HERRERÍAS EDITOR ESCAPADA H EL HERALDO DE MÉXICO Nueva Era, Año 9, Número 3180, martes 03 de marzo de 2026. Es una publicación DIARIA (lunes a domingo) de Circulación Pagada y Controlada, editada y publicada por OPERADORA Y ADMINISTRADORA DE
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LA ESCRITORA
SOCORRO VENEGAS ES UNA DE LAS EDITORAS MÁS EXITOSAS DEL PANORAMA MEXICANO, EN ENTREVISTA HABLA DE LA NECESIDAD DE MENCIONAR A SUS COLEGAS Y DE LOS ATRIBUTOS QUE HACEN A UN BUEN EDITOR
Por Luis Carlos Sánchez
luiscarlos.sanchez@elheraldodemexico.com
Cuando Socorro Venegas (San Luis Potosí, 1972) escucha los nombres de esos editores, todos hombres, que siguen considerándose canónicos en la tradición mexicana suelta una risa. “No mencionan ni a Neus Espresate, que su inicial forma el nombre de Era, y fue una extraordinaria editora que también aprendió en el camino”, responde la responsable de Libros UNAM, un monstruo editorial que cada año produce y distribuye más de mil 900 títulos.
Lo siguiente es una lista de reconocimiento a mujeres que se han dedicado a hacer libros en México: desde Rocío Martínez, Eliana Pasarán, Miriam Martínez, o universitarias como Rosa Beltrán, Carmina Estrada, Astrid Velasco y Lolita Latapí. “Es un camino en el que nadie se nos puede cansar, en el que tenemos que seguir marcando esta presencia importante de autoras, de editoras, de mujeres de libros”.
Directora general de Publicaciones y Fomento Editorial (DGPFE) de la UNAM desde enero de 2019, Venegas no sólo encabeza el equipo que define parte del catálogo universitario, también se encarga de la distribución y comercialización de toda la producción editorial puma, con una red de librerías, y representa a la institución en ferias nacionales e internacionales, además de organizar la Feria Internacional del Libro de las Universitarias y los Universitarios (FILUNI).
La Universidad “es, en realidad, más de 150 editoriales que editamos aquí”. Y apenas ahora, ella es la primera mujer responsable de esa tarea.
“No es que crea que hay una diferencia en cuanto a capacidad para editar entre hombres y mujeres, lo que sí veo es que hay una sensibilidad distinta y, si todavía revisamos quiénes ocupan los puestos directivos en las editoriales, siguen siendo hombres. Aquí yo fui la primera directora”.
“En todos los ámbitos de la creación, en los ámbitos sociales, culturales en que nos movemos se hace una diferenciación entre el trabajo de los hombres y las mujeres, pensando siempre que las mujeres tienen menos
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ORÍGENES. Venegas es potosina de nacimiento, pero creció junto con su familia en Cuernavaca. Foto: Alfredo Pelcastre.
AL EDITOR DEBE INTERESARLE EL
MUNDO
capacidad para cualquier cosa. Editar es parte de esa visión patriarcal que prevalece, pero hace poco di un taller de edición, fantástico, y había como 40 personas y de esas, 35 eran mujeres”, enfatiza.
PRIMEROS PASOS
Potosina de nacimiento, Socorro Venegas creció junto a su familia en Cuernavaca Ahí también inició su vida editorial, aunque muy lejos de la tarea que ahora realiza en la UNAM. Un amigo consiguió recursos para hacer la primera antología de poetas y narradores de Morelos, pero en algún momento decidió desertar. Ella, escritora primeriza, también incluida en el libro, resolvió continuar con la tarea.
“Con pura intuición y audacia fui y le pedí a Rafael Cauduro que nos hiciera la portada, y fui y le pedí a José Agustín que nos escribiera una introducción, a Javier Sicilia que conociera el proyecto, todos fueron muy generosos y el libro salió, pero terminó pagando los errores de alguien que no sabía editar. Salió sin lomo, fue lo primero que José Agustín vio, yo me moría de vergüenza”.
Venegas entendió que la edición también es un oficio que se aprende “sobre la marcha”. Después, en el mismo estado, participó en la creación de la primera colección de autores morelenses y de ahí saltó al extinto Conaculta, donde se hizo cargo del Programa Nacional de Lectura y elaboró una colección de libros para mediadores de lectura. El siguiente paso fue el Fondo de Cultura Económica, donde dirigió la sección de libros para niños y jóvenes.
