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Welles, cien años del genio

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Sábado, 23.05.15 Número CCV

SOMBRA CIPRES LA

DEL

Welles, cien años del genio Fue un cineasta único e irrepetible. Llegó al cine desde su amor a la palabra. Su obra sigue siendo un faro [P2]


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Rosebud o el «alma secreta» del poder J

orge Luis Borges, en una crítica publicada en agosto de 1941 en la revista ‘Sur’ de Buenos Aires, escribe que el tema central de ‘El ciudadano’ –título con el que apareció en las pantallas argentinas– es «la investigación del alma secreta de un hombre a través de las obras que ha construido, de las palabras que ha pronunciado, de los muchos destinos que ha roto». Y añade: «Me atrevo a sospechar, sin embargo, que ‘Citizen Kane’ perdurará como ‘perduran’ ciertos films de Griffith o de Pudovkin, cuyo

valor histórico nadie niega, pero que nadie se resigna a rever. Adolece de gigantismo, de pedantería, de tedio. No es inteligente, es genial: en el sentido más nocturno y más alemán de esta mala palabra». El genio de Orson Welles, efectivamente, tenía 23 años cuando extendió el pánico entre los vecinos de Nueva York y Nueva Jersey con su versión radiofónica de ‘La guerra de los mundos’, y 24 cuando firmó con George J. Shaefer, presidente de RKO, un contrato que nadie había conseguido antes en esa casa: libertad absoluta

CARLOS AGANZO

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en el guión, en la elección de actores, en el rodaje... incluso en el ‘final cut’, el montaje definitivo con el que la película aterrizaría en las salas de cine. Durante un tiempo pensó en llevar al celuloide ‘El corazón de las tinieblas’, el espectáculo teatral con el que trabajaba entonces al frente de los Mer-

cury Players; más tarde se inclinó por adaptar ‘The Smiler Whit The Knife’, de Cecil DayLewis, pero finalmente se decidió por escribir su propia historia, al lado de Herman Mankiewicz. Un guión original basado en la vida del magnate de la prensa William Randolph Hearst, en sus propias experiencias y en las de otros grandes del periodismo, como Harmsworth o Pulitzer, creando así uno de los personajes más imponentes de la historia del séptimo arte: Charles Foster Kane, el gran empresario que inició su carrera empuja-

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do por el idealismo y la filantropía y terminó convirtiéndose en una maquinaria de poder envilecida, desbocada y destructiva para todos; también para sí mismo. A pesar de la libertad formal que le otorgaba el contrato, las tensiones entre Welles y la RKO estuvieron siempre presentes. Empezando por los intérpretes, la mayor parte de ellos –incluido Joseph Cotten, que hasta la fecha no había rodado más que dos cortometrajes– pertenecientes a su compañía de teatro y completamente desconocidos, lo que chocaba de frente con el Star System, y terminando por la versión definitiva de la película, que sólo pudo realizarse cuando Welles aceptó las recomendaciones de los abogados de la productora para evitar que un pleito con Hearst pudiera impedir su exhibición. Las dos horas y dos minutos de la primera versión se quedaron finalmente en una hora y 59. La presión de los periodistas de Hearst, quien llegó a tener en propiedad 28 periódi-

Orson Welles. Cien años. El tiempo no ha apagado sus logros ni ha quitado brillantez a su marca. Fue un polifacético enamorado del séptimo arte, al que llegó con la inocencia de quien desconoce su manejo, pero con la fuerza de los verdaderos creadores

Palabras para un maravilloso tren eléctrico O

rson Welles siempre fue muy proclive a conversaciones y declaraciones con cualquier periodista que le rondase, y tal vez a causa de ello las razones y los hechos se enturbien en el caparazón de su leyenda. El poderoso cuerpo de Welles encontró un personaje a su medida en el Falstaff de ‘Campanadas a medianoche’, un pícaro entre sobras regias que va aliñando su vida con torrenteras de historias. Cuando sus compañeros de andan-

JORGE PRAGA

zas le gastan una broma disfrazándose de alguaciles que desbaratan un pequeño robo por él planeado, da la vuelta a su cobardía contando los hechos al revés: con su espada consiguió defender el botín ante dos enemigos, que pronto son cuatro, y luego seis, y ocho… hasta que los compin-

ches le desenmascaran poniéndose los disfraces de falsos alguaciles. No importa, Falstaff se repone inmediatamente diciendo que los reconoció desde el principio bajo las falsas capas, y que la última palabra de la broma le corresponde a él. * * * * De Welles, como de Falstaff, llegan respuestas a cualquier interrogante, también al lanzado por Juan Cobos y Miguel Rubio en una difun-

dida entrevista de 1965: ¿En dónde se originan los grandes descubrimientos y rupturas de ‘Ciudadano Kane’? «Se lo debo a mi ignorancia». El cineasta acababa de firmar el contrato más fabuloso que se conocía en Hollywood. No solo por las ganancias que le esperaban, sino sobre todo por el mando artístico que tendría sobre sus películas, que alcanzaba incluso al control sobre el montaje final. Pero el Welles que desembarca en 1938 en Los Ángeles era un artista sin ninguna relación

con el cine. Ni como espectador ni como actor o técnico de rodaje. Nada. Cuando a las pocas semanas de firmar el contrato con la productora RKO visita sus estudios, resume su excitación en la frase que luego le vistió como un mono de trabajo: «Este es el más hermoso tren eléctrico que un muchacho haya podido nunca soñar». En esas primeras semanas busca su capacitación en el visionado de películas que él, siempre lenguaraz Falstaff, resume en una: ‘La diligencia’ de John Ford: «Creo que la vi unas cuarenta veces». Los técnicos y guionistas de la casa le socorren en su primer proyecto, nada menos que una adaptación de ‘El corazón de las tinieblas’ de Joseph Conrad. La virginidad de su mirada se advierte en la solución que da a la enunciación en primera persona que arrastra la novela: rodaje completo con cámara subjetiva. Nunca se había probado ese recurso, seguramente por la pobreza narrativa que traería, y así lo demostró el fracaso de ‘La dama del lago’, rodada en 1942 con esa misma estrategia. * * * *


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cos de circulación nacional en los Estados Unidos, consiguió que las referencias a ‘Ciudadano Kane’ fueran escasas y que, a pesar de ser la sexta película en recaudación, al año siguiente ya no se proyectara más que en cines de arte y ensayo. En nombre de la industria, Louis B. Mayer llegó a ofrecer a RKO 805.000 dólares para que destruyera los negativos y todas la copias de la película. En la ceremonia de los Oscar, Welles y Mankiewicz consiguieron la estatuilla al mejor guión original, mientras que los premios al mejor director y a la mejor película fueron para John Ford, por ‘Qué verde era mi valle’. Sólo el redescubrimiento del filme en Francia, en 1946, y el reestreno de Estados Unidos, en 1956, consiguieron sacar verdaderamente a la luz el valor de esta película. Una película innovadora en todo –en los planos, en la estructura narrativa, en la iluminación, en la música, en la dirección de actores...– que, con el paso del tiempo, se convirtió en un título inscutible

entre las diez mejores películas de todos los tiempos. La bola de cristal con sus copos de nieve, que se hace añicos al caer de la mano del agonizante Kane, o el plano final del trineo ardiendo, entre los trastos inservibles del inmenso almacén de sus objetos personales, son parte de la gran mitología del cine y de nuestra cultura. «El señor Kane fue un hombre que tuvo cuanto quiso, y que lo perdió. Tal vez Rosebud fue algo que no pudo conseguir o algo que se perdió», dice Jerry Thompson, el periodista que trata inútilmente de reconstruir el «alma secreta» de este gran personaje del celuloide. La gran metáfora poética de lo fácil que es extraviar lo verdaderamente importante en la hojarasca de la vanidad y el exceso. El empeño imposible por mantener la inocencia y el paraíso del niño -¿dejó alguna vez de serlo Orson Welles?- en el mundo corrompido de los hombres. Sin duda el genio, en el más amplio y sobrecogedor sentido de la palabra. El genio y la figura.

Retrato de Orson Welles, en la década de los sesenta. :: EL NORTE

Contemplando los interiores matizados por la luz y sus personajes embriagados por el poder, es inevitable acordarse de la fuente del cine mudo que finalmente concentró en Hollywood su manantial: el expresionismo alemán de entreguerras que va desde Caligari a Mabuse. Sin embargo, si nos atenemos a sus declaraciones, poco de ello alcanzó a teñir su obra: «Si el expresionismo tuvo alguna influencia en mí, como aseguran los críticos franceses, y yo niego, sería a través del teatro alemán que vi cuando era niño. Vi las cosas de Brecht, Piscator y todos los demás antes de la subida de Hitler al poder. Pero nunca iba al cine cuando era niño. Jamás vi esas películas de Fritz Lang que se supone que influyeron en mi trabajo». * * * * Orson Welles llegó al cine montado sobre la palabra. Literalmente montado, ascendido por ella a su trato privilegiado en Hollywood tras haber atemorizado al país con su emisión radiofónica de ‘La guerra de los mundos’. Traía también un largo bagaje teatral a

pesar de contar con solo 23 años, con una suerte variada de montajes de Shakespeare, Bernard Shaw, Büchner. Sí, Welles venía desde la palabra leída por su poderosa voz, y agarrado a ella se subió al tren eléctrico del cine sin soltarla nunca jamás: «No entiendo cómo algunos se atreven a escribir la acción antes del diálogo. Sé que, en teoría, la palabra es algo secundario en el cine, pero el secreto de mi obra es que todo se basa en la palabra. No hago filmes mudos. Debo comenzar por lo que dicen los personajes. Debo saber lo que dicen antes de verlos hacer lo que hacen. Lo que sucede es que cuando se filman los componentes visuales, las palabras quedan oscurecidas». * * * * Welles intentó sin fortuna adaptaciones de muchas obras literarias: ‘Guerra y paz’, ‘Crimen y castigo’, ‘Cyrano de Bergerac’, ‘Salomé’, ‘La vuelta al mundo en 80 días’, ‘Ulises’… Si exceptuamos las rarezas inacabadas de ‘Mr. Arkadin’ y ‘The Stranger’, solo ‘Ciudadano Kane’ carece en su filmografía de raíz literaria. Armó el guion

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con la experiencia de Herman J. Mankiewicz, curtido en producciones para Spencer Tracy o Clark Gable, pero también colaborador de los primeros disparates de los Hermanos Marx. En su segunda película, más seguro de sí mismo, adaptó ‘The Magnificent Ambersons’ de Booth Tarkington. Si antes de la proyección se leen las primeras páginas de la novela el espectador no dejará de oír repetidas frases y situaciones. La voz del narrador va arrebañando palabras de las páginas de la novela, y esa voz no puede ser otra que la del propio Orson Welles, voz enamorada del texto y presta a concluir las imágenes que lo envuelven con su célebre proclamación final: «Yo he escrito y dirigido esta película, y mi nombre es Orson Welles». * * * * Con Fernando Rey en el festival de Cine de San Sebastián de 1973. :: EL NORTE

Antonio Ordóñez y Welles fotografiados por Paco Cano.

