SOMBRA CIPRES
NÚMERO 306 Sábado, 09.06.18
LA
DEL
Un superhéroe pionero Maureen O’Sullivan y Johnny Weismuller, en una escena de la película ‘Tarzán de los monos’ (1932).
Se cumplen cien años de la peculiar historia de amor que viven Tarzán y el séptimo arte [P2]
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Hace cien años el personaje creado por Edgar Rice Burroughs dio el salto al cine que le haría inmortal
Tarzán, la fascinación por lo salvaje A
ntes de que surgieran los primeros superhéroes, la imaginación del escritor norteamericano Edgar Rice Burroughs concibió a Tarzán, un hombre criado por los monos y dotado de una fuerza excepcional. Ocurrió en 1912 y su primera historia se publicaría por entregas en una revista de literatura de consumo popular, ‘The all-story magazine’, cosechando un éxito enorme e inmediato. Solo seis años después, en 1918, Tarzán daría el salto a la gran pantalla, con una película muda protagonizada por Elmo Lincoln. Allí, en el reino de las luces y las sombras, tras muchos titubeos iniciales, finalmente conquistaría la inmortalidad. Este año se cumple la primera centuria de la muy peculiar historia de amor entre Tarzán y el cine, que le ha convertido en uno de los personajes más llevados a la pantalla, solo por detrás de Frankenstein o Drácula. Una veintena de intérpretes y 60 películas conforman el tronco central de su biografía fílmica oficial. A su alrededor, decenas más de tarzanes apócrifos, sucedáneos, series de televisión, dibujos animados y hasta versiones eróticas, elevan el cómputo final por encima del centenar de relatos. Pero, de entre todos ellos, sigue perdurando en la memoria, como modelo canónico, el Tarzán que el campeón olímpico de natación Johnny Weissmuller interpretara en 12 ocasiones, y durante 16 años, entre 1932 y 1948. Acompañado por la imprescindible Jane encarnada por Maureen O’Sullivan en las primeras 6 cintas. Al ‘ciclo Weissmuller’ corresponde prácticamente todo el mérito en la construcción del mito de Tarzán. Ni los intérpretes anteriores, ni los posteriores, estuvieron, en general, a la altura del personaje. Y solo unas pocas películas merecen ser destacadas,
VIDAL ARRANZ
además de aquellas doce, en una filmografía, en general, bastante poco inspirada, rutinaria y hasta anodina. No es fácil explicar las claves del atractivo de Tarzán, porque se trata de una creación con muchas caras. El hombre mono de las novelas es un ser escindido entre dos naturalezas extremas: por un lado, el salvaje que aprendió a sobrevivir en la selva comiendo carne cruda, que es capaz de desatar la máxima violencia, y, por otro, el aristócrata de nacimiento que re-
Nadie ha logrado resucitar el especialísimo encanto de las películas de Weissmuller El Tarzán de Burroughs es un aventurero culto, influenciado por el explorador Allan Quatermain
surge gracias a una cuidadosa educación que le lleva a aprender varios idiomas, frecuentar las bibliotecas y visitar todo tipo de museos. El Tarzán de Burroughs es un aventurero culto, influenciado por el explorador Allan Quatermain, de ‘Las minas del rey Salomón’. Ciertamente, en los libros aparece ya el conflicto entre lo civilizado y lo salvaje, que luego será esencial en las sucesivas encarnaciones fílmicas, pero este es un ‘hombre mono’ que frecuenta el traje, alterna en sociedad, reconoce el valor del dinero, y viaja por todo el mundo incluso en avión. A este Tarzán –como al del cómic, de Hal Foster– quizás se le pueda aplicar el juicio de que es «un indiscutible y estupendo ejemplo de la superioridad del hombre blanco», como destaca Carlos García Gual en su ‘Diccionario de mitos’. Este Tarzán había sido prácticamente ignorado por el cine, hasta que fue redescubierto en 1984 con la película ‘Greystoke’, de Hugh Hudson, una de las mejores del corpus. A partir de ese momento, casi todos los tarzanes sucesivos incorporaron, en mayor o menor medida, la historia de Burroughs y sus rasgos. Las dos versiones animadas, las de Disney y la de Amblin, beben de esta fuente, como también lo hace su última encarnación hasta la fecha, ‘La leyenda de Tarzán’. Nadie ha logrado, sin embargo, resucitar el especialísimo encanto de las películas de Weissmuller, quien encarna a un Tarzán poético, de pocas palabras, con ingenuidad e inocencia candorosos, sabiduría intuitiva, y una desconfianza hacia el mundo civilizado que se manifiesta, sobre todo, en un gran desdén por su codicia. Si hubiera que buscar un mínimo común denominador entre las principales caracterizaciones del mito habría que bus-
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Maureen O’Sullivan y Johnny Weismuller, en una escena de ‘La fuga de Tarzán’ (1936).
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CARLOS AGANZO
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Tarzán en Marte
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ació, como personaje, unos meses antes que él, en una serie por entregas publicada en 1912 por la revista ‘All-Story Weekly’, con el título de ‘Bajo las lunas de Marte’. Sin embargo, John Carter no fue, ni mucho menos, tan famoso como su hermano Tarzán. Y eso a pesar de ser protagonista de una popular y fecunda serie de diez novelas de aventuras y ciencia ficción publicadas por Edgar Rice Burroughs entre 1917 y 1943, y más tarde trasladadas al mundo del cine y los videojuegos. Si Tarzán, en realidad el escocés Lord Greystoke, simbolizaba de alguna manera la supremacía del hombre blanco europeo sobre las atrasadas culturas africanas, John Carter, el viejo ‘tío Jack’, propietario de una mina de oro en Arizona, representaba más que ningún otro de los personajes de Burroughs el triunfo de los ideales del mítico Oeste americano, no sólo frente a los salvajes indios apaches, sino incluso contra los belicosos y crueles alienígenas de Marte; o mejor sería decir de Barsoom, la civilización imaginaria que el escritor inventó sobre la superficie del planeta rojo. Carter, que llegó a Marte mediante una proyección astral, cuando los apaches que le perseguían le habían dado por muerto, tenía el pelo largo, los ojos «gris acero», medía 6 pies y 2 pulgadas (más o menos un metro ochenta) y, acostumbrado a la grave-
dad de la Tierra, en Barsoom poseía la agilidad y la fuerza de un semidiós. Luchaba medio desnudo contra alienígenas de colores –rojos, amarillos, verdes, blancos y negros–, pero también, al igual que su hermano Tarzán, contra animales de la fauna marciana como el ‘apt’, una especie de hipopótamo ferocísimo, el ‘bauth’, muy parecido al león, o los ‘zitidars’, grandes paquidermos inequívocamente emparentados con los elefantes africanos. El método del cuerpo a cuerpo y las armas blancas, aunque en Marte ya se conocían las de fuego, era además siempre el método elegido para las peleas; lo mismo que en el caso del rey de los monos. En amores, por cierto, si Tarzán tuvo a Jane, Carter se terminó casando con la princesa Dejah Thoris, una marciana roja con la que engendró dos hijos.
Carácter aguerrido John Carter, quizás por ser el hermano mayor, portaba con más claridad que Tarzán el carácter aguerrido y tradicional de su padre común. Edgar era hijo del mayor George Tyler Burroughs, veterano de la Guerra de Secesión, y Carter fue capitán del ejército confederado. Al ser rechazado en West Point, a pesar de haber estudiado en la Academia Militar de Michigan, el escritor se alistó en el Séptimo de Caballería en Fort Grant, Arizona, célebre por sus campañas contra los apaches en los años
ochenta del siglo XIX; y su personaje, Carter, se hizo rico precisamente en Arizona. En sus batallas contra los marcianos, el tío Jack encarnaba ante todo y sobre todo el ideal aristocrático del Sur, con una mezcla llamativa entre los caballeros andantes medievales y los antiguos héroes griegos. Selváticos o marcianos, los aventureros Carter y Tarzán llevaban en su corazón el hombre de acción que Edgar Rice Burroughs siempre quiso ser. Más el primero que el segundo, aunque fuera el segundo el que le procuró al escritor la fortuna y la fama de las que gozó hasta su muerte. Genio y figura, lo que los médicos no le permitieron en su juventud a causa de sus dolencias cardíacas, lo consiguió realizar con 66 años cuando, espoleado por la tragedia del bombardeo japonés sobre Pearl Harbour, se convirtió en el corresponsal de guerra más veterano de cuantos formaron la armada periodística de los Estados Unidos. No fueron las balas, sino su corazón el que terminó con todas estas hazañas. Con sus setenta novelas, sus series de ficción y de aventuras, sus cómics y sus derechos de autor sobre otros soportes, en 1919 Burroughs se compró un gran rancho al norte de Los Ángeles, al que bautizó con el nombre de Tarzana. Tarzana es hoy una ciudad de treinta mil habitantes con vecinos tan ilustres como Michael J. Fox, Gene Sheldon, Eva Longoria o Selena Gómez. Una pequeña selva de famosos, o de marcianos, que siguen fabricando sueños. Sueños para todos los públicos.
Edgar Rice Burroughs, en su despacho. :: PRESSLINK
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carlo en la fascinación por lo salvaje, por lo que está más allá del orden de la civilización. Por su belleza, por su pureza, y también por sus peligros y riesgos. Tarzán surge y se expande justamente en una de las épocas de mayor crecimiento del proceso urbanizador en Occidente. Un periodo en el que cada vez más personas emigran a las ciudades, pero en el que el mundo rural todavía tiene un fuerte protagonismo y conserva su identidad. Justo entonces empieza a surgir la conciencia de que el mundo se está empequeñeciendo, y domesticando, y surge una añoranza de los tiempos en que aún era posible descubrir tierras vírgenes y lugares misteriosos, inexplorados y sin contaminar. El personaje, especialmente el encarnado por Weissmuller, expresa, además, la desconfianza por la pérdida de valores tradicionales que va asociada a ese proceso, y que se manifiesta en dos direcciones. Por un lado, en el Tarzán más clásico es crucial la crítica de esa ambición desmedida de dinero que, ya por entonces, se detecta como motor del progreso, y que resulta de indudable actualidad. Por esta vía, Tarzán se convierte en héroe ecológico, que
En el Tarzán más clásico es crucial la crítica de la ambición desmedida de dinero La dimensión familiar, ingrediente fundamental en el buen recuerdo para generaciones de espectadores
defiende la preservación de la naturaleza frente a la codicia depredadora del hombre blanco, rasgo en el que más inciden las versiones más contemporáneas. Por otra parte, hay en este mismo Tarzán una reivindicación del modelo familiar tradicional –encarnado en la ‘sagrada familia de la selva’ que forman Tarzán, Jane y su hijo adoptivo Boy, sin olvidar a la imprescindible Chita– especialmente rica, inteligente y compleja en las seis primeras películas del ciclo Weissmuller, las mejores de toda la cinematografía del mito.
