Suplemento Semanal MARTES 22 DE SEPTIEMBRE DE 2026 heraldodemexico.com.mx
INÉDITA La investigadora Patricia Rosas Lopátegui reúne los últimos 14 textos creativos conocidos y reconstruye el cerco político y patriarcal que marcó a la escritora
ANI CORTÉS
Elena Garro,
Detrás de la exposición
Del acervo
a las
La curaduría del Museo Nacional de San Carlos parte de preguntas e investigaciones para seleccionar obras que permitan crear nuevas interpretaciones y conexiones entre artistas y épocas. Su acervo reúne más de dos mil 400 piezas de más de 600 artistas
cupula @heraldodemexico.com.mx
RAFAELA KASSIAN
ALIDA PIÑÓN
DIRECTORA SOFT NEWS
EDITORA
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alida.pinon @heraldodemexico.com.mx
LUIS CARLOS SÁNCHEZ EMMANUEL ORTIZ MATADAMAS EDITOR GRÁFICO
COEDITOR
luiscarlos.sanchez @heraldodemexico.com.mx
LIZBETH MORALES MIRIAM OCARIZ OMAR MÁRQUEZ GRAJALES TANNIA LERDO DE TEJADA
JOSÉ PABLO ESPÍNDOLA
COEDITORES GRÁFICOS
REPORTERO
Detrás de la exposición
Jorge Reynoso Pohlenz CURADOR
AZANETH CRUZ FOTOS: FRIDA MILLÁN
s salas U
na exposición no empieza cuando una obra llega a la sala, en el Museo Nacional de San Carlos (MNSC) puede comenzar hasta dos años antes, con una pregunta que el equipo curatorial busca responder a través de las obras. Jorge Reynoso Pohlenz, director y curador del recinto, quien ha trabado en museos como el Universitario de Arte Contemporáneo y el Carrillo Gil, explica que el primer paso no es revisar qué piezas están disponibles, es definir qué se quiere decir; después, indica, viene el problema central, que es el de encontrar las obras capaces de demostrar el discurso analizado y definido. “Estás manejando ideas, pero como si la sala fuera un juez, tienes que mostrar evidencias”, así resume buena parte del trabajo curatorial del San Carlos. Y agrega que “un concepto puede ser atractivo, pero sólo se convierte en exposición cuando encuentra respaldo en las piezas, puede sostenerse con investigación y resulta viable desde el punto de vista de la conservación, los préstamos y los recursos disponibles”. Actualmente, el recinto cuenta con un acervo
"LA CURADURÍA, POR TANTO, NO CONSISTE ÚNICAMENTE EN SELECCIONAR LO QUE SE MUESTRA. TAMBIÉN IMPLICA ESTABLECER JERARQUÍAS, RELACIONES Y AUSENCIAS. MOSTRAR ES INTERPRETAR". de dos mil 400 piezas de arte europeo y occidental, con obras que van del siglo XIV a principios del XX. La colección incluye pintura, obra gráfica, dibujo, escultura y, en algunos casos, fotografía. “Es un conjunto suficientemente amplio para construir múltiples historias, pero no para contar cualquier historia”, añade Reynoso Pohlenz. Y es que para el especialista “una obra puede estar en reserva, requerir trabajos de conservación, no ser susceptible de préstamo o, simplemente, no existir en la colección. En cualquiera de esos casos, la idea inicial puede cambiar”. Por ello, el método, explica el director, permite construir exposiciones alrededor de preguntas y no únicamente de periodos históricos. Para ejemplificarlo, plantea la posibilidad de abordar una exhibición desde la representación de lo femenino, a partir de preguntas como “¿cuántas artistas mujeres forman parte del acervo? y ¿cómo han sido representadas las mujeres a lo largo de la historia del arte? Después comienza una investigación que debe encontrar correspondencia material en las obras. El objetivo es que el visitante deje de mirar únicamente una composición ‘bonita’ y empiece a preguntarse qué información contiene”. Así, un bodegón, por ejemplo, puede parecer a primera vista una pintura de frutas, flores o vajillas, sin embargo, detrás de esos objetos pueden aparecer referencias al comercio, la religión, la sensualidad, la muerte o las relaciones económicas de una época. “La naturaleza muerta nunca es inocente. Además, una pintura de la Nueva Espa-
Paradarunpaseo El arquitecto Manuel Tolsá fue director de escultura de la Academia de San Carlos y es responsable de la edificación del inmueble. El MNSC tiene una colección de 649 artistas,de los cuales 12 son artistas. Cuenta con obras de Rubens,Carrucci,Tintoretto,Zurbarán,Goya,Ingres, Clavé y Sorolla,entre otros grandes maestros de la pintura europea. Tiene 10 salas de exhibición.