Las osadías visuales que jalonan ‘Ciudadano Kane’ permanecieron como rasgo de estilo en todas sus obras posteriores. Welles es contrapicado, gran angular, profundidad de campo, plano secuencia, énfasis sonoro, contraste lumínico. Welles es la gran espalda de su corpachón tapando la cámara, negando la transparencia del cine clásico. La gran pregunta es cómo envuelve con ese estilo ampuloso textos de procedencia tan diversa. Tal vez la ciudad kafkiana de ‘El proceso’, ajena al orden euclídeo, se adapte a esos objetivos que curvan el espacio y a las cámaras que reptan bajo el suelo. Pero con la misma mirada se acerca respetuosamente a los viejos versos de ‘Otelo’ y ‘Macbeth’ sin que la cámara deje de proponer ángulos no humanos. Y qué decir de su prolongadísimo esfuerzo tras Don Quijote, imágenes heterodoxas al tiempo que amorosas, heréticas como fiel homenaje al loco cervantino.

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* * * * Cuando las fuentes literarias tienen un aire más bastardo, el propio Welles-Falstaff se ocupa de darles un origen aventurero. Para la grandiosa ‘Sed de mal’, poco amigable con la novelita de un tal Whit Masterson –en realidad, un pseudónimo profesional al que se acogían dos escritores–, cuenta un malentendido entre la Universal y un Charlton Heston empeñado en que él la dirigiese: «¡Dios mío! Nunca leí la novela; solo leí el guion de la Universal. Tal vez la novela tuviese sentido, pero el guion era ridículo». ‘La dama de Shanghái’,

Welles llegó al cine montado sobre la palabra. Traía también un amplio bagaje teatral Las osadías visuales que jalonaron ‘Ciudadano Kane’ permanecieron como rasgo de estilo en sus obras posteriores

que no brilla por su claridad narrativa, procede de una acuciante deuda teatral del cineasta, que le lleva a telefonear a Harry Cohn, magnate de la Columbia: «Te tengo preparada una historia extraordinaria si me envías 50.000 dólares». ¿Qué historia?, pregunta Cohn. «Yo estaba llamando desde la taquilla del teatro; al lado había un muestrario de libros de bolsillo, y le di el título de uno de ellos, ‘La dama de Shanghái’. Más tarde, leí el libro y era horrible; de manera que me senté y escribí a toda prisa una historia». * * * * Si exceptuamos el toque de chistera de ‘Fake’, su carrera se cierra con la adaptación del cuento de Isak Dinesen ‘Una historia inmortal’, uno de los capítulos de una obra mayor proyectada para la ORTF, pero al que las dificultades financieras dejaron aislado con su formato televisivo de una hora. De nuevo encontramos una completa fidelidad al original sin renunciar a su estilo cinematográfico, más heroico si cabe por el bajísimo presupuesto que llevó a Welles a utilizar su casa madrileña como plató y a recrear Macao en la plaza mayor de Chinchón. Pero nada se echa en falta en las imágenes que traen la delicada novedad del color, adecuado al aire de fábula de la narración de Dinesen. Fábula sobre fábula, leyenda en pugna con la realidad en un nuevo magnate que cierra simétricamente su filmografía, ese Mr. Clay empeñado, y derrotado, en que las palabras de la ficción tengan soporte factual. Como advierte la obra de Dinesen, «ningún hombre en el mundo, ni siquiera el más rico, puede coger una historia que el pueblo ha inventado y contado, y hacer que ocurra». Esa es potencia exclusiva del arte que Welles nos legó.

La genial desmesura

C

ine. Teatro. Radio. Director, guionista, actor. Un ‘Don Quijote’ que, como tantas otras películas, no pudo acabar es prueba del contacto directo con nuestro país. ‘Mr. Arkadin’, ‘Campanadas a medianoche’. Valladolid en parte contexto de la primera. Sus montajes teatrales, arte maravilloso y efímero, no pudimos verlos. No quedan huellas. Tampoco escuchamos sus retransmisiones radiofónicas. Sus películas me impactaron

Delante del Museo del Prado. Madrid, 1956. :: EL NORTE

y todavía su imagen, cuerpo y rostro, se une a mi memoria y sensibilidad. Una curiosa anécdota. El estreno en España de ‘El proceso’ en una proyección benéfica en el Lope de Vega madrileño fue precedido por un recital del entonces jovencísimo Raphael. Dos hechos artísticos completamente diferentes. Fue una sesión curiosísima. Llena de cinéfilos, un tanto asombrados ante el arte del cantante. El film de Welles sobre Kafka, con el Adagio de Al-

FERNANDO HERRERO

binoni como perfecta banda sonora, fue programado en la VIII Edición del Festival de Valladolid que en la X dedicó un homenaje al gran Orson con tres de sus grandes filmes. Se ha escrito mucho y bien sobre este gran artista desde

Welles atiende a los periodistas

todos los puntos de vista. Su filmografía, complicada y con grandes proyectos inconclusos es riquísima. Un personaje que luchó contra una industria mezquina, que perdió la batalla lo que, paradójicamente, le llevó a una visión universal del arte. Un ejemplo único, por ello más valioso. Si Hollywood le hubiera asumido quizás su filmografía no hubiera sido tan rica y diversa: sus películas no han envejecido y sus hallazgos técnicos no son gratuitos sino unidos umbilicalmente a una concepción el mundo, reflejada en sus personajes… Welles creó un gran cine desde su país y desde todo el mundo en una perfecta simbiosis.


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el 31 de octubre de 1938, para explicar la emisión de ‘La Guerra de los Mundos’. :: EFE

Dos aspectos de su obra me parecen esenciales. El primero, su estrecha relación con Shakespeare. No es el único cineasta que lo toma como base de inspiración, pero sí el que, desde estéticas diferentes, más lo realza. En sus películas (‘Otelo’, ‘Macbeth’, ‘Campanadas a medianoche’) está su lenguaje y su espíritu y en filmes como ‘Mr. Akadin’ y ‘Sed de mal’, el financiero sin escrúpulos y el policía corrupto tienen la grandeza de los monstruos del genial dramaturgo. Las imágenes de los filmes shakesperianos de Welles potencian el verbo del dramaturgo con las imágenes del cineasta, creadoras, más allá de

la mera ilustración. Yago suspendido en su jaula en ‘Otelo’ y la batalla de ‘Campanadas a medianoche’ pueden servir de ejemplo. Transformar a Falstaff de un casi abyecto borracho en un conmovedor ser humano coincide con Shakespeare y Verdi en la concepción de un personaje inmortal. Rodajes complicados en diversos países, el viaje es para Orson una constante y países subdesarrollados pueden convertirse en el mejor plató. Rodar en Brasil potenciando la negritud y la pobreza tuvo su costo, como también la genialidad de ‘El cuarto mandamiento’ sobre la decadencia de una familia norteamerica-

na, los Andersson, con menos de 200 planos. Orson Welles, excelente actor, capaz de convertir su Harry Lime de ‘El tercer hombre’ en un icono fílmico o de robar plano a cualquier estrella en sus incorporaciones episódicas en películas discretas, fue asimismo un peculiar director de intérpretes muchos de ellos formados por él mismo. Como nota esencial es uno de los realizadores que consiguió hitos como actor en sus propios filmes. No solo en los tremendos personajesmonstruos, sino incluso en el inocente Michael de ‘La Dama de Shangai’. Nadie hubiera superado su trabajo. Grandeza desde el propio físico, trans-

formando la abyección en humanidad, desde su capacidad técnica y una visceralidad inigualable. Truffaut en el precioso libro de sus críticas ‘Las películas de mi vida’, manifiesta su admiración incondicional por el cine de Welles al que define como ‘excitante, estimu-

Es uno de los cineastas que mejor ha realzado el espíritu de Shakespeare en sus filmes

lante y enriquecedor’, en esa estética tan diferente de la suya propia. Descubrió el realizador francés facetas del arte wellesiano que muchos otros recogieron, por ejemplo sobre su concepción de la banda sonora a partir de ‘Ciudadano Kane’. El mundo mágico y total, adjetivo necesario de Welles, incluso en sus últimas obras (’F for Fake’, ‘Una historia inmortal’) es expresado desde ese extraño caos que consigue destruir a sus personajes. El caos, asimismo, de un artista que dictaba sus propias reglas. Bertrand Tavernier en su libro sobre el cine USA se refiere a la capacidad de autodestrucción de Welles (en lo

que le ha acompañado más de un biógrafo) que ni siquiera luchó para recuperar el control sobre el ‘El cuarto mandamiento’. No estoy de acuerdo con esta tesis y lo prueban las excepcionales películas que dirigió en las más difíciles condiciones y los proyectos que quedaron inacabados, de gran calado como ‘Don Quijote’ o ‘The Other side of the wind’ o ‘It’s all true’ que algún día verán la luz desde la necesaria restauración. El genio acude cuando tiene el menor resquicio para mostrarse. Así hizo Welles, creador en ese séptimo arte que también es excesivamente industria. Su desmesura fue una de sus maravillosas marcas creativas.


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LOS DIRECTORES QUE HICIERON HISTORIA

Bergman, siempre Bergman FERNANDO LARA

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urante muchos años, decir Bergman en España era decir Semana de Cine de Valladolid. En ella se descubrió en nuestro país la obra del maestro sueco, y la proyección en los primeros años 60 de, sucesivamente, ‘El séptimo sello’, ‘El manantial de la doncella’ y ‘Los comulgantes’ supuso todo un aldabonazo difícil de olvidar. La concisa estética bergmaniana, su visión de temas como la muerte, el conflicto entre lo terrenal y lo espiritual o la ausencia de Dios fascinaron a unos espectadores que, en todo caso desde Dreyer, no habían visto nada parecido. Algunos también se llamaron a escándalo ante que la vida se jugara en un tablero de ajedrez y no por designio divino; o porque la brutal violación de una joven doncella tuviera un significado casi purificador, o al comprobar que el silencio celeste se extendía hasta a los propios clérigos que debían esclarecerlo. De hecho, nunca se ha hablado tanto de teología como a la salida del Cine Avenida, en el Paseo de Zorrilla vallisoletano… Desde allí, el conocimiento de Bergman se extendió a miles de cinéfilos, y no tan cinéfilos, españoles: hay que recordar que, por ejemplo, ‘El manantial de la doncella’ se mantuvo durante quince semanas en el Cine Coliseum, de Madrid. Corría por entonces la leyenda urbana de que el jesuita Carlos María Staehlin había ‘bautizado’ los subtítulos de sus películas en los pases del Festival para adecuarlos a una ortodoxia católica a la que Bergman era muy ajeno. Pero, en su excelente libro sobre el medio siglo del certamen, César Combarros Peláez ya aclaró lo sucedido: no fue en Valladolid, entre otras cosas porque las copias no estaban subtituladas al cas-

Ingmar Bergman, en una imagen tomada en Estocolmo en 1957. :: REUTERS tellano, sino luego en la exhibición comercial cuando –para lograr pasar una censura de la que formaba parte– el padre Staehlin manipulaba el doblaje con el fin de ‘acercarse’ lo más posible a esa ortodoxia. La fidelidad de la Semana hacia un Bergman que los periodistas ya no confundían con su homónima Ingrid, superó esa etapa y permaneció para siempre. A ese periodo de su filmografía divulgado inicialmente entre nosotros y que quedó coronado con

tres Lábaros de Oro del Festival, sucedieron otros todavía más decisivos. Por sus salas fueron pasando ‘Persona’, ‘La vergüenza’, ‘Pasión’, ‘Secretos de un matrimonio’, ‘La flauta mágica’, ‘Sonata de otoño’, ‘Fanny y Alexander’…, la mayor parte de una trayectoria que se completaría con dos retrospectivas y media, al estar compartida esta última por Robert Bresson, que ayudaban a recuperar los comienzos del cineasta desde 1945 o a ‘rellenar’ los huecos existentes.

