Sábado, 21.11.15 Número CCXVI
SOMBRA CIPRES LA
DEL
tentielle
55 años de artefactos literarios
[P3]
ttérature
vroir de
Ou Li Po La Uña Rota publica ‘Es un oficio de hombres’, un divertimento escrito por los miembros actuales del Oulipo. El aniversario invita a recordar sus orígenes
:: ILUSTRACIONES DANIEL MONTERO GALÁN
2 LA SOMBRA
Sábado 21.11.15 EL NORTE DE CASTILLA
DEL CIPRÉS
La vida, un cuento contado por un idiota Luis Alberto de Cuenca y José Fernández Bueno presentan una nueva traducción ilustrada de ‘Macbeth’ CARLOS AGANZO
blogs.elnortedecastilla.es/elavisador/
L
:: ILUSTRACIÓN RAÚL ARIAS
a vida es una sombra que pasa, un pobre cómico / que se luce y se agita por un rato en escena / y no vuelve a salir; es un cuento contado / por un idiota, lleno de sonido y de furia, / que nada significa». Así es como traducen Luis Alberto de Cuenca y José Fernández Bueno la célebre locución de la escena quinta del quinto acto de ‘Macbeth’, la tragedia más oscura y sangrienta de Shakespeare. Un verdadero icono de la cultura occidental en su consideración sobre el sentido de la vida del hombre frente a la violencia. Una lectura que vuelve a cobrar todo su significado en estos días turbios de sangre y de barbarie en Europa.
El oráculo intrigante de las brujas, la corona de los escoceses ceñida sobre el crimen y la traición, las manchas indelebles de sangre en las manos de Lady Macbeth son algunos de los grandes signos de esta obra, que William Shakespeare escribió en un momento de absoluta madurez, y sobre cuya literalidad existen todavía grandes dudas. Al contrario de lo que ocurre con otras obras del Bardo, la única versión conocida de ‘Macbeth’ es la que nos ha llegado a través del conocido como ‘First Folio’, la primera publicación de 36 piezas teatrales shakesperianas recopiladas y editadas por sus amigos John Heminges y Henry Condell en 1623, siete años después de su muerte.
El producto, en todo caso, de la lectura por parte de Shakespeare de los dos volúmenes de las ‘Chronicles of England, Scotlande and Irelande’, de Raphael Holinshed, que le sirvieron para argumentar algunas de sus obras más célebres, como ‘Macbeth’, ‘El rey Lear’ (que Shakespeare escribió inmediatamente antes que ésta) o ‘Ricardo III’. A su vez, Holinshed había construido su obra a partir de la ‘Historia Gentis Scotorum’, escrita en latín por Héctor Boece bajo el mecenazgo del rey Jacobo V de Escocia. En tiempos de Shakespeare, el propio rey Jacobo, I de Inglaterra y VI de Escocia, se consideraba descendiente directo de Banquo, el amigo y rival que Macbeth asesina tras escuchar la pro-
fecía de las brujas, lo que de alguna manera explica el ensañamiento con el que el poeta dibuja en su tragedia a este personaje real, que fue rey de Escocia entre los años 1040 y 1057. En lo literario, esta versión tiene la extraordinaria peculiaridad de que el verso en inglés se traduce también en verso en castellano, en unos sonoros endecasílabos y alejandrinos que Luis Alberto de Cuenca ha cuidado con precisión de cirujano, conservando en unos casos y destacan-
MACBETH W. Shakespeare. Ilustraciones de Raúl Arias. Traducción de L.A. de Cuenca y J. Fernández Bueno. Reino de Cordelia.
do en otros el sentido del inglés, cuya versión original se ofrece a pie de página. Una musicalidad que se mantiene igualmente en los textos en prosa, ésos que a algunos estudiosos de ‘Macbeth’ les hacen pensar que existieron otros manuscritos que ampliaban la obra y que no han llegado a nuestros días. Los propios autores de esta nueva ver-
‘Macbeth’ es un icono occidental sobre el sentido de la vida del hombre ante la violencia
sión le añaden casi un centenar de «notas exegéticas», lo que sin duda contribuye a ampliar un poco más la lectura de este texto siempre conmovedor. En lo visual, en esta extraordinaria edición de Reino de Cordelia destacan las ilustraciones de Raúl Arias, que le dan al libro ese aspecto de cómic, de fantástica saga nórdica que tanto encaja en los gustos literarios de Luis Alberto de Cuenca. Sobre el negro de los oscuros personajes que protagonizan la trama de ‘Macbeth’, la presencia permanente de ese rojo que simboliza la sangre que mancha de manera imborrable la conciencia de los asesinos. Arias, al que recordamos por algunas de sus inolvidables tiras en la prensa nacional, compagina desde el inicio de su carrera la animación audiovisual con la ilustración, una mezcla perfecta para sacar por una vez la atmósfera cerrada y tenebrosa de las representaciones teatrales a escenas y escenarios propios de los grandes mitos y leyendas de las caballerías medievales. Eso sí, con toda su dureza, con toda su fuerza, con toda su evocación. «El mismísimo Samuel Beckett -dicen los traductores en el prólogo del libro-, padre y maestro mágico del nihilismo literario contemporáneo, difícilmente hubiera podido expresar su desesperanza en tonos más desolados».
NUEVAS CONSTRICCIONES
Sábado 21.11.15 EL NORTE DE CASTILLA
3
Nueve oulipianos y dos mujeres La Uña Rota celebra el 55 aniversario del Oulipo con la publicación de ‘Es un oficio de hombres’, con relatos de once miembros del grupo ANGÉLICA TANARRO
blogs.elnortedecastilla.es/calle58/ @angelicatanarro/twitter.com
U
na de las ultimas apariciones ‘oficiales’ (en un grupo donde nada es oficial) del mítico Oulipo ha sido en España, en el año en que se cumple el 55 aniversario de su nacimiento. Es un pequeño libro (pequeño en tamaño) o, mejor sería decir, es un pequeño artefacto literario que contiene las características que dieron lugar a esta extraña reunión de talentos y que La Uña Rota, sello editorial siempre atento a la diferencia, a lo que se mueve a kilómetros de distancia de lo convencional, ha añadido a su sorprendente catálogo. Centrémonos: era el año 1960, más o menos por ahora, noviembre, y en París cuando el escritor Raymond Queneau y el matemático François Le Lionnais crearon el grupo a partir de un seminario sobre literatura experimental. Matemáticas y palabras. Las ‘constricciones’ de las reglas matemáticas aplicadas a la literatura para extraer de ella todo su potencial. El nombre es el acrónimo de Ouvroir de Littérature Potentielle o , traducido al castellano, Taller de Literatura Potencial. Y aunque su falta de convencionalidad nos haga pensar en movimientos como el surrealismo y el dadaísmo es el abrazo de las restricciones, el empleo de fórmulas rígidas para extraer de ellas toda la energía de las palabras, lo que les aparta de ellos. Cuando se piensa en el grupo originario, se visualizan los rostros de George Pérec, Italo Calvino o Marcel Duchamp. Pues bien, aunque no se tengan muchas noticias de sus miembros, el Oulip sigue vivo y en plena ebullición creadora, como lo demuestra
‘Es un oficio de hombres’, el libro que recoge 21 ‘Autorretratos de hombres y mujeres en reposo’, escritos por diez miembros del grupo, más un ‘Autorretrato del oulipiano’ salido de la pluma de uno de los últimos autores en ser admitidos en la comunidad, el argentino Eduardo Berti. En el ya lejano año de 1876 cuando –también en París– el público se escandalizaba ante la aparición de la primera exposición de los impresionistas, el crítico A. Wolff se refirió a sus protagonistas en su reseñade ‘Le Figaro’ como «cinco o seis locos y una mujer». Los cinco o seis locos eran Renoir, Degas, Monet, Manet... y la mujer Berthe Morisot. Parafraseando aquella descripción que se hizo famosa, este libro recoge las aportaciones de ‘nueve oulipianos y dos mujeres’. He recordado la anécdota porque las mujeres son aún estrepitosa minoría en un grupo compuesto como el título del libro mayoritariamente «por hombres», pero tanto la matemática Michèle Audin como la poeta Michelle Grangaud son tan oulipianas como sus compañeros de batallas literarias. Esta que nos ocupa comen-
:: DIBUJOS DE DANIEL MONTERO GALÁN PARA EL LIBRO ‘ES UN OFICIO DE HOMBRES’ (ED. LA UÑA ROTA)
La matemática Michèle Audin y la poeta Michelle Grangaud participan en este ‘oficio de hombres’
zó como suele ser habitual en el grupo, a partir de un texto que, convertido en plantilla formal, da lugar a una serie de ingeniosas repeticiones. La plantilla, o el texto primario, partió del actual presidente del Oulipo, Paul Fournel, que, como él mismo explica en la advertencia inicial, escribió el retrato de un esquiador en pleno trabajo para
su libro de cuentos ‘A solas con los atletas’. «Es el retrato de un hombre que esquía más rápido que los demás. Ese es su oficio», afirma Fournel. «El cuento ofrece una segunda lectura evidente que la caída final subraya: también está hablando del oficio de cuentista». Hervé Le Tellier, otro miembro del grupo recogió el
guante que nadie le había tirado para hacer sobre la plantilla de dicho cuento, el retrato de un seductor. Fournier se picó y contrarrestó con el autorretrato de un desolador y así fueron surgiendo el resto de los textos, una selección de los cuales ofrece el libro. «Mi oficio consiste en hablar en la montaña de arriba hacia abajo. En resucitar lo más eficazmente posible. Es un oficio de mesías», comienza el autorretrato del resucitador debido a la pluma de Jacques Jouet. «Mi oficio consiste en llenarme los bolsillos desde abajo arriba. En llenármelos lo más deprisa posible. Es un oficio de hombres», leemos en el comienzo del autorretrato del especulador, escrito por Marcel Bénabou. Y así uno tras otro. Michèle Audin hace el autorretrato de la raíz de 2: «Mi oficio consiste en ser extraída y exhibida. En ser extraída con el mayor número de decimales posible. Es un oficio de números», comienza su relato. Michelle Grangaud, la otra mujer en el libro, se atreve con el autorretrato del hormiguero: «Mi oficio consiste en hormiguear de arriba abajo y después de abajo arriba. En hor-
>
4 LA SOMBRA
DEL CIPRÉS
NUEVAS CONSTRICCIONES
>
miguear con el mayor hormigueo posible. Es un oficio de hormigas». Y así sucesivamente. La ironía es una norma no explícita en estos escritos. Veamos: «Mi oficio consiste en renovar de pies a cabeza la historia romana desde el Alto Imperio hasta el Bajo Imperio. En renovarla lo más sabiamente posible. Es un oficio de humanista», comienza el autorretrato del renovador, debido a Marcel Bénabou. Berti, en su autorretrato final aporta claves para ser un gran oulipiano: «Ser un gran oulipiano es una condición que exige una entrega absoluta de sí mismo y una concentración total. Yo genero constricciones a tiempo completo. Hago la compra en el supermercado sin pasar por tal o cual pasillo. Escribo cartas de amor prohibiéndome usar ciertos adjetivos. Me paso horas haciendo crucigramas porque sé que me ayudan a crear constricciones». El libro, el artefacto o juguete, como se prefiera, encierra en sí mismo, y quizá sin pretenderlo, alguna de las características del funciona-
De Oulipo D
El libro expande, desde su limitación, la teoría oulipiana de las potencialidades
e Oulipo me gusta su desdén por la pompa y las ceremonias. Cuando en mayo de 2014 recibí un email del presidente Paul Fournel (a no confundir con el «fresidente pundador» Raymond Queneau ni con el secretario provisoriamente definitivo o definitivamente provisorio Marcel Bénabou), cuando recibí su email tan escueto, pero de contenido tan trascendente para mí, pues me invitaban a unirme al grupo, acepté de inmediato y le pedí a PF (en Oulipo existe la costumbre de
La ironía es una norma no explícita que se encuentra en los 21 autorretratos
miento del grupo. Dentro de su limitación expande la teoría oulipiana y nos lleva a indagar en toda la potencialidad del grupo. En un momento de grandes livianidades y de convencionalismos aupados a la primera línea de la visibilidad se agradecen estas tentativas de seguir ensanchando los márgenes de lo establecido, de jugar inteligentemente con las artes y las ciencias por el extraño camino de poner límites a sus propios pasos.
