El ritmo acelerado de vida, la sobreexposición a noticias negativas, la presión social y laboral, así como los cambios tecnológicos constantes, son factores que han contribuido al incremento de los trastornos de ansiedad
ANSIEDAD, LA PANDEMIA
DEL SIGLO XXI
En el siglo XXI, la ansiedad, o mejor dicho, las diferentes ansiedades que cualquier persona pueda sufrir se han convertido en una de las afecciones más comunes y extendidas, tanto así que muchos expertos la consideran una verdadera pandemia silenciosa. Atrás quedaron los días en que la ansiedad era vista como un problema individual, hoy afecta a millones de personas sin distinción de edad, género o nivel socioeconómico.
El ritmo acelerado de vida, la sobreexposición a noticias negativas, la presión social y laboral, así como los cambios tecnológicos constantes, son factores que han contribuido al incremento de los trastornos de ansiedad. Además, las redes sociales, aunque ofrecen conexiones y entretenimiento, también han gene-
rado comparaciones constantes y una sensación de insuficiencia en muchas personas.
Sin duda, la inestabilidad económica global y las crisis sanitarias, como la pandemia de COVID-19, las guerras y el miedo que acarrean han intensificado los sentimientos de incertidumbre y temor.
Es por ello, que la ansiedad puede describirse como una respuesta anticipatoria ante una amenaza o algo que percibimos como peligroso. Es un mecanismo normal de alerta, que cuando se vuelve excesivo genera grandes dificultades.
En cambio, es posible diferenciarla de la angustia, que es una reacción emocional intensa y difusa que genera malestar profundo, que se relaciona con el presente y también con los traumas pasados.

En la ansiedad, se puede sentir opresión en el pecho y hasta sentir miedo al derrumbe de la organización emocional.
La sensación se manifiesta también como nerviosismo o preocupación excesiva; puede causar insomnio, problemas digestivos, dificultad para concentrarse y hasta ataques de pánico.
La ansiedad también afecta el rendimiento académico y laboral, y puede deteriorar las relaciones personales.
Así, la ansiedad es, sin duda, una de las pandemias más significativas del siglo XXI. Superarla requiere un esfuerzo conjunto entre gobiernos, instituciones educativas, empresas y la sociedad en general. Reconocer que la salud mental es tan importante como la física, es el primer paso para construir una sociedad más sana y resiliente.
ANGEL MIERES
ZIMMERMANN
PRESIDENTE DEL CONSEJO DE ADMINISTRACIÓN
MARÍA CRISTINA
MIERES ZIMMERMANN
VICEPRESIDENTA DE DESARROLLO CULTURAL Y SOCIAL
ANTONIO HOLGUIN ACOSTA
VICEPRESIDENTE DE RELACIONES INSTITUCIONALES
FRANCO
CARREÑO OSORIO DIRECTOR GENERAL
ALFREDO GONZÁLEZ CASTRO DIRECTOR EDITORIAL
CUANDO EL SISTEMA SE ALTERA
En los trastornos de ansiedad, el eje HHA presenta una activación inapropiada y sostenida en ausencia de estímulos amenazantes reales.
El hipotálamo segrega la hormona liberadora de corticotropina (CRH).
Este sistema permite responder rápidamente al peligro.
Si el cerebro interpreta una amenaza, se activa el eje HHA (hipotálamohipófisis-adrenal.)
Las personas con trastornos de ansiedad presentan niveles elevados de CRH lo que genera un estado de alerta constante.
La CRH viaja hasta la glándula pituitaria.
La glándula pituitaria libera la hormona corticotropina (ACTH).
ADRIÁN LARIS CASAS DIRECTOR HERALDO RADIO adrian.laris@elheraldodemexico.com
JUAN CARLOS CELAYETA DIR. COMERCIAL Y RELACIONES INSTITUCIONALES juan@elheraldodemexico.com
ARMANDO KASSIAN DIRECTOR DIGITAL armando.kassian@elheraldodemexico.com
ANDREA MERLOS LÓPEZ DIRECTORA HERALDO TELEVISIÓN andrea@elheraldodemexico.com RAFAELA KASSIAN MIERES DIRECTORA SOFT NEWS / GASTROLAB
JORGE LUIS ALMARAZ LÓPEZ EDITOR GENERAL jorge@elheraldodemexico.com
RAYMUNDO SÁNCHEZ PATLÁN SUBDIRECTOR EDITORIAL raymundo@elheraldodemexico.com
IVÁN RAMÍREZ VILLATORO EDITOR EN JEFE ivan@elheraldodemexico.com
GUILLERMO SILVA AGUILAR DIRECTOR JURÍDICO jose.silva@elheraldodemexico.com

APARECE UN ESTÍMULO. El cerebro recibe información del mundo exterior.
