Había una vez un bosque rodeado de montes, llanos y ríos; sus habitantes lo conocían y respetaban, descifraban sus sonidos. Pero un mal día, el bosque sintió que la ciudad crecía a su alrededor, muchos visitantes acudieron a él, algunos con delicadeza; pero otros, olvidaron la importancia de su esplendor y de su sombra. Entonces, conoció las sequías, el descuido; y aunque resistió, de noche, cuando el ruido de la ciudad callaba, soñaba con los antiguos sonidos…