MUSEOS Y ARTE ERÓTICO OCULTO
SALONES "SECRETOS" SIRVIERON PARA ESCONDER OBRAS Y OBJETOS "IMPROPIOS" DE OJOS CURIOSOS O QUIZÁ PROTEGER UN CONCEPTO DE MORAL DECIMONÓNICA
DEBIDO A LAS VACACIONES DE FIN DE AÑO, LA SIGUIENTE ENTREGA DE OTROS DIÁLOGOS SERÁ EL 12 DE ENERO DE 2020.
ILUSTRACIÓN: ERICK RETANA
POR
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AMAURY A. GARCÍA RODRÍGUEZ Académico
DIRECTORA GENERAL SILVIA ELENA GIORGULI SAUCEDO
amaury@colmex.mx.
DIRECTOR ADJUNTO VICENTE UGALDE
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JORGE ALMARAZ LÓPEZ EDITOR EN JEFE
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currió en el verano del año 2000. Sarah E. Thompson, Michiko Tanaka y yo habíamos ido a Zacatecas para tener una idea concreta de la pequeña colección de estampas japonesas ukiyo-e que poseía el Museo Pedro Coronel de esa ciudad. Nos recibieron amablemente y nos enseñaron el pequeño grupo de estampas expuesto en uno de los salones. Después de verlas y comentar sobre las normas necesarias para su conservación, que no pueden exhibirse en una muestra permanente, nos revelaron que tenían tres más, pero que estaban aparte. —¿Por qué? —preguntamos—. ¿Están en mal estado? —No, es que no las podemos exhibir porque aquí vienen niños. Son eróticas —nos dijeron. Mi reacción fue inmediata, pues justo entonces comenzaba mi investigación doctoral sobre el control de la producción de estampas eróticas japonesas. Me incorporé, y creo los tres dijimos a la vez: “¿Podemos verlas?”. Nos llevaron entonces a los salones interiores del museo, cerrados al público, donde sinceramente imaginé que entraríamos y, de algún mueble de alguno de ellos, sacarían las obras. Para nuestra sorpresa, después de abrir los seguros de la puerta, no había mueble alguno. Sólo un retrato al óleo de Pedro Coronel, frente a la entrada, y tres formas colgadas de las paredes y cubiertas con papel de estraza que, supusimos entonces, eran las estampas. —Las tapamos con esas cubiertas de papel para que no llamen la atención —aclararon—. Ya saben, el personal de limpieza puede ser curioso. Mientras levantábamos el papel para ver lo que resultaron ser dos pinturas eróticas chinas sobre seda y un dibujo japonés, no dejó de llamar la atención cómo el ambiente creaba la sensación de que hacíamos algo vedado, acentuado por la mirada inquisidora de Pedro Coronel, quien desde su retrato parecía vigilar el lugar y nuestras acciones. Pese a lo curioso, y hasta jocoso, de la anécdota, no es algo único de un museo de provincia, o de México, sino que fue (y es en algunos casos) una práctica común en la mayoría de los museos del mundo, donde se habilitaron espacios, llamados salones o gabinetes secretos, para recluir allí cualquier obra sexualmente explícita. El especialista en literatura victoriana Walter Kendrick, en su magnífico libro The Secret Museum, brinda una muy completa historia no sólo de la aparición de estos salones secretos en el mundo moderno sino de su relación con la construcción de la categoría “pornografía” entre los siglos XVIII y XIX. Estos espacios nacieron de una mezcla de fascinación ante dichas obras, muchas de ellas recién “descubiertas”, y el deseo de clasificar para regular (y confinar) aquellas imágenes que se consideraban perniciosas para la sociedad moderna. Así surgió, en 1819, el gabinete secreto del Museo de Nápoles, que si no es uno de los más antiguos, es uno de los más famosos y guarda muchos de los objetos, esculturas y frescos con representaciones sexuales de las antiguas ciudades de Pompeya y Herculano, y que abrió al público el año 2000. El Museo Británico tuvo una sección secreta —llamada Secretum—, creada en 1865 y que existió hasta la década de 1960, cuando las piezas fueron incorporadas a las colecciones generales. Un tercer caso interesante es el del Museo de Bellas Artes de Boston, por la historia de su excelente colección de estampas y libros ilustrados eróticos japoneses de los siglos XVII, XVIII y XIX, que en buena parte proviene del acervo que William Sturgis Bigelow (1850-1926), importante coleccionista bostoniano de arte japonés, donara al Museo. Estas estampas y libros ilustrados eróticos 2E
COMPLICADO MANEJO DEL ARTE ERÓTICO ORIENTAL
... estuvieron guardados en cajas y sin clasificar por cerca de cien años. Había instrucciones muy claras sobre el acceso a estas piezas, reservadas para investigadores que fueran hombres maduros y casados.
