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Revista Expo sostenible 10x12.5 pulgadas (1)

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Presidente Luis Abinader inaugura la ExpoSostenible

2026

Luis Abinader encabezó la apertura de una feria que impulsa soluciones sostenibles para el futuro del país. La plataforma busca conectar empresas, instituciones y ciudadanía en torno a un desarrollo más responsable.

Expo Sostenible rindió homenaje a líderes destacadas en el cambio social

Rosa Margarita Bonetti (doña Pirigua), Melba Segura de Grullón y Rigoberta Menchú fueron distinguidas por impulsar modelos de desarrollo con impacto humano y ambiental.

Jamil Mahuad ex presidente de Ecuador: estamos en “la hora” de las naciones

El expresidente ecuatoriano llevó a ExpoSostenible una reflexión sobre liderazgo, crisis y decisiones irreversibles en tiempos de incertidumbre.

ExpoSostenible presenta ranking de empresas más transformadoras del país

La iniciativa identifica a las compañías dominicanas que lideran el cambio hacia modelos de negocio con impacto social, económico y ambiental.

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Carta del Presidente Carta del Editor

Rigoberta Menchú: custodiar la tierra es sembrar el futuro

La hora 25 de la sostenibilidad

ExpoSostenible 2026 en cifras: un ecosistema más conectado

El EcoHub: el corazón vivo de ExpoSostenible 2026

Ranking “Empresas que Transforman la República Dominicana”

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Carta del Presidente

Consejo de Desarrollo Económico y Social de Santo Domingo (CODESSD)

En un entorno cada vez más exigente, donde las sociedades demandan respuestas reales y sostenibles, las instituciones están llamadas a asumir un rol distinto. Ya no basta con representar intereses o generar espacios de diálogo; hoy se requiere capacidad de articulación, ejecución y, sobre todo, de transformación.

Desde el Consejo de Desarrollo Económico y Social de Santo Domingo, hemos asumido ese compromiso con claridad. Nuestra visión se sustenta en la construcción de un modelo de desarrollo que no solo impulse el crecimiento económico, sino que garantice su sostenibilidad en el tiempo, integrando de manera coherente lo social, lo institucional y lo ambiental como pilares inseparables.

Creemos firmemente que el desarrollo no ocurre por inercia. Requiere dirección, coordinación y una voluntad real de conectar sectores que tradicionalmente han operado de forma aislada. Por ello, nuestra misión ha sido clara: diseñar, promover y ejecutar iniciativas que fortalezcan la competitividad del país, que impulsen la transparencia y que generen impacto tangible en la calidad de vida de nuestra gente.

Esa misión no se queda en lo conceptual. Se traduce en acción.

Es precisamente desde esa lógica que nace ExpoSostenible. ExpoSostenible representa la materialización de una visión institucional llevada al terreno de lo concreto. No es un evento, es una plataforma. Un espacio donde convergen actores clave del desarrollo nacional —empresas, emprendedores, academia, organismos internacionales y sociedad civil— para construir, desde la práctica, soluciones sostenibles que respondan a los desafíos actuales.

En esta iniciativa, la sostenibilidad deja de ser una aspiración y se convierte en un criterio de acción. Se transforma en una herramienta de competitividad, en un factor de confianza y en un elemento diferenciador para las organizaciones que entienden que el futuro se construye hoy.

Hemos apostado por crear un ecosistema donde las ideas no solo se expongan, sino que evolucionen; donde las conversaciones no se queden en diagnósticos, sino que generen compromisos; y donde la articulación institucional produzca resultados medibles.

Ese es el verdadero valor de ExpoSostenible. Este esfuerzo ha sido posible gracias a la integración de múltiples actores que han entendido que el desarrollo sostenible no es responsabilidad de uno solo, sino una construcción colectiva. Cada aliado, cada institución y cada participante forma parte de una red que está redefiniendo la manera en que concebimos el progreso en la República Dominicana.

El reto que tenemos por delante es continuar avanzando con coherencia. Pasar de la intención a la acción, y de la acción al impacto. Consolidar una cultura donde la sostenibilidad no sea una tendencia, sino una forma de operar, de decidir y de crecer.

Desde CODESSD, reafirmamos nuestro compromiso de seguir impulsando iniciativas que generen valor real, fortalezcan la institucionalidad y contribuyan a un desarrollo más equilibrado, inclusivo y sostenible.

Porque al final, el desarrollo verdadero no se mide por lo que se promete, sino por lo que se construye.

Consejo de Desarrollo Económico y Social de Santo Domingo (CODESSD)

Carta del Editor

Hay proyectos que nacen como idea y otros que surgen como necesidad.

ExpoSostenible nació de una necesidad: crear un espacio donde la sostenibilidad dejara de ser un concepto atractivo en el discurso y se convirtiera en una conversación seria sobre inversión, competitividad, liderazgo, innovación y futuro del país. También de demostrar que el desarrollo económico y la sostenibilidad avanzan en una misma dirección cuando existe voluntad de construir con sentido.

Desde el inicio, el propósito fue claro. No se trataba de organizar un evento más, sino de construir una plataforma donde coincidieran el sector privado, el sector público, la academia, los organismos multilaterales, los emprendedores, los jóvenes y los medios, con la intención de conectar, cuestionar, proponer y transformar.

ExpoSostenible 2026 respondió a ese objetivo. Durante dos días, el Hotel Embajador reunió a más de cinco mil personas con una intención compartida: comprender que la sostenibilidad no es una tendencia, ni una exigencia reputacional, ni una conversación limitada al medio ambiente, sino una condición para crecer, permanecer y liderar.

Más de ciento cincuenta empresas, instituciones y organizaciones participaron como patrocinadores, aliados, expositores, panelistas, universidades, emprendimientos y organismos internacionales. Más de setenta speakers y panelistas compartieron conocimiento y experiencia en temas como seguridad hídrica, inversión sostenible, infraestructura resiliente, economía circular, ciudades sostenibles, seguridad alimentaria y transformación empresarial.

Se contó con la participación de voces como la de la Premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú y el expresidente de Ecuador Jamil Mahuad, así como con la presencia del presidente Luis Abinader. También destacaron los mensajes de Rosa Margarita Bonetti de Santana desde Fundación Propagas y el respaldo de figuras como Melba Segura viuda Grullón, junto a otros referentes del compromiso social y empresarial del país. A esto se sumaron líderes empresariales, representantes multilaterales, ministros, alcaldes, académicos y tomadores de decisión.

La calidad de las conversaciones se apoyó en el trabajo de moderadores y panelistas. Profesionales de distintas áreas condujeron los debates con enfoque práctico, llevando cada tema hacia preguntas concretas y posibles soluciones. La participación de periodistas, economistas y especialistas en sectores clave permitió traducir la sostenibilidad en una agenda de decisiones.

ExpoSostenible también se desarrolló fuera de los paneles. El EcoHub integró más de cien actividades que acercaron la sostenibilidad a la experiencia directa. Espacios como la Biblioteca Rodante junto a Fundación Propagas, el Ecoteatro, las iniciativas de ciencia aplicada, la fotografía de naturaleza, las ruedas de innovación, la Ruta

PYMES de Banco BHD, la ronda de negocios liderada por PROTEVI, los acuerdos con INTEC y la conexión con el Parque Zoológico Nacional generaron oportunidades reales para emprendedores y participantes.

El ranking “Empresas que Transforman la República Dominicana”, desarrollado junto a Newlink, permitió reconocer prácticas empresariales alineadas con la coherencia y la responsabilidad. Este tipo de iniciativas aporta referencias concretas sobre el papel del sector privado en el desarrollo sostenible.

La conversación trascendió el evento. Más de trescientas publicaciones y la participación activa de medios, empresas y líderes de opinión ampliaron el alcance. La cobertura de El Nuevo Diario, Listín Diario, Diario Libre, Noticias SIN, CDN y otras plataformas contribuyó a posicionar el tema en la agenda pública. Las transmisiones en vivo y los programas especiales extendieron la discusión a distintos puntos del país.

La participación de comunicadores y periodistas fortaleció esa dimensión. Su integración permitió traducir la sostenibilidad en mensajes accesibles y cercanos, reforzando el papel de la comunicación en la construcción de ciudadanía.

Uno de los aportes más relevantes fue el espacio abierto al talento emergente. Emprendedores, pequeñas empresas e iniciativas comunitarias encontraron visibilidad, acceso a contactos y oportunidades de crecimiento. La sostenibilidad también se construye desde esas escalas.

La presencia de niños y jóvenes aportó un valor significativo. Su participación en el EcoHub y en las actividades educativas evidenció la importancia de formar conciencia desde etapas tempranas. La sostenibilidad implica comprender, asumir responsabilidades y tomar decisiones informadas.

Esta revista recoge esa experiencia. Cada página resume trabajo, alianzas, aprendizajes y la convicción de que es posible avanzar hacia un modelo de desarrollo más coherente.

Nada de esto habría sido posible sin el respaldo de aliados, patrocinadores, panelistas, moderadores, emprendedores, universidades, medios de comunicación, voluntarios y el equipo organizador.

Agradecemos a CODESSD, Innovent, EM Estrategia y Soluciones, El Nuevo Diario, Newlink y a todos los que apoyaron esta iniciativa.

Agradecemos a Dios y a nuestras familias, que sostienen con su apoyo el esfuerzo que implica un proyecto de esta magnitud.

ExpoSostenible continúa. Este esfuerzo responde a una necesidad del país y mantiene su curso con una base de compromiso compartido.

Con gratitud,

Elizabeth Mena Cofundadora Expo Sostenible

Rigoberta Menchú: custodiar la tierra es sembrar el futuro

“Si el mundo no aprende en este momento a respetar el ecosistema, ¿qué esperanza tienen las generaciones del futuro?”. Esta pregunta rebasó la retórica para ejercer como advertencia.

En la Expo Sostenible 2026, Rigoberta Menchú no habló de sostenibilidad como una tendencia corporativa ni como una narrativa aspiracional de ESG. Habló de ella como una urgencia civilizatoria. “Protege el planeta como si tu vida dependiera de ello, porque lo hace.”

Desde la lógica científica, su afirmación tiene respaldo contundente considerando que los ecosistemas forestales regulan el ciclo hidrológico, capturan carbono, estabilizan temperaturas locales y sostienen la biodiversidad funcional que permite la seguridad alimentaria. Desde la lógica política, la sostenibilidad determina la gobernabilidad futura.

Por eso Menchú insistió en una idea poco habitual en foros ambientales: la democracia también es infraestructura ecológica. “La democracia no es una meta que se pueda alcanzar para dedicarse después a estos objetivos; es una condición que solo se puede mantener si todos los ciudadanos la defienden.”

La sostenibilidad, en su visión, no es un departamento ministerial. Es un sistema operativo nacional.

Guatemala y sus bosques nubosos

Uno de los casos más reveladores está en Guatemala y sus bosques nubosos, ecosistemas de alta montaña que funcionan como verdaderas fábricas de agua. Un hito citado por Menchú estratégicamente.

Según el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP), estos bosques ocupan apenas el 5% del territorio guatemalteco (unas 537.423 hectáreas), pero son fundamentales para la regulación del ciclo hídrico, la estabilización de la calidad del agua y el mantenimiento de los flujos naturales de los ríos que nacen en ellos.

No es casual que allí habiten especies emblemáticas como el quetzal, el pavo de cacho y orquídeas endémicas como la monja blanca. Tampoco es casual que estos ecosistemas sean particularmente vulnerables frente a incendios, minería, expansión agrícola y deforestación.

Desde 1990, FUNDAECO ha construido un modelo que integra biodiversidad, gobernanza local y desarrollo económico: más de 400 mil hectáreas de bosque apoyadas en conservación, una red de 9 zonas de restauración pesquera, más de 10 reservas ecológicas institucionales y protección territorial sobre más de 3.000 hectáreas metropolitanas en Ciudad de Guatemala.

También ha trabajado con más de 150 comunidades locales, apoyado la legalización de más de 20,000 hectáreas de tierras comunales y generado programas comunitarios que alcanzan a más de 15,000 mujeres y jóvenes al año. Esto tiene nombre técnico: conservación basada en comunidad.

Rigoberta Menchú Líder indígena y activista guatemalteca

En 2020, el Instituto Nacional de Bosques aprobó más de 200 proyectos de protección de bosques naturales, incentivando más de 7.000 hectáreas y desembolsando cerca de 12 millones de quetzales para su conservación.

Aquí es donde la sostenibilidad cruza la frontera para convertirse en política fiscal.

FUNDAECO y la conservación como economía territorial Menchú también citó modelos como FUNDAECO, una de las organizaciones más relevantes en conservación aplicada en Centroamérica.

Premio Nobel de la Paz

La soberanía alimentaria “Si no somos recíprocos, nuestros sueños quedan truncados porque solo queremos más de lo que queremos tomar, pero no damos más.”

En términos de sostenibilidad, esa reciprocidad tiene traducción directa: soberanía alimentaria. Menchú recordó que preservar semillas nativas, sistemas agrícolas ancestrales y nacimientos de agua no es nostalgia rural, sino resiliencia climática.

La seguridad alimentaria no depende únicamente de importaciones ni de productividad intensiva; depende de la capacidad de un territorio para sostener sus propios ciclos ecológicos.

Cuando desaparece un bosque, no desaparece solo biodiversidad; desaparece la capacidad agrícola futura.

República Dominicana: crecimiento económico sin suficiente blindaje ecosistémico

El contraste con República Dominicana resulta inevitable. El país mantiene avances importantes en crecimiento económico y desarrollo humano, pero el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo advierte que América Latina atraviesa una etapa de “desarrollo desacelerado y creciente vulnerabilidad”, marcada por riesgos sociales, económicos y climáticos.

El propio PNUD recuerda que el desarrollo humano no se mide solo en ingreso, sino en tres dimensiones críticas: esperanza de vida, educación e ingreso digno.

Ahí emerge la gran tensión dominicana: crecimiento no siempre significa sostenibilidad estructural. La presión sobre cuencas hidrográficas, la degradación de suelos, la vulnerabilidad costera y la desigualdad territorial siguen siendo factores que limitan el desarrollo humano de largo plazo.

La participación ciudadana, especialmente de mujeres y juventudes, sigue siendo una variable decisiva. Porque sin gobernanza local, no existe transición ecológica real.

Menchú lo resumió con precisión quirúrgica: “La verdadera transformación está en el liderazgo nacional de un país, el liderazgo regional y el liderazgo del mundo. Pero más aún en manos de nuestros jóvenes y por eso apuesto tanto a las municipalidades, donde el contacto con nuestros niños y comunidades es real y cercano.

El reconocimiento especial de ExpoSostenible:

tres mujeres y un liderazgo que marca al mundo

El reconocimiento especial de ExpoSostenible nace de una convicción clara: la sostenibilidad no se define por discursos, sino por trayectorias. En un contexto donde el término se utiliza con frecuencia, y en ocasiones con ligereza, esta distinción se concibe como un mecanismo para diferenciar lo auténtico de lo declarativo, lo estructural de lo coyuntural.

No es un premio tradicional ni responde a categorías cerradas o métricas aisladas. Es una distinción construida desde la coherencia, el impacto acumulado y la capacidad real de transformación. Se otorga a personas cuya vida, obra y decisiones han contribuido de manera tangible a generar valor social, económico o humano de forma sostenida en el tiempo.

ExpoSostenible entiende que la sostenibilidad no puede reducirse a lo ambiental, ni limitarse a indicadores técnicos. Es un concepto integral que abarca la forma en que se construyen instituciones, se desarrollan comunidades, se lideran empresas y se defienden principios fundamentales como la equidad, la dignidad y la transparencia.

Bajo esta visión, el reconocimiento especial busca visibilizar referentes que encarnan esa integralidad.

Lo que se reconoce no es un momento, sino un recorrido. No es una acción puntual, sino una conducta reiterada. No es una iniciativa aislada, sino una forma de hacer las cosas. Por eso, las personas distinguidas no necesariamente comparten un mismo sector ni una misma trayectoria profesional, pero sí un elemento común: han logrado incidir en su entorno de manera consistente, dejando una huella que trasciende lo inmediato.

El objetivo de este reconocimiento es doble. Por un lado, elevar el estándar de lo que entendemos por sostenibilidad, alejándolo de enfoques superficiales y acercándolo a prácticas reales, medibles y sostenidas. Por otro lado, generar referentes que sirvan de guía e inspiración para otros actores, empresas, instituciones y emprendedores que buscan integrar la sostenibilidad en su gestión.

En ese mismo espíritu, la primera edición de ExpoSostenible en 2025 marcó un punto de partida significativo al reconocer a Doña Pirigua Bonetti, una figura cuya trayectoria encarna de manera ejemplar los principios que esta plataforma promueve. Su vida ha estado ligada al desarrollo industrial del país, pero sobre todo a una forma de hacer empresa donde la rentabilidad se articula con el bienestar social, la generación de empleo digno y la formación de capacidades humanas.

La decisión de otorgar el reconocimiento especial de ExpoSostenible 2026 a Rigoberta Menchú responde precisamente a la esencia que define esta distinción: reconocer trayectorias cuya influencia ha logrado transformar realidades de manera sostenida, profunda y coherente en el tiempo.

A lo largo de décadas, Menchú ha construido una vida pública vinculada a la defensa de los derechos humanos, la dignidad de los pueblos indígenas, la equidad social y la construcción de sociedades más inclusivas. Su trabajo no ha estado limitado al activismo simbólico ni a coyunturas específicas; ha representado una labor persistente de incidencia internacional en favor de comunidades históricamente excluidas, promoviendo el acceso a la educación, la justicia social, la preservación cultural y el desarrollo humano como pilares fundamentales de una sostenibilidad verdaderamente integral.

ExpoSostenible reconoce en su figura una visión que amplía el concepto tradicional de sostenibilidad y lo conecta con dimensiones esenciales como la paz, la inclusión, la protección de las identidades culturales y la defensa de la dignidad humana. Su trayectoria demuestra que no puede existir desarrollo sostenible en contextos marcados por la desigualdad estructural, la invisibilización de comunidades o la exclusión sistemática de sectores vulnerables.

El reconocimiento otorgado a Doña Pirigua no respondió a una acción puntual, sino a una trayectoria sostenida de liderazgo empresarial con propósito. A lo largo de los años, ha contribuido a consolidar una cultura corporativa basada en la disciplina, la responsabilidad y el compromiso con el país, demostrando que el sector privado puede ser un actor clave en la construcción de una sociedad más equitativa y resiliente.

Al integrarla como una de las primeras figuras reconocidas, ExpoSostenible dejó claramente establecido el tipo de sostenibilidad que busca visibilizar: aquella que se construye en el tiempo, que impacta personas y comunidades, y que se expresa a través de decisiones consistentes.

La razón de ser de este reconocimiento radica en la necesidad de construir una narrativa distinta. Una narrativa donde la sostenibilidad no sea un accesorio reputacional, sino un criterio central de desarrollo. Donde el liderazgo se mida no solo por resultados económicos, sino por el impacto que genera en las personas y en el entorno.

ExpoSostenible apuesta a que reconocer a quienes ya están haciendo ese camino no es un acto simbólico, sino una herramienta de transformación. Porque las sociedades avanzan cuando logran identificar, validar y multiplicar los ejemplos que realmente marcan la diferencia.

Y en esa lógica, este reconocimiento no mira hacia el pasado como un ejercicio de homenaje, sino hacia el futuro como una declaración de lo que debe ser replicado, escalado y sostenido en el tiempo.

Rosa Margarita Bonetti (Doña Pirigua), Presidenta de Fundación Propagas.

ExpoSostenible 2026 también consolida su propósito de visibilizar una sostenibilidad real, con aquella que se construye con consistencia, impacto y compromiso sostenido en el tiempo. En esta edición, el reconocimiento especial adquiere una dimensión profundamente simbólica al coincidir con los 25 años de una de las iniciativas sociales más trascendentes de la República Dominicana: Sur Futuro.

En ese contexto, se reconoce también la trayectoria de Melba Segura de Grullón, cuya vida ha estado dedicada a impulsar un modelo de desarrollo centrado en las personas, las comunidades y la sostenibilidad como eje de transformación social. Su liderazgo ha sido determinante en la construcción de una visión que trasciende la asistencia social, apostando por intervenciones estructuradas que generan capacidades, promueven la resiliencia y dignifican a las comunidades.

Durante un cuarto de siglo, Sur Futuro ha desarrollado un trabajo sostenido en áreas críticas como educación, desarrollo comunitario, medio ambiente y gestión de riesgos, impactando de manera directa a miles de familias, particularmente en regiones vulnerables del país. Su enfoque ha sido claro: no intervenir de manera puntual, sino construir procesos que permitan a las comunidades sostener su propio desarrollo en el tiempo.

Este modelo ha demostrado que la sostenibilidad no es un concepto abstracto, sino una práctica concreta que requiere planificación, continuidad y una profunda comprensión del entorno social. A través de programas integrales, alianzas estratégicas y una ejecución rigurosa, Sur Futuro ha logrado posicionarse como un referente en la articulación entre sector privado, sociedad civil y comunidades.

El reconocimiento otorgado en ExpoSostenible 2026 no responde únicamente a la conmemoración de estos 25 años, sino al impacto acumulado de una institución que ha sabido evolucionar sin perder su esencia. En un entorno donde muchas iniciativas sociales enfrentan desafíos de continuidad, Sur Futuro se ha consolidado como un ejemplo de institucionalidad, credibilidad y efectividad.

