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EL-COMENTARIO-SEMANAL-461

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Semanal

LUNES 23 de marzo de 2026

Historia

Colima en la memoria educativa de José Vasconcelos

Marco Antonio Vuelvas Solórzano

Abrevadero de ideas Las curvas del lenguaje. Segunda Parte

César A. Terrero

Entrevista

Raíces de café y cacao “A Love Coltrane” … una charla con Bindu Gross Parte I Diana Peña

La maestra rural (fragmento). Autor: Diego Rivera

Colima en la memoria educativa de José Vasconcelos

En el recuento que José Vasconcelos dejó escrito sobre su vida, se menciona a Colima dos veces. La primera de ellas en el primer tomo de sus memorias, y quizá el más famoso: “Ulises criollo”, en el cual relata su infancia, adolescencia y vínculos con en el grupo de intelectuales conocido como Ateneo de la Juventud, además de su intervención en la revolución mexicana, como parte de los movimientos subversivos que apoyaron la rebelión de Francisco I Madero, y posterior exilio. En un fragmento de ese primer tomo, relata la parte de su vida que denomina como “abogado de la legua”, en la que, como joven litigante, ingresó a trabajar en el bufete de un abogado norteamericano de apellido Warner. En ese periodo, atendiendo los asuntos legales de la compañía viajó por diversas comunidades aledañas a ciudad

de México, además de Zacatecas, Aguascalientes, Oaxaca, Chihuahua, Texas y, en un relato poco conocido, en las cercanías de Colima.

Originalmente, el objetivo del viaje era llegar a la capital colimense, dado que un cliente al que llama Beckins para ocultar su nombre real había recibido el nombramiento como albacea en un testamento que cuantificaba numerosos negocios y bienes en Colima. El tren, sin embargo, solamente llegaba a la localidad de Tuxpan, en el sur de Jalisco, desde donde se encontraban trabajando para extender las vías de ferrocarril. Tras una cena y noche caótica, decidieron regresar en tren a Guadalajara y continuar con diligencias en otros lugares.

Vasconcelos ya daba cuenta en ese primer acercamiento de los cambios de vegetación entre la selva baja y un recubrimiento boscoso en las inmediaciones de Tuxpan, donde ya empiezan a verse árboles más propios del paisaje colimense como las primaveras, y el espectáculo de las alfombras de flores cuando van cayendo alrededor de los árboles.

La segunda vez que menciona a Colima, se relata en el inicio del tercer tomo de autobiografía: “El desastre” en el que cuenta el periodo como secretario de educación, la puesta en marcha de un proyecto sumamente ambicioso y las giras de trabajo realizadas para convencer a autoridades, profesores e intelectuales de colaborar en la campaña masiva de educación de la recién creada SEP.

La SEP fue creada tras una campaña de Vasconcelos mientras fue rector de la Universidad Nacional (ahora UNAM) durante el gobierno de Adolfo de la Huerta, y nombrado Secretario de Educación (en sustitución del Ministerio de Educación

existente hasta ese momento) en la presidencia de Álvaro Obregón. Vasconcelos había ideado desde su etapa como rector de la Universidad Nacional un ambicioso programa educativo, que ya como secretario se consolidó como “Misiones culturales” y que, de hecho, la tercera misión fundada en el país corresponde a la comunidad de Suchitlán, según los registros de la SEP en 1922.

Al llegar, a comienzos de 1921, Vasconcelos describe a detalle algo que le llama la atención y que es distintivo del estado, la “casa colimota”:

La ciudad se miraba espaciosa en sus calles bien empedradas, limpias las aceras embaldosadas, pintadas de blanco y de azul las fachadas y en las ventanas rejas de hierro. De un solo piso las casas, y sin solución de continuidad, ligadas en bloques o manzanas de estilo colonial. Adentro, patios lozanos de macetas con gardenias y jazmines y huertos cercados de mampostería, de donde asoma el penacho tropical de las palmeras. Los españoles, hábiles para acomodarse al clima, transportaron de Andalucía la moda señorial y adecuada de los gruesos muros, los techos altos y vanos amplios, pero no numerosos, puesto que la luz deslumbra y la resolana quema en estas zonas. De esta suerte se obtienen recintos bien protegidos, sombreados y amplios, muy superiores a la casa estilo bungalow que los americanos han introducido por Panamá.

Asombrado por el “ambiente vegetal” de “selva urbanizada” en sus memorias sigue describiendo algunos elementos que llaman su atención del paisaje y arquitectura colimense, pero particularmente destaca una bebida tradicional, que es mejor leer en las palabras del propio José Vasconcelos. El pasaje es extenso,

pero vale la pena leer el deleite con que Vasconcelos recordaría el asunto muchos años después de su viaje:

Los vendedores de tuba son otra singularidad de Colima. De los extremos de una vara larga que lleva al hombro el vendedor, penden dos calabazos o guajes en que fermenta el jugo de la palma llamado tuba. Bebida deliciosa de dulzor que no empalaga, color claro, espuma ligera y escasísimo elemento alcohólico. El aguamiel de los magueyes da una idea de la tuba; pero en vez del dejo repugnante y los efectos terribles del pulque, la tuba es inocente y limpia; se agria cuando se pasa de punto y ya no se bebe; nunca embriaga. La tuba se obtiene a la manera del pulque, mediante una raspa que practica el labriego al atardecer, trepando descalzo y con destreza de mono, al cogollo en lo alto. Una olla apropiada recoge la destilación de toda la noche, y al amanecer se baja lleno el jarro para el refresco antes del almuerzo. Por desgracia, no se ha logrado hallar la preparación que permita conservar embotellado el líquido, y no se le puede beber fuera de la zona de los cocos. También es extraño que en el golfo no se elabore o no se produzca la tuba. En cambio, he leído que en Filipinas constituye la bebida popular.

De invitados pasamos una mañana en una de las huertas o quintas que producen la tuba, soñando despiertos con la

ilusión de establecernos alguna vez para siempre en los alrededores de Colima, en sana paz y disfrute. Montenegro y Ledesma hicieron algo más que sueños estériles. Pintaron acuarelas de vendedor de tuba y otros tipos entre casas y panoramas colimenses. Y puede decirse que estos ingenuos trabajos fueron el comienzo de la pintura de tema popular que más tarde hizo escuela. Así como también todo el renacimiento de la cerámica nacional parte del viaje que a Oaxaca habían hecho semanas antes Enciso y Montenegro. Unos platos decorados que por allá crearon Enciso y Montenegro fueron las primicias de lo que es hoy una industria artística.

Después de convencer a las autoridades estatales, se ofreció una fiesta en la que se incluyeron a los niños de las escuelas para mostrar el trabajo que se hacía en Colima en materia educativa. Ocurrieron los eventos esperables, participación de niños recitando, bailables, intervención de las autoridades escolares y gubernamentales, además de ello, sin embargo, inesperado:

Y, de pronto, los niños que ocupaban media sala, en las lunetas, se contagiaron y se pusieron a conversar en alta voz, unos con otros. Y llenó el espacio una suerte de oleaje musical de voces frescas. En vano los oradores, los cantantes, pretendían hacerse oír; las maestras, impotentes

ante aquella subversión inconsciente, hacían señas, se mostraban abochornadas. Se anunció que hablaría el futuro ministro, y los niños, por completo indiferentes a jerarquías, continuaron su algazara inocente. Una maestra pretendió distraerlos contándoles un cuento; pero no estaban los chicos para cuentos. Por fin, no hubo más remedio que levantar el campo. Y salimos riéndonos de la ocurrencia, tomándola casi como un presagio de los buenos tiempos que venían para la escuela mexicana, en la que el niño iba a ser, ya no una carga, sino un tesoro.

