HERRERÍAS EDITOR ESCAPADA H EL HERALDO DE MÉXICO Nueva Era, Año 9, Número 3194, martes 17 de marzo de 2026. Es una publicación DIARIA (lunes a domingo) de Circulación Pagada y Controlada, editada y publicada por OPERADORA Y ADMINISTRADORA DE INFORMACIÓN Y EDITORIAL, SA de CV, Avenida Insurgentes Sur 1271, Piso 2, Oficina 202, Colonia Extremadura Insurgentes, Alcaldía Benito Juárez, CP 03740. Editor Responsable; ALFREDO GONZÁLEZ CASTRO Reserva de Derechos al Uso Exclusivo: 04-2009-060419022100-101 Certificado de Licitud de Titulo y Contenido: 16,921 Actualización del Registro en el Padrón Nacional de Medios Impresos de la Secretaría de Gobernación: 2 de octubre de 2024. Impreso por: LA CRÓNICA DIARIA, SA DE CV, Avenida Azcapotzalco La Villa 180, Colonia San Marcos, Alcaldía Azcapotzalco, Ciudad de México, CP 02020. Distribuidores: ARREDONDO E HIJOS DISTRIBUIDORA, SA de CV, Iturbide 18 local D, Colonia Centro de la Ciudad de México Área 4, Alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México,
EN MAYO PRÓXIMO LLEGA A MÉXICO LA NUEVA NOVELA DEL AUTOR FRANCÉS. CON AUTORIZACIÓN DE EDITORIAL ANAGRAMA COMPARTIMOS UN ADELANTO DEL LIBRO DONDE CARRÈRE ABORDA LA VIDA DE SU MADRE
NOVEDAD. Traducido por Juan de Sola, se trata del libro más íntimo del autor. Foto: cortesía Anagrama.
Por Emmanuel Carrère cupula@elheraldodemexico.com
1. EL HOMENAJE DE LA NACIÓN Los órganos constitucionales
El 3 de octubre de 2023, cincuenta y tres días después de su muerte, la nación rinde homenaje a nuestra madre en el patio de honor de los Inválidos. Banderas, uniformes, charreteras, condecoraciones. La orquesta de la Guardia Republicana interpreta, muy bien, el adagio de la sinfonía Júpiter y, para darle el toque ruso, la Serenata de Chaikovski. Seremos unas doscientas personas esperando en un cuadrado de sillas de plástico blanco, delimitado por unas catenarias de cordón rojo, al fondo del inmenso patio adoquinado: familia, invitados de la familia, miembros de la Academia, ministros, representantes de los tres ejércitos –tierra, mar y aire– y de los órganos constitucionales, es decir, las más altas instituciones de la República. Durante una hora, el sol calienta que es una delicia. Luego desaparece tras el tejado y de pronto hace mucho frío. Nos arrepentimos de no habernos abrigado más. Nuestro padre, sentado en una silla de ruedas, va envuelto en una manta. No sé qué entiende, exactamente, de lo que está pasando. A ratos parece olvidar que se ha quedado viudo. Otras veces se acuerda y llora en silencio para sumirse de nuevo en sus lagunas. Esta tarde se le exige un largo periodo de lucidez, aunque hace ya mucho tiempo que, con nuestra madre, se acostumbró al protocolo, a los ceremoniales, a los desfiles del 14 de Julio en la tribuna de autoridades: no está tan fuera de su entorno habitual. Sonríe a quienes se acercan a saludarlo, confundido pero afable. Redoble de tambores. Por la izquierda entra un destacamento de doce guardias republicanos. Los dos primeros portan una fotografía de la difunta, del doble del tamaño natural, vestida con el traje de académica. Los tres últimos, sobre unos almohadones rojos, su espada, el sombrero de dos picos y las insignias de la gran cruz de la Legión de Honor. Colocan la foto gigantesca en un caballete,
EN LO REAL
EL ÉXITO
Emmanuel Carrère se ha impuesto internacionalmente como un extraordinario escritor con ocho novelas de no ficción. En 2017 obtuvo el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances y en 2021 recibió el Premio Princesa de Asturias de las Letras.