Así, el adicto a la Semana pudo ir comprobando en primicia la evolución de Bergman hacia lo más definitorio de su obra, por encima de aquella etapa que nos lo dio

Nunca se ha hablado tanto de teología como a la salida del Cine Avenida

a conocer: la decisiva importancia dada al rostro y al cuerpo humano en general, la profundidad en la disección de los sentimientos amorosos, la forma de penetrar en los conflictos más íntimos, la búsqueda de una trascendencia no ya teológica sino plenamente derivada de las propias vivencias de los personajes... Todo ello a menudo enmarcado en los ásperos paisajes de la isla de Farö, en la que el propio Bergman residía e incluso murió en 2007, a los 89 años. Quizá entonces, como

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el anciano de ‘Fresas salvajes’ en su fusión de tiempos, rememorase aquella infancia como hijo de un estricto pastor protestante que recreara especialmente en ‘Fanny y Alexander’ y que sentó las bases para una creatividad excepcional que se expresaría tanto en el cine como en el teatro. Tres veces galardonado con el Oscar (por ‘El manantial de la doncella’, ‘Como en un espejo’ y la propia ‘Fanny y Alexander’), además de que la Academia de Hollywood le concediera el Premio Irving Thalberg al conjunto de su obra, se diría que la figura de Bergman aparece hoy un tanto difuminada para las nuevas generaciones, para aquellas que tienen a Spielberg como su referencia más histórica. No hay que preocuparse, ya llegarán a Bergman, a su intensidad emocional, a su originalidad expresiva, a su depuración estilística. Es una cuestión de tiempo que vayan acercándose a su cine y se entusiasmen con él, como tantos hicimos y seguimos haciendo. Sé positivamente que hay quienes, tras un conflicto personal, corrían a ver una película de Bergman para tratar de profundizar y clarificar lo que les estaba sucediendo. No se trataba, por supuesto, de un fácil sentimentalismo. Era una auténtica catarsis que solo pueden provocar las verdaderas obras de arte. Y si no, que se lo digan a Woody Allen, que ha demostrado por activa y por pasiva su admiración por el autor de ‘Gritos y susurros’, con películas enteras, como ‘Interiores’, que suponen un explícito homenaje a él. O que acudan al cineasta turco Nuri Bilge Ceylan, cuyo ‘Sueño de invierno’, ganadora de la Palma de Oro en el pasado Festival de Cannes, tanto ‘bebe’ de su sentido del tiempo, del ritmo y de la planificación. O, entre nuestros directores, al mismísimo Carlos Saura de ‘Cría cuervos’ o ‘Elisa, vida mía’. Bergman, siempre Bergman.


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U

n conocido diccionario de términos lingüísticos propone esta definición: «Si ninguna unidad del tiempo de la historia corresponde a una determinada unidad del tiempo de la escritura, se hablará de digresión o de suspensión del tiempo. La digresión puede tener los rasgos de una descripción, etc.». Allí donde se para el tiempo, pues, donde el relato no avanza, donde –dirían muchos– no pasa nada, allí está la descripción: es la parte lenta, detenida, de la historia, lo que es posible ‘saltar’ sin perder el argumento. Recuerdo, sin embargo, algunas descripciones de Conrad que parecen apoyarse en esta pretendida función de paréntesis, descripciones de estancamiento, de quietud extrema, en cuyo tiempo no marcado se gesta la explosión; por ejemplo, la última noche de la calma que ha atrapado al barco, en ‘La línea de sombra’, mientras en una negrura atroz se va cargando la tormenta; o, en ‘El corazón de las tinieblas’: «La corriente fluía rápida y tersa, pero una silenciosa inmovilidad cubría las márgenes. Los árboles vivientes, unidos entre sí por plantas trepadoras, parecían haberse convertido en piedra, hasta la rama más delgada, hasta la hoja más insignificante. Uno llegaba a pensar si se habría vuelto sordo. De pronto se hizo la noche, súbitamente, y también nos dejó ciegos. A eso de las tres de la mañana saltó un gran pez, y su fuerte chapoteo me sobresaltó como si hubiera sido disparado por un cañón. Una bruma blanca, caliente, viscosa, más cegadora que la noche, empañó la salida del sol»; y luego: «un aullido, un aullido terrible como de infinita desolación, se elevó lentamente en el aire opaco. Cesó poco después. Lo inesperado de aquel grito hizo que el cabello se me erizara debajo de la gorra. No sé qué impresión les causó a los demás: a mí me pareció como si la bruma misma hubiera gritado». El tiempo palpable, condensado en oscuridad y silencio, la concentración de una energía que va a estallar. Por lo que sabemos, los animales que tienen mejores sistemas de comunicación –por ejemplo, las abejas–, capaces incluso de predecir sucesos y de prescribirse conductas entre sí, no disponen de la posibilidad de describir, que constituye una de las virtudes más radicalmente humanas de la lengua. Y, cuando la descripción abandona su apariencia de paréntesis, cuando se independiza y determina el texto, se nos ofrecen algunos de los momentos más altos de la literatura, de mayor tensión e impacto. En julio de 1936, el fotógrafo Walker Evans y el periodista James Agee viajaron al cam-

Escribir tal vez sea tener viva esta sensibilidad también para el roce y el color de las palabras...

Elogio de la descripción

Paisaje del desierto de Wadi Rum, en Jordania. :: MARCO TOMASINI po de Alabama con el encargo de hacer un reportaje sobre la vida de los aparceros blancos del algodón. Las memorables fotos de Evans, que aún gritan contra las raíces de la injusticia en el derecho de propiedad de la tierra, obligan al texto de Agee al pulso quizá más valiente y sostenido de la palabra con la imagen. ‘Elogiemos ahora a hombres famosos’, su libro, reúne retratos en movimiento y fijos, inventarios conmovedores de los objetos de una familia, hace sentir el tacto de las tablas roídas que forman casas sin techo ni luz. Trae música –el canto de los tres negros, forzados

TIENDA DE FIELTRO MIGUEL CASADO

por el propietario, en el que aprendemos a oír– y olor, texturas. Entrega la evidencia física de los cuerpos –«el fino cuerpo de madera estaba mal templado y enfermo a simple vista, y las manos huesudas tenían venas como cuerdas; las levantó, las bajó, se las puso en los riñones con las palmas hacia arriba»– y la dificultad, la imposibilidad de mantenerles la mirada. En lo que describe Agee hay un tiempo intenso, la vibración misma de la existencia; con ella, cada palabra es lo que dice y lo que sigue luego mostrando más allá de cuando calla. O ‘Los siete pilares de la sa-

biduría’; siempre me ha sorprendido en T. E. Lawrence, no ya la fuerza de sus descripciones de paisaje, o de los animales a cuyos lomos la ‘rebelión árabe’ va de Medina a Damasco entre 1916 y 1918, sino su insistencia en detallar el aspecto, la dureza, la composición de los caminos, en distinguir su color, sus elementos minerales y vegetales, su variedad para las pezuñas de los camellos, el uso de los términos de la geología –«atravesamos el resto de la llanura de arcilla, y penetramos en una llanura de firme suelo calizo, alfombrado de marrones guijarros de pedernal…», y así jor-

nada tras jornada, riberas y montañas, desiertos y acantilados, en el descanso y en el combate. ¿Escribía cada noche bajo el cielo raso de ‘Arabia’?, ¿tomaba notas, recogía muestras?, ¿lo imaginó todo cuando se puso a elaborar el libro?, ¿era una manifestación de su angustioso deseo de realidad en choque con una empresa tan irreal como la suya?, ¿una manifestación de su distancia, del continuo murmullo mental de otra mirada, otra cultura? Lugar tan notable como los libros que vengo citando, ocupa uno casi solo descriptivo, ‘Allá lejos y tiempo atrás’, de W. H. Hudson, memorias hasta los quince años de este autor, nacido en Argentina en 1841, convertido en escritor y ornitólogo a su regreso a Inglaterra, la tierra de sus padres, en los años finales del XIX. Su vida en medio de la pampa, su prodigiosa capacidad de observación y de memoria, los pájaros y los ríos, los caballos y la gente, cada minuto, cada detalle, cada mínimo matiz, vivos hasta lo imposible. Dice Foucault, cuando trata de describir lo que ve en ‘Las meninas’, que lo visible y lo verbal son irreductibles entre sí; que, si se quiere conservar abierta la relación entre ambos, solo cabe no callarse, «mantenerse en lo infinito de la tarea». Leo esa persistencia en las costumbres de Hudson, en su forma de observar en la quietud y de no inhibir nunca su mirada, en su rigor contemplativo y su curiosidad irrestañable. De todas sus páginas extraordinarias, me vienen ahora aquellas de un «año de cardos», cuando la llanura ilimitada se puebla de cardos de tres metros de altura, que impiden el paso de los caballos –reducidos a transitar por mínimas trochas– y tapan la luz de las estancias; de tan apretados como están crujen cada vez que una hoja se estira y siguen erguidos aún secos. «El goce que extraía de las cosas –dice, como si nos debiera una explicación– era puramente físico. El mero roce de una brizna de hierba me hacía feliz, y ciertos colores de las flores y del plumaje y los huevos de las aves, como el púrpura brillante de la cáscara del huevo de tinamú, me embriagaban de gozo». Escribir tal vez sea tener viva esta sensibilidad también para el roce y el color de las palabras, y no cejar de buscar en ellas la ampliación del mundo.