Modelo familiar abierto La dimensión familiar es un ingrediente fundamental en el buen recuerdo que estas películas han dejado en varias generaciones de espectadores. En estos relatos se materializa un modelo familiar abierto y sensato, a medio camino entre el ‘padre estricto’ y ‘la familia protectora’, por usar la terminología del politólogo George Lakoff, y con muchos más matices y complejidad de la que ofrecerán sus encarnaciones posteriores, más estereotipadas. En estas películas es esencial el juego de la diferencia sexual –actualmente en proceso de abolición en el cine– desde una perspectiva integradora y conciliadora, pero que hoy quizás sea considerada políticamente incorrecta. Y eso que la Jane que interpretó Maureen O’Sullivan, a diferencia de sus sucesoras, no se limita a ser una ama de casa, más o menos pasiva, sino que tiene iniciativa y carácter, y juega un papel crucial en las historias, pues es el alter ego del espectador, que comparte con ella su fascinación por lo salvaje sin que ello la lleve a rechazar los aspectos positivos de la civilización. Además, sabe defenderse sola, tiene ingenio y no tiene reparo incluso en disparar armas, cuando es necesario. Es verdad que algunos de estos rasgos se irán limando progresivamente, por efecto de la censura del código Hays, pero en esas seis primeras películas del ciclo Weissmuller, la relación entre el hombre mono y Jane es esencial, y genera diálogos impagables vestidos con los ropajes de la sencillez. Nunca nadie después ha logrado emocionar tanto.
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Los que vienen de la selva E JORGE PRAGA
n los años en que vivió en Colombia, José Manuel Caballero Bonald hizo un viaje por el río Magdalena en un viejo vapor de ruedas de paletas. En una escala en Barrancabermeja decidió pasar a la otra orilla del ancho río, en la que no había pueblo alguno que le recibiera. Entre la espesura se abría una senda por la que se internó con
su mujer, «y nos vimos repentinamente confinados entre las cuatro y siempre cuatro paredes de la selva». Una experiencia, recordada en un artículo en ‘El País’ en 2007, ‘La selva o la vida’, para la que fue difícil encontrar un lenguaje a la altura de su intensidad: «Todo relucía, olía, sonaba como si fueran anomalías generadas por la misma irrealidad de aquel rincón del mun-
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1. Cartel de la película muda ‘Tarzán de los monos’ (1918). 2. Gordon Scott, caracterizado de Tarzán, en una película de 1958. 3. Christopher Lambert, en una escena de la película ‘Greystoke, la leyenda de Tarzán’ (1984). 4. Buster Crabbe, en ‘Tarzán de las fieras’ (1933). 5. Lex Barker, en su papel de Tarzán. 5. Linda Christian y Johnny Weissmuller, en una escena de la película ‘Tarzán y las sirenas’ (1948). 6. Escena de la pelicula ‘La leyenda de Tarzán’ (2016), con el actor Alexander Skarsgard.
do». De ese intento de registro escrito dejaba en el colofón una enseñanza: «Descubrí finalmente ese otro mapa del tesoro que solo puede encontrarse con la técnica de la imaginación». Ese confín, la selva inaccesible que nuestro endeble cuerpo no aguanta, el más allá de la racionalidad civilizadora, puede someterse o esquivarse, según indica el poeta, con la técnica de la imaginación. La ficción se hace cargo del territorio, lo habita, lo desenvuelve, lo acerca. Lo coloniza. ¿Qué es si no la larga aventura de Tarzán y sus epígonos? Una reconstrucción del espacio salvaje con la contradicción de salvaguardar al tiempo su pureza. El hombre, el hombre
blanco, penetra en lo que es ya un trampantojo y recuerda en él su bondad originaria, prometida por una larga lista de autores, desde Montaigne hasta Rousseau. Tarzán viaja desde nuestra civilización hacia el corazón del bosque, con animales transformados en mascotas y la espesura hecha parque. Un viaje hacia la selva que la ficción ha recorrido también en sentido contrario, apoyándose en los rastros de seres que vivieron en la jungla y que un azar arrojó fuera hasta encontrarse con sus supuestos semejantes. Niños amamantados por lobos, criados por osos, los casos nunca han dejado de gotear. Víctor de Aveyron fue uno de ellos. Encontrado con diez años en los
alrededores de una zona boscosa cerca de Toulouse, a cuatro patas y sin habla, quedó en manos de un preceptor, Jean Itard, que anotó cuidadosamente su proceso de adaptación. De ahí arranca la ficción de François Truffaut en ‘El pequeño salvaje’ (1970), una sobria descripción de los esfuerzos por ahormar a Víctor en la sociedad de los humanos: verticalidad, lenguaje, escritura, juicio, e incluso «elevar al hombre salvaje a la altura del hombre moral». Es una historia de principios del XIX, cuando el siglo de las Luces cosechaba sus frutos ilustrados y el optimismo de la razón quería llenar los vacíos de la incomunicación, de la exclusión. Bien conocía la exclusión
Ese confín, la selva inaccesible que nuestro endeble cuerpo no aguanta, pude someterse o esquivarse Tarzán viaja desde la civilización hacia el corazón del bosque, con animales transformados en mascotas y la espesura hecha parque
François Truffaut, salvado de correccionales por André Bazin y transformado en preceptor de su actor fetiche Jean-Pierre Léaud, al que dedica la película. También estaba en las cercanías de la frontera Werner Herzog, que por los mismos años fijó su atención en otro ser demediado que a principios del XIX irrumpió inexplicablemente en una pequeña villa alemana. La diferencia era que su jungla había sido el cuarto infranqueable donde permaneció encerrado hasta los veinte años. En ‘El enigma de Gaspar Hauser’ (1974) el director alemán recorre con su abrupto estilo las etapas de la recuperación social sobre el cuerpo del actor Bruno S., al que Herzog había rescatado del
psiquiátrico. Los dos salvajes, Víctor y Gaspar, tan pronto están en manos de los científicos como son exhibidos ante la mirada de la gente. Un trayecto coincidente de ciencia y circo que también les une a Joseph Merrick, el ser deforme que David Lynch alojó en la ficción de ‘El hombre elefante’ (1980). Lo que viene de esa selva, exterior o interior, remota o sótano de deformes, se encauza con domadores de bata blanca o de látigo en la arena. En el circo acabó Buffalo Bill, otro que había cruzado la frontera. Y en esa escena profiláctica reaparece sin cesar Tarzán, lanzando su grito en el decorado de los estudios cinematográficos, la única selva que el hombre puede habitar.
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Emily Brontë
Cronista de Gondal
GALERÍAS JOSÉ MARÍA MUÑOZ QUIRÓS
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as hermanas Brontë son un capítulo complejo y completo de la literatura inglesa del siglo XIX, una saga de hermanas formada por Emily, Charlotte y Anne que constituye un caso singular de vida y obra literaria, un universo de creación y de complicidad que va a dar como fruto distintas y reconocidas novelas, entre las que destaca, de forma especial, ‘Cumbres borrascosas’, uno de los más célebres títulos de la literatura en lengua inglesa, una obra de ficción leída por todas las generaciones y en todas las lenguas, un hito que perdura y permanece en la historia de la cultura. Pero junto a esa labor narrativa, Emily Brontë supone también una mirada poética dentro de un tiempo de grandes poetas, en un momento creativo de gran altura e inmensa labor lírica a la luz del Romanticismo. Sucede siempre con la poesía frente a los demás géneros literarios: suele considerarse un espacio más íntimo, más próximo a las vivencias que afloran en la dedicación a la palabra y que constituyen un mayor interés personal en el escritor, en su aprendizaje emocional y en el itinerario sentimental de su vida. Así nos lo testimonia la novelista inglesa, y cuando nos acercamos al corpus de su producción lírica lo comprendemos inmediatamente. Se cumple este año el bicentenario del nacimiento de Emily Brontë, y de nuevo esta circunstancia ha facilitado que la obra de la escritora haya sido revisada, editada de nuevo, más concretamente su poesía, que ha sido traducida al completo, presentando al lector español los ciento sesenta y nueve poemas canónicos que constituyen su poética. Los manuscritos se encuentran en dos cuadernos, elaborados con la sistemática mirada que ponía en cada una de sus composiciones, dejando ver al lector su manera de entender la creación que contiene y que expresa el interior vital de sus poemas, entre los que se encuentran algunos de los más hermosos que se escribieron en el romanticismo inglés. En uno de los cuadernos se encuentran todos los poemas de Gondal, el territorio fantástico que Emily creó junto a su hermana Anne en su in-
Se cumple este año el bicentenario del nacimiento de Emily Brontë, lo que ha facilitado que su obra haya sido revisada Suele ser característica habitual de los buenos creadores la invención de un espacio imaginario donde transcurren los aconteceres de sus ficciones Emily Brontë. :: EL NORTE fancia, mundo imaginado y universo personal donde se sitúan las historias (en prosa y en verso) que constituyeron las Crónicas de Gondal. Suele ser característica habitual de los buenos creadores la invención de un espacio imaginario donde transcurren los aconteceres de sus ficciones. Esta isla imaginaria que se levanta en el océano Pacífico, próxima al Círculo Polar Ártico, es un trasunto de su espacio vital de Yorkshire, donde transcurren todos los episodios de ‘Cumbres borrascosas’, donde se mueven los intensos personajes que la pasión, el amor y la muerte manejan a su antojo. Es un lugar reconocible en
las vivencias de su autora, si bien la capital de este espacio se llama Regina y se encuentra en zona más tropical, y existen allí varios reinos que aparecen en muchas ocasiones entre los versos de la escritora, diseminados por algunos de sus poemas más intensos. Las ‘crónicas’ de Gondal ocupan un espacio esencial en su obra poética, constituyendo todo un entramado de hechos y pasiones, de aconteceres y personajes épicos como el emperador Julius Brenzaida: «Todos mudos como la muerte contemplan el sagrario/ que brilla con lustre tan divino, /donde los monarcas de Gondal se inclinan
/ después de enmudecer la oración silenciosa…/El rey Julius levanta su impía mirada...». Como si se tratase de un relato de corte mítico y épico, los poemas de este ciclo se van reafirmando uno en otro, engarzando su acontecer, envolviéndose en un halo de misteriosa materia poética. Pero no será este tipo de escritura el que más interese a su autora para reafirmarse como poeta, incluso en este hilo argumental lo que más destaca Emily son los sentimientos, los celos, la pasión ambiciosa de los personajes y el poder del mundo natural devastado y hondo que protagonizarán Cathy y
Heathcliff, la pareja de protagonistas de su célebre novela. Sería preciso realizar un análisis, una búsqueda y un paralelismo con algunos de los seres gondalianos de su textos poéticos que pudieran construir la base de los protagonistas de Cumbres Borrascosas, cómo se reafirman en ese espacio mágico las cualidades que se plantean en la novela después . La voz poética de Emily está tamizada por la soledad y el dolor, por una cercanía a su mundo familiar, a su contexto más próximo: brotan en sus poemas sensaciones, pautas y sutiles modos de mirar la vida: «El viento del invierno sopla fuerte y salvaje. /Ven
junto a mí, hija querida. Deja a un lado tus libros y tus juegos solitarios,/ y, mientras la noche se va volviendo gris, / pasemos hablando esas horas pensativas». La infancia y el paisaje oscuro y torturador, los libros y los juegos fraternales y la orfandad temprana que viven los hermanos, conforman todo un mundo de inventiva constante, de invitación a la introspección en su manera de mirar y observar la realidad que les circunda. La poesía está en Emily como una necesidad expresiva que se inscribe en relación con sus vivencias más personales, unida a cada una de sus actitudes frente a la sociedad que vigila sus pasos y sus movimientos. Cada poema nos habla de su contemplación interior, de una manera de responder expresivamente a las preguntas que surgen en su existencia monótona dentro de una sociedad muchas veces demasiado opresiva. La esperanza, ese sentimiento tan necesario para afrontar los sucesos de cada día, forma parte del legado vital de Emily Brontë, le sacude el corazón hasta la imposibilidad de permanecer en el camino de la fidelidad de las cosas, «era falsa e implacable: / cuando mis últimas alegrías cubrían el suelo / y hasta la Pena miraba con remordimientos …», y todo este contenido dolor construye la invisible realidad que contagia su existencia y le abre los caminos de la poesía. Recurrir a la imaginación ( elemento de inmensa intuición romántica) es la única salida que queda, el único resquicio que puede hallar: «Cuando cansada de las preocupaciones del largo día,/ y de la terrenal mudanza de dolor en dolor...». Podrá decir con intensa verdad «¡oh, amiga verdadera! ¡No estoy sola/ mientras puedas hablarme con ese tono de voz!». La imaginación, ese sentir tan necesario para crear, acompañará siempre la labor de la poeta. Fue la suya una aventura de vivir y de escribir: con solo treinta años moría. Nos había dejado un itinerario de luz y de belleza. Ella escribió en uno de sus poemas más inmensos: «Las riquezas tengo en poca estima; / y del amor me río con desprecio;/ y el deseo de fama no fue más que un sueño / que desapareció con la mañana».