• Lecturas
GENIO. Su obra ha merecido innumerables críticas. Foto: Olivier Seignette.
en el centro del patio. Me pregunto qué harán con ella luego. Me pregunto qué habrá sido de esa foto. Continúa la espera. Llega, al fin, Emmanuel Macron. Solo, por la derecha, vestido con un abrigo corto entallado con el que me parece que yo me moriría de frío, pero él nunca tiene frío ni calor, ya tuve ocasión de observar su termorregulación, muy especial, cuando le hice un perfil para The Guardian, al inicio de su primer mandato. Lo seguí a Saint-Martin, el territorio de ultramar que acababa de ser devastado por un ciclón. Hacía tanto calor y humedad que, apenas bajados del avión, sudábamos todos a mares, con unos cercos que nos llegaban a la cintura. Todos menos Macron. No nos separamos de él durante ocho horas, en ningún momento pudo ausentarse para cambiarse de camisa y, al final del día, mientras que nosotros estábamos empapados, él estaba fresco como una rosa. Así empezaba mi reportaje: «Este hombre no suda», y mi madre, cuando se lo conté, lo atribuyó a un mérito del propio Macron: un hombre bien educado no suda. Por supuesto, a Macron le han escrito el discurso –un negro, como suele decirse, pero el negro tiene buena pluma y es posible que el propio Macron añada al texto algunos toques personales–. Dice que por la sangre de nuestra madre fluían todos los ríos de Europa entre el Volga y el Rin, que entre sus antepasados se contaban príncipes rusos y barones bálticos, un general prusiano, la traductora de George Sand al georgiano, una dama de honor de la última emperatriz y al menos un regicida. Que unos vivían en la Toscana, en una residencia de verano de los Médici, que otros se paseaban con lobos por los salones de San Petersburgo, y que, después de haber poseído tanto, estas personas lo perdieron todo en la tormenta de 1917. Describe el mundo menesteroso y magnífico de la emigración rusa, los grandes duques convertidos en taxistas, las princesas que se ganaban la vida planchando a domicilio, y la hija pequeña tan orgullosa que, al inicio de cada curso escolar, sentía vergüenza cuando le tocaba deletrear su apellido: Zurabishvili. «Esto no hay quien lo pronuncie», suspiraban los profesores. No escurre el bulto: no pasa por alto ni a su padre, colaboracionista desaparecido durante la liberación de Burdeos cuando ella contaba quince años, ni a su hijo, yo, que reveló esta vieja historia en un libro que la hizo sufrir. Leyenda áurea: nuestra madre era apátrida; el día que adoptó la nacionalidad francesa, hubiera querido, en el ayuntamiento, cantar «La marsellesa», recitar la Constitución o jurar la bandera, y para ella fue una decepción que no le pidieran nada de eso. Saltamos veinte, treinta años: aquella jovencita se ha convertido en una especialista en la Unión Soviética, «ese gigante del que fue una de las primeras en advertir los pies de barro», y llegan el reconocimiento, la gloria, la elección en la Academia Francesa. Con una voz suave, zalamera, y con unos silencios muy bien administrados, Macron la describe entrando en la Academia, bajo la cúpula, saludando a los presentes, «y de pronto, por una fracción de segundo, un instante ralentiza el espacio de un vértigo. Ese día, al sentarse en el sillón de Corneille y de Victor Hugo, la hija de emigrantes pobres que aprendió francés a los cinco años se convirtió en la encarnación de la República francesa y de su lengua, a las que sirvió hasta el último momento». Para terminar, una anécdota que no sé quién contó al negro de los discursos, pero me cuesta imaginar un final mejor. Los últimos meses de su vida, nuestra madre aceleró el ritmo para llevar a buen puerto la novena edición del diccionario de la Academia. El 6 de julio, un mes exacto antes de morir, presidió la sesión en la que se definió la última palabra de la lengua francesa: zygomatique. «Después de zygomatique», concluyó Macron, «uno puede morirse en paz. Y es a ti, a la nieta de las estepas y a la madre de la cúpula académica, a la apátrida y a la matriarca, a la huérfana y a la zarina, a la que una Francia de luto presenta por última vez sus respetos. ¡Viva la República! ¡Viva Francia!»
EL TIEMPO DE LAS LETRAS
#OPINIÓN
EL ARTE DE LA DIPLOMACIA
IVANA VON RETTEG @ivana_von_retteg
LA DIPLOMACIA, EN SU ESENCIA MÁS PROFUNDA, ES UN ARTE. NO SE TRATA ÚNICAMENTE DE PROTOCOLOS, CANCILLERÍAS O TRATADOS
El buen uso de la palabra puede evitarnos una guerra? Conviene recordar que el destino de la humanidad se ha dictado alguna vez en conversaciones discretas, negociaciones prolongadas y acuerdos que lograron detener conflictos antes de que el mundo se precipitara hacia el desastre. La diplomacia, en su esencia más profunda, es un arte. No se trata únicamente de protocolos, cancillerías o tratados redactados en un lenguaje cuidadosamente calculado. Es una práctica compleja donde convergen la inteligencia política, la comprensión histórica, la paciencia estratégica y, en ocasiones, una notable dosis de audacia moral. Mientras la guerra destruye en cuestión de días lo que las civilizaciones tardan siglos en construir, la diplomacia exige tiempo, sutileza y una comprensión profunda de los intereses y temores de cada actor. Los grandes diplomáticos lo saben; negociar no es sinónimo de rendición, se trata de encontrar un equilibrio que permita a las naciones coexistir sin recurrir a la violencia.
LA PAZ NO ES UN ESTADO NATURAL, SINO UNA
CONSTRUCCIÓN POLÍTICA DELICADA
Uno de los primeros ejemplos paradigmáticos de esta lógica puede encontrarse en la Paz de Westfalia de 1648.
En una época marcada por discursos cada vez más radicales y por la tentación constante de soluciones rápidas, la diplomacia parece lenta, frustrante e ingenua. Exige una forma particular de valentía: la capacidad de escuchar al adversario, reconocer realidades y buscar soluciones que permitan preservar la estabilidad internacional. Los grandes arquitectos de la paz han compartido siempre una misma convicción: que la paz no es un estado natural, sino una construcción política delicada que debe sostenerse mediante inteligencia, prudencia y visión de largo plazo. Un conflicto que nunca llegó a estallar, una guerra que jamás ocurrió. Son esos triunfos silenciosos los más importantes en la historia de la humanidad.
EL ESCRITOR TAPATÍO
CELEBRA POR PARTIDA
DOBLE , CUMPLE 50 AÑOS DE VIDA Y 20 DE LA PUBLICACIÓN DE SU
PRIMERA NOVELA. LA APARICIÓN DE EL AMIGO MUERTO ES OCASIÓN PARA HABLAR DE LITERATURA
#ANTONIOORTUÑO
DE LO QUE HE ESCRITO, PERO TRATO DE NO REPETIRLO
ESTOY SATISFECHO
Por Luis Carlos Sánchez luiscarlos.sanchez@elheraldodemexico.com
Cuando Antonio Ortuño (Zapopan Jalisco, 1976) fue el único autor mexicano incluido entre los 22 “mejores narradores jóvenes en español” de la revista Granta solía decir:
“Lo único que hicieron es que ahora me odien 600 personas que ayer no me odiaban”. En 2015 volvió a ser incluido en un nuevo inventario, está vez en México 20, un listado promovido por el Hay Festival para identificar a “las nuevas voces de la literatura mexicana”.
“Los listados, a fin de cuentas, son estrategias de difusión, de distintas identidades, con distintas ideas. Yo he estado en muchos listados, claro que me han ayudado a la difusión de mi obra, a impulsar traducciones, estoy agradecido de estar ahí, pero no soy la posteridad como para saber quiénes quedaremos al final”, opina.