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ARTE

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Nada como el propio cuerpo Una exposición explora en el Musac el papel del autorretrato fotográfico en el desarrollo del arte feminista ANGÉLICA TANARRO

blogs.elnortedecastilla.es/calle58/ @angelicatanarro/twitter.com

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a intimidad del estudio, una cámara fotográfica y el cuerpo. Qué más se necesita para plantear algunas de las cuestiones que se han revelado como cruciales para el arte contemporáneo. Que nadie se engañe mirando embobado el palo del ‘selfie’, el autorretrato ha existido desde siempre y el temporizador de la cámara ha sido un aliado del género desde que la fotografía empezó a colonizar el ámbito artístico. Muchos artistas (pintores, escultores...) utilizaron el autodisparador para hacerse retratos, explorando otros lenguajes. Pero si la práctica del

autodisparador ha tenido un campo abonado para su desarrollo y un soporte teórico específico ha sido en los planteamientos feministas y de género. Cuando el ‘arte oficial’ cerraba sus puertas a las mujeres, éstas encontraron en la fotografía el lenguaje y en su cuerpo, el argumento. Sin más mediaciones. El mensaje estaba servido. La exposición ‘Historias del autodisparador’ explora desde el pasado sábado en el Musac de León la historia de este ‘movimiento’, que abarca cuatro generaciones de artistas. Desde las pioneras como Martha Wilson o VALIE EXPORT o en España Esther Ferrer, a las más jóvenes como Anja Manfredi, Roberta Lima o Bernardette Anzengruber. La exposición cuenta con los fondos de la Colección Federal de Fotografía de Austria, que se han completado con obras de la Colección Musac y otras de artistas nacionales

e internacionales que representan otros lenguajes como el vídeo, los libros de arte y las performances. Entre las piezas aportadas por el Musac la excelente ‘Autorretrato en el tiempo’ de Esther Ferrer, perteneciente a su serie ‘El libro de las cabezas’. Distintos soportes para un mismo objetivo: interrogar y criticar el discurso oficial tanto del arte contemporáneo como del papel de la mujer en la sociedad, así como de la conjunción de ambas cuestiones. La exposición, como afirma su comisaria Felicitas Thun-Hohenstein, hace hincapié desde el mismo título en el disparador de la cámara. Ese momento del click que las artistas presentes en la muestra califican de gran intensidad. Ese sonoro subrayado a una obra que acabará siendo un manifiesto. Muchos de los trabajos presentes son auténticos diarios en el sentido literario del término.


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Sábado 23.05.15 EL NORTE DE CASTILLA

Autorretrato en el tiempo.

Obra de Esther Ferrer, perteneciente a la serie ‘El libro de las cabezas’, de la Colección del Musac. :: CORTESÍA DEL MUSAC

Sin título. Obra de Ana Mendieta presente en la exposición y perteneciente a la colección del Musac. :: CORTESÍA DEL MUSAC

El autorretrato ‘delegado’

E

s amable, cercana y ríe con facilidad. Muestra la seguridad y el aplomo de quien ya ha perdido y ganado suficientes batallas en la vida. Ahora disfruta de los éxitos y, probablemente, mire con distancia los fracasos. «El Guggenheim [de Nueva York] acaba de comprarme una obra y me la ha pagado muy bien. Nunca me había pasado algo así». Y ríe con ganas otra vez. Porque durante mucho tiempo su obra era intangible. No había objeto que comprar o vender. Martha Wilson (Newtown, Pennsylvania, 1947) ha sido pionera en el feminismo, en las performances y en la simbiosis entre arte, feminismo y performance. El pasado sábado, durante la inauguración de la exposición ‘Historias del autodisparador’ recuperó una acción de 1973. Cuarenta años después no ha perdido su frescura y el mensaje sigue siendo el mismo: «No importa

Martha Wilson, durante su performance ‘SelfPortrait’, en el Musac. :: CORTESÍA DE LA ARTISTA Y EL MUSAC

mi apariencia porque los demás proyectarán su visión sobre mí». Wilson permanece ante el público durante el tiempo que dura la acción en silencio. Por momentos de frente, o de perfil, o de espaldas para que se aprecie su rojo ‘vestido-vagina’, o sentada en un taburete. A un lado, hay un montón de tarjetas en las que se explica qué significa para ella ‘autorretrato’, y que éste no depende de quién tú piensas que eres sino de quién pareces ser para los otros. Después, un espacio en blanco invita a los espectadores a escribir sus impresiones sobre ella, que quedan recogidas en una urna de cristal próxima. «Así, tú me estás creando y subvirtiendo el significado del término ‘autorretrato’». Martha Wilson iba para filóloga. Fue su propuesta para una tesis doctoral sobre los personajes de Henry James, que ningún departamento admitía, la que le llevó a las Escuelas de Arte. Aunque tampoco en ellas su trabajo era entendido como ‘artístico’ durante un tiempo. Pero en lo conceptual, que tanto tiene que ver con el lenguaje, encontró su sitio. El desinterés de las galerías lo suplió creando y dirigiendo la suya propia: la Franklin Furnace, en el Bajo Manhattan. Nunca se apartó de la literatura, aunque ahora afirma estar más cerca de la psicología o de la sociología y cita expresamente a Erving Goffman, padre de la microsociología o el estudio de las unidades mínimas de interacción entre las personas. Justo, la columna vertebral de parte del trabajo de Wilson, que siempre ha consistido en reflexionar sobre en qué consiste la realidad. Ella que se ha disfrazado de las ‘primeras damas’ de Estados Unidos para reflexionar sobre el papel de la mujer en el poder, no sabe si hará lo mismo en caso de que Hillary Clinton llegue a presidir el país. «Es posible que tenga una obra pendiente», afirma y ríe de nuevo.


10 LA SOMBRA

Sábado 23.05.15 EL NORTE DE CASTILLA

DEL CIPRÉS

Festín taurófilo T

odos los años cultivo uno de mis trigales en el mágico ruedo taurino. No solo lo motiva mi afición, pues si ésta fuera a un asunto ajeno a la cultura no vendría a propósito. Caso de que tuviese inclinación por echar a volar cometas, aun siendo actividad, presumo, confortante y no exenta de belleza, no procedería darles la matraca con las bondades de contemplar cómo estos graciosos artefactos surcan la troposfera. Pero resulta que los toros, en sí y como fuente de inspiración, es tema, mal que les pese a los taurófobos más cerriles, rebosante de cultura, por lo cual qué mejor sitio para charlar de ellos que bajo la alargada y esbelta sombra de un ciprés de tan altas inquietudes como éste. Sí, una vez al año, traigo aquí los toros. Y más veces lo haría. Pero creo que no frecuento tanto estas páginas como para ceñirme a un solo palo. Además, otros asiduos a El Norte dan buena cuenta en sus páginas volanderas de cómo los toros pueden ser motivo literario. Ahí está Gonzalo Santonja, escritor dentro y fuera del papel, cuya pasión desbordante, con los aderezos de la erudición, de la creatividad deductiva y del buen hacer que se gasta, le ha animado, de unos poquísimos años a esta parte, a escribir tres magníficos ensayos taurinos; el último, ‘La justicia del Rey’, en el que a través de un episodio puntual, cómo Felipe II hizo caso omiso de la bula taurófoba de Pío V, expone un hecho cierto de mayor alcance: los toros más que una diversión extrínseca de los españoles es una elemento intrínseco a su alma. Y pasión hay para dar y tomar en la Biblioteca Virtual Taurina, promovida tres años atrás por la Junta de Castilla y León, y quién sabe si sugerida por el citado Santonja, gracias a la cual la pantalla de nuestro artilugio informático se convierte en página de uno de los ejemplares que perteneciera al Marqués de Piedras Albas y de Bena-

vides, preclaro taurófilo y coleccionista impenitente de todo lo relacionado con su devoción, lo que le llevó, porque pocas actividades humanas generan tamaña bibliografía, a reunir cientos de volúmenes que versan sobre la cosa taurina; ejemplares que físicamente duermen en la Biblioteca Pública abulense y, por la mencionada iniciativa, divulgados –hoy sí, benditos tiempos modernos– telemáticamente. El método empleado por Camilo José Cela para pronto convertirse en lector avezado fue la de leerse en su

LOS TRIGALES AZULES ROBERTO RODRÍGUEZ

El aficionado que desee adentrarse en la literatura del género, que se lea la Biblioteca Virtual Taurina

enfermiza juventud, ordenadamente y sin saltarse una sola página, la Colección de clásicos de Rivadeneyra. Algo parecido puede hacer aquel aficionado que desee adentrarse en la literatura que generó las décadas precedentes a la edad de oro del toreo y ésta en sí; es decir, los años que van de Lagartijo y Frascuelo hasta los de Belmonte y Joselito. En la Biblioteca Virtual Taurina no solo hallará títulos de ambas épocas, pero la mayoría trata de ellas y de sus protagonistas. Conocerá de primera mano, en deliciosa literatura, a un tiempo noctivaga y zarzuelera, lo acontecido en aquellos años trascendentes para la fiesta de los toros, ya que señalaron un antes esplendoroso y un definitivo después. No obstante, y como obras clásicas que son, encontrará párrafos que creerá de anteayer, como el que aparece en ‘A los cuarenta y tantos años de ver toros’ de Tomas Orts Ramos, libro escrito en 1926. Por ejemplo, dice así: «Es de buen tono catalán considerar el espectáculo [de los toros] como exótico; pero de un próximo exotismo, que es su peor contra, pues si se tratara de un exotismo lejano, de ‘tras los montes’, nada más, variaría su parecer, porque a su europeísmo, a su cosmopolitismo le halaga la aclimatación de todo lo extraño. Espectáculo exótico, al margen de toda bandería, y por lo tanto sin que la política haya podido intervenir en él, no apasiona ni siquiera interesa; y su existencia es en Barcelona un mal que deplora la mayoría, pero con el cual transige, como con esos focos de enfermedades endémicas que si un día se desarrollan y amenazan con una epidemia levantan gritos de alarma, pero al volver a su prístina condición de endemia benigna se le desdeña». No existió epidemia alguna pero muchos, pasado un siglo, sí lo creyeron. Ya se sabe que, como bien supo ver Goya, el sueño de la razón produce monstruos. Son las cosas que tienen las tiranías.

