Sábado, 11.10.14 Número CLXXX
SOMBRA CIPRES LA
DEL
¿Quién fue Teresa de Ávila? El V Centenario de una de las cumbres de la literatura mística es una oportunidad para profundizar en su obra [P2]
Escultura de Santa Teresa de Jesús, de Gregorio Fernandez, en el Museo Nacional de Escultura. :: FRAN JIMÉNEZ
2 LA SOMBRA
DEL CIPRÉS
MONJA, MÍSTICA Y REBELDE
Todas las Teresas de Teresa de Ávila El V Centenario del nacimiento de la santa redescubre un deslumbrante perfil de mujer, fundadora y escritora CARLOS AGANZO
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l pasado martes, en su discurso de aceptación del Premio Nacional de las Letras Teresa de Ávila, Antonio Colinas habló de las muchas Teresas que se encerraban en la personalidad deslumbrante y extraordinaria de la patrona de los escritores. Teresa de Cepeda y Ahumada, Teresa de Jesús, Teresa de Ávila, Santa Teresa... Cinco siglos después de su nacimiento, la apreciación de Colinas no puede ser más certera: sobre la mujer, la mística y la religiosa que llegó a ser santa y doctora de la Iglesia; sobre todas ellas, la escritora que situó a la lengua española en una de sus más altas cimas. Para hablar, siquiera someramente, de las Teresas de Teresa hay que empezar poniendo la mirada, de manera muy especial, en su condición de mujer. Crecida en el seno de un hogar acomodado del siglo XVI, forjada en la lectura primero de los libros de caballerías y después en los de oración, si una cosa tuvo clara desde el principio Teresa de Cepeda fue que ella nunca se dejaría atrapar por la «esclavitud» del matrimonio, una institución que relegaba ineludiblemente a las mujeres a un segundo plano, con respecto a sus maridos, en todos los órdenes de la vida, sino que buscaría su libertad creándose su propia familia, forjando, junto a sus hermanas, un espacio diferente donde ni las pompas ni las circunstancias de la vida social, en todas sus escalas, pudieran hacer con ellas lo que hicieron con la inmensa mayoría de las mujeres de su tiempo. En una encuesta realizada hace unos años por las universidades europeas, sobre quiénes serían los personajes de nuestra historia que mejor podrían encarnar el espíritu de Europa, y en la que Leonardo da Vin-
Retrato de Santa Teresa. :: EL NORTE ci destacó de manera rotunda, la primera mujer de la lista resultó ser Teresa; también la primera española. Muy pocas mujeres de su tiempo, ni de la mayor parte de los siglos que vinieron después, supieron luchar como ella por la libertad femenina; baste comprobar, con machacona insistencia, que una buena parte de los textos teresianos censurados tras la muerte de la santa no lo están por razón de su ideología ni de su sustancia teológica, sino precisamen-
Su gracia personal fascinó a reyes y a nobles, a santos, a grandes sabios y a gentes sencillas
te por su toma de posición en defensa de la condición de la mujer frente a la imposición de los hombres. Con su gracia personal, a medio camino entre la ternura y la firmeza, entre la profundidad y la ironía, Teresa de Jesús fascinó a reyes y a nobles, a santos, a grandes sabios y a gentes sencillas, y supo imponer su criterio, como muy pocos en su tiempo, frente a envidias, celadas, persecuciones e inquisiciones. Todos cuantos la conocieron coinci-
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dieron en la seducción que ejercía sobre los demás. Sobre esta mujer única, empero, en ningún momento podemos dejar de lado su impronta como religiosa. Monja primero, fundadora después de una comunidad cuyo espíritu sigue vivo y palpitante a través de los siglos, y finalmente doctora de la Iglesia y santa, en un podio al que muy pocos, dentro del inmenso acervo espiritual del Cristianismo, han tenido acceso. Y sobre todas ellas la mística, esa rarísima condición del que, sobre las cadenas de la tierra, es capaz de emprender un vuelo que supera las limitaciones humanas y que accede a adentrarse en lo inefable tocándolo, haciéndolo suyo. Cinco siglos de historia teresiana en los que sus experiencias místicas siguen siendo todavía materia de asombro para estudiosos e investigadores de todo el mundo, de todas las éticas y las estéticas, de todas las culturas imaginables... Y falta, naturalmente, en el retrato esencial de esta abulense universal, hablar de ese libro y esa pluma con la que se la representa en su iconografía clásica. Una imagen que es posible encontrar y reconocer en cualquier lugar del mundo, por lejano que esté de esa tierra de Ávila de la que ella un día quiso sacudirse hasta el polvo de las sandalias, pero que forma parte ineludible de su más auténtico modo de ser, de pensar, de sentir y de volar a través del tiempo y la historia. Porque si deslumbrante fue la mujer, ejemplar la religiosa y arrebatadora la mística, lo cierto es que el misterio de la escritura de Teresa sólo podría compararse, en no pocos sentidos, con el desbordado caudal literario de un Miguel de Cervantes. Desde la propia raíz estética de la caligrafía hasta las altísimas cumbres de la expresión lingüística. Desde la compleja sencillez de sus escritos hasta la abrumadora profundidad que alcanza en la manifestación de su pensamiento. Desde la aparente fragilidad de una voz de mujer, volcada en sus hijas espirituales y atrapada por el ritmo de las pequeñas cosas, hasta la indomeñable fuerza expresiva de una literatura que habla de las esencias más íntimas del hombre para llegar, a través de ellas, hasta los secretos recónditos de Dios. Desde la fingida obediencia a sus superiores hasta la consecución, a través de la escritura, de las más altas cotas de libertad a las que puede aspirar un ser humano. «Lee y conducirás; no leas y serás conducido», dejó escrito para siempre Teresa de Ávila. Muy pocas mujeres, muy pocas personas, muy pocos escritores supieron, como ella, hasta dónde puede llevarnos de verdad la palabra.
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Las huellas de sí misma en la escritura El centenario de Teresa de Ávila es una buena ocasión para recuperar lúcidos ensayos y biografías que nos acercan la personalidad de esta mujer extraordinaria
ANGÉLICA TANARRO
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uién fue Teresa de Ávila? ¿Qué nos dice esta extraordinaria mujer, gran escritora, cumbre de la mística, rebelde y sencilla al mismo tiempo a los hombres y mujeres de hoy? ¿Cómo leer a Santa Teresa en un mundo tan alejado del suyo, aunque quizá más próximo de lo que pudiera parecer, pues todas las convulsiones, y el suyo y el nuestro son mundos convulsos, tienen puntos de conexión? La celebración de un centenario que ya ha comenzado, y que tendrá sus puntos de mayor concentración el año próximo cuando se cumplan los cinco siglos de su nacimiento, debería servir para profundizar en el conocimiento ‘auténtico’ (si es que se puede decir así sin resultar una redundancia) de una de las personalidades más importantes que ha dado nuestra cultura, pero sobre todo de su obra. Que sea realmente así y que el centenario vaya más allá de los fastos que estas celebraciones llevan consigo es de momento un interrogante. Pero hay algo que de entrada está al alcance de todos: la relectura atenta y desprejuiciada de su obra. Lectura para la que existen guías. Y esa es otra de las posibles aportaciones de la efemérides: recuperar obras que si caer en la fácil o bienintencionada hagiografía suponen una luz para adentrarse en el pensamiento de Teresa de Jesús. Por ejemplo, biografías que aportan algo más que la detallada y documentada razón de vida de una mujer que, si nos atenemos a sus múltiples empresas, pareció aprovechar cada minuto del tiempo que anduvo por esta tierra. Obras como la de la hispanista Rosa Rossi que desde la génesis de los escritos teresianos iluminó las relaciones entre obra y conciencia y trazó así la personalidad de una autora que, aunque declarada santa, vivió siempre con la amenaza de ser silenciada por la Inquisición. Alguna de las preguntas que se hacen al comienzo de este artículo están también en el inicio de ‘Teresa de Jesús’, la biografía que la poeta y ensayista Olvido García
Versión facsímil del ‘Libro de la vida’, de Teresa de Jesús. :: EL NORTE
Valdés escribió para la tristemente desaparecida colección Vidas literarias que dirigió Nuria Amat. El libro, que aún es posible encontrar a poco empeño que se ponga en la empresa, trata de responder precisamente a dos preguntas que se harán muchos lectores ¿Cómo leer hoy a una mística cristiana del siglo XVI?, y ¿cómo leerla, por otra parte, desde una postura agnóstica? García Valdés se pregunta a continuación la cuestión clave: «¿Quién fue esa mujer, enferma y monja, en cuyos textos oímos hablar un castellano solo comparable al del Quijote, con el que nos cuenta experiencias tan subidas como las de Juan de la Cruz, y que al mismo tiempo funda conventos, dirige una reforma religiosa y se enfrenta con castas influyentes y eclesiásticos poderosos?» Cómo liberarnos, por otra parte, de la imagen que conocemos desvirtuada muchas veces por la tradición «y por el discurso más rancio que se apoderó de ella muy pronto».
Tonalidades García Valdés hace el camino dejándose llevar por su palabra. «Por suerte su época está muy documentada. Entonces lo único que hace falta es leerla con cabeza porque ella te va iluminando y va dejando huellas de sí misma, en la manera de hablar pero también en lo que va dejando sobreentendido». Siendo la suya una obra «de muy distintas tonalidades» encuentra la biógrafa elementos comunes en su «inteligencia impresionante y en el trabajo de introspección» que realiza, no en vano ella escri-
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Kate O’Brian se confiesa apasionada y arbitraria cuando escribe de la santa ¿Cómo leer hoy a una mística cristiana del XVI y cómo leerla desde una postura agnóstica?
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Los peligros del alma y su paradójica victoria
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eresa de Jesús, que fue lectora apasionada de los libros de caballerías y tuvo desde la infancia deseos de salir al mundo para enfrentarse al infiel y sufrir martirio, llegó a la cumbre de su escritura adulta resumiendo la unión del alma con Dios
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bía por una parte para dar a conocer sus experiencias a las monjas pero también a su confesor y para pedir opinión a los letrados», mientras la Inquisición miraba con lupa. «Hay que tener en cuenta que el ‘Libro de la Vida’ está muy pronto en la Inquisición y que aún lo estaba en 1586, es decir, cuatro años después de su muerte, cuando Ana de Jesús pide su devolución». Todavía volvería a los censores tras la edición que del libro hizo Fray Luis de León. Uno de los atractivos del libro de García Valdés es esa especie de diario que la autora intercala entre sus capítulos y que recoge sus impresiones a medida que se relaciona con la extraordinaria personalidad de una mujer que en un principio no quería para sí ninguna de las dos opciones que se le planteaban a una mujer de su tiempo: los hábitos o el matrimonio. Además de reflejar la fuerza de la experiencia que supuso la escritura de la obra le permite al mismo tiempo contextualizar su tra-
«Solo hace falta leerla con cabeza porque te va iluminando», dice García Valdés El ‘Libro de la Vida’ aún estaba en la Inquisición en 1586 Pablo D’Ors anima a adentrarse en la biografía de Medwick desde un punto de vista existencial
–lo que más le importaba– en el símil del castillo. Se trata de un castillo de diamante para llegar a cuyo centro, el alma tiene que recorrer, venciendo pruebas, seis moradas hasta alcanzar la séptima, donde se encuentra aquél que es su objetivo. Este trayecto constituye, sin duda, una
bajo con el de autores como Clarice Lispector o Simone Weil, «o en otras palabras tratar de averiguar qué es la mística después de Nietzsche».
