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EL-SEMANAL 460

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Semanal

Martes 3 de marzo de 2026

Abrevadero de ideas

Física, de interacciones fuertes, y los atrapadedos

Columna

Empanadas, cuatro por diez

Nota

Estudiantes de diseño de la Facultad de Arquitectura y Diseño exponen proyectos finales en la Pinacoteca Universitaria

María Elena Tejeda Yeomans
Celia Cervantes Gutiérrez
Sueños y aspiraciones de una generación a la intemperie (fragmento). Autor: Ángel Rafael Aguayo Cervantes
No. 460

Física, de interacciones fuertes, y los atrapadedos

Soy Física, científica de interacciones fuertes y cumplo un tostón. Un 21 de diciembre de 1974, unos muchachones de Sonora se juntaron y, con beca del CONACyT (hoy SECIHTI), se fueron al posgrado de Bioingeniería del CINVESTAV en la Ciudad de México. El CONACyT tenía apenas cuatro años de existir. Esos muchachones son mi amá y mi apá y, por no seguir con precisión los algoritmos de los métodos anticonceptivos y apostarle al de mayor incertidumbre, quedaron preñados en abril de 1975. Se apuraron a terminar pendientes y comenzaron a buscar chamba. Fueron épocas muy difíciles porque se aferraron a encontrar espacios en donde dar clases de química en algún lado de Sonora. Lo bueno es que un compañero del gremio le comentó a mi apá que buscaban profes de bachillerato en el Colegio de Bachilleres en Magdalena de Kino, un pueblo muy bonito que está a 80 kilómetros al sur de la frontera con EEUU. Después de sus pininos en el aula en Magdalena de Kino, mis papás me tuvieron un 11 de enero de 1976.

Les escribiré de temas diversos en estas columnas. Los temas orbitarán en torno al tostón, esos 50 años que son nada y todo: es la historia de La QCD, la historia de lo oficial y extraoficial de la ciencia y de la educación pública en México. Es mi historia, llena de interacciones fuertes, con todo y las consecuencias de leernos estos dias, en los que la tecnología cuántica transforma nuestras vidas.

Hace cincuenta años, la física vivía una especie de crisis existencial. Sabíamos que existía una fuerza capaz de mantener unidos los núcleos atómicos —la fuerza

fuerte—, la responsable de que exista la materia tal como la conocemos. Pero, aunque era poderosa, nadie sabía realmente cómo funcionaba. No había una teoría clara. Solo había preguntas y un desorden creciente: los aceleradores de partículas descubrían una nueva partícula tras otra, como si el universo estuviera jugando a esconder piezas sin explicar el rompecabezas. La situación se parecía mucho a mirar el cielo antes de Newton: estrellas por todas partes, leyes en ninguna.

Hoy, un tostón de años después, eso se transformó en una de las historias más bellas de la ciencia moderna: la Cromodinámica Cuántica, o como le decimos con cariño, La QCD. Una teoría que nos dice cómo se enlazan los ladrillos más pequeños de la materia —los quarks y los gluones— para construir protones, neutrones, núcleos, estrellas y, en última instancia, el aire que respiramos y todo lo que vemos a nuestro alrededor. Llegar hasta ahí fue un viaje largo, lleno de dudas, ideas arriesgadas y momentos cinematográficos.

En los años sesenta, algo empezó a no cuadrar. Los protones y neutrones, que se creían indivisibles, comenzaban a comportarse como si ocultaran algo en su interior. Experimentos cada vez más precisos sugerían que dentro de ellos vivían entidades aún más pequeñas. Se las llamó quarks. Pero los quarks eran raros: tenían cargas fraccionarias, nunca aparecían solos y parecían negarse a ser observados directamente. Muchos pensaron que eran solo un truco matemático, una forma conveniente de ordenar datos, no algo real. Hasta que apareció una pista decisiva. Cuando electrones muy energéticos chocaban contra protones, rebotaban como si hubieran golpeado diminutos puntos duros en su interior. Era como

lanzar canicas contra una esfera y descubrir que dentro había engranes escondidos. A ese comportamiento se le llamó escalamiento, y fue una señal clara: algo fundamental se ocultaba ahí dentro.

Una colega de física nuclear en EEUU, me hizo notar una ventaja de nuestros juguetes tradicionales: los atrapadedos, que por su tejido y diseño atrapan dedos de personas en las ferias. Quizá la primera reacción nos hace jalar más para poder escapar, pero debes hacer lo opuesto para lograrlo. La libertad se alcanza cuando juntas los dedos.

En 1973, tres físicos se atrevieron a proponer algo radical. David Gross, Frank Wilczek y David Politzer descubrieron que, en cierto tipo de teorías, ocurre algo casi mágico: análogo a lo que sucede con el atrapadedos, cuanto más cerca están las partículas, más débil se vuelve la fuerza entre ellas, lo que llamamos libertad asintótica. Esto explica por qué los quarks parecen libres cuando se los observa a energías enormes, y por qué jamás pueden escapar cuando están separados. Así nació La QCD: una teoría donde los quarks se comunican a través de mensajeros llamados gluones, enlazados por una extraña propiedad cuántica que se nombró color. No color como el que vemos, sino una especie de código que dicta cómo se atraen y se repelen. Era una idea elegante. Demasiado elegante, pensaron algunos. Faltaba la prueba definitiva.