La libertad de las reglas
L
a ya desaparecida librería Lara, allá por el corazón de Fuente Dorada, proyectaba su enorme espacio interior en unos escaparates donde exhibía fondo editorial propio mezclado con novedades. El comienzo del curso escolar imponía la atención a libros universitarios, y en una de aquellas se pobló el escaparate de tomos con ejercicios: problemas de álgebra, de cálculo infinitesimal, cuestiones de física, análisis lingüísticos y… ‘Ejercicios de estilo’. Allí, disimulado entre manuales, estaba el libro irreverente de Raymond Queneau, al que unas manos despistadas (¿o no?) habían seleccionado por su título escueto. El escaparate habría encantado a Queneau, o a cualquier miembro de Oulipo, no solo por esa convivencia heteróclita de manuales, sino también por el reconocimiento implícito de una hebra canónica que nunca se alejó de las intenciones del grupo. ‘Ejercicios de estilo’ alberga 99 formas posibles de contar un hecho sin importancia: una discusión en un autobús, y la reaparición de uno
de los protagonistas horas después en una plaza parisina. Dar a ese trance completamente olvidable 99 variantes es un considerable ejercicio cuyo único músculo es el estilo, salpimentado con humor e inventiva. Queneau dice que le asaltó esa idea a la salida de un concierto en el que se interpretaba ‘El arte de la fuga’, de Juan Sebastián Bach, «considerando la obra de Bach no desde el ángulo del contrapunto y fuga, sino como construcción de una obra por medio de variaciones que proliferaran hasta el infinito en torno a un tema bastante nimio». Es difícil ver a Bach tras las piruetas de Queneau. Si acaso, un Bach desarmado por el jazz. Los pentagramas originales del músico teutón recorren estructuras previas en una ordenación que apunta a la combinatoria matemática, lo que nos lleva a la otra raíz del Oulipo entrecruzada con la literaria. Anda por YouTube una grabación de Queneau impartiendo una charla sobre aritmética. Nada que ver con su empleo de secretario de la editorial Gallimard, ni con sus actividades literarias, ci-
Sábado 21.11.15 EL NORTE DE CASTILLA
JORGE PRAGA
Oulipo buscó una cuña inexplorada entre matemáticas y literatura, universos dispares que comparten la imposición de reglas específicas
nematográficas o teatrales. Esa personalidad arbórea le acercó seguramente a un matemático que también trabajaba otras máscaras, François Le Lionnais, a quien su heterodoxia no le impidió dirigir libros canónicos como ‘Las grandes corrientes del pensamiento matemático’, imprescindible en la preparación de oposiciones de Instituto, y por ello candidato más que probable a los escaparates de la librería Lara, otra vez cerca de Oulipo (estos gestos inconscientes de la librería cabrían en lo que los oulipianos llaman «plagiarios por anticipación»). En la primera mitad del siglo pasado Francia vio germinar grupos e ismos de toda condición. Queneau estuvo ligado a los primeros surrealistas. Y a Le Lionnais tal vez le rozara la formación de Bourbaki, un grupo que pretendía recopilar toda la matemática bajo un paraguas axiomático, y que tuvo la chanza de amparar el anonimato de sus miembros tras un fracasado general francoprusiano. La alianza de Queneau y Le Lionnais al fundar en 1960 el ‘Ouvroir de litté-
las iniciales, tanto es así que dos oulipianos no pueden tener las mismas siglas y un supuesto Pedro Fuentes no podría sumarse el grupo porque sus iniciales ya están «ocupadas»), le pedí al presidente PF, decía, una cita en un café, deseoso de saber lo que esperaban de mí y cuáles serían mis «obligaciones». Su respuesta fue una lección de simpleza e inteligencia: «Esperamos que nos sorprendas». Debo decir, sin embargo, que el primer soprendido fui yo; no solamente por el hecho de que ellos, los oulipianos, se hubiesen evidentemente
equivocado al «cooptarme», sino también por el hecho de que en la primera reunión privada a la que me tocó asistir (una reunión inusitadamente concurrida, pues se encontraban allí incluso los que no siempre acuden a las reuniones, como Harry Mathews, Pierre Rosensthiel o el incombustible Paul Braffort), yo me preparé, no sin resignación, para una especie de discurso o rito de bienvenida, y ellos se limitaron a proponerme que leyera algún texto mío en voz alta. De Oulipo me gusta su efervescencia. Los 55 años de Oulipo se advierten en la hondura de los debates, en las sólidas raíces debajo de cada nueva iniciativa, en la fresca sabiduría de los miembros más antiguos. Los 55 años no se notan, para nada, en la vi-
rature potentielle’ buscó una cuña inexplorada entre matemáticas y literatura, universos dispares que sin embargo comparten la imposición de reglas específicas. La exploración de esas reglas y su variación abre un campo de potencial inagotable. Nada de irracionalismo, de escritura automática, de liberación del autor. Oulipo promueve la «littérature contrainte», de coerción. Hacer literatura es tomar decisiones sobre la persona gramatical del narrador, la estructura temporal de la narración o las palabras que valen para la falsilla del endecasílabo. La búsqueda de otros procedimientos coercitivos traerá geografías inéditas. Es lo que pensó Georges Perec, uno de los grandes del movimiento, cuando en 1969 publicó ‘La disparition’, novela a la que le falta la letra ‘e’, la más usual del idioma francés, contestada luego con ‘Les revenents’, escrita con esa única vocal. Desafíos, uno tras otro. En sus poemas de ‘Beaux présents belles absentes’ el vacío dibuja el contenido: en el poema ‘A l’OuLiPo’ cada verso contiene todas las letras del abecedario (excepto las raras k, w, x, y, z) menos la que se quiere resaltar (la «o» en este verso: «Champ défait jusqu’à la ligne brève»). Y cada autor va jugando a su manera con la combinatoria,
la aritmética, los espacios de la geometría, en una fusión que destruye fronteras. Decía Perec en uno de los recuerdos de ‘Je me souviens’: «Muchas veces he empezado manuales de matemáticas modernas diciéndome que si voy lentamente, si leo todas las lecciones en orden haciendo los ejercicios, no hay ninguna razón para que me acobarde». Tal vez la obra de mayor penetración en las potencialidades numéricas sea ‘Cien mil millones de poemas’. Queneau escribe diez sonetos de idénticas rimas en hojas separadas, que luego une en un único tomo. Previamente ha cortado en tiras individuales los versos de cada soneto. El lector decide, al tirar de cada tomito de diez tiras, qué verso elige para cada posición del soneto. Catorce líneas con diez posibilidades para la primera, diez para la segunda…, dan un cómputo de poemas de catorce veces diez, 1014, 100.000.000.000.000, cien billones de poemas (bastantes más de los que promete el título español). Si dedicáramos ocho horas diarias a su lectura, con 15 segundos para cada poema, necesitaríamos una vida de… cincuenta mil millones de años. «En el fondo me doy reglas para ser totalmente libre», sentencia Georges Perec.
5
Sábado 21.11.15 EL NORTE DE CASTILLA
talidad que explota en cada una de las reuniones privadas, en la creatividad de las lecturas públicas, en la respuestuosa informalidad con que los miembros se tratan entre sí. De Oulipo me gusta su internacionalismo. En julio pasado, siete oulipianos animamos una semana de talleres intensivos en la ciudad de Bourges, no lejos de la célebre catedral: éramos cuatro no franceses (dos hispanohablantes, dos de lengua inglesa) y a nadie pareció molestarle esto. Es más, fue uno de los extranjeros quien señaló esta circunstancia. De Oulipo me gusta su humor: el hecho de que un oulipiano, una vez cooptado, no puede renunciar… salvo que se suicide en presencia de un escribano público; el hecho
1
EDUARDO BERTI
Escritor y periodista, miembro del grupo Oulipo
Un oulipiano, una vez cooptado, no puede renunciar... salvo que se suicide en presencia de un escribano público
de que todo oulipiano sigue siéndolo después de muerto, tanto es así que en las reuniones mensuales (reuniones que tienen un orden establecido, una serie de rubros como «creación», «ruminación» o «erudición», y en las que se trata, ante todo, de pasarla bien y pensar o ensayar nuevas formas literarias de la mano de nuevas reglas formales ligadas a la idea de constricción), en las reuniones los oulipianos muertos son «disculpados» con toda la comprensión y la tolerancia del mundo. De Oulipo me gusta su escaso verticalismo, su voluntad de democracia. En su ensayo ‘Esthétique de l’Oulipo’, Hervé Le Tellier (miembro del grupo, a su vez) observa que los fundadores, sobre todo Queneau y François Le Lion-
nais, abrevaron de la patafísica y tomaron como referencia dos grupos famosos: el surrealismo como antimodelo, el Bourbaki (y su abordaje ‘formalista’ de las ciencias) como contra-modelo frente el surrealismo. Desde luego, Queneau admite y valora las contribuciones estéticas del surrealismo, y autores como Robert Desnos (con su crítica al ‘langage cuit’: a los tópicos idiomáticos) resultan esenciales para Oulipo, pero el grupo no está concebido para reverenciar a una especie de Sumo Pontífice, y Oulipo rechaza la idea de azar. Oulipo es lúdico, sí, pero anti-azar. De Oulipo me gusta cómo desestima la noción de Genio con grandes letras mayúsculas, cómo desacraliza el mito de la Inspiración Artística con grandes letras mayúsculas.
No desentona para nada, en tal sentido, que Marcel Duchamp figure en la lista de oulipianos. De Oulipo me gusta su apertura a todas las artes, su contagio en diversos OuXpo, es decir: el Oubapo (historieta), el Ouphopo (fotografía), y hasta en el OuPolPot que se ocupa, como su nombre lo indica y no lo indica, de la política potencial. De Oulipo me gusta su apertura a todas las ciencias (Rosenstiehl y Michèle Audin, por ejemplo, provienen de las matemáticas; Braffort y Valérie Beaudouin vienen de la computación), pero el hecho de que, siempre, la literatura ocupa el centro del laberinto. De Oulipo me gusta que empezó con la genuina voluntad de ser una «caja de ideas» al alcance de todos los
escritores (no únicamente los miembros del grupo) y acabó siendo una «caja de sorpresas» para los mismísimos miembros del grupo. De Oulipo me gusta su antiacademicismo y su curiosidad por todo: curiosidad por el pasado y los «plagiarios por anticipación», precursores en los juegos de palabras y en las formas nuevas; curiosidad por lo que ocurre ahora mismo; curiosidad, ante todo, por lo posible. Por lo potencial. Tal vez allí resida una de las claves para la salud del grupo: pensar en formas nuevas, aún no existentes, pensar en formas posibles obliga, por definición, a dar vuelta a la página, a no contentarse con lo ya andado, aun cuando esto haya sido, hasta el presente, una fascinante aventura.