Al reconocer a Melba Segura de Grullón y a Sur Futuro, ExpoSostenible reafirma su visión de sostenibilidad integral: aquella que combina liderazgo, acción y resultados medibles en el tiempo. Se reconoce una forma de hacer las cosas donde el compromiso no es circunstancial, sino permanente, y donde cada iniciativa responde a una visión más amplia de desarrollo humano.

Este reconocimiento envía además un mensaje claro. La sostenibilidad que se busca impulsar no se limita a innovaciones recientes ni a tendencias emergentes. También se construye desde trayectorias que han demostrado, a lo largo de los años, que es posible transformar realidades complejas con disciplina, propósito y coherencia.

A través de estas distinciones, ExpoSostenible también plantea una conversación más amplia sobre el tipo de liderazgo que necesita América Latina en las próximas décadas. No se trata de un premio más a trayectorias sino a modelos replicables que hagan eco en el futuro de la sociedad contemporánea. Un liderazgo capaz de comprender los grandes desafíos actuales, tales como la desigualdad, la crisis climática, la exclusión social, la fragilidad institucional y la pérdida de cohesión comunitaria. Considerando que ninguno de esos desafíos pueden enfrentarse desde visiones fragmentadas ni desde respuestas aisladas. Requieren liderazgos con capacidad de permanencia, con visión sistémica y con un profundo sentido de responsabilidad colectiva.

En ese contexto, las trayectorias de Rigoberta Menchú, Melba Segura de Grullón y Doña Pirigua Bonetti adquieren un valor que trasciende sus respectivos espacios de acción. Aunque provienen de universos distintos, la defensa de los derechos humanos, la transformación social y el liderazgo empresarial; las tres representan una misma lógica de construcción que gira en torno a la idea de que el verdadero impacto se genera cuando las decisiones individuales logran convertirse en estructuras sostenibles de cambio.

En ExpoSostenible 2026, honrar estos 25 años de Sur Futuro es, en esencia, reconocer que el verdadero impacto no se mide en el corto plazo, sino en la capacidad de sostener el cambio y multiplicarlo. Porque cuando la sostenibilidad se convierte en práctica constante, deja de ser un objetivo y pasa a ser parte de la identidad.

Cada una, desde su ámbito, ha demostrado que la sostenibilidad no puede existir sin una dimensión humana sólida. No basta con generar crecimiento si ese crecimiento no crea bienestar colectivo, siendo esta de hecho uno de los ejes centrales de toda labor realizada por Melba Segura de Grullón. No basta con construir instituciones si estas no están sostenidas por valores éticos. No basta con impulsar el desarrollo económico si este no incorpora inclusión, oportunidades y dignidad. Precisamente por eso, ExpoSostenible ha querido que este reconocimiento especial se convierta en algo más que un acto protocolar. La intención es construir un espacio de validación pública para modelos de liderazgo que durante años han trabajado desde la consistencia y no desde la visibilidad momentánea. En tiempos donde gran parte de las conversaciones públicas se mueven con rapidez y donde muchas iniciativas quedan atrapadas en la lógica de la inmediatez, reconocer trayectorias sostenidas se convierte también en una forma de defender el valor de la permanencia. Al reunir estas tres trayectorias dentro de un mismo reconocimiento, ExpoSostenible también establece una idea poderosa: la sostenibilidad no pertenece a un único sector ni responde a una sola fórmula. Puede expresarse desde la empresa, desde la acción comunitaria, desde la defensa de derechos humanos o desde la construcción institucional. Lo verdaderamente relevante es la coherencia entre visión, acción e impacto.

Esa mirada amplia permite comprender que los grandes cambios sociales no ocurren únicamente desde espacios de poder tradicionales. También nacen de liderazgos capaces de influir culturalmente, de transformar narrativas y de generar confianza colectiva. En sociedades donde muchas veces predomina el desencanto institucional, figuras como Rigoberta Menchú, Melba Segura de Grullón y Doña Pirigua Bonetti representan referentes de credibilidad sostenida.

Gurabo: la obra que convirtió la sostenibilidad en infraestructura real

“¿Qué es sostenibilidad?”, preguntó Wellington Arnaud al abrir su intervención en Expo Sostenible 2026. La pregunta parecía introductoria, pero en realidad funcionó como una aclaratoria técnica y antesala del tema: reducir la sostenibilidad al medioambiente es un error de diseño.

En la lógica de la infraestructura hídrica contemporánea, esa afirmación tiene una traducción concreta: saneamiento no significa únicamente remover contaminación, sino intervenir salud pública, urbanismo, movilidad social, plusvalía urbana, biodiversidad y resiliencia territorial de forma simultánea. Ese principio encontró su mayor laboratorio en el saneamiento de Arroyo Gurabo, una intervención que Arnaud definió sin ambigüedades como “la obra de mayor impacto social y medioambiental que se haya ejecutado en la historia dominicana”. Y, tal como mostró, no se trata de una hipérbole política.

El río que contaminaba un sistema completo

El Arroyo Gurabo es afluente directo del Río Yaque del Norte, la cuenca hidrográfica más importante del país y una de las más estratégicas del Caribe insular por su impacto en consumo humano, riego agrícola, actividad industrial y generación hidroeléctrica.

Según explicó Arnaud, se estimaba que Gurabo aportaba hasta un 43 % de la contaminación del Yaque del Norte, una cifra crítica si se considera que este sistema hídrico atraviesa múltiples provincias y sostiene a millones de personas.

Pero el problema no era sólo hidráulico.

Durante décadas, la expansión urbana informal permitió la consolidación de 19 barrios en las riberas del arroyo, con más de 7.000 familias asentadas en condiciones de alta vulnerabilidad sanitaria, sin servicios adecuados de alcantarillado, drenaje pluvial ni manejo estructurado de residuos sólidos.

El resultado fue una combinación clásica de colapso ambiental urbano con aguas residuales descargadas directamente al cauce, proliferación de vectores epidemiológicos, erosión de márgenes, riesgo permanente de inundaciones y una fragmentación social marcada por criminalidad, informalidad y exclusión territorial.

La ingeniería que no se ve, pero cambia la salud “Hay obras que no se ven, pero sí se sienten”, resumió Arnaud. Ese enfoque obligó a diseñar el proyecto desde la sostenibilidad operativa, no desde la espectacularidad visual.

Uno de los componentes más complejos fue la construcción de un tramo de 3.4 kilómetros de canalización en hormigón armado, una solución inicialmente necesaria para estabilizar hidráulicamente el sistema y corregir pendientes críticas que impedían el flujo adecuado y favorecían la sedimentación y el estancamiento. Desde la perspectiva de ingeniería ambiental, esta fase fue una intervención de contención y transición.

El hormigón, aunque funcional, representa una solución de alta huella de carbono debido al impacto del cemento Portland en emisiones de CO₂. Por eso, Arnaud subrayó que la segunda fase reducirá significativamente esta dependencia:

“Ahora que se ha mejorado la pendiente del agua, eliminamos la necesidad de usar el hormigón que es tan invasivo”.

La siguiente etapa apuesta por soluciones más cercanas a la restauración ecológica que a la infraestructura gris tradicional: bioingeniería de cauces, revegetación de márgenes y sistemas naturales de depuración.

Macrofitas, mangle rojo y una solución inédita

Aquí aparece uno de los componentes técnicamente más innovadores del proyecto.

Ante la imposibilidad de captar el 100 % de las aguas residuales, una realidad frecuente en sistemas urbanos con décadas de rezago sanitario, INAPA diseñó una solución híbrida en la desembocadura del Gurabo: una laguna de tratamiento con macrofitas y mangle rojo.

Las macrofitas son plantas acuáticas utilizadas en procesos de fitorremediación por su capacidad de absorber nutrientes, metales pesados y contaminantes orgánicos. Funcionan como fil-

tros biológicos naturales, reduciendo carga contaminante mediante procesos de sedimentación, absorción radicular y actividad microbiana asociada.

El uso de Mangle rojo añade otra capa de eficiencia ecológica. Esta especie posee alta tolerancia a condiciones de contaminación y una capacidad comprobada de retención de sedimentos, estabilización de márgenes y mejora de calidad de agua en ecosistemas estuarinos tropicales.

La referencia técnica de Arnaud al comportamiento del mangle rojo en procesos de saneamiento del Orinoco no es casual: se trata de replicar un modelo de infraestructura basada en naturaleza (Nature-Based Solutions, NbS), una tendencia global en adaptación climática y saneamiento resiliente.

Cuando la sostenibilidad genera plusvalía

Uno de los argumentos menos discutidos en obras de saneamiento es su impacto económico directo sobre el valor urbano. Arnaud lo sintetizó con precisión: “La sostenibilidad aumenta también el valor de la vivienda. La sostenibilidad crea plusvalía y riqueza”.

El proyecto ya ha implicado la reubicación de 1,900 familias y la entrega de 1,300 apartamentos, integrados a nuevos entornos con acceso a salud, escuelas, conectividad y cercanía con zonas francas que permiten inserción laboral.

Desde el urbanismo técnico, esto transforma el saneamiento en una política de regeneración territorial.

Espacios históricamente degradados pasan a convertirse en corredores de uso público con parques de escala barrial, algunos con capacidad para hasta 600 niños, reduciendo la presión sobre zonas vulnerables y mejorando indicadores de cohesión social. En otras palabras: el agua saneada también produce capital urbano.

El modelo Gurabo escala al país

Lo más importante quizá no sea Gurabo, sino lo que vino después.

El proyecto se convirtió en el caso piloto que abrió paso a intervenciones de una escala inédita en República Dominicana, incluyendo el saneamiento integral de Boca Chica.

Allí se proyectan más de 250 kilómetros de tuberías, un emisor submarino, siete estaciones de bombeo, una nueva planta de tratamiento y soluciones integrales de alcantarillado sanitario.

A esto se suman los sistemas de saneamiento previstos para San Pedro de Macorís, Higüey y La Romana.

La lógica cambia: ya no se trata de obras aisladas, sino de una arquitectura nacional de resiliencia hídrica.

Quizá la frase más importante de todo el discurso fue también la más simple:

“Tenemos que pasar de las palabras a los hechos. De la retórica al resultado”.

En tiempos donde la sostenibilidad suele convertirse en lenguaje corporativo vacío, el saneamiento de Gurabo ofrece una definición menos estética y más incómoda: mover familias, rehacer ciudades, intervenir cuencas completas, asumir costos políticos y diseñar para décadas.

Eso exige voluntad técnica, voluntad institucional y, como recordó Arnaud citando a Rigoberta Menchú, voluntad política. Porque en infraestructura, como en ecología, la sostenibilidad real nunca ocurre en los discursos. Ocurre en las tuberías que nadie ve.

Las aguas que no podemos recoger y tratar para reciclar en la planta de tratamiento de Rafey, las vamos a tratar en la desembocadura del río Yaque del Norte. Esta medida nunca se había utilizado en el país.

República Dominicana y su deuda con el agua

En República Dominicana, hablar de agua ya no puede limitarse a la narrativa de sequías estacionales o lluvias intensas. El verdadero debate ocurre mucho antes de que una presa se vacíe o una inundación arrase una comunidad.

Expertos demuestran que comienza en la montaña deforestada, en la cuenca mal utilizada, en la ausencia de fiscalización y en una institucionalidad que, pese a estar sobrerregulada, sigue fallando en ejecutar.

Ese fue el eje transversal del panel sobre agua durante la Expo Sostenible 2026, donde expertos del sector público, academia, energía hidroeléctrica, conservación y derecho ambiental coincidieron en una idea incómoda pero urgente: la crisis hídrica del país no responde únicamente al cambio climático, sino a décadas de mala gestión estructural.

“Existe una combinación de efectos: una mala gestión del recurso hídrico a lo largo de nuestra historia, donde influye mucho la educación, la concienciación ciudadana y el impacto del hombre que ha colaborado al desgaste de este recurso”, afirmó Patricia Abreu, directora ejecutiva del Fondo de Agua de Santo Domingo.

Seguridad hídrica: el concepto que aún no entra al debate nacional

Para el académico Silvio Carrasco, director de la Unidad de Agua de la PUCMM, República Dominicana ni siquiera ha logrado instalar correctamente el concepto de seguridad hídrica en la conversación pública.

“La seguridad hídrica sigue siendo un tema desconocido en la República Dominicana, porque esto no se estudia”, advirtió.

Desde 2012, la PUCMM ha impulsado una Escuela de Agua para formar profesionales y gestores en administración sostenible del recurso. “El agua se cree gratuita, eterna y un regalo de Dios. Si no se forma una población consciente desde la escuela primaria hasta el administrador y gerente, no hay forma de cambiar la cultura alrededor del agua”, dijo.

Su definición de seguridad hídrica se resume en cuatro pilares técnicos: agua continua, con calidad, cantidad y presión para las personas; disponibilidad para sectores productivos; garantía para los ecosistemas; y capacidad de respuesta frente a eventos extremos como sequías e inundaciones.

No es una teoría abstracta, son precisamente los barrios más vulnerables y los agricultores quienes sufren primero cuando este sistema falla.

El gran agujero invisible: el agua que se pierde en el riego Si el agua potable enfrenta una crisis de gobernanza, el riego agrícola representa una hemorragia silenciosa. Carrasco alertó que el país pierde más de 6.000 millones de metros cúbicos de agua al año, mientras el sistema de riego desperdicia cerca del 50% del agua suministrada, especialmente durante el riego nocturno.

Más grave aún: “hay un 64% del agua perdida y nadie le da seguimiento a esto”. Su propuesta no pasa por megaproyectos, sino por infraestructura descentralizada: construir al menos 200 lagunas de almacenamiento en canales agrícolas, impulsadas por agricultores y sociedad civil.

Cada laguna de apenas 50 metros cúbicos podría almacenar hasta 18 millones de metros cúbicos al año. “No es con presas que se resuelve”, sentenció. La tesis rompe con la lógica tradicional de inversión hidráulica y propone soluciones territoriales, en manos de la sociedad civil, más eficientes y menos costosas.

Cuencas altas: donde comienza la crisis Desde la Empresa de Generación Hidroeléctrica Dominicana (EGEHID), Rafael Salazar llevó la conversación al origen físico del problema: las cuencas altas. “El problema del agua es multifactorial”, explicó, pero señaló con precisión uno de los focos críticos: la agricultura en zonas inadecuadas.

Puso como ejemplo la diferencia entre cultivos compatibles con la montaña, como el café, y otros altamente erosivos como el aguacate. “El café es adecuado para la cuenca alta, pero el aguacate no, porque maneja un tema de erosión grave”. Esa erosión termina convertida en sedimentos dentro de las presas, reduciendo drásticamente su capacidad de almacenamiento.Actualmente, EGEHID trabaja en la limpieza del embalse de Las Barías, donde ya se han extraído alrededor de 700 metros cúbicos de sedimentos. El siguiente gran reto será Valdesia, donde existen aproximadamente 55 millones de metros cúbicos acumulados.

Pero incluso con limpiezas “a cero costo para el Estado”, Salazar insiste en que el problema real sigue intacto. “No importa que tengamos estos planes de limpieza; es que no hay la educación necesaria para corregir la raíz del problema”.

Restaurar para producir agua

Frente al modelo reactivo, Patricia Abreu defendió una visión preventiva basada en la naturaleza. “La premisa de nuestro trabajo en Fondos de Agua es que no somos reactivos, sino proactivos de forma integral, multiactor y preventiva”.

El Fondo de Agua de Santo Domingo trabaja en las cuencas Ozama, Haina y Nizao bajo una alianza público-privada orientada a conservar y restaurar ecosistemas productores de agua.

Los resultados muestran cómo la restauración ambiental también es infraestructura hídrica:

• Más de 1.500 hectáreas intervenidas con restauración asistida y sistemas agroforestales

• Más de 700 hectáreas conservadas

• Reabastecimiento de más de 3.5 millones de metros cúbicos de agua

• Captura de más de 1.6 millones de toneladas de CO2 que no llegaron a la atmósfera

Además, el uso de especies agroforestales como el café en la cuenca del Nizao demuestra cómo producción y conservación pueden coexistir cuando se diseñan correctamente.

“Las comunidades se han convertido en guardianes de sus ecosistemas una vez ha llegado la educación”. Ahí aparece una de las claves más repetidas del panel: sin apropiación comunitaria, no existe sostenibilidad duradera. El país sobrelegislado que no castiga Nelson Pimentel, presidente de FUDDEA-RD, fue directo: el problema no es falta de normas, sino ausencia de consecuencias. “Todos sabemos cuál es el problema y qué hay que hacer. Nuestro reto es la integración comunitaria”.

Criticó que, pese a leyes como la 64-00 de Medio Ambiente, no existe una procuraduría especializada con suficiente logística para perseguir delitos ambientales de forma efectiva. “Estamos sobrelegislados, pero no hay verdadero pago de consecuencias”.

Señaló incluso contradicciones institucionales, como el financiamiento agrícola en zonas sensibles. “Hoy el Banco Agrícola está financiando orégano en las cuencas media y alta de los principales ríos del país”, dijo.

Para enfrentar esto, FUDDEA impulsa cinco soluciones ambientales y la articulación de una red de 50 abogados que puedan representar a comunidades en reclamos ambientales. La estrategia apunta a transformar la defensa ambiental en litigio técnico y presión jurídica real.

El 30x30 y la deuda forestal dominicana

Desde el Ministerio de Medio Ambiente, Carlos Augusto Batista llevó la discusión a escala territorial. Recordó que entre el 80% y 85% de las nacientes de los principales ríos del país están dentro del sistema de áreas protegidas, pero el problema aparece aguas abajo, donde el desarrollo urbano convierte los ríos en gestores de desperdicios.

“Una cuenca no debe verse como un tramo aislado”, aseguró. El viceministro advirtió además que más del 65% del territorio dominicano es montañoso, lo que exige políticas mucho más estrictas sobre uso agrícola y ganadero.

El reciente estudio “30 por 30”, realizado con apoyo internacional y la Fundación Propagas, reveló una cifra alarmante: el país necesita recuperar 4.500 kilómetros cuadrados de zonas boscosas degradadas, especialmente en áreas de montaña.

Frente a esa realidad, el actual Plan Nacional de Reforestación resulta insuficiente. “La meta en dos años es unas 300 mil tareas; eso representa apenas un 4 o 5% de la realidad que tenemos”. La brecha entre diagnóstico y ejecución vuelve a aparecer como el principal obstáculo.

El riego agrícola pierde más de al año

6,000 M m³

4,500 km² de bosques degradados

55 M de m³

Cifras ambientales - RD
Silvio Carrasco
Carlos Augusto Batista
Patricia Abreu
Rafael Salazar
Riego agrícola · anual
Bosques degradados
El país necesita recuperar
Plan de reforestación
Presa Valdesia !
El plan actual de reforestación cubre solo
Valdesia acumula de sediemntos de esa necesidad

Del campo a la industria: la nueva ruta del valor compartido

“Antes cualquier acción comunitaria era considerada filantropía. Nos dimos cuenta de que a largo plazo eso no era sostenible”.

La frase de Patricia Mejía, directora de Marketing y Asuntos Corporativos de Nestlé en República Dominicana, resume uno de los mayores giros conceptuales de la industria alimentaria moderna: entender que la sostenibilidad no puede depender de gestos aislados, sino de un modelo económico diseñado para perdurar. Durante su participación en Expo Sostenible 2026, Mejía explicó cómo la compañía trasladó esa visión al campo dominicano, particularmente al sector lácteo, donde la producción comienza mucho antes de llegar al anaquel: empieza en el suelo, en el agua, en el bienestar animal y en la permanencia de las familias productoras.

“El sector privado necesita producir, y la producción de alimentos y bebidas comienza en el campo”, afirmó. Bajo esa lógica, Nestlé dejó atrás la relación transaccional con los ganaderos para construir un sistema de valor compartido. En la actualidad se sostiene de una estructura donde la rentabilidad empresarial depende directamente de la sostenibilidad del productor.

No se trata de una narrativa aspiracional. A escala global, la compañía reconoce que cerca de dos tercios de sus emisiones de gases de efecto invernadero provienen de la agricultura, razón por la que la regeneración de los sistemas agroalimentarios se volvió central en su hoja de ruta hacia cero emisiones netas para 2050 .

La leche también tiene huella climática

En la cadena láctea, el desafío técnico es complejo: reducir emisiones de metano, optimizar el uso hídrico, mejorar el bienestar animal y mantener la productividad sin deteriorar el suelo.

Nestlé trabaja directamente con más de 130.000 productores lecheros en 25 países, y su estrategia global reconoce al sector lácteo como una de sus mayores fuentes de emisiones de carbono . En 2025, las intervenciones vinculadas al abastecimiento lácteo y ganadero ya representaban alrededor del 17.7% de la reducción total de emisiones de GEI frente a la línea base de 2018 .

Pero en República Dominicana, el aprendizaje comenzó de forma mucho más rudimentaria. “No siempre supimos hacerlo bien. Empezamos empíricamente comprando leche fresca en la Línea Noroeste. El ganadero nos daba leche un mes sí y dos meses no; la calidad no era óptima, no había relevo si enfermaba”.

La inestabilidad no era únicamente productival. Sin relevo generacional, sin tecnificación y sin acompañamiento técnico, la continuidad del sistema estaba comprometida.

