresa colombina en 1492 y consolidada cien años después

Oñate desplazaron a los pobladores del puesto de San Luis para fun-

con la violenta integración a la dominación europea de sociedades y

dar el pueblo español de San Luis de Mezquitique, que en poco tiempo

territorios de América, Asia y África, fue el parto de una edad mo-

transmutaría su nombre por el de San Luis Minas del Potosí y se con-

derna que por primera vez globalizó el comercio, las enfermedades y

110

vertiría en el motor de la fundación de diversos pueblos de indios.

la migración planetaria de especies animales y vegetales, incluida la

Ese nuevo emplazamiento protoindustrial, con sus minas de San Pe-

humana. El sello de ese nacimiento de la modernidad fue la Violencia,

dro, fue el nodo urbano que permitió consolidar la dominación his-

así, con mayúscula. Sus infinitas manifestaciones, presentes en todas

pánica entre el valle de San Francisco y Saltillo, asegurando así otra

las culturas del orbe, comenzaron a encontrarse y a medirse ante la

de las fronteras del septentrión novohispano en el ocaso del siglo xvi.

impresionante escalada expansionista y conquistadora de una Europa

El corolario de ese proceso de expansión y poblamiento hispánicos

cristiana, heredera del mundo grecolatino. En el caso de las culturas

tuvo también elementos prodigiosos para los cristianos: a tan sólo un

amerindias, ni sus formas de violencia ni su tecnología de guerra y

año de haberse descubierto sus placeres y vetas, los primeros mine-

mucho menos su fragmentación política les permitieron hacer frente

ros y autoridades del Potosí novohispano cayeron en la cuenta de que

al proceso de invasión violenta que terminó por reconfigurarlas y en

todo el mineral de plata que comenzaron a extraer venía ligado a im-

muchos casos desaparecerlas. Gran parte de lo ocurrido en el siglo xvi

portantes cantidades de oro, hecho premonitorio de la que sería la

al calor de esos “encuentros” escapó al control y comprensión de los

principal mina áurea de la monarquía hispánica en la América sep-

actores involucrados, sobre todo en lo que se refiere a las enfermedades

Fue el broche de oro del violento

y al impacto socioecológico de los intercambios masivos de biota, por

parto que dio origen a las primeras sociedades norteñas, pero tam-

mencionar algunos de los elementos más disruptivos en la formación

bién fue el comienzo del fin para una diversidad de naciones nóma-

de las nuevas sociedades y en el surgimiento del precapitalismo.

tentrional durante el siglo xvii.

111

das que terminarían por desaparecer bajo el impulso de la feroz

En otra escala, el caso del septentrión americano en relación con

expansión de los insaciables cristianos ibéricos y sus aliados indígenas.

la expansión hispánica en el siglo xvi muestra también una parte de las otras conquistas, aquellas de las que casi no se habla y que nos per-

Reflexión final : los muchos nortes

miten observar que no existió un solo norte, que existieron muchos,

Hacia el ocaso del siglo xvi, la expansión de las potencias del ámbito

con procesos y tiempos diferenciados de cambio. Todo ello involucró la

Atlántico, con los reinos ibéricos a la cabeza, había cambiado el rostro

fundamental participación de señoríos y pueblos mesoamericanos que,

del mundo entero. La primera gran mundialización humana, iniciada

aliados de los españoles, se convirtieron en conquistadores, indios amigos, coadyuvantes, migrantes, pobladores y sobre todo constructores de las nuevas sociedades que, al cobijo de la Corona de Castilla,

Acta de fundación y título de ciudad de San Luis Potosí, introducción, paleograf ía y notas de Rafael Montejano, San Luis Potosí, Ayuntamiento de San Luis Potosí, 1979, p. 8. 111 Véase Sergio Tonatiuh Serrano Hernández, La golosina del oro: la producción de metales preciosos en San Luis Potosí y su circulación global en mercados orientales y occidentales durante el siglo xvii, San Luis Potosí, El Colegio de San Luis/Red Columnaria/ Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora/El Colegio de Michoacán, 2018. 110

darían forma a múltiples territorialidades culturales y políticas, mismas que sentarían la base de una parte significativa del ulterior Estado-­ nación denominado México. Esas conquistas del septentrión contienen también la memoria de pueblos que hasta ahora se conocen muy poco, que han permanecido ignorados o que incluso se perdieron para


Chichimecas de guerra y chichimecas aliados, en Memoriales de Pedro Martín de Toro, 1696 Cuevas de los siete linajes que poblaron en México y alrededor del, en Juan de Tovar, Manuscrito Tovar, ca. 1585


Antonio de Pereda y Salgad o (ca. 1611-1678)

Vanitas, ca. 1634

siempre, pero que fueron expuestos a las mayores violencias y crueldades, incluida la conversión al cristianismo y la esclavitud de vertiente europea, exacerbada por la idea de la condición presuntamente bárbara de muchas naciones nómadas y de otras de organización aldeana. En esa misma perspectiva, también hemos podido observar que el inmenso espacio que se asoma tras el concepto de septentrión americano escapó durante el siglo xvi a la dominación continua y hegemónica de los cristianos. Muchos territorios mantuvieron su autonomía, y sectores importantes de naciones indígenas encontraron la manera de evadir e incluso contrarrestar con efectividad la violencia de los cristianos para posponer, incluso por siglos, su final integración a la cultura occidental, ya por acción de la monarquía hispánica o de los Estados tanto mexicano como estadounidense durante el siglo xix. Para cerrar, vuelvo a la reflexión con la que abrí este ensayo: la conquista de México fue un espejismo propagandístico utilizado por Cortés que le permitió vender la idea a Carlos V de que había sometido a un gran imperio. Lo paradójico es que esa idea sigue vigente hasta nuestros días e incluso se ha fortalecido, al grado de que la enseñanza de la historia, desde una perspectiva nacionalista y esencialista, inocula en los educandos la confusa y tóxica idea de que los españoles conquistaron México, un México que no existía. Los procesos que hemos esbozado en el presente texto, referidos a los enormes espacios del septentrión americano, son una de tantas muestras de la complejidad que subyace en la historia de la expansión hispánica o cristiana en 166

la Edad Moderna, perspectiva que se encuentra extraviada en la actual relación que los mexicanos establecen con el pasado. Bajo la común noción de “norte de México”, también han quedado eclipsadas múltiples culturas, realidades y procesos históricos, lo que ha provocado una visión reduccionista de aquellas sociedades y de sus territorios. La única manera de construir una nueva y desintoxicada conciencia histórica para hacer de la interpretación del pasado una fuente de aprendizaje colectivo que permita realizar el principio de la unidad en la diversidad se encuentra en el conocimiento histórico de base científica, no en el tan difundido uso político del pasado. A doscientos años de la consumación de su proceso de Independencia, México se enfrenta así a una disyuntiva: trascender la visión esquizofrénica de un pasado hispánico que se ha convertido desde el siglo xix en arena de confrontaciones políticas o transitar hacia una nueva relación con ese pasado que nos permita comprender, desde la historicidad del mundo social, los procesos que nos han dado forma. Sólo el tiempo dirá si las actuales generaciones lograremos lo segundo o volveremos a cometer el error de hacer de la historia mexicana la piedra de Sísifo. Una vez más la moneda está en el aire.


Los aliados del proyecto de expansión y poblamiento: Tlaxcala y la conformación de la Nueva España en los siglos xvi y xvii ALBA GONZALEZ jácome*

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En octubre de 1520, en su segunda carta de relación, Hernán Cortés

(Quiahuiztlán) y Atlangatepec (Tepetícpac). El cabildo se redujo a dos

escribió que la provincia de Tlaxcala tenía 150 mil vecinos.1 La pro-

de los tres regidores originalmente electos por cada cabecera, para

vincia se dividía en dos estratos sociales: los nobles (pipiltin) y la po-

totalizar ocho. El gobernador indígena siguió presidiendo el cabildo,

blación común (macehualtin); cada estrato tenía una posición distinta

pero la rotación por cabecera desapareció. Así, el gobernador Grego-

en la estructura económica, social y política. La nobleza indígena

rio Nacianceno, de Tizatlán, pudo permanecer de 1614 a 1636.

2

detentaba los privilegios económicos y políticos; los macehuales tra-

El 1 de enero de 1627 el gobernador español de Tlaxcala Miguel

bajaban las tierras de los pipiltin y reparaban sus casas. Hernán Cor-

de Solís y Valdés aprobó los cambios a la organización del cabildo,4

tés encontró cuatro señores o tlatoanis principales, que gobernaban

que perdió el control de la provincia para subordinarse a las institucio-

en Ocotelulco, Tizatlán, Quiahuiztlán y Tepetícpac y disponían de las

nes políticas, legales y económicas de los españoles. En el siglo xvii,

tierras y de la mano de obra de los macehuales sujetos a ellos.

la población nativa y sus tierras se vieron reducidas y ocupadas por

En 1541 habitaban la provincia unos 3 300 principales y para 1591

los españoles, que fortalecieron el sistema de haciendas y ranchos,

la población total era tan sólo de 70 586 habitantes. En Tlaxcala vi-

mientras la mano de obra agrícola enfrentó problemas de escasez.5

vían dos grupos étnicos: los nahuas y los otomíes, que después de 1521 aumentaron con la llegada de los “hueca tlahca” (advenedizos), que

E l pa i s a j e y e l c o n t e x t o r e g i o n a l

se conformaban por mexicas, texcocanos, tepeapulcas y cholultecas,

e n l a R e p ú b l i c a d e T l a xc a l a

que debían de pagar tributo y prestar su fuerza de trabajo; también se

El paisaje tlaxcalteca se explica por la presencia de dos elementos fi-

sumaron españoles y negros, lo que dio origen a la población mestiza.

siográficos: el río Zahuapan, que cruza la antigua república de norte

Por la orograf ía, las condiciones climáticas y las fisiográficas, los

a sur y el volcán Matlalcueye, que forma parte del Eje Volcánico

tlaxcaltecas vivían en los cerros que rodean las planicies intermonta-

Transversal mexicano; que se eleva a 4 430 metros sobre el nivel del

nas. La actual ciudad de Tlaxcala se fundó en la llanura de Tecuexcómac, que colinda al norte con la planicie de Apizaco, al sur con la llanura de Panotla, al sureste con las laderas bajas del volcán Matlalcueye (Malitzin o Malinche), al oeste y sur con el Bloque Tlaxcala y al oeste con la sierrilla de Tepetícpac y la desembocadura del río Totolac, que desciende desde el Bloque Tlaxcala a la planicie, donde se une con el Zahuapan. En los siglos xvi y xvii, Tlaxcala se caracterizó por el decremento de la población nativa debido a su participación en las guerras de conquista y de colonización al lado de los españoles; por la mortalidad causada por epidemias, hambrunas y desastres climatológicos; por la emigración de la población tlaxcalteca para colonizar el norte de Nueva España; por la merma del control político, económico y social del cabildo indígena y una nueva conformación en el siglo xvi, además de la pérdida de la capacidad de negociación de los tlaxcaltecas ante el incremento del poder de las instituciones reales (virreinales) y de la economía capitalista.3 En 1627 el cabildo se modificó al agregar un segundo grupo de alcaldes “provisionales” que se sumaron a los cuatro originales y representaban a Topoyanco (Ocotelulco), Quamantla (Tizatlán), Tequemecan

* Profesora emérita de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México, y profesora invitada en Centros Regionales de la Universidad Autónoma Chapingo, Texcoco, Estado de México, México. 1 Hernán Cortés, “Segunda carta de relación, 30 de octubre de 1520”, en Cartas de relación, México, Porrúa, 1988; Sherburne Cook y Lesley B. Simpson la calcularon en 625 mil (Population of Central Mexico in the Sixtheenth Century, Berkeley, University of California Press, 1948). Charles Gibson calculó la población de 1519 en 500 mil habitantes, que en 1575 se redujo a 200 mil. La población de la provincia se redujo 708.35 por ciento en cincuenta y seis años. Véase Charles Gibson, Tlaxcala en el siglo xvi, traducción de Agustín Bárcena, México, Fondo de Cultura Económica/Gobierno del Estado de Tlaxcala, 1991, p. 149. 2 Véase Diego Muñoz Camargo, Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala de la Nueva España e Indias del Mar Océano para el buen gobierno y ennoblecimiento dellas, mandada hacer por la S. C. R. M. del rey don Felipe Nuestro Señor, en Relaciones geográficas del siglo xvi: Tlaxcala, edición de René Acuña, México, Instituto de Investigaciones Antropológicas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1984. 3 Incluidos la tenencia privada de la tierra, la economía de mercado, el surgimiento de la agricultura de monocultivos con plantas traídas del Viejo Mundo, la creación de los obrajes textiles, la introducción de nuevas tecnologías agrícolas y nuevos oficios. Véase “The Cabildo in the Seventeenth Century: January 1, 1627, ff. 177-177v, Calendar Item 207”, en James Lockhart, Frances Berdan y Arthur J. O. Anderson, The Tlaxcalan Actas: A Compendium of the Records of the Cabildo of Tlaxcala (1545-1627), Salt Lake City, The University of Utah Press, 1986, pp. 125-126. 4 Ibid. 5 Herbert J. Nickel, Morfología social de la hacienda mexicana, México, Fondo de Cultura Económica, 1988.

169


Principales poblaciones entre Tlaxcala y Puebla Apizaco

Tlaxcala

Chiautempan

Huamantla

Santa María Acuitlapilco

Texmelucan

Tepeyanco La Malinche Zacatelco Iztaccíhuatl

Papalotla Huejotzingo

Panzacola

Cholula

San Isidro

San Miguel Canoa

Puebla

Población Autopista Carretera División política Volcán

Popocatépetl

Macrorregiones de Tlaxcala

4 3 1

5

2

6

7

8 La Malinche

Iztaccíhuatl

Popocatépetl

Frontera regional División política Volcán

1. Espolón de Sierra Nevada 2. Bloque de Tlaxcala 3. Llanos de Apan y Pie Grande 4. Sierra de Tlaxco-Caldera-Huamantla 5. Llanos y Lomeríos del Centro 6. Gran Llano de Huamantla 7. Valle de Tlaxcala-Puebla 8. Volcán La Malinche


p. 168

Autor no identificad o

Señoríos de Tlaxcala, 1519

Bautizo de los señores de Tlaxcala, siglo xvii

mar y está localizado 24 kilómetros al sureste de la ciudad de Tlaxcala.6 La entidad se ha dividido en regiones fisiográficas, económicas,

Tepetícpac Cuautzi

ecológicas o climáticas y en etapas históricas o arqueológicas, dependiendo de intereses específicos. Desde el punto de vista fisiográfico e histórico, el centro de la

Coyotépetl Blanco

antigua república de Tlaxcala está en la llanura de Tecuexcómac, por la cual cruza el río Zahuapan, que desciende desde el peñón del Rosario, cerca de Tlaxco y corre al sur para confluir con el río Atoyac en

Tizatlán

Quiahuiztlán

la cuenca que llega a la actual ciudad de Puebla como el Alto Balsas.7

Ocotelolco

afluentes están, del lado centro-oriental, el río Tequixquíatl y, del lado centro-occidental, el río Totolac. El primero se une al Zahuapan en

Río

San Pablo Apetatitlán y el segundo afluente desciende del Bloque Tlaxcala, en la sierra de San Lorenzo (2 600 metros sobre el nivel del mar), para unirse al Zahuapan en Totolac (2 300 metros sobre el nivel del mar), cerca de la actual ciudad de Tlaxcala, y entra a la llanura

Cabecera del señorío Cerro Límite de los señoríos

n pa ua h Za

R ío

Brio n e

El Zahuapan tiene 120 kilómetros de longitud en Tlaxcala.8 Entre sus

s

Tlaxcala

de Panotla por el noroeste de la cuenca Atoyac-Zahuapan. Ambos afluentes son importantes en la historia de Tlaxcala. En los siglos xvi y xvii, en el Tequixquíatl surgieron los obrajes textiles y en el siglo xix las fábricas textiles que producían mezclillas de algo-

Guatemala, Honduras y El Salvador, además del norte novohispano.

dón. El Totolac, unido al Zahuapan, llega a la antigua ciénaga de Tlaxca-

Algunos tlaxcaltecas fueron a España con Cortés, posiblemente al

la y a la llanura de Panotla, lugar de los pueblos agrícolas; en uno de

Véneto, en el norte de Italia, y a Filipinas.14

ellos se elaboraba pan de trigo (San Juan Totolac). En las márgenes

Entre los soldados españoles que acompañaron a Hernán Cortés

del Zahuapan se crearon obrajes textiles en Zacatelco. En la planicie se

estuvieron Pedro de Alvarado y Nuño de Guzmán. Alvarado se casó

sembraba maíz y trigo. En la cuenca del Totolac también había un pue-

en Tlaxcala con Beatriz de la Cueva, hija del señor de Tizatlán; por

9

171

blo de panaderos (San Juan Huactzinco) y en la cuenca del Zahua10

pan se construyeron dos molinos de trigo (Mixco o San Juan y el molino de Flores en Tepeyanco) y los conventos franciscanos de Atli­ huetzía, Chiautempan, Tepeyanco y Nativitas.11 El Zahuapan entra a la planicie de Panotla, dando inicio a la cuenca, por donde el río corre unos 20 kilómetros en dirección sur y se une con el Atoyac en los límites con la ciudad de Puebla. A fines del siglo xvi y en el xvii, en esta cuenca se establecieron varios ranchos y haciendas.12 La reorganización en la tenencia de la tierra generó una propiedad española de haciendas y ranchos, entremezclada con los pueblos indígenas y sus tierras de cultivo, y se crearon enfrentamientos entre ambos, lo que se agudizó en el siglo xviii y continuó hasta los siglos xix y xx. Entre españoles e indígenas los problemas constantes fueron causados por la tenencia de la tierra, el pastoreo de los ganados en las tierras de los indígenas y la fuerza de trabajo agrícola, que los hacendados reclutaban en los pueblos.13 L o s c o n q u i s ta d o r e s , e l c a b i l d o i n d i o y e l g o b i e r n o e s pa ñ o l

Entre 1519 y 1521, Hernán Cortés entró en Tlaxcala después de derrotar a los tlaxcaltecas, hizo la paz y se asoció con ellos, apoyado por Mexicatzin, el señor de Ocotelulco. Más tarde los tlaxcaltecas le acompañarán en sus guerras contra Cholula, Mexico-Tenochtitlan y en la conquista y colonización de varios lugares de la antigua Mesoamérica, incluida el área maya de los territorios que actualmente ocupan

6 Ismael Arturo Montero García, Matlalcueye: el volcán del alma tlaxcalteca, México, Gobierno del Estado de Tlaxcala/Secretaría de Educación Pública de Tlaxcala, 2012, p. 1. 7 Organismo de Cuenca Balsas, Comisión Nacional del Agua, México, 2009, cap. 2. Véase también la Revista Internacional de Contaminación Ambiental, vol. 33, núm. 1, México, febrero de 2017. 8 Organismo de Cuenca Balsas, op. cit., cap. 2, y Revista Internacional de Contaminación Ambiental, op. cit., vol. 33, núm. 1. 9 Claude Morin, Santa Inés Zacatelco (1646-1812): contribución a la demograf ía histórica del México colonial, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1973. 10 En Huactzinco se cultivaban trigo y maíz en el siglo xvi y para 1857 se elaboraba pan de trigo; el molino de Flores de Tepeyanco, que fabricaba harina de trigo y pastas, funcionó durante el siglo xviii. Véase Alba González Jácome, Notas sobre Tlaxcala: geograf ía, historia, ecología, arqueología y antropología, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Gobierno del Estado de Tlaxcala/Secretaría de Educación Pública/Instituto Tlaxcalteca de Cultura, 2016, pp. 190-195. 11 Alba González Jácome, Humedales en el suroeste de Tlaxcala: agua y agricultura en el siglo xx, México, Colegio de Historia de Tlaxcala/Universidad Iberoamericana, 2008, pp. 31-136. 12 La encuesta de 1712 siguió a la real cédula de diciembre de 1709, donde se registraron los nombres de los propietarios, de las propiedades, su extensión, calidad, valor, ganado y gravámenes. 13 H. J. Nickel, op. cit. 14 Entre los capitanes tlaxcaltecas participaron: de Ocotelulco, Tecoanitecuhtli Acxotécatl y Cehecatecuhtli Tecpanécatl; de Tepeyanco, Calmacahuatecuhtli y Petlacoltzin Tecuhtli y, de Quiahuiztlán, Quanaltécatl, Tecuhyli, Quauhquentzin, Telpalnecatzin, Temaxahuitzin, Omemanitzin, Netzicoácatl, Quauhtapalcatzin y otros. Véase Carlos Sempat Assadourian y Andrea Martínez Baracs (comps.), Tlaxcala: textos de su historia, vol. 6: Siglo xvi, México, Gobierno del Estado de Tlaxcala/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1991, pp. 21-59. Todavía en la década de 1990 existía en el Véneto un sistema agrícola que combinaba maíz con frijol y calabaza, semejante al que en la década de 1970 se encontraba en la vega de Apetatitlán, en Tlaxcala, de la que no se han estudiado los orígenes.


172

ello, un grupo de tlaxcaltecas lo acompañaron en su viaje y estancia

de la Corona, acompañado de un intérprete y un alguacil expidió las

en Guatemala. Alvarado murió en la guerra de Michiztlán (Guerra del

primeras ordenanzas municipales de Tlaxcala.18

Mixtón) y doña Beatriz falleció en el terremoto de Guatemala.15 Nuño

El primer virrey, Antonio de Mendoza, convirtió el regimiento

de Guzmán tuvo dificultades con los religiosos por su actuación en la

en cabildo indio, encabezado por un gobernador elegido cada dos

primera Audiencia; fue a la guerra de Culhuacán, donde murió Xico-

años, tiempo que el cabildo redujo a uno, el 4 de enero de 1552.19 En

téncatl Motenehuatzin, señor de Tizatlán.

importancia seguían los cuatro señores de las cabeceras con cargo

16

Entre 1521 y 1537 los tlaxcaltecas participaron con los españoles

vitalicio. Había doce regidores menores, cuyas funciones duraban un

en la conquista y la colonización de Coatzacoalcos (Veracruz), Anal-

año; las sesiones eran en náhuatl. El edificio del cabildo estaba en la

co (Oaxaca), Tututepec-Tlaxcala (Guerrero), la ciudad de Guatemala,

plaza central de Tlaxcala. En enero de 1547, el cabildo nombró a un

Zihuatanejo (Guerrero) San Salvador (El Salvador), Almolonga (Gua-

procurador en la Ciudad de México —que duraba un año en el pues-

temala), Culiacán (Sinaloa), Chiapa de Corzo y San Cristóbal de las

to— para que se encargase de los asuntos de Tlaxcala ante la Real

Casas (Chiapas), Villa del Espíritu Santo (Durango), San Pedro Sula,

Audiencia.

Gracias a Dios y Comayagua (Honduras). También fueron con Cor-

En 1548, siendo gobernador de Tlaxcala Alonso Gómez,20 se es-

tés a Baja California. Los tlaxcaltecas iban en calidad de soldados,

tablecieron como funciones del cabildo indígena hacer los arreglos

acompañando a los conquistadores; algunos se quedaron a vivir en

necesarios para la construcción de alguna obra o edificio público, pre-

aquellos lugares y llevaron su cultura agrícola, hidráulica, sus formas

parar la bienvenida en caso de una visita del virrey, manejar las pro-

de vida, de organización sociopolítica y su ideología.

piedades comunales, cuidar que las leyes se cumplieran, recoger el

17

tributo y que los casos presentados ante la Audiencia de Tlaxcala se El cabildo indígena

El 22 de diciembre de 1520 Hernán Cortés expidió las ordenanzas para

llevasen en náhuatl, además de actuar como jueces. El cabildo tenía un escribano bilingüe.

Nueva España. La Corona española permitió que Tlaxcala fuese go-

Con la segunda Audiencia, el gobierno español se estableció en

bernada por los cuatro señores principales, con los que Cortés esta-

la Ciudad de México en 1531 y creó el corregimiento regional, que

bleció compromisos. Estos tlatoanis eran parte de un concejo que

funcionaba paralelamente al gobierno indio. Lo dirigía un corregidor,

hasta 1535 había sido un regimiento bajo las órdenes de la Corona y

un alcalde mayor o un gobernador. Hasta 1821, éste debía residir en

que posteriormente pasó a depender del virrey y de la Audiencia de

Tlaxcala, participar en el cabildo indígena, legislar y administrar jus-

México. El 3 de marzo de 1545 Gómez de Santillán, oidor y visitador

ticia en los pleitos entre españoles e indígenas, procurar buen trato a los indígenas ante los abusos de los españoles, supervisar la construcción de puentes, caminos y obras públicas, además de promover el

Pedro Cortés y Larraz, Descripción geográfico-moral de la diócesis de Goathemala [1770], San Salvador, Academia Salvadoreña de la Historia, 2000. 16 D. Muñoz Camargo, op. cit., pp. 237-239. 17 P. Cortés y Larraz, op. cit. 18 Actas de cabildo de Tlaxcala, 1547-1567, edición, paleograf ía, traducción y estudios preliminares de Eustaquio Celestino Solís, Armando Valencia R. y Constantino Medina Lima, México, Archivo General de la Nación/Instituto Tlaxcalteca de Cultura/Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, 1985, pp. ii-iii. 19 Ibid., pp. i-vi. 20 Ibid., p. 242. 21 Ibid., pp. ii-iii. 22 Ibid. 23 Ibid. 15

bienestar de la comunidad.21 A fines de 1547, era corregidor de Tlaxcala Diego Ramírez. En 1549 el cabildo indígena solicitó al virrey que Ramírez continuara otro año más, porque “[…] se ocupaba del cargo y amparaba a los macehuales”.22 La petición se aprobó y continuó en el cargo hasta julio de 1550, cuando entró Lucas García. Ramírez volvió a ser corregidor del 15 de septiembre de 1558 a diciembre de 1560.23 Entre 1549 y 1552 los franciscanos y los dominicos pidieron al cabildo mano de obra indígena para llevar a cabo las obras de sus conventos. La real cédula del 28 de agosto de 1552 llegó y el príncipe Felipe pedía al virrey que


Autor no identificad o

Mapa que muestra una parte del valle de Tlaxcala y en el que se aprecian pueblos como Nativitas, Topoyanco y Santa Inés Zacatelco, así como diversas haciendas y ranchos, 1777 Copia de J u a n M a n u e l Y l l a n e s ( a c t i v o e n l a s e g u n d a m i ta d d e l s i g l o X V I I I ) Lienzo de Tlaxcala [ca. 1552] (detalle), 1773

En Diego Muñoz Camargo, Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala de la Nueva España e Indias del Mar Océano para el buen gobierno y ennoblecimiento dellas, ca. 1580-1584


diera máxima atención a las desventuras de los tlaxcaltecas, que la merecían por los muchos servicios hechos a la Corona.24 Por las constantes quejas y pleitos por daños en agostaderos, bal-

Juan Nicol ás Jacinto Flores (siglo X VIII)

Legitimación de nobleza de José Antonio Sánchez Rodríguez, en Manuscrito 5, f. 2r, 1759

díos y sabanas de la provincia, el 18 de julio de 1553 el corregidor Francisco Verdugo publicó las nuevas ordenanzas de agostadero.25 Los dueños de ganado mayor y menor podían llevarlos a pastar desde mediados de diciembre de cada año y debían salir a mediados de marzo, ser cuidados por un español a caballo y tres negros o dos indios

14 de abril de 1567 el cabildo trató de obedecer la orden del virrey so-

pastores a caballo. Los infractores pagarían diez pesos en oro de mi-

bre la edificación de iglesias y monasterios en Tlaxcala. Un arquitec-

nas por cada cien cabezas de ganado vacuno que entrasen fuera de

to español decidiría los lugares, que serían menores en tamaño que

tiempo a los terrenos de cultivo y lo mismo por cada rebaño de gana-

los conventos de Atlihuetzía y Tepeyanco, para albergar de dos a tres

do menor si no salían en la fecha ordenada.26

sacerdotes. El cabildo ordenó el comienzo de las obras en Hueyotli-

En 1572 Diego Téllez Reyes era gobernador de Tlaxcala. A partir de 1600 el cabildo indígena entró en decadencia, aunque siguió existiendo

El 3 de octubre de 1577 el virrey Martín Enríquez, a petición de

hasta el siglo xviii en forma paralela al gobernador español. Se con-

los principales de la ciudad de Tlaxcala, dueños de sementeras y ha-

sidera que esto fue resultado de la debilidad del cabildo, que fue inca-

ciendas que beneficiar, ordenó el reparto anual de cien indios para que

paz de pagar sus deudas y de controlar los frecuentes asaltos de los

trabajasen las sementeras de los principales. Se les debía tratar bien y

bandidos a las diligencias. El virrey dio preferencia al gobierno español

pagar veinticinco cacaos a cada uno por cada día de trabajo.30 Pero

para manejar los asuntos en Tlaxcala. En el siglo xvii, los tlaxcalte-

seguían los problemas por la intromisión y venta de tierras de los na-

cas perdieron los privilegios obtenidos por sus servicios a la Corona.

tivos a los españoles hacendados. El 16 de abril de 1585 la Real Au-

27

El 21 de febrero de 1561 y el 21 de agosto de 1562, el cabildo, el

diencia de la Ciudad de México y funcionarios de Tlaxcala, incluido

gobernador Pablo de Galicia, los alcaldes ordinarios y los alcaldes vi-

el gobernador Antonio de Guevara, en nombre del rey pregonaron en

talicios acordaron que los grandes zacatales (“tierras eriazas”) en toda

español y náhuatl que la venta de las heredades y haciendas de indios

la provincia, trabajados en común por los feligreses de un santo o de

debían anunciarse por treinta días, con un valor no menor de treinta

una ermita, fueran deshierbados para que la iglesia los usufructuara

pesos y que los indígenas no fuesen defraudados por los hispanos.

por dos años y comprase ornamentos; otra parte pertenecería a la ciu-

En febrero de 1591 se discutió en el Consejo Real de las Indias

dad de Tlaxcala. Después de dos años regresarían a los dueños. En 1562

un memorial enviado por la provincia de Tlaxcala, donde se declara-

el gobernador Baltazar Cortés agregó que se llevase a las ovejas a pas-

ba que “el trato y la granjería de la grana cochinilla” había caído y se

tar a las tierras enzacatadas del cabildo o que éstas se deshierbaran

solicitaba que pusiesen remedio a la situación de los nopales de gra-

para aprovecharlas como tierras de cultivo y evitar su desperdicio.

na, que debían ser labrados, cultivados, se pusiesen otros nuevos y se

28

174

pan y Atzompa.29

En 1564 el cabildo solicitó frailes para los conventos de Hueyo­

ordenase a quienes no los tuviesen que los pusieran. Esto permitiría

tlipan, Atzompa, Huamantla e Ixtacuixtla. En el convento de Tlaxcala

aumentar las alcabalas y los derechos reales, para lo que se necesitaba

debía edificarse una capilla mayor y comprarse un órgano grande. El

un registro cuidadoso que permitiese acrecentar la real hacienda.31

Ana Díaz Serrano, “La república de Tlaxcala ante el rey de España durante el siglo xvi”, en Historia Mexicana, vol. lxi, núm. 3, enero-marzo de 2012, p. 1070. 25 Archivo General del Estado de Tlaxcala (en adelante, aget), Tlaxcala, caja 2, 1561, exp. 3, ff. 22-31v. 26 Ibid. 27 Actas de cabildo de Tlaxcala, 1547-1567, op. cit., p. ii. 28 Ibid., 21 de febrero de 1561 y 21 de agosto de 1562, pp. 392 y 400-401. 29 Ibid., 1549. El pago en cacao para trabajadores agrícolas continuó hasta el siglo xix. 30 C. Sempat Assadourian y A. Martínez Baracs (comps.), op. cit., vol. 6, pp. 409-410. 31 Ibid., vol. 6, pp. 349-350. 32 Ibid., vol. 7: Siglos xvii-xviii, pp. 18-19. 33 Algunas peticiones, quejas y pedimentos, en ibid., vol. 7, cap. 1, pp. 17-121, e información del aget. 34 C. Sempat Assadourian y A. Martínez Baracs (comps.), op. cit., vol. 7, p. 8. 35 Juan Buenaventura Zapata y Mendoza, Historia cronológica de la noble ciudad de Tlaxcala [ca. 1662-1663], Tlaxcala, Universidad Autónoma de Tlaxcala/Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, 1995, p. 137. 36 Actas de cabildo de Tlaxcala, 1547-1567, op. cit., 142 y 148, y Archivo General de Indias (en adelante, agi), Sevilla, Patronato, 275r, 20. Obtienen escudo de armas, exención de la encomienda y real cédula del 13 de marzo de 1535. 37 Armando Díaz de la Mora, “Los tlaxcaltecas, pobladores y conquistadores, del siglo xiv al xix”, en Silvia Aboytes Perete (coord.), Migración e identidad: presencia de Tlaxcala en América, México, Secretaría de Educación Pública/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Universidad Autónoma de Tlaxcala, 2014, pp. 13-33. Les autorizan la organización del cabildo. 38 “Real cédula de los oficiales de la Contratación”, 15 de abril de 1541, en agi, Indiferente, 1963, leg. 7, ff. 269v-270. Se renueva la inalienabilidad de Tlaxcala. 39 A. Díaz Serrano, op. cit., p. 1059. El cabildo solicita la renovación de los privilegios. 40 Actas de cabildo de Tlaxcala, 1547-1567, op. cit., 23 de junio de 1551 y 4 de enero de 1552. Les negaron el permiso para ir a España. 41 Ibid., 10 de febrero de 1556. A principios de 1556, el cabildo indígena preparó otro viaje a España y lo pagó. 24

Entre 1636 y 1639 el cabildo indígena rechazó al juez nombrado para restituir las tierras usurpadas por los españoles y propuso como encargado al gobernador de la provincia; el cabildo solicitaba la medición de las tierras y que se cumpliera lo dispuesto en la real cédula de Su Majestad.32 En los siglos xvii y xviii fueron numerosas las disputas por la posesión de las tierras, su sucesión, las herencias, los pedimentos de venta, la defensa de los terrazgueros, las composiciones de tierras, la defensa de los ejidos de los pueblos ante el cabildo, los derechos de los pueblos al usufructo de terrenos en la sierra de Tlaxcala (faldas del volcán Matlalcueye), por el corte de madera, el libre paso por tierras de las haciendas y las invasiones del ganado en tierras de los pueblos (1607, 1608, 1626, 1632, 1630, 1634-1636, 1641, 1681, 1711-1712, en adelante).33 Desde 1737, las demandas por el usufructo del bosque y el corte de madera se hicieron más frecuentes.34 L a lucha del cabildo por m antener los derechos o b t e n i d o s p o r e l a p o y o a l o s c o n q u i s ta d o r e s

Entre los problemas del cabildo indígena estuvo la pérdida paulatina de los privilegios obtenidos por parte de Hernán Cortés por su colaboración en las guerras de conquista y colonización. Para paliar el problema, el cabildo organizó varias visitas de los tlaxcaltecas al rey en España, que en ocasiones fueron apoyadas por sacerdotes. Los viajes a España en el siglo xvi ocurrieron en 1527-1530, 1528,35 1534,36 1535,37 1540,38 1543,39 1551,40 155641 y 1583. Se permitió al cabildo


176

organizar este último viaje a España; fueron Diego Téllez (Quiahuiz­

El cabildo aprobó la aplicación de la política de congregaciones pro-

tlán), Antonio de Guevara (Ocotelulco), Zacarías de Santiago (Te­pe­tíc­

movida por la Corona y apoyada por los religiosos.45

pac) y Pedro de Torres (Tizatlán),42 además de Diego Muñoz Camargo,

Los religiosos llevaron cartas del cabildo al rey con las solicitu-

quien llevó al rey el Lienzo de Tlaxcala y su libro. La ciudad de Tlax-

des. Entre 1561 y 1562, estos delegados entregaron en España dos

cala se designó muy insigne y se ratificaron los privilegios de los no-

cartas (del 23 de agosto de 1561 y del 1 de marzo de 1562) abogando

bles tlaxcaltecas.

por el derecho de los súbditos a rebelarse por la falta de justicia y buen

43

En 1598 el rey agradeció la Historia de Tlaxcala, de Muñoz Ca-

gobierno de las Audiencias y cancillerías, incluido el rey “[…] así como

margo. La Corona confirmó la exención de servicios, mantener al go-

a su obligación de oírlos, ampararlos y sustentarlos en justicia”.46 Exi-

bierno como estaba desde 1545 y la delimitación de la provincia.44

gían el cumplimiento de privilegios otorgados por el emperador para

Los tlaxcaltecas regularon la venta de estancias en lugares públicos

proteger a la república de la ocupación de tierras indias por parte de

de la ciudad con treinta días de antelación; la Audiencia debía inves-

los españoles. Solicitaban la exención del tributo real y la anulación

tigar la tasación y cantidad de reses que podía tener cada estancia de

de mercedes de tierras concedidas, aprovechando el despoblamiento,

ganado menor y corregir las irregularidades denunciadas por los agri-

lo que esperaban superar. Recibieron a cambio añadir a la ciudad la

cultores, ante el contubernio de los corregidores con los hacendados.

categoría de muy noble y leal.47 El 26 de marzo de 1541 el obispo de Tlaxcala, Julián de Garcés,

“Licencia del virrey para la ciudad de Tlaxcala, 28 de febrero de 1583”, en Archivo General de la Nación (en adelante, agn), México, Indios, vol. 2, exp. 562, f. 130v, citada en A. Díaz Serrano, op. cit., p. 1091. 43 Actas de cabildo de Tlaxcala, 1547-1567, op. cit., 1583, 194; agi, Indiferente, 1952, leg. 3, f. 28v; y “Licencia de viaje a Diego Muñoz Camargo, 30 de abril de 1587”, en agi, Indiferente, 2063, núm. 119, citada en A. Díaz Serrano, op. cit., pp. 1091-1092. 44 Ibid., p. 1092. 45 Ibid., pp. 1094-1095. 46 Ibid., pp. 1074-1075. Obsequiaron al emperador imágenes hechas con plumas y collares, cuyo costo superaba el de las joyas. 47 Actas de cabildo de Tlaxcala, 1547-1567, op. cit., 23 de abril de 1562. 48 agi, México, vol. 343, citado en A. Díaz Serrano, op. cit., p. 1080. 49 Actas de cabildo de Tlaxcala, 1547-1567, op. cit., 21 de enero de 1550, citadas en ibid., p. 1067. 50 Actas de cabildo de Tlaxcala, 1547-1567, op. cit., 15 de enero de 1552. 42

entregó al rey una carta comparando el estatus social de los macehuales con el de labradores o pecheros y el de los principales con el de los caballeros de Castilla.48 En 1550 fray Pedro de Torres entregó las actas capitulares de Tlaxcala. Acompañaron al documento flores artificiales hechas con hojas de maíz por los pipiltin de la provincia.49 Este tipo de flores siguen elaborándose actualmente en Tlaxcala, con motivos nuevos. En 1552 el cabildo solicitó a fray Francisco de Morante obtener la cédula,50 que llegó el 18 de agosto de 1552, donde el príncipe pedía al virrey atender las desventuras de los tlaxcaltecas, lo que merecían por los muchos servicios prestados a la Corona. En octubre de 1554,


Hacienda de San Pedro Tenexac, Terrenate, Tlaxcala, México Autor no identificad o

Fray Julián Garcés, siglo xvi

en real cédula, el príncipe ordenó no impedir a la gente viajar a España.51 En 1563 los tlaxcaltecas recibieron mercedes para la preservación del gobierno de la república de los privilegios adquiridos hasta ese momento, incluidos los que Carlos V había otorgado a la ciudad en 153552 mediante cédulas reales.53 En 1568 Diego de Olarte entregó una carta al rey para que conociera “[…] los problemas que afligen a Tlaxcala” y se solicitó la exclusión de las estancias.54 En esos años había cuatro estancias registradas; una de ellas de ganado menor y tres de ovejas, que estaban al norte y este de la provincia.55 El 20 de mayo de 1585 el rey exentó de tributos a todos los tlaxcaltecas.56 En 1589 la carta del rey a la ciudad de Tlaxcala del 21 de junio ordenaba el cumplimiento de las reales cédulas de 1584 y 1585, para que: 1] No se trasvasen indios desde Tlaxcala a Puebla en servicio; 2] que tampoco se diese el dicho servicio a los indios, gobernador, alcaldes y regidores de la ciudad de Tlaxcala porque éstos venden y reparten en muchas partes y lugares fuera de la dicha provincia más de 600 indios cada semana sin que se les pague cosa alguna por su trabajo demás de que por los malos tratamientos que se les hacen y no llevar comida bastante enferman y se mueren muchos de ellos.57

El camino fue recorrido por soldados, migrantes, misioneros, mineros y mercaderes a lo largo del periodo virreinal y fue la base para ubicar

En 1589 el cabildo acepta “[…] que los macehuales sean reduci-

a los migrantes tlaxcaltecas en los nuevos centros poblacionales.

dos a poblaciones [pero] dejando a cada uno las tierras que poseen

El ejército virreinal, con sus compañías volantes de caballería lige-

en donde agora están, si no se han reducido, ha sido por temor que se

ra, se encargaba de proteger a los viajantes, el ganado y las merca­

les han de quitar las dichas tierras”.58 El virrey ordenó al gobernador

derías llegadas desde Acapulco y Veracruz.62 Los presidios, mesones,

tlaxcalteca la revisión de los lugares, la cantidad de gente que había

hos­pederías y haciendas ubicadas a lo largo del camino a Santa Fe

en cada población y fuera de ella, la distancia con los religiosos y la

(2 560 kilómetros) comerciaban usando carretas para carga y recuas

conveniencia e inconveniencia de hacer las reducciones.

de mulas. El presidio de Ojuelos, en Jalisco, ejemplifica lo que fue ese sistema de protección desarrollado en los llanos de los chichimecas. Para pacificar el norte novohispano y resguardar los intereses de

L a c o l o n i z a c i ó n d e l n o r t e d e N u e va E s pa ñ a p o r lo s t l a xc a lt e c a s

la Corona, los virreyes utilizaron a los indígenas del centro de Nueva

Siendo virrey Luis de Velasco el Viejo, el cabildo indígena apoyó el poblamiento del norte novohispano con el envío de mil tlaxcaltecas casados, para la creación de la Nueva Tlaxcala y San Miguel de los Chichimecas. Los tlaxcaltecas se negaron a ir porque no querían abandonar para siempre sus casas y sus tierras. El virrey envió una carta al cabildo (1 de abril de 1560) rechazando el reclutamiento forzoso para ir a poblar territorios chichimecas.59 En junio de 1560 el cabildo pidió al virrey no ir al norte, aduciendo que nunca se había propuesto que mujeres y niños recorrieran esas distancias a partes lejanas, sin regresar nunca a su tierra. El virrey respondió que había enviado gente de Xilotepec.60 La necesidad de los españoles de proteger la ruta de los minerales, los presidios y el comercio en el norte hizo que en 1540 surgiera el Camino de la Plata, más tarde llamado Camino Real de Tierra Adentro. Salía de la Ciudad de México a Querétaro, San Miguel el Grande, Guanajuato, Aguascalientes, San Luis Potosí, Zacatecas, Fresnillo, Durango, Pasaje de Cuencamé, Cerro Gordo, Parral, Conchos, Chihuahua, Paso del Norte y llegaba a Santa Fe de Nuevo México.61

Ibid., 18 de octubre de 1554. A. Díaz Serrano, op. cit., p. 1085. 53 Documentos y reales cédulas de la ciudad de Tlaxcala, edición facsimilar, Tlaxcala, Instituto Tlaxcalteca de Cultura/Gobierno del Estado de Tlaxcala, 1984. 54 Actas de cabildo de Tlaxcala, 1547-1567, op. cit., 1568. 55 Wolfgang Trautmann, Las transformaciones en el paisaje cultural de Tlaxcala durante la época colonial: una contribución a la historia de México bajo especial consideración de aspectos geográfico-económicos y sociales, Wiesbaden, Franz Steiner Verlag, 1981, p. 245 (anexo 13). 56 “Carta de privilegios concedida por el rey a los embajadores de Tlaxcala”, 10 de mayo de 1585, Archivo Histórico del Estado de Tlaxcala (en adelante, ahet), c. 5, 1585, exp. 9, citada en C. Sempat Assadourian y A. Martínez Baracs (comps.), op. cit., vol. 6, pp. 304305. 57 agn, Indios, vol. 5, exp. 574, ff. 159v-160, citado en A. Díaz Serrano, op. cit., p. 1098. 58 “Orden del virrey al gobernador de Tlaxcala, 11 de noviembre de 1589”, en agn, Indios, vol. 4, exp. 63, ff. 19-20, citada en C. Sempat Assadourian y A. Martínez Baracs (comps.), op. cit., vol. 6, pp. 244-245. 59 aget, caja 1, 1560, exp. 4. 60 Actas de cabildo de Tlaxcala, 1547-1567, op. cit., pp. 383-385. 61 Eniac Martínez, Camino Real de Tierra Adentro, textos de Enrique Lamadrid, Jack Loeffler y Tomás Martínez Saldaña, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia/Desea, 2006. 62 Ibid., pp. 9-10. 51 52

177


Atribuido a L u i s B e r r u e c o (activo en el primer tercio del siglo XVIII) Primera aparición del arcángel San Miguel a Diego Lázaro en una procesión, siglo xviii

Acontecimientos de índole económica y política también afectaron a la población de la provincia. En 1551 el virrey Velasco mandó que algunos tlaxcaltecas se alquilasen y fueran a las labranzas de A­tlix­co a trabajar. De 1598 a 1606 el alcalde mayor Luis de Villanueva Zapata congregó a los pueblos; algunos vecinos regresaron a sus antiguos lugares, pero pueblos al norte de la provincia fueron abandonados, porque las autoridades no controlaban la entrada del ganado

España para proteger las poblaciones mineras y sedentarizar a los chichi-

en sus tierras de cultivo antes de la cosecha y éste destruía las plantas

mecas. La insistencia en el envío de tlaxcaltecas al norte no se cumplió

de maíz y las plantaciones de nopal de grana.83 En 1640 algunos habi-

en febrero y el grupo de migrantes salió hasta marzo de 1591, cuando el

tantes de Huamantla emigraron para no ser obligados a trabajar en

virrey Luis de Velasco el Joven firmó con el cabildo las capitulaciones

las haciendas donde faltaba mano de obra.84 Entre 1693 y 1694 se vie-

para la emigración al norte de cuatrocientas familias. Entre 1591 y

ron los impactos de las congregaciones ordenadas por las autoridades.

1808, los tlaxcaltecas repoblaron y fundaron varios sitios para sedentarizar a los indígenas seminómadas y enseñarles agricultura, porque

L a p o b l ac i ó n d e T l a xc a l a e n lo s s i g lo s x v i y x v i i

éstos se movían a caballo, vivían de la caza, la recolección y del gana-

1519: Eran 500 mil personas en la provincia.

do vacuno de la región.63

1531: Tlaxcala tenía unos 50 mil hombres (población adulta).85 1556-1557: La población de la provincia era de 34 961 vecinos.86 La cifra aumenta a 36 mil, al incluir los pueblos que quedaron

L o s d e s a s t r e s n at u r a l e s , p o b l a c i ó n , e p i d e m i a s ,

fuera de ese padrón.87

h a m b r u n a s y m o r ta l i d a d

La población tlaxcalteca se vio mermada por cuatro fenómenos ocu-

1562: Había en la provincia 100 mil tributarios.88

rridos desde 1519: 1] la participación tlaxcalteca en las guerras que

1570: Llegan a Tlaxcala pobladores de lugares cercanos que no

Hernán Cortés y sus capitanes hicieron en varias regiones de la antigua

querían pagar el tributo de ochenta y seis fanegas de maíz a la

Mesoamérica; 2] el impacto demográfico causado por las enfermeda-

Corona española.

des y las epidemias que asolaron a la población nativa, principalmente

1571: Se estimaron 26 491 tributarios.89

en los siglos xvi y xvii, pero que continuaron después; 3] la emigración

1583: Quedan en la provincia 24 mil tributarios y 120 mil habi-

tlaxcalteca para poblar el norte novohispano y 4] la pérdida de cose-

tantes.90

chas y las hambrunas consiguientes, la reducción de la fuerza de tra-

1591: Salida de cuatrocientas familias hacia el norte de Nueva

bajo en el campo, los eventos climáticos catastróficos y la pérdida de

España.

tierras por parte de los indígenas desde los siglos xvi y xvii, que continuó en el xviii, lo que coadyuvó a la formación de los latifundios y ranchos en el siglo xix. En mayo de 1581 (o 1582) el Zahuapan se desbordó llevándose consigo más de quinientas casas y anegando las mieses; se perdieron más de 50 mil pesos de grana y las haciendas de los naturales. Las heladas causaron la pérdida de las cosechas, escasez de maíz y hambre. Entre 1585 y 1586: “Todos ocurrían a Tecamachalco por maíz”.64 Entre 1586 y 1587, en la provincia, “[…] cayó tanta nieve que en consecuencia murieron muchos animales”.65 En los siglos xvi y xvii hubo varias epidemias (1519-1520,66 1532,67 1545-1548,68 1575-1576,69 1576-­1579,70 1585-1588,71 1595,72 1601, 1604, 1606,73 1628-1630,74 1653, 1655, 1658-1659, 1667,75 1669, 1680, 1692,76 1693-169477 y 172778) que produjeron una elevada mortalidad entre los indígenas.79 Las hambrunas resultaron de la pérdida de la población agrícola adulta, las malas cosechas (1519-1520, 1549, 1581, 1661, 1662, 1665, 1692) y la emigración al norte (1591). Eventos naturales catastróficos causaron la pérdida de vidas, de cosechas y de construcciones. En 1549 las lluvias y las heladas destruyeron los cultivos de maíz, mientras que los de nopal para grana se vieron afectados por una sequía. El 7 de mayo de 1582, a las 5:00 de la tarde, tembló con gran fuerza; el monasterio de Tepeyanco se derrumbó.80 De 1585 a 1588 las cosechas de maíz fueron bajísimas.81 En 1616 y 1618 fuertes heladas acabaron con las cosechas. En 1622 otra fuerte helada secó todo. En 1639 “[…] cayó una gran nevada […] y murieron muchos animales”. Entre 1661 y 1662 “[…] la helada […] tostó todo. Hubo espantosa escasez y hambre”. Para 1665 “[…] quedó tostado todo el maíz”. En 1679 una fuerte nevada acabó con los cultivos.82

Ibid. W. Trautmann, op. cit., pp. 261-262. 65 Ibid., p. 261. 66 Ibid., pp. 261-262. 67 Ibid. 68 D. Muñoz Camargo, op. cit., p. 36. 69 W. Trautmann, op. cit., p. 261. 70 Ibid. 71 Ibid. 72 bid. 73 agn, Indios, 34. Cocoliztli (“enfermedad del mal”). 74 W. Trautmann, op. cit., p. 261. 75 Gran peste de tos. 76 Gran escasez de trigo y maíz que provocó una revuelta. 77 Ibid. Viruela y sarampión (en Santiago Ocotitlán). 78 Epidemia de sarampión. 79 Alba González Jácome, “¿Cuántos eran y cómo vivían?: la vida rural de Tlaxcala colonial”, en Universidad y Sociedad, núm. 1, noviembre de 1994-enero de 1995, pp. 1-12. 80 D. Muñoz Camargo, op. cit., p. 285. 81 C. Gibson, op. cit., p. 136, y W. Trautmann, op. cit., pp. 261-262. 82 Ibid. 83 agn, Indios, vol. 6, segunda parte, exp. 1008 y ss., citado en W. Trautmann, op. cit., p. 81, y agn, General de Parte, vol. 5, exp. 1151; Indios, vol. 6, segunda parte, exp. 736, 878 y 902, y vol. 11, exp. 58, citado en ibid. 84 Ibid. 85 Juan de Salmerón fue nombrado oidor de la Audiencia de México el 5 de junio de 1530. En 1531 los oidores tuvieron que detener a los colonos en sus intentos de enviar procuradores a la metrópolis para confirmar sus encomiendas. Para ello, los oidores debían poner en práctica los acuerdos de 1529 relacionados con la población indígena. Salmerón calculó la población de Tlaxcala en 1531. Véase Diccionario biográfico español de la Real Academia de la Historia, disponible en https://dbe.rah.es/; consultado en octubre de 2021. 86 “Padrones de Tlaxcala del siglo xvi”, en Archivo Histórico del Museo Nacional de Antropología, ms. 377. 87 W. Trautmann, op. cit., p. 76. 88 C. Gibson, op. cit., p. 139. 89 W. Trautmann, op. cit., p. 76. 90 C. Gibson, op. cit., p. 139. 63 64

179


1593: La provincia cuenta con 16 mil tributarios y 80 mil habitantes.

Guiller mo K ahlo (1871-1941)

Convento franciscano de Tlaxcalilla, San Luis Potosí, ca. 1910

1596: Quedan en la provincia 15 mil tributarios y 75 mil habitantes. 1600: La población tlaxcalteca se redujo a 75 mil personas.91 1623: Había en la provincia 10 099 indios. 1626: Vivían en la provincia 8 954 vecinos.92 1633: Había 12 692 tributarios.

tarizar y enseñar el cultivo a los grupos seminómadas y a apoyar su

1648: Había cerca de 5 mil tributarios.

catequización.97 La ruta de la emigración fue Tlaxcala, Tepetomatitlán, Ocotoxco,

1669: Había 13 972 indios.93 En el siglo xvii se incrementó el número de ranchos y haciendas

Tlacuilohcan, Xaltocan, hacienda Guadalupe, La Venta, Zotoluca,

de los españoles y se intensificaron los problemas en los pueblos por

Irolo, Jaltepec, Otumba, San Juan Teotihuacan, Chiconautla, Cuauti­tlán,

la entrada de los ganados a forrajear en los terrenos antes de los tiem-

Tepeji del Río, San Juan del Río, Querétaro, San Miguel el Grande, San

pos permitidos para ello, además de enfrentar la falta constante de

Felipe, El Vaquero, Ojuelos, Ciénega Grande, el presidio de Cuisillo

fuerza de trabajo indígena para la agricultura.

(Zacatecas), a donde llegaron el 2 de agosto de 1591.98 De ahí, el gru-

94

po se dividió para fundar las colonias de Nuestra Señora de la Asun-

180

L a e m i g r a c i ó n h a c i a e l n o r t e d e N u e va E s pa ñ a

ción de Tlaxcalilla (San Luis Potosí), San Miguel de Mexquitic de la

Teóricamente, el 2 de febrero de 1591 se dio inicio a la salida de las

Nueva Tlaxcala (San Luis Potosí), Charcas (San Luis Potosí), San Es-

familias tlaxcaltecas hacia el norte de Nueva España. Para ello, el go-

teban de la Nueva Tlaxcala (junto a Saltillo, en Coahuila), San Andrés

bernador Álvaro Morante y el guardián Jerónimo de Mendieta dieron

de la Nueva Tlaxcala (Zacatecas) y Santa María Quiahuiztlán de la Nue-

a conocer los nombres de los que dirigirían dicho éxodo: de Ocote-

va Tlaxcala (Jalisco).99

lulco, Esteban Zacamaquiztl e Hipólito Amantécatl; de Quiahuiztlán,

Entre 1591 y 1801 los tlaxcaltecas fundaron colonias en varios

Lucas Téllez y Diego Ramírez y, de Tepetícpac, Francisco Vázquez y

lugares de San Luis Potosí (Ahualulco, Agua Hedionda, El Venado y

Juachín Cuicatlatlapan.95 Varios seleccionados se negaron a partir, a

Matehuala), desde donde se expandieron hacia el norte para esta-

pesar de los fuertes castigos que recibirían. En enero de 1591 el cabil-

blecerse en Nueva Galicia, Nuevo Reino de León (1716-1717), Nueva

do acordó la participación de Tlaxcala como un grupo colonizador

Vizcaya, Álamo en Texas (1731), Chihuahua y Santa Fe de Nuevo Mé-

propio; el 6 de marzo se propuso a cinco capitanes de Quauhmantlán

xico.100 Otras colonias habían sido fundadas con anterioridad durante

para ir a las Chichimecas.96 Los tlaxcaltecas pusieron sus condiciones

una primera colonización con indígenas de lugares como Texcoco y

en las capitulaciones a favor de las familias de los colonizadores del

otros, aunque no hay evidencia de que llegasen grupos desde Tlaxca-

norte novohispano.

la. Las nuevas colonizaciones tlaxcaltecas incluyeron: Tlaxcalilla,

Por fin, la salida se inició en junio de 1591, con trescientos cua-

junto a San Miguel de Allende; Analco y Mexicalcingo, en Guadala-

renta y dos jefes de familia, cincuenta y dos hombres solteros, una

jara, y Camasca, en Honduras, además de Analco y Nombre de Dios,

mujer soltera y dos hombres viudos; es decir, novecientos veintitrés

en Durango.101

emigrantes. El retraso fue resultado de las imposiciones del rey y del

De 1591 a 1692 los tlaxcaltecas se asentaron en veintitrés luga-

gobierno español para controlar el norte de Nueva España en búsque-

res: en San Miguel Mexquitic de Carmona, El Venado, Moctezuma,

da de riquezas, expandir sus territorios, apoyar la minería y combatir

Teúl de González Ortega, Barrio de Tlaxcala, San Luis Colotlán, San

los ataques chichimecas. La emigración incluía familias completas,

Esteban de la Nueva Tizatlán, Santa María de las Parras (1598), Nada-

con sus aperos de labranza, semillas y plantas, menaje de casa, artícu-

dores, Carrizal, Villaldana, San Buenaventura, Candela, San Marcos,

los personales y animales domésticos, todo transportado en unas

Sierra de Pinos, San Cristóbal de los Hualahuises, Cadereyta, Busta-

cien carretas de un solo eje. Iban a colonizar nuevas tierras, a seden-

mante, Sabinas Hidalgo, Lampazos y San Miguel de Aguayo. Entre 1700 y 1801 ocho lugares más se suman a los asentamientos tlaxcaltecas.102

Ibid., pp. 136-146. W. Trautmann, op. cit., p. 78. 93 agn, Indios, vol. 10, exp. 132-134, citado en ibid. 94 H. J. Nickel, op. cit. 95 agn, Indios, vol. v, ff. 136-137, 141, 142, 143 y 145, y J. B. Zapata y Mendoza, op. cit., párrafo 181. El documento original tiene 240 páginas y se encuentra en la Bibliothèque nationale de France, París, Manuscritos Mexicanos, n. 212. 96 Ibid., párrafo 181. 97 Jaime Sánchez Sánchez, Armando Díaz de la Mora y Yolanda Ramos Galicia, Los colonizadores tlaxcaltecas al norte de la Nueva España, 1591, México, Gobierno del Estado de Tlaxcala/Secretaría de Educación Pública/Archivo Histórico del Estado de Tlaxcala, 2014, p. 102. 98 Ibid., pp. 98 (mapa) y 103-104. 99 Ibid., p. 104 (mapa). 100 Octavio Herrera Pérez, “Los tlaxcaltecas en la frontera de San Antonio de los Llanos (Nuevo León y Tamaulipas en los siglos xvii y xviii)”, en S. Aboytes Perete (coord.), op. cit., p. 107. 101 A. Díaz de la Mora, op. cit., pp. 24-25. 102 Ibid., pp. 30-32, y aget, 1598, caja 8, exp. 5, 17. En 1598 hubo veintinueve emigrados que salieron de Mezquitic para regresar a Tlaxcala. 103 A. González Jácome, Notas sobre Tlaxcala: geograf ía, historia, ecología, arqueología y antropología, op. cit. pp. 347-351. 91 92

L a h e r e n c i a t l a xc a lt e c a : c a b i l d o, ag r i c u lt u r a y ag r i c u lto r e s

La agricultura fue desde la época prehispánica hasta la década de 1980 la principal actividad de la población tlaxcalteca.103 Se acompañó de otras actividades económicas, como la ganadería, la elaboración de cerámica, el trabajo textil, la producción de grana cochinilla y el comercio de corta y larga distancia, además del conocimiento en el manejo del agua en condiciones de escasez, de las plantas cultivadas y la cocina relacionada con ellas, la elaboración de productos de tule y fibra de maguey, la manufactura de ropa de lana y de algodón, junto con el dominio de las técnicas de construcción de edificios al estilo español (como conventos, templos, edificios públicos y viviendas). Después de 1519 estas actividades se modificaron y algunas han continuado hasta el presente siglo; otras resultaron de los avances tecnológicos, del incremento en la densidad de población y de la migración.


El 18 de febrero de 1548, el cabildo, el gobernador, alcaldes y re-

Las condiciones ambientales y climatológicas del centro y del norte

gidores de la provincia aprobaron tres asuntos: 1] que un topile apre-

novohispanos eran muy distintas a las de Tlaxcala, por lo que no to-

surara la siembra por toda la orilla del bosque, porque ya era tiempo

dos los sistemas agrícolas conocidos en la provincia pudieron imple-

del cultivo; 2] que los borregos salieran de las orillas de las tierras hú-

mentarse en las nuevas poblaciones.

medas para que los macehuales plantaran los cultivos de alegría y chi-

Los huertos y su mezcla con la milpa de Tlaxcala fue el sistema

le que sembraban al voleo y trasplantaran chile de estío, y 3] que se

combinado que se reprodujo en el norte. Los huertos en las planicies,

encargasen de lo necesario para la pascua, porque el dinero propie-

provistos de recursos de agua cercanos, se formaron con árboles fruta-

dad de la ciudad estaba por terminarse.104 El corregidor dijo: “¿Acaso

les, para sombra y leña, flores y plantas medicinales. En la década de

no hay tierras de la ciudad, borregos y trigo? Que se vendan y se use

1530 los franciscanos llevaron a los huertos de los conventos en Tlax-

donde falte”.105

cala, Puebla y Atlixco ajo, pepino, berenjena, ciruela, granada, higo,

El 21 de enero de 1550 el cabildo aprobó las solicitudes de los ma-

melón, olivo, manzana (1536), pera, membrillo y berros (antes de

cehuales para que se les pagase por su trabajo en las ventas de Tecoac

1580).108 Los huertos de árboles frutales se combinaban con maíz,

y Atlangatepec. El corregidor de Zitlaltepec solicitó carpinteros, a quie-

legumbres y flores, que se entremezclaron con maíz y trigo en los

nes se les pagaría para que labrasen “los caños de agua de madera” en

altiplanos.109 Los tlaxcaltecas llevaron al norte técnicas para la obten-

sus tierras de cultivo y el canal de madera para llevar agua a Zitlalte-

ción, retención y conducción del agua en condiciones de escasez.110

pec.106 Esta petición se hizo para poblaciones del norte de la provincia, donde el agua no era tan abundante como en el suroeste.107 Los sistemas agrícolas de Tlaxcala tienen orígenes prehispánicos, que se modificaron durante los siglos xvi y xvii con la introducción de nuevos cultivos de trigo, cebada, mijo, avena, árboles frutales, legumbres, plantas forrajeras y medicinales, flores, aves, ganado menor y mayor y nueva tecnología agropecuaria. Llegaron nuevas formas de cocinar los alimentos, de cultivar la tierra y nuevas ideas sobre el mundo, la religión, la cosmogonía y la cosmovisión. Algunas actividades se volvieron más importantes; otras desaparecieron o se transformaron.

Actas de cabildo de Tlaxcala, 1547-1567, op. cit., 18 de febrero de 1548, 63, p. 245. Ibid., 64, 18 de febrero de 1548, p. 245. 106 Ibid., 286 y 287, p. 291. 107 Ibid., 290, pp. 291-292. “[…] el corregidor mandó que se hiciese diligencia en juntar muchos carpinteros para que hiciesen canoas por donde viviese el agua al pueblo de Ci­ tlalpeque por el trabajo que tenían en tiempo de seca de agua.” 108 Toribio de Benavente, Motolinía, Historia de los Indios de la Nueva España [1541], México, El Colegio de México, 1996. 109 D. Muñoz Camargo, op. cit., pp. 39-40. 110 Tomás Martínez Saldaña, “La herencia hidráulica agrícola tlaxcalteca colonial: el caso del norte de México y el suroeste de Estados Unidos”, en: S. Aboytes Perete (coord.), op. cit., pp. 295-327. 104 105

181


Colonias tlaxcaltecas en 1591

Saltillo

Cuencamé Mazapil

Durango

Nieves Nombre de Dios Río Grande Sombrerete San Martín Chalchihuites Fresnillo

San Andrés Valparaíso

Zacatecas

Jerez

Cuisillo Colatlán G Río r

Sa de an

Tlatenango

nt

ia

go

Charcas Venado

Bocas de Maticoya San Luis Potosí San Francisco Río Verde Santa María del Río

Mexquitic

Aguascalientes

Juchipila

Ojuelos

Teocaltiche Lagos

San Felipe León

Guadalajara

San Miguel Querétaro

Celaya

erma Río L

Valles

Atotonilco San Luis de la Paz

Guanajuato

Océano Pacífico

Golfo de México

San Juan del Río Jilotepec

Cuitzeo Valladolid

Colonias tlaxcaltecas Camino Real de Tierra Adentro Caminos secundarios

México

Asentamientos tlaxcaltecas en Coahuila

Laguna Tlahualilo

Monclova

N U EVO R EI N O DE LEÓN

C OAHU I L A

Anaelo San Pedro de la Laguna

Mapimí San Ignacio za Na Río

La Peña Los Hornos El Álamo Nueva Bilbao Jimulco Guadalupe de Aguanaval

Cuencamé

Río Ag uan aval

Asentamientos tlaxcaltecas Mina Límites regionales

squería

Mesillas Laguna San Pedro de Parras

s

Pe Río

Monterrey Capellanía

San Lorenzo de Abajo Castañuela Santa María de las Parras

San Esteban de la Nueva Tlaxcala

Obispado de Durango Obispado de Linares

Obispado de Guadalajara

Mazapil

N U EVA GALI C I A

Palomas El Saltillo

Palos


p. 184

provincia sino en esta ciudad [y] se pidió al corregidor […] que las

Antiguo mercado de Ocotelulco (detalle), 1957-1968

mercadurías y demás cosas que se hubiesen de vender en esta ciudad

D e s i d e r i o H e r n á n d e z Xo c h i t i ot z i n ( 19 2 2 -2 0 07 )

fuese a precio moderado”.118 En 1553 el cabildo controlaba los precios en el mercado, incluido el de la grana cochinilla. El alcalde Diego de Guzmán se encargaría de que se vendiera la leña y el zacate, como se hacía antes.119 En el mercado sabatino de la ciudad de Tlaxcala se vendían animales en pie,

Toda esta poblazón va acompañada de arboledas de frutales traídas de

lana, ropa y textiles.120 Se registraron como tratantes Gaspar Castelán

Castilla y de las de la tierra, que a la vista es una floresta maravillosa por-

(1586), Francisco Pérez de Rúa y Juan Carrillo (1693). Era chirrionero

que los naturales son muy aficionados destas frescuras; y aquí se cogería

Rodrigo Arias (1591), carretero Juan Camacho Rafael (1607) y dueño de

gran abundancia de grana, porque todas las demás huertas son de nopa-

carros Pedro Durán (1611). El número de comerciantes y mercaderes

les, que son los naturales donde se cría, y los naturales la tienen por muy

aumentó notablemente en el siglo xviii.121

principal granjería […]. Danse en esta ciudad muchas frutas de España,

Entre 1520 y 1530 la grana cochinilla era importante para Tlax-

en gran abundancia: nueces, membrillos, duraznos, priscos, manzanos,

cala; de 1533 a la década de 1540 su industria era floreciente y el tinte

granadas, guindas y ciruelas, uvas [en] gran abundancia, y peras, y todas

se exportaba a España. El 20 de abril de 1548 el cabildo estandarizó las

suertes [de] verduras traídas de España, con otras legumbres; […] no hay

medidas para su comercio; el 27 de abril de 1551 el virrey ordenó que

otra cosa que aquí se plante que no se dé muy bien, pues de naranjas y

su comercio se hiciera en lugares establecidos y el 17 de junio de 1552

limas y limones y cidras […]. Y, de las frutas naturales, se hallan tunas,

prohibió el cultivo del nopal para grana. En marzo de 1553 el cabildo

cerezas y camotles (batatas) en tiempo de gran estío.

limitó el cultivo de nopal de grana para que todas las personas sem-

111

braran y cultivaran maíz, chile, frijol y todo lo comestible. El goberEn marzo de 1614 Alonso de la Mota y Escobar visitó Tlaxcala y

nador avaló la propuesta al permitir sembrar diez matas de nopal

se alojó en las casas reales.112 En sus Memoriales dice que la provincia

de grana y que las mujeres ya no recogiesen la pintura. En diciembre de

estaba en condiciones de gran pobreza por el mal gobierno de los

1553 el cabildo aprobó el precio que los regatones debían pagar por

principales naturales, su poca capacidad de entendimiento, honra,

la grana: por un tomín de colorante, ciento ochenta granos de cacao

talentos y de su continua embriaguez, además de que habían sufrido

o, en su defecto, un tomín en plata.122

de gran mortandad y gran codicia.113 El obispo describió a los espa-

El cabildo aducía que los poseedores o regatones de grana, tanto

ñoles diciendo que sufrían de gran vicio, vivían amancebados, eran

nobles como macehuales, hombres y mujeres, ya no iban a escuchar

pobres y haraganes, y no temían porque no había justicia secular ni

misa ni a la doctrina, compraban pulque, se emborrachaban, gastaban

tampoco eclesiástica.

dinero en balde, ya no respetaban a los tecuhtli, se orgullecían de su

En 1654 los labradores españoles del valle de Huamantla se que-

riqueza, que gastaban inútilmente y se perdían “en vano”, convirtiéndose

jaban de la falta de fuerza de trabajo, de condiciones en que se encon-

en “alquilados”, o en esclavos de los españoles. Los regatones y los culti-

traba la región y amenazaban con separarse de la provincia. Aducían

vadores se asociaban, se hacían compadres, se ofrecían mucha comida,

que la falta de trabajadores agrícolas se debía a la entrada y apodera-

compraban pulque y vino de Castilla, se emborrachaban muchísimo

miento de tierras y casas por parte de los dueños de haciendas, sin

y cometían muchos pecados.123 Los miembros del cabildo notificarían al

que nadie les estorbase o se lo impidiese. La situación se desbordó con

virrey “[…] de cómo se [obtendría] el nopal de grana”.124

“[…] el sonsaque de gañanes entre los hacendados”. En 1661 presen-

En 1553 el corregidor de Tepeaca, por órdenes del virrey Velasco,

taron sus quejas a las autoridades y el virrey Pedro Vázquez de la Ca-

aumentó el tiempo permitido al agostadero, con afectación del calen-

dena ordenó que no se les quitase a los indios la libertad so pena de

dario agrícola en las tierras. Los macehuales ricos compraron tierras a

recibir graves penas.

los pilli, con lo que se crearon varios problemas; entre ellos, la orden

114

En 1669 los hacendados se quejaban de que sus haciendas habían sido abandonadas por los laboríos y que por ello estaban arruinadas. En 1684, el rey dictó los autos que restringían la libertad de movimiento de los indios y el castigo a quienes los inquietaran. El indio sería encarcelado por veinte días y desterrado por un año del lugar. A quien le recibiese en su servicio se le castigaría con pena de seis mil maravedíes aplicados por tercias partes.115 En 1692 la falta de trigo y maíz originó una revuelta en la provincia.116 Ag r i c u lt u r a , e co n o m í a , m e r c a d o, d e s a s t r e s n at u r a l e s y c a b i l d o

El mercado en Tlaxcala tiene antecedentes en el tiánguez de Ocotelulco, que se instalaba en una gran plaza, donde se hacía “la feria”, frente a la casa de Mexicatzin (señor del mercado y de la cabecera de Ocotelulco), “porque llevaba las alcabalas de todas las cosas que en el mercado se vendían y otras rentas”.117 En noviembre de 1547 el cabildo dispuso “que todos los días se hiciese tiangues en esta plaza […]; el dicho día se mandó que no se hiciese tiangues en otra parte de la

D. Muñoz Camargo, op. cit., p. 67. Charles Gibson, Tlaxcala in the Sixteenth Century, Stanford, Stanford University Press, 1952, p. 128. 113 Alonso de la Mota y Escobar, Memoriales del obispo de Tlaxcala: un recorrido por el centro de México a principios del siglo xvii, Tlaxcala, Gobierno del Estado de Tlaxcala/ Secretaría de Educación Pública, 2012, pp. 121-126. 114 “Provisión contra el sonsaque de gañanes entre los hacendados, 1661”, en C. Sempat Assadourian y A. Martínez Baracs (comps.), op. cit., vol. 7, pp. 149-151. 115 “Autos acordados y ley real que restringen la libertad de movimiento de los sirvientes indios y castiguen a los que los inquietan, 1684”, en ibid., vol. 7, pp. 151-156. 116 Anales antiguos de México, vol. ii, núms. 17 y 18, pp. 732 y 764, citados en W. Trautmann, op. cit., p. 263. 117 D. Muñoz Camargo, op. cit., pp. 42-43. 118 Actas de cabildo de Tlaxcala, 1547-1567, op. cit., 1547-1567. 119 Ibid., 9 de diciembre de 1553, 483 y 484, p. 337. 120 Charles Gibson, Tlaxcala in the Sixteenth Century, Stanford, Stanford University Press, 1967, p. 148. 121 W. Trautmann, op. cit., pp. 252-253 (tabla 13.1.1.3: Comerciantes e industriales). 122 Actas de cabildo de Tlaxcala, 1547-1567, op. cit., 3 de marzo de 1553, 459-462, pp. 330-­ 331, y J. Lockhart, F. Berdan y J. O. Anderson, op. cit., pp. 79-80. 123 Actas de cabildo de Tlaxcala, 1547-1567, op. cit., 3 de marzo de 1553, 465 y 466, pp. 332-333. 124 Ibid., 3 de marzo de 1553, 467-469, p. 333. 111 112

183


184

de que las tierras eriazas que pertenecían al altépetl de Tlaxcala de-

Hueyotlipan (1615), Teolocholco (1622), Cuapiaxtla (1690), Nativitas,

bían trabajarse por seis años y cultivarse con trigo (maíz de Casti-

Altzayanca (1697). Había un molino de trigo en Tepeyanco y otro en

lla).125 Después de seis años, podían pasar a los “poseedores de la tierra

San Diego (Mixco o San Juan, 1712), tres ranchos (uno de ellos del cu-

de cultivo”, que pagarían a un español para que se hiciera bien la la-

rato de Tepeyanco), una estancia de ovejas en Axocomanitlán (1611)

bor.126 La compra para el labrado incluía bueyes, caballos, fierros para

y dos de ganado menor en Atlangatepec (1611).128

hacer la labor, y todo lo necesario para labrar la tierra se gastaría en tomines y lo pagaría el altépetl del pueblo.127

En el siglo xvii, con la pérdida de poder y de control por parte del cabildo indígena, la emigración tlaxcalteca hacia el norte novo-

A los problemas de los agricultores por las decisiones del cabildo

hispano, la mortalidad causada por las epidemias y las hambrunas y

se agregaron los efectos negativos de los desastres naturales y climá-

la entrada de los españoles a las tierras de la provincia que estaban

ticos. Las fuertes heladas o la falta de lluvias que afectaban las cose-

desocupadas, se formaron las haciendas de labor y los ranchos, que

chas generaron hambrunas e incremento en la mortalidad. Aparte de

tendrían dificultades debido a la falta de mano de obra. Los proble-

los desastres naturales, un problema recurrente en Tlaxcala era la in-

mas se incrementaron y empeoró la situación económica de los agri-

vasión del ganado mayor y las ovejas a las tierras de cultivo de los

cultores que se quedaron sin tierras.

tlaxcaltecas. Entre 1548 y 1597 había en Tlaxcala cuatro estancias de

En 1614 los naturales de Zacatelco solicitaron al Juzgado de Indios

ganado menor, una de ovejas y seis caballerías en Casuchitlán y Mi-

que el clérigo, licenciado Sandoval, no asistiera en su pueblo, porque

chac, además de una hacienda de labor en Hueyotlipan y dos estan-

los obligaba a servir en las estancias y labores de los españoles que se

cias. De 1600 a 1798 el número de haciendas y estancias de labor se

les designaban y también a llevar sus bueyes para los barbechos.129 A

elevó a cuarenta y nueve: Tecoac (1607), Ixtacuixtla, Chiautempan

mediados de 1600, se quejaron también de que los labradores españo-

(1609), Ocotlán (1611), Yauhquemehcan (1613), Tepeyanco (1614),

les “[…] luego que entra el mes de noviembre meten sus boyadas, yeguas, mulas, caballos, ovejas y ganado de cerdo en las sementeras”,

Ibid. 126 Ibid., 19 de junio de 1553, 475-479, pp. 335-336. 127 Ibid., 19 de junio de 1553, 478, p. 336. 128 W. Trautmann, op. cit., pp. 245-252 (anexo). 129 agn, Indios, 13: 419, 345, citado en C. Morin, op. cit., p. 92. 130 agn, Indios, 15: 87, 60, y 17: 12, 27, citado en ibid., p. 93. 131 En el Formativo o Preclásico tardío (600 a. C.). En el Posclásico (600 d. C.) abundaban los malacates para tejer fibras de agave y los arqueólogos encontraron unos treinta para tejer algodón. 132 Ángel García Cook y Leonor Merino Carreón, “Malacates de Tlaxcala: intento de una secuencia evolutiva”, en Ángel García Cook y Leonor Merino Carreón (comps.), Antología de Tlaxcala, vol. ii, México, Gobierno del Estado de Tlaxcala/Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1997, pp. 191-214. 125

antes de que los indios pizcasen su maíz y diesen los rastrojos a comer a sus ganados.130 L o s t e j e d o r e s n at i v o s y l o s o b r a j e s

El tejido de algodón en rama y de agave o fibras vegetales es de origen prehispánico en Tlaxcala. 131 Para su elaboración se usaban los malacates o el telar de cintura. Las mujeres tejían y adornaban las ropas con hilos teñidos con grana cochinilla. Con algodón nativo se tejían taparrabos y mantas (tilmas) para los varones y quexquémitl, mantas y faldas para las mujeres.132


En José Antonio Alzate y Ramírez, Memoria sobre la naturaleza, cultivo y beneficio de la grana cochinilla, planchas 9 y 8, 1777

mayor parte de los trabajadores en los obrajes abiertos eran libres y cada día regresaban a dormir a sus casas. Unos pocos trabajadores de los obrajes cerrados vivían dentro de ellos, por tener deudas que cubrir o pagar condenas. En las casas de los trabajadores libres había telares, donde producían telas y sarapes para sus familias y vecinos.138 En el siglo xvii surgió el sarape de Saltillo, que se difundió en el norte de Nueva España. Estos sarapes se producían y distribuían desde

En 1521 llegaron las primeras ovejas a Nueva España y para 1524

San Miguel (Jalisco), San Pedro del Álamo, San Francisco de Chalchi-

ya estaban en Tlaxcala.133 Entre 1530 y 1540 arribaron el telar de pedal,

huites, San Miguel Mezquitic (San Luis Potosí), El Venado, Matehuala,

las cardas, las ruecas y las redinas. Los campesinos tlaxcaltecas tejían su

Colotlán o Saltillo, donde llegaron las familias tlaxcaltecas a coloni-

propia ropa y, con la llegada de las ovejas y los telares de pedal, aprendie-

zar esas regiones. Hacia 1890139 se introdujeron nuevos modelos y

ron el trasquile de ovejas y el lavado y la producción de lana. Reprodu-

componentes en la ropa; la producción textil cambió la fibra que se

jeron en sus casas la tecnología española para tejer ropa: pantalones

utilizaba, los modelos, las tallas y los adornos, pero hasta la fecha si-

de manta, camisas largas y blusas para mujeres. Con lana elaboraban

gue siendo una actividad importante en la vida y en la economía de

quexquémitl, enredos teñidos con añil, fajas para portar los enredos

las familias.140

en la cintura, rebozos, sarapes para cubrirse del frío y varios tipos de cobijas y de tapetes. En 1602 había un obrajero en Zacatelco: Hernán Báez Martínez.134 En 1607 se registró Francisco López Arróñez, que tenía su obraje en Santa Isabel Totolquexco, y para 1653 era obrajero Luis García de Nájera, dueño de tierras de labor en Tepeyahualco y Tapaltepeque.135 En 1560 López Arróñez creó, en Apizaquito, un obraje textil; poseía una estancia de ovejas y un molino de trigo. En 1604 había en Tlaxcala trece obrajes textiles, siete de paño, cuatro para sayales y dos para sayales menores.136 Para 1690 en los obrajes se tejía ropa de lana; trabajaban más de veinte personas y aprendices, con veinte telares. Tenían equipo para teñir y se ubicaban cerca del río, donde lavaban la lana, hacían el batanado y el teñido de las telas.137 Las mujeres indígenas bordaban ropa para los conventos, como ocurría en el monasterio de San Francisco Tepeyanco. En Tlaxcala, la

C. Gibson, Tlaxcala in the Sixteenth Century, 1967, op. cit., pp. 148 y 150. W. Trautmann, op. cit., p. 252 (tabla 13.1.1.3). 135 Ibid., p. 253. 136 Luis Nava Rodríguez, Tlaxcala en la historia, Tlaxcala, Progreso, 1973; y José Ignacio Urquiola Permisán, “La empresa textil lanera en Tlaxcala”, en Historia y sociedad en Tlaxcala, Gobierno del Estado de Tlaxcala/Instituto Tlaxcalteca de Cultura/Universidad Autónoma de Tlaxcala/Universidad Iberoamericana, 1986. 137 Alba González Jácome, “Las faldas de la Malinche: el paisaje de las tierras templado-­ frías y sus pueblos”, en Francisco Castro Pérez y Tim M. Tucker (coords.), Matlalcuéyetl: visiones plurales sobre cultura, ambiente y desarrollo, vol. 1, México, Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología/El Colegio de Tlaxcala/Mesoamerican Research Foundation, 2009, pp. 250-281. 138 Ibid., vol. 1, p. 264. 139 Frederick Starr, “Notes Upon the Ethnography of Southern Mexico”, en Proceedings of the Davenport Academy of Natural Sciences, 1890. 140 Alba González Jácome, “De las manos tejedoras a las fábricas textiles: el nacimiento de una industria en Tlaxcala”, en Tlahcuilo: Boletín del Archivo Histórico del Estado de Tlaxcala, núm. 4, 2008, pp. 9-24. 133 134

185


muchachos fuesen “enseñados en la doctrina”.150 En enero de 1552 era

Autor no identificad o

Sarape de Saltillo (detalle), siglo xviii

guardián del convento Juan de Ribas y, el 2 de diciembre de ese año, el cabildo acordó reconstruir las casas de los frailes de San Francisco de Tlaxcala “[…] por estar por caerse, debiéndose labrar piedra para lo que sería el arco y algunas piedras más para las columnas”.151 El 2 de septiembre de 1558 el cabildo discutió sobre el “caño de agua de madera”, a construirse por cuenta de Atlihuetzía y Tepeyanco,

Varios pueblos se especializaron en la producción textil, como

porque los padres necesitaban el agua.152 Los caños de madera se utili-

En la época borbónica y en los inicios de

zaban en la conducción del líquido a los pueblos y las ventas (Tecoac

1774, vivían en la ciudad de Tlaxcala y sus pueblos cerca de quinientas

y Atlangatepec); los labraban los carpinteros y se les pagaba por el tra-

familias de españoles, mestizos y mulatos dedicados a varias activida-

bajo.153 El 14 de abril de 1577 el cabildo dio a conocer el mandato del

des agrícolas y mercantiles, además de poseer varios obrajes, donde se

virrey Gastón de Peralta que ordenaba la construcción de iglesias y

tejían paños y balletas o mantas que vendían en varias ciudades y pro-

monasterios en toda Tlaxcala. Se pagarían los gastos a los que cons-

vincias, en las haciendas, en los ranchos y en los pueblos, de cuyo

truyeran estas obras, tomando una parte de la hacienda del rey y otra

producto vivían “[…] hasta doscientas familias de españoles y otras

de la Hacienda de la república y las ofrendas que existiesen. El cabildo

calidades”.142 En el siglo xix, hacia 1832, surgieron las fábricas textiles

pagaría a los oficiales de la caja real y de gastos de justicia. A los tra-

en Tlaxcala, que producían principalmente mezclillas.

bajadores no había que pagarles pues era para que “[…] ellos oyesen

San Bernardino Contla.

141

143

misa y se les administrasen los sacramentos”.154 R e l i g i o s o s , c at e q u i s ta s y l a e d i f i c a c i ó n de monasterios

Y para que se construyan iglesias [y] monasterios, sólo irá despacio pe-

En 1524 se establecieron los franciscanos en Tlaxcala, con García de

gando [piedra], no se les cargará mucho el trabajo a los maceualli, tampo-

Cisneros como guardián. Para 1526 lo fue Francisco de Soto y en 1527

co por esto abandonarán su trabajo en sus “tierras de cultivo”, al mismo

llegó a Tlaxcala Martín de Valencia, quien fue nombrado superior del

tiempo irán haciendo itoquiz, “su siembra”, ytlayliz [su labriego], ypix-

convento de 1528 a 1530. En 1531 Martín de Valencia fue sustituido

quiz [su cosecha]: y sólo gustosamente irán haciendo sus trabajos.155

por Luis de Fuensalida, quien asumió el puesto en 1532, para ser reemplazado en 1533 por Juan de Ribas. En 1536 vivían en el convento fray

El obispo de Tlaxcala Alonso de la Mota y Escobar visitó la pro-

Toribio de Benavente, Motolinía, Pedro de Castillo, fray Bartolomé de

vincia en 1614 y se quejó de que sólo dos franciscanos atendían los

las Casas y Juan de Torquemada; al parecer, de 1536 a 1540 el guar-

servicios religiosos de Tepeyanco, Zacatelco y Teolocholco. En el mo-

dián del convento fue Motolinía.

nasterio de Santa María Nativitas dos franciscanos tenían la jurisdic-

144

En 1527 llegó a la ciudad de Tlaxcala el dominico Julián de Garcés,

ción sobre dieciséis pueblos, por lo que el obispo consideró que no

que fue nombrado primer obispo de Tlaxcala en 1526 y quien erigió

era de sorprenderse que con tan poca gente en el ministerio de esos

la iglesia de la Asunción en la catedral.145 Fue un gran defensor de los

lugares la población no lo resintiese. En la misma visita, el obispo

indígenas tlaxcaltecas contra los malos tratos de los españoles; difun-

visitó la ciudad de Tlaxcala (24 de marzo) y anotó: “[…] la mortandad

dió el alfabeto, el Evangelio y la doctrina católica.146 Desde 1530 las prácticas idolátricas de los tlaxcaltecas disminuyeron o se redujeron a la clandestinidad. Numerosos macehuales trabajaron en la construcción de Puebla, donde muchos se quedaron a vivir en el barrio de Analco. El 3 de octubre de 1539 el obispo Garcés accedió a que los canónigos residieran en Puebla, fundada el 29 de septiembre de 1531, donde se quería trasladar la sede episcopal, a lo que el obispo Garcés se oponía, pero que finalmente sucedió, con la expedición de una real cédula del 6 de junio de 1543, después de su muerte.147 En 1541, cuenta la tradición, tuvo lugar la aparición de Nuestra Señora de Ocotlán en el cerro San Lorenzo, junto a la ciudad de Tlaxcala, donde se construyeron el templo y un pueblo adyacente.148 Entre 1543 y 1545 fue obispo de Tlaxcala Pablo Gil de Talavera, pero no llegó a tomar posesión de su cargo porque falleció antes de llegar a Nueva España.149 El tercer obispo nombrado por la Corona fue Martín Sarmiento de Hojacastro, quien no aceptó el nombramiento y siguió siendo guardián del convento de San Francisco de Tlaxcala hasta 1547, cuando, convencido por Motolinía, aceptó el puesto y lo ejerció hasta su muerte, en 1557. En San Francisco estaba el baúl con los documentos que habían sido otorgados a Tlaxcala tiempo atrás y que en 1548 se llevaron al ayuntamiento. El 6 de junio de 1548 el cabildo acordó construir “[…] el lugar de enseñanza en el monasterio de San Francisco”, para que allí aprendieran los niños, y una capilla de San Francisco para que los

141 “Noticias de fábricas, molinos, ingenios, lagunas, ríos y puentes, 1794”, en agn, Historia, “Estadística y geograf ía”, vol. 74, exp. 10, ff. 407r-455r, citado en Enrique Florescano e Isabel Gil (comps.), Descripciones económicas generales de Nueva España, 1784-1817, México, Departamento de Investigaciones Históricas-Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1973, pp. 40-67. 142 José Antonio Villaseñor y Sánchez, Theatro americano: descripción general de los reynos y provincias de la Nueva España y sus jurisdicciones [1746], México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2005, pp. 342-345. 143 A. González Jácome, “De las manos tejedoras a las fábricas textiles: el nacimiento de una industria en Tlaxcala”, op. cit., pp. 9-24. 144 C. Gibson, Tlaxcala en el siglo xvi, op. cit., pp. 199-201 (apéndice iii, lista de cincuenta y cinco franciscanos guardianes del convento, de 1524 a 1599). 145 Armando Díaz de la Mora, “Fray Julián de Garcés: primer obispo de Tlaxcala”, en Tlahcuilo: Boletín del Archivo Histórico del Estado de Tlaxcala, núms. 6-7, 2009, pp. 35-45. 146 Rafael García Sánchez, “Entre rosas de otoño: fray Julián Garcés”, en ibid., pp. 51-52. 147 Ibid., p. 49. 148 Juan Diego Bernardino, indio de Santa Isabel Xiloxoxtla y topil del monasterio San Francisco mostró el lugar de la aparición. Ocotlán ha sido desde entonces el lugar de adoración y peregrinaciones más importante de Tlaxcala. 149 Milena Koprivitza Acuña, “Fray Martín Sarmiento de Hojacastro, 1548-1557”, en ibid., pp. 65-74. 150 Actas de cabildo de Tlaxcala, 1547-1567, op. cit., 6 de junio de 1548, 87 y 88, p. 250. 151 Ibid. 152 Ibid., 2 de septiembre de 1548, 630-632, pp. 370-371. 153 C. Gibson, Tlaxcala en el siglo xvi, op. cit., pp. 200-201. 154 Actas de cabildo de Tlaxcala, 1547-1567, op. cit., 14 de abril de 1577, 875-877, pp. 420-­ 421, y 14 de abril de 1577, 878, p. 421. “[…] porque los bienes de la república son insuficientes sólo se va gastando en ornamentos en todos los monasterios de Tlaxcala”, por eso no se les pagaría. 155 Ibid., 14 de abril de 1577, 878, p. 422.

187


M i g u e l C a b r e r a ( 1 6 9 5 - 1 76 8 )

De español e india, mestiza, siglo xviii José de Ibarr a (1688-1756)

De negro e india, lobo, ca. 1725

de ellos ha sido muy grande” y su estado temporal “está notablemente menoscabado”.156 U r b a n i z a d or e s d e l p o b l a m i e n to e n T l a xc a l a

Las condiciones fisiogeográficas, la altitud y las características climáticas locales en la provincia explican las diferencias entre los asentamientos prehispánicos y el modelo que los españoles utilizaron en la construcción de la ciudad de Tlaxcala, en una planicie rodeada por cerros y barrancas, a unos 2 240 metros sobre el nivel del mar y localizada junto al río Zahuapan. El modelo constructivo indígena era muy diferente al “modo castellano”. En 1519 los señores de las cuatro cabeceras más importantes de Tlaxcala vivían en asentamientos construidos en los cerros, en las laderas quebradas, en lomas, codos y rinconadas, que les permitían refugiarse de los vientos y de los huracanes del norte que azotaban esas regiones anualmente y que eran particularmente destructivos en las planicies, además de presentar un clima frío, con sus heladas y granizadas tempranas de agosto y septiembre y del invierno. La altitud y la topograf ía eran una defensa contra el clima y una protección natural contra las incursiones y los ataques de grupos belicosos.157 El Lienzo de Tlaxcala muestra las casas de los señores de Quia­ huiz­tlán, Tepetícpac, Tizatlán y Ocotelulco, donde se alojaron Hernán Cortés y los españoles que lo acompañaron en su entrada a la provincia. Los dirigentes o tlatoanis158 de cuatro de las cabeceras principales de Tlaxcala se aliaron con Cortés después de haber sido vencidos por los 189

españoles. Las cabeceras tenían un patio central rodeado por habitaciones y la entrada al conjunto. Las plazas eran fundamentales para los eventos, bailes y ceremoniales;159 también lo fueron posteriormente para

ficado muy grandes y suntuosas casas de bajos y altos, de cal y cantos y

los frailes, ya que en ellas predicaban y enseñaban la religión a los indios.

argamasa, que adornan esta ciudad en extremo grado, porque tienen sus

En 1519, en la plaza o tiyanquizco, había vendedores de chiles,

repartimientos de plazas y calles por gran nivel y geometría, por industria

petates, guajolotes, una bebida caliente, que al parecer era chocolate, y

de los primeros religiosos que a esta tierra vinieron, frailes de la orden del

los recipientes para su consumo estaban junto a la olla. Los hombres

señor San Francisco, gobernando don Antonio de Mendoza, visorrey

estaban sentados del lado izquierdo y las mujeres del lado derecho de la

que fue desta Nueva España, con su parecer y voluntad; que habrácua-

plaza. En la parte superior del Lienzo de Tlaxcala se aprecia un juego

renta y cinco años, poco más o menos, que esta ciudad se pasó a este lu-

de pelota. Fray Martín de Valencia aparece arriba de un basamento

gar y sitio donde al presente está.163

circular predicando, acompañado de otro fraile que se encuentra al sur de la plaza. La imagen muestra la importancia y las dimensiones que la plaza central de pueblos y ciudades tendrá después de 1520.

160

Los españoles decidieron crear la ciudad de Tlaxcala el 3 de octubre de 1525, en la llanura aluvial de Tepetícpac, al este del Zahuapan. La planicie ocupa una meseta basáltica atravesada por varias cañadas.161 En octubre de 1527 el palacio de Maxicatzin se convirtió en la sede episcopal y fray Julián Garcés fue nombrado primer obispo de Tlaxcala. En 1528 se inició el establecimiento de la ciudad con la repartición de las parcelas del sitio donde se construiría. La primera iglesia se creó en 1533. La edificación de la ciudad se aceleró entre 1537 y 1540.162 […] para poner a los naturales en alguna policía, por consentimiento de los señores desta república se bajaron destas laderas a poblar este pequeño llano y ribera del Zahuatl, donde en modo castellano se han hecho y edi-

156 Alonso de la Mota y Escobar, Memoriales del obispo de Tlaxcala: un recorrido por el centro de México a principios del siglo xvii, introducción y notas de Alba González Jácome, México, Secretaría de Educación Pública, 1987, pp. 125-130. 157 D. Muñoz Camargo, op. cit., p. 42. 158 Maxicatzin (Ocotelulco, luego barrio de Cuitlizco), Citlalpopocatzin (Quiahuiztlán, en la loma llana al poniente), Tlehuexolotzin (Tepetícpac, en la cumbre de la sierra de Tepetícpac, a una legua del río) y Xicoténcatl (señor de Tizatlán, en las lomas altas, pasando por un llano y una vega). Ibid., p. 38. 159 Lienzo de Tlaxcala, en Relaciones geográficas del siglo xvi: Tlaxcala, op. cit., t. 1, cuadros 1, 2, 3, 4, 5 y 16. 160 Lienzo de Tlaxcala, códice histórico colonial del siglo xvi, copia de 1773 de Juan Manuel Yllanes del Huerto: su historia y su contexto, edición de Guadalupe Alemán Ramírez, México, Gobierno del Estado de Tlaxcala/Secretaría de Educación Pública/Secretaría de Cultura/Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2016. 161 Prontuario de información geográfica municipal, México, Instituto Nacional de Estadística y Geograf ía (inegi), 2009, p. 2. 162 A. Díaz de la Mora, “Los tlaxcaltecas, pobladores y conquistadores, del siglo xiv al xix”, op. cit., p. 23. 163 D. Muñoz Camargo, op. cit., p. 43.


190

En 1536 el convento se San Francisco se trasladó al lugar que ac-

[…]. Y en ellos se hiciesen iglesias, donde hubiese sacerdotes y religio-

tualmente ocupa. En 1537 los franciscanos eligieron para su sede en

sos que los enseñasen, porque con esto se podía entender en su doctrina y

la provincia el convento de la Asunción, cuya advocación conmemo-

vivirían en concierto y policía […]. La causa principal porque se ha hecho

raba la batalla donde fueron derrotaron los tenochcas, resultado de la

esta congregación […] es que estos indios sean bien instruidos y enseñados

unión de las fuerzas españolas e indígenas. También en 1537 comenzó

en las cosas de nuestra santa fe católica y en las humanas y políticas.164

a funcionar el cabildo indígena, cuyos miembros eran de la élite (principales) y estaban supervisados por un corregidor. El edificio del cabil-

En 1578 resurgió el problema de las congregaciones y se dio a co-

do indígena se ubicó a un lado de la plaza central, cerca del convento.

nocer la real cédula por medio de la cual se instruía sobre la necesidad

Para 1545 ya había varios edificios que rodeaban la plaza de la ciudad.

de reducir los pueblos y concentrar a la población indígena dispersa.

Ese año se emitieron las ordenanzas municipales de Tlaxcala que re-

En 1585 el cabildo terminó por ceder ante la orden de la cédula. Esto

gulaban el funcionamiento del cabildo indígena y gracias a las cuales

se afianzó con la baja poblacional, resultado de la salida de tlaxcalte-

adquirió consistencia institucional. En 1546 se iniciaron las discusio-

cas hacia el norte de Nueva España y la elevada mortalidad de la pobla-

nes entre el cabildo y el Consejo de Indias, que pedía que los pueblos

ción por desastres naturales y epidemias. La construcción de la ciudad

se juntasen para que los indios pudiesen ser adoctrinados.

de Tlaxcala fue una adaptación del modelo español a la situación sociopolítica de los indígenas y sus modelos de construcción.

[…] se han juntado diversas veces […] particularmente los prelados de esa

Las congregaciones concentraron a los nativos en pueblos de in-

Nueva España, […] en el año pasado de 1546: los cuales […] proveyeron

dios con un modelo arquitectónico agroganadero (fundo legal) y un

y ordenaron algunas cosas […] más útiles y necesarias para que los dichos

sistema político-religioso (cabildo religioso y civil) adaptado a las ne-

indios pudiesen ser doctrinados. […] lo más importante que les pareció,

cesidades de los españoles para ejercer el control sobre la población

para que esto se pudiese poner en efecto, fue que se juntasen en pueblos

indígena, que se justificaba con la enseñanza y la expansión de la re-

Diego de Encinas, Cedulario indiano, libro cuarto, Madrid, Imprenta Real, 1596, pp. 215-217, citado en Francisco de Solano, Cedulario de tierras: compilación de legislación agraria colonial, 1497-1820, Instituto de Investigaciones Jurídicas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1984, p. 272.

164

ligión, las costumbres, las fiestas, las obligaciones y los servicios de la población nativa a la legislación y a los usos y costumbres hispanos, que, al mezclarse con varios elementos nativos, dieron lugar a la formación de la Nueva España y, posteriormente, de la nación mexicana.


M anuel Caro (1752-1820)

Procesión y traslado de la Virgen de Ocotlán en 1541 (detalle), 1781 Autor no identificad o

La Virgen de Ocotlán, sin fecha


En este modelo, la plaza central (Plaza de Armas) fue el eje articulador de los pueblos en los siglos xvi y xvii. Los monasterios estaban cerca de las plazas, pero los templos se construyeron en ellas y

En Diego Muñoz Camargo, Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala de la Nueva España e Indias del Mar Océano para el buen gobierno y ennoblecimiento dellas, ca. 1580-1584

funcionaban como parte esencial de las actividades de las poblaciones: sus celebraciones, fiestas populares, mercados y tianguis, danzas y representaciones en las festividades religiosas, fiestas para los santos patrones y otras. A diferencia de España, los entierros se realizaban en los patios de los templos (atrios) y no en su interior, lo que se

estilo novohispano; por la pérdida de privilegios reales, como el tra-

explica en parte por el tamaño de las poblaciones humanas, las epi-

bajo obligatorio y gratuito de los indígenas en labores agrícolas y de

demias y las condiciones de salubridad.

construcción, como sucedió en la edificación de la ciudad de Puebla y de conventos y templos fuera y dentro de la provincia; por el empo-

192

Algunas consider aciones

brecimiento de los agricultores que perdieron sus tierras, debido a lo

La historia tlaxcalteca del siglo xvi estuvo dominada por el control

cual se conformó un peonaje articulado al trabajo pagado, y por la

del cabildo indígena en la vida económica, política y social de la po-

recurrente falta de mano de obra agrícola y los mecanismos de los

blación y la lucha por conservar los privilegios obtenidos por su apoyo

hacendados para retenerla.

a Hernán Cortés, así como por los procesos de los religiosos para

En los siglos xvi y xvii surgieron varias actividades económi-

catequizar a la población —con la creación de monasterios, templos,

cas, algunas con antecedentes prehispánicos, otras hispánicas y otras

métodos de enseñanza religiosa—, la introducción de prácticas hor-

más que resultaron de la mezcla de ambas: los obrajes textiles, oficios

telanas y la incorporación de plantas y tecnología agrícola del Viejo

como la herrería, la carpintería, labradores de piedra, sastres para ropa

Mundo a los sistemas agrícolas prehispánicos, la construcción de po-

de lana y zapateros que elaboraban tanto huaraches como calzado es-

blaciones articuladas a la vida novohispana y el aprendizaje del espa-

pañol, albañiles, mercaderes de media y larga distancia que comer-

ñol como lengua de comunicación básica con los europeos.

ciaban dentro y fuera de la provincia en recuas de mulas, trabajadores

En el aspecto arquitectónico fueron varios los elementos que se

en hostales y en lugares para cuidar el transporte de mercancías y los

integraron a la cultura novohispana; entre ellos, el estilo tlaxcalteca

animales de carga, manejo de los animales agrícolas de tiro, fabrica-

para recubrir los muros de edificios públicos y templos utilizando mo-

ción de costales de fibra de agave para cargar productos, pastoreo de

saicos con figuras hexagonales. Hasta la década de 1970 así estaban

rebaños de ovejas, cabras y chivos, trabajos de peletería, aprendizaje

recubiertos los muros del palacio de gobierno, pero en una de sus

de nuevas formas de cocinar y otras más.

modernizaciones los mosaicos hexagonales fueron sustituidos por mo-

Los siglos xvi y xvii integraron a los tlaxcaltecas a las formas de

saicos cuadrados, que corresponden más al estilo arquitectónico po-

vida novohispana, y ellos las difundieron través de las migraciones

blano, que también desarrollaron los tlaxcaltecas cuando participaron

que se organizaron para colonizar distintas regiones. Esto incluyó un

con fuerza de trabajo en la edificación de esta ciudad.

número importante de elementos religiosos, la creación de asenta-

El cabildo se enfrentó a la introducción de los ganados en las tie-

mientos congregados y sus divisiones en barrios controlados por los

rras de los nativos y a los pagos por los tributos en especie y en dine-

ayuntamientos, cuyo manejo y control político, económico, social y

ro, que pudieron reducir o evitar durante mucho tiempo, pero que

religioso era ejercido por las autoridades religiosas y civiles de las nue-

después de 1585 se aplicaron de manera general al derogarse los pri-

vas poblaciones. En Tlaxcala, los gobernadores, los funcionarios lo-

vilegios que se recibían anteriormente. El cabildo trató de evitar la

cales y las autoridades eran impuestos a partir de decisiones ajenas

congregación de los asentamientos humanos en pueblos controlados

a los habitantes de la provincia. Estas formas de gobierno fueron lle-

por el gobierno civil y por los religiosos, pero perdió la batalla y, en el

vadas al norte novohispano y a los lugares donde se dieron nuevas

siglo xvii, se hizo efectiva.

colonizaciones.

En ese siglo, el cabildo perdió fuerza y control en la provincia, lo

Finalmente, la baja poblacional de los tlaxcaltecas en los siglos

que se reflejó con la entrada de españoles en las tierras tlaxcaltecas,

xvi y xvii impidió la recuperación económica y política de la provincia,

la creación de haciendas y ranchos y la formación de latifundios. La

que el cabildo no pudo lograr. La Corona española y sus instituciones

población decreció drásticamente por el impacto demográfico nega-

fueron aumentando el control que ejercían sobre la población novohis-

tivo de las epidemias, las hambrunas, el abandono del campo y los

pana y también las riquezas que recibían por ello. Los tlaxcaltecas fue-

desastres climatológicos; por la salida de poblaciones tlaxcaltecas que

ron una ayuda fundamental para lograr esos fines, pero después del

acompañaron a los españoles en la conquista y la colonización de varias

siglo xvi no pudieron alcanzar una situación económica y política fa-

regiones, entre ellas, el norte novohispano, llevando consigo patrones

vorable a sus intereses, a pesar de sus importantes contribuciones a la

de poblamiento hispanos y la construcción de nuevos asentamientos al

expansión de la cultura hispánica y su mezcla con las prehispánicas.


Los virreinatos indianos óscar cruz barney*

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L o s v i r r e i n at o s

En el caso de la Nueva España, desde 1522 se instauró el gobier-

Después del descubrimiento de América y antes de la instauración de

no de Hernán Cortés, como gobernador y capitán general, si bien de

los virreinatos en Indias, se sucedieron los gobiernos unipersonales

1524 a 1527 gobernaron diversos funcionarios por ausencia de Cor-

de Cristóbal Colón (1492-1500), Francisco de Bobadilla (1500-1502),

tés. El 29 de noviembre de 1527 se sometieron los nuevos territorios

Nicolás de Ovando (1502-1509) y Diego Colón (1509-1523). Cristóbal

a un régimen judicial-gubernativo a cargo de una primera Real Au-

Colón contaba con las facultades que habían sido determinadas en

diencia, que debido a los excesos en que incurrió fue desintegrada y

las capitulaciones de Santa Fe del 17 de abril de 1492, en las que se le

conformada en 1530 una segunda Real Audiencia, mejor organizada,

nombró almirante del Mar Océano, virrey y gobernador de las tierras

que gobernó hasta 1535 con mucho acierto. Sin embargo, como esta

por él descubiertas, cargos que tendría de forma vitalicia y hereditaria.

Audiencia provocaba un entorpecimiento de la administración, Car-

Al retornar de su primer viaje, los Reyes Católicos confirmaron los

los V decidió, tras consultar con los Consejos de Castilla y de Indias,

cargos de Colón mediante privilegio rodado del 28 de mayo de 1493,

crear un virreinato, a cuya cabeza estaría un representante personal

además de proporcionarle para cada uno de sus subsecuentes viajes

del rey.4 Se pensó, señala De la Torre Villar, en el conde de Oropeza,

las instrucciones correspondientes, esto es, el 29 de mayo de 1493, el

en don Gómez de Benavides, mariscal de Frómista, y en don Antonio

23 de abril de 1497 y el 14 de marzo de 1502.1 Durante el desempeño

de Mendoza para ocupar dicho cargo; sin embargo, el conde de Oro-

del gobierno de Colón, hubo diversas insurrecciones y descontento en-

peza no aceptó por enfermedad y Benavides exigía demasiado (30 mil

tre los nuevos pobladores, por lo que en el año de 1500 se le relevó del

ducados, el gobierno militar y político, así como la administración de

cargo de virrey, aunque sí conservó el de almirante.

justicia), por lo que finalmente se optó por don Antonio de Mendo-

A Cristóbal Colón le sucedió en el cargo el juez pesquisidor y

za5, quien tenía menores exigencias.6 Así, en 1535 ocupó el cargo de

gobernador Francisco de Bobadilla, nombrado por los Reyes Católicos

primer virrey de la Nueva España don Antonio de Mendoza. Don Blas-

el 21 de mayo de 1499, con facultades indagatorias y jurisdiccionales.

co Núñez de Vela lo haría años después en Perú, en 1544.7

Bobadilla tomó severas medidas contra la gente de Colón y favoreció

En el caso de Perú (palabra utilizada para designar al Tahuantin-

a los antes insurrectos. Durante su gobierno los abusos contra los in-

suyo incaico), en 1513 Vasco Núñez de Balboa había descubierto la

dígenas se incrementaron, por lo que fue sustituido por don Nicolás

Mar del Sur (océano Pacífico) y, tras su muerte, Francisco Pizarro se

de Ovando, quien, el 3 de septiembre de 1501, recibió unas minucio-

aventuró a la conquista intentada por Balboa respecto del Imperio

sas instrucciones, con amplias facultades y la orden de someter a juicio de residencia a Bobadilla. Fue enviado, al igual que su antecesor, como juez con funciones de gobierno y llegó acompañado de frailes franciscanos que iban con la encomienda de la evangelización. En ese entonces llegaron a La Española nuevos pobladores españoles, entre los que destaca Bartolomé de las Casas.2 En 1509 nombran a Diego Colón juez y gobernador de La Española por merced de la Corona —no como heredero de su padre—3 y, junto con él, mediante real provisión del 5 de octubre de 1511, se creó, como contrapeso a sus pretensiones políticas y virreinales basadas en las capitulaciones de Santa Fe, la Real Audiencia de Santo Domingo, capital de La Española. Cuando en 1523 regresó a España, el gobierno fue asumido por la Audiencia, que en 1528 recibió a su primer presidente y a la vez gobernador, el obispo Sebastián Ramírez de Fuenleal.

* Instituto de Investigaciones Jurídicas, Universidad Nacional Autónoma de México, México. 1 Antonio Dougnac Rodríguez, Manual de historia del derecho indiano, México, Instituto de Investigaciones Jurídicas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1994, pp. 95-96. 2 Ibid., p. 99. 3 Ernesto de la Torre Villar, Instrucciones y memorias de los virreyes novohispanos, t. 1, México, Porrúa, 1991, p. xxviii. 4 Rigoberto Gerardo Ortiz Treviño, “El virreinato castellano: una actitud de incorporación”, en Ars Iuris: Revista del Instituto de Documentación e Investigación Jurídicas de la Facultad de Derecho de la Universidad Panamericana, núm. 15, México, 1996, pp. 84-85. 5 Sobre don Antonio de Mendoza, véase Ciriaco Pérez Bustamante, “Los orígenes del gobierno virreinal en las Indias españolas: don Antonio de Mendoza, primer virrey de la Nueva España (1535-1550)”, en Anales de la Universidad de Santiago, vol. iii, Santiago de Compostela, 1928. 6 E. de la Torre Villar, op. cit., t. 1, p. xxix. 7 Juan de Solórzano y Pereira, Política indiana [1648], Madrid, Compañía Ibero-Americana de Publicaciones, 1930, libro v, cap. xii, núm. 2. Para Perú, véase el estudio de Pilar Latasa Vassallo, Administración virreinal en el Perú: gobierno del marqués de Montesclaros (1607-1615), Madrid, Centro de Estudios Ramón Areces, 1997.

195


p. 194

Autor no identificad o

Virrey Juan de Mendoza y Luna (detalle), 1603 Autor no identificad o

Esfinge de los incas o Reyes del Perú, 1725 Johann Theodorus de Bry (1528-1598)

Arresto de los hermanos Cristóbal, Bartolomé y Diego Colón por Francisco de Bobadilla, nombrado por los Reyes Católicos juez pesquisidor, ca. 1594

inca, que estaba dividido por el enfrentamiento entre los herederos de Huáscar y Atahualpa. La conquista se logró en 1532-1533 y se estableció la capital de las nuevas tierras en Lima, en 1535, la Ciudad de los Reyes. Se crearon el virreinato de Perú o Nueva Castilla en 15428 y la Real Audiencia de Lima.9 Las Indias constituyeron un señorío ganado por los reyes de Castilla. A la muerte de Isabel, en 1504, su parte del señorío de las Indias quedó en manos de su hija, Juana la Loca, mientras que Fernando de Aragón conservó su parte. En el codicilo del 23 de noviembre de ese mismo año, Isabel había reconocido el esfuerzo de Fernando y su colaboración para la toma de Granada y la obtención de las Indias y, tomando en cuenta que la donación papal era en favor de Castilla y León, le cedió únicamente por el tiempo de su vida la mitad de las rentas que se obtuvieran de las hasta entonces tierras descubiertas, amén de otros privilegios de índole económica. La incorporación definitiva de las Indias a la Corona de Castilla opera cuando fallece Fernando, en 1516, y le hereda en su testamento 8 Véase Víctor Tau Anzoátegui y Eduardo Martiré, Manual de historia de las instituciones argentinas, Buenos Aires, Macchi, 1998, p. 81. 9 Abelardo Levaggi, Manual de historia del derecho argentino, t. 1, Buenos Aires, Depalma, 1998, p. 151. Véanse también Martín de Murúa, Historia general del Perú, edición de Manuel Ballesteros Gaibrois, Madrid, Dastin, 2001; Giovanni Anello Oliva, Historia del reino y provincias del Perú [1631], 3 vols., edición de Carlos Gálvez Peña, Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú, 1998; Franklin Pease, Las crónicas y los Andes, Lima, Fondo de Cultura Económica, 2010, y John Hemming, La conquista de los incas, traducción de Stella Mastrangelo, México, Fondo de Cultura Económica, 2005. Y, desde luego, Wil­ l­iam H. Prescott, History of the Conquest of Perú, 3 vols., Londres, Routledge, 1874; Juan de Velasco, Historia del reino de Quito en la América meridional [1789], 3 vols., Quito, Comisión Nacional Permanente de Conmemoraciones Cívicas, 1998, y Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán, Cautiverio feliz [1673], 2 vols., edición crítica de Mario Fereccio Podestá y Raïssa Kordić Riquelme, Santiago, Universidad de Chile/Gobierno de Chile/ ril, 2001.

197


M at e o S a l d a ñ a ( 1 8 7 5 - 1 9 5 1 )

Hernán Cortés (detalle), 1917 E s c u e l a e s pa ñ o l a

Isabel I, reina de España, reina de Castilla, ca. 1470-1520 E s c u e l a e s pa ñ o l a

Fernando V, rey de España, rey de Aragón, ca. 1470-1520

en el siglo xvii, se incurre en un anacronismo y en una impropiedad, ya que “no sólo el término ‘colonia’, sino su contenido mismo, es completamente extraño a estos países, a los que desde hacía más de un siglo sólo se conocía como reinos, Estados, provincias y señoríos de las Indias”.11 La Conquista unifica políticamente bajo un mismo monarca europeo tierras y pueblos antes extraños entre sí, de ella […] no surge una cadena de minúsculos establecimientos, en los cuales un puñado de europeos vive al margen de la población indígena circundante, sino una serie de enormes países cada uno con su capital, su territorio y su población, compuesta por una minoría europea concentrada al principio en las ciudades y una numerosa población indígena dispersa por todo el territorio.12

Las nuevas unidades políticas y territoriales reciben los nombres de provincias, reinos, Estados, tierras y señoríos, conforme a la terminología política medieval. El término “república” se utilizará para referirse a los habitantes. El término “colonia” “nunca se aplica a las Indias como tales ni a los países que las componen”.13 Así, estas tierras no fueron colonias, sino reinos, provincias, gobernaciones, territorios, etcétera. Hacia 1680 las Indias se dividían, en lo gubernativo, en dos virreinatos, seis presidencias, diecisiete gobernaciones y capitanías generales, una gobernación y capitanía a guerra, veinticinco alcaldías mayores 198

la universalidad de sus estados a Juana. Más tarde, en 1519, 1520 y

y doce corregimientos de provisión real, a los que hay que sumar los co-

1523, Carlos I y su madre declararían que las Indias no serían jamás

rregimientos, alcaldías y tenencias de gobierno designados por las au-

apartadas ni enajenadas de la Corona de Castilla.10

toridades locales.14 Se crearon dos nuevos virreinatos: el de Santa Fe

Como acertadamente sostiene Bernardino Bravo Lira, al pretender

de Bogotá en 1717 y el del Río de la Plata en 1776, debido a la necesi-

aplicar a Hispanoamérica y a Filipinas la noción de “colonia”, surgida

dad de reforzar el sistema defensivo y de seguridad americano ante la amenaza de Inglaterra, que había entrado al comercio indiano por el Tratado de Utrecht, con el Asiento de esclavos negros, entre 1713 y 1743.15

10 A. Dougnac Rodríguez, op. cit., p. 32; Paulino Castañeda Delgado, La teocracia pontifical en las controversias sobre el Nuevo Mundo, México, Instituto de Investigaciones Jurídicas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1996, p. 345, e Ismael Sánchez Bella, “Las bulas de 1493 en el derecho indiano”, en Anuario Mexicano de Historia del Derecho, vol. v, México, Instituto de Investigaciones Jurídicas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1993, p. 376 (también publicado en Nuevos Estudios de Derecho Indiano, Pamplona, Universidad de Navarra, 1995, pp. 176-177). 11 Bernardino Bravo Lira, “Hispaniarum et indiarum rex, monarquía múltiple y articulación estatal de Hispanoamérica y Filipinas: contrastes entre formas estatales de expansión europea y las formas imperiales y coloniales”, en XI Congreso del Instituto Internacional de Historia del Derecho Indiano, t. ii, Buenos Aires, Instituto de Investigaciones de Historia del Derecho, 1997, pp. 413-414. 12 Ibid., p. 429. 13 Ibid. 14 Ricardo Zorraquín Becú, “El oficio de gobernador en el derecho indiano”, en Estudios de historia del derecho, t. i, Buenos Aires, Abeledo-Perrot, 1988, pp. 384-385. 15 Véase el Assiento, ajustado entre las dos magestades catholica, y bretanica, sobre encargarse la Compañía de Inglaterra de la introducción de esclavos negros en la América española, por tiempo de treinta años, que empezarán à correr en primero de mayo del presente de mil setecientos y treze, y cumplirán otro tal día del de mil setecientos y cuarenta y tres, en Reales asientos y licencias para la introducción de esclavos negros a la América española (1676-1789), vol. b-9, edición facsimilar de David Marley, México, Rolston-­ Bain, 1985. 16 Véase Pilar Castillo Manrubia, “Pérdida de La Habana (1762)”, en Revista de Historia Naval, año viii, núm. 35, Madrid, Instituto de Historia y Cultura Naval-Armada Española, 1991.

La presencia inglesa trajo consigo un incremento en la actividad del contrabando, que debía ser combatido por la Corona. En ese siglo, los enfrentamientos bélicos con Inglaterra fueron constantes y tuvieron graves consecuencias en algunos casos, como la pérdida de La Habana en 1762 y la ocupación de las islas Malvinas.16 Se consideró el establecimiento de un virreinato en el norte de la Nueva España; sin embargo, únicamente se instauró la Comandancia General de las Provincias Internas, integrada por Nueva Galicia, Nueva Vizcaya, Sonora, Sinaloa, Nuevo Reino de León, Nuevo Santander, Coahuila, Nuevo México, Texas y California, que se dividió posteriormente en dos comandancias: la occidental, con capital en Guadalajara, y la oriental, con capital en Chihuahua. Gobernar confor me a derecho: el derecho indiano

Ots Capdequí señala que los Reyes Católicos entendieron, en un primer momento y en un intento asimilador, que en Indias imperaran con exclusividad las leyes castellanas; sin embargo, pronto tuvieron que ceder ante la nueva realidad social, que exigía preceptos de


aplicación peculiar y específica para las tierras recientemente descu-

mente tenían los indios para su buen gobierno y policía, y sus usos y

biertas. Así nace un nuevo derecho, el indiano, frente al castellano,

costumbres observadas y guardadas después que son cristianos, y que

también vigente.

no le encuentran con nuestra sagrada religión, ni con las leyes de este li-

17

De acuerdo con Víctor Tau Anzoátegui, el derecho indiano sur-

bro, y las que han hecho y ordenado de nuevo se guarden y ejecuten”.20

gió en el marco del ius commune, como especialidad del derecho cas-

El derecho castellano se aplica con carácter supletorio respecto

tellano, ya que, conforme al principio jurídico por el cual las tierras

del derecho indiano en sentido estricto, ya que éste “respondía a si-

conquistadas debían regirse por las leyes del reino conquistador, el

tuaciones que, por no estar contempladas en el ordenamiento espa-

derecho castellano se extendió al Nuevo Mundo.18 Se trata de

ñol, requerían regulación propia”.21 Igualmente, los gobernadores y justicias debían reconocer con

[…] un ordenamiento jurídico con vigencia en las Indias —incluyendo

particular atención el orden y la forma de vivir de los indígenas, así

en ellas a los archipiélagos del Pacífico de dominación castellano-hispa-

como sus buenos usos y costumbres, siempre, claro está, que no fueran

na—, fruto tanto de una elaboración normativa desarrollada por las dife-

en contra de la fe católica.22

rentes instancias administrativas y de la incidencia del derecho castellano,

Debemos considerar también un derecho canónico indiano a par-

del derecho común y de elementos filosófico-jurídicos con el resultado de

tir de los concilios provinciales celebrados desde el siglo xvi. De la

un conjunto dispositivo de obligado cumplimiento, bien a nivel general, bien a nivel provincial o local.19

Por derecho indiano entendemos, en sentido estricto, el conjunto de leyes y disposiciones de gobierno promulgadas por los reyes y por las autoridades a ellos subordinadas para el establecimiento de un régimen jurídico particular en las Indias. En sentido amplio, deben considerarse también el derecho castellano, las bulas papales, algunas capitulaciones, las costumbres desarrolladas en los municipios de españoles y las costumbres y disposiciones indígenas, siempre que no fueran contrarias a la religión católica o al rey. Efectivamente, en la Recopilación de leyes de los reynos de las Indias, se establecía que: “Las leyes y buenas costumbres, que antigua-

José María Ots Capdequí, “Factores que condicionaron el desenvolvimiento histórico del derecho indiano”, en Boletín Mexicano de Derecho Comparado, nueva serie, año ii, núm. 5, México, Instituto de Investigaciones Jurídicas-Universidad Nacional Autónoma de México, mayo-agosto de 1969, p. 327. 18 Víctor Tau Anzoátegui, ¿Qué fue el derecho indiano?, Buenos Aires, Abeledo-Perrot, 1982, p. 17. 19 Ismael Sánchez Bella et al., Historia del derecho indiano, Madrid, mapfre, 1992, p. 85. Véase también Alfonso García Gallo, Manual de historia del derecho español, t. i, Madrid, Artes Gráficas y Ediciones, 1984, p. 104. 20 Recopilación de leyes de los reynos de las Indias [1680], Madrid, Julián de Paredes, 1681, libro ii, título i, ley iiii. 21 María del Refugio González, El derecho indiano y el derecho provincial novohispano: marco historiográfico y conceptual, México, Instituto de Investigaciones Jurídicas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1995, p. 62. Véase también J. M. Ots Capdequí, op. cit., p. 327. 22 Recopilación de leyes de los reynos de las Indias, op. cit., libro v, título ii, ley xxii. 17

199


misma manera, la costumbre desempeñó un papel fundamental al lado del de la ley. Antonio Dougnac la divide en criolla e indígena. La

200

En cuanto a las características del derecho indiano, podemos destacar, de acuerdo con José María Ots Capdequí,26 las siguientes:

primera era la propia de españoles y criollos en las Indias; la segunda,

• Es un derecho casuista. Esto trae como consecuencia una gran

reconocida, como ya se mencionó, por la Recopilación de leyes de los reynos

profusión de disposiciones, ya que se legislaba sobre cada caso

de las Indias. En el momento de dictar sentencia el juez debía seguir

concreto en busca de generalizar la solución adoptada.

no sólo la ley, sino la opinión común, la doctrina y la costumbre.24

• De una gran minuciosidad reglamentaria. Ots Capdequí seña-

23

Víctor Tau nos habla de otro modo de creación jurídica, deno-

la que

minado “ejemplar”, y que estaba vinculado con la ley, la costumbre y la doctrina de los autores. Por “ejemplar” se entiende el “hecho, texto

[…] los monarcas españoles pretendieron tener en sus manos todos los

o cláusula que se cita para comprobar, ilustrar o autorizar un aserto,

hilos del gobierno de un mundo tan vasto, tan complejo en su diversidad

doctrina u opinión”, cuya fuerza o valor jurídico se fundamentaba en

y tan lejano [que] lo mismo quisieron conocer de los grandes problemas

la autoridad o auctoritas que “dimanaba de un saber reconocido y tras-

políticos y económicos que afectaban a todas las Indias [...] como de cues-

mitido a través de los siglos”.

tiones minúsculas que interesaban a una sola ciudad o a un reducido

25

Las altas autoridades utilizaban el término “ejemplar” para refe-

distrito rural.27

rirse a lo resuelto en otras ocasiones en casos análogos. Este modo de creación jurídica cayó en desuso a finales del siglo xviii por influen-

• Con una tendencia asimiladora y uniformista. Los monarcas

cia del legalismo.

castellanos buscaron que la vida jurídica indiana quedara estructurada con base en las concepciones peninsulares; sin embargo, las instituciones adquirieron una serie de modalidades propias

A. Dougnac Rodríguez, op. cit., p. 15. 24 Ibid., p. 387. Para un análisis a profundidad sobre el papel de la costumbre en el derecho indiano, véase Víctor Tau Anzoátegui, El poder de la costumbre: estudios sobre el derecho consuetudinario en América hispana hasta la emancipación, Buenos Aires, Instituto de Investigaciones de Historia del Derecho, 2001. 25 Víctor Tau Anzoátegui, “EI ejemplar, otro modo de creación jurídica indiana”, en X Congreso del Instituto Internacional de Historia del Derecho Indiano, t. 2, México, Escuela Libre de Derecho/Instituto de Investigaciones Jurídicas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1992, pp. 1633-1635. 26 José María Ots Capdequí, El Estado español en las Indias, México, Fondo de Cultura Económica, 1986, pp. 12-13. Véase también J. M. Ots Capdequí, “Factores que condicionaron el desenvolvimiento histórico del derecho indiano”, op. cit., p. 328. 27 José María Ots Capdequí, Instituciones, Barcelona, Salvat, 1959, p. 231. 23

del ambiente geográfico, social y económico indiano. • Con hondo sentido religioso y espiritual. Dos fueron las preocupaciones fundamentales para los monarcas castellanos en la conquista y pacificación de las Indias: la conversión de los indígenas a la fe católica y la defensa de la religión. L a for m a de gobierno en l as Indias: los virreyes y l a i n s t i t u c i o n a l i z a c i ó n d e l a N u e va E s pa ñ a

Hasta la Edad Moderna se produjo de manera oficial una incorporación de la figura del virrey en Castilla, de origen aragonés (la Corona


Juan de Solórzano y Pereira, Política indiana [1648] (portada), tercera impresión, Madrid, Matheo Sacristán, 1736 Recopilación de leyes de los reynos de las Indias (portada), tomo primero, Madrid, Julián de Paredes, 1681. Autor no identificad o

Virrey García Sarmiento de Sotomayor, 1642

de Aragón sí contaba con la figura y la había utilizado en Aragón, Cataluña y Nápoles),28 precisamente en la persona de los representantes personales del rey en Indias,29 si bien desde la baja Edad Media la existencia de lugartenientes generales era frecuente en Castilla.30 El virrey tiene la categoría de representante de la persona del rey, es el alter ego del monarca, la encarnación de la majestad. En Perú el marqués de Montesclaros “destacaba como rasgo principal de autoridad virreinal el representar al monarca de forma inmediata en territorio indiano”;31 también contaba con un ceremonial, corte y guardia equivalentes, salvo por el uso del palio, reservado sólo al rey, aunque también se paseaba al virrey bajo él en los recibimientos, pese a la prohibición expresa contemplada en la Recopilación de leyes de los reynos de las Indias de 1680.32 Señala Juan de Solórzano que “[…] a quien más propiamente los podemos asimilar, es a los mismos reyes que los nombran y envían, escogiéndolos de ordinario de los señores titulados, y más calificados de España”.33 Fue el principal funcionario dentro de la organización administrativa indiana, la superior autoridad dentro del virreinato a su cargo. Sus funciones eran las de gobernador, capitán general, presidente de la Real Audiencia, superintendente de la Real Hacienda y vicepatrono de la Iglesia en Nueva España.34 Los virreyes gozaron, al menos en teoría, de verdadera universalidad de atribuciones.35 En el virreinato bajo su cargo, el virrey tiene el mismo poder,

datos, por la acuciante obligación de informar a la Corona, por la figura

mano y jurisdicción que el rey, salvo en los casos que especialmente

jurídica de la real confirmación —necesaria para la plena validez de mu-

no llevan exceptuados. En 1614, mediante real cédula emitida en El

chas de sus resoluciones—, por la fiscalización de sus actos de gobierno

Escorial, se estableció que:

ejercida mediante los reales acuerdos de las Audiencias y por el hecho de tener que rendir cuenta de su gestión en las visitas —ordinarias y extraor-

[…] a los virreyes se les debe guardar y guarde la misma obediencia y respe-

dinarias— de que fueron objeto y en los juicios de residencia, que tam-

to que al rey, sin poner en esto dificultad, ni contradicción, ni interpretación

bién presentaron en las Indias características especiales.39

alguna. Y con apercibimiento, que los que a esto contravinieren, incurrirán las penas puestas por derecho a los que no obedecen los mandatos reales.36

Además, existía la prohibición de que tanto los virreyes como los presidentes, los oidores y demás ministros de las Audiencias de

Una disposición de 1555, contenida en la Recopilación de leyes de los reynos de las Indias de 1680, fijaba, para el ejercicio del cargo de virrey, una plaza de tres años,37 aunque el rey podía modificar dicho plazo a su entera voluntad, pues hubo periodos de hasta doce años, caso del virrey Martín Enríquez de Almanza, cuyo gobierno abarcó del 5 de noviembre de 1568 hasta el 4 de octubre de 1580. Incluso, algunos virreyes de Nueva España, una vez que finalizaron su encargo fueron enviados al frente del virreinato de Perú, caso del mismo Enríquez de Almanza. En tiempos de los Habsburgo, el virreinato de la Nueva España abarcaba el reino de México o Nueva España, Nueva Galicia, Centroa­ mérica y las islas Filipinas, conquistadas por Miguel de Legazpi. Cada jurisdicción constituía una capitanía general, con excepción de Nueva Galicia, que era una presidencia. En cada jurisdicción existía una Real Audiencia.38 El virrey gozaba de las siguientes atribuciones: gobierno, justicia, guerra y hacienda, si bien los virreyes vieron reducidas sus facultades: […] por las instrucciones minuciosas que se les daban con sus nombramientos y a los cuales habían de ajustarse en el desempeño de sus man-

28 Hugo O’Donnell y Duque de Estrada, “Origen y creación de los virreinatos”, en Los virreyes marinos de la América hispana, Madrid, Instituto de Historia y Cultura Naval, 2002, p. 12. 29 José María García Marín, El oficio público en Castilla durante la baja Edad Media, Madrid, Instituto Nacional de Administración Pública, 1987, p. 106. 30 Ibid., p. 113. 31 P. Latasa Vassallo, op. cit., p. 12. 32 José Miranda, Las ideas y las instituciones políticas mexicanas: primera parte (15211820), México, Instituto de Investigaciones Jurídicas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1978, p. 103, y Recopilación de leyes de los reynos de las Indias, op. cit., libro iii, título iii, ley 19. 33 J. de Solórzano y Pereira, op. cit., libro v, cap. xii, núm. 6. 34 Rosa Ávila Hernández, “El virrey y la Secretaría del Virreinato”, en Estudios de Historia Novohispana, vol. 10, México, Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1991, pp. 107-108. 35 J. M. Ots Capdequí, “Factores que condicionaron el desenvolvimiento histórico del derecho indiano”, op. cit., p. 329. 36 J. de Solórzano y Pereira, op. cit., libro v, cap. xii, núm. 7. 37 Recopilación de leyes de los reynos de las Indias, op. cit., libro iil, título iii, ley 71. 38 Clarence H. Haring, El Imperio español en América, traducción de Adriana Sandoval, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Alianza, 1990, p. 109. 39 J. M. Ots Capdequi, “Factores que condicionaron el desenvolvimiento histórico del derecho indiano”, op. cit., p. 329.

201


fallecimiento de Diego Colón, en 1526, año en el que se estableció, el

Juan de Solórzano y Pereira, Emblemata regio politica (portada), Madrid, D. García Morras, 1653

14 de septiembre,48 en La Española, una Real Chancillería, por lo que la Audiencia se convirtió en Audiencia y Chancillería Real de Santo Domingo.49 La Audiencia de Santo Domingo, primera en Indias, recibió ordenanzas expedidas en Monzón el 4 de junio de 1528,50 y estaba integrada por tres jueces letrados, un escribano y un procurador de pobres.51

las Indias contrajeran matrimonio en el distrito de tales Audiencias

Esta Audiencia se concibió, señala García Gallo, como las de Valladolid

mientras ocuparan su cargo. La misma prohibición se extendía a sus

y Granada, órgano representante del rey, con poder judicial delegado,

hijos e hijas,40 pues esto impedía “[…] la libre administración de justi-

con poder de dictar por sí misma reales provisiones en su nombre y con

cia por los parentescos, familiaridades, amistades y otros muchos em-

el sello real. Las Audiencias y Chancillerías de las Indias, así como sus

barazos y dependencias que suelen ocasionar”.41

oidores y ministros, señala Solórzano, gozaban de la misma potestad

El virrey saliente debía entregar a su sucesor los despachos que

y autoridad que las de España. Así se debían gobernar en todo por sus

tuviera y avisarle del estado de cosas del virreinato a su cargo y, por

leyes y ordenanzas, salvo por lo que en sus ordenanzas particulares

su parte, el sucesor debía comunicarle las instrucciones con que con-

se hubiera establecido.52

taba. Dicha información se podía entregar también por escrito, aun-

La Audiencia debía ocuparse del despacho en apelación de las

que no todos los virreyes tuvieron tal cuidado u oportunidad. Desde

causas civiles y criminales a ella sometidas, y en primera instancia de

el virreinato de don Antonio de Mendoza, se buscó que el virrey sa-

los casos de corte y de pleitos sobre servicios y cosas pequeñas. Sus

liente se encontrara con el entrante y de viva voz le transmitiera su

resoluciones se podían apelar, en ciertos casos, ante el consejo.53

42

experiencia, aunque no todos los virreyes tuvieron la oportunidad de

En México se creó otra Audiencia, del mismo rango que la de

hacerlo, pues a varios les tocó suceder a un virrey ya fallecido o que

Santo Domingo, aprovechando que Hernán Cortés se encontraba en

partía en desgracia. Independientemente de la entrevista, estaba presen-

España; los primeros nombramientos se hicieron en agosto de 1527 y

te la obligación de redactar el informe de su gobierno, conocido como

se erigió formalmente el 29 de noviembre de ese año.54 Se ha dividido a las Audiencias en:

Memorias o relaciones del estado general del reino, en donde se acon-

a] Audiencias virreinales, presididas por el virrey, en las que se

sejaba prudentemente cuáles serían las mejores medidas que debía

incluyen la de México y la de Lima, en el siglo xvi, y la de Santa Fe y

tomar el nuevo representante real en ciertos asuntos.43 Con la Constitución de Cádiz de 1812, publicada en México el

Buenos Aires, en el xviii.

30 de septiembre de ese año por José María Calleja, el título de virrey cambió por el de jefe político superior.

b] Audiencias pretoriales, regidas por un presidente gobernador; la primera de ellas fue el Juzgado de Apelaciones de Santo Domingo

Las Reales Audiencias en Indias constituyeron un órgano básico

y posteriormente Audiencia en el siglo xvi. Lo fueron también, en el

para el gobierno y la administración de justicia. Encarnaban el prin-

siglo xvi, las Audiencias de Panamá o Tierra Firme, Manila, Chile o

cipal contrapeso del gobierno virreinal en Indias, cuyas funciones políti-

Real Audiencia de Concepción,55 Guatemala y Santa Fe de Bogotá. En

cas debían garantizar el equilibrio de poderes buscado por la Corona.

el siglo xvii, la de Buenos Aires.

44

45

Los orígenes de las Audiencias castellanas e indianas se remontan a la Edad Media. En las Indias, debido a la distancia y dificultad de las comunicaciones, en forma rápida se hizo evidente la necesidad de contar con jueces que conocieran de las apelaciones respecto de los juicios tramitados ya en primera instancia. En ese sentido, Cristóbal Colón nombró a Francisco Roldán su alcalde mayor. Sin embargo, tras la sublevación de éste en 1499, Colón solicitó a los reyes el envío de un letrado para ejercer el oficio de juez y dos personas virtuosas para su consejo. El posterior retorno de Colón a España impidió la adopción de tales medidas. Los monarcas enviaron a un nuevo gobernador para La Española, Nicolás de Ovando, quien también actuó como juez de apelación respecto de los otros gobernadores indianos. Los pobladores, no satisfechos, pidieron el envío de un juez de apelación, sin que esto se concediera por la oposición de Diego Colón. No será sino hasta 1511 que Fernando el Católico decide enviar jueces de apelación a las Indias, designándolos y entregándoles ordenanzas e instrucciones el 5 de octubre de ese año.46 También en 1511 se le reconoció a Diego Colón el título de virrey, con los consiguientes enfrentamientos jurisdiccionales que eso habría de traer consigo, pues a Diego Colón se le reconocía la facultad de ejercer la jurisdicción civil y criminal en primera instancia, por sí o mediante sus tenientes, y en segunda instancia de las apelaciones interpuestas en contra de las sentencias dictadas por los alcaldes ordinarios.47 El problema se resolvió después del

Recopilación de leyes de los reynos de las Indias, op. cit., libro iii, título iii, ley 40. J. de Solórzano y Pereira, op. cit., libro v, cap. ix, núms. 1-2. 42 Ibid., libro v, cap. xiv, núm. 22, y Recopilación de leyes de los reynos de las Indias, op. cit., libro iii, título iii, ley 24. 43 E. de la Torre Villar, op. cit., p. liii. 44 Véase Alfonso García Gallo, Los orígenes españoles de las instituciones americanas: estudios de derecho indiano, Madrid, Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, 1987, p. 889. 45 Carlos José Hernando Sánchez, Las Indias en la monarquía católica: imágenes e ideas políticas, Valladolid, Secretariado de Publicaciones e Intercambio Científico/Universidad de Valladolid, 1996, p. 159. 46 A. García Gallo, Manual de historia del derecho español, op. cit., t. i, pp. 923-924. 47 José Sánchez-Arcilla Bernal, Las ordenanzas de las Audiencias de Indias (1511-1821), Madrid, Dykinson, 1992, p. 18. La obra de Sánchez-Arcilla, de consulta obligada para el estudio de las Audiencias indianas, recopila los siguientes textos: “Juzgado de apelación de las Indias de 1511”; “Asiento de los reyes y Diego Colón referente a la creación de la Audiencia de Santo Domingo”; “Ordenanzas antiguas”; “Leyes nuevas de 1542”; “Leyes nuevas de 1543”; “Ordenanzas de Tello de Sandoval de 1544”; “Ordenanzas de la Audiencia de Nueva Galicia de 1548”; “Ordenanzas de Antonio de Mendoza de México de 1548 y de Perú de 1552”; “Ordenanzas generales de 1563”; “Ordenanzas generales de 1596”; “Ordenanzas de Palafox de 1646”; “Instrucción de regentes de 1776”; “Ordenanzas de la Audiencia de Cuzco de 1789” y “Ordenanzas de la Audiencia de Caracas de 1805 y 1821”. 48 Ibid., p. 28. 49 A. García Gallo, Manual de historia del derecho español, op. cit., t. i, p. 930. 50 J. Sánchez-Arcilla Bernal, op. cit., p. 29. 51 A. García Gallo, Manual de historia del derecho español, op. cit., t. i, p. 925. 52 J. de Solórzano y Pereira, op. cit., libro v, cap. iii, núm. 9. 53 Ibid. 54 J. Sánchez-Arcilla Bernal, op. cit., p. 28. 55 Sobre esta Audiencia, véase Real Audiencia de Concepción, 1565-1573: documentos para su estudio, Santiago, Academia Chilena de la Historia, 1992. 40

41

203


Anónimo

Biombo Recepción de un virrey en las casas reales de Chapultepec (detalle), siglo xviii Eusebio Bentura Beleña, Recopilación sumaria de todos los autos acordados de la Real Audiencia y Sala del Crimen de esta Nueva España (portada), tomo primero, México, Don Felipe de Zúñiga y Ontiveros, 1787

c] Audiencias subordinadas, encabezadas por un presidente letrado. Lo fueron, en el siglo xvi, la de Nueva Galicia y, posteriormente, las de Guadalajara y Quito. Caracas y Cuzco en el siglo xviii.56 Pese a la diferenciación entre cada tipo de Audiencia, cabe tener presente lo dicho por Alfonso García Gallo, en el sentido de que todas ellas recibieron el título de Audiencia y Chancillería Real, a excepción de la de Nueva Galicia que era Audiencia Real, ésta sí subordinada. Todas las Audiencias se regían por ordenanzas similares, basadas en la de México, además de que tenían como derecho supletorio lo dispuesto para las Audiencias de Valladolid y Granada. García Gallo señala igualmente que todas las Audiencias, en el marco de competencia y jurisdicción, eran iguales y ninguna subordinada, salvo la de Nueva Galicia de 1548 a 1572. La subordinación al virrey es cierta en cuanto que la Audiencia —entiéndase bien, el distrito de cada una de las citadas— depende directamente respecto de lo gubernativo del virrey como gobernador y no de un gobernador que a la vez es el presidente del tribunal; pero una subordinación de la Audiencia —como órgano colegiado de justicia— no existe ni respecto del virrey ni de ningún otro gobernador, aunque éste sea su presidente. La Audiencia y la Chancillería corporativamente representan a la persona misma del monarca y dictan sus provisiones en nombre de éste, que las autoriza con la imposición del sello real. En ello se distingue de otros tribunales, como los Juzgados

Véase A. Dougnac Rodríguez, op. cit., pp. 137-140. Sobre la Real Audiencia de Caracas, véase Alí Enrique López Bohórquez, La Real Audiencia de Caracas (estudios), Mérida, Rectorado de la Universidad de los Andes, 1998.

56

205


de Apelación de Sevilla, Canarias o Nueva Galicia, aunque se califiquen de Audiencias, que carecen del sello real y no pueden dictar provisiones en nombre del rey.57 En cuanto a los límites jurisdiccionales de la Real Audiencia, su competencia territorial abarcaba lo que se denominaba el distrito au-

Real ordenanza para el establecimiento e instrucción de intendentes de ejército y provincia en el reino de la Nueva España (frontispicio y portada), Madrid, Joaquín Ibarra Marín, 1786 Anónimo

Virrey don Juan Vicente de Güemes Pacheco de Padilla, segundo conde de Revillagigedo (detalle), ca. 1790

diencial, que era el territorio sujeto a su jurisdicción, en donde el tri206

bunal ejercía sus tareas.58 El territorio de las Audiencias se dividía en

Honduras pasaron a la jurisdicción de la Audiencia de Santo Domingo

gobiernos, corregimientos y alcaldías mayores.59 Desde su creación y

y, en 1543, se creó la Audiencia de Guatemala, que le restó territorio

durante los siglos xvi y xvii, el distrito de la Audiencia de México

a la de México.62 En 1570 los límites territoriales de la Audiencia de

pasó por diversas etapas. En sus inicios, las provincias sujetas a la

México eran, al sur, el mar Pacífico y la provincia de Guatemala; al

jurisdicción territorial de la Audiencia eran las de Nueva España, Cabo

este, el Atlántico; al oeste, el mar Pacífico y la provincia de Nueva

de Honduras y de las Hibueras, Guatemala, Yucatán, Cozumel, Pánu-

Galicia y, al norte, Nueva Galicia y tierras por conquistar. Cubría el

co, La Florida, Río de las Palmas y todas las provincias desde el cabo

obispado de México, con México y las provincias de Teotlapa, Matal-

de Honduras hasta el cabo de la Florida, así por la Mar del Sur como

cinpo, Zultepec, Tezcuco, Tlatuic, Coyxca y Acapulco; el obispado de

por las costas del norte. A éstas se añadía la de Nueva Galicia, con-

Tlaxcala, compuesto de Los Ángeles, Tlaxcala, Valle de Atlixco, Valle

quistada por Nuño de Guzmán en 1531, hasta la fundación de su pro-

Ozumba y provincia de Veracruz; el obispado de Oaxaca, el obispado

pia Audiencia en 1548. En 1534, las provincias de las Hibueras y

de Michoacán y la gobernación de Yucatán, con las provincias de Yu-

60

61

catán y Tabasco, incluida la isla de Cozumel.63 En las ordenanzas de A. García Gallo, Manual de historia del derecho español, op. cit., t. i, pp. 941-943. 58 Pilar Arregui Zamorano, La Audiencia de México según los visitadores (siglos xvi y xvii), México, Instituto de Investigaciones Jurídicas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1985, p. 20. 59 Joaquín Salcedo Izu, “El regente en las Audiencias americanas”, en Memoria del IV Congreso de Instituto Internacional de Historia del Derecho Indiano, México, Facultad de Derecho-Universidad Nacional Autónoma de México, 1976, p. 559. 60 P. Arregui Zamorano, op. cit., p. 20. Véase también la real provisión del 13 de diciembre de 1527, en Vasco de Puga, Provisiones, cédulas, instrucciones para el gobierno de la Nueva España [1563], edición facsimilar, Madrid, Ediciones de Cultura Hispánica, 1945, f. 12v. 61 Véase John H. Parry, The Audiencia of New Galicia in the Sixteenth Century, Cam­ bridge, Cambridge University Press, 1968, pp. 18, 31, 35-54. 62 P. Arregui Zamorano, op. cit., p. 21. 63 Ibid., pp. 22-23. 64 Véase el artículo 2 de las “Ordenanzas de Palafox de 1646”, en J. Sánchez-Arcilla Bernal, op. cit., p. 311. 57

Palafox de 1646 se establecía que el distrito audiencial abarcaba las provincias de Nueva España, Yucatán, Cozumel y Tabasco y por la costa del Mar del Norte, Seno Mexicano, hasta el cabo de la Florida, y por la Mar del Sur, desde donde acababan los términos de la Audiencia de Guatemala hasta donde iniciaban los de Nueva Galicia.64 Posteriormente y de acuerdo con la Recopilación de leyes de los reynos de las Indias de 1680, la jurisdicción de la Audiencia cubría las provincias de Nueva España, con las de Yucatán, Cozumel y Tabasco por la costa hasta la Florida. Sus límites eran el distrito de la Audiencia de Guadalajara y, por el sur, el de Guatemala: “Esto correspondería a los actuales estados de Colima, Michoacán, Guanajuato, San Luis Potosí, Coahuila, Texas, Nuevo León, Tamaulipas, Veracruz, Hidalgo, Querétaro, Puebla, México, Morelos, Tlaxcala, Oaxaca, Tabasco, Campeche,


Yucatán y Quintana Roo, además del Distrito Federal”,65 hoy Ciudad de México. En 1779 las provincias de Coahuila y Texas pasaron a ser competencia territorial de la Audiencia de Guadalajara y, en 1786, con la instauración del régimen de intendencias, a ésta se le añadieron los territorios de La Barca, Zapotlán y Colima, así como los reales de minas de El Oro y El Favor.66 Posteriormente, en 1812, se creó el nuevo distrito judicial de Saltillo. En cuanto a la competencia por materia, la de la Real Audiencia de México en la vía ordinaria comprendía asuntos civiles, penales y administrativos. Estaba organizada en tres salas, dos de Justicia y una del Crimen. Las de Justicia se integraban con cuatro oidores cada una y la del Crimen con cuatro alcaldes de Casa y Corte, esto de 1680 a 1776, con excepción del periodo de 1739 a 1742, durante el cual, como ya se mencionó, aumentó el número de oidores de ocho a doce, los cuales integraron cuatro salas civiles, en vez de las dos anteriores. Se estableció, además, que, en casos que por su gravedad así lo requirieran, se podían integrar ocasionalmente tres salas civiles, con cuatro oidores cada una. De 1776 a 1812 las dos salas se integraron con cinco oidores cada una y la del Crimen también con cinco, presidida por el oidor más reciente. En 1800, a petición de la Sala del Crimen, se creó una Sala Breve del Crimen, que podía integrarse con dos a tres alcaldes del Crimen, para la resolución de las causas leves o de poca cuantía, a fin de que las graves quedaran reservadas a la Sala del Crimen. Finalmente, con la reforma de 1812, la Real Audiencia de México quedó integrada

208

con doce magistrados, divididos de cuatro en cuatro, en dos salas ci-

La Real Audiencia de Lima

viles y una Sala del Crimen. Había dos fiscales, uno civil y otro penal.

Hacia 1680 la Real Audiencia de Lima en Perú era presidida por el

Las Salas de Justicia conocían de los recursos de apelación en ma-

virrey y contaba con ocho oidores, cuatro alcaldes del Crimen y dos

teria civil y administrativa cuando se hubiera afectado algún interés

fiscales, uno de lo civil y otro de lo criminal. Un alguacil mayor, un

particular. A la Sala del Crimen le correspondía el conocimiento de

teniente de gran chanciller y otros ministros y oficiales.68

las apelaciones en materia penal, que podían ser suplicados ante al-

El distrito audiencial abarcaba la costa desde la Ciudad de los

guna de las Salas de Justicia. En casos graves se unían dichas salas.

Reyes de Lima hasta el reino de Chile (sin incluirlo) y el puerto de

A partir de 1786, el conocimiento de las apelaciones en materia

Paita (en Piura, Perú), comprendido. Por tierra adentro, abarcaba San

fiscal dejó de corresponder a la Real Audiencia para pasar a ser exclusi-

Miguel de Piura, Cajamarca, Chachapoyas, Moyobamba y los Moti-

vas de la Junta Superior de Hacienda, de acuerdo con el artículo 6 de

lones, incluido, hasta el Collao. Limitaba con los términos de la Real

la Real ordenanza para el establecimiento e instrucción de intenden-

Audiencia de Cuzco, al norte con la de Quito, al mediodía con la Au-

tes de ejército y provincia en el reino de la Nueva España de 1786.67

diencia de la Plata, al poniente con la Mar del Sur y al levante con

La Real Audiencia conocía en segunda instancia, por vía del re-

provincias aún no descubiertas en ese momento.

curso de apelación de los asuntos llevados en primera instancia, ante los alcaldes del Crimen, cuando ejercían el Juzgado de Provincia y, en

La Real Audiencia de Guadala jar a o de la Galicia

materia penal, como alcaldes de Casa y Corte, ante los alcaldes ordi-

d e l a N u e va E s pa ñ a

narios, ante los gobernadores en materia civil y penal, ante los corre-

En la ciudad de Guadalajara, reino de Nueva Galicia, residía hacia 1680

gidores en las capitales de corregimiento y ante los alcaldes mayores

otra Real Audiencia, con un presidente y cuatro oidores, que también

o ante los alcaldes ordinarios de los cabildos seculares.

eran alcaldes del Crimen. Un fiscal, un alguacil mayor, un teniente de gran chanciller y otros ministros y oficiales.69 Su distrito abarcaba la provincia de la Nueva Galicia, Culiacán, Copala, Colima, Zacatula y los pueblos de Ávalos. Limitaba al levante

José Luis Soberanes Fernández, “Tribunales ordinarios”, en José Luis Soberanes Fernández (coord.), Los tribunales de la Nueva España: antología, México, Instituto de Investigaciones Jurídicas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1980, p. 61. 66 Ibid. 67 Real ordenanza para el establecimiento e instrucción de intendentes de ejército y provincia en el reino de la Nueva España, de orden de Su Majestad, Madrid, 1786. 68 Recopilación de leyes de los reynos de las Indias, op. cit., libro ii, título xv, ley 5. 69 Ibid., libro ii, título xv, ley 7. 70 José Enciso Contreras, Cedulario de oficio de la Audiencia de la Nueva Galicia (15541680), t. i: 1554-1584, Zacatecas, Tribunal Superior de Justicia del Estado de Zacatecas, 2010, p. 14. 65

con la Real Audiencia de la Nueva España, al mediodía con la Mar del Sur y por el poniente y septentrión con provincias aún no descubiertas ni pacificadas en ese momento. El gobierno del distrito lo ejercía el presidente de la Audiencia y en su ausencia la misma Audiencia. El distrito audiencial, a mediados del siglo xviii, alcanzó su mayor extensión. Ejerció jurisdicción de segunda instancia sobre Nueva Andalucía, Nueva Vizcaya (Durango), Nueva Extremadura (Coahuila), Nuevo Reino de León, Nueva Santander (Tamaulipas), Nuevo México, Nueva Filipinas (Texas) y las Californias.70


Autor no identificad o

Don Nicolás del Puerto y Salgado, siglo xvii Autor no identificad o

Melchor de Liñán y Cisneros, siglo xviii

L a R e a l A u d i e n c i a d e S a n t i a g o d e G u at e m a l a e n l a N u e va E s pa ñ a o R e a l A u d i e n c i a d e l o s C o n f i n e s

Fue creada por disposición especial, contenida en las Leyes nuevas de 1542, con nuevas ordenanzas para la Audiencia en 1568.71 En 1680 la Real Audiencia de la ciudad de Santiago de los Caballeros estaba encabezada por un presidente gobernador y capitán general. Se integraba por cinco oidores, que también actuaban como alcaldes del Crimen, un fiscal, un alguacil mayor, un teniente de gran chanciller y otros ministros y oficiales.72 Su distrito abarcaba la provincia de Guatemala, la de Nicaragua, Chiapas, las Higueras, Cabo de Honduras, Verapaz y el Soconusco, con las islas de la costa. Limitaba al levante con la Audiencia de Tierra Firme, al poniente con la de Nueva Galicia (en México), la Mar del Norte por el septentrión y la Mar del Sur al mediodía. Tocaba al capitán general de Guatemala el gobierno de la capitanía general y proveer los repartimientos de indios y otros oficios. L a R e a l A u d i e n c i a d e Pa n a m á

En 1680 la Real Audiencia de Panamá en Tierra Firme contaba con un presidente gobernador y capitán general, cuatro oidores, que tam-

Limitaba al septentrión con la Real Audiencia de Lima, por el

bién actuaban como alcaldes del Crimen, un fiscal, un alguacil mayor,

mediodía con la Real Audiencia de Chile, por el levante y poniente

un teniente de gran chanciller y otros ministros y oficiales.73 Su distri-

con el Mar del Norte y la Mar del Sur y con la línea de demarcación

to abarcaba la provincia de Castilla del Oro hasta Portobelo y su tie-

establecida entre las Coronas de Castilla y Portugal.76

rra, la gobernación de Veragua y, por la Mar del Sur, hacia Perú, hasta el puerto de la Buena Ventura, sin incluirlo. Desde Portobelo hacia

L a R e a l A u d i e n c i a d e S a n ta F e e n e l N u e v o

Cartagena hasta el río del Darién, sin incluir, con el golfo de Urabá y

Reino de Gr anada

Tierra Firme, en los límites de las Audiencias del Nuevo Reino de Gra-

En 1680 residía en la ciudad de Santa Fe de Bogotá una Real Audien-

nada (actual Colombia) y San Francisco de Quito; por el poniente li-

cia, presidida por un gobernador y capitán general, cinco oidores, que

mitaba con la de Santiago de Guatemala y por el septentrión y el

también eran alcaldes del Crimen, un fiscal, un teniente de gran chan-

mediodía con los dos Mares, el del Norte y el del Sur.

ciller y otros ministros y oficiales.77

El gobernador y capitán general actuaba como presidente de la

El distrito audiencial abarcaba las provincias del reino de la Nue-

Real Audiencia y ejercía el gobierno de la provincia (también denomi-

va Granada (o Nuevo Reino de Granada), las de Santa Marta, Río de

nado “reino”) de Tierra Firme con las mismas facultades que los vi-

San Juan, Popoyán (excepto lo asignado a la Real Audiencia de Quito)

rreyes de Nueva España y Perú.

y la de Guayana o Dorado, lo que no fuese de la Audiencia de La Es-

74

pañola, y toda la provincia de Cartagena. L a R e a l A u d i e n c i a d e l a P l ata ,

Geográficamente limitaba por el mediodía con la Real Audien-

provincia de los Charcas

cia de Quito, por el poniente y septentrión con la Mar del Norte y pro-

Conforme a la Recopilación de leyes de los reynos de las Indias de 1680,

vincias que pertenecían a la Real Audiencia de La Española y, por el

en la ciudad de La Plata de Nueva Toledo, provincia de los Charcas en

poniente, con la Real Audiencia de Tierra Firme.

Perú, la Audiencia contaba con un presidente, cinco oidores, que también actuaban como alcaldes del Crimen, un fiscal, un alguacil mayor, un teniente de gran chanciller y otros ministros y oficiales.75 Su distrito abarcaba la provincia de los Charcas (en el Alto Perú, hoy Bolivia) y todo el Collao, desde el pueblo de Ayavirí por el camino de Hurcosuyo, desde el pueblo de Asilo por el camino de Humasuyo, desde Atuncana por el camino de Arequipa, hacia la parte de los Charcas, incluida, con las provincias de Sangabana, Carabaya, Iuries y Dieguitas, Moyos y Chunchos, así como Santa Cruz de la Sierra. El 26 de mayo de 1573 Felipe II estableció que todo lo que estaba desde el Collao hasta la ciudad de La Plata fuese parte del distrito de esta Audiencia.

71 Julio César Méndez Montenegro, Autos acordados de la Real Audiencia de Guatemala, 1561-1807, México, Costa-Amic, 1976, pp. 34, 51 y ss. 72 Recopilación de leyes de los reynos de las Indias, op. cit., libro ii, título xv, ley 6. 73 Ibid., libro ii, título xv, ley 14. 74 Ibid., libro ii, título xv, ley 4. 75 Ibid., libro ii, título xv, ley 9. 76 El cedulario de la Real Audiencia de la Plata de los Charcas se publicó en 2005 con un útil estudio introductorio. Véase José Enciso Contreras (coord.), Cedulario de la Audiencia de la Plata de los Charcas (siglo xvi), Sucre, Poder Judicial de Bolivia/Corte Suprema de Justicia/Universidad Autónoma de Zacatecas/Consejo Zacatecano de Ciencia y Tecnología, 2005. 77 Recopilación de leyes de los reynos de las Indias, op. cit., libro ii, título xv, ley 8.

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F r a n c i s c o C l a p e r a ( 1 74 6 - 1 8 1 0 )

Virrey Manuel de Guirior (detalle), 1774-1780 Dionisio de Alcedo Herrer a (1690-1777)

Ciudad de Quito, 1734

L a Real Audiencia de San Fr ancisco de Quito

La Real Audiencia de Quito contaba en 1680 con un presidente, cuatro oidores, que también eran alcaldes del Crimen, un fiscal, un alguacil mayor, un teniente de gran chanciller y otros ministros y oficiales necesarios.78 El distrito audiencial abarcaba la provincia de Quito y, por la costa, hacia la parte de la ciudad de Lima hasta el puerto de Paita, sin incluirlo, y por tierra adentro hasta Piura. Cajamarca, Chachapoyas, Moyobamba y Motilones no se incluían, pues correspondían a la Real

Las provincias del Río de la Plata eran parte de su distrito au-

Audiencia de Lima. Comprendía los pueblos de Jaén, Valladolid, Loja,

diencial, Paraguay y Tucumán que, hasta 1661, estuvieron bajo el dis-

Zamora, Cuenca, la Zarza y Guayaquil, la Canela y Quijos. Hacia Pa-

trito de la Real Audiencia de Charcas. Se restableció el 14 de abril de 1783, integrada por un presiden-

namá, por la costa, hasta el puerto de Buenaventura, incluido, y en tierra adentro, Pasto, Popayán, Cali, Buga, Chapanchica y Guarchicona.

te, un regente y cinco oidores.83

La Real Audiencia de Manila en Filipinas

Las Reales Audiencias de Car acas,

En la isla de Luzón residía la Real Audiencia de Manila, con un presi-

Cuzco y Puerto Rico

dente gobernador y capitán general, cuatro oidores, que también eran

En el siglo xviii se establecieron nuevas Audiencias: la de Caracas,

alcaldes del Crimen, un fiscal, un alguacil mayor, un teniente de gran

fundada el 6 de julio de 1786, con un regente, tres oidores y un fiscal,

chanciller y otros ministros y oficiales necesarios.79

y la de Cuzco, constituida en 1787 e integrada también por un regen-

El distrito audiencial abarcaba la isla de Luzón y las demás de las

te, tres oidores y un fiscal. Puerto Rico tuvo su Audiencia hasta 1831,

Filipinas, el archipiélago de la China y su tierra firme, descubierta y

que estaba compuesta por un presidente de capa y espada, un regen-

por descubrir.

te, tres oidores y un fiscal.84 Con la Constitución de Cádiz de 1812, los ramos del gobierno

La Real Audiencia de Santiago de Chile

indiano se modificaron profundamente. De 1812 a 1814, las Cortes

La Real Audiencia de Santiago de Chile contaba con un presidente

ordinarias trabajaron hasta que Fernando VII, al regresar de su destie-

gobernador y capitán general, cuatro oidores, que también eran al-

rro, abolió la Constitución y puso fin al periodo conocido como el

caldes del Crimen, un fiscal, un alguacil mayor, un teniente de gran

“bienio liberal”. Esto sucedió el 4 de mayo de 1814. Se expidió el Decre-

chanciller y otros ministros y oficiales.80

to de las Cortes generales y extraordinarias del reyno, sobre arreglo de

Su distrito cubría el reino de Chile, con las ciudades, villas, luga-

tribunales y sus atribuciones el 9 de octubre de 1812, en virtud del cual

res y tierras que lo componían, dentro y fuera del estrecho de Maga-

habría una Audiencia en cada una de las provincias de la monarquía:

llanes y, tierra adentro, hasta la provincia de Cuyo, incluida.

Aragón, Asturias, Buenos Aires, Canarias, Caracas, Cataluña, Cuba, Cuzco, Charcas, Chile, Extremadura, Galicia, Guatemala, Granada,

La Real Audiencia de Concepción

Guadalajara, Lima, Madrid, Mallorca, Manila, México, Pamplona, Sal-

en el reino de Chile

tillo, Quito, Santa Fe de Bogotá, Sevilla, Valencia y Valladolid. Las nue-

Se creó en 1565 con ordenanzas del 18 de mayo de ese mismo año. La

vas eran las de Madrid, Pamplona, Valladolid, Granada y Saltillo, en

ciudad de Concepción era considerada una sede adecuada para una

México. Con el decreto quedaron suprimidas las diferencias entre oi-

Real Audiencia con facultades de gobierno y de guerra, que espera-

dor y alcalde del Crimen, ya que todos recibieron la categoría de ma-

ban trajese orden a la región. Inició sus funciones el 22 de agosto de

gistrados, iguales en autoridad y con la misma denominación.85

1567, como reemplazo de Rodrigo de Quiroga, gobernador interino. Fue suprimida mediante real cédula del 26 de agosto de 1573, ejecutada hasta el 25 de junio de 1575.81 La Real Audiencia de la ciudad de la Trinidad, puerto de Buenos Aires

En la ciudad de Trinidad, en el puerto de Buenos Aires, residía una Audiencia creada en 1661 y suprimida el 31 de diciembre de 1671. Contó, en su primera vida, con un presidente gobernador y capitán general, y estaba integrada por tres oidores, que también eran alcaldes del Crimen, un fiscal, un alguacil mayor, un teniente de gran chanciller y otros ministros y oficiales.82

Ibid., libro ii, título xv, ley 10. Ibid., libro ii, título xv, ley 11. 80 Ibid., libro ii, título xv, ley 12. 81 Véase Javier González Echenique, “Prólogo”, en Real Audiencia de Concepción, 15651573: documentos para su estudio, Santiago, Editorial Universitaria/Banco Concepción, 1992, pp. 16 y ss. 82 Recopilación de leyes de los reynos de las Indias, op. cit., libro ii, título xv, ley 13. 83 Javier Barrientos Grandón, El gobierno de las Indias, Madrid, Marcial Pons, 2004, p. 161. Véase también Ricardo Zorraquín Becú, La organización judicial argentina en el periodo hispánico, Buenos Aires, Perrot, 1981, y del mismo autor, La organización política argentina en el periodo hispánico, Buenos Aires, Perrot, 1981. 84 J. Barrientos Grandón, op. cit., p. 161. 85 Decreto de las Cortes generales y extraordinarias del reyno, sobre arreglo de tribunales y sus atribuciones. Reimpresa en México en virtud de orden del Exmo. Sr. Virrey de 19 de marzo de 1813 a consequencia de la de la regencia de la monarquía de 4 de noviembre del 78 79

211


212

La presidencia de las Audiencias pasó a ser del regente y se pro-

L a m o n a r q u í a : u n a m a q u i n a r i a p e r f e c ta

hibió a los magistrados su intervención en asuntos de carácter admi-

En los siglos xiv y xv las monarquías ampliaron claramente sus ám-

nistrativo, de acuerdo con el principio de separación de poderes. En

bitos de intervención política y jurídica: justicia, creación del dere-

cuanto a la administración de justicia inferior, se previó el sistema de

cho, fisco y finanzas. Asimismo, el control sobre la Iglesia, las élites y

jueces letrados y se dio jurisdicción a los alcaldes municipales. Ha-

las fuerzas políticas dieron lugar a monarquías con una amplia esfera

bría un juez letrado de primera instancia al frente de cada partido

de acción de gobierno.86 En la Edad Moderna, señala Sánchez Bella,

judicial; en Indias correspondía a uno por cada cinco mil habitantes.

el gobierno del Imperio español estaba a cargo de los reyes, quienes

Los alcaldes municipales estaban encargados de los asuntos estricta-

ejercían el gobierno personal en todas las esferas; destacaron en ese

mente locales, de la conciliación y de los de urgente resolución.

carácter los Reyes Católicos, Carlos I y Felipe II, en los siglos xv

En 1820, como consecuencia del levantamiento de Riego, Fer-

y xvi. Para el siglo xvii, Felipe III, Felipe IV y Carlos II, quienes lo

nando VII se vio obligado a restablecer la vigencia de la Constitución

hicieron con el apoyo de sus validos.87 Los monarcas ejercían las fun-

de Cádiz, con lo que comenzó el trienio liberal; en consecuencia,

ciones de gobierno, apoyados tanto en una serie de organismos como

se adoptó de nueva cuenta toda la legislación de Cortes por decretos

en individuos que desempeñaban diversas funciones de consejo y

del 14 de febrero de 1826 y ley del 25 de mayo de 1837, fechas en las

administración.

cuales la mayoría de los reinos americanos ya habían alcanzado su independencia.

Durante el periodo de los Austrias, la monarquía española experimentó un cambio fundamental, ya que pasó de ser limitada y moderada a absoluta, lo que a su vez modificó las estructuras del poder. El absolutismo desplazó a la nobleza y al estado llano de sus posiciones de poder político, concentrándolas en la figura del rey, lo que incluía en

año próximo anterior, en que S. A. S. se sirvió autorizar a S. E. para que dispusiese su reimpresión en este reyno, México, Manuel Antonio Valdés, impresor de cámara de S. M., 1813, artículos 1, 3 y 9. 86 Regina María Pérez Marcos, “La imagen del Estado en la Edad Moderna”, en Regina María Pérez Marcos (coord.), Teoría y práctica de gobierno en el antiguo régimen, Madrid, Marcial Pons, 2001, p. 13-14. 87 I. Sánchez Bella et al., op. cit., p. 193. Sobre los validos, véase Francisco Tomás y Valiente, Los validos en la monarquía española del siglo xvii, Madrid, Siglo xxi, 1990.

su plenitud las facultades legislativas y de gobierno. Esto trajo consigo la centralización del ejercicio del gobierno mediante el establecimiento de delegados del monarca en las ciudades principales, llamados corregidores, quienes ejercieron en el nivel local funciones gubernativas, judiciales, fiscales y militares. Además, la intervención del monarca en la vida municipal fue cada vez mayor.