estuvieron guardados en cajas y sin clasificar por cerca de 100 años. Había instrucciones muy claras sobre el acceso a estas piezas, reservadas para investigadores que fueran hombres maduros y casados. Amén del sesgo sexista, el conjunto nunca se estudió, rara vez se abrió a investigadores y se mantuvo en discreción hasta el año 2003, cuando una mujer (la misma Sarah E. Thompson que nos acompañó a Zacatecas) fue nombrada curadora de esa colección de ukiyo-e y comenzó la tarea de clasificarla. En México tuvimos también nuestro salón secreto. Según consta en el archivo del actual Museo Nacional de Historia, década de 1920-1930, y como él mismo comenta en su libro, es por sugerencia de Ramón Mena Isassi (1874-1957), profesor-conservador del Departamento de Arqueología, que el entonces director del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología, Luis Castillo Ledón (1879-1944), decidió crear, en 1921, un recinto para “cobijar las piezas ‘fálicas’ que formaban parte de las colecciones del museo”. Si bien al inicio este salón estuvo integrado por piezas de las propias colecciones prehispánicas del museo muy pronto, y por insistencia de Mena, fueron incorporándose objetos de otras culturas. El primer grupo documentado de piezas eróticas asiáticas que llegó al museo fue adquirido a principios de 1924. En el oficio del 29 de marzo de ese año, firmado por el propio Mena y dirigido al director del museo, se informa de una “colección fálica” china y japonesa adquirida a un tal S. Ortiz Vidales, por el valor de c uatro mil pesos mexicanos. Como vemos, Mena utiliza de nuevo la palabra “fálica” para clasificar estas piezas, cuando la gran mayoría no lo son precisamente. Tampoco lo es buena parte de los de las culturas no asiáticas, como las prehispánicas, a los que también catalogó como tal, quizás asumiendo que se trataba de objetos vinculados con el culto a la fertilidad, desconocedor tal vez de otras funciones, o no saber manejar el que muchas de esas piezas asiáticas estaban directamente vinculadas con la satisfacción de fantasías sexuales. Este núcleo erótico asiático estaba compuesto por un total de 77 objetos. Como puede verse en la lista de 1924 que se conserva, se desconocía cuáles son chinos y cuáles japoneses. En el documento se registran unas 20 porcelanas HERALDODEMEXICO.COM.MX