Este año, el 28 de julio, Ortuño cumple medio siglo de vida, además, celebra que hace dos décadas publicó su primer libro El buscador de cabezas (2006). No es coincidencia que Planeta este reeditando parte de su obra, bajo el sello Seix Barral, incluido El amigo muerto, un relato de iniciación cercano a la comedia negra, que originalmente apareció en 2012 con el título de Blackboy y firmado con el seudónimo de A. del Val
Pero no es que pasara lo mismo que con Martin Amis y su primer libro La invasión de los marcianitos, cuando él mismo intentó ocultarlo, sino que Ortuño estaba próximo a publicar La fila india (2013) y su editorial pensó que no era conveniente la aparición, al mismo tiempo, de una historia juvenil y una “novela seria” que tocaba el tema de la migración. Pero en realidad, esa era la primera novela del escritor, iniciada más o menos en 1994, cuando tenía 18 años.
“La realidad es que accedí a publicarla, aunque era un calendario muy presionado, porque con el anticipo le di un bajón a mi hipoteca que me estaba asfixiando, es decir, había un motivo económico. Pero también me entusiasmó la posibilidad de volver a ese manuscrito que no había vuelto a tocar”.
Ahora que sus editores le hablaron de recuperar esa “novela extraviada”, Ortuño aceptó, pero quiso actualizarla y afinarla con la experiencia de un autor que tiene ya más de una decena de novelas publicadas.
Con El amigo muerto “quise ser muy escrupuloso, respetar la esencia del libro, los personajes, los acontecimientos, la trama, pero retrabajar la prosa, editarme a mí mismo, no reescribí el libro de cero, ni es una especie de libro paralelo, pero el lector
PROYECCIÓN. Diversos medios en México, América del Sur, España y Alemania han seleccionado sus novelas como libros del año.
encontrará que este libro es más compacto, más afilado, tiene mejor prosa”.
-¿Cómo te sientes después de revisar tu primera novela? ¿Estas satisfecho? Sí, mentiría si dijera que no y que me parece horrible. Hay colegas que naturalmente o por pose se echan al suelo y dicen ‘esas cochinadas que yo escribo, esas desanimadas páginas’. Si crees que es muy malo, no nos lo des, no lo compartas, quédatelo para ti mismo. Estoy satisfecho de lo que he escrito, pero trato de no repetirlo, no trato nunca de hacer Recursos Humanos 2 o La fila india 2, o regresar a donde ya estuve.
Me gusta la idea de que quien lee un libro mío encuentra cierta temática, cierto lenguaje, que le recuerda que soy yo el que lo escribe, pero que no suceda como con algunos autores que me dicen ‘ya sacó un libro nuevo tal, ya tiene 60 libros iguales, siempre
escribe el mismo libro’. Yo no creo en esto de escribir siempre el mismo libro, incluso trato de cambiar las maneras directas y físicas en las que escribo.
-¿Hubo una moda de los escritores de las listas de Granta y del Hay Festival? Tu estuviste incluído... Una cosa es el medio editorial y otra es la escritura, este tipo de observaciones son muy agudas, van a lo esencial: no siempre corresponde la popularidad con que haya realmente un auge de la escritura, a veces hay escritores populares que no son tan grandes escritores. Son olas, he visto pasar muchas olas y un montón de tendencias. Hubo un momento en el que parecía que la literatura del norte era lo único que importaba, y hay autores que hicieron cosas muy buenas: David Toscana, Julián Herbert, Carlos Velázquez, que son autores que seguimos leyendo, y que se siguen discutiendo. En estos últimos años ha habido mucha más visibilidad para la literatura escrita por mujeres y hay mexicanas que son excelentes, lo que escribe Fernanda Melchor, Guadalupe Nettel, son cosas que quedan para la literatura mexicana.
-¿Qué te parece lo que se produce en México ahora?
Hay literatura mexicana del siglo XXI de excelente factura, hay buenos libros de los que espero que se siga hablando en bastante tiempo. No podemos decir que es una especie de siglo perdido o que hay una suerte de decadencia de la literatura mexicana, hubo una gran literatura mexicana en la segunda mitad del siglo XX, quizás más que en la primera mitad del siglo XX. En la segunda mitad están los figurones, a cuya sombra uno creció como lector: los Rulfo, los Arreola, los Paz,
DATOS CLAVE
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Las obras de Ortuño se han traducido a media docena de idiomas y ha recibido diversos premios.
Su novela Recursos humanos fue llevada el cine en 2023 y recibió cuatro nominaciones a los Ariel.
Fuentes, Elena Garro. Y creo que la literatura mexicana de lo que llevamos del siglo, bien que mal, le aguanta el pulso. La gente en el 56, en el 57, tampoco pensaba que Rulfo se fuera a volver un clásico indiscutible y se volvió. Hay libros que se han publicado en el siglo XXI en México que terminarán estando en ese anaquel con esos grandes sin ninguna clase de menoscabo.
-¿Dónde esperas que estén tus libros?
Cada quien elige de qué libros quiere estar cerca, a mi me gustaría que los míos estuvieran cerquita de los de Ibargüengoitia, otros se morirán por estar al lado de Rulfo o de Garro, o de Paz. Si hay que elegir tío pues yo ya elegí hace mucho a Jorge Ibargüengoitia y mi literatura da cuenta de ello, pero es difícil.
-Algunos siguen diciendo que tú eres su heredero...
Me honra lo de ser heredero de Ibargüengoitia, pero yo nunca he intentado imitarlo, no imito ni sus personajes ni su óptica, lo que a mí me gustaría pensar es que escribo libros que no se parecen a los de otros, y no en términos de mejor o peor, sino en términos de ser diferentes, que si alguien lee un libro mío no lo confunda con x, y o z. Cuando escribí La fila india y tuvo mucho éxito, muchas traducciones, uno de mis editores me dijo ‘ya encontraste la línea, de aquí agárrate otro tema social, en cinco años sacas otra novela y vas a ser el novelista social de la generación’. Yo dije ‘que flojera ser eso, yo no quiero ser eso’. No quiero escribir pensando en eso, en que me traduzcan, en que me inviten al coloquio como si fuera el experto en el tema, acabaría escribiendo la novela de los therian si dura suficiente la moda.
ANÓNIMO ERA UNA MUJER
#OPINIÓN
LA MUJER QUE LLORABA
MELISSA MORENO CABRERA
@melissototota
LA HISTORIA DEL ARTE CONVIRTIÓ A DORA MAAR CASI EXCLUSIVAMENTE EN LA AMANTE DE PICASSO. SIN EMBARGO, SU OBRA CUENTA OTRA HISTORIA
HANTES YA ERA UNA FOTÓGRAFA RECONOCIDA EN EL CÍRCULO SURREALISTA DE PARÍS
ace unos días, una frase de Rosalía sobre Pablo Picasso volvió a abrir la discusión sobre la posibilidad de separar la obra del artista. La polémica dejó otra vez en el aire una pregunta incómoda sobre cómo miramos a las figuras convertidas en mito. En ese debate casi siempre se habla del genio y su obra, pero poco de las mujeres que quedaron dentro de la historia. Una de ellas fue Dora Maar, cuyo nombre durante décadas quedó ligado a una sola imagen: los retratos que Picasso pintó de ella y que hoy se conocen como La mujer que llora. Con el tiempo, esa imagen terminó fijándola en el imaginario como la amante triste del pintor, como si su lugar en la historia del arte fuera únicamente el de haber encarnado ese gesto. Sin embargo, Dora Maar ya tenía trayectoria antes de conocer a Picasso. Era una fotógrafa reconocida en el círculo surrealista de París y su trabajo exploraba el fotomontaje, las atmósferas inquietantes y la dimensión extraña de lo cotidiano. Ella quien fotografió el proceso de creación del Guernica, dejando un registro que hoy permite seguir cómo fue cambiando la pintura dentro del estudio, y cómo tomó forma. Aun así, durante mucho tiempo esa parte de la historia quedó en segundo plano. La historia del arte ayudó a consolidar esa mirada. Muchas mujeres quedaron convertidas en musas, amantes o notas al margen de la biografía de hombres famosos, incluso cuando tenían obra propia. Eso ocurrió con Dora Maar, cuyo trabajo quedó eclipsado. Hoy su obra empieza a recuperar el lugar que siempre tuvo en el surrealismo y su nombre vuelve a aparecer asociado a sus imágenes y a su trabajo experimental. Esa recuperación obliga a mirar la historia desde otro ángulo, uno que no solo observa al artista consagrado. Volver a Dora Maar importa por eso, porque nos recuerda que antes de ser un personaje en la historia de Picasso, ya era una artista.