Más allá del tono salvador y una fe amplia en la tarea de los intelectuales, Vasconcelos deja en claro su visión educativa y su tarea intelectual, la conjunción de las élites intelectuales en trabajo comunitario para el rescate, preservación y ampliación de las tradiciones, y la integración de los saberes populares en su visión de Nación. El relato de Vasconcelos termina del siguiente modo:

Al día siguiente partimos para Manzanillo, a los baños de mar. Hasta la playa llegaban vendedores populares que ofrecen tuba, frutas y dulces. De allí sacó Montenegro el motivo de la vendedora de pericos que decora el vitral de la ex iglesia de San Pedro y San Pablo, titulada De las Discusiones Libres, en recuerdo de mis épocas de afición indostánica…

Equivocados

Prácticamente siempre estamos equivocados. Tenemos una facilidad asombrosa para engañarnos e inventar cosas que, de verdad, casi siempre nos equivocamos. En la ciencia, también, casi siempre nos equivocamos. Es posible que la idea que se tiene de la ciencia es que siempre dice tener la razón y que no se equivoca, algo así como la religión. Es curioso que en realidad la situación sea dramáticamente opuesta.

Ante cualquier duda, ante cualquier interrogación, todos desarrollamos una explicación. Con diferentes niveles y profundidades, nuestro cerebro invariablemente genera alguna respuesta. Casi siempre se equivoca. De hecho, nuestro cerebro es tan terco en querer explicar las cosas, que muchas veces nos obliga a ver, escuchar, sentir cosas que en realidad no suceden. Lo hace para que sus propias explicaciones sean validadas.

Así, cuando una persona que se dedica a la ciencia de manera profesional trata de entender algún fenómeno nuevo, de la misma manera, su cerebro produce ideas y explicaciones que prácticamente siempre están equivocadas. Sin embargo, al ser persona de ciencia, rápidamente pone a prueba sus ideas y se da cuenta de que lo que se imaginó a primera instancia en realidad no funciona. Luego, casi de inmediato, se le ocurre alguna otra cosa. Y lo mismo, resultado negativo. Luego otra vez, y otra, y otra.

La diferencia crucial entre el científico y la persona común es que aquel intentará verificar por todos los medios disponibles si la idea original, modificada muchas veces por su misma insuficiencia ante la

realidad, es correcta o no. Le interesa determinar si al menos se acerca un poco a lo que la naturaleza manifiesta.

Y como todas las personas, científicas o no, el científico muchas veces termina por engañarse a sí mismo. No quiere, ¡no puede! renunciar a su idea, incluso cuando la evidencia apunta en otra dirección. El científico, el individuo, no deja de tener un cerebro humano con preferencias, dogmas e inseguridades, pero, sobre todo, muy terco.

Es aquí donde entra lo interesante e importante de la ciencia que, a través de su método, elimina estas deficiencias. Un ingrediente esencial consiste en demandar la confirmación independiente, por parte de muchas otras personas, de cualquier resultado obtenido. Es precisamente así, bajo la confirmación y escrutinio de

muchas personas diferentes, e incluso épocas diferentes, que la ciencia avanza. Los conocimientos científicos nunca son absolutos, siempre van adaptándose a nuevas y cada vez más precisas observaciones. La verdad científica crece y se mejora. Conforme va creciendo, no solo reemplaza lo viejo, sino que entiende las limitaciones de las descripciones anteriores, explicando por qué sí funcionaron en el ámbito en el que fueron obtenidas (y por ende siguen funcionando para ello), al mismo tiempo que provee de nuevos conocimientos que van más allá.

Una posible manera de describir cómo es que avanzamos en la ciencia es la siguiente: dada una idea, una hipótesis sobre algún aspecto de la naturaleza, todos intentamos romperla. Intentamos destrozarla. Buscamos el lugar en el que

falla, en el que no se aplica, en el que no es válida. En cuanto alguien dice tener una verdad, el resto nos empecinamos en demostrar que no, que está equivocado. Por eso, cuando se dice que algo es científicamente comprobado o avalado, lo consideramos robusto y poderoso: se ha intentado derribarlo por todos los medios disponibles (y se seguirá haciendo) y no se ha logrado. Si no representa una verdad ¡seguramente anda cerca! Para avanzar es necesario poder decir: “estás equivocado.”

Esta frase, emanada con sustento y desde una honesta intención de saber, de indagar, de cerciorar, es la frase más hermosa que se puede emitir. Permite explorar e imaginar respuestas a las preguntas más apremiantes y universales de nuestra especie.

No sorprende entonces que los científicos, al encontrarnos ante aseveraciones sobre fenómenos que evidentemente se contraponen a las leyes descubiertas, reaccionamos con incredulidad y escepticismo de manera inmediata. Cuando se nos dice que existen fenómenos que claramente contradirían las verdades científicas conocidas, resulta evidente que se trata de alguna confusión o de alguna charlatanería.

Es común también que muchas personas perciban esto como una actitud cerrada o arrogante por parte de los científicos, pero curiosamente, no podría estar más alejado de la verdad. Cuando reaccionamos así ante ideas descabelladas, no es porque no nos guste tal o cual idea. Tampoco porque creamos que las verdades científicas sean sagradas. No. Lo que pasa es que nosotros mismos nos dedicamos precisamente a tratar de romperlas, de estirarlas hasta donde se revienten. Sa-

bemos que no son absolutas y además aprendimos que destruyéndolas es como aprendemos más. Así que si las contradicciones burdas, grandes y obscenas que a veces nos dicen ocurren de verdad existieran, no sería nada difícil verificarlas.

No somos defensores de verdades. No nos dedicamos a cuidar que nuestras verdades sean acatadas ni aceptadas. Simplemente nos dedicamos a intentar describir y entender la naturaleza de manera honesta. Durante los últimos cuatro siglos, gracias a ese sistema, hemos encontrado algunas ideas muy bonitas sobre cómo funciona la naturaleza. Las analizamos, las extendemos, las rompemos. Conforme conocemos más, somos capaces de generar nuevas maneras de explorar (en un proceso auto-generativo): construimos mejores instrumentos para nuestros experimentos, con mejor tecnología que nos permite observar nuevos aspectos antes desconocidos, con eso aprendemos más y así sucesivamente. Al ser humanos tenemos bandos, grupos, escuelas. Nos peleamos. Algunos podemos morir aferrados a nuestra idea (otra vez, el cerebro es terco). Pueden pasar generaciones enteras en dilemas y confusiones y, aun así, ya que la mayoría de los involucrados se mueran, sobrevivirá aquella idea, si es que la había, que más se haya acercado a la realidad. Lo demás quedará en el olvido o, si tiene suerte (el individuo), podrá suscitar algún trabajo de carácter histórico, pero nada más.

Como diría Santiago Ramón y Cajal cuando en una reunión social alguien le preguntó “¿qué tal querido Cajal, qué verdad encontró hoy?” A lo que él amablemente respondió: “Ninguna. Las verdades son difíciles de encontrar, si no, no se les buscaría tanto.”

