En esta edición Aguilar Olguín Sergio Aguirre Meza Luis Armando Arámbula Mendoza Raúl Ávila García Miguel Ángel Cervantes Rosas Omar Darío Chávez Cárdenas Mario Alberto Delgadillo Grajeda Arnoldo Dozal Valencia Diego Enriquez Regla Miriam Naomi Escalera Pineda Alfonso Farías López Jorge Alejandro Flores Amaranta Franco Juan González Flores Estrella del Carmen Gutiérrez García Eder Josué Gutiérrez García Karla Lizeth Hernández López Carlos Eduardo Hernández Serrano Salma Yeraldy León Govea Miguel Ángel Martínez Martínez Antonio de Jesús Ochoa Sánchez Alexis Ochoa Olivares Tintos Rosa Natalia Pinto Camarillo Alejandra Ramírez Hernández Mario Antonio Ríos García Geovane Alberto Regla Maldonado Alejandra Reyes Juárez Naomi Ramile Rosas Romero Jorge Armando Tejeda del Viento Guillermo Ursúa Medrano Ana Sofía Vargas Pérez Brenda Noemy Velazco Patiño Noé Adriel Vergara Verduzco César Leonel Zamora Torres Ángela Paola Foto de portada: “Mi alrededor” Mónica Jazmín Cortés García
Comité Editorial Dra. Ana Josefina Cuevas Hernández Directora Facultad de Letras y Comunicación
Mtro. Jorge Alejandro Farías López Coordinador del proyecto
Dr. Arnoldo Delgadillo Grajeda Dr. Miguel Ángel León Govea Licda. Perla Alejandra Regla Maldonado Editores
Est. Isol Padilla García Est. Ana Sofía Ursúa Medrano Est. Miriam Naomi Enriquez Regla Alumnas participantes
Las fotografías y los textos incluidos en esta edición son responsabilidad exclusiva de sus autorías y no reflejan necesariamente el punto de vista de la Facultad de Letras y Comunicación ni de la Universidad de Colima. SOMBRALUZ. Revista universitaria de fotografía, cultura visual, investigación-creación y divulgación es una publicación semestral editada por la Facultad de Letras y Comunicación de la Universidad de Colima. Avenida Universidad No. 333, Col. Las Víboras, C.P. 28040. Tel. 31 6 10 85, falcom_digitales@ucol.mx
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Mi alrededor. Mónica Jazmín Cortés García
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Editorial La imagen es tiempo. Como un parpadeo, los instantes marcan nuestro paso por el mundo. Qué importante es entonces guardar la memoria de los días, en especial de aquellos que nos hacen sentir parte de la cultura que nos habita. Por ello es que SombraLuz ofrece su segundo número, con la convicción de que vale la pena preservar lo que sucede ante los ojos y nos concede el don del asombro. Gracias a la generosidad de quienes participan en esta edición, al atender la convocatoria y enviar sus fotografías, la publicación adquiere una dimensión plural por la diversidad de enfoques y unificada por la calidad técnica. Para la edición de noviembre de 2026 presentamos secciones renovadas que dan acceso a la experimentación estética, al ars poética, el ensayo visual, así como a los registros fotoperiodísticos, científicos y al portafolio de obra. Asimismo, abrimos el diafragma para que emanen las palabras que reflexionan acerca del quehacer fotográfico y su comunicación con otras artes. Así, Marco Antonio Vuelvas escribe “Imagen, fotografía, literatura”; Raúl Arámbula comparte su mirada “Entre la ciencia y el asombro”, y en entrevista, el fotógrafo documental Mario Alberto Chávez habla acerca de la génesis de
una idea y su transformación en un proyecto de imagen. Ofrecemos al público lector una revista de fotografía que busca la consolidación de una cultura visual en la entidad, con el impulso de la Universidad de Colima a través de la Facultad de Letras y Comunicación. Agradecemos a quienes han confiado sus imágenes y palabras a estas páginas, así como al equipo editorial que, con sensibilidad y compromiso, hace posible cada entrega. Como una iniciativa pionera en el ámbito de la fotografía en Colima, aspiramos a que SombraLuz trascienda nuestras fronteras y entre en diálogo con las ideas y las experiencias que enriquecen el panorama fotográfico del país. Con el pensamiento dirigido hacia nuestra próxima edición semestral, queremos seguir reuniendo imágenes, voces y experiencias que amplíen las formas de comprender nuestro entorno. Porque cada fotografía guarda algo del tiempo que vivimos y cada nuevo número es una oportunidad para descubrir aquello que todavía no hemos aprendido a mirar. Comité editorial Colima, Colima, México. Octubre de 2026
