Pocas cosas son más determinantes en nuestra vida que el proceso de ir abriéndonos, poco a poco, a las palabras. Reconocerlas, explorarlas, sentir cómo nos cruzan. Las primeras tienen un brillo inaudito, resuenan para siempre: Mamá, Agua, No. Sin embargo, con el tiempo pueden volverse opacas debido al desgaste de la vida cotidiana. Pueden dejar de sorprendernos. A veces se convierten en palomas mensajeras que simplemente van de un lado a otro, llevando nuestros recados. Afortunadamente, la poesía está ahí para recordarnos que son mucho más que eso. También son juego, belleza, música, amor, ruido, misterio, dinamita.