“Aprendí de todo, de los autores, de los ilustradores, de mis colegas editoras, porque eso es lo maravilloso del oficio de editora, que el trabajo es muy horizontal, no hay una opinión que valga menos nunca, cada opinión representa a una comunidad lectora, cada persona, cada punto de vista, es una válida aproximación a la lectura, a la interpretación, leer es un acto creativo, pero editar también lo es, son trabajos que implican una gran riqueza, que demandan muchísimo capacidad intelectual, creativa”.
ANTE TODO, IMAGINACIÓN
Con los años que lleva atestiguando la hechura de libros, Socorro Venegas dice que las mujeres están participando más de lo que se cree haciéndolos: “Son correctoras, editoras, ilustradoras, diseñadoras, traductoras…”. El sistema, sin embargo, no les otorga la justicia que merecen: “Si tú buscas en la jerarquía
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Socorro Venegas alterna su trabajo como editora con el de escritora.
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Cuenta con varios libros de cuentos y dos novelas de su autoría.
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4 SOBRE ELLA
En Libros UNAM uno de sus colecciones más exitosas es Vindictas. La serie nació con la intención de rescatar del olvido a mujeres escritoras.
editorial dónde están las mujeres, las ves menos en los puestos de dirección”.
La editora piensa que es un “acto de justicia mencionarlas” y cambiar ideas preconcebidas sobre la participación femenina en la edición: “No significa que le cuidamos la oficina a un señor, hay una capacidad creativa para generar colaboraciones, para trabajar con los autores. A veces se piensa que los libros llegan a nosotros ya terminados, pero el libro existe cuando el editor lo hace existir, después del trabajo editorial”.
Un libro puede llegar como proyecto o manuscrito para trabajarse, pero también hay otros “que inventamos, que imaginamos, que le decimos a un autor si le gustaría sumarse”. Ahí está una de las principales cualidades que Venegas considera que debe tener un editor: imaginación.
“Pienso en los editores y las editoras a las que admiro y creo que allí hay imaginación: capacidad de suponer cómo sería el mundo si ese libro existiera, cómo sería esa chispa para provocar a un autor, para provocar a ilustradores, para provocar a un diseñador, para ir inventando la forma del libro”.
Pero como en todas las actividades humanas lo que se necesita es no cesar en el trabajo. El buen editor también requiere “gran capacidad organizativa” para coordinar todos los factores que interviene a la hora de hacer un libro, pero, además, “tener la capacidad para colaborar, para escuchar lo que el otro piensa, para ceder en lo que tú estás creyendo que debe ser y debe cambiar”.
Por si fuera poco, al editor también corresponde pensar en lo económico: “Nosotros no estamos pensando en que un libro se venda muchísimo, nos interesa porque es también una manera de recuperar ingresos para seguir haciendo libros, pero hay editores que tienen una visión muy impresionante para poder llevar a los grandes públicos sus libros. Un editor también tendría que pensarse como promotor de lectura, alguien que tiene que preocuparse por el uso social del libro, buscar conexión, cercanía con los lectores”.
“Necesita no quedarse en la oficina, como esas figuras que tenemos a veces en la mente, que ve al editor encerrado en una oficinita a media luz leyendo y que no le interesa el mundo. A mí me interesa muchísimo el mundo, creo que los editores que me gustan están en la calle escuchando qué lee la gente, están en las librerías viendo qué publicaron los demás. Eso también es un buen editor”, cierra Venegas
ENSEÑANZAS.
CAMBIA DE MANOS El oficio editorial
Rocío Martínez Velázquez actualmente también imparte clases en la Universidad Iberoamericana.
Foto: Alfredo Pelcastre.
ROCÍO
MARTÍNEZ VELÁZQUEZ, DIRECTORA EDITORIAL DE SIGLO XXI MÉXICO, REPRESENTA UNA GENERACIÓN
DE EDITORAS QUE HOY OCUPA ESPACIOS HISTÓRICAMENTE MASCULINOS; DURANTE AÑOS LAS MUJERES “TENÍAN UNA FUNCIÓN FUNDAMENTAL PARA EL LIBRO, PERO NO DIRIGÍAN LAS EDITORIALES”, DICE
Por Alida Piñón alida.pinon@elheraldodemexico.com
Rocío Martínez Velázquez (Tlaxcala, 1980) lleva poco más de un año al frente de la dirección editorial de Siglo XXI Editores en México, una de las casas que definieron la circulación del pensamiento crítico en América Latina. Su llegada a la dirección no representa un punto de inicio, sino la continuidad de una trayectoria construida entre la filosofía, la edición y el trabajo cercano con autores, un recorrido desde el cual observa con claridad cómo ha funcionado históricamente el mundo editorial y qué transformaciones comienzan a hacerse visibles.