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Martin Scoresese y Robert de Niro, en el rodaje de ‘Taxi driver’ (1976) en las calles de Nueva York :: EL NORTE
El sacerdote desviado E
l cineasta Joe Dante afirma que hay dos tipos de cinéfilos: los que están obsesionados por el cine y los que están obsesionados por las películas que los obsesionan. Martin Scorsese pertenece sin duda a la primera categoría: un consumidor omnívoro, que no distingue entre géneros, geografía o tiempo en que se realizó el filme, o tipo de producción; es el espectador ideal, alguien con un conocimiento oceánico del séptimo arte (no solo de su historia), con la curiosidad del primerizo y con la honestidad del buen crítico, ese que se sienta ante la pantalla y lo primero que hace es un ejercicio de autodrenaje para que lo que conoce no le condicione lo que va a ver. Scorsese no entiende el cine como una prolongación de la vida, una manera (imperfectible) de explicarla, o no solo; para él el cine es en primer lugar una realidad autónoma, que se justifica a sí misma sin necesidad de muletas utilitarias. El cine puede proporcionar muchas utilidades: enseñar a mirar, a escuchar, a tener paciencia, fomentar la empatía (al ponerse en los zapatos de los personajes), subsanar ignorancias o despertar la curiosidad histórica, lo que se quiera, pero sobre todo es un suministrador de disfrute: en distintos planos. Una de sus idiosincrasias más marcadas, y que lo hacen más precioso, es el abanico de placeres que le ofrece al espec-
tador, capaz de degustar uno o varios sin que otros aspectos del filme que le resultan anodinos o incluso reprobables interfieran en la degustación de los que aprecia –es más, la pueden acentuar–. (Abanico con una contrapartida inseparable: pocas cosas producen mayor sensación de frustración y tiempo perdido que una película en la que no se encuentra nada rescatable.) El cine, pues, como vía pero sobre todo como fin, como absoluto, y como absoluto decidió Scorsese entregarse a él. No fue una decisión fácil. Otra realidad de fronteras porosas con mayor peso existencial que la carne palpable y la luz visible, la religión, había colonizado su cabeza desde muy temprana edad, al punto de que el atribulado y asmático adolescente que fue Scorsese llegó a ingresar en un seminario para ordenarse como sacerdote. Lo expulsaron, pero no lograron expulsarle las tribulaciones. Toda la vida del director de Queens ha sido una exploración, en algunos periodos agónica, de las inquietudes y dudas morales que la educación católica hicieron nacer en su psique, y que a día de hoy siguen, según propia admisión, asediándolo. Para bien de su merecida legión de fanáticos, pues a través del cine –vía y fin– el reciente Premio Princesa de Asturias de las Artes ha explorado y purgado, siquiera en parte, esas tribulaciones, y con él
el espectador, que aun sin compartirlas ha podido en todo caso disfrutar de una filmografía tan larga como varia y sustanciosa. Igual que el sacerdote se transciende en la misión eclesial, Scorsese se trasciende en la misión –realización, contemplación, promoción– cinematográfica. Aunque en una obra tan vasta sería imposible –y menos en alguien tan curioso– la exploración de un asunto único, por enorme que sea, Scorsese le debe al religioso, tratado de forma más o menos oblicua, algunos de sus más logrados títulos; y en concreto, al tema de la expiación/redención. Ya en el primer largo que puede considerarse enteramente personal, ‘Malas calles’ (1973), el personaje central, Charlie (Harvey Keitel), se ve desgarrado ante la imposibilidad de reconciliar su fe católica con su sexualidad incierta, el deber de soldado para con su tío con los valores de la compasión y el afecto para con quienes el tío explota; Charlie es el mártir que hace suyos los pecados ajenos, de los que cree puede liberar a quienes lo circundan si él actúa como corresponde, es decir como Dios quiere; ocurre que Dios no siempre es claro, y que por mucha voluntad que le ponga uno los pecados ajenos se le escurren, siguen su propio camino y terminan colisionando. Será en la que todavía hoy es su cinta más turbadora –y posiblemente más perfecta–,
‘Taxi Driver’ (1976), donde MS afronte, de una manera menos directa, pero no menos eficaz, el periplo pasión/muerte/resurrección: en la figura de Travis Bickle (Robert De Niro), exmarine insomne y conductor de taxi circunstancial asqueado con el infierno de depravación y degradación en que se ha convertido el mundo; hombre confundido pero con las ideas muy claras sobre qué es el bien y qué el mal, Travis decide enderezar la realidad alucinatoria que lo rodea, el Mal con mayúscula; se percibe como una suerte de enviado, certeza a la que llega EDUARDO ROLDÁN
Scorsese encarna, quizá como ningún otro director vivo, la figura del cineastaautor que acuñara ‘Cahiers du Cinéma’
por sedimentación, por los sucesivos encuentros que, como Jesucristo durante la Pasión, tiene con los clientes nocturnos de su taxi. Travis ha de salvar la pureza que todavía hay en el mundo –simbolizada en la niña prostituta y en la mujer de piel blanquísima con quienes se obsesiona–, ejecutando las acciones que resulten necesarias, aun a costa de su propia vida. Y llega la acción y la orgía de sangre, y llega la muerte y la resurrección (catarsis del personaje): pasa de ser visto como un psicópata a ser tratado como un héroe, y él mismo ha cambiado la percepción que tiene de sí. El cotejo de ambos filmes permite aislar el otro gran rasgo del Scorsese realizador, la posesión de un saco de recursos estilísticos sin fondo que le permite ensayar en pantalla, con fluidez de malabarista bien entrenado, los más diversos impulsos pero sin perder nunca la singularidad de su voz. Si ‘Malas calles’ emplea sobre todo una paleta de tintes naturalistas, azules y grises y ocres, ‘Taxi driver’ una de colores saturados, rojos lujuriosos y amarillos nocturnos y brillantes; si en la primera el paisaje sonoro se colma de hits de jukebox rockeros e italianos, en la segunda se abre al orquestal y hitchcockiano Bernard Herrmann; si las peripecias de Charlie son seguidas por una cámara nerviosa y un montaje que no duda en yuxtaponer, tan irreverente como
Godard, primerísimos planos con panorámicas interiores de 180 grados, las de Travis por unos encuadres estrictos, clínicos, serenos; hasta el libreto del guion –improvisado en gran parte en ‘Malas calles’, calvinistamente riguroso en ‘Taxi driver’– difiere. Otras parejas se pueden enlazar como ejemplos de la variedad estilística de MS; valgan tres: ‘Uno de los nuestros’/‘La edad de la incocencia’; ‘Toro Salvaje’/‘El rey de la comedia’; ‘La invención de Hugo’/‘New York, New York’. Y eso que estamos omitiendo su faceta de documentalista, que daría casi para otro tanto. Todo esto no quiere decir otra cosa que Scorsese encarna, quizá como ningún otro director vivo, la figura del cineasta-autor que acuñara ‘Cahiers du Cinéma’: alguien que hace suyo el material que recibe –Scorsese rara vez participa en el guion de sus películas– a través de la puesta en escena, sin que el aparato léxico y gramatical elegido ahogue –insistimos– el tono inconfundible de su voz.
Paraíso en la Tierra Alguien que habita un territorio de esta manera bien puede decirse que ha encontrado el paraíso en la Tierra. Bienaventurado él, aunque sin duda el paraíso le haya hecho sufrir en más de una ocasión, desde que con cuatro años lo hollase por primera vez al ver ‘Duelo al sol’. En cualquier caso, es un sufrimiento al que no le cabe sino resignarse, como se resigna el sacerdote a los desfallecimientos puntuales de la fe. El Princesa de Asturias acierta pues al reconocer una carrera que, como los sermones del buen pastor, por su valor ha inspirado a algunos de los cineastas en activo más notables, que sin ningún pudor reconocen el saqueo continuo que han hecho del saco estilístico de Scorsese, y regalado momentos memorables a quienes se sientan en las butacas. A diferencia del Oscar a Mejor Director en 2007, el Princesa de Asturias llega en el momento justo, como reconocimiento a una carrera desbordante y no como propina obligada y tardía. Reconocimiento que, en una vocación así, en absoluto significa un punto y final.
