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CÚPULA 31 MARZO 2026

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HERRERÍAS EDITOR ESCAPADA H EL HERALDO DE MÉXICO Nueva Era, Año 9, Número 3208, martes 31 de marzo de 2026. Es una publicación

DIARIA (lunes a domingo) de Circulación Pagada y Controlada, editada y publicada por OPERADORA Y ADMINISTRADORA DE INFORMACIÓN Y EDITORIAL SA de CV, Avenida Insurgentes Sur 1271, Piso 2, Oficina 202, Colonia Extremadura Insurgentes, Alcaldía Benito Juárez, CP 03740. Editor Responsable; ALFREDO GONZÁLEZ CASTRO Reserva de Derechos al Uso Exclusivo: 04-2009-060419022100-101 Certificado de Licitud de Titulo y Contenido: 16,921 Actualización del

EL BLANQUITA CONCENTRÓ

REVISTA, COMEDIA Y MÚSICA POPULAR DURANTE DÉCADAS.

INAUGURADO EN 1960 Y CERRADO EN 2015, PERMANECE SIN ACTIVIDAD ESCÉNICA

REGULAR

Por Redacción cupula@elheraldodemexico.com

El Teatro Blanquita se levantó en un punto de la capital asociado al espectáculo desde el siglo XIX. En la antigua Plaza Villamil operó el Circo Orrín, uno de los recintos de entretenimiento más importantes del porfiriato. Sobre ese mismo terreno, en el actual número 16 del Eje Central, en la colonia Guerrero, se asentó después una línea de espacios dedicados a públicos numerosos, ligada a la tradición de carpa, revista y variedades que marcaría la identidad posterior del Blanquita.

La historia del inmueble en el siglo XX está ligada a Margo Su y Félix Cervantes. Antes del Blanquita impulsaron en el predio el Teatro-Salón Margo, antecedente directo del recinto. Tras su demolición, en 1958, se construyó un nuevo teatro que abrió el 27 de agosto de 1960 con Libertad Lamarque. El nombre “Blanquita” hace referencia a Blanca Suárez, hermana de Margo Su. Desde su apertura se definió por una cartelera orientada al entretenimiento popular. Su fama se sostuvo con una programación continua de teatro de revista, comedia, música popular y variedades. Por su escenario pasaron figuras ligadas al espectáculo masivo como Germán Valdés Tin Tan, Adalberto Martínez Resortes y Jesús Martínez Palillo, además de cantantes como Vicente Fernández y Juan Gabriel. El teatro también fue sede de auténticos fenómenos de taquilla: entre los casos más citados está el espectáculo encabezado por Francis. Esa permanencia da cuenta de un modelo basado en funciones constantes, precios accesibles y una relación directa con públicos amplios. Entre las décadas de 1960 y 1980, el Blanquita fue uno de los recintos de mayor concurrencia en la Ciudad de México. A diferencia de los teatros públicos o universitarios, su programación dependía del rendimiento ante taquilla y de la capacidad de mantener el interés popular. Ahí coincidieron la revista, la comedia política, los cantantes de gran arrastre y los espectáculos de variedades en un periodo en que ese modelo concentraba a miles de espectadores.

El inicio de la decadencia se asocia a varios cambios acumulados. Desde la década de 1990, la televisión, los nuevos consumos de entretenimiento y la transformación de la oferta cultural redujeron

HISTORIA. Abrió en 1960. Foto: especial.

EL TEATRO

que marcó una era en el entretenimiento popular

2015 2023

CIERRA TRAS LA SALIDA DE LA CONCESIO-

HOY. En la explada hay un tianguis. Foto: especial.

el peso del teatro de revista. También incidieron el desgaste del inmueble, problemas administrativos y la modificación del entorno urbano del Centro Histórico. El cierre llegó en 2015. Desde 2015 el inmueble permanece cerrado. En 2023 fue incorporado al patrimonio público; en 2025, la presidenta Claudia Sheinbaum afirmó que el teatro podría reabrir como parte de un corredor cultural entre Bellas Artes y Garibaldi, proyecto aún sin ejecución.

NARIA.
LO DECLARAN PATRIMONIO CULTURAL URBANO.