Contenido
Fotografía artística y 5 experimental
Imagen, fotografía, literatura Marco Antonio Vuelvas Solórzano
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Semblanza de autoría-obra 20 Entre la ciencia y el asombro
Raúl Arámbula Mendoza
Ensayo Visual 22 Santería, orishas y “mucho aché” Antonio Martínez Martínez
Fotoperiodismo 24 La mar, la costa, patas de mula Mario Antonio Ramírez Hernández
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Portafolio fotográfico 33 Fotografía científica 40 FOTOSEPTIEMBRE, entrevista con Mario Alberto Chávez Miguel Ángel León Govea
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Fotografía artística y experimental
Entre luces. Brenda Noemy Vargas Pérez
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Payasadas. Luis Armando Aguirre Meza
Sentir Luis Armando Aguirre Meza
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Antes todo esto era monte. Rosa Natalia Olivares Tintos
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Nubes tatuadas. Rosa Natalia Olivares Tintos
Milagritos. Rosa Natalia Olivares Tintos
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Fotografía artística y experimental
Etérea. Alejandra Pinto Camarillo
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La noche de las ánimas (El aura). Juan Franco
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Imagen, fotografía, literatura
Marco Antonio Vuelvas Solórzano* La fotografía fue uno de los primeros productos de la era industrial con potencial de convertirse en arte. El rechazo inicial de la comunidad artística a la nueva tecnología se convirtió en uno de los medios de expresión valorados y validados por las artes como forma de fijar momentos en imágenes, cuya sensibilidad recae sobre la mirada de quien capta el momento y lo deja fijado en una imagen. Hoy, por ejemplo, no podríamos pensar el cine sin imágenes fijas que resaltan, precisamente, el valor artístico de escenarios, personajes, situaciones y transmisión de sensaciones al espectador. La fotografía es, por mérito propio, un medio de expresión artística consolidado. La foto, como captura de un instante, implica a su vez la mirada del artista, significa aquello que captura bajo la observación atenta, pero también sobre la búsqueda de la belleza espontánea. Así, una serie de imágenes, una secuencia puede capturar una narrativa, contar una historia de manera fragmentaria, por momentos específicos, y no por episodios, como ocurre, por ejemplo, con una videograbación. La foto es igualmente complemento, concreta elementos abstractos, clarifica dudas sobre espacios, personas, situaciones, ayuda a formar un imaginario sobre aquello que las palabras nos cuentan. En la literatura, la imagen como un elemento complementario tiene una larga tradición, desde las ilustraciones de manuales transcritos en las abadías, la escritura pictográfica, hasta el uso de grabados y daguerrotipos para acompañar obras de arte literarias. Es famoso, por ejemplo, la edición del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, ilustrado por Gustave Doré, en el que los grabados e ilustraciones ayudan a formular imágenes sobre episodios sobresalientes de las novelas, como la batalla contra los molinos de viento, el descenso a la cueva de Montecinos o ilustraciones sobre escenas cotidianas del descanso en las posadas de los personajes. Literatura e imagen, literatura y fotografía son aliadas en varios sentidos, ambas cuentan historias, seleccionan elementos, resaltan la belleza de lugares, personajes, momentos, objetos y, al mismo tiempo, invitan a seguir esa historia, llenar los vacíos temporales entre imágenes y entre episodios. *Escritor y docente
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Raíces. Naomi Yamile Reyes Juárez
Ojo de gato. Alexis Ochoa Sánchez
