Skip to main content

Culura 21 febrero 2026

Page 1


Cultura

Una visión diferente de Diego Rivera

José Mercader realiza una descripción jocunda de la personalidad del pintor mexicano, ícono de las artes plásticas latinoamericanas y referente mundial. P.8

Detenciones de miembros del MPD en 1971

Zona Retro rescata el ambiente que rodeó al arresto de un grupo de militantes de esa agrupación, en un incidentado proceso. P.7

Competimos contra nuevos estímulos

El escritor Miguel Yarull, autor y guionista de la célebre película La gunguna, habla de la relación entre el cine y la literatura. P.15

Torturas, persecución y muertes contra Los Gavilleros

Los Gavilleros parte dos consta de los relatos aparecidos en el libro Hato Mayor del Rey, del historiador Manuel Sosa

MANUEL ANTONIO VEGA atacando10@gmail.com

Los invasores de 1916-1924 sometieron a los insurrectos de Hato Mayor del Rey a crueles torturas que terminaban con la muerte de aquellos que ellos denominaban “Gavilleros” o que, por sospecha, los protegían.

A muchos menores de edad, delante de sus padres, les implementaban el método de “El Aparao”, que consistía en lanzar a los niños al aire para que quedaran enganchados en las bayonetas que los esperaban. Eso era horrible. Así le hicieron al hijo de un agricultor de Los Jíbaros por haber denunciado a su padre, quien estaba escondido entre unos paquetes de yagua en el patio; murieron los dos.

Los relatos aparecidos en el libro Hato Mayor del Rey, del asesinado historiador Manuel Antonio Sosa Jiménez (Boby), dan cuenta de atroces y salvajes métodos de tortura implementados por el invasor yanqui.

Ningún otro pueblo del Este dominicano fue más sacrificado con las vidas de los insurrectos que Hato Mayor.

El método de “El Baquereo”, instalado en los campos, consistía en enlazar a los insurrectos y sospechosos para arrastrarlos hasta morir contra las piedras de los caminos. Muchos infelices campesinos fueron “baqueteados” por los soldados yanquis; operación que consistía en introducirles por la garganta una estaca de madera de una o dos pulgadas de diámetro hasta destruirles el esófago, según narraciones de Manuel Antonio Vega (abuelo del asesinado periodista Marcelino Vega).l

historia de la medicina

Doctor Héctor Elías Rosario Cáceres

Cnació en Las Uvas, La Vega, el 18 de junio de 1946. Sus estudios primarios y secundarios fueron realizados en su pueblo natal. Ingresó a la Universidad Autónoma de Santo Domingo UASD, donde se graduó con honores, y obtuvo el título de Dr. en Medicina el 25 de febrero de 1971.

carrera, laboró como practicante en la Maternidad Nuestra Señora de La Altagracia, donde fue instructor de práctica de pre-internado e internado de Obstetricia y Ginecología de la UASD. Allí se inicia su vocación por la enseñanza. El posgrado de Obstetricia y Ginecología lo cursó del 1 de marzo de 1972 al 1 de marzo de 1975 en el Hospital de Gineco-Obstetricia No. 3 del Centro Médico La Raza del Instituto Mexicano de Seguridad Social (IMSS), con aval de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), obteniendo el título de especialista en Obstetricia y Ginecología.

salón de la fauna

A su regreso a Santo Domingo fundó el servicio de obstetricia del Hospital Dr. Luis E Aybar, y luego ganó por concurso de oposición el cargo de jefe del servicio desde 1980. En el aspecto docente el Dr. Rosario tuvo una dilatada carrera, Fue profesor de la cátedra de Obstetricia y Ginecología de INTEC en 1975 donde laboró por más de 30 años; profesor de la cátedra de Obstetricia y Ginecología de la UASD, concurso ganado por oposición en 1977. Fue designado director del hospital Materno Infantil San Lorenzo de Los Mina. Allí instaló la unidad de perinatología del hospital y desarrolló una ardua labor que mejoró todos sus servicios y obtuvo reconocimiento por la mejoría de las residencias médicas y la investigación.

Su participación en la Sociedad Dominicana de Obstetricia y Ginecología (SDOG) ha sido extraordinaria. En varias ocasiones miembro de las directivas de la sociedad, ocupó diversos cargos en su junta directiva, fue electo presidente en 1983, y partici-

Ginecología y Obstetricia y de otras federaciones médicas. El Dr. Elías Rosario ha tenido una importante participación en la fundación de otras sociedades especializadas, como: la Sociedad de Medicina Perinatal (Sodomep), junto a los doctores José Garrido Calderón y Consuelo Mendoza, y la Sociedad Dominicana de Reproducción Humana. Su contribución ha sido también importante en la producción de trabajos de investigación. Autor de 84 publicaciones en las áreas de gineco obstetricia, medicina perinatal e infertilidad y reproducción humana, presentados en congresos nacionales e internacionales. Fundó el primer laboratorio in vitro de la República Dominicana en el año 1990. La unidad contaba con análisis de semen, monitorización folicular por ultrasonografía transvaginal, laparoscopia, inseminación artificial homóloga, inseminación artificial con donante. El Dr. Rosario ha tenido una dilatada carrera como expositor en congresos nacionales e internacionales como profesor invitado en México, Panamá, Venezuela Curazao, El Salvador, Colombia, entre otros. Participó como coautor en el libro situación de la niñez y la mujer dominicana, que editó Unicef. con apoyo de INTEC en 1987, y es autor del libro Guía Práctica para la Valoración de la Pareja Infértil, auspiciado por Sanofi en 1993. l DR. HERBERT STERN

Alejandro Arvelo

(DÉCIMA CIBAEÑA)

Alejandro no tomó

Loj tre pasito de Nano “Me alejé dese pantano”

Y a la Fueiza se unió Leonei aquí lo eshperó Y ta nombrao en Cuitura

Un paso a grandej aitura

Y un traje veide tendrá

Pero no lo cambiará

Intentando esa aventura.

Quiere llenai ei librero

Con Aite y Filosofía

“Sacaré la chopería”

Que la Cuitura e primero

Sonarán todo loj cuero Y máj en aquei rincón

Gaspar Hernández en fietón

Pa’ de un hijo celebrai Y aunque no sabe bailai

Ecuchará un merengón. l JOSÉ MERCADER

elCaribe, SÁBADO 21 DE FEBRERO DE 2026 elcaribe.com.do

La intervención militar norteamericana

Helicópteros de los marines durante la intervención norteamericana. intervención militar norteamericana fue un proceso que duró 8 años.

“La Inanición” fue una tortura lenta y desesperante que producía daños psicológicos, desnutrición aguda, deshidratación, pérdida del conocimiento y, finalmente, la muerte. Es como amarrar a un animal en “lo pelao”, sin agua, asogado muy cortamente y a la intemperie.

El Embudo: Los métodos de tortura eran crueles, pero la colocación de un embudo en la garganta era aterradora: le llenaban el estómago de agua a la víctima hasta no resistir más; ya tenso el vientre (al punto de reventar), lo vaciaban colocándose sobre la víctima y saltando sobre ella con persistencia.

La operación, repetida a discreción, producía hidropesía y la muerte.

En el método de la “Cola de Caballo”, escogían un caballo salvaje y espantadizo; ataban a la víctima por el cuello y, en veloz carrera, el cuerpo era arrastrado. Se recuerdan los casos de Juan María Rincón (fallecido en 1918) y Blanco Mota.

El Tasajo: Descripción de Emilio Suárez: “Cogió un palo grueso, acostó al herido (hallado en El Salto) boca abajo y le dio muchos golpes en sus manos y en todo el cuerpo; cortó las orejas e hirió el pecho en dos partes en cruz con un cuchillo y le echó sal y agrio de naranja en las heridas, mientras preguntaba por sus compañeros de armas, los Gavilleros”.

Con la tortura del Ladrillo, habilitaban dos estibas de ladrillos distanciadas al antojo y dos presos debían permutarlas de un sitio a otro sin dejar de mover ninguna, bajo presión psicológica y golpes del gendarme.

El método de la “Intensidad Luminosa”, según lo narra el médico Alejandro Coradín: “Cuando se lleva a un individuo de la oscuridad a la luz improvisadamente, este sufre una impresión por el choque de los rayos en los ojos. A los individuos los mantenían en la oscuridad y los llevaban a cuartos donde un marino con un foco eléctrico se lo pegaba a la frente; el individuo se impresionaba y, por este solo hecho (cuando no se conocía la luz eléctrica), era considerado malo”.

La “Segueta” consistía en cortar la mano por la muñeca a quienes eran sorprendidos o acusados de fabricar o reparar armas de fuego para los enemigos de los yanquis.

En “El Rututeo”, las víctimas eran tendidas a lo largo, pateadas y empujadas con un garabato o punta de bayoneta, obligándolas a rodar como una rueda hasta dejarlas inconscientes o sin piel.

a

La Horca: Aún están en pie tres árboles famosos donde los yanquis ahorcaron a centenares de infelices: La Ceiba del cruce de Las Tunas/Las Guajabas. El Tamarindo, km 3 vía El Seibo. El Cajuil del camino a La Matica.

Las víctimas eran descarnadas por aves de rapiña y gusanos, pues nadie corría el riesgo de bajar los cuerpos por temor a las acechanzas de los soldados.

La Descuartizada Este método era una muerte horripilante mediante un corte profundo desde la garganta hasta el año con una daga o bayoneta.

Contexto histórico

La intervención militar norteamericana fue un proceso que duró 8 años. La causa principal fue el incumplimiento de pagos y de la Convención Dominico-Americana de 1907. Sin embargo, antes de su retirada, los intervencionistas rompieron récords en atropellos, no solo contra los guerrilleros, sino contra la población civil.

Muchos eran asociados por sospecha de ser adeptos a los insurrectos que se fueron a “la manigua” en protesta por la apropiación de sus tierras para entregarlas a los emporios azucareros y por la soberanía arrebatada por la bota yanqui.

Se recuerda que los intervencionistas, con el pretexto del desarme preventivo, peinaron los campos y la ciudad.

Penetraban en las viviendas violando el fuero domiciliario y ultrajaban a ciudadanos incluso en el lecho conyugal, desprendiendo puertas con el ímpetu salvaje de los fusiles.

El 4 de diciembre de 1916, el coronel T. P. Kane lanzó una proclama desde Santiago dando un plazo de cinco días para la entrega de armas, o de lo contrario serían embargadas. El temor de una población armada queda manifestado en el criterio imperialista de que la remoción de esta “ferretería letal” constituía el primer paso hacia el orden público. Incluso desarmaban a autoridades municipales que no eran de su confianza.

Trujillo: Herencia Yanqui Rafael Leónidas Trujillo heredó de los marines yanquis métodos sanguinarios

Llegada de americanos a Montecristi y La Romana

El 15 de junio de 1916, las tropas desembarcaron en Montecristi. A pesar de la resistencia heroica de hombres como el capitán Vidal Núñez y el general José María Castro, las fuerzas de ocupación se impusieron gracias a la artillería y la traición de algunos locales. En la batalla de “La Barranquita”, los patriotas enfrentaron fuerzas desiguales en un acto de valor suicida. En La Romana y Guaymate, la situación fue similar. El Central Romana apoyó a los invasores, quienes llegaron a quemar poblados enteros como Caimoni en 1921 en represalia por ataques de líderes guerrilleros como Ramón Natera y Vicentico Evangelista.

Los intervencionistas atropellaron no solo a los guerrilleros, sino también a civiles.

para eliminar a los Gavilleros del Este y otros opositores, que quedaron en el bosque a la salida del invasor.

Los métodos que Trujillo utilizó para aterrorizar al país no fueron solo invenciones suyas, sino tácticas de contrainsurgencia aprendidas de los marines y de su formación en la Guardia Nacional. Esos métodos heredados estaban en la pravedad, en el grado de exceso de la maldad humana contra sus propios congéneres.

Fue un dictador absorbente que gustaba del “cuchilleo”, de que le contaran chismes para accionar con la tortura física. Para extraer información, implementaron técnicas que Trujillo luego institucionalizaría.

Entre esas acciones maléficas y criminales heredadas por el “Sátrapa”, figuran: La Cuerda: Consistía en atar a los prisioneros de forma que cualquier movimiento causara dolor extremo o asfixia.

