786 El Observador de la Actualidad

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El Observador

1 de agosto de 2010 AÑO 16 No. 786 $10.00 Fundado en 1995

DE LA ACTUALIDAD

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El Rosario: una oración de las entrañas del pueblo

Págs. 3-5

¾ PÓRTICO

COMPENDIO DEL EVANGELIO POR JAIME SEPTIÉN / jaimeseptien@gmail.com

"El Rosario es una oración contemplativa y cristocéntrica, inseparable de la meditación de la Sagrada Escritura. Es la plegaria del cristiano que avanza en la peregrinación de la fe, siguiendo a Jesús, precedido por María". Benedicto XVI

ROSARIO, ORACIÓN POR

LA PAZ Y LA FAMILIA Algunas circunstancias históricas ayudan a dar un nuevo impulso a la propagación del Rosario. Ante todo, la urgencia de implorar de Dios el don de la paz. El Rosario ha sido propuesto muchas veces por mis Predecesores y por mí mismo como oración por la paz. Al inicio de un milenio que se ha abierto con las horrorosas escenas del atentado del 11 de septiembre de 2001 y que ve cada día en muchas partes del mundo nuevos episodios de sangre y violencia, promover el Rosario significa sumirse en la contemplación del misterio de Aquél que «es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad» (Ef 2, 14). No se puede, pues, recitar el Rosario sin sentirse implicados en un compromiso con-

creto de servir a la paz, con una particular atención a la tierra de Jesús, aún ahora tan atormentada y tan querida por el corazón cristiano. Otro ámbito crucial de nuestro tiempo, que requiere una urgente atención y oración, es el de la familia, célula de la sociedad, amenazada cada vez más por fuerzas disgregadoras, tanto de índole ideológica como práctica, que hacen temer por el futuro de esta fundamental e irrenunciable institución y, con ella, por el destino de toda la sociedad. En el marco de una pastoral familiar más amplia, fomentar el Rosario en las familias cristianas es una ayuda eficaz para contrastar los efectos desoladores de esta crisis actual. Juan Pablo II «Rosarium Virginis Mariae»

Periodismo Católico

En su Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae, el Santo Padre Juan Pablo II nos recuerda que el método de la repetición del Rosario se basa en algo muy simple: la limitada capacidad que tenemos (en nuestra fe y en nuestra sesera) para alcanzar a comprender los misterios No sé si exista de la vida, la muerte y la resurrección de Nuestro algo parecido Señor Jesucristo. en la geografía Al Rosario, Juan Pablo II le llama una oración de oracional de las gran significado, sencilla, incluso fácil, pero que está religiones. Me destinada «a producir fru- temo que no. tos de santidad». Hoy mismo, en donde el mundo se nos presenta como un tapete tejido a mano por la complejidad y el desenfreno, qué importante resulta este remanso de paz, arroyo de aguas cristalinas, energía para remar mar adentro, hacia las mareas procelosas de la historia y la civilización humanas. Lejos de ver en el Rosario una fórmula mágica o una letanía sin rumbo, hemos de ver en esta maravillosa oración la entrada de lujo a la cristología. «En la sobriedad de sus partes, concentra en sí la profundidad de todo el mensaje evangélico, del cual es como su compendio», continúa diciendo Juan Pablo II. «En él resuena la oración de María, su perenne Magnificat por la obra de la Encarnación redentora en su seno virginal». Y más adelante aclara que, con el Rosario, «el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor». ¿Queremos algo mejor, algo más profundo, algo más bello y más útil para nuestra salvación y para la salvación del mundo? En pocas –muy pocas— palabras, el rezo del Rosario nos obtiene gracias en abundancia, «como recibiéndolas de las mismas manos de la Madre del Redentor». No sé si exista algo parecido en la geografía oracional de las religiones. Me temo que no. Que la belleza alcanzada en las cuentas que penetran los misterios gozosos (lunes y sábado), dolorosos (martes y viernes), gloriosos (miércoles y domingo) y luminosos (jueves) de Jesús, es patrimonio único de los católicos. Un patrimonio que no se guarda debajo de la mesa, sino que se comparte, para que todos alcancemos, algún día, la vida en plenitud.


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