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Veinte años de imágenes La mitad de su trayectoria ha transcurrido durante la crisis, pero PHotoEspaña ya es la más importante cita cultural del país
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HotoEspaña cumple veinte años. El recorrido del festival de la imagen es también, en paralelo, el reflejo de la historia reciente de la cultura oficial, siempre dependiente de la coyuntura y la estrategia, si realmente existe, de la Administración. Su nacimiento en Madrid evocaba una manera de hacer centralizada que recordaba otros tiempos, pero también un ambicioso intento de si-
GERARDO ELORRIAGA
tuar a nuestro país en el panorama fotográfico, casi treinta años después, por ejemplo, de la aparición de los prestigiosos Encuentros de Arlés. El paulatino apoyo de los principales centros de exhibición artística de la ciudad y la adhesión de las galerías, generando un circuito Off propició la expansión y permitió su consolidación en un periodo realmente breve. La pretensión de convertirlo en una cita multitudina-
ria ha resultado evidente desde su origen. Los grandes nombres de la fotografía han constituido un reclamo interesante y figuras de sus años de formación, del pictorialismo o el fotoperiodismo, consiguen atestar las salas del Círculo de Bellas Artes, epicentro popular de la cita primaveral con la fotografía. El carácter monográfico de cada convocatoria y la inclusión de reputados comisarios, mediante compromisos trianua-
les, permitieron elaborar programas atractivos y diversos. Independientemente del nombre del responsable, cada edición ha respetado la pretensión de incluir muestras de figuras históricas y maestros nacionales, nombres de la vanguardia contemporánea y muestras colectivas vinculadas a una específica temática. La evolución ha sido relativamente rápida y la vocación expositiva se ha acompañado de variopintos talleres, una apreciable vocación hacia la creación latinoamericana y el interés tanto por reconocer trayectorias como dar a conocer nuevos valores a través de galardones como el Premio Descubrimientos PHE. Atenta a la difusión de los nuevos medios, los primeros límites del evento se quebraron con la extensión del festival a las artes visuales y el constante
ánimo de renovación incluyó el año pasado TransEurope, un foro continental dedicado a la disciplina. El apoyo del público ha convertido al festival en el evento más importante de la siempre apretada agenda cultural de la capital. El pasado año la afluencia superó el millón de espectadores y, sin duda, ese respaldo multitudinario lo ha protegido en los años difíciles de la crisis económica, cuando la recesión y los consiguientes recortes evidenciaron la inexistencia de planes de contingencia que hiciera viable el ‘boom’ de instituciones e iniciativas culturales de la década anterior, tan fecunda en inauguraciones de todo tipo. PHotoEspaña, en cualquier caso, no salió indemne de aquella nefasta coyuntura, capaz de quebrar numerosos proyectos. A principios de la
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3 1. Casablanca not movie, 2014. Yoriyas Yassine Alaoul. 2. Mama Casset. Saint. Louis 1908-Dakar, 1992. 3. Aldea Global 2 . Eduardo Nave. 4. A grove of trees form a point of view. Juan Millás.
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presente década, la caída de varios patrocinadores y la reducción de más del 20% de sus presupuesto, acabó con la figura del comisario general y amenazó su expansión geográfica, iniciada concéntricamente, con la inclusión de ciudades cercanas a Madrid como sedes y, posteriormente, a Portugal, el continente americano con Trasatlántica, y Europa.
Escenario diferente Mil cuatrocientas exposiciones después, la edición de 2018 llega con un escenario absolutamente diferente al que lo acogió en su inicio. Hoy, la fotografía se halla plenamente integrada en el circuito comercial. Además de su inclusión en las grandes ferias, cuenta con citas especializadas de relevancia, caso de la francesa Paris Photo, la neoyorkina Photography Show, organizada por los marchantes del sector, y la más reciente Photo London, nacida hace cuatro años. La península también ha asistido a la proliferación de encuentros con la instantánea, como PhotOn, dedicado al fotoperiodismo y la fotografía documental, o, en nuestro ámbito, el festival internacional Getxophoto. La renovación constante
GRANDES MUESTRAS Checoslovaquia (1968-1991). Cto Sta Mª la Rica. Alcalá. Hasta 16-IX El Senegal elegante de la primera mitad del siglo XX. Círculo BB AA. Hasta 26-VIII El siglo soviético: fotografía rusa del archivo Lafuente (1917-1972). Círculo BB AA. Hasta 16-VIII Players. Los fotógrafos de Magnum. Espacio F. Telefónica. Hasta 16-VIII Samuel Fosso Una Odisea africana. Centro F.Fernán Gómez. Hasta 29-VII Cecil Beaton Mitos del siglo XX. Canal de Isabel II. Hasta 19-VIII
también acompaña la celebración de las dos décadas de vida. El equipo responsable, dirigido por Claude Bussac, ha argüido un espíritu lúdico y transgresor para caracterizar la inminente edición, que presenta algunas novedades organizativas. Sin embargo, el programa no permite advertir esa irreverencia, sino la fidelidad a las características que han cimentado su éxito. En principio, la principal novedad radica que, en esta ocasión, la gerencia ha otorgado ‘carta blanca’ a Cristina de Middel, Premio Nacional
de Fotografía, para la organización de cinco exposiciones. La iniciativa, que recuerda parcialmente a aquella labor curatorial de sus primeros años, ha dado lugar a cinco muestras denominadas ‘Players’. El programa se antoja similar al de otras ediciones, con Cecil Beaton proporcionando la nota histórica y mayor reclamo popular, y una panorámica dedicada a la vanguardia histórica rusa, otra cita imperdible. El festival también permanece atento a preocupaciones anteriores como el cuidado a la creación que se lleva a cabo en España, con nombre como los de Montserrat Soto, la vocación social, según la mirada de Marc Pataut, y la posibilidad de acceder a numerosos autores en el circuito Off, caso de Pedro Almodóvar, William Klein o Gorka Postigo. La pretendida irreverencia de esta convocatoria no se advierte en una primera interpretación. El festival se desplegará alrededor de 90 exposiciones y 530 nombres propios. PHotoEspaña dará testimonio, una vez más, de la naturaleza y salud del mayor encuentro cultural del país, un fascinante repaso por el arte a golpe de clic.
El año lúdico Varias exposiciones se hacen eco del medio siglo de Mayo del 68 y la Primavera de Praga :: G. E. PHotoEspaña lo quiere todo. El festival ha asumido la tradicional, y un tanto denostada, condición de la fotografía como testigo visual de tiempos y lugares, sin que ese propósito le otorgue exclusividad. A ese respecto, las exposiciones anunciadas se hacen eco del cincuenta aniversario del Mayo de 1968, con tres propuestas diferentes, y, asimismo, rememora la Primavera de Praga. Pero el programa también se abre a las vanguardias estéticas propiciadas por las escuelas holandesa y suiza, y a experimentos multidisciplinares. El evento siempre ha hecho gala de un ánimo innovador acorde con el carácter mudable de esta disciplina. Ade-
Fotograma de ‘El gran río’. más, la presente ocasión, el festival apuesta por la apertura a nuevos territorios formales y geográficos, con muestras que pretenden dar a conocer la imagen en África subsahariana. Las miradas cualificadas constituyen la última aportación. Cristina de Middel regala citas de trasfondo lúdico reunidas bajo el epígrafe común de ‘Players’. La selección aparece salpicada por el humor. Entre otras ofertas, la autora alicantina nos propone ‘El mayor espectáculo del mundo’, en
torno al circo, y ‘African Spirits’, serie de autorretratos disfrazados del camerunés Samuel Fosso con los que pone en tela de juicio los clichés en torno a la historia africana. Dentro de esta perspectiva optimista destaca su colaboración con Martin Parr en la muestra colectiva ‘Los fotógrafos de Magnum entran al juego’. PhotoEspaña también acostumbra a rastrear la historia española rindiendo homenajes a los grandes autores y recuperando la memoria perdida.
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LECTURAS
moceril, Abu Nuwas, uno de los grandes clásicos árabes, hoy prácticamente prohibido– sorprende la amenidad de lo que se presenta como un tratado –donde no falta algo de burla– y la enorme naturalidad con que se aborda el tema sexual, en todas sus vertientes, como en ‘El jardín perfumado’ del posterior AlNafzawi, que escribió otro tratado con el título de ‘Iluminación de los amantes en los secretos de la cópula’. El vino lo servían muchachos cristianos –para quienes no estaba vetado– y los banquetes terminaban entre doctos, doncellas y garzones. Que esta literatura –como nos recuerda el prólogo– se moviera ante
todo en un territorio de élite y entre gentes de poder y letras, no obsta para que sea lo que es. El amor a los muchachos visto con igual naturalidad que en el libro XII de la Antología (‘La Musa de los muchachos’) de Estratón de Sardes, que traduje hace años. Dicen unos versos: «No cambio a los imberbes por rasuradas mozas/ ni antílope por conejo he de vender». Naturalmente no es momento para contar los enormes vaivenes de la literatura de tema homosexual –total prohibición o naturalidad– sino de acercarse ahora (de nuevo otra edición quizá más minoritaria, la de Amistades Particulares, casi todo de la mano de Carlos Sanrune, tan meritorio como acaso necesitado a alguna mayor variación) a una novela muy poco conocida de un autor, menor, raro y maldito, como fue el barón francés Jacques D’AdelswärdFersen (1880-1923) mejor sabido, como tal personaje que murió en su villa de Capri, en una sobredosis entre champaña y cocaína, por la novela –altamente biográfica– de Roger Peyrefitte, ‘El exilado de Capri’ (1959). Yo hice una amplia semblanza del personaje, con la traducción de algún poema, en mi libro de 1997, ‘Biografía del fracaso’, que el traductor de esta peculiar novela, no conocía. Poeta, novelista, millonario y sin éxito, enamorado de los muchachos y en especial de un Nino Cesarini al que hizo pintar, esculpir y retratar y al que también educó, la novela ‘Lord Lyllian’ de 1905 (y editada siempre con la misma portada de la primera edición) es un ejemplo notable, pese a sus irregularidades, de la ‘novela decadente’ de entresiglos, que en buena medida inició el ‘Al revés’ de Huysmans y que po-
(Guillermo Pérez Sánchez, Luiz Cristiano Torres, Norberto Consani) y aspectos más concretos como la crisis de ambas integraciones bajo el prisma de la «supranacionalidad» (Dámaso-Javier Vicente), la labor de la UE en el proceso de integración centroamericano (Sara Maroto), la defensa de los Derechos Humanos en ambos modelos (Luis Domínguez Castro, José A. Musso) y las poco exploradas posibilidades del Banco de Inversiones (Sara González). Más concretos son los estudios sobre los procesos integradores en Paraguay (Hugo Mendoza) y en la Zona de Integración del Centro Oeste de América del Sur (Alejandro Safarov), el control de la integracionalidad en el Mercosur (Alfredo M.