De acento diverso El centenario será ocasión también para ediciones y reediciones de muy distinto signo. Algunas de las primeras ya han llegado a las librerías. Dos ejemplos: el retrato, breve, que de la santa hizo la escritora irlandesa Kate O’Brien (Lymerick, 1987-Canterbury, 1974) recién publicado en Vaso Roto. Nada mejor que ‘escuchar’ a la autora que tanto amó este país y su cultura y cuyo recuerdo de su paso por Ávila ha sido recientemente ‘restaurado’ para entender ante qué tipo de escritura estamos: «Escribo sobre Teresa de Ávila por propia elección, que es apasionada, arbitraria y personal (…) Pero no me propongo escribir acerca de la Santa canonizada. Lo que pretendo es examinar a Teresa no mediante las reglas de la canonización sino por lo que –santa o no— fue ella misma: una mujer genial».
Con luz propia Y, por último, la biografía de Teresa de Jesús salida de la pluma de la neoyorkina Cathleen Medwick que acaba de llegar a las librerías de la mano de Maeva y en cuyo prólogo Pablo D’Ors anima al lector a adentrarse en ella desde un punto de vista existencial. «Decir existencial es en el caso que nos ocupa –afirma el prologuista– sinónimo de espiritual. En sucesos y anécdotas distintos a los propios, el verdadero escritor, con el devenir de sus personajes, ayuda al lector a interpretar simbólicamente los sucesos de su propia vida». Y vendrán muchas más. Cabe esperar ahora que estamos al inicio de la conmemoración que Teresa de Jesús tenga la misma suerte que tuvo Juan de la Cruz en su centenario y sean su figura y su obra fuente de estudios rigurosos e iluminadores de una obra que en definitiva tiene luz propia.
arriesgada peripecia. Santa Teresa afirma que dicha imagen se le apareció espontáneamente «estando suplicando a Nuestro Señor hablase por mí», pero no por ello deja de llamar la atención la similitud de su relato con otros que, desde la antigüedad, ha dado el imaginario hu-
CLARA JANÉS
mano. Aunque no habla de un castillo, el ‘Libro de los muertos’ egipcio describe cómo el difunto tiene que cruzar siete espacios –siete puertas– hasta llegar ante Osiris con el cual se identifica y así entra en su ser de luz, su ‘ankh’, es decir, forma unidad con el Dios, que en este caso
es el sol de noche –imagen que se da también en la mística–.Estas siete etapas simbólicas por las que se pasa hasta culminar una meta se repiten a lo largo de la historia de las culturas. Asín Palacios, en su artículo póstumo: «El símil de los castillos y moradas del alma en la mística is-
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lámica y en Santa Teresa», recogido en la obra Sadilíes y alumbrados, cita diversos autores que emplean dicho símil. Por su parte, Luce López Baralt estudió el mismo símbolo en la obra de Nuri de Bagdad, ‘Las moradas de los corazones’, mientras Antón Pacheco lo rastreó en ‘El libro de los templos de las luces de Sohravardi’. Pero ya en la primera mística judía de la Merkabá, según el ‘Libro de Enoch’, los hejalot eran moradas o palacios celestes que
el visionario debía recorrer hasta hallar, en el séptimo, el Trono de la gloria divina. Esto lo recogió Moshé de León en el Zohar, el Libro del esplendor. Por otra parte, Gershom Scholem, en ‘Las grandes tendencias de la mística judía’, emparienta esta mística del Trono –donde Dios es Majestad (¡y cuántas veces Teresa de Jesús se refiere a Dios como Su Majestad!)– con los gnósticos y los herméticos de los siglos II y III, y el ascenso del alma «a través de las esferas
de los ángeles-planetas» y «el retorno a la morada divina en la ‘plenitud’ de la luz de Dios». La repetición del siete, un siete que conduce a la luz suprema, procede indudablemente de los planetas. Siete planetas, siete cielos zoroastrianos y sus ángeles de luz, los siete cielos del Amor (recorridos por Attar según Rumi), los siete valles que han de cruzar los pájaros de la mitología irania hasta llegar al Rey, el Simurg (El lenguaje de los pájaros de Attar)...
El alma está en peligro, incluso respecto a sí misma. Esto lo sabía la Santa y por eso la transforma en caballero lanza en ristre
Todo ello queda bien enmarcado en el concepto del inconsciente colectivo defendido por Jung y en su teoría de los arquetipos, al hablar de los cuales cita «los peligros del inconsciente» y los identifica con «the perils of the soul» (los peligros del alma). Añade que los esfuerzos de la humanidad se dirigen siempre «al fortalecimiento de la conciencia». El alma, en efecto, está en peligro, incluso respecto a sí misma. Y esto lo sabía muy
bien la Santa. Por ello, la transforma en caballero lanza en ristre, para que alcance la séptima morada, donde «acaecen cosas de gran secreto» (Gaetano Chiappini). Sólo en este punto puede liberarse de la amenaza del maligno. Llegada al centro del diamante, la unión es tan fuerte que Teresa afirma: «parece que desfallece el alma de suerte que no le falta tantito para acabar de salir del cuerpo: a la verdad, no sería poca dicha la suya».
¿Una o muchas Teresas de Ávila?
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Santa Teresa de Jesús, según el retrato de Fray Juan de la Miseria.
n el pórtico del quinto centenario del nacimiento de Teresa de Ávila releemos su obra, entramos en una sintonía especial con ella, pero siempre, ante su mundo, volvemos a preguntarnos: ¿Existe una o muchas Teresas de Ávila? Porque, de entrada, de quién hablamos: ¿de Teresa de Ávila, de Teresa de Jesús, de Santa Teresa? ¿Pensamos en la Doctora de la Iglesia o en la mujer luchadora y reformadora de su tiempo que no dudaba en tratar con los poderosos, de escribir al mismísimo Rey para preocuparse por el encarcelado Juan de la Cruz? ¿Pensaremos en la mística sublime, la que se sumergía en estados de ánimo o en situaciones a las que ella misma dio nombre en sus escritos: éxtasis, arrobamiento, arrebatamiento, ensimismamiento, recogimiento, elevamiento, suspensión, trance, ímpetu, unión, enajenación, rapto, vuelo…? ¿Y no recordamos, ante este último término, el «que voy de vuelo» del verso sanjuanista? Releer a Teresa de Ávila o revivir su mundo supone siempre hacernos un sin fin de preguntas, porque además nos perturba su prosa, que no es florida y marfileña como la de un Fray Luis de Granada o un Fray Luis de León, sino naturalísima, sabrosa, plagada de retruécanos, turbadora y levemente oscura, misteriosa. Es la prosa de una persona que escribía a vuela pluma, de un tirón, sin corregir, sentada en el suelo hasta que sus hermanas la sacaban de este otro trance: el de escribir. Pareciera que es una mujer elemental y rústica la que escribe, pero sabemos muy bien que Teresa poseía una notable base cultural. En primer lugar, por su formación lectora («si no tenía libro nuevo –nos dijo– no me parece tenía contento»). Recordemos que en la biblioteca de su padre, Don Alonso,
ANTONIO COLINAS
Nos perturba su prosa, que no es florida sino naturalísima Cualquier aproximación a la vida y obra de Teresa es inagotable manantial
estaban las obras de Virgilio, Cicerón, Séneca o Boecio; que desde su juventud estaba familiarizada con las lecturas en romance; concretamente fue, antes de ser religiosa, una gran lectora de los Libros de Caballería. Pero luego vinieron lecturas más enjundiosas: Francisco de Osuna y su Tercer abecedario espiritual, que le regaló su tío Pedro en Hortigosa, cuando iba camino de la curandera de Becedas; Bernardino de Laredo, Bernabé de Palma, las Flos Sanctorum; por supuesto los textos bíblicos, Antonio de Guevara, Alonso de Madrid, Pedro de Alcántara, los libros prohibidos, pero por ella recordados, de Fray Luis de Granada, San Agustín y sus Confesiones… Sí, también hay una Teresa no sólo escritora, sino profundamente lectora. Pero esta mujer que acudía en busca de ayuda a las casas de los Señores no era la misma que salía a los caminos, a pie, a lomo de mula o en carromato? Entraba a fundar en las ciudades de noche, medrosa, en secreto, como en el caso de Medina del Campo. Y nunca se arredró –enferma siempre– ante los peligros o los problemas de los caminos, como cuando va a fundar a Burgos bajo lluvias torrenciales y se encuentra con los ríos desbordados. O como cuando, esclava del deber, acude a la llamada de la Duquesa de Alba, y en Alba muere. Eran las duras pruebas de sus viajes, que Teófanes Egido ha reconocido como “la tortura de ponerse en viaje” y que ella misma expresó con este verismo: «Los grandes trabajos de los caminos, con fríos, soles, con nieves; que venía vez no cesarnos en todo el día de nevar; otras, perder el camino; otras, con hartos males y calenturas». ¿Una Teresa enferma toda la vida, que llegó a estar cuatro días como muerta, pero que a la vez poseía una energía, acaso espiritual, que le
permitió llevar una vida dinámica en el mundo? Pero, a la vez, tuvo una vida interior, cercana a la serenidad, a la soledad, al silencio, que sólo podía proporcionarle esa otra energía espiritual que neutralizaba el mundo, o la enfermedad, o los problemas familiares, o las tensiones que implicaban sus reformas. En una de sus frases encontramos esta dualidad, hermosa y terrible a la vez, que ella supo fundir en una idea superior de Unidad: «Por una parte me llamaba Dios; por otra, seguía al mundo». Entrando directamente en su obra literaria, sabemos muy bien que la Teresa de la ‘Vida’ es (y a la vez no lo es en puridad) la Teresa de las Fundaciones, y la de ‘Camino de perfección’ nada y mucho tiene que ver con la de las ‘Moradas’, y ésta obra, a su vez, con sus sencillas ‘Exclamaciones’ y sus poemas. Su poesía fue humilde y de raíz popular, pero a veces daba con la gema de lo esencial, como en aquellos dos versos suyos: «Nada te turbe,/ nada te espante…» Cualquier aproximación a la vida y a la obra de Teresa es manantial inagotable, pues nos turba, nos sumerge en una de esas vidas incomparables dotadas para el mundo y para lo que está más allá. En el fondo de su lucha de «contrarios contra contrarios», que diría Juan de la Cruz, se dio una verdadera revolución espiritual que nació aquí, en nuestra Comunidad, y en un triángulo concreto que tiene por vértices las ciudades de Ávila, Salamanca y Medina del Campo. Y, en el centro de ese triángulo, otras «semillas», otros lugares como Fontiveros; o «lugarejos» como Duruelo, donde Teresa y Juan tuvieron uno de sus primeros encuentros. Sí, no hay una Teresa de Ávila, sino muchas Teresas y, a la vez, fundidas en esa única Teresa que revela la plenitud y la Unidad de ser para lo de aquí y para lo de más allá.
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Ilustraciones de George Cruikshank para ‘Tristram Shandy’.