Reinterpreta el paisaje mexicano

ÓSCAR GARCÍA DESARROLLA

UNA PINTURA QUE

REVISA LA TRADICIÓN DEL PAISAJE DESDE REFERENTES COMO JOSÉ MARÍA VELASCO . I NCORPORA SÍMBOLOS COMO NUBES INTERVENIDAS , EN UNA PRÁCTICA QUE

ARTICULA GRÁFICA, DISEÑO E INSTALACIÓN

Por Azaneth Cruz azaneth.cruz@elheraldodemexico.com

En el universo de Óscar García Benítez (Cuernavaca, 1991), el paisaje no es únicamente una representación del entorno, “es una puerta, una ventana donde la memoria, la emoción y la imaginación dialogan hasta encontrar un punto de equilibrio entre lo real y lo fantástico”. Ahí, aparece uno de los elementos más distintivos de su obra: una nube que sonríe. El artista ha construido un lenguaje propio que, aunque profundamente anclado en la tradición del paisaje mexicano, se permite cuestionarlo y expandirlo.

Su obra remite inevitablemente a José María Velasco, pero no desde la cita literal, sino desde una reinterpretación contemporánea que introduce humor, ironía y una sensibilidad emocional cercana.

“El paisaje fue una revelación. El momento ocurrió durante mi etapa universitaria, cuando me encontré de frente con la obra de Velasco en el Museo Nacional de Arte. Aquella experiencia marcó un antes y un después: eran como ventanitas por donde podías meter la mano. Desde entonces, la pintura se convirtió en el medio principal y en un espacio de exploración absoluta”, recuerda.

Aunque formalmente inició su formación como pintor en la preparatoria, la inquietud creativa estuvo presente desde la infancia, donde el dibujo fue, en sus palabras, un refugio frente a otras experiencias menos afortunadas, como los deportes.

Desde entonces, su práctica ha transitado por distintas disciplinas como la música, el diseño, la gráfica y la instalación, aunque siempre con la pintura como eje. “Esa exploración no ha sido gratuita, forma parte de una búsqueda constante por no limitarme, por no quedarme con las ganas. Porque no hay peor intento que el que no se hace”, afirma.

Su trabajo actual, sin embargo, parece haber encontrado una síntesis: las nubes, que, asegura, son formas cambiantes, universales y profundamente humanas que funcionan como símbolo y como puente. “Surgieron en un momento personal complejo, cuando decidí intervenir uno de sus paisajes con una carita sonriente, gesto que transformó la obra y mi relación con ella. Fue un acto de valentía”, recuerda. El resultado, cuenta, conectó de inmediato con el público. “En ese gesto aparentemente simple se condensa una de mis convicciones más profundas, la pintura como espacio de libertad. Porque ¿qué sentido tiene ser artista si no vas a hacer lo que tú quieras?”, cuestiona.

Para García Benítez, la honestidad creativa es el único camino posible, incluso si eso implica atravesar incertidumbre o largos periodos de duda.

Asimismo, comparte que como muchos artistas de su generación ha enfrentado retos estructurales, la falta de estabilidad económica, la necesidad de alternar distintos trabajos y la constante búsqueda de visibilidad, no obstante, se considera afortunado por poder dedicarse de lleno a la práctica artística sin dejar de lado la docencia y otras vocaciones.

DATOS CLAVE

Óscar es originario de Cuernavaca, su obra se centra en la exploración de la imagen desde la narrativa.

Su trabajo se ha caracterizado por construir historias visuales a partir de experiencias cotidianas y de paisajes.

“Mi obra dialoga con el paisaje mexicano desde una perspectiva íntima y contemporánea diferente, quiero que en mis lienzos la naturaleza no solo se contemple, también se sienta, se cuestione y, a veces, sonría”, cuenta.

Recientemente formó parte de la XX Bienal Rufino Tamayo, un suceso que considera clave dentro de su trayectoria, ya que la considera en uno de los circuitos más relevantes del arte contemporáneo en el país.

“Ser seleccionado no solo implica visibilidad, sino también el reconocimiento de un jurado especializado, así como la consolidación de un lenguaje propio capaz de generar nuevas lecturas y conexiones emocionales con el espectador. Este tipo de plataformas fortalece su proyección nacional y te posiciona dentro de una generación que redefine las narrativas del arte contemporáneo mexicano”, concluye.

CARRERA. Formó parte de la XX Bienal Rufino Tamayo Foto: cortesía.

ANÓNIMO ERA UNA MUJER

#OPINIÓN

EL APELLIDO Y LA HERIDA

@melissototota

Dolores Zorreguieta construyó una obra atravesada por la violencia y la incomodidad, lejos del foco y del relato fácil, insistiendo en lo íntimo y en lo que no se resuelve

Hay apellidos que abren puertas y otros que pesan, como el de Dolores Zorreguieta, hija de Jorge Zorreguieta, exsecretario durante la dictadura argentina, y hermana de Máxima, reina de los Países Bajos. Durante años, su apellido estuvo ligado a debates sobre memoria y responsabilidad.