IMÁGENES
HIPOTÁLAMO GLÁNDULA PITUITARIA
OLORES
SABORES
AILEDD MENDUET HUERTA EDITORA PANORAMA / DANIELA ZAMBRANO Y FRIDA CELAYA COEDITORAS PANORAMA / FRANCISCO NIETO BALBINO EDITOR PAÍS / CDMX / ALBERTO MORALES MENDOZA EDITOR EDOMEX / EDOS / JOSÉ CARREÑO FIGUERAS EDITOR ORBE / NAYELY RAMÍREZ MAYA EDITORA ESCENA / ALIDA PIÑÓN

EDITOR ESCAPADA H EL HERALDO DE MÉXICO Nueva Era, Año 9, Número 3174, miércoles 25 de febrero de 2026. Es una publicación DIARIA (lunes a domingo) de Circulación Pagada y Controlada, editada y publicada por OPERADORA Y ADMINISTRADORA DE INFORMACIÓN Y EDITORIAL SA de CV, Avenida Insurgentes Sur 1271, Piso 2, Oficina 202, Colonia Extremadura Insurgentes, Alcaldía Benito Juárez, CP 03740. Editor Responsable; ALFREDO GONZÁLEZ CASTRO. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo: 04-2009-060419029100-101 Certificado de Licitud de Titulo y Contenido: 16,921. Actualización del Registro en el Padrón Nacional de Medios Impresos de la Secretaría de Gobernación:
SONIDOS
El cortisol provoca un estado de alerta que aumenta la energía para reaccionar ante la amenaza.
Expertos coinciden que es un sistema de alerta considerada en dos tipos: adaptativa y crónica
AFECCIÓN, CUANDO ES CRÓNICA
POR SHAMADY OMAÑA
La ansiedad puede surgir frente a problemas laborales, financieros, escolares o personales, generando pensamientos exagerados sobre lo que podría ocurrir. Durante los últimos cinco años, este malestar dejó de ser ocasional para convertirse en uno de los principales desafíos de salud mental en México. Su impacto se intensificó en 2021, cuando a nivel mundial se registró un aumen-
to de 25 por ciento en los casos, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
“Existen dos tipos de ansiedad: la adaptativa y la crónica. La ansiedad adaptativa es normal y útil; ocurre ante un reto o situación que requiere acción. En estos casos, el cuerpo responde liberando adrenalina, lo que acelera el corazón, envía sangre al cerebro y a los músculos, y prepara al organismo para enfrentar el problema o es-
La ACTH entra al torrente sanguíneo y va a las glándulas suprarrenales.
Las glándulas suprarrenales liberan cortisol.
capar del peligro, pero cuando la ansiedad se vuelve crónica, se transforma en una enfermedad”, dijo Jaime Romano Micha, neurofisiólogo clínico con más de 40 años dedicados a la investigación del cerebro.
El experto explicó que la ansiedad surge cuando el sistema límbico, encargado de regular las emociones y la respuesta al estrés, se hiperexcita.
El especialista señaló que “el sistema de estrés permanece constantemente activado, con secreción continua de adrenalina y cortisol, aumento de glucosa en la sangre y alerta permanente, lo que puede derivar en diversas consecuencias para la salud, incluyendo padecimientos psicosomáticos(dolencias físicas)”.
Desde la perspectiva neurológica, la ansiedad crónica ocurre cuando tres sistemas clave del cerebro se desequilibran: las emociones, los pensamientos y el sistema de alerta, encargado de regular el sueño y la vigilia. Romano indica que “cuando predominan pensamientos negativos o catastróficos, la mente interpreta que existe un peligro constante, lo que provoca un des-
FUENTE:
ajuste que mantiene al cerebro en un estado de alerta continuo. Esta percepción de amenaza activa el sistema límbico, que a través de la hipófisis estimula la secreción de hormonas como el cortisol y la adrenalina”.
Francisco Fernández Clamont, pediatra y psicoanalista de niños y adolescentes, explica que todas las personas pueden ser vulnerables a la ansiedad, pero existen factores que aumentan o disminuyen esta vulnerabilidad.