2
3
4 1. ‘Raymond Queneau, Album 19’ (1961), obra de Joan Miró. 2. Raymond Qeneau. 3. Michèle Audin. 4. Georges Perec. 5. Eduardo Berti. :: EL NORTE
5
6 LA SOMBRA
DEL CIPRÉS
NUEVAS CONSTRICCIONES
Queneau en el cine: ‘Zazie dans le Métro’
S
i hay una novela casi imposible de adaptar al cine, es posiblemente ‘Zazie dans le Métro’, que Raymond Queneau publicase en 1959. Quizá porque no se trata en realidad de una novela, tal como solemos entender este género, sino de una serie de juegos sobre el lenguaje, de formas de desintegrarlo, de demostrar las radicales diferencias entre lo escrito de manera literaria y lo hablado por el común de la población. Pero, pese a la evidente dificultad de traducir todo ello
FERNANDO LARA
en imágenes, Louis Malle y su coguionista Jean-Paul Rappeneau, decidieron emprender la tarea en cuanto conocieron el libro. Y solo al año siguiente de su edición, en 1960 nacía para el cine ‘Zazie dans le Métro’, tercer largometraje en solitario del realizador francés (había codirigido ‘El mundo del silencio’ con
el comandante Cousteau), tras ‘Ascensor para el patíbulo’ y ‘Les amants’, y el primero que hiciese en color. Intentó Malle una cierta ecuación entre dos lenguajes diferentes: hacer con las imágenes lo que Queneau había hecho con las palabras. Es decir, desplegar múltiples variaciones que rompieran los códigos habituales del lenguaje fílmico y que equivaliesen a los métodos empleados por el escritor sobre el lenguaje literario. Así, en la película reinaba la transgresión respecto a lo establecido y acep-
tado como norma. Planos acelerados o ralentizados, continuos cambios de eje, elipsis súbitas, deformaciones visuales por el empleo del gran angular, rup-turas de la narración habi-tual… Casi como en un ca-tálogo, esta sucesión dee quiebros los vamos encon-a, trando en ‘Zazie’-película, apotenciados por un montaos je vertiginoso y envueltos la en un humor que se revela mo deudor tanto de Tati como ridel ‘slapstick’ norteamericano a lo Mack Sennett, y er que preludia el de carácter Ri pop que ejemplificaría Richard Lester con sus ‘¡Qué noche la de aquel día!’ y ‘Help!’, con Los Beatles. Lo explicaría muy bien el propio Malle en el libro autobiográfico que publicó la Semana de Cine de Valladolid en 1987 cuando, refiriéndose al ‘estilo atomizado’ de ‘Zazie’, lo calificaba como «un
Sábado 21.11.15 EL NORTE DE CASTILLA
‘staccato’ lleno de efectos, de trucos, de guiños. La cámara hacía notar voluntariamente su presencia mediante cambios constantes de ritmo, de ángulos, de foco, que el montaje acentuaba. Era algo provocador, imaginativo, respondía bien al aspecto paródico de la novela, pero solo funcionaba una de cada dos veces. Cuántos efectos fallidos, cuántas intenciones que no llegaban a la pantalla… Yo era entonces demasiado sistemático. La película brillaba, sorprendía, pero le faltaba un auténtico ‘tempo’, una respiración natural». Pasado el tiempo, Malle veía de esta manera autocrítica su película. No es de extrañar porque pasado más tiempo, ya 55 años desde su realización, hoy ‘Zazie dans le Métro’ nos resulta un filme que ha envejecido mal, lleno de recursos gratuitos, demasiado apegado a los tics de su momento. Paradójicamente, lo que mejor se conserva es un aspecto más ‘tradicional’: la configuración de su personaje protagonista, una Zazie de once años que sueña con viajar en el Metro parisino pero no lo logra porque está en huelga; o mejor, lo consigue pero no se ente-
Era algo provocador, imaginativo, respondía bien al aspecto paródico de la novela, pero solo funcionaba una de cada dos veces Philippe Noiret y Catherine Demongeot, en una escena de ‘Zazie dans le Métro’.
ra porque, agotada al final de sus trepidantes aventura ras en tan solo 36 horas, va p plácidamente durmiendo. U Una Zazie que nos asombra ccuando, mirando a la cámarra en el último plano, conffiesa que siente que «ha env vejecido» en ese tan breve v viaje… Una Zazie unida a lla inolvidable figura y pelo a lo ‘garçon’ de Catherine Demongeot, que apenas continuaría su carrera cinematográfica para dedicarse después a la enseñanza de la economía y la informática. P Pese a las modificaciones que Malle y Rappeneau habían efectuado sobre su novela (como la supresión del narrador, la sola sugerencia de elementos homosexuales en la relación entre el tío Gabriel y su mujer o una cierta infantilización del personaje de Zazie), Queneau se mostró muy satisfecho de esta adaptación. También porque le abrió a la popularidad entre el gran público, después de que consiguiera el prestigio entre las élites con la que probablemente sea su obra maestra: ‘Ejercicios de estilo’, editada en 1947. Y, sin duda, porque pese a que sus dominios fueran los literarios, siempre estuvo fascinado por el mundo del cine. Pero no ya porque otras de sus novelas, como “Le Dimanche de la vie”, fueran asimismo llevadas a la pantalla, sino porque intervino directamente en la creación de diversos filmes. De hecho, llegó a dirigir un cortometraje en 1950, ‘Le Lendemain’, por encargo de Henri Langlois, director de la Cinemateca Francesa. Y colaboró en los guiones de otros varios cortos, con especial resonancia en ‘Le chant du Styrène’, de Alain Resnais, que recogía la fabricación del plástico y para el que Queneau escribió un texto en off nada menos que en versos alejandrinos. Y, por lo que nos toca, debemos destacar que estuvo junto a Buñuel en el guion y los diálogos de ‘La Mort en ce jardin’, de rodaje muy dificultoso en México y filme nada apreciado por su director. Aunque sí guardase un recuerdo cariñoso hacia Queneau, según manifestó en su día a José de la Colina y Tomás Pérez Turrent: «Era un hombre de talento. Se le ocurrían soluciones que sirven de ejemplo de lo que es buen diálogo cinematográfico. Queneau era un escritor excepcional, con mucho sentido del lenguaje hablado. Había sido surrealista, pero cuando yo ingresé en el movimiento, él ya no estaba. Lo conocí precisamente al hacer esta película. Como guionista no le atraían las escenas demasiado fuertes. A mí tampoco». Palabra de Don Luis.
7
Sábado 21.11.15 EL NORTE DE CASTILLA
El sitio de las cosas E
l sitio de las cosas, ¿cuál será? El verdadero sitio de las cosas, a eso me estoy refiriendo. No sé si será descabellado pensar en esto pero a veces tengo la sensación de que hay otro orden, un orden diferente y secreto y fuera de nuestro alcance, en la manera de estar de las cosas, las pequeñas cosas del mundo diario con sus flagelos menudos como estiletes. Siempre dispuestas a buscar su emplazamiento propio –que no es el que nosotros, poco escarmentados y con tozudez de agrimensor altivo, tratamos de imponer para acomodarlas a nuestras prioridades–, se desmarcan sin avisar, vuelan con decisión minúscula, prefieren, en último término, desaparecer antes que rendirse a las servidumbres extrañas de los hombres. Y entonces se pierden, se pierden para siempre. Y si no, ¿cómo es posible que ocurra eso? Unas tijeras que juro que estaban aquí pero que ya no están, un imperdible que traiciona su propio nombre y se extravía sin salir de la íntima oscuridad revuelta de un cajón, una fotografía a la que nunca prestamos demasiada atención –nos bastaba con verla tirada ahí, mirándonos de frente en su
mudez de blanco y negro– y que, tal vez cansada de nuestra indiferencia, emprende por su cuenta un viaje sin retorno hacia quién sabe dónde. Y es entonces, cuando la empezamos a añorar, cuando más la necesitamos mirar porque, ya sabemos, la necesidad de las cosas se fortalece a menudo justo cuando desaparecen. A lo mejor desaparecen para eso, para estar por fin cerca de nosotros, que no las merecimos cuando pasábamos a su lado sin detener el corazón lo suficiente delante de ellas. Es como aquel verso de Paul Celan que leí una vez y ya hizo callo seguro en mí para siempre: «Tú estás tan cerca como si no estuvieras aquí». El sobresalto de la contradicción esconde, sin embargo, una de esas verdades que sobrepasan la lógica de los hombres: la distancia es también un itinerario para la cercanía. Pues sí, es posible que las cosas, cada una de ellas, sepan exactamente cuál es el sitio que tienen que ocupar en el mundo. Y al menor descuido se desmandan para guardar fidelidad a ese lugar. Su verdadera estancia. Nosotros, pobres, las damos por perdidas y lamentamos ese extravío o culpamos con triste obstinación a unas manos ajenas; abrimos la alacena y
vemos con nitidez –¡ahora sí!– el hueco que ha dejado el frutero familiar con su loza desportillada, vemos mejor que nunca su forma en su falta, como esas siluetas funestas de tiza que contornean al cadáver en las películas de policías. Igual que el verso increíble de Celan, las cosas solo regresan para estar cerca cuando ya se han ido definitivamente. Las personas también lo saben: se hacen visibles cuando no están. Y luego están los muertos, ¿adónde se irán, en realidad, los muertos? ¿Cuál es el sitio de los muertos? Se van sin avisar, por ejemplo, y entonces los vivos nos volvemos locos
CEREZAS EN EL ESCONDITE TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO
haciendo acopio de todo lo que podría devolvérnoslos por un rato: escritos suyos, objetos personales, regalos que un día nos hicieron y ahora no aparecen… Emprendemos la búsqueda, pedimos ayuda a otros familiares, revolvemos lugares en pos de eso a lo que fuimos indiferentes y que ahora, de pronto, se nos ha vuelto indispensable. Inútil tarea. Porque es muy posible que quien ha desaparecido se lo haya llevado con él, haya entrado una noche y en el sigilo de la casa se haya hecho con esa carta, con ese libro, con aquella fotografía y, a modo de venganza silenciosa, la haya arrebatado para siempre. Pero volvamos a las cosas, a sus juegos de quita y pon con nosotros. El poeta Muñoz Rojas, el último delicado, escribió ya al final de su vida ‘Objetos perdidos’, un libro en el que abandona el clasicismo virtuoso de otros anteriores y entra en un registro conversacional a hablar de eso, de las cosas que en la vejez se van perdiendo, se van olvidando: las gafas, el audífono, las llaves, un paraguas… Pero también eso otro: perder el hilo, el tiempo, la cabeza, las ocasiones, los nombres de las personas. Sin renunciar al fondo confesional de toda su obra
Es posible que las cosas sepan cuál es exactamente el sitio que tienen que ocupar en el mundo Los muertos se van sin avisar y entonces los vivos nos volvemos locos haciendo acopio de todo lo que podría devolvérnoslos
(como Francisco Pino, Muñoz Rojas fue hombre de personales convicciones religiosas), en estos últimos poemas el autor malagueño ironiza deliciosamente a propósito de esa catarata de olvidos menudos que nos va asediando a partir de determinada edad. En tono zumbón y con esa libertad que otorga el no haber deseado nunca ocupar demasiado espacio, Muñoz Rojas habla de las cosas, de las cosas cotidianas que escapan de las manos, de su sitio verdadero («Lo malo no es que se nos pierdan, / sino que no sa-
bemos dónde se nos pierden / tantos objetos perdidos como se nos pierden; / un montón de objetos perdidos es la vida»). Y así, como un almanaque de pérdidas cuya vicisitud es aceptada con dulce comprensión por el poeta, nos deja Muñoz Rojas esta lección última sobre el sitio de las cosas, sobre su desaparición nunca comprendida del todo por nosotros, sobre la fragilidad con la que, en definitiva, hemos de encararnos cada mañana a la vida. Él lo deja sentado en estos versos que parecen sacados así, a paletadas, de la memoria espontánea o de una rememoración desordenada: «Hoy le tocó al paraguas. / Mejor que te lo lleves, por si acaso, / está que si sí, que si no, de todos modos / nunca estorba un paraguas por si llueve. / Por favor, señorita, soy señora, / por favor, alguien ha visto, olvidado / un paraguas en estas mesas? Eso / Seguridad lo sabe. Quién es Seguridad? / He dicho Seguridad, Seguridad he dicho. / Dónde se encuentra? En cualquier parte, / porque Seguridad está por todas partes. / Yo busco un paraguas simplemente / que esta mañana se me escapó. / Puede un paraguas escaparse y perderse / entre autobuses, entre corazones? (…)».