ña del siglo XVII puede llevar al espectador hacia las naturalezas muertas de Olga Costa o María Izquierdo, aunque las obras no necesariamente compartan la misma sala”, apunta Reynoso Pohlenz, para quien una muestra se convierte en una red de continuidades y contrastes. Otra estrategia curatorial, comparte, consiste en sacar las obras del contexto en el que el público espera encontrarlas. “Proponemos un contexto nuevo para que no sea, digamos, la escultura en el edificio clásico, sino para que la imaginación salte quizás a otro lado. El propósito no siempre es confirmar lo que el visitante ya sabe, sino modificar la manera en que observa una obra. La apuesta implica alejarse, cuando es necesario, del recorrido predecible por siglos y estilos (gótico, renacimiento y barroco) para establecer encuentros inesperados entre obras antiguas y referencias modernas o contemporáneas”, dice. Pero para hacer una curaduría, señala, elegir también significa excluir. “Toda exposición tiene otra historia que el visitante casi nunca ve, la de las obras que no llegaron a la sala. ¿Qué pieza ocupa el centro? ¿Cuál queda fuera? ¿Cuál necesita dialogar con otra? ¿Cuál resulta indispensable para sostener el argumento?”, comparte Reynoso Pohlenz, y en ese sentido, resalta, esas decisiones también forman parte de la curaduría. “La curaduría, por tanto, no consiste únicamente en seleccionar lo que se muestra. También implica establecer jerarquías, relaciones y ausencias. Mostrar es interpretar. Pero también lo es ocultar”, concluye. La colección del Museo Nacional de San Carlos conserva obras de artistas europeos que llegaron al país para enseñar en la academia, entre ellos Eugenio Landesio, maestro de José María Velasco; Pelegrín Clavé y Manuel Vilar. Adicionalmente, este espacio ubicado en la Av. México-Tenochtitlan 50, en la Tabacalera, es, por sí mismo, disfrutable por su amplia historia y belleza. Es una construcción del siglo XVII del reconocido arquitecto Manuel Tolsá. Originalmente fue una residencia, pero ha tenido varios usos, se utilizó como fábrica de cigarros, oficinas de la Lotería Nacional y sede de la Preparatoria Nacional número 4 de la UNAM, hasta que en 1966 fue cedido al INBAL e inaugurado como Museo de San Carlos en 1968 y como Museo Nacional en 1994 por decreto presidencial. Y su acervo proviene de las galerías de arte de la Antigua Academia de San Carlos.