Miguel Suárez, Marcos Canteli y Olvido García Valdés. :: R. OTAZO

Resistencia en la mirada LUIS MARIGÓMEZ

E

n la tendencia a compartimentar que trata de poner orden en lo que nos rodea pareciera que una máxima a seguir en literatura es que quien escribe ficción deje de lado la poesía, quien hace crítica, debe olvidarse de los textos creativos… Cada cual debe tener su sitio para no enredar aún más un cosmos en el que se hace cada vez más difícil saber el lugar que corresponde a personas y objetos. Pero ese conocimiento, tan querido por lo académico, puede no ser de mucho provecho en otros terrenos más vivos y lleva a castrar una parte importante de lo que de verdad puede tener lugar y de hecho ocurre, al menos en algunas ocasiones. Marcos Canteli, (Bimenes, Asturias, 1974), ha publicado un número significativo de poemarios, desde ‘Reunión’ (1999), a ‘Es brizna’(2011) y ha traducido a Robert Creeley y Jack Kerouac. ‘Del parpadeo’ es una lectura de seis poetas españoles contemporáneos que le interesan por distintas razones y que, sin duda, han influido en su poesía. Una característica que los une es que, a pesar de su valía, ninguno de ellos se ha convertido en voz dominante en el panorama actual. Pero quizá el punto que más puede atraerle, además del rigor y la oportunidad de sus textos, es la diver-

sidad de actividades que han desarrollado y todavía llevan a cabo. Buena parte de ellas complementarias a su condición de poetas, aunque algunas no esté bien visto por algunos puristas que se ejerzan desde la misma cabeza, el mismo cuerpo, como la crítica, el pensamiento o la edición, por un lado, y la creación poética, por el otro. Es como estar a los dos lados del espejo, lo que por otra parte, es fantástico. De José Miguel Ullán, periodista, director del mítico suplemento ‘Culturas’ en los años 80, editor exquisito, Canteli destaca «una poesía que no puede decir sin poner en duda lo dicho». Del lingüista, pensador y partícipe en la revista ‘La balsa de la medusa’, Carlos Piera, «la poesía como lugar por excelencia en el que la contradicción alcanza desarrollo». De Pedro Provencio, que estudió la poesía contemporánea española en unos volúmenes de referencia con claridad desusada, destaca «la capacidad de la palabra poética: propiciar, por un instante, el parpadeo de un mundo integral, en el que

DEL PARPADEO: 7 POÉTICAS Marcos Canteli. Libros de la resistencia. 2014. 13 €.

los binarismos dejan de tener cabida: hablar para ver». De Ildefonso Rodríguez, músico de jazz, raro contador de sueños y fundador de revistas poéticas, «Abrir y jugar al hueco desde una dimensión crítica, el poema es «afán inútil» de reunión, voz de amistad, levedad, exposición, canción vital que remite a la alegría de la infancia». De Olvido García Valdés, biógrafa de Santa Teresa y también fundadora de revistas de poesía, señala «su capacidad para enlazar la dimensión del mundo visible con el reducto de la intimidad». Por fin, de Miguel Casado, crítico con una obra fundamental para entender la poesía española de los últimos años, pensador, animador de distintas aventuras poéticas, «poesía y poéticas, en resumen, entendidas como acto de resistencia mediante el cual ética y estética, teoría y praxis, se anudan». De todos ellos, en conjunto, Canteli apunta al menos cuatro conflictos que son fuente de su escritura: «el sujeto, la relación del poema con el pensamiento, la exploración de posibilidades formales y la pregunta por la realidad». En una selección tan limitada, no tiene sentido echar de menos a alguien. Están en ella los que ha querido el autor. Sí es pertinente plantear su afinidad. Canteli la encuentra y la razona. En todo caso, es de celebrar un estudio serio, con el adecuado aparato teórico, de poetas importantes, unos más conocidos que otros, como modo de acercarse a su obra, de contribuir a su análisis, y de disfrutarla.


LECTURAS

Sábado 23.05.15 EL NORTE DE CASTILLA

Pensar en silencio

7 PARLAMENTOS EN VOZ BAJA

La editorial Confluencias reúne siete conferencias del Premio Cervantes José Jiménez Lozano

LUIS ANTONIO DE VILLENA

S

iempre he leído con mucho interés y provecho a José Jiménez Lozano y hasta nos hemos carteado (vieja costumbre) pero hacía bastante que no leía nada suyo. Por eso me han sabido a gloria estos ensayos varios, siempre de cuidada escritura, que forman ‘7 parlamentos en voz baja’. Se entiende por el último y más antiguo (‘Cervantes y las baratijas’, 2003) que fue su discurso en el paraninfo de Alcalá de Henares al recoger el notorio premio, que todos estos ensayos han sido previamente conferencias, pero el tono escrito predomina sobre el meramente oral y gusta –muy del autor– la variedad de los temas, el honesto y límpido cavilar, y el tono que parece siempre recoleto pero no mudo. Es cierto que (sobre todo en tanto que poeta, que lo es y bueno) Jiménez Lozano se queja discretamente de no figurar, injustamente, en la siempre discutible nómina nacional;

a cambio no creo que nadie le niegue nada en Castilla y León. Todo eso viene a cuento del ensayo que dedica al ‘ars poética’, ‘Alguna explicación sobre la poesía’ de 2014, acaso el más reciente y lleno de sutiles y sabios pensamientos, como el conjunto entero de parlamentos. En muchos de estos textos, explícita o implícitamente, Jiménez Lozano se hace eco y vocero del famoso ‘dictum’ de Juan de Valdés en su ‘Diálogo de la lengua’: «Escribir como se habla». Sin duda ese es el desideratum de Jiménez Lozano y el norte y realidad de su escritura, que se cumple de modo general, aunque a nuestro autor le guste salpimentar su texto con algunos pocos pero sabrosos arcaísmos como ‘naguelas’ o casitas de los pobres, o más sonoro, ‘reluencias’ como cosas o pensares que fulguran. A mí uno de los textos que más me gustan de este conjunto es ‘Un ojo holandés’ (de 2006) donde el autor en tanto que escribidor de Tierra de Campos, se siente cercano y deudor de cierta mirada holandesa que llegó a Castilla con los primitivos flamencos en el siglo XV. Jiménez Lozano se declara ahí –con rápidas y bue-

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José Jiménez Lozano. Confluencias Editorial, Madrid, 2015. 150 págs. 18 euros.

José Jiménez Lozano, delante de su retrato. :: NACHO GALLEGO-EFE

nas razones– heredero de Erasmo y de Spinoza (que sin duda en Amsterdam hablaba judeoespañol en casa y en cuya biblioteca estaban las ‘Novelas ejemplares’ de Cervantes) pero también del papa Adriano VI –preceptor del César Carlos– y cómo no de las miradas de Vermeer o de Peter de Hooch, tanto de sus interiores burgueses como de esos bodegones o naturalezas muertas que se comenzaron llamando –con más tino– «pinturas de silencio», expresión hermosísima. Por supuesto en casi todos estos bellos y lúcidos ensayos aparece la admiración de Jiménez Lozano por Pascal y el universo de Port Royal, difícilmente confundible con la mística española, pero que otorga a Francia una luz penumbrosa y apasionada, lejos del oficialismo del ‘Rey Sol’. Los ensayos de Jiménez Lozano son todos un gozo de sapiencia y saber, aunque hay uno especialmente ‘Personas y lugares en San Manuel Bueno, mártir’ –la novela breve de Unamuno– donde hay un notorio despliegue de erudición, «para que no se diga», pensamos. Amenísimo y culto libro para amantes de lo mejor.


12 LA SOMBRA

DEL CIPRÉS

LECTURAS

Sábado 23.05.15 EL NORTE DE CASTILLA

LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL

Diálogos (virtuales) que arman una historia :: V. M. NIÑO Una novela hecha de conversaciones, una obra de teatro que carece de atrezzo, un formato sintético y circunstancial, una historia contada a sorbos cortos, la cadencia de los tiempos. ‘Pulsaciones’ es eso con unas gotas de suspense y otras de romanticismo adolescente. A priori, ingredientes que gustan a los jóvenes a los que va dirigida.

Pulsaciones es el nombre de la social que alberga los diálogos, (heartbeats). A través de los mensajes que intercambia la protagonista con sus amigas, sus padres y un desconocido se va tejiendo la trama. Elia, 16 años, acaba de salir de un coma de tres días y no recuerda lo qué pasó en la jornada que precedió al accidente. Comienza la terapia con un psicólogo, retoma las con-

fidencias con su amiga Sue. Si aquella es una lectora voraz, Elia quiere ser directora de cine para ‘vivir otras vidas’, contar las de los demás viajando por el mundo, y su cinefilia está muy presente. Pero antes tiene que recuperar su pasado inmediato. Apenas hay una pista onírica en un café que Sue descubrirá. El otro hilo del que tirar aparecerá en esas ‘pulsacio-

nes’. Firma Phoenix, una voz cercana, íntima, que intriga a Elia ante su negativa a desvelar su identidad. Mientras avanza la acción en varios frentes, los autores trufan la conversación de Phoenix y Elia de citas y referencias cinematográficas. Además cada capítulo en los que organizan los diálogos está precedido por un proverbio budista. Los resortes de la memoria acabarán funcionando, haciendo encajar las piezas que comenzaron en un concierto de Regina Spektor. De allí salió Elia con Phoenix (Marcos) y el resultado del accidente es lo que

PULSACIONES Javier Ruescas y Francesc Miralles. SM. 200 páginas. 9,95 euros. A partir de 12 años.

Dámaso Alonso, 25 años después C CÉSAR A AUGUSTO A AYUSO

A

l cumplirse los veinticinco años de la muerte de Dámaso Alonso, ediciones Vitruvio reúne su poesía completa, al cuidado del profesor F. J. Díez de Revenga. Como Aleixandre, o incluso Guillén, se diría que este poeta, imprescindible en la nómina del 27, lleva ya años cotizando a la baja. No deja de ser curioso cómo cada tiempo afina su sensibilidad y encumbra a unos poetas o esquina a otros. De siempre, la brillante e incesante tarea del

filólogo y del crítico literario ha eclipsado en Dámaso Alonso al poeta, y no iba a ser menos ahora. Él mismo, de hecho, se quejaba alguna vez a los más amigos de haber dedicado demasiadas horas a la erudición en detrimento de la creación lírica, pero no por eso hay que dejar de reconocer que, si escrita de manera irregular y a rachas, su poesía sigue manteniendo viva esa fulguración que arrojó en su momento, precisamente en años bien oscuros, cuando la lírica española parecía sepultada por el cataclismo de la guerra civil. ‘Hijos de la ira’, con sus apenas 500 ejemplares en el mercado, supuso una sacudida inesperada y violenta al publicarse en 1944, y lo sería aun

No se cura

L

os celos son el más obsceno de todos los sentimientos porque intentan convertir al ser humano en propiedad privada: los celos son el imperialismo emocional». Así comienza el tercer capítulo de ‘Dulces degenerados’, de Marco Vassi. De primeras, y más en estos tiempos en los que afortunadamente los celos han dejado de ser un atenuante o disculpa de comportamientos atroces, todos es-

tamos de acuerdo con esta afirmación. De primeras y, en muchos casos, de boquilla, porque es lo políticamente correcto. Lo cierto es que en el fondo matizaremos –y algunos, en sus adentros, ni eso– diciendo, a nosotros, a los demás, que en esos casos los celos son enfermizos, una anomalía, pero que en su justa medida, son algo perfectamente sano y natural. En realidad, y como vemos a lo largo de toda la novela,

hoy, de leerse al margen del berroqueño y autosuficiente escepticismo posmoderno. Solo por este libro, merece no perderse su autor como referencia irreversible de la lírica castellana moderna. Como treinta años antes había hecho Juan Ramón Jiménez con la publicación de ‘Diario de un poeta recién casado’ (1916), demostró que la lírica no conoce horizontes y la indagación de un más allá expresivo que rompa los cauces transitados y acierte a dar a las necesidades íntimas una respuesta acorde con su tiempo, es el camino de los arriesgados y de los maestros. Nacida de la gran hecatombe de las dos guerras, la española y la segunda mundial, la poesía de este libro se lleva

más que a los celos, Vassi se refiere a cierta concepción del amor, la más extendida de todas. Una concepción que está imbricada en nuestros mitos culturales, en nuestra forma más íntima de ver el mundo. Un mito amoroso que es imposible separar de los celos, ya que, por decirlo con una expresión moderna, aunque detestable, estos están en su A.D.N. La novela, una de las grandes joyas de la pornografía moderna, no es más que la violenta lucha interna de un libertino bisexual y un tanto hippie –cosas del momento en que fue escrita– por conciliar lo que él

afronta libre y valientemente la protagonista. Lectura fácil, veloz, entretenida, un canto a la amistad y al valor. La forma elegida es novedosa, desnuda de circunstancias, descripciones, narración, y, sin embargo, eficaz. A pesar de la confianza en la sintaxis que procura las nuevas tecnologías, hay una constante demanda de Elia de contrastar la versión virtual con la real, explicita su necesidad de tocar, ver, constatar la corporeidad del desconocido. Una puerta entornada para la esperanza, quizá la tecnología sea solo eso, un medio, no el fin de nada.