Dolores nació en Buenos Aires en 1965, se formó en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y desde finales de los años 80 ha desarrollado una carrera constante con exposiciones en América Latina, Estados Unidos y Europa. Desde los 90 vive en Nueva York, donde consolidó su trabajo.

SU BIOGRAFÍA NO ES NEUTRA, PRINCIPALMENTE POR LA COMPLEJA RELACIÓN CON SU PADRE

Zorreguieta trabaja la violencia, el dolor y la experiencia emocional sin volverlos explícitos, usa objetos, instalaciones y composiciones que remiten al cuerpo, a lo que se siente y deja marca. En piezas como “Luna de miel” ese registro aparece como una forma orgánica que recuerda a la carne y la sangre. En la serie Heridas, los vendajes y fragmentos sugieren cuerpos dañados. Su trabajo también tiene una base conceptual clara: ella creció en un entorno atravesado por la filosofía —su madre fue la profesora Marta López Gil— y eso se nota en piezas que no buscan ser inmediatas ni cerrar significados.

Su biografía, sin embargo, no es neutra, principalmente por la compleja relación con su padre marcada por el pasado. pero no aparece como tema directo, aunque sí de manera persistente. Ahí está la decisión de sostener una carrera fuera del foco y trabajar durante décadas sin convertirlo todo en visibilidad. Su obra está más cerca de lo incómodo que del glamur e insiste en lo siniestro, en lo que duele y en lo que no termina de encajar. Mientras el apellido circula en espacios de representación y exposición, su trabajo se queda en oscuro. En un momento donde todo empuja a exponerse, sostener el trabajo sin volverlo espectáculo deja de ser discreción y se vuelve resistencia.

FADANELLI: QUE NO ME TOME POR SORPRESA LA MALDAD

EL ESCRITOR MEXICANO

PUBLICA FANGO , LA SEGUNDA

PARTE DE SU NOVELA LODO DE 2002 . A PROPÓSITO HABLA DE POLÍTICA, FILOSOFÍA Y LAS

FACTURAS QUE LE HA COBRADO LA VIDA

IV

PÉREZ Y CUARTOSCURO.

FOTO: LESLIE

Por Luis Carlos Sánchez

El milenio había comenzado y Guillermo Fadanelli (Ciudad de México, 1960) sintió el peso del tiempo en su propio rostro reflejado. Pasaba la noche en el Hotel México de Xalapa y algo lo despertó de madrugada: “Me miré en un espejo enorme que había allí y me di cuenta que la edad me estaba cobrando la cuenta”, recuerda.

Para entonces ya estaba rebasando los 40 años y avanzaba, sin importar ningún obstáculo, en la construcción del estilo belicoso que habría de caracterizarle. Esa noche, después del sobresalto, a Fadanelli se le reveló Benito Torrentera, un profesor de filosofía cincuentón, que se convirtió en protagonista de Lodo (Debate, 2022), la novela que comenzó a escribir en el trayecto de regreso a la ciudad y que inició con “la relación” entre su imagen y la del personaje: “un Torrentera diez años más viejo que yo”.

Esta vez, un malentendido de comunicación con el periodista vuelve a despertar a Fadanelli, pero ahora es mediodía en la gentrificada colonia Escandón. El autor pide unos minutos para darse un baño y terminar de despertar, se ha desvelado hasta las seis de la mañana leyendo y escribiendo. Una vez listo, los estragos del trasnoche no terminan por desaparecer, tampoco los de un hombre que rebasa los 65 años y que camina, sin prisa, a la destrucción.

Más de dos décadas después, Torrentera se ha vuelto a manifestar, apareció casi como una epifanía. “Hace unos años, tres, cuatro, va a parecer ridículo, pero escuché una especie de voz estética, que ese hombre quería salir de la cárcel, porque además vivió una historia truncada. Pensé, lo voy a sacar y si en las primeras páginas no aparece, escribo otra cosa”.

Así llegó Fango (Random House, 2025), continuación de Lodo, en la que se cuenta la vida de Torrentera después de seis años de encierro en una prisión de Michoacán, a donde va a parar luego de vengar a su amada Flor Eduarda de sus agresores. Pero aquel hombre razonable, prudente y con estudios es otro: ya está por llegar a los 60, su cinismo se ha reafirmado, ha desaparecido cualquier tipo de esperanza y ya no le importa la apacible vida de profesor universitario.

