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M
A
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I
O
Editorial
3
La muerte acechada.
5
Acerca del erotismo y el lenguaje poético Álvaro Fernando Zambrano
Notas para pensar el erotismo
13
Raúl Dorra
Fotografías de toque,
27
consideraciones sobre el erotismo y el tacto Iván Ruiz
© Enrique Soto.
La metamorfosis del erotismo
35
Facundo Lerga
UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE PUEBLA rector, Enrique Agüera Ibáñez secretario general, José Ramón Eguibar Cuenca vicerrector de investigación y estudios de posgrado, Pedro Hugo Hernández Tejeda ELEMENTOS www.elementos.buap.mx revista trimestral de ciencia y cultura número 75, volumen 16, septiembre-noviembre de 2009 director, Enrique Soto Eguibar subdirector, José Emilio Salceda consejo editorial, Beatriz Eugenia Baca María de la Paz Elizalde, Enrique González Vergara Francisco Pellicer Graham, Leticia Quintero Cortés José Emilio Salceda, Raúl Serrano Lizaola Enrique Soto Eguibar, Cristóbal Tabares Muñoz Gerardo Torres del Castillo edición, José Emilio Salceda, Enrique Soto Eguibar diseño y edición gráfica, Miguel A. Sánchez Vázquez obra gráfica, Enrique Soto Eguibar impresión, Xpress Gráfica S.A. de C.V. redacción, 14 Sur 6301, Ciudad Universitaria Apartado Postal 406, Puebla, Pue., C.P. 72570 email: esoto@siu.buap.mx Revista registrada en Latindex (www.latindex.unam.mx) catalogada en red alyc (http://redalyc.uaemex.mx) y miembro de la Federación Iberoamericana de Revistas Culturales Certificados de licitud de título y contenido 8148 y 5770 ISSN 0187-9073
La pasión de Eros
43
Guillermina Casasco
Paracelso: textos seleccionados
49
Influenza, ¿por qué algunos mueren?
53
Elena Soto Vega
The Road. Cormac McCarthy Anamaría Ashwell
61
© Enrique Soto. Venus de Willendorf, Museo de Historia Natural (Naturhistorisches Museum), Viena, 2008.
e ditorial Con esta edición, Elementos celebra la aparición de su número 75. Hemos decidido hacerlo presentando un conjunto de trabajos sobre el erotismo y el arte, y es que a partir de la publicación, en nuestro número 70, de una selección de obras presentadas en la exposición “Arte erótico, el origen del mundo”, se planteó la discusión acerca del erotismo del “arte erótico”, de su verdadera calidad artística y de la posibilidad, según algunos críticos, de que se trate simplemente de pornografía sofisticada que difícilmente merece el título de arte, aun manteniendo una visión moderna y muy abierta al respecto. Es por todo esto que en colaboración con investigadores del Centro de Estudios de la Significación de la buap nos dimos a la tarea de armar un número de Elementos dedicado a analizar el tema. Al tratar este asunto se debe tener en consideración que en español se ha producido una de las obras referente fundamental en el tema: “La llama doble” de Octavio Paz, quien hace un análisis histórico de la evolución de la idea del erotismo, la sensualidad y el amor, considerando no solo las ideas de Occidente, sino con una mirada siempre atenta al Oriente, particularmente a la India, sujeto favorito de Octavio Paz, que destaca por su importantísima contribución a la humanidad en estos campos y que, lamentablemente, en este número de Elementos no hemos atendido. Como editor no dejo de preguntarme si tenemos algo que agregar a lo ya dicho. Decidimos ilustrar este número de Elementos con un conjunto de fotografías realizadas ex profeso que abarca desde la Venus de Willendorf, el arte griego, obras del mundo incaico, hasta las obras más modernas pasando por el mundo de los maniquíes y las mujeres que se ofrecen en vitrinas en el barrio rojo en Ámsterdam. Finalmente, debido a la contingencia que vivimos, incluimos un artículo sobre un nuevo habitante del planeta: el virus h1n1. En este trabajo hemos solicitado a la autora centrar su análisis no exclusivamente en el virus, y más que discurrir sobre el h1n1 y la historia de las pandemias, como han hecho la mayor parte de trabajos publicados sobre el tema, abordar el estudio de la respuesta del organismo infectado, que es finalmente el que en interacción con el virus enferma y muere.
3
© Enrique Soto. Tirinto, siglos XIV-XII a.C., Museo Arqueológico Nacional, Atenas, 2008.
Zambrano A. F. La muerte acechada. Acerca del erotismo y el lenguaje poético. Elementos 75 (2009) 5-11
w w w.elementos.buap.mx
La m uerte acechada del
Acerca e r o t i s m o y el lenguaje poético
Álvaro Fernando Zambrano
Reflexionar sobre el erotismo resulta una empresa ardua, pues a medida que uno empieza a entramar algunas conjeturas el panorama se abre y nos llena de desconciertos, de incertidumbres que, a la par que se constituyen como obstáculos, alientan el pensamiento y el deseo de des–cubrir lo que ese entramado –tal vez– oculta. Por ello, y tratando de comenzar por el principio, evocaré aquel tiempo, antes del tiempo, cuyos vestigios han llegado hasta
Que todo te acontezca,
nosotros a través de la palabra y la memoria de los griegos. Así,
lo bello y lo terrible...
pondré en mi voz –o manos– el mito de los comienzos del mundo.
F. Nietzsche Lo alto y lo profundo
Al comienzo solo existía la Abertura a la que los griegos llamaron Caos y era ella un espacio infinito y vasto donde nada existía, un espacio de morosidad y potencia dormida donde todo era caída y vértigo; un desconcierto insondable en el que no habitaba forma alguna; una aspiración profunda y oscura que todo lo contenía. De allí surgió Gea, la Tierra, nacida de la profundidad de Caos. Ella se mostró como la forma, un elemento nítido y concreto, permanente y uno, claro y seguro, separada de aquella Abertura de la que había nacido. Madre Universal, piso y soporte del mundo, habrá de dar–a–luz toda la vida: animales, árboles, seres superiores y terrenales que se nutrirán de su seno siempre fructífero y generoso. Elementos 75, 2009, pp. 5 - 11
5
Aparecerá entonces Eros, a quien los griegos llamaron también “Amor Primordial” o “el Viejo Amor” y que no es el amor sexual o sexuado pues en este tiempo fuera del tiempo no había seres con sexos. Eros, entonces, será un “impulso universal”, una fuerza venida desde dentro de la Tierra y que hará brotar todo lo que tiene en las entrañas, semillas de existencia germinadas en su propio ser, en su propio seno y, por ello, venidas también de sus profundidades, de su esencia caótica o tanática primordial; semillas gestadas en la oscuridad antes de ver la luz; aspiración primera que deviene exhalación de vida. ¿Pero qué es lo que activa esa fuerza? Si volvemos sobre el mito, Tierra no tiene a quien amar sino a ella misma pues fuera de ella no existe sino la Abertura. Tierra se vuelve sobre sí obedeciendo a un impulso que la lleva a descubrirse profunda y caótica como nece© Enrique Soto. Arte cicládico 3200-2200, a.C., Museo Arqueológico Nacional, Atenas, 2008.
saria condición de la vida; vuelve los ojos hacia aquella aspiración vacía y muerta que habita su seno como un retorno forzoso e inexorable. Pero no se queda a habitar
De esta manera, la Tierra se levantaba como piso
ese vacío, esa muerte, aunque la precisa para saberse
del mundo, como terreno firme donde asentar los pies
viva; la re–conoce y se re–conoce en esa mirada
y donde habría de desenrollarse la complicada madeja
esquiva que durará sólo lo imprescindible para recobrar
de la vida.
aquel impulso imperioso con el cual pueda emerger con
Si bien Gea vino a ser el opuesto de aquel espacio de
más fuerza, más vital.
Caos primigenio, no se mostró entre ellos un divorcio
Eros impulsa a Gea a una “contracción”, un hundi-
definitivo pues todas las cosas están en una y, del
miento en su propia profundidad, pero simultánea-
mismo modo, una en todas. Igualmente, si por un lado la
mente, y por su propia presencia, él la vela generando
Tierra se eleva a los cielos en sus montañas y cumbres
un espacio de penumbra donde cohabitan ambos
habitando la luz, por el otro se prolonga indefinida-
elementos separados y sin embargo unidos por dicha
mente hacia la oscuridad, hacia el abismo inconmen-
presencia, por un mismo nombre. Eros es un “ir hacia”,
surable donde se une con esa aspiración genésica que
una fuerza, pero a la vez una imposibilidad, un obstáculo
todo lo engendra y a la cual no se puede sino retornar.
que entorpecería la mirada.
Aunque la Tierra sea dadora de forma, situando límites
Tal vez allí podríamos situar el espacio de lo erótico,
y fronteras, luz y nitidez, su poder generador de vida
en ese estadio intermedio dado por la propia presencia
está preñado de aquel vacío, de aquella forma de
de Eros, pues a la par que es un impulso, se constituye
muerte primordial que la habita y la constituye en sus
también como su medio, una mediación que distingue
entrañas con–fundiéndose con ella.
y separa, a la vez que une e insinúa. Gea encuentra en
De esta manera, la Tierra participa de dos órdenes,
este Eros una figura situada entre ella y Caos, la aspira-
distintos y uno, íntimamente unidos: la altura y la profun-
ción. Esta imagen mediadora entre uno y otro, vehículo
didad, lo continente y lo contenido, la forma y el vacío, la
y carnadura del impulso, se impone como elemento
luz y la oscuridad, la aspiración y la emergencia, en defi-
que oculta y que, en ese ocultar, se vuelve tensión –¿o
nitiva, la muerte y la vida a un solo tiempo.
debiéramos decir pulsión?– y reconocimiento.
6
Este entorpecimiento de la mirada, y por supuesto Á lv a r o F.
Z a m b r a n o
del encuentro, a la vez que el impulso por descubrir lo
completamente Otro, genera un lazo de seducción
Entre la vida y la muerte se genera entonces un
dado por la búsqueda y el encuentro siempre despla-
juego perversus,2 un juego de tensiones que hacen del
zado, siempre penúltimo, como si se postergara indefi-
hombre un sujeto apasionado, un hombre que padece
nidamente la caída del último velo.
la angustia de lo inexorable, el temor de descubrir el
De esta manera, los espacios de vida y vacío gené-
rostro de la muerte y, simultáneamente, la expectación
sicos entran en relación para saberse uno y otra a partir
dada por la espera, la conciencia de saberla cierta para,
de la diferencia aunque no puedan reunirse plenamente
ipso facto, saberse vivo.
en un único espacio: ¿cómo habrían de habitar, ambos,
La muerte, de esta manera, es un terreno prohibido,
ese espacio único a un mismo tiempo? Cara y cruz
un espacio vedado pero cierto, una aspiración que atrae
de la moneda, vida y muerte se precisan para cons-
y que atemoriza; visto así, ¿cómo se ha de descubrirla
tituir–se; son búsqueda y desencuentro mediados
sin caer en ella?
por un borde que las separa al tiempo que las une.
Se impondría como necesaria la creación de una
Podríamos pensar, entonces, que lo que surge entre
zona liminar, un borde desde donde espiar –o expiar– la
ambas es una conciencia de lo Otro, una expectación
muerte; un “eros”, un artificio que ilumine y oscurezca,
que le otorga existencia aunque in absentia. Así, el Eros
una zona de penumbra donde incorporar la mirada
Primordial constituido en espacio intermedio, provo-
deseante y deseada al resguardo de un último velo.
caría un corrimiento del objeto buscado por la mirada,
Quizá ese artificio sea la obra artística, andamiaje
cuerpo evanescente, neblinoso, que vuelve a los objetos
de palabras, colores, sonidos o forma que enseñan y
borrosos, inaugurando un espacio no de mostración
ocultan; arquitectura flotante que conjuga un impulso
sino de insinuación, una suerte de red con–sentida que
de vida y un impulso de muerte; tránsito del labe-
captura y libera.
rinto que no encuentra salida pero cuyo recorrido es siempre distinto; hilo de Ariadna que no lleva más que a
El deseo y la vislumbre
El hombre nacido de la Tierra ha heredado ambos elementos: uno, la vida en la que desarrolla su existencia y, otro, la muerte o vacío primigenio, que se hace presente por su ausencia, por esa conciencia de lo otro frente a lo cual se define. G. Bataille nos dice en su libro Las lágrimas de Eros que el hombre se distingue de los otros seres vivos en cuanto posee conciencia de la muerte y aclara que en la medida en que “reconocieron que eran mortales (…) vivieron en la angustia de la muerte”.1 El hombre, frente a este imponderable que es la muerte, por contrapartida toma conciencia de la vida, de su finitud y su fragilidad; sabe que la muerte aún no ha acontecido, que éste no es el momento de la muerte aunque cualquier momento puede serlo, la desplaza hacia un futuro siempre precario y siempre antojadizo; de allí la angustia de la espera, de lo limitado de su mirada que no alcanza a ver más de lo que se muestra, e intuye también, íntimamente, que la muerte, el vacío,
© Enrique Soto. Estatua de mujer (Kouri), por el escultor Aristión de Paros, 550-450 a.C., Museo Arqueológico Nacional, Atenas, 2008.
lo acechan con su presencia fantasmal detrás de cada una de las cosas vistas.
L a mu e r t e a c e cha da , a c e r c a d e l e r o tism o y . . .
7
sí; un juego erótico que el sujeto consiente hasta llegar
puente de manera rápida pues el fin que perseguimos
a la última espesura. Y después, disipado el obstáculo
es el de llegar pronto al otro lado dando así eficacia a lo
final, caído al fin el manto de niebla postrero... la nada,
que intentamos comunicar, mientras que si elegimos
el vacío, la exhalación, la muerte.
la lengua poética nuestro pasaje será lento, pausado, y
Frente a la certeza de la muerte sólo la palabra. Nadie
nos detendremos sobre cada uno de las tablas (o pala-
puede ver el rostro de la muerte sin sucumbir a ella y es
bras) que dan cuerpo al puente y saltaremos sobre
por eso que se mueve a caballo entre la seguridad y la
cada una de ellas con el fin de sentir el vacío, el abismo
ignorancia, entre la fe y el desasosiego. Nuestro conoci-
que se extiende bajo nuestros pies. De esta manera
miento de ella es siempre parcial e imperfecto, siempre
se pondría de relieve un espacio vacío contenido en
desplazado pero latente. Ante esto, la palabra instala la
la palabra y de lo que ella misma no puede dar cuenta
muerte en el mundo y le otorga carnadura; nombramos
más que como sugerencia o insinuación, un resto que
la muerte como se nombra a un ausente y es en esa
nacido de ella la sobrepasa, la expande hacia un lugar
ausencia donde sobrevive. La palabra no es la muerte
incierto. Por su parte, para Michel Foucault3 “la obra de
pero siempre señalará su posibilidad.
lenguaje es el propio cuerpo del lenguaje que la muerte
Entre la palabra usada a diario y la palabra poética
atraviesa para abrirle aquel espacio infinito donde se
existe una distancia porque mientras a aquella la
reflejan los dobles”. Así, la palabra, y más que la palabra
usamos para comunicar algo nacido de la inmediatez
su carencia, daría cuenta de un espacio hueco donde
o de la urgencia, ésta nos instala en la retensión, en una
la imagen de la muerte se aloja escabulléndose entre
morosidad que nos lleva a recaer en la propia palabra
los signos que le dan cuerpo. De este modo podríamos
una y otra vez. Paul Valéry ha señalado esta dife-
pensar que la palabra poética nos impulsa a descu-
rencia con una imagen esclarecedora. Según Valéry,
brirla, a sentirla en ese vértigo, en ese abismo tendido
usar de una u otra forma la palabra es como cruzar un
bajo los pies pronto a engullirnos y al que tentamos
puente colgante; por un lado, si usamos la lengua en
sabiéndonos mediados por el madero, por la palabra.
un sentido cotidiano –prosaico, dice él– cruzaremos el
Sería lícito pensar frente a estas conjeturas que, en el lenguaje poético en particular, aquella conciencia de la muerte devenida presencia se constituye en tropo pues opera sobre ella un “uso de la palabra en sentido que propiamente no le corresponde pero que tiene con este alguna conexión, correspondencia o semejanza”.4 El lenguaje poético sería ese vehículo por el que la muerte transita, solapada, silenciosa, pero de igual forma es acechada por la propia palabra que la demanda o que la nombra y que, a sabiendas, la oculta. La mirada deseante
En la construcción del lenguaje poético opera un desplazamiento respecto del lenguaje ordinario; una ruptura del estatuto usual de la palabra que señala una liberación, una declinación en su profundidad que la asemeja al abismo. La palabra poética va © Enrique Soto. Kourus (el nombre Aristodikos en la base de la estatua), ca. 500 a.C., Museo Arqueológico Nacional, Atenas, 2008.
8
perdiendo claridad para tornarse penumbra; como si el cuerpo de la palabra se desdibujara o si sus bordes se volvieran laxos, maleables; y este proceso de siniestra
Á lv a r o F.
Z a m b r a n o
vaguedad no es su debilidad sino su fortaleza.
© Enrique Soto. Afrodita, siglo II d.C., Museo Arqueológico Nacional, Atenas, 2008.
© Enrique Soto. Diadumeno (Policleto), encontrada en Delos, copia romana del original, ca. 420 a.C., Museo Arqueológico Nacional, Atenas, 2008.
La mirada se posa sobre la palabra, la explora,
vertiginoso o lento, apaciguado o urgente. La mirada
e impulsada por su deseo de verlo todo, de alcanzar
deseante, así, se somete, echa un lazo a su deseo, lo
alguna certeza, comienza a escudriñar en su cuerpo.
sofrena y lo controla asumiendo el compás que la propia
Presa de ese resto que la palabra insinúa a la vez que de
palabra le dicta: sonido o silencio, elevación o declive,
su deseo, la mirada comienza a descender. La penumbra
pausa o continuum. En este compás erótico la mirada
se instala y todos los cuerpos se vuelven difusos; ebu-
deseante va acercándose al último velo, y con ello, va
llición de sentidos y, siempre, un después...
creciendo en su deseo a la par que en su gozoso temor.
Frente a esta palabra mostrada y púdica, la mirada se deja seducir por lo que no alcanza a ver. Y en esta
La muerte acechada
insinuación consentida se deja llevar descolgando uno a uno los velos que la cubren. Comulgan entonces en
La palabra poética se despliega en la página ilus-
la mirada lo sensible y lo inteligible, el apasionamiento
trando la hechura de un cuerpo que se ofrece a la
y la certeza, pues el sujeto sabe lo cierto de la muerte y
mirada. Un cuerpo que nos muestra algo pero que
experimenta el goce en el deseo. Deseo de la epifanía
también nos susurra sobre otra cosa que se esconde,
de la muerte y temor de alcanzar su presencia desnuda;
quizá, más allá...
pasión de la mirada de la muerte y plenitud del erotismo
Esta presencia sobrevive en ese resto nacido de
en lo velado. La palabra poética es, entonces, palabra
la carencia intrínseca de la palabra, una estela que va
del deseo.
más allá y más acá de ella, un signo de profundidad que
Podríamos decir que la palabra, en este sentido,
emerge sólo como susurro.
se constituye como signo del erotismo, instituye un
Así, la palabra poética se torna evidencia de
camino seductor y entorpecido que la mirada, razón y
una presencia no dicha, de una ausencia devenida
deseo, consiente.
presencia, de un vacío primordial, de la muerte.
Dice Elena Bossi que “el erotismo es un arte del
Paralelamente, si la palabra poética conduce a la
control y no del desenfreno”; de este modo, la palabra
presencia, conduce también a su imposibilidad. En
poética se entrega y se resiste, se ilumina y se oscu-
la medida en que la palabra poética irrumpe, se cifra
5
rece generando –imponiendo– un ritmo, un modo, una cadencia en que el tránsito habrá de hacerse:
L a mu e r t e a c e cha da , a c e r c a d e l e r o tism o y . . .
9
la existencia de lo no dicho y, por lo tanto, aquel vacío,
presencia de la muerte siempre desplazada hacia un
aquella muerte quedan encadenados a la zona de lo
lugar otro; nos propone espiarla desde un sitio distinto
prohibido, de lo inaccesible, de la cual no podrán salir
y borroso, distante y cercano a la vez.
más que como insinuación.
El lenguaje poético disloca la percepción y como
El lenguaje poético operaría como la posibilidad de la liberación–mostración de la muerte, a la vez que
artificio nos ubica frente a una imagen ilusoria de la muerte que se oculta detrás del último velo.
como su cárcel y su censura.