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III
Letras
OPINIÓN ESCRIBIR CON LUZ
CYNTHIA MILEVA
Elena Garro,
entre el machism los gobiern
@cynthiamileva
POR LUIS CARLOS SÁNCHEZ
La primera foto de la historia vuelve a casa…
U
F
otoseptiembre cada año nos trae cositas de qué hablar, y hoy ni más ni menos que la celebración del cumple número 200 de la fotografía. Y con él, la noticia de que, por lo menos temporalmente, regresa a suelo francés Point de vue du Gras, la milagrosa heliotgrafía que Joseph Nicéphore Niépce fijó en 1826. Esta primera fotografía de la historia, tras pasar por varias manos y cruzar el continente, fue donada por Helmut Gernsheim en los sesenta al Centro Harry Ransom en Austin, Texas, donde reside desde entonces. Pero dos siglos alcanzan para que la memoria colectiva sufra amnesia y le ponga los laureles al tipo equivocado. Detrás de esa famosa vista desde la ventana en Saint-Loup-de-Varennes hay drama financiero. Niépce no era un comerciante, ni un hombre de espectáculo; era un inventor provinciano. Dilapidó la fortuna familiar cocinando brebajes químicos obsesionado por lograr que las imágenes de la cámara oscura quedaran impresas sin la intervención del pincel humano. Cuando corrió a Londres a enseñarle su invento a la Royal Society, le dio la paranoia de que le robarían la fórmula, se negó a explicar cómo funcionaba y los académicos lo mandaron de vuelta a su casa por donde vino. Arruinado y desesperado por validación, un par de años después firmó con Louis Daguerre, un tipo con olfato formidable para la mercadotecnia. La jugada fue pésima: Niépce murió de un derrame en 1833 y, cuando el Estado francés compró el invento en 1839, borró su apellido para bautizar el invento como “Daguerrotipo”. En la inauguración del jolgorio allá en Francia, su ministra de Cultura, mencionó la importancia de la educación visual, para enfrentar sobre todo a las nuevas generaciones a una lectura consciente de la imagen. Pensar en esta época convulsa donde cualquier despistado genera dos mil fotos por minuto disparándole a su almuerzo, rescatar una placa que requirió ocho horas de exposición solar es una bofetada poética. Reconocer hoy que la primera fotografía de la historia es la de Niépce no es un capricho chauvinista, sino un ajuste de cuentas con un pionero que murió prácticamente en la miseria. Esa plaquita que se exhibirá temporalmente en Francia es un objeto ridículamente frágil que solo deja ver su fantasma de plata si la miras con el ángulo de luz correcto. Estará un rato en casa para encabezar las celebraciones mundiales que se extenderán hasta 2027, pero también para recordarnos que, antes de ser un filtro de Instagram o un negocio millonario, la fotografía fue la obsesión solitaria de un hombre que perdió todo por atrapar una sombra.
IV
Sobrela autora Patricia Rosas es ensayista e investigadora. Estudió Literatura Mexicana en el Tecnológico de Monterrey. Es estudiosa de Garro.