Agricultura regenerativa: producir restaurando Ese cambio encontró una respuesta técnica en la agricultura regenerativa, un enfoque que busca conservar y restaurar recursos naturales (principalmente suelo, agua y biodiversidad) mientras captura carbono y fortalece los ingresos de los productores . Entre sus prácticas más efectivas destacan:

• Rotación de cultivos

• cobertura vegetal permanente

• Reducción de labranza

• Sistemas silvopastoriles

• Fertilización orgánica

• Manejo eficiente del estiércol

• Riego por goteo y monitoreo hídrico digital

• Integración de árboles de sombra y barreras vivas

Nestlé estructuró esta visión en cinco pilares técnicos: biodiversidad, agua, salud del suelo, sistemas diversos de cultivo con integración ganadera y acción colectiva en el paisaje .

Para 2030, la meta global es que el 50% de sus ingredientes clave provengan de agricultores que adopten prácticas regenerativas; en 2025 ya alcanzaban ese estándar el 50% de dichos insumos .

El estrés térmico también se prueba en el vaso

Uno de los aportes más interesantes señalados por Mejía conecta directamente la sostenibilidad con la experiencia del consumidor. “El consumidor final ha notado estos cambios. Cuando una de nuestras leches tiene mayor cremosidad, eso se logra precisamente cuando el ganado no está sometido a estrés térmico, bien alimentado y con recursos hídricos adecuados”, explica.

La ciencia lo respalda: el estrés térmico en bovinos reduce la producción de leche, altera su composición y afecta el contenido de grasa y proteína. La sombra, la ventilación, el acceso al agua y el manejo del pastoreo son variables de calidad industrial.

En otras palabras: la sostenibilidad no solo reduce el impacto ambiental, también modifica la textura del producto final.

Medir o desaparecer

Para Patricia Mejía, la sostenibilidad empresarial se sostiene sobre tres verbos: relacionarse, medir y evolucionar. “La base de una gestión sostenible es la creación de relaciones a largo plazo”, asegura.

Lo segundo, insiste, es medir. “Cuánto produzco, cuántos se fueron y por qué se fueron”.

Sin trazabilidad, no existe gestión climática posible. La agricultura regenerativa exige indicadores verificables: captura de carbono, retención hídrica, reducción de fertilizantes sintéticos, salud del suelo, productividad por hectárea y permanencia generacional.

Nestlé incluso desarrolló herramientas de evaluación para clasificar el nivel de madurez regenerativa de las fincas: transición inicial, avanzado y líder .

El cuaderno ya no basta

El tercer verbo es evolucionar. “Hay que subirse a la transformación digital. Hace falta tecnificar las fincas, que rara vez llevan algo digitalizado; apuntan todo en un cuaderno”.

La digitalización rural ya no es innovación aspiracional: es supervivencia competitiva. Sensores de humedad, monitoreo de pastoreo, trazabilidad de producción, control veterinario y análisis predictivo permiten reducir pérdidas, anticipar riesgos climáticos y tomar decisiones con precisión.

La pandemia dejó una lección contundente sobre eso. “Cuando llegó el covid, la mitad de nuestros barcos quedaron en el mar y eso nos llevó a reinventarnos y producir con más ingredientes locales aún”.

La sostenibilidad, entonces, no fue un discurso reputacional, sino una estrategia de continuidad operativa. Porque cuando la logística global colapsa, el verdadero activo no está en el puerto: está en la finca.

Y allí, entre sombra, agua, datos y relevo generacional, es donde realmente empieza el futuro de la industria alimentaria.

Fue entonces cuando la empresa entendió que debía pasar “de la transacción pura a una gestión que enseñara al ganadero el valor de su permanencia en la línea de producción”,tal como explicó Mejía.

Sostenibilidad con retorno: así se mueve el nuevo capital climático

La sostenibilidad dejó de ser un discurso aspiracional para convertirse en una estructura financiera concreta. Ya no se trata únicamente de proteger ecosistemas o reducir emisiones, la experiencia ha dejado saber que se trata de diseñar proyectos capaces de cumplir estándares internacionales, atraer capital privado, reducir riesgos sistémicos y transformar activos ambientales en instrumentos financieros verificables.

Ese fue el eje central del panel sobre Inversión sostenible y crecimiento económico en el marco de Expo Sostenible 2026, donde representantes del sector privado, la banca multilateral, el mercado de valores y el gobierno coincidieron en una misma tesis: el dinero existe, pero no siempre existen las condiciones para recibirlo.

“El capital existe y los mercados tienen interés en financiar actividades ligadas a la sostenibilidad. A veces los países y las empresas no están preparados para recibir este tipo de financiamiento”, advirtió Milagros De Camps, vicepresidenta de sostenibilidad y asuntos corporativos de InterEnergy.

La sostenibilidad necesita arquitectura De Camps insistió en que reducir la conversación a bonos verdes es simplista. La arquitectura del financiamiento climático incluye bonos azules, bonos vinculados a sostenibilidad, créditos de carbono, garantías, préstamos concesionales, blended finance y mecanismos de reducción de riesgo.

“No hay sostenibilidad si no hay capital, mayor resiliencia en las operaciones y un desempeño social que nos permita ampliar la licencia en nuestras zonas”, sostuvo.

Desde InterEnergy, esa lógica ya se traduce en cifras concretas. El consorcio energético Punta Cana–Macao mantiene alrededor de US$600 millones en inversiones sostenibles, apalancando más de US$1.000 millones. En Panamá, la firma emitió además un bono verde por US$265 millones, mientras que en República Dominicana destaca el desempeño del bono verde soberano inaugural, cuya recepción internacional evidenció una fuerte demanda del mercado.

La señal es clara: los inversionistas están dispuestos a entrar, pero exigen estándares.

Taxonomía verde: definir qué realmente es verde Ahí entra uno de los avances más técnicos, y menos comprendidos, del ecosistema dominicano: la taxonomía verde.

Olga Nívar, directora de oferta pública de la Superintendencia del Mercado de Valores, explicó que esta herramienta funciona como un sistema de clasificación que determina qué sectores, activos y actividades pueden considerarse sostenibles bajo normativa nacional y bajo parámetros compatibles con estándares internacionales.

“La taxonomía verde viene a identificar qué sectores, actividades o activos se consideran verdes en República Dominicana, a la vez que responden a nuestra realidad país”, explicó.

La interoperabilidad es clave: un inversionista extranjero debe poder reconocer ese activo como sostenible también en su propia jurisdicción.

Actualmente, República Dominicana cuenta con cinco emisores y aproximadamente US$1.000 millones en valores aprobados, una cifra que, según Nívar, generó incluso sobredemanda y atrajo inversionistas internacionales que inicialmente no mostraron el mismo apetito por bonos soberanos tradicionales.

Además, la taxonomía fue actualizada para incluir nuevos bonos temáticos relacionados con sostenibilidad, ampliando el universo de instrumentos elegibles. Pero Nívar advierte que el reto no termina en la clasificación. “Estamos trabajando para que estos proyectos no sean un greenwashing, sino que verdaderamente respondan a la taxonomía”.

Por eso, junto al IFC y al Ministerio de Medio Ambiente, desarrollan un piloto en energía aplicada al turismo, además de fortalecer la formación técnica de estructuradores financieros.

El verdadero déficit: capacidad técnica

Para Mariana Ruíz, representante regional para el Caribe del Banco Europeo de Inversiones, la gran brecha no está en el financiamiento, sino en la preparación de los proyectos.

“Cada vez más los proyectos sostenibles necesitan una articulación de diferentes sectores”, señaló.

Un proyecto agrícola, por ejemplo, no depende únicamente del campo, también requiere trans-

porte, acceso al agua, infraestructura eléctrica y coordinación institucional. La sostenibilidad, en términos técnicos, es profundamente intersectorial.

Ruíz explicó que los bancos multilaterales operan bajo altos estándares precisamente porque la mala preparación genera sobrecostos estructurales. “Cuando se licita un diseño y luego comienza la construcción, hemos visto incrementos de hasta un 30 % sobre el precio inicial”.

La causa suele repetirse: variables ambientales y sociales no integradas desde el diseño inicial. Incluirlas desde el principio reduce litigios, evita retrasos, mejora desembolsos y fortalece la certidumbre financiera.

“Todos los organismos internacionales quieren que las cosas pasen, pero buscan que se hagan bien”. No se trata de burocracia: se trata de costo país.

El ambiente como capital natural

Desde el sector público, Ana Emilia Pimentel, viceministra de Medio Ambiente y Recursos Naturales, planteó un cambio de paradigma: dejar de ver al ministerio como una institución de permisos y entenderlo como un administrador de capital natural.

“Reconocemos el ambiente como un capital natural en el cual invertir”, dijo. Este enfoque ha sido determinante durante la estructuración del bono soberano verde dominicano. Antes de emitir, se realizó una evaluación técnica para determinar dónde debían colocarse las iniciativas y bajo qué indicadores de desempeño.

El resultado fue el fortalecimiento de la confianza. “Esto trajo apetito de los inversionistas, porque podían colocar su capital en el medio ambiente con trazabilidad”. Hoy, esos bonos están transitando de estándares nacionales hacia estándares internacionales, mientras se incorporan nuevos sectores antes excluidos del sistema.

La estrategia ya no se limita a emisiones aisladas, sino a una visión integral de financiamiento climático que reconoce activos ambientales como infraestructura económica.

Del sargazo al carbono: los residuos se convierten en activos

Kiantar Betancourt, CEO de Atenil y presidente de Kappa Deco, llevó la conversación hacia una lógica más territorial: cómo transformar problemas ambientales en oportunidades de mercado.

Citó el caso de Paraguay, donde la deforestación amenaza cerca de 200 mil hectáreas, particularmente por presión agrícola. Allí, la estrategia ha sido combinar restauración ambiental con mercados de carbono y acuerdos internacionales.

“Lo que comienza con cooperación entre sectores puede alcanzar escala nacional y luego venderse internacionalmente como solución”. dijo. En República Dominicana, identificó una oportunidad similar en el sargazo.

Más allá de su impacto turístico y ambiental, el sargazo podría convertirse en una pieza de negociación internacional, con ideas como la exportación de biomasa, procesamiento industrial o acuerdos de cooperación tecnológica con países que aporten equipamiento para valorización de residuos.

“RD puede negociar la venta del sargazo o buscar países que vendan equipamiento para procesarlo”. planteó. La sostenibilidad, en este contexto, deja de ser mitigación y pasa a ser estrategia comercial.

La transición no depende únicamente de voluntad política ni de narrativa corporativa. Depende de taxonomías verificables, métricas auditables, articulación interinstitucional y proyectos capaces de demostrar impacto real.

República Dominicana bajo presión: el reto de edificar con visión de futuro

La infraestructura no falla cuando colapsa, en realidad falla mucho antes, cuando se improvisa.

Esa fue la coincidencia más poderosa entre urbanistas, constructores, técnicos y financistas al debatir sobre el futuro de las edificaciones en República Dominicana, convergiendo en que el mayor riesgo no es únicamente climático, sino también la ausencia histórica de planificación.

“El ordenamiento territorial no es una palabra bonita, sino algo que necesita implementarse”, advirtió Erick Dorrejo, director de planificación territorial, recordando que la Ley 368-22 de Ordenamiento Territorial, Uso de Suelo y Asentamientos Humanos (promulgada en 2022 tras más de una década pendiente desde la Constitución de 2010) finalmente obliga a la formulación de planes territoriales a escala nacional y municipal. La norma clasifica el suelo en urbano, urbanizable y no urbanizable, y crea instrumentos para frenar la expansión caótica de las ciudades.

Dorrejo insiste en que el mayor riesgo hoy es urbano: lluvias más cortas, pero con mayor volumetría, cañadas desbordadas y asentamientos informales que reducen la permeabilidad de las ciudades. A esto se suma la contaminación atmosférica por PM2.5, provenientes de partículas finas emitidas por vehículos y generadores, capaces de penetrar profundamente en el sistema respiratorio y asociadas a enfermedades cardiovasculares y pulmonares, según investigaciones realizadas en Santo Domingo y estudios recientes en el país.

Desde el Ministerio de Vivienda, Ernesto Mejía plantea soluciones de reasentamiento con impacto estructural: Barrio Azul, en San Francisco de Macorís, y el proyecto Gurabo, junto a INAPA, que ha impactado a más de 3,000 familias. “No se trata solo de sacar personas de zonas vulnerables, sino de impedir que esas zonas vuelvan a ser ocupadas”, explicó, defendiendo los parques lineales como barreras urbanas resilientes.

Para Annerys Meléndez, presidenta de ACOPROVI, la sostenibilidad empieza mucho antes del primer bloque. “La resiliencia se diseña”, afirma. Variables como orientación solar, ventilación cruzada, selección de materiales y herramientas como BIM Modeling permiten prever el comportamiento climático de una edificación sin elevar costos de planificación. A esto se suman sistemas modulares, panelización y materiales de mayor durabilidad, reduciendo desperdicios, que en construcción pueden superar el 30% de los materiales mal gestionados en mercados emergentes, y mejorando eficiencia operativa. Fernando de la Vega, de Metaldom, por su parte, lanzó una alerta técnica: sin regulación robusta, la sostenibilidad se convierte en discurso vacío. “No puede ser un mercado donde gana quien vende más barato con varillas más delgadas”. La resistencia estructural depende tanto de normas técnicas como de supervisión institucional. Por su parte, desde la infraestructura vial, Hostos Rizik defiende la lógica financiera: “El reto está en robustecer los instrumentos de inversión”. El fideicomiso RD Vial, pionero desde 2013, ha permitido sostener proyectos estratégicos como circunvalaciones, ampliaciones troncales y nuevas autopistas regionales. La sostenibilidad, aquí, también significa continuidad presupuestaria.

Desde INTEC, Norberto Rojas, pone el dedo en la herida menos visible: el mantenimiento. “De nada vale hacer estructuras nuevas cuando las viejas se están cayendo”. Su equipo desarrolla herramientas apoyadas en analítica e inteligencia artificial para pasar de la gestión reactiva a la preventiva: intervenir antes del colapso cuesta menos que reconstruir después.

Tal vez la frase más brutal la resumió César Fernández: “El mayor reto es la improvisación”. Porque construir resiliencia no es levantar más obras, sino decidir cuáles realmente necesita el país, cuánto durarán y quién garantizará que sobrevivan al próximo ciclo político.

En sus palabras, cuando se trata de infraestructura, el verdadero lujo no es inaugurar: es que siga funcionando treinta y cuarenta años después.

Formalizar para sobrevivir: el verdadero negocio de la sostenibilidad

En República Dominicana, donde las mipymes representan el 85.9 % del tejido empresarial, aportan el 32 % del PIB y generan el 61.6 % del empleo nacional, hablar de sostenibilidad significa hablar del núcleo productivo del país. Más de 3 millones de personas dependen directamente de este ecosistema empresarial, lo que convierte cada mejora en eficiencia energética, formalización o gestión de residuos en una política de impacto sistémico.

Sanz Lovatón planteó que la sostenibilidad también pasa por transformar pasivos ambientales en activos económicos. Citó como ejemplo a SargaOut, una iniciativa que convierte el sargazo (uno de los mayores desafíos ecológicos para el Caribe) en insumos industriales como pelotas de béisbol. La lógica responde a los principios de economía circular de reducir residuos, reinsertar materiales en la cadena de valor y disminuir la presión sobre sectores estratégicos como el turismo, principal pulmón económico nacional.

En esa misma línea, destacó la Ley 225-20 de Gestión Integral y Coprocesamiento de Residuos Sólidos, la primera gran estructura legislativa que organiza de forma integral la gestión de residuos en el país. La normativa introduce responsabilidad extendida del productor, valorización de desechos y nuevos esquemas para fortalecer la industria del reciclaje. “Esa ley terminará siendo uno de los grandes legados de esta administración”, sostuvo, al referirse a una reforma que busca convertir la basura en infraestructura económica.

La formalización es el norte Pero la sostenibilidad también se mide en formalización. La meta oficial de alcanzar 350,000 mipymes formalizadas para 2028 no responde únicamente a una estrategia de recaudación: implica integrar empresas al sistema financiero, a la seguridad social y a los mecanismos de protección económica. “No es solamente generar empleos, sino que a través de su formalización se unen al tejido social. Y esto también es sostenibilidad”, explicó.

La informalidad, que supera el 85 % en el sector, sigue siendo una de las principales fracturas estructurales del modelo productivo. Sin trazabilidad fiscal, sin acceso a crédito y sin cumplimiento normati-

Para Eduardo Sanz Lovatón, la sostenibilidad dejó de ser un discurso aspiracional para convertirse en una ecuación de permanencia económica. “A mí la palabra sostenibilidad me gustaría utilizarla como sinónimo de sobrevivencia”, afirmó durante su intervención, redefiniendo un concepto que durante años se entendió como una ventaja reputacional y hoy se asume como condición de competitividad.

vo, no hay sostenibilidad posible. Por eso, programas como la Feria Mipymes (con tasas preferenciales de financiamiento de hasta 10 %) buscan traducir inclusión financiera en resiliencia empresarial.

Otro frente crítico es la transición energética. “La República Dominicana incrustada en el mismo trayecto del sol no puede seguir dependiendo de combustibles fósiles”, advirtió. Para una economía insular vulnerable al costo energético y al cambio climático, migrar hacia renovables es una estrategia de soberanía económica.

“El ejercicio de gobernar es complicado, porque muchas veces las acciones que se emprenden hoy tendrán resultados en años y décadas”, concluyó. Bajo esa premisa, la sostenibilidad deja de ser una tendencia corporativa para convertirse en una arquitectura de país: una donde las mipymes no son el actor periférico, sino el verdadero laboratorio donde se decide el futuro económico dominicano.

La cerveza también se mide en agua, carbono y futuro

En la industria cervecera, hablar de sostenibilidad no puede quedarse en campañas verdes ni en promesas corporativas.

Requiere decisiones técnicas, inversión sostenida y una lógica empresarial capaz de entender que proteger recursos naturales también protege la rentabilidad futura. Esa es la premisa que Ana M. Martínez, directora Legal & Asuntos Corporativos de Cervecería Nacional Dominicana, resume con una frase que funciona casi como manifiesto: “La sostenibilidad tiene que sostenerse de costo, y una empresa que ha operado por más de 100 años tiene que pensar en planificar a futuro”.

Desde 2018, la compañía estructuró su plataforma bajo seis ejes estratégicos: protección del agua, agricultura sostenible, acción climática, emprendimiento, consumo responsable y empaque circular. No como una narrativa reputacional, sino como una hoja de ruta operativa. El agua, principal insumo de la cerveza y uno de los recursos más tensionados del planeta, se convirtió en una prioridad técnica. “Entendemos que es fundamental para el mundo y el principal ingrediente de la cerveza”, explicó Martínez. Desde 2017, Cervecería ha reducido en un 65 % el uso de agua en sus operaciones en República Dominicana, pasando de 3.8 litros a 1.3 litros de agua por cada litro de cerveza producido. En una industria donde históricamente el promedio global ha sido considerablemente más alto, esta eficiencia coloca la gestión hídrica como una ventaja competitiva y no solo ambiental.

El futuro de la industria no se medirá solo en ganancias, sino en agua preservada, emisiones evitadas y recursos recuperados.

La transición energética también redefinió su modelo industrial. Actualmente, el 100 % de su producción opera con energía renovable proveniente de su parque solar en Nagua, con capacidad de 53 MW, una infraestructura que permite reducir más de 50,000 toneladas de CO₂ al año y transformar la matriz energética de toda la operación . “Hablamos de una reducción de nuestras emisiones directas en un 71 %, y de un 21 % menos carbono por cada litro de cerveza”, señaló. En términos técnicos, esto significa descarbonizar el proceso desde la fuente, no solo compensarlo después.

Pero la sostenibilidad también exige intervenir en la cadena de valor. Con una inversión de US$1.4 millones, la empresa impulsó desde 2024 un programa de formación para colmados y pequeñas empresas, promoviendo reciclaje, clasificación de empaques y transición hacia motores eléctricos. “Nos fuimos de la concientización a las acciones concretas”, afirmó Martínez, reconociendo que los pequeños comercios suelen ser el eslabón más vulnerable, y más olvidado, de la sostenibilidad empresarial.

En empaque circular, la lógica fue valorizar el residuo. La alianza con NUVI permitió gestionar 7.8 millones de libras de plástico PET reciclado desde 2022, mientras que el 86 % de las botellas de vidrio son recuperadas y reutilizadas hasta 10 veces. Solo desde septiembre pasado, más de 1,000 toneladas de vidrio roto fueron recicladas y reincorporadas al sistema productivo.

“Aprendimos que debíamos revalorizar la botella”, dijo. Porque en economía circular, el verdadero cambio ocurre cuando el residuo deja de ser basura y se convierte en activo.

Ahí está quizás la lección más relevante: la sostenibilidad no empieza en el reporte anual, sino en la capacidad de una empresa de rediseñar su operación para que el futuro también sea financieramente viable. Y en esa ecuación, cada litro de agua ahorrado, cada botella recuperada y cada tonelada de carbono evitada deja de ser una cifra y se convierte en estrategia, medible y escalable para otras empresas.

Cuando el clima entra al comité de crédito

La sostenibilidad en el área financiera ya no se discute únicamente en términos de reputación corporativa, sino como una variable que define riesgo crediticio, acceso a capital y competitividad económica. Y esto la República Dominicano lo tiene claro y legalmente enmarcado.