De Cervantes en Sterne 22-28 de septiembre Boquiabierto releo ahora ‘La vida y las opiniones del caballero Tristram Shandy’, de Laurence Sterne, un autor de quien escribió Virginia Woolf que «toca ligeramente con sus manos la imaginación, el ingenio y la fantasía». Lo leo en la gran traducción, ya antigua, de Javier Marías; y lo hago incitado por la aparición ahora en español (en Impedimenta) de la versión como novela gráfica que en 1996 llevó a cabo Martin Rowson. Sterne (1713-1768) forma parte de esa categoría de escritores que se caracterizan por su rareza y atipicidad. Clérigo, hijo de militar y bisnieto de obispo, se encuentra de lleno inmerso en una tradición literaria que bebe de las fuentes principales de Rabelais y de Cervantes, a quienes el propio Sterne estimaba sobremanera. De ellos toma especialmente dos de los rasgos definitorios de la novela moderna: el humor y el artificio biográfico. Las aventuras del libro son un laberinto que conducen a la sonrisa, a la evasión rabelesiana; las desventuras, por su parte, conllevan una enorme tristeza quijotesca, que aboca a una realidad
tan cruda como el despertar de un sueño. Sin embargo, con la misma libertad de un Rabelais y la misma inventiva de un Cervantes, creador del humor novelesco por excelencia, es decir, del humor como un punto de vista serio desde el que narrar hechos deliberadamente extravagantes, Sterne llega a proponer una nueva aparición de lo cómico. Lo hace insertándolo directamente en el entramado del texto: un humor que guarda estrecha relación con la naturaleza artificiosa del propio relato. Abundan aquí juegos, capri-
OTRA GALAXIA ADOLFO GARCÍA ORTEGA
chos, excursos, digresiones y variantes en la composición de la novela (o suma de novelas, en realidad), y con ellos inicia Sterne una tradición literaria en la que hay que posicionar después a autores como Dickens, Carroll, Joyce, Queneau, Grass o Perec. De Cervantes, Sterne aprende también a romper con los esquemas propios de la novela de su tiempo. A veces lo hace anticipándose a cierta literatura del absurdo. Desde luego, la narración del ‘Tristram Shandy’ no es en absoluto lógica ni lineal. Al contrario, está plagada de saltos, diálogos, capítulos de desigual tamaño sin criterio alguno en su estructura, episodios discursivos, frases interminables y frases interminadas, bromas, excesos, en definitiva, un mosaico de parcelas que, amalgamadas, dan una de las obras más libres de la literatura de todos los tiempos. Pero todo esto ya está en el ‘Quijote’ de manera implícita. Lo que hace Sterne es explicitarlo con machacona evidencia. Por eso el inglés fabrica un molde, más que un modelo (que es lo que fabrica el español). Un molde de creación destructiva, porque inventa la anti-novela, o la no-novela, cien años antes
De Cervantes, Sterne aprende a romper con los esquemas propios de la novela de su tiempo
del ‘Bouvard y Pécuchet’ de Flaubert y doscientos del ‘Ulises’ de Joyce. La publicación del ‘Tristram Shandy’ en varias entregas tuvo un interés popular inmediato, pese a que sólo el lector medio podía gozar de las obscenidades y del humor grueso. No fue tenida como obra de valor literario hasta mucho después de muerto su autor. Tampoco pretende moralizar. Como el cervantino Diderot,
Sterne busca la afirmación de la vida. Pero Sterne la transforma en parodia y la convierte en una explosión caótica de sentido sin límites precisos. También es verdad que hay momentos en que esa comicidad pretendida y artificiosa del narrador cae en largos párrafos de naturaleza sentimental, y el sentimiento, en Sterne, al contrario que en Cervantes, no está en la misma proporción que su ingenio. Un aspecto innovador que vale la pena destacar del ‘Tristram Shandy’ es el temporal. Aquí Sterne subvierte todas las normas propias de una narración autobiográfica. El tiempo puede permitirse contar un año en dos líneas y demorarse, en cambio, varias páginas para relatar lo que los dos hermanos protagonistas tardan en bajar los peldaños de una escalera. El tiempo, den-
tro del relato, se desvanece, pierde sus medidas, se dilata. Es más, esta obra, en realidad, no tiene tiempo lineal en su interior; ya que puede estar contándonos una vida –a base de fragmentos caprichosos con un orden secuencial no menos caprichoso– o puede estar contándonos un «texto infinito», cuyo final solo se producirá con la muerte de su autor, con el silencio. Un libro que no acaba, sino que se interrumpe. Un libro que no tiene más final que su lectura. El final es aleatorio, porque, como la Biblia, siempre habrá una «opinión» nueva que expresar y que añadir al resto de «opiniones». De Cervantes, asimismo, toma Sterne la noción de suma de relatos dentro de relatos, de digresiones dentro de otras digresiones mayores, de ironías dentro de ironías, en fin, compone una especie de «mueble con múltiples cajones y apartados secretos». De este rasgo, no necesariamente moderno (ya lo hacían autores tan dispares en el tiempo y en el estilo como Apuleyo y Juan Ruiz, y también se encuentra en ‘Las mil y una noches’ o en el ‘Guzmán de Alfarache’), participa buena parte de la literatura contemporánea. Esta consciente complejidad estructural, unida al sentido del humor en todas sus gamas (sutil, hilarante, tosco, culto, implícito, explícito, obsceno, cruel, etcétera), son sin duda los aspectos que más emparentan a Sterne con Cervantes y garantizan aún la pervivencia de tan singular e irreductible novela, o lo que sea ese texto endiablado y genial. En resumen: creo haber demostrado hasta qué punto el brillante cómic de Rowson abre el apetito de leer el ‘Tristram Shandy’.
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l sarcasmo de Gerardo Deniz es el arte de abrir los ojos en medio del derrumbe», escribió Octavio Paz, con esa peculiar capacidad suya de valorar incluso aquello que le pone en duda, y por la que un día lo recuperaremos. Me llevaron estas frases a nuestra primera estancia en México en 1998: habíamos conocido a Deniz unos años antes, durante su único viaje a España, y en el reencuentro nos propuso a Olvido García Valdés y a mí dar un paseo por el centro antiguo de la capital mexicana; el itinerario anti-turístico siguió, con asombroso detalle y apenas indicándolas con un gesto, las huellas del terrible terremoto de 1985, perceptibles aún por todas partes para su mirada. Aquella inquietante antología de grietas y ausencias expresa bien el tipo de fuerza negativa que mueve toda su obra. Así, las metáforas degradadoras, como ese cielo rosa igual que la panza de un cerdito, o la investigación de los espacios vacíos que ocupan el corazón de bloques y manzanas urbanos, y cuya topografía ni siquiera las fotos aéreas consiguen registrar. Quizá es el mismo gesto de ‘su’ lectura en Valladolid, cuando tuve que poner voz a sus poemas después de haberle presentado, mientras él con memorables y precisas palabras dibujaba el marco para cada texto. Así, algunos títulos, como el de su poesía completa, ‘Erdera’, la palabra vasca que denomina a todas las lenguas que no sean el euskera, o los de sus libros de artículos, ‘Red de agujeritos’ o ‘Anticuerpos’; pero también aquí un sesgo, una forma de nombrar no simplemente negativa. ‘Red de agujeritos’ evoca, con el diminutivo que resta solemnidad, una descripción del ‘Anónimo de Tlatelolco’, crónica de los últimos días del imperio azteca: «Golpeábamos, en tanto, los muros de adobe, y era nuestra herencia una red de agujeros» –identidad, pues, en la privación y la derrota, legado de un vacío vivido. ‘Anticuerpos’: negación que salva, que al menos se esfuerza por curar. Gerardo Deniz es la firma poética de Juan Almela, que nació en Madrid en 1934 y, tras pasar por Suiza, llegó al exilio mexicano en 1942. Su padre, un histórico del socialismo, le encargó corregir sus primeras pruebas de imprenta cuando tenía 14 años, y quizá desde entonces leer fue su biografía. Químico de extraordinaria formación autodidacta y traductor de exigentes estudios (Dumézil, Benveniste, Jakobson, Lévi-Strauss…), su erudición tiende sobre todo a esos modelos de saber: química o lingüística, un saber concreto, experimental, que pudiera excluir teorizaciones e ideología, que no consienta en instrumentalizarse, fin en sí mismo.
Ciudad de México desde el aire. :: DAVID DE LA PAZ
Gerardo Deniz
Anticuerpos para aprender a leer Que no separe el saber de la neutralidad de lo que existe: «‘Como yo’: // Me gusta de mi gata / que acepte lo inexplicable / sin renunciar al espíritu positivo» –aunque esto remita a su ciencia y no a su ánimo. Y el hilo que parte de lo biográfico, que ofrece en sus artículos la fascinación de insólitos recorridos (la lengua de los osetas o la prehistoria de la fórmula hexagonal del benceno), no ajenos a aquella lógica de las grietas, es quizá también el que ensarta las piezas de su inconfundible poesía. Ya en su primer libro, ‘Adrede’ (1970), se ve cómo las referencias históricas, literarias o científicas cristalizan en imágenes que persiguen la precisión de las sensaciones o los momentos evocados, y luego estas referencias van creciendo hasta que, por su amplitud
TIENDA DE FIELTRO MIGUEL CASADO
y abigarrado origen, distorsionan fuertemente el texto: enfriamiento, distancia con lo sensorial en vez de ajuste de la lente, autonomía de los ingredientes, palabas que acaban significando su propia extrañeza, divorcio entre hablas… de modo que, a la manera barroca y a la manera moderna, el poema sigue cursos emocionales independientes, parece escindirse y dividirse de sí. Podría equipararse el fenómeno al que se da en el pensamiento de Deniz, cuando su hiperracionalismo sin objeto se abre a las preguntas del absurdo. Ácido humor, sátira sin paliativos. Denuncia, demolición implacables. De la fantasía y la moralización, de los tópicos y los prestigios infundados, de lo políticamente correcto, de ideales y sentimientos. Nada puede tomarse en serio, porque nada es serio: «el poema
es, como debe, un absoluto choteo y desmadre». Pero algo sostiene la nítida convicción del tono, alguna clase de verdad debe subyacer a la ‘fosa escéptica’ en que todo cae. No me atrevo a decir qué. Quizá lo muestra otra evidencia que surge al leer sus poemas: lo que más conduce y unifica la sátira es el empeño contra los mecanismos de pensamiento codificados en la cultura y en la lengua, contra todas las formas de un lenguaje poético que concentra de modo ejemplar tales mecanismos. Esta conciencia negativa forma el núcleo de la escritura de Deniz, como si recogiera en ella aquel diagnóstico cernudiano sobre el «dialecto poético» (pese a que Cernuda no esté en su canon) y no se anduviera con contemplaciones para la ‘curación’, para generar los «anticuerpos». Poesía contra
la poesía y, en esa apuesta autodestructiva, una de las voces más ‘fuertes’ de la actual poesía en español. Después de un espeso silencio, hoy ya muchos lo reconocen. Una propuesta de lectura que, como las de los grandes poetas, reta a aprender a leer. Porque ni lo destructivo ni el vario saber convocado actúan, al cabo, para excluir al lector del texto; Eduardo Milán ha visto el matiz tonal –«una dicción poética de lenguaje oscuro emitido en tono conversacional»– que trae la palabra de Deniz al espacio de lo cotidiano. Instantes de la vida de la ciudad, lugares y ruidos, el trajín de un ir y venir que se parece a la existencia, se integran en un hilo digresivo, afín en cierta medida al monólogo interior, como si de la contigüidad joyceana entre lo vulgar y lo mítico viniera también este rumbo como errante del discurso. Ráfagas de la vida cotidiana que atraviesan la densidad del conocimiento y salen de ahí trasladadas a otro lugar, movidas. Nada se puede fijar. En un viaje posterior a México, me recuerdo, cerca ya de la despedida, queriendo hacerle una foto a Deniz; al pulsar, la mirada se quedó en negro; aunque se habían acabado las pilas de la cámara, ese negro inquietante quedó como la fórmula de lo que no se puede fijar. Escribe él: «esos puntos de luz que si te mueves se extinguen (aunque nazcan otros al lado)». Y quizá eso es lo perdurable en su escritura, esos puntos.