Soto), la «sustentabilidad ambiental» (Carolina Romano) y la posibilidad de una «moneda-cesta» como paso a la unión monetaria en el Mercosur (Juan Mascareñas). Los «márgenes de la integración» hacen referencia al papel de México (Sara Núñez) y Chile (Mauricio Rubilar). No faltan análisis sobre el avance del «nacional-populismo» y de la «derecha eurófoba» en el ámbito europeo (Martín de la Guardia) ni sobre el impacto de la crisis económica y la globalización en la integración europea (Ángel de los Ríos). El tono del libro, fundamentalmente crítico y analítico, no escamotea las incertidumbres actuales ni se deja llevar por el pesimismo, como demuestra el epílogo de Fernando Manero. La presen-
Escena erótica persa (1660).
LITERATURA HOMOERÓTICA Ediciones de Oriente y del Mediterráneo edita ‘Elogio y diatriba de cortesanas y efebos’
S
i echamos una mirada a buena parte de Islam de hoy (tan intransigente y áspero, tan brutalmente condenatorio) les será difícil suponer a muchos, que hubo un Islam tolerante, incluso con vino, mujeres y chicos como objetos eróticos y de deseo… No sólo el Al-Andalus califal o parte de los aquí llamados reinos de taifas, sino el califato abbasí en Bagdad y Basora –temo
que ciudades hoy polidestruidas– alrededor del siglo IX de nuestra era. Las Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, que hace una labor muy valiosa, acaban de editar uno de esos libros sorprendentes de uno de los prosistas árabes por antonomasia clásicos, AlYáhid (literalmente «el hombre de los ojos saltones», parece que no era muy agraciado) nacido hacia el año 776. La obrita, traducida y prologada por Pedro Buendía y Ignacio Gutiérrez de Terán, se titula ‘Elogio y diatriba de cortesanas y efebos’. Como ocurría en la segunda sofística griega y especialmente en algún diálogo de Luciano de Samosata, el autor asume las vo-
LA LUPA PERTINENTE LUIS ANTONIO DE VILLENA
ces del pro y del contra, y entre anécdotas, reflexiones y muchas citas poéticas –no es ficción– nos muestra, sin condenar ni tomar partido, a quienes prefieren el amor de las mujeres, generalmente cortesanas, y a quienes privilegian a los chicos o efebos. Más allá de las diferentes bellezas de unos y otros –y de los versos del gran poeta del amor
DISTANTES, NO DISTINTOS ENRIQUE BERZAL
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n mayo de 2017, el Instituto de Estudios Europeos de la Universidad de Valladolid reunió a profesores españoles y americanos para reflexionar sobre los procesos de integración regional en Europa e Iberoamérica. Fruto de ello, y al amparo de un proyecto de investigación competitivo financiado por el Ministerio de Economía, Indus-
tria y Competitividad, acaba de ver la luz el libro ‘La integración europea e iberoamericana. Actualidad y perspectivas en el siglo XXI’, que dirigen los catedráticos de Historia Contemporánea de la UVA Guillermo Pérez y Ricardo Martín de la Guardia. Publicado por la prestigiosa editorial Aranzadi, el libro reúne en 395 páginas a una veintena de investigadores de España y América para, como señalan los directores de la obra, reflexionar sobre las «dificultades, logros y perspectivas de dichos procesos de integración en clave comparada, fijando el foco de atención
en la Unión Europea y Mercosur». Se trata de un recorrido en clave interdisciplinar en el que aparecen representadas, por parte española, las Universidades de Valladolid, Vigo, Complutense de Madrid y Rey Juan Carlos, junto a centros universitarios de Argentina, Chile y Paraguay. Un prólogo a cargo del premio nacional de Historia de Chile, Eduardo Cavieres, da paso a dieciocho capítulos que repasan la historia de los procesos de integración iberoamericanos (María Luisa Martínez de Salinas), el avance integrador en clave comparada con la Unión Europea
ELOGIO Y DIATRIBA DE CORTESANAS Y EFEBOS Edic. Oriente y Mediterráneo. 2018
pularizó en cierto modo ‘El retrato de Dorian Gray’ de Oscar Wilde. Fersen empieza a escribir esta novela en Ceilán (donde se aficionó al opio, llego a comprar las pipas de fumar de un emperador chino) mientras terminaban de construir su villa capriota de nombre platónico, ‘Villa Lysis’. En la novela hay una venganza contra los que le acusaron en París de «misas negras pederásticas» –por lo que se exiló a Capri– y el eco vario de un sosias de Wilde, Skilde, que trata de seducir al joven, hermoso y rico Lord Lyllian que puede, a veces, evocar a Lord Alfred Douglas. Curiosamente el perseguido Fersen, parece simpatizar más con Lyllian (Douglas) que con Skilde (Wilde) cuando solía ocurrir más bien lo contrario. Eros áptero, como le llamó Cocteau, el barón Fersen no puede dejar de ser un escritor menor y un personaje fascinante cuya obra, más nutrida en su estricta juventud (‘Lord Lyllian’ está escrito con 24 años) no es en modo alguno desdeñable. Aquí está. Pensemos lo que queramos de esa parte joven del «amor que no osa decir su nombre» –verso de Douglas– llega desde el mundo grecolatino , el Japón de los samuráis o el Islam califal, hasta el decadentismo de entresiglos y nuestros días… ¿Censuraríamos a Cernuda o a Gil-Albert? Pensemos.
LA INTEGRACIÓN EUROPEA E IBEROAMERICANA... Guillermo Pérez y Ricardo Martín de la Guardia (directores). Aranzadi. 395 páginas.
tación tendrá lugar el próximo jueves, 14 de junio, con una jornada de ponencias que comenzará a las 10 de la mañana en el Instituto de Estudios Europeos de la Universidad de Valladolid, en la Plaza de Santa Cruz.
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EL CORAZÓN DEL MIEDO Piedad Bonnett camina entre el paso del tiempo, los escenarios familiares y las sombras de la muerte JORGE DE ARCO
C
on ‘Los habitados’, obtuvo Piedad Bonnett el XIX premio de poesía Generación del 27. La escritora colombiana había compilado un año antes toda su obra lírica bajo el título de ‘Poesía reunida’. Aquel volumen aglutinaba nueve poemarios: ‘De círculo y ceniza’ (1989), ‘Nadie en casa’ (1994), ‘El hilo de los días’ (1995), ‘Ese animal triste’ (1996), ‘Todos los amantes son guerreros’, (1998), ‘Las tretas del débil’ (2004), ‘Lección de anatomía’ (2006), ‘Las herencias’ (2008) y ‘Explicaciones no pedidas’ (2011). A lo largo de su quehacer, Bonnett ha ido puliendo su dicción y descubriendo la identidad vindicativa que va más allá de sus registros. Nada es apariencia en su decir, sino instante certero y dilatado que deviene en un mensaje capaz de traspasar la frontera del sentimiento.
La realidad que despliega sus versos prende la conciencia lectora mediante una palabra concreta, múltiple y reveladora . Ahora, en ‘Los habitados’, su voz incide en una temática ya hollada y que camina entre el paso del tiempo, los escenarios familiares y las sombras de la muerte. Pero sus poemas crecen desde una óptica distinta: la de una mujer que sabe que su edad no es una ventaja, mas sí un privilegio. Desde la atalaya de la experiencia, de los años vividos con intensidad, sus versos llegan con aromas de tristura y desconsuelo: «Cuando acerco mi oído a las paredes/ queriendo oír el llanto de los que aún me aman/ sólo oigo mi chirrido.
LOS HABITADOS Piedad Bonnett. Visor. Madrid, 2017. 56 págs. 12€
Mi oscura disonancia./ El corazón del miedo/ cantando su monótona tonada». En su doliente cántico, Piedad Bonnett emplea el lenguaje como germen y destino de su conciencia y estimula, a la vez, la esencia de la nostalgia para aprehender todo aquello que fue quedando en el ayer. Además, la semántica que reproduce su discurso le permite recurrir a la otredad de su espacio y de su tiempo: «Pero alguien creció en mí y ahora soy otro/ detrás de esta ventana (…) Y la vida es chirriante disonancia para los habitados». La segunda parte, ‘Noticias de casa’, está atravesada de parte a parte por la memoria de su hijo Daniel, quien se suicidara en 2011 tras conocer la enfermedad mental que padecía. Contaba tan sólo con 28 años. –Su madre ya había relatado en su novela ‘Lo que no tiene nombre’ (2013) aquella devastadora tragedia–. En esta ocasión, su recuerdo se aviva nuevamente al par de unos textos emotivos, vívidos, que laten todavía en su aflicción: «En qué pupila/ quedaste tú grabado para siempre/ aun vivo/ pero volando triste hacia la muerte,/ en el último instante, el cielo a tus espaldas./ Quién te llevó dentro de sí/ como una pesadilla hacia la noche,/ o una anécdota, un puro escalofrío/ que aspira a remansarse en la palabra». La muerte surge enton-
Piedad Bonnett. :: ALFAGUARA ces como la parte contraria a cualquier deseo. Lo que sustenta el anhelo vital es indecible porque lo que no es eterno no resulta válido. De esa forma, la poetisa colombiana relata su duelo desde una antropología del conflicto humano. El fenecimiento es paradigma de nuestra limitación y en su acontecer respira una esperanza angustiada, aunque
necesaria para subsistir. Al cabo, una manera de referir ese adiós no sólo desde el alma y la materia, sino también desde una perspectiva gnoseológica: «Cuántas preguntas en mis libretas llenas de tachaduras y de lágrimas/ Buscaba una lucecita en lo oscuro que nos había sido dado/ Buscaba la entraña de la piedra que nos había herido (…) Fue entonces
cuando el rayo partió la casa en dos, como un juguete/ y escribió el vacío en su respuesta». Un poemario, en suma, que transita entre la búsqueda y el hallazgo, entre el sufrimiento y el alivio, entre la certidumbre y la mudanza: «Para que no te mueras doblemente/ pido al dolor que sea mi alimento, el aire de mi llama».