El Cuchilleo: Uso de armas blancas para interrogatorios, práctica que Trujillo transformó luego en las famosas patrullas de “La 42”.

Control de Movimiento: Los estadounidenses establecieron salvoconductos para controlar a la población rural. Trujillo llevó esto al extremo con “El Foro Público” y la obligatoriedad de documentos de identidad.

Inteligencia y Espionaje: Trujillo, como oficial de la Guardia Nacional, entendió que el poder estaba en la información. Aprendió a usar informantes civiles (chivatos) para desmantelar redes de resistencia.

La Estructura de la Guardia Nacional: Fue el legado más directo. Los EE. UU. crearon una fuerza policial-militar centralizada, lo que fue aprovechado por Trujillo para concentrar toda la violencia en una sola figura.

La “Limpieza” y la Ley de Fuga La ejecución sumaria bajo el pretexto de que el prisionero “intentó escapar” fue una práctica común durante la persecución de los gavilleros. Trujillo la convirtió en su firma para deshacerse de enemigos políticos.

“La 42”, fundada alrededor de 1930 y dirigida por el capitán Paíno Pichardo. Se le llamó “La 42” por el número de la Cuadragésima Segunda Compañía del Ejército. Utilizaban el “Carro de la Muerte” (un Packard rojo); verlo frente a una casa era una sentencia de muerte. Sus tácticas incluían apalancamientos, golpizas y el uso de armas blancas para enviar un mensaje más visceral. l

Bartolina Cordero llegó a esconder
Ramón Natera, líder guerrillero.
Muchos campesinos fueron “baqueteados” por los soldados yanquis. F. E.
<VIENE DE LA PORTADA

4 Cultura

El llano en llamas y la Guerra de los Cristeros (2)

El gobierno de Plutarco Elías Calles (un jacobino y ateo según las malas lenguas), no les dio en principio mayor importancia a las protestas y levantamientos que, contra la aplicación de las radicales leyes anticlericales, se produjeron en varios lugares del país. Todos fueron sofocados sin mayor esfuerzo en una primera etapa del conflicto.

Las tropas de choque del movimiento, las milicias de católicos que se oponían a la Ley Calles, los que darían su vida y su sangre en la refriega, estaban compuestas en su mayoría por campesinos, por peones y aparceros rurales, unos cuantos curas y veteranos revolucionarios que habían combatido a las órdenes de Zapata y Pancho Villa, y un buen número de mujeres que se se organizaron en brigadas y destacaron como combatientes. Es decir campesinos soldados en su mayoría. Eventualmente se unieron a la causa algunos hacendados, pero en el movimiento siempre predominó la gente humilde. Algunos pocos obispos apoyaron al inicio el movimiento, aunque el episcopado mexicano no se sumó abiertamente a la rebelión. Mantuvo, formalmente, una prudente distancia y al final se prestó a los arreglos y negociaciones que debilitaron y pusieron fin a la contienda.

No era mucho lo que los llamados cristeros podían hacer contra las bien pertrechadas tropas del Ejército Federal y sus ochenta mil soldados, hasta que no se organizaron en las ciudades y en los campos y crearon una verdadera base de sustentación. Mientras tanto, más que una guerra, como decía la gente del gobierno, parecía una cacería. Los federales aplastaban sin misericordia a los cristeros, con gran profusión de abusos y ejecuciones sumarias. El conflicto bélico produjo, como todos los conflictos belicos, una brutal desvalorización de la vida. Algo como lo que describe Juan Rulfo en «La noche que lo dejaron solo», una de las fascinantes narraciones de «El llano en llamas». El vivo relato de alguien que vivió y sufrió en carne viva «aquella locura»: «Mientras el terreno estuvo parejo, caminó deprisa. Al comenzar la subida, se retrasó; su cabeza empezó a moverse despacio, más lentamente conforme se acortaban sus pasos. Los otros pasaron junto a él, ahora iban muy adelante y él

seguía balanceando su cabeza dormida.

»Se fue rezagando. Tenía el camino enfrente, casi a la altura de sus ojos. Y el peso de los rifles. Y el sueño trepado allí donde su espalda se encorvaba.

»Oyó cuando se le perdían los pasos: aquellos huecos talonazos que habían venido oyendo quién sabe desde cuándo, durante quién sabe cuántas noches: “De la Magdalena para allá, la primera noche; después de allá para acá, la segunda, y ésta es la tercera. No serían muchas -pensó-, si al menos hubiéramos dormido de día”. Pero ellos no quisieron: Nos pueden agarrar dormidos -dijeron-. Y eso sería lo peor.

»-¿Lo peor para quién?

»Ahora el sueño le hacía hablar. “Les dije que esperaran: vamos dejando este día para descansar. Mañana caminaremos de filo y con más ganas y con más fuerzas, por si tenemos que correr. Puede darse el caso.”

»Se detuvo con los ojos cerrados. “Es mucho -dijo-. ¿Qué ganamos con apurarnos? Una jornada. Después de tantas que hemos perdido, no vale la pena”. En seguida gritó: “¿Dónde andan?”

»Y casi en secreto: “Váyanse, pues. ¡Váyanse!”

»Se recostó en el tronco de un árbol. Allí estaban la tierra fría y el sudor convertido en agua fría. Ésta debía de ser la sierra de que le habían hablado. Allá abajo el tiempo tibio, y ahora acá arriba este frío que se le metía por debajo del gabán: “Como si me levantaran la camisa y me manosearan el pellejo con manos heladas.”

»Se fue sentando sobre el musgo. Abrió los brazos como si quisiera medir el tamaño de la noche y encontró una cerca de árboles. Respiró un aire oloroso a trementina. »Luego se dejó resbalar en el sueño, sobre el cochal, sintiendo cómo se le iba entumeciendo el cuerpo.

»Lo despertó el frío de la madrugada. La humedad del rocío.

Abrió los ojos. Vio estrellas transparentes en un cielo claro, por encima de las ramas oscuras.

»“Está oscureciendo”, pensó. Y se volvió a dormir.

»Se levantó al oír gritos y el apretado golpetear de pezuñas sobre el seco tepetate del camino. Una luz amarilla bordeaba el horizonte.

»Los arrieros pasaron junto a él, mirándolo. Lo saludaron: “Buenos días”, le dijeron. Pero él no contestó.

»Se acordó de lo que tenía que hacer. Era ya de día. Y él debía de haber atravesado la sierra por la noche para evitar a los vigías. Este paso era el más resguardado. Se lo habían dicho.

»Tomó el tercio de carabinas y se las echó a la espalda. Se hizo a un lado del camino y cortó por el monte, hacia donde estaba saliendo el sol. Subió y bajó, cruzando lomas terregosas.

»Le parecía oír a los arrieros que decían: “Lo vimos allá arriba. Es así y asado, y trae muchas armas.”

»Tiró los rifles. Después se deshizo de las carrilleras. Entonces se sintió livianito y comenzó a correr como si quisiera ganarles a los arrieros la bajada.

»Había que “encumbrar, rodear la meseta y luego bajar”. Eso estaba haciendo. Obre Dios. Estaba haciendo lo que le dijeron que hiciera, aunque no a las mismas horas.

»Llegó al borde de las barrancas. Miró allá lejos la gran llanura gris.

»“Ellos deben estar allá. Descansando al sol, ya sin ningún pendiente”, pensó.

»Y se dejó caer barranca abajo, rodando y corriendo y volviendo a rodar.

»“Obre Dios”, decía. Y rodaba cada vez más en su carrera.

»Le parecía seguir oyendo a los arrieros cuando le dijeron: “¡Buenos días!” Sintió que sus ojos eran engañosos. Llegarán al primer vigía y le dirán: “Lo vimos en tal

y tal parte. No tardará el estar por aquí.”

»De pronto se quedó quieto. ““¡Cristo!”, dijo. Y ya iba a gritar: “¡Viva Cristo Rey!”, pero se contuvo. Sacó la pistola de la costadilla y se la acomodó por dentro, debajo de la camisa, para sentirla cerquita de su carne. Eso le dio valor. Se fue acercando hasta los ranchos del Agua Zarca a pasos queditos, mirando el bullicio de los soldados que se calentaban junto a grandes fogatas.

»Llegó hasta las bardas del corral y pudo verlos mejor; reconocerles la cara: eran ellos, su tío Tanis y su tío Librado. Mientras los soldados daban vuelta alrededor de la lumbre, ellos se mecían, colgados de un mezquite, en mitad del corral. No parecían ya darse cuenta del humo que subía de las fogatas, que les nublaba los ojos vidriosos y les ennegrecía la cara.

»No quiso seguir viéndolos. Se arrastró a lo largo de la barda y se arrinconó en una esquina, descansando el cuerpo, aunque sentía que un gusano se le retorcía en el estómago.

»Arriba de él, oyó que alguien decía: -¿Qué esperan para descolgar a ésos?

»-Estamos esperando que llegue el otro. Dicen que eran tres, así que tienen que ser tres. Dicen que el que falta es un muchachito; pero muchachito y todo, fue el que le tendió la emboscada a mi teniente Parra y le acabó su gente. Tiene que caer por aquí, como cayeron esos otros que eran más viejos y más colmilludos. Mi mayor dice que si no viene de hoy a mañana, acabalamos con el primero que pase y así se cumplirán las órdenes.

»-¿Y por qué no salimos mejor a buscarlo? Así hasta se nos quitaría un poco lo aburrido.

»-No hace falta. Tiene que venir. Todos están arrendando para la Sierra de Comanja a juntarse con los cristeros del Catorce. Éstos son ya de los últimos. Lo bueno sería dejarlos pasar para que les dieran guerra a los compañeros de Los Altos.

»-Eso sería lo bueno. A ver si no a resultas de eso nos enfilan también a nosotros por aquel rumbo.

»Feliciano Ruelas esperó todavía un rato a que se le calmara el bullicio que sentía cosquillearle el estómago. Luego sorbió tantito aire como si se fuera a zambullir en el agua y, agazapado hasta arrastrarse por el suelo, se fue caminando, empujando el cuerpo con las manos.

»Cuando llegó al reliz del arroyo, enderezó la cabeza y se echó a correr, abriéndose paso entre los pajonales. No miró para atrás ni paró en su carrera hasta que sintió que el arroyo se disolvía en la llanura.

»Entonces se detuvo. Respiró fuerte y temblorosamente».

FIN (La noche que lo dejaron solo - Juan Rulfo - Ciudad Seva - Luis López Nieves https:// ciudadseva.com/texto/la-noche-que-lodejaron-solo/)l

Del virtuosismo al discurso: la madurez artística de Aisha Syed

ANDRÉS TOVAR

Especial para elCaribe

Privilegiados son los intérpretes que trascienden el mero hecho de tocar obras para empezar a decir algo con ellas. No es un cambio técnico de conciencia, donde el repertorio deja de ser una vitrina de virtuosismo y se convierte en una declaración. En 2025, Aisha Syed Castro logró ese punto de inflexión, y la gira internacional que inicia en 2026 (el 27 de febrero, dominicanidad por delante) no es un simple calendario de conciertos: es la confirmación de una madurez artística.

La agenda impresiona: recital en Marsella junto a la pianista Christelle Abinasr, presentación en el Bailey Hall de Cornell University en Nueva York para interpretar el Concierto para Violín y Orquesta del maestro Arturo Márquez bajo la dirección de Gabriela Gómez, debut en Arabia Saudita, compromisos en Japón y Corea del Sur, y un esperado concierto en el Teatro Colón de Buenos Aires interpretando el Concierto para Violín de Erich Wolfgang Korngold, acompañada por la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos bajo la batuta de Luis Gorelik. Pero lo verdaderamente emocionante tras esa agenda no es la geografía; es el discurso musical que subyace en el repertorio elegido

El repertorio como declaración de identidad

Interpretar el Concierto para Violín y Orquesta de Arturo Márquez en Nueva York no es un gesto simple. Márquez es uno de los compositores latinoamericanos contemporáneos más influyentes, conocido por integrar ritmos populares dentro de una arquitectura sinfónica sólida. Su concierto exige precisión rítmica, flexibilidad expresiva y una comprensión profunda del color orquestal. No es una obra de lucimiento superficial; es una pieza que demanda diálogo constante entre solista y orquesta.