“El sistema financiero dominicano tomó la ruta proactiva de generar un proceso encaminado a finanzas verdes”, afirmó Rosanna Ruiz, presidenta ejecutiva de la Asociación de Bancos Múltiples (ABA), al recordar que en 2024 la banca múltiple firmó junto a IFC el Protocolo Verde, un compromiso que posicionó al país como el primero en articular esta agenda de manera conjunta con el sector empresarial a través del CONEP.

La dimensión técnica de ese avance tiene nombre propio: taxonomía verde. Este instrumento permite clasificar qué actividades económicas pueden considerarse sostenibles bajo criterios verificables de impacto ambiental y climático. Sin esa estandarización, los bonos verdes, sociales o sostenibles corren el riesgo de convertirse en simple narrativa corporativa.

“La taxonomía fue un paso de avance importante para estandarizar la clasificación de sostenible”, explicó Ruiz. El dato más revelador es que ya no se trata de teoría: cerca de 7,500 créditos fueron aprobados bajo esa metodología, integrándose directamente en la cartera viva de los bancos.

Ese cambio también redefine cómo se evalúa un préstamo. Cristina Bello, segunda vicepresidenta de riesgo ambiental del Banco BHD, explicó que la sostenibilidad ya forma parte del apetito de riesgo y del análisis crediticio.

“Ya la sostenibilidad no es reputacional, es gestión de riesgo puro”, sostuvo. Desde 2024, BHD participó en un piloto de gestión de riesgos climáticos que permitió mapear vulnerabilidades reales dentro de su cartera con eventualidades como huracanes, inundaciones, escasez hídrica, riesgos regulatorios y presión de transición hacia mercados más descarbonizados.

A partir de ese ejercicio, el banco creó un indicador de vulnerabilidad climática que cruza la exposición crediticia con la probabilidad de materialización de esos eventos. En otras palabras: el cambio climático ya entra al comité de crédito.

En el mercado de valores, esa misma lógica está transformando la arquitectura del financiamiento. Antonio Jorge, director general de EXCEL, recordó que el Ministerio de Hacienda emitió bonos verdes internacionales por US$750 millones con sobredemanda, una señal clara de que el capital global busca proyectos con impacto medible.

Pero advirtió que el entusiasmo no basta. “Tiene que haber previsibilidad de flujo, una gobernanza fuerte y un esquema de garantías que le dé respaldo al inversionista”. Energía e infraestructura siguen siendo los sectores con mayor potencial, aunque muchos proyectos aún fracasan por falta de estructura técnica y gobernanza.

Desde la microfinanza, Christian Reyna, presidente de BANFONDESA, llevó la conversación hacia la base de la pirámide económica. “La sostenibilidad y las microfinanzas son dos aspectos de una misma moneda”, dijo. Su visión responde a una lógica de triple rentabilidad: social, ambiental y económica.

BANFONDESA ya había lanzado en 2018 su producto de financiamiento renovable con apoyo del Banco Europeo de Inversiones y posteriormente estructuró el primer bono dominicano de microfinanzas listado incluso en la Bolsa de Luxemburgo, un precedente inédito para el sector.

Para Reyna, el verdadero desafío está en dirigir correctamente el capital, considerando que ya existe un marco legal claro. “La sostenibilidad debe comenzar por la base de la pirámide”, insistió, recordando que las microempresas sostienen gran parte del empleo, pero también operan muchas veces fuera de los circuitos de eficiencia ambiental y financiera.

La inclusión será el siguiente gran capítulo. Ruiz adelantó que más de tres millones de dominicanos siguen fuera del sistema bancario y que junio marcará el lanzamiento de un nuevo programa de bancarización simplificada, junto a un fondo de garantías que cubrirá hasta el 50 % del riesgo para mipymes, finanzas verdes, capital humano y vivienda social.

El mensaje del panel fue claro: ya existen normas, instrumentos y capital. “El reto es usarlo”, resumió Antonio Jorge. La sostenibilidad financiera ya no pertenece al futuro. Está entrando, línea por línea, en los balances del presente.

STORYTELLING COMO VECTOR

CIENTÍFICO

“En el cine hacen falta personas que quieran contar historias de medio ambiente…” — Marvin del Cid.

La evidencia sugiere que los contenidos audiovisuales aumentan la comprensión de temas científicos hasta en un 60–65% en audiencias no especializadas.

CINE & SOSTENIBILIDAD

La narrativa como tecnología de conciencia ambiental

ANIMACIÓN COMO HERRAMIENTA PEDAGÓGICA

“Permite explicar las cosas de forma más interesante” — Yohan Núñez

Yohan está produciendo el primer largometraje animado ambiental del Caribe:

Narrativa: identidad afro taína + comunicación interespecie.

Retención cognitiva: aprendizaje visual mejora la memorización científica hasta 65% en jóvenes.

ECOSISTEMAS INVISIBLES: EL CASO DE LAS PRADERAS

MARINAS

“Parece un ecosistema sin gracia, pero captura carbono, alberga vida y produce oxígeno” — Marvin del Cid

Ecosistema de carbono azul: captura CO₂ hasta 35x más rápido que bosques tropicales. Almacenamiento de carbono a largo plazo (sedimentos marinos).

Función: hábitat para peces juveniles, estabilización de sedimentos, reducción de erosión costera.

Brecha narrativa: baja visibilidad mediática baja percepción de valor menor protección.

ECONOMÍA CIRCULAR EN PANTALLA

“‘La Ruta’ muestra cómo se está aplicando la economía circular en RD” — Pedro Urrutia

El cine como demostrador de modelos productivos sostenibles: Aplicación en comunidades: iniciativas locales operan sin dependencia estatal microeconomías regenerativas.

SOSTENIBILIDAD APLICADA: MODELO CORPORATIVO

“El reto es hacerla digerible para toda la sociedad”

— Cintia De Óleo

Caso: gestión de RAEE (Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos)

Flujo global: +50 millones de toneladas/año.

Programa: recolección + gestor autorizado + valorización de materiales (cobre, litio, plásticos).

Innovación: incentivo intercambio de residuos por acceso cultural (cine).

Resultado en RD: +3 toneladas recuperadas (principalmente móviles y cables).

DEL MENSAJE A LA ACCIÓN

“El reto… es pasar de la denuncia a la acción” — Pedro Urrutia

El cine ambiental evoluciona hacia un modelo de impacto medible:

• Sensibilización cambio de percepción

• Comprensión adopción de prácticas

• Representación replicabilidad

• La convergencia entre cine, ciencia y sostenibilidad está configurando un nuevo ecosistema de comunicación donde cada historia funciona como un prototipo de comportamiento ambiental.

La ecuación de la basura: cómo convertir desechos en sistema

En la República Dominicana, el tránsito desde un sistema lineal, basado en extracción, consumo y disposición final, hacia un modelo circular se ha convertido en una urgencia técnica.

En la República Dominicana, el tránsito desde un sistema lineal, basado en extracción, consumo y disposición final, hacia un modelo circular se ha convertido en una urgencia técnica. Con más de 13,000 toneladas diarias de residuos sólidos generados, la presión sobre vertederos a cielo abierto ha convertido la gestión de desechos en una ecuación ambiental, económica y sanitaria. En ese contexto, el panel de expertos traza una hoja de ruta donde regulación, infraestructura y mercado deben alinearse con precisión quirúrgica.

“Tenemos un sistema de economía lineal con vertederos a cielo abierto”, advierte Jorge Erasme, asesor del Ministerio de Medio Ambiente, al tiempo que subraya la necesidad de “crear una responsabilidad compartida donde haya incentivos fiscales, no solo sanciones”. La lógica responde al principio de Responsabilidad Extendida del Productor (REP), un instrumento que traslada el costo de la gestión postconsumo a quienes introducen productos al mercado, especialmente envases y embalajes, responsables de hasta el 40% del volumen de residuos urbanos en América Latina.

Sin embargo, la transición no depende únicamente de marcos normativos. La trazabilidad, uno de los pilares técnicos del sistema, sigue siendo una deuda estructural. “Muchas veces no sabemos qué está pasando con cada tipo de residuo”, apunta Enrique Cueva, experto internacional de Vytal, quien insiste en la necesidad de una infraestructura robusta que permita monitorear el flujo de materiales desde su generación hasta su valorización. En términos operativos, esto implica

sistemas de recolección diferenciada, centros de transferencia eficientes y plantas de valorización con capacidad de clasificación avanzada.

La República Dominicana ha comenzado a cerrar esa brecha. Según datos compartidos por Priamo Ramírez, director ejecutivo de DO Sostenible, el país ha pasado de gestionar adecuadamente sólo el 7% de sus residuos en 2022 a un 38% en la actualidad, con una meta del 45% para 2026. Este salto se apoya en la expansión de infraestructura, de dos a siete plantas de valorización, y en la implementación de la normativa 40-25, que establece un mínimo de valorización en el tratamiento de residuos. En términos técnicos, esto se traduce en procesos como reciclaje mecánico, compostaje de orgánicos y recuperación energética, prácticas que pueden reducir hasta un 60% el volumen destinado a disposición final.

Pero la eficiencia del sistema comienza antes de llegar a la planta. “Una no adecuada separación limita la vida útil de los rellenos sanitarios”, explica Ramírez, señalando la separación en origen como un factor crítico. Este proceso, que requiere coordinación municipal en más de 400 territorios, determina la calidad del material recuperado y, por tanto, su viabilidad económica en el mercado secundario.

Y es precisamente el mercado uno de los eslabones más frágiles. “Lo que falta es mercado. No le vemos el valor real a los residuos”, sostiene Fabián Jaramillo, de Inventagri, quien expone una paradoja estructural: países que importan plástico reciclado mientras descartan material reutilizable localmente. En términos de economía circular, esto refleja una falla en la internalización de externalidades y en la creación de cadenas de valor competitivas.

La solución, coinciden los expertos, no radica en replicar modelos foráneos. “No debemos copiar esquemas sin considerar las condiciones locales”, advierte Cueva. América Latina enfrenta desafíos específicos: alta informalidad en la cadena de reci -

claje, limitaciones presupuestarias municipales y marcos regulatorios en evolución. En ese contexto, la simplicidad operativa se vuelve una necesidad, y a la vez ventaja estratégica. “Un sistema simple que funcione es mejor que uno perfecto que fracase”, resume Jaramillo.

Esa simplicidad también implica integrar actores históricamente invisibilizados. En República Dominicana, los recicladores de base (conocidos como “buzos”) representan un nodo esencial en la recuperación de materiales. “Tienen valor dentro de la cadena”, afirma Erasme, quien plantea su formalización como parte del engranaje REP. Experiencias regionales muestran que su inclusión puede aumentar las tasas de reciclaje en más de un 20%, además de generar impacto social directo.

El modelo que se perfila para el país es, en palabras de los panelistas, descentralizado, híbrido y económicamente viable. Incluye fideicomisos financiados por tarifas empresariales, incentivos fiscales para innovación circular y alianzas entre academia y sector privado para desarrollar capacidades técnicas. También incorpora principios de gradualidad: educar al consumidor, adaptar la industria y escalar la infraestructura sin colapsar el sistema.

“Lo que botamos hoy, mañana lo pagamos en dinero, salud y problemas”, recuerda Jaramillo. La frase sintetiza una verdad respaldada por datos globales: el costo de la inacción en gestión de residuos puede alcanzar hasta el 5% del PIB en economías emergentes, considerando impactos en salud pública, turismo y degradación ambiental.

En ese escenario, la economía circular deja de ser una narrativa aspiracional y se convierte en una estrategia de resiliencia. República Dominicana avanza, con tensiones, ajustes y aprendizajes, hacia un modelo donde los residuos dejan de ser el final de la cadena para convertirse en su punto de reinicio.

Enrique Cueva
Enrique Cueva, Vytal (Experto internacional, México), Priamo Ramirez, director ejecutivo de DO Sostenible, Fabian Jaramillo, experto internacional Inventagri, Jorge Erasme, asesor del Ministerio de Medio Ambiente
Fabián Jaramillo

La hora 25 de la sostenibilidad: decisiones que no admiten ensayo y error

En los sistemas complejos, desde un cohete en lanzamiento hasta una economía en crisis, hay un momento en que la reversibilidad desaparece.

Jamil Mahuad lo llama “la hora 25” citando un libro de Constantin Virgil que ha sido referencia para su formación: ese punto en el que una decisión abre un proceso sin retorno. “Nada es gratis, todo tiene costos y beneficios”, advierte Mahuad, recordando que las soluciones perfectas no existen, solo opciones con distintos niveles de riesgo y sostenibilidad. El marco no es retórico. Es técnico. Cuando la NASA fijó como problema la distancia entre el punto de partida y el destino, añadió una variable crítica: la seguridad. La ingeniería de sistemas define ese tipo de restricciones como condiciones de frontera, límites que no pueden violarse sin comprometer el sistema completo. Sin embargo, la historia demuestra que incluso con datos disponibles, los sesgos cognitivos pueden anular la evidencia.

Mahuad lo sintetiza con precisión quirúrgica: “Las decisiones deben tomarse con objetividad y no bajo el miedo”. El caso que menciona, el análisis de fallas de motores bajo distintas temperaturas, revela una falla clásica en gestión de riesgos: la extrapolación fuera del rango observado. Ninguna prueba había ocurrido por debajo de 18 °C; el lanzamiento se realizó a -1 °C. En términos de ingeniería de confiabilidad, se trató de operar fuera del dominio de validación, donde la probabilidad de fallo se acerca al 100 %.

A esto se suma la conocida falacia del costo hundido, que genera pensamientos del tipo: “Hemos invertido tanto que no vamos a frenar”. En sostenibilidad corporativa, este sesgo explica por qué industrias continúan apostando por activos intensivos en carbono aun cuando los modelos climáticos (como los del IPCC) proyectan pérdidas económicas globales de hasta un 18 % del PIB hacia 2050 si no se corrige la trayectoria. Persistir en infraestructuras obsoletas no solo es ineficiente; es sistémicamente riesgoso.

El segundo error es más silencioso: invisibilizar el problema. “Los problemas ocultos son enemigos de una buena gerencia”, afirma Mahuad. En gobernanza ESG (ambiental, social y de gobernanza), esto se traduce en fallas de transparencia material: riesgos que no se reportan terminan amplificándose. El sesgo confirmatorio (filtrar datos para validar una hipótesis) erosiona la capacidad adaptativa de cualquier organización.

Frente a esto, Mahuad rescata una lógica oriental de gestión: invertir el 80 % del tiempo en entender el problema y el 20 % en resolverlo. La evidencia respalda esta aproximación. Estudios en diseño de políticas públicas muestran que una definición rigurosa del problema reduce en más de 40 % los costos de implementación y aumenta la aceptación social de las soluciones. “Si el grupo entiende profundamente el problema, la solución ya está en la sala”, señala.

Esa aceptación es clave. Toda política sostenible, y aquí el término se usa en su sentido más amplio: técnica, social y política; se sostiene sobre tres pilares: rigor técnico, legitimidad social y viabilidad política. “Es como una mesa de tres patas”, explica Mahuad. La ausencia de cualquiera de ellas desestabiliza el sistema.

Su ejemplo más contundente es la dolarización de Ecuador. Ante un colapso provocado por choques simultáneos (el fenómeno de El Niño, la caída del precio del petróleo y la crisis asiática), el país perdió el 81 % de sus exportaciones. La ecuación macroeconómica era insostenible: contracción de ingresos, fuga de divisas e inflación descontrolada. Sin acceso a financiamiento internacional, la decisión de adoptar el dólar implicaba renunciar a la soberanía monetaria, un costo estructural enorme.

Sin embargo, el proceso cumplió las tres condiciones: análisis técnico profundo, construcción de consenso social y acuerdos políticos duraderos. El resultado: más del 95 % de apoyo sostenido en el tiempo. En términos de sostenibilidad institucional, esto equivale a una política resiliente, capaz de sobrevivir ciclos políticos y choques externos.

La lección trasciende la política económica. En un mundo que enfrenta transiciones energéticas, crisis climáticas y disrupciones tecnológicas, la toma de decisiones bajo incertidumbre se ha convertido en la competencia central de liderazgo. “El coraje es la obediencia al sereno juicio”, cita Mahuad, evocando a Sócrates. No avanzar por inercia, no retroceder por miedo, sino decidir con claridad incluso cuando todas las opciones implican costos.

Porque en la hora 25, la sostenibilidad deja de ser un ideal y se convierte en una prueba de precisión. Una en la que cada variable omitida, cada sesgo ignorado y cada problema oculto puede redefinir el futuro completo del sistema.

“La sostenibilidad no se define cuando todo funciona, sino en la hora 25: ese instante en que avanzar por orgullo, miedo o inercia puede destruir el sistema completo.” — Jamil Mahuad

Rediseñar para sobrevivir:

innovación, carbono y eficiencia en la nueva industria

En la arquitectura contemporánea de la industria, la sostenibilidad ha dejado de ser una capa superficial para convertirse en un sistema operativo.

En ese tránsito, tres voces del sector productivo dominicano: Lidia Castro, directora de Asuntos Públicos, Comunicaciones y Sostenibilidad para Coca-Cola Caribe; Vanessa Alba, Directora de Asuntos y Relaciones Corporativas de Grupo Ramos; y Frank Cabral, gerente de Sostenibilidad de Planeta Azul, delinean un mapa donde la eficiencia material, la innovación en empaques y la gestión de cadenas de valor se cruzan con métricas concretas.

“Colocamos muchos empaques en el mercado y eso nos da una gran responsabilidad en el manejo de estos residuos”, advierte Castro, situando el punto de partida en la economía circular: un modelo que busca desacoplar el crecimiento económico del consumo de recursos vírgenes. En términos técnicos, esto implica aumentar la tasa de recuperación de materiales post consumo y optimizar su reincorporación en nuevos ciclos productivos. En el Caribe, el reto es estructural: según el Banco Mundial, América Latina genera más de 230 millones de toneladas de residuos sólidos al año, con tasas de reciclaje que apenas rondan el 4-5%.

En ese contexto, las cifras adquieren peso específico. La operación local de Coca-Cola junto a Bepensa reporta la recolección del 75% de los envases que coloca en el mercado y la recuperación de cerca de 15 mil libras de plástico solo en cadenas hoteleras aliadas. A nivel de planta, el aprovechamiento del 90% de los residuos y los sistemas de recirculación hídrica responden a estándares de eficiencia de recursos que reducen tanto la huella hídrica como la intensidad de carbono por unidad producida.

La ingeniería del envase se convierte así en un campo de innovación crítica. Cabral lo resume con precisión: “Los recursos naturales son finitos y por eso hemos ajustado el modelo de negocio”. En Planeta Azul, esto se traduce en rediseño de botellas, etiquetas y tapas bajo criterios de

eco-diseño: menor gramaje, materiales monocomponente y compatibilidad con flujos de reciclaje existentes. El resultado es medible: una reducción anual de 3,531 toneladas de CO₂ en su cadena de producción (equivalente a la captura de 58,350 árboles durante una década) y un ahorro de 40 toneladas de plástico gracias a optimizaciones de diseño asistidas por maquinaria especializada.

En paralelo, el retail redefine su rol como nodo logístico de sostenibilidad. “No actuamos como un actor pasivo”, afirma Alba desde Grupo Ramos. La integración de puntos de acopio, como los sistemas ERES en alianza con banca y fabricantes, introduce al consumidor en la cadena de recuperación, cerrando el ciclo desde la góndola hasta la clasificación. Este tipo de infraestructura responde a un principio clave en sostenibilidad aplicada: sin logística inversa, no hay circularidad efectiva.

Sin embargo, el factor más volátil sigue siendo el comportamiento del consumidor. “El mercado dominicano todavía consume según el precio”, reconoce Alba. La evidencia global respalda esa tensión: informes del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente señalan que, aunque más del 60% de los consumidores declara preferir productos sostenibles, menos del 20% está dispuesto a pagar un sobreprecio significativo. La brecha entre intención y acción exige soluciones donde la sostenibilidad no encarezca, sino que optimice costos a escala.

Ahí es donde las alianzas se convierten en tecnología organizacional. “Somos una prueba de que las alianzas es lo que mejor funciona”, sostiene Castro. En sistemas complejos, la colaboración intersectorial permite distribuir costos, escalar infraestructura y acelerar la adopción de estándares. Desde la limpieza de playas con más de 4,000 voluntarios hasta programas como “Aliados por el Agua” o “Aliados por el Reciclaje”, la lógica es acumulativa: pequeñas intervenciones que, en red, generan impactos sistémicos.

La narrativa converge en un punto técnico y estratégico que ve la sostenibilidad como motor de competitividad. “Buscamos modelos rentables para el negocio y la sociedad”, afirma Cabral. En términos económicos, esto se traduce en reducción de riesgos regulatorios, acceso a financiamiento verde y resiliencia frente a disrupciones en cadenas de suministro. En términos físicos, implica operar dentro de los límites planetarios a través del uso eficiente del agua, reducción de emisiones y materiales diseñados para múltiples ciclos de vida.

“Cada gota cuenta”, dice Cabral. La frase, lejos de ser retórica, sintetiza una lógica de optimización incremental que define a las industrias que están transformando su propio metabolismo. En esa escala, la de gramos de plástico, litros de agua o toneladas de CO₂, se juega la viabilidad de un sistema productivo que, si quiere perdurar, debe aprender a regenerar lo mismo que consume.