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LECTURAS
EL POETA CUENTISTA Tomás Sánchez Santiago publica ‘Años de mayor cuantía’, colección de relatos largos reunidos en cuatro apartados LUIS MARIGÓMEZ
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entro de una larga carrera como poeta y responsable de libros de difícil clasificación, Tomás Sánchez Santiago es el autor, hasta ahora, de una única novela, ‘Calle Feria’ (2007). Allí se habla de una Zamora de postguerra, hecha mito. Destaca en su lectura, desde el primer momento, el placer de contar. La atmósfera en la que viven los personajes es oscura y rezuma moho
en los rincones, pero ellos sobreviven manejando las normas oficiales con cierta astucia y una obediencia básica que dejó de discutirse hace mucho. Forman una red sin voluntad de tejido que el autor maneja para elaborar un traje, un relato, con el cuidado de un orfebre que mide las palabras que encuentra y las hace brillar en el sitio donde mejor encajan. De uno de sus personajes se dice que «tenía el don de contar, o sea, el de atascar la vida en el tiempo y mantenerla allí quieta (…)». Pero esos recursos que enriquecen su expresión no perjudican –como a veces ocurre con otros poetas metidos a narradores– el texto, que fluye en una escritura enseguida reconocible para el lector, densa, compacta y brillante, con una mirada desde diferentes ángulos, y una buena cantidad de seres más o menos dolientes, manejando (o manejados por) situaciones de cierto dramatismo, que permi-
te un tono a menudo compasivo, con toques de ironía y de humor. El mundo de los que sufrieron la guerra y las penurias de los años siguientes se transforma un poco cuando aparecen sus hijos, con ganas de salir del agujero, con más pretensiones que las de sobrevivir a la peste de la dictadura. En palabras de un joven estudiante con ínfulas literarias, «Lo que nos gusta es escribir, o sea darle otra coherencia al mundo, tal vez una coherencia sobresaltada. Decir que la existencia es ante todo posibilidad». La referencia más próxima quizá sea Max Aub, con su capacidad de narrar lo más inmediato jugando con las distintas herramientas de la literatura. El tomo que acaba de publicar, ‘Años de mayor cuantía’ no es exactamente una novela; indica bajo el título, entre corchetes, ‘memoria y fábula’. En realidad es una colección de relatos largos reu-
nidos en cuatro apartados, en los que el autor divide su vida. Esos marcos básicos de las distintas edades dan pie a textos que suelen empezar con referencias personales para, inmediatamente, penetrar otros territorios, estos sí invadidos por la ficción. Unifica todo la escritura inconfundible del autor: «La música de los tirafondos en los cajones y la sabiduría de los envoltorios para poner a dormir un poco más las cosas sin arañarlas. Los años de la casa, tensa como una fruta recién metida en la boca que solo se apaciguaba si caía la cáscara sobre los contratos de los sueños.» Tomás Sánchez Santiago parte de su infancia, trabaja analizando sus emociones primarias, miedos, ilusiones y desilusiones, deslumbramientos y oscuridad… a través de anécdotas difíciles de desarrollar por su elemental sencillez. El niño protagonista enseguida se convierte en actor secundario de relatos que le cuentan o de los que es testigo; se convierte así, poco a poco, en notario de lo que ocurre en su entorno, en escritor. Aparece una ‘nove-
EL TALISMÁN DE LA COSTURERA
RED HOOK
H
ace no mucho hablaba de la notable y sorprendente influencia de H.P. Lovecraft en la literatura, genérica o no, del siglo XX y XXI. Me encuentro ahora en la tesitura de seguir con el tema, si bien de forma indirecta –y si como me he prometido a mí mismo, algún día les ofrezco mis reflexiones sobre Providence, habrá otro artículo más–. No hace tanto,
también, les hablaba, desde esta su sección, de ‘Agentes de Dreamland’, una maravillosa novela corta de la maravillosa –todo un descubrimiento– Caitlin J. Kiernan. ‘Agentes de Dreamland’, ya les dije, es una novela Lovecraftaiana, una revisión innovadora –tanto en formas como en planteamientos- de ‘El que susurra en la oscuridad’, uno de los grandes relatos del canon lovecraftiano. Ahora,
CIRO GARCÍA
también publicado por Alianza, aparece la novela ‘La balada de Tom el Negro’, de Victor Lavalle. Otra novela Lovecraftiana. Otra revisión de uno de los principales relatos, esta vez ‘El horror de Red Hook’. Hace ya un tiempo que tenía ganas de hincarle el ojo a esta novela. Desde que salió, hace dos años, he leído, en medios críticos americanos, varias reseñas favorables. De
los premios no suelo fiarme, pero dejo constancia de que la novela ha ganado el British Fantasy y el Shirley Jackson, el año pasado. Las expectativas generadas no han sido defraudadas. Si bien, como la lectura de ‘Agentes de Dreamland’ está tan reciente, las comparaciones son difíciles de evitar. Aunque, quizás, sean superfluas, ya que son dos trabajos muy diferentes, en casi todos los sentidos.
LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL
POESÍA Y PARALELOGRAMOS: LA PRIMERA PROGRAMADORA INFORMÁTICA :: SUSANA GÓMEZ Ada Lovelace soñaba con construir un caballo volador propulsado a vapor. Creía que la máquina analítica de Babbage servía para algo más que para resolver operaciones matemáticas; que una computadora como ella podía calcular algo más que números, y que podía ser programada para crear secuencias de
imágenes, de música y palabras. Tenía una sólida formación matemática y una peligrosa tendencia a imaginar ideas y proyectos extravagantes: esos que cien años después de su muerte se materializarían en los primeros ordenadores. Quienes crearon estos quedaron atónitos, al leer las notas futuristas de Ada, la primera programa-
dora informática del mundo. Quizá porque era hija del poeta Lord Byron y la matemática Anne Isabella Milbanke, aquella niña crecida al amparo de la revolución industrial no supo ni quiso renunciar a la lógica ni a la imaginación. A la sombra de una talentosa madre empeñada en alejarla de su fantasioso e irresponsable progenitor,
AÑOS DE MAYOR CUANTÍA Tomás Sánchez Santiago. Eolas. 2018.
lla’ de los primeros días de la guerra civil, protagonizada por su padre; o el relato de unos emigrantes zamoranos en EE UU atrapados en el medio oeste, cuidando vacas, escribiendo unas cartas tremendas a su pueblo. Se reviven las memorias de colegio de los primeros años 60, con el franquismo todavía tan vivo; las hazañas y miserias de atletas locales, héroes de circunstancias y víctimas del entorno. El tono sube cuando el narrador sale de casa para estudiar y se zambulle en la protesta
social contra el régimen de los primeros años 70. Al descubrimiento de la modernidad ligado a la independencia de la familia se unen los traspiés morales de quien todavía no controla las situaciones. El tipo de relatos que agrupa el tomo es variado, además del cuento de una época, está el horror, lo inexplicable, a la manera de Henry James: ‘Última salida de una casa en 1985’ y ‘El ruido de unos gramos’; conspiraciones de los desheredados, fuera de toda convención realista: ‘Algunos nombres propios y algunos domingos quietos’; juegos literarios con letras y situaciones:
‘La balada de Tom el negro’, desde un punto de vista meramente estilístico, quizás sea menos deslumbrante que la obra de Kiernan, pero sigue estando muy bien escrita. Sigue una narrativa más clásica, lo que no es malo, incluso favorece a esta revisión de los hechos que por sí misma, es fascinante. La dedicatoria es curiosa: «A H.P. Lovecraft, con todos mis sentimientos encontrados». Y es que Lavalle, como bien señala el apellido, es un escritor americano, pero no Anglosajón. Y es bien sabido que uno de los puntos negros de la personalidad de Lovecraft fue la creencia en la superioridad de la ‘raza blanca’, en especial de la anglosa-
jona, y como todo racismo es, además, clasismo, se excluye a los blancos más pobres. Aunque hacia el final de su vida, inteligente como era, renegara de esta opinión, es patente que casi todos los protagonistas de Lovecraft son gentlemen blancos, acomodados – salvo excepciones- y por lo general cultos. Las mujeres, las otras ‘razas’, los pobres – generalmente poblaciones aisladas de ‘basura blanca’– ocupan el lugar de comparsas y antagonistas. Aunque no son pocas las veces en que los ‘villanos’, son de la misma idiosincrasia que los protagonistas. Suydam, el hechicero del ‘Horror de Red Hook’, es uno de estos, aunque viva en
Tomás Sánchez Santiago.
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‘Solo los mudos saben pronunciar la hache’. Aparece el peligro de considerar el conjunto un cajón de sastre. Todo lo unifica una voz siempre bien definida, que expone su vida al lector (memoria), con una delicadeza y una hondura notables, al tiempo que le seduce con unos cuentos (fábula) apasionantes, que vienen de lo cotidiano y van a diferentes destinos, reales o imaginarios. Como muestra de lo orgánico de su escritura, hay referencias a sus libros anteriores. Se explica el sentido de la expresión ‘La pérdida del ahí’, título del último poemario del autor. La calle Feria vuelve al final del libro en el relato de un viajante dentro de otro cuento más extenso. Sánchez Santiago se confirma, entrega a entrega de su labor, como ese corredor de fondo que fue de muchacho; alguien que, lejos de perder el ahí, entrega esa sustancia a sus lectores llegando más que airoso, triunfador, a la meta de los desafíos que se impone.
un barrio lleno de extranjeros y mestizos. Lavalle da un giro a todo esto y da el protagonismo a Tom, un joven negro que trapichea en Brooklyn. En realidad la subversión de roles no es tan grande, ya que Tom, un pícaro simpático y básicamente decente, acabará uniéndose a Suydam. Lo importante en la novela, es el porqué de esta transformación. En ella, los caóticos horrores sobrenaturales, siempre difusos, apenas entrevistos, palidecen ante el horror de la violencia arbitraria que una sociedad puede infligir a sus individuos menos afortunados en nombre del orden.
LAS IDEAS DE ADA Autora: Fiona Robinson. Edit. Juventud. 40 páginas. 14 euros. Edad recomendada: a partir de 7 años
su rígida educación no le impidió pensar en ‘vuelología’, querer diseñar un caballo con alas. De otra parte, crecer al estricto ritmo de lecciones de aritmética la convirtió en un ser anfibio y fecundo, capaz de respirar con idéntica facilidad en dos universos aparentemente disímiles.