Autor no identificad o

Vista del cerro y fortaleza fabricada por los incas del Perú en la ciudad del Cuzco, 1778 August Gottlieb boehmio (1719-1797)

Americae mappa generalis (detalle), Núremberg, Homann Heirs, 1746


En el caso de la nobleza, ésta se volvió cortesana para mantenerse cerca del rey, quien siguió considerando a los nobles como sus pares

V i c e n t e L ó p e z P o r ta ñ a ( 1 7 7 2 - 1 8 5 0 )

Fernando VII, con uniforme de capitán general, ca 1814

y les repartía las funciones gubernamentales.88 La absolutización del ejercicio del poder real trajo la correspondiente burocratización de los organismos de gobierno. El aparato de gobierno se integró con toda una red de funcionarios públicos dependientes de la Corona y escalonados jerárquicamente entre sí. Los ejes fundamentales del sistema fueron los consejos, cuerpos colegiados con funciones no sólo de organismo consultivo, sino en

en el acto solemne de elevación a la dignidad regia.95

materias administrativa, legislativa y de justicia. Los consejos se si-

El poder del rey se reflejaba en una amplia gama de “regalías”,

tuaban inmediatamente debajo de la figura del rey y constituían la ca-

que consistían en derechos privativos e inalienables del monarca y no

beza del gobierno y de la administración pública; se consideraban la

eran los mismos en todos los reinos. Estos derechos consistían en la

cumbre de toda carrera burocrática. Los consejos componían un sis-

impartición de justicia, acuñación de moneda, minas, llamado a las

tema, ya que la planta institucional de cada uno de ellos reproducía

armas, mantenimiento de la paz, etcétera. Los diversos ordenamien-

en lo fundamental un modelo único; además, los miembros de algu-

tos jurídicos, como el Fuero Viejo de Castilla, las Siete partidas o el

nos consejos muchas veces lo eran de otros, “y con todos ellos se había

Espéculo, concedían distintos poderes al rey. Igualmente, el monarca

tratado de organizar un aparato institucional con coherencia interna

tenía poder de decisión frente a otros reinos: el derecho a la guerra, la

y unidad funcional”.89

paz, celebración de tratados y envío de embajadas. Otra de las facul-

Víctor Tau Anzoátegui y Eduardo Martiré señalan que no es po-

214

se proclamaba al nuevo rey, éste recibía la posesión de las insignias

tades reales sería, con el tiempo, la de la creación normativa.96

sible realizar una clasificación estática de las autoridades residentes

Dentro de sus obligaciones, se encontraba la de defender la fe

en Indias, aunque conviene distinguir los orígenes de la administra-

cristiana y la Iglesia; desde el siglo xiii, intervenía activamente en la

ción territorial —que coinciden con la Conquista propiamente di-

organización eclesiástica, en especial en el nombramiento de obis-

cha—, de la organización definitiva que se alcanzó una vez obtenido

pos.97 De ahí el derecho de patronato sobre la Iglesia en Indias. Las

el asentamiento de la empresa.90 Por su parte José Miranda hace una

facultades del rey frente a la Iglesia se extendieron a campos como la

presentación esquemática y útil con fines didácticos, que utilizamos

supervisión de las bulas papales previa a su aplicación en el reino (esto

aquí, que ayuda a visualizar el sistema de las instituciones políticas

se conocía como el “pase regio”), la reforma de las órdenes religiosas

indianas en la Nueva España, si bien se debe tener presente que el sis-

y los recursos de fuerza.

tema de gobierno indiano se basaba en un control recíproco de los

A partir de la recepción del derecho romano, la autoridad del

órganos y autoridades, de manera que se evitase que alguna autori-

príncipe se vio potenciada y sus atribuciones extendidas. Se le consi-

dad se constituyese en suprema en detrimento de las restantes. Se

deró la fuente de toda potestad y jurisdicción: “[…] glosadores y co-

tenía una minuciosa y compleja escala jerárquica de funcionarios que

mentaristas aluden a este principio, atemperado por la concepción

derivaba en una división efectiva de la autoridad y de las responsabi-

pactista del poder que dominó desde la baja Edad Media”.98 Sólo el

lidades de gobierno.

rey era capaz de conferir dignidades y nombrar magistrados y oficia-

91

El rey era la cabeza del cuerpo que formaba la monarquía y por

les que ejecutaran sus actos de autoridad. Así, como señala García

ello constituía la fuente de donde “manaba la gracia hacia los distin-

Marín, el rey, como cabeza de la república y fuente de toda jurisdic-

tos órganos”.92 La autoridad del rey como encarnación personal del

ción, gobierna el reino, administra la más alta justicia y distribuye

Estado y supremo rector de la comunidad se manifestaba por medio

oficios y dignidades.99

de insignias o símbolos.93 Los signos externos y atributos de la realeza

El rey de Castilla y León lo era también de las Indias, ya que és-

durante la baja Edad Media y la Edad Moderna fueron el trono o solio,

tas habían sido donadas a los reyes de Castilla. Los habitantes de las

la corona, el cetro, el manto de púrpura, el orbe y la espada.94 Cuando

Indias, cualquiera que fuera su origen, raza o situación social, eran súbditos del monarca castellano y debían ser protegidos por éste. En cuanto a las Indias, una de las obligaciones del rey era la de la inalie-

J. Miranda, op. cit., pp. 94-95. F. Tomás y Valiente, op. cit., pp. 38-39. 90 V. Tau Anzoátegui y E. Martiré, op. cit., p. 80. 91 Ibid. 92 Santiago Fernández Conti, Los Consejos de Estado y Guerra de la monarquía hispana en tiempos de Felipe II, 1548-1598, Valladolid, Junta de Castilla y León, 1998, p. 238. 93 Luis G. de Valdeavellano, Curso de historia de las instituciones españolas: de los orígenes al final de la Edad Media, Madrid, Alianza, 1992, p. 430. 94 J. Sánchez-Arcilla Bernal, op. cit., p. 496. 95 L. G de Valdeavellano, op. cit., p. 430. 96 J. Sánchez-Arcilla Bernal, op. cit., pp. 503-504. 97 Ibid., p. 507. 98 José María García Marín, La burocracia castellana bajo los Austrias, Madrid, Instituto Nacional de Administración Pública, 1986, p. 27. 99 Ibid., p. 32. 100 A. Dougnac Rodríguez, op. cit., pp. 71-72. 101 Daisy Rípodas Ardanaz, “Construcción de una imagen de la dinastía en las exequias y proclamaciones reales indianas”, en José Luis Soberanes Fernández y Rosa María Martínez de Codes (coords.), Homenaje a Alberto de la Hera, México, Instituto de Investigaciones Jurídicas-Universidad Nacional Autónoma de México, 2008, p. 711. 88 89

nabilidad de las mismas, es decir, la no separación de las Indias de la Corona castellana.100 Las celebraciones reales, tanto en España como en las Indias, tenían entre sus objetivos cultivar precisamente la adhesión al rey “[…] y afirmar el sentido de pertenencia al Imperio, en particular en las lejanas Indias”.101 La intervención en los asuntos indianos por parte de los monarcas españoles no tuvo siempre el mismo carácter ni intensidad. Mientras que reyes como Carlos V (I de España) y Felipe II intervinieron personalmente en muchos de los negocios americanos de importancia en su conocimiento y resolución, sus sucesores, Felipe III y IV, así como Carlos II, delegaron en cierta medida la atención de los asuntos indianos en sus favoritos o validos. Ni los monarcas ni los encargados de los asuntos indianos tenían contacto directo con el Consejo de Indias, sino que lo hacían por medio de los secretarios de despacho,


funcionarios que relacionaban al rey y a sus validos o favoritos con el Consejo de Indias y viceversa.102

José Joaquín M agón (siglo xviii)

Arco triunfal erigido en la catedral de Puebla para la entrada del virrey marqués de las Amarillas, 1756

Las leyes de Indias

Los territorios americanos y filipinos quedaron unidos a la Corona castellana, por lo que el derecho de ésta pasó a aplicarse de manera automática en ellos; sin embargo, las necesidades y problemas propios de las Indias hicieron necesaria la creación de disposiciones par-

yagoitia: “[…] el absolutismo real de la Edad Moderna, por un lado,

ticulares para su solución.

prácticamente aniquiló los fueros, y por el otro, nunca permitió su

Así, se creó una amplia gama de reales cédulas, provisiones, or-

establecimiento en Indias. Poco más o menos lo mismo sucedió con

denanzas, instrucciones y demás disposiciones que en su conjunto

el derecho señorial: aunque en Indias existieron algunos señoríos, és-

son llamadas “leyes de Indias”, las que fue necesario, debido a su abun-

tos se encontraban severamente limitados y vigilados”.106

dancia, recopilar en diversos cuerpos denominados “cedularios” o

Debemos destacar que las Siete partidas alcanzaron un papel fundamental en la vida jurídica indiana, al constituirse en el cuerpo

bien “recopilaciones”. La abundancia de disposiciones se debió, en gran medida, a las características propias del derecho indiano ya señaladas. Además, el dere-

de leyes regulador del derecho privado y poner en contacto a los juristas indianos con la tradición científica del ius commune.

cho castellano se aplicaba en forma supletoria respecto del indiano, en

Ahora bien, no en todo momento el derecho castellano tuvo vi-

particular en las materias civiles, mercantiles, procesales y penales.103

gencia automática en las Indias. En 1614 el rey Felipe III “para evitar

En cuanto al orden de prelación de leyes en las Indias, la Recopi-

probables colisiones con el derecho indiano”, mandó a las autoridades

lación de leyes de los reynos de las Indias disponía que en todo lo no

en América que no cumpliesen las cédulas, provisiones y cualquier

contemplado debían de guardarse “[…] las leyes de nuestro reino de cas-

despacho dado por los reales consejos si no habían sido pasados por

tilla, conforme a las de Toro, así en cuanto a la sustancia, resolución

el Consejo de Indias y despachada por dicho consejo la real cédula de

y decisión de los casos, negocios y pleitos, como a la forma y orden

cumplimiento.107 Posteriormente, Felipe IV, mediante disposición del

de sustanciar”.104

8 de marzo de 1626, contenida como ley de la Recopilación de leyes

Por tanto, el orden de prelación en las Indias fue el siguiente:

de los reynos de las Indias, ordenó que los virreyes, presidentes, Audien-

• En primer lugar, las leyes dictadas especialmente para las In-

cias, gobernadores y cualquier otra autoridad indiana no permitieran

dias, ya sea en la Península o bien en las propias Indias.

la ejecución de ninguna pragmática de las promulgadas en Castilla, si

• En segundo lugar, las costumbres desarrolladas en los munici-

por especial cédula real, despachada por el Consejo de Indias, no se

pios de españoles en Indias o “costumbre criolla”.

mandaba observar en las tierras americanas.108

• En tercer lugar, las costumbres indígenas que no fueran en con-

216

Las disposiciones dictadas para las Indias, por lo general, se re-

tra de la religión católica o de las leyes castellanas o indianas.

mitían al destinatario a quien iban dirigidas y sólo en algunos casos

• En cuarto lugar, la Novísima recopilación de 1805.

se imprimían. Así, en cada provincia o lugar sólo se conocían las leyes

• En quinto lugar, la Nueva recopilación de 1567.

cuyo texto obraba en su poder. La población únicamente se enteraba

• En sexto lugar, las Leyes de Toro de 1505.

de las que se habían pregonado, cuyo contenido se recordaba con di-

• En séptimo lugar, el Ordenamiento de Alcalá de 1348.

ficultad. Para salvar esas dificultades en el conocimiento de la ley, las

• En octavo lugar, las Siete partidas.

Audiencias, los cabildos y demás autoridades debían guardar los ori-

Los fueros municipales no tenían cabida en el orden de prelación

ginales de las leyes recibidas en un arca o archivo; además, debían

indiano y no se tiene noticia de que se hayan otorgado fueros a las ciu-

copiarlas en un libro o cedulario para preservarlas del deterioro por

dades indianas, salvo la excepción del Fuero de Sevilla, que se otorgó

el uso constante, y fue en la Nueva España donde se dieron a la tarea

a Panamá, con lo que el paso intermedio entre el Ordenamiento de

de recopilar todas estas disposiciones y darlas a la imprenta.109

Alcalá y las Siete partidas desapareció.

105

Como afirma Alejandro Ma-

Los cedularios o recopilaciones impresos fueron abundantes, algunos de los cuales se quedaron en el nivel de meros proyectos, entre los que destacan el Cedulario de Vasco de Puga, de 1563; la Copulata de leyes de Indias o Libro de la gobernación espiritual y temporal de

J. Miranda, op. cit., p. 101. 103 Bernardino Bravo Lira, Derecho común y derecho propio en el Nuevo Mundo, Santiago, Editorial Jurídica de Chile, 1989, p. 23. 104 Recopilación de leyes de los reynos de las Indias, op. cit., libro ii, título i, ley 2. 105 José Sánchez-Arcilla Bernal, “En torno al derecho indiano vulgar”, en Cuadernos de Historia del Derecho, núm. 1, Madrid, Editorial Complutense, 1994, p. 19. 106 Caso del marquesado del Valle de Oaxaca, surgido en 1529 por merced real de 23 mil vasallos a Hernán Cortés, y del ducado de Atlixco, creado en 1706 por Felipe V como recompensa a la ayuda prestada a la causa de los Borbones en la guerra de sucesión a una rama de los descendientes de Moctezuma, cuyo primer poseedor fue José Sarmiento Valladares, conde de Moctezuma y del Valle de Atlixco, a través de su esposa. Véase Alejandro Mayagoitia, “Notas para el estudio de los impresos jurídicos novohispanos”, en Revista de Investigaciones Jurídicas, año 14, núm. 14, México, Escuela Libre de Derecho, 1990, p. 264. 107 A. Levaggi, op. cit., t. i, p. 156. 108 Recopilación de leyes de los reynos de las Indias, op. cit., libro ii, título i, ley xl. 109 Alfonso García Gallo, Cedulario de Encinas: estudio e índices, Madrid, Ediciones de Cultura Hispánica, 1990, p. 21. 102

las Indias, de 1569; el Proyecto de código de Juan de Ovando o Proyecto de recopilación de Indias de Felipe II, de 1570; el Cedulario de Alonso de Zorita, de 1574; el Cedulario de Diego de Encinas, de 1596; el Proyecto de recopilación de Diego de Zorrilla, de 1602-1609; los Sumarios de la recopilación de las leyes de las Indias de Rodrigo de Aguiar y Acuña, de 1628; los Sumarios de las cédulas, órdenes y provisiones reales que se han despachado por Su Majestad para la Nueva España de Juan Francisco de Montemayor y Córdoba de Cuenca, de 1678; la Recopilación de las Indias de Antonio de León Pinelo, de 1635, y desde luego, la Recopilación de leyes de los reynos de las Indias, de 1680. Después de la muerte de León Pinelo, se designó ese mismo año una nueva junta encargada de la obra de recopilación, y el rey encargó los trabajos a su relator, Fernando Jiménez de Paniagua, quien fue


FALTA RM_840


En cuanto a su contenido interno, la Recopilación se divide en nueve libros, que a su vez se organizan en títulos y éstos en leyes, con su correspondiente denominación. Cada ley recopilada inserta, casi de manera exclusiva, la parte dispositiva de la norma y al inicio lleva su rúbrica o brevete, así como al margen la data o datas y el rey o reyes que en su caso hayan dictado la disposición.112 Los libros son los siguientes: • Libro primero: lo integran veinticuatro títulos y trata de las materias eclesiásticas, jerarquía eclesiástica, clero secular, cabildos diocesanos, órdenes religiosas, Inquisición, Santa Cruzada, universidades, libros, hospitales, cultura, inmunidad eclesiástica, colegios y seminarios, jueces eclesiásticos, etcétera. • Libro segundo: compuesto por treinta y cuatro títulos, incluye las leyes, cédulas, provisiones y ordenanzas reales, Consejo Real y Junta de Guerra de Indias, Audiencias y Chancillerías reales, alcaldes del Crimen, fiscales de las Audiencias, juzgados de provincia, oidores, abogados, juzgado de bienes de difuntos, armadas y bajeles, visitadores, etcétera. • Libro tercero: en dieciséis títulos, trata del dominio y jurisdicción real de las Indias, oficios, virreyes, presidentes gobernadores, guerra, armas, castillos y fortificaciones, presidios fortalezas, capitanes, soldados, corsarios, piratas, derecho de presas, cartas, correo, etcétera. • Libro cuarto: dividido en veintiséis títulos sobre descubrimientos, pacificaciones, poblaciones, descubridores, ciudades y villas, cabildos y consejos, procuradores, venta y repartimiento de tierras y aguas, propios, pósitos, alhóndigas, sisas, derramas y contribuciones, obras públicas, caminos, posadas, mesones, comercio, minería, pesquería de perlas, obrajes, etcétera. designado oidor de la Casa de Contratación de Sevilla en 1665 “[…]

• Libro quinto: integrado por quince títulos sobre gobernadores,

al sólo efecto de hacerle más fácil la tarea encomendada”.

corregidores, alcaldes mayores, alcaldes ordinarios, mesta, pro-

110

Al mismo tiempo que se continuaba el trabajo de recopilación, 218

tomedicato, competencias, pleitos, sentencias, recusaciones, ape-

entre 1665 y 1675 se llevó a cabo una nueva revisión de la parte ter-

laciones, suplicaciones, residencias, etcétera.

minada y se insertaron dos leyes, obra de Carlos y su madre, la reina

• Libro sexto: se divide en diecinueve títulos y trata de los indios,

gobernadora, en el título 22 del primer libro, así como de siete leyes

su libertad, pueblos de indios, cajas y bienes de la comunidad,

de Carlos II en los dos primeros libros y una en el tercero. La Recopi-

tributo indígena, protectores de indios, caciques, repartimien-

lación mantuvo su plan de nueve libros.

tos, encomiendas y pensiones de indios, buen tratamiento, ser-

111

El 12 de abril de 1680 el consejo presentó al rey Carlos II la Re-

vicio personal, etcétera.

copilación al fin terminada y éste la aprobó el 18 de mayo del mismo

• Libro séptimo: está dividido en ocho títulos que se ocupan de

año, con disposición para que se publicara el 1 de noviembre de 1681;

los jueces pesquisidores, juegos, casados y desposados en España

le fue encargada en Madrid al impresor Julián de Paredes y estuvo

que viajan a las Indias, vagabundos, gitanos, mulatos, negros,

integrada por cuatro tomos.

berberiscos, cárceles, carceleros, delitos, penas, etcétera.

Con la promulgación de la Recopilación de leyes de los reynos de

• Libro octavo: treinta títulos sobre contadurías de cuentas, tri-

las Indias de 1680 se contaba por fin con un cuerpo común de leyes

bunales de la Real Hacienda, oficiales reales, cajas reales, quinto

para los dominios ultramarinos de Castilla, por lo que todas las dis-

real, administración de minas, tesoros y rescates, aduanas, almo-

posiciones no recopiladas quedaban sin efecto, salvo la legislación

jarifazgo, contrabando y comisos, media anata, venta y renun-

local no contraria a la misma.

ciación de oficios, estancos, almonedas, libranzas, etcétera.

En cuanto a las disposiciones reunidas, la Recopilación de 1680

• Libro noveno: cuarenta y seis títulos sobre Real Audiencia y

no recogió con exactitud el texto de las disposiciones y omitió otras,

Casa de Contratación de Sevilla, generales, almirantes y gober-

de allí la necesidad de confrontar sus leyes con los textos originales.

nadores de las flotas y armadas de la Carrera de Indias, veedores y contador de la armada, capitanes, sargentos y soldados, piloto mayor y cosmógrafos de la Carrera de Indias, arraeces, maes-

Eduardo Martiré, “Guión sobre el proceso recopilador de las leyes de Indias”, en Francisco de Icaza (coord.), Recopilación de leyes de los reynos de las Indias: estudios histórico-jurídicos, México, Escuela Libre de Derecho/Porrúa, 1987, p. 34. 111 Concepción García Gallo, “La obra recopiladora entre 1636 y 1680”, en ibid., p. 84. 112 Antonio Muro Orejón, Lecciones de historia del derecho hispano-indiano, México, Escuela Libre de Derecho/Porrúa, 1989, p. 119. 110

tres, Universidad de Mareantes, marineros, pasajeros a Indias, licencias, extranjeros que pasan a las Indias, armadas y flotas, arribadas de navíos, aseguradores, seguros y riesgos, la Carrera de Indias, comercio y navegación de Canarias, puertos, armada del Mar del Sur, comercio y navegación con Filipinas, China, Nueva


Juan de Solórzano y Pereira, Disputationem de indiarum iure siue (portada), Madrid, Tipograf ía de Francisco Martínez, 1629 Luca Giordano (163 4-1705)

Carlos II, rey de España, a caballo, 1693

España y Perú, consulados de Lima y México, etcétera. Al final de este libro se incluye un índice por materias. Así, la Recopilación de 1680 comprende nueve libros integrados por 218 títulos y 6 447 leyes.113 En Indias, mediante reales cédulas del 29 de mayo y 17 de junio, respectivamente, se les anunció a los virreyes de Perú y de la Nueva España el envío de 1 500 ejemplares para distribución y venta, obligándose después a los cabildos a adquirir la propia para gobernar y administrar justicia de acuerdo con ella.114 Más adelante, una real cédula del 10 de octubre de 1690 dispuso que todas las personas proveídas para algún oficio real también debían adquirir un ejemplar de la Recopilación.115 Señala Víctor Tau Anzoátegui que “[…] la Recopilación de 1680 fue la máxima expresión legislativa del Barroco, es decir, que corresponde a una época de ordenamiento y consolidación del derecho indiano”.116 La Recopilación de 1680 quedó superada al poco tiempo de haber sido sancionada, ya que la actividad legislativa de la Corona castellana con rapidez la volvió incompleta. Los trabajos del Consejo de Indias en materia legislativa no variaron mucho, pues siguieron utilizando el Cedulario de Encinas y los Sumarios de Aguiar. Desde inicios del siglo xviii se emprendió la tarea de actualizar la obra o bien realizar una nueva. Ya en 1714 se decía que era posible agregar dos tomos más a la obra. En cuanto a los comentaristas de la Recopilación de 1680, su ta-

Las Notas a la Recopilación de leyes de Indias, de Palacios, se ela-

rea fue exhaustiva, pues examinaron cada una de las disposiciones re-

boraron en la primera mitad del siglo xviii y las Varias anotaciones

copiladas. Nunca se elaboraron comentarios a la obra completa, sino

a muchas leyes de Indias, de Lebrón, en la segunda, sobre todo para

de manera parcial a libros o títulos. Entre los indianos se encuentran:

uso particular, uno como peninsular y alto funcionario y el otro como

Juan Luis López, marqués del Risco, asesor del virrey de Perú, duque

criollo y abogado práctico. Palacios comentó los nueve libros de la Re-

de la Palata, primer comentarista de la Recopilación, con sus dos to-

copilación, mientras que Lebrón únicamente los primeros ocho.

mos titulados Observaciones theopolíticas en que se ilustran varias

Las Notas de Prudencio Antonio de Palacios fueron editadas en

leyes de la Recopilación de leyes de los reynos de las Indias, impresos

1979 por Beatriz Bernal, a partir de los manuscritos existentes en la

en Lima en 1689, y un tercer volumen con las Observaciones políti-

Biblioteca del Palacio Real de Madrid y en el Departamento de Manus-

co-sacras a la real cédula de 17 de diciembre del año 1689 despachada

critos del Museo Británico, en tanto que Varias anotaciones de José

por el Real y Supremo Consejo de las Indias con motivo de la inadver-

Lebrón y Cuervo estuvieron a cargo de Concepción Gallo García y apa-

tida moderna introducción de hacer primero memoria de el obispo

recieron en 1970.121

que de Su Majestad en la oración Colecta de la Misa, en algunos obispados del Perú, Lima, 1690; el doctor Juan Corral y Calvo de la Torre; Tomás de Azúa;117 Pedro Frasso, autor del tratado De Regio Patronato indiarum, impreso en Madrid en 1677, y los textos de Eugenio López, José Perfecto de Salas y Ramón Martínez de Rosas. También fue muy importante Manuel Joseph de Ayala, autor de las Notas a la Recopilación de las leyes de Indias, cuyo manuscrito se conserva y del que han sido editados dos volúmenes, transcritos por Juan Manzano y Manzano.118 El mismo Ayala preparó un Cedulario índico y un Diccionario de gobierno y legislación de Indias, que según su autor es el índice del Cedulario. De este último se han impreso a la fecha trece tomos, que abarcan de la palabra “abadía” hasta “xengibre”, con doña Milagros del Vas Mingo a cargo de la edición.119 En la Nueva España, Prudencio Antonio de Palacios y José Lebrón y Cuervo realizaron también comentarios a la Recopilación de 1680.120

A. Muro Orejón, op. cit., p. 121. Véase Antonio Muro Orejón, Cedulario americano del siglo xviii, t. i, núm. 95, Sevilla, Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla-Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1956. 115 Víctor Tau Anzoátegui, “Consideraciones sobre la aplicación de la Recopilación de 1680”, en F. de Icaza (coord.), op. cit., pp. 555-556. 116 Ibid., p. 557. 117 A. Muro Orejón, Lecciones de historia del derecho hispano-indiano, op. cit., pp. 128129. Véase también Concepción García Gallo, Las notas a la Recopilación de leyes de Indias, de Salas, Martínez de Rozas y Boix: estudio, edición e índices, Madrid, Ediciones de Cultura Hispánica, 1979. 118 Notas a la Recopilación de Indias, 2 vols., transcripción y estudio preliminar de Juan Manzano y Manzano, Ediciones de Cultura Hispánica, Madrid, 1946. 119 Diccionario de gobierno y legislación de Indias, vols. i-xiii, edición de Milagros del Vas Mingo, Madrid, Ediciones de Cultura Hispánica, 1989-1996. 120 Beatriz Bernal, “Las leyes de Indias a la luz de dos comentaristas novohispanos del xviii”, en Jurídica: Anuario del Departamento de Derecho de la Universidad Iberoamericana, núm. 14, México, Departamento de Derecho-Universidad Iberoamericana, 1982, p. 435. 121 Ibid., p. 447. 113 114

219


220

Las ediciones de la Recopilación de 1680 han sido las siguientes: la primera, en Madrid, por el impresor Julián de Paredes en 1681, en

realizó en 1973, a cargo del Instituto de Cultura Hispánica, en cuatro volúmenes tamaño folio, de la primera de 1681.122

cuatro volúmenes tamaño folio; la segunda, en Madrid, en 1756, por

La primera edición indiana o americana (en este caso mexicana)

Patricio José Castellanos, en cuatro tomos tamaño folio; la tercera,

de la Recopilación de 1680 la llevó a cabo, en 1987, la Escuela Libre de

también madrileña, en 1774, por Andrés Ortega, igualmente en cuatro

Derecho, facsimilar de la primera de 1681, en cuatro tomos, con un

volúmenes tamaño folio; la cuarta, en Madrid, por la viuda de Ibarra

quinto tomo de estudios jurídicos.123

en 1791, esta vez en tres tomos; la quinta, en 1841, por Boix, en cua-

Además, en 1930, el Ministerio de Trabajo y Previsión de España

tro volúmenes, con notas y el agregado de algunas disposiciones pos-

publicó en tres volúmenes unas Disposiciones complementarias de

teriores, también en tamaño folio; la sexta, entre 1889 y 1890, por la

las leyes de Indias.124

Biblioteca Judicial en trece tomos tamaño octavo; la séptima, esta vez

La Recopilación de 1680 muy pronto requirió una puesta al día,

reimpresión facsimilar de la de 1791 (por la viuda de Ibarra), en 1943,

dada la constante producción jurídica tanto castellana como indiana.

por el Instituto de Cultura Hispánica, en tamaño cuarto, con prólogo

En el siglo xviii, debido a las reformas instauradas por la Casa

de Manuel Menéndez Pidal; una octava reimpresión facsimilar se

de Borbón en materia de gobierno, economía, ejército, marina, cultura, educación, etcétera, que se habían reflejado en la legislación, era

Recopilación de leyes de los reynos de las Indias [1681], edición facsimilar, Madrid, Ediciones de Cultura Hispánica, 1973. 123 Recopilación de leyes de los reynos de las Indias [1681], edición facsimilar, México, Escuela Libre de Derecho/Porrúa, 1987. 124 Disposiciones complementarias de las leyes de Indias, 3 vols., Madrid, Ministerio de Trabajo y Previsión/ Inspección General de Emigración, 1930. 125 José María Vallejo García-Hevia, “El Nuevo código de Indias de 1792: sus vicisitudes de elaboración”, en Thomas Duve (coord.), Actas del XIX Congreso del Instituto Internacional de Historia del Derecho Indiano, Berlín, 2016, t. i, Madrid, Dykinson, 2017, p. 476. 126 Para la historia, discusiones y documentos del proceso recopilador, véase José María Vallejo García-Hevia, La Segunda Carolina. El Nuevo código de leyes de las Indias: sus juntas recopiladoras, sus secretarios y el Real Consejo (1776-1820), 3 vols., Madrid, Boletín Oficial del Estado, 2016. 127 A. Muro Orejón, Lecciones de historia del derecho hispano-indiano, op. cit., pp. 131132. 122

evidente la necesidad de adicionar e ilustrar125 la Recopilación de 1680 y se hacía cada vez más urgente la preparación de un nuevo cuerpo de leyes que tomara su lugar. Carlos III dictó, el 9 de mayo de 1776, un real decreto en el que ordenó la formación de un Nuevo código de leyes de las Indias, en el que prohibía las adiciones o comentarios a la anterior recopilación.126 Se designó a una junta de integrantes del Consejo de Indias encargada de su elaboración, en la que participaron los consejeros Felipe Santos Domínguez, José Pablo de Agüero, Jacobo de la Huerta y Antonio Porlier, presididos por Manuel Lanz de Casafonda y Manuel Joseph de Ayala como secretario.127 Se nombró también a dos funcionarios


Dibujo de J a n va n d e r S t r a e t ( 1 5 2 3 - 1 6 0 5 ) Grabado de A d r i a e n C o l l a e r t ( c a . 1 5 6 0 - 1 6 1 8 ) Impresión de P h i l i p p e G a l l e ( 1 5 3 7 - 1 6 1 2 ) Americae retectio, Amberes, 1580-1590

Señala José María Vallejo García-Hevia que la decisión de darle fuerza y autoridad al libro primero del Nuevo código de las leyes de las Indias […] pretendía mejorar el conocimiento y la aplicación de la legislación real promulgada adicionalmente desde hacía más de un siglo para las Indias, sino también dejar implícita constancia de su expresa, tradicional,

del Consejo de Indias, Miguel José Serrador y Juan Crisóstomo de

supérstite observancia […] y en consecuencia la firme vigencia de las es-

Ansótegui, para que elaboraran un anteproyecto que habrían de so-

tructuras políticas, sociales y económicas del Antiguo Régimen, a uno y

meter a la recién creada junta.

otro lado del Atlántico.130

Serrador se retiró al poco tiempo y Ansótegui quedó como único encargado de la elaboración del anteproyecto, para lo que se sirvió

En cuanto a las ediciones posteriores, la Facultad de Filosof ía y

del Cedulario índico de Ayala y de los cedularios posteriores a la Re-

Letras de Sevilla lo publicó en un homenaje a Muro Orejón en 1979.131

copilación de 1680. Ocupó de 1776 a 1780 para terminar el proyecto del libro primero del Nuevo código de leyes de las Indias, que fue some-

Conclusión

tido a la junta y duramente criticado por sus miembros por conside-

La presencia castellana en América abrió las puertas a un mundo nue-

rarlo “falto de formalidades externas, poco cuidador y menospreciador

vo, no solamente el mundo indígena, sino el nacimiento de uno nuevo,

de la Recopilación de 1680”.128

el indiano. Se trasladaron instituciones de gobierno, administración

Hasta el 2 de noviembre de 1790 la junta presentó al rey Carlos

y justicia, y se integraron los virreinatos y territorios audienciales.

IV el proyecto del libro primero y solicitó su aprobación y publica-

En lo jurídico, el derecho castellano se intentó aplicar directamen-

ción a fin de sustituir el respectivo libro primero de la Recopilación

te al ser las nuevas tierras territorio de la Corona de Castilla y con él,

de 1680. Esto lo hizo sin antes pasar el texto por el Consejo de Indias,

el ius commune. Fue necesaria la creación de un derecho especial para

por disposición expresa de Carlos III, contrario a lo dispuesto por la

las nuevas tierras, que se incorporaron como reinos, gobernaciones,

Recopilación de 1680.

provincias y territorios a un Imperio hispánico, condición necesaria

El rey, mediante real decreto del 25 de marzo de 1792, aprobó

para entender cabalmente el papel y la historia novohispanos.

este libro primero del Nuevo código de leyes de las Indias y ordenó que no se publicara en su totalidad, sino que se fuera dando obligatoriedad a las nuevas normas conforme fuera necesario resolver los problemas planteados. Con esto, el Nuevo código quedó en su conjunto como proyecto, aunque en lo particular algunas normas entraron en vigor más tarde. En cuanto a su contenido, el libro primero del Nuevo código tiene veintiséis títulos, divididos en leyes, que tratan de la santa fe, el Regio Patronato, bulas y breves, arzobispos, obispos, iglesias, concilios, jueces eclesiásticos, matrimonios, inmunidad eclesiástica, Inquisición, cabildos eclesiásticos, clérigos seculares, doctrineros, sepulturas, monasterios, conventos, religiosos, diezmos, vacantes eclesiásticas, mesada eclesiástica y media anata, bula de la Santa Cruzada, universidades, colegios y seminarios, cuestores, limosnas y de los libros.129 Lo anterior se acompaña de un índice de materias.

Ibid., p. 133. Ibid., pp. 134-135. 130 José María Vallejo García-Hevia, La Segunda Carolina. El Nuevo código de leyes de las Indias: sus juntas recopiladoras, sus secretarios y el Real Consejo (1776-1820), op. cit., t. i, p. xxxv. 131 Posteriormente, don Antonio Xavier Pérez y López llevó a cabo una recopilación de carácter privado entre los años de 1791 y 1798 titulada Teatro de la legislación universal de España e Indias (xxviii vols., Madrid, Imprenta de Antonio Espinosa, 1791-1798). Una suerte de continuación de la misma es la obra de don Lorenzo Arrazola et al., Enciclopedia española de derecho y administración, o nuevo Teatro universal de la legislación de España e Indias (13 vols., Madrid, Imprenta de los señores Andrés y Díaz, 1850). Posteriormente, Severo Aguirre publicó su Prontuario alfabético y cronológico por orden de materias de las instrucciones ordenanzas, reglamentos, pragmáticas, y demás reales resoluciones no recopiladas (Madrid, Oficina de Benito Cano, 1793). Esta obra cubriría hasta el año 1797 en cinco tomos. Después, Joseph Garriga publicaría la Continuación y suplemento del Prontuario de don Severo Aguirre (Madrid, Imprenta Real, 1799). La Continuación de Joseph Garriga abarcaría siete volúmenes hasta el año 1805, incluido. 128 129

221


Autor no identificad o

Biombo Alegorías del buen gobierno, siglo xviii


224


La conquista espiritual fr ancisco mor ales*

DA CLIC PARA VER LA CONFERENCIA

La conmemoración de los quinientos años de la Conquista de México ha

De cualquier manera, dentro del contexto histórico de conquista

despertado no pocas discusiones acerca de la forma y los medios con los

y colonización —y de “los grandes pecados que en ella se cometían”,

que se llevó a cabo la implantación del cristianismo en las comunida-

como dice fray Toribio de Benavente, Motolinía—, los misioneros tu-

des indígenas. Se discute mucho, sobre todo, lo que se ha llamado la

vieron que realizar su obra evangelizadora.5 La evangelización no cau-

“forma violenta” de la expansión del cristianismo y las “agresiones” que

só la servidumbre o la esclavitud de los indios. Es, más bien, en ese

los misioneros perpetraron en contra de las culturas indígenas.1

ambiente “de pecado”, reprobado por los propios misioneros, en el que

Esas discusiones no deberían de sorprendernos: nacieron en el momento mismo de la llegada del hombre europeo a América y queda-

se lleva a cabo la obra evangelizadora que, como cualquier otra obra de la Iglesia, no escapa a los condicionamientos de la historia.6

ron registradas y ampliamente documentadas en legajos manuscritos

Bajo estas consideraciones, ¿se puede hablar de conquista espiri-

y en obras publicadas acerca de los derechos de los reinos cristianos so-

tual tal como el reconocido historiador Robert Ricard lo planteó hace

bre los pueblos paganos, sobre las relaciones entre conquista y evan-

ya cerca de nueve décadas?7 Sin duda el término “conquista” en la ac-

gelización o sobre la libertad de los pueblos conquistados. Esos debates

tualidad puede resultar descomedido para referirse a una obra tan

han circulado desde entonces hasta nuestros días bajo diversos ropa-

amplia y compleja como fue la conversión al cristianismo de las co-

jes interpretativos como, por ejemplo, la versión que de ellos hace el

munidades indígenas. Fue un largo proceso que se vio sujeto a los

criollo mexicano de principios del siglo xix, cuando reclama su inde-

cambios de los agentes evangelizadores, de las instituciones eclesiás-

pendencia de España, basado en los agravios de esa nación “al pueblo

ticas, de las instituciones gubernamentales de la monarquía española

americano”; la posición del liberal positivista de mediados del mismo

y de la transformación social de la Nueva España. Me parece, no obs-

siglo que atribuye a las instituciones de la época colonial, principal-

tante estos presupuestos, que si se toma “conquista” en su significado

mente a la Iglesia, haber sido el mayor obstáculo para el progreso de

figurado —significado que evidentemente no contempló Ricard, a

la nación, o la actual tendencia de la historiograf ía poscolonial, que

saber: “Lograr el amor de alguien, cautivar su ánimo” (Diccionario de la

busca explicar la situación presente de los países con acontecimien-

Real Academia Española de la Lengua)—, hay margen para aceptarla.

tos del pasado, como si no hubiera habido cambios, etapas y evolución a lo largo de los tres siglos que transcurrieron bajo el dominio del Imperio español. Lo que es incontestable es que no se puede separar la Conquista de la evangelización y que, de hecho, en la mayor parte de los casos, los conquistadores justificaron su “derecho a la guerra” en la negación de los indígenas a dar obediencia al emperador y al papa.2 Pero no hay que dejar de lado que, al revisar las fuentes, se constata que tanto la evangelización como la Conquista y la colonización tuvieron dinamismos y motivaciones muy diferentes. Así, como bien se sabe, la llegada de Colón a América estuvo impulsada por intereses muy distintos a los de la evangelización.3 La preocupación ulterior de evangelizar a los habitantes de este continente fue, en todo caso, una consecuencia, no una causa, de la expansión española en América. Lo mismo ha sucedido en las conquistas que originalmente estuvieron motivadas por móviles muy diversos a los de la evangelización.4 Si se olvidan estas observaciones, como es frecuente hacerlo, se llega a atribuir a la evangelización todas las desgracias de las conquistas.

* Ordo Fratrum Menorum (ofm) (orden franciscana de frailes menores), México.

1 Para obras que, al parecer, han tenido una mayor influencia desde este punto de vista, véase, entre otras, Tzvetan Todorov, La conquista de América: el problema del otro, México, Siglo xxi, 2010. Para una amplia visión sobre la conquista espiritual, véase Sean F. McEnroe, “Spiritual and Earthly Conquests: New Works on Colonial Mexico”, en Journal of Colonialism and Colonial History, vol. 14, núm. 3, 2013. Para una bibliograf ía exhaustiva, véase David Tavárez, “Spiritual Conquest of Latin America”, en Oxford Bibliographies in Latin American Studies, Nueva York, Oxford University Press, disponible en http://www.oxfordbibliographies.com/page/latin-american-studies; consultado en agosto de 2021. 2 Silvio Zavala, “Hernán Cortés ante la justificación de su conquista”, en Quinto Centenario, núm. 9, Madrid, Universidad Complutense de Madrid, 1985, pp. 14-35 3 Alain Milhou, Colón y su mentalidad mesiánica en el ambiente del franciscanismo español, Valladolid, Casa-Museo de Colón, 1983. 4 Silvio Zavala, Los intereses particulares en la conquista de La Nueva España, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1964. 5 Toribio de Benavente, Motolinía, Historia de los indios de la Nueva España, edición de Edmundo O’Gorman, México, Porrúa, 1969, p. 77. 6 Para una importante colección de documentos con las diversas opiniones de los misioneros sobre los problemas de la Conquista, véase Lino Gómez Canedo, Evangelización y Conquista: experiencia franciscana en Hispanoamérica, México, Porrúa, 1977. 7 Robert Ricard, La conquista espiritual de México: ensayo sobre el apostolado y los métodos misioneros de las órdenes mendicantes en la Nueva España de 1523-1524 a 1572, México, Fondo de Cultura Económica, 1987.

225


p. 224

P e t e r Pa u l R u b e n s ( 1 5 7 7 - 1 6 4 0 )

Alegoría del emperador Carlos V como gobernante del mundo (detalle), ca. 1604 J o s é d e l a M o ta ( a c t i v o e n t r e 1 7 0 7 y 1 7 2 1 )

Alegoría del Nuevo Mundo: Cristo entrega el Nuevo Mundo al emperador romano Carlos V y al papa (detalle), 1721


Autor no identificad o

Fray Pedro de Gante, siglo xviii En Fray Bernardino de Sahagún, Códice Florentino, vol. 3, f. 406r (detalle), 1577

O sea, que si la conquista espiritual se toma en este último sentido, se presta a entenderla en una doble acepción: los indígenas conquistados “espiritualmente” por los misioneros, como lo indica el canto náhuatl que los naturales de Tenochtitlan compusieron a fray Pedro de Gante, en el que reconocen su corazón como centro de sa­ bi­duría (“Yn tlapapalamoxtli moyollon/tipala Petolo”/“Libro de colores [códice], tu corazón,/tú, padre Pedro”)8 o, a su vez, los misioneros conquistados “espiritualmente” por los indígenas, como lo escribe fray Jerónimo de Mendieta, que afirmaba: “[…] en el mundo no se ha descubierto nación o generación de gente más dispuesta y aparejada para salvar sus ánimas que los indios de esta Nueva España”.9 Y añadía que los indios habían mostrado tanto “[…] deseo de seguir a Jesucristo con tanta eficacia y con tan buen espíritu, cuando yo, pobre español y fraile menor, quisiera haber tenido en seguimiento de la vida evangélica”.10 con sus propias peculiaridades. Los dominicos con una tendencia acLas órdenes religiosas

tiva, expresada en pronunciamientos doctrinales y en el apostolado

y s u “ e va n g e l i s m o u t ó p i c o ”

de la predicación, dimensiones específicas de esa orden; los francis-

Tres órdenes religiosas —franciscanos, dominicos y agustinos— fue-

canos, con su interés por las formas populares e integradoras, en sus

ron las que llevaron a cabo la conquista espiritual. Los primeros lle-

intentos de crear comunidades cristianas y vivir en su seno.15

garon en 1524; los segundos, en 1526, y los últimos, en 1533. Una de

El “evangelismo utópico” llegó arropado por el escolasticismo me-

las preguntas que tendríamos que responder es la siguiente: ¿con qué

dieval y las primeras inquietudes humanistas y renacentistas de la Es-

preparación llegaron a México? En la actualidad se cuenta con ins-

paña prerreformista. Se conocen casos como el de fray Toribio de

trumentos como la etnograf ía, la antropología, la lingüística, incluso

Benavente que, al parecer, estudió en Salamanca, o el de fray Bernar-

con nuevas materias teológicas que aparecen en seminarios, como la

dino de Sahagún y los otros misioneros que llegaron posteriormente,

misionología, pero en el siglo xvi ¿qué formación se daba a los que

graduados en la misma universidad, como fray Alonso de Herrera y

venían a la misión? Al parecer este tema ha sido mejor estudiado en

fray Juan de Huete, o graduados en otras universidades, como la de

los franciscanos que en las otras órdenes religiosas. John L. Phelan y

París y la de Simancas.16 Los misioneros entendieron la importancia

11

Georges Baudot han ofrecido notables aportaciones sobre las ideas que, de acuerdo con los cronistas, guiaron a los frailes menores a establecer el cristianismo en los pueblos de Mesoamérica.12 Se sigue discutiendo el origen de esos ideales. Los franciscanos tenían una importante tradición en las misiones de Asia, en donde varios frailes, como Giovanni da Pian del Carpine, Odorico da Pordenone y William de Rubruck, viajaron y misionaron durante los siglos xiii y xiv.13 Sus escritos tuvieron una notable influencia en los catedráticos de universidades, como en fray Roger Bacon o Ramon Llull, que escribieron significativos tratados sobre las misiones.14 ¿Hasta qué punto las experiencias misioneras y los tratados teológicos influyeron en los proyectos evangelizadores de México? No parece haber duda de que las imágenes de las misiones en Asia se encuentran presentes en los primeros franciscanos, como se verá adelante. Sin embargo, atendiendo a las fuentes de la época, lo que más aflora en las actividades misioneras es lo que el reconocido historiador del franciscanismo medieval fray José García Oro llama “evangelismo utópico”, que se vivió dentro del ambiente espiritual de las órdenes religiosas españolas de fines del siglo xv y principios del xvi. García Oro describe ese “evangelismo utópico” como una vivencia muy intensa en el seno de las familias dominica y franciscana, que las llevó a considerarse como las órdenes escogidas por Dios para llevar el Evangelio a todo el mundo. Cada familia vivió ese ideal de acuerdo

8 Cantares mexicanos, vol. ii, edición, paleograf ía, traducción y notas de Miguel LeónPortilla, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2011, p. 703. 9 Jerónimo de Mendieta, Historia eclesiástica indiana [ca. 1597], vol. ii, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1997, p. 106. Para información adicional sobre este tema, véase Miguel León-Portilla, “Los franciscanos vistos por el hombre náhuatl”, en Estudios de Cultura Náhuatl, núm. 17, 1984, pp. 261-339. 10 J. de Mendieta, op. cit., p. 112. 11 No se toma en cuenta a los franciscanos que acompañaron a Cortés como capellanes de la Conquista ni a los tres flamencos, fray Pedro de Gante, fray Juan de Aora y fray Juan de Tecto, que llegaron en 1523. 12 John L. Phelan, El reino milenario de los franciscanos en el Nuevo Mundo, México, Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1972, y Georges Baudot, Utopía e historia en México: los primeros cronistas de la civilización mexicana (1520-1659), Madrid, Espasa-Calpe, 1983. 13 Para un amplio estudio sobre este tema, véase Luciano Petech, “I francescani nell’Asia centrale e orientale nel xiii e xiv secolo”, en Espansione del francescanesimo tra Occidente e Oriente nel secolo xiii, Asís, Società Internazionale di Studi Francescani, 1979, pp. 213-246. 14 Julia McClure, The Franciscan Invention of the New World, Cham, Palgrave Macmillan, 2017. 15 José García Oro, “Siglo xv en España: Reforma, humanismo, misión”, conferencia dictada en el coloquio internacional “800 años de vida franciscana: la experiencia evangelizadora en América y su influjo en la forma de vida de los hermanos menores”, Cholula, 26-29 de abril de 2007, inédita, p. 8. 16 Nos falta todavía un acercamiento más crítico a estos personajes, ya que para la mayoría de ellos contamos apenas con opúsculos hagiográficos. Por lo pronto, para Motolinía, véase Toribio de Benavente, Motolinía, Epistolario (1526-1555), recopilación, paleograf ía y transcripción de Javier O. Aragón, estudio preliminar, edición y notas de Lino Gómez Canedo, México, Penta, 1986, y para Sahagún, Miguel León-Portilla, Bernardino de Sahagún, Madrid, Historia 16/Quorum, 1987. Los otros frailes aparecen en J. de Mendieta, op. cit., vol. ii, pp. 352 y 399.

229


M a r t í n d e C e r v e r a ( fa l l e c i d o e n 1 6 2 1 )

Lección de teología en la Universidad de Salamanca (puertas de un armario barroco), 1614 En Códice Yanhuitlán, f. 3v., 1520-1554

de los estudios universitarios en la evangelización, como se ve en un texto, poco conocido, de fray Juan de Zumárraga que, en carta al ministro provincial de Burgos, fray Francisco del Castillo, graduado en la universidad de París, le da por razón para invitarlo a venir a México “[…] sus letras y religión [que] resplandecerían y se emplearían acá mucho más que allá, en nueva Iglesia como ésta que ahora se empieza a fundar”.17 La referencia no sólo a las “letras”, sino también a la “religión”, como de gran provecho para la “Iglesia que ahora se empieza a fundar”, abre una puerta más para introducirnos a la preparación espiritual de los misioneros y su influencia en la evangelización. La forma de vida de los misioneros —o sea, su “religión”— ha recibido escaso interés en la historiograf ía moderna, debido a que, al estudiar ese tema en los cronistas de los siglos xvi y xvii, se encuentra uno con narraciones que describen la vida de los frailes como modelos hagiográficos más que históricos. Existe, sin embargo, suficiente documentación que da la oportunidad de adentrarnos en la vida espiritual de los misioneros. Las controversias de los primeros franciscanos con la primera Audiencia ofrecen un material interesante sobre este asunto. El 29 de abril de 1529 el presidente de la Audiencia, Nuño de Guzmán, levantó

ritual”. Franciscanos y dominicos reformados de fines del siglo xv y

una información contra los franciscanos, en la que los acusa de abu-

principios de xvi buscaban: 1] una teología que propugnase la puri-

sos, malos tratos e incluso crímenes contra los indios, imputaciones

ficación de la doctrina cristiana de sus adherencias dialécticas y que

de las que ni siquiera misioneros reconocidos escapaban, como fray

buscara su firme inserción en los textos bíblico-patrísticos; y 2] una

Toribio de Benavente, Motolinía, a quien se le atribuye haber enviado

política eclesiástica que preconizase una vocación y dedicación pas-

a una hermana suya en España “seiscientos o setecientos castellanos

toral directa, sobre todo en el episcopado, enredado en tareas admi-

de oro de minas”. Tales cargos, que ninguno de los nueve testigos de

nistrativas y en criterios señoriales.22

18

la primera Audiencia corroboró, motivaron a Zumárraga a respon-

Estos dos últimos rasgos, comparados con fuentes de las prime-

der, en 1531, con otra información, en la que más de cuarenta testi-

ras décadas del siglo xvi, dan oportunidad de comprender el modelo

gos dieron testimonio de la vida de los franciscanos. Uno de ellos,

de Iglesia que los misioneros intentaban fundar en las comunidades

vecino de la Ciudad de México, el licenciado Juan Altamirano, dijo:

indígenas. En relación con la doctrina “purificada de sus adherencias

“Tenían casi por milagro que en tierras nuevamente ganadas, y de

dialécticas” vale la pena examinar los catecismos que fray Juan de Zu-

infieles, haber traído Nuestro Señor semejantes personas de religio-

márraga escribió o mandó imprimir: la Doctrina breve muy prove-

sos”.19 El mismo Zumárraga, en la ya citada carta a fray Francisco del

chosa, impresa en México en 1543; el Compendio breve que trata de

Castillo, detalla la forma de vida de los franciscanos con estas pala-

la manera de cómo se han de hacer las procesiones, impreso en México

bras: “[…] y los necesitados son nuestros hermanos franciscos, que

1544, y la Regla christiana breve, impresa en México en 1547.23 En el

no toman limosna ninguna pecuniaria, ni por misas, ni obsequias, ni

primero escribe que su deseo era “que cualquier mujercilla leyese

de otra manera, y tienen una muy ruin casa”.20

el Evangelio y las epístolas de San Pablo”, y añade: “[…] que pluguiese

Estos y otros testimonios recalcan el hecho de que las primeras

a Dios que estuviesen traducidas en todas las lenguas de todos los

generaciones de misioneros provenían de una vida austera, eremítica

mundos para que no solamente las leyesen los indios, pero aun otras

y contemplativa. El documento de envío de los doce primeros franciscanos, conocido como la “Obediencia”, escrito por el ministro general fray Francisco de los Ángeles Quiñones, lo expresa en forma simbólica con un pasaje del Evangelio de Lucas (19:2-5), al comparar a “los doce” con Zaqueo y pedirles que, como él, bajen del árbol de la contemplación a la vida activa: “Y si por daros solamente a la contemplación de los misterios de la cruz defraudasteis a alguno, volved a los prójimos el cuatro por ciento por la vida activa, juntamente con la contemplativa”.21 Dos puntos más del “evangelismo utópico” mencionado por García Oro ayudan a entender los primeros pasos de la “conquista espi-

17 Zumárraga and His Family: Letters to Vizcaya, 1536-1548, transcripción e introducción de Richard E. Greenleaf, traducción de Neal Kaveny, Washington, D. C., Academy of American Franciscan History, 1979, p 106. 18 Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquista y organización de las antiguas posesiones españolas de América y Oceanía, sacados de los archivos del reino, muy especialmente del de Indias (en adelante, cdiai), vol. xl, Madrid, Imprenta de M. Bernaldo de Quirós, 1864-1884, pp. 468-560. 19 Archivo General de Indias (en adelante, agi), Justicia, exp. 1006, f. 49v. 20 Zumárraga and His Family: Letters to Vizcaya, 1536-1548, op. cit., p. 102. 21 J. de Mendieta, op. cit., vol. i, p. 344. 22 J. García Oro, op. cit., p. 7. 23 Llama la atención que entre los recientes estudios de los catecismos se ponga más interés a los que se escribieron en lengua náhuatl que a los de Zumárraga.

231


Autor no identificad o

Fray Juan de Zumárraga, finales del siglo xvi Autor no identificad o

Fray Martín de Valencia, siglo xviii

naciones”.24 Y en la conclusión del Compendio breve, al referirse a las advertencias de Dionisio el Cartujano sobre lo inapropiado de la pomposidad de las ceremonias religiosas, Zumárraga escribe: “[…] por sólo esto, aunque en otras tierras y gentes se pueda tolerar esta vana y profana y gentílica costumbre, en ninguna manera se debe sufrir y consentir entre los naturales de esta nueva Iglesia”.25 Posiblemente uno de los párrafos que mejor indica las bases sobre las que se intentaba establecer la nueva Iglesia es el siguiente, de la Regla christiana breve, de 1547: Tú, por ser perdonado de tus culpas, navegas a Roma o vas por tu pie a Santiago y das tu dinero por las bulas o indulgencia plenaria. Yo, por cierto, no reprehendo lo que haces, mas aunque todo esto hagas ten por cierto que no hay otra más propia manera ni más breve camino para reconciliarte con Dios habiéndole ofendido que hacer paces con tu próximo que te ha ofendido.26

No hay duda de que estos pensamientos teológicos de Zumárraga escandalizaron a más de un asistente a sus sermones, como lo indica una denuncia ante el Consejo de Indias, en la que lo acusan de por haber predicado: “[…] yo […] creo y para mí tengo por averiguado que muchos de los indios se han salvado sin bautismo”.27 Según el testigo Gaspar López, que se presentó ante el Consejo de Indias: De esto el pueblo recibió escándalo, y que él platicó mucho sobre esta

Quizá lo que más llama la atención es que los mismos antecedentes

materia con el dicho obispo y con otras personas, y que desde ha ciertos

espirituales de los primeros misioneros dificultaron ese camino. Te-

días, viniendo el dicho obispo de Santiago de Tatelulco [sic] […], le mo-

nemos los casos de los dos líderes espirituales más importantes de

vió la plática al dicho obispo que cómo se entendía aquello y que este

esos misioneros: el dominico fray Domingo de Betanzos y el francis-

testigo oyó al dicho obispo que lo entendía en ley de natura.28

cano fray Martín de Valencia.

La idea de una Iglesia sin los enredos de las tareas administrativas

controversias que tuvieron los dominicos en la fundación de su pro-

y políticas señoriales se encuentra en una carta que los dominicos y

vincia en México, ya que unos proponían la estricta observancia mo-

los franciscanos le escribieron a Carlos V en 1526. En ella piden que “los

nacal y otros una vida de misión menos estricta.31 El guía espiritual de

obispos sean religiosos y no tengan rentas y que las rentas se gasten en

los primeros, fray Domingo de Betanzos, en 1533 escribió una carta

Daniel Ulloa, en su obra Los predicadores divididos, señala las

obras pías, y que tales obispos estén bajo obediencia, y que el arzobispo de México sea legatus a latere, por cuya muerte o ausencia tenga el poder el obispo más próximo a México”.29 En la misma carta añaden: Que los obispos sean elegidos por los religiosos de señor Santo Domingo y San Francisco en la manera que son elegidos los ministros provinciales y que ipso facto hecha la elección sean confirmados y sean obligados a aceptar sub praecepto papae. Y que los obispos puedan ser consagrados por menor número de lo que el derecho requiere; así que un obispo pueda consagrar, no habiendo más.30

¿Hasta dónde pudo llegar este “evangelismo utópico” en México? Volviendo a las fuentes de la primera mitad del siglo xvi se da uno cuenta de que ni la organización de la Iglesia aprobada en el Real Patronato ni los primeros encuentros con las comunidades indígenas fueron un camino fácil para realizar los sueños de una “nueva Iglesia”.

24 Juan de Zumárraga, Doctrina breve muy provechosa de las cosas que pertenecen a la fe católica, México, Juan Cromberger, 1543, asignatura l, f. 1. 25 Dionisio Richel, el Cartujano, Éste es un compendio breve, Juan Cromberger, 1544, signatura b, f. 1vr. 26 Juan de Zumárraga, Regla christiana breve, México, Juan Pablos, 1547, asignatura i, f. 1r. Para un interesante estudio sobre estos temas, véase Arnold L. Kerson, “Regla christiana breve de fray Juan de Zumárraga, primer obispo y arzobispo de México”, en Florencio Sevilla Arroyo y Carlos Alvar Ezquerra (coords.), Actas del XIII Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas, vol. iii, Madrid, Asociación Internacional de Hispanistas, 1998, pp. 181-188. 27 “Sobre un sermón de Zumárraga acerca de la salvación de los indios”, en agi, Justicia, exp. 1006. 28 Ibid. 29 “Parecer de los religiosos de Santo Domingo y San Francisco”, en Colección de documentos para la historia de México, vol. ii, edición de Joaquín García Icazbalceta, México, Librería J. M. Andrade, 1866, p. 552. “Legatus a latere” era un representante del papa, con todos sus poderes. 30 Ibid., p. 552. 31 Daniel Ulloa, Los predicadores divididos: los dominicos en Nueva España, siglo xvi, México, El Colegio de México, 1977.

233


Catecismo testeriano, ca. 1524 J o s é V i va r y Va l d e r r a m a ( a c t i v o e n l a p r i m e r a m i ta d d e l s i g l o x v i i i )

Bautismo de nobles indígenas por Bartolomé de Olmedo y Juan Díaz con la presencia de Hernán Cortés, mediados del siglo xviii

opinión de Martín de Valencia, la mayoría de los frailes eran de la opinión de que “[…] ya era tiempo que los religiosos no tuviesen tanto trabajo corporal en la manera de la doctrina”, puesto que tal proceder “parecía un dominio y señorío que hasta entonces se había sufrido y convenía, pero que ya no”, por razón de que los indígenas tenían “conocimiento de la virtud, y que si hasta entonces había sido necesario rigor y temor, que ya era tiempo de dejarlos y así se vería y conocería si eran hermanos o todavía niños en la fe”.36 Para mérito de fray Martín de Valencia, pese a sustentar una opinión contraria, aceptó la de sus hermanos.37 Estas disputas son un tema poco esclarecido. Los documentos citados hacen referencia al impacto que la cultura indígena y, sobre todo, la religión, causó en los primeros misioneros. Formados en un ambiente de observancia y de lucha por defender sus ideales de reforma en sus provincias españolas, su rigorismo y, a veces, poco atinadas acciones no sólo contra los indígenas, sino también en contra de los españoles, provocaron —y siguen provocando— acaloradas discusiones en sus contemporáneos y entre los nuestros.38 El desánimo entre alguno de ellos por no encontrar a las comunidades que presuponían estarían dispuestas a aceptar el mensaje cristiano los llevó —sobre todo a sus más importantes guías espirituales— a intentar trasladarse a los

234

al Consejo de Indias, en la que se quejaba de la poca capacidad de los

pueblos de Oriente pensando que ahí sería mejor aceptado el mensaje

indios “para entender las cosas de nuestra fe”.32 Igualmente, fray Mar-

cristiano, tal como había sucedido con los franciscanos de los siglos xiii

tín de Valencia, de acuerdo con su primer biógrafo, fray Francisco de

y xiv. No sólo Martín de Valencia y Domingo de Betanzos sostuvie-

Jiménez, opinaba que “la voluntad de Dios era, hasta venir en más

ron ese proyecto, también lo hicieron Zumárraga e incluso Bartolo-

conocimiento [...], comenzar por temor y castigo”, a fin de evitar las

mé de las Casas. Una carta de Zumárraga escrita en 1545 al príncipe

grandes ofensas que se hacían contra los mandatos de Dios.33 Poste-

Felipe II nos da detalles muy reveladores sobre el proyecto. Se dice en

riormente, siendo custodio por segunda vez (1530-1533), convocó a

ella que Zumárraga, a sus casi setenta años, había obtenido permiso

los frailes a capítulo en Tlalmanalco, para consultar “el modo y mane-

de Carlos V —no así del papa— para renunciar al obispado de Méxi-

ra que más, según Dios, pareciese que convenía a su servicio y au-

co para embarcarse a China junto con Betanzos. Formaba parte de

mento de su santa fe”.35 La información sobre esa junta extraordinaria

ese otro grupo misionero utópico y soñador fray Bartolomé de las

es un tanto oscura, pero entre líneas se puede percibir que, contra la

Casas, quien se había comprometido a ir a Roma como procurador

34

de Zumárraga, a fin de conseguir la licencia del papa Paulo III para 32 Lino Gómez Canedo, Evangelización, cultura y promoción social, México, Porrúa, 1993, p. 89. 33 “Vida de fray Martín de Valencia escrita por fray Francisco Jiménez”, en Antonio Rubial García, La hermana pobreza, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1996, p. 246. 34 Se llama custodio al superior de los franciscanos cuando éstos no han formado una provincia. 35 Ibid. 36 Ibid., p. 251. 37 Ibid., p. 260. La carta de fray Martín de Valencia sobre los trabajos de sus compañeros en las misiones, escrita al comisario general fray Matías Vueinssens en 1531 y que aparece en la Historia eclesiástica indiana de fray Jerónimo de Mendieta (cap. 15), parece dar testimonio de la opinión favorable a la conversión de los indígenas, si bien en casi todas las referencias que hace se alude a los niños que educaban los frailes en las escuelas de los conventos. Véase J. de Mendieta, op. cit., vol. i, p. 410. 38 Sobre el tema del rigorismo de los franciscanos, véase José García Oro, “La provincia franciscana de Santiago y el origen de los descalzos”, en Liceo Franciscano, núm. xv, 1962, pp. 1-30. 39 “Carta del obispo de México, don fray Juan de Zumárraga y de fray Domingo de Betanzos, prior del convento de Santo Domingo de dicha ciudad, al príncipe don Felipe, 21 de febrero de 1545”, en Joaquín García Icazbalceta, Don Fray Juan de Zumárraga primer obispo y arzobispo de México, México, Antigua Librería de Andrade y Morales, 1881, apéndice núm. 34, pp. 154-157.

dimitir de su cargo de obispo. Zumárraga mandó a Las Casas quinientos ducados para el viaje a Roma, pero el dominico ni viajó a Roma ni se unió al grupo misionero, pues ese mismo año aceptó el obispado de Chiapas. Sin el permiso del papa, Zumárraga tuvo que suspender su misión a China. El papel que la figura de fray Martín de Valencia, muerto ya por cerca de diez años, y su imaginario sobre los pueblos de Oriente desempeñaron en ese proyecto lo revela Zumárraga en la carta mencionada a Carlos V: “Plega a la divina clemencia del Salvador que […] nosotros acertemos en aquellas gentes de tanta razón y policía, a quien el santo varón fray Martín de Valencia intentó ir, en quien empleemos nuestros deseos en los pocos años que nos quedan de vida”.39 No todos los misioneros mantuvieron esa opinión. Además de los documentos presentados, existen varias fuentes que confirman el buen concepto que tenían los frailes sobre la capacidad de los indígenas para aceptar el cristianismo. El 1 de mayo de 1532, en carta de los franciscanos a Carlos V, afirmaban: “[…] no hay duda en haber capacidad


235


En Fray Bernardino de Sahagún, Códice Florentino, vol. 3, f. 19r (detalle), 1577 Exconvento de San Agustín, Yuriria, Guanajuato, México

Los conventos, los pueblos y l a gener ación de estructur as sociales y económicas

Como se puede ver, de acuerdo con estos datos es muy aventurado hablar de opiniones unánimes de los misioneros sobre la conversión de las comunidades indígenas al cristianismo. Lo que es importante señalar es que, aun dentro de esas controversias, para la tercera década del siglo xvi ya se encuentran proyectos con los elementos básicos de organización de la “nueva Iglesia”. Los conventos fueron un importante componente de esa organización, que los frailes establecieron en el altépetl (de “atl”, agua, y “tépetl”, montaña), centro clave de la sociedad prehispánica. Para las órdenes religiosas, el convento era su espacio de convivencia, oración y estudio. Dentro de él, ocupaba un lugar especial la iglesia, que en México se convirtió en el recinto privilegiado para la y suficiencia en los naturales, [para] la doctrina de la fe, y se ha hecho y

evangelización. Gracias a los privilegios de la bula “Omnímoda” de

hace mucho fruto”. Firman la carta fray Antonio de Ortiz, fray Fran-

Adriano VI, la iglesia del convento desempeñó la función de la parro-

cisco de Soto, fray Luis de Fuensalida y fray Alonso de Herrera, cua-

quia, en la que no sólo se adoctrinaba a la gente, sino que también se

tro de los frailes más letrados de esos años. De la misma época, se

administraban los sacramentos.43 Las órdenes religiosas no admitieron

encuentran opiniones sugestivas sobre la idolatría indígena. Fray Ja-

el título de “parroquias” y en sus documentos encontramos el térmi-

cobo de Testera, conocido por sus catecismos pictográficos, en carta

no “doctrina”.44

40

236

a Carlos V pregunta por qué razón se admiraban de la idolatría indí-

Por otra parte, los indígenas de la zona central de México usaban

gena, “si Nuestro Señor, para mostrar su gran paciencia y malicia de

—y siguieron usando por el resto del periodo colonial— el término

Satanás, permitió que casi todo el mundo fuese sujeto a la idolatría, y

“altépetl” o vocablos con significación parecida en otras lenguas indí-

que lo que más es de doler de las doce tribus de Israel, las diez, y aun

genas para designar a sus poblaciones. El concepto detrás de esta pa-

no quedaron libres las otras dos tribus”.41 Y con una cita de San Pablo

labra indica una organización política, en la que el tlatoani (“el que

expresa su parecer sobre la conversión: “Porque ubi abundavit iniquitas,

habla”) desempeñaba un importante papel como cabeza del orden so-

ibi abundavit et charitas” (“Porque donde abundó el pecado, sobrea-

cial de la colectividad.45

bundó la gracia”, Romanos, 5:20). Su argumentación termina citando

El misionero, en donde encontró el altépetl, o sea en gran parte

el texto de San Mateo: “Venid a mí todos los que estáis fatigados y

de la zona central de México, lo tomó como base para organizar la

cargados, que yo os remediaré” (Mateo, 11:28), texto del que comenta

“nueva Iglesia”. Como era de esperarse, se hacía inevitable para los

fray Jacobo: “[…] no dijo yo os haré esclavos ni yo os pondré en ma-

fines de la cristianización deshacerse de los componentes prehispáni-

nos de quien os acabe con trabajos”.

cos que eran incompatibles con la religión católica. Sobre ese tema

42

“Carta de los franciscanos a Carlos V”, México, 1 de mayo de 1532, en agi, Indiferente General, exp. 1530. 41 “Carta de fray Jacobo de Tastera [sic] y otros religiosos, Huejotzingo, 6 de mayo de 1533”, en Cartas de Indias, vol. i, México, Secretaria de Hacienda y Crédito Público, 1981, p. 64. 42 Ibid. 43 “Breve pontificio de Adriano VI”, Exponi nobis (10 de mayo de 1522). Para el texto en español, véase J. de Mendieta, op. cit., vol. i, pp. 327-329. Para un estudio histórico de este documento, véase Pedro Torres, La bula Omnímoda de Adriano VI, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1948. 44 Francisco Morales, “La Iglesia de los frailes”, en Margarita Menegus, Francisco Morales y Óscar Mazín (eds.), La secularización de las doctrinas de indios en la Nueva España: la pugna entre las dos Iglesias, México, Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación-Universidad Nacional Autónoma de México, 2010, pp. 13-75. 45 El tema del altépetl ha sido ampliamente tratado. Véanse, por ejemplo, Danièle Dehouve, “Altépetl: el lugar del poder”, en Americae, 2016, pp. 59-70, disponible en https:// americae.fr/wp-content/uploads/2020/12/ame_2016_5_art_dehouve.pdf; consultado en agosto de 2021, y Ethelia Ruiz Medrano, “En el cerro y la iglesia: la figura cosmológica atl-tépetl-oztotl”, en Relaciones, vol. 22, núm. 86, 2001, pp. 141-184. 46 Diego de Landa, Relación de las cosas de Yucatán, edición de Ángel María Garibay, México, Porrúa, 1959, p. ix. 47 Sobre el convento de San Francisco de México existen testimonios desde 1526. Véase “Capítulos de cartas que los procuradores de la Ciudad de México envían a Carlos V”, 18 de septiembre de 1526, en agi, Audiencia de México, exp. 95. 40

resulta esclarecedor recordar las palabras que Ángel María Garibay escribió en su introducción a la Relación de las cosas de Yucatán, de fray Diego de Landa: Por extraña paradoja en nuestro modo de pensar, pero no en el suyo, con una mano destruyen los obstáculos del paganismo que estorba a la implantación de una doctrina sobrenatural, pero con la otra recogen y sistematizan los datos que han de guardar la memoria de lo que el hombre fue en nuestro mundo antes que la sombra de la cruz se proyectara sobre sus tierras.46

Dentro del altépetl cristianizado sobresale el convento, construido casi siempre en el antiguo conjunto ceremonial prehispánico y con el cual se intentaba rivalizar en grandiosidad. La construcción de esos conventos está testimoniada desde mediados de la década de 1530, si no es que antes.47 En 1534, la Audiencia de México, contestando a una real cédula del año anterior en la que se le ordenaba construir iglesias en los pueblos de indios, responde: “[…] están muchas hechas y de


Exconvento de San Francisco, Tepeapulco, Hidalgo, México Exconvento de San Gabriel, Cholula, Puebla, México Exconvento de San Mateo Apóstol, Atlatlahucan, Morelos, México Exconvento de San Agustín, Acolman, Estado de México, México


Mapa de Cholula, en Gabriel de Rojas, Relaciones geográficas de Cholula, 1581

cada día se hace así en los pueblos que están en cabeza de Vuestra Majestad, como en los que están encomendados”.48 Añade que en su construcción se sigue la antigua tradición prehispánica, ya que […] en tiempo de su infidelidad, allende de los tributos que daban, edificaban sus cruces y templos y por ser mucha copia de gente que concurre en el hacer de su iglesia, se gastan poco tiempo porque lo hacen muy presto […] y aunque algunas de las que hacen son grandes y de vistoso y fuerte edificio, no pueden en ellas caber toda la gente porque es mucha. Y acostumbran a hacer delante de la iglesia un gran patio, donde se pone una cruz y allí los instruyen y predican.49

Además de la construcción de conventos, los frailes, poco a poco, diseñaron para el altépetl una nueva traza urbana que, por su forma rectilínea, pedía, a veces, un espacio geográfico diferente de donde originalmente estaba, como se puede ver, entre otros casos, en la actual ciudad de Huejotzingo, sacada de unas barrancas en donde se hallaba, para quedar asentada en el amplio valle en el que actualmente se encuentra.50 Los grandes conventos que se conocen en la actualidad se empezaron a construir a fines de la década de 1540. Se edificaron en los señoríos más importantes del altiplano de México.51 De acuerdo con los datos de la Contaduría Real del Archivo General de Indias, en 1550 había veintinueve conventos franciscanos en pueblos que estaban “en cabeza de Su Majestad”, o sea, que tributaban directamente al rey de España, entre los que se contaban Tlaxcala, Tezcoco, Huejo­ tzingo, Cholula, Tula y Tepeapulco.52 Los dominicos, según la misma fuente, tenían, en 1551, quince casas, en Coyoacán, Chalco, Chimalhuacán Izúcar, Teposcolula y Yanhuitlán, entre otras poblaciones.53 En ese mismo año se enumeran veintiocho conventos de los agustinos, entre los cuales se encontraban Acolman, Malinalco, Ocuituco, Tacámbaro y Atotonilco.54 El papel que esos conventos tuvieron en la organización urbana de los pueblos es bastante conocido.55 Se puede poner como ejemplo Cholula, en donde la construcción de su convento desempeñó una función muy importante en su urbanización. En 1552 el cabildo indígena

“Carta de la Audiencia de México a Carlos V”, 30 de septiembre de 1534, en agi, Audiencia de México, exp. 3177. Para una descripción de los primeros grandes atrios y sus cruces, véase Agustín de Vetancurt, Teatro mexicano [1698], México, Porrúa, 1971, cuarta parte, núm. 66. Hace referencia a la enorme cruz del atrio de San Francisco. 49 “Carta de la Audiencia de México a Carlos V”, op. cit. 50 Resulta dif ícil saber cuándo se hizo ese traslado. En 1566, Pedro Ruiz de Carabias afirmaba que los naturales de Huejotzingo no habían podido pagar su tributo a la Corona real entre 1557 y 1561 porque en ese tiempo “los naturales de la dicha ciudad se juntaron e hicieron un pueblo con sus calles, a modo de los españoles, porque antes vivían cada uno por sí, divididos en un gran golpe de tierra que es de su jurisdicción” (“Petición de los indios de Huejotzingo para que se les reduzcan sus tributos”, 19 de febrero de 1566, en agi, Audiencia de México, exp. 94). En cambio, Nuño de Guzmán, en 1529, acusaba a los franciscanos de haber construido en Huejotzingo un convento “tan bueno y tan suntuoso como San Juan de los Reyes de Toledo” (en cdiai, op. cit., vol. xl, p. 377). 51 Hay una cédula real de Carlos V de 1550, en la que manda al virrey de Nueva España que se hagan conventos (“Cuentas del tesorero Juan Alonso de Sosa”, s. f., en agi, Contaduría, exp. 661). 52 “Cuentas del tesorero Juan Alonso de Sosa”, 27 de agosto de 1550, en agi, Contaduría, exp. 661. 53 “Cuentas del tesorero Juan Alonso de Sosa”, 25 de noviembre de 1551, en agi, Contaduría, exp. 661. 54 “Cuentas del tesorero Juan Alonso de Sosa”, 11 de noviembre de 1550, en agi, Contaduría, exp. 661. 55 Jaime Lara, City Temple and Stage Eschatological Architecture and Liturgical Theatrics in New Spain, Notre Dame, University of Notre Dame Press, 2004, y Karen Melvin, Building Colonial Cities of God: Mendicant Orders and Urban Culture in New Spain, Stanford, Stanford University Press, 2012. 48

241


Alegoría de la Iglesia mexicana y de la evangelización, en Diego Valadés, Rhetorica christiana, Perugia, 1579 Antiguo albergue y hospital para indios Huatápera, Uruapan, Michoacán, México

embargo, zonas menos favorecidas, en las que era necesario reunir a la dispersa población para poder introducirlos en la “cristiana policía”. Ese programa, conocido como “congregación de pueblos”, se llevó a cabo durante mucho tiempo y se vio sujeto a diversas modificaciones, bien fuera por la insatisfacción de sus componentes o por la variación en el número de la población indígena.58 Hay que destacar que, aun en esos casos, los conventos fueron un elemento importante en la conformación de esas “congregaciones”. Un testimonio de 1572 nos puede servir para ilustrar esta idea. Se trata de una queja de los naturales de la ciudad de Tepeaca contra los del pueblo de Acatzingo, que pretendían separarse de su jurisdicción, ya que habían conseguido frailes e intentaban construir su propia iglesia. El documento de concierto, por el cual se permitió a siete barrios de Tepeaca separarse de la ciudad para fundar el pueblo de Acatzingo, muestra la función central que desempeñó el convento en la fundación de los pueblos. El documento dice: […] y comiencen a poblar y pueblen y hagan sus casas a la redonda de la iglesia y monasterio de dicho pueblo, y por lo más cercano de ella, y así vayan poblando por este orden, de manera que no quede casa ninguna vacía en medio de la dicha población [...]. Y que de la manera sobredicha no se exceda de la dicha traza, y si algunos hubieren comenzado a poblar

de Cholula le escribió al emperador Carlos V que acababan de cons-

por lo más lejano de la dicha traza, se recojan y pueblen cerca de la igle-

truir un “templo para servicio del culto divino y monasterio tan sun-

sia en la parte que estuviere vacía por su orden.59

tuoso y de tal obra que es uno de los principales y de más costo que 242

hay en toda la Nueva España”.56 Y añaden que “tienen voluntad de ha-

Para los primeros años de la segunda década del siglo xvi, ya es-

cer el dicho pueblo [de Cholula] con los edificios y calles y casas de ca-

taban los elementos principales de la “cristiana policía” del nuevo alté­petl

bildo y audiencias como a estilo de España, pues tiene el templo tal

en la zona central de México. En ellos sobresale la enseñanza en los

cual dicho tenemos”.57

patios, las escuelas conventuales, los colegios de oficios o de enseñan-

En esos casos, cuando se contaba con los elementos indispensables para dar el paso del urbanismo indígena al español, la transformación del antiguo altépetl se hizo con cierta naturalidad. Había, sin

za superior, las cofradías y los hospitales, buena parte de los cuales tenían antecedentes en la cultura mesoamericana.60 La enseñanza, tanto en la etapa prehispánica como en la virreinal, es uno de los temas más trabajados en los estudios actuales.61 Hay fuentes tempranas que ofrecen datos acerca de esta materia. Está,

“Carta de alcaldes y regidores de Cholula a Carlos V”, 16 de enero de 1552, en agi, Audiencia de México, exp. 94. 57 Ibid. 58 Para una obra de carácter general sobre este tema, véase Ernesto de la Torre Villar, Las congregaciones de pueblos de indios, fase terminal: aprobaciones y rectificaciones, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1995. Para un ejemplo de un estudio particular, véase Noemí Quezada, “Las congregaciones de indios y grupos étnicos: el caso del Valle de Toluca y zonas aledañas”, en Revista Complutense de Historia de América, núm. 21, Madrid, Universidad Complutense, 1995, pp. 141-165. 59 “Carta del gobernador y principales de Tepeaca al rey Felipe II”, Tepeaca, 30 de abril de 1573, en agi, Audiencia de México, exp. 94. 60 Para un documento más explícito sobre estos datos, véase “Orden que los religiosos tienen en enseñar a los indios la doctrina y otras cosas de policía cristiana”, en Códice franciscano [siglo xvi], México, Salvador Chávez Hayhoe, 1941, pp. 55-74. 61 Para una obra que cubre los dos aspectos, véase José María Kobayashi, La educación como conquista: empresa franciscana en México, México, El Colegio de México, 1974, y para el virreinato, Lino Gómez Canedo, La educación de los marginados durante la época colonial: escuelas y colegios para indios y mestizos en la Nueva España, México, Porrúa, 1982. 62 agi, Justicia, exp. 1006, f. 145r. 63 Códice franciscano, op. cit., pp. 55-56. El grabado sobre la enseñanza en los atrios se encuentra en Diego Valadés, Rhetorica christiana, Perugia, s. e., 1579, p. 107. 56

por ejemplo, una declaración de fray Pedro de Gante en 1531, en la que afirma: […] al presente hay en esta casa del señor San Francisco seiscientos niños naturales. Y que entre ellos hay muchos que saben muy bien leer y escribir, y oficiar las misas y canto de órgano y llano, y todo lo demás, y decir las horas y otras muchas cosas de nuestra santa fe católica.62

La descripción pictográfica de un atrio conventual, que aparece en la Rhetorica christiana de fray Diego Valadés y que se encuentra documentado en el Códice franciscano, detalla la manera en cómo los ancianos de los barrios llevaban diariamente a los niños a los atrios y los organizaban por grupos de acuerdo con la parte del catecismo que estaban aprendiendo. En el mismo documento se informa que los habitantes de los barrios se reunían los domingos en los atrios para su enseñanza y escuchar el sermón antes de la misa.63


El culto religioso también conservó elementos de la organización

de las provincias de Michoacán y Jalisco: “[…] donde hay convento

del altépetl prehispánico. El Códice franciscano incluye un “Memo-

nuestro o de San Agustín, tienen los indios un hospital y en él se cu-

rial de las cosas que han de tener cuidado tapixques y tequitlatos […]

ran los enfermos del pueblo”.69 Diez años después, fray Pedro de Pila,

para con los indios que tienen a su cargo en cuanto a su doctrina”. A

en su visita a los conventos franciscanos de Jalisco, dice que los indios

ellos se les encomendaba cuidar del bautismo de los recién nacidos,

tenían tanto apego a los hospitales que, aunque la visita tuviera seis

de la confesión de los adultos y de las buenas costumbres. En las igle-

indios, “tiene su hospital, y aun acontece que, si en un pueblo hay dos

sias de los pueblos de visita, ellos desempeñaban los oficios de sacrista-

parcialidades de indios de diversas lenguas, tiene cada parcialidad su

nes y secretarios para anotar los bautizos y recoger las limosnas. Una

hospital, como se ven en el pueblo de Analco, que está en esta ciudad

queja del arzobispo Montúfar en 1562 parece hacer referencia a esta or-

[Guadalajara] y en el de San Pedro, a media legua de aquí”.70

64

ganización, en la que los habitantes de los barrios participaban muy activamente en las funciones religiosas. En carta al rey Felipe II se opone a la participación que los franciscanos habían dado en la liturgia a los naturales de México en su capilla de San José y en otras muchas. Dice no estar de acuerdo en que “los indios que sirven el dicho monasterio [San Francisco de México] puedan ir y vayan por los cuerpos de los difuntos, así indios como españoles, sin ministro sacerdote con cruz alta”.65 Le parecía irreverente que “unos indios casados vayan cantando por la calle sin ministro sacerdote”.66 Dos elementos más, al parecer sin antecedentes en el altépetl prehispánico, llegaron a completar la “cristiana policía”: los hospitales y las cofradías. Sobre los primeros se dice que se intentó instituirlos en los conventos “para enseñar a los indios el ejercicio de la caridad y de la misericordia”.67 Fuera de los “pueblos hospitales” que fundó don Vasco de Quiroga, hay poca documentación sobre los hospitales en los pueblos indígenas de la zona central de México.68 En cambio, en la región de Michoacán y Jalisco, hay fuentes que informan sobre el gran éxito que tuvieron en esos pueblos. Hacia 1586 fray Alonso Ponce, comisario general de Nueva España, decía que en todos los pueblos

64 Códice franciscano, op. cit., pp. 71-74. Tepixque (guardián) y tequitlato (mandón) eran oficios menores en el altépetl. Para una documentación sobre su uso y permanencia en la ciudad de Cholula, véase Norma Angélica Castillo y Francisco González Hermosillo, “La justicia indígena bajo la dominación española: funciones del cabildo indígena y manejo de los procesos jurídicos en el caso de la república india de Cholula, siglos xvi-xviii”, en Trace, núm. 46, diciembre de 2004, pp. 22-41. Se llama pueblos de visita a los que no tenían convento y dependían para la enseñanza de la doctrina y la recepción de los sacramentos de los conventos cercanos. 65 “Fray Alonso de Montúfar a Felipe II, México, 30 de abril de 1562”, en Epistolario de la Nueva España, vol. ix, edición de Francisco del Paso y Troncoso, México, Antigua Librería Robredo, 1939-1942, p. 161. 66 Ibid., p. 163. 67 Códice franciscano, op. cit., p. 65. 68 En la relación sobre Tepeaca, hecha en 1580, se informa que en el pueblo y en los que lo conforman hay hospitales. Véase Papeles de Nueva España, vol. v, edición de Francisco del Paso y Troncoso, Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1905-1906, p. 43. Para los “pueblo hospitales”, véase J. Benedict Warren, Vasco de Quiroga y sus hospitales-pueblo de Santa Fe, Morelia, Universidad Michoacana, 1977. 69 Antonio de Ciudad Real, Tratado curioso y docto de las grandezas de la Nueva España [ca. 1584-1588], vol. ii, México, Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1976, p. 78. 70 Biblioteca Pública del Estado de Jalisco, Guadalajara, Archivo Franciscano, t. 54, vol. i, f. 28. Para un estudio sobre los restos de esa institución, véase José Alfredo Alcántar Gutiérrez, Capillas de hospital en Jalisco, Hermosillo, Qartuppi, 2016.

243


Las cofradías también tuvieron una importante función en la vida religiosa, social y económica de los pueblos. Desde el siglo xvi, las más frecuentes eran la del Santísimo Sacramento, la de Las Ánimas y la de la Virgen María. Originalmente desempeñaban una actividad educativa y evangelizadora para fomentar el culto a la eucaristía, la memoria a los difuntos y la devoción a la Madre de Dios. En la segunda mitad del siglo xvi comenzaron a tener objetivos diferentes como fuentes económicas para los conventos, con las celebraciones de funerales y legados que los naturales dejaban en sus testamentos.71 En el siglo xvii, con la piedad barroca, las cofradías dedicadas a la Virgen María se multiplicaron con diversas advocaciones, como la de los Dolores, de la Soledad, de la Asunción, del Rosario y de Guadalupe. Asimismo, las devociones a Cristo aparecieron con nombres como Ecce homo, Jesús Nazareno, Ascensión. Se encuentran también cofradías dedicadas a los santos, como San Diego, San Antonio y San Nicolás.72 Hay que señalar que, además de su función social como generadores de las reuniones comunitarias, desempeñaron una notable labor de caridad cristiana, con el cuidado a los enfermos y atención a la población más pobre.73 La función que los conventos desempeñaron en la economía del siglo xvi fue significativa, ya que, al estar establecidos en los grandes señoríos indígenas, al menos hasta los primeros años de la década de 1560, buena parte del tributo indígena iba a parar a las órdenes religiosas, bien por trabajo para construir los conventos o para sostener a los frailes. Varios visitadores reales —el más importante de ellos Jerónimo de Valderrama— intentaron organizar los tributos indígenas quitando a los frailes la participación que en ellos tenían. Sólo se consiguió parcialmente, pues hasta fines del siglo xvi se siguió discutiendo ese asunto, en el que se incluía el diezmo que debían pagar los indígenas, en contra del cual siempre estuvieron los frailes.74 Los conventos: arquitectur a ,

244

p i n t u r a y e va n g e l i z a c i ó n

Desde la segunda mitad del siglo xvi, los grandes señoríos de Mesoa­ mérica se distinguieron por sus monumentales conventos. Uno se sorprende al ver esas admirables construcciones que, para esa época, ya no se edificaban en España. El gran historiador de la arquitectura mexicana del siglo xvi George Kubler opina que la arquitectura monumental de ese siglo en México excede a la de la etapa prehispánica no sólo en volumen de construcciones, sino en habilidad humana.75 ¿A quién se debe esas grandes construcciones? Desde la década de 1530 empezó a notarse el afán por la edificación de conventos. La segunda Audiencia, en una carta a la emperatriz Isabel, escrita en fe­ bre­ro de 1533, expresaba su preocupación “por la curiosidad que al­gu­ nos de ellos [frailes] tienen de hacer monasterios”.76 Esa preocupación se convirtió en serias disputas un par de décadas después entre oficiales

71 Sarah L. Cline y Miguel León-Portilla, The Testaments of Culhuacan, Los Ángeles, University of California, 1984. 72 Para las cofradías de los pueblos franciscanos, véanse los inventarios y los directorios de los conventos del Fondo Franciscano de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México, vols. 47-60. 73 Laura Dierksmeier, Charity for the Poor: Franciscan-Indigenous Confraternities in México, 1527-1700, Norman, University of Oklahoma Press/Academy of American Franciscan History, 2020. 74 Margarita Menegus, “La Iglesia de los indios”, en M. Menegus, F. Morales y Ó. Mazín (eds.), op. cit., pp. 77-137. 75 George Kubler, Mexican Architecture of the Sixteenth Century, vol. ii, New Haven, Yale University Press, 1948, p. 417. 76 Epistolario de la Nueva España, op. cit., vol. iii, p. 26.

Exconvento de Santa María Magdalena, Cuitzeo, Michoacán, México


reales y eclesiásticos. Los documentos sobre esas disputas son valiosos por la información que traen acerca de los tres protagonistas de esas extraordinarias construcciones: las autoridades reales, los frailes y los pueblos indígenas, sin que la enumeración corresponda a la im-

Los primeros doce franciscanos, exconvento de San Miguel Arcángel, Huejotzingo, Puebla, México, siglo xvi Autor no identificad o

Forma de la Capilla Mayor de la Yglesia Real de S[ant]o Domingo de México, 1590

portancia de su participación en los trabajos de construcción. Las autoridades reales participaron a nivel local, con normas para asegurar una buena edificación. Ejemplos de esas normas se encuen-

246

la calle del dormitorio a lo más tenga espacio de cinco pies de ancho, y el claustro no sea doblado y tenga siete pies de ancho”.80

tran en los avisos que el virrey Antonio de Mendoza, a fines de 1550,

Por los conventos que ahora conocemos, resulta obvio que, si esa

dejó a su sucesor Luis de Velasco. Entre otras cosas le dice: “[…] en lo

traza se llegó a practicar, fue de forma temporal, ya que gran parte de

que toca a edificios de monasterios y obras públicas, ha habido grandes

ellos tuvieron varias etapas de construcción. No es fácil en la actuali-

yerros, porque ni en trazas ni en lo demás no se hacía lo que convenía,

dad encontrar un convento con esa traza.81

77

Volviendo a la participación de las autoridades reales, no sólo fue-

Añade que para remediar esto se puso de acuerdo con los religiosos

ron los oficiales locales los que intervinieron en la edificación de los

por no tener quien los entendiese ni supiese dar orden en ellos”.

de San Francisco y de San Agustín en “[…] una manera de traza mo­de­

conventos, sino también de una manera relevante los monarcas espa-

rada”78 para conforme a ella hacer todas las casas. El virrey saliente

ñoles que, a través de la Real Hacienda, aportaron sobresalientes can-

sugiere que se “haga lo mismo con [los frailes de] Santo Domingo,

tidades monetarias. En un seguimiento hecho a esas aportaciones en

porque comienzan ahora muchos monasterios”.79

el periodo de más intensa construcción de conventos en la década de

Hasta donde se puede saber, es probable que esa traza moderada

1560, de acuerdo con los documentos de la Contaduría del Archivo

esté relacionada con lo que ordenan las primeras constituciones de la

General de Indias, se encuentran registrados 179 mil pesos de oro

provincia del Santo Evangelio, aprobadas en 1541 por el ministro ge-

común para gastos de construcción en conventos de la Nueva España.

neral, fray Vicente Lunel. Fray Jerónimo de Mendieta recogió parte

Llama la atención que de esa cantidad los dominicos recibieron 100 350

de ese texto, en el que se ordena que la construcción de los conventos

pesos para la construcción de dieciocho conventos; los agustinos,

sea pobre y que “[…] de tal manera se tracen que no tengan más de seis

75 523 para dieciséis, y los franciscanos, sólo 3 680 para dieciocho. Hay

celdas en el dormitorio, de ocho pies en ancho y nueve de largo, y de

que aclarar que tanto los dominicos como los agustinos emplearon casi la totalidad de esos donativos en la construcción de sus conventos en la Ciudad de México. En los conventos de los pueblos de indios

“Relación apuntamiento y avisos que por mandado de S. M. dio don Antonio de Mendoza, virrey de Nueva España a don Luis de Velasco, nombrado para sucederle en este cargo”, en cdiai, op. cit., vol. vi, p. 513. 78 Ibid. 79 Ibid. 80 J. de Mendieta, op. cit., vol. i, p. 410. Un pie castellano equivalía a 28 centímetros, aproximadamente. 81 Popularmente se conoce la iglesia de San Nicolás Oxtotipac, en el Estado de México, como el convento franciscano más pequeño. En realidad, nunca fue convento, sino visita del convento de Otumba. 82 agi, Contaduría, exp. 659-675. Evidentemente, hacen falta estudios más exhaustivos. 77

de cualquiera de las tres órdenes, los donativos no pasaban de 150 o 200 pesos.82 Lo que esas cifras indican es que los principales aportadores de las monumentales construcciones de los pueblos fueron los indígenas. Las fuentes sobre ese tema son numerosas, gran parte de ellas relacionadas con las controversias de los oficiales reales y los encomenderos sobre el uso que los frailes hacían de los indios para la construcción y mantenimiento de sus conventos, lo que obstaculizaba el


248


Exconvento de San Francisco, Tlaxcala, Tlaxcala, México Exconvento de San Andrés, Calpan, Puebla, México

pago de los tributos que se debían a la Corona real o a los propios encomenderos.83 Por ejemplo, en un pleito de Cristóbal Valderrama, esposo de Leonor Moctezuma, con los gobernantes de Tlatelolco por las estancias de Acahuacan y Coatitlan, que Valderrama alegaba ser parte de su encomienda, los tlatelolcas defienden su derecho a ellas con el argumento de que ellos mandaban a los macehuales de esas estancias a dar servicio al convento de San Francisco de México.84 Igualmente, en el pueblo de Tacuba, en un pleito parecido con sus vecinos de Tecalhuacán, sostienen que las estancias de Xilacingo y Tlazala les pertenecen porque los habitantes de esas estancias ayudaron a la construcción del convento e iglesia de Tacuba.85 Esas declaraciones, junto con otras que se encuentran en diferentes pleitos, indican que no sólo los habitantes del pueblo en el que se edificaba el convento eran los que participaban en su construcción, sino que también intervenían los sujetos del señorío indígena. Esa participación de los naturales de los pueblos se dio en varias formas. Estaba, naturalmente, su contribución por medio de los tributos que, según Alonso de Zorita, una cuarta parte se destinaba para “[…] la sustentación de los ministros de la doctrina […] y para la obra de la iglesia matriz”.86 Pero su mayor contribución fue su trabajo, como lo indica el escribano real Alonso de Solórzano, quien, en relación con el convento de Cholula, dice: “[…] las obras de la dicha iglesia las hacen mucha cantidad de indios, y unos hacen cal y otros traen vigas del volcán y otros acarrean piedra”.87 Fray Jerónimo de Mendieta, no-

llegaron con los españoles, entre otras, en la arquitectura.92 Así, gra-

table testigo de la actividad constructora de la segunda mitad del si-

cias a la presencia de reconocidos arquitectos españoles, como Tori-

glo xvi, escribe:

bio Alcaraz, que según el virrey Antonio de Mendoza “[…] había hecho muy bien en monasterios y puentes”, los canteros indígenas

Los canteros, que eran curiosos en la escultura (como queda dicho) y la-

aprendieron el arte arquitectónico, como lo menciona Mendieta en el

braban sin hierro con solas piedras cosas muy de ver, después que tuvieron picos y escodas y los demás instrumentos de hierro y vieron obras que los nuestros hacían, se aventajaron en gran manera, y así hacen y labran arcos redondos, escarzanos y terciados, portadas y ventanas de mucha obra y cuantos romanos y bestiones han visto todo lo labran y han hecho muy gentiles iglesias y casas para españoles.88

Constantino Reyes-Valerio, que estudió más de cerca el arte indocristiano, encontró cerca de ochenta conventos del siglo xvi en los que, en su construcción y ornato, aparece la mano indígena, sea como aprendices, oficiales o maestros.89 En cuanto a la pintura mural, con el examen de sólo doce conventos, calcula que los pintores indígenas participaron en una superficie de alrededor de 14 140 metros cuadrados.90 Ejemplos singulares de esas pinturas son las del convento agustino de Actopan o las del sotocoro del convento franciscano de Tecamachalco, sin olvidar las que se encuentran en los conventos dominicos.91 Queda por investigar dónde y cómo aprendió la población indígena a realizar obras tan significativas del arte mexicano. Además de los colegios que se fundaron para los indígenas en el siglo xvi, los cronistas, como Motolinía, informan del gran ingenio y habilidades que tenían los indios en las artes, tanto en las que practicaban antes de la Conquista —pintura, cerámica, escultura— como en las que

83 Para información sobre parte de esas discusiones, véase Cartas del licenciado Jerónimo Valderrama y otros documentos sobre su visita al gobierno de Nueva España, 15631565, edición de France Vinton Scholes y Eleonor B. Adams, México, Porrúa, 1961. 84 “Información sobre la estancia de Acahuacan”, México, 10 de abril de 1553, en agi, Justicia, exp. 159. 85 “Información sobre las estancias de Xilocingo y Tlazala”, México, 1 de marzo de 1560, en agi, Justicia, exp. 165. Los pueblos mencionados en este documento no aparecen en Peter Gerhard, Geograf ía histórica de la Nueva España, 1519-1821 (México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1986, p. 255). 86 “Carta de Alonso Zorita al rey Felipe II”, México, 10 de junio de 1560, en agi, Audiencia de México, exp. 68. 87 Ibid. 88 J. de Mendieta, op. cit., vol. ii, p. 72. Un texto parecido se encuentra tanto en Toribio de Be­na­vente, Motolinía, Historia de los indios de la Nueva España (op. cit., p. 173), como en Memoriales o libro de las cosas de Nueva España y de los naturales de ella (edición de Edmundo O’Gorman, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1971, p. 242). 89 Constantino Reyes-Valerio, Arte indocristiano, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2000. 90 Ibid., p. 380. 91 Para Malinalco, véase Gisela von Wobeser, “Nuevas miradas sobre los murales del convento agustino de Malinalco: Nueva España, siglo xvi”, en Cuadernos Inter.c.a.mbio sobre Centroamérica y el Caribe, vol. 15, núm. 2, 2019, pp. 1-25. Para Tecamachalco, véase Constantino Reyes-Valerio, Rosa Camelo y Jorge Gurría, Juan Gerson: tlacuilo de Tecamachalco, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1964. Sobre los dominicos, véase Aban Flores Morán, “La pintura mural de los conventos dominicos en la Nueva España (1530-1590): entre el blanco y negro de la oración y el rojo de la opulencia”, en Eugenio Martín Torres Torres (ed.), Arte y hagiograf ía, siglos xvi-xx, vol. v. Bogotá, Universidad Santo Tomás, 2019, pp. 53-84. 92 T. de Benavente, Motolinía, Historia de los indios de la Nueva España, op. cit., pp. 169-173.

249


Retablo mayor del exconvento de San Martín, Huaquechula, Puebla, México En Fray Bernardino de Sahagún, Códice Florentino, vol. 3, f. 19v (detalle), 1577


pasaje anteriormente citado.93 Está, por ejemplo, el caso de Huejo­ tzingo, sobre el que se sabe que, entre 1567 y 1572, las autoridades indígenas del pueblo hicieron contratos con canteros y escultores españoles para la construcción y ornato del convento.94 Pero también existen testimonios del aprendizaje que tuvieron de los frailes. Sobresale el caso de fray Juan de Alameda. En 1576 el virrey Martín Enríquez, en carta al alcalde mayor de Huejotzingo, le pide a Pedro Camacho “[…] dos o tres indios que entienden del peso y nivel del agua, según les enseñó el padre fray Juan de Alameda” para que trabajasen en la obra del agua de Huaquechula.95 La participación de religiosos, no sólo franciscanos, sino dominicos y agustinos, fue sobresaliente. Los dominicos en la zona de la Mixteca y en Chiapas o los agustinos en la región de Michoacán realizaron obras monumentales. Entre los frailes más conocidos como constructores de conventos en esas zonas están, entre los dominicos, fray Alberto Garnica y fray Antonio Barbosa, y entre los agustinos, fray Juan de Utrera y fray Andrés Mata.96 Esas construcciones y ornatos de conventos resultan dif íciles de disociar de la evangelización. Los conventos no eran sólo espacios arquitectónicos para morada de los frailes. Ante todo, tenían una función educativa y ceremonial, que respondía a la necesidad básica del indio de la enseñanza y de ceremonias. Así, con las pinturas y las esculturas —como las de las capillas posas de Calpan—, recibían un mensaje visual de los misterios cristianos, a la vez que tenían un espacio para las grandes procesiones. Un pasaje de una carta de los gobernantes de Tlaxcala escrita a Felipe II en 1562 ofrece el mejor significado de lo que para los indios representaba la grandiosidad de sus conventos. Escriben: Hay en ella [Tlaxcala] tres monasterios de la dicha orden [franciscana]

por nombrar a los más conocidos. De fray Diego Durán se conoce la

que no son poco costosos, y en ellos tenemos y tendremos bastante doc-

excelente edición de su Historia de las Indias de Nueva España y al-

trina porque, además de residir siempre religiosos en los dichos monas-

guno que otro estudio sobre sus aportaciones acerca de la cultura in-

terios, otros andan siempre ordinariamente visitando toda la provincia,

dígena.100 De fray Alonso de la Vera Cruz hay abundantes estudios,

confesando, bautizando y predicando. Suplicamos a Vuestra Majestad

entre los que sobresalen los relacionados con sus tratados filosóficos

sea servido de enviar y mandar al provincial de la dicha orden provea

y, especialmente, con sus contribuciones al derecho de gentes y de-

que la dicha orden tenga cuidado de administrarnos los sacramentos y

fensa de los indígenas.101 Especial atención debería darse al jesuita

enseñar la doctrina cristiana.

97

Breve pero significativo mensaje de lo que representaban para la comunidad tlaxcalteca sus monasterios. El hum anismo de los misioneros

El reconocido estudioso de la cultura indígena José María Garibay, al referirse al humanismo de los misioneros del siglo xvi, escribe: “Ecos de los conflictos del Renacimiento con el cristianismo hallamos a través de la historia de la cultura en la América nuestra. Hombres, cuya vocación era difundir el mensaje del Evangelio, no pudieron sustraerse al interés, a la pasión misma, del estudio del Hombre”.98 Ese pensamiento, expresado hace ya más de medio siglo, ha encontrado sustento en los actuales estudios del material que los misioneros dejaron en catecismos, traducciones de obras clásicas a lenguas indígenas y tratados sobre los problemas de la cristianización, además de numerosos documentos relacionados con proyectos evangelizadores.99 Llama la atención que muchos de esos estudios estén relacionados con la orden franciscana, con descuido de las otras órdenes en las que se hallaban notables humanistas, como el dominico fray Diego Durán, el agustino Alonso de la Vera Cruz o el jesuita José de Acosta,

93 “Relación que dio don Antonio de Mendoza a don Luis de Velasco”, en cdiai, op. cit., vol. vi, p. 513. 94 Efraín Castro Morales, “Noticias documentales acerca de la construcción de la iglesia de San Miguel Huejotzingo, Puebla”, en Boletín de Monumentos Históricos, núm. 4, 1980, pp. 5-16. 95 Silvio Zavala y María Castelo (eds.), Fuentes para la historia del trabajo en Nueva España, 1575-1576, vol. i, México, Fondo de Cultura Económica, 1939, p. 138. 96 G. Kubler, op. cit., vol. i, pp. 127-133, y Fredy Ovando Grajales, Arquitectos dominicos en Chiapas del siglo xvi, Tuxtla Gutiérrez, Universidad Autónoma de Chiapas, 2017. 97 “Capítulo de carta de los naturales de Tlaxcala al rey Felipe II”, Tlaxcala, 1 de marzo de 1562, en agi, Audiencia de México, exp. 94. 98 D. de Landa, op. cit., p. ix. 99 En su Bibliograf ía mexicana del siglo xvi (México, Fondo de Cultura Económica, 1954), Joaquín García Icazbalceta hace la que es quizá la más completa relación de los impresos asociados con el humanismo misionero. Para cartas y otros documentos sobre este tema, sigue siendo fuente principal el Epistolario de la Nueva España, op. cit. 100 Diego Durán, Historia de las Indias de Nueva España y islas de Tierra Firme, 2 vols., Madrid, Banco Santander, 1990. Para estudios sobre esta obra, véase, entre otros, Pilar Máynez, “Fray Diego: testigo e intérprete de la cosmovisión indígena”, en Destiempos, año 3, núm. 14, marzo-abril de 2008, pp. 7-14. 101 Alonso de la Vera Cruz, De dominio infidelium et iusto bello/Sobre el dominio de los infieles y la guerra justa [1553-1554], edición crítica, traducción y notas de Roberto Heredia Correa, México, Instituto de Investigaciones Filológicas-Universidad Nacional Autónoma de México, 2007; Arthur Ennis, Fray Alonso de la Vera Cruz, O. S. A. (1507-1584): A Study of His Life and His Contribution to the Religious and Intellectual Affairs of Early Mexico, Lovaina, E. Warny, 1957; Ernest J. Burrus, “Las Casas y De la Veracruz: su defensa de los indios americanos comparada”, en Estudios de Historia Novohispana, núm. 2,

251


252

José de Acosta. Misionero de Perú, se interesó por la cultura prehis-

Siendo los primeros misioneros en llegar a México, los franciscanos cu-

pánica y la evangelización de México, temas que trató en dos de sus

brieron territorios y trabajaron con grupos indígenas de la más variada

más conocidas obras: De natura Novi Orbis libri duo, et de promul-

índole, lo que los obligó a investigar costumbres, dominar sus lenguas,

gatione Evangelii apud barbaros, sive de procuranda indorum salute,

componer gramáticas y vocabularios, traducir textos bíblicos a idiomas

libri sex e Historia natural y moral de las Indias.102 En la primera es-

nativos y escribir catecismos utilizando técnicas ideográficas completa-

cribe agudas reflexiones sobe los instrumentos y personal necesarios

mente ajenas a la mente europea. Sus obras más importantes —alta edu-

para la evangelización y en la segunda recoge datos singulares a cerca

cación, escuelas, hospitales, trabajos de urbanización y riego, producción

del mundo cultural de los mexicas.

bibliográfica— tuvieron como objeto principal al indio, que en general,

En cuanto a los franciscanos, hay que tomar en cuenta que cu-

parece ser que se sintió muy a gusto con el fraile.103

brieron los señoríos más importantes de Mesoamérica, circunstancia que les dio la oportunidad de conocer de una manera más íntima las

Vale la pena apuntar un breve comentario del virrey Álvaro Man-

comunidades indígenas y sus culturas. Un texto que escribí acerca de

rique de Zúñiga sobre los franciscanos, en una carta a Felipe II, en la

este tema hace ya casi cuarenta años me parece que sigue siendo vá-

que alude a ese tema: “La orden de San Francisco es el fundamento de

lido. Escribí entonces:

la cristiandad en la Nueva España”.104 Tratar de señalar a las figuras o las obras más valiosas que consti-

1968, pp. 1-15, y Prometeo Cerezo de Diego, Alonso de Veracruz y el derecho de gentes, México, Porrúa, 1985. 102 José de Acosta, De natura Novi Orbis libri duo, et de promulgatione Evangelii apud barbaros, sive de procuranda indorum salute, libri sex, Salamanca, Guillermo Foquel, 1589; del mismo autor, Historia natural y moral de las Indias, Sevilla, Juan de León, 1590; León Lopetegui, El padre José de Acosta, S. I. y las misiones, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1942, y Claudio M. Burgaleta, José de Acosta, S. J., 1540-1600: His Life and Thought, Chicago, Jesuit Way, 1999. 103 Francisco Morales, “Los franciscanos en la Nueva España: la Época de Oro, siglo xvi”, en Franciscan Presence in the Americas, Washington, D. C., Academy of American Franciscan History, 1982, p. 49. 104 “Carta del virrey Álvaro Manrique de Zúñiga al rey Felipe II”, en agi, Audiencia de México, exp. 22. 105 R. Ricard, op. cit., pp. 423-428.

tuían ese “fundamento de la cristiandad” no es tarea fácil. Aquí intentaré hacer referencia sólo a notables ejemplos de frailes que con sus escritos humanistas buscaron dar fundamento a la “nueva cristiandad”. En primer lugar están los que se entregaron al conocimiento y al aprendizaje de las lenguas indígenas, medio indispensable para crear la “nueva cristiandad”. Sin las herramientas con las que las ciencias del lenguaje cuentan en la actualidad, los franciscanos hicieron un descomunal esfuerzo para escribir importantes tratados en esas lenguas. Robert Ricard, en su Conquista espiritual de México, registra ochenta títulos de obras manuscritas o publicadas, escritas por los frailes menores en esas lenguas.105 Desde 1531 hay información que


Atribuido a A l o n s o d e S a n t a C r u z ( 1 5 0 5 - 1 5 6 7 ) Convento de Santiago Tlaltelolco y Colegio de la Santa Cruz, en Mapa de Uppsala (detalle), ca. 1550 Ex libris del convento de San Francisco y portada manuscrita, en Fray Juan Bautista, Libro de la miseria y brevedad de la vida del hombre y de sus quatro postrimerías, en lengua mexicana, México, Imprenta de Diego López Dávalos, 1604

registra que los franciscanos habían hecho un “arte” de la lengua náhuatl.106 Ese “arte”, que pudo ser una obra colectiva, quedó superada dieciséis años después por el extraordinario trabajo de fray Andrés de Olmos, con su Arte de la lengua mexicana.107 Distinguidos continuadores de ese trabajo lingüístico fueron, para la lengua náhuatl, fray Alonso de Molina; para la lengua tarasca o purépecha, fray Maturino Gilberti y, para la lengua maya, fray Diego de Landa.108 Lo que llama la atención en esas obras es que, más allá de los aspectos lingüísticos o filológicos apenas en ciernes en el siglo xvi, representan un esfuerzo por buscar un acercamiento entre dos culturas tan desemejantes: la europea y la mesoamericana.109 Entran aquí no

hagún. De la Flos sanctorum sólo tenemos la información que nos

sólo los numerosos sermones y las doctrinas en lenguas indígenas,

ofrece fray Juan Bautista en su citado prólogo, ya que se desconoce

sino sobre todo las obras en esas lenguas de literatura clásica y las de

qué texto se utilizó de los muchos que se conocían en el siglo xvi.119

índole mística —teológica o filosófica—, temáticas que parecieran tan lejanas del pensamiento indígena. Participaron en esa actividad no sólo los frailes, sino, de una manera especial, los estudiantes del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco, el más importante centro de la alta educación indígena del xvi.110 La traducción al náhuatl de las fábulas de Esopo es un interesante ejemplo para destacar la relación de la cultura náhuatl con la literatura clásica.111 La selección de pasajes e imágenes que hizo el traductor dan oportunidad de entender la adaptación de la mente indígena al mundo clásico.112 Existen suficientes razones para sostener que esa traducción se realizó bajo el seguimiento de los franciscanos.113 En cuanto a los temas de mística, por los testimonios que tenemos a la mano, fueron, después de los catecismos y sermones, el campo más fecundo de la producción lingüística de los franciscanos. Parece evidente que los frailes tuvieron el propósito de introducir la espiritualidad franciscana y las corrientes místicas del Siglo de Oro español en el cristianismo indígena.114 Fray Juan Bautista, en el conocido prólogo a su Sermonario, menciona varios tratados de tema místico escritos en lengua náhuatl, de los cuales al menos dos circularon en forma impresa: Coloquios de la paz y tranquilidad cristiana, en lengua mexicana, escrito por fray Juan de Gaona, y Libro de la miseria y brevedad de la vida del hombre y de sus quatro postrimerías en lengua mexicana, del propio fray Juan Bautista, libro que tenía permiso de impresión desde 1593, pero que no encontró patrocinador sino once años después.115 De acuerdo con este mismo autor, se sabe que, junto con Francisco Bautista de Contreras, gobernador de Xochimilco, estaba traduciendo al náhuatl el “libro de la vanidad del mundo”, del destacado místico franciscano Diego de Estella, traducción por desgracia perdida.116 También participó en lo que se puede llamar el culmen de esas traducciones: la versión al náhuatl del legado más importante de la devotio moderna, la Imitación de Cristo o “Contemptus mundi”, como la llaman los franciscanos del siglo xvi.117 La obra no se llegó a imprimir, pero hay evidencias de que circuló en las comunidades indígenas.118 Otros libros de tendencia más devocional que mística salieron de los franciscanos y sus colaboradores indígenas, como la Flos sanctorum, la Vida del bienaventurado San Francisco, traducida por fray Alonso Molina, y la Psalmodia christiana, de fray Bernardino de Sa-

106 Francisco Morales, “Los franciscanos y el primer ‘Arte para la lengua náhuatl’: un nuevo testimonio”, en Estudios de Cultura Náhuatl, núm. 23, 1993, pp. 53-81. 107 Andrés de Olmos, Arte de la lengua mexicana, edición, introducción, transliteración y notas de Ascensión Hernández de León-Portilla y Miguel León-Portilla, México, Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de México, 2002. 108 Sobre fray Alonso de Molina, véase la introducción a Alonso de Molina, Arte de la lengua mexicana y castellana, edición crítica, introducción, transliteración y notas de Ascensión Hernández de León-Portilla, México, Instituto de Investigaciones Históricas-­ Universidad Nacional Autónoma de México, 2014. Fray Maturino Gilberti merece más atención; véase Moisés Franco Mendoza, Eráxamakua: la utopía de Maturino Gilberti, Zamora, El Colegio de Michoacán, 2015. Fray Diego de Landa es más conocido por su actividad antiidolátrica que por su lingüística; véase Esther Hernández, “Los vocabularios hispano-mayas del siglo xvi, en Otto Zwartjes, Ramón Arzápalo y Thomas C. Smith-­ Stark (eds.), Missionary Linguistics, vol. iv: Lexicography (Selected Papers of Fifth International Conference on Missionary Linguistics, Mérida, Yucatán, 14-17 de marzo de 2007), Ámsterdam, John Benjamins, 2009, pp. 129-149. 109 Ascensión Hernández de León-Portilla, “El despertar de la lingüística y la filología mesoamericanas: su significado en la historia de la lingüística”, en Estudios de Cultura Náhuatl, núm. 25, 1995, pp. 210-223. 110 David Tavárez, “Nahua Intellectuals, Franciscan Scholars, and the Devotio Moderna in Colonial Mexico”, en The Americas, vol. 70, núm. 2, 2013, pp. 203-235. 111 Cantares mexicanos, op. cit. 112 Gordon Brotherston y Günter Vollmer (eds.), Aesop in Mexico: die Fabeln des Aesop in Aztekischer Sprache, Berlín, Gebr. Mann, 1987, y Andrew Laird, “A Mirror for Mexican Princes: Reconsidering the Context and Latin Source for the Nahuatl Translation of Aesop’s Fables”, en Barry Taylor y Alejandro Coroleu (eds.), Brief Forms in Medieval and Renaissance Hispanic Literature, Newcastle, Cambridge Scholars, 2017, pp. 132-167. 113 Cantares mexicanos, op. cit., vol. i, p. 99. 114 Véase Francisco Morales, “New World Colonial Franciscan Mystical Practice”, en Hilaire Kallendorf (ed.), A New Companion to Hispanic Mysticism, Leiden y Boston, Brill, 2010, pp. 71-102. 115 En cuanto al prólogo del Sermonario, sigo el texto que publica Joaquín García Icazbalceta en Bibliograf ía mexicana (op. cit., p. 475). El Libro de la miseria y brevedad de la vida no aparece mencionado en el citado prólogo, a no ser que sea al que hace referencia como Vanidades del mundo, que en palabras de fray Juan Bautista, junto con el Contemptus, “saldrán pronto a la luz” (ibid.). Juan de Gaona, Coloquios de la paz y tranquilidad cristiana, en lengua mexicana, México, Pedro de Ocharte, 1582, y Juan Bautista, Libro de la miseria y brevedad de la vida del hombre y de sus quatro postrimerías en lengua mexicana, México, Diego López Dávalos, 1604. 116 La obra de Diego de Estella consta de tres partes impresas por separado: Primera parte del libro de la vanidad del mundo, Salamanca, Mathias Gast, 1576; Segunda parte del libro de la vanidad del mundo, Salamanca, Mathias Gast, 1576; Tercera parte del libro de la vanidad del mundo, Salamanca, Mathias Gast, 1576. La información que da fray Juan Bautista no indica qué libro tradujo. En el prólogo que se viene citando simplemente asienta que él ha traducido “gran parte de las vanidades de Estella”. 117 Véase D. Tavárez, “Nahua Intellectuals, Franciscan Scholars, and the Devotio Moderna in Colonial Mexico”, op. cit., pp. 210-230. 118 Ibid., pp. 232-233. 119 Para las diversas versiones de esta obra de la literatura española del siglo xvi, véase Mathilde Albisson, “El Flos sanctorum castellano, de las compilaciones medievales a los

253


En cambio, de las otras dos obras publicadas hay valiosos estudios en

Iglesia de la Concepción, Calotmul, Yucatán, México

relación con los datos de su publicación y de su significado en la actividad evangelizadora.120 El mérito de esos textos está no sólo en su valor lingüístico, sino en la manera con la que los frailes y sus traductores intentaron expresar en náhuatl unos contenidos filosóficos y teológicos que se habían formado en culturas completamente diferentes de las de Mesoamérica. De los temas filosóficos, vale la pena resaltar la traducción al náhuatl

la vida, dueño del cerca y del junto y libertador de la gente” (“Ca itoca­

de varias secciones del De regimine politiae, de Dionisio el Cartujo,

tzin Jesu Cristo nelli teutl, ioan nelli oquichtli, ipalnemoani, tloque,

uno de los autores más estimados por los franciscanos del siglo xvi.121

nahuoque, ioan in temaquistiani”).125 El concepto más bellamente ex-

En temas teológicos, el más revelador ejemplo de este esfuerzo lo dan

presado es el de la Encarnación. Los Diálogos lo expresan así: “Por

los Coloquios y doctrina cristiana, recogidos por fray Bernardino de

razón de nosotros hízose hombre aquí en la tierra. Varón vino a hacer-

Sólo por poner un ejemplo, cito los siguientes conceptos:

se como nosotros, nosotros los macehuales” (“In topan oquimochiuili

a la Iglesia se le llama “reino de los cielos” (“itoca ilhuicac tlatocaiotl”),

ca nican tlaltepec tlacatl, oquichtli ochiuhtzinoco: in tiuhque in tehoan-

a la Biblia se

tin timaceualt”), y “Tomó para sí nuestra carne de macehuales” (“No

le denomina “libro divino, con tinta negra, con tinta roja” (“teuamux­

iuhcatzintli omochiuhtzinoco oquimocuilico in tomaceualnacaio”).126

Sahagún.

122

expresión que apenas el Concilio Vaticano II rescató;

123

pan tlillotoc, tlapallotoc”), términos usados para referirse a los códi-

Estos Diálogos dan a fray Bernardino de Sahagún un lugar espe-

ces;124 a Jesucristo se le representa así: “Porque su reverenciado nombre

cial entre los humanistas franciscanos. Llegó a Nueva España en 1529, en

es Jesucristo, Dios verdadero y también hombre verdadero, dador de

donde dedicó la mayor parte de su tiempo a la enseñanza en el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco y a la investigación a las “cosas divinas, humanas y naturales” de la gente de la Nueva España.127 Del gran nú-

254

legendarios postridentinos: evolución de un subgénero hagiográfico entre continuidad y ruptura”, en Christoph Strosetzki (coord.), Perspectivas actuales del hispanismo mundial, vol. i, Münster, Readbox Unipress, 2019, pp. 53-65. 120 Vida del bienaventurado San Francisco, traducción de Alonso de Molina, México, Pedro Balli, 1577. Para un estudio sobre esta obra, véase Berenice Alcántara Rojas, “Evangelización y traducción: la Vida de San Francisco de San Buenaventura vuelta al náhuatl por fray Alonso de Molina”, en Estudios de Cultura Náhuatl, núm. 46, 2013, pp. 89-158. Bernardino de Sahagún, Psalmodia christiana y sermonario de los santos del año en lengua mexicana, México, Pedro Ocharte 1583. Para un estudio sobre estas obras, véase Berenice Alcántara Rojas, “Los textos cristianos en lengua náhuatl del periodo novohispano: fuentes para la historia cultural”, en Dimensión Antropológica, año 26, núm. 76, 2019, pp. 64-94 121 David Tavárez, “Aristotelian Politics Among the Aztecs: A Nahual Adaptation of a Trea­ t­ise by Denys the Carthusian”, Jenny Mander, David Migdgley y Christine Beaule (eds.), Transnational Perspectives in the Conquest and Colonization of Latin America, Nueva York, Routledge, 2019, pp. 141-155. El interés de fray Juan de Zumárraga por Dionisio el Cartujano se puede ver en los libros de cabecera que envía a España: catorce de ellos son del mencionado autor. Véase Zumárraga and His Family: Letters to Vizcaya, 1536-1548, op. cit., pp. 122-125. 122 Coloquios y doctrina cristiana: los diálogos de 1524 según el texto de fray Bernardino de Sahagún y sus colaboradores indígenas, edición facsimilar, paleograf ía, versión del náhuatl, estudio y notas de Miguel León-Portilla, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1986. Estos Coloquios tienen muchos estudios; véanse, entre otros, Jorge Klor de Alva, “La historicidad de los Colloquios de Sahagún”, en Estudios de Cultura Náhuatl, núm. 15, 1982, pp. 147-184; Louise M. Burkhart, “Doctrinal Aspects of Sahagun’s Colloquios”, en Studies on Culture and Society, vol. ii, Albany, Institute for Mesoamerican Studies-State University of New York, 1988, pp. 65-82, y Christian Duverger, La conversión de los indios de la Nueva España, con el texto de los Coloquios de los doce de Bernardino de Sahagún (1564), México, Fondo de Cultura Económica, 1993. 123 Coloquios y doctrina cristiana: los diálogos de 1524 según el texto de fray Bernardino de Sahagún y sus colaboradores indígenas, op. cit., pp. 130-131. 124 Ibid., pp. 116-117. 125 Ibid., pp. 128-129. 126 Ibid., pp. 124 y 126. 127 Para datos básicos de la vida y obras de Sahagún, véase M. León-Portilla, Bernardino de Sahagún, op. cit., y José Rubén Romero Galván y Pilar Máynez (coords.), El universo de Sahagún: pasado y presente, México, Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de México, 2007. 128 Ascensión Hernández de León-Portilla, Tepuztlahcuilolli, impresos en náhuatl: historia y bibliograf ía, vol. ii, México, Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1988, pp. 353-358. 129 Bernardino de Sahagún: diez estudios acerca de su obra, edición e introducción de Ascensión Hernández de León-Portilla, México, Fondo de Cultura Económica, 1990, p. 9. 130 Véanse Walden Browne, Sahagún and the Transition to Modernity, Norman, University of Oklahoma Press, 2000, y David Mauricio Solodkow, “Fray Bernardino de Sahagún y la paradoja etnográfica: ¿erradicación cultural o conservación enciclopédica?”, en The Colorado Review of Hispanic Studies, vol. 8, 2010, pp. 203-223. 131 D. de Landa, op. cit., p. ix. 132 J. de Mendieta, op. cit., vol. ii, p. 246. Con este capítulo, Mendieta cierra la historia de la conversión al cristianismo de los indígenas. El siguiente apartado (Libro v) lo dedica a la biograf ía de los franciscanos más sobresalientes.

mero de obras que escribió, únicamente se publicó en su momento su Psalmodia christiana. El resto de sus obras manuscritas se publicaron siglos después y para fines del siglo xx llevaban ya veinticinco reproducciones.128 Entre ellas sobresale el Códice Florentino, en el que Sahagún recoge lo que León-Portilla llama “la visión del mundo de la gente de habla náhuatl, así como la que tenían ellos de sí mismos y de sus vecinos mesoamericanos”.129 Esta obra se ha prestado a múltiples y contradictorias interpretaciones por parte de investigadores modernos.130 Lo que resulta obvio es que en ella se encuentra lo que Ángel María Garibay consideraba el inventario de la cultura indígena: […] tan hondo y tan completo, que no podrán los arqueólogos de milenios, a pesar de sus afanes de desenterrar huellas cristalizadas de lo que fue, dejar de acudir a esos informantes que, con genial mirada, recogen, de quien se va a la oscuridad de la muerte, lo que tendrá que ser iluminación de su propia vida.131 A m aner a de conclusión

Quedaría incompleto este capítulo sin una reflexión final. La tomaré de fray Jerónimo de Mendieta quien, después de haber iniciado su Historia eclesiástica con una entusiasmada opinión sobre el cristianismo indiano, cuya gente, dice, es la “más dispuesta y aparejada para salvar sus ánimas”, termina su libro con una doliente apropiación de las lamentaciones del profeta Jeremías. Escribe en el último capítulo de su obra: “[…] (si para componer endechas tuviera la gracia), me venía muy a pelo asentarme con Jeremías sobre nuestra indiana Iglesia”.132 Nuestro autor, que escribió hacia finales del siglo xvi, lamenta el ocaso de la nobleza indígena, los abusos de los españoles con el trabajo de los indios en sus estancias y trapiches y la codicia impulsada, según él, por un visitador (Jerónimo de Valderrama) que llegó a “acrecentar tributos y apellidar dinero”, razones por las que, de acuerdo con Mendieta, cayó en ruinas la “Iglesia indiana”. Interesantes observaciones que nos están diciendo lo que a los actuales historiadores nos cuesta aceptar: la cristianización del mundo indígena en el siglo xvi se realizó en etapas y con cambios, producto tanto de la sociedad como del gobierno y de la Iglesia, temas que dan material para otros capítulos.


El episcopado y el clero secular en la Nueva España, siglos xvii-xviii antonio cano castillo*

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Los misioneros mendicantes tuvieron el mérito de implantar el cris-

episcopado novohispano. Esperamos que esta presentación ponga de

tianismo durante la primera mitad del siglo xvi en los territorios

relieve los aspectos más sobresalientes de los obispos que dejaron un

donde habían florecido las grandes culturas de Mesoamérica. Esa pri-

legado histórico importante en nuestra nación durante los tres siglos

mera fase, caracterizada por la creatividad de los métodos de evangeli-

del periodo virreinal.

zación de los indios, se fue transformando conforme se fueron creando las instituciones de la Iglesia diocesana: la erección de los obispados

Las diócesis

y el nombramiento de sus prelados, la aplicación de los decretos del

La delimitación territorial de las diócesis novohispanas fue realizada

Concilio de Trento (1545-1563), la ratificación del derecho de patro-

por las autoridades de la monarquía española por el derecho de patro-

nato de la monarquía española bajo el reinado de Felipe II y la funda-

nato que poseían, pero la erección canónica de las mismas le corres-

ción del Tribunal de la Inquisición.

pondía a la Santa Sede. Se tomaron en cuenta para su creación las áreas

Los obispos de la primera generación de la Iglesia novohispana,

geográficas y culturales ya existentes en la época prehispánica: las

como Juan de Zumárraga o Vasco de Quiroga, influenciados por el

primeras diócesis que se fundaron —Tlaxcala (1525) y México (1530)—

humanismo del Renacimiento, se inspiraron en la Iglesia primitiva

se establecieron en los territorios donde habitaban las etnias indíge-

para fundar y organizar sus diócesis, formar a los futuros sacerdotes

nas de habla náhuatl, otomí, mazahua, matlatzinca, huasteca, totonaca,

y reformar a su clero. Con la aplicación de los decretos tridentinos en

chontal, mazateca, yope, tepehua, popolaca y mixteca, es decir, en el

la Iglesia novohispana, los obispos condujeron a la Iglesia con los li-

Altiplano central mexicano; la diócesis de Antequera-Oaxaca se eri-

neamientos jurídicos y pastorales que el concilio había ofrecido a la

gió en 1535 en la región de los indios zapotecas y mixtecos; el obispado

Iglesia universal. Así, las iniciativas de adaptación del cristianismo a

de Michoacán, en 1536, en el territorio de los indios purépechas, y las

la realidad cultural de las etnias americanas pasaron a segundo tér-

diócesis de Chiapas (1539) y Yucatán (1561), en el área de los indíge-

mino; lo que entonces importaba era vigilar la ortodoxia de la fe, afirmar

nas mayas. El avance español hacia el norte de la Nueva España a raíz

los postulados teológicos que los protestantes negaban e impulsar las

del descubrimiento de yacimientos mineros y ricas tierras agrícolas

devociones propias de la Contrarreforma.

hizo urgente la cristianización de los indios nómadas por medio de la

En el Siglo de las Luces, los obispos novohispanos colaboraron

actividad misionera y la atención de los nuevos pobladores con la crea-

con la monarquía borbónica en la aplicación de una serie de reformas

ción de la estructura diocesana. Se fundaron así las diócesis de Guada-

en la Iglesia, como garantes de la ortodoxia y la disciplina, pero tam-

lajara en 1548 y Durango en 1620. En las últimas décadas del periodo

bién como defensores del regalismo. Ciertamente, varios prelados ilus-

virreinal se erigieron también los obispados de Linares, en el Nuevo

trados se distinguieron por su responsabilidad en el ejercicio de sus

Reino de León, en 1777, y de Arizpe, en Sonora, en 1779, en el con-

deberes episcopales tal como lo exigía el Concilio de Trento, así como

texto reformador de los monarcas de la dinastía de los borbones.1

por su interés en mejorar las condiciones materiales de sus feligreses

Esas diócesis conformaron la provincia eclesiástica de la Nueva

y por impulsar la cultura, formar a los eclesiásticos y combatir las

España, cuya sede metropolitana era la diócesis de México, creada

prácticas idolátricas y supersticiosas de los indios.

por el papa Paulo III el 12 de febrero de 1546, mediante la bula Super

El presente capítulo ofrece un panorama general de los obispos y clérigos seculares que condujeron pastoralmente las diócesis que integran el actual territorio mexicano; se basa en la información que ofrecen algunos documentos inéditos, en las biograf ías episcopales elaboradas en la época que estudiamos y en las investigaciones especializadas sobre el tema. Abundan los estudios que dan a conocer la trayectoria de los obispos, pero hacen falta estudios globales que ayuden a comprender las tendencias pastorales, culturales y políticas del

* Universidad Pontificia de México, Ciudad de México, México.

1 Para las bulas de erección de las diócesis novohispanas, véase America pontificia, primi saeculi evangelizationis, 1493-1592: documenta pontificia ex registris et minutis praesertim in Archivo Secreto Vaticano existentibus, vol. i, edición de Josef Metzler, Ciudad del Vaticano, Libreria Editrice Vaticana, 1991, pp. 174-176, 198-201, 309-310, 325-327 y 390392, y Colección de bulas, breves y otros documentos relativos a la Iglesia de América y Filipinas, t. ii, dispuesta, anotada e ilustrada por Francisco Javier Hernáez, Bruselas, Imprenta de Alfredo Vromant, 1879, pp. 60, 67, 85 y 87.

257


p. 256

Autor no identificad o

Alegoría de la monarquía española con los reinos de México y Perú (detalle), ca. 1770 Autor no identificad o

Gremial de fray Juan de Zumárraga, ca. 1539 E s c u e l a i ta l i a n a

El Concilio de Trento (sesión 23, 15 de julio de 1563, en la nave principal de la catedral de San Vigilio de Trento), segunda mitad del siglo xvi

como el nacimiento de legítimo matrimonio, edad mínima de cuarenta años, rectitud de vida, sólida preparación académica con el grado de doctor en teología o derecho canónico, haber recibido las órdenes sagradas por lo menos con seis meses de anticipación, así como la capacidad para conducir una sede episcopal.3 Los candidatos que cumplían con dichos requisitos eran presentados por el monarca español al papa, en virtud del derecho de patronato, para que les confiriera la institución canónica de su oficio. No se puede negar que los reyes tuvieron cuidado de nombrar a los clérigos mejor preparados y más dignos para ocupar las sedes episcopales de la Nueva España. La misma Iglesia exigía a los obispos una calidad de vida moral al afirmar en el tercer Concilio Provincial Mexicano, celebrado en 1585: “[…] la integridad de los que mandan es la salud de los súbditos”.4 El procedimiento para designar a los obispos comenzaba con la conformación de una terna de candidatos, elaborada por los funcionarios de la Cámara del Consejo de Indias, quienes tomaban en cuenta los requisitos exigidos por el Concilio de Trento. La terna era presentada al rey para que, en el ejercicio de su derecho como patrono en la Iglesia, pudiera elegir al indicado. En cuanto a la preparación intelecuniversas orbis ecclesias. Además de las diócesis sufragáneas men-

tual de los obispos novohispanos, la mayoría poseía un grado acadé-

cionadas que se fundaron en el actual territorio mexicano, pertenecían a

mico de las universidades más renombradas de la península ibérica,

esta provincia, desde sus orígenes, los obispados de Guatemala, Verapaz

como las de Salamanca, Alcalá de Henares, Sigüenza, Sevilla, Granada

y Manila. Una vez establecidas las diócesis, sus obispos organizaban

o de las fundadas en América, como las de México, Lima o San Carlos

la estructura eclesial a través de la creación de cabildos eclesiásticos, la

de Guatemala. Entre los candidatos al episcopado, varios poseían di-

construcción de catedrales y la fundación de colegios o seminarios

plomas universitarios, como el obispo electo de Guatemala, Hernán

para la formación del clero.

Ortiz de Hinojosa (1541-1598), que obtuvo los títulos de maestro en

2

258

artes, doctor en teología y doctor en derecho canónico en la UniverL a elección canónica de los obispos

sidad de México,5 y el obispo de Puebla, Domingo Pantaleón Álvarez

n o v o h i s pa n o s

de Abreu (1743-1763), que poseía un doctorado en derecho canónico

En el procedimiento para la elección de los obispos novohispanos se

por la Universidad de Ávila antes de ser elegido para el episcopado.6

observaban las indicaciones canónicas señaladas por el Concilio de

Gracias a la información recabada sobre los obispos novohispanos

Trento y los requisitos dispuestos por la monarquía hispánica. El

sabemos que la mayoría de ellos estudiaron en las universidades de

concilio exigía requisitos específicos a los candidatos al episcopado,

Salamanca y Alcalá. Mientras que el Concilio de Trento exigía a los candidatos al epis-

2 Véase America pontificia, primi saeculi evangelizationis, 1493-1592: documenta pontificia ex registris et minutis praesertim in Archivo Secreto Vaticano existentibus, op. cit., pp. 524-526, y Ernesto Schäfer, El Consejo Real y Supremo de Indias: historia y organización del Consejo y de la Casa de Contratación de las Indias, t. ii, Sevilla, Escuela de Estudios Hispano-Americanos-Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1947, pp. 199-201. 3 Véase “Concilio de Trento”, sesión vii: Super reformatione, canon 1, y sesión xxii: De reforma, canon 2, en Les conciles œcuméniques, t. ii-2 : les décrets de Trente à Vatican II, edición de Giuseppe Alberigo, París, Éditions du Cerf, 1994, pp. 687 y 738. 4 Véase “Tercer Concilio Provincial Mexicano”, libro iii, título i, decreto 1°, párrafo 1: De officio episcoporum et vitae puritate, en Decretos del Concilio Tercero Provincial Mexicano (1585), vol. ii, edición de Luis Martínez Ferrer, México, El Colegio de Michoacán/ Universidad Pontificia de la Santa Cruz, 2009, p. 375. 5 Archivo General de Indias (en adelante, agi), Sevilla, México 214, doc. 9, y Archivo Histórico de la Secretaría de Salud, México, Fondo Congregación de San Pedro, libro i, f. 12. 6 Véase Juan Pablo Salazar, “Domingo Pantaleón Álvarez de Abreu, 1743-1763”, en Anuario Mexicano de Historia del Derecho, vol. xviii, 2006, pp. 253-271, y Manuel Lobo Cabrera, “La biblioteca de Domingo Pantaleón Álvarez de Abreu, arzobispo de Santo Domingo”, en Anuario de Estudios Atlánticos, núm. 35, 1989, pp. 417-438. 7 Véase Adeline Rucquoi, Valladolid au Moyen Âge (1080-1480), París, Publisud, 1993, pp. 278-311, y Marie-Claude Gerbet, La Noblesse dans le royaume de Castille: étude sur ses structures sociales en Estrémadure (1454-1516), París, Sorbonne, 1979.

copado una sólida preparación intelectual para que pudieran desempeñar con eficacia su ministerio, la monarquía española motivaba a sus eclesiásticos a estudiar con el fin de que pudieran ejercer alguna encomienda en la burocracia imperial. En la sociedad feudal del tardomedievo, el noble de sangre fue remplazado por el letrado para ocupar cargos de gobierno en la administración pública y en la Iglesia, con lo que se conformaba la “nobleza de función”. Los miembros de esta nueva élite recibían una sólida formación intelectual en las universidades, y para recompensar sus servicios y aumentar su prestigio social, los reyes les concedían títulos nobiliarios y a los eclesiásticos les conferían altos cargos en la Iglesia.7 Sobre la experiencia de gobierno que los candidatos debían poseer para conducir sus diócesis, los datos indican que los designados entre las órdenes religiosas habían ejercido ya diversos cargos en sus comunidades, como los de prior, comisario, provincial o visitador. Domingo Villaescusa Ramírez de Arellano había sido superior general


de la orden jerónima cuando fue nombrado obispo de Chiapas en

periodo. Las peticiones de algunos prelados, promovidos a mediados

1640 y promovido a la diócesis de Yucatán en 1651.8 Por lo que se

del siglo xvii, ilustran lo costoso que resultaba este procedimiento.

refiere a los clérigos seculares elegidos para el episcopado, la mayor

Marcelo López de Azcona, presentado para la sede metropolitana de

parte de ellos habían sido canónigos en algún cabildo catedral, cate-

México en 1651, solicitaba al rey la concesión de la tercera parte de la

dráticos de la universidad, oficiales de la Inquisición, visitadores en

renta de la sede vacante del arzobispado, desde la muerte de su ante-

sus diócesis o vicarios generales. La promoción de los miembros del

cesor, Juan de Mañozca, para financiar el pago de sus bulas, el palio

cabildo catedral de México al episcopado y que ejercieron su minis-

arzobispal y los costos del viaje a México; para justificar su solicitud,

terio durante el siglo xvii y las primeras décadas del xviii esclarece

apelaba a la concesión otorgada a su antecesor, a quien se le habían

la tendencia de las autoridades peninsulares en la designación de los

despachado cédulas para gobernar su obispado mientras llegaban sus

clérigos que realizaban su ministerio en las catedrales de Indias. En-

bulas de Roma. Diego Osorio de Escobar y Llamas también solicitaba

tre los prebendados de la catedral de México fueron promovidos seis

la tercera parte de la vacante del obispado de Puebla, en 1655, para

deanes, cinco arcedianos, cinco chantres, tres maestrescuelas, dos te-

pagar, ante el tesorero de la Cámara del Consejo de Indias, quinientos

soreros y tres canónigos.

pesos de ocho reales en plata doble por la mesada del dicho obispado,

9

Conformada la terna, los oficiales de la Cámara del Consejo la pre-

que le había prestado su fiador, don Lope de Figueroa. Los obispos

sentaban al rey para que éste eligiera al que creía merecedor de la dig-

recién nombrados también buscaban de manera urgente recursos fi-

nidad episcopal. Enseguida, el monarca comunicaba al obispo electo

nancieros para poder sostener a los empleados que los acompañaban

su designación para saber si aceptaba la encomienda con el fin de emi-

para su servicio personal.11

tirle la real provisión de nombramiento y para que el papa le confiriera la institución canónica. Realizados estos trámites, el obispo electo hacía la profesión de fe ante el representante pontificio y el juramento de obediencia al patronato ante el oficial mayor de la escribanía de la Cámara del Consejo Real de Indias. Finalmente, el rey extendía las cartas ejecutoriales para que quien había sido electo pudiera ser consagrado y tomara posesión de su sede episcopal.10 El procedimiento no sólo requería de un tiempo prolongado, sino también costos que el clérigo nominado tenía que financiar, con las consecuentes complicaciones para la toma de posesión de las diócesis americanas, muy distantes de Europa. Ésa era la razón por la que algunos clérigos renunciaban a la promoción o solicitaban préstamos a personajes pudientes para financiar sus trámites, con la repercusión negativa para las diócesis, que permanecían vacantes durante un largo

8 Véase Francisco Antonio Lorenzana, Concilios provinciales primero, y segundo, celebrados en la muy noble, y muy leal Ciudad de México, presidiendo el Illmo. y Rmo. Señor D. Fr. Alonso de Montúfar, en los años de 1555, y 1565, México, Br. Joseph Antonio de Hogal, 1769, p. 358. 9 British Library, Londres, Documentos Históricos Mexicanos 101, Arzobispado de México, 4183 k.2, f. 442v. Véase también Antonio Cano Castillo, El clero secular en la diócesis de México (1519-1650): estudio histórico-prosopográfico a la luz de la legislación regia y tridentina, México, El Colegio de Michoacán/Universidad Pontificia de México, 2017, pp. 727-769. 10 Para el procedimiento en el nombramiento de los obispos de Durango, véase Guillermo Porras Muñoz, Iglesia y Estado en Nueva Vizcaya (1562-1821), México, Instituto de Investigaciones Jurídicas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1980, pp. 102-124. 11 “Cartas y expedientes de personas eclesiásticas, 1650-1666”, en agi, Audiencia de México 306, Cámara, 22 de enero 1651, 12 de abril 1652 y 22 de marzo 1655.

259


C r i t e r i o s d e s e l e c c i ó n d e l a m o n a r q u í a e s pa ñ o l a

260

Los monarcas españoles no sólo tomaban en cuenta las normas canónicas del Concilio de Trento para la elección de un obispo; tam-

Luis Berrueco ( a c t i v o e n l a p r i m e r a m i ta d d e l s i g l o x v i i i )

Patrocinio de la Inmaculada sobre el cabildo catedralicio angelopolitano, 1750

bién se fijaban en los méritos que habían adquirido los eclesiásticos por sus servicios a la Corona. Los reyes de la Casa de Austria tuvieron una especial preferencia por los eclesiásticos que desempeñaban funciones en el Santo Oficio de la Inquisición, tal como se evidenció

siglo xviii encontramos pocos obispos surgidos entre los funcionarios

en la designación de varios obispos de la Nueva España. En la sede de

inquisitoriales, debido a la poca estima que los reyes Borbones con-

México fueron funcionarios de la Inquisición Alonso de Montúfar,

cedieron a esa institución.12

Pedro Moya de Contreras, Alonso Fernández de Bonilla, Francisco

Juan de Ortega y Montañés fue uno de los funcionarios de la In-

Verdugo, Juan de Mañozca y Juan de Ortega y Montañés, quienes po-

quisición designado por la monarquía española para asumir altos car-

seían una formación teológica o jurídica que los capacitaba para cus-

gos en la Iglesia y en el virreinato de la Nueva España. Originario de

todiar la ortodoxia de la fe y las buenas costumbres en las diócesis

Llanes, en el principado de Asturias, estudió derecho civil en la Uni-

con mayor número de clérigos y feligreses que se encontraban bajo la

versidad de Alcalá de Henares. Después de desempeñarse como fis-

jurisdicción inquisitorial, como México, Puebla y Michoacán. Para el

cal en el Tribunal de la Inquisición en la Nueva España (1662-1671) fue promovido a las sedes episcopales de Durango (1673-1675), Gua-

Mencionamos a otros obispos que habían sido inquisidores antes de ser promovidos al episcopado: en la diócesis de Puebla, Diego Romano, Gutierre Bernardo de Quirós, Diego Osorio de Escobar y Llamas y Juan de Santo Matías Sáenz de Mañozca; en Michoacán, Juan de Ortega y Montañés, Felipe Ignacio Trujillo y Guerrero y Pedro Anselmo Sánchez de Tagle; en la sede episcopal de Guadalajara, Alonso Fernández de Bonilla y Francisco Santos García de Ontiveros y Martínez; en la diócesis de Yucatán, a mediados del siglo xviii, dos de sus obispos, de la orden franciscana, habían ejercido el oficio de calificadores del Santo Oficio, Mateo de Zamora y Penagos y Francisco de San Buenaventura Tejada y Díez de Velasco. Véase Solange Alberro, Inquisición y sociedad en México, 1571-1700, México, Fondo de Cultura Económica, 1993, pp. 83-84. 13 Véase Francisco Sosa, El episcopado mexicano: biograf ía de los iIlmos. señores arzobispos de México, t. ii, México, Jus, 1962, pp. 50-69, y Ernesto de la Torre Villar (coord.), Instrucciones y memorias de los virreyes novohispanos, t. i, México, Porrúa, 1991, p. 651. 12

temala (1675-1682), Michoacán (1682-1699) y México (1699-1708). Debido a la renuncia del obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, a su nombramiento como virrey de Nueva España, Ortega Montañés asumió esa encomienda después de la salida del conde de Galve en 1696 y, más adelante, en 1702, ya como arzobispo de México, fue designado otra vez virrey, en sustitución de Francisco Fernández de la Cueva, segundo duque de Alburquerque.13 En la presentación de los candidatos, el rey consideraba también las condiciones materiales de las sedes episcopales, sus necesidades pastorales y la disponibilidad de los obispos electos para aceptar la


encomienda. No todos los candidatos aceptaban una diócesis pobre,

sejo de Indias, del 24 de mayo de 1666, fueron presentados como can-

alejada de la capital del virreinato y poblada por indios, como fue el

didatos los obispos Payo Enríquez de Rivera, de Guatemala, Juan Sáenz

caso del deán de la catedral de México, Alonso de la Mota y Escobar,

de Mañozca, de Santiago de Cuba, y el arzobispo de Santo Domingo,

quien rechazó en un primer momento las diócesis de Nicaragua y

Francisco de la Cueva y Maldonado. La elección recayó en el fraile

Panamá, pero aceptó más adelante la sedes de Guadalajara y Tlaxcala-­

agustino Payo Enríquez de Rivera, quien de inmediato fue ascendido

Puebla. Para esas sedes marginales se necesitaba nombrar a clérigos

al arzobispado de México en 1668, por lo que ya no pudo tomar po-

desinteresados y con espíritu misionero que buscaran exclusivamen-

sesión de la sede de Michoacán. Esto llevó a la elaboración de una

te la salud espiritual de sus feligreses. Es probable que ésa haya sido

nueva terna en 1668, conformada por el arzobispo de Manila, Miguel

la razón por la que se proponía a los clérigos regulares para las diócesis

de Poblete Casasola; el obispo de Nueva Vizcaya, Juan de Gorospe y

con mayor presencia de indígenas y de religiosos doctrineros. Tal fue

Aguirre, y el fraile agustino Francisco Sarmiento de Luna, quien fi-

el caso de la diócesis de Michoacán en el siglo xvii, donde fueron

nalmente fue designado; más adelante, al ser promovido a la diócesis

nombrados tres agustinos: Baltasar de Covarrubias (1608-1622), Payo

de Almería, fueron propuestos para sustituirlo, en 1672, el obispo de

Enríquez de Rivera (quien no tomó posesión) y Francisco Sarmiento

Guadalajara, Francisco Verdín de Molina; el de Yucatán, fray Luis de Ci-

de Luna (1668-1674); un franciscano: Marcos Ramírez de Prado (1639-­

fuentes, y el obispo electo de Chiapas, Manuel Fernández de Santa Cruz

1666), y dos mercedarios: Alonso Enríquez de Toledo (1624-1628) y

y Sahagún. Como murieron los dos primeros y Fernández de Santa

Francisco de Rivera (1630-1637). Sólo hasta el último cuarto de siglo

Cruz había sido promovido a la sede de Puebla, Francisco Verdín, que

se nombraron clérigos seculares. En la diócesis de Chiapas única-

había sido elegido en la terna, ya no pudo tomar posesión de la sede

mente fueron nombrados cuatro obispos del clero secular durante el

de Michoacán.16

14

siglo xvii: Bernardino de Salazar y Frías (1623-1627), Marcos Bravo de la Serna (1673-1680), Cristóbal Bernardo de Quirós (1660-1670) y Manuel Fernández de Santa Cruz en 1672, quien no tomó posesión porque de inmediato fue promovido a la diócesis de Guadalajara.

15

La conformación de varias ternas para suceder al obispo Marcos Ramírez de Prado en la sede de Michoacán muestra los criterios seguidos por las autoridades regias en la designación de un obispo en una sede episcopal: en la consulta propuesta por la Cámara del Con-

14 Véase Magnus Lundberg, “Alonso de la Mota y Escobar: ambición y santidad en la Nueva España, siglos xvi y xvii”, en Lillian von der Walde Moheno y Mariel Reinoso Ingliso (eds.), Virreinatos II, México, Destiempos, 2013, pp. 83-85. 15 Véase José Bravo Ugarte, Diócesis y obispos de la Iglesia mexicana, 1519-1939, México, Buena Prensa, 1941, pp. 29, 42-43, y Colección de bulas, breves y otros documentos relativos a la Iglesia de América y Filipinas, op. cit., pp. 80 y 82-83. 16 Véase Fernando de Arvizu, “Criterios para la provisión de sedes episcopales en Indias (1651-1675)”, en Anuario de Historia del Derecho Español, núm. 77, 2007, p. 57.

261


Autor no identificad o

Fray Payo Enríquez de Rivera, siglo xvii Autor no identificad o

Arzobispo Miguel de Poblete, siglo xvii

Podríamos preguntar sobre los criterios que se siguieron para la elección de estos obispos en la diócesis de Michoacán. La primera respuesta la encontramos en la importancia económica del obispado, que se reflejaba en la percepción del diezmo. La primera terna la conformaban obispos de diócesis con rentas menores a la de Michoacán, y si bien Francisco de la Cueva estaba en una sede metropolitana, el cambio significaba un ascenso en su carrera eclesiástica.17 En la segunda terna podemos observar que, además de la importancia económica de las diócesis, se consideraban los méritos de los candidatos para promoverlos a una sede de mayor relevancia: Miguel de Poblete poseía una trayectoria personal notable, pues obtuvo un doctorado en teología por la Universidad de México en 1631; además, fue canónigo de la catedral de México en 1637 y maestrescuela del cabildo de Puebla en 1641; en el arzobispado de México ejerció los oficios de examinador sinodal, vicario de los conventos de religiosas de la Ciudad de México y visitador general del arzobispado. El virrey, conde de Salvatierra, lo nombró juez, obrero mayor y tesorero de la fábrica material de la catedral de Puebla en 1644, y el obispo Juan de Palafox en 1647 lo recomendó al rey por sus letras, capacidad y virtud.18 El segundo candidato, Juan de Gorospe y Aguirre, era hijo de Jerónima de Vega y Juan de Aguirre, quien se desempeñó en el oficio de contador de las galeras de España; en 1632 obtuvo el grado de doctor en derecho canónico en la Universidad de México; fue cura interino y juez eclesiástico del curato de las minas de Taxco y de las parroquias de Santa Fe y de Ozolotepec y, más adelante, cura propietario y juez 263

eclesiástico de Texupilco y Tenango del Valle, todas ellas pertenecientes al arzobispado de México. Obtuvo una ración en el cabildo de México en 1647, de donde fue promovido a una canonjía cinco años más tarde.19 El tercer candidato, Francisco Sarmiento de Luna, era hijo de Diego Sarmiento de Sotomayor y Leonor de Luna Enríquez,

las excepciones fueron Felipe Ignacio Trujillo y Guerrero (1711-1720),

condes de Salvatierra. Su hermano, Antonio Sarmiento de Luna y

distinguido funcionario de la Inquisición de Barcelona y Sicilia, y los

Enríquez, fue el primer obispo de Coria y después de Sigüenza. En

deanes de la catedral de México, Luis Fernando de Hoyos y Mier

1644, Francisco recibió la ordenación de manos de Francisco Manso

(1773-1776) y Juan Ignacio de la Rocha (1777-1782).21

y Zúñiga, arzobispo de Burgos; alcanzó el grado de maestro en ambos derechos en la Universidad de Salamanca. Fue canónigo de Sevilla y después de Salamanca, en donde se desempeñó como rector de su universidad; a la postre profesó en la orden de San Agustín, donde fue predicador del rey. En 1668 fue presentado para el obispado de Michoacán; hizo su profesión y juramento en Madrid ante el nuncio pontificio y fue consagrado en 1670 por el obispo de Guadalajara, Francisco Verdín y Molina.20 En esta elección puede observarse que la ascendencia nobiliaria y los servicios prestados a la monarquía terminaban inclinando la balanza hacia los candidatos que poseían una destacada trayectoria. Cabe subrayar, finalmente, que la diócesis de Michoacán era considerada una sede importante para la promoción de los obispos de diócesis marginales y al mismo tiempo trampolín para acceder a las sedes más relevantes, como las de Puebla y México. Casi todos sus obispos del siglo xvii fueron promovidos de otra diócesis episcopal, con excepción de Francisco Sarmiento de Luna. En el siguiente siglo,

17 En 1626 la masa del diezmo en esas sedes era inferior a la que se recolectaba en la diócesis de Michoacán: 9 mil pesos en Guatemala, 4 mil pesos en Cuba, 5 mil pesos en Santo Domingo y 14 mil pesos en Michoacán; véase British Library, Additional, ms. 13 974, doc. 35, ff. 169-169v. Para el año 1759, el salario anual de los obispos novohispanos ascendió considerablemente en pesos: Manuel Rubio y Salinas (México) percibía 60 mil; Domingo Pantaleón Álvarez de Abreu (Puebla), 60 mil; Pedro Anselmo Sánchez de Tagle (Michoacán), 40 mil; Buenaventura Blanco y Elguero (Oaxaca), 8 046; Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejeda (Guadalajara), 7 mil ; José Vidal de Moctezuma (Chiapas), 6 mil; Pedro Tamarón y Romeral (Durango), 5 mil, e Ignacio Padilla y Estrada (Yucatán), 4 999. Véase Roberto Jaramillo Escutia, “La fundación de la actual estructura eclesiástica mexicana”, en Efemérides Mexicana, vol. 16, núm. 48, 1998, p. 387. 18 agi, Indiferente General 193, doc. 18, 8 de noviembre de 1647. 19 agi, Indiferente General 2998, doc. 9. 20 Véase la biograf ía del obispo Francisco Sarmiento de Luna, en Diccionario biográfico español de la Real Academia de la Historia, disponible en https://dbe.rah.es/biografias/ 83730/francisco-sarmiento-de-luna; consultado en octubre de 2021. 21 En la segunda mitad del siglo xvii, la diócesis de Michoacán se convirtió en una sede para el ascenso de sus prelados; Marcos Ramírez de Prado (1639-1666), Payo Enríquez de Rivera, Francisco de Aguiar y Seijas (1678-1681) y Juan de Ortega y Montañés (1682-1699) fueron promovidos al arzobispado de México y García Legaspi a la diócesis de Puebla (1704-1706). Véase F. J. Hernáez, op. cit., pp. 80-81.


Autor no identificad o

Alegoría de la Suma teológica de Tomás de Aquino (detalle), siglo xviii

agustinos.27 Siguiendo el ejemplo de Palafox, los demás obispos novohispanos intentaron someter bajo su autoridad a los religiosos doctrineros en sus diócesis durante la segunda mitad del siglo xvii. Los conflictos se acrecentaron cuando los regulares se apoyaron en los virreyes y gobernadores, que buscaban disminuir la autoridad episcopal en el escenario político de la Nueva España.28 Los decretos tridentinos aplicados en la Iglesia novohispana re-

L a a c t i v i d a d pa s t o r a l d e l o s o b i s p o s

Los obispos novohispanos vieron limitada su autoridad episcopal no

forzaron la autoridad de los obispos sobre los clérigos y religiosos,

sólo por los efectos del Patronato Regio, sino también por los privile-

pero los prelados no pudieron limitar la autoridad regia en los asuntos

gios que la Santa Sede había concedido a las órdenes mendicantes

exclusivos de su competencia episcopal. El Concilio de Trento exigía

misioneras y por la autoridad que habían adquirido los cabildos cate-

a las autoridades civiles el respeto de la inmunidad eclesiástica con el

drales en sede vacante. El concilio tridentino había insistido particu-

fin de contrarrestar el poder de los nobles, que acaparaban los bene-

larmente en la reforma moral de los obispos más que en la reflexión

ficios eclesiásticos para aumentar su prestigio y riquezas. Apoyados

teológica sobre el episcopado, con el fin de fortalecer su autoridad

en este canon eclesiástico, los obispos novohispanos demandaron el

sobre los clérigos, religiosos y laicos y, a su vez, realizar la reforma

respeto de los derechos de la Iglesia al indicar que sólo ellos podían

eclesiástica en sus diócesis. De esta manera, los obispos poseían una

conferir los beneficios eclesiásticos a los clérigos y solicitaron al mo-

limitada autoridad frente al clero de sus diócesis y el Real Patronato,

narca español que amonestara a los oidores cuando violentaran di-

pero sin duda una postura más autónoma frente a la Santa Sede.

chos derechos, como el concerniente al fuero eclesiástico.29

La autoridad episcopal de los obispos fue contestada en primer

Entre las principales responsabilidades pastorales de los obispos

lugar por los canónigos de las catedrales novohispanas, tal como acon-

se encontraban la predicación de la palabra de Dios, la enseñanza de

teció en el arzobispado de México a mediados del siglo xvii. Con la

la doctrina cristiana a sus feligreses, la administración de los sacra-

promoción del arzobispo Francisco Manso y Zúñiga a la diócesis de

mentos —en especial la confirmación—, la formación del clero y la

Cartagena en 1637, la sede episcopal de México careció del gobierno

conducción pastoral de su diócesis.30 A pesar de la extensión territo-

efectivo de un obispo de 1637 a 1643, debido a la muerte de su suce-

rial de sus obispados, la diversidad de lenguas, la dispersión de los

sor, Francisco Verdugo, antes de tomar posesión del arzobispado, y

indígenas y la falta de misioneros, como lo expresaba Bernardo de

porque Juan de Palafox y Mendoza, quien había sido propuesto, no

Alburquerque en 1577, los obispos de Nueva España cumplían con

aceptó. Más adelante, con la salida a España de Mateo de Sagade y

esos deberes.31 Para la enseñanza de la doctrina cristiana, los prela-

Bugueiro en 1661, la diócesis de México quedó una vez más práctica-

dos tomaron algunas medidas concretas: obligación de los sacerdotes

mente sin la conducción de su pastor hasta 1668; ello se debió a que el obispo de Puebla, Diego Osorio de Escobar y Llamas, no aceptó el nombramiento en 1664; Alonso de Cueva y Dávalos, obispo de Antequera-Oaxaca, murió antes de tomar posesión, y Marcos Ramírez de Prado sólo gobernó seis meses, de noviembre de 1666 a mayo de 1667.22 El vacío en el gobierno de una diócesis por la ausencia de su obispo empoderaba a los cabildos catedrales, a los que correspondía conducir los obispados en sede vacante y, al mismo tiempo, permitía a la autoridad secular intervenir en los asuntos de la competencia diocesana, tal como sucedió con la llegada del arzobispo Sagade y Bugueiro, quien por esos motivos tuvo problemas con el virrey Alburquerque y el cabildo catedral de México.23 Los obispos también tuvieron que imponer su autoridad sobre los religiosos con el fin de contrarrestar los privilegios que éstos habían adquirido para la administración de los sacramentos y que los exentaba de la autoridad episcopal en su actividad misionera.24 En el tercer Concilio Provincial Mexicano los prelados novohispanos aplicaron la prescripción tridentina que los facultaba para supervisar el trabajo pastoral y la disciplina de los frailes doctrineros que ejercían el oficio de curas en las poblaciones indígenas, en especial cuando realizaban la visita pastoral a sus diócesis.25 Si bien el rey Felipe II avaló esta disposición, al mismo tiempo pidió a los prelados que no despojaran a los religiosos de sus doctrinas.26 Uno de los primeros obispos que hicieron efectiva la aplicación de esta norma canónica fue Juan de Palafox en la diócesis de Puebla, a partir de 1640, amparado en su cargo de visitador de la Nueva España. Como los frailes no aceptaban que el obispo examinara sus conocimientos doctrinales y su dominio de las lenguas indígenas, les fueron quitadas varias doctrinas de indios: treinta a los franciscanos, cinco a los dominicos y cinco a los

Para el ejercicio episcopal de los arzobispos de México en esos años, véase F. Sosa, op. cit., t. i, pp. 169-302, y t. ii, pp. 5-15. 23 Véase María Leticia Pérez Puente, Tiempos de crisis, tiempos de consolidación: la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, 1653-1680, México, Centro de Estudios sobre la Universidad-Universidad Nacional Autónoma de México/Plaza y Valdés/El Colegio de Michoacán, 2005, pp. 67-74. 24 Los religiosos se encontraban investidos por la autoridad pontificia para celebrar los sacramentos que requería la facultad episcopal, con excepción de la administración del sacramento del orden sagrado. Estos privilegios fueron concedidos por el papa Adriano VI por el breve Exponi nobis, el 9 de mayo de 1522. Véase Pedro Leturia, “El Regio Vicariato de Indias y los comienzos de la Congregación de Propaganda Fide”, en Relaciones entre la Santa Sede e Hispanoamérica, t. i, Caracas, Sociedad Bolivariana de Venezuela, 1959, pp. 124-126. 25 Véase “Tercer Concilio Provincial Mexicano”, libro iii, título i, De visitatione propriae provinciae, párrafo iii, en Decretos del Concilio Tercero Provincial Mexicano, op. cit., p. 387. 26 Véase Alberto María Carreño, Un desconocido cedulario del siglo xvi perteneciente a la Catedral Metropolitana de México, México, Victoria, 1944, doc. 191, pp. 360-364. 27 “Por las religiones de Santo Domingo, San Francisco y San Agustín de las Provincias de la Nueva España en defensa de las doctrinas de que fueron removidos de hecho sus religiosos doctrineros: por el ilustrísimo Sr. D. Juan de Palafox y Mendoza, obispo de Tlaxcala, del Consejo de su Majestad en la Real y Supremo de Indias”, en British Library, Papeles tocantes a la Iglesia española, 1625-1790, 4745 f 11/17, ff. 22v-23. 28 Véase Antonio Rubial García, “La mitra y la cogulla: la secularización palafoxiana y su impacto en el siglo xvii”, en Relaciones: Estudios de Historia y Sociedad, vol. xix, núm. 73, 1998, pp. 239-272. 29 Véase “Concilio de Trento”, sesión xxii: De reforma, canon xi, en Les conciles œcuméniques, op. cit., p. 741, y “Tercer Concilio Provincial Mexicano”, libro iii, título viii: De rebus ecclesiae conservandis, párrafo 1, en Decretos del Concilio Tercero Provincial Mexicano, op. cit., p. 461. 30 Véase “Tercer Concilio Provincial Mexicano”, libro i, título i, decreto 2°: De praedicatione verbi Dei, párrafo 1, en ibid., pp. 209-211, y libro iii, título i, decreto 3°: De doctrina cura, párrafo 1, en ibid., pp. 379-381. 31 Véase “Carta al rey del obispo de Antequera, valle de Oaxaca, fray Bernardo de Alburquerque”, en Enrique Dussel, El episcopado hispanoamericano: institución misionera en defensa del indio, 1504-1620, t. i, Cuernavaca, Centro Intercultural de Documentación, 1971, pp. 170-179 (apéndice documental). 22

265


Autor no identificad o

Pedro Moya de Contreras, siglo xvii M at e o G ó m e z ( a c t i v o e n l a p r i m e r a m i ta d d e l s i g l o x v i i i )

Arzobispo Juan Pérez de la Serna, siglo xviii

Los obispos novohispanos se distinguieron también por la protección que brindaban a los indígenas, aunque en determinadas circunstancias, guiados por su celo pastoral, utilizaban métodos represivos para reprender a aquellos que se alejaban de la práctica cristiana. Esta protección consistía en defenderlos de las injusticias cometidas por los españoles, como lo hicieron los agustinos Juan de Medina Rincón, obispo de Michoacán (1572-1588), y Juan de Zapata y Sandoval, obispo de Chiapas (1613-1621) y Guatemala (1621-1630), quienes denunciaron con cartas y tratados teológico-jurídicos a las autoridades regias locales por el maltrato a los indios en sus obispados.33 El momento privilegiado que tenían los obispos para poner en práctica sus deberes pastorales ocurría en las visitas a sus diócesis. Estaban obligados a realizarlas todos los años por sí mismos o por medio de sus clérigos delegados, en caso de que estuvieran legítimamente impedidos; si la diócesis era muy extensa, podían efectuar la visita pastoral cada dos años; la finalidad de estas visitas era “introducir y propagar la doctrina santa y ortodoxa, extirpar las herejías, proteger y fomentar las buenas costumbres, corregir las descarriadas, inflamar al pueblo con exhortaciones y amonestaciones a la religión, paz e inocencia”.34 Los padres reunidos en el tercer Concilio Provincial Mexicano, al aplicar ese decreto tridentino, indicaban el procedimiento de la visita pastoral, la cual debía realizarse por lo menos cada dos años en todas las parroquias que integraban el territorio diocesano.35 La visita del arzobispo José de Lanciego y Eguilaz a la doctrina franciscana de Cuernavaca muestra el procedimiento prescrito por el Concilio Pro266

vincial: el prelado era recibido con solemnidad por el cura y los fieles con el fin de exaltar su autoridad episcopal; después de presentar el y catequistas de enseñar los artículos de fe con el catecismo elabora-

edicto de la visita, celebraba la misa, administraba el sacramento de

do por el tercer Concilio Provincial, combate a la idolatría de los in-

la confesión y confirmación a los fieles, inspeccionaba los lugares sa-

dios, traducción del catecismo a las lenguas indígenas, instrucción

grados y objetos del culto y examinaba a los feligreses sobre el cate-

cristiana obligatoria a los fieles que recibirían algún sacramento y

cismo; posteriormente investigaba sobre la práctica de las costumbres

control de las ediciones de los libros religiosos.

para comprobar que no existieran concubinatos, idolatría o embria-

32

guez; revisaba las cofradías e inspeccionaba el trabajo pastoral de los 32 Véase “Tercer Concilio Provincial Mexicano”, libro i, título i, decreto 3°: De doctrina christiana, párrafo 1, en Decretos del Concilio Tercero Provincial Mexicano, op. cit., p. 215; “Catechismus Concilii Provincialis Mexicani Tertii”, en Actas del Simposio Internacional “Historia de la evangelización de América: identidad y esperanza de un continente”, Ciudad del Vaticano, Pontificia Commissio pro America Latina/Libreria Editrice Vaticana, 1992, pp. 323-352, y Ernest J. Burrus, “The Author of the Mexican Council Catechisms”, en The Americas, vol. xv, núm. 2, octubre de 1958, pp. 179-181. 33 Véase “Carta al rey del obispo de Michoacán, fray Juan de Medina Rincón, 30 de octubre de 1582”, en E. Dussel, op. cit., t. i, vol. 8, pp. 188-199 (apéndice documental); Teófilo Aparicio López, “Juan de Sandoval y Zapata, insigne prelado mexicano y defensor de los indios”, en Archivo Agustiniano, vol. 87, núm. 205, 2003, pp. 307-331, y Francisco Quijano Velasco, Las repúblicas de la monarquía: pensamiento constitucionalista y republicano en Nueva España, 1550-1610, México, Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de México, 2017, pp. 209-261. 34 Véase “Concilio de Trento”, sesión xxiv: De reformatione, canon 3, en Les conciles œcuméniques, op. cit., p. 762. 35 Véase “Tercer Concilio Provincial Mexicano”, libro iii, título i, decreto 4°: De visitatione suae provintiae, párrafo 1, en Decretos del Concilio Tercero Provincial Mexicano, op. cit., p. 385. 36 Véase “Tercer Concilio Provincial Mexicano”, libro v, título i: De visitationibus, párrafo 1, en ibid., pp. 575-581, y Rodolfo Aguirre Salvador (coord.), Visitas pastorales del arzobispo de México, 1715-1722, vol. i, México, Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación-Universidad Nacional Autónoma de México, 2016, pp. 171-192.

clérigos cuando visitaba todas las iglesias o ermitas de la parroquia o doctrina, la decencia de las construcciones y de las imágenes para la veneración; supervisaba también hospitales, cofradías y demás obras pías, observando que se cumplieran los estatutos de su fundación, así como los testamentos; evaluaba si el párroco contaba con los libros de bautismo, confirmación, matrimonio y defunciones y que estuvieran al corriente; además, supervisaba que tuvieran los instrumentos de pastoral como el catecismo, el directorio de confesores, el libro de decretos, los aranceles y ejemplares del tercer Concilio Provincial; por último, indagaba si los curas llevaban una vida ejemplar, revisaba si tenían actualizadas sus licencias para predicar y confesar e investigaba si en la parroquia se respetaban los aranceles autorizados. El reporte de la visita pastoral debía quedar asentado en un libro y se debía proceder con justicia en los gastos que contraía dicha visita, sin excederse en demandas ni abusar de los pobladores.36 El estudio global de los obispos novohispanos muestra que la mayoría de ellos cumplieron con esta obligación, a pesar de la extensión


268

territorial de sus circunscripciones eclesiásticas y de la multitud de

la visita en el siglo posterior. Algunos obispos que ejercieron su mi-

lenguas indígenas existentes en las parroquias. Ya desde finales del si-

nisterio episcopal en varias diócesis se distinguieron por haber reali-

glo xvi, los prelados observaban esta indicación tridentina, tal como

zado la visita en todas ellas, como Alonso de la Mota y Escobar, en las

lo refería el arzobispo de México, Pedro Moya de Contreras, cuando

diócesis de Guadalajara y Puebla; Marcos Ramírez de Prado, en las dió-

escribió al rey Felipe II, el 24 de abril de 1579: “[…] a finales de febre-

cesis de Chiapas y Michoacán, y Francisco de Aguiar y Seijas, en Mi-

ro, entré a México, después de haber visitado toda la diócesis”. Más

choacán y México.38

tarde, el obispo de Puebla, Diego Romano, comentaba que “[…] a pe-

Como hemos señalado, los obispos investigaban la instrucción

sar de lo extenso de los obispados de América, yo pude visitar toda

religiosa de los indígenas en la visita pastoral. En mayo de 1610, el ar-

mi diócesis”, y el obispo de Yucatán, Gregorio de Montalvo, afirmaba

zobispo Francisco García Guerra, en su reporte de la visita realizada

que había visitado tres veces su diócesis.

durante la Semana Santa, informaba sobre el descubrimiento de prác-

37

En la información obtenida sobre el trabajo pastoral de los obispos

ticas idolátricas difundidas entre los indios, a diez leguas de la Ciu-

que condujeron sus diócesis en los siglos sucesivos se observa que los del

dad de México, en un pueblo cuyo nombre no menciona, las cuales

centro del territorio de la Nueva España —México y Puebla— fueron

resucitaban así sus antiguos ritos y ceremonias. Nombró como jue-

los que menos realizaron la visita a sus comunidades parroquiales,

ces a dos curas para realizar la información y castigar a los idólatras.

mientras que los de las diócesis de Michoacán, Chiapas, Guadalajara,

Después envió al rey el contenido de la carta que el cura Pedro Ponce

Yucatán y Nueva Vizcaya sí cumplieron con esa prescripción durante el

de León le había escrito sobre el castigo que les había infligido a los

siglo xvii. En las dos últimas sedes, sus prelados realizaron también

culpados y le comunicó su intención de enviar a todo el arzobispado a una persona para investigar la existencia de la idolatría y castigar a

Véase la carta del arzobispo de México don Pedro Moya de Contreras, en Cartas de Indias, Madrid, Atlas, 1974, p. 219; E. Dussel, op. cit., vol. 5, p. 81, y Diego López de Cogolludo, Historia de Yucatán [1688], t. i, México, Academia Literaria, 1957, pp. 394-395. 38 Se han publicado varias visitas pastorales: Juan de Palafox y Mendoza, Relación de la visita de parte del obispado de la Puebla de los Ángeles (1643-1646), edición de Bernardo García Martínez, México, Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Puebla, 1997; Magnus Lundberg, “Relación de la visita pastoral del arzobispado de México de Juan de Mañozca y Zamora, 1646”, en Historia Mexicana, vol. 58, núm. 2, 2008, y R. Aguirre Salvador (coord.), op. cit. 39 agi, México 337, 7 de mayo de 1610, ff. 3-3v. 37

los culpables.39 Si bien la erradicación de la idolatría en el arzobispado de México comenzó en el Valle de Toluca bajo el episcopado de García Guerra, continuó en la provincia de Cuixcatlán (en el actual estado de Guerrero), con el impulso que le dio el arzobispo Juan Pérez de la Serna. El clero secular ejercía una influencia importante en las dos regiones de la diócesis, lo que explica que la extirpación haya sido más eficaz en las parroquias atendidas por los seculares. A partir de 1613,


Autor no identificad o

Plano del arzobispado de México, siglo xviii

Francisco Núñez de la Vega, también elaboró unas Constituciones diocesanas del obispado de Chiapa, en 1692, después de haber concluido sus visitas pastorales en su obispado; el texto es el resultado de una necesidad pastoral-legislativa para regular las actividades de los curas párrocos y frailes doctrineros, así como un subsidio para dar a conocer las idolatrías de los indígenas, con la finalidad de extirparla de sus comunidades.45

el arzobispo Pérez de la Serna confió a Hernando Ruiz de Alarcón,

Podemos concluir este apartado diciendo que la visita pastoral

cura de Atenango del Río, la misión de buscar y castigar a los idóla-

también representaba un gran acontecimiento para los habitantes del

tras. Nombrado por el virrey Luis de Velasco II cura de Atenango y

virreinato, quienes no solamente conocían a su pastor, sino también

Zacango, en la provincia de Taxco, el 4 de enero de 1608, Ruiz de Alar-

a un representante de su rey.

cón continuó sus funciones judiciales hasta su muerte, en 1635.40 Los obispos que estaban imposibilitados por su avanzada edad o

L a pa r t i c i pa c i ó n d e l o s o b i s p o s e n l a v i d a

enfermedad para cumplir con la visita pastoral delegaban su autori-

p o l í t i c a d e l v i r r e i n at o

dad en alguno de sus sacerdotes para que la realizaran en su nombre.