8 LA SOMBRA
Sábado 21.11.15 EL NORTE DE CASTILLA
DEL CIPRÉS
Luis Antonio de Villena
EL ESCRITOR EN SU BIBLIOTECA
‘El Satiricón’ Petronio
Biblioteca Clásica Gredos
«Lo leí de adolescente, y no sólo me fascinó sino que pensé que era una novela muy moderna. Fue el inicio de mi afición al mundo clásico, una novela griega, escrita en latín, que leí muy jovencito».
Libros en rústica y en piel, en un rincón decorado. :: J. M.
‘Proyecto para excavar una villa romana en el páramo ’
Luis Antonio de Villena JESÚS MARCHAMALO
M
e contó, hace ya tiempo, un truco que utiliza para ampliar la capacidad de los estantes. Consiste en hacer tres filas en las librerías donde el fondo lo permite: una primera, en vertical, pegada a la pared sobre la que se pone, ocupando el hueco entre los libros y la balda de arriba, tumbada, una segunda fila. A éstas, añade Luis Antonio de Villena (Madrid, 1951), la tercera, delante, puesta en horizontal y cuidando de que no tape del todo los lomos y permita ver parte al menos del título o el nombre del autor. Pero reconoce, resignado, que en esta biblioteca suya que crece año tras año desmesuradamente, y se extiende voraz sobre las mesas y las sillas del comedor –«he perdido tres últimamente», se lamenta, «ocupadas por los libros de arte»–, ya ni el truco de las tres filas funciona: la de delante tapa las otras dos con lo que hay que retirarla completa, y a veces la de al lado, para buscar un libro que con irritante frecuencia no aparece. Se cuenta que una vez vino a ver la biblioteca su amigo el malogrado Leopoldo Alas, a quien le preguntaban después de la visita –¿Bueno, y qué? A lo que Alas, escueto, respondía. –Muy bien, lo tiene todo. Porque hay algo, es verdad, de desmesura en esta biblioteca; un fulgor de gabinete de prodigios, de bazar de exotismos: primeras ediciones y libros dedicados, y otros encuadernados en plena piel, elegantes como para un baile de
gala. Clásicos y modernos, juntos en los estantes, novedades en rústica y ediciones antiguas encajadas, como un tetris, en un sobrio tapiz abigarrado que comparten sólo con minerales, figuras de porcelana de biscuit y un muñeco de Wilde articulado –chaleco verde, bastón, levita oscura–, que le regaló, una vez, Javier Marías. Los lomos, eso sí, meticulosamente alineados, marciales, en las estanterías porque tiene la manía, casi obsesiva, de que sus libros puedan verse rectos todos, en línea. Y me cuenta cómo de niño le gustaba comprobar que lo estaban y cómo se levantaba a veces, en pijama, sólo para constatar, guiñando un ojo, como un maestro de obra, la perspectiva. «Soy muy metódico y cuidadoso con los libros», afirma. «Y nada me disgusta más que alguien coja uno y lo deje fuera de su sitio, o lo coloque mal, así que prefiero hacerlo yo. Siempre digo a quien viene: dime qué libro quieres y yo te lo doy».
Visor
«Es muy difícil para un autor elegir un libro suyo, me quedo con éste que no sé si es el mejor, tampoco es algo que me corresponda decir a mí, pero sí es el que siento más cercano».
‘El Hereje’
Miguel Delibes Destino
«Creo que es una de las mejores novelas de Delibes, y es un libro que me envió dedicado él mismo, y que fue el inicio de un intercambio de cartas y notas entre los dos, con lo que para mí tiene ese encanto añadido».
La biblioteca giratoria Sirve el sofá, al menos el respaldo, de acomodo provisional –Leopardi, Conan Doyle, Eliot– de esos libros en tránsito que no sabe si conservará o no y que esperan la decisión, tres o cuatro montones, como en el purgatorio. Al lado, un pequeño librero giratorio –Darío, Cernuda, Piglia–, coronado también por tres torres de libros y un cuenco con media docena de lápices y clips, y que podría ser de malaquita. Ahí está Blasco Ibáñez, encuadernado en rojo, con tejuelos, y Gabriele D’Annunzio, junto a Conrad, Machado y Marquina, por ejemplo, de quien saca, casi al azar, un ejemplar de ‘Almas anónimas’, tapas verdes y cortes decorados, que devuelve a su sitio, no sin dificultad, como quien
ensamblara la última pieza de un complejo engranaje. En las estanterías, clásicos griegos, latinos –Horacio, Séneca, Propercio–, junto a Shakespeare, Quevedo, Lope o los ‘Sonetos’ de Góngora. Hay un cuarto, al lado, sólo para los libros. Una silla, una pequeña mesa circular en el centro, una alfombra y el resto, en todas las paredes, del suelo al techo, libros: poesía contemporánea y novela –Javier Marías, entero, mucho Trapiello–, sin un orden preciso –«nunca alfabético, por favor», dice–, sino regido por secretas afinidades, casualidad, a veces: Espronceda, Zorrilla, Keats, Nerval, los ‘Epi-
sodios Nacionales’ de Galdós y una zona, cerca del balcón casi siempre cerrado, dedicada a Oscar Wilde. «Fui un niño solitario, sin muchos amigos, muy refugiado en la lectura, y cuando leí la biografía de Wilde de Sebastián Juan Arbó, todavía adolescente, me encontré con alguien muy parecido a mí, y a quien habría querido conocer, de modo que tengo, sí, muchos libros de Wilde y sobre Wilde; lo he leído, he escrito sobre él, y todo ha sido para pagarle lo que él hizo por mí». Cerca, al lado de un cartel que amenaza de excomunión, como el ángel de la espada flamígera, a quien ose enajenar
9
Sábado 21.11.15 EL NORTE DE CASTILLA
Gabinete de prodigios
Villena posa entre los abarrotados estantes. En las imágenes pequeñas, libros dedicados, un retrato, adornos y otros detalles de su biblioteca. :: JESÚS MARCHAMALO
algún volumen, literatura italiana –Baricco, Buzzati, Italo Svevo–; anglosajona –Melville, Byron, Poe– y francesa; mucho Proust, algo de Houellebecq y de Céline, del que me muestra un libro con un dibujo original, y una larga dedicatoria autógrafa. Porque colecciona Villena, desde hace años, libros dedicados. Muchos de ellos a él –como ese en el que su amigo Guillermo Cabrera Infante, a finales de los años setenta, le escribió: «Casi de entre los muertos, para un poeta que está entre mis seres queridos, ¡Viva Villena!»–, y otros muchos que ha ido comprando por catálogo, en subastas o en
librerías de viejo: Neruda, y su caligrafía altisonante, frecuentemente escrita en tinta verde; Josep Pla con su letra picuda y angulosa, oscura, como de sismógrafo, o una edición de bibliófilo, en inglés, de ‘The Nightmare Notebook’, numerada y firmada por su autor, Henry Miller.
Un sello con un gato Muchos de los libros, con su nombre en la página de cortesía, la ciudad y el día en que los compró o se los regalaron, porque conserva la costumbre, tal vez algo escolar, de firmarlos, como quien toma posesión de un territorio. «Tengo también un sello, un exlibris con un
gato, pero soy muy perezoso, así que hay algunos libros que lo tienen, pero la mayoría no». Me fijo en Martín Gaite, Aldecoa, Caballero Bonald –‘Copias del natural’, ‘La costumbre de vivir’, o ese ‘Dos días de septiembre’ que tiene dedicado: «A Luis Antonio, tan querido durante tantos años, con mis muchas gratitudes y mis muy especiales cariños»– y Jaime Gil de Biedma, todo lo nuevo, dice, porque lo antiguo está en la otra casa. «Leí sus ‘Poemas póstumos’ en la universidad, y luego le conocí», recuerda. «Le traté mucho, y fuimos muy amigos, él viajaba a Madrid con frecuencia, porque era un alto ejecutivo de la em-
presa de tabaco de su familia, salía mucho de noche y nos veíamos». –«Villena, escribes demasiado», le dijo un día. A lo que Villena contestó: –«Yo vivo de escribir, así que tengo que escribir mucho. Pero luego, por la mañana, me iré
Porque hay algo de desmesura en esta biblioteca; un fulgor de gabinete de prodigios, de bazar de exotismos...
a dormir, y tú tendrás que irte a trabajar». Y caigo de repente en que ha hablado de otra casa, a la que, efectivamente, vamos, cerca, donde vivía su madre, y que también está completa, fatalmente tomada por los libros. Un escenario casi de almoneda, de almacén de museo, donde improvisa un inventario apresurado, necesariamente incompleto, de títulos y autores, cuadernos y papeles, fotografías –una de Aleixandre, en su casa de la calle Velintonia, otra de Gil Albert–, un dibujo de Alberti, enmarcado, al lado de una carta, enmarcada también, de Verlaine, y más libros: en monto-
nes, cruzados, en las baldas y sobre los aparadores; primeras ediciones, Cernuda, Valle-Inclán y Ramón, dedicado, con su inconfundible tinta roja y sus palabras inmoderadas: admiración, fervor, máximo afecto… Y ahí lo dejamos. Nos mira desde un rincón, extravagante, medio oculta tras un montón de libros sobre un cubrerradiador, una lechuza que tuvo de joven y que mandó disecar cuando murió –plumas blancas, y alas color café, el cuello desproporcionadamente largo–, con sus ojos de cristal verde, curiosos y sorprendentemente vivaces. No me acuerdo de cómo se llamaba.