Al asumir este repertorio en una universidad como Cornell, Aisha no solo ejecuta una partitura: asume la responsabilidad de representar una tradición latinoamericana en un contexto académico estadounidense. Es un gesto artístico que implica riesgo y carácter. La obra no se sostiene únicamente por la técnica; requiere convicción en el fraseo, control del pulso interno y, sobre todo, identidad sonora. En sus programas conviven también Johann Sebastian Bach, César Franck y Ludwig van Beethoven. Ese diálogo entre canon europeo y repertorio latino -incluyendo el concierto del virtuoso cubano José White- revela una intención clara: no renunciar a la tradición, pero tampoco diluir la raíz. Bach es el esqueleto; Márquez y White, la sangre que circula. Beethoven y Franck aportan la arquitectura romántica, mientras Korngold, con su lirismo casi cinematográfico, introduce un puente entre el romanticismo tardío y la sensibilidad del siglo XX.

En otras palabras, el repertorio no está organizado como un escaparate, sino como una narrativa muy coherente. Del prodigio al discurso propio

Aisha fue, desde muy joven, una excepción. Primera latinoamericana admitida en la prestigiosa Yehudi Menuhin School de Londres, posteriormente becaria completa en el Royal College of Music, debutante a los once años con la Orquesta Sinfónica Nacional. Esa trayectoria pudo haberla encasillado en el relato clásico de la “niña prodigio” que triunfa en el extranjero. Pero, como hemos dicho en artículos anteriores, el verdadero desafío no es ingresar temprano al circuito internacional; es sostenerse y evolucionar en él.

En los últimos años, su sonido ha ganado densidad, el fraseo es más reflexivo, menos urgente. Hay una búsqueda de profundidad tímbrica que no siempre se percibía en sus primeras grabaciones. La técnica ha dejado de ser protagonista para convertirse en vehículo. Eso es madurez. El debut en el Teatro Colón con el Concierto de Korngold será una prueba decisiva. Korngold no admite superficialidad. Su escritura, de una belleza expansiva y casi operática, exige amplitud de arco, legato sostenido y una capacidad de construir clímax sin caer en la exageración. El Colón, además, no es cualquier sala: su acústica revela virtudes y expone debilidades. Allí, el intérprete no puede esconderse detrás del brillo técnico; debe sostener un discurso emocional convincente.

Y aquí surge el matiz crítico necesario. Si algo definirá la próxima etapa de Aisha será la profundización de su riesgo interpretativo. La técnica está. El repertorio es sólido. El desafío es ir más allá de la corrección impecable para abrazar la vulnerabilidad expresiva que convierte una interpretación en acontecimiento.

La pedagogía como extensión del escenario

Un aspecto revelador de esta etapa es la

ConCierto Sentido

Una vuelta sonora a Ítaca

Idimensión formativa. En Marsella y Nueva York impartirá clases magistrales, integrando su actividad concertística con la académica. En República Dominicana, su fundación Music for Life mantiene clínicas gratuitas para niños, reforzando una vocación pedagógica que trasciende el escenario.

No se trata solo de devolver lo recibido. La enseñanza obliga al intérprete a revisar sus propios fundamentos: explicar Bach a un estudiante implica comprenderlo más profundamente; desmenuzar un pasaje de Franck exige claridad conceptual. En ese proceso, el artista se redefine.

Quizás ahí radique una de las claves de su consolidación: la música no como espectáculo, sino como misión. Sin caer en retóricas grandilocuentes, su discurso público incorpora una dimensión espiritual que dialoga con su práctica artística. Esa coherencia entre fe, vocación y trabajo técnico aporta una identidad singular en un circuito muchas veces dominado por la competencia feroz y la mercadotecnia cultural.

Una etapa que define el futuro El 2025 fue, en retrospectiva, un año de afirmación. La gira 2026 inaugura una etapa distinta: la del intérprete que sabe lo que quiere decir y elige cuidadosamente cómo decirlo. No es el número de países lo que importa, sino la coherencia del trayecto.

En el fondo, la pregunta no es cuántas salas visitará, sino qué historia contará en cada una. Si logra profundizar aún más en la densidad expresiva, asumir riesgos interpretativos y sostener la coherencia de su repertorio, esta etapa podría marcar no solo una consolidación, sino un salto cualitativo.

La música clásica, al final, no es una sucesión de notas bien afinadas. Es una conversación entre tradición e identidad. Y en esa conversación, Aisha Syed parece haber dejado de repetir discursos heredados para comenzar a pronunciar el suyo propio.l

nspirada en la Odisea, el poema épico de Homero, Olivia Belli nos invita a emprender un viaje fascinante en Daimon, el concierto para piano y orquesta de cuerdas que abre este álbum. Una pieza de indiscutible belleza que la compositora y pianista italiana concibió como una narrativa musical continua, integrada por tres movimientos: “I. The Departure” (La partida), “II. The Journey” (El viaje) y “III. The Return” (El regreso), tres momentos que evocan los paisajes que ella imaginó a la hora de crearla. El álbum se complementa con Ithaca Suite, obra que refleja el largo regreso de Odiseo a la isla de donde desembarcó años atrás, una composición dividida en siete partes en las que Belli diversifica el tratamiento sonoro acompañándose indistintamente de la violonchelista Raphaela Gromes, la saxofonista Jess Gillam, la violinista Eldbjørg Hemsing -la misma de Colors of Bach- y el prestigiado Canea Quartett.

Por último, Sonatina for Nausicaa cierra un material que refrenda tanto el talento de Belli en la composición como en sus magníficas ejecuciones al piano.. l

la

Aysha Syed inicia su periplo internacional el 27 de febrero. CORTESIA.
Olivia Belli recrea sonoramente
Odisea de Homero en el concierto Daimon. F.E.
ANDRÉS TOVAR

La venta de las Islas Vírgenes

DR. ANTONINO VIDAL ORTEGA

UNIVERSIDAD PABLO DE OLAVIDE (SEVILLA, ESPAÑA) avidort@upo.es

Las Dansk Vestindien o Indias Occidentales Danesas eran un pequeño trío insular situado en el Caribe oriental que formaba parte de las Antillas Menores. Estuvo habitado originalmente por pueblos arawacos y, cuando arribaron los navegantes españoles, asombrados con la belleza de los cayos que las rodeaban, las bautizaron como Santa Úrsula y las 11 mil vírgenes, en referencia a la leyenda de la doncella romano-britona martirizada por Atila junto a ese número de doncellas. El imperio español, al igual que las Antillas holandesas, las dejó sin ocupar pues, al carecer de riquezas minerales o agrarias, las consideraron “islas inútiles”, y solo fueron utilizadas a comienzos del siglo XVI para conseguir esclavizados para la minería, tras el desplome demográfico de las grandes islas, dando paso al comienzo de la trata humana y al inicio del proceso de occidentalización de la región del Caribe. Desde la tercera década del siglo XVII, colonos ingleses, holandeses y franceses se sucedieron para ocuparlas e instalarse en la mayor de las islas: Santa Cruz. Esta diversidad y competencia llevó a conflictos entre ellos. Los holandeses se mudaron a las vecinas Saint Martin y Saint Eustatius, y los franceses hacia Guadalupe, aunque volvieron para expulsar a los británicos. Ante la imposibilidad de hacerlas productivas, las abandonaron en 1696

para marcharse a la isla de Santo Domingo, mucho más atractiva por su tamaño y riquezas naturales.

Esta situación fue aprovechada por el monarca danés Christian V quien, usando una cláusula del Tratado de Copenhague firmado con Gran Bretaña en 1670, que abría la posibilidad de establecer una colonia en una isla deshabitada del Caribe, se asentó en Santo Tomás (Saint Thomas) y, en 1718, en San Juan (Saint Jean). Quince años más tarde, por iniciativa de la Compañía Danesa de las Indias Occidentales, compraron Saint Croix a Francia y, de ese modo, las Jomfruøerne (Islas Vírgenes) pasaron a ser las De dansk-vestindiske øer o Indias Occidentales Danesas.

La compañía se dedicó fundamentalmente a cultivar azúcar y producir ron, aunque también existió una producción pequeña de añil, algodón y tabaco, usada como moneda de intercambio al escasear habitualmente el numerario. A mitad de siglo, la corona danesa debió asumir, por el quiebre de la compañía, el mantenimiento de las islas. Durante las guerras napoleónicas, los daneses, aliados de Francia, sufrieron un ataque inglés que les despojó del archipiélago, aunque en 1815 les fue devuelto tras el Tratado de París, a cambio de unas islas en el mar del Norte. Los daneses continuaron con su pequeña actividad agraria y comercial desarrollada con mano de obra esclavizada, pero este modelo económico inició su fin hacia 1848, cuando se aprobó el fin de la esclavitud de forma progresiva. Ello conllevó un deterioro progresivo de su economía agraria, aunque se convirtió

en un estratégico puerto franco facilitador del comercio en la región, dinamizando la economía atlántica y los lazos con Europa del Norte y otros lugares del continente americano, como demuestra la prolija investigación de la historiadora dominicana María Amelia Finke Brugal, que estudia las relaciones de Puerto Plata con la isla de Saint Thomas.

En ese entonces, los Estados Unidos empezaron a interesarse por adquirir las islas, pues se trataba de un puerto potencialmente interesante para fortalecer su presencia en el mar Caribe y, sobre todo, para competir con Prusia, que se había posicionado como líder comercial en la región desde mediados del siglo XIX. De esta manera inició una contienda entre ambas potencias que duraría hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos ayudó a la Unión Soviética a derrotar a Alemania y poner fin al III Reich.

Las negociaciones comenzaron en 1866 y fueron lideradas por el secretario de Estado William H. Seward, quien temía que Prusia o Austria se anexionaran el archipiélago porque habían derrotado a Dinamarca en la recién terminada Guerra de los Ducados. Un año después, tras un referéndum convocado entre la población local, se vendieron a los estadounidenses Saint Thomas y Saint Jean por siete millones y medio de dólares, aunque al final se paralizó la operación. La cuestión revivió en 1898 al correr el rumor de que Alemania también estaba interesada.

Entre 1911 y 1912 se reanudaron las conversaciones sin llegar a acuerdo alguno, pero el estallido de la Primera Gue-

rra Mundial en 1914 cambió el rumbo de la negociación y la estimuló nuevamente. Estados Unidos temía la invasión de Dinamarca y con ello la pérdida de su neutralidad, lo que permitiría la expansión de los alemanes y sus submarinos por el mar Caribe. De otro lado, se acababa de inaugurar el Canal de Panamá en 1914 y a los norteamericanos les venía bien el control del archipiélago. Definitivamente, en 1916 el ministro danés Constantin Brun y el secretario de Estado de los Estados Unidos Robert Lansing firmaron un acuerdo por veinticinco millones de dólares, en el que fue el tercer tratado de venta. El acto fue apoyado por una población isleña cansada de la lejanía y de la inseguridad que ello producía en la economía. Desde ese momento, las tres islas pasaron a manos de Estados Unidos. El archipiélago recuperó su antiguo nombre de Islas Vírgenes, pero ahora de los Estados Unidos.

La adquisición de las islas constituyó un negocio modesto desde el punto de vista económico porque son poco productivas, más allá del turismo, fundamentalmente crucerista, y de su mencionado valor estratégico, hoy sin demasiado sentido. Pero también han sido señaladas por su utilidad para la evasión de impuestos, pues los capitales guardados en las islas gozan de ventajas fiscales dentro del sistema estadounidense, lo que las convirtió en un importante centro financiero para corporaciones y grandes fortunas. El Caribe, desde siempre, una frontera al servicio de los imperios.l

Universidad Pablo de Olavide

Transfer day. MUSEO NACIONAL DE DINAMARCA

elCaribe, SÁBADO 21 DE FEBRERO DE 2026 elcaribe.com.do

Entre secuestros y explosivos: la detención de seis supuestos miembros del MPD

Seis personas, entre ellas una periodista, fueron detenidas bajo la acusación de estar supuestamente organizando secuestros de ciudadanos nacionales y extranjeros.

LENIN RAMOS lramos@elcaribe.com.do

Con motivo de cumplirse 55 años de uno de los procesos judiciales más publicados en la prensa de principios de la década de 1970, la sección Zona Retro rememora en esta edición la detención y el juicio enfrentados por seis supuestos integrantes del Movimiento Popular Dominicano (MPD) a manos de las autoridades.