La Corona española confirió a los obispos novohispanos un papel

Jacinto de la Serna, el mismo día que fue nombrado por el arzobispo

importante en la conducción del virreinato, ya fuera en circunstan-

Francisco Manso y Zúñiga cura de Jalatlaco en 1631, recibió la enco-

cias políticas complicadas o en el interinato de los virreyes, de manera

mienda como visitador general del arzobispado y examinador sino-

que aprovechaba la autoridad moral que detentaban los eclesiásticos

dal, “[…] por su excelente conocimiento del náhuatl, por sus buenas

para controlar a los diversos actores políticos y sociales. El primer

letras, su virtud y por sus cualidades de predicador de españoles e

prelado que representó al rey en Nueva España fue Pedro Moya de

indios”. Posteriormente, el arzobispo Juan de Mañozca y Zamora lo

Contreras, en 1583. Durante el siglo xvii, varios obispos asumieron

llevó consigo en la visita pastoral del año 1646, porque conocía bien

esa encomienda como virreyes interinos: fray Francisco García Guerra

el náhuatl y, más tarde, lo envió a concluir él solo la visita de las pa-

fue nombrado para sustituir a Luis de Velasco en 1610; el obispo de

rroquias del arzobispado.41

Puebla, Juan de Palafox y Mendoza, reemplazó al duque de Escalona

La extirpación de la idolatría de los indios también la promovie-

en 1642, quien, según el prelado, había sido destituido por su cerca-

ron los demás obispos en sus diócesis, después de conocer su arraigo

nía con los Braganza, que se habían rebelado contra la monarquía

durante sus visitas pastorales. Los prelados de la diócesis de Ante-

española. De acuerdo con lo prescrito en las leyes de Indias, el interi-

quera-Oaxaca se distinguieron por combatirla: Diego de Hevia y Valdés

nato en la función de virrey le correspondía a la Real Audiencia, pero

(1653-1656) compuso su Relación auténtica de las idolatrías, supers-

en el virreinato de la Nueva España, debido a los abusos de poder y

ticiones, vanas observaciones de los indios del obispado de Oaxaca;

corruptelas de los oidores en las primeras décadas del siglo xvii, el

Isidro Sariñana y Cuenca (1682-1696) celebró autos de fe y construyó

cargo se puso en manos de los prelados. En 1648 le correspondió a

cárceles para idólatras y Ángel Maldonado (1702-1728) y Francisco

Marcos de Torres y Rueda, obispo de Yucatán, reemplazar al virrey

Santiago y Calderón (1728-1736) intentaron erradicar la idolatría de

conde de Salvatierra, que fue destituido por el conflicto que había te-

sus feligreses.42 Los obispos impulsaron y autorizaron tratados de ex-

nido con el visitador Juan de Palafox. En 1664 fue propuesto como

tirpación de la idolatría de los indios, como el manual que compuso

virrey el obispo de Puebla, Diego Osorio de Escobar y Llamas, aun-

el cura poblano Diego Jaimes Ricardo Villavicencio, titulado Luz y

que declinó a dicho nombramiento, juntamente con la encomienda de

método de confesar idólatras y destierro de idolatrías (1692). La obra

arzobispo de México. Nueve años más tarde, el arzobispo Payo Enrí-

está dedicada a Isidro Sariñana, obispo de Oaxaca, con quien Villavi-

quez de Rivera asumió la autoridad virreinal por la muerte inesperada

cencio había comenzado su actividad contra la idolatría de los indios,

del recién nombrado duque de Veragua; permaneció en el cargo du-

y contiene dos cartas, una del obispo de Puebla, Manuel Fernández

rante siete años (1673-1680). Al finalizar el siglo, en 1696, el obispo

de Santa Cruz, y otra del obispo de Chiapas, Francisco Núñez de la Vega, firmada en Ciudad Real el 16 de noviembre de 1692, en las que ambos se congratulan por la obra de Villavicencio.43 Esto indica que en el periodo de la evangelización, mientras los misioneros consideraban la idolatría de los indios como una manifestación del paganismo prehispánico, los obispos y curas tridentinos la juzgaban como una apostasía, debido a que los indígenas que la practicaban eran ya cristianos bautizados. Muy distinta fue la concepción del clero ilustrado del siglo xviii, que veían en la idolatría y la superstición una manifestación de la ignorancia religiosa de los indígenas ya cristianizados. La visita pastoral permitía al obispo conocer la fe de sus feligreses indígenas, además del comportamiento y el trabajo pastoral de sus clérigos. Después de observar la realidad pastoral de sus comunidades en las visitas, los prelados elaboraban legislaciones canónicas para el buen gobierno de sus diócesis, tal como lo hizo el obispo de Michoacán, Marcos Ramírez de Prado, que compuso unas Ordenanzas generales de visita para su obispado, en 1642.44 El obispo de Chiapas,

40 Archivo General de la Nación (en adelante, agn), México, Bienes Nacionales 822, exp. 5, México, 5 de mayo de 1635 (hojas sueltas); “Cédulas reales para la provisión de beneficios y curatos del arzobispado de México, 1600-1630”, en agn, Bienes Nacionales 1253, exp. 1, y Jacinto de la Serna, Manual de ministros de indios para el conocimiento de sus idolatrías, y extirpación de ellas [1656], México, Imprenta del Museo Nacional, 1892, p. 294. 41 Véase A. Cano Castillo, op. cit., pp. 520-521. 42 Véase F. A. Lorenzana, op. cit., pp. 312 y 314-315. 43 Véase Ramón Manuel Pérez Martínez, “La carta inserta en ‘Luz y método de confesar idólatras’ (1692): un caso de variación de estado”, en Hipogrifo: Revista de Literatura y Cultura del Siglo de Oro, vol. 7, núm. 1, 2019, pp. 653-663. 44 Véase Jorge Eugenio Traslosheros Hernández, “Por Dios y el rey: las ordenanzas de fray Marcos Ramírez de Prado para el obispado de Michoacán, 1642”, en Brian F. Con­ naughton y Andrés Lira (coords.), Las fuentes eclesiásticas para la historia de México, México, Universidad Autónoma Metropolitana/Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 1996, pp. 191-217. 45 Véase las Constituciones diocesanas del obispado de Chiapa, hechas y ordenadas por Núñez de Vega, edición de María del Carmen León Cázares y Mario Humberto Ruz, México, Instituto de Investigaciones Filológicas y Centro de Estudios Mayas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1988.

269


Autor no identificad o

Marcos de Torres y Rueda, 1648 R a món Torres ( a c t i v o e n l a s e g u n d a m i ta d d e l s i g l o x v i i i )

Retrato del virrey y arzobispo don Alonso Núñez de Haro y Peralta y del abad don José Félix Colorado, ca. 1785

nómicos, con el fin de apoyar a una u otra autoridad en disputa: los oidores, el clero secular y regular, los cabildos eclesiásticos y seculares y los oficiales de otras instituciones virreinales, como la Inquisición. En el último tercio del siglo xvi había ya una presencia considerable de criollos en la sociedad novohispana, entre los que se encontraban muchos clérigos. Esta homogeneidad le dio fuerza política al clero en el debate político-religioso que agitaba a la Nueva España, a partir de una doble confrontación entre criollos y peninsulares, por una parte, y clérigos seculares y regulares, por la otra. En esos conflictos, los virreyes apoyaban por lo general a los frailes, mientras que los arzobispos preferían a los clérigos seculares y a los criollos. Cuando en 1621 el virrey marqués de Gelves comenzó a poner en práctica las reformas propuestas por el conde-duque de Olivares para sanear las instituciones del virreinato, pero con una actitud intransigente, se opusieron los grupos que tenían importantes intereses políticos, económicos y religiosos, entre los que se encontraban principalmente los miembros de la Audiencia de México. Los oidores se habían caracterizado por corruptelas desde que asumieron el poder después del interinato del arzobispo García Guerra y que los llevó a confronde Michoacán, Juan de Ortega y Montañés fue nombrado virrey. En

tarse con su sucesor, el marqués de Guadalcázar, a quien lograron

el siglo xviii correspondió gobernar el virreinato a Ortega Montañés

destituir para obtener otra vez el poder. La firmeza del marqués de

(1701-1702) por segunda ocasión, así como a los arzobispos Juan An-

Gelves generó la revuelta del 15 de enero de 1624 que lo confrontó

tonio de Vizarrón y Eguiarreta (1734-1740) y Alonso de Núñez de

con esos grupos de poder, liderados por el arzobispo Juan Pérez de la

Haro y Peralta (1787).

Serna. Así, mientras que las órdenes mendicantes y una parte de los

46

Los obispos, en especial aquellos que gobernaban las sedes epis270

copales más relevantes, como México y Puebla, tuvieron varios con-

habitantes de origen peninsular apoyaban al virrey, los clérigos seculares y los criollos sostenían al arzobispo.47

flictos con los virreyes, generados por diversos motivos, como la

Más adelante, Juan de Palafox, visitador del virreinato y obispo

infracción de los protocolos que se debían observar en una sociedad

de Puebla, se confrontó con el marqués de Villena, cuando el prelado

que valoraba el honor y el orden jerárquico en las ceremonias religio-

intentó ordenar la administración virreinal apoyándose en las autori-

sas o civiles, las antipatías personales que iban surgiendo entre las

dades locales, pertenecientes al grupo de los criollos. Otro obispo de

máximas autoridades del virreinato, la intromisión en las respectivas ju-

Puebla, Diego Osorio de Escobar y Llamas, ante la ausencia del arzo-

risdicciones y las denuncias de corrupción, clientelismo o nepotismo

bispo de México, enfrentó al virrey Juan Francisco Leyva y de la Cerda,

de ambas autoridades. Ciertamente, esas crisis eran el reflejo de si-

conde de Baños, de 1662 a 1664, en apoyo a los criollos, que eran des-

tuaciones políticas o económicas complicadas en el Imperio español

plazados debido al favoritismo del virrey hacia su familia, y en defen-

en esa época. En tales circunstancias, los diversos grupos de poder del

sa de los indígenas que estaban siendo explotados por las corruptelas

virreinato tomaban partido según sus propios intereses políticos o eco-

de los allegados al virrey, lo que provocó la revuelta de los indios de

Para los obispos virreyes de la Nueva España durante el siglo xvii, véase Alicia Mayer, “El imperio de las Indias: Nueva España durante el reinado de Felipe IV”, en José Martínez Millán, Rubén González Cuerva y Manuel Rivero Rodríguez (dirs.), La corte de Felipe IV (1621-1665): reconfiguración de la monarquía católica, t. iv, vol. 4: Cortes virreinales y gobernaciones americanas, Madrid, Polifemo, 2018, pp. 1897-1911, y Pierre Ragon, “Entre reyes, virreyes y obispos, la ‘corrupción’ en debate (Nueva España, siglo xvii)”, en Francisco Andújar Castillo y Pilar Ponce Leiva (coords.), Congreso Internacional “Debates sobre la corrupción en el mundo ibérico, siglos xvi-xviii”, Madrid, Facultad de Geograf ía e Historia-Universidad Complutense de Madrid, 2017. 47 Véase Jonathan I. Israel, Race, Class and Politics in Colonial Mexico, 1610-1670, Londres, Oxford University Press, 1975, pp. 136-160, y Noel James Stowe, The Tumulto of 1624: Turmoil at Mexico City, tesis de doctorado, Los Ángeles, University of Southern California, 1970, pp. 184-256. 48 Véase Pierre Ragon, “Servir la Couronne: les faux-pas du comte de Baños, vice-roi de la Nouvelle Espagne (1660-1664)”, en Anuario de Estudios Americanos, vol. 67, núm. 1, 2010, pp. 157-187. La gestión del obispo Juan de Palafox como virrey se encuentra en el informe que presentó a su sucesor, el conde de Salvatierra, en 1642. Véase E. de la Torre Villar (coord.), op. cit., pp. 412-476. 46

Tehuantepec. En esos conflictos observamos de nuevo que los virreyes apoyaban a los clérigos regulares, y los arzobispos, que provenían del clero secular, a los seculares y criollos.48 Es interesante analizar la gestión del obispo Juan de Ortega y Montañés como virrey de la Nueva España a través del informe que entregó a su sucesor, el conde de Moctezuma, en el que se indicaban los asuntos que tenían ocupado a un obispo virrey. Este prelado asumió dicha función en dos ocasiones: en 1696 fue nombrado por el último monarca de la dinastía de los Austrias, Carlos II, para reemplazar a Gaspar de la Cerda Sandoval Silva y Mendoza, conde de Galve, y en 1702 fue designado virrey por el primer monarca de la dinastía de los Borbones, Felipe V, en sustitución de Francisco Fernández de la Cueva, segundo duque de Alburquerque. De esta manera, a Ortega Montañés le correspondió conducir el virreinato durante la transición de la


Atribuido a M i g u e l C a b r e r a ( 1 6 9 5 - 1 7 6 8 ) La proclamación pontificia del patronato de la Virgen de Guadalupe sobre el reino de la Nueva España, ca. 1756 En José Andrés Gastón y Balbuena, Libro de coro canto llano, p. 282 (detalle), México, Vicente Gómez, 1789

dinastía regia en el Imperio español. En la relación que transmitió a su sucesor, el conde de Salvatierra, el obispo virrey informaba, en primer lugar, lo concerniente al gobierno temporal: la situación de los diversos sectores de la sociedad —entre los que se encontraban peninsulares, negros e indios— y la escasez de alimentos, así como lo referente al comercio, minería, labranza y desagüe. Posteriormente transmitiría un informe sobre el estado eclesiástico secular, en el que declaraba que el Real Patronato era respetado y que los obispos hacían cumplir los cánones tridentinos en sus diócesis; en especial, en la selección de los eclesiásticos, en la necesidad de promover al sacerdocio únicamente a los candidatos que poseyeran suficiente congrua para sustentarse, debido al excesivo número de eclesiásticos, y en la urgencia de impedir que los clérigos acudieran al papa para solicitar la dispensa por “defectu natalium” con el fin de recibir las órdenes sagradas. Pedía que se remediara el excesivo número de religiosos y religiosas en las comunidades, porque algunos no tenían el sustento necesario y vestido digno, y por último expresaba que la relación entre los obispos y curas doctrineros de las órdenes religiosas había sido pacífica.49 Los obispos y el clero secular contribuyeron también a la formación de la conciencia nacional a través de la difusión que dieron a la de-

lado con el apóstol Juan, quien tuvo la visión de una mujer vestida del

voción de la Virgen de Guadalupe, que se convertiría en un símbolo

sol y coronada con doce estrellas, en la isla de Patmos. Para Sánchez,

del nacionalismo criollo. Los arzobispos de México fueron los prime-

Juan de Zumárraga y sus obispos sufragáneos, como sucesores de los

ros que la autorizaron, difundieron y consolidaron. En 1556, Alonso

apóstoles, estaban simbolizados en las estrellas de la corona de la

de Montúfar autentificó el relato de las apariciones de Guadalupe,

Virgen.53 Esta relación simbólica la asumieron los sucesores de Zumá-

justo cuando impulsaba el establecimiento del clero secular en las doc-

rraga, de manera que se convirtieron en grandes promotores del culto

trinas de indios. A partir de esa fecha, el clero secular permaneció

guadalupano en los siglos sucesivos. En 1695, el arzobispo Francisco

íntimamente unido a esta devoción.50 A mediados del siglo xvii, tres

de Aguiar y Seijas, para difundir la devoción guadalupana, patrocinó la

sacerdotes seculares la impulsaron con la redacción de las obras más

escritura y publicación de la obra Estrella del Norte, del jesuita Fran-

importantes sobre el acontecimiento guadalupano: en 1648, Imagen

cisco de Florencia, y puso la primera piedra del templo de Guadalu-

de la Virgen María de Guadalupe, de Miguel Sánchez, que ofrece una

pe. Años más tarde, el arzobispo José de Lanciego y Eguilaz obtuvo la

interpretación teológica a la tradición piadosa; en 1649, El gran acon-

bula y real cédula para la erección de la Colegiata de Guadalupe. Con

tecimiento con que se le apareció la Señora Reina del cielo Santa María,

motivo de la peste que azotó a la Nueva España en 1737, se imploró la

de Luis Lasso de la Vega, capellán de Guadalupe, escrita en náhuatl

intercesión de la Virgen de Guadalupe, y el arzobispo Juan Antonio de

para difundir la devoción entre los indios en su lengua materna, y, en

Vizarrón y Eguiarreta recibió y solemnizó el juramento del Patronato

1666, Felicidad de México en la admirable aparición de la Virgen Ma-

de Nuestra Señora de Guadalupe para la Ciudad de México. Su sucesor,

ría, Nuestra Señora de Guadalupe, en la que Luis Becerra Tanco ofre-

Manuel José Rubio y Salinas, erigió la Colegiata de Guadalupe y ob-

ce datos históricos sobre el acontecimiento. Estas obras se inspiraron

tuvo de la Santa Sede la confirmación del Patronato Universal de Gua-

en el relato de Antonio Valeriano, titulado Nican mopohua, escrito

dalupe para la América Septentrional, en 1747.54

inmediatamente después de la disputa surgida entre al arzobispo Alonso de Montúfar y el provincial de los franciscanos, Francisco de Bustamante, en 1556.51 En torno a la devoción de la Virgen de Guadalupe, los criollos comenzaron a formar un cuerpo social compacto, hostil a los peninsulares, que los desplazaban de los cargos principales de la administración eclesiástica y civil de la Nueva España.52 Los arzobispos de México sintieron la responsabilidad de custodiar la imagen de la Virgen de Guadalupe y promover su devoción, de acuerdo con la tradición que atribuía la aparición guadalupana al primer obispo de México, Juan de Zumárraga. El padre Miguel Sánchez dio el fundamento teológico a esta asociación, que se elaboró entre el obispo de México y el acontecimiento guadalupano al relacionar al pre-

49 “Informe del virrey Ortega”, en British Library, Additional 28, 204, Papeles Mexicanos 1669-1749, vol. 7, 1697, ff. 294-299. Este informe del obispo virrey está publicado en E. de la Torre Villar (coord.), op. cit., pp. 651-745. 50 Véase Edmundo O’Gorman, Destierro de sombras: luz en el origen de la imagen y culto de Nuestra Señora de Guadalupe del Tepeyac, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1986, pp. 38-40 y 69-72, y Serge Gruzinski, La guerre des images, de Christophe Colombe à “Blade Runner”, 1492-2019, París, Fayard, 1990, pp. 150-156. 51 Véase Ernesto de la Torre Villar y Ramiro Navarro de Anda (comps.), Testimonios históricos guadalupanos, México, Fondo de Cultura Económica, 1982, pp. 26-35. 52 Véase Jacques Lafaye, Quetzalcóatl y Guadalupe: la formación de la conciencia nacional de México, México, Fondo de Cultura Económica, 1991, pp. 350-356. 53 Véase Miguel Sánchez, Imagen de la Virgen María de Dios de Guadalupe [1648], en E. de la Torre y R. Navarro de Anda (comps.), op. cit., p. 162. 54 Para la participación de los arzobispos de México en la erección de la Colegiata de Guadalupe, véase Gustavo Watson Marrón, El templo que unió a Nueva España: historia del

273


Autor no identificad o

Fue así como la devoción a la Virgen de Guadalupe motivó el

Francisco Lorenzana y Buitrón, siglo xviii

sentimiento nacional de los criollos, hasta convertirse en una ideología que se expresó en la lucha por la Independencia de México, en la que los clérigos criollos tuvieron una participación muy activa. El papel de los curas Miguel Hidalgo y Costilla y José María Morelos y Pavón en la Guerra de Independencia es bien conocido. William Taylor ha dado una lista de curas, en la que ha contabilizado hasta ciento cua-

El regalismo de los monarcas borbones, que buscaban moderni-

renta y ocho que apoyaron de manera activa a las fuerzas insurgentes

zar los métodos de gobierno en sus posesiones americanas, afectó la

entre los años de 1810 y 1815.55

libertad de acción de la Iglesia novohispana y las prerrogativas que había adquirido en años precedentes. Dentro de ese proyecto reformista,

274

El regalismo borbónico y los obispos ilustr ados

los obispos tuvieron un papel determinante en la conformación de una

El periodo del absolutismo europeo se caracterizó por la desigualdad

Iglesia modelada por el regalismo y la Ilustración católica, pero siem-

social, que se manifestaba en el predominio de la nobleza y, al mismo

pre en la línea tradicional de una “Ecclesia semper reformanda” (“la

tiempo, por la injerencia del poder regio en los asuntos internos de la

Iglesia siempre se reforma”), que tenía como referencia a la Iglesia de

Iglesia. Esta desigualdad se reflejaba también entre los ministros de

los primeros siglos.58 El proyecto se concretó primero con la reforma

la Iglesia, con una fuerte presencia de la nobleza en el alto clero que

del clero regular al prohibir la fundación de nuevos conventos en Amé-

condicionaba la imagen del episcopado, con lo que se creaba el tipo

rica (1717), la admisión de más novicios (1734) y la intervención en

del obispo aristocrático. Debido a la intromisión de los reyes absolu-

la redacción de los testamentos (1754). Con ello, la Corona buscaba

tistas en los asuntos de la Iglesia, se limitaba la autoridad del papa y se

debilitar a las órdenes religiosas que escapaban a su control, debido a

condicionaban las relaciones de la Iglesia con las monarquías católicas.

su dependencia directa de superiores que residían fuera del Imperio

El Estado absolutista sostenía a la Iglesia con muchos privilegios, pero

español y por sus considerables posesiones materiales. Para lograr su

después la sometía a sus propios fines a través del jurisdiccionalismo,

objetivo, las autoridades regias atacaron a las comunidades religiosas,

que se expresa en el regalismo.56 Si bien el origen noble del episcopa-

privándolas de sus privilegios y exenciones, y las sometieron a la auto-

do europeo comportó efectos negativos en cuanto a su calidad, como

ridad de los obispos. Por su parte, los prelados denunciaban inobser-

lo muestran algunos casos escandalosos de incapacidad e indignidad

vancias en las obligaciones propias de la vida religiosa en las monjas

entre los obispos, como Charles-Maurice de Talleyrand en Francia, en

y frailes, en especial las que tenían que ver con la observancia de la

Hispanoamérica la situación fue distinta, debido a que los reyes esco-

vida común y del voto de pobreza. Fue así como se unieron el poder

gían a los obispos con más cuidado, por sus dotes pastorales y teológi-

regio y eclesiástico para realizar la reforma de las órdenes religiosas,

cas. En este ambiente regalista, la autoridad de los obispos en sus

tal como se expresó en el cuarto Concilio Provincial Mexicano, cele-

diócesis se veía limitada por la exención jurídica del clero regular, los

brado en 1771.59 Por su manifiesta lealtad al monarca español, el episco-

privilegios y la autonomía de muchos cabildos catedrales, y el nom-

pado también colaboró en la expulsión despótica de la Compañía de

bramiento de párrocos por medio de los señores del lugar, con el esta-

Jesús en 1767. Entre los obispos más entusiastas de esta medida regia

tus de inamovibles. Al mismo tiempo, los prelados poseían una

estaba el arzobispo de México, Francisco Antonio Lorenzana y Buitrón,

relativa y creciente autonomía frente a la Santa Sede, que se expresa-

y el obispo de Puebla, Francisco Fabián y Fuero, quienes reprobaban a

ba en el episcopalismo.57

la Compañía de Jesús por su laxismo moral y su insubordinación a la autoridad episcopal, que se expresaba en su oposición a la canoni-

Santuario y Colegiata de Guadalupe, extramuros de México, en el siglo xviii, México, Porrúa, 2012, pp. 167-298. 55 Véase William B. Taylor, Ministros de lo sagrado: sacerdotes y feligreses en el México del siglo xviii, vol. ii, México, El Colegio de Michoacán/Secretaría de Gobernación/El Colegio de México, 1999, pp. 680-690 y 727-732. 56 El jurisdiccionalismo se refiere a los derechos que hacían valer las monarquías absolutistas sobre los asuntos eclesiásticos. 57 Para la relación de la Iglesia con las monarquías absolutistas europeas, véase Giacomo Martina, La Chiesa nell’età dell’assolutismo, del liberalismo, del totalitarismo, vol. 2, Brescia, Morcelliana, 1989, pp. 7-42. 58 Para las reformas borbónicas y la Iglesia, véase David A. Brading, Una Iglesia asediada: el obispado de Michoacán, 1749-1810, México, Fondo de Cultura Económica, 1994; W. B. Taylor, op. cit., pp. 27-49, y María del Pilar Martínez López-Cano y Francisco Javier Cervantes Bello (coords.), Reformas y resistencias en la Iglesia novohispana, México, Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de México/Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2014, pp. 251-396. 59 Véase Luisa Zahino Peñafort, El cardenal Lorenzana y el IV Concilio Provincial Mexicano, México, Porrúa/Universidad Nacional Autónoma de México/Universidad de Castilla-La Mancha/Cortes de Castilla-La Mancha, 1999, libro iii, título xvi: De los regulares y las monjas, párrafos 1° y 17°, pp. 221 y 227. 60 Elisa Luque Alcaide, “Debates doctrinales en el IV Concilio Provincial Mexicano (1771)”, en Historia Mexicana, vol. lv, núm. 1, 2005, pp. 42-45. 61 Véase María Teresa Álvarez Icaza Longoria, “La reorganización del territorio parroquial de la arquidiócesis de México durante la prelacía de Manuel Rubio y Salinas (1749-1765)”, en Hispania Sacra, vol. xliii, núm. 128, 2011, pp. 501-518, y Óscar Mazín, “Reorganización del clero secular novohispano en la segunda mitad del siglo xviii”, en Relaciones, núm. 39, 1989, pp. 69-86.

zación del obispo de Puebla, Juan de Palafox, con quien los ignacianos se habían confrontado fuertemente en el siglo precedente.60 Esta reforma buscó reemplazar a los frailes doctrineros —que atendían pastoralmente a los indígenas— por clérigos seculares, con el fin de promover el tipo de buen pastor y maestro respetuoso, bajo la autoridad de su obispo. En cumplimiento de las disposiciones de Fernando VI, presentadas en las cédulas reales de 1749 y 1753, los prelados lograron la secularización de las doctrinas que no habían podido realizar sus predecesores. El arzobispo Manuel José Rubio y Salinas fue el primero en aplicar estas ordenanzas reales en las doctrinas del arzobispado de México, que fueron continuadas por los demás obispos en sus diócesis durante la segunda mitad del siglo xviii.61 Mientras los frailes habían evangelizado y asistido espiritualmente a los indios en sus propias lenguas y habían respetado sus tradiciones culturales, ahora, a través de los párrocos diocesanos, los ilustrados buscaban que los nativos aprendieran el castellano con el fin de combatir su ignorancia y sus idolatrías. Esto quedó expresado en un edicto del 11 de febrero de 1769, en el que el provisor de los indios y chinos del arzobispado de México, Manuel Joaquín Barrientos Lomelín y Cervantes, se dirigía a los párrocos y jueces eclesiásticos para que se prohibieran


M i g u e l C a b r e r a ( 1 6 9 5 - 1 76 8 )

Retrato alegórico de Juan de Palafox y Mendoza, 1765 Actas del Concilio IV Mexicano, 1771

las representaciones y danzas indígenas; se castigara a los concubinarios, blasfemos, curanderos, adivinos, hechiceros y borrachos; se confiscaran los libros y papeles religiosos escritos por indígenas y se suprimieran las costumbres indígenas, como las de pedir a la novia y la borrachera en el novenario de los difuntos. Este edicto se proclamó en obediencia al mandato del rey Carlos III que arremetía contra la cultura de los indígenas, mediante una real cédula del 13 de mayo de 1765. El arzobispo Francisco Antonio Lorenzana emitió una carta pastoral, con fecha del 6 de octubre del mismo año, dirigida a los eclesiásticos de su diócesis, en la que pedía que se enseñara el castellano a los indios para que desterraran de su fe los vocablos cargados de idolatría y superstición y de esa manera poder confesarlos más fácilmente y ordenar sacerdotes no sólo a título de lengua indígena, sino a título de administración.62 El obispo de Puebla, Francisco Fabián y Fuero, dirigió otra carta pastoral a sus curas, el 19 de septiembre de 1769, para indicarles que instruyeran a los indios no sólo en la doctrina cristiana, sino también en la lengua castellana.63 Estas tendencias regalistas y episcopalistas quedaron expresadas en el IV Concilio Provincial Mexicano en 1771, orientado por la cédula real del 21 de agosto de 1769, denominada “Tomo regio”. El arzobispo Francisco Antonio Lorenzana había firmado la convocatoria en 1770, inmediatamente después de su llegada a la Nueva España. La real cédula establecía como finalidad del concilio reformar diversos aspectos del clero y exterminar

España, debido a la lejanía de sus sedes episcopales con respecto a Roma

las doctrinas relajadas, asociadas con los jesuitas. Aunque nunca ob-

y por la obligación que tenían de observar la residencia en sus diócesis.66

tuvo la aprobación papal ni la regia, el interés por el estudio de dicho

Sólo se han publicado algunas relaciones de obispos novohispa-

concilio se centraba en la restructuración que se estaba dando en ese

nos, las cuales se encuentran en la Sagrada Congregación del Conci-

momento en la Iglesia de la Nueva España, conforme al Concilio de

lio del Archivo Vaticano, que presentan información de sus diócesis,

Trento y la reformulación del episcopado, así como en la relación de la

aunque mucho más limitada que aquella que enviaban al Consejo de

Iglesia con la monarquía española.64 Los obispos se distanciaron de

Indias. De acuerdo con la investigación de Misael Camus, durante los

esta política regalista cuando los monarcas atacaron sus privilegios y

tres siglos virreinales, las diócesis que pertenecían a la provincia ecle-

sus rentas mediante la limitación del fuero eclesiástico y la desamorti-

siástica de México enviaron cuarenta y ocho relaciones a la Santa Sede,

zación de los bienes del clero, que prohibía las propiedades eclesiás-

correspondientes a dicha visita: dos en el siglo xvi, veinte en el siglo

ticas de manos muertas y exentas de tributación. En 1799, el canónigo

xvii y veintiséis en el siglo xviii. En siglo xvii los obispos de la dió-

de Michoacán, Manuel Abad y Queipo, defendió los privilegios del

cesis de Tlaxcala-Puebla fueron los que mejor cumplieron con dicha

clero michoacano en su obra Representación sobre la inmunidad personal del clero, escrita a petición del obispo y cabildo catedral. Esta política reformista también combatió la religiosidad barroca y fiscalizó las cofradías, lo que afectó a los indígenas en sus comunidades.65 La relación de los obispos novohispanos con la Santa Sede también fue obstaculizada por la política regalista de la monarquía española; debido a ello, tuvieron que tratar los asuntos de sus diócesis de manera directa con las autoridades del Consejo de Indias. Por este motivo no podían cumplir con la obligación de la visita ad limina apostolorum, como la exigía el papa Sixto V, en la bula Romanus pontifex, del 20 de diciembre de 1585. Esta obligación la tenían que cumplir los obispos personalmente para visitar el sepulcro de los apóstoles Pedro y Pablo, presentar la debida obediencia y sumisión al romano pontífice y entregar una relación material y formal de sus diócesis. Como los obispos no podían asistir en persona a Roma, recurrían a procuradores para realizar la visita, tal como lo hicieron los prelados de la Nueva

62 Biblioteca Pública del Estado, Toledo, Colección Borbón-Lorenzana, Papeles Varios 64, ms. 64, doc. 47, y Papeles Varios 219, doc. 8. 63 Véase Roberto Jaramillo Escutia, “Los indiomas: cuando la Iglesia abandonó las lenguas indígenas”, en Efemérides Mexicana: Estudios Filosóficos, Teológicos e Históricos, vol. 34, núm. 102, 2016, pp. 382-386. 64 Véase Francisco Javier Cervantes Bello, Silvia Marcela Cano Moreno y María Isabel Sánchez Maldonado, “Estudio introductorio: cuarto Concilio Provincial Mexicano”, en María del Pilar Martínez López-Cano (coord.), Concilios provinciales mexicanos: época colonial, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2004, disponible en 4to_001. pdf (unam.mx); consultado en octubre de 2021. 65 Véase Nancy Farriss, Crown and Clergy in Colonial Mexico, 1759-1821: The Crisis of Ecclesiastical Privilege, Londres, Athlone Press-University of London, 1968, y Guadalupe Jiménez Codinach, “Obispo electo Manuel Abad y Queipo (1810-1815)”, en Marta Eugenia García Ugarte (coord.), Ilustración católica: ministerio episcopal y episcopado en México (1758-1829), t. i: Región Centro, México, Instituto de Investigaciones Sociales-Universidad Nacional Autónoma de México, 2018, pp. 497-499. 66 Para las visitas ad limina apostolorum, véase Philippe Boutry y Bernard Vincent (coords.), Les chemins de Rome: les visites ad limina à l’époque moderne dans l’Europe méridionale et le monde Hispano-Américain (xvie-xixe siècles), Roma, École française de Rome, 2002.

277


obligación, con cuatro relaciones, seguidos por los de Durango, con siete, y los de Yucatán, con cinco en la siguiente centuria.67 En la segunda mitad del siglo xviii, las autoridades regias no sólo

J o s é A n t o n i o d e A l z at e y R a m í r e z ( 1 7 3 7 - 1 7 9 9 )

Nuevo mapa geográfico de América Septentrional perteneciente al virreinato de México, 1768

obstaculizaron la obligación de los obispos de cumplir en lo personal con esta prescripción, sino que se opusieron de manera expresa a que los prelados pudieran enviar la relación por medio de sus procuradores. En defensa de las regalías, apelaban a las facultades que Alejan-

esta actividad social de los obispos se le ha denominado “caridad ilus-

dro VI les había conferido a los reyes españoles como vicarios de la

trada”. Sólo mencionaremos aquí algunos ejemplos: el arzobispo de

Santa Sede para gobernar temporal y espiritualmente esas diócesis y

México, José de Lanciego y Eguilaz, pidió a los párrocos de su dióce-

afirmaban que sólo los obispos sufragáneos de Roma estaban obliga-

sis en la visita pastoral que construyeran escuelas para la enseñanza

dos a presentar esa relación al papa, como metropolitanos de su pro-

del castellano a los indios con el fin de que se les pudiera instruir

vincias eclesiásticas. Más adelante argumentaron que las visitas de

mejor en los valores cristianos. Por su parte, el obispo de Guadalajara,

los obispos hispanoamericanos no habían sido tan frecuentes, porque

Antonio Alcalde y Barriga, se distinguió por su caridad hacia los me-

sólo algunos de ellos, como Juan de Palafox, las habían realizado a

nesterosos de su diócesis con la fundación de hospicios, casas de ex-

través de sus procuradores, tal como lo testimonió el papa Inocencio X.

pósitos, hospitales y la creación de colegios para la instrucción de

Se explica que el obispo de Puebla haya aprovechado el envío del in-

niños y niñas.70 La asistencia a los enfermos en las epidemias y la aten-

forme de sus diócesis cuando mandó a sus procuradores Silverio de

ción de los desempleados fueron otras de las expresiones caritativa

Pineda y Juan Magano para tratar otros asuntos en la Santa Sede.68

de los prelados; ejemplos de ello fueron el obispo de Chiapas, Juan

Esta información permite observar que los monarcas españoles no

Bautista Álvarez de Toledo, quien construyó el hospital de Santa María

permitían la comunicación de los obispos con el papa. Los reportes

de la Caridad para pobres y enfermos en Ciudad Real y una casa de

episcopales muestran también la actividad pastoral que realizaba un

recogidas bajo el nombre de Santa Rosa de Viterbo; el obispo de Pue-

obispo: información del clero (cabildos y parroquias); formación del

bla, Victoriano López González, quien construyó un hospicio para

clero (seminario); construcción de la catedral, monasterios de mon-

educar y orientar a vagos y ociosos, con el fin de que fueran útiles a la

jas y conventos de frailes, hospitales y cofradías; fundaciones piado-

república;71 finalmente podemos mencionar al obispo de Michoacán,

sas y de caridad; evangelización de los indios (idolatrías, formación

Francisco Antonio de San Miguel, quien acudió en ayuda de la pobla-

de los indígenas); prácticas devocionales y visitas pastorales, predica-

ción de su diócesis en la hambruna de 1785-1786, estableció edificios

ción y misiones.

públicos como el acueducto de Valladolid e impulsó el desarrollo de

69

la agricultura entre sus feligreses.72 L a “ c a r i d a d i l u s t r a d a” y l a f o r m a c i ó n

278

Los obispos novohispanos se preocuparon también por la forma-

del clero secular

ción de su clero desde el momento en que se establecieron las primeras

No podemos olvidar el aporte que realizaron los obispos ilustrados

diócesis en la Nueva España. En un primer momento fundaron cole-

para mejorar las condiciones materiales de sus feligreses a través de

gios elementales, donde se impartían las bases formativas a los futu-

la construcción de hospitales, obras públicas para la asistencia social

ros sacerdotes, bajo la dirección de los canónigos, de los maestros de

de las comunidades, el impulso a las comunicaciones, la industria, la

las órdenes religiosas y en especial de los jesuitas. Cuando se celebró

agricultura y el comercio, así como mediante la creación de escuelas

el tercer Concilio Provincial en 1585, los prelados reconocieron que

para la instrucción de los niños en las parroquias de sus diócesis. A

no podían fundar los seminarios, así como lo exigía el concilio tri-

Misael Camus Ibacache, “La práctica de la Visita ad limina apostolorum: provincias eclesiásticas de Guatemala y de Santa Fe, 1600-1800”, en Hispania Sacra, vol. 70, núm. 142, 2018, p. 615. 68 British Library, Egerton ms. 520, Papeles sobre las Colonias de España, ff. 164-167. 69 Algunos reportes de visitas pastorales de los obispos novohispanos se encuentran en Mariano Cuevas, Historia de la Iglesia en México, t. iv, El Paso, Revista Católica, 1928, pp. 90-117. 70 Para conocer la labor social de estos prelados, véase Rodolfo Aguirre Salvador, “José Lanciego, arzobispo de México, y el clero regular durante la transición eclesiástica del reinado de Felipe V, 1712-1728”, en Fronteras de la Historia, vol. 17, núm. 2, 2012, pp. 86; Tomás de Hijar Ornelas, “El fraile de la Calavera: gobierno de fray Antonio Alcalde y Barriga, O. P. en la diócesis de Guadalajara (1772-1792)”, en M. E. García Ugarte (coord.), op. cit., t. ii: Región Occidente, Sur y Norte, pp. 43-72. 71 Véase Josefina Muriel, Hospitales de la Nueva España, t. ii: Fundaciones de los siglos xvii y xviii, México, Universidad Nacional Autónoma de México/Cruz Roja Mexicana, 1991, pp. 153-155, y María de Lourdes Herrera Feria, “Solicitud del obispo Victoriano López Gonzalo para fundar un hospicio en el Colegio de San Ildefonso de Puebla”, en Estudios de Historia Novohispana, núm. 54, 2016, pp. 92-102. 72 Juvenal Jaramillo Magaña, “Monje obispo y católico ilustrado: fray Antonio de San Miguel y su episcopado en Michoacán (1784-1804)”, en M. E. García Ugarte (coord.), op. cit., t. i, pp. 453-490. 73 Véase José Alberto Llaguno, La personalidad jurídica del indio y el III Concilio Provincial Mexicano (1585), México, Porrúa, 1963, p. 301, y Félix Zubillaga, “Tercer Concilio Mexicano, 1585: memoriales del P. Juan de la Plaza S. J.”, en Archivum Historicum Societatis Iesu, vol. xxx, núm. 59, 1961, doc. 1, pp. 192-196. 74 Esa bula pontificia se encuentra publicada en Ernesto de la Torre Villar, Historia de la educación en Puebla: época colonial, Puebla, Universidad Autónoma de Puebla, 1988, pp. 111-119. 67

dentino, debido a las limitaciones financieras, razón por la cual se apoyaron en los colegios de los jesuitas para formar a sus futuros colaboradores.73 La creación de las escuelas catedrales y la fundación de la Real Universidad de México y de los colegios de la Compañía de Jesús durante el siglo xvi fueron de suma importancia para la formación del clero secular en las diócesis de la Nueva España antes de la erección de los seminarios conciliares. Pese a la existencia de estas instituciones educativas, eran necesarios los seminarios tridentinos para la formación del clero secular. De esa manera, comenzaron a fundarse los seminarios tridentinos en las diócesis de la Nueva España a partir de la segunda mitad del siglo xvii. El primero se fundó en la diócesis de Puebla de los Ángeles. Su obispo, Juan de Palafox y Mendoza, después de confrontarse con las órdenes mendicantes y con los jesuitas por la secularización de las doctrinas y el pago del diezmo, vio la conveniencia de crear un seminario para la formación de los sacerdotes seculares, a quienes confiaría el trabajo pastoral en las parroquias. El 22 de agosto de 1644 el prelado, de manera oficial, declaraba la fundación del Colegio Seminario del Apóstol San Pedro en la Puebla de los Ángeles; una cédula real en 1647 y una bula del papa Inocencio X de 1648 aprobaron la fundación hecha por el obispo poblano.74 El segundo fue el Real y


Pontificio Seminario de Santa Cruz de Oaxaca, fundado por el obispo

todos sus colegiales se prepararan para ascender a las órdenes sagra-

Tomás de Monterroso en 1673. El obispo Nicolás del Puerto (1679-

das imprimía el carácter devocional y piadoso a este centro de una

1681) perfeccionó este seminario al mejorar la casa y crear dieciséis

formación que no sólo era intelectual, sino también moral y espiritual

becas para los estudiantes, además de completar las cátedras: latín,

y que de este modo respondía a la estructura ordenada por el Concilio

filosof ía y teología escolástica, teología moral y lengua zapoteca. En

de Trento.77 El Seminario Conciliar de San José de Guadalajara, fun-

1714, el obispo Ángel Maldonado redactó sus constituciones. Al fina-

dado por el obispo fray Felipe Galindo Chávez en 1696, fue el último

lizar sus estudios, los estudiantes se titulaban en la Real y Pontificia

que se instituyó en el siglo xvii. Sus constituciones entraron en vigor

Universidad de México.75

el 25 de febrero de 1700. La institución impartía los cursos de gramá-

El obispo Marcos Bravo de la Serna Manrique fundó el tercer se-

tica, retórica, filosof ía, teología y náhuatl. Los alumnos tenían que

minario tridentino, en la Ciudad Real de Chiapas en 1678, bajo la ad-

probar su legitimidad, limpieza de sangre y buenas costumbres para

vocación de Nuestra Señora de la Concepción; lo construyó en su casa

poder ingresar. Durante sus cien primeros años de existencia, sólo se

episcopal para la formación de doce estudiantes españoles, entre doce

recibió a un estudiante indígena, por ser hijo de cacique. Una vez fun-

y diecisiete años de edad, que ya supieran leer y escribir. Según sus

dado el Seminario de San José, la Real y Pontificia Universidad de Mé-

constituciones, los alumnos debían estudiar gramática latina y canto,

xico le reconoció sus cursos de artes, teología y cánones, y confirió a

además de asistir a los oficios litúrgicos en la Iglesia catedral. Para

sus alumnos el título de bachilleres al concluir sus estudios.78

poder ser admitidos, debían probar su limpieza de linaje.76 El Seminario de México fue erigido por el arzobispo Francisco de Aguiar y Seijas y el virrey conde de Galve. El 1 de octubre de 1697 el prelado le dio sus primeras constituciones y el 18 del mismo mes abrió sus puertas. Albergaba e impartía formación a los seminaristas que tenían el deseo de ser sacerdotes seculares, los cuales tomaban sus clases de gramática en el mismo seminario y cuando llegaban al nivel universitario acudían al Colegio de San Pedro y San Pablo de los jesuitas para estudiar filosof ía; más tarde, esta misma asignatura, junto con la de cánones y teología, se estudiaron en la universidad. El hecho de que

75 Véase M. Cuevas, op. cit., p. 101, y Pilar Gonzalbo Aizpuru, Historia de la educación en la época colonial: la educación de los criollos y la vida urbana, México, El Colegio de México, 1990, pp. 180 y 312-313. 76 Las constituciones del seminario de Chiapas se encuentran en la New York Public Library, Nueva York, jfd 78-3699, San Cristóbal de las Casas (México), colección Erección, establecimiento y constituciones del Colegio Seminario de Nuestra Señora de la Concepción, de la ciudad Real de Chiapa, Nueva Guatemala de la Asunción, Reimpresas en la Oficina de Don Antonio Sánchez Cubillas, año de 1779. 77 Véase Eduardo Chávez Sánchez, Historia del Seminario Conciliar de México, 2 vols., México, Porrúa, 1996. 78 Véase P. Gonzalbo Aizpuru, op. cit., pp. 313-314, y Carmen Castañeda García, “Un colegio seminario del siglo xviii”, en Historia Mexicana, vol. 22, núm. 4 (88), 1973, pp. 465-493.

279


En el siglo xviii se establecieron otros seminarios en el ambiente de la cultura ilustrada. El Seminario Conciliar de San Ildefonso de

Autor no identificad o

Juan Antonio de Vizarrón y Eguiarreta, ca. 1734

Mérida, Yucatán, fue fundado por el obispo fray Francisco de San Buenaventura Tejada y Díez de Velasco en 1751, cerca del Palacio Episcopal. En 1757 el obispo Ignacio Padilla y Estrada elaboró sus constituciones, además de nombrar a otro profesor de latín y crear las cátedras de filosof ía y teología tomista. Dos años después, en su relación ad

280

limina, informaba que había catorce alumnos de beca sustentados con

no tenían las posibilidades de pagar sus estudios, así como en el trámite

los diezmos y trece que pagaban sus estudios, además de los jóvenes

de titulación de bachilleres en teología en la Universidad de México.

externos que acudían a los cursos de literatura.79 El Seminario Triden-

Los clérigos, una vez que se ordenaban sacerdotes, debían con-

tino de San Pedro de Michoacán fue fundado en 1770 por el obispo

tinuar su formación por medio del estudio y el perfeccionamiento de

Pedro Anselmo Sánchez de Tagle debido a la secularización de las

su vida moral y espiritual, que se concretaba con las conferencias ecle-

doctrinas y la decadencia del Colegio de San Nicolás. En él se impar-

siásticas, las cuales los capacitaban para ejercer eficazmente su labor

tieron las cátedras de gramática, retórica, filosof ía y teología escolás-

pastoral, y a través de su participación en las cofradías sacerdotales.

tica y moral. Se instituyeron además treinta becas para estudiantes

Fue así como muchos obispos promovieron las conferencias eclesiás-

pobres, de las cuales seis eran para indios caciques; los demás estu-

ticas o morales, que tenían como objetivo la formación intelectual y

diantes debían pagar una colegiatura anual de cien pesos. Después de

espiritual del clero, además de su capacitación para la administración

que el obispo elaboró las constituciones del seminario, iniciaron los

de los sacramentos y la debida conducción pastoral de sus parroquias.

cursos el 18 de octubre de 1770 con los primeros sesenta y dos semi-

En estas reuniones se estudiaban los aspectos más importantes del

naristas.80 El obispo de Durango, Ignacio Díez de la Barrera, fue el pri-

ministerio pastoral: casos de conciencia, conocimiento de los sacra-

mero en contribuir para que se constituyera el Seminario Conciliar

mentos, ritos, ceremonias litúrgicas, rúbricas del misal y del breviario

de Durango, que no existía como institución independiente, ya que

y obligaciones propias de los eclesiásticos. Se dialogaba sobre la vida

los candidatos al sacerdocio estudiaban en el Colegio de la Compañía

pastoral y espiritual de los clérigos y sobre las dificultades y problemas

de Jesús.81 En 1702, la Compañía de Jesús entregó su colegio al cabildo

de sus parroquias, además de que las conferencias eran lugar de en-

catedral de Nueva Vizcaya como pago de los diezmos que no había

cuentro en el que se daba la corrección de costumbres. Estas reuniones

dado a la catedral. Sobre la base de este colegio se fundó el Seminario

de estudio elevaron ciertamente el nivel cultural del clero y favorecie-

de San Pedro. Su sucesor, Pedro Tapiz, lo confió al colegio de los je-

ron la virtud y el cumplimiento del ministerio sacerdotal y parroquial.84

suitas en 1720.82 Finalmente, el Seminario de Monterrey fue fundado

El contexto cultural del siglo xviii exigía que los sacerdotes es-

por el tercer obispo de la diócesis, Andrés Ambrosio de Llanos y Val-

tuvieran bien preparados mediante el estudio de la teología práctica

dés, bajo la advocación de Nuestra Señora y de San Antonio.83

—moral y ritos sagrados— para responder a los desaf íos de su trabajo

La formación académica de los seminarios consistía en los estu-

pastoral. En ese ambiente ilustrado, los papas y los obispos impulsa-

dios de gramática latina, retórica, filosof ía, teología escolástica y mo-

ron la preparación pastoral del clero a través de las conferencias ecle-

ral, además de cursos de Sagrada Escritura. Es interesante constatar que

siásticas. El papa Benedicto XIII (1724-1730), en el concilio romano

la mayoría de los seminarios enseñaban lenguas indígenas para pre-

celebrado en la Basílica de San Juan de Letrán en 1725, instaba a todos

parar a los futuros pastores en su trabajo pastoral. Así, los seminarios

los obispos de Italia a que establecieran en sus diócesis las conferen-

se convirtieron en centros de cultura en las ciudades más importantes

cias morales para instruir a los sacerdotes en los casos de conciencia

del virreinato novohispano que permitieron la preparación no sólo de

y en los ritos sagrados. Por medio de la Sagrada Congregación del

los futuros sacerdotes, sino también de los personajes que condujeron

Concilio, pedía a los obispos que informaran en la visita ad limina si

a la sociedad mexicana antes y después de la Independencia. Se debe

se celebraban las conferencias morales en sus diócesis y les mandaba

resaltar también la iniciativa de las autoridades diocesanas para fun-

que no admitieran a las órdenes sagradas ni al concurso a curatos a

dar becas en los seminarios con el fin de ayudar a los seminaristas que

los sacerdotes que no hubiesen participado en las conferencias.85 Estas indicaciones del papa no solamente mencionaban la obli-

Véase M. Cuevas, op. cit., pp. 110-111, y Serapio Baqueiro, Historia del Antiguo Seminario Conciliar de San Ildefonso, Mérida, Tipograf ía de G. Canto, 1894. 80 Véase Óscar Mazín, Entre dos majestades: el obispo y la Iglesia del Gran Michoacán ante las reformas borbónicas, 1758-1772, Zamora, El Colegio de Michoacán, 1987, pp. 49-56 y 177-184, 81 Véase G. Porras Muñoz, op. cit., pp. 220-221. 82 Véase P. Gonzalbo Aizpuru, op. cit., pp. 193, 209-210 y 239. 83 Véase Israel Cavazos Garza, “Esbozo histórico del Seminario de Monterrey”, en Anuario Humánitas, Centro de Estudios Humanísticos-Universidad de Nuevo León, México 1969, pp. 411-427. 84 Véase Manuel Martín Riego, Las conferencias morales y la formación permanente del clero en la archidiócesis de Sevilla (siglos xviii al xx), Sevilla, Fundación Infanta María Luisa, 1997, pp. 24-26. 85 Ibid., pp. 34-35. 86 Véase “Pastoral i: prevención a los párrocos, y a todo el clero, sobre sus respectivas obligaciones”, en Cartas pastorales y edictos del illmo. Sr. D. Francisco Antonio Lorenzana, y Buitrón, arzobispo de México, México, en la imprenta del Superior Gobierno, del Br. Joseph Antonio Hogal, 1770, pp. 3-4, disponible en https://catalogo.iib.unam.mx/F/-/?func =find-b&find_code=SYS&local_base=bndm&format=999&request=000333652; consultado en octubre de 2021. 79

gación que tenían los curas de almas para formarse en el ejercicio de su ministerio, sino también el contenido y la manera como debían organizarse las conferencias. Los obispos de las diócesis de la Nueva España, siguiendo estos lineamientos, también organizaron las conferencias para sus sacerdotes, en las que se estudiaban casos de conciencia y los ritos sagrados. El 5 de octubre de 1766, el arzobispo de México, Francisco Antonio Lorenzana, pidió a los curas y clérigos de la Ciudad de México que se reunieran cada quince días para estudiar un tema de moral, con el único fin de que “los adelantados en los estudios no se olvidasen de lo que habían estudiado y los poco aprovechados se habilitasen para obtener licencias para celebrar, confesar y predicar”. Los cursos se impartirían los lunes y los viernes de cada semana. Se prescribía todo ello “para que los sacerdotes desecharan la ociosidad, los vicios y para apartarlos del trato y negocios ajeno a su ministerio, con el fin de que pudieran dar un buen ejemplo a sus feligreses”.86 En


Bartolomé de San Antonio (1708-1782)

Alegoría de Fernando VI y la Iglesia católica, 1753 pp. 284-285

Juan de Sáenz

Facultad sacra, siglo xviii

el edicto del 19 de octubre de 1767, el arzobispo Lorenzana ordenaba la creación de academias para el estudio de la moral, sagradas ceremonias y rúbricas, de acuerdo con lo recomendado por los papas y obispos como Carlos Borromeo. Este estudio capacitaría a los confesores para que administraran debidamente el sacramento de la penitencia: se decía que los confesores tenían que discernir el género de pecados, sus circunstancias, los casos de conciencia, las disposiciones necesarias en los penitentes para absolverlos y aplicar los consejos y penitencias oportunas para apartarlos de sus malas costumbres. Para llevar a cabo esta instrucción, el arzobispo proyectó la creación de varias academias en los colegios y casas religiosas de la Ciudad de México, con el fin de que se impartieran conferencias los jueves. El arzobispo exigía a los clérigos seculares y regulares, de órdenes mayores y menores, que asistieran para poder otorgarles las licencias para confesar, celebrar y predicar o conferirles un beneficio vacante y las órdenes sagradas.87 Conclusión

Podemos concluir este estudio diciendo que los obispos novohispanos se distinguieron en los tres siglos de virreinato sobre todo por la calidad pastoral de sus miembros. En la primera etapa fueron grandes evangelizadores, organizaron la provincia eclesiástica de México a través de las juntas eclesiásticas, los concilios provinciales, la creación de los cabildos catedrales e impulsaron al clero secular; en el segundo periodo supieron consolidar las instituciones eclesiásticas de sus diócesis, guiados por los lineamientos pastorales de Concilio de Trento, 282

con la creación de los seminarios, la construcción de las catedrales, la formación del clero secular y la visita pastoral en las comunidades parroquiales; en la tercera etapa, bajo el regalismo monárquico de los Borbones, secularizaron las doctrinas de los frailes, impulsaron la formación ilustrada de los clérigos, promovieron obras de beneficencia y combatieron la idolatría y la superstición entre los indios. Pudimos constar también que los prelados vieron limitada su autoridad episcopal por los privilegios que la Santa Sede les había otorgado a las órdenes religiosas, el empoderamiento a los cabildos catedrales y los efectos del Patronato Regio. Si bien el Concilio de Trento consolidó su autoridad ante los frailes y los clérigos, el regalismo monárquico permaneció intacto hasta finalizar el periodo colonial. Con la organización de la sociedad novohispana en torno a las autoridades regias y religiosas, el episcopado y el clero secular fueron adquiriendo relevancia social y política durante los siglos xvii y xviii. Muchos de sus miembros procedían de familias prominentes de la Península o de la Nueva España, percibían los mejores salarios en el estamento clerical y se distinguían por su preparación intelectual. Finalmente podemos decir que estos clérigos contribuyeron también a la formación de la conciencia nacional criolla por medio de la promoción de símbolos religiosos, como la Virgen de Guadalupe, que se expresó en la lucha por la independencia de México. 87

Ibid., pp. 32-34.


El surgimiento del cristianismo mexicano Serge Gruzinski*

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U n a I g l e s i a h u m a n i s ta y co n q u i s ta d o r a

profetismo apocalíptico, inspirado por la tradición joaquinita y exa-

¿Cómo entender la singularidad de la “conquista espiritual” en Me-

cerbado por las noticias que provenían de las nuevas tierras, contribu-

soamérica sin recordar la posición que ocupó la Nueva España en el

yó a dar impulso y a despertar el entusiasmo necesario para cruzar

proceso de cristianización de América? Constituyó el segundo epi-

el océano y evangelizar poblaciones hasta aquel entonces ignotas y

sodio de una evangelización que había iniciado en las islas del Cari-

sin conocimiento de Dios. ¿Cómo explicar, si no, la energía desple-

be, donde hubo que enfrentar, en pocas décadas, las consecuencias

gada frente a la tarea de cristianizar a millones de seres, la prisa de

del colapso y del exterminio de las sociedades indígenas. Por otra par-

los gestos (los bautismos en masa) y, al cabo de varias décadas, la

te, el episodio novohispano antecedió a otras dos grandes empresas

decepción de no ver llegar la “plenitudo temporum”, el fin de los tiem-

misioneras que incidieron en el continente en el siglo xvi: la evange-

pos tan esperado? Las ideas de Joaquín de Fiore (1135-1202) propo-

lización de Perú, a partir de 1532, y la misión jesuítica en Brasil, a

nían una alternativa a las cruzadas, con el proyecto de alcanzar la

partir de 1549.

conversión de todos los pueblos del mundo y el fin de los tiempos por

1

De hecho, por la magnitud de su población, la diversidad de las

medio de una predicación pacífica del Evangelio.

sociedades amerindias y su alto grado de urbanización, la tierra que

Pero se dio otro factor decisivo, éste también propiamente ibérico.

conquistó Hernán Cortés y que denominó “Nueva España” se volvió el

Después de la caída de Granada (1492), la Iglesia castellana se enfren-

primer laboratorio de una cristianización asociada a una empresa de

tó con la magna tarea de integrar —y de convertir, en la medida de lo

colonización continental en la Edad Moderna. En el contexto de la mun-

posible— a las poblaciones musulmanas del reino vencido. En varios

dialización ibérica, el caso mexicano se aparta también del de la India

aspectos, esta empresa prefiguró la evangelización de la Nueva España:

portuguesa que, a pesar de tener algunas similitudes con la Nueva

la ambición del proyecto, la reflexión sobre las modalidades de incor-

España (el papel de los franciscanos), distó de alcanzar semejantes

poración y de convivencia, las nuevas estrategias de conversión, la

proporciones y de tener igual impacto. Con la conquista y la coloni-

asociación estrecha entre conquista, ocupación y cristianización. Sin

zación de México, el continente americano se impuso con toda su

embargo, se notan profundas diferencias: los musulmanes eran mono-

novedad en el horizonte europeo.

teístas y mantenían relaciones pluriseculares con los cristianos y, al

Para definir la peculiaridad del marco novohispano en la evan-

principio por lo menos, no tenían la obligación de volverse cristianos.2

gelización del Nuevo Mundo, es preciso no minimizar la incidencia del contexto espiritual europeo sobre la joven Iglesia misionera. La rup-

L a c o n q u i s ta f r a n c i s c a n a

tura de Martín Lutero con Roma data de 1517, año de la primera expe-

Los primeros misioneros que desembarcaron en la Nueva España fue-

dición castellana a México. La evangelización de México se desarrolló

ron franciscanos, miembros de una orden profundamente influida por

en un periodo crítico, en el cual la cristiandad europea estaba bus-

los vientos de reforma que soplaban en Castilla. Escogidos por Fran-

cando nuevos caminos, sin que nada anunciase todavía que iba a

cisco de Quiñones, el general de los franciscanos y un fiel servidor del

fragmentarse irremediablemente. Entre esos caminos, sobresale la

emperador Carlos V, y encabezados por Martín de Valencia, los frailes

influencia de corrientes renovadoras de alcance europeo, como la de los Hermanos de la Vida Común, que propagaban la devotio moderna en el norte de Europa, y el erasmismo, difundido en todo el continente por el humanista de Róterdam y sus numerosos seguidores. En la península ibérica, en las órdenes religiosas también apremiaba un afán de renovación: muchos frailes coincidían en la urgencia de restaurar una espiritualidad primitiva, de acabar con una jerarquía corrupta y un clero mal formado y de romper con ritos y ceremonias considerados como superfluos y hasta supersticiosos. Un

* Director emérito de investigaciones del Centre national de la recherche scientifique (cnrs) y director de estudios de la École des hautes études en sciences sociales (ehess), París, Francia. 1 Robert Ricard, La conquista espiritual de México: ensayo sobre el apostolado y los métodos misioneros de las órdenes mendicantes en la Nueva España de 1523-1524 a 1572, México, Fondo de Cultura Económica, 2014, y José María Kobayashi, La educación como conquista: empresa franciscana en México, México, El Colegio de México, 2002. 2 Antonio Garrido Aranda, Organización de la Iglesia en el reino de Granada y su proyección en Indias (siglo xvi), Sevilla, Escuela de Estudios Hispano-Americanos-Consejo Superior de Investigaciones Científicas/Universidad de Córdoba, 1979.

287


p. 286

Alejo Fernández (1475-1545)

La Virgen de los Navegantes (detalle), 1531-1536 Fray Juan de Zumárraga, Dotrina breve muy provechosa de las cosas que pertenecen a la fe católica (portada), México, Juan Pablos, 1544 Ciudad de Tzintzuntzan, Pátzcuaro y poblaciones de alrededor de la laguna y la traslación de la silla (episcopal) a Pátzcuaro, en Fray Pablo Beaumont, en Crónica de Michoacán, México, ca. 1792

para que aquel manifiesto del evangelismo destinado a la Europa de 1516 expresara el anhelo de los apóstoles de la Nueva España”. 3 Al desear “[…] por cierto, que cualquier mujercilla leyese el Evangelio y las epístolas de San Pablo [y que] pluguiese a Dios que estuviesen traducidas en todas las lenguas del mundo, para que no solamente las leyesen los indios”,4 el jefe de la joven Iglesia mexicana se sumaba a los católicos erasmistas y, a pesar suyo, se acercaba a los luteranos, que defendían el libre acceso a las Sagradas Escrituras. De ahí las repetidas traducciones al náhuatl de textos extraídos del Nuevo y del Antiguo Testamento, iniciativas que tuvieron una fuerte incidencia sobre la formación de un cristianismo indígena.5 Como escribió Marcel Bataillon en 1937: “Cabe afirmar que la Doctrina breve de 15431544 […] es un momento notable de la influencia del evangelismo erasmiano en el mundo”.6 Otra guía para Zumárraga fue Constantino de la Fuente, cuya Suma de doctrina cristiana inspiró el pensamiento del obispo. Predicador en Sevilla y capellán de Carlos V, el doctor Constantino permanece en la historia de España como uno de los introductores de la Reforma en ese país. Para precisar el lugar que ocupaba la Nueva España en el escenario internacional, en los mismos años, el jesuita

288

eran doce, como los apóstoles. Llegaron con la convicción de lograr

Francisco Javier recomendaba la Suma para ser llevada a China, mien-

la cristianización universal de los pueblos y con el afán de construir

tras que otro jesuita, en Brasil, solicitaba el envío de la obra para cris-

una nueva cristiandad, dotada de la pureza de la Iglesia primitiva. El

tianizar a los tamoios. Bajo la guía informada de Zumárraga, el joven

franciscano fray Toribio de Benavente, Motolinía, describió la atmós-

clero novohispano se inscribía en un movimiento evangelizador que

fera de exaltación que reinaba en los inicios de la misión franciscana.

por primera vez se extendía a las cuatro partes del mundo. Así, pues,

Consideradas desde una perspectiva global, las conquistas espiritua-

el obispo y sus correligionarios se empeñaron en convertir a los in-

les en el Nuevo Mundo compensaban providencialmente las pérdidas

dios a una religión depurada, centrada en Cristo más que en la Virgen

ocasionadas por los luteranos en el Viejo Mundo. Con acentos triunfa-

y en los santos, enemiga de la devoción milagrera, de los “triunfos

listas, los primeros relatos enviados a Castilla, Roma y Tolosa (Francia)

profanos” y de las ceremonias superfluas.

propagaban los “ fructus mirabiles”: las decenas de miles de bautizos

¿Cabe, por tanto, hablar de un programa misionero y de evan-

realizados, las centenas de templos paganos destruidos y los miles

gelización estructurado y coherente? Por una parte, los franciscanos

de ídolos quebrados y quemados. La conquista espiritual empezó

no actuaron solos; pronto fueron alcanzados por los dominicos (1526)

siendo numérica.

y los agustinos (1533). Por otra parte, no se puede atribuir a todas las

Esos frailes y otros después fueron portadores de una educación

órdenes mendicantes involucradas en la evangelización de la Nueva

que combinaba la herencia intelectual de los claustros medievales

España las medidas promovidas por algunas figuras de excepción,

con principios y esperanzas ligados a la devotio moderna, al huma-

como el flamenco Pedro de Gante, el propio Juan de Zumárraga o

nismo naciente y, probablemente, al ámbito de los alumbrados. El

Vasco de Quiroga, el cual, como sabemos, inspirado en el humanista

caso de fray Juan de Zumárraga ilustra la riqueza de esa formación.

Tomas Moro, introdujo formas originales de vida comunitaria entre

Este franciscano, primer obispo (y luego primer arzobispo) de México,

los indios de Michoacán con los famosos “hospitales”.7

era un lector atento de Erasmo. En las doctrinas que redactó e hizo publicar introdujo la Paráclesis de Erasmo: “Pocos retoques bastan

V o lv e r v i s i b l e l o i n v i s i b l e

Comoquiera que sea, en pocas décadas, las órdenes mendicantes conMarcel Bataillon, Erasmo y España: estudios sobre la historia espiritual del siglo xvi, México, Fondo de Cultura Económica, 1982, p. 824. 4 Juan de Zumárraga, Doctrina breve muy provechosa de las cosas que pertenecen a la fe católica, México, Juan Cromberger, 1543, citado en ibid. 5 Andrew Laird, “From the Epistolae et Evangelia (c. 1540) to the Espejo divino (1607): Indian Latinists and Nahuatl Religious Literature at the College of Tlatelolco”, en Journal of Latin Cosmopolitanism and European Literatures, núm. 2, 2019, pp. 2-28. 6 M. Bataillon, op. cit., pp. 822-824. 7 J. Benedict Warren, Vasco de Quiroga y sus hospitales-pueblo de Santa Fe, Morelia, Universidad Michoacana, 1977. 3

siguieron establecer la primera Iglesia cristiana de las Indias. La construcción y la constitución de redes de iglesias, patios, capillas abiertas, conventos y hasta catedrales respondieron a la necesidad de organizar el culto y de ofrecer al clero europeo bases desde las cuales pudiera intervenir para propagar la “nueva ley” en el espacio conquistado. Los historiadores del arte colonial han analizado el despliegue de esas creaciones, subrayando la magnitud y la singularidad excepcional de la empresa arquitectónica. Hoy en día se entiende mejor en qué medida


289

esa importación de formas, estilos y técnicas fue el primer intento

presencia palpable de las piedras y las proezas técnicas de la nueva

europeo para imponer fuera del Viejo Mundo el arte de la Edad Me-

arquitectura. Tanto por su materialidad espectacular como por la

dia tardía y del Renacimiento. Así, pues, de ese trasplante masivo y

pujanza de sus arcos y la altura de sus naves, el santuario cristiano

“tropicalización” sistemática nació lo que conviene llamar un arte ya

permitía visualizar el universo metafísico que cada domingo, en sus

no europeo, sino occidental.

sermones, los frailes explicaban a los neófitos. Así fue como las cons-

8

Las campañas de construcción en el centro del Altiplano y zonas

trucciones religiosas volvieron visible lo invisible. En ese sentido, al

más lejanas, como la provincia de Oaxaca, Michoacán y la penínsu-

imponer una centralidad cristiana, el espacio local se alteró signifi-

la de Yucatán, difundieron formas estilísticas y espacios arquitectó-

cativamente, aunque las antiguas presencias divinas siguieron im-

nicos que replicaban el entorno que los frailes habían conocido en

pregnando la tierra, los paisajes y la toponimia; o sea, la relación con

España. Conventos, iglesias y patios se volvieron lugares para la vida

el medio ambiente y la naturaleza tal como la concebían los indios

conventual y parroquial, así como puntos de anclaje espiritual y des-

estaba lejos de haber desaparecido.

pliegue simbólico y espectacular de la concepción cristiana del mundo, desde la idea de “Iglesia” a la del más allá. Las naves y las bóvedas

C o n q u i s ta r l o s c u e r p o s

de las iglesias, los claustros de los conventos y sus jardines abrieron

Muy pronto, los frailes entendieron que la conversión de las mentes

esferas para la vida y la meditación; ofrecían refugios familiares, como

implicaba la de los cuerpos y que tanto el cambio de modelo familiar

tantos otros mantos protectores bajo los que se albergaban los mon-

como la práctica de la confesión auricular facilitarían la interiorización

jes y sus fieles. Esos espacios no sólo proporcionaban a las poblaciones indígenas una imagen de la Iglesia; las integraban físicamente dentro del seno de la comunidad universal de los creyentes, mediante la

8 Roberto Meli, Los conventos mexicanos del siglo xvi, México, Universidad Nacional Autónoma de México/Porrúa, 2011.


Iglesia de San Pedro y San Pablo, Teposcolula, Oaxaca, México Exconvento de Santa Ana, Tzintzunzan, Michoacán, México Iglesia y exconvento de los Santos Reyes, Metztitlán, Hidalgo, México Exconvento de la Virgen de la Asunción, Tecamachalco, Puebla, México


Exconvento de San Nicolás Tolentino, Actopan, Hidalgo, México

de las normas cristianas. La confesión ofrecía el medio de controlar a los neófitos en los aspectos más íntimos de su existencia y el matrimonio cristiano remodelaba a la comunidad según reglas promulgadas y vigiladas por los frailes. De hecho, los misioneros actuaron como pioneros al aplicar en Nueva España sus técnicas de “domesticación” varias décadas antes de que en Europa la Iglesia tridentina y las confesiones protestantes las impusieran a sus poblaciones. La unión monogámica rompía con la poligamia de los caciques y el control que ejercían sobre las mujeres; la indisolubilidad del matrimonio, la prohibición del amancebamiento, la definición de los grados de parentesco (para impedir o autorizar la unión cristiana) limitaban aún más la libertad de acción de las élites indígenas. Las nuevas normas complicaron la transición de la sociedad prehispánica a la sociedad colonial, ya que señores y caciques solían tener varias esposas y numerosos hijos: ¿cuál de ellas debía ser considerada como la esposa legítima?, ¿cómo separar a los hijos bastardos del nuevo núcleo familiar considerado como legítimo por los frailes? A ello se sumó la cristianización de los niños, que los frailes no vacilaban en volver contra los padres que seguían siendo “idólatras”.9 La guerr a de las im ágenes

Sin embargo, la conversión desarrolló otros medios para superar los obstáculos de las barreras lingüísticas, del apego a las tradiciones ancestrales o la falta de misioneros. A partir de la década de 1530, la importación constante de cuantiosos libros con grabados, de telas pintadas y de esculturas difundió el amplio repertorio de la iconografía cristiana europea en la Nueva España. Pero no fue suficiente para abastecer todos los lugares de culto: las capillas abiertas, las iglesias y los claustros de los conventos que empezaban a ser edificados. Los frailes, que sabían del papel y el efecto de una predicación apoyada en la imagen, promovieron un amplio programa de pinturas murales para adornar las nuevas construcciones. En la Ciudad de México, los franciscanos abrieron la escuela de San José de los Naturales y los agustinos la de Tiripetío (Michoacán) para formar a los indios en distintos oficios mécanicos, en especial en el de pintores. Decenas de miles de metros cuadrados de pinturas al fresco salieron de sus manos con el fin de auxiliar en la predicación, al mismo tiempo que intentaban recrear los espacios ibéricos que los frailes habían abandonado. Las obras pintadas en las paredes de los conventos y los lienzos portátiles transmitían visualmente el mensaje cristiano con más seguridad que unas palabras mal traducidas, sin traducir o en proceso de traducción. Volvían visibles para los indios a Dios Padre, a Cristo, a la Virgen, a los santos y a los ángeles y, por supuesto, a los demonios y un infierno parecido al que describían los predicadores. En su Rhetorica christiana (1579), el franciscano fray Diego Valadés publicó

9 Serge Gruzinski, La colonización de lo imaginario: sociedades indígenas y occidentalización en el México español, siglos xvi-xviii, México, Fondo de Cultura Económica, 1991.

293


Autor no identificad o

Pantocrator, siglo xvi En Diego Valadés, Rhetorica christiana, Perugia, 1579


una serie de grabados que ilustran el método empleado, la diversidad de

El uso del libro no se limitó a los religiosos. Para erradicar las

los temas y el contexto en el cual se daba esta forma de enseñanza.

idolatrías y conquistar a las masas, los frailes resolvieron educar a

Los frailes no sólo explicaban la historia sagrada; para aclarar los

los hijos de las élites indígenas; así, pues, fueron los primeros en com-

nuevos criterios que regían el matrimonio, enseñaban árboles genea-

prender el papel crucial de la educación para occidentalizar a los ven-

lógicos y comentaban lienzos en los que figuraban la organización

cidos. El poder civil apoyó esa iniciativa, ya que la dominación española

eclesiástica y hasta la cosmología cristiana, desde el cielo Empíreo,

sobre millones de seres no era ni concebible ni practicable sin el

con sus ángeles, hasta el inframundo, con sus diablos y tormentos.

concurso informado de sus caciques, principales y mandones. Debían

10

aprender las leyes de Castilla, entender las cédulas reales y las mediC o n q u i s ta e s p i r i t u a l y r e v o l u c i ó n a l fa b é t i c a

das de la nueva administración para aplicarlas eficazmente. La cam-

La imagen no fue el único instrumento del cual disponían los frailes. La

paña de alfabetización dirigida a las élites indígenas culminó con la

conquista espiritual fue la primera empresa misionera europea que

apertura del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco (1536), una institu-

recurrió masivamente a los libros para difundir su labor. Los predica-

ción de enseñanza superior, abierta para los hijos de la nobleza que,

dores necesitaban libros para escribir sus sermones, los maestros no

al tener acceso al latín y a la retórica, contribuyeron de manera esencial

podían formar a sus novicios sin bibliotecas y, condición sine qua

a la creación de la joven Iglesia mexicana. Se consideraba que la prác-

non, los evangelizadores querían disponer de obras en las artes de la

tica del latín era una herramienta imprescindible para llevar a cabo

lengua y de vocabularios impresos para explicarles las lenguas a sus

las traducciones al náhuatl. Durante dos décadas, egresados indíge-

fieles, así como de traducciones de las principales oraciones, listas de

nas del colegio estuvieron al frente de la institución, hasta que, en la

pecados y virtudes y versículos del Nuevo Testamento para ser leí-

década de 1570, la orden franciscana volvió a administrarlo. Allí en-

dos en la misa.

señaron algunos de los franciscanos más destacados: fray Alonso de

11

No podía faltar la nueva invención del siglo xv. A partir de 1539,

Molina, fray Bernardino de Sahagún, fray Arnaldo de Basacio y fray

el italiano Juan Pablos empezó a publicar libros en apoyo a la “con-

Juan de Gaona. A pesar de enfrentar múltiples dificultades, el colegio

quista espiritual”. El mismo Zumárraga fue el promotor activo de la

siguió desempeñando un papel motor hasta la primera década del si-

introducción de la imprenta en México, que en la década de 1540

glo xvii en la formación de una cristiandad indígena. Por medio de la

contribuyó a propagar las ideas del franciscano, sus Doctrinas y su

enseñanza del latín, proveyó la matriz que volvió posible la creación

Regla cristiana breve (1547), a la vez que una literatura religiosa in-

de una literatura espiritual en náhuatl,12 así como la multiplicación de

dispensable para la cristianización del Nuevo Mundo. Por primera vez —antes que en Goa (1556) y que en Japón (1560)—, una de las herramientas esenciales de la modernidad europea, la prensa de Gutenberg, se establecía en tierras no europeas, de manera que la evangelización no puede disociarse de la llegada masiva de libros impresos y de la revolución tecnológica que abrió la primera Edad Moderna.

10 Serge Gruzinski, La guerra de las imágenes: de Cristobal Colón a “Blade Runner”, 1492-­ 2019, México, Fondo de Cultura Económica, 2012. 11 Román Zulaica Gárate, Los franciscanos y la imprenta en México en el siglo xvi, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1991. 12 Lino Gómez Canedo, Evangelización y conquista: experiencia franciscana en Hispanoamérica, México, Porrúa, 1977.

295


vocabularios y gramáticas en muchas de las lenguas indígenas: náhuatl, otomí, purépecha, mixteco, maya y zapoteco.

Autor no identificad o

La institución de la eucaristía en la Última Cena con San Pedro y San Pablo, siglo xvi

¿ C r i s t i a n i z a c i ó n u o c c i d e n ta l i z a c i ó n ?

Las estrategias y políticas de evangelización abarcan tantas dimensiones de la vida indígena que hablar de cristianización o de “conquista espiritual” resulta insatisfactorio. Al querer transformar al indígena en “homo christianus”, el humanismo cristiano de los evangelizado-

o la sencilla prohibición de emblemas de alto rango, como orejeras y

res prefigura el movimiento de occidentalización que, más allá de las

bezotes, trastornaron las conciencias, escandalizaron a los podero-

Indias de Castilla, se extenderá al mundo entero. A partir de las pri-

sos, traumatizaron a los macehuales —que entendían cada día menos

meras escuelas, la de San José de los Naturales en la Ciudad de Mé-

la desacralización de su ambiente cotidiano— y causaron innumera-

xico o la de Tiripetío en el Michoacán de los agustinos, la educación se

bles reacciones de rechazo. La educación cristiana impartida por los

impuso como el camino privilegiado para esa “conquista”. Más allá

frailes a los adolescentes abrió una brecha entre las generaciones que

de las creencias y de la enseñanza de diversas técnicas (bajo la direc-

los misioneros supieron aprovechar para desestabilizar a sus adver-

ción de Pedro de Gante), se procuraba imponer patrones de compor-

sarios más tenaces. Es innegable que, durante los veinte primeros años,

tamiento que incluían tanto las relaciones de poder —Cristo es tanto

en el seno de las élites indígenas, las tensiones entre los adolescentes

el Señor como el rey— como las relaciones familiares o la definición

recién convertidos al cristianismo y sus padres, educados en el “an-

de la persona y del sujeto en la Ciudad de Dios. Percibir la realidad

tiguo mundo”, pesaron mucho sobre la formación de la Iglesia mexi-

en tres dimensiones, transcribir la lengua local con caracteres alfa-

cana. Para medir mejor la inercia de la población indígena, cabría

béticos, comunicar a distancia por medio de lo escrito, interiorizar

tomar mucho más en cuenta las reacciones de las mujeres. Ellas tenían

la noción europea de un tiempo lineal y orientado —con su sucesión

menos contacto directo con los emisarios de la sociedad colonial:

de pasado, presente y futuro—, todo ello configuró una empresa de

funcionarios, curas, comerciantes, encomenderos. Si bien al confe-

educación masiva y de domesticación que se proponía someter al

sarse las indias tenían ocasionalmente acceso a un cura español, en

resto de la humanidad al modelo europeo, la que vimos dominar a

la intimidad del hogar seguían impartiendo en secreto su educación

finales del siglo xix en la mayor parte del planeta. Por eso es impres-

primera a los niños, transmitiendo gestos, hábitos y creencias ances-

cindible revisar la historia de la “conquista espiritual” de México

trales. Por otra parte, es preciso distinguir entre resistencia abierta

bajo la perspectiva de una historia global, recentrada en el estudio

y oposición silenciosa y clandestina. Movimientos encabezados por

del proceso de occidentalización. Recordemos como claro ejemplo de

hombres-dioses y disidencias más individuales, castigadas con la ho-

“semiotic turn” (“giro semántico”) que los impresores mexicanos fue-

guera —como en el proceso de don Carlos, señor de Texcoco—, sa-

ron los primeros en Occidente en publicar libros ilustrados para la

cudieron las primeras décadas de la cristianización.13

catequesis; una razón más para reconsiderar el lugar que ocupa este episodio fundador en la historia del mundo, tan capital para quien 296

L a construcción indígena

pretende reflexionar sobre lo que significa Occidente y entender cómo

de un cristianismo mexicano

dicha noción surgió en los albores de la Edad Moderna en unas tie-

Si bien las poblaciones indígenas nunca aceptaron pasivamente la

rras del continente americano: la Nueva España.

cristianización y los cambios impuestos por los misioneros, las formas de colaboración y de apropiación superaron las reacciones de

Resistencias indígenas

rechazo. Las órdenes mendicantes no “rescataron” al mundo indígena.

No es factible analizar el proceso de cristianización sin restituir a las

No era ni su ambición ni su razón de ser. Al contrario, los propios indios

sociedades indígenas el papel motor que tuvieron desde el inicio de

rescataron lo que se podía salvar en circunstancias tan adversas. Di-

la conquista espiritual, tanto para frenar el proceso como para propa-

versos sectores y zonas del mundo indio resultaron ser protagonistas

garlo y darle sustancia, pues los indios nunca fueron pasivos frente a

claves en los procesos de evangelización que acabamos de describir.

las transformaciones que los evangelizadores les estaban imponiendo

Las zonas de densa presencia misionera —el valle de México, Michoa-

y que superaban, por mucho, el campo de las creencias. Durante la

cán, los alrededores de Oaxaca y de Tlaxcala— fueron sometidas a una

década de 1520, la situación se reveló mucho más caótica y confusa de

impregnación mayor que las “ásperas sierras” o las calurosas costas, que

lo que emerge de las fuentes coloniales. Los primeros intentos de cris-

no aguantaban los españoles. La cristianización era aún más efectiva

tianización desataron verdaderas oleadas de violencia: violencia de

cuando se trataba de poblaciones de lengua náhuatl, pues se privile-

los jóvenes neófitos, que no vacilaban en asesinar en los tianguis a los

gió el idioma de la Triple Alianza y de Tlaxcala para emplearse en las

sacerdotes paganos; violencia intrafamiliar, cuando un padre de fami-

traducciones y en la comunicación con los otros grupos indígenas. Por

lia golpeaba a muerte a su hijo, que lo presionaba para que aceptase la

otra parte, muy pronto los frailes involucraron a los hijos de los prin-

nueva fe; violencia por la represión eclesiástica y civil, cuando el caci-

cipales en la cristianización. Los motores más eficaces del cambio

que recalcitrante moría ahorcado para aterrorizar y edificar a los demás.

religioso se localizaron en las capas superiores de las sociedades in-

Por todas partes, la destrucción de los ídolos y de los lugares sagra-

dígenas. Al recibir una educación cristiana, los hijos de los señores y

dos, la eliminación de las formas públicas de culto, el cese de los sacri-

de los principales tuvieron acceso a la escritura alfabética, o sea, a los

ficios humanos y de animales, la imposición de la unión monogámica

libros y documentos manuscritos europeos, escritos en castellano y, a veces, en latín. Fueron los informantes y los ayudantes diligentes de

Serge Gruzinski, Man-Gods in the Mexican Highlands: Indian Power and Colonial Society, 1520-1800, Stanford, Stanford University Press, 1989.

13

los frailes quienes investigaban a las sociedades indígenas para extirpar las idolatrías y asegurar la transición entre el mundo antiguo y el


nuevo mundo cristiano. Al mismo tiempo, como todos sabemos, se

tros e intérpretes, escritores e impresores, todos contribuyeron de

volvieron los intermediarios privilegiados entre el poder colonial y

manera esencial en la constitución de una cristiandad indígena. Su

las masas indígenas.

influencia dependía de la responsabilidad política que tenían en la

Conviene destacar aquí el papel que desempeñaron en elaborar

república de indios. Después de haber sido gobernador de Azcapo­

una cultura cristiana destinada a las poblaciones nativas, pues, se-

tzalco durante ocho años, Antonio Valeriano dirigió la república de

gún Bernardino de Sahagún, gracias a su doble dominio del náhuatl

indios en la Ciudad de México, entre 1573 y 1599. Estamos, no lo

y del latín, sus intervenciones hacían posible el proceso de trasposi-

olvidemos, frente a una intelligentsia nueva, dotada de poder políti-

ción del mensaje cristiano, a la vez que aseguraban su ortodoxia. Hoy

co.15 ¿Cuántos representantes de la Corona podían hablar latín como

en día nos damos cuenta de que fueron ellos los que se empeñaron en

Valeriano, con la suficiente fluidez como para ser comparados con

recrear y repensar el cristianismo para unos neófitos aún inmersos

Cicerón y Quintiliano? O como Pedro Juan Antonio, quien se fue a

en un universo mesoamericano.

estudiar a la universidad de Salamanca y, dicen, publicó una Gramá-

La educación fue un dispositivo esencial en el doble proceso de

tica latina en Barcelona en 1574. Entre ellos encontramos a represen-

cristianización y occidentalización. Muchos de esos colaboradores,

tantes de la vieja aristocracia mexica, como el historiador Hernando

escogidos por pertenecer a la nobleza indígena y por su conocimiento

de Alvarado Tezozómoc y Pablo Nazareo, quien, orgulloso de su abo-

del náhuatl, se formaron en el Colegio de Santiago Tlatelolco. Varios de

lengo, se dirigía a Felipe II en latín. “Paulus Nazareus Xaltocanus”

ellos llegaron a desempeñar funciones de dirección en el colegio,

tenía conciencia de pertenecer a una nueva élite, al hablar de los “novi

como Martín Jacobita, que fue rector en la década de 1560.14 Her-

homines” egresados del Colegio de Tlatelolco, un colegio, según él,

nando de Ribas, Esteban Bravo, Francisco Bautista de Contreras y

que “ fundavimus” (“nosotros hemos fundado”). Con un virtuosismo

Antonio Valeriano figuran entre los más conocidos. Se sumaron a ellos

ciceroniano, Pablo Nazareo no vaciló en ofrecer la lista de las obras

latinistas como Alonso Vegerano, de Cuautitlán; el cantor Juan Ber-

religiosas que redactó en náhuatl, o sea, a presentarse como un au-

nardo, de Huejotzingo, y tlatelolcas como Pedro de Gante y Agustín

tor, en todo el sentido de la palabra.

de la Fuente, quien fue maestro del Colegio de Santiago Tlatelolco, como el anterior, y un renombrado lingüista. Muchos de ellos fallecieron a finales del siglo xvi y su muerte selló el fin de una Edad de Oro. Estos nombres impiden que se siga tratando a los indígenas como una masa anónima, sin identidad ni cara. Copistas y latinistas, maes-

SilverMoon, The Imperial College of Tlatelolco and the Emergence of a New Nahua Intellectual Elite in New Spain (1500-1760), Durham, Duke University Press, 2007. 15 William F. Connell, After Moctezuma: Indigenous Politics and Self-Government in Mexico City, 1524-1730, Norman, University of Oklahoma Press, 2011. 14

297


Los egresados del colegio integraban grupos de letrados que se reunían y colaboraban en la Ciudad de México y en varios lugares del Altiplano central, como Cuautitlán, Texcoco, Tlaxcala o Huejo­ tzingo. En tiempos del virrey Martín Enríquez, existían varias bibliotecas históricas en la Ciudad de México, Texcoco y Tula. Desde 1558, en Yanhuitlán, el cacique don Gabriel de Guzmán poseía varios libros, entre los cuales había un Contemptus mundi.16 En 1601, la colección de libros (ynamauh) del alguacil de doctrina Baltasar de San Juan (San Agustín Metepec)17 reunía un Confesionario mayor, un santoral, un libro de horas, la Doctrina cristiana de Pedro de Gante, un Arte de la lengua mexicana y una versión en esta lengua del Con­ tem­ptus mundi. De la zona de Toluca a la sierra mixteca circulaba una cultura letrada —impresa y manuscrita—, en castellano y en náhuatl, que alimentaba formas de espiritualidad india que no estaban confinadas exclusivamente a la capital del virreinato. Cabe no olvidar a los primeros letrados mestizos. Cuando aparecieron en la segunda mitad del siglo xvi, las élites indígenas tuvieron nuevos interlocutores que, por su origen, pertenecían a ambos mundos. Esos mestizos —que nunca se presentaban como tales— no se contentaron con escribir relaciones, como lo hicieron Juan Bautista Pomar, Diego Muñoz Camargo o Juan de Tovar; participaron en la reinterpretación del universo religioso prehispánico proporcionando enfoques que podían atenuar el politeísmo o el estigma del sacrificio humano. Así, contribuyeron a reducir las distancias entre una antigüedad tachada de idolátrica y las élites indígenas cristianizadas. U n c o r p u s d e l i t e r at u r a e s p i r i t u a l

Además de auxiliar a los frailes en sus investigaciones acerca de los ritos y las costumbres de las sociedades prehispánicas, actuando como verdaderos anticuarios, los letrados indígenas colaboraron en la redacción y difusión de un corpus de literatura misionera y espiritual de primer orden. Les debemos numerosas traducciones al náhuatl de 298

las Sagradas Escrituras, una tarea que no se limitaba a verter literalmente las palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento. Definieron e imaginaron equivalencias entre conceptos cristianos y conceptos indígenas, a fin de volver accesible y entendible el mensaje cristiano para los nuevos conversos. Idearon los caminos por los cuales las nuevas concepciones de la vida y de la persona (la salvación), las normas y los criterios importados (las virtudes, los pecados), el monoteísmo, los misterios de la fe y hasta la historia sagrada podían transitar y trasladarse de la Europa cristiana hacia el universo indígena. Lo hicieron prestando mayor atención “al sentido que a la letra”, siguiendo el ejemplo de Cicerón y de los Padres de la Iglesia. Aprovechaban su profundo conocimiento del náhuatl y del latín. No eran teólogos, sino lingüistas y latinistas, cuya tarea intelectual puede asimilarse a la de Lorenzo Valla, Antonio de Nebrija y Erasmo.18 Su aportación fue tan determinante que los frailes reconocían que no se atrevían a escribir nada sin antes consultarlos y someter sus escritos a su corrección. Aquello trajo consigo una consecuencia inesperada. La producción de versiones de las Sagradas Escrituras en náhuatl confería al idioma indígena

Kevin Terraciano, The Mixtecs of Colonial Oaxaca: Ñudzahui History, Sixteenth Through Eighteenth Centuries, Stanford, Stanford University Press, 2001, pp. 284 y 464. 17 Nadine Béligand, “Lecture indienne et chrétienté: la bibliothèque d’un alguacil de doctrina en Nouvelle-Espagne au xvie siècle”, en Mélanges de la Casa de Velázquez, núm. 31, 1995, p. 70. 18 A. Laird, op. cit., p. 7. 16

Exconvento de Santo Domingo, Yanhuitlán, Oaxaca, México


Juan Gerson (siglo xvi)

El arca de Noé en el diluvio, 1562 y Sotocoro del exconvento de la Virgen de la Asunción, Tecamachalco, Puebla, México (detalle)


301

un prestigio que lo acercaba al latín y lo distinguía del castellano, re-

tio moderna, la Imitatio Christi proponía una relación más directa e

servado para los asuntos seculares y profanos.

intima con la divinidad. Su éxito en Europa y en la península ibérica,

El corpus de traducciones se enriqueció paulatinamente. Inte-

bajo el título de Contemptus mundi, explica que los frailes francis-

gró versiones de los Evangelios, de las Epístolas y del Apocalipsis de

canos la hayan escogido para compartirla con sus neófitos.19 En 1570,

Juan. No pasó por alto el Antiguo Testamento, pues textos como los

el franciscano Jerónimo de Mendieta entregó una versión en náhuatl

Proverbios de Salomón, el Libro del Eclesiastés, Comentarios sobre

del Contemptus a Juan de Ovando, presidente del Consejo de Indias.

los diez mandamientos (una colaboración entre Hernando de Ribas

No fue la única traducción que se hizo de la obra de Tomás de Kem-

y Juan Bautista) y fragmentos del Levítico empezaron a circular en

pis. La primera se debe a la colaboración de Alonso de Molina (o de

náhuatl, provocando preocupación entre unos inquisidores que se opo-

Luis Rodríguez) con Hernando de Ribas. En 1586, otra versión salió

nían a la traducción de las Sagradas Escrituras en lengua vernácula.

de las plumas del franciscano Juan Bautista de Viseo y del futuro go-

Y no olvidemos la lengua purépecha, ya que es obvio que el francés

bernador de Xochimilco, Francisco Bautista de Contreras.

Maturino Gilberti aprovechó la colaboración de varios letrados y ca-

En la segunda mitad del siglo xvi, el tratado de Tomás de Kempis

jistas indígenas para publicar sus obras en el idioma de Michoacán,

inspiró una serie de obras que también marcaron la espiritualidad

a lo que se añadieron obras que reflejaban la producción europea del

ibérica. En 1562, en Toledo, Diego de Estella publicó una nueva ver-

momento, varias de las cuales estaban inspiradas en la devotio mo-

sión de la Imitatio, con el título de Libro de la vanidad del mundo.

derna. Esta corriente espiritual exponía formas de piedad accesibles a un público que no se limitaba a teólogos y eclesiásticos. Escrita entre 1424 y 1427 por Tomás de Kempis, y verdadero manifiesto de la devo-

David Tavárez, “Nahua Intellectuals, Franciscan Scholars, and the Devotio Moderna in Colonial Mexico”, en The Americas, vol. 70, núm. 2, 2013, pp. 203-235.

19


Traducido en varias lenguas europeas, este bestseller llegó a la Nueva España a manos de los frailes, quienes lo pusieron a disposición de los lectores indígenas en los primeros años del siglo xvii. Lo estaban leyendo precisamente cuando, en Francia, Francisco de Sales se inspiraba en Estella para redactar sus famosos tratados sobre la vida devota. Los lectores indígenas y novohispanos no vivían alejados del movimiento espiritual europeo que conectaba la devotio moderna del siglo xv con las experiencias místicas del Siglo de Oro. Si no, cómo explicar que en su diario el historiador chalca Chimalpahin haya marcado la fecha “VII calli xihuitl 1577” con la siguiente referencia: “Ypan in yn xihuitl oquimihcuilhui yamoxtzin libro in itoca de las moradas yn la madre Teresa de Jesús”, o sea: “En este año, la madre Teresa de Jesús escribió un libro intitulado Las moradas”.20 Se trata, sobra decirlo, de una de las obras maestras de la espiritualidad y de la literatura europea del siglo xvi. No sólo un letrado nahua conocía la existencia de Las moradas del castillo interior, sino que recordaba la fecha precisa de su redacción (1577), anterior, por supuesto, a la de su publicación en Salamanca (1588). Éste es otro indicio de que los letrados indígenas no sólo se contentaban con copiar y difundir los textos devocionales en náhuatl que los frailes les destinaban. Lejos de vivir en una periferia aislada, aprovechaban el peso creciente de la Ciudad de México como capital intelectual y religiosa del mundo americano para mantenerse informados de lo que acontecía en Europa. El franciscano Juan Bautista y el letrado indio Hernando de Ribas tradujeron a Estella, pero no lograron que su trabajo pasara por la imprenta. Mejor suerte tuvo su versión y reelaboración de una obra de Luis de Granada, que imprimió Diego López Dávalos en 1604, bajo el título Libro de la miseria y brevedad de la vida del hombre. Tres años después salía la traducción de Espejo divino, del agustino Juan de Mijangos, con la colaboración del letrado indígena Agustín de la Fuente, a quien, además, se le atribuyen tres tomos de obras de teatro. Años antes, Hernando de Ribas había trabajado con el fran302

ciscano Juan de Gaona en la redacción de sus Colloquios de paz y tranquilidad christiana. Con fray Juan Bautista, Ribas se dedicó a la traducción de Estella y de textos tan básicos para la edificación de los nuevos cristianos, como un Flos sanctorum y Vidas de sanctos. En España, estas obras — revisadas y expurgadas después del Concilio de Trento— seguían siendo componentes básicos de cualquier biblioteca cristiana destinada a la devoción personal o la lectura comunitaria. A esos títulos, cabría añadir las cuantiosas obras devocionales que los libreros de la Península exportaban hacia la Nueva España. Una modesta biblioteca de provincia, como la de Metepec, demuestra la vitalidad de una espiritualidad originalmente inspirada por la devotio moderna y centrada en el examen de conciencia, la contemplación y la búsqueda personal que los franciscanos seguían promoviendo después de casi ochenta años de presencia en la Nueva España. La cristianización de la república de indios

Sin embargo, la notoriedad de esos núcleos, basada en la estrecha colaboración indígena con los franciscanos durante más de medio siglo, no es más que la punta del iceberg. Su influencia hubiera sido relegada a los sectores más altos de la república de indios de no ser por la caja de resonancia social que brindaron otros sectores indígenas a su vez implicados en la tarea, sin precedentes, de adaptar prácticas, 20 Domingo Chimalpahin, Diario [1577-1615], paleograf ía y traducción de Manuel Tena, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2001, p. 24-25.

Claustro del exconvento de la Transfiguración, Malinalco, Estado de México, México pp. 304-305

Autor no identificad o

Anunciación entre un águila y un ocelote, exconvento de San Juan Bautista, Cuautinchán, Puebla, México


304

reminiscencias y sensibilidad indígenas a la “nueva ley”. Entre ellos

con ciertos cantares ejecutados en el momento de las exequias: “Mez-

cabe citar a los “componedores de cantos” que operaron de su lado,

clarán algo de ello [usos y costumbres idolátricos] con nuestra fiesta de

más como agentes libres que como auxiliares inmediatos de los frai-

difuntos como mezclan con las demás”.23 De hecho, de lado o fuera del

les. Muchos de los cantos incluidos en los Cantares mexicanos tienen

control de la Iglesia, componedores de cantos mezclaban elementos

huellas lo suficientemente cristianas como para que podamos atri-

del antiguo paganismo con préstamos cristianos, revelando la permea-

buirlos a esos medios. Desde la década de 1520, los frailes se esforza-

bilidad que existía entre un cristianismo en vías de indianización y

ron por sustituir los antiguos cantares por cantares cristianizados que

una tradición autóctona contaminada por décadas de cristianización.

relataban en náhuatl “[…] las historias de las fiestas que celebran,

Sobra añadir que, al margen de las traducciones patrocinadas por las

que las han traducido los frailes en su lenguaje, y los maestros de los

órdenes religiosas, el uso cada vez más extendido de la escritura alfa-

cantares las han puesto a su modo en metro que cuadre y se cante al

bética favoreció la circulación de esas composiciones “piratas”. Bastaba

son de los cantares antiguos”. La singularidad de esta producción

copiar y volver a copiar y, al repetir ese gesto, se podía cortar, añadir

no escapó al dominico Diego Durán: “Yo me he puesto de propósito a

o modificar la interpretación. De ahí el pavor que causaba entre los

escuchar con mucha atención lo que cantan y entre las palabras y

inquisidores la noticia de que pasajes enteros de las Sagradas Escritu-

términos de la metáfora, y paréceme disparate, y después platicado

ras y “mezclas” inaceptables circularan libre y clandestinamente en-

y conferido, son admirables sentencias, así en lo divino que agora

tre los fieles indígenas.

21

componen como en los cantares humanos que componen”.22 Sobre

A estos “electrones libres” y a los círculos de letrados se suma-

su ortodoxia, el franciscano Bernardino de Sahagún discordaba con

ron otros numerosos actores que también quedaron en la sombra del

Durán, quien, sin embargo, no podía callar sus preocupaciones

anonimato. Falta espacio para presentar a los artesanos, carpinteros

Toribio de Benavente, Motolinía, Memoriales o libro de las cosas de Nueva España y de los naturales de ella, edición de Edmundo O’Gorman, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1971, p. 92. 22 Diego Durán, Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme, t. i, México, Porrúa, 1967, p. 195. 23 Ibid., pp. 55-56. 21

y albañiles que aprendieron a construir bóvedas “con fervor y diligencia”. La velocidad y la facilidad del aprendizaje de las técnicas europeas que “espantaron” a los españoles se deben tanto a la herencia prehispánica como a su activismo en el proceso de occidentalización. Insistiré aquí sobre los pintores que trabajaron en las iglesias y en los conventos


los que Bernal Díaz del Castillo no vaciló en comparar con Miguel Ángel y Berruguete. En Tecamachalco (Puebla), los frescos de la iglesia se atribuyen a un indio de la nobleza llamado Juan Gerson, como el teólogo francés del siglo xv, tan influyente entre los franciscanos novohispanos: se inspiró en grabados de origen europeo —posiblemente del estrasburgués Martin Schongauer— para pintar sobre papel amate veintiocho escenas bíblicas extraídas del Antiguo Testamento y del Apocalipsis con un brío excepcional.25 Los pintores rivalizaban para convertir los modelos europeos en versiones “mexicanas”: los frailes les proporcionaban libros ilustrados o grabados sueltos, cuyo tamaño los tlacuilos adaptaban a las dimensiones del espacio del edificio. Dado que casi siempre los modelos europeos eran en blanco y negro, los artistas indígenas solían recurrir a su antigua paleta cromática para aplicar colores que correspondieran con el tema escogido y traducir la visión europea de la naturaleza y de lo divino sin, por lo tanto, perder de vista resonancias simbólicas de origen autóctono. Su participación en el proceso de evangelización fue determinante, ya que las imágenes expuestas en las paredes de los conventos y de las capillas abiertas transmitían los componentes básicos de la nueva historia sagrada. En una sociedad en la que la ignorancia del castellano y la diversidad de las lenguas indígenas dificultaban o imposibilitaban la comunicación oral, la figuración de los episodios de la historia salutis proporcionaba un auxilio imprescindible en la predicación de los frailes. Por eso, al gozar de una amplia aceptación por parte de los frailes, los pintores influyeron tanto como los letrados en la creación y difusión de una sensibilidad y de un imaginario cristianizados. De hecho, la pintura ofrecía una margen de interpretación tal que el primer Concilio Provincial Mexicano (1555) ordenó que los clérigos examinasen tanto la corrección de las historias pintadas en iglesias y lugares sagrados como la decencia de las mismas. A la postre, tlacuilos de provincia, como Martín Cano y Pedro de San Agustín, se empeñaron en producir mapas que crearon e impusieron la imagen de una Nueva España cristianizada, en la que conventos, iglesias, atrios, torres con campanas y edificados por las órdenes mendicantes y las decenas de miles de me-

capillas se habían integrado al paisaje local, sin que las sierras y los

tros cuadrados de frescos que nos dejaron. Combinando la tradición

viejos altepeme hubiesen perdido su aura sagrada.

prehispánica de los tlacuilos con las aportaciones del arte del Rena-

Otro grupo brindó un apoyo decisivo en la formación de una cris-

cimiento, los pintores de Malinalco crearon imágenes y visiones tan

tiandad indígena. Como los letrados y muchos de los pintores, entre

exuberantes como fascinantes del paraíso terrestre, mientras que en

los rangos de la nobleza y de los principales se reclutó a cantores y

otros conventos produjeron escenas de corte bíblico, como la Expul-

músicos, cuyo talento impactó tanto al franciscano Motolinía como

sión del paraíso y El diluvio, que adornan las paredes de la capilla

al dominico fray Bartolomé de las Casas: “Pocos años después que

abierta de Actopan. En todo el Altiplano, representaciones de la vida

aprendieron el canto, comenzaron ellos a componer de su ingenio

de Cristo y de los santos se multiplicaron en la segunda mitad del si-

villancicos en canto de órgano a cuatro voces y algunas misas y otras

glo xvi. En Cuautinchán (Puebla), la pintura del tonalpohualli y el

obras que mostradas a diestros cantores decían ser escogidos juicios

mural del claustro que coloca a la Virgen entre el águila y el ocelote de-

y no creían ser de indios”.26 A finales de la década de 1530 Tlaxcala

notan tanto la apropiación cristiana de elementos antiguos como la

disponía de una verdadera orquesta que tocaba en las solemnidades:

indianización de la iconografía cristiana. En la Casa del Deán (Puebla), otros artistas se inspiraron en la leyenda medieval de las Sibilas

Han estos tlaxcaltecas regocijado mucho los divinos oficios con cantos y

para figurar el desfile de esas profetisas paganas, anunciadoras del

músicas de canto de órgano; [tenían] dos capillas; cada una de veinte can-

nacimiento y la vida de Cristo. A los pies de las sibilas, la fauna local

tores y otras dos de flautas, con las cuales también tañían rabel y jabebas

revela una naturaleza llena de presencias antiguas, mientras que el encuentro entre una centauresa y un mono (ozomatli), al hacer dialogar el paganismo griego y el mesoamericano, nos recuerda que tanto la escritura como el lenguaje visual pueden vehiculizar formas de pensamiento y mestizajes extremadamente sofisticados.24 Pocos nombres llegaron hasta nosotros: en la Ciudad de México, los de Marcos Cipac de Aquino, Juan de la Cruz y El Crespello, a

Serge Gruzinski, El pensamiento mestizo, Barcelona, Paidós Ibérica, 2000. Rosa Camelo Arredondo, Jorge Gurría Lacroix y Constantino Reyes-Valerio, Juan Gerson: tlacuilo de Tecamachalco, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1964; Serge Gruzinski, El águila y la sibila: frescos indios de México, Barcelona, Moleiro, 1994, y Constantino Reyes-Valerio, El pintor de conventos: los murales del siglo xvi en la Nueva España, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1989. 26 Jerónimo de Mendieta, Historia eclesiástica indiana [ca. 1597], t. ii, Mexico, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1997, p. 76. 24

25

305


[flautas moriscas que imitan el sonido del órgano] y muy buenos maestros de atabales concordados con campanas pequeñas que sonaban sa-

Pedro de gante (1480-1572)

La misa de San Gregorio, 1539

brosamente.27

Unos treinta años después, por razones de prestigio social y a “su modo antiguo”, los señores de los pueblos seguían manteniendo sus “capillas” de “componedores de cantos o cuicapicque”.28 A estos músicos se sumaron grupos de danzantes, cuyas proezas impresionaban

indios que mantenían alguna relación con la iglesia parroquial o con

a los españoles: “[…] los buenos danzadores de España que lo ven se

el convento podían tener acceso a libros de música y sermonarios, si

espantan, y tienen en mucho las danzas de los naturales, y el gran acuer-

no para leerlos, por lo menos para hojear sus grabados. Lejos de que-

do y sentimiento que en ellas tienen y guardan”. Cuenta Motolinía

dar confinados al papel de intermediarios o, peor, de “conejillos de

cómo en Tlaxcala “[…] los señores y principales ataviados con sus ca-

Indias”, dentro del inmenso laboratorio abierto por las órdenes men-

misas limpias y mantas blancas y labradas, con plumajes y piñas de

dicantes, estos indios hicieron de sus comunidades su propio campo

rosas en las manos, bailan y dicen cantares en su lengua”. 30 Los fieles

de experimentación, aplicando, adaptando y reinterpretando los ri-

eran tan numerosos que no cabían en las iglesias y que los “areitos”

tos, gestos y creencias que difundía la misión, al igual que los artesa-

se daban en los patios de las iglesias, frente a capillas al aire libre

nos que fabricaban y recreaban imágenes y objetos de culto a partir

destinadas a la celebración de la misa los domingos y días de fiesta.

31

de los modelos que los curas y los frailes les proponían y de materia-

El éxito del teatro en la evangelización, elemento clave de la di-

les ancestrales, como las plumas. Hacia 1570, la cantidad de capillas

mensión visual del proceso, llama la atención sobre otra categoría de

e iglesias edificadas en el arzobispado de México daba cuenta de la

peritos: los creadores del decorado y de la escenografía de las fiestas

magnitud de la tarea realizada, en la que la intervención de la mano

religiosas. Actuaban de intermediarios entre los frailes, que propor-

indígena resultó ser imprescindible.

29

cionaban los libretos, y los artesanos, que edificaban tablados, levanta-

306

ban edificios y peñoles artificiales, confeccionaban flores y pájaros

La Psalmodia christiana

de plumas multicolores, mezclaban animales vivos con figurantes dis-

¿Existe mejor ejemplo de esa participación que la Psalmodia chris-

frazados de pieles. En los pueblos más ricos, dispositivos para bajar

tiana, concebida por fray Bernardino de Sahagún y sus colaborado-

a las llamas del infierno, subir al cielo con la Virgen y los santos o

res indígenas? En 1583 el taller del francés Pedro Ocharte publicó

mover estrellas movilizaban a otros expertos capaces de utilizar má-

un texto de doscientas cincuenta y seis hojas, redactado en náhuatl,

quinas, pólvora y cohetes o inventar trucos para simular heridas san-

salvo algunas citas litúrgicas escritas en latín.34 La Psalmodia era uno de

grientas con “[…] unas alcancías de barro […] llenas de almagre”.

32

los instrumentos para la predicación y el culto que el franciscano

¿Cómo cifrar la participación de la sociedad indígena? Las rela-

quería poner a la disposición de los fieles indígenas y de sus curas.

ciones eclesiásticas proporcionan datos que sugieren el número de

De hecho, esta compilación de salmos y materiales para los sermo-

indios sin los cuales la cristianización no hubiera sido factible. En

nes era aún más ambiciosa: por una parte, proporcionaba numerosos

1569, en la parroquia de Tizayuca (Hidalgo), cada pueblo contaba con

versículos del Antiguo y del Nuevo Testamento vertidos al náhuatl,

cuatro o cinco cantores, “los más diestros”, encargados de bautizar a

gracias a lo cual se ponía a los indios en contacto íntimo con el texto

los recién nacidos. De ocho a diez cantores enseñaban la doctrina

del libro del Génesis y con el Apocalipsis de San Juan. Por otra parte,

cristiana en voz alta (en náhuatl y otomí), mientras que otros trece

aprovechaba ciertos paralelismos que existían entre los mitos bíbli-

o catorce cantores ayudaban “a oficiar la misa domingos y fiestas y

cos y la cosmología mesoamericana para asegurar la transmisión del

[hacían uso] de los instrumentos de música”.33 En la escuela de Tizayu-

mensaje cristiano. Si bien Sahagún pretendía cristianizar a los na-

ca, los alumnos más hábiles estudiaban para ser cantores o sacrista-

huas, de manera sistemática sus colaboradores nahuas indianizaron

nes. De manera general, más allá de la capital del virreinato y de las

el cristianismo. Dado que, por medio del baile, de la música y del

grandes ciudades de provincia, siempre había indios que sabían to-

canto, los antiguos cantares proyectaban a los indios anteriores a la

car instrumentos y que practicaban el canto llano y de órgano.

Conquista al mundo sobrenatural, ¿no debía suceder lo mismo con

Pintores, músicos, letrados, escenógrafos, danzantes y cantores,

los salmos y los areitos celebrados en las iglesias? Al dejar a los in-

todos contribuyeron a dar forma y cuerpo a la predicación de los evan-

dios expresarse por estos medios dentro de sus iglesias, la Psalmo-

gelizadores, sin olvidar a los fiscales, tequitlatos y sacristanes, que

dia establecía otro lazo, esta vez físico, entre la divinidad y los fieles,

organizaban el catecismo, establecían las listas de feligreses y prepa-

facilitando una relación que, paradójicamente, se parecía más a la que

raban la visita de los curas, aun en las zonas más periféricas. Los

promovían las Iglesias protestantes que al distanciamiento impuesto por la Iglesia romana, con su afán de reservar al párroco español

T. de Benavente, Motolinía, op. cit., p. 104. D. Durán, op. cit., t. i, p. 195. 29 T. Benavente, Motolinía, op. cit., p. 384. 30 Ibid., p. 384. 31 Ibid., p. 91. 32 Fernando Horcasitas, El teatro náhuatl: épocas novohispana y moderna, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1974, p. 26, y T. Benavente, Motolinía, op. cit., pp. 111-112. 33 Descripción del arzobispado de México hecha en 1570 y otros documentos, edición de Luis García Pimentel, México, José Joaquín Terrazas e Hijas, 1897, p. 62. 34 Bernardino de Sahagún, Psalmodia christiana y sermonario de los santos del año en lengua mexicana, México, Pedro Ocharte, 1583. 27 28

el monopolio del acceso a lo sagrado. Para concluir este breve e incompleto recorrido, no podemos pasar por alto la cuestión tan debatida del origen del culto guadalupano. Si bien para el periodo que nos interesa (1520-1570) no existe ninguna mención relativa a las apariciones guadalupanas, el paisaje religioso que acabamos de esbozar nos pone frente a un terreno fértil que ya reunía a actores, estructuras religiosas y creatividad espiritual en torno a formas de devoción que, en el siglo xvii, al ser reelaboradas por el clero español, culminaron en el culto guadalupano.


Gobernar en nombre de Dios y del rey: las primeras estructuras políticas de la Nueva España antonio rubial garcía*

DA CLIC PARA VER LA CONFERENCIA

Mientras Hernando Cortés y sus aliados tlaxcaltecas y texcocanos

capitales en el norte de Europa contrastará con la paulatina paupe-

estaban armando los trece bergantines para sitiar Tenochtitlan desde

rización del sur. El carácter del Imperio español, nacido como un

el lago, Carlos de Habsburgo era coronado “rey de los romanos” en

conjunto heterogéneo de reinos sujetos en distintos grados a una mo-

Aquisgrán, la capital imperial de Carlomagno, el 23 de octubre de

narquía “imperial”, marcó la índole del dominio político de España

1520. El año anterior, los siete príncipes electores alemanes lo habían

sobre América.

designado en Fráncfort emperador del Sacro Imperio Romano Ger-

Las pretensiones universalistas de Carlos V enfrentaron, sin em-

mánico. Tal designación había sido conflictiva, pues varios de ellos

bargo, la oposición de Francia y del Imperio turco, además de insu-

apoyaban al monje agustino disidente Martín Lutero, quien dos años

rrecciones locales entre 1519 y 1523, como la de los comuneros en

antes había cuestionado en Wittenberg la autoridad del sumo pontí-

Castilla, las Germanías en Valencia y Mallorca y las revueltas causa-

fice, las indulgencias, la existencia del purgatorio y la validez de varios

das por algunas facciones nobiliarias en Navarra. En todos esos ca-

de los sacramentos. Esa Alemania de la cual sería emperador Carlos era

sos, los movimientos fueron aplacados por medio de la violencia o de

un complejo mosaico político que estaba a punto de estallar en un

la diplomacia. Esa política belicista o pactista llevó a generar fuertes

conflicto religioso que dividiría a Europa y la embarcaría en guerras con-

deudas con los banqueros alemanes, hacia quienes se dirigieron los

fesionales que durarían más de un siglo. Desde Carlomagno, el cargo

primeros metales salidos de las entrañas de América.

imperial debía ser ratificado por el papa y el 5 de noviembre de 1529

Tales conflictos eran muestra de que su poder no era absoluto, y

Carlos estaba en Bolonia para ser coronado por Clemente VII, miem-

para gobernar en tan extensos territorios debía ganarse para su cau-

bro de la familia Medici, quien iba acompañado de veinticinco carde-

sa, en cada reino del Imperio, a las cabezas de los linajes nobiliarios,

nales, hijos de los más prominentes clanes italianos. En la memoria

a las altas jerarquías eclesiásticas y a unos mercaderes y banqueros que

de todos ellos estaba aún fresco el saqueo realizado en Roma por los

le solucionaran sus problemas financieros. Estos últimos, al igual que la

ejércitos del emperador dos años antes, en 1527, y las humillaciones

baja nobleza, estaban organizados en los municipios urbanos, por lo que

infligidas por sus soldados, muchos de ellos protestantes.

el emperador tuvo también que buscar sus apoyos, al igual que lo había

1

Carlos era coronado emperador como sucesor por línea paterna

hecho su abuela Isabel. Las estancias de Carlos en España, después de

de los archiduques de Austria, de los duques de Borgoña y de los

su coronación como rey de ese territorio en 1516, lo convencieron de que

condes de Flandes. Pero frente a su potestad sobre esos territorios y

el centro del Imperio debía estar en Castilla, pues era el reino más

su simbólico nombramiento imperial, era su herencia materna la que

extenso y mejor centralizado de sus dominios y el que estaba mono-

le confería su mayor poder y riqueza. En efecto, después de conflictos

polizando desde Sevilla las conquistas y las riquezas americanas. Por

dinásticos y luchas intestinas en sus respectivos reinos, Fernando de

ello, estas posesiones quedaron sujetas a Castilla, al igual que las ita-

Aragón e Isabel de Castilla habían conseguido dejar a su sucesora

lianas lo estaban a Aragón.

Juana (la madre del emperador Carlos afectada por un desequili-

La centralización en Castilla explica también la imposición del

brio mental) unos territorios más o menos estables. Su jurisdicción

castellano como lengua imperial, otro de los instrumentos de homo-

abarcaba, además de los reinos ibéricos (Aragón-Cataluña, Castilla y

logación que ya había sido implantado por Fernando III y Alfonso X

Navarra), los dominios aragoneses en el sur de Italia, en Sicilia y en

desde el siglo xiii. Con los Reyes Católicos, el castellano se convirtió

Cerdeña. A ellos, Carlos agregaría sus nuevas anexiones en el norte

en español y se volvió “una lengua ecuménica”. No es por azar que en

itálico (Milán) y los señoríos mexica e incaico que Cortés y Pizarro

1492 Isabel encargara al latinista Elio Antonio de Nebrija, discípulo

sometían en América. Sin pretenderlo, el último imperio medieval

del genial lingüista Lorenzo Valla, la redacción de la primera gramá-

daba nacimiento a la economía moderna al integrar el desarrollo co-

tica castellana, en cuyo prólogo el autor señalaba: “[…] porque estaría

mercial, manufacturero y bancario del norte de Italia y de los Países Bajos con la explotación de los metales preciosos que llegarían poco a poco de México y Perú. A partir de entonces, la concentración de

* Facultad de Filosof ía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México, México.

1 Para una buena síntesis en este tema, véase Alfredo Alvar Ezquerra et al., La España de los Austrias: la actividad política, Madrid, Akal, 2011.

309


p. 308

B a r e n d va n O r l e y ( c a . 1 4 8 8 - 1 5 4 1 )

Carlos V, 1516 pp. 310-311

Juan de l a Corte (ca. 1585-ca. 1662)

Cortejo de la coronación imperial de Carlos V en Bolonia el 24 de febrero de 1530 (detalle), siglo xvii


En Diego Muñoz Camargo, Descripción de la ciudad y provincia de Tlaxcala de la Nueva España e Indias del Mar Océano para el buen gobierno y ennoblecimiento dellas, ca. 1580-1584 Autor no identificad o

Carlos I, siglo xvi

nuestra lengua tanto en la cumbre […] y porque la lengua es compañera del Imperio”.2 En Castilla, además, Carlos heredaba un reino que, desde la época de Isabel la Católica, había logrado el sometimiento de los grupos señoriales y el apoyo de los municipios urbanos y de la Santa Hermandad, policía rural que acabó con el bandolerismo en los caminos, causado en buena medida por el gran poder que habían alcanzado los nobles en algunas regiones. Para gobernar el extenso Imperio, Carlos V comenzó a crear consejos para asesorarse en las diversas materias de los distintos territorios y en asuntos generales, como la administración de justicia, la hacienda pública y la guerra. En 1519, el mismo año que Cortés llegaba a las playas de Veracruz, se erigió el Consejo de Indias para encargarse de los asuntos jurídicos, políticos y económicos relacionados con las Antillas y Tierra Firme. Al ampliarse en las siguientes décadas los territorios sometidos con la anexión de los Imperios mexica e

que se ordenaban en forma constante y por la gran afluencia de infor-

incaico, las funciones del consejo se multiplicaron: legislación, nom-

mación que se recibía de América. Tal abundancia legislativa propi-

bramientos de funcionarios civiles y eclesiásticos y de visitadores, aco-

ció el afán de realizar una serie de recopilaciones parciales a lo largo

pio de información geográfica y política, entre otros. El emperador y

del siglo xvi, para facilitar la consulta y la aplicación de las leyes.

sus consejos tenían como obligación moral gobernar conforme a los

La inserción de letrados y juristas en el aparato del Estado no

principios religiosos y de acuerdo con el derecho, cuya fuente era el

desplazó a la aristocracia, que se sujetó a la monarquía como un gru-

mismo Dios. Ello explica por qué la política imperial se apoyó en prin-

po cortesano y detentador de altos cargos públicos, por lo que conti-

cipios teológicos, además de los jurídicos. El emperador era considera-

nuó recibiendo abundantes rentas. Para lograr su apoyo, los Reyes

do el vicario de Dios en la tierra y su principal función era la salvación

Católicos les habían concedido enormes beneficios, protegieron sus

de sus súbditos.

organismos de representación, como la Mesta (que era una organiza-

En América, por tanto, cuidar de la evangelización de los natura-

ción de productores de lana), y los convirtieron en los principales be-

les fue una de las principales funciones que el rey delegaba en los virre-

neficiarios de su política económica, gracias a la concesión del 60 por

yes; el papa había donado esas tierras a los Reyes Católicos; los indios

ciento de las rentas del Estado. Miembros de esa nobleza ocuparían

vivían en el pecado y la idolatría; estaban sujetos al demonio, por lo

los cargos virreinales en América, aunque la pugna entre una baja

que cristianizarlos se volvía una cruzada para vencer al Maligno. Mu-

nobleza feudal autonomista y la monarquía centralizadora se trasladó

chos pueblos americanos se habían sometido “voluntariamente” a la

también al escenario americano del siglo xvi.

Corona y habían aceptado la evangelización, pero los que se negaban

Junto con la nobleza, al igual que en tiempos de los Reyes Católi-

a hacerlo podían ser obligados a través de una “guerra justa”, pues con

cos, Carlos contó igualmente con el apoyo incondicional de la Iglesia,

ella recibirían un bien mayor: la salvación eterna de sus almas. La

cuyos miembros (en especial los obispos) recibieron a cambio gran-

función de los teólogos era, por tanto, no solamente fundamentar el

des ingresos y una enorme proyección política. Desde los tiempos de

poder de los reyes; eran ellos quienes sancionaban o condenaban la

la reina Isabel, los aspectos eclesiásticos fueron esenciales para llevar

actuación de los gobernantes, pues se habían erigido en la conciencia

a cabo la unificación que pretendía, y sujetar al estamento clerical al

moral del reino.

dominio directo de la Corona fue una de sus prioridades; esto se con-

El otro gran apoyo que recibió en herencia la nueva monarquía

siguió gracias al apoyo del papa valenciano Alejandro VI Borgia, quien

fueron los letrados y juristas, quienes representaban el segundo pilar

concedió a los reyes españoles amplios poderes sobre la Iglesia en los

de la política: las leyes. La legislación indiana se fue conformando por

territorios de conquista. Éstos se extendieron aún más en tiempos de

medio de reales cédulas, pragmáticas, provisiones, resoluciones, au-

Carlos V, en el llamado Regio Patronato Indiano. Mediante este re-

tos, sentencias, etcétera, que emanaban del rey o de otras autoridades

curso, los monarcas tenían el privilegio papal de proponer a los obispos

representantes de éste. A causa de la magnitud del Imperio y de sus

idóneos para ocupar las diócesis españolas, podían impedir el paso

numerosos problemas, el derecho indiano se convirtió en un sistema

de bulas y breves pontificios en sus territorios e intervenir en la ad-

complejo donde cada caso producía una ley correspondiente. Esto

ministración de los diezmos que recibían las catedrales y en autorizar

provenía también de la tradición medieval y era especialmente nece-

las fundaciones eclesiásticas. Por el Regio Patronato en su versión

sario en un territorio en el que las condiciones eran muy distintas a las de Europa. A esto se agregaba la continua rectificación de unas disposiciones con otras, situación ocasionada por las investigaciones

2 Concepción Company, “Rasgos del idioma en México: los Reyes Magos del español”, en Revista de la Universidad de México, núm. 123, 2014, pp. 67-72.

313


Luís Teixeir a (ca. 1564-1604)

Capitanías hereditarias, en Roteiro de todos os sinaes, ca. 1586 Pinturicchio (1454-1513)

Resurrección de Cristo con el papa Alejandro XVI orante (detalle), 1492-1494

indiana, Carlos, como rey de España, tuvo plenos poderes en la instauración y mantenimiento de la Iglesia en las Indias. De ahí la gran importancia política que la Iglesia tuvo en América y su asimilación como un instrumento de las políticas imperiales. La íntima unión entre lo espiritual y lo temporal fue también una de las razones de la frecuente confrontación entre autoridades civiles y eclesiásticas, pues ambas instancias se sentían con el derecho para ejercer su control sobre los indios, con el pretexto de protegerlos. Todos esos actores políticos, incluido el emperador, se regían por seis principios rectores que permitían el funcionamiento del sistema: 1] Patrimonialismo: toda función pública era considerada una “gracia” concedida por el monarca, estaba supeditada a su voluntad y, una vez adquirida, constituía un patrimonio que, como la misma realeza, podía heredarse. 2] Pactismo: en una sociedad fragmentada por los privilegios de la nobleza feudal y de la Iglesia y por el corporativismo, la única forma de gobernar era negociar, respetar y garantizar en cada uno de los reinos sujetos a su mandato los fueros del clero y de la aristocracia y los privilegios de los súbditos organizados corporativamente. 3] Justicia: la principal función del rey era garantizar que cada uno de los estamentos y corporaciones respetara el pacto social que permitía la convivencia armónica dentro de un sistema altamente je-

defendieron su supremacía basados en el derecho feudal derivado de

rarquizado. Imponer leyes para facilitar la administración de justicia

la conquista; los segundos constituyeron un instrumento de la Coro-

y la protección de los débiles fue, junto con el pactismo, lo que per-

na para someter a esos “vasallos” encomenderos a una autoridad que

mitió sujetar los diversos intereses a la tutela del rey. 4] Fidelidad al

representaba al rey; los señores indígenas pactaron con encomende-

rey: el monarca gobernaba en nombre de Dios, con lo cual la religión

ros y funcionarios y se insertaron en esa conflictiva relación, actuan-

sacralizaba los conceptos de pactismo y justicia a partir de dos in-

do en consecuencia para proteger sus privilegios.4

cuestionables verdades: el rey y el papa eran representantes de Dios

Para comprender la evolución de las estructuras políticas, que

en la tierra y la sociedad debía reflejar el orden jerárquico y patriarcal

tuvo como base el enfrentamiento de los tres grupos, podemos divi-

que existía en el cielo. 5] Clientelismo: en todos los niveles sociales,

dir el siglo xvi en las siguientes etapas: en la primera (1519-1530)

pero en especial en los círculos cortesanos, se generaban vínculos mar-

predominaron los intereses de los conquistadores y de sus aliados in-

cados por relaciones de dependencia y de colaboración; los clientes

dígenas; en la segunda (1530-1564) se buscó equilibrar la participa-

debían lealtad y servicios a sus patronos a cambio de sus favores y

ción de las facciones, pero bajo el control de autoridades nombradas

protección y, en el cumplimiento de obligaciones y derechos, el senti-

por la Corona y con la intervención de los sectores eclesiásticos; en la

do del honor por ambas partes garantizaba la observancia de los com-

tercera (1564-1600) se impuso el dominio del rey y de sus funciona-

promisos adquiridos. 6] Representación: el poder sólo podía tomar

rios y obispos sobre los intereses particulares de encomenderos, frailes

cuerpo dentro de un aparato visual y teatral que se imponía, en la

y nobles indígenas, aunque el pactismo, el clientelismo, la necesidad

corte (como una etiqueta que marcaba la condición de cada cortesa-

de allegarse recursos materiales y humanos y el tema de la evangeli-

no respecto al rey) y hacia el pueblo, en un fastuoso despliegue festi-

zación siguieron condicionando la política y atizaron el enfrentamien-

vo cívico y religioso. Por medio de sus palacios, carruajes, ropajes y

to de los obispos con los religiosos.

sirvientes el rey hacía patente (en la corte, en la plaza y en el templo) que su persona era el símbolo conciliador que le daba unidad al Imperio. Esos aparatos de representación fueron esenciales en los virreinatos indianos.3

1 5 2 1 - 1 5 3 0 : e l g o b i e r n o d e l o s c o n q u i s ta d o r e s y de sus aliados

Siguiendo la tradición instaurada en las Antillas, y al igual que suce-

En América, más que en ninguna otra parte del Imperio, la jus-

dió en Cuba, Jamaica y Tierra Firme, aventureros unidos por lazos

tificación político-teológica y la legislación tenían también como

clientelares y de parentesco se apropiaron de los recursos materiales

finalidad legitimar la explotación de la mano de obra y del tributo indígenas. Por ello, el aspecto económico del problema representó un papel importante en tal proceso. Los indios, considerados en la teoría hombres libres, en la práctica estuvieron sujetos al poder político y económico de los conquistadores o de los funcionarios. Los primeros

3 Carlos Garriga, “Orden jurídico y poder político en el Antiguo Régimen”, en Istor: Revista de Historia Internacional, vol. 4, núm. 16, primavera de 2004, pp. 13-44. 4 José Miranda, Las ideas y las instituciones políticas mexicanas, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1979.

315


316

y humanos de los territorios ocupados, creando situaciones que no

junto de señoríos, con diversas formas de organización. Incluso los

podían ser controladas ni por la ley ni por la religión. Sin embargo,

que dependían del “Imperio” mexica tenían respecto a él grados diver-

era necesario que un dirigente organizara el reparto de esa riqueza

sos de sujeción y autonomía, que iban desde la imposición de gober-

material y humana y Hernando Cortés solicitó para ello la autoriza-

nantes hasta una mera tributación, a veces simbólica. En las siguientes

ción del emperador Carlos V. Haber conquistado para su monarca un

dos décadas, los mil quinientos señoríos que había en Mesoamérica

“imperio” como el mexica le debía redituar la posibilidad de estar a la

quedarían sujetos a un régimen que cambiaba, al mismo tiempo que

cabeza de su gobierno. Sin embargo, el extenso territorio sometido no

se expandían las conquistas sobre el territorio.5

funcionaba, de hecho, como un “imperio” y Cortés sabía que aquello

A raíz de la caída de Tenochtitlan y del dominio de los españoles

que intentaba sujetar a un régimen político era un abigarrado con-

sobre los principales señoríos de Mesoamérica, cuyo sometimiento había sido una empresa privada, los primeros gobiernos en manos de los

Bernardo García Martínez, “Nueva España en el siglo xvi: territorio sin integración, ‘reino’ imaginario”, en Óscar Mazín y José Javier Ruiz Ibáñez (eds.), Las Indias Occidentales: procesos de incorporación territorial a las monarquías ibéricas, México, El Colegio de México/Red Columnaria, 2012, p. 246. 5

conquistadores se establecieron sobre dichos señoríos con la anuencia y colaboración de sus caciques y enfrentando una ambigua posición de los frailes. Para darle legitimidad a esos despojos, tanto Hernando Cortés como los conquistadores-encomenderos y la nobleza indígena


Autor no identificad o

Biombo Escenas de la Conquista, finales del siglo xvii

317

buscaron que Carlos V les otorgara el reconocimiento de sus dere-

que venía desempeñando de hecho desde 1519. El conquistador deci-

chos y privilegios, en un momento en que el emperador estaba inten-

dió mantener la sede del antiguo poderío mexica como capital de Nue-

tando unificar su imperio y enfrentando oposición tanto dentro como

va España a causa de su situación insular estratégica, de su capacidad

fuera de la península ibérica. Al mismo tiempo que se intentaba la

económica y de su importancia como centro receptor de tributos. La

unificación imperial en Europa, se buscaba el sometimiento de los

fundación de la Ciudad de México sobre Tenochtitlan creó una situa-

pueblos sedentarios en Mesoamérica y Sudamérica. Al ser prioritario

ción del todo inédita en el continente americano. A diferencia de lo que

para Carlos confrontar la situación europea, el control de los territo-

sucedería en Perú una década y media después, donde Lima, la ciudad

rios sometidos al otro lado del Atlántico fue cedido, por el momento,

española, y Cuzco, la indígena, ocupaban dos sedes distintas, la situación

a los mismos conquistadores.

de México creó una sociedad dual en un mismo espacio, lo que generó una realidad novedosa: un centro español (la traza) y un entorno

Hernando Cortés gobernador y c a p i tá n g e n e r a l ( 1 5 2 1 - 1 5 2 4 )

indígena (los barrios). A pesar de que esta ficción de las dos repúblicas (es decir, de dos

Por una real cédula del 15 de octubre de 1522, se confirmó a Hernando

unidades administrativas y sociales aisladas) no se pudo mantener

Cortés como capitán general y gobernador de la Nueva España, cargos

por mucho tiempo, en la práctica legal se manejaron dos ciudades


Autor no identificad o

Hernán Cortés, siglo xix Autor no identificad o

Plano de la Plaza Mayor de México, edificios y calles adyacentes y la Acequia Real, ca. 1562


paralelas, en las que las diferencias étnicas fueron concebidas en tér-

cabildos municipales, con alcaldes elegidos por él, para el gobierno

minos del corporativismo. En la capital, el gobernador entregó su

de las villas de españoles. En todas esas instancias políticas los enco-

administración a un cabildo de vecinos, formado por sus aliados y

menderos cercanos a Cortés desempeñaron los principales cargos

parientes extremeños. Para beneficiarlo, el capitán le asignó los tri-

y funciones.

butos de seis pueblos en los márgenes del lago: Cuitláhuac, Mixquic, Iztapalapa, Mexicaltzingo, Huitzilopochco, Colhuacan.6

En los pueblos de indios se mantuvo a la nobleza aliada y cuando se eligieron nuevos señores se aplicaron las leyes de los naturales. Cor-

El control de Cortés sobre el cabildo era tan evidente que sus se-

tés organizó el territorio como un señorío feudal —donde los enco-

siones se realizaban en su palacio, al igual que las reuniones con los

menderos funcionaban como vasallos del gobernador— y dictó una

alcaldes mayores. En ese espacio, que se había construido en las casas

serie de normas sobre milicia, ciudades y pueblos, cultivos, ganado,

de Axayácatl, se tomaban decisiones que afectaban tanto a la ciudad

tratamiento de los indios, etcétera. Apoyó igualmente a los francisca-

como a todo el reino, y en su capilla se celebraban las misas dominica-

nos, llegados en dos misiones entre 1523 y 1524, les otorgó un solar

les, pues todavía no había un templo en forma. Para administrar jus-

para su convento a espaldas de su palacio en la capital y los acreditó

ticia a los españoles fue designado Rodrigo de Paz, amigo cercano de

ante sus principales aliados indígenas, los señores de Texcoco, Tlax-

Cortés, como alcalde mayor de la capital.

cala y Michoacán.7

Para el gobierno y control de los indígenas de la ciudad, Cortés

En ese periodo, los encomenderos encargados por Cortés de los

nombró a un cuauhpilli, Juan Velázquez Tlacotzin, el cihuacoátl de

pueblos de indios se volvieron los dominadores de las comunidades

Cuauhtémoc, quien no pertenecía a la casa real mexica. A diferencia

por mediación de los caciques nativos. El más beneficiado fue cierta-

de lo que hizo con sus aliados, los señores de Texcoco, Tlaxcala y Michoa-

mente el pequeño grupo de amigos de Cortés y los señores aliados

cán, el conquistador desconfiaba de los miembros de las familias vincu-

que ayudaron en la conquista de Tenochtitlan, lo que provocó mucho

ladas con los huey tlatoque tenochcas. Pero era esencial el control de

descontento y fuertes pugnas entre facciones, que amenazaron con

la ciudad indígena, donde habitaba la mayor parte de su población,

volverse una guerra civil, sobre todo entre 1524 y 1526, cuando el ca-

pues con sus tributos y su mano de obra se construía la ciudad espa-

pitán estuvo ausente por su malograda expedición a las Hibueras para

ñola y se mantenían los diques y la infraestructura hidráulica.

someter la sublevación de uno de sus capitanes, Cristóbal de Olid.

Su poder sobre la ciudad era un reflejo de lo que pretendía hacer sobre el territorio, ya que reunía en su cabeza el control del gobierno, la administración pública, el ejército y la justicia. Para desempeñar algunas de esas funciones regionales nombró autoridades subalternas: tenientes de gobernadores para cada una de las regiones sometidas y

6 Charles Gibson, Los aztecas bajo el dominio español (1519-1810), México, Siglo xxi, 1978, p. 398. 7 Jessica Ramírez y Rossend Rovira, “De San Francisco el Viejo al Nuevo en la Ciudad de México: una propuesta de relectura de la primigenia traza española (1524-1525)”, en Estudios de Historia Novohispana, núm. 64, enero-junio de 2021, pp. 161-205.

319


320

Los jueces gobernad ores

y gobernando de hecho. La actuación del último de esos jueces, Alon-

y la primer a Audiencia (1526-1530)

so de Estrada, cuyos intereses privados pesaron más que los de la

En esos dos años de ausencia (1524-1526), la situación política se vol-

Corona, ahondó las fricciones y trajo tales conflictos con Cortés y sus

vió turbia y caótica. Aquellos a quienes encargó el gobierno comen-

seguidores que el rey decidió establecer una Audiencia, con amplios

zaron a tener disensiones apenas Cortés partió y fueron suplantados

poderes de gobierno y justicia, para acabar con la crítica situación que

por los oficiales de recaudación de tributos enviados por el rey (Alonso

amenazaba con convertirse en una guerra civil.

de Estrada, Rodrigo de Albornoz, Gonzalo de Salazar y Peralmíndez

Sin embargo, el papel de esta nueva autoridad fue aún más nega-

Chirinos), quienes, aliados con los disidentes, cometieron muchos

tivo que el de las anteriores. Su presidente, el gobernador de Pánuco

atropellos contra los seguidores del conquistador. Rodrigo de Paz,

Nuño Beltrán de Guzmán, así como los oidores Juan Ortiz de Matien-

mayordomo de Cortés, alguacil mayor y regidor de la ciudad, fue tor-

zo y Diego Delgadillo, arrebataron a Cortés y a sus partidarios sus

turado y ahorcado. Poco después, fray Toribio de Benavente, Motoli-

propiedades y bienes, aumentaron los tributos y servicios personales

nía, a quien Cortés había dejado para apaciguar las tensiones, entraba

de los indios, permitieron su esclavización, atacaron a la nobleza in-

en conflictos con el cabildo por defender a los cortesianos y convertía

dígena y se aprovecharon de sus cargos para enriquecerse. Para ganar-

el convento de San Francisco en un centro de reunión de los partida-

se la voluntad del cabildo, Nuño de Guzmán le otorgó varias tierras

rios del capitán. Todos hablaban de los “comuneros”, en referencia a

(como parte de su fundo legal o ejido) en Guadalupe, Tenayuca, Co-

los alzamientos populares contra el gobierno de Carlos acaecidos unos

yoacán y otras regiones, pero su actuación contra las autoridades

años antes.

indígenas le ganó la enemistad de los miembros más influyentes de la

A principios de 1526, los usurpadores fueron desplazados en el

Iglesia. Fray Juan de Zumárraga (el primer obispo electo recién llegado)

cabildo por los amigos de Cortés, quien regresó de las Hibueras el 19 de

estuvo a punto de ser asesinado por delatar públicamente sus abusos,

junio. El capitán nombró para gobernar la ciudad indígena a Andrés

y los franciscanos fueron violentados y amenazaron con dejar la ciu-

de Tapia Motelchiuhtzin, otro cuauhpilli, pues Juan Velázquez había

dad sin misas ni sacramentos, lo que significaba exponerla a la ira

muerto durante la expedición a las Hibueras, al igual que Cuauh­témoc

divina. El emperador se enteró de la situación gracias al obispo electo

y otros nobles mexicas. Este segundo periodo de gobierno del con-

Zumárraga y mandó a un grupo de jueces desde Santo Domingo para

quistador fue muy breve, sólo duró diecinueve días, pero fueron su-

que destituyeran a Guzmán y sus secuaces y conformaran una nueva

ficientes para darse cuenta de la conflictiva situación que se había

Audiencia gobernadora.8

generado en su ausencia entre sus amigos y sus enemigos. Un juez enviado desde España, Luis Ponce de León, arribaba el 2 de julio a la

1530-15 64: l a segunda Audiencia

capital para abrirle a Cortés un juicio de residencia, tomarle cuentas

y los dos primeros virreyes

de su conducta y destituirlo en el mando civil y judicial. Con él llegaron

Hasta 1530, las más importantes autoridades coloniales habían salido

los primeros frailes dominicos, que muy pronto también se integra-

de las filas de los conquistadores; el fracaso de la primera Audiencia,

ron a las facciones en pugna y algunos de los cuales se pusieron del

encabezada por un guerrero esclavista como Nuño de Guzmán, con

lado de los enemigos de Cortés. Entre 1526 y 1529 se sucedieron otros

intereses económicos muy fuertes, había mostrado el desacierto de

dos jueces-gobernadores nombrados con el encargo de hacer el juicio

su instauración. Por otro lado, los consejeros de la Corona se daban

de residencia al capitán general, quien seguía controlando el cabildo

cuenta del peligro que se corría al fomentar un señorío feudal autónomo y separatista en una zona sumamente alejada de la Península,

8

C. Gibson, op. cit., p. 378.

además del riesgo de una contienda de facciones. Por tanto, con base


ciscanos, encabezados por fray Toribio de Benavente, Motolinía, y la

Copia de J u a n M a n u e l Y l l a n e s ( a c t i v o e n l a s e g u n d a m i ta d d e l s i g l o x v i i i )

segunda Audiencia, llevaron a cabo la primera fundación oficial de

Lienzo de Tlaxcala [ca. 1552], 1773

una “puebla” a orillas del río Atoyac, que se puso bajo la advocación de los “Santos Ángeles”. Ambas instancias intentaban crear ahí una sociedad de labradores españoles sin encomienda de indios que hiciera contrapeso a los poderosos encomenderos de la Ciudad de México. Dicha fundación atraería a colonos recién llegados, con lo que

en la tradición centralizadora castellana, Carlos V decidió aumentar

se evitarían, en teoría, los abusos a los indios. 11

el control político sobre la naciente Nueva España y limitar el poder

La Corona, que buscaba “reproducir en América unidades simi-

de los conquistadores por medio de funcionarios letrados que ten-

lares a las que existían en España”, encontró en esas villas y ciudades

drían a su cabeza un virrey, de manera similar al sistema que ya fun-

su principal instrumento de implantación colonizadora.12 Sobre to-

cionaba desde el siglo xv en los territorios dependientes del reino de

das ellas se impuso como modelo, desde un principio, como el más

Aragón: Sicilia, Cerdeña y Nápoles.

importante centro administrativo, económico y religioso del territorio, la Ciudad de México. Heredera del papel político y estratégico de

La segunda Audiencia (1530-1535)

la antigua Tenochtitlan, ella fue la única ciudad española que se cons-

Para preparar la instauración del nuevo gobierno, Carlos V envió una

truyó sobre un poderoso centro prehispánico.

segunda Audiencia, que rigió la Nueva España desde 1530 hasta la

La segunda Audiencia se preocupó además por restablecer el or-

llegada del virrey Antonio de Mendoza en 1535. Se nombró presidente

den, intentó limitar los excesos de la encomienda y del tributo para

de ella a fray Sebastián Ramírez de Fuenleal, obispo de Santo Domingo,

evitar los abusos cometidos en contra de los indígenas y trató de aca-

y como uno de sus oidores al culto letrado Vasco de Quiroga. Durante

bar con la esclavitud de éstos, para todo lo cual nombró corregidores

el gobierno de la segunda Audiencia, se fortalecieron las sedes epis-

en aquellos pueblos sujetos a la Corona. Otra de sus funciones consistió

copales en el centro del territorio, las cuales comenzaron a ser impor-

en recabar información sobre la actuación de la primera Audiencia,

tantes focos de poder político. A las de Tlaxcala (erigida en 1526) y

cuyos miembros tuvieron que someterse a un juicio de residencia. El

México (fundada en 1530), se agregaron, bajo la tutela de la segunda

proceso de Nuño de Guzmán, su presidente, se retrasó por encon-

Audiencia, las de Comayagua y Nicaragua (1531), Guatemala (1534)

trarse conquistando y devastando los territorios norteños. De hecho, en

y Oaxaca (1535). Don Vasco, por su parte, impulsó la fundación de la

1531, Guzmán consiguió de la reina regente Isabel de Portugal la au-

diócesis de Michoacán, con su capital en Pátzcuaro, sede que ocuparía

torización para erigir un reino autónomo de Nueva España deno-

como obispo en 1536. La segunda Audiencia también dio todo su apo-

minado Nueva Galicia. Desde esa fecha hasta su destitución como

yo a los frailes franciscanos y dominicos y en 1533 recibió a los agus-

gobernador en 1536 por orden del virrey Mendoza, Guzmán inten-

tinos; todos ellos serían piezas clave en el desarrollo de la capital y de

tó infructuosamente anexar a su reino las áreas de Michoacán y Pá-

los demás centros episcopales y servirían como puentes entre las auto-

nuco, región donde había llegado como gobernador en 1527; grandes

ridades españolas y las comunidades indígenas, de cuya evangelización

dificultades tuvieron también las fundaciones de la primera capital

comenzarían a hacerse cargo en todo el territorio sujeto a la Audiencia.

del reino en Compostela (1531) y de la villa de Guadalajara en No-

Ciudades y pueblos fueron las entidades jurídicas primordiales

chistlán (1532).13

de la territorialización del espacio “debido a su capacidad para hispa-

En cuanto al gobierno indígena, la segunda Audiencia continuó

nizarlo, jerarquizarlo y colonizarlo”.9 Las ciudades, villas y pueblos

con las políticas del régimen anterior. En la Ciudad de México, la segun-

constituyeron asentamientos humanos permanentes, cobijados bajo

da Audiencia decidió nombrar a otro cuauhpilli, Pablo Xochiquen­

dos tipos de autoridades: los eclesiásticos (con doctrinas y parroquias

tzin (1532-1536), quien procedía también de esos sectores militares

administradas por los cleros regular y secular, respectivamente) y

ennoblecidos antes de la Conquista. Al igual que Juan Velázquez y

los seglares, cuyo gobierno estaba constituido por los ayuntamientos

Andrés de Tapia, quienes habían sabido acomodarse a los convulsos

(cuerpos cuyos alcaldes ordinarios y regidores tenían facultades ju-

cambios posteriores a la caída de Tenochtitlan, Xochiquetzin ejerció

risdiccionales y administrativas) en la llamada “república de españo-

su gobierno desde el barrio de San Pablo Teopan.14

10

les” y por las autoridades nativas locales en la “república de indios”.

Siguiendo ese modelo, y con la anuencia de la Audiencia y de los

En las ciudades de españoles y en algunos pueblos indígenas, sobre

religiosos, las comunidades de los nuevos poblados conservaron el

todo aquellos que no estaban bajo un encomendero y que pertenecían a la Corona, se nombraron alcaldes mayores y corregidores para administrar justicia y cobrar los tributos a los nativos. Los miembros de la segunda Audiencia se percataron de la necesidad de consolidar asentamientos urbanos para agrupar a los españoles dispersos, lo cual implicaba no sólo dotarlos de tierras y solares, sino también de los recursos jurídicos e institucionales necesarios. La experiencia fallida en algunos de los primeros emplazamientos, como Pánuco, había demostrado que no era suficiente con atraer colonos; era necesario arraigar a la población española y para ello se le tenía que poder ofrecer cierto estatus económico y social, a la par que caminos, acceso a recursos acuíferos y alimenticios, atención espiritual y hospitalaria y solares para sus casas. El 16 de abril de 1531, los fran-

9 Óscar Mazín y Carmen Saucedo, Una ventana al mundo hispánico: ensayo bibliográfico, México, El Colegio de México, 2006, p. 36. 10 En los pueblos de indios los frailes mantuvieron la denominación de doctrinas que daba la idea de una actividad misionera viva, lo cual los eximía de la sujeción a los obispos. Éstos, en cambio, propugnaban por demostrar que los religiosos llevaban a cabo una administración parroquial, con lo que, además de exigir el control episcopal, estaban preparando el terreno para que las doctrinas de los frailes pasaran al clero secular. 11 Julia Hirschberg, “La fundación de Puebla de los Ángeles: mito y realidad”, en Historia Mexicana, México, El Colegio de México, vol. xxviii, núm. 2, 1978, pp. 185-223. 12 Carlos Garriga, “Patrias criollas, plazas militares: sobre la América de Carlos IV”, en Eduardo Partiré (coord.), La América de Carlos IV, Buenos Aires, Instituto de Investigaciones de Historia del Derecho, 2006, pp. 35-130. 13 Tomás Calvo y Aristarco Regalado (coords.), Historia del reino de la Nueva Galicia, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 2016, pp. 153 y ss. 14 Barbara E. Mundy, La muerte de Tenochtitlan: la vida de México, México, Grano de Sal, 2018, pp. 165 y ss.

321


sistema autóctono de propiedad comunal, el gobierno de sus señores

Francisco Tello de Sandoval, Ordenanzas de la Audiencia de México, 1544

nativos, su organización tributaria y el sistema comunitario de traba-

Real provisión que concede a la Ciudad de los Ángeles su escudo de armas, 1538

jo rotativo. Con ello se forjó el concepto de “república de indios”, es

“Para tomar residencia al marqués del Valle”, en Vasco de Puga, Cedulario de Puga, f. 6r, México, Pedro Ocharte, 1563

decir, un sistema administrativo que permitiría proteger a los nativos de los abusos de la otra “república”, la de los españoles. De manera simultánea, se programó la evangelización con el apoyo de los señores de la tierra. Los proyectos franciscanos para formar una élite indígena siguieron como modelo los colegios fundados por fray Pedro

Quien ocupara el puesto virreinal se enfrentaría a una Nueva Es-

de Gante en Texcoco y en la Ciudad de México y la organización de

paña muy conflictiva. Los principales problemas que el virrey debía

los pueblos se hizo a imitación de la república de indios “ideal” que se

resolver serían: 1] conseguir metales preciosos enviando expedicio-

había establecido en Tlaxcala.

nes a las fronteras en busca de minas; 2] “pacificar la tierra”; es decir,

15

Carlos V, ocupado en sus conflictos con Francisco I de Francia y

dirimir las disputas entre encomenderos, frailes y caciques, aplacar

con los luteranos alemanes, prolongó el gobierno de la segunda Au-

las rebeliones indígenas y consolidar la ocupación española, y 3] im-

diencia hasta 1535 y nombró al primer virrey; un tribunal con el mismo

pulsar la expansión del cristianismo y de la civilidad hispana entre los

nombre siguió funcionando para juzgar causas civiles y criminales,

nativos como premisa de dicha consolidación.16

con jurisdicción sobre amplios territorios, aunque las condiciones ame-

La titánica labor se encargó a Antonio de Mendoza, segundón

ricanas propiciaron que este organismo ejerciera además aquí otras

de un linaje ilustre con gran poder en el reinado de Isabel, quien ha-

funciones: fungió como tribunal administrativo de apelación contra

bía nombrado a su padre, Íñigo López de Mendoza, gobernador de la

las sentencias virreinales; privó de efecto diversas decisiones de las

recién conquistada Granada. La Nueva España a la que llegaba el nue-

autoridades eclesiásticas y civiles; gobernó en ausencia del virrey o

vo virrey era un complejo territorio, con una enorme diversidad re-

de cualquier autoridad superior y se constituyó como consejera de

gional y cuya conquista y ocupación por parte de los españoles estaba

éste en una Junta o “Acuerdo”. Como veremos, en la siguiente década,

aún en proceso. En las fronteras del norte y del sur, la Corona había

otras dos Audiencias, además de la de México, fueron erigidas en las

hecho enormes concesiones a los “adelantados”, conquistadores que

fronteras de Nueva España.

recibieron el encargo de expandir las fronteras. En 1526 Francisco de Montejo sería autorizado por el emperador para emprender la con-

322

L a a c t u a c i ó n d e l p r i m e r v i r r e y,

quista de Yucatán (donde se incluía un territorio que iba desde Tabas-

Antonio de Mend oza (1535-1550)

co hasta las Hibueras, en Honduras). A causa de la fuerte resistencia

Ante el fracaso por encontrar una solución a la conflictiva situación

que presentaron los mayas, esa empresa sólo pudo consumarse hasta

del Imperio alemán, Carlos V —como se dijo— optó por concentrar

1547, con la ayuda del sobrino y del hijo del adelantado, ambos con su

su poder en España, poniendo su cabeza en Castilla y consolidando

mismo nombre. Más al sur, Pedro de Alvarado había obtenido del em-

una red de funcionarios civiles y eclesiásticos. Para ello creó consejos

perador en 1527 los títulos de capitán general, gobernador y adelanta-

de Estado, extendió los privilegios del Regio Patronato para poder

do de Guatemala, cargo que desempeñaría personalmente de manera

nombrar arzobispos y obispos fieles a sus mandatos y nombró virreyes

esporádica, dadas sus andanzas en la conquista de Quito y en una

para todos los territorios peninsulares fuera de Castilla (Navarra, Ara-

expedición a las Molucas. Por su lejanía del centro, ambos territorios

gón, Cataluña y Valencia), para los dominios italianos (Sicilia, Nápo-

tuvieron una gran autonomía de los virreyes. Entre 1542 y 1561, por

les y Cerdeña) y para las recién conquistadas posesiones americanas

ejemplo, la llamada Audiencia de los Confines, con sede en Guatema-

(Nueva España y Perú). El cargo debía recaer en personas experimen-

la, gobernaba sobre toda Centroamérica, incluido Chiapas, y por al-

tadas y de plena confianza, pues ejercían todas las funciones de go-

gún tiempo también dependió de ella Yucatán.

bierno en las diversas regiones del Imperio.

A diferencia de lo que estaba pasando con Yucatán y Guatemala,

En América, los virreyes estaban facultados para modificar e in-

el reino de Nueva Galicia mantendría fuertes vínculos políticos y eco-

cluso suspender la ejecución de las disposiciones reales; otorgaban

nómicos con el centro del virreinato. Fundado por Nuño de Guzmán

mercedes, licencias y autorizaciones en materia de tierras, minas,

en 1531, subsistió con relativa autonomía hasta que su fundador fue

tributo y trabajo; despachaban instrucciones para las autoridades su-

destituido por el virrey Mendoza en 1536. Sus enormes recursos y su

bordinadas; confirmaban las elecciones municipales y ordenaban

situación de frontera fueron la causa de la intervención directa del

la construcción de obras públicas y el abastecimiento de víveres. A

virrey en el nombramiento de sus gobernadores (Cristóbal de Oñate

pesar de lo extenso de sus funciones, el virrey y los gobernadores es-

y Francisco Vázquez de Coronado) y en la rebelión indígena del Mix-

taban limitados por las Audiencias, por los visitadores y por los arzo-

tón. Entre 1541 y 1542, los abusos y la captura de esclavos chichimecas

bispos; al final de su gobierno, los virreyes debían someterse, como

practicados por los encomenderos llegados con Nuño de Guzmán pu-

todos los funcionarios, a un juicio de residencia.

sieron en grave peligro el dominio español en la región. Los sublevados pretendían expulsar a los españoles, mataron a numerosos religiosos y colonos y quemaron misiones y poblados. Guadalajara tuvo que ser

Ibid., pp. 258 y ss. 16 En las instrucciones dadas por Carlos V al virrey Mendoza se ponía especial énfasis en “[…] todas las cosas concernientes al servicio de Dios Nuestro Señor y aumentos de nuestra Santa Fe Católica […] en lo que toca a la instrucción y conversión de los dichos indios”. Véase Lara Semboloni, La construcción de la autoridad virreinal en Nueva España, 1535-1595, México, El Colegio de México, 2014, p. 47. 17 T. Calvo y A. Regalado (coords.), op. cit., pp. 175 y ss. 15

evacuada y fundada en un emplazamiento más al sur, en Atemajac. El virrey Mendoza encabezó en persona la campaña para someter a los sublevados y, una vez aplacada la rebelión, se consolidó el control español con el establecimiento en Compostela de una Audiencia gobernadora (1548) y de una sede episcopal (1549). Además, se impulsó el traslado masivo de pobladores de habla náhuatl.17


En Jerónimo de Alcalá, La relación de Michoacán (portada), 1539-1541 Autor no identificad o

Virrey Antonio de Mendoza y Pacheco, 1535

zonas que, gracias a la labor de Cortés y de la segunda Audiencia, se encontraban ya pacificadas. Todavía existían, sin embargo, regiones poco exploradas en la antigua Mesoamérica, como las zonas costeras, incluida la llamada Tierra Caliente, y grupos indígenas como los yopes de la Costa Chica, en el actual estado de Guerrero, o los mixes de la sierra de Oaxaca persistían en su oposición a la expansión española. Incluso dentro de aquellas regiones ya sujetas, como el valle de Oaxaca y la cuenca lacustre de Michoacán, el virrey tuvo que enfrentar la resistencia de dos poderosos señores que las habían convertido en unos feudos con fuerte autonomía. Sus conflictos con Hernando Cortés, su principal opositor y detentador de un poder jurisdiccional muy autónomo en Oaxaca, terminaron cuando éste se fue a España en 1540 para nunca más regresar. También conflictiva fue la relación entre Mendoza y el obispo de la recién creada diócesis de Michoacán, Vasco de Quiroga, quien se opuso tenaz pero infructuosamente a la funLa actividad que llevó a cabo Mendoza en el Mixtón era una muestra del significado que comenzaba a tener el norte para el gobierno

324

dación de Valladolid, una ciudad de españoles en un territorio que el obispo controlaba desde Pátzcuaro, su capital episcopal.18

virreinal, gracias a su potencial ganadero y minero, por lo que durante

Otra fue la situación de los pueblos situados alrededor de los va-

algún tiempo ese reino siguió estando sujeto al virrey, quien nombra-

lles centrales, distribuidos alrededor de la cuenca lacustre donde es-

ría en principio a sus autoridades. Esta dependencia se hizo más no-

taba la Ciudad de México. A su arribo a Nueva España, el virrey se

table por las varias expediciones enviadas por Antonio de Mendoza

dio cuenta de los intereses que en esas regiones confrontaban a enco-

hacia aquellas regiones en busca de las amazonas y de las míticas ciu-

menderos, frailes y caciques, los tres sectores que detentaban una de

dades de oro y de plata. Por mar, Hernando Cortés recorrió el golfo

las mayores riquezas del reino, la mano de obra y el tributo de los in-

de California, que hasta hoy lleva su nombre, y por tierra las expedi-

dios. Siguiendo el principio de que el buen gobierno consistía en admi-

ciones llegaron hasta el río Colorado y el Nuevo México. Álvar Núñez

nistrar justicia, amparar al débil y mantener el orden, el virrey Mendoza

Cabeza de Vaca, quien había naufragado en un intento fallido de Pán-

pactó con las tres fuerzas a partir de una visión jurídica de larga tra-

filo de Narváez por conquistar la Florida en 1527, recorrió con tres

yectoria medieval: las leyes generadas por la monarquía debían adap-

compañeros extensos territorios en Texas, Nuevo México y Coahuila.

tarse a las condiciones regionales.

Sus noticias animaron al virrey Mendoza a enviar en 1540 a fray Mar-

Este principio estaba implícito en las instrucciones que recibió

cos de Niza y a Francisco Vázquez de Coronado a buscar los míticos

de Carlos V y Mendoza fue el primero en adecuar las leyes imperiales

reinos de Cíbola y Quivira.

en el tema de la separación entre las dos repúblicas. Mendoza, en un

En 1546, a un lustro de la rebelión del Mixtón, unos explorado-

principio, promovió la convivencia entre españoles e indios, pues pen-

res encontraron ricos filones de mineral en Zacatecas, lo que desató

saba que éstos aprenderían la doctrina y las “buenas costumbres” con

una verdadera “fiebre de la plata” en Nueva España. Cientos de colo-

esa interacción; pero al constatar los abusos y la brutal disminución

nos, mercaderes, indígenas “de repartimiento” y esclavos negros llega-

de indios optó por hacer caso a los frailes y promover el aislamiento,

ron desde México, Michoacán y Nueva Galicia, territorio este último

prohibiendo a los españoles vivir en los pueblos.19 En ese sentido, el

del que dependió en adelante el real de minas. Además de las conquis-

gobierno del virrey Mendoza estuvo regido por una política concilia-

tas del norte, su interés por ampliar las rutas comerciales llevó al vi-

dora: limitó los abusos de que eran objeto los indios en las minas e

rrey Mendoza a organizar una expedición en 1541, al mando de Ruy

intentó regular el trabajo y el tributo excesivo de las encomiendas.

López de Villalobos, al llamado archipiélago de San Lázaro (las futu-

Para llegar a una tasación justa de los tributos, mandó recabar infor-

ras Filipinas) para poner ahí una base comercial con China.

mación (de la que salieron la Matrícula de tributos y el llamado Có-

Poco a poco se iban delimitando las fronteras jurisdiccionales de

dice Mendocino), pues estaba consciente de la necesidad de conocer

las distintas regiones y se consolidaba el poder del virrey en aquellas

la realidad social y económica de los indios para poder gobernarlos.20 Aunque la mayor parte de sus disposiciones fueron letra muerta,

Carlos Herrejón, Los orígenes de Morelia: Guayangareo-Valladolid, Zamora, El Colegio de Michoacán/Frente de Afirmación Hispanista, 2000, pp. 80 y ss. 19 L. Semboloni, op. cit., p. 234. 20 Arthur Scott Aiton, Antonio de Mendoza, First Viceroy of New Spain, Durham, Duke University Press, 1927, y Ciriaco Pérez Bustamante, “Los orígenes del gobierno virreinal en las Indias: D. Antonio de Mendoza, primer virrey de la Nueva España (1535-1550)”, en Anales de la Universidad de Santiago, vol. iii, Santiago de Compostela, 1928. 18

las nuevas políticas imperiales ponían en peligro los intereses de los conquistadores-encomenderos, quienes, además de estar sujetos a los vaivenes de la fortuna, se veían limitados por leyes cada vez más restrictivas respecto al disfrute de la mano de obra de los indios. A raíz de las quejas que llegaban a España de religiosos y autoridades sobre la deplorable situación en que vivían los trabajadores nativos a


Indios cultivando la tierra y trabajando en la industria textil, en Pintura del gobernador, alcaldes y regidores de México, Códice Osuna, f. 38v, ca. 1565 Jean Rotz (ca. 1505-ca. 1560)

Mapa del golfo de México y partes del este y del oeste del océano Pacífico, incluidas las islas Filipinas, en Boke of Idrography [Atlas de Rotz], 1542

causa de las excesivas exigencias impuestas por los encomenderos, la Corona emitió varias disposiciones entre las cuales se encargaba a los obispos la tasación de los tributos y la protección de los indios. De esos reglamentos, los más radicales fueron los emitidos en 1542, bajo la denominación de Leyes nuevas, detrás de cuya elaboración estaba el incansable fray Bartolomé de las Casas. Con ellas se promovió la desaparición del sistema de encomiendas establecido por Cortés; se prohibieron nuevas concesiones; se devolvieron a la Corona las que habían sido otorgadas a funcionarios y eclesiásticos; se redujeron las que tenían un número excesivo de pueblos; se amenazó con quitar

entre musulmanes y cristianos. Durante su virreinato, se dio un cam-

ese beneficio a aquellos que maltrataran a sus indios; se limitó a una

bio generacional importante en ese sector, sobre todo a partir de 1540,

vida la existencia del derecho, por lo que a la muerte del encomende-

cuando muchos de los que ocupaban dichos cargos estaban ya asimi-

ro sus encomendados debían pasar también al rey.

lados al sistema español. Aunque sus padres habían obtenido el cargo

De todas las disposiciones, esta última fue la que más disgustó a

por herencia o por designación que hizo Cortés como pago por su

los afectados, pues contravenía uno de los principios básicos del siste-

colaboración —entre la nueva generación había varios mestizos, y los

ma: el patrimonialismo. Incluso los religiosos, aunque se manifestaban

que no lo eran hablaban ya castellano—, se habían educado con los re-

en contra de los abusos de los encomenderos, abogaron para que la en-

ligiosos y conocían el contexto jurídico y las prácticas legales del apa-

comienda no desapareciera. La situación amenazaba con agravarse

rato imperial.25 De hecho, una de las más importantes aportaciones

en 1544 con la llegada del visitador Francisco Tello de Sandoval, un ecle-

del virrey Mendoza fue ocuparlos en la adaptación de las organiza-

siástico encargado por el emperador para llevar a cabo la aplicación

ciones comunales nativas a las instituciones españolas.26

de dichas normativas y practicar juicios de residencia al virrey Men-

La nobleza indígena desempeñó así un importante papel en el

doza, a los oidores y a los jueces menores, escribanos y alguaciles de la

proyecto económico y religioso del virrey, pues no sólo era la inter-

capital.21 En 1545 el visitador reunió una junta de obispos y teólogos

mediaria entre el poder central y las comunidades para abastecer de

religiosos con el fin de discutir dichas leyes. En la junta, a la que asistió

mano de obra y de tributo, sino también funcionaba como colabora-

fray Bartolomé de las Casas (obispo de Chiapas desde 1543), se insis-

dora indispensable de los frailes para la evangelización. Frente a la

tió en el buen trato que debían recibir los indios y en limitar los abusos

indiferencia del cabildo español de la capital por entender la comple-

de los encomenderos. A pesar de las tensiones que se desataron entre

ja organización indígena, el virrey y los religiosos reconocieron muy

el virrey y el visitador, ambos acordaron en la necesidad de suspender

pronto la importancia que tenían sus divisiones y estructuras comu-

la aplicación de los capítulos más radicales de las leyes nuevas hasta

nales. Entre 1537 y 1543, Mendoza hizo los primeros nombramien-

no informar al Consejo de Indias sobre sus inconvenientes. Debió in-

tos de dignatarios indígenas, alguaciles, alcaldes, ordenanzas y jueces

fluir también en esa decisión la rebelión desatada en Perú por los enco-

de comisión.

menderos, encabezados por Gonzalo Pizarro, y el asesinato del primer virrey Blasco Núñez Vela en la batalla de Añaquito en 1546.22

En la capital, el virrey tuvo el acierto de elegir para el gobierno de San Juan Tenochtitlan a miembros de la antigua casa real mexica.

Mientras tanto, para pactar con los encomenderos y aligerar ten-

Primero a Diego Huanitzin, sobrino del huey tlatoani Axayácatl, a

siones, Mendoza distribuyó pensiones y cargos entre algunos de los

quien sucedió en 1542 otro miembro de la misma familia, Diego de

conquistadores arruinados. Sin embargo, tuvo varios enfrentamien-

San Francisco Tehuetzquititzin, quien acompañó al virrey durante la

tos con el cabildo de la Ciudad de México, institución controlada por los encomenderos más poderosos. Al estar emplazada la sede virreinal en la Ciudad de México, la autoridad que regía el reino a menudo se inmiscuyó en los asuntos urbanos que eran de la competencia de su cabildo. Una de sus disposiciones fue quitarle algunos privilegios que le había concedido Cortés, como el de beneficiarse de los tributos de los pueblos comarcanos que, salvo Iztapalapa, fueron reasignados a otros encomenderos.23 El segundo sector que debía tomarse en cuenta para aplicar las nuevas políticas era el de los dirigentes indígenas, denominados a partir de una real cédula de 1538 con los nombres de “caciques y principales”.24 El virrey Mendoza fue muy proclive a la integración de ese grupo en el aparato de gobierno, hecho que se explica porque su educación juvenil se había realizado en Granada, ciudad de convivencia

21 En las ordenanzas que emitió Tello de Sandoval para reformar los aparatos de justicia se pueden observar los desórdenes, la negligencia y las malas prácticas que se llevaban a cabo en los tribunales civiles de Nueva España. Para ampliar sobre esa visita, véase Ernesto Schäfer, El Consejo Real y Supremo de las Indias, vol. ii, Sevilla, Universidad de Sevilla, 1947, pp. 74-75, 112-131 y 274-275. 22 James Lockhart, El mundo hispanoperuano (1532-1560), México, Fondo de Cultura Económica, 1982, p. 84. 23 C. Gibson, op. cit., p. 398. Hasta fines del siglo xvi, Iztapalapa se mantuvo como un “pueblo putativo” de encomienda del cabildo de México. 24 El rey mandaba que a los gobernantes indios no se les llamará por más tiempo “señores”, sino “caciques”, (término que venía de las Antillas) y que había que referirse a las autoridades menores como “principales”. Véase L. Semboloni, op. cit., p. 236. 25 Solange Alberro, Movilidad social y sociedades indígenas de Nueva España: las élites, siglos xvi-xviii, México, El Colegio de México, 2019, pp. 51 y ss. 26 L. Semboloni, op. cit., 297

327


328

guerra para someter a los chichimecas del Mixtón.27 Por otro lado,

la imposición de códigos ajenos —como la propiedad privada—, los

conocedor de las rivalidades entre Tenochtitlan y Tlatelolco, en 1549

cargos electivos y el clientelismo. Se insertó también en los conflic-

Mendoza nombró a un gobernante independiente para esta última

tos entre religiosos, encomenderos y corregidores, a menudo alián-

ciudad indígena. Colaboradores suyos fueron también los intérpre-

dose con quien prometía mayores ventajas personales o familiares. En

tes, algunos de ellos hijos de señores menores que supieron adaptarse

Yanhuitlán, por ejemplo, se aliaron con el encomendero Francisco de

a las nuevas condiciones, como Hernando de Tapia, hijo del segundo

las Casas contra los dominicos.29

gobernador de Tenochtitlan, Andrés Motelchiuh.

28

Muy vinculados a ellos estaba el tercer sector sobre el cual Mendo-

Esta nueva nobleza se había aprovechado para ascender de los

za se apoyó para implementar sus políticas: los frailes y el clero secu-

cambios introducidos por la Conquista, las migraciones, las epidemias,

lar. Ellos fueron esenciales en el proyecto de territorialización, gracias a su interés en congregar pueblos e implantar en ellos la “policía cristiana”. Con base en la estructura del altépetl, la “policía” implicaba el trazado de calles y plazas, la dotación de agua por medio de acueduc-

B. E. Mundy, op. cit., pp. 196 y ss. Huanitzin era nieto de Tízoc, sobrino de Motecuhzoma II y residente en el barrio de San Pablo; recibió en 1546 del emperador Carlos V un escudo de armas como gratificación por los servicios prestados en la campaña contra los chichimecas y le concedió rentas en Mixquic y Chalco. 28 Hernando de Tapia viajó a España en dos ocasiones, entre 1528 y 1537, y en la segunda se casó con una hidalga castellana. A su regresó, fue adscrito como intérprete de la Audiencia. Véase Rossend Rovira Morgado, “Lengua, identidad y residencialidad indígenas en la Ciudad de México de la primera centuria virreinal: el caso del nahuatlato Hernando de Tapia”, en Caroline Cunill y Luis Miguel Glave Testino (coords.), Las lenguas indígenas en los tribunales de América Latina: intérpretes, mediación y justicia (siglos xvi-xxi), Bogotá, Instituto Colombiano de Antropología e Historia, 2019, pp. 17-39. 29 El códice Yanhuitlán, edición de Wigberto Jiménez Moreno y Salvador Mateos, México, El Museo Nacional, 1940, pp. 20 y ss. 30 La llamada “traza moderada”, relacionada con las distribución y fábrica de los conventos y templos, fue concertada por Mendoza con los religiosos franciscanos y agustinos, y aconsejó a su sucesor en el cargo, Luis de Velasco, que hiciera lo mismo con la orden de Santo Domingo. Véase Gloria Espinosa Spínola, “Nuevos documentos para el estudio de un convento de predicadores en la Oaxaca colonial: San Pedro Etla”, en Anuario de Estudios Americanos, vol. lvii, núm. 2, 2000, p. 666. 27

tos y cisternas, la adaptación en las huertas conventuales de plantas traídas del viejo continente y la introducción de animales, como la oveja, la gallina o el cerdo. Pero sobre todo la “policía cristiana” requería la conformación de instituciones comunales (hospitales, cofradías, cajas de comunidad, etcétera) para crear una nueva organización económica, social y política. El mismo virrey participó activamente en la implantación del trazado urbano de los pueblos y en la reedificación de los conjuntos conventuales, según las disposiciones del arquitecto y urbanista italiano Leon Battista Alberti.30 La congregación de pueblos con fines evangelizadores y para facilitar la tributación fue aplicada también para los nacientes reales de minas de la Tierra Caliente, donde además se hacía necesario concentrar mano de obra. Taxco, el primero, y después Sultepec, Temazcaltepec y Zacualpan se congregaron y entregaron en administración al clero secular. Frailes y seculares establecían así las bases para la implantación


Memorial de Don Gonçalo Gómez de Cervantes del modo de vivir que tienen los indios, y del beneficio de las minas de la plata, y de la cochinella, 1542 Recopilación de leyes de los reynos de las Indias [1681], tomo quarto, tercera edición, Madrid, Imprenta de Don Bartholomé Ulloa, 1774

religiosa y la dominación económica y política de las poblaciones aborígenes y se convertían en agentes indispensables del virrey para construir la consolidación territorial. A mediados de la centuria, franciscanos, dominicos y agustinos administraban alrededor de ciento sesenta conventos emplazados en pueblos de indios y los seculares regenteaban cerca de treinta y cinco parroquias en el arzobispado de México y noventa y cuatro en el obispado de Michoacán.31 Respecto al clero regular y a la fundación de doctrinas, el virrey estableció sus pactos con las provincias religiosas mendicantes: la del Santo Evangelio, de los franciscanos; la de Santiago, de los dominicos, y la del Santo Nombre de Jesús, de los agustinos. A diferencia de dichas doctrinas, cuya erección era autorizada por el virrey, para la fundación de parroquias éste dependía de los obispos. En general, puede decirse que Mendoza mantuvo buenas relaciones con los prelados de las diócesis centrales del virreinato y apoyó el establecimiento de los frailes en sus demarcaciones. Así, gracias a esa colaboración, el obispo Juan López de Zárate concertó la expansión de la orden dominicana en Oaxaca. En la diócesis tlaxcalteca, con el cambio de la capital episcopal desde Tlaxcala hacia Puebla en 1543, los mendicantes impulsaron sus fundaciones en esa diócesis, con el apoyo del obispo franciscano fray Martín Sarmiento de Ojacastro. En el obispado de México, fray Juan de Zumárraga dio todo su apoyo a sus hermanos los frailes menores, aunque tuvo varios altercados con los agustinos y algunas malas experiencias con sus clérigos

E l g o b i e r n o d e l s e g u n d o v i r r e y,

seculares. Los mayores conflictos del virrey se dieron con el obispo

Luis de Velasco (1550-15 64)

Vasco de Quiroga de Michoacán, a raíz de la fundación de Guayan-

En 1557 la Ciudad de México celebraba la jura de Felipe II como rey

gareo (la futura Valladolid), en 1541. Aprovechando un viaje del obis-

de “las Españas”, hecho que había tenido lugar en enero del año ante-

po a España, entre 1547 y 1548, Mendoza dio permiso a franciscanos

rior. El Códice de Tlatelolco dejó una imagen de dicha fiesta, que tuvo

y agustinos para abrir sus casas en dicha ciudad y, con su apoyo, el

como escenario la Plaza Mayor y a la que asistieron el virrey Luis de

provincial agustino fray Alonso de la Veracruz promovió fundacio-

Velasco, el arzobispo fray Alonso de Montúfar y los oidores Alonso

nes en la frontera chichimeca apoyado por los encomenderos. A raíz

de Zorita y Diego López de Montealegre y Luis de Castilla, quien por-

de tal injerencia y ante las quejas de Quiroga, Mendoza y los frailes de-

ta el estandarte del rey, que era regidor del ayuntamiento. Arriba de

fendieron su posición avalados por las últimas disposiciones impe-

esos personajes, en el extremo superior derecho, se representó en el

riales que habían encargado la protección de los indios al virrey en

códice al gobernador de Tenochtitlan Cristóbal del Guzmán Cecetzin,

lugar de a los obispos.32

quien ese año asumió el cargo. Él mismo vuelve a aparecer junto a los

La actuación de Mendoza fue tan estimada por la Corona que en

otros tres señores indígenas, representados debajo de las autoridades

1550 el funcionario fue transferido al virreinato de Perú, donde desde

españolas y que encabezaban las principales ciudades de la cuenca:

hacía tres años se había restaurado el orden después de someter la

Diego de Mendoza Imauhyatzin, de Tlatelolco; Antonio Cortés Toto-

rebelión de los encomenderos. Su lugar lo ocupó otro personaje de

quihuaztli, de Tacuba, y Hernando de Pimentel, de Texcoco.33

grandes dotes de mando: Luis de Velasco. Sus primeros años de gobier-

El tlacuilo indígena que pintó esa escena, un alumno del colegio

no coincidieron con los últimos del rectorado imperial de Carlos V,

franciscano de Tlatelolco, nos dejó un importante documento vi-

quien antes de morir renunció al poder, se retiró a un monasterio en

sual del aparato político que regía el reino de Nueva España desde la

Yuste y dividió su gran Imperio en dos partes: una, la austriaca, junto

capital a mediados del siglo xvi. La máxima autoridad civil, Luis de

con el título imperial, se la entregó a su hermano Fernando de Habsburgo; la otra, que heredó a su hijo Felipe II, incluía la península ibérica y sus posesiones en América, Italia y los Países Bajos. Con su abdicación, sin embargo, la idea del emperador universal no desaparecía y sus sucesores en las dos ramas de la casa de Habsburgo (la hispana y la austriaca) siguieron creyéndose los legítimos herederos de esos ideales.