Fotografía artística y experimental
El alimento son las alas. Miguel Ángel León Govea
Lo que la naturaleza esconde Amaranta Flores
La raza mexicana Eder Josué Gutiérrez García
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Barriendo sal Miguel Ángel Ávila García
Bordes y muros Omar Darío Cervantes Rosas
Contactos cercanos Omar Darío Cervantes Rosas
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Fotografía artística y experimental
Lecho de Parota. Alexis Ochoa Sánchez
Falso recuerdo de un lago. Noé Adriel Velazco Patiño
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Pastando ando Rosa Natalia Olivares Tintos
Cómplices Karla Lizeth Gutiérrez García
El Tianguis Ana Sofía Ursúa Medrano
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Fotografía artística y experimental
Estelas de luz bajo la palmera y el volcán de fuego Guillermo Tejeda del Viento
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La noche estrellada desde Montitlán. Raúl Arámbula Mendoza
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Semblanza de autoría-obra
Entre la ciencia y el asombro Raúl Arámbula Mendoza*
Mi acercamiento a la fotografía comenzó alrededor de 2014 como una herramienta para documentar la actividad del Volcán de Colima. Como científico dedicado al estudio de los volcanes, mi interés inicial era registrar sus manifestaciones visibles: explosiones, incandescencia, desgasificación, flujos de lava, etcétera. En esa etapa, la cámara era sobre todo una herramienta que acompañaba mi mirada científica. Con el tiempo, esa mirada documental empezó a evolucionar hacia una búsqueda más artística. La composición, la atmósfera, el paisaje y la luz fueron ganando protagonismo en mis fotografías. El volcán pasó de ser únicamente objeto de estudio a convertirse en el centro de escenas más amplias, en diálogo con el cielo y la naturaleza. Empecé entonces a incorporar estrellas, cometas, rayos, la Luna y otros elementos. Muchas imágenes dejaron de ser fruto del momento y comenzaron a requerir planeación: conocer la posición de los astros, estudiar rutas, explorar ubicaciones, calcular tiempos de traslado. Algunas fotos implican semanas de preparación, horas de camino y noches de espera, sabiendo que, aun así, todo depende de un factor incontrolable: el clima. Pero cuando todo coincide, la atmósfera, la luz, el paisaje y el encuadre, la satisfacción es enorme. Entre las imágenes que más disfruto están precisamente las tomas nocturnas del Volcán de Colima. La Vía Láctea sobre el volcán tiene para mí una fuerza especial, porque permite reunir en una misma escena el poderío de la Tierra y la inmensidad del cielo. Algo similar ocurre con los startrails o trazos de estrellas. Las exposiciones prolongadas revelan un movimiento que el ojo humano no puede percibir. El paisaje parece inmóvil, pero el cielo dibuja el paso del tiempo. Esa capacidad de mostrar lo que el ojo no ve es una de las razones por las que la fotografía nocturna me resulta tan fascinante. Fotografiar cometas también
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me ha llevado a recorrer distintos puntos del estado, buscando cielos despejados y composiciones posibles. Cada salida es distinta y siempre incierta. Pero cuando se logra una imagen, la emoción permanece. En contraste, registrar la actividad volcánica más intensa es una experiencia profundamente impactante. Para el científico hay procesos que comprender; para el fotógrafo, luz, movimiento y textura. Mi esposa suele burlarse de mí, dice que mi trabajo es el volcán y mi hobby también es el volcán, y cuando este se activa, el científico se preocupa, pero el fotógrafo se emociona. Cada imagen es también un recuerdo: el lugar, el clima, la espera, el esfuerzo. Detrás de muchas fotografías hay noches completas, horas de camino, frío, cansancio y hambre. Ha sido un es-
fuerzo exigente, pero profundamente satisfactorio. Con los años, mi interés se ha extendido a otros fenómenos del cielo y la atmósfera, así como el mar, porque la naturaleza siempre ofrece algo impredecible y poderoso. Después de todo este tiempo, fotografiar la naturaleza es ya una parte indispensable de mi vida. No podría imaginar dejar de hacerlo. La naturaleza siempre termina sorprendiéndome y mi trabajo sigue moviéndose en esa frontera entre observar para comprender y observar para transmitir. *Fotógrafo profesional. Director del Centro Universitario de Estudios Vulcanológicos de la Universidad de Colima Conoce su libro Volcán de Colima: Volcán de fuego y luz, en: https://doi.org/10.53897/LI.2024.0013. UCOL
El Volcán de Colima con su Vía Láctea y cometa Raúl Arámbula Mendoza
Semblanza de autoría-obra
Explosión de colores. Raúl Arámbula Mendoza
La danza de Pele. Raúl Arámbula Mendoza
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Ensayo visual
La danza de las deidades. Antonio de Jesús Martínez Martínez
Santería, orishas y “mucho aché” Antonio Martínez Martínez*
La religión afrocubana tiene una fuerza sobrenatural en nuestra actualidad, es casi imposible viajar a Cuba y pasar por desapercibido la cultura, historia, esa fuerte presencia de religión, santería, cultos ifá y tradiciones africanas. Existen cuatro principales religiones: yoruba, congo, abakuá y arará, esto es un pedacito del día a día por esos rincones cargados de tanta fuerza, mitos y creencias sobre los aborígenes y españoles que dan lugar a
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esa inefable e inconmensurable religión afrocubana. Aunque las estadísticas dicen que la población cubana es en su mayoría católica y de sincretismos religiosos, la práctica de la santería y otras religiones está fuertemente arraigada hasta la actualidad, donde la fe en los orishas, que son los santos y deidades africanas, se aprecia en los cultos cotidianos de los cubanos: unas guayabas dejadas en las cua-
tro esquinas del Iroko para que Elegguá abra sus caminos, calabazas ofrendadas en las orillas del río donde vive Ochún, plátanos amontonados debajo de una palmera para que Changó los proteja. Así es la práctica diaria cubana, donde su lema es ¡que todos los santos resuelvan los problemas que no puede resolver nadie más en lo terrenal! *Fotógrafo profesional y docente
Bosque encantado. Antonio de Jesús Martínez Martínez
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Fotoperiodismo
Guerra de polvos. Carlos Eduardo Hernández López
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Chayacate. Arnoldo Delgadillo Grajeda
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Control Cesar Leonel Vergara Verduzco
Fuego en el cuadrilátero Geovane Alberto Ríos García
La voz que sostiene Ángela Paola Zamora Torres
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Fotoperiodismo
Abrazo entre olas. Salma Yeraldy Hernández Serrano
La casa del mar. Miriam Naomi Enriquez Regla
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A la orilla de la nada. Miriam Naomi Enriquez Regla
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La mar, la costa, patas de mula
Mario Antonio Ramírez Hernández* Mi colaboración busca documentar y dar visibilidad a historias de migración, trabajo informal y búsqueda de oportunidades en Manzanillo. A través del registro fotográfico, se retrata la vida de personas que encontraron en el mar y en el comercio una forma de empezar de nuevo frente al desempleo, la violencia y la falta de oportunidades. El propósito es acercar estas realidades al público desde una mirada humana, mostrando las dificultades que enfrentan y su capacidad de adaptación, trabajo y búsqueda de estabilidad. Patas de mula. Molusco bivalvo de concha gruesa, similar a una almeja, que se consume fresco y suele acompañarse con limón, chile y salsa. Javier. Javier, de 58 años, dejó La Huerta, Jalisco, hace una década, huyendo de la violencia y el desempleo. En Manzanillo encontró una nueva forma de vida vendiendo patas de mula a orilla de la playa. Martín. Martín migró de Michoacán a Manzanillo debido a la delincuencia que azotaba su ciudad. A la edad de 55, comenzó a dedicarse a la pesca, una actividad que le apasionó y que, aunque era nueva para él, le ha permitido vivir con dignidad. Martín y Javier. Martín y Javier han hecho del mar de Manzanillo una oportunidad para empezar de nuevo y sostener su vida con trabajo. *Estudiante de la licenciatura en comunicación
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Palmero sube a la palma. Alejandra Regla Maldonado
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Dualidad. Jorge Alejandro Farías López
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Portafolio fotográfico
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Nueva York y San Francisco Alfonso Escalera Pineda
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Lente Dozal Diego Dozal Valencia*
Las fotografías que integran este envío buscan documentar y preservar, desde distintas miradas, momentos de la vida cultural, artística y social de Colima y Jalisco. Cada imagen fue realizada en el lugar y momento señalados, con el objetivo de capturar no solo los acontecimientos, sino también la atmósfera, identidad y emoción que los rodean. *Estudiante de la licenciatura en comunicación
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Portafolio fotográfico
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Portafolio fotográfico
Colores de una tradición y las maravillas de la costa Jorge Armando Rosas Romero*
En las fotos de la catrina busco resaltar los colores del atardecer nostálgico de octubrenoviembre, así como la esencia del día de muertos. En las imágenes de la playa quiero mostrar la maravilla que tiene por ofrecer la costa, desde un cielo estrellado acompañado por la vía láctea, como la belleza, majestuosidad y poder de las olas de nuestro estado. *Estudiante de la licenciatura en mercadotecnia
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Fotografía científica
En el pantano. Sergio Aguilar Olguín
En el pantano Sergio Aguilar Olguín*
La fotografía fue hecha en la laguna del Valle de las Garzas, Manzanillo; Colima. El registro visual ayudó a documentar la presencia de cocodrilos en este ecosistema costero para estudios de ecología poblacional. *Investigador de la Facultad de Ciencias Marinas
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FOTOSEPTIEMBRE Mario Alberto Chávez Entrevista. Miguel Ángel León Govea* Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo, donde eran talleres formativos en los que la técnica y la foto eran lo de menos. Se trataba de comprender qué quieres decir, de qué quieres hablar, y de hacer ejercicios para fotografiar a partir de la literatura. Por ejemplo, recuerdo sesiones donde te proponían lecturas de libros y la idea era generar nuestras propias ideas y después materializarlas; es decir, buscar una poética para hablar del texto que habías leído. Creo que eso fue lo que me enganchó: entender que hay un lenguaje más allá, un lenguaje visual; entender que una sola foto no dice más que mil palabras y que, si tienes más fotos y sabes cómo conectarlas, puedes construir un mensaje más importante que le llegue a alguien. Cuando Mario Alberto Chávez Cárdenas recorría las carreteras del sur de Estados Unidos, entre riscos y el Pacífico, nació su interés por dejar registro de los amaneceres y atardeceres que presenciaba entre los viajes de trabajo propios de su profesión como ingeniero en sistemas computacionales. “Voy a ir a comprar una cámara y a fotografiar estos lugares que visito”; una Kodak con lente fijo fue la respuesta. Ensayo y error más tarde, Mario comprendió que con las tecnologías actuales es cada vez más sencillo lograr una imagen bonita, pero ¿y qué más hacer con la fotografía? Hoy, una tarde después de iniciado el taller “Punto de partida”, que imparte en el marco de FOTOSEPTIEMBRE, el Festival Internacional de Fotografía de México, Mario Alberto recibe a SombraLuz para conversar sobre su tránsito por la imagen, su manera de mirar y fotografiar Colima y el regreso de FOTOSEPTIEMBRE al estado después de 21 años de ausencia, un retorno que, más allá de las exposiciones, abre preguntas sobre la formación y la construcción de una comunidad fotográfica en Colima.
Tienes más de quince años viviendo y fotografiando Colima, ¿cuándo sentiste que este territorio también se había convertido en tuyo? Creo que fue a partir del proyecto Cofradía de volcanes, que nació en uno de los módulos del máster en Nueva Fotografía Documental, donde el tema era el territorio. En la primera sesión en que me tocó
presentar mi trabajo, el fotógrafo Jon Cazenave revisó las fotos, tomadas principalmente en el norte de Colima. Al final me dijo: “Muy bonitas tus fotos, pero ¿y Mario qué?”. Yo no entendí qué me estaba preguntando. “Sí, ¿y Mario qué?”. Y agregó: “Es que trajiste unas fotos muy bonitas de ese espacio, pero yo no encuentro cuál es la conexión de esas fotos contigo”. Creo que eso fue como el clic. Quedé muy conflictuado y comencé a trabajar. Empecé a preguntarme por qué había presentado esas fotos, cuál era mi idea y por qué la región norte. Una vez que terminó el módulo, decidí continuar con el proyecto. Fui al Archivo Histórico y encontré que había toda una historia detrás de esos espacios que yo visitaba y recorría. De alguna manera, recorrerlos, revisitarlos y fotografiarlos en diferentes temporadas tenía mucho que ver con la memoria de cuando llegué a Colima: había leído Pedro Páramo y El llano en llamas; había visto pinturas de Alfonso Michel y de otros artistas visuales locales. Lo que entendí es que yo estaba creando mi propio mundo, mi propia manera de conectarme con el lugar. También comencé a entender la región. Mucho tenía que ver con llegar a comunidades pequeñas, platicar con la
¿En qué momento la fotografía se convirtió en una forma de entender el mundo y en un área profesional? Hace 15 años llegué aquí a Colima por motivos del azar; conocí a varios fotógrafos locales que me mostraban lugares, los acompañaba y hacía fotografías. Pero creo que fue en 2019 cuando surgió la idea de qué hacer con la fotografía más allá de buscar una foto bonita; fue preguntarme: ¿qué más vas a hacer con la fotografía? Así descubrí el Centro de la Imagen y, durante la pandemia, apliqué para un par de talleres. También apliqué en el
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referencia porque instituyó programas de formación. Algunos todavía se mantienen, otros ya no, pero quedó una idea y un conocimiento que han permitido seguir construyendo nuevas generaciones de fotógrafos y fotógrafas. En Colima, sinceramente, por más que he buscado, no he encontrado referencia de que haya existido un programa en ese sentido. Fuera de lo que hace la Universidad, la formación prácticamente no existe. Y no lo digo como crítica: creo que a la Universidad también le hace falta avanzar unos pasos más para que esos programas puedan ser mucho más efectivos, pensando en términos de fotografía. Ahí podrían involucrarse principalmente las áreas de letras y artes visuales, donde hay espacio para desarrollar este tipo de proyectos desde diferentes miradas. Actualmente tomamos miles de fotografías, las consumimos en redes, pero, pareciera que cada vez es más difícil detenernos a mirar. ¿Qué significa hoy aprender fotografía?
gente y escuchar sus historias; a muchas personas les gusta sentarse y conversar, sobre todo con los desconocidos. Escuchar pedacitos de historias, de experiencias, de las familias, creo que esa fue la manera en que me fui conectando.
violencia, desapariciones. En este contexto, si observamos la fotografía que se produce actualmente en Colima, ¿hacia dónde se están dirigiendo las cámaras? ¿Qué estamos fotografiando y qué nos falta mirar?
¿Buscas el contacto con las personas antes de la fotografía? ¿Cómo lo haces, cómo lo logras?
Desde luego que todas las formas de hacer fotografía son respetables. Están quienes lo hacen por hobby, quienes se inclinan por el paisaje y también está la parte comercial: eventos sociales, políticos, fotografía de producto. Creo que todos hacen bastante bien lo que trabajan. Lo que considero necesario es profundizar en los temas. Desde luego que hay gente intentando hacer proyectos; el problema es que no hay una formación en ese sentido y muchas veces se quedan simplemente en la superficie.
Creo que lo más importante es llegar con cierto nivel de confianza y con la idea clara de por qué quieres hacerlo, porque muchas veces te van a preguntar por qué o para qué. En el momento en que titubeas o no sabes explicar el motivo por el cual quieres hacer esa imagen, rápidamente te van a decir que no y ni siquiera te darán la oportunidad de intentarlo. Hay ocasiones en que a la primera me dicen que no, pero continúo platicando y ya no los empujo hacia la foto. Después, en la conversación, me dicen: “Bueno, pues, ¿vas a tomar la foto o no?”. Es una charla que no está interesada únicamente en obtener el retrato. Realizaste Cofradía de volcanes, seguiste las huellas de Caxitlán y has trabajado sobre problemáticas sociales profundas, como la búsqueda de personas desaparecidas. ¿Qué debe ocurrir para que un tema te diga “aquí hay un proyecto fotográfico”? Creo que todo parte de la curiosidad y de una pregunta, o de varias preguntas. También está esa parte que me parece bien bonita: no querer entrar a fuerza donde sea. Creo que es una reflexión válida para la fotografía y, en general, para otros proyectos. Colima es un territorio pequeño, tenemos el menor número de habitantes del país. Ahora bien, visualmente es muy interesante: volcanes y costas, comunidades rurales y ciudad, fiestas,
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Una cosa es producir fotografías y otra construir una cultura fotográfica. ¿Cómo describirías hoy la comunidad de fotógrafas y fotógrafos de Colima? ¿Qué nos hace falta? A mí me llama mucho la atención porque, en términos de pintura y grabado, Colima tiene una importancia reconocida. Me ha tocado estar en Tijuana, mencionar el taller de La Parota y escuchar a jóvenes de la Universidad de Baja California decir: “Algún día me gustaría ir a Colima para conocerlo”. Hay una relevancia por todo lo que generó ese taller y que ahora están tratando de revivir. Quizá en la fotografía nunca hubo alguien que dijera: “Vamos a hacer un programa de formación”, como sí sucedió en otros lugares de México. En el Norte, por ejemplo, está el caso del fotógrafo sonorense Javier Ramírez Limón, quien trabajó en proyectos formativos en Baja California, Sonora y otros estados. Él creó, básicamente, escuela. Muchas de las personas que hoy se dedican a la fotografía documental y autoral tienen esa
Sí, precisamente una cosa es tomar fotografías y otra aprender a mirar. Es tener esa conciencia, una consistencia a lo largo del tiempo y claridad de ideas. Han pasado 21 años desde la última participación de Colima en FOTOSEPTIEMBRE. ¿Cómo comenzó la idea de traer nuevamente este festival y qué tuvo que ocurrir para hacerlo posible? Yo tenía el proyecto de Caxitlán. Comencé con toda la parte de investigación hacia finales de 2023 y, a partir de mediados de 2024, empecé a generar el material fotográfico. Obtuve el PECDA y sabía que no quería una exposición como producto final, porque el proyecto todavía no iba a estar listo. Mi idea era continuar y que el estímulo fuera una parte del impulso para consolidarlo. Yo ya conocía FOTOSEPTIEMBRE y sabía que la convocatoria saldría a principios de 2026. Antes de que apareciera, me acerqué con el doctor Carlos Ramírez Vuelvas y le platiqué la idea de montar esta exposición junto con la Universidad de Colima. Me dijo que sí, que esperáramos la convocatoria del festival. Incluso antes contacté a Ingrid Hernández, a quien había conocido a través del Centro de la Imagen, y le pregunté si le interesaría hacer la curaduría. El proyecto de Caxitlán reúne unas 1,500 fotos que hice durante varios años. Yo las reduje a alrededor de 120, que componen el proyecto, y con Ingrid hicimos una curaduría hasta llegar a 34 fotografías. También estaba el hecho de que en Colima no había actividades de FOTOSEPTIEMBRE desde hacía 21 años. La última exposición fue de Cecilia Álvarez y, además, no era un trabajo sobre Colima. Entonces pensé: tengo este proyecto que habla de Colima, que está conectado con otros trabajos que he realizado, y hace mucho que no tenemos FOTOSEPTIEMBRE. A partir de ahí se hicieron todas las gestiones.