Vida y muerte, razón y deseo, expectación y
Entonces la palabra poética acecha a la muerte;
angustia. El hombre, venido de la Tierra, ha nacido a la
es el artificio que nos permite acercarnos a ella lo
vida pero, fundamentalmente, ha nacido a la muerte. Un
suficiente para intuirla, para sentir su cuerpo gélido o
orden oximorónico cifraría su existencia y su devenir
ardiente sin caer presos de la última declinación.
y, entre uno y otro, el lenguaje poético como elemento,
La mirada se posa en el cuerpo de la palabra poética
como artificio del misterio. Palabra poética, cuerpo
y consiente un juego peligroso y placentero, se desliza
que se desgrana en la página insinuando su plenitud y
sobre su superficie y sus bordes dejándose llevar por
su carencia que inquietan mientras seducen. Mirada
aquel terreno rugoso e imperfecto; sabe que las pala-
deseante que desciende a la penumbra para habitarla.
bras le dicen pero, también, hay algo que no alcanzan
Y así dispuestas las piezas, un juego erótico. Tránsito
a decir o que dicen pero de otra forma. Pudor en el que
anhelante de la vislumbre, siempre igual y distinta,
sobreviven voz y mirada. Línea a línea, hay el paso y a
eternamente desplazada e incompleta; corrimiento del
la vez el precipicio. Asoma la mirada difusa y borrosa
después hasta la intemperie.
hacia el abismo para sentir, adivinando, el vértigo. Su respiración se agita o se relaja según el ritmo que le
n o t a s
dicta la palabra y, así, la mirada, sumada a este tiempo, Bataille, G. Las lágrimas de Eros. Tursquets Editores (1997) 42. Joan Corominas en su Breve diccionario etimológico de la lengua castellana nos dice que esta palabra tiene su origen en “verter” (del lat. Vertere) “girar, hacer girar, dar vuelta”, “cambiar, convertir”. 3 Citado por Elena Bossi en su libro Leer poesía, leer la muerte, 209. 4 Esta cita corresponde a la entrada “tropo” del Diccionario de la Real Academia Española. Tomo II. 21a edición. Madrid (1992). 5 “El erotismo en el arte” en Eros, Accame y otros, editorial de la unju. Jujuy, Argentina (2003). 1
se angustia o se fascina. Presa de su deseo y de su temor, acecha la profundidad oscura y cierta asumiendo las reglas que este juego le impone. Sabe que sin su complicidad, sin su mirada deseante que demanda, el juego llegaría a su fin y también sabe de la seguridad de las palabras, de su trama que lo sujeta a la vida y sabe, por fin, del misterio
2
de lo prohibido. La palabra poética entonces es el elemento con
Bi b li o g r a f í a
el que la mirada acecha la muerte; la trae ante sí, la demanda y, a la vez, la oculta; de igual manera, la mirada es expuesta a esa presencia, la impulsa y la retiene. La palabra poética es una suerte de espejo, siempre astillado, con el que la mirada se acerca a la muerte pues, como dijimos, la muerte no puede ser vista de frente y en su esplendor. Por esto, opera en la palabra poética un desvío, un corrimiento del objeto; su sola presencia no nos sitúa frente a la muerte sino ante su simulacro. Crea una esfera entre un espacio y
Accame, J. y otros. Eros. Editorial de la Universidad Nacional de Jujuy. Jujuy-Argentina (2003). Bataille, G. Las lágrimas de Eros. Tusquets Editores. Barcelona (1997). Bossi, E. Leer poesía, leer la muerte. Un ensayo sobre el lenguaje poético. Beatriz Viterbo Editora. Rosario-Argentina (2001). Corominas, J. Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana. Tercera Edición. Gredos. Madrid (2006). Valéry, P. “Poesía y Pensamiento Abstracto” en su Teoría Poética y Estética. Ed. Visor. Madrid (1990). Vernant, J.P. Érase una vez... El Universo, los dioses, los hombres. f.c.e. Argentina (2004). Graves, R. Los Mitos Griegos I. Alianza Editorial. Bs. As. Argentina (2007).
otro, mediatiza la percepción dando origen al misterio. Se yergue como un anclaje en la vida connotando la
10
Á lv a r o F.
Z a m b r a n o
Álvaro Fernando Zambrano. Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Jujuy, Argentina. alvaferzambrano@gmail.com
© Enrique Soto. Afrodita, siglo II, d,C., Museo Arqueológico Nacional, Atenas, 2008. Hermes, 400 a.C., Museo Arqueológico Nacional, Atenas, 2008.
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© Enrique Soto. Higea, siglo II d.C., copia romana del original griego ca. 360 a.C., Los Angeles County Museum of Art, 2006.
Dorra R. Notas para pensar el erotismo. Elementos 75 (2009) 13-25
w w w.elementos.buap.mx
el
para
pensar
Notas
erotismo Raúl D orra
Del erotismo: restricción y generalización
Mientras el rey se halla en su diván
La Sulamita siente que su sexo, anhelante, dehiscente, se ha
mi nardo exhala su fragancia
abierto como una flor, un nardo del que brota ese aroma que
Cantar de los cantares, 1,12
Salomón, el Rey, aspira con la piel y los sentidos enervados. Esta escena parece favorecer a los que sostienen que el erotismo se alimenta de la excitada actividad de los sentidos y en especial del olfato. Por ello el sexo de la mujer dispuesta para el encuentro amoroso ha sido tradicionalmente alegorizado como una flor que expande su perfume. Por ello las habitaciones en que se reúnen los enamorados están revestidas de maderas fragantes y en su interior se queman sustancias aromáticas. Los cuerpos que se unen han sido previamente frotados con ungüentos o aceites que provocan una embriaguez lenta y progresiva (“Pero nada embriaga más / que el olor de tus axilas”). Es evidente que en la propagación del deseo sexual, los sentidos juegan un papel decisivo; pero, en realidad, resulta difícil determinar cuál de los órganos sensoriales es el predominante. Los que están a favor del olfato pueden agregar que el deseo de la cópula se comunica entre los animales, y a lo lejos, a través de sensaciones olfativas, y que las flores exhalan su perfume en el momento en que sus órganos sexuales se abren a la fecundación. Elementos 75, 2009, pp. 13 -25
13
Lo que acabamos de decir supondría que el placer sexual se alimenta de pura sensualidad y por lo tanto excluye toda actividad intelectiva. Sin embargo, la embriaguez de los sentidos es resultado de una construcción planificada de la sensualidad: las maderas, los ungüentos, los aceites balsámicos han sido cuidadosamente seleccionados y la actividad olfativa ejercida sobre la piel del otro sigue los pasos de un análisis y una evaluación. Todo ello nos indica que estamos ante un placer inteligente o, más exactamente, ante un placer de la inteligencia. Y si a este tipo de placer lo clasificamos como experiencia erótica tendríamos que en esta experiencia la dimensión intelectual está tan decisivamente presente que el erotismo sería, básicamente, cosa mentale. Ciertamente, el seductor es alguien que se mueve según cálculos precisos y el éxito de esos movimientos le procura una satisfacción sobre todo intelectual. Pensar de este modo el erotismo no es, creo, equivocarse, pero sí pensarlo de un modo reductivo. El erotismo –y esto es lo que quisiera sugerir en este ensayo– pone en actividad impulsos más variados y,
© Enrique Soto. Patio del Palacio Mattei, Roma, 2006.
ciertamente, más profundos y más perturbadores. Otros, sin embargo, sostienen que en la produc-
Aunque en filosofía se haya afirmado más de una vez que
ción del deseo predomina la vista porque es la visión
el erotismo es propio de lo humano, que es, mejor dicho,
del cuerpo desnudo lo que enciende las pasiones: si el
la superación de la sexualidad animal, antes de tales
Rey Salomón se siente atraído por el olor a nardo que
afirmaciones las mitologías y las religiones sugieren
vierte el sexo de la Sulamita, su padre, el Rey David,
que la eroticidad abarca todo lo viviente y que, más allá
cuentan, se quedó prendado de Betsabé, mujer de
del deseo de la cópula y de la cópula propiamente dicha,
Urías, cuando la vio desnuda en el baño. Es claro que la
se trata de un impulso que reúne la vida con la muerte, el
vista está inmediatamente asociada al tacto. Si la visión
caos con el cosmos y, en el orden social, pone en juego,
de un cuerpo atrae y excita es porque esa mirada anti-
y antes que nada en riesgo, la consolidación de ese
cipa (imaginaria o realmente) el momento en que ese
orden. Dominado por el deseo de ir siempre más allá, de
cuerpo será tocado: a la visión del cuerpo desnudo de
abrir y atravesar, el erotismo es una fuerza que en última
Betsabé sigue la orden del Rey para que ese cuerpo
instancia parece tender a la disolución.
sea traído a su presencia. De ello se deduce que mirar
Podríamos, en todo caso, hablar de un erotismo en
es un modo de tocar. Que la mirada es ya el comienzo
sentido restringido, es decir, limitado a la sexualidad
de la cópula o del deseo de la cópula. La actividad del
humana, y de un erotismo en sentido general que se
tacto sería entonces la predominante (incluso para que
extendería a todas las especies y más aun al universo
la experiencia olfativa se produzca, el aire impregnado
entero concebido o vivido –así lo hicieron todas las
por el olor debe tocar la membrana pituitaria), pero ella
culturas– básicamente como un todo viviente. De ese
se completa con la actividad de otros órganos como el
modo, pensado en sentido restringido como lo hemos
gusto e incluso la audición porque la voz, la risa, y hasta
explicado al comienzo del presente ensayo (si bien
el llanto, son otros tantos ingredientes del deseo.
al referirnos al olfato hemos sugerido que el erotismo
14
también se expande en el reino de la naturaleza) diríamos R a ú l
D o r r a
que esa palabra evoca la práctica de la relación sexual
cuyo fin es la obtención de un placer sazonado por ingre-
Laclos, obra donde el erotismo llega a ser tan decidida-
dientes como cierta disposición intelectual que hace de
mente una pasión intelectual que los protagonistas –los
esa práctica un motivo de contemplación y análisis, así
verdaderos amantes– no se interesan por mantener
como también evoca ciertas formas de ejercer la rela-
una relación física entre sí, cuanto por confrontarse a
ción (posiciones, estilos, ritmos, edades, preferencias
través de las relaciones sexuales que ellos inducen en
o número de participantes) que se sienten como contra-
otros, entregados a un sutil e implacable juego de poder.
venciones a las formas “normales”, y, siguiendo esa
Esta complejidad, que supone un análisis profundo de
vía, evoca dolor infligido o sufrido, el desenfreno de la
los factores que intervienen en el juego erótico, explica
pasión amorosa, el gusto por la desviación o el deseo
la insistencia con que los críticos e historiadores de la
de la pérdida. Se suele ignorar que el uso de la palabra
literatura solían –y todavía suelen– acogerla y reco-
“erotismo” para mentar estas prácticas “prohibidas”
mendarla. Pero otras, en general más obstinadamente
e incluso deliberadamente subversivas, es relativa-
subversivas y más deliberadamente obscenas que
mente reciente y podría asociárselo al léxico aprendido
hacen de la clandestinidad su medio natural como
del psicoanálisis. No es, desde luego, que la palabra
Teresa filósofa (relato anónimo que suele atruibuirse
fuera desconocida antes de los trabajos de Freud (quien
a Diderot), u otro “clásico” del género como Justine o
habló de una erogeneidad polimórfica) pero, cierta-
los infortunios de la virtud, afirman con mayor contun-
mente, antes de estos trabajos se prefería recurrir a un
dencia que la virtud no es sino extravío o disimulo y
repertorio de expresiones como sensualidad, apasio-
que la inocencia existe sólo por el placer que produce
namiento, lascivia, salacidad, incluso degeneración.
su profanación, lo cual desde luego es un desafío a
O, cuando estas prácticas eran ejercidas por un varón
toda forma de la beatería y un trastocamiento de los
y una mujer, se decía que la pareja estaba relacionada
valores predicados –hipócritamente– por la Iglesia.
por un amor carnal, un amor–pasión, un amor lascivo,
Sade fue quien siguió este camino de manera más
cortesano, prostibulario, en suma un amor pecaminoso
obsesiva y extrema.
y prohibido con el que los amantes habían incurrido en la lujuria. “Lujuria”, no olvidemos, es el nombre de uno de los siete pecados capitales y por ello todo el repertorio al que hemos aludido tiene como eje la relación paradigmática entre el vicio y la virtud. El ejemplo quizá más claro y más violento de esta propensión al “vicio” en los tiempos modernos –y por lo tanto el que mayor impacto ha causado– es el de las novelas del Marqués de Sade, novelas cuyo espacio social es el de la aristocracia y las altas jerarquías del clero, pues el erotismo, aun en sus formas más brutales, se suele asociar al refinamiento. Los relatos de Sade, extremados, se mantienen sin embargo en la línea de las llamadas “novelas galantes”. El héroe de este género de narraciones ya no es –como en las novelas caballerescas o barrocas– el “amante”, sino el “libertino”. El libertino se caracteriza por estar dotado de una pasión fría que le permite convertir su propio desenfreno en un objeto de reflexión intelectual, y utilizar la sexualidad insaciable como crítica de costumbres. Una obra clásica en este sentido tanto por
© Enrique Soto. Fuente de Neptuno, Plaza Navona, Roma, 2006.
su fino estudio de la pasión cuanto por su calidad literaria, es Las relaciones peligrosas, de Choderlos de
Notas para pensar el erotismo
15
Para Sade el mundo era en realidad lo contrario
y una economía de lo erótico. En cierto sentido, sobre
de lo que la sociedad beata o la Iglesia pregonaban: el
todo por la magnitud de su objeto de estudio, Bataille
mundo, según él, está dominado por el mal y por ello
recuerda a los filósofos de la antigüedad que pensaron
obrar como un malvado –sentir ante cada muchacha
el amor como una fuerza cósmica, para este caso una
inocente un irreprimible deseo de doblegarla para ejer-
fuerza encargada de reunir lo semejante o lo comple-
citar en ella sus fantasías sexuales hasta causarle los
mentario y asegurar así el equilibrio del universo. En
mayores sufrimientos– no era sino seguir un mandato
El banquete, evocando a Hesíodo, Sócrates declara
de la naturaleza humana.1 Toda virtud es hipócrita
que Eros merece, entre todos, la mayor veneración
porque, en la profundidad, el cuerpo no quiere sino
puesto que es “el más anciano de los dioses” y procede
revolcarse en sus propias deyecciones. Las incan-
del caos original al cual siguen la Tierra y Eros. Cier-
sables violencias de estas narraciones que tan bien
tamente, la Teogonía de Hesíodo –el más antiguo
sirvieron para estudiar las obsesiones sexuales
registro del que disponemos donde se menciona a
llegaron a entusiasmar de tal modo a críticos “de
Eros– recoge diferentes tradiciones referidas a este
avanzada”, que este escritor monótono y primario
dios, una de las cuales lo muestra, por el contrario,
–Donatien Alphonse François de Sade– resultó ser un
como un jovencito hijo de Afrodita cuya función es la
grande, cuando no un “genial” escritor. A ello contri-
de encender el amor entre parejas a las que hiere con
buyó sin duda la condena que sufrieron sus libros y el
su flechas. Pero de estas versiones de Eros tendremos
juicio y la reclusión de su autor, tan escandalosos como
oportunidad de ocuparnos más adelante. Lo que nos
las orgías en las que participaban la inocente Justine
interesa por el momento decir es que Bataille coin-
o la malvada Juliette. Desde entonces, y aunque
cide con esta versión en cuanto ve al amor como una
esta observación no sea tema del presente ensayo,
fuerza universal pero ya no en la manera de concebir
se puede observar con cuánta facilidad los autores
a esta fuerza: mientras la primitiva versión griega
de narraciones “eróticas” (o de obras “eróticas” en general), tan a menudo despojadas de calidad estética, suelen alegar que son, ellos también, víctimas de persecución por parte de una sociedad hipócrita que no soporta la verdad. El erotismo según Bataille
Si un referente obligado para el arte erótico de nuestros días es el Marqués de Sade, cuando se trata de pensar en una teoría del erotismo igualmente obligado es el nombre de George Bataille. De acuerdo a lo que yo conozco, Bataille es el primer autor cuya obra está íntegramente consagrada a pensar el erotismo. Ello no supone olvidar, naturalmente, que desde la más remota antigüedad los pensadores, especialmente los filósofos, se han preocupado por esbozar una teoría del amor (en términos de lo que hoy llamaríamos erotismo), sino sugerir que ninguno lo había hecho tan exhaustivamente como Bataille, quien se dedicó a elaborar no sólo una teoría general sino también una antropología
16
R a ú l
D o r r a
© Enrique Soto. Plaza del Capitolio, Roma, 2006.
señala que Eros hace su aparición en el momento
En ese libro George Bataille explica que sobre
originario en el que se quiebra el huevo de la noche
la superficie del globo terrestre los seres vivientes
y que su cometido es reunir la oscuridad con la luz
siempre disponen de una energía considerablemente
del día recién brotado asegurando así el orden de
superior a la que necesitan para sobrevivir y esta
todas las cosas, para Bataille el erotismo es una
energía es aprovechada en una primera etapa para el
fuerza que se expresa en el dispendio y la dispersión.
desarrollo de innumerables organismos y sistemas que
En “La noción de consumo”, un artículo publicado en
no dejan de crecer pero que, en una segunda, cuando
1933 en el número 7 de La critique sociale, Bataille
estos organismos y sistemas alcanzan su límite, toda la
ya había llamado la atención sobre el hecho de que a
fuerza acumulada durante su desarrollo presiona para
una primera etapa de producción y acumulación, en
(lo que es más visible en el caso de las comunidades
toda sociedad humana seguía una segunda caracte-
humanas) un dispendio catastrófico: lo que era absor-
rizada por la dilapidación suntuaria o trágica: el lujo,
ción se transforma en derrame: derramamiento de
la construcción de grandes monumentos, las fiestas
sangre, estallido de pasiones, fiestas orgiásticas, lujos
y ceremonias, así como las guerras y los sangrientos
espectaculares, sexualidad concebida como gasto
sacrificios rituales. La sociedad humana, según
improductivo, compulsión dilapidatoria. De acuerdo
Bataille, se caracteriza por el sentido de la pérdida y
con este singular pensador, el Sol sería el símbolo y
su preocupación central no es la acumulación sino el
también el motor de los dispendios. La radiación solar,
consumo, sobre todo el consumo excesivo e impro-
que está en el origen de todo crecimiento, es energía que
ductivo. Dieciocho años más tarde, estas ideas
se vierte sobre el globo terrestre de manera entera-
centrales aparecerán ampliamente desarrolladas en
mente gratuita, sin contrapartida alguna. “El Sol –dice
La parte maldita, libro que él mismo consideraba la
Bataille– da sin jamás recibir” y por lo tanto supone un
más importante de sus obras.
continuo aumento de energía distribuida en todas las
2
3
especies vivientes: de ahí la lujosa variedad y prodigalidad de especies animales y vegetales. Ahora bien, de todos los seres vivientes “el hombre es el más apto para consumir, intensamente, lujosamente el excedente de energía”4 y también el más dotado para gustar el placer de la pérdida. El erotismo sería, pues, en términos generales, el dispendio inútil y lujurioso que sucede a toda acumulación. El derramamiento, sea de objetos suntuarios, de sangre o de semen, es lo que toda sociedad humana profundamente busca. Las especies se comen entre sí y ello, de acuerdo con Bataille, es “la forma de lujo más simple”. Pero a medida que las especies crecen en su capacidad de infligir daño crece también la fuerza de las hecatombes. “A este respecto, el animal feroz está en la cumbre: sus depredaciones continuas de malversadores representan una inmensa dilapidación de energía”.5 Tales depredaciones son un tributo que promueve nuevas y mayores depredaciones. Se entiende por ello que el famoso Ensayo sobre el don publicado por Marcel Mauss en 1923 no podía sino ejercer sobre Bataille una © Enrique Soto. Plaza del Pueblo, Roma, 2006.
Notas para pensar el erotismo
17
la muerte, bajo su forma fatal e inexorable es, ciertamente, el más costoso.”6 “El lujo de la muerte –agregará Bataille unas líneas más adelante– es considerado por nosotros de la misma manera que el de la sexualidad”: primero como una negación de nosotros mismos, una negación que busca una súbita y total transmutación para entenderla finalmente como el verdadero movimiento de la vida. De este modo se explica mejor que en su libro El erotismo Bataille nos haya dejado estas dos definiciones memorables, centrales ambas, pero aparentemente contradictorias: “El erotismo es la búsqueda del punto en que se desfallece” y “El erotismo es la afirmación de la vida hasta en la muerte”. También se explica que el erotismo asocie la destrucción espectacular con la secreta experiencia mística, el aturdimiento orgiástico con la espera de la herida que atravesará nuestro cuerpo para unir dolor © Enrique Soto. Hércules, siglo II a.C., Museos del Capitolio, Roma, 2006.
y goce, la religión y la guerra. La destrucción da paso a la posibilidad de un nuevo proceso de absorción y
poderosa atracción sobre todo cuando Mauss describe
retención, la muerte hace posible que la vida continúe.
el intercambio –o más precisamente el “potlacht”– en
Bataille ha estudiado con atención el desenvolvimiento
las sociedades arcaicas. El “potlacht” es una donación
de la sociedad capitalista (desde sus orígenes en las
cuya desmesura es un signo de superioridad que obliga
doctrinas reformistas y su negación por parte del cato-
al receptor de la donación a corresponder con una
licismo ortodoxo que condenaba toda forma de usura),
desmesura más cuantiosa. El jefe de una comunidad se
ha seguido su desarrollo observando el movimiento
presenta ante el jefe de la comunidad rival y realiza ante
que va de la acumulación al consumo en forma suce-
sus ojos una espectacular destrucción de sus propias
siva y creciente, sobre todo en la fase del capitalismo
riquezas. El rival está obligado a corresponderle ofre-
avanzado con su secuela de guerras y otras formas de
ciéndole una destrucción aún mayor. Podría ocurrir
la destrucción. Deteniéndose sobre esta visión batai-
entonces que a esa otra destrucción correspondiera
llana –tan decidida a sostener una mirada lúcida– es
en respuesta una ostentosa degollación de esclavos lo
imposible no ver en ella un sentimiento trágico y, sobre
cual dejaba al otro en la necesidad de borrar la afrenta
todo en nuestros días, es difícil adherirse a su cele-
con la donación de una cantidad mayor y más preciosa
bración del dispendio y la hecatombe. No sabemos
de sangre. Estas guerras que sólo puede ganar el
cómo este pensador hubiera reaccionado si estuviera
que está en condiciones de mostrar su capacidad de
situado, como lo estamos nosotros actualmente, ante
ostentar mayores pérdidas son a nuestros ojos, más
la posibilidad efectiva de una destrucción total e irre-
que una paradoja, un increíble deseo de la muerte, esto
versible. Es decir, ante la posibilidad de que la orgía de
es, un deseo de anonadar la vida, ese bien que instin-
la muerte anule todo posible renacer de la vida.
tiva y universalmente sentimos como el bien supremo.