PREPARATIVOS DE VIAJE (POESÍA COMPLETA) Dámaso Alonso. Madrid, Ediciones Vitruvio, 2015.

lentas enumeraciones como abruptos encabalgamientos; su léxico multiplicado, insólito, coloquial o hiperculto, familiar y provocativo; su cosmovisión atormentada y heterodoxa, el impúdico desnudamiento del yo y su descenso a los infiernos del hombre… abrieron en canal a la poesía de su tiempo. Tal osa-

día, y su resultado, solo podía admitirse como obra de un magnífico filólogo que conocía como ninguno los logros y los límites de la lengua española y a ello fiaba sus posibilidades. El tormento de su alma, macerado en las tenebrosas e irracionales experiencias de su tiempo, origina y engasta en versos derramados y libres, de una sintaxis abrupta, pero versátil y sabiamente domeñada, emotivas alegorías y poderosas y sorprendentes imágenes que hacen supurar la angustia y el vacío, la desolación y la amargura. Sus interrogaciones a la divinidad, sus preguntas por el sentido de

los celos son enfermizos, aunque, por desgracia, inevitables. Es consciente –y algunos estudios del comportamiento lo avalan– de que puede haber una raíz natural, más o menos tenue, pero que sin el refuerzo cultural no serían tan poderosos. Es significativo que el posesivo verbo ‘querer’ sea inseparable del amor. La mayoría de nuestras historias de amor, tanto grandes novelas como toda una serie de productos de calidad ínfima, peliculones y peliculillas, poemas, casi todas las canciones de la radio, forman parte de la abundante arma-

da que sostiene esta forma de amor. La mayoría, que no todas. Vassi no es el único ejemplo, de la búsqueda o de la constatación de que ese sentimiento, no tiene porque seguir forzosamente las pautas del mito que nos empezaron a trazar, vagamente, los poetas provenzales. Que tiene, o debería tener, más de alegría de vivir, más de juego, que de padecimiento compartido, pesar y renuncia. Tenemos a Miller, quien raramente se plantea los celos y desconfía de ellos. A Lawrence Durrell, que observa y celebra, las más diversas formas

Dámaso Alonso. :: EL NORTE por delante la conformidad y los formalismos de sus contemporáneos en esa estrenada posguerra y se postula sin ambages ni eufemismos como una poesía desarraigada, impura, irreverente y sin cortapisas temáticas ni formales. Su ritmo encabritado, acezante, pródigo tanto en reiteraciones como en rupturas, en

EL TALISMÁN DE LA COSTURERA CIRO GARCÍA

siente que debería ser el amor, o lo que él siente como amor, con lo que ha aprendido desde niño a llamar amor. O más que de conciliación, habría que hablar del intento, destinado casi siempre al fracaso, de desterrar las concepciones aprendidas. Para el protagonista de Vassi, todos


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Sábado 23.05.15 EL NORTE DE CASTILLA

Herederos de la greguería :: V. M. N. Pep Bruno es un maestro de la oralidad que se ha medido con el público más exigente, el menudo. En estos ‘Cuentos mínimos’ se ha ceñido a los 140 caracteres de un tuit, aunque Monterroso y seguidores no necesitaron de red social alguna. Más allá de la brevedad, el espíritu que late en estos microrrelatos es similar al Gómez de la Serna de las gre-

la vida en medio de la injusticia y el horror del tiempo convulso de la guerra, le emparentan con el pensamiento existencialista que entonces se imponía en Europa, aunque el autor siempre confesase que él escribía desde la raíz de su propia incertidumbre, bien al margen de la teoría de los filósofos. Pero junto a la imagen expresionista y al dibujo de lo grotesco, a la sedicente protesta y a la inculpatoria autoimprecación, también hay recodos de lirismo y ternura, y de ironía, en una demostración del dominio de los tonos tanto como en el de los diversos registros expresivos o de las técnicas compositivas y estilísticas. Todo lo cual hace de este libro una lección magistral, que no deja de invitar a su lectura sin admiración. No escribiría otro tan definitivo como este, pero magníficos y ejemplares poemas pueden encontrarse en ‘Oscura noticia’ (1944) y ‘Hombre y Dios’ (1955), particularmente los sonetos y algún otro poema como ‘A un río le llamaban Carlos’. Una edición, pues, la presente, merecida y oportuna.

que el diablillo alado puede tomar. A D.H. Lawrence, uno de los más afamados abanderados de lo que podría llamarse amor vitalista. A Nabokov, cuyas historias de amor –aunque sí, aquí hay celos– se salen siempre de las pautas. Las mejores novelas de las llamadas pornográficas, y las hay muy buenas, inciden en esa ampliación de los estrechos límites que nos hemos marcado a la hora de amar. Pienso por ejemplo, en ‘Cruel Zelanda’, una utopía del amor libre, además de una ironía sobre los fundamentos de nuestras cultura, disfrazada de aventura exótica.

guerías, una vuelta de tuerca a la realidad, un juego constante con las palabras, una verónica a la obviedad aceptada. Como propuestas de lógica son una buena recomendación para desconcertar a los jóvenes lectores, exigen parada y reflexión sobre apenas tres líneas. Bruno ha contado con la ilustración del burgalés Goyo Rodríguez, un creador de metáforas visuales como ya ha demostrado

CUENTOS MÍNIMOS Texto de Pep Bruno e ilustraciones de Goyo Rodríguez. Anaya. 64 páginas. 8,50 euros. A partir de 10 años

(‘Una casa distinta’, ‘La perla del Greco’). Acaba de hacer un tríptico para la asociación Leer es crecer editado por la Diputación de Valladolid.

Abismos humanos y novela negra Federico de Roberto unió indagación psicológica y policial en la novela decimonónica ‘Estremecimiento’

VICENTE TE EZ ÁLVAREZ

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n una villa situada a mitad de camino entre Lausana y Ouchy, a orillas del lago Ginebra, se escucha un disparo. La víctima, junto a su cama, con el revólver en la mano y con la sien derecha destrozada por una bala, es la hermosa condesa Fiorenza d’Arda. Todo apunta a que se trata de un suicidio. Sin embargo, un hombre, amigo de la condesa y enamorado de ella, sostiene que ha sido un asesinato. Comienza así una investigación que el autor pone en manos del juez instructor Francesco Ferpierre. Ante él van pasando testigos y sospechosos. Conocemos al príncipe Alessio Petrovich Zakunine, un revolucionario célebre en toda Europa, expulsado de Rusia, nihilista y amante de la condesa. También a la estudiante Alessandra Paskovna Natzichev, compañera revolucionaria del anterior. Y, por supuesto, a Roberto Verod, el escritor enamorado de la condesa que sostiene que ella no ha podido suicidarse. Entre interrogatorio e interrogatorio, el magistrado Fer-

Federico de Roberto. :: EL NORTE pierre lee con detenimiento el diario de la fallecida mientras intenta localizar a una amiga de la condesa a la que escribió una carta, justo an-

tes de su muerte, que podría aclarar todo. Es el principio del drama de Ouchy. Ferpierre deja hablar a los testigos y a los sos-

pechosos a la vez que trata de profundizar en el sentido de las palabras que había escrito la condesa en su diario uniéndolas para poder así reconstruir la historia intima. El caso, en un principio, parece claro: un desengaño sentimental y un intento por parte de la condesa de reconvertir al amante (el revolucionario y mujeriego Zakunine). Sin embargo, en vez de curar al enfermo, la condesa se había contagiado de su mal. Para mayor desgracia (o no) aparece un segundo amor que, según su particular forma de entender la vida (muy recta y religiosa) no fue motivo de esperanza sino de desesperación ya que le hizo comprender que el amor no es eterno sino efímero. Así que Ferpierre piensa, tras escuchar a los testigos y leer el diario, que el suicidio fue la única solución a la desventura de la condesa. Pero, ¿las cosas son tan sencillas? ¿Zakunini y la nihilista no habrían regresado con el fin de apropiarse del dinero de la condesa? ¿A Zakunini le atormenta la injusticia de la acusación o el remordimiento del delito? ¿Es creíble que una mujer tan religiosa como la condesa d’Arda pudiera tomar la determinación de acabar con su vida? ‘Estremecimiento’ apareció por primera vez en forma de serial en el ‘Corriere della Sera’, entre noviembre de 1896 y enero de 1897. A De Roberto le encantaba la experimentación y deseaba escribir una novela diferente. Su aspiración, como la de tantos otros exponentes de la alta literatura, era acercarse a la gente sin dejar de escribir una auténtica obra de arte. Intentar conciliar las dos cosas. De Roberto llegó a decir que la intención de su novela por entregas era complacer a la audiencia femenina que había sucumbido a las novelas de Collins y Conan

ESTREMECIMIENTO Federico de Roberto. Gadir. 240 páginas. 18 euros.

Doyle. Suponemos que le horrorizaba el éxito de aquellas novelas policiacas a las que, sin duda, les faltaba el prestigio del tedio. La solución quiso encontrarla el bueno de Federico de Roberto en ‘Estremecimiento’. Para ello echó mano, quizá maniatado por esa obsesión de algunos en relacionar una gran novela con su ilegibilidad, del psicologismo de Paul Bourget, tan en boga en aquellos años. Así, el misterio y la historia quedan relegados en la novela a un segundo plano en favor de la indagación psicológica y del obsesivo buceo en las profundidades del alma humana. ‘Estremecimiento’ es una buena novela pero se acerca más a una novela de tesis o a un ensayo analítico que a una auténtica novela policíaca. Dicen que es un precedente de la gran novela negra italiana del siglo XX. Y lo será. Dicen que el magistrado Ferpierre, a pesar de que no se luce precisamente en la resolución del caso, es uno de los primeros ejemplos de grandes detectives de la literatura. Probablemente. Pero uno, que es muy básico, sigue teniendo en los altares a Wilkie Collins y a Conan Doyle. O, dicho de otra forma, ‘Estremecimiento’ te deja frío y algunos preferimos seguir abrasándonos en las calderas de los populares Doyle y Collins.