“Los llamados factores protectores, incluyen una crianza positiva por parte de los padres o tutores, un apego seguro, un entorno familiar estable, así como la participación en hobbies, deportes o la existencia de relaciones sociales sanas”, enfatizó.
Por el contrario, Fernández indica que la falta de estos elementos puede hacer que una persona sea más propensa a desarrollar ansiedad, y que hay factores biológicos que influyen, como el temperamento heredado genéticamente. “Las estadísticas también muestran que las mujeres tienen el doble de probabilidad que los hombres de presentar algún tipo de ansiedad”.
Expertos indican que la conexión mentecuerpo es fundamental para poder salir adelante y mantener un bienestar que permita responder a los retos diarios
NIÑOS Y LOSJOVENES, MÁS AFECTADOS
POR SHAMADY OMAÑA

Los trastornos de ansiedad no sólo se manifiestan con miedo o preocupación desproporcionados. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que también aparecen síntomas físicos y emocionales que afectan la vida diaria, como dificultad para concentrarse, irritabilidad, tensión, malestar estomacal, palpitaciones, sudoración, temblores y problemas de sueño. Más allá de estos síntomas inmediatos, la OMS advierte que los trastornos de ansiedad pueden incrementar el riesgo de depresión, problemas por consumo de sustancias y conductas autodestructivas, incluidos los pensamientos suicidas.
A nivel cerebral, la ansiedad crónica impacta la corteza prefrontal, la región clave para regular las emociones y tomar decisiones. “Con el tiempo, pueden aparecer otros padecimientos como depresión o anhedonia, un estado en el que se pierde la capacidad de sentir emoción, interés o placer”, explica el neurólogo Jaime Romano Micha.
Este estado prolongado puede hacer que la persona viva de manera automática, “como si funcionara en modo robot, sin conciencia plena ni motivación”, agrega. Con el tiempo, este esfuerzo continuo provoca un agotamiento del sistema, acompañado de disminución en neurotransmisores como dopamina y serotonina, lo que dificulta plantearse metas u objetivos.
Este problema de salud mental se ha convertido en un fenómeno que no distingue edad ni género, aunque impacta de manera más significativa a las mujeres, y su presencia en México continúa en aumento. En 2024, el Observatorio Mexicano de Salud Mental y Adicciones registró 160 mil 144 casos atendidos de este trastorno. Además, los datos del observatorio detallan que, entre los jóvenes de 20 a 29 años, la ansiedad afecta al 23 por ciento de las mujeres y al 19.9 por ciento de los hombres, mientras que en adultos de 30 a 49 años los porcentajes ascienden a 34.9 y 29 por ciento, respectivamente.
Francisco Fernández Clamont, pediatra y psicoanalista, señaló que por cada dos mujeres con ansiedad, hay un hombre afectado.
“Este trastorno también aparece con mayor frecuencia en niños y adolescentes. En menores de 12 años, la forma más común es la ansiedad por separación. Es una etapa normal del desarrollo entre los seis meses y tres años, cuando los niños muestran angustia al separarse de sus cuidadores. Su prevalencia en esta etapa oscila entre el 3 y el 5 por ciento”, afirmó . Los trastornos de ansiedad no son un fenómeno exclusivo de México, sino un desafío de salud pública de alcance mundial. Según el Institute for Health Metrics and Evaluation, 4.4 por ciento de la población global padece actualmente algún tipo de ansiedad. En 2021, esto fue equivalente a 359 millones de personas afectadas, consolidando a la ansiedad como el trastorno más común entre los problemas de salud mental a nivel mundial.
La mayor efectividad en los tratamientos suele alcanzarse mediante la combinación de psicofármacos y psicoterapia; pero existen herramientas como el biofeedback y el neurofeedback
DESDE LAS PASTILLAS HASTA SENSORES
POR SHAMADY OMAÑA

Detectar la ansiedad de manera temprana permite brindar un tratamiento oportuno y adaptado a las necesidades de cada paciente indicó Jaime Romano Micha, neurólogo por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Para ello, dijo, existen terapias eficaces que pueden ayudar a la mayoría de las personas a llevar vidas productivas y satisfactorias. La mayor efectividad suele alcanzarse mediante la combinación de psicofármacos y psicoterapia; sin embargo, también existen herramientas como el biofeedback y el neurofeedback, técnicas, apoyadas en el uso de sensores y computadoras, que permiten monitorear la actividad de áreas específicas del cerebro y entrenar al paciente para autorregular sus funciones cognitivas y fisiológicas, de acuerdo con el Centro Neuro Psico Pedagógico.
Romano Micha, pionero en la introducción del neurofeedback en México, explicó que el tratamiento inicia con un diagnóstico preciso que integra estudios como el electroencefalograma y pruebas psicopedagógicas para evaluar la atención, así como las funciones sensoriales, emocionales y cognitivas del paciente. Este análisis permite identificar las áreas del funcionamiento cerebral y emocional que requieren intervención y, a partir de ello, diseñar un plan terapéutico integral.
“Mediante técnicas de neurofeedback se enseña al paciente a alcanzar un estado de mayor relajación a través del control de la respiración y la sincronización con sus propias respuestas fisiológicas. Para ello se colocan electrodos sobre el cuero cabe-
lludo que registran la actividad eléctrica cerebral; con base en esta información es posible entrenar distintos patrones de ondas cerebrales, de acuerdo con los objetivos terapéuticos”, señaló el especialista.
La plataforma digital Top Doctors refiere que el biofeedback es un tratamiento que emplea sensores para monitorear la tensión muscular, el ritmo cardiaco o la temperatura corporal. A través de esta retroalimentación, el paciente puede relacionar sensaciones con respuestas corporales y aprender a regular funciones que antes parecían involuntarias.
“La persona aprende a llevar su cuerpo y mente a un desempeño óptimo, para aliviar los síntomas. Estas herramientas, al ser no invasivas, favorecen la autorregulación, reducen el estrés y mejoran el bienestar de manera sostenida”, enfatizó el experto en el tema.
En México existen alternativas de atención gratuita. Instituciones como la UNAM, el Centro de Salud Integral para las Juventudes “Caritina Piña Montalvo”, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y la línea telefónica Línea de la Vida ofrecen apoyo psicológico sin costo.
En las terapias tecnológicas como el biofeedback y el neurofeedback, el precio ronda los mil pesos por sesión en clínicas privadas, mientras que las consultas privadas pueden oscilar entre 400 y dos mil 500 pesos por sesión.
Por otro lado, los tratamientos farmacológicos, como los antidepresivos utilizados para el control de la ansiedad, suelen tener un costo aproximado de 180 a 700 pesos, según la marca y la duración del tratamiento.

La ansiedad genera ausentismo laboral y pérdidas por productividad por 16 mil mdp
IMPACTA 30% LA NÓMINA DE LAS EMPRESAS
POR SHAMADY OMAÑA
n México, la ansiedad se ha consolidado como un desafío de salud pública que va más allá de afectar a quienes la padecen en los ámbitos laboral, escolar y familiar: también impacta al sistema de salud y repercute directamente en la economía. Por ello, resulta indispensable garantizar acceso oportuno y de calidad a los servicios de salud mental para toda la población, señala Francisco Fernández Clamont, pediatra y psicoanalista de niños y adolescentes. Para 2026, el presupuesto destinado a la salud mental en México asciende a tres mil 491 mi-
llones de pesos, lo que representa apenas 1.5 por ciento del gasto conjunto de la Secretaría de Salud e IMSS Bienestar, muy por debajo de 5 por ciento recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), según datos del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP).
Esta brecha resulta preocupante si se considera que, según datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), casi tres de cada 10 personas en México experimentan algún trastorno mental a lo largo de su vida, y seis de cada 10 de quienes lo padecen no reciben atención especializada.
La ansiedad no solo afecta a las personas, sino también a las empresas, generando ausentismo laboral y costos que pueden representar entre 20 y 30 por ciento de la nómina total, según la consultora Affor Health. De igual manera, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que las pérdidas de productividad vinculadas con estrés y ansiedad alcanzan 16 mil millones de pesos al año en México.
Por ello, Fernández Clamont sugiere desarrollar estrategias preventivas desde múltiples frentes. “En el ámbito escolar, por ejemplo, se podrían introducir programas de autocontrol y gestión emocional, enseñando a los niños a reconocer y regular sus emociones desde temprana edad. Asimismo, se recomienda capacitar a los docentes en temas de salud mental para detectar de manera oportuna posibles dificultades en el aula”, dijo.
Otro punto clave, resaltó el especialista, es fortalecer la presencia de centros comunitarios de salud mental en todo el país, asegurando que la atención sea accesible y cercana, tal como ocurre con la atención médica primaria. Además, plantea la creación de expedientes únicos de desarrollo desde el nacimiento, que permitan un seguimiento integral de la salud mental a lo largo de la infancia y la adolescencia, detectando de manera temprana posibles trastornos y ofreciendo apoyo a las familias para intervenir a tiempo.
EN ARMONÍA

RUTH AXELROD
Experiencia emocional de la ansiedad
Hay algo irremplazable en el ser humano que es su fragilidad y su vida consciente e inconsciente. La ansiedad, como respuesta natural al simple vivir cumple una función importante en la vida humana. Sirve como mecanismo de alerta ante situaciones potencialmente peligrosas o inciertas, ayudando a prepararse y responder ante desafíos. Gracias a la ansiedad, las personas pueden anticipar riesgos, prestar atención al entorno y activar recursos internos para afrontar problemas, lo que favorece la adaptación y la supervivencia.
Asimismo, la ansiedad puede manifestarse de formas diferentes dependiendo de la personalidad y las experiencias previas de cada individuo. Reconocerla para identificarla ayuda a que se convierta en una aliada y no en una enemiga. En ocasiones, puede impulsar a las personas a superarse y buscar soluciones creativas ante los retos, fortaleciendo la resiliencia y el crecimiento personal. Sin embargo, es importante reconocer los límites y aprender a gestionarla para evitar que se convierta en una carga innecesaria.
Aprender a identificar y manejar las ansiedades es fundamental para lograr un equilibrio emocional y vivir una vida más plena
Sin embargo, la ansiedad también tiene limitaciones. Especialmente cuando aumenta su densidad en la vida emocional. Cuando se vuelve excesiva o persistente, puede interferir en la toma de decisiones, dificultar las relaciones interpersonales y afectar el bienestar físico y emocional. En estos casos, la ansiedad deja de cumplir su propósito adaptativo y se convierte en un obstáculo para el desarrollo personal y social. La ansiedad como rasgo requiere ser nombrada y cuando es un estado requiere ser controlada.
Desde generar miedos excesivos, estrés laboral, social y familiar, soledad, desconexión, vació emocional, procrastinación, fobias y adicciones, ataques de pánico, y hasta sensaciones psicóticas, confundiendo al que lo sufre. No olvidemos que la expresión de la ansiedad en el cuerpo es la que genera síntomas de desgaste y llena los consultorios de los médicos.
En este sentido, los ataques de ansiedad son una expresión intensa y aguda de la ansiedad, caracterizada por una sensación súbita de miedo o malestar acompañado de síntomas físicos como palpitaciones, sudoración, dificultad para respirar y sensación de pérdida de control. Estos episodios suelen aparecer de manera inesperada y pueden ser muy angustiantes, llevando a la persona a buscar ayuda inmediata o a evitar determinados lugares o situaciones por temor a que se repitan.
Conoce más sobre salud mental
Escucha Heraldo Podcast
Los ataques de pánico, que hoy parecen de moda, pueden ser controlados, si se registran a tiempo y con buenas herramientas.
Por ello, resulta fundamental aprender técnicas de manejo de la ansiedad, como la respiración consciente, la meditación, el diálogo interior positivo, tener un espacio para psicoterapia individual emocional en un lugar de reflexión psicodinámica personal con un profesional calificado en salud mental.
Hay ansiedad de la buena pero también de la mala que daña, enferma. La que puede limitar la capacidad de disfrutar el presente y generar una visión distorsionada de la realidad. Por ello, aprender a identificar y manejar las ansiedades es fundamental para lograr un equilibrio emocional y vivir una vida más plena.
Sudoración, dolor de estómago, vomito, son algunos de los padecimientos de la gente que vive con ansiedad
VIVIR CON ANSIEDAD

Susana X (se omitió el nombre real a solicitud de la entrevistada), una académica jubilada de 68 años ha vivido con un trastorno de ansiedad desde niña y su historia refleja las graves consecuencias de la falta de diagnóstico y tratamiento temprano en la salud mental.
“Desde la infancia y hasta la vejez, la ansiedad puede convertirse en una compañera silenciosa y persistente si no se atiende a tiempo”, dice.
“Recuerdo que los primeros síntomas aparecieron en la escuela primaria, cuando el malestar físico comenzó a interferir con mi vida cotidiana. Me dolía mucho el estómago y me la pasaba mal… me salía de clases varias veces hasta que me tuvieron que llevar al doctor”, rememoró.
En aquel entonces, sus padres no dimensionaron lo que ocurría y el pediatra no logró identificar con claridad el origen del problema. Fue hasta la adolescencia cuando recibió una primera aproximación diagnóstica. “Me mandaron con un psicoterapeuta y me dijeron que parecía que lo que tenía era mucha ansiedad”, relata. Sin embargo, el acompañamiento no fue suficiente para erradicar un padecimiento que se volvió crónico. Ahora, ya jubilada, Galindo explica que la ansiedad sigue
“ESTOY LLENA DE MIEDOS, ME TENGO QUE SUBIR
A UN AVIÓN Y ANTES PASO TRES O CUATRO
NOCHES SIN DORMIR. DURANTE EL VUELO ES TANTO
EL PÁNICO QUE EVITO COMER. AHORA SÍ PUEDO
DECIR QUE TENGO UN TRASTORNO DE ANSIEDAD"
presente y se manifiesta principalmente a través del cuerpo. “Los síntomas que me atacan e interfieren con mis actividades diarias son el dolor de estómago, el dolor de piernas”. Desde hace varios años asiste a psicoterapia de manera constante: “Voy con mi doctora una vez por semana… y me ha ayudado a poner un poquito más de palabras a toda mi somatización y a todas mis fobias”.
Durante su etapa como maestra de primaria, la ansiedad afectó seriamente su desempeño profesional. “Me ponía muy nerviosa cuando tenía que dar clase, me sudaban las manos, me daba taquicardia, incluso sentía náuseas y tenía que irme al baño a vomitar”, confesó. Para ello, tenía que hacer ejercicios de respiración y meditación antes de entrar al salón de clases.
Además de los ataques de ansiedad Susana señala que las fobias, especialmente relaciona-
das con el transporte y los viajes en avión, han sido otros de los grandes obstáculos en su vida. “Estoy llena de miedos, me tengo que subir a un avión y antes paso tres o cuatro noches sin dormir”.
Reconoce que esta situación afecta sus relaciones personales, ya que limita sus viajes y encuentros con la familia.
La académica emigró de México con la esperanza de que el cambio de entorno aliviara su ansiedad, pero ocurrió lo contrario. “Pensé que viajando se me iba a quitar y claro no se me ha quitado, al contrario, me he puesto peor”,.
Actualmente, dijo, la psicoterapia en línea se ha convertido en una alternativa viable y una solución parcial.
A pesar de que su terapeuta le ha sugerido medicación, Susana se resiste. “Me da miedo la medicación, me da miedo la intimidad con un médico y que me diga que quizá estoy loco”, dice, reflejando el estigma que aún rodea a los
trastornos mentales. También reconoce que el padecimiento ha afectado su autoestima: “Me da pena, me da vergüenza expresar lo que siento… siento mi autoestima muy baja”.
Desde su experiencia, lanza un mensaje claro a quienes atraviesan situaciones similares y a las familias de niños y adolescentes.
“Lo que yo le diría a alguien que vive con ansiedad como yo es que busque ayuda y tratamiento lo antes posible. Sugiere que es fundamental diagnosticar a los niños y adolescentes a tiempo, porque un diagnóstico temprano podría prevenir que desarrollen toda la serie de síntomas, miedos, fobias y terrores que yo he vivido y que han hecho mi vida mucho más difícil”, finalizó. Su testimonio pone sobre la mesa la importancia del diagnóstico oportuno, el acompañamiento profesional y la necesidad de hablar abiertamente sobre el tema como un problema de salud que puede marcar toda una vida.
LUCHA SILENCIOSA
Alberta Lino tiene 38 años, es secretaria, está casada y es mamá de un niño de seis años. Desde pequeña supo que algo no estaba bien, relató que a los nueve años no sabía porque se peleaba constantemente con sus amista-
des y familiares, además de que siempre sentía inseguridad de su persona y sus acciones.
En la escuela las cosas tampoco fueron fáciles. Su rendimiento académico no era el mejor, reprobaba materias y eso entristecía a su mamá, quien decidió llevarla a psicoterapia. Ahí comenzó a aprender a controlarse un poco más, lo suficiente para poder terminar la primaria. Sin embargo, al llegar a la secundaria, Alberta empezó a notar un aumento importante en su ansiedad y cambios bruscos de humor.
“Me sentía muy mal, muy irritable. Fue en esa etapa cuando tuve mi primera menstruación, un proceso que se volvió especialmente difícil: durante esos días la ansiedad se intensifica. Tras acudir al ginecólogo, me diagnosticaron un mioma y tuve que ser operada. Después de eso, aumenté considerablemente de peso y el miedo comenzó a acompañarme de forma constante”, relató. Durante la preparatoria, lejos de encontrar alivio, su situación se agravó. Alberta señaló que en esa época vivía con sobrepeso, se mordía las uñas hasta lastimarse (consecuencia de la ansiedad) y, en su desesperación por sentirse mejor, comenzó a recurrir al consumo alcohol como una forma de escape.


Era una lucha silenciosa que se intensificaba día con día.
A los 19 años, Alberta Lino conoció al hombre que más tarde se convertiría en su esposo. Al principio de la relación todo parecía sacado de una historia de amor, pero con el paso del tiempo el romance se fue apagando, regresaron algunos episodios de ansiedad, lo que llevó a una dolorosa distancia.
La soledad emocional comenzó a crecer en ella hasta desbordarse en ataques de pánico, episodios en los que el miedo la paralizaba y que su vida pendía de un hilo.
“Sentía que me faltaba el aire, que me iba a morir. A veces me quedaba tirada en la cama o en el suelo, sin ánimos, y yo sola tenía que tranquilizarme para poder levantarme”, expresó conmovida.
Estas crisis la llevaron de nuevo a psicoterapia. Su psicóloga le recomendó también acudir con un psiquiatra, quien le recetó ansiolíticos y un antidepresivo para recuperar el autocontrol.
“Cuando pasaba por esas crisis me lesionaba la piel, arrojaba objetos, estaba todo el tiempo de malas, gritaba y eso ocasionaba discusiones frecuentemente con mi esposo”, señaló.
Cuando llegó a terapia, fue diagnosticada con un trastorno
“CUANDO PASABA POR ESAS CRISIS ME LESIONABA LA PIEL, ARROJABA OBJETOS, ESTABA TODO EL TIEMPO DE MALAS, GRITABA Y ESO OCASIONABA DISCUSIONES FRECUENTEMENTE CON MI ESPOSO”
de ansiedad mayor, una condición que llegó a hacerla dudar incluso de su estabilidad mental. Al tiempo se embarazó de su hijo, quien actualmente tiene seis años.
“Pensé que el embarazo podría ayudarme a sentirme mejor, pero ocurrió lo contrario. Viví una gestación llena de estrés y, tras el nacimiento de mi hijo, la ansiedad continuó presente. No pude amamantar a mi bebé debido a mi estado emocional y a los medicamentos que tomaba”, narró.
A pesar de todo, el bebé llegó al mundo sano, y Alberta confiesa que lo ama profundamente. Pero junto con ese amor inmenso apareció un nuevo temor, según Lino, vive con una preocupación, atrapada en el miedo constante de no ser suficiente como madre.
“Siento que me equivoco, que no hago las cosas bien. A veces hasta pienso que es mejor dejarlo solo que tenerlo conmigo, porque temo que mi ansiedad le afecte”.
Actualmente, Alberta continúa en psicoterapia, toma su tratamiento, hace ejercicio cuando
puede y encuentra consuelo en la fe de Dios. Cuenta que a veces acude a la iglesia para rezar y pedir fortaleza. Sin embargo, la ansiedad ha afectado sus relaciones personales: tiene pocos amigos y suele aislarse porque siente que los demás no pueden entender lo que vive.
A pesar de todo, Alberta ha aprendido a mirarse con mayor honestidad. Al preguntar qué mensaje daría a otras personas que viven con ansiedad, ella respondió tajante.
“Que se atiendan lo antes posible, que acepten cuando tienen un trastorno de ansiedad. Yo aprendí que no es culpa de los demás. A veces uno viene un poco descompuesto, pero siempre existen herramientas para recomponerse”.
Su testimonio visibiliza una lucha silenciosa que a diario atraviesan miles de personas, que incluso desconocen lo que tienen.
Alberta Lino continúa su camino de recuperación recordándose cada día que pedir ayuda también es un acto de valentía.
COLUMNA INVITADA

MARÍA ISABEL ROMERO LÓPEZ
Entender la ansiedad
Hablar de ansiedad implica abordarla desde lo individual, pero también desde el impacto que su tratamiento y falta de comprensión en la salud pública y mental de la sociedad.
Abordar el tema de la ansiedad desde la atención emocional es indispensable. Durante años ha sido abordado a partir de una crisis severa, un colapso o un diagnóstico clínico sin considerar que la ansiedad comienza en el cuerpo y su presencia incomprendida crece por desatención de lo cotidiano, dando pie a normalizar el cansancio, la presión social de seguir funcionando, así como la autoexigencia constante.
No todo se soluciona con medicamentos. Muchos problemas y motivos por los que la ansiedad se hace evidente necesitan ser nombrados, vistos y comprendidos antes de ser apagados.
La atención psiquiátrica es necesaria en muchos casos, pero no es suficiente si se descuida lo cotidiano, lo emocional y humano.
Cuando su presencia es comprendida, la ansiedad puede convertirse en una brújula que acompaña, no en un enemigo al que hay que eliminar o apagar
Por ello, conocer la ansiedad desde la educación emocional; más que “apagar el switch” y expresar frases simplistas como “relájate”, “échale ganas” “no pienses en eso” “todo va a estar bien” “el tiempo va a pasar y esto va a mejorar”, se ofrecen como soluciones exprés que prometen apagar la incomodidad que a veces experimentamos, sin embargo, la ansiedad se enciende para alertar que hay que atender algo.
En ese sentido, cuando su presencia es comprendida, la ansiedad puede convertirse en una brújula que acompaña, no en un enemigo al que hay que eliminar o apagar.
Somos seres integrales, con cuerpo, mente y emoción que pensamos, sentimos y reaccionamos en relación con nosotros mismos, los demás y las cosas del mundo.
La educación emocional nos ayuda a reconocer, atender, equilibrar e integrar los procesos que experimentamos en lugar de negarlos.
De ahí que es importante concientizar y capacitar humanizando el tema de ansiedad con el personal del sector salud que brinda servicios médicos.
Humanizar la atención médica no significa sustituir los protocolos, sino ampliarlos para incluir la escucha activa, la validación emocional y la detección de señales que indican la presencia de la ansiedad funcional antes de ofrecer soluciones exclusivamente médicas.
Atender, comprender y solucionar los motivos por los cuales se activa ansiedad no solo reduce crisis, también nos fortalece como personas individuales y en comunidad. *Maestra en Psicología Clínica Integrativa.
equilibrio
CUÉNTANOS TU HISTORIA
testimonioh@ elheraldodemexico. com

De acuerdo con la encuesta de QM Estudios de Opinión y HMG, nueve de cada 10 de los encuestados considera que se debe atender el problema de ansiedad
APRENDER A MANEJAR LA ANSIEDAD

1
¿Piensa usted que es importante aprender a manejar la ansiedad?
REDACCIÓN
La ansiedad en México ha incrementado a partir de la pandemia de COVID-19 (2020), considerada por expertos como un problema de salud pública que afecta a más de 19 por ciento de la población, con un notable aumento entre jóvenes y trabajadores.
Bajo este contexto, de acuerdo con la encuesta de QM Estudios de Opinión, en alianza con Heraldo Media Group, una buena parte de los consultados relaciona la ansiedad con otras situaciones que pasan en su vida diaria.
A la pregunta de: ¿Piensa usted que es importante aprender a
manejar la ansiedad?, 95 por ciento de los encuestados respondió de manera afirmativa.
¿Ha sentido alguna vez que la ansiedad le impide hacer cosas que quiere usted hacer? 49 por ciento respondió que no, 45 por ciento que sí y 6 por ciento no sabe.
Sobre el cuestionamiento ¿Cuáles de los siguientes síntomas asocia usted con la ansiedad? Una mayor parte, 70.9 por ciento indicó que la liga con dificultad para dormir; también fue relacionada con la dificultad para concentrarse (67.3%); con pensamientos negativos recurrentes
(61.7%); otra parte la relaciona con su irritabilidad (60.8%); mientras que 56 por ciento lo vincula al sentir taquicardia; la encuesta también reveló que la gente siente que sus problemas estomacales (47.3%) están asociados con la ansiedad; otro 45.8 por ciento lo une con la tienen sudoración excesiva.
Sobre el cuestionamiento: ¿Alguna vez ha experimentado síntomas de ansiedad que afectan su vida cotidiana? La mayor parte, 47 por ciento, dijo que no, otro 35 por ciento que sí y 17 por ciento señaló que no estaba seguro.
2
¿Ha sentido alguna vez que la ansiedad le impide hacer cosas que quiere usted hacer?
3
¿Cuáles de los siguientes síntomas asocia usted con la ansiedad?
4
¿Alguna vez ha experimentado síntomas de ansiedad que afectaran su vida cotidiana?