Planeta Azul: reducir plástico antes de reciclarlo

“La regeneración es eficiente siempre y cuando el consumo y la demanda sea menor”, afirmó Frank Cabral, gerente de Sostenibilidad de Planeta Azul, durante una intervención centrada en el concepto de prevención ambiental antes que compensación ecológica.

La frase resume uno de los mayores debates actuales dentro de la economía circular: el reciclaje por sí solo ya no basta. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, menos del 10 % del plástico global logra reciclarse efectivamente, mientras el resto termina en vertederos, océanos o procesos de incineración de alto impacto.

En respuesta a ese desafío, Planeta Azul explicó cómo el rediseño industrial puede generar resultados tangibles. La empresa reportó una reducción anual de 3,531 toneladas de CO2 equivalentes, junto con el desarrollo de un botellón fabricado con material 100 % reciclado y tecnología de moldeo de precisión, capaz de disminuir pérdidas de resina plástica durante el proceso de fabricación.

“Entendemos que en lo que respecta a la sostenibilidad, cada gota cuenta”, sostuvo Cabral.

La compañía indicó además que esta innovación permitió evitar el procesamiento de 40 toneladas adicionales de plástico y reducir 1,772 toneladas de emisiones asociadas a residuos enviados a vertederos. En términos técnicos, este tipo de iniciativas se alinean con estrategias de ecodiseño industrial, donde la reducción de gramaje, reutilización de polímeros y optimización energética son consideradas herramientas críticas para disminuir la huella de carbono del packaging.

Grupo Ramos: sostenibilidad a escala masiva

En industrias de consumo masivo, el impacto ambiental suele medirse por volumen: energía, refrigeración, transporte, residuos y expansión territorial. Bajo ese contexto, Vanessa Alba, directora de Asuntos y Relaciones Corporativas de Grupo Ramos, presentó la sostenibilidad como una estructura transversal de gobernanza empresarial.

“La sostenibilidad no es de uno; el compromiso es de todos”, aseguró.

La compañía, que opera marcas como Sirena, Sirena Market y Aprezio, cuenta con 91 tiendas, más de 8,000 empleos directos y alrededor de 70 millones de visitantes anuales. Su estrategia reciente se articula en cinco pilares: acción climática, innovación en experiencia de compra, bienestar laboral, desarrollo comunitario y gobierno corporativo responsable.

Entre los resultados expuestos destacan más de 100 mil toneladas de CO2 evitadas durante la última década y una red de más de 300 voluntarios activos en iniciativas sociales y ambientales.

La importancia de este tipo de modelos radica en que el sector retail es considerado uno de los principales consumidores energéticos dentro de las economías urbanas modernas. Organismos internacionales como la Agencia Internacional de Energía han señalado que la transformación de supermercados y centros logísticos será decisiva para alcanzar metas globales de descarbonización.

Para Grupo Ramos, la respuesta pasa por alianzas multisectoriales y expansión con criterios de inclusión territorial.

“Hemos entrado a terrenos olvidados como San Juan de la Maguana”, explicó Alba, vinculando sostenibilidad con acceso económico y descentralización del desarrollo.

En EcoHub, las tres intervenciones coincidieron en un punto esencial: la sostenibilidad ya no se limita a campañas verdes o responsabilidad social corporativa. Está migrando hacia sistemas de producción medibles, rediseño técnico de materiales, eficiencia operacional y resiliencia climática. En otras palabras, hacia una nueva ingeniería empresarial donde el impacto ambiental comienza a convertirse en indicador de competitividad.

Coca-Cola Caribe: cuando la sostenibilidad entra a la cadena de valor

Para Lidia Castro, directora de Asuntos Públicos, Comunicaciones y Sostenibilidad para Coca-Cola Caribe, la conversación ambiental no puede separarse del tejido económico local.

“Cada botella es hecha por manos dominicanas para los dominicanos”, expresó durante su participación.

La ejecutiva explicó que el sistema Coca-Cola en el país, integrado por la compañía y su embotellador Bepensa, opera con 11 líneas de producción, 19 centros de distribución y una red que alcanza más de 63 mil clientes. A esto se suman más de 16 mil empleos indirectos y compras superiores a 4,949 millones de pesos a proveedores locales.

Más allá de las cifras económicas, la presentación se enfocó en cómo la sostenibilidad está siendo integrada a toda la cadena de suministro. Castro destacó que actualmente las plantas aprovechan el 90 % de sus residuos industriales, mientras avanzan hacia envases con menor gramaje, reducción de adhesivos en etiquetas y empaques completamente reciclables. “Refrescar el mundo y hacer la diferencia”, dijo, “también implica un

manejo responsable de nuestros residuos y del agua”.

La gestión hídrica ocupa un lugar estratégico dentro de esa transición. Intervenciones en las cuencas de Nizao y Río Haina forman parte de una tendencia global donde grandes industrias buscan proteger fuentes de agua dulce frente al aumento del estrés hídrico regional provocado por el cambio climático. Estudios del World Resources Institute advierten que América Latina enfrentará mayores episodios de escasez de agua en zonas urbanas e industriales durante las próximas décadas.

La empresa también señaló avances en recuperación de envases retornables, limpieza costera y programas de reciclaje instalados en hoteles y zonas turísticas, incluyendo iniciativas en Isla Saona. En paralelo, su proyecto “Emprendamos Juntos” ha capacitado a más de 20 mil pequeños comerciantes.

“Cuando crece el colmado del barrio, el barrio también crece”, afirmó Castro.

Propagas y el nuevo lenguaje de la sostenibilidad: educar para sobrevivir al cambio climático

En República Dominicana, la sostenibilidad ya no se discute únicamente en términos de conservación. Se mide en resiliencia operativa, en presión sobre las cadenas de suministro, en capacidad de adaptación climática y, cada vez más, en educación. La pregunta dejó de ser si las empresas deben involucrarse en la transformación ambiental. La verdadera discusión es cuánto tiempo pueden sobrevivir sin hacerlo.

Durante la conferencia “Más que una ley: el desafío de educar para la sostenibilidad y el desarrollo”, organizada en el marco de EcoHub, Izaskun Uzcang planteó una idea que atraviesa hoy las agendas globales de sostenibilidad corporativa: “Lo ambiental ya no está separado del negocio”. La frase, lejos de funcionar como consigna, resume un cambio estructural que ya impacta costos de operación, reputación empresarial y competitividad.

La presión es tangible. Eventos climáticos extremos alteran la disponibilidad de agua, encarecen materias primas y afectan la estabilidad energética de industrias completas. Paralelamente, consumidores y mercados exigen trazabilidad sobre el origen de los productos, la huella de carbono y el manejo de residuos. En ese contexto, la Ley 94-20 de Educación y Comunicación Ambiental de República Dominicana busca insertar la sostenibilidad dentro del sistema educativo formal y no formal, integrando adaptación climática, gestión de riesgos y cultura ambiental como parte del desarrollo nacional. Pero la conferencia dejó claro que el desafío no pertenece solo a las escuelas.

“La educación también parte de las empresas”, afirmó Uzcang, señalando cómo las organizaciones influyen diariamente en la manera en que las personas consumen, trabajan y toman decisiones. Desde esa lógica, una política de sostenibilidad no se limita a reportes ESG o campañas verdes: se convierte en un sistema de aprendizaje continuo que transforma hábitos dentro y fuera del entorno corporativo.

Los ejemplos citados durante el encuentro evidencian cómo la sostenibilidad empieza a operar como infraestructura cultural. Grupo Puntacana ha integrado programas de restauración de arrecifes y educación sobre separación de residuos entre sus colaboradores, una práctica especialmente relevante para el Caribe, donde cerca del 75 % de los arrecifes coralinos del Atlántico se consideran amenaza-

dos por el calentamiento oceánico, la contaminación y el desarrollo costero. Mientras tanto, Cervecería Nacional Dominicana reportó que el 70 % de su portafolio utiliza envases retornables y que el 84 % corresponde a vidrio, una estrategia alineada con modelos de economía circular que reducen emisiones asociadas al empaquetado y disminuyen residuos de un solo uso.

En paralelo, Fundación Propagas trabaja iniciativas como Gas Rural, enfocadas en reducir la dependencia de leña y carbón en comunidades vulnerables, una práctica vinculada históricamente a la degradación forestal y a emisiones contaminantes dentro de los hogares. La fundación también impulsa la restauración de la microcuenca del Higuero, una acción crítica en un país insular donde la protección de cuencas hidrográficas se ha convertido en un asunto estratégico para la seguridad hídrica y agrícola.

El punto central de la conferencia fue quizás uno de los más incómodos: muchas empresas ya ejecutan iniciativas valiosas, pero pocas logran conectarlas entre sí. La sostenibilidad aparece fragmentada entre departamentos, campañas o indicadores aislados, sin integrarse completamente a la cultura operativa.

Por eso Uzcang propuso tres ejercicios esenciales: diagnosticar, educar y conectar.

Diagnosticar implica medir qué iniciativas realmente generan impacto y cuáles permanecen dispersas. Educar supone incorporar formación ambiental dentro de la estructura organizacional y no como un esfuerzo periférico. Y conectar significa construir alianzas entre sector privado, escuelas, comunidades y Estado, entendiendo que ningún actor puede enfrentar solo los desafíos climáticos y ambientales de las próximas décadas.

“La sostenibilidad no tiene que sujetarse a una campaña aislada”, dijo. “Puede ser parte del negocio, la competitividad y el futuro”.

La afirmación resume una realidad que la ciencia económica y ambiental ya empezó a confirmar: las empresas que logran anticiparse a regulaciones, reducir riesgos climáticos y construir confianza social no solo disminuyen vulnerabilidades. También se vuelven más eficientes, más atractivas para nuevas generaciones de talento y más preparadas para operar en un mundo donde la sostenibilidad dejó de ser reputación para convertirse en supervivencia.

Ciudades que

respiran: ingeniería urbana, mercados vivos y datos en movimiento

En el mapa contemporáneo de la sostenibilidad, las ciudades han dejado de ser simples concentraciones de infraestructura para convertirse en sistemas complejos donde convergen clima, comportamiento humano y tecnología. En ese cruce, los panelistas reunidos para debatir sobre ciudades sostenibles, mercados y transformación urbana delinearon una idea común: el futuro urbano no se construye desde una sola disciplina, sino desde la integración de múltiples capas que deben funcionar con precisión casi biológica.

Dio Astacio, alcalde de Santo Domingo Este, colocó sobre la mesa una pregunta incómoda pero estructural: “¿En qué ciudad de la República Dominicana te gustaría retirarte?”. La ausencia de respuestas, más que una percepción, refleja un patrón global: según datos de Naciones Unidas, más del 56 % de la población mundial vive en ciudades, y esa cifra podría superar el 68 % en 2050. Siendo aún mayor en la República Dominicana, donde el 86 % de la población viven en las ciudades. En Santo Domingo Este, con 1.3 millones de habitantes (y picos de hasta 1.5 millones), el desafío es tangible. “Hemos construido ciudades para trabajar, pero no para vivir”, afirmó.

La impermeabilización del suelo urbano, resultado del exceso de pavimento, ha reducido la capacidad natural de infiltración del agua, generando inundaciones recurrentes. Frente a esto, Astacio propone el SIDRAP (Sistema de Drenaje y Recolección de Aguas Pluviales), una solución que se alinea con modelos internacionales de Sustainable Urban Drainage Systems (SUDS). “Estamos creando cisternas debajo de la ciudad que purifican y almacenan el agua”, explicó. Este enfoque reduce el riesgo de inundaciones y

también responde a un fenómeno cada vez más frecuente: la alternancia entre sequías extremas y lluvias intensas producto del cambio climático.

La sostenibilidad, sin embargo, no se limita al manejo del agua. Caminar una ciudad, o no poder hacerlo, se ha convertido en un indicador crítico de calidad urbana. “Nuestro principal desafío es recuperar la libertad de caminar”, insistió Astacio. Estudios del World Resources Institute muestran que las ciudades caminables pueden reducir hasta en un 40 % las emisiones de CO₂ relacionadas con el transporte urbano, además de mejorar indicadores de salud pública.

Desde otra dimensión del ecosistema urbano, Rodrigo de la Mota abordó el papel de los mercados como nodos estratégicos. “No son monumentos, son infraestructuras vivas que catalizan la vida urbana y rural”, afirmó. En Europa, particularmente en España, los mercados municipales han sido reconfigurados como plataformas híbridas que integran comercio local, gastronomía y cultura, bajo modelos de gestión público-privada. Esta transformación responde a una presión evidente: el crecimiento del comercio electrónico y la expansión de supermercados 24/7.

Aun así, los mercados tradicionales mantienen una ventaja competitiva difícil de replicar digitalmente: la proximidad social. “Ese vínculo humano debemos preservarlo”, subrayó. La sostenibilidad aquí se traduce en circuitos cortos de abastecimiento (menos transporte, menor huella de carbono) y en economías locales resilientes. El reto, sin embargo, es generacional: la falta de relevo en los comerciantes amenaza la continuidad de estos espacios.

La arquitectura, como disciplina que traduce ideas en materia, también enfrenta sus propias tensiones. Félix Adames lo resumió con claridad: “Estamos diseñando para beneficios de corto plazo, pero olvidando la calidad de uso en el largo plazo”. Su enfoque pone el énfasis en el comportamiento del usuario como punto de partida del diseño urbano. La referencia a Medellín no es casual: la ciudad colombiana ha logrado reducir temperaturas urbanas hasta en 2 °C en algunas zonas mediante corredores verdes y estrategias de paisajismo, un ejemplo concreto de cómo el diseño puede mitigar el efecto de isla de calor.

“Nos hemos olvidado del peatón”, añadió Adames. En ciudades donde el vehículo domina, el espacio público pierde su función social y climática. La planificación centrada en el peatón (con sombra, ventilación natural y vegetación) no solo mejora la habitabilidad, también reduce la dependencia energética.

En paralelo, la transformación urbana también se está jugando en el terreno de los datos y la comunicación. Miguel De Moya, CEO de Quantum Ads, introdujo un elemento clave: la infraestructura digital como servicio público. “Tenemos más de 700 pantallas que generan 600 mil interacciones diarias. La pregunta es cómo un medio comercial puede convertirse en aliado de la ciudad”, planteó.

La respuesta apunta a un modelo emergente de smart cities, donde la información en tiempo real se convierte en una herramienta de resiliencia. Desde alertas climáticas hasta gestión de emergencias, estas redes pueden actuar como sistemas nerviosos urbanos. “Existe una oportunidad de usar estas plataformas para informar sobre clima y riesgos”, explicó. Sin embargo, también advirtió sobre un problema creciente: la saturación visual. En términos urbanos, el exceso de publicidad no solo afecta la estética, también impacta la salud cognitiva y la orientación espacial de los ciudadanos.

La discusión deja una conclusión clara, en la que las ciudades sostenibles no se definen únicamente por tecnología o infraestructura, sino por su capacidad de integrar agua, movilidad, comercio y comunicación en un sistema coherente. En palabras de Astacio, “los contaminantes somos nosotros”, una afirmación que desplaza la responsabilidad hacia un modelo colectivo de transformación.

En ese modelo, cada actor (gobiernos locales, arquitectos, comerciantes y empresas tecnológicas) opera como parte de un ecosistema interdependiente. La ciudad del futuro no será la más grande ni la más rápida, sino la que logre algo más complejo: funcionar como un organismo capaz de sostener la vida en todas sus formas.

Dio Astacio
Felix Adames
Rodrigo de la Mota
Cómo

las empresas están reconstruyendo sus modelos productivos basados en

sostenibilidad

Hubo un tiempo en que la sostenibilidad era considerada una iniciativa complementaria dentro de las empresas. Se asociaba a programas de responsabilidad social, campañas de reforestación o acciones filantrópicas que coexistían con el negocio principal sin necesariamente influir en las decisiones estratégicas. Hoy, esa realidad está cambiando con rapidez. Las presiones regulatorias, los mercados internacionales, las exigencias de los inversionistas y la creciente conciencia de los consumidores están redefiniendo la forma en que las organizaciones producen, invierten y compiten. En ese nuevo escenario, la sostenibilidad ya no se mide por la cantidad de iniciativas verdes que una empresa ejecuta, sino por su capacidad de integrar criterios ambientales, sociales y de gobernanza en el corazón mismo de su operación.

Esa transformación fue el eje central del panel “Empresas que Transforman”, moderado por Susana Gautreau, quien abrió la conversación con una afirmación que marcó el tono del encuentro: la sostenibilidad ya no es opcional, es imperativa. Sin embargo, también reconoció una realidad que atraviesa todos los sectores productivos: el avance no es uniforme.

Mientras algunas industrias han incorporado la sostenibilidad como parte de su ADN corporativo, otras todavía se encuentran en etapas de adaptación. Las diferencias responden a factores tan diversos como la complejidad operativa, la presión de los mercados internacionales, la disponibilidad tecnológica o los marcos regulatorios que rigen cada actividad económica. Representantes de sectores clave de la economía dominicana (consumo masivo, bebidas, exportación, infraestructura, desarrollo territorial y servicios financieros) compartieron cómo están incorporando la sostenibilidad a sus modelos de negocio y cuáles son los desafíos que enfrentan para convertirla en una ventaja competitiva de largo plazo.

Cuando la sostenibilidad compite con el crecimiento

La integración de la sostenibilidad resulta particularmente compleja en industrias de consumo masivo, donde las empresas deben equilibrar eficiencia, accesibilidad, rentabilidad y alcance de mercado.

Desde la perspectiva de Sociedad Industrial Dominicana, representada por su directora corporativa de Comunicación, Leyla Alfonso, el reto consiste en lograr que la sostenibilidad no sea un proyecto aislado, sino un eje transversal capaz de conectar producción, logística, abastecimiento, innovación y relación con consumidores bajo una misma visión de impacto.

La pregunta adquiere una dimensión especialmente relevante

cuando se trata de empresas que atienden a millones de consumidores y cuyos productos forman parte de la vida cotidiana de la población. ¿Es posible impulsar prácticas sostenibles sin afectar la accesibilidad? ¿Cómo mantener precios competitivos mientras se incorporan procesos más eficientes, materiales responsables o inversiones ambientales?

La respuesta, según explicó Alfonso, requiere asumir la sostenibilidad como una decisión estratégica y no como un gasto adicional. Incluso en escenarios donde los objetivos comerciales parecen entrar en tensión con las metas de sostenibilidad, la organización ha optado por privilegiar esta última, entendiendo que la competitividad futura dependerá precisamente de la capacidad de anticiparse a los cambios que ya están redefiniendo los mercados.

Su planteamiento coincide con una tendencia global. De acuerdo con el Foro Económico Mundial, las empresas que integran criterios ESG (ambientales, sociales y de gobernanza) en sus procesos de negocio muestran una mayor capacidad de adaptación frente a riesgos regulatorios, climáticos y reputacionales, además de generar valor sostenible para inversionistas y consumidores.

La sostenibilidad, en este contexto, deja de ser una herramienta de diferenciación para convertirse en un componente estructural de la resiliencia empresarial.

El desafío de convertir estándares globales en realidades locales Para las multinacionales, el desafío adquiere una dimensión diferente. En este sentido, Francesca Ortiz, gerente de Comunicaciones Externas y Asuntos Públicos para Latinoamérica de Pernod Ricard, explicó que uno de los mayores retos para las compañías globales consiste en traducir compromisos internacionales en acciones concretas dentro de contextos locales que avanzan a ritmos distintos.

Las grandes corporaciones operan bajo metas globales cada vez más ambiciosas en materia de reducción de emisiones, gestión hídrica, economía circular y agricultura regenerativa. Sin embargo, la implementación efectiva de estas estrategias requiere adaptarlas a mercados donde la infraestructura, la regulación o las capacidades tecnológicas no siempre evolucionan con la misma velocidad.

“El reto ha sido aterrizar esos estándares en contextos locales como el nuestro, con ritmo y capacidades de mercado distintos”, explicó Ortiz durante el panel.

La observación refleja una de las principales discusiones actuales dentro de la sostenibilidad corporativa: la brecha entre la ambición global y la ejecución local.

Pernod Ricard ha desarrollado una estrategia internacional centrada en cuatro pilares fundamentales: la protección del clima, la preservación de los ecosistemas, la circularidad de los recursos y el desarrollo humano. Dentro de esa visión, la agricultura regenerativa ocupa un papel clave debido a su potencial para restaurar suelos degradados, aumentar la biodiversidad y mejorar la capacidad de captura de carbono de los ecosistemas agrícolas.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), cerca del 33 % de los suelos del planeta presentan algún nivel de degradación, lo que convierte a la agricultura regenerativa en una de las herramientas más prometedoras para fortalecer la resiliencia alimentaria y climática durante las próximas décadas.

Las multinacionales, en consecuencia, se están convirtiendo en agentes de transferencia tecnológica y de conocimiento sostenible, ayudando a acelerar la transformación de los mercados donde operan.

La sostenibilidad como pasaporte para competir en el mundo Si existe un ámbito donde la sostenibilidad ya produce efectos tangibles sobre la competitividad, es el comercio internacional.

Vinicio Subero, director comercial de Ron Barceló, señaló que los consumidores globales muestran un interés creciente por conocer cómo se producen los bienes que adquieren, cuál es su impacto ambiental y qué compromisos asumen las empresas detrás de las marcas.

La sostenibilidad ya no se limita a una narrativa corporativa. Está comenzando a influir en decisiones de compra, procesos de contratación, negociaciones comerciales y cadenas de suministro internacionales.