Viaje
UN PABELLÓN DEL
PORFIRIATO
CONCEBIDO PARA REPRESENTAR A MÉXICO EN UNA EXPOSICIÓN INTERNACIONAL DEL SIGLO XIX, LA ESTRUCTURA DE HIERRO LLEGÓ EN 1910 A SANTA MARÍA LA RIBERA, DONDE SE VOLVIÓ SÍMBOLO DEL BARRIO
EPor Redacción cupula@elheraldo demexico.com
n el centro de la alameda de Santa María la Ribera se levanta una de las piezas arquitectónicas más singulares de la Ciudad de México: el Kiosco Morisco, una estructura metálica cuyo origen se remonta a las exposiciones universales del siglo XIX y que, tras varios traslados, terminó por convertirse en el símbolo urbano de ese barrio capitalino.
El kiosco fue diseñado por el ingeniero mexicano José Ramón Ibarrola en la década de 1880 como pabellón representativo de México en la Exposición Universal de Nueva Orleans de 1884-1885. La estructura, completamente desmontable, fue fabricada con hierro fundido en talleres de Estados Unidos, debido a que en el país todavía no existían fundiciones capaces de producir una obra de ese tipo y escala.
Su diseño responde al estilo neomudéjar, una reinterpretación de la arquitectura islámica que fue popular en el siglo XIX y que se caracteriza por arcos ornamentales, geometrías complejas y abundante decoración metálica. De esa referencia estética proviene el nombre de “morisco”, término que alude a la influencia de la tradición arquitectónica asociada al mundo árabe y mudéjar.
Tras su participación en la exposición internacional, el pabellón regresó a México
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PUNTO DE ENCUENTRO
El kiosco fue diseñado por el ingeniero mexicano José Ramón Ibarrola. Hacia 1885 fue colocado al lado sur de la Alameda Central, sobre la Avenida Juárez.
En 1910 durante los festejos del Centenario de la Independencia, fue removido y su lugar ocupado por el Hemiciclo a Juárez; se instaló en Santa María la Ribera.
y fue instalado en la Alameda Central, donde funcionó durante varios años como espacio para eventos públicos y como sede de los sorteos de la Lotería Nacional. A inicios del siglo XX, cuando el gobierno decidió construir el Hemiciclo a Juárez en ese mismo sitio, la estructura fue desmontada y trasladada.
En 1910 el kiosco fue reinstalado en la alameda de Santa María la Ribera, donde desde entonces ocupa el centro del parque y se convirtió en el elemento más reconocible de la colonia, uno de los primeros fraccionamientos modernos de la capital.
La estructura tiene planta octagonal y está formada por columnas de hierro, arcos decorativos y una cúpula central con vitrales.
Su concepción como pabellón desmontable permitió su traslado y explica la precisión con la que sus piezas metálicas encajan entre sí.
Historiadores de la arquitectura han señalado que el kiosco sintetiza el espíritu cosmopolita del Porfiriato, cuando el país buscaba proyectar una imagen de modernidad industrial mediante el uso del hierro prefabricado y la adopción de estilos arquitectónicos internacionales.
A lo largo del siglo XX la estructura ha sido restaurada en distintas ocasiones, pues el paso del tiempo y el clima afectaron sus elementos metálicos y decorativos. Algunas intervenciones reemplazaron piezas dañadas o añadieron nuevos acabados, aunque la forma general del pabellón se ha conservado.
Más de un siglo después de su traslado, el Kiosco Morisco sigue siendo un punto de reunión para conciertos, bailes populares y actividades culturales al aire libre. Lo que comenzó como un pabellón para una feria internacional terminó convirtiéndose en una de las imágenes más reconocibles del paisaje urbano de la Ciudad de México.