Casi como un regalo inesperado del universo, esa prueba llegó en 1974. En noviembre, dos laboratorios, en continentes distintos, detectaron la misma partícula nueva con apenas días de diferencia. Se llamó J/psi, y encajaba a la perfección con lo que La QCD predecía: un quark y un antiquark amarrados uno con el otro.

Fue un momento histórico, conocido hoy como la Revolución de Noviembre. A partir de ahí, ya no hubo vuelta atrás. Los quarks dejaron de ser una conjetura elegante y se convirtieron en habitantes reales del mundo subatómico. Poco después aparecieron también los gluones, revelándose indirectamente como chorros de partículas, unos jets que brotan en los detectores. La teoría había pasado del pizarrón al laboratorio.

Pero aceptar La QCD fue solo el inicio. Sus ecuaciones, aunque compactas, resultaron ser extraordinariamente difíciles de resolver. A bajas energías, la fuerza fuerte es tan intensa que rompe las herramientas matemáticas habituales. La solución fue tan ingeniosa como ambiciosa. Por un lado, nació La QCD en la red, donde supercomputadoras simulan el comportamiento de quarks y gluones en una malla diminuta de espacio y tiempo. Gracias a esto, hoy podemos calcular la masa del protón casi como si lo estuviéramos construyendo átomo por átomo. Por otro lado, surgieron las teorías efectivas, una especie de mapas simplificados que funcionan bien en ciertos territorios específicos. Con ellas, La QCD se volvió una herramienta práctica para entender colisiones, decaimientos y fenómenos extremos.

Para cuando yo tenía unos 10 años de edad, el campo de La QCD pasó de la especulación teórica a la experimentación activa con el inicio de los programas de aceleración de iones pesados. Eran los años en los que me iba muy bien en las mates y en las ciencias naturales en la primaria… pero con los temas de ciencias sociales tenía muchas dificultades, en parte porque eran clases en donde la prioridad era que memorizáramos fechas, lugares, capitales, ríos, montañas y nombres de

vatos que, o se abrazaban y firmaban tratados, o se iban a la guerra. No era lo mío.

En octubre de 1986, el Super Sincrotrón de Protones (SPS) del Centro Europeo de Investigaciones Nucleares (CERN) comenzó a acelerar iones de oxígeno-16 y a dispararlos hacia blancos pesados, lo que marcó el inicio de una importante búsqueda experimental. Al hacer chocar estos núcleos atómicos pesados a velocidades cercanas a la de la luz, las científicas recrearon un estado de la materia que solo había existido al inicio del universo: el plasma de quarks y gluones. Lejos de comportarse como un gas, este plasma fluía como un líquido casi perfecto. Fue una revelación. La QCD ya no solo explicaba protones, sino también cómo era el universo cuando era un bebé, y cómo podría ser el interior de las estrellas de neutrones.

Y cuando parecía que la historia estaba completa, la naturaleza volvió a sorprender. En años recientes aparecieron partículas extrañas, formadas por cuatro o cinco quarks: tetraquarks y pentaquarks. Eran estados exóticos, inesperados, pero perfectamente permitidos por La QCD. No rompieron la teoría. Al contrario, la hicieron más fascinante. Mostraron que la fuerza fuerte es creativa, capaz de construir estructuras mucho más complejas de lo que habíamos imaginado.

Ya podemos ver cómo hoy La QCD es una de las grandes historias de éxito de la ciencia. Nos explica por qué existe la materia, por qué los núcleos no se desintegran y por qué el universo tiene estructura. Une lo infinitamente pequeño con lo inmensamente grande. Y el viaje continúa. Nuevos experimentos nos permitirán mirar dentro del protón con una precisión nunca antes vista, casi como hacerle una tomografía en tres dimensiones.

Después de cincuenta años, la lección es clara: las preguntas más simples —¿de qué estamos hechos?, ¿por qué existe algo en lugar de nada?, ¿por qué antes podía comer cualquier cosa y ahora necesito un sobrecito de riopan hasta para tomar café con pan?, ¿por qué México invierte tan poquita lana en ciencia básica?, ¿por qué en la primaria y secundaria ya no vamos a enseñar química, física y matemáticas completitas, pero queremos aun así que la niñéz y la juventud desarrolle pensamiento crítico y habilidades para la vida?— para empezar pueden llevarnos a aventuras intelectuales tan profundas y hermosas como el propio universo. Pero también nos llevan a aventuras, entrenamientos y aprendizajes increíbles.

Si como a mí, te gustan estas preguntas, las aventuras y las interacciones fuertes, aquí nos leemos pronto.

Las curvas del lenguaje

Primera parte

Al descubrir, la ciencia necesita bautizar. En ese ejercicio de poner nombres, los científicos nos vemos obligados a pedir prestadas palabras al lenguaje con el que compramos el pan o describimos un atardecer. Sin embargo, en el viaje de ida hacia nuestro cuaderno de notas y el de vuelta hacia la calle, las palabras sufren una distorsión. Los significados se distorsionan y, a menudo, terminan comunicando algo muy distinto a lo que pretendían. El caso del espaciotiempo es un excelente ejemplo de este "teléfono descompuesto" entre el rigor y la intuición.