Diversos estudios respaldan esta transformación. Una investigación de IBM y el National Retail Federation encontró que más de la mitad de los consumidores están dispuestos a modificar sus

hábitos de compra para reducir su impacto ambiental, mientras que las nuevas generaciones muestran una sensibilidad aún mayor hacia los atributos sostenibles de las marcas.

Para una empresa exportadora como Ron Barceló, cuya presencia alcanza decenas de mercados internacionales, esta realidad tiene implicaciones estratégicas.

Subero destacó que la sostenibilidad forma parte de la cultura corporativa y atraviesa toda la operación y la cadena de valor de la organización. Más que una herramienta reputacional, se ha convertido en un imperativo ético y empresarial.

La compañía ha impulsado iniciativas orientadas a medir, reducir y compensar emisiones, así como a fortalecer prácticas responsables en distintos niveles de su operación. Este enfoque refleja una tendencia creciente entre las empresas exportadoras: la sostenibilidad está dejando de ser una ventaja competitiva adicional para convertirse en un requisito de entrada a determinados mercados.

Especialmente en Europa, donde regulaciones como el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) y las nuevas normativas de reporte de sostenibilidad están elevando los estándares exigidos a proveedores y exportadores de todo el mundo.

Descarbonizar una de las industrias más complejas del planeta Pocas industrias enfrentan una transición tan desafiante como la cementera.

El cemento constituye la base física de la infraestructura moderna. Está presente en carreteras, puentes, hospitales, escuelas, viviendas y sistemas de transporte. Sin embargo, también figura entre los materiales con mayor huella de carbono del planeta.

La Agencia Internacional de Energía estima que la producción de cemento es responsable de aproximadamente el 7 % de las emisiones globales de dióxido de carbono, una cifra superior a las emisiones combinadas de numerosos países industrializados. Dentro de este contexto, José Sena, gerente de Geología, Minas y Medio Ambiente de Cementos Cibao, compartió la visión de una empresa que ha decidido asumir la sostenibilidad como un proceso de transformación profunda de toda su estructura operativa.

Su planteamiento fue contundente: el modelo productivo debe adaptarse a los principios de sostenibilidad y no al revés.

La afirmación resume uno de los cambios más importantes que están ocurriendo en las industrias de alto impacto ambiental. Durante años, la sostenibilidad se percibió como una restricción impuesta sobre los sistemas productivos. Hoy comienza a entenderse como una oportunidad para modernizar procesos, incorporar innovación tecnológica y fortalecer la competitividad futura.

En el caso de Cementos Cibao, esta transformación incluye inversiones en tecnologías de producción más eficientes, reducción de emisiones asociadas al clínker, recuperación de áreas mineras intervenidas y programas de reforestación orientados a restaurar ecosistemas locales.

La compañía reconoce que estas inversiones pueden representar costos significativos en el corto plazo, pero también entiende que la productividad futura dependerá de la capacidad de adaptarse a una economía global cada vez más orientada hacia la descarbonización.

La transición de la industria cementera es observada de cerca por organismos internacionales debido a que será uno de los sectores decisivos para alcanzar los objetivos climáticos establecidos en el Acuerdo de París.

El próximo desafío: transformar también al consumidor Más allá de las diferencias sectoriales, el panel permitió identificar una conclusión compartida por todos los participantes, donde la sostenibilidad no puede depender únicamente de las empresas.

La transformación requiere consumidores capaces de comprender, valorar y recompensar los esfuerzos que realizan las organizaciones para reducir impactos y adoptar modelos productivos más responsables.

Actualmente, muchas de las inversiones sostenibles permanecen invisibles para el consumidor promedio. La eficiencia energética, la reducción de emisiones, la gestión responsable del agua o la economía circular suelen ocurrir detrás de las operaciones industriales y rara vez forman parte de las variables que influyen en la decisión de compra.

Los panelistas coincidieron en que educar al consumidor dominicano será fundamental para acelerar la transición hacia

hábitos de consumo más conscientes.

A medida que las personas comprendan mejor la relación entre sostenibilidad, competitividad y desarrollo económico, aumentará la capacidad del mercado para premiar a las empresas que están realizando esfuerzos genuinos de transformación.

De valor agregado a requisito estratégico

La conversación también dejó sobre la mesa varios desafíos para el país.

Entre ellos, la necesidad de fortalecer incentivos para la innovación tecnológica, acelerar procesos de certificación, promover mecanismos de reconocimiento para empresas cumplidoras y continuar reduciendo los espacios de informalidad que limitan la competitividad sostenible.

Los participantes coincidieron en que el sector privado no puede recorrer este camino en solitario. La regulación inteligente, el acompañamiento institucional y la creación de marcos de incentivo adecuados serán determinantes para acelerar la transformación de industrias de alto impacto.

Lo que quedó claro al cierre del panel es que la sostenibilidad está atravesando un punto de inflexión.

Durante años fue considerada un valor agregado. Hoy comienza a consolidarse como un criterio decisivo para inversionistas, consumidores, exportadores, reguladores y tomadores de decisiones.

La verdadera diferencia ya no radica en quién habla de sostenibilidad, sino en quién logra incorporarla desde la planificación, la innovación, la inversión y la cultura organizacional.

Porque en la economía que está emergiendo, la sostenibilidad no representa únicamente una responsabilidad corporativa. Se está convirtiendo en la infraestructura invisible sobre la que se construirá la competitividad de las próximas décadas.

Susana Gautreau, Leyla Alfonso, Francesca Ortiz, Vinicio Subero, Artur Cabre, Giancarlo Objio Carlo y José Sena
Leyla Alfonso Giancarlo Objio Carlo Susana Gautreau

La falla invisible del sistema alimentario dominicano

En un país donde la producción agrícola cubre, en teoría, entre el 85 % y el 95 % de la demanda, el problema no está en la tierra: está en el sistema.

La conversación sobre seguridad alimentaria en República Dominicana ha comenzado a desplazarse desde la autosuficiencia hacia una arquitectura más compleja, donde logística, tecnología, clima y gobernanza determinan quién come, y qué tan bien.

“Hoy la disponibilidad de alimentos es buena, pero el acceso económico es la verdadera grieta”, advierte Rodrigo Castañeda, representante país de la FAO. Sus cifras dibujan una paradoja estructural: apenas un 3.5 % de la población padece hambre, pero un 43 % enfrenta dificultades para costear alimentos, especialmente los más nutritivos. En términos técnicos, el país no sufre una crisis de oferta, sino de accesibilidad y estabilidad, dos de los cuatro pilares definidos por la FAO para la seguridad alimentaria.

Esa fragilidad se intensifica en un contexto insular altamente expuesto a la variabilidad climática. Sequías más prolongadas, eventos extremos y volatilidad en los precios internacionales de insumos agríco las (fertilizantes, combustibles) configuran un sistema vulnerable a choques externos. A esto se suma una transformación silenciosa del territorio: la población rural ha caído del 35 % al 17 % en una década, reduciendo la base productiva y tensionando la sostenibilidad del relevo generacional agrícola.

El eslabón perdido: distribución y desperdicio

Para Julinna Staffeld, directora ejecutiva del Banco de Alimentos, el fallo es más operativo que productivo: “No tenemos un problema de producción, sino de hacer llegar los alimentos a quienes los necesitan”. A escala global, cerca del 34 % de los alimentos se pierde o desperdicia antes de ser consumido, generando más del 8 % de las emisiones de gases de efecto invernadero.

En este sentido, los bancos de alimentos operan como nodos de recuperación dentro de esta cadena fracturada, rescatando productos que han perdido valor comercial pero mantienen valor nutricional. En el caso dominicano, estos sistemas ya articulan redes con cerca de 200 organizaciones, una infraestructura social que, bien escalada, podría convertirse en pieza clave de la economía circular alimentaria. Sin embargo, el marco regulatorio aún limita el potencial. La normativa vigente obliga, en ciertos casos, a la destrucción de alimentos aptos para consumo, un contrasentido técnico en un contexto de inseguridad alimentaria relativa. La discusión legislativa sobre reducción de pérdidas se vuelve entonces estratégica, no solo ética.

y economía circular. Andrés Bisonó, CEO de SOS Biotech, propone un modelo basado en bioinsumos derivados de algas marinas. El sargazo, que en el Caribe ha superado los 35 millones de toneladas en eventos recientes, deja de ser un residuo para convertirse en materia prima. “Podemos aumentar la productividad hasta un 15 % y reducir la dependencia de fertilizantes sintéticos en un 20 %”, afirma. El mercado global de algas, valorado en unos 4,000 millones de dólares, sugiere además un potencial económico subexplorado.

Tierra, agua y decisiones estructurales

Desde la política pública, el enfoque se desplaza hacia variables estructurales. La diputada Soraya Suárez plantea una reforma integral del uso del suelo como condición base: la conversión de tierras agrícolas en desarrollos urbanos en regiones como el Cibao compromete la capacidad productiva futura. A esto se suma la necesidad de modernizar sistemas de riego, optimizar el uso del agua (un recurso cada vez más escaso) y fortalecer cadenas de distribución con criterios de eficiencia, no solo de volumen.

La resiliencia climática aparece como un eje transversal. La promoción de cultivos de ciclo corto, el acceso a semillas adaptadas y la planificación territorial basada en riesgos son prácticas alineadas con estándares internacionales de agricultura sostenible. En paralelo, la educación alimentaria emerge como una intervención de largo plazo que no se trata únicamente de aumentar calorías disponibles, sino de mejorar la calidad nutricional desde la infancia.

De subsidios a inversión sistémica

El consenso técnico converge en un cambio de paradigma: pasar de subsidios reactivos a inversiones estructurales. “El subsidio es transferir recursos en el corto plazo; la inversión construye capacidad”, resume Andrés Bisonó. Esto implica financiamiento sostenido (con propuestas que apuntan a escalar hasta 500 millones de dólares) orientado a innovación, extensión agrícola y desarrollo de valor agregado. En términos de sistemas agrourbanos, la clave está en cerrar ciclos con producción eficiente, distribución inteligente, reducción de pérdidas y reaprovechamiento de residuos. No es una discusión para determinar cómo circula lo que se produce.

La seguridad alimentaria, entendida en su dimensión contemporánea, deja de ser una meta estática y se convierte en un sistema dinámico. Uno que, en el caso dominicano, ya no depende de sembrar más, sino de pensar mejor.

Suelo degradado, agua en estrés y ciudades que avanzan sobre el campo

Cada año, el planeta pierde cerca de 24 mil millones de toneladas de suelo fértil debido a erosión, degradación y prácticas agrícolas intensivas, según datos de Naciones Unidas. En términos productivos, esto significa menos capacidad de cultivo, menor retención de agua y una dependencia creciente de fertilizantes sintéticos para sostener rendimientos. En regiones tropicales e insulares como el Caribe, donde los eventos climáticos extremos son más frecuentes, la degradación del suelo se convierte en un factor crítico para la estabilidad alimentaria.

A esto se suma la presión hídrica. La agricultura consume aproximadamente el 70 % del agua dulce utilizada en el mundo, y organismos como el World Resources Institute han advertido que América Latina y el Caribe enfrentarán episodios cada vez más severos de estrés hídrico vinculados al aumento de temperatura y la alteración de los ciclos de lluvia. El desafío ya no es únicamente producir más, sino producir utilizando menos agua, menos tierra y menos energía.

Tecnología rezagada, productividad estancada En el frente productivo, la brecha no es de recursos naturales, sino de sofisticación tecnológica. “La tecnología es un commodity al que llegamos tarde”, señala Arturo Bisonó, fundador de Campo Moderno. La productividad agrícola dominicana permanece estancada, en parte porque los sistemas de formación siguen anclados en paradigmas del siglo XX, con baja integración de herramientas como inteligencia artificial, agricultura de precisión o análisis de datos climáticos.

El costo de ese rezago se refleja en la estructura exportadora: de los 3,500 millones de dólares en exportaciones agrícolas, cerca del 70 % se concentra en tabaco y cacao, mientras apenas un 12 % corresponde a frutas, vegetales y tubérculos, rubros donde el país posee ventajas comparativas por clima y suelo. La transición hacia una agroexportación diversificada exige innovación aplicada y capital humano especializado.

Dependencia invisible: insumos importados

La aparente autosuficiencia alimentaria se diluye cuando se examina la cadena completa. “Estamos comiendo maíz de Iowa y soja de Brasil”, resume el ingeniero agrónomo Manuel González Tejera. Más del 90 % de los fertilizantes y agroinsumos son importados, y alrededor del 60 % de la producción agrícola depende de ellos. Desde la perspectiva de sistemas, esto convierte cualquier disrupción logística o geopolítica en un riesgo directo para la producción local. En ese punto, emergen soluciones que combinan innovación biotecnológica

En República Dominicana, el fenómeno adquiere una dimensión territorial. La expansión urbana desordenada está desplazando zonas agrícolas estratégicas, particularmente en corredores productivos del Cibao, donde terrenos históricamente cultivables comienzan a transformarse en desarrollos inmobiliarios e infraestructura urbana. Para especialistas en planificación agroterritorial, esta transición altera la capacidad futura de producción local y fragmenta ecosistemas agrícolas clave para la regulación hídrica y climática.

En paralelo, los sistemas alimentarios urbanos comienzan a ganar relevancia como respuesta técnica a estas presiones. Modelos de agricultura protegida, hidroponía, producción vertical y cultivos de ciclo corto están siendo incorporados en distintas ciudades del mundo para reducir distancias logísticas, disminuir pérdidas postcosecha y acercar alimentos frescos a los centros de consumo. De acuerdo con el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, los sistemas agrourbanos podrían convertirse en una de las principales estrategias de resiliencia alimentaria para ciudades vulnerables al cambio climático durante las próximas décadas.

La discusión sobre seguridad alimentaria entra así en una nueva etapa: una donde la eficiencia ecológica, la regeneración de recursos y la planificación territorial pesan tanto como la productividad agrícola. Porque en el nuevo mapa alimentario global, la sostenibilidad ya no se mide únicamente en toneladas cosechadas, sino en la capacidad de un territorio para seguir produciendo sin agotar sus propios límites biológicos.

Más allá de la crisis: las nuevas ecuaciones de resil -

iencia dominicana

En un entorno marcado por tensiones geopolíticas, volatilidad energética y disrupciones en las cadenas de suministro, República Dominicana se enfrenta a un tipo de shock que, como advirtió Raúl Ovalle Marte, “no es coyuntural, es transformacional”. La distinción importa: no se trata solo de resistir impactos inmediatos, sino de rediseñar los sistemas económicos, energéticos e institucionales para sostener el desarrollo en condiciones de incertidumbre prolongada.

Desde una perspectiva macroeconómica, los fundamentos actuales ofrecen un margen de maniobra. El país ha duplicado sus reservas internacionales y sus ahorros fiscales respecto a la pandemia, lo que fortalece su capacidad de absorción ante crisis externas. Sin embargo, Ovalle introduce una alerta técnica: el riesgo de estanflación (una combinación de bajo crecimiento y alta inflación) podría erosionar el poder adquisitivo de los hogares más vulnerables si los shocks persisten, especialmente a través del canal energético. La energía, de hecho, emerge como uno de los nodos críticos del sistema. República Dominicana consume entre 150,000 y 160,000 barriles de petróleo diarios, de los cuales solo una fracción es refinada localmente. Samuel Pereyra subraya que la dependencia de importaciones, principalmente desde Estados Unidos, amortigua riesgos inmediatos de suministro. Pero advierte que, en un escenario prolongado de precios elevados, el impacto fiscal de los subsidios a los combustibles se volvería insostenible.

Aquí se activa una transición clave: la diversificación de la matriz energética. Actualmente, más del 25 % de la generación proviene de fuentes renovables, un avance alineado con estándares internacionales de sostenibilidad energética. Este proceso, que incluye la expansión de parques solares, eólicos y proyectos de gas natural como combustible de transición, no solo reduce la dependencia de combustibles fósiles, sino que también mejora la resiliencia sistémica frente a shocks externos. En términos técnicos, se trata de una estrategia de descarbonización progresiva combinada con seguridad energética adaptativa.

Pero la resiliencia no es únicamente energética ni macroeconómica. Es, sobre todo, institucional.

Servio Tulio lo plantea sin ambigüedades: “El problema es de coordinación”. A pesar de contar con instituciones robustas, la falta de planificación sistémica y de continuidad en la gestión de crisis limita la capacidad del Estado para sostener respuestas en el tiempo.

La evidencia empírica es clara: respuestas eficientes en fases de emergencia (como durante la pandemia) han implicado costos fiscales elevados y no siempre se traducen en mejoras estructurales.

Este desajuste se conecta con otro desafío estructural: la informalidad, que alcanza el 54 % de la economía. César Dargam advierte que este fenómeno distorsiona la competitividad, reduce la base fiscal y limita la productividad agregada. La solución pasa por intervenciones técnicas concretas: simplificación regulatoria, digitalización de procesos administrativos y diseño de políticas públicas orientadas a la formalización progresiva.

En paralelo, la discusión fiscal se vuelve ineludible. El déficit estructural, donde el gasto necesario supera la capacidad de ingresos, plantea la urgencia de una reforma que garantice sostenibilidad a largo plazo. “La coyuntura es oportuna para hacer la estrategia”, afirma Dargam, en referencia a la necesidad de proteger la inversión pública y el gasto de capital, incluso en contextos de crisis.

Desde el enfoque de desarrollo humano, Ana María Díaz introduce un cambio de paradigma: pasar de la resiliencia reactiva a la resiliencia adaptativa. “No podemos centrarnos solo en el crecimiento económico y olvidar a las personas”, señala, enfatizando la necesidad de políticas integrales que aborden cohesión social, acceso equitativo a servicios y gobernanza inclusiva. Este enfoque se alinea con los marcos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, donde la resiliencia se define como la capacidad de anticiparse, adaptarse y transformarse frente a riesgos sistémicos.

La advertencia final es estratégica. República Dominicana enfrenta el riesgo de caer en la llamada “trampa del ingreso medio”, donde el crecimiento económico se desacelera si no se traduce en mejoras sostenidas en productividad, innovación y capital humano. Las proyecciones sitúan este punto crítico hacia 2055, lo que abre una ventana de acción limitada pero decisiva. En este contexto, Samuel Sena insiste en la necesidad de concertación multisectorial: el Estado, sector privado y sociedad civil deben converger en un marco de diálogo técnico y sostenido. La resiliencia, en última instancia, no es una condición estática, sino un proceso de construcción colectiva.

Lejos de una narrativa de crisis, el caso dominicano revela algo más complejo: un sistema en transición que, bajo presión, está redefiniendo sus mecanismos de estabilidad. Como sintetiza Ana María Díaz, el desafío ya no es resistir el impacto inmediato, sino “construir herramientas que permitan navegar mejor las vicisitudes”.

En un mundo donde la incertidumbre dejó de ser excepción para convertirse en norma, la resiliencia, bien entendida, deja de ser una respuesta y se convierte en estrategia.

EExpoSostenible 2026 en cifras: un ecosistema más

xpoSostenible 2026 se consolidó como mucho más que una feria temática: el evento evolucionó hacia una plataforma nacional de articulación entre sostenibilidad, inversión, innovación, educación ambiental y alianzas público-privadas, integrando en un mismo espacio a actores estratégicos capaces de acelerar la transformación productiva y ambiental del país.

conectado

El encuentro desarrolló una programación de alto nivel compuesta por conferencias magistrales, paneles especializados, conversatorios, espacios colaborativos como el EcoHub y una ronda de negocios orientada a conectar proyectos sostenibles con oportunidades concretas de inversión, crecimiento y expansión.

Dejemos que las cifras hablen de lo que sucedió.

El EcoHub: el corazón vivo de ExpoSostenible 2026

Afuera de los grandes salones del Hotel Embajador no se escuchaban cifras ni discursos técnicos. Se escuchaban niños preguntando cómo se restaura un coral, jóvenes fotografiando instalaciones ecológicas y emprendedores explicando sus ideas con la urgencia de quien entiende que el futuro ya no puede esperar demasiado.

Fue ahí, lejos de las tarimas principales y de las conversaciones institucionales, donde ExpoSostenible 2026 encontró quizás su lenguaje más honesto.

Durante dos días, más de 7,000 personas caminaron entre experiencias que parecían pequeñas escenas de un país intentando rediseñarse. Mientras dentro de los foros se debatían temas como seguridad hídrica, infraestructura resiliente o inversión sostenible, afuera la sostenibilidad adquiría cuerpo, textura y emoción. Dejaba de ser un concepto técnico reservado para especialistas y comenzaba a conectar con la vida real de las personas.

El EcoHub se convirtió en el corazón silencioso de esa transformación.

Concebido como un punto de encuentro entre ciudadanía, empresas, academia, emprendimiento y cultura, el espacio funcionó como un ecosistema vivo donde convivieron educación ambiental, innovación, bienestar, economía circular y experiencias interactivas diseñadas para todas las edades. Más que una exposición, el visitante atravesaba una narrativa sobre la relación entre sociedad, consumo y territorio.

Había algo profundamente simbólico en observar a familias completas detenerse frente a proyectos comunitarios, a estudiantes escuchar ideas sobre economía circular como si hablaran de una nueva forma de ciudadanía o a pequeños emprendedores presentar soluciones nacidas desde la escasez y la creatividad con empaques biodegradables, agricultura regenerativa, tecnologías para ahorro energético y modelos de negocio diseñados para sobrevivir en un planeta que ya comenzó a exigir otros hábitos.