Directorio

Christian Jorge Torres Ortiz Zermeño Rector

Joel Nino Jr Secretario General

Jorge Martínez Durán Coordinador General de Comunicación Social

Jorge Vega Aguayo Director General de Prensa

José Ferruzca González Director del periódico El Comentario

Marco Antonio Vuelvas Solorzano Editor

Miguel Ángel Ávila García Edición y diseño

El Comentario Semanal

Las curvas del lenguaje. Segunda Parte.

En la primera entrega de esta reflexión, analicé cómo el préstamo de palabras cotidianas para describir hallazgos científicos genera un “teléfono descompuesto” entre el rigor matemático y la intuición pública. Vimos que metáforas populares, como la “sábana elástica” para explicar la curvatura del espaciotiempo, a menudo terminan suplantando la realidad física por una escenografía engañosa que, lejos de educar, alimenta la confusión y la pseudociencia. Ante este peligro, propuse una alternativa al consumo pasivo de imágenes: la participación activa del lector en la construcción del conocimiento “ladrillo a ladrillo”. Retomaré hoy esa tarea de reconstrucción, alejándonos de las analogías elásticas para establecer la noción de la curvatura del espaciotiempo sobre un cimiento físico real, observable e incontestable: el comportamiento de la luz.

Partamos de un concepto familiar: la velocidad. En Física, la velocidad no es solo rapidez; es un vector que nos indica la dirección hacia donde se mueve algo y a qué ritmo se desplaza. Un pilar de la Relatividad es que siempre existe una porción suficientemente pequeña del espaciotiempo donde cualquier deformación es imperceptible y la luz viaja en línea recta con una rapidez constante. Esto es similar a lo que observamos sobre la superficie de la Tierra que, aunque es un esferoide, normalmente en unos metros a nuestro alrededor luce plana. Las propiedades geométricas de esa pequeña porción del espaciotiempo son el estándar de rectitud del universo. Sin embargo, sabemos que la luz cambia su comportamiento cuando interactúa con la materia. Lo vemos todos los días en fenómenos como la reflexión en un espejo o la refracción en un vaso con agua. Cuando la luz atraviesa una lente de cristal, su trayectoria se desvía y su ritmo cambia, permitiéndonos ampliar imágenes o corregir nuestra visión. Así es como la luz reflejada en una hormiga lejana puede ser enfocada por una lente para que nuestro ojo la perciba con claridad.

Aquí es donde los “ladrillos” de la Mecánica y la Óptica nos ayudan a entender el espaciotiempo sin necesidad de sábanas elásticas. Podemos visualizar la deformación que la materia y la energía ocasionan en el espaciotiempo como si la región afectada del universo indujese cambios en la rapidez o dirección de la luz, por ejemplo, el mismo efecto que una lente. Si en ausencia de cualquier interacción directa con la materia-energía (como con el cristal de la lente en la figura anterior), la luz se moviese siempre en línea recta, tendríamos una situación como se representa en la siguiente imagen:

Acá en la Tierra no podríamos observar la galaxia distante A porque nos sería ocultada por la galaxia B en primer plano. No obstante, ya mencionamos que la Relatividad General indica que cuando la luz pasa cerca de un objeto masivo, como una galaxia, su trayectoria se curva porque el escenario por el que viaja (el espaciotiempo) ha cambiado sus propiedades a causa de la presencia de esa masa. Entonces tenemos una situación como la que se representa en la siguiente figura:

Ahora observamos en la Tierra la galaxia distante A de forma análoga a como el cristal de una lente desvía los rayos de luz. Aunque no existe tal cristal, la desviación es ocasionada por la deformación del espaciotiempo debida a la presencia de la galaxia B. Por eso a este fenómeno se le denomina “lente gravitacional”.

Así como las cualidades de una lente óptica deben ser talladas con precisión para lograr la magnificación deseada, no cualquier objeto en el cosmos produce una lente gravitacional discernible. La intensidad del efecto depende de forma extrema de la densidad de masa (o su equivalente en energía) del objeto que ac-

túa como mediador. En nuestra escala cotidiana, la masa de los objetos es tan insignificante que cualquier cuerpo opaco es suficiente para bloquear por completo nuestra visión. La deformación del espaciotiempo que generan Alondra, Blanca y César por separado o juntos (o incluso toda la población mundial reunida en un abrazo) es tan sutil que resulta indetectable. Esto cambia drásticamente a escala astronómica: las galaxias contienen un promedio de 200,000 millones de estrellas y una vasta cantidad de materia oscura, alcanzando masas del orden de los 1042 kilogramos (un trillón de veces mayor que la masa de la Tierra). Ante magnitudes similares la “lente” del espaciotiempo es lo suficientemente poderosa para desviar la luz de manera ostensible. La existencia de lentes gravitacionales ha sido verificada en numerosas ocasiones. La confirmación más espectacular de este fenómeno fue documentada recientemente por el Telescopio Espacial James Webb (NASA/ESA/CSA) en lo que se denomina un “Anillo de Einstein”. En este caso, la galaxia elíptica perteneciente al cúmulo SMACSJ0028.2-7537 actúa como una lente gravitacional. Debido a su presencia la luz de una galaxia espiral mucho más distante, situada en una alineación casi perfecta detrás de ella, se desvía de la trayectoria rectilínea y se envuelve sobre sí misma hasta formar un anillo de luz (https://esawebb.org/ images/potm2503a/). Este hallazgo es fruto del programa SLICE (Strong Lensing and Cluster Evolution), liderado por Guillaume Mahler de la Universidad de Lieja, junto a un equipo internacional de astrónomos. Al utilizar el instrumento NIRCam del Webb, en combinación con datos de las cámaras del Hubble, el equipo ha logrado “ver” la curvatura invisible del cosmos y, además, han contribuido a desarrollar una herramienta para estudiar estructuras estelares en galaxias que, de otro modo, serían demasiado tenues para nuestra tecnología actual.

Obviamente, “lente gravitacional” es también una metáfora. Sin embargo, la curva del lenguaje empieza a enderezarse cuando comprendemos que el espaciotiempo no es algo que se dobla hacia “afuera” de la realidad, sino un medio cuya estructura física dicta cómo se mueven la luz y toda otra forma de materia. Llegados a este punto, debemos reconocer una verdad incómoda: nuestro lenguaje se desarrolló para sobrevivir en la Tierra, no para describir el tejido del cosmos. Cuando el científico dice “curva” y el público entiende “sábana”, el abismo que se abre no es sólo terminológico, sino conceptual. La humildad lingüística consiste en aceptar que nuestras palabras son, en el mejor de los casos, aproximaciones poéticas a una realidad cuya mejor descripción objetiva es lograda en el lenguaje de las matemáticas.

El peligro de la percepción deficiente de la realidad no se combate con metáforas cada vez más simples, sino con la honestidad de reconocer dónde termina la analogía y dónde empieza el rigor. Si queremos que la ciencia sea parte de nuestra cultura general (y esto cada vez parece menos un lujo y más una necesidad para la supervivencia), debemos abandonar la comodidad de la imagen mental para aceptar el esfuerzo que exige el conocimiento, incluso a un nivel básico. Recuperar la precisión en el habla no es un capricho académico: al pararnos en “home” para hacer “swing” al misterio e intentar recorrer las bases de la realidad objetiva, esa precisión es el único antídoto contra las curvas de la desinformación y la pseudociencia. Cuando seamos conscientes de las limitaciones de nuestras palabras empezaremos a ver el universo tal cual es, y no como nuestras metáforas nos obligan a imaginarlo. Como muestra la Historia, esa visión es la base de nuestras decisiones y acciones como comunidad.