Antes de que el siglo XX pusiera nuestra realidad de cabeza, vivíamos cómodos con definiciones que parecían inamovibles. El espacio era la medida de separación entre dos objetos; el tiempo, la base para contar cuán rápido cambiaban esos objetos. Bajo esta lógica, lo fundamental eran las cosas (las mandarinas, las estrellas, nosotros) y sus transformaciones (maduración, explosión, envejecimiento), mientras que el espacio y el tiempo eran etiquetas, nombres para describir el vacío donde esas cosas existían. Pensar en el espacio como algo con identidad propia era tan absurdo como pensar que un hueco en la orilla de la playa se puede definir de otra forma que no sea por la ausencia de los granos de arena y el agua del mar.

Sin embargo, a principios del siglo pasado, la física se topó con una pared: para describir ciertos fenómenos, ya no era cómodo considerar aisladamente las distancias en metros de los intervalos en segundos; fue mejor incluirlos en una sola

medida de separación. Así nació el término espacio-tiempo. Pero el verdadero sismo ocurrió cuando Albert Einstein descubrió que el escenario donde debe usarse esa medida única no era un hueco inerte, sino un objeto en sí mismo, sujeto a transformaciones. Para entender la magnitud de este hallazgo, imaginemos a tres personas: Alondra, Blanca y César. En nuestra intuición diaria, la distancia en metros entre Alondra y Blanca es fija si ninguna de las dos se mueve durante la medición. Pero la Teoría de la Relatividad General nos dice que esa distancia puede cambiar simplemente por la presencia de César, aunque Alondra y Blanca permanezcan absolutamente inmóviles. Más aún, el ritmo al que ambas envejecen también puede verse alterado por la cercanía de César. Pero hay más, las predicciones teóricas coinciden precisamente con las observaciones si, y sólo si, deja de existir una diferencia, desde el punto de vista matemático, entre la distancia que se mide en metros y el intervalo que se mide en segundos. Y esto ya no es por comodidad, sino que es imprescindible para una descripción objetiva de la realidad. El espacio y el tiempo ya no son conceptos familiares que se unen con un guión; son un ente indisoluble con la capacidad de deformarse. Lo que las ecuaciones de la Relatividad dictan es que este escenario reacciona a la presencia de la materia y esta reacción del escenario causa, a su vez, un cambio en la evolución de la materia. Los científicos que manejan estas ecuaciones coinciden plenamente en este significado técnico. El problema surge cuando esta palabra, espaciotiempo, abandona el refugio de las matemáticas y regresa al lenguaje cotidiano, cargada de una historia que el público general interpreta a su manera.

Cuando el científico intenta comunicar este ente indisoluble y reactivo que es el espaciotiempo, encuentra una dificultad enorme: el cerebro humano no está diseñado para visualizar cuatro dimensiones ni para "ver" métricas matemáticas. Entonces, recurre al bautismo metafórico. Aquí es donde comienza el proceso de relexicalización. Al decir que el espaciotiempo se curva, el científico usa el término como un significante que apunta directamente a un objeto matemático en sus ecuaciones, el tensor de curvatura. Para la comunidad académica, la palabra "curva" es una restricción: describe cómo cambia el objeto matemático cuando se incluye materia-energía en esas ecuaciones. Han podado el lado mundano de la metáfora para quedarse con el esqueleto lógico.

Con embargo, para el público general, ocurre el proceso inverso. Al no poseer el lenguaje de las matemáticas, el ciudadano se aferra con fuerza al lado mundano del puente. Incorpora el término "espaciotiempo curvado" pero, para darle sentido, importa automáticamente todo el escenario y la historia que lo acompaña en la divulgación: la imagen de una red que se hunde, de una superficie que cede bajo un peso, de algo que se dobla hacia una dimensión que no existe. Este es el punto de ruptura. El público prescinde del significado científico (la relación métrica entre Alondra, Blanca y César) y lo sustituye por la escenografía. El significante regresa al lenguaje coloquial cargado de una narrativa visual engañosa. Donde el científico ve una propiedad intrínseca de la realidad descrita matemáticamente, el público ve un dibujo, una representación que confunde la herramienta explicativa con la realidad misma. El resultado es una paradoja comunicativa: usamos las mismas palabras, pero habitamos mundos

distintos. El lenguaje coloquial ha "secuestrado" el término técnico, devolviéndolo a la calle con una forma que parece conocimiento, pero es una percepción deficiente de la realidad. Se ha sustituido la comprensión por la familiaridad con una imagen.

Este vacío de significado no es inofensivo; entraña un peligro profundo para la cultura científica. Al habitar la metáfora y no el concepto, la percepción del público se vuelve vulnerable en dos direcciones opuestas pero igualmente dañinas. Por un lado, surge la negación de los resultados científicos. Cuando un nuevo descubrimiento o una observación compleja no encaja con la escenografía simplificada que el público ha aceptado como verdad (esa sábana elástica o esa red visual), el ciudadano tiende a rechazar la ciencia. Si la realidad no se ajusta a la metáfora que le vendieron como explicación, el problema no es causado por su comprensión limitada, sino porque la ciencia está mal o es contradictoria. Se juzga el rigor de la ecuación basándose en la fragilidad del dibujo. Por otro lado, este escenario metafórico vacío es el refugio perfecto para las pseudociencias. Al apropiarse del lenguaje técnico pero despojarlo de su anclaje matemático, charlatanes y místicos utilizan la "curvatura", las "vibraciones" o las "dimensiones" del espaciotiempo para justificar nociones sin fundamento. Es fácil vender una falsedad cuando se utiliza el mismo decorado que la ciencia legítima. Así, el público termina aceptando y divulgando ideas absurdas simple-

mente porque usan las mismas palabras que escucharon en un video en Youtube, convencidos de que están hablando de Física cuando, en realidad, están atrapados en un juego lingüístico.