10 LA SOMBRA
Sábado 21.11.15 EL NORTE DE CASTILLA
DEL CIPRÉS
La mala hierba D
esde hace años vuelvo con frecuencia a los textos de Lu Xun. Me pregunto por qué lo hago, por qué me atrae, por qué puede atraernos aquí y ahora. Se le suele considerar fundador de la literatura china moderna –nació en 1881, como Juan Ramón Jiménez, y murió en 1936, como Valle-Inclán–, agente decisivo del cambio que llevó a los escritores a usar la lengua hablada en vez del chino clásico, divulgador de la literatura occidental a través de decenas de traducciones. A pesar de esto y de su mitificación como héroe nacional por la República Popular desde 1949, no resulta evidente para un lector extranjero cuáles sean los componentes de esa modernidad; tampoco los perfiles de su figura. El ensordecido cuadro de una vida cerrada, ahogada por el peso de los ritos y costumbres que la tradición confuciana fue tejiendo como soporte de la opresión y la miseria social, la disciplinada docilidad de la gente para rechazar cualquier asomo de diferencia, la irrespirable trampa de la vida familiar…, más casi un siglo de distancia, hacen sentir ese tipo de extrañeza que, asociándose a lo pintoresco o lo exótico, esteriliza, convierte en vacío y ajeno un texto. Quizá sea, sin embargo, el modo en que, en esa masa verbal espesa, se intuye un hilo personal, el espejo de una mirada distinta, lo que de golpe nos abre la lectura y nos atrapa. Los personajes que se ponen enfermos, y el esfuerzo baldío de sus familias para encontrar un médico o para conseguir los remedios que prescribe; la muerte como la irrealidad que suspende el curso cotidiano. Los hombres aún jóvenes de alguna gran ciudad del Norte, donde el anonimato relaja las normas, que, al volver a la cuna de su familia, rural, sureña, encuentran en la vigencia del pasado la irrealidad de lo que en la vida urbana creían el presente. Las mujeres que quieren para sí criterios humanos, adultos, cierta posibilidad de decidir, una forma de justicia o merecimiento adquirida por el trabajo, y se ven reducidas a ser bestias de carga y reproduc-
toras, sin explicaciones ni razón, excluidas de esa condición humana que, irrealmente al parecer, habían creído suya. Los que mienten, fingen, repiten discursos heredados; los que no perciben nada notable, hallan todo normal. La mirada personal es solo esto, ver algo de lo que ocurre: lo expulsado de la realidad que, en la textura de los relatos, tiembla con el pulso difícil de soportar de lo ‘real’. Y la escritura de Lu Xun contiene siempre un quiebro peculiar que conduce ahí. Es el quiebro de un punto de vista, la marca de unos ojos u oídos: «El viejo Shuan miró en esa dirección, pero no vio sino las espaldas de una multitud de hombres. Estiraban tanto el cuello que hacían pensar en patos sostenidos en el aire por una mano invisible». Alguien mira y el mundo le resulta opaco. Los personajes enfermos, pobres, fracasados, no vienen a los relatos de Lu Xun en el modo de la denuncia, ni por una selección de tipo ‘naturalista’; son siempre personajes que, en sus difíciles circunstancias, intentan ‘vivir’ y dejan la huella de su vínculo con el mundo, el empeño de su energía personal, son quienes miran. El relato surge para llamar la atención, para individualizarlos, para impedir que se disuelvan en el entorno, para que no sean ni se sientan –en términos de Luis Martín Santos– ‘tierra apenas modificada’. Y de pronto, aunque miran, sí, y lo hacen sin cesar, no pueden ver nada, la opacidad del mundo se les revela de un modo práctico, físico. El mundo es impenetrable, inasumible, y la vida es entonces el tiempo que sucede al desastre. Una muerte, una sentencia, una separación. Es el núcleo de la escritura de Lu Xun: donde lo existencial se manifiesta ferozmente social, político. El padre de Lu Xun, letrado empobrecido, murió cuando él era niño; como primogénito, era quien buscaba los estrafalarios remedios médicos. Abandonó la familia para ir a una escuela dedicada a los estudios extranjeros, sin ningún prestigio en el país, centrados en las ciencias modernas y los idiomas. Fue a Japón a estudiar Medicina y encon-
El escritor chino Lu Xun. :: EL NORTE tró allí, en la experiencia del menosprecio que le clasificaba como procedente de un país anquilosado, una vocación literaria y pedagógica. Fundó revistas, recorrió es-
TIENDA DE FIELTRO MIGUEL CASADO
cuelas y universidades, participó en los movimientos culturales y políticos de los agitados años 20 y 30 y sus entrecruzadas guerras civiles. Profesor de química y fisiología, profesor de literatura, militante sin partido, rector universitario y fugitivo sin solución de continuidad. Un perceptible hilo personal en el tejido de lo colectivo. ‘La verdadera historia de AQ’, con su singular pulso satírico, lleva a lo grotesco, ridiculiza el uso repetido de discursos que ocultan y falsean la realidad, que ponen las virtualidades de la lengua al servicio de la mentira y la conservación del sistema. En el implacable análisis de esta práctica, está para Lu Xun el corazón revolucionario, la energía de la escritura; y lo que, a la vez, la hace inasimilable para su tiempo; en sus últimos años conoció la eje-
cución de muchos compañeros (como los creadores de la revista ‘Nueva Juventud’, que también lo serían después del Partido Comunista), o el asesinato de veintisiete miembros de la ‘Liga de Escritores de Izquierda’ en Nankín en 1931. Él murió de tuberculosis, como su padre y muchos de sus personajes.
«Con su singular pulso satírico lleva a lo grotesco, ridiculiza el uso repetido de discursos que ocultan y falsean la realidad»
Es algo como la fórmula de Gramsci sobre «el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad». La negrura de sus textos y el empeño incesante de cambiar la vida. El protagonista del ‘Diario de un loco’ se cree rodeado de caníbales que lo acechan para comérselo, un poco como aquel personaje de ‘La bestia del corazón’, de Herta Müller, obsesionado por ‘los bebedores de sangre’ del matadero donde trabaja. Y eso traduce una forma agudísima, extrema, de soledad. Aunque siempre quede otra vuelta de tuerca, otro giro del discurso quién sabe si falseador o verdadero, si desesperado o esperanzado: «La vida, cuando deja de ser vida, se pudre y yo me alegro de que así sea porque su podredumbre me hace saber que no todo ha desaparecido». Abono para las prosas de ‘La mala hierba’.
LECTURAS
Sábado 21.11.15 EL NORTE DE CASTILLA
JORGE DE ARCO
C
omo un cromático abanico del alma, llega hasta el lector esta oportunísima antología de Clara Janés, que bajo el enigmático título de ‘Movimientos insomnes’, reúne una amplia muestra de sus cincuenta años de devota dedicación a la poesía. En el epílogo que firma la propia autora, ‘Enséñame a hablar, hierba’, recuerda: «¡Cuántas veces he contado que empecé a hacer poemas por la calle, al ritmo de mis pasos, y que era ese ritmo el que me movía a la palabra que, por tanto, nacía, de hecho, de mi biorritmo, hijo de la respiración –inspirar y espirar– a la que se ajusta el latido, fruto de la misma vida ya que esta es posible sólo gracias a dicho intercambio con el aire!». Y al hilo de sus palabras, es sencillo entender mejor, el poema que abre esta antología, ‘Primeros pasos, V’, incluido en la que fuera su primera entrega, ‘Las estrellas vencidas’ (1964): «De nuevo estoy/ lanzada a ser,/ sin tiempo./ Infinitos instantes/ delante de mis ojos/ me dicen/ que respiro./ Y me quedo/ en el aire,/ silenciosa,/ rodeada de luz,/ sin presentir siquiera/ algún vago destino…». Entre lo que fue y lo que no es todavía, entre la sabiduría y lo misterioso, entre lo racional y lo místico, entre lo erótico y lo celestial…, Clara Janés ha ido forjando una obra honda, plena de realidades simbólicas, de constante mudanza, en la que derrama el fulgor de una palabra iluminada, transformadora: «Ser o no ser/ y más allá del ser/
La poeta barcelonesa Clara Janés. :: BALLESTEROS-EFE
Esa luz abarcadora que no acaba ‘Movimientos insomnes’ reúne una selecta muestra de los cincuenta años de poesía de Clara Janés
MOVIMIENTOS INSOMNES Clara Janés. Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2015. 384 págs. 24€.
ese que yace:/ amor sin concreción,/ imposibilidad pura,/ tránsito,/ huida estática,/ cenital belleza,/ nada lo roza,/ cae y se eleva». Jaime Siles ha llevado a cabo un arduo proceso de selección para dejar constancia
de los textos más esenciales de la autora barcelonesa y transmitir el carácter unitario de una poesía que puede entenderse como canto de supervivencia. En su lúcida introducción, Siles incide en que la poesía
de Clara Janés es «siempre trascendente y se mueve en dos direcciones: de la trascendencia a la inmanencia y al revés»; además, cree que su decir es fruto «de un violento recogimiento, reconvertido en silencio y sereni-
dad mediante la sujeción de la escritura». Esa emoción contenida se manifiesta de manera acentuada en muchas de estas páginas, y corteja una y otra vez el alma lectora: «Cuanto la piedra calla/ descubre la luz:/
11
su corazón carnal,/ terso bocado/ para el deseo oculto de la oquedad,/ para los labios ávidos del espacio,/ el sorbo del infinito». Se recogen aquí y ahora poemas de veintinueve de sus libros, si bien, hay algunos de ellos que son inéditos y que corresponden a ‘Estructuras disipativas’ (2005 -2012). De todos ellos, al cabo, pueden extraerse gozosas y variadas lecturas, pues el verbo janesiano adquiere complicidades y tintes muy diversos, aunque su tamiz sea común y solidario a la hora de atravesar con precisión los pliegues semánticos de su personal cántico: «¿Quién ha puesto la azucena en la penumbra del abandono? ¿Anuncia el despertar de la voz? La diosa del alba se mantiene apartada y el dios danzarín es apenas visible en la densidad de esa trama de vacíos sucesivos. El caballo de hielo no puede morir, tampoco puede resucitar». De San Juan de la Cruz a Vladimir Holan, de Luis de Góngora a Johannes Bobrowski…, Clara Janes ha sabido beber y aprender de múltiples y heterogéneos maestros a los que ha entendido y asimilado de manera exacta. Después, su voz, su verdad lírica, han ido puliéndose y conformando un universo íntimo, balsámico, que atrapa y conforta. Este florilegio da fe de ello y de cómo la palabra poética puede ser a su vez, conocimiento y sensorialidad: «La red de luz/ abraza el mecerse lento/ de la música toda/ en el azul,/ para que tu pie baile/ la pura ligereza./ No saber;/ no saber sino la gravedad que huye./ Y también azul el horizonte de los ojos./ Cuando lloras eres el mar,/ cuando ríes eres el agua/ y esa luz abarcadora/ que no acaba».
12 LA SOMBRA
DEL CIPRÉS
LECTURAS
Sábado 21.11.15 EL NORTE DE CASTILLA
El traductor mirón Las palabras, metonimia de la vida JOSÉ GIMÉNEZ CORBATÓN
D
esde su mismo título, ‘El último mono’ es una novela que juega con el sentido, a menudo cargado de sobreentendidos, de alusiones certeras o vagas, de tradiciones superpuestas, de añadidos y de colisiones que ofrecen las palabras. El último mono es tanto la definitiva experiencia de desintoxicación que vive un adicto a la heroína, como el más insignificante desecho familiar, social o, referido a la conciencia individual, un sujeto inseguro. El narrador ejerce, además, la profesión de traductor. Y nos habla largo y tendido del carácter de su actividad. Quien persigue verter a una lengua lo escrito por alguien ajeno a él en otra diferente, se mueve en el terreno de la fidelidad, es obvio, pero también en el de la interpretación de aquello que le es dado conocer o manipular. A partir de ese análisis personal elegirá su versión. Si se enfrenta, como el narrador de ‘El último mono’, a un texto que juzga mediocre, in-
tentará por cualquier medio mejorarlo para no ser víctima de un juicio negativo por parte del lector que no conoce lo que le traslada en su escritura primera: evitará así que la culpa de su mala calidad le sea atribuida a él en vez de al creador. Esa misma sentencia la ejercemos ante cualquier hecho vivido. Si nuestro hijo es drogadicto, trataremos de saber en qué medida podemos sentirnos culpables de su error. Nos acusaremos antes de que lo hagan otros, o por el contrario buscaremos razones para eximirnos de presuntos errores, carencias o descuidos. Nos entregaremos al problema como el traductor, en realidad «un mirón», lo hace al texto que recrea: «Cada cosa, cada sentimiento, cada actitud, cada grupo», tendrá «un nombre en cada lengua y solo uno, aun a costa de encorsetar y empobrecer un poco la realidad, porque en caso contrario, ¿cómo podríamos estar seguros los traductores de acertar al pasar de una lengua a otra mediante un puente que únicamente puede estar constituido por una palabra en cada lengua, y solo una?» En nuestra vida, sobre todo en los aspectos en que intervienen los sentimientos de cualquier cla-
Voces
C
icatrices en los tobillos’ es el último poemario salido de la cabeza lisa y brillante de Manuel González. Tal vez de algo más intenso: las tripas, las venas. Revueltas, a veces, unas, inflamadas las otras, por una mirada que ve, comprende, comprende demasiado bien, pero no alcanza a explicarse tanto desatino. El aliento contenido y luego expulsado en un burbujeo por una ira que apenas parece ira, que sólo alcanza a resolverse en testimonio.