Arresto de presuntos implicados

El 9 de febrero de 1971, la Policía informó a través de un comunicado escrito remitido al periódico El Caribe que seis personas fueron arrestadas e identificadas como integrantes del Movimiento Popular Dominicano (MPD), de orientación comunista. Asimismo, señaló que los datos sobre la supuesta reunión fueron obtenidos a partir de informes suministrados por “grupos en pugna”.

Fueron detenidos por la Policía bajo la acusación de estar organizando secuestros contra ciudadanos nacionales y extranjeros, además de presuntamente planificar otros actos terroristas.

Los acusados fueron identificados como la periodista Aleyda Fernández Pantaleón y su hermana Eva; Carmen Santos Peña, Gerardo Antonio Taveras Taveras, José Antonio Andújar Mateo o Carlos Tomás Fernández, y Nelson Enrique Figuereo González o Vladimiro Blanco.

En este contexto, los arrestos se realizaron durante un allanamiento a la residencia de la periodista Fernández, ubicada en el tercer piso del Edificio Moya, calle Proyecto número 10, en el Ensanche Naco de la capital.

Además, trascendió que la periodista Fernández trabajaba en el vespertino Última Hora y que también conducía un programa de radio.

Objetos incautados durante el allanamiento

La Policía informó que durante el allanamiento se incautó una pistola automática con dos cargadores y 14 cápsulas; una pistola calibre 32 con su cargador y nueve cápsulas; así como un revólver calibre 38 con 12 cápsulas.

Asimismo, señaló que fueron ocupadas dos granadas de fragmentación, cuatro detonantes para explosivos plásticos de tiempo y una mecha lenta destinada a detonar explosivos convencionales.

El camino del expediente hacia los tribunales

El mayor general Enrique Pérez y Pérez, jefe de la Policía Nacional, explicó que el caso estaba siendo investigado por el departamento secreto. Indicó que, debido a ello, el grupo no sería puesto a disposición de la justicia. Con esta declaración respondió a las interrogantes sobre por qué los detenidos no fueron presentados ante los tribunales dentro del plazo legal de 48 horas establecido por la ley.

En ese mismo sentido, indicó que, aunque no habían sido puestos a disposición de la justicia dentro del plazo establecido por la ley, estaban recibiendo un “trato especial” y que los investigadores trabajaban con rapidez en la preparación del expediente para remitirlo a los tribunales. Sin embargo, no precisó en qué consistía dicho “trato especial”.

Imputaciones que desataron la polémica

La institución señaló al grupo como integrantes del Movimiento Popular Dominicano (MPD), de orientación comunista.

Asimismo, les atribuyó la presunta planificación del secuestro de un funcionario de la embajada de los Estados Unidos, así como de altos representantes de distintas embajadas acreditadas en el país, de un alto funcionario del Gobierno o de hijos de altos mandos de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional. De igual manera, se les acusó de proyectar el secuestro de dirigentes del Partido Quisqueyano Demócrata (PQD), del Partido Comunista de la República Dominicana (Pacoredo) y del Movimiento de Conciliación Nacional (MCN).

Una vez concluida la primera fase de la investigación, el expediente fue remitido al procurador fiscal del Distrito Nacional y los detenidos trasladados al penal de La Victoria.

De acuerdo con el documento entregado al Ministerio Público, al grupo se le imputaban cargos por porte y tenencia ilegal de armas de fuego, así como por la presunta violación de las leyes 6, 70 y 71 relativas a actividades comunistas. También se les acusaba de infringir el artículo 435, modificado por la Ley 488, referente al porte y posesión de explosivos, y la Ley 36, reformada por la 589, sobre porte y tenencia de armas de guerra.

Acusados desmienten señalamientos y cuestionan versión oficial Sosteniendo que era víctima de una in-

justicia, la periodista Aleyda Fernández negó las acusaciones formuladas por la Policía en su contra y en la de su hermana Eva, calificándolas de “monstruosas”. Momentos antes de comparecer, junto a su hermana Eva, ante la jueza de instrucción de la Tercera Circunscripción del Distrito, la redactora del vespertino Última Hora ofreció declaraciones a la prensa. Al aludir a los señalamientos formulados por la Policía, expresó que “si existen personas o grupos de poder en nuestro país que buscan sembrar odio en mi corazón, no lo conseguirán”.

De igual manera, tanto ella como su hermana negaron ser integrantes del Movimiento Popular Dominicano (MPD), tal como sostenía la Policía en el expediente. En relación con los objetos incautados durante el allanamiento en su vivienda, explicó que el revólver pertenecía a su padre, el señor Campos Fernández, quien había fallecido tres años antes. Agregó que el arma fue ocupada por la Policía sin cápsulas. Además, como consecuencia de varios incidentes ocasionados por un oficial de la Policía y otros miembros de ese cuerpo, el juicio tuvo que ser pospuesto. El proceso, que se llevaba a cabo en la Segunda Cámara Penal del Distrito, comenzó a las 10:00 de la mañana y fue suspendido tres horas y media más tarde, sin que el primer testigo concluyera su declaración.

La audiencia se interrumpió luego de que la defensa presentara una protesta ante el tribunal, debido a que el segundo teniente Rafael Navarro Guzmán se negó a responder las preguntas formuladas y por la intervención indebida de algunos agentes policiales durante el desarrollo del juicio.

Asimismo, desde el inicio de la audiencia, los abogados de la defensa —que superaban el centenar— manifestaron ante el juez su inconformidad por lo que describieron como una “actitud agresiva” por parte de los agentes policiales hacia los propios abogados, periodistas y demás personas que asistieron al proceso.

Reacciones

De acuerdo con declaraciones de tres dirigentes del Movimiento de Integración Democrática (MIDA), el arresto de la periodista respondía a un supuesto plan gubernamental orientado a intimidar a distintos sectores de la sociedad dominicana.

La postura fue expresada por el vicepresidente de esa organización, Guarionex Lluberes Montás, así como por los diputados Luis Manuel Campillo Porro y Federico B. Mateo. l

Las hermanas Fernández son escoltadas por agentes policiales hacia la tercera planta del Palacio de Justicia, donde funciona el Juzgado de Instrucción de la Tercera Circunscripción. OGM

Decenas de agentes de la Fuerza Contra Motines de la Policía Nacional trasladaban a los seis acusados fuera del Palacio de Justicia de Ciudad Nueva. OGM

Agentes de la unidad antimotines de la Policía expulsaron a esas damas de la sala de audiencias de la Segunda Cámara Penal del Distrito Nacional, empujándolas. OGM

La periodista Aleyda Fernández es asistida por un oficial del Servicio Secreto de la Policía al descender de un vehículo de esa institución, a su llegada al Palacio de Justicia de Ciudad Nueva para ser interrogada. OGM

quien resultó herido por un agente policial. OGM

El acusado Carlos Tomás Fernández sostiene en sus piernas a su hijo,

Las vainas de Mercader

Los éxitos de Diego Rivera

JOSÉ MERCADER

666mercader@gmail.com

La Alameda fue testigo de las andanzas de Diego, corriendo como loco, cada domingo en aquel inmenso parque.

El sombrerito apenas le quedaba, por su copiosa cabellera que adornaba su cara de luna llena y ojos de sapo, que le guiaron en sus 71 años de vida.

Esas caminatas se le quedaron en su memoria como cuando conoció a Angelina en París.

Lo de Diego era vivir en un túnel que no tenía luz porque no tenía salida. Ese túnel, alumbrado de colores, era lo único que necesitaba para gozar... era el túnel de su tiempo.

En París, todo le creció: los ojos brotados, los buches, la panza, la lengua y su estatura.

El alcance de su mirada sobrepasó el cubismo.

-Eso le luce a Picasso que parece que pinta con espejuelos rotos. No se puede pintar por moda y perder tu personalidad artística- repetía en los encuentros sin fin, con los poetas más locos y creativos que se conociera. Allí contaba cómo cabalgaba con Pancho Villa y cómo ganaba duelos contra pinches gringos malvados e “hijosdelachingada”. Cómo, con tres versos de Vargas Vila conquistaba la más bella de todas las mujeres que encontraban y caían a sus pies, confundiéndolo con un sapo mágico, que sería príncipe al primer beso.

Con un francés de locomotora oxidada y sin temor de que su pronunciación convirtiera aquella lengua de Racine en una nueva, desconocida por todos y, que sin embargo, les daba una risa imparable. Las dramatizaciones de sus narraciones

se entendían como si hablara en el idioma mímico de los sordomudos. El que más se reía era él, cantando sus penas y llorando sus alegrías ante un público de borrachos, muertos de frío, que solo recibían los escasos rayos de Sol, de sus radionovelas, que hacían rendir a cactus con los brazos al aire, con más espinas que la corona de Cristo y, que él apagaba, una y otra vez, a sombrerazo limpio.

En los andamios de la Secretaría de Educación, se sentaba con los ayudantes a contar las mismas aventuras, daba tres pincelazos y, volvía a las charlas, a tequila limpia, mezclada con quiensabe cuántos tacos que, antes sus jabladurías olímpicas, el picante fuertísimo, ni le hacía cosquillas. Jean Charlot tenía que traducir, cuando le cogía, ya borracho, con “macujiar” su francés de “oui, oui y la, la”.

Y todo lo que ganaba lo repartía entre sus ayudantes, sus pupusas y tamales con mucho guacamole y, sus amores, que los dedos no alcanzaban para contar, aunque siempre dejaba el mayor para su adorada bruja, la amargada Frida, que vivía sacándole en cara sus viejos amoríos con La Gata Marín. Eso, más que descubrirlo en falta, le causaba una risa de terremoto con epicentro en aquella panza dividida por la correa que además de sus tripas, sostenía un revolver viejo, que México entero dudaba si alguna vez disparó.

Cuando recibió el contrato de la industria del automóvil de Detroit, le agregó andamios más anchos y comida en abundancia con “güisky”, aunque tuvieran que camuflarlo en botellas de Coca-cola, por la sequía que mantenía al borde del suicidio, a medio país, un régimen peor que la hambruna de esos años de depresión económica y que, finalmente, salvó Roosevelt haciendo milagros y negándose a gastar el presupuesto en guerra... que para eso

estaba la carne de cañón rusa, para enfrentar y terminar la amenaza de Hitler y su horda de locos psicópatas. El éxito no paró en Detroit. Abby, la mujer de John Rockefeller, invitó a la pareja mexicana, que más parecían dos personajes de circo: uno enorme como payaso y la otra ataviada con más colores que un arcoíris en carnaval y, una sonrisa de bigote de Emiliano Zapata. Sentados a la mesa y con 13 copas en el buche, Diego desató su lengua, como el látigo del Zorro, en unos cuentos que no terminaban nunca y en un inglés amexicanado que ni Frida entendía y menos los Rockefeller, y que, a esas alturas, les faltaban tripas, de tanta risa que aquel gigante provocaba. Tan en gracia les cayó, que “don Yon” no dudó ni un segundo para firmar aquel contrato que terminó con el mayor escándalo del mundo de las artes: la destrucción del mural que él pintó en el RCA Building de New York.

Qué le importaba a Diego que “los ricos no entienden que Dios es el hombre que controla la humanidad en su encrucijada”.

La libertad y la alegría de Diego se parecía a la de los sapos después de varios días de lluvia, que no paran de cantar y repitir la misma letanía hasta hacernos dormir. Diego era, en realidad, un espíritu burlón que gozaba las 49 horas del día, como hacen los verdaderos artistas.

Qué le hubiera importado a él de saber que un electricista, metío a escritor, confundiera sus éxitos de vida vivida, con el sin sentido “éxito” de riqueza, que casi siempre viene como mancha, imposible de lavar.

Los únicos cuentos que él gozó y dejó, fueron sus murales que no nos cansan cuando nos narran, interminablemente, el cuento de la historia de México, sin Yavé, mecánicos y, menos, “diplomáticos de cuña”. l

Diego Rivera por Mercader. F.E.
Pared del norte en compañia de Detroit. F.E.
Diego Rivera por Mercader. F.E.
Mural de New York por Diego. F.E.
Detalle del mural el paseo un domingo en la Alameda por Diego. F.E.
Retrato de Rivera por Modigliani. F.E.
Pintura de Diego Rivera. F.E.
Pintura de Diego Rivera). F.E.