8 LA SOMBRA
DEL CIPRÉS
ÓPERA
Sábado 11.10.14 EL NORTE DE CASTILLA
Liceo y Real: doble encrucijada L
a temporada operística 2014-2015 es muy importante para los dos coliseos emblemáticos de Barcelona y Madrid. El Teatro del Liceo, con grandes problemas económicos y con nueva directora artística, Christina Scheppelmann. El Real con la presencia de Joan Matabosch después de la tormentosa e interesante singladura de Gerard Mortier. He presenciado una representación liceísta de ‘La Valquiria’ en un montaje moderno, no agresivo de Robert Carsen, con ideas positivas (el automóvil abandonado lecho de Sieglinde, el fuego real que protege a Brunhilde, etc.) y una gran dirección de los magnífi-
FERNANDO HERRERO
cos actores cantantes (Kampe, Vogt, Theorin, Dohmen y con Pons, sólido maestro, al frente de una Orquesta que va lentamente mejorando. Lleno y éxito, lo que es buena señal para un futuro incierto. La programación de ambos coliseos está ya cerrada y las temporadas han comenzado. El Liceo prosigue su Tetralogía con ‘Sigfrido’ y como piezas importantes representará ‘Arabella’, ‘Norma’, ‘Carmen’, ‘Cosi fan tutte’, entre otras,
Fachada del Teatro Real. :: GUILLÉN
con ‘La Traviata’ en 19 sesiones, plato preferido del público. La necesidad de atraer a éste justifica la selección y muestra asimismo que los problemas económicos influyen en la elección del repertorio. Buenos cantantes, como es habitual en la casa y la esperanza de que los problemas se solucionen. El Liceo es un punto esencial en la cultura catalana y española. Los recortes en el Teatro Real han supuesto una incisión nada positiva desde la programación inicial y resultan muy poco oportunos en la primera temporada de Matabosch al frente. Se ha suprimido el estreno de ‘La Ciudad de las mentiras’, ópera de Elena Men-
Gran Teatro del Liceo. :: GUSTAU NACARINO-REUTERS doza que se deja para la próxima temporada y se han hecho cambios que desmerecen propuestas interesantes y que afectan a direcciones de escena encargadas a Joan Font,Alex Ollé (La Fura dels Baus) y José Luis Gómez. Inexplicable. La conversión de ‘Goyescas’ en versión de concierto no es tolerable. Así, la temporada se devalúa y ‘El Público’, de Mauricio Sotelo, y ‘Muerte en Venecia’ de Britten (montaje de Willy Decker) parecen las propuestas más interesantes. Las de ‘La Traviata’, ‘La hija del regimiento’ (con puesta en escena de Laurent Pelly) o ‘Giani Schichi’, con Woody Allen y Placido Domingo son los hitos más comerciales. Hemos titulado el articulo desde la palabra encrucijada. Los retos de Liceo y Real son grandes y van unidos a una idea de la cultura que puede ser considerada elitista, fundamentalmente por los precios y las inevitables y necesarias limitaciones de aforo. Creo que el fútbol, por ejemplo, espectáculo de masas con gran capacidad de público, no es más barato, como tampoco algunas manifestaciones del ocio y la gastronomía. Los costos de un espectáculo operístico son grandes (orquestas, coros, escenografías, cantantes) y su característica de ‘obra de arte total’ con las más di-
versas y controvertidas estéticas la hace indispensable como permanente depositaria de una belleza artística hoy absolutamente amenazada. Los propios teatros de ópera, el MET neoyorquino a la cabeza, han retransmitido en directo sus mejores espectáculos. Ciertos cines de todo el mundo (en Valladolid el Broadway y el Manhattan) hacen asequibles producciones que parecían lejanas. No es un mismo que el directo, pero puede afirmarse que hoy es posible conocer las tendencias estéticas de óperas y ballets por medios tecnológicos, en directo, con subtítulos y muy buena calidad general. También el DVD permite estudiar el corpus operístico del presente. Montajes e interpretaciones muy diferen-
La ópera es una ‘obra de arte total’ indispensable, pero hoy amenazada
ciadas de los clásicos: Mozart, Verdi, Puccini, Wagner… acceso a los contemporáneos (Benjamín, Adams, Maazel, Ades…) recuperación de óperas olvidadas o proscritas. Todo un mundo disponible para el estudioso y el aficionado. Los recortes ominosos en Sanidad, Educación, Investigación deben subsanarse. En la cultura se han producido muchos. Es aceptable evitar el derroche en esta época, pero siempre teniendo en cuenta la realidad, cuando toros y deporte por ejemplo, gozan de todas las preferencias. El mundo parece haber perdido el rumbo y los grandísimos avances tecnológicos no han impedido el hambre, las terribles desigualdades aún en países que se dicen desarrollados. La cultura no solo proporciona conocimientos, placer y dignidad a los humanos, también es un signo de prestigio para los países y un cauce que produce empleo y beneficios. El ejemplo de estos dos teatros históricos es significativo. Perderlos constituiría una señal de degradación irreversible. En sus dos diferentes encrucijadas Liceo y Real deben superarlas y contribuir a una sociedad menos torpe, corrupta y torticera. La música, el teatro, contribuyen decisivamente a ello.
CINE
Sábado 11.10.14 EL NORTE DE CASTILLA
Cataclismo fílmico
En los 20 años del estreno de ‘Pulp Fiction’
V
enía de ganar la Palma de Oro en el Festival de Cannes, pero nadie –ni el propio Tarantino– se imaginaba ni remotamente el cataclismo que el estreno de ‘Pulp Fiction’, hace veinte años, iba a producir. De entrada, y pese al premio, cataclismo entre la crítica, pues parecía que la valoración de la cinta no admitiese grises: o bien se detestaba o bien se amaba de plano, aunque tanto en uno como en otro caso las razones solían estar adulteradas por criterios extracinematográficos. Daba la sensación de que muchos no sabían qué hacer con ella, dónde encasillarla. Era posmoderna. Era clásica. Era el refrito de un friqui. Era la obra más original desde ‘Ciudadano Kane’. Era pornografía: exaltación gratuita de la violencia más brutal. Era una comedia. Era algo así. Cataclismo en la industria, que de golpe se comenzó a plantear en serio si no sería mejor producir películas más baratas, aun cuando no se ajustasen a las (supuestas) preferencias del público, pues al fin y al cabo cinco millones se recuperan antes que quinientos, y la posibilidad del pelotazo siempre está ahí. ‘Pulp Fiction’ supuso la sanción definitiva de la generación Sundance, que la propia ‘Reservoir Dogs’ tanto había contribuido a propagar, y la causante primera de una larga serie de producciones de escritores-directores que revitalizaron el cine yanqui como los Coppolas y Scorseses habían hecho dos décadas antes, solo que, por lo general, con menos preciosismo y menos medios. Si Impulse! fue la casa que Coltrane ayudó a construir en el mundo del jazz en los sesenta, Miramax fue la que Tarantino en el cine en los noventa, y como en el caso de Coltrane la aparición de un puñado de discípulos con voz propia vino acompañada por una mayoría de clones menores que no supo o no quiso ver la enseñanza principal del filme –el radical subjetivismo y la autosuficiencia que toda obra de arte, aun la obra de arte colaborativa, ha de tener– y se quedó en los fogonazos inmediatos –narración a saltos, diálogos con gran proporción de palabrotas, sangre como ketchup–, cuya utilización no poseía ni un asomo de la magia del original. Y también un cataclismo sociológico. ‘Pulp Fiction’ era la película que había que ver. Las razones, desde el morbo al
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ENFASEREM EDUARDO ROLDÁN
Uma Thurman, en un fotograma de ‘Pulp Fiction’. interés genuino, no importaban: importaba el hecho de verla, y se trata quizá de la última película en la que el boca a boca funcionó como agente difusor. Tengo la teoría de que ‘Pulp Fiction’ supuso el certificado de defunción del concepto de cine como se había venido entendiendo hasta entonces. Tras ‘Pulp Fiction’ el espectador dejó de vivir el cine
para limitarse a consumirlo, y en este sentido la cinta de Tarantino no habría adquirido ni de lejos tal aura mítica si su estreno se hubiese producido solo uno o dos años más tarde, coincidido así con la eclosión de Internet. Llegó en el momento justo, y entra aquí en juego la ironía o el azar delicioso de que sea una película que es en gran medida una car-
ta de amor a un tiempo pasado la que constituya el canto del cisne del cine como experiencia vital. El ver una película en 35 milímetros y sentado a oscuras en una butaca no es solo una cuestión de esnobismo sino que implica un compromiso por parte del espectador que no se da cuando mira las mismas imágenes en un teléfono móvil mientras
da pedales en una bicicleta estática. La liturgia que supone el tener que vestirse, tomar un taxi o el coche, esperar una cola, comprar una entrada, y sobre el todo el hecho de que una vez comprada y sentado en la butaca no puedas hacer otra cosa que atender a la película, determina por completo el contenido de lo que se ve, pues la película se impone al
espectador, le guste o no –salvo que se salga de la sala, algo excepcional–, y adquiere así la importancia real que tiene. Ninguna después de ‘Pulp Fiction’ ha generado un culto tan acusado, una relación con el espectador tan íntima. ¿De qué otra se recuerdan tantos diálogos palabra por palabra, tantas escenas y momentos? Nunca después se ha vuelto a repetir dos, tres, cuatro veces la liturgia para ver el mismo título. Aunque desde luego la recepción entre el público no fue menos dispar ni menos visceral que entre la crítica, y de hecho ‘Pulp Fiction’ tiene el honor paradójico de ser una de las cintas más malinterpretadas de la historia. ¿Pero qué la distingue? Sobre todo el ser, ya desde el título, una película literaria. ‘Pulp Fiction’ es un corte de mangas a los manuales de guion al uso. La estructura no lineal, la división del fresco narrativo en tres historias de personajes cruzados, las conversaciones sin peso dramático… son todas técnicas derivadas de la literatura más que del cine, y no es ocioso que en cintas posteriores Tarantino haya optado por dividir su película en «capítulos» en lugar de «escenas» –‘Malditos Bastardos’– o en llamarlas «volúmenes» en lugar de «partes» –‘Kill Bill’–. No quiere por supuesto esto decir que el plano estrictamente visual, cinemático, se descuide, entre otras cosas porque separarlo del literario es imposible, y resulta muy difícil toparse con una película más estilizada visualmente –sin que esa estilización opaque nunca lo que se está contando–. Pero con todas sus virtudes, lo mejor de la cinta es que fue un paso más en una evolución que llega hasta hoy, no un cóctel cuya fórmula iba a seguir repitiéndose. Así, el tiempo ha venido a demostrar que ‘Pulp Fiction’ no era solo una película genial sino la película de un genio.