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LECTURAS DE EL COLMEX
ILUSTRACIÓN: ERICK RETANA
HISTORIA MÍNIMA DEL EVOLUCIONISMO MIGUEL ÁNGEL PUIG-SAMPER, 2019, 1A. EDICIÓN. 322 PÁGS. COLECCIÓN HISTORIA MÍNIMA
UN ARTE DIFÍCIL
77 OBJETOS: NÚCLEO DE LA COLECCIÓN DE ARTE ERÓTICO ASIÁTICO DEL MUSEO NACIONAL, EN 1924
3 CASOS DE MAYOR INTERÉS: LOS MUSEOS DE NÁPOLES, EL BRITÁNICO Y EL DE BOSTON.
4 MIL PESOS DE 1924: PRECIO DE UNA LLAMADA "COLECCIÓN FÁLICA" PARA EL MUSEO NACIONAL.
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(platos, floreros y figurillas), 18 figurillas de marfil, 6 objetos de carey y 12 de madera, todos con representaciones sexuales. A la lista se suman abanicos, fotografías, acuarelas, rollos ilustrados, estampas y juguetes sexuales. Como parte de la compra, se enlistan 41 títulos de libros, en su mayoría franceses o en traducción al francés, también de contenido sexual. Muchos de estos fueron de los más famosos en su género durante la segunda mitad del siglo XIX: Chronique scandaleuse aux siécle XVIII (1912), Le pornographe (1911), Erotika Biblion (1910), Memoires de Fanny Hill (1914), Musée secret Napoles (1914), y varios títulos del Marqués de Sade, entre otros autores. Pareciera que esos primeros años el Salón Secreto tuvo una vida bastante activa. Ramón Mena informa, en oficios de junio y agosto de 1924, que el salón recibió varias visitas, que continuó la gestión de compra de obra (sobre todo prehispánica), que preparaba un catálogo de la colección asiática y se habían realizado varias cédulas explicativas de las piezas exhibidas. Una de las pocas visitas documentadas al salón fue la de Takeo Ito, profesor de ciencias sociales de la Universidad de Tokio que, según documento del 27 de mayo de 1927, clasificó la colección erótica japonesa. Pero no hemos encontrado los resultados de ese trabajo. El Salón Secreto del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía existió hasta que, en 1934, Eulalia Guzmán, jefa del Departamento de Arqueología, “informa con honor” al director del museo que el salón queda clausurado, que las piezas prehispánicas se integrarán al resto de las colecciones y que se enviarán a la dirección tanto la colección erótica chino-japonesa como los libros franceses, ya que “no responden a ningún estudio científico”. Estas piezas, y otras, son trasladadas en 1941 al nuevo Museo de Historia de Chapultepec. Todavía el 2 de mayo de 1944 se menciona en un memorando que el contenido del antiguo Salón Secreto se encontraba en un clóset anexo a la dirección de este nuevo museo. Estas piezas aún están en resguardo del Museo de Historia de Chapultepec. Además de las registradas en los documentos de 1924, hemos encontrado otro conjunto (en este caso libros eróticos ilustrados japoneses del siglo XIX) cuyo origen y manera de llegar al museo seguimos investigando. Es necesario una correcta y completa catalogación de piezas, su estudio en profundidad y de su historia en México. También lo es romper el silencio que las ha rodeado durante los años que han permanecido escondidas en almacenes y desentrañar no tanto sus secretos, sino los nuestros, que han marcado la historia del coleccionismo de arte asiático en México, la de nuestras instituciones y nuestra propia fascinación y escándalo ante la representación histórica del sexo.
UN "SALÓN SECRETO"
"Es necesario una correcta y completa catalogación de piezas, su estudio en profundidad y de su historia en México. También lo es romper el silencio que las ha rodeado".
La publicación de la teoría de Charles Darwin supuso un antes y un después en el estudio de la vida en nuestro planeta. ¿De dónde venimos?, ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Pero Darwin no fue el único en responder. Autores que lo antecedieron, como Jean-Baptiste Lamarck; coetáneos, como Herbert Spencer, central en la formulación del llamado darwinismo social, y otros fundamentales para entender la historia de la teoría evolutiva y su difusión a escala global.
AMAURY A. GARCÍA R. Historiador y escritor.
HISTORIA MÍNIMA DE LA LITERATURA MEXICANA DEL SIGLO XIX CHRISTOPHER DOMÍNGUEZ MICHAEL, 2019. 1A. EDICIÓN, 319 PÁGS. COLECCIÓN HISTORIA MÍNIMA Esta obra empieza antes de la Independencia, en 1805, con la fundación del Diario de México, y culmina en 1913, cuando los más de los escritores modernistas respaldaron el cuartelazo de Victoriano Huerta. El lector encontrará en este libro a los literatos-historiadores inventando nuestro nacionalismo; o la búsqueda de una "antigüedad moderna" de cuyas ruinas nacería la literatura mexicana.