“Durante años las mujeres hemos estado en el mundo editorial, pero no en puestos directivos. Siempre había mujeres involucradas: asistentes editoriales, correctoras, traductoras. Tenían una función fundamental para el libro, pero no dirigían las editoriales”, afirma.
La reflexión surge al mirar hacia atrás y reconocer una presencia constante que rara vez se traducía en liderazgo. El trabajo editorial, explica, dependía de esas labores silenciosas que sostenían la vida cotidiana de los libros. Hoy, considera, ese equilibrio empieza a modificarse, aunque de manera gradual. “Creo que eso está cambiando junto con el contexto mundial, junto con el mundo en el que nos estamos fijando qué hacen las mujeres, en dónde estamos y en las injusticias que puede haber por cuestión de género. Estamos en esa lucha cotidiana”.
Doctora en filosofía y dedicada desde hace años al trabajo editorial, Martínez Velázquez entiende la edición como un espacio de conversación intelectual permanente. El editor, insiste, no ocupa un lugar externo al texto, sino que participa en su construcción desde la lectura crítica. Esa posición, sin embargo, todavía encuentra resistencias vinculadas a formas tradicionales de autoridad dentro del campo cultural. “A lo largo de mi trayectoria muchas veces ha influido el hecho de que tú seas la editora, que des ideas, que no sólo estás ahí para ser asistente, sino para trabajar en conjunto: corregir un texto, proponer caminos, aportar ideas. Hay una generación a la que todavía le cuesta trabajar con una mujer y verla como un par”. En esa experiencia aparece también una exigencia diferenciada hacia las mujeres que ocupan cargos directivos. “Hay cosas que todavía se cuestionan a las mujeres que con un hombre no pasarían. Existe la idea de que tienes que cuidar todo: al autor, al lenguaje, al equipo de trabajo. Hay una doble expectativa”, explica.
SU CARRERA
Martínez ha sido editora en el Fondo de Cultura Económica. Es maestra en edición digital por la Universidad Alcalá de Henares. Es autora del libro Laberinto digital
El señalamiento no se limita a las dinámicas laborales. Para Martínez Velázquez, pensar el presente de la edición implica revisar también aquello que ha conformado históricamente los catálogos. La discusión sobre igualdad atraviesa inevitablemente la pregunta por quiénes han sido publicados y quiénes quedaron fuera. “Sí tenemos una deuda histórica con las autoras. Durante mucho tiempo estuvieron invisibilizadas y ahora tenemos que hacer el ejercicio de leer autoras y de publicar autoras”.
La revisión, aclara, no responde a criterios ajenos al libro, sino a una reconsideración crítica del propio campo intelectual. “Si encontramos una autora que no fue suficientemente leída en su época, casi tenemos la obligación ética de traerla al presente para apreciarla como no fue apreciada entonces”, ataja.
Parte de esa reflexión se alimenta también de su trabajo docente. En el aula, señala, es evidente el interés de nuevas generaciones por el oficio editorial, particularmente entre mujeres que buscan incorporarse a un ámbito que durante años parecía reservado a otros perfiles. Ese contacto constante con estudiantes le permite observar cómo cambia la relación con el libro y con la lectura, pero también cómo persisten ciertas inercias dentro del sector.
Cuando habla del oficio, la conversación vuelve siempre al texto. Editar, explica, implica una relación cercana con la escritura y con quienes la producen “Ser editora implica amor por los libros y vínculo con el texto, pero también una parte de psicología y sensibilidad. Más que ejercer autoridad, es tener claridad y explicar siempre por qué se toman decisiones”, refiere Martínez. La edición aparece así como un proceso continuo, sostenido por el diálogo entre autores, lectores y contexto. No se trata únicamente de publicar, sino de acompañar la vida posterior de los libros: “El trabajo de una editora nunca termina. Siempre estás pensando en un libro posible, en cómo encontrar nuevos lectores y en cómo los libros vuelven a cobrar sentido según el contexto”. Esa idea del libro como conversación abierta atraviesa su manera de entender el trabajo editorial. A lo largo de los años, dice, ha aprendido que el editor funciona también como primer lector y mediador entre una obra y quienes eventualmente la encontrarán. La lectura profesional exige apartar el gusto personal para pensar en la proyección de un texto y en el diálogo que puede generar más allá de su momento de escritura.
En ese sentido, la edición se convierte en una práctica sostenida por la atención y la escucha. Acompañar a un autor, discutir un manuscrito o replantear la estructura de un libro forman parte de un proceso que combina análisis intelectual y relación humana, una dimensión que, señala, suele permanecer fuera de la mirada pública sobre el oficio.
“No hay nada más fascinante que leer un libro maravilloso y podérselo contagiar a otras personas. Desde la edición, esa búsqueda constante de lectoras y lectores es de las cosas que más disfruto”, cuenta
Así, al estar al frente de la dirección editorial de Siglo XXI en México, Martínez Velázquez sitúa el trabajo en una continuidad antes que en una ruptura. El catálogo histórico del sello convive con nuevas discusiones y con autores que buscan interpretar el presente desde distintos campos del conocimiento. En ese equilibrio, explica, la tarea editorial consiste en mantener abiertas las preguntas más que en fijar respuestas.
“La lectura abre mundos y muchas maneras de pensar. Intentar transmitir eso es lo que me sigue apasionando después de años”, cierra
Hay cosas que todavía se cuestionan a las mujeres que con un hombre no pasarían. Existe la idea de que tienes que cuidar todo: al autor, al lenguaje, al equipo de trabajo.
Rocío Martínez Editora
SOL SALAMA REFLEXIONA
SOBRE EL PAPEL DE LAS EDITORAS EN LA TRANSFORMACIÓN DEL CAMPO
LITERARIO, SUS DECISIONES
INVISIBLES Y SU INFLUENCIA
DIRECTA EN QUÉ LIBROS CIRCULAN, PERMANECEN Y DIALOGAN CON NUEVAS GENERACIONES LECTORAS
Por Luis Carlos Sánchez luiscarlos.sanchez@elheraldodemexico.com
Sol Salama (Madrid, 1986) se convirtió en editora casi por necesidad. Hacía poco que su padre había fallecido y ella estaba cansada de sentir la barrera invisible que se imponía sobre las mujeres. “Venía del mundo de la fotografía, y estaba muy desalentada, muy alicaída de ese mundo, porque en ese momento sentí que había un techo de cristal encima de nosotras, las chicas, completamente intraspasable”.
“No ganábamos los concursos nunca, ni las subvenciones, ni nada, en parte porque ya no nos presentábamos ni siquiera, sabíamos que no las íbamos a ganar, era una pescadilla que se mordía la cola muy frustrante, muy dura”. Fue entonces que buscó otro sentido a su vida e irrumpió, literalmente, en el mundo editorial. Sin ambages, frontalmente, y con una declarada posición política.
Ella lo llama “dar una patada al canon”, pero en cuanto nació Editorial Tránsito, en 2018, cobró sentido “intentar mandar un mensaje”, un grito que había germinado en la indignación. Sin ser, en ningún momento, una editorial que publica libros para mujeres sí quiso formar un catálogo de literatura hecha exclusivamente por ellas.
“Dejé la foto y en verdad tenía sentido, porque a mí lo que más me mueve y lo que más me ha movido desde chica son los libros, la literatura, entonces tenía sentido que dejara la foto y que me atreviese por fin a montar lo que yo quería. Al principio iba a ser una librería y luego con el tiempo tomó la forma de una editorial. Por mi experiencia y mi sensación de disgusto, casi ni lo tuve que pensar”, cuenta.
¿Era necesario un sello exclusivamente feminista? Me había situado en ese lugar en el que tenía todo el sentido para mí hacer un gesto político con el proyecto. Al principio pensaba que es una cosa pequeña, que no va a cambiar nada en el mundo, pero todo lo pequeño que es político se convierte en algo simbólico y universal, que inspira a otras editoriales, que inspira a mucha gente, con el que las lectoras, los lectores, se sienten identificados. Yo creo que todo lo pequeño, simbólico, tiene mucha repercusión y mucho sentido. Esto partió de un gesto político que venía de una historia personal y de una frustración personal del mundo de la foto, y no podía ser de otra manera. Llevaba mucho tiempo de frustración acumulado, desde la adolescencia, como todas las mujeres de mi generación, que a la hora de acercarnos a los catálogos de referencia, era al revés todo, había un porcentaje muy bajito de mujeres y muchos hombres en las listas, en los premios, en el catálogo.