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DEL CIPRÉS
LECTURAS
Sábado 11.10.14 EL NORTE DE CASTILLA
El misterio es la vida
CÉSAR AUGUSTO AYUSO
La poesía de Antonio Moreno es un ejercicio de temperanza y sutileza, como lo prueba su antología ‘El viaje de la luz’
E
l alicantino Antonio Moreno (1964) ha ido publicando sus libros de poesía no solo con encomiable regularidad, sino con una visión del mundo concienzudamente madurada y sostenida y un estilo no menos definido y decantado, todo lo cual ha hecho de su obra un ejercicio ejemplar de temperanza y sutileza. La presente antología, que espiga en todos sus libros –nueve hasta la fecha– permite dilucidar perfectamente las claves temáticas y estilísticas de su universo lírico. La luz es su palabra clave, el talismán de su poética, aquella sobre la que funda su asombro y la razón de su decir. No hay que pensar, sin embargo, que su significante encierre un significado unívoco y certero. La luz, el sol que la origina cada mañana, es simplemente la vida, el tránsito o pálpito de la vida, la existencia concreta por la que el hombre se sabe vivo y coexistiendo. Sin embargo, el mundo, todo lo que es entorno en que coexiste el yo lírico –e incluso ese mismo yo diviso, fluctuante–, se le revela como un misterio indescifrable, como una imposibilidad gnoseológica. «El mundo / es ausencia de luz, eso es el mundo», dirá en un verso, y en otro: «el futuro es un plagio de la noche». El hombre, el poeta, solo puede dejar constancia de su
Antonio Moreno, en la Casa de Cervantes de Valladolid. :: RAMÓN GÓMEZ existir, nunca de su ser, pues la imposibilidad del conocer no es sino consecuencia de la falta de certeza ontológica. Como para el heterónimo pessoano Alberto Caeiro, «el guardador de rebaños», la vida real es, única y exclusivamente, un producto de los sentidos. Ahí empieza y termina el decir, la palabra poética. Ya desde el primero de sus libros queda claro este aserto: la luz natural, el reverbero del sol sobre la blancura de una tapia, le permite leer al poeta
el vacío en que se funda la vida. En otro poema de su último libro, esta vez contemplando un gorrión, lo reitera: «Es hondo sorprenderse / morar / en el vacío». Los quejidos de una gata en celo, dice, le dan mayor razón de la vida que las elucubraciones del filósofo, pues «no hablan de maldad ni de bondad, de identidad, del yo o de la conciencia, ni de ‘cosas en sí’, forma o materia. / Tan solo está sufriendo de deseo, / gritando a todo / como
EL VIAJE DE LA LUZ (Antología poética) Antonio Moreno. Renacimiento, Sevilla, 2014. 12 euros
todo grita / ciego frente a la noche, para ser». El hombre se nutre de dolor, y experimenta solo su condición transitoria, sin atisbar sentido o meta. Negada toda condición metafísica, la vida por sí misma es el único valor, si bien efímero. (El largo poema ‘Metafísicas’, que pudiera ser una variación del machadiano ‘Poema de un día’ es elocuente). Ello le lleva al poeta a ser un mero contemplador, uno más en la naturaleza. Si el paso de la edad le da una ex-
periencia fenoménica, no le otorga una capacidad especial de reflexión. Esa conciencia que se niega como fundamentación de la realidad y aun de la propia identidad personal es, sin embargo, lo que le permite estar como lo que es: el que revela con su palabra el asombro y la impotencia, el que llega a valorar la vivencia profunda del instante y hace del amor la única certeza de lo transitorio: «Nada son la verdad y la mentira, / nada el dolor ni nuestras torpes creencias, / si al fin te abrazo y triunfo de la muerte». El poeta, que solo tiene su mirada y su palabra, es el que se siente impelido a hacer uso de esta para expresar esa oquedad de ser, ese desconcierto que le produce el desbordamiento del mundo, el andar a ciegas en busca de un misterio inexplicable. Reo de la palabra, buscará en esta consuelo aunque encuentre en ella no menos estupor: «Extraña lucha tienen las palabras / por alcanzar la luz sin ser la luz, / por conquistar la luz con su ceguera». Aunque intuye «una belleza sin materia», el poeta, al quererla expresar, siente vanas sus palabras. En los dos últimos libros, sin embargo, se advierte una más intensa apertura al misterio y una permeabilidad mayor al destino. La poesía de Antonio Moreno es de claro pensamiento –o mejor, de hondas sensaciones– y limpio decir, que acierta a sacar de la mínima realidad cotidiana una intensa vibración lírica. El soterrado latido trágico ante la imposible aspiración a la plenitud y a la clarividencia, y esa angustia ante el tiempo irrefrenable, se convierten en su verso en sobria y delicada música, en afilada y sutil meditación. Una sugerente y estimulante propuesta lírica.
Hipnótico vagabundeo
En torno a Nicanor Parra
Aviso para escribientes
:: A. TANARRO
:: A. T.
:: A. T.
Algunos libros son su estilo, para bien o para mal. En los de Echenoz este aserto suele cumplirse para bien. Es el caso de ‘Un año’ la novela corta con la que el sello argentino Mardulce comienza a editar en España. ‘Un año’ es el relato de ese espacio de tiempo en la vida de una mujer que tras la inesperada muerte de uno de sus amigos abandona su ciudad e inicia un vagabundeo de incierto retorno. Los pasos erráticos de Victoire se corresponde con una narración hipnótica, de minuciosas descripciones, sugerentes metáforas, a veces excesivas, pero que no las-
Las publicaciones de la Universidad Diego Portales de Chile son ahora visibles y accesibles (de momento no en muchos puntos de venta) en España. Dos de sus últimos títulos tienen como protagonista a Nicanor Parra en el año de su centenario. El primero, ‘Temporal’ es un poemario que hasta la fecha permanecía inédito. Escrito en 1987 el texto se perdió durante veinte años. Cuando Parra hablaba de él decía «es un poema largo (...) está todo hecho con erl lenguaje de la tribu y con el tema de la tribu» y con el interés del autor por la crítica social.
William Lyon (Nueva York, 1940) es uno de esos periodistas de la vieja escuela que cuidan su herramienta, que no es el ‘ipad’ de última generación sino el lenguaje. Si siempre era un placer leer sus crónicas, no lo es menos seguir sus recomendaciones acerca de cómo escribir bien en los medios de comunicación. Sabiduría atesorada tras una larga trayectoria como editor, figura indispensable en los medios pero en peligro de extinción. Algunas de sus enseñanzas –que sabe transmitir con impagable sentido del humor– están en ‘La escritura transparente’, que
UN AÑO Jean Echenoz. Mardulce. 12 euros
tran un relato difícil de abandonar: «Fuera de temporada, algunos dísa en MimizamPlage, el cielo pálido y el silencio, crean un deprimente clima de vieja película de vanguardia vuelta a ver después de su fecha de caducidad».
TEMPORAL Nicanor Parra. Universidad Diego Portales. 11 euros
El segundo, ‘Conversaciones con Nicanor Parra’ nos acerca el personaje a través de la charla con Leonidas Morales, que crea un mosaico en el que se ofrece la rica personalidad de premio Cervantes.
LA ESCRITURA TRANSPARENTE William Lyon. Libros del K. O., 13.90 euros.
acaba de publicar Libros del K. O. Uno de esos libros que deberían figurar como obligatorios en todas las facultades de Periodismo e indispensable para quien pretenda escribir con corrección.
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La luna centinela y fría Fiel a su estilo, Javier Marías asume riesgos enormes en ‘Así empieza lo malo’
JORGE PRAGA
A
l poco de arrancar esta larga novela hallamos al narrador y protagonista, Juan de Vere, recibiendo de su jefe, el director de cine Eduardo Muriel, el mandato de investigar el pasado de un amigo suyo. Excitado por el encargo, Juan pide con vehemencia juvenil detalles de la tarea, razones, pistas, pero su jefe le para los pies: «A eso iba, qué prisa tienes, impaciente, a eso voy». Qué prisa tienes, esta es una novela de Javier Marías, así que el lector puede olvidarse de un ritmo encabalgado sobre los hechos o tensado sobre la promesa de un desenlace. Las acciones importan no en la medida en que conforman sucesos y cambios, sino en su posibilidad de ser examinadas, evaluadas, contrastadas con otras paralelas o disímiles, exploradas con minucio-
sidad y reiteradas cien páginas más adelante. Aun así, las líneas dejan flecos, dudas, interrogantes, huecos que no se rellenan. En ese estilo tan depurado y trabajado a lo largo de toda su extensa obra priman las digresiones interiores del narrador, capaces de detener la acción como si entre sus poderes tuviese al alcance una tecla de ‘pause’ con la que detener el movimiento. Hay una escena especialmente dramática y tensa, en la que los protagonistas corren por las calles del centro de Madrid hacia un hotel donde sospechan que se puede suicidar la mujer de uno de ellos. Pues bien, en plena carrera las líneas dejan suspendidos a los danzantes y el narrador sopesa con detenimiento las distintas formas de quitarse la vida que puede escoger la mujer, y cómo haría en cada una de ellas, y cómo encontrarían luego el cuerpo. Los hechos pueden esperar, deben esperar, postergarse en la estrategia del escritor que, como siempre y tal vez más que siempre, asume riesgos
Javier Marías. :: JUAN CARLOS HIDALGO
enormes con esa escritura tan alejada del relato fácil y digestivo. Su personalidad arranca ya desde la sintaxis de las largas oraciones, adheridas unas a otras por comas que evitan la cesura del punto, y que no se subordinan ni encajan; son como un montaje de planos cinematográficos, ligados por la contigüidad y sometidos a un orden superior que no es solo narrativo, sino también reflexivo, tentativo, moral. Con esas armas tan pulidas y experimentadas Marías desembarca en una historia ambientada en el final de la Transición y el principio de la Movida (la edad de quien hable pondrá énfasis en uno u otro frente). Un tiempo marcado por la tensión entre el recuerdo y el olvido de las barbaridades amontonadas en la larga posguerra. Su trama presenta la doble faz de una anécdota particular –«una historia tenue»– y el marco ideológico y político que la envuelve. El narrador Juan de Vere se ve involucrado en la investigación de culpas domésticas que acaban remitiendo al sistema político que las propició, y con un balance, habitual en el autor, en el que prima la oscuridad sobe la luz: «Nunca se puede saber (…) la verdad es una categoría que se suspende mientras se vive». En el examen de cercanías el fracaso procede del propio enredo de los hechos, en la desgracia que a todos mancha y ni acusa ni exculpa con rotundidad. Cuando se eleva la mirada por encima de los accidentes particulares, el balance es desolador: los comportamientos viles, las injusticias y los crímenes de la posguerra quedan en su mayoría impunes, no hay brazo legal ni memoria capaz de juzgar y sentenciar. Y ese tiempo no es sino repetición de
ASÍ EMPIEZA LO MALO Javier Marías. Editorial Alfaguara, 2014. 534 páginas. 21,50 euros.
muchos otros anteriores, un paisaje en el que no hay avances, vigilado por el ojo centinela de la luna, impávido, aburrido de esa reiteración sin ganancia. «Y no, nada de palabras». Así acaba la novela, tras un torrente que no es suficiente para calmar al narrador, y tampoco al lector, embrujado por la prosa que Marías teje con recursos ensayados en obras precedentes: esos personajes ni reales ni inventados, con lugar de honor para el profesor Rico; un pesimismo entreverado con ironía; Shakespeare dando altura a las referencias literarias, y el abanico del cine que sube hasta Hitchcock y baja hasta Jess Franco. En fin, esos jirones de hechos inverosímiles pescados en la trastienda de la memoria mundana, el caso Profumo, los Kennedy a punto de ser salpicados por la prostituta Mariella Novotny, de la que se adjunta una fotografía como fe de vida. Y el aliento renovado y extendido del erotismo y el sexo, impelido por el deseo de un narrador juvenil en «fase visiva», que en una escena nocturna casi alcanza el ojo espía de Kyle Mac Lachlan encerrado por David Lynch en el armario de ‘Terciopelo azul’. Una mirada salaz, perfecto y preciso adjetivo entre los muchos que pueblan con fortuna esta novela grande y rotunda.
