28 de marzo de 2023 Señor Mayor General, ERD Ramiro Matos González Santo Domingo, D.N. República Dominicana
La historia se fundamenta en la interpretación personal de hechos ocurridos, pero, en su ideal, apegados a la verdad; y la verdad como tal, está sujeta a interpretaciones. Por lo que la función de una persona que estudia la historia es apegarse a los hechos, observarlos desde todos los puntos de vista y obtener su interpretación de lo ocurrido, siempre basándose en pruebas físicas, documentos y testimonios. En toda esta polémica generada por su ingreso como miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Historia, ha surgido en varias ocasiones el nombre de mi padre, Emilio Cordero Michel, por lo que me veo en la obligación moral de responderle. Para un investigador de la historia como usted, señor Ramiro Matos, no se apega al principio básico en la que se construye el oficio de historiador: la verdad, como se muestra en su carta enviada a la Academia Dominica de la Historia en la fecha 23 de marzo de 2023. Mi padre si refutó públicamente sus alegatos publicados en el periódico El Siglo de los días 9, 17 y 19 de junio de 1995 (el día 16 de junio de 1995 en El Siglo donde usted no publicó nada referente a Las Manaclas como equívocamente expresa en su carta a la ADH). Por el mismo medio impreso, el día 21 de junio de 1995, mi padre responde categóricamente cada uno de sus alegatos publicados días antes, y se publica una carta enviada al señor Rafael Herrera, director del Listín Diario en el momento, el 27 de diciembre de 1963, desde la Solitaria No. 9 del Palacio de la Policía Nacional, carta que no fue publicada en ese entonces por la tensa situación política y militar del momento y para “evitar mayores inconvenientes al autor”, mi padre. “En realidad no escuché disparos, ni de armas de diferente calibre. Manolo y el grupo venía a rendirse, traían camisetas y pañuelos blancos amarrados a varitas. Fueron hechos prisioneros; los colocaron de espaldas a un corte de una carretera y allí los fusilaron. Los familiares y personas que fueron a exhumar los cadáveres, han testificado varias veces que las condiciones en que se encontraban esos compañeros: destrozados a balazos; algunos con bayonetazos; otros con un tiro de gracia en la nuca. Mas aún, encontraron innumerables impactos de bala en el corte de la carretera, así pañuelos y camisetas blancas ensangrentadas.” “Repito, no oí disparos…” Cito a mi padre de la publicación del 21 de junio 1995. Tanto en las publicaciones del 1995 como en su actual carta, usted insiste que los únicos testigos de la supuesta emboscada al grupo de Manolo son usted y mi padre, cuando ninguno de los dos estuvo en el lugar. Los verdaderos testigos son los soldados que estuvieron presentes en el hecho, a los cuales sería de interés historiográfico nacional conocer sus nombres y tomar 1