Nosotras, nuestros papeles y el quehacer científico.

Soy Física, científica de interacciones fuertes, y cumplo un tostón. Me encanta escribir papeles y tener papeles. Los papeles o, como les decimos con cariño a los papers, son el vehículo compacto y todo terreno que usamos las personas que nos dedicamos a la ciencia, para reportar por escrito lo que hacemos. Además de escribir, todo el tiempo queremos hablar de lo que hemos entendido, desarrollado, inventado e implementado en nuestro quehacer científico. En los pizarrones, en las compus y en los laboratorios suceden todo tipo de cosas, y los papers son la mejor manera de compartir eso que nos apasiona. Es un sistema de chisme científico sucinto y que funciona muy bien: ¡no se nos pasa un detallito de nada!. Tan es asi, que luego ésto ha permitido que quienes hacen ciencia en otras latitudes, refuten o repliquen lo que hemos contado en nuestros papers. Luego leer y compartir papers, hace que otras científicas se unen a nuestros esfuerzos a la distancia… y para la fiesta científica, entre más seamos, es mejor.

Por ello, cuando leí “El papel de la mujer en la ciencia”, lo primero que pensé fue: ¡qué ilusión me hace que algún día, este título hable de “Los papers de las mujeres científicas”!. Por ahora ese título correspondía a un evento que, hasta ese día, no tenía nombre, y que al final, fue nombrado por los otros. No es un papel, ni el papel. Tampoco es la mujer. En todo caso, “Los roles de las mujeres en la ciencia”, “Las científicas en México y su entorno institucional”, … se me ocurren varios. Pero bueno, lo que quiero contarles es de como un grupo de científicas nos juntamos para desarrollar una ruta

de diálogos, análisis y propuestas de políticas públicas para hablar y escribir sobre nosotras, más allá de lo que los-otros dicen y escriben sobre nosotras. Ha sido una experiencia que nos ha permitido re-apropiarnos nuestros papeles, ponerlos de cabeza y hacerlos como nos gusta hacer los papers.

Un día empecé a juntarme en redes sociales con unas científicas en foros y entrenamientos de Mentoría en STEM. Ellas son Elena, Mina, Julia, Gris, Lulú y Vero. Nos fuimos escuchando y fuimos acercándonos unas a las otras, hasta que emergió una colectiva. El pegamento que nos une es Mónica. Primero déjenme contarles que Mónica es la única que no siguió una carrera científica, pero es lo más cercano que he conocido a una persona no-científica que quiere que haya más de nosotras y trabaja para ello en círculos de tomadores de decisiones en México y en el mundo. Siempre esta compartiendo información, empujando a que nos juntemos a charlas de sueños y de proyectos entrañables, y a ponernos en acción. Cuando Mónica nos habla o nos escribe, siempre aporta y nutre lo que la colectiva busca y siempre es la primera en colaborar en un nuevo proyecto o aquelarre. Mónica fue nuestra Project Manager del Programa de Mentoría en STEM del Consejo Británico y desde entonces, somos inseparables en todo lo que tiene que ver con las científicas incipientes y consolidadas en México y en el mundo.

Elena trabaja en la Ciudad de México, es Química con interés específico en la nutrición de los bebés durante sus primeros meses y del impacto que tiene ello en sus vidas. Ella es una científica elegante y elocuente, con una hermosa cabellera blanca y una sonrisa que te contagia. Se los pongo asi: si un día hacen una película

de nosotras, Elena será aquella en la que digan: “y en el papel de Elena, ella misma”. Mina trabaja en la Ciudad de México, es Bióloga experimental y lo que más le gusta es estar en el laboratorio, rodeada de sustancias, células y muestras con sus estudiantes. Ella es una científica que tiene una enorme habilidad para liderear iniciativas y lograr consensos rapidísimo. Su trato es como de alguien que hace mucho conoces. Siempre escucha a todas, es directa cuando te comparte lo que piensa y, a la vez, invita a la colaboración sin filtros. No se anda con rodeos, y eso es valiosísimo.

Julia trabaja en Campeche, es Fisicoquímica y le encanta la exploración de la atmósfera y de los efectos de contaminantes en el clima. Ella es quien ha creado un programa de mentorías en STEM similar al que creamos acá en Colima, asi que nos conocimos primero porque tenemos el interés común de entrelazar los procesos de mentoría entre las universidades y los bachilleratos. Julia tiene una amplia trayectoria como científica, y ha ocupado puestos de liderazgo y toma de decisiones en los que ella ha impulsado las trayectorias científicas diversas. Con su risa contagiosa, Julia siempre tiene este optimismo inquebrantable que nos levanta cuando la cosa se pone difícil. Gris trabaja en Nuevo León, es Ingeniera a la que le encantan los temas de modelar y desarrollar sistemas que permitan monitorear la salud de las personas. Siendo ingeniera, se sumerge en grupos de colaboración con personas que se dedican a las Matemáticas, para poder optimizar el control de los sistemas que diseña. Gris y yo hicimos click, desde el momento que la colectiva nos dieron la pauta (nos la tomamos realmente) para implementar el uso de nuevas tecnologías, análisis de datos y asistencia con IA. Nos encanturrea

inventar nuevas maneras de mejorar (según nosotras… complicar, según las otras) la escritura, organización y lanzamiento de iniciativas. Gris es la amiga que habla tu idioma y a la que le hablas cuando la discusión va a necesitar firmeza y que el barrio respalde. A Lulú un día le cancelaron un vuelo, subió a su carro, subió a su hermana en El Mante, Tamaulipas para manejar a la Ciudad de México a un evento que organizamos en la colectiva. ¿Así o más decisión, empuje y compromiso? Los temas preferidos de Lulú se encuentran en la intersección de la ecología con la contaminación por metales pesados, lo que le ha permitido incursionar en la acuacultura. Vero es Neuroetóloga en Tlaxcala, quizá la única de todas que no solo participa totalmente en todas las iniciativas y trabajos pendientes, sino que constantemente nos hace ver que las diferentes habilidades de cada una, ensamblan en momentos distintos de nuestras colaboraciones. Quizá ya escribió varios papers de nuestra capacidad de adaptarnos al terreno sinuoso de la vida académica, al mismo tiempo que compartimos un vinito o un mezcal en la colectiva .

Mónica, Elena, Mina, Julia, Gris, Lulú y Vero me han hecho re-pensar las desigualdades de género en los espacios donde se desarrolla la ciencia en México. Antes lo pensaba como un problema de trayectorias individuales con decisiones difíciles, contextos familiares complejos, interrupciones inevitables. Como otras científicas, integré los obstáculos y los traduje en resiliencia, pero olvidé que los espacios e instituciones son el mar en el que navegamos dichas trayectorias. Tal y como las olas del mar pueden sacarte hacia la orilla, impulsarte hacia mar abierto o arrullarte en zonas tranquilas, las olas son las condiciones de los espacios y políticas públicas, que también impactan en

las trayectorias científicas. Participar en el diseño, implementación y moderación de procesos colectivos con ellas - primero a escala nacional y luego dentro de mi propia institución – nos ayudó a contextualizar estas narrativas. Nos pusimos a imaginar mesas de trabajo con dinámicas de discusión y de interacción entre personas que toman decisiones en diversas instituciones y que impactan en el bienestar de las personas científicas. Este trabajo que era imaginado, se aterrizó con el apoyo de la UAM Iztapalapa, UNESCO México, AMC, UNAM, L’Oreal México y SECIHTI. Llegamos un 15 de agosto al Encuentro Nacional “El papel de las mujeres en la ciencia y la tecnología en México 2025” que ha sido para nosotras un primer punto de inflexión.