El deseo anhelante es lo único que parece seguir intacto. Preguntar a Fadanelli si Torrentera es su alter ego resulta ocioso: a través de él revela esa actitud anárquica con la que se mueve, la imperante desesperanza por el porvenir y la acrecentada desconfianza por el poder y la política. Torrentera ha librado la cárcel, pero ahora intenta ser sometido por su propio hermano, un abogado ricachón e influyente, y por su seductora y mimada sobrina.

El personaje ha regresado a su desvencijado departamento de la Roma, acepta escribir la biografía de José Nemesio Santos Degollado (a quien apodan el general derrotas) a cambio de una buena suma que le interesa sólo porque le permite vivir unos meses. En realidad, acaba como ghostwriter de un senador que aspira la gubernatura de Jalisco, y termina por caer en cuenta de que su futuro es también su pasado, de que los recuerdos que ha elegido han sido para torturarlo.

-¿Por qué Santos Degollado? Conocí a sus bisnietos cuando viví en Cuemanco, con los que tenía una relación muy áspera, el nieto era un almirante ya mayor.

EJES. Casi toda su obra de ficción cuenta con ángulos recurrentes como la ciudad, el pesimismo, la ironía y el escepticismo.

Leyendo mis libros de historia me di cuenta de la lealtad, de la fidelidad que este general tenía hacia Benito Juárez, pero también una de sus características, no sé si inventada, era perder batallas. Un general leal es el que pierde las batallas, más que el que las gana y Torrentera hace una analogía: él es el profesor derrotas y Santos Degollado el general derrotas

-Parece imposible para Torrentera desprenderse del pasado

Siempre está buscando el rostro extraviado de Flor Eduarda Irma Rosario (su sobrina) y Flor Eduarda no tienen mucho que ver, exceptuando quizás la edad y cierto cinismo. Pero Flor Eduarda era una joven sin estudios, con mucha vitalidad, mucha malicia, e Irma es hija de un hombre adinerado, y su cinismo proviene más bien de la riqueza que de la naturaleza. Quise dejar muy claro que Torrentera estaba enamorado, que había cierto sentimiento romántico, que luego transmite a su sobrina.

-En Lodo, los que antes eran priistas ahora son socialistas y han llegado al poder… Los seres humanos tenemos una tendencia ética, personal, que puede tender hacia el socialismo, hacia el deseo de equilibrio económico, al bienestar público. Ese sería un socialista, una especie de filántropo, pero los partidos se quedaron sin ideología, están colmados de corrupción e intereses, de deseos de poder. Es verdad que se requiere poder, pero si solo es ansiedad por el poder y si, como partido, como persona, crees tener la idea del bien y del mal, o del horizonte futuro, te acercas peligrosamente al fascismo. Sí toda política es

una conversación y una ética tienes que hablar con tus enemigos, por desgracia, en su mayoría gobiernan los que ven oportunidad de tener un escaño, un puesto, ascender socialmente. No sé si eso implique una vocación socialista.

-¿En qué lado te ves tú?

Me consideró un socialista en las ideas, anarquista de cepa, pero no el anarquista que destruye, el que está en contra de cualquier autoritarismo que no sea crítico y que no tenga razón de ser. Pero sobre todo, me considero un observador, un hombre que está alerta ante la estupidez humana, y que solo desea que lo dejen en paz. Es tan apremiante el deseo de que a uno lo dejen en paz que opino de la cosa pública, de lo ético, de lo social. Éticamente me considero, por supuesto, un socialista en todos los sentidos, con betas y principios anarquistas muy acendrados.

-¿Es tan árido el mundo, la vida, para buscar sólo la paz?

El mundo es aquel que construyes en tu mente, el que te ofrece su temperamento. No estamos solos y eso constituye nuestra individualidad. Nadie puede sobrevivir a solas, pero no poseemos los mismos principios ni los mismos juicios. Soy un hombre desconfiado de los tres principios de Hobbes para ser un hombre infeliz: la desconfianza, el deseo de celebridad y la competencia. No me interesa la competencia, el deseo de celebridad me parece casi una tara, un absurdo. Y, sin embargo, soy desconfiado porque he vivido esta ciudad, es mía, la he vivido en la noche, en los barrios, en los lugares más inhóspitos, la conozco, ya no sé diferenciar entre esta ciudad y yo.