Uno de los mayores logros del EcoHub fue comprender que la sostenibilidad moderna enfrenta un desafío esencial, que es evitar convertirse en una conversación limitada a corporaciones, expertos o sectores técnicos. El verdadero cambio ocurre cuando las personas sienten que también forman parte de la solución. Y eso fue exactamente lo que logró este espacio.

La integración de los jóvenes ocupó un rol central dentro de esa visión. Más de mil estudiantes participaron activamente en experiencias educativas, actividades inmersivas y dinámicas diseñadas para acercarlos a los desafíos ambientales desde la curiosidad y la creatividad, no desde el miedo. Para muchos, fue la primera vez que entendieron que la sostenibilidad no pertenece únicamente al medioambiente, sino también a la economía, la salud, la educación y la forma en que las sociedades construyen futuro.

La academia también encontró un lugar

relevante dentro de este ecosistema. Universidades como Instituto Tecnológico de Santo Domingo integraron investigación, innovación y pensamiento científico a las dinámicas del EcoHub, demostrando que el conocimiento técnico puede salir de las aulas y convertirse en una herramienta accesible para la sociedad.

Al mismo tiempo, las pequeñas y medianas empresas evidenciaron que la sostenibilidad también puede traducirse en oportunidades económicas reales. Emprendimientos locales mostraron proyectos desarrollados desde reciclaje, eficiencia energética, aprovechamiento de residuos y economía circular, desmontando la idea de que innovar de manera sostenible es un privilegio reservado para grandes industrias.

La Ruta PYMES impulsada por Banco BHD y la ronda de negocios liderada por PROTEVI ayudaron a transformar la teoría en oportunidad tangible. Jóvenes empresarios intercambiaban contactos mientras universidades, organismos multilaterales, sector privado y organizaciones sociales compartían un mismo espacio físico, borrando por momentos las fronteras tradicionales entre empresa, academia y activismo ambiental.

Por eso el espacio integró experiencias poco habituales en este tipo de encuentros: bibliotecas rodantes, ecoteatro, actividades educativas del zoológico, instalaciones inmersivas y dinámicas como el Ping Pong por la Sostenibilidad permitieron que niños, adolescentes y adultos se acercaran a los temas ambientales desde el juego, la cultura y la convivencia.

Incluso el ambiente parecía respirar a otra velocidad. Entre jardines temporales, materiales reciclados y espacios diseñados para invitar al diálogo, la experiencia funcionaba como un recordatorio de que las ciudades también pueden construirse desde la sensibilidad y no únicamente desde la eficiencia.

Fundación Propagas y la ciencia de conectar personas con ecosistemas

En un país donde más del 70% de los arrecifes coralinos del Caribe presentan algún grado de degradación y donde la pérdida de biodiversidad ya impacta directamente la resiliencia costera, hablar de sostenibilidad dejó de ser un ejercicio discursivo. Se ha convertido en una conversación sobre supervivencia ecológica, educación científica y reconstrucción cultural del vínculo entre las personas y la naturaleza. En ese punto exacto se posicionó la participación de Propagas y su brazo ambiental, Fundación Propagas, dentro de la reciente edición de Expo Sostenible 2026.

Lejos de los formatos tradicionales de divulgación ambiental, el EcoHub impulsado por la fundación funcionó como un laboratorio vivo de educación climática y sensibilización multisensorial. La premisa era clara y mostró que la sostenibilidad no se internaliza únicamente mediante datos; esta necesita convertirse en experiencia emocional, memoria y participación activa.

“Construir conciencia ambiental desde la educación, la cultura y la conexión emocional con la naturaleza” fue la idea transversal que definió su presencia en el evento. Y esa visión se manifestó en una programación diseñada para activar algo más complejo que la simple recepción de información para convertirse en percepción ambiental.

La charla La historia que cuentan las cosas, impartida por Heidy Santana, abordó uno de los conceptos más relevantes dentro de la economía circular contemporánea a partir de la trazabilidad invisible de los objetos. Cada producto, desde una botella plástica hasta una pieza textil, acumula una huella ambiental compuesta por consumo energético, emisiones de carbono, extracción de recursos y generación de residuos. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, el consumo global de materiales se ha triplicado en los últimos 50 años, superando los 100 mil millones de toneladas anuales. La propuesta de Santana invitó precisamente a desacelerar el consumo automático y observar los objetos como narrativas ecológicas en movimiento.

Esa misma línea de observación consciente apareció en Ciencia, Fotografía y Naturaleza, del fotógrafo de vida silvestre Eladio Fernández. Su intervención conectó documentación científica, conservación y lenguaje visual. En un contexto regional donde múltiples especies endémicas enfrentan presión por urbanización, contaminación y pérdida de hábitat, la fotografía ambiental dejó de funcionar solo como expresión artística para convertirse en una herramienta de registro ecológico y educación pública.

Pero uno de los elementos más innovadores del EcoHub fue quizás el uso del ecoteatro como mecanismo pedagógico. Las obras El Gavilán y El Pez Loro tradujeron conceptos complejos de biodiversidad, conservación marina y equilibrio ecosistémico a un lenguaje emocionalmente accesible para niños y familias.

Estas especies fueron parte del escenario no por casualidad. El pez loro, por ejemplo, cumple una función crítica en la salud arrecifal del Caribe, ya que se encarga de controlar el crecimiento excesivo de algas sobre los corales mediante su alimentación, permitiendo la regeneración de los arrecifes. Un solo pez loro adulto puede producir cientos de kilogramos de arena al año a través de la bioerosión coralina, contribuyendo incluso a la formación natural de playas tropicales. La disminución de sus poblaciones altera directamente la resiliencia marina frente al calentamiento oceánico.

Mientras tanto, el gavilán representa parte de la conversación sobre protección de fauna y conservación de especies en ecosistemas terrestres dominicanos, en momentos donde la fragmentación ambiental amenaza múltiples cadenas biológicas del Caribe insular.

Lo relevante de la propuesta de Fundación Propagas estuvo en convertir la educación ambiental en una experiencia inmersiva donde ciencia, arte, narrativa y participación comunitaria coexistieron dentro de un mismo espacio.

Ese enfoque responde además a una tendencia creciente dentro de la educación climática internacional. Diversos estudios sobre comunicación ambiental demuestran que los mensajes basados exclusivamente en catástrofe generan ansiedad ecológica y desconexión emocional, especialmente entre jóvenes. En contraste, las experiencias participativas y emocionalmente significativas aumentan los niveles de compromiso ciudadano y cambios conductuales sostenidos en el tiempo.

El EcoHub operó precisamente bajo esa lógica: no enseñar sostenibilidad como obligación moral abstracta, sino como una relación tangible entre territorio, biodiversidad y vida cotidiana.

En medio de paneles, instalaciones y conversaciones técnicas sobre transición energética y resiliencia climática, la participación de Fundación Propagas introdujo la idea de que ningún proceso de transformación ambiental será sostenible si las personas no desarrollan primero una conexión emocional auténtica con aquello que intentan proteger.

Cuando el residuo se volvió diseño: el caso Fish Gallery en ExpoSostenible 2026

En el interior del EcoHub de ExpoSostenible 2026 no se estaba hablando únicamente de reciclaje. Se estaba ensayando, casi en tiempo real, una nueva lógica de producción para las MIPYMES dominicanas. Una donde el residuo deja de ser un costo ambiental y comienza a funcionar como un insumo técnico, estético y comercial.

La escena parecía improbable: arena de vidrio reciclado, agregados provenientes de residuos de construcción y una firma de arte decorativo especializada en piezas marinas de lujo colaborando en un mismo proceso productivo. Pero justamente ahí estuvo uno de los hallazgos más relevantes del evento.

Fish Gallery, empresa dedicada al diseño de peces artísticos para interiores de alto nivel, encontró dentro de ExpoSostenible algo más profundo que visibilidad comercial. Encontró una nueva cadena de materiales.

A través de conexiones desarrolladas dentro del EcoHub, EcoBottleRD suministró arena de vidrio reciclado procesada en distintas granulometrías, mientras Morteros Hispánicos integró agregados recuperados provenientes de escombros y materiales de construcción transformados técnicamente para nuevos usos. Ambos materiales, tradicionalmente asociados a flujos de desecho, terminaron incorporándose a una nueva pieza artística desarrollada por Fish Gallery.

El resultado fue tanto visual como técnico. La utilización de vidrio reciclado triturado como agregado fino representa una de las líneas de aprovechamiento con mayor crecimiento dentro de la economía circular aplicada al diseño y la construcción sostenible. Estudios internacionales han demostrado que el vidrio recuperado puede reducir la extracción de arena natural (uno de los recursos más explotados del planeta) mientras disminuye la presión sobre vertederos urbanos y reduce parte de la huella material de los procesos industriales.

Algo similar ocurre con los residuos de construcción y demolición. La Unión Europea estima que este tipo de desechos representa cerca del 35% del total de residuos generados globalmente, razón por la cual su reutilización se ha convertido en uno de los principales indicadores de circularidad en infraestructura y manufactura sostenible.

Pero dentro del EcoHub, esos conceptos técnicos adquirieron una dimensión estética. La nueva pieza desarrollada por Fish Gallery integró texturas minerales y acabados derivados de estos materiales recuperados, creando una terminación distinta a la de sus colecciones tradicionales. Más que reciclar, el proyecto logró reinterpretar el residuo como elemento de diseño.

Lo que normalmente sería considerado desecho terminó convirtiéndose en materia prima de alto valor. Y las cifras respaldaron esa narrativa.

Las MIPYMES participantes generaron ventas directas superiores a los US$4,100 y una proyección comercial estimada por encima de US$837,000, reflejando un crecimiento de impacto superior al 100% respecto al informe anterior. Más de 1,800 personas interactuaron con los espacios de exhibición y experiencias sostenibles desarrolladas dentro del área de emprendimientos.

Para algunas iniciativas, además, las proyecciones apuntan a incrementos de producción cercanos al 40%, impulsados por nuevas alianzas comerciales, validación de mercado y expansión de capacidades productivas.

Expo Sostenible se comportó como una plataforma multisectorial, capaz de conectar sectores que normalmente no dialogan entre sí. Y eso fue exactamente lo que ocurrió dentro del EcoHub: residuos industriales terminaron encontrando valor en el arte decorativo; materiales descartados se integraron a procesos creativos; pequeñas empresas descubrieron que la sostenibilidad también puede convertirse en diferenciación de mercado.

En un contexto donde gran parte de las MIPYMES latinoamericanas todavía enfrentan barreras para acceder a innovación material, financiamiento verde o cadenas de valor sostenibles, iniciativas de integración circular como esta comienzan a mostrar algo importante: la sostenibilidad ya no pertenece únicamente al discurso ambiental. Está empezando a convertirse en infraestructura económica.

INTEC y la nueva ingeniería de la sostenibilidad dominicana

En uno de los espacios más técnicos y estratégicos de ExpoSostenible 2026, el EcoHub, la conversación sobre sostenibilidad dejó por momentos el terreno de las promesas para entrar en el de la evidencia científica. Allí, el Instituto Tecnológico de Santo Domingo llevó una participación que no buscó impresionar desde el espectáculo, sino desde algo mucho más complejo, demostrando cómo la academia puede convertirse en infraestructura real para la transición sostenible de un país.

La sostenibilidad necesita investigación, innovación, formación técnica y capacidad de convertir conocimiento en soluciones reales, y esta fue una de las ideas centrales que atravesó la propuesta institucional presentada por INTEC durante el evento. Y quizás esa frase resume con precisión el tono de su presencia: menos narrativa aspiracional y más ciencia aplicada.

Dentro del EcoHub, el instituto articuló una agenda que conectó economía circular, biotecnología, ingeniería ambiental, gestión de riesgos y formación STEM con desafíos concretos de República Dominicana. La sostenibilidad apareció entonces no como un concepto abstracto, sino como un sistema técnico capaz de transformar residuos en materiales, biomasa en innovación y educación en capacidad de resiliencia.

Uno de los proyectos que mayor atención generó fue la investigación sobre el aprovechamiento del sargazo y residuos agroindustriales para la fabricación de tableros particulados sostenibles. Solo en el Caribe, las proliferaciones masivas de sargazo han movilizado millones de toneladas de biomasa en los últimos años, afectando ecosistemas costeros, turismo y pesca. Frente a ello, la investigación presentada por INTEC propuso algo distinto, como dejar de observar el sargazo únicamente como desecho ambiental y comenzar a entenderlo como materia prima dentro de modelos de economía circular.

La lógica detrás de estos desarrollos responde a una tendencia global cada vez más relevante en sostenibilidad industrial desde transformar residuos lignocelulósicos y biomasa marina en materiales compuestos con potencial para la construcción, el diseño y la manufactura sostenible. En otras palabras, convertir pasivos ambientales en activos productivos.

La misma visión atravesó las investigaciones sobre bioplásticos desarrollados a partir de residuos agroindustriales.

En un contexto donde el planeta produce más de 400 millones de toneladas de plástico cada año y menos del 10 % logra reciclarse eficientemente, el desarrollo de biomateriales biodegradables se ha convertido en una de las líneas prioritarias dentro de la innovación ambiental. INTEC presentó estos avances desde una perspectiva profundamente técnica, no como sustitutos simbólicos del plástico convencional, sino como parte de un rediseño de los sistemas de producción y consumo.

Otro de los ejes más sólidos de su participación estuvo vinculado al estudio de microalgas como herramientas naturales para el desarrollo sostenible. Aunque durante años permanecieron limitadas al ámbito científico, hoy las microalgas ocupan un lugar estratégico dentro de la bioeconomía global por su capacidad de capturar dióxido de carbono, regenerar ecosistemas acuáticos y producir biomasa utilizable en energía, alimentación, farmacéutica y tratamiento de aguas residuales.

En términos ambientales, algunas especies de microalgas pueden capturar CO₂ con una eficiencia significativamente superior a muchos cultivos terrestres tradicionales, mientras generan compuestos de alto valor agregado. Pero más allá de la dimensión técnica, lo relevante del enfoque presentado por INTEC fue comprender que la sostenibilidad dominicana necesita soluciones adaptadas al contexto tropical, costero e insular del país.

Ese enfoque contextual también quedó reflejado en “Campus Sostenible INTEC”, una visión institucional que busca integrar criterios de sostenibilidad en toda la estructura universitaria desde la gestión energética y operativa hasta la investigación, la formación académica y la toma de decisiones institucionales. La propuesta se alinea con una transformación global que ya atraviesan universidades líderes alrededor del mundo, donde los campus están evolucionando hacia modelos de living labs, que son espacios donde estudiantes, investigadores y docentes prueban soluciones ambientales en tiempo real.

La participación estudiantil reforzó la idea de una sostenibilidad que va más allá de lo científico. A través de proyectos de innovación aplicada y voluntariados enfocados en sostenibilidad, INTEC mostró cómo las nuevas generaciones están comenzando a operar desde una lógica interdisciplinaria donde ciencia, tecnología y acción comunitaria dejan de funcionar como áreas separadas.

En ExpoSostenible 2026, INTEC no presentó la sostenibilidad como una narrativa optimista. La presentó como un problema técnico que requiere conocimiento, investigación aplicada y capacidad de innovación local. Y en medio de un contexto global marcado por crisis climática, presión sobre recursos y necesidad urgente de transformación productiva, esa quizás terminó siendo una de las intervenciones más relevantes del EcoHub: recordar que ningún país puede construir sostenibilidad duradera sin ciencia, sin educación y sin instituciones capaces de convertir conocimiento en soluciones tangibles.

BHD: una trayectoria que integra inclusión, sostenibilidad y desarrollo productivo

Hablar de la evolución del sistema financiero dominicano en las últimas décadas implica, necesariamente, referirse al rol que ha desempeñado Banco Múltiple BHD como uno de sus principales articuladores. Su trayectoria no se ha limitado al crecimiento institucional o a la expansión de su cartera de servicios, sino que ha estado marcada por una transformación progresiva hacia un modelo donde la sostenibilidad, la inclusión y la confianza operan como ejes estructurales de su estrategia.

Desde sus orígenes, BHD ha mostrado una capacidad constante de adaptación a las dinámicas del mercado, evolucionando desde una entidad financiera tradicional hacia una organización que entiende el crédito, el ahorro y la inversión como herramientas de desarrollo económico y social. Este tránsito no ha sido circunstancial, sino el resultado de una visión que reconoce que la banca moderna no solo intermedia recursos, sino que influye directamente en la configuración del tejido productivo del país.

Uno de los rasgos más distintivos de esta evolución ha sido su apuesta sostenida por la inclusión financiera. En un entorno donde amplios segmentos de la población han enfrentado barreras estructurales para acceder a servicios financieros formales, BHD ha desarrollado soluciones orientadas a ampliar el acceso, especialmente en sectores tradicionalmente subatendidos. Este esfuerzo ha tenido una expresión particularmente relevante en el impulso al emprendimiento y al fortalecimiento de las micro, pequeñas y medianas empresas, reconociendo en ellas no solo un segmento de mercado, sino un motor esencial de la economía nacional.

Dentro de este enfoque, el trabajo desarrollado en favor de la mujer ha marcado un punto de inflexión. BHD ha sido pionero en estructurar propuestas específicas para mujeres emprendedoras y empresarias, no sólo desde la perspectiva de financiamiento, sino también desde el acompañamiento técnico, la educación financiera y la generación de redes de apoyo. Esta visión ha contribuido a visibilizar el potencial económico del liderazgo femenino y a reducir brechas históricas en el acceso a oportunidades, posicionando a la institución como un referente en la región en materia de banca con enfoque de género.

En paralelo, la entidad ha fortalecido su estructura de gobernanza y su cultura organizacional bajo principios de transparencia, ética y trazabilidad. En un contexto donde la reputación

corporativa se convierte en un activo crítico, BHD ha entendido que la sostenibilidad no puede construirse sin confianza, y que esta solo se sostiene mediante prácticas consistentes y verificables en el tiempo. Esta integración entre desempeño financiero y responsabilidad institucional ha permitido consolidar una propuesta de valor que trasciende lo comercial.

La sostenibilidad, en el caso de BHD, no se presenta como una línea independiente, sino como un criterio transversal que permea sus decisiones estratégicas. Desde la promoción de productos financieros responsables hasta el apoyo a iniciativas que impulsan el desarrollo sostenible, la institución ha ido configurando un modelo que conecta rentabilidad con impacto, entendiendo que ambos elementos no solo son compatibles, sino mutuamente dependientes.

Esta visión se hizo particularmente tangible en el marco de ExpoSostenible, donde BHD trasladó su enfoque estratégico a una ejecución concreta. En el área MIPYME, la entidad habilitó espacios de interacción directa a través de stands diseñados para atender a clientes y emprendedores con enfoque en microempresas sostenibles, facilitando el acceso a soluciones financieras adaptadas a sus necesidades reales. Este contacto directo permitió no solo canalizar oportunidades de financiamiento, sino también comprender de primera mano los desafíos que enfrentan los emprendedores en su proceso de crecimiento.

De manera complementaria, su participación en el EcoHub incorporó un componente educativo de alto impacto. A través de un programa de formación financiera abierto a todos los participantes, BHD abordó temas críticos como la formalización de negocios, el acceso al crédito, la estructuración financiera y la transición hacia modelos empresariales sostenibles. Este enfoque integral evidenció una comprensión profunda de que el desarrollo empresarial no depende exclusivamente del financiamiento, sino de la capacidad de los actores económicos para gestionar, planificar y escalar sus operaciones de manera estructurada.

El valor de esta intervención radica precisamente en su integralidad. No se trató de una presencia institucional ni de una acción promocional aislada, sino de una articulación coherente entre acceso, educación y acompañamiento, alineada con una trayectoria que ha venido consolidándose a lo largo del tiempo.

En un entorno donde la sostenibilidad corre el riesgo de diluirse en el discurso, la experiencia de BHD demuestra que su verdadera fuerza radica en la consistencia. Consistencia entre lo que se dice y lo que se hace, entre la estrategia y la operación, entre el impacto esperado y los resultados generados.

Porque al final, las instituciones que logran trascender no son aquellas que se adaptan a la conversación, sino aquellas que contribuyen a transformarla. Y en ese proceso, BHD ha dejado claro que la banca puede —y debe— ser un actor central en la construcción de una economía más inclusiva, estructurada y sostenible.

La sostenibilidad ya encontró acento dominicano

en la Rueda de Innovación

En República Dominicana, hablar de sostenibilidad ya no significa únicamente sembrar árboles, reciclar plástico o repetir el lenguaje corporativo de las metas verdes. Cada vez más, la conversación comienza a desplazarse hacia algo más complejo: cómo crear modelos económicos capaces de sobrevivir sin agotar el territorio que los sostiene. Y mejor aún, que sea completamente medible.

Esa transición pudo observarse con claridad durante la segunda edición de ExpoSostenible 2026, celebrada los días 15 y 16 de abril en el Hotel Embajador. Allí, entre paneles, conversaciones técnicas y mesas de intercambio, la “Rueda de Innovación y Emprendimiento Sostenible” terminó revelando algo más profundo que un simple encuentro empresarial; se trató del surgimiento de una nueva generación de emprendimientos dominicanos que entienden la sostenibilidad como infraestructura económica, científica y social.