na tarde de febrero de 1959, la tranquilidad se interrumpió en la casa de Elena Garro. Ella y su hija, Helena, debían partir al exilio. Las gestiones que la escritora mexicana había llevado a cabo para ayudar a los campesinos de Ahuatepec, Morelos, a recuperar sus tierras “estaban causando demasiado malestar entre los terratenientes morelenses” y la obligaban a marcharse a San Antonio Texas. Garro había conocido del conflicto campesino gracias a su hermana Devaki, tres años antes, en 1956. Ese mismo año se unió a Enedino Montiel Barona, Rosalía Rosas Luque y Cristóbal Rojas Romero en contra de los abusos del cacique Agustín Legorreta. Moviendo cielo y tierra, en enero de 1959 ganaron en un juicio las tierras que les pertenecían, pero la participación de la escritora había enfurecido a más de uno: detrás de la salida de Garro y su hija del país estaba su esposo Octavio Paz y el presidente Adolfo López Mateos, afirma la investigadora Patricia Rosas Lopátegui (Tuxpan, 1954). La profesora en la Universidad de Nuevo México y biógrafa de Elena Garro, vuelve los pasos sobre una misión autoimpuesta: la de reivindicar a la autora de Los recuerdos del porvenir y demostrar que la escritora no alcanzó a reafirmar su “apabullante” genio en vida sometida por los gobiernos autocráticos del perverso priismo que le tocó vivir y por la influencia política de su marido, el Premio Nobel de Literatura 1990. Con esa mirada, Rosas Lopátegui ha concluido una misión que parecía imposible, la de organizar, fechar y contextualizar —en la medida de lo posible—, así como publicar toda la obra creativa —terminada e inconclusa— de la escritora poblana. Después de su Elena Garro sin censura. Obra inédita (Gedisa, 2023), donde incluyó en más de 800 páginas los textos inéditos que encontró en los archivos que Garro y su hija le entregaron en 1998, vuelve con Elena Garro: secuelas del patriarcado. Textos inéditos completos y en el tintero (Espinas, 2026). Los 14 escritos que la investigadora incluye en el volumen —dos guiones cinematográficos, uno completo y otro inconcluso; tres obras de teatro inconclusas; y nueve textos narrativos, siete inconclusos y dos completos¡— han sido rastreados en los “Elena Garro Papers” que resguarda la Universidad de Princeton, institución a la que las Garro vendieron parte de sus archivos en 1997. Con autorización de Ximena Garro, sobrina nieta de Elena Garro y heredera de los derechos de su tía abuela, Rosas Lopátegui distribuye los textos por décadas, en orden cronológico, de acuerdo con el momento que la autora está viviendo, ya sea en México, España o Francia. De la década de los 50 procede el mecanuscrito “Con la espada de mi boca”, guion cinematográfico inspirado en el caso de los campesinos de Ahuatepec y cuya participación la habría llevado a exiliarse. Rosas Lopátegui estima que el texto debió
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ELENA GARRO es fotografiada por Kati Horna. El retrato se publicó en 1964 en la revista Mujeres.
Patricia Rosas Lopátegui INVESTIGADORA
"LO QUE YO PLANTEO ES QUE PRECISAMENTE, POR DOS PRINCIPALES SECUELAS, ELENA GARRO NO PUDO CONCLUIR ESTOS MATERIALES. UNA DE ELLAS SE LLAMA OCTAVIO PAZ".
Letras
TOMADO DE ZONA PAZ
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Patricia Rosas Lopátegui concluye la publicación de toda la obra creativa de la escritora poblana, aduce que su marido Octavio Paz y el sistema político le impidieron mostrar totalmente su apabullante genio
CORTESÍA
mo y nos oligarcas
GARRO. LA FAMILIA GUERRERO
EL VOLUMEN editado por Espinas incluye 14 textos, entre guiones de cine, obras de teatro y textos narrativos.
ARCHIVO FAMILIA GUERRE
RO GARRO.
ELENA GARRO en un retrato de juventud poco conocido.
Otros títulos de la investigadora son El asesinato de Elena Garro que recoge sus artículos y reportajes periodísticos; Cristales del tiempo,que recopiló por primera vez su poesía; Diálogos con Elena Garro, donde compila entrevistas realizadas a la autora.
escribirse entre 1957 y 1958. En el paratexto que antecede al escrito, la investigadora da cuenta de una carta enviada por Garro a Juan de la Cabada el 11 de febrero de 1959, desde San Antonio, donde describe su salida imprevista de la ciudad y la participación de su marido: “pienso quedarme aquí desde ahora —dijo como si él fuera el dueño de la casa”. Garro se refiere al domicilio de Nuevo León 230, cuando Paz llegó para sacarla al exilio. “Subí a la casa, recogí mi abrigo, me despedí de las criadas y bajé acompañada de mi madre, mi hermana y mi hija. Octavio nos llevó a la terminal mugrosa de camiones (...) Nos sentamos en un asiento duro y, de pronto, el camión se fue”, continúa describiendo Elena Garro. Su biógrafa es certera: “Adolfo López Mateos —en contubernio con Octavio Paz— provocó que la defensora de los indígenas abandonara su casa en febrero de 1959”. De ahí el título que ha elegido la investigadora, Secuelas del patriarcado. “Planteo que por dos principales secuelas, no pudo concluir estos
materiales. Por un lado, está siempre la sombra, la opresión de Octavio Paz, que nunca quitó el dedo del renglón para que Elena Garro no publicará alguno de estos materiales, él infligía represalias cuando ella publicaba textos en los que hacía alusión a cuestiones autobiográficas, pero ella consideraba que la verdadera literatura era producto de la vivencia, y claro, algunos de estos materiales hacen alusión a su vida”. La segunda secuela, dice, “es la del gobierno autocrático, una realidad mexicana que le tocó vivir a Elena Garro y que la llevó a exiliarse. Y, sobre todo, después de la masacre de Tlatelolco (1968), al desacreditarla, tuvo que vivir a salto de mata, no tuvo nunca tranquilidad, solvencia económica, nunca jamás volvió a tener trabajo, y esa inestabilidad económica, de vivienda, de tener tranquilidad, un espacio para trabajar, impidió que concluyera estos materiales”. A Elena Garro sin censura y Secuelas del patriarcado, la investigadora sumó antes El asesinato de
entonces LA ESCRITORA con su Paz. o avi Oct ta esposo, el poe
Elena Garro que recoge sus artículos y reportajes periodísticos; Cristales del tiempo, que recopiló por primera vez su poesía, pero debió salir del mercado debido a problemas legales con los herederos de la escritora; Diálogos con Elena Garro, donde compila la mayoría de las entrevistas realizadas a la autora y A mi sustituta en el tiempo, edición enriquecida de su poesía. Con el nuevo libro, dice Rosas Lopátegui, ya no queda más obra creativa de Garro inédita. “Hasta donde tengo conocimiento, ya no, porque del acervo de Garro están en dos archivos: por un lado, el que ellas me entregaron, que ya está publicado, donde hay guiones cinematográficos, teatro, cuentos, proyectos de novela, de traducciones, y ahora este también con cuentos, intentos o proyectos de novela, guiones cinematográficos, que son los géneros que ella abordó principalmente”. Sin embargo, precisa, “tenemos que tener en cuenta que, durante el exilio, cuando vivió sobre todo en Madrid, en España, de 1974 a 1981, en
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FOTO INÉDITA. ARCHIV O DE
Tomarencuenta
ELENA GARRO con Devaki (izq.), su hermana, siendo alumnas de la UNAM , en 1936.
condiciones muy, muy nefastas, de gran soledad, de gran penuria económica, muchas veces ellas (Garro y su hija Helena) abandonaban los hostales o el departamento que estaban rentando y dejaban en prenda su equipaje. En una ocasión, Elena Garro comentó que les habían robado materiales en ese gran exilio, porque vivían con una gran inestabilidad”. Entonces, “no sabemos si en algún momento dado vayan a aparecer algunos otros materiales de Garro que alguien haya resguardado en España, pero estoy únicamente lanzando una hipótesis. Pero hasta ahorita, estos son los dos grandes archivos que han sido ya rescatados”. La obra de Garro, sin embargo, sigue dispersa entre una edición y otra, incluyendo sus libros más conocidos que edita Alfaguara en México. La publicación de las obras completas sigue pendiente, a decir de Rosas Lopátegui: “Ojalá se lleve a cabo, es muy necesario que en una editorial se reúna la obra completa”.