Pero estoy un poco harto, cansado de la incapacidad social para resolver problemas urgentes. Me molesta la ambición barata de tantos políticos mexicanos. Conforme pasa el tiempo, noto en mí que crece un estado de misantropía, la misantropía crece, quizás como una enfermedad y yo no voy a los médicos, el único médico al que llegué a ir, y eso porque era un gran amigo y me pedían un estudio para una residencia en Berlín, fue Arnoldo Krauss.

-Como a Torrentera, ¿ya no te interesa leer novelas?

Leo ensayos y filosofía como si leyera

SU CARRERA

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Es videoasta y escritor, fundador y director de la revista Moho. Ha colaborado en diarios y revistas.

Entre los reconocimientos que ha tenido el escritor destaca el Premio IMPAC en 1998.

En 2019 obtuvo el Premio Mazatlán de Literatura, por el conjunto de su obra. Y el Grijalbo en 2012.

novelas. De ninguna manera creo que tal filósofo tenga la verdad, lo leo como una historia, una anécdota, una perspectiva personal. Con personajes que en su caso son conceptos; con tramas, que son estrategias filosóficas, nunca leo a un filósofo pensando que leo la Biblia o un libro sagrado, lo leo igual que antes leía novelas.

Ahora sigo leyendo novelas, pero no con el mismo entusiasmo ni con el mismo pundonor. A no ser que seas un gran escritor, es difícil lograr que tu lector se olvide de ti como escritor y que entre a la historia, que la habite y sea seducido. Es difícil encontrar escritores de esa capacidad.

-¿La vida ya te ha cobrado facturas? Sí, a mí ya me las cobraron y con intereses a veces impagables. Cuando escribí Lodo, el personaje era yo mismo, pero muchos años después, esos años ya pasaron, al Benito Torrentera de Fango lo veo más joven que yo.

Siempre es mejor partir de la muerte que de la vida, y de la derrota que de la victoria, para arrebatarle a esa muerte, a esa derrota, algún momento de tranquilidad, de confort, de felicidad, para que la decepción no te destruya. Es mejor decir, ‘ya lo esperaba’ y que no te tome por sorpresa la maldad, la tragedia, el desengaño. Ese siempre ha sido mi método ético, vivencial.

Me ha gustado llegar a viejo porque, desde otra perspectiva del mundo, cambias y si no te amargas pensando que la vida tiene un comienzo y un final. Es extraordinario ser un hombre mayor, hay menos desasosiego, sabes que puede ser el último día y eso te da mucha tranquilidad. Personalmente no me causa ningún temor, sabes que el futuro es tu pasado.

-¿Cuál es tu ideal en la vida? El único ideal que todavía podemos sostener es el de la supervivencia, el de la tranquilidad, la posibilidad de evitar el sufrimiento y la guerra. Y, sobre todo, de hacer el bien a quienes más sufren, esas me parecen finalidades loables, para cualquiera que habite esta sociedad. En Benito Torrentera está la necesidad de provocar, de que su actitud demuestre al otro algo de sí mismo. Siempre la provocación, el no mantenerte estático ante las fuerzas del mundo, ante las diversas morales, provocar entre las diferentes maldades que te acosan todos los días

EL TIEMPO DE LAS LETRAS

Ivana von Retteg @ivana_von_retteg

América Latina no se puede entender hoy sin el mestizaje derivado de la Conquista; un episodio de la historia que debe tener una lectura compleja, profunda y abierta

La historia de América Latina se dibujó con la tinta del mestizaje. América nació del encuentro de mundos, un encuentro profundamente desigual y extraordinario a la vez. Españoles, pueblos originarios y africanos coexistieron en el continente americano intercambiando influencias que terminarían por diseñar una nueva civilización. Desde los primeros años de la Conquista, el mestizaje comenzó a moldear la realidad social del continente. La figura de Malintzin ilustra esa marca en muchas formas porque fue una mujer que vivió entre dos mundos y simboliza ese punto de contacto donde comenzó a formarse una nueva sociedad. Durante el periodo virreinal, esta mezcla de tradiciones produjo una cultura rica. El barroco novohispano es quizá una de sus expresiones más visibles.

En el ámbito intelectual, figuras como Sor Juana Inés de la Cruz encarnan también esa síntesis. Fue heredera de la tradición humanista europea y producto de una sociedad americana profundamente mestiza. La sociedad colonial desarrolló sistemas de castas, pero la mezcla cultural avanzó de forma inevitable; las lenguas, la gastronomía, las prácticas religiosas y las formas de vida se transformaron. Con el paso del tiempo, esa realidad social terminó por convertirse en una identidad cultural.