El pensamiento de Bataille trata de centrarse en el
El erotismo, pues, según Bataille, es una actividad que
paso de la pulsión de la muerte a la pulsión de la vida,
se realiza sobre un abismo donde la muerte ejerce su
del vaciamiento a la fertilidad. Por mi parte, yo quisiera
poderosa atracción porque se muestra como un lujo.
pensar esta teoría del erotismo bajo la imagen de la
“De todos los lujos concebibles –observa Bataille–,
“dehiscencia”. En botánica se da el nombre de dehis-
18
cencia al fenómeno por el cual un fruto o una vaina que R a ú l
D o r r a
han terminado el proceso de absorción de la energía
necesaria para llegar a la plena madurez, siguiendo
táculos “eróticos”, donde pareciera que ha quedado
el impulso de esa misma energía terminan abrién-
anulado el “principio de realidad” y que con ello ha
dose para derramar sobre la tierra semillas, esporas,
quedado abierta la posibilidad para todas las formas
materia en trance de disolución, lo que equivaldría a
de la fantasía, fatalmente asistimos a una suerte de
una especie de dispendio orgásmico. El fruto se abre
impotencia: una y otra vez, en esos filmes o en esos
y se vuelca como si se tratara de un derrame sexual
espectáculos, los protagonistas cumplen una triste
en el que la pérdida es consumación y alivio como
rutina, repiten movimientos, poses, gestos como si
también ocurre con los órganos inflamados a los que
no hubiera otra posibilidad que la de recurrir a modelos
la misma energía que produce la inflamación termina
ya establecidos. En materia de filmografía, casi nada
produciendo una quiebra o abertura por donde la infla-
hay más tedioso que esas interminables escenas en
mación se disuelve. Pero lo que se vuelca, por su parte,
las que una pareja, o un grupo de esforzados actores,
se mezcla y transforma para dar lugar al nacimiento de
se entregan a un interminable acto sexual en el que
nuevos organismos.
los gestos, las posiciones, las palabras que se inter-
Esta comparación de la distensión erótica con la
cambian son tan mecánicamente repetitivas que uno
dehiscencia es útil para pensar que en la teoría batai-
prefiere cambiarse a un canal donde estén pasando
llana del erotismo encuentran lugar los fenómenos de
avisos publicitarios. En cuanto a Bataille, aun la más
la naturaleza, los procesos de acumulación y consumo,
famosa de sus novelas, Madame Eduarda, no repre-
los transportes del alma que se pierde a sí misma en la
senta sino un fracaso del pensamiento y de la palabra,
experiencia mística, y la violencia o el éxtasis sexual.
cosa que se hace evidente si la ponemos frente a
De ahí el interés de Bataille por la economía, así como
ensayos como “La noción de consumo”.
por las ciencias naturales o la antropología. Los grandes monumentos fálicos erigidos por
La dualidad de la pulsión erótica
numerosas culturas reúnen y asimilan la sexualidad humana con una potencia cósmica, enhiesta e invasiva,
En 1955, en su libro Eros y civilización Herbert Marcuse7
del mismo modo que las redondeces del cuerpo feme-
refutó la teoría freudiana según la cual el “principio de
nino –tan pronunciadas en las estatuillas eróticas que
placer” y el “principio de realidad” son irreconciliable-
encontramos en los museos de antropología– evocan
mente antagónicos. Según Freud, toda civilización se
las formas y la fertilidad de la tierra, o la vagina se
funda en la represión de las pulsiones eróticas. Esto
presenta como el llamado de una profundidad desco-
sería así porque sin esa represión ninguna forma de
nocida, una profundidad voraz donde todo desfallece.
organización social resultaría posible ya que la civi-
Además de redactar su inquietante teoría, Bataille
lización se sostiene en el trabajo y en la institución
escribió, como se sabe, varias novelas cuyo tema es el
familiar. Marcuse, por su parte, alega que la pulsión
erotismo en sentido restringido, esto es, un erotismo
libidinal no es por naturaleza una fuerza destructiva
limitado a la sexualidad humana. Las narraciones de
del orden social sino sólo de ciertas formas de orga-
Bataille parecen volver a probar por un lado la dificultad
nización humana, formas que, desde su particular
para novelizar el erotismo en su sentido más profundo
interpretación de las teorías marxistas, responden, en
y también, o quizá, considerada la pobreza imaginativa
lo profundo, a determinados intereses. Marcuse prevé
de tales novelas, que el erotismo como género literario
una civilización hecha por hombres que, liberados de las
suele situarse en un punto en el que es difícil avanzar
constricciones del trabajo gracias a los avances de la
precisamente por tener todo el camino abierto. Curio-
tecnología, puedan entregarse al placer y aun hacer
samente, cuando la imaginación, como ocurre en este
de él un motor de su desarrollo. Una tesis como esta
tipo de narraciones, se siente –al menos teóricamente–
no pasaría de ser, para Freud, sino la manifestación de
libre de toda constricción, es cuando más rápidamente
deseos ilusorios, en sentido estricto una quimera.
encuentra sus límites y no puede sino caer en una suerte de automatismo. En los filmes o en los espec-
Notas para pensar el erotismo
19
© Enrique Soto. Sala de Amor y Psique, Castillo de Sant´Angelo, Roma, 2007.
Ambas posiciones resumen, creo, el dilema
tensión de los opuestos de la que se derivaba el orden (o
orden–desorden que está implícito en no importa qué
el desorden) del mundo. En particular, de acuerdo a lo
sociedad. Toda civilización, toda sociedad humana
que ha llegado hasta nosotros, Empédocles desarrolló
–incluida desde luego la nuestra– de algún modo siente
con precisión la teoría jónica de los cuatro elementos
que el mundo que habita es un organismo vivo y que en
primordiales y eternos (fuego, aire, tierra, agua) cuya
él se producen intercambios, encuentros y desencuen-
mezcla determina las distintas formas y los distintos
tros, procesos que se mueven en sentidos diversos, a
estados de la materia. Según Empédocles, la mezcla de
los que rige un movimiento de atracción contrapuesto
elementos depende de la acción de dos fuerzas, el Amor
a otro de rechazo, una pulsión de vida que se liga a una
y el Odio, fuerzas que propician la reunión o la separa-
pulsión de muerte. Ello da lugar a la elaboración de
ción de los elementos y hacen del universo un continuo
diversas teorías sobre el lugar que ocupa el placer y
movimiento entre lo uno y lo múltiple. Estas fuerzas reci-
la obligación, la represión y el gasto, aunque acaso
bieron nombres semejantes como simpatía–antipatía,
en el fondo tales teorías son reductibles a la relación,
amistad–enemistad, etcétera, nombres que vemos
opositiva y a la vez complementaria, de dos princi-
reaparecer en los diálogos platónicos donde se expone
pios o fuerzas en tensión. El taoïsmo, como sabemos,
la idea de una continuidad o bien una semejanza entre
elaboró una doctrina que tuvo una muy vasta difusión
amor, simpatía o amistad, y donde también el amor
en la cultura oriental. De acuerdo a ella, el universo
puede reunir a personas del mismo o de diferente sexo.
está animado por dos principios, uno masculino, el
En El Banquete Diótima le explica a Sócrates cómo el
yin, y otro femenino, el yang, en continuo intercambio.
amor sigue un camino ascendente, enderezado hacia
De ahí que, en cualquier comunidad, el intercambio
el bien, que va desde la reunión de los cuerpos (los
sexual –entendido en su generalidad– sea el funda-
cuales no son sino reflejos del alma) hasta la armonía
mento de toda la existencia. Para el caso de la existencia
perfecta de esta última. De ahí que se debe buscar el
humana, este intercambio ordena la vida espiritual
cuerpo perfecto para aspirar a la perfección del alma
por lo que la sexualidad se presenta como inmediata-
siguiendo una dialéctica que es propia del filósofo, mejor
mente ligada a la religión vivida como búsqueda de lo
dicho del filosofar. Estas ideas que hacen del amor una
sagrado, ese momento de plenitud y de pérdida. Por su
vía que debe conducir al supremo bien serán retomadas
parte, los presocráticos tuvieron siempre presente esta
y prolongadas por los filósofos y moralistas romanos.
20
En el otro extremo, frente a las serenas disquiR a ú l
D o r r a
siciones filosóficas sobre el amor, encontramos las
ruidosas fiestas populares dedicadas a Dionisos
una corta duración porque pone en actividad el deseo
(o, entre los latinos, a Baco) en las que abundan
de una destrucción total que a su vez activa la nece-
las imágenes fálicas y las alusiones a la prodiga-
sidad de una fuerza estabilizadora que asegure la
lidad sexual como un desborde de la naturaleza. En
prolongación de la vida. Pensando con realismo (con
Roma, en las fiestas de las Liberalia, un gigantesco
un realismo seguramente influido por el pensamiento
phalus, movido sobre una carreta presidía jubilosas
freudiano) podríamos decir que el erotismo entendido
procesiones, dispendiosas libaciones y enjundiosas
de este modo sólo puede instalarse como un recreo del
deyecciones. Estas manifestaciones orgiásticas (que,
cuerpo, es decir, como una interrupción (no una defini-
siendo propias de la civilización pagana no dejaron
tiva borradura) del trabajo.
de realizarse a lo largo de la civilización cristiana, una civilización fecunda en aquelarres y fascinada por
Expresiones del erotismo en la antigüedad
los ayuntamientos monstruosos en los que el diablo participaba activamente sea como íncubo o como
A medio camino entre la meditación filosófica y la
súcubo, es decir, adquiriendo una forma masculina o
explosión orgiástica están los dispendios divinos y
bien una forma femenina) muestran a la espectacular
los violentos o tramposos ayuntamientos así como
obscenidad que las caracterizaba como una fuerza irre-
las prodigiosas metamorfosis (desorden y reorde-
sistible que se mueve en un doble sentido: por un lado,
namiento) que cunden en la mitología griega en la que
se conforma como una negación avasalladora que
Zeus, el supremo, es dueño de un poder destructor y
instala a los hombres más allá de las restricciones del
al mismo tiempo de un furor genésico que hace de él
orden social como si se tratara de un reino de la libertad
un infatigable perseguidor de diosas y de ninfas.
humana que instala al cuerpo en el centro de la escena
¿Cómo entender este mundo divino tan lleno de
y, por otro, como un retorno a la madurez de lo natural,
confrontaciones y de copulaciones forzadas pero
al momento de la lujuria floral o de la dehiscencia de
al mismo tiempo tan dócil a una fuerza erótica que
los frutos de la tierra. Se trata de un giro primordial
se sitúa por encima de los dioses mismos? Aunque
donde lo sagrado se reúne con lo demoníaco y de ello
continuamente transgredido, en este mundo hay
tenemos una excelente representación en esa tumul-
un orden moral y eso lo muestran, entre otras cosas,
tuosa imagen de El jardín de las delicias que inmortalizó
los reproches y las venganzas de Hera, la esposa
Hieronimus Bosch.
de Zeus, quien trata de devolver golpe por golpe. Es
El doble sentido, la dualidad, entonces, consistiría
más, en Los mitos griegos Robert Graves8 describe
en que si la civilización es un producto del trabajo y a su
cómo Rea, madre de Zeus, temerosa de las pertur-
vez el trabajo es una negación del orden natural que da
baciones que podía causar la frenética lujuria de su
curso a un orden social, el erotismo, que hace que el
hijo le prohibió casarse con Hera (a la cual después
cuerpo deje de ser un instrumento de trabajo para ser
tomaría por la fuerza para obligarla a ese casamiento),
un instrumento del placer, se constituiría como una
recibiendo como airada respuesta una amenaza
negación del trabajo y por lo tanto, al mismo tiempo, en
de violación. Para evitarlo, Rea se convirtió en una
una superación del orden social y en una restauración
temible serpiente lo cual no amedrentó a Zeus, quien
de las pulsiones primordiales. Esta libertad obscena,
se transformó inmediatamente en serpiente macho
orgiástica, que despierta en el hombre su animalidad
y se enroscó en ella de manera tan indisoluble que
profunda estaría mostrando la necesidad, o más bien
terminó cumpliendo su amenaza. Pero Zeus no sólo
el impulso, para nada inocente, de reunir la bestia-
fue incestuoso con su madre sino que, de acuerdo
lidad con el reino del espíritu –en un “matrimonio del
con una tradición, engendró a Eros en el vientre de
cielo y del infierno”, como diría William Blake– dejando
Afrodita, la cual, siempre según una tradición, era su
atrás el orden profano del trabajo. Acaso esta sacra-
hija. Desde luego, nuestra lectura es no sólo simplifi-
lidad bestial sea un estado sólo realizable como deseo. Acaso instalada entre los hombres no puede tener sino
Notas para pensar el erotismo
21
cadora sino ignorante del vasto simbolismo de estas
fosis, Ovidio dio a conocer el otro poema que también
acciones perturbadoras y violentas; pero lo que con
le aseguraría una larga posteridad: El arte de amar (Ars
ella queremos mostrar es que, de una o de otra manera,
amatoria),9 pequeña obra dividida en tres libros, dos de
hay una continua confrontación con el orden moral
los cuales están dedicados a aconsejar a los hombres
siempre vigente porque los propios protagonistas se
cómo seducir a las mujeres, mientras el tercero, en
juzgan y condenan entre sí, además de que gran parte
compensación, se dedica a enseñar a las mujeres cómo
de los ayuntamientos se presentan como flagrantes
procurarse el amor de los hombres y cómo escapar
violaciones a las que sus víctimas quieren por cualquier
a la vigilancia de padres, maridos o tutores. “Si alguien
medio evitar, como Daphne que, huyendo de los deseos
en la ciudad de Roma ignora el arte de amar –comienza
de Apolo, se convirtió en laurel en el momento justo en
diciendo Ovidio–, lea mis páginas y ame instruido por sus
que este dios (a quien uno podría suponer más mesu-
versos”. Aunque lleno de frases suntuosas y de conti-
rado porque, según se nos enseñó, es el equilibrio y la
nuas referencias a la mitología, en realidad este libro es
justeza racional) ya la tenía entre sus brazos. Daphne
un buen ejemplo de lo que mucho después se llamaría
convertida en laurel para escapar del asedio de Apolo
literatura galante: el amor gobierna las relaciones pero
muestra, de paso, la continua relación entre el hombre
se muestra con juguetona liviandad. A los hombres
y la naturaleza, o, más bien dicho, la sexualidad como
les aconseja, por ejemplo, dulcificar con piropos los
principio del reino de lo natural.
defectos de las damas: “Que ésta es más negra que la
Estas aventuras y mutaciones acontecidas en el
pez de Illiria? Llamémosla morenita. Si es bizca, juremos
Olimpo fueron recopiladas y puestas en cuidadosos
que se parece a Venus, que de vez en cuando extraviaba
hexámetros por Publio Ovidio Nasón, exquisito poeta
su mirada”. Mientras a las mujeres las invita a seguir sus
que vivió en los años de apogeo de la Roma de Augusto
enseñanzas con argumentos como éstos: “Ven, joven-
y murió, exiliado, en los primeros años del imperio de
cita; ven a mi escuela y te enseñaré el arte de ciertos
Tiberio. Las célebres Metamorfosis de Ovidio dieron
disimulos. Fíjate, y aun cuando te vigilen más ojos que
motivo, largamente, a poetas y pintores para elaborar
los de Argos, te reirás de todos”. Así, pues, el tratado de
obras maestras entre las cuales se cuenta uno de los
Ovidio, más que un arte de amar al estilo del Kama Sutra,
mayores poemas de la lengua española: La Fábula de
es un arte del afeite y la seducción.
Polifemo y Galatea, escrita por Góngora a comienzos del
Las prácticas sexuales –desenfrenadas o disimu-
siglo xvii. Seis años después de redactar las Metamor-
ladas– así como las obras artísticas y las consideraciones morales o filosóficas a propósito de las relaciones amorosas continuaron sin interrupción: como suele decirse, en la literatura –y acaso también en la vida– hay sólo dos temas o dos heridas predominantes: el amor y la muerte. Durante toda la latinidad vemos estas expresiones en las que la entrega a las celebraciones orgiásticas reúne la pasión del encuentro sexual en una progresión que va del regodeo en el placer venéreo hasta el extremo del sacrificio (“El hombre siempre mata lo que ama” dirá admirablemente Oscar Wilde muchos siglos después). Cuando estas exaltaciones paganas penetren en el cristianismo y ahí se mezclen con las tradiciones celtas aportadas por los “bárbaros” que destruyeron el imperio romano, tendremos los
© Enrique Soto. Patio del Palacio Mattei, Roma, 2006.
22
escalofriantes aquelarres en donde se mezclarán tanto figuras demoníacas como magos negros que harán
R a ú l
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de la noche su habitáculo. Desde luego, frente a este
erotismo macabro existen aquellas otras fiestas de la libido alegre que reúne el vino con el sexo, existen los amores tabernarios, las licenciosas expansiones de clérigos vagantes de la baja latinidad cuyas expresiones literarias han sido tan acertadamente recogidas por Carl Orff en su célebre Carmina burana. En esta alegría de la sexualidad liberada no podríamos, desde luego, olvidar las entusiastas celebraciones de la primavera en las que junto con el retorno de las flores retorna el entusiasmo por los encuentros amorosos: “Ya, florecen los almendros, ya / mala seré de guardar. //Ya florecen los almendros / y los amores con ellos”. Las fiestas mayas, herederas del culto a Adonis, reúnen en una sola algarabía el renacimiento de la tierra y el renacimiento
© Enrique Soto. Venus, Museos del Capitolio, Roma, 2007.
de la energía sexual.
donar silenciosamente una reunión, son los signos con
Erotismo y mundo moderno:
los que se elabora un lenguaje que sólo conocen los
entre variación y permanencia
amantes. Las reglas de cortesía exigen que la relación amorosa, en todas sus etapas, sea estética y noble,
Lo que ahora distinguimos como erotismo pero que
sincera y delicada. El varón, trasladando al terreno
hasta hace poco se concebía como una variante
del amor las leyes del feudalismo, debe comportarse
del amor tiene a su vez varias maneras de manifes-
como vasallo de su Señora. Se trata, hay que decirlo, de
tarse. Hay, como vimos, un erotismo de la violencia
un siglo en el que las mujeres ocupan el centro de la vida
destructiva, un erotismo del sacrificio, un erotismo del
social,11 imponen normas de conducta y se constituyen
entusiasmo floral, un erotismo de la exhibición genital,
como verdaderas educadoras de la sentimentalidad
un erotismo del ocultamiento, un erotismo del llamado,
de los hombres. Por su parte, Denis de Rougemont
de la espera y la nostalgia. Hacia el siglo xii, la cultura
en su libro El amor y Occidente12 insiste en que la idea
occidental neolatina produjo, al mismo tiempo que una
del amor que prevaleció por lo menos hasta el siglo
verdadera escuela de poesía amorosa, una escuela
xx, nacido en este siglo, tiene como modelo ese popu-
del amor a la que dieron forma los trovadores proven-
larísimo “cuento de amor y de muerte” que recorrió
zales. Esa cultura está acabadamente expuesta en un
toda la Europa medieval: Tristán e Isolda. Parecido en
libro de arte amatorio (Ars Amandi) compuesto por
sus valores al amor que exaltaron los trovadores, este
Andrea Capellanus, a finales de aquel siglo. En este
relato (al cual seguirían innumerables novelas caballe-
libro, conocido en español como Tratado del amor
rescas) aporta sin embargo un dato preciso y decisivo:
cortés, conceptualmente mucho más rico que el Arte
los amantes han bebido un filtro (en realidad un veneno,
de Amar de Ovidio, se expone una elaborada idea del
palabra que tiene su origen en venéreo) que los condena
amor, una ética y una estética, así como el código de
a amarse para siempre, esto es, que los ata a una pasión
las relaciones amorosas y las reglas que deben seguir
que resiste continuamente, y continuamente supera
los enamorados. El amor, según ello, no puede darse
su propia voluntad. Ese filtro, desde luego, es simbó-
sino fuera del matrimonio pues, libre por naturaleza,
lico de aquel momento en que un hombre y una mujer
no puede quedar atado a intereses políticos, o a arre-
descubren que, más allá de cualquier adversidad, están
glos familiares. Pero ese amor ejercido libremente
hechos el uno para el otro. El amor es entrega apasio-
tiene como precio el secreto: un cierto modo de mirar
nada y asediada por obstáculos frente a los cuales la
10
o inclinar la cabeza, el color del pañuelo que se deja caer como al descuido, el momento elegido para aban-
Notas para pensar el erotismo
23
suavidad pondrá un matiz más subjetivo en la experiencia erótica haciendo de ese modo un contrapeso al erotismo entendido como turbulencia expansiva. Es claro que a pesar de las afirmaciones de Denis de Rougemont y de varios medievalistas acerca de que, a partir del siglo xii, estas transformaciones de la relación amorosa y la literatura (más ampliamente el arte) en que ellas se expresaron, dieron como resultado una dulcificación de la pasiones, lo cierto es que estos románticos relatos de amores contrariados y persistentes no fueron suficientes –ni podían serlo– para refrenar, en otros espacios, las manifestaciones de esa turbulencia amatoria originada en la más remota antigüedad, en una antigüedad que sin duda se remonta al origen del hombre por lo que en disci-
© Enrique Soto. Cupido y Psique, Ostia Antica, 2006.
plinas como la antropología o la sociología se habla del pasión no retrocede ni descansa. Condenados a un
Homo eroticus para mentar un rasgo constitutivo de
amor secreto, incansables en la búsqueda de una
la especie humana. Estas expresiones de la turbulencia
reunión definitiva, los amantes persisten en una lucha
amatoria, aunque pudieron tomar otros modos de expre-
que sólo cesa cuando mueren “él en brazos de ella, ella
sarse, nunca se interrumpieron y forman parte de nuestro
en brazos de él”. El amor, pues, se realiza en la tragedia.
presente histórico. Incluso han adquirido formas y
También en el siglo xii comienzan a imponerse
dimensiones en las que la pasión destructiva reúne, con
las lenguas vernáculas sobre el latín y ello da paso
el auxilio de una tecnología estrictamente satánica, el
al desarrollo de una poesía lírica cuyo eje es el amor y
cálculo y la demencia. Todos sabemos que actualmente
cuyo protagonista es la mujer, en este caso la ansiosa
el recurso a la internet ha confirmado que el erotismo es
muchacha que llama (“Malherida iba la garza / enamo-
una cosa mentale pero también ha dado la posibilidad
rada / sola va / y gritos daba”), espera (“Si la noche se
de que lo que empieza por ser virtual, de que esos impal-
hace escura / y tan corto es el camino / ¿cómo no venís,
pables escenarios de un deseo sin freno, terminen en
amigo?”), expresa su satisfacción por un amor que ha
realidades flagrantes: violencias orgiásticas, reuniones
salido a su paso (“Niña de rubios cabellos / ¿quién os
altamente sadomasoquistas, pedófilos que encuentran
trajo a aquestos yermos? // Mi ventura, el caballero / mi
la ocasión de arrancar lágrimas y sangre, hasta llegar
ventura”), llora un olvido (“Estas noches atan largas
a lo que sería el extremo de la experiencia erótica que
para mí / non solían ser así”), persiste en la espera de
prosigue el camino de la violencia sacrificial: el caniba-
un regreso (“Pobrecita / la Inesita / tiende ancho y
lismo: alguien seducido por la idea de comer el cuerpo del
duerme solita”). En íntima afinidad con los ciclos del
otro, y alguien seducido por la idea de que su cuerpo sea
año, la mujer se mantiene despierta, expectante, en las
comido por el otro. Se avanza, pues, de la seducción
largas noches invernales (“Todos duermen, corazón /
a la obsesión lúcida, de la lúcida obsesión a una rigu-
todos duermen y vos non”) o se apronta para la eclosión
rosa metodología para que el encuentro tenga lugar y
primaveral (“Yo me iba mi madre / las rosas coger / hallé
con ello la exhaustiva satisfacción de ese deseo. Ello
mis amores / dentro en el vergel”).
para no hablar del erotismo de la destrucción colec-
13
Estas cancioncillas darán lugar al desarrollo de
tiva, de las guerras de exterminio que, seguramente
otras que muestren las diversas formas del encuentro
más que por un cálculo político, están propiciadas por
o desencuentro, de la espera o el lamento, y su íntima
el instinto de muerte.
