GLAM SUMAQ
IDENTIDAD DISEÑO

ECUADOR


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Los diseños de Blesk son fáciles de reconocer. Denim, prendas disruptivas y un juego de formas que se han convertido en el ADN de la marca creada por Paula Recalde. Con tan solo 24 años, esta diseñadora reiventó esta tela, conocida también como mezclilla, para convertirla en piezas que se transforman con la persona que las utiliza. Su objetivo: crear arte que la gente pueda llevar al andar.
Recalde siempre supo cuál sería su profesión. Pasó su infancia en el taller de maquila y confección de su familia, y ahí entendió que quería seguir en el oficio de sus padres. La idea de tener su marca inició en 2024 gracias a su proyecto de tesis en la Universidad San Francisco de Quito. Ahí
nació Blesk —que significa “relámpago” en checo— como una propuesta innovadora frente a lo que normalmente se ve en el país.
“Me gusta bastante jugar con las estructuras y los volúmenes a través de esta tela, porque es un material que tiene un peso bastante alto, entonces me permite experimentar. En los vestidos y abrigos realizo procesos manuales de tejeduría con una técnica que se llama smoking”, cuenta Recalde.
Su segunda colección, Morpho, se estrenó en el Quito Fashion Week de 2024 y buscó representar de manera más disruptiva el proceso biológico del cambio. Presentó 11 outfits, de los cuales cerca del 90%
eran denim. La paleta incluyó vinos, grises y dos looks con cuerina látex. Explica la diseñadora. En esta colección trabajó abrigos, vestidos, sets de falda, corsets, y pantalones con tops estructurales. Ya para su tercera línea, Exubia, lanzada en Panamá, la diseñadora se inspiró en los procesos metalúrgicos prehispánicos ecuatorianos. Estudió los procesos de oxidación, transformación de los metales y los tradujo en color y textura más que en forma literal: “Casi no usaba colores vibrantes, pero esta vez incluí amarillos, rojos, verdes, turquesas, terracotas, naranjas, además del negro y grises blanquecinos”.oversize y piezas sin género. A pesar del ambiente tropical marcado en la pasarela extranjera, su colección tuvo una gran recepción.



Las chicas de moda visten de Prada. Las chicas que leen sobre moda, de Miu Miu. Dos firmas, dos hermanas, dos maneras de entender un negocio. Y una cabeza, la misma, dirigiendo todo: Miuccia Prada. Sí, esa fabulosa mujer que militó en las filas de las juventudes comunistas y ha terminado regentando un pequeño gran imperio formado por dos casas que siempre van un paso por delante. También tiene un tobogán en su oficina. Quizá para no olvidar que una puede ser muy feliz trabajando.
De eso se trata, al fin y al cabo, y las cifras hablan por sí solas. Según el último informe publicado por Lyst, Miu Miu es la firma más influyente del mundo. Sus búsquedas han aumentado un 30% y el bolso Arcadie ocupa la cuarta posición en la lista de los accesorios más deseados. Datos que hablan de un reinado que, según lo visto en las pasarelas durante la última edición de las semanas de la moda, y que ha sido poco, promete prolongarse. Miu Miu sigue a lo suyo, con sus braguitas diminutas, sus polos de niña bien y ese uniforme que no pertenece a tendencias tan manoseadas como el office siren o el corporate-core, sino a otro espacio. El ocupado por mujeres que valoran las prendas únicas, bien hechas; y la importancia de sus propias ideas y pensamientos. Miuccia es además una mecenas, una apasionada del arte en todas sus formas y expresiones. Una fascinación que

trabaja en su pequeño y particular laboratorio, el taller de Miu Miu, donde no reina la presión que quizá sí sobrevuela las mesas de Prada –su niña bonita, su caballo ganador, la primogénita– y la libertad creativa puede quedar supeditada a los intereses comerciales.