CERTIFICO Y DOY FE

Cuaresma, volver a Dios para renovar la vida

RAMÓN DE LA ROSA Y CARPIO ARZOBISPO DE SANTIAGO

Introducción

La Cuaresma es un tiempo privilegiado de gracia que la Iglesia ofrece cada año a todos los creyentes para volver a lo esencial y reorientar la existencia hacia Dios. Por tanto, la Cuaresma no debe tratarse como un simple período litúrgico marcado por ciertas prácticas tradicionales, sino como un itinerario espiritual, un camino interior que nos conduce desde la fragilidad hasta la esperanza y desde el pecado hasta la misericordia.

En su primer Mensaje para la Cuaresma, el Papa León XIV nos propone un camino exigente, centrado en la conversión autentica, la misericordia, la fraternidad, la justicia y la apertura confiada al amor de Dios.

Este primer artículo de una serie pretende ofrecer una lectura meditativa de algunos de los ejes centrales de ese mensaje pontificio, integrándolos en la vida cotidiana de nuestras comunidades, familias y realidades sociales.

1-La conversión. Regresar al corazón para reencontrar a Dios

El Papa León XIV sitúa la conversión en el centro del camino cuaresmal. La presenta como una experiencia viva de encuentro con el amor de Dios, no así como un acto puntual ni como una exigencia moralista. En su mensaje afirma: “Convertirse es permitir que Dios nos devuelva el corazón, para aprender de nuevo a amar, a perdonar y a esperar”.

Esta afirmación nos recuerda que la conversión no nace del miedo ni de la amenaza, sino del descubrimiento de un Dios que nos ama sin condiciones. Convertirse es dejarse abrazar por su misericordia, permitir que su gracia llegue hasta nuestras resistencias y reordene nuestros afectos.

La Cuaresma, pues, es una invitación a volver al corazón, a ese lugar profundo donde Dios habita y nos espera. Vale la pena recordar que, volver a corazón, implica detenernos, hacer silencio, escuchar la voz interior que con frecuencia queda ahogada por las preocupaciones, el activismo y la saturación informativa.

La conversión también nos lleva a revisar nuestras opciones de vida: ¿qué lugar ocupa Dios en nuestras decisiones?, ¿qué valores orientan nuestras elecciones?, ¿qué sentido le damos al trabajo, a la familia, al uso del tiempo, al consumo, al descanso? La Cuaresma se convierte así en un tiempo propicio para el discernimiento, para reencontrar la coherencia entre fe y vida.

2-El ayuno. Una pedagogía de libertad y solidaridad

El ayuno ocupa un lugar destacado en el mensaje del papa León XIV, quien lo presenta como una verdadera pedagogía de libertad interior y solidaridad social. En una expresión particularmente luminosa, señala: “El ayuno que agrada a Dios es el que rompe las cadenas de la injusticia, abre el corazón a los pobres y libera del egoísmo”.

Ayunar no consiste únicamente en privarnos de alimentos o comodidades, sino en aprender a renunciar a todo aquello que nos esclaviza. Ayunemos del consumo excesivo, del apego al dinero, del afán de poder, del individualismo, de la indiferencia frente al sufrimiento ajeno. Ayunemos de palabras hirientes, de juicios precipitados, de actitudes que dañan la comunión.

El ayuno, cuando es auténtico, educa el corazón para la sobriedad, la sencillez y la gratuidad. Nos enseña que no todo lo que deseamos es necesario, y que muchas veces acumulamos cosas para llenar vacíos que solo Dios puede colmar. Por eso decimos que el ayuno nos ayuda a vivir con mayor ligereza interior. Pero el ayuno cristiano tiene también una dimensión social ineludible. Nos abre a la compasión, nos sensibiliza ante el dolor de los demás, nos impulsa a compartir. Vivimos en un mundo donde millones de personas carecen de lo indispensable. Por eso, ayunar es un gesto profético que cuestiona el modelo consumista dominante y nos invita a construir una cultura del compartir.

3-La oración. Reencontrar el rostro misericordioso del Padre La oración ocupa un lugar central en el itinerario cuaresmal. El papa León XIV, lejos de presentarla como un simple deber religioso, la describe como un encuentro transformador con el Dios vivo. “La oración nos devuelve la certeza de que somos hijos amados, incluso cuando la fragilidad nos hace dudar de nosotros mismos”, afirma el papa. Orar es entrar en un diálogo íntimo con Dios, abrirle el corazón, presentarle nuestras luchas, nuestros miedos, nuestras esperanzas. Es dejarnos mirar por

Él, experimentar su ternura, acoger su palabra como luz para el camino. La oración no nos aparta de la realidad, sino que nos capacita para vivirla con mayor profundidad y responsabilidad.

En este tiempo cuaresmal, la Iglesia nos invita a intensificar la oración. También estamos invitados a ejercitar la meditación bíblica, la adoración eucarística, el sacramento de la reconciliación. Son espacios privilegiados donde el Espíritu Santo actúa con fuerza.

La oración cuaresmal nos prepara, además, para acompañar a Cristo en su camino hacia la cruz. Allí aprendemos el significado del amor cristiano: un amor que se dona, que se abaja, que sirve, que se entrega hasta el extremo. Solo desde la oración, queridos, podemos comprender esta lógica del Evangelio y hacerla vida.

4-La limosna. La caridad que cambia la historia

La caridad concreta, expresada en la limosna, es otro de los pilares esenciales de la Cuaresma. El Papa León XIV nos recuerda con toda claridad: “No hay conversión auténtica sin gestos concretos de amor hacia los pobres, los excluidos y los que sufren”.

La limosna cristiana no debe verse como acto filantrópico, ni una ayuda ocasional para tranquilizar la conciencia. Es una expresión viva del amor de Dios que se derrama a través de nosotros. Dar limosna es reconocer en el otro a un hermano, dignificar su vida, compartir lo que somos y tenemos.

Queridos todos, este tiempo nos invita a abrir los ojos ante las múltiples pobrezas que nos rodean: la pobreza material, la soledad de tantos ancianos, el abandono de muchos niños, la desesperanza de muchos jóvenes, la angustia de quienes viven sin trabajo digno, la exclusión de los migrantes en todas partes del mundo, el sufrimiento de tantas familias.

La caridad cristiana va más allá del asistencialismo. Es buscar transformar las causas de la pobreza, es promover la justicia, es construir estructuras más humanas. Por eso, la limosna cuaresmal debe ir acompañada del compromiso social, de la participación en iniciativas que promuevan la dignidad humana.

5-Caminar juntos. Una conversión comunitaria

Uno de los acentos más hermosos del mensaje del Papa León XIV es su insistencia en la dimensión comunitaria del camino cuaresmal. “La Cuaresma es un tiempo para redescubrir la belleza de caminar juntos, sosteniéndonos mutuamente en la fe y en la esperanza”, subraya el Papa.

La fe cristiana no se vive en soledad, muy bien lo sabemos. Necesitamos de la comunidad para crecer, para perseverar, para corregirnos con amor, para alentarnos cuando pasamos dificultades. La Cuaresma es una oportunidad privilegiada para fortalecer los vínculos comunitarios.

Caminar juntos implica aprender a escuchar, a dialogar, a respetar las diferencias. No nos dejemos llevar por la polarización que tanto se promueve hoy día. Seamos, como Iglesia, un signo profético de comunión y fraternidad.

Este caminar comunitario se expresa de manera especial en la celebración de los sacramentos, en los retiros que solemos hacer en este tiempo, en los viacrucis, en las acciones de solidaridad y en todas las iniciativas pastorales que buscan hacer visible el rostro misericordioso de Cristo.

6-La esperanza en la resurrección. La certeza que sostiene el camino

La Cuaresma encuentra su pleno sentido en la Pascua. No caminamos hacia una renuncia que no produce frutos, sino hacia la vida nueva. El Papa León XIV lo expresa: “La esperanza cristiana nace de la certeza de que el amor de Dios es más fuerte que cualquier cruz”.

Esta esperanza es la que sostiene todos nuestros esfuerzos cuaresmales. Es la que nos anima a perseverar, incluso cuando el camino se vuelve fuerte y exigente. Ahí es que comprobamos que toda renuncia tiene sentido cuando está orientada al amor.

La Cuaresma nos llama a ser testigos de esperanza en este mundo inundado de violencia, injusticia e incertidumbre. A anunciar con nuestra vida que el mal no tiene la última palabra, que la luz vence a las tinieblas, que la resurrección es más fuerte que la muerte.

Por tanto, la esperanza que tenemos como cristianos, manifestada en esta Cuaresma, es una fuerza que nos impulsa a comprometernos con la transformación de la realidad, a trabajar por la paz, a construir justicia, a sembrar reconciliación.

Conclusión

CERTIFICO que la Cuaresma es un don precioso que la iglesia nos ofrece para renovar la fe y buscar la conversión del corazón, siempre tan necesaria. Es tiempo, pues, de volver a Dios, para renovar la vida.

DOY FE en Santiago de los Caballeros a los veinte (20) días del mes de febrero del año del Señor dos mil veintiséis (2026). l

crítica arte

LILIAN CARRASCO lilycarrascor@hotmail.com

Caos & Equilibrio

Hay momentos en los que un artista deja de intentar explicarse y simplemente se muestra. Eso ocurre en “Caos & Equilibrio”, la más reciente exposición de Máximo Caminero, presentada en el Museo Autozama en Santo Domingo el pasado lunes 16 de febrero. Más que un ejercicio de estilos, se exhibe un punto de madurez que se traduce en el testimonio visual de un artista que ha comprendido que la armonía no elimina la fractura, sino que la contiene. Caminero no pinta desde la comodidad. En sus obras se percibe un caos consciente, casi necesario. Su lenguaje abstracto no es evasivo, es frontal. La materia está viva y las capas se superponen como si guardaran decisiones anteriores, dudas, arrepentimientos y revelaciones. En esas texturas hay una biografía silenciosa. Más que anécdota, el artista deja fluir experiencia acumulada. Sus dé-

cadas en el arte no se traducen en virtuosismo automático, sino en profundidad.

Lo interesante de esta muestra es que el espectador, según su propia sensibilidad y recorrido, es quien se enfrenta a cada obra con la intención —o quizá la necesidad— de reconocer en ella el caos y el equilibrio. Se trata de un encuentro íntimo donde, en la confrontación, aparece la honestidad.

Que este diálogo visual tenga lugar bajo el auspicio de Autozama añade una dimensión simbólica particular. En un espacio asociado a precisión y estructura, el arte introduce vibración y cuestionamiento. Tal vez ahí esté la clave, pues incluso la maquinaria más exacta depende de fuerzas que deben compensarse continuamente. Nada funciona sin tensión. “Caos & Equilibrio” no pretende ofrecer respuestas definitivas, debido a que propone algo más complejo: aceptar que el equilibrio verdadero no es estabilidad permanente, sino ajuste constante. Y quizá esa sea la lección más valiosa de esta etapa de Caminero, recordarnos que la serenidad no nace de eliminar el conflicto, sino de convivir con él sin perder la conciencia. l

crítica cine

ETZEL BÁEZ etzelbaez@gmail.com

Cien años de soledad (3 de 3)

La serie está pautada en dos temporadas, y la segunda llega en agosto. Estos 8 episodios versan sobre varias generaciones de la familia Buendía-Iguarán, centrándose en la fundación de Macondo y los eventos que rodean a Úrsula y a José Arcadio. El realismo mágico de la novela captura la riqueza y complejidad, como la evolución de los personajes, reflejando profundidad de la experiencia humana al abordar temas como la soledad, el amor y el desamor, la muerte, y mezcla realismo mágico con simbolismo, con una adaptación que enriquece la historia y refleja el contexto histórico, social y cultural de la parte más singular y caribeña de Latinoamérica. En la adaptación hay variaciones por la naturaleza de la serie televisiva. La narrativa de la novela no es lineal (sucesos no cronológicos, pausas temporales persiguen diferentes perspectivas), un enfoque que potencia la experiencia del lector al profundizar en la psicología de los personajes. Es técnica que fusiona realidad y realismo mágico con el objeto de revelar vínculos y patrones relevantes. Al tratarse de una serie, se entiende que se haya adoptado estructura lineal buscando captar la comprensión del público. Obvio que hubo limitaciones cinematográficas, pues las características

el libro vive

mi ventana

de una obra literaria tienden a obligar licencias creativas que no suelen gustar a cultores de literatura. Una trama extensa e intensa de un siglo traba cualquier condensación de eventos y personajes, lo que lleva a omitir aspectos secundarios y, por tanto, diluye comprensión y emoción. Pero, además, traducir en imágenes lo que es realismo mágico es un desafío para transmitir el mismo impacto que la novela. A favor, las formidables herramientas del lenguaje cinematográfico brindan una oportunidad de oro para llevar a escena el mundo de Macondo con ese resultado visual que exhibe. Por ejemplo, en la obra literaria, García Márquez retrata a Macondo como un sitio en el que ‘el mundo era tan reciente que muchas cosas no tenían nombre’. En la serie, este sentimiento de innovación se manifiesta mediante la fotografía y el diseño de producción que crea el entorno visual: escenografía, maquillaje, vestuarios, escenarios, iluminación, sonido. En su conjunto, crean atmósferas y enriquecen y nos transmiten la narrativa. Estos elementos dan vida a los personajes con esas performances exquisitas con resultados épicos por la destreza que exhiben, la sinceridad emocional, cómo cambian y se desarrollan los personajes, la gestualidad y movimientos escénicos, tal cual un ballet. Esto potencia la historia, pero también los diálogos y la química entre los actores. En Netflix. l

HHHHH GÉNERO: drama y realismo mágico. DURACIÓN: 8 episodios de 60 minutos c/u.