El escritor Lluís Maria Todó, en una imagen de 2006. :: JULIÁN MARTÍN-EFE se, hacemos lo mismo: buscamos el término justo, el que se nos antoja verdadero, y creemos que no existe otro. Si el traductor es pues «el observador más atento de las infidelidades y otras variedades de villanía que cometen los personajes del libro que está traduciendo», resulta la representación perfecta del ser humano enfrentado a los giros más trascendentes que se planteen en su devenir vital. Lluís Maria Todó, veterano traductor a su vez, y autor
EL TALISMÁN DE LA COSTURERA CIRO GARCÍA
En cierta manera, la voz de Manuel en este poemario, es muchas voces. Las suyas propias –todos tenemos muchas voces; el conócete a ti mismo délfico es una imposibilidad que lleva al encuentro de una multitud vocinglera que se cree uno– y las de otros. Pero esta vez la mirada o miradas que impulsan esas voces, voz propia, se han abierto a lo exterior. Su anterior libro, Interiores, se titula, con acierto, estaba cimentado en la experiencia interior. O mejor, en la expulsión lírica de un
interior, de lo íntimo, a menudo dolida. En ‘Cicatrices en los tobillos’ no se pierde nada de esa intimidad, si no que más bien absorbe lo exterior, lo procesa, lo hace suyo, y lo proyecta de vuelta. Y sigue habiendo dolor, porque hay cosas dolorosas aquí afuera. Pero esta vez, la expresión, sobre todo de lo sentimental, lo sensual, está repleto de una cierta luz, de un gozo manifiesto.
de varias novelas escritas en catalán, vertidas por él mismo al castellano, juega a la autoficción al recrear un personaje que se mueve en un campo profesional que conoce. Escribe así una crónica novelada pletórica de humor sutil, en la que los asuntos serios –la vida de pareja, las elecciones sexuales, las dependencias– son tratados con distancia crítica, discursiva y al tiempo tenue, sin discursos morales fatigosos o pedantes. Recrea además una Barcelo-
Esa mezcla de gozo e ira es poderosa. Aunque quizás, más que de mezcla, quepa hablar de inserciones, de destellos. Hay poemas más ceñidos a un tema, pero en general, cada poema se parece más a una lluvia de ideas o diversas, que cambian de tono breves relámpagos, y vuelven al anterior, o no, o algo distinto. Como si estuvieran hechos, los poemas, de pensamiento: ya saben, esas vocecitas –que tienen todas el mismo tono y timbre que nuestra voz– interrumpen si cesar lo que nos empeñamos en definir como un flujo de discurso interno. El mismo libro es un saltar de una a otra idea, de uno a otro tema, temas que se reiteran, y se matizan, página a página, en un
EL ÚLTIMO MONO Lluís Maria Todó. Barcelona, Club Editor, 2015, 252 páginas, 20 euros.
diálogo –a veces de sordos– de las palabras, de los versos, consigo mismos. Pero además de la voz, las voces de Manuel, en ‘Cicatrices en los tobillos’ encontramos otras, las de los lectores. Incluso las de aquellos que nunca llegaran a leerle. En cierto modo es mi voz, la vuestra, la voz de muchos. La voz de un cansancio, de unas heridas –en los tobillos, quizás, la herida de Aquiles, mortal a veces, mutiladora casi siempre– que muchos llevamos, de un cinismo inocente que es lo único que se nos deja. Porque hay verdades o realidades impuestas, cantos publicitarios, triunfos de gráfica dentada, a las que sólo cabe responder con el descreimiento de Diógenes el perro. Y si
na que conoce bien, en particular la de los años setenta y ochenta, la de la burguesía bien instalada en torno al Ensanche, por un lado, y también la más popular y alternativa del Barrio Chino, hoy El Raval. El narrador nos descubre su texto a medida que lo escribe, tratando de dilucidar lo que sucede en torno suyo, y su íntima capacidad de comprensión. El lector asiste al nacimiento ficcional de la propia ficción que Todó nos brinda. Un aliciente añadido.
es en verso, tanto mejor. Una épica y lírica de los que pateamos las calles, escuchamos música y versos en los bares. De los que llaman trabajadores pero ven acercarse, o tienen ya encima, la condición de esclavos. Una épica de muchos contra la épica de unos pocos. Una épica de fin de mes contra la épica torticera de la macroeconomía –sea eso lo que sea–. La lírica de un poemario, que muchos deberían leer pero que solo leerran unos pocos, contra la narrativa falseada, invasiva, fea, de los medios comprados y vendidos. Un ejemplo: «Desde que se sacaron de la manga/ el truco del euro/ las grandes multinacionales se abrazan entre ellas/ un 60% más fuerte».
13
Sábado 21.11.15 EL NORTE DE CASTILLA
LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL
Deriva y naufragio amoroso La primera e interesante novela de Mireya Hernández imbrica sentido y escritura, simbología y percepción, emoción y contención
YOLANDA IZARD
A
lgunos escritores jóvenes, e incluyo a muchas jóvenes escritoras como Mireya Hernández, están haciendo cosas increíbles con las palabras, con las historias ficcionales, es decir, con la literatura en general y en concreto con la novela: deconstruyen y amplían sus materiales sin perder de vista su función principal, que es la de rasgar y la de contener: rasgar el alma y contener el estilo; experimentan y tantean sus componentes con un sentido común, narrativo y humano que los aleja de los huecos experimentos vanguardistas, de las angosturas del canon y de las propuestas lúdicas ajenas a la emoción; y han logrado, como Mireya Hernández, un equilibrio entre hibridismo y narración, estilo y contenido, eficacia e interés, emoción humana y ciencia, la sugerencia y lo explícito, entre la invención y la autoficción, la intensidad y la mesura, la cotidianidad y lo enigmático. Intuyen, como Mireya Hernández, que lo ameno es profundo si se calibran bien los materiales de que disponen. Mireya Hernández (Madrid, 1981), sí, ya lo he dicho, es sin duda una clara exponente de esta ola de libertad que ha tomado de sus padres el hibridismo y la fragmentación en la narrativa, ya más que aceptados y asumidos, para disponer en su primera novela un mundo propio, un mundo organizado en torno a una historia de progresiva pérdida del amor en una joven pareja, cuya relación se desintegra, como los meteoros, al contacto con la tierra, con la realidad de la convivencia, pero también con esos fantasmas interiores que pueblan toda alma. Sin embargo, la aguda intuición narrativa de la autora desposee a esta historia de sus in-
Mireya Hernández. :: E. N. gredientes tópicos y reconstruye, con mesura, naturalidad y vigor, el complejo abanico de elementos, sutiles o no tanto, que tocan a un naufragio de pareja, pero que es también individual, e incluso colectivo, pues afecta al entorno, o bien es el entorno el que se hace eco de él: en una feliz concurrencia de correlatos objetivos, de simbología y connotación, la vieja casa de la aldea oscense en la que comienzan a vivir tras abandonar Madrid y su «urbanita» vida viene a representar la tristeza y descomposición de su relación, que culmina con la tala de-
METEORO Mireya Hernández. Caballo de Troya, 2015. 272 páginas. 17,90 euros.
finitiva de su vida en común y de muchas de las certezas que les habían llevado a ella, no sin pasar antes por una explosión de su vida interior que se refleja también en sus propios cuerpos, en el entorno natural y en el propio universo: La Oliva, la aldea, «es el pájaro chocándose repetidamente contra la ventana de la cocina»; la casa se agrieta, se inunda, se desvencija, porque su historia «está escrita en el interior de la tierra», y la salsa verde que deben cenar está «estancada» en el plato; el cuerpo de la narradora refleja su angustia en el picor del cuero cabelludo, los bultos en el pecho, la caída del cabello; los sueños que se cuentan con increíble frecuencia acaban degenerando en pesadillas; el litonero pierde sus hojas y el herbario se seca; y, al fin, hasta el universo participa del hundimiento, pues con frecuencia la voz de la narradora es sustituida por el propio referente con reproducciones literales tomadas de la prensa o de wikipedia. «Los seres humanos somos parte de esa cuántica. Pertenecemos al universo. Estamos hechos de polvo de estrellas». No son elementos introducidos en la historia con calzador, aunque a simple vista algunos puedan parecerlo, pues, como he dicho, son símbolos de las heridas de la relación: «Me siento como un astronauta que se acaba de desconectar de la nave y ve que esta se aleja despacio». Al cabo, la novela sobrecoge por la hábil desaceleración del ritmo narrativo, por la contención emocional que aviva la sensación de realidad, por la adecuada disposición de elementos de la vida cotidiana, por esos fragmentos de fina sensibilidad poética que la trufan, por sus potentes símbolos, y porque todo en ella sugiere, en definitiva, la lenta pero inexorable corrupción de la vida tras un fracaso amoroso íntimamente unido a un espacio físico, rural, que es trasunto de la soledad del hombre y de la interrelación y volatilidad de todo lo existente.
Aventura medieval en Saldaña y Silos :: V. M. NIÑO El sombrío bosque medieval es un imán para los narradores. Corre la suerte de ser la edad histórica en la que el prejuicio del oscurantismo se impone a los esclarecimientos académicos. Y es precisamente ese desconocimiento, ese misterio sostenido, el que otorga un plus de atractivo a las obras de ficción que se cobijan en dicho marco temporal. Rocío Rueda, que ya ha atrapado a lectores juveniles en el Antiguo Egipto (‘El escarabajo de Horus’) y en la Antigua Grecia (‘El brazalete mágico’), nos lleva ahora a la Edad Media, desde su pueblo, Saldaña, hasta el Monasterio de Silos. Jimena es la heroína creada por la escritora palentina. Noble de cuna, huérfana de madre, con un padre al servicio de un rey que le tiene en el campo de batalla, la joven de natural inconformista no se resigna a ser la dama
que el destino quiere que sea. La orfandad se compensa con amigos fieles a su estirpe, lazos inquebrantables a pesar de las calumnias. De la valentía, la lealtad y la astucia habla este libro que combina desde su título el corazón, el sentir, con la espada, la acción. Jimena conoce los alrededores de su castillo, ha caminado por los regatos, ha observado la huella de las
EL CORAZÓN Y LA ESPADA Texto de Rocío Rueda. Anaya. 240 páginas.10 euros. A partir de 12 años.
estaciones en ese campo, ha recorrido los pasadizos que permiten vivir extramuros y volver a sus aposentos sin que nadie se entere. La lejanía del padre, la inseguridad política y la edad juvenil le abocan a un casamiento temprano. Todo se precipita y Jimena tendrá que huir. Ahí comienza su aventura. Saldaña, Navarra, Burgos y sobre todo Santo Domingo de Silos son los hitos en su épico viaje. Será en el monasterio benedictino donde encuentre el ansiado refugio, aunque deba travestirse, disfrazarse de muchacho. Allí aprenderá los misterios de botica, la más antigua del país, y del scriptorium. Rocío Rueda construye la narración sobre diálogos, buscando la conexión directa con el lector. La acción, previsible, se impone a cualquier otra consideración narrativa; apenas hay descripción de los lugares, de la arquitectura, del ambiente, son los personajes los que dominan las páginas. El leve aroma de época lo exhalan las actitudes de los protagonistas. Es esta una novela para asomarse al tiempo de los castillos y los señores.
El valor de la comunidad :: V. M. N. Especies diferentes, distintas formas de comer, de vivir, pero todos los animales se unen frente a la adversidad. Miguel Cerro ganó el VII Premio Compostela de Álbum Ilustrado con una historia clásica iluminada con audacia y arte. Tanto el trazo como el color distinguen la narración gráfica. Cerro otorga a los animales el dominio absoluto del ecosistema, apenas caracterizado en los fondos. La
lluvia es el primer reto. Los vecinos de nidos, oseras y guaridas se refugian juntos en una cueva. La inundación les obliga a organizar la búsqueda de comida y bebida. El más fuerte traerá el sustento, los pelícanos transportarán el agua. Llega la noche y el zorro sale a buscar luz. Las estrellas son demasiado altaneras pero no así las luciérnagas. El zorro, cargado de astucia y maldad a partes iguales en las fábulas, es aquí el soñador que anhe-
DESPUÉS DE LA LLUVIA Texto e ilustraciones de Miguel Cerro. Kalandraka. 32 páginas. 15 euros. A partir de 6 años. VII Premio Compostela de Álbum Ilustrado.
la lo imposible. Miguel Cerro contrasta magistralmente el mundo de día con el de la noche. De los pardos a los azules, de la necesidad a la culminación de este trabajo en grupo. Excelente álbum para primeros lectores.
14 LA SOMBRA
Sábado 21.11.15 EL NORTE DE CASTILLA
DEL CIPRÉS
H
ace unos años dediqué esta sección al «disparatado apogeo» de ‘el mismo’ y sus variantes, un uso en el que el pronombre actúa como anafórico, es decir, que se refiere a un elemento mencionado con anterioridad en el discurso. Son ejemplos de este uso ‘Se prohíbe la venta y suministro de bebidas alcohólicas a menores de 18 años y su consumo por los mismos’; ‘El acuerdo será firmado por el titular del órgano o el representante de la entidad que suscriba los mismos’; ‘Los agentes forestales estudiarán el tamaño real de esta nueva población con el fin de averiguar la viabilidad de la misma’ o ‘La furgoneta quedó destrozada y las personas que viajaban en la misma fueron trasladadas a hospitales de la provincia’. Hace más de cuarenta años, en el ‘Esbozo para una nueva gramática de la lengua española’ (1973: § 2.5.8.b), la RAE ya condenaba este uso tildándolo de «vulgar y mediocre» y ofrecía soluciones alternativas. Decía lo siguiente: «Conviene llamar la atención sobre el empleo que la prosa administrativa, periodística, publicitaria, forense y algunas veces la prosa técnica hacen hoy del anafórico ‘el mismo’, ‘la misma’, por considerarlo acaso una forma explícita y elegante. Pero no pasa de vulgar y mediocre, y cualquiera otra solución: pronombre personal, posesivo, etcétera, es preferible: ‘Fue registrado el coche y sus ocupantes’ (no: los ocupantes del mismo); La fecha es ilegible, pero se lee claramente su firma debajo de ella (no: debajo de la misma); Trazado y apertura de hoyos (no: trazado de hoyos y apertura de los mismos)». Advertencia y soluciones que parece que cayeron en saco roto en su momento porque once años después, en 1984, Fernando Lázaro Carreter dedicó un «dardo» a este «modo novísimo de hablar y de escribir» (recogido en ‘El dardo en la palabra’, 1997). Con más sarcasmo que ironía, motivado por el «admirable apogeo
USO Y NORMAS DEL CASTELLANO MARÍA ÁNGELES SASTRE PROFESORA DE LENGUA ESPAÑOLA EN LA UVA
EL INSOPORTABLE ABUSO DE LA ‘MISMITIS’
Más normas y recomendaciones para el uso correcto del castellano. Envíe sus consultas a: elcastellano. elnortedecastilla.es
de ‘el mismo’, ‘la misma’, ‘los mismos’ y ‘las mismas’», se preguntaba qué había ocurrido once años después del toque de atención de la RAE. La respuesta no tiene desperdicio: «Pues que el plaguicida obró como si fuera abono, y que esos cardos borriqueros, sanamente nutridos por la prohibición, invaden todos los rincones de nuestra lengua». A día de hoy puedo afirmar que las cosas no han mejorado a pesar de los toques que contra este uso anafórico vienen dando los manuales de estilo y las publicaciones que tienen como fin el buen uso de la lengua. El ‘Diccionario panhispánico de dudas’ (2005) desaconseja su uso: «A pesar de su extensión en el lenguaje administrativo y periodístico, es innecesario y desaconsejable el empleo de ‘mismo’ como
mero elemento anafórico, esto es, como elemento vacío de sentido cuya única función es recuperar otro elemento del discurso ya mencionado; en estos casos, siempre puede sustituirse ‘mismo’ por otros elementos más propiamente anafóricos, como los demostrativos, los posesivos o los pronombres personales». Y la ‘Nueva gramática de la lengua española’ (2010: vol I, § 16.6o) recomienda no abusar de esta construcción y sustituirla, cuando sea posible, por otros elementos anafóricos como un pronombre personal, un posesivo o un demostrativo». Les confieso que tengo una especial fijación con este uso y que me altera el abuso de esta construcción en prácticamente todo tipo de textos. ¿Es que a quien escribe –porque nadie habla así salvo que esté leyendo– se le ha olvidado que existen los pronombres personales, los posesivos y los demostrativos? Pero el colmo del abuso de esta construcción –el insoportable abuso– es que ‘el mismo’ y sus variantes pierdan el referente y el lector no sepa qué elemento del discurso, ya mencionado, ha de recuperar. El otro día leí en la prensa una noticia sobre la participación de conventos de Valladolid y Palencia en la III Feria ‘Dulces conventos’ (así rezaba el cartel, y no ‘Dulces y conventos’, como ha aparecido en las noticias). En la noticia había dos ‘perlas’. En la primera (Las distintas pastas y dulces que elaboran los conventos destacan tanto por la calidad de las materias primas como por la elaboración de las mismas sin conservantes ni productos químicos), ¿acaso el referente de ‘las mismas¬’ es ‘las materias primas’? Y en la segunda (Al ser comunidades de clausura las religiosas no podrán estar al frente de los diferentes puestos, por lo que la venta de los mismos se llevará a cabo por voluntarios de la Cofradía de las Angustias), ¿es que se vendían puestos y no dulces? Tanto va el cántaro a la fuente...
LOS LIBROS MÁS VENDIDOS EL CORTE INGLÉS VALLADOLID
OLETVM VALLADOLID
CERVANTES SALAMANCA
MARGEN VALLADOLID
FICCIÓN
FICCIÓN
FICCIÓN
FICCIÓN
El regreso del catón. Matilde Asensi (Planeta)
El papiro del César. René Goscinny (Bruño)
Los besos en el pan. A. Grandes. (Tusquets)
Los siete reyes de beato.. S, Pérez Chirinos (Gatón)
No me dejes. Máxim Huerta (Espasa)
El secreto de la modelo... E. Mendoza (Seix Barral)
Mortadelo nº 179 ¡elecciones! F. Ibáñez (Ediciones B)
El papiro del César. René Goscinny (Bruño)
Lo que no te mata te hace... David Lagercrantz (Destino)
Mortadelo nº 179 ¡elecciones! F. Ibáñez (Ediciones B)
El regreso de Catón. Matilde Asensi (Planeta)
Mortadelo nº 179 ¡elecciones! F. Ibáñez (Ediciones B)
La chica del tren. Paula Hawkins (Planeta)
Vieja escuela. Jeff Kinney (Molino)
Hombres desnudos. A. Giménez Bartlet (Planeta)
El secreto de la modelo... E. Mendoza (Seix Barral)
El cártel. Don Winslow (RBA)
Los besos en el pan. A. Grandes. (Tusquets)
No me dejes. Maxim Huertas (Espasa)
La Guerra Civil contada... A. Pérez-Reverte (Alfaguara)
NO FICCIÓN
NO FICCIÓN
NO FICCIÓN
NO FICCIÓN
El diario de Lola. Elísabet Benavent (Aguilar)
La Guerra Civil contada... A. Pérez-Reverte (Alfaguara)
La nueva educación. César Bona (Plaza & Janés)
Despertad al diplodocus. José Antonio Marina (Ariel)
333 historias de la transición. Carlos Santos (La esfera)
La guerra no tiene rostro... S. Alexievich (Debate)
Economía sin corbata. Varoufakis (Planeta)
Discutir Houellebecq. AAVV (Clave Intelectual)
Voces de Chernóbil. Svetlanta Alexievich (Debolsillo)
Destroza este diario Keri Smith (Paidos)
Mi mama me mima. Rubio (Espasa)
Diarios. Jaime Gil de Biedma (Lumen)
La magia del orden. Marie Kondo (Aguilar)
Plena Mente. Andrés Martín Asuero (Planeta)
Avaricia. Juan Eslava Galán (Destino)
El año de la peste. Arcadi Espada (Funambulista)
El tiempo entre suturas. Saturnina Gallardo (Plaza Janés)
Lego Star Wars. Enciclopedia de... AA VV (DK)
Árdenas. 1944. Anthony Beevor (Crítica)
Yo soy Malala. Malala Yousafzai (Alianza)
SANDOVAL VALLADOLID
LIBRERÍA DEL BURGO PALENCIA
SEMURET ZAMORA
PUNTO Y LÍNEA SEGOVIA
FICCIÓN
FICCIÓN
FICCIÓN
FICCIÓN
El secreto de la modelo... E. Mendoza (Seix Barral)
Una mujer de recursos. E. Forsythe Hailey (Asteroide)
Los besos en el pan. A. Grandes. (Tusquets)
El regreso del Catón. Matilde Asensi. (Planeta)
Los besos en el pan. A. Grandes. (Tusquets)
El regreso de Catón. Matilde Asensi (Planeta)
El secreto de la modelo... E. Mendoza (Seix Barral)
Judas. Amos Oz. (Siruela)
Cuentos completos. E. L. Doctorow. (Malpaso)
Tiempos de hielo. Fred Vargas (Siruela)
El regreso de Catón. Matilde Asensi (Planeta)
El Reino. E. Carrére (Anagrama)
Olor a piedras rotas. Galguera. (Fuente de la Fama)
La chica del tren. Paula Hawkins (Planeta)
La chica del tren. Paula Hawkins (Planeta)
La vida sexual de las gemelas... I. Welsh (Anagrama)
En Honor de la Quimera. Luis Díaz Viana. (Devenir)
Lo que no te mata te hace... David Lagercrantz (Destino)
El castillo de diamante. Juan Manuel de Prada (Espasa)
No me dejes. Maxim Huertas (Espasa)
NO FICCIÓN
NO FICCIÓN
NO FICCIÓN
NO FICCIÓN
TTIP. El asalto de las multinacionales... Guamán (Akal)
Emocionario. Romero/Núñez (Palabras aladas)
La Guerra Civil contada... A. Pérez-Reverte (Alfaguara)
La Guerra Civil contada... A. Pérez-Reverte (Alfaguara)
La Guerra Civil contada... A. Pérez-Reverte (Alfaguara)
Audrey en casa. Luca Dotti. (Cúpula)
Las cuentas y los cuentos... Borrell y Llorach (Catarata)
La otra cara del Caudillo. Ángel Viñas (Crítica)
El precio de la Transición. Morán (Akal)
Corto Maltés: Bajo el sol... D. Canales/Pellejero. (Norma)
La nueva educación. César Bona (Plaza & Janés)
La Historia de España que no... J. M. Carrascal (Espasa)
A pie de escaño. Garzón. (Península)
La Guerra Civil contada... A. Pérez-Reverte (Alfaguara)
Historia mínima de Cataluña. Jordi Canal (Turner)
Tierra negra. T. Snyder (Galaxia Gutenberg)
¿Para qué sirve (...) la economía? Etxezarreta. (Paidós)
Pensar es conversar. Manuel Cruz/Emilio Lledó. (RBA)
Despertad al diplodocus. José Antonio Marina (Ariel)
Mañana cuando me maten. C. Fonseca (La Esfera)
15
Sábado 21.11.15 EL NORTE DE CASTILLA
E
l título de esta Partitura hace referencia a la canción tan popular escrita por ‘Ferrusquilla’, más conocido en la vida real como José Ángel Espinosa, actor mejicano y compositor de canciones, y podría ser perfectamente un resumen de la existencia que suponemos estar viviendo y la aspiración de la que nos gustaría vivir. Pasamos el tiempo apresurados y espoleados por una angustia pretendidamente piadosa que parece que nos regala sus horas todas las mañanas pero en realidad se queda con ellas. No es que vivamos por delante de nuestra época o disfrutemos de una capacidad augural, es que tenemos una necesidad irrefrenable de ocupar todos los segundos del día para demostrarnos a nosotros mismos que estamos vivos y activos. A veces vamos solos, y en otras ocasiones llevamos un coche como quien pasea un perro y va pensando en otra cosa (y por eso parece que el coche o el perro lo llevan a él). Los relojes de todo el mundo tienen sus esferas llenas de gentes que madrugan o que no se han acostado todavía y esperan a que padres y madres preocupados preparen las mochilas de sus hijos con libros y bocadillos a modo de talismanes con los que se supone que podrán defenderse de los dragones que se encontrarán en el camino al colegio o en el colegio mismo. Quienes hayan tenido tiempo de leer el periódico comprobarán que la economía no es buena pero lo parece, que las decisiones que la están alterando permanentemente no se toman aquí y que además ninguna de esas decisiones tiene que ver con las personas o con el sentido común sino con las estafas permanentes o con las pirámides de Ponzi. A los que prefieren la edición digital, los espera la selva de los simpáticos y agudos psicópatas que todo lo critican y que opinan de la vida y de las personas desde el impune anonimato, respetado escrupulosamente por las propias publicaciones que albergan y publican sus detritos. Del mismo modo que la gente del campo aliviaba antes el cuerpo de mañanita en el corral, así los modernos Columelas nos enseñan dónde y sobre quién arrojar el estiércol que sus mentes estuvieron cuidando y volteando para que llegara a su destino calentito y lo más hediondo posible. Pasaron los
El tiempo que te quede libre
El actor y cantante José Ángel Espinosa, conocido como ‘Ferrusquilla’. :: EL NORTE tiempos del papel en que quien quisiese opinar había de pasar por la ventanilla de la identificación para hacerse responsable de sus opiniones y de sus actos... Todas estas cosas y muchas más se encuentra el ciudadano o el pueblerino (qué sentido más negativo sigue teniendo la denominación del que huye del bullicio de la vida urbana) que deciden levantarse de buena mañana impelidos por una ilusión densa como la niebla y como la niebla disipable. Lo que Horacio suponía que haría feliz al ser humano –el poder cultivar el campo heredado de los padres con una pareja de bueyes propia– es hoy tan imposible de alcanzar como la luna, y los negocios de los que el poeta romano aconsejaba huir han convertido al individuo de nuestro tiempo en esclavo de sus deseos sin posibilidad de manumisión. Las condiciones en las que Horacio basaba la dicha humana –estar libre de deuda como la antigua raza de los hombres,
no despertarse con el trágico bufido de la trompeta de guerra y no asustarse de las iras del mar– han cambiado, porque las deudas, las guerras y los mares que se tragan a despavoridos emigrantes se nos han hecho tan cotidianos como el comer o el respirar. En Méjico –lo comentaba al iniciar esta partitura–, llaman ‘Ferrusquilla’ a uno de los actores y compositores más respetados y queridos en el país azteca: José Ángel Espinosa. El apelativo le viene de la época de su juventud, cuando tuvo que interpretar un personaje de ficción, el capitán Ferrusquilla, que mantenía el interés de los niños en la cadena radiofónica XEQ. En esa cadena comenzó a hacerse más conocido de día en día gracias a sus interpretaciones y tuvo sus primeros contactos con quien durante un breve período de tiempo habría de ser su novia, Blanca Estela Pavón. El padre de ella, al ver que José Ángel estaba tan enamorado de su hija que se
pasaba las noches en pijama junto a su ventana, le dejaba entrar dos o tres minutos a verla antes de echarle hasta la noche siguiente. Después de formalizar las relaciones vivieron un tiempo de felicidad formando compañía hasta el día en que un contrato los separó a la fuerza: un empresario de Oaxaca, sin presupuesto para pagar a la compañía entera, decidió que fuese ella sola. En el viaje de regreso, el avión en que viajaba se estrelló y el pobre Ferrusquilla se enteró del trágico accidente mientras acompañaba a Jorge Negrete a San Luis Potosí... Parecería que estoy hablando de un desconocido si no fuese porque todos sin excepción hemos cantado –tristes o alegres, en solitario o acompañados–, alguna de sus canciones. Mencionaré las dos más populares, ‘Échame a mí la culpa’ y ‘El tiempo que te quede libre’. Solamente por esos títulos ya merecería José Ángel Espinosa pasar a la posteridad y recibir la con-
sideración de compositor más que notable. Su humildad y su bonhomía le dictan en la segunda un texto a través del cual sabemos que quiere ser generoso con la actividad y ocupaciones de su amada, a la que incluso anima a entregarse a tareas humanitarias, pero la súplica con que remata cada final de estrofa me recuerda la parábola del buen samaritano que alivió y ejemplarizó nuestras infancias: «el tiempo que te quede libre, si te es posible dedícalo a mí». ¿Y qué decir del otro tema, el de «Échame a mí la culpa»? ¿No podría servir de reflexión, si es que ello fuese posible, a la legión de maltratadores que a diario nos llenan de vergüenza y ensucian siglos de esfuerzos por mejorar de la humanidad entera?: «dile al que te pregunte, que no te quise; dile que te engañaba, que fui lo peor. Échame a mí la culpa de lo que pase, cúbrete tú la espalda con mi dolor, y allá en el otro mundo en vez de infierno encuentres gloria y que una nube de tu memoria me borre a mí». Pese a vivir en uno de los países que se consideran más machistas del universo, Ferrusquilla es un ejemplo vivo y una persona querida y admirada. A sus casi cien años confiesa haber compuesto cerca de 200 canciones y humildemente declara que, aunque no le tiene miedo a la muerte, preferiría seguir viviendo unos años más porque la vida es hermosa. Evidentemente lo sería si hubiese muchas personas como él, modesto, sencillo, recatado y siempre dispuesto a ayudar a los demás pese a haber sufrido pérdidas terribles como la de su hija menor, que murió al ser embestido su coche por una furgoneta que conducía un borracho imprudente. Quienes conocían a Ferrusquilla se sorprendieron de que Louis Malle le llamara para interpretar el papel del Dictador en la película ‘Viva María’. Como si hubiese cometido un crimen que nunca cometió, el pobre José Ángel aceptó dulcemente que los terribles focos del rodaje acabaran con su ya dañada vista. Cuentan que Jeanne Moreau, haciendo de samaritana buena y dedicándole el tiempo que tenía libre, se entretenía entre escena y escena en darle tiernas y cuidadosas friegas en los ojos a Ferrusquilla para que pudiese aguantar la siguiente toma...
LA PARTITURA JOAQUÍN DÍAZ
«Lo que Horacio suponía que haría feliz al ser humano es hoy tan imposible de alcanzar como la luna» «El pobre José Ángel aceptó dulcemente que los terribles focos del rodaje acabaran con su ya dañada vista»
16
LA SOMBRA DEL CIPRÉS
Sábado 21.11.15 EL NORTE DE CASTILLA
Director: Carlos Aganzo Coordinadora: Angélica Tanarro
D
ecía McLuhan que «el medio es el mensaje», dicho en otras palabras: el medio determinaría el mensaje, dándole o quitándole veracidad. Es sabido que Orson Welles consiguió aterrorizar a los neoyorquinos con un programa de radio en el que trasmitía el comienzo de la novela ‘La guerra de los mundos’ de George Wells como si fuese una noticia en directo. Un medio de comunicación serio, como era considerada la radio, transformó la ficción en realidad. El medio define el mensaje, pero también lo define el género, por eso una de las mejores maneras de alterar una ficción y darle apariencia de realidad es recurriendo a un género no ficcional, como puede ser el reportaje. Una de las películas más divertidas sobre el monstruo del lago Ness es la dirigida por Zak Penn, que lleva por título ‘Incident at Loch Ness’, y donde se cuenta la historia de un reportaje fallido que presuntamente quería hacer el director de culto Werner Herzog sobre el mítico monstruo, reportaje que se ve interrumpido por la aparición repentina y catastrófica de la bestia acuática. La primera vez que la vi, me dejó completamente fascinado y durante unos momentos de milagrosa obnubilación llegué a creer en la existencia del monstruo del lago Ness, en buena medida debido al formato que vehiculizaba la historia y a lo bien que se plegaba el director al género del reportaje. Gracias a este género, cada vez más utilizado para transmitir ficciones, y gracias sobre todo a Internet, están cobrando vida muchos mitos antiguos y modernos. Entre los mitos modernos el más frecuentado es el de los extraterrestres. Hay canales televisivos como History Channel que difunden prácticamente todos los días largos reportajes sobre los muchos adelantos que les debemos a los alienígenas ya desde la más remota antigüedad. Si decides verlos todos te puedes volver loco. El mismo canal difundió hace algún tiempo un reportaje sobre la existencia de las sirenas que conmocionó a muchos espectadores estadounidenses y que fue comentado en miles de blogs. Se trata de un producto muy bien elaborado en el que presuntos científicos nos hablan de los problemas que han tenido con los poderes estatales y los poderes fácticos de Sudáfrica y Estados Unidos por investigar la existencia «real» de las sirenas. Según el reportaje, las sirenas
MITOLOGÍAS JESÚS FERRERO
:: ILUSTRACIÓN IRENE GRACIA
Las sirenas son homínidos acuáticos con un código genético semejante al nuestro y un canto muy parecido al de algunos animales marinos. Las sirenas estarían biológicamente tan cerca de nosotros como lo pudo estar el hombre de Neandertal, y cazarían con venablos y con lanzas, si bien bajo el agua. La historia está tan bien tejida que llegas a sentir piedad
por esa especie tan cercana y tan lejana, que viaja por los océanos siguiendo a los delfines y a los cetáceos, con los que mantienen una estrecha relación y con los que pueden comunicarse directamente. El reportaje da a entender que se trata de una especie en peligro de extinción, de la que quedan muy pocos ejemplares cada vez más amenazados
«La edad de los mitos nunca ha quedado atrás, y más del 90% de nuestro pensamiento es, para bien o para mal, pensamiento mágico»
por el sonar que utilizan las fuerzas armadas y que los desorientan como a las ballenas. Dicho lo cual cabe señalar, como señala el mentado reportaje, que las sirenas pueblan nuestro inconsciente colectivo desde la más inalcanzable antigüedad, si bien no siempre tuvieron la misma forma. Los griegos, siguiendo a los egipcios, las convir-
tieron en una mezcla de mujer y de pájaro, y esas fueron las sirenas cuyo canto escuchó Ulises en su largo regreso a Ítaca, y los nórdicos les dieron forma de pez. La sirena nórdica fue la que empezó a triunfar a partir de la Edad Media y la que creyeron ver los conquistadores españoles en el Amazonas (al parecer la confundieron con el delfín de agua dulce). Decía García Gual que la modernidad ha sido muy pobre en mitos, pero no es eso lo que estamos demostrando en esta sección. Creo que uno de los problemas de los siglos XX y XXI es la sobreabundancia de mitos. La modernidad no solo ha creado cientos y cientos de nuevos mitos, también está resucitando, a veces de forma tremendamente ingeniosa, muchos mitos antiguos, gracias a los nuevos géneros narrativos y a las técnicas digitales. Las sirenas no dejan de ser un ejemplo más. La edad de los mitos nunca ha quedado atrás, y más del noventa por ciento de nuestro pensamiento es, para bien o para mal, pensamiento mágico: ese pensamiento que LéviStrauss vinculó a los pueblos «salvajes» y que sigue tan presente en nosotros como en las tribus aborígenes.