Mariano Cuevas, Historia de la Iglesia en México, t. ii: 1548-1600, México, Imprenta del Asilo Patricio Sanz, 1921, pp. 151-152. 32 Instrucciones que en 1535 se dieron a Antonio de Mendoza. Véase Lewis Hanke, Los virreyes españoles en América durante el gobierno de la Casa de los Austrias, Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 1976, citado en L. Semboloni, op. cit., p. 87. 33 Perla Valle, “La Lámina VIII del Códice de Tlatelolco. Una propuesta de lectura”, en Revista Dimensión Antropológica, año 1, vol. 2, septiembre-diciembre 1994, pp. 7-19. 31

329


El tecpancalli de Tlatelolco y Celebración de la coronación de Felipe II con el virrey, el obispo, los oidores y los gobernantes indígenas, en Códice de Tlatelolco (detalle), ca. 1562

aunque al final permitió a los religiosos continuar con sus privilegios y con la administración de los indios.34 La posición de los otros obispos que gobernaban el territorio no fue tan radical como la de Montúfar. No debió ser una razón menor que la mayor parte de ellos eran religiosos, como se hizo patente en la lista de los prelados que asistieron al segundo Concilio Provincial, reunido por el arzobispo en 1565: fray Pedro de Ayala, de Nueva Galicia, y fray Francisco Toral, de Yucatán (diócesis recién creada en 1561), eran franciscanos; fray Bernardo de Alburquerque, de Oaxaca, y fray Tomás de Casillas, de Chiapas, eran dominicos; el único clérigo secular del episcopado fue Fernando de Villagómez, obispo de Puebla-­ Tlaxcala. Es muy probable que la ausencia de alusiones a los conflictos con los religiosos en las actas conciliares se debiera a esa preeminencia de obispos frailes en la junta. Además del virrey y del arzobispo, en la imagen del Códice de Tlatelolco resaltan las de los oidores Zorita y Montealegre. Ambos apoyaron a Mendoza en sus reformas a favor de los indios y en la limitación de los privilegios de los encomenderos. Especialmente notable fue Alonso de Zorita, quien antes de llegar a Nueva España en 1556 había sido oidor en Santo Domingo y en Guatemala y goberna-

330

Velasco, había llegado en 1550 para ocupar el cargo virreinal cuando

dor en Nueva Granada. Estudiante en Salamanca, comulgaba con las

Antonio de Mendoza pasaba a Perú. Además de sus lazos familiares

ideas proindigenistas de los dominicos Francisco de Vitoria y Barto-

con los condestables de Castilla y de su matrimonio con la aristócra-

lomé de las Casas. Su labor fue también importante al apoyar la con-

ta Ana de Castilla y Mendoza, Velasco había ocupado el cargo de vi-

tinuación de las políticas expansionistas hacia el norte y el Pacífico

rrey de Navarra entre 1547 y 1549. Junto a él, la máxima autoridad

que impulsó el virrey Velasco. Uno de esos proyectos fue la expedi-

eclesiástica era el arzobispo dominico fray Alonso de Montúfar, lle-

ción organizada para la conquista de la Florida, encabezada por Tristán

gado a la capital en 1554 y cabeza de la provincia eclesiástica mexica-

de Luna. Zorita hizo un proyecto de colonización para dicha región

na creada en 1548. Al año siguiente de su llegada, este prelado reunía

inspirado en aquel que fray Bartolomé de las Casas había ideado para

el primer Concilio Provincial Mexicano para contrarrestar el poder

la Verapaz, entre Chiapas y Guatemala, una década antes. Ambas uto-

de franciscanos y agustinos, quienes se oponían a que los indios pa-

pías fracasaron al enfrentarse a la resistencia de pueblos aborígenes

garan el diezmo a la catedral, tributo que ya los españoles aportaban

que no estaban dispuestos a someterse a los invasores. Un rechazo

anualmente y que constituía la décima parte de la producción agríco-

similar se encontró en las tribus chichimecas, que asaltaban las cara-

la y ganadera de la región.

vanas de colonos que iban hacia Zacatecas, contra las cuales se desató

Al pasar de los años, la relación entre el arzobispo y los religio-

una cruel guerra a sangre y fuego después de la muerte de Velasco.

sos se hizo más conflictiva, sobre todo porque los frailes consiguie-

Para promover la colonización de las regiones norteñas, en tiempos

ron el apoyo de Luis de Velasco, quien siguió en eso la política de su

de este virrey se fundaron plazas fuertes o presidios (como San Miguel),

antecesor. En 1559 este virrey dio su anuencia para que las exequias

villas (como Durango y Nombre de Dios) y reales de minas (como

en honor de Carlos V, muerto el año anterior, se hicieran en el con-

San Martín, Sombrerete, Fresnillo, Mazapil, Santa Bárbara e Indé).

vento de San Francisco y no en la catedral, como era costumbre en

Con estas últimas fundaciones, y a raíz de una rebelión guachichil en

Europa. Finalmente, la propuesta del episcopado de cobrar el diezmo

1561, el virrey Velasco encargó al empresario vasco Francisco de Ibarra

a los indios no fue aceptada por la Corona, pero la pugna entre am-

la expansión del territorio y su colonización, descubrir nuevos yaci-

bos cleros no acabó ahí; los obispos solicitaron al rey la facultad de

mientos mineros, llevar ganado y cultivos, fundar villas y pueblos y

hacer visitas a las doctrinas administradas por los frailes, que eran la

crear y sostener misiones, entre las cuales las primeras eran francis-

mayoría, e incluso llegaron a pedir que fueran sustituidos en ellas por

canas. Con ello nacía el reino de Nueva Vizcaya y su gobernador se

clérigos seculares. La política de la Corona a ese respecto fue ambigua,

independizaba de Nueva Galicia, aunque en materia de justicia el nuevo reino quedaba sujeto a la Audiencia de Guadalajara.35 El virrey, la Audiencia de México y los religiosos agustinos y do-

Magnus Lundberg, Unificación y conflicto: la gestión episcopal de Alonso de Montúfar, O. P., arzobispo de México, 1554-1572, Zamora, El Colegio de Michoacán, 2009. 35 T. Calvo y A. Regalado (coords.), op. cit., pp. 276 y ss. 34

minicos estuvieron también detrás de la fundación de la universidad, otro proyecto mendocino inconcluso, la cual comenzó a funcionar desde 1553 y cuyo papel será fundamental en la formación de juristas


y teólogos, que ocuparán cargos en los gobiernos civil y eclesiástico.

ordinarios, regidores, alguaciles y mayordomos elegidos anualmente

De hecho, los oidores aprovecharon la universidad para revalidar sus

entre los “principales” y en él se asimilaron algunas prácticas anterio-

títulos doctorales. Las primeras casas de la institución fueron erigi-

res a la Conquista, como los consejos de ancianos. Con los cabildos

das en unos terrenos detrás de la catedral. En 1563, frente a la Plaza

indígenas, la Corona buscaba romper con las viejas jurisdicciones y

Mayor, el virrey comenzó a construir el palacio que sería la sede del

convertirlos en los nuevos intermediarios entre el virrey y los pueblos

gobierno en adelante y que ocuparían las “casas nuevas” que constru-

para el cobro del tributo y la distribución de la mano de obra. Con todo,

yera el huey tlatoani Moctezuma y que fueron compradas a Martín

la figura del gobernador siguió funcionando, aunque poco a poco su

Cortés, el hijo del conquistador de la capital.

nombramiento lo hizo el virrey y, a diferencia de los anteriores, que

Igualmente, con el apoyo de Zorita y de los oidores menciona-

recaían en los caciques de manera vitalicia, algunos de éstos fueron

dos, el virrey Velasco llevó a cabo la aplicación de varias de las refor-

cargos temporales para solucionar casos específicos. Junto con los ca-

mas que habían quedado pendientes desde tiempos de su antecesor,

bildos, los gobernadores se volvieron las autoridades más importan-

Antonio de Mendoza. Una de ellas fue la puesta en práctica de las

tes en los pueblos.37

Leyes nuevas de 1542, con las cuales, como se recordará, se pretendía

Las autoridades indígenas fueron, junto con los alcaldes mayo­

limitar el poder de los encomenderos sobre los indios. Velasco llevó

res y los corregidores, los principales informantes que tenían los virreyes

a cabo la aplicación de dichas leyes con todo su rigor, lo que lo llevó a

para gobernar el extenso territorio. Aunque en el virrey recaía la obliga-

enarbolar la bandera de la defensa de la población indígena frente a los

ción de hacer visitas periódicas (para informarse de la situación de

abusos. Velasco prohibió, por ejemplo, el uso de tamemes, liberó a 15

los pueblos y poder emitir mandatos y bandos), dicha obligación se

mil esclavos indígenas capturados ilegalmente y fortaleció a los pue-

delegaba a menudo en personas de confianza, tanto en funcionarios es-

blos concediéndoles licencias para establecer su día de mercado, para

pañoles como indígenas. Además de las visitas, los virreyes nombraban

cortar madera, sacar piedra y para tener ganado menor y mayor. Ade-

comisionados y jueces para hacerse cargo de asuntos indígenas (siem-

más, buscó reducir los tributos al realizar nuevas tasaciones. Tales

pre que fueran causas civiles y no criminales), por lo que con frecuencia

disposiciones lo enfrentaron con algunos oidores como Vasco de Puga,

entraban en conflicto con la Audiencia, encargada de esos temas.38

cuyos abusos provocaron su destitución en 1563.36 Con el apoyo del oidor Zorita y de los frailes, Velasco comenzó también a establecer cabildos a la manera española en comunidades indígenas importantes, en continuidad con un proceso iniciado desde el periodo anterior, con la erección del de Tlaxcala en 1545. En los pueblos de indios, los cabildos se constituyeron por elección popular y, al principio, funcionaron con la injerencia continua de los religiosos y de la nobleza indígena. El cabildo estaba formado por alcaldes

Para el gobierno de este virrey, véase Justina Sarabia Viejo, Don Luis de Velasco, virrey de Nueva España (1550-1564), Sevilla, Escuela de Estudios Hispano-Americanos-Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1978. 37 L. Semboloni, op. cit., p. 238. 38 Los mandamientos virreinales eran fuentes de derecho a partir de la práctica casuística. Los mandamientos podían tomar el carácter de ordenanzas o de bandos y reglamentaban aspectos diversos a nivel local y territorial. Ibid., pp. 44 y 67. 36

331


Autor no identificad o

Virrey Luis de Velasco y Ruiz de Alarcón, 1549 Autor no identificad o

Fray Alonso de Montúfar, 1551

Los cabildos recibieron todo el apoyo de las autoridades virreinales, pues eran piezas clave para afianzar las congregaciones de pueblos, labor que continuó Luis de Velasco siguiendo la política de su antecesor. Con el apoyo virreinal, los cabildos indios dieron origen a una nueva nobleza, cuyo prestigio estaba avalado por la vara de justicia que otorgaba el virrey a sus miembros. Con ellos, se comenzó a reducir el poder de los señores que se oponían a las reformas, aunque muchos de esos nobles fueron integrados a los cabildos como regidores perpetuos. En la Ciudad de México, laboratorio de experimentación de las nuevas políticas, el virrey Velasco nombró gobernador a un juez de residencia, Esteban de Guzmán, principal de Xochimilco y muy cercano a los franciscanos. Los últimos años del gobierno de Diego de San Francisco Tehuetzquititzin habían estado cargados de quejas por parte de los macehuales contra los excesivos trabajos a los que los sometían los gobernadores indígenas, sobre todo después de la gran epidemia de 1545. Durante el gobierno de Guzmán (1554-1557), se sentaron las bases para el establecimiento de cabildos en las parciali-

México, la separación tan tajante de la sociedad en dos repúblicas

dades de San Juan Tenochtitlan y Santiago Tlatelolco. Aunque sus

parecía cada vez más imposible de implantar en la práctica.

sucesores volvieron a ser elegidos dentro de la familia del tlatoani

Con esas políticas, fueron afectados muchos criollos, sobre todo

Axayácatl, como veremos, el gobierno de Guzmán marcó un cambio

aquellos que habían heredado de sus padres encomiendas y privile-

en las dinámicas políticas de la capital virreinal.39

gios y que no estaban dispuestos a ser desplazados por los nuevos fun-

Como se puede observar en el caso de la ciudad capital del vi-

cionarios. Pero al mismo tiempo, el virrey Velasco había beneficiado

rreinato, detrás de la formación de los cabildos indígenas y del nom-

a algunas familias criollas con las que emparentó a su descendencia: a su

bramiento de jueces gobernadores estaba la necesidad de aumentar

hija Ana la desposó con el poderoso minero Diego de Ibarra, tío del

los controles sobre los tributos y la mano de obra de los naturales,

gobernador de Nueva Vizcaya; a Luis de Velasco y Castilla lo casó con

sobre todo a raíz de su brutal disminución a causa de las epidemias

María de Ircio, sobrina del virrey Mendoza y emparentada con el clan

que se abatieron sobre ellos. La escasez de trabajadores y la creciente

Cervantes-Andrada-Villanueva, familias que comenzaban a controlar el

necesidad de mano de obra en las minas y en las tierras de los nuevos

cabildo de la Ciudad de México y a la que pertenecía también Beatriz

colonizadores obligaron a la Corona a terminar con el monopolio de

de Andrada, esposa de Francisco de Velasco, hermano del virrey.41 Aunque Luis de Velasco recibió el apoyo del sector terrateniente

la fuerza de trabajo ejercido por los encomenderos. Para llevar a la práctica los cambios propuestos, Velasco fortale-

criollo, de los frailes y de las autoridades indígenas, su gestión desper-

ció la red de alcaldes mayores y corregidores. En un principio los dos

tó la oposición de la Audiencia, cuyas quejas contra el virrey llevaron

tipos de autoridades tenían funciones diferentes. Los corregidores se

a la Corona a enviar al visitador Jerónimo de Valderrama. Su llegada a

introdujeron para cumplir funciones administrativas en los pueblos

la capital en 1563 despertó muchas expectativas, que muy pronto se

de indios que estaban bajo la Corona y, después, para controlar a los en-

vieron frustradas, pues el funcionario traía la consigna de aumentar

comenderos; los alcaldes mayores administraban justicia y a menudo

los ingresos de la Corona, para lo cual debía fiscalizar los libros de

realizaban actos de gobierno, sobre todo en zonas donde había po-

cuentas, llevar a cabo una reforma tributaria y retasar los tributos

blación española. Con el tiempo, ambos comenzaron a desempeñar

indígenas, lo cual afectó muchos intereses en ambas “repúblicas”.

cargos gubernativos y judiciales, cobraban tributos y nombraban tenientes coadjutores.40

15 64-1600: l a consolidación del poder real

Ambos funcionarios se harían cargo de implementar a nivel lo-

y de las instituciones virreinales

cal las políticas emitidas por la Corona y sus virreyes. Aunque no

La llegada al trono del príncipe Felipe ii en 1556 marcó un nuevo es-

tenían un salario regular ni disponían de una fuerza pública para su-

tilo de gobierno, una reorganización del sistema tributario y, a la larga,

jetar a la población, su presencia hizo posible una precaria división en provincias y una incipiente apropiación territorial por parte de la Corona, con la creación de setenta capitales provinciales. Con ello, antiguos poblados indígenas como Tlaxcala, Cuernavaca, Meztitlán, Izúcar, Tepeaca, Tezcoco o Chalco se convirtieron en centros que atrajeron a españoles y mestizos. Al igual que sucedía en la Ciudad de

B. E. Mundy, op. cit., pp. 308 y ss. J. Sarabia, op. cit., pp. 59 y ss. 41 Enrique González González, “Nostalgia de la encomienda: releer el tratado del descubrimiento de Juan Suárez de Peralta (1589)”, en Historia Mexicana, vol. lix, núm. 234, octubre-diciembre de 2009, pp. 533-603, y en Mapocho: Revista de Humanidades, núm. 68, segundo semestre de 2010, pp. 165-205. 39 40

333


Escudo de Hernán Cortes, siglo xvi El virrey Velasco entrega bastones de mando a los regidores indígenas y Los abusos del oidor Puga y los pueblos que le entregan tributos, en Pintura del gobernador, alcaldes y regidores de México, Códice Osuna, ff. 10v y12r, ca. 1565

comunidades y trató de repartir sus tierras entre los renteros que se las trabajaban. El aumento tributario afectó sobre todo a los pueblos que estaban bajo la Corona. La visita desató una enorme polémica y encontró una fuerte oposición por parte de los frailes, quienes, apoyados por el virrey Luis de Velasco y por el oidor Alonso de Zorita, denunciaron la injusticia de tales medidas, sobre todo aquellas que afectaban a sus aliados, los señores indígenas. Valderrama acusó a los religiosos de ambición, prohibió que controlaran el dinero de las cajas de comunidad y su jurisdicción en materia penal y criticó su injerencia en la elección de autoridades en los pueblos. Asimismo, acusó al virrey Velasco de solapar esos abusos de los mendicantes, de obstaculizar la tasación de los pueblos, de beneficiar a su parentela y de otorgar corregimientos y estancias ganaderas a sus allegados y clientes, con lo cual había provocado discordias entre los descendientes de los conquistadores.42 Además de atacar las políticas de Velasco y de sus allegados y de sugerir que se prohibiera a los virreyes “echar raíces” en la tierra, Valderrama proponía darles a los hijos de los conquistadores esos cargos de corregidores y otros oficios. Una facción del cabildo, encabezada

334

la aplicación de las propuestas en materia religiosa discutidas en el

por los hermanos Bocanegra, por Alonso de Ávila y por el recién lle-

Concilio de Trento. Por lo pronto, el nombramiento de los virreyes

gado marqués del Valle, Martín Cortés, descontentos con las leyes

sería hecho directamente por el rey, sin pasar por el Consejo de In-

que limitaban sus privilegios, estuvieron de acuerdo con las políticas

dias. Felipe ii era considerado el emperador de los últimos días, el

propuestas por Valderrama y solicitaron al rey que no se nombrara

príncipe de la paz, un monarca piadoso y creyente que lograría la uni-

por el momento otro virrey, sino sólo un presidente para la Audiencia;

dad cristiana y llevaría a España a ser la salvadora de la humanidad,

además, le ofrecieron (como lo habían hecho antes los encomenderos

difusora de la catolicidad hasta los confines del mundo. En su perso-

de Perú) un pago anual a la Real Hacienda a cambio de mantener la

na confluían los ideales unificadores construidos por los reyes caste-

perpetuidad de las encomiendas.

llanos medievales y la sacralización de la figura imperial elaborada

Pero Valderrama fue llamado a España en 1566 y, tras su partida,

por francos y alemanes centroeuropeos, aunque Felipe no poseía ya

el grupo que apoyaba a Martín Cortés cayó en desgracia. Luis de Velas-

el título de emperador. Ese ideario mesiánico lo llevaría a enfrascarse

co y Castilla y el sector que él representaba (y que había sido benefi-

en costosas guerras contra los infieles turcos y los herejes ingleses y

ciado por su padre) aprovecharon la ocasión para dar un golpe de

holandeses, y a una continua necesidad acuciante de recursos econó-

gracia. Comenzaron a esparcir el rumor sobre una conspiración en-

micos para sustentarlas.

cabezada por los hermanos Ávila que pretendía asesinar a los oidores, nombrar rey de Nueva España a Martín Cortés y pedir ayuda al Sumo

L a v i s i t a d e Va l d e r r a m a y l a a b o r t a d a “ r e b e l i ó n ”

Pontífice y a Francia. A pesar de que los inculpados negaron haber

de M artín Cortés

participado en una conspiración de tales dimensiones, los oidores cre-

Las reformas tributarias que llegó a implantar el visitador Jerónimo

yeron que había pruebas suficientes para ejecutar a los cabecillas, y

de Valderrama afectarían a los macehuales comuneros y mucho más

los hermanos Alonso y Gil Ávila y otros encomenderos fueron ajusti-

a los caciques; a los primeros, porque aumentaron los grupos que paga-

ciados en la Plaza Mayor de México, mientras que Martín Cortés y

ban tributos, como las parejas mixtas de indias y negros, los indios de

sus hermanos quedaban presos.43 Ese mismo año de 1566 arribaba a

servicio en haciendas, minas y obrajes y los solteros y viudos. A los se-

Veracruz el siguiente virrey, nombrado por el rey, Gastón de Peralta,

ñores, Valderrama les retiró la exención tributaria de la que disfruta-

marqués de Falces. A su llegada a la capital, el funcionario puso en

ban, les quitó las rentas y los servicios gratuitos que recibían de las

libertad a Cortés y a sus hermanos, cuestionó lo sumario del juicio a los Ávila y la falta de pruebas de la supuesta conspiración y consiguió

Jorge Daniel Morón Arroyo, Los vasallos más leales del rey: la visita de Jerónimo de Valderrama y la conjura de Martín Cortés, 1563-1568, tesis de maestría en Historia, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2015, pp. 26 y ss. 43 E. González González, op. cit., pp. 197 y ss. En la nota 127, este autor señala que Bernardino Pacheco de Bocanegra, uno de los acusados en la conjura, fue liberado del cadalso porque las mujeres de su clan y varios religiosos solicitaron clemencia a los oidores. 44 J. D. Morón Arroyo, op. cit., p. 32. 42

que el marqués del Valle fuera expatriado. Como había observado el visitador Valderrama en una carta al rey “la justicia en esta tierra se imparte como entre compadres”.44 A partir de la visita de Valderrama, el sistema tributario se hizo más homogéneo. Los indígenas pagaban su tributo anual en dos partes: un peso y media fanega de maíz por cabeza de familia para el rey


(quien lo distribuiría entre el encomendero y los religiosos) y un real

1568 se creó una Sala del Crimen, para hacerle más contrapeso

y medio para los gastos de su comunidad. En la Ciudad de México,

al virrey. 47

como no se producía maíz, su entrega se conmutó por moneda. Cada

Al marqués de Falces le tocó solucionar los fuertes conflictos pro-

cabeza de familia pagaba once reales, de los cuales ocho iban para la

vocados por la gestión anterior y enfrentar el descontento de muchos

Hacienda Real, dos para los gastos de la comunidad y uno para el cabil-

de los encomenderos. Durante su gobierno, crecieron los enfrenta-

do español.45 Con ello se terminaban, en teoría, los tributos en especie

mientos con la Audiencia, la cual pidió su destitución argumentando

y, además, se integraba a los indios a una economía de mercado, pero

su debilidad ante las presiones de los criollos. No debió ser menor el

los mayores afectados eran los nobles, que al cobrar en especie obte-

hecho de haber solicitado al rey que les concediera a los novohispa-

nían pingües ganancias de su venta. Durante esa conflictiva década,

nos establecer cortes a la manera de Aragón y Navarra. Así, aunque

gobernaron México-Tenochtitlan dos nobles del linaje de los tlatoque:

el marqués de Falces traía el tratamiento de “Su Excelencia” (distinto

Cristóbal de Guzmán Cecetzin (hijo de Diego Huanitzin) y Luis de

a los anteriores virreyes, a los que sólo se les llamaba “Señoría”), no

Santa María Cipactzin. Este último tuvo que enfrentar a la turba enar-

pudo lucirlo, pues su gobierno, que duró menos de siete meses, fue

decida después de un motín en el barrio de San Juan provocado por

demasiado corto.

la visita de Valderrama y en 1565 sería destituido.46

Ante los problemas suscitados por los encomenderos del Nuevo Mundo y por las urgentes necesidades de dinero de las arcas reales,

L o s g o b i e r n o s d e l m a r q u é s d e Fa l c e s

Felipe II tomó una serie de medidas más radicales para aumentar los

y de Martín Enríquez de Almanza (1566-1580)

ingresos de la Corona y solucionar lo que consideraba deficiencias en

La visita de Valderrama había mostrado que en los virreinatos ame-

la administración de los virreinatos americanos. Para llevar a cabo

ricanos estaban surgiendo nuevos sectores que comenzaban a pactar

sus ideas reformistas, nombró al poderoso cardenal Diego de Espinosa,

con los funcionarios de la Corona. Algunas de las sugerencias de Val-

presidente de los Consejos de Castilla, Hacienda e Inquisición, quien

derrama para mejorar el sistema político fueron escuchadas: en ade-

se asesoró con experimentados letrados, como Juan de Ovando y Pe-

lante, se insistió en que los virreyes no emparentaran con las familias

dro Moya de Contreras. Al primero le encargó la reestructuración

criollas y se pensó reducir la permanencia de dichos funcionarios a

del Consejo de Indias y el ordenamiento de la legislación emitida

periodos más cortos. Pero lo más importante fue el otorgamiento de

hasta entonces para América. Al segundo se le encomendó la instaura-

mayores facultades a la Audiencia. Ésta había detentado el cargo de go-

ción del Tribunal del Santo Oficio en Nueva España. En 1558 se reunió

bernadora a la muerte del virrey Velasco en 1564 (aunque la autori-

una Junta Magna con el fin de reordenar el aparato legal y adminis-

dad delegada la tenía el visitador Valderrama, encargado de algunos

trativo en América y ejercer un mayor control sobre los religiosos

aspectos del gobierno) y, de hecho, cuando se fue el visitador, los oidores pasaron a vivir a los aposentos del virrey en el recién estrenado palacio. Desde en 1563, unas reales ordenanzas determinaron que el fiscal de la Audiencia tuviera el cargo de protector de indios y en

C. Gibson, op. cit., p. 400. B. E. Mundy, op. cit., pp. 357 y ss. 47 L. Semboloni, op. cit., pp. 147-159 y 163; y J. D. Morón Arroyo, op. cit., p. 33. 45 46

335


Simón Pereyns (ca. 1530-1600)

Virrey Gastón de Peralta, 1565 A n t o n i o M o r o ( c a . 1 5 1 9 - c a . 1 5 76 )

Retrato de Felipe II, ca. 1557

de la defensa de las costas, Enríquez se enfrentó también a la inestable situación en la frontera norte, asolada por los ataques de los chichimecas a las caravanas que iban hacia Zacatecas y Durango y por las incursiones de los nómadas contra las poblaciones que se estaban asentando en dichos territorios. Para ello, promovió la fundación de nuevos presidios para proteger las caravanas en el Camino de la Plata (Aguascalientes, Celaya, León) y la formación de milicias armadas para patrullar los caminos. Frente a las crueldades de los chichimecas estaban las no menos truculentas actividades del ejército virreinal, formado por indígenas y mestizos. A pesar de que la Corona había restringido la esclavización de los vencidos (por recomendación de una junta de teólogos reunidos en México que declaró ilegítima esa práctica), muchos soldados participaban en las batallas sólo por el aliciente de capturar indios “rebeldes” y venderlos como esclavos para las minas. Mientras tanto, el territorio de Nueva Galicia se consolidaba alrededor de su nueva capital: Guadalajara. La Audiencia gobernadora, que tenía en ella su sede, luchó tenazmente por mantener su jurisdicción independiente del virrey y de los oidores de México. Para someterla, Martín Enríquez, “militar de experiencia y hábil administrador”, solicitó a la Corona imponer a un presidente gobernador como cabeza de dicha Audiencia. Con su establecimiento en 1572, se esperaba dar evangelizadores, cuyo sostenimiento era una carga para la Real Hacien-

solución a los continuos conflictos entre los oidores y los vecinos,

da. Dos de los participantes en esa junta fueron nombrados para ocupar

disminuir los abusos cometidos contra las poblaciones nativas (que

los cargos virreinales americanos: Francisco de Toledo para Perú y Mar-

habían causado una nueva rebelión indígena en 1561) y poner fin al

tín Enríquez de Almanza para Nueva España.48

desorden imperante en las minas de Zacatecas.50

336

Este cuarto virrey de México era hermano del marqués de Cañe-

Al interior del virreinato, el virrey Enríquez suprimió una serie

te, uno de los aristócratas más cercanos a Felipe II, y se desempeñó

de privilegios fiscales (1570), promulgó unas ordenanzas sobre la po-

como un fiel funcionario del rey. A diferencia de Luis de Velasco, al

blación (1573) y en 1574 implantó el sistema de trabajo conocido como

llegar al cargo, Enríquez era un hombre maduro, viudo y cuyos hijos

“repartimiento”. Desde 1549 Antonio de Mendoza había prohibido

tenían una vida hecha en la península ibérica, con lo cual no se vio ten-

los servicios personales gratuitos; todo trabajo realizado por los indíge-

tado a promover a sus familiares desde el cargo.49 A esto se añadía

nas tenía que ser remunerado. Pero a los naturales, que se mantenían

una voluntad férrea para impulsar las políticas reformadoras que el

suficientemente con los productos de sus tierras, no les interesaba el

rey quería implantar, adecuándolas a la compleja problemática social

trabajo asalariado fuera de su comunidad, lo cual acarreaba la caren-

y económica de un virreinato que se estaba consolidando.

cia de mano de obra en las empresas de los españoles.

Su primera preocupación fue combatir a los piratas ingleses, que

El Estado intervino entonces y creó el “repartimiento”, por el que

habían ocupado la isla de Sacrificios y amenazaban con atacar el puer-

se obligaba a las comunidades a otorgar un determinado número de

to de Veracruz. Una vez expulsados, reforzó las defensas en San Juan

indios para la agricultura, las construcciones urbanas y la minería.

de Ulúa y volvió a ocuparse del tema unos años después, cuando Fran-

Con el fin de evitar abusos, las autoridades nombraron jueces repar-

cis Drake pretendió establecerse en Huatulco, en el Pacífico. Además

tidores que determinaban la distribución de la fuerza de trabajo. Se legisló, además, acerca del número de trabajadores que podían repar-

Enrique González González, “La definición de la política eclesiástica indiana de Felipe II: 1567-1574”, en Francisco Javier Cervantes Bello (coord.), La Iglesia en la Nueva España: relaciones económicas e interacciones políticas, Puebla, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2010, pp. 143-164, y María Leticia Pérez Puente, “La política eclesiástica de la Junta Magna y la creación de los primeros colegios tridentinos en América”, en Mónica Hidalgo Pego y Rosalina Ríos (coords.), Poderes y educación superior en el mundo hispánico, siglos xv al xx, México, Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación-Universidad Nacional Autónoma de México, 2016, pp. 223-243. 49 A pesar de la importancia del gobierno de este virrey en Nueva España, la mayor parte de los estudios sobre él se han dedicado a su administración en Perú. Véase Antonio García-Abásolo, Martín Enríquez y la reforma de 1568 en Nueva España, Sevilla, Diputación Provincial, 1983. 50 T. Calvo y A. Regalado (coords.), op. cit., pp. 269 y ss. 48

tirse: para labores agrícolas, 4 por ciento de los tributarios de un pueblo en periodo ordinario y 10 por ciento durante la siembra y la cosecha; se estipuló que debían recibir cuatro reales a la semana como salario, que el tiempo del servicio no debía exceder los seis días y que la distancia entre el pueblo y el lugar de trabajo no podía ser superior a una jornada de viaje. A pesar de esas reglamentaciones, la corrupción facilitó a menudo los abusos, pues quienes se beneficiaban del trabajo repartido sobornaban a los jueces repartidores y a los cabildos indígenas para obtener mayor número de indios; tampoco se respetaron ni tiempos ni distancias ni salarios. La instauración del repartimiento


Autor no identificad o

Virrey Martín Enríquez de Almanza, 1568 Autor no identificad o

Sir Francis Drake, finales del siglo xvi

fue el golpe de gracia para los encomenderos, que perdieron el control sobre la mano de obra en beneficio de otros colonos, de los mineros y de los constructores de las ciudades. Aunque la explotación de los indios continuaba, su protección seguía estando en el discurso oficial como una prioridad, sobre todo después de la terrible epidemia de viruela que en 1576 se abatió sobre ellos. Para el control de la ciudad, el virrey Martín Enríquez de Almanza se apoyó en los nuevos sectores indígenas que la gobernaban frente a las pretensiones del ayuntamiento español. Las parcialidades de Tlatelolco y Tenochtitlan, con representatividad de nobles y macehuales prósperos de los barrios de San Sebastián y San Pablo, quedaron sujetas a jueces gobernadores, también indígenas y nobles, pero que venían de fuera y, por tanto, no tenían los vínculos y lazos clientelares de los anteriores gobernantes. Francisco Jiménez, de Tecamachalco, y Antonio Valeriano, de Azcapotzalco, ocuparían ese cargo durante las tres últimas décadas del siglo. Ambos pertenecían al linaje de Axayácatl; se habían desempeñado como jueces en varias ocasiones y tenían fuertes vínculos con los franciscanos, pues habían sido educados en el Colegio de Tlatelolco. Para Enríquez, el apoyo de esas autoridades era indispensable, pues la mano de obra que ellos aportaban era fundamental para las obras públicas, sobre todo el reforza-

En ese contexto, el virrey entregó a los agustinos la doctrina de

miento de los diques y las excavaciones para el desagüe de la cuenca,

San Pablo en 1575, retirando de ella al clero secular por las quejas

dirigidas a prevenir las inundaciones.51

contra ellos por parte de los naturales y españoles que habitaban el

Un ejemplo del apoyo que el virrey prestó a esos jueces goberna-

barrio. La oposición del arzobispo Moya a tal despojo no tuvo mucho

dores se dio en 1575, cuando Antonio Valeriano se presentó ante el

efecto y, al poco tiempo, el provincial fray Alonso de la Veracruz con-

ayuntamiento español para solicitar ayuda de cal para construir un

seguía del virrey y de la Audiencia el permiso para abrir un convento

acueducto desde Chapultepec hasta el mercado de San Juan, centro de

al lado de la parroquia y un colegio para que los agustinos estudiaran

la ciudad india. El cabildo indígena se comprometía a poner la mano

náhuatl y teología. Otro conflicto se dio alrededor del santuario de

de obra y la piedra, pero el ayuntamiento se negó a colaborar, pues en

Guadalupe, cuando el arzobispo Moya nombró dos capellanes para

fechas recientes dos proyectos para traer agua —uno desde Churu-

administrar las limosnas, que iban en aumento, las cuales, según el

busco y otro desde Santa Fe— habían fracasado después de haber ge-

virrey Martín Enríquez, debían dirigirse al hospital de indios o a dotar

nerado enormes gastos. En cambio, el virrey Martín Enríquez apoyó

huérfanas, pues eran demasiado cuantiosas para sostener a los dos

el proyecto y obligó al cabildo a sacar dinero de la sisa del vino. A

clérigos que atendían a los fieles. La intervención del virrey en los asun-

pesar de la terrible epidemia de 1576, que retrasó la obra, el acueduc-

tos eclesiásticos estaba plenamente justificaba, pues entre sus funcio-

to se inauguró en 1582, a siete años de haberse iniciado.52

nes estaba la de ser vicepatrono de la Iglesia.53

El apoyo virreinal a las autoridades indígenas iba de la mano con

Otra de las tareas que desempeñó el virrey Enríquez con gran

el que debía prestarse a los religiosos. En 1572 recibía el cargo arzo-

eficacia fue la del aumento de los ingresos de la Real Hacienda. Du-

bispal el inquisidor mayor Pedro Moya de Contreras y, desde enton-

rante su gobierno, se introdujo el cobro de la alcabala, un impuesto

ces, sus relaciones con el virrey Enríquez comenzaron a volverse muy

sobre el tráfico de mercancías, que se recogía en garitas a la entrada

tensas. El prelado, continuando con la política iniciada por su antece-

de las principales ciudades. Su cobro no se hacía de manera directa y

sor fray Alonso de Montúfar, pretendía apropiarse de la administración de los barrios indígenas de la capital, que estaban en manos de los frailes. En un memorial de 1574, los “indios principales” de la ciudad defendían la distribución en los cuatro barrios creada por los religiosos y rechazaban la intromisión del clero secular, como lo pretendía el arzobispo, pues con ello se destruiría el gobierno de la república de indios. Al apoyar a los señores indígenas, el virrey tuvo que intervenir en las agrias disputas que se daban entre los obispos y las órdenes religiosas, en virtud de que se quería obligar a los frailes a dejar en manos de sacerdotes seculares la administración parroquial

Rossend Rovira Morgado, San Francisco Padremech: el temprano cabildo indio y las cuatro parcialidades de México Tenochtitlan (1549-1599), Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2017, pp. 165 y ss. Antonio Valeriano era biznieto de Axayácatl y estaba casado con su prima, una hija de Huanitzin y nieta de Moctezuma. A pesar de esto, su cuñado, el cronista Hernando de Alvarado Tezozómoc, consideraba a Valeriano un advenedizo. 52 B. E. Mundy, op. cit., pp. 365 y ss. 53 Lidia Gómez García y Eduardo Ángel Cruz, “El discurso de la desunión: la disputa jurisdiccional por las limosnas de la Virgen de Guadalupe en Nueva España, 1572-1607”, en Estudios de Historia Novohispana, núm. 61, México, Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de México, julio-diciembre de 2019, p. 17. 51

339


Genealogía y registro de tierra de Juan Tepetzin, en Fragmento de las mujeres, ca. 1575 Autor no identificad o

Arzobispo virrey Pedro Moya de Contreras, 1583

1 5 8 0 - 16 0 0 : lo s ú lt i m o s v i r r e y e s d e l s i g lo X V I

Martín Enríquez había gobernado el territorio novohispano durante doce años; en adelante, la Corona no mantendría a los virreyes en sus funciones por tanto tiempo. A lo largo de las dos décadas siguientes, Felipe II nombró cinco virreyes para la Nueva España: Lorenzo Suárez de Mendoza, conde de la Coruña (1580-1583), a quien sucedió el arzobispo Pedro Moya de Contreras (1584-1585), el primer prelado que ocupó el cargo virreinal interinamente. A éste lo sucedieron Álvaro Manrique de Zúñiga, marqués de Villamanrique (1585-1590), Luis de Velasco y Castilla, Marqués de Salinas e hijo del segundo virrey (1590-1595) y Gaspar de Zúñiga y Acevedo, conde de Monterrey (1595-1603). Durante sus gobiernos se consolidó el control territorial del centro de la Nueva España a partir de las instituciones instauradas por los primeros virreyes. La administración de justicia y el cobro de los tributos, además de algunas funciones de gobierno, estaban a cargo de una red formada por setenta alcaldías mayores y doscientos corregimientos, los cuales poco a poco se fueron haciendo independientes de las alcaldías. En Antequera de Oaxaca, por ejemplo, el alcalde mayor tenía sujetos en 1550 a todos los corregidores de la región; para 1603 sólo quedaban sometidos a él tres. El otorgamiento de esos pues-

340

generalmente se arrendaba a los cabildos españoles, situación que ge-

tos correspondía al virrey, aunque en las tierras del marquesado del

neró muchos problemas. Otro ingreso a las arcas reales que se insti-

Valle tal potestad estaba en manos de los descendientes de Hernando

tuyó en tiempos de este virrey fue el de la bula de la Santa Cruzada.

Cortés. Los alcaldes mayores y corregidores fueron para la Corona el

A cambio de su apoyo contra las fuerzas del mal (turcos y pro-

mejor instrumento de control sobre el territorio, pero se convirtieron

testantes), el papado, al principio renuente, dio muchas concesiones

en la peor plaga para los indios, a quienes explotaban continuamente.

a la Corona española sobre las instituciones eclesiásticas que actua-

Dichos funcionarios se aliaron a menudo con los mercaderes y con

ban en todo su Imperio. Como parte de los privilegios concedidos

los grupos de poder locales, representados en los ayuntamientos de

por el Regio Patronato, se permitió al rey recolectar limosnas entre

las ciudades de españoles y en los cabildos indígenas. Los repartimien-

sus súbditos católicos para sostener la guerra contra el infiel por me-

tos forzosos de trabajo y la posibilidad de traficar mercancías produ-

dio de la bula la de Santa Cruzada. Dicho documento pontificio, dado

cidas en los pueblos fueron actividades en las que los funcionarios de

en 1573, concedía a quienes lo adquirían cada dos años exenciones de

los cabildos estaban coludidos con los mercaderes y alcaldes mayores

ayuno y una serie de indulgencias para vivos o difuntos, que podían

en perjuicio de los macehuales.

reducir los días de castigo en el purgatorio. A pesar de la oposición de

Estos funcionarios estaban asentados en ciudades y villas o en

varios sectores católicos, dado que el tema había sido una de las causas

importantes pueblos de indios que habían crecido con el arribo de

de la ruptura protestante, el rey vio en la bula una forma de aumentar

colonos, cuyo número aumentaba año con año. Ante las pocas ciudades

sus ingresos y fortaleció el Consejo de Cruzada con un comisario

de españoles que había, los inmigrantes comenzaron a establecerse

general para que la administrara tanto en España como en América.

54

en los poblados indígenas más prósperos, aunque estaba prohibido.

El gobierno de Martín Enríquez consiguió reforzar la autoridad

Esos peninsulares de orígenes diversos (vascos, gallegos, canarios, por-

real y los intereses de la Corona sobre el Nuevo Mundo. Por su efi-

tugueses) se dedicaban a oficios artesanales u obtenían ganancias con

ciente labor fue nombrado virrey de Perú en 1580. Ese mismo año

el comercio o con la posesión de una tierra labrada por los indios.

Felipe II era coronado rey de Portugal tras una crisis sucesoria en dicho

Junto con ellos, llegó también un numeroso contingente de esclavos afri-

reino. Con ello, las colonias portuguesas en África, Asia y América se

canos, importados por los mercaderes portugueses a raíz de la unión

unían a las posesiones españolas en Europa, México, Perú y Filipinas

de las Coronas bajo dominio de Felipe II. Los africanos y su descenden-

convirtiendo a ese rey en el monarca más poderoso del mundo.

cia mestiza se ocuparon en plantaciones y minas en la Tierra Caliente y se integraron como arrieros, milicianos o peones en la colonización del norte.

María del Pilar Martínez López-Cano, La Iglesia, los fieles y la Corona: la bula de la Santa Cruzada en Nueva España (1574-1660), México, Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de México, 2017.

54

A fines del siglo, se creó un nuevo sector de funcionarios para llevar a cabo una renovada congregación de población. Después de dos años de epidemia (1595-1596), los pueblos de indios experimentaron


Autor no identificad o

Virrey Álvaro Manrique de Zúñiga, 1586 Autor no identificad o

Virrey Luis de Velasco y Castilla, 1585 Autor no identificad o

Virrey Gaspar de Zúñiga Acevedo y Velasco, 1596

Inmersos en todos esos cambios, los ayuntamientos españoles y los cabildos indígenas se volvieron los espacios de poder de los terratenientes y caciques. Es obvio que los ayuntamientos de las grandes ciudades de españoles tuvieron mayor importancia política, por lo que a partir de las últimas décadas del siglo xvi recibieron una supervisión más fuerte por parte de las autoridades centrales, que vigilaban sus acuerdos e intervenían en la elección de sus representantes. Al principio, sus funciones eran muy amplias y abarcaban desde el reparto de solares, el abasto urbano y las obras públicas hasta la organización de fiestas patronales y las recepciones de virreyes. En los poblados indígenas, la proliferación de cabildos trajo un debilitamiento de la antigua nobleza, la cual había prosperado en el escenario de las encomiendas con base en las relaciones personales generadas entre caciques y encomenderos. Pero cuando la Corona comenzó a imponer a sus funcionarios y a crear los cabildos indígenas, los nobles tendieron a ser marginados en algunas regiones, aunque en otras pudieron sobrevivir adaptándose.56 Con la posibilidad de elección de “oficiales de república” en los cabildos, se trastocó profundamente la realidad social y se facilitó una gran fluidez y renovación de las élites indígenas con la inserción de plebeyos en los estratos dirigentes gracias a su bilingüismo, a sus habilidades de gestión y a la

342

profundos cambios a raíz de esas congregaciones, que iniciaron los

riqueza adquirida por el comercio. Con el paso del tiempo, esa nueva

virreyes Luis de Velasco y Castilla y el conde de Monterrey para te-

élite concentró el poder en un grupo limitado, pues la elección de

ner un mayor control tributario y reagrupar la fuerza de trabajo para su

cargos, aunque rotativa, se hacía por un concejo de los principales

mejor explotación. El programa despertó una fuerte oposición entre

del pueblo y recaían siempre en sus miembros.57

los religiosos, quienes no sólo se oponían a él por las muchas vejacio-

En la capital del virreinato, donde convivían un ayuntamiento

nes que se hacían a los indios, sino también porque perderían muchas

español y dos cabildos indígenas, la situación política se volvía aún

limosnas de sus visitas. El desplazamiento de más de 250 mil perso-

más compleja, pues en ella confluían tanto los intereses de los nuevos

nas causó mortandad y abandono de tierras, las cuales quedaron a

sectores sociales (terratenientes, mercaderes y caciques) como la ac-

merced de los hacendados. Con esa reestructuración espacial se cam-

tuación de las máximas autoridades enviadas por el rey desde la Pe-

bió la fisonomía rural de algunas regiones, aumentaron los controles

nínsula: el virrey, la Audiencia y el arzobispo.

y se reformuló su organización, al reducir a las cabeceras la mayor parte de las visitas.55

Con la marginación de los encomenderos, el control del ayuntamiento de la capital comenzó a recaer en el nuevo sector criollo for-

La migración y los movimientos masivos de población dieron

mado por los terratenientes, que ya no estaban interesados en los

lugar muy pronto al crecimiento de comunidades mestizas (como Tolu-

tributos indígenas. Al conformarse las primeras haciendas, sus nece-

ca y Querétaro), en las que convivía gente de diversos orígenes y de

sidades se dirigían a tener acceso a una mano de obra asalariada, a

cuyos centros urbanos fueron desplazados los señores indígenas. A

abastecer el consumo de cereales y carne en las ciudades y a acumu-

fines del siglo fue común que en los alrededores de la “traza española”

lar tierras destinadas a la agricultura y a la ganadería en los territo-

de muchas ciudades y villas crecieran los barrios indígenas y, a pesar de

rios que se estaban abriendo al concluir la guerra chichimeca en el

la supuesta separación en dos repúblicas, mucha gente de un sector

Bajío y más al norte. La Corona les impuso el nombramiento de regi-

comenzó a habitar en el otro.

dores perpetuos para tener injerencia en sus asuntos internos, pero al mismo tiempo les dio enormes concesiones respecto al abasto ur-

Ernesto de la Torre Villar, Las congregaciones de los pueblos de indios: fase terminal, aprobaciones y rectificaciones, México, Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1995, pp. 13 y ss. 56 El sistema de cabildos sería mucho más duradera que la misma monarquía, pues llega hasta hoy en día. Véase B. García Martínez, op. cit., p. 253. 57 S. Alberro, op. cit., pp. 72 y ss. 58 Antonio Rubial, “El episcopado criollo de la Nueva España (1593-1743), ¿una concesión imperial hacia América?”, en María del Pilar Martínez López-Cano y Francisco Javier Cervantes Bello (coords.), La dimensión imperial de la Iglesia novohispana, siglos xvi-xviii, México, Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades-Benemérita Universidad 55

bano. A pesar de ello, continuaba el descontento de los criollos, quienes, salvo por la compra de oficios vendibles, tenían poco acceso a los cargos oficiales destinados a los peninsulares: los más altos (virreyes y oidores), porque eran impuestos desde Madrid; los más bajos (corregidores y alcaldes mayores), porque los virreyes los otorgaban a su clientela. Sólo en la jerarquía eclesiástica se permitió a algunos criollos ocupar cargos episcopales, aunque siempre en las diócesis más pobres.58


El ayuntamiento capitalino muy pronto debió competir con otras

adquirió en su reinado un importante papel como custodio de la mo-

instancias políticas, como el consulado de comerciantes, autorizado

ral pública, como fiscalizador de la actuación de los funcionarios ci-

a funcionar desde 1592 para supervisar el movimiento de las flotas y

viles y como promotor de obras de beneficencia. Un representante del

monopolizar el comercio internacional desde la capital. En adelante,

papel fundamental que ejerció el episcopado en la política novohis-

esa corporación participaría en la fortificación de los puertos, en su

pana fue Pedro Moya de Contreras, quien, después de implantar el

defensa frente a los ataques piratas y en la administración de los impues-

Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, fungió como arzobispo

tos aduanales: la avería, la alcabala y el almojarifazgo.59 Aliados con

casi veinte años (1572-1591), como visitador del reino (1583-1584) e

los alcaldes mayores, ese sector promovió la exportación de la grana

incluso ocupó interinamente el cargo de virrey entre 1584 y 1585. Ese

cochinilla y el palo de Brasil, monopolizó el comercio con las islas Fi-

año Moya convocó el tercer Concilio Provincial Mexicano, el cual sen-

lipinas y se benefició con la prosperidad que comenzaban a tener los

tó las bases de la organización diocesana tutelada por el Regio Patro-

centros mineros del norte.

nato. Con la asistencia de otros seis obispos, la mayoría religiosos, en

Al mismo tiempo que se conformaba la profusa red de intereses

esa asamblea se discutió la aplicación en Nueva España de los postu-

económicos alrededor de las actividades agropecuarias, comerciales y

lados del Concilio de Trento, y frailes y obispos defendieron sus posicio-

mineras, también se estructuraba un grupo de funcionarios encarga-

nes sobre la organización eclesiástica y sobre la religiosidad indígena.62

dos del gobierno central, de la administración de justicia y de la Real

Para confrontar el poder de las órdenes antiguas, el arzobispo Moya

Hacienda. Dicho grupo estaba formado por letrados que trabajaban en

favoreció la expansión de nuevos institutos religiosos, como el de los

la Secretaría de Gobernación y Guerra, en el Tribunal de Cuentas, en la Casa de Moneda y en la Audiencia. La “protección” de los naturales recaía en el virrey, pero debido a las fricciones con la Audiencia, esa facultad le fue concedida finalmente a esta última con la creación, en 1591, de un juzgado especial para los indios.60 La mayoría de los cargos en esas instancias eran otorgados al principio por méritos personales, pero los apuros financieros de la Corona motivaron la venta al mejor postor de algunos puestos notariales y municipales en la época de Felipe II. Ese principio, llevado a sus extremos en la centuria siguiente, acarreó una gran corrupción.61 En esa expansión de la burocracia civil, Felipe II tuvo como una de sus principales colaboradoras a las autoridades de la Iglesia. A partir de las recomendaciones del Concilio de Trento, la figura del obispo

Autónoma de Puebla/Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de México, 2016, pp. 73-114. 59 Marcello Carmagnani, “La organización de los espacios americanos en la monarquía española (siglos xvi a xviii)”, en Ó. Mazín y J. J. Ruiz Ibáñez (eds.), op. cit., p. 344. 60 L. Semboloni, op. cit., p. 175. 61 Muchos actos que hoy se calificarían de corrupción, como el nepotismo y el tráfico de influencias, en aquella época eran tolerados como parte de un sistema clientelar. Sin embargo, sí eran considerados como actos de corrupción los abusos de poder, pues atentaban contra la moral y el bien común. 62 Los obispos asistentes al concilio fueron dominicos en su mayoría, dado el papel que esta orden desempeñó en el reinado de Felipe II: el de Oaxaca, fray Bartolomé de Ledesma (el viejo asesor de Montúfar); el de Guadalajara, fray Domingo de Alzola, y el de Yucatán, fray Gregorio de Montalvo; además, estaban el agustino fray Juan de Medina Rincón, que era prelado en Michoacán, y el jerónimo fray Fernando Gómez de Córdoba, obispo de Guatemala.

343


jesuitas, los carmelitas y los mercedarios, y la erección de varios mo-

suitas se disputaban la fundación de misiones en esos territorios y en

nasterios de religiosas en la capital, bajo su jurisdicción.

Nueva Vizcaya, una feroz competencia se desataba entre los merca-

En 1600 la Ciudad de México era la capital de un complejo territo-

deres vascos y los portugueses (muchos de ellos judíos conversos)

rio que abarcaba cuatro obispados (México, Puebla, Oaxaca y Michoa-

por el control de los mercados y del usufructo de las riquezas que allá

cán) y estaba gobernado directamente por el virrey y por la Audiencia de

se estaban generando. La muerte en las cárceles inquisitoriales del

México. En su frontera sur, Yucatán y Guatemala funcionaban de ma-

gobernador de Nuevo León Luis de Carvajal en 1591 fue un duro gol-

nera independiente; aunque sus cinco obispados (incluidos los de

pe para los judíos portugueses, que dirigieron sus inversiones hacia

Chiapas, Comayagua y Nicaragua) formaban parte de la provincia ecle-

Filipinas y las colonias asiáticas.

siástica mexicana, tanto ellos como los capitanes gobernadores y la

Para fines de la centuria, en las zonas ya colonizadas, las capita-

Audiencia de Guatemala actuaban con total autonomía respecto al

les episcopales concentraban las actividades económicas de su entor-

virrey o al arzobispo de México. En contraste, los territorios de la fron-

no, pues en ellas se comercializaban los productos y se generaba el

tera norte, por la extraordinaria riqueza argentífera que prometían,

dominio político y religioso. En 1600 ciudades como Puebla, Oaxaca,

quedaron mucho más vinculados al centro del virreinato, desde donde

Valladolid y Guadalajara eran centros coordinadores que articulaban

se organizó su pacificación, colonización y evangelización.

las regiones y se conectaban con Europa a través de la Ciudad de

En 1585 la guerra chichimeca había llegado a su clímax. Fue en-

México. Desde esos centros de poder, terratenientes y mercaderes

tonces que el nuevo virrey, el marqués de Villamanrique, decidió

poseyeron una gran libertad en la gestión económica y social de los

cambiar la táctica seguida hasta entonces, pues se dio cuenta de que

distintos territorios.63

había muchos intereses en la frontera, los de los esclavistas, entre

344

otros, que estaban en contra de una verdadera pacificación. Por medio

Epílogo

de capitanes fieles al rey, como el mestizo Miguel Caldera, el gober-

La actitud ambigua de la monarquía fue una constante en todas las

nante comenzó a obsequiar ropa y comida entre las tribus a cambio

relaciones entre la metrópoli y sus autoridades coloniales, pero no

de la paz. Más tarde, en la época del virrey Luis de Velasco y Castilla,

podía ser de otra forma; la lejanía de las Indias hacía necesaria una po-

se fomentó la fundación de colonias de tlaxcaltecas administradas por

lítica de desconfianza con respecto a los funcionarios que laboraban

franciscanos en la región, como núcleos para lograr la aculturación

al otro lado del océano. Continuamente se enviaban a América visita-

de los nómadas. Esos últimos dos virreyes mostraron interés por incor-

dores que fiscalizaban la actuación de toda la jerarquía burocrática; se

porar los territorios de la Chichimeca a la esfera virreinal, por lo que

fomentaban las quejas y acusaciones de particulares y de unas auto-

se anexaron las importantes minas descubiertas por Miguel Caldera

ridades contra otras; se delimitaron de manera exhaustiva sus res-

en San Pedro y se autorizó la fundación del real de San Luis Potosí.

pectivas obligaciones y se promovieron la oposición y el desacuerdo

Mas allá del Bajío, se fundaron en ese tiempo dos nuevos reinos:

entre ellas para facilitar el control. Sólo con esos medios pudo man-

en 1580 el judío converso Luis de Carvajal consiguió una capitulación

tenerse un sistema en el que las jurisdicciones territoriales de las di-

para el Nuevo Reino de León y el vasco Juan de Oñate lo hacía para

versas autoridades civiles y eclesiásticas se sobreponían, y donde la

Nuevo México en 1598. Al igual que los virreyes, los gobernadores

corrupción, definida en términos morales, estaba a la orden del día;

tenían atributos para modificar o suspender la ejecución de las disposi-

entre otras causas, ésta se daba por la venta de cargos públicos y porque

ciones reales, otorgar mercedes, licencias y autorizaciones en materia de

las oligarquías locales, con amplios poderes económicos y políticos,

tierras, minas, tributo y trabajo, nombrar tenientes de gobernador, des-

sobornaban a las autoridades para que gobernaran en su propio bene-

pachar instrucciones para ellas y confirmar las elecciones municipa-

ficio. Aunque el sistema promovido por Felipe II y sus consejeros

les en ciudades de españoles y pueblos de indios.

tendía a la unificación legal, administrativa y religiosa, la misma es-

Aunque esas autoridades tenían extensos poderes en sus zonas,

tructura del Imperio español, la distancia a la que se encontraban los

en algunas materias debían obediencia al virrey y, en última instan-

reinos americanos de la metrópoli y la situación social y económica

cia, estaban sujetos al Consejo de Indias. Mientras franciscanos y je-

del Nuevo Mundo favorecieron la formación de importantes grupos locales de poder. Con todo, a partir de la segunda mitad del siglo xvi, se sentaron las bases para la unificación política y administrativa del

63

M. Carmagnani, op. cit., pp. 337-343.

territorio y se implantó sobre él una legislación uniforme.


División antigua Nueva California

Gobernación de la Nueva Vizcaya desde 1562 Reino de la Nueva Galicia desde 1533 Reino de México Gobernación de Yucatán 1526-1549 y 1765-1789 Divisón territorial

Provincia de Nuevo México de Santa Fe 1598

Provincia de Sonora 1733

1

Provincia de los Texas (Nuevas Filipinas) 1722

3

5

2 4 1. Provincia de la Vieja California, 1697 2. Provincia de Sinaloa 3. Provincia de Chihuahua 4. Provincia de Guadiana o Durango 5. Provincia de Coahuila (Nueva Extremadura), 1687 6. Nuevo Reino de León, 1580 7. Colonia del Nuevo Santander (Provincia de los Tamaulipas), 1748 8. Provincia de San José de Nayarit, 1721 9. Provincia de los Zacatecas 10. Provicia de Xalisco 11. Provincia de Colima 12. Reino o Provincia de Michoacán 13. Provincia de México 14. Provincia de Tlaxcala 15. Provincia de Puebla de los Ángeles 16. Provincia de Antequera de Oaxaca 17. Provincia de Tabasco 18. Provincia de Campeche 19. Provincia de Mérida de Yucatán

6 7

9

Golfo de México

8 12

10

13

11

19

14 15

18 17

16

Audiencia (1542), Reino (1561) y Capitanía general de Guatemala (1609)

Océano Pacífico

Provincias de la Nueva España en 1570 1

7

3

10

4 5

2

6 8

11

13 14 15

9

19

12 17

30

18

20 21

24 23

22 25

11. Mechoacán 12. Valle de Matalcingo 13. Minas de Tornacustla 14. Minas de Pachuca 15. Metztitlán 16. Hueytlapa 17. Minas de Temazcaltepec 18. Malinalco 19. Cuautitlán 20. México 21. Tezcuco

22. Chalco 23. Tlaxcala 24. Xalapa 25. Cuernavaca 26. Izúcar 27. Tepeaca 28. Teguacán 29. Vera-Cruz 30. Zacatula 31. Chiautla 32. Minas de Zumpango

33. Acatlán y Piaztla 34. Tepozcolula 35. Yanhuitlán 36. Teutila 37. Tlacotalpa 38. Xalapa, Cintla y Acatlán 39. Valle de Guaxaca 40. Puerto de Guatulco 41. Zapotecas 42. Guazacualco 43. Teguantepec

29

27 26

37

28

31

36

33 32

1. San Miguel 2. Xilotepec 3 Pánuco 4. Izatlán 5. Ameca 6. Pueblos de Ávalos 7. Autlán 8. Colima 9. Tuspa 10. Minas de Guanaxuato

Golfo de México

16

34 38

35

42 41 43

39 40

Océano Pacífico


LIBRO SEGUNDO INTRODUCCIÓN

Surgimiento y consolidación del criollismo en el “largo siglo xvii” novohispano M aría cristina tor ales pacheco*

In memoriam, Edmundo O’Gorman (1906-1995)

Fue consagrado arzobispo de México en 1574, visitador general del reino en 1583 y, al año siguiente, virrey interino a la muerte del virrey

La historiografía tradicional tiende a establecer las periodizaciones

conde de la Coruña. En 1586 regresó a la península ibérica para asu-

de los procesos históricos en términos de centurias. En el caso de la

mir la presidencia del Consejo de Indias, cargo que ocupó hasta 1591,

historia de la monarquía hispánica en la época moderna se suele tam-

año en el que falleció.

bién considerar como parteaguas en la historia, desde una óptica polí-

Las acciones de los virreyes Martín Enríquez de Almanza (1568-

tica, los relevos de las dinastías gobernantes: los Austria en los siglos

1580); Lorenzo Suárez de Mendoza, conde de la Coruña (1580-1583);

xvi y xvii y los Borbones en el siglo xviii. Cabe advertir que en este

Pedro Moya de Contreras (1584-1585); Álvaro Manrique de Zúñiga,

último caso el cambio dinástico (1700) coincidió con el paso de un

marqués de Villamanrique (1585-1590); Gaspar de Zúñiga y Aceve-

siglo a otro.

do, conde de Monterrey (1595-1603), y Luis de Velasco, el segundo

En este libro nos hemos alejado de este proceder. Si bien la obra

(1590-1595 y 1607-1611), contribuyeron significativamente en Nueva

está organizada en principio en orden cronológico, hay numerosos

España a la definición de las instituciones de gobierno y administración

artículos que incluyen como escenario de los objetos de estudio el

y al asiento y consolidación de los habitantes en pueblos y ciudades.

conjunto de los trescientos años para explicar su evolución y transfor-

La experiencia de gobierno en Nueva España de algunos de ellos sirvió

mación en el tiempo. Hay otros cuyo contexto temporal es más res-

para configurar las políticas para el virreinato de Perú, al ser también

tringido y cuya temática asume momentos políticos o revela pautas

ahí virreyes y en su calidad de presidentes del Consejo de Indias.

sociales y culturales de periodos que comprenden unas cuantas décadas o etapas aún más cortas.

El 21 de noviembre de 1564 partió del puerto de Navidad la empresa marítima que logró identificar la corriente Kuroshio, que habría

Los escritos que siguen corresponden a lo que puede nombrarse

de permitir el tornaviaje de Filipinas al puerto de Acapulco, hazaña

un “largo siglo xvii”. Así lo denomino porque hay numerosos aconte-

que, dirigida por fray Andrés de Urdaneta y Miguel López de Legazpi,

cimientos a partir del último cuarto del siglo xvi que anuncian y con-

habría de garantizar la expansión de la cultura occidental al Pacífico

tribuyen al desarrollo de nuevos escenarios culturales que se expresan

insular y con ello el impulso de la primera gran globalización bajo el

a lo largo de la siguiente centuria y continúan con escasas modifica-

liderazgo de la monarquía española. En su tiempo fue reconocida y

ciones más allá de la primera mitad del siglo xviii. Desde una mirada

difundida como una hazaña de los “mexicanos”. Podríamos sugerir

cultural, proponemos el inicio de este extenso siglo en el contexto

que el éxito de esa empresa fue un detonante para la organización del

europeo en diciembre de 1563, cuando se llevó a cabo la última sesión

Real Tribunal del Consulado de la Ciudad de México, aprobado por

del Concilio de Trento, a partir del cual la Iglesia católica vio en Améri-

Felipe II en 1592, el cual integraba a los principales comerciantes que

ca la oportunidad de impulsar la renovación de la fe de la mano del

controlaron los mercados interno y externo en la Nueva España.

“rey católico” Felipe II, que en 1580 se mostraba como el monarca más

Desde una óptica cultural, habría que advertir que en 1571 fue

poderoso de la cristiandad: rey de España y de las Indias, de Portugal,

publicada en Perugia la Rhetorica christiana, escrita e impresa por fray

de los Países Bajos, de Nápoles, Sicilia, Inglaterra e Irlanda, así como

Diego Valadés, criollo originario de Tlaxcala. Conocedor de la expe-

conde de Borgoña y duque de Milán.

riencia evangelizadora de los franciscanos, ofreció en este libro una

En Nueva España, sugerimos el año de 1571, con el arribo de Pe-

síntesis del saber enciclopédico del ser y deber ser de las tareas misio-

dro Moya de Contreras como primer inquisidor general y, más tarde,

neras. Podría asumirse esta magna empresa como el legado francis-

arzobispo virrey. Fue manifiesta en su gestión la consolidación de las

cano para dar continuidad a la expansión de la fe católica entre los

instituciones civiles y eclesiásticas. Contreras fue la primera persona

naturales durante el “largo siglo xvii”.

en la que se concentraron los mayores poderes en los territorios americanos. Le correspondió el establecimiento del Tribunal de la Inquisición para garantizar la ortodoxia católica y velar por la moral cristiana.

* Universidad Iberoamericana, Ciudad de México, México.

347


p. 346

Autor no identificad o

Retrato de Juan de Palafox y Mendoza, siglo xvii

—¡Rorro, rorro, rorro, rorro, rorro, ro! ¡Qué cuaja, qué cuaja, qué cuaja te doy! —Espela, aún no suba, que tu negro Antón te guarra cuajala

En noviembre de 1572 arribaron los jesuitas a la Ciudad de Mé-

branca como sol.

xico. Fue la cuarta corporación religiosa masculina en llegar al reino para, de conformidad con los principios del Concilio de Trento, apo-

[…]

yar la formación de los jóvenes como buenos cristianos y propiciar la reafirmación de la fe católica mediante el fomento de la recepción

Voz:

de los sacramentos por los feligreses europeos y por los naturales de

Pues que todos han cantado,

la tierra.

yo de campiña me cierro:

En aras de fortalecer la Real Armada, el 1 de noviembre de 1591

que es decir, que de Vizcaya

Felipe II expidió numerosas cédulas con las que impulsó la organiza-

me revisto. ¡Dicho y hecho!

ción y el fortalecimiento del sistema fiscal en sus reinos.

Nadie el vascuence murmure, que juras a Dios eterno

La instrumentación intensiva de las congregaciones de los natu-

que aquesta es la misma lengua cortada de mis abuelos.

rales americanos dispersos en los valles de México, Toluca, Cuernavaca y Puebla-Tlaxcala por el virrey conde de Monterrey favoreció,

Vizcaíno:

además de la atención sacramental de los naturales, el establecimiento

Señora Andre María,

de los ayuntamientos, integrados por los vecinos elegidos por el común.

¿por qué a los Cielos te vas

El ayuntamiento, como instancia de gobierno local, es sin duda una

y en tu casa Aranzazú

de las más importantes aportaciones del régimen virreinal que, con

no quieres estar?

algunas variantes realizadas en los siglos xix y xx, mantiene vigencia

¡Ay que se va Galdu nái [z]

hasta nuestros días.

nere bizi guziko galdu nái [z]!1

Estos acontecimientos, entre otros, son los que nos han permitido sugerir que las últimas décadas del siglo xvi fueron el punto de

A mediados del siglo xvii la expansión en tierras chichimecas es

partida de las pautas económicas, sociales y culturales que continua-

manifiesta en el desarrollo de importantes ciudades, tales como el

ron vigentes en el reino de la Nueva España, a pesar del cambio de

real de minas de Zacatecas y el de Guadalajara, capital de Nueva Ga-

dinastía en el año 1700.

licia y sede de obispado. Mención especial es pertinente hacer de la

Proponemos que el “largo siglo xvii” se comprenda como tiempo 348

de asombro, por la vastedad y fertilidad del territorio y por su riqueza

exploración del septentrión, a la par de las tareas orientadas a la expansión de la fe.

animal, vegetal y mineral; como el tiempo de su exploración y pobla-

Es tangible el avance hacia el noroeste en las primeras décadas

miento; como el tiempo de expresión de la ortodoxia católica postri-

del siglo xviii, con el reconocimiento del territorio y de sus poblado-

dentina y como el siglo en el que, a la par de la recuperación demográfica

res a través de las tareas de los misioneros jesuitas en Sinaloa, Sonora,

y la configuración de una sociedad multicultural, tuvieron lugar di-

Chihuahua y California.

versos procesos conducentes al reconocimiento de la diversidad de identidades y de sus manifestaciones culturales.

En ese tiempo, los novohispanos tuvieron la mirada puesta en la fundación y consolidación de las misiones iniciadas por el jesuita Eu-

Unas breves líneas escritas por Sor Juana Inés de la Cruz para la

sebio Francisco Kino, llevadas a cabo por el padre Juan María de Sal-

muy importante celebración anual en favor de la Virgen de la Asun-

vatierra, con el apoyo, entre otros, del acaudalado comerciante del

ción, patrona del arzobispado de México, nos dejan ver la convicción

tráfico por el Pacífico, Nicolás de Arteaga; de dos generosos patroci-

de la poeta a propósito de la multiculturalidad novohispana:

nadores de las obras de la Compañía de Jesús en los territorios de la monarquía, Gertrudis de la Peña, marquesa de las Torres de Rada, y

Pues a la mano de Dios,

de su tercer esposo, el marqués de Villapuente y de la Peña, quien fue

y transfórmome en guineo.

regidor perpetuo y alcalde ordinario de la Ciudad de México, y de Juan Caballero Ocio, originario de Querétaro, también regidor per-

Negro:

petuo, egregio exalumno del Colegio de San Ildefonso y quien se dis-

—¡Oh Santa María,

tinguió en su tiempo por su altruismo.

que a Dioso parió,

Con las incursiones de los misioneros para la exploración del terri-

sin haber comadre,

torio e identificación de los indígenas a los que habrían de cristianizar,

ni tené doló!

el visitador de las misiones jesuitas, el padre Juan de Ugarte, confirmó la peninsularidad de California, que Eusebio Francisco Kino, cosmógra-

José de Loaisa y Agurto, Villancicos que se cantaron en la Santa Iglesia Metropolitana de México en honor de María santísima, madre de Dios, en su asumpción triunfante…, México, Herederos de la viuda de Calderón, 1685. Sor Juana incorporó estos villancicos a su obra Inundación castálida. 1

fo, explorador y misionero, años antes ya había difundido entre sus hermanos. Ugarte, con el consenso de los naturales y sus hermanos misioneros, logró definir un espacio idóneo para acoger la Nao de China en sus viajes de retorno al reino.


El año de 1721, el provincial de la Compañía solicitó a los misioneros:

mil seiscientos, y treintaiséis tributarios enteros; y ésta, dos mil cuatrocientos, y sesenta tributarios, y medio: tributario entero, se entiende marido y mujer o dos viudos o viudas, o dos solteros o solteras, mayores de

[que] manden a sus indios, que el año que viene, enciendan de noche

dieciocho años.4

luminarias, y que hagan de día humaredas en las cumbres de los cerros, en los meses que puede llegar a aquellas costas la Nao de China, y que en la

Estas líneas nos ofrecen luz sobre los naturales ya cristianizados y

bahía de los Santos Ángeles es donde hizo aguada la de este año, espere

reconocidos como vasallos tributarios de la monarquía, entre los que

un P. misionero, con soldados españoles, e indios amigos, y tengan he-

no se contemplaron a los nómadas habitantes del septentrión, en pro-

chas enramadas y estén prevenidos de la fruta, y grano, que da el país, y

ceso de sedentarización mediante las tareas misionales.

aves, y pavos, con ganado mayor y menor, de cerda y lana.2

En las urbes, en un principio trazadas para españoles y con los barrios indígenas adyacentes, la realidad biológica se impuso y en ellas

Estas líneas son expresión de cómo los misioneros jesuitas con-

convivieron y se mezclaron naturales americanos, europeos, asiáticos y

tribuyeron a la expansión de la palabra de Cristo entre los naturales

africanos; se había generado una sociedad de europeos, criollos, mes-

de América y del Pacífico insular; favorecieron entre ellos las prácti-

tizos y la enorme variedad de castas derivadas de la interrelación de

cas agrícolas y ganaderas y fueron agentes fundamentales para hacer

individuos de los cuatro continentes entonces identificados como tales.

de la península de California un espacio estratégico que habría de

El “largo siglo xvii” no estuvo exento de tensiones. Cuando las

evitar la muerte de propios y extraños en el tránsito por el océano

autoridades locales, regionales o virreinales tomaron decisiones que

Pacífico. Numerosas vidas se salvaron con los bastimentos que los

afectaban a los vasallos, éstos no repararon en manifestar sus desa­

naturales y misioneros proporcionaron a los que habían pasado de

cuerdos. Lo hicieron conforme a derecho, a través de intérpretes y

siete a once meses en el Galeón de Manila en su retorno al continen-

abogados que acudían ante el Juzgado de Indios y las Reales Audien-

te americano.

cias. Cuando no eran escuchados, no reparaban en rebelarse y aun en

Los jesuitas enfrentaron su último reto misionero, la expansión

tomar justicia por propia mano. Ilustra esto la muerte de Juan de Are-

de la fe en tierras nayaritas, a solicitud del tonati o rey sacerdote de

llano, alcalde mayor de Tehuantepec y familiar del virrey duque de

los naturales, quien acudió a la Ciudad de México y fue recibido por

Alburquerque. El 31 de marzo de 1660 llegó así la noticia a la capital

el virrey marqués de Valero el año de 1721:

del virreinato: “[…] se habían amotinado los indios de Tehuantepec y muerto al alcalde mayor y a su gente, excepto a la mujer y dos hijos,

[…] dio la obediencia al rey N. Señor, y pidió a su excelencia que para su

por agravios que les había hecho […] sabido el caso y vista la carta

resguardo, y volver a su reino, y que diesen sus vasallos la obediencia, le

que los indios escribieron a su excelencia, se mandó poner silencio en

acompañasen soldados españoles, e indios cristianos, como lo hicieron,

este hecho”.5 Habría que añadir que los naturales de esa jurisdicción,

yendo a la dirección de su conductor el gobernador D. Juan de la Torre, y

dejaron las armas gracias a la intervención del entonces obispo de

de los religiosos jesuitas (de cuya sagrada religión los pidió dicho rey)

Oaxaca, Alonso Cuevas y Dávalos.

inteligentes en su idioma que es el mexicano, el padre Antonio Arias y el padre Juan Téllez Girón.

3

En ese siglo fueron acontecimientos muy destacados varias manifestaciones de disidencia en espacios urbanos. Mencionemos al menos tres conflictos que impactaron e involucraron a muy diversos secto-

Franciscanos, dominicos y agustinos en el “largo siglo xvii” man-

res de la sociedad novohispana. Los motines “populares” de 1624 y

tuvieron sus acciones orientadas a la expansión de la fe. Algunos lo

1692 en la Ciudad de México y el conflicto que tuvieron los jesuitas

hicieron entre las distintas “naciones” de indígenas nómadas al orien-

con el obispo de Puebla, Juan de Palafox. Podemos atribuir el primero

te del septentrión y otros en los accidentados espacios, casi inaccesi-

a las diferencias en cuanto a jurisdicción entre el virrey marqués de

bles, densamente poblados del sureste del territorio que aún hoy día

Gelves y el arzobispo Juan Pérez de la Serna; en la base de esto se

son asumidos como tierras de misión.

encontraban, por una parte, el modo de entender el reino de la Nueva

En este “largo siglo xvii” fue evidente la toma de conciencia de

España de un virrey identificado con la política del conde-duque de

la diversidad de los naturales americanos. A la par de la cristianiza-

Olivares, y, por otra, las convicciones de la Real Audiencia y del cabil-

ción de los indígenas en tierras ignotas, fue reconocida su diversidad

do de la ciudad, más proclives a los intereses de los criollos. El motín

lingüística y cultural. Los misioneros aprendieron, estudiaron, elabo-

de 1692, en contra del conde de Galve, se originó por graves males

raron e imprimieron vocabularios y gramáticas de las distintas len-

que afectaban a las mayorías: epidemias, escasez de granos, aumento

guas, muchas de ellas aún vivas e investigadas en esos textos.

de precios, etcétera.

En 1729, a propósito de difundir cuántos naturales había y dónde habitaban, la Gazeta de México informaba:

En ese tiempo se llegó a atribuir a los efectos del eclipse de sol, “al mal gobierno” y a “[…] nuestras culpas que quiso Dios castigar”.

En el gobierno de esta Nueva España, se comprehenden ciento y treinta partidos de indios, que se componen de novecientos y ochenta y seis pueblos, y en ellos trescientos dieciséis mil y noventa y nueve tributarios enteros, y no se incluyen en éstos los seis partidos de San Miguel el Grande, S. Phelipe, S. Luis de la Paz, S. Luis Potosí, Guadalcázar, Guexutla, ni los siete de Cuyoacan, Cuernavaca, Xalopa, las cuatro villas de Oaxaca, Tustla, Cotostla, y Toluca, pertenecientes al estado del valle, ni las parcialidades de S. Juan, y de Santiago de México, que tienen, aquélla, seis

2 Juan Ignacio María de Castorena Ursúa y Goyeneche, en Gazeta de México, y noticias de Nueva-España, núm. 2, que se imprimen cada mes desde primero hasta fin de febrero de 1722. 3 Juan Ignacio María de Castorena Ursúa y Goyeneche, en Gazeta de México, y noticias de Nueva-España, núm. 1, que se imprimen cada mes y comienzan desde primero de enero de 1722. 4 Juan Francisco Sahagún Arévalo y Ladrón de Guevara, Gazeta de México, núm. 14, desde primero hasta fin de enero de 1729. 5 Gregorio Martín de Guijo, Diario, 1648-1664, t. ii, México, Porrúa, 1952, p. 133.

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Antonio de Robles, sacerdote del arzobispado, anotó en su Diario, al

inició en un obraje en el pueblo de Tacuba en 1736, sabemos que unos

final del año 1691:

años antes hubo diversos brotes epidémicos que muy bien pudieron estar asociados a ésta. Sobre la ciudad de Puebla, en noviembre de

Después del eclipse de 23 de agosto, cayó en los trigos y maíces sembra-

1733, se publicó:

dos una plaga que llamaron chahuistle, que era un gusano en la raíz, con que fueron las cosechas cortísimas, de que se originó la carestía de bas-

La epidemia de alfombrilla se ha difundido en esta ciudad y sus contor-

timentos y de ella hambre y mortandad de gente en toda la Nueva Espa-

nos, con tanta actividad y pertinacia que no han sido bastantes humanas

ña; y duró hasta mucha parte del año siguiente, en que llegaron a dar

diligencias, para haber mitigado sus rigores, pues en el breve espacio de

siete onzas de pan por medio real, y en el siguiente pasado hubo día que

tres meses, se cuentan ya más de seis mil difuntos; habiéndose poblado

no se halló un pan en toda la ciudad.6

en esta ocasión los hospitales de infinitos dolientes, por cuyo motivo se trajo en procesión de sangre la milagrosa imagen de Jesús Nazareno el día

Fue necesaria la intervención del arzobispo Francisco Aguiar y

30 del pasado desde la parroquia del Señor San Joseph hasta la catedral.9

Seijas, de sus familiares y de los jesuitas, para brindar tranquilidad a las multitudes y sofocar el levantamiento.

350

Un mes después, al iniciar el año de 1734, se informó: “Aún to-

El conflicto entre el obispo de Puebla y los jesuitas fue de otra ín-

davía se experimenta en esta ciudad y lugares vecinos el peligroso

dole y guarda paralelismo con numerosas manifestaciones de disiden-

accidente de alfombrilla, en el idioma mexicano matlazáhuatl, de que

cia que hubo en la gobernación de Filipinas y en el virreinato de Perú.

han muerto muchos indios, y se van continuando sin intermisión, las

Los jesuitas fueron favorecidos por bulas papales y reales cédulas para

rogaciones para que Dios aplaque los rigores de su justicia”.10

llevar a cabo sus tareas misionales y educativas, entre ellas, las relati-

Hacia mayo de 1734 se reportaron los contagios a causa de “vi-

vas a las facultades para la administración de los sacramentos y la

ruelas”, tanto en la Ciudad de México como en la de Puebla. De esta

exención del pago de los diezmos de sus haciendas y estancias. Con

ciudad se informó que habían muerto “[…] muchos vecinos de todas

base en esas bulas, los jesuitas tuvieron actuaciones que Palafox esti-

edades, así de dentro como de los lugares y pueblos circunvecinos”.11

mó que se sustraían indebidamente de su control. El conflicto trascen-

A fines de julio en la capital del virreinato los feligreses imploraban la

dió al obispado de Puebla y motivó llamados de atención de la Iglesia

intercesión de la Virgen de Loreto y suplicaban al Santo Cristo de To-

y del monarca a una y otra partes y llevó al establecimiento de normas

tolapam que mitigara “los rigores de su justicia, experimentados en el

para precisar los límites de la autoridad eclesiástica y para reafirmar

pernicioso accidente de viruelas”.12 A principios del año 1737 fue pú-

la sujeción de las órdenes religiosas a los prelados.

blica “la ardiente epidemia” de matlazáhuatl.

La población multiétnica estuvo siempre amenazada por epide-

Las autoridades civiles y religiosas, apoyadas por numerosos mé-

mias de cocoliztli, matlazáhuatl, sarampión y viruela, entre otras. En

dicos y por individuos del clero secular y regular, establecieron un

las costas, la fiebre amarilla fue una amenaza constante. Los focos de

sinnúmero de medidas sanitarias; entre otras, se amplió la capacidad

infección eran los grandes centros urbanos, pero poco a poco las en-

de los hospitales, se fundaron nuevos y se repartieron alimentos a la

fermedades se extendían a remotos espacios rurales en el norte y en el

población menesterosa. Al mismo tiempo, se llevaron a cabo numero-

sur del virreinato.

sas procesiones y rogativas a Jesucristo y a su madre en sus distintas

A pesar de que en las primeras décadas del siglo xviii hubo una

advocaciones, mismas que culminaron con la propuesta del ayunta-

recuperación demográfica, ésta abruptamente se frenó a causa de las

miento de la ciudad de solicitar la intercesión de la Guadalupana del

constantes epidemias entre 1722 y 1737. Por ejemplo, en la Ciudad de

Tepeyac, a quien designaron patrona de la urbe.

México, en enero de 1728, se informó que en un mes habían fallecido

Entre los factores que sin duda contribuyeron a la conformación

entre los europeos ochenta y un varones y ciento cuatro mujeres por

y reafirmación de la identidad novohispana en la heterogénea socie-

una epidemia de sarampión, a pesar de que ésta ya “había cesado del

dad durante ese “largo siglo xvii” debemos tener presentes el fortaleci-

todo”.7 Mientras tanto, en la Chontalpa, en el mes de julio de ese año,

miento de una Iglesia postridentina, impulsada y dirigida por el clero

“[…] fue tan común esta dolencia, que se necesitaron llevar de otros

secular desde los seminarios episcopales; la solidez de la Real y Ponti-

pueblos indios que asistiesen a sus enfermos”.8

ficia Universidad, en su magnífico edificio próximo al Palacio Virrei-

Una de las más nocivas epidemias fue la de matlazáhuatl, co-

nal, como semillero de los letrados novohispanos; el establecimiento

nocida en su tiempo como “alfombrilla”. Aunque se ha dicho que se

y la multiplicación de los colegios jesuitas en las principales ciudades del reino de la Nueva España; el incremento de las órdenes religiosas

6

masculinas y femeninas y la proliferación de las manifestaciones reli-

7

giosas en favor de Jesús, de María y los santos y el establecimiento de

Antonio de Robles, Diario de sucesos notables, t. ii, México, Porrúa, 1972, p. 236. Juan Francisco Sahagún Arévalo y Ladrón de Guevara, en Gazeta de México, núm. 1, desde primero hasta fin de enero de 1728. 8 Juan Francisco Sahagún Arévalo y Ladrón de Guevara, en Gazeta de México, núm. 8, segunda del mes de julio de 1728. 9 Juan Francisco Sahagún Arévalo y Ladrón de Guevara, en Gazeta de México, núm. 72, desde primero hasta fin de noviembre de 1733. 10 Juan Francisco Sahagún Arévalo y Ladrón de Guevara, en Gazeta de México, núm. 74, desde primero hasta fin de enero de 1734. 11 Francisco Sahagún Arévalo y Ladrón de Guevara, en Gazeta de México, núm. 78, desde primero hasta fin de mayo de 1734. 12 Francisco Sahagún Arévalo y Ladrón de Guevara, en Gazeta de México, núm. 80, desde primero hasta fin de julio de 1734. 13 Juan Ignacio María de Castorena Ursúa y Goyeneche, en Florilegio Historial de México, y noticias de Nueva España, núm. 5, que se imprimen cada mes, las de primero hasta fin de junio de 1722.

numerosas colectividades en torno a su veneración. El año de 1722 tan sólo en la Ciudad de México se contaban ochenta y cinco cofradías, además de la Archicofradía del Santísimo Sacramento.13 El orgullo por la consolidación de una cultura propia se manifiesta, entre otras cosas, en hacer público el origen y la formación en la Nueva España de individuos del clero que gobernaron diversas diócesis: Juan Ramírez, obispo de Guatemala; Domingo de Salazar, primer obispo de Manila; Pedro de Santa María, obispo de Vera Paz; Tomás Casillas y Andrés de Ubilla, obispos de Chiapas; Pedro de la Peña, obispo de Quito; Bartolomé de Ledesma y Juan Bojórquez, obispos de


Oaxaca; Agustín Dávila Padilla, arzobispo de Santo Domingo; Fran-

día a los niños con la leche materna un genial cordialísimo afecto para

cisco Naranjo, obispo de Puerto Rico; Luis Cifuentes, obispo de Yu-

con la guadalupana María […] no se entraba en palacios, claustros de

catán; Felipe Galindo, obispo de Guadalajara, y Antonio Monroy, que

religiones, casas particulares, y pobrísimas chozas en que no se re-

fue arzobispo de Galicia y generalísimo de su orden. De manera extraor-

creasen a la primera vista los ojos con las amables copias de la por-

dinaria se hicieron notar las virtudes de Alonso Cuevas y Dávalos, el

tentosa imagen”.14

primer criollo que fue consagrado como arzobispo de México.

Entre los obispos que contribuyeron con sus acciones y sus le-

En el “largo siglo xvii”, como siglo acorde con el Concilio de Tren-

tras a fomentar la identidad novohispana a través de la veneración a

to, se fomentó la veneración a las reliquias, a Jesús, a su madre y a los

María hay que mencionar al menos a Francisco Aguiar Seijas y Ulloa

santos. El clero regular y el secular trabajaron intensamente en ello.

(1632-1698), Juan de Santiago de León y Garavito (1641-1694), Manuel

La abundante producción literaria, además de resaltar la singularidad

Fernández de Santa Cruz (1637-1689), Juan Antonio Lardizábal y Elor-

de América y de lo americano, asumió como su principal objetivo la

za (ca. 1682-1733), Juan Ignacio María de Castorena Ursúa (1668-1733),

exaltación de los principios de la fe católica. Jesucristo, María y los

José Pérez de Lanciego y Eguilaz (1655-1728) y Juan Antonio de Viza-

santos fueron el eje de expresión de los letrados: bellas letras, filoso-

rrón y Eguiarreta (1682-1747). Invaluable fue su anuencia y patrocinio

fía, historia, teología y estética.

de la edificación de majestuosos santuarios; el presidir las procesiones

También dan cuenta de ello los numerosos, confesonarios, gramá-

con la imagen de María, en las que cada ente de la sociedad tenía su

ticas, vocabularios, catecismos, sermones, relatos históricos, etcétera,

lugar, su presencia y predicación en las ceremonias religiosas y su pro-

muchos de los cuales, unos impresos y otros en forma de manuscri-

moción en el orbe a través de la escritura impresa. Numerosos impre-

tos, han llegado hasta nosotros y son ventanas para la aproximación

sos de los novohispanos salieron de las prensas mexicanas y europeas

a las mentalidades pretéritas.

a costa de estos prelados. Fueron muchos los que se sumaron al pro-

El rescate y aprecio del pasado americano fue también un interés

grama postridentino orientado a fomentar la devoción mariana como

de los letrados, que hábilmente lo insertaron en la historia de la hu-

signo de identidad. Los jesuitas se distinguieron en ello mediante la

manidad. Es manifiesto que en los relatos de historia se privilegió un

asociación de sus feligreses en torno a una advocación distinta en

continuo entre los emperadores mexicas y los virreyes. Ejemplos de

cada misión.

esto son los escritos, entre otros, de Antón Muñón Chimalpahin (1579-­

En este “largo siglo xvii” es posible apreciar, asociada a María en

1660), de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl (ca. 1578-1650), de Baltasar

sus diversas advocaciones, la convivencia de identidades que corres-

de Medina (1634-1697), de Carlos de Sigüenza y Góngora (1645-1700)

ponden a distintos grupos sociales procedentes de Europa, las iden-

y de fray Agustín de Vetancurt (ca. 1620-ca. 1700), y constituyen un

tidades locales y regionales de los oriundos de pueblos y ciudades en

antecedente de los textos divulgados por Juan Francisco Sahagún y

la Nueva España y la identidad novohispana, estrictamente referida a

Arévalo en sus Gazetas de México y aun de la Historia antigua de

la Virgen de Guadalupe. Entre los principales promotores de este pro-

México que escribió y publicó Francisco Xavier Clavijero en el exilio.

yecto mariano habría que mencionar a los jesuitas Francisco de Flo-

La exaltación de los “emperadores mexicas” que hizo Sigüenza

rencia (1619-1695) y Juan Antonio de Oviedo (1670-1757), coautores

en su Teatro de virtudes políticas, materializado por los artífices que

del Zodiaco mariano,15 que salió de la imprenta en 1755, obra de di-

levantaron el arco triunfal dispuesto por la Ciudad de México para

vulgación mariana y que, desde nuestro horizonte, podríamos consi-

recibir al virrey conde de Paredes, marqués de la Laguna, en 1680,

derar como principal semillero de identidades locales y regionales.

significó la conjunción de las letras del historiador, interpretadas por

No podemos dejar de mencionar entre los escritores del clero

dichos artífices en favor de la divulgación de la historia, con la plástica

secular a Juan Ignacio María de Castorena y Goyeneche, provisor y

monumental. Este arco triunfal fue detonante de numerosas repre-

vicario general de los naturales, obispo de Yucatán y editor de la pri-

sentaciones plásticas en torno a la sociedad indígena, en particular del

mera Gazeta de México, a Juan Francisco Sahagún y Arévalo Ladrón

último emperador mexica. La recuperación y el aprecio de la historia

de Guevara, “primer historiador general y cronista mayor de la impe-

prehispánica y su comprensión, inserta en el pasado de la humani-

rial siempre insigne Ciudad de México, reinos y provincias de Nueva

dad, contribuyó al cultivo de la memoria histórica de los novohispa-

España”,16 y a Cayetano Cabrera y Quintero, los tres, celosos devotos

nos y conformó un soporte sustantivo de su identidad.

de la Virgen del Tepeyac y tenaces y orgullos promotores de la identi-

Obligada mención debemos hacer a la incisiva promoción de

dad novohispana: los dos primeros a través de las noticias constantes

Nuestra Señora de Guadalupe por el arzobispo Francisco Aguiar y

en su Gazeta de México y su Mercurio de México, sobre la Guadalu-

Seijas. En 1688 patrocinó la edición de la Estrella del Norte, historia

pana, sobre su santuario en el Tepeyac y sobre las expresiones de devo-

del origen de la imagen, y colocó la primera piedra del nuevo templo.

ción en las principales ciudades del reino; el tercero, con su Escudo de

En 1709 se llevó a cabo su dedicación y el traslado de la imagen a él.

armas, magna obra escrita a petición del ayuntamiento de México

Hacia 1727 se iniciaron, por disposición real, los preparativos para

para dejar memoria de las principales iniciativas de la sociedad para

fundar la Colegiata. Condición sine qua non fue la fundación de la villa y garantizarle el abasto de agua a través de un acueducto. Culminación de esto fue la gestión ante el papa del patronazgo en favor de la Guadalupana. El entusiasmo de los feligreses por la veneración a la imagen de la Virgen de Guadalupe quedó de manifiesto en la edificación de retablos, capillas, templos y santuarios consagrados a la advocación en las principales ciudades; entre ellas, Durango, Querétaro y Valladolid, así como la multiplicación de su representación plástica. Afirmó el padre Lazcano que en la Nueva España: “[…] se les infun-

14 Francisco Javier Lazcano, Vida exemplar y virtudes del venerable padre Juan Antonio de Oviedo, México, Imprenta del Real y Más Antiguo Colegio de San Ildefonso, 1760, libro iv, cap. 4, p. 342. 15 Francisco de Florencia, Zodiaco mariano: obra póstuma de el padre Francisco de Florencia, de la Compañía de Jesús, reducida a compendio, y en gran parte añadida por el P. Juan Antonio de Oviedo, México, Imprenta del Real y Más Antiguo Colegio de San Ildefonso, 1755. 16 Juan Francisco Sahagún, Mercurio de México, México, Viuda de Joseph Bernardo de Hogal, Impresora del Real y Apostólico Tribunal de la Santa Cruzada en toda esta Nueva España, de los meses de enero de 1740, 1741 y 1742, p. 1161.

351


enfrentar la epidemia de matlazáhuatl y de la intercesión de la Virgen

cultivo de la milpa (maíz, haba, calabaza, frijol y chile), que les garanti-

de Guadalupe para mitigar y superar los estragos que ocasionó.

zaba su sustentabilidad. En el norte se establecieron numerosas estan-

Adicionalmente a la producción literaria, los monumentos, las

cias de ganado mayor y menor para abastecer al reino. Un ejemplo de

esculturas y las pinturas que han llegado hasta nuestros días son otros

los señores dedicados a la cría de ganado de principios del siglo xviii

vestigios de la grandeza novohispana que nos aproximan a la sensibi-

es Fernando de la Campa y Cos, quien en 1722 poseía en la jurisdic-

lidad y la capacidad creativas de la heterogénea sociedad de entonces

ción de Zacatecas cinco haciendas, con sus cortijos, en las que tenía

y nos permiten acceder a sus expresiones cotidianas. Quedan repre-

“[…] 450 828 cabezas de ganado de ovejas de vientre, carneros añejos,

sentados por pinceles novohispanos los muy variados naturales de la

trasañejos, corderos que van a primales, que se contaron en las pas-

tierra; se distingue entre ellos a los chichimecas, así calificados los

torías, por sus mayordomos, a principios del mes de marzo, hasta el

nómadas que se resistían a una vida sedentaria y a la adopción de una

presente de mayo”.17 Otro emprendedor en este ramo que debemos

fe ajena a sus creencias y tradiciones. Pinturas y esculturas de artistas

aquí mencionar es el marqués de San Miguel de Aguayo, gobernador

novohispanos nos ofrecen aproximaciones a los ideales y valores de

de Coahuila (o Nueva Extremadura) y de Texas (Nueva Filipinas). En

los habitantes; exhiben consistentemente la bonanza de las tierras

reconocimiento a “su calidad, méritos y servicios”, el rey le concedió

americanas y la laboriosidad de sus habitantes. Es de notar la multi-

el año de 1727 el título de conde de San Mateo de Valparaíso y de la

plicación de estas representaciones del reino de la Nueva España: una

Campa y Cos, quien ya para entonces era caballero de Alcántara y

matrona indígena que ostenta el escudo de la Ciudad de México bajo

coronel de la infantería española. A Joseph Azlor Virto de Vera, “caba-

la corona imperial. También, seguramente como efecto de las cele-

llero mesnadero del reino de Aragón”, gentil hombre del rey, marqués

braciones del bicentenario de la caída de Tenochti­tlan, se multiplica-

y señor de la villa de San Miguel de Aguayo y Santa Olaya (fallecido

ron las representaciones plásticas del emperador Moctezuma y de sus

el 9 de marzo de 1734), se le otorgó el grado de mariscal de campo.18

huestes protectoras de la urbe mexica. En ese siglo fueron concluidas las magnas construcciones, sedes de las sillas episcopales. En numerosas ciudades se edificaron parro-

El consumo en las panaderías de harinas y panes en la Ciudad de México, el año de 1734, nos permite imaginar la producción agraria orientada al abasto de la población urbana,

quias, caracterizadas por sus dobles torres, signos de la temprana secu-

352

larización. También se llevó a cabo la edificación y/o reedificación de

[…] ochenta y cinco mil setecientas catorce y media cargas de harina, que

iglesias y conventos de las órdenes regulares masculinas y femeninas.

hacen tres millones de arrobas de masa, que son setenta y cinco millones

Esas obras arquitectónicas nos revelan la continuidad de la impronta

de libras, y un mil ciento noventa y nueve millones novecientos noventa

de franciscanos, dominicos, agustinos, jesuitas, carmelitas, merceda-

y nueve mil ochocientas y cincuenta onzas, que reducidas a panes de a

rios y benedictinos en los espacios urbanos y rurales. Sobresaliente

veinticinco, hacen cuarenta y siete millones novecientos noventa y nueve

fue también la proliferación de hospitales, con sus respectivas iglesias.

mil novecientos noventa y cuatro, correspondiendo a cada día del año,

Juaninos, hermanos de la Caridad, betlemitas y antoninos incremen-

ciento treinta y un mil quinientos y siete panes, que valen ocho mil doscien-

taron sus tareas de auxilio y protección hacia los menos favorecidos

tos diecinueve pesos un real y cinco granos. Expendiéndose al mismo

conforme avanzó el siglo. Todas esas construcciones fueron referen-

tiempo en sus alhóndigas, y otras partes, novecientas fanegas de maíz

tes sustantivos de la piedad y caridad de los patrocinadores, que no

cada día, que hacen al año trescientas veintiocho mil y quinientas.19

repararon en legar su peculio en aras de apoyar a su prójimo y aspirar a la trascendencia. Los vestigios de las misiones del noroeste nos apro-

El impulso de la minería lo revela una relación de los reales co-

ximan a la espiritualidad ignaciana, traducida para hacerla accesible

nocidos en cada obispado al final del año de 1728. En el arzobispado

a los neófitos, y en el sureste es sobresaliente la austeridad de las mi-

de México: Real del Monte, Pachuca, Atotonilco, Zimapán, Cardonal,

siones de las órdenes mendicantes asociadas al carisma del santo de

Capula, Escamela, Taxco, Zacoalpan, Tlautzingo, Zultepec, Ixcuintla,

Asís. Durante ese siglo, arquitectos, carpinteros, escultores y pinto-

Cuautla de las Amilpas, Temazcaltepec, Tetela de las Minas, Momitlán

res se esmeraron para crear obras singulares y afines a los ideales ame-

y Cadereyta. En el obispado de Michoacán: Guanajuato, San Luis Potosí,

ricanos a partir de los modelos importados.

Minas de Xichú, Comanza, Tlalpujahua, Palmar de la Vega, Guadal-

La expansión europea en el territorio, con la espada, la cruz y el

cázar y La Charca. En el obispado de Oaxaca: Mimatlán y Chichica-

asiduo apoyo de tlaxcaltecas y otomíes, propició la identificación y

pa. En el obispado de Guadalajara: Zacatecas, La Veta Grande, Los

explotación de vetas minerales y la fundación de ciudades sustenta-

Asientos, El Fresnillo, Mazapil, Sierra de Pinos, Boca de Leones, San

das en la producción agrícola y ganadera. En el siglo que nos ocupa,

Miguel, Mololoa, Real de San Joseph, Hoztotípac, Minas de San Anto-

se incrementó para el abasto de los centros urbanos el desarrollo de

nio, Aviño, Real de San Martín, Real del Ángel, Minas de Tinamachi,

ranchos y haciendas, empresas agrarias impulsadas cerca de arroyos

Ramos Guauchinango, Minas de Zorra, Chimaltitlán, San Pedro, Ana-

y ríos, en convivencia con el sistema agrícola de las comunidades in-

les, Tizatlán, Ocotitlán y Charcas. En el obispado de Durango: Som-

dígenas que requerían espacios más lejanos de sus márgenes para el

brerete, Chalchihuites, Guanasevi, San Juan Indegé, Cuencamé, Parral, San Juan del Río, Topia, Las Vírgenes, Siañeri, Rosario, Copala, Minas Nuevas, Santa Bárbara, Luliguniachi, Chihuahua, Batopilas, Cotero,

J. I. M. de Castorena Ursúa y Goyeneche, en Gazeta de México, y noticias de Nueva-­ España, núm. 2, op. cit., p. 38. 18 Francisco Sahagún Arévalo y Ladrón de Guevara, en Gazeta de Mexico, núm. 8, desde principio hasta fin de junio de 1728. 19 Francisco Sahagún Arévalo y Ladrón de Guevara, en Gazeta de México, núm. 85, desde principio hasta fin de diciembre de 1734. 20 Francisco Sahagún Arévalo y Ladrón de Guevara, en Gazeta de México, núm. 12, desde principio, hasta fin de noviembre de 1728. 17

Mapimí, Minas de San Andrés Maloya, Panios, Frayles y Álamos, Otobampo, Guadalupe, Tabelo, Río Chico, Real de los Cedros, Barolleca, Ostimuri, Zibirijoo, Real de Loreto y Todos Santos.20 Mención particular merece una de las magnas y sobresalientes cualidades de la monarquía hispánica en favor de los reinos americanos. Desde las exploraciones y conquistas hasta las políticas de expansión,


de gobierno y administración de los reinos de Nueva España y de Perú,

na y espléndida empresa intelectual y bibliográfica de Joseph Ignacio

la monarquía española procuró actuar conforme al derecho castella-

Eguiara y Eguren (1696-1763), quien nació en la Ciudad de México,

no, de raíces latinas, visigodas e islámicas. Culminación de esto fue la

fue exalumno del Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo y se dis-

Recopilación de leyes de los reynos de las Indias, sancionada por Car-

tinguió como preclaro defensor de la identidad novohispana y promo-

los II en 1680. Fue el resultado de una titánica tarea de numerosos

tor de la devoción a la Virgen de Guadalupe. Como si no fuese suficiente

juristas que por más de un siglo se dedicaron a sistematizar el dere-

mostrar al mundo la suma de los saberes novohispanos compilados

cho emanado de la praxis de gobernar en América conforme a derecho.

en la Bibliotheca, el año 1757 salió de la imprenta la obra póstuma de

Sugerimos los años cuarenta y cincuenta del siglo xviii como

Antonio de Robles, Resguardo contra el olvido, biografía del arzobis-

culminación de este “extenso siglo”, porque en ese periodo quedó de

po de México Alonso Cuevas y Dávalos que, como se ha dicho, fue el

manifiesto el interés de los novohispanos por hacer evidente al orbe

primer criollo consagrado para dirigir la iglesia metropolitana.

21

entero el orgullo por su identidad propia. Podríamos decir que es el

Como lo afirmó entonces el padre Francisco Javier Lazcano, los

culmen o esplendor del fenómeno calificado por Edmundo O’Gorman

novohispanos aspiraban a verse favorecidos con el ascenso a los altares

como “criollismo”:22 amor a la naturaleza, aprecio por la historia y va-

de un arzobispo natural de la “imperial corte de México, corona y

loración de lo que significó Nuestra Señora de Guadalupe como dis-

emporio de la septentrional América”, tal como habían sido distingui-

tinción de la divinidad hacia los americanos. A este propósito, basta

dos los habitantes del reino de Perú con Santo Toribio de Mogrovejo

citar dos obras que ilustran las afirmaciones de O’Gorman, el más

(1538-1606), canonizado el 10 de diciembre de 1726.

importante historiador mexicano del siglo xx, a quien sedujo el acon-

Los textos que integran esta segunda parte del presente libro son

tecer de este “largo siglo xvii”. En 1755 fue publicada por el padre

piezas de un rompecabezas, que se ofrecen al lector para que, en su

Juan Antonio de Oviedo, en la imprenta del Real y Más Antiguo Co-

tiempo, desde su mirada e interpretación, conciba con nuevas luces

legio de San Ildefonso, Zodiaco mariano, la ya citada obra póstuma

la historia de sus orígenes y de su identidad.

de Francisco de Florencia que, además de fomentar la veneración a María, fue fundamental en la configuración de las identidades locales y regionales en Nueva España. Ese mismo año salió a la luz el primer volumen de la Bibliotheca mexicana, síntesis de la cultura novohispa-

Recopilación de leyes de los reynos de las Indias, Madrid, Julián de Paredes, 1681. Edmundo O’Gorman, Meditaciones sobre el criollismo, México, Centro de Estudios de Historia de México, 1970. 21 22

353


Los virreyes de la Nueva España en los siglos xvii y xviii enriqueta vila vilar*

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A modo de preá mbulo

Los siglos xvii y xviii, tanto en la Nueva España como en todo el

y decisivos, puesto que entre ellos se encuentran el idioma, la religión y la cultura.2

Imperio español, están marcados por las diferentes políticas llevadas a cabo por las dinastías de los Habsburgo y de los Borbones. Dos

Siguiendo estas frases de uno de los escritores más influyentes y

formas de gobernar distintas que, aunque no se superponen de forma

lúcidos del siglo xx, se escribirán estas líneas como homenaje a la his-

rotunda e inmediata, van marcando, poco a poco, todo un conjunto

toria del gran país que ahora es la República Mexicana, teniendo en

de instituciones, leyes, diplomacia, economía, comercio y costum-

cuenta que el largo periodo virreinal significa sobre todo la continui-

bres que constituían el entramado que formaba el cuerpo político,

dad de la construcción del nuevo núcleo poblacional que, para bien o

social y económico de unos nuevos e impensables territorios que se

para mal, comenzó a formarse desde 1519, después de la llegada de

iban incorporando a la Corona española. Aproximadamente siete mi-

los españoles y su entendimiento con parte de la población autócto-

llones y medio de kilómetros formaban lo que Hernán Cortés bautizó

na, en un mestizaje inicial que hizo posible el cambio de sociedad.

como la “Nueva España”, convertida en virreinato en 1535 —que abarca-

Las figuras relevantes de los virreyes que pudieron influir más o me-

ba desde Alaska hasta Costa Rica y Filipinas—, el primero en el vasto

nos en esa sociedad no son más que el reflejo del matiz que se quiso

continente americano. Dos siglos que se caracterizan por la madurez

dar a la institución como representación personal del rey. La cons-

que paulatinamente fue alcanzando el pueblo mexicano, una vez que

trucción de un nuevo reino, que se fue formando con elementos muy

tomó conciencia de su nueva identidad, bruscamente alterada con la

distintos a los europeos, fue lo que hizo que las vías paralelas que se di-

llegada de los europeos y toda la serie de cambios ocurridos en el si-

señaron fueran bifurcándose en el siglo xvii, de modo que una época

glo xvi, importante matiz interno que se complementa con las dis-

considerada como decadente en la Península en la Nueva España no

tintas formas de gobernar de los Habsburgo y de los Borbones, tanto

se apreciaba de tal manera, sino todo lo contrario; más tarde, dicha

en lo político-territorial como económicamente, ambos aspectos

bifurcación terminó en un verdadero choque de trenes, cuando la con-

sujetos a distintas circunstancias. Para entender los tres siglos del

ciencia nacional criolla se dio cuenta de su potencialidad.

México virreinal, nada mejor que mirar al presente porque, según Octavio Paz, que se apoya a su vez en Edmundo O’Gorman: “Nuestro

E l v i r r e i n at o

pasado contiene tres entidades históricas, bien que estrechamente

El virreinato era una antigua institución española que se impuso so-

vinculadas. Primero la conocida con el nombre de historia del Impe-

bre todo en el reino de Aragón y en las posesiones de Italia. El buen

rio mexicano, segundo el virreinato de la Nueva España y tercero la

resultado obtenido por la Corona española con esta institución para

nación mexicana”.

el gobierno a larga distancia —Sicilia, Cerdeña o Nápoles— hizo que

1

Y sigue la interpretación del Nobel de esta manera:

se pensara en ella para las nuevas tierras ultramarinas, a pesar del fracaso que supuso en las Antillas con los Colón. Eran otros tiempos

Hay algo que me interesa subrayar: cada una de estas sociedades está se-

y otros territorios. Las nuevas y grandes extensiones de las tierras

parada de la otra por una negación. La relación entre ellas es, simultánea-

descubiertas por Cortés obligaron a ir adoptando una forma de go-

mente, filial y polémica. La primera sociedad —el plural sería más exacto;

bierno que permitiera cubrir las necesidades de la población y, sobre

el mundo indio fue un conjunto de naciones, lenguas y culturas— fue

todo, de las distancias. En el siglo xvii, cuando los dos primeros

negada por Nueva España. No obstante, Nueva España es ininteligible sin la presencia del mundo indio como antecedente y como presencia secreta en los usos, las costumbres, las estructuras familiares y políticas hispánicas, las formas económicas, las artesanías, las leyendas, los mitos y las creencias. A su vez, la República de México niega a Nueva España; al negarla, la prolonga […]. Los elementos novohispanos son los más numerosos

* Profesora de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y académica de la historia, Madrid, España. 1 Octavio Paz, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, México, Fondo de Cultura Económica, 1982, p. 25. 2 Ibid., p. 26.

355


p. 354

Habsburgo habían desaparecido y en 1598 llegó al trono Felipe III, el virreinato novohispano —después de haber alcanzado gran parte de

356

Autor no identificad o

Biombo Muy noble y leal Ciudad de México (detalle), ca. 1670-1690

su extensión y de haber terminado el convulso periodo de destruc-

Nicol as Sanson (1600-1667)

ciones y construcciones, adaptación y expansión, pugnas y some-

y Alexis-Hubert Jaillot (ca. 1632-1712) Amérique Septentrionale, 1674

timientos, inmigración europea y africana sin asimilar, mestizaje y

Diego Vel á zquez (1599-1660)

sincretismo, luchas y descubrimientos— dejó paso a un periodo esta-

Felipe III a caballo, ca. 1635

ble y casi brillante, cuando en España, paradójicamente, la decadencia era ya manifiesta y las guerras en Europa se multiplicaban.

imperio que a los españoles ya no les rendía las antiguas ganancias,

Abarca este pequeño estudio la época virreinal en los siglos xvii

mientras la emigración iba dejando despoblados los pueblos del interior.

y xviii, desde 1598 —fecha en que murió Felipe II— a 1808, en que

En efecto, se suele hablar del siglo xvii como un siglo de crisis,

aproximadamente comenzaron los movimientos independentistas

en el que el poder del Imperio hispano había decaído. El más insigne

formales y pautados. Fueron periodos más o menos estables en el

escritor en lengua española, Miguel de Cervantes, el eterno nostálgi-

interior del territorio, pero con sus fronteras amenazadas, lo que obli-

co de aquella América idealizada que nunca pudo alcanzar, lo llamó

gó a prestar una principal atención a las fortificaciones, tanto en el

“Edad de Hierro”, en contraposición a la Edad de Oro de un ideario

siglo xvii como en el xviii. Sin embargo, los aspectos políticos, terri-

idílico trasladado a las Indias, que Pedro Mártir en sus Décadas del

toriales, sociales y poblacionales variaron de un periodo a otro. En el

Nuevo Mundo introdujo en el imaginario renacentista, que tanto in-

siglo xvii, los virreyes estaban revestidos de todos los poderes, la

fluyó en el barroco.

corte virreinal competía con las más deslumbrantes de Europa —y a

Hay un pasaje del Quijote, en el que, sin mencionar el Nuevo

veces les ganaba—, los altos funcionarios peninsulares fueron adqui-

Mundo americano, podemos vislumbrar una gran influencia de Pe-

riendo cada vez más poder y las diferencias sociales eran llamativas.

dro Mártir y de los mitos que se habían ido creando de ese mundo y

La población india sufrió una trágica merma en toda la primera mi-

que también inspiraron, sin duda, la Utopía de Tomás Moro, La Nueva

tad del siglo, debido principalmente a los trabajos forzados y a los

Atlántida de Francis Bacon o la Teoría del buen salvaje, de Jean-­

estragos que causaron los virus contra los que no estaban inmuniza-

Jacques Rousseau, por poner algunos ejemplos. Me refiero a las profun-

dos. Se recurrió a la población esclava africana y comenzó un mesti-

das y bellas reflexiones de don Quijote que aparecen en el capítulo xi

zaje de distinta variedad al de la centuria anterior, con una riqueza de

del libro i, cuando se dirige, en un paisaje crepuscular, a unos cabre-

peculiaridades que dividieron a la población en las llamadas “castas”.

ros adormecidos:

El comercio, por la disminución de la plata, el fraude fiscal y el agotamiento del sistema, no proporcionaba los resultados de épocas anterio-

Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron

res y, desde la Península, se alzaron voces contra el sostenimiento de un

nombres de dorados; y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra


Diego Vel á zquez (1599-1660)

Felipe IV a caballo, ca. 1635

edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes: a nadie le era necesario para alcanzar su ordinario sustento tomar otro trabajo que alzar la mano y alcanzarle de las robustas encinas que liberalmente le estaban convidando con su dulce y sazonado fruto […]. Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia.

Este bello párrafo está inspirado claramente en las Décadas o en la Utopía de Moro y en los proyectos de hombres como fray Bartolomé de las Casas, Vasco de Quiroga o los primeros franciscanos que intentaron llevar estos ideales a la práctica en el continente americano. Y es que, para los hombres del Renacimiento en los que Cervantes bebió, es el gran periodo de la utopía que, en palabras de Alfonso Reyes, en América comenzó a definirse a los ojos de la humanidad como un posible campo donde realizar una justicia más igualitaria, una libertad mejor entendida, una felicidad más completa.3 Esta teoría de una Edad de Oro, que don Quijote anhelaba, se refiere, sin duda, como ya ha quedado señalado, a la Edad de Oro grecolatina del Renacimiento, añorada en lo que Cervantes considera la Edad de Hierro del Barroco que le tocó vivir, tal como le comenta a su fiel escudero en el capítulo xx de la primera parte del Quijote: “Sancho, amigo, has de saber que yo nací por querer el cielo en esta nuestra edad de hierro, para resucitar en ella la de oro, o la dorada, como suele llamarse. Yo soy aquel para quien están guardados los peligros, las grandes hazañas, los valerosos hechos”. En definitiva, la fama, como no oculta el cronista Bernal Díaz del Castillo, que en su muy conocida Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, escrita, al igual que Cervantes el Quijote, después de haber vivido mucho, en el cenit de su vida, cuando confiesa que esas aventuras se llevan a cabo por la aventura misma y por adquirir fama y fortuna.4 Muchos cervantistas sostienen que, para finales del xvi y principios del xvii, la realidad y el desengaño se habían impuesto para todos. No cabe duda de que el tiempo de las grandes hazañas en el nuevo continente había terminado, de que las bancarrotas del Estado se sucedían debido al empeño imperialista de la monarquía hispana, de que el costo para mantener las Indias y levantar los grandes baluartes para la defensa de los ataques piráticos de otras potencias consumía gran parte de la plata americana. América entonces se estaba replegando en ella misma y el sentimiento criollo comenzó a imperar sobre la nueva sociedad. John H. Elliott agrupa el proceso de incorporación de la Nueva España a la metrópoli, que a comienzos del siglo xvii ya se había conseguido prácticamente en tres amplias categorías: el ámbito institucional, el económico y el religioso. Las leyes, el comercio y la religión 3 Este párrafo está tomado, en parte, de Enriqueta Vila Vilar, “Cervantes en las Indias”, en Boletín de la Real Academia de la Historia, t. ccxvi, cuaderno ii, Madrid, mayo-agosto de 2019, pp. 171-289. 4 Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España [1632], Barcelona, Austral, 2016.

359


fueron ayudando de igual manera a la integración y adaptación del mundo mexica al mundo hispano, en una diatriba entre los que propugna-

J e a n R a n c ( 1 6 74 - 1 7 3 5 )

Felipe V a caballo, 1723

ban la destrucción completa del pasado indígena y los que deseaban construir sobre la base ya existente. Entre los defensores de uno y otro modelo se centraron fuertes controversias y el reconocimiento de uno u otro en los años siguientes a la llegada de Cortés ha alentado una polémica que hoy todavía sigue vigente. Irremediablemente se fue imponiendo la cultura dominante en todos los ámbitos; por ejemplo, se im-

Cádiz, en el xviii. La forma de asegurarse esas remesas fue marcan-

puso por ósmosis el uso del español en lugar de emplearse las lenguas

do la línea de la política en esos dos grandes virreinatos y, hasta muy

indígenas, como querían los primeros religiosos; se impuso el sistema

entrado el siglo xviii, la figura que representaba el poder unipersonal

monetario español, al que los indígenas se adaptaron con facilidad; se

del rey, dotado de todos los atributos que necesitaba para ello, siguió

impuso la monogamia, al menos en teoría, sobre la poligamia indígena

siendo la de los virreyes, con más o menos fortuna. El virrey ostentaba

y se impuso la indumentaria española. Hechos todos que unificaron

también los cargos de presidente de la Audiencia, que suponía ju-

indudablemente a una población dispersa, con distintas lenguas, dis-

risdicción sobre todas las Audiencias del virreinato, incluidos los co-

tinto sistema de intercambios y un fuerte desconocimiento entre los

rregidores y los alcaldes mayores; capitán general, mediante lo cual

pueblos, pero que desvertebró del todo el sistema anterior.

quedaba a su cargo todo el poder militar del territorio; gobernador

5

En el siglo xvii, cuando el imperio creado por Carlos V y am-

del virreinato, con el poder que suponía sobre los oficiales reales; vi-

pliado por Felipe II cayó en manos de los llamados Austrias menores,

cepatrono de la arquidiócesis, con lo cual podía intervenir en todas las

en la Nueva España y en América en general existía una sociedad

diócesis sufragáneas, el clero y la Inquisición, y en modo alguno se

nueva y multirracial, rasgo que se incrementó con la llegada masiva de

trataba de cargos honoríficos. En las cartas se repetía siempre: “Mi

esclavos africanos; una sociedad a la que le importaban más sus pro-

virrey, gobernador general, capitán general y presidente de la Au-

pias necesidades que las que le requerían desde España; una sociedad

diencia”.7 Un poder omnímodo en un territorio tan extenso debía es-

a la que se le fue dando un especial corpus legislativo modélico, que

tar delegado de cierta manera y, en efecto, la Nueva España, estaba

ni sus mismas autoridades cumplían con exactitud; una sociedad en

dividida en Audiencias y gobernaciones, todas dependientes del vi-

la que ya se podía vislumbrar el sincretismo religioso que se había ido

rrey. Como advertía hace ya mucho tiempo John H. Elliott en su obra

gestando en el siglo anterior. Según Carlos Fuentes, la diosa mexica

clásica La España imperial, la pugna entre las distintas instituciones

Tonantzin se convirtió en la Virgen Morena de Guadalupe, patrona

gubernativas, audienciales, virreinales y eclesiásticas permitían a la

de México y la de mayor devoción en toda Hispanoamérica. Es dif ícil

Corona controlar más eficazmente reinos tan distantes. En el siglo xviii,

encontrar en España una iglesia barroca y posterior que no tenga en

ese control se quiso amarrar a la misma corte de Madrid con visita-

sus paredes una guadalupana.

dores y nuevos cargos militares, pero, finalmente, la imposición del

6

360

Poco cambió la administración novohispana en los primeros años

sistema de intendencias fue mermando la autoridad del virrey y su

del siglo xviii. Felipe V estaba demasiado ocupado en asentar su rei-

figura perdiendo el brillo que le daba ser el alter ego del monarca, con

nado en la Península para que las reformas que requerían sus otros

el consiguiente reparto de poder, que ya no fue suficiente para frenar

territorios le quitaran el sueño. Fue con la llegada de Carlos III y sus

las apetencias de la clase alta mexicana.

ilustrados ministros cuando las llamadas reformas borbónicas co-

Según el historiador mexicano Jorge Ignacio Rubio Mañé en su

menzaron a dejarse notar tanto en España como en los territorios de

gran estudio sobre los virreyes de la Nueva España,8 las omnímodas

ultramar. Las secretarías de despacho ganaron en agilidad a los con-

atribuciones del virrey eran en realidad difusas y contradictorias, ya

sejos y el cuerpo de colaboradores de los que se rodeó el gran monar-

que los límites territoriales en los que ejercía su autoridad no coinci-

ca fue sin duda el más brillante que nunca tuvo un rey español. Pero

dían con los que podía ejercer como presidente de la Audiencia. Lo

pienso que sus ideas llegaron tarde para remediar toda la laxitud po-

mismo ocurría con el cargo de capitán general. Es decir que, aunque

lítica de casi un siglo. Dejaron a sus lejanos reinos tanto tiempo a la

investido de todos los poderes, debía siempre consultar al rey sus dis-

deriva que cuando se quiso recoger velas, ya era demasiado tarde. Los

paridades con los encargados de ejercer el mando en las otras institu-

americanos habían aprendido a gobernarse solos.

ciones. Por otra parte, el mandato de los virreyes tenía un tiempo

Sin embargo, la maquinaria estaba engrasada y las remesas de

limitado para que no tuvieran oportunidad de crear tramas clientela-

plata llegaban más o menos puntualmente desde México y el lejano

res, aunque el emperador Carlos determinó que fuese por el tiempo

Perú hasta la Casa de Contratación, en Sevilla, en el siglo xvii, y a

que fuera la voluntad del rey. Estos cargos, en realidad, no estuvieron sometidos a un periodo determinado y hubo virreyes que duraron me-

John H. Elliott, “El encuentro entre dos mundos”, en Hernán Cortés y México, Sevilla, Diputación Provincial de Sevilla, 2000. 6 Carlos Fuentes, El espejo enterrado, Barcelona, Penguin Random House, 2016, p. 246. 7 El tema del poder de los virreyes está muy bien tratado en Manfredi Merluzzi, “Los virreyes y el gobierno de las Indias: las instrucciones al primer virrey de Nueva España (siglo xvi)”, en Pedro Cardim y Joan-Lluís Palos (eds.), El mundo de los virreyes en las monarquías de España y Portugal, Madrid, Iberoamericana-Vervuert, 2012, pp. 203-245. 8 Véase Jorge Ignacio Rubio Mañé, Introducción al estudio de los virreyes de Nueva España, 1535-1746, t. i: Orígenes, jurisdicciones y dinámica social, México, Fondo de Cultura Económica, 1983. Horst Pietschmann tiene un muy buen estudio sobre este tema que ha sido reeditado en José Enrique Covarrubias y Josefina Zoraida Vázquez (comps.), Horst Pietschmann: acomodos políticos, mentalidades y vías de cambio: México en el marco de la monarquía española (México, El Colegio de México, 2016). 5

ses y otros más de diez años. Pero el mayor control que desde España se ejercía sobre los virreyes fueron los juicios de residencia y las visitas, a los que debían someterse también otros altos funcionarios con cargos de gobierno. Algunos virreyes tuvieron que soportar una larga espera para salir del territorio hasta que se terminara su juicio de residencia y, en ocasiones, fueron apresados al llegar a España si el juicio no había sido favorable. Los visitadores eran más temibles, porque la posibilidad de defensa era menor. El mismo Rubio Mañé afirma que tanto los virreyes como las Audiencias temieron siempre la llegada de los visitadores por su rigurosidad. Muchos de ellos fueron


Escudo de armas de José de Gálvez, marqués de Sonora, 1780 M a n u e l A g u s t í n M a s c a r ó ( 1 74 7 - c a . 1 8 1 2 )

Perfiles y diseños de la fachada del Palacio de Chapultepec, ca. 1787 Autor no identificad o

Plano de la Real Fábrica de Pólvora del reino de Nueva España, 1766

mismo se puede decir de todas las cortes virreinales en sus respectivos territorios.10 Pero para comprender las de los virreinatos hispanoamericanos hay que tener en cuenta el territorio en el que la nueva arquitectura disponía el escenario: un gran espacio, en cuyo centro se ubicaba la Plaza Mayor, que constituía el núcleo de una ciudad de traza rectangular, en la que se agrupaban algunas grandes casas principales. En la plaza estaban centrados todos los poderes: el real, en el Palacio Virreinal; el religioso representado en la catedral; el del arzobispado, en el Palacio del Arzobispado; el jurídico, en la casa de la Real Audiencia y Chancillería de México y el popular, en el ayuntamiento de la ciudad. En las cortes europeas, generalmente, el palacio estaba más alejado e independiente. En México, sólo a finales del xviii, el virrey Bernardo de Gálvez comenzó la construcción de un palacio en el bosque de Chapultepec, modelo que se repitió de modo permanente en México. En el siglo xvii el centro de la Plaza Mayor se llenaba de puestos de vendedores populares en un mercado por el que transitaban altos cargos y dignidades mezclados con el pueblo, una peculiaridad

362

famosos y citaré a dos muy conocidos en el siglo xvii: Juan de Pala-

muy digna de tener en cuenta. Esta mezcolanza tan llamativa era pro-

fox, el obispo de Puebla, y Pedro Moya de Contreras, arzobispo de

pia del barroquismo del siglo xvii, en el que el lujo de la corte borgo-

México, ambos también virreyes. Pero entre los grandes visitadores

ñona, que fue creciendo desde que fue impuesta por Carlos V, pasó

hay que citar a José de Gálvez que, en el siglo xviii, destacó no sólo

íntegramente a Nueva España, portada sobre todo por los virreyes,

por su poder y mal humor, sino por su obra más relevante, que fue la

que pretendían representar, al otro lado del mar, toda la grandiosidad

implantación de las intendencias que, en el último tercio del siglo,

del soberano. Los majestuosos recibimientos eran contemplados por

cambiaron la forma de gobernar la Nueva España, con un buen resul-

los ojos atónitos y regocijados de todo el pueblo. Como ejemplo de la

tado económico para la Corona, pero con una gran falta de visión al

llegada de un virrey en el siglo xvii, podemos citar la del primer con-

no haber sabido calibrar la transformación que se había producido en

de de Alburquerque, grande de España, y que por tanto se organizó de

los sentimientos y en el poder de los novohispanos.

la forma más fastuosa posible y estuvo muy bien documentada en su

9

recorrido, su boato y sus fiestas.11 Pero su estudio nos lleva a una viLos virreyes y l a corte

sión de la época virreinal extremadamente idílica, tal como la pinta el

Los virreyes de la Nueva España vivieron su apogeo, sobre todo, en la

gran Bernardo de Balbuena en su muy conocida obra Grandeza mexi-

centuria decimoséptima. La corte virreinal era el centro del poder

cana. Por ejemplo, en el capítulo v, cuyo argumento es “Regalos y

donde los altos funcionarios, junto a una legión de criados y pania-

ocasiones de contento”, nos deslumbra con estos versos:

guados, vivían en un ambiente aristocrático y de lujo, semejante al de las cortes europeas. Desde hace ya bastantes años, los virreinatos ame-

Sin otros gustos de diverso trato

ricanos como centro de poder han sido tema de estudio para profun-

que yo no alcanzo y sé sino de oídas,

dizar en la articulación social. Investigaciones recientes han puesto

y así los dejo al velo del recato.

de manifiesto que la corte virreinal constituyó un espacio decisivo en el desarrollo de la estructura política de las monarquías europeas. Lo Para una bibliograf ía sobre José de Gálvez, véase Los virreyes de Nueva España en el reinado de Carlos III, t. i, dirección y estudio preliminar de José Antonio Calderón Quijano, Sevilla, Escuela de Estudios Hispano-Americanos-Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1967. 10 Christian Büschges, “La corte virreinal como espacio político: el gobierno de los virreyes de la América hispánica entre monarquía, élites locales y casa nobiliaria”, en P. Cardim y J.-L. Palos (eds.), op. cit. 11 Véase Francisco Montes González, Mecenazgo virreinal y patrocinio artístico: el ducado de Alburquerque en la Nueva España, Sevilla, Real Maestranza de Caballería de Sevilla, 2016, y Judith Farré Vidal (ed.), Teatro y poder en la época de Carlos II: fiestas en torno a reyes y virreyes, Pamplona, Universidad de Navarra/Iberoamericana-Vervuert, 2007. 12 Bernardo de Balbuena, Grandeza mexicana [1604], facsimilar de la edición príncipe, México, Sociedad de Bibliófilos Mexicanos, 1927, pp. 90-91. 9

Música, baile, danzas acogidas de agridulce placer, tiernos disgustos, golosina sabrosa de las vidas. Fiestas, regalos, pasatiempos, gustos, contento, recreación, gozo, alegría, sosiego, paz, quietud de ánimos justos. Hermosura, altiveces, gallardía, nobleza, discreción, primor, aseo, virtud, lealtad, riquezas, hidalguía. Y cuanto la codicia y el deseo añadir pueden y alcanzar el arte, aquí se hallará, y aquí lo veo, y aquí como en su esfera tienen parte.12


No es posible describir esa sociedad de forma más ditirámbica. Y por mucha imaginación que el poeta le pusiera, hay que pensar que

definitiva, la corte virreinal fue el centro de radiación moral, literaria y estética en los territorios novohispanos.14

el cuadro que pinta se refiere a la corte y al pequeño grupo que rodea-

El virreinato se nos presenta entonces como una sociedad jerár-

ba a los virreyes. Allí, acompañaba a su corte lo mejor del virreinato

quica, que se regía por leyes que dividían a la población en castas,

y lo mejor que venía de España: costumbres, vestidos, arte y todo lo

reglamentaba el comercio, amparaba a los indios, ordenaba el clero.

más refinado de Europa y de China y, por medio del Galeón de Mani-

Poseía un corpus legal ejemplar, que normalmente no se cumplía, y

la, telas, pasamanería, muebles, lacas, sedas. Verdaderamente des-

una sociedad patriarcal que presentaba unas desigualdades que ni an-

lumbrado por el esplendor de los ambientes elevados de México en

tes ni ahora han podido ser remediadas. Todo esto, en el siglo xvii,

esa época, puede resultar algo exagerado, pero, sin embargo, los he-

resultaba más acusado, no sólo porque el poder de los virreyes era

chos vulgares vienen a darle la razón en que no sólo fue así en el siglo

mayor, sino por el hecho de pertenecer a la nobleza la mayoría de ellos.

xvii, sino que la tendencia siguió igual durante todo el virreinato. En una carta que un rico hacendado, Diego Núñez Viceo, le escribe a su

L o s v i r r e y e s e n e l s i g l o X V I I 15

esposa, doña Isabel Francisca Falconete, en 1706, para que se trasla-

El éxito de la institución virreinal radicó en la amplitud de la delega-

dara a México, entre los encargos que le hace para el viaje, le dice,

ción del poder del monarca en el virrey, su alter ego, en momentos en

entre otras cosas: “[…] quiero que traigas buena ropa, de los más ri-

que las dif íciles comunicaciones que exigía el sistema de navegación,

cos y del uso. Y en fin lo que quieras que sea todo bueno porque por

unido al desconocimiento inicial de las tierras que se iban incorporan-

acá todo lo que se usa es muy selecto”. Todo se trasmitía, además,

do a la Corona, hicieron aconsejable un poder pleno, totalmente de-

por los propios emigrantes, por las pinturas y los retratos. La moda

cisorio por parte del virrey. La monarquía de los Austrias, sustentada

se representaba en todos ellos. Pocos son los virreyes que no tienen

en los consejos, llevó a las Indias el sistema personal institucionaliza-

uno o varios retratos a través de los cuales se pude apreciar todo lo

do del virrey, inspirado en la tradición jurídica peninsular castellana y

expuesto. Esa afición, como es natural, era imitada por sus familiares

aragonesa, en la que se concentraba todo el poder omnímodo del

y los altos dignatarios, y en la Nueva España también el retrato estuvo

representante del monarca, sólo limitado en la duración del mandato

ligado a un estrato social alto. La corte virreinal, que se estableció

y a los ámbitos de su jurisdicción virreinal. Es imposible abordar la

13

según el modelo de la corte española, fue fundamental para que se extendiera la costumbre de retratarse. La corte fue también el centro de la sociedad novohispana. El virrey era la máxima figura política y social y a su alrededor pululaban aquellos personajes interesados en conseguir algún favor. La élite criolla lo trataba de imitar en su vestimenta y comportamiento, de la misma forma en que en la corte española se imitaba al rey. También la virreina tenía un papel preeminente, sobre todo en cuanto al establecimiento de moda y usos sociales. En

13 La carta está escrita en México, el 15 de octubre de 1706, en Archivo General de Indias (en adelante, agi), Contratación 5.464, citada en Isabelo Macías Domínguez y Francisco Morales Padrón, Cartas desde América, 1700-1800, Sevilla, Junta de Andalucía/Consejería de Cultura y Medio Ambiente, 1991, pp. 66-67. 14 Véanse Inmaculada Rodríguez Moya, La mirada del virrey: iconograf ía del poder en la Nueva España, Castellón de la Plana, Universidad Jaume I, 2003, y Bárbara Rosillo, La moda en la sociedad sevillana del siglo xviii, Sevilla, Diputación de Sevilla, 2018. 15 Ante la imposibilidad de poder resumir en unas cuantas líneas la labor de todos ellos, hemos optado por dar a continuación la lista cronológica de los virreyes y elegir a algunos

363


Autor no identificad o

Virrey Diego Fernández de Córdoba, 1612


labor de cada uno de los virreyes que durante dos siglos ejercieron su

mujer había muerto, pero el cabildo de la ciudad le hizo un apoteósico

cargo en la Nueva España, pero con el primer virrey de la centuria ya

recibimiento, a pesar de la mala situación en que se encontraba el vi-

se pueden ver las grandes preocupaciones que se seguirían presen-

rreinato, con los mismos problemas que se prolongaron durante casi

tando a todos los que le siguieron.16

toda la centuria, como ya se ha indicado, además de una hacienda en

El siglo xvii se inauguró con don Gaspar de Zúñiga, conde de

decadencia, algo que también se notaría en las arcas españolas. Des-

Monterrey (1595-1603), el último nombrado por Felipe II y que so-

pués de su paso por el virreinato peruano, en 1604 regresó a México

brevivió al monarca. Era un hombre interesante que, como muchos

para descansar en sus haciendas de Azcapotzalco y Tultitlán.

de sus compañeros, fueron promovidos para ejercer su cargo en el

Allí vivió cuatro años, retirado de la vida política, hasta que en

virreinato peruano. Allí murió, tan pobre que la Audiencia tuvo que

1607 recibió las instrucciones de la Corona para ocupar nuevamente

pagar sus exequias. De ahí el interés que despierta, porque no era lo

el cargo de virrey. Pidió vivamente al cabildo que no fuera recibido

usual. En las instrucciones que dejó a su sucesor, el conde de Montes-

con la pompa de su mandato anterior, pero de todas formas se gastó

claros (1603-1607), se hace eco de todas las preocupaciones que ha-

en ello una cantidad desproporcionada para la precariedad de la ha-

bían dirigido su mandato, las mismas que se seguirían manteniendo

cienda. No sé si para contrarrestar tal dispendio, quiso pasar ocho

a lo largo de todo el siglo: reducción de los indios sin que sufrieran mucho menoscabo, de igual modo que la forma de tutelar los obrajes para evitar excesos; preocupaciones por el puerto de San Juan de Ulúa; dificultades con los indios del norte, que se iban incorporando poco a poco al territorio con ayuda de los misioneros; exploración y cuidado de las costas por miedo a los ataques piráticos y, siempre, las obras en la capital, sobre todo las de los desagües para evitar las constantes inundaciones, además de la promoción de fundaciones varias, civiles y religiosas. Son constantes que vamos ver aparecer durante toda la época virreinal de forma más o menos señalada. Como hechos diferenciales de este virrey, se pueden señalar las expediciones de Sebastián de Vizcaíno por las costas de California, la fundación de Monterrey y el traslado de Veracruz al enclave en que ahora se encuentra.17 Poco digno de resaltarse es el mandato del siguiente virrey, Montesclaros, a no ser por el carácter diametralmente opuesto al de su antecesor en cuanto al manejo de los fondos públicos y, lo más interesante, su amor por la cultura, hasta el punto de convertir la corte en un lugar donde la poesía pasó a ocupar un primer plano. Emparentado con los duques de Lerma e Infantado, marchó a México con una corte de más de ochenta criados, prueba evidente de que el camino que tomaría iba a ser el del lujo y el despilfarro —como lo fue—, además de enriquecerse a costa de la venta de cargos públicos y del comercio con Filipinas. Ésas, al menos, fueron las acusaciones que llegaron a la corte, a pesar de lo cual fue promovido al virreinato de Perú. Después de él, se entra de lleno en lo que fueron los virreyes de la época de los Austrias menores, al ser nombrado por segunda vez, en un camino curioso de ida y vuelta, don Luis de Velasco y Castilla (1590-1595 y 1607-1611),18 que merece un punto y aparte. Llamado “el Joven” o “el Mozo”, para distinguirlo de su padre, segundo virrey de México, resulta un personaje interesante no sólo porque gobernó dos veces, sino porque era prácticamente criollo. Llegó a la Nueva España a los once años acompañando a su padre y allí pasó casi toda su vida, excepto cuatro años que residió en España y los cuatro que fue virrey de Perú. Allí se educó y obtuvo sus primeros cargos políticos, como el de regidor de México y gobernador de Zempoala. Su vinculación desde muy joven con las antiguas familias novohispanas fue total, hasta el punto que llegó a contraer matrimonio con una rica heredera del lugar, doña María de Ircio y Mendoza, sobrina del primer virrey mexicano, don Antonio de Mendoza. Una fuerte disputa con su suegra, la imponente doña Ana de Mendoza, que lo llevó a los tribunales a causa de la herencia de su hija, llegó hasta el Consejo de Indias. Llamado a la corte por Felipe II, fue destinado a Florencia como embajador. A su vuelta, se le nombró virrey de México por vez primera en 1590 para sustituir a Alonso Manrique de Zúñiga. A su llegada, su

que por una u otra causa nos han parecido más destacados. Los virreyes que ejercieron el cargo más o menos tiempo durante el siglo xvii son los siguientes: Juan de Mendoza y Luna, marqués de Montesclaros (1603-1607); Luis de Velasco y Castilla, marqués de Salinas (1607-1611); fray García Guerra, arzobispo de México (1611-1612); Diego Fernández de Córdoba, marqués de Guadalcázar (1612-1621); Diego Carrillo de Mendoza y Pimentel, marqués de Gelves (1621-1624); Rodrigo Pacheco y Osorio de Montalvo, marqués de Cerralbo (1624-1635); Lope Díaz de Armendáriz, marqués de Cadereyta (16351640); Diego Roque López Pacheco (1640-1642); Juan Palafox y Mendoza, obispo de Puebla (junio-noviembre de 1642); García Sarmiento de Sotomayor, marqués de Salvatierra (1642-1648); Marcos de Torres y Rueda, obispo de Yucatán (1648-1649); Luis Enríquez de Guzmán (1650-1653); Francisco Fernández de la Cueva, duque de Alburquerque (1653-1660); Juan de Leyva de la Cerda, marqués de Leyva (1660-1664); Diego Osorio de Escobar y Lamas, obispo de Puebla (junio-octubre de 1664); Antonio de Toledo y Salazar, marqués de Mancera (1664-1673); Pedro Nuño Colón de Portugal y Castro, duque de Veragua (noviembre-diciembre de 1673); Payo Enríquez de Rivera, arzobispo de México (1673-1680); Tomás de la Cerda y Aragón, marqués de la Laguna de Camero (1680-1686); Melchor Portocarrero y Lasso de la Vega, conde de Monclova (1686-1688); Gaspar Melchor Baltasar de la Cerda, conde de Galve (1688-1696); Juan de Ortega y Montañés, arzobispo de México (febrero-diciembre de 1696), y José Sarmiento y Valladares, conde de Moctezuma de Tula (1697-1701). La selección está hecha a nuestro criterio y, además de la bibliograf ía correspondiente y algunos documentos, he seguido como guion las muy buenas y completas semblanzas que de ellos aparecen en el gran Diccionario biográfico español de la Real Academia de la Historia (disponible en https://dbe.rah.es/; consultado en octubre de 2021), firmadas por especialistas y que remiten a una abundante bibliografía. 16 Manuel Rivera Cambas, Los gobernantes de México: galería de biograf ías y retratos de vireyes [sic], emperadores, presidentes y otros gobernantes que ha tenido México desde don Hernando Cortés hasta el C. Benito Juárez, t. i, México, Imprenta de J. M. Aguilar Ortiz, 1872; Ernesto Schäfer, El Real y Supremo Consejo de Indias: historia y organización del Consejo y de la Casa de Contratación de las Indias, 2 vols., Sevilla, Escuela de Estudios Hispano-Americanos-Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1935; Manuel Orozco y Berra, Historia de la dominación española en México, México, Librería Robredo, 1938; Jorge Ignacio Rubio Mañé, Introducción al estudio de los virreyes de Nueva España, México, Universidad Nacional Autónoma, 1955-1963; Vicente Riva Palacio, Resumen integral de México a través de los siglos, t. 2: El virreinato (1521-1808), México, Compañía General de Ediciones, 1968; Lewis Hanke, Los virreyes españoles en América durante el gobierno de la casa de Austria, Madrid, Atlas, 1976; Instrucciones y memorias de los virreyes novohispanos, estudio preliminar, coordinación, bibliograf ía y notas de Ernesto de la Torre Villar, compilación e índices de Ramiro Navarro de Anda, México, Porrúa, 1991, y Lewis Hanke, Guía de las fuentes en el Archivo General de Indias para el estudio de la administración virreinal española en México y en el Perú, 1535-1700, vol. i: El gobierno virreinal en América durante la Casa de Austria, Colonia y Viena, Böhlau, 1977. 17 No he encontrado ninguna biograf ía propia para este virrey, por lo que he seguido al autor de la reseña que de él hace en el Diccionario biográfico español (op. cit.) Manuel Ortuño Martínez, que se apoya en la bibliograf ía general para los virreyes, algunas de cuyas obras se citan en la nota anterior. 18 Guillermo Porras Muñoz, “Viaje a México del marqués de Montesclaros y advertencia para su gobierno”, en Revista de Indias, vol. viii, núm. 27, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1947, pp. 117-126, y Aurelio Miró Quesada, El primer virrey-poeta en América: don Juan de Mendoza y Luna, marqués de Montesclaros, Madrid, Gredos, 1962. Pilar Latasa Vassallo, que ha realizado un muy buen estudio sobre él en su periodo peruano, además de firmar su reseña en el Diccionario biográfico español (op. cit.), tiene dos artículos sobre su etapa mexicana: “La corte virreinal novohispana, el virrey y su casa: imágenes distantes del rey y su corte”, en Actas del Congreso Internacional de la Asociación de Historiadores Latinoamericanistas Europeos, vol. ii, Oporto, Centro Leonardo Coimbra/Faculdade de Letras da Universidade do Porto, 2001, pp. 15-130, y “Limitaciones legales al comercio transpacífico: actitud del virrey Montesclaros”, en Feliciano Barrios (coord.), Derecho y administración pública en las Indias hispánicas, vol. i, Cuenca, Universidad de Castilla-La Mancha, 2002, pp. 877-897.

365


B a l t a s a r d e E c h av e I b í a ( c a . 1 5 8 3 - 1 6 4 4 )

Virrey Rodrigo Pacheco y Osorio, 1624 A d r i a n B o o t ( fa l l e c i d o c a . 1 6 4 8 )

Diseño de dos baluartes defensivos de la ciudad de Veracruz, 1634 M a n u e l d e S a n t i s t e b á n ( fa l l e c i d o e n 1 7 8 5 )

Plano de un fuerte propuesto nuevamente en el pueblo de Perote para cubrir la avenida del Camino Real de Vera Cruz a México, 1770

Necesariamente hay que dar un salto en el tiempo para llegar a otro virrey digno de destacar, aunque sólo sea por su amplio mandato: don Rodrigo Pacheco y Osorio, marqués de Cerralbo (1624-1635). El suyo fue un gobierno lleno de tensiones, a pesar de su buen carácter, que consiguió ponerse de acuerdo con la Real Audiencia y el cabildo que habían sido capaces de “destronar” a su antecesor, el marqués de Gelves. Fue en esos años cuando los criollos comenzaron a dar cuenta de la fuerza de su conciencia de clase, hasta el punto de remover de su cargo a un virrey. Más adelante, con el apoyo del arzobispo de México, Manso y Zúñiga, el ansia de poder de este grupo de criollos con puestos en el cabildo llegó al extremo de pedir al virrey que convocara en asamblea a todas las ciudades —una especie de parlamento— para hacer frente a los deseos del conde-duque de Olivares de que cotizaran con una alta cantidad para el nuevo impuesto de la Unión de Armas. Estaba claro que no se podía ceder a tal petición y esto obligó al virrey a imponer su autoridad, lo que le originó la animadversión de los criollos y una serie de protestas que llegaron a la corte, protestas por todas las negativas que recibieron del virrey: la supresión del impuesto de alcabala, la recuperación del comercio entre México y Perú, que se había suprimido en 1634, y la demanda de mano de obra africana ante el descenso de la población indígena. No menos

366

días, antes de tomar posesión, en el convento franciscano de Santiago

importante en esos años fueron los continuos ataques de los holan-

de Tlatelolco. Su mandato fue una nueva sucesión de intentos de so-

deses a las costas mexicanas, tanto en el Caribe como en el Pacífico.

lucionar los problemas del virreinato, y como hechos destacables se

En medio de esa tensión social, que presidió todo su mandato

pueden citar la expedición que envió a Japón, la represión de una su-

desde su llegada, tanto por la situación política del virreinato —al ha-

blevación de esclavos negros que terminó en la fundación de la villa

ber sido destituido su antecesor— como por su rivalidad con el arzo-

de San Lorenzo y la construcción de un antiguo hospital que, bajo el

bispo, consiguió resolver algunos problemas importantes que venían

nombre de San Lázaro, fue puesto en manos de los hermanos de San

arrastrándose desde hacía muchos años, como el de las inundaciones.

Juan de Dios y estuvo funcionando hasta 1821. Fue un hombre res-

Cerralbo, al poco tiempo de tomar posesión, rescató este problema con

ponsable en su trabajo hasta el punto de alargar lo que pudo su man-

los integrantes del cabildo, pero las obras se retrasaron hasta 1629. Justo

dato después de que fuera nombrado presidente del Real y Supremo

cuando habían comenzado las obras se produjo una de las peores inun-

Consejo de Indias, y siguió despachando asuntos hasta que el barco

daciones que tuvo que sufrir la Ciudad de México en tiempo y en inten-

zarpó de Veracruz. Recibió, años después, el título de marqués de Sa-

sidad. Duró cuatro años y el agua llegó a inundar las tierras circundantes

linas del Río Pisuerga, cinco meses más tarde de que su nieto, Fernan-

y, en algunos puntos de la ciudad, alcanzó los dos metros. El resulta-

do de Altamirano y Velasco, hubiera recibido el primer título concedido

do fue catastrófico: murieron treinta mil personas, veinte mil familias

a un criollo: conde de Santiago de Calimaya. Probablemente fue el

quedaron sin hogar y algunos abandonaron la capital para instalarse en

regalo más importante de su vida.19

Puebla. Tan importante fue la tragedia que se estuvo pensando en la posibilidad de trasladar la capital, algo quimérico después del volumen,

En el Archivo General de Indias existe una numerosa documentación sobre este virrey, dado su carácter de doble mandato en Nueva España y su periodo peruano, en el que no voy a entrar por no pertenecer al segundo periodo mexicano, cuya documentación he podido consultar en “Reales instrucciones para su segundo mandato en Nueva España” (Madrid, 14 de marzo de 1607, en Real Academia de la Historia, colección J. B. Muñoz, xxii, ff. 54-71v) y “Escrito de Velasco a su predecesor, el marqués de Montesclaros, y respuestas de éste a las preguntas” (1607, en Biblioteca Nacional de España, ms. 3042, ff. 223-235). He seguido como guion la magnífica síntesis que hace María Justina Sarabia Viejo en el Diccionario biográfico español (op. cit.). Véanse también Demetrio Ramos Pérez, “Retrato de un presidente del consejo siendo niño, con su padre, en un lienzo guadalupano”, en El Consejo de Indias en el siglo xvi, Valladolid, Universidad de Valladolid, 1970, pp. 211-215; Mercedes Galán Lorda, “Luis de Velasco, legislador”, en Memoria del X Congreso del Instituto Internacional de Historia del Derecho Indiano, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1995, pp. 497-528, y Antonio de Valle-Arizpe, Virreyes y virreinas de la Nueva España: tradiciones, leyendas y sucedidos del México virreinal, vol. i, México, Porrúa, 2000, pp. 6-10. 19

la capacidad y la grandeza que México tenía ya en esos años. Siguiendo los planos de Enrico Martínez, se continuó la obra suspendida y, en 1632, se retomó la construcción del canal de Huehuetoca, con la instalación de compuertas para regular las crecidas de las aguas. La profesora María Justina Sarabia, gran conocedora del virreinato mexicano en esos años, ha escrito un buen resumen de la faceta mundana de este virrey, que de alguna manera suaviza la parte de su fuerte carácter, a veces violento. Siguiendo al cronista Artemio de Valle-­ Arizpe, lo describe […] como un hombre amigo de diversiones, desde su organización a la participación en mascaradas, regatas, comedias, y también en los tocotines,


mitotes y palos voladores de indios; como excelente caballista, le gustaba

te diez años, desempeñó los cargos de visitador de los ministros y

formar parte de los juegos de lanzas para enganchar sortijas, derribar pan-

tribunales de la Nueva España. Fue también juez de residencia de dos

dongas e incluso alancear y manejar la capa en el rejoneo de toros bravos.

virreyes, ejerció como gobernador y capitán general, ocupó el cargo

El virrey y su esposa dieron vida a esas actividades, tanto dentro de la sun-

de presidente de la Real Audiencia y también el de visitador de la Uni-

tuosidad del palacio como en los lugares al aire libre, entre ellos el paseo de

versidad de México y del Tribunal de Cuentas. Nadie, en los largos si-

la Viga, rodeados de todos los grupos sociales, con refrescos y flores. Pero

glos del virreinato, ocupó tantos cargos. Por eso no deben extrañar los

también recoge este cronista que las dif íciles circunstancias del virreina-

continuos choques tanto con el clero como con los funcionarios y vi-

to, antes comentadas, impidieron varias veces la realización de festejos y

rreyes anteriores y posteriores a él. Para curarse en salud de lo que

actividades en los grandes días de fiesta, como el de San Hipólito, patrón

pudiera perjudicarle todo esto, escribió al rey una serie de cartas secre-

de la capital, o el del Apóstol Santiago, cuando ya estaban preparados.

tas con fecha de 1641, es decir, al año de llegar, pintando un estado

20

apocalíptico de la Nueva España, en el que no salvaba a nadie del clero Su esposa, la virreina Francisca de la Cueva, mujer bella y ele-

ni a ningún gobernante y menos a los propios virreyes, a los que acusaba

gante, hija de los duques de Alburquerque y tía de un virrey posterior,

de no obedecer las órdenes reales, y tampoco al Tribunal de la Inqui-

contribuyó a esta faceta lúdica de su marido asistiendo a todas las

sición, lo que le ocasionó serios disgustos, además de criticar el esta-

fiestas del pueblo, pero sobre todo realizando una labor social impor-

do del comercio, de la hacienda y de todo lo que se le iba ocurriendo.22

tante: instituyó fondos para dotes de monjas, doncellas y viudas y

Sus más sonadas polémicas fueron con el clero y con los religiosos

ayudó a los conventos y a las iglesias. El marqués fue cesado en sep-

en general. Se enfrentó con dominicos, agustinos y, sobre todo, con

tiembre de 1635 y envió al rey una “Relación del estado en que dejó el

los franciscanos, a los que les secularizó más de treinta parroquias, en

virreinato”. Su largo juicio de residencia no aportó prueba alguna que

ocasiones acudiendo a las armas. Pero su choque más frontal y cono-

lo incriminara. Cuando llegó a España, fue nombrado consejero de

cido fue con los jesuitas, por lo que supuso para su proceso de cano-

Estado y Guerra, gentilhombre de la Real Cámara y embajador en Vie-

nización iniciado poco después de su muerte y abierto nuevamente

na. Murió en 1652.

en tiempos de Carlos III. Palafox llegó a proponer su excomunión, lo

21

Como contrapunto al virrey anterior, no se puede dejar de men-

cual le valió ser tomado como bandera en el proceso de expulsión de

cionar a don Juan de Palafox y Mendoza (junio-noviembre de 1642), que presidió uno de los gobiernos más cortos del virreinato, apenas unos meses, pero que su labor como arzobispo de Puebla y su personalidad religiosa, política y literaria llenaron toda la primera mitad de la trayectoria del virreinato y su figura ha trascendido a épocas muy posteriores. De una noble familia castellana, fue hijo natural del marqués de Casa Ariza, no reconocido hasta los doce años, que fue cuando comenzó su exquisita preparación en las universidades de Huesca, Alcalá y Salamanca, hasta doctorarse en leyes en la Universidad de Guadalajara. Todavía muy joven, fue nombrado tesorero de la catedral de Tarazona después de ordenarse sacerdote. Ahí comenzó su muy brillante carrera, que lo llevó a ser nombrado obispo para la sede de Puebla de los Ángeles, a la que llegó en 1640, desde donde, duran-

20 Véase la semblanza de María Justina Sarabia Viejo, en Diccionario biográfico español, op. cit. 21 “Reales instrucciones públicas y secretas”, 24 de junio de 1624, en agi, México, 1065, libro 7; “Relación del estado en que dejó el virreinato”, 17 de marzo de 1636, en agi, México, 32, y “Juicio de residencia del marqués de Cerralbo”, agi, Escribanía de Cámara, 221 a. Véanse también Luisa S. Hoberman, “Bureaucracy and Disaster: Mexico City and the Flood of 1629”, en Journal of Latin American Studies, vol. 6, núm. 2, 1974, pp. 211-230; Richard E. Boyer, La gran inundación: vida y sociedad en la Ciudad de México, 16291638, México, Secretaría de Educación Pública, 1975; Jorge Gurría Lacroix, El desagüe del Valle de México durante la época novohispana, México, Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1978; Jonathan I. Israel, Raza, clases sociales y vida política en el México colonial, 1610-1670, México, Fondo de Cultura Económica, 1980, y María Luisa Pazos Pazos, El ayuntamiento de la Ciudad de México en el siglo xvii: continuidad institucional y cambio social, Sevilla, Diputación Provincial de Sevilla, 1999. 22 Biblioteca Nacional de Madrid, ms. 12.697.

367


368

los jesuitas un siglo más tarde. Esta terrible enemistad con la Com-

dotó de una monumental biblioteca, hoy conocida como Biblioteca

pañía y la que ya tenía con la Inquisición le proporcionaron más dis-

Palafoxiana, y la edificación de más de cincuenta templos parroquia-

gustos que fama, a pesar de su inmensa obra: gobernó muy bien su

les. En lo cultural, a él se debe la redacción de los nuevos estatutos

diócesis, a la que dedicó todo su empeño, con escritos y manuales para

de la Universidad de México, el apoyo a la implantación de la impren-

la administración de los sacramentos, con varias cartas pastorales y

ta en la sede poblana y, desde luego, su activísimo mecenazgo como

oraciones; estimuló a sus sacerdotes para el aprendizaje de lenguas

promotor de las artes. Su parte negativa, en ese sentido, estuvo en que

nativas y se preocupó de la formación del clero. En esta misma línea,

mandó destruir —afortunadamente sin éxito total— muchas estatuas

realizó hasta tres visitas pastorales en una extensión de tierra. En lo

de ídolos mexicas y otras antigüedades con símbolos paganos que

material, hay que reseñar la culminación de la catedral de Puebla de

habían coleccionado los anteriores virreyes.

los Ángeles; la erección del Palacio Episcopal; la construcción del Semi-

A su llegada e España, encontró innumerables enemigos en la cor-

nario de San Juan, la del Colegio de San Pedro y San Pablo, al que

te. Tuvo que conformarse con el nombramiento de obispo del Burgo de Osma, y su deseo de volver a ocupar la sede poblana nunca se

Véase para ello su semblanza en el Diccionario biográfico español (op. cit.), firmada por Gregorio Bartolomé Martínez, en la que se ofrece una amplia referencia de sus obras. 24 Véanse Antonio González de Rosende, Vida i virtudes del Ilmo. y Excmo. Sr D. Juan de Palafox y Mendoza, Madrid, Julián de Paredes, 1666; Florencio Jardiel, El venerable Palafox, Madrid, Ateneo, 1892; Cristina de Arteaga y Falguera, Una mitra sobre dos mundos, la del venerable Juan de Palafox y Mendoza, Sevilla, Artes Gráficas Salesianas, 1985; Solange Alberro, Inquisición y sociedad en México, 1571-1700, México, Fondo de Cultura Económica, 1988; Francisco Sánchez-Castañer, Don Juan de Palafox, virrey de Nueva España, Madrid, Fundación Universitaria Española, 1988; Teófilo Portillo Capilla, El desierto y la celda en la vida y muerte del obispo Juan de Palafox y Mendoza, Almazán, Javier Gómez Gómez, 1989; Gregorio Bartolomé Martínez, Jaque mate al obispo-virrey: siglo y medio de sátiras y libelos contra don Juan de Palafox y Mendoza, México, Fondo de Cultura Económica, 1991; Ideas políticas: Juan de Palafox y Mendoza, edición de José Rojas Garcidueñas, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1994; Ricardo Fernández 23

produjo. Las noticias de México no eran a propósito para ello. Se mandaron retirar los escudos que Palafox había colocado en el remate del altar de los Reyes de la catedral, por resultar injuriosos a la Corona, al haber incluido en ellos las armas particulares de su familia, así como los retratos que lo representaban con alas de ángel. Toda su labor quedó aplastada por su carácter. No es el lugar para entrar en su brillante labor como escritor ni en la fama póstuma que sus escritos le proporcionaron, así como su largo proceso de beatificación, que no se logró sino hasta 2011.23 Está enterrado en el Burgo de Osma, en una lujosa capilla, y en la catedral de Puebla hay una muy visitada tumba vacía.24


Pedro Villegas (activo en el siglo XVIII)

Paseo del virrey don Francisco Fernández de la Cueva y de la Cueva, duque de Alburquerque, y de la virreina Juana de la Cerda, por el Canal de la Viga o Paseo de la Viga con la iglesia de Ixtacalco, 1706

universidades y conventos, hasta que fue nombrado prior del convento de San Agustín en Valladolid. En 1567 fue designado rector del Colegio de María de Aragón, en Madrid, donde fue nombrado ese

pp. 370-371

mismo año obispo de Guatemala. Recibió la orden episcopal en la

Biombo Palacio de los Virreyes de México, ca. 1676-1700

catedral de León de Nicaragua y tomó posesión de la diócesis en 1659.

Autor no identificad o

Su labor en Guatemala sería el preludio de lo que iba a ser más tarde su trabajo en México. Defensor de los indios y sus derechos, hizo va-

Aunque sólo sea por la acogida en su palacio de una niña aven-

rias visitas al territorio. Aprobó la orden de los hermanos betlemitas,

tajada llamada Juana Inés de Asuaje (no Asbaje), merece ser resaltada

primera congregación nacida en América, e introdujo la imprenta

la figura de don Antonio de Toledo y Salazar, marqués de Mancera

para publicar su Explicatio apologetica. En 1668 le llegó el nombra-

(1664-1673), además de sus largos años de gobierno. En ellos, como

miento para el arzobispado de México, sin que hubiera tenido tiempo

la mayoría de los virreyes, tuvo aciertos, desaciertos y, en definitiva,

de cubrir la sede episcopal de Michoacán, adonde también fue pro-

los mismos problemas que los anteriores. Pero el hecho de su rela-

movido. Su destino, sin duda, era México. Estuvo siempre muy aten-

ción con la que luego sería una monja jerónima conocida como Sor

to a las obras sociales, al clero y a las órdenes religiosas, sobre todo a

Juana Inés de la Cruz, la “Décima Musa”, figura destacada en el Siglo

la que consagró en Guatemala. Con la ayuda del conde de Santiago de

de Oro de las letras hispanas, lo hace merecedor de atención. Don

Calimaya, descendiente del virrey Velasco, estableció un hospital a

Antonio de Toledo y su mujer, Isabel Carreto, grandes aficionados a

los betlemitas, dedicado a enfermos de cualquier tipo de color. Su

las letras y a la música, se fijaron en la joven superdotada y le dieron

empeño en reformar los lujosos y mundanos conventos femeninos no

en la corte el puesto de dama de honor de la virreina, con la que llegó

llegó a surtir efecto. Sólo un siglo después se conseguiría. Fundó igle-

a tener una gran amistad; ambas se profesaban admiración mutua.

sias y conventos de distintas órdenes y organizó grandes fiestas con

Cuatro años permaneció en palacio formando parte de su séquito. El

motivo de la beatificación de Santa Rosa de Lima.

virrey, interesado por su sabiduría, no dudó en presentarla a teólo-

Al morir el virrey que iba a sustituirlo, Pedro Nuño Colón de

gos, historiadores, filósofos y poetas, entre los que la joven se movía

Portugal, a los cinco días de jurar el cargo, Payo Enríquez de Rivera

con soltura; vivió en tal ambiente entre los dieciséis y los veinte años,

fue nombrado, en 1673, virrey de México, responsabilidad que ejer-

época en que en el palacio de los Mancera se celebraban todo tipo de

ció junto con el arzobispado hasta 1680. Aunque sus actuaciones fueron

fiestas y ceremonias y cuyo ambiente supo plasmar Juana Inés bella-

las recurrentes que había que efectuar en la Nueva España —desagüe

mente en sus poesías. Compuso también poemas sobre las ceremonias,

de la capital, fortificaciones de las fronteras, pacificación y población de

de tal forma que se consideraba la poeta oficial de la corte. Probable-

los territorios del norte, etcétera—, parece que las suyas estuvieron

mente por buscar un futuro seguro, en 1667 decidió entrar en el con-

coronadas por el éxito: en 1675 se terminaron las obras recurrentes del

vento de las carmelitas descalzas, pero la experiencia no duró más de

desagüe de Huehuetoca, también la calzada de piedra que conducía a

tres meses y posteriormente buscó acomodo menos duro en el conven-

la iglesia de la Virgen de Guadalupe y se restauró el Palacio de los

to de la orden de San Jerónimo. Su profesión en 1669, que congregó a

Virreyes y la Casa de la Moneda. No es necesario señalar las muchas

lo más selecto de la sociedad novohispana, fue presidida por el virrey y

obras que hizo ni que fue el arzobispo que más tiempo gobernó en

su esposa. Sor Juana Inés permaneció en dicho convento hasta su muer-

Nueva España, pero sí conviene destacar sus acciones protectoras de

te, en 1695. Su amistad con los virreyes y con otros posteriores nunca

los indios, el encargo de recopilación del derecho municipal indiano

se perdió y llegó a tener una biblioteca de cuatro mil volúmenes.

y la fundación de la ciudad del Paso del Norte (hoy Ciudad Juárez),

Conviene destacar que el virrey Mancera apoyó la erección del

junto al río Bravo. Su magnífica biblioteca fue donada al oratorio de

templo de San Felipe de Jesús, el primer santo criollo,25 y por ello fue acreedor de un Elogio panegírico, escrito por el poeta novohispano Alonso Ramírez de Vargas. También la catedral pudo ser cubierta por la atención que este virrey le dedicó a pesar de la penuria económica. Pero probablemente su labor más continuada fue la defensa de las costas del virreinato de los ataques piráticos. En ese sentido, tenía una gran experiencia porque había estado en Perú cuando su padre ostentaba el cargo de virrey, donde capitaneó una expedición al sur de Chile para la refundación de Valdivia, que había sido destruida por las tropas holandesas; en esas costas australes creó una línea defensiva que contuvo el avance de los piratas por el Pacífico sur. A su llegada a la Nueva España había encontrado una situación crispada después de la actuación del anterior virrey y la interinidad del obispo de Puebla, Diego de Osorio y Escobar, hecho que se reprodujo a su salida por su choque esta vez con el arzobispo de México, Payo Enríquez de Rivera,26 que merece ser destacado en este grupo de virreyes. Hijo natural del todopoderoso Fernando Enríquez de Rivera, duque de Alcalá, y como tal, destinado al clero, después de ingresar en la orden de San Agustín, se doctoró en Sigüenza y enseñó en varias

Gracia (coord.), Actas del Congreso Internacional IV Centenario del Nacimiento de Don Juan de Palafox y Mendoza, Pamplona, Universidad de Navarra, 2000; Pilar Latasa Vassallo, “La casa del obispo-virrey Palafox, familia y patronazgo: un análisis comparativo con la corte virreinal hispanoamericana”, en ibid.; John H. Elliott, Reformismo en el mundo hispánico: Olivares y Palafox, Madrid, Real Biblioteca, 2001; José Pascual Buxó, Imagen y discurso de la cultura novohispana, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2002; Ricardo Fernández Gracia, Iconograf ía de don Juan de Palafox y Mendoza, Pamplona, Gobierno de Navarra, 2002; Cayetana Álvarez de Toledo, Politics and Reform in Spain and Viceregal Mexico, 1600-1659, Oxford, Oxford University Press, 2004; edición en español: Juan de Palafox, obispo y virrey, Madrid, Marcial Pons/Centro de Estudios Europa Hispánica, 2011; Montserrat Galí Boadella (coord.), La pluma y el báculo: Juan de Palafox y el mundo hispano del seiscientos, México, Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades-Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2004, y Luis Gámez Pérez, Don Juan de Palafox y Mendoza: el sentido humanistas del “Memorial de las virtudes del indio”, Madrid, Diócesis de Osma-Soria, 2011. 25 Enriqueta Vila Vilar, “San Felipe de Jesús, el primer santo criollo”, en María del Pilar Martínez López-Cano (coord.), De la historia económica a la historia social y cultural: homenaje a Gisela von Wobeser, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2015, pp. 277-292. 26 Véanse la semblanza de Miguel Molina Martínez, en Diccionario biográfico español, op. cit., y María Guadalupe González-Hontoria y Allende-Salazar, El marqués de Mancera, virrey de Nueva España, 1664-1673, Madrid, Universidad Autónoma de Madrid, 1948.

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San Felipe Neri de México y los pocos pesos que guardaba los dejó para un colegio de niños huérfanos.

27

L o s v i r r e y e s e n e l s i g l o X V I I I 28

La puesta en marcha de la dinastía borbónica a principios de siglo xviii no vino acompañada de cambios drásticos como se suele creer al hablar del paso de una dinastía a otra. Al mandato del duque de

“Correspondencia entre el virrey y arzobispo Payo Enríquez de Rivera y Carlos II, octubre de 1669-julio de 1670”, en agi, México, 45; “Informe de la llegada y muerte del duque de Veragua y de su rápida toma de posesión, diciembre de 1573-enero de 1574”, en agi, México, 46, y “Sentencia final del Consejo sobre la residencia del virrey Payo de Rivera, 23 de diciembre de 1681”, en agi, Escribanía de Cámara, 1142. Véanse también la semblanza firmada por Juan José Vallejo Penedo, en Diccionario biográfico español, op. cit.; Francisco Sosa, El episcopado mexicano: biograf ía de los Ilmos. señores arzobispos de México, desde la época colonial hasta nuestros días, vol. ii, México, Jus, 1962, pp. 16-31; José Antonio Calderón Quijano, “El arzobispo fray Payo de Ribera y el castillo de San Juan de Ulúa”, en Castillos de España, núm. 5, 1971, pp. 55-61; Carlos Alonso, “Ribera, Payo Enríquez de, O. S. A.”, en Quintín Aldea Vaquero, José Vives Gatell y Tomás Marín Martínez (dirs.), Diccionario de historia eclesiástica de España, vol. iii, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas/Instituto Enrique Flórez, 1972, pp. 2087-2088; Paulino Castañeda Delgado, “Fray Payo de Rivera, undécimo obispo de Guatemala”, en Missionalia Hispanica, vol. 40, 1983, pp. 63-108; Paulino Castañeda Delgado, “Fray Payo de Ribera, arzobispo de México y virrey de Nueva España”, en Bibiano Torres Ramírez y José J. Hernández Palomo (coords.), Actas de las III Jornadas de Andalucía y América: Andalucía y América en el siglo xvii, vol. ii, Sevilla, Escuela de Estudios Hispano-Americanos-­ 27

Alburquerque, seguirán, en similar proceso que el periodo anterior, una serie de gobernantes que señalarán la intensificación de la potestad del virrey y su carácter aristocrático. Los nombres de duque de Linares, los marqueses de Valero y Casafuerte, don Juan Antonio de Vizarrón y Eguiarreta, arzobispo de México, el duque de la Conquista, el conde de Fuenclara y el de Revillagigedo, el marqués de las Amarillas o los marqueses de Cruillas y Croix indican claramente la continuidad del modelo y nos llevan a la segunda mitad del siglo sin que la política de la Corona ni de los propios virreyes presenten grandes cambios. En los primeros sesenta años del siglo xviii se pueden contemplar una serie de altibajos, de avances y retrocesos, sin salirse mucho del guion anterior. Cuando sube al trono Carlos III y, sobre todo, cuando llega a México el todopoderoso don José de Gálvez, todo comienza a ser distinto. A partir del gobierno del marqués de Cruillas, vemos cómo


371

hay un movimiento acelerado y una concatenación en orden a las funciones del gobierno, a la problemática de las tareas administrativas, a las reformas militares, al incremento del comercio, al auge económico y a la organización hacendística.29 Uno de los momentos más brillantes del virreinato de la Nueva España fue la época en la que ostentó el cargo el virrey Bucareli (1771-­ 1779), tanto por su labor personal como por las reformas que con la visita de don José de Gálvez, poco antes de la llegada de Bucareli, se llevaron a cabo en el virreinato después de su muerte y gracias a la buena administración del virrey. Fueron dos poderosos hombres de la Ilustración, con caracteres muy opuestos, que representan en México la política de cambios que quisieron imponer en las Indias Carlos III y sus brillantes ministros. Pero antes de su llegada, algo importante había ocurrido en la Nueva España: la llegada de Gálvez. No es el momento de entrar ahora en el tema tan jugoso como el de la ascensión fulgurante de su numerosa familia ni en la posterior desa­ parición de todos ellos hasta caer casi en el anonimato. Sin embargo, sí es interesante señalar que su buena estrella comenzó con el ministro

Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1985, pp. 251-293, y Autos de las visitas del arzobispo fray Payo Enríquez a los conventos de monjas de la Ciudad de México (1672-­1675), transcripción y estudios introductorios de Leticia Pérez Puente, Gabriela Oropeza Tena y Marcela Saldaña Solís, México, Centro de Estudios sobre la Universidad-Universidad Nacional Autónoma de México, 2005. 28 Juan Ortega y Montañés, arzobispo de México (1701-1702); Francisco Fernández de la Cueva, duque de Alburquerque (1702-1710); Fernando de Alencastre Noroña, duque de Linares (1710-1716); Baltasar de Zúñiga Guzmán, duque de Arión (1717-1722); Juan de Acuña y Bejarano, marqués de Casafuerte (1722-1734); Juan Antonio Vizarrón y Eguiarreta, arzobispo de México (1734-1740); Pedro de Castro Figueroa y Salazar, duque de la Conquista (1740-1741); Pedro Cebrián y Agustín, conde de Fuenclara (1741-1746); Juan Francisco de Güemes y Horcasitas, conde de Revillagigedo (1746-1755); Agustín de Ahumada y Villalón, marqués de las Amarillas (1755-1760); Francisco Cagigal de la Vega (abril-octubre de 1760); Joaquín de Montserrat, marqués de Cruillas (1760-1766); Carlos Francisco de Croix, marqués de Croix (1766-1771); Antonio María de Bucareli y Ursúa, conde de Jerena (1771-1779); Martín de Mayorga Ferrer, capitán general de Guatemala (1779-1783); Matías de Gálvez y Gallardo, capitán general de Guatemala (1783-1784); Bernardo de Gálvez Madrid, vizconde de Galveston (1785-1786); Alonso Núñez de Haro y Peralta, arzobispo de México (mayo-agosto de 1787); Manuel Antonio Flores Maldonado (1787-1789); Juan Francisco de Güemes Pacheco de Padilla, conde de Revillagigedo (1789-1793); Miguel de la Grúa Talamanca y Villafranca de Carini, marqués de Branciforte (1794-1798); Miguel José de Azanza, duque de Santa Fe (1798-1800); Félix Berenguer de Marquina (1800-1803) y José de Iturrigaray (1803-1808). 29 Los virreyes de Nueva España en tiempos de Carlos III, op. cit., pp. xii-xv.


M i g u e l C a b r e r a ( 1 6 9 5 - 1 76 8 )

Retrato de Carlos III, 1760

den de San Juan y de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, capitán general de Cuba y virrey de Nueva España, por nombramiento. Había nacido en Sevilla en 1717, en un bello palacete de la calle Santa Clara, en el barrio de San Lorenzo, que aún se conserva intacto, con pinturas y recuerdos del virrey, entre ellos, preciosos jarrones de cerámica de Tonalá. Su carrera militar fue creciendo en Europa, hasta que, en 1785,

Jerónimo Grimaldi, que se lo llevó con él, que en 1764 lo nombró al-

fue enviado a las Indias como capitán general y gobernador de Cuba,

calde de Casa y Corte y que en 1765 fue designado como visitador de

devastada después de la ocupación inglesa en 1762. En su séquito lo

la Nueva España. Había llegado a oídos del rey y su sequito de minis-

acompañaba un secretario, don Melchor de Peramás, que desarrolló

tros el pésimo estado en que se hallaba la hacienda indiana y había

un pulcro y minucioso trabajo archivístico. La muy eficiente labor de

que remediarlo. Dos razones claras explican tal situación: los males

gobierno que realizó Bucareli en Cuba, sobre todo en defensa y ha-

propios de la administración de Indias, que precisaba profundas re-

cienda, fue probablemente lo que movió a Carlos III a nombrarlo vi-

formas, a lo que se oponían las oligarquías criollas, y el mal gobierno

rrey de la Nueva España en un momento dif ícil tanto en el terreno

del virrey Joaquín de Montserrat y Ciurana, marqués de Cruillas. El

internacional como en el propio virreinato.

nombramiento de Gálvez tenía un amplio cometido y un profundo

Hacer un resumen de su gran labor como virrey de Nueva Espa-

calado, previsto en las instrucciones que llevaba. Según éstas, en el

ña y resaltar los principales logros y acontecimientos de todo su man-

aspecto económico, sus principales objetivos serían: controlar la hacien-

dato es imposible. Pero hay que señalar algo en lo que Gálvez dejó

da mexicana en todos sus ramos, rentas, agentes y tribunales, tratando,

marcada la senda. Las noticias alarmantes que llegaban a la corte de

en todo caso, de incrementar los ingresos de la Corona; inspeccionar

Carlos III sobre la presencia rusa en Alaska motivaron una serie de ex-

las aduanas del virreinato, tanto marítimas como terrestres, introdu-

pediciones, por mar y por tierra, que tuvieron la operatividad de explo-

ciendo, en su caso, las reformas precisas; acabar con los abusos, frau-

rar toda la costa californiana y anexionar ricos y bellos territorios a la

des y contrabando, que de forma crónica imperaban en los puertos de

Corona española. Efectivamente, los rusos habían establecido en el

Veracruz y Acapulco; introducir el establecimiento del estanco del ta-

territorio de Alaska una factoría de comercio de pieles, en la que se

baco; fruto de esta iniciativa sería la erección de fábricas en la Ciudad

vislumbraba la más que posible amenaza de que se extendieran hacia

de México, Puebla de los Ángeles, Orizaba y Oaxaca.

en sur. Una abundante correspondencia entre Bucareli, Grimaldi y el em-

Junto a los mandos de contenido económico, se encargaban a

bajador de España en Rusia, conde de Lacy, originó una serie de ex-

Gálvez dos cometidos de gran trascendencia: la alta inspección de los

pediciones hacia el norte de California que dieron como resultado,

tribunales de justicia del virreinato y estudiar la oportunidad y con-

además del contacto con los rusos, la colonización de todo lo que hoy

veniencia de trasladar a aquellos territorios el sistema peninsular de

es el estado de California y el de Oregón.31

intendencias.

Por otra parte, las provincias del norte estaban abandonadas y

Sus enfrentamientos con el marqués de Cruillas fueron insoste-

los indios, tribus bastante belicosas, como comanches y apaches, es-

nibles, y para acabar con la contienda de ambos, la mejor solución fue

taban ganando terreno a los españoles allí afincados. Cuando llegó

sustituir al virrey por el flamenco Carlos Francisco de Croix, marqués

Bucareli a México, mandaba las tropas españolas que se enviaron para

de Croix —uno de los pocos virreyes extranjeros en América—, quien

contener a las tribus indígenas Bernardo de Gálvez, sobrino de don

ejerció el cargo entre 1766 y 1771. En general, la actividad visitadora

José de Gálvez. Bucareli prescindió de él y le encargó la defensa al

de Gálvez fue un éxito para la Corona española, aunque sembró el des-

general O’Conor, que puso orden en ese vastísimo territorio, después

contento en la Nueva España: los ingresos fiscales de la hacienda vi-

de recorrer a caballo 16 mil kilómetros.

rreinal ascendieron de manera notable por una mejor administración pero, sobre todo, por una mayor presión; se preocupó de la reforma del ejército, con los gastos subsiguientes; colaboró eficazmente en la expulsión de los jesuitas, pero se vio obligado a sofocar las revueltas a que dio lugar en San Luis Potosí, Guanajuato y Valladolid de Michoacán y fomentó la colonización de la Alta California como medio de frenar la temida expansión rusa en las costas del Pacífico Norte, aunque los resultados finales serían después de su marcha. A él se debe la creación de las ciudades de San Diego y Monterrey, junto a muchas misiones y fuertes. Pero su mal carácter, agravado por una enfermedad depresiva, hizo aconsejable su vuelta a España.30 Al poco tiempo, en 1771, tomaba posesión de su cargo el nuevo virrey, fray Antonio María de Bucareli y Ursúa. Bucareli ostentó el cargo durante ocho años, de 1771 a 1779, y por tanto en 2021 se cumplieron doscientos cincuenta años de su nombramiento como virrey, una razón anecdótica dentro de su biograf ía, de la que parece conveniente llamar la atención porque, además, la ciudad le dedicó una de sus principales avenidas. Entre sus muchos cargos y honores era bailío de la orden de Malta, caballero de la or-

30 Una muy buena semblanza de él aparece en el Diccionario biográfico español (op. cit.), firmada por Feliciano Barrios, pero la obra más completa sobre el personaje y su trabajo es la de Luis Navarro García, Don José de Gálvez y la Comandancia General de las Provincias Internas (Sevilla, Escuela de Estudios Hispano-Americanos-Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1964; Intendencias en Indias, Sevilla, Escuela de Estudios Hispano-Americanos-Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1959, y La política americana de José de Gálvez según su “Discurso y reflexiones de un vasallo”, Málaga, Algazara, 1998). Véanse también Herbert I. Priestley, José de Gálvez, Visitor-general of New Spain (1765-1771), Berkeley, University of California Press, 1916; Ángeles Rubio Argüelles, Un ministro de Carlos III: don José de Gálvez y Gallardo, marqués de la Sonora, ministro general de Indias, visitador de Nueva España, Málaga, Talleres Gráficos de la Diputación, 1949; Isidoro Vázquez de Acuña, “El ministro de Indias don José de Gálvez, Marqués de Sonora”, en Revista de Indias, núms. 77-78, 1959, pp. 449-471; Jorge Ignacio Rubio Mañé y Francisco Rodas de Coss, México en el siglo xviii: José de Gálvez Gallardo (1720-1787), t. i, México, Universidad Panamericana, 1983; Francisco de Solano, “José de Gálvez, fundador del Archivo de Indias”, en Ordenanzas del Archivo General de Indias, edición facsimilar, Sevilla, Archivo General de Indias, 1986, pp. 7-52, y José Miguel Morales Folguera et al., Los Gálvez de Macharaviaya, Málaga, Consejería de Cultura y Medio Ambiente/Asesoría Quinto Aniversario, 1991. 31 Véase, entre otros, Enriqueta Vila Vilar, Los rusos en América, Sevilla, Escuela de Estudios Hispano-Americanos-Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1967. Algunos de sus capítulos fueron traducidos al ruso en 2019.

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Pieza de porcelana de la Compañía de Indias que perteneció a Antonio María de Bucareli Autor no identificad o

Antonio María de Bucareli, siglo xviii

siempre demostró con la documentación que originaba, de tal forma que una de sus mejores obras —sobre todo para los investigadores— fue la de intentar reunirla lo más ordenadamente posible y hacer copias, que han llegado hasta nosotros multiplicadas pero diseminadas, a pesar de la profesionalidad de su secretario, don Melchor de Peramás, que llegó a ser secretario de Cámara del virreinato y un hombre excepcional en su trabajo de archivero. Fue a él al que Bucareli entregó el día antes de morir en la Ciudad de México, el 8 de abril de 1779, su testamento. Al día siguiente tuvo lugar un entierro multitudinario

374

Es de destacar lo que consiguió en los años que estuvo en el car-

y fabuloso, como ocurría en México con este tipo de ceremonias. Su

go. En defensa, mejoró las fortificaciones de Veracruz y de Acapulco

cadáver fue expuesto durante tres días en el Palacio de los Virreyes, y

y construyó el fuerte de San Carlos; por otra parte, amplió el ejército y

luego conducido a la basílica de Guadalupe, a cuya titular tenía una

creó nuevos cuerpos de milicias, de los cuales llegó a diseñar los uni-

especial devoción. La repatriación de sus bienes fue larga y compleja,

formes, y fundó varias ciudades y fuertes a lo largo de la costa de las

porque el virrey poseía una importante fortuna en alhajas, cuadros,

Californias, entre ellas, San Francisco. En economía, mejoró ostensible-

objetos y dinero. Sus herederos eran la orden de Malta y su hermano

mente la hacienda, creó las rentas del tabaco y del pulque, reformó el

primogénito, José de Bucareli y Ursúa, marqués de Vallehermoso. Pero

ramo de las alcabalas, estableció el Real Tribunal de Minería e implan-

el testamento, otorgado in articulo mortis, contenía un punto espe-

tó la Real Lotería de Nueva España. Su labor social fue constante, pues

cial referente a su archivo.

estableció el Monte de Piedad y creó hospitales en México, Veracruz

El caso de Bucareli en la archivística es excepcional. De cada uno

y Acapulco. En cuanto a obras públicas, hizo el desagüe y la cerca de

de sus documentos hay original y dos copias.33 El original se mandaba

México, construyó unos astilleros y una fundición de artillería.

al Consejo de Indias y de las copias, una se quedó en el Archivo Ge-

Cuando Bucareli tomó posesión de su cargo, don José de Gálvez

neral de la Nación —que, según el profesor Jorge Ignacio Rubio Mañé,

ya se había marchado a España y, aunque nunca tuvieron que enfren-

es la documentación más ordenada del archivo— y otra la guardaba

tarse tan fuertes y distintas personalidades, Bucareli no estuvo de acuer-

para él. Eso en cuanto a los documentos oficiales. De sus cartas y do-

do con la reforma que Gálvez pretendía y que impuso finalmente en

cumentos privados sólo quedan el original y la copia que guardaba

el virreinato, pero sólo a la muerte del virrey. El tiempo vino a darle

celosamente en su despacho. Los papeles llegaron a Cádiz en nueve

la razón a Bucareli y, aunque a corto plazo, las rentas de la Corona au-

enormes cajas y debían ser entregados a su hermano, pero Gálvez, en-

mentaron, el régimen de intendencias —que excluía de los órganos

terado de la naturaleza de los documentos, ordenó hacer un inventa-

de poder a los criollos, aumentaba las presiones hacendísticas, des-

rio que se guarda en el Archivo Provincial de Cádiz y está a punto de

centralizaba el virreinato y mermaba el poder de los virreyes— fue a

ser publicado por el anterior director del Archivo General de Indias,

la larga una semilla de descontentos que produjeron algaradas y, fi-

Manuel Ravina. Todo lo que era oficial lo requisó y llegó a Madrid,

nalmente, la Independencia.

donde se dispersó por varios archivos y bibliotecas.34

32

Probablemente la mayor originalidad de este virrey —y que por

Después de él y de la implantación de las intendencias, el poder

eso me parece digno de mayor interés que los demás— es el celo que

virreinal decayó. Los virreyes del reinado de Carlos IV tienen rasgos distintivos y constructivos mucho menos brillantes que los del reinado de Carlos III, y casi todos carecen de relieve. Pero en el periodo de Car-

Sobre Bucareli, remito a una monograf ía escrita casi en su totalidad apoyada en documentos originales: María de Lourdes Díaz-Trechuelo López-Spínola, María Luisa Rodríguez Baena y Concha Pajarón Parody, “Don Antonio María Bucareli y Ursúa (1771-1779)”, en Los virreyes de Nueva España en el reinado de Carlos III, op. cit., vol. ii, pp. 385-658. Una de las autoras, Lourdes Díaz-Trechuelo, tiene además una amplia semblanza en el Diccionario biográfico español (op. cit.), donde remite a una muy extensa bibliograf ía posterior. 33 Manuel Ravina, “El ‘archivo’ de don Antonio María Bucareli y Ursúa, capitán general de Cuba y virrey de la Nueva España”, en El valor del documento y la escritura en el gobierno de América, Sevilla, Archivo General de Indias/Ministerio de Cultura, 2016. 34 Además de la copia completa que Bucareli dejó en el Archivo General de la Nación —el primer virrey que lo hizo—, hay papeles de él, oficiales y particulares, en el Archivo General de Indias, en el Archivo Histórico Nacional y en la Real Biblioteca de Palacio Real, además de ciento diez libros copiadores que se conservan en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia con la signatura 9/4308-4410. 35 Para los virreyes de este periodo, véase a Los virreyes de Nueva España en el reinado de Carlos III, op. cit., t. i, pp. xvi-xvii. 32

los IV hay también dos etapas diferenciadas: antes de Godoy y durante su gobierno. Con una ejecutoria militar destacada, como en tiempos de Carlos III, pero sin alcanzar una gran brillantez en sus actuaciones ni haber demostrado condiciones políticas que los hicieran acreedores del cargo, entre ellos va a haber de todo: desde Revillagigedo, que destaca en este periodo como gran administrador público, hasta Branciforte, que, aparte de sus defectos en otras actuaciones, supo reorganizar el ejército. Y después siguieron una serie de hombres sin relieve, como Flores Azanza o Marquina, que bastante tuvieron con mantenerse y hacer frente a problemas de distinta índole que fueron encontrando en sus respectivos mandatos. Finalmente, Iturrigaray, un hombre con escasas condiciones personales, se vio inmerso en los prolegómenos conflictivos de la Independencia.35 Pero ésa es ya otra historia.


La Ciudad de México: miradas, representaciones escritas e invenciones plásticas, siglos xvi-xviii m aría cristina tor ales pacheco*

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La Ciudad de México, fundada por Hernán Cortés sobre Tenochti­tlan,

Tlatelolco. Desde los primeros años, atrajo a individuos procedentes

admirada por sus amplias calles y bellos edificios, reconocida durante

de diversas partes del territorio americano y a migrantes europeos,

los tres siglos virreinales como la más importante de la monarquía

africanos y asiáticos; de la interacción cotidiana de todos ellos surgió

española allende el Atlántico por la calidad y la cantidad de sus vecinos

una sociedad mestiza y multicultural. Referirnos a su infraestructura

y por ser “muy noble, insigne y muy leal”, no puede pasar inadvertida

y abasto en el tiempo es como mirar en un espejo la evolución y soli-

en las conmemoraciones de dos fechas significativas de la historia de

dez económica del virreinato. Hay que reconocerla como sede de los

nuestro país: 1521, la del establecimiento del reino de Nueva España;

gobiernos civil y eclesiástico; lugar de residencia de los más impor-

y 1821, el surgimiento de México como nación independiente.

tantes mercaderes, mineros y poseedores de la tierra y sitio donde

Los escritos de los letrados concernientes a sus percepciones de

las órdenes religiosas femeninas y masculinas establecieron conven-

la Ciudad de México son numerosos y han inspirado abundantes re-

tos, iglesias, colegios y hospitales. En ella abrió sus puertas la Real y

presentaciones plásticas trazadas con el pincel y el buril. Elegimos

Pontificia Universidad y, en el siglo xviii, se fundaron las institucio-

algunos de ellos para aproximarnos a lo que fue la capital durante las

nes ilustradas consagradas a las artes y a las ciencias útiles. Por su

tres centurias virreinales. En ellos se observa una urbe dinámica, tra-

fisonomía, su número de habitantes y su intensa actividad económi-

zada en el siglo xvi en un islote, que con el tiempo se extendió sobre

ca, la Ciudad de México fue reconocida como la más grande urbe de

el terreno desecado de los lagos de aguas dulces y saladas de una cuen-

la monarquía española y la principal del continente americano.

ca cerrada. Hoy en día, la mancha urbana ha invadido las montañas que la circundan y avanza aceleradamente hacia su conurbación con

De l a gr an Teno chtitl an a l a Ciudad de México

las ciudades de Toluca y Cuernavaca y, algo más distantes en el tiem-

La gran Tenochtitlan, espacio ceremonial en pleno esplendor, fue re-

po, con las de Querétaro y Puebla.

corrida, admirada y ambicionada por Hernán Cortés y quienes lo

Comprender a la Ciudad de México exige referencias al espacio;

acompañaron en la gesta de 1519 a 1521, tanto los europeos como los

a su configuración, ocupación y transformación a lo largo de los si-

naturales que, hasta entonces, sometidos por los tenochcas, vieron en

glos; a quienes la habitaron; a las particularidades de su gobierno y a

los hombres barbados su liberación.

su papel como representante de las demás ciudades ante el rey. Hay

La lectura de los relatos de Cortés, que desde los inicios y a lo

que mencionar lo cotidiano y lo extraordinario; la arquitectura de las

largo de todo el virreinato se difundieron impresos, detonaron la ima-

casas y la edificación y mantenimiento de las obras públicas; el origen

ginación de quienes plasmaron con su pluma o su pincel la fisonomía

de las actividades y el tráfico mercantil para su sustentabilidad; las

de la ciudad prehispánica. Fueron numerosos los dibujos y grabados

iniciativas lúdicas e intelectuales de sus vecinos, etcétera.

surgidos en el imaginario europeo que mostraron la perfección urba-

En cuanto a la periodización, procede dedicar aquí mayor aten-

na de ese magno centro ceremonial habitado por los dirigentes y lí-

ción al siglo xvi, en el que la Ciudad de México adquirió su fisonomía

deres religiosos de los mexicas. Las descripciones de la naturaleza del

y modo de ser, y del siglo xvii, resaltar su carácter postridentino, ca-

entorno, de los bosques y los lagos que rodeaban al islote, de la mo-

racterizado por esfuerzos de todo tipo para defender y hacer vivir la

numentalidad de sus recintos, del trazo de sus plazas, de la abundan-

fe católica. Habría mucho que decir sobre la transfiguración de la ciu-

cia de los productos de la tierra y del orden en su mercado mostraron

dad en una urbe moderna durante el siglo xviii; aquí sólo mostraremos

Mexico-Tenochtitlan como el máximo testimonio del esplendor de la

el tránsito hacia una fisonomía secular, moldeada por autoridades y

cultura mexica.

vecinos en busca de orden y policía, de bienestar y comodidad, de

Los vestigios de la ciudad prehispánica, que día a día los arqueó-

incrementar su bonanza económica, de extender sus saberes y de im-

logos han dado a conocer, permiten configurar su espacio ceremonial

poner el “orden del buen gusto”. Concebida para habitación de los españoles, la ciudad fue trazada cerca de los espacios ya habitados por los naturales de Tenochtitlan y

* Universidad Iberoamericana, Ciudad de México, México.

377


378

y certifican que sobre sus ruinas se trazó la muy noble e imperial

de alcaldes y regidores, en nombre de Vuestra Majestad, según en sus

Ciudad de México.

reinos se acostumbra; y en tanto que las casas se hacen, acordamos de

En Coyoacán, el conquistador escribió, el 15 de mayo de 1522, a

estar, y residir en esta ciudad de Coyoacán, donde al presente estamos,

Carlos I cómo había decidido edificar la nueva ciudad sobre las rui-

de cuatro o cinco meses acá, que la dicha ciudad de Temixtitan se va re-

nas de Tenochtitlan. Había hecho el reparto de solares a sus capitanes

parando, está muy hermosa; y crea Vuestra Majestad que cada día se irá

y la nueva urbe estaba en construcción; afirmó que ya se apreciaba

ennobleciendo en tal manera, que como antes fue principal, y señora de

“muy hermosa” y se erigía para garantizar fortaleza, seguridad y se-

todas estas provincias, que lo será también de aquí adelante: y se hace y

ñorío a los vecinos:

hará de tal manera, que los españoles estén muy fuertes, y seguros, y muy señores de los naturales y de manera, que de ellos de ninguna forma pue-

[…] y asimismo viendo que la ciudad de Temixtitan, que era cosa tan

dan ser ofendidos.1

nombrada, y de que tanto caso, y memoria siempre se ha hecho, pareciónos, que en ella era bien poblar, porque estaba toda destruida: y yo repar-

Las fundaciones urbanas en América promovidas por Nicolás de

tí los solares a los que se asentaron por vecinos; y hízose nombramiento

Ovando entre 1502 y 1509 y las que Diego Velázquez había impulsado entre 1513 y 1519 se habían trazado conforme a la tradición latina y lo dispuesto en el derecho castellano. Cortés bien lo sabía, y apenas

“Carta tercera de relación”, 15 de mayo de 1522, en Historia de Nueva-España, escrita por su esclarecido conquistador Hernán Cortés, aumentada con otros documentos, y notas, por el ilustríssimo señor don Francisco Antonio Lorenzana, arzobispo de México, México, Imprenta del Superior Gobierno, del Br. D. Joseph Antonio de Hogal, 1770, p. 307. 2 María Cristina Torales Pacheco, “La Ciudad de México: un continuo ante las composiciones, la Unión de Armas y la Armada de Barlovento en tiempos de la Casa de Austria”, en Ludolf Pelizaeus (ed.), Les villes des Habsbourg du xve au xixe siècle: communication, art et pouvoir dans les réseaux urbains, Reims, Épure, 2021, pp. 89-92. 1

pisó tierra firme fundó la Villa de la Vera Cruz y, más tarde, la de Segura de la Frontera. Su afirmación en una de sus cartas acerca de que habían sido nombrados alcaldes ordinarios y regidores en la ciudad que se alzaba sobre las ruinas de Tenochtitlan confirmó la existencia, desde ese año de 1522, de una instancia de gobierno y administración: el cabildo de la ciudad.2


p. 376

Autor no identificad o

Fundación de Tenochtitlan (detalle), siglo xvii

En su cuarta Relación, Cortés describió las atarazanas que ordenó construir para resguardo de los bergantines como una de las

Diego Correa (siglo xvii)

edificaciones indispensables para garantizar la seguridad de la urbe

Biombo Ciudad de México, siglo xvii

recién fundada: Puse luego por obra, como esta ciudad se ganó, de hacer en ella una fuerza en el agua, a una parte de esta ciudad, en que pudiese tener los bergantines seguros y desde ella ofender a toda la ciudad, si en algo se pusiese, y estuviese en mi mano la salida, y entrada cada vez, que yo quisiese, y hízose. Está hecha tal, que aunque yo he visto algunas casas de atarazanas, y fuerzas, no la he visto que la iguale: y muchos que han visto más, afirman lo que yo; y la manera, que tiene esta casa, es que a la parte de la laguna tiene dos torres muy fuertes con sus troneras en las partes necesarias, y la una de estas torres sale fuera del lienzo hacia la una parte con troneras, que barre todo el un lienzo, y la otra, a la otra parte de la misma manera; y desde estas dos torres va un cuerpo de casa de tres naves, donde están los bergantines, y tienen la puerta para salir, y entrar entre estas dos torres hacia el agua, y todo este cuerpo tiene asimismo sus troneras, y al cabo de este dicho cuerpo, hacia la ciudad, está otra muy gran torre, y de muchos aposentos bajos, y altos con sus defensas, y ofensas para la ciudad; y porque la enviaré figurada a Vuestra Sacra Majestad, como mejor se entienda.10

Estas líneas ponen de manifiesto que, concluidas las atarazanas, Cortés se trasladó con los suyos a la ciudad y le entregó un solar a cada uno, además del que debían recibir en calidad de vecinos. Las atarazanas habrían de ser el ejemplo para la edificación de sus casas. Sus gruesos y altos muros y sus torres fueron signos de los deseos de seguridad en la mente de los primeros habitantes. En octubre de 1524, Cortés aseguró que éstos: […] y hanse dado tanta priesa en hacer las casas de los vecinos, que hay mucha cantidad de ellas hechas, y otras que llevan ya buenos principios; y porque hay mucho aparejo de piedra, cal, y madera, y de mucho ladrillo, que los naturales hacen, que hacen todos tan buenas, y grandes casas, que puede creer Vuestra Sacra Majestad, que de hoy en cinco años

Cortés dejó ver en su Relación que la metrópoli apenas comenzaba a edificarse; afirmó, no obstante, que había ya distribuido

será la más noble, y populosa ciudad, que haya en lo poblado del mundo, y de mejores edificios.11

solares a sus aliados y que éstos empezaban a construir sus casas. No hay escritos que revelen quiénes fueron los beneficiarios de esos pri-

Añadió Cortés en su misiva que, en la ciudad, los solares de los

meros repartos. Sólo han llegado hasta nosotros los nombres de

españoles fueron trazados fuera de las tierras de los barrios de los na-

quienes recibieron solares dotados por el cabildo a partir de 1524.3

turales. Los escritos del conquistador dirigidos al monarca fueron los

Entre ese año y 1527, por ejemplo, es posible encontrar los nombres

testimonios impresos con los que se difundió en el orbe el nacimiento

de los primeros vecinos; entre éstos, parientes y los más próximos

de la Ciudad de México. Cortés, líder y empresario, más que hombre de

al conquistador. Identificamos a sus primos Francisco de las Casas y

armas, la concibió con Alonso García Bravo en forma de damero,

Rodrigo de Paz; a Juan de Burgos, quien en su navío llegó a Veracruz y reforzó a Cortés con armas, pólvora y tres caballos;4 a Juan Cano, cuyos ascendientes participaron en tiempo de los Reyes Católicos en la toma de Granada;5 a Antonio de Carvajal, quien llegó a las costas con Julián de Alderete y con cuatrocientos hombres se unió a Cortés en Tepeaca;6 a Juan Jaramillo, a quien casó Cortés con la Malinche, fue capitán de un bergantín, actor en numerosas expediciones y destacado emprendedor de la Ciudad de México;7 a García Olguín, el capitán del bergantín que tomó preso a Cuauhtémoc,8 y a Francisco Verdugo, cuñado de Diego Velázquez, quien con Cortés observó la actuación de los bergantines desde la cima del Templo Mayor,9 entre otros.

3 Ana Rita Valero de García Lascuráin, La ciudad de México-Tenochtitlán: su primera traza, 1524-1534, México, Jus, 1991 (véase en “Nomenclatura” del plano la ubicación de los primeros trescientos ocho solares). 4 Guillermo Porras Muñoz, El gobierno de la Ciudad de México en el siglo xvi, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1982, p. 204. 5 Ibid., p. 219. 6 Ibid., p. 225. 7 Ibid., pp. 324-330. 8 Ibid., p. 375. 9 Ibid., p. 463. 10 “Cuarta carta de relación”, 15 de octubre de 1524, en Historia de Nueva-España, escrita por su esclarecido conquistador Hernán Cortés, aumentada con otros documentos, y notas, por el ilustríssimo señor don Francisco Antonio Lorenzana, arzobispo de México, op. cit., pp. 376-377. 11 Ibid., p. 377.

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Taller de A l o n s o S á n c h e z C o e l l o ( s i g l o x v i ) Carlos V, mediados del siglo xvi Tenochtitlan, en Giovanni Battista Ramusio, Terzo volume delle navigationi et viaggi, Venecia, Stamperia de’Giunti, 1565

según el ejemplo de las primeras ciudades fundadas en las islas y aprovechando el trazado urbano del centro ceremonial de los tenochcas. El conquistador hizo de la Ciudad de México la cabeza del reino y la representante ante el monarca de las urbes fundadas y por fundar. Como tal, la ciudad, a través de sus procuradores en la corte, defendió los intereses de los novohispanos. Conforme avanzaba el siglo xvi, se fue configurando y extendiendo la traza urbana sobre la tierra que se rescató de las lagunas que la rodeaban. Después, desde 1612 y hasta 1746, la superficie del territorio de la ciudad apenas se incrementó.12 Las armas y distinciones reales, símbolos de identidad

Los acervos documentales del cabildo de México nos proporcionan información que nos permite apreciar cómo se fundó y transformó la fisonomía de la ciudad, así como aproximarnos a sus primeros vecinos, a la activación de su economía, a sus prácticas sociales, a sus afanes en la edificación de los espacios de gobierno y de las obras públicas para el bienestar de sus habitantes, a sus expresiones estéticas, al fomento y patrocinio de las letras, etcétera. La primera sesión del cabildo en la naciente ciudad tuvo lugar en las casas de Cortés, el 8 de marzo de 1524. Participaron en ella Francisco de las Casas, en calidad de alcalde mayor; Juan de Ortega, como alcalde ordinario, y cinco regidores: Bernardino Vázquez de Tapia, Gonzalo de Ocampo, Rodrigo de Paz, Juan de Hinojosa y Alonso de Jarami-

poder exhibir y acompañar las armas de la ciudad con las armas rea-

llo. Desde esa fecha hasta el año de 1928, la ciudad fue gobernada por

les; una vez concedida, el cabildo, el 9 de marzo de 1528, aprobó pa-

los regidores. Una de las primeras gestiones realizadas por sus prime-

gar cuatro varas de tela de damasco para hacer la bandera, que por un

ros procuradores, Francisco de Montejo y Alonso Hernández Porto-

lado habría de incluir las armas reales y del otro las de la Ciudad de

carrero, fue la relativa a las armas o insignias para la ciudad, cuando

México. La tarea fue realizada por un individuo de apellido Portillo

apenas se encontraba en construcción. El emperador Carlos I, no obs-

por un peso de oro.14 El 4 de julio de 1530 el cabildo acordó pagarle al

tante haberse educado en Flandes, ejerció el gobierno de los territorios

maese Juan, artillero, cuarenta y ocho pesos por los escudos que hizo.

americanos conforme al derecho y costumbres de Castilla; en congruen-

Ese mismo día se le encargó al mayordomo la compra de una campa-

cia, el 4 de julio de 1523, “Carlos por la gracia de Dios, Rey de Romanos

nilla para moderar las reuniones.

Emperador Semper Augusto, y doña Juana, su madre”, por considerar que la “ciudad es tan insigne, y noble, y el más principal pueblo, que

El 25 de junio de 1530, el emperador Carlos I distinguió a la Ciudad de México como la primera de Nueva España:

hasta ahora, en la dicha tierra, por nos, se ha hallado poblado; que esperamos, que será para servicio de nuestro Señor, y ensalzamiento de

Es nuestra merced y voluntad y mandamos, que tenga el primer voto de las

su santa fe católica”, concedieron a la ciudad sus armas:

ciudades y villas de la Nueva España, como lo tiene en estos nuestros reinos la ciudad de Burgos, y el primer lugar, después de la justicia, en los congre-

[…] un escudo, azul, de color de agua, en señal de la gran laguna, en que

sos, que se hicieren por nuestro mandado, porque sin él no es nuestra inten-

la dicha ciudad está edificada, y un castillo, dorado, en medio, y tres puen-

ción, ni voluntad, que se puedan juntar las ciudades, y villas de las Indias.15

tes de piedra de cantería, y en que van a dar en el dicho pastillo, las dos, sin llegar a él, en cada una de las dichas dos puentes, que han de estar a los lados, un león levantado, que haga con las uñas en dicho castillo, de manera, que tengan los pies, en la puente, y los brazos en el castillo, en señal de la victoria, que en ella hubieron los dichos cristianos, y por la orla, diez hojas de tuna, verdes, con sus abrojos, que nacen, en la dicha provincia, en campo dorado.13

A partir de entonces, la Ciudad de México se identificó con sus armas en pendones, sellos, escudos y banderas como lo hacían las ciudades en Castilla. En 1527, el cabildo solicitó al rey la facultad de

12 Joseph Antonio Villaseñor y Sánchez, Theatro americano: descripción general de los reynos, y provincias de la Nueva España, y sus jurisdicciones, t. i, México, Imprenta de la viuda de D. Joseph Bernardo de Hogal, 1746, p. 33. 13 Cedulario de la metrópoli mexicana, presentación de Baltasar Dromundo, selección y notas de Guadalupe Pérez San Vicente, México, Dirección de Acción Social-Departamento del Distrito Federal/VIII Feria Mexicana del Libro, 1960, pp. 19-23. 14 Acta de cabildo, 9 de marzo de 1528. Las actas de cabildo de la Ciudad de México fueron consultadas en la edición impresa de Ignacio Bejarano, Actas de cabildo de la Ciudad de México, México, Municipio Libre, 1889-1907. Para su identificación se usó la Guía de las actas de cabildo de la Ciudad de México, siglo xvi, dirección de Edmundo O’Gorman, México, Departamento del Distrito Federal/Fondo de Cultura Económica, 1970. En adelante, sólo se citarán por su fecha. 15 Recopilación de leyes de los reynos de las Indias [1680], t. ii, Madrid, Julián de Paredes, 1681, libro iv, título viii, ley ii.

381


Autor no identificad o

Años después, el 24 de julio de 1548, en atención a la obediencia, servicios y “[…] el socorro que se le pidió, contra los alterados de la provincia del Perú, para el cual socorro se aderezó mucha gente y gas-

México, siglo xviii Relaciones de Hernán Cortés a Carlos V, siglo xvi

taron gran cantidad de dineros en comprar caballos, armas y otras cosas”, el emperador y la reina Juana otorgaron título, licencia y facultad para “[…] que perpetuamente la dicha ciudad se pueda llamar e

noticias de que en noviembre de 1533 se continuaba la construcción.

intitular, la muy noble, insigne y muy leal Ciudad de México”.

Cuarenta años después, las casas del cabildo presentaban ya deterioro,

16

382

Desde marzo de 1524, el ayuntamiento de México dejó constancia

como sucedió con numerosos edificios de la ciudad. El 31 de octubre

de sus reuniones celebradas en un espacio acondicionado por Alonso

de 1572 se informó que las vigas de la Sala de Sesiones estaban podri-

García17 en las casas de Cortés, en las que habría de velar por el orden

das y que debían ser cambiadas por nuevas.

y policía de los vecinos. Seis años más tarde, el cabildo hizo gala de su

Otro elemento de identidad de la urbe fue la redacción de las or-

presencia y autoridad por medio de la arquitectura de su sede; en

denanzas del cabildo. En ellas quedó definida su composición y su

1530 ordenó a Francisco Santa Cruz el proyecto de las casas para su

modo de ser y ejercer el gobierno de la ciudad. El 14 de abril de 1531

gobierno.18 En ellas, además de los espacios destinados a sus sesiones,

se comisionó a los diputados Diego Hernández de Proaño y Francisco

fueron construidas habitaciones para algunos de los funcionarios y

Santacruz para que, con el letrado y el procurador, redactaran las

operarios, una cárcel, los despachos del pósito, la alhóndiga y la car-

ordenanzas. El 10 de marzo de 1533 ya estaban concluidas y se dispuso

nicería, entre otros. Para su edificación en 1531 se contrató al alarife,

que se escribieran en limpio para su envío al monarca.20 El mes de julio

el maestre Martín, a quien el 7 de noviembre se le aprobó que tomara

de ese año había ya un arcón de tres llaves para resguardar las reales

la piedra necesaria de la que había en la plaza de los edificios derrui-

cédulas, el libro de las actas de cabildo y sus ordenanzas. Avanzado el

dos del centro ceremonial tenochca. Testimonio de los operarios que

siglo, el arcón se volvió insuficiente, por lo que en 1572 se ordenó al

participaron en la construcción es la aprobación para que, durante tres

alarife Miguel Martínez que construyera un espacio para resguardar

meses, setenta indios trabajaran en ella. El 9 de marzo de 1531 se le

los papeles del ayuntamiento.21

pagaron al maese Juan cuatro escudos para los pasillos de las casas

Antes de concluir el siglo, en 1578, durante la celebración que tuvo

del cabildo. Para el 5 de julio de 1532 ya sólo faltaba la puerta y, para

lugar en el Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo con motivo de la

su fábrica, fueron aprobados diecisiete pesos y cuatro tomines.19 Hay

recepción de las reliquias que el papa Gregorio XIII había enviado, la Ciudad de México fue representada en una geroglíphica o cartela: […] en hábito de india y a la mano izquierda la plata y el oro haciendo ademán que lo despreciaba, y a la derecha el cofre con las sanctas reli-

Cedulario de la metrópoli mexicana, op cit., pp. 47-48. 17 Acta de cabildo, 18 de noviembre de 1524. 18 Acta de cabildo, 28 de marzo de 1530. 19 Acta de cabildo, 13 de septiembre de 1532. 20 Actas de cabildo, 14 de abril de 1531 y 10 de marzo de 1533. 21 Acta de cabildo, 29 de agosto de 1572. 22 Carta del padre Pedro de Morales, edición de Beatriz Mariscal Hay, México, El Colegio de México, 2000, p. 98. 16

quias reverenciándolas con esta letra: Trocado sea mi riqueza que delante del tesoro, plata es paja y lodo es oro.22


L o s p r i m e r o s v e c i n o s y e l r e pa r t o d e s o l a r e s

los dominicos fueron alojados en las casas de la familia Guerrero, don-

y h u e r ta s

de hoy en día podemos apreciar el edificio de la Inquisición.31 A los

Las actas de las sesiones del cabildo celebradas en los primeros cinco

agustinos, el cabildo les otorgó un solar en 1533.32 Testimonio fun-

años nos revelan los nombres de los fundadores de la ciudad. En ese

dante del gobierno eclesiástico fue la presentación que el 9 de marzo

lapso, fueron poco más de doscientos cuarenta individuos los que re-

de 1525 hizo fray Martín de Valencia al cabildo de la ciudad de las

cibieron solares en la traza,23 previa medición por el alarife y maestro

bulas papales que le concedían, entre otras facultades, autoridad epis-

de obras de la ciudad, Alonso García. Además de ser los principales

copal e inquisitorial. No fue hasta 1528 que arribó a la urbe fray Juan

vecinos quienes con sus armas participaron en la toma de Tenochtitlan,

de Zumárraga, electo obispo de México. Zumárraga es ejemplo de las

se asentaron en ella letrados, médicos, cirujanos, labradores, hombres

muchas lenguas que entonces se hablaban en la ciudad: poco hablaba

de ganado y numerosos artesanos cuya actividad se hacía indispensable

el castellano, se comunicaba en latín y practicaba con sus numerosos

en la fundación de una urbe: carpinteros, herreros, sastres, etcétera.

paisanos el vascuence, su lengua natal.33

24

La presencia temprana de maestros para la formación de los jóve-

En adición a los repartos de solares, el 9 de septiembre de 1524 el

nes es manifiesta. El 30 de octubre de 1526, el cabildo proporcionó

cabildo inició la asignación, sólo para los europeos, de huertas ubicadas

un solar a cuarenta pesos anuales de renta al maese Pedro y a Benito de

a los lados de la calzada de Tacuba,34 por la que mediante una cañería

Begel para poner una escuela de danza. Hacia 1528 arribó a la ciudad el doctor Blas de Bustamante (ca. 1510-ca. 1571), maestro de gramática de las primeras generaciones de jóvenes y que en 1553 ocupó la misma cátedra una vez que la Real y Pontificia Universidad abrió sus puertas; fue encomendero de Tonatico y de Chimalhuacán, esposo de Leonor de Bobadilla, hija del conde de la Gomera, y en su madurez, alcalde ordinario de la ciudad; también fue nombrado “letrado” del ayuntamiento, lo que significa que era consultado para asuntos jurídicos de la ciudad.25 El 17 de octubre de 1539 Melchor Manso solicitó su habilitación como maestro de “enseñar muchachos” y el cabildo le concedió el título y dispuso que pusiera su escuela.26 El 21 de octubre del mismo año se ordenó el pregón para que todos los maestros de escuela que ya practicaban su oficio depositaran una fianza para continuar haciéndolo.27 Cabe mencionar que al fin del siglo xvi el cabildo dispuso la redacción de las ordenanzas para los maestros de primeras letras, las cuales aprobó el 5 de enero de 1601.28 Los religiosos mendicantes también recibieron solares. Los primeros tres años, los franciscanos celebraban las misas y sermones en vestigios de edificios prehispánicos;29 es posible que, a principios de 1526,30 ya estuvieran en construcción su iglesia y su convento, que más tarde se distinguió por ser el más grande de América. Ese mismo año

23 A. R. Valero de García Lascuráin, op. cit. Se anota esa cifra, que aparece en el plano en el que la investigadora propuso la ubicación de trescientos ocho solares otorgados en los primeros diez años. 24 Es posible que se refiera a Alonso García Bravo, quien participó con Hernán Cortés en la traza de la ciudad. Acta de cabildo, 14 de enero de 1527. 25 Francisco Cervantes de Salazar, México en 1554 y Túmulo imperial, México, Porrúa, 1972, pp. 81-82 (nota 19, de Edmundo O’Gorman), y G. Porras Muñoz, op. cit., pp. 209210. 26 Acta de cabildo, 17 de octubre de 1539. 27 Acta de cabildo, 21 de octubre de 1539. 28 El 9 de octubre de 1600 se dispuso su redacción. Véase Boletín del Archivo General de la Nación, t. xi, núm. 2, México, Secretaría de Gobernación, 1940, pp. 262-267. 29 Toribio de Benavente, Motolinía, El libro perdido: ensayo de reconstrucción de la obra histórica extraviada de fray Toribio, dirección de Edmundo O’Gorman, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1989, p. 196. Motolinía se refiere al primitivo e improvisado convento como “San Francisco el Viejo”. 30 Acta de cabildo, 23 de enero de 1526. En esa fecha se atendió la solicitud que Motolinía hizo de una toma de agua para el convento. 31 F. Cervantes de Salazar, op. cit., pp. 81-82 (nota 19, de Edmundo O’Gorman), y G. Porras Muñoz, op. cit., p. 110. 32 Acta de cabildo, 30 de junio de 1533. 33 Una carta que dirigió a su hermana, firmada en la Ciudad de México, es el más antiguo testimonio que se conoce sobre la escritura en esa lengua. Véase Rosa Miren Pagola, Fray Juan de Zumárraga, Bilbao, Bilbao Bizkaia Kutxa, 1998. 34 En esa época, la calzada de Chapultepec era lo que actualmente es el tramo del Circuito Interior, entre Paseo de la Reforma y la calzada México-Tacuba.

383


J u a n Pa t r i c i o M o r l e t e R u i z ( 1 7 1 3 - 1 7 7 2 )

Vista de la Plaza del Volador de México (detalle), 1772

tro doncellas, con las que fundó un colegio; a ellas se unieron unas beatas que arribaron con la “marquesa”, la esposa de Cortés.44 El 10 de julio de 1531, fray Antonio de la Cruz solicitó un solar para fundar el primer beaterío; el cabildo se lo negó por considerar esa iniciativa en perjuicio de la ciudad; no obstante, para el 20 de abril de 1536 el cabildo manifestó la existencia de un convento de “monjas”.45 Cinco años más tarde, el mismo fray Antonio de la Cruz trajo consigo a tres reli-

se abastecía a la ciudad de agua dulce proveniente de Chapultepec. El

giosas del convento de Santa Isabel de Salamanca, con quienes quedó

14 de abril de 1527 el cabildo nombró a Rodrigo de Pontezillas maes-

formalmente fundado el primer convento de monjas, aunque no fue

tro de obras, con salario anual de cien pesos de oro, y entre otras obli­ga­

sino hasta 1586 cuando fue aprobado por el papa.46

ciones asumió esa tarea. Las dotaciones de tierra fueron consideradas

El ritmo acelerado al que creció la población exigió el abasto de

una estrategia para garantizar la seguridad de los habitantes, pues el

productos de allende el Atlántico y, por el Pacífico, los provenientes

cabildo exigió a quienes las recibieron que cercaran con bardas sus

del virreinato de Perú y en las últimas décadas del siglo también los de

huertas, con las que habrían de lograr que el acceso a la ciudad estu-

origen asiático. Del propio territorio novohispano procedían nume-

viera amurallado. Ordenó también la construcción de alcantarillas y

rosos alimentos lacustres, comestibles cultivados en poblaciones en

la siembra de árboles en la calzada. Para asegurar la comunicación

torno a los lagos de la ciudad y aun provenientes de espacios lejanos,

con la Vera Cruz, concedió, a partir del 10 de octubre de 1525, solares

ya fueran tropicales o de climas templados y fríos. Desde fechas muy

para la edificación de ventas a los lados del camino.

tempranas sobresalieron en la ciudad tres tianguis: el de San Juan, el

El cabildo, carente de merced real para repartir las tierras, en la

de San Hipólito y el de Santiago Tlatelolco. Los numerosos y variados

búsqueda de legitimar sus acciones, la solicitó a través de sus procu-

productos que en ellos se vendían fueron causa de admiración por

radores Bernardino Vázquez de Tapia y Antonio de Carvajal. Fue la

parte de los europeos, quienes con ellos enriquecieron y modificaron

reina Juana quien el 17 de febrero de 1531 dispuso que la ciudad re-

su dieta alimenticia. Numerosos vecinos, establecidos en las princi-

partiera las tierras entre los vecinos “[…] que dándolas y repartiéndo-

pales calles, construyeron sus casas con accesorias y portales para

las vosotros, yo por la presente hago merced de ellas a las personas

renta y surgió también el comercio ambulante. Los naturales de los

que así las repartiéredes”. El gobierno de la ciudad continuó durante

cuatro barrios —San Juan Moyotla, Santa María Tlaquechiucan, San

todo el siglo xvi con la asignación de solares, y la selección de los

Sebastián Atzacualco y San Pablo Teopan— acudían de manera coti-

vecinos quedó al cuidado de los regidores. El 17 de febrero de 1542,

diana a la ciudad a vender sus productos en las calles y en la plaza.

por ejemplo, se recibió como vecino al impresor Juan Pablos y el 8 de

En 1526 el cabildo acordó los precios del maíz y de las verduras,

mayo de 1543 se le asignó un solar en el barrio de San Pablo. En 1573

y pregonó por primera ocasión los remates de carnicería. La temprana

el cabildo concedió a los jesuitas un predio para huerta que habría de

dinámica mercantil en la ciudad exigió la decisión del cabildo, del 6

servir para la recreación de los estudiantes de los colegios de San Pe-

de abril de 1526, respecto a que los plateros en la fundición ubicada

dro y San Pablo y de San Gregorio, este último fundado para naturales

entonces en las casas de Cortés hicieran monedas de oro de tepuzque

de la tierra. Se hicieron repartos de tierra en Chapultepec, Coyoacán,

(cobre). Esto nos sugiere la complejidad y el acelerado incremento de las

Tacuba y Texcoco para fomentar la producción agraria, indispensable

transacciones comerciales en la urbe y nos explica también la tem-

para el abasto de la naciente ciudad, y en febrero de 1525 Cortés re-

prana real cédula del 11 de mayo de 1535 para la fundación de la Real

cibió la primera dotación de terrenos próximos al río Tacubaya para

Casa de Moneda.

35

establecer en ellos molinos. Siguieron las licencias expedidas en di36

ciembre de ese año a Hernán López de Ávila para un molino en Tacu-

Celebr aciones religiosas y civiles: expresiones de

baya y a Diego Ramírez para otro en Chapultepec. Estas concesiones

la identidad

evidencian las primicias en la producción de trigo en terrenos de Cha-

Apenas repartidos los primeros solares, fueron edificadas las prime-

pultepec y la necesidad de realizar su molienda para el abasto de la

ras casas y se construyeron, a decir de fray Toribio de Benavente,

ciudad. Sabemos que en 1527 a Antón de Carmona se le aceptó la primera postura para hacer pan37 y que quienes lo producían eran mujeres;38 el 30 de octubre, Catalina Pérez suscribió un contrato para hacer pan por un año, con un salario de setenta y cinco pesos de oro anuales.39 Más adelante se hicieron notar las panaderas cuando exigieron al ayuntamiento que les garantizara el abasto de trigo y aprobara el aumento del precio del pan. El cabildo dispuso que acudieran a la casa de Antón de Carmona por el trigo para que hicieran el pan y lo vendieran en la plaza; de no hacerlo, se castigaría a las solteras con cien azotes y a las casadas con cárcel para ellas y sus maridos.40 Entre las primeras mujeres habitantes de la ciudad hubo maestras, impresoras, parteras,41 costureras, tejedoras, bordadoras y cocineras; hubo las que trabajaban en fondas, mesones y en la casa de mancebía. Ésta fue autorizada para propios de la ciudad, por real cédula del 9 de agosto de 153842 y, en 1542, el cabildo asignó cuatro solares para su edificación.43 Con el obispo Zumárraga llegaron cua-

Cedulario de la metrópoli mexicana, op. cit., pp. 33-34. Acta de cabildo, 7 de febrero de 1525. 37 Acta de cabildo, 27 de septiembre de 1527. 38 Acta de cabildo, 5 de mayo de 1529. 39 Contrato celebrado el 30 de octubre de 1527, citado por María José Encontra y Vilalta, “Las españolas en el México del siglo xvi: conquistadoras por sangre”, en María Cristina Torales Pacheco (ed.), Nueva España en la monarquía hispánica, siglos xvi-xix: miradas varias, San Luis Potosí, El Colegio de San Luis/Universidad Iberoamericana, 2016, p. 74. 40 Actas de cabildo, 5 de mayo de 1529. 41 M. J. Encontra y Vilalta, op. cit., pp. 79-83. 42 Ibid., p. 85. 43 El 19 de septiembre de 1542 el cabildo asignó cuatro solares “junto a la acequia del agua que va del hospital de Nuestra Señora a las Atarazanas”. El cabildo habría de construirla a su costa “para propios”. 44 F. Cervantes de Salazar, op. cit., p. 111 (nota 135, de Edmundo O’Gorman). 45 En sesión del cabildo de esa fecha se acordó formular el cargo por haber cerrado la calle del monasterio de monjas en el juicio de residencia de la segunda Audiencia. 46 Ibid. 35 36

385


A l o n s o Vá z q u e z ( 1 5 6 4 - 1 6 0 8 )

Martirio de San Hipólito con Hernán Cortés como donante, 1605-1607

luto. En ocasión del fallecimiento del emperador, se celebraron sus honras fúnebres el día de San Andrés del año 1559, a las que, a decir de Cervantes de Salazar, asistieron más de 40 mil personas, vecinos de México, de los barrios de los naturales y de otras partes del reino. El alarife Claudio de Arciniega construyó el túmulo haciendo alarde de la estética af ín a los órdenes clásicos en la capilla de San José de los Naturales ubicada en el convento de San Francisco, porque la primiti-

Motolinía, “muchas iglesias”, además de las de los religiosos mendi-

va catedral “era pequeña y baja”. Las numerosas pinturas y descripciones

cantes y de la primitiva iglesia que a partir de 1528 fue la sede del obis-

latinas que fueron incorporadas en la magna construcción mostra-

pado. Para los años treinta del siglo xvi, cuando este fraile escribía su

ban la madurez de los artistas y de los letrados novohispanos, los pri-

testimonio, advirtió: “ [La ciudad] tiene muchas y muy buenas cofra-

meros de manera plástica y los segundos, con su dominio literario. La

días, que honran y solemnizan las fiestas principales, y consuelan y

descripción de la solemne procesión es el retrato escrito del orden so-

recrean muchos pobres y enfermos y entierran honradamente los di-

cial entonces vigente. Salió ésta de las casas reales y fue presidida por

funtos”.47 Los “nobles caballeros y muy virtuosos casados, liberalísimos

el virrey, la Audiencia, el arzobispo de México, los obispos de Mi-

en hacer limosnas” apoyaron la realización de las fiestas civiles y reli-

choacán y Nueva Galicia, los prelados de las órdenes religiosas y los

giosas, gran número de ellas organizadas por el cabildo. En muchas

gobernadores indios de México, Tacuba, Texcoco y Tlaxcala.

de las ceremonias se alternaron expresiones sagradas y profanas: no-

La celebración anual más importante que convocaba a todos los

venas, sermones, tedeum, misas, procesiones, con justas literarias,

vecinos era la de Corpus Christi. La primera procesión se llevó a cabo

juegos de caña, cabalgatas, corridas de toros, colaciones, etcétera.

en 1526 y, en 1529, el cabildo dispuso para ésta el orden determinado

El cabildo, como cuerpo de gobierno, ordenó el 31 de julio de 1528

de aparición de los diferentes oficios con el cual habría de mantenerse

que se celebraran las fiestas en honor de San Hipólito, de San Juan, de

cada año.54 Con el tiempo, se incorporaron a esa celebración come-

Santiago y de la Asunción de la Virgen. Seguramente las de San Juan

dias y danzas promovidas por el cabildo y, a partir de 1583, se suma-

y Santiago estuvieron vinculadas a las parcialidades de indios como

ron las justas literarias de los estudiantes del colegio jesuita de San

signos de su identidad, la de San Hipólito para conmemorar la toma

Pedro y San Pablo, y el cabildo aceptó cooperar para los premios.55

de Tenochtitlan y la de la Asunción de María como advocación mariana preferida y difundida ampliamente por Hernán Cortés. Cabe decir

“ Tod o México es ciudad, es decir , que no tiene

que el entonces obispado de México fue aprobado bajo el patrocinio

a r r a b a l e s , y t o d a e s b e l l a y fa m o s a”

de Nuestra Señora de la Asunción.48 Sugerimos que estas celebracio-

El título del presente apartado, que bien hubiera podido ser un epí-

nes fueron el punto de partida de la adopción e identificación de los

grafe para todo este texto, revela la apreciación de la urbe en 1554 por

vecinos, ya indios, ya europeos, con un santo tutelar o con la madre

parte de uno de los vecinos letrados más destacados de la ciudad, Fran-

de Jesús, en alguna de sus diversas advocaciones, como era práctica

cisco Cervantes de Salazar, primo del acaudalado minero Alonso de

común de la sociedad cristiana europea.

Villaseca. Inspirado en el humanista Luis Vives, escribió tres diálogos

El 13 de agosto de 1528 fue la primera ocasión que se celebró a San Hipólito como patrono de la ciudad y se exhibió el pendón real.49

latinos, en los que ofreció una apología de la ciudad, de sus instituciones, de sus gobiernos civil y eclesiástico, y de sus habitantes.

Para esa ceremonia se mandó hacer el primer pendón en tafetán blan-

A través de diálogos durante tres paseos por la ciudad y sus alre-

co y colorado.50 Al año siguiente, se celebró la fiesta, con acompaña-

dedores, dio noticia de los colegios: el de niños huérfanos denomina-

miento de trompetas y una sencilla colación que Francisco de Lerma

do San Juan de Letrán y el de niñas nombrado Nuestra Señora de la

dio fiada.51 Unos años más tarde, el 2 de agosto de 1532, la ciudad or-

Caridad. Hizo referencia a dos hospitales: el fundado por Hernán Cor-

denó la fabricación de un nuevo pendón de damasco, en el que queda-

tés, bajo el amparo de la Purísima Concepción, y el del Amor de Dios

ron integradas las armas reales y las de la ciudad.

Nuestro Señor, por fray Juan de Zumárraga. Además, en esa época ya

Hubo también numerosos festejos para conmemorar aconteci-

existían también los de la Santísima Trinidad, el de San Cosme y San

mientos significativos en la vida del monarca y de su familia, así como

Damián, a propuesta de los alcaldes de sastres,56 y el hospital de in-

de los virreyes. El 1 de abril de 1524 el cabildo se refirió a uno de los

dios en Santa Fe, fundado en 1533 por iniciativa de Vasco de Quiroga.57

primeros festejos organizados por la ciudad: el que se llevó a cabo a propósito del triunfo del emperador Carlos sobre el rey de Francia. El año de 1527 se celebró el nacimiento del príncipe Felipe, para lo cual se gastaron ciento veinte pesos de oro en vino y “confituras”.52 El 30 de mayo de 1530 la ciudad decidió “hacer alegrías” con motivo del nacimiento de un infante; para ese propósito se ordenó limpiar las propiedades para el segundo día de Pascua y determinó que se corrieran toros y se hicieran juegos de cañas.53 Con motivo de que el 24 de febrero de 1530 Carlos había sido coronado en Bolonia por el papa Clemente VII como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, el cabildo acordó el 1 de febrero de 1531 el juramento como señores de la tierra al emperador, a la emperatriz y al príncipe Felipe. Mención aparte merecen las honras fúnebres debidas a los monarcas, ceremonias en las que cada miembro del cuerpo social debió mostrar

T. de Benavente, Motolinía, op. cit., p. 354. Acta de cabildo, 31 de julio de 1528. 49 Francisco Baca Plasencia, “El paseo del pendón de la Ciudad de México en el siglo xvi”, en M. C. Torales Pacheco (ed.), Nueva España en la monarquía hispánica, siglos xvi-xix: miradas varias, op. cit., pp. 33-58. 50 El 14 de agosto de 1528 se pagaron los materiales para su factura: a Juan Franco el tafetán colorado; a Juan de la Torre el tafetán blanco y la hechura y cordones, a Pedro Ximénez. 51 Acta de cabildo, 27 de agosto de 1529. 52 Acta de cabildo, 20 de diciembre de 1527. 53 Acta de cabildo, 30 de mayo de 1530. 54 Acta de cabildo, 24 de mayo de 1529. 55 Acta de cabildo, 29 de abril de 1583. 56 El 9 de enero de 1526 el cabildo otorgó un solar fuera de la traza a los alcaldes de sastres Francisco de Olmos y Juan del Castillo para edificar una ermita y un hospital para pobres. 57 Actas de cabildo, 16 y 30 de junio de 1533. 47 48

387


José de Bustos (siglo X VIII)

Francisco Cervantes de Salazar, ca. 1740-1760 Doctrina cristiana, México, Juan Pablos, 1546 M i g u e l C a b r e r a ( 1 6 9 5 - 1 76 8 )

Francisco Antonio de Lorenzana, siglo xviii

del paisaje de los alrededores. El primer diálogo, cuyos interlocutores son Mesa y Gutiérrez, ocurre durante un recorrido por la recién fundada universidad.60 Cervantes de Salazar describió sus instalaciones y mencionó la calidad de sus profesores, entre quienes destacan fray Alonso de la Vera Cruz, eminente teólogo, y el ya citado Blas de Bustamante. En palabras de Mesa, Cervantes de Salazar se mencionó como profesor del curso de retórica: “[…] a los aficionados a la elocuencia, que vienen a oírle, y a los estudiantes de las demás facultades, para que realce el mérito de todas”. En boca de Gutiérrez añadió: “Este Cervantes si no me engaño es el que también fue catedrático de Retórica en la Universidad de Osuna”.61 Los diálogos segundo y tercero son entre dos vecinos: Suazo y Zamora con el forastero Alfaro. Los interlocutores se refieren a las instituciones de gobierno y administración de justicia y destacan la labor del Colegio de Santiago Tlatelolco. El tercer diálogo tiene lugar en un paseo a Chapultepec, y en él se describen los alrededores de la ciudad. El 24 de enero de 1558 la ciudad otorgó a Cervantes doscientos pesos de oro común para su sustento, con el propósito de que escribiera “la historia general de esta tierra”, y él solicitó al monarca que le El Hospital Real de San José para los naturales, próximo al colegio de huérfanos, fue aprobado por el príncipe Felipe en 1553, pero en 1556 aún estaba en construcción.

58

Cervantes de Salazar hizo alarde de las anchas y bien trazadas calles que estaban empedradas. De las casas expresó que eran:

concediera merced como cronista de la ciudad.62 A propósito de la ciudad como espacio generador de la escritura y promotor de las letras, ya hemos mencionado que muy temprano se inscribió como vecino el impresor Juan Pablos, quien trajo consigo la primera imprenta que operó fuera de Europa. Le siguieron Pedro Ocharte, Pedro Balli, Antonio de Espinosa y Antón Ricardo. Entre

388

[…] magníficas y hechas a gran costa, cual corresponde a vecinos tan no-

1539 y 1600 salieron de sus prensas más de doscientas obras, las más

bles y opulentos. Según su solidez, cualquiera diría que no eran casas sino

de ellas escritas para apoyar las tareas de evangelización.63 Fueron

fortalezas […]. Las jambas y dinteles no son de ladrillo y otra materia vil,

numerosos los impresos en lenguas vernáculas, lo que refleja la avi-

sino de grandes piedras, colocadas con arte, sobre la puerta están las ar-

dez de los misioneros por conocer la mentalidad y la cultura de los

mas de los dueños. Los techos son planos, y en las cornisas asoman unas

naturales americanos. Hubo publicaciones para el ejercicio del gobier-

canales de madera o barro, por donde cae a la calle el agua llovediza.59

no, como el Cedulario de Vasco de Puga; hubo las que nos revelaban los saberes a propósito de la naturaleza americana, de las ciencias, las

Estas características urbanas y tecnológicas fueron motivo de ad-

técnicas y las artes; impresos orientados a la formación de los jóvenes

miración de extranjeros europeos a través de los siglos. Cervantes

en los colegios jesuitas, como los que Antón Ricardo imprimió a pe-

exaltó la diversidad y bondad de los habitantes de la ciudad, ya fueran

tición del padre Vincetij Nutij, conocido en Nueva España como Vi-

españoles o indios, y dio noticias de la grandeza de sus edificios y de la

cente Tanuchi.64

fertilidad y productividad de la tierra, así como también de la bonanza

A través de la lectura de la memoria documental de la ciudad del siglo xvi, se aprecia una urbe edificada y abastecida gracias a la agri-

Josefina Muriel, Hospitales de la Nueva España, t. i: Fundaciones del siglo xvi, México, Instituto de Historia-Universidad Nacional Autónoma de México, 1956, pp. 115-117. 59 F. Cervantes de Salazar, op. cit., p. 42. 60 La Real y Pontificia Universidad abrió sus puertas el 3 de junio de 1553. A Cervantes de Salazar le correspondió el discurso de inauguración. F. Cervantes de Salazar, op. cit., p. 14 (nota introductoria al diálogo primero, de Edmundo O’Gorman). 61 Ibid., p. 23. 62 Actas de cabildo, 24 de enero de 1558, 14 de abril de 1559, 19 de junio de 1559, 15 de enero de 1560 y 3 de enero de 1560. 63 José Toribio Medina, La imprenta en México (1539-1821), edición facsimilar, t. i: 1539-1600, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1989. 64 María Cristina Torales Pacheco, “Los jesuitas novohispanos, la modernidad y el espacio público ilustrado”, en Manuel Marzal y Luis Bacigalupo (eds.), Los jesuitas y la modernidad en Iberoamérica, 1549-1773, Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú/Instituto Francés de Estudios Andinos/Universidad del Pacífico, 2007, p. 159. 65 T. de Benavente, Motolinía, op. cit., tercera parte, cap. xxvi, pp. 405-407. 58

cultura y la industria de sus habitantes, integrantes de una sociedad multicultural y dinámica. Mucho del trabajo era realizado por los naturales en encomiendas, residentes en los barrios y en las poblaciones ubicadas en las márgenes de los lagos. Los indios aprendieron de los primeros pobladores europeos numerosos oficios mecánicos y los sumaron a los conocimientos y experiencia que ya tenían.65 Como constructores ejemplares de sus templos y pirámides, hicieron que la Ciudad de México fuera apreciada como una de las más grandes y bellas de los territorios regidos por la monarquía española. Avanzado el siglo xviii, Antonio Lorenzana y Buitrón, arzobispo de México y gran admirador de la Ciudad de México, la reconoció en la Historia de Nueva-España como “[...] de las mejores ciudades del


mundo, y cabe en ella tanta perfección, que sea el jardín más hermo-

largo de todo el siglo xvii fueron prioridades en la Ciudad de México la

so de Italia”. Interesado por la historia de los naturales americanos,

educación de los jóvenes en los colegios y el fomento de las virtudes

estudioso de las colecciones documentales recopiladas por Lorenzo

femeninas por medio de su instrucción y custodia en los hogares y en

Boturini, escribió al final de su Historia unas palabras que nos reve-

los conventos.

lan el concepto que tuvieron los letrados de cara a las Luces respecto

En un principio, los franciscanos y después los prelados tuvieron

a la fundación de la Ciudad de México como una iniciativa de Hernán

facultades inquisitoriales, hasta que el 4 de noviembre de 1571 se es-

Cortés, a quien Lorenzana apreció como su visionario fundador:

tableció el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, presidido por Pedro Moya de Contreras, en unas casas próximas al convento de San-

Yo no conocí, ni vi al héroe Hernán Cortés, pero le conozco, y veo todos

to Domingo. Sus principales tareas fueron velar por la conservación

los días en sus cartas, no le traté, pero en esta capital de México, en las

de la fe cristiana y promover sus valores entre la heterogénea sociedad

calles, y plazas, se me representa a todas horas con la espada en la mano,

novohispana. Colaboraron con él numerosos vecinos, que probaron

unas veces alentando a sus soldados, otras cortando acequias, otras pasán-

su fidelidad a la Iglesia católica; reconocidos como “familiares del San-

dolas a nado y salvando a otros: en las iglesias, que edificó, admiro su

to Oficio”, fueron los “ojos y oídos” del tribunal. Prestigiados letrados

piedad y magnificencia: en sus Relaciones veo un extremeño el más verí-

fueron designados como “calificadores del Santo Oficio” y en el desem-

dico, el más constante, valeroso, y religioso, que parece le había Dios des-

peño de una de sus numerosas facultades expurgaron los escritos y

tinado para sufrir todas las incomodidades de la América, como en su

revisaron letra por letra los manuscritos antes de ser impresos.

glorioso paisano San Pedro Alcántara formó la Divina Providencia un hom-

Un año después, en noviembre de 1572, los jesuitas, paladines

bre, que parecía hecho de raíces de árboles para asombro de la penitencia.

de la renovación católica, arribaron a la Ciudad de México. Se hospe-

Gloríese la Extremadura de tener un alumno de tan elevado mérito,

daron temporalmente en el hospital de la Purísima Concepción, que

que su historia, y conquista ha sido traducida con emulación por todas

a partir del siglo xvii también fue conocido como de Jesús Nazareno, a

las naciones europeas: gloríese mi amada diócesis de Plascencia, por te-

raíz de haber ganado la imagen que sorteó Petronila, india cacique,

ner en su comprensión a la villa de Medellín, esclarecida patria de Cor-

entre cinco instituciones de la ciudad. A principios del año siguiente, los

tés, por cuya cuna merecía, el que altercasen siete ciudades, como por

jesuitas adquirieron algunas casas y el cabildo les concedió una huer-

la de Homero: un extremeño sin segundo, es el que dio el ser a esta capi-

ta; en un espacio al noreste de la Plaza Mayor establecieron su morada

tal de México.

y el Colegio Máximo para su formación, y frente a ese espacio cons-

66

truyeron el primero y efímero colegio convictorio de San Pedro y San Configur ación postridentina de l a ciudad en el

Pablo. Siguieron a éste el de San Ildefonso, fundado en julio de 1574;

siglo X VII: los escritos de los criollos

De conformidad con el interés de la monarquía española por impulsar la renovación de la fe católica acorde a lo dispuesto por el Concilio de Trento (1545-1563), en las últimas décadas del siglo xvi y a lo

66 “Hernando Cortés”, en Historia de Nueva-España, escrita por su esclarecido conquistador Hernán Cortés, aumentada con otros documentos, y notas, por el ilustríssimo señor don Francisco Antonio Lorenzana, arzobispo de México, op. cit., p. 400.

389


390

el de San Gregorio, para indios nobles, y los de San Miguel y San Ber-

cuales eran músicos; y así el son del baile era en canto de órgano concen-

nardo, para españoles y criollos.

trado con cuatro voces diferentes que hacían consonancia al modo espa-

Una evidencia más de la configuración postridentina de la ciu-

ñol y juntamente con las voces sonaban flautas y el instrumento proprio

dad fueron las fiestas extraordinarias que los jesuitas organizaron en

de ellos con que de ordinario tañen en sus bailes (a que llaman teponaz­

1578 con motivo de la recepción de las cuantiosas reliquias que el

tli) de suerte que sonando todos a una, resultaba una muy buena conso-

papa Gregorio XIII obsequió a la Nueva España. Participaron en ellas

nancia. La letra que cantaban aunque era en su lengua iba en medida y

las jerarquías civil y eclesiástica y los vecinos: españoles, criollos, cas-

consonancia castellana, en alabanza de todos los santos y particularmen-

tas y, de manera singular, los naturales de los barrios y de las pobla-

te de su patrón San Hipólito.67

ciones próximas a la capital. Se ilustra la participación lúdica de los niños indios y su apropiación de la cultura europea en convivencia

F u s i ó n d e t é c n i c a s d e c o n s t r u c c i ó n p r e h i s pá n i c a s

con la abrevada en el recuerdo de sus ancestros americanos:

y e u r o p e a s , p u n t a l d e l a r e e d i f i c a c i ó n y e x pa n s i ó n de la ciudad

Salió a recibir las santas reliquias un baile de naturales indios niños, muy

La Ciudad de México que recibió a los jesuitas todavía se distinguía

bien aderezados a su modo y hábito, con mucho ornato y plumería, los

por su carácter militar; conservaba casas que más parecían fortalezas que espacios para habitación de los vecinos. Incluso una torre que el

67

Carta del padre Pedro de Morales, op. cit., p. 32.

virrey Antonio de Mendoza había ordenado derribar permanecía en


Autor no identificad o

Ignacio de Loyola enseña a los niños en Nueva España, siglo xviii José de Ibarr a (1688-1756) B a l t h a s a r T r o n c o s o ( a c t i v o e n t r e 1 74 3 y 1 7 6 0 )

La Virgen de Guadalupe intercede por la epidemia de matlazáhuatl de 1737, 1743

pie; el cabildo en 1578 la consideró de utilidad y procuró su adquisición para incrementar sus propios. El jesuita Juan Sánchez Baquero, hombre de letras, de numerosos saberes y cosmógrafo real, dejó anotado en su Historia que él y sus compañeros, a su llegada a la Ciudad de México, en noviembre de 1572, la observaron muy deteriorada a causa del hundimiento de muchos de sus magnos edificios. Lo atribuyó al sistema de construcción utilizado por los primeros alarifes, quienes habían cimentado con cal y tierra, sin utilizar arena, de modo que al poco tiempo el salitre se comía la mezcla. Los jesuitas decidieron edificar el Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo con cal, arena y tezontle, cuya mezcla en agua se endurecía y fraguaba. Levantaron sobre pilotes flotantes, a manera de balsas, los muros de tezontle, material apreciado por Sánchez Baquero por ser ligero, poroso, duro y de origen volcánico como la puzolana, procedente del Vesubio y utilizada en los magnos edificios romanos: “De la cual ha tomado la ciudad modelo para las [construcciones] que después se han hecho y hacen agradeciendo a la Compañía haber enseñado a edificar con tanto aprovechamiento”.68 Esa técnica de construcción, introducida por los jesuitas, marcó un antes y un después en la historia de la ciudad, que en el siglo xvii transformó su fisonomía de una urbe-fortaleza a un espacio urbano que privilegió los edificios consagrados a la promoción y vivencia de la fe católica. Muchas de las casas-fortaleza, con almenas y torreones,

sus conocimientos de la medicina europea y americana en la Summa

entonces abandonadas y arruinadas, fueron remodeladas o reedifica-

y recopilación de cirugía, con un arte para sangrar muy útil y prove-

das. Las órdenes religiosas, que en el siglo xvi se habían establecido

chosa, publicada en 1578. En ella describió la epidemia, su diagnóstico

en casas improvisadas para fomentar las virtudes cristianas de las mu-

y las acciones que emprendió para alivio de la población indígena. Los

jeres y los varones novohispanos, construyeron sus conventos e igle-

jesuitas ordenaron a Antón Ricardo, impresor originario del Piamon-

sias con el patrocinio de empresarios poderosos. Se ampliaron las

te, la edición de la obra y se la dedicaron al arzobispo Pedro Moya de

ermitas que hizo levantar Cortés como vigías en las márgenes de la

Contreras. A decir del cronista jesuita, el libro “[…] ha sido de gran-

ciudad y se trazaron y erigieron las parroquias de la Veracruz, San

de utilidad de este reino”, lo que motivó una segunda edición, también

Miguel y Santa Catarina Mártir. Se inició la edificación de la catedral,

patrocinada por los jesuitas, que salió de la prensa de Pedro Balli, en

símbolo de la solidez del gobierno de una iglesia postridentina, que

1595. En ésta, López de Hinojosos incorporó un estudio sobre “[…] el

ocupó la atención y patrocinio de las autoridades civiles y eclesiásti-

origen y nacimiento de las reumas, y las enfermedades que de ellas

cas, así como de los feligreses, hasta su conclusión en los primeros

proceden con otras cosas muy provechosas para acudir al remedo de

años del siglo xix.

ellas y de otras muchas enfermedades”. Advertimos lo anterior, porque los edificios de la Ciudad de México, construida sobre un islote y

L a s e p i d e m i a s , u n m a l m a y o r pa r a l o s h a b i t a n t e s

rodeada de los lagos, se caracterizaron por su excesiva humedad, por

d e l a c a p i ta l

lo que las reumas fueron un padecimiento muy generalizado.69

La gran epidemia de cocoliztli se extendió por el centro de lo que hoy es México a partir del año de 1575 y, a decir de Sánchez Baquero, cau-

L a mir ada de los criollos

só la muerte de tres cuartas partes de la población indígena. Alonso

Contrastan con lo escrito por Sánchez Baquero las letras laudatorias,

López de los Hinojosos (1535-1597), exponente de la tradición galé-

fruto de la invención de numerosos escritores que, nacidos más allá

nico-aristotélica, en busca del origen de esa enfermedad, practicó

del Atlántico, adoptaron a la ciudad como suya y se valieron de sus

autopsias a los indígenas en colaboración con Francisco Hernández,

finas plumas para manifestar sus virtudes; ejemplos de ello son Ber-

médico de Felipe II y quien durante su prolongada estancia en la

nardo de Balbuena en su Grandeza mexicana y el bachiller Arias de

Nueva España realizó una magna compilación de las plantas medicinales y de su uso por parte de los indígenas. La empatía que López de los Hinojosos tenía con los soldados de Cristo y el aprecio y respeto que éstos tuvieron a su saber motivaron que la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús lo impulsara a dejar por escrito su experiencia y

68 Juan Sánchez Baquero, Fundación de la Compañía de Jesús en la Nueva España (15711580), México, Patria, 1945, cap. xx, pp. 92-93. 69 María Cristina Torales Pacheco, “La gran epidemia de 1575, el saber y los jesuitas”, disponible en https://ibero.mx/prensa/cultura-la-gran-epidemia-de-1575-el-saber-y-losjesuitas; consultado en octubre de 2021.

391


Baltasar de Medina, Chrónica de la Santa Provincia de San Diego de México, de religiosos descalzos, de nsps San Francisco en la Nueva España, México, Juan de Ribera, 1682

Villalobos (1568-ca. 1622), quien en 1621, con motivo del centenario de la toma de Tenochtitlan, ganó un certamen con su “Canto intitulado Mercurio”, extenso poema apologético, en el que podemos identificar claves de comprensión para declarar a la Ciudad de México del siglo xvii como una urbe postridentina. Citamos un pequeño fragmento: Un Corpus, su infraoctava y su octavario; horas cuarenta, y días cuaresmales; una hebdómada santa; un novenario de aguinaldos de virgen, festivales; y aquel cielo solar, y aniversario de santos, en sus fiestas principales: si Roma, en la materia, el mundo excede, de México [en la misma], aprenda y puede.70

Quienes escribieron sobre la urbe a lo largo de la época virreinal coincidieron en la valoración de sus amplias y bien trazadas calles, sus suntuosos edificios, la diversidad y calidad de los pobladores y su bonanza económica. Especial cuidado tuvieron en mencionarla como centro de irradiación cultural, por ser sede de la Real y Pontificia Universidad y por sus numerosos colegios. Dos sacerdotes criollos del arzobispado de México, Gregorio Martín de Guijo y Antonio de Robles, sin ser distinguidos letrados, aportaron a la memoria escrita sus diarios, que, a la luz de su mentalidad, calificaron de “sucesos notables”. Una lectura sistemática de éstos nos confirma el afán de los vecinos por hacer de su ciudad un espacio para la vivencia de la fe católica. A tales registros de sucesos cotidianos y extraordinarios se sumaron las miradas y la escritura de los religiosos mendicantes, empeñados en dejar en letra impresa constancia de sus tareas protagónicas en la construcción del reino de la Nueva España. Aquí me limito a citar a Baltasar de Medina, autor de la Crónica de la Santa Provincia de San Diego de México,71 y a fray Agustín de Vetancurt, quien publicó el “Tratado de la Ciudad de México y las grandezas que la ilustran después que la fundaron españoles”.72 Privilegiamos el escrito de fray Baltasar, porque después de ser comisario y visitador de la Provincia de San Gregorio en Filipinas, lector jubilado de teología y definidor de la provincia de San Diego, concluyó en 1681 su crónica, en la que nos revela el alcance de su mirada y de sus investigaciones, mientras que el impreso por Vetancurt, diez años posterior, es en gran parte una glosa del de Medina. Al referirse a las instituciones de gobierno y justicia, establecidas en las primeras décadas del

70 Arias de Villalobos, “Canto intitulado Mercurio”, Documentos inéditos o muy raros para la historia de México, edición de Genaro García, t. xii: Autógrafos inéditos de Morelos y causa que se le instruyó/México en 1623, por el Bachiller Arias de Villalobos, México, Librería de la viuda de Ch. Bouret, 1907, pp. 268-269. 71 Baltasar de Medina, Chrónica de la Santa Provincia de San Diego de México, de religiosos descalzos, de nsps San Francisco en la Nueva España, México, Juan de Ribera, 1682. 72 Agustín de Vetancurt, “Tratado de la Ciudad de México, y las grandezas que la ilustran después que la fundaron los españoles”, en Teatro mexicano: descripción breve de los sucessos exemplares, históricos, políticos, militares y religiosos del Nuevo Mundo occidental de las Indias, México, María de Benavides, viuda de Juan de Rivera, 1698.

393


siglo xvi, fray Baltasar comentó que de los treinta y cuatro virreyes que habían gobernado hasta el momento en que escribía, siete lo habían hecho con el título de gobernadores y veintisiete con el de virre394

yes. Por “ser criollo de México”, distinguió la trayectoria de Luis de

Autor no identificad o

Biombo Conde de Cadereyta, ca. 1635 M i g u e l C a b r e r a ( 1 6 9 5 - 1 76 8 )

Don Juan Xavier Joachín Gutiérrez Altamirano Velasco, conde de Santiago de Calimaya, ca. 1752

Velasco, caballero de Santiago, dos veces virrey de Nueva España, virrey de Perú y, con el título de marqués de Salinas, capitán real de ambos reinos y presidente del Supremo Consejo de Indias; un nieto

Medina exaltó la bonanza de la naturaleza vegetal, animal y mineral de la que se beneficiaba la ciudad:

suyo, nacido en la Ciudad de México, ostentó el primer título nobiliario otorgado a un criollo: el conde de Santiago de Calimaya. Además de

[…] que todo género de regalos brinda platos al apetito, y deseos, en gran-

a la Real Audiencia y a los alcaldes y regidores de la ciudad, fray Balta-

de suma de aves de la tierra y de Castilla, en volatería de patos, gallare-

sar mencionó la presencia del alguacil mayor de Corte, al correo ma-

tas, ánsares, codornices, etcétera. Los bosques le dan caza, sus lagunas

yor, al canciller, al receptor de penas de cámara, a los escribanos de

pesca, hortalizas las huertas, frutas de todo género de España y propias

penas de cámara y de gobierno, a los escribanos de provincia y a los

todo el año, los recreos, y jardines de su comarca, llegando todo como a

procuradores y receptores. En cuanto al ejercicio del gobierno econó-

su centro, a su ancha y abundantísima plaza siempre en perpetuo vera-

mico, aludió al Tribunal de Cuentas, al contador, al factor y al veedor

no, de varias flores gozando al parecer esta corte algunas propiedades de

de la Real Hacienda; al juzgado y depósito de los bienes de difuntos,

paraíso en temple, frescura y belleza de rosas, flores y frutos.73

y al Tribunal de la Santa Cruzada. Hizo referencia al consulado de mercaderes de la Ciudad de México, integrado por un prior, dos cón-

Como signos de los frutos minerales del reino, fray Baltasar dio

sules y juez de alzadas y apelaciones, cargo que ostentaba un oidor de

cuenta de cómo el año de 1680 fueron acuñados 559 969 marcos de

la Audiencia. Citó también al hospital de la Purísima Concepción y las

plata y 962 marcos, tres onzas y una ochava de oro. Sumó todo ese

Llagas de San Francisco. Dejó sentada la importante producción de la

año 4 820 625 pesos y cuatro reales.

Casa Real de Moneda, “donde se bate grande suma de plata y oro”.

Para “no defraudar el deseo de los curiosos”, Medina proporcio-

Sobre el Tribunal de Indios, dio noticia de su composición por un

nó con detalle el consumo de alimentos de los habitantes de la Ciu-

asesor, un letrado, un abogado, los procuradores y ministros. La pun-

dad de México. En las carnicerías y el rastro, que había sido edificado

tual mención de todas estas instituciones nos deja ver el incremento

por disposición del virrey marqués de Guadalcázar, se sacrificaban

del número de las instancias de gobierno y de justicia.

para abasto de la ciudad 175 mil carneros al año, 12 mil cabezas de ganado mayor y más de 30 mil cerdos, de los que afirmó “[…] que es

73

B. de Medina, op. cit., pp. 235-236.

alimento de pobres y de indios”. Cuatro décadas más tarde, el consumo


en la capital ascendía a 300 mil carneros, 15 500 cabezas de ganado mayor y 25 mil cerdos.74. En la alhóndiga y pósito se gastaban al día más

Autor no identificad o

Puesto de mercado, 1766

de 600 fanegas de maíz y, al año, 219 mil fanegas; ese consumo para 1746 bajó a 160 mil fanegas anuales.75 De harina de trigo, se consumían más de 180 mil fanegas al año, sin considerar las que no quedaban registradas o no entraban al almacén; para 1746 se incrementó sustancialmente a dos millones de arrobas anuales.76 Para dar idea de las dimensiones de la población, Medina regis-

y castas; las hubo de sastres y plateros; hubo las que reunieron a vizcaí-

tró que en 1621 había 7 700 casas, y no obstante que la inundación de

nos y montañeses. Sobresalientes por su impronta en la ciudad, la calidad

1629 provocó la despoblación de la ciudad, que quedó “como un ca-

de sus miembros y su solvencia económica, fueron la archicofradía del

dáver”, para 1646 había 30 mil casas: en un lapso de veinticinco años

Santísimo Sacramento y la de Nuestra Señora de la Caridad, fundado-

se había más que cuadruplicado el número. Un elemento más con el

ras y sostén del Colegio de la Caridad; la de Nuestra Señora del Rosa-

que midió la bonanza de la ciudad fue el valor de sus inmuebles. Co-

rio, cuya capilla fue edificada adosada a la iglesia de Santo Domingo, y

mentó que después de la inundación de 1607, cuando se trató de tras-

la cofradía de Nuestra Señora de Aránzazu, que integró a los oriun-

ladarla a Tacubaya, se calculó en 20 millones y medio. Hacia el año de

dos de las provincias vascongadas y del reino de Navarra, quienes a

1637, después de la inundación de 1629, una vez más se pensó en tras-

fines del siglo construyeron su capilla en el espacio que en el siglo xvi

ladar la ciudad y se calculó el valor de sus inmuebles en 50 millones.

77

ocupó la capilla de San José de los Naturales, en el Convento de San

Si en tiempos aciagos creció de esa manera el valor de las construc-

Francisco. La descripción que realizó fray Baltasar de Medina sobre

ciones, el religioso motivó a sus lectores a imaginar cuál sería en el

las edificaciones religiosas motivó que fray Agustín de Vetancurt pro-

tiempo en el que escribía, en el conocimiento de las numerosas edifi-

clamara en su “Tratado”:

caciones realizadas, una vez controladas las inundaciones gracias a la construcción del desagüe de la ciudad.

Alábese México de la ciudad más devota y limosnera que tiene la cris-

Las inundaciones de 1607 y 1629 y el motín de 1624 —ocasionado

tiandad: sólo quien ha visto tanto número de fiestas, ochavarios, proce-

por la movilización popular a causa, entre otras cosas, de las diferen-

siones, y culto podrá creerlo; y si atendemos a la edificación y ejemplo

cias de gobierno entre el virrey marqués de Gelves, el arzobispo Juan

que ha causado esta devoción a los naturales indios de esta tierra son

Pérez de la Serna y la Real Audiencia, presidida por Pedro Vergara

multiplicadas las fiestas que hacen, cofradías que tienen y las imágenes

Gaviria— representaron severas amenazas para la urbe y, en general,

sagradas que veneran pues en cualquiera procesión de letanías y Corpus

para la estabilidad del reino. En la Ciudad de México se frenó la expan-

tardan en pasar dos horas las imágenes y estandartes de los indios.79

sión, se paralizó la ascendente tendencia hacia la construcción y nu-

396

merosas familias migraron a la ciudad de Puebla. No obstante, cuando

La hidr áulica al servicio de la ciudad

dejó de sentirse el impacto de estos acontecimientos, hacia mediados del

Algunas de las mayores obras públicas del siglo xvii fueron de carác-

siglo, se retomó la construcción de inmuebles, que en su mayoría res-

ter hidráulico. La limpieza y reparación constante de las acequias y

pondieron a las necesidades de vivienda y de la profesión religiosa de

de las calzadas, la construcción de puentes, represas, del acueducto de

los habitantes. Fueron además reedificados numerosos edificios para

Santa Fe y del desagüe demandaron sustanciales egresos de la urbe.

el funcionamiento de las instituciones y para vivienda de sus admi-

Participaron en su dirección y supervisión hombres que conocían bien

nistradores y operarios; asimismo, se multiplicaron los conventos, los

el territorio y mostraron sus saberes y dominio de la hidráulica; las

colegios y los hospitales. A fines del siglo estaban levantados los mu-

obras fueron llevadas a cabo por millares de indígenas asalariados

ros y concluidas la bóveda y una de las torres de la catedral. Fueron

procedentes de los barrios y pueblos de los alrededores.

reedificados la iglesia y los claustros de los conventos femeninos de la

La obra pública que describió con detalle fray Baltasar fue el acue-

Concepción de María, de la Encarnación, Regina Coeli, Balvanera,

ducto por el que se trasladaba el agua de Santa Fe a la Ciudad de Mé-

San José de Gracia, Santa Clara, Capuchinas y San Bernardo; los hos-

xico, iniciado por el virrey marqués de Montesclaros (1603-1607) y

pitales de la Purísima Concepción, conocido entonces como de Jesús

concluido por el marqués de Guadalcázar (1612-1621), con un costo

Nazareno, el Real de Indios, el de San Cosme, el de San Juan de Dios

de 150 mil pesos. Corría el agua desde los manantiales de Santa Fe

y el de los betlemitas.78 En los atrios de los conventos y en los barrios se

hasta Chapultepec por cañería y, de ahí en adelante, por los nove-

multiplicaron las capillas de las cofradías y hermandades, enclaves de

cientos arcos construidos sobre el paseo de la Verónica hasta la fuen-

la renovación de la fe postridentina y soportes de la asistencia frater-

te de la Tlaxpana, seguía por la calzada de Tacuba y culminaba en una

na ante la orfandad, la enfermedad y la muerte de la heterogénea y

bella fuente frente al convento de Santa Isabel. Bajo los arcos se conser-

jerarquizada sociedad. Hubo cofradías de españoles, indios, mestizos

vó la cañería por la que corría el agua de los manantiales de Chapultepec, que por su sabor no era apreciada por los vecinos.80 El orgullo de los habitantes de la urbe gracias al dominio de la hidráulica fue

74 J. A. Villaseñor y Sánchez, Theatro americano: descripción general de los reynos y provincias de la Nueva España y sus jurisdicciones, op. cit., t. i, pp. 35-36. 75 Ibid., p. 36. 76 Ibid. 77 B. de Medina, op. cit., f. 234v. 78 Ibid. 79 A. de Vetancurt, op. cit., f. 4. 80 Sylvia Escárcega Zamarrón, Historia de los acueductos mesoamericanos y novohispanos, tesis de licenciatura en Historia, México, Universidad Iberoamericana, 1992, pp. 68-69.

plasmado en sendas representaciones plásticas por el arquitecto de la catedral, Juan Gómez de Trasmonte, y el pintor Juan Correa. Amerita mencionar la pericia hidráulica de los novohispanos como ejemplo de los saberes técnicos al servicio de los habitantes de la urbe. Comencemos por citar a los jesuitas Juan Sánchez Baquero (1548-1519), Pedro Mercado (1546-1619) y al hermano coadjutor Bartolomé Santos (1558-1610), quienes exploraron y dominaron el


espacio de la cuenca de México y fueron asesores del virrey Luis de Velasco II en el proyecto para la construcción del desagüe de la ciudad. Incluso, el primero trazó un plano que, avanzado el siglo xvii, copió Carlos de Sigüenza y Góngora, y que Antonio Alzate difundió en el siglo xviii en su Gazeta de Literatura.81 Entre los carmelitas, quienes se distinguieron por el óptimo cultivo de sus huertas y el aprovechamiento del agua en ellas, destacó fray Andrés de San Miguel (1577-1652),82 cuyos conocimientos fueron vertidos en numerosas obras de irrigación agraria, en puentes sobre el camino real y en la construcción de numerosos conventos de su orden, entre ellos el de Santa Ana, en el barrio de Tenanitla.83 Fue un severo crítico de los cálculos matemáticos y del diseño del desagüe a tajo cerrado dirigido por Enrico Martínez. A la muerte de éste, fray Andrés asumió la dirección técnica del desagüe y dio preferencia al tajo abierto. Enrico Martínez, natural de Hamburgo, había llegado a la Nueva España en calidad de cosmógrafo real; su Reportorio de los tiempos y historia natural desta Nueva España debe leerse a la luz del reconocimiento de su interacción con numerosos criollos vinculados a los saberes europeos a través de la circulación de correspondencias, manuscritos y libros. Mención especial merece el mercedario fray Diego Rodríguez (1569-1668), primer catedrático de astrología y matemáticas, y contador de la Real y Pontificia Universidad a partir de 1648. Un testimonio de sus conocimientos en beneficio de la ciudad fueron los cálculos matemáticos para llevar a cabo una hazaña tecnológica que tuvo lugar durante casi todo el mes de marzo de 1654: el descenso de las campanas del campanario de la catedral antigua y su ascenso en la nueva catedral, cuya construcción había iniciado Juan Lozano, ingeniero mayor del reino, el 1 de febrero de 1651.84 Como testimonio de los debates intelectuales que ocasionó la construcción del desagüe y que llegaron a la imprenta, debemos mencionar la Relación universal legítima, y verdadera del sitio en que está fundada la muy noble, y muy leal Ciudad de México, cabeza de las 398

provincias de toda la Nueva España, escrita por Fernando de Cepeda y Fernando Alfonso Carrillo, por órdenes del virrey. Una vez impresa, fue sometida a revisión por Antonio Urrutia de Vergara, uno de los contratistas más demandados por la ciudad para la limpieza de acequias y construcción del desagüe por disposición del propio virrey;85 éste hizo sus correcciones y adiciones y el virrey dispuso que fueran anexadas al impreso. La ciudad, escenario de procesiones y celebr aciones piadosas

La capital novohispana, pensada como un espacio del espíritu tridentino, fue el escenario en el que se multiplicaron las ceremonias y 81 María Cristina Torales Pacheco, “Los jesuitas novohispanos y la naturaleza en el siglo xviii”, en Luis Millones y Domingo Ledezma (eds.). El saber de los jesuitas, historias naturales y el Nuevo Mundo, Fráncfort y Madrid, Vervuert-Iberoamericana, 2005, p. 196. 82 Obras de fray Andrés de San Miguel, introducción, notas y versión paleográfica de Eduardo Báez Macías, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1969, p. 54. 83 Hoy conocido como San Ángel. Se conserva la iglesia y parte del convento. En la colonia Chimalistac estaba la huerta y aún se pueden apreciar el espacio conocido como El Retiro o El Secreto y algunos puentes en la avenida Paseo del Río. 84 Gregorio Martín de Guijo, Diario, 1648-1664, t. i, México, Porrúa, 1952, p. 248. Para un mayor conocimiento sobre la trayectoria de fray Diego, véase Elías Trabulse, “Un científico mexicano del siglo xvii: fray Diego Rodríguez y su obra”, en Historia Mexicana, vol. 24, núm. 1, 1974, pp. 36-69. 85 María Cristina Torales Pacheco, “Antonio Urrutia de Vergara, un empresario del siglo xvii novohispano”, en María Cristina Torales Pacheco (coord.), Empresarios, sociedad y cultura, siglos xvi a xviii: de la Europa del Renacimiento al México nacional, México, Universidad Iberoamericana/El Colegio de San Luis, 2017, pp. 81-100

C r i s t o b a l d e V i l l a l pa n d o ( c a . 1 6 4 5 - 1 7 1 4 )

Vista de la Plaza Mayor de México, ca. 1695


FALTA RM_840


peregrinaciones religiosas, proclamadas poco antes de concluir el con400

cilio como expresiones piadosas para solicitar la intersección de los santos: “El modo de obligar a los santos es acudiendo a orar a su presencia, peregrinar a los santuarios más célebres en que se veneran sus

E n r i c o M a r t í n e z ( fa l l e c i d o e n 1 6 3 2 )

Descripción de la comarca de México y obra del desague de la laguna, 1608 Juan Gómez de Tr asmonte (ca. 1595-ca. 1647)

Forma y levantado de la Ciudad de México, 1628

imágenes o reliquias. En estas peregrinaciones se ejerce la piedad, la devoción de los fieles, la mortificación, la paciencia y buen ejemplo”.86

se colocaron en las calles dieciséis altares y participaron en la proce-

A la procesión anual de Corpus Christi se sumaron las celebra-

sión el virrey, el arzobispo y los prelados de las órdenes religiosas; por

ciones con motivo de las canonizaciones de los santos, en las que no

la noche, en la plaza, hubo “diez fuegos buenos, y nueve armados”, y

faltaron “[…] la acorde multitud de clarines, trompetas y atabales, que

luminarias en las demás calles.88 La multiplicación de beatificaciones

acostumbra sacar la Ciudad de México en sus públicos paseos, yendo

y canonizaciones por parte de la Santa Sede fue inédita a partir del

los ministros con sus propias libreas”.87 Los carmelitas organizaron

papa Gregorio XV. En todo el orbe católico tuvieron lugar magnas y

las fiestas por la canonización de Santa Teresa de Ávila, el 12 de marzo

ostentosas ceremonias y procesiones con reliquias e imágenes de los

de 1622. Ese día también fueron canonizados los primeros santos je-

santos. La Ciudad de México no fue la excepción.

suitas, San Ignacio y San Francisco Xavier, por los que también hubo

Un testimonio más de la renovación católica postridentina en la

festejos en la ciudad. Las fiestas en honor de San Francisco de Borja,

ciudad y de su interpretación por parte de sus habitantes es la des-

patrono de la provincia, fueron realizadas a partir del 14 de enero de

cripción de Antonio de Robles de la procesión con la que se iniciaron

1672. Los dominicos conmemoraron en su momento la canonización

las celebraciones por la canonización de San Juan de Dios, las cuales

de Rosa de Lima, terciaria de su orden y primera santa americana. El

tuvieron lugar del sábado 24 al domingo 31 de octubre de 1700: regis-

15 de julio de 1673 se celebró la beatificación del rey San Fernando;

tró que fueron colocados numerosos altares en las principales calles, desde la iglesia del hospital de San Juan de Dios, de donde partió la

Pedro Murillo Velarde, Catecismo o instrucción christiana en que se explican los mysterios de nuestra santa fe y se exhorta a huir los vicios y abrazar las virtudes, Madrid, Imprenta de los Herederos de Francisco del Hierro, 1752, p. 145. 87 Joaquín Ignacio Ximénez de Bonilla et al., El segundo quinze de enero de la corte mexicana, solemnes fiestas, que a la canonización del mystico doctor San Juan de la Cruz celebró la provincia de San Alberto de Carmelitas Descalzos de esta Nueva España, México, Joseph Bernardo de Hogal, 1730, p. 530. 88 Antonio de Robles, Diario de sucesos notables, t. ii, México, Porrúa, 1972, pp. 131-132. 86

imagen del santo, acompañada por las de los santos fundadores de las órdenes religiosas, hasta la catedral. El sacerdote describió con detalle las imágenes del recién canonizado, de la Virgen de Betlem, de Santa Clara, de Santa Teresa, de San Francisco, de Santo Domingo, de San Agustín, de San Pedro Nolasco y de San Hipólito. Todas iban vestidas con terciopelos, damascos y sedas y decoradas con valiosas joyas. Como


ejemplo anotamos aquí que el traje de San Juan de Dios fue patroci-

entre los marginados, cuando las epidemias diezmaban a la población,

nado por la virreina, María Andrea de Guzmán, y estaba “[…] bor-

cuando tenían lugar rebeliones y motines, etcétera. Así sucedió, por

dado a todo costo de hojuelas de plata y oro, entorchados con labores

ejemplo, cuando por la noche del 8 de junio de 1692, sublevada en la

de flores y granadas; la de la mano era toda de esmeraldas guarnecida de

Ciudad de México, la población —en su mayoría indígena— quemó

oro; los granos que descubría eran rubíes también guarnecidos de oro,

varias habitaciones del Palacio Virreinal y de las casas del cabildo. Ma-

la diadema de perlas y diamantes”.

nuel de Escalante, abad de San Pedro y tesorero de la catedral, tomó

89

En las varias procesiones que hubo, las imágenes de los santos

en sus manos la custodia con el Santísimo Sacramento y en oración,

también estuvieron acompañadas de gigantes, de matachines y de mul-

acompañado de dos sacerdotes, un religioso dominico y tres monaci-

titud de niños vestidos de angelitos. Los vecinos y forasteros de los

llos, “determinó valerse del recurso celestial y fiado en el poder de

pueblos de los alrededores fueron espectadores asiduos desde los bal-

Dios” y recorrió la Plaza Mayor y las calles aledañas para tranquilizar

cones. Además de las misas solemnes celebradas cada día, hubo fue-

a los sublevados y restaurar el orden.92 Al mismo tiempo, ardían el

gos artificiales, sonaron las trompetas y las chirimías y se presentaron

Palacio Real y las casas del ayuntamiento; el polifacético letrado Car-

numerosas danzas “a la romana y a la mexicana”.

los de Sigüenza y Góngora relató cómo, “[…] sin hacer refleja a mi

Lo hasta aquí narrado adquiere mayor sentido para nuestro pro-

estado, hice espontánea y graciosamente, y sin mirar al premio, cuando,

pósito si recordamos que el Concilio de Trento declaró: “[…] el honor

ya con una barreta, ya con una hacha cortando vigas, apalancando puer-

que se da a las imágenes, se refiere a los originales representados en

tas, por mi industria se le quitaron al fuego de entre las manos no

ellas; de suerte, que adoremos a Cristo por medio de las imágenes

sólo algunos cuartos de palacio, sino tribunales enteros, y de la ciu-

que besamos, y en cuya presencia nos descubrimos y arrodillamos; y

dad su mejor archivo”.93

veneremos a los santos, cuya semejanza tienen”.90 Sobre el significado de las procesiones y las peregrinaciones, un misionero jesuita advirtió en su catecismo que en ellas “[…] se ejerce la piedad, la devoción de los fieles, la mortificación, la paciencia y buen ejemplo”.91 Las rogativas y procesiones también eran organizadas para alivio de los vecinos cuando había escasez o exceso de lluvias, cuando era manifiesta la falta o carestía de granos, cuando aumentaba el hambre

Ibid., t. iii, p. 121. El sacrosanto y ecuménico Concilio de Trento, traducido al idioma castellano por Ignacio López de Ayala; agrégase el texto latino corregido según la edición auténtica de Roma, publicada en 1564, Barcelona, Imprenta de Sierra y Martí, 1828, pp. 355-356. 91 P. Murillo Velarde, op. cit., p. 139. 92 A. de Robles, op. cit., t. ii, p. 252. 93 Carlos de Sigüenza y Góngora, “Alboroto y motín de México del 8 de junio de 1692”, en Relaciones históricas, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1954, p. 164. 89 90

401


Fueron numerosas y de diversa índole las causas a las que este

Ciudad de México y al resto del virreinato. Una vez superada, en el

científico atribuyó el motín y de manera incisiva hizo responsable a

año de 1737, a iniciativa del cabildo, el arzobispo virrey, Juan Antonio

los “indios”. Mientras que Antonio de Robles, quien en su Diario in-

Vizarrón y Eguiarreta, declaró a la Virgen de Guadalupe patrona de la

cluyó una “Relación del tumulto”, en una de sus adiciones a las noti-

Ciudad de México, en reconocimiento a su intercesión para proteger

cias del año 1692, anotó lo siguiente:

a los novohispanos de la peste. Al jesuita Juan Francisco López se le encomendaron las gestiones ante el papa Benedicto XIV para la con-

404

En 7 de abril lunes, segundo día de Pascua de Resurrección, predicó en

firmación del patronazgo, oficio, misa y fiesta el 12 de diciembre, todo

la catedral el padre fray Antonio de Ezcaray, del orden de San Francisco,

lo cual fue concedido por decreto del 24 de abril de 1754 y por el breve

estando presente el virrey, Audiencia y tribunales, con tanta imprudencia

Non est equidem del 25 de mayo de 1754.95

sobre la falta de bastimentos, que fue mucha parte para irritar al pueblo,

A los médicos y cirujanos se les encomendó que identificaran las

de suerte, que si de antes se hablaba de esta materia con recato, desde

causas de la epidemia y atendieran a los enfermos para evitar su muer-

este día se empezó a hacer con publicidad, atribuyendo las diligencias que

te. Los jesuitas, al igual que otros religiosos, salían a las calles, recorrían

hacía el virrey solicitando bastimentos para la ciudad, a interés y utilidad

los barrios de la ciudad para asistir con bastimentos a los indigentes

suya y aplaudieron mucho a dicho predicador.94

e impartirles los sacramentos, consolaban a los enfermos en los hospitales y establecieron casas-hospital y refugios en los barrios para los

Nuestr a Señor a de Guadalupe, intercesor a

huérfanos, gracias a la caridad de sus feligreses. El cabildo patrocinó

pa r a a l i v i o d e l o s f e l i g r e s e s

la ampliación del Hospital Real de Indios.96 A la par de estas medidas

Como culminación de nuestra propuesta de considerar a la Ciudad

pragmáticas, los regidores procuraron la intervención divina, para lo

de México como espacio de manifestación de la Iglesia católica pos-

cual organizaron plegarias y deprecaciones durante siete días. El pri-

tridentina, sugerimos el año 1737, cuando la severa epidemia del ma­

mer día fue dedicado “[…] a la sangre y madero de la cruz de Jesu-

tlazáhuatl y el incremento de la delincuencia en la ciudad motivaron

cristo”; los siguientes fueron para San José, el arcángel San Rafael, San

numerosas iniciativas del virrey y del cabildo para atender a los en-

Sebastián, San Cristóbal, San Roque y Santa Rosalía. Culminaron las

fermos y erradicar a los delincuentes.

rogativas el 28 de marzo de 1737, cuando el cabildo declaró a la Vir-

La epidemia se había iniciado en agosto de 1736, en un obraje en

gen de Guadalupe patrona general del reino; el 27 de abril se celebró

el pueblo de Tacuba, y para noviembre ya se había extendido hacia la

el juramento y el 14 de junio se dispuso que el cronista de la ciudad,

María Cristina Torales Pacheco, “Fray Antonio de Ezcaray, predicador disidente”, en María Cristina Torales Pacheco, Ilustrados en la Nueva España: los socios de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, México, Universidad Iberoamericana/Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País/Colegio de San Ignacio de Lozoya Vizcaínas, 2001, pp. 42-44. 95 M. C. Torales Pacheco, “La gran epidemia de 1575, el saber y los jesuitas”, op. cit. 96 Amanda de la Riva, Guía de las actas de cabildo de la Ciudad de México: años 17311740, siglo xviii, México, Departamento del Distrito Federal/Universidad Iberoamericana, 1988, pp. 121-125. 97 Acta de cabildo, 14 de junio de 1737. 94

Juan Francisco Sahagún de Arévalo Ladrón de Guevara, escribiera una memoria para conmemorar el fin de la epidemia y el patronazgo de Nuestra Señora de Guadalupe.97 No obstante, quien la escribió y publicó nueve años después fue Cayetano de Cabrera y Quintero, sacerdote del arzobispado, por orden del arzobispo virrey Vizarrón y Eguiarreta y a solicitud y costa del cabildo, con el título Escudo de armas de México. Ofreció en ella la reseña histórica de las epidemias en la Nueva España, de las instituciones hospitalarias, de las numerosas


pp. 402-403

J u a n Pa t r i c i o M o r l e t e R u i z ( 1 7 1 3 - 1 7 7 2 )

Vista de la Plaza Mayor de México, 1770

algunos mexicanos ilustres104 breves comentarios sobre la Ciudad de México:

Autor no identificad o

Procesión solemne de Nuestra Señora de Loreto a la Ciudad de México, 1727

Es una verdadera isla, en medio de un lago, en aquel nuevo continente, a los 20 grados de latitud norte. Todo el año disfruta de primavera. Porque los grandes calores coincidirían con la temporada de lluvias, y no tienen lugar. Ni tampoco se conoce la niebla (al estilo de Londres), porque

imágenes de Jesucristo y de la Virgen y los santos, y culminó con el

el sol siempre luce magnífico y envía sus rayos perpendiculares al trópi-

relato del origen y las celebraciones que en la ciudad se organizaron

co. El año 67 vimos allá caer la nieve y escapar como un ave blanca inusi-

con motivo del patronato.

tada cuando aquí en el enero de Bolonia, mientras escribo ya hace un mes que cubre la tierra.

L a Ciudad de México en el siglo X VIII: expresión

El suelo es feraz y devuelve ganancias de cuanto quiso gastarse en él.

d e l e s p í r i t u p r a g m át i c o d e l a I l u s t r a c i ó n

Abundan las frutas en los árboles, bellas y sabrosas, de las cuales ni el

Las narraciones de numerosas misivas, diarios, crónicas e informes

nombre siquiera acá nos llega. Lo más admirable es que las hay en cual-

de criollos y extranjeros que gobernaron, visitaron y habitaron la Ciu-

quier tiempo del año. La ciudad tiene 704 963 codos cuadrados, lo que

dad de México dieron cuenta de la supervivencia de la fisonomía del

supone un lado de casi 840 codos.105

espacio postridentino con adiciones derivadas de la Ilustración. Una ciudad que, avanzado el siglo xviii, contaba con catorce parroquias

Maneiro comentó que además de los seminarios y conventos

no borró su fisonomía postridentina. Dentro de la traza, la primera

de religiosos y monjas que había en la ciudad, “sin contar las casuchas de

parroquia ocupó una de las capillas de la catedral: a partir de 1768 su

la gente humilde y paupérrima”, tenía 3 528 casas y preciosos paseos,

sede fue el sagrario, obra maestra de Lorenzo Rodríguez; la segunda

arboledas y canales. Sus calles derechas y anchas permitían la fácil cir-

fue la de San Miguel; la tercera, la de Santa Catarina Mártir, y la cuar-

culación de vehículos, paseantes y viajeros. Por múltiples acequias

ta, la de la Santa Veracruz. Diez parroquias se ubicaban en los barrios

circulaban infinidad de canoas, en las que se transportaba todo género

para asistir en prioridad a los indios: San Sebastián, Santa Cruz y

de mercancías para su venta. Las casas eran dos o tres pisos, cómodas

Soledad, Santiago, San José, Santa Cruz Acatlán, San Lucas, Salto del

y suntuosas; en la planta baja, el agua nitrosa que la rodeaba generaba

Agua, San Antonio de las Huertas, Santa María y San Pablo.98 Había

el salitre que evitaba que se pudrieran frutos, legumbres y granos.

veinticinco conventos de religiosos y veintidós de monjas, todos con

“Por su solidez y hermosura descuella la catedral, el palacio del virrey,

sus iglesias. En los atrios de San Francisco y de Santo Domingo había

la Casa de Moneda tan admirada de los viajeros por sus proporciones

varias capillas edificadas por cofradías. En adición a estos espacios,

y belleza.”106 A propósito de la producción argentífera y la demostra-

hay que tener en cuenta las iglesias de los colegios de los jesuitas, las

ción cotidiana del lujo por los vecinos, afirmó:

99

cuales permanecieron un tiempo cerradas después del extrañamiento (1767); las iglesias de los colegios dedicados a la protección de la mujer,

En la Casa de Moneda se acuñan cada año por lo menos dieciocho mi-

como el colegio de niñas, el de Belén, el de San Ignacio para las vizcaí-

llones de onzas de plata, y hay minas de plata y pocas de oro en el país.

nas, el de la Enseñanza y el de Nuestra Señora de Guadalupe, conoci-

Con el metal que se extrae de las entrañas de la tierra, por la esplendidez

do como el de “las inditas”, fundado en 1753 por el jesuita Antonio

de los habitantes, el lujo es cosa corriente: hay elegancia en el vestido, her-

Modesto Ordoñana y que el 8 de diciembre de 1811 fue transforma-

mosos carruajes, vajillas de plata, tapices suntuosos sobre las paredes.107

do en el convento-colegio de la Enseñanza Nueva.

100

Había también

iglesias en los hospitales. En 1803, Alexander von Humboldt tuvo noticia de varios hospitales: Real de Indios, San Andrés, San Juan de Dios, Espíritu Santo, San Hipólito para dementes, el Divino Salvador para mujeres dementes, Santísima Trinidad para sacerdotes dementes, San Lázaro y San Antonio Abad para incurables, el de Betlem para convalecientes, el de la Purísima Concepción (o Jesús Nazareno) y el de la Tercera Orden de San Francisco.101 Por declaraciones de cuatro notarios, solicitadas por Juan Cienfuegos, vicario general del arzobispado de México, sabemos que, a mediados del 1788, había en la ciudad sesenta y siete cofradías,102 muchas de ellas con capillas propias. Además, en el siglo xviii se introdujeron las escuelas de Cristo o Santas Escuelas. Estas corporaciones eran conducidas por clérigos empeñados en formar a los feligreses adultos adscritos a ellas por medio de oraciones, ejercicios de penitencia y actos de caridad.103 Una descripción de la Ciudad de México desde el exilio

Juan Luis Maneiro (1744-1802), quien en 1767 partió a causa de la pragmática sanción impuesta por Carlos III a los jesuitas residentes en los territorios de la monarquía española, incluyó en su obra Vidas de

98 Juan de Viera, Breve y compendiosa narración de la Ciudad de México [1777], presentación de Jorge Silva Riquer, México, Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 1992, pp. 50-51. 99 Ibid., pp. 59-61. 100 Josefina Muriel, La sociedad novohispana y sus colegios de niñas, t. ii: Fundaciones de los siglos xvii y xviii, México, Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de México, 2004, pp. 292-304. 101 Alejandro de Humboldt, Ensayo político sobre el reino de la Nueva España, estudio preliminar de Juan A. Ortega y Medina, México, Porrúa, 1991, p. 577. 102 Rodrigo Illescas Butrón, Cofradías en la Ciudad de México en el siglo xviii: la perspectiva del contador Juan Joseph de Yllescas, tesis de maestría en Historia, México, Universidad Iberoamericana, 2020, p. 22. 103 Carolina Yeveth Aguilar García, “¿Una feligresía renovada?, Congregaciones del Santísimo Sacramento y Escuelas de Cristo en la Ciudad de México, siglo xviii”, en María Teresa Jarquín Ortega y Gerardo González Reyes (coords.), Orígenes y expresiones de la religiosidad en México: cultos cristológicos, veneraciones marianas y heterodoxia devocional, Zinacantepec, El Colegio Mexiquense, 2020, p. 323. 104 María Cristina Torales Pacheco, “Del extrañamiento a la Restauración: los jesuitas Ocio, Rabanillo, Ramírez, Castro, Maneiro, Ganuza, Castañiza y Márquez”, en María Cristina Torales Pacheco y Juan Carlos Casas García (eds.) Extrañamiento, extinción y restauración de la Compañía de Jesús: la Provincia Mexicana, México, Universidad Iberoamericana/ Universidad Pontificia de México/Sociedad Mexicana de Historia Eclesiástica, 2017, pp. 386-396. 105 Juan Luis Maneiro, Vida de algunos mexicanos ilustres [1791-1792], t. 1, traducción de Alberto Valenzuela Rodarte, estudio introductorio y apéndice de Ignacio Osorio, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1988, p. 73. 106 Ibid., t. 1, p. 74. 107 Ibid.

405


Estas palabras revelan la comunicación que desde el exilio te-

La baja calidad del aire la atribuyó el barón de Humboldt a “[…] la

nían los jesuitas con los vecinos de la urbe y la difusión entre los le-

cantidad de hidrógeno sulfurado que se desprende de todos los lagos

trados europeos de la grandeza de la Ciudad de México hacia 1791.

mexicanos, y que el acetato de plomo indica en grande abundancia en los lagos de Texcoco y Chalco, contribuye sin duda en ciertas si-

B o n d a d e s y c r e c i m i e n t o d e l e s pa c i o , e l c l i m a y s u población a decir de Humboldt

406

tuaciones a la insalubridad del aire del valle”.109 En 1746, Joseph Antonio Villaseñor y Sánchez afirmó que

Diez años después de la publicación de la obra de Maneiro, en los

en la ciudad habitaban 50 mil familias de españoles y 40 mil de mes-

albores de la insurgencia, la mirada de Alexander von Humboldt mo-

tizos, mulatos y negros, y que más de 8 mil de indios residían dentro

tivó a numerosos europeos a cruzar el Atlántico para admirar la Ciu-

y fuera de la traza,110 mientras que Humboldt manifestó que a princi-

dad de México:

pios del siglo xix ésta era la urbe más poblada del continente: sólo tenía 40 mil habitantes menos que Madrid y era mayor que muchas

A excepción de Petersburgo, Berlín, Filadelfia y algunos barrios de West-

grandes ciudades de Gran Bretaña y Francia, con excepción de Lon-

minster, apenas existe una ciudad de aquella extensión que pueda com-

dres, Dublín y París. La población ascendía a 135 mil habitantes, apro-

pararse con la capital de Nueva España, por el nivel uniforme del suelo

ximadamente. De ellos, 2 500 eran europeos; 65 mil, criollos; 33 mil,

que ocupa, por la regularidad y anchura de las calles, o por lo grandioso

indígenas; 26 500, mestizos, y 10 mil, mulatos. Había mestizos “[...]

de las plazas públicas. La arquitectura en general es de un estilo bastan-

tan blancos como los europeos [...]”. De cinco mil a seis mil eran mi-

te puro; y hay también edificios de bellísimo orden. El exterior de las

litares o miembros de milicias, y en los conventos de varones residían

casas no está cargado de ornatos. Dos clases de piedra de cantería, es a

1 200 personas y en los de mujeres, 2 100.111

saber: la amigdaloida porosa, llamada tezontli, y sobre todo un pórfido con base de feldespato vidrioso y sin cuarzo.108

El orgullo en todos los órdenes de la vida quedó de manifiesto en un afán clasificador, visible en las numerosas representaciones plásticas que mostraron allende los mares la riqueza de la naturaleza, de

Muchos de los escritos de la época que se refieren a las virtudes del sitio donde está ubicada la urbe reconocieron que, en la época de

las flores y de los frutos y de la diversidad étnica de los pobladores, exhibidos en el lugar social que ocupaban.

secas, las aguas sucias y estancadas y las costras de sales eflorescentes por la desecación del lago de Texcoco, que desde San Lázaro se ob-

La r acionalidad económica de un sacerdote a

servaban en época de calor, causaban olores y vapores desagradables.

propósito de l a ciudad

A. de Humboldt, op. cit., p. 118. Ibid. 110 J. A. Villaseñor y Sánchez, Theatro americano: descripción general de los reynos, y provincias de la Nueva España, y sus jurisdicciones, op. cit., t. i, p. 35. 111 A. de Humboldt, op. cit., p. 129. 112 J. de Viera, op. cit., p. 148. 108 109

A lo expresado por Juan Luis Maneiro sumemos lo escrito por el sacerdote Juan de Viera (ca. 1719-1781), quien se refirió a la ciudad como “segunda Babilonia mexicana, de este hermoso laberinto de grandeza, de este erario de riqueza y tesoro de esa nueva tierra de promisión que corre leche y miel”.112


Describió el portal de Mercaderes, el de Las Flores y el mercado en

Autor no identificad o

Vista del Real Palacio de la Ciudad de México, siglo xviii D i e g o G a r c í a C o n d e ( 1 76 0 - 1 8 2 5 )

Plano general de la Ciudad de México, 1807

la plaza principal. En éste había “montes” de noventa variedades de frutas y de hortalizas; puestos de legumbres, semillas, azúcar, panocha, carne salada y cecina, pescados salados frescos de las lagunas de los ríos cercanos y de las costas. De las aves, podían encontrarse patos, apipiscas, sarapiques y chichicuilotes; calculó que cada día se consu-

Vieira describió la ciudad rodeada por los lagos de Texcoco, San

mían más de seis mil aves de estos tipos sin contar las agachonas,

Cristóbal y Chalco, cruzada por sus numerosas acequias con muy

tórtolas y codornices ni los pájaros diversos que los indios vendían.

favorable clima todo el año. Sobre el Palacio Virreinal mencionó que,

Había conejos, venados, y cabritos; las gallinas, los pavos y los picho-

además de la residencia del virrey y de muchos de sus funcionarios,

nes excedían en número a los demás animales. En ese mercado, como

se ubicaban en él dependencias del gobierno, como la administración

en los de los barrios, había puestos de pan; el pan bazo y la semita para

y la impartición de la justicia. Frente a la puerta principal, nos informa,

consumo de “los más necesitados”, y tamales y atole, “desayuno de la gen-

se apreciaba la escultura del rey Fernando VI, sobre una columna, en

te pobre y desvalida”. Los transeúntes y los forasteros “almuerzan, comen

la que en letras de oro se podían leer poemas en latín y en castellano.

y cenan” con las cocineras. Se vendía mantequilla y quesos frescos y

Viera se ocupó también de la catedral y de las casas del cabildo. De la

añejos. Como puede apreciarse, Viera pretendió hacer una relación

primera, resaltó el estilo dórico de sus portadas y sus elevados muros

detallada de la infinidad de productos de la tierra y de otros continen-

de tezontle y mezcla —tal como en el siglo xvi concibieron esa técni-

tes que incluía el abasto de la urbe. Describió también lo que se vendía

ca de construcción los jesuitas, como ya ha quedado dicho— y ofre-

en el “mercado del baratillo”, en donde se adquiría “de todo ya usado”.

ció al lector un inventario con el valor aproximado de las cuantiosas

En El Parián, los poderosos mercaderes del consulado vendían pro-

manufacturas conservadas en su interior: los dos órganos, las rejas del

ductos procedentes de Europa, Asia y otras partes de América. En

coro, el facistol de factura asiática, la bien labrada sillería, los retablos,

una de sus calles, por ejemplo, se podía adquirir lo necesario para el

imágenes, ornamentos, candiles, candelabros, ramilletes, de oro y pla-

adorno de una casa: camas, biombos, taburetes, estrados, baúles y es-

ta, las esculturas, etcétera.

pejos. Calculó el valor de lo que ahí se vendía en 30 millones de pe-

Viera nos compartió con detalle su apreciación sobre la extraor-

sos.113 El sacerdote hizo referencia al comercio ambulante, como el de

dinaria riqueza de la Ciudad de México, la solidez y magnificencia de

las hueveras o el de los indios carpinteros de Xochimilco, quienes en-

sus edificios, las abundantes joyas de oro, plata, piedras preciosas y

frente de la universidad hacían y vendían mobiliario.114 Las palabras

las muchas perlas que, además de ser exhibidas como ornamentos

de Viera mostraron a la Ciudad de México como el emporio mercan-

para las imágenes pías, eran portadas de manera cotidiana por euro-

til de América.

peas, criollas, mestizas, indias y castas. Comentó incluso que por las joyas que las adornaban, era fácil confundir a una acaudala mujer de

113

la nobleza con una dama de escasa fortuna.

114

Ibid., pp. 32-36. Ibid., p. 42.

407


Autor no identificad o

Biombo Conquista de México y vista de la Ciudad de México, siglo xvii Obr ador de los Correa (siglo xvii)

Biombo Conquista de Tenochtitlan y la muy noble y leal Ciudad de México, ca. 1675-1692


410

G o b e r n a r pa r a l o g r a r e l b i e n e s t a r e n l a u r b e

tica de las artes y ciencias útiles. Las continuas epidemias demanda-

En la Ciudad de México, las primeras señales de cambio por iniciativa de

ron la ampliación de los hospitales ya establecidos y la fundación de

los virreyes de la dinastía borbónica se evidenciaron durante el go-

otros de carácter provisional, así como espacios extensos para los

bierno del conde de Fuenclara (1742-1746), quien solicitó a los habitan-

panteones; entre otros, se amplió el de San Lázaro y se estableció el

tes aportaciones para iniciar el empedrado de las calles. Se amplió la

de Santa Paula. El orden fue impuesto mediante la ya mencionada

calzada de San Antonio Abad y se llevó a cabo la reparación del acueduc-

división en cuarteles, que eran vigilados por los regidores. El lujo y el

to que trasladaba el agua de Santa Fe. Interesado en procurar el orden y

ocio fueron privilegiados por los ilustrados, porque, entre otras razones,

policía (erradicar los continuos robos y asesinatos, entre otras cosas),

eran considerados un motor que activaba el comercio y, en conse-

insistió, poco antes de concluir su gestión en 1746, en la división de la

cuencia, incidía en la economía del reino. La comunicación, la ins-

ciudad en cuarteles, como se hacía ya con éxito en las principales ur-

trucción y la creación eran, en efecto, propiciadas por el ocio.

bes de Europa (en 1713 lo había propuesto, sin resultados, el virrey duque de Linares).115 Estas iniciativas de Fuenclara fueron tan sólo las

Arquitectur a útil en plazas, jardines y casas

primicias de la promoción de la modernización urbana desde el gobier-

pa r a e l b i e n e s t a r y l a c o m o d i d a d

no con la que comulgaron los novohispanos de cara a la Ilustración.

El reto de los vecinos fue hacer de su ciudad un espacio para el bienes-

Actores privilegiados de la transformación urbana para hacer de

tar, al tiempo que el incremento de la población obligaba a su expansión

México una ciudad ilustrada, sus habitantes participaron en la prác-

sobre terrenos desecados de los antiguos lagos. A fines del siglo xviii

Ordenanza de la división de la Nobilísima Ciudad de México en cuarteles, creación de los alcaldes de ellos, y reglas de su gobierno: dada y mandada observar por el Exmo. Señor Don Martín de Mayorga, virrey, gobernador, y capitán general de esta Nueva España, México, Felipe de Zúñiga y Ontiveros, 1782. 116 María Cristina Torales Pacheco, “La Ciudad de México a fines del siglo xviii, expresión urbana de la Ilustración”, en Manuel Ramos Medina (comp.), Historia de la Ciudad de México en los fines de siglo (xv-xx), México, Grupo Carso, 2001, p. 176. 115

contaba con espacios para el comercio, la socialización y la recreación en la Plaza Mayor, cinco plazas de mercado y 84 plazuelas, 355 calles, 146 callejones y 12 barrios. Había 3 389 casas para la habitación de familias con caudal, 722 vecindades, 43 pulquerías, 19 mesones y 28 “corrales” o posadas para alojar a los continuos forasteros que arribaban a la capital.116 En el exterior de la traza, en las tierras llanas, algunas


Autor no identificad o

De albina y español produce negro tornatrás, siglo xviii Atribuidos a J o s é d e A l c í b a r ( c a . 1 7 3 0 - 1 8 0 3 ) De español y negra, mulato, ca. 1760 De español y morisca, albino, ca. 1760


Juan de Viera, Breve y compendiossa narración de la Ciudad de México, 1777 Autor no identificad o

Paisaje novohispano (detalle), siglo xviii

La edificación de casas con amplios jardines, el trazo de paseos y la construcción de edificios funcionales para las innovadoras instituciones impusieron la expansión de la ciudad hacia el poniente, sobre tierras y solares del barrio de San Juan. Ignacio Castera, por ejemplo, construyó su casa entre los paseos de Bucareli y Revillagigedo, acorde con el “buen gusto”; en ella, el 8 de mayo de 1790, se inauguraron las lecciones de botánica y se vendieron los primeros ejemplares de la obra del naturalista Linneo.119 Por la calle de Tacuba, ya fuera de la traza, Manuel Tolsá edificó su residencia y construyó la mansión que la marquesa de Selva Nevada dispuso como herencia para su hijo, el conde de Buenavista. En la arquitectura de los espacios multifamiliares también quedó de manifiesto el concepto de lo útil. En torno a los magnos edificios de colegios, hospicios y seminarios se construyeron numerosas accesorias de dos niveles: la planta alta era destinada a vivienda y la baja a talleres de artesanos, oficiales y pequeños comercios; las rentas eran un apoyo para el mantenimiento de esas instituciones. Ejemplos de esto son los edificios del Colegio de San Ignacio, para mujeres vizcaínas, y el del Real Seminario de Minas. En los barrios, para la población multiétnica, se multiplicaron las viviendas colectivas o vecindades: sucesio-

412

insalubres y pantanosas, pastaba y se engordaba el ganado para el

nes de habitaciones en torno a grandes patios, algunos de dos niveles.

abasto de la urbe. En las villas de Tacuba, Tacubaya, Coyoacán y San

En los zaguanes no faltaban las mujeres que preparaban alimentos para

Agustín de las Cuevas, la fertilidad del suelo y la bondad del clima es-

vender a los transeúntes, a los forasteros o a quienes sólo podían cos-

timularon la construcción de huertas y casas de descanso y recreación.

tear un cuarto sin fogón.

Las viviendas del siglo xviii para las personas privilegiadas se

La urbe moderna, que valoró el ocio de los vecinos, exigió mayores

distinguieron por la distribución de los espacios, los grandes venta-

espacios para la recreación. El más antiguo e inmediato a la traza fue

nales que facilitaban la ventilación y escaleras amplias y bien ilumi-

la Alameda, que por orden del virrey marqués de Croix se amplió y

Cuando los solares lo permitían, incluían huertas y jardines,

transformó siguiendo los cánones de los jardines franceses. Se reparó la

con los que se fomentó la socialización al aire libre. El espacio con-

calzada de La Piedad y fueron trazados los paseos de Bucareli y Revi-

templaba habitaciones de “sociedad”, habitaciones de “ostentación” y

llagigedo. Eran también gratificantes los paseos por la arbolada calza-

habitaciones de “retiro”. En las primeras se recibía a las visitas coti-

da de Tacuba hacia la Tlaxpana. En días de asueto había vecinos que

dianas, las segundas estaban destinadas para las grandes ceremonias

se dirigían al barrio de la Candelaria, a Sancopinca, a los límites del

y en las terceras los habitantes realizaban sus actividades cotidia-

barrio de San Pablo y a Romita. En las noches de luna llena, algunos

nadas.

117

entre otras, las recámaras, los cuartos destinados al “comedero”,

acudían al paseo por la laguna de Chalco, y en trajineras con música

las salas de costura y bordado, la biblioteca y los gabinetes; en estos

y merienda se dirigían a Iztacalco; otros pernoctaban en Santa Anita,

últimos se conservaban instrumentos científicos, mapas, minerales

en San Andrés Tetepilco o en Mexicalcingo. Juan de Viera registró

plantas, insectos, etcétera. En las azoteas, bajo los quitasoles, las mu-

también como espacio edificante y recreativo el de la villa de Guada-

jeres bordaban, leían, observaban a lo lejos los volcanes —custodios

lupe. Complementos de los paseos fueron el palenque y el coliseo. El

silenciosos de la ciudad— o acompañaban a los niños que, entre otras

primero estrenó en 1798 un nuevo edificio, donde en las mañanas los

diversiones, volaban sus papalotes y de cuando en cuando observa-

jóvenes con sus floretes realizaban sus prácticas de esgrima y por las

ban los globos aerostáticos o disfrutaban de los paisajes del entorno

tardes corrían las apuestas en las peleas de gallos. Al coliseo acudían

a través de telescopios.

los vecinos a ver a magos y saltarines, cantantes de ópera, dramaturgos

nas:

118

y cómicos. En corrales ubicados en los barrios se interpretaban dramas y comedias de invención popular. Los religiosos camilos contaM. C. Torales Pacheco, Ilustrados en la Nueva España: los socios de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, op. cit., p. 303. 118 “Discurso sobre la comodidad de las casas, que procede de su distribución exterior e interior”, en Ensayo de la Sociedad Bascongada de los Amigos del País: año de 1766, dedicado al rey N. Señor, Vitoria, Thomas de Robles, 1768, pp. 224-280. 119 M. C. Torales Pacheco, Ilustrados en la Nueva España: los socios de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, op. cit., p. 304. 117

ban en su convento con un frontón que alquilaban para el juego de la pelota vasca. Se multiplicaron las pulquerías, vinaterías, chocolaterías y, avanzado el siglo, los cafés. Las veladas en las casas de juego se alternaron con las tertulias entre amigos y familiares dentro de los hogares. El horario nocturno de socialización se amplió con la introducción del alumbrado, con cientos de faroles alimentados con aceite de nabo.


En un breve párrafo de El viajero universal, voluminosa colec-

En 1780, había en la ciudad treinta y dos escuelas de primeras

ción publicada en Madrid en el último año del siglo xviii, se difundió

letras, atendidas por maestros, además de “las amigas” que ejercían el

el legado urbano de ese siglo: el orden, la policía, el bienestar, el ocio, el

magisterio en las casas.121 Después de la crisis agraria de 1785, que

lujo, lo útil y el “buen gusto”, conceptos privilegiados por la Ilustración:

afectó de manera significativa el abasto de las ciudades del centro del territorio, el cabildo de México consideró prioritaria y estratégica la

El alumbrado de México es uniforme, y da bastante luz para caminar, sin

fundación de escuelas públicas gratuitas. Algunas fueron fundadas

incomodidad […], en cada esquina hay un sereno que cuida del aseo y

por los curas de las parroquias, otras por colegios y conventos y una

provisión de los faroles y al mismo tiempo de la seguridad de las casas y pa-

más por el cabildo.122 Para incidir en los adultos analfabetos, había

sajeros. Además, andan por las calles todas las noches rondas de todos

que tener presente a las ya mencionadas Santas Escuelas de Cristo, que

los regimientos que están sobre las armas […]. Para la diversión del públi-

enseñaban a leer y a escribir, a la par de la instrucción religiosa. En los

co hay en México varios paseos. Una hermosa alameda con cinco fuentes,

albores del siglo xix, una proporción significativa de habitantes de

el paseo nuevo o de Bucareli, el de La Piedad y el de La Viga. Este último

los barrios sabía leer, escribir y contar.

se nombra también de Revillagigedo por su autor, y es seguramente el

La educación de la mujer fue favorecida también por los vecinos

más hermoso por estar situado a la orilla de la acequia que va a Iztacalco,

de la ciudad de cara a las Luces. Además de continuar con el patroci-

donde hay infinidad de canoas en que se paseaban las gentes, coronadas

nio de los colegios centenarios de la Caridad y de San Miguel de Be-

de rosas, y formando la más deliciosa vista.

lén, la madre María Josefa de Azlor fundó el Colegio de la Enseñanza

120

con su herencia y con las aportaciones de reconocidos empresarios. E l c a m i n o a l a f e l i c i d a d a t r av é s d e l a

El 9 de septiembre de 1767 abrió sus puertas el Colegio de San Igna-

i n s t ru cc i ó n y d i v u lg ac i ó n d e l co n o c i m i e n to

cio para mujeres de la “nación vizcaína”. Esas instituciones, además

Los habitantes de la Ciudad de México lograron conciliar su convicción

de la impartir instrucción religiosa y de enseñar costura, bordado,

y aspiración por la trascendencia con la racionalidad ilustrada, que

lectura, escritura y aritmética, fueron puntales de nuevos horizontes.

los motivó a transitar, mediante la instrucción, de la barbarie a la felicidad terrenal. Las autoridades virreinales y religiosas, las élites intelectuales, las mercantiles, las que llevaban a cabo la producción agraria y la explotación minera a gran escala, en consonancia con el pensamiento ilustrado que convocaba a erradicar la ignorancia a través de la instrucción, impulsaron numerosas iniciativas para lograr la felicidad y el bienestar de los vecinos de la ciudad. Para ello asumieron como reto extender los conocimientos básicos a toda la población. Todo ser humano debía saber el catecismo, leer, escribir y contar.

120 Citado en María Cristina Torales Pacheco, “Multiculturalidad e Ilustración en la Ciudad de México en los albores de la Independencia”, en José Miguel Delgado, Ludolf Pelizaus y María Cristina Torales Pacheco (coords.), Las ciudades en las fases transitorias del mundo hispánico a los estados nación: América y Europa (siglos xvi-xx), Madrid y Fráncfort, México, Iberoamericana-Vervuert/Bonilla Artigas, 2014, p. 184. 121 Acta de cabildo, 14 de enero de 1780, en Angelina Olivas, Guía y estudio introductorio de las actas de cabildo de la Ciudad de México, 1776-1785, tesis de licenciatura en Historia, México, Universidad Iberoamericana, 2000, p. 94. 122 M. C. Torales Pacheco, Ilustrados en la Nueva España: los socios de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, op. cit., pp. 111-113.

413


Se multiplicaron los libros escritos e impresos, especialmente para

de su sustento, se estableció una junta de caridad, integrada por veci-

ese género.

nos distinguidos por su caudal y por sus luces.

Para la atención de los huérfanos, ignorantes y desposeídos, se 414

fundó el Hospicio de Pobres. Fue iniciativa del canónigo Fernando

P r e s e r va r l a v i d a a n t e l a a m e n a z a

Ortiz Cortés y Zúñiga, quien convocó a los vecinos más acaudalados

de las epidemias

para que con sus aportaciones mensuales esa institución cumpliera

A la epidemia de matlazáhuatl de 1736-1737, que motivó el juramen-

con su propósito. A quienes se incorporaban, se les garantizaba vi-

to de la ciudad a Nuestra Señora de Guadalupe como su patrona, si-

vienda, vestido, sustento e instrucción para hacer de ellos buenos cris-

guieron otras de viruela los años de 1761, 1779 y 1797. La de 1779

tianos, ciudadanos instruidos, útiles y ejemplos de “amor patrio”. Así

causó más de cuarenta mil muertos en el reino. La labor del arzobis-

fue descrito su primer impacto entre los vecinos ilustrados:

po Alonso Núñez de Haro, en auxilio de los menos favorecidos, fue considerada como un ejemplo en Europa; a su costa instaló cuatrocien-

[…] se han acogido más de 300 de ambos sexos y para mantenerlos han

tas camas en el excolegio jesuita de San Andrés, lo que más tarde de-

pensionado al público […], les han puesto dos capellanes […], es un gus-

rivó en la fundación del Hospital General. Para enterrar a la población

to de ver que no hay quien pida limosna en las iglesias y calles, muchos

se abrieron dos camposantos. El cabildo de la ciudad nombró comi-

de los pobres no han entrado en la casa, y andan aquí sin atreverse a

sionados para que dos veces al día fueran de casa en casa a identificar

pedir, otros se han ido fuera; hay orden de los señores virrey y arzobispo

a los enfermos y a proporcionarles alimentos, medicinas y ropa.

para el que le cogieren pidiendo lo lleven a la casa, los han vestido de

EL cabildo —y los vecinos en general—, además de organizar ro-

caserillo, paño de la tierra, y los mejores, de bayeta; están con total sepa-

gativas, procesiones y novenarios para solicitar la intervención divi-

ración los hombres de las mujeres, con cocinas, dormitorios y refecto-

na, apoyó las iniciativas de los médicos y, con poco éxito, promovió

rios aparte.123

por primera vez la inoculación en el Hospital de San Hipólito, bajo la dirección del doctor Esteban Morel. José Ignacio Bartolache, erudi-

A decir de Humboldt, había en el hospicio 113 niños, 56 niñas,

to divulgador de los conocimientos útiles, propuso novedosas medidas

Con un legado de Francisco de Zúñiga

higiénicas y promovió la inoculación en su revista periódica Mercu-

313 hombres y 439 mujeres.

124

se construyó la capilla y se ampliaron las instalaciones, que fueron inauguradas por el virrey en 1806. Para su administración y garantía

rio Volante. La misiva de un vecino nos aproxima a lo que esa epidemia significó en familias pudientes:

123 Francisco Ignacio de Iraeta, citado en M. C. Torales Pacheco, Ilustrados en la Nueva España: los socios de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, op. cit., p. 114. 124 A. de Humboldt, op. cit., p. 577.

[…] todas las casas están apestadas de una grande epidemia de viruelas; en el día, en casa tengo ocho enfermos gravemente accidentados, y un


Atribuido a J u a n Pa t r i c i o M o r l e t e R u i z ( 1 7 1 3 - 1 7 7 2 ) Valle de Iztacalco con casta (de india y español produce mestiza), siglo xviii Autor no identificad o

Petra María de Guadalupe Tomasa y Juan Nepomuceno de Moncada y Berrio, ca. 1781


José Simón de L arrea (ca. 1793-1820)

Grabado que representa a un niño con un cachorro e instrumentos musicales que ilustra las áreas de aplicación de la vacuna antivariólica, la lanceta con la que se realiza dicha aplicación, y tres botones con la evolución en tamaño y apariencia, del 4º al 11º día, 1804 Autor no identificad o

Mariano José de Zúñiga y Ontiveros, siglo xviii

Años más tarde, en 1797, una vez más se presentó una epidemia de viruela. Entonces, la inoculación tuvo mayor aceptación y contribuyó a salvar numerosas vidas. De los 70 mil vecinos que enfermaron sólo falleció 10 por ciento.126 El doctor Francisco Xavier Balmis, quien durante su estancia en la Ciudad de México había apoyado al arzobispo Núñez de Haro en la atención de los enfermos con motivo de la epidemia de 1778, veinticuatro años después, como médico del rey Carlos IV, organizó una magna expedición para aplicar la vacuna contra la viruela a los vasallos residentes en Europa, América y Asia. La Ciudad de México fue el principal escenario de esa primera campaña global. Balmis partió en noviembre de 1803 con los portadores de la vacuna, niños huérfanos que fueron hospedados en el Hospicio de Pobres, de donde fueron trasladados a distintas ciudades del territorio novohispano. Los días 25 y 26 de abril de 1804, el virrey José de Iturrigaray hizo vacunar a Vicente, su hijo, quien estaba próximo a cumplir dos años, para dar ejemplo y motivar a los habitantes.127 Dispuso también la publicación de un suplemento en la Gazeta de México para divulgar el origen e importancia de la vacuna.128 I m p o r ta c i ó n y p r o d u c c i ó n d e l i b r o s ,

416

criado cochero esclavo se ha muerto, la primera que cayó fue Margarita,

f o l l e t o s y g a c e ta s

mi hija, la que ha tenido feroces viruelas, fue una viruela de pies a cabe-

Complemento de la instrucción fue el acceso al conocimiento a tra-

za, después le ha seguido María Rosa, la que ha estado muy mala […],

vés de la letra impresa. De Veracruz llegaban con rapidez a la ciudad

mire vuestra merced qué congojas, todas las casas están en el mismo

los cajones de libros, folletos y hojas noticiosas que, previamente re-

modo, el que me escribía a la mano es uno, no hay criada que sirva por-

visados por la Inquisición, eran entregados a sus dueños: comer-

que todas están malas, ni enfermeras que cuiden, pues la que no está

ciantes, en general, libreros y aun particulares, que previo pedido

mala, tiene enfermos en su casa; yo tengo en casa cuatro enfermeras y

recibían ediciones procedentes de las prensas europeas. Hay que de-

son necesarias todas.125

cir que de los folletos y hojas volantes de noticias llegaban pocos ejemplares, pero en cuestión de horas eran multiplicados en las imprentas locales, vendidos en las plazas y portales, y leídos en voz alta entre parientes y amigos o en las tertulias literarias, e incluso en las

“Carta de Francisco Ignacio de Yraeta a José Fernández Gil residente en Guatemala, 10 de noviembre de 1779”, en Acervos Históricos de la Universidad Iberoamericana, México, Archivo de Comerciantes, 2. 1. 6. ff. 238r-242v. 126 Francisco Sedano, Noticias de México: crónicas de los siglos xvi al xviii, t. 3, México, Secretaría de Obras y Servicios-Departamento del Distrito Federal, 1974, pp. 91-92. 127 “Noticia que se da al Público de la feliz inoculación del suero bacuno […]”, en Suplemento a la Gazeta de México, núm. 12, en Gazeta de México: compendio de noticias de Nueva España, México, Imprenta de don Mariano de Zúñiga y Ontiveros, 1803-1805, pp. 93-96. 128 María Cristina Torales Pacheco, “La primera campaña mundial de vacunación: un testimonio histórico de voluntad y decisión política para enfrentar una pandemia”, en La mirada de la Academia, 20 de agosto de 2020, disponible en https://blog.miradadelaacademia.ibero.mx/la-primera-campana-mundial-de-vacunacion-un-testimonio-historico/; consultado en octubre de 2021. 129 María Cristina Torales Pacheco, “Voces de las élites novohispanas en tiempos de las Cortes de Cádiz”, en Manuel Camacho Higareda y María Cristina Torales Pacheco (coords.) Los novohispanos en las Cortes de Cádiz y su impacto en el México nacional, México, Universidad Autónoma de Tlaxcala, 2013, p. 68; María Cristina Torales Pacheco, “Clérigos ilustrados, precedente de la Independencia: Manuel de la Borda”, en Juan Carlos Casas (ed.), Libro anual de la Sociedad Mexicana de Historia Eclesiástica, 2011-2012, México, Universidad Pontificia de México, 2014, pp. 317-336, y María Cristina Torales Pacheco, “Los eclesiásticos ilustrados”, en Juan Carlos Casas (ed.), Nueva historia de la Iglesia en México, vol. i: De la evangelización fundante a la Independencia, México, Sociedad Mexicana de Historia Eclesiástica/Universidad Pontifica de México, 2018, p. 959. 125

homilías de las misas dominicales.129 Arribaban a México, procedentes de Europa, numerosas publicaciones; entre éstas, las de los jesuitas expulsos, publicadas en latín y en toscano, expresiones humanísticas que alimentaron el amor patrio de los americanos. No obstante que era muy costosa la producción en la Ciudad de México, operaron en el siglo xviii numerosos impresores, que publicaron cerca de 7 378 ejemplares. Entre las principales imprentas cabe hacer mención de la de Felipe de Zúñiga y Ontiveros (1764-1793), la cual heredó Mariano José de Zúñiga y Ontiveros (1795-1825), y la de José de Jáuregui (1766-1778), que a fines del siglo estaba a cargo de María Fernández de Jáuregui. De los impresos hay que citar al menos las publicaciones periódicas: la Gazeta de México, que comenzó a aparecer en 1784; la Gazeta de Literatura, iniciativa de Antonio Alzate, y el Mercurio Volante, de José Ignacio Bartolache. Los ilustrados con recursos poseían bibliotecas, gabinetes y colecciones de vegetales, animales y minerales; algunos tenían instrumentos científicos. Los letrados carentes de medios tuvieron acceso a los libros de la biblioteca pública de la Real y Pontificia Universidad.


Educar en las artes y las ciencias

En el siglo xviii se evidenciaron la innovación y la promoción del saber orientados a la salud corporal, acciones que fueron manifiestas con la fundación del Real Colegio de Cirugía, por decreto real de 17 de marzo de 1768. Fueron destinados para ese propósito los cirujanos formados en Cádiz Andrés Montaner y Manuel Antonio Moreno.130 Montaner inició su primera demostración quirúrgica el 3 de febrero de 1770, después de salvar sus diferencias con Domingo Russi Meabe, cirujano de la armada, también formado en Cádiz, quien estaba a cargo del Real Hospital de Indios y se reconocía como médico del colegio de mujeres vizcaínas, del virrey y del arzobispo.131 Los cirujanos realizaron allí autopsias en aras de conocer mejor la naturaleza de las enfermedades padecidas por sus pacientes, los orígenes de las epidemias, etcétera. En el Hospital Real de Indios se solía atender a un promedio de cuatrocientos naturales, que durante las epidemias llegaban a ser hasta tres mil quinientos. Allí auxiliaban a los enfermos capellanes que dominaban el náhuatl, el otomí y el mazahua. Ya hemos mencionado cómo el barón Alexander von Humboldt radicó en Nueva España el año de 1803 con la anuencia del rey Carlos IV. A través de sus conocimientos, de su mirada, de sus experiencias y del intercambio de saberes con los novohispanos —todo lo cual dejó plasmado en sus escritos—, podemos aproximarnos a los vecinos ilustrados y a su preferencia por las artes y las ciencias útiles. En la Real Academia de las Bellas Artes sorprendió a Humboldt la magnífica colección de yesos, réplicas de las más significativas esculturas de la Antigüedad y del Renacimiento, obsequiadas por el monarca español, la cual, según mencionó el científico, costó 40 mil pesos y era “[...] más bella y completa que ninguna de las de Alemania”.132 También llamó su atención la presencia en las salas de dibujo de discípulos de diversas edades y condiciones sociales: artesanos, alarifes, arquitectos, pintores y escultores, así como miembros de la élite, todos ellos ávidos por dominar las técnicas y atentos a las instrucciones del maes418

tro por el afán de cultivar su creatividad estética con un sentido útil. La fundación de la escuela de dibujo fue iniciativa de Gerónimo Antonio Gil, quien tuvo el propósito de formar a los dibujantes para que colaboraran en la Casa de Moneda. Dicha iniciativa culminó con la apertura de la Real Academia de las Nobles Artes de San Carlos, inaugurada en 1785 por el virrey Matías de Gálvez. Con esa institución se aceleró la construcción y la remodelación de magníficos edificios, así como la realización de pinturas y esculturas en el orden del “buen gusto”. Ilustramos la impronta de los académicos que la dirigieron haciendo referencia a dos magnas obras de Manuel Tolsá, director de Escultura. Con su creatividad y destreza tecnológica, apoyado por numerosos operarios, entre ellos sus discípulos, creó la escultura de Carlos IV. Una primera versión en madera, dorada por el propio escultor, fue colocada el año 1796 al frente del Palacio Virreinal con motivo del cumpleaños de la reina María Luisa. Siete años después, Tolsá obtuvo los metales que seleccionó para la aleación y dirigió la edificación de los hornos, la fundición y el vaciado de la escultura en

130 Ulises Rodríguez Wong y Ulises Rodríguez Medina, “El Real Colegio de Cirugía de Nueva España, en la Ciudad de México: a 250 años de su fundación”, en Cirugía y Cirujanos, vol. 87, núm. 5, 2019, p. 596. 131 M. C. Torales Pacheco, Ilustrados en la Nueva España: los socios de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, op. cit., pp. 258 y 288-290. 132 A. de Humboldt, op. cit.

Miguel Jerónimo Zendejas (1724-1815)

El almacén (detalle), 1797


una sola pieza.133 El virrey Iturrigaray la develó el 9 de diciembre de

Palacio de Minería, Ciudad de México, México

1803, en presencia de numerosos vecinos de la ciudad. En ese tiempo, el versátil Tolsá, contratado por el Real Tribunal de Minería y de conformidad con el director del Real Seminario de Minería, Fausto de Elhuyar, diseñó, en el orden del “buen gusto”, e inició la construcción del edificio proyectado ex profeso para esa institución que, hasta entonces, venía funcionando en una casa rentada. El Real Seminario de Minería, cuya aspiración había sido vislum-

Se distinguieron también tres criollos que colaboraron con Mar-

brada desde 1764 por el jurista criollo Francisco Javier Gamboa en sus

tín Sessé en la exploración botánica patrocinada por Carlos IV para

Comentarios a las ordenanzas de minería y que había sido solicitada

el mayor conocimiento de la naturaleza en Nueva España: el natura-

en 1773 al monarca en la Representación al rey, signada por Lucas

lista José Mariano Mociño, estudiante del Jardín Botánico, y los pin-

Lassaga, Joaquín Velázquez de León y Marcelo de Ansa, fue inaugu-

tores de plantas Atanasio Echeverría y Vicente de la Cerda, quienes

rado el 1 de enero de 1792. Al tiempo en que se iniciaba la construc-

estudiaron en la Real Academia de San Carlos.134

ción del edificio definitivo, la Gazeta de México hizo públicos los exámenes de los jóvenes seminaristas:

Epílogo

Al tiempo en el que se daba el esplendor de las instituciones orienNo pueden negarse los adelantamientos y progresos, que en el espacio

tadas al cultivo de las ciencias y las artes útiles, los habitantes de la

de doce años han hecho en las ciencias de su profesión los jóvenes de di-

ciudad fueron observadores (y en algunos casos actores) de las con-

cho seminario; y aun cuando no se tuviera otra experiencia de esta verdad,

vulsiones vividas durante las dos primeras décadas del siglo xix.

bastaría la que en este año contestaron a las dudas y reflejas oportunas, el

Padecieron, en efecto, epidemias diversas, las consecuencias eco-

acierto en resolver problemas de gran dificultad, el diestro y fácil mane-

nómicas de la aplicación de la cédula de Consolidación de Vales Reales

jo en las máquinas, y la sólida instrucción que en todas materias manifes-

del año 1804, las incertidumbres generadas por la invasión napoleóni-

taron en sus respectivas clases, son la prueba más decidida de la utilidad

ca de 1808 y la zozobra y el desabasto causados por los movimientos

general de tan benéfico establecimiento.

de Hidalgo y Morelos. Finalmente, el 27 de septiembre de 1821, fueron testigos del tránsito de la urbe de sede del gobierno virreinal a

Estas palabras fueron escritas a propósito de los “exámenes lite-

capital de una nueva entidad política (que meses después sería impe-

rarios”, que en octubre de 1803 se celebraron en presencia de las au-

rio), cuando ingresó a la ciudad el Ejército de las Tres Garantías por

toridades y del barón de Humboldt, quien reconoció los avances de

el arco triunfal que se mandó levantar al lado de la capilla de la Ter-

los discípulos. Estuvo también como invitado el canónigo José Ma-

cera Orden de San Francisco. Allí, el cabildo entregó al general Agus-

riano Beristáin, quien propuso que, para ejemplo de la juventud, se

tín de Iturbide una llave de oro que le llevaron en una fuente de plata:

conservara en el seminario un retrato del visitante europeo. 420

Otra institución que causó la admiración del científico alemán

Manifestándole a S. E. la satisfacción y gozo inexplicable con que el pú-

fue el Jardín Botánico. En su Ensayo mencionó: “Ningún gobierno ha

blico de esta capital y su ayuntamiento que lo representaba, depositaban

sacrificado sumas más considerables que el español, para fomentar el

en tan digno jefe su defensa y seguridad […]. Que había de conservarle

conocimiento de los vegetales”. Carlos III destinó a México a sus más

siempre abierta la entrada a sus sucesivas felicidades y franquicias y ha-

brillantes botánicos. En 1785 arribó a la capital Vicente Cervantes

biendo S. E. comentado que veía con mucho aprecio y gratitud estos

con la encomienda de fundar el Jardín Botánico, el cual fue instalado

sentimientos como propios del pueblo mexicano que constituía la capi-

en forma definitiva en uno de los patios del Palacio Virreinal. Era pe-

tal de este feliz imperio y que aquella llave sólo debía servir para cerrar

queño, pero tenía una selección de plantas útiles a la industria y en él,

las puertas de la arbitrariedad y despotismo. A cuyo efecto el primer jefe

su fundador impartía cada año sus cursos, que, como advirtió Hum-

del Ejército Trigarante la entregaba al excelentísimo ayuntamiento.135

boldt, eran “muy concurridos”; reunió en él numerosas especies de plantas coleccionadas en las planicies, en las montañas, en las regiones tropicales y en las zonas frías. 133 “Descripción del modo en que se condujo, elevó y colocó sobre su base la real estatua de nuestro augusto soberano el señor don Carlos IV, y de las fiestas que se hicieron con este motivo”, en Gazeta de México, t. xii, núm. 1, sábado 7 de enero de 1804, pp. 19-24. 134 A. de Humboldt, op. cit., p. 80. 135 “Certificación y ceremonial”, en Adriana González Gallardo, Estudio introductorio y Guía de las actas de cabildo de la Ciudad de México de los años 1821-1825, tesis de licenciatura en Historia, México, Universidad Iberoamericana, 1995, pp. 66-67. 136 A. de Humboldt, op. cit., p. 95.

Quedó como reto para los gobernantes del México nacional lo que en palabras de Humboldt debía lograr la Ilustración: Un gobierno ilustrado en los verdaderos intereses de la humanidad podrá propagar las luces y la instrucción, y conseguirá aumentar el bienestar f ísico de los colonos, haciendo desaparecer poco a poco aquella monstruosa desigualdad de derechos y fortunas; pero tendrá que vencer inmensas dificultades cuando quiera hacer sociables a los habitantes y enseñarlos a tratarse mutuamente como conciudadanos.136


Las civilizaciones de la Nueva España: historias diversas en busca de la nación mexicana john tutino*

DA CLIC PARA VER LA CONFERENCIA

A comienzos de 1821, Agustín de Iturbide proclamó el Plan de Iguala,

comunidades agrícolas, características de las distintas regiones de Me­

en el que se proponía que una monarquía mexicana gobernara el reino

soamérica, y las sociedades sin estado —generalmente móviles— de

de la Nueva España. Movilizó al poder militar para convocar a una

cazadores, recolectores y también agricultores, que poblaban las ári­

Junta Provisional Gubernativa y que se elaborara una Constitución

das regiones del norte.2

apropiada para el reino. En agosto, los Tratados de Córdoba sellaron la

Una vez que se empezó a cultivar maíz, probablemente cerca de

ruptura con España y establecieron la soberanía de la nación. La Nue­

la costa meridional del Golfo, la agricultura se propagó de forma pro­

va España pasó de ser un reino dentro de un imperio a buscar una mo­

gresiva en buena parte de América del Norte. Lo que distinguía a las

narquía fundada en la soberanía de la nación, con un régimen singular1

sociedades mesoamericanas de las septentrionales no era la agricul­

y leyes universales, al tiempo que las diversidades sociales y culturales

tura, sino el medio ambiente, más húmedo en Mesoamérica y más seco

persistirían. Ese año de 1821 se completó la independencia política de

en el norte. En el caso de la primera, la gran productividad agrícola

México. Fue también el año en el que un reino construido sobre múlti­

permitió el surgimiento de asentamientos más densos, vida sedentaria,

ples leyes, formas de producción, relaciones sociales y visiones cul­

estados más fuertes, mayor comercio, etcétera. En el norte, en cam­

turales optó por una unidad dominante. Los conflictos que vinieron

bio, la aridez del entorno se tradujo en poblaciones poco densas y a

a continuación tuvieron menos que ver con la separación de España

menudo móviles, que combinaban la agricultura con la caza y la reco­

que con la búsqueda de esa convergencia y el poder para imponerla.

lección. Los pueblos de ambas formas de civilización poseían culturas

A lo largo de tres siglos, la Nueva España había evolucionado en

religiosas que explicaban la vida y otorgaban legitimidad a los distintos

un reino constituido por civilizaciones diversas. España se mantenía

poderes. Todos conocieron la guerra, que se llevaba a cabo de diferen­

soberana, con un régimen de mediación jurídica y de negociaciones de

tes formas, según el tipo de enfrentamiento. El poder estatal no siempre

carácter corporativo. Desde la década de 1550, la industria de la plata

salía victorioso cuando buscaba dominar a los pueblos nómadas.

impulsaba la globalización de la economía, la cual sostenía al régimen,

Nunca hubo un límite claro que separara a las sociedades estata­

al mismo tiempo que las múltiples civilizaciones de la Nueva Espa­

les de Mesoamérica y a los pueblos independientes del norte. La fron­

ña se iban reconfigurando. Era un reino diverso, aunque no equitativo,

tera se desplazaba sobre todo en épocas de cambios ecológicos y por

que mantuvo una prosperidad y una estabilidad extraordinarias, has­

reivindicaciones políticas. En torno al año 1000, cuando Tula gober­

ta que en 1808 una coyuntura sin precedentes acabó con el régimen de

naba el centro de Mesoamérica, las formas de vida de las sociedades

mediación y luego, a partir de 1810, con el incipiente capitalismo de la

estatales habían avanzado hacia el norte a lo largo de las laderas orien­

plata. Para 1821, el régimen y la economía que habían sostenido la pros­

tales de la Sierra Madre Occidental hasta alcanzar el fértil valle del

peridad y la estabilidad de la Nueva España se habían fracturado.

alto río Bravo y las zonas circundantes. En la misma era, poblaciones

Este ensayo rastrea los orígenes y la evolución de las múltiples

vinculadas a Tula siguieron la costa del Golfo y el río Mississippi para

civilizaciones que conformaban la Nueva España, con el objetivo de

dejar su huella en Cahokia, una sociedad estatizada, sedentaria, agrí­

entender cómo un reino de arraigada diversidad mantuvo un poderío

cola y comercial que interactuaba con pueblos de las cuencas de los

mundial, gran riqueza y cierta estabilidad social, con todo y sus desi­

ríos Mississippi, Ohio y Missouri. Alrededor del año 1200, Mesoamérica

­gualdades profundas, para a su vez comprender los desaf íos inheren­

se adentró profundamente en el norte al tiempo que, en el sur, se ex­

tes al intento de construir un solo México a partir de 1821.

tendió hasta Guatemala y Yucatán. La mesoamericana era una civili­ zación imperial formada por múltiples estados que competían entre

Antes de la incursión europea

sí y que nunca estuvo gobernada por un régimen dominante.

Durante milenios, los territorios que se convertirían en la Nueva Es­ paña y más tarde en México estuvieron habitados por un abanico de pueblos diversos, que es posible dividir en dos grandes tipos de civi­ lizaciones: las sociedades organizadas en estados, sustentadas en las

* Georgetown University, Washington, D. C., Estados Unidos.

Entiéndase “singular” en su acepción de “unidad”, de “uno solo” (N. de la T.). Alfredo López Austin y Leonardo López Luján, El pasado indígena, México, Fondo de Cultura Económica, 2014. 1 2

423


p. 422

José de M adr a zo y Agudo (1781-1859)

Fernando VII a caballo, 1821 Ignacio M aría Barreda y Ord óñez (ca. 175 4-1800)

Las castas mexicanas, 1777 Cajete con pedestal, 1300-1500 d. C.

Después de 1200, retrocedieron hacia el sur las fronteras septen­ trionales. Los pueblos independientes demostraron que también po­ dían ser imperialistas y recuperaron la árida meseta que se hallaba entre las sierras. Para el año 1500, mientras que los indios pueblo y de Cahokia seguían siendo casos atípicos de formas de vida mesoameri­ canas en el norte, las sociedades sin estado habían avanzado hacia el sur para controlar el Bajío, donde impidieron la irrupción de los mexicas y de los tarascos, que buscaban conquistar sus fértiles tierras. Alrededor de 1500, las sociedades sin estado dominaban desde

poder de los mexicas, asaltó a los tlaxcaltecas y demás aliados de Cor­

el Bajío, a través de las tierras altas entre las montañas, hasta las gran­

tés y lanzó tanto a los poderosos como a los pobres a una búsqueda

des llanuras de América del Norte. Las sociedades organizadas en es­

de nuevas verdades. En medio del caos, Cortés y unos mil quinientos

tados definían Mesoamérica en las zonas nahua y otomí alrededor de

europeos se unieron a decenas de miles de tlaxcaltecas, cholultecas y

México y Cholula, así como entre los purépechas de Michoacán, y se

otros para sitiar y, finalmente, dominar la capital mexica.

extendían hacia el sur para abarcar a los mixtecos y a los zapotecos en Oaxaca y a los pueblos mayas de Chiapas, Guatemala y Yucatán.

Siguió una devastadora despoblación, cuando se sumaron otras enfermedades, como la peste y el sarampión: para la década de 1550, la

Mesoamérica estaba bajo el dominio de estados rivales que so­

población nativa se había reducido en 50 por ciento; para 1600, en casi

metían a las comunidades y las usaban como fuente de recursos y de

90 por ciento. Los españoles, inmunes a esas enfermedades, afirmaron

guerreros para sostener guerras interminables, algo muy similar a lo

su soberanía sobre una Mesoamérica que agonizaba a su alrededor.

que ocurría en Europa. En el norte, en las sociedades sin estado tam­

Pidieron encomiendas y con ello los derechos para cobrar tributos en

bién surgían conflictos entre los pueblos. Al mismo tiempo que los

especie y en forma de trabajo rotatorio a las comunidades agrícolas,

mexicas y los tarascos luchaban sin éxito por ampliar su poder hacia

a las que además buscaban cristianizar. Todo ello requirió la colabo­

el norte, los comerciantes de ambos pueblos se adentraban con regu­

ración de los señores regionales y locales. Los españoles pudieron per­

laridad en el Bajío para intercambiar textiles y artesanías por pieles y

manecer en Mesoamérica después de 1521 sólo por las alianzas que

cuero. Había claras diferencias entre Mesoamérica y los pueblos in­

negociaron con los señores nativos, que eran los únicos con la capa­

dependientes del norte, pero en ambos mundos el poder era objeto de

cidad y el conocimiento necesarios para sustraerles sus excedentes a

disputas, y el comercio traspasaba las fronteras culturales y políticas.

unas comunidades que enfrentaban el despoblamiento.5 Desde 1521 hasta la década de 1550, los europeos tuvieron gran­

L a incursión: enfer medades, despobl ación,

des dificultades para gobernar Mesoamérica, ya que la gente se esta­

destrucción y persistencia , 1519-1550

ba muriendo, la producción se reducía, los tributos se desplomaban y

Fernando Cortés desembarcó en Veracruz en 1519 con unos cuantos

la mano de obra se tornaba escasa. Las reformas de la década de 1540,

cientos de hombres, un acontecimiento que puso en marcha cam­

que fray Bartolomé de las Casas promovió para poner fin a las enco­

bios nunca imaginados que transformarían Mesoamérica, América y el

miendas y a la esclavitud de los indígenas, emanaban de un espíritu

mundo entero. Los europeos entablaron negociaciones, tuvieron es­

humanitario. El llamado del fraile dominico a importar esclavos de

caramuzas y forjaron alianzas antes de entrar en Tenochtitlan, la capi­

África evidencia que el objetivo subyacente era conseguir que las Amé­

tal mexica. Tras capturar a Moctezuma, enfrentaron la ira del poder

ricas siguieran siendo una parte productiva de los dominios hispáni­

mexica en la aplastante derrota de la Noche Triste (triste, se entiende,

cos. Sin embargo, nada logró detener la despoblación, que siguió su

para los invasores europeos). Los pocos españoles que sobrevivieron

curso devastador hasta principios del siglo xvii.

escaparon para ir a recuperarse con sus aliados tlaxcaltecas, víctimas durante mucho tiempo de los ejércitos mexicas.3

Encuentros globales

En 1520, llegó el aliado de Cortés más devastador: la viruela. La

La incursión que se inició en 1519 ligó a Mesoamérica con el Imperio

mayoría de los europeos eran inmunes a la enfermedad. En cambio, los

español y con un proceso de expansión comercial a nivel mundial. En

indígenas carecían por completo de cualquier defensa para combatir­ la. En la abarrotada capital mexica y las densas cuencas circundantes, la primera oleada infectó a la mitad de los nativos, mató a dos tercios de los contagiados y acabó con casi una tercera parte de la población.4 La viruela sacudió la vida mesoamericana. Las grandes verdades se desmoronaron, pues las deidades y los poderes estatales eran incapa­ ces de detener la mortandad. Entre tanto, los europeos vivían indem­ nes, seguros de la protección de su Dios. El Hijo de ese Dios, se decía, ofrecía la salvación eterna en la otra vida. La viruela atentó contra el

3 Matthew Restall, When Montezuma Met Cortés: The True Story of the Meeting that Changed History, Nueva York, Harper Collins, 2018; edición en español: Cuando Moctezuma conoció a Cortés: la verdad del encuentro que cambió la historia, traducción de José Eduardo Latapí Zapata, México, Taurus, 2019. 4 Alfred Crosby, The Columbian Exchange: Biological and Cultural Consequences of 1492, Westport, Praeger, 2003; edición en español: El intercambio transoceánico: consecuencias biológicas y culturales a partir de 1942, traducción de Cristina Carbó, México, Universi­ dad Nacional Autónoma de México, 1991. 5 John Tutino, The Mexican Heartland: How Communities Shaped Capitalism, a Nation, and World History, 1500-1800, Princeton, Princeton University Press, 2018, caps. 1-2.

425


428

la década de 1550, ese mundo experimentó cambios transformadores

pago de impuestos y para las principales transacciones internas y con

que reconfiguraron Mesoamérica y forjaron las diversas civilizacio­

el exterior. La economía más grande del mundo se apartó de la tradi­

nes que conformarían la Nueva España después de 1600. Rara vez se

ción monetaria en la que el oro y la plata competían por la primacía,

reconoce la importancia que tuvo China en la reconstrucción de las

para convertir a esta última en el circulante primordial del orbe.6

Américas. Mientras los españoles intentaban construir un régimen

En la Nueva España se había extraído oro y plata desde la década de

europeo al otro lado del Atlántico, fue el Imperio asiático el que esti­

1520: el oro, mediante las cuadrillas enviadas por los encomenderos a

muló el surgimiento de una nueva economía comercial con vínculos

las tierras bajas del sur, y la plata por productores indígenas en Taxco.7

globales en el reino emergente. Las diversas civilizaciones novohispa­

Luego, a mediados de la década de 1550, la demanda de plata en China

nas surgieron gracias a las interacciones de Europa y Asia con ellas,

y el aumento del precio hicieron que se intensificara la producción en

en un momento en el que el comercio mundial se estaba acelerando.

Taxco y en Pachuca, donde se perfeccionó el método de patios para la

En 1550, la dinastía Ming gobernaba el imperio más grande, más

refinación de las menas mediante la utilización de mercurio. En los An­

poblado, más productivo y con mayor actividad comercial del mun­

des, la demanda de China se tradujo en un aumento de la producción

do. Sus trescientos cincuenta millones de habitantes superaban con

y Potosí se convirtió en el principal productor de plata del mundo.8

creces a la población de Europa y de América en su conjunto. Los por­

Mientras la producción de plata en la Nueva España crecía, el vi­

tugueses llevaban medio siglo comerciando en el sur de Asia y habían

rreinato experimentó cambios que terminarían diferenciando de nuevo

comenzado a acercarse a China cuando, en 1551, el emperador de la

sus regiones diversas. Después de 1550, el empuje de la plata impulsó

dinastía Ming decretó que la plata sería el único medio válido para el

la reconstrucción de las regiones mesoamericanas, donde se reinstau­ raron las formas de vida locales para el sostenimiento de la nueva eco­

Dennis Flynn y Arturo Giráldez, “Born with a ‘Silver Spoon’: The Origins of World Trade in 1571”, en Journal of World History, vol. vi, núm. 2, 1995, pp. 201-221, y Arturo Giráldez, The Age of Trade: The Manila Galleons and the Dawn of the Global Economy, Lanham, Rowman and Littlefield, 2015. 7 Para el oro, véase José Miranda, La función económica del encomendero en los orígenes del régimen colonial, 1521-1531, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1965, y para la plata, José Enciso Contreras, Taxco en el siglo xvi: sociedad y normatividad en un real de minas novohispano, Zacatecas, Universidad Autónoma de Zacatecas, 1999. 8 Kris Lane, Potosí: The Silver City that Changed the World, Oakland, University of Ca­ lifornia Press, 2019. 6

nomía minera. Hacia el norte, ese mismo estímulo llevó de inmediato a incursiones en territorios que todavía estaban bajo el control de los pueblos independientes sin estado, lo que desembocó en las guerras contra los chichimecas y en la despoblación del Bajío y, después, en una migración acelerada y en la fundación de nuevas sociedades co­ merciales, tanto en el fértil Bajío como en el árido norte. La Mesoamérica española se dividió, por un lado, entre las re­ giones que rodeaban a la Ciudad de México y se extendían hacia el


pp. 426-427

El problema era la mano de obra. Provistos de abundantes tierras

Autor no identificad o

y organizados en repúblicas autónomas, los indígenas no hallaban in­

La entrada de Hernán Cortés en Tabasco, segunda mitad del siglo xvii

centivos para trabajar para los europeos. Para 1570, el régimen revivió una variante del cuatequil indígena, una leva de mano de obra esta­

Autor no identificad o

Plano de San Agustín de las Cuevas, Tlalpan, 1715

cional, que antaño movilizaba a los campesinos para trabajar bajo las órdenes de los señores nativos y que, rebautizado como “repartimien­ to”, los españoles empleaban ahora para enviar trabajadores a las ciu­

este y el oeste, donde las comunidades indígenas sustentaban una eco­

dades, a las minas o a las haciendas cercanas. Este sistema de trabajo

nomía comercial con vínculos globales, y, por otro lado, las zonas me­

temporal y asalariado persistió más allá de 1600. En la década de 1630,

ridionales, en las que el impulso de la plata fue débil y el desarrollo

el régimen puso fin al repartimiento en las cuencas que se hallaban

comercial limitado, y donde las comunidades indígenas siguieron sien­

alrededor de la capital. No obstante, la mano de obra estacional si­

do predominantes.9 Por su parte, la Norteamérica española se dividió

guió vinculando a las repúblicas de indios que poseían tierras con las

entre el Bajío, donde las ricos centros mineros se mezclaban con ciuda­

haciendas comerciales, y pasó a estar gestionada por capitanes de cua­

des dedicadas al comercio y a la producción textil, todo ello sostenido

drilla pertenecientes a las comunidades, que serían los que mediarían

por una dinámica agrícola comercial, y las regiones septentrionales,

en las relaciones laborales rurales.

donde las ricas minas estaban rodeadas de tierras semidesérticas con­

Para 1600, el poder y las finanzas se hallaban en la Ciudad de Mé­

vertidas en pastos y que dependían para su sustento de lo que el Bajío

xico, con una economía que enviaba plata a Europa y a Asia. Mesoamé­

le vendía al norte.10

rica se refundó sobre la base de las repúblicas de indios. Alrededor de

Para el siglo xvii, la Nueva España albergaba cuatro principales

la capital, a lo largo y ancho de la cuenca de Cholula-Puebla, al este,

civilizaciones: dos basadas en comunidades arraigadas en el pasado

y de las tierras altas de Michoacán, al oeste, las comunidades recons­

mesoamericano y dos construidas sobre cimientos comerciales y pobla­

tituidas se convirtieron en el sustento tanto de sus propias poblaciones

das tanto por personas procedentes de Mesoamérica como traídas

como de un capitalismo de la plata dinámico de alcance mundial.

desde África, que se fusionaron para forjar un nuevo mundo nortea­

Asimismo, esas comunidades crearon y consolidaron nuevas cul­

mericano. Las tierras bajas de las costas formaban un entorno dife­

turas religiosas. El clero había liderado la política de las congregacio­

rente, al igual que las distantes fronteras septentrionales.

nes para fomentar un cristianismo centrado en los sacramentos y en una noción moralizante del pecado. Para las poblaciones indígenas,

F o r j a n d o l a M e s o a m é r i c a e s pa ñ o l a , 1 5 5 0 - 1 7 0 0

que habían vivido un siglo bajo el reinado de la muerte, la promesa de

La transformación se inició primero en el centro, alrededor de la Ciu­

una salvación universal les infundió esperanzas.12 En busca de ayuda

dad de México. En la década de 1550, cuando empezó el impulso de

para hacer frente a las dificultades de la vida terrenal, adoptaron y trans­

la plata, la capital todavía se estaba recuperando del asedio al que ha­

formaron la veneración a los santos y a la Virgen. La devoción a la Vir­

bía sido sometida en la década de 1520 y las enfermedades continuaban

gen de Guadalupe es el ejemplo más famoso de este fenómeno.

despoblando a las comunidades de los alrededores. Las encomiendas

Al sur, la plata era escasa, lo que limitó la presencia española y la

no producían ya riquezas en abundancia ni proporcionaban mano de

difusión de la economía comercial. Los poderes del centro fomenta­

obra suficiente a los señores nativos o españoles.

ron allí las congregaciones, las cuales sirvieron de base a la creación

La plata prometía grandes fortunas e ingresos para el régimen,

de las repúblicas de indios, lo que consolidó la autoridad de los cabil­

pero la despoblación hacía que producirla resultara azaroso. Lideró

dos indígenas y de los derechos comunitarios sobre la tierra. Sin el

la reconstrucción que consolidó de nuevo a las comunidades a fin de

estímulo de la plata, el establecimiento de haciendas fue reducido, y

sostener su producción y a la ciudad que unía a la Nueva España con

sin una industria minera y sin una economía comercial fuerte, la de­

el Imperio, así como a una economía mundial emergente.

manda de mano de obra indígena estuvo lejos de los niveles vistos en

11

Mediante las congregaciones, se llevó a los nativos a habitar nú­

el norte. En las tierras altas de Oaxaca, Chiapas y Guatemala, así como

cleos urbanos, en las cabeceras de los antiguos altépetl indígenas. Los

en las tierras bajas de Yucatán, los españoles fundaron ciudades pe­

principales (los nobles) recibieron derechos para gobernar por medio

queñas, las haciendas tuvieron un desarrollo limitado y la fuerza de

de cabildos locales, mientras que las comunidades obtuvieron la con­

las costumbres indígenas se preservó en las zonas rurales.13

firmación de sus derechos sobre las tierras. Mantenían la gobernanza

En estas regiones, los señores indígenas mantuvieron su poder por

y la religión, y una amplia producción para los principales y sus fami­

más tiempo. El cristianismo prosperó entre los mixtecos, los zapotecos

lias, el sustento y algo más para los plebeyos, así como montes que les proporcionaban pastos, bosques, etcétera. El objetivo era crear me­ jores condiciones para la evangelización. Los poderosos también bus­ caban que las comunidades estuvieran cristianizadas, preparadas para sustentar una economía comercial en ciernes. A partir de la década de 1550, las autoridades distribuyeron las tierras que se habían despoblado a los europeos, quienes estaban dis­ puestos a construir estancias y labores. Criarían ganado y cultivarían productos para abastecer a la Ciudad de México y a las comunidades mineras de Taxco y Pachuca. Tras la reconstrucción, los pueblos de in­ dios abarcarían a la gran mayoría de la población y cultivarían produc­ tos nativos, tanto para su sustento como para los mercados regionales.

9 Para la Mesoamérica española, véase J. Tutino, The Mexican Heartland: How Communities Shaped Capitalism, a Nation, and World History, 1500-1800, op. cit., parte 1. 10 Para la Norteamérica española, véase John Tutino, Making a New World: Founding Capitalism in the Bajío and Spanish North America, Durham, Duke University Press, 2011; edición en español: Creando un nuevo mundo: los orígenes del capitalismo en el Bajío y la Norteamérica española, traducción de Mario A. Zamudio Vega, México, Fondo de Cul­ tura Económica, 2016. 11 J. Tutino, The Mexican Heartland: How Communities Shaped Capitalism, a Nation, and World History, 1500-1800, op. cit., caps. 1-2. 12 Véase el reciente e importante libro de Jennifer Scheper Hughes, The Church of the Dead: The Epidemic of 1576 and the Birth of Christianity in the Americas, Nueva York, New York University Press, 2021. 13 William B. Taylor, Landlord and Peasant in Colonial Oaxaca, Stanford, Stanford Uni­ versity Press, 1972; edición en español: Terratenientes y campesinos en la Oaxaca colonial, traducción de Belinda Cornejo, Oaxaca, Instituto Oaxaqueño de las Culturas, 1998.

429


Hornos del siglo xvi en la mina abandonada de Santa Brígida, Mineral de Pozos, Guanajuato, México

L a construcción de l a Nortea mérica

Autor no identificad o

La Norteamérica española se desarrolló como una sociedad diferen­

La reedificación del templo de Santa Inés Zacatelco, 1797

e s pa ñ o l a , 1 5 5 0 - 1 7 0 0

te. Antes de 1520, los esfuerzos de los estados mesoamericanos para entrar en la cuenca del Bajío habían resultado infructuosos y los es­ pañoles, aunque lucharon por incursionar en la región, veían po­ cas posibilidades de éxito. La única irrupción notable en el Bajío en

y otros grupos en Oaxaca, entre las distintas poblaciones mayas de las

esa época se produjo en torno a 1530, cuando otomíes procedentes

tierras altas de Chiapas y Guatemala y también entre los mayas de

de Jilotepec, liderados por un señor indio llamado Conín, fundaron

las tierras bajas de Yucatán. Los españoles gobernaban en ciudades

Querétaro. Acompañados por unos cuantos clérigos, estos indígenas

de dimensiones modestas y comerciaban con textiles y otros productos,

construyeron allí una sociedad de agricultores sedentarios antes de que

pero no estaban en condiciones de extraer riquezas o acumular poder.14

el empuje de la industria de la plata hiciera su aparición hacia 1550.16

¿Cómo consiguieron los españoles mantener la soberanía en las

A pesar de que unos guías indígenas habían revelado la ubicación

regiones en las que su presencia, riqueza y poder eran tan limitados?

de depósitos de plata en Zacatecas en la década de 1540, las incursiones

La respuesta ha de buscarse en una característica que define a toda la Mesoamérica española: la administración de justicia. Hacia 1600, el régimen se apartó del poder administrativo para hacer hincapié en la mediación judicial. Dado que las repúblicas de indios se gober­ naban de forma autónoma y, a la vez, resultaban esenciales para el mantenimiento de las comunidades y de las empresas españolas, las autoridades reconocieron que la mediación judicial era la forma de negociar los distintos equilibrios de poder regionales. La capacidad de coacción era limitada en todo el territorio. Las repúblicas de indios administraban la justicia local; los alcaldes mayores eran los repre­ sentantes del poder español y el Juzgado General de Indios de México atendía las apelaciones en los conflictos de las repúblicas y también entre éstas y las autoridades y los empresarios españoles.15

Nancy Farriss, Maya Society under Colonial Rule: The Collective Enterprise of Survival, Princeton, Princeton University Press, 1984; edición en español: La sociedad maya bajo el dominio colonial: la empresa colectiva de la supervivencia, traducción de María Palomar, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2012; Kevin Terraciano, The Mixtecs of Colonial Oaxaca: Ñudzahui History, Sixteenth trough Eighteenth Centuries, Stanford, Stanford University Press, 2002; edición en español: Los mixtecos de la Oaxaca colonial: la historia ñudzahui del siglo xvi al xviii, traducción de Pablo Escalante Gon­ zalbo, México, Fondo de Cultura Económica, 2013, y Lisa Sousa, The Woman Who Turned into a Jaguar, and Other Narratives of Native Women in Archives of Colonial Mexico, Stanford, Stanford University Press, 2017. 15 Woodrow Borah, Justice by Insurance, Berkeley, University of California Press, 1982; edición en español: El Juzgado General de Indios en la Nueva España, traducción de Juan José Utrilla, México, Fondo de Cultura Económica, 1985, y Brian Owensby, Empire of Law and Indigenous Justice in Colonial Mexico, Stanford, Stanford University Press, 2008. 16 J. Tutino, Making a New World: Founding Capitalism in the Bajío and Spanish North America, op. cit., caps. 1-2. 14

431


Carlos López (siglo XVIII)

Interior de un obraje con la presencia protectora del Espíritu Santo y el arcángel San Miguel, 1740 J u a n Pa t r i c i o M o r l e t e R u i z ( 1 7 1 3 - 1 7 7 2 )

De indio y negra, chino cambujo, 1761

europeas en el Bajío siguieron siendo mínimas antes de que la de­ manda china disparara el precio de la plata en el decenio siguiente, cuando, además, también se encontraron depósitos en Guanajuato. Los pueblos independientes del Bajío —los pames, los jonaces, los guamares y otros grupos a los que los mexicas denigraban de forma colectiva al denominarlos “chichimecas” (“hijos de perros”, una etique­ ta que adoptarían los españoles)— estaban decididos a defender sus vidas y sus tierras. Su firme resistencia a las incursiones mesoameri­ canas y europeas se tradujo en una serie de guerras que se prologaron desde la década de 1550 hasta la de 1590. A los europeos, que eran pocos, pero estaban mejor armados y contaban además con caballos, se unieron los mexicas y los tarascos para luchar contra unos enemi­ gos que consideraban “bárbaros”. Al final, una mezcla funesta entre conflictos bélicos y enfermedades del Viejo Mundo provocó el exter­ minio casi total de los indígenas del Bajío y desplazó a los supervivien­ tes hacia las sierras cercanas y a regiones más hacia el norte. En torno a 1600, las minas estaban floreciendo en Zacatecas y se estaban desarrollando en Guanajuato y San Luis Potosí. Una vez más, la plata estimuló el crecimiento comercial y, de nuevo, el reto consistió en atraer a gente que trabajara en la extracción del metal y cultivara

cho a tierras comunales o repúblicas, que vivían y trabajaban en las

las tierras para sustentar las minas, las ciudades y demás. Aunque Que­

minas, los obrajes y las haciendas rurales y dependían del comercio.

rétaro se consolidó como una república otomí, la colonización de la

En las minas, a los hombres se les pagaba con salarios altos y con

mayor parte del Bajío durante la resistencia “chichimeca” y después

porciones del mineral por asumir los riesgos que conllevaba localizar

de ella se realizó mediante la fundación de ciudades españolas y la re­

las vetas de plata y trabajar con mercurio. En los obrajes de Queréta­

partición de tierras entre los colonos hispanos para que levantaran

ro, los primeros migrantes mesoamericanos dieron paso a los escla­

haciendas de riego, así como propiedades en las cuencas más altas.

vos africanos, que en épocas posteriores serían reemplazados a su vez

Para acercar mano de obra a las minas, a los talleres textiles y a

por trabajadores libres, con frecuencia mulatos, algunos atraídos por

las haciendas, se recurrió a la migración. La mayoría de quienes lle­

los pagos que se ofrecían por adelantado, otros por haber sido conde­

garon al norte en ese periodo eran mexicas, otomíes y tarascos. Esos

nados a trabajos forzados tras cometer algún delito.

indígenas constituían cerca del 80 por ciento de la población que fun­

Las haciendas ofrecían salarios seguros, que se complementaban

dó el nuevo Bajío; el 20 por ciento restante lo formaban esclavos traídos

con raciones de maíz; además, alquilaban tierras y contrataban a los

de África. La mayoría de los recién llegados se dedicó al cultivo de la

hijos de los arrendatarios para realizar labores estacionales. En un

tierra, mientras que a los africanos se les obligaba a trabajar en los

contexto complejo, los productores del Bajío tenían que pagar sueldos

obrajes, la ganadería y el transporte. Vivían y trabajaban en las ciuda­

atractivos; tenían que combinar la coacción con los incentivos para

des y en las haciendas, y terminaron por crear comunidades mezcla­

garantizar el funcionamiento de los obrajes y ofrecer un sustento se­

das: los mesoamericanos se convirtieron en “indios”, mientras que los

guro, mediante una mezcla de salarios, raciones, acceso a la tierra y

africanos formaron familias con mujeres indígenas para engendrar

trabajo estacional. Esas remuneraciones no eran por bondad de los

descendencia de individuos libres y crear una población mulata cada

gerentes de las minas y de los hacendados; se debían al hecho de que

vez mayor.

los beneficios de la plata sólo estaban al alcance de quienes podían

A finales del siglo xvii, a la mayoría de los que habitaban en las

atraer y retener a trabajadores y campesinos.

zonas rurales se les etiquetaba como “indios”, mientras que gran par­

La fundación del Bajío y de la Norteamérica española fue menos

te de los trabajadores urbanos eran clasificados como mulatos: ése fue

una empresa imperial y más el resultado de la acción de emprende­

el resultado de más de un siglo de migración y de fusión que generó

dores y una cuestión de adaptación social. El régimen aprobó la larga

al grueso de la población productiva, de lo que, para 1700, era la re­

guerra para despejar el Bajío de pueblos en resistencia y el clero creó

gión comercial más dinámica de América. Los primeros testimonios

misiones para asentar a los supervivientes. Entre tanto, los buscado­

indican que los españoles apenas conformaban entre 1 y 2 por ciento

res de minas exploraban el subsuelo, para luego reclamar concesiones

de la población que fundó el Bajío, una clase poderosa que se mante­

al régimen, mientras los colonos hispanos fundaban pueblos y ocupa­

nía apartada y rara vez se mezclaba con el resto de la población.

ban tierras, para luego obtener cédulas y títulos. Después de algunos

La región se desarrolló a partir del poder minero, comercial y de

intentos iniciales para obtener mano de obra mediante levas forma­

terratenientes españoles, junto con poblaciones que no tenían dere­

les, se optó por reclutar a los trabajadores por medio del ofrecimiento

433


Autor no identificad o

Familia de los condes de Nuestra Señora de Guadalupe del Peñasco, 1771

las haciendas de las cuencas aledañas a la ciudad, del Bajío y de las vastas tierras de pastoreo que se extendían hacia el norte. Reconocer el papel crucial de la capital añade complejidad a la comprensión de la Nueva España. El poder judicial, con sede en la Ciu­ dad de México, resultaba fundamental en toda Mesoamérica, pero es­ taba menos presente en el Bajío y en el norte. Los poderes financieros y económicos en la capital impulsaron la producción en el centro me­

de sueldos altos. Para atraer a los migrantes mesoamericanos a las

soamericano, en el Bajío y en el norte. Los poderes de la Iglesia esta­

haciendas rurales, los propietarios ofrecieron salarios y raciones ga­

ban dispersos a lo largo y ancho del país: los obispados, las parroquias y

rantizados, así como tierras de alquiler a bajos costos.

los conventos modelaron la vida religiosa en toda Mesoamérica y tam­

En ese nuevo mundo, las repúblicas de indios eran pocas y la ad­

bién en el Bajío. En el norte, había pocos obispos y las parroquias se

ministración de justicia permanecía distante. Los empresarios y los

hallaban desperdigadas, así como también las misiones, que llevaron

productores cimentaron las inequidades con la instauración de las je­

a cabo las labores religiosas con los indígenas. Las civilizaciones ori­

rarquías del patriarcado. Financieros, mineros y hacendados pode­

ginarias de la Mesoamérica y de la Norteamérica españolas, cada una

rosos, que con excepción de unas pocas viudas terratenientes eran

de ellas con sus bifurcaciones internas esenciales, entablaron sus pro­

todos varones, delegaban el poder en intermediarios y gerentes, que

pias relaciones tanto con el régimen como con las instituciones ecle­

brindaban oportunidades de trabajo y cultivo casi siempre a puros hom­

siásticas, lo que hizo de la Nueva España un reino en esencia diverso.

bres, salvo por unas cuantas mujeres arrendatarias. Las jerarquías patriarcales permitieron que los hombres reafirma­

L a diversidad en los m árgenes

ran su autoridad como cabezas de familia, mientras que las mujeres

A la complejidad del virreinato había que sumar los distintos grupos

trabajaban pariendo y criando a los hijos, moliendo maíz, cuidando

de las lejanas fronteras septentrionales y de las costas del Golfo y del

de las huertas y de los animales, tejiendo y cosiendo ropa:17 una única

Pacífico. Buscadores de plata y clérigos llegaron al valle del alto río

forma de operar de las jerarquías del patriarcado ataba a la mayoría

Bravo en la década de 1580. Allí, en la región a la que llamaron “Nuevo

de la población productiva al pequeño grupo de los poderosos, hacién­

México”, había poblaciones de agricultores sedentarios, con formas de

dola dependiente de ellos, y esa dependencia comercial se estableció

vida mesoamericanas. Los recién llegados fundaron ciudades, levan­

como el factor clave para la estabilidad social.

taron presidios y ofrecieron el cristianismo a esas comunidades, las cua­

Al norte del Bajío, la colonización siguió los patrones forjados en

les continuaron con sus formas de cultivo y desarrollaron su propia

esa cuenca fundacional: la plata impulsó el desarrollo y la creación de

versión de la fe. Españoles e indios pueblo entablaron una ríspida re­

asentamientos; el régimen se concentró en la guerra en la frontera y

lación, a partir de la cual se definiría el límite septentrional de la Nor­

la Iglesia en el establecimiento de misiones que albergaran a los pue­

teamérica española y que involucraría en constantes conflictos a las

blos indígenas dispersos; los empresarios explotaron minas, fundaron

poblaciones independientes. Los caballos y las armas europeos per­

ciudades y reclamaron tierras. El traslado hacia el norte de migrantes

mitieron a esos grupos, que se encontraban fuera del alcance del ré­

procedentes de Mesoamérica y de esclavos africanos iba en aumento,

gimen español, fortalecer su autonomía y mejorar su movilidad.18

mientras el régimen de mediación judicial siguió teniendo una pre­

Mucho más al oeste, ya en el siglo xvii, los jesuitas y otros mi­

sencia limitada y el patriarcado se erigió en un aspecto fundamental

sioneros entraron en contacto con comunidades de agricultores in­

para la integración y la estabilidad sociales.

dependientes que vivían a lo largo de la costa noroccidental. Mayos,

Sin embargo, ciertas variantes clave diferenciaban las zonas de la

yaquis y otras comunidades empezaron a trabajar de forma periódica

meseta septentrional al norte del Bajío. Allí, la aridez lo moldeó todo.

en las minas del interior, pero a la vez forjaron un profundo y perdura­

El Bajío se convirtió en una cuenca de agricultura comercial intensi­

ble sentido de independencia.19 Las incursiones misioneras en la Baja

va, con frecuencia de riego, en tanto que en el norte dependía de los

California dieron inicio a finales del siglo xvii, pero el avance sobre

remansos de agua, como en el caso de Aguascalientes. La mayoría del

la Alta California tendría que esperar hasta la década de 1760. En el ex­

altiplano norteño fue reconstituido por vastas haciendas de pastoreo,

tremo opuesto, la colonización de Texas comenzó a principios del si­

con poblaciones dispersas que cuidaban del ganado nómada. La pro­

glo xviii con la fundación de San Antonio, una ciudad hispana, con

porción de africanos y su descendencia —mulatos libres— creció en

una agricultura de riego y rodeada de misiones. La defensa de los lí­

la región, al punto de que a comienzos del siglo xviii correspondía a

mites septentrionales de la Norteamérica española generó en dichas

cerca de 50 por ciento de la población. Al norte, la Norteamérica es­

fronteras distintos enfrentamientos con esas comunidades.

pañola era una región de minas y de ganadería, sostenida por maíz, trigo y textiles producidos en el Bajío, que era más rico.

En el sur, las tierras bajas de las costas aledañas a Veracruz (en el Atlántico) y Acapulco (en el Pacífico) tenían también características que

La integración de la Norteamérica española se debió al intercam­ bio comercial. Los productos básicos cultivados en el Bajío alimenta­ ban los centros mineros y las ciudades del norte. Los ganaderos del norte enviaban animales, pieles, lana y sebo a las ciudades, a los pue­ blos y a las minas del Bajío, así como también a la Ciudad de México. En la capital virreinal se concentraban los poderes del régimen, que supervisaba la mediación judicial; del sector financiero, que controla­ ba el comercio desde Europa hasta Asia y aportaba la inversión esen­ cial en las minas, y de los oligarcas, que poseían un gran número de

Steve J. Stern, The Secret History of Gender: Men, Women, and Power in Late Colonial Mexico, Chapel Hill, University of North Carolina Press, 1995; edición en español: La historia secreta del género: mujeres, hombres y poder en México en las postrimerías del periodo colonial, traducción de Eduardo L. Suárez, México, Fondo de Cultura Económica, 1999. 18 Ramón Gutiérrez, When Jesus Came, the Corn Mothers Went Away: Marriage, Sexuality, and Power in New Mexico, 1500-1846, Stanford, Stanford University Press, 1991; edición en español: Cuando Jesús llegó, las madres del maíz se fueron: matrimonio, sexualidad y poder en Nuevo México, 1500-1846, traducción de Julio Colón Gómez, México, Fon­ do de Cultura Económica, 1993. 19 Raphael Folsom, The Yaqui and the Empire: Violence, Spanish Imperial Power, and Native Resilience in Colonial Mexico, New Haven, Yale University Press, 2014. 17

435


436

las distinguían del resto del país. Moldeadas por el capitalismo de la

múltiples leyes, derechos y tribunales, en particular los derechos, repú­

plata, que convirtió esos puertos en eslabones primordiales del co­

blicas y tribunales indígenas, que eran los que proporcionaban esta­

mercio con Europa y Asia, esas tierras estaban pobladas de africanos,

bilidad dentro de las inequidades. Durante el auge de 1550 a 1640, la

que si bien habían llegado como esclavos, hallaron la forma de crear

desaceleración que vino luego y, por último, el resurgimiento que co­

sus propias comunidades libres. Veracruz y Acapulco eran escenario de

menzó primero muy al norte —en Parral—, el dinamismo de la plata,

importantes encuentros comerciales una vez al año, a los que asistía

la escasez de mano de obra y el régimen de mediación construyeron

un gran número de mercaderes procedentes de las tierras altas.

una Nueva España dinámica, próspera, estable y diversa.

La producción agrícola que sostenía a los puertos y a las tierras circundantes dependió desde muy temprano de los esclavos que lle­

E l d i n a m i s m o d e l a p l ata , l a p r e s i ó n

garon de África. Los individuos de ascendencia africana poseían una

d e m o g r á f i c a y l a e s ta b i l i z a c i ó n d e s p u é s d e 1 7 0 0

mayor resistencia a la malaria, lo que, sumado al hecho de que los resi­

Las diversas civilizaciones de la Nueva España pervivieron a lo largo

dentes de las tierras bajas desarrollaban inmunidad contra la fiebre

del siglo xviii. Poco fue lo que cambió. Aun así, hubo que hacer frente

amarilla, los hacía preferibles como mano de obra en las zonas coste­

a nuevas presiones a medida que la producción de plata iba en aumen­

ras; además, no tenían derecho a formar repúblicas ni a hacer frente

to tanto en el centro mesoamericano como en el Bajío e, incluso, en re­

a la clase de demandas laborales que eran comunes en los núcleos del

giones tan septentrionales como Chihuahua. Entre tanto, la población

capitalismo de la plata. Esas poblaciones combinaban la agricultura, la

se fue haciendo cada vez más resistente a las enfermedades traídas por

pesca y el comercio para sostenerse con relativa autonomía, en tanto

los europeos, lo que permitió su crecimiento en el siglo xviii.

que los puertos eran fundamentales para el capitalismo de la plata.20

La producción de plata se cuadruplicó entre 1700 y 1800. La po­

Para mantener la producción, la soberanía y la estabilidad de un

blación se multiplicó casi por tres en Mesoamérica y por más de tres

reino con semejante diversidad, el régimen tuvo la ventaja de contar

en el Bajío; más al norte, el crecimiento fue incluso más acelerado. De­

con los ingresos que generaban la plata y el comercio. Al gobernar a

bido al aumento de la población, las familias y las comunidades pro­

través de la mediación judicial, el gasto en fuerzas militares era redu­

ductoras empezaron a verse sometidas a nuevas presiones sociales,

cido y se concentraba en los presidios de las fronteras y en la defensa

que asumieron formas diferentes en las distintas regiones.

de los puertos. Para dar cabida a la diversidad, el régimen reconocía

En la zona central, la plata tuvo un auge en Taxco, a principios de la centuria, y en Real del Monte, a mediados del siglo. Como conse­

Antonio García de León, Tierra adentro, mar en fuera: el puerto de Veracruz y su litoral a sotavento, 1519-1821, México, Fondo de Cultura Económica, 2011. 20

cuencia del aumento de la población, las tierras resultaban insuficien­ tes para alimentar a las familias. El maíz, del que antes había excedentes,


A t r i b u i d o a J o s é d e Pá e z ( 1 7 2 1 - c a . 1 7 9 0 )

La destrucción de la misión de San Sabá en la provincia de Texas y el martirio de los padres fray Alonso Giraldo de Terreros y fray José de Santiesteban, ca. 1758 Antonio de Ulloa (1716-1795)

Plano del puerto y ciudad de Veracruz en la costa occidental del reino de la Nueva España, 1777


Iglesia de la Valenciana, Guanajuato, Guanajuato, México

tuvo mientras la economía de la plata fue próspera, pero en el campo a los hombres les resultaba cada vez más dif ícil sostener a sus familias.23 Más al norte, la minería floreció en San Luis Potosí (San Pedro, Guadalcázar y Real de Catorce), en Zacatecas, en la cercana Bolaños, en Durango y en Chihuahua (Parral y Santa Eulalia). A esas regiones llegaban migrantes que eran empleados como mano de obra. Pobla­ ciones, la mayoría con raíces africanas, se dispersaron por las mese­

ahora se consumía en su totalidad; las haciendas dedicadas al cultivo

tas áridas, pero el aumento de la población no puso fin a la falta de

de productos del Viejo Mundo comenzaron a sembrar maíz y mague­

trabajadores, lo que obligó a los gerentes de las minas y a los ganade­

yes pulqueros con fines de lucro. En los pueblos, los hombres pasaron

ros a mantener altos los salarios y abundantes las raciones.24

a depender cada vez más del trabajo estacional, labor que todavía se encargaban de organizar los capitanes de cuadrilla.

El avance hacia el norte creó asentamientos en la costa del Golfo, a través de Nuevo Santander, al sur del río Bravo y en Texas antes de

Las familias indígenas permanecieron en las repúblicas de in­

1760. En el nororiente, a su vez, una cadena de presidios y misiones

dios y se sostenían en parte gracias a los cultivos y en parte por los

se abriría paso en la costa de California, desde San Diego hasta San

salarios que ganaban los varones en las haciendas. Para los hombres,

Francisco. La actividad minera en el norte propiciaba la llegada a sus

las cosechas resultaban cada vez menos provechosas y necesitaban con­

mercados de cerámica de los indios pueblo y telas de los navajos, mien­

seguir más trabajo jornalero. Las haciendas se beneficiaban abastecien­

tras los conflictos y los intercambios con los apaches y los comanches

do los centros mineros y los mercados de la Ciudad de México. Ello

se intensificaron por todo Nuevo México. Estos avances contribuye­

resultaba en relaciones de explotación simbiótica entre las haciendas

ron a mantener la frontera septentrional de la Nueva España alejada

y las comunidades: los agricultores capitalistas sacaban réditos, mien­

de los centros del capitalismo de la plata.

tras que las mayorías llevaban una vida comunitaria más dependiente del trabajo en las haciendas para sostener a sus familias.

En ese mismo periodo, en las costas meridionales, los puertos de Veracruz y de Acapulco adquirieron cada vez una mayor importancia

Las zonas al nororiente de la capital y el Mezquital fueron la ex­

en términos de crecimiento de la actividad comercial; las regiones cir­

cepción. En las tierras menos productivas, las haciendas pasaron del

cundantes fueron refugio para asentamientos afroindígenas, gente ya

pastoreo a la siembra de maguey y se dedicaron a la producción de pul­

libre y capaz de sustentarse de forma autónoma, al tiempo que se co­

que. Una vez más, las haciendas salieron beneficiadas. Más allá del

menzaba a cultivar azúcar en el Golfo y algodón cerca del Pacífico.25

trasplante de los magueyes, apenas se reclutaba a trabajadores; du­

La estabilidad social se mantuvo en la Nueva España mientras la

rante los cinco años necesarios para que las plantas maduraran, sólo

economía de la plata florecía, los intercambios globales e internos ad­

empleaban a unos cuantos campesinos, y durante los siguientes quin­

quirían mayor dinamismo y la población aumentaba; sin embargo, todo

ce años, les bastaba contratar a un número reducido de “tlachique­

ello generaba nuevas presiones sociales. En protesta por distintos agra­

ros” indígenas. El giro hacia la producción de pulque benefició a los

vios, hombres y mujeres de las repúblicas de indios tomaban las plazas

terratenientes, pero ofrecía pocas oportunidades laborales para la po­

y amenazaban a los funcionarios y a los comerciantes hispanos; por

blación rural. En las zonas pulqueras no se desarrollaron formas de ex­

lo general, causaban daños limitados. Elevaban sus demandas a los tri­

plotación simbiótica; allí, las tensiones escalaron y las repúblicas de

bunales, donde finalmente se emitían resoluciones, algo fundamental

indios buscaron la intervención de las autoridades judiciales.21

para un régimen que carecía de fuerzas armadas permanentes.26

En la Mesoamérica meridional, la economía de la plata seguía sin

Aun así, se presentaron algunos conflictos. Concentrados en Gua­

tener repercusiones significativas; las haciendas eran escasas y las co­

najuato en 1766 y 1767, los disturbios se extendieron a San Luis Poto­

munidades indias controlaban la mayoría de las tierras. La comerciali­

sí, Real del Monte y a los centros indígenas alrededor de Pátzcuaro, en

zación global fomentó la producción de grana cochinilla en las tierras

Michoacán. Las nuevas exigencias del régimen provocaron esa resis­

altas mixtecas y zapotecas, donde los hombres se encargaban de tra­

tencia. En la Guerra de los Siete Años, librada entre 1757 y 1763,

bajar la tierra y las mujeres de extraer de los insectos el tinte rojo, que

España se hizo de Luisiana y conservó La Habana y Manila, que los

agentes financieros de la Ciudad de México enviaban a los mercados europeos. De forma paralela, los artesanos de Villa Alta, cerca de Oaxa­ ca, fabricaban telas para su venta en la Ciudad de México y las regiones del norte, de nuevo por medio de comerciantes y de agentes financie­ ros de la capital. Las nuevas costumbres comerciales se propagaron hacia el sur durante el siglo xviii, pero la vida siguió cimentada en el cultivo familiar y las repúblicas de indios.22 Después de 1700, Guanajuato vivió un auge minero; la produc­ ción y el comercio de textiles se dispararon en Querétaro, San Miguel y otras ciudades, y la agricultura en las zonas rurales se expandió gra­ cias al aumento de los sistemas de riego. El crecimiento de la población sostuvo la producción. Finalmente, después de 1780, empezó a haber un excedente de mano de obra, lo que permitió a las minas reducir los salarios y las cuotas de mineral que pagaban a los trabajadores, y a los propietarios de las haciendas imponer sueldos más bajos, redu­ cir las raciones de maíz y aumentar las rentas. La estabilidad se man­

J. Tutino, The Mexican Heartland: How Communities Shaped Capitalism, a Nation, and World History, 1500-1800, op. cit., caps. 3-4. 22 Rodolfo Pastor, Campesinos y reformas: la Mixteca, 1700-1850, México, El Colegio de México, 1987; Jeremy Baskes, Indians, Merchants, and Markets: Oaxaca, 1750-1821, Stan­ ford, Stanford University Press, 2000; Yanna Yannakakis, The Art of Being In-between: Native Intermediaries, Indian Identity, and Local Rule in Colonial Oaxaca, Durham, Duke University Press, 2008; edición en español: El arte de estar en medio: intermediarios indígenas, identidad india y régimen local en la Oaxaca colonial, traducción de Mónica Portnoy Binder, Oaxaca, Universidad Autónoma Benito Juárez, 2012, y William B. Taylor, Drinking, Homicide, and Rebellion in Colonial Mexican Villages, Stanford, Stanford Uni­ versity Press, 1979; edición en español: Embriaguez, homicidio y rebelión en las poblaciones coloniales mexicanas, traducción de Mercedes Pizarro de Parlange, México, Fondo de Cul­ tura Económica, 1987. 23 J. Tutino, Making a New World: Founding Capitalism in the Bajío and Spanish North America, op. cit., caps. 3-8. 24 Ibid. 25 Ibid., caps. 3-9; Ross Frank, From Settler to Citizen: New Mexican Economic Development, 1750-1820, Berkeley, University of California Press, 2000, y A. García de León, op. cit. 26 W. B. Taylor, Drinking, Homicide, and Rebellion in Colonial Mexican Villages, op. cit. 21

439


Templo de la Compañía de Jesús, Pátzcuaro, Michoacán

británicos habían ocupado durante la confrontación. No obstante, aun­ que la Nueva España y el capitalismo de la plata se habían mantenido robustos, al término del conflicto España había acumulado deudas que esperaba pagar con los ingresos fiscales del virreinato. Madrid decretó nuevos impuestos y, para respaldar su implemen­ tación, ordenó el reclutamiento de milicias. En Guanajuato, en San Luis Potosí y en Real del Monte, los trabajadores vieron en esas medidas un ataque a su bienestar y una doble ofensa por el intento de reclutar­ los para que se sumaran a los cuerpos encargados de hacerlas cumplir. Hubo toma de minas, de calles y de plazas. Al tiempo que sacudían los cimientos del capitalismo de la plata, los habitantes de algunas po­ blaciones rurales de San Luis Potosí y de las repúblicas de indios al­ rededor de Pátzcuaro exigieron que se atendieran sus reclamos.27 Las milicias reprimieron a los amotinados y las autoridades im­ pusieron castigos ejemplares; luego, el poder judicial intervino para mediar en la búsqueda de soluciones eliminando las imposiciones que habían desencadenado las protestas. La producción de plata se recu­ peró y, a partir de 1770, vivió una nueva bonanza. La industria de la plata, el comercio interior y exterior, y también los ingresos del régimen aumentaron hasta alcanzar nuevos niveles desde 1770 hasta 1810. E l d i n a m i s m o d e l a p l ata , l o s c o n f l i c t o s imperiales, l a depredación so cial y la insurgencia después de 1800

Para 1800, la plata que producía el virreinato financiaba la pugna por el predominio imperial entre España, Francia y Gran Bretaña.28 En el Bajío, minas y haciendas buscaron aprovechar las presiones demográ­ ficas para someter a sus trabajadores a imposiciones depredadoras. Luego, en 1808, Napoleón invadió España, un país que entonces era formalmente su aliado. Esto desencadenó en toda España movili­ zaciones que llamaban a recuperar la soberanía, un movimiento que no tardó en llegar a la Ciudad de México. En septiembre después de un golpe de Estado, los poderes militares impusieron la obediencia a la Junta de Sevilla para garantizar que la plata continuara fluyendo ha­ cia la Península. Hombres armados le negaron a la Nueva España el derecho a formar una junta, acabaron con el gobierno judicial e impu­ sieron un poder militarizado que decía estar al servicio del pueblo.29 De 1809 a 1810, la plata continuó fluyendo hacia España, mientras los ejércitos franceses marchaban hacia el sur para tomar Sevilla. Para el verano de 1810, la Junta de Sevilla se había disuelto. Las éli­ tes provinciales del Bajío veían que la riqueza de la plata se estaba des­ perdiciando en España. Entonces, algunos de ellos se reunieron en Querétaro para debatir de nuevo acerca de la soberanía y el modo de alcanzar la autonomía. Sabían que la única forma de avanzar era con un llamado al pueblo a tomar las armas, pero también sabían que cualquier levantamiento masivo cuestionaría el orden social y las ba­ ses sobre las cuales se fundaban sus ganancias. Cuando las autoridades arrestaron a la mayoría de los que habían participado en la conspiración Felipe Castro Gutiérrez, Nueva ley y nuevo rey: reformas borbónicas y rebeliones populares en la Nueva España, Zamora, El Colegio de Michoacán, 1996; Doris Ladd, The Making of a Strike: Real del Monte, 1766-1775, Lincoln, University of Nebraska Press, 1988; edi­ ción en español: Génesis y desarrollo de una huelga: las luchas de los mineros mexicanos de la plata en Real del Monte, 1766-1775, traducción de Adriana Sandoval, México, Alianza, 1992, y J. Tutino, Making a New World: Founding Capitalism in the Bajío and Spanish North America, op. cit., cap. 4. 28 Carlos Marichal, La bancarrota del virreinato: Nueva España y las finanzas del Imperio español, 1780-1810, México, Fondo de Cultura Económica/El Colegio de México, 1999. 29 John Tutino, Mexico City, 1808: Power, Sovereignty, and Silver in an Age of War and Revolution, Albuquerque, University of New Mexico Press, 2018. 27

441


J a c q u e s - L o u i s D av i d ( 1 74 8 - 1 8 2 5 )

El emperador Napoleón en su estudio de las Tullerías, 1812 Autor no identificad o

Escudo del Imperio de Iturbide, 1821-1823 pp. 444-445

Pedro Gualdi (1808-1857)

Patio de la hacienda de beneficio de la mina de Proaño en Zacatecas, 1840

de Querétaro, Ignacio Allende, un terrateniente de San Miguel, se unió al cura Miguel Hidalgo en Dolores para llamar a un alzamiento la no­ che del 15 al 16 de septiembre.30 Serían derrotados cuatro meses después, pero los levantamien­ tos populares en Guanajuato y las zonas aledañas se prolongaron du­ rante años. Para 1812, el capitalismo de la plata y los intercambios globales que éste sostenía se habían acabado, y, para antes de 1820, la producción comercial de las haciendas se hallaba por los suelos y en manos de residentes rebeldes. Entre tanto, la Constitución de Cádiz de 1812 profundizó el vínculo entre el gobierno militarizado y los li­ berales. Otorgaba la ciudadanía a todos los hombres (menos a los de ascendencia africana), al tiempo que se negaba a reconocer los dere­ chos y la justicia para los pueblos y las comunidades indígenas.31 En 1821, los cimientos del poder, la prosperidad y la estabilidad de la Nueva España se habían desvanecido. La agricultura comercial se hallaba bajo el ataque de insurgentes y los derechos de las repúbli­ cas de indios se enfrentaban al asalto de los liberales. La diversidad que caracterizaba a la Nueva España se mantenía, acentuada por las insurgencias populares, mientras la mayor parte de las repúblicas de los valles centrales permanecieron en paz y productivas.

del algodón y mantener la esclavitud. Luego, Estados Unidos invadió

En la árida meseta al norte del Bajío hubo pocos levantamientos

México para apoderarse del norte, desde Texas hasta California, e in­

y lo mismo sucedió en el amplio sur de la Mesoamérica española. La

tegrarlo a una nación que estaba desarrollando un poderío fundado en

actividad insurgente se focalizó en la intersección entre la Mesoamé­

la expansión de la agricultura basada en la esclavitud. En su ascenso

rica y la Norteamérica españolas, desde la región de Guadalajara hasta

hacia la hegemonía continental, Estados Unidos vio cómo sus contra­

la Sierra Norte de Puebla, concentrada en Guanajuato y el Mezquital.

dicciones internas lo conducían en 1860 a una devastadora guerra “in­

En los territorios más al norte y en el sur se vivió el conflicto de mane­

civil”, una confrontación mucho más letal que todos los conflictos del

ra limitada. Aun así, no podrían escapar de las consecuencias derivadas

México del siglo xix. Después, reclamaría la supremacía como poten­

de la caída de la plata y de la militarización del poder que la insurgen­

cia en un nuevo mundo industrial, al tiempo que lidiaba con las contra­

cia y la contrainsurgencia intensificaron y afianzaron.

dicciones derivadas de su inclinación histórica hacia la esclavitud.32 El poder, la prosperidad y la estabilidad que caracterizaron a la

1821: un desafío imposible

Nueva España resultaban imposibles de recuperar. La búsqueda de una

En 1821, el movimiento de Iguala movilizó al poder militar para exigir

nación mexicana produjo décadas de conflictos y de inestabilidad. Pero

una monarquía mexicana. Sus aliados oligarcas, quienes se beneficia­

en las comunidades rurales, que habían tomado distintas rutas duran­

ron de la riqueza que la plata había generado, soñaban con su regre­

te la época de la insurgencia y de la independencia, se lograron triun­

so. Pero debido a la caída de la minería y al colapso del comercio con

fos. Los miembros de las comunidades que anteriormente dependían

China e India, la renovación del capitalismo de la plata era imposible.

de las haciendas del Bajío y del norte ganaron el control de la produc­

Tanto durante el corto tiempo que duró la monarquía como durante

ción como rancheros y arrendatarios. En las mismas décadas, las repú­

la república hubo que enfrentar la constante falta de ingresos (y el alto

blicas de indios mesoamericanos lucharon por impedir todo intento

costo de mantener fuerzas militares ya consolidadas). Entre tanto, la

de los liberales por abolir las tierras comunitarias antes de 1867. Para

postura liberal que primaba en Cádiz continuó presionando para ha­

la mayoría de la población rural, las décadas que siguieron a 1821 traje­

cer converger las leyes y los derechos, en busca de abolir las repúbli­

ron tiempos en los que se consolidaron nuevas independencias.33

cas de indios, que durante siglos habían sostenido la producción y la estabilidad en la Mesoamérica española. Marcada por las contradicciones, la imaginada monarquía cons­ titucional de Iturbide cedió el paso —por medio de un levantamiento militar— a una República Federal Mexicana en 1824. Después de 1821, todo lo que en su momento sustentó a la Nue­ va España había desaparecido. En medio de los conflictos derivados de esa reconstrucción de México, unos advenedizos estadounidenses tomaron Texas en la década de 1830 con el fin de preservar el control

Carlos Herrejón Peredo, Hidalgo: maestro, párroco e insurgente, México, Fomento Cul­ tural Banamex, 2011. 31 Este pasaje constituye un avance de John Tutino, The Bajío Revolution: Making Communities, Breaking Silver Capitalism, Constraining Mexico, Remaking North America, 1800-1860, Durham, Duke University Press, en prensa. 32 John Tutino (ed.), New Countries: Capitalism, Revolution, and Nations in the Americas, 1750-1870, Durham, Duke University Press, 2016, caps. 1, 3 y 7. 33 Véase J. Tutino, The Mexican Heartland: How Communities Shaped Capitalism, a Nation, and World History, 1500-1800, op. cit., parte 2, y, del mismo autor, The Bajío Revolution: Remaking Communities, Empires, Nations, and Capitalism, 1800-1860, op. cit. 30

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Entre Europa y América: transmitir letras y saberes en la Nueva España ENRIQUE GONZáLEZ gonzález*

DA CLIC PARA VER LA CONFERENCIA

En 1493, recién vuelto Cristóbal Colón a Sevilla desde unas islas ig­

indígena, y cómo las partes debieron negociar; por fin, los choques

notas para Europa, la imprenta propagó la noticia del viaje en varias

entre religiosos y clero secular. Las órdenes pretendían plena libertad

lenguas. Muy pronto, lo poco que se iba sabiendo y lo mucho que se

para adoctrinar, mientras que los obispos exigían acatamiento como

fantaseaba sobre esos pueblos y tierras pasaron a libros de geografía,

cabezas indisputadas de la Iglesia dentro de sus diócesis, con poder

astronomía y textos escolares. Así, antes de que la cultura letrada

sobre la totalidad de los fieles.

europea llegara al Nuevo Mundo, ya corría mucha información sobre

Por su colaboración con los españoles, la nobleza indígena gozó

América por el viejo continente. Ese flujo de noticias y saberes en

de privilegios por un tiempo, en particular, el manejo de sus súbditos.

todo tiempo fluyó en dos direcciones, una interacción básica para

Los caciques mediarían entre los españoles y los llamados macehua­

entender la creación y consolidación de colegios y universidades en

les para colectar tributos, alistar tropas en las campañas militares y

las Indias.

organizar los servicios personales. A fin de que los hijos de los caci­

Apenas las tropas españolas e indígenas de Hernán Cortés to­

ques realizaran mejor esa función, e incluso para hacerlos catequis­

ma­ron la capital mexica en 1521, debieron afrontar el siguiente paso: el

tas, recibieron instrucción especial en los conventos o en el Colegio

de “afirmar” la tierra. No bastaba con la obtención de riquezas fáciles

de Santa Cruz de Tlatelolco, creado tan pronto como 1536. Esa for­

mediante redadas de saqueo y volver a Europa con lo ganado, como

mación esmerada se limitó a los señores, pues los macehuales reci­

tantos. Para consolidar la conquista urgía emprender varias acciones

bían tan sólo los rudimentos de la doctrina cristiana.

1

arduas, complejas y de largo alcance. Primero, crear pactos con los

Como se sabe, Cortés encomendó indios a sus huestes a modo

señores de los pueblos vencidos. Muchos caciques, ante la perspectiva

de botín, contra las órdenes reales. Al menos desde 1521, Carlos V

de perder todo, se sometieron y, a cambio de retener algunos privile­

mandó que todos los naturales tributaran para él.3 Pero si servían a

gios, pacificaban su señorío. A la vez, Cortés y sus capitanes debían

los encomenderos, les era imposible acatar también el reclamo regio.

partir hacia los cuatro puntos cardinales para asegurar tan vastas re­

De ahí que la Corona buscara, por varias vías, quitarles “sus” indios a

giones, lo que hicieron de inmediato. También fundaron ciudades y villas con españoles residentes que salvaguardaban las tierras venci­ das y buscaban la forma de ensanchar sus fronteras. Y mientras los guerreros actuaban en nombre del rey, éste dictaba, desde Castilla, numerosas provisiones y enviaba agentes que velaran por el control efectivo, no sólo formal, de sus reinos.2 Antes de dar un repaso muy general al amplísimo y diverso con­ glomerado de colegios, a sus transformaciones y a las tres universida­ des surgidas en Nueva España, conviene decir algunas palabras sobre un cúmulo de factores, aparentemente poco ligados entre sí, que apo­ yaron, desde diversos flancos, la creación y el arraigo de tan dispersa red de instituciones. C o n f l i c t o s y p e r s p e c t i va s

Entre las circunstancias que favorecieron el nacimiento de colegios y universidades en Nueva España destacan al menos tres, interrelacio­ nadas y de carácter conflictivo: por una parte, la disputada cuestión de cómo convertir e instruir en la fe a los naturales; en segundo lugar, los graves diferendos entre el rey y los conquistadores sobre el trabajo

* Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación, Universidad Nacio­ nal Autónoma de México, México. El autor agradece el apoyo del proyecto de investiga­ ción “Libros y letrados en el gobierno de Indias” (PAPIIT IN402218). 1 José Luis Martínez, Hernán Cortés, México, Fondo de Cultura Económica/Universi­ dad Nacional Autónoma de México, 1993, y Carmen Martínez Martínez, Veracruz 1519: los hombres de Cortés, León, Instituto Nacional de Antropología e Historia/Universidad de León, 2013. El presente trabajo retoma y reelabora temas expuestos en trabajos pre­ vios, algunos en prensa, en particular, Enrique González González, con la colaboración de Víctor Gutiérrez Rodríguez, El poder de las letras: por una historia social de las universidades de la América hispana en el periodo colonial, México, Instituto de Investiga­ ciones sobre la Universidad y la Educación-Universidad Nacional Autónoma de México, 2017; “Maestros (dch)/Masters (dch)”, Max Planck Institute for European Legal History Research Paper Series No. 2020-23, noviembre de 2020, disponible en https://papers. ssrn.com/sol3/results.cfm?RequestTimeout=50000000; consultado en agosto de 2021; “Schulen und Universitäten in Mexiko des 16. Jhds: Ein Tor zur Erforschung des Denkens in Neuspanien”, en Quellen und Methoden zur Erforschung des politischen Denkens Neuspaniens, vol. 1, en prensa, y “Uneven Chances: Education in Colonial Mexico City”, en John F. López (ed.), A Companion to Viceregal Mexico City, Leiden y Boston, Brill, en pren­ sa. A ellos remito para justificar algunas afirmaciones. 2 Véase el sugerente artículo de Francisco Quijano Velasco, “‘De estas partes y nuevos reinos’: la conformación de Nueva España y sus fronteras (1519-ca. 1550)”, en Intus Legere Historia, vol. 13, núm. 1, 2019, pp. 85-110. 3 Para un clásico sobre el tema, véase José Miranda, El tributo indígena en Nueva España durante el siglo xvi, México, El Colegio de México, 1980.

447


Carlo Ver ardi (14 40-1500)

De insulis nuper in Mari Indico repertis, en In laudem serenissimi Ferdinandi Hispania[rum] regis, Bethicae et regni Granatae, Basel, Iohann Bergmann de Olpel, 1494 Escudo de armas del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Carlos V, en Leyes y ordenanças nuevamente hechas por Su Magestad, para la governación de las Indias..., Alcalá de Henares, Casa de Joan de Brocar, 1543

eran incapaces de absorber y promover a los jóvenes en el servicio regio o de la alta nobleza. Tampoco había carrera militar, pues el ejér­ cito formal surgió al final del siglo xviii. Además, los hacendados no deseaban fraccionar su patrimonio, sino vincularlo al primogénito. De ahí la demanda de salidas dignas y poco onerosas para segundo­ nes: los conventos masculinos captarían a algunos, mientras las plazas en la Iglesia y el gobierno real, fuentes de lucro e influencias, parecían la mejor opción. Con todo, la promesa regia de dar cargos sólo era viable si los jóvenes aprendían letras, pues múltiples oficios laicos las exigían: es­ cribano, abogado, juez, oidor. A la vez, sin estudios, cómo colocarse en la Iglesia, de sacristán a capellán, párroco, juez eclesiástico, canó­ nigo u obispo. De ahí la pronta petición de colegios y universidades. Y conforme surgían instituciones y usos europeos, todo se volvía más complejo. Cada ayuntamiento tomaba asesores legales para sus gestio­ nes. Y como los pleitos de particulares podían ir a tribunales, todo litigante debía ser bachiller en leyes o cánones. Con el grado en mano, la Real Audiencia lo examinaba si quería ejercer de abogado. Sin una universidad local o cercana, era caro y riesgoso enviar lejos a los hi­ jos; peor aún, financiarles la estancia en una universidad durante los años necesarios para estudios y grados. Otros motivos de orden so­ cial y político avalaban su fundación. Diversas personalidades urgían al rey a dar ocupación “en letras y virtud” al creciente número de crio­ llos y mestizos ociosos, prontos a mezclarse en cualquier revuelta.4 En cuanto a convertir a los naturales y fundar la nueva Iglesia, 448

poco antes de la Conquista se habían pactado las relaciones entre el papa, jefe de la cristiandad, y los reyes, amos temporales de los nue­ vos pueblos y tierras. El acuerdo entre las partes había dado a la Coro­ los conquistadores y beneficiarse directamente de ellos. Los colonos,

na el patronato universal sobre las Indias Occidentales, base del control

en cambio, pedían retenerlos a perpetuidad, volverse señores de hom­

directo sobre aquella Iglesia. A cambio, el rey asumía todos los gastos

bres para vivir de su servicio y estabilizar la tierra. Las Leyes nuevas,

de evangelización y del proceso de instaurar la jerarquía eclesiástica

de 1542, si bien no se aplicaron a rajatabla, condenaron a muerte la

en ámbitos vírgenes de todo contacto previo con el cristianismo.

encomienda. Al fallecer un encomendero o su primogénito, los in­

Para cumplir el acuerdo de cristianizar a esos pueblos, pagó viá­

dios pasarían al rey. La ira fue colosal. En México, el virrey Antonio

ticos y sustento —“limosna”— a franciscanos, dominicos y agustinos,

de Mendoza sorteó el momento crítico sin grandes tumultos, con la

que viajaron a parajes vastos e ignotos, aprendieron lenguas “bárba­

promesa de atenuar las medidas más duras. Y si los novohispanos

ras” y bautizaron a los vencidos. Para la “conquista espiritual”, iban a

pactaron, los peruanos se alzaron en armas. Para paliar el desconten­

nuevos sitios con gran celeridad, mientras, en los pueblos principa­

to, el rey ofreció alternativas “dignas”: que formaran estancias en tie­

les, sus hermanos alzaban capillas y chozas que pronto devenían, con

rras vacas —o declaradas por tales— y que sus hijos tuvieran cargos

trabajo indígena, imponentes iglesias y conventos. De esas cabeceras,

de gobierno.

que formaban auténticas redes, otros religiosos acudían a predicar a

Encomenderos aparte, había el problema de que los migrantes no pretendían oficios humildes o serviles. Como dijo un virrey con

los pueblos contiguos. Pronto, las tres “religiones” manejaban las áreas más pobladas y ricas.

ironía, los españoles “en desembarcando acá, todos son marqueses”.

El segundo compromiso regio, más institucional e igual de cos­

Ávidos de lucro, prestigio social y aun de títulos nobiliarios, querían

toso, era el de fundar y asentar una jerarquía eclesiástica a modo de

para sus hijos oficios más “nobles” que carnicero, herrero o jornalero.

la Iglesia romana, con catedrales, obispos y cabildos, tribunales ecle­

Pero en Indias, a diferencia de la metrópoli, las cortes, de haberlas,

siásticos y un tejido parroquial, cuyos curas rigieran la vida diaria de la feligresía, cuidaran de sus necesidades espirituales y su acato a las

E. González González y V. Gutiérrez Rodríguez, El poder de las letras: por una historia social de las universidades de la América hispana en el periodo colonial, op. cit., en par­ ticular, cap. i, p. 4. 4

autoridades. Plasmar tan vasto plan exigía otro ejército, pero de cléri­ gos seculares. Carlos V, a la vez que frailes, mandó obispos (el de Mé­ xico llegó en 1528) con el encargo de instituir la jerarquía diocesana.


Y como debido al patronato, los obispos y el clero secular obedecían directamente al rey, su presencia en la tierra afianzaba la autoridad regia en lo eclesiástico. Pero los primeros obispos debieron afrontar falta de diezmos y, en especial, de clérigos; era pues dif ícil asentar la autoridad episcopal, con todo y apoyo regio. Y si bien la tarea de con­ 5

vertir infieles y la de imponer la Iglesia secular eran complementa­ rias, en la práctica y durante décadas corrieron por cauces paralelos, incluso hostiles, lo que ocasionó enormes e interminables luchas. En efecto, los obispos acusaban a las órdenes de tener “tomada la tierra”. Armadas de privilegios jurídicos y de bulas papales, se exi­ mían de obediencia directa al rey, rehusaban la jurisdicción de los prelados y, por lo mismo, de sus tribunales; tampoco pagaban diezmo por las estancias que adquirían con gran celeridad. Por tanto, si bien cada obispo tenía potestad canónica sobre todo su territorio diocesa­ no, en la práctica, los pueblos de frailes, quizás la mitad de cada obis­ pado, eludieron su autoridad por más de un siglo.6 El mismo rey tomaba medidas para acotar el poder de los frailes. No sólo resistían a los obispos, la Real Hacienda resentía el peso de despachar a tantos frailes y de las costosas “limosnas” anuales con que gratificaba su labor pastoral. En cambio, si surgía un fuerte clero se­ cular criollo, autofinanciado con diezmos y otras rentas, bajaría tanto gasto.7 Pero era forzoso, en tierras “minadas” por frailes, tener clérigos letrados, “lenguas” y formados en Indias; los pocos llegados de Espa­ ña, al viajar por su cuenta, eran libres y no siempre los mejores. El nuevo clero criollo adoctrinaría a nativos y españoles para des­ plazar a los frailes paso a paso. Ocuparía los prometedores cabildos eclesiásticos, con una media de veinte plazas. Aportaría jueces aten­ tos a la guarda de las normas eclesiásticas y a dirimir los conflictos de los clérigos entre sí y de ellos con los feligreses. Tales cargos podían proveerse en Madrid, pero no al ritmo ni en el número y calidad ne­ cesarios; además, eran codiciados por los jóvenes criollos. Y si se lo­ graba que fueran clérigos nacidos y formados en la tierra, los más 450

dóciles al obispo podrían ascender. Y como el Concilio de Trento man­ daba que todo canónigo u obispo fuese licenciado o doctor en teología o cánones8 y el cargo de juez suponía grado en derecho, era impera­ tivo que los aspirantes, a más de estudiar, se graduaran. En suma, para asentar una Iglesia local, apoyada por las élites criollas, era in­ dispensable crear colegios y universidades. E s t u d i o s m e n o r e s y m ay o r e s

En los tres siglos de dominio español no hubo un órgano estatal que regulara la educación en todos sus niveles. Los ministerios o secretarías

5 María Leticia Pérez Puente, Tiempos de crisis, tiempos de consolidación: la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, 1653-1680, México, Centro de Estudios sobre la Universidad-Universidad Nacional Autónoma de México/Plaza y Valdés/El Colegio de Michoacán, 2005, y Antonio Rubial García (coord.), La Iglesia en el México colonial, Mé­ xico, Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de Méxi­ co/Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades Alfonso Vélez Pliego/Benemérita Universidad Autónoma de Puebla/Ediciones de Educación y Cultura, 2013. 6 El clásico de Robert Ricard, La conquista espiritual de México: ensayo sobre el apostolado y los métodos misioneros de las órdenes mendicantes en la Nueva España de 15231524 a 1572 (México, Fondo de Cultura Económica, 1983) amerita honda revisión. Su acrítica defensa del clero regular impide comprender la importancia del secular. 7 Enrique González González, “La definición de la política eclesiástica indiana de Felipe II: 1567-1574”, en Francisco Javier Cervantes Bello (coord.), La Iglesia en la Nueva España: relaciones económicas e interacciones políticas, Puebla, Benemérita Universidad Au­ tónoma de Puebla, 2010, pp. 143-164. 8 El sacrosanto y ecuménico Concilio de Trento, traducido al idioma castellano por Ignacio López de Ayala; con el texto latino corregido según la edición publicada en 1564, Bar­ celona, Ramón Martín Indar, 1847, sesión 23, caps. 5-15.

p. 446

Autor no identificad o

Imagen de jura de San Juan Nepomuceno como patrono de la Universidad de México con las personificaciones de los reinos de España y Nueva España (detalle), 1745 Iglesia de Nuestra Señora del Pilar (La Enseñanza), Ciudad de México, México


sacramentos y sus ritos (algo que enseñaban los manuales o los cur­

Juan de Mir anda ( activo entre 1697-17 14)

Sor Juana Inés de la Cruz, ca. 1713

sos de teología moral), y que tenía medios para sostenerse o —al me­ nos— que sabía una lengua indígena para predicar y confesar a los naturales de la diócesis. Jóvenes sin posibilidad de proseguir sus es­ tudios se resignaban a oficios como escribano o a ser curas en lugares pequeños y tal vez pobres, sin esperanza de ulterior promoción. Luego de la gramática, un estudiante podía cursar artes (filoso­

de educación nacieron, en todo el mundo, con los regímenes consti­

fía), pero al principio faltaban libros, colegios estables y profesores

tucionales, primeros en promover la alfabetización universal. Antes

aptos, lo que impedía consolidar su enseñanza, que se normalizó al

se creía que si se daba letras y doctrina religiosa sólida a toda la po­

abrir la universidad (1553) y al nacer los estudios conventuales, como

blación, los peones dejarían el azadón y todos querrían ser letrados o

se verá. Los mismos jesuitas, durante medio siglo, se limitaron a ense­

místicos.9 Por tanto, la lectura, la escritura y más aún el latín eran para

ñar gramática, con la excepción del Colegio Máximo, en la capital,

unos cuantos, casi en exclusiva para españoles o mestizos, y de cierta

cuyas lecciones de artes abrieron en 1576.

calidad. Así lo plantearon los franciscanos al rey en 1570: “Ellos no

La filosofía (o artes) tenía el propósito de enseñar a los escolares

enseñan casos de fe a los hijos de los labradores y la gente plebeya,

a razonar con método —con lógica—; de ahí su papel propedéutico

sino [les basta con] que simplemente deprendan la doctrina cristiana,

(“menor”) para los aspirantes a los estudios “mayores” de teología, de­

y luego, en sabiéndola, comiencen desde muchachos a seguir los ofi­

recho o medicina. El curso completo duraba, según lugar y tiempo,

cios y ejercicios de sus padres”. Tampoco “permiten que los hijos de

dos o tres años. Se dictaba en las aulas de un colegio, de un convento

los populares entren en las escuelas ni aprendan letras, sino sólo los

o de la universidad; sin embargo, sólo ésta tenía licencia para graduar

hijos de los [indios] principales”. Les enseñan de memoria “el Per sig-

de bachiller, licenciado y maestro en artes. Esa opción a culminar su

num crucis, el Pater noster, el Ave María, el Credo, la Salve regina”.

10

estudio con un grado daba a la filosofía el carácter de primera disci­

Los frailes se referían en concreto a los naturales, pero, a tono con las

plina propiamente universitaria. En las grandes ciudades surgieron

ideas imperantes en la época, muestran el rechazo tajante a dar ins­

colegios para cursarla. Quien concluía satisfactoriamente el progra­

trucción literaria a cualquier clase de “gente plebeya”.

ma en Puebla, Oaxaca, Guadalajara u otra parte recibía un certificado

Los padres transmitían a sus hijos las primeras letras, si las sa­

del rector que le permitía examinarse en la universidad; algo sólo al

bían, o el cura, el sacristán, o maestros que instruían niños en su casa

alcance del que tenía beca o familia que sorteara el viaje. Si aprobaba,

o a domicilio. Algunas niñas acudían a una “amiga”, cuya maestra mos­

obtenía el grado de bachiller en artes por suficiencia. Unas cifras per­

traba el catecismo, tareas domésticas y, con suerte, a leer. Ni siquiera

miten valorar la importancia del conjunto de colegios en funciones

las internas en colegios para hijas de caciques (siglo xvi) o para espa­

fuera de la capital, ante todo en Puebla. De 1701 a 1738, la universidad

ñolas, como las Vizcaínas o La Enseñanza (finales del siglo xviii), re­

graduó a 6 714 bachilleres en artes. Del total, 1 437 (21.4 por ciento)

basaban las primeras letras. Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695),

habían cursado en aulas universitarias; otros 550 (8.2 por ciento), en

justo para dedicar su vida al estudio, entró de religiosa y pagó a “un

colegios de la ciudad; por fin, la gran mayoría, 4 727 (70.4 por ciento)

bachiller” que la adiestrara en latín. Su caso fue excepcional y no la

había estudiado fuera.13

11

regla. Con todo, muchas mujeres se aficionaban a obras de esparci­

Faltan cifras precisas, pero durante tres siglos, el mayor número

miento o devoción, lo que aumentaba el número de lectoras. Las pocas

de escolares se limitó a cursar gramática latina, como prueban los mu­

que osaban escribir debían ser vigiladas por un hombre, como su con­

chos colegios que sólo impartían esa disciplina. De hecho, apenas unos

12

fesor. De otro modo, arriesgaban a dar en manos de la Inquisición.

diez de los jesuíticos lograron consolidar cursos de artes. Con todo y

Una vez alfabetizado, quien quería seguir estudiando, si su con­

las dificultades para obtener el grado en artes, esos bachilleres dobla­

dición económica y social lo permitía, cursaba gramática, es decir,

ban —o más— al total de borlados en las cuatro facultades mayores

latinidad. El ciclo completo, como el que daban los jesuitas en sus

de leyes, cánones, medicina y teología. Se estima que la Real Universi­

grandes colegios desde 1574, tomaba cuatro años, más un quinto de

dad graduó a 20 036 bachilleres en el siglo xviii. De ellos, eran artistas

retórica, pero en los pequeños apenas si se adquirían los rudimentos. Se aprendía gramática con un maestro privado que la enseñaba a unos cuantos alumnos o bien en las lecciones regulares de algún colegio urbano. En la capital, el bachiller Blas de Bustamante ya “leía” gramá­ tica en 1528 y lo hizo por casi tres décadas. Pronto llegaron otros, como el humanista Cervantes de Salazar, autor de los famosos Diálogos sobre la Ciudad de México en 1554. Se aprendía latín por varios motivos. Era la lengua oficial de la Iglesia, usada en sus principales ritos y ceremonias. Además, la docen­ cia universitaria se dictaba en latín y los escolares debían emplearlo en conferencias y exámenes; de hecho, era el idioma de los textos es­ colares y de las obras científicas. Por tanto, era forzoso cierto domi­ nio de la gramática latina para una carrera eclesiástica o para ingresar a la universidad. De ahí que se dijera “lego” al que sólo leía en romance y “letrado” al que se valía del latín en su vida profesional. Si un “gra­ mático” quería ser sacerdote, debía probar al obispo que entendía los

9 Enrique González González y Héctor del Ángel García, “La santa ignorancia: lectores y lectura de libros prohibidos en Puebla (siglo xvi)”, en Francisco Javier Cervantes Bello (coord.), Libros y lectores en las sociedades hispanas: España y Nueva España (siglos xvixviii), México, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla/Ediciones de Educación y Cultura, 2016, pp. 57-115. 10 Códice franciscano [siglo xvi], edición de Joaquín García Icazbalceta, México, Salva­ dor Chávez Hayhoe, 1941, pp. 54-56. 11 Pilar Gonzalbo Aizpuru, Las mujeres en la Nueva España: educación y vida cotidiana, México, El Colegio de México, 1987, y Sor Juana Inés de la Cruz, “Respuesta a Sor Filo­ tea de la Cruz”, en Obras completas, vol. iv, México, Fondo de Cultura Económica, 1976, pp. 440-477. 12 Antonio Rubial García, Profetisas y solitarios: espacios y mensajes de una religión dirigida por ermitaños y beatas laicos en las ciudades de Nueva España, México, Universi­ dad Nacional Autónoma de México/Fondo de Cultura Económica, 2006. 13 Armando Pavón Romero, Adriana Álvarez Sánchez y Reyna Quiroz, “Las tendencias demográficas de los artistas en los siglos xvii y xviii”, en Enrique González González (coord.), Estudios y estudiantes de filosofía: de la Facultad de Artes a la Facultad de Filosofía y Letras (1551-1929), México, Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación y Facultad de Filosof ía y Letras-Universidad Nacional Autónoma de México/ El Colegio de Michoacán, 2008, pp. 119-158.

453


454

13 636, mientras los otros 6 400 se distribuyen entre las otras cuatro

Indígenas y mestizos

facultades.14 Sin duda, “el camino de las letras” era —como hoy— una

La citada relación franciscana de 1570, que reprobaba dar letras a

pirámide cuyos cuerpos superiores se iban estrechando. Por lo mis­

los macehuales, apuntó: “[…] a los hijos de los principales, que entre

mo, la mayoría de los bachilleres de la facultad “menor”, en especial los

ellos eran y son como caballeros y personas nobles [los frailes] procu­

de provincia, no pasaban de ese grado, pero buscaban aprovecharlo; en

ran de recogerlos en escuelas […] adonde aprenden a leer y escribir,

especial, si los apoyaba una familia con relaciones o gozaban de las

y las demás cosas […], con lo que se habilitan para el regimiento de

simpatías del obispo local. En tales casos, quizás ganaban una parro­

sus pueblos y para el servicio de la Iglesia”.16

quia mejor dotada, mientras que los seglares buscaban algún cargo administrativo.

La historiografía no siempre destaca que la formación literaria a los naturales sólo incluía a los miembros de la nobleza. En efecto, fuen­

Como se expuso, sólo contados bachilleres en artes accedían a

tes tempranas muestran que los hijos de señores eran internados, por

los estudios mayores, o de “facultad mayor”. De hecho, sin grado en

voluntad o fuerza, en “cuartos” fincados junto a las iglesias conven­

artes no se accedía al derecho, a la teología o a la medicina, como se

tuales. Aislados de sus padres, se esperaba que “olvidaran” sus viejos

verá al tratar el tema de la universidad. Si bien se llegó a impartir teo­

“sacrilegios” y se confirmaran en la nueva fe. Aprendían lectura, es­

logía o derecho en unas diez ciudades, la mayoría de alumnos asistía

critura y canto. Se instruía a los más hábiles para predicar a los suyos

a las aulas universitarias. Y es que, si bien se conformó una amplia y

y delatar prácticas idolátricas secretas de padres o conocidos.17

variada oferta educativa fuera de la capital, sólo la universidad de Mé­

El famoso fray Pedro de Gante (1480-1572), nahuatlato, habría

xico (y desde 1792, la de Guadalajara) tenía el monopolio de los gra­

iniciado esa práctica hacia 1528. Los franciscanos, situados en el lí­

dos, así para los estudios “menores” de artes como para los “mayores”

mite poniente de la traza, alzaron una enorme “capilla” (San José de

de teología, derecho y medicina, sin los cuales era casi imposible una

los Naturales) en cuyo atrio adoctrinaban a miles de macehuales del

carrera administrativa destacada, bien en el fuero seglar o en el ecle­

entorno. En cambio, internaban a seiscientos o mil hijos de señores

siástico. Un repaso a las instituciones educativas permitirá apreciar

(la fuente quizás exagera) en un recinto claustral, donde recibían ins­

ese entramado.

trucción especial, acorde con su estamento. Según los frailes, cada

15

Ibid., p. 134. 15 Hubo también, desde 1624, una universidad jesuítica en Mérida, pero, por las pésimas comunicaciones entre esa capitanía general y la capital, era prácticamente nulo el flujo de estudiantes foráneos. 16 Códice franciscano, op. cit., p. 55. 17 “Fray Pedro de Gante al emperador, 31 de octubre de 1532”, en Cartas de Indias, Ma­ drid, Ministerio de Fomento, 1877, pp. 51-53. Éste es un testimonio invaluable por tem­ prano y puntual. Las crónicas son mucho más tardías. 18 “Fray Pedro de Gante al emperador, 15 de febrero de 1552”, en ibid., p. 98. 19 Enrique González González, “Los usos de la cultura escrita en el nuevo mundo, el Colegio de Tlatelolco para indios principales (siglo xvi)”, en Estudis: Revista de Historia 14

convento hizo lo mismo. En sus cartas, Gante elogió los progresos, pero al final, lamentó la creciente miseria, aun de los nobles: les era imposible servir a los españoles, alimentarse ellos y su familia, “com­ prar” su tributo “cada ochenta días” y asistir a las aulas.18 Las autoridades y los frailes decidieron dar un paso adelante y, en 1536, fundaron un colegio real en el pueblo indígena de Tlatelolco, al norte de la traza, junto al claustro franciscano de Santiago, e interna­ ron a sesenta jóvenes, los más aventajados de cada casa.19 Aprendían español y latinidad. Tres visitas reales al colegio prueban que seguía


Maturino Gilberti, Grammatica Maturini, México, Antonius Espinosa, 1559 Autor no identificad o

Fray Bernardino de Sahagún, siglo xvii Autor no identificad o

Vasco de Quiroga, siglo xviii

activo en 1582. Informan de un aula con cátedra, mesas, bancos y un librero. En ella, un maestro y un “repetidor” —ambos indios y paga­ dos por el colegio— daban latín a sesenta y cinco internos y treinta y cinco externos. Además, un colegial enseñaba primeras letras a niños del barrio.20 La biblioteca contenía de sesenta a ochenta títulos, casi todos latinos; gramáticas de Nebrija, Despauterius y Erasmo y dos impresas en México: la de fray Maturino Gilberti y los Diálogos de Juan Luis Vives; vocabularios multilingües (latín-español, español-­ náhuatl, etcétera); una guía básica para el estudio de la historia natu­ ral de las Indias; Plinio, Cicerón, Quintiliano, Plauto, Salustio, Tito Livio y Plutarco; los poetas Virgilio, Juvenal y Marcial, y los cristianos Ausonio y Mantuano; Platón y algún griego, en latín; textos de lógica, filosof ía natural y cosmograf ía; más notable, Biblias y un vocabula­ rio eclesiástico, y pocos libros en español, lengua que aprenderían sin lecciones. El acervo prueba que se impartía gramática latina con métodos renacentistas, es decir, con diccionarios, gramáticas y autores clási­ cos: historiadores, oradores y poetas paganos y cristianos. La rica for­ mación gramatical también abría a los colegiales el paso a obras de artes y aun de teología. Pero no se les permitía el estudio formal de esos

crear colegios de gramática y aun de teología para principales, incluso

saberes y menos el sacerdocio y lo que éste aportaba: capellanías, cura

ordenarlos, pero el rechazo fue unánime en México, Madrid y Roma.23

de almas, prebendas, obispados… Tales cargos se reservaban para los

Prevaleció la política del arzobispo virrey Pedro Moya de Contreras

españoles y sus hijos. La universidad, al surgir, también los excluyó

de minimizar la instrucción a los indios: “[…] no conviene que sepan

por más de un siglo.

latinidad, retórica, filosofía, ni otra ciencia alguna, sino artes mecá­

Suele hablarse del “fracaso” del colegio; sin embargo, por varias

nicas”.24 Ello, porque —según queja de los últimos colegiales latinos—

décadas formó a selectos grupos de nobles. Dice fray Bernardino de

los españoles sólo querían verlos “[…] con la carga a cuestas, ocupados

Sahagún que su dominio del español y de la gramática latina les permi­

en vuestro servicio”.25 Al fin, la Compañía de Jesús fundó el Colegio

tió aplicar esa disciplina a sus propias lenguas y auxiliar a los frailes en

de San Martín, en Tepotzotlán, frontera chichimeca,26 y San Grego­

la ímproba tarea de alfabetizarlas, entender su estructura gramatical

rio, junto al Colegio Máximo, pero en ambos rigió la interdicción ex­

y crear vocabularios, instrumentos vitales para evangelizar. También

presa de dar latín a los colegiales, sin importar su rango de caciques.27

sabían música, notación musical y técnicas de imprenta; ayudaron a producir libros de coro y a la impresión de tratados y doctrinas en sus lenguas.21 Por rutina, sigue diciéndose que el colegio tuvo por fin (fallido) crear un clero nativo. Ninguna fuente lo declara; también, que buscó “integrar” a los colegiales e igualarlos en privilegios con los españo­ les. Antes bien, se les instruía para aprovechar su pericia lingüística y que, al ser principales, sirvieran mejor a los conquistadores.22 De ese modo, serían útiles mediadores entre la autoridad española (seglar y eclesiástica) y los macehuales. En tanto que caciques y “lenguas”, trans­ mitían órdenes de los españoles y regulaban el trabajo compulsivo de sus súbditos en favor de aquéllos. Varios eran catequistas y asignaban obreros para hacer conventos y servir a los frailes. En suma, como apuntó la relación franciscana, con sus letras se habilitaban “para el regimiento de sus pueblos y para el servicio de la Iglesia”. Por lo mismo, conforme los señores perdieron relevancia política (los españoles ya no dependían de ellos para controlar la tierra) y su número menguó por epidemias y otras crisis, el colegio abandonó el latín. Desde 1600, apenas si algún preceptor impartía doctrina y letras a niños del pueblo, externos. Al llegar los jesuitas en 1572, planeaban

Moderna, núm. 37, Valencia, 2011, pp. 91-110. En 1570, Tlatelolco, dice el Códice franciscano (op. cit.), “[…] es por sí y tiene alcaldes y regimiento por sí, porque es cosa distin­ ta [de México], pero la población está toda junta” (p. 7). 20 Códice Mendieta: documentos franciscanos, siglos xvi y xvii, vol. 2, edición de Joaquín García Icazbalceta, México, Imprenta de Francisco Díaz de León, 1892, p. 254. 21 Enrique González González y Víctor Gutiérrez Rodríguez, “Una biblioteca de latini­ dad para indios caciques: Santa Cruz de Tlatelolco (México, siglo xvi)”, en Giancarlo Angelozzi, Maria Teresa Guerrini y Giuseppe Olmi (coords.), Università e formazione dei ceti dirigenti: per Gian Paolo Brizzi, pellegrino dei saperi, Bolonia, Bononia University Press, 2015, pp. 199-223. 22 En el trabajo de la nota anterior se cuestiona que el colegio hubiera tenido por finali­ dad formar clero indígena, lo que sostuvo Robert Ricard en 1933, con excepcional fortu­ na, debido en parte a que La conquista espiritual también circuló en español y en inglés (R. Ricard, op. cit., en especial, pp. 332-355). 23 Pilar Gonzalbo Aizpuru, Historia de la educación en la época colonial: el mundo indígena, México, El Colegio de México, 1990, pp. 153-162. 24 Archivo General de Indias (en adelante, agi), Sevilla, México 336b, doc. 176. 25 Antonio de Ciudad Real, Tratado curioso y docto de las grandezas de la Nueva España [ca. 1584-1588], vol. i, México, Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Na­ cional Autónoma de México, 1976, pp. 15-17. 26 Pablo Abascal Sherwell Raull, Tepotzotlán: la institucionalización de un colegio jesuita en la frontera chichimeca de la Nueva España (1580-1618), tesis de doctorado, European University Institute, Florencia, 2015. 27 Para una visión del colegio y la formación de las diversas castas, véase Lino Gómez Canedo, La educación de los marginados durante la época colonial: escuelas y colegios para indios y mestizos en la Nueva España, México, Porrúa, 1982.

455


Ya en 1531 también había colegios para indias nobles. Los fran­ ciscanos, la reina y, por un tiempo, el primer obispo, fray Juan de Zu­

Autor no identificad o

Santa Catalina de Alejandría con un donante universitario, siglo xviii

márraga, aprobaron internar en colegios a hijas de caciques, y que maestras legas (beatas) las cristianizaran, al cobijo de los frailes. Las niñas aprendieron incluso a leer y se esperaba casarlas con colegiales de Tlatelolco. El experimento duró más de una década, entre crecien­ tes trabas. En especial, se reprobaba la gran autonomía defendida por las beatas, quienes, al no ser monjas, rechazaban la rígida obediencia

P r i m e r o s c o l e g i o s pa r a e s pa ñ o l e s

exigida por Zumárraga, quien buscó echarlas y poner religiosas. Al

Como se dijo de paso, la fundación de colegios que acogieran a niñas

entrar éstas en escena, mostraron mayor interés en consolidar su con­

y niños mestizos derivó de iniciativas de pobladores locales, quienes,

vento que en cuidar de las niñas.

más tarde, ganaron confirmación real en la metrópoli. De un modo u

28

Otra inquietud de los primeros años fue el gran número de mes­

otro, proyectos promovidos por individuos o corporaciones de muy

tizos, niños y niñas, fruto de relaciones irregulares entre españoles e

diverso rango estuvieron a la base de futuros colegios para criollos. El

indias. El problema no derivaba tanto de la mezcla racial, sino del

mismo arribo de la Compañía de Jesús fue precedido por múltiples

abandono de muchos padres y el eventual rechazo de las comunida­

peticiones y, una vez en México, su asentamiento y expansión depen­

des indígenas. Para cuidarlos se creó un colegio, luego llamado San

dió de iniciativas y donaciones locales.

Juan de Letrán, inaugurado oficialmente en 1547. Algunos internos

Don Vasco de Quiroga llegó a México como oidor, pero al con­

estudiaban gramática —por 1550 el maestro era indio— y el resto,

sagrarse primer obispo de Michoacán (1539), pasó a su diócesis. Al

artes manuales. Es de notar que nació por iniciativa de la ciudad y, al

punto, y con experiencia directa de los roces entre seculares y frailes,

pasar a jurisdicción real, quedó a cargo de la Audiencia y no de un

quiso formar su clero y llevó consigo a algunos jóvenes escolares que

instituto religioso. Con sucesivas reformas y tendencia a “españoli­

fueron el germen del Colegio de San Nicolás, confirmado por el rey

zarse”, se mantuvo activo hasta las Leyes de Reforma.29

en 1543. En su testamento (1565), el obispo lo dejó bien dotado, encar­

También se reunió a algunas mestizas en un colegio, a iniciati­

gándolo al cabildo eclesiástico, como vicepatrono. Para formar cléri­

va de la cofradía de la Caridad. Ya existía en 1543, pero en 1555 los co­

gos letrados y lenguas, permitía a los indios asistir a ciertas lecciones,

30

frades dieron paso a españolas y desde 1585 se excluyó a las mestizas.

sin darles jamás beca de colegiales. El trato mutuo permitiría a unos

De modo creciente, la población indígena, aun siendo aplastante

y a otros aprender su respectivo idioma. Con altas y bajas, sobrevivió

mayoría, quedó reducida a la lucha por subsistir, mientras servía de

hasta ser secularizado en el siglo xix y, hasta hoy, en el nombre, aso­

múltiples formas a los europeos. El citado fray Pedro de Gante expuso

ciado a la Universidad Michoacana.32

la situación a Carlos V. Los naturales,

Lustros después, el obispo de Oaxaca, fray Bartolomé de Ledesma, creó un colegio de clérigos, en nombre de su santo patrono (1587).

456

[…] siendo en tiempo pasado señores, y mandado toda la tierra, son ahora

En Puebla, el cura Juan Larios, uno de los primeros universitarios,

esclavos […], y como éstos sirvan a toda la ciudad […], padecen necesi­

fundó el Colegio de San Juan (1596) para doce clérigos diocesanos. El

dad; [y mientras el marido asiste a los españoles] su mujer le busca la co­

obispo Juan de Palafox incorporó a San Juan a su vasto proyecto de

mida para ella y para él y sus hijos, y para tributar […]. Y como no tienen

Seminario Conciliar (1644).

tierras donde sembrar, del trabajo de sus manos lo van a comprar.

31

Por su parte, el tesorero de la catedral de México, Francisco San­ tos, adaptó su casa para colegio hospedería, donde estudiantes gradua­

Sobra decirlo, lo poco que pervivió de los colegios para natura­

dos de bachiller tuviesen techo, alimento, libros y apoyo para obtener

les quedó excluido de la red escolar que, lentamente, se iba confor­

grados mayores. En su testamento (1573) nombró al colegio titular de

mando en Nueva España.

sus bienes y encargó su gestión a los colegiales, a los que permitió autogobernarse. A principios del siglo xviii ganaron del rey título de Colegio Mayor, único en la Nueva España. Hospedaba de seis a doce

Las fuentes son escasas y suelen interpretarse a conveniencia desde el siglo xvi. Para un balance reciente, también susceptible de revisión, véase Marina Téllez González, Las primeras propuestas de organización femenina en Nueva España, 1521-1580, tesis de doc­ torado en Historia, México, El Colegio de México, 2021. 29 Richard E. Greenleaf, “San Juan de Letrán: Colonial Mexico’s Royal College for Mesti­ zos”, en Wyllys Andrews V. (ed.), Research and Reflections in Archeology and History Essays in Honor of Doris Stone, Tulane, Middle American Research Institute, 1986, y Ro­ salina Ríos Zúñiga, La reconfiguración del orden letrado: el Colegio de San Juan de Letrán en la Ciudad de México, 1790-1867, México, Instituto de Investigaciones sobre la Uni­ versidad y la Educación-Universidad Nacional Autónoma de México, 2021. 30 P. Gonzalbo, Historia de la educación en la época colonial: el mundo indígena, op. cit., pp. 208-210. 31 “Fray Pedro de Gante al emperador, 15 de febrero de 1552”, en Cartas de Indias, op. cit., p. 100. 32 Ricardo León Alanís, El Colegio de San Nicolás de Valladolid: una residencia de estudiantes, 1580-1712, México, Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Michoa­ cana de San Nicolás de Hidalgo, 2001. 33 Víctor Gutiérrez Rodríguez, “El colegio novohispano de Santa María de Todos Santos: alcances y límites de una institución colonial”, en Clara Ramírez y Armando Pavón (coords.), La universidad novohispana: corporación, gobierno y vida académica, México, Centro de Estudios sobre la Universidad-Universidad Nacional Autónoma de México, 1996, pp. 381-395. 28

becarios, según las rentas, y podían estudiar derecho o teología. Los numerosos individuos —laicos y clérigos—, que promovió a doctores y a altos cargos, lo convirtieron en institución de élite. También so­ brevivió a la Independencia.33 Por diversas vías y en varios lugares, el clero secular tomó inicia­ tivas para formar a sus congéneres y para formar y graduar a letrados capaces. Pero eran esfuerzos de muy reducido alcance en cuanto al número de beneficiarios e insuficientes para la gran demanda. Los estudios conventuales

Por un tiempo, los religiosos imaginaron que recibirían indefinida­ mente nuevas “barcadas” de frailes peninsulares, todos formados en España, que renovaran y ampliaran su nómina. Los hechos probaron lo irreal de esa ilusión, costosa en extremo. Se vieron forzados a dar hábito, primero, a españoles emigrados y, tarde o pronto, según la or­ den, a criollos, mestizos y quizás a algún indio. Debieron, pues, abrir


Antiguo Colegio de Cristo, Ciudad de México, México P e d r o d e A r r i e ta ( 1 6 6 0 - 1 7 3 8 )

Real y Pontificia Universidad de Mexico, en Plano de la Ciudad de Mexico (detalle), 1737

estudios conventuales para formar novicios. Con todo, muchos mi­ sioneros no querían distraerse en la docencia. Hombres de acción, tampoco abundaban frailes aptos para enseñar gramática, artes o teo­ logía. De hecho, por un tiempo, agustinos y dominicos ocuparon maestros externos de gramática. Se requerían también libros y, ante todo, novicios, inicialmente objetados. De ahí que sus estudios tarda­ ran en funcionar. Los primeros en admitir criollos habrían sido los agustinos (lle­ gados en 1533), si bien su primer noviciado estuvo en Tiripetío, Mi­ choacán, donde fray Alonso de la Vera Cruz abrió un curso de artes en 1541. A pesar de los vaivenes, ya en 1561, la orden leía todo el ciclo de gramática, artes y teología en México y cursos menos amplios en cuatro claustros foráneos. Llegados desde 1526, los dominicos tuvie­ ron graves conflictos internos. Y si erigieron su estudio en 1540, sólo desde 1552, al recibir a tres maestros que enseñaban teología, integra­ ron la instrucción de sus novicios. Ya entonces leían artes en Puebla y Oaxaca. En cambio, la orden franciscana —la decana y más nume­ rosa— se resistía. Todavía en 1568, el provincial Miguel Navarro se

el Colegio de la Concepción, en Celaya (1726), que también acogía

aferraba en pedir españoles para frenar el “relajamiento y pérdida” de

a oyentes seglares, algunos de los cuales se graduaron en artes en

su religión. De ahí que todo el siglo xvi y parte del xvii la orden sólo

la universidad.36

dictara cursos “irregulares y esporádicos”, lo que empeoró al dividirse

En el último cuarto del siglo xvi llegaron otras órdenes, no todas

la provincia. En 1735 declaró tener en el reino trece cátedras de gra­

misioneras: los jesuitas, en 1572; los carmelitas, en 1586, y los merce­

mática, catorce de artes, veintiocho de teología escolástica, cuarenta

darios, en 1594. El Carmen abrió su estudio al inicio del siglo xvii, en

y dos de teología moral y cuatro de cánones, cifra modesta para tan­

San Ángel, sitio poco atractivo para los criollos de la ciudad. Los mer­

tos frailes activos en tan vastos territorios.

cedarios fundaron su estudio de Belén, en 1686. A fines del siglo dijeron

34

Pronto, los cargos de gobierno en cada orden fueron acaparados

tener trece casas y que en varias impartían gramática a los vecinos.

por religiosos con letras; ellas les daban méritos para escalar el cursus

José María Morelos cursó artes en la Merced de Valladolid, antes de

honorum dentro y fuera de su comunidad. Como apunta Antonio Ru­

bachillerarse en México.37 También los presbíteros del Oratorio instru­

bial, la lenta aparición de estudios de regulares coincidió con el au­

yeron a seglares en su Colegio de San Miguel (hoy de Allende), donde

mento de la burocracia regia en la capital. A su sombra surgieron los

muchos seguían los renovadores cursos filosóficos de Díaz de Gama­

enormes conventos de las cabeceras provinciales; en adelante, los frai­

rra, a fines del siglo xviii.38

les urbanos, cada vez más ajenos a la predicación de los naturales, acabaron señoreando a sus hermanos del campo.35

Con haberse consolidado tantos estudios conventuales (aquí ape­ nas se esbozaron), los destinatarios naturales de sus lecciones eran los

El prestigio de los estudios como medio de promoción explica la

novicios de cada orden; por lo mismo, era limitada su utilidad para

creación de colegios especiales para frailes de élite, cuya finalidad no

absorber la masiva demanda de jóvenes seglares deseosos de estudiar,

siempre entiende la historiografía. Estudiar era sólo uno de los debe­

por más que algunos acudieran a sus aulas. En un sentido sí ampliaban

res del fraile, junto a los de cantar en el coro y, en Indias, predicar a los naturales. Desde fines del siglo xv se fundaron colegios con bie­ nes propios para becar a jóvenes frailes, sin otra obligación que estu­ diar. Los gobernaba el provincial, no el prior del convento local, pues las becas se obtenían por concurso entre frailes de una o varias casas. En España, los dominicos fundaron San Gregorio, en Valladolid, y Santo Tomás, en Sevilla, y el cardenal Cisneros, San Pedro y San Pablo en Alcalá de Henares, para franciscanos. En México, los agustinos abrieron San Pablo (1575) y los dominicos, San Luis (1585), en Puebla. Al nacer ahí una nueva provincia, se apropió el colegio, que benefi­ ciaba a toda la Nueva España; los frailes de México acabaron fundan­ do Porta Coeli (1605), en la plaza de la universidad. Hasta entonces rezagados, los franciscanos abrieron el Colegio de San Buenaventura en Tlatelolco (1665). Al crearse la provincia de Michoacán, fundaron

Pilar Gonzalbo Aizpuru, Historia de la educación en la época colonial: la educación de los criollos y la vida urbana, México, El Colegio de México, 1990, p. 305. 35 Antonio Rubial García, “La labor educativa al interior de las órdenes mendicantes en Nueva España”, en Joaquín Santana Vela y Pedro S. Urquijo, Proyectos de educación en México: perspectivas históricas, Morelia, Escuela Nacional de Estudios Superiores-Universi­ dad Nacional Autónoma de México, 2014. 36 Otros estudios los fundaron ramas autónomas de la orden franciscana. Los dieguinos, llegados en 1619, crearon el suyo al final del siglo. Los de Propaganda Fide preparaban a sus miembros para las misiones, sobre todo en lenguas. Al de Querétaro (1683) siguieron los de Guatemala, Zacatecas, México, Puebla y Pachuca. Para una visión muy sintética, véase P. Gonzalbo Aizpuru, Historia de la educación en la época colonial: la educación de los criollos y la vida urbana, op. cit., pp. 302-305. 37 Ibid., p. 306. Véase el facsímil de José María Morelos y Pavón, Tesis filosóficas, 1795, Zapopan y México, El Colegio de Jalisco/Universidad Autónoma Metropolitana, 2016. 38 Jorge Ricardo Ibarra Durán, El proceso espiritual en San Miguel el Grande durante el siglo xviii, tesis de maestría en Historia, Facultad de Filosof ía y Letras-Universidad Na­ cional Autónoma de México, 2003. 34

459


las opciones educativas, dado que instruían a los no escasos novohis­ panos decididos a vestir hábitos. L a Real Universidad

Como se dijo, virreyes, oidores, obispos, ciudades, pobladores, frailes y la propia Corona coincidían en la necesidad de crear universidades y colegios en Indias. Pero había un problema capital: Carlos V, Felipe II y sus sucesores pasaron sus reinados entre guerras. Los gastos bélicos más los de la corte y el aparato gubernamental devoraban los recur­ sos del erario. El rey aprobaba, a condición de dejar su fisco a salvo; el virrey Mendoza le replicó: Esto no se puede hacer sin que cueste algo a V. M. de su hacienda […] porque no hay otra cosa de que se haga […], y así se hizo en el reino de Granada, que los Reyes Católicos […], abuelos de V. M., dotaron monas­ terios y hospitales y universidad, y dieron propios a las ciudades […]. Y por esto V. M. debe mirar en decir que no sea a costa de su hacienda, pues que es todo suyo y no se puede hacer de otra parte.39

Venciendo reticencias, el monarca accedió a fundar universida­ des, justo a mediados del siglo xvi, en las tres metrópolis del momen­ to: Lima y México, en 1551, y Santo Domingo, en 1558. El rey concedió a México por dote mil pesos anuales, suma insu­ ficiente, pero que le bastaba para declararse su fundador. Emitió tres cédulas en septiembre de 1551, que apenas llegaron en 1553. Al punto se tomaron provisiones y se inauguró solemnemente en junio.40 Ha­ bía nacido con carácter de real (o público), pues el monarca la erigía y financiaba. Operó sin interrupción hasta 1833, año de su prime­ ra clausura. La escasa renta alejó a los catedráticos y las primeras décadas fueron en extremo duras. En 1568, el virrey Martín Enríquez inició el rescate. Pidió al rey sede propia para la corporación, pues operaba en 460

casas alquiladas. Con recursos provisorios reabrió las cátedras vacas y propuso a la Corona dotar a una veintena en total, si concedía 3 500 pesos anuales más. Para poner orden, en 1580 encargó al oidor Pedro Farfán hacer estatutos. Enríquez pasó a Perú ese mismo año y dejó el asunto en suspenso, pero Pedro Moya de Contreras, arzobispo virrey, lo prosiguió. Al final del siglo, el doctor Juan de Castilla, procurador de la universidad, logró el arreglo definitivo de las finanzas.41 Y si bien el subsidio se mantuvo igual el resto del periodo colonial, trajo esta­ bilidad. Además, por estar situado en la real caja, tampoco menguó, como en Lima, cuya rica dotación inicial, en tributos, mermó al dis­ minuir los indios. Desde su inicio, el claustro (asamblea) de doctores gobernó la institución, que graduó en las cinco facultades. El grado de bachiller se obtenía luego de cursar el ciclo de estudios ordenado por cada

Sergio Méndez Arceo, La Real y Pontificia Universidad de México: antecedentes, tramitación y despacho de las reales cédulas de erección, México, Universidad Nacional Autó­ noma de México, 1952, p. 108. 40 Armando Pavón Romero y Enrique González González, “La primera universidad de México”, en Maravillas y curiosidades: mundos inéditos de la universidad, México, Uni­ versidad Nacional Autónoma de México/Antiguo Colegio de San Ildefonso, 2004, pp. 39-55. 41 Enrique González González, “Entre la universidad y la corte: la carrera del criollo don Juan de Castilla (ca. 1560-1606)”, en Armando Pavón (coord.), Universitarios en la Nueva España, México, Centro de Estudios sobre la Universidad-Universidad Nacional Autóno­ ma de México, 2003, pp. 151-185. 39

Pedro Gualdi (1808-1857)

Interior de la Real y Pontificia Universidad de México, 1840


Autor no identificad o

Retablo de los Sacramentos, 1735 Antiguo Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo, Ciudad de México, México


facultad; duraba entre dos y cinco años. En los colegios foráneos, el rec­

arzobispo y un grupo de doctores clérigos afines, los que constituye­

tor validaba los estudios realizados. Ya en México, todos debían pagar

ron una suerte de partido eclesiástico rival.

los derechos (entre 15 y 40 pesos) y, de aprobar un examen, obtenían

El citado procurador Castilla, clérigo secular y criollo, a más de

la laurea. Si el bachiller artista optaba por inscribirse en una facultad

lograr el definitivo saneamiento de las finanzas, ganó sucesivas cédu­

mayor, debía cursar las disciplinas tocantes a leyes, cánones, teología

las que vedaban a los oidores a incorporarse a la universidad y presi­

o medicina por otros cuatro o cinco años, pagar derechos y sostener

dirla. En 1604, entre intensos choques, se designó al primer rector

un nuevo examen.

interno, criollo. Excluidos los oidores, todos peninsulares, la correla­

Para la licencia ya no se requerían nuevas lecciones, pero el as­

ción de fuerzas en el claustro favoreció a los novohispanos, en general,

pirante se ejercitaba dos o tres años en su disciplina, como “pasante”. Al

clérigos seculares, como Castilla. Bajo las nuevas condiciones, la cor­

cumplirlos, se sometía a un examen riguroso y pagaba 600 pesos. El

poración debió sobrellevar el gran poder del cabildo eclesiástico y del

doctoramiento podía ser al día siguiente. Era la ceremonia solemne de

arzobispo. Ese estado de cosas continuó hasta la Independencia y la

ingreso al gremio universitario. Por lo mismo, el candidato, aparte

década siguiente.

de derechos, debía dar propina a sus nuevos colegas asistentes al acto.

Sin un permiso especial, la Iglesia prohibía a los religiosos estu­

Oscilaba entre 25 y 85 pesos por doctor, según su rango; por tanto, si

diar y enseñar derecho canónico, civil y medicina; por lo mismo, sus

acudían cien doctores, las propinas rebasaban en mucho los 2 500 pe­

colegios y estudios enseñaban, en el mejor caso, gramática, artes y

sos, suma que podía doblarse o más. Y, sin ser obligatorio, se solía in­

teología. En colegios no regentados por religiosos llegaron a dictarse

vitar a un opíparo banquete, para mayor gasto. Por lo mismo, muchos

también ambos derechos, aunque no medicina. En cambio, la univer­

bachilleres, por sabios o leídos que fuesen, como don Carlos de Si­

sidad era un espacio público abierto a todos los jóvenes españoles y a

güenza y Góngora o Juan Ruiz de Alarcón, al carecer de recursos, nunca

algunos caciques, donde podían formarse en los cinco saberes, propios

se licenciaban; menos aún, se doctoraban. Los grados mayores eran,

de toda universidad del antiguo régimen. Y con todo —importa insis­

pues, signo de poder económico y social, no necesariamente de mu­

tir en esa peculiaridad—, sólo ella graduaba. La licencia real, confir­

chas letras.

mada por el papa, para graduar de bachiller, licenciado y maestro o

La universidad fue rescatada de su crisis inicial por los virreyes

doctor, la hacía singular e imprescindible. Sin importar qué o dónde

y la Audiencia, pero a costa de un mayor intervencionismo. Desde la

se estudiaba, sólo la Real Universidad confería títulos públicos que

fundación, los oidores se doctoraban e ingresaban al claustro, dominán­

avalaban la competencia y la capacidad de un escolar para enseñar pú­

dolo desde dentro, con su autoridad de jueces reales. A partir del virrey

blicamente uno o más saberes. Ese certificado era el preámbulo obliga­

Enríquez, además, el cargo rectoral pasó a un oidor, para disgusto del

do para aspirar a multitud de cargos y oficios seculares y eclesiásticos.

463


De ahí su relevancia a lo largo y ancho del espacio virreinal. Por algo,

Antiguo Colegio de San Ildefonso, Ciudad de México, México

muy diversas personas y corporaciones solicitaron al rey su creación y constante apoyo. L o s j e s u i ta s

Los colegios de la Compañía de Jesús son los más numerosos y estu­ diados,42 y aquí se apuntan apenas unas generalidades para valorar su

464

rango en el conjunto de centros docentes que actuaban en la Nueva

Colegio de San Ildefonso jamás impartió docencia mientras lo dirigió

España aun sin haber una institución central reguladora.

la Compañía, por tratarse de una hospedería estudiantil, un interna­

Al arribo de la Compañía, en 1572, la universidad, apoyada por

do. O que el de Veracruz sólo a veces enseñó primeras letras o gra­

el virrey Enríquez, estaba en vías de superar su crisis inicial por falta

mática, pues su fin era acoger a los socios que partían a Europa y a

de recursos. Los mendicantes tenían estudios consolidados (salvo qui­

los recién llegados.

zás los franciscanos), y ya existían el Colegio de San Nicolás, en Pátz­

Por lo mismo, las rentas de los colegios variaban mucho. El Co­

cuaro, y el de mestizos de San Juan de Letrán, mientras que el de

legio Máximo, sobra decirlo, con sus bienes muebles e inmuebles, per­

Tlatelolco declinaba. El rey envió a la orden a misionar, pero al inicio

tenecía a la orden. Era sede de la provincia mexicana, residencia de

se instaló en ciudades de españoles y abrió colegios para criollos, lo

las autoridades y de numerosos religiosos con ministerio en la ciudad;

que causó debates internos y externos.

además, alojaba la iglesia y las aulas de gramática, artes y teología

43

Para la élite criolla, la singularidad de los jesuitas derivaba de tres

para cientos de alumnos. En cambio, los fundadores de San Ildefonso

grandes rasgos. Primero, su famoso currículum de gramática y retó­

—colegio residencia, o convictorio— lo dieron al rey, quien le otorgó

rica. En segundo lugar, sus lecciones se abrían a todo seglar que iba a

carácter real. La Compañía cuidaba las rentas y lo dirigía. Salvo ex­

sus aulas, pues no las dirigían sólo a sus novicios. De hecho, apenas

cepción, la orden sólo administró los convictorios, pues éstos, al gozar

un benefactor les fundaba su noviciado, los aspirantes a jesuitas eran

de dotación propia, no eran suyos. Tal fue el caso de San Ildefonso y

apartados del trato con laicos. Ese doble distintivo de la Compañía

San Gregorio en la capital, los poblanos y los de Querétaro, Guadala­

favoreció que, al abrir su Colegio Máximo, en 1574, acogiera a unos

jara y Zacatecas. Por tanto, cuando el rey expulsó a los jesuitas y ocupó

trescientos gramáticos. En tercer lugar, la orden, apoyada por cabil­

sus temporalidades, el Colegio Máximo fue extinguido. En cambio, la

dos de españoles y vecinos pudientes, seglares o clérigos, pronto fundó

dote de los colegios que la orden tan sólo dirigía se encargó al clero

residencias estudiantiles, como San Pedro y San Pablo (1574), donde

secular, que los reabrió, quizás rebautizados. En otros casos, como en

los internos tenían techo, sustento y unas reglas internas que fomenta­

Durango y Ciudad Real, los obispos cedían a los ignacianos, en dif í­

ban el estudio. Para sus lecciones, salían diariamente al Colegio Máxi­

ciles negociaciones, parte de los diezmos para atender la formación

mo o a la universidad.

de sus seminaristas.44

Por otra parte, la presencia de la orden en unas veinte ciudades,

Misiones aparte, en 1748, fecha del último informe trienal enviado

de Chihuahua a Chiapas y Yucatán, revistió diverso carácter. Si se de­

por el provincial mexicano a Roma, la orden tenía en diecinueve ciu­

jan aparte las misiones, iniciadas en el norte a fines de la década de 1580,

dades al menos una casa, más el juniorado en Tepotzotlán, sólo para

los jesuitas no llamaban “convento” a sus casas (sin duda para distin­

socios.45 En ocho lugares logró enseñar el ciclo de estudios completo:

guirse de los mendicantes); usaron el término “colegio” para designar

gramática, artes, filosofía y teología: en México, Puebla, Guadalajara,

a las varias instituciones, muy distintas en lo corporativo, lo asisten­

Oaxaca, Querétaro, Mérida, Durango y quizás Ciudad Real. No es ca­

cial, lo escolar y lo financiero. Y como hoy en día la palabra alude a

sual que esas ciudades, salvo Querétaro, fuesen sedes episcopales; por

centros docentes, suele sorprender el dato de que el monumental

lo mismo, sus colegios promovían la formación del clero diocesano. Ninguno igualaba al Colegio Máximo, que tenía cinco lectores simul­ táneos de gramática, para cada nivel, y uno de retórica; tres de filoso­

Para un renovador balance para Nueva España, véase Antonella Romano, “Los jesui­ tas, la cultura humanista, el Nuevo Mundo: reflexiones sobre la apertura del Colegio de San Pedro y San Pablo de México”, en E. González González (coord.), Estudios y estudiantes de filosof ía: de la Facultad de Artes a la Facultad de Filosof ía y Letras, op. cit, pp. 219-258. Para una recopilación documental insustituible sobre personas y colegios, véase Francis­ co Zambrano, Diccionario bio-bibliográfico de la Compañía de Jesús en México, 16 vols., México, Jus-Tradición, 1961-1977. 43 Desde el generalato de Acquaviva (1581-1615) y el arribo del provincial Antonio de Mendoza (1584-1590), las cartas anuas muestran inusual interés por que los socios apren­ dieran lenguas, pues había “poquísimos”, y que se fueran a misionar. Zambrano incluyó las del siglo xvi, en ibid., vol. ii, pp. 533-675. 44 Enrique González González, “La expulsión de los jesuitas y la educación novohispana: ¿debacle cultural o proceso secularizador?”, en María Cristina Torales Pacheco (coord.), Ilustración en el mundo hispánico: preámbulo de las Independencias, México, Gobierno del Estado de Tlaxcala/Universidad Iberoamericana, 2009, pp. 255-275. 45 Archivum Romanum Societatis Iesu (en adelante, arsi), Roma, México, vol. 7. Des­ pués del informe trienal de 1748, el mismo volumen recoge uno, anual, de 1755. Si se enviaron informes posteriores, no constan en el archivo. De nuevo agradezco el generoso auxilio del doctor Mauro Brunello. Se excluyó a los colegios de la Provincia Mexicana situados fuera del actual territorio nacional: Guatemala, La Habana y Puerto del Príncipe. 46 arsi, México, vol. 7. Véase también Ignacio Osorio Romero, Colegios y profesores jesuitas que enseñaron latín en Nueva España (1572-1767), México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1979, pp. 341-346. 42

fía, dos de teología escolástica, uno de moral y otro de Biblia. Puebla no quedaba muy lejos, al menos hasta que Palafox creó el Seminario Conciliar, en 1644. Según informes trienales, San Ildefonso empezó a leer filosofía en 1614 y teología en 1626. En cambio, la fundación del Colegio de Ciudad Real tardó de 1619 a 1683, pues se juzgaba corta la renta disponible. En 1693 se leía gramática y teología moral, disci­ plina indispensable para instruir al gramático en materia de sacramen­ tos y así pudiera ordenarse. El hecho de que los reportes de 1748 y 1755 no declaren cursos de artes deja plantear que sólo se dictaba teo­ logía moral, no escolástica.46 En Mérida, cuyo colegio hospedó a la universidad desde 1624, había dos lectores de gramática, dos de ar­ tes, dos de teología escolástica y otro de teología moral. En cuanto a Zacatecas y Valladolid, los informes reportan que en ellos se dictaba gramática y artes. Los vallisoletanos podían oír artes y teología escolástica desde 1681 en el mencionado Colegio de San Nico­ lás, fundado por don Vasco de Quiroga. Los jóvenes, como muestra el caso del futuro cura Miguel Hidalgo, se adiestraban en gramática y


retórica con los jesuitas antes de pasar a artes, bien en la Compañía o

los niños “a las cabras y al maíz”. Funcionó de 1722 a 1746.50 Aún no

en San Nicolás, para ahí mismo oír teología.47

se creaba el obispado (1777).

466

Los colegios de Pátzcuaro, Veracruz, Guanajuato, San Luis Po­

La enseñanza de primeras letras a párvulos era habitual en nume­

tosí, Celaya y las residencias de León, Parras, Campeche y Chihuahua

rosas casas. Con todo, ni en 1748 ni en 1755 se informa de docencia

impartían tan sólo gramática. En la última, los cursos abrieron en 1722;

alguna en el Colegio de San Luis de la Paz ni en las residencias de Pa­

a veces había apenas “dos o tres” cursantes.48 En otras partes, como

rras y Parral. Resulta, pues, evidente que la docencia en los “colegios

Pátzcuaro, más de una vez se iniciaron las artes, a mediados del siglo

de estudiantes” era muy desigual. Fuera de las ocho o diez ciudades

xviii, pero los cursos se truncaban.49 Los mismos ciclos de gramáti­

principales del virreinato, donde brillaron grandes colegios, en mu­

ca se leían con irregularidad en varias partes por falta de profesor

chos otros con dificultad y pausas se impartía latín, lo que impedía el

(nunca más de uno) o de alumnos. Las precarias finanzas del Colegio

óptimo despliegue del ambicioso programa docente de la Compañía.

de Monterrey llevaron a su cierre; además, los padres se llevaban a Los obispos y l a for m ación clerical De hecho, Miguel Hidalgo cursaba gramática y retórica con los jesuitas cuando vino la expulsión; se mudó a San Nicolás. Véase Carlos Herrejón Peredo, Hidalgo: maestro, párroco e insurgente, México, Clío, 2014. Para las reformas de San Nicolás, véase R. León Alanís, op. cit., pp. 191-201. 48 I. Osorio Romero, op. cit., pp. 361-364. 49 Ibid., pp. 207-208. 50 Ibid., pp. 353-355. 51 El sacrosanto y ecuménico Concilio de Trento, traducido al idioma castellano por Ignacio López de Ayala; con el texto latino corregido según la edición publicada en 1564, op. cit., sesión 23, cap. 18. 52 María Leticia Pérez Puente, “La política eclesiástica de la Junta Magna y la creación de los primeros colegios tridentinos en América”, en Mónica Hidalgo Pego y Rosalina Ríos Zúñiga (coords.), Poderes y educación superior en el mundo hispánico, siglos xv al xx, México, Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación-Universidad Nacional Autónoma de México, 2016, pp. 223-243, y María Leticia Pérez Puente, La iglesia del rey: el patronato indiano y la gobernación espiritual de las Indias, México, Insti­ tuto de Investigaciones Jurídicas/Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación-Universidad Nacional Autónoma de México, 2021, en especial, títulos 4-6 y 14. 53 El sacrosanto y ecuménico Concilio de Trento, traducido al idioma castellano por Ignacio López de Ayala; con el texto latino corregido según la edición publicada en 1564, op. cit., sesión 23, caps. 5-15, requisitos morales y formación literaria del clero. 47

El Concilio de Trento (1545-1563) promovió, como ninguno previo, instruir al clero y mejorar sus costumbres. Las sesiones 22, 23 y 24 definieron con rigor los requisitos de solvencia moral y literaria de los candidatos a órdenes sacras, para los que ordenó un estricto examen.51 Demandó grado universitario a obispos y canónigos, y acordó que el diocesano debía aprobar incluso a los frailes, sin obstar sus exencio­ nes y resistencias. En Lima y México los concilios provinciales con­ firmaron esas pautas, y en Madrid, el Consejo de Indias.52 A más de esos preceptos, erigió una novedosa institución que sería decisiva para la formación clerical: los colegios-seminario, dio­ cesanos o tridentinos.53 Mientras los colegios habituales se dotaban con bienes personales del fundador y él dictaba sus normas, los triden­ tinos se pagarían en exclusiva con fondos eclesiásticos. En Lima, el tercer concilio acordó asignarles el tres por ciento del ingreso de cada clérigo beneficiado, lo que incluía al obispo, el cabildo y los frailes


Antiguo Colegio de San Nicolás Obispo, Morelia, México

La educación en tiempos de cambios

pp. 468-469 Biblioteca Palafoxiana, Puebla, Puebla, México

Mucho se ha escrito sobre las reformas borbónicas.60 En el campo educativo se suele destacar la creación de nuevas instituciones “ilus­ tradas”, promotoras del cultivo de saberes encaminados a la utilidad práctica, a tono con la idea de que la educación era un vehículo de progreso social. También se enlistan las instituciones reales erigidas entonces, algunas solicitadas con instancia desde las Indias. Pero las

con parroquias, lo que generó gran rechazo.54 Pero eran indispensa­

reformas buscaron, a su vez, reencauzar instituciones previas. De un

bles para dar al prelado autoridad inmediata y suprema para educar a

modo u otro, su blanco apuntaba hacia la secularización, en el doble

su clero, sin estorbo de terceros.

sentido del término: apertura de espacios a los obispos y al clero se­

Mientras en el virreinato limeño surgieron a fines del siglo xvi, en Nueva España, por varias y complejas razones, ante todo de orden

cular, a costa de los regulares, y ensanchamiento del ámbito social de los laicos.

financiero, el rey no permitió erigirlos hasta mediados del siguiente

Frente a los regulares, siempre ufanos de su autonomía, el clero

siglo. Cada diócesis debía fundar y dotar al suyo, pero los obstáculos

secular era más susceptible de control, en especial en el Nuevo Mundo,

eran mayúsculos. Primero surgió el de Puebla (1644), a iniciativa del

donde imperaba el Regio Patronato. Y como todos los obispos eran

obispo Palafox, dotado espléndidamente con aportes parroquiales.

nombrados en la corte madrileña, el consejo cuidaba de elegir a quie­

Lo siguieron Oaxaca (1673), Chiapas (1678), Guadalajara (1696), Mé­

nes sintonizaban mejor con el regalismo. En caso de desacato era re­

xico (1697), Durango (1705), Mérida (1751), Valladolid (1770) y, por

lativamente fácil removerlos o “congelarlos”. De ahí que respondieran

fin, Linares-Monterrey (1793), diócesis creada apenas en 1777.

mejor a las políticas regias para la formación literaria y política de su

55

Salvo quizás Puebla, los tridentinos nacieron sin cupo para mu­

clero, sin el estorbo de las órdenes. Éstas, por lo demás, actuaban

chos internos. El de Angelópolis, el más rico, empezó con cuarenta

cada vez más a la defensiva, atacadas por una creciente publicidad en

becas, y el de México, con doce para criollos y tres para caciques in­

su contra.

dios. Pronto, algunos tuvieron espacio para hospedar convictores por

Para la formación de los naturales, la nueva dinastía introdujo

una cuota anual. Además, apenas abrían cátedras, pero admitían gra­

notables cambios. Algunos ya se dibujaban a fines del siglo xvii, cuan­

tis a oyentes externos. Y como al clero secular (a diferencia de los re­

do el Seminario Conciliar de México incorporó caciques entre sus

ligiosos) se le permitía enseñar y estudiar derecho, ahí donde había

becarios. De igual modo y tras muchos titubeos, en 1753 se procedió

lecciones jurídicas, los jóvenes las colmaban. En suma, apenas afirmar­

a quitarles en definitiva sus parroquias (o doctrinas de indios) a los

se, los seminarios entraron en competencia con los colegios jesuitas.

frailes y poner la cura de los naturales en el clero secular.61 En 1766 se

El provincial expuso a Roma su malestar. En Mérida, la orden rehusó

aprobó, por fin, que los hijos de caciques “[…] fuesen admitidos en

graduar a los colegiales del Seminario Conciliar (creado en 1751) en

las religiones, educados en los colegios, y promovidos, según su mé­

su universidad. El obispo demandó examinar la validez de sus licen­

rito y capacidad, a las dignidades eclesiásticas y oficios públicos”.62

56

cias, y como no aparecieron en el archivo, estalló un álgido conflicto 467

que duró hasta la expulsión.57 Palafox, que vivió en carne propia las consecuencias de chocar con la Compañía, dijo que los estudiantes veían a sus maestros como padres. Y si los jesuitas los formaban, podían inducirlos a ofender a su prelado, como en Puebla en 1647.58 En contraste —apuntó—, los colegios tridentinos infundían amor y respeto por el obispo. Cada prelado, como patrono directo, regiría el suyo sin estorbos y definiría, a su criterio, el estilo y propósito de los planes de estudios, y nombra­ ría a catedráticos y oyentes. Por fin, mientras los regulares se valían de sus exenciones para actuar a su arbitrio, el regio patronato daba al rey mando directo sobre los obispos y, por tanto, sobre los seminaris­ tas, profesores y alumnos. La universidad retuvo la licencia para gra­ duar, pero se mostró dispuesta a borlar a los tridentinos. Algunos obispos, a falta de recursos, o por simpatía, cedieron a los jesuitas la gestión de su seminario conciliar en Bogotá, Quito, Cuzco, Durango o Chiapas. De ahí la paradoja de que daban rentas eclesiás­ ticas a los regulares para instruir a su futuro clero, pero previa renuncia escrita a todo intento de visitar su propio seminario o emitir opiniones. Sobra decirlo, se alteraba uno de sus fines capitales: ampliar la autori­ dad del prelado para que él, como maestro, guiara la formación de los suyos.59 Otras veces, la autoridad secular, en nombre del patronato regio, estorbaba la actividad de los seminarios al grado de provocar cierres temporales o definitivos, sin que valiera el decidido soporte regio a los diocesanos. Un apoyo que la nueva dinastía iba a reforzar durante el siglo xviii.

María Leticia Pérez Puente, “Los colegios tridentinos en América, siglo xvi”, en Jorge Correa Ballester (coord.), Universidad y sociedad: historia y pervivencias, Valencia, Uni­ versidad de Valencia, 2018, pp. 451-468. 55 Si bien se centra en el siglo xvi y poco alcanza a tratar de seminarios novohispanos, para el mejor estudio sobre el tema en Indias, véase María Leticia Pérez Puente, Los cimientos de la iglesia en la América española: los seminarios conciliares, siglo xvi, México, Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación-Universidad Nacional Autónoma de México, 2017. 56 Ibid., pp. 341-354. 57 E. González González y V. Gutiérrez Rodríguez, El poder de las letras: por una historia social de las universidades de la América hispana en el periodo colonial, op. cit., pp. 344345. Lo mismo hizo la Compañía al menos en Cuzco y en Santiago de Chile. 58 De lo mucho escrito al respecto, véase Gregorio Bartolomé, Jaque mate al obispo virrey: siglo y medio de sátiras y libelos contra don Juan de Palafox y Mendoza, México, Madrid y Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1991. 59 M. L. Pérez Puente, Los cimientos de la iglesia en la América española: los seminarios conciliares, siglo xvi, op. cit., en especial, pp. 205-227, y “Los jesuitas y los colegios triden­ tinos en Hispanoamérica”, en Hugo Casanova Cardiel, Enrique González González y María Leticia Pérez Puente (coords.), Universidades de Iberoamérica ayer y hoy, México, Insti­ tuto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación-Universidad Nacional Autó­ noma de México, 2019, pp. 129-152. 60 Para una visión de conjunto, con abundante bibliograf ía, véase Clara García Ayluardo (coord.), Las reformas borbónicas (1750-1808), México, Centro de Investigación y Do­ cencia Económicas/Fondo de Cultura Económica/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México/Funda­ ción Cultural de la Ciudad de México, 2010. 61 Tres cédulas fueron decisivas: la del 4 de octubre de 1749, la del 1 de febrero de 1753 y la del 23 de junio de 1757, en Archivo General de la Nación (agn), México, Reales Cé­ dulas, 69, 103; 73, 13; 77, 77. 62 John T. Lanning (ed.), Reales cédulas de la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Guatemala, Guatemala, Editorial Universitaria, 1954, pp. 170-175. 54


Ignacio M aría Barreda ( a c t i v o e n l a s e g u n d a m i ta d d e l s i g l o X V I I I )

Andrés Ambrosio Llanos y Valdés (detalle), 1793

Reforzados los seminarios con el firme apoyo real, al punto atra­ jeron a los jóvenes. Aspiraban a becas de gracia que aseguraran su ma­ nutención. Si destacaban, el obispo podría facilitarles el acceso a una parroquia, a un mejor cargo o los emplearía en sus tribunales. Y sus cátedras de derecho (sobre todo fuera de la capital) abrían opciones a los externos, en especial a los laicos. Mientras los colegios jesuíticos marginaban —cuando no combatían— a los obispos, en los semina­

También se habló de resucitar Tlatelolco. Caciques laicos y clérigos

rios (llegaron a sumar nueve) los prelados estaban en condiciones de

propusieron fundar colegios, con diversa fortuna. Lo cierto es que cre­

definir las disciplinas a enseñar, los autores y qué clero desearían for­

ció el número de sacerdotes indígenas en el arzobispado.63

mar bajo su mando directo.

Según la nueva mentalidad, los indios progresarían al aprender

Al propio tiempo, se ordenó reabrir todos los colegios que goza­

español, olvidando sus “bárbaras” lenguas, ineptas para las verdades

ban de dotación propia y que la orden sólo administraba.69 Su custo­

de la fe. Si en los siglos xvi y xvii rigió la política de instruirlos en su

dia pasó al clero secular, bajo tutela episcopal y regia. San Ildefonso o

lengua, en adelante se impuso la castellanización, entre graves con­

San Gregorio de México reabrieron ya en 1768, con su advocación

flictos y resistencias. El arzobispo Manuel Rubio y Salinas (1749-1766)

original. En Puebla, Lima o Santiago de Chile, más de un colegio se

promovió la creación de al menos doscientas treinta y siete escuelas

refundó para sumar sus rentas; así se dotó a los llamados Convictorios

de español para indios de la diócesis. A diferencia de ensayos previos,

Carolinos. Todos, a más de mantener su carácter de colegio-residencia,

Rubio les dio base material, pues se financiarían con los fondos de la

abrieron cátedras que, con frecuencia, adoptaban manuales ilustrados.

caja de cada comunidad. En 1808, al menos 30 por ciento seguían ac­

En esa coyuntura, la Real Universidad, gracias a su renta regia e

tivas. Los diecisiete pueblos de los alrededores de México tenían escue­

independencia de la Compañía, no se vio afectada. Mérida, en cam­

la de español.64 Se había impuesto una idea, que aún tiene defensores:

bio, cesó, al igual que las otras siete vigentes en otras tantas ciudades

para que los indios progresen y se civilicen, es necesario —por así

indianas y filipinas. En Yucatán, las diversas autoridades, incluido el

decir— desindianizarlos.

obispo, pidieron reabrir la universidad, vinculándola al Seminario Con­

Hasta la pérdida de las doctrinas, las órdenes, con cuantiosos bie­ nes y privilegios de hecho y de derecho, eran un gran poder autóno­

ciliar. La venia real demoró tanto que la cédula llegó cuando el domi­ nio español había concluido.70

mo. De ahí el interés de una Corona autoritaria y centralizadora por

Como parte de los planes ilustrados, en toda España se ensayó

acotar su preeminencia. Privadas de sus enclaves rurales, menguó su

una intensa y profunda reforma universitaria, que incluía modernizar

presencia en la enseñanza, tanto la impartida en escuelas y colegios

planes de estudios y suprimir licencias para graduar en varios estu­

como la del púlpito; además, perdieron una parte fundamental de sus

dios del clero regular.71 Y si el éxito fue parcial en la Península, en

ingresos. Si a eso se agrega el apego irrestricto de cada orden a sus ma­

Indias resultó menor, salvo por la práctica extinción de las universi­

nuales filosóficos y teológicos, algunos irreductibles al eclecticismo,

dades de religiosos. Las reales de Lima y México, salvo voces aisladas,

a las novedades científicas y al regalismo, no faltaban motivos a los

mostraron escasa o nula pasión renovadora. Sin afectar la relativa

ministros regios en su afán por hacerlas a un lado para renovar los sa­

autonomía de sus claustros doctorales, el rey volcó su apoyo hacia

beres escolares.

otras instituciones, eclesiásticas y laicas, relegando en silencio a las

En esa dirección, el paso más audaz fue la orden real de expulsar a la Compañía de Jesús de sus dominios, en 1767. Sigue vivo el debate sobre las causas y el alcance de esas dramáticas medidas65 y todavía se oye decir que su marcha hundió a la monarquía en la barbarie inte­ lectual. Sin duda, trajo el cierre inmediato de sus colegios y universi­ dades. Sin embargo, su extrañamiento permitió un vasto programa secularizador de la enseñanza.66 Como apunta una real cédula del año siguiente que pasó íntegra a la Novísima recopilación, con la medida se buscaba, de modo principal, potenciar a los seminarios conciliares, para que “[…] vayan haciendo generales las ideas de ilustración clerical, y perfeccionando la importante educación del clero, que tanto con­ duce al bien de la Iglesia y a la tranquilidad del Estado, para infundir principios de probidad en los pueblos”.67 Es decir, se pretendía educar a un clero ilustrado, sumiso al rey y capaz de asegurar la obediencia del pueblo. Por tanto, se ordenó a los obispos erigir de inmediato su seminario, si aún no lo había (Va­ lladolid), y se prohibió tajantemente subrogarlo a cualquier instituto regular. Las diócesis menos ricas serían apoyadas con parte de lo con­ fiscado a los expulsos, bien con algún edificio (Durango) o con el ré­ dito de las obras pías que la orden manejaba.68 Al propio tiempo, se buscaba reformar y disciplinar a la clerecía, por lo que Tepotzotlán fue cedido al arzobispo para cárcel y reformatorio de clérigos delin­ cuentes o de mal ejemplo.

William B. Taylor, Magistrates of the Sacred: Priests and Parishioners in EighteenthCentury Mexico, Stanford, Stanford University Press, 1996. 64 María Teresa Álvarez Icaza, “Las lenguas de la fe: una etapa de quiebre tras un largo debate (1749-1765)”, en María del Pilar Martínez López-Cano y Francisco Javier Cervan­ tes Bello (coords.), Expresiones y estrategias: la Iglesia en el orden social novohispano, México, Universidad Nacional Autónoma de México / Benemérita Universidad Autóno­ ma de Puebla, 2017, pp. 295- 334. 65 Teófanes Egido e Isidoro Pinedo analizan Las causas “gravísimas” y secretas de la expulsión de los jesuitas por Carlos III (Madrid, Fundación Universitaria Española, 1994), con base en la documentación secreta previa a la real pragmática. Destacan que se adujo como motivo central la enemistad con la monarquía de la orden como tal. Ya se explicitaba el propósito de destinar parte de las temporalidades a reforzar los seminarios conciliares. Véanse, en especial, pp. 60-61. 66 De los múltiples sentidos de secularizar, aquí se sigue, ante todo, como el traspaso de una institución del clero regular al secular o a seglares. La medida conllevaba cierta dosis de laicización de la sociedad. 67 “De los seminarios conciliares y casas de educación y corrección de eclesiásticos”, cé­ dula real del 14 de agosto de 1768, incorporada a la Novísima recopilación, Madrid, 1805, libro i, título 11, ley 1 (cursivas añadidas). 68 M. L. Pérez Puente, Los cimientos de la iglesia en la América española: los seminarios conciliares, siglo xvi, op. cit., pp. 205-227. 69 Aparte de sus bienes propios, la orden manejaba los fondos dotales de diversos cole­ gios fundados por particulares para la formación de escolares laicos; en principio, la Co­ rona sólo se apropió de los primeros. 70 E. González González y V. Gutiérrez Rodríguez, El poder de las letras: por una historia social de las universidades de la América hispana en el periodo colonial, op. cit., pp. 340-349. 71 Mariano Peset Reig y José Luis Peset Reig, La universidad española (siglos xviii y xix): despotismo ilustrado y revolución liberal, Madrid, Taurus, 1974, y Gregorio Mayans y la reforma universitaria: idea del nuevo método que se puede practicar en la enseñanza de las universidades de España, 1 de abril de 1767, Valencia, Ayuntamiento de Oliva, 1975. 63

471


vetustas corporaciones, que devinieron, o casi, meras dispensadoras

colegio laico de San Ignacio o Vizcaínas (1767), y uno para indias, el

de grados a estudiantes ajenos a sus aulas.72

de Nuestra Señora de Guadalupe (1753), sujeto a San Gregorio. Pero

Aun con la secularización de las parroquias de regulares y de los colegios jesuíticos, el afán promotor de ideas y saberes prácticos y

oficios domésticos.

útiles llevó a la Corona a crear en la capital, a fines del siglo, cuatro

De cualquier modo, la institución universitaria, bien en México

entidades educativas laicas. De paso, ellas presionaban y contribuían

o en Guadalajara, mantuvo su papel primordial en aquel conjunto de

a marginar a la real corporación. Primero, una cátedra anatómica (1768)

centros. La de México seguía estable a pesar de claros síntomas de ve­

en el Hospital Real de los Naturales. Dos lectores “gachupines” renova­

jez frente a los nuevos institutos, todos seculares. En la capital opera­

rían la teoría y práctica médicas, enfrentados al galenismo imperante

ban el Seminario Conciliar, San Ildefonso, San Juan de Letrán y, a su

en la universidad. Ésta, además, en 1788 se vio forzada a admitir en

modo, San Gregorio.75 Ellos y los de las principales ciudades virreinales

sus aulas una lección de botánica, que introdujo los criterios clasifi­

acogían a escolares y maestros afectos a los nuevos autores y discipli­

catorios de Linneo. Un mejor estudio de las plantas elevaría la prác­

nas, antes de procurar graduarse de bachilleres, licenciados o doctores.

tica farmacéutica, en bien de la salud pública. Asimismo, empezó a

Los grados eran más demandados —y quizás también menos útiles—

funcionar la Real Academia de San Carlos de las Nobles Artes, con

conforme arribaban oleadas de funcionarios peninsulares a ocupar

cursos de matemáticas, dibujo, grabado, pintura, escultura y arqui­

los espacios tradicionales de los criollos. Por eso nadie hablaba de

tectura. Por fin, en 1792 abrieron el Real Tribunal y el Real Seminario

suprimirla o reemplazarla por los seminarios u otros estudios, ecle­

de Minería. El cultivo de las ciencias f ísicas y naturales fomentaba la

siásticos o seglares. La metrópoli imponía medidas y personal adepto

industria minera, fuente de lucro para las élites locales y de vitales in­

para extraer mayores riquezas, mientras el malestar crecía en tan es­

gresos para el erario.

tratificada sociedad.

Ahora bien, la Corona encomendó tan esperadas instituciones a

En suma, las reformas educativas borbónicas, uno de cuyos ejes

peninsulares, lo que causó acres tensiones con los letrados criollos.

fue la expulsión de los jesuitas, lejos de reducirse a desplantes autori­

Unos repelían las novedades científicas e ideológicas; otros defendían

tarios, como aún se dice, permitieron la más vigorosa reorganización

sus privilegios corporativos; pero a casi todos dolió la altanería ga­

de los estudios del periodo colonial. Al dejar el escenario la poderosa

chupina. Ese factor explica en parte la sorda resistencia del claustro a

e influyente orden, nada impedía pasar la estafeta de la educación al

las reformas, en especial porque cargos que se daban a criollos desde

clero secular y a los laicos. Tanto que, a la vuelta de una década o dos,

el siglo xvi pasaron a peninsulares. El malestar local ante esas políti­

el rey había tomado las riendas de la educación novohispana a través

cas también ocasionaba una gradual pérdida del favor real.

de sus fieles ministros. Los otros estudios de regulares siguieron en

73

472

en ninguno se rebasaba la enseñanza de primeras letras, aritmética y

Otra medida regia contribuyó a “castigar” a la corporación capita­

funciones, pero con sus novicios por oyentes, salvo casos como el co­

lina. Guadalajara, próspera ciudad mercantil, sede de Real Audiencia,

legio franciscano de Celaya. En cambio, el apoyo real se volcó hacia

obispado y Seminario Conciliar, luego de solicitar sin éxito por más de

los seminarios conciliares, instancias más maleables y acordes con los

un siglo una universidad, en 1791 obtuvo por fin licencia para fundar

planes regios de modernización de los saberes, el clero y la sociedad.

la Real y Literaria Universidad. Hasta entonces, la negativa de México

De ahí que parte de los recursos confiscados se aplicara en favor de

había logrado frenar el proyecto. En adelante, la nueva institución captó

las reformas. Los seminarios, los exconvictorios jesuitas, la nueva Uni­

a los estudiantes de la ciudad y de los colegios del norte virreinal, como

versidad de Guadalajara e institutos como Minería fueron la base de

muestran sus libros de matrículas y grados. Desde su apertura, adop­

las nuevas instituciones escolares, secularizadas y más abiertas a los

tó planes de estudios y manuales a tono con los aires reformadores.

nuevos tiempos, proclives a difundir la ética del utilitarismo.

No es un azar que se le adjudicara como sede el edificio del antiguo colegio jesuita de Santo Tomás.74

Con todo, apenas estallar los tumultos independentistas en 1808 y a pesar del afán secularizador, núcleo de las reformas borbónicas, al

Asimismo, crecieron las opciones para mujeres, con internados

surgir las repúblicas independientes se resquebrajó parte de aquel apa­

como La Enseñanza (1754), de monjas de la Compañía de María; el

rato poco apto para los tiempos constitucionales, con las consabidas clausuras, reformas radicales y refundaciones. Y si bien esperaba un arduo camino a los constructores del México republicano, los cole­ gios de la capital y de provincia, en especial algunos seminarios con­

Los intentos regios de reforma chocaron con la resistencia de los claustros y la falta de recursos, lo que trajo mediocres resultados. M. Peset Reig y J. L. Peset Reig, La universidad española (siglos xviii y xix): despotismo ilustrado y revolución liberal, op. cit., pp. 113- 122. 73 Dorothy Tanck, “Tensión en la torre de marfil”, en Ensayos sobre la historia de la educación, México, El Colegio de México, 1981, pp. 23-111; José Luis Peset Reig, Ciencia y libertad: el papel del científico ante la independencia americana, Madrid, Consejo Supe­ rior de Investigaciones Científicas, 1987, y Enrique González González, “La reedición de las constituciones universitarias de México (1775) y la polémica antiilustrada”, en María de Lourdes Alvarado (coord.), Tradición y reforma en la Universidad de México, México, Centro de Estudios sobre la Universidad-Universidad Nacional Autónoma de México/Po­ rrúa, 1994, pp. 57-108. 74 Carmen Castañeda García, La educación en Guadalajara durante la Colonia, 15521821: historia de sus poblaciones escolares, Guadalajara, Centro de Investigaciones y Es­ tudios Superiores en Antropología Social-Occidente, 2012, y E. González González y V. Gutiérrez Rodríguez, El poder de las letras: por una historia social de las universidades de la América hispana en el periodo colonial, op. cit., pp. 475-484. 75 Arturo Soberón Mora, San Gregorio, un colegio transcolonial: de la catequesis jesuita para infantes caciques a la pedagogía liberal de Juan Rodríguez Puebla, tesis de doctora­ do en Historia y Etnohistoria, México, Escuela Nacional de Antropología e Historia, 2008. 72

ciliares, dieron un sólido soporte a la naciente educación nacional. Como espero haber mostrado, en el surgimiento de colegios y universidades confluyeron dos tipos de intereses: por una parte, el de los españoles de América, urgidos de crear centros de enseñanza que los capacitaran para ocupar cargos en la administración civil y eclesiás­ tica del virreinato; por la otra, el rey y sus ministros eran conscientes de que, para gobernar tan amplios territorios se necesitaba el apoyo de americanos bien instruidos. Esos centros educativos, fruto de la inicia­ tiva de las élites locales, se consolidaron luego de arduas negociaciones en las que cada parte contribuyó en diversa medida. De hecho, puede sugerirse que, cuando se rompió el pacto tácito y los espacios de los criollos fueron copados por un número creciente de peninsulares, el equilibrio se cimbró y el malestar generalizado contribuyó a desenca­ denar los conflictos que llevarían a la Independencia.


Autor no identificad o

Carro triunfal con Santo Tomás de Aquino, siglo xviii


Los pueblos de indios en el siglo xviii: población, finanzas y educación dorothy tanck de estr ada*

DA CLIC PARA VER LA CONFERENCIA

(mulatos y negros). Los indios eran el 61 por ciento de la población

¿Qué es un pueblo de indios?

Después de la Conquista en 1521, el gobierno virreinal primero fue

total del virreinato (cuadro 1).

reconociendo como “pueblos de indios” lugares con gran concentración de población indígena, que en tiempos prehispánicos tenían go-

L a s c a s ta s e n Y u c atá n

bernantes señoriales hereditarios, como Xochimilco, Pátzcuaro o

En el cuadro 1 se puede observar que la población de Yucatán en 1810

Tlaxcala. No se desplazó a los indígenas hacia las fronteras o a reser-

estaba compuesta de 78 375 españoles, 384 185 indios y 65 541 castas.

vaciones, sino que, además de las grandes ciudades indígenas, se fue

Las castas corresponden a la población negra y mulata de Yucatán y

identificando como pueblos de indios los lugares medianos y peque-

representaba 12.3 por ciento de la población total de la intendencia,

ños que cumplían con ciertos requisitos.

un porcentaje minoritario en comparación con las demás intenden-

Los requisitos eran: ser un lugar con ochenta tributarios indios (hombres de veinte a cincuenta años de edad o más), tener una iglesia

cias. Sólo Oaxaca tenía un porcentaje de negros y mulatos más bajo que el de Yucatán (5.2 por ciento).

consagrada, autoridades indígenas electas anualmente y una dotación

Sin embargo, uno puede preguntarse dónde vivían los negros y

de tierra inalienable. Los indios conservaban el nombre original del

los mulatos. ¿Estaban en las ciudades y villas de Mérida, Campeche o

pueblo, al cual se le agregaba el nombre de un santo; por ejemplo, San

Valladolid? ¿Estaban en los pueblos de indios? ¿En qué pueblos y en

Juan Bautista Metepec o San Salvador Paricutín.

qué cantidad?

1

Se calcula que durante el siglo xvi, en la región central, se fun-

Las respuestas a estas preguntas se encuentran en los documen-

daron alrededor de 45 por ciento de los pueblos registrados en 1800

tos que los subdelegados de Yucatán prepararon para el intendente

y, al finalizar el siglo xviii, se fueron estableciendo nuevos pueblos de

Lucas de Gálvez. El intendente había recibido del rey Carlos IV una

indios con menos frecuencia, a un promedio de 2.5 pueblos por año.

real cédula que le ordenaba informar sobre la fundación de las “es-

2

Hacia el año de 1800, los documentos oficiales registraron la exis-

cuelas del idioma castellano en todos los pueblos de indios”.

tencia de 4 468 pueblos de indios en el virreinato, desde Sonora, en el norte, hasta Yucatán, en el sur; asimismo, había aproximadamente veinte ciudades y cincuenta villas de españoles. Estos “pueblos”, designación reservada para asentamientos de indios, junto con las “ciudades” y “villas” de españoles, fueron las unidades básicas de la división territorial y de la administración política de toda la Nueva España.3 L a p o b l a c i ó n d e l a N u e va E s pa ñ a

No fue sino hasta el final del siglo xviii cuando se logró reunir estadísticas sobre la población de toda la Nueva España por medio del censo del virrey conde de Revillagigedo, de 1790-1793.4 Con este censo, se comenzaron a recoger datos sobre el número de habitantes en las ciudades y villas de españoles y en los pueblos de indios de la Nueva España. En 1786 se publicó la ordenanza de intendentes, cuya legislación estableció la división de la Nueva España en doce intendencias y tres gobiernos militares, divididos en 222 subdelegaciones y 4 468 pueblos de indios.5 En 1810 la población total de las doce intendencias de la Nueva España era de 5 821 055 y se componía de españoles, indios y castas

* Centro de Estudios Históricos, El Colegio de México, México.

1 El título tercero del libro vi de la Recopilación de leyes de los reynos de las Indias, cuyo encabezado es “De las reducciones y los pueblos de indios”, contiene veintinueve leyes referentes al establecimiento de los pueblos de indios: iglesia, cantores, fiscal, aguas, tierras, montes, ganado, alcaldes y regidores indios, elecciones anuales, jurisdicción para juzgar crímenes menores, varas de justicia y prohibición de españoles, negros y mulatos. Véase Recopilación de las leyes de los reynos de las Indias [1680], Madrid, Julián de Paredes, 1681; edición facsimilar, t. ii, Madrid, Ediciones de Cultura Hispánica, 1973, ff. 198201v. 2 Bernardo García Martínez, Los pueblos de la sierra: el poder y el espacio entre los indios del norte de Puebla hasta 1700, México, El Colegio de México, 1987, pp. 21-23, 66 y 7578, y Charles Gibson, Los aztecas bajo el dominio español, 1519-1810, México, Siglo xxi, 2003, pp. 34-49. 3 Rafael Altamira y Crevea, Diccionario castellano de palabras jurídicas y técnicas tomadas de la legislación indiana, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1987, pp. 260-262. 4 Lourdes Márquez Morf ín, “La evolución cuantitativa de la población novohispana: siglos xvi, xvii, xviii”, en El poblamiento de México: una visión histórico-demográfica, vol. 2, México, Secretaría de Gobernación/Consejo Nacional de Población, 1993, pp. 36-63. 5 Dorothy Tanck de Estrada, Atlas ilustrado de los pueblos de indios: Nueva España, 1800, México, El Colegio de México/El Colegio Mexiquense/Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas/Fomento Cultural Banamex, 2006, p. 67. No se incluye la estadística referente a Chiapas en esta fuente, porque esta región no entró como parte de México hasta después de la Independencia, en 1821.

475


Pueblos de indios de las intendencias y de los gobiernos militares de la Nueva España en 1800 (4468 pueblos de indios) 1

2

3

4 Golfo de México

5 7 6

10 8

16 9

Océano Pacífico

11

12

13

14 15

Capitanía General de Guatemala

Número de pueblos por intendencia o gobierno militar 1. Sonora-Sinaloa 2. Durango 3. Zacatecas 4. San Luis Potosí 5. Nayarit-Colotlán 6. Guadalajara 7. Guanajuato 8. Michoacán 9. México 10. Tlaxcala 11. Puebla 12. Oaxaca 13. Veracruz 14. Tabasco 15. Chiapas 16. Yucatán

138 167 40 45 34 251 41 254 1248 110 731 871 152 53 109 224

Pueblos División territorial


Cuadro 1: Composición étnica de l a pobl ación, 1810

intendencias

españoles y criollos

porcentaje

indios

porcentaje

castas

porcentaje

México

269 416

16.9

1 052 862

66.1

265 883

16.7

Puebla

82 609

10.1

602 871

74.3

124 313

15.3

Oaxaca

37 694

6.3

526 466

88.2

31 444

5.2

Guanajuato

149 183

25.8

254 014

44.0

172 931

29.9

San Luis Potosí

22 609

13.0

88 949

51.2

62 007

35.7

Zacatecas

22 296

15.8

40 872

29.0

77 555

55.1

Durango

35 992

20.2

63 890

36.0

77 302

43.5

Sonora

38 640

28.5

60 855

44.9

35 766

26.4

Yucatán

78 375

14.8

384 185

72.6

65 541

12.3

Guadalajara

164 420

31.7

172 676

33.3

179 720

34.7

Veracruz

19 379

10.4

137 774

74.0

28 432

15.2

Valladolid

108 970

27.6

168 027

42.5

117 134

29.6

1 029 583

17.6

3 553 441

61.0

1 238 028

21.2

(Michoacán) total: 5 821 055

fuente: Basado en Victoria Lerner, “Consideraciones sobre la población de la Nueva España (1793-1810) según Humboldt y Navarro y Noriega”, en Historia Mexicana, vol. xvii, núm. 3, enero-marzo de 1968, p. 339.

Entre julio de 1790 y enero de 1791, los doce subdelegados de

pó, con 78 vecinos y 32 indios. Aunque no tenían la mayoría de pobla-

Yucatán contestaron al intendente Gálvez con información sobre el

ción, los gobiernos de estos tres pueblos siguieron en manos de los

número de indios y vecinos que vivían en cada pueblo, ya que el sueldo

gobernantes indios, electos cada año en sus pueblos.

de un maestro dependería de las posibilidades de pago por parte de los habitantes, en caso de que no hubiera suficientes fondos en las cajas de comunidad de los pueblos.6

Sin embargo, la documentación de Tizimín no indicaba quiénes eran los vecinos, sólo señalaba cuál era su número. Siete subdelegados enviaron cartas al intendente Gálvez.9 Escri-

Tres subdelegados contestaron con cuadros de estadísticas que

bieron sobre las escuelas de lengua castellana en sus jurisdicciones y

precisaban el número de indios y vecinos en su región y siete subde-

frecuentemente también mencionaban a los indios y a los vecinos, ya

legados respondieron con cartas que informaban sobre las familias

que los hijos e hijas de ambos grupos asistían a las escuelas. Los sub-

que vivían en los pueblos.7

delegados frecuentemente llamaban “naturales” a los indios, y a los

Sin embargo, los cuadros de las subdelegaciones de Valladolid y

vecinos, “vecinos de color” o “vecinos de otras castas”.

de La Costa solamente incluían el número de niños y niñas que asis-

Debido a las siete misivas de dichos subdelegados, sabemos que

tían a las escuelas, sin incluir la población de adultos. No obstante, el

se referían a los vecinos también de otras maneras. El subdelegado de

cuadro de la subdelegación de Tizimín presentó las cifras de toda la

Camino Real Alto describió nueve de los trece pueblos de indios en

población, de adultos y de niños.

su jurisdicción: en cuatro había “vecinos de todas castas”; en tres, “ve-

Dicho cuadro consistía en nueve columnas con información sobre las familias en los diecisiete pueblos de indios.8 Las primeras tres

cinos de otras castas”; en Nunkiní, “vecinos de color”, y en Calkiní, “vecindario de las otras castas”.10

columnas contenían las cifras de los vecinos que componían los pue-

El subdelegado de Camino Real Bajo indicó que en ocho pueblos

blos, sus hijos y sus hijas. Las siguientes tres columnas mostraban las

había “niños indios y de color” y en seis pueblos “vecinos de color”.11

cifras de los indios que residían “bajo campana”, sus hijos y sus hijas, y las últimas tres columnas presentaban a los indios y sus hijos que se hallaban “en los ranchos, sitios y haciendas”. Tizimín tenía diecisiete pueblos de indios, donde vivían 1 870 vecinos, 2 229 indios bajo campana y 2 585 indios de ranchos y haciendas. La población total de la subdelegación fue de 6 684 habitantes, 28 por ciento de vecinos y 72 por ciento de indios. Aunque en la subdelegación de Tizimín había una gran mayoría de indios en comparación con los vecinos, en tres de los pueblos el número de vecinos era mayor que el número de indios bajo campana y de indios en los ranchos, sitios y haciendas. En realidad, estas tres localidades no eran pueblos de indios, sino pueblos “de vecinos”: Sucilá, con 301 vecinos y 212 indios; Kikil, con 97 vecinos y 92 indios, y Suco-

6 Es probable que las estadísticas sobre los indios, los negros y los mulatos libres fueran precisas, ya que ambos grupos eran tributarios y en algunas regiones los jueces españoles ayudaron a los subdelegados a recoger los datos poblaciones. Véanse Marta Terán, “Los tributarios de la Nueva España frente a la abolición y a la restauración de los tributos, 18101812”, en Miguel León Portilla y Alicia Mayer, Los indígenas en la Independencia y en la Revolución mexicana, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2010, pp. 249-­ 251. Jorge Ignacio Rubio Mañé, Archivo de la historia de Yucatán, Campeche y Tabasco, vol. iii, México, Aldina, Robredo y Rosell, 1942, pp. 182 y 198. 7 Ibid., vol. iii, pp. 159-253. 8 El cuadro es del 9 de agosto de 1790 (en ibid., vol. iii, pp. 213-214). 9 Cartas de siete subdelegados de Beneficios Altos, Beneficios Bajos, Bolonchén Cahuich, Camino Real Alto, Camino Real Bajo, La Sierra y Sahcabchén (en ibid., vol. iii, pp. 169-214). 10 Ibid., vol. iii, pp. 182-187. 11 Ibid., vol. iii, pp. 178-182.

477


p. 474

Pueblos de vecinos de color en Yucatán

Autor no identificad o

Pintura de Contlantzinco, linderos del pueblo (detalle), siglo xviii

Golfo de México

Autor no identificad o

San Andrés Chalchicomula, Tepeaca, Puebla, 1764-1765

La Costa Mérida Camino Real Bajo Camino Real Alto

C u a d r o 2 : C at o r c e p u e b l o s d e v e c i n o s

Tizimín

Beneficios Bajos

d e c o l o r * e n Y u c atá n , 1 7 9 0

subdelegación

indios

Beneficios Bajos

vecinos de color

Valladolid

La Sierra Beneficios Altos

total

Bacalar

Bolonchén Cahuich

Isla de Cozmel

Mar Caribe

Huhí

93 (48%)

102 (52%)

195

Sotuta

55 (33%)

110 (67%)

165

Teabo

93 (38%)

150 (62%)

243

Hecelchakán

95 (46%)

110 (54%)

205

Hunucmá

300 (43%)

400 (57%)

700

Kopomá

82 (35%)

150 (65%)

232

Samahil

100 (40%)

150 (60%)

250

Umán

250 (45%)

300 (55%)

550

Champotón

58 (22%)

208 (78%)

266

Hool

60 (31%)

133 (69%)

193

sobre los pueblos que no tenían ningún vecino que viviera en sus te-

Seiba Playa

150 (45%)

182 (55%)

332

rritorios. Eran treinta y ocho pueblos cuya población total consistía

Kikil

94 (49%)

97 (51%)

191

L a s f i n a n z a s d e l o s p u e b l o s d e i n d i o s , 1 76 5 - 1 8 0 9

Sucilá

212 (41%)

304 (59%)

516

José de Gálvez estuvo en la Nueva España como visitador general du-

Sucopó

29 (27%)

78 (73%)

107

rante seis años, de 1765 a 1771.16 Entre los múltiples encargos que

Sahcabchén

Camino Real Alto Nueva España Capitanía General de Guatemala

Camino Real Bajo

Sahcabchén

Tizimín

* La documentación consultada presenta los siguientes términos: “vecinos ladinos”, “vecinos de color”, “vecinos de otras castas”, “vecinos de todas castas”, “vecinos de las otras castas”, “[vecinos] de castas distintas de las de los naturales”, “párvulo de color” y “gente de color”. La documentación no menciona mulatos, pardos o negros. fuente: Jorge Ignacio Rubio Mañé, Archivo de la historia de Yucatán, Campeche y Tabasco, vol. iii, México, Aldina, Robredo y Rosell, 1942, pp. 171-187 y 213-214.

Dos pueblos en la subdelegación de Sahcabchén reportaban “vecinos de color” y “vecinos gente de color”. El subdelegado presentó un resumen: “número de vecinos de color, 715” y “número de vecinos naturales, 957”.12 En referencia a los niños en las escuelas, el subdelegado de La Costa, informaba que “[…] en algunos pueblos de este partido abundan niños de castas distintas de la de los naturales”, mientras en Valladolid el subdelegado indicó que estaba presentando los nombres “para maestros de escuela de los niños y niñas de ambas calidades que hay en los pueblos”.13 En la revisión de la documentación acerca de los pueblos de indios de Yucatán, publicada por Jorge Ignacio Rubio Mañé, se encuentra información sobre la existencia de algunos que se habían convertido en “pueblos de vecinos de color”, porque tenían más habitantes negros y mulatos que indios.14 Los catorce pueblos de Yucatán poblados

Pueblos de vecinos de color Otros pueblos Ciudades o villas División territorial

por una mayoría de vecinos de otras castas se encontraban en las subdelegaciones de Beneficios Bajos, Camino Real Alto, Camino Real Bajo, Sahcabchén y Tizimín. En el mapa adjunto se pueden localizar estos catorce pueblos de vecinos de color (véase también el cuadro 2). Por otra parte, la documentación de Yucatán también informaba

en indios, sin ningún vecino.15

recibió del rey Carlos III estuvo el mandato de iniciar la fiscalización de las ciudades y villas de españoles y también la de los pueblos de indios. Con fecha del 7 de abril de 1768, Gálvez expidió instrucciones sobre el “reconocimiento de los propios, arbitrios y bienes de comunidad”, y copió once artículos sobre las finanzas de las ciudades españolas

Ibid., vol. iii, pp. 171-172. Ibid., vol. iii, p. 194. 14 Para la historia de algunos de los pueblos en la subdelegación de Tizimín con una mayoría de población negra, véase Matthew Restall, The Black Middle: Africans, Mayas, and Spaniards in Colonial Yucatán, Stanford, Stanford University Press, 2009, pp. 147-149. 15 La costa: Pixilá, Sudzal, Xanabá, Euán, Tixpéhual, Yaxkukul, Cholul, Sitpach, Ixil, Dzoncauich, Tepakán, Tixkokob, Sitilcún; Valladolid: Yalcón, Tixhyalactún, San Marcos, Pixoy, Popolá, Xocén, Dzitnup, Ebtún, Xocempich, Tekom, Tahmuy, Tesoco; Camino Real Alto: Pocboc, Pomuch, Nunkiní, Tepakán; Sahcabchén: Holail; Tizimín: Sisbichén; Beneficios Altos: Tela, Tepich, Celul, Petul, Ekpedz, Tixhualatún, y Bolonchén Cahuich: Santa Rosa (J. I. Rubio Mañé, op. cit., vol. iii, pp. 169-214). La población de la ciudad de Mérida, según el censo del virrey Revillagigedo en 1790, fue de 27 830 personas y la población total de la intendencia de Yucatán, en 1789, fue de 364 022. La población de la ciudad de Mérida en 1794, según el intendente de Yucatán, Arturo O’Neill, fue de 27 829 personas y la población total de la intendencia el mismo año, fue de 328 287 (ibid., vol. i, pp. 211 y 213-245, y Hugo Castro Aranda, Primer censo de la Nueva España, 1790: censo de Revillagigedo, “un censo condenado”, México, Sociedad Mexicana de Geograf ía y Estadística/ Instituto Nacional de Estadística y Geograf ía, 2010, pp. 194 y 222). 16 Informe del marqués de Sonora al virrey don Antonio Bucareli y Ursúa, estudio introductorio de Clara Elena Suárez Argüello, México, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social/Porrúa, 2002, p. xxxiv. 12 13

479


que ya estaban en las leyes de España y compuso once artículos nuevos para los bienes de comunidad de los pueblos de indios.17

Autor no identificad o

Apam y Tepeapulco, Hidalgo, 1773

Gálvez concentró su esfuerzo en la organización de las finanzas de once ciudades: Puebla, Guanajuato, Veracruz, Valladolid, Oaxaca, San Luis Potosí, Celaya, Querétaro, Pátzcuaro, Zacatecas, Salvatierra y cinco villas de españoles: Chihuahua, San Miguel el Grande, Córdoba, León y Orizaba. No se llevó a cabo la preparación de reglamentos para los bienes de comunidad de los indios.18

rigentes en la administración de las tierras comunales y el ganado de

En abril de 1773, el recién nombrado contador general de Pro-

sus pueblos. Con alarma, Gallarreta avisó, en junio de 1775, al virrey

pios, Arbitrios y Bienes de Comunidad, Francisco Antonio de Gallarre-

Bucareli que los gobernadores de los pueblos estaban pasando tierras

ta, comenzó la organización de las finanzas de los pueblos de indios.

y ganado a las cofradías que antes habían estado incluidas en las cuen-

Promulgó el primer “Reglamento” de bienes de comunidad para la

tas de los bienes de comunidad.21 La meta del gobierno era aumentar

19

ciudad indígena de Huejotzingo, una de las nueve ciudades indias

los terrenos arrendados y disminuir los gastos, mientras que el obje-

en la Nueva España.20 Examinó y describió el “producto de los bienes de

tivo de las repúblicas era esconder sus tierras y ganado para mantener

comunidad de dicha ciudad”, cuyo total era de 345 pesos y 4 reales, y

las erogaciones acostumbradas por medio de las cofradías.22

los comparó con “los gastos anuales y otros accidentes”, cuya cantidad

En diciembre de 1786 se promulgó en la Nueva España la orde-

era de 556 pesos y 4 reales, “y siendo éstos mayores que aquéllos, se

nanza de intendentes. Los artículos 33 y 34 mandaban formular “Re-

hace preciso el reducirlos […] que siempre se verifique algún sobrante”.

glamentos interinos” para los pueblos de indios de todo el virreinato, y

Así, bajo la nueva fiscalización de los bienes de comunidad, con un

no sólo —como en el periodo de 1772 a 1786— para la región de la

ingreso de 345 pesos, sólo se permitió gastar 119 pesos; eso es, 34 por

Audiencia de México. 23 Para las regiones que no hubieran tenido regla-

ciento del ingreso. El 66 por ciento del ingreso fue guardado en la ca-

mentos del contador Gallarreta, entre 1791 y 1808, bajo la dirección

pital de la región como sobrante y eventualmente enviado a España.

de la Contaduría General de Propios, Arbitrios y Bienes de Comunidad,

Gallarreta llevó a cabo la reglamentación de las finanzas de 1 659 pue-

se expidieron “Reglamentos interinos” —con la nueva legislación en

blos de indios en las regiones de México, Oaxaca, Puebla, Michoacán

relación con los ingresos monetarios, el ganado y las tierras de los pue-

y San Luis Potosí durante once años, de 1773 a 1784.

blos de indios— en las intendencias de Guadalajara (236 pueblos, en

Pronto, los gobernadores indígenas se dieron cuenta de que los

26 subdelegaciones, 1805), Guanajuato (10 pueblos, en 5 subdelegacio-

reglamentos estaban diseñados para restringir la autoridad de sus di-

nes, 1797-1801), Yucatán (224 pueblos, en 13 subdelegaciones, 1806), Michoacán (249 pueblos, en 30 subdelegaciones, 1802), Zacatecas

“Instrucción formada para la visita y reconocimiento de los propios, arbitrios y bienes de comunidad de las ciudades, villas y lugares de esta gobernación y distrito de la Real Audiencia de México”, 7 de abril de 1768, en Fabián de Fonseca y Carlos de Urrutia, Historia general de la Real Hacienda, vol. 5, México, Imprenta de Vicente García Torres, 1852, pp. 253-257, disponible en http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080018423_C/1080018427_ T5/1080018427_MA.PDF; consultado en octubre de 2021. 18 Archivo General de la Nación (en adelante, agn), Indiferente Virreinal, caja-exp. 5466-051, Real Audiencia, año 1768, f. 6, y “Estado general […] de Propios y Arbitrios de ciudades y villas de españoles”, en F. de Fonseca y C. de Urrutia, op. cit., vol. 5, p. 314. 19 Archivo Judicial del Estado de Puebla, vol. 46, s. f. Cerca del final del rollo, después del expediente “Bienes de comunidad. Adeudos, Tehuacán, 1794-1795”, se encuentra el reglamento de Huejotzingo, “Reglamento que yo, Francisco Antonio de Gallarreta…”, f. 1. 20 Las nueve ciudades indias eran Tlaxcala, Cholula, Huejotzingo, Texcoco, Xochimilco, Pátzcuaro, Tzintzuntzan, Tepeaca y Tehuacán. Véase Luis Fernando Herrera Valdés, Cuerpos trascendentes en la Nueva España, tesis de doctorado, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2020, pp. 228-229. 21 F. de Fonseca y C. de Urrutia, op. cit., vol. 5, p. 282, y agn, Historia, vol. 312, exp. s. n., 17 de junio de 1775. 22 Dorothy Tanck de Estrada, “Los bienes y la organización de las cofradías en los pueblos de indios del México colonial: debate entre el Estado y la Iglesia”, en María del Pilar Martínez López-Cano, Elisa Speckman Guerra y Gisela von Wobeser (coords.), La Iglesia y sus bienes: de la amortización a la nacionalización, México, Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de México, 2004, pp. 41-42. 23 Se llamaban “Reglamentos interinos”, porque debían ser aprobados por el rey en España, pero que, mientras el monarca diera el veredicto, se observara “en todas sus partes”. El contador Gallarreta murió en 1784. Su sucesor fue Antonio Pineiro, quien ocupó el puesto de contador de 1784 a 1795, y luego Manuel Saviñon, de 1795 a 1818. José de Gálvez recibió el puesto de ministro universal de las Indias en 1775, en el cual sirvió hasta su muerte en 1787. 24 No se expidieron “Reglamentos interinos” para las subdelegaciones de Coyoacán, Toluca y Cuernavaca, que pertenecía al marquesado del Valle (heredero de Cortés.) Véase Dorothy Tanck de Estrada, Pueblos de indios y educación en el México colonial, 17501821, México, El Colegio de México, 1999, pp. 22 y 27, y de la misma autora, Atlas ilustrado de los pueblos de indios: Nueva España, 1800, op. cit., pp. 67 y 69. No tenemos información sobre la expedición de “Reglamentos interinos” para dos regiones que tuvieron “Reglamentos” de Gallarreta: la intendencia de Oaxaca (con un total de 871 pueblos) ni la intendencia de Puebla (con un total de 731 pueblos). 25 Dorothy Tanck de Estrada, “El Banco de San Carlos y su impacto en las cajas de comunidad de los pueblos de indios de la Nueva España”, en Leonor Ludlow (coord.), Grandes financieros mexicanos, México, lid, 2015, pp. 41-43. 17

480

(36 pueblos, en 10 subdelegaciones, 1802) y San Luis Potosí (42 pueblos, en 7 subdelegaciones, 1809) (cuadro 3).24 L as ordenanzas de intendentes y el aumento d e l o s p r é s ta m o s y d o n at i v o s , 1 7 8 6 - 1 8 1 0

Con base en la información recolectada en 1805 sobre las intendencias, con un total de 3 724 pueblos de indios, se puede comprobar que el gobierno de la Nueva España sólo permitió a los pueblos gastar 86 628 pesos (32 por ciento), de un total de 268 313 pesos de sus ingresos. El gobierno prohibía gastos para muchas fiestas religiosas y comidas comunales. Recolectaba la renta pagada a los pueblos por arrendamiento de las tierras de comunidad, sin permitir a los indios recibir dicha cantidad. El resultado de las reglas impuestas a los pueblos fue que en 1805 una cantidad de 181 684 pesos, del dinero sobrante, salió hacia las cajas del gobierno, el equivalente a 67 por ciento del total de los fondos que entraron en las cajas de comunidad de los pueblos de indios. Estos 181 684 pesos de sobrante eran en realidad una forma de “impuesto”, ya que el gobierno lo recolectaba y lo guardaba para después entregar esos fondos en préstamos a la Real Hacienda de España. La primera extracción de los fondos sobrantes de las cajas de comunidad ocurrió en 1784-1785, cuando el virrey Matías de Gálvez ordenó a los alcaldes mayores promover en los pueblos de indios la compra de acciones en el Banco Nacional de San Carlos. Las cajas de comunidad de 521 pueblos de indios en Oaxaca, Puebla, Veracruz, Michoacán, México y San Luis Potosí entregaron 134 100 pesos al Banco de San Carlos, más 98 259 pesos a la Real Compañía de Filipinas, por un total de 232 259 pesos (cuadro 4).25 A partir de 1789, el gobierno del virrey Revillagigedo concentró sus esfuerzos en conseguir préstamos de los fondos sobrantes


C u a d r o 3 : E s t a d o f i n a n c i e r o d e l o s p u e b l o s d e i n d i o s d e N u e va E s pa ñ a , 1 7 9 9 - 1 8 0 9

intendencia (año)

número de pueblos

ingreso (en pesos)

gasto (en pesos)

sobrante

sobrante como porcentaje de ingresos

México (ca. 1807)

1 118*

87 465

34 436

53 029

61

(Parcialidades) (1804)

(14)

(23 258)

(10 136)

(13 122)

(56)

Guadalajara (1805)

236*

17 354

3 994

13 360

77

Yucatán (1806)

224

31 182

11 077

20 105

64

Michoacán (1802)

249*

26 543

7 033

19 510

74

Oaxaca (1799)

873

32 388

7 710

24 678

76

San Luis Potosí (1809)

42

2 216

265

1 951

88

Puebla** (1809)

700*

29 044 (calculado)

8 713 (calculado)

20 331

70 (calculado)

Guanajuato (1809)

39

4 267 (calculado)

1 280 (calculado)

2 987

70 (calculado)

Veracruz (1809)

147

9 731 (calculado)

2 919 (calculado)

6 812

70 (calculado)

Zacatecas (1809)

40

1 629 (calculado)

489 (calculado)

1 140

70 (calculado)

Durango (1809)

42 (calculado)

6 656 (calculado)

1 997 (calculado)

4 659

70 (calculado)

total***

3 724

271 733

* Carecemos de datos para 113 pueblos de indios en la intendencia de México en la jurisdicción del marquesado del Valle: Cuernavaca, 75; Toluca, 25; Coyoacán, 13; de 5 pueblos de la intendencia de Michoacán: Santa Fe, 2; Charo, 3; de 111 pueblos de indios de Tlaxcala y de 4 de la ciudad de Puebla. ** Para las intendencias de Puebla, Guanajuato, Veracruz, Zacatecas y Durango la fuente no proporciona datos sobre el ingreso y el gasto; calculamos que el sobrante fue de 70 por ciento del ingreso. *** No se incluyen Tabasco, Colotlán, Bolaños y Arizpe.

90 049

181 684

67

fuentes: para México: agn, Indios, vols. 74, 76 y 78-80; agn, Tierras, vol. 3569, exp. 9; para parcialidades: agn, Consolidación, vol. 10. f. 410v; para Guadalajara: agn, Propios y Arbitrios, vols. 25 y 35; para Yucatán: agn, Intendencias, vol. 21, exp. 9; agn, Propios y Arbitrios, vol. 23, ff. 345-348; para Michoacán: agn, Ayuntamientos, vols. 181 y 220; para Oaxaca: agn, Propios y Arbitrios, vol. 23, ff. 69-83; para San Luis Potosí: agn, Propios y Arbitrios, vol. 32, f. 69; para Puebla, Guanajuato, Veracruz, Zacatecas y Durango; véase también Margarita Menegus, “Los bienes de comunidades y las reformas borbónicas (1786-1814)”, en Estructuras agrarias y reformismo ilustrado en la España del siglo xviii, Madrid, Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, 1989, p. 389.

481


de los pueblos de indios para financiar la guerra contra la Francia

Autor no identificad o

Santuario de Tila, Chiapas, sin fecha

revolucionaria. Logró reunir en 1793 un total de 320 mil pesos de los bienes de comunidad: de Oaxaca 150 mil pesos, de México 100 mil y de Puebla 70 mil (cuadro 4).26 Los gobernantes indios y los obispos frente a l a

482

Diez años después, la ordenanza de intendentes mandaba a las

fiscalización de los pueblos de indios, 1775-1810

autoridades gubernamentales a informar sobre los bienes de comuni-

En 1775 los pueblos de Michoacán y Oaxaca empezaron a transferir

dad de todos los pueblos de la Nueva España. Varios subdelegados en

sus tierras y ganado a las cofradías para evitar la nueva política finan-

la intendencia de Guadalajara reportaron que los bienes de comunidad

ciera del contador Gallarreta, que consistía en arrendar las tierras o

estaban en las cofradías, pero que los sacerdotes se habían rehusado

vender el ganado. Con alarma, el contador reportó este hecho al virrey

a proporcionar información “suponiendo que únicamente penden de

Bucareli. En consecuencia, el virrey ordenó a los alcaldes mayores

la autoridad eclesiástica”. De nuevo, el obispo Alcalde no estaba de acuer-

solicitar a los sacerdotes información sobre las cofradías y, en 1779,

do y acudió al rey Carlos III solicitando que dispensara a las cofra-

pidió lo mismo a los obispos de la Nueva España.

días. Con la real cédula del 20 de julio de 1789, el monarca ordenó al

El prelado de Guadalajara, fray Antonio de Alcalde, respondió que los oficiales gubernamentales no tenían derecho de investigar a las cofradías, porque eran “bienes espirituales”.

27

intendente que le informara sobre las cofradías, pero “sin innovar”, hasta que el Consejo de Indias dictaminara la resolución.28 Cinco meses después, el virrey Revillagigedo ordenó que en las doce intendencias de la Nueva España se investigaran las tierras de

agn, Donativos y Préstamos, vol. 1, exp. 58, ff. 229-241, y vol. 1, exp. 61, ff. 252-261. Véase también Carlos Marichal, “Las guerras imperiales y los préstamos novohispanos, 1781-1804”, en Historia Mexicana, vol. xxxix, núm. 4, 1990, p. 897. 27 D. Tanck de Estrada, “Los bienes y la organización de las cofradías en los pueblos de indios del México colonial: debate entre el Estado y la Iglesia”, op. cit., pp. 44-45; agn, Cofradías y Archicofradías, vol. 10, ff. 53-61; Marcelo Carmagnani, El regreso de los dioses: el proceso de reconstitución de la identidad étnica en Oaxaca, siglos xvii y xviii, México, Fondo de Cultura Económica, 1988, pp. 135 y 139; Cuestionario de don Antonio Bergoza y Jordán, obispo de Antequera, a los señores curas de la diócesis, edición de Irene Huesca, Manuel Esparza y Luis Castañeda Guzmán, México, Archivo General del Estado de Oaxaca, 1984, cuaderno 1, f. 51, y cuaderno 4, f. 236; Nancy Farriss, Maya Society under Colonial Rule: The Collective Enterprise of Survival, Princeton, Princeton University Press, 1984, pp. 234-236, y Rodolfo Pastor, Campesinos y reformas: la Mixteca, 1700-1856, México, El Colegio de México, 1987, pp. 248-250. 28 D. Tanck de Estrada, “Los bienes y la organización de las cofradías en los pueblos de indios del México colonial: debate entre el Estado y la Iglesia”, op. cit., pp. 48-49, y agn, Reales Cédulas Originales, vol. 143, exp. 200, 20 de julio de 1789. 29 D. Tanck de Estrada, “Los bienes y la organización de las cofradías en los pueblos de indios del México colonial: debate entre el Estado y la Iglesia”, op. cit., pp. 51-52; agn, Historia, vol. 312, ff. 66-71, y agn, Consolidación, vol. 10, f. 391 26

las cofradías y hermandades. Esta vez fue el obispo de Michoacán, fray Antonio de San Miguel, quien decidió entregar datos sobre las cofradías, pero al mismo tiempo, defendió su existencia en los pueblos y criticó los intentos del gobierno de interferir en su funcionamiento. El obispo insistió en que, debido a la fiscalización del gobierno, los indígenas no habían podido utilizar los bienes de comunidad para las necesidades de los pueblos. Explicó su desacuerdo con la política financiera: “Me consta que los bienes de las cofradías son más útiles a los indios […] señaladamente en estos últimos tiempos [por] poner el manejo de los bienes de comunidad ligado a tantas solemnidades, dependiendo de las respectivas intendencias y de la Junta Superior de Hacienda”.29 Las quejas de las autoridades gubernamentales sobre los pueblos de indios de la intendencia de México indicaron que los gobernantes indios lograron evitar, demorar o desobedecer la legislación financiera


C u a d r o 4 : D o n at i v o s , i n v e r s i o n e s y p r é s ta m o s ( e n p e s o s ) d e l o s p u e b l o s d e i n d i o s d e l a N u e va E s pa ñ a e n t r e g a d o s a l g o b i e r n o d e E s pa ñ a , 1 7 8 2 - 1 8 0 9

Intendencia

Donativos

(1782, 1793-1794,

1795-1799 y 1809) Oaxaca (871 pueblos)

México (1 248 pueblos)

Inversiones Banco

Préstamos

de San Carlos y Real

Consolidación de vales

(1784-1786)

(1793-1794, 1798, 1802-1806 y 1809)

Compañía de Filipinas

reales y préstamos

115 439

165 445

537 133

(1782, 1793 y 1795-1799)

(1784-1786)

(1793, 1798, 1806 y 1809)

131 957

40 097

313 226

(1782, 1793, 1795 y 1809)

(1784-1786)

(1793, 1806 y 1809)

Yucatán

41 126

404 039

(224 pueblos)

(1809)

(1791, 1793, 1805-1806 y 1809)

Puebla (731 pueblos)

72 759

29 495

148 445

(1782, 1793 y 1795)

(1784-1786)

(1793, 1806 y 1809)

Michoacán

45 557

29 289

86 486

(254 pueblos)

(1782 y 1795)

(1784-1785)

(1793, 1798 y 1806)

Guadalajara (251 pueblos)

751

75 558

(1795)

4 890

1 700

34 635

(152 pueblos)

(1793 y 1795)

(1784-1785)

(1798)

14 176

3 000

11 651

(45 pueblos)

(1782, 1793 y 1795)

(1784-1785)

(1806)

Durango

27 420

(167 pueblos)

(1809)

Guanajuato

4 872

16 768

(41 pueblos)

(1782)

(1806)

3 193

(40 pueblos)

4 024 pueblos

485 165 445 165 250 669 161 332 76 309 41 225 28 827 27 420

Zacatecas total:

818 017

(1806)

Veracruz San Luis Potosí

Total

21 640 3 193

(1806)

458 947

269 026

fuentes: donativos: agn, Alcaldes Mayores, vols. 4-5 y 8-9; agn, Donativos y Préstamos, vol. 28, f. 309; inversiones: Tanck de Estrada, “El Banco de San Carlos y su impacto en las cajas de comunidad de los pueblos de indios de la Nueva España”, en Leonor Ludlow (coord.), Grandes financieros mexicanos, México, lid, 2015, pp. 40-47, y préstamos: Dorothy Tanck de Estrada, Pueblos de indios y educación en el México colonial, 1750-1821, México, El Colegio de México, 1999, pp. 120-124. Oaxaca: agn, Propios y Arbitrios, vol. 23, ff. 69-83 y 225, y vol. 28, passim; Carlos Marichal, “Las guerras imperiales y los préstamos novohispanos, 1781-1804”, en Historia Mexicana, vol. xxxix, núm. 4, 1990, pp. 903-904; Archivo General del Poder Ejecutivo del Estado de Oaxaca (agpeo), Bienes de Comunidad, leg. 31, exp. 3. México: agn, Archivo Histórico de Hacienda, vol. 1106. Yucatán: agn, Propios y Arbitrios, vol. 23, ff. 300-371; Dorothy Tanck de Estrada, “Escuelas y cajas de comunidad en Yucatán al final de la Colonia”, en Historia Mexicana, vol. xliii, núm. 3, 1994, pp. 430-436. Puebla: agn, Civil, vol. 1443, exp. 3, y agn, Propios y Arbitrios, vol. 28, f. 145. Michoacán: C. Marichal, “Las guerras imperiales y los préstamos novohispanos, 1781-1804”, op. cit., pp. 903-904; agn, Donativos, vol. 2, f. 354, y “Noticias de Nueva

1 631 134

2 359 107

España en 1805, publicadas por el Tribunal del Consulado”, en Enrique Florescano e Isabel Gil Sánchez (comps.), Descripciones económicas generales de la Nueva España, 17841817, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1973, p. 220. Guadalajara: Colección de acuerdos, órdenes y decretos sobre tierras, casas y solares de los indígenas, bienes de sus comunidades y fundos legales de los pueblos del estado de Jalisco, vol. 3, Guadalajara, Cromotipograf ía del Buen Gusto, 1868, pp. 472-483. Veracruz: agn, Propios y Arbitrios, vol. 5, ff. 223 y 284, y vol. 28, f. 136v, y “Noticias de Nueva España en 1805”, op. cit., p. 220. San Luis Potosí: agn, Propios y Arbitrios, vol. 31, ff. 284-323, y vol. 32, f. 192. Durango: Archivo Histórico del Estado de Durango (ahed), Gobernación, cajón 3, casilla 1. Guanajuato: Brian R. Hamnett, “The Appropriation of Mexican Church Wealth by the Spanish Bourbon Government: The Consolidación de Vales Reales, 1805-1908”, en Journal of Latin American Studies, vol. i, núm. 2, 1969, p. 98, y agn, Propios y Arbitrios, vol. 16, f. 454. Zacatecas: Colección de acuerdos, órdenes y decretos sobre tierras, casas y solares de los indígenas, bienes de sus comunidades y fundos legales de los pueblos del estado de Jalisco, op. cit., vol. 3, pp. 472-483.