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CORTESÍA
Letras
Con autorización de los editores, ofrecemos un fragmento de uno de los cuentos inéditos incluidos en “Elena Garro: Secuelas del patriarcado”. El relato fue escrito a mano por la autora en 14 cuartilla, muy probablemente en París, entre 1981 y 1992 POR ELENA GARRO
C
orrían los años cincuenta. Eso de decir: «corrían los años» es un decir. Los años no corren. No corren ni a izquierda, ni a derecha, ni para atrás, ni para adelante. Simplemente no corren. Casi podemos decir que no existen. Son una pura convención para contar el incontable tiempo. El tiempo que está en no se sabe dónde y en el que no sucede nada. Los sucesos nos ocurren a nosotros, los mortales, y para medir- nos a nosotros mismos hemos inventado «el correr del tiempo», lo hemos dividido arbitrariamente en lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábados y domingos, que hacen una semana. Luego sumamos varias semanas que forman un mes y varios meses que hacen un año. Y así nos creemos que pasa el tiempo y corren los años, para no pensar que nuestro paso por el tiempo es breve y que en cualquier momento podemos abandonarlo, para entrar en ese otro tiempo que no podemos descifrar y mucho menos contar. —¿Cómo contar un año en el otro mundo? —le preguntó Rosalía a Rafael, que bebía su café con fruición. Rafael se le quedó mirando. ¿Acaso Rosalía ignoraba que el otro mundo no existía? Se lo había repetido mil veces. Pero ella, aferrada a sus prejuicios, insistía en hacer preguntas tontas. —Ya sé, ya sé que dirás que el otro mundo no existe… pero yo sé que sí existe. —Si lo sabes, debes saber cómo se cuenta un año en ese lugar imaginario —contestó Rafael con fastidio. —No, no lo sé… es un misterio… —Los únicos misterios que existen son los que ha inventado el hombre, para acobardarnos. Son muletillas que sirven a los débiles para comportarse aquí, en este único mundo —y Rafael golpeó con su zapato el piso alfombrado del salón. Cuando su mujer se ponía «metafísica» lo hartaba. ¿Por qué una mujer bonita, frívola y divertida debía caer invariablemente en aquellos estados aburridos y pseudofilosóficos? En verdad, en verdad, sus preguntas lo aburrían. —No olvides, por favor, que pasado mañana, sábado, tenemos esa cena. ¡Es muy importante para mí! ¡Y para ti también! —necesitaba incluirla en la importancia de la cena para que preparara todo con esmero, para que no olvidara la fecha, ni los personajes que asistirían a ella. —¿Ya tienes preparado algo? Rosalía miró los
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EN LA actualidad, Garro es considerada como una de las mejores escritoras mexicanas.
NUNCA MATES A NADIE, siempre hay dos ojos que te ven
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Sobrelaescritora Elena Garro (1916-1998) fue dramaturga y novelista; también cultivó la poesía. Su narrativa introdujo nuevas maneras de concebir el tiempo dentro del relato.
Sus piezas teatrales renovaron la dramaturgia. Las historias introdujeron en la literatura la cosmovisión de los pueblos de provincia. El archivo de Garro en la
Universidad de Princeton contiene manuscritos,correspondencia,cuadernos,diarios, fotografías,material impreso y un diario de la escritora mexicana.
1932 Es la fecha de los archivos que resguarda Princeton, hasta 1998. ARCHIVO DE LA FAMILIA
candiles de cristal cortado que ella misma había limpiado esa mañana, lágrima por lágrima con un trapo húmedo en agua y alcohol. —Sí… ya limpié las lágrimas… —¿Por qué debes llorar cada vez que cumples con tus deberes de ama de casa? Todas las mujeres los hacen y no los consideran una desgracia. —Yo sí los considero una desdicha. Pierdo el tiempo… el cortísimo tiempo que me toca en este mundo. Además, no hablaba de mis lágrimas sino de las de los candiles. —Siempre hay equívocos entre nosotros… perdona… —contestó Rafael incómodo. Y era verdad. Le resultaba difícil entender a su mujer. En cierto modo le temía. La creía capaz de cometer cualquier estupidez, no por maldad, ni por falta de inteligencia, sino porque su