Este extravío no es una condena inevitable. Existe una alternativa al seductor exceso metafórico, y es la misma que ha permitido a la ciencia levantar su edificio de conocimiento: la construcción paciente, ladrillo sobre ladrillo. En lugar de ofrecer una imagen espectacular que sustituya a la realidad, podemos invitar al lector a un pacto de rigor, partiendo de la premisa de que quien se acerca a estas páginas no busca un truco de magia, sino una descripción objetiva del mundo. Superar la barrera de la "escenografía" requiere un esfuerzo intelectual, pero es el único camino para que el lenguaje deje de ser una distorsión y se convierta en una herramienta de construcción.

En una próxima entrega, intentaré poner en práctica esta construcción paciente. Dejaremos atrás las sábanas elásticas y las redes que se hunden para examinar el fenómeno desde una óptica diferente, literalmente. Utilizando el comportamiento de la luz y el concepto familiar de una lente, veremos cómo la física explica la deformación del espaciotiempo sin necesidad de decorados falsos, lo que debería permitirle al lector obtener una perspectiva más honesta de la verdadera geometría del universo.

(Continuará).

Christian Jorge Torres Ortiz Zermeño Rector

Joel Nino Jr Secretario General

Jorge Martínez Durán Coordinador General de Comunicación Social

Jorge Vega Aguayo Director General de Prensa

José Ferruzca González Director del periódico El Comentario

Marco Antonio Vuelvas Solorzano Editor

Miguel Ángel Ávila García Edición y diseño

El Comentario Semanal

Empanadas, cuatro por diez

Una voz infantil irrumpe el silencio de un atardecer que anuncia el fin de la jornada laboral. Alguien abre con pausa contenida la puerta de mi cubículo, mas al voltear no veo a nadie. ¿Sí…?

-Digo a modo de saludo. -¿Compra empanadas? pregunta una niña delgada, con ojos plenos de luz que hacen juego con su tímida sonrisa. ¿Compra empanadas? Cuatro por diez.

Instintivamente veo la hora y recupero el contexto: ¡Faltan quince minutos para las ocho de la noche en un ahora solitario

Centro de investigación rodeado de áreas verdes que precisa santo y seña para llegar! ¿Qué circunstancias de vida llevan a una pequeña a vender empanadas entre solitarios pasillos y áreas de trabajo extrañas a su cotidianeidad?

¿Qué hace la mayoría de las niñas a esta hora? Posiblemente ya se han bañado, hecho su tarea, practicado alguna actividad artística o deportiva y se disponen a cenar, bajo el abrigo de un hogar en el que la vida familiar se renueva en la íntima y suave convivencia donde se comparte cómo hemos pasado el día.

¡Qué bonitos ojos! ¿Usted los hizo? Yo también pinto, pero animalitos. ¡Me gustaría pintar ojos como esos que tiene ahí! exclama la niña mientras su mirada registra la parte interna de una puerta, que a lo largo del tiempo he convertido en el espacio que revitaliza mi espíritu.

Mi visitante inesperada llena con su voz el breve cubículo "¡Ah, estos son sus hijos, verdad, los tiene allá y aquí, nomás que más grandes! ¿Cómo se llaman, qué estudian, cuántos años tienen? ¡Yo tengo

12 años, como su hijo David y también saldré de la primaria, aunque soy la más grande de mi casa! ¿Ya hizo su primera comunión? ¡Yo la haré este sábado! Por eso mi mamá hace empanadas y yo las vendo, para comprar mi vestido y unos zapatos que igual me servirán cuando entre a la secundaria. ¿Me compra una bolsita? ¡Son cuatro empanadas por diez pesos!

En ese instante, me siento desbordada. Me maravilla la genuina alegría y curiosidad infantil. Su capacidad de salir de sí y mirar en paralelo otra realidad. Me deslumbra la sensibilidad a flor de piel de una niña que, extasiada, mira con detenimiento los ojos que Rafa, estudiante de artes visuales, suele dibujar en soliloquio interior y que antes de ir a casa coloca en mi muro de afectos, en un discreto regalo de amor.

Sobrecoge la sororal alegría de una pequeña que se suma al esfuerzo materno por comprar el ajuar de la primera comunión de su primogénita, quien gustosa y sin declinar en su optimismo -del que carecen tantas personas, aún en mejores circunstancias-, camina distancias y edificios que al anochecer se van despoblando, mientras escucha sin que su esperanza decaiga, muchos "no" en medio de pocos "sí".

Tal vez la transparencia de esta niña ayuda a que pase desapercibida a la vigilancia institucional, que semanas antes denegaron el paso a dos artesanos de Pátzcuaro, Michoacán en tanto que mí me reconvinieron a salir del área laboral si deseaba comprar o seguir conociendo detalles de su técnica para hilar y la situación económica que les orilla a salir del taller y su mercado local en busca de clientes para sus coloridas colchas de algodón que

constituyen un milenario patrimonio cultural. "No hay de otra, maestra. El clima de violencia hace que tomemos estas estrictas medidas de seguridad".

Gracias, señora, ya me voy. Le dice a su hijo que me gustaron los ojos que dibuja. Con los míos ya nublados, la veo tomar el pasillo de salida. ¡Le pediré que haga unos ojos especialmente para tí, cuídate!