24
Las imágenes televisivas que durante meses R a ú l
D o r r a
mostraron, con maniática fruición y desde todos
© Enrique Soto. Ostia Antica, 2006.
los ángulos posibles, el derrumbe de las torres de
n o t a s
Manhattan, obedecían desde luego a la lógica publicitaria, a la necesidad de justificar una guerra (que, por otra parte, ya había sido planeada) pero también al hecho de que esos dos gigantescos y hasta un momento antes enhiestos monumentos viniéndose abajo frente a millones de ojos no dejaban de ser imágenes fálicas cuyo derrumbe, visto una y otra vez, producía un oscuro estremecimiento erótico. Las imágenes de esas gigantescas torres en derrumbe tuvieron tanto poder de atracción, tanto éxito, porque, en el fondo, eran imágenes profunda, oscuramente obscenas. El desarrollo tecnológico, como todos sabemos, desarrolla también, y aun potencia, las fuerzas acumuladas por el deseo de la vida y el deseo de la muerte. Se trata de una racionalidad que cabalga sobre lo irracional, de la inteligencia convertida en obsesión. Las pulsiones eróticas han encontrado, como no podía dejar ser, la manera de sacar partido, abundantemente, del desarrollo tecnológico. Así, si el erotismo reúne el amor con la muerte, es difícil decir si en el mundo que vivimos la atracción que ejerce la vida tiene la misma fuerza que la atracción
Por “naturaleza humana”, Sade entendía la naturaleza del hombre –también la de la mujer lesbianizada– y especialmente la del aristócrata. 2 Véase la entrada “Erotisme” en el t. 8 de la Encyclopaedia Universalis. 3 edhasa, Barcelona (1974) traducción de Johanna Givanel. 4 Op. cit. 16. 5 Las dos últimas citas se localizan en la p. 75 de la misma obra. 6 Ibíd. 76. 7 Ed. Ariel, Barcelona (1985) traducción de Juan García Ponce. 8 Alianza Editorial, Madrid (1985) traducción Luis Echávarri. Ver. “Zeus y Hera” y “El nacimiento de Eros” en el Tomo I. 9 Publio Ovidio Nasón, Arte de amar, Hiperión, Madrid (1999) traducción Juan Manuel Rodríguez Tobal. 10 Andrés el Capellán, Tratado del amor cortés, Porrúa, México (1992) traducción de Ricardo Arias y Arias. 1
Este verdadero reinado de la mujer no durará mucho tiempo; las grandes pestes que asolarán a Europa a lo largo del siglo xiv, cambiarán drásticamente las formas de socialidad. El Renacimiento, por su parte, contrariamente a lo que podría creerse, terminará de reinstalar la hegemonía masculina; y un poco más tarde comenzará la cacería de brujas. 12 Denis de Rougemont L’amour et l’occident, Union Générale d’Editions, Paris (1939). 13 Lo que nos queda de tales cancioncillas son las que se recogieron en los Cancioneros a partir del siglo xvi. Desde luego, lo que leemos en ellos no conserva con fidelidad el lenguaje en que circularon oralmente. 11
Raúl Dorra Programa de Semiótica y Estudios de la Significación, buap. email: rauldorra@yahoo.com.mx
ejercida por la muerte. Es del todo posible que ya no sea así.
Notas para pensar el erotismo
25
© Ángela Arziniaga y Everardo Rivera. De la serie Fotografías de toque, fotografía digital, 2008.
Ruiz I. Fotografías de toque, consideraciones sobre el erotismo y el tacto. Elementos 75 (2009) 27-33
w w w.elementos.buap.mx
Fotografías de toque , consideraciones sobre
Iván R ui z
el erotismo y el tacto * I
En términos precisos, es difícil explicar de qué manera la fotografía da forma a la experiencia erótica más allá de la captura y exposición de un cuerpo desnudo, sea éste femenino o masculino. Es un hecho que en el conjunto variado de imágenes que circula cotidianamente a través de diferentes vías de comunicación (anuncios panorámicos, revistas, exposiciones de arte, periódicos...), existe un tipo de fotografía que se ha encasillado como erótica: se trata de capturas sofisticadas de los genitales y de ciertas posturas manieristas que adopta el cuerpo desnudo en función de las indicaciones del fotógrafo. ¿Podemos definir con exactitud como fotografía erótica este tipo de imágenes que cuenta con antecedentes destacados como von Gloeden, Weston o Mapplethorpe? Yo lo pongo en duda por una razón demasiado elemental: el erotismo es una experiencia interior del hombre, un trabajo de contemplación y de reflexión sobre la sexualidad que, si bien deja su impronta en la fotografía como un producto de la creación artística, está concentrado más bien en el proceso de elaboración fotográfico. * Las fotografías que aparecen aquí, de la autoría de Ángela Arziniaga y Everardo Rivera, fueron concebidas en el proceso de elaboración de este mismo artículo. Se trata, por lo tanto, de una colaboración intelectual sobre un tema que ellos, como fotógrafos, experimentan cotidianamente en su oficio: la relación del erotismo con el tacto. Por mi parte, he tratado de poner en palabras algo de esa experiencia que, con generosidad, me han compartido a través de su amor por la fotografía.
Elementos 75, 2009, pp. 27- 3 3
27
Antes que cualquier otro sujeto, es el fotógrafo
de frialdad, tal y como ocurre con un cuerpo que no
el que vive en carne propia el erotismo; pero esta
está acostumbrado a recibir una caricia. Una foto-
afirmación no debe entenderse como una generali-
grafía de este tipo sería una imagen inmaculada, sin
zación que comprende a todo sujeto que ejerce a la
registro táctil, sin mancha humana y por eso mismo
fotografía como una práctica profesional o incluso
sería una fotografía un tanto deshumanizada o arti-
amateur. El fotógrafo en quien estamos pensando
ficial, quizá refinada para la visión pero en definitiva
es, de entrada, alguien que está en contacto manual
carente de una carga corporal subjetiva. En cambio,
con la fotografía en los términos que exige la deno-
una fotografía que es tocada y acariciada sutil-
minada fotografía análoga, basada en procesos
mente por la mano del fotógrafo en el revelado y en
físicos y químicos para la captura y el revelado de
otras fases del proceso, se carga de algo parecido
imágenes. Por lo tanto alguien que, además de estar
a un toque de vida. Pero este toque no es aquel que
habituado a tocar y a manipular cámaras que poco
forma parte del contacto habitual que la fotografía,
a poco se han ido transformando en “cámaras de
como la pintura, la escultura y el grabado, exige a la
colección” (por ejemplo, la Holga o la Lomo lc-a),
mano del artista en su proceso de elaboración arte-
vive y padece a la fotografía a través de una cualidad
sanal; este toque es una prueba de amor que la mano
fundamentalmente erótica: la excitación sensorial
del fotógrafo impone a la fotografía y que puede, o
que producen los materiales de trabajo bajo deter-
no, llegar a cumplirse. No es una acción fetichista
minadas condiciones físicas en las que se realiza
ya que hay una solicitud de respuesta en tanto se
la fotografía. Pensemos, por ejemplo, en el trabajo
piensa a la fotografía como un destinatario amoroso
en el cuarto oscuro y en la primera condicionante
con vida. El toque, el contacto de los dedos sobre
sensorial que éste impone: el pasaje a un determi-
la fotografía, espera una respuesta de esa imagen
nado grado de oscuridad y la reacción inmediata
aún en formación que ha sido excitada, a manera de
de desconcierto de un cuerpo que debe buscar un
roce o de caricia, por el tacto corporal ya que, como
punto de equilibrio distinto al que le proporciona la
propone Barthes, “todo contacto, para el enamo-
vista; sentido que, comúnmente, se piensa como
rado, plantea la cuestión de la respuesta: se pide a la
exclusivo del oficio fotográfico. El punto de equi-
piel que responda.”1
librio que aparece de inmediato es el sentido del
La solicitud del toque de vida en el arte se la
tacto y su aparición corresponde a un desafío entre
debemos a un escultor de la mitología griega llamado
erótico y amoroso que se resuelve, en principio,
Pigmalión, quien cansado de los vicios de las mujeres
con las manos: después del revelado, el lavado de
de la isla de Chipre, esculpió una estatua de marfil
un negativo constituye una acción erógena pues si
tan perfecta que incluso −según narra Ovidio− se
bien el propósito es objetivo en términos del proceso
podía pensar que vivía y que podía moverse. Pero
(eliminar los residuos o impurezas que deja el líquido
este efecto de vida no le bastó a Pigmalión, pues en la
revelador), el acto mismo del lavado debe ser tan
festividad de Venus, el día más celebrado en Chipre, el
cuidadoso como el que exige una caricia sobre la piel
escultor hizo una solicitud específica a la diosa. Cito
y es precisamente esta caricia la que desencadena
en extenso el relato de Ovidio:
una excitación corporal en el fotógrafo que pone en riesgo el estado final de la fotografía. Si las manos se
Si podéis, dioses, darlo todo, deseo que sea mi
dejan llevar por ese impulso pueden dañarla, herir la
esposa..., y sin atreverse a decir: “la doncella de
superficie que está fijando la imagen, pero también,
marfil”, dijo: “igual que la de marfil”. La dorada
si no aprenden a tocarla, a manipularla, a transmi-
Venus, que asistía en persona a sus propias fiestas,
tirle cierta calidez corporal, es probable que en la
entendió qué pretendían aquellos ruegos y, como
fotografía se encarne un gesto de endurecimiento,
augurio de deidad amiga, se encendió la llama tres
28
veces y elevó su punta por el aire. Cuando regresó, I v á n
R u i z
Pigmalión fue a buscar la estatua de su amada y,
© Ángela Arziniaga y Everardo Rivera. De la serie Fotografías de toque, fotografía digital, 2008.
reclinándose sobre el lecho, la besó: le pareció que
transformado en un delirio del tacto y fundamental-
estaba templada; acercó de nuevo sus labios, palpó
mente de un tacto amoroso vinculado con la vista,
también su pecho con las manos: el marfil palpado se
también puede producir un padecimiento afectivo y
ablandó, sin rigidez quedó bajo los dedos, cedió ante
corporal. Dos textos literarios, una novela y un ensayo
ellos, como la cera del Himeto se reblandece al sol
sobre fotografía, son contundentes al respecto.
[...] Mientras se queda estupefacto, medio se alegra y
En La obra maestra desconocida (1831), novela
teme engañarse, de nuevo enamorado vuelve a tocar
corta de Balzac, se narra la obsesión de dos pintores
con la mano su deseo; era un cuerpo: laten las venas
que quieren alcanzar el secreto último de la pintura
palpadas por el pulgar.
para fines distintos. El primero, un joven aprendiz
2
llamado Poussin, con el propósito de llegar a la fama; El efecto de vida que ya producía la estatua debido
el segundo, un experimentado Frenhofer, para dar el
a sus cualidades tridimensionales se hace mucho
toque final a una tela que ha ocupado toda su atención
más efectivo, por lo menos para Pigmalión, a través de
desde diez años atrás. Esta pintura, para Frenhofer, no
la triple llama de la deidad. El calor del fuego ablanda la
es siquiera definida como una tela: “¡es una mujer!”,
rigidez del marfil a tal punto que éste adquiere propie-
pero además –aclara– “esta mujer no es una cria-
dades de la piel humana: hay venas dentro de esa piel
tura, es una creación” que cuenta ya con un nombre:
que el escultor alcanza a ver pero fundamentalmente
Catherine.3 Pero el toque final, ese toque que dará vida
a tocar con sus manos como una corroboración de la
a la pintura y que hará de ésta una especie de amante,
condición humana del cuerpo, pero además, de un
no se produce finalmente debido a una crisis del tacto
cuerpo del que está enamorado.
que se agudiza frente a la falta de reconocimiento óptico
La solicitud de Pigmalión fue, en definitiva, un
por parte de sus colegas pintores. Cuando Frenhofer,
toque de vida hacia la escultura que culminó de manera
después de una especie de intercambio simbólico con
satisfactoria, debido a que la narración concluye con
Poussin, accede a mostrar por primera vez a su Cathe-
el episodio de la boda entre el escultor y su estatua
rine ante éste y otro pintor más llamado Porbus, se
viviente y la noticia del nacimiento de un primogénito llamado Pafos. Sin embargo, este toque de vida,
Fotografías de toque, consideraciones...
29
© Ángela Arziniaga y Everardo Rivera. De la serie Fotografías de toque, fotografía digital, 2008.
produce una escena particular. Frente a la tela, estos
novela, que esta muerte haya sido provocada por sus
últimos no reconocen el cuerpo pintado de alguna
propias manos, es decir, que se haya suicidado.
mujer que pudiera ser una Catherine; lo que Poussin alcanza a ver es lo siguiente: “colores confusamente
II
mezclados dentro de una multitud de líneas extrañas que forman un muro de pintura”. Porbus, por su parte,
Un texto más, ahora un ensayo sobre fotografía,
corrige a su colega y le aclara que lo que hay ahí sólo es
plantea la posibilidad de pensar a este toque de vida
un pie; pero esto, en definitiva, no es ni lo que ve Fren-
desde una posición distinta a la del creador y su obra,
hofer ni lo que con paciencia espera terminar a través
pero enfatizando, por igual, el padecimiento afec-
del toque final. Desesperado por la falta de sensibilidad
tivo y corporal en esta suerte de delirio táctil, sólo
óptica en estos pintores, Frenhofer les grita: “¡Por la
que bajo una perspectiva particular. En La cámara
sangre, por el cuerpo, por la cabeza de Cristo, no sois
lúcida (1980), Barthes describió con exactitud un
más que unos envidiosos que queréis hacerme creer
elemento de unión entre el observador y la fotografía;
que la he echado a perder para robármela! ¡Yo la veo!
un elemento que los atraviesa y hasta cierto punto
–chilló–, ¡es maravillosamente bella!”. La crisis óptica
los amarra, pero que no sale del observador sino de
conduce a Frenhofer a un acto radical en donde se
la fotografía misma: “Esta vez no soy yo quien va
acentúa el delirio del tacto: esas manos que con tanta
a buscarlo, es él quien sale de la escena como una
paciencia pintaron, rozaron y acariciaron a su Cathe-
flecha y viene a punzarme.”5 Esto no es, en definitiva,
rine, y que en algún momento esperaban darle el toque
el mismo toque de vida que buscan Pigmalión y Fren-
final, son las mismas con las que prende fuego a todas
hofer, pero conserva las cualidades esenciales de un
sus pinturas incluida, por supuesto, su obra maestra,
toque corporal. El toque del que habla Barthes y que
4
su Catherine. Después de quemar sus telas, el mismo
él mismo nombra con el término en latín punctum, es
Frenhofer muere, y aunque el narrador no lo aclara,
un toque erótico que sale de la fotografía como una
queda sugerido, por el sentido del párrafo final de la
flecha pero que no produce una acción tan radical
30
como en el caso de Frenhofer (es decir, no conduce I v á n
R u i z
a un delirio del tacto), pues incluso cuando punza y
pincha el cuerpo del observador no lo hace como una
“práctica corporal de goce” condicionada, como toda
acción radical de violencia. Si hay una violencia en
escritura, a un trabajo de la mano. Pero este erotismo
este toque ésta se asemeja más bien a la que padece
sólo es posible si la escritura de luz es autorreflexiva
un San Sebastián que agoniza lenta y casi placente-
y se observa a sí misma en el momento de recibir esa
ramente atravesado por la flechas, según podemos
descarga erógena producida por el contacto con los
interpretar a través de los gestos de dolor ambiguo en
materiales o los instrumentos fotográficos. Las afir-
pinturas como las del Greco o Guido Reni.
maciones de Barthes sobre su propio ejercicio como
Desde mi perspectiva, es en Barthes en quien
escritor son cercanas a las que podría enunciar un fotó-
podemos apoyarnos para pensar en el toque foto-
grafo que toca, manipula, acaricia, desplaza la cámara
gráfico no sólo como un toque de vida del fotógrafo a
a través de su cuerpo y además piensa y ejerce a la foto-
su obra, sino además, como un toque erótico que se
grafía como una práctica erótica:
concentra en la experiencia táctil de las manos del fotógrafo al momento de hacer la fotografía. En sus
[...] mientras reflexiono en lo que he de escribir siento
manos está, digámoslo así, la posibilidad de resolver
cómo mi mano actúa, gira, liga, se zambulle, se levanta
el desafío sensorial con carga erótica que impone la
y, muchas veces, por el juego de las correcciones,
fotografía, pues si bien a la vista corresponde el entre-
tacha o hace estallar la línea, y ensancha el espacio
namiento constante del ojo como elemento rector de la
hasta el margen, construyendo así, a partir de trazos
agudeza visual que define una consolidación del oficio
menudos y aparentemente funcionales (las letras), un
(la expresión “ojo de fotógrafo” es contundente), para
espacio que es sencillamente el del arte: soy artista, no
el tacto se reserva el aprendizaje y el control de los
porque figuro un objeto, sino, más fundamentalmente,
impulsos corporales que, en puntos específicos del
porque, en la escritura, mi cuerpo goza al trazar, al
proceso fotográfico, están asociados a un erotismo
hendir rítmicamente una superficie virgen (siendo lo
del tacto. Este erotismo es el encargado de relacionar
virgen lo infinitamente posible).7
a la fotografía con la escritura de una manera contundente, pues quien sabe escribir con luz –recordando la
III
etimología del vocablo “fotografía”– ha aprendido por 6
lo menos tres lecciones: la primera, dejar que el cuerpo
Acabo de afirmar que el erotismo del tacto, en foto-
en su totalidad reaccione ante los estímulos sensibles
grafía, sólo alcanza a tomar forma a través de la mano
de luz y oscuridad; la segunda, ajustar esos estímulos a
del fotógrafo; una mano que toca pero que también es
través del sentido de la vista y del tacto; la tercera, funda-
tocada y excitada sensorialmente por una descarga
mental, comprender que su escritura de luz guarda
cuyo centro se localiza en la fotografía misma; enten-
relación con el encanto erótico, tal y como Barthes lo
diendo a ésta no sólo como la imagen impresa sobre
señaló con respecto a la escritura gráfica.
papel, también como el proceso técnico que involucra
A manera de recapitulación, estas observaciones
materiales y herramientas dentro de las cuales destaca
me han hecho pensar que hay otra fuente de erotismo
la cámara fotográfica. Si esto es así, podemos pensar
en la fotografía que no proviene necesaria ni exclusiva-
que este toque erótico comprende dos momentos
mente de la captura del cuerpo desnudo. Esta fuente
distintos de la creación fotográfica que plantean una
está relacionada fundamentalmente con el tacto,
correspondencia con la creación escrita. Por una parte,
incluso antes que con la vista, pues entre el cuerpo del
la extraña relación que surge entre la mano, el cuerpo
fotógrafo y la cámara, entre el revelado y el secado, en
y la cámara como un instrumento indispensable de la
la intervención y en el montaje, la fotografía produce
fotografía y, por otro, la necesidad de aprehender, tocar
toda una configuración táctil que hace posible concebir
y retocar aquello que por naturaleza es evanescente –la
al trabajo fotográfico como una actividad artística que
luz– y que escapa de las manos.
requiere el aprendizaje de un oficio que exalta el trabajo del ojo y, además, como una práctica erótica, una
Fotografías de toque, consideraciones...
31
© Ángela Arziniaga y Everardo Rivera. De la serie Fotografías de toque, fotografía digital, 2008.