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Sábado 23.05.15 EL NORTE DE CASTILLA

DEL CIPRÉS

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sta semana me ocuparé de un tipo de construcciones partitivas, concretamente de las encabezadas por un grupo nominal indefinido, como en ‘Es uno de los que más goles ha metido esta temporada’, ‘Es uno de los que más probabilidades tiene de ayudarte’, ¬‘Es uno de los que más alumnos tienen’ o ‘Es uno de los que más cobra en el partido’. Las construcciones partitivas permiten designar una entidad o un subconjunto de entidades (la parte) extrayéndolas de un conjunto más amplio que las incluye (el todo). Se caracterizan porque el grupo nominal que incluye el todo (también llamado complemento partitivo o coda partitiva) aparece precedido de la preposición ‘de’ y es siempre definido, puesto que designa la totalidad de los seres que corresponden a un determinado dominio (la mayoría de los directores de cine, un tercio de los estudiantes, una parte de los congresistas, la mitad de los locutores, etcétera). Esta característica (ser definido) es la que distingue las construcciones partitivas de las pseudopartitivas (un grupo de directores de cine, una riada de estudiantes, un montón de congresistas, un centenar de locutores, etcétera). En el tipo de partitivas del que hoy me ocupo, ¿con quién concuerda el verbo del complemento partitivo? Puede aparecer en singular (concordando con el núcleo de la parte) o en plural (concordando con el sujeto de la oración de relativo que funciona como complemento partitivo). Se admiten, pues, las dos variantes: la concordancia en plural está plenamente justificada y la concordancia en singular es un caso de concordancia por el sentido (concordancia ad sensum). Dice el ‘Diccionario panhispánico de dudas’ (2005) al respecto: «La concordancia gramaticalmente más correcta es la que lleva el verbo en plural, pues el sujeto es, en estos casos, el relativo plural ‘los/las

USO Y NORMAS DEL CASTELLANO MARÍA ÁNGELES SASTRE PROFESORA DE LENGUA ESPAÑOLA EN LA UVA

LA CONCORDANCIA VERBAL EN UN TIPO DE CONSTRUCCIONES PARTITIVAS

Más normas y recomendaciones para el uso correcto del castellano. Envíe sus consultas a: elcastellano. elnortedecastilla.es

que’; pero se admite también la concordancia en singular». Y añade: «Si esta construcción forma parte del atributo de una oración copulativa y el sujeto del verbo ‘ser’ es un pronombre de primera o de segunda persona del singular (yo, tú/vos), el verbo de la oración de relativo debe ir en tercera persona, preferentemente del plural, aunque también se admita el singular». Los ejemplos que he recogido muestran preferencia por el singular, en contra de lo que se considera más correcto desde el punto de vista gramatical: Y recogió el megáfono de manos de uno de los trabajadores, de uno de los que más cerca ‘estuvo’ de él durante el

acto de apoyo a los huelguistas; El primer ministro portugués aseguró hoy que su país es uno de los que más ‘ha ayudado’ al pueblo griego; España, de ser el enfermo de la UE a uno de los países que más ‘crece’; El aeropuerto de Londres-Stansted es el tercero más transitado del Reino Unido y uno de los que más rápido ‘ha crecido’ en toda Europa; La verónica es uno de los quites clásicos del toreo con capote y uno de los que más ‘se suele realizar’ para recibir al toro; Fue uno de los que más balones ‘robó’; Y todo ello mientras el sector de la construcción es uno de los que más empleo ‘genera’ en España; El sector de las motocicletas es uno de los que más ‘ha sufrido’ los efectos de la crisis; No siendo ni de lejos el que más faltas hace es uno de los que más tarjetas ‘ha sufrido’; El sector de la construcción es uno de los que menos recolocados ‘absorbe’. Aparecen escasos ejemplos con verbo en plural: Uno de los perros favoritos para espacios pequeños, el caniche o poodle, es también uno de los que menos pelo ‘sueltan’; El aeropuerto de la ciudad aragonesa es uno de los que menos tráfico ‘representan’ a nivel nacional. ¿Qué ocurre si ambos elementos tienen flexión de género? Que debe haber concordancia forzosa entre ellos, como en los ejemplos siguientes: Por comunidades, Canarias aparece como una de las que menos recicla; Baleares, una de las CC. AA. con menor inversión en I+D, aunque es una de las que menos reduce sus empresas innovadoras; De hecho, esta bebida alcohólica (la cerveza) es una de las que menos perjudican a nuestra línea. No se considera correcto usar el femenino en la designación de la parte y el masculino en la designación del todo, aunque con ello se pretenda señalar que la parte aludida pertenece a un grupo mixto. Hay que decir ‘una de las que más tienen’ y no ‘una de los que más tienen’.

LOS LIBROS MÁS VENDIDOS EL CORTE INGLÉS VALLADOLID

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CERVANTES SALAMANCA

MARGEN VALLADOLID

FICCIÓN

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La templanza. María Dueñas (Planeta)

La casa de las miniaturas. J. Burton (Salamandra)

La templanza. María Dueñas (Planeta)

La lengua de los secretos. Martin Abrisketa (Roca)

El domador de leones. Camilla Läckberg (Maeva)

El domador de leones. C. Läckberg (Maeva)

El mundo azul... Albert Espinosa (Destino)

Hombres buenos. A. Pérez-Reverte (Alfaguara)

El mundo azul. Albert Espinosa (Grijalbo)

Mientras crece el bosque. G.Corral (La Pereza)

Sumisión. M. Houellebecq (Anagrama)

La templanza. María Dueñas (Planeta)

Sumisión. M. Houellebecq (Anagrama)

Carretera y manta. Diario de Greg 9. Jeff Kinney (RBA)

Hombres buenos. A. Pérez-Reverte (Alfaguara)

Sumisión. M. Houellebecq (Anagrama)

Hombres buenos. Arturo Pérez-Reverte (Alfaguara)

Mortadelo y Filemón. Ibáñez (Ediciones B)

El domador de leones. Camilla Läckberg (Maeva)

El domador de leones. Camilla Läckberg (Maeva)

NO FICCIÓN

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Final de partida. Ana Romeroa (La Esfera de los Libros)

Final de partida. Ana Romero (La Esfera de los Libros)

Final de partida. Ana Romero (La Esfera de los Libros)

Final de partida. Ana Romeroa (La Esfera de los Libros)

Los mitos del franquismo. Pío Moa (La Esfera de los L.)

Las gafas de la felicidad. R. Santandreu (Grijalbo)

Wigetta. Un viaje. Vegetta777. Willyrex (Temas de hoy)

El cura y los mandarines. G. Morán (Akal)

Reinas y princesas... Jaime Peñafiel (Grijalbo)

Animalium. J. Broom (Impedimenta)

Cuando los hechos cambian. Tony Judt (Taurus)

Valladolid cotidiano... J. M. Ortega (Maxtor)

Sí, tú puedes . Cristina Soria (Temas de hoy)

El mundo de hielo y fuego. G. Martin (Gigamesh)

El pequeño dictador crece. Javier Urra (La Esfera)

Cosas que no olvidarás.... A. Arrazola (Lunwerg)

Valladolid Universal. Roberto Alonso (Elefantus Books)

La esencia secreta de las cosas. R. Monsalve (Guno)

Pactos y señales... J. J.Benítez (Ediciones B)

Placeres veganos. AA. VV. (NGV)

SANDOVAL VALLADOLID

LIBRERÍA DEL BURGO PALENCIA

SEMURET ZAMORA

PUNTO Y LÍNEA SEGOVIA

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Mujeres. Eduardo Galeano (Siglo XXI)

Sumisión. M. Houellebecq (Anagrama)

La templanza María Dueñas (Planeta)

La templanza. María Dueñas (Planeta)

Sumisión M. Houellebecq (Anagrama)

Carretera y manta. Diario de Greg 9. Jeff Kinney (RBA)

Hombres buenos A. Pérez-Reverte (Alfaguara)

Blitz. David Trueba (Anagrama)

Campos de retamas. Sánchez Ferlosio (Random House)

Distintas formas de mirar... J. Llamazares (Alfaguara)

Bienvenida Frau Merkel. Jambrina (Salto de Página)

Muerte de un padre. K. O. Jeffkiney (Molino)

Desfile de ciervos. Vicent (Alfaguara)

La templanza. María Dueñas (Planeta

El domador de leones... Läckberg (Maevaa)

Número cero. Umberto Eco (Lumen)

Número Cero. Umberto Eco (Lumen)

El tesorero. Paco Ibáñez (Ediciones B)

Número cero. Humberto Eco (Lumen)

También esto pasará. Milena Busquets (Alfaguara)

NO FICCIÓN

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NO FICCIÓN

Mis chistes, mi filosofía S. Zizek (Anagrama)

Final de partida. Ana Romero (La Esfera)

Palabrotalogía. Ortega. (Crítica)

Final de partida. Ana Romero (La Esfera de los Libros)

El fango. Baltasar Garzón (Debate)

Yo fui a EG 2. Ikaz/ Díaz (Pplaza y Janés)

Dinero, demogresaca... Prada (Temas de hoy)

La espada y la palabra. Manuel Alberca (Tusquets)

El establishment. Jones (Seix Barral)

El establishment. Jones (Seix Barral)

El capitál en el siglo XXI. T. Piketty (FCE)

Economía sin corbata. Y. Varoufakis (Destino)

Palabrotalogía. Virgilio Ortega. (Crítica)

Tranquilos y atentos como una rana. E. Snael (Kairos)

Minotauro global. Varoufakis (Capitán Swing)

El fango. Baltasar Garzón (Debate)

Cuando los hechos cambian. Tony Judt (Taurus)

Emocionarioo. VVAA (Palabras aladas)

Cuando los hechos cambian. Judt (Taurus)

Diario de un ministro. José Bono (Planeta)


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Sábado 23.05.15 EL NORTE DE CASTILLA

La mujer invisible E

ntre las imágenes alegóricas que el paseante puede observar en la fachada barroca de la Universidad de Valladolid, ocupa un lugar especial la dedicada a la Sabiduría. No podría ser de otro modo si tenemos en cuenta que el lema de la institución es «Sapientia aedificavit sibi domum». La imagen de piedra, con una pluma y un libro, tiene bajo sus pies a la ignorancia, representada por un niño con los ojos vendados. La frase lapidaria «La sabiduría se construyó una casa», tomada del libro de los Proverbios, se completaba con las palabras «y labró siete columnas», atribuyéndose el significado por los exégetas a la profecía de Salomón en la que se consideraba a la Virgen María como el edificio en que Cristo quiso construir su primera casa. El hecho de ser una frase salomónica y la circunstancia de que el rey Salomón fuese considerado por los cabalistas como uno de sus inspiradores, hizo que, muy a menudo, se tradujeran esos siete pilares o columnas como los siete sefirot del empíreo –es decir las siete acciones creadoras de la divinidad– que nos aproximaban a la tierra los siete gobernadores. Estas interpretaciones, pese a lo críptico de sus orígenes, no estaban distantes, sin embargo de los principios de la ciencia, es decir del uso de la mente y de la necesaria adquisición del conocimiento. En la Grecia clásica, por acudir a un ejemplo siempre radical y luminoso, la Sabiduría, que era una diosa, nacía de la frente de Zeus, dejando claro que la erudición y lo que representaba sólo podían salir de una cabeza divina, ya que en esa parte del cuerpo se albergaban las más nobles esencias y los más altos pensamientos. La sabiduría no fue nunca una cuestión de género. Sin embargo, y aunque muchas mitologías reconocen la existencia legendaria de divinidades femeninas ligadas a la inteligencia y al conocimiento, la ausencia de la mujer en la Universidad española forma parte de la historia negra de nuestro país. Tanto las razones de esa injusta situación como las consecuencias que se derivaron de un hecho machista y estéril, han sido estudiadas y lamentadas profunda y largamente. Solo necesitaré recurrir a un ejemplo para denunciar los prejuicios que ni siquiera la razón o el