HISTORIA DE UN CONVERSO Óscar Pérez Solis viajó del anarquismo al socialismo y al comunismo para acabar en Falange JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN
T
odo en la vida del asturiano Óscar Pérez Solís (1882-1951) resulta novelesco. Militar de carrera, un recluta le contagia sus simpatías por el anarquismo. Ese recluta tenía un nombre muy literario, Juan Salvador, que es el pseudónimo que, tras la muerte del amigo, utilizará Óscar Pérez en sus primeros escritos políticos. Pronto se desengañará del anarquismo y comenzará a ser un activo militante socialista. Ocupa cargos importantes en las agrupaciones de Valladolid y Bilbao; es detenido, mal herido por la policía en el asalto a una Casa del Pueblo; contribuye decisivamente a la escisión que dará origen al Partido Comunista Español. En 1924, asiste en Moscú a una reunión de la Komintern, esto es, de la Internacional Comunista; en 1936 está en Oviedo, donde es detenido por conspirar contra el Frente Popular; liberado poco después, se convierte en uno de los más eficaces colaboradores de Aranda en la ciudad sublevada. La estancia en Moscú la contó Óscar Pérez Solís en varias ocasiones. La última, una serie de artículos publicados en El Español, el semanario que dirigía Juan Aparicio, entre noviembre de 1942 y marzo de 1943, cuando las tropas alemanas estaban en Rusia, ayuda-
Ilustrado con acuarelas japonesas y compuesto por pinturas recortadas y pegadas a diferentes profundidades, este álbum sobre sueños e ideas reconstruye el mundo numérico e imaginativo de una mujer inteligente y visionaria, cuyo universo numérico e imaginativo es retratado gracias a imágenes fotografiadas, que nos devuelven una profundidad 3D. Sobre el papel, una vida de poesía y paralelogramos, que nos recuerda que lírica y razón pueden dejar de ser universos paralelos, para convertirse en un algoritmo cósmico de brillante potencia creadora.
das por la División Azul. Esos artículos son los que ahora se reúnen por primera vez en un libro que comenzamos a leer con cierta prevención. Tememos encontrarnos con la encendida soflama antisoviética propia de la época y de quien fue cocinero antes que fraile, comunista antes que fascista. Pero de inmediato nos sorprende su moderación. La visión que se ofrece del Moscú de 1924 está muy lejos de las caricaturas de la propaganda, sin que se oculten los aspectos negativos –como no podía ser de otra manera– de la realidad de entonces. El editor de estos artículos, Steven Forti, ha tenido la feliz idea de publicar junto a ellos, los escritos durante la visita y aparecidos poco después en La Antorcha, el periódico oficial del comunismo español. El memorialista de 1942, atento al matiz y al detalle preciso, es en 1924 un mero propagandista que se entusiasma ante los inumerables logros de la Revolución. En 1924, Pérez Solís se entrevista con todos los que representaban algo en la Rusia del momento. Le acompañaba como intérprete Andrés Nin, trágica y rocambolescamente hecho desaparecer por los rusos durante la guerra civil española. De los líderes soviéticos, Bujarin era el de mayor formación intelectual. Mostraba una gran curiosidad por las cosas de España. «¿Qué españoles cultivan la filosofía», preguntó. Pérez Solís menciona, en primer lugar, a Ortega y Gasset. Pero Bujarin no le tenía por filósofo, sino «por un excelente escritor que conoce y traduce muy bien la filosofía alemana». Tampoco valoraba mucho al decaden-
UN VOCAL ESPAÑOL EN LA KOMINTERN Óscar Pérez Solís. Edic. de Steven Forti. Renacimiento. Sevilla, 2018
Óscar Pérez Solís. :: EL NORTE te Unamuno, cuyo pensamiento correspondería a la decrepitud de una burguesía «envejecida antes de llegar a su madurez social». La figura más admirada es la de Leon Troski, «al que dudo que haya igualado nadie en el campo bolchevique». Si no hubiera abandonado el comunismo en 1928, Pérez Solís habría corrido muy probablemente la misma suerte que su amigo Andrés Nin. De hecho, él mismo cuenta que en Bilbao llegó a conocérsele como ‘el Troski de las siete calles’. Peor parado, como no podía ser de otra manera, sale Stalin, quien le recibió afablemente en su gabinete de trabajo, nada ostentoso, pero que enseguida perdió su amabilidad. A Pérez Solís le acompañaba su intérprete habitual, a quien achaca el repentino cambio de humor del dirigen-
te: «La culpa era de Nin, que hacía con mis preguntas en castellano, al traducirlas al ruso, lo que le daba la gana. Menos mal que la iracunda mirada de Stalin, después de rebotar en los lentes de Nin, vino hacia mí con cierta suavidad, en las que sospeché que no faltaba su poquito de lástima, como si Stalin comprendiera que no era del todo mía la culpa de haberme metido en aquellos berenjenales». Quizá el odio de Stalin hacia Nin, que culminaría en su asesinato, comenzó entonces. Encarcelado en Monjuic tras su regreso a España, Perez Solís recibe la reiterada visita del padre Gafo, también asturiano, una de las principales figuras del sindicalismo católico. Cansado de la mala vida que había llevado por sus actividades políticas, recuperó la fe católica, renunció públicamente a sus ideas comu-
nistas y aceptó un puesto bien remunerado en la Compañía Arrendataria del Monopolio del Petróleo, recién creada por Primo de Rivera. Su deriva fascista se iría acentuando progresivamente: intervino en la fundación de Falange, fue a Oviedo a preparar la sublevación militar, ocupó diversos cargos durante el franquismo. Pero no se convirtió nunca, como tantos, en un feroz perseguidor de los que habían sido sus compañeros. Todo lo contrario, los ayudó en lo que pudo y, en 1942, fue capaz de darnos una impresión de la Rusia que había visto en 1924, muy alejada de la siniestra imagen que esperarían sus lectores. No duda en subrayar la honestidad de la mayoría de los líderes comunistas y la modestia con que vivían. En 1931, contó su vida en ‘Memorias de mi amigo Óscar Perea’, un libro que vale tanto por lo que cuenta como por lo que calla, y que merecía una reedición. Óscar Pérez Solís no fue nunca un comunista ni un anticomunista de manual. Hubo en su vida dos encuentros providenciales, el del recluta Juan Salvador, que le hizo rebelarse contra las injusticias del mundo, y el de José Gafo –asesinado en 1936, beatificado por Benedicto XVI–, que le devolvíó el consuelo del otro mundo. Un hombre que siempre quiso ser fiel a sí mismo y que estaba, como su época, como quizá todos los hombres y todas las épocas, lleno de claroscuros.
EL LIBRO QUE NACIÓ EN UN CAMPAMENTO SAHARAUI :: S. G. Un día, la pequeña Tutú formuló una pregunta: «¿Cómo se escribe un libro?» Acababa de hacerse de noche y la luna lo iluminaba todo. Enguía, Memona y una docena de niños del barrio de Farsía, en Smara, estaban en el club de lectura de un campamento de refugiados. Hablaban de libros y de cuentos. En medio del desierto, el escritor Gonzalo Moure respondió que había muchas maneras de escribirlo. Por ejemplo, poner una frase bonita y seguir… Por
ejemplo, decir: «Una noche, de la luna se desprendió una escalera de plata. Y por ella comenzó a descender…». Y fue así cómo, entre todos, tejieron un relato sobre dos niños y dos mundos, sobre luces, sombras, rescates, amistades, cielos nocturnos, amparos. Un juego de preguntas y respuestas hizo cuento y realidad la historia. Cuento porque de aquella frase descendió Najib. Realidad porque, en medio del desierto del Sáhara, un proyecto colectivo gestó ‘El niño de luz de pla-
EL NIÑO DE LUZ DE PLATA Autores: Taller de lectura de Farsía (coord. Gonzalo Moure) y Clara Bailo. EditBubisher. 46 páginas. 17,5 euros. Edad recomendada: a partir de 6 años
ta’, que sería ilustrado por Clara Bailo. Con un formato en horizontal, sus páginas en blanco y negro retratan delicadamente las formas, las aristas, el pueblo, la jaima, la luna,
las gentes, la aventura, los amigos, la luz… Era marzo de 2011. Seis años más tarde, Bubisher, de la Asociación de Escritores por el Sáhara, editaba con la colaboración desinteresada de Edelvives, este bello álbum. El objetivo de Bubisher es la creación de una red de bibliotecas y bibiobuses en los campamentos de refugiados de Tinduf. Esta vez, Najib y el niño de luna destinarán los fondos que recauden a inaugurar un centro en Dajla. En él esperan albergar otros libros y otras historias.
14 LA SOMBRA DEL CIPRÉS
Sábado 9.06.18 EL NORTE DE CASTILLA
L
a semana pasada les decía que muchos hablantes tienen dudas sobre la rección de algunos verbos, es decir, sobre su capacidad combinatoria, sobre si exigen o no preposición. Esta semana dedicaré este espacio a dos pares de verbos: alegrarse y alegrar; y avergonzarse y avergonzar, verbos que desde el punto de vista semántico tienen en común que expresan reacciones emotivas (alegría y vergüenza). ‘Alegrar’ tiene dos significados: a) ‘causar alegría a alguien’; y b) ‘hacer que una cosa se muestre más alegre, más viva o más hermosa’. Con el primer significado puede construirse con complemento directo y con complemento indirecto, pero dicha variación no es del todo libre, sino que parece estar condicionada por el significado del verbo, y no necesariamente por factores geográficos, que han sido los más estudiados. En un enunciado como ‘Los nietos alegran a los abuelos’, el segmento ‘a los abuelos’, que es el complemento de persona, puede interpretarse como complemento directo (los alegran) o como complemento indirecto (les alegran). Yo no creo, como acabo de decir, que esta alternancia sea del todo libre, sino que está motivada por la intención: se construyen con complemento directo cuando la acción que expresan es intencionada; y con complemento indirecto cuando dicho complemento designa el individuo que experimenta algo y la causa de la sensación o el sentimiento suscitado está representado por el sujeto. Este último esquema es mucho más frecuente: lo que ‘alegra’ funciona como sujeto y a quien ‘alegra’ como complemento indirecto. Y el verbo aparece en tercera persona, de singular o de plural. Así, hay
USO Y NORMAS DEL CASTELLANO MARÍA ÁNGELES SASTRE PROFESORA DE LENGUA ESPAÑOLA EN LA UVA
INCORRECCIONES ATRIBUIBLES AL RÉGIMEN VERBAL (2) que decir ‘A Ana le alegran tus éxitos’ y no ‘A Ana la alegran tus éxitos’ (construcción laísta esta última). Al segundo significado hay que atribuir ejemplos como ‘La ropa de colores claros alegra el semblante’, ‘Los gritos de los niños en el recreo alegran el ambiente’ o ‘¡Alegra esa cara, hombre!’. El verbo ‘alegrarse’, con el significado de ‘sentir alegría’, exige la presencia de la preposición ‘de’ y la flexión pronominal en concordancia con el sujeto: Yo me alegro de tus éxitos, Él se alegra de tus éxitos, Nos alegramos de tus éxitos, etcétera. El complemento encabezado por la preposición ‘de’ es un complemento de régimen prepo-
sicional (conocido también como suplemento o complemento de régimen, a secas). Con el verbo ‘avergonzar’ ocurre lo mismo: con el significado de ‘causar en alguien un sentimiento de vergüenza’, lo que ‘avergüenza’ es el sujeto y a quien ‘avergüenza’ es el complemento indirecto. Hay que decir ‘A ella le avergüenza lo que pasó’ y no ‘A ella la avergüenza lo que pasó’ (también construcción laísta esta última). El verbo ‘avergonzarse’, con el significado de ‘tener o sentir vergüenza’, exige la presencia de la preposición ‘de’ y flexión pronominal concordando con el sujeto: Yo me avergüenzo de tus mentiras, Tú te
avergüenzas de tus mentiras, Él se avergüenza de tus mentiras, Nosotros nos avergonzamos de tus mentiras, etcétera. Y al igual que ocurre con el verbo ‘alegrarse’, el complemento encabezado por la preposición ‘de’ es un complemento de régimen preposicional. ¿Qué incorrecciones son frecuentes cuando se cruzan estos pares de verbos? Por un lado, laísmos, como los que he señalado arriba. Por otro, queísmos y dequeísmos como resultado de cruces entre los dos verbos (el pronominal y el no pronominal). Ejemplos del tipo ‘Me avergüenzo que los niños abran los chocolates en el supermercado’ o ‘Me avergüenza de Con verbos en uso que los niños pronominal rigen abran los chocolates en el su- la preposición ‘de’ permercado’ y el pronombre son ejemplos personal flexiona de queísmo y de dequeísmo, concordando respectivamencon el sujeto te. Lo mismo ocurre con ‘Me alegro que estéis todos bien’ y ‘Me alegra de que estéis todos bien’. Recuerden: estos verbos en el uso pronominal rigen la preposición ‘de’ y el pronombre personal flexiona concordando con el sujeto; en el uso no pronominal solo aparecen en tercera persona y lo que ‘alegra’ o ‘avergüenza’ funciona como sujeto, mientras que a quien ‘alegra’ o ‘avergüenza’ funciona como complemento indirecto. Así evitarán caer el laísmos, considerados incorrectos desde el punto de vista normativo, aunque en el área geográfica en la que nos encontramos sean tan frecuentes.