manera de razonar no era la usual. No pensaba ni como hombre ni como mujer. Tampoco como niño. Pensaba, se había dicho con cierto temor muchas veces, como un anarquista terrible, capaz de colocar una bomba dentro de una naranja que plácidamente colocaría en la mesa, confundida entre las demás frutas radiantes de perfumes, colores y jugos de sabores distintos. Y ese temor absurdo lo inquietaba. Para ella los caprichos eran imperativos. No podía sustraerse a sus encantos. Sus amigos ya la conocían superficialmente, ninguno había llegado al fondo. Algunos lo compadecían y algunos lo felicitaban por haberse casado con ella. «Es pura dinamita», opinaban. «Es la poesía», decían otros. Pero la verdad es que tanto la dinamita como la poesía no eran nada cómodos para compartir la vida diaria. Y Rafael estaba cansado de aquellas dos versiones de Rosalía. —¿Contento porque ya limpié las lágrimas? — preguntó ella terminando su tacita de café. —Sí, sí, muy contento… —contestó él sobresaltado. Se puso de pie, se endosó el abrigo azul marino. Debía ir a la oficina. Ella lo acompañó hasta la alta puerta de nogal que daba salida al piso. Lo miró con pena. —¿Y por qué debes ir a aburrirte a esa oficina tenebrosa, donde solo viven seres amorfos y malvados? Tú, tan brillante, tan guapo, encerrado allí —suspiró Rosalía. —Porque soy un funcionario… y de ese «antro», como tú lo llamas, comes. —Sería cosa de buscar de otra manera el pan nuestro de cada día —dijo ella. —¡No hay otra!… No olvides el sábado… —No, no, ahora mismo voy a dar una vuelta para tomar aire y aclararme las ideas… no sea que meta alguna pata… —dijo ella poniéndose su abrigo marrón con cuello de castor que la hacía parecer tan «rusa». Rafael la miró inquieto. —¿Verdad que parezco rusa? Me encanta parecer lo que no soy. —Sí, es verdad. Rusa zarista… Otras veces te da por parecer Habsburgo, cuando te pones esos trajes negros con golas blancas. —¿Verdad que entonces me parezco a Felipe II? —¡Por favor! ¡No digas ya más tonterías, si todavía dijeras a Ana de Austria! —No, sería mucha pretensión. Caminaban por la avenida sembrada de árboles copudos. Rafael esperaba que lo acompañara hasta el «antro», pero bruscamente Rosalía dio la vuelta en una callecita estrecha y se perdió en sus vericuetos. —¿A qué horas llegas? —le gritó Rafael. Rosalía se volvió, hizo una seña con la mano que quería decir «entre azul y buenas noches» y siguió
TOMADA DEL LIIBRO "DEBO OLVIDAR QUE EXISTÍ".
SU OBRA es fundamental para las letras mexicanas e hispanoamericanas.
su camino, muy erguida. —Caminar le calma los nervios —se dijo Rafael que continuó su camino hacia el «antro», sin saber la sorpresa que allí le esperaba. Volvió a su casa a los tres cuartos de hora. Esta vez Rafael iba acompañado de un hombre joven. Exactamente de su edad: treinta años. Vestido con un traje color aceituna y cubierto con una gabardina inglesa, el hombre era ligeramente más alto que Rafael. Tenía la piel oliva, el pelo negro y unos ojos extraordinariamente verdes. Verdes como las hojas tiernas de los castaños y chisporroteantes como una hoguera verde. Hablaban apaciblemente y en voz baja. Se decían viejos amigos, aunque un rictus, apenas perceptible en Rafael, indicaba su disgusto. La luz azul de sus ojos lanzaba chispas a las que se podía considerar de cólera. En el salón se colocaron frente a frente. Antonio, el mozo italiano, les sirvió una fine à l’eau y tazas de café. Hablaron animadamente, siempre en voz baja. Al invitado le gustó la casa. De pronto y sin venir a cuento quiso visitarla toda. Juntos recorrieron la enorme antecocina, la cocina, los baños, las habitaciones de dormir de cortinajes pesados, el vestíbulo, los closets, los salones y el saloncito del teléfono, para volver a sus lugares y terminar las bebidas. Entonces el huésped se inclinó sobre Rafael y habló en voz aún más baja. Rafael lo escuchaba con suma atención.
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ELENA GARRO y el poeta Octavio Paz estuvieron casados entre 1937 y 1959.
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