La cámara fotográfica es definida, con frecuencia,
ello, lograr un buen encuadre es tan difícil como poder
como una prolongación del cuerpo humano.8 Considero
redactar una frase con coherencia o dar por concluida
que la definición es acertada, pero que requiere algunas
una pincelada para pasar a otra, pues siempre hay algo
precisiones. La cámara, como la pluma del escritor o el
que pone en desequilibrio, que viene del propio cuerpo
pincel del pintor, es un elemento inicialmente ajeno al
y que afecta de una u otra manera a esa prolongación
cuerpo, y si bien la manufactura tecnológica le propor-
corporal que es la cámara.
ciona una determinada forma manual, no por ello deja
Pero lo más singular con respecto a esta relación
de ser extraña la idea de que la cámara se incorpora
entre mano, cuerpo y cámara es lo siguiente. El fotó-
como una extremidad del cuerpo humano, específica-
grafo que ya ha acogido a la cámara –que la toca, la
mente, de la mano. La idea, en sí misma, es antinatural y
acaricia, la incorpora y la utiliza como medio de produc-
hasta cierto punto angustiante desde un punto de vista
ción– es alguien que ha pensando a la fotografía como
corporal, pues se trataría de una prótesis mecánica que
el cuerpo de un amante al que hay que explorar para
se implanta como un garfio en la mano del fotógrafo.
comprender el deseo de uno mismo. Esto proviene, por
No obstante, el sentido de la incorporación es especí-
supuesto, de Barthes:
fico: al considerar a la cámara como una prolongación del cuerpo se supone que esta máquina adquiere cuali-
A veces una idea se apodera de mí: me pongo a
dades, más que humanas, propiamente corporales. La
escrutar largamente el cuerpo amado [...] Escrutar
cámara no piensa (es decir, no es un ente racional) pero
quiere decir explorar: exploro el cuerpo del otro como
sí responde a un impulso que proviene del cuerpo y que
si quisiera ver lo que tiene dentro, como si la causa
se transmite a ese gesto, casi escenográfico, del movi-
mecánica de mi deseo estuviera en el cuerpo adverso
miento del brazo y de la mano cuando el fotógrafo se da
[...] Esta operación se realiza de una manera fría y
a la tarea de fotografiar. Una sola toma exige un despla-
asombrada; estoy calmo, atento, como si me encon-
zamiento corporal incesante, un ir y venir, un ver y volver
trara ante un insecto extraño del que bruscamente ya
a ver, un control visual en función de la luz pero espe-
no tengo miedo.9
cialmente un acomodo de la cámara en la mano. Por
32
Una vez incorporada, una vez arraigada en el I v á n
R u i z
cuerpo del fotógrafo, la cámara ya no produce temor
por su fragilidad mecánica o por la torpeza de las
la cámara y a los materiales de trabajo constituyen el
manos que la cogen; sin embargo, lo que continúa
umbral de reflexión de un deseo táctil que finalmente
manifestándose es un sentimiento de asombro y de
se ilumina por el sentido de la vista a través del órgano
excitación frente a ese aparato encarnado en la mano
más inmediato: el ojo. Para un fotógrafo, poder tocar
del fotógrafo: hay algo ajeno al cuerpo en esa cámara
con los ojos vendría a ser la culminación de una expe-
(su condición de aparato mecánico), pero también
riencia erótica que va más allá del acto de fotografiar
algo que se ha transformado en familiar debido al acto
o de disparar el flash. El desafío de tocar con los ojos
mismo de encarnación. De ser un “insecto extraño”, la
para un fotógrafo es semejante al que se enfrenta un
cámara se transforma paulatinamente en una especie
escritor al momento de escribir y de querer “tocar”
de insecto familiar a la propia corporalidad del fotó-
el lenguaje a través de las palabras: en este desafío
grafo. Sólo cuando éste deja de tener miedo a su
que plantea la evanescencia del lenguaje, tanto la
mano–cámara y da lugar a una exploración amorosa
escritura gráfica como la escritura de luz condensan
en el sentido que Barthes describe, comienza el escru-
una fuerte carga erótica y amorosa, ya que el intento
tinio del deseo erótico en un fotógrafo. Llegado a este
de fijar lo inaprehensible corresponde de una u otra
punto, ya no basta con tocar y acariciar con la mano a
manera a la experiencia fugaz de aprehender el
la fotografía en sus diferentes procesos de composi-
cuerpo de un amante.
ción; no se espera ya el toque de vida que demandaron Pigmalión y Frenhofer a la obra de arte. Se trata, ahora,
N o t a s
de ir más allá de ese impulso erógeno que produce el contacto con la fotografía con el propósito de llegar al límite del deseo táctil. Límite que está marcado por una necesidad de explicar y de comprender cómo la escritura de luz está vinculada con el encanto erótico. IV
Este límite marcaría entonces un segundo momento
Roland Barthes, Fragmentos de un discurso amoroso..., 74. Ovidio. “Pigmalión”, Metamorfosis..., 311-312. 3 Honoré de Balzac, La obra maestra desconocida..., 193. 4 Ibíd. 201. 5 Roland Barthes, La cámara lúcida..., 64. 6 Del griego photo “luz” + -graphie “escritura”, “representación”. 7 Roland Barthes. “Escribir”, en Variaciones sobre la escritura..., 157. 8 Laura González Flores, Fotografía y pintura: ¿dos medios diferentes?.., 112. 9 Roland Barthes, Fragmentos de un discurso amoroso..., 80. 1 2
de la creación fotográfica, el cual corresponde, no ya a la experiencia empírica y erógena con los instru-
Bi b li o g r a f í a
mentos de trabajo que acabamos de describir, sino a la reflexión sobre cómo esta elocuencia táctil en la fotografía produce un goce corporal de tipo erótico. Para sostener esto, es necesario enfatizar una de las paradojas a las que se enfrenta el fotógrafo: la exigencia de tocar y de fijar sobre una superficie algo naturalmente inaprehensible como lo es la luz. ¿Qué habrá más difícil para un fotógrafo que entender que trabaja con una energía la cual escapa de sus manos y, a su vez, ilumina su visión? Cuando un fotógrafo se plantea esta pregunta está cuestionando no sólo la habilidad manual que exige la mano–cámara en su cuerpo –y que hasta cierto punto se perfecciona gradualmente con el aprendizaje del oficio–, sino además su capacidad de
H. de Balzac. La obra maestra desconocida (1831), traducción de Manuel Arranz, en La pintura encarnada, de Georges Didi-Huberman, Valencia, Universidad Politécnica de Valencia (Pre-Textos), 2007. R. Barthes. Fragmentos de un discurso amoroso, traducción de Eduardo Molina, México, Siglo xxi,1982 (1977). R. Barthes. La cámara lúcida. Nota sobre la fotografía, traducción de Joaquim Sala-Sanahuja, Barcelona, Paidós, 1989 (1980). R. Barthes. Variaciones sobre la escritura, traducción de Enrique Folch González, Barcelona, Paidós, 2002 (1995). L. González Flores. Fotografía y pintura: ¿dos medios diferentes?, Barcelona, Gustavo Gili, 2005. Ovidio. Metamorfosis, traducción de Antonio Ramírez de Verger y Fernando Navarro, Madrid, Alianza-Clásicos de Grecia y Roma, 1995. Iván Ruiz Programa de Semiótica y Estudios de la Significación, buap. email: soldadero@gmail.com
reflexión sobre aquello que excita o inquieta a la mano: tocar lo intocable. La habilidad manual, el manoseo a
Fotografías de toque, consideraciones...
33
© Enrique Soto. Odalisca, Henri Matisse, Museo de Bellas Artes, Angers, 2004.
Lerga F. La metamorfosis del erotismo. Elementos 75 (2009) 35-41
w w w.elementos.buap.mx
Facundo L er ga
del erotismo
La metamorfosis
Entonces nos iremos. Mientras...
En su libro Las metamorfosis, Ovidio recuerda el mito de Pigma-
cuelga tu guadaña con mi cachava en el perchero
lión. La anécdota es muy conocida y breve. Pigmalión es un
del pasillo y siéntate... ¡Siéntate y espera!
artista que un día labra, desde el marfil, una bella mujer. El artífice
León Felipe
queda enamorado de su creación; en ella ve reunidas a todas las mujeres en una. Su pasión crece frente a la obra, la contempla con desbordada efusión. Desea que el soplo de la vida avive la piedra inerte y pueda ser amada. Afrodita concede al pedido de Pigmalión y la mujer de piedra se vuelve real. Pigmalión y su criatura se casan. La leyenda puede ayudarnos a explicar cuál es la relación del erotismo con el hecho artístico y cómo funciona en él. Nos resulta innegable que la vida misma puede ser explicada desde el propio arte, desde sus insinuaciones y silencios, pues tenemos la creencia y aun la fe, de que el arte ha sido puesto entre los hombres para hablarnos de los misterios de la vida, más allá de las antojadizas situaciones de época y esos contextos regionales de la historia. Pero antes de sumergirnos en cualquier análisis de este mito, será preciso que aclaremos algunas nociones que puedan servir como timón de nuestro pensamiento. Reflexionaremos el erotismo en tres niveles: su definición, su relación con el cuerpo y su moral. Elementos 75, 2009, pp. 35 - 41
35
George Bataille nos da una primera pauta de lo que puede ser el erotismo. En su trabajo Las lágrimas de Eros propone una interesante hipótesis a partir de la observación de las primeras expresiones rupestres dejadas por los hombres en profundas cavernas. Dice que la motivación de estas obras de arte radica en el primer descubrimiento de sus autores: la muerte, en la conciencia de que ellos morirían. Esta revelación pone la distancia definitiva entre el hombre y la animalidad, pues la angustia por la muerte suscita el erotismo. Esto quiere decir que la certeza del fin de la vida va a engendrar el deseo de conservarla y, todo aquello que evoque este deseo y al mismo tiempo aniquile la muerte, va a ser vivido como una experiencia sexual. De esta sensación nace el arte; surge una respuesta a esta pulsión, como camino a un objeto deseable que se escapa. Por ejemplo, la pintura en particular que describe Bataille representa una escena de cacería; hay ciertos matices que llaman la atención del pensador: en primer
© Enrique Soto. Kunsthistorisches Museum, Viena, 2008.
orden la bestia herida por la lanza aparece agonizante, disfrutando el último aliento de vida, en un estado casi
forma corporal), el goce que se siente de manera plena
orgiástico; por otro lado, la figura del cazador es cauti-
en el cuerpo. Lo erótico tiene que ver con lo somá-
vante, es un hombre con cabeza de pájaro, con el falo
tico; en él halla su residencia y su fin. No puede haber
erecto, gozando el momento. Podrá pensarse que estas
erotismo sin experiencia física porque lo erótico busca
imágenes pueden funcionar en realidad como metá-
provocar un efecto especial de deleite. Es por ello que
foras de la muerte próxima, de la muerte que se avecina
diremos que lo erótico se involucra con el mundo de la
sobre el animal vencido, sin embargo el camino que
sexualidad.
traza la imagen es contrario a la muerte, pues intenta la
Pero, en nuestra vida cotidiana, somos rozados por
suspensión del instante, la postergación del momento
muchas afecciones de la exterioridad y muchas de ellas
claudicante, el deseo de llegar al borde pero sin caer en
dan placer. Comer o dormir pueden ser actividades
el abismo. Por ello dice Bataille que el erotismo es una
muy gratificantes y placenteras, pero no son necesa-
pulsión inversa a la muerte, no busca el término sino
riamente actos del erotismo; además no todo contacto
la pausa, no busca el sexo como una acción evacua-
sexual se convierte en una experiencia erótica.
toria que tiene que satisfacerse, sino una acción que
Entonces ¿qué determina la presencia o ausencia de lo
debe aplazarse y mantenerse. En otras palabras,
erótico? ¿Cómo se manifiesta y qué relación establece
diremos que el término del acto sexual es represen-
con el placer y el deseo?
tado como la muerte y lo que difiere o alimenta el acto
Primero debemos entender que en nuestro mundo
es lo erótico. Por ello Bataille dice:“la actividad sexual
hay dos tipos de actos: los eróticos y los privados de
de los hombres no es necesariamente erótica. Sólo lo
erotismo, más allá de que estos últimos brinden o no
es cuando no es rudimentaria, cuando no es simple-
placer. Las acciones eróticas están cargadas de sexua-
mente animal.”
lidad, es decir, de deseo y de placer; las no eróticas, si
1
Si el principio del erotismo es la angustia, su fin es
bien pueden transmitir estas dos pasiones, no están
el placer físico (también el placer espiritual se vive de
dominadas por el componente sexual. La diferencia
36
fundante se da en el hecho de que las actividades Facundo Lerga
eróticas hacen un uso particular del deseo y del placer,
una utilización substancial que los ennoblece y los
diano, sobre el tiempo del trabajo común. Denuncian la
pone como fin en sí mismos; el placer y el deseo se
continuidad aceptada, el orden dado de las cosas, los
recargan de sexualidad. En cambio, en las acciones no
establecimientos que se pretenden inamovibles. A la
eróticas, la ausencia de sexualidad se refiere al some-
vez, las acciones del erotismo se construyen como una
timiento del placer y el deseo a otras funciones que no
puerta de salida, como paso a la discontinuidad de la
las hace primordiales. Es decir, en el erotismo, el placer
vida a partir de este juego de acariciar a la muerte, de
y el deseo buscan sostenerse a través del tiempo, se
este periplo que va y viene entre el ser y la nada. Estas
alimentan mutuamente para no desaparecer, pues la
acciones nos elevan por sobre los límites de nosotros
desaparición, de acuerdo a la percepción que hiciera
mismos, nos desfiguran, rasgan nuestra individualidad
Bataille, es representación de muerte; ambos no
esclavizada y nos unen con los otros y con lo Otro.
se aniquilan, sino que colaboran mutuamente para
Ahora pensemos específicamente cómo funcionan
mantener la sensualidad, pues un erotismo que deja
el deseo y el placer en un acto erótico como el hecho
de provocar deseo y placer no es erotismo. Entonces la
literario. Frente a la obra de arte se produce en el
sexualidad debe ser entendida como un proceso plena-
hombre una interiorización del deseo. El deseo es la
mente humano que no agota el deseo ni el placer: es lo
presencia de algo buscado, algo faltante, algo que
que les da fuerza y también lo que de ellos resulta. Por el
debe estar en nosotros. El objeto de la obra literaria
contrario, en las prácticas no eróticas hay una función
es huidizo, no se deja asir, subsiste al tiempo y a los
que comienza y termina, que no busca sobreponerse
hombres; ello da la garantía de que siempre habrá algo
a la temporalidad sino cumplirse; el deseo y el placer
que perseguir. El significado profundo y final es lo que
duran y se acaban de acuerdo a los avatares superiores
sitia nuestro deseo, es su objeto. Es una sombra que,
de una misión no sexual. Los actos cotidianos que
según se nos ha dicho, persiste en todo evento artís-
han cumplido su círculo de vida y olvidamos son los
tico. Si bien podemos decir que nos hemos acercado
mejores ejemplos de los procesos no eróticos.
a ese espectro, que el significado de tal cuento, del tal
Los actos del erotismo llevan un componente reve-
poema es éste o aquél, nunca será el significado último
lador sobre nuestra vida. Por contraste, se vuelven
sino apenas un sortilegio para seguir inquiriendo en
sobre la lógica iterativa y vacía de los actos de lo coti-
las formas artísticas. El deseo de que se mantenga el deseo es el fundamento del arte. El placer, como se dijo, no se extingue. Proviene del deseo, pues éste lo inaugura. Hay satisfacción en él. El espíritu se deleita. El imperativo erótico es mantener el deseo para que subsista el placer, pues vencido el deseo, el placer se desvanece. Pero también el placer aviva las llamas del deseo, por ejemplo, una novela que extasía hará de su lector un prisionero del ardor de la lectura; sin embargo, una vez agotada la obra, el placer y el deseo no se agotan, sobreviven. Si pensamos, entonces, en la relación deseo–placer diremos que es simbiótica. Dijimos que el erotismo tiene su fin en lo corporal, que todo hecho erótico se instala en el cuerpo. Más precisamente, en todo proceso erótico está la intención de instalar el placer a través del deseo. Pero esta pasión de ninguna manera, en el erotismo, se da de
© Enrique Soto. Rijkmuseum, Ámsterdam.
La metamorfosis del erotismo
37
© Enrique Soto. Lot y su hija, Albrecht Altdorfer, Kunsthistorisches Museum, Viena, 2008.
forma fugaz y breve, sino que pretende ser duradera,
tica. Pues, como toda acción, del erotismo recrea un
sostenida y única. Esa es la diferencia fundamental
momento de intimidad propia, irreductible, en la que
entre otras afecciones placenteras que puede expe-
cada uno se entrega al rito de la fragilidad y vulnera-
rimentar nuestro cuerpo, y las propiamente eróticas.
bilidad de sí mismo en una ceremonia que funda el
“Enamoramientos”, “cosquilleos”, “goces”, “deslumbra-
encuentro con el otro. Hay que cederse a una desnudez
mientos”, “sacudimientos”, “temblores”, “orgasmos”,
de espíritu sobre la base de una comunión liberadora
“perturbación”, pueden servirnos como expresiones de la
pero no excesiva. Esto último tiene que ver con otro
presencia del placer.
matiz destacable del erotismo.
Sabemos que nuestro cuerpo es finito, que está
Elena Bossi en su artículo “El erotismo en el arte”
condenado a la desaparición. El placer del erotismo
agrega un elemento primordial en la construcción
viene a enmendar esta amenaza. Infringe el fatal
del deseo y el placer. Ella nos habla de una moral en el
designio a través del establecimiento de una emoción
erotismo. No basta que el objeto pueda ser susceptible
infinita, una emoción inolvidable que no rompe las
de efecto erótico y nos arrastre al placer, sino también
barreras de la muerte, sino que camina sobre sus
se precisa un dominio razonado de ese placer. Ella dice:
lindes. Esto está quizás más claro en las obras de arte: si algún poema logra instalar en nosotros el deseo
Contrariamente a lo que suele pensarse, el erotismo
erótico, jamás lo olvidaremos, volveremos a él cada
surge de la inteligencia, la voluntad, lo que ejerce
vez que un sentimiento particular nos asalte y desper-
un control de la mente sobre el cuerpo, y no al revés.
tará aquella presencia de placer. Esto tiene que ver
Mario, el maestro de Emmanuel, que desarrolla toda
con el hecho de que el erotismo quiere dejar huellas
su teoría acerca del erotismo en el capítulo “La ley”, no
en nuestros cuerpos y nuestras sensaciones, porque
desmiente esta afirmación. Cuando Emmanuel define
frente al erotismo no se puede ser indiferente: lo es en
el erotismo como un culto del placer de los sentidos
tanto lo es sentido.
liberados de la moral, Mario expresa su contrariedad:
La obra de arte y el sujeto de deseo tienden a propi-
–No es un culto, sino una victoria de la razón sobre
ciar un rito, un gesto de unión. Uno debe ser a través
el mito. No es un movimiento de los sentidos, sino
del hecho de arte, es decir, ser por y para la obra artís-
un ejercicio del espíritu. No es el exceso del placer
38
sino el placer del exceso. No es una licencia sino una Facundo Lerga
regla. Y es una moral.2
Pero debe entenderse a este ejercicio de dominio
esto es aquel cuento de Julio Cortázar, “Continuidad
del placer como doble: por un lado el acto erótico debe
de los parques”, donde el desvío origina la elimina-
sostener una retórica que redistribuya y soporte de
ción de los espacios entre la ficción y la realidad. El
manera discontinua el placer y por el otro lado, el sujeto
pacto erótico entre el personaje y la novela que lee se
de placer no debe dejarse arrastrar por el “exceso”
da en pocas líneas:
y apurar el término. Hay un compromiso doble, un “pacto de lectura” fundacional que debe respetarse a
Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las
favor de la construcción del acto erótico. Un hombre,
imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca
por ejemplo, que adelanta la película o salta a la última
lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi
página de una novela para ver la escena final, está fuera
perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo
del erotismo.
rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba
En este sentido, podemos establecer un paralelo
cómodamente en el terciopelo de alto respaldo, que
entre esta concepción moral del erotismo y la noción de
los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más
seducción que nos acerca Herman Parret. El pensador
allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer
empieza a elaborar el sentido de seducción desde
bajo los árboles.4
la etimología latina del término: seducir proviene de se–ducere que significa “llevar a un costado”, “apartar
Lentamente las sensaciones de la narración y la
a alguien del camino”, “desviar secretamente”. La
sala de lectura se van entrecruzando. Es el personaje
seducción es enigmática pues en el fondo está la
quien permite la fusión de su universo real y el nove-
idea de que esta desviación es para decir un secreto.
lado; siente placer por “irse desgajando línea a línea”,
La seducción sitúa como esencial la promesa de un
este personaje–lector se va volviendo texto a través del
secreto velado, de la promesa de decir algo prohibido.
goce. Y de esa forma, en la culminación del relato, ese
Pero hay una imposición en el seductor, un imperativo
personaje se va a convertir en víctima de la trama que
moral que lo hace callar; dice Parret:
ha ido leyendo. De la misma manera que aquel juego de muñecas
El seductor está obligado por el compromiso a guardar
rusas donde una más grande contiene a otra más
el secreto: y el deseo puesto así en escena por el
chica, el lector de este cuento, el otro el de afuera, si se
seductor es un deseo a propósito del deseo del otro.
3
El seductor está forzado a no dar la respuesta al enigma, sino a silenciarla y mantenerla en la retórica de la postergación. A la vez podemos entender que también el seducido es el que se deja desviar, el que se deja llevar al margen. Seductor y seducido inician un juego dialéctico donde media el deseo de ambos, la ruptura de este pacto descubre el enigma o lo banaliza. Entonces el objeto de deseo es deseable en tanto el seductor lo mantiene en las sombras y el seducido se deja desviar. Cuando decimos que una novela nos atrapa, que una pintura nos fascina o una canción nos emociona, no estamos más que exponiéndonos como cómplices de tal novela o partícipes de tal pintura o canción. En esos instantes somos absorbidos, desviados
© Enrique Soto. François Boucher, Museo de Bellas Artes, Angers, 2004.
hacia el secreto. Somos como la dama que se deja ilusionar por las palabras del Don Juan. Metáfora de
La metamorfosis del erotismo
39
ha propiciado el convertirse en sujeto de seducción, va
y está persuadido de que sus dedos se asientan en esos /
permitiendo que también la comodidad de su entorno
vaya entrando por la puerta de la ficcionalidad, al igual
y tiene miedo de que, oprimidos, no le venga lividez /
que el personaje. Y de esta forma este efecto de montaje
miembros por ellos tocados,
a sus miembros.5
se va volviendo cautivador y laberíntico. En resumen, si el arte es erótico, lo es en la medida
Frente a la obra, las pasiones del personaje se
en que se logra un comprometido “pacto de lectura”,
mueven, se perturban, provocan un movimiento del
entre el hecho de arte y quien desea ser sujeto de
espíritu y del cuerpo. Hay un ir y venir en esta enumera-
pasión. Uno seduce, el otro se deja “desviar”. De esta
ción de acciones realizadas por Pigmalión que delatan
forma, en este movimiento que sostiene el placer a
esta efusión de pasiones: “admira”, “apura”, “allega”,
través del deseo, la obra de arte y el sujeto deseante
“besa”, “cree“, ”sostiene”; verbos en presente que
van bordeando los abismos de la muerte y rozando los
tienden a establecer no sólo la vivacidad de los actos,
profundos sentidos de la vida. Por este movimiento
sino también la simultaneidad de éstos.
pendular entre el ser y la nada, y esta búsqueda de un
El otro Pigmalión es el final, el que no se agita. Es
placer que pretende darse como imperecedero, la
el héroe que se casa, del cual no sabemos nada más.
acción artística no es un acto deserotizado, sino único,
Es el personaje que ya no vive en el erotismo, es el que
profundo y sexual.
muere y cierra el mito.
Ahora retomemos la vieja historia que nos contara
También hay dos amadas. La primera, la de marfil,
Ovidio. En el mito hay dos Pigmaliones. El primer
es una mujer potencial, la que es en tanto puede ser.