LOS LIBROS MÁS VENDIDOS EL CORTE INGLÉS VALLADOLID
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LETRAS CORSARIAS SALAMANCA
MARGEN VALLADOLID
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Las hijas del capitán. María Dueñas (Planeta)
Lejos del corazón. Lorenzo Silva (Destino)
Mandíbula. Mónica Ojeda (Candaya)
Una carta para mí. Raquel Reitx (Martínez Roca)
El bosque sabe tu nombre. Alaitz Leceaga (Ed. B.)
Las hijas del capitán. María Dueñas (Planeta)
Homónimos. Antonio Navarro (Norma)
La ofrenda. Gustavo Martín Garzo (Galaxia)
Seremos recuerdos. Elisabet Benavent (Suma)
Cuando sale la reclusa. Fred Vargas (Siruela)
Mundo extraño. José Ovejero (Páginas de la Espuma)
Los perros duros no bailan. A. Pérez-Reverte (Alfaguara)
Los perros duros no bailan. Pérez-Reverte (Alfaguara)
Loxandra. Maria Iordanidu (El Acantilado)
Lejos del corazón. Lorenzo Silva (Destino)
La bruja. Camilla Läckberg (Maeva)
Lejos del corazón. Lorenzo Silva (Destino)
El bosque sabe tu nombre. A. Leceaga (B Ediciones)
Cuando sale la reclusa. Fred Vargas (Siruela)
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Sin censura. Revilla (Espasa)
Cuentos de buenas noches... Elena Favilli (Planeta)
La penúltima bondad. Josep M. Esquirol (Acantilado)
Las recetas de adelgazar... A. Quintas (Planeta)
Nada es tan terrible. R. Santandreu (Grijalbo)
Imperiofobia y leyenda negra. Elvira Roca (Siruela)
Cómo acabar con la contracultura. J. Costa (Taurus)
El hombre que no deberíamos ser. O. Salazar (Planeta)
Piel de letra. Laura Escanes (Aguilar)
La España vacía. Sergio del Molino (Turner)
Teoría King Kong. Virginia Despentes (Mondadori)
Curar con la fuerza... Petra Thorbrietz (Planeta)
Haz tus sueños realidad. Rut Nieves (Planeta)
6 relatos ejemplares. Elvira Roca (Siruela)
A fin de cuentas. Aurelio Arteta (Taurus)
Criminalmente. Paz Velasco (Ariel)
Memorias del comunismo. J. Losantos (La Esfera)
La derrota del vencedor. Rogelio Alonso (Alianza)
La hispanibundia. M. Wiesenthal (Acantilado)
Morder la manzana. Leticia Dolera (Planeta)
SANDOVAL VALLADOLID
LIBRERÍA DEL BURGO PALENCIA
SEMURET ZAMORA
PUNTO Y LÍNEA SEGOVIA
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El orden del día. Eric Vuillard (Tusquets)
Ordesa. Manuel Vilas (Alfaguara)
Las hijas del capitán. María Dueñas (Planeta)
Lejos del corazón. Lorenzo Silva (Destino)
La mujer del pelo rojo. O. Pamuk (Random)
La química del odio. C. Chaparro (Espasa)
Patria. F. Aramburu (Tusquets)
Las hijas del capitán. María Dueñas (Planeta)
Que nadie duerma. Juan José Millás (Alfaguara)
Cuando sale la reclusa. Fred Vargas (Siruela)
La bruja. Camila Läckberg (Maeva)
El bosque sabe tu nombre. Alaitz Leceaga (Ed. B.)
La chica del cumpleaños. H. Murakami (Tusquets)
Las hijas del capitán. María Dueñas (Planeta)
Años de mayor cuantía. Sánchez (Eolas)
Cuando sale la reclusa. Fred Vargas (Siruela)
Años de mayor cuantía. T. Sánchez Santiago (Eolas)
Mundo extraño. José Ovejero (Páginas de la Espuma)
El manuscrito de fuego. García Jambrina (Espasa)
La química del odio. Carmen Chaparro (Planeta)
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Sobre la educación. Emilio Lledó (Taurus)
Plantas Montaña Palentina. Pascual Herrero (Aruz)
Sin censura. Revilla (Espasa)
Nueva Hª de España. E. Álvarez Junco (Galaxia)
Mayo del 68. Javier Noya (Catarata)
Imágenes (...) desde Palencia. Luis Sendino (Autoedic.)
Memorias del comunismo. J. Losantos (La Esfera)
Cosmosapiens. John Adams (La Esfera)
Feminismo pasado y presente. C. Paglia (Turner)
España de mierda. Albert Pla (Debolsillo)
La España vacía. Sergio del Molino (Turner)
La guerra de Ifni. Gustavo A. Orduño (Almuzara)
La trampa de la diversidad. Daniel Bernabé (Akal)
Todos deberíamos ser femenistas. Adichue (Random)
Imperiofobia. Elvira Roca (Siruela)
Mi patria es la gente. Julio Rodríguez (Península)
Mil palabras. Gabriel Zaid (Debate)
Guía de ciudades. Georgia Cherry (SM)
Clásicos para la vida. Ordine (Acantilado)
Un año en la antigua Roma. Néstor Marqués (Espasa)
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QUINCE MINUTOS DE FAMA
ÁNGEL MARCOS
Elena San José Fuentes Nací en Valladolid y crecí entre el paseo de Zorrilla y el municipio de Simancas. Soy restauradora de muebles desde hace 20 años, viajo al pasado para rescatar viejos muebles y devolverlos su esplendor, convirtiendo la nostalgia del cliente en una nueva utilidad. Lo mío es reconstruir y crear. Levantarme cada mañana y enfrentarme a cualquier objeto que necesite mi ayuda, para volver a mostrarse como en sus mejores tiempos, en su plenitud. Mantengo la ilusión por conservar, reciclar y preservar aquello que un día fue hermoso y útil.
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Sábado 9.06.18 EL NORTE DE CASTILLA
Director: Ángel Ortiz Coordinador: Chema Cillero
Instalación ‘Del paisaje y sus reinos’, de Norton Maza. :: IVAN ALVARADO/EL NORTE
El universo paralelo con Haroldo Conti E
N éste (universo, me refiero) pasó lo que pasó, es decir: que Haroldo Conti se fue a ver ‘El Padrino’ con su amada y la mafia saltó de la pantalla, lo adelantó atajando por las cuadras del barrio de la Chacarita en el camino de vuelta a su casa y allí lo espero con media docena de criminales adscritos al poder gubernamental argentino; funcionarios de la inteligencia militar, tan malhechores y profesionales como los matones retratados por Mario Puzo, aunque mucho más cutres, sin el mínimo atisbo de clase en su vestimenta, sin literatura en sus imprecaciones, que lo apalearon junto a su pareja y se lo llevaron detenido, secuestrado, torturado, para hacerlo desaparecer.
En el Cono Sur pasaban estas cosas a diario, al tiempo que en España observábamos de soslayo, con una mueca incongruente, imposible de reproducir y de defender, una carantoña entre ojiplática y cejijunta, interesada y desdeñosa a la vez. Y, por supuesto, el horror justo, educadamente comedido, al estilo europeo, no fueran a saltársenos los empastes que ocultaban la caries franquista recién atendida; no fueran a pudrirse las vendas que tapaban los miembros necrosados de una dictadura. Mientras, Europa se llenaba de argentinos y chilenos que ante la disyuntiva de ir al cine o al exilio, tomaban la alternativa que mejor facilitaba su supervivencia. Haroldo, no. Él ya advertía un año an-
tes a los amigos de que estaba vigilado, de que, en caso de seguir vivo, andaría por el número 1.205 de la calle Fitz Roy, allí donde el remolino del agua no ha dejado de seguir el sentido de las agujas del reloj en su ausencia, aunque el mundo se pusiera del revés tras la visita de una brigada militar. Haroldo Conti pudo haber sido un Cortázar, un Márquez, un Galeano; mucho más ver-
Las instalaciones de Norton Maza son un puñetazo de vuelta contra el poder estatal y religioso
borréico que un Rulfo, pero beligerante como él solo, comprometido hasta el último latido con la convicción de que cada uno elige los errores por los que está dispuesto a dejarse la vida, o el curso de lo que quede de ella. Su significación intelectual y política indisimulada lo convirtieron en un héroe involuntario y una víctima descomunal y vergonzante para algunos de sus compatriotas literarios. En un universo paralelo puede que Haroldo decidiera dejarse de proyecciones cinematográficas y largarse con su familia a Ecuador, donde, al parecer, lo esperaban con los brazos abiertos, a empezar de nuevo; o a París, como hicieron muchos más, entre ellos el padre del artista chileno Norton Maza, que apro-
OVEJAS NEGRAS RAFAEL VEGA
vechó la oportunidad tras su paso por una cárcel chilena y se puso a salvo al otro lado del océano. Norton Maza ha vivido en ese mundo alternativo, en ese universo paralelo capaz de componer una vida que estuvo puesta en entredicho. No es extraña su visión crítica del de las cosas por todos aceptadas, su afilada pupila para los valores absolutos que han matado la verdad. Las instalaciones de Norton Maza son un puñetazo de vuelta contra la religión, el mercado y el poder de los estados capaces de vestirse a la moda en cada época; esos que aún desean que parezca un accidente y hacen ofertas imposibles de rechazar. Puede que Haroldo Conti decidier en un universo paralelo responder a una de esas invitaciones hacia el exilio en lugar de esperar a sus verdugos, con la moral intacta, en el 1.205 de la calle Fitz Roy. En ese universo, probablemente, hay un premio Cervantes con su nombre y millones de lectores inspirados por su palabra. Y un artista plástico con su apellido que reparte por el mundo instalaciones sacadas del desarraigo y la injusticia, al menos vividas, y no truncadas, como en éste (universo, me refiero) donde pasó lo que pasó.