Fotoseptiembre entrevista Fue muy importante el respaldo de Ingrid, porque es bastante conocida en el Centro de la Imagen y eso también facilitó una comunicación directa. Ellos estaban muy interesados porque tenían a Colima entre los estados que consideraban críticos por su escasa participación, no solamente en FOTOSEPTIEMBRE, sino también en la Bienal de Fotografía y en sus programas formativos. Colima, Zacatecas y Baja California Sur prácticamente no habían tenido presencia en las actividades del Centro de la Imagen. Entonces había también una oportunidad para volver a colocar a Colima en ese circuito. FOTOSEPTIEMBRE en Colima va más allá de solamente exhibir obra, hay un taller, conversación y posteriormente exposición de trabajos de participantes. ¿Cómo visualizas que este festival contribuirá a la formación de una comunidad fotográfica en Colima o de una cultura visual? En lo personal espero que podamos tener más actividades, porque en FOTOSEPTIEMBRE hay posibilidades más allá de una exposición. Espero que la gente que está dentro del taller pueda continuar y avanzar, ya sea con ese proyecto o con algún otro; apoyarlos de alguna manera para que en dos años podamos estar presentando más cosas. Pero también se requiere del apoyo institucional, porque es la única manera de lograrlo. En esta ocasión me di a la tarea de involucrar a la Universidad de Colima, a la Subsecretaría de Cultura y al Espacio Cultural 399, encabezado por Nedi Palacios, para que los tres tengan actividades y, sobre todo,
visibilidad ante el Centro de la Imagen; que sepan que de este lado hay disponibilidad para recibir actividades. El título de tu exposición Aquello que permanece en la tierra parece condensar el ars poética de tu fotografía: memoria, territorio, huella, pertenencia. ¿Qué encontrará el público cuando entre a la sala? El proyecto de Caxitlán nació precisamente de la pregunta de cómo la colonización nos atravesó en este territorio y, más allá de los datos históricos, cómo sigue presente: ¿qué remanentes puedes encontrar hoy de ese proceso de colonización?, ¿de qué manera nos cambió como sociedad y cuántas de esas cosas siguen persistiendo hasta el día de hoy?, ¿de qué manera cambió también la forma de vida? Se trata de tener la curiosidad para empezar a hacerte preguntas sobre un lugar, un espacio o un grupo de personas. Muchas veces el tema no es lo importante; lo importante son las preguntas que están ahí y que no tratas necesariamente de responder, sino simplemente seguirlas y ver qué es lo que hay. Mencionaste a Ingrid Hernández, socióloga y artista visual de Tijuana. Si bien tú eres el creador de las imágenes, ¿cuál es la importancia de la curaduría? Creo que, cuando se hacen trabajos fotográficos, es muy fácil que uno como autor se enamore de su obra y que exista una conexión romántica con ciertas imágenes. Entonces hay que ser muy autoconsciente para tratar de desligarse de esa parte y poder elegir las imágenes que realmente hablen sobre el proyecto.
Creo que invitar a Ingrid fue precisamente tener la experiencia de trabajar con alguien cuya chamba es ver las imágenes y que no tiene una conexión emocional con ellas. Yo le platiqué qué es Colima, cuál era mi idea con el proyecto, qué material tenía, y desde ahí empezamos. Tuvimos varias sesiones semanales. De hecho, en la primera Ingrid me preguntó: “¿Estás dispuesto a que yo descarte imágenes que tú creas que tienen que estar ahí?”. Y yo le dije: “Sí, pues me pongo en tus manos”. Hubo un par de imágenes que sí le peleé un poquito. Al final no quedaron, pero había una clara justificación. Si tuvieras que fotografiar hoy algo que representara tu relación con Colima, ¿qué aparecería en esa fotografía? Es una muy buena pregunta. Yo creo que lo que me gustaría fotografiar es la calidez con la que Colima me trató desde el primer día que llegué. Yo vine por la parte profesional y aquí se abrieron muchas puertas, se crearon oportunidades. Fue muy sencillo conocer y relacionarme con personas de diferentes áreas y ámbitos, y creo que eso es lo más importante. Desde que llegué, la apertura, la calidez y la amabilidad para poder hablar y conocer gente han sido fundamentales. Y eso es lo que, al final de cuentas, termina generando el arraigo. *Fotógrafo profesional y docente
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Huellitas en el Puerto de Manzanillo. Estrella del Carmen