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REYES Y BORGES:
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nas tas de un o collar DIJE CASI TODO LO QUE ENTONCES SABÍA DE LA RELACIÓN ENTRE REYES Y BORGES EN MI LIBRO DE 2010, DISCRETA EFUSIÓN... ESCOJO ALGUNOS MOMENTOS ESPECIALMENTE LLAMATIVOS O NOVEDOSOS DE ESTA RELACIÓN, PRIVILEGIANDO ASPECTOS QUE USUALMENTE NO SE CONSIDERAN AL HABLAR DE ELLA. HERALDODEMEXICO.COM.MX
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a correspondencia entre el mexicano Alfonso Reyes y el argentino Jorge Luis Borges ofrece una rica veta no sólo del arte literario de dos de los escritores cumbre de América Latina sino de una amistad forjada tanto por la distancia física como por una mutua admiración surgida de una correspondencia que lo mismo abarca estilos literarios que filosofía, el tema de las drogas y su uso que una mirada afectuosa pero humorística respecto a la psicología española. Nadie sabe cuantas cartas intercambiaron, y quizá nunca se sepa.
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¿CUÁNDO SE CONOCIERON?
"No se sabe a ciencia cierta cuándo se conocieron Reyes y Borges. Circulan diversas versiones al respecto. La anécdota que Reyes relatará más tarde acerca de Borges y Ramón Gómez de la Serna procede, verosímilmente, de comienzos de 1924, aunque no resulta claro si es de su propia cosecha o de segunda mano". CARL0S GARCÍA Sobre un encuentro entre literatos...
LAS PRIMERAS DOS CARTAS (1923) Como simbolizando todo lo que no sabemos y quizás no sepamos nunca, la que debe haber sido la primera carta de la correspondencia entre ambos no parece haberse conservado, o no ha sido dada a conocer aún. (Más abajo se verá que hay que tener cuidado con esta clase de aseveraciones). Yo imaginé la existencia de esa carta con base en el envío que Borges hizo a Reyes, a mediados de julio de 1923, de su libro Fervor de Buenos Aires, desde Buenos Aires, apenas salido de la imprenta, con esta dedicatoria: “A Alfonso Reyes, hombre de docta perspicacia” (UANL, signatura: PQ7797/.B635/ F4 FAR). Es de imaginar la zozobra del joven Borges ante la incertidumbre: ¿respondería el autor mayor? Lo hizo. Y su carta trasunta no sólo goce estético ante la poesía del argentino, sino preconiza un aire sereno, casi goetheano: “Ya hacía falta concertar la novedad con la sobriedad, descubriendo disciplina a la nueva respiración del alma”. La estética de Reyes tiende a lo medido, lo clásico; en sus líneas se lee una crítica al Ultraísmo español del momento, del que Borges se apartaba con su libro, pero también al Estridentismo mexicano (no extraña que se sintiera más afín al grupo de Contemporáneos). Pero al cierre de la carta, desborda a Reyes la emoción: “Me conmueve […] esa ascendencia de abuelos y bisabuelos soldados…”. Y luego agrega un sucinto y pudoroso “Yo también…”, que deja heridas y recuerdos flotando en el aire. Menos pudoroso, Borges utilizó pasajes de la carta de Reyes en un volante de propaganda para su poemario. REYES Y BORGES EN “POMBO” (¿1923-1924?) Otra imprecisión ensombrece nuestro tema: No se sabe a ciencia cierta cuándo se conocieron Reyes y Borges. Circulan diversas versiones al respecto. La anécdota que Reyes relatará más tarde acerca de Borges y Ramón Gómez de la Serna procede, verosímilmente, de comienzos de 1924, aunque no resulta claro si es de su propia cosecha o de segunda mano (Anecdotario, 1968; Obras completas (OC), t. XXIII, p. 353): ¡Atiza! Esta palabreja es toda una veta de la psicología española: la psicología plebeya, se entiende, la que considera con “escama” toda alta manifestación del espíritu, y corresponde a la actitud de Guardia Civil que, según Ortega y Gasset, asumen ciertos españoles ante la poesía lírica. Jorge Luis Borges apareció por Madrid casi niño, grave y solemne. Lo llevaron a la tertulia de Pombo. —¿Y qué hace ahora el joven poeta argentino?— le preguntó el pontífice Ramón Gómez de la Serna, y Borges con la mayor seriedad, entre la perplejidad muda de los contertulios, dejó caer esta bomba de profundidad: —Estoy traduciendo La Ilíada. Ramón no pudo menos de exclamar: —¡Atiza! Durante la segunda estadía de Borges en Madrid, Reyes se encontraba, hasta donde alcanzo a ver, fuera de la corte, con una muy breve excepción en el periodo marzo-abril de 1924. No es del todo imposible, pues, que sus caminos se cruzaran en esa ocasión. Podrían haberse visto, siquiera por una vez, precisamente en la tertulia del café Pombo, regentada por Ramón. Un manuscrito de Reyes parece corroborar esa hipótesis: en un proyecto de carta a Borges, el mexicano anota (carta núm. 32 en mi libro; el texto carece de fecha, pero es quizás de la segunda mitad de la década del 20): “Encuentro a Borges, afectado, en Pombo. Presien-
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¿CÓMO SE CONOCIERON REYES Y BORGES?