EN EL PERIODO

VIRREINAL ESTA

MEZCLA DE TRADICIONES

PRODUJO UNA CULTURA RICA

La Conquista y la colonización trajeron consigo violencia y desigualdad. Pero reducir la historia americana únicamente a esos episodios sería ignorar la extraordinaria capacidad humana para crear algo nuevo a partir del encuentro.

El mestizaje es, al final, una síntesis cultural que a lo largo de cinco siglos ha producido una de las identidades más originales del mundo, y nos permite admitir, quizá, que las civilizaciones más ricas no nacen del aislamiento, sino del encuentro entre mundos distintos.

#OPINIÓN

EL HOMBRE MAL VESTIDO

ALMADÍA

Variaciones sobre la Experiencia

l Esteban Arévalo es el eje de esta historia que se desarrolla a partir de su relación con el entorno y con otros personajes. La obra corresponde a una novela publicada por Almadía, con ediciones recientes que la mantienen en circulación. A través de la voz del protagonista, el libro presenta situaciones vinculadas con la vida cotidiana, el trabajo y las relaciones sociales, en un registro que da cuenta de su percepción del mundo. La narración se organiza mediante episodios que permiten seguir su trayectoria y sus interacciones, configurando un retrato individual que se construye a partir de acciones concretas y observaciones directas.

DESORDEN CRÍTICA DE LA DISPERSIÓN PURA RANDOM HOUSE

l El libro reúne una serie de reflexiones sobre la vida contemporánea articuladas desde la observación de prácticas culturales y sociales. Editado por Literatura Random House en 2024, se presenta como un ensayo en el que Fadanelli aborda fenómenos vinculados con la fragmentación de la experiencia, la atención dispersa y la sobreabundancia de estímulos. La estructura no sigue un desarrollo lineal, sino que avanza mediante fragmentos que combinan pensamiento, registro personal y referencias culturales. Y examina formas de lectura, escritura y convivencia en contextos donde la continuidad se ve interrumpida, sin formular una tesis única, sino proponiendo un campo de reflexión abierto que se sostiene en observaciones directas.

TRANSITA ENTRE NOVELA, ENSAYO Y RELATO CON LIBROS SOBRE FORMACIÓN, CIUDAD, MEMORIA E INTEMPERIE DE LA EXPERIENCIA INDIVIDUAL

Redacción cupula@elheraldodemexico.com

l La narración sigue a Benito Torrentera, profesor de filosofía, cuya vida cotidiana se ve alterada tras el encuentro con una joven que modifica su rutina y sus decisiones. Publicada originalmente en 2002 y reeditada por Almadía, esta novela construye un relato centrado en la relación entre los personajes y en los desplazamientos que emprenden. A lo largo de la historia se desarrollan episodios que involucran deseo, conflicto y cambios en la trayectoria del protagonista. La trama se sitúa en un entorno urbano reconocible y se articula a partir de acciones y situaciones que transforman la vida del personaje principal sin estructuras narrativas complejas.

EDUCAR A LOS TOPOS ANAGRAMA

l El relato se centra en la experiencia de un niño dentro de un entorno educativo disciplinario que marca su formación. Publicada en 2006 por Anagrama, esta novela aborda la vida en una institución donde las normas y la estructura condicionan la conducta de los personajes. A través de episodios que describen la rutina escolar, el texto reconstruye un proceso de aprendizaje en el que intervienen la autoridad, la convivencia y la adaptación. La historia avanza mediante situaciones que permiten observar el desarrollo del protagonista en ese contexto, sin apartarse de un registro narrativo que privilegia la descripción de hechos y dinámicas institucionales.

EL BILLAR DE LOS SUIZOS CAL Y ARENA

l Conformado por textos que remiten a viajes, lecturas y experiencias personales, este volumen organiza materiales previamente publicados y los articula en un solo cuerpo. Aparecido en 2017 bajo el sello Cal y Arena, el libro se ubica en el terreno de las memorias y la crónica. No responde a una cronología tradicional, sino que propone una estructura basada en la acumulación de escenas y desplazamientos. A través de estos fragmentos, Fadanelli registra encuentros, trayectos y episodios que delinean una trayectoria personal vinculada con la literatura y la observación del entorno. El resultado es un conjunto que privilegia la evocación y el registro sobre la narración lineal.

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