Los estragos de la Globalización

En la República Dominicana del siglo XXI se han publicado obras sobre temas mundiales que con los cambios vertiginosos que ha experimentado el hemisferio en una etapa reciente cobran una vigencia superior a la que alcanzaron en los días que fueron presentados al público lector. Un ejemplo patético es el libro Los estragos de la Globalización, del escritor y político Luis Acosta Moreta, colección de artículos aparecidos en la prensa entre los años 1997 y 2002, con advertencias contundentes sobre los efectos traumáticos del entonces llamado Nuevo Orden Internacional, el mismo que vemos colapsar en los actuales momentos, muy especialmente con el retorno de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos.

Otros dominicanos publicaron ensayos sobre lo que fue la denominada “globalización”, marcada por discursos apocalípticos sobre el neoliberalismo y la apertura de mercados, pero ninguno tan profético como el autor nacido en Las Matas de Farfán en el 1951.

En Los estragos de la Globalización, Acosta Moreta, conocido en las bregas políticas como “El Gallo”, no oculta sus sentimientos patrióticos y nacionalistas, lo que no le impidió ver con objetividad las leyes universales de la economía, las cuales no tienen por qué derribar a mandarriazos limpios la identidad, los valores, la moral, las tradiciones y las sanas costumbres de los pueblos.

Desde el epígrafe de Joseph E. Stiglitz, estadounidense Premio Nobel de Economía, el más prestigioso crítico de la globalización, con ejemplos del empobrecimiento que llevó la misma a países ricos como Argentina, hasta el daño palpable al aparato productivo de nuestro país, con “privatización y capitalización” incluidas, el libro que comentamos debe ser lectura obligada para todo aquel al que en estos momentos le duele la dominicanidad.

Acosta Moreta, quien dedica Los estragos de la globalización a sus padres, Colombina Moreta y Armando Acosta, así como “a los fieles y pacientes lectores que me han seguido en mis colaboraciones periodísticas”, dice, puede tener hoy la satisfacción de haber combatido con argumentos válidos lo que en su tiempo se vendió como verdad inapelable. ¡Enhorabuena! l

SANTIAGO ALMADA salmada@elcaribe.com.do

franknunez463@gmail.com o

¿A quién ayuda la autoayuda?

La autoayuda es una industria global que genera miles de millones de dólares al año. Según datos de Grand View Research, en 2024 movió 48,400 millones de dólares en todo el mundo, y se proyecta que alcanzará más de US$67,000 millones para 2030. Con esas cifras, lógico es esperar que los que ofrecen –y vendenautoayuda sean muchos, y que la cantidad vaya en aumento.

Un ejemplo: el famoso libro Tus zonas erróneas, escrito por Wayne W. Dyer, fallecido en 2015, lleva vendidos más de 35 millones de ejemplares desde su publicación en 1976, El monje que vendió su Ferrari, de Robin Sharma, ha vendido cinco millones de copias; así que la aparición de gurús, expertos y sabios en autosuperación, autoperfeccionamiento, autocapacitación y otras “autoespecialidades” se explica por sí sola.

Uno de los problemas de la autoayuda es que los “expertos” autores tratan temas de salud mental, pero ninguno –o casi ninguno- de ellos, es siquiatra ni sicólogo, algunos plantean fórmulas para superar enfermedades como la depresión, estados de angustia, ansiedad y ataques de pánico, que requieren tratamiento clínico, medicación recetada por facultativos y terapias impartidas por profesionales. En la práctica, las fórmulas de estos gurúes tienen el mismo efecto que la homeopatía o las flores de Bach, ninguno, pero lo grave es que alejan a la gente de los verdaderos tratamientos.

Otro tema con la autoayuda es que aborda las patologías de una manera demasiado general, que reduce cuestiones como la baja autoestima a un problema de autopercepción, o confunde términos como estado depresivo con tristezas pasajeras que pueden solucionarse con simples cambios de actitud.

Pero el mayor problema de la autoayuda es que propone “tratamientos” que recargan el esfuerzo de la sanación en el doliente, como si tratara de un chip que con solo cambiarlo por uno de otra marca la solución aparecerá de manera casi mágica.

Y si después de haber seguido todas las instrucciones del gurú la persona todavía continúa sufriendo es porque no las ha seguido correctamente, o no ha puesto suficiente fuerza de voluntad o cualquier otra excusa, de manera que, si usted no se cura o si sigue padeciendo de su condición, la culpa es suya… ¿Y el gurú que le vendió su librito? Bien, gracias. l

elCaribe, SÁBADO 21 DE FEBRERO DE 2026

elcaribe.com.do

Los petimetres del siglo XXI: la advertencia vigente de Moratín

MONTERO

Especial para elCaribe

EEntras a un café y antes de que alguien pruebe su desayuno, ya hay un teléfono apuntando al plato. Se acomoda la servilleta, se busca mejor luz, se repite la toma. La imagen debe salir perfecta. Después, sí, se conversa. Esa necesidad de mostrarse; de construir cuidadosamente lo que otros verán, se ha vuelto parte de lo cotidiano. Pero la obsesión por parecer no nació con las redes sociales.

En 1762, Nicolás Fernández de Moratín llevó al teatro a Doña Jerónima en La petimetra, una comedia que retrata con ironía a quienes adoptaban modas francesas como símbolo automático de prestigio. En la España ilustrada, a ese fenómeno se le llamó afrancesamiento: la imitación exagerada y superficial de lo extranjero como señal de distinción. Sin embargo, el problema no era Francia, el problema era el vacío.

Ser “petímetro” no significaba simplemente vestir distinto o pronunciar galicismos, implicaba construir una identidad prestada, preferir parecer refinado antes que pensar con criterio propio y convertir la apariencia en sustituto del juicio. Nicolás Fernández de Moratín, fiel al espíritu ilustrado, no escribía solo para entretener, sino que utilizaba la risa como mecanismo de corrección social. Exponía el ridículo para provocar reflexión.

Leer hoy La petímetra produce una inevitable incomodidad, porque el escenario ha cambiado, pero la lógica permanece. Ya no copiamos abanicos ni encajes, sino que seguimos tendencias globales, repetimos discursos virales y adoptamos estéticas que muchas veces no pasan por el filtro del pensamiento crítico. El afrancesamiento ha mutado, pero la tentación es la misma: moldearse para encajar.

Lo inquietante no es la influencia cultural, que siempre ha existido y enriquece a las sociedades, sino la imitación acrítica. Cuando la identidad depende demasiado de la mirada ajena, aparece una forma silenciosa de vanidad… la necesidad constante de validación. Y cuando la validación sustituye al criterio, la superficialidad deja de ser un detalle y se convierte en estructura.

Doña Jerónima resulta ridícula no por su gusto por la moda, sino porque deja de pensar. En su afán por parecer moderna, termina convertida en una caricatura de sí misma. Esa exageración es la advertencia…Moratín no propone aislamiento cultural, sino discernimiento. No condena lo nuevo, sino la adopción automática de ello.

En el siglo XXI, la presión por pertenecer puede ser incluso más intensa. La exposición es constante, la comparación

inmediata y la aprobación cuantificable. Hoy el escenario ya no es el salón madrileño del siglo XVIII, sino la pantalla del celular. Las redes sociales han convertido la identidad en vitrina permanente. No imitamos a Francia, pero sí a algoritmos, influencers y tendencias globales que dictan cómo vestir, cómo hablar y hasta cómo pensar. Adoptamos anglicismos sin notarlo, repetimos frases virales como si fueran propias y medimos nuestra valía en reacciones digitales. El petímetro de ayer buscaba parecer refinado ante la corte; el de hoy busca validación

en una historia de veinticuatro horas. La diferencia es tecnológica, pero no esencial. En ambos casos, el peligro es el mismo: construir una versión de nosotros pensada para agradar al público, aunque eso implique diluir lo que somos y de dónde venimos. En ese contexto, la autenticidad se vuelve un acto casi contracultural. Mantener criterio propio exige más valentía que seguir la corriente. Tal vez por eso la comedia de Moratín sigue interpelándonos, porque nos obliga a preguntarnos cuánto de lo que mostramos nace de una convicción y

cuánto de un miedo a quedar fuera. Nos recuerda que ninguna tendencia, por moderna que parezca, sustituye la solidez de una identidad pensada y asumida. Hemos cambiado los salones ilustrados por pantallas luminosas, pero la advertencia permanece intacta. La verdadera elegancia no consiste en copiar lo que brilla, sino en saber por qué se adopta. Porque al final, ninguna tendencia justifica la renuncia a lo que somos. La lección sigue siendo tan vigente como en 1762: nunca cambiar la esencia por la tendencia. l

La música no sirve para nada…

Correo-e:

Muy a menudo es posible leer afirmaciones que nos indican que la música es algo así como el remedio para muchos males, un Bálsamo de Fierabrás que de ingerirlo -en el caso de la música de escucharla-, podemos alcanzar estadios superiores como seres humanos, podemos enmendar las malas conductas y proporcionar y proporcionarnos felicidad sin fin. Dicen que sirve: «para expresar, escuchar, callar, cambiar, ser diferentes, ser iguales, unir, fortalecer, armonizar, equilibrar, definir, ser únicos, convivir, reflexionar, divergir, coincidir, motivar, apoyar, alcanzar, volver a intentar, imaginar, inspirar, etc.», y mucho más. Dice Dudamel, por ejemplo, que la música tiene un poder de transformación social.

Pero la música, por sí sola, por lo que es físicamente, por las vibraciones de las que está hecha, solo tiene el poder de tocarnos el inconsciente y, aunque verdaderamente puede provocarnos estadios de bienestar, esto es solamente una reacción primaria. Al escucharla, nuestro inconsciente reacciona de tal o cual manera; pero, si queremos que todas esas sensaciones se conviertan en pensamientos y esos pensamientos en acciones, la música que escuchamos debe pasar del inconsciente a la consciencia y para que se produzca esta transformación, la música, por ella misma, no sirve para nada. Es la Educación Musical y los adecuados hábitos de escucha el medio imprescindible para conseguirlo.

El arte se transmite a través de un lenguaje que utiliza signos muy específicos, los que debemos conocer para poder comprender su mensaje. Así, como aprendemos a hablar en otro idioma, debemos esforzarnos para comprender los códigos en los que se expresan las artes. Esa es la premisa para que el arte nos emocione, debemos conocer su lenguaje y para eso es necesario un serio proceso de aprendizaje. No es un entretenimiento, no es una diversión, es un acto de satisfacción espiritual, y eso no se consigue con el espíritu ausente.

Pocas veces el público se interesa espontáneamente por las obras del Arte Universal, así que en la banda sonora que acompaña a millones de personas no están las obras de Pergolesi, Bach, Beethoven, Mozart, Verdi, Roldan, Caturla, Ginastera, Ponce, Revueltas, y muchísimos compositores que han creado obras inmortales. De tal modo, una de las vías más certeras para acercar la obra al público es la educación artística. Es el método más efectivo para que el público pueda disfrutar a plenitud obras tan monumentales como la Pasión según San Mateo, de Bach, La noche de los Mayas, de Revueltas, La Traviata, de Verdi o Pacific 231, de Arthur Honegger.