En este evento moderamos las mesas para las que habíamos diseñado dinámicas específicas, en las que participaron universidades, agencias gubernamentales, organismos internacionales y científicas de múltiples disciplinas. Lo que emergió fue contundente: en México la brecha de género en STEM no es un accidente, ni una cuestión de vocación. Es el resul-

tado de estructuras institucionales que no fueron diseñadas para sostener trayectorias diversas. Pero también surgieron muchas iniciativas y soluciones que nos permitirán empujar para cambios y transformaciones en el tema. Uno de los hallazgos más complejos - y más incómodos – de estos diálogos, es la centralidad de la violencia de género, no solo en sus formas explícitas, sino en las microdinámicas cotidianas: deslegitimación, aislamiento, sobrecarga, silenciamiento. Estas violencias afectan directamente la permanencia, el bienestar y el liderazgo de las mujeres en STEM. No aparecen en los indicadores tradicionales de desempeño académico, pero operan como fuerzas de expulsión silenciosas. Por otro lado, una de las lecciones más claras es que las trayectorias STEM no se sostienen solo con talento. Se sostienen con redes, referentes, acompañamiento y espacios seguros. Aquí es donde el diálogo con instancias como SECIHTI, ANUIES y las agencias financiadoras se vuelve crucial. Sin cambios en los espacios, en los incentivos, en los criterios de evaluación y en la asignación de recursos, las buenas prácticas quedan aisladas.

Pero el verdadero desafío comenzó después: ¿qué hacemos con ese diagnóstico cuando regresamos a casa?, ¿cómo se traduce en cambios reales dentro de una universidad pública? Una de las iniciativas que impulsamos en la UdeC, es el Programa Institucional de Mentorías en STEM. Aquí estudiantes mujeres de último año de bachillerato participan en sesiones de mentoría STEM y acompañamiento especializado, para descubrir las posibles trayectorias en STEM y las oportunidades que surgen en México y el mundo. Otra

de las iniciativas que estamos impulsando incluye una metodología en donde apostamos por escuchar. Escuchar de manera sistemática, situada y con rigor. El proyecto UdeC “Mujeres STEM en trayectorias escolares y profesionales que permanecen” parte de un diagnóstico social participativo: grupos focales, talleres, mapeo de trayectorias, diálogos intergeneracionales. Las mujeres no son solo informantes; son co-investigadoras y co-diseñadoras de soluciones. Estos enfoques y acciones se plantean porque

el impacto de las políticas públicas es en parte gracias a reconocer la experiencia vivida de quienes somos STEM. ¿Por qué insistir tanto en una universidad pública específica? Porque las transformaciones reales siempre son situadas. Pero cuando se documentan con rigor, se vuelven replicables.

Moderar diálogos, escuchar relatos de violencia y resistencia, traducir experiencias en propuestas institucionales, me atravesaron como científica. Los espacios científicos y políticas públicas que los rigen, los espacios que habitamos, en los que queremos seguir haciendo ciencia, no son espacios neutros. Las instituciones en las que científicas, desarrollan su trabajo, financían sus proyectos, promueven y otorgan oportunidades de crecer, deben cuestionar todo el tiempo: dadas las condiciones que prevalecen, ¿quién puede permanecer?, ¿en qué condiciones? y ¿a qué costo?. Obviamente que transformar instituciones no es rápido, ni sencillo: implica conflicto, incomodidad y persistencia. Pero también es una oportunidad para nosotras redefinir la comunidad científica. Si en México habrá un sistema científico robusto, diverso y socialmente relevante, no puede seguir perdiendo a mujeres en el camino. La igualdad de género en STEM no es un tema accesorio, es una condición estructural para el desarrollo científico del país. Transformar desde dentro es lento, pero es la única vía sostenible y divertida, sobre todo para nosotras las de la colectiva: Mónica, Elena, Mina, Julia, Gris, Lulú y Vero.

Raíces de café y cacao “A Love Coltrane” … una charla con Bindu Gross

Parte I

Productora de radio, gestora cultural, docente por horas en el Departamento de Danza del Instituto Universitario de Bellas Artes y responsable de producciones y eventos especiales en Universo 94.9 (... y mamá).

La primera vez que escuché el sonido de John Coltrane fue en el otoño de 2001, a solas, en mi habitación, durante una noche que se sintió como un parpadeo. Acostada sobre mi cama, con las luces apagadas, con la certeza de habitar en la casa de mis padres y vivir en una ciudad aparentemente tranquila. Allí estaba, tendida ante el asombro, sin comprender por qué no podía dejar de escuchar ese álbum llamado “Kind of Blue” ¿qué tenía? ¿Qué era eso? Así fue mi primera vez escuchando conscientemente, lo que después supe, nombraban jazz

Casi 25 años después esta música sigue sorprendiéndome gratamente, cada álbum es un rayo de luz que me ha guiado por caminos inimaginables. Mucho ha cambiado la dinámica y la energía de ese espacio físico que fue testigo de mi primera escucha. Ahora, yo soy parte de la certeza de un preadolescente que crece en una pequeña ciudad de la furia.

El 19 de febrero, mientras deslizaba el dedo índice en la pantalla de mi celular, un sonido llamó mi atención, era como una ligera brisa, como un respiro, como un llamado a la escucha. Abrí la publicación, y era un video. Un video de quince segundos, con el inicio del tema del álbum A Love Supreme, Pt. I – Acknowledgement, que presentaba una fotografía

en color sepia del saxofonista estadounidense John Coltrane, y debajo de ella una palabra y un número: COLTRANE 100. Confieso que sentí esperanza. Después una chispa se encendió en mi interior: ¡Escuchemos su música!, pero esta vez no quiero estar sola, esta vez, quiero convocar a saxofonistas, hombres y mujeres de diferentes latitudes para que dialoguemos sobre cada álbum de Trane.

Este viaje lo he titulado A Love Coltrane y empezó a escucharse el pasado 27 de febrero en Vibración Azul, producción que el 4 de febrero celebró 21 años (ya es una producción mayor de edad en todo el mundo). Todos los viernes tendremos un nuevo capítulo, desde la cabina de Universo 94.9 (Radio Universitaria).

El primer invitado es Bindu Gross, saxofonista estadounidense, formado en la State University y la University of Iowa, pero que lleva poco más de cuatro décadas viviendo en Colima, donde se ha convertido en un agente cultural funda-

mental. No solo toca en escenarios, sino que también es un músico “itinerante” que ha llevado el jazz a los espacios públicos, además de impartir clases y talleres. El maestro Bindu Gross tuvo la fortuna de haber compartido escenario con gigantes como Dizzy Gillespie y Alice Coltrane. Junto con la maestra, pianista y compositora mexicana Beatriz Torres Salazar, fundaron en el año 2000 el Café, uno, dos, tres, el que fue pieza angular para el crecimiento y reflexión de la música académica y libre en el Estado de Colima.

Los primeros álbumes para dialogar son Coltrane, grabado el 31 de mayo de 1957, y John Coltrane con el Red Garland Trio, grabado el 23 de agosto de 1957 con la disquera Prestige.