483


Pa t r i c i o S u á r e z d e P e r e d o ( a c t i v o e n l a p r i m e r a m i ta d d e l s i g l o x i x )

Alegoría de las autoridades españolas e indígenas, 1809 O d i l ó n R í o s Fa r í a s

Fray Antonio de San Miguel, 1991

y las exigencias de los subdelegados utilizando una combinación de tres métodos: esconder las tierras de comunidad y el ganado de los pueblos en las cofradías;30 esconder información sobre las tierras o hacer “desaparecer” de la caja de comunidad documentos sobre los bienes de comunidad31 y extinguir el arrendamiento de las tierras de comunidad y de la milpa común a partir de 1800, al pagar cada tributario el real y medio de comunidad, al mismo tiempo que se repartían entre los indios las tierras del pueblo.32 L a legisl ación de José M aría Morelos y d e M i g u e l H i da lg o

Tanto José María Morelos y Miguel Hidalgo como párrocos de la intendencia de Michoacán estaban conscientes de las quejas de los gobernantes indios sobre la extracción del dinero sobrante de las cajas de comunidad y la dificultad para conseguir el regreso de parte de los fondos para atender las necesidades de los pueblos. Morelos, párroco de Carácuaro, fue el primero en legislar sobre los bienes de comunidad en los pueblos de indios. El 17 de noviembre de 1810, en Aguacatillo, cerca de Acapulco, donde los indios del pueblo de Atoyac estaban reunidos, Morelos, “a nombre de Su Excelencia [Hidalgo]”, repitió los

prioridad de España era usar los fondos para el rescate de España y

mandatos sobre la libertad de eslavos, el fin del tributo, del estanco

no para la justicia y bienestar de los indios.

de pólvora y de la extinción de los términos de “indios, mulatos [y] castas”, y luego, introdujo por primera vez un nuevo tema: “No hay cajas

L as escuel as de primer as letr as en los pueblos

de comunidad y los indios percibirán las rentas de sus tierras como

de indios dur ante el siglo XVIII

suyas propias en lo que son las tierras”. Con esto, se puso fin al envío

Al final del siglo xvii, el rey Carlos II emitió dos reales cédulas rela-

del dinero sobrante de las cajas de comunidad a las cajas reales en la

cionadas con los pueblos de indios y la educación de niños indígenas.

capital de la intendencia y se autorizó el uso de los fondos del arren-

Con fecha del 30 de mayo de 1697 ordenó a los párrocos ayudar a los go-

damiento de las tierras dentro los pueblos.33

bernantes indios a cumplir con su obligación de establecer en los

De los dirigentes del levantamiento, Morelos era el que tenía el

pueblos escuelas de la lengua castellana para enseñar a los niños la

mayor conocimiento del sistema financiero de las cajas de comuni-

doctrina cristiana, a leer y a escribir. Además, ordenó pagar a los maes-

dad. Entre 1796 y 1798, había colaborado en la parroquia de Urua-

tros con fondos de los bienes de comunidad, esto es, por medio de las

pan, donde los dirigentes indígenas de la República habían protestado en contra del arrendamiento de las tierras de comunidad. Luego, como párroco en Carácuaro, fue testigo de la manera en que el gobierno había recolectado 89 por ciento de la cantidad de renta que los indios habían recibido por el arrendamiento de sus tierras. Es probable que Morelos le haya enviado el decreto del 17 de noviembre a Hidalgo. Al principio del siguiente mes, Hidalgo decretó, el 5 de diciembre de 1810, en la ciudad de Guadalajara, […] que inmediatamente procedan a la recaudación de las rentas vencidas hasta el día, por los arrendatarios de las tierras pertenecientes a las comunidades de los naturales, para que enterándolas en la Caja Nacional se entreguen a los referidos naturales las tierras para su cultivo, sin que para lo sucesivo puedan arrendarse, pues es mi voluntad que su goce sea únicamente de los naturales en sus respectivos pueblos.34

Estos dos decretos de Morelos y de Hidalgo tomaron en cuenta la crítica de los gobernantes indígenas sobre el control ejercido por el gobierno virreinal de los fondos y tierras de los pueblos, ya que la

Rodrigo Salomón Pérez Hernández, El gobierno de los subdelegados en la intendencia de México: la formación de un ámbito de autoridad distrital en el sistema de intendencias novohispano, 1786-1810, tesis de doctorado, México, El Colegio de México, 2017, pp. 147152. Los indios ocultaban ganado en las subdelegaciones de Acapulco, Temascaltepec, Tetela del Río, Chilapa y Zumpango. Véase agn, Indios, vol. 73, ff. 148-190 y 200-251, vol. 74, exp. 6, ff. 75-82, vol. 76, exp. 7, ff. 161-197, vol. 78, exp. 4, ff. 85 y 92, y vol. 78, exp. 8, f. 46; agn, Propios y Arbitrios, vol. 5, exp. 2, f. 218, vol. 12, exp. 12, f. 176v, y vol. 23, exp. 23, f. 142, y Marta Terán, ¡Muera el mal gobierno!: las reformas borbónicas en los pueblos de indios, 1786-1810, tesis de doctorado, México, El Colegio de México, 1995, pp. 104-108. 31 agn, Propios y Arbitrios, vol. 5, exp. 2, f. 218, vol. 12, exp. 12, f. 176v, y vol. 23, exp. 23, f. 142, y M. Terán, op. cit., pp. 104-108. 32 Desde 1782 el gobierno había fomentado el pago del real y medio de cada tributario, pero simultáneamente ordenaba arrendar la milpa común y entregar ambas cantidades al gobierno. agn, Propios y Arbitrios, vol. 5, exp. 2, f. 218, vol. 12, exp. 12, f. 176v, vol. 23, exp. 23, f. 142, y M. Terán, op. cit., pp. 104-108. Los reglamentos de ocho subdelegaciones incluían el reparto de las tierras comunales en vez de su arrendamiento. agn, Indios, vol. 74, f. 311, vol. 76, ff. 10-29, 137-160, 198-215 y 240-267, vol. 78, ff. 43-84 y 143-157, y vol. 79, ff. 93, 112 y 172-190. 33 Ernesto Lemoine, Morelos y la Revolución de 1810, México, Gobierno del Estado de Michoacán, 1979, p. 163. 34 “Decreto de Hidalgo ordenando la devolución de las tierras a los pueblos indígenas”, en Historia documental de México, vol. 2, edición de Miguel León-Portilla, México, Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de México, 2013, p. 82. 30

485


tesorerías de los pueblos. En los lugares grandes también se debían te-

las escuelas en los pueblos de indios en toda la Nueva España. En 1773,

ner escuelas para las niñas. Otra cédula, del 12 de marzo de 1697,

el contador de Propios, Arbitrios y Bienes de Comunidad, Francisco

permitió la ordenación sacerdotal de los indios y su acceso a las ins-

Antonio de Gallarreta, ordenó a los gobernantes indígenas establecer

tituciones “eclesiásticas, seculares, de gobierno y de guerra”. Además, se informó a los obispos que debían dar una cuarta parte de las becas en los seminarios a los alumnos indígenas.35 La muerte del rey Carlos II en 1700, la guerra por la sucesión al trono y la caída de la economía de la Nueva España contribuyeron a detener la fundación de escuelas en los pueblos de indios. En 1753, 486

Cuadro 5: Pueblos de indios con escuel as de c a s t e l l a n o e n e l a r z o b i s pa d o d e M é x i c o , 1 7 5 4

clero

pueblos

pueblos sujetos

escuelas

el arzobispo de México Manuel Rubio y Salinas tomó medidas para

Franciscanos (a)

35

63

104*

cumplir con la legislación. Envió a cien párrocos una “Instrucción”

Dominicos (b)

con ocho pasos para “captar la voluntad” de los gobernantes indíge-

6

12

18

Agustinos (c)

2

11

13

Clero seglar (d)

33

119

152

76

205

287

281

total de escuelas

287

nas y así conseguir su obediencia para financiar las escuelas. Recibió información sobre el establecimiento de escuelas de primeras letras en doscientos ochenta y un pueblos de indios en el arzobispado de México (cuadro 5). Al mismo tiempo que el arzobispo estaba promoviendo el establecimiento de escuelas en los pueblos de indios, los hermanos adjutores de los jesuitas ofrecían también educación primaria a los niños criollos e indígenas en las ciudades y villas del virreinato. Desde 1574 hasta 1767, las “escuelas de párvulos” existieron en catorce ciudades y una villa: Pátzcuaro, Oaxaca, Ciudad de México, Valladolid (Michoacán), Guadalajara, Zacatecas, Durango, Mérida, Querétaro, Veracruz, Ciudad Real en Chiapas, Monterrey, Campeche, Celaya y León.36 Después de veinte años de existencia de las escuelas fundadas por el arzobispo, bajo la supervisión de los párrocos, el gobierno de la Nueva España intervino para tomar la dirigencia de las finanzas de Silvio Zavala, ¿El castellano, lengua obligatoria?, México, Centro de Estudios de Historia de México- Condumex, 1977, pp. 76 y 83. Cuando se abrió el Seminario en la ciudad de México en 1697, había doce alumnos españoles y tres alumnos caciques indios. Véase Dorothy Tanck de Estrada, “Castellanización y las escuelas de lengua castellana durante el siglo xviii”, en Nancy Vogeley y Manuel Ramos Medina (coords.), Historia de la literatura mexicana: cambios de reglas, mentalidades y recursos retóricos en la Nueva España del siglo xviii, México, Siglo xxi, 2010, pp. 78-103. 36 Ignacio Osorio Romero, Colegios y profesores jesuitas que enseñaron latín en Nueva España (1572-1767), México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1979, pp. 205-382. 35

total de pueblos

* En la lista de escuelas entregada por los franciscanos hay seis escuelas más que pueblos, porque tres pueblos tenían más de una escuela: Tecozautla, 3; Tacuba, 3, y Tlatelolco, 3. fuentes: Archivo Histórico del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Fondo Franciscano, vol. 109, ff. 227-308; agi, México, 1937, folio doblado, s. n., y Dorothy Tanck de Estrada, “Castellanización y las escuelas de lengua castellana durante el siglo xviii”, en Nancy Vogeley y Manuel Ramos Medina (coords.), Historia de la literatura mexicana: cambios de reglas, mentalidades y recursos retóricos en la Nueva España del siglo xviii, México, Siglo xxi, 2010, p. 160. (a) Acambay (1), Actopan (1), Alfajayuca (3), Apan (3), Atenco (2), Calpulalpan (1), Chalco (5), Cuautitlán (3), Ecatepec (5), Huejutla (1), Jilotepec (1), Jiutepec (3), Mazatepec (1), Milpa Alta (3), Nativitas (1), Otumba (1), Ozumba (3), San Antonio de las Huertas (1), Santa Marta (2), Tacuba (3), Tecomic (4), Tecozautla (3), Temamatla (1), Teotihuacan (7), Tepeopulco (1), Texalpa (1), Texcoco (1), Tlalmanalco (1), Tlatelolco (3), Toluca (24), Tula (1), Tultitlán (6), Xochimilco (1), Xochitepec (1), Zinacantepec (1). (b) Tepetlaostoc (3), Tepoztlán (6), Azcapotzalco (1), Michoatl (5), Tlaltizapán (2), Amecameca (1). (c) Tecamac (3), Metztitlán (10). (d) Acamixtla (3), Amatepec (5), Atotonilco (2), Capuluac (5), Zempoala (3), Chapa de Mota (7), Huazalingo (1), Iguala (2), Ixmiquilpan (19), Ixtapa (5), Ixtapalapa (2), Lolo­tla (2), Ocoyoacac (7), Cardonal (1), San Jacinto (8), Santa Cruz Quahucotzingo de México (1), Teloloapan (6), Temascaltepec (7), Tenango del Valle (6), Tenancingo (8), Tetela del Volcán (1), Tetícpac (3), Tolcoyucan (4), Tulancingo (1), Tizayucan (8), Xaltenco (1), Xichú (1), Zahualican (9), Zaquatepan (1), Singuilucan (1), Zontecomatlán (1), Sultepec (19), Zumpahuacan (2).


Autor no identificad o

Oaxtepec, Yautepec, Morelos, 1795 Juan Antonio Gutiérrez y Sánchez

San Martín Thecxistlan y San Francisco Xocotepec, Sayula, Jalisco, 1748


Cuadro 6: Escuel as* en los pueblos de indios** e n l a s i n t e n d e n c i a s d e l a N u e va E s pa ñ a y C h i a pa s , c a . 1 8 0 3

Intendencia

Número de Número de

Porcentaje de

pueblos

escuelas

pueblos con escuelas

México

1 248

536

Michoacán

254

Guadalajara

Gasto para

Porcentaje

escuelas

de gasto total

43%

16 272

67%

82*

32%

5 681

81%

251

30*

12%

1 678

42%

Yucatán

224

72*

32%

1 512

14%

Guanajuato

41

19*

46%

741

89%

45

11*

24%

220

97%

40

7*

18%

258

12%

152

42*

28%

2 686

s. d.

731

127

17%

3 429

s. d.

871

139

16%

708

s. d.

167

6*

4%

390

s. d.

138

1

1%

s. d.

s. d.

109

32*

29%

2 634

98%

1 104

26%

36 209

73%

(en pesos)

para escuelas

(11 pueblos sin datos)

(2 pueblos sin datos)

San Luis Potosí (3 pueblos sin datos)

Zacatecas (3 pueblos sin datos)

Veracruz (5 pueblos sin datos)

Puebla (28 pueblos sin datos)

Oaxaca (326 pueblos sin datos)

Durango (125 pueblos din datos)

Sonora-Sinaloa (135 pueblos sin datos)

Chiapas (2 pueblos sin datos)

total

(640 pueblos sin datos)

488

4 271**

* Escuelas sostenidas solamente por las cajas de comunidad. Quedan sin incluir las escuelas que mantenían los padres de familia o los sacerdotes, por no tener dichas cifras. ** No se incluyen los 197 pueblos de los gobiernos militares de Tlaxcala (110), Tabasco (53) y Nayarit-Colotlán (34), por no tener datos sobre las escuelas. Al incluir estos 197 pueblos, el total de pueblos en Nueva España y Chiapas es 4 468.

fuentes: Dorothy Tanck de Estrada, “El Siglo de las Luces”, en Historia mínima: la educación en México, México, El Colegio de México, 2010, p. 82; agn, Indios, vols. 74, 76 y 78-80; agn, Tierras, vol. 3569, exp. 9; agn, Parcialidades, vol. 2, ff. 294-304; agn, Hospital de Jesús, vol. 110, exp. 7-11; agn, Padrones, vols. 4 y 9, y agn, Indiferente Virreinal, caja 4355, exp. 4.

y financiar escuelas de primeras letras en los pueblos.37 A partir de

D o s l i b r o s d e t e x t o pa r a l a s e s c u e l a s

1786, bajo la ordenanza de intendentes, los intendentes de cada una

en los pueblos de indios

de las doce intendencias se encargaron del establecimiento de escue-

Carta edificante en que el P. Antonio de Paredes, de la extinguida Com-

las en los pueblos. En 1803 se registraron 1 104 escuelas de primeras

pañía de Jesús, refiere la vida ejemplar de la hermana Salvadora de

letras en los pueblos de indios, sostenidas por las cajas de comunidad

los Santos, india otomí, 1784-1791.

de la Nueva España y Chiapas. De las 536 escuelas registradas en la

En la Ciudad de México, los gobernantes indígenas de las parcialida-

intendencia de México, probablemente 52 por ciento eran las escue-

des de Santiago Tlatelolco y San Juan Tenochtitlan buscaron un libro que

las establecidas en 1754 por el arzobispo Rubio y Salinas (cuadro 6).

pudieran usar como texto de lectura para los alumnos indígenas en las

38

escuelas ubicadas en la cuenca del Valle de México. Los gobernantes de las parcialidades encontraron una obra que les parecía adecuada La gran mayoría de los naturales vivían en los pueblos de indios (90 por ciento) y 10 por ciento eran trabajadores en las haciendas o habitaban en las ciudades y villas de españoles. 38 Además del establecimiento de escuelas de primeras letras en los pueblos de indios, también los jóvenes indígenas pudieron asistir a la Universidad de México desde el siglo xvi. Véase Margarita Menegus y Rodolfo Aguirre, Los indios, el sacerdocio y la Universidad en Nueva España, siglos xvi-xviii, México, Centro de Estudios sobre la Universidad-­ Universidad Nacional Autónoma de México/Plaza y Valdés, 2006. 39 Antonio de Paredes, Carta edificante en que el P. Antonio de Paredes de la Compañía de Jesús, da noticia de la exemplar vida, sólidas virtudes, y santa muerte de la hermana Salvadora de los Santos, india otomí, donada del beaterio de las Carmelitas de la Ciudad de Querétaro, México, Imprenta del Real y más antiguo Colegio de San Idelfonso, 1763, en José Toribio Medina, La imprenta en México (1539-1821), edición facsimilar, t. v: 1745-1767, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1989, p. 482. 37

e interesante. Era la biografía de una mujer indígena de Querétaro. Por su virtud cristiana y caridad, Salvadora de los Santos Ramírez Martínez había recibido la veneración y la admiración de los habitantes indios y criollos de esta ciudad provinciana y algunas personas la consideraban una santa. También, favorablemente impresionado por esta mujer otomí, el jesuita Antonio de Paredes escribió y publicó su biografía al final de 1762, cuatro meses después del fallecimiento de Salvadora, y enseguida se publicó una segunda edición en 1763.39 Paredes narraba cuarenta episodios de la vida de Salvadora, en los cuales mencionaba por nombre a quince personas de Querétaro. Con


Carta edificante en la que el P. Antonio de Paredes, de la extinguida Compañía de Jesús, refiere la vida exemplar de la hermana Salvadora de los Santos, india otomí, México, Herederos del Licenciado Joseph de Jáuregui, 1784

un estilo ameno, el autor centró su narración en los últimos veintiséis años de la vida de la indígena otomí cuando ayudó a un grupo de beatas a buscar donaciones de dinero y alimentos en la ciudad y también en las distantes poblaciones del Bajío, a veces encontrándose en dif íciles y peligrosas situaciones. Describió algunas de las habilidades de la mujer otomí: su “poder” con los animales y aves, su manera de saber los pensamientos y preocupaciones de otras personas, su conocimiento de curaciones médicas basadas en la medicina tradicional, su manera de componer y presentar obras de teatro y su inteligencia para seleccionar el mejor momento y manera para solicitar donaciones. Con fondos de las cajas de comunidad, en 1784 los gobernadores indígenas reimprimieron la biografía de Salvadora. En el prólogo del libro explicaban con claridad la razón para financiar la tercera edición del libro: Tiene el objeto recomendable de proveer a las escuelas y migas [escuelas para niñas] donde nuestros hijos son educados de una especie de cartilla, en que, enseñándose a leer, aprendan al mismo tiempo a imitar las virtudes cristianas con el dulce, poderoso, y natural atractivo de verlas practicadas por una persona de su misma calidad.40

Así, con este prólogo, las autoridades de las parcialidades quisieron promover en los alumnos el orgullo de tener una antepasada renombrada y desarrollar en ellos la cohesión e identidad étnicas. Des-

tables”, y en los poemas decía con cariño: “En Fábulas morales, que

de 1784 hasta 1821, este libro de texto se distribuyó gratuitamente en

mi afecto os dedica”. Más aún, anunció una actitud pedagógica nove-

las escuelas para alumnos y alumnas indígenas en la cuenca del valle

dosa para la enseñanza escolar en el mismo título del libro: Fábulas

de México.41

morales, que para la provechosa recreación de los niños que cursan

A nuestro parecer, este libro es la única biografía de una persona

las escuelas de primeras letras dispuso el Br. D. José Ignacio Basurto.44

indígena escrita por un americano y publicada en el continente du-

El autor usaba el sustantivo “recreación” y añadía, como adjetivo, la

rante los tres siglos de la época virreinal. Además, la obra se podría

palabra “provechosa” como una meta secundaria. En esa época, casi

considerar como el primer libro de texto gratuito en México, ya que

nadie pensaba que los niños podían divertirse dentro de la escuela,

su publicación fue financiada por el gobierno indígena de la capital y

pero Basurto promovía la recreación, mientras los demás educadores

utilizado gratuitamente por los estudiantes en las escuelas de las par-

insistían en que los alumnos tenían que mantener silencio, orden, res-

cialidades durante treinta y siete años, hasta 1821. Cabe destacar que ni

peto y obediencia.

42

el gobierno virreinal ni el gobierno eclesiástico imprimieron un libro para uso en las escuelas y sólo los gobernantes indígenas, con fondos de las cajas de comunidad, se encargaron de la publicación y distribución gratuita de esta biografía como libro de texto. Fábulas morales, que para la provechosa recreación de los niños que cursan las escuelas de primeras letras dispuso el Br. D. José Ignacio Basurto, 1802 En el pueblo de indios de Chamacuero, en la intendencia de Guanajuato, el sacerdote José Ignacio Basurto acostumbraba contar fabulas a los niños del pueblo. Varios de los muchachos que escucharon sus versos le rogaron ponerlas en “letra de molde”. Para complacer a los niños, en 1802, Basurto publicó un libro de cincuenta y cinco páginas con veinticuatro fábulas.43 En la dedicatoria, el sacerdote mostraba su consideración hacia los infantes, escribiendo que “estas personas son para mí muy respe-

Dorothy Tanck de Estrada, “El primer libro recreativo para niños en México: la biografía de una mujer indígena publicado en 1784”, en Independencia y educación: cultura cívica, educación indígena y literatura infantil, México, El Colegio de México, 2013, p. 52. 41 Además de Santiago Tlatelolco y San Juan Tenochitlan, los pueblos de indios que usaron el libro de Salvadora de los Santos fueron Chapultepec, Churubusco, Culhuacán, Iztacalco, Iztapalapa, Magdalena de las Salinas, Mexicalzingo, Mixhuca, Nativitas, Nextipac, Xocotitla, Yauticla y Zacatlamanco. 42 Hay otras dos biograf ías de indígenas, pero no fueron escritas por americanos. Véanse Bernardo Sartolo, Vida admirable y muerte prodigiosa de Nicolás de Ayllón y con renombre más glorioso Nicolás de Dios, natural de Chiclayo en las Indias del Perú, Madrid, Imprenta de Juan García Infanzón, 1684, y Juan de Urtassum, La gracia triunfante en la vida de Catharina Tegakovita, india iroquesa, parte traducida de francés en español, de lo que escribe el P. Francisco Colonec, parte sacada de los autores de primera nota y autoridad como se verá en sus citas por el P. Juan Urtassum, profeso de la Compañía de Jesús, México, Joseph Bernardo Hogal en la Puente del Espíritu Santo, 1724. 43 Dorothy Tanck de Estrada, “Imágenes infantiles en los años de la insurgencia: el grabado popular, la educación y la cultura política de los niños”, en Historia Mexicana, vol. lix, núm. 1 (233), julio-septiembre de 2009, pp. 251-253. 44 José Ignacio Basurto, Fábulas morales que para la provechosa recreación de los niños que cursan las escuelas de primeras letras dispuso el Br. D. José Ignacio Basurto, México, Imprenta de la calle de Santo Domingo y esquina de Tacuba, 1802, pp. 4 y 7. 40

489


José Ignacio Basurto nació en la ciudad de Salvatierra en 1755 y estudió para el sacerdocio en el Colegio de San Nicolás en Valladolid (Morelia). Uno de sus compañeros en el colegio fue Miguel Hidalgo y Costilla.45 Después de ordenarse como sacerdotes, ambos fueron pro-

Pierre Cholonec, La gracia triunfante en la vida de Catharina Tegakovita, india iroquesa (portada y grabado), México, Joseph Bernardo de Hogal, 1724 Dibujo de M i g u e l J e r ó n i m o Z e n d e j a s ( 1 7 2 4 - 1 8 1 5 ) Grabado de J o s é d e N ava ( 1 7 3 5 - 1 8 1 7 ) Silabario objetivo, 1802

fesores en el Colegio de San Nicolás. Basurto salió de Valladolid para la parroquia de Chamacuero y siguió ahí durante veintiséis años, hasta 1805, cuando regresó como párroco a la ciudad de Salvatierra. Murió cinco años después, en enero de 1810.46

literatura; ambas llevaron a la población indígena aspectos de su

A diferencia de las fábulas clásicas de los españoles Félix María de Samaniego y Tomás de Iriarte, Basurto no basó sus versos en los

propia historia e intentaron mejorar la calidad de la educación en los pueblos de indios.

textos de Esopo, La Fontaine, Fedro o John Gay, sino las inventó in47

corporando como protagonistas, en los veinticuatro poemas, a los

U n g r a b a d o d i v e r t i d o pa r a e n s e ñ a r a l e e r , 1 8 0 3

habitantes del campo mexicano, tales como la tejedora, el hortelano,

En 1805 el Diario de México publicó una carta de un padre de familia

el indio y el rústico, junto con sabandijas, culebras, luciérnagas, sa-

en la cual se quejaba del aburrido e ineficaz método de enseñar a leer

pos, grillos, caballos, palomas y hormigas busileras (o mieleras), que

a los niños mediante el deletreo y el uso de la cartilla.49 El maestro

solamente viven en el Bajío.

Ignacio Montero, cuando propuso al ayuntamiento una nueva carti-

Recientemente se ha publicado una selección de las fábulas en el

lla basada en el silabeo en vez del deletreo, también criticaba la cartilla

formato de un libro ilustrado de literatura infantil, con la adaptación

que se usaba en Nueva España desde el siglo xvi, “tan rancia y anti-

de los versos al lenguaje de hoy.

gua como la Conquista”.50

48

Estas dos obras, la biografía de la india otomí y las fábulas acerca

En la ciudad de Puebla, en 1802, el sacerdote Antonio Ximénez de

del campo mexicano se destacan en la historia de la educación y de la

las Cuevas quiso presentar un nuevo método para enseñar la lectura que sustituía a la cartilla. Decidió financiar un grabado que mostraba

En 1775 José Ignacio Basurto declaró: “[…] habrá tiempo de cuatro años que conoce […] al bachiller don Miguel Hidalgo Costilla, con ocasión de ser concolegas en el expresado [Colegio] de San Nicolás Obispo”. Véase “500 años de México en documentos”, disponible en http://www.biblioteca.tv/artman2/publish/1775/Solicitud_hecha_por_ Miguel_­ Hidalgo_y_Costilla_para_obtener_el_subdiaconado.shtml; consultado en octubre de 2021. 46 Ana Lilia Olalde López, “José Ignacio Basurto: educación y literatura en el Chamacuero novohispano”, en Boletín del Archivo Histórico Municipal de Comonfort, núm. 3, agosto-­ octubre de 2016, pp. 15-16, e Isauro Rionda Arreguín, Testimonios sobre Guanajuato, Guanajuato, Gobierno del Estado de Guanajuato, 1989, pp. 22-23, 47-48 y 170. 47 Las fábulas de Samaniego: sus fuentes literarias y emblemáticas, edición de José María González de Zárate, Vitoria, Ephialte/Ayuntamiento de Laguardia, 1995, pp. 23-25, 61 y 67. 48 José Ignacio Basurto, Fábulas de José Ignacio Basurto, edición de Pedro C. Cerrillo, Rebeca Cerda González y Dorothy Tanck de Estrada, Cuenca, Universidad de Castilla-La Mancha, 2009. Para una edición ilustrada de las fábulas, con una adaptación del texto para lectores jóvenes, con un tiraje de 13 750 ejemplares, véase Fábulas mexicanas de José Ignacio Basurto, adaptación de Rebeca Cerda y Norma Muñoz Ledo, revisión histórica de Dorothy Tanck de Estrada, ilustraciones de Teresa Martínez, México, Edebé, 2017. 49 Diario de México, 6 de junio de 1806, p. 148 50 Dorothy Tanck de Estrada, “La enseñanza de la lectura y de la escritura en la Nueva España, 1700-1821”, en Historia de la lectura en México, México, El Colegio de México/ Ermitaño, 2010, p. 62. El método de leer llamado “deletreo” consistía en pronunciar (deletrear) cada letra de una palabra, luego silabear y luego leer, usando la Cartilla, un librito de diecisiéis páginas llenas de letras y de sílabas que costaba un real. Véase también D. Tanck de Estrada, Pueblos de indios y educación en el México colonial, 1750-1821, op. cit., p. 408. 51 agn, Historia, vol. 499, f. 222, 9 de septiembre de 1802. 52 Silabario objetivo, dibujo de Miguel Jerónimo Zendejas, grabado de José de Nava, 1803, colección particular. 53 Jesús Márquez Carrillo, La obscura llama: élites letradas, política y educación en Puebla, 1750-1835, Puebla, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla/Ediciones de Educación y Cultura, 2012, pp. 189-192, y D. Tanck de Estrada, “Imágenes infantiles en los años de la insurgencia: el grabado popular, la educación y la cultura política de los niños”, op. cit. 54 Gazeta de México, 26 de octubre de 1803 (cursivas añadidas). 55 Ibid. 45

490

a un grupo de seis niños jugando en el campo: “[…] una estampa que, por el medio y aliciente de la diversión, facilita a los niños los primeros rudimentos del leído”.51 La imagen en el grabado fue insólita, ya que no era frecuente pintar a los muchachos comunes y corrientes y, menos aún, presentarlos en sus actividades recreativas. El grabado decía: “Enseñar desde luego silabeando: silabear por la mañana y decorar a la tarde unos mismos párrafos: acostumbrar a los niños a silabear de memoria oraciones enteras: enseñarlos a escribir y pronunciar o leer lo mismo que escriben”.52 El grabado fue pagado por una asociación filantrópica, la Junta de Caridad, la cual contrató a los dos artistas más prominentes (y más longevos) de la Nueva España, que eran nativos de Puebla: Miguel Jerónimo Zendejas, para dibujar la escena, y José de Nava, para realizar el grabado, el cual fue distribuido gratuitamente a los alumnos. Esta ilustración educativa enseñaba a leer con sílabas en vez de sólo con las letras del alfabeto.53 Utilizar una escena de jóvenes jugando —cuatro criollos, un niño indígena y un joven probablemente mulato— significaba la introducción en el salón de clase de un método agradable para los niños. Los filántropos de Puebla proclamaban en la prensa que se había abierto también “una estampa muy divertida para los niños, que los engolozinará [sic] sin duda, y quitará las amargas dificultades que padecen en los primeros rudimentos del leído”.54 Además de promover un ambiente agradable para la enseñanza de la lectura y la escritura, en vez de incluir regaños y castigos, se agregaron dos estímulos para animar a los alumnos: “Y saborearlos con los premios y la emulación”.55


La química del tiempo: africanos y asiáticos en la Nueva España Antonio García de León*

Poco a poco el pasado recordemos y las historias contadas en el pasado

Y en ese sistema ideal de una sociedad dividida en estamentos o supuestos orígenes de sangre —en las llamadas “castas”—, nadie era

ahora dos veces

lo que se suponía que era. En principio, los indios eran de diversos

historias, que nos hablen…

orígenes, naciones y grupos étnicos del mundo mesoamericano o de

Fernando Pessoa,

la periferia “bárbara” del norte. En la categoría de los españoles con-

Odas de Ricardo Reis, 1926

currían todas las naciones peninsulares y de los reinos de Castilla, junto con portugueses, alemanes, flamencos y genoveses y, además,

L a ciudad ideal

al transcurrir el tiempo, los criollos de la tierra o “españoles america-

Sobre las ruinas sumergidas de la urbe lacustre del Imperio mexica,

nos”. Los mestizos, como producto de la unión de los europeos y los

demolida por la conquista y trazada de nuevo, le tomó tiempo a la

nativos, fueron primero excluidos en un limbo indefinido e interme-

Ciudad de México erigirse real y simbólicamente como la capital de

dio y luego poco a poco integrados a la sociedad no indígena. Los

la Nueva España, establecer el nuevo orden en sustitución del anti-

negros, que habían llegado como esclavos desde diferentes factorías

guo poder político, religioso y militar del trono de Moctezuma por la

del África subsahariana o que eran “criollos” nacidos en España o en

hegemonía de la Corona española, representada por la Audiencia y

América —o negros y mulatos libres de la “plebe” del orden colonial—,

en la persona del virrey; desplegarse desde 1524 como una ciudad

formaban el grupo más numeroso después de los indios; por su parte,

espejo, en la que se miraban y reflejaban otras ciudades reales o ima-

los “chinos”, llegados en el Galeón de Manila como parte del comer-

ginarias: la Roma de un imperio demolido, la Venecia americana de

cio por el Pacífico, eran filipinos de muchas etnias del archipiélago y

calles líquidas y edificios emergidos del agua o la Atenas de la Améri-

todos aquellos introducidos en libertad, vasallaje o esclavitud prove-

ca colonial española. Porque la invención de las ciudades se cimenta

nientes del inmenso arco de la India de Portugal. Así fue como en ese

sobre el cuerpo de las civilizaciones, espacios en los que se funden el

inmenso crisol de múltiples razas, lenguas e identidades se construyó

mito, el poder simbólico y sus circunstancias, en territorios que al

el México virreinal del que somos herederos: más allá de la estrecha

conformar sus identidades entretejen la utopía y la memoria para for-

cárcel de la conciencia criolla, pues se fundieron aquí tanto la Me-

mar capas visibles e invisibles de temporalidad: lugares que se crean, se

soamérica profunda y la Europa en expansión como lejanos fragmen-

configuran y se remodelan en el imaginario colectivo de sus habitan-

tos del mundo conocido de la época. Así, la capital novohispana se

tes, al construir día con día una experiencia inacabada.

erigía como la albarrada de tezontle y agua en la que se estancaron o

Una ciudad de deseos frustrados e instintos reprimidos, de fron-

se redistribuyeron por la Nueva España todas las corrientes migrato-

teras invisibles, en donde la periferia penetraba por todas partes e

rias del primer siglo de la mundialización y no sólo la manida refe-

inundaba la Ciudad de los Palacios con la marea de otras ciudades

rencia a “indios” y “españoles”.

circundantes: la de los caseríos y los palafitos, la de los barrios de mestizos, negros, mulatos y “chinos”, que desafiaban los límites im-

“México al mundo por igual divide…”

puestos a la movilidad social por un sistema de “repúblicas” y “castas”

Durante el periodo colonial, Europa logró ser el centro del sistema

una y otra vez transgredido. Esto explica no sólo los destinos que aquí

mundial gracias a las redes de relación con América, en especial con

se entrecruzaban, sino también la diversidad social de la ciudad, que

los virreinatos de la Nueva España y de Perú. Desde Veracruz, las

alcanzó su principal despliegue, con su traza renacentista, en el siglo

remesas de plata representaban 96 por ciento de las exportaciones en

xvii; una urbe en la que convivían los barrios indígenas —que eran el

el siglo xvi y 86 por ciento en los siglos siguientes, con base en una

reducto de la población nahua y otomí original del valle de México—

división del trabajo que involucraba a los puertos americanos debido

con el asentamiento de los españoles peninsulares y criollos en su

a la gran demanda de metales preciosos en Europa y en Extremo

centro histórico, apropiado y reinventado por los colonizadores desde 1521.

* Profesor-investigador emérito del Instituto Nacional de Antropología e Historia, México.

493


p. 492

J a k o b G o t t l i e b T h e l o t t ( 1 7 0 8 - 1 76 0 ) Dibujo de J o h a n n W o l f g a n g B a u m g a r t n e r ( 1 7 1 2 - 1 7 6 1 )

América (detalle), 1718-1775

M i g u e l C a b r e r a ( 1 6 9 5 - 1 76 8 )

De chino cambujo e india, loba, 1763 Autor no identificad o

De negro e india nace loba, ca. 1785-1790


Oriente. Además, una parte del metal del Potosí podía internarse para

contacto en Manila con los portugueses establecidos en Macao, co-

monetizar el mercado interno novohispano y salir después desde Aca-

menzaron a comprar seda y brocados chinos o joyería de India con

pulco hacia China o con destino a Europa desde el puerto de Veracruz.

plata americana para confeccionar prendas de lujo que eran reexpor-

En esta configuración del comercio global, el papel de los puer-

tadas con ganancias al Caribe y a América del Sur: “Los peruanos

tos se destaca en función de sus vinculaciones directas e indirectas

pagaban con plata los productos textiles importados de México, de

con la economía atlántica a partir de Veracruz (el puerto americano

manera que se estableció una fuerte y continua corriente de este metal,

más importante de la Carrera de Indias durante el siglo xvii) o hacia

la cual comenzaba en el Perú, pasaba por Nueva España y las Filipinas y

los circuitos del Pacífico, a través de Acapulco y la Nao de China. Así

terminaba en China, donde los metales preciosos eran escasísimos”.2

fue como el virreinato llegó a desempeñar un papel intermediario en

Pero, además, en la gran estructura imperial a la que México per-

la conformación original de la economía-mundo durante la primera

tenecía, se empezaron a crear franjas de dominación comercial que

globalización, al funcionar como fuelle dinámico central, gozne re-

hicieron de la Nueva España una economía “subimperial” que, a tra-

distribuidor de las redes del Atlántico y el Pacífico, es decir, eje indis-

vés de varios mecanismos —entre ellos, el situado de la plata para el

pensable del Primer Mundo globalizado, lo que explica, entre otras

pago de la defensa y la administración de Florida, Cuba, Santo Do-

cosas, el cosmopolitismo de su capital —la Ciudad de México— des-

mingo, Puerto Rico, Cumaná y Filipinas—, subordinó a estos y otros

de finales del siglo de la conquista, tal y como lo deja ver Bernardo de

territorios del mismo imperio y puso bajo su égida comercial a Perú.

Balbuena en su Grandeza mexicana (1604).

“Nadie discutirá”, dice Pierre Chaunu, “que durante el siglo xvi Méxi-

1

Este despliegue se potenció además desde 1571 con la rápida

co se comportaba con respecto a Perú como una metrópoli respecto

expansión del mercado interno y con la creación del Consulado de México, el gremio de los comerciantes que monopolizó la compra y la redistribución de bienes y de capitales al enlazar las economías transoceánicas, así como la relación con Perú, el otro gran virreinato español en suelo americano. La iniciativa de dar vida a los circuitos metalíferos por el Pacífico recayó en los comisionistas de comerciantes almaceneros de la Ciudad de México y en los llamados “peruleros”, representantes de los grandes mercaderes de la ciudad de Lima. Tomó impulso cuando los comerciantes mexicanos, al establecer

1 Hay pasajes de este extenso poema que basan la grandeza novohispana en la aceleración del comercio interoceánico: “México al mundo por igual divide/y como a un sol la tierra se le inclina/y en toda ella parece que preside./Con el Pirú, el Maluco y con la China […]. Con España, Alemania, Berbería/Asia, Etiopía, África, Guinea/Bretaña, Grecia, Flandes y Turquía./Con todos se contrata y se cartea/y a sus tiendas, bodegas y almacenes/lo mejor de estos mundos acarrea” (Bernardo de Balbuena, Grandeza mexicana [1604], edición facsimilar, México, Sociedad de Bibliófilos Mexicanos, 1927). 2 Jonathan I. Israel, Razas, clases sociales y vida política en el México colonial, 16101670, México, Fondo de Cultura Económica, 1997, pp. 105-106.

495


Bernardo de Balbuena, Grandeza mexicana, México, Diego López Dávalos, 1604 Manila, en Guillaume Dampier, Nouveau voyage autour du monde, t. ii, p. 75 (detalle), Rouen, Jean-Baptiste Machuel, 1723

crear, a su pesar, una larga relación de comercio libre y fuera de registro —“contrabando” o “comercio intérlope”, le decían— que perduró a lo largo de los siglos coloniales entre ambos virreinatos. Y es que, muy lejos de las Indias occidentales, en el Imperio chino, la reforma fiscal conocida como el “impuesto látigo”, implementada en la década de 1580, obligó a los campesinos, artesanos y mercaderes a pagar los tributos en metálico. La dinastía Ming reemplazó un depreciado sistema de papel moneda por la propia plata como medio de circulante interno. No resulta dif ícil imaginar entonces el impacto que causó la reforma en un territorio que alcanzaba el centenar de millones de habitantes, mientras que el interés por la plata hizo que su valor aumentara en China en relación con otras economías del mundo y desplazó la nueva periferia de la mundialización hacia el Extremo Oriente. En ese circuito, Filipinas se enlazaba con el puerto chino de Cantón, un bastión de avanzada de la India portuguesa, para de allí penetrar al interior del Imperio y al archipiélago filipino, que, a su vez, se enlazaba con Acapulco y de allí con las redes y rutas hacia el interior del virreinato, el resto de la América española y, a través del Atlántico, con los reinos de Castilla. Fue así como el valor de la exportación anual de plata desde Acapulco a Manila llegó a superar los 3 millones de pesos y, en 1597, en virtud de la seda china, alcanzó los 12 millones de pesos; “o sea”, anota Jonathan I. Israel, “bastante más del valor total oficial de las mercancías que cruzaban el Atlántico”.5 a su colonia”. O, como plantea Immanuel Wallerstein, esa bonanza se

La anexión de Portugal durante el reinado de Felipe II en 1580

basaba en una disparidad en los niveles de precios cuando la Nueva

puso bajo la égida de la Corona española las posesiones portuguesas

España exportaba manufacturas, productos de lujo y esclavos a Perú,

en Asia, África y América y, en virtud del impulso de sus redes comer-

mientras recibía a cambio mercurio y plata. “Cuando las Filipinas en-

ciales, se dio el ímpetu final a la creación, a mediados del siglo xvii, de

traron en la esfera de comercio española”, anota Wallerstein, “México

la primera economía mundial.6 Las redes portuguesas se distribuye-

se convirtió en el intermediario entre Manila y Lima, dejando fuera a

ron por todo el mundo conocido y alentaron el comercio atlántico y

los españoles de Manila. Esta reexportación de México al Perú de

pacífico en todas sus formas, lo que influyó por supuesto en el desa-

productos chinos, llegados a través de Manila, se convirtió en el sopor-

rrollo demográfico, económico y cultural de la América española, en

3

496

te principal del comercio intercolonial.” La Corona, al verse despla-

un momento en el que los mercados se multiplicaban y se especiali-

zada por este efecto inesperado, intentó sin éxito acabar con el papel

zaban. Por tanto, desde el último cuarto del siglo xvi y durante todo

emergente de México; esto explica por qué, después un largo proceso

el siguiente siglo, las minas americanas fueron el principal productor

de interferencias, desde 1620 prohibió el comercio entre la Nueva

mundial de plata, y el Galeón de Manila, que enlazaba periódicamen-

España y Perú para así fortalecer autonomías y conciencias criollas y

te a la Nueva España con Filipinas, fue la pieza clave de ese gran pro-

4

ceso unificador, y la propia relación entre China y la América colonial Pierre Chaunu, “Pour une histoire économique de l’Amérique espagnole coloniale”, en Revue Historique, vol. lxxx, núm. 216, octubre-diciembre de 1956, p. 218. 4 Immanuel Wallerstein, El moderno sistema mundial, vol. i: La agricultura capitalista y los orígenes de la economía-mundo europea en el siglo xvi, México, Siglo xxi, 1991, p. 267. 5 J. I. Israel, op. cit., p. 104. 6 “El sistema portugués constituye una inmensa red que se expande a través del mundo en una decena o en una veintena de años. Esta viva expansión es forzosamente un hecho de importancia internacional. Sin ella, Portugal no se hubiera ‘restaurado’ en 1640, es decir, no hubiera recobrado su independencia de España” (Fernand Braudel, Civilización material, economía y capitalismo, siglos xv-xviii, vol. ii: Los juegos del intercambio, Madrid, Alianza, 1984, p. 130). 7 En todo el siglo xvi, como anota Mariano Bonialian, las minas americanas proveyeron al mundo de más de 68 por ciento del circulante, en el siglo xvii de casi 85 por ciento y en la centuria siguiente, presidida por la producción minera de Guanajuato, de 90 por ciento de la plata en circulación (Mariano Bonialian, “Relaciones económicas entre China y América Latina: una historia de la globalización, siglos xvi-xxi”, en Historia Mexicana, vol. lxx, núm. 3 (279), México, El Colegio de México, 2021, pp. 1231-1274). 3

fue el vínculo que terminó de unir el comercio mundial de entonces.7 Asimismo, desde finales del siglo xvi, aparece en los registros una ruta de la seda china que atraviesa el Pacífico por la América colonial, un comercio tolerado por la Corona, ya que ofrecía un equilibrio económico de atención a las demandas americana y europea que, al ser cubiertas, ayudaban a la estabilidad del orden colonial. Pero lo que le da velocidad e importancia al comercio de la seda es el componente activo más relevante del momento: la circulación de la plata americana. Esta naciente ruta fue un corredor informal en tanto que escapaba a la estrechez de las ordenanzas y era producto de la interacción de grandes y pequeños mercaderes organizados en redes, así como de funcionarios y consumidores del mundo hispanoamericano. Y así como existió una perdurable vía euroasiática de la seda china


497

—la histórica Ruta de la Seda, muy anterior a la conquista de América—,

sin el mobiliario oriental, la porcelana, las lacas orientales y novohis-

el Imperio español también contó con un amplísimo camino estructu-

panas, los biombos decorados en China o en México, las alfombras o

rado en torno a esta manufactura producida en China a una escala de

la joyería de filigrana proveniente de diferentes regiones asiáticas. La

muy diversas calidades y precios y que se expandió con rapidez para

Ciudad de México aparecía, asimismo, como el eje de un mercado

satisfacer la demanda de diferentes niveles sociales. Las razones que

paralelo, con grandes capitales que circulaban y se valoraban sin el

más adelante preocuparon a la administración colonial española tu-

control de la Real Hacienda y con un grupo de clérigos y militares

vieron siempre que ver con la sangría de metales preciosos hacia Chi-

que iban y venían del archipiélago filipino —una “colonia de la colo-

na, pues se trataba de un tráfico cuyos ingresos no beneficiaban de

nia”— que ocupaban toda clase de cargos y, muchas veces, se incor-

manera directa a la Corona sino, sobre todo, a los comerciantes par-

poraban al comercio de todos esos productos en las rutas establecidas

ticulares de la Nueva España.

hacia Europa, Asia y África. Ese papel central de la Nueva España en

A la seda se agregaron, dentro de este complejo, otros productos

la periferia americana explica el cosmopolitismo del siglo xvii y tiene

de lujo que se destinaban a las élites, como sería el caso de las porcelanas

como consecuencia la presencia en México de muy diversas pobla-

en diversas formas —vajillas, tibores, ánforas, cuencos, etcétera—, los

ciones de origen europeo, africano y asiático.

muebles finos “achinados”, taraceados y repujados en marfil, los biombos de maderas finas, que luego se decoraban en México, las figuras

N e g r o s , m u l a t o s l i b r e s y e s c l av o s

religiosas católicas elaboradas en marfil, las lacas japonesas estilo nam-

La esclavitud de los africanos no la iniciaron los europeos, pero a

ban, los objetos de madreperla y los enconchados, y una profusión de

partir del siglo xv encontraron en el África subsahariana una fuente

pequeños productos que en esencia inundaron los mercados americanos.

de mano de obra esclava casi inagotable, a la que el descubrimiento de

En el siglo xvii, una casa señorial en México o Puebla —o inclu-

América y la colonización (y la extensión posterior del sistema de plan-

so en ciudades menores y regiones periféricas— no podía imaginarse

taciones) le darían una nueva dimensión para sus fines productivos


en el Nuevo Mundo. El comercio de esclavos que se desarrolló desde las costas africanas hacia las colonias americanas fue un proceso largo que duró alrededor de cinco siglos. Los primeros cargamentos de negros hacia América se dieron en las dos primeras décadas del siglo 498

Par de tibores chocolateros, con tapa (al frente), siglo xviii Tibor poblano (detrás), siglo xvii M ademoiselle Rollet (siglo xviii)

Dibujo de G e o r g e M o r l a n d ( 1 7 6 3 - 1 8 0 4 ) Trata de negros, 1794

xvi, con rumbo a las islas del Caribe, de acuerdo con las tendencias de una trata ya establecida en España y Portugal desde antes de la conquista de América y para atender el mercado europeo. Este tráfi-

talizadora sobre una población que se hallaba, según esto, siempre en

co marítimo de esclavos —que algunos han llamado el “Middle Pas-

el estrato social más bajo y en condiciones de esclavitud, o que era

sage”— formó parte de la economía atlántica y se acrecentó durante

perseguida y atemorizada por múltiples castigos, exclusiones y prohi-

el siglo xvii, hasta alcanzar su cénit en el xviii; estuvo vigente hasta

biciones. El resultado de esta revisión, según Herbert S. Klein, fue “una

bien entrada la segunda mitad del siglo xix, cuando por fin se abolió

narrativa llena de historias de violencia y explotación, basada en un

la esclavitud en Cuba, Brasil y Estados Unidos. La trata atlántica fue

mínimo de investigación y en la ignorancia de las fuentes de archivo”.8

entonces un fenómeno de larga duración que transportó de 12 a 15

Lo que se confirma en la Nueva España —y sin negar los aspec-

millones de esclavos africanos a América, aproximadamente. Fue un

tos opresivos y brutales del desarraigo, la marginación y la esclavitud

fenómeno con enormes consecuencias políticas, sociales, económi-

(ni la dureza de ésta bajo la Corona de Castilla)— es más bien una enorme

cas y demográficas, tanto para las sociedades africanas como para las

variedad de circunstancias que obligan a plantearse algunas hipótesis

europeas y las coloniales en el Nuevo Mundo.

intermedias o mediadoras que quizá ayuden a matizar esta primera

Debe decirse que la mayor parte de los estudios sobre la econo-

impresión. Algo que en general se pasa por alto es que, en los tres si-

mía de plantación en el continente ha dado una imagen sesgada de la

glos coloniales, la mayoría de los africanos y sus descendientes termi-

esclavitud en la Nueva España y se ha impuesto como modelo general

naron siendo libres y sujetos a jornal, en tanto que los esclavos eran

de análisis del tema. Predomina la idea de una sujeción rigurosa y to-

un grupo de trabajadores cada vez más reducido. Sin embargo, cuando se hace hincapié en este último grupo, se tiende a aplicar los esque-

8 Herbert S. Klein, “Tendencias recientes en los estudios comparados del comercio de esclavos en el Atlántico”, en Víctor Manuel Uribe Urán y Luis Javier Ortiz (eds.), Naciones, gentes y territorios: historiograf ía comparada de América Latina y el Caribe, Medellín, Universidad de Antioquia, 2000, pp. 3-30. Al respecto, el autor agrega: “Esta literatura creó una serie de mitos sobre los costos del comercio, los patrones del envío de esclavos a través del Atlántico, la mortalidad que sufrieron y las ganancias y beneficios definitivos para los europeos. Los ‘viajes atiborrados’, las tasas de mortalidad ‘astronómicas’ del 50 por ciento, ‘los esclavos baratos’ comprados supuestamente por abalorios sin valor y ron gratis y el llamado ‘comercio triangular’ se sumaron todos a la lista de crímenes”.

mas de esclavitud más investigados en el Nuevo Mundo, tal y como se dieron en el Caribe insular, Brasil o Estados Unidos; es decir, en regiones en su mayoría fuera de la dominación española y con economías de plantación. Habría entonces que insistir en la necesidad de un análisis detallado por regiones de la inserción económica y social de la población de origen africano y sus descendientes en toda la Nueva España, desde


499

las Provincias Internas hasta el sur, e imprimirle un carácter efectivo

su implantación en la sociedad novohispana estuvo en consonancia

a su implantación laboral, desde las zonas de frontera, los puertos, las

con las necesidades de una fuerza de trabajo móvil, que podía ser tras-

minas, los obrajes, las haciendas, la ganadería, el trabajo artesanal y

ladada sin gran dificultad de una parte a otra y que mantenía su esta-

el servicio doméstico. Dicho análisis debe partir de una revisión cen-

tus de esclavitud, a diferencia de las comunidades indígenas, más o

trada en las tendencias marcadas por los siglos de la trata, desde los

menos protegidas en ese aspecto por la legislación colonial. Los comer-

años posteriores a la Conquista hasta mediados del siglo xviii, cuan-

ciantes de la Ciudad de México participaban también en este co-

do concluyó la introducción organizada de esclavos a través de las

mercio, junto con sus agentes itinerantes, que llevaban a los esclavos

sucesivas concesiones hechas por la Corona en la América española

para su venta a diversas capitales provinciales y centros interiores de

a compañías particulares en ese largo periodo. Decir que durante las

redistribución. Pero quizá uno de los rasgos fundamentales del desa-

sucesivas licencias y “asientos” (concesiones) el puerto de Veracruz

rrollo de esta población era que su inserción social era indisociable

fue la única factoría autorizada en la Nueva España para la introduc-

de la vida urbana, del crecimiento de las ciudades de la Nueva España,

ción de esclavos es inexacto, porque otros emplazamientos portuarios,

en particular de la Ciudad de México, lo cual obliga a tener una mi-

como Campeche, Acapulco, Tampico o Tehuantepec, participaron a

rada global sobre lo económico, lo social y lo político. Así, los esclavos

su vez en ese tráfico de mercancía humana traída desde África Occi-

eran demandados en ciudades prósperas y en crecimiento (México,

dental y Oriental —tanto por el Atlántico como por el Pacífico— y, más

Puebla, Zacatecas) o en áreas tropicales, como Veracruz, Tierra Ca-

adelante, desde algunas islas del Caribe, que los ingleses, holandeses

liente, Michoacán y Morelos.

y franceses usaban como bases para el contrabando. Se trataba, ade-

Conforme se establecía el orden colonial, y en virtud de la con-

más, de una “mercancía” que en su traslado había que cuidar para que

formación paulatina de las ciudades y el crecimiento demográfico na-

llegara a buen puerto y fuera efectiva su rentabilidad. Una mercancía

tural, los negros libres —y cada vez más, los mulatos— empezaron a

que, a su turno, generaba una plusvalía por sí misma al ser “aplicada”

superar en número a los esclavos, apropiándose de muchos espacios

al trabajo de las plantaciones y otras unidades de producción.

urbanos y rurales y de ciertas situaciones de privilegio, de interme-

Desde Veracruz se distribuía a los esclavos hacia el interior, ha-

diación y de servicios, de modo que ellos y sus descendientes llegaron

cia muchos puestos subalternos de compra y venta, y la dinámica de

a ser el segundo grupo de población después de los indios, por lo que


Jacq ues Gr asset de Saint-Sauveur (1757-1810)

Comerciante de esclavos de Gorea, 1796 Manifiesto que […] haze el capitan don Juan de Villalobos […] sobre la introduccion de esclavos negros en las Indias Occidentales, Sevilla, 1682

desde finales del siglo xvi constituían un segmento muy heterogéneo y dinámico al que había que emplear y establecer en los diferentes territorios. O, como mejor expresa Gonzalo Gómez de Cervantes en su informe a la Corona de finales de ese siglo: En esta tierra van creciendo y multiplicando mucho los negros y mulatos que son [sus] sucesores y éstos andan con la mucha libertad que tienen, de manera que destruyen a los negros y esclavos que están sirviendo a los españoles, porque todos tratan y contratan en la recatonería, de suerte que todos los bastimentos que traen a esta ciudad los atraviesan negros y mulatos libres, y nos los venden y revenden, y de gente de tan poca vergüenza y confianza, ningún bien se puede esperar ni conviene que tengan tanta mano sobre nosotros, que hayamos de comer por la suya, y así parece que convendría mucho reprimirlos con prohibirles que en ningún género ni cantidad, no traten ni contraten, y que su modo de vivir y tratar se convierta a que sirvan a los españoles dándoles un competente salario; con lo cual se conseguirán grandes bienes. Los españoles tendrán servicio por su dinero, los negros, negras, mulatos y mulatas andarán más recogidos y menos ociosos y no tendrán tanta mano como tienen, ni andarán juntos en cuadrillas, ni nos revenderán los bastimentos, ni harán otras muchas cosas que hacen, usando como usan mal de la libertad y no será el peor ardid

Y si bien sólo unos cuantos cientos de esclavos llegaron durante

de guerra reprimir a los que tan conocidamente son enemigos nuestros.

la primera década, su número aumentó tanto que ya para 1537 las au-

9

toridades temían un levantamiento. En 1553 el virrey Luis de Velasco En algunas regiones periféricas constituían casi la única pobla-

pidió a la Corona que cesaran esas introducciones, ya que los más de

ción, mientras que en muchas otras “se enseñorearon sobre los indios”

veinte mil negros y mulatos avecindados sobrepasaban en cantidad a

y lograron ser los principales portadores del ethos español y del cato-

los españoles y a los mestizos. Para finales de ese siglo y principios del

licismo popular en un mundo hostil y bajo conquista permanente, tal

xvii, en la Nueva España se empleaba a más esclavos negros que en

y como ocurría en el norte minero. Son abundantes al respecto los

cualquier otra parte de la América española.

testimonios, en el caso de los esclavos, sobre la búsqueda de vientres

Sin embargo, en el conjunto de la Nueva España, en un universo

libres, en su mayoría indígenas, para procrear a su descendencia. Asi-

de predominio indígena y que bullía por el empuje dinamizador del

mismo, si se ahonda con la lupa puesta sobre lo que fueron las políti-

mestizaje —una de las claves de la modernidad de la Nueva España—,

cas de poblamiento alrededor de minas y puertos desde el siglo xvi,

los negros y los mulatos se integraron de forma paulatina a las “castas”

se verá con toda claridad la existencia de una población libre, casi

y a lo que tiempo después sería el grueso de la nueva población sur-

toda compuesta de negros y mulatos de madre india, que fue parte de

gida de ese mestizaje. La realidad es que esa población se insertó en

un poblamiento inducido, de una política deliberada y destinada a

muchas de las actividades productivas de la sociedad colonial, incluso

establecer una reserva laboral y agrícola que permitiera dinamizar los

en las reservadas al grupo dominante. Es más, el hecho de que en ge-

reales de minas y las riberas marítimas, regiones clave tanto para el

neral no se hayan conservado hasta hoy enclaves fuertes de presencia

funcionamiento del sistema en su conjunto como para garantizar la

africana, fronteras étnicas precisas o identidades negras excluyentes

seguridad y la defensa militar, de manera que se convirtió en una po-

es la evidencia más clara de que las diversas estrategias de integra-

blación integrada a los intereses y a la estructura del Estado colonial.

ción fueron, casi siempre, exitosas.

Uno de los mejores ejemplos de este proceso es precisamente la re-

En menos de cincuenta años de régimen español, la interacción

gión aledaña al puerto de Veracruz, en donde hubo, desde 1580, por

del objetivo del desarrollo económico con las realidades demográficas

lo menos, un reparto de parcelas a negros y mulatos libres beneficiados por varias salvedades a las ordenanzas con el fin confeso de fincar una población estable que ocupara de forma permanente el litoral y que a su vez abasteciera, en la medida de sus posibilidades, de frutas, granos y animales de corral al puerto.10 Además, esa misma población se ocupaba de la carga y descarga de los navíos y de varios oficios artesanales en la ciudad y, sobre todo, de la defensa militar del puerto y el litoral ante los peligros que provenían del mar.

9 Gonzalo Gómez de Cervantes, La vida económica y social de la Nueva España a finales del siglo xvi [1599], México, Antigua Librería Robledo de José Porrúa e Hijos, 1944, p. 99. 10 Véase “Decreto del virrey don Martín Enríquez para que el alcalde mayor de la Vera Cruz, Álvaro Patiño, haga que los mestizos, mulatos y negros libres hagan sementeras de maíz para ayudar al sustento de los vecinos de la ciudad, y se dé facultad para hacer el repartimiento de los terrenos, Veracruz, año de 1580”, en Archivo General de la Nación (agn), México, Tierras, vol. 3113, exp. 3, ff. 7-14. Véase también Antonio García de León, Tierra adentro, mar en fuera: el puerto de Veracruz y su litoral a sotavento, 1519-1821, México, Fondo de Cultura Económica, 2014, pp. 118-121.

501


Autor no identificad o

De mulata y español nace morisca, ca. 1785-1790 Autor no identificad o

De zambaigo e india nace albarazado, ca. 1785-1790


Autor no identificad o

De chino y albina nace tornatrás, ca. 1785-1790 Autor no identificad o

De cambujo e india nace chamizo, ca. 1785-1790


504

y geográficas de la Colonia había transformado a los esclavos negros y

be, Brasil y el sur de Estados Unidos, el esclavo fue una inversión pura,

a sus descendientes libres en un elemento más, inmerso de muchas

parte del capital constante de una plantación, y había de ser tratado

maneras en el sistema económico general.

como tal. Por lo contrario, en los complejos virreinatos de México y

Pero antes de abundar en el tema, habría que decir que en la Nue-

Perú —es decir, en el núcleo básico de la tierra firme americana colo-

va España —a diferencia del Caribe insular, Brasil y Estados Unidos—

nizada por la Corona española—, casi todos los esclavos quedaban

la trata de esclavos nunca alcanzó niveles de consideración y declinó

fuera del modelo productivo primario y eran elementos articulados

para siempre desde finales del siglo xvii, antes de que iniciara el pe-

al sector “terciario”, de servicios artesanales y domésticos, y lograron,

riodo máximo de importaciones a las primeras tres regiones mencio-

en la segunda o tercera generación, la liberación de la mayoría de sus

nadas, el cual coincidió con una recomposición en el crecimiento

descendientes. Esto explica por qué, sobre todo después de 1701, una

demográfico de los indios y las “castas”, en tanto que Brasil y algunas

proporción importante de esclavos se destinó a las regiones que de-

islas caribeñas se convertían en los primeros proveedores de azúcar

sarrollaron el modelo de plantación exportadora de azúcar, ese siste-

para el mercado europeo y acaparaban la demanda de esclavos. Como

ma que Eric Williams coloca en la base del desarrollo de la Revolución

se aprecia en el cálculo elaborado por Robert W. Fogel y Stanley L.

industrial inglesa.12 En el conjunto de la trata, sólo para dar una idea de

Engerman, en su libro clásico Tiempo en la cruz, de los casi 10 millo-

esta diferencia, la Nueva España concentró —si tomamos como cier-

nes de esclavos (9.735 millones) llevados al Nuevo Mundo entre 1451

tas las cifras de Philip D. Curtin13 y de Fogel y Engerman, así como

y 1870, poco más de 6 millones entraron en el siglo económico que va

otras más recientes— 1.07 por ciento de las introducciones, mientras

de 1701 a 1810, es decir, cuando las introducciones habían casi cesa-

que, en conjunto, todas las colonias españolas en América alcanzaron

do en la Nueva España.11

apenas 17 por ciento, y eso que Cuba y Puerto Rico se integraron des-

Un aspecto primordial que distingue nuestra realidad de otros

pués de 1770 a la “revolución de las plantaciones intensivas”,14 como la

ejemplos posibles en el periodo colonial es la conformación de una

llamó Richard B. Sheridan, y aumentaron las de carácter forzado, que

economía muy diversificada y autosuficiente —la economía más equi-

cesaron hacia 1870 con la abolición tardía de la esclavitud.

librada del Imperio español—, cuya inserción en el mercado mundial

Al intentar un breve recuento de las importaciones de esclavos para

se efectuó en particular a través de la producción de plata, renglón

tener una idea somera y provisional de lo ocurrido, se vería que las con-

que tampoco dependía en la Nueva España del trabajo esclavo. Por lo

cesiones otorgadas a los genoveses —y a ciertos particulares antes de

mismo, la esclavitud nunca fue un proyecto central ni el núcleo de las

1580— permitieron traer a la Nueva España una cantidad creciente

diversas formas de explotación de la fuerza de trabajo que se emplearon

de esclavos “bozales”, hasta alcanzar casi 20 mil en entradas esporádi-

aquí; más bien fue una forma que sólo se usó de manera aleatoria, en

cas, cuya parte principal provenía de Guinea y de Cabo Verde, así como

una primera instancia, para llenar los espacios en donde la población

algunos “negros criollos y ladinos” de la península ibérica. Estas intro-

indígena, la principal fuerza de trabajo existente, no estaba presente

ducciones iniciales forzosas estaban destinadas a alimentar las necesi-

o había experimentado una disminución drástica por los efectos de la

dades laborales de las primeras plantaciones azucareras y a los reales de

conquista y las epidemias.

minas en el avance colonizador hacia el norte, cuando Cortés y otros

Esto marca las diferencias entre la Nueva España y las colonias

empresarios creían que podían competir, en ese momento, en el mer-

que eran enclaves de plantación y que dependían exclusivamente de

cado mundial del azúcar, algo que fue imposible por el ímpetu de la

la mano de obra esclava de origen africano para su desarrollo. De modo

primera producción azucarera de Brasil. Los asientos portugueses, en

que en los territorios monoproductores que prosperaron en el Cari-

los cincuenta años de labor de su factor en Veracruz (1590-­1640), introdujeron oficialmente el contingente más grande de esclavos: alrede-

Robert W. Fogel y Stanley L. Engerman, Tiempo en la cruz: la economía esclavista en los Estados Unidos, Madrid, Siglo xxi, 1981, pp. 10-16. Entre 1451 y 1492 el “Nuevo Mundo” lo conformaban sólo las islas Canarias. 12 Así lo sostiene en su obra clásica Eric Williams, Capitalism and Slavery, Londres, Drescher, 1964. 13 Philip D. Curtin, The Atlantic Slave Trade: A Census, Madison, University of Wisconsin Press, 1969. 14 Richard B. Sheridan, “The Plantation Revolution and the Industrial Revolution, 16251775”, en Caribbean Studies, vol. 9, núm. 3, octubre de 1969, pp. 5-25. 15 Es decir, un promedio anual de 1 166 “cabezas” anuales. Véanse el ya clásico de Gonzalo Aguirre Beltrán, La población negra de México: un estudio etnohistórico, México, Fondo de Cultura Económica, 1946; P. D. Curtin, op. cit.; Nicolás Ngou-Mve, El África bantú en la colonización de México (1595-1640), Madrid, Agencia Española de Cooperación Internacional, 1994, y Enriqueta Vila Vilar, Hispanoamérica y el comercio de esclavos, Sevilla, Escuela de Estudios Hispano-Americanos-Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1977. Véase también Antonio García de León, “La malla inconclusa: Veracruz y los circuitos comerciales lusitanos en la primera mitad del siglo xvii”, en Antonio Ibarra y Guillermina del Valle Pavón (coords.), Redes sociales e instituciones comerciales en el Imperio español, siglos xvii a xix, México, Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora/Universidad Nacional Autónoma de México, 2007, pp. 41-83. 16 Aquí destaca el asiento de la compañía de Grillo y Lomelín, uno de cuyos socios principales, Agustín Lomelín, fue ajusticiado por algunos de los trescientos esclavos “bozales” del río Congo que conducía personalmente a México. El motín ocurrió en La Rinconada (Veracruz), en octubre de 1669, y dio lugar al levantamiento del “rey” Mbomba, que terminó por diluirse años después en las montañas de Actopan (en un lugar hoy llamado Rincón de Negros). Se trata de un episodio poco conocido del cual hemos encontrado testimonios en el Archivo General de Indias (agi), Sevilla (citado en A. García de León, Tierra adentro, mar en fuera: el puerto de Veracruz y su litoral a sotavento, 1519-1821, op. cit.). 11

dor de 70 mil, sobre todo del Congo y Angola, sin contar las entradas de contrabando, distribuidas a lo largo de ese medio siglo.15 En la segunda mitad del siglo xvii y hasta 1713 —según los registros de Sevilla—, los asentistas españoles, holandeses, franceses e italianos16 importaron alrededor de 10 mil individuos, en su mayoría criollos del Caribe español (en particular de Curazao), dirigidos a cubrir ciertas áreas de la economía afectadas por la depresión comer­ cial de aquel siglo. Desde 1700 y durante la Guerra de Sucesión, la Real Compañía de Guinea (o francesa del Senegal) importó más de 7 mil, mientras que la Real Compañía de Inglaterra (South Sea Company), el último gran asentista autorizado (y el mayor introductor de mercancías legales y de contrabando a la Feria de Jalapa a través de su “navío de permisión”), vendió apenas poco más de 3 mil entre 1713 y 1728, en su mayoría del Caribe inglés (Jamaica, sobremanera) y algunos de Costa de Oro y Whydah (en África Occidental). Las llegadas posteriores, a cargo de la Compañía Gaditana de Negros y de otras firmas de particulares —como la de Aguirre y Aristegui—, no tuvieron mayor relevancia debido a la contracción de la demanda del mercado local novohispano, que producía azúcar para el mercado interno y no para la demanda externa, lo cual hacía más rentable, en términos de economías de escala, el trabajo asalariado. Así, y si damos por ciertos


Autor no identificad o

Libro de genealogía y limpieza de sangre de don Antonio Martínez Matera y Barrantes (detalle), 1722

los cálculos de Colin A. Palmer, el total de esclavos importados a la Nueva España en el periodo de los tres siglos coloniales llegó hasta los 110 525 individuos,17 lo cual representa sólo un poco más de uno por ciento de las introducciones al Nuevo Mundo. En cifras globales se estima —sumados los casos de contrabando— unos 250 mil individuos, el grueso del sexo masculino, lo cual favoreció el mestizaje de los varones, en especial con las mujeres indias.18 Pero todo esto no es más que una parte del contexto, pues la reproducción natural interna de los negros y sus descendientes fue mucho más productiva en términos demográficos que las mismas introducciones de esclavos bozales y criollos. Es más, la “modernidad” que tal integración y reproducción representan se cristalizó indistintamente

varios ensayos clásicos, como el trabajo de Peter J. Bakewell sobre

en las ciudades y en el campo, y le dio a esta población un carácter

Zacatecas, demuestran que también allí era innecesaria desde la se-

“novohispano” inequívoco. Adicionalmente, la trata esclavista no era

gunda mitad del xvii.21 Ahora bien, cuando Guanajuato sustituyó a

la principal actividad de los asentistas, de los negreros particulares y

Zacatecas en la creciente producción de plata, el trabajo a jornal era

de las empresas que los financiaban, sino que también se dedicaban a

la norma y estas minas atraían a una fuerza de trabajo multiétnica, no

la introducción ilícita de productos manufacturados en Asia y en el

por la coacción, sino por sus salarios relativamente altos. Aquí, vale

norte de Europa con el fin de obtener plata, lo cual aporta un elemen-

la pena mencionar el comentario de un factor de la compañía inglesa

to de duda sobre los “registros” y su autenticidad. La trata era sólo el

South Sea Company, que en 1718 atribuía la escasa demanda de escla-

pretexto para acceder al rico mercado interno de la Nueva España,

vos, que hacía prescindible la presencia de la compañía en México,22 “al

cada vez más ávido y más adicto a productos extranjeros que la me-

vasto número de indios tributarios que en el reino de la Nueva Espa-

trópoli era incapaz de proporcionarle.

ña abundan y quienes ejecutan todas las labores a muy bajo costo”.23

Algo fundamental para entender lo ocurrido en la Nueva España

El resultado fue que, si bien en el siglo xvii ese conglomerado de

es que, a partir de varios factores (precio de mano de obra libre y es-

mulatos libres era el segundo en importancia —con una diferencia

clava, rentabilidad, fiabilidad, tipo de ocupación y productividad), los

numérica notable con respecto a los indios—, ya para finales del pe-

términos de la ecuación terminaron por inclinarse en contra de la ad-

riodo colonial apenas representaba, a partir de cálculos como el censo

quisición de mano de obra esclava, como sucedía en grandes áreas del

de Revillagigedo de 1790,24 10 por ciento de los habitantes, aun cuando

Imperio español en América, lo que fue más evidente en el siglo xviii.

la mayoría de la población mestiza tenía —en función del crecimien-

John H. Elliott lo plantea así:

to natural interno—, en mayor o en menor medida, algún antepasado de origen africano. Así, la apreciación controvertida de Humboldt,

Éste era ciertamente el caso de Nueva España, donde el número de escla-

que al parecer minimizaba el peso de los “negros” en México25 y sobre

vos, que llegaba a 35 mil a mediados del siglo xvii, había caído a no más de 10 mil en una población de casi 6 millones hacia los últimos años del siglo xviii. Un alto índice de manumisión, que es probable que fuera afectado por cálculos de rentabilidad […] contribuyó a disparar la ya abundante población negra libre de México y, con ella, una oferta de mano de obra libre, doméstica y multiétnica.19

En términos económicos, la rentabilidad del trabajo esclavo resulta dif ícil de establecer, a menos que aislemos determinadas unidades de producción del conjunto general, como ocurrió en ciertos momentos en algunas áreas de la producción azucarera para el mercado interior y que —en oposición a la tendencia prevaleciente— aún combinaban la esclavitud con el trabajo a jornal: éste sería el caso de las plantaciones del marquesado del Valle en Cuernavaca en los siglos xvi y xvii o de la red de trapiches —que nunca llegaron a ser ingenios— de la región de Córdoba durante el siglo xviii, estudiados de forma particular.20 En cuanto al trabajo en las minas, en donde la esclavitud funcionó más o menos durante los primeros cien años de la colonización,

17 Colin A. Palmer, Slaves of the White God: Blacks in Mexico, 1570-1650, Cambridge y Londres, Harvard University Press, 1976, p. 28. 18 La introducción de esclavos africanos no sólo se hizo por el Atlántico, sino también y fuera de registro por el Pacífico. Provenían de África Oriental, parte de la India portuguesa, sobre todo de Mozambique y de los puertos de Mocimboa da Praia, Kilwa Masoko y Zanzíbar. Ese comercio ha sido muy poco estudiado y se desconocen en general sus cifras, pero ya desde finales del siglo xvi había en la Ciudad de México una cofradía de mozambiques y un tráfico regular de portugueses registrado en Veracruz, que dejó algunas huellas toponímicas: Mozimba en Acapulco y varios Mozambiques, un Mozomboa, un Mazoco y un Mazoca en el centro-sur de Veracruz. 19 John H. Elliott, Imperios del mundo atlántico, Madrid, Taurus, 2006, p. 423. 20 Véanse Ward Barrett, La hacienda azucarera de los marqueses del Valle (1535-1910), México, Siglo xxi, 1977, y Adriana Naveda, Esclavos negros en las haciendas azucareras de Córdoba, Veracruz, 1690-1830, Xalapa, Centro de Investigaciones Históricas-Universidad Veracruzana, 1987. 21 Véanse, sobre todo, las conclusiones de Peter J. Bakewell, Minería y sociedad en el México colonial: Zacatecas (1546-1700), México, Fondo de Cultura Económica, 1997. 22 A. García de León, Tierra adentro, mar en fuera: el puerto de Veracruz y su litoral a sotavento, 1519-1821, op. cit. 23 Citado por G. Aguirre Beltrán, op. cit., p. 85. 24 Hugo Castro Aranda, México en 1790 (El censo condenado), México, edición de autor, 1988. 25 Alejandro de Humboldt, Ensayo político sobre el reino de la Nueva España, estudio preliminar de Juan Ortega y Medina, México, Porrúa, 1984.

505


todo el número de esclavos, se ubica en una realidad colonial tardía y

excepción de algunos núcleos descendientes de negros cimarrones

adquiere sentido si se considera que desde el siglo xvii la mayor par-

que fueron ignorados por el Estado colonial y luego por el gobierno

te de los clasificados como “negros y mulatos” eran libres, integrados

independiente y que casi nunca formaron grupos separados ni en el

a varios oficios y actividades u ocupados en la defensa militar y, ade-

campo ni en la ciudad (ni siquiera en la Costa Chica, en donde han

más, contribuyentes cautivos del sistema tributario de la Real Ha-

convivido desde su origen con mixtecos, amuzgos y mestizos), la ten-

cienda, y eso cuando no habían logrado el privilegio de eximirse del

dencia general fue más bien hacia la integración múltiple y la conviven-

pago de tributos a que les daba derecho su participación en las mili-

cia étnica y racial en los amplios sectores sociales que la administración

cias de “pardos y morenos”, algunos con grados militares altos. Esto,

colonial llamaba “castas”, que ocupaban un estrato intermedio entre

dicho sea de paso, condicionó su movilidad social y su papel poste-

los indios y los españoles.

rior en la Guerra de Independencia, ya fuera como insurgentes o como realistas.

506

La misma noción clasificatoria, fundamentada en la obsesión hispana por la “pureza de sangre” (algo que se remonta a los siglos de la

Como los esclavos resultaban menos rentables que los jornale-

Reconquista), fue profusamente representada en México y Perú en los

ros y los peones acasillados, y la esclavitud se desagregaba por todas

famosos “cuadros de castas”, en los que se abundaba sobre muchos nom-

partes, es posible considerar, además, con base en muchas eviden-

bres que se les daba a supuestas “mezclas” raciales, apelativos que han

cias, que ello propiciara que ciertos grupos de poder indujeran el ci-

fascinado a los investigadores pero que, en su mayoría, no se aplica-

marronaje y terminaran por favorecer la modernización del sistema.

ban en la vida real. Lo curioso es que, sobre esta red de oposiciones

Si nos despojamos de las visiones a menudo simples que caracterizan

raciales imaginarias, es dif ícil sustentar una reconstrucción históri-

el estudio de las revueltas cimarronas, es evidente que, con el anima-

ca, aún más cuando no eran categorías fijas o cuando las personas, al

do concurso de autoridades y ganaderos —tal y como ocurrió en el

cambiar de estatus con base en la movilidad social o en sus actividades

caso de Córdoba y las vecinas jurisdicciones de Cosamaloapan y Teu-

económicas, a su vez lo hacían muchas veces de “color” y de “calidad”.

tila—, ciertos grupos muy identificados (como los alcaldes mayores

Si a ello agregamos las identidades asumidas por personas y grupos a

de estas regiones y el mayorazgo de los Rivadeneira) alentaban la ma-

lo largo de su vida, la cuestión se complica al infinito. Resulta además

numisión y protegían a los esclavos fugados de los trapiches azucare-

paradójico que los cuadros de castas, hechos por las autoridades vi-

ros con el fin de utilizarlos de manera más productiva como mano de

rreinales para demostrar su eficiencia administrativa, son el documen-

obra libre en la ganadería y el cultivo de algodón.

to probatorio más extraordinario, desde el poder y desde la imagen,

La suma de estos factores explicaría por qué, por ejemplo, las

para tener hoy día evidencia de la magnitud de la naturaleza de la

dos principales revueltas cimarronas —originadas en la cuenca azu-

“mezcla” de las sociedades americanas, de la integración reflejada des-

carera de Veracruz (la de Yanga a inicios del siglo xvii y la de Macute

de el mínimo núcleo familiar, así como de lo prescindible que resulta

y otros líderes entre 1734 y 1769)— terminaron negociándose para

la herencia biológica en esas posibilidades de intercambio genético.

constituirse en pueblos libres a manera de “repúblicas” y produjeron

Fue así como la población de origen africano se sumó al melting

un relativo triunfo de los sublevados: ser liberados, respetados como

pot de un indudable proceso de mestizaje en el origen de nuestro ser

grupo y reducidos a un asentamiento fijo a cambio de integrarse a la

nacional.

defensa, dándole así una salida jurídica y política al desplome de la esclavitud. Pero, al mismo tiempo —algo que suele olvidarse—, estos

Una migr ación silenciosa

resultados negociados aseguraron en varias regiones el control esta-

Se carece de idea concisa sobre la presencia asiática en nuestro mes-

tal, la paz social, el poblamiento necesario para el orden colonial y,

tizaje biológico y cultural, un olvido de la corriente migratoria que en

sobre todo, la generalización del trabajo asalariado, mucho más inte-

tiempos coloniales cruzó en un flujo constante el Pacífico y tuvo como

grador, rentable y moderno que la esclavitud. De este modo, con la

eje el puerto de Manila, en las islas Filipinas, bastión oriental del


Autor no identificad o

Arcón filipino, Vista de Manila (detalle), siglo xvii H. D. Rossal (activo en el siglo xviii)

Exvoto Le Saphir de la Rochelle, 1741


Autor no identificad o

De albarazado y mulata nace barcino, ca. 1785-1790 Autor no identificad o

De español y negra nace mulata, ca. 1785-1790

en este caso a los nativos del archipiélago filipino, de muy diversas etnias y lenguas, en general bilingües de tagalo, pampango o cualquier otra lengua, además del español, era el de “indios”. Así, se les denominó “indios chinos”, “indios chinos filipinos de tal nación” y en la Nueva España se les consideró “indios” tributarios, dentro o fuera de comunidades fijas. En caso de haber llegado como esclavos (casi todos capturados por los portugueses y vendidos en Manila), aquí obtenían su

Imperio español que guardaba una liga estrecha con México y que era

libertad gracias a las Leyes de Indias de 1542, que prohibían la escla-

administrado desde la Nueva España. Así, desde el siglo xvi, las artes

vitud de los vasallos indígenas. Por lo regular se dedicaron como cam-

sobre las maderas, los tejidos y los modos orientales de hacer joyas

pesinos a diversos cultivos y en algunas regiones rurales introdujeron

con la plata, los olores y los sabores del Oriente conformaron parte

culturas agrícolas específicas, se agruparon en pueblos y cofradías y

de nuestra identidad, de manera tan sutil y exitosa que sus elementos

pagaban tributos. En los entornos urbanos, como el de la Ciudad de

se han fundido en todos los quehaceres de nuestra vida cotidiana.

México, se dedicaron a oficios artesanales (barberos, sastres, pelete-

Durante los tres siglos de dominación colonial, la bahía de Aca-

ros, joyeros) y se integraron a los gremios o se empleaban como tra-

pulco y otros puertos de contrabando del Pacífico fueron la puerta de

bajadores de los obrajes textiles, hasta agruparse en calles o barrios

entrada de inmigrantes libres y esclavos desde las islas Filipinas, el

de “chinos”, tanto en algunas ciudades como en las regiones del Pací-

archipiélago malayo, Micronesia, Nueva Guinea, Macao, Japón, India

fico y de la Nueva Galicia.

y África Oriental. Casi todos eran nativos o residentes de Manila y

La presencia de los asiáticos y sus actividades dejaron una fuerte

otras localidades del archipiélago y por muchas razones acompañaban

huella en la fabricación de muebles, biombos y otros productos artesa-

a sus amos o a pequeños y grandes comerciantes que se dirigían a la

nales. Las lacas mexicanas, en general las elaboradas con el insecto lla-

Nueva España para hacer sus negocios y estaban dispuestos a afrontar

mado axin (aje), fueron sustituidas en Guerrero, Michoacán y Chiapas

los peligros del tornaviaje; de hecho, un buen número de los registros

por las producidas a la manera china y con varios motivos orientales

se refiere a estos pocos siervos y esclavos (“indios”, “chinos o “negros”)

importados. La joyería de filigrana desarrollada con metales precio-

como parte del equipaje de funcionarios, clérigos y militares. Entre

sos y en talleres urbanos debe mucho a las técnicas orientales, mien-

ellos, predominaban los ladinos, es decir, hablantes de portugués o

tras que la gastronomía colonial tiene también un pie en Asia y sus

español, vasallos de la Corona, mestizos de español o portugués y de

productos, incluida sobremanera toda la variedad de guisos y moles

algún lugar de ese inmenso arco, o bien, como los chinos y los japo-

que se fusionaron en los siglos coloniales. La incorporación de los cul-

neses, eran en su mayoría católicos o ligados al comercio con Manila.

tivos de mango, tamarindo y palma de coco fueron elementos tem-

Sin embargo, en esencia, los asiáticos que penetraron o fueron intro-

pranos y definitivos. La elaboración del vino de palma fermentado

ducidos en la Nueva España lo hicieron sin dejar demasiada huella

llamado “tuba” es un rasgo filipino y malayo que se mantiene en la

documental, dado que Acapulco no era un puerto autorizado para la

costa mexicana del Pacífico y que se ha extendido a otras regiones. Cos-

trata de personas cautivas y muchos de ellos no podían ser legalmente

tumbres populares, como las peleas de gallos, si bien fueron traídas

sometidos a esclavitud. Al paso de los años, su presencia se hizo cada

por los españoles, a fin de cuentas se desarrollaron aquí por la inci-

vez más evidente en los núcleos urbanos de México, Puebla, Queré-

dencia filipina.

taro, Guadalajara y Antequera, en donde se identificaban con más

En sentido contrario, las influencias fueron múltiples: la intro-

nitidez. En general, se calcula la llegada de una media de seiscientos

ducción del maíz, el chile, los zapotes, los chicozapotes y otras plan-

individuos por año durante el siglo xvii y un total de 80 mil durante

tas mesoamericanas en la India de Portugal, en Filipinas, China y Japón

los casi tres siglos que funcionó el Galeón de Manila.

proviene de estos siglos. La hegemonía novohispana marcó también

Fue así como los inmigrantes libres y forzosos del extenso arco de

el arribo a Filipinas de música y bailes de origen mexicano, de una

Asia del Sur y África Oriental penetraron poco a poco en las principa-

marca novohispana en la lengua española hablada en Filipinas y otras

les ciudades del virreinato, las minas de Taxco, Pachuca o Zacatecas, o

islas de Micronesia, así como el surgimiento de lenguas de mezcla,

se distribuyeron por flujos en el litoral del Pacífico, en Huatulco, Aca-

lenguas pidgin, surgidas del roce comercial, como el chabacano, una

pulco, la Costa Grande, Michoacán, Colima, Nayarit y Jalisco, hasta

mezcla de tagalo con español y préstamos del náhuatl, o el chamorro

constituir no sólo núcleos aislados, sino, algunas veces, comunidades

de las islas Marianas, también un español mezclado con algunos tér-

enteras a las que se reservaba un trato especial. Muchos se agrupa-

minos en náhuatl adaptado a la lengua malaya, dos variantes que se

ron en cofradías o se dedicaron a cultivos traídos de Asia (el tamarindo,

hablan hasta nuestros días.

la palma de coco, el arroz) y marcharon junto con la sociedad novohispana en el sucesivo avance minero y la conquista del norte. Otros

Ya en la Nueva España y de manera gradual, los asiáticos se fueron iden-

constituían una mano de obra calificada en manufacturas urbanas:

tificando cada vez más con la población indígena y mestiza. A medida que

filipinos de Manila y otras ciudades del archipiélago que fueron adies-

las personas de origen asiático y sus descendientes se mezclaron con gen-

trados por los comerciantes chinos establecidos en Filipinas, los llama-

te de otros orígenes, o con la población nativa, se hizo más dif ícil dis-

dos “sangleyes”, o tenían una larga experiencia en el comercio menudo

tinguirlos del grueso de la sociedad colonial, más aún cuando de entrada

como buhoneros de los mercados ocasionales.

se trataba de una población muy heterogénea en términos fenotípicos,

26

El problema que representan estas migraciones es que, por haber sido “paridos por la Nao de China”, como decía un traficante de finales del siglo xvii, se les llamó indistintamente “chinos”, aunque la mayoría de ellos no lo eran. Otra denominación que solía aplicarse,

26 Estos mercados ambulantes y de buhoneros eran similares a los tianguis de México y eran llamados “parianes”, término que dio nombre al famoso Parián de la Plaza Mayor de México y al de la ciudad de Puebla de los Ángeles.

509


510


velas, aguardiente y hierbas medicinales o ejercían de barberos, car-

Autor no identificad o

De albina y español nace tornatrás, ca. 1785-1790

pinteros o como trabajadores de los obrajes en las ciudades.28

Autor no identificad o

A medida que la competencia de otras potencias europeas hizo

De coyote e india nace cambujo, ca. 1785-1790

retroceder a portugueses y españoles en Asia, el rango de posibles puntos de origen de inmigrantes asiáticos en la Nueva España también se contrajo. El número de nuevos inmigrantes provenientes de Asia se redujo de forma drástica durante el siglo xviii a raíz de la

con orígenes geográficos y culturales diversos, y que, en algunos casos,

abolición de la trata de esclavos que viajaban a bordo de los galeones

podía pasar por mesoamericana, y, por lo tanto, inadvertida.

y del cambiante entorno geopolítico en el Pacífico. La abolición de la

27

esclavitud de indios e indios chinos, impulsada por la Audiencia de Según Israel, algunos de los orientales residentes en la Nueva Es-

Guadalajara, se implementó poco a poco a partir de 1673 e hizo desa-

paña llegaron en calidad de esclavos de españoles, aunque después fue-

parecer por completo el siempre exiguo tráfico de esclavos asiáticos

ron liberados; pagaban tributo como naturales y, asimismo, como los

hacia la Nueva España.

indios, estaban exentos del pago de alcabalas si se dedicaban al co-

Después de la interrupción de la ruta del Galeón de Manila en

mercio. A veces se hacía mención incluso de filipinos casados con

1813-1815 y, sobre todo, a partir de la Independencia en 1821, el re-

indias e integrados a los pueblos de indios, aunque, si cometían deli-

cuerdo de la diáspora asiática casi desapareció. Las autoridades del

tos, por lo regular eran expulsados. Vivían entonces en el límite entre

México independiente prohibieron el registro de las clásicas designa-

las repúblicas de españoles y las de indios, y dedicados al comercio

ciones étnicas con las que se había clasificado jurídicamente a los ha-

ambulante —los más— y a algunos oficios específicos. Vendían telas,

bitantes del virreinato. Indios, españoles, criollos, negros, mulatos, mestizos y chinos pasaron a designarse con el ecuménico apelativo de “mexicanos”. No obstante, el legado de doscientos cincuenta años

María Cristina Barrón y Rafael Rodríguez-Ponga (coords.), La presencia novohispana en el Pacífico insular, México, Universidad Iberoamericana/Embajada de España en México/Comisión Puebla V Centenario/Pinacoteca Virreinal, 1990. 28 J. I. Israel, op. cit., p. 83. Al igual que a los negros, no se les estimaba por razones sociales, pero se apreciaba su rapidez y sus aptitudes para ciertos trabajos artesanales y para los oficios humildes. Una cédula real dirigida en 1626 al virrey marqués de Cerralbo quizá proporcione cierta idea sobre el número de esclavos filipinos importados a la Nueva España. Ese año la Corona calculó una pérdida anual de 15 mil pesos por concepto de derechos de importación no cobrados sobre esclavos filipinos; el impuesto por cabeza era de 50 pesos; esto indica que anualmente se introducía de contrabando al virreinato algo así como 300 asiáticos, además de un número tal vez similar de los importados legalmente, luego es posible que, cada decenio, llegasen unos 6 mil orientales. 27

de interacciones transpacíficas dejó una huella permanente en la identidad mexicana. En definitiva, hacer un recuento de la historia a partir de dos de sus componentes externos —asiáticos y africanos— significa asumir una pertenencia inmersa en las profundidades de la identidad mexicana: un lugar de encuentro con las perspectivas de recuperación del pasado novohispano a través de crisoles esenciales, que están a la vista, innegables y consignados en las fuentes escritas, en los intercambios culturales y en la tradición.

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El papel de la mujer en el virreinato, siglos xvi-xviii silvia m arina arrom*

No es fácil describir el papel de la mujer en el virreinato en un corto

de las ganancias acumuladas en el matrimonio (los bienes gananciales)

espacio debido a la gran diversidad que esta categoría abarca. Las mu-

más la devolución de la dote, que representaba una herencia antici-

jeres constituían un poco más de la mitad de la población de la enor-

pada de los padres. Claro que este sistema no ayudaba a las mujeres

me Nueva España (alrededor de tres millones) a finales de la época

de las familias pobres, que no tenían nada que legar. Pero para las

virreinal. Formaban parte de todas las etnias, razas y clases sociales.

otras fue mucho más favorable que el de los países anglosajones, en

Residían en todas las regiones, tanto en grandes ciudades cosmopoli-

donde existía la libertad testamentaria, que muchas veces dejaba a

tas como en el campo y en pequeños pueblos provincianos. Eran sol-

las hijas y viudas sin nada. Otro contraste con esos países es que las mu-

teras, casadas y viudas; jóvenes y viejas; libres y esclavas. Y vivieron

jeres hispanas no perdían su identidad al casarse porque conservaban

todos los momentos de cambio, desde el siglo xvi hasta el xviii. Por

sus apellidos.

lo tanto, aunque la gramática castellana dicta que se hable de la “mujer”

No es verdad (como muchas veces se ha dicho) que las mujeres

en singular, es más preciso hablar de las “mujeres” por la gran variedad

novohispanas tuvieran el mismo estatus legal que los menores. La mu-

de sus experiencias y contribuciones a la sociedad novohispana.

jer casada era la que se encontraba más restringida, porque estaba so-

Lo que sí las unía eran los ideales del deber ser femenino y un

metida a la autoridad del marido, quien controlaba sus propiedades y

estatus legal que las distinguía del hombre. Un viejo refrán les asigna-

ganancias durante el matrimonio y ejercía la patria potestad sobre los

ba diferentes esferas de acción: “El hombre en la calle, la mujer en la

hijos. Sin embargo, con pocas excepciones, las leyes reconocían la

casa”. Según los moralistas, la mujer nacía para ser esposa y madre.

plena capacidad de las mujeres al darles a las solteras mayores de edad

Debía ser modesta y abnegada, siempre obedecer al padre, al esposo

y a las viudas el derecho de manejar sus propios asuntos. Incluso, si

y al confesor, y dedicarse a su familia, a las tareas domésticas y a las

una mujer enviudaba antes de alcanzar los veinticinco años, no regre-

devociones religiosas. Alternativamente, podía escoger el convento

saba al poder del padre. Las solteras y las viudas podían participar en

para consagrarse a la vida religiosa. Las leyes patriarcales las subor-

una amplia gama de actividades públicas sin necesitar el permiso de

dinaban al hombre y restringían sus derechos a causa de su supuesta

nadie, y las casadas lo podían hacer con el permiso del marido. Podían

fragilidad. Al “sexo débil” se le excluía de los cargos públicos, del sacer-

comprar, vender, alquilar, heredar, administrar y donar propiedades.

docio, de las fuerzas armadas, de las universidades y de las profesiones

Podían presentar demandas legales en los tribunales y dar testimonio

letradas. Además, era juzgada por un doble estándar que castigaba sus

en pleitos judiciales. A pesar de que muchas posiciones de autoridad

transgresiones sexuales con más severidad que las de los hombres.

les estaban vedadas, podían suceder en los cacicazgos y ser directoras

No obstante, en cincuenta años de estudiar la historia de género

de instituciones como colegios, escuelas, beaterios, recogimientos y

hemos aprendido que existía una gran brecha entre esas prescripcio-

conventos, aunque con frecuencia bajo la supervisión masculina. La viu-

nes y la vida de las mujeres en el mundo novohispano. Los archivos

da podía ser tutora de sus hijos, por lo menos hasta que se casara de

están llenos de ejemplos que demuestran que había bastante flexibi-

nuevo. Y todas tenían recursos legales para defenderse contra el espo-

lidad en las normas y a veces sorprendente tolerancia para las perso-

so, amo o padre que sobrepasara los límites razonables de su autoridad.

nas que las desafiaban. Y un análisis cuidadoso de las leyes revela que

Las leyes de la Iglesia también les daban derechos que reconocían

les daban más autonomía y poder a las mujeres de lo que se suele pen-

su vulnerabilidad sexual. Uno era el de escoger con quién casarse,

sar y no les prohibían la participación en la esfera pública.

porque el sacramento del matrimonio requería la libre voluntad de

La desigualdad legal de las mujeres resultaba de una combina-

los contrayentes. La Pragmática Sanción de Carlos III, comunicado a

ción de medidas restrictivas y protectoras. Gran parte de la protección

Indias en 1778, intentó restringir esa libertad para evitar los matri-

derivaba de su derecho de poseer y controlar bienes. Aunque el dere-

monios entre personas de distintas calidades. El decreto requería que

cho novohispano era muy complicado, en términos generales la herencia forzosa garantizaba a todos los hijos e hijas legítimos una porción igual del patrimonio (la legítima), y a la viuda, por lo menos la mitad

* Latin American Studies, History Department, Brandeis University, Massachusetts, Estados Unidos.

513


p. 512

José M ariano de L ar a (activo en el siglo XVIII)

Autor no identificad o

Matheo Vicente Musitu y Zalvide y su esposa doña María Gertrudis de Salazar y Duarte (detalle), ca. 1791

De indio y mestiza, coyote, 1775-1800

Autor no identificad o

De chino e india, cambujo, 1775-1800

De español y albina, negro tornatrás, sin fecha Autor no identificad o

De español e india, mestizo, sin fecha

Autor no identificad o


Autor no identificad o

Sor María Antonia de la Purísima Concepción, siglo xviii Autor no identificad o

Retrato de Sebastiana Inés Josefa de San Agustín, india cacique, 1757

los hijos obtuvieran el permiso de los padres para casarse, pero no anulaba sus enlaces, sino que sólo establecía la pena de que los hijos desobedientes podían ser desheredados. De todas formas, ellos podían demandar al padre que de manera injusta denegara su permiso para el matrimonio. La novia abandonada podía demandar al novio por romper su promesa de casamiento (los esponsales). Las esposas podían pedir el divorcio eclesiástico que, aunque no rompía el vínculo matrimonial, por lo menos las separaba del marido abusivo. Y si algunas fueron demasiado tímidas para valerse de estas opciones, muchas otras sí lo hicieron durante toda la época virreinal. La demograf ía nos aporta perspectivas adicionales sobre las limitaciones del poder patriarcal, ya que muchas mujeres no encajaban en la estructura de control de los núcleos familiares gobernados por hombres. Los documentos de la época revelan numerosas solteras y viudas que encabezaban sus propios hogares o vivían arrimadas con otras mujeres, sobre todo en las grandes ciudades, donde para fines del virreinato una tercera parte de las adultas (de veinticinco años o más) vivía en un hogar en el que no había un hombre presente. Muchas nunca se habían casado; otras se habían separado del marido

madre y esposa, tan esencial para la reproducción de la población. Sin

o lo habían perdido, una situación frecuente dada la alta mortalidad

embargo, el matrimonio no era tan común ni las nupcias tan precoces

de la época y la tendencia de que las mujeres se casaran con hombres

como se ha pensado. Aunque carecemos de estudios para todas las re-

varios años mayores que ellas. Y las hijas de esas familias tampoco

giones y épocas novohispanas, los datos disponibles indican que las

conocían la mano dura de un padre o abuelo que las dominara o que

costumbres en esa materia variaban en los distintos grupos. En las co-

las protegiera.

munidades indígenas, el matrimonio era casi universal —acaso como

La prevalencia de estas mujeres independientes en la sociedad

reflejo del patrón precolombino— y las mujeres se casaban relativa-

desmiente el estereotipo de que el claustro era la única alternativa al

mente jóvenes, alrededor de los dieciséis a dieciocho años. La tasa de

matrimonio. El número de monjas en la Nueva España siempre fue

matrimonios era mucho más baja en los otros grupos, en los que —si-

reducido. En un mundo predominantemente rural, los conventos eran

guiendo el viejo patrón español— la soltería y el amancebamiento eran

instituciones exclusivamente urbanas. Las monjas solían ser mujeres

ubicuos. La edad de casamiento de las mujeres en la población espa-

de ascendencia española y de clase alta que podían pagar la dote de

ñola y mestiza también era más alta, en promedio entre veintiuno y

entrada y satisfacer los requisitos de limpieza de sangre. En 1724 tam-

veintitrés años. Claro que los promedios esconden muchas variacio-

bién se fundó un convento para hijas de indios caciques, quienes ocu-

nes; por ejemplo, en las familias nobles las mujeres se casaban más

paban una posición privilegiada dentro de la etnia indígena. Pero la

temprano, alrededor de los diecinueve años.

opción de tomar el velo no existía para la mayoría de las mujeres, aun-

Si bien las mujeres de las clases acomodadas se casaban por la

que algunas de humilde estatus pudieron entrar al convento como

Iglesia, las uniones consensuales y los hijos ilegítimos eran una cues-

sirvientas o niñas educandas.

tión generalizada entre las clases populares. Los registros de bautizos

Para finales del siglo xviii en la Nueva España sólo había cincuen-

revelan que más de un cuarto de los niños, en varias ciudades, eran

ta y cuatro conventos, en una docena de ciudades. Incluso en la de Mé-

naturales. Tampoco faltaban en las clases altas, a veces escondidos has-

xico, donde se concentraban veinte de estas instituciones, el padrón

ta que nacieran y se les pudiera ubicar con otra familia o en un orfe-

de 1790 apenas contaba 888 monjas profesas —procedentes de todo

linato, a veces criados por sus mismas madres con la ficción de que

el virreinato—, atendidas por 943 sirvientes. Al mismo tiempo, se re-

eran expósitos. No obstante que el honor de la familia dependía de la

gistraban unas 13 mil mujeres casadas, 5 mil solteras y 9 500 viudas en

virginidad de las muchachas al casarse y después, de su fidelidad al

la población adulta de la ciudad. A pesar de las imperfecciones del pa-

marido, lo que más importaba era que se pudieran mantener las apa-

drón (por ejemplo, muchas madres solteras declaraban ser viudas sin

riencias de conducta decorosa. Por lo tanto, muchas infracciones a las

jamás haber contraído matrimonio canónico), las estadísticas nos dan

normas sexuales se ocultaban sin manchar la reputación de la familia.

una idea aproximada de cuántas mujeres habían tomado cada estado.

Las familias solían ser pequeñas porque las mujeres novohispa-

Prueba de que había alternativas socialmente viables al matrimonio

nas en general tenían pocos hijos. El promedio era de unos cinco, de

es que las solteras y las viudas eran más numerosas que las casadas.

los cuales dos morían en la infancia. De nuevo, las variaciones eran

Las contribuciones de esas mujeres a la vida novohispana eran

enormes. Algunas parejas nunca tuvieron descendientes a pesar de vi-

múltiples. Las más alabadas fueron las que escogieron el papel de

vir juntas muchos años; otras solamente tuvieron uno o dos y algunas

517


518

tuvieron muchísimos. El caso de doña Josefa Ortiz de Domínguez, la

bebés en un rebozo y el apodo cariñoso para los niñitos traviesos de-

famosa corregidora de Querétaro, quien tuvo una docena de hijos, es

nominados “escuincles”.

muy recordado, porque concuerda con nuestros estereotipos de las

No se debe menospreciar la importancia y la dificultad de las

enormes familias tradicionales. Sin embargo, el caso de Leona Vica-

tareas domésticas necesarias para el funcionamiento diario del hogar.

rio, quien sólo tuvo dos, es más representativo. Para la mayoría de las

El trabajo de proveer la comida y el agua potable y de mantener la lim-

familias, el número de descendientes fue limitado por la edad relati-

pieza era bastante arduo en una época sin electricidad o refrigeración,

vamente tardía del matrimonio, la esterilidad o la muerte prematura

sin agua corriente o alcantarillado y sin máquinas para moler el maíz

de uno de los esposos y la alta tasa de mortalidad infantil. De hecho,

para hacer tortillas. Las “artes femeninas” de la costura y la prepara-

cada vez que daban a luz, las mujeres se enfrentaban a la posibilidad

ción de complicados platillos mexicanos requerían aprendizaje. Aun

de morir o de perder al hijo. Y algunas de ellas —desesperadas por

los quehaceres en apariencia sencillos demandaban destrezas espe-

razones de pobreza, de amores frustrados o de vergüenza— encon-

cializadas: por ejemplo, un descuido con las viejas planchas que se ca-

traban maneras de abortar, un pecado privado pocas veces persegui-

lentaban al fuego podía destrozar una pieza de ropa, en una época en

do por las autoridades civiles o eclesiásticas.

que las buenas telas importadas eran muy caras. Algunas mujeres,

Las madres tenían la responsabilidad de criar y de educar a la

sobre todo en el campo, también tejían la tela para confeccionar su

prole. Esas tareas realizaban la importante función de conservar las

ropa y cultivaban jardines o criaban pequeños animales para alimentar

tradiciones y valores de su grupo social, sobre todo porque muy po-

a la familia. El cuidado de los enfermos era otra tarea femenina, nada

cos niños asistieron a la escuela hasta bien avanzado el siglo xviii. En

fácil por el estado rudimentario de la medicina y por las epidemias

una sociedad basada en la Conquista, las mujeres también contribu-

recurrentes que azotaban al reino. El conocimiento de las hierbas, el

yeron a crear la nueva cultura híbrida de la Nueva España. Las que

de controlar una fiebre o curar una infección eran básicos para la so-

emigraron de España en los primeros años del virreinato ayudaron a

brevivencia de los seres queridos. Además, las mujeres eran actoras

transmitir el idioma castellano, la religión católica y las costumbres

claves para mantener las redes sociales y las alianzas familiares, in-

hispanas. Al mismo tiempo, las indígenas que tuvieron relaciones con

dispensables para el bienestar de la parentela. De hecho, aunque los

los hombres españoles o entraron en las casas hispanas para servir

historiadores no han valorado estas actividades tanto como merecen,

como criadas compartieron sus costumbres, y no sorprende que mu-

el derecho hispano sí reconocía las aportaciones de las esposas al otor-

chos de los elementos indígenas que forman parte de la cultura mexica-

gar a las viudas una porción de los bienes gananciales acumulados en

na de hoy vengan del mundo femenino: entre otros, la cocina con chile

el matrimonio.

y tortillas; las palabras para frutos de la tierra, como el “chocolate”, o

El papel de las mujeres no se limitaba a la esfera doméstica; in-

para animales nativos, como el “guajolote”; la manera de cargar a los

cluía también el ámbito de la producción, el comercio y los servicios


Autor no identificad o

Exvoto de la Dolorosa y San Sebastián del Templo de San Miguelito de San Pedro Cholula, ca. 1761

y torteras, que vendían sus refrescos y viandas en puestos de mercado, en las banquetas de las calles o de casa en casa, anunciando sus

Autor no identificad o

mercancías en voz alta. Algunas traían aves, huevos y legumbres desde

El niño D. José Manuel de Cervantes y Velasco, siglo xix

los pueblos aledaños a las ciudades; otras eran residentes citadinas. Esas mujeres desempeñaban un papel vital en alimentar a la población, sobre todo porque muchas personas pobres vivían hacinadas en

novohispanos. Según varios padrones de finales de la época virreinal,

viviendas sin facilidades para cocinar y conseguían su comida diaria

constituían una tercera parte de la fuerza laboral en las ciudades, lo

en los puestos callejeros.

que representaba una de cada cuatro mujeres. Estas cifras subesti-

Algunas mujeres trabajaban desde sus propios hogares; por ejem-

man el número de trabajadoras, porque omiten a las que asistían a sus

plo, las numerosas costureras y las que hilaban el algodón o hacían

padres y maridos en la elaboración y venta de productos artesanales

encajes, cintas y flores de tela. Las que tenían un poco de educación

y las que realizaban actividades prohibidas o estigmatizadas como la

podían trabajar en casa como amigas que enseñaban las primeras le-

prostitución. Tampoco registran a todas las mujeres en las áreas ru-

tras a los niños. Otras, a veces de familias venidas a menos, hacían

rales que contribuían a la subsistencia familiar vendiendo frutas y ver-

que sus sirvientas vendieran los bordados o dulces hechos por ellas.

duras de sus huertas y produciendo textiles, cerámica o pulque, ni a

Pero la gran mayoría de las mujeres trabajadoras trataba de modo

las que en pueblos indígenas laboraban para pagar el tributo que sos-

directo con el público. Algunas eran comerciantes que manejaban pe-

tenía la economía de los conquistadores.

queñas tiendas, a veces desde accesorias unidas a sus hogares, o co-

Las mujeres se dedicaban a una gran variedad de oficios. El grupo

rredoras que se dedicaban a la venta ambulante de medias, peines y

más grande era el de las que realizaban las labores domésticas en ho-

otras mercancías. Las lavanderas recogían la ropa de sus clientes para

gares ajenos o en las prisiones, instituciones de beneficencia, colegios

llevarla a los lavaderos públicos o a los ríos. Otras trabajaban como

y conventos. Muchas veces eran muchachas jóvenes que viajaban a

meseras en fondas, pulquerías y mesones, o laboraban en los peque-

las ciudades para escapar de la pobreza agobiante del campo, y eran

ños talleres que producían textiles y chocolate. Hasta 1769, cuando el

tan numerosas que en muchas ciudades la mayoría de la población

gobierno estableció la Real Fábrica de Puros y Cigarros como monopo-

era femenina. Es más, no se puede entender el proceso de urbaniza-

lio de la Corona, también confeccionaban cigarros como industria ca-

ción novohispano sin tomar en cuenta la migración desproporciona-

sera; después constituyeron más de una tercera parte de los miles de

da de mujeres en busca de trabajo.

obreros de las enormes fábricas de tabaco fundadas en siete ciudades

Otro grupo importante estaba compuesto por las que abastecían

novohispanas. Otras mujeres complementaban la profesión médica,

a las urbes con comida: tortilleras, atoleras, chieras, fruteras, tamaleras

como las parteras, las herbolarias y las curanderas, tan respetadas en

519


pp. 520-521

Anónimo

Las edades del hombre, 1700 Andrés de Isl as (activo en el siglo xviii)

De español y mulata nace morisco, 1774 F r a n c i s c o C l a p e r a ( 1 74 6 - 1 8 1 0 )

De chino e india, genízara, ca. 1775

sus comunidades. Algunas trabajaban como caseras, administrando los cuartos en las casas de vecindad y estaban siempre al tanto de las últimas novedades de sus inquilinos. Esta lista podría alargarse porque las mujeres encontraban muchas maneras de ganarse la vida, pero no se debe glorificar sus condiciones de trabajo. Si bien el empleo abría oportunidades de sociabilidad y satisfacción para algunas, casi nunca les permitía mejorar su posición social. Los empleos típicamente femeninos, como el servicio doméstico o la costura, eran muy mal remunerados, a pesar de que quienes los desempeñaban trabajaban largas horas. Incluso el servicio doméstico a veces sólo se pagaba con casa y comida, algo que muchas criadas aceptaban porque de esa forma ayudaban a sus padres, tan pobres que con dificultades podían mantener a todos los miembros de la familia. Su trato dependía mucho del carácter del amo: igual les podía tocar uno que las tratara como parte de la familia o uno que las castigara con violencia o abusara de ellas sexualmente. Las que trabajaban por su cuenta vivían al día y padecían de la inseguridad que caracterizaba a toda la economía informal. Las pocas que recibían sueldos sufrían discriminación: según las listas de salarios preservadas por varias instituciones de finales del siglo xviii, como la Fábrica

No es que las mujeres de los grupos acomodados estuvieran to-

de Tabacos de la Ciudad de México, las mujeres ganaban menos que

talmente marginadas de las actividades económicas. Ellas también

los hombres, aun cuando hacían el mismo tipo de trabajo. Las que la-

participaban en la economía, sobre todo las solteras y las viudas que

boraban en las plantaciones de azúcar en Tierra Caliente o las que-

administraban sus propiedades heredadas. Esas responsabilidades las

brantadoras en las minas de plata —muchas veces esclavas negras o

llevaban a realizar compras, ventas, préstamos, alquileres, intentos

indias— enfrentaban tareas duras, extenuantes y peligrosas. La nece-

de cobrar rentas y de expulsar a inquilinos infractores, etcétera. Al-

sidad de satisfacer las exigencias del tributo o del repartimiento aña-

gunas se valían de subordinados para el manejo cotidiano de sus tie-

día un peso a veces abrumador a los deberes de las mujeres indígenas.

rras y negocios, pero otras tomaban las riendas y supervisaban sus

En vista de estas condiciones, no sorprende que la mayoría de

propias haciendas, estancias ganaderas, molinos, trapiches, fábricas

las mujeres identificadas como trabajadoras hayan sido de clase baja,

de pulque y obrajes. Las monjas en los conventos, al controlar capita-

porque el hecho de no trabajar era un signo de estatus para las mujeres

les derivados de las dotes de las profesas, desempeñaban un papel

mexicanas. Coser para la propia familia era admirable, pero “coser lo

importante como dueñas de propiedades de alquiler, inversionistas

ajeno” se consideraba degradante. En realidad, no sabemos si las muje-

y prestamistas, en una época en la que todavía no existían los bancos.

res de todos los grupos étnicos y sociales compartían esas ideas, pero,

No obstante, las mujeres privilegiadas que gozaban del lujo de no

aunque quisieran depender de algún hombre, ese ideal no era alcanza-

tener que entrar a la fuerza de trabajo y de poder depender de la ser-

ble para muchas de ellas. La mayor parte de las mujeres en la fuerza la-

vidumbre para hacer las tareas domésticas conformaban una peque-

boral eran indígenas, mestizas o de las diferentes castas que componían

ña minoría.

la población novohispana. Eran de todas las edades y estados civiles,

En el siglo xviii se abrieron nuevas oportunidades para las mu-

porque en las clases más pobres aun las casadas tenían que trabajar,

jeres a medida que se difundían las ideas ilustradas. Los funcionarios

dado que sus maridos no ganaban lo suficiente para sostener a la familia

borbónicos impulsaron la educación de las mujeres no porque se

y la vejez pocas veces traía el descanso. Por lo tanto, aunque el em-

propusieran mejorar su condición, sino como parte de un proyecto

pleo era casi universal para los hombres, no lo era para las mujeres.

de modernización más amplio. Los reformadores creían que la pros-

Estas diferencias se pueden ver en las pinturas de castas que se

peridad exigía una transformación de los valores (por ejemplo, querían

pusieron de moda en el siglo xviii y que solían representar a las mu-

inculcar los hábitos del trabajo y del ahorro y eliminar la supersti-

jeres españolas y castizas en sus cómodos salones y en momentos de

ción) y otorgaron a las madres el papel central de transmitir esas ideas

recreo, y a las negras, mestizas, mulatas y de otras razas mixtas labo-

a sus hijos. Para formar madres ilustradas, se establecieron nuevas escue-

rando en la calle o en la cocina. A pesar de sus visiones estereotípicas

las para niñas. La Compañía de María, orden de enseñanza católica,

(por ejemplo, raras veces reconocen que muchas mujeres pobres de

llegó a la Nueva España en 1753 y abrió escuelas en varias ciudades, y

ascendencia española también formaban parte de la fuerza laboral),

otras órdenes también ofrecieron instrucción gratis a las niñas pobres

captan de manera correcta las enormes divisiones de clase que dis-

en escuelas pías. No todas las maestras eran monjas y hubo un incre-

tinguían las experiencias de las mujeres del virreinato.

mento del número de escuelas de amigas.

523


M i g u e l C a b r e r a ( 1 6 9 5 - 1 76 8 )

De español y mestiza, castiza, 1763 Autor no identificad o

Indumentaria de las monjas novohispanas, siglo xviii


Autor no identificad o

Mujer joven con un clavecín, 1735-1750 Andrés de Isl as (activo en el siglo xviii)

Sor Juana Inés de la Cruz, 1772

El plan nunca fue que se diese la misma educación a los niños y a las niñas. Las escuelas los separaban, y la instrucción de las niñas podía ser bastante elemental. Algunas apenas aprendían a leer, a escribir y a hacer cuentas; otras estudiaban un poco de historia, de geograf ía y de doctrina cristiana para cultivar su desarrollo espiritual. La música, el canto y el bordado fino formaban parte de la educación de las señoritas; para las de clase baja, el entrenamiento en las labores mujeriles, como la costura y la lavandería, se consideraba suficiente. Aunque la educación femenina pocas veces rebasaba el nivel de la primaria, su expansión contribuyó lentamente a reducir el analfabetismo femenino, creó más empleos para las mujeres de clase media y aumentó el prestigio de la profesión docente. Adicionales puestos “respetables” aparecieron cuando se fundaron nuevas instituciones de beneficencia en la segunda mitad del siglo xviii, como la Casa de Niños Expósitos y el Hospicio de Pobres de la Ciudad de México, que empleaban mujeres para supervisar las secciones femeninas y dar clases a las internas. Los reformadores ilustrados también querían impulsar la incorporación de las mujeres a la fuerza de trabajo para promover la productividad económica. Las mejoras a la educación femenina formaban parte de ese proyecto. Otro aspecto consistía en reducir el monopo-

conventos y sin exigir un compromiso de por vida. Para 1800 algunas

lio de los gremios de artesanos masculinos en la producción y venta

habían cerrado de manera definitiva y otras se habían convertido en

de varios productos. A pesar de su exclusión legal de los oficios con-

cárceles o escuelas para mujeres. Y aunque el declive de los conventos

trolados por los gremios, las viudas e hijas de artesanos muertos mu-

femeninos tuvo que esperar hasta el siglo xix, es notable que una de

chas veces continuaban dirigiendo los talleres por su cuenta; aunque

las últimas órdenes fundadas en el siglo xviii fuera la de la Compañía

los gremios toleraban esa práctica por un periodo limitado, después

de María, que no se dedicaba a la vida contemplativa, sino a la ense-

presentaban quejas contra las mujeres que les hacían competencia.

ñanza. Es notable también que esta orden fuera traída a la Nueva Es-

Pero el poder de las corporaciones iba en decadencia. En 1799, respon-

paña por una mujer, la rica heredera doña María Ignacia de Azlor y

diendo a la petición de doña Josefa de Celis, una viuda de la Ciudad

Echeverz, quien de inmediato ingresó al convento para servir a sus

de México que bordaba cortes de zapato e insistía que la oposición del

compatriotas. Su aporte a la revolución pedagógica de la época fue

gremio correspondiente la condenaba a pasar hambre junto con sus

enorme y demuestra que las propias mujeres reconocían la impor-

hijos, la Corona decretó que las mujeres novohispanas podían ocu-

tancia de la educación, tanto para contribuir al progreso económico

parse en todas las “labores o manufacturas compatibles con su deco-

y social como para su desarrollo personal.

ro y fuerza”, sin que nadie les impidiese la libre producción y venta de

De todas formas, las mujeres novohispanas nunca estuvieron ais-

sus mercancías. El decreto fue un paso importante para eliminar la

ladas de la vida de sus comunidades. Estaban presentes en calles, plazas

discriminación en contra de las mujeres trabajadoras. Sin embargo,

y mercados. Formaban parte del público que celebraba los eventos

las viejas divisiones de labores persistieron: por muchas décadas, las

religiosos y cívicos con procesiones festivas que rompían la monoto-

mujeres siguieron concentradas en las industrias que nunca habían

nía de la vida diaria. Concurrían a las corridas de toros, al teatro y a

sido controladas por los gremios, como la producción de tortillas, y

otros lugares de entretenimiento. No solamente asistían a misa, sino

los hombres seguían dominando otras, como la producción del pan.

que eran miembros y oficiales de las cofradías que existían en casi

Además, las mujeres continuaban excluidas de las carreras con más

todas las comunidades novohispanas. Estas asociaciones formaban la

oportunidades de movilidad ascendente, como en la burocracia gu-

base de lo que hoy podríamos llamar la sociedad civil: ofrecían una

bernamental, el sacerdocio, el ejército y las profesiones liberales.

forma de organizarse para practicar obras piadosas colectivas y auxi-

Las ideas ilustradas contribuyeron a otro cambio sutil a medida

liar a sus miembros necesitados. Algunas mujeres se apartaron de la

que la noción de la utilidad social de las mujeres fue reemplazando el

ortodoxia católica y fueron denunciadas al Santo Oficio, por ilusas y

antiguo ideal de su reclusión. Las casas de recogimiento, que durante

falsas beatas o por hechos de magia erótica y de hechicería; los inqui-

siglos habían ofrecido refugio a solteras, viudas y esposas abandona-

sidores las trataban con cierta indulgencia por considerarlas mujeres

das, fueron perdiendo su función original en la segunda mitad del

débiles e ignorantes (de hecho, la población indígena quedaba fuera del

siglo xviii. Esas instituciones habían dado a muchas mujeres sin fa-

proceso inquisitorial), pero los archivos revelan que sus visiones y su-

milia una manera de vivir juntas y de protegerse mutuamente en un

puestos poderes espirituales atraían a un grupo de admiradores y

ambiente religioso, pero sin los requisitos rígidos de ingreso de los

les conferían un tipo de poder informal. Mujeres intrépidas también

527


Autor no identificad o

Biombo Fiesta en el jardín en la terraza de una casa de campo, ca. 1725

molestaban a las autoridades cuando se incorporaban a los motines en contra de oficiales corruptos, y a veces hasta lideraban esas revueltas. En fin, su influencia se extendía mucho más allá de la familia. Sor Juana Inés de la Cruz, la mujer más célebre del virreinato, encarna algunas de las complejidades y contradicciones del mundo colonial. Por una parte, es una figura excepcional, una escritora formidable conocida en el mundo hispano como la “Décima Musa” por su maravillosa obra poética, de teatro y prosa, que por incluir elementos mexicanos contribuyó a crear la identidad criolla; fue la única mujer de su época que pudo publicar sus obras y obtener fama internacional —y muchas veces remuneración— por su producción intelectual. Por otra parte, su vida refleja algunas características del siglo xvii que nos ayudan a comprender las experiencias de muchas otras mujeres. Juana Inés de Asuaje (no Asbaje) y Ramírez de Santillana nació en el pueblo de Nepantla, probablemente en 1651. Su madre es un ejemplo de la flexibilidad de las normas novohispanas, porque fue una mujer soltera que se ganaba la vida administrando tierras alquiladas de la Iglesia y tuvo seis hijos, con por lo menos dos hombres, sin casarse. Se piensa que su padre era un vasco, oriundo de Guipúzcoa, de quien la madre se separó al poco tiempo de nacer la hija. La pequeña Juana Inés, igual que muchas niñas de la época, aprendió sus primeras letras con una amiga. Después siguió su educación a solas, leyendo los libros de la biblioteca de su abuelo. Su talento era tan prodigioso que la mandaron a vivir con unos tíos a la Ciudad de México, donde atrajo la atención de los virreyes, quienes le ofrecieron una posición en la 528

corte como dama de compañía de la virreina. Allí deslumbró a los cortesanos y a los letrados con su brillantez y sabiduría. Lo interesante es que pudo lograr esta acogida a pesar de ser mujer y además ilegítima, otra muestra de que la sociedad novohispana no era tan rígida como se ha pensado. Claro que las buenas conexiones de los tíos, la protección de los virreyes y su tez blanca y apariencia europea le abrieron puertas que para otras estaban cerradas. Pero la joven tropezó con muchas barreras por ser mujer. No pudo realizar su sueño de ingresar a la universidad (y en algún momento hasta pensó vestirse de hombre para hacerlo). Rechazó el matrimonio porque quería dedicarse a sus estudios y, como no había heredado un caudal que le permitiese vivir sola, decidió entrar a un

conocían el latín, gobernaban los conventos y manejaban sus cuen-

convento. Tuvo la suerte de encontrar a un patrón que pagara la dote

tas con destreza. Aunque la mayoría de sus obras se han perdido o

requerida y, en 1669, después de un intento fallido de ingresar a un

quedado en el anonimato, sabemos que escribían autobiograf ías es-

convento de carmelitas, que tenía reglas en extremo rigurosas, tomó

pirituales, historias de sus conventos, poesías, villancicos y piezas

el velo en el convento de San Jerónimo de la Ciudad de México, donde

teatrales para las celebraciones de fiestas religiosas. Tocaban instru-

permaneció hasta su muerte, en 1695. La disciplina en ese convento

mentos, componían música y cantaban en coros conventuales. Goza-

era bastante relajada: las hermanas podían recibir visitas desde el lo-

ban de una comunidad social de mujeres y también del prestigio en

cutorio y disfrutaban de ciertas comodidades, como la de tener sir-

una sociedad que respetaba la devoción religiosa y la cultura.

vientes (la misma Sor Juana fue dueña de una esclava que vendió a su

En el siglo xx se generalizó la idea de que Sor Juana había sido

hermana). Este ambiente le permitió seguir produciendo obras tanto

oprimida y silenciada por la Iglesia, una narrativa basada en el mito

religiosas como profanas. Además, realizó experimentos científicos y

de que tuvo que dejar sus libros al final de su vida; por el inventario de

fue por muchos años la tesorera del convento.

sus bienes, sabemos que, por el contrario, todavía conservaba una

A pesar de su singularidad, Sor Juana no era la única monja eru-

biblioteca cuando murió. Es cierto que tuvo una relación a veces con-

dita. Muchas religiosas novohispanas tenían una excelente educación,

flictiva con su confesor, que debió luchar por conseguir la educación


529

que anhelaba y que poseyó una conciencia muy clara de la desigual-

a la esfera doméstica o al convento, y contribuyeron con sus comuni-

dad de género. Su defensa del derecho de las mujeres a obtener una

dades de innumerables formas. La sociedad les asignaba funciones

buena educación en la “Respuesta a Sor Filote”a y su condena a los do-

vitales, y la distancia entre los ideales de comportamientos femeni-

bles estándares en su redondilla satírica conocida como “Hombres

nos y la práctica expandía todavía más sus posibilidades. Ninguna

necios” le han ganado el título de “Primera Feminista de América”.

generalización sencilla puede captar todas las variaciones individua-

Pero a pesar de las restricciones de la época, Sor Juana pudo realizar su

les. Sus opciones —igual que las de los hombres— estaban conformadas

vocación intelectual y encontrar un público que la supo apreciar,

no sólo por su género, sino también por su clase y raza, que les asig-

muestra de que el mundo virreinal era una complicada mezcla de li-

naban una posición determinada en la sociedad. Además, según sus

mitaciones y oportunidades.

personalidades, podían ser sumisas o rebeldes, pasivas o emprende-

Las mismas complejidades marcaron la vida de otras mujeres

doras, trabajadoras incansables u ociosas, piadosas o herejes, frívolas

novohispanas. Ciertamente vivían en un sistema patriarcal, en el que

o serias, abnegadas o egoístas. En fin, seres humanos que desempe-

el género limitaba sus opciones, pero éstas eran más amplias de lo

ñaron una multitud de papeles y vivieron los tres siglos del virreinato

que algunos textos nos harían creer. Las mujeres no estaban confinadas

de muy diversas maneras.


El culto a la Virgen de Guadalupe en México: algunas reflexiones Xavier noguez*

DA CLIC PARA VER LA CONFERENCIA

La llegada al continente americano de un importante y extendido cul-

Cada importante culto dedicado a la Virgen se acompaña de un

to a la Virgen María en España se dio en el momento mismo del primer

relato donde se da noticia del origen de la imagen y su devoción pri-

viaje de Cristóbal Colón en 1492. La vela principal de su carabela, la

migenia. Las tradiciones a veces presentan diferentes datos y detalles,

Santa María, mostraba una imagen de la Virgen acompañada del

pero, por lo general, se encuadran en los relatos mariofánicos europeos,

Niño Jesús y una inscripción que decía: “Maris Stella succurre nobis”

en los que se enfatizan elementos prodigiosos asociados al deseo de

(“Estrella de Mar, ayúdanos”). La devoción que Colón le profesaba

la Virgen de permanecer en un determinado lugar; el descubrimiento,

también se vio reflejada en los nombres que asignó a dos islas caribe-

redescubrimiento y conservación milagrosa de la imagen; la petición

ñas: Guadalupe y Santa María de la Concepción. Era la época en que

que hace la Virgen de que se le erija un santuario y una inicial incre-

la Virgen había salido simbólicamente victoriosa como patrona del

dulidad hasta que comienzan a manifestarse los actos milagrosos.

combate contra los invasores árabes en España.

A diferencia de algunas importantes mariofanías europeas, en las

Años más tarde, durante la Conquista de los mexicas y sus alia-

primeras apariciones en México, los niños no tuvieron un papel im-

dos, se registró que Hernán Cortés había traído consigo imágenes, de

portante como primeros receptores del mensaje. Los sitios favoritos

bulto y pintadas, de la Madre de Dios. Algunas de ellas fueron colo-

de las apariciones fueron cerros, bosques, ríos, depósitos de agua,

cadas en templos indígenas; particularmente se recuerda el ahora

magueyales y barrancas. Ahí, de repente, un ambiente sobrenatural se

llamado “Estandarte de Cortés”, una imagen de la Inmaculada Con-

apoderaba del lugar. En ocasiones, la presencia de la Virgen se asociaba

cepción representada dentro de un gran escudo coronado. Antonio

a la aparición de un manantial de aguas curativas. Importantes santua-

de Mendoza (1535-1550), el primer virrey de la Nueva España, mos-

rios marianos fueron erigidos en antiguos lugares de culto mesoameri-

tró su predilección por la Virgen al registrar las palabras latinas “Ave

canos, como Izamal (Yucatán), Tepeyac (Ciudad de México), Ocotlán

María, gratia plena” en su escudo de armas. Recordemos también,

(Tlaxcala), Tecaxic (Valle de Toluca,) y las iglesias dedicadas a la Virgen

aunque en otro contexto menos ejemplar, la imagen de oro de una

de los Remedios en Cholula (Puebla) y en el cerro de Totoltepec (Nau-

madona con el Niño, adosada a un estandarte, que el conquistador

calpan, Estado de México). En la actualidad existen en México cua-

Nuño de Guzmán ordenó que le entregaran los indígenas de Huexo­

renta y siete santuarios oficiales dedicados a esta devoción.

tzinco (Puebla), para llevarla en su expedición hacia el occidente de México, en 1529.

El culto a la Virgen María en México y Centroamérica ha generado un importante calendario de festividades y conmemoraciones

La llegada de los frailes de las órdenes mendicantes y las reco-

relacionadas con pasajes de su vida, como la Inmaculada Concepción

mendaciones que se hicieron en el Concilio de Trento (1545-1563)

(8 de diciembre), la Natividad (8 de septiembre), la Anunciación (25

contribuyeron a la exitosa introducción y difusión del culto mariano

de marzo), la Visitación (31 de mayo), la Sagrada Familia (26 de diciem-

entre los indígenas, principalmente en el centro de México y en el

bre), la Soledad (Viernes Santo) y la Asunción (15 de agosto). Otras

occidente, regiones con el mayor número de santuarios. Los francis-

festividades particularmente mexicanas se han agregado, como el 1 de

canos veneran a la Inmaculada Concepción y a la Reina de los Ángeles;

septiembre (Virgen de los Remedios, Naucalpan, Estado de México), 17

los dominicos, a la Virgen del Rosario; los mercedarios, a la Señora de la

de abril (Virgen del Pueblito, en Querétaro) y 13 de febrero (Ocotlán, en

Merced, y los carmelitas, a la del Carmen. Su importante papel de

Tlaxcala). A estas fechas se deben agregar algunas más de cultos loca-

mediadora e intercesora solidaria ante el Dios de los pobres, desvalidos

les, que a veces se asocian a otras devociones a Cristo, santas o santos.

y enfermos se conjugó con los poderes para protegerlos de sequías,

Son famosas las imágenes de bulto de apariencia triangular, al-

inundaciones y plagas. Por otro lado, también tuvo la tarea de ser pa-

gunas de ellas de tamaño reducido. Se veneran pinturas murales

cificadora y luchadora contra las idolatrías, como fue el caso de la

como la Señora de los Ángeles de la Ciudad de México y la Señora del

Virgen de Zapopan (Jalisco) y, más tarde, durante el avance colonizador hispano hacia el norte de México, fue invocada para apaciguar la violenta oposición de los grupos no sedentarios (chichimecas).

* Centro de Estudios Históricos, El Colegio Mexiquense, Zinacantepec, Estado de México, México.

531


p. 530

separando las obras del siglo xvii de los cuatro autores citados pre-

Aparición de la Virgen de Ocotlán (detalle), siglo xviii

viamente, el resto de las fuentes son indirectas y de poca extensión. A

Autor no identificad o

Autor no identificad o

pesar de que algunas de ellas muestran una datación temprana, nin-

Apoteosis del Santísimo Rosario, siglo xviii

guna nos entrega la información precisa y directa sobre las apariciones del Tepeyac a Juan Diego. Según los autores aparicionistas, el corpus documental guadalupano, ahora disponible, ha probado fehacientemente la existencia histórica del culto a la Virgen de Guadalupe en el

Carmen en Tlalpujahua (Michoacán). Particularmente, las imágenes

Tepeyac antes de la aparición de las obras de Sánchez (1648) y Lasso

de bulto llegan a presentarse con gran opulencia, acompañadas de jo-

de la Vega (1649), que se dieron a conocer a más de un siglo de la fe-

yas y espectaculares vestiduras. Un reducido grupo de vírgenes portan

cha que se registra en el Nican mopohua (“Aquí se cuenta…”), la pri-

la corona pontificia, dada como símbolo de un culto antiguo, numero-

mera parte del Hueitlamahuizoltica (“El gran acontecimiento”), y que

sos hechos milagrosos comprobados y una amplia devoción popular.

Mateo de la Cruz (1660), en un resumen de la obra de Sánchez, hace

Indudablemente, el culto de mayor importancia y trascendencia

corresponder al 12 de diciembre de 1531.3

es el de la Virgen Santa María de Guadalupe, aparecida en el cerro del

De forma extraordinaria, la fuente temprana más explícita que

Tepeyac, al norte de la Ciudad de México. Un extraordinario texto en

hace referencia al culto mariano que se llevaba a cabo en su primer

lengua náhuatl y una pintura de la Inmaculada Concepción son las prin-

santuario es la ahora llamada “Controversia Montúfar-Bustamante”, de

cipales fuentes de información. El 12 de diciembre se realiza su princi-

1556. Este documento puede ser considerado como la primera noti-

pal festividad. Acerca de este culto haremos, a continuación, algunas

cia, de cierta amplitud, sobre el culto mariano en el Tepeyac, a media-

reflexiones.

dos del siglo xvi. El propósito principal de esa averiguación, que

La mariofanía de Guadalupe continúa siendo un tópico fascinan-

ordenó el dominico fray Alonso de Montúfar, segundo arzobispo de

te que ha ejercido una particular atracción en decenas de escritores

la Nueva España, no fue registrar la tradición de las apariciones y la

de diferente origen y formación. La bibliograf ía guadalupana es exten-

presencia de la imagen milagrosa. Se trató de una información en tor-

sa y está en constante crecimiento. Desde el siglo xvii, cuando los

no a un sermón de Montúfar y las reacciones, muy ríspidas, que tuvo

escritores criollos Miguel Sánchez (1648) y Luis Lasso de la Vega (1649),

con los frailes francisanos. Fray Francisco de Bustamante, provincial

Luis Becerra Tanco (1666 y 1675) y Francisco de Florencia (1688)

de esa orden, en una prédica en la capilla de San José de los Natura-

publicaron sus obras con noticias extensas sobre las apariciones y los

les del convento de San Francisco de México, criticó duramente la

primeros milagros marianos en el Tepeyac, la literatura guadalupana

posición expresada por Montúfar al impulsar un culto “levantado sin

ha proliferado. Los momentos de gran producción han estado asocia-

fundamento”. Las duras críticas de Bustamante fueron registradas en

dos a conmemoraciones especiales que ocurrieron a partir de finales

las declaraciones de los testigos llamados a petición del arzobispo.

del siglo xix, como la coronación pontificia de la Virgen en 1895, tam-

Sus declaraciones conforman ese documento.4

bién recordada en octubre de 1995, en los cuatrocientos años de la

Aún se debate si fue también en ese periodo, entre 1555 y 1556,

mariofanía en 1931 o en los cuatrocientos cincuenta años en 1981.

cuando se escribió la principal relación guadalupana, en náhuatl, co-

Este último evento dejó como corolario un ambiente de interés artís-

nocida bajo el título Hueitlamahuizoltica, ya mencionada, cuya pa-

tico materializado en dos importantes exposiciones de arte guadalu-

ternidad se atribuye a don Antonio Valeriano como principal o único

pano, una en la Ciudad de México (1987-1988) y otra en Guadalajara

autor. Recientes investigaciones han arrojado más luz en torno a la

(1989). Recordemos también que el 6 de mayo de 1990 se llevó a cabo

vida de este sabio indígena.5 Poseemos ahora una información más

la beatificación del indio Juan Diego, personaje protagónico de la ma-

clara de la biograf ía de Valeriano (1522-1605). El tlatoani tenochca

riofanía, con la presencia del papa Juan Pablo II. Finalmente, en un

Axayácatl, quien gobernó de 1468 a 1481, tuvo, entre otros hijos, a

inusitado y acelerado proceso, y con apoyo papal, se realizó la canonización del vidente del Tepeyac, durante su quinta visita pastoral a México, el 31 de julio de 2002. A partir de ese momento se le conocería como San Juan Diego Cuauhtlatoatzin. En las últimas décadas, un numeroso grupo de textos, emanados del mundo académico y del medio eclesiástico, han contribuido a renovar el interés por el guadalupanismo, sobre el que se han escrito tanto párrafos apologéticos como estudios crítico-analíticos basados en fuentes documentales. Dentro de esta abundante bibliograf ía generada recientemente, los rangos de calidad de los textos varían de manera notable, desde aquellos que fueron el producto de un largo periodo de trabajo serio y un cuidadoso análisis hasta otros en los que abundan más las opiniones personales seudocientíficas que los datos confiables. Afortunadamente, las fuentes de información tempranas sobre la tradición guadalupana, a diferencia de décadas pasadas, ahora se encuentran disponibles y en espera de nuevas revisiones críticas. Provienen tanto del ámbito hispano como del indígena.1 Con excepción de un breve texto en náhuatl intitulado Inin huei tlamahuizoltzin2 y

1 Para un análisis de esas fuentes, véase Xavier Noguez, Documentos guadalupanos: un estudio sobre las fuentes de información tempranas en torno a las mariofanías del Tepeyac, México, El Colegio Mexiquense/Fondo de Cultura Económica, 1993; para una extraordinaria compilación y reproducción de textos, véase también Ernesto de la Torre Villar y Ramiro Navarro de Anda (comps.), Testimonios históricos guadalupanos, México, Fondo de Cultura Económica, 1982; posteriormente, los mismos autores publicaron una segunda parte en dos volúmenes: Nuevos testimonios históricos guadalupanos, 2 vols., México, Fondo de Cultura Económica, 2007. 2 Traducción y comentarios en X. Noguez, op. cit., pp. 33-38. 3 Mateo de la Cruz, Relación de la milagrosa aparición de Nuestra Señora de Guadalupe de México, Puebla, Imprenta Viuda de Borja, 1660, f. 3. 4 Esta polémica se dio a conocer por primera vez en 1884, en Guadalajara, en una edición muy limitada, donde se trataban otros asuntos guadalupanos. Posteriormente, en 1888, se publicó con el título con el que se conoce ahora. Otras ediciones aparecieron en 1890, 1891 y 1952. Para reproducciones recientes, véanse Fidel de Jesús Chauvet, “Apéndice”, en El culto guadalupano del Tepeyac: sus orígenes y sus críticos en el siglo xvi, México, Centro de Estudios Bernardino de Sahagún, 1978, pp. 209-251, y Francisco Miranda Godínez, “Apéndice i”, en Dos cultos fundantes: los Remedios y Guadalupe (1521-1649), Zamora, El Colegio de Michoacán, 2001, pp. 421-437. 5 María Castañeda de la Paz, Conflictos y alianzas en tiempos de cambio: Azcapotzalco, Tlacopan, Tenochtitlan y Tlatelolco (siglos xii-xvi), México, Instituto de Investigaciones Antropológicas-Universidad Nacional Autónoma de México, 2013, pp. 275-279. Véase también, de la misma autora, “Historia de una casa real: origen y ocaso del linaje gobernante en México-Tenochtitlan”, en Nuevo Mundo: Mundos Nuevos, 2011, pp. 10-11.

533


Tezozómoc Acolnahuácatl (ignorado por el historiador tenochca Her-

Agustín R amírez

Virgen de Zapopan, 1714

nando Alvarado Tezozómoc en sus escritos), a Cuitláhuac y a Motecuh­ zoma Xocoyotzin. Tezozómoc Acolnahuácatl tuvo, a su vez, como hijos a Carlos Oquiztzin, Diego de Alvarado Huanitzin (o Panitzin) —quien primero fue señor de Ehecatepec y tlatoani de Tenochtitlan en 1538— y el que nos interesa particularmente, de nombre Francisco de Alvarado Matlaccoatzin, el padre de Antonio Valeriano. Defini-

534

tivamente, aquí no se percibe ningún origen macehualli, de gente no

La “pieza de resistencia” de nuestro conocimiento en torno a la

noble, de este personaje. Además, Valeriano se casó con doña Isabel,

mariofanía del Tepeyac es la obra Hueitlamahuizoltica. Escrita, como

hija de Diego de Alvarado Huanitzin y Francisca Moctezuma, hija de

ya comentamos, en lengua náhuatl, se compone de dos grandes seccio-

Moctezuma Xocoyotzin. Isabel era hermana del historiador Hernan-

nes: el Nican mopohua, referido al relato de las apariciones de la Virgen

do de Alvarado Tezozómoc quien, en sus escritos y sin dar mayores

María a Juan Diego, así como una detallada descripción de la imagen

explicaciones, niega el origen noble de Valeriano. En ensayos moder-

que se venera en su santuario. La segunda parte lleva el título de Nican

nos se ha afirmado que además de no ser un pilli, provenía de Azca-

motecpana (“Aquí se ordena…”), donde se dan principalmente noti-

potzalco, juicio que es correcto, pero en realidad su lugar de origen

cias de los primeros milagros realizados por la Virgen del Tepeyac. El

era Azcapotzalco-Mexicapan, una sección de esa ciudad tepaneca

Nican mopohua es un texto complejo con un mensaje sencillo, que se

habitada por gente oriunda de Mexico-Tenochtitlan, principalmente.

convirtió en ejemplo para otros relatos mariofánicos posteriores. Sin

Así como existía un Azcapotzalco-Mexicapan, la otra importante sec-

duda, es un mensaje que va a influir decisivamente en el proceso re-

ción de la ciudad se conocía como Azcapotzalco-Tepanecapan, que

ligioso de México a partir del siglo xvii. En ese texto se perciben, por

era la parte original y más antigua. Otro asunto que será necesario

lo menos, dos elementos claves, a través de los cuales se comprende

investigar es el referido a los dos viajes que el padre de Valeriano rea-

el enorme éxito de su difusión. El primero es la protección maternal

lizó a España, entre 1527 y 1532. Uno de sus logros en la corte de

a todos los que se acerquen con verdadera devoción a la Virgen María

Carlos V fue la obtención de una cédula real, en la que al gobernador

y crean en sus poderes milagrosos; el segundo es el importante papel

tenochca Diego de Alvarado Huanitzin y al mismo don Francisco de

que desempeña un indio llamado Juan Diego, quien personifica los

Alvarado Matlaccoatzin se les otorgan escudos de armas. Podríamos

valores franciscanos de humildad, obediencia, castidad y pobreza.

suponer que, en algún momento de sus estancias en España, don Fran-

Como ya lo había expresado el padre Ángel María Garibay Kin-

cisco pudo haber visitado o haber oído del santuario de la Virgen de

tana en un ciclo de conferencias en 1960, el Nican mopohua contiene

Guadalupe extremeña cuyo culto, en ese momento, gozaba de una

un mensaje esencial hacia los pobres, los enfermos y los desamparados,

enorme popularidad. La información de la mariofanía hispana pudo

a través de la “maternidad espiritual de María”.6 Durante la cuarta apa-

haber sido transmitida a su hijo. Ésta es sólo una hipótesis; no tenemos

rición, la Virgen guadalupana confirmó su ayuda en momentos de

una fuente que apoye tal aseveración. En momentos de gran desarre-

crisis, asegurando al humilde indio que Juan Bernardino, su tío, habi-

glo social en la naciente sociedad indígena colonial, Antonio Valeriano

tante de Cuauhtitlan, una pequeña población al norte de la Ciudad de

representó un caso excepcional de un indígena con extraordinarias

México, no moriría de la peste. La Virgen lo consuela diciéndole:

dotes intelectuales, como la de ser gran latinista; se convirtió en el discípulo más apreciado del franciscano Bernardino de Sahagún y llegó

Oye y ten entendido hijo mío, el más pequeño, que es nada lo que te asus-

a ser maestro del prestigiado Imperial Colegio de la Santa Cruz de Tla-

te y te aflige; no se turbe tu corazón; no temas esa enfermedad, ni otra

telolco, que sólo matriculaba miembros del pillotl, la nobleza nativa.

alguna enfermedad y angustia. ¿No estoy yo aquí que soy tu madre? ¿No

El guadalupanismo mexicano se ha convertido en un fenómeno

estás bajo mi sombra? ¿No soy tu salud? ¿No estás por ventura en mi

pluridimensional. Se puede tratar desde varias perspectivas y con di-

regazo? ¿Qué más has menester? No te apene ni te inquiete otra cosa; no

versos intereses, principalmente en los ámbitos de la catequesis, la

te aflija la enfermedad de tu tío que no morirá ahora de ella; vete seguro

mariología, la historia, la sociología, la lingüística, la filología, la so-

de que ya sanó.7

ciología o la antropología. A continuación, ofrecemos un ejemplo de lo que el relato mariofánico guadalupano nos entrega en relación con

Definitivamente, este nuevo mensaje cautivó a los indios en pro-

las virtudes de la Virgen María y los pipiltin y macehualtin, los nobles

ceso de conversión al cristianismo. La maternidad espiritual de Ma-

y la gente común, los macehuales.

ría se unió a las muy antiguas creencias prehispánicas de las diosas maternales y otras deidades femeninas. En la religión de los nahuas, a las primeras se las ha estudiado bajo el “complejo Teteoinnan” (“la

Ángel María Garibay Kintana, “La maternidad espiritual de María en el mensaje guadalupano” (conferencias impartidas del 9 al 12 de octubre de 1960), en Tepeyac, México, 15 de mayo, 1 de junio, 1 de julio y 15 de julio de 1977. 7 Nican mopohua, en Hueitlamahuizoltica: libro en lengua mexicana que el bachiller Luis Lasso de la Vega hizo imprimir en México, el año de 1649, ahora traducido y anotado por el lic. Primo Feliciano Velázquez, prólogo del pbro. Jesús García Gutiérrez, edición facsimilar, México, Academia Mexicana de Santa María de Guadalupe, 1926, pp. 41-43. La obra fue dividida en dos principales secciones: Nican mopohua (relato de las apariciones), Nican motecpana (relato de los primeros milagros). Véase X. Noguez, op. cit., p. 194. 8 Henry B. Nicholson, “Religion in Pre-Hispanic Central Mexico”, en Robert Wauchope, Gordon F. Ekholm e Ignacio Bernal (eds.), Handbook of Middle American Indians, vols. 10-11: Archaeology of Northern Mesoamerica, primera parte, Austin, University of Texas Press, 1971 (tabla 3). Véase X. Noguez, op. cit., pp. 162-163. 6

madre de los dioses”). Entre ellas se cuentan Tonantzin (“nuestra venerable madre”) e Ilamatecuhtli (“lideresa anciana”). Otras diosas mencionadas en documentos guadalupanos fueron Ixpuchtli (núbil o mujer soltera) y Cozcamiauh (“la del collar de espigas y flores de maíz”) y Centéotl (diosa del maíz).8 Otro asunto importante, que surge del análisis del Nican mopohua y que tendrá grandes repercusiones, es el énfasis en el relato de la macehuályotl, lo concerniente a la gente del pueblo, los no nobles. En la definición de la macehualidad se utilizaron antiguas metáforas, como se registra más adelante. El texto náhuatl relata el episodio


cuando Juan Diego, incapaz de comunicar el mensaje mariano al obispo franciscano fray Juan de Zumárraga, retorna triste y preocupado 536

a la cumbre del Tepeyac, donde la Virgen lo esperaba. El humilde in-

Atribuido a Antonio Valeriano, Huei tlamahuiçoltica [o Hueitlamahuizoltica, “El gran acontecimiento”], edición de Luis Lasso de la Vega, México, Imprenta de Juan Ruiz, 1649

dio le pide que mande a otro de sus criados de más categoría y no a

Miguel Sánchez, Imagen de la Virgen María madre de Dios de Guadalupe, México, Imprenta de la viuda de Bernardo Calderón, 1648

él, que es un hombre insignificante:

Lienzo de la Virgen de Guadalupe en la basílica de la Ciudad de México, 1531

[…] mucho te suplico, mi señora, mi reverenda señora noble, mi reverenda doncella que alguno de los nobles que sea conocido, que haga frente, que sea honrado o respetado, le encargues que conduzca, que lleve

guadalupana española, asociada a Extremadura, en la que la gente del

tu venerable aliento, tu venerable palabra para que sea creído, porque

pueblo, los pobres, tienen un papel preponderante, particularmente

en verdad yo soy un hombrecillo [hombre pequeño de los colores, no

como portadores del mensaje milagroso. El humilde Juan Diego tiene

noble, un icnotlapaltzintli], soy mecapal [mecapalli], soy parihuela [ca-

su contraparte en España. La tradición castellana de Guadalupe se sitúa

caxtli], soy cola, soy ala; yo mismo necesito ser conducido, ser llevado a

en la región montañosa de Villuercas, en la provincia de Cáceres. El

cuestas. No es lugar de mí andar, ni de mí detenerme allá donde me en-

santuario se comenzó a construir bajo el reinado de Alfonso XI, des-

vías, mi reverenda doncella, mi hija menor, la persona, la noble señora.

pués de su victoria sobre los invasores árabes, cerca del río Salado

9

(1340). En ese lugar, según las tradiciones, un modesto vaquero de nomEn una época en la que todavía predominaba el pillotl, la nobleza,

bre Gil Pastor (o Gil Cordero), en busca de una vaca perdida, encontró

en la escritura de documentos y en la cultura en general, ese texto de-

una imagen de la Virgen María que había sido ocultada por los cris-

bió haber sido considerado como “revolucionario”. Este énfasis en la

tianos al huir del avance musulmán. En ese momento, la Virgen rea-

macehualidad va a darle un lugar muy especial al Nican mopohua. De

lizó el milagro de revivir a la vaca extraviada, que se hallaba cerca de

esta forma, se creó en el relato guadalupano un exitoso vínculo entre la

un pequeño manantial. Entonces la Virgen le encargó al sorprendido

ayuda amorosa que promete la Virgen María y los pobres y necesitados.

vaquero llevar el mensaje del milagro a los clérigos para que visitasen

¿Cuáles serían las fuentes de inspiración en el Nican mopohua

el lugar y desenterrasen su imagen. Allí fue encontrada la escultura

de esta posición tan ajena a otros textos indígenas redactados des-

mariana venerada en la actualidad. La imagen de la Guadalupe espa-

pués de la Conquista? Mencionaremos la influencia de la aparición

ñola, ahora ricamente ataviada, representa a la Madre de Dios con el Niño Jesús sobre el brazo izquierdo. En la mano derecha sostiene un

9

Nican mopohua, op. cit. Véase X. Noguez, op. cit., pp. 193-194.

cetro de cristal como signo de su divina maternidad. Es una “Madona


Juan Correa (1646-1716)

El milagro de las rosas, siglo xviii Autor no identificad o

El hallazgo de la imagen de la Virgen de los Remedios, siglo xviii

negra” o “Virgen morena” que, según una de las versiones, fue originalmente esculpida por el evangelista San Lucas. Los textos de la aparición de la Guadalupe española varían en sus aspectos narrativos. Sin embargo, el mensaje milagroso transmitido a un personaje humilde se mantiene en todos ellos.10 Nos referiremos ahora a otra importante mariofanía, ubicada en el siglo xvi, y que también atrajo la atención de muchos creyentes. Se trata de la Virgen de los Remedios, aparecida en el cerro de San Juan Totolinga (o Totoltepec) (“de los totoles o guajolotes”), en el barrio de Otoncalpulco (“el lugar del calpulli de los otomíes”), actualmente ubicado en el municipio mexiquense de San Bartolo Naucalpan, al occidente de la Ciudad de México. La principal fuente de información sobre su presencia milagrosa es la obra del mercedario fray Luis de Cisneros, dada a conocer en 1621.11 En los siglos xvi y xvii, principalmente, su culto fue complementario al del Tepeyac. Además de los constantes milagros a sus devotos, las dos vírgenes se daban a la tarea de resolver los problemas de la falta de lluvias (Los Remedios) o las inundaciones que constantemente azotaban a la Ciudad de México (Guadalupe). Estos dos cultos marianos se asociaron con los de la Virgen de la Piedad y la Virgen de la Bala para formar los “baluartes” que resguardaban la capital del virreinato por sus cuatro direcciones. Sin embargo, durante la etapa de la Guerra de Independencia, Guadalupe y Los Remedios se convirtieron en rivales, en vista de que fueron invocadas como protectoras de los ejércitos hispanos (Los Remedios) y las huestes insurgentes (Guadalupe). Y esto se debió a las 539

diferentes historias de su origen milagroso. Según el relato de Luis de Cisneros, un soldado español de nombre Juan Rodríguez de Villafuerte trajo consigo de España una imagen pequeña de una Virgen que sostiene al Niño Jesús. Durante la retirada de Tenochtitlan, en el episodio conocido como la Noche Triste (30 de junio de 1520), Rodríguez de Villafuerte decidió esconderla debajo de un maguey en la cresta del cerro de Totolinga (o Totoltepec). Se dice también que en ese lugar existió un santuario dedicado a la diosa Toci (“nuestra abuela”). Después de un tiempo y guiado por luces celestiales y música, un indio noble otomí, conocido por varios nombres —don Juan Tovar Ce Cuauhtzin (“el venerable Uno Águila”, como signo calendárico), don Juan Cuauhtli, don Juan del Águila o don Juan Tovar— encontró la imagen escondida entre unos magueyes. Decidió cubrirla con su manto o tilma y transportarla a su casa, donde la guardó en un cofre. La imagen regresó al cerro de manera milagrosa, como una señal

• Los protagonistas de las mariofanías son dos indígenas recién

de que ahí deseaba que se le construyera un santuario. Además, la

convertidos a la doctrina cristiana. En sus nombres existe un vín-

Virgen le entregó a don Juan una cinta milagrosa que lo sanó cuando,

culo con el águila (cuauhtli): Juan Diego Cuauhtlatoatzin (“el

accidentalmente, le cayó una viga encima. Lo que se sabe es que a fi-

venerable que habla como águila”) y Juan Tovar Ce Cuauhtzin

nes de la década de 1520 se había construido una capilla asociada a

(“el venerable Uno Águila”, como signo calendárico).

un supuesto patronazgo de Hernán Cortés. Para 1553 se fundó una ermita donde se da culto a la imagen que, según la tradición, se trasladó sola a su santuario. En 1574 el cabildo español de la Ciudad de México decidió apoyar la restauración de la primitiva iglesia. Existen semejanzas en los relatos de Guadalupe y Los Remedios. Citamos algunas:

10 Richard Nebel, Santa María Tonantzin, Virgen de Guadalupe: continuidad y transformación religiosa en México, traducción de Carlos Warnholtz Bustillos e Irma Ochoa de Nebel, México, Fondo de Cultura Económica, 1995, pp. 53-81. 11 Luis de Cisneros, Historia de el principio y origen, progresos, venidas a México y milagros de la Santa imagen de Nuestra Señora de los Remedios, extramuros de México, México, Imprenta del bachiller Juan Blanco de Alcázar, 1621.


Autor no identificad o

Virgen de Guadalupe con cinco apariciones y alegorías inmaculistas-apocalípticas, segunda mitad del siglo xviii M i g u e l C a b r e r a ( 1 6 9 5 - 1 76 8 )

Virgen de Guadalupe y cuatro apariciones, 1749

humildes. Los íconos marianos fueron rescatados y, de manera sobrenatural, se movieron por sí mismos de un encierro al sitio donde deseaban que se construyeran sus lugares de culto. La narración guadalupana no sigue estos modelos. La imagen de la Virgen del Tepeyac apareció milagrosamente impresa en una sencilla tilma que originalmente contenía flores de diversas especies. La pintura se convirtió en una parte esencial del milagro y de su posterior culto. • El origen social de los videntes tiene una diferencia: mientras que don Juan Tovar Ce Cuauhtzin provenía de la nobleza otomiana, Juan Diego era un hombre humilde o, como se expresa en el texto, un macehualli, definido como un verdadero pobre (icnotlapaltzintli). • Según la descripción del Nican mopohua, la Virgen de Guadalupe es una pintura que se estampa milagrosamente. Se trata de una obra de origen sobrenatural. La pequeña imagen de madera (27 centímetros de altura) de la Virgen de los Remedios fue traída por un conquistador español, y su presencia milagrosa se inició al ser descubierta por un indígena. • Escrito en lengua náhuatl, el texto guadalupano posee una mayor extensión y coherencia de fechas y acontecimientos. El relato

540

• Ambas vírgenes se aparecieron en la cúspide de cerros, lugares

va del 9 al 12 de diciembre de 1531. Además, se menciona como

que tienen un papel importante en los relatos. En la tradición

un protagonista de la narración a fray Juan de Zumárraga, un

guadalupana, la Virgen se apareció por primera vez en la cresta

personaje de gran relevancia, primer obispo y arzobispo de la

del Tepeyac. Más tarde, le ordenó a Juan Diego que en ese sitio

Nueva España.

cortara las flores que llevaría ante el obispo fray Juan de Zumárraga, como prueba de la veracidad de su mensaje.

Existe una excepcional información que da a entender la pree-

• Ambas veneraciones fueron haciéndose famosas, principal-

minencia de la presencia de la Virgen aparecida en el Tepeyac sobre

mente entre la población de la capital novohispana, gracias a los

la de Los Remedios. En el Nican motecpana, segunda sección del Huei­

constantes milagros que se les atribuían.

tlamahuizoltica, se registran los primeros milagros guadalupanos. Y, como una nota adicional, entreverada en las descripciones milagro-

Las diferencias entre las mariofanías en el Tepeyac y en Totolinga son interesantes:

sas, se introduce un relato de la aparición de la Virgen de los Remedios: Juan Diego fue el primero que alcanzó la merced de la preciosa imagen de la Virgen de Guadalupe. Después vino la imagen aparecida

• Según la tradición, la Virgen de los Remedios prestó su ayuda

a don Juan de Totoltepec (Totolinga). Don Juan encontró la imagen,

a las tropas hispanas y sus aliados, que iban de retirada después

la vio entre unos magueyales, en la cumbre de un cerrillo, donde ahora

del desastre de la Noche Triste. En el relato guadalupano, con un

está su templo; decidió llevarla a su casa, la tuvo guardada por algu-

tono conciliatorio, no se menciona ningún episodio asociado al

nos años y después le erigió un pequeño templo en un lugar cercano.

apoyo a las fuerzas españolas o a la Conquista de 1521, excepto

A don Juan le dio la peste (cocoliztli) y suplicó a sus hijos, macehuales

que la aparición ocurrió diez años después de que terminó esta

de Totoltepec, que lo llevaran al Tepeyac, donde la Virgen de Guada-

dramática contienda.

lupe había sanado a Juan Bernardino, habitante de Cuauhtitlan y tío

• La tradición de Los Remedios repite modelos europeos de las

de Juan Diego. Entonces, la Señora del Tepeyac lo curó y le ordenó

mariofanías, como el que se conoce como “resurgente”, fenóme-

que construyera en templo donde había encontrado la imagen entre los

no similar al de la guadalupana española. Sus imágenes fueron

magueyales. Concluida la construcción, la Virgen de los Remedios en-

escondidas. Tiempo después fueron descubiertas por personajes

tró por sí misma y se colocó en el altar principal.13

12

No existe ninguna duda del constante ascenso triunfal de la “lumiSolange Alberro, “Remedios y Guadalupe: de la unión a la discordia”, en Clara García Ayluardo y Manuel Ramos Medina (coords.), Manifestaciones religiosas en el mundo colonial americano, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia/Centro de Estudios de Historia de México Condumex/Universidad Iberoamericana, 1997, pp. 315-329. 13 Nican mopohua, op. cit. Véase X. Noguez, op. cit., p. 201. 12

nosa presencia” de la Virgen de Guadalupe en su santuario del Tepeyac. Históricamente, su importancia como el principal culto mariano se propagó, de manera extraordinaria, después de la publicación, en el siglo xvii, de las obras de los cuatro autores criollos citados. Su


C a r l o M a r at ta ( 1 6 2 5 - 1 7 1 3 )

Retrato del papa Clemente IX, ca. 1669 M anuel de Arell ano (1662-1722)

Traslado de la Virgen y estreno del santuario de Guadalupe (detalle), 1709

• Con la presencia del arzobispo de México y otros altos dignatarios, el 12 de octubre de 1895 se realizó la coronación pontificia de Nuestra Señora de Guadalupe. • El 24 de agosto de 1910, el papa Pío X declaró a la Virgen de Guadalupe Patrona de América Latina. • El papa Pío XII, en 1945, le concedió a la Virgen de Guadalupe los títulos de “Reina de México” y “Emperatriz de las Américas”. • El 12 de octubre de 1976 se trasladó la imagen de la Virgen a su nueva basílica, con la presencia del arzobispo primado de México y los ingenieros y arquitectos que participaron en su construcción. Ese magno proyecto contó con el apoyo financiero de la presidencia de la República. • En su primer viaje a México, el papa Juan Pablo II visitó la basílica de Guadalupe. El 27 de enero de 1979, manifestó que visitó el santuario “como un peregrino más que viene a postrarse ante la imagen santa”. Como puede notarse en estas efemérides, lejos de debilitarse, el culto a la Virgen de Guadalupe ha ido in crescendo desde el siglo xvii. Nunca ha sido abandonado; ha sido respetado aun en tiempos dif íciavance hacia un gran prestigio y popularidad se ve reflejado en algu-

les para la Iglesia católica, como en la segunda mitad del siglo xix.

nos importantes hitos:

Además, ha servido de símbolo de algunos movimientos políticos tan importantes como el de Miguel Hidalgo, en 1810, y en la crisis cristera

542

• En 1667, el papa Clemente IX instituyó el 12 de diciembre como

entre 1920 a 1929. Y, precisamente, la aparición de la Virgen María en

el día dedicado a celebrar a la Virgen de Guadalupe.

el Tepeyac generó una de las primeras películas del cine mexicano,

• Entre el 27 y 30 de abril de 1709 se bendijo el nuevo y más am-

titulada Tepeyac, de 1917. Como en esa versión, filmes posteriores en-

plio santuario, donde la milagrosa imagen permaneció hasta 1976.

trelazan el relato de la tradición mariofánica con otras historias antes

• La Insigne y Parroquial Colegiata de Guadalupe, servida por

y después de la Conquista. En La Virgen que forjó una patria (1942)

un abad y varios canónigos, inició sus actividades el 9 de febrero

se narra la decisión de Miguel Hidalgo, basada en la historia del culto, de

de 1725.

escoger la imagen guadalupana como emblema de su movimiento. Con

• Después de los juramentos como patrona de varias ciudades

excepción de una versión (Morenita: el escándalo, 2008), el impulso

importantes, el 12 de diciembre de 1737, la Virgen de Guadalupe

cinematográfico guadalupano ha contribuido, con gran respeto, al co-

se convirtió en la principal patrona de todo el reino novohispano.

nocimiento de las apariciones y los milagros en el Tepeyac.

• Nuevamente, un 12 de diciembre, pero de 1746, la Virgen de

Deseamos resaltar otro punto que servirá para comprobar la enor-

Guadalupe fue jurada como patrona de la América Septentrional.

me fuerza de las tradiciones: las leyendas y los símbolos derivados de

• Benedicto XIV, en 1754, confirmó el patronato de la Virgen de

ellas. Esos relatos, en innumerables ocasiones, trascienden los hechos

Guadalupe sobre la Nueva España mediante el breve Non est equi-

históricos para convertirse en obligados puntos de referencia de la

dem y ordenó que fuera solemnizada la fiesta del 12 de diciem-

identidad de un pueblo. El actual emblema patrio también relata grá-

bre, con oficio y misa propios.

ficamente un portento, un tetzáhuitl, un hueitlamahuizolli, como el

• El 1 de junio de 1777 se inició la construcción del templo o ca-

narrado en el Nican mopohua en el cerro del Tepeyac. Se trata de un

pilla del Pocito. Se terminó en 1791. Su planta arquitectónica es

prodigio lleno de lo que hoy llamaríamos “realidades virtuales”, ex-

única en la Nueva España.

traordinarias y de largo alcance en la historia del pueblo mexicano.

• El 16 de septiembre de 1810, a su paso por Atotonilco, Miguel

En medio de una laguna, en una isla inhóspita, parada sobre un nopal

Hidalgo y Costilla tomó como estandarte de su movimiento una

de tunas duras (tenochtli), un águila porta el símbolo de la guerra, el

imagen de la Virgen de Guadalupe.

atl-tlachinolli, y devora un pájaro o una serpiente. El nopal o axis

• En un decreto emitido en 1858 por Benito Juárez se suprimie-

mundi (eje del mundo) nace de una singular piedra que representa el

ron varios días de fiestas religiosas, pero se conservó la observa-

corazón extraído ritualmente de Cópil, hijo de Malinalxóchitl y sobri-

ción del 12 de diciembre.

no de Huitzilopochtli, el dios patrono de los mexicas. De acuerdo con

• En 1863 y 1865 el emperador Maximiliano restauró la orden de

una de las versiones de ese tetzáhuitl, después de contemplar una se-

Guadalupe.

cuela de visiones extraordinarias, los sacerdotes y caudillos mexicas


Autor no identificad o

Virgen de Guadalupe con las cuatro apariciones, 1750 Autor no identificad o

Alegoría del patronato de la Virgen de Guadalupe sobre el reino de la Nueva España (detalle), 1786

que de un destino manifiesto vinculado a la guerra, la occisión ritual y la administración y goce del tributo de los pueblos sojuzgados. Finalmente, quisiéramos hacer una reflexión general en torno a los acontecimientos recientes vinculados al culto de María de Guadalupe. Durante un largo tiempo, se había admitido que la verosimilitud de su mariofanía se sustentaba tanto en antiguas y constantes tradiciones como en los innumerables milagros que la Virgen realizaba. La Iglesia católica acepta las tradiciones como formas de conocimiento histórico. Son válidas y legítimas. Así se explica que, durante siglos, no surgieran confrontaciones ríspidas con la “historia factual”, derivada de documentos y estudios, a pesar de que ambos aumentaban en número. El constante ascenso, la difusión y el prestigio de la presencia de la Virgen de Guadalupe, como previamente se ha registrado, eran la prueba final de su historicidad. Los campos de la fe y de la historia se habían establecido en espacios separados, con “sana distancia”. Sin embargo, desde los inicios de los esfuerzos de canonización de Juan Diego y sin poder evitarlo, se tuvo que dar una explicación histórica, que sólo sería válida al probar la existencia real del vidente del Tepeyac.15 Los esfuerzos se concentraron en demostrar, a toda costa, que el humilde indio era un personaje que vivió entre 1474 y 1548. Sabemos que la disciplina histórica tiene reglas y regulaciones para tratar los fenómenos milagrosos como las mariofanías. fueron testigos del gran final que anunciaba la fundación de la Ciu-

Como ha sucedido con otras apariciones de la Virgen María en el

dad de Mexico-Tenochtitlan:

mundo, una premisa para dar un sesgo de veracidad es la existencia de testimonios emanados de personajes reales contemporáneos. El

544

Ellos, viendo que todo aquello no carecía de misterio, pasaron adelante

caso mexicano no los tiene. Uno de los protagonistas, el obispo Zu-

a buscar el pronóstico del águila, y andando de una parte a otra divisaron

márraga, nunca se refirió, en ninguno de sus escritos, a su participa-

el tunal, y encima de él el águila con las alas extendidas hacia los rayos del

ción en esta narración. Y en este ambiente se iniciaron las polémicas

sol, tomando el calor de él y el frescor de la mañana, y en las uñas tenía

con diferentes niveles de seriedad. Finalmente, con la aprobación del

un pájaro muy galano de plumas muy preciadas y resplandecientes. Ellos,

papado, vino la canonización, no sin antes dejar una secuela de dudas

como la vieron, humilláronsele casi haciéndole reverencia como a cosa

y preguntas sin respuesta, que llegaron a los medios de comunica-

divina. El águila, como los vio, se les humilló bajando la cabeza a todas

ción. La lección aprendida de ese reciente momentum guadalupano

partes donde ellos estaban.14

fue que debemos seguir transitando por los dos caminos que, por su naturaleza, serán siempre paralelos: el trabajo histórico profesional,

De esa manera, Huitzilopochtli anunciaba el fin de las penurias

basado en documentos, y la labor catequética que nos ilumina para

de la peregrinación de su pueblo y el inicio de una nueva era, el arran-

una mejor construcción de una fe más sólida y activa en torno al importante y único mensaje guadalupano: la presencia milagrosa de la maternidad espiritual de María. La Madre de Dios se aparece para ayudar a todos los que la invocan. Este transitar por las dos vías men-

14 Diego Durán, Historia de las Indias de Nueva España y islas de Tierra Firme, México, Porrúa, 1967, p. 48. 15 Para una síntesis del proceso, véase David A. Brading, La canonización de Juan Diego, traducción y presentación de Clara García Ayluardo, México, Fondo de Cultura Económica/Centro de Investigación y Docencia Económicas, 2009.

cionadas, de manera simultánea, evitará que se vuelva a entrar en una inútil ruta de colisión. Todavía hay mucho por explorar sobre este extraordinario y conmovedor fenómeno religioso, generado en un irrepetible ambiente colonial de cultura y arte indocristianos.


Filosofía y teología en la Nueva España, siglos xvi-xviii m auricio beuchot*

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La historia cultural de México ha sido muy rica. Desde la época preco­

En los comienzos, la filosof ía, junto con una teología que puede

lombina hasta la actualidad, aspectos muy interesantes deben ser

llamarse profética, fue hecha por connotados humanistas. Uno de ellos

considerados. Uno de los periodos importantes de esta trayectoria

fue fray Julián Garcés (1452-1547), obispo de la primera diócesis mexi­

histórica es la época colonial, la del virreinato de la Nueva España, la

cana, la de Tlaxcala-Puebla, quien escribió una extensa, elegante y

cual dejó huellas en el presente que pueden servir de clave para nues­

persuasiva carta al papa Paulo III, un tratado en el amplio sentido, en

tro futuro. Es preciso, pues, atender a esa parte de la vida de México

el que defendía la racionalidad de los indios; junto con ello, aseveraba

y tener en cuenta el pensamiento que se desarrolló en ella, para ser más

la imposibilidad de que fueran esclavos y su capacidad de tener pose­

conscientes de lo que somos, es decir, de lo que hemos llegado a ser y

siones.2 Un hermano de su orden dominicana, fray Bernardino de Mi­

para ver qué es lo que deseamos continuar siendo.

naya, entregó esa carta al papa, con la cual se obtuvo la bula Sublimis

Elementos de nuestra cultura han sido la filosof ía y la teología,

Deus, en la que se reconocía la plena racionalidad de los indígenas, su

muy presentes en la Colonia y que se abordarán aquí. Conviven con

capacidad para recibir los sacramentos, su libertad y el legítimo do­

el arte y la política y ocupan un lugar destacado, porque ese tipo de

minio que tenían sobre sus reinos y posesiones. Con ello, se indicaba

disciplinas humanísticas revelan lo que se pensaba entonces; son como

que los españoles no podían ni esclavizarlos ni despojarlos de sus bie­

la conciencia de la nación en aquella época. Nos ilustran sobre lo que

nes, y que lo único que justificaba la permanencia de los peninsulares

se hacía. En efecto, la teoría o identidad cultural que se posee es la

en las Indias era la evangelización de esos pueblos originarios. Otro pensador humanista fue fray Juan de Zumárraga (1468-1548),

clave de la práctica social que se lleva a cabo. Así pues, a continuación haré un breve resumen de ese gran pe­

primer obispo y arzobispo de la Ciudad de México, quien escribió dos

riodo de la historia de la filosof ía y de la teología mexicanas que fue el

Pareceres sobre la esclavitud de los indios (unos pequeños textos en

de la Nueva España, pues se trata de materias entreveradas. Si en­

los que condenaba la esclavitud a la que se sometía a los indígenas).3

tendemos que la Colonia se inició en 1521, con la toma de Tenochtitlan

Además, fue lector asiduo de Tomás Moro, por lo que tuvo ideales

por Hernán Cortés, y que termina en 1821, con la derrota del virrei­

utópicos para las Indias. Compartió ese interés por el humanista in­

nato, tenemos nada menos que tres siglos en el proceso histórico mexi­

glés con Vasco de Quiroga y con Bartolomé de las Casas, que inter­

cano, una época muy importante en la formación de nuestra tradición

cambiaron ideas utopistas para este Nuevo Mundo.

1

de pensamiento que debe ser justipreciada.

Por su parte, don Vasco de Quiroga (ca. 1480-1565), obispo de

Debido a la riqueza de la filosofía y de la teología novohispanas, su

Michoacán, también fue humanista por su estudio de Tomás Moro y

estudio resulta benéfico no solamente como una muestra de la actividad

trató de poner en práctica su Utopía en unos hospitales-pueblos que

intelectual desplegada en estas tierras, para ver el pasado, sino como un conjunto de paradigmas o modelos del hacer buena filosof ía y buena teología, lo cual es útil incluso en la actualidad. Muchos de los pensa­ dores reflexionaron sobre problemas reales y candentes, además de hacerlo con mucha seriedad y competencia. Por tanto, constituyen un aliciente y una guía para nuestro trabajo de hoy en estas disciplinas. Siglo XVI

Este siglo se caracterizó por el humanismo renacentista, que fue asimi­ lado por los pensadores novohispanos. Los primeros eran españoles peninsulares, y de la metrópoli trajeron esa corriente cultural. Tenían como base la escolástica, pero supieron impregnarse del nuevo fenó­ meno europeo, de modo que profesaron una escolástica humanista.

* Instituto de Investigaciones Filológicas, Universidad Nacional Autónoma de México, México. 1 Para más amplios desarrollos sobre el pensamiento filosófico de esa época, véase Mau­ ricio Beuchot, Historia de la filosof ía en el México colonial, Barcelona, Herder, 2008; para el pensamiento teológico, véase Josep I. Saranyana, Grandes maestros de la teología, vol. i: De Alejandría a México (siglos iii al xvi), Madrid, Sociedad de Educación Atenas, 1994, pp. 207-261, así como Josep I. Saranyana (dir.), Historia de la teología latinoamericana, primera parte: siglos xvi y xvii, Pamplona, Eunate, 1996. 2 Julián Garcés, “Epístola a S. S. Paulo III”, en Gabriel Méndez Plancarte (ed.), Humanismo mexicano del siglo xvi, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1946, pp. 5 y ss. 3 Véase, en particular, Juan de Zumárraga, “Segundo parecer sobre la esclavitud”, en Textos políticos en la Nueva España, selección, introducción y notas de Carlos Herrejón, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1984, pp. 173-183.

547


p. 546 Arbor Porphyriana, en Joaquín Bernardo Balmaceda, Aristotelicus philosophiae cursus, p. 79, México, D. Felipe de Zúñiga y Ontiveros, 1778 Iglesia de Santo Domingo, Ciudad de México, México Autor no identificad o

Fray Bartolomé de las Casas, siglo xix

fundó en esas tierras. Escribió una Información en derecho del licenciado Quiroga sobre algunas provisiones del Real Consejo de Indias y unas Ordenanzas para sus hospitales-pueblos con el cometido de regla­ mentarlos.4 En esos documentos establecía cómo debían funcionar esos establecimientos para reunir a los indios que, tras su derrota, se hallaban dispersos en los montes, muriendo muchos de hambre, con el propósito de darles instrucción religiosa y enseñarles oficios con los que pudieran vivir en esos recintos y ayudarse. Fray Bartolomé de las Casas (1484-1566), obispo de Chiapas, fue también humanista, pues además de las teorías de Moro, conocía las de Erasmo, por estar en contacto con personas de su círculo en la corte de Carlos V. Usó todas esas doctrinas para la liberación del in­ dígena, una auténtica mezcla de corrientes filosóficas para un mismo fin de justicia. Así se ve, por ejemplo, en sus obras Historia de las Indias, Apologética historia sumaria, Tratados y otras más. El de Las Casas era un pensamiento vivo que abordaba los problemas canden­ tes en ese momento, y por ello es un paradigma de la filosof ía mexi­ cana y latinoamericana que reflexiona sobre los problemas concretos y reales —los importantes—, problemas acuciantes que el filósofo no debe desdeñar.5 Las Casas, además de ser historiador, en su presentación apolo­

Universidad de Alcalá, donde estudió, y tuvo presente el ideal de los

gética supo captar el humanismo indígena, a diferencia de su rival

renacentistas de hacer concordar a Platón y a Aristóteles, lo que en­

Ginés de Sepúlveda, que sólo pudo reconocer el europeo. Las Casas

contraron en los libros de los estoicos.8

comparó las civilizaciones griega y romana, tan admiradas por los re­

Asimismo, puede captarse el humanismo renacentista en fray

nacentistas, con la cultura indígena y encontró numerosas coinciden­

Diego Valadés (1533-post 1583), que según algunos era mestizo, hijo

cias. Los parecidos entre unas y otras se debieron a la utilización del

de un conquistador del mismo nombre y de una indígena; pero, se­

concepto de analogía para defender a los pueblos originarios, al mos­

gún otros, había sido traído de España desde pequeño. Fue francisca­

trar que tenían la ciencia que les era suficiente, la política adecuada

no, gran misionero y artífice de una Rhetorica christiana, publicada

para ellos y, en su religión, muchas semejanzas con las de otras regio­

en Perugia, Italia (1579), influida por la filosof ía luliana y la teología

nes, por lo que únicamente les faltaba corregir las deficiencias y dar­

de Pedro Lombardo, obra que sirvió para predicar en México. De los

le plenitud con el mensaje evangélico.6

renacentistas, recuperaba el afán por la elocuencia, tanto retórica como

En una teología más académica, relacionada con los colegios que la Compañía de Jesús fundó en México, también fue atento lector

dialéctica, y el cultivo de la memoria, pues en su obra hay una parte dedicada a la mnemotecnia.9

del humanista Erasmo el primer provincial de los jesuitas llegados a

En ese mismo siglo xvi, del lado escolástico, tenemos a fray Alon­

estas tierras, Pedro de Hortigosa (1547-1626). Conozco un tomo de

so de la Vera Cruz (1507-1584), agustino, discípulo de Francisco de

las obras de Erasmo que le perteneció y que está anotado de su mano, y que se alberga en la biblioteca del antiguo convento de Santo Do­ mingo en México. Es un ejemplar casi desconocido, pero que de­ muestra la lectura concienzuda y asidua que el padre Hortigosa hacía del humanista. Los jesuitas tuvieron varios colegios, entre los que sobresale el Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo. En ellos des­ plegaron una enseñanza humanista, de letras, artes, filosof ía y teolo­ gía, que es un orgullo para nuestra historia, sobre todo en esa época crucial del inicio.7 Igualmente humanista fue el doctor Francisco Hernández (ca. 1518-1587), protomédico de Felipe II, quien vino a la Nueva España en 1570, encargado por ese rey para que estudiara la flora y la fauna mexicanas. Además de sus obras de ciencias naturales, escribió otras de filosof ía, en la línea estoica, como Quaestiones stoicorum liber unus y Problematum stoicorum liber unus. Bebió del erasmismo en la

4 Vasco de Quiroga, Información en derecho del licenciado Quiroga sobre algunas provisiones del Real Consejo de Indias, introducción y notas de Carlos Herrejón, México, Secretaría de Educación Pública, 1985. 5 Mauricio Beuchot, La fundamentación de los derechos humanos en Bartolomé de las Casas, Barcelona, Anthropos, 1994; y, del mismo autor, Filosof ía y política en Bartolomé de las Casas, Salamanca, San Esteban, 2013. 6 Bartolomé de las Casas, Apologética historia sumaria, libro iii, vol. i, cap. 45, edición de Edmundo O’Gorman, México, Instituto de Investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1967, p. 240. 7 Xavier Gómez Robledo, Humanismo en México en el siglo xvi: el sistema del Colegio de San Pedro y San Pablo, México, Jus, 1954. 8 Véanse sus escritos filosóficos en Francisco Hernández, Obras completas, t. vi, Méxi­ co, Universidad Nacional Autónoma de México, 1984. 9 Diego Valadés, Retórica cristiana, traducción de Julio Pimentel y Tarsicio Herrera, México, Fondo de Cultura Económica, 1989.

549


550

Vitoria en Salamanca y fundador de colegios y bibliotecas.10 En 1540

escolástica en sus inicios en nuestro país. Además, en el ámbito teo­

instituyó el Colegio de Tiripetío, donde concluyó el primer curso de

lógico, fray Alonso escribió una Relectio de dominio infidelium (1553-

filosof ía en el Nuevo Mundo en 1542 (comprende unas súmulas o

1554) y una Relectio de decimis (1554-1555), así como un Speculum

compendios de lógica, la lógica mayor o dialéctica y de f ísica). Como

coniugiorum (1556) sobre los matrimonios indígenas. Murió en la Nue­

dice Oswaldo Robles, esto fue “doscientos treinta y cinco años antes de

va España.

que William Brattle dictara en Harvard College el primer curso aca­

Fray Alonso recibió el influjo del humanismo renacentista, pues

démico de filosof ía” en lo que ahora es Estados Unidos. Asimismo,

gracias a las críticas que sus cultores hacían a la lógica escolástica, nues­

fue de los primeros profesores de la Real y Pontificia Universidad de

tro agustino se propuso limar las cuestiones demasiado sutiles e in­

México, fundada hacia 1551, pero que comenzó la docencia en 1553.

necesarias, por lo cual le puso a su obra Recognitio summularum, que

Fray Alonso publicó su curso en la primera imprenta de México, la

es lo mismo que Revisión de las súmulas, las cuales eran los compen­

de Juan Pablos, en 1554-1557 (y tuvo otras dos ediciones en Salaman­

dios de esa disciplina filosófica que se enseñaban en las escuelas. Se

ca, lo cual nos habla de su éxito en España). Constaba de una Recogni-

dedicó a revisar esos compendios para adecentarlos al gusto de los pen­

tio summularum, una Dialectica resolutio y una Physica speculatio. Allí

sadores del Renacimiento; por ejemplo, trató de los tópicos de la dia­

se contenían, pues, las dos disciplinas filosóficas que se enseñaban en

léctica, que constituían una parte de la lógica que ellos privilegiaban.12

11

la Facultad de Artes o Filosof ía, a saber, la lógica y la f ísica. La lógica

Como docentes de teología en la universidad, descollaron tres

abarcaba la lógica formal y la dialéctica o lógica mayor, después lla­

dominicos españoles. Uno de ellos fue fray Pedro de la Peña (ca. 1520-­

mada lógica material. En la primera se estudiaba lo relativo a la filoso­

1583). Estudió en el Colegio de San Gregorio, de Valladolid, de la orden

f ía del lenguaje y a la silogística aristotélica; en la segunda, la Isagoge

dominicana; vino a la Nueva España en 1550 y fue el primer catedrá­

de Porfirio, que abarcaba los predicables, los predicamentos y la filo­

tico de prima en la universidad mexicana en 1553. Cuando era pro­

sof ía de la ciencia. Era una enseñanza aristotélica muy competente, a

vincial en 1561, se le acusó ante el tribunal inquisitorial episcopal de

la altura de las mejores de Europa; fue con la que se iniciaron los es­

haber pronunciado cuatro proposiciones heréticas en un sermón (aun­

tudiantes de los colegios agustinos y, sobre todo, los de la naciente

que dijo que más bien le habían sido inventadas), de lo cual se defen­

universidad mexicana. Eso prueba la excelencia que tuvo la filosof ía

dió y fue exculpado. Otro dominico fue fray Bartolomé de Ledesma (ca. 1525-1604),

10 Walter Redmond y Mauricio Beuchot, Pensamiento y realidad en fray Alonso de la Vera Cruz, México, Instituto de Investigaciones Filológicas-Universidad Nacional Autó­ noma de México, 1987. 11 Oswaldo Robles, “Introducción”, en Alonso de la Vera Cruz, Investigación filosófico-­ natural: los libros del alma, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1942, p. viii. 12 Alonso de la Vera Cruz, Libro de los tópicos dialécticos, traducción de Mauricio Beu­ chot, México, Instituto de Investigaciones Filológicas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1989.

nacido en Nieva, cerca de Salamanca. Estudió en la universidad salman­ tina; luego enseñó en el colegio del convento de Santo Domingo de México y después en la universidad novohispana, de 1567 a 1582. Ya desde 1580 estaba en Perú, en cuya universidad enseñó, y en 1583 fue nombrado obispo de Oaxaca. Participó en el Concilio Limense y tam­ bién en el tercer Concilio Provincial Mexicano de 1585. Durante su docencia en el colegio conventual escribió una excelente Summa de


Sequitor pons asinorum, en Alonso de la Vera Cruz, Recognitio summularum, f. 57r, México, Ioannes Paulus Brissensis, 1554 Tomás de Mercado, Suma de tratos y contratos, Salamanca, Mathias Gast, 1569 Antonio Rubio, Logicae mexicanae, Colonia Agripina, Arnoldi Mylij Birckmanni, 1605

sacramentis (1566), que se enseñó mucho en el seminario que fundó en su diócesis oaxaqueña. La obra es muy interesante y completa, y fue ampliada en una segunda edición en Salamanca (1585).13 Se ha perdido su De iustitia et iure, seguramente de su magisterio universitario. El otro dominico fue fray Pedro de Pravia (1525-1590), quien na­ ció en la localidad asturiana de ese nombre. Entró a la orden y para 1546 estudiaba en Salamanca. Enseñó filosof ía en el Colegio de Santo Tomás de Ávila; en 1550 pasó a México y fue lector de artes o filoso­ f ía en el colegio del convento de Santo Domingo de esta ciudad; lue­ go fue catedrático de artes en la universidad mexicana (1558-1561 y 1570-1572). Fue sustituto de Ledesma en su cátedra de teología (1574-­ 1576 y 1580-1582) y en 1582 la obtuvo en propiedad. Fue teólogo del tercer Concilio Provincial Mexicano. Además de algunos pareceres sobre los diezmos, sobre la guerra contra los chichimecas y sobre los repartimientos, redactó un Tratado sobre la eucaristía. Lo encontré entre manuscritos del fondo reservado de la Biblioteca Nacional de México y lo estudié; es muy interesante.14 Por su parte, Fernando Ortiz de Hinojosa (ca. 1541-1598), crio­ llo, sacerdote diocesano, fue catedrático de artes y después de teología en la universidad. Tomó parte en el tercer Concilio Provincial Mexi­

Otro exponente importante es el jesuita Antonio Rubio (1548-

cano (1585). Tras una vida dedicada a la academia, quiso jubilarse y

1615), de la villa de Rueda, España, autor de una Lógica mexicana (1605)

entrar a la Inquisición, pero sus orígenes judíos (fue tildado de “cris­

y de otro curso de filosof ía muy célebre, tan exitoso que tuvo cerca de

tiano nuevo”) se lo impidieron. Se conocen algunos dictámenes suyos,

cincuenta ediciones en Europa, incluso en Holanda, Inglaterra y Po­

juiciosos y abiertos. En la polémica de si a los indios debía dárseles la

lonia.17 Fue tan afamado ese curso que era el texto con el que Descar­

comunión, defendió la afirmativa.

tes preparaba sus exámenes en el colegio jesuítico de La Flèche, y fue

Tenemos además a fray Tomás de Mercado (ca. 1523-1575), do­

citado por Leibniz en su disertación De principio individui. Rubio

minico sevillano, autor de un texto de teología moral económica, la

también parece haber tomado en cuenta las enseñanzas de los huma­

Suma de tratos y contratos —considerada por Schumpeter un clásico

nistas renacentistas del siglo xvi por su atención a los textos clási­

de la economía—,15 publicada en Salamanca, en Sevilla y en Italia.

cos, ya que incorporó el texto aristotélico, cuidadosamente traducido

Dio a la imprenta en Sevilla, a su vez, un comentario a las Súmulas de

al latín, y realizó un comentario muy ceñido, sobrio y preciso de la

lógica de Pedro Hispano, y una Lógica mayor o comentario a la Isa-

doctrina filosófica del estagirita.

goge de Porfirio y a los Predicamentos y los Segundos analíticos de Aristóteles, que tradujo del griego al latín.

Siglo XVII

Además de lo notable de su obra de moral económica o mercan­

Así como en el siglo xvi el humanismo influyó sobre la base escolás­

til, el comentario filosófico de Mercado tiene gran excelencia en la

tica de la filosof ía y la teología novohispanas, en el xvii se traslució

exposición de esos temas. Él también hizo caso —al igual que fray

el hermetismo en esas disciplinas, mezclado con el escolasticismo. Es

Alonso de la Vera Cruz— a las críticas de autores humanistas que

la época barroca, que no podía sino deparar una escolástica sui géne­

incitaban a cortar ciertos problemas que dificultaban demasiado la

ris, entreverada de emblemas, símbolos y alegorías. Hubo filosof ía y

enseñanza y a buscar una redacción latina más límpida. En efecto, en

teología escolásticas barrocas, así como una escolástica influida por

su obra Lógica dedicó un opúsculo completo en particular a cuestio­

las corrientes herméticas de ese tiempo.

16

nes que se debatían y que a veces abultaban la exposición, y dejó sólo lo necesario para el aprendizaje de esa materia filosófica. Asimismo, Mercado exhibía un latín más cuidado que el de otros escolásticos, muestra de su orientación humanista. Otro signo de la asimilación del humanismo por nuestro dominico es su conocimiento del griego, que no era frecuente en ese entonces ni en esos medios, y que él usó para traducir a Aristóteles al latín. Por eso, tanto en fray Alonso de la Vera Cruz como en fray Tomás de Mercado puede hablarse de una escolástica humanista o de una escolástica que ha incorporado ele­ mentos del humanismo renacentista del siglo xvi.

Mauricio Beuchot, “Bartolomé de Ledesma y su Suma de sacramentos”, en Estudios de Historia Novohispana, núm. 11, México, 1991, pp. 253-265. 14 Mauricio Beuchot, “Fray Pedro de Pravia y su Tratado de la eucaristía”, en Clara I. Ramírez y Armando Pavón (comps.), La universidad novohispana: corporación, gobierno y vida económica, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1996, pp. 300-310. 15 Joseph Schumpeter, Historia del análisis económico, Barcelona, Ariel, 1971, pp. 136 y ss. 16 Mauricio Beuchot y Jorge Íñiguez, El pensamiento filosófico de Tomás de Mercado: lógica y economía, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1990. 17 Sobre la enorme cantidad de ediciones que tuvo esta obra, véase Ignacio Osorio Ro­ mero, Antonio Rubio en la filosof ía novohispana, México, Instituto de Investigaciones Filológicas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1988, pp. 75-83. 13

551


Autor no identificad o

La fuente de la sabiduría, siglo xviii Fr ancisco B. (siglos xvii-xviii)

Santo Tomás de Aquino, siglos xvii-xviii

En esa escolástica barroca descollaron varios profesores, que es­ cribieron libros pesados, pero competentes y eruditos, planteados para la docencia. Así, los jesuitas Alonso Guerrero, mexicano (1576-1639), comentó en 1622 el De generatione et corruptione y el De anima de Aristóteles y, al parecer, la Physica, y Diego Marín de Alcázar, español (ca. 1640-1708), quien examinó la Metaphysica (1669) con muchas cuestiones. Profesores fueron igualmente los agustinos Diego Ba­ salenque, español (1577-1651), y Juan de Rueda, mexicano (¿?-1697); el primero escribió en 1602-1603 un curso comentando varios libros del estagirita (sobre lógica, f ísica y meteorología) y el segundo hizo lo mismo entre 1675 y 1677. Basalenque fue, a su vez, cronista o histo­ riador de su provincia agustina de la Nueva España. Escribió la Historia de la provincia de San Nicolás de Tolentino de Michoacán, del Orden de N. P. S. Agustín (1644). Asimismo, podemos señalar a los dominicos Antonio de Hino­ josa, que entró a la orden en 1590, y a Francisco Naranjo, mexicano (1588-1663). Hinojosa dejó inédito un Clypeus thomistarum ex quaestionibus metaphysicis et theologicis affabre compactum. De Naranjo sobresale un escrito que es un comentario en castellano acerca de varias partes de la Summa theologiae de Santo Tomás, que a veces si­

en la que defiende al papa y el poder de la Iglesia frente al poder tem­

gue muy de cerca a Cayetano, a veces con aportaciones muy origina­

poral del rey y los regalistas.20 El segundo fue, como es muy sabido,

les y curiosas, como la utilización de algo tan barroco como el espejo,

obispo de Puebla y después nombrado arzobispo de México (1642),

muy presente en los ejemplos de las especies o conceptos y la luz que

aunque sólo se desempeñó como gobernador del episcopado y virrey

18

se necesita para poder ver a Dios. Este dominico, Francisco Naran­

durante unos meses, por destitución del duque de Escalona. De Palafox

jo, era un prodigio de memoria, según consta en crónicas de la época,

hay unos escritos que pueden situarse en el ámbito filosófico-polí­

ya que se sabía palabra por palabra toda la obra de Santo Tomás, al

tico, como De la naturaleza del indio y el Manual de estados y profesio-

igual que buena parte de la de San Agustín y otros santos padres.

nes.21 Y, en la teología, pueden ubicarse sus textos sobre espiritualidad,

Demostraciones de su memoria, ante el virrey y ante la universidad,

como Varón de deseos y algunos poemas.

quedaron registradas en documentos contemporáneos.19 Otro domi­

Hubo, del mismo modo, autores influidos por la filosof ía her­

nico célebre fue el español Francisco Navarrete (ca. 1612-¿?), dedicado

mética, singularmente la de Athanasius Kircher, presente en fray Diego

a los estudios bíblicos, con su libro De sensibus Sacrae Scripturae,

Rodríguez (ca. 1596-1668) y en Carlos de Sigüenza y Góngora (1645-

publicado en Sevilla en 1674, pero que era fruto de su enseñanza en

1700), ambos matemáticos, astrónomos y filósofos, en quienes ya des­

el convento de estudios mexicano. Además, entre los dominicos se

puntaban, además, huellas de Descartes y de otros primeros modernos.

destacó como cronista el oaxaqueño fray Francisco de Burgoa (1600-

Fray Diego Rodríguez, mercedario, pugnaba por introducir la ciencia

1681), quien escribió la historia de la provincia de San Hipólito Már­

moderna en la universidad mexicana.22 Lo sucedió en ella Sigüenza,

tir de Oaxaca (1670).

quien fue famoso, por otro lado, debido a haber cuestionado las ideas

Teólogo connotado fue, en el Colegio de San Pedro y San Pablo,

antiguas acerca de los cometas con motivo de la aparición de uno en

el jesuita Diego de Santisteban (1564-1637), de Villa de Palma (Cór­

1680. Se opuso a la idea antigua de que los cometas eran castigos di­

doba), que redactó un Tractatus de sanctissimo et ineffabili Trinitatis

vinos y estaban formados de exhalaciones vaporosas de la tierra; los

mysterio (1605-1606), en el que comenta las partes correspondientes de la Summa theologiae de Santo Tomás; y, en el púlpito, el también je­ suita Juan Martínez de la Parra (1655-1701), nacido en Puebla, quien, después de haber sido profesor en Guatemala, se dedicó en México a la predicación y dejó un libro catequético intitulado Luz de verdades católicas (entre 1691 y 1695). Notables a su vez son los trabajos teológicos de dos prelados: An­ tonio de Monroy e Híjar (1634-1715), nacido en Querétaro, y Juan de Palafox y Mendoza (1600-1652), nacido en Fitero, Navarra, España. El primero fue maestro general de los dominicos, arzobispo de Santia­ go de Compostela y autor de una Carta al marqués de la Mejorada,

18 Francisco Naranjo, El tratado de Francisco Naranjo para la enseñanza de la teología en el siglo xvii, estudio, introducción, compilación y notas de Mauricio Beuchot, México, Centro de Estudios sobre la Universidad-Universidad Nacional Autónoma de México, 1994. 19 Véase en Mauricio Beuchot, “Introducción”, en ibid. 20 Secundino Martín y Santiago Rodríguez, Fray Antonio de Monroy: dominico gloria de Querétaro, Querétaro, Presidencia Municipal de Querétaro/Gobierno del Estado de Que­ rétaro/Instituto Dominicano de Investigaciones Históricas de la Provincia de Santiago de México, 1996. 21 Juan de Palafox y Mendoza, Ideas políticas, edición de Jorge Rojas Garcidueñas, Mé­ xico, Universidad Nacional Autónoma de México, 1994. 22 Elías Trabulse, Ciencia y heterodoxia: ensayos de historia mexicana, Guadalajara, Uni­ versidad de Guadalajara/Xalli, 1991, pp. 59 y ss.

553


M i g u e l C a b r e r a ( 1 6 9 5 - 1 76 8 )

Juan de Palafox y Mendoza, 1764 Diego Rodríguez, Discurso etheorológico del nuevo cometa, visto en aqueste hemisferio mexicano, México, Viuda de Bernardo Calderón, 1652

redujo a fenómenos naturales meteorológicos, estrellas como otras que se ven atravesar el cielo. Todo esto lo sostiene en su obra Libra astronómica y filosófica (escrita en 1681 y publicada en 1690). Tam­ bién tiene un curioso Teatro de virtudes políticas que constituyen a un príncipe (1680), pues, en lugar de usar ejemplos tomados de la his­ toria griega y romana para ilustrar dichas virtudes —como solía ha­ cerse—, utiliza ejemplos tomados de la historia indígena, es decir, de gobernantes prehispánicos.23 Eso demuestra su nacionalismo, pues los criollos apreciaron mucho la cultura de los pueblos originarios, precisamente para distinguirse de los españoles peninsulares. Sigüenza quiso ser jesuita y estuvo en el Colegio de Tepotzotlán en 1662; pero, por faltas a la disciplina, se le obligó a salir de la Com­ pañía de Jesús. Sin embargo, siempre les tuvo un afecto sincero a los padres jesuitas; hizo varios intentos infructuosos de regresar a esa institución, pero se le concedió morir como miembro de la Compa­ ñía. Un año antes de ser ordenado sacerdote secular, ganó la cátedra de astrología y matemáticas en la Real y Pontificia Universidad de Mé­ xico, en la que había estudiado como alumno de fray Diego Rodríguez. En su Libra astronómica y filosófica, ya mencionada, al atacar opiniones falsas sobre los cometas, aprovechó para exponer sus ideas epistemo­ lógicas, metodológicas y cosmológicas. Algunos veían a los cometas como castigo divino y augurio de muchos males, por lo que Sigüenza escribió primero un opúsculo intitulado Manifiesto filosófico contra los cometas, que atacaba esas supersticiones. Le contestó Martín de la Torre, caballero flamenco residente en Campeche. Sigüenza le re­

se ve en la gran poeta Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695), notable

plicó en otro escrito: el Belerofonte matemático. Entonces intervino

conocedora de la filosof ía y de la teología. No sólo dominaba la esco­

el padre Eusebio Kino, jesuita tirolés muy culto, que venía de la Uni­

lástica, que era como el fermento común, sino que además conocía la

versidad de Ingolstadt y que se había entregado a las misiones jesuíti­

filosof ía hermética, sobre todo la de Athanasius Kircher, según se

cas del norte del país. A él le respondió Sigüenza en la Libra diciendo

constata en muchos de sus poemas.26

que los cometas no eran pronósticos de males futuros, sino astros.

Esta ilustre y erudita poeta nació en la localidad de Nepantla.

Esa obra contiene ya el recurso a los autores modernos, como Gali­

Estuvo en la corte virreinal. Renunció a ella para entrar con las car­

leo, Descartes, Gassendi y otros. Critica la filosof ía tradicional por el

melitas, pero su frágil salud no resistió esa disciplina. Pasó a las monjas

uso ciego que hace del argumento de autoridad. Metodológicamente,

jerónimas y allí se dedicó al estudio hasta que sus directores espiri­

asevera que hay que dar mayor predominio a la experimentación y a

tuales se lo prohibieron. Murió ayudando a sus hermanas enfermas

la argumentación lógica. Para excluir los prejuicios hay que hacer uso

durante una epidemia en 1695. Aprendió por su cuenta muchas co­

de la observación científica, la cual requiere instrumentos adecuados

sas, incluso filosof ía. Se reportan unas Súmulas de lógica de su plu­

y ha de ayudarse del cálculo matemático. Así, su epistemología le

ma, ahora perdidas, y en sus poemas y dramas se encuentran muchos

hace entender la astronomía como una ciencia intermedia que inte­

elementos filosóficos, los cuales nos hablan del notable manejo que

gra aspectos de la f ísica y de las matemáticas. De la f ísica aprovechó

llegó a tener de estos temas. Sin ser una filósofa de profesión, repre­

el principio de causalidad, el cual se despliega en las leyes f ísicas; es

senta algunas corrientes que hubo en la Nueva España durante esa

su aspecto empírico. Se basó, además, en el supuesto de que la natu­

centuria; a saber, la filosof ía escolástica, principalmente tomista, y la

raleza posee un comportamiento determinístico o regular, y eso hace

filosof ía hermética, que ella aprendió en textos como los del célebre

que la astronomía tenga un método marcadamente inductivo. De las matemáticas aprovechó el cálculo, que le dio exactitud.24 También fue cronista, lo que evidencian sus obras Relación de lo sucedido a la Armada de Barlovento, Trofeo de la justicia española en el castigo de la alevosía francesa y otras piezas de historia.25 Con su explosión de los sentidos y la imaginación, el ethos ba­ rroco impregnó la filosof ía. Por eso, aun cuando es escolástica en el fondo, es diferente; es un pensamiento transido por la metáfora, como

23 Irving A. Leonard, Don Carlos de Sigüenza y Góngora: un sabio mexicano del siglo xvii, México, Fondo de Cultura Económica, 1984. 24 Carlos de Sigüenza y Góngora, Libra astronómica y filosófica, introducción de José Gaos, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1984. 25 Carlos de Sigüenza y Góngora, Relaciones históricas, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1972. 26 Mauricio Beuchot, Sor Juana: una filosof ía barroca, México, Seminario de Cultura Mexicana, 2018.

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Altar mayor del templo de San Francisco Javier, Tepotzotlán, Estado de México, México Francisci Xaverii Alegrii Americani Veracrucensis Homeri Ilias [traducción al latín de Francisco Xavier Alegre de la Ilíada de Homero], libro cuarto, tomo primero, Bolonia, Ferdinandi Pisarri, 1776

padre jesuita Kircher. También se identifica la influencia de Descar­ tes y el criticismo, que se piensa que conoció gracias a su amistad con Sigüenza y Góngora, lo cual da un tinte de escepticismo a algunos de sus poemas, sobre todo al más célebre de todos, “Primero sueño”, donde se entremezclan todas esas tendencias y lo constituyen en un poema filosófico. Así, el siglo xvii fue el de la filosof ía barroca, en la que se unieron la filosof ía escolástica, que era la base común, y la filosof ía hermética, que ya despuntaba hacia la moderna, con autores como Athanasius Kircher, Sebastián Izquierdo, Josip Bošković y otros. Siglo XVIII

En cuanto al siglo xviii, es visible la modernidad ilustrada y se atravie­ sa por un proceso de recepción de la ciencia nueva en la filosof ía. Primero, se nota el desconocimiento de la modernidad dentro de la escolástica, luego la reacción escolástica contra el nuevo pensamien­ to, después una escolástica modernizada o ecléctica, hasta llegar a una modernidad ya autónoma e incluso antiescolástica. En la primera línea (puramente escolástica, desconocedora de la modernidad) se insertan, por ejemplo, Francisco de Céspedes, fran­ ciscano, que redactó un curso filosófico en la línea de Duns Escoto, enseñado entre 1735 y 1737 en Puebla; Antonio Mancilla (17091772), dominico mexicano que dejó manuscrito un Curso de filosof ía (1727), en el que enseñaba la filosofía tomista más tradicional, y el pa­

Philosophia, datado en el bienio 1754-1756. Abad desarrolló en su

dre jesuita Nicolás Prieto (1696-1751), nacido en Monterrey, que fue

curso las partes de la lógica, la f ísica y la metaf ísica. En metaf ísica,

profesor en el Colegio de San Pedro y San Pablo de México y en 1730

Abad se muestra suareciano y pelea fuertemente con los tomistas.

escribió una Lógica. También enseñó teología en Guatemala y murió

Donde más se aprecia su contacto con la modernidad es en la f ísica;

en el colegio de los jesuitas en Mérida, Yucatán, del que era rector.

en ésta sigue más bien a Francisco Suárez. De los modernos aclara que

En la segunda línea (la de ataque a la modernidad), destacaron

tomará aquellas cosas que coincidan con la escolástica, en lo que se

autores como el padre jesuita Pablo Robledo (1709-1779), nacido en

ve ya una actitud ecléctica. Trata a Gassendi, a Maignan, mucho a

Puebla, quien impartió clases en el Colegio de San Ildefonso de Mé­

Descartes y varias cosas de ciencia, como los descubrimientos hechos

xico, de 1740 a 1742, y que en su Física, en la línea de Francisco Suárez,

mediante el telescopio, que hicieron abandonar muchas ideas esco­

atacó a los filósofos corpusculares o atomistas; asimismo, enseñó

lásticas relativas al cielo; igualmente menciona los experimentos de

teología en Guadalajara. Y hubo un cubano radicado en México, Fran­

Torricelli y cita a otros autores científicos, como a Gericke y Boyle. Su

cisco Cigala, autor de una carta sobre Feijoo, paladín de la moderni­

comentario al De generatione et corruptione es breve y muy escolás­

zación española, a quien igualmente atacó.

tico, a diferencia de su Física, y en él sigue por completo a Suárez. En

27

En la tercera línea (la de los eclécticos o escolásticos moderniza­

el comentario al De anima se muestra conocedor de Descartes, aun­

dos) se cuentan los jesuitas, expulsados en 1767 y suplidos por otras

que por lo general discute sus interpretaciones sobre el espíritu y de­

órdenes, como la de los oratorianos. Después de 1764, se reunían los pa­

fiende las de Suárez.

dres Ceballos, Campoy, Cerdán, Abad, Alegre y Clavijero para discutir

Otro jesuita fue Francisco Xavier Alegre (1729-1788), autor de

la manera de renovar los estudios y dar cabida a la modernidad. Mas

una obra teológica llena de conceptos filosóficos.29 Nació en Veracruz

cuando iniciaban esa reforma, les llegó la expulsión.

y entró en la Compañía en 1747. Estudió en México y en Veracruz. Por

De entre esos jesuitas, Diego José Abad (1727-1779) fue uno de los más conspicuos.28 Nacido en Jiquilpan, Michoacán, se incorporó a la Compañía en 1741, en el noviciado de Tepotzotlán. Estudió tam­ bién en Puebla y en el Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo de la capital novohispana. Enseñó en Zacatecas, en México y en Queré­ taro. Después de la expulsión de los jesuitas, le tocó ir a Ferrara y murió en Bolonia. Abordó la literatura, la ciencia, la filosof ía y la teo­ logía. De todo ello dejó constancia; el más interesante es su curso

27 Mauricio Beuchot, “La ciencia y la filosof ía modernas en la carta contra Feijoo de Francisco Ignacio Cigala (México, siglo xviii)”, en Tempus: Revista de Historia de la Facultad de Filosof ía y Letras, núm. 1, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1993, pp. 77 y ss. 28 Mauricio Beuchot, Filosof ía y ciencia en el México dieciochesco, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1996, pp. 107 y ss. 29 Ibid., pp. 75-89.

557


Autor no identificad o

Francisco Xavier Clavijero, siglo xviii Autor no identificad o

Juan José de Eguiara y Eguren, siglo xviii

de Puebla, en 1674 en el de Morelia y en 1766 en el de Guadalajara. En 1767 fue desterrado a Bolonia, Italia, donde murió. Además de obras de historia y de otras piezas menores, su libro principal es Physica particularis. En él se ve la incorporación de muchas teorías nuevas, con espíritu ecléctico. En efecto, no todo fue modernidad; por ejemplo, no se acepta plenamente el sistema heliocéntrico copernicano, sino que se hacen adaptaciones del mixto, de Tycho Brahe, hasta tenerse más evidencia de esa hipótesis. Pero en muchos otros aspectos se siente ya la modernización. También hizo trabajo de historiador en su Historia antigua de México y su Historia de la Antigua o Baja California. Aunque más bien trabajó en Europa, el jesuita Andrés de Gue­ vara y Basoazábal (1748-1801) nació en Guanajuato. En 1767 entró al noviciado de la Compañía de Jesús en Tepotzotlán. Ese año la insti­ tución fue expulsada, por lo que desarrolló la mayor parte de su obra en Italia, hasta su muerte en Piacenza, donde enseñaba. Dejó unas Instituciones elementales de filosof ía, que se aprovecharon mucho en las escuelas europeas, sobre todo españolas,31 así como unos Pasatiempos de cosmología, donde habla de los sistemas planetarios de la época. Otro factor de la modernización fue el oratoriano Juan Benito Díaz de Gamarra y Dávalos (1745-1783), nacido en Zamora, Michoa­ cán. Escribió un curso modernizado, Elementa recentioris philosophiae

558

motivos de salud lo enviaron a La Habana, donde enseñó filosof ía, y

(1774),32 que estuvo propuesto para libro de texto en la Universidad

luego derecho canónico en Mérida. Hizo labor de cronista y continuó

de Salamanca, pero no alcanzó ese estatus. Aunque tomaba muchas

la Historia de su provincia jesuítica, iniciada por el padre Francisco

cosas de numerosos manuales modernizados de la época, como los

de Florencia. Tras la expulsión, en Bolonia escribió sus Institutionum

de Jacquier, Genovesi, etcétera, fue todo un acontecimiento. Atendía

theologicarum, libri xviii, publicadas en Venecia al año siguiente de

a las matemáticas (que encargó al profesor Rotella) y contenía una

su muerte. Esa obra tuvo mucha fortuna en Europa.

breve historia de la filosof ía, quizá la primera en México.33 También

Más moderno que Abad y Alegre resulta el padre jesuita Fran­

escribió Díaz de Gamarra algunos tratados, como los Errores del en-

cisco Xavier Clavijero (1732-1787) en su Physica particularis, que es

tendimiento humano, en la línea modernista de la gnoseología o crí­

la parte que nos queda (o tal vez la única que escribió) de su curso

tica del conocimiento.34

filosófico.30 Nació en Veracruz y en el año de 1744 entró al noviciado

Por último, modernos independientes y hasta antiescolásticos

de la Compañía. Estudió en el Colegio de San Pedro y San Pablo de la

fueron José Antonio Alzate (1737-1799), director del Diario Literario

capital y después pasó al Colegio de San Ildefonso. En este último fue

de México, difusor de noticias de la ciencia moderna, e Ignacio Bar­

prefecto y en aquél fue profesor de retórica, antes de ordenarse. Des­

tolache (1739-1790), autor de unas Lecciones de matemáticas (1769)

pués de ordenado enseñó en el Colegio de San Gregorio, fundado para

y director del periódico Mercurio Volante, que también daba noticias

la educación de los indígenas. Fue docente en el Colegio de San Javier

acerca de las nuevas ideas. Su papel primordial lo desempeñaron como científicos, pero incursionaron también en la filosof ía.35 Ejercían una crítica decidida de la escolástica, en todos los terrenos, pero sobre todo en la f ísica, pues estaba muy rebasada por los fenómenos, y sus

Bernabé Navarro, “Los aspectos de ciencia moderna en la filosof ía de Clavigero”, en Mauricio Beuchot (comp.), Filosof ía y cultura novohispanas, México, Instituto de Inves­ tigaciones Filosóficas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1998, pp. 231-248. 31 Hugo Ibarra Ortiz, La insurgencia de la razón: la filosof ía de Andrés de Guevara y Basoazábal, 1748-1848, Zacatecas, Instituto Zacatecano de Cultura Ramón López Velar­ de/Zezen Baltza, 2016. 32 Juan Benito Díaz de Gamarra y Dávalos, Elementos de filosof ía moderna, t. i, traduc­ ción de Bernabé Navarro, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1984. 33 Bernabé Navarro, “Presentación”, en ibid., pp. xxviii-xxix. 34 José Gaos, “Prólogo”, en Juan Benito Díaz de Gamarra, Tratados, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1995, pp. xxv y ss. 35 Alberto Saladino García, “Filosof ía de la Ilustración novohispana”, en Alberto Saladino García (comp.), Historia de la filosof ía mexicana, México, Seminario de Cultura Mexica­ na, 2014, pp. 83-98; y M. Beuchot, Filosof ía y ciencia en el México dieciochesco, op. cit., pp. 91-104. 30

cultores se negaban a aceptar los avances de las ciencias modernas. Por eso emprendieron una batalla contra el atraso en el que estaban muchas de las ciencias, en tanto que permanecían atadas a métodos que ya no eran conducentes y, sobre todo, por falta de atención a la experimentación y a las matemáticas. Por su parte, en teología sobresalió el clérigo secular Juan José de Eguiara y Eguren (1696-1763), docto profesor en la Real y Pontifi­ cia Universidad de México. Además de su magna obra bibliográfica Bibliotheca mexicana (1755), es autor de unas Selectae dissertationes mexicanae ad theologiam tribus tomis distinctae, en las que expuso temas de gran interés en un sentido netamente tradicional, sin interés


Patio del exconvento de Santo Domingo, Oaxaca, Oaxaca, México

en la modernidad.36 Su obra bibliográfica es muy benemérita, pues aporta invaluables datos que serán utilizados por Beristáin, Valverde y los demás bibliógrafos. El deán Martí, de Alicante, envió una carta a un sobrino suyo en la que le decía que no viniera a México porque no tendría donde estudiar ni libros que leer. Conocedor de esas opi­ niones, Eguiara se dedicó a dar noticias de los libros que se habían escrito en México hasta su tiempo y además hizo estudios sobre los autores principales, por lo que su obra es también una especie de his­ toria del pensamiento mexicano. Entre los que optaron por la modernidad está don Miguel Hidalgo y Costilla (1753-1811), profesor en el Colegio de San Nicolás (Valla­ dolid, hoy Morelia), cura e iniciador de la lucha por la Independencia de México. Él escribió un trabajo que fue premiado, intitulado Disertación sobre el verdadero método de estudiar teología escolástica (1784), en el que introduce a varios autores modernos o, por lo me­ nos, modernizantes. Conclusión

Tal ha sido el legado filosófico y teológico de la Colonia en México. Como se ve, no todo se reduce —según han querido algunos— a pen­ sadores que sostuvieron el statu quo justificándolo de forma directa o indirecta, a despecho de los acontecimientos reales. Hubo también pensadores de gran valía, tanto por abordar problemas candentes de la época como por dictar cátedras y escribir tratados de una compe­ tencia muy elevada, a la altura de los mejores de Europa. Se destaca­ 560

ron en la defensa del indio, en la protección de los derechos humanos y en la lucha por la justicia, algunos en las misiones y en las oficinas de la corte, otros en las aulas de la universidad y de los colegios. Tenemos una tradición de pensamiento nacional que se debe co­ nocer y reconocer a fin de que nos sirva de base para discernir nuestra identidad cultural y para, simplemente, elaborar una buena filosof ía planteada desde México. Esta etapa novohispana, por lo demás, duró tres siglos, desde 1521 hasta 1821; es una época que nos constituye y que, por tanto, no podemos olvidar ni relegar. Según se ha visto, no todo en ella fue negativo, como se quiere hacer creer, sino que hubo cosas positivas, y algunas de ellas aún marcan nuestro pensamiento. Por eso ha sido importante e interesante el recorrido que aquí hemos hecho por esta historia. Es algo que nos pertenece y que, ade­ más, nos constituye. Conocer nuestro pasado nos ayuda a compren­ der lo que somos en el presente y a proyectar lo que deseamos ser en el futuro. Es la idea que tenemos de la historia, a la que Cicerón lla­ maba “magistra vitae”.

Juan José Eguiara y Eguren, Selectae dissertationes mexicanae ad theologiam tribus tomis distinctae, México, Viuda de Joseph Bernardo de Hogal, 1746. Véase también, par­ cialmente publicado (“Tractatus”, i, y “Dissertationes”, 1-2) en edición bilingüe, Juan José de Eguiara y Eguren, La filosof ía de la trascendencia: Selectae dissertationes mexicanae, introducción, traducción y notas de Mauricio Beuchot, México, Instituto de Investiga­ ciones Filológicas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1997.

36


“De mi patria, la dulce afición”: Sor Juana sar a poot herrer a*

DA CLIC PARA VER LA CONFERENCIA

Cuando se inició el siglo xvii en la Nueva España, la literatura colo-

contemporáneos a la nuestra), a la propuesta de equidad de género, a

nial o virreinal ya había enriquecido lo que serían sus páginas. Testi-

una literatura que leemos como sustento de una cultura. Si encontra-

monios son las reseñas históricas (pensemos en la Historia general de

mos las improntas del concepto de nación en el siglo xvi, con Sor

las cosas de la Nueva España, de fray Bernardino de Sahagún), las

Juana Inés de la Cruz vemos su noción, digamos, plural de nación ex-

crónicas (por antonomasia, la Historia verdadera de la conquista de

plícita en su “Sarao de las cuatro naciones”, con que clausura su co-

la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo), los relatos y otros gé-

media titulada Los empeños de una casa.3 Los atisbos a su obra nos

neros de época. Son el resultado de la conquista material y de la espi-

llevan también a atisbos de su vida, la de un personaje extraordinario

ritual también —sermones y manuales de confesión, por ejemplo—,

de México: de los pasos de la niña de Nepantla, de la joven que pasó del

antecedidos a su vez por escritos en lenguas originarias que seguirían

Palacio Virreinal al convento de San Jerónimo de la Ciudad de México

perviviendo y por creaciones literarias —sobre todo teatro misionero

(con una breve estancia en el convento carmelita), a Sor Juana Inés de la

y poesía religiosa— que, además de su valor en sí mismas, sirvieron

Cruz, Décima Musa, intelectual y poeta, ícono de la nación mexicana.

de precedente importante de la literatura novohispana del siglo xvii. Viene a colación el nombre de Francisco de Terrazas, famoso por sus

2021: a 370 años del nacimiento de Sor Juana

sonetos; el de Fernán González de Eslava y sus Coloquios espirituales

(1651) y éste a 130 años de l a caída

y sacramentales; el de Bernardo de Balbuena y su Grandeza mexica-

de Tenochtitlan (1521)

na, tan sólo por citar a tres poetas y algún ejemplo de sus respectivas

Un día después del 146 aniversario de la caída de Tenochtitlan, esto

obras. Entre dos siglos (xvi y xvii) y entre España y la Nueva España

es, hace 354 años —domingo 14 de agosto de 1667— la joven Juana

está Juan Ruiz de Alarcón y su célebre dramaturgia, desarrollada a

Ramírez recibió el hábito de bendición que la convirtió en novicia co-

partir de principios del siglo xvii.

rista del convento de la orden carmelita de la Ciudad de México. Ima-

En ese siglo novohispano nos encontramos, por ejemplo, con Ma-

ginemos a Juana Inés de la Cruz (así aparece su nombre en el acta de

tías de Bocanegra y su Canción a la vista de un desengaño, autor tam-

la ceremonia) junto con otras religiosas —algunas, novicias como ella

bién de la Comedia a San Francisco de Borja, y con Luis de Sandoval

y vestidas de blanco— en el coro, entonando música religiosa. Años

y Zapata, poeta y dramaturgo. En la segunda mitad del siglo figuran

después, las letras de sus villancicos serían cantadas por los coros de

Diego de Ribera, Alonso Ramírez de Vargas y Francisco de Acevedo, tan sólo por mencionar a algunos de ellos, entre quienes no puede faltar Carlos de Sigüenza y Góngora. Es una época de teatralidad, de recepciones por la llegada de virreyes, de fiestas religiosas y de certámenes literarios, que ofrecen datos acerca de los poetas de la Ciudad de México, entre los que sobresale Sor Juana Inés de la Cruz. Su creación literaria, aunque única, no es la única, ya que en la capital de la Nueva España de su siglo había un número considerable de poetas. Referirnos al repertorio inigualable de su poesía —cumbre del barroco español—, a sus villancicos, a sus loas, a sus arcos de bienvenida de virreyes, a su teatro religioso y profano, a su prosa, entre la que brilla su Carta athenagórica (1690)1 —todo un tratado teológico— y su Respuesta a la muy ilustre Sor Filotea de la Cruz (escrita en 1691 y publicada en Fama y Obras pósthumas en 1700)2 —su autobiograf ía— es caminar por un puente seguro que reúne dos épocas: la suya y la nuestra, en cuanto a la gestación de una nación “letrada” (de la suya y sus

* University of California, Santa Bárbara, UC-Mexicanistas, California, Estados Unidos.

1 Sor Juana Inés de la Cruz, Carta athenagórica de la madre Juana Ynés de la Cruz, religiosa profesa de velo y choro en el muy religioso Convento de San Gerónimo de la Ciudad de México cabeza de la Nueva España, que imprime, y dedica a la misma Sor, Phylotea de la Cruz, su estudiosa aficionada en el Convento de la Santíssima Trinidad de la Puebla de los Ángeles, Puebla, Imprenta de Diego Fernández de León, 1690 (en adelante, Carta athenagórica). Véase Obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz, t. iv: Comedias, sainetes y prosa, edición de Alberto G. Salceda, México, Fondo de Cultura Económica, 1957, pp. 412-439. 2 Sor Juana Inés de la Cruz, Fama y Obras pósthumas del Fénix de México, Décima Musa, poetisa americana, Sor Juana Inés de la Cruz, religiosa professa en el Convento de San Gerónimo de la Imperial Ciudad de México, Madrid, Imprenta de Manuel Ruiz de Murga, 1700 (en adelante, Fama y Obras pósthumas). Véase Obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz, t. iv: Comedias, sainetes y prosa, op. cit., pp. 440-475. 3 Sor Juana Inés de la Cruz, Segundo volumen de las obras de Soror Juana Inés de la Cruz, monja profesa en el Monasterio del Señor San Gerónimo de la Ciudad de México, dedicado por su misma autora a D. Juan de Orué y Arbieto Cavallero de la Orden de Santiago, Sevilla, Tomás López de Haro, Impresor, y Mercader de Libros, 1692 (en adelante, Segundo volumen). Véase Obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz, t. iv: Comedias, sainetes y prosa, op. cit., pp. 27-174 y 174-184.

563


las catedrales de la Ciudad de México, de Puebla y de Oaxaca por la

Quizá por eso nací,

gente que acudía a esos recintos y se cantarían también fuera de Mé-

donde los rayos solares

xico (en español y en otras lenguas; en náhuatl, por ejemplo).

me mirasen de hito en hito, no bizcos como en otras partes.5

“ Y y o d e M e c a”

Juana Ramírez de Asuaje (y no Asbaje, como se dice comúnmente)

La memoria de su nacimiento, del imaginario resguardado en

había llegado a la capital de la Nueva España unos años antes, casi

las pestañas, se iluminaba con espontaneidad en su creación; lo poe-

una niña o, cuando mucho, una jovencita. Ella lo dice en su Respues-

tizaría en sus versos, como en la jácara de uno de sus villancicos, que

ta: “[…] cuando vine a Méjico, se admiraban, no tanto del ingenio,

con humor y “voz desentonada canta”:

cuanto de la memoria y noticias que tenía en edad que parecía que apenas había tenido tiempo para aprender a hablar”. Juana, Juanita,

Yo os comparara, Señora,

venía de Panoayan, una hacienda pegadita a Amecameca, donde pa-

con esta Sierra Nevada,

saba gran parte de su tiempo en la biblioteca de su abuelo, a pesar,

que aunque tiene cerca el humo,

dice, de regaños y reprensiones. Y eso que no sabían de su sacrificio

ella se está siempre blanca.6

de niña: no comer queso (“oí decir que hacía rudos”) o cortarse la 564

trenza (“no me parecía razón que estuviese vestida de cabellos cabeza que estaba tan desnuda de noticias”, de nuevo, en la Respuesta). Era lo

El humo del volcán y la blancura de la sierra fueron el cielo de quien sería Juana Inés de la Cruz.

que pensaba la niña y actuaba en consecuencia, allí, en la hacienda cercana a Amecameca, lugar citado en uno de sus sonetos satírico-­ burlescos: “aunque eres zancarrón y yo de Meca”.

4

Entre dos años, entre dos nombres

1651 es una de las dos fechas que se piensa como el año de su naci-

Pero no había nacido allí, a donde después se cambió con su ma-

miento y así se dijo desde siglos atrás. Según un acta de bautismo ha-

dre y sus dos hermanas, sino en San Miguel Nepantla. Uno y otro

llada en Chimalhuacán y que corresponde a una niña llamada Inés,

lugar están en la misma región; los separan unos veinte kilómetros,

habría nacido en 1648. Sin embargo, su madre siempre se refirió a

un paisaje con una geograf ía particular:

ella como Juana, y he observado que en las actas de profesión de las monjas de San Jerónimo (muy posiblemente en otros conventos también) se respeta siempre el primer nombre. De llamarse Juana, no

Sor Juana Inés de la Cruz, Poemas de la única poetisa americana, Musa décima, Soror Juana Inés de la Cruz, Madrid, Juan García Infanzón, 1690 (en adelante, Poemas). Véase Obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz, t. i: Lírica personal, edición de Alfonso Méndez Plancarte, México, Fondo de Cultura Económica, 1951, p. 284 (soneto 159). 5 Segundo volumen, op. cit. Véase Obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz, t. i: Lírica personal, op. cit., p. 146 (romance 49). 6 Sor Juana Inés de la Cruz, Villancicos que se cantaron en la Santa Iglesia Cathedral de la Puebla de los Ángeles, en los Maytines solemnes de la Puríssima Concepción de Nuestra señora, este año de 1689, Puebla, Diego Fernández de León, 1689, y Segundo volumen, op. cit. Véase Obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz, t. ii: Villancicos y letras sacras, edición de Alfonso Méndez Plancarte, México, Fondo de Cultura Económica, 1952, p. 109 (villancico 282). 7 Sor Juana Inés de la Cruz, Inundación castálida de la única poetisa, Musa Dézima, Soror Juana Inés de la Cruz, religiosa professa en el Convento de San Gerónimo de la Imperial Ciudad de México […]. Dedícalos a la Excel.ma. Señora D. María Luisa Gonzaga Manrique de Lara, Condesa de Paredes, Marquesa de la Laguna, Madrid, Juan García Infanzón, 1689 (en adelante, Inundación castálida). Véase Obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz, t. i: Lírica personal, op. cit., p. 67 (romance 23). 4

necesariamente el acta mencionada le corresponde; esto es, no habría nacido en 1648. ¿O sí? Tres años no hacen diferencia, aunque sí es importante acercarnos a su nombre original. En su romance de las “nueces”,7 le dice Apolo: “—Guárdalas, Juana”, y siempre se la ha conocido como Juana, como Juana Inés, pero nunca tan sólo como Inés. Sus loas, romances, endechas, décimas y sonetos de cumpleaños son tarjetas musicales armoniosas y aluden a virtudes del personaje y contextos de época; esto es, van colmadas de significado; en la nuestra son felices agradecimientos a su figura intelectual y literaria, ícono vivo de México, que habló por el virreinato, por la capital de la Nueva España, por las culturas originarias, entendidas a plenitud y puestas a girar en el caleidoscopio conceptual de su visión de las naciones. Sor Juana es una figura imprescindible en la conformación de la nación mexicana y, al mismo tiempo, es forjadora de la nación,


p. 562

F r ay M i g u e l d e H e r r e r a ( 1 7 2 9 - 1 7 8 0 )

Sor Juana Inés de la Cruz (detalle), 1732 F r a n c i s c o A n t o n i o Va l l e j o ( 1 7 2 2 - 1 7 8 5 )

Santa Teresa recibe el hábito de Nuestra Señora del Monte Carmelo, 1764 Sor Juana Inés de la Cruz, Poemas de la única poetisa americana, Musa Dézima, Soror Juana Inés de la Cruz, Valencia, Antonio Bordazar, 1709

entendida como patria, como geograf ía e historia de contrastes y, sobre todo —y es lo que propone su obra—, de conciliaciones entre la heterogeneidad y la complejidad cultural, que desde niña vio, escuchó, vivió y comprendió. Ni dulces ni trenzas

De su casa de Nepantla —que en náhuatl significa “en medio”—, con Josefa, su hermana mayor, Juanita salía por las mañanas y caminaban hacia “una de las que llaman de Amigas”, una escuelita rural, la casa de una joven con vocación de maestra. Las niñas iban jugando por el campo, saludaban en náhuatl a los vecinos, imitaban el habla de los trabajadores afromexicanos de la hacienda, se divertían hablando con el tono de sus abuelos andaluces, con “la lengua cortada” de los (bis) abuelos paternos y luego cambiaban a la tonada mexicana, al mestizaje lingüístico. Detrás de cada lengua había una historia, una idea remota de nación (una intuición), una mezcla natural de costumbres. Se fraguaba en su mente de niña la multiculturalidad, la heterogeneidad de una época antecedida por civilizaciones antiguas y marcada por un fenómeno de conquista, al que seguiría un largo periodo de colonización. Justo en medio —de la conquista española a la independencia criolla— nació uno de los personajes extraordinarios de la historia de México, y creció en el medio rural, con atisbos a otras culturas, cuyos signos ella pronto descifraría de los libros. Evitó los “rudos” porque aspiraba al entendimiento, que se le daba por naturaleza; se cortó el cabello para acceder al mundo del conocimiento.

diaban las ciencias, en Méjico; y apenas lo oí cuando empecé a matar

A los pocos meses de ir a la “de Amigas”, a sus escasos tres años,

a mi madre con instantes e importunos ruegos sobre que, mudándo-

la niña Juana ya sabía leer, para sorpresa de todos. Así que la biblio-

me el traje, me enviase a Méjico, en casa de unos deudos que tenía,

teca del abuelo en Panoayan fue un paraíso que la sedujo y, más tarde,

para estudiar y cursar la universidad” (dice en la Respuesta). Sueño

ella misma tendría su propia biblioteca, aprendería —dijo en su Res-

imposible. Lo real fue que vivió en el centro de la ciudad, en casa de

puesta— del “sosegado silencio de mis libros”. Fue llenando su estante-

la familia de una tía materna, y de allí pasó al Palacio Virreinal. Los

ría en el convento de San Jerónimo (“sin más maestro que los mismos

virreyes de Mancera —Antonio Sebastián de Toledo y Leonor Carre-

libros”), el segundo convento a donde ingresó al salir del de las car-

to— la hicieron parte de la familia y ella supo de la vida en la corte,

melitas. Y salió muy pronto. El motivo, se dice, fue que no resistió la

escenario donde, a instancias del virrey, lució su sabiduría frente a los

severidad de los hábitos y las obligaciones de dicha orden.

sabios de su época: le contestó a éste, le respondió a ése, acertó con aquél; marcó su territorio intelectual frente a todos y cada uno. Para

L a joven Juana se muda de casa

esa época, ya había estudiado latín, aconsejada por quien sería su

No fue su primera intención entrar a un convento, donde creó su obra,

confesor, que pagó las lecciones y la encaminó a tomar los hábitos

en medio de los avatares cotidianos y extraordinarios de San Jeróni-

de monja.

mo, donde, en la “celda propia” de su escritura, tuvo dejos de alegría, de tristezas, de melancolía:

Luminarias en San Jerónimo

Se hizo novicia carmelita aquel domingo 14 de agosto de 1667. ¿Tendría Prolija memoria,

quince años? ¿Dieciocho? Lo indudable era su capacidad de entendi-

permite siquiera

miento, su enciclopédica cultura, su talento literario, sus habilidades musicales, sus destrezas en el arte de la costura y el bordado, su geniali-

que por un instante sosieguen mis penas.

8

dad. Ese domingo, los virreyes volvieron sin Juana a Palacio; los familiares y amigos, a sus hogares; los sacerdotes, a sus casas parroquiales.

Los versos de esta endecha son manifestación de su subjetividad

Juana Inés de la Cruz se quedó en San José, convento carmelita. Por

más profunda, en la esfera privada de su alma, de su vida, transcurri-

su frágil salud y consejos médicos, dejaría ese convento el viernes 18

da entre mil ocupaciones conventuales. Fue su elección ingresar a San Jerónimo, aunque en el fondo de su ser estaba aquella idea, una quimera: “[…] oí decir que había universidad y escuelas en que se estu-

8 Segundo volumen, op. cit. Véase Obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz, t. i: Lírica personal, op. cit., p. 188 (endecha 70).

565


Libro de la fundación del convento de Nuestra Señora de la Expectación del Orden de Nuestro Padre San Gerónimo de la Ciudad de México, 1585

portugueses; loas con rica vestimenta indígena, pies des­calzos que danzan el tocotín. Sor Juana se estrena (más que profesionalmente) en 1676, cuando en la Catedral Metropolitana de la capital de la Nueva España se cantan sus villancicos a la Asunción. Un ejemplo de la inserción del náhuatl es cuando después de “prosigue la introducción” sigue el tocotín:

de noviembre del mismo año para entrar al convento de San Jeróni-

Los mejicanos alegres

mo, donde a principios de 1668 ya estaba allí y una vez más como

también a su usanza salen,

seglar. Pronto tomaría el hábito de bendición para ser monja novicia.

que en quien campa la lealtad

De nuevo, el hábito blanco; seguramente también cantaría en el coro.

bien es que el aplauso campe;

La acompañaban todas sus virtudes y, según ella, sus defectos: “[…] y

y con las cláusulas tiernas

tomé el estado que tan indignamente tengo. Pensé yo que huía de mí

del mejicano lenguaje,

misma, pero, ¡miserable de mí!, trájeme a mí conmigo” (dice en la Res-

en un tocotín sonoro

puesta). Un año después —domingo 24 de febrero de 1669— profesó

dicen con voces suaves.13

como monja de velo negro. Para esas fechas ya había escrito dos sonetos (al menos, de dos se sabe); uno de ellos fue para un festejo de fines

Su autora ingresa a la tradición villanciquera española y novohis-

de 1667 (“Suspende, cantor Cisne, el dulce acento”),9 dedicado a Die-

pana (visión doble y única), con sus juegos completos de villanci-

go de Ribera, quien publicó este poema en un libro de principios de

cos, excepcional aporte al género. El modo de introducir elementos

1668. La poeta reservó la figura del cisne para sus coetáneos (poetas

polifónicos y multilingüísticos no sólo enriquece un género de épo-

ellos igualmente), como le dice también a Carlos de Sigüenza y Gón-

ca, sino lo convierte en un género mayor, en el que pervive el áurea

gora, “Dulce canoro Cisne mexicano”.10

popular con que se crea y que se populariza en los coros de las igle-

Sor Juana era fundamental en la intelectualidad de la época y,

sias. Cierra este juego de villancicos una petición a la Virgen: “No nos

como tal, participó en varias obras colectivas, lo mismo que en certá-

olvides”. En el caso de Sor Juana el “no olvido” es deuda, es memoria,

menes poéticos. En uno de esos certámenes tomó como tema la figura

es identidad, es movimiento de traslación de una lengua a la otra y de

del águila y fue publicado en el Triunfo parténico (1683), de Carlos de

los elementos de una en la otra. La tradición literaria (Góngora, Lope

Sigüenza y Góngora. El primer lugar fue para “D. Juan Sáenz del Cauri”,

de Vega) es una parte de la moneda de la herencia hispánica; la otra

ingenioso anagrama de Juana Inés de la Cruz, quien concursó con un

es de la lengua poética originaria, el náhuatl, que aquí se asoma y cie-

romance que despliega, entre las águilas religiosas, mitológicas, im-

rra el villancico, donde además se crea con líneas en latín: asamblea

periales y bélicas, el “águila de las Indias”; “la de Tenochtitlan, que es

de lenguas que celebran la asunción de la Virgen, figura intelectuali-

hoy nuestro escudo patrio”, anota Alfonso Méndez Plancarte. Esos

zada en los primeros villancicos de la monja de San Jerónimo. Fueron

versos se encadenan a estos otros:

sus villancicos los que hicieron que se popularizara su nombre, se extendiera su primera fama entre la gente, más allá de la intelectualidad de la época.

Levante América ufana la coronada cabeza, y el águila mejicana

En las olas de Neptuno

el imperial vuelo tienda

Su credencial de poeta salió de su hábito de monja clausurada y se

pues ya en su Alcázar Real,

exhibió en los lienzos del Neptuno alegórico (1680)14 que, desde la

donde yace la grandeza

Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, desplegó su majes-

de gentiles Moctezumas,

tuosidad. Arco triunfal, ideado por ella a petición del cabildo ecle-

nacen católicos Cerdas.

siástico para recibir a Tomás Antonio de la Cerda y a María Luisa

11

Manrique de Lara, virreyes de la Laguna, que serían sus amigos y meLa capacidad sincrética de su autora es centro de atracción, pen-

cenas; arco triunfal, tesoro de su poesía, su teatro, su prosa, su talento

samiento puesto no sólo en la poesía, sino como bisagra de conjun-

de poeta, su portento intelectual. Los virreyes de la Laguna recibieron

ciones, que a la vez exponían las disyunciones:

los beneficios de la poesía de Sor Juana y ellos retribuyeron de igual manera. La publicación de Inundación castálida (1689) en Madrid se

Europa mejor lo diga, pues ha tanto que, insaciable, de sus abundantes venas desangra los minerales.12 La monja de San Jerónimo virtualmente e n l a c at e d r a l d e M é x i c o

Sus creaciones individuales se abrieron en abanico: 180 grados giró su prosa, giró su poesía. Muy pronto, y ya en el convento, compuso obras, digamos, públicas: villancicos de herencia española, con ingredientes de la lengua náhuatl y también tonadas africanas, dejos vascuences y

9 Poemas, op. cit. Véase Obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz, t. i: Lírica personal, op. cit., p. 307 (soneto 202). 10 Ibid., p. 308 (soneto 204). 11 Inundación castálida, op. cit. Véase Obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz, t. i: Lírica personal, op. cit., p. 72 (romance 24). 12 Inundación castálida, op. cit. Véase Obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz, t. i: Lírica personal, op. cit., p. 103 (romance 37). 13 Edición aislada, México, Viuda de Bernardo Calderón, 1676, e Inundación castálida, op. cit. Véase Obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz, t. ii: Villancicos y letras sacras, op. cit., p. 16 (villancico 224). 14 Sor Juana Inés de Cruz, Neptuno alegórico, México, Juan de Ribera, 1680. Véase Obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz, t. iv: Comedias, sainetes y prosa, op. cit., pp. 355410.

567


debe a María Luisa, la virreina. Sor Juana demostró por ella su afecto amoroso y lo hizo también con Leonor Carreto, a quien dedicó tres sonetos por su muerte. A Elvira de Toledo y a su esposo, conde de Galve, les dedicó poesías. Con lo formal, van destellos personales; con 568

la formalidad, la marca de estilo de la poeta. En ocasiones, su voz poé-

Autor no identificad o

Vista de la catedral de México, ca. 1775-1792 Sor Juana Inés de la Cruz, Crisis sobre un sermón de un orador grande entre los mayores, en Segundo volumen de las obras de Soror Juana Inés de la Cruz, monja profesa en el Monasterio del Señor San Gerónimo de la Ciudad de México, Sevilla, Tomás López de Haro, 1692

tica habla por todos, como en el soneto que le escribe al duque de Veragua, quien por tan sólo unos cuantos días fue virrey de la Nueva

Colón (“Plus ultra! ¡Más Mundos hay,/y ya venimos a verlos!”). Esto

España, que bastaron por su labor para que fuera “de la propia nación

es, siempre hay una apertura, territorios por descubrir.

tan venerado” (1673). El uso de la palabra “nación” tiene varios re-

En la loa para el auto sacramental El cetro de José (1692),17 entre

gistros en la obra sorjuanina: es la compleja Nueva España, es Amé-

los interlocutores hablan la Fe y la Idolatría. La Fe le habla a Natura-

rica, es México, es una concepción, digamos, “multinacional”.

leza de “las Indias conquistadas”. Y precisamente llena de fe asegura:

15

L a c o n q u i s ta , j o r n a d a o b l i g at o r i a

Que la gente americana

Sor Juana habla de la conquista espiritual y también del descubri-

por boca de mis ministros

miento. Lo hace en su loa para el auto sacramental El Mártir del Sa-

me ha dado feliz entrada.

cramento, San Hermenegildo (1692).16 El modo de proceder de su autora es por contrastes. De las columnas de Hércules (“Non plus ultra! Non plus ultra!/¡Aquí acaba el Universo!”) al descubrimiento de

Replica Idolatría, quien pide explicación, ya que, aun “catequizada”, no está convencida: […] y así, trata de explicarla, si quieres que entienda yo

Inundación castálida, op. cit. Véase Obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz, t. i: Lírica personal, op. cit., p. 302 (soneto 191). 16 Segundo volumen, op. cit. Véase Obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz, t. iii: Autos y loas, edición de Alfonso Méndez Plancarte, México, Fondo de Cultura Económica, 1955, pp. 97-115. 17 Segundo volumen, op. cit. Véase Obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz, t. iii: Autos y loas, op. cit., pp. 184-200. 18 Sor Juana Inés de la Cruz, Loa para el auto sacramental El Divino Narciso, México, edición suelta, 1690, y Poemas de la única poetisa americana, Musa décima, Soror Juana Inés de la Cruz, Barcelona, Joseph Llopis, 1691. Véase Obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz, t. iii: Autos y loas, op. cit., pp. 3-21. 15

cómo es maravilla tanta de que se convierta el Pan en Carne y Sangre, y que haga tan portentosos efectos.

Resulta interesante el pensamiento de Idolatría, de quien no se esperaría una postura racional. En la loa para el auto sacramental El Divino Narciso (1690)18 es muy gráfica la descripción de la escena i:


Sale Occidente, indio galán, con corona, y la América, a su lado, de india

al que es Verdadero

bizarra: con mantas y cupiles, al modo como se canta el tocotín. Siéntan-

Dios de las Semillas.

se en dos sillas; y por una parte y otra bailan indios e indias, con plumas

Y en lágrimas tiernas

y sonajas en las manos, como se hace de ordinario esta danza; y mientras

que el gozo destila,

bailan, canta la música:

repitan alegres con voces festivas:

Nobles mejicanos,

(todos)

cuya estirpe antigua,

¡Dichoso el día

de las claras luces

que conocí al gran Dios de las Semillas!

del Sol se origina: pues hoy es del año

(Éntranse bailando y cantando.)

el dichoso día en que se consagra

Esta loa originalmente iba a representarse en Madrid a pedido de

la mayor Reliquia,

la virreina María Luisa Manrique de Lara. Sor Juana haría llegar hasta

¡venid adornados

allí la voz ancestral mexicana, lo que es importante, y los parlamentos

de vuestras divisas,

de su loa exponían el proceso de cristianización de modo interactivo

y a la devoción

y finalmente pacífico. Las loas de estos tres autos sacramentales son

se una la alegría;

como una ristra de acontecimientos: del “Plus ultra! ” del descubri-

y en pompa festiva,

miento a la discusión acerca de la conquista, la resistencia y final-

celebrad al gran Dios de las Semillas!

mente la conciliación religiosa.

Si al principio de la loa se privilegia a los “Nobles mejicanos”, al

U n a n a c i ó n , c u at r o , m u c h a s

final, los “de adentro” —América y Occidente— y los “de afuera” —

Sor Juana Inés de la Cruz respetó la tradición y fue innovadora. Se apro-

Celo (en torno a Religión)— se ponen de acuerdo.

pió de los saberes anteriores a los suyos y al mismo tiempo (se) los desapropió. El barroquismo de época, caracterizado por fusiones de

(Cantan la América y el Occidente y el Celo):

todo tipo, encontró en ella la correspondencia perfecta de elementos contrastantes en la historia, la geograf ía, la cultura, la literatura y otras

diciendo que ya

artes. Entendió a la perfección el pasado americano, que pervivía en

conocen las Indias

sus días (y aún pervive) y aceptó de frente las corrientes europeas que

569


Fr ancisco M artínez (1687-1758)

Escudo de monja Asunción de la Virgen María con el arcángel San Miguel y el arcángel San Rafael, 1730 Joseph Caldevill a (siglo XVIII) Clemente Puche (ca. 1699-1728)

Retrato de Sor Juana Inés de la Cruz, 1703

cruzaban el Atlántico, que después su propia obra, innovadora, cruzaría. Su “Sarao de las cuatro naciones”, con que cierra su festejo de Los empeños de una casa, es una impronta y a la vez una apertura. En un solo espacio confluyeron españoles, negros, italianos y mexicanos, quienes en coro cantan “de América ufana/la altiva cerviz”. Esa cervical fue sostén de las culturas antiguas, que a su vez fue intervenida por la presencia española, creando una conciencia criolla, americana, mexicana, un saber mestizo, multiétnico, multicultural. En l a A mérica abundante

Se ha dicho que Leonor, personaje de Los empeños de una casa, es el alter ego de Sor Juana, opiniones que se basan en lo que dice: Era de mi patria toda el objeto venerado de aquellas adoraciones que forma el común aplauso.

Sor Juana fue famosa y bienamada, aunque tuvo malos momentos, sobre todo por el ataque que sufrió al aparecer lo que su editor llamó Carta athenagórica, disertación sobre las finezas de Cristo, del nivel de un tratado teológico. ¿En la pluma de una mujer? Imposible. En su caso lo fue y aplaudido sobre todo en España, donde reconocie-

compatriota del oro,

ron el genio de la monja jerónima de México. Esa carta, prologada

paisana de los metales.20

por “Filotea de la Cruz” y autorizada por Manuel Fernández de Santacruz (monja trinitaria y obispo de Puebla, que son la misma perso-

Lindísimas las imágenes, que continúan como en un punto y

na), dio lugar a la Respuesta de Sor Juana Inés de la Cruz, firmada en

aparte, en una digresión amorosa y con sentido patrio, al que el ro-

dicho convento de la imperial Ciudad de México, un escrito donde

mance, como poema, se presta. La voz poética se detiene y pregunta:

habló de ella misma y se amparó a la luz de personajes femeninos mitológicos y mujeres notables en las humanidades, las ciencias y

¿Pero a dónde de mi patria

las artes.

la dulce afición me hace

Son dos documentos fundamentales de su obra en prosa. ¿Y qué

remontarme del asunto

pensar de su “Primero sueño”?,19 del que en su Respuesta dijo “[…] no

y del intento alejarme?

me acuerdo haber escrito por mi gusto, sino es un papelillo que llaman ‘El sueño’”, ¡un muy profundo poema filosófico de novecientos

El romance es un campo semántico americano, patriótico, na-

setenta y cinco versos! ¿Y de su Neptuno alegórico?, su majestuoso

cional; todo en la “América ufana”, recurrente en la poesía épica y lí-

arco triunfal, modelo de emblemas y jeroglíficos, derroche mitológi-

rica de la escritora mexicana.

co al mismo tiempo que imperdible. ¿Y de la belleza de El Divino Narciso, un auto sacramental sin comparación? Luces y constelacio-

En un rom ance “que no se halló acabado”

nes entre sus “cientos” de poemas de un inventario mayor de temas,

La marca original y originaria de la lengua mexicana, que en los villan-

tópicos y motivos, meteoritos versados en métricas tradicionales

cicos de Sor Juana circula entre la lengua española, el latín (y los

transformadas en la poética de nuestra Décima Musa.

latinajos), la lengua afromexicana, en menor medida la portuguesa y la vasca, tiene sus raíces en un “pueblo de indios”, lugar de nacimiento

J u a n a I n é s d e l a C r u z ( s e ) r e t r ata b a

de la más grande (entre grandes) pensadora y escritora de todos los

En un romance dedicado a Guadalupe de Alencastre, duquesa de

siglos. Su sello de “nación” lo llevó al final de su vida, como se lee en

Aveyro, a quien le escribe “desde la América”, “América ufana”, su autora manifiesta su orgullo nacional: Que yo, Señora, nací en la América abundante,

19 Segundo volumen, op. cit. Véase Obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz, t. i: Lírica personal, op. cit., pp. 335-359. 20 Inundación castálida, op. cit. Véase Obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz, t. i: Lírica personal, op. cit., p. 102 (romance 37).

571


su romance: “En reconocimiento a las inimitables plumas de la Europa, que hicieron mayores sus obras con sus elogios: que no se

M i g u e l C a b r e r a ( 1 6 9 5 - 1 76 8 )

Sor Juana Inés de la Cruz (detalle), 1750

halló acabado”: ¿Qué mágicas infusiones de los indios herbolarios de mi patria, entre mis letras

donde creó su obra, sin dejar de cocinar, bordar, coser la ropa y cocer

el hechizo derramaron?21

el potaje de miel; sin dejar de manejar la economía del convento y su Ella misma tenía la respuesta. Rastrear los trazos de su poesía

propia economía. Dejarse ver, dejarse leer, aceptar su fama, como

era desandar los pasos hacia la “savia” del cielo, a la tierra que la había

cuando triunfante dialogó con los cuarenta sabios en el Palacio Vi-

criado. Sor Juana Inés de la Cruz entendió la heterogeneidad de las

rreinal años atrás y esa victoria fue como “si en la Maestra hubiera

culturas, las lenguas, los saberes, los derechos humanos, de los princi-

labrado con más curiosidad el filete de una vainica”. Fue lo que dijo

pios femenino y masculino, de la androginia. Se pronunció y así lo

aquella joven recordando el aprendizaje de su labor de manos de

dijo: “que las almas distancia ignoran y sexo”. Fue poeta, feminista,

niña, manos de “rústico talento” de un genio de la poesía.

22

intelectual, educadora, teóloga, historiadora, escritora, pensadora, figura extraordinaria. Sabía cantar, sabía contar, aquilatar el verso, pulir

Sor Juana en el siglo XXI

la prosa, alegorizar virtudes y vicios también y ponerlos a dialogar y

En 2021 se cumplieron 370 años de su nacimiento (12 de noviembre

a argumentar, a escucharse y escucharlos. Su nombre es una página

de 1651) y 330 de su Respuesta (1 de marzo de 1691). Murió de una

especial en el Libro de profesiones del convento de San Jerónimo,

epidemia el 17 de abril de 1695, hace más de 326 años. Hoy seguimos hablando de ella, cuando en cada episodio de la historia se va creando una nación, que ella misma forjó a su excepcional manera. Es memo-

Fama y Obras pósthumas, op. cit. Véase Obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz, t. i: Lírica personal, op. cit., p. 160 (romance 51). 22 Inundación castálida, op. cit. Véase Obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz, t. i: Lírica personal, op. cit., p. 57 (romance 19). 21

572

ria, posmemoria. Es (sin adjetivos) Sor Juana Inés de la Cruz, quien pensó la nación desde la lengua, la palabra, la poesía. Fueron sus naciones, sus pasiones.


El sentido de la historia y su escritura patricia escandón*

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La cultura hispánica que se trasplantó a América desde fines del si-

proceso de desalojo del poderío musulmán de la Península— incluía

glo xv tenía como piedra angular el cristianismo. Tenerlo presente ayu-

otros elementos de peso. Por ejemplo, la certeza de que aquel vasallo

da a explicar el trasfondo de las acciones de los españoles en ultramar,

que, a sus expensas y con la fuerza de su brazo armado, ganase tierras

que casi todos entendían como una misión histórica y providencial.

para Dios y el rey podía alentar la esperanza fundada de recibir re-

Diez siglos atrás, San Agustín había introducido en Occidente la

compensas simbólicas y materiales, como la gloria personal y una

idea de que la historia era un desenvolvimiento de sucesos guiado por

retribución en bienes tangibles por cuenta del monarca. Este conven-

la voluntad de Dios. La materialidad y la fugacidad de la vida humana

cimiento espoleó a un sinnúmero de voluntarios a embarcarse y a

carecerían de sentido de no haber sido por la redención de Cristo,

participar en la conquista del Nuevo Mundo, resueltos a propagar la

pues, a partir de ella, el destino del hombre se había vuelto trascen-

fe de Cristo, a ampliar la soberanía de su católica majestad y, en lo

dente: alcanzar la salvación de su alma inmortal. Dicho concepto y la

personal, a hacerse de fama, honores y fortuna.

interpretación de los Evangelios persuadieron a los europeos del Me-

Para multitud de hombres ordinarios, las Indias Occidentales re-

dioevo de que su deber era expandir la fe y el mensaje de Dios hasta

presentaron entonces una insólita oportunidad de descollar y enri-

los confines mismos de la Tierra. Para hacerlo, estaban dispuestos no

quecerse; en cambio, para un pequeño núcleo de teólogos, juristas y

sólo a predicar pacíficamente, sino incluso a luchar contra infieles y

pensadores españoles el hallazgo de estas tierras se tradujo en un

paganos reacios, seguros de que, en el momento en que todo el géne-

intrincado problema que podríamos llamar “científico”. Ellas y sus

ro humano abrazara la verdadera fe, llegaría el fin de los tiempos, es

habitantes constituían una insólita cuarta parte del mundo, no men-

decir, el de una historia que iba desde la creación del hombre hasta el

cionada ni prevista en el único compendio del saber universal: la Bi-

Juicio Final.1 En su versión política, el agustinismo generó una doctrina

blia. Así que, a partir del propio Colón, quien creyó haber llegado a

según la cual la cristiandad, como entidad única, era legítimamente

regiones mencionadas en las Sagradas Escrituras, muchos otros, como

cogobernada espiritual y temporalmente por los poderes de los pontí-

el sabio Benito Arias Montano, se esforzaron por ligar intelectual-

fices de la Iglesia y de los emperadores.

mente, de alguna manera, el ser de América con el del resto del orbe

De ahí que, aunque comparativamente con su vida eterna, los ac-

conocido y reconocido en los textos bíblicos.

tos y gestas terrenas de los individuos resultasen cosas banales, los pro-

Pero no era ése el problema verdaderamente acuciante para quie-

tagonizados por reyes y gobernantes, cuyo poder derivaba de Dios, sí

nes llegaron a las Indias con la sola misión de difundir el Evangelio,

eran significativos, así que se conservaba memoria escrita de ellos.

es decir, los religiosos, sino el de penetrar y comprender la naturaleza

Hacerlo revestía, además, otra utilidad práctica, pues de acuerdo con el

de la civilización de los pobladores entre los que tenían que trabajar.

filósofo romano Cicerón, la historia era maestra de la vida, de modo

Así que en el territorio que tras la Conquista se denominó “Nueva Es-

que el conocimiento del pasado dejaba valiosas lecciones para orien-

paña”, frailes como los franciscanos Toribio de Benavente (también

tar las prácticas presentes y futuras de los gobernantes.

llamado Motolinía), Andrés de Olmos, Bernardino de Sahagún y el

Con ello tenemos dos nociones centrales: la primera, que el sen-

dominico Diego Durán escribieron por extenso respecto de las creen-

tido de la historia es providencial, y la segunda, que los únicos hechos

cias, los ritos y las peculiaridades culturales de los nahuas, a lo que

humanos contingentes que ameritaban recordarse y registrarse eran

añadieron todo aquello que lograron averiguar sobre su pasado. Otro

aquellos que, dirigidos por las cabezas coronadas o ungidas, tenían por propósito extender el reino de Dios a lo ancho y largo del mundo. Ambas formaban parte de las convicciones de los hombres blancos y barbados que, a partir de 1492, emprendieron la exploración y la conquista de los asombrosos territorios que se habían hallado al poniente del océano Atlántico. Pero el bagaje de su imaginario medieval —que mucho se amplió en la llamada “Reconquista” ibérica o

* Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe, Universidad Nacional Autónoma de México, México. 1 Karl Löwith, El sentido de la historia: implicaciones teológicas de la filosof ía de la historia, Madrid, Aguilar, 1973, y R. G. Collingwood, Idea de la historia, México, Fondo de Cultura Económica, 1972.

575


p. 574

M i g u e l C a b r e r a ( 1 6 9 5 - 1 76 8 )

Alegoría de la preciosa sangre de Cristo (detalle), siglo xviii Autor no identificad o

El triunfo de la Iglesia, siglo xviii


tanto hicieron para los purépechas de Michoacán y los mayas de

pertenencia a una entidad colectiva: familias nobles, vecindarios,

Yucatán, respectivamente, los franciscanos Jerónimo de Alcalá y Die-

parroquias, gremios, claustros de profesores universitarios, asocia-

go de Landa.2

ciones de comerciantes, concejos de ciudades, instituciones eclesiás-

Otros autores eclesiásticos, bastante más ambiciosos, buscaron

578

ticas, etcétera.

conectar la historia del Nuevo Mundo con el drama universal de la

Estos grupos también se definían como cuerpos políticos y en su

salvación, asumir la defensa de los amerindios o abogar por un orden

conjunto formaban la “república cristiana”, cuya jefatura recaía en el

político particular en el Nuevo Mundo. Fray Bartolomé de las Casas,

monarca. En un símil organicista, que proyectaba a la sociedad figu-

fray Jerónimo de Mendieta y fray Juan de Torquemada, por ejemplo,

radamente como un cuerpo humano, su gobierno civil y eclesiástico

tenían visiones de mayor aliento que integraban a los indios al decur-

se entendía como una corresponsabilidad de todos sus miembros y

so histórico universal. Las Casas suscribió una encendida apología de

no como una obligación exclusiva de su cabeza, el soberano, quien, por

la libertad y el derecho de los indígenas a retener sus dominios; Men-

cierto, tampoco era la fuente exclusiva del derecho. En sus quehaceres

dieta tomó partido por una forma de gobierno que sólo considerara

propios, cada cuerpo debía colaborar con el rey en el “buen gobierno”

la conducción de la orden franciscana sobre las comunidades de na-

o “policía cristiana” y a tal fin, con la venia regia, podían darse normas

tivos, en tanto que Torquemada moderó este mismo proyecto políti­co-­

particulares que lo autorregularan. El movimiento entero de este mag-

espiritual y trató de insertar ideológicamente el universo nahua en la

no engranaje corporativo iba dirigido a la conservación de la socie-

órbita del Imperio hispánico.

dad y al logro del bien común.

3

Éstos fueron, pues, los primeros ingredientes de la escritura de

Con tales supuestos y a partir de 1521, año de la caída de Mexi-

la historia americana, en general, y novohispana, en particular, a los

co-Tenochtitlan, se inició en el antiguo Anáhuac la conformación de

que se añadió uno más: la creencia de que el tejido social era…

núcleos sociales de modelo europeo. La instrucción de la población indígena, en lo que para ella eran esquemas nuevos, fue encomenda-

U n m u n d o c o r p o r at i v o

da a unos agentes muy empeñosos: los evangelizadores. Para su for-

Entre las muchas ideas medievales que aún impregnaban el imagina-

tuna, ciertos rasgos culturales del mundo nahua (como el profundo

rio español del xvi había una que asumía que —también por volun-

sentido religioso de la existencia y su organización político-social

tad divina— la sociedad estaba naturalmente organizada en “cuerpos”

jerárquica y grupal) guardaban cierta semejanza con los patrones oc-

o grupos diferenciados; de ahí el término “orden corporativo”. Se trata-

cidentales que se deseaba introducir y, por tanto, facilitaron su tarea.

ba de una estructura rigurosamente vertical, no igualitaria, y la “per-

Así, junto con el padrenuestro, los frailes inculcaron en sus neófitos

sonalidad” que se atribuía a cada sujeto particular inscrito en ella no

los conceptos de la “vida política” y de las agrupaciones orgánicas,

arraigaba en su ser individual —como ahora—, sino justamente en su

familiares y jerárquicas españolas. Con ello, los indígenas aprendieron a ubicar su propio peldaño corporativo y los de los otros, puesto

Para una obra que recoge estudios sobre ellos y otros autores similares, véase José Rubén Romero Galván (coord.), Historiograf ía novohispana de tradición indígena, vol. 1, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2011. Para Motolinía, véase el texto de Elsa Cecilia Frost que se encuentra en Rosa Camelo Arredondo y Patricia Escandón (coords.), Historiograf ía mexicana, vol. ii: La creación de una imagen propia: la tradición española, t. 2: Historiograf ía eclesiástica, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2012, pp. 767-794. 3 Sobre Las Casas, véase el trabajo de Mauricio Beuchot, en ibid., vol. ii: La creación de una imagen propia: la tradición española, t. 1: Historiograf ía civil, pp. 267-280. Para los estudios sobre Mendieta y Torquemada, véase ibid., vol. ii: La creación de una imagen propia: la tradición española, t. 2: Historiograf ía eclesiástica, pp. 795-852. 2

que el mismo “credo” jurídico-político-social-moral se aplicaba universalmente al resto de los súbditos americanos del rey de Castilla, lo mismo a los españoles que a los demás grupos que surgieron con el paso del tiempo: criollos, negros, mestizos, mulatos y otras castas. El Nuevo Mundo —complejo, múltiple y todavía incierto— exigió a la cultura jurídica hispánica, fuertemente sectorizada, idear asimismo formas inéditas de gobernación. Una muy temprana fue el artificio legal de dividir a esta nueva sociedad híbrida en una república de españoles y otra de indios, entidades abstractas que no


Autor no identificad o

Vista de Sevilla, 1724 M arten de Vos (1532-1603)

El Juicio Final, 1570


580

separaban ni territorios de habitación ni cuerpos f ísicos, sino que

días. Éstas eran hermandades de laicos que, bajo la insignia del nom-

marcaban autoridades y derechos diferenciados y privativos de am-

bre de un santo, una Virgen, un atributo de la Pasión o una reliquia,

bos sectores.

fomentaban la devoción, hacían obras pías y brindaban servicios

La cúspide de la pirámide corporativa novohispana la ocupaba

asistenciales a sus agremiados. Las había de españoles, de indios, de

el virrey, que, aunque ciertamente era un individuo y el alter ego del

negros, de mulatos, o bien de grupos artesanales específicos: plate-

monarca, al juntarse con los jueces de la Audiencia, conformaba una

ros, carpinteros, etcétera. Viene al caso reiterar que muchos de estos

entidad grupal llamada “Real Acuerdo”, al que incumbían las deci-

cuerpos (cofradías, consulados de comerciantes, claustros docen-

siones más importantes del reino. El arzobispo de México disponía

tes, cabildos indios y demás) se autogobernaban con sus particulares

igualmente de su cabildo catedralicio —compuesto por varios ecle-

normas, ordenanzas, o “constituciones” y —lo que es aún más impor-

siásticos de distinto rango—, que lo auxiliaba en la administración de

tante— disponían legalmente de fondos o recursos económicos que

su diócesis. De ahí hacia abajo venían otras corporaciones: las ciuda-

podían destinar a fines propios.

des “españolas” se regían y gestionaban a través de cabildos, formados

Dicha concepción del orden social adoptaba formas visibles en

por números variables de regidores y alcaldes; y aun cuando en los pri-

ocasión de fiestas eclesiásticas o civiles señaladas mediante las proce-

meros tiempos los pueblos de indios tenían al frente a un gobernador,

siones, que eran desfiles callejeros de todos los cuerpos de la “república

cacique o “principal”, muy pronto conocieron y fueron dirigidos por

cristiana”. Para una sociedad en lo general analfabeta y cuya instruc-

la figura corporativa del cabildo indígena. Cuando en 1551 surgió la

ción se encauzaba preferentemente por medios visuales, estas dramati-

Real y Pontificia Universidad de México, la planta docente se colegió

zaciones públicas constituían genuinas lecciones de cultura política

en un claustro de profesores; los oficiales menestrales se amalgama-

sobre la jerarquía estamental. Al llamado de las autoridades, la pobla-

ban en una constelación de gremios según su arte: espaderos, cante-

ción participaba en la representación teatralizada del ordenamiento

ros, sastres, etcétera. Por otro lado, buena parte de la población solía

social, cuya disposición invariable iba de menor a mayor. Abrían la

afiliarse voluntariamente a otros tipos de cuerpos, como las cofra-

procesión las cofradías de negros y mulatos, a las que seguían las de


Autor no identificad o

Traslado de las monjas dominicas a su nuevo convento en Valladolid, ca. 1738

dad para la comunidad. Así pues, se suponía que de la conservación y la observancia de este orden social y gran corpus normativo (o conjunto de leyes, prerrogativas, excepciones, tradiciones, usos y costumbres de la república) dependía, en gran medida, su buena gobernación.4 Pero antes de que el nuevo y abigarrado complejo social se organizara por cuerpos y llegara a conformar la sociedad novohispana, su traumático parto fue descrito, paso a paso, por un conjunto de textos que actualmente llamamos… C r ó n i c a s d e l a C o n q u i s ta

Los relatos originales de la conquista de Mexico-Tenochtitlan no son realmente historias, es decir, narraciones pretendidamente veraces y escritas de modo deliberado para registrar o explicar hechos pretéritos a fin de preservarlos del olvido. Los primeros recuentos de esa lucha y sus avances son, de hecho, correspondencia: las famosas Cartas de relación que el propio Hernán Cortés envió al emperador Carlos V entre 1520 y 1526 para referirle el curso de los acontecimientos, según iban sucediéndose. Así que esta primera “historia” puede considerarse una especie de crónica periodística, con un propósito particular de su autor: destacar su propio papel estelar en el sometimiento de nuevos súbditos y tierras para el soberano.5 En las epístolas cortesianas se da cumplimiento a los postulados que hemos venido enunciando: se magnifican las hazañas bélicas como acciones dirigidas a difundir el cristianismo entre, hasta entonces, desconocidos pueblos gentiles y a ponerlos simultáneamente bajo el vasallaje de un príncipe católico, el emperador Carlos. Y, desde luego, el autor confiaba en que, a cambio de tan señalados servicios, el monarca le otorgaría las gratificaciones correspondientes. Por orden cronológico, las siguientes tres narraciones de la Conlos indígenas, que eran sucedidas por las de españoles. A continua-

quista debidas a otros tantos soldados, compañeros de Cortés, tam-

ción, marchaban los grupos de estudiantes de los colegios y luego las

poco son historias en sentido estricto. Aquello que escribió Andrés

órdenes religiosas, que cedían paso al clero secular. Venían después

de Tapia en 1533 es un discurso de exaltación de su capitán don Her-

los cuerpos de funcionarios civiles menores; luego, los señores del

nando y el texto de Bernardino Vázquez de Tapia, de 1543, era una

Protomedicato y, tras ellos, los miembros de los consulados de comer-

“relación de méritos y servicios”, una especie de currículum, en el que

ciantes, los profesores del claustro universitario y los integrantes del

constaban sus proezas personales durante la Conquista. En tanto que el

ayuntamiento de la ciudad. La parte final, como la más distinguida, se

escrito debido a Francisco de Aguilar (1560), para entonces un anciano

conformaba con los altos oficiales de la Real Hacienda y los magistra-

conquistador metido a fraile, era una breve narrativa destinada a sa-

dos de la Audiencia, detrás de los cuales surgía la única figura indivi-

tisfacer la curiosidad de sus hermanos dominicos sobre lo que él ha-

dual: la del virrey de Nueva España.

bía vivido y visto en aquel tiempo turbulento.6

Tan complejo y segmentado como el edificio social era el orden jurídico. Amén de la ley divina y la ley natural que regían a toda la humanidad, estaban las “leyes positivas”, de elaboración humana. En tal rubro, las de mayor significación eran las del rey, tras las cuales venían las de las corporaciones. Éstas, que eran leyes privadas o “privilegios”, diferenciaban a cada cuerpo y le conferían una condición singular, ya que nadie reclamaba ni pretendía ser igual a los otros: se trataba de ocupar un sitio particular y exclusivo en la estructura social. Como “leyes positivas” se consideraban igualmente las tradiciones, usos y costumbres de la “república”, que por haberse guardado muchos años con el respeto de múltiples generaciones habían demostrado su bon-

4 Para ampliar información respecto del orden corporativo, véanse la primera parte de Annick Lempérière, Entre Dios y el rey, la república: la ciudad de México de los siglos xvi al xix, México, Fondo de Cultura Económica, 2013; Marialba Pastor, Cuerpos sociales, cuerpos sacrificiales, México, Universidad Nacional Autónoma de México/Fondo de Cultura Económica, 2004, y Beatriz Rojas (coord.), Cuerpo político y pluralidad de derechos: los privilegios de las corporaciones novohispanas, México, Centro de Investigación y Docencia Económicas/Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 2007. 5 Sobre Hernán Cortés, véanse Hernán Cortés, Cartas de relación, edición, introducción y notas de Ángel Delgado Gómez, Madrid, Castalia, 1993, y José Luis Martínez, Hernán Cortés, México, Fondo de Cultura Económica/Universidad Nacional Autónoma de México, 1990. 6 Para Andrés de Tapia, véase Roland Schmidt-Riese, Relatando México, Madrid, Vervuert-Iberoamericana, 2003, pp. 127-163; para Bernardino Vázquez de Tapia, véase Relación del conquistador Bernardino Vázquez de Tapia, edición de Manuel Romero de

581


sólo favorecían a Cortés, puesto que el mismo Díaz del Castillo había sido partícipe y testigo de aquellos mismos hechos y tenía otro punto de vista.7 Como sea, con base en ese puñado de escritos, en los años y siglos posteriores se elaborarían absolutamente todas las historias relativas a la conquista de los dominios de Mexico-Tenochtitlan. Empero no puede decirse que con el derrumbe de la gran capital mexica en el verano de 1521 hubiera culminado verdaderamente el proceso de dominación armada y de ocupación, es decir, aquello que llamamos “Conquista”. Fuera de lo que hoy es el área central de México, que fue la que adoptó el nombre de “Nueva España”, y en regiones extensas, distantes y rumbo a los cuatro puntos cardinales, había otras tierras, hogar de distintas comunidades, grupos o etnias, a los que los hispanos también buscaron someter a la soberanía de Castilla. Esas guerras de conquista se prolongaron temporalmente mucho más que las del Altiplano. Así, por ejemplo, en el actual Yucatán, residían grupos mayas. Ahí, un antiguo señor o cacique llamado Ah Nakuk Pech, quien al ser bautizado tomó el nombre de Pablo Pech, escribió la Historia y crónica de Chac-Xulub-Chen, una especie de anales o registro de acontecimientos, organizado por años, que contaba lo que podría definirse como la “conquista peninsular”. En una etapa que va, más o menos, de 1511 a 1560, refiere el momento de la llegada de los españoles a la región, el principio de las acciones de armas, la cristianización de los pueblos, la colonización, la rebelión indígena de 1546 y otros varios sucesos que cubrieron medio siglo y que dieron cuenta de los cambios político-sociales operados en la península yucateca.8

582

Pero a poco más de treinta años de los sucesos bélicos sí que

Al oeste y noroeste de México, áreas que hoy pertenecen a Mi-

empezaron a escribirse historias que recogieron todo lo acaecido,

choacán, Jalisco, Nayarit y Sinaloa sirvieron de escenario a la violenta

desde el instante del desembarco de Hernán Cortés en Veracruz, en

campaña castrense de Nuño de Guzmán, desarrollada entre 1529 y

1519, hasta el derrumbamiento final del poderío mexica en 1521. La

1533. Sabemos de sus incidentes tanto por las cartas-informe que

primera de ellas fue la del sacerdote Francisco López de Gómara,

envió a la Corona, como por otras relaciones de oficiales y soldados

quien, en 1552 y sin haber pisado jamás América, publicó su Historia

que lo acompañaron en sus correrías.9 En dichos recuentos, natural-

de las Indias y de la conquista de México. Su materia prima fueron los

mente, los protagonistas pintaron sus “hazañas” con colores muy fa-

informes que de viva voz le dieron el propio Cortés y otros conquista-

vorables, aunque la realidad fuese otra muy distinta. Tanto así que,

dores; también empleó algunos testimonios, como la mencionada co-

como reacción a sus tropelías y excesos, así como los cometidos por

rrespondencia cortesiana y la relación de Andrés de Tapia. La segunda

los posteriores pobladores europeos, en 1540 los grupos caxcanes y

obra fue una airada réplica a la obra de López de Gómara: la Historia

otras etnias de la región de Jalisco y Zacatecas se alzaron al unísono

verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del

en la gran conflagración que hoy se conoce como la Guerra del Mixtón.

Castillo, escrita hacia 1568. Su objetivo era desmentir o refutar mu-

En el centro-norte y el gran norte, una zona vastísima que arran-

chas afirmaciones del clérigo que Bernal creía falsas o inexactas y que

caba en las inmediaciones del actual Querétaro y de la ribera superior del río Lerma para extenderse ilimitadamente hacia el septentrión,

Terreros, México, Polis, 1939, y para Francisco de Aguilar, véase Francisco de Aguilar, Relación breve de la conquista de la Nueva España [1559-1571], edición, estudio preliminar, notas y apéndices de Jorge Gurría Lacroix, México, Instituto de investigaciones Históricas-Universidad Nacional Autónoma de México, 1977. 7 Francisco López de Gómara, Historia de la conquista de México, 2 vols., introducción y notas de Joaquín Ramírez Cabañas, México, Robredo, 1943; Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, edición, estudio y notas de Guillermo Serés, Madrid, Real Academia de la Lengua, 2011, y Ramón Iglesia, Cronistas e historiadores de la conquista de México: el ciclo de Hernán Cortés, México, Fondo de Cultura Económica, 1942. 8 Ah Nakuk Pech, Historia y crónica de Chac-Xulub-Chen, prólogo, versión y notas de Héctor Pérez Martínez, México, Talleres Gráficos de la Nación, 1936. 9 Memoria de los servicios que había hecho Nuño de Guzmán desde que fue nombrado gobernador de Pánuco en 1525, México, Instituto Jalisciense de Antropología e Historia, 1990; Primera y segunda relaciones anónimas de la jornada que hizo Nuño de Guzmán a la Nueva Galicia, edición de Joaquín García Icazbalceta, México, Chimalistac, 1952, y José Luis Razo Zaragoza, Crónicas de la conquista del Nuevo Reyno de Galicia, Guadalajara, Gobierno del Estado de Jalisco/Instituto Jalisciense de Antropología e Historia-Universidad de Guadalajara, 1982. 10 Guillermo de Santa María, Guerra de los chichimecas (México, 1575-Zirosto, 1580), edición crítica, estudio introductorio, paleograf ía y notas de Alberto Carrillo Cázares, Zamora, El Colegio de Michoacán/Universidad de Guanajuato, 1999.

moraban los denominados “chichimecas”. Formaban bandas de cazadores-recolectores y de agricultores rudimentarios que no tenían pueblos ni asentamientos fijos, sino territorios de subsistencia que recorrían de manera estacional en sus cacerías o en la recolección de frutos de la tierra. Al mediar el siglo xvi y, en mucho, con el propósito de explorar minas y de controlar amplias superficies de pastoreo para el ganado que habían introducido, los españoles intentaron penetrar en aquellas inmensas llanuras, lo que condujo a un levantamiento generalizado de los grupos autóctonos. De gran parte de lo que acaeció en esa tentativa de apoderarse de las tierras norteñas dio cuenta un fraile agustino, fray Guillermo de Santa María, autor de un texto llamado Guerra de los chichimecas. Fue el suyo un escrito de tipo político, que tenía por finalidad explicar los problemas y abogar por una forma pacífica de someter y cristianizar a estos indómitos grupos.10 Escribió su obra entre 1575 y 1580, que no fueron ni los años de inicio ni los de terminación del conflicto, porque lo cierto es


Carta de relación enviada a Su Sacra Majestad del Emperador Nuestro Señor por el capitán general de la Nueva España llamado Fernando Cortés, Sevilla, Jacobo Cromberger, 1522 Autor no identificad o

Biombo Conquista de México (detalle), siglo xvii


que la conquista del gran norte, entendida como la pacificación de sus rebeldes moradores, se prolongaría en muchos sitios hasta bien entrado el siglo xix. Esta masa documental, a la que se suman testimonios de otras regiones, refiere de modo parcial y como en un rompecabezas los acontecimientos de las guerras entre españoles y grupos nativos en varios puntos de la actual superficie de México. Los textos son heterogéneos en cuanto a detalles y extensiones; hablan de comunidades de culturas materiales y simbólicas de variados niveles; describen regiones diversas, donde se desarrollaron escaramuzas y combates de distinto grado y cuantía, y quienes los firmaron tenían sus particulares visiones y propósitos, no necesariamente animados por preservar la memoria de los acontecimientos pasados. Así pues, eso que llamamos “historia o crónica de la Conquista”, empezó a escribirse paralelamente con los eventos, pero no culminó en una fecha precisa; su armazón se fue conformando a partir de narraciones españolas variopintas que, en su momento, revistieron varias intencionalidades, muchas de ellas instrumentales, y que, sólo con el paso del tiempo, acabarían por convertirse en fuentes, “crónicas” o “historias” de la Conquista. Resta decir que, frente al enorme corpus textual de autores españoles, casi no hay contrapeso de testimonios indígenas y los que hay son fragmentarios. Porque, aun considerando contribuciones como las de Ah Nakuk Pech para Yucatán, no puede obviarse que pese a haber nacido antes del arribo de los peninsulares, si logró escribir unos anales, fue justamente porque ya estaba alfabetizado y cristianizado; es decir, que ya había bebido, si se quiere parcialmente, de la cultura de los dominadores. Por lo que toca a los códices, como el Lienzo de Tlaxcala, el Códice Aubin, el Azcatitlán y otros que reproducen imágenes de la Conquista, todos fueron pintados de mediados del siglo xvi en adelante, cuando el proceso de hispanización de los grupos nativos tenía al menos dos generaciones, razón por la que sería 584

demasiado aventurado afirmar que ofrecen una consistente visión de “resistencia”, contraste o rechazo absolutos a las versiones que podían presentar los españoles. Pero en materia de relatos e historias sobre el proceso de dominación de los grupos indígenas, no únicamente los hay de batallas, sino también de las modalidades que se emplearon para introducirlos a la cristiandad y al orden de vida política de Occidente. En este renglón, el sitial de honor corresponde a la… Crónica religiosa

… que es un corpus particularmente voluminoso, producido sólo por ministros eclesiásticos que se dedicaban a la conversión y administración espiritual de los naturales, en particular aquellos de las órdenes mendicantes. Puede afirmarse, sin margen de error, que sus obras conformaron el género histórico-literario más abundante entre los siglos xvii y xviii y su denominación genérica, desde luego, es incapaz de dar cuenta cabal de la ingente variedad de temas que abarca. El subgrupo más considerable es, sin duda, el de tipo “regional”; esto es, el de las llamadas “crónicas provinciales”, obras de ministros que, comisionados ex profeso o no, debían describir la labor histórica de sus hermanos de hábito en escenarios geográficos bien delimitados, que las órdenes llamaban “provincias”. Cada instituto religioso disponía de zonas específicas de trabajo, donde fundaban conventos o casas; una vez que éstos alcanzaban cierto número, podían erigirse como provincias independientes. En

Autor no identificad o

Apología de la orden del Carmen, siglo xviii


Provincias franciscanas

los cronistas que los habían precedido, de obras históricas generales anteriores o de testimonios de ancianos, ya fuesen eclesiásticos o pobladores seglares de la localidad. Ninguno de los frailes pioneros,

San Francisco de Zacatecas (1604)

atareados como estaban en fundar conventos y en convertir nativos a la fe, dejó constancia de los acontecimientos que presenció o protagonizó, y de semejante falta de primicias se quejarían prácticamente todos los cronistas provinciales. No está de más indicar que éstos, en

Santiago de Xalisco (1607)

Golfo de México

San Pedro y San Pablo de Michoacán (1565)

Océano Pacífico

general, eran oficialmente designados en los capítulos o asambleas que cada tres o cuatro años celebraban las provincias para el reparto de cargos. Comúnmente, los elegidos eran religiosos de buena repu-

Santo Evangelio de México (1535)

tación intelectual —profesores o predicadores célebres—, o bien ministros veteranos de amplísima experiencia en materia de gobierno o de administración doctrinal. Pero, como en todo, había sus excepciones. La provincia franciscana del Santo Evangelio (centro de México)

Límite provincial franciscano

careció de cronistas provinciales tempranos, pues, aunque en teoría debieron serlo Mendieta y Torquemada, como se ha dicho, las miras de sus obras fueron tan amplias que desbordaron los estrechos márgenes temáticos de las historias de provincia. Así que sólo tendría uno hasta fines del xvii: fray Agustín de Vetancurt. En cuanto a la provin-

586

Nueva España hubo alrededor de unas catorce provincias de diferen-

cia dominica de los Santos Ángeles Puebla, no contó con historiador

tes corporaciones: cinco franciscanas (Santo Evangelio de México,

oficial conocido, tal vez por lo tardío de su establecimiento.

1535; San José de Yucatán, 1565; San Pedro y San Pablo Michoacán,

En el cuadro adjunto figuran los nombres de los cronistas provin-

1565; San Francisco Zacatecas, 1604, y Santiago de Jalisco, 1607);

ciales novohispanos de los que hasta hoy se tiene noticia, que suman

cuatro dominicas (Santiago de México, 1536; San Vicente de Chiapas

poco más de treinta; las fechas que acompañan su registro indican el

y Guatemala, 1551; San Hipólito de Oaxaca, 1592, y Santos Ángeles

año de conclusión o de publicación de sus obras, en un amplio arco

de Puebla, 1656); dos agustinas (Santo Nombre de Jesús de México,

temporal que va desde 1583 hasta 1792.11

1568, y San Nicolás Tolentino de Michoacán, 1600) y una sola jesuita,

Breves o dilatadas, prolijas o escuetas de noticias, las crónicas pro-

pero muy extensa (Provincia Mexicana, 1572). Hubo, además, una pro-

vinciales son un reflejo de los acontecimientos y de los problemas de su

vincia del ramal franciscano conocida como “descalzos” (Provincia de

tiempo, como las pugnas por el gobierno interno de las provincias en-

San Diego de México, 1591), una más de carmelitas (Provincia de San

tre peninsulares y criollos, los pleitos de las órdenes con los obispos,

Alberto de México, 1585) y, a partir de 1683, surgieron varios colegios

el orgullo de sus suntuosos conventos urbanos, la multiplicación de

franciscanos de Propaganda Fide, especializados en la formación de

sus fundaciones, los avances sobre zonas de indios “bárbaros” e inclu-

misioneros para las regiones fronterizas de indios “de guerra”.

so, en ciertos casos, hasta los progresos en las conversiones de Filipinas,

Si no la totalidad, la mayoría tuvo en distintas épocas sus histo-

esto entre las más variadas materias. Pero el denominador común de

riadores, cuyos relatos, en lo general, seguían un esquema básico. So-

todas era que constituían relaciones de méritos y servicios corporativos:

lían iniciar hablando de la región donde su orden se había establecido y

los de sus respectivas provincias. Casi todas pretendían reafirmar la

trataban luego de la historia temprana o “gentílica” de las comunidades

preeminencia de sus hábitos en la cristianización de estas o aquellas

autóctonas locales y de su posterior conquista por las armas españolas.

etnias, destacaban las virtudes y la santidad de los padres pioneros (va-

Seguía la narración de las primeras entradas de los evangelizadores,

rios de los cuales enlistaban en martirologios) y prodigaban historias

las fundaciones de doctrinas y conventos, así como las vidas ejempla-

de introducción y fomento de cultos o devociones, sin que faltasen,

res de los padres pioneros. A continuación, venían apartados tocantes

aquí y allá, algunas consejas de fantasmas y aparecidos. Su espíritu

al desarrollo de poblaciones o ciudades y cerraban con informes de la

general era el de ofrecer ejemplos moralizantes para sus hermanos;

condición que guardaba la provincia en tiempos del autor. Natural-

muchas se pensaron para ser leídas a la hora de las comidas en los re-

mente, no todos los autores se ceñían a este guion esencial, pues más

fectorios, con el ánimo de estimular a los frailes tibios a imitar a los

de uno presentaba variantes o tocaba asuntos adicionales que resul-

heroicos y virtuosos padres antiguos. Todas dan cuenta de la cons-

taban de especial interés en sus días y regiones.

trucción gradual de las sociedades regionales y, aunque proclaman a

La crónica religiosa sólo empezó a escribirse a fines del xvi,

una sola voz allanarse a la verdad de los hechos, lo cierto es que sobre

cuando las provincias más o menos se habían estabilizado, de mane-

sus líneas gravitan con mayor fuerza los elementos ejemplarles, pia-

ra que todos los datos relativos a la historia temprana de los grupos

dosos y confesionales. Esta tónica —y en particular en lo tocante a la

indígenas regionales y la de su primera evangelización son, por así

historia prehispánica— tendería a modificarse paulatinamente en…

decirlo, de segunda mano. Porque si bien unos cuantos indagaron en códices y antiguas pinturas, el grueso tomó sus fuentes de los archivos

L a crónica del siglo XVIII

que se habían compilado en los conventos, de los apuntes o libros de

A todo lo largo del siglo xviii, las órdenes siguieron elaborando crónicas provinciales, cuyo tenor acataba en lo básico la línea de las del

Para sus vidas y obras, véase R. Camelo Arredondo y P. Escandón (coords.), op. cit., vol. ii: La creación de una imagen propia: la tradición española, t. 2: Historiograf ía eclesiástica. 11

siglo precedente; así se advierte en las de los franciscanos Nicolás Ornelas (1722), José de Arlegui (1736), Isidro Félix de Espinosa (1746), Francisco Mariano de Torres (1755), Pablo Beaumont (1780) y Juan


C r o n i s t a s p r o v i n c i a l e s d e N u e va E s pa ñ a

franciscanos

dominicos

Provincia de México Fray Agustín de Vetancurt

1697

Provincia de Michoacán Fray Diego Muñoz

agustinos

Provincia de México

1583

Fray Agustín Dávila Padilla

1596

carmelitas

Provincia de México

Fray Juan de Grijalva

1624

Provincia de México

Gaspar de Villerías

1601

Fray Hernando de Ojea

1604

Fray Esteban García

1640

Juan Sánchez Baquero

1616

Fray Juan Bautista Méndez

1685

Fray José Sicardo

1643

Andrés Pérez de Ribas

1654

Fray Juan José de la Cruz y Moya

1759

Francisco de Florencia

1694

Francisco Javier Alegre

1771

Fray Alonso de la Rea

1643

Fray Isidro Félix de Espinosa

1755

Provincia de Chiapas y Guatemala

Fray Pablo Beaumont

1780

Fray Antonio de Remesal

Provincia de Yucatán

jesuitas

Provincia de México

Provincia de Michoacán

1619

Fray Juan González de la Puente

1624

Fray Diego Basalenque

1651

Fray Matías de Escobar

1742

Fray Agustín de la Madre de Dios

1658

Provincia de Oaxaca

Fray Bernardo Lizana

1633

Fray Diego López de Cogolludo

1656

Fray Francisco de Burgoa

1670

Provincia de Jalisco Fray Antonio Tello

1653

Fray Nicolás Ornelas

1722

Fray Francisco Mariano de Torres

1755

Provincia de Zacatecas Fray José de Arlegui

1736

Provincia de franciscanos descalzos Fray Baltasar de Medina

1682

Colegios de Propaganda Fide Fray Isidro Félix de Espinosa

1746

Fray Juan Domingo Arricivita

1792

Domingo Arricivita (1792), del agustino Matías de Escobar (1742) y

cronistas religiosos que lo antecedieron, tanto jesuitas como de otras ór-

del dominico Juan José de la Cruz y Moya (1759).

denes, Alegre empleó otro método: se tomó la molestia de compulsar sus

Sin embargo, ya desde la década de 1740 y en el seno de la Com-

fuentes, de hacer crítica acuciosa y de cerciorarse en lo posible de la

pañía de Jesús, se empezó a avizorar un cambio de tendencia en la

veracidad de los hechos que consignaba. Asimismo, mostró cautela e, in-

narrativa que quizá haya que atribuir a una renovación intelectual que

cluso, recelo respecto de los sucesos sobrenaturales y la milagrería que

primero se manifestó en lo que ahora llamaríamos “plan de estudios”

poblaron muchas de las historias de la centuria anterior.14 Por otro lado,

de algunos de sus célebres colegios. Es fundamental señalar que lo que

en notorio contraste con el alambicado estilo barroco y habitual des-

pretendían los jesuitas era adoptar las nuevas tendencias del saber

pliegue de erudición bíblica de otros autores coetáneos, su escritura

científico de Europa, pero sin renunciar al espíritu cristiano y sin abra-

es sencilla, sobria y directa, sin el más mínimo rebuscamiento.

zar acríticamente todas las novedades que el pensamiento ilustrado

En el verano de 1767, cuando a Alegre le faltaba poco para terminar

acarreaba, particularmente en materia de ideas políticas y de posturas

su obra, sobrevino la expulsión de la Compañía de Jesús. Las autorida-

antirreligiosas, de ahí que se propusiera aplicar a la enseñanza un sen-

des virreinales confiscaron su manuscrito, de modo que, ya en el exilio

sato y moderado eclecticismo. El aireamiento de los contenidos y los

en los Estados Pontificios, le fue preciso reconstruirlo prácticamente

métodos de su centenario programa, la Ratio studiorum, comenzó

de memoria. Junto con él, más de cinco centenas de ignacianos criollos

por impulsar una vuelta al estudio directo de las fuentes originales,

fueron a dar a Italia, entre los cuales se encontraba el ya mencionado

clásicas y patrísticas, para dejar de lado el añejo criterio de autoridad;

Francisco Javier Clavijero, quien haría un notable aporte a la inter-

ahora se privilegiaban, en cambio, la observación y la experimenta-

pretación de la antigua historia mexicana, porque su obra no fue una

ción. Igualmente, había que atender a la formación de los estudiantes

crónica provincial.

12

en matemáticas, f ísica, química, geograf ía y otras disciplinas, según las líneas marcadas por los autores modernos. Este empuje regenerador fue liderado por profesores como José Rafael Campoy, Francisco Javier Clavijero, Diego José Abad y Francisco Javier Alegre.13 Precisamente sería este último, el padre Francisco Javier Alegre, gran latinista, el comisionado para escribir una nueva historia de su provincia. Lo notable de su trabajo fue que, a diferencia de todos los

12 Enrique Giménez López, “Los jesuitas y la Ilustración”, en Debats, núm. 105, Valencia, 2009, p. 132. 13 Antonio Rubial y Patricia Escandón, “Las crónicas religiosas del siglo xviii”, en Nancy Vogeley y Manuel Ramos Medina (coords.), Historia de la literatura mexicana, vol. 3: Cambios de reglas, mentalidades y recursos retóricos en la Nueva España del siglo xviii, México, Siglo xxi/Universidad Nacional Autónoma de México, 2011, p. 302. 14 Francisco Javier Alegre, Historia de la Compañía de Jesús en Nueva España, 3 vols., edición de Carlos María de Bustamante, México, Imprenta de J. M. Lara, 1841-1842.

587


Francisco de Florencia, Historia de la Provincia de la Compañía de Jesús de Nueva España (portada), México, Juan Joseph Guillena Carrascoso, 1694 Autor no identificad o

Francisco Javier Alegre, siglo xix

trar que sí había habido una verdadera historia previa a la conquista ibérica, para lo que echó mano y avaló la confiabilidad de las fuentes pictográficas y arqueológicas que los ilustrados del Viejo Mundo desdeñaron por no ser alfabéticas. Finalmente, si bien condenó la brutalidad de la Conquista, no dejó de reconocer su valor como agente de difusión del cristianismo. Como sea, la de Clavijero fue, pues, una respuesta “patriótica” a las formulaciones del eurocentrismo ilustrado.16 Cerca de cuarenta años antes, un singular italiano de nombre Lorenzo Boturini, que ingresó ilegalmente a la Nueva España atraído por su interés en la Virgen de Guadalupe, también había enfocado la antigua historia indígena con una lente distinta a la de la vieja crónica provincial. Durante su estancia en el reino, logró reunir una enorme colección de centenarios documentos pictóricos y de otro tipo (el famoso Museo Histórico Indiano), la más vasta que se hubiera recopilado jamás, a partir de la cual pretendía escribir una “nueva” historia de los grupos autóctonos. De ella únicamente logró terminar primero el esbozo17 y luego un único volumen de la obra en sí: la Historia general de la América Septentrional. Pese a que su método no era ori-

588

Dedicado al estudio, Clavijero leyó las obras de William Robertson,

ginal, sino tomado del filósofo napolitano Giambattista Vico, hay que

Georges-Louis Leclerc de Buffon, Guillaume-Thomas Raynal, Corne­

reconocerle a Boturini varios méritos, como el de haber revalorado

lius de Pauw y otros eruditos europeos que se ocuparon de la historia

como fuentes o “archivos históricos” para el conocimiento cabal de la

y de la naturaleza del Nuevo Mundo. Desde un punto de vista “filosó-

historia de los indios las lenguas, las creencias y los mitos, el cómpu-

fico” y en una desventajosa comparación respecto de Europa, dichos

to del tiempo y los cantos; esto es, lo que hoy entenderíamos como

autores regateaban la condición civilizada al continente americano,

cultura; el de haber dejado de considerar en compartimentos estan-

cuyo mundo natural y humano tildaban sencillamente de “salvaje” y a

cos a las diferentes etnias, para intentar un estudio global de ellas y

veces de “degenerado”. El escocés William Robertson, en particular,

también el de haber concebido el mundo mesoamericano como una

con una perspectiva histórica progresiva o evolutiva, señalaba que la

civilización más del orbe, sujeta al cambio, como el resto, a través de

civilización y la historia sólo habían llegado a los amerindios por vía

sucesivas edades o ciclos históricos.18

de los españoles, portadores del conocimiento de la escritura.

En Madrid, Boturini conoció y se alojó en casa de Mariano Fer-

Clavijero, que en su patria había estudiado las antiguas culturas

nández de Echeverría y Veytia, un criollo poblano de ilustre familia,

indígenas, escribió en italiano su Historia antigua de México (1780)15

a quien estimuló en el conocimiento del pasado indígena, tanto que

que —sobre todo en sus “disertaciones” finales— refutaba contunden-

se haría su discípulo. A su regreso a Nueva España —y sirviéndose de

temente a los referidos filósofos europeos. Rechazó las generalizaciones

papeles y enseñanzas del italiano—, Veytia escribió una Historia an-

y las abstracciones “filosóficas” formuladas a la distancia y sin conoci-

tigua de México, que dejó inconclusa por su muerte.19

miento de las lenguas autóctonas americanas y, además, intentó demos-

Aunque influido por Boturini —y, a través de él, por Vico—, Veytia intentó su propio y personal análisis. Quizá sus rasgos más notables hayan sido los de la justipreciación de las fuentes de la historia me-

Para la primera edición en español, véase Francisco Javier Clavijero, Historia antigua de Méjico: sacada de los mejores historiadores españoles y de manuscritos y pinturas de los indios, traducción de Francisco Pablo Vázquez, México, Juan N. Navarro, 1853. 16 Jorge Cañizares Esguerra, Cómo escribir la historia del Nuevo Mundo: historiograf ías, epistemologías e identidades en el mundo Atlántico del siglo xviii, México, Fondo de Cultura Económica, 2007, sobre todo pp. 413-421, y Antonello Gerbi, La disputa del Nuevo Mundo, México, Fondo de Cultura Económica, 1960. 17 Lorenzo Boturini, Idea de una nueva historia general de la América Septentrional, 1746. 18 Álvaro Matute, “Lorenzo Boturini”, en R. Camelo Arredondo y P. Escandón (coords.), op. cit., vol. ii: La creación de una imagen propia, t. 1: Historiograf ía civil, pp. 481-495. 19 Para la primera edición, véase Mariano Veytia, Historia antigua de Méjico, 3 vols., México, Imprenta de Juan Ojeda, 1836. Véase también José Rubén Romero Galván y Tania Ortiz Galicia, “Historiadores del siglo xviii novohispano”, en N. Vogeley y M. Ramos Medina (coords.), op. cit., vol. 3: Cambios de reglas, mentalidades y recursos retóricos en la Nueva España del siglo xviii, pp. 448-459. 20 Margarita Evelia Moreno-Bonett, “Mariano Fernández de Echeverría y Veytia”, en R. Camelo Arredondo y P. Escandón (coords.), op. cit., vol. ii: La creación de una imagen propia, t. 1: Historiograf ía civil, pp. 497-520. 15

soamericana del siglo xvi escritas por las élites indígenas (como las obras de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, Hernando de Alvarado Tezozómoc o Diego Muñoz Camargo, entre otros) y su obsesión por el estudio de los antiguos calendarios. A despecho de que parte de su interés en la cronología nahua se basaba en la creencia de poder datar a través de ella sucesos de los textos bíblicos, esto no resta relieve a su estudio crítico de las ruedas calendáricas.20 Con sus estudios, interpretaciones y trabajos, los historiadores del siglo xviii, como Veytia, Boturini, Clavijero y Alegre, dieron un giro radical a la manera de historiar. Apartándose de la añeja tradición cronística religiosa, pero sin renunciar a sus convicciones cristianas, introdujeron modernos métodos analíticos y perspectivas que cambiarían el rostro de la historiografía novohispana.


Arquitectura y artes plásticas en la Nueva España, 1521-1821 clar a bargellini*

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Los inicios

nativos de las “nuevas” tierras. También, sin embargo, dentro de la com-

Encontrarse con un “Nuevo Mundo” hacia finales del siglo xv fue,

plejidad que supone el devenir de la humanidad, la religión de los eu-

para los europeos de entonces, un acontecimiento que dif ícilmente

ropeos cristianos tenía raíces en la historia de un hombre humilde, que

podemos comprender. Hoy en día, sería comparable sólo a un hallaz-

había sufrido en vida, pero que resultó ser el hijo del Dios más pode-

go repentino de seres pensantes, hablantes y f ísicamente parecidos a

roso, el único y verdadero. Todos los demás dioses eran invenciones

nosotros, de los que antes no habíamos tenido ninguna noticia, que

o —peor aún— engaños apoyados por el gran enemigo de la humani-

viven en otro planeta, habitable y semejante al nuestro, y asequible,

dad y del Dios único y verdadero: el demonio, que había querido ser

aunque con dificultad. Los europeos tenían conocimientos de pueblos

más que Dios y que, en consecuencia, había sido condenado al infierno,

y culturas distintas a las suyas propias: desde hacía siglos sabían de

un inframundo de fuego y sufrimiento. Por esas convicciones, pudie-

los pueblos de África y de Asia. Por eso, los Reyes Magos, que guiados

ron justificar como un acto positivo obligar a los americanos a acep-

por una estrella misteriosa llegaron a ver y a adorar al Niño Jesús,

tar su religión.

fueron tres: uno por cada continente de los tres conocidos hasta enton-

Conviene recordar estas realidades e ideas fundamentales para

ces (Europa, Asia y África). Así fueron representados en pinturas,

entender la producción arquitectónica y artística de los europeos que se

mosaicos y esculturas desde los primeros siglos de la era cristiana.

establecieron en América entonces y de sus descendientes. Lo que aho-

El continente americano, por otra parte, era inesperado, algo que

ra es México, partes del sur y del oeste del actual Estados Unidos y

los conocimientos geográficos europeos no habían alcanzado a ima-

toda América del Sur (menos Brasil, que fue portugués) pasaron a ser

ginar. Por primera vez, a partir de finales del siglo xv, se conocían

tierras españolas. Este texto presenta una síntesis apretada del desa-

tierras habitadas por seres pensantes y hablantes, de quienes no se

rrollo de la arquitectura y de las artes plásticas en la Nueva España,

había tenido ninguna noticia previa. Los “nuevos” seres eran también

un territorio que en el siglo xviii era más extenso, hacia el norte y

de la raza humana, así que la necesidad —tanto para los europeos

hacia el sur. Entre los actores de esta historia se incluye a los que de-

como para los “americanos”— de volver a pensar el mundo en su con-

cidieron establecer pueblos y ciudades en estas tierras y mandaron

junto fue radical. De repente, la tierra se había vuelto global. Sólo

hacer construcciones y obras que ahora llamamos “arte” (edificios, pin-

podemos tratar de imaginar el asombro y la sacudida a las distintas

turas, esculturas y otras creaciones materiales) y también a los propios

maneras de considerar la realidad, tanto de un lado como del otro.

creadores: los artistas, los artesanos y los arquitectos responsables de

Vale la pena recordar aquí al artista jesuita Diego de la Puente (1586-

planear y ejecutar las obras, incluidos algunos de los propios “natura-

1663), misionero flamenco en Perú en el siglo xvii, que puso a un

les” de América. Además, por supuesto, habrá que poner atención a la

inca en el lugar del mago asiático en sus pinturas de la Adoración de

“fortuna crítica”: cómo se han visto, explicado y usado esas obras a lo

los Reyes. Era una manera de afirmar el carácter universal de la reli-

largo del tiempo.1

gión cristiana en términos visuales europeos tomando en cuenta la nueva realidad.

La conquista de la capital mexica por Hernán Cortés y sus hombres en 1521 es una historia de destrucción y saqueos. Da tristeza leer

A finales del siglo xv, los europeos habían llegado a América sin

los relatos de esos eventos. Hasta la fecha, siguen las exploraciones

querer y sin saber de qué se trataba. La sorpresa correspondiente de

arqueológicas de la antigua Tenochtitlan —ahora Ciudad de Méxi-

los pueblos americanos no fue menor. Todos tuvieron que repensar y

co— y los hallazgos no dejan de maravillarnos. Para los europeos que

ajustar sus ideas acerca del mundo. Los europeos, favorecidos por las corrientes de los mares y por conocimientos tecnológicos que les permitieron cruzar el Atlántico y les auxiliaban en los combates (las armas de metal y la pólvora), pudieron tomar posesión de tierras americanas. No es dif ícil entender que una suposición fundamental que los animó fue que su Dios era más poderoso que los dioses “falsos” de los

* Instituto de Investigaciones Estéticas, Universidad Nacional Autónoma de México, México. 1 La bibliograf ía moderna acerca de las obras producidas en la Nueva España tuvo sus inicios en México con Manuel Toussaint en la Universidad Nacional Autónoma de México y se desarrolló con aportaciones españolas (Diego Angulo) y estadounidenses (George Kubler). Actualmente, puede decirse que el interés es mundial.

591


p. 590

C r i s t ó b a l d e V i l l a l pa n d o ( c a . 1 6 4 5 - 1 7 1 4 )

El dulcísimo nombre de María (detalle), siglo xvii Diego de l a Puente (1586-1663)

Adoración de los Reyes, siglo xvii Jesús Muñoz

Esquema sagital que muestra las diferentes alturas y procesos constructivos de los techos de las naves, 2019

sus inicios franciscana, y franciscano fue su primer obispo, Juan de Zumárraga, desde 1530. Para la historia de la arquitectura, es importante recordar que esa primera catedral de la Ciudad de México fue de planta y alzado basilical,2 a imitación de las basílicas paleocristianas, como la antigua iglesia de San Pedro en el Vaticano, todavía existente en esos años. Desde 1506, se había empezado a pensar en la reconstrucción de San Pedro, pero estaba muy lejos el levantamiento de la enorme iglesia de piedra y con bóvedas que hoy conocemos. Lo que existía era una basílica de cinco naves y techo de dos aguas: dos a cada lado de la central, que era más alta y culminaba en el ábside, donde estaban el altar mayor y la tumba de San Pedro. Además de la ventaja de la relativa sencillez de este tipo de construcciones, la memoria apostólica que conllevaba tenía un enorme peso simbólico, manifestado en muchas otras basílicas construidas en Europa y después también en América, hasta nuestros días. Entre los ejemplos novohispanos tempranos, además de la catedral de México, se cuentan una primera iglesia franciscana en Huejotzingo, conocida por exploraciones arqueológicas,3 y también las iglesias de la misma orden en Zacatlán y las ruinas en Quecholac

592

se asentaron allí fue importante establecer en el centro de la antigua

y Tecali. Otro recuerdo paleocristiano explícito en México, aunque

ciudad las sedes de sus propios poderes civiles y religiosos, todo con

más tardío, es la iglesia de la misión jesuita de Carichí, en Chihuahua,

base en ideas que, en parte, por lo menos, se apoyaban en nociones

construida en 1689-1698.4

utópicas acerca del equilibrio necesario entre los dos. Establecer una

Fue en los pueblos llamados “de indios” en la Nueva España central

nueva ciudad cristiana sobre las ruinas del antiguo poder pagano era

donde se elevaron las primeras construcciones monumentales con

análogo, además, a lo que se había hecho en Roma en tiempos de

bóvedas, bajo la supervisión de frailes provenientes de diferentes par-

Constantino y a la reciente reconquista en España de la Granada mu-

tes de Europa y con el trabajo de artistas y artesanos europeos, pero

sulmana por parte de los Reyes Católicos en 1492.

también de muchísimos indígenas y, en poco tiempo, de individuos

Al inicio de la ocupación de lo que empezó a llamarse “Nueva

mestizos. Después de la etapa inicial de edificios modestos, se levan-

España”, el gobierno religioso, que era entonces el mayor promotor

taron y decoraron grandes iglesias, generalmente de una sola nave,

y cliente de obras que ahora llamamos “arte”, estuvo principalmente en

con bóvedas de perfil ojival o de cañón, conventos anexos para los

manos de frailes: franciscanos, dominicos y agustinos, tres órdenes

frailes y amplísimos atrios abiertos al frente. Estos conjuntos conven-

monásticas con orígenes en el siglo xii. Los jesuitas (la Compañía de

tuales del siglo xvi están delimitados por murallas, con una entrada

Jesús, una orden fundada en 1540) llegaron en 1572. El primer obispo

principal, generalmente en eje con la portada de entrada a la iglesia.

de la Nueva España fue el dominico Julián Garcés, en Yucatán, en

Incluyen, además, una invención particular: la “capilla abierta”. Se

1519, y después el de Puebla y Tlaxcala a partir de 1525. La catedral

trata de un ábside, abierto al frente para la celebración de la liturgia

de la Ciudad de México, la principal y más estudiada del país, fue en

al aire libre. Esos conjuntos llamaron la atención de George Kubler, historiador de la arquitectura que había escrito su tesis doctoral acer-

Para un estudio reciente sobre este edificio, véase Luis Gerardo Huitrón Flores, La reconstrucción histórica y virtual de la primera catedral de la Ciudad de México (15251625), tesis de doctorado, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2019. 3 Mario Córdova Tello, El convento de San Miguel de Huejotzingo, Puebla, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1992. 4 Clara Bargellini, “El arte en las misiones del norte de la Nueva España”, en El arte en las misiones del norte de la Nueva España, 1600-1821, México, Antiguo Colegio de San Ildefonso, 2009, p. 60. 5 Para la edición más reciente de este estudio, véase George Kubler, The Religious Architecture of New Mexico in the Colonial Period and Since the American Occupation, prólogo de Barbara Anderson, Albuquerque, University of New Mexico Press, 1972. Henri Focillon fue el director de la tesis. 6 Para una edición en español de este texto fundamental, véase George Kubler, Arquitectura mexicana del siglo xvi, prólogo de Carlos Flores Marini, México, Fondo de Cultura Económica, 2012. En México, Manuel Toussaint, Elena Estrada de Gerlero y, más recientemente, Alessia Frassani y Alejandra González Leyva, entre otros, han contribuido con sus estudios y docencia a avanzar en el conocimiento de estas obras. 2

ca de las iglesias novohispanas de Nuevo México, en la Universidad de Yale, en 1940.5 Siguió con su interés por la arquitectura novohispana en su libro Mexican Architecture of the Sixteenth Century, publicado por la misma universidad en 1948,6 en el que estableció que los responsables de las obras habían sido españoles y flamencos, pero también muchos indígenas, que se volvieron expertos en los lenguajes plásticos y arquitectónicos europeos. También —y no es cosa menor— empezaron a utilizar herramientas de metal. En este primer periodo, después de la Conquista, cuando fue necesario para los europeos construir iglesias en muchos sitios, también lo fue recordar las historias bíblicas y transmitirlas a los indígenas en representaciones icónicas y narrativas. Por lo tanto, la pintura desempeñó un papel fundamental. Prácticamente todas las iglesias y los


conventos de los frailes en los pueblos indígenas se llenaron de pin-

población originaria.8 De hecho, como la guadalupana, hubo otras imá-

turas murales con una enorme variedad iconográfica, basada en gran

genes milagrosas de María en diferentes sitios, no igual de conocidas,

parte en libros y grabados europeos. Llegaron, además, algunos pin-

pero todas señalaban la formación de una nueva identidad que in-

tores europeos, con sus dibujos y estampas, y establecieron talleres:

cluía a todos los habitantes de la Nueva España. Es interesante que

el español Andrés de Concha (Sevilla, ca. 1559-Oaxaca, 1612) y el

—al igual que en Europa— casi todas las imágenes que lograron fama

flamenco Simón Pereyns (Amberes, ca. 1530-Ciudad de México, ca.

de milagrosas y sirvieron para unificar a la población fueron de la

1600) se encuentran entre los principales del siglo xvi. Aunque los

Virgen María en diferentes advocaciones. También es importante se-

indígenas conocían la pintura mural, fueron novedad para ellos la pin-

ñalar que la aparición guadalupana se dio a conocer ampliamente por

tura de caballete al temple y al óleo sobre tabla y lienzo, pero pronto

un grabado, obra del primer grabador en metal de quien tenemos no-

aprendieron de los maestros europeos.7

ticia en la Nueva España: Samuel Stradanus.9

Lo que era totalmente novedoso para los indígenas, por supues-

Además del papel fundacional de algunas imágenes, las tecnolo-

to, era la iconografía cristiana: la representación de personajes y eventos

gías europeas aplicadas a la pintura y a la escultura —y también a la

de esa religión. Para cuidar ese aspecto, se dependió mucho de la im-

arquitectura, donde se veneraba a las nuevas imágenes— fueron de-

portación de estampas y de la presencia de algunos maestros europeos,

sarrollándose en la Nueva España de manera paralela a lo que ocurría

como en el caso muy conocido de la Virgen del Perdón, de Pereyns, para

en Europa, aunque con características propias. No podía ser de otra

la catedral de México, basada en una estampa de las figuras centrales

manera. Los españoles y otros europeos de su Imperio, entonces en

de un cuadro de Rafael de la Madonna de Foligno, ahora en la Pinaco-

expansión en América, tenían ellos mismos necesidad de pinturas y

teca Vaticana. Éste es sólo uno de muchos ejemplos de la introduc-

esculturas para sus iglesias, palacios y residencias. Conforme llega-

ción de imágenes de origen principalmente italiano y flamenco, que,

ban más colonizadores y se ampliaba la presencia europea en todo el

con el tiempo, fueron cumpliendo con las necesidades religiosas de

territorio, se establecieron más talleres, y arquitectos, artistas y arte-

la nueva sociedad americana. Aunque se tiende a dar prioridad a la

sanos europeos —de muchas especialidades diversas— formaron dis-

importancia de la imprenta como difusora de textos y de conocimiento,

cípulos en la Nueva España y en otras regiones de América. También,

su impacto no fue menor en el mundo de las imágenes, tan esenciales como la palabra escrita para difundir ideas en sociedades mayormente analfabetas, como lo eran todas en aquellos tiempos, tanto en Europa como en América. La más famosa de las imágenes novohispanas fue la que llegó a llamarse la Virgen de Guadalupe, cuyo santuario se estableció al norte de la ciudad capital. La historia de la aparición de la Virgen al indígena Juan Diego, a principios del siglo xvi, se puede entender como afirmación del arraigo anhelado y logrado por la nueva religión entre la

7 Para una colección de estudios recientes acerca de la materialidad y las técnicas de la pintura novohispana del siglo xvi (con bibliografía anterior), véase Pedro Ángeles, Elsa Arroyo y Elisa Vargaslugo (coords.), Historias de pincel: pintura y retablos del siglo xvi en la Nueva España, México, Instituto de Investigaciones Estéticas-Universidad Nacional Autónoma de México, 2020. 8 Jeanette Favrot Peterson, Visualizing Guadalupe, Austin, University of Texas Press, 2014, pp. 142-145 (con bibliograf ía anterior). 9 Clara Bargellini, “El rostro del metal: ¿a qué se dedicaba el primer grabador de la Nueva España?”, en Actas del XLIV Coloquio Internacional de Historia del Arte “El giro material” (del 6 al 9 de octubre de 2020), México, Instituto de Investigaciones Estéticas-Universidad Nacional Autónoma de México, en prensa.

593


Exconvento de San Andrés Apóstol, Epazoyucan, Hidalgo, México Friso de grutesco, templo y exconvento de los Santos Reyes, Metztitlán, Hidalgo, México Exconvento de San Nicolás de Tolentino, Actopan, Hidalgo, México


Simón Pereyns (ca. 1530-1600)

Virgen del Perdón, siglo xvi Sa muel Str adanus (1523-1605)

Virgen de Guadalupe con milagros, ca. 1613- 1615

al igual que en Europa, los artistas y los artesanos se organizaron en gremios para cuidar la calidad de sus trabajos y proteger sus derechos. Con el tiempo, las iglesias, los conventos y también las casas principales se llenaron de pinturas, esculturas y otros objetos de tradiciones europeas, en su enorme mayoría en versiones producidas en la Nueva España. Además, así como la invención de la imprenta difundió el conocimiento escrito, también tuvo un papel enorme en la propagación de ideas visuales. Aun los sitios más apartados podían tener alguna imagen de devoción en grabado sobre papel y, eventualmente, la imagen podía servir de modelo tanto para pinturas como para esculturas. Aunque se siguieron importando algunas piezas de escultura y de pintura durante toda la época virreinal, la mayor parte de las obras artísticas fueron creadas en la Ciudad de México, donde también se desarrollaron gremios para regular esas actividades, y es allí donde, además, ha habido más estudios modernos y actuales sobre esas obras. También hubo producción artística en otras ciudades y sitios del virreinato. Las obras creadas en Puebla, Oaxaca y Guadalajara, donde trabajaron maestros que dejaron obras firmadas o alguna otra evidencia de su actividad, han sido de las más estudiadas, pero queda mucho por investigar en esos y otros sitios mucho menos conocidos. Evidentemente, la arquitectura y la gran mayoría de las esculturas, así como las pinturas murales y de gran formato asociadas directamente a los edificios, fueron producidas en los lugares donde siguen estando y fueron creadas por artesanos y artistas novohispa-

blos que se han conservado de esa época, como el de Huejotzingo,

nos, muchos de ellos descendientes de los diferentes grupos étnicos

son renacentistas. Los obispos eran los encargados del culto en todas

que conformaban la población nativa, aunque la mayoría —y más con

partes, pero, en particular, en las catedrales, las parroquias y las igle-

el tiempo— eran de orígenes mezclados.

sias de las ciudades y los pueblos donde la presencia europea preva-

Con el pasar de los años, el virreinato creció en extensión geo-

lecía, si no siempre en número, ciertamente en influencia. También

gráfica. En todos los sitios donde se estableció alguna fundación reli-

tenían jurisdicción sobre las fundaciones de las órdenes religiosas: el

giosa había una iglesia y esculturas, pinturas y otras creaciones que

clero regular y las órdenes de monjas. Las fundaciones femeninas

hoy incluimos en la categoría de “arte”. Muchas de ellas se hicieron en

sólo tuvieron presencia en las principales ciudades, a diferencia de

el propio lugar; otras fueron traídas de centros más grandes, donde

las órdenes masculinas, que, además de sus iglesias y conventos, se

había talleres y se habían establecido gremios de diferentes especiali-

encargaron de los pueblos indígenas y de las misiones en territorios

dades. Aunque la Ciudad de México siguió siendo el principal centro

alejados de los asentamientos de españoles y mestizos.

de creaciones artísticas, también hubo producciones regionales, con

Los responsables del diseño y de la ejecución de las obras arqui-

características materiales y estilísticas propias. Las particularidades,

tectónicas eran arquitectos, albañiles y escultores familiarizados con

tanto de las imágenes como de los edificios, difieren de un lugar a

el sistema gremial heredado de la tradición medieval europea. Por

otro, según las tradiciones locales que interactuaban entre sí. En po-

supuesto, el diseño de los espacios y también de las portadas en pie-

cas palabras —y como sucedió en todo el mundo preindustrial— hubo

dra tallada fue cambiando en estilos con el tiempo, en una secuencia

producción artística variada, dependiendo de los individuos, los ma-

análoga —mas no igual— a los desarrollos europeos básicos: desde el

teriales y las condiciones locales.

gótico tardío, el renacentista, el manierista y el barroco al neoclásico. Una novedad arquitectónica fundamental, con respecto a las cons-

La arquitectur a

trucciones de las culturas indígenas, fue el arco y sus extensiones en

Durante toda la época virreinal, las obras arquitectónicas religiosas

bóvedas y cúpulas. A los elementos relativamente sobrios del clasi-

fueron las más vistosas. Además de las grandes iglesias y los conven-

cismo renacentista —algunos con resabios góticos— siguieron los mo-

tos de los pueblos de indios del siglo xvi, con sus portadas en piedra

vimientos y la ornamentación barrocas en varias fases, identificadas

tallada y sus extensos ciclos narrativos plasmados en pinturas mura-

en la historiografía mexicana por el tipo de soporte arquitectónico.

les, estaban las catedrales y las parroquias de las ciudades y las villas

El barroco “salomónico” se deriva de las columnas en espiral del anti-

conforme se fueron estableciendo obispados en todo el territorio. Se

guo altar mayor de San Pedro en el Vaticano, que se creían provenien-

notan rasgos góticos, especialmente en la arquitectura, pero los reta-

tes del templo de Salomón en Jerusalén. El barroco “estípite” (también

597


Retablo del exconvento de San Miguel, Huejotzingo, Puebla, México Andrés de Concha (1550-1612)

La Sagrada Familia y San Juan, siglo xvii


Retablo mayor o de los Reyes, de Jerónimo de Balbás (1673-1748), Catedral Metropolitana, Ciudad de México, México Autor no identificad o

Monja concepcionista, siglo xviii pp. 602-603 Retablo del templo de San Francisco Javier, Tepotzotlán, Estado de México, México

llamado “churrigueresco”) representa un rechazo a las formas y proporciones del lenguaje arquitectónico con orígenes en la tradición grecorromana y su nombre se deriva de un elemento de soporte característico de algunos muebles de madera europeos, de una región al norte de los Alpes. El abandono de la columna a favor del soporte en forma piramidal alargada —el estípite—, sin ninguna regla que relacionara la altura con el ancho, se manifestó de manera monumental en el Retablo de los Reyes de la catedral de México (1718-1725), del maestro español Jerónimo de Balbás (1673-1748). En la arquitectura novohispana se ve el estípite por primera vez en las portadas del sagrario de la misma catedral, construido entre 1749 y 1768 por el arquitecto andaluz Lorenzo Rodríguez (1704-1774). En algunas obras, especialmente en retablos, se eliminaron por completo los elementos de soporte y solamente quedaron figuras y elementos decorativos. Esas obras se identifican con el término “anástilo” (sin soporte). La época virreinal en el arte y en la arquitectura tuvo una etapa final que corresponde al desarrollo del neoclasicismo, primero en una fase local nombrada “neóstilo”, por el regreso de la columna como elemento principal de soporte, aunque se dejaron a un lado las reglas de proporciones clásicas. Estas últimas fases se ven en obras de la segunda mitad del

ron donde no había habido grandes construcciones previas— hi-

siglo xviii. Finalmente, en las últimas construcciones virreinales, bajo

cieron suya la planificación urbana basada en el esquema de los antiguos

influencia del establecimiento en la Ciudad de México, en 1781, de la

campos militares romanos, que se volvió a valorar en el Renacimien-

Real Academia de San Carlos, se regresó al clasicismo y a sus reglas

to. Por lo tanto, los principales pueblos y ciudades tienen un centro

de proporciones, con el estilo neoclásico académico.

de planta cuadriculada, mientras la población se desarrolló alrede-

Todas las obras de arquitectura y de arte se crean a partir de tra-

dor de manera ordenada en calles que se cruzan en ángulos rectos. Sólo

diciones compartidas de entrenamiento manual e intelectual. Las mo-

cuando el terreno no lo permite —como sucede en Zacatecas, por

das y los diseños cambian y se desarrollan de acuerdo con el talento

citar el caso novohispano más conocido— se abandonaba esa regla.

y la intuición de los artistas, pero también según las exigencias de los

Aunque grandes esfuerzos de la sociedad novohispana en su con-

clientes, dentro de estructuras ideológicas, sociales y laborales espe-

junto se dedicaron a apoyar la arquitectura religiosa —de iglesias y

cíficas. Las obras del siglo xvi en la Nueva España, ancladas en buena

conventos—, no pueden omitirse las construcciones de otro tipo. Las

parte en tradiciones medievales con conocimientos renacentistas y

principales, entre lo que se puede definir como “arquitectura monu-

muchas creadas con trabajo indígena, dieron paso en el siglo xvii a

mental”, son los palacios de las familias pudientes, que vieron un de-

otras, producidas por artistas y arquitectos en pueblos y ciudades de

sarrollo muy notable, especialmente en el siglo xviii. Por lo general,

poblaciones mixtas. Los nombres y también algunos detalles de la

en las ciudades principales se trata de construcciones de más de un

vida de estos maestros son conocidos, a diferencia de la mayoría de

piso, con un patio central y otro de servicio.

los creadores de los conventos del siglo xvi. Los más renombrados desarrollaron sus carreras en las principales ciudades del virreinato,

P i n t u r a , e s c u lt u r a y ot r a s a rt e s

empezando, por supuesto, por la Ciudad de México. Organizados

Muy numerosos fueron los artistas y los artesanos que participaron

en gremios, estos individuos se entrenaban como aprendices en las

en la creación de lo que hoy llamamos “obras de arte” en la Nueva

distintas ramas de la producción artística, al igual que sus contempo-

España. En el ámbito de la pintura de caballete —que es un formato

ráneos europeos. Los más sobresalientes alcanzaban fama y, por su-

europeo— ya se mencionó a Pereyns y a Concha, cuyos estilos repre-

puesto, sus trabajos manifiestan conocimientos y capacidades que

sentan, de manera general, la tradición flamenca y la italiana, que eran

rebasan la sola destreza manual.

las dominantes en la Europa del siglo xvi y que tuvieron gran impacto

Hay que recordar, como ya se dijo, que, con la expansión del po-

en el desarrollo de la pintura de la América virreinal. Con la expan-

der español, fueron fundadas ciudades y pueblos a lo largo y ancho de

sión del poder español y la fundación de ciudades y pueblos, aumentó

toda la Nueva España. Por lo general, cuando se podía, se establecían

la demanda de pinturas y esculturas, especialmente en el ámbito re-

los nuevos pueblos de españoles siguiendo una planta cuadriculada, con

ligioso. Los pintores y otros artistas, como ya se mencionó, se orga-

los edificios religiosos y civiles más importantes al centro. De hecho,

nizaron en gremios, a la usanza española.

América tiene un lugar relevante en la historia del urbanismo, justo

La escultura fue, en general, de tipo español: de madera policro-

porque los colonos europeos —especialmente los que se establecie-

mada, muchas veces con gran detalle y realista en sus encarnaciones,

601


expresiones y atributos. Sin embargo, con el vestuario transformado por la técnica del estofado, en la que el oro y los adornos contrastan

C r i s t ó b a l d e V i l l a l pa n d o ( c a . 1 6 4 5 - 1 7 1 4 )

Aparición de la Virgen y el Niño a San Francisco, siglo xvii

con la pintura y vuelven brillante y “milagroso” el más humilde de los hábitos religiosos, los personajes representados se convirtieron en imágenes y símbolos de una santidad que no era de este mundo. Por otra parte, la escultura de figuras en piedra se desarrolló como parte de la arquitectura, por lo general en las portadas de las iglesias. Son

604

relativamente raras las esculturas en piedra aisladas, quizá por temor

“retratos” de personajes sagrados para su veneración y representación

a la memoria de prácticas consideradas idólatras. Sólo tuvieron una

de sus historias, ilustradas en composiciones que narrasen episodios de

presencia importante en la Nueva España a partir del establecimien-

sus vidas ejemplares y exhibiesen algunos de sus milagros. Las com-

to de la Academia de San Carlos, a finales del siglo xviii, y bajo el

posiciones de los retablos servían para entender esa distinción con

impacto directo del neoclasicismo europeo de esa época.

claridad. Al centro siempre están los personajes más importantes: las

Aunque los indígenas conocían la pintura mural y se siguió prac-

figuras divinas y los santos patronos del sitio, generalmente presen-

ticando este arte durante toda la época virreinal, las pinturas de ca-

tados como individuos aislados, con atributos que los identifican,

ballete sobre tabla y sobre lienzo fueron novedades, y su producción

como pueden ser, por ejemplo, el hábito de la orden religiosa a la que

se estableció en los años de gobierno español. No hay que olvidar que

pertenecían, un instrumento de martirio, si era el caso, o una referen-

también había pinturas en libros, como las de los pintores de apellido

cia a algún milagro. La mayoría de las veces estas representaciones

Lagarto, creadores de espectaculares libros de coro en el siglo xvi, y

eran esculturas estofadas, de tradición hispana: es decir, tallas de

como las de los autores de miniaturas en libros posteriores, muchos

madera dorada y pintada. A los lados suelen verse personajes relacio-

todavía sin estudiar, pero que se conservan en archivos eclesiásticos.

nados a las figuras centrales; miembros de la misma orden, por ejem-

De todos modos, la principal técnica de pintura en los siglos virreina-

plo. Muchas veces, los retablos incluían —generalmente en las calles

les, después del xvi, fue el óleo sobre tela. Muchos aprendieron, por

laterales— pinturas narrativas que ilustraban episodios de la vida y

supuesto, en los talleres que se fueron formando, en especial en los

milagros del personaje central, de manera que los elementos figurati-

centros urbanos importantes, con las ciudades de México y Puebla a

vos y narrativos estuvieran relacionados entre sí.

la cabeza, donde se instituyeron, además, organizaciones gremiales.

La historia de la pintura y de la escultura en la Nueva España se

De hecho, se puede afirmar que el óleo sobre tela fue la principal téc-

caracteriza por la importancia de los gremios y también por el traspa-

nica de la pintura virreinal, que se enseñaba de maestros a aprendi-

so de talleres de padres a hijos, que resultaron en lo que se ha llamado

ces, con frecuencia miembros de la misma familia, y que formaban

“dinastías” de artistas y artesanos, como la de la familia de los Echave,

verdaderas dinastías dentro del sistema gremial. Hay que añadir que

cuya actividad abarcó varias generaciones. Este fenómeno se daba

no cesaron las importaciones de pinturas europeas, aunque en canti-

también en Europa, por supuesto, donde los individuos llegaban a ser

dades relativamente menores.

maestros de algún oficio después de años de trabajo como ayudantes

Hasta ahora se ha estudiado con más atención a los pintores de

y aprendices. Es un proceso que se da con naturalidad en la estructu-

las ciudades de México y Puebla, donde la organización gremial estaba

ra familiar, en la que el padre enseña al hijo y a veces también a la hija.

bien establecida y desde donde se enviaban obras a otros sitios del

Actualmente se conoce lo suficiente para poder seguir el desarrollo

virreinato y se abastecía a los franciscanos y a los jesuitas en sus misio-

de la pintura novohispana en varios talleres, especialmente en las ciu-

nes, notablemente en el norte del virreinato. Hubo pintores también

dades de México y de Puebla y particularmente en los siglos xvii y

en otros lugares, por supuesto, así que queda mucho por registrar e

xviii, y también en algunos centros urbanos como Guadalajara y Oaxa-

investigar con más detalle. En general, hay que dejar en claro que la

ca. Los estudios de la escultura han avanzado en la misma dirección.

organización gremial regulaba las prácticas y también protegía a sus

Muchas de estas investigaciones corresponden a una tendencia

miembros, cuyos talleres funcionaban de manera parecida al sistema

relativamente reciente entre los historiadores del arte novohispano

europeo de origen medieval: un maestro trabajaba apoyado por apren-

de poner atención no sólo a la iconografía y a los estilos, sino también

dices, quienes, eventualmente, podían llegar a ser, ellos mismos, maes-

a la materialidad de las obras y a los procesos de aprendizaje y crea-

tros. Muchas veces los talleres eran familiares; es decir, pasaban de

ción. Sobresalen las investigaciones acerca de algunos de los pintores

padre a hijo. Conforme se hagan más y mejores inventarios y catálo-

más renombrados, como Cristóbal de Villalpando (ca. 1645-1714),

gos, tendremos una visión más precisa de lo que fue el extenso sistema

Juan Correa (1646-1716) y Miguel Cabrera (1695-1768), entre otros, y

de producción y distribución de obras en todo el virreinato. Hay mu-

habrá más, porque la historia del desarrollo de las artes en los siglos

chas circunstancias que todavía no han sido examinadas con cuida-

de la modernidad temprana pide que se siga a los artistas como indi-

do, como fueron, por ejemplo, las redes de mecenazgo, producción

viduos, pero también en sus talleres y sus interacciones. Actualmente,

y circulación de los sistemas misionales. Hay artistas, como Antonio

además, hay interés en ir más allá de la descripción formal e icono-

de Torres (1667-1731), por ejemplo, cuya producción, todavía relati-

gráfica de las obras y de la búsqueda de documentos. También se

vamente poco estudiada, debe relacionarse —en parte, por lo me-

trata de entender lo que fue la comprensión y el uso de los materiales

nos— con el mecenazgo de las misiones norteñas. Se necesitan más

y las maneras de organizarse y de pasar conocimientos de una gene-

estudios, no solamente para conocer esas y otras obras, sino también

ración a otra.

para evitar pérdidas irreparables del patrimonio nacional.

Seguir la carrera de pintores y artistas ha sido un procedimiento

Obviamente, las imágenes pintadas servían para muchos fines. El

fundamental en la historia moderna del arte, desde las Vidas de los

más importante en la sociedad novohispana era el del culto religioso,

más excelentes pintores, escultores y arquitectos, del artista toscano

que necesitaba imágenes tanto icónicas como narrativas; es decir,

Giorgio Vasari (1511-1574), cuya primera edición fue publicada en


606

1550 (la segunda es de 1568). Por cierto, Vasari, que era él mismo

relatar de manera escueta un acontecimiento. Más bien debe buscar-

pintor y arquitecto, también incluyó en su texto información acerca

se representar el carácter de todos los personajes a través de sus re-

de las técnicas y los materiales utilizados por los pintores. En la Nue-

acciones frente a una situación en la que el espectador, de alguna

va España no hubo ningún texto parecido y el sistema gremial se man-

manera, pueda participar. Buena parte del éxito de la pintura está en

tuvo hasta la fundación de la Academia de San Carlos, a finales del

la capacidad del pintor para incluir al público, ayudándolo a entender

siglo xviii. Los jefes de talleres firmaban las obras. Además, se conser-

—y a compartir— los sentimientos provocados por los hechos en los

van contratos y otros documentos que nos permiten alcanzar cierto

personajes representados.

conocimiento acerca de los artistas más famosos y, en décadas re-

Este aspecto de la pintura fue particularmente importante en el

cientes, se han multiplicado los estudios sobre los talleres. Todavía

estilo que se llegó a llamar “barroco”, una palabra aplicada en sus orí-

queda mucho por hacer, pero hoy en día se conocen con cierta profun-

genes a una perla de forma irregular y, por lo tanto, sugerente para la

didad las principales obras de varios maestros y algo de sus talleres.

imaginación. En general, puede señalar cualquier expresión artística

La historia de la pintura novohispana ha avanzado en años re-

que atrae la atención por su complejidad y que mueve los sentimien-

cientes por el carácter intrínseco de este arte, que maneja no sólo la

tos, aunque en sentido estricto se refiere a obras del siglo xvii en las que

representación de personajes importantes, sino también se explaya

prevalece justamente la expresión explícita de sentimientos. El pin-

en plasmar narraciones. La narración debe incluir la representación

tor novohispano que más debe definirse como “barroco” fue Cristóbal

f ísica de un individuo, naturalmente, pero también debe proyectar el

de Villalpando, quien llegó a ser el más apreciado de su generación, a

carácter de los personajes y la expresión de las emociones y de las

juzgar por los encargos que le fueron encomendados en las catedra-

reacciones que provoca el hecho representado y de todos los sujetos

les de Puebla, México y Guadalajara, además de las muchas pinturas

involucrados, además del entorno en el que ocurre el evento. En otras

que realizó para las órdenes religiosas del virreinato.10 Entre sus últi-

palabras, no se trata sólo de presentar a un personaje ni tampoco de

mas obras, está la serie de lienzos que narra la vida de San Ignacio

Para los principales estudios sobre este autor, véase Francisco de la Maza, El pintor Cristóbal de Villalpando, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1964, y Juana Gutiérrez Haces et al., Cristóbal de Villalpando, México, Fomento Cultural Banamex, 1997. 10

de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús. Siguen colgados en el claustro principal del noviciado jesuita de Tepotzotlán. En el mismo sitio también se encuentran unas pinturas murales, recién descubiertas, atribuibles al propio Villalpando, en las paredes superiores y en


Autor no identificad o

Misterio, 1790 J u a n Pa t r i c i o M o r l e t e R u i z ( 1 7 1 3 - 1 7 7 2 )

Alejandro ante la familia de Dario III y Batalla contra el rey Poro, de la serie Batallas de Alejandro el Grande, siglo xviii


608

la bóveda de un cuarto que da acceso, desde el claustro mayor, a un

las firmas singulares de Villalpando esté en uno de sus últimos cua-

pequeño patio.

dros, que representa a Cristo en el aposentillo. Justo debajo de la figu-

Un aspecto fascinante y único de las pinturas de Villalpando, que

ra de Jesús, encarcelado y maltratado por los soldados la noche antes

pone de relieve su personalidad, es su manera variada e inventiva de

de su crucifixión, se ve un papel con la firma del pintor que unas ratas

firmar. El ejemplo más comentado está en el episodio de la Aparición

están mordisqueando y destruyendo: un gesto genial y conmovedor

de San Miguel en el monte Gargano, que se halla en la sacristía de la

de parte del pintor para identificarse con el sufrimiento de Jesús.

catedral de México. Debajo de la figura del arcángel —probablemen-

Además de Villalpando, algunos otros pintores novohispanos

te el más espectacular de la pintura novohispana— está la procesión

han merecido monografías y muchas otras quedan por hacerse. El

del obispo y otros clérigos que fueron a averiguar qué sucedía en ese

pintor más renombrado del siglo xviii fue Miguel Cabrera, cuyas

lugar de la costa adriática italiana. Pero, en lugar de personajes me-

composiciones se encuentran en iglesias y conventos de la Ciudad de

dievales, Villalpando retrató al clero catedralicio novohispano de su

México y sus alrededores y en muchos otros sitios adonde fueron

época; entre ellos, a un único personaje laico, que, además, mira di-

llevadas en la propia época virreinal. Los jesuitas fueron sus gran-

rectamente al espectador, así que bien podría tratarse de un autorre-

des clientes. La iglesia del noviciado de la orden en Tepotzotlán po-

trato. De hecho, en la vegetación que aparece al frente y justo debajo

see no sólo cuadros de caballete, sino también pintura mural de este

de ese personaje está su propio nombre, escrito sobre una gran filac-

maestro. En contraste con los conjuntos de grandes figuras monu-

teria: “Cristóbal de Villalpando Ynventor. Por su mano pintó”. En otras

mentales de Villalpando, Cabrera aligeró sus composiciones redu-

firmas, Villalpando utilizó el verbo conjugado “faciebat”, para indicar

ciendo su tamaño para dar más lugar a la representación de los

una creación no terminada, que todavía se “estaba haciendo”; por

espacios que las rodean, especialmente al ámbito celestial. En térmi-

modestia, tal vez, pero también en la búsqueda de alabanza. Su firma

nos de la historia del arte europea, se podría pensar que el barroco

en el cuadro de la visión de la Mística ciudad de Dios con la Inmacu-

cede frente al rococó, aunque la seriedad en el tratamiento de las fi-

lada para los frailes franciscanos del convento de Propaganda Fide en

guras y de los eventos representados por Cabrera no comparte la fri-

Guadalupe, Zacatecas, declara simplemente: “Maestro Cristóval de

volidad de los temas que caracterizan algunas obras del arte rococó

Villalpando fecit año 1706”, pero lo hace con una caligrafía barroca

en Europa. Se trata, claramente, de composiciones que dan más lugar

muy rebuscada, tan rebuscada como la iconografía de la pintura, en

a la representación del espacio abierto del cielo, comparadas con las

la que intervienen personajes que escribieron sobre los temas del cua-

de pintores anteriores, pero que también son contundentes en el sen-

dro en diferentes épocas y contextos. Quizá la más dramática de entre

timiento religioso.


C r i s t ó b a l d e V i l l a l pa n d o ( c a . 1 6 4 5 - 1 7 1 4 )

La aparición de San Miguel, ca. 1686-1688 La mística ciudad de Dios, 1706 pp. 610-611

C r i s t ó b a l d e V i l l a l pa n d o ( c a . 1 6 4 5 - 1 7 1 4 )

Moisés y la serpiente de bronce y la transfiguración de Jesús (detalle), 1683


Juan Correa (1646-1716)

Biombo Las cuatro partes del mundo, finales del siglo xvii


M anuel Tolsá (1757-1816)

Estatua ecuestre de Carlos IV, 1795-1803

también de su iconografía que —como indica la palabra— quería recuperar algo de la gloria y también del equilibrio y la sobriedad de la Antigüedad clásica. Con el patrocinio real, se juntaron bajo un solo techo en la Ciudad de México talleres de las diferentes artes consideradas las principales (pintura, escultura y arquitectura). Llegaron, además, nuevos maestros desde España para promover el estilo que llegó a llamarse “neoclásico”: entre ellos, el grabador Gerónimo Antonio Gil (1731-1789), el pintor Rafael Ximeno y Planes (1759-1825), y el escultor Manuel Tolsá (1757-1816). La importancia política de la nueva institución para la monarquía española quedó de manifiesto en una obra excepcional de este último maestro, de enorme valor artístico y técnico: la escultura ecuestre en bronce del rey Carlos IV. Originalmente fue colocada al centro de la Plaza Mayor de la ciudad, frente a los edificios principales de los poderes religiosos y civiles: la catedral y el Palacio Virreinal. La escultura fue removida, naturalmente, después de 1821, cuando México logró su independencia de España. Sin embargo, en reconocimiento a su calidad excepcional y al éxito técnico de su creación, fue guardada en el Palacio de Minería. Actualmente está de nuevo visible para el

614

En la segunda mitad del siglo xviii, la demanda de pinturas y es-

público frente al Museo Nacional de Arte y se conserva por su valor

culturas en el virreinato era considerable. Además, no todo se estaba

“como obra de arte”, como se declara en una inscripción en su base.

pintando en la Ciudad de México. Sabemos de pintores activos en

Su historia recuerda a la de la gran escultura ecuestre de bronce del

Puebla y en Oaxaca, entre otros centros. En general, en la pintura, la

emperador romano Marco Aurelio, actualmente en los Museos Capi-

apertura de espacios que se ve en Cabrera y en sus sucesores puede

tolinos, conservada durante siglos frente a la iglesia de San Juan de

relacionarse con el movimiento que en Europa se llamó “rococó”. Con-

Letrán en Roma porque se identificaba al personaje como un retrato

tinuó, por supuesto, el énfasis en los temas religiosos, pero también

de Constantino, el emperador romano que le otorgó la libertad de

se desarrollaron el retrato y escenas de la historia y de la vida secular,

culto al cristianismo. A veces, el arte logra vencer no sólo al tiempo,

como en biombos para uso doméstico en casas señoriales y, de mane-

sino también a las ideologías.

ra original y muy particular, en la pintura de castas. Entre los pintores

Además de su importancia en la enseñanza de las artes en la ca-

renombrados podemos recordar a José de Alcíbar (activo entre 1751

pital novohispana y el episodio de la escultura ecuestre de Carlos IV,

y 1801) y Andrés López (activo entre 1760 y 1811). Aportes importan-

el impacto de los primeros años de la Academia puede notarse, toda-

tes a la historiografía en años recientes han sido las publicaciones de

vía en el periodo virreinal, en retratos, pinturas y esculturas, pero, al

algunos catálogos de exposiciones del Instituto Nacional de Bellas Ar-

igual que en otros tantos aspectos de la historia del arte mexicano,

tes y del Instituto Nacional de Antropología e Historia y sus Centros

queda mucho por aclarar. Por ejemplo, muchísimos de los retablos de

Regionales, así como ediciones y registros del Instituto de Investigacio-

estilo neoclásico en iglesias de la Ciudad de México y en toda la Re-

nes Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México. En cuan-

pública fueron construidos después de la Independencia. Sin embar-

to a la escultura y, en particular, a los retablos, la tendencia en el siglo

go, hay retablos de estilo neoclásico que son del periodo inicial de la

xviii avanzado fue dar más importancia a las figuras y a los adornos

Academia. Entre éstos, hay algunos en las antiguas misiones francis-

que a los elementos arquitectónicos. El resultado fue una etapa de la

canas de la Alta California, poco estudiados, pero documentados en

retablística que, como ya se mencionó, ahora se llama “anástilo” (sin

los envíos por barco que se hacían desde Acapulco por la costa del

soporte), justamente por la ausencia de columnas o estípites.

Pacífico a principios del siglo xix. Los estudios de historia del arte en México se han concentrado

L a Real Academia de San Carlos

en la capital, donde ciertamente queda mucho por hacer. Por fortuna,

La última etapa de la historia del arte de la Nueva España tuvo como

en tiempos recientes, se han establecido centros de investigación en

acontecimiento clave la fundación de la Real Academia de San Carlos en

otras ciudades mexicanas, donde trabajan algunos historiadores del

1781, en coincidencia con parte de las carreras de algunos de los maes-

arte. Además, hay un interés creciente por el arte virreinal novohis-

tros antes mencionados. En la Academia se pretendió dar inicio a una

pano en otros países. Podemos esperar, por lo tanto, un futuro de más

“modernización” de la instrucción y de las prácticas artísticas, pero

amplios y más precisos conocimientos.


M i g u e l C a b r e r a ( 1 6 9 5 - 1 76 8 )

Cristo consolado por los ángeles, siglo xviii pp. 616-617

C r i s t ó b a l d e V i l l a l pa n d o ( c a . 1 6 4 5 - 1 7 1 4 )

La lactación de Santo Domingo (detalle), 1685 p. 619 Batea, Peribán, Michoacán, ca. 1662-1663


Se terminó de imprimir en febrero de 2022 en Madrid, España, bajo el cuidado de Turner Publicaciones, S. L. , Cándida Fernández de Calderón, Eva Lucía Reyes y María José Fresneda. En su composición se utilizaron tipos de las familias Warnock y Penumbra Sans. El tiraje consta de 5 000 ejemplares en español e inglés, impresos en Magno Satin de 115 g.


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México 1521-1821 Se forja una nación. Tomo I by Fomento Cultural Banamex - Issuu