‘La Verdad saliendo del pozo’. Edouard Debat Ponsan, 1898.

análisis fueron capaces de moderar: cuando la escritora palentina Sofía Tartilán solicita un prólogo a Mesonero Romanos para su libro titulado ‘Costumbres populares’ (estamos hablando de 1881), el madrileño le contesta con una carta prepotente e inadecuada que Tartilán, muy inteligentemente, utiliza para encabezar su obra, segura de que el tiempo, que todo lo cura, habría de servir no solo para valorar su esfuerzo y para encomiar su capacidad e inteligencia, sino para arrojar sobre el misógino setentón de Mesonero toda la vergüenza que su escrito le debía haber pro-

curado si lo hubiese revisado con un mínimo sentido crítico. De muestra servirán simplemente unas líneas: «Siempre he creído –escribía Mesonero– que la índole especial del talento femenino se aviene más con la expresión de los afectos del corazón y con las galas de la poesía, que con aquellos asuntos que requieren una aptitud especial de observación y de estudio, un profundo juicio crítico, gran conocimiento del mundo, y variada y extensa instrucción». La actitud y los comentarios de Mesonero parecerían excepcionales para la actitud que hoy predica la so-

ciedad –aunque no siempre la observe–, pero durante mucho tiempo fue moneda corriente y más aún entre «intelectuales» que podrían haber intentado al menos corregir tendencias o manifestarse contrarios a costumbres poco aceptables. Las palabras tantas veces repetidas de Ortega y Gasset en las que un pensador como él se adhería sin condiciones a un comentario casi tabernario son sintomáticas: «El hombre inteligente siente un poco de repugnancia por la mujer talentuda». Sin palabras... Pero si hacemos excepción de una grande de España y

miembro de honor de la Real Academia Española que fue María Isidra de Guzmán y de la Cerda, doctora por Alcalá en el siglo XVIII, la primera licenciada en medicina por la Universidad Central fue Martina Castells y Ballespí en 1881. El periodista que reseñaba en ‘La Ilustración Española y Americana’ el evento, se preguntaba también qué es lo que había pasado en la sociedad española durante los siglos XVIII y XIX que había alejado a las mujeres del ámbito académico, y recordaba como excepciones contrarias precedentes de ese nefasto período los ilustres nombres de Beatriz Galindo –fundadora del hospital de la Latina–, de Francisca de Nebrija –hija de Antonio de Nebrija y catedrática de Retórica en Alcalá–, de María de Mendoza –bisnieta del Marqués de Santillana– y de tantas otras mujeres que hasta el siglo XVIII habían brillado en el mundo de la literatura y en otros campos del saber. En lo que respecta a la Universidad de Valladolid, parece que –según las investigaciones de Consuelo Flecha– la palentina María Luisa Domingo García fue la primera licenciada en Medicina, en el año 1886. Hace poco tiempo, y con motivo de una exposición de retratos de universitarios ilustres del siglo XIX en los que se hacía patente la ausencia de mujeres, Milagros Alario, decana de la facultad de Filosofía y Letras, me recordaba la vida y avatares de Luisa Cuesta, tan tristes como injustos. Luisa, riosecana olvidada y profesora de la UVA, tuvo el mérito de luchar y mantener su criterio desde que finalizara sus estudios en Valladolid en 1918 con premio extraordinario en la sección de Historia hasta que, expedientada y depurada después de la Guerra Civil por su actitud progresista, se refugió definitivamente en el mundo de los libros que siempre había sido su ámbito natural y preferido. Pilar Egoscozábal y María Luisa Mediavilla, que recientemente reivindicaron en un artículo la memoria y actitud de Luisa Cuesta, recordaban cómo defendió, durante la contienda que tanto daño hizo al país, con una rectitud insólita en aquellas circunstancias en que tan frecuentes fueron la cobardía y el odio, a unos compañeros sacerdotes, lo que le causó graves problemas en el momento –como el de ser acusada de «defensora de curas»– y otros tantos más al finalizar la guerra y ser inculpada de haberse aprovechado de las bibliotecas de las órdenes religiosas cuando lo único que hizo fue salvarlas de la destrucción o del fuego. Su historia, enmarcada en una época que debería avergonzarnos por haber permitido

que afloraran los peores sentimientos convirtiéndose en norma de conducta por encima de las leyes y del sentido común, su historia –repito– es un ejemplo de dignidad en unos años en que el «colorido político» tenía más importancia que el intelecto provocando revanchas y comportamientos malquistos. Sus trabajos sobre la imprenta en Burgos y en Salamanca todavía son utilizados por quienes intentan hacer una historia de la tipobibliografía en España, a pesar de que permanecieron incomprensiblemente inéditos tantos años. Vuelvo a insistir: la sabiduría no es una cuestión de género, pero la violencia y el odio pueden serlo porque se alejan de la razón y del discernimiento para adentrarse en la jungla más intrincada y primitiva que devuelve al individuo a sus peores orígenes. Parece entonces que la evolución del ser humano hubiese seguido caminos diferentes según lo determinara el sexo haciendo caso omiso de la inteligencia. Y la inteligencia –no sé si sería necesario recordarlo aquí– es la capacidad de comprender y asimilar los conocimientos para elegirlos y hacerlos nuestros.

LA PARTITURA JOAQUÍN DÍAZ

«La ausencia de la mujer en la Universidad española forma parte de la historia más negra de nuestro país» «Luisa Cuesta es un ejemplo de dignidad en unos años en los que el ‘colorido político’ tenía más importancia que el intelecto»


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LA SOMBRA DEL CIPRÉS

Sábado 23.05.15 EL NORTE DE CASTILLA

Director: Carlos Aganzo Coordinadora: Angélica Tanarro

Los replicantes L

os encargados de dilucidar el futuro de la robótica aseguran que pasaremos por un estadio presidido por la extrañeza, y en el que ya no podremos distinguir a primera vista un ser humano normal

de un replicante elaborado artificialmente. ‘Blade Runner’ trata en realidad de ese momento profetizado por los estudiosos de la robótica. Para el pistolero del futuro encarnado por Harrison Ford no es tan fácil lo-

calizar a los replicantes. Son iguales que los demás. Miento: son en realidad más perfectos y tienen sentimientos más profundos que los nuestros y más conectados con la infinitud del universo y su deslumbrante suce-

sión de nebulosas y galaxias. El mundo de los replicantes es más antiguo de lo que creemos. En el Génesis el hombre es una especie de replicante menor de Dios y sus ángeles, y en la mitología griega abundan las estatuas

:: ILUSTRACIÓN IRENE GRACIA

vivientes fabricadas por artesanos celestiales como Hefaistos. Pero hay que advertir que se trata siempre de replicantes anteriores al estadio de la extrañeza, muy anteriores, ya que esos replicantes de la antigua Grecia dejaban clara su naturaleza metálica y artificial, como los autómatas que elaboraba Juanelo Turriano, ingeniero al servicio de Carlos V. Lo interesante de ‘Blade Runner’ es que se trata de la primera vez que la literatura y el cine se adentran en los misterios del estadio de la extrañeza y viven desde dentro el vértigo de la confusión. Tanto en la novela de Philip K. Dick en la que se basa el film como en la obra de Ridley Scott sentimos mucha simpatía por los replicantes, que nos parecen más humanos que los humanos. Todo indica que ese sueño, o esa pesadilla, se hará algún día realidad y nos costará saber si nuestra novia es humana o un ser artificial. Ese problema identitario podría derivar en tragedia si de pronto, en lugar de dudar de tu novia o tu novio, dudases de tus padres. Una tarde, mientras te bañas en la piscina, percibes que hay algo extraño en el cuerpo de tu padre, algo ligeramente robótico. El terror psicológico está asegurado. En una de sus novelas, Torrente Ballester crea una replicante sublime: un robot femenino que compone poesía mística de muy alto voltaje. Es casi imposible no enamorarse de ella. No en vano, es la primera replicante de la ficción universal capaz de componer poesías tan elevadas como las de santa Teresa. La ironía de Torrente Ballester no puede ser aquí más certera. Nos presenta un robot, cierto, pero un robot místico que se entrega a las más portentosas e inspiradas operaciones líricas vinculadas a la esencia de la divinidad. Así desarmas a cualquiera. Antes de ‘Blade Runner’ los replicantes que salían en las películas no eran propiamente robots biológicos, más bien solían ser extraterrestres que imitaban la apariencia humana: un subgénero todavía presente en nuestros días e insistentemente defendido por todos los que creen que los extraterrestres llevan un tiempo entre nosotros y que no los distinguimos porque son lobos que saben disfrazarse muy bien de corderos. A ese respecto, tengo un amigo que está convencido de que ya estamos viviendo en el estadio de la extrañeza. ¿Desde cuándo? Mi amigo calcula que desde hace medio siglo. Una madrugada, yendo con él hacia París en un expreso nocturno me contó los siguiente:

MITOLOGÍAS JESÚS FERRERO

«En el Génesis, el hombre es una especie de replicante menor de Dios y sus ángeles» «Torrente Ballester creó una replicante sublime: un robot que compone poesía mística de alto voltaje»

–Hace unos quince años conocí a una mujer en la catedral de Sigüenza, y hasta creí enamorarme de ella. La descubrí mirando el doncel de alabastro, y me pareció una mujer sublime. Su mirada verdosa era pura inteligencia: un mundo de esmeraldas líquidas en el que apetecía sumergirse. La observé con insistencia, por ver si ella me miraba a mí. Hasta que al fin me miró: Ay, Dios, fue como si una flecha de oro me atravesase en corazón, y a punto estuve de desvanecerme ante el muchacho de piedra que lleva no se cuántos siglos leyendo el mismo libro y nunca se cansa. Cuando me repuse del susto ella había desaparecido y salí del templo y recorrí las calles desiertas hasta que la volví a ver en el bar de la estación. Tres noches después la mujer y yo nos fuimos a un hotel de Madrid, y tuvimos relaciones sexuales de muy alta intensidad. No te lo puedes imaginar. Estábamos como quien dice en el paraíso cuando sentí la escalofriante certeza de que la mujer que me acariciaba y me recitaba al oído ‘El cantar de los cantares’ era una replicante. Desde entonces vivo sin vivir en mí.


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