Pigmalión es el que está bajo los influjos de la eroti-
Ella provoca el deseo y cautiva, no sólo a su creador
zación, es el sujeto que desea. Éste es el que vive
sino también a nosotros lectores; es, en todo caso,
con placer la espera del objeto deseado, la mujer real
el objeto central del mito. La otra amada es, como el
que sólo puede imaginar. Este Pigmalión es el que
último Pigmalión, la concluyente, la que ya no puede
más detalla Ovidio: el que sufre, el que espera, el de
provocar placer erótico porque ya no es potencial. Es
la mirada perdida en el deseo y en la expectación. En
el punto final.
Las metamorfosis se describe esta situación de la siguiente manera: Entre tanto, níveo, con arte felizmente milagroso, esculpió un marfil, y una forma le dio /
con la que ninguna mujer
nacer puede, y de su obra concibió él amor. De una virgen verdadera es su faz, a la que vivir creerías, y si no lo impidiera el respeto, que quería moverse:
250
el arte hasta tal punto escondido queda en el arte suyo. /
Admira y apura
en su pecho Pigmalión del simulado cuerpo unos fuegos. Muchas veces las manos a su obra allega, /
tanteando ellas si sea
cuerpo o aquello marfil, y todavía que marfil /
es no confiesa.
255
Los labios le besa, y que se le devuelve cree y le habla /
40
y la sostiene Facundo Lerga
© Enrique Soto. Pelirroja, también llamado El Aseo, Henri de Toulouse-Lautrec, Museo de Orsay, París, 2003.
Afrodita destruye al erotismo. Es una paradoja
Allí, en la materialidad se produce el desvío, la
que la diosa del amor suprima el eros. Su intromisión
insurrección contra el tiempo y el destino fatal, descu-
acaba con el Pigmalión del placer. No es raro que un
brimos que hay algo que sí puede jugar con esta
dios no entienda las pasiones de los hombres, pues
muerte que nos espera, que en estos placeres del arte
ningún dios está atado al temor por la muerte. Pero,
y en ciertas erotizaciones de la vida cotidiana subsis-
por otro lado, podría pensarse que la responsabilidad
timos y despertamos no sólo a otras verdades, sino a
de la metamorfosis (mujer erótica a mujer cotidiana)
nosotros mismos.
es por causa del propio Pigmalión. Es él quien le solicita a la diosa culminar con la expectación; el héroe del mito rompe el pacto del erotismo y su instrumento es el deus ex machina. Entonces se produce un pasaje de la obra de arte a la desaparición, de la eternidad al tiempo condenado, de la vida a la muerte. El personaje es llevado al exceso,6 a la posesión absoluta de la amada. No se da cuenta de que la amada más erótica es aquella a la que se desea, no la que se tiene. Rompe el pacto fundador del erotismo y se convierte en “dueño”, en marido. Esta última condición es la menos erotizante, pues para desear no se debe poseer, sino que lo deseado debe faltar; la falta crea expectativa. Incluso para nosotros, lectores, esta mujer real es menos cautivadora, sabemos que no la inviste aquella aura de potencialidad, de poder ser, mágicamente, aquello que nosotros deseamos. El marfil tallado hablaba más que la carne.
n o t a s Bataille, G. La felicidad, el erotismo y la literatura. Adriana Hidalgo Editora. Buenos Aires (2004), 339. 2 Bossi, E. “El erotismo en el arte”. Tomado de http://www.archivo-semiotica. com.ar/ElErotismoBossi.html 3 Parret, H. Las pasiones: un ensayo sobre la puesta en discurso de la subjetividad. Editorial Buenos Aires (1995), 115. 4 Cortázar, J. Cuentos completos/1. Alfaguara. Buenos Aires (2000), 291. 5 Publio Ovido Nasón: “Pigmalión” en Las metamorfosis. Traducción de Ana Pérez Vega. Tomado de http://www.cervantesvirtual.com/servlet/Sirv eObras/12257292019032617210213/index.htm 6 Habría otro caso de exceso en la historia del arte. Cuenta alguna anécdota que al terminar El Moisés, Miguel Ángel, preso de la impresión que le causaba la vivacidad de su obra, gritó “Parla!” (¡Habla!) y dio un martillazo sobre el muslo de profeta. Esto nos puede hacer pensar que el exceso funciona como una fuerza negativa que puede “destruir” la obra, es decir, el erotismo. 7 Barthes, R. El placer del texto y La lección inaugural. Siglo xxi. Buenos Aires, 14. 1
Toda creación artística propende al erotismo. En mayor o menor medida éstas logran instaurar el deseo y el placer plenos. Muchas alcanzan el sueño del hombre, la eternidad y otras sucumben al olvido. Esto va a depender de qué manejo de la retórica de la seducción haga cada una de ellas, es decir, qué nivel de moral erótica movilice la obra artística y qué grado de compromiso para la erotización manipule el sujeto de deseo. De acuerdo a lo que se ha venido describiendo, podemos afirmar que no es necesario que, para ser erótica, la obra de arte hable de lo sexual, sino que lo provoque. Es decir, lo erótico no estaría en lo temático (en lo que digo), sino en lo enunciativo, en lo dicho y percibido (en cómo lo digo). Al respecto dice Barthes: El texto que usted me escribe debe probarme que me
Bi b li o g r a f í a Barthes, R. El placer del texto y La lección inaugural. Siglo xxi. Buenos Aires (2001). Bataille, G. Historia del Ojo. Ed. Colección Reino Imaginario. México (1994). Bataille, G. El Erotismo. Ed. Tusquets, España (1988). Bataille, G. Las lágrimas de Eros. Ed. Tusquets, España (1997). Bataille, G. La felicidad, el erotismo y la literatura. Adriana Hidalgo Editora. Buenos Aires (2004). Bossi, E. http://www.archivo-semiotica.com.ar/ElErotismoBossi.html Cortázar, J. Cuentos completos/1. Alfaguara. Buenos Aires (2000). Lacan, J. El Seminario La Ética del Psicoanálisis. Ed. Piadós. México (1955). Parret, H. Las pasiones: Ensayo sobre la puesta en discurso de la subjetividad. Editorial Buenos Aires (1995). Parret, H. De la semiótica a la estética: enunciación, sensaciones, pasiones. Editorial Buenos Aires (1995). Soler, C. “El cuerpo en la enseñanza de Jacques Lacan”, En: aa.vv. Estudios de sicosomática. Barcelona. Siglo xxi, (1996) 93-113.
desea. Esa prueba existe: es la escritura. La escritura de esto: la ciencia de los goces del lenguaje: su kamasutra (de esta ciencia no hay más que un tratado:
Facundo Lerga Universidad Nacional de Jujuy, Argentina. facundolerga@gmail.com
la escritura misma).7 La metamorfosis del erotismo
41
Š Enrique Soto. Museo Rafael Larco Herrera, Lima, 2008.
Casasco G. La pasión de Eros. Elementos 75 (2009) 43-47
w w w.elementos.buap.mx
de
La pasión Eros Guillermina Casasco En un escrito anterior sobre el erotismo1 decíamos que si la naturaleza condena al hombre a ser un eslabón en la cadena de las especies, la cultura lo condena a ser un “ser humano”. Estar condenado a ser “humano” es aceptar las restricciones culturales que impiden al hombre la realización de su dimensión animal. El último eslabón de la cadena de las especies queda preso de la cultura. Al ser “tomado” por ella el sujeto humano es desviado del instinto. Tal desvío lo encamina al erotismo. El sujeto se constituye sobre la pérdida de naturaleza, pérdida fundamental que determina su fragilidad; su debilidad contrasta con la fuerza irresistible de su destino biológico. Y a diferencia del animal, el hombre tiene conciencia de la muerte. Condenado a morir a causa de la misma naturaleza que le ha dado la vida, el hombre sólo encuentra consuelo en las redes de la cultura que lo restringe. La conciencia de muerte y el desvío de las pulsiones –desvío que conduce al terreno de la seducción– nos acercan al conocimiento del erotismo. “Eros es, ante todo, el dios trágico” 2
En una reflexión nuestra a propósito de los museos, decíamos que más allá de la taxonomía que puede establecerse en función de los objetos que se muestran y de la época que representan, los museos –por muy contemporáneos que sean– exponen el carácter temporal de cualquier manifestación de la existencia humana. Elementos 75, 20 09, pp. 4 3 - 47
43
Los museos pueden considerarse lugares de lectura de la conciencia de muerte. Tal vez sea la conciencia de muerte lo que motiva a guardar los vestigios de vida, a exponer sus ruinas, paradójicamente, para preservarlas. La muerte del otro –representada en los objetos que lo recuerdan– y la conciencia de la muerte propia forman parte de la vivencia del paso por los museos.3 Quisiéramos compartir nuestra experiencia del recorrido por las salas de arte erótico preincaico del museo Larco Herrera (Lima), después de haber conocido las catacumbas de San Francisco. Estrechos pasadizos conducen al escalofriante encuentro con un osario colectivo de la época virreinal: la muerte sin velos. Luego siguió la muerte re–velada
Es difícil percibir [...] la unidad de la muerte o de la conciencia de muerte, y del erotismo. Inicialmente, el deseo incontenible [...] no puede oponerse a la vida,
© Enrique Soto. Museo Rafael Larco Herrera, Lima, 2008.
que es su resultado; el acontecer erótico representa, incluso, la cima de la vida cuya mayor fuerza e inten-
restricción mayor: no hay luz, tampoco sombras, sólo
sidad se revelan en el instante en que dos seres se
oscuridad en ese mundo subterráneo, invisible.
atraen, se acoplan y se perpetúan.
4
Pero el lugar en sí mismo es plenamente significativo. Puede recrearse figuradamente el sitio interno,
Es conmovedor el encuentro con el erotismo anun-
maternal, íntimo y oscuro, que las cobijaba. Allí situado
ciado al ingreso de las salas correspondientes del
el observador puede tomar distancia del impacto pura-
Museo Larco que expone cientos de vasijas preincaicas,
mente visual de tan importante despliegue de órganos
pertenecientes en su mayoría a la cultura moche.
sexuales magnificados y de cuerpos entrelazados. Las
Un dato de su hallazgo acrecienta el impacto visual
aberturas vaginales, excesivas en relación al tamaño
de color y formas: la mayoría de las piezas fueron descu-
del cuerpo femenino, ofrecen el interior vacío a la
biertas en tumbas, destinadas como ofrendas fúnebres.
mirada. Cuerpo hueco. Sea cual fuese la lectura de esta
La pregunta sobre el lazo que une al erotismo con la
imagen –un nido vaciado o la ilustración del enigma
muerte es inmediata. Para nuestra experiencia fue un
femenino–, asistimos sin duda, al encuentro del sexo
dato sensible saber que las vasijas que teníamos a la
con la muerte.
vista fueron creadas para habitar en el mundo subte-
Detrás de los vidrios, las cerámicas reflejan los
rráneo y convivir entre los muertos a los que honraron
enigmas existenciales que la cultura traslada a las
hasta su descubrimiento.
manos del artista que los modela.
Las piezas hoy expuestas en vitrinas muy ilumi-
La historia del pensamiento, de sus mitologías y
nadas, –pensemos– fueron retiradas del lugar al que
religiones, de sus verdades y ficciones, puede leerse
pertenecían. Hay que hacer un enorme esfuerzo de
en las amorosas ofrendas de los vivos a los muertos.
imaginación –imposible en realidad– para colocarnos
En la conciencia de muerte se proyecta la idea dolorosa
en el punto de vista del destinatario honrado. Aunque
de la pérdida del objeto amado. Retenido en la tumba,
eso hubiera sido posible nos encontramos ante una
él continúa recibiendo ofrendas. La muerte no acaba
44
con el amor. Por el contrario, la historia y la literatura Guillermina Casasco
enseñan que son complementarios.
El tema de la pérdida es uno de los grandes temas
verdad del ser –llamada también falta en ser o “sujeto
de la literatura y del arte. El artista ha reflejado en las
dividido”– revela la presencia de la muerte. Si lo visible
formas bellas, desde siempre, la añoranza del hombre
vela y a la vez revela lo invisible, la falta en ser –la unidad
del bien perdido.
perdida– vela y a la vez revela lo imperdible: la muerte.
“También amándonos conoceremos el dolor” 5
“Toda nuestra vida está cargada de muerte” 6
“Melancolía” es uno de los nombres con los que se
La creencia Moche en la continuidad de los placeres del
designa lo perdido, en particular la tristeza y el ánimo
amor en la vida sepulcral, explica el carácter espiritual
sombrío que se apoderan del sujeto que ha sido privado
–religioso– de su arte erótico. Tal vez semejante glori-
del objeto de su amor.
ficación de la sexualidad respondía a la intuición –que
Si la melancolía se vincula con la pérdida, también
la observación y la ciencia demostrarían después– del
puede vincularse con el nacimiento de la subjetividad.
principio creador del sexo cuya función trasciende la
El origen dramático del sujeto, designado ”trauma del
temporalidad del cuerpo asegurando la continuidad de
nacimiento”, puede figurarse doblemente apelando a
la vida más allá de la muerte individual.
los sentidos del significante “parto”. Nacer es un modo
Igual principio creador debió guiar las manos que
de partir “partido”. El nacimiento divide; la unidad de la
modelaron las vasijas (wacu) alrededor del vacío conti-
vida intrauterina será, para siempre, perdida.
nente. Creación sagrada: el término vasija en quechua
El arte se modela en y con el sentimiento de la
es relativo a Waca, el dios de la casa. Imaginemos las
falta que provoca lo perdido. En las historias de amor,
manos del ceramista, escultor de cuerpos gozosos
por ejemplo, la falta se manifiesta en la figura de la
vivos, moribundos o muertos, dando forma al misterio,
distancia, la imposibilidad o la muerte de los amantes.
enmascarando lo Real.
Por eso la tristeza es el afecto privilegiado por los
El cuerpo, lugar significativo de placer y de vida
poetas para la manifestación de la belleza. “La belleza
constituye un objeto de valor fundamental: la creación
en su desarrollo supremo induce a las lágrimas” dice
de la vida y su continuidad dependen de él. Hasta hoy, el
en, Filosofía de la composición E. A. Poe, para quien la
arte religioso y el profano no han dejado de honrarlo.
melancolía es “el más idóneo de los tonos poéticos”.
Decíamos, a propósito de los museos, que parecen
Por su parte, Freud establece una equivalencia
templos. La presencia sensible de un mundo “otro”,
entre la melancolía y el duelo. Ambos confluyen en
ajeno al de la vida cotidiana, se manifiesta en el
dos puntos, dice: la pérdida irremediable del objeto
lenguaje corporal del visitante: entra discretamente,
amado y la dificultad de sobrellevar dicha pérdida.
habla en voz baja, se mueve con sigilo. La percepción
Tanto en Duelo y melancolía, como en Lo perecedero,
de la contingencia y la fragilidad del cuerpo propio
traducido también como La transitoriedad, el creador
estremecen al observador enfrentado a una de las
del psicoanálisis pone en relación el goce estético, la
manifestaciones más conmovedoras de la relación
poesía y el duelo.
vida–muerte: Eros y Tánatos.
Los datos precedentes permiten comprobar el
Sexo y muerte se manifiestan en objetos cultu-
acuerdo interdiscursivo sobre la presencia de la pérdida
rales, especialmente en la creación artística. El arte
en la experiencia misma de goce estético; goce que
alivia y expresa la angustiosa fragilidad del hombre
reúne a la muerte y al amor.
frente al enigma de la muerte.
La “verdad del ser” es horrorosa, dice J. Lacan,
Si todo museo enfrenta al observador con su
“porque lo verdadero no es demasiado bonito de ver [...]
pasado y su destino, especialmente en las salas de arte
lo bello es, si no su esplendor, al menos su cobertura” Lo
erótico del Larco, se camina –tambaleante– sobre el
bello, repitámoslo, obtura una verdad horrorosa: la falta
piso de la conciencia de muerte.
en ser constitutiva del sujeto. La belleza es un recurso imaginario, una pantalla que cubre el vacío del ser. La
L a p a si ó n d e Er o s
45
Sexo y muerte han sido asociados desde siempre por las culturas más antiguas, diversas y distantes:
“Me quemo para no ver el sitio vacío de tu cuerpo” 7
Oriente, Grecia, Roma, Perú... Las aberturas de los cuerpos femeninos –volviendo
En su obra, Jacques Lacan aborda el vínculo de lo feme-
al museo Larco Herrera– reciben al miembro viril
nino con la creación. El principio creador se manifiesta
que las obtura. Hombres y mujeres plasmados en el
en el arte.
momento de la procreación. No sólo del acoplamiento
La enigmática muerte se acompaña de la enigmá-
sino también del placer asociado al encuentro de los
tica feminidad; en el útero –tumba (madre tierra donde
cuerpos. Cuerpos que gozan y al mismo tiempo –nos
la vida creada retorna)– y en el arte, lugar generador de
interesa acentuarlo en función de nuestro recorrido–
creación que contiene el vacío.
sufren, se manifiestan débiles, enfermos o muertos. El goce del cuerpo y la insistencia del deseo insatisfecho se manifiestan en la búsqueda de placer a través del encuentro con el propio cuerpo, con el del otro o de los otros.
Atravesado por la vida y la muerte, el cuerpo es uno de los lugares privilegiados por el arte para manifestar las preguntas por la existencia. Con las respuestas que no llegan se abre la perspectiva del significante imperfecto, que no alcanza a
La profusa galería de cuerpos y objetos enlazados en variadas modalidades de relación sexual expresa la búsqueda y el instante del encuentro con el placer.
consumar el sentido. Desde los lienzos y las vitrinas la creación revela el vacío mismo que cubre. Bataille enseña que lo propio de la muerte y del erotismo es que se ocultan en el instante mismo en que se revelan.8 A nivel de la palabra el vacío oculto se revela en el sentido que falta (en la ausencia del significante que complete el sentido). Enseguida veremos cómo se revela en el cuerpo. Los mitos sobre el cuerpo que la historia del pensamiento registra, particularmente los del cuerpo femenino, cobran consistencia en el arte. Pintados sobre el blanco del lienzo, modelados a partir del hueco alrededor del cual cobran volumen, contados o cantados; en fin, son variados los lenguajes que expresan el vacío abierto alrededor de lo real del sexo y de la muerte. Y abierto, también, alrededor de los ideales que arropan el cuerpo. “Te desvisto como quien pela una fruta” 9
El cuerpo es lugar de conformación del deseo, de invitación, de convite. El misterio se viste. El cuerpo vestido invita a desear. La invitación a desear se vincula con el enigma que el cuerpo vestido sugiere. Cuerpo erotizado, velado. © Enrique Soto. Museo Rafael Larco Herrera, Lima, 2008.
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Enigma y deseo se complementan. El cuerpo femenino es paradigmático, figura erótica por excelencia.
Guillermina Casasco
Arropado o no, los pliegues –pliegues que velan el sexo
© Enrique Soto. Museo Rafael Larco Herrera, Lima, 2008.
del género femenino o pliegues de tela que revisten el
madre amamantando a su niño. El cuerpo de la mujer,
cuerpo– seducen, generan el deseo.
velado por la función de la maternidad, enseña el fruto
El velo permite imaginar las líneas del cuerpo
parido o cosechado, salido del vientre; del mismo
oculto. Sobre el blanco del lienzo el pintor cubre el
vientre que en la vitrina anterior hallamos vacío, con su
cuerpo, que no hay, con tela o con piel. La imagen
abertura expuesta a la recepción del don. Don de la vida
plástica es erótica, acentúa la sensualidad del cuerpo
–de creación– simbolizado en el miembro erecto.
precisamente al ocultarlo. La función del velo es
La amorosa figura de la madre y el niño modelada
complementaria de la función imaginaria: lo ocultado,
en una vasija arrancada del vientre de una tumba, repre-
lo prohibido, “ilumina lo que prohíbe”. Lo oculto tras
senta un eslabón de la dolorosa y gozosa cadena de
los velos se revela a la imaginación.
pasiones. Metaforiza la generación, la creación. En fin,
Lo imaginario, dice J.A. Miller, es “el lugar donde hay
el erotismo que es la representación estética (el velo)
la presencia, en lo que se puede ver, de algo que no se
del padecimiento –de la pasión– que poseen al sujeto
puede ver”. Esta definición explica la función de velo que
humano, a su pesar.
cumple la imagen: la presencia de la imagen –pantalla visible– revela la existencia de lo invisible que cubre. El velo, entonces, “convierte la nada en ser”, concluye Miller. El velo ilumina la nada, agregamos nosotros mientras recordamos un proverbio chino que cita R. Barthes en Fragmentos de un discurso amoroso: “El lugar más sombrío está siempre bajo la lámpara.” Pensamos otra vez en las salas de arte erótico que acompañaron nuestra búsqueda del erotismo en las oscuras tumbas del preincaico peruano. Lo hallamos habitando junto con la muerte, en la oscuridad. Como en las cuevas de Lascaut, también oscuras, donde G.
n o t a s Eros, Publicación Conjunta de la Universidad Nacional de Jujuy, Argentina, (2003). 2 Bataille, G. Las lágrimas de Eros, Editorial Tusquets, Barcelona, (1997) 86. 3 La Colección, Publicación Conjunta, Ediciones El copista, Córdoba, Argentina, (2008). 4 Bataille, G. Ídem., 52. 5 Poema de Abelardo Sánchez León, inscripto en el “Parque del amor”, Lima. 6 Bataille, G. Ídem., 87. 7 Poema de Washington Delgado, inscripto en el “Parque del Amor”, Lima. 8 Ídem., 70. 9 Poema de Jorge Díaz Herrera, inscripto en el “Parque del amor”, Lima. 1
Bataille encuentra el “sentido de la seducción y de la pasión”. Para finalizar compartamos una última imagen del Museo Larco Herrera: una de las figuras donde la vida,
Guillermina Casasco Universidad Nacional de Jujuy, Universidad Católica de Santiago del Estero, Argentina. guillerminalike@gmail.com
la muerte y el sexo se reúnen en una condensación ilustrativa del drama que acompaña al erotismo, es la de la
L a p a si ó n d e Er o s
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Š Enrique Soto. De la serie Vitrinas, 2009.
