800 El Observador de la Actualidad

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LA ENTREVISTA VER PÁGINA 2

“La presencia hispana en Estados Unidos es de mucha esperanza” Entrevista con Mons. Gustavo García-Siller Nuevo arzobispo de San Antonio Texas, una arquidiócesis con gran presencia hispana.

3Testimonio de un sacerdote de hoy: “Yo morí y Dios me mostró el más alla” 3”No ”No pretendan entrar al Cielo con el corazón manchado” corazón 3Tres Tres horas en el Purgatorio 3Habla Habla Jesucristo: “¿Comprendes qué qué cosa quiere decir condenación eterna? 3Una Una visión visión del Juicio Final, ¿Sirvieron

de algo nuestras oraciones?

HERMANO ANDRÉ, PRIMER SANTO CANADIENSE

3Un hombre que desde la sencillez y su devoción a San José, trasmitió al Dios vivo y amoroso. VER PÁGINA 8

El Observador DE

7 de noviembre de 2010

AÑO 16

PÓRTICO POR JAIME SEPTIÉN jaimeseptien@gmail.com

Cautivos U

na de las obras de caridad es la de confortar a los presos. El sufrimiento de aquellos que, por haber infringido la ley, se encuentran en las cárceles, muchas veces sin razón y sin justicia, solamente puede ser mitigado por la adhesión a Cristo. Es Él quien puede dar sentido al sinsentido de vivir tras las rejas el calvario de la libertad perdida, canjeada por la necesidad, la pasión, el miedo o la ignorancia; por el egoísmo, la lujuria o el vicio. La historia del cristianismo abunda en hombres y mujeres entregados a este ministerio tan arriesgado como incomprendido: llevar cariño al preso implica bajar un poco al infierno, tentar las tinieblas del mal pero, también, ascender al misterio de la Redención. El ejemplo de san Pedro Nolasco es clarividente de la voluntad que debe haber en el corazón de los cristianos frente a los cautivos. En el siglo XIII, san Pedro Nolasco, después de haber sido visitado en sueños por la Santísima Virgen de la Merced, decidió fundar la orden de los mercedarios, quienes a los votos de castidad, obediencia y pobreza (bajo la regla de san Agustín), agregaron el cuarto voto de entregarse como rehenes para la liberación de los cautivos si no tenían el dinero necesario para su rescate. En aquel entonces España todavía estaba bajo el dominio de los musulmanes y eran muchos los secuestros de cristianos para ser vendidos como esclavos en países del Medio Oriente. Los mercedarios de san Pedro Nolasco trazaron el camino del amor al preso. Del verdadero amor al cautivo que es el de estar dispuestos a dar la vida por él. Hoy un ejército de religiosas y religiosos, de laicos y de movimientos de seglares, han tomado la estafeta de los mercedarios y llevan alegría, esperanza, fe y amor a los espacios donde la sociedad confina a quienes han actuado mal. Son los modernos pedros nolascos: católicos de primera línea que cumplen sin aspavientos una de las más duras obras de caridad. La doctrina social de la Iglesia se hace creíble por su testimonio. Testimonio luminoso no obstante se despliegue en la catacumba del horror. Aprendamos de ellas y de ellos el significado profundo de ser testigos.

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Dios creó a todas las personas a su imagen y semejanza para hacerles partícipe de su amor y felicidad. Y si por haber cometido algún delito se ha perdido la libertad, lo que jamás quedará en el olvido es ese proyecto de amor que Cristo tiene para cada uno de sus hijos. La Iglesia también esta presente en la evangelización de las prisiones.

«Estuve preso y me vinieron a ver»

El Señor promete que tomará en cuenta la atención que demos a nuestros hermanos encarcelados:

«Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y Él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquéllas a su derecha y a éstos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: ‘Vengan, benditos

¡SOY INVISIBLE! VER PÁGINA 3

de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque estaba ... preso, y me vinieron a ver’. Los justos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos... preso, y fuimos a verte?’. Y el Rey les responderá: ‘Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo’» (Mt 25, 31-49).

La Iglesia no desdeña las palabras de Cristo, sino que las pone en práctica. Pero aún queda mucho por hacer.


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