¿Cuáles son las historias que te interesan? Efectivamente, sí, mujeres, pero no tiene nada que ver con las historias, que no se entienda que es una editorial para que la lean las mujeres, porque lo que publicamos en Tránsito es narrativa, sobre todo ficción, aunque hay algunos títulos que también se van hacia
UNA PATADA AL CAN O N
DATO CLAVE
Las tres vertientes del sello son: autoras latinoamericanas, traducidas y rescatadas. Salama no descarta abrir su catálogo a los escritores.
la no ficción, pero sobre todo es narrativa de ficción, literatura contemporánea, de calidad para todos los públicos.
El gesto político está en la editora, pero lo que une todo, el espíritu de la editorial es mi mirada, me gusta mucho llamarla literatura salvaje, es una literatura de carácter fuerte. Empecé la editorial con “La azotea” de Fernanda Trías, ahí como que siento las bases y mando un mensaje: no va a ser nunca una literatura complaciente, ni una literatura fácil, ni una literatura suave, no, es todo lo contrario, son libros que a menudo meten el dedo en la llaga de las heridas, que ahora mismo nos unen a todas en este mundo: las violencias, la desigualdad social, el dinero, la desestabilidad mental. Es literatura muchas veces incómoda, incluso desde el artefacto literario, muy experimental, me interesan no solo las historias sino también el artefacto literario, que desde el lenguaje haya una propuesta única, fresca, diferente, como por ejemplo el libro de Eugenia Ladra, “Carnada”.
UNA MANERA DE ESTAR EN EL MUNDO
El catálogo de Tránsito ya alcanza unos 60 títulos, publica unas diez novedades al año, y en España tiene a las mexicanas Cristina Rivera Garza con “La cresta de Ilión”, a Jazmina Barrera con “Punto de cruz”, a Sylvia Aguilar Zéleny con “Basura” y a Josefina Vicens con “El libro vacío” y “Los años falsos”.
Pero la propuesta es global y tiene autoras italianas como Alda Merini y Carmen Verde, chilenas como Arelis Uribe, belgas como Caroline Lamarche y Chantal Akerman, francesas como Claire Legendre y Nina Bouraoui, estadounidenses como Lucille Clifton, Myriam Gruba y Heather Christle, colombianas como Lina María Parra Ochoa, Lorena Salazar Masso y Margarita Robayo, canadienses como Maria Campbell y argentinas como Marina Closs y Paula Vázquez. Salama dice que la literatura hecha por mujeres no es cuestión de moda, el feminismo “es una actitud, es una manera de estar en el mundo, que se tiene que notar y sentir, pero no tiene que ser una etiqueta, las etiquetas nos impedir crecer, también nos sirve para colocarnos en ciertos lugares, pero me da miedo que nos saque las manos y nos impidan crecer. Lo que publico es literatura contemporánea de calidad y me gusta buscar historias y autoras que trasciendan las fronteras de todo tipo, los géneros, que desde el lenguaje hagan propuestas radicales, pero lo feminista tiene que sentirse en mi proyecto, no es algo que defina los libros”.
¿Qué aporta la literatura frente a la violencia contra las mujeres?
Creo que esta literatura despierta la inquietud y el ánimo de saber y de ser activista, sobre todo en la gente joven. Le dan ganas de escribir a gente que tiene que narrar, porque hay que narrar las historias de violencia, no pueden ser silenciadas, es como dar la mano a la gente para que pare con el silencio y narre. No podemos desde los libros terminar con la violencia, pero creo que nos hace estar más preparadas para enfrentar el mundo, , nos hace estar preparadas, nos da claves para evitar el mundo en el que vivimos, nos hace estar más conectadas, más alertas, más preparadas.
A la hora de acercarnos a los catálogos de referencia había un porcentaje muy bajito de mujeres y muchos hombres en las listas, en los premios, en el catálogo. Sol Salama Editora
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INTERÉS. Fundó Editorial Tránsito en 2018 con La azotea de Fernanda Trías. Foto: cortesía de la editora.