Paracelso. Textos seleccionados. Elementos 75 (2009) 49-51
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P a r a c e l s o: Textos seleccionados
Hombre y mujer
Dios no quiere que hombre y mujer sean como un árbol en el que siempre crece el mismo fruto... Tampoco quiere que cada hombre sea un multiplicador de su estirpe, sino que ha dotado a algunos de semillas y a otros no, a todos de distinta manera. Dios ha dejado al hombre el libre albedrío de reproducir su especie; puede engendrar un hijo a su voluntad, transmitir su semilla o no hacerlo. Ha hundido profundamente la semilla, en toda su realidad y esencia, en la fantasía del hombre... Si el hombre tiene la voluntad, surge en su fantasía el deseo, y el deseo engendra la semilla... Sin embargo, él no puede prenderlo en sí mismo, sino que es atizado por un objeto. Cuando un hombre ve a una mujer, ella es el objeto, y solo depende de él retenerlo o no... Dios ha dado al hombre la razón para que supiera lo que significa el deseo. Él sólo tiene que decidir si cede o no a él, si lo deja actuar o no, si sigue su entendimiento o no. Porque Dios ha confiado por eso la semilla a la consideración del hombre, porque implica de la misma manera tanto el entendimiento como el objeto que inflama su fantasía. Elementos 75, 20 09, pp. 49 - 51
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Instinto y amor
Igual que hay amor entre las bestias, que se aparean pareja por pareja, hembra y macho, así también entre los hombres existe tal amor de naturaleza animal, y es una herencia el animal. De esta herencia no podemos conseguir otra cosa que ganancia, utilidad y amor animal; y este amor es perecedero, inconsistente, y solo sirve para la razón y las aspiraciones del hombre dominado por los instintos. No conoce objetivos más altos. Es él que convoca que los hombres sean amables u hostiles, buenos o malos entre sí, igual que los animales son rencorosos e iracundos, envidiosos y hostiles entre sí. Igual que los sapos y las serpientes se comportan siempre conforme a su naturaleza, así también los hombres. Y como se odian el perro y el gato, así también los países se enfrentan entre sí. Todo esto proviene de la esencia animal. Cuando los perros se ladran, se muerden, ello es por envidia, por codicia, porque cada uno quiere tenerlo todo para sí quiere © Enrique Soto. De la serie Vitrinas, Brujas, 2003.
comérselo todo él y no dejar nada para el otro; esta es la manera de las bestias. En esto el hombre es hijo de los
Pero no todo esto ocurre solo cuando él lo quiere;
perros. También él carga con envidia e infidelidad, con
de lo contrario no hay semilla en él... Con la mujer no
un carácter ardiente, y el uno no conoce de nada al otro.
ocurre de distinta manera. Cuando ve un hombre,
Como los perros se muerden por una perra, así también
significa para ella el objeto, y su imaginación empieza a
la rivalidad humana es de naturaleza canina. Porque
girar en torno a él. Esto lo hace ella con la capacidad que
tal modo de actuar se halla también en los animales, y
Dios le ha dado... Está en su mano sentir deseo o no.
como en ellos, así es en los hombres.
Si cede a él, brotará en ella la semilla; si no lo hace, no
Cuando se unan un hombre y una mujer que se
habrá en ella semilla ni placer. Así que Dios ha confiado
pertenecen y han sido creados el uno para el otro, no
la semilla a la libre decisión del hombre, y la decisión
habrá adulterio, porque en su estructura forman una
depende por entero de su voluntad. Puede hacer lo que
esencia que no puede romperse.
quiera. Y como existe esta libre decisión, es de ambos,
Pero si estos no se unen, no habrá amor resistente,
del hombre y de la mujer. Como determinen por su
sino que ondeará como la caña al viento. Cuando un
voluntad, así ocurrirá. Así es el nacimiento de la semilla.
hombre galantea con muchas mujeres, es que no tiene
Como el hombre procede del Gran Mundo y está
una auténtica esposa que le complete, igual que la mujer
indisolublemente unido a él, así la mujer ha sido creada
que galantea con otros hombres no tiene tampoco el
del hombre, y tampoco puede abandonarle. Porque si
hombre adecuado. Pero Dios creó a cada hombre con
nuestra señora Eva hubiera sido formada de otro modo
su instinto para que no tenga por qué ser adúltero. Por
que del cuerpo del hombre, nunca hubiera surgido de
eso para aquellos que están hechos uno para el otro
los dos el deseo. Pero como son una misma carne y una
reza el mandamiento de preservar el matrimonio como
misma sangre, de ello se desprende que no se puedan
si se pertenecieran. Porque hay dos matrimonios: aquel
separar el uno del otro.
que Dios ha dispuesto, y aquel que el hombre se dispone
50
a sí mismo. Los primeros se atienen voluntariamente al Paracelso
mandamiento, los otros no; se ven forzados por él.
quisieras que obraran contigo... ¿Para qué pues dictar normas sobre costumbres, virtudes, castidad y similares? Nadie más que Dios puede dar mandamientos permanentes e irrevocables. Porque las leyes humanas han de adaptarse a las necesidades de los tiempos y ser revocadas consecuentemente, y se puedan poner otras en su lugar. Hombre, mujer, mundo
El hombre es el Pequeño Mundo, la mujer en cambio... el Mundo Mínimo, y es por tanto distinta del hombre. Tiene otra anatomía, otra teoría, otras claves y causas, © Enrique Soto. De la serie Maniquíes,Madrid, 2002.
otras escalas y preocupaciones... Porque el mundo es y fue la primera criatura, el hombre la segunda y la mujer
Sobre el matrimonio
la tercera. Así también el Cosmos es el Mundo Máximo, el mundo del hombre y el segundo en magnitud y el
La castidad otorga un corazón puro y la capacidad de
de la mujer el Mínimo y más pequeño. Y cada uno de
aprender las cosas de Dios. Dios mismo, que ordenó
ellos tiene su propia “Filosofía” y “Arte”: el Cosmos, el
hacerlo así, dio a los hombres la castidad. Pero si uno no
hombre y la mujer. En el mundo, como en el hombre y en
puede ser dueño de sí mismo es mejor que no esté solo.
la mujer, roe el diente del tiempo, y en su fugacidad las
Imaginemos que solo hubiera cien hombres, pero
tres criaturas poseen a pesar de su diferencia la misma
mil mujeres en el mundo, y que cada mujer quisiera
Filosofía, Astronomía y teoría. También lo que produce
un hombre y no quisiera privarse del suyo. Pero solo
es perecedero, y en eso no se diferencian. Pero la forma
hay cien hombres, y solo cien mujeres resultarán tan
trata de otra forma y modo, también resulta de ello otra
pesadas a los hombres que de ello naciera el adul-
configuración... Aunque estos tres dominios están
terio... ¿No sería mejor dar a un hombre diez mujeres
separados entre sí, están soportados por el mismo
como esposas y no solo una, con lo que las otras nueve
espíritu... porque este los comprende en sí a todos.
se convertirían en rameras? Porque Dios ha mandado observar el matrimonio, pero no le ha puesto cifra, ni alta ni baja; Él ha ordenado: ¡respetarás el matrimonio y no lo quebrantarás! Pero ocurre que Dios ha creado desde siempre muchas más mujeres que hombres, y hace que la muerte se dé más fácilmente entre los hombres que entre las mujeres y siempre hace que sobrevivan las mujeres y no los hombres. Por eso sería razonable que en el matrimonio no tres hombres tuvieran una mujer, pero sí tres mujeres un hombre, para que no se abriera puerta alguna a la prostitución. Y si hay tal exceso de mujeres ordénese dentro del matrimonio, para hacer así justicia al sentido del mandato divino... Si no se hace con una mujer, hágase con dos, mientras lo requiere el
© Enrique Soto. De la serie Vitrinas, Brujas, 2003
exceso. Y esto se puede hacer de manera justa, y no en disputa partidaria; sino obrando con los demás como
Paracelso: Textos selecionados
51
ツゥ Enrique Soto. De la serie Vitrinas, テ[sterdam, 2004.
Soto Vega E. Influenza, ¿por qué algunos mueren? Elementos 75 (2009) 53-60
w w w.elementos.buap.mx
Influenza ,
¿por qué algunos mueren? Elena Soto Vega Recientemente, nos hemos visto sorprendidos con la aparición de nuevas enfermedades causadas por virus que comúnmente no afectaban al hombre. Tal es el caso del virus de la influenza h5n1 causante de la gripe en aves, o el del virus h1n1 asociado
con gripe en puercos. La capacidad del virus de la influenza para usar como reservorios animales, donde el genoma viral lleva a cabo rearreglos que le permiten reinfectar humanos a intervalos irregulares, hace que este virus se encuentre en la mira como el causante de la siguiente gran pandemia potencialmente asociada con una alta morbilidad y eventualmente millones de muertes. El término “influenza” existe desde la época medieval, y se utilizaba para distinguir un grupo de enfermedades diferentes, las cuales se creía eran originadas por la influencia de los astros; el término “gripe”, que deriva del francés, suele usarse como sinónimo. Aunque existe controversia entre autores, podría ser que la primera descripción histórica de la influenza datara del año 1485, cuando Enrique Tudor derrotó a Ricardo iii en la Batalla de Bosworth Field; al regresar a Londres el ejér-
cito vencedor fue atacado por una gripe que causó la muerte de cientos de soldados, por lo que la ceremonia de coronación tuvo que cancelarse momentáneamente. Los soldados enfermos presentaron fiebre alta, cefalea, dolor articular y sudor maloliente, este último probablemente relacionado con la escasa higiene que tenían, por lo que se le conoció como sudor anglicus o transpiración inglesa. Algunos autores proponen que esta gripa no fue causada por un influenzavirus, sino más bien por un hantavirus.1,2 Elementos 75, 20 09, pp. 5 3 - 60
53
Las infecciones por influenza son estacionales
Influenzavirus a, Influenzavirus b, Influenzavirus c,
(invierno), y la Organización Mundial de la Salud (oms)
Isavirus, Thogotovirus. Los principales brotes de influenza
ha detectado que las epidemias por este virus son
en los humanos se relacionan con el género a y b, siendo
cíclicas, presentándose con una frecuencia de uno
una infección más severa la causada por el tipo a.
a tres años. El riesgo de una pandemia asociada a la
Los virus de la influenza humana tipo a son virus
influenza se debe a la capacidad del virus para mutar
esféricos envueltos en una membrana lipídica con un
y combinarse con otras cepas del virus al infectar la
diámetro de 80 a 120 nm; en su superficie se proyectan
misma célula. La pandemia de gripe más grave que
glicoproteínas antigénicas como la hemaglutinina (ha)
se ha registrado es la de 1918, conocida como gripe
y la neuroaminidasa (na). Su genoma es una molé-
española, la cual causó alrededor de 50 millones de
cula de ácido ribonucleico (rna) negativo. El genoma
muertes; en el año 2005 Taunbenberger y colabora-
se encuentra segmentado en ocho fragmentos de
dores anunciaron que finalmente tenían la secuencia
890 a 2,341 nucleótidos, y cada segmento codifica
completa del virus causante de la gripe española, y que
para una proteína funcional diferente (Tabla 1); en
se trataba del virus de influenza a h1n1.
conjunto los ocho segmentos conforman una ribo-
3
El riesgo de que los virus h5n1 y h1n1 –que son virus que normalmente infectan a otras especies y ocasionalmente a humanos– comiencen a transmitirse eficazmente debido a combinaciones virales entre humanos y causen una nueva pandemia cuyas consecuencias no pueden predecirse está latente; además, debido a las condiciones actuales de concentración de individuos en las ciudades, cambios ecológicos, climáticos y el rápido desplazamiento de personas a través de las fronteras, se hace muy difícil poder conocer el comportamiento de las nuevas epidemias. Las pandemias pueden ocurrir en otras estaciones del año infectando a toda la población, incluidos jóvenes sanos, y las muertes no sólo se asocian con adultos mayores e infantes. Los virus son partículas no vivas que requieren de un organismo hospedero para poder replicarse; en la
nucleoproteína (rnp).4 Proteína
Función
Proteína polimerasa b1 (pb1) Proteína polimerasa b2 (pb2) Proteína polimerasa a (pa) Hemaglutinina (ha) Proteína de la nucleocápside (np) Neuraminidasa (na) Proteína Matriz (m1, m2) Proteínas no estructurales (ns1, ns2)
Polimerasa Polimerasa Polimerasa Receptor de unión a la células blanco y antígeno de relevancia inmunológica Enzima lítica que participa en la penetración del virus a la células, liberándo lo del ácido siálico, antígeno inmunológicamente relevante Construye la matriz y m2 canal iónico Regulación de la síntesis viral
tabla 1.- En esta tabla se muestra cada uno de los segmentos que componen el genoma del virus de la influenza a y su función.
mayoría de las ocasiones, cuando infectan una nueva especie, la especie infectada no continúa con la cadena
Se ha establecido un sistema internacional de
de transmisión. Sin embargo, en los virus rna, la gran
nomenclatura para el virus de la influenza que establece
capacidad de variación que surge al replicar su genoma
el siguiente orden para nombrar al virus: en primer lugar
facilita que los nuevos virus generados adquieran los
se debe de mencionar el tipo de virus (a, b o c), la especie
cambios genéticos necesarios para facilitar su trans-
hospedera (generalmente tratándose de infecciones
misión en la nueva especie.
en humanos se omite la especie), el sitio geográfico del aislamiento, el número de cepa, el año de aislamiento y, por último, las variaciones de los antígenos ha y na. Para
El virus
el caso específico del antígeno ha existen 16 subgrupos El virus de la influenza pertenece a la familia de los
(h1-h16), en tanto que para el antígeno na hay nueve
Orthomyxoviridae, la cual se divide en diferentes géneros:
subgrupos (n1-n9). Por ejemplo, el subtipo h5n1 detec-
54
tado en pollos en Hong Kong, en 1997, quedaría como E l e n a
S o t o
V e g a
influenza A/pollo/Hong Kong/220/97 (h5n1) virus.5
Mecanismo de transmisión
La influenza se transmite principalmente de persona a persona mediante gotitas (>5 nm de diámetro). Se ha calculado que 0.1 µl de secreción nasal en forma de aerosol contienen alrededor de 100 partículas virales; la dosis infectiva del virus de influenza en el humano es de alrededor de 100 a 1000 partículas virales. Las partículas no permanecen suspendidas en el aire, por lo que es necesario el contacto cercano. La transmisión también puede ocurrir a través del contacto directo piel a piel o contacto indirecto con secreciones a través de superficies contaminadas. El virus de la influenza es un virus fácil de inactivar
© Enrique Soto. De la serie Maniquíes,Puebla, 2005.
mediante desinfectantes a base de alcohol, cloro o aldehídos, así como de temperatura: en unos cuantos
la molécula viral m2. Con la acidificación del medio, la
segundos a 70˚C se inactiva.
partícula viral sufre cambios conformacionales que alteran su membrana permitiendo la liberación del
Replicación viral en el huésped
genoma viral al citoplasma celular. El rna viral será transportado al núcleo de la célula de manera depen-
Una vez que el virus ha logrado entrar al hospedero, el
diente de energía (atp) y una vez en el núcleo será
virus es capaz de penetrar la capa de mucina del tracto
trascrito y traducido por las enzimas y ribosomas de
respiratorio y llega a su blanco principal, las células del
las célula huésped, produciéndose cientos de partí-
epitelio columnar del tracto respiratorio; para que el
culas virales nuevas.
virus penetre es necesario que el virus y la membrana
El rna mensajero de las proteínas sintetizadas
celular se pongan en contacto, y esto se logra mediante
normalmente por las células del huésped tiene una
la unión del antígeno viral ha el cual se une a una galac-
cola de poli–adeninas en el extremo 5´, la cual lo
tosa presente en el ácido siálico de la célula hospedera.
protege de ser degradado. La molécula ns1 del virus
El ácido siálico es una molécula altamente conser-
inhibe el transporte nuclear de aquellas moléculas
vada entre algunas especies, pero diferente entre
con cola de poliadeninas, de esta manera se da prio-
el ave y el humano, por lo que el virus de la influenza
ridad al transporte y síntesis de las moléculas virales;
aviar debe presentar una alta taza de mutaciones en
además, algunos autores sugieren que esta molécula
el sitio de unión al ácido siálico humano para lograr
participa en la inhibición de la respuesta del interferón
cruzar la barrera interespecie; los cerdos coexpresan
(ifn) por las células infectadas, inhibiendo la respuesta
los polimorfismos del ácido siálico de las aves y de los
inmune. La molécula ns2 participa en el transporte de
humanos, por lo que una coinfección en los cerdos con
las moléculas virales recién sintetizadas acelerando la
los virus de influenza humana y aviar puede originar
producción viral.6
un nuevo virus con un rearreglo genético que permite coinfectar ambas especies.
Debido a que el genoma viral está segmentado en ocho fragmentos separados, se incrementan las
Una vez que se han creado las interacciones
posibilidades de recombinación por intercambio de
entre el antígeno ha viral y el ácido siálico de la célula
segmentos en aquellas células que se encuentran
huésped, el virus es endocitado. La vesícula endocítica
infectadas con dos virus de influenza diferentes: es lo
se va acidificando en su camino al interior de la célula
que se conoce como cambio antigénico, y contribuye a
por la entrada de protones (h ); en este proceso de +
bombeo de h+ hacia el interior del endosoma participa
Influenza, ¿por qué algunos mueren?
55
© Enrique Soto. Nomás mirando, de la serie Vitrinas, Ciudad de México, ca. 1980.
virus; estos sistemas son la inmunidad innata y la inmunidad adaptativa. En primer lugar el virus se encontrará con barreras físicas, mecánicas y químicas que forman parte de la inmunidad innata. El tracto respiratorio está cubierto por una capa muco–ciliar, por lo que las partículas extrañas son atrapadas en el moco del tracto respiratorio alto y acarreadas por la garganta hasta llegar al estómago donde son destruidas por efectos del ph. Aquellas partículas que logran alcanzar el tracto respiratorio bajo son eliminadas hacia el exterior mediante la acción ciliar; el moco presente en el sistema respiratorio, además, contiene enzimas como colagenasa, hialuronidasa y tripsina. La inmunopatología se refiere crear nuevas cepas de virus capaces de infectar espe-
a la enfermedad o síntomas causados por el sistema
cies nuevas y cuya capacidad infectiva desconocemos.
inmune cuando realiza su trabajo de protección contra
Los virus rna como el de la influenza se caracterizan
el virus de la influenza; esta “enfermedad” es causada
por el hecho de que al replicar su genoma cometen
por la liberación de citocinas, cambios a nivel endo-
muchos errores, introduciendo mutaciones puntuales
crino y sanguíneo locales, así como la limpieza que
que no pueden ser corregidas ya que la rna polime-
deben llevar a cabo las células del sistema inmune del
rasa no tiene esta capacidad. La virulencia del virus de
sitio de inflamación.
la influenza depende de la compatibilidad de la neuro-
Una vez que el virus de la influenza ha llegado a los
aminidasa con la hemaglutinina. Un virus virulento que
alvéolos, donde ya no hay moco o movimiento ciliar,
ha tenido mutaciones, por ejemplo en la hemaglutinina,
debe ser destruido por células que forman parte de la
necesita mutaciones compensatorias en la neuroami-
inmunidad innata como son los macrófagos, o bien, las
nidasa para mantener su virulencia.
células dendríticas; estas células fagocitarán al virus y lo destruirán por efecto del ph de sus vesículas, así como por el efecto de productos derivados del oxígeno
Inmunopatología
(anión super óxido, peróxido de hidrógeno, radicales La mayoría de los conocimientos que tenemos actual-
hidroxi, óxido nítrico).
mente sobre el virus de influenza a h5n1 o h1n1 han
Si el virus logra evadir esta serie de barreras de
sido obtenidos a partir de modelos animales como
defensa se unirá a las células, donde llevará a cabo la
ratas y ratones, o bien, de autopsias realizadas a los
replicación. El virus de la influenza tiene tropismo por
individuos que murieron por esta infección. Se han
las células del epitelio columnar del tracto respiratorio,
realizado exudados nasales de los pacientes con
aunque en algunos estudios realizados en cadáveres
influenza que nos permiten conocer las sustancias y
de individuos que fueron infectados por el virus h5n1
células presentes en este fluido.
se encontró, mediante inmunohistoquímica, focos de
Los virus difieren del resto de los agentes infec-
infección en otros órganos como el intestino, el cerebro
ciosos debido a que son mucho más pequeños,
y el endotelio del miocardio; la autopsia realizada a una
carecen de paredes celulares, no presentan actividad
mujer embarazada mostró la presencia del virus en las
metabólica y para replicarse necesitan de una célula
células de Hofbauer (macrófagos fetales).7
huésped. El cuerpo humano cuenta con sistemas de
Las células que forman parte de la inmunidad
protección que le permiten identificar y eliminar a los
innata son activadas por la presencia de moléculas
56
de rna viral, el cual es detectado mediante los recepE l e n a
S o t o
V e g a
tores Toll Like (tlr). Estos receptores tienen un papel
fundamental en el inicio de la respuesta inmune; se
células huésped y se libere ifn a/b como señal de alerta
caracterizan por reconocer patrones moleculares
y activación del sistema inmune.9
conservados en los microorganismos; para el caso específico de la influenza participa el tlr8.
8
Es común que la liberación de citocinas proinflamatorias durante la infección de influenza produzca una hiperreactividad del sistema bronquial y obstruc-
Citocinas
ción de las vías aéreas y, por tanto, una disminución en la capacidad de difusión de gases, por lo que se desa-
La liberación de citocinas se produce de manera auto-
rrolla un proceso inflamatorio en el tracto respiratorio
crina o paracrina en el sitio infectado. Las células
tanto superior como inferior con una pérdida de células
hospederas infectadas producen rápidamente una
ciliadas, además de áreas hiperémicas o hemorrá-
señal de alerta al sistema inmune liberando citocinas
gicas en las membranas hialinas. Durante este proceso
y quimiocinas cuya finalidad es atraer diferentes
inflamatorio llegan al sitio de la infección, por efecto
células efectoras de la respuesta inmune como
quimiotáctico, mayor número de neutrófilos y células
células plasmocitoides, células dendríticas, neutró-
mononucleares; este infiltrado celular tiene como fina-
filos, monocitos. Esta producción de citocinas a
lidad la destrucción del virus y de las células infectadas,
nivel pulmonar produce un acúmulo de macrófagos y
por lo que al activarse liberan al medio el contenido de
linfocitos en el pulmón. Analizando exudados naso-
sus gránulos, incrementando la concentración de cito-
faríngeos de pacientes infectados con influenza se
cinas y quimiocinas, así como de factores preformados
ha determinado que entre las citocinas más impor-
que incrementan la permeabilidad vascular, producen
tantes liberadas se encuentran il-1, tnf-α, il-6 ifn,
vasodilatación o, en algunos casos, vasoconstricción.
il-8, la proteína inflamatoria de los macrófagos (mip-1)
Generalmente estas respuestas son muy contro-
así como proteínas de fase aguda. La síntesis de
ladas, pero si se mantienen por periodos prolongados
proteínas de fase aguda es iniciada en el hígado por la
conducen a un proceso inflamatorio crónico que se
presencia de il-6, glucocorticoides y catecolaminas.
asocia con daño en el tejido y dificulta la recuperación
Se realizaron autopsias de individuos que murieron por
del individuo.10
infección por el virus h5n1 y en el pulmón se encontró un gran infiltrado de macrófagos.
Es común que la influenza se asocie con infecciones bacterianas, lo que incrementa la morbomortalidad
La il-1 participa en la elevación de la tempera-
sobre todo en niños y adultos mayores. Esta sobreinfec-
tura corporal y se ha propuesto que esta citocina llega
ción bacteriana es causada debido al daño que causa el
al sistema nervioso central a una área denominada
virus de la influenza y a la respuesta inmune en el epitelio
Organum vasculosum laminae terminalis, e induce
columnar, disminuyéndose el movimiento ciliar, por lo
de manera local la producción de prostaglandinas,
que se incrementa la adherencia bacteriana.
en especial de prostaglandina e2.8 En el caso de la
La activación de la respuesta inmune innata tiene
influenza se ha determinado que también algunas partí-
como finalidad limitar la carga y replicación viral, así como
culas virales actúan como agentes pirógenos per se,
dar las señales de activación de la respuesta inmunoló-
como es el caso de la ha y na.
gica adaptativa. Las respuestas innata y adaptativa no
Una infección viral en cualquier célula induce la
se pueden ver como dos respuestas independientes
liberación de ifn, para proteger a las células contiguas
ya que son necesarias tanto la liberación de citocinas
de la infección, así como para inhibir la replicación
por parte de ambas partes para mantener la respuesta
viral. El virus de la influenza cuenta con mecanismos
y evitar la muerte por apoptosis de las células partici-
que contrarrestan la liberación de ifn; por ejemplo, los
pantes en la batalla contra el virus, como la presencia
estudios Fernandez-Sesma y colaboradores muestran
de moléculas coestimuladoras en la superficie de las
que la proteína ns1 viral actúa como antagonista de la
células presentadoras de antígenos para que los linfo-
respuesta del ifn a/b, ya que funciona como un secuestrador del rna viral para evitar que sea detectado por las
Influenza, ¿por qué algunos mueren?
57
citos pertenecientes a la inmunidad adaptativa sean
participa la inmunidad humoral. La segunda es un poco
activados. El sistema inmune adaptativo no es de acti-
más compleja ya que para que el virus sea reconocido
vación inmediata ya que requiere de algunos días; la
por los linfocitos t es necesario que sea fagocitado y
finalidad de la inmunidad adaptativa es eliminar el virus
digerido por las células presentadoras de antígenos
y generar una respuesta de memoria contra futuras
(macrófagos, células dendríticas); el virus es desinte-
infecciones por el mismo virus para poderlo detectar
grado en el interior de estas células hasta formar ciertos
y eliminar más rápidamente. La inmunidad adaptativa
péptidos que se unen a las moléculas del complejo
contra el virus está compuesta por dos subsistemas:
principal de histocompatibilidad (mhc) las cuales los
la inmunidad humoral (células b) y la respuesta celular
llevarán a la superficie celular donde serán recono-
(citotóxica, células t).
cidos por el linfocito t, específico para esos péptidos,
En algunas infecciones virales se ha observado que
y se activará una respuesta citotóxica que eliminará las
la memoria inmunológica puede reaccionar contra virus
células infectadas por el virus; en esta respuesta parti-
que tienen antígenos similares (es lo que se conoce
cipa la inmunidad celular.
como reacción cruzada), pero para el caso del virus de la influenza estas respuestas de reacción cruzada son
Inmunidad celular
muy poco frecuentes entre subtipos del virus. En general podemos decir que la inmunidad adap-
La inmunidad celular está mediada por los linfocitos
tativa reconoce al virus de dos formas distintas: la
t, los cuales han sido clasificado en dos grupos de
primera ocurre antes de que los anticuerpos produ-
acuerdo a sus receptores de superficie: cd8+ o linfo-
cidos por las células b lleguen a las células diana, y
citos citotóxicos, y cd4+ o cooperadores, los cuales se
consiste en que éstos se fijan sobre las proteínas de
diferencian a su vez en th1 y th2, de acuerdo a las cito-
superficie del virus, como la ha, produciendo la neutra-
cinas que liberan al medio. Ante el virus de la influenza
lización del virus, además de dejarlo marcado para el
se liberan citocinas inflamatorias, es decir, th1.
proceso de opsonización; en este primer mecanismo
Para ser activados, los linfocitos t requieren reconocer al antígeno extraño acomodado dentro de las moléculas del mhc, ya que de otra manera estas células no se activarán; este fenómeno es conocido como presentación antigénica y se lleva a cabo de la siguiente manera: las células dendríticas presentes en las vías aéreas adquieren los antígenos virales mediante fagocitosis, maduran y migran del pulmón hacia los ganglios linfáticos, donde activarán a los linfocitos t vírgenes específicos contra estos antígenos. Para
poder activar a los linfocitos, la célula dendrítica digiere mediante enzimas al virus, convirtiéndolo en péptidos pequeños los cuales, en el interior de estas células, se unirán a las moléculas del complejo principal de histocompatibilidad y serán presentados como moléculas de superficie a los linfocitos t que las reconocerán a través de su receptor. Después de ser estimulados, los linfocitos t se activan, proliferan y migran de los ganglios linfáticos a los pulmones para poder destruir a las células infectadas.
© Enrique Soto. De la serie Maniquíes, Atenas, 2008.
58
Durante la infección de influenza se activan células E l e n a
S o t o
V e g a
t cd4+ y cd8+. Los linfocitos cd4+ cooperadores
producen citocinas y la estimulación necesaria para
enfermedad más severa entre los humanos, su capa-
que los linfocitos B produzcan eficientemente anti-
cidad de transmisión entre humanos no es tan alta
cuerpos. Los linfocitos CD8+ citotóxicos participan en
como la del h1n1, además de que se encuentra parcial-
la destrucción del virus y de las células infectadas.
mente restringido a infecciones en Asia, mientras que
11,12
el h1n1 ya infectó a individuos de los cinco continentes Inmunidad humoral
dos meses después del primer brote.
Las células b tienen la capacidad de reconocer al
h5n1 y el h1n1 es debida a que el virus h5n1 induce
antígeno en su forma nativa y sin la necesidad de ser
mayor concentración de citocinas inflamatorias a nivel
presentado por el complejo principal de histocom-
local, por lo que la respuesta inflamatoria es mayor a
patibilidad. Durante una infección por influenza se
nivel de los alvéolos y los bronquios.
La diferencia entre la enfermedad producida por el
producen anticuerpos contra los componentes virales
Durante una infección por influenza los síntomas
ha, na. Estos anticuerpos son detectados en la sangre
y datos clínicos son causados en gran parte por la
de los pacientes dos semanas después de la infección.
respuesta inmune contra el virus, la cual comienza
Los anticuerpos (ab) anti-ha tienen la función de
en el momento en que el virus penetra a una célula
neutralizar al virus impidiendo la unión del ha al ácido
epitelial y ésta produce ifn como señal de alarma. El
siálico. Además, estos ab neutralizantes aceleran
ifn liberado activa a las células de la inmunidad innata
el proceso de fagocitosis del virus. Los anticuerpos
las cuales se encargan de controlar la infección y
anti-na, reducen la eficiencia de liberación del virus
producen señales para activar a la inmunidad adap-
de las células infectadas, ya que el papel de la na es la
tativa, misma que destruye tanto al virus como a las
liberación de las partículas virales del ácido siálico.
células infectadas. En esta destrucción del virus se
13
Las vacunas antiinfluenza tienen como finalidad la
rompe la homeostasis local por efecto de citocinas y
producción de anticuerpos neutralizantes contra ha,
quimiocinas encargadas de producir vasodilatación
pero debido a la alta tasa de mutaciones presentes en
para la salida de los leucocitos del torrente sanguíneo,
esta molécula sólo son específicos contra la cepa viral
desarrollándose un proceso inflamatorio que conlleva
para la cual fueron producidos. Pensando en desa-
a la producción de un exudado rico en células inmu-
rrollar una vacuna contra la influenza que no deba
nológicas y restos de células muertas. Este exudado
aplicarse cada año, se han probado los antígenos no
ocupa el espacio del aire, comprometiendo la capa-
variables del virus de la influenza, como es el caso de
cidad de oxigenación del individuo.
las proteínas np, m1 y ns1; de esta forma se confiere
Si la infección no se controla rápidamente o se
inmunidad contra todos los serotipos de influenza a. El
continúa con la destrucción de células infectadas,
gran inconveniente es que los anticuerpos formados
puede perderse la fina regulación de las citocinas infla-
por la vacuna no encontrarán a los antígenos corres-
matorias y de las quimiocinas encargadas de controlar
pondientes al encontrarse estos en el interior de los
la infección, desarrollándose una enfermedad respira-
virus, por lo que estas vacunas deben pensarse desde
toria aguda, o bien, una neumonía.
el punto de vista de la activación de la inmunidad
Existen factores que predisponen a los indivi-
celular, específicamente por la vía de las células t cd8,
duos a una enfermedad; en esta pandemia causada
que despiertan una respuesta citolítica.
por el virus h1n1 se demostró que el 70 por ciento de
14
los pacientes hospitalizados presentaban alguna Conclusiones
de las siguientes patologías asociadas a la infección por influenza: diabetes, asma, obesidad, problemas
El 11 de junio de 2009 la Organización Mundial de
cardiacos o algún padecimiento que los tuviera inmu-
la Salud declaró la primera pandemia del siglo xxi
nocomprometidos.15
causada por el virus h1n1, el virus responsable de la gripe española. Aun cuando el virus h5n1 produce una
Influenza, ¿por qué algunos mueren?
59
© Enrique Soto. De la serie Vitrinas, Viena, 2008.
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60
E l e n a
S o t o
V e g a
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Road
Ashwell A. The road. Cormac McCarthy. Elementos 75 (2009) 61-64
The
w w w.elementos.buap.mx
Cormac McCar thy
Anamaría As hwell
La referencia más inmediata cuando se lee The Road1 es Faulkner, pero MacCarthy narra esta inmensa historia, sobre un padre y su hijo en un escenario ecológico y humano final, con frugal flujo de palabras, a partir de concentradas imágenes y mínimos diálogos. Yo terminé el libro de comienzo a fin, en una noche. Los diálogos avanzan con musicalidad y como en los grandes poemas, ninguna palabra está de más. Ninguna explila carretera Cormac McCarthy
Random House Mondadori, Barcelona, 2007.
cación, ninguna frase divaga o se cruza, o entorpece el crucial movimiento de un hijo y su padre en un tiempo que pareciera ya consumado. Cuando llegué a las últimas líneas: “...algo que no puede ser restituido. No puede ser corregido... en el profundo valle vivieron todas las cosas que fueron más antiguas que el hombre zumbando su misterio” la luz del amanecer había entrado por mi ventana anunciando otra cálida mañana en los últimos días de verano en el altiplano poblano. Solo entonces pude respirar. McCarthy tiene un tono tranquilo y desesperado; su manera de narrar tiene también desdén por las puntuaciones gramaticales, las comas o los punto y coma; las apostillas, quizás porque funcionan como artilugios y ocultan la resonancia trágica de una sola palabra, una mínima palabra. Elementos 75, 2009, pp.61 - 64
61
desconocido para el público en general. Saul Bellow fue instrumental en salvarlo de la pobreza cuando sus libros no se vendieron; por su recomendación, en 1981 McCarthy recibió la prestigiosa beca MacArthur Fellowship que dedicó a investigar y redactar la novela que muchos reconocen como su obra maestra: Blood Meridian, y esa beca le acercó también hacia su sitio natural: entre la comunidad de científicos, matemáticos, biólogos, y físicos más prestigiados y galardonados en el mundo. Hasta el día de hoy McCarthy asiste a su oficina, con su máquina de escribir Olivetti Lettera 32 portátil a cuestas, en el Santa Fe Institute, en Nuevo México, donde ha sido admitido como miembro entre investigadores en física, matemáticas y biología; participa como lector y comentarista no sólo en reuniones © Enrique Soto. De la serie Maniquíes, Estambul, 2008.
formales del Instituto sino como lector de los “papers” que los científicos someterán a publicaciones espe-
The Road trasluce, además, que su autor es un gran lector (McCarthy lee y habla, además, el español):
cializadas sobre temas diversos. Su presencia allí es la de un “artista en residencia”, honrado, valorado, casi reverenciado por sus colegas científicos. “Me gusta la
La cruda realidad es que los libros están hechos de
compañía de personas interesantes y las que asisten a
libros. La vitalidad de una novela depende de los
este Instituto son las más inteligentes, las más intere-
que han sido anteriormente escritos... de los buenos
santes en el planeta”, ha dicho:
escritores... Melville, Dostoyevsky, Faulkner... Serena comprender cómo se llevan a cabo investi-
Cormac es en gaélico el equivalente a Charles o
gaciones de fenómenos físicos. Le vuelve a uno más
Carlos. El nombre se lo dieron sus tías irlandesas.
responsable al pensar. Uno va ganando menos tole-
Él nació en 1933 en Rhode Island, pero creció en las
rancia por las cosas que se piensan o desarrollan
afueras de Knoxville, Tennessee, y nunca terminó una
sin rigurosidad.
carrera universitaria: “Desde muy temprano supe que no iba a convertirme en un ciudadano respetable. Odié
The Road se leería solo superficialmente si el lector
la escuela desde el primer día que pisé un aula”, contó
antes no asumió consciente lecturas que describen el
en una de las raras entrevistas que concedió (a Richard
ecocidio del planeta por nuestra manera de habitarlo:
Woodward, en 1992, para el New York Times, y en 2005
MacCarthy tiene reverencia por lo silvestre y sus histo-
para Vanity Fair) dejando siempre en claro, cortés-
rias obligan a mirar de frente al hombre, que mediante
mente, que todo lo que tiene que decir está en sus libros.
la técnica, y en el proceso evolutivo, logró ocultar pero
Quien fuera el editor de Faulkner en la editorial Random
no atemperar su naturaleza predatoria. McCarthy no
House, Albert Erskine, fue el primero que editó sus cinco
escribe sobre sexo, ni relaciones amorosas, ni sobre
novelas a partir de 1965. Varios escritores reconocieron
asuntos cotidianos, y si Hollywood (No Country for
inmediatamente la belleza de su obra y en una reseña
Old Men ha sido llevado a la pantalla por los hermanos
en el New Yorker, Robert Coles resumió lo que otros
Cohen; Riddley Scott se propone filmar Blood Meri-
pensaron: McCarthy era un escritor “destinado” a la
dian) ha descubierto en sus novelas guiones, el cine
incomprensión, escribió, y a permanecer relativamente
ha sabido solo explotar la exploración del mal y la
62
violencia que son las acciones centrales en la vida de A n a m a r í a A s h w e l l
sus personajes. Pero McCarthy tiene, como escritor, a
la muerte o el morir como su punto de llegada y partida.
que no quieren saber sobre la teoría de un paleoecolo-
Sus novelas desarrollan personajes –universos casi
gista como Paul Martin, el llamado “padre” de la teoría
enteramente masculinos– en constantes peligros,
de la aniquilación (overkill) en el Pleistoceno que lleva
inmersos siempre en la violencia más extrema porque
décadas investigando en el Sur de Arizona el impacto
él no considera “seria” ninguna literatura o escritor
del hombre en el desierto. Martin ha podido documentar
(mencionó a Proust) que evada el tema de la muerte.
cómo hace más o menos trece mil años se consumó
“La mayoría de las personas hoy nunca ven a alguien
lo que él describe como una “extinción explosiva” de
morir”, ha dicho:
los grandes mamíferos. Para finales del Pleistoceno y el inicio de Holoceno–la siguiente y actual época– casi
Antes, cuando se crecía en familia, se observaba la
40 especies, todas de grandes mamíferos terrestres,
muerte de todos. Morían en su cama, en la casa y
habían desaparecido del continente. Mamuts, algunas
todos los familiares estaban a su alrededor. La muerte
variedades con más de diez toneladas; mastodontes
es central. Para ti, para mí, para todos. Es así. No
que habitaron América del Norte por más de treinta
hablar de eso me resulta muy extraño.
millones de años; caballos, así como múltiples variedades de camellos, venados, armadillos gigantes, osos
Y no hay vida, dijo también, “sin derramar sangre”.
y lobos (entre muchas especies más), todos aniquilados por el hombre ¡en menos de mil años! Para Martin
La idea que la especie ha evolucionado y mejorado de
no hay dudas: los sitios de cultura humana que se desa-
alguna forma, que todos podemos vivir en armonía, es
rrollaron hace 13,325 años en América del Norte fueron
una idea realmente peligrosa. Las personas aquejadas
los perpetradores de esta matanza indiscriminada de
por una noción así son las primeras que renuncian al
más de tres cuartas partes de toda la fauna del Pleis-
alma, a la libertad. El deseo esperanzador de que así
toceno tardío en el continente americano. Primero
sea te esclaviza y tu vida se vuelve vacía.
para alimentarse, y después porque “podían”: el Homo sapiens con sus famosas puntas de piedra clovis inició
Esas personas que McCarthy refiere son las que no quieren enterarse cuando paleontólogos describen,
este genocidio sistemático de todos los grandes mamíferos (Twilight of the Mammoths, 2005).
por ejemplo, en Hawai –o entre Maoríes–, entre los “buenos salvajes” que fueron sus antepasados, cómo
En mi tiempo de vida millones de personas han sido
exterminaron, al poco tiempo de la aparición del Homo
asesinadas en campos de concentración –desde el
sapiens en ambos habitats, la mitad de todas las espe-
Holocausto europeo hasta Dafur– como prueba de lo
cies aviares que allí habían evolucionado. Ni que entre
que es capaz nuestra especie. Mi carrera de 50 años
los Anasazi –pueblos y culturas originarias en el
ha estado concentrada en absorber la pérdida extraordi-
territorio que abarca Texas, Nuevo México, Arizona,
naria de enormes animales... todos fueron exterminados
Chihuahua, Sonora y Coahuila, donde McCarthy ubica
simplemente porque los hombres pudieron hacerlo.
la mayoría de sus novelas– los arqueólogos documen-
(citado en A. Weisman; The World Without Us. 2007)
taron cómo éstos llevaron a cabo una deforestarción tan rápida como irracional incluso al costo de provocar
McCarthy el escritor y Martin el paleontólogo saben
el colapso demográfico y la desaparición de sus
que la habitación humana del planeta ha sido a cada
culturas. Ni que la primera colonización de humanos
paso de su evolución acompañada por la deforesta-
en el continente australiano, hace más de 46 mil años,
ción, la extracción desmedida, la salinización y erosión
implicó la extinción premeditada, ordenada y quirúr-
de suelos, el desperdicio de agua dulce, cacería y
gica, por la acción del hombre, en unos pocos años, de
pescas excesivas, introduciendo flora y fauna nocivas,
la mayoría de los grandes marsupiales del continente
alentando la sobrepoblación y la violencia irracional
(J. Diamond, Colapse: how societies chose to fail or succeed, 2005). McCarthy se refiere a las personas
The Road. Cormac McCarthy
63
© Enrique Soto. Centre Pompidou, París, 2004.
sobre el mundo orgánico e inorgánico que el hombre
que yo”) él no hubiera podido poner en palabras lo que
nunca supo ni quiso compartir, administrar, y menos
en el horizonte se avecinaba.
dejar crecer silvestre. Cuando le preguntaron por la
Escabullendo cuerpos momificados, pilas de huesos
historia casi idílica que cuenta en All the Pretty Horses,
cubiertos de piel chamuscada y negra, mientras pasan,
sobre dos jóvenes cowboys que se adentran en terri-
en silencio, por un paisaje de cenizas, más cenizas, lodo,
torio mexicano, McCarthy contuvo al entrevistador y
agua y nieve, el padre se detiene y le dice al hijo:
suavemente le dijo: “No has llegado al final. Esa parte no es sino un lazo, un engaño para atrapar al lector, para
Cuando tus sueños son de un mundo que nunca fue o
hacerle creer que todo resultara bien al final”.
de algún mundo que nunca será y vuelves a ser feliz
McCarthy es un pensador y escritor de escena-
entonces te habrás rendido. ¿Me entiendes? Y no
rios finales, de situaciones límites que cuando le
puedes rendirte. No dejaré que te rindas.
preguntan por qué escribe lo que escribe responde con la frase críptica de Flannery O’Connor: “Porque soy bueno haciéndolo”.
2
McCarthy, dicen sus amigos, tiene un temperamento aristocrático y sólo se muestra impaciente
Ese es Cormac hablándole a John del mundo que los humanos hemos creado, insistiéndole “quédate cerca”, “no te alejes”, porque para salvarte y amarte, a tí que eres un ángel, tendré yo que ejercer el mal.
con los que celebran los “progresos” del hombre en
The Road es una obra en la cual cada frugal palabra
la modernidad; así también parco –aunque siempre
condensa la condición del hombre en un mundo oscuro
cortés– cuando le preguntan por el “significado” de su
y de su hechura. Atravesado por el mal, MCarthy
obra literaria. Dos hijos: Cullen, que nació de su primer
desviste al hombre, lentamente, suavemente de cual-
matrimonio, y John Francis McCarthy, que nació
quier ocultamiento, ilusión, esperanza y autoengaño.
cuando él tenía 70 años son centrales en su vida, y The Road está dedicado a John. McCarthy explicó que el
26 de abril de 2009
niño es en realidad el coautor de esta obra y que sin su presencia frágil mientras dormía a su lado en un deso-
n o t a s
lado hotel en El Paso (en una entrevista dijo:”John es la mejor persona que conozco; es por lejos mucho mejor
64
A n a m a r í a A s h w e l l
1 2
Existe edición en español: La Carretera, Mondadori, Barcelona (2007). “Because I’m good at it”.
Anamaría Ashwell. email: aashwell@gmail.com