En realidad, quise decir: Cuídate mucho, pequeña, de los peligros e inercias de un mundo que a menudo desvaloriza el tesoro contenido en su infancia y adolescencia. Pero ¿quién era yo para inducir al miedo a una niña que, en cada empanada, vendida aquí y allá, se acercaba al anhelado vestido de primera comunión, tan blanco como su mente y corazón?

¡Bendita inocencia! Tanto es así que la vendimia la vive como una oportunidad y no como un caso que engrosa las estadísticas que corroboran la creciente inserción de niñas y niños en la economía informal y de sobrevivencia.

Hay otros mundos, pero están en éste, decía Paul Éluard

Cielo nocturno

Pasaron por él al salón de clases de su secundaria. Al salir le extrañó ver a su padre en la puerta de la escuela y cuando llego con él, su padre, adivinando que con su mirada le preguntaba qué estaba pasando, le comunicó que su abuelo había fallecido. Estaban por irse al rancho, donde lo velarían esa noche. Eran las seis de la tarde y hacía un viento agradable, fresco.

No tuvo oportunidad de convivir mucho tiempo con su abuelo, pero sentía una relación íntima con él. No lo vio muchas veces, pero cuando pudo, algo los conectaba. Cuando se enteró de su muerte, no sintió tristeza, sintió pérdida o algo así, en realidad era difícil expresarlo en una palabra o frase. No de inmediato, sino más bien poco a poco, como sin querer, le fue invadiendo un tipo de soledad acompañada, algo que no recordaba haber nunca sentido. Una soledad acompañada que,

desde entonces, siempre busca, atesora. Cuando logra encontrarla, le nutre.

Ya en el rancho, el olor a menudo y sobre todo los rezos de las viejas (y algunas jóvenes), llenaban el ambiente con una atmósfera asfixiante. No quiso ver al abuelo, que se encontraba postrado en un ataúd rodeado de flores y muchas velas, ubicado al centro del cuarto que a veces servía de cocina, otras de sala de estar, y en ese momento de cámara de velación. Se sentía contrariado, confundido. No le era claro lo que había qué hacer en ese lugar, en ese momento. Volteaba para todos lados, discretamente, y no entendía su rol. Se encontró perdido, fuera de lugar.

Pasaron minutos; muchos, incómodos. Para su fortuna, de la nada, surgió una guitarra acompañando los cantos de la abuela y un par de tías. Creyentes, pero afortunadamente menos religiosas que las otras viejas rezadoras que no conocía, brindaron un poco de cordura a sus sentimientos. Lo rescataron por un momento. Luego, poco después, ya menos desorientado, salió a buscar a sus primos y tomar aire fresco.

La noche era negra. Profunda. Penetrada por un aire ligero, constante. Fresco. Frío. Lacerante. Caminó sin mucha intención, sin dirección definida, como dentro de un sueño. De pronto, como si hubiera estado dormido y abriera los ojos de repente, se halló a sí mismo arriba de la caja de una pick-up que estaba estacionada cerca de la acequia, acompañado de varios primos. Los oía hablar rodeados de la oscuridad del campo, pero no los escuchaba. No había luna. La noche era negra, como nunca lo había sido. En un breve espacio de silencio, dio la espalda a sus primos y apoyó sus codos sobre el capacete de la pick-up. Sintió una tranquilidad inesperada. Una soledad seductora que le hizo sentirse entero. Único y entero. Miró hacia arriba. Lo que vio le estremeció. Le estremeció tanto que jamás lo pudo olvidar. El cielo profundo, inmenso, oscuro y tupido de estrellas. Inmenso y profundo. Sintió que todo estaba dentro de él, que nada escapaba a su ser. Experimentó ese miedo cautivador que impulsa a seguir observando, a seguir volando. Todo obtuvo claridad.

Sinapsis Gráfica

Amores Perros, 25 años y contando

En el 2025 la película Amores Perros llegó a su 25 aniversario, y en esta ocasión aprovecharemos para trazar la ruta que acompañó a esta apuesta cinematográfica a uno de los lugares más especiales a dónde un proyecto quiere llegar resaltando la presencia de un buen guion y música inolvidable.

En el año 2000 se estrenaba con la visión de Alejandro González Iñarritu que para entonces se lanzaba a la dirección de cine con la experiencia previa en medios de comunicación conocido antes por su etapa como locutor en la estación WFM y más tarde aventurándose a fundar Z films una compañía de producción que llegó a ser muy relevante en México. Iñarritu se siguió capacitando y entre sus credenciales para dirigir encontramos su formación con el prestigioso dramaturgo y director de teatro polaco Ludwik Margules y con Judith Weston en Los Ángeles.

Pero el olfato para contar historias se lo daría la publicidad, a medida que era contratado para hacer alguna campaña los comerciales se hacían pequeños dramas, esto lo ha dicho Rodrigo Prieto el fotógrafo de la película que conoció a Alejandro durante esos años, así que le pidió estar en la cámara cuando realizara su primer largometraje, fue cómo se enteró del guion que estaba elaborando junto con Guillermo Arriaga, protagonista de las letras era ya un escritor publicado que tenía libros como Escuadrón Guillotina, Un dulce olor a muerte y El Búfalo de la Noche que sería publicado cuando el guion de Amores Perros pasaba por numerosas versiones con un recorrido de 3 años y 36 anteproyectos pensada origi-

nalmente para ser contada en tres partes, que finalmente decidieron se convirtiera en una sola pero como vemos en pantalla siguiendo las tres líneas de los personajes que en algún momento se cruzan.