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DEL CIPRÉS
LECTURAS
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un momento clave para Ortega. De esta etapa me parece muy interesante todos los datos que da acerca de la creación del periódico ‘El Sol’ y el empresario Urgoiti. Muy bien. El gran periódico liberal que ‘trae la República (II) a España’, pero que jamás resultó económicamente rentable y, por si fuera poco, instaurado el régimen republicano, El Sol fue incapaz de nadar en su propia salsa y se ve condenado a desaparecer. Ortega, no hay que disimularlo, sí creyó en principio en que la Dictadura de Primo de Rivera (1923) iba por fin conseguir la tan anhelada regeneración de España y por eso la apoyó, al menos en principio. Se olvidó, luego Franco se lo volverá recordar y de qué
manera, que «con las bayonetas –según Talleyrand– se puede hacer todo. Todo, menos una cosa: sentarse en ellas». Es obvio que la pretendida regeneración ‘manu militari’ fue y será siempre un fiasco. Ortega lo pudo aprender en sus propias carnes, aunque tarde. Del régimen republicano (1931), en principio acorde con su difuso socialismo de base, aunque contribuyo a su venida, especialmente a través del ‘El Sol’, la verdad es que pronto se desencanta: ‘No es eso, no es eso’. El exilio, la vuelta, el ostracismo, momentos difíciles y su utilización por parte del franquismo. La verdad sea dicha que desde un punto de vista político, Ortega ni consigue un lugar destacado como actor, que cree merecer y su actuación en los momentos claves resulta un tanto dubitativa o al menos desconcertante. Sin duda, su radiografía del moribundo (España) era buena, pero no acertó o, mejor, no le dejaron aplicar su diagnóstico. Otra cosa es su labor pedagógico-intelectual, aunque para él inseparable de la política, de la regeneración de España. Aquí el profesor Gracia ha sabido hilvanar –con algunas redundancias difíciles de evitar– la evolución del pensamiento filosófico hasta vital (raciovitalismo) de nuestro pensador. Los temas que trata son múltiples, como polifacético es Ortega, desde España/Europa, Fascismo/bolchevismo, Castilla/Cataluña, etcétera. En resumen, un libro valiente por atreverse a enfrentarse con un personaje conocido y complicado. Muy bien documentado y escrito. Aporta cosas nuevas, pese a todo lo ya dicho y escrito. Sin duda un libro para personas especializadas, pero también fácilmente legible para públicos generalistas.
la denomina por el título de este primer tomo. Otra veces como la Historia secreta del mundo. En inglés se la suele conocer como Otherwise, es decir, de otra forma o de otra manera. El insigne y discutido Harold Bloom, considera a Crowley uno de los mejores autores americanos en la actualidad. En esta ocasión, no voy a desdecirle. Ahora que la concesión del Nobel se acerca, diría que, si yo tuviera alguna potestad en ello, a uno de los que se lo daría es a Crowley, esté propuesto o no. Creo que no. Entre los que suenan por ahí, ya que no se vuelve a hablar Carterescu, una pena, me quedo ante todo con la feroz iconoclas-
tia de Phillip Roth. Aunque no me iba a decepcionar si se lo dieran, con justicia, a Javier Marías. Murakami sigue sonando fuerte, y me conformaría con lo que sería un triunfo para la literatura fantástica. En cualquier caso espero que no caiga en el, a mi torpe juicio, sobrevalorado Kundera. Con respecto a Eco, que me encanta, o no, un libro si y el otro no, por alguna razón misteriosa, no acabo de estar seguro. En cualquier caso, usted que lee esto, ya sabrá, desde hace dos días, quien tuvo o no tuvo la fortuna de merecer este premio, concedido a veces con acierto, otras con ceguera, pero nunca a gusto de todos.
José Ortega, un viejo conocido, redescubierto Jordi Gracia consigue aportar novedades en su biografía sobre el autor de ‘España invertebrada’
CELSO ALMUIÑA
A
treverse a estas alturas a biografiar, una vez más, a José Ortega y Gasset no deja de tener su mérito, amén de atrevimiento. En el caso de Jordi Gracia no es insensatez, puesto que sabía con lo que se enfrentaba. La verdad sea dicha, Jordi Gracia, Catedrático de Literatura, habitual colaborador de prensa es un orteguiano convicto y confeso. En primer lugar, demuestra un conocimiento profundo de la persona y del filósofo. Es realmente difícil, con lo que se ha escrito sobre Ortega, que se le escape algo, al menos de la bibliografía fundamental. Demuestra gran erudición. Gran conocimiento de la persona y del personaje. Sin duda este es un primer mérito. En cuanto a la forma, el grueso volumen de ochocientas páginas está muy bien escrito. Se lee muy bien. Gran dominio de la técnica escritu-
raria. Hasta es posible, al menos para mi gusto, que se pase un tanto con títulos redondos y otras licencias; pero entendible para un público generalista. Buena parte de las fotografías que incluye son interesantes y algunas incluso novedosas. Partiendo del mismo método orteguiano, el yo y las circunstancias, el profesor Gracia se centra fundamental en el ‘yo’. Traza una biografía personal de José Ortega y Gasset, desde los primeros años, realmente exhaustiva y documentada: Formación en Málaga, Alemania. Viajes a distintas partes del mundo, especialmente a Argentina, que tanta importancia –nos descubre el biógrafo– va a tener en la vida de nuestro personaje: Su enamoramiento, no correspondido, de Victoria Camps. El hombre, más allá del filósofo. La persona que late bajo el personaje. José Ortega, sin duda una gran cabeza, en el doble sentido físico e intelectual, se lo tiene creído desde muy pequeño. Sin duda es un gran petulante: «Esto ya lo había dicho yo», incluso ante Einstein. Ya desde muy joven se
Tropiezos
M
e despedía, al inicio del verano, haciendo propósito de lectura de una serie de títulos. En algunos casos, he cumplido. No así en otros: como temía, se me cruzaron por el camino otros libros y uno es un poco díscolo y se distrae con facilidad. Se me cruzó, mirando distraídamente la biblioteca, ‘Juntacadáveres’, de Onetti, que hacía demasiados años que no frecuentaba, a pesar de una admiración casi ferviente. En él encontré, volví a
encontrar, una de las mejores descripciones de lo que podría ser literatura, y que, muy tontamente, había olvidado. Y se me cruzó, el mismo día, en la misma ojeada frívola a las baldas, ‘El judas de Leonardo’, de Leo Perutz, otro autor que había descuidado durante demasiado tiempo, y muy injustamente. También tropecé con Alistair Macleod. Tarde, y no recuerdo bien en qué circunstancias, me enteré de la muerte de este canadiense, dueño de una de las prosas
echó voluntariamente a la espalda, como una especie de misionero (laico) o destino manifiesto, la ingente tarea de ‘regenerar’ a España. Primero a través de la cultura (filosofía) e inmediatamente, y/o, también por medio de la acción política. Ortega hace más de un intento por convertirse en hombre de acción, en político; pero no tiene éxito. Fracasó. Seguramente mejor así, puesto que pudo dedicarse con más ahínco a la ardua y necesaria tarea de pensar, de la que tan necesitada estaba la España de entonces y de siempre. Sobreabundan los denominados políticos, faltan hombres de pensamiento, crí-
JOSÉ ORTEGA Y GASSET Jordi Gracia. Taurus. 712 páginas. 20 euros.
más fascinadoras que puedan encontrarse. Lamenté el deceso y lamenté el retraso en saberlo: me dijeron, y he comprobado a posteriori, que murió en abril. Por aquí, a pesar de su talla, no menor, por ejemplo, que la de Márquez, la noticia no causó mucho revuelo. Como no hay mejor homenaje a un escritor muerto que releerle, busqué, otra vez en las baldas, esta vez con atención, ‘Isla: todos los cuentos’, y hace no mucho acabé de leer el último de sus increíbles, tremendos, cuentos, cada uno como un seísmo de palabras. Quizás, muy pronto, les vuelva a hablar de él. Por alguna razón, o ninguna en particular, mi bi-
Ortega y Gasset. :: EL NORTE ticos, que sepan apuntar hacia horizontes compartidos: Nación, ilusionante proyecto en común. Si en el plano personal J. Gracia nos ofrece una amplia y bien trabada biografía, más discutible es el marco, las ‘circunstancias’. Claro que ello hubiese exigido, al menos, el doble de páginas; lo cual, no se le puede pedir: Primero, porque no es su planteamiento y, en segundo lugar, porque resultaría un libro inabarcable. A modo de ejemplo, la reseca del ’98 es básica para comprender no sólo a Ortega sino mucho más a esa Generación, con la cual se funde: España es el problema. Los españoles somos el problema (tesis esencialista). La Gran Guerra es ya
EL TALISMÁN DE LA COSTURERA CIRO GARCÍA
blioteca se articula con un orden a primera vista insólito, o poco comprensible. De modo que, por qué no, ya que estaba, ahí, junto a ‘Isla’, tomé bajo el brazo ‘Aegypto’, de John Crowley. ‘Aegypto’ es el primer volumen de una larguísima novela en cuatro tomos, sin un título definido. A veces se
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LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL
Cuaderno de vida y verso JORGE DE ARCO
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in amor, sin honor y sin orgullo,/ sin emoción y sin complicidad/ la poesía no tiene sentido», escribe Luis Alberto de Cuenca en su poema titulado ‘Inspirado en Faulkner’, una composición incluida en su nueva entrega, ‘Cuaderno de vacaciones’. Añade, el poeta madrileño: «El deber del poeta es escribir/ sobre la compasión, la fortaleza/ y la debilidad, sobre el espíritu/ de sacrificio (que redime al mundo),/ la piedad, el coraje, el heroísmo». Una casi poética, al cabo, sobre la que De Cuenca asienta y vertebra un volumen de excelente factura y donde se da cita una temática variada y atractiva. Confiesa el propio autor en su nota introductoria, que estos ochenta y cinco poemas aquí recogidos, fueron compuestos en los veranos comprendidos entre 2009 y 2012 y aclara que lo que configura este libro como un «corpus orgánico y unitario es precisamente su escritura gozosa, vacacional, ausente de todo tipo de preocupaciones laborales y académicas, su fusión decidida con el ocio». Y tales premisas, quedan reflejadas a lo largo y ancho de este juego de espejos, donde el verso se convierte es un auténtica fiesta de sabiduría lírica. Porque Luis Alberto De Cuenca mantiene en este cuaderno su inconfundible estilo, que confiere a su poesía una veta culta y humanista, en donde la íntima conciencia queda acentuada por el tono narrativo de sus composiciones. Se siente a gusto el vate madrileño conjugando cotidianeidad y trascendencia y en sus versos quedan plasmados los personajes que lo acompañan de manera más fiel. Así, Guillermo de Aquitania y Agatha Christie, Satán y San Luis Gonzaga, Safo y Caperucita Feroz, Allan Poe y Víctor Hugo…, son notorios protagonistas de un decir que se apoya en la clarividente solvencia de su dominio formal y estrófico –desde el endecasílabo o alejandrino…, pasando por el versículo, el
Luis Alberto de Cuenca. :: ÓSCAR CHAMORRO soneto o el haiku…– y que impregna de cómplice musicalidad al lector. Tal y como ocurre en su bello poema, ‘El aire de tus versos’: «Se lo dijo Calimaco a un poeta/ que murió antes de tiempo, y eso vale/ para ti, Blas de Otero. La poesía/ que araña sombras para ver a Dios/ termina viendo a Dios y respirando/ el aire inmarchitable de tus versos». Dividido en ocho apartados, ‘Caverna perpetua’, ‘Campo florido’, ‘¡Ah de la vida!’, ‘Me acuerdo de…’, ‘Príncipes de la noche’, ‘La otra noche de después de la movida’, ‘Hero y Leandro’ y ‘Amor indestructible’, el conjunto se mantiene firme sobre una dicotomía que enfrenta vida y muerte y que se torna notable referente del conjunto. Una existencia, sí, que puede estar llena de dichas y placeres, de febriles excesos e instantes de colmada felicidad («Hay momentos que brillan tanto, que hasta podrían,/ quemarte las pupilas si los miras de frente/ durante mucho rato»…), pero que a su vez no consigue desasirse de esa sombra mortal que es el propio ser humano: «Tengo mie-
CUADERNO DE VACACIONES Luis Alberto de Cuenca. Visor. Colección Palabra de Honor. Madrid, 2014. 144 pág. 20 euros.
do. El fantasma de la muerte regresa/ del más allá, y penetra en mi lecho maldito,/ y me lleva con ella al fondo de la huesa,/ convirtiéndome en víctima de un pavoroso rito». Poeta que ha cantado y contado sobre el amor de manera profusa y sobresaliente, Luis Alberto de Cuenca no deja escapar esta ocasión para volver a un tema tan universal como próximo a su habitual cántico. Ejemplos hay, múltiples, que salpican este libro y donde se alternan conjuros, promesas, tristuras, asombros, ensueños, realidades… De tan bello abanico, me permito recomendar para su lectura -y obligada relectura-, el “Soneto con estrambote, enmendando la plana a Cecco Angliolieri”, un espléndido poema, donde se memora al que fuera gran poeta medieval italiano, autor del conocido soneto ‘S’i’ fosse foco, arderei ‘l mondo’ (‘Si fuese fuego, haría arder al mundo’): «Si fuese fuego, te calentaría/ (y hasta te encendería el cigarrillo)./ Si fuese viento te daría brillo/ besándote, y tu pelo rizaría (…) Si fuese muerte, todo tu dolor/ y toda tu tristeza mataría/ y no me acercaría a ti, mi amor./ Si fuese Luis Alberto, que lo soy,/ serías para mí la noche, el día,/ el mañana, el ayer, el siempre, el hoy». En suma, un cuaderno para saborear despacio en cualquiera de las cuatro estaciones, que respira y se arropa en el corazón y que sigue alentando, ayer como hoy, la familiaridad de una poesía, sugeridora y cercana.