Durante dos jornadas, emprendedores, especialistas en cooperación internacional, coaches de negocios, representantes académicos, fondos de inversión y actores públicos compartieron un mismo espacio con una pregunta implícita flotando sobre cada presentación, ¿cómo construir empresas viables en un país vulnerable al cambio climático, pero lleno de oportunidades para la innovación verde?

La iniciativa, apoyada por los centros de emprendimiento del Instituto Tecnológico de Santo Domingo y la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña, junto a CODOPYME, reunió proyectos que parecían venir de industrias distintas, aunque todos compartían una misma obsesión: transformar problemas ambientales en sistemas productivos inteligentes.

El laboratorio silencioso de las nuevas economías

Lo más interesante de la rueda no fue únicamente la diversidad de ideas. Fue la forma en que muchas de ellas mezclaban ciencia, tecnología y sostenibilidad en una misma narrativa empresarial.

Mientras algunos proyectos apostaban por inteligencia artificial y automatización comercial, otros miraban hacia la biodiversidad como activo económico. El resultado fue un mapa inesperado de lo que podría convertirse en la próxima etapa del emprendimiento dominicano.

Uno de los casos más llamativos fue Mother Bee RD, un apiario educativo que utiliza monitoreo ecológico y manejo de abejas para recopilar información ambiental en tiempo real. La propuesta conecta biodiversidad, educación y tecnología bajo una lógica científica que ya se observa en ecosistemas de innovación internacionales al usar especies bioindicadoras para medir la salud de un territorio.

Las abejas, responsables de gran parte de la polinización global, se han convertido en sensores biológicos involuntarios del deterioro ambiental. En muchos países, el monitoreo de colmenas permite detectar alteraciones en temperatura, contaminación y cambios ecosistémicos. Que una iniciativa local incorpore esta visión marca un cambio importante en la conversación ambiental dominicana.

En otra esquina del evento, TRACE-ON presentaba una plataforma de trazabilidad con biosensores diseñada para monitorear productos sensibles dentro de cadenas de suministro. La tecnología busca reducir pérdidas y aumentar la transparencia mediante datos en tiempo real.

Aunque el concepto pueda sonar técnico, responde a uno de los grandes desafíos ambientales contemporáneos, que es el desperdicio dentro de las cadenas de producción. Según organismos internacionales, millones de toneladas de alimentos y productos perecederos se pierden cada año por problemas de almacenamiento, transporte y monitoreo. Sistemas de trazabilidad inteligente podrían convertirse en una herramienta clave para reducir esa huella invisible.

La sostenibilidad también necesita vender

El informe posterior al evento identificó problemas recurrentes relacionados con validación comercial, distribución, captación de clientes y acceso a financiamiento. En otras

palabras, el principal reto no siempre es innovar. El verdadero desafío es sobrevivir el tiempo suficiente para escalar.

Ese punto resulta especialmente relevante en América Latina, donde gran parte de los emprendimientos sostenibles nacen impulsados por propósito, pero encuentran dificultades al momento de convertir impacto ambiental en rentabilidad constante.

Sin embargo, precisamente ahí parece estar ocurriendo uno de los cambios más interesantes. Cada vez más iniciativas comprenden que la sostenibilidad necesita abandonar el lenguaje exclusivamente activista y aprender a operar con lógica empresarial.

Zero by EcoPaolaTineo, por ejemplo, impulsa un modelo de consumo “zero waste” mediante productos sin empaque y artículos reutilizables. Pero más allá del componente ecológico, la propuesta introduce una discusión económica: cómo transformar hábitos de compra dentro de mercados acostumbrados al consumo desechable.

Algo similar ocurre con Proyecto Tierra, enfocado en recolección de residuos orgánicos y producción de compost, o con RECIMINSA SRL y RECIEMPRESA EIRL, que trabajan desde la gestión integral de residuos y reciclaje empresarial. Todos forman parte de una misma tendencia global: convertir los residuos en materia prima para nuevas economías circulares.

Tecnología verde, pero con rostro local Uno de los elementos más prometedores de la rueda fue la presencia de emprendimientos capaces de traducir problemas globales al contexto dominicano.

Kundeamor, dedicada a cosmética natural basada en plantas medicinales e ingredientes marinos, apuesta por rescatar conocimiento botánico local mientras desarrolla productos alineados con el bienestar consciente y el consumo responsable.

En paralelo, Eco FarmBri trabaja con productos de limpieza libres de químicos agresivos, respondiendo a una preocupación científica creciente sobre la acumulación de compuestos tóxicos en ecosistemas acuáticos y espacios domésticos.

Mientras tanto, Vysindra Academy aborda otra dimensión menos visible de la sostenibilidad: la formación tecnológica. Su enfoque STEAM dirigido a MIPYMES y mujeres en áreas STEM conecta directamente con uno de los desafíos más importantes de la transición ecológica: quién tendrá acceso a las habilidades necesarias para participar de las economías del futuro. Finalmente, en medio de iniciativas enfocadas en biodiversidad, reciclaje y consumo consciente, también apareció una señal clara de cómo la sostenibilidad moderna depende cada vez más de la eficiencia digital.

OneChat presentó una plataforma que transforma WhatsApp en un ecosistema inteligente de ventas mediante CRM multiagente, automatización e inteligencia artificial. Aunque a primera vista parezca alejada de la agenda ambiental, su propuesta conecta con una dimensión esencial de la sostenibilidad empresarial al optimizar recursos, reducir fricción operativa y permitir que pequeñas y medianas empresas escalen sin necesidad de estructuras físicas más complejas o costosas.

Un país que empieza a diseñar su propio ecosistema Quizá el valor más importante del encuentro no estuvo en los premios ni en las postulaciones a capital semilla del programa DINÁMICA II, impulsado junto al Banco Centroamericano de Integración Económica y la Delegación de la Unión Europea en República Dominicana.

En tiempos donde la sostenibilidad corre el riesgo de convertirse en una palabra vacía dentro del marketing corporativo, espacios como esta rueda funcionan como pequeños laboratorios sociales. Lugares donde la innovación todavía conserva contacto con problemas reales: residuos, biodiversidad, educación, agricultura, consumo y trazabilidad.

La transición ecológica no llegará únicamente desde grandes políticas internacionales o megaproyectos tecnológicos. En muchos países, comenzará en mesas redondas improvisadas, entre emprendedores que aún buscan financiamiento, científicos que traducen datos en soluciones y pequeñas empresas que intentan demostrar que cuidar un ecosistema también puede ser una forma inteligente de construir economía.

Ranking “Empresas que Transforman la República Dominicana”

El mapa del poder empresarial sostenible

En un país donde la conversación sobre sostenibilidad durante años estuvo asociada casi exclusivamente al reciclaje o a campañas ambientales aisladas, el ranking Empresas que Transforman la República Dominicana, desarrollado por ExpoSostenible 2026 junto a Newlink Dominicana, deja claro que el paradigma corporativo dominicano está entrando en una nueva etapa donde los criterios ESG ya no funcionan como reputación decorativa, sino como infraestructura estratégica de negocio. La investigación, construida a partir de más de 700 encuestas telefónicas de percepción ciudadana y más de 300 consultas a líderes empresariales, académicos, periodistas y especialistas en sostenibilidad, reveló un hallazgo crucial: para los dominicanos, la sostenibilidad comienza a medirse menos por el discurso y más por la capacidad de una empresa de generar confianza, transparencia y resiliencia institucional. Gobernanza, ética corporativa y coherencia operativa emergieron como variables tan importantes como la huella ambiental.

No es casualidad que entre las empresas reconocidas aparezcan organizaciones vinculadas a sectores de alta complejidad sistémica como banca, telecomunicaciones, alimentos, retail, manufactura y consumo masivo. En esos ecosistemas industriales es donde hoy se está librando la verdadera transición sostenible del Caribe. Encabezando el ranking, Banreservas ha impulsado líneas de financiamiento verde, digitalización de procesos y programas de inclusión financiera que responden a una tendencia global: el rol de la banca como acelerador de la transición climática. Según la Agencia Internacional de Energía, alcanzar las metas de descarbonización en economías emergentes requerirá billones de dólares en capital movilizado hacia infraestructura sostenible antes de 2030. En paralelo, el Sistema Coca-Cola República Dominicana continúa posicionando la circularidad como eje industrial. La reuti-

lización de resinas recicladas, la optimización hídrica y los sistemas de recuperación de envases forman parte de una lógica que hoy domina la manufactura avanzada: reducir extracción de recursos vírgenes mediante modelos de economía circular. “La sostenibilidad debe ser medible, escalable y transversal a toda la cadena de valor”, señalaron representantes del sistema durante ExpoSostenible 2026, una afirmación alineada con las nuevas métricas globales de trazabilidad y desempeño ESG.

Desde el sector financiero, Banco Popular Dominicano y Banco BHD consolidan una tendencia regional donde los bancos están migrando desde modelos tradicionales de responsabilidad social hacia estrategias integradas de finanzas sostenibles, bonos verdes y evaluación de riesgo climático. América Latina, de hecho, se ha convertido en uno de los mercados emergentes con mayor crecimiento en instrumentos financieros vinculados a sostenibilidad durante los últimos cinco años.

En manufactura y alimentos, Grupo SID, Nestlé Dominicana y Grupo Rica reflejan otro fenómeno técnico relevante: la presión sobre las cadenas agroindustriales para reducir emisiones Scope 3, mejorar eficiencia energética y fortalecer seguridad alimentaria en contextos de cambio climático.

El sector retail también mostró señales de transformación estructural. Supermercados Bravo, Centro Cuesta Nacional (CCN) y Grupo Ramos fueron reconocidos dentro de un contexto internacional donde las cadenas de distribución enfrentan uno de los mayores desafíos ambientales del planeta: el desperdicio alimentario. La ONU estima que cerca de un tercio de los alimentos producidos globalmente termina perdiéndose antes de ser consumido, una cifra que ha impulsado nuevas tecnologías de trazabilidad, logística inteligente y consumo responsable.

Mientras tanto, empresas de conectividad como Claro Dominicana y Altice Dominicana representan otro frente crítico, el de la infraestructura digital sostenible. La expansión de redes inteligentes, centros de datos eficientes y procesos de digitalización corporativa está comenzando a formar parte de la conversación climática global debido al creciente consumo energético asociado a la economía digital.

Más allá de las posiciones individuales, el ranking construido por ExpoSostenible 2026 logra algo más relevante: documentar el momento exacto en que la sostenibilidad dejó de percibirse como filantropía empresarial para convertirse en un indicador de competitividad nacional.

Aliados ExpoSostenible 2026

Organizaciones sociales y ambientales

Banco de Alimentos República Dominicana

Clean Rivers DR

Cuadernos x Mañana

EcoBosco

Esquipulas

Fondo Agua Santo Domingo

Fundación Cap Cana

Fundación de Derecho, Defensa y Educación Ambiental de la República Dominicana

Fundación Propagas

Fundamor

Fundeco

Misión Presidencial

Nature Power

NUVI

Paz Global

Sur Futuro

Tony Tirco

Embajadas y organismos multilaterales

PNUD

Unión Europea

Sector público e institucional

Alcaldía del Distrito Nacional

Alcaldía Santo Domingo Este

APORDOM

CONADIS

DAEH

EGEHID

INAPA

Ministerio de Educación

Ministerio de Hacienda

Ministerio de Interior y Policía

Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales

Ministerio de Turismo

Presidencia de la República Dominicana

ProDominicana

PROMIPYME

PROTEVI

RD Vial

REFIDOMSA

Superintendencia de Pensiones

Superintendencia del Mercado de Valores

Zoológico Nacional de la República Dominicana

Empresas y sector privado

AFP Siembra

Altice Dominicana

Altio

Analytica

Anarquitectura

ARS Humano

Banco BHD

Banco Caribe

Banreservas

Barceló

Cartel

Cemento Cibao

Centro Electric

CEPM / InterEnergy

Cervecería Nacional Dominicana

Coca-Cola / Bepensa Dominicana

Cortés Hermanos & Co.

DO Sostenible

Enerstar

Entis SRL

Excel

Fimerca

Green Depot

Grupo Aliados Estratégicos

Grupo Leconte / Freeze Me

Grupo Martí

Grupo Martinón

Grupo Pedreira

Grupo Ramos

Grupo SID

Hyatt Centric Santo Domingo

Industrias Bisonó

Lendof

Limestone

Lozada Advertising

Maná Bebidas

Metaldom

MTE Group

Nestlé Dominicana

Newlink

Pernod Ricard Dominicana

Planeta Azul

Priori

Puro Zumo

Quantum Ads

Rincón Bay

Seguridad Integral

Signmaster

Sinoma

Starbucks

Stoli

Terlini

Una Vaina Verde

Vargas Catering

Vermont

Ecotrofeo

Medios de comunicación

CDN

Contacto

Diario del País

El Avance

El Demócrata

El Pregonero FAIA

La X 102 FM

No Se Diga Más Pincel Digital

Raíz Climática

RC Noticias

RD Sostenible

Shot Z101

Academia y educación

EMDES

INTEC

PUCMM

UNICARIBE UNPHU

Área feria de negocios

Refidomsa

Terlini

Sinoma

Afp siembra

Alcaldia d.n. Planeta azul

Grupo ramos

Nestle

Bhd

Do sostenible

Mte group

Industrias bisono

Metaldom

Grupo leconte & freeze me

Mana

Ecotrofeos

Grabo estilo

Seguridad integral

El nuevo diario

Geotecnical

Pnud

Área educativa

First lego leagues / colegio san judas tadeo

Área universitaria Unicaribe

Unphu

Intec

Pucmm

Emdes

Área de emprendedores Inventagri

Morteros hispánicos

Fish gallery

La savonerie

Foodcycler

Green depot

Vytal república dominicana

Sargout

Quisqueya compost

Deya

Raas solar

Kaya energy group

Área de negocios

Protevi/unión europea

Área de café

Starbucks

Área de bazaar

Ecobottlerd

Gingerly

Kracker

Zerord

Milee

Ecofarmbri

Almonto couture

Consuideas

Cayenart

Ecofarmbri

Área ecohub

Propagas

Intec

Impact waves

Área experiencias educativas

Puro zumo

Tony tirco

Biblioteca propagas

Área experiencias interactivas

Culumpio by sipen

Ping pong by grupo leconte

Zoodom

Puntos de recoleccion by nuvi

Puntos r by grupo ramos

Eco heroes

Área de degustación

Rica

Helados valentino

Cortes hermanos

Cafe borbone

Puro zumo

Fiesta de cierre

Vodka stolichnaya

Ron barcelo

La aurora cigars

Pernod ricart

Marcaje

Lendof y asoc. Cenntro electric

Excel

Altio safi

EM estrategia

Grupo vl

Enerstar

Mte group

Quantum ads

Vargas catering

Papcon corp.

Ong’s

Clean rivers dr

Sur futuro

Nature power

Cuadernos x un mañana

Ecobosco

Fundoamor

Fondo de agua de sd

Área cabina de radio en vivo

Despierta con la x

El gobierno de la tarde

Faia radio

El nuevo diario en la tarde

Voces sostenible

Nuestros panelistas

• Rigoberta Menchú, líder indígena y activista guatemalteca, premio Nobel de la Paz

• Wellington Arnaud, director de Inapa

• Nairobi Viloria, comunicadora y presentadora de televisión

• Patricia Abreu, directora ejecutiva del Fondo de Agua de Santo Domingo

• Rafael Salazar, administrador general de la empresa de generación hidroeléctrica dominicana

• Silvio Carrasco, director de la unidad de agua de la PUCMM

• Nelson Pimentel, presidente de la Fundación de Derecho, Defensa y Educación Ambiental de la República Dominicana (FUDDEA-RD)

• Carlos Augusto Batista, viceministro de Áreas Protegidas y de Biodiversidad

• Patricia Mejía, Directora de Marketing y Asuntos Corporativos de Nestlé

• Milagros De Camps, vicepresidenta de sostenibilidad y asuntos corporativos de InterEnergy

• Kiantar Betancourt, CEO de Atenil y presidente de Kappa Deco

• Mariana Ruíz, representante regional para el Caribe del Banco Europeo de Inversiones

• Olga Nivar, directora de oferta pública de la Superintendencia del Mercado de Valores

• Ana Emilia Pimentel, viceministra de medio ambiente y recursos naturales

• Erick Dorrejo, director de planificación territorial del Ministerio de Haciendas

• Ernesto Mejía, viceministro de políticas y planificación del Ministerio de Viviendas y Edificaciones

• César Fernández, vicepresidente del partido de la Fuerza del Pueblo

• Julissa Cruz, directora de infraestructura digital sostenible del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe.

• Hostos Rizik, director ejecutivo de RD Vial

• Annerys Meléndez, presidenta de la Asociación Dominicana de Constructores y Promotores de Viviendas ACOPROVI

• Fernando de la Vega, director país de Metaldom

• Norberto Rojas, Investigador del Instituto Tecnológico de Santo Domingo INTEC

• Eduardo Sanz Lovatón, Ministro de Industria, Comercio y Mipymes

• Ana M. Martínez, directora Legal & Asuntos Corporativos de Cervecería Nacional Dominicana

• Christian Reyna, presidente de BANFONDESA

• Antonio Jorge, director general de EXCEL

• Cristina Bello, segunda presidenta de riesgo ambiental del Banco BHD

• Rosanna Ruíz, presidenta ejecutiva de la Asociación de Banco Múltiples de la República Dominicana Marvin del Cid, fotoperiodista con producciones reconocidas en festivales internacionales (Cacú, Chasing the Snot of the Whales of Samaná)

• Cinthia De Óleo, Gerente de Sostenibilidad y RSC Altice Dominicana

• Yohan Núñez, biólogo, divulgador y productor audiovisual

• Pedro Urrutia, productor y director cinematográfico

• Enrique Cueva, Vytal (Experto internacional, México)

• Príamo Ramirez, director ejecutivo de DO Sostenible

• Fabian Jaramillo, experto internacional Inventagri

• Jorge Erasme, asesor del Ministerio de Medio Ambiente

• Jamil Mahuad, ex presidente de Ecuador

• Lidia Castro, directora de Asuntos Públicos, Comunicaciones y Sostenibilidad para Coca-Cola Caribe

• Vanessa Alba, Directora de Asuntos y Relaciones Corporativas de Grupo Ramos

• Frank Cabral, gerente de Sostenibilidad de Planeta Azul

• Dio Astacio, Alcalde Santo Domingo Este

• Rodrigo de la Mota, experiencia internacional en planificación urbana

• Félix Adames, arquitecto de Ana Arquitectura

• Miguel De Moya, presidente y CEO fundador de Quantum Ads

• Rodrigo Castañeda, representante país de la FAO

• Julinna Staffeld, directora ejecutiva del Banco de Alimentos

• Arturo Bisonó, fundador de Campo Moderno

• Manuel González Tejera, Ingeniero Agrónomo

• Soraya Suarez, Diputada de Santiago de los Caballeros

• Andrés Bisonó, CEO de SOS Biotech

• Izaskun Uzcanga, Gerente de programas Educativos Fundación Propagas

• César Dargam, Vicepresidente ejecutivo del Consejo Nacional de las Empresa Privada CONEP

• Raúl Ovalle Marte, Socio Director de Analytica

• Samuel Pereyra, director de REFIDOMSA

• Servio Tulio, vicepresidente ejecutivo de FINJUS

• Ana María Díaz, representante país PNUD

• Samuel Sena, presidente del Consejo de Desarrollo Económico y Social

• Indhira Lorenzo, Comité sostenibilidad del Codessd

• Katherine Hernández, periodista y comunicadora

• Raúl Fuentes Milani, embajador jefe de la Delegación de la Unión Europea en la República Dominicana

• Roberto Cavada, periodista y comunicador

• Millizen Uribe, presentadora de televisión

• Eliza Sánchez

• Saiurys Bonnet, directora y fundadora de “Una vaina verde”

• Alliett Ortega Rabassa, Vicerrectora de Administración y Finanzas del INTEC

• Yohanna Valenzuela, locutora

• Susana Gautreau De Windt, viceministra de energía nuclear

• Leyla Alfonso, Directora corporativa de comunicación Grupo SID

• Francesca Ortíz, Gerente de Comunicaciones Externas y Asuntos Públicos para Latinoamérica en Pernod Ricard

• Vinicio Subero, Director comercial de Ron Barceló

• Artur Cabré, Presidente empresas Grupo Martinón en RD

• Giancarlo Objio Carlo, director de Comunicación Corporativa, Sostenibilidad y Cultura Organizacional

• José Sena, Gerente de Geología, Mina y Medio Ambiente de Cementos Cibao

• Ana Abreu, Program Manager Impact Waves

• Pamela Michel, Encargada de Gestión de Riesgo de Desastres de Intec

• Anileydis Colón, Project Leader en INTEC STEM, Coordinadora de Promoción de la Educación STEM

• Carmen María Hernández Toirac, Docente, Investigadora, Grupo de Innovación en Bioplásticos y Biomateriales.

• Yadieli Vargas y Karla Faxas, Estudiantes INTEC- miembros INTEC-ECOLÓGICO

• Pamela Tejada Tejada, Encargada del Laboratorio de Reactores y Biorreactores Intec.

• Lolymar Romero Maza, Coordinadora de Licenciatura en Biotecnología INTEC

• Heidy Santana, Fundación Propagas

• Eladio Fernándes, Fundación Propagas

• Rosa Margarita Bonetti (doña Pirgua), presidenta Fundación Propagas

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