Producir la película fue un proyecto grande y costoso, según cuentan porque se propusieron más tiempo de rodaje y edición lo que elevó las cifras y aunque resultó un proyecto ambicioso su estreno se llevó a cabo en el festival de cine de Cannes, Iñarritu ha contado como anécdota la percepción de que la película no logró atrapar al público que comenzó a salirse de la sala, esto era una cuestión del festival en sí, porque la película al comenzar a distribuirse alcanzó un éxito avasallador. Amores Perros se llevó las palmas en Cannes, el premio BAFTA y fue nominada a mejor película extranjera en los Oscar, entre otros reconocimientos.

La naturaleza de su éxito está atravesada con la manera de contar una realidad cruda, sobre la precariedad y el privilegio, la traición, la ambición y todo el caldo de cultivo ideal para hablar no solo de la condición humana, sino además mostrar una radiografía de México, ese lugar cruel y descarnado que marcaba el nuevo milenio.

Otra pieza clave del triunfo de esta película lo encontramos en quiénes representaron los personajes: tenemos a Octavio el muchacho de barrio popular de la ciudad de México que ve la oportunidad de hacer un poco de dinero con el talento que su perro el Cofi muestra por casualidad (tras ser atacado por otro perro) y que cambiará su destino, interpretado por Gael García Bernal, un chico con trayectoria desde niño en las telenovelas, de cuna de actores: su mamá y papá eran ya conocidos por tomar el camino de la in-

terpretación, pero que vio explotar su carrera y comenzar a caminar hacia proyectos importantes en el cine, abandonando por completo la pantalla chica.

Tenemos también al personaje de Susana una jovencita que aún no termina la preparatoria cuando ya está a cargo del hijo que procrea con el hermano de Octavio y que se muestra con la vulnerabilidad frente a las condiciones del machismo que pretende ser salvada por su cuñado que se enamora de ella, Susana es interpretada por Vanesa Bauche otra actriz que comenzaba y que sin duda encontró en Amores Perros el detonante para despegar su carrera.

Y podemos mirar también a los actores con trayectoria que forman parte de las tres historias que se cuentan, que convergen y se entrelazan, como el personaje de El Chivo, un ex profesor de universidad que por sus ideas comunistas deja a su familia para unirse al movimiento y cometer algunos delitos por los que es arrestado, tras cumplir su condena vive en una vecindad rodeado de perros en condiciones de indigente pero matando personas a cambio de dinero, el personaje de El Chivo es interpretado por Emilio Echevarría un actor consagrado en la televisión, teatro y cine que continuaría desarrollando su trabajo actoral en proyectos posteriores de González Iñarritu.

Hay otros actores importantes que aparecen en Amores Perros como Rodrigo Murray, Jorge Salinas, Adriana Barraza, Álvaro Guerrero, Rosa María Bianchi, entre otros que aportaron una interpretación crucial para la verosimilitud de la historia y para pensar en un cine mexicano de calidad.

A la lucidez para dirigir de Iñarritu junto con la idea para hacer un guion intrincado pero real y crudo con Guillermo Arria-

ga, más unos actores que dieron un buen nivel se le suma el último ingrediente que crea una receta infalible: la música. La banda sonora original fue realizada por el compositor argentino Gustavo Santaolalla y contó con canciones de bandas mexicanas y extranjeras. La canción “De perros amores” fue escrita especialmente para el filme por Control Machete y Ely Guerra, y su video musical fue dirigido por Alejandro González Iñárritu. Otro momento que destaca de un par de canciones dentro de la banda sonora son interpretadas por el grupo chileno Fiebre, integrado por Cristian Fiebre y varios integrantes más entre ellos el baterista Gabriel Puentes que vendrían a México justo para grabar una versión de Lucha de Gigantes reconocida canción escrita por Antonio Vega de la banda Nacha Pop, en esta versión la voz y la instrumentación tienen un sello muy particular, además de la canción Tienen el Odio Enjaulado con un sonido festivo haciendo alusión a momentos de la película mencionando “los amores perros tienen el odio enjaulado”, en el soundtrack son el track 18 y 28, aunque puede variar porque las canciones se presentan en dos discos. A propósito, tiempo después tendríamos esta anécdota en Colima, porque Gabriel ha sido parte en varias ocasiones del Festival Internacional Colima Jazz y él nos ha dicho de primera mano lo que representó Amores Perros en su vida personal y profesional a tal grado que cambió su residencia por completo a nuestro país y así en las conexiones con la música seguimos siendo parte de la vorágine de acontecimientos que atraviesan el fenómeno cinematográfico y cultural que conocemos y seguimos valorando hasta este momento.

La película fue reestrenada en cines presentando una versión restaurada en 4k

supervisada por Iñarritu y Rodrigo Prieto, además fue lanzada meses más tarde en la plataforma para cinéfilos selectos, Mubi, destaca también la función especial para industria, actores y ex colaboradores de la película en el Palacio de Bellas Artes que contó con la musicalización en vivo a cargo de Gustavo Santaolalla dónde además se hizo énfasis en el reencuentro y el momento en que hicieron las paces Iñarritu y Arriaga que se rumoraba se pelearon años atrás por egos y celos profesionales, al parecer los rencores quedaron atrás.

25 años más tarde, y transitando hacia 26 años después seguimos encontrando eco en una producción innovadora que revive la deuda con el cine mexicano, que aseguró el lugar para otros mexicanos que consideramos parte de la industria mundial del cine como Iñarritu, Cuarón, Del Toro y los fotógrafos Emanuel Lubeski y Rodrigo Prieto, quién ahora también incursiona como director con un clásico de la literatura como Pedro Páramo, de

todos ellos podríamos enlistar un montón de logros y películas taquilleras, ellos que retratan al México que vemos, en aquel momento con la violencia de por medio a través de asaltos, de pobreza y precariedad, adulterio, asesinatos por encargo y por celos, por el poder y el dinero, hoy me pregunto ¿Esos temas siguen vigentes? La respuesta para mi es que si, pero exacerbados, cada vez más complejos, hoy nos negamos muchas veces a ver historias violentas o una película más de narcos, pero insisto ¿Qué no es ese el México que tenemos muy cercano? Nos guste o no, el cine puede y debe poner el dedo en la llaga de lo que nos gusta y lo que no, el arte sigue siendo un medio para exponer un pedazo de realidad, mientras seguimos con esta reflexión cada vez que ponemos play a Amores Perros podemos seguir contando cuantos canes aparecen durante la película si de algo sirve, y enterneciéndonos con Octavio esperando en la terminal de autobuses, aún hay muchos cuadros entrañables y dolorosos por ver.

Estudiantes de diseño de la Facultad de Arquitectura y Diseño exponen proyectos finales en la Pinacoteca Universitaria

Colima, Col.– El pasado miércoles 3 de diciembre se expusieron en la Pinacoteca Universitaria más de 100 piezas elaboradas por estudiantes de Diseño Gráfico y Diseño Industrial de la Universidad de Colima, en una muestra que por primera vez integró trabajos de ambas licenciaturas.

La exposición, titulada “El proyecto final” e inaugurada oficialmente a las 8:09 de la noche, reunió proyectos finales que abarcan propuestas funcionales, experimentales, decorativas y conceptuales, mostrando la diversidad creativa que se desarrolla dentro de la Facultad de Arquitectura y Diseño.

Entre las piezas expuestas se encuentra “Ígnea”, una lámpara decorativa postmoderna creada por el estudiante de Diseño Industrial Dashen Fernández, quien explicó que el proceso de elaboración le tomó alrededor de dos meses: “Me tomó un poquito más de siete semanas. La realicé con una experta en piel, que también es diseñadora industrial, y con un artista plástico. Intenté unir los conocimientos de ambos para hacer una lámpara que representara a Colima sin que fuera 100% obvio”, compartió.

Dashen afirma que exponer en un espacio como la Pinacoteca es significativo para los alumnos, ya que por lo general los trabajos permanecen guardados o solo se ven en las aulas: “Para mí significó un espacio muy especial para la exposición de los trabajos que hemos hecho durante todos estos años”, expresó.

Por su parte, Hugo Palos, uno de los docentes organizadores, señaló que montar la exposición representó varios desafíos debido a la agenda del recinto y a que los proyectos finales no se concluyen sino hasta los últimos días del semestre: “Lo más complicado fue organizar el trabajo de todos los alumnos, de toda la facultad. Al ser proyectos finales como tal, no se tenían hasta último momento visibilizados, entonces lo más complicado fue, de una manera casi casi improvisada al final, darle su sitio a cada uno para que pudiese verse bien expuesto en el espacio”, explicó.

Además de los trabajos industriales, también se exhibieron proyectos de diseño gráfico por primera vez, entre ellos los rea-

lizados por la alumna Suzette Topete, quien compartió detalles sobre su participación. “Yo expuse un video y un cartel promocional de un concepto de videojuego: ‘Pans Labyrinth. Between two Worlds’. Este proyecto fue realizado para la materia de ambientes interactivos: diseñé personajes, escenarios, elementos de interfaz, etc. También se expuso mi cartel ‘Dehumanized art’ que participó en la convocatoria de Mut Zur Wut 2025”.

Suzette también destaca la importancia de abrir estos espacios a estudiantes: “Me parece muy valioso. Más allá de la entrega en la facultad, usualmente no se les da a los proyectos la visibilidad que merecen. Esto creó una oportunidad para demostrar y validar públicamente el talento, la dedicación y el esfuerzo de nosotros los estudiantes. Creo que para la Universidad también sirve como carta de presentación o fortalece su imagen, pues demuestra que se está trabajando activamente”

Finalmente, el profesor organizador concluye que ver todas las piezas montadas en conjunto fue una recompensa colectiva:

“Lo más emocionante fue verlas en un recinto que ya por sí mismo las enmarca, las acompaña y las viste. Esta es la segunda muestra de trabajos finales en un espacio como la Pinacoteca y pues vamos corrigiendo, puliendo y perfeccionando la herramienta para agilizar todo este proceso de exposición”. Finalmente, comentó que una de sus propuestas para proyectar a futuro consiste en generar un catálogo de piezas para motivar al estudiantado a crear proyectos cada vez más profesionales y con potencial comercial.

Poemas

Ángel Rafael Aguayo Cervantes

IDesperté con pluma en mano reflexionando que el tiempo aquí no será en vano. He visto caer varias lunas y salir los soles me motivo en las mañanas y decaigo por las noches como los girasoles. Se ha terminado la pila a mis controles.