Bindu: Es muy interesante porque él había compartido escenarios con grandes músicos en la orquesta de Dizzie Guilliespie, también como parte del quinteto de Miles Davis. Es interesante porque mucha gente dudaba de su capacidad como sa-

xofonista, no entendieron por qué Miles Davis lo había llamado. Miles estaba buscando a Sonny Rollins, pero Sonny Rollins estaba ocupado en su propia trayectoria, y agarró a Coltrane en un proceso en el que estaba estudiando mucho su instrumento, en ese momento estaba casado con Naima y estaba encontrándose, igual como Miles, en una época en donde los músicos estaban tratando la improvisación con el concepto de encontrar nuevas formas no tan conocidas.

B: Ellos en ese tiempo estaban con un vocabulario musical muy grande porque tomaron en cuenta todo el camino de la música clásica, entonces en lugar de trabajar en orquestas grandes, decidieron hacer su desarrollo en grupos pequeños. Coltrane en este punto estaba trabajando mucho con sus compañeros del grupo de Miles Davis, estaba como ser humano en un momento clave porque empezaba a expresarse por su cuenta, aunque no era bien aceptado por el público, pero con los

músicos había mucho respeto a su tenacidad de estudiar, porque estudiaba todo el tiempo.

B: En 1957 es un Coltrane joven que ya tenía hambre para el conocimiento musical y estaba bien acompañado con la presencia de Miles Davis, porque estuvo con una adicción muy fuerte a la heroína que tardó varios años de liberarse, pero musicalmente estaba en la cumbre del jazz, porque estaba tratando de hacer una expresión que fuera también accesible.

Escuchar a Bindu, me hace detenerme y revisitar la biografía de John Coltrane en su página oficial, para continuar con este tejido de la línea del tiempo de la discografía, del sonido de Trane, y allí encuentro el siguiente relato que es importante compartir para comprender a ese joven John Coltrane:

Su padre predicaba y su abuelo era líder comunitario y ministro. En 1938, ambos fallecieron repentinamente, luego su abuela y una tía, todas con pocos meses de diferencia. El propio Coltrane apenas tenía doce años. La familia estaba devastada, tanto emocional como económicamente. Tras haber empezado a tocar el clarinete, la música se convirtió en una especie de salvavidas para Coltrane. Se mudó a Filadelfia en 1943.

B: Afortunadamente Coltrane tuvo un hogar para su persona, desafortunadamente en ese tiempo había perdido a su papá, y se va del campo a Filadelfia, una ciudad grande. Y se mete en un ámbito muy agresivo, siendo él una persona tan introvertida pero con la fuerza interior que tuvo a través del estudio con su instrumento, él sobresale, se impulsa, después él va a una escuela, pero lo logró porque tenía la necesidad de superarse.

B: La gente alrededor de Coltrane, quienes lo apoyaron, como su primera esposa Naima, que soportó toda su adicción, y los demás músicos, no detectaron sus cualidades, pero eso no lo detuvo, tuvo la inquietud para seguir aprendiendo, todos esos aspectos son muy admirables porque no vino como Miles Davis de una familia de mucho dinero, sus raíces fueron muy

humildes y nunca lo negó y siempre estaba dispuesto a compartir con los demás músicos sus descubrimientos. Estamos hablando de un joven extraordinario, no tan apreciado como Miles Davis. Cuando lo llevó por primera vez al grupo, lo estuvieron criticando, no entendieron por qué tenía a un tipo con un sonido tan lleno de… de humanidad, eso, su humanidad.

Previo a tocar con Miles Davis, Coltrane había participado en la grabación de cuatro álbumes con músicos de la Marina Estadounidense, Dizzy Guillespie y Johny Hodges: Navy Sessions (1946); Dizzy Gillespie Sessions (1949); Dee Gee Days (1951) y Used to be Duke (1954). Con Miles Davis estuvo en una primera etapa de 1955 a 1956. El 24 de mayo de 1956 graba con Sonny Rollins el álbum Tenor Madness

En su biografía oficial cuentan una anécdota de Miles y Coltrane, que ahora comparto:

Coltrane tocaba en el grupo del organista Jimmy Smith a finales del verano de 1955 cuando recibió una llamada de Nueva York para una audición para la banda del trompetista Miles Davis. A pesar de la incertidumbre inicial de Coltrane —«Me avergüenzo bastante de aquellos primeros discos que grabé con Miles. Por qué me eligió, no lo sé», diría más tarde—, a Miles le gustó lo que escuchó. «Después de que empezáramos a tocar juntos un tiempo, supe que este tipo era un cabrón», escribió Davis en su autobiografía. «[Él] era justo la voz que necesitaba en el tenor para realzar la mía».

B: Si vemos la trascendencia de Coltrane como ser humano, su humanidad, es uno de los pocos que sí lo puedes llamar Santo, que en toda su trayectoria está grabado. Lo puedes buscar en discos y escuchar cómo se desarrolló, cada paso con más intensidad y con una presencia espiritual. Coltrane estaba muy inquieto por entenderse más, buscaba a todos los grandes, para saber cuál era el problema, técnicamente, más difícil para cada uno, Coleman Hawkins, Dexter Gordon, Johnny Hodges, Charlie Parker, él buscó a todos estos músicos, les hizo preguntas y todas sus respuestas están en su trabajo. Coltrane era una persona de mucho valor por lo que expresaba, pero en su época, no tenían idea del hambre, espiritualmente hablando, que tuvo, para superarse como ser humano, de encontrarse con su familia trabajando en un país racista, y siendo él una persona muy sensible, una persona de campo.

B: Coltrane nunca dejó de ser sencillo, es como Thelonious Monk, no era como Miles Davis sofistificado en su forma de vestir o expresarse, Coltrane era muy sencillo, muy conectado con la tierra, allí están las respuestas a sus inquietudes, en el universo. Hay que precisar que en cierto punto de su vida, se dio cuenta de su mortalidad, y afortunadamente allí, es que tuvo el esfuerzo de superar su adicción, y de ponerse en contacto con gente muy valiosa, como Miles Davis, después con Thelonious Monk y con sabios como Malcom X y Martín Luther King, Jr.

B: En ese tiempo estaba tocando con Thelonious Monk, y Monk lo ponía a tocar y no le decía nada de la música, él tenía que adaptarse y escuchar, y ya cuando tenía problemas de entender lo que hacía, era cuando Monk salía con sus partituras. Pero mucho tuvo que ver con su desarrollo interior y Coltrane estaba abierto como ser humano para superarse y tuvo la compañía de los mejores músicos del mundo.

En 2005 surgió un descubrimiento increíble en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, el supervisor de laboratorio Larry Appelbaum, encontró unas cintas etiquetadas con el nombre T.Monk, como buen amante de la música, decidió escuchar a Thelonious Monk, pero al hacerlo, comprendió que se trataba de una grabación inédita, realizada el 29 de noviembre de 1957, sí, con John Coltrane en el Carnegie Hall.

Le prometí a Bindu que nuestra conversación sería breve, para dar pie al disfrute de los álbumes en Vibración Azul, pero la curiosidad por ahondar más en cada detalle es inevitable. Así que les invito a sintonizar el 94.9 y acompañarnos con la escucha consciente de la primera etapa de John Coltrane como líder. Aquí dejo abierto el diálogo y la lectura de esta primera parte de A Love Coltrane. https://www.universo949.mx/vibración-azul https://www.johncoltrane.com/

Carta a un padre preocupado por su hijo homosexual

Estimado amigo,

He pensado en el motivo que ha incidido en que la preocupación nuble tu mente y corazón. Como padre anhelas lo mejor para tu hijo. Eso lo comprendo desde el alto privilegio de ser madre de tres que me han enseñado, conforme crecen, que lo que mi perspectiva dimensiona como adecuado no lo es desde su experiencia vivida: ésa personalísima que ejerce cada cual en el aquí y el ahora.

Para bien o para mal ni tú ni yo nos enfrentamos a la diversidad sexual como nuestros hijos, que hacen de la homosexualidad su opción, inclinación, aspiración erótico-sexual y proyecto de vida relacional (en realidad serán “varios”, si las tendencias a la monogamia sucesiva siguen en aumento, tal y como ha ocurrido contigo o conmigo, aún cuando esa comparación pierda escala al analizar la movilidad amorosa masculina con la femenina).

¿A dónde voy? No al relativismo. No al dejar hacer sin interlocución reflexiva de las alternativas que están frente a cada decisión. No a la sociedad líquida que inunda todo sin dejar rastro del ayer porque mañana tampoco nadie la recordará. No al hecho de asumir por inercia y bien portado las normas que lo convierten en un “chico nice” que nunca llega a actualizar la frase de Salvador Allende: “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”.

Parto de la certeza de que puede más frente a su hijo un padre o una madre que se desmarca de las etiquetas, del “deber ser”, de la moral, de los diez mandamientos de la ley de Dios y del discurso científico que explica el fenómeno humano a la manera de quien dilucida la inmortalidad de los cangrejos.

El punto que bifurca el camino hacia el “si” deja atrás la autoridad de cualquier tipo: ética, social, etaria, parental, económica, jurídica, académica, espiritual.

Con ello instintivamente me alejo del sendero del “no” que habilita puentes, construye muros que llegan a ser infranqueables, tanto como los hoyos y los laberintos que entorpecen el diálogo, el intercambio de puntos de vista y de sentimientos que en conjunto constituyen la posibilidad de cargar el costal del prójimo que es tan próximo como la carne de mi carne y un hueso de mis huesos.

Opto por la alternativa de mirar con el corazón, como aconsejó Antoine de Saint-Exupéry en El Principito. Trato de aplicar la enseñanza de Jesús, quien categórico afirmó la necesidad de ale-

jarse de la ley si en ello va curar al enfermo. Percibo con Humberto Maturana que la norma jurídica y la moral se han quedado a la zaga y no alcanzan a explicar la compleja red de interrelaciones sociales que se teje con los vínculos afectivos y la dimensión erótico-sexual, que evidencian la manera en que ejercemos la sexualidad, los derechos sexuales y reproductivos y nuestro cuerpo, en tanto espacio tangible de lúdico placer que delinea una exquisita espiral de ida y vuelta.

¡Imagina qué reto para la juventud de hoy! La mejor opción para ti y para mí es ser aliados estratégicos, vivibles en el día a día, la mano amiga, el oído que atento escucha, la sonrisa franca entre tantas inercias, preguntas, extrañamientos, reclamos, estigmas y malos entendidos que tienen su origen en la cultura patriarcal, de la que introyectamos prejuicios, estereotipos de género e imaginarios que trasladan unívocamente la llamada “ley natural” de la reproducción de las especies a una relación que sólo se concibe “humana” si es heterosexual.

Ciertamente hace tiempo pregunté ¿por qué? Y más aún: ¿Por qué a él? ¿Por qué son así las cosas y no de otra manera? Hoy veo a mi hijo sin que me asalte el miedo, la desesperanza, la pregunta por su felicidad. De hecho, las referencias empíricas de infelicidad se cuentan por miles en la relación heterosexual, según reporta INEGI en el Censo de Población 2020: Colima con una tasa de 14.2% divorcios, ocupa el 11° lugar nacional, cuando la media en México es de 10.6 por 10,000 habitantes de 18 años o más, en tanto que los hogares con jefatura femenina en esta matria es del 26.9%.

La alteridad mueve a intentar desmarcarnos de los mitos que el imaginario social proyecta tras el manto estigmatizador de que la modernidad ha traído males que en otras épocas ni siquiera los más sesudos, santos o pecaminosos pudieron imaginar: la ropa sucia ya no se lava en casa. No porque se jabone en la plaza pública, sino porque el concepto de lo sucio ha sido venturosamente expropiado de la sexualidad, de la relación de pareja, de nuestros cuerpos, de la experiencia homosexual.

Pierre Bourdieu, sociólogo francés, afirmaba que todo ser humano tiene dos derechos inalienables: vivir y ser feliz. Sin embargo, del dicho al hecho hay mucho trecho: Para que sean una evidencia constante y sonante en la vida de cada persona, es preciso erradicar la desigual distribución de los bienes sociales, económicos y culturales que han abierto un abismo en la experiencia concreta de ser y estar en el mundo.

Como puedes visualizar, ello significaría una revolución simbólica, esto es, un cambio en las estructuras del pensamiento. Una modificación de la mirada y también una experiencia de indignación ética frente a realidades históricas que no deberían persistir.

El reto es vivir un mundo donde quepan muchos mundos, como sostiene un famoso slogan aspiracional del movimiento feminista: la discriminación a gay y lesbianas constituye un atentado al desarrollo humano, porque les confina a vivir existencias en simulacro permanente.

Aquí guardo silencio. Me uno al tuyo. Te miro e imagino tu sonrisa. ¡Enhorabuena! Una situación especial requiere estrategias también especiales, en el entendido que esta situación no se origina ontológicamente en ellos ni ellas, sino en quienes desde nuestros miedos, ignorancia y prejuicios nos atrevemos a tildar y estigmatizar, en lugar de salir del área de confort cognitiva y

axiológica que brindan las instancias ideosocializadoras en su proceso de normalización humana.

Estamos por fortuna más allá. Nuestros hijos e hijas nos llevan, así como la vida: ¡no les marquemos pautas, más bien construyamos un clima de libertad que no les confine a una habitación de la que salgan con sentimientos de culpa!

Que con Terencio tu hijo diga “Nada de lo humano me resulta ajeno”. ¡Que amar en y con su red social sea tan cotidianamente placentero como respirar! Así, la especie arribará a otro estadio de desarrollo humano, cuyo índice será medido por la relación entre el bienestar material y el bienestar subjetivo, la llamada economía de la felicidad, que nos hará más humanas y humanos.

Con cariño, Celia Cervantes.

Entrevista: Tita Ochoa, curadora

En la calle 27 de septiembre, en el centro de la ciudad de Colima, se encuentra un recinto cultural que, así como el nombre de su dirección lo indica, pareciera poner un hasta aquí a los prejuicios para dar inicio a la independencia cultural. Es mediodía de un miércoles y el portón de madera, que forma parte de una construcción con fachada roja y ventanales enrejados, está abierto para dar la bienvenida al Museo Universitario Fernando del Paso.

Un pasillo, en el que cuelga un cuadro del también escritor mexicano que da el nombre a este templo cultural, guía el camino hacia el patio central de lo que antes fue una casona del siglo XVIII. Desde este cubo de luz, se observa el escritorio de Tita Ochoa, curadora del museo, quien, adentro de su oficina, contempla las luces y sombras, las texturas y colores de su espacio de trabajo. Con la amabilidad que le distingue, me indicó el camino hacia una de las salas que recibirá una nueva exposición.

Los ojos tapatíos de Tita Ochoa han visto infinidad de palabras, miles de imágenes y cientos de lienzos. En medio de paredes recién pintadas, reflexionó que su curiosidad por el arte inició desde niña, en las vacaciones de verano. «Siempre o muchas veces eran a la Ciudad de México. Mi papá decidía el itinerario y nos llevaba a los lugares que quería compartir. Mi mamá y mi tía hacían diarios de niños, para mí y para mis hermanos. Ahí hay anécdotas en Bellas Artes; en el Museo Nacional de Antropología; en Teotihuacán; en la Pinacoteca Virreinal - que ya no existe en el centro de México, pero me acuerdo de las monjas coronadas, unas imágenes que me impactaron mucho-; en el Museo de Arte Moderno vi una colección de Abel Quezada; descubrí la

pieza de de Olga Costa, que era “La vendedora de frutas”; en Guadalajara, que era mi ciudad, está el clásico Museo de Regional; el Palacio con los murales de Clemente Orozco, el Cabañas; el Museo de Artes Populares que está por Alcalde».

Tita Ochoa llegó a Colima para realizar la preparatoria y posteriormente estudiar en la Universidad de este estado. A pesar de que desde niña tenía intenciones de ser antropóloga, su amor por la literatura, su habilidad por escribir y su encanto por el cine la llevaron a escoger la licenciatura de comunicación. «Cuando terminé Comunicación, me enteré que en la UNAM había una especialidad en Historia del Arte. Pude ahorrar y hacerla. Luego entré a trabajar haciendo periodismo cultural para la Dirección de Prensa de la Universidad de Colima, el director era Salvador Silva. Así llegué a la Pinacoteca, a conocer lo que se movía de arte, que todavía era muy poquito».

Durante la década de los ochenta, en la capital del estado, se inauguraron el Museo de Artes Populares, que fue fundado por la investigadora María Teresa Pomar, el Museo de las Culturas de Occidente y el Museo Regional de Historia de Colima. Fue hasta 1997 que la Pinacoteca Universitaria abrió sus puertas. «Ahí conocí a Gonzalo Villa, que era el director, también hizo el Museo Alejandro Rangel Hidalgo. Como yo cubría los eventos, él se dio cuenta que escribía y que lo hacía bien, que tenía conocimientos de arte, y me invitó a trabajar con él, a escribir textos para las exposiciones. Así fue como llegué a los museos.»

Como gubia que se hunde en la superficie para obtener de la materia prima una idea grabada, Tita profundizó en sus conocimientos. En 2007, participó en el

Encuentro Nacional de Interpretación con Graciela de la Torre y entre 2009 y 2012 realizó su maestría en la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía. «Ahí empecé a oír estas discusiones de que hace falta más mujeres artistas o que en los puestos siempre hay hombres. Entonces, cuando regresé a Colima, mi jefe quiso que trabajáramos con el Acervo de la Universidad, que está custodiado por la Pinacoteca, entonces pensé en hacer una exposición sólo de mujeres.» Fue en 2016, con la exposición “Creadoras clásicas y Contemporáneas”, que Tita Ochoa, de manera inconsciente, le dio el sello a su labor curatorial: trabajar principalmente con mujeres.

Aunque se desenvolvía más en la Pinacoteca, colaboró con la creación del Museo Universitario Fernando del Paso, el cual se fundó en 2011. «Me tocó conocer a Fernando del Paso y trabajar con él, porque en la Pinacoteca le hicieron varias exposiciones, una de ellas fue 2000 caras de cara al 2000.», platicó la curadora, mientras su mirada se perdía en los recuerdos. «Era de su interés que le hicieran un museo. Cuando lo conocí, fue con el arquitecto Fernando Macedo. Fuimos a Guadalajara a hacerle una entrevista muy amplia para que nos hablara sobre su colección y su obra. Le hicieron una exposición en la Pinacoteca - en ese entonces yo seguía trabajando los textos introductorios - fue de la colección que está dedicada a las muertas de Ciudad Juárez, esa fue una obra que me impactó mucho. Escribí el texto, conocí al maestro del Paso y me felicitó por mi texto. ¡Que él me felicitara, imagínate!»

La directora del Museo Fernando del Paso, Ada Karmina Benavides la invitó a colaborar. A lo largo de casi 10 años lo hizo de diversas formas, algunas veces

escribía los textos y en otras curaba exposiciones, como en 2017 con la exposición de libros de artistas que llevó el nombre de “Ars Libris” y en 2018 con la exposición individual de Irene Delgado, pintora abstracta. Fue hasta 2021 que cambió completamente su residencia de trabajo, para convertirse oficialmente en la curadora de este espacio.

La ola feminista del 2018, marcó el rumbo de Colima, uno de los estados más machistas de México. Aunque Tita Ochoa no conocía mucho del feminismo, tenía muy claro que uno de sus compromisos era mostrar el trabajo de mujeres artistas. «Cuando me vengo al del Paso, el tema estaba mucho más en boga y a Ada le interesaba mucho. Entonces buscarlas fue enfocado con mucho mayor consciencia, propósito e intención. Además yo ya conocía a Mine Ante, nos fuimos casi al mismo tiempo a la Ciudad de México y allá nos veíamos mucho, íbamos a exposiciones o eventos. Ella empezó a involucrarse mucho en el arte, a conocer a artistas allá y a conocer estos temas. Mine es de las revolucionarias.»

Este recinto tiene un perfil muy definido: arte joven y arte emergente. A la par de su creación, surgió la licenciatura en artes visuales en la Universidad de Colima. Estos sucesos ayudaron a dar un nuevo giro en la sociedad del estado. «Le dieron al museo la libertad y el apoyo para trabajar con jóvenes, porque no había un espacio para sus obras. Todo eso impacta socialmente, porque los padres se dan cuenta que eso es una opción para sus hijos. El museo ha sido el foro para que su trabajo se conozca.»

La mancuerna de Ada Karmina y Tita ha sido un parteaguas para la historia del arte en Colima, ya que este museo es el único espacio que año con año se enfoca

en dar continuamente lugar al trabajo de las mujeres. «Con Ada empezó el proyecto con artistas que ya tenían la formación como Mine Ante, Elena Fabela, Nayeli Fernández y Nancy Valdez. Luego vienen las egresadas, como Hilary Villegas.»

Su trabajo curatorial ha influido en las referencias de las nuevas generaciones. «Sigue siendo un “a ver, una arista mujer”, pongo mucha atención en eso, porque sí cuesta rastrearlas, y aunque son muy pocas en Colima, ha ido creciendo el número. Hemos tenido la oportunidad de invitar a otras artistas de afuera, como Fru Trejo y Patricia Aridjis y eso también le da más

punch al museo, porque las chicas de aquí ven y dicen “¡ah, claro, sí se puede!”».

Como en uno de los tejidos de sentipensares de Teresa Olmedo, que fueron exhibidos en el 2024, Tita une sus palabras punto con punto para compartir que «la curaduría se trabaja observando qué tipo de obra o qué tipo de propuesta está haciendo la artista, para que desde ahí parta el enfoque hacia la exposición». Esta hilo que nos dirigió, llegó al nudo final y al despedirnos, cerramos la puerta de la sala que albergará la exposición de la artista visual y textil, Lulú Osnaya, bajo la curaduría de Tita Ochoa.

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