"Encuentro a Borges, afectado, en Pombo. Presiento amistad”. Borges, sin embargo, negará rotundamente, decenios más tarde, haber conocido a Reyes en Pombo o siquiera en España. La incógnita subsiste". (Reyes ¿1924?)
to amistad”. Borges, sin embargo, negará rotundamente, decenios más tarde, haber conocido a Reyes en Pombo o siquiera en España. La incógnita subsiste. LA MARIGUANA, LA MEZCALINA Y EL PEYOTE (1928-1929) En la aporía cuántica de Schrödinger, el gato encerrado en una caja está vivo y muerto al mismo tiempo. El dejar las cosas vibrando en un impreciso umbral es mérito de artista. Que Reyes lo era muestra su pericia al hablar del consumo de alucinógenos. ¿Probó alguno de ellos? Hay indicios que permiten suponer que sí, pero ninguna prueba suficiente, y él mismo lo niega en algún pasaje de su obra. Queda claro, sí, que el tema le interesó sobremanera. Recojo algunas citas en que Reyes se ocupa de él, como introducción a una anécdota relatada por Borges: En 1935, Reyes ofrece “algunas simientes del misterioso peyotl o peyote” al Jardín Botánico de Riojaneiro (OC IX, 90): “Al hombre en delirio de peyotl, los sones de la guitarra le producen fantásticas alucinaciones coloridas”. Algo similar relatará en “La paradoja de la piel” (OC IX, 288): [La piel] no comunica simplemente con el mundo, sino que lo traduce, lo transforma al tiempo de dejarlo entrar hacia nosotros. Imaginad un teléfono que oyera una cosa y dijera otra. O mejor pensemos en la radio que metamorfosea una vibración en otra. La radio recibe un choque de ondas que pertenecen a la familia de la luz oscura, y entrega una onda de sonido, al revés del peyotl, la droga tarahumara, que convierte los sonidos en sensaciones luminosas. “Interpretación del péyotl” (1944) comienza con este 6E
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párrafo (OC IX, 358): El péyotl, la hierba sagrada de los tarahumaras, posee, entre otras, la propiedad de transformar los sonidos en visiones, las notas musicales en alucinaciones luminosas. Como la energía del objeto vibratorio se mantiene idéntica, es de suponer que, por relatividad einsteiniana, lo que se modifica es la energía receptiva del sujeto afectado por la droga. Reyes resume sus saberes acerca de alucinógenos en “La mezcalina”, un ensayo escrito en junio de 1956, en el que también recuerda sus tempranas incursiones en el tema. Hay aquí una frase, breve, y quizás cifrada: “Por mi parte, yo no he sido indiferente al enigma de los desiertos mexicanos” (OC XXII, 688). Insistirá con los alucinógenos en 1957, en “Breve visita a los infiernos” (OC XXI, 69-70): “Valle Inclán os habrá contado algo sobre los maravillosos efectos de la yerba; la visión que ella produce obedece a la voluntad, de suerte que el sujeto, en mitad de la calle, ordena y dice: ‘¡Que ande la Tierra Bajo mis Plantas!’. Y la tierra se echa andar, con teoría y procesión de paisajes, como en los telones rodantes del Parsifal. Según relatara Reyes (“Historia documental de mis libros, 1955-1959”: OC XXIV, 282), Valle-Inclán lo acusó en broma, por la época de Plano oblicuo, de ser fumador de mariguana, como lo era él mismo. Subsiste un delicioso testimonio de las charlas mantenidas por Reyes y Borges sobre el tema. Se conserva en una carta sin fecha redactada por Borges en el verano (argentino) de 1928-1929 para un corresponsal ignoto, llamado “Carlos” (¿Carlos Pérez Ruiz o Carlos M. Grünberg?; el manuscrito se conserva en la University of Virginia Library, Charlottesville, VA; véase el ítem núm. 588 en el catálogo de esa colección confeccionado por C. Jared Loewenstein en 1993). Borges caracteriza de “lindísimo” el episodio que pasa a narrar, ignorando que Reyes mismo lo contará más tarde en un texto de 1944 (OC XXI, 72-73): Reyes, D. Alfonso, me conversó anoche de los mariguanos, o pelaos (compadritos de México) fumadores de maHERALDODEMEXICO.COM.MX
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riguana, que debe ser una especie de opio. Me dijo este incidente lindísimo. Estaban en el patio de un caserón antiguo tres mariguanos (también los llaman grifos, porque se erizan todos) y decidieron probar este juego, mezcla de escondida y de mancha. El pavimento era ajedrezado, blanco y negro, y resolvieron que el tercer mariguano, perseguido por los otros dos, sería invisible cada vez que pisara en baldosa negra. (Con la mariguana, se pueden elegir las alucinaciones y son colectivas, es decir, son realidad, metafísicamente). Probaron y salió bien: cada vez que el perseguido caía de un salto en baldosa negra, desaparecía para los otros. Pero una vez, estando correctamente en baldosa negra, los demás lo vieron y agarraron. Él se maravilló. Te vimos trasparente, pero te vimos, le dijeron los compañeros. Se fijaron entonces y comprobaron que la baldosa negra estaba descolorida. Es decir, el mundo fantástico ya funcionaba solo. ¿No parece cuento de Chesterton? LA OBRA DE TEATRO (1929) El Diario de Reyes da cuenta de trabajos que no llegaron a cuajar, como el de una obra de teatro que debía ser escrita en conjunto con Borges. El 12 de septiembre de 1929, Reyes anotó: “Proyecto teatral con Borges”, sin aclarar de qué se trata. Decenios más tarde escribió más claramente al respecto (“Sófocles y la posada del mundo”: Marginalia, segunda serie, 1954; Las burlas veras, OC XXII, 227): Solía yo decir a Jorge Luis Borges, allá en mis días de Buenos Aires: —¿Qué efecto podría causar una obra escénica cuyos personajes, en vez de dialogar como suelen, simplemente monologaran uno junto a otro? Cada Juan Pirulero atiende su juego, cada uno habla de lo que le interesa o fascina, cada uno sigue su sueño y no da oídos al interlocutor, por mucho que lo tenga delante. En el fondo, y si pudiéramos arrancar el disfraz a muchas conversaciones, esto es lo que realmente sucede. Y por aquí llegué a concebir una pieza teatral que podría llamarse, simbólicamente […] La posada del mundo. […] La empresa no nos parece imposible, y quizás algún día la intentemos. Reyes tuvo desde temprano una clara percepción de los diferentes sistemas de signos de comunicación, según muestra en ese divertido diálogo callejero entre españoles, que sólo consiste en interjecciones y frases hechas, o en las reflexiones que le suscitan las gesticulaciones y “convenciones mímicas” de Juan Peña (OC XXIII, 156). UNA CARTA INÉDITA (1941) En mi ya citada edición de la correspondencia entre Reyes y Borges, recopilé y comenté todas las cartas en ambas direcciones llegadas a mi conocimiento hasta esas fechas (32 en total). El largo trato y el mutuo aprecio intelectual, así como algunos indicios en las cartas conocidas, permitían suponer que hubo más. Y, en efecto, hay al menos una más, que se conserva en Virginia (no termino de explicarme por qué se conservan tan pocas en el archivo de don Alfonso, tan escrupuloso en otros casos). Borges la remitió a comienzos de 1941 desde Mar del Plata, sitio de veraneo ubicado a unos 400 kilómetros al sur de Buenos Aires, en la costa del Atlántico. Por su tono ligero, de charla cotidiana, sugiere que hubo misivas semejantes con alguna frecuencia, que intentaban retomar y suplir el diálogo personal. Téngase en cuenta que Borges y Reyes no se veían desde que éste abandonó Buenos Aires. Quizás se encontraran por última vez en alguna de las dos cenas de despedida a Reyes que organizaron la Sade (Sociedad Argentina de Escritores) y la revista Sur el 29 y el 30 de diciembre de 1937, respectivamente. Borges escribe a “Don Alfonso” acerca de “las gratas obligaciones de turista”, que consisten principalmente en mirar el mar, pasear y comer: “Reaniman estos días marinos los mitos de cualquier pueblo costero: el agua, los árboles. […] Hemos podido ver algún barco beligerante fondeado a desgano en altamar. […] La observación del mar melancoliza al entrañable campo […]. La comida es obstinadamente española: paella, pescado, gallina y (criolla) un paraíso de postres”. A Borges le parece curioso que la paella valenciana sea llamada aquí, absurdamente, “riz à la mode de Valence”. Requiere luego noticias acerca del conflicto que por esos días asolaba Europa: “La guerra se ve distante desde aquí (cuénteme pronto el hecho examinado desde México)”. Cierra su misiva con saludos a “nuestros inolvidables amigos” Xavier Villaurrutia y Luis Martínez. Termino esta glosa con un saludo agradecido y cordial a ese fiel amigo que, a través de los últimos 20 años, me ha sido don Alfonso Reyes. 7E
PROYECTOS FRUSTRADOS
"El Diario de Reyes da cuenta de trabajos que no llegaron a cuajar, como el de una obra de teatro que debía ser escrita en conjunto con Borges".
33 CARTAS CONOCIDAS
"El largo trato y el mutuo aprecio intelectual, así como algunos indicios en las cartas conocidas, permitían suponer que hubo más. Y, en efecto, hay al menos una más, que se conserva en Virginia".
CARLOS GARCIA investigador independiente
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PURA LÓPEZ COLOMÉ se pasea por los jardines/de palacio. Trota. Provoca, busca desobedecer y que alguien, a su vez, desobedezca. Tocar significa poseer.
poetisa y traductora
CANCIÓN PARA ARRULLAR, TOCANDO, A NIÑOS MUERTOS Sólo a los moradores del limbo se les entona una canción de cuna perfectamente afinada pues carece de cura su dolencia: el anonimato (inocente). Qué dulzura la suya, qué transparencia sin costuras, inconsútil. Les toco la piel/con la piel de mi instrumento. Todo les duele. Los voy sobando con la voz. Calcárea (aguda). Tibia (grave). Calcárea (tipluda). Tibia (aterciopelada). Chillona, sentenciosa, calcárea, tibia, como debe ser la eternidad, un espacio duradero donde floten las criaturas. Sea pues su cuna el aire, respiración de un canto entre el averno y el nirvana. [En una película reciente, protagoniza la acción un niño muerto, recién parido, recién inventado así, tal cual, por un director que quiere que pensemos en un neonato que perdió la vida antes de salir del útero. Sin que la madre lo supiera, el velorio se había extendido —a manera de sábana santa— a lo largo de nueve meses. El efecto cinematográfico resulta aterrador, porque parece una momiecilla, una muñeca de trapo talqueada, que con suma destreza han envuelto en unos paños —pañales como los de antes, delgadísimos, de manta de cielo— unas actrices disfrazadas de enfermeras. Cualquiera diría que han empacado a la perfección un par de kilos de tortillas, o un tamal oaxaqueño… Ellas lo han tocado directamente, sí, se han quitado los guantes para llevar a cabo esta tarea. ¿Qué se sentirá poner los dedos encima de un pequeñito que ya venía muerto, que hasta cierto punto había seguido creciendo, desarrollándose, no en vida, sino en muerte? Nada. De tanto trabajar en contacto con cuerpos inertes, se pierde sensibilidad, me contó una vez un voluntario. Pero, en un principio, algo se siente… antes del entumecimiento.]
Pienso en la bóveda de la Capilla Sixtina. En el hombre voluptuoso que espera, según mi personalísima versión vuelta aquí versículo 0.0, que Dios Padre lo toque con el índice y le infunda ¿qué? ¿Belleza significativa? ¿Belleza poética con la punta flamígera de su mano derecha? [En Camino al Calvario, Tolstoi cuenta que Dasha pare a su hijo varón con la ilusión de que todo ha salido bien. Ella y su marido, Ivan Ilych, se quedan dormidos. Al despertar hallan al niño muerto. Ella se da cuenta al tocarlo: está frío… está frío… es lo único que logra articular. Desahoga su dolor en Ivan Ilych, culpándolo por haberse quedado dormido a su lado y no haber despertado a tiempo, quizás, de salvar al bebé. Lo odia por no haber habitado ese quizás. Y el suyo, ¿existe? NO ME TOQUES, grita, como si la cercanía, la proximidad le hiciera daño. Lo hace añicos]. ¿Quién toca/la unidad de un ser /roto en pedazos? ¿Quién toca/a un ente completo que suelta el vapor/de su divinidad? Divinos somos divididos o conservando integridad. ¿Quién toca a quién? Noli me tangere, le dice el Salvador a la Salvada. Noli me tangere, reza por escrito el collar de la gacela/(Ana la llaman), propiedad del rey/(Octavo en la cuenta), propiedad de la corona. Un mero objeto intocable
ARRULLOS MACABROS
“Sin que la madre lo supiera, el velorio se había extendido —a manera de sábana santa— a lo largo de nueve meses. El efecto cinematográfico resulta aterrador...“
Sólo Adán en la Sixtina es nadie, es libre. Ana, en cambio, está encerrada en su hortus clausus, encerrada a piedra y lodo en esqueleto, músculos, patas, cornamenta, hocico, la (cierva) sierva del acervo. El resurrecto ha vuelto del reino de la muerte, le pertenece. María Magdalena lo ignora. Él quiere evitar su decepción cuando toque la orla de aquel manto de humo. Su efimeralidad. Sólo ese primer hombre pintado permanece poseso de sí mismo. Intacto.
PURA LÓPEZ C.
[La Salomé de Lucas Cranach el Viejo, tocada con sombrero negro de fieltro con ala de armiño, europeamente blanca, dominante como ella sola, muestra la cabeza del Bautista en una charola de plata. Cabeza cercenada con los ganglios a ras del cuello, sanguinolentos, si bien no chorrean. En el marco de la misma impecabilidad, San Juan luce unos rizos primorosos. Sobria, ecuánime, casi impávida, ella mira a quien capta su expresión, no al decapitado. Pero la delatan los deseos de tocar ese cabello apenas con la punta del pulgar. No hay Noli me tangere que valga]. El contacto revive al cabello que se alza apenas. Lo cautiva. Reaviva la flama infernal.
ILUSTRACIÓN: ERICK RETANA
Con la epidermis/instrumental grito Silvia dando nombre, bautizando con música de Schubert. Silbo, canto, toco, acaricio. An Sylvia. Paso las huellas de aire sobre una fontanela. No hay agua, mas logro que vibre/su capa externa, a punto de desmoronarse. [En El final de los días, una persona descrita como “la hija” da a luz a una ídem que muere. Se encierra en su silencio. También se envuelve en manta de cielo. Sólo que por decisión personal. No deja que la toque nadie. Su esposo es un don NADIE. Se le acerca, comprensivo y conmovido, doliente también, en un intento fallido. El rechazo incide en el cosmos.]
15 DE DICIEMBRE DE 2019
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