Comprendí que en los vicios y el amor es mejor que no te enroles pues en exceso todo es malo y llega el momento en el que te descontrolas. Aquí encerrado valoré más mis aciertos convertí cada día en escudos protectores ante estas ansias, las traiciones y temores ante los rumores, la incertidumbre de mi pecho y su mal de amores.

Cada noche ha sido mi oportunidad de limpiarme de rencores, sacudirme el polvo y limpiar mis inyectores, a revisar niveles y calentar motores, pues la vida es la carrera los vicios los competidores y aunque me han tomado en curva ¡yo soy de los ganadores!

Autor: Ángel Rafael Aguayo Cervantes

Título: Ulises, hoy

Técnica: Mixta, pintura en aerosol y óleo sobre tela, 80 x 100 cm

II

Saturado en el cuarto por todo este ruido, no me concentro, pareciera que nada tiene sentido.

De pronto, un viento entró por mi ventana susurrándome al oído, llegó en el mejor momento pues casi me daba por vencido.

Viajó desde Comala a la velocidad del sonido para conectar con mi madre en cada respirar, en cada latido.

Mi palpitar regresó en calma la abracé desde mi cama, estuvo aquí conmigo hasta que se metió el sol.

Con su mirada tan sincera me decía: no te rindas “Mi amor”. Ésta es sólo una prueba para que a tu vida le des valor, en tu corazón yo habito, sólo te pediré un favor: No te detengas en las adversidades, el ruido, el hambre o el calor.

Si te contara lo que he escuchado y vivido te estremeces.

Estoy nadando en agua puerca conviviendo con los peces.

He pensado en huir de mi realidad varias veces, pero recapacito y pienso en el día en el que tú me beses. Y aunque mi cabeza de tanto pensar truena como las nueces, regreso en calma cuando en letras apareces.

La inspiración me envuelve y a ella perteneces:

Te cultivo en mis palabras y te quiero, porque sé que lo mereces. Ahora estoy pagando lo que debía con intereses y con creces, han sido dos meses intensos días que se consumen lento, como los inciensos.

Ha sido el despertar del mejor de mis comienzos, de una inspiración que podré escribir en versos y pintar en lienzos.

Es momento de vernos a la cara y dejar de hacernos mensos.

Aprender de los errores, de nuestros momentos más tensos, de estos días tan pesados, con muchos conflictos densos.

Literatura

Empiezo un nuevo reto el peso del tiempo y su contenido neto lo más pesado, aún más que el concreto será llevar a cabo lo que aquí decreto, es algo que todos sabemos, pero lo mantengo en secreto, hablo del silencio, del tormento y mi argumento de poder verme en el espejo, ese útil instrumento tan necesario si lo que busco es un escarmiento el claro ejemplo del estruendo interno del pensamiento. Yo sé lo que soy, mi delirio y mi talento soy sabor amargo, como un buen vino pero suculento mi vocación es expresar y representar el movimiento rectificar mi accionar y fortalecerme desde los cimientos. Cada día será la clave esa partícula de tiempo es la llave en 24 horas o 25 a veces le cabe tener buena actitud hasta que el día acabe, siempre con fibra, humildad y templanza serán mi mejor compañía, mi mejor alianza el esfuerzo diario será mi empresa de mudanza. Crear un ritmo, con mi rutina la música y la danza confiando en mi persona en levantarme enseguida si caí a la lona en saber que el tiempo se va y no perdona que la conciencia difícilmente se engaña o se soborna entendiendo que lo material es externo y sólo adorna la verdadera esencia, encontrada en la virtud y la demencia es un recuerdo incendiado de paciencia calcinado por sus textos y tu ausencia. Al igual que el Fénix renazco con nueva conciencia.

Iniciativa

La iniciativa aún esbelta, inquieta mi realidad, me lleva por su caudal feroz, me envuelve de verdad. Ilícito se vuelve mi parpadeo fuera de la vanidad pues ya no veo hacia lo externo, me alejo de la inmunidad.

Conservo en mi acervo muestras de gallardía regreso a mi pasado y me detengo a mediodía descalzo sobre la arena de mi propia cobardía observo que aún no es tarde, que puedo todavía.

Cuido de las palabras, como quien quiere su melancolía, yo sin ellas sería el silencio de aquello que me dolía. la métrica es intrínseca y carece de anatomía, invertebrado es su cuerpo, tan diversa como la gastronomía.

Escribir a mí me salva de las rúbricas, de la insistencia de pensarte al alba erosionando la superficie de mi cabeza calva al recordar el ritmo del viento en tu falda.

Ya no hay tormento, simple excusa de la mente eso es pretexto, argumento iluso e inconsciente: ya egresé de la carrera, así de inmenso y elocuente es este instrumento: el título y la cédula profesional no mienten.

Estos escritos sólo son frases de una tarde amena, de reflexión. Me quedé sentado mirando adentro de este cabrón y saltaron letras en cada exhalación. Encontré mi centro, está junto a este renglón.

Autor: Ángel Rafael Aguayo Cervantes

Título: Introspección

Técnica: Óleo sobre tela, 80 x 60 cm

Autor: Ángel Rafael Aguayo Cervantes

Título: Tláloc niño

Técnica: Óleo sobre madera, 100 x 90 cm

Autor: Ángel Rafael Aguayo Cervantes

Título: Caída en el círculo vicioso

Técnica: Mixta, pintura en aerosol y óleo sobre tela, 188.4 cm2

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