Por lo general, cuando leemos la biografía de algunos de los que hoy se con-

sideran grandes clásicos de la música Occidental, o cuando conocemos a melómanos que disfrutan de manera inteligente la música, podemos conocer que desde muy pequeños estuvieron entre familiares y amigos que tenían la música como afición o profesión, que tuvieron desde muy temprana edad unos hábitos de escucha que fueron reforzando a través de toda su vida y conocieron las leyes de la estética, aprendieron a descifrar, como en un hermoso juego, las intenciones que los compositores plasman en sus obras, y aunque aquí me estoy refiriendo a la música, esto aplica para todas las artes, no es posible llegar a emocionarse ante el Guernica de Picasso, Las Meninas de Velázquez, el David de Miguel Ángel o ante Sugarcane City under the starry night de Ángel González Urrely sin conocer las reglas del juego.

La música no sirve para nada a quienes no se esfuercen en comprender el lenguaje de las artes. Para disfrutarla a plenitud es necesario conocerla y apreciarla, porque la música no es un ungüento mágico. La música no sirve para nada sin un proceso de enseñanza-aprendizaje adecuado, porque la educación musical es la condición indispensable para

que la música y las artes impresionen los sentidos del público. A menudo se escuchan voces hilvanando consignas como: «Conciertos en mangas de camisa», «el arte para el pueblo», o se leen en la prensa inauguraciones de mega instalaciones mientras la falta de presupuestos impiden que profesores bien cualificados sean contratados en las escuelas de arte, e impiden también que las escuelas de arte tengan las mínimas condiciones para albergar a una sustancial población de estudiantes.

La música no sirve para nada si los productos que venden los músicos de primer cartel, que no es ni más ni menos que estados de bienestar y felicidad, se comercializan a precio de pulga porque en ese círculo vicioso los posibles clientes no han aprendido a disfrutar la música de manera inteligente. No han tenido hábitos de escucha apropiados en el seno familiar y las escuelas carecen de instalaciones convenientes y de profesores calificados.

El ungüento que pudiera aliviar muchos males, si no se aplica bien, como cualquier medicamento, no cura al enfermo y a veces lo mata. No es casual que las sociedades en las que más música de

«alta gama» se consume, sean aquellas en las que más y mejor educación artística se le brinda a los ciudadanos. Y otro tuerto en el camino del disfrute de las artes salta muy a menudo cuando a los que no tuvieron un entorno apropiado para conocer las reglas del juego de las artes, en lugar de elevarles la educación se les llevan obras disminuidas. En lugar de elevar el público a la obra de arte, se menoscaba la obra para ponerla a la altura del ignaro, dizque «mejor los populares porque los clásicos aburren». Así que la música no sirve de nada si el público no conoce las reglas. Es el mismo caso de alguien que va al pley y desconoce por completo lo que es un jonrón, verá a miles de fanáticos explotar de entusiasmo y a otros miles llorar de tristeza y él en medio no entenderá absolutamente nada.

Solo cuando cada cual se esfuerza por conocer las reglas del juego, cuando se esfuerza por descifrar, como en un hermoso tablero, lo que dicen los compositores en sus obras, se consigue que el genio salga de la lámpara y el Bálsamo de Fierabrás nos haga efecto.

Santo Domingo, 16 feb. 2026. l

elCaribe, SÁBADO 21 DE FEBRERO DE 2026 elcaribe.com.do

VALENTÍN AMARO

Especial para elCaribe

Esta semana en “Espejo de tinta”, nuestra invitada es Lovelia Octaviani Morales, quien se define como voluntaria cultural y eterna aprendiz de la vida. Nacida en Ponce, criada en Guánica, educada entre Lajas y el Recinto Universitario de Mayagüez. Ahí completó su bachillerato en Estudios Hispánicos, luego de divagar por las calles viejosanjuaneras y colaborar con reseñas musicales para la revista en línea de la Fundación Nacional para la Cultura Popular. Ha publicado en diversas revistas literarias y obtenido premios en varios certámenes como el de la Universidad Politécnica de Puerto Rico y el de microcuentos Las dos Orillas auspiciado por el Ministerio de Cultura de la República Dominicana. Hoy día se desempeña como correctora de textos y espera plasmar sus apalabradas locuras en un libro próximamente.

En esta entrega, Octaviani, como fina alfarera nos presenta ordenadamente una serie de piezas breves que exploran la fragilidad de la percepción y la tensión entre lo real y lo onírico, donde presencias inquietantes, recuerdos difusos y estados de desasosiego configuran una atmósfera de asedio interior. A la vez, proponen reflexiones sobre la ilusión de las fronteras, la incidencia de gestos mínimos en el destino y el carácter efímero de los sueños. En los textos finales emerge una poética vinculada al sur, al mar y a la caña, en la que la naturaleza y la historia, con sus marcas de violencia y poder, se entrelazan simbólicamente para abordar la memoria y la identidad. la sombra del grito Un vuelco de hoja o un levantón de polvorín. Cuando volteo la cara, el indescifrable espectro huye a la velocidad del sonido. No da tregua. Ni de reojo puedo mirarlo porque pierdo la noción del tiempo. A veces, me despelleja la nuca con un grave susurro y balbuceo un día nuevo. Quisiera constatar lo que vivo, pero hasta mi mejor amigo se lanza una resonante carcajada a la mínima discusión del tema. Si supiera que la propagación de su escéptica burla alienta el camino de la sombra, enmudecería al instante.

Hay noches que despierto repentinamente boca arriba con las greñas colgadas del abanico y las piernas al borde de la aluminada ventana. Creo que pasó la noche conmigo. El recuerdo es vago, pero el tatuaje de nubes negras y gotas de acero sobre mi espalda permanece intacto. A esta altura, la mucha tiniebla impide que vea la hora.

Mi cuarto es un horno de tormentas pasadas por aire.

Quizás se fue la luz y del miedo volé al techo. A lo mejor es una tarde de cansancio con luna llena. O simplemente una pesadilla recurrente en momentos de extrema nostalgia. Solo sé que estoy ronca de tanto gritar al olvido.

Como nadie responde intento abrir la puerta de hierro con el brazo izquierdo y un caudaloso viento despejó mi cabeza de tanta lluvia enmarañada. Al rescate vino la etérea figura -esa incesante furia

Microrrelatos de Lovelia Octaviani Morales

que endereza el extenuado canto en estruendoso amanecer- para soplar en tono barítono mis antiguos amarres y caer de pie otra vez. Lista para el mañana. Temblando de miedo.

Partida y punto

Como el horizonte surca el océano desde cualquier trinchera, el navegante nunca naufraga cuando la estación flota. solo sucumbe al vaivén de una frontera que no existe.

El tercer ojo

Fue al parque a lanzar una mirada a la fuente y una onda expansiva sorteó la frente con monedas que desfiguraron su futuro.

De la brevedad del sueño

Cuando la nube era de queso y la llu-

via roía la polvorienta torre donde el elefante almacenaba un hilarante mundo en su torre de marfil, también dormía embelesado en la resbalosa trampa del ratón.

Sur adentro

La superficie es tóxica para el ciudadano de abajo. En los bolsillos carga agua salada proveniente del hadal. No hay que subir para estar siempre en el aire, si es que en el talud la deriva es selectiva. Nadie se hunde. Entre manglares rojos, solo se renace.

Naturaleza sangre

Al pie de una sombra candente y particularmente florida, se levanta bordeando la bahía el enorme bosque en pleno invierno. un encantamiento nativo detuvo su expansión verdorosa, casi como an-

ticipando la entrada -eras y eras más tarde- de un ensimismado generalísimo con su flotilla dando tremendo pisotón sobre la punta de una espina en celo.

Melaza

El sur es una ventana abierta esperando la venida de la lluvia. Y con lluvia me refiero a otra vertical ola de calor feroz. Y con ola quiero decir al néctar que se acumula en el fondo de un depósito donde se desangra lo que queda de una vaina dulzona, dura y filamentosa. Y con calor feroz intento definir el esfuerzo inconsecuente de cerrar la ventana antes que venga el divino viento del sur, esa brisa marina que trae consigo azúcar del cañaveral formando sendo hormigueo en los resquicios del dintel. Y con sendo hormigueo solo deseo reiterar cómo las paredes tiemblan cada vez que la habitación se tizna de canción.l

Espejo de tinta

Capítulo 9. El misterio del Lago Enriquillo

El viaje al suroeste fue largo y sofocante. La carretera atravesaba tierras áridas, cactus y matorrales que parecían pertenecer a otro mundo. Finalmente, la vastedad del Lago Enriquillo apareció ante mis ojos: un espejo de agua inmenso, grisáceo, rodeado de un paisaje seco y calcinado por el sol. No era un lago cualquiera. Estaba situado a más de cuarenta metros bajo el nivel del mar, con agua salobre, como si el océano hubiese quedado atrapado en el corazón de la isla. Y en sus orillas se movían lentamente los cocodrilos, únicos en el Caribe.

Los lugareños me habían dicho que aquel lago era un umbral. Que en sus aguas se escuchaban voces, que a veces se veían luces como de hogueras en las islas que emergían de su centro.

En un colmado cercano, un anciano me habló con reverencia:

—Este lago lleva el nombre de Enriquillo, el cacique taíno que se rebeló contra los españoles. Dicen que su espíritu aún protege estas aguas. Pero no es el único. Aquí se cruzan mundos.

Me contó que en noches sin luna se aparecían los behíques, sacerdotes taínos, caminando sobre el agua, y que quienes los veían quedaban marcados para siempre. Contraté una pequeña barca para recorrer el lago al atardecer. El barquero, un hombre moreno y callado, aceptó a regañadientes.

—Yo lo llevo, pero no me quedo hasta de noche —advirtió.

El sol caía como plomo sobre la superficie inmóvil. A lo lejos, la isla Cabritos se levantaba como un montículo reseco. Las aves revoloteaban sobre ella, y el eco de sus graznidos se perdía en el viento. Mientras avanzábamos, el barquero murmuró:

—Mire bien, periodista. Este lago devuelve lo que usted trae dentro. No entendí la advertencia.

Al llegar cerca de la isla, el cielo comenzó a oscurecer. Entonces lo vi: pequeñas luces anaranjadas, como hogueras, encendiéndose y apagándose en la orilla.

—¿Fuegos? —pregunté.

El barquero negó con la cabeza.

—No hay nadie ahí. Son los espíritus de los que se ahogaron buscando oro.

Las luces parecían llamarme. Sentí el impulso de saltar del bote y nadar hacia ellas. Pero el barquero me sujetó del brazo con fuerza.

—No mire tanto. Se lo llevan.

De pronto, el agua alrededor del bote se agitó. Entre las olas emergió una figura: un hombre alto, desnudo, con piel cobriza y cabellera larga. Llevaba un arco en la mano. Sus ojos eran dos brasas encendidas.

—Enriquillo… —susurré sin querer. El espectro apuntó su flecha hacia mí. No habló. Solo me observó con una intensidad insoportable.

El barquero gritó una oración y remó con furia hacia la orilla. El agua se cerraba detrás de nosotros como si algo nos persiguiera. Llegamos a tierra jadeando. El barquero se negó a mirarme a los ojos. —Usted no debía venir. Ahora el lago lo tiene.

Lo vi alejarse sin volver la vista atrás. Yo, temblando, abrí mi libreta. Allí estaba la inevitable frase: “El agua guarda la memoria. Y tú ya flotas en ella.”

Sentí un frío recorrerme el cuerpo, a pesar del calor sofocante. Supe que, de algún modo, el lago me había reconocido. Y que lo que había visto no era una alucinación, sino una advertencia.

Esa noche soñé con hundirme en aguas oscuras, mientras cientos de manos invisibles me sujetaban para no dejarme salir. Capítulo 10. El desenlace en Santo Domingo

Volver a la capital después del Lago Enriquillo me produjo una sensación de cierre. Como si el viaje circular me hubiera llevado, no solo de vuelta al punto de partida, sino al momento en que todo debía resolverse.

Sin embargo, Santo Domingo no era la misma ciudad que había conocido. Las calles estaban iguales, pero yo ya no era el mismo. Sentía miradas en cada esquina, sombras en cada portal, voces en cada silencio.