Cultivar la paciencia lectora :: V. M. NIÑO Resulta casi quijotesco imaginar a un joven de 2014 meterse de lleno en las páginas de un clásico como ‘Orgullo y prejuicio’, de Jane Austen, aparcar las múltiples demandas inmediatas que le rodean para saborear la inteligencia de Elizabeth Bennet, para leer por gusto cada página y esperar pacientemente el desenlace de una trama previsible y rosa si no fuera por seductor desarrollo. Sin embargo algún joven quijotesco debe quedar cuando Anaya continúa con su colección de clásicos, algún esperanzador freno contrarresta la invasión de pitidos, flashazos e intereses instantáneos que resumen el desolador y fugaz ocio de las generaciones venideras. Lizzy es una de las cinco hermanas Bennet. Viven en la campiña inglesa, con un padre diletante, observador curioso, y una madre entregada a las convenciones sociales que se afana en buscar los mejores partidos para sus hijas. Este universo delimitado por el tamaño de las fincas, las invitaciones a bailes y la escalera que permite o impide el salto de la burguesía acomodada a la nobleza, es el marco elegido por Austen para indagar en las emo-
ciones de sus personajes, el activo esencial de su literatura. Psicóloga de momentos, disecciona las razones e impulsos que los mueven, juega con ellos, les caricaturiza. Elizabeth, la hija de carácter más fuerte, la que representa el eslabón con lo venidero, la mujer que lee y no se deja impresionar por títulos y galones, protagoniza esta novela de título moral, ‘Orgullo y prejuicio’. Elizabeth tiene el magnetismo de la rebeldía, de quien no se somete a la corriente imperante –caer rendida a los encantos y la fortuna de Darcy–. Su personalidad se adorna con un acusado sentido de la responsabilidad, todo ello sobrepasa a su progenitora tanto como agrada
ORGULLO Y PREJUICIO Jane Austen. Colección Tus libros selección. Anaya. 390 páginas. 12,50 euros. A partir de 14 años.
La Sirenita al revés :: V. M. N. El deseo vuelve a salir del mar, pero en este caso no de una sirena sino de un pez majestuoso, de hipnotizantes colores que se enamora de una niña. El rey marino la considera suya y la rapta. Seleine es la cautiva y la omnipotencia real, el principal obstáculo para el amor. El tiempo devolverá a la infanta, ya hecha una mujer, a su isla. Los pescadores acaban capturando al irisado pez y así, en igualdad de condicio-
LA PRINCESA Y EL REY PEZ Jordi Sierra i Fabra. Ilustración de Conrad Roset. 87 páginas. SM. A partir de 7 años.
a su padre. La carencia de un varón en la descendencia de los Bennet les impide ser propietarios de la finca que habitan y estar al albur de la familia lejana. Por eso la obsesión de la madre quien, a pesar de todo, no logra inquietar a su marido. Tampoco a Lizzy, que pondrá a prueba a sus pretendientes y no acepta el matrimonio como convención para asegurarse una vida respetable. Austen elige un género, la novela, relegado a comienzos del XIX a mero entretenimiento, y lo utiliza para hacer un retrato moral de los arquetipos femeninos. Las hermanas Bennet responden de muy distinta manera al camino marital: unas lo emprenden con amor, otras con sumisión y una, por libertinaje. El lector ve a través de los intuitivos ojos de Elizabeth, la romántica racionalista, que seduce con su verbo. La menos convencional de las Bennet advierte: «A todos nos gusta dar lecciones pero no enseñamos lo que merece la pena saber». Lizzy busca el envés de lo que la rodea y en ese infrecuente empeño provoca una fascinante hipnosis. La historia de la literatura acuna con cierto cariño a Jane Austen, el cine también.
nes, los sentimientos de ambos acordarán un punto medio entre la libertad y la entrega. Esa es la moraleja de este cuento para lectores capaces de sostener la historia en el tiempo, primeros mediofondistas. El prolífico Jordi Sierra i Fabra es de sobra conocido en la literatura infantil y juvenil, en la que ha conquistado, incluso varias veces casi, todos los galardones. Nos tiene acostumbrados a sus novelas realistas en Barcelona, pero en esta ocasión se deja llevar por la magia de un viaje a Samoa y enmarca ‘La princesa y el rey pez’ en un paisaje tropical.
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DEL CIPRÉS
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eguro que muchos de ustedes han tenido en algún momento dudas sobre cómo plasmar en la lengua escrita los sonidos naturales, eso que se conoce con el nombre de onomatopeya. La palabra es un préstamo del latín tardío «onomatopoeia», que a su vez fue tomada del griego «onomatopoiía». Etimológicamente es un compuesto de «ónoma» (nombre) y de «poieín» (hacer, crear) y fue aplicado especialmente a las palabras creadas por imitación de sonidos y ruidos. Con el término ‘onomatopeya’ se hace referencia tano al proceso (imitación o recreación de un sonido que no es propio del lenguaje humano) como al resultado (la palabra que imita o recrea el sonido de la cosa o acción nombrada). En todas las lenguas hay palabras que han sido formadas por onomayopeya. Covarrubias, en el «Tesoro de la lengua castellana o española», publicado en 1611, dice: «Es una figura, cuando del sonido de la cosa le damos el nombre, como atabal, bombarda, etc.». El «Diccionario de la lengua española» de la RAE registra 328 palabras de origen onomaopéyico. Les presento algunas que he entresacado: ‘arrullar’ (procedente de la voz del palomo y del canto ro-ro, que se utiliza para arrullar a los niños), ‘bomba’ (afín al latín ‘bombus’, que significa ‘zumbido’), ‘chapotear’ (del ruido que se hace al golpear en el agua), ‘chorro’ (derivada de la raíz ‘chorr-’, representativa del golpe que hace un líquido al caer), ‘chupar’ (imitativa del ruido que hacen los labios al chupar), ‘cuco’ (referido al ave, por imitación de su canto), ‘gangoso’ (por imitación de la resonancia nasal de esta forma de hablar), ‘gargajo’ (por imitación del ruido del gargajeo y otros que se hacen con la garganta), ‘tocar’ (por imitación del sonido de las campanas y demás objetos al ser golpeados o tocados). En la tradición gramatical española la onomatopeya no ha sido considerada como una
USO Y NORMAS DEL CASTELLANO MARÍA ÁNGELES SASTRE PROFESORA DE LENGUA ESPAÑOLA EN LA UVA
ONOMATOPEYAS (1)
Más normas y recomendaciones para el uso correcto del castellano. Envíe sus consultas a: elcastellano. elnortedecastilla.es
clase de palabras. La RAE, en la «Nueva gramática de la lengua española» (2009: 32.2d) las considera como «signos lingüísticos que representan verbalmente distintos sonidos, unas veces del mundo físico, como ‘bang’, ‘crac’, ‘paf’, ‘plas’, ‘ring’ (o ‘rin’), ‘toc’ o ‘zas’, y otras, propios de personas o animales, como ‘achís’, ‘croac’, ‘guau’, ‘je’ (o ‘ji’), ‘mu’, ‘muac’, ‘quiquiriquí’». Hay muchas onomatopeyas que se asimilan en su comportamiento a las interjecciones, como ‘chist’ (para llamar la atención de alguien) o ‘sh’ (para pedir silencio). Con la interjección se verbalizan sentimientos o sensaciones (‘ay’, para expresar pena, dolor o temor; ‘bah’, para denotar incredulidad o desdén; ‘ajá’, para denotar satisfacción, aprobación o sorpresa; ‘huy’ o ‘uy’, para indicar dolor físico agudo, sorpresa o admiración; ‘jo’, para
expresar irritación, enfado, asombro, etc.) o se apela al interlocutor para que haga o deje de hacer algo, como ‘eh’, que se utiliza para llamar la atención de alguien o advertirle de un riesgo (¡Eh, que te vas a caer!; ¡Eh, espera un momentito!), para enfatizar o reforzar una advertencia o una reprensión (Te he dicho que apagues la luz, ¿eh?), para pedir que se repita algo que no se ha oído o no se ha entendido (¿Eh?, perdón, ¿cómo dice?), para solicitar la adhesión o conformidad con lo que se ha dicho (Mañana presentarás tú el curso, ¿eh?) y también en el discurso oral para hacer pausas y para buscar la expresión exacta que se quiere emplear. Con las interjecciones se realizan acciones y muchas consituyen por sí mismas enunciados autónomos. Piénsese, por ejemplo, en un enunciado tan breve como ‘¡Olé!’ en un espectáculo taurino y en lo que transmite. A diferencia de las interjecciones, las onomatopeyas no poseen carga emotiva, es decir, no transmiten emociones o impresiones. Representan sonidos producidos por personas (voluntaria o involuntariamente), sonidos característicos de los animales, sonidos producidos por cosas o por fenómenos naturales, o como resultado de acciones repentinas o violentas. Como signos lingüísticos que son, son arbitrarios, lo que implica que varían en distintos idiomas. Aunque archiconocido, resulta simpático el ejemplo de la onomatopeya que representa el sonido del canto del gallo: en español, el gallo dice ‘quiquiriquí’; en inglés, ‘cock a doodle doo’; en alemán, ‘kikeriki’; en francés, ‘cocoricó’; en japonés, ‘kokekokko’. El ladrido del perro se reproduce como ‘bow-bow’ en inglés, como ‘oua-oua’ en francés y como ‘guau-guau’ en español. Hagan ustedes el chiste, pero lo cierto es que cada cultura interpreta a su manera los sonidos producidos por animales, personas, vehículos y cualquier ruido en general. Continuará la semana que viene.
LOS LIBROS MÁS VENDIDOS EL CORTE INGLÉS VALLADOLID
OLETVM VALLADOLID
CERVANTES SALAMANCA
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FICCIÓN
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El umbral de la eternidad. Ken Follet (Plaza&Janés)
La pirámide inmortal. Javier Sierra (Planeta)
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Así empieza lo malo. Javier Marías (Alfaguara)
Adulterio. Paulo Coelho (Planeta)
El umbral de la eternidad. Ken Follet (Plaza&Janés)
Así empieza lo malo. Javier Marías (Alfaguara)
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Bajo la misma estrella. John Green (Nube de tinta)
Mala suerte. J. Kinney (Molino)
La pirámide inmortal. Javier Sierra (Planeta)
Demonios familiares. Ana María Matute (Destino)
Así empieza lo malo. Javier Marías (Alfaguara)
El balcón en invierno. L. Landero (Tusquets)
La mujer del diplomático. San Sebastián (Plaza&Janés)
No culpes al karma... Laura Norton (Espasa)
La mujer del diplomático. I. San Sebastián (Plaza&Janés)
Así empieza lo malo. Javier Marías (Alfaguara)
Demonios familiares. Luis Landero (Tusquets)
Los bienes de este mundo. I. Nemirovsky (Salamandra)
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Las gafas de la felicidad. Rafael Santandreu (Grijalbo)
Open. Mi historia. André Agassi (Duomo)
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Canta Irlanda. Javier Reverte (Plaza &janes)
La enzima prodigiosa. H. Shinya (Aguilar)
La vida sin armadura. A. Silliote (Impedimenta)
El libro Troll. Rubius (Temas de hoy)
Minecraft. Guía básica. AAVV (Montena)
De animales a dioses. Y. Harari (Debate)
Yo fui a EGB. J. Díaz-J. Ikaz (Plaza&Janés)
Herr Pep. Martí Perarnau (Corner)
Ser feliz depende de ti. Ramón Campayo (Planeta)
Gente tóxica. B. Stamateas (B de bolsillo)
Donde tus sueños te lleven. I. Narvaiza (Onio)
La enzima prodigiosa 2. P. J. Ramírez (Aguilar)
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Tesoros del silencio. Javier Burrieza (Ayto. Valladolid)
Ansiedad. Scott Stossel (Espasa)
Los 88 peldaños del éxito. Anxo Pérez (Alienta)
SANDOVAL VALLADOLID
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PUNTO Y LÍNEA SEGOVIA
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Así empieza lo malo. Javier Marías (Alfaguara)
Así empieza lo malo. Javier Marías (Alfaguara)
Pacto de lealtad. Gonzalo Giner (Planeta)
El umbral de la eternidad. Ken Follet (Plaza&Janés)
La fiesta de la insignificancia. M. Kundera (Tusquets)
El umbral de la eternidad. Ken Follet (Plaza&Janés)
Adulterio. Paulo Coelho (Planeta)
Adulterio. Paulo Coelho (Planeta)
Lo que aprendemos de los gatos. G. Sainz (Anagrama)
La fiesta de la insignificancia. M. Kundera (Tusquets)
Muchachas. Pancol (La Esfera)
Leal. Verónica Roth (Molino)
El balcón en invierno. L. Landero (Tusquets)
Un balcón en invierno. Luis Landero (Tusquets)
Nos vemos allá arriba. Pierre Lemaitre (Salamandra)
Pacto de lealtad. Gonzalo Giner (Planeta)
Un hombre enamorado. Karl Ove Knausgard (Anagrama)
Un hombre enamorado. Karl Ove Knausgard (Anagrama)
La pirámide inmortal. Javier Sierra (Planeta)
La pirámide inmortal. J. Sierra (Planeta)
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100 cómics imprescindibles.Varios (Jot Down)
Open. Mi historia. André Agassi (Duomo)
Un paso al frente. Segura (Tropo)
El Arte de no amargarse... R. Santandreu (Oniro)
Acontecimiento. Zizek (Sexto Piso)
La enzima prodigiosa 2. P. J. Ramírez (Aguilar)
Palabralogía. Ortega (Crítica)
Isabel la católica... Tarticio de Azcona (La Esfera)
Conversación con Pablo Iglesias. Rivero (Turpial)
Moderar extremistán. Jorge Riechmann (Díaz & Pons)
España y Cataluña. Kiron (La Esfera)
Open. Memorias. Andre Agassi (Duomo)
Economía española... Maluquer (P&P)
Madrid canalla. Javier Villán (Almuzara)
Podemos. Destruyendo a Pablo... Múller (Deusto)
España y Cataluña. Henry Kamen (La Esfera)
Roma quanta fuit. Dacos (Acantilado)
1080 recetas de cocina. Simone Ortega (Alianza)
La vida es suero. García (Enfermera Saturada)
La enzima prodigiosa 2. P. J. Ramírez (Aguilar)
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Sábado 11.10.14 EL NORTE DE CASTILLA
QUINCE MINUTOS DE FAMA
ÁNGEL MARCOS
José Ignacio Espeso García ‘Una flor en primavera y una hoja en otoño’ Lágrimas de alegría salpican mi rostro en primavera, mas se convierten en lágrimas de tristeza en otoño. Vida radiante y alegre, en tortuosa y oscura se convierte. Percibir en toda su plenitud, lo que significa amar verdaderamente, interesarse por algo, comprender, aprender, crear, descubrir, anhelar o esperar es, en sí mismo, el valor supremo de la vida. Vivir para hacer el bien. Morir para seguir su ejemplo. A mi padre José Antonio y a mi hija Elena.
Historiador del arte de Medina del Campo
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LA SOMBRA DEL CIPRÉS
Sábado 11.10.14 EL NORTE DE CASTILLA
Director: Carlos Aganzo Coordinadora: Angélica Tanarro
El reino de lo pequeño 1
Al comienzo de ‘La puerta de los pájaros’, mi última novela, se cuenta el conocido relato artúrico del rey Arturo y el Caballero Verde. Arturo es derrotado por su rival, que le perdona la vida a cambio de que encuentre la respuesta a una pregunta que no deja de agobiarle: «¿Qué desea una mujer?» Una hechicera le ofrecerá a Arturo la solución al enigma: «Lo que quiere una mujer es ser soberana de sus propios deseos». Pero a la princesa de mi historia no termina de satisfacerle esta respuesta. Se acuerda de un cervatillo que tuvo de niña y de lo sola que se sintió cuando murió, y comprende que lo que ella desea es tener algo que adorar. Adorar es abandonar el reino del yo, del sujeto, y desaparecer en esa noche de la que hablan las canciones de alba. Los amantes, en esas canciones, no quieren que la noche termine, no quieren que amanezca porque eso supone encontrarse con aquellos que eran antes de conocerse. «El cuerpo del amor se vuelve transparente», escribe José Ángel Valente en uno de sus poemas. Y añade: «no busca el alba, no amanece el cantor». Es de ese espacio sustraído a la identidad, a la razón, al alba, de lo que hablan todos los verdaderos relatos. La leyenda del unicornio tiene unas claras connotaciones sexuales. Es imposible no ver en ese encuentro entre la doncella y el unicornio una representación del acto sexual. «He aquí el animal que no existe», dice Rilke en su soneto. Y enseguida añade que el amor hizo brotar un cuerno en su frente. El cuerno del unicornio representa el falo erecto, que es una metáfora del cuerpo del amor. Es lo que esperamos al escuchar una historia, que nos hable de las andanzas de ese cuerpo. Por eso los amantes se vuelven niños cuando se encuentran, y al hacerlo corren grandes peligros pues la infancia, como el sexo, es el reino donde viven los ogros. No es posible una relación sexual sin despertar a los hijos oscuros e insaciables de los ogros. La tarea de los amantes será aprender a sortearlos, aprovecharse de su fuerza sin dejarse arrastrar a sus dominios. Recuerdo una película sobre Simbad, el marino. Su prometida ha sido transformada en una criatura diminuta y Simbad tiene que correr todo tipo de peligros en busca de una flor cuyo elixir posee el
Una leyenda victoriana habla de unos niños así. Son los niños que Eva escondió de la mirada de Dios. Dios quiso conocer a los hijos que había tenido con Adán, pero ella solo le enseñó los más guapos y limpios y ocultó de su vista a los otros para que no la avergonzaran. Pero ya no pudo volver a recuperarlos, por el temor a ser descubierta, y esos niños escondidos de la mirada de Dios dieron lugar con el tiempo a los duendes, los elfos y las otras criaturas del bosque. Esos niños se confunden con los Santos Inocentes del relato cristiano. Representan el espacio del mito. Aun más, para que Jesús niño pueda transformarse en un adulto debe abandonar ese espacio donde las muchachas hablan con los ángeles, los animales duermen con los niños y hay magos que cubren de regalos a los recién nacidos por creerlos reyes. Ese espacio es el espacio de la adoración, tan representado en la pintura medieval y renacentista. Todos los niños deben abandonar ese espacio para crecer y entrar en el mundo real. Pero esos niños que quedan atrás –los niños perdidos de Peter Pan, los santos inocentes del relato cristiano, los hijos que Eva escondió de la mirada de Dios– viven misteriosamente en el mundo de los cuentos y siempre regresan. ¿Sólo en los cuentos? No, también regresan cuando amamos a alguien. Ellos son el cortejo lleno de caprichos del amor. El capítulo final de mi novela es un homenaje a Wendy y a la novela de J. M. Barrie. Peter Pan no sería nada sin Wendy. Es ella quien le humaniza y le transforma en un niño. Peter Pan y los niños perdidos viven mil aventuras disparatadas pero no las saben contar. Por eso necesitan a Wendy, que es la contadora de cuentos. Ella es la que habla, la que dice, la que pregunta, la que narra. Pero el verdadero narrador no es el que se limita a hablar de lo que ve y conoce, sino el «que engendra vida en las palabras». El anillo que en mi novela la princesa pone en el cuello del unicornio es un símbolo de esas palabras. Por eso transforma al unicornio herido en un muchacho: alguien que puede hablar. El unicornio representa el cuerpo del amor. La princesa de mi relato busca un cuerpo así. Se interna en el bosque, se recuesta en un claro y finge dormir para que el unicornio acuda a su encuentro. Y cuando por fin lo hace y se duerme sobre su falda, ella también se duerme y lo busca en sus sueños. Pero lo que pasa entonces en esos sueños ¿quién lo puede saber?Aun más, ¿como traerlo al mundo real? El mundo del relato es el mundo de esas muchachas indecibles que duermen en los cuentos. Narrar es conseguir que nos entreguen sus sueños.
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:: ILUSTRACIÓN BEATRIZ MARTÍN VIDAL
DÍAS FELICES GUSTAVO MARTÍN GARZO
poder de devolverle su tamaño original. Simbad lleva a la princesita consigo y de vez en cuando la saca de su cofrecillo y la deja correr por la mesa, lo que ella aprovecha para provocarle con sus palabras y sus movimientos. Como si le dijera: para amarme tienes que hacerte tan pequeño como yo. Esas escenas son una metáfora preciosa del amor, porque el amor, como el juego de los niños, es el reino de lo pequeño. Eso es lo que significa el anillo que los amantes se dan:
tienes que caber por este hueco. El anillo que mi princesa cuelga del cuello del unicornio, y que le ata a ella, es su forma de mantenerse en ese reino de lo pequeño esencial. Lo pequeño es el símbolo de lo que está en el umbral, a punto de escabullirse, lo abierto a otras formas de realidad, al lugar donde viven los deseos. Hablar de la pérdida de la infancia es hablar de la pérdida de ese mundo que explora nuestra fantasía, que vive en nuestros sueños. Y es cier-
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to que algunos adultos siguen conservando la maravillosa capacidad de los niños para seguir explorando ese reino inagotable, pero no lo es menos que los niños desaparecen físicamente, desaparecen sus cuerpos pequeños, sus voces agudas, su delicada belleza. Se van del mundo para no volver jamás. Y el capítulo último de La puerta de los pájaros habla del dolor que provoca esa desaparición. El unicornio es, en mi relato, el guardián de los niños perdidos.