El encuentro con Cleopatra
La muerte de su madre, en 2012, fue un parteaguas en la vida de Cordero. Ese año -cuenta- no solo enterró a una de las personas que más amaba en el mundo sino también, de forma metafórica, a su cámara fotográfica. Dos años más tarde, en París, pero aún sumida en un lacerante duelo, visitó una exposición dedicada a Cleopatra. Lo que más llamó su atención fue que cada artista tenía una visión diferente de la mujer que fue la última gobernante de la dinastía ptolemaica del Antiguo Egipto.
Comencé a imaginar cómo sería invitar a una sesión fotográfica, en mi estudio, a las reinas y emperatrices que han existido a lo largo de la historia”. La serie comenzó con cuatro personajes: Cleopatra, Catalina de Médicis, Isabel la Católica y María Antonieta. Para estas primeras obras fue ella quien buscó a las mujeres que mejor podrían servir para sus retratos. Luego, corrió la voz del proyecto y el ejercicio fue a la inversa.
Tiempo después vino ‘Aura’, una
serie sobre las diosas. Su preferida es Perséfone, quien además de ser una diosa de la mitología griega también es la reina del inframundo. Una dualidad con la que, asegura Cordero, siempre se ha sentido identificada.
‘La mujer que habito’ El libro y la muestra fotográfica tienen una selección de imágenes de ‘Su majestad la reina’ y ‘Aura’. En el libro, todas estas fotografías tienen una carta de despedida, que Cordero escribió, luego de un largo proceso de investigación histórica sobre la vida de cada reina.
Asimismo, las fotografías de las diosas están acompañadas de mitos que giran alrededor de cada una de sus historias. En total, este libro objeto de gran formato tiene 450 páginas; en él se muestra cómo con el paso del tiempo las producciones artísticas de Cordero se han vuelto más teatrales.
Siento que en ‘Su majestad la reina’ y en ‘Aura’ esa teatralidad que se puede ver en el trabajo con el vestuario y el maquillaje está más presente. Esta artista asegura que después de tantos años investigando y retratando a reinas y diosas, un poco de cada una de ellas habita en su interior: sus miedos y sus tragedias. Imperios y mundos imposibles.


Aunque la fotografía ha sido mi mayor forma de expresión artística, es sólo parte de un inmenso mundo que me habita.
Crecí en París, una ciudad donde las imágenes son una religión. En cada esquina hay una publicidad alucinante, la moda y las vitrinas de las tiendas son verdaderas obras de arte. Ahora estoy integrando ese mundo a mi cotidianidad.
Mi marca es una bomba de creatividad y de profundo placer. Los conceptos de la ropa que diseñamos son el resultado de años de investigación y trabajo para mis producciones fotográficas, ahora aplicadas en una elegante forma de vestirse diariamente. Cada etapa construye la siguiente como los peldaños de una escalera al cielo.

Ibarra y Jonathan Pérez son diseñadores que apuestan por lo artesanal y la conexión cultural en sus creaciones. Ibarra se destaca por técnicas como el deshilachado y se inspira en las culturas precolombinas para crear prendas que celebran la identidad ecuatoriana. Ha diseñado vestuarios para artistas como Pascuala Ilabaca y Andrea Echeverri.
Por su parte, Jonathan Pérez, creador de la firma ORRTHIZ, utiliza técnicas como el crochet, bordado y pintura en tela, inspirándose en su madre artesana y en tradiciones como la Diablada de Píllaro. Su enfoque desafía las normas de género y busca expresar emociones profundas a través

de siluetas y materiales, mostrando la moda como un medio de comunicación y resistencia cultural.
Ibarra se destaca por su técnica artesanal, como el deshilachado, que le permite crear piezas llenas de historia y paciencia. Su trabajo celebra las tradiciones textiles ecuatorianas, especialmente las culturas precolombinas, y ha diseñado vestuarios para artistas como Pascuala Ilabaca y Andrea Echeverri. Para él, la moda es una forma de honrar su identidad cultural y las manos que crearon estas técnicas ancestrales.
Jonathan Pérez, creador de la marca ORRTHIZ, usa el crochet, el bordado y la pintura en tela para contar historias y conectar
con su herencia familiar, inspirada en su madre artesana. Su trabajo desafía las normas de género con siluetas amplias y neutrales, buscando una moda más inclusiva. A través de sus colecciones, Pérez reivindica la tradición, mostrando la moda como un medio de comunicación cultural y resistencia.
Ambos diseñadores comparten una visión de la moda como un arte que va más allá de la apariencia, celebrando la identidad, la tradición y la introspección.