Caminé hasta la Zona Colonial, donde todo había empezado con aquella entrevista inocente sobre leyendas. La plaza frente a la catedral estaba tranquila. Turistas fotografiaban palomas, niños corrían. Pero yo veía superpuesto otro mundo: el de las figuras que me habían seguido desde entonces.

La anciana del rosario negro estaba allí, sentada en un banco. Me miró con calma, como si me hubiera estado esperando desde el primer día.

—Ya caminaste suficiente, Fidel —dijo con voz grave—. Ahora entiende lo que viste.

Me senté frente a ella, incapaz de hablar.

—Las historias que recogiste no son cuentos —continuó—. Son la memoria viva de esta tierra. Cada espíritu, cada sombra, cada milagro oscuro es parte de un tejido que nos une. Tú fuiste elegido para mirarlo de frente, porque tu pluma podía llevarlo más allá del rumor.

—¿Elegido por quién? —logré preguntar.

La anciana sonrió apenas.

—Por ellos. Por los que ya te escriben.

Me extendió la libreta. Yo no recordaba habérsela dado. Al abrirla, encontré no una frase, sino páginas enteras escritas con aquella caligrafía ajena. Era mi viaje completo, narrado desde una voz que no era la mía, pero que conocía cada detalle de lo que había vivido.

La tarde cayó y el aire se volvió frío. La plaza se vació de gente sin que yo lo notara. De pronto, estuve rodeado. Las figuras aparecieron una tras otra: la Ciguapa, el espectro de Enriquillo, el perro negro del Bacá, la anciana que caminó en Higüey, los fantasmas del Callejón. To-

dos en silencio, observándome. —¿Qué quieren de mí? —grité.

La anciana del rosario respondió: —Nada más que tu palabra. Escribe lo que viste. Dale forma. Que quede. Así ellos tendrán existencia. Y tú… tendrás paz. Temblando, comprendí el precio. No podía escapar. Cada paso del viaje me había empujado hacia este momento: el momento en que yo debía ser el cronista de lo invisible.

Abrí la libreta y empecé a escribir, sin detenerme, sin pensar. Las palabras fluían solas, como si me dictaran desde otro lugar. Escribí sobre el Duende, la Ciguapa, el Tesoro Maldito, el Bacá, la Virgen de los milagros oscuros, el Callejón, el Lago. Todo.

Cuando terminé, la plaza estaba vacía. Las figuras se habían desvanecido. Solo la anciana quedaba, sonriendo. —Ahora ya no son leyendas —dijo—. Son historia.

Me encontré al amanecer en mi habitación del hotel. La libreta estaba sobre la mesa, cerrada. No recordaba cómo había llegado allí.

La abrí con manos temblorosas. Todas las páginas estaban llenas, con mi letra esta vez. Una narrativa completa, coherente, lista para publicarse.

En la última página había una frase final, escrita en aquella otra caligrafía: “Las historias te escogieron, Fidel. Ahora el mundo sabrá que caminan de noche.”

Cerré la libreta. Afuera, Santo Domingo despertaba con su bullicio habitual. El sol brillaba sobre las piedras coloniales. Todo parecía normal, pero yo sabía la verdad: nada volvería a serlo.

Epílogo

Crónica desde la frontera de lo real

Por Fidel Madera

Hay viajes que empiezan con una agenda clara: recopilar datos, entrevistar fuentes, contrastar versiones. Eso hice yo cuando partí hacia la República Dominicana con el encargo de escribir sobre las leyendas más conocidas del país.

Lo que no sabía entonces era que esas leyendas no estaban muertas ni dormi-

das. Que no eran folclore para engalanar un artículo turístico, sino entidades vivas, heridas abiertas en la memoria de un pueblo, pulsando en las calles, en los montes y en las aguas.

Vi al Duende burlarse de la lógica en un solar de Santo Domingo. Sentí la atracción imposible de la Ciguapa en los pinares de Constanza. Escuché los gritos de soldados fantasmales protegiendo un cofre en las ruinas de La Isabela. Presencié el hambre insaciable del Bacá en San Juan. Me estremecí ante los milagros oscuros en la basílica de Higüey. Caminé por un callejón que existe y no existe en la Zona Colonial. Y en el Lago Enriquillo, un cacique rebelde me apuntó con una flecha desde las aguas.

Cada episodio me fue despojando de la arrogancia del periodista que cree tener control sobre la realidad. Terminé comprendiendo que yo no buscaba historias: eran las historias las que me buscaban a mí.

Lo más perturbador fue descubrir que alguien —o algo— escribía conmigo. Mi libreta, testigo silencioso, se llenaba de frases que yo no había escrito. Advertencias, amenazas, revelaciones. Hoy ya no me pregunto quién las trazó. Acepto que eran la voz de aquello que necesitaba ser contado. Porque esa es, al fin y al cabo, la tarea del cronista: dar palabras a lo innombrable, fijar en papel lo que de otro modo se disolvería en el miedo o en el rumor. No pretendo convencer a nadie. El escepticismo es saludable. Solo digo lo que vi, lo que viví. Si alguna noche recorren las calles de Santo Domingo y sienten que alguien los sigue sin estar allí; si en Constanza escuchan un susurro femenino llamándolos por su nombre; si el mar o el lago les devuelve un eco imposible… entonces sabrán que estas líneas no son literatura fantástica. Son la verdad que camina de noche.

Cierro esta crónica con una última cita que encontré escrita en la última página de mi libreta, en esa caligrafía que no era mía: “Las leyendas no necesitan creyentes. Solo necesitan testigos.” Yo fui uno de ellos. l

elCaribe, SÁBADO 21 DE FEBRERO DE 2026 elcaribe.com.do

Miguel Yarull es una de las voces más sólidas de la literatura dominicana contemporánea. Fuera de los retos de producción, su mayor desafío es aprovechar el medio visual que es el cine, como escribir escenas que no solo avancen la trama y muestren a los personajes, sino que también cumplan con el reto cinematográfi-

l Autor y guionista, ¿cómo da el salto de una posición a otra, con cuál se siente más cómodo?

l Con la publicación de mi primera colección de relatos, aparece una historia llamada “Montás”, que cierra el libro. Mi buen amigo Ernesto Alemany lee la historia y me dice: “Esto es una película”, le contesto que tengo el guion escrito, pues hacía ya un tiempo que venía estudiando para guionista y esta era mi gran prueba. Con el tiempo ese trabajo se convirtió en “La Gunguna”, y por ahí me di a conocer. Sobre con cuál me siento más cómodo, siempre he pensado que un escritor tiene más control sobre lo que publica que un guionista sobre su trabajo cinematográfico. Esa cualidad de la literatura me da un poco más de holgura y seguridad, aunque escribir para cine es mucho más comunal y suele tener más alcance.

l ¿Cómo fue el cambio de escritor de novelas a escribir guiones? Supongo que fue un cambio drástico… l Es un proceso totalmente diferente, y más si trabajas en la industria como escritor contratado. Por lo general hay unos parámetros de tiempo de entrega y producción: desde presupuesto, locaciones hasta casting que hacen de tu trabajo algo muy estructurado e intenso. Cuando escribo literatura mis preocupaciones tienen más que ver con disciplina y claridad de pensamiento. Sentarme a escribir diligentemente algo que no están esperando con urgencia, pero que es tan necesario como lo urgente, ese es el desafío.

l ¿Qué le inspiró a crear su última historia y qué tiempo tomó hacerlo?

l Mi último trabajo publicado es mi novela “Guapo”. Fue un proceso largo, de algunos cinco o seis años, porque era la primera novela que escribía y quería estar seguro de lo que hacía, sin saber que ningún novelista está seguro de lo que hace. Mi inspiración fue la de seguir analizando el origen y las causas de la sociedad dominicana contemporánea, quiénes somos como grupo social, cómo hemos llegado hasta aquí y qué podríamos sacar de todo esto. Pienso que ese es el tema central de mucho de lo que escribo, y en especial de esta novela: levantar un espejo, en este caso a través de varias generaciones, y hacernos pensar sobre nosotros mismos.

l ¿Cómo enfrenta la reescritura de un guion tras recibir notas de producción?

l Pienso que eso es algo que nadie te enseña y que mientras más trabajas mejor manejas. Cuando empecé, las notas me parecían una amenaza a mi trabajo, con

co. Todo esto parte del potencial del material original. “Hay obras que lees y te dices esto es una película, y eso sucede por su vocación visual, por su efectividad para crear tensión y personajes definidos, por su clara estructura. Está en el guionista identificar y potenciar esta vocación”, consideró Yarull cuyo trabajo ci-

15 Cultura

nematográfico ocupa casi todo su horario laboral, “y digo esto con mucho agradecimiento”, pero no pasa un solo día en el que no piense o trabaje algún cuento o novela, en el que no se siente a leer algo que haya escrito, a revisarlo y editarlo. Siempre tiene un próximo libro, o al menos la idea de uno, bajo el brazo.

“Estamos compitiendo contra miles de estímulos que anteriormente no existían”

Opinión

La forma en que nos contamos las historias ha evolucionado. Ahora mismo no tenemos espacio para respirar, todo lo queremos rápido y condensado”.

el tiempo me he dado cuenta que pueden enriquecerlo. He aprendido a ser más flexible, a escuchar e intentar, pero también puedo ser muy firme cuando estoy convencido de que alguna nota puede afectar seriamente la esencia de la historia, entonces toca negociar, convencer, plantarse, proponer...

l En sus años de experiencia como guionista, ¿qué es lo más importante que ha aprendido en todos estos años?

l Que como todo oficio artístico, se trata más sobre las veces que fallas que las

que triunfas. Es un camino que te vuelve humilde muy rápidamente. Mientras más crees que sabes, más te falta por aprender. También aprendí que un proyecto no significa carrera, que esto es un maratón en el que sigues adelante contra las probabilidades, porque crees en tu valor y en tu trabajo.

l Hoy en día la transmisión de contenido de audio o video ha cambiado completamente el panorama, ¿qué nos puede decir al respecto?

l La forma en que nos contamos las historias ha evolucionado. Ahora mismo no tenemos espacio para respirar, todo lo queremos rápido y condensado. La duración de las películas es un tema importante, casi un escollo. Para un guionista, el reto está en no sacrificar una buena idea por someterla a estos nuevos paradigmas, y sin embargo hacerla interesante para las audiencias que consumen contenido incesantemente. Estamos compitiendo contra miles de estímulos que

antes no existían, por lo que nuestras historias y personajes deben ser más dinámicos e interesantes. Estamos en medio de una gran transición, y nos toca a nosotros mantener a la audiencia interesada en nuestro trabajo.

l Su primer libro “Bichán” lo consolidó como un referente dentro del panorama literario, ¿qué nos puede contar sobre esa experiencia?

l Pienso que todo lo que me ha pasado en los últimos quince años nace de ese libro. En aquel momento no tenía mayores expectativas que escribir un libro que a mí me gustara, un libro que no podía encontrar en ninguna librería porque sencillamente nadie lo había escrito. Es una colección de cuentos que muestra una voz quizás poco consciente de lo que hacía, y que sin embargo logra atrapar una energía, unos personajes y el espíritu de una época de una forma muy directa y visceral. El tiempo lo ha ido transformando en un libro yo diría que importante, y eso me confirma que no estaba equivocado al proponer esa literatura en aquel momento.

l ¿El escritor dominicano concibe la literatura como un maratón de trabajo constante?

l Eso es una buena pregunta, y no sé si limitarme a los dominicanos para contestarla. Es fácil soñar que seremos un éxito inmediato, un fenómeno literario, creo que todos lo hemos deseado en un momento, pero la verdadera tarea es la de construir una obra, la de confiar en tu voz cuando te dicen “en este país la gente no lee”, la de seguir escribiendo cuando no sabes si serás leído, aceptado o siquiera publicado.

l ¿Qué consejos daría a alguien que quiere enviar su primer guion a una productora?

l Que nunca envíe un guion completo a menos que se lo pidan. Le aconsejaría presentar un pitch, una sinopsis corta y una muestra de algunas páginas de su trabajo. Esto les abriría más conversaciones y oportunidades que enviar un documento de 120 páginas que probablemente alguien solo hojeará. El proceso debe ser gradual, pitchar tu idea, su potencial, y entonces enviar el documento técnico. De esa forma siempre se devolverá la llamada. l

Miguel Yarull es una de las voces más sólidas de la literatura dominicana contemporánea.

Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook