Cultura elCaribe, Sábado 8 de Agosto de 2026
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Mayobanex Vargas, último gran héroe
Nuestra ciudad “Empecé primada cumplía escribiendo 470 años en 1966 poesía”
Pedro Conde Sturla evoca al expedicionario del 59 que sobrevivió a la tortura, y que murió en 2016 tras una larga lucha contra el cáncer . p.4
OGM recuerda cómo transcurrió aquella jornada en la que se exaltó el legado histórico de la capital dominicana y su significación para la humanidad. p.7
La escritora y gestora cultural Elsa Báez Amorós habla de su vocación literaria y de su más reciente novela “La marca de la gaviota”. p.15
Los Gavilleros fue un movimiento compuesto por campesinos y trabajadores sin formación militar. fuente externa
Los Gavilleros frente a la intervención de los Estados Unidos en 1916 El rol de las mujeres, quienes no solo gestionaron la logística y municiones, sino que también combatieron cuerpo a cuerpo Manuel Antonio Vega atacando10@gmail.com
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a ocupación militar de los Estados Unidos en la República Dominicana enfrentó una resistencia feroz en las zonas rurales del Este: los Gavilleros, un movimiento compuesto por campesinos y trabajadores sin formación militar que se alzó en armas motivado por el despojo de tierras tras el au-
ge azucarero, el nacionalismo y los abusos de los “marines”. Mientras en las ciudades la resistencia era principalmente intelectual y política, en las zonas rurales, especialmente en el Este del país, surgió este movimiento armado que mantuvo en vilo a las tropas extranjeras por años. El término “gavillero” (de gavilla, banda de delincuentes) fue usado por los ocupantes para criminalizar la resistencia y restarle al apoyo popular que venían recibiendo tanto en la zona rural como en
Dato Mientras las élites urbanas negociaban o bajaban la cabeza, los campos de Hato Mayor, El Seibo y San Pedro de Macorís se convertían en el epicentro de la dignidad nacional”.
pueblos como San José de Los Llanos, Hato Mayor del Rey, El Seibo, La Romana y Ramón Santana. Sin embargo, estos “bandidos” operaban bajo una sofisticada guerra de guerrillas, aprovechando el conocimiento del terreno y el apoyo de la población local que les proveía de refugio, comida e información. La historia oficial, escrita a menudo con la tinta del vencedor o del extraño, intentó durante décadas colgarles el cartel de “bandidos”. Pero el tiempo, que es el mejor juez de la memoria, ha limpiado el fango de los uniformes de aquellos hombres que, en las montañas del Este prefirieron la intemperie del monte antes que la paz de los esclavos. Hablar de Ramón Natera, de Vicente Evangelista y de los llamados “Gavilleros” no es hablar de delincuencia; es hablar de la reserva moral de un campesinado que, con sables y caracoles, enfrentó al imperio más poderoso del siglo XX. Mientras las élites urbanas negociaban o bajaban la cabeza, los campos de Hato Mayor, El Seibo y San Pedro de Macorís se convertían en el epicentro de la dignidad nacional. l continúa en la página 3
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historia de la medicina
salón de la fauna
Sobre el Instituto Profesional en Santiago de los Caballeros (II)
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eguim o s comentando y ofrecemos informaciones sobre la tesis del bachiller Ramón Sanchez Brache, de 1948. Continuaba diciendo: La Facultad de Medicina del Instituto Profesional de Santiago de los Caballeros fue inaugurada junto con las demás Facultades y Escuelas, a excepción de la Facultad de Matemáticas, el domingo 9 de Enero del 1916, en acto celebrado a las 3 de la tarde en los salones del Palacio Municipal de esa ciudad. Los primeros Profesores fueron nombrados por el Poder Ejecutivo a través del Secretario de Justicia e Instrucción Pública, Lic. J. B. Peynado, el día 27 de Diciembre del 1915. En la sesión celebrada por el Claustro de dicho centro docente el día 11 de enero del 1916, con la asistencia requerida de más de las dos terceras partes del cuerpo de profesores se acordó: 1) Fijar el plazo concedido para inscripción de estudiantes internos hasta el día 15 de febrero del 1916; 2) Sobre el cobro de matrícula, según la Ley No. 805; 3) Dejar a cargo de los decanos el reparto provisional de las cátedras y la preparación del horario, y 4) Abrir los cursos el lunes siguiente, día 17 de enero, si hay estudiantes inscritos. Los requisitos legales para ser admitido como estudiante de cualquier facultad o escuela, entre ellas la de Medicina, eran los siguientes: 1) Presentar los títulos o certificados que lo capaciten para el ingreso en la facultad o escuela de su elección. 2) Entregar copia auténtica de su acta de nacimiento y 3) Pagar, por anticipado, los derechos que establecía el artículo 805 del Código de Educación Común de 1902, que son tres pesos para los estudiantes oficiales inscritos durante el plazo señalado y de cuatro pesos para los libres. Este plazo fue fijado hasta el día 15 de febrero del 1916 para el primer año docente y hasta el 15 de noviembre del 1916 para el próximo año lectivo del 1916-17,
que debía empezar en Octubre. En virtud de estas facilidades de estudio la juventud de Santiago y del Cibao concurrió a inscribirse en las distintas ramas del saber puestas a su disposición, ansiosos de un mejor porvenir científico, prestando así su cooperación a los forjadores de tan brillante idea cristalizada desde hacía unos cuantos días. Los representativos de esta pléyade de jóvenes en la Facultad de Medicina fueron los siguientes: Ercilia Pepín, de 31 años, quien el día 13 de enero del 1916 presentó a la Secretaría del Instituto el título de maestra normal, y fue el primer estudiante inscrito en dicha Facultad. Luego le siguieron, en orden cronológico: Sergio Hernández, de 39 años, maestro normal, el 18 de enero; Nepomuceno Hernández, de 20 años, Bachiller en Ciencias y Letras, el 19 de enero; Ramón Genao, de 22 años, Bachiller en Ciencias y Letras, el 20 de enero; Fernando Pizano, de 20 años, maestro normal, el 14 de Febrero; Ramón A. Quezada, de 21 años, maestro normal, el 15 de febrero; Blas Domingo Reinoso, de 20 años, Bachiller en Ciencias y Letras, 15 de febrero; Virgilio de los Santos García, de 20 años, Bachiller en Ciencias y Letras, 15 de febrero; J. Alonso Castellanos, de 23 años, Bachiller en Ciencias y Letras, el 2 de marzo.— De estos nueve jóvenes, todos eran estudiantes internos (oficiales) a excepción de J. Alonso Castellanos, quien cursó como estudiante libre. Ya sentada la personalidad de esta institución como centro científico, el decano de la Facultad que nos ocupa, Lic. Buenaventura Baéz Lavastida, en compañía de los demás Profesores de la Facultad, procedió a organizar el plan de estudios; no lográndose llevar a cabo este propósito en las primeras sesiones celebradas por no estar de acuerdo el cuerpo de Profesores con el Decano respecto al programa de cátedras y reparto general de ellas… continuará l Dr. Herbert Stern
Guido gil
(Décima cibaeña) Hace mucho tiempo ya Que a Guido desaparecién No fue ei Maco Pempén Ni mucho menoj Alá Poi meteise en candelá Y cuetione e sindicato Combatió sueidoj barato Allá en ei Centrai Romana La gente comía iguana Y nunca difrután un plato. ••••••
Le siguió Guido loj paso Ai hueiguita de Mauricio Puso a Trujillo en su sitio Y ete repondió, “lo mato” A La Habana envió chivato Como siempre loj calié Con Balaguei fuen cienpié Cien paleros y cien matone Adulones y ladrone Que matán su emepedé.
l josé mercader
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Tácticas y liderazgo de Los Gavilleros
Los cuchillos, sables y bayonetas usados en combates. f. e.
En su estrategia de combate, usaron como táctica principal las emboscadas . f. e.
La resistencia de los gavilleros no fue un caos desorganizado, sino una guerra de guerrillas rural adaptada a la geografía del Este. f. e. <viene de la portada
Ramón Natera, “El General de los Campos del Este”, no solo fue un estratega escurridizo; fue el símbolo de un pueblo que se negaba a ser extranjero en su propia tierra. Su capacidad para articular redes de espionaje en los ingenios y su maestría en la emboscada no nacían de un manual de West Point, sino del amor al suelo que le vio nacer y del conocimiento profundo de cada vereda de El Jagual o Las Tunas. Natera no era el “jefe de bandidos” que describían los partes militares estadounidenses, fue junto a otros constitucionalistas, quienes le dijeron a los invasores que la dignidad no se Mansilla, si los hombres y mujeres deciden luchar. Incluso los ingenios azucareros terminaban pagándoles “impuestos de guerra” por protección a sus campos agrícolas. El movimiento destacó por figuras legendarias como Vicente Evangelista, Ramón Natera, Gregorio Urbano Gilbert y Cayo Báez (símbolo de la resistencia tras sobrevivir a torturas), Ramón Batía, Martín Peguero, y otros. Cabe resaltar el rol de las mujeres, quienes no solo gestionaron la logística y municiones, sino que también combatieron cuerpo a cuerpo. Pese a la desigualdad de fuerzas frente a ametralladoras y aviones, la lucha persistió hasta 1922, cuando una amnistía general llevó a los líderes a deponer las armas. Hoy, la historia los reivindica como patriotas rústicos que defendieron la soberanía nacional frente a una potencia extranjera.
Tácticas y liderazgo
La resistencia de los gavilleros (19161924) no fue un caos desorganizado, sino una guerra de guerrillas rural adaptada a la geografía del Este dominicano. En su estrategia de combate, los rebeldes usaron como táctica principal las emboscadas, pues aprovechando su profundo conocimiento de las zonas montañosas y boscosas, realizaban ataques sopresa contra las patrullas estadounidenses, logrando mermar sus tropas antes de desaparecer en el terreno. Su supervivencia dependía de un sistema de inteligencia popular: los campesinos locales actuaban como una red de informantes y logística. Además, establecieron “impuestos de guerra” a los ingenios azucareros, obteniendo recursos de los mismos emporios que habían provocado su desplazamiento.
bayonetas sin delatar a sus compañeros. Las Mujeres Gavilleras: Estas fueron piezas clave en la logística que, en momentos críticos también empuñaron armas en el “monte” para defender la soberanía del país. l
Perfiles
Vicente Evangelista: El símbolo del arrojo físico; legendario por su habilidad en el combate cuerpo a cuerpo, donde enfrentaba a los invasores usando armas blancas (sables). Ramón Natera: Representaba la audacia armada; conocido por su rapidez y por portar siempre dos revólveres, siendo uno de los líderes más temidos por las tropas extranjeras. Gregorio Urbano Gilbert: El puente entre la lucha urbana y rural, encarnando el sentimiento patriótico en San Pedro de Macorís. Cayo Báez: El rostro del sacrificio; se convirtió en una leyenda por su estoicismo al sobrevivir a brutales torturas con
Martín Peguero junto a un compañero.
Armas utilizadas por los Marines. f. e.
Rifles utilizados en combates. f. e.
Opinión Ramón Natera, ‘El General de los Campos del Este’ no solo fue un estratega escurridizo, sino el símbolo de un pueblo que se negaba a ser extranjero en su propia tierra”.
Uno de los gavilleros.
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Otros destinos, otros héroes: Mayobanex Vargas
Pedro Conde sturla pinchepedro65@yahoo.es
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o todos los expedicionarios perdieron la vida, como se sabe, aunque ninguno se libró de la tortura, del suplicio concienzudamente aplicado, de la afrenta y el ultraje y las cicatrices físicas y sicológicas que los dejaron marcados para siempre. Seis de ellos, quizás por milagro de la providencia, lograron sobrevivir, algunos vivieron largas vidas y por lo menos uno vive todavía. Y además todos, casualmente, pertenecían al grupo del comandante cubano Delio Gómez Ochoa, el único que todavía vive. La corta lista de los que sobrevivieron la integran el propio Gómez Ochoa y su hijo adoptivo Pablito Mirabal. Los demás, todos dominicanos, eran Mayobanex Vargas, Poncio Pou Saleta, Medardo Germán y Gonzalo (o Alfredo) Almonte Pacheco. Este último, por desgracia, fue desaparecido al poco tiempo sin dejar rastros, asesinado dos meses después de ser indultado. El caso de Mayobanex Vargas, que vivió hasta los ochenta años, es uno de los más curiosos. Mayobanex se aisló del grupo, se quedó solo, pero el teatro de operaciones le era familiar, era un lugar cercano a las tierras de su familia en Bonao. Por pura casualidad encontró a un conocido, un empleado de finca, y le pidió que fuera a avisar a su padre, que le dijera que quería entregarse y negociara su rendición. El padre, o mejor dicho su familia, que se encontraba bajo acoso, acudió a Petán Trujillo, que era el cacique de la región, para acordar los términos de su entrega. Pidieron, entre otras cosas, que le permitieran entregarse a civiles. Petán accedió y hasta nombró una comisión para recibirlo. Mayobanex recuerda que era una tarde del 5 de julio: «Me entregué en la finca de nosotros, en Blanco, en la loma. Un pequeño valle de esa montaña (Constanza), donde yo había soñado combatir a Trujillo como guerrillero. Por la radio yo conocí todas esas personas organizándose, a Fidel, y empecé a crearme ideas propias en esas montañas». (1) Hubo un encuentro memorable. Se permitió que padres e hijo se abrazaran antes de llevarlo a la cárcel, y se le permitió bañarse en ele río Yuna. Dice Anselmo Brache que una vez preso en la fortaleza de Bonao, Mayobanex fue tratado correctamente. El teniente Virgilio Álvarez le dispensó un trato caballeroso y la familia Pellicce, don Amadeo Pellicce y su esposa, le enviaron una cantina con las viandas más apetitosas. Mayobanex vió el cielo abierto y, lamentablemente, se dio un atracón que su estómago no pudo resistir. Esa fue la parte fácil. A continuación lo llevarían a Constanza donde lo recibiría uno de los grandes carniceros de la
época: el general Mélido Marte, el futuro encargado de seguridad de Joaquín Maldaguer. Mayobanex estaba seguro de que no sobreviviría al viaje. Quizás, sólo quizás, lo que lo salvó fue que al llegar a Constanza fue visto por un reportero de The New York Times, que desde ese momento no le perdió ni pie ni pisada y hasta pidió permiso para entrevistarlo. En tales circunstancias, matarlo hubiera provocado un escándalo, pero nada impedía que lo hicieran y Mayobanex lo sabía. Pero Mayobanex fue uno de los afortunados: «Muy pronto se despertaría “en una celda, llena de la sangre de Federico Larancuent, donde había sido asesinato a puñaladas”». (2) Cuenta Anselmo Brache: «MAYOBANEX. Se dirigían hacia Constanza. El único que rompió el silencio en aquel jeep fue el chofer, quien dijo: ‘Este muchacho es familia de la esposa del general Petán, y miren lo que hizo’. De ahí, de nuevo, el silencio. Al llegar a Casabito se detuvieron debajo de una mata de mango, desde donde salieron varios guardias armados. Mayobanex pensó que hasta aquí llegaba. Pero se acercaron para decir cada uno algo, como: ‘Déjennoslo aquí, para que vean como se trata un traidor’. De ahí, salieron de nuevo, hasta la fortaleza de Constanza, donde llegaron como a las 3 de la mañana. Alrededor de las 8 a.m., le sacaban de la solitaria donde lo habían recluido para llevarlo a la oficina del general Mélido Marte. »Recibía insultos de militares, principalmente de oficiales de la AMD. Cuando cruzaban hacia la fortaleza, entre gente aglomerada con apariencia de pobres, la que precisamente habían venido a defender, pedían que se lo entregaran a ellos para hacerse cargo. Ya adentro, le entregan al general Marte el interrogatorio que le habían hecho. Lo rompió, diciendo: ‘Esto no sirve, hay que hacer uno nuevo’. Él hacía las preguntas, él mismo se las con-
testaba y, en cada una, ponía algo de comunismo. Le enviaron al aeropuerto para ser trasladado a la Base Aérea de San Isidro y, para evitar que unos periodistas norteamericanos le entrevistaran, les decían que no había ningún prisionero. Pero le habían visto entrar y salir. Ya en el aeropuerto, mientras le ataban a las patas del asiento dentro del avión, y amarrado como un andullo, cuatro guardias pedían que se lo entregaran “para fusilarlo”. Aterrizados en la Base y abierta la puerta del avión, recibió un empujón al bajar la escalerilla. Con sus amarras cayó rodando, sobre la pista de concreto, a la vez que otro grupo de guardias lo arrojaba como un saco sobre un jeep, recibiendo varios golpes en el cuerpo y la frente. Un teniente dijo: “este lo pido yo, para darme banquete”. Con cada expedicionario hecho prisionero se oían morbosos estribillos de lealtad servil que, como forma de identificación con el régimen, decían o repetían en voz alta algunos militares y civiles, para que al ser oídos demostrar “ferocidad y lealtad, con el propósito de complacer la mentalidad de la tiranía y quizás lograr un día que les dispensaran un favor. »Llegados a la Jefatura de Estado Mayor, al apenas entrar Mayobanex, recibió una patada por el trasero de uno de los oficiales y, amarrado como estaba, un grupo le cayó a golpes por todas partes. Trompadas y patadas. Tuvo un receso en los golpes y fue cuando se le acercó el coronel José Joaquín Hungría, director del Instituto Cartográfico, quien frente a un mapa le hacía preguntas, las cuales contestó sin tratarlo mal. Luego empezaron los interrogatorios, ahora esposado con las manos atrás. Por cada pregunta recibía una lluvia de golpes de los que estaban ahí, quienes a su vez se esmeraron en hacerle, cada uno, un daño físico. Entre otras cosas agrega quien las estaba padeciendo, que: “el general Tunti Sán-
chez me pinchaba con un estilete de acero muy puntiagudo, hasta simuló que me lo iba a clavar con todas sus fuerzas en el estómago. Cerré los ojos y al abrirlos, vi que con una mirada criminal me gritaba desafiante, al ver el efecto que me había producido su intento ¡Te cagaste, hijo de la gran p...! Seguido, el coronel Evangelista Cabrera me aplicó su “patada voladora”, que me dejó privado boca abajo, entonces me pisaba y me brincaba con furia en plena cara y cuello, sufriendo yo estertores; el general Bonetti Burgos, a quien habían sacado de la zona de operaciones de Constanza, por cobardía, se ensañaba conmigo y me ponía un tormentoso bastón eléctrico, con un pie en el pescuezo sujetándome en el suelo esposado, en la boca, en los testículos, en los oídos, en la sien, en las manos y en la nariz. Los otros fueron el coronel Luis José León Estévez, mayor César Báez y el teniente Emilio Ludovino Fernández, quien hacía las preguntas y me golpeaba en las orejas y nariz con una gomita”. »De ahí lo llevaron inconsciente a una celda. Por suerte esta no era la sala de torturas». (3) La repatriación armada (18) (Historia criminal del trujillato[190]) Notas: (1) Santa Marte, «57 años de las expediciones de junio y un sobreviviente que cuenta su historia», Fuente: listindiario.com (https://share.google/ Y5kaxJe5OcQPmKAIJ) (2) Anselmo Brache Batista, «Constanza, Maimón y Estero Hondo: Testimonios e investigación sobre los acontecimientos», p. p. 241 (3) Ibid, pgs. 237, 238 l
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Cinco estaciones para entender Cuando Schumann a sonar la Temporada Sinfónica 2026 vuelve peligroso ConCierto Sentido
Andrés Tovar Especial para elCaribe
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na temporada sinfónica puede leerse como un calendario de conciertos, pero también como un mapa. En ese mapa, cada programa marca una estación, cada compositor abre una temperatura emocional y cada obra propone una forma distinta de escuchar el mundo. La Temporada Sinfónica 2026 de la Orquesta Sinfónica Nacional, presentada en el marco de sus 85 años, tiene precisamente esa cualidad: no avanza como una simple sucesión de fechas, avanza como un viaje. Del 12 de agosto al 4 de noviembre, en la Sala Carlos Piantini del Teatro Nacional Eduardo Brito, la principal institución musical del país recorrerá cinco paradas que van de la presión histórica a la resurrección mahleriana.
Primera estación: la presión
La temporada abrirá el 12 de agosto bajo la dirección de José Antonio Molina, con la Séptima Sinfonía de Antonín Dvořák y la Quinta Sinfonía de Dmitri Shostakovich. Es un comienzo de gran densidad. En la Séptima Sinfonía no encontramos una postal amable, sino una afirmación intensa, atravesada por sombras y por una energía que parece venir de muy adentro. Después llega Shostakovich, una de las voces más inquietantes del siglo XX. Su Quinta Sinfonía conserva el temblor de una época en la que componer podía significar obedecer, resistir, disfrazar, callar o decir demasiado.
andrés tovar
La OSN celebra sus 85 años con una programación de gran exigencia. Cortesía
una puerta conocida por muchos gracias al imaginario de Disney, aunque su obra contiene una advertencia más profunda: el aprendiz desata fuerzas que todavía no comprende. Saint-Saëns y Fauré, por su parte, permiten que el violonchelo ocupe el centro expresivo de la noche. La presencia de Garcell tiene valor adicional porque recuerda que una orquesta nacional crece cuando sus propios músicos aparecen como protagonistas. Luego, RimskiKórsakov y Falla llevarán la sala hacia una imaginación más brillante, rítmica y escénica. Tercera estación: la identidad
El tercer concierto, previsto para el 2 de septiembre, estará bajo la dirección de Santy Rodríguez, director asistente de la OSN, y contará con la violinista Scarlett Martínez como solista. El programa une Vuela, Sarambo, vuela…, segundo movimiento del Cuarteto Caribeño de José Antonio Molina, el Concierto para violín en Mi menor de Felix Mendelssohn y la Segunda Sinfonía de Serguéi Rachmaninoff. La presencia del Molina compositor, dentro de una temporada dominada por grandes nombres del repertorio
Segunda estación: la imaginación
El 26 de agosto, la temporada cambia de clima con la dirección invitada de Jaime Morales y la participación de Adriana Garcell al cello. El programa reúne El aprendiz de brujo de Paul Dukas, el Concierto para violonchelo No. 1 de Camille Saint-Saëns, Élégie de Gabriel Fauré, Capricho español de Rimski-Kórsakov y las suites de El sombrero de tres picos de Manuel de Falla. Esta es la estación del color, la fantasía y la teatralidad. Dukas abre
D editor digital
José Antonio Molina.
universal, coloca a la música académica dominicana en diálogo “de tú a tú” con el canon desde el escenario principal, con ambición estética y sin complejo. Mendelssohn y Rachmaninoff, por su parte, exigen elegancia, claridad y una técnica que debe parecer natural aunque sea dificilísima. En manos de Scarlett Martínez, el concierto para violín puede convertirse en una oportunidad para mostrar continuidad generacional y solvencia interpretativa. Cuarta estación: el drama
El 7 de octubre llegará Wagner, nuevamente bajo la dirección de José Antonio Molina, en un programa musical próximamente a desvelar. Aunque todavía no se conocen las obras, la sola presencia de Wagner define una estación completa. En su universo, la orquesta no acompaña la emoción: la construye, la anticipa y la convierte en destino. Wagner entendió la música como una fuerza capaz de levantar mundos enteros, con mitos, deseos, sombras y conflictos que se reconocen antes de ser explicados. Quinta estación: la resurrección
La temporada cerrará el 4 de noviembre con una gala de aniversarios: 85 años de la Orquesta Sinfónica Nacional y 40 años de Fundación Sinfonía. Para esa noche se ha reservado la Segunda Sinfonía de Gustav Mahler, “Resurrección”. Es una elección de enorme peso simbólico: Mahler es el compositor que metió al mundo entero dentro de una sinfonía, en su música caben la marcha, el canto, la duda, la infancia, la muerte, el temblor religioso y la necesidad humana de encontrar sentido después del derrumbe. “Resurrección” exige una gran orquesta, solistas, coro y una visión capaz de sostener un arco emocional inmenso. No se llega a su final de manera ligera: hay que atravesar zonas de oscuridad, memoria y espera. Por eso su presencia en la clausura resulta tan poderosa: una institución que cumple 85 años sabe algo de permanencia, crisis, renovación y esfuerzo colectivo. Cada temporada implica volver a empezar, volver a convocar, volver a ensayar y volver a creer que una sala llena puede escuchar unida.l
esde las majestuosas fanfarrias que abren la Sinfonía No. 1 hasta el final incandescente de la Cuarta, Schumann: Complete Symphonies (2026), la recién lanzada integral de Robert Schumann de la Filarmónica de Los Ángeles, confirma a Gustavo Dudamel como un intérprete capaz de encontrar vitalidad donde otras lecturas han privilegiado densidad y gravedad. Frente a una tradición discográfica que durante décadas presentó estas sinfonías con un sonido poderoso y casi brahmsiano, Dudamel apuesta por la claridad, el impulso rítmico y una extraordinaria movilidad del discurso. La Filarmónica resulta decisiva. En el Scherzo de la Sinfonía No. 2, la precisión de las cuerdas y los contrastes dinámicos permiten escuchar la agitación característica de Schumann sin perder transparencia. El movimiento lento de esa misma obra descubre después un paisaje completamente distinto: el tiempo parece ensancharse y la orquesta convierte el lirismo en una expresión de fragilidad profundamente humana. Dudamel comprende que Schumann vive precisamente en esas tensiones. Sus sinfonías pueden pasar de la exaltación al repliegue interior en cuestión de compases, y aquí cada transición conserva naturalidad y sentido dramático. La dirección evita sobrecargar las texturas y permite que maderas, metales y voces intermedias participen activamente en la narración. La excelente toma sonora termina de revelar una orquesta de enorme riqueza tímbrica. Más que imponer una nueva teoría sobre Schumann, Dudamel consigue algo quizá más valioso: hacer que estas cuatro sinfonías vuelvan a sentirse inquietas, apasionadas y sorprendentemente contemporáneas. l
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Rep. Dom. como sede de los Centroamericanos y del Caribe: Una mirada a su historia.
Ceremonia de inauguración de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, Santo Domingo, 2026. https://jcc2026.org/es
Dr. Wilson Enrique Genao
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Profesor a tiempo completo
wilsongenao@pucmm.edu.do
a primera vez que República Dominicana participó en los Juegos Centroamericanos y del Caribe fue en la edición número cinco celebrada en Barranquilla, Colombia del 8 al 28 de diciembre de 1946. El país inició sus andanzas en estos juegos con cinco disciplinas deportivas, quedando en la octava posición con 7 medallas. La participación dominicana no se ha reducido a las disciplinas deportivas, sino que también ha organizado los Juegos Centroamericanos y del Caribe más de una vez. México y Colombia lo han organizado 4 veces, República Dominicana, El Salvador y Puerto Rico tres veces y Panamá, Cuba y Venezuela 2 veces. El país organizó la XII edición del evento bajo el lema “Compromiso de Todos”. La sede para la celebración de los juegos fue otorgada a la ciudad de Santo Domingo en la Asamblea General Originaria de la ODECABE efectuada en Panamá en 1970. En el evento realizado del 27 de febrero al 13 de marzo de 1974, participaron 2,052 atletas en 18 deportes. Fue inaugurado en el Estadio Olímpico, justamente el día de la celebración del 130 aniversario de la independencia dominicana por el entonces presidente Joaquín Balaguer. En la ceremonia también estuvieron presentes el presidente del Comité Olímpico Internacional, Lord Killannin; el presidente de la Organización Deportiva Centroamericana y del Caribe, José Beracasa; el presidente del Comité Olímpico Dominicano, Juan Ulises García Sa-
leta; el presidente del Comité Organizador del evento, Bienvenido Martínez Brea, el alcalde de la ciudad capital, Rafael Estrella Rojas; entre otras personalidades. Además de la competencia, se incluyó un programa artístico-cultural, acorde con la tradición dominicana. Del mismo modo, Santo Domingo recibió con un estrecho y cálido abrazo sus visitantes dando muestras de la generosa hospitalidad que forma parte de la cultura dominicana. El evento marcado por el espíritu de competencia amistosa y en el que participaron figuras legendarias como Teofilo Stevenson en boxeo fue ganado por Cuba con 191 medallas, distribuidas en 101 de oro, 55 de plata y 35 de bronce. República Dominicana quedó en el décimo puesto con 1 de oro, 5 de plata y 14 de bronce para un total de 20. La organización de estos juegos tuvo un significativo impacto en la historia deportiva y en la proyección del país. Contribuyó al fortalecimiento y valoración de la unidad regional, la diversidad cultural y la proyección internacional del país. Evidenció con la exitosa organización y la calidad de las instalaciones deportivas construidas que un país pequeño podía ser sede de un evento de esta naturaleza. Además, dejó un legado importante con las obras construidas como el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte donde justamente fueron recientemente inaugurados los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe. Doce años después, se celebró en el país por segunda vez este evento. Con la participación de 26 países en 24 deportes y 288 pruebas finales, los juegos se celebraron en la ciudad de Santiago de los Caballeros del 24 de junio al 5 de julio de 1986. Fueron inaugurados en el es-
tadio de la Barranquita por el presidente Salvador Jorge Blanco y en el que participaron entre otros, el presidente de la Organización Deportiva Centroamericana y del Caribe, Germán Rieckehoff Sampayo; el presidente del Comité Olímpico Internacional, Juan Antonio Samaranch; el presidente del Comité Organizador, Carlos Bermúdez; el presidente del Comité Olímpico Dominicano, José Joaquín Puello Herrera; el secretario de Estado de Deportes, Educación Física y Recreación, Luis Scheker Ortiz. Para esta edición de los juegos, se escogió como emblema oficial una marchanta como elemento folklórico dominicano y caribeño. Esta llevaba los colores de la bandera nacional dominicana, sobre su cabeza el típico “babonuco”, la canasta y encima de ésta el símbolo de la Odecabe. A su vez se eligió también una mascota, que en la historia de estos juegos han tenido un componente simbólico de representación de la identidad, la fauna local y los valores del deporte. En Santiago 86, se escogió a Chaguito, un burrito que portaba una antorcha. En estos juegos participaron 2.963 atletas de 26 naciones en 25 deportes. Cuba se llevó el primer lugar del medallero, con 299 medallas, 174 de ellas de oro, 81 de plata y 44 de bronce. República Dominicana quedó en la séptima posición con 70 medallas, de las cuales 9 fueron de oro, 34 de plata y 27 de bronce. La celebración de estos juegos en la ciudad de Santiago de los Caballeros tuvo un enorme impacto en la proyección del país y de la ciudad. La inauguración y cierre del evento fue todo un espectáculo que combinaba cultura, historia y deporte. La celebración del evento evidenció la capa-
cidad de organización de eventos, proyectó de forma positiva a la ciudad de Santiago de los Caballeros y dejó un legado en infraestructura deportiva para la ciudad. Este año 2026 se están celebrando por tercera los juegos en el país. El pasado 24 de julio en una ceremonia que combinó historia, arte, tecnología y cultura dominicana y caribeña fueron inaugurados en el Estadio Olímpico Félix Sánchez por el presidente de la República Luis Abinader los XXV Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe. Esta edición, que se extenderá hasta el 8 de agosto, tiene un componente especial y es la celebración de su 100 aniversario. Estuvieron presentes, además de las delegaciones deportivas e invitados, el presidente de Centro Caribe Sports, Luis Mejía; el presidente del Comité Organizador, José P. Monegro, la alcaldesa del Distrito Nacional, Carolina Mejía, el ministro de Deportes, Kelvin Cruz, entre otras personalidades. El evento que tiene como mascota oficial a Colí (representación del Barrancolí) que es una expresión de la biodiversidad dominicana, están participando 37 naciones, más de 6200 atletas, en 40 deportes y 56 disciplinas. Estos juegos están teniendo un enorme impacto en el ámbito deportivo donde ya se ha logrado la mejor actuación de la historia del país en cuanto a medallas de oro en unos Juegos Centroamericanos y del Caribe al lograr 30 medallas y con posibilidades de seguir incrementándose. Sin embargo, el impacto no se reduce al ámbito deportivo, sino que también está teniendo efectos positivos en la proyección internacional del país, en la economía, el comercio y la cultura. l
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zona retro Cultura
Santo Domingo celebró su 470 aniversario en 1966 Los orígenes de esta capital continúan rodeados de incertidumbre histórica, leyendas y episodios que envuelven el nacimiento de la ciudad más antigua de América.
Vista de la entrada al puerto de Santo Domingo en una estampa Asistentes a la exposición de mapas y planos antiguos de la ciudad del siglo XIX, conservada en la Biblioteca del Congreso de Washington, D. C. ogm de Santo Domingo, realizada en el Hotel Comercial. ogm
Plano de Santo Domingo de Johannes Vingboons, 1965. ogm Lenin Ramos lramos@elcaribe.com.do
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n esta edición de Zona Retro rememoramos, a través de la cobertura publicada por elCaribe, cómo transcurrió aquella jornada dedicada a exaltar el legado histórico de la capital dominicana y a fortalecer el sentido de pertenencia en torno a una ciudad cuya historia continúa despertando interés entre investigadores y ciudadanos.
Una jornada de homenajes y tradición
Antes del amanecer del 4 de agosto de 1966, Santo Domingo ya se preparaba para celebrar su historia. Las alboradas recorrían las calles, las autoridades ultimaban los detalles de una extensa agenda cívica y religiosa, y la ciudad se disponía a conmemorar el 470 aniversario de su fundación con actos que evocaban su condición de primera urbe establecida por los europeos en el continente americano. Las celebraciones estuvieron dedica-
das a exaltar la memoria del adelantado don Bartolomé Colón, reconocido como fundador de la capital más antigua de América y hermano del almirante Cristóbal Colón, descubridor del Nuevo Mundo. Con motivo de la conmemoración, el Ayuntamiento del Distrito Nacional declaró, mediante la Resolución 36-Bis-66, el 4 de agosto como día de regocijo en toda la demarcación, en reconocimiento de la trascendencia histórica de la fundación de Santo Domingo. Asimismo, el cabildo exhortó a los habitantes de la capital a sumarse de manera activa a las celebraciones e invitó a los sectores comercial e industrial del Distrito Nacional a incorporarse a los actos conmemorativos a partir del mediodía. La capital se vistió de fiesta
Además de las actividades desarrolladas en la capital, donde se concentró el programa principal, una comisión integrada por funcionarios del Ayuntamiento y representantes de otras dependencias gubernamentales organizó celebraciones especiales en distintas comunidades pertenecientes al entonces Distrito Nacional.
Las jornadas incluyeron ofrendas florales, misas, homenajes, exposiciones de mapas y planos antiguos, actos culturales y juegos populares. El programa se inició a las 4:30 de la madrugada con alboradas interpretadas por las bandas de los bomberos civiles, la Policía Nacional, el Ejército, la Marina de Guerra y la Fuerza Aérea Dominicana. A partir de las 7 de la mañana, la resolución que declaró el día de regocijo fue proclamada a son de bando en los lugares tradicionales de la ciudad. Como parte del programa conmemorativo, a las 8:00 de la mañana se depositó una ofrenda floral en la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, en Villa Duarte, considerada el último vestigio de la primera ciudad de Santo Domingo. La ceremonia fue presidida por el síndico del Distrito Nacional, J. Nicanor Pichardo, acompañado de una representación de la ciudadanía. Una hora más tarde, el Convento de los Dominicos fue escenario de una misa solemne a la que asistieron miembros del cuerpo diplomático, autoridades civiles y municipales, así como representantes de instituciones culturales y del sector comercial. El sermón fue pronunciado por el padre Vicente Rubio, O.P., mientras que el Coro Nacional tuvo a su cargo la interpretación musical de la celebración religiosa. Como parte de las actividades conmemorativas, el alcalde del Distrito Nacional, doctor J. Ramón Báez Acosta, depositó una ofrenda floral ante el busto de Bartolomé Colón, fundador de la ciudad, ubicado frente al Palacio del Ayuntamiento, en el Centro de los Héroes. Asimismo, el historiador dominicano Ramón Lugo Lovatón, director del Museo Nacional, ofreció la conferencia “Santo Domingo: distante y distinto” en la Universidad Femenina, situada en la calle El Conde No. 23, con el auspicio del Conse-
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jo Nacional de Mujeres. La jornada continuó con homenajes
En este contexto, el Ayuntamiento del Distrito Nacional ofreció un agasajo a los presidentes de ayuntamientos y alcaldes municipales de todo el país en el Jardín Zoológico y Botánico, actividad que estuvo amenizada por el conjunto típico Animalandia. Más tarde, en el Hotel Comercial, fue inaugurado una exposición de mapas y planos antiguos de la ciudad de Santo Domingo. Durante ese mismo acto también quedó formalmente constituido el Instituto Municipal para el Mantenimiento del Acervo Histórico y Tradicional. Durante la programación, la Escuela de Arte Escénico de la Dirección General de Bellas Artes presentó dos entremeses de Miguel de Cervantes en la explanada del Alcázar de Colón. La jornada concluyó con un simbólico cruce del río Ozama portando antorchas, acompañado por una presentación especial del Coro Nacional. La ceremonia evocó el histórico traslado de la ciudad desde la margen oriental hasta el emplazamiento que ocupa en la actualidad. Por su parte, el Cuerpo de Bomberos realizó un desfile que partió desde su cuartel general y recorrió la avenida Duarte hasta la calle Padre Castellanos, donde se llevó a cabo un simulacro como parte de las actividades conmemorativas. Asimismo, Radio Televisión Dominicana anunció una programación especial que incluyó la presentación del Coro Nacional, bajo la dirección del profesor Luis Frías Sandoval, así como la difusión de documentación original relacionada con la antigua ciudad de Santo Domingo. Actos en los poblados
Las celebraciones también se extendieron a distintas comunidades del entonces Distrito Nacional, donde se desarrollaron actividades populares, culturales y conmemorativas. Entre las localidades participantes figuraron Andrés, Boca Chica, Los Alcarrizos, Villa Mella, El Coco de Pedro Brand, Guerra, La Victoria y Manoguayabo, así como el Jardín Zoológico y Botánico de la capital. En estas localidades se desarrolló un amplio programa de actividades recreativas y tradicionales, que incluyó verbenas, recitales, palo encebado, carreras de sacos, competencias de ciclismo y de fondo, carreras de burros, captura de chivos ensebados, exhibiciones de lucha libre, bailes típicos y jugadas de gallos. Las celebraciones del 470 aniversario reflejaron el interés de las autoridades y de la ciudadanía por preservar la memoria histórica de Santo Domingo. Más allá de los actos protocolares, la jornada convirtió a la ciudad en un escenario de encuentro entre la historia, la cultura y las tradiciones populares, reafirmando el valor de un legado que, casi cinco siglos después de su fundación, continúa formando parte esencial de la identidad dominicana. Aquel 4 de agosto de 1966 quedó registrado como una de las conmemoraciones más amplias dedicadas a la ciudad primada de América y como testimonio del esfuerzo por mantener vivo su patrimonio histórico para las generaciones futuras. l
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crítica arte lilian carrasco lilycarrascor@hotmail.com
Gustavo Fermín: artista y maestro impresor
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a historia del arte puede narrarse también a partir de la evolución de sus técnicas. Entre ellas, el grabado ocupa un lugar esencial, no solo por haber ampliado las posibilidades expresivas de los artistas, sino porque transformó la circulación de las imágenes. Desde la xilografía y el grabado calcográfico hasta la litografía y, más tarde, la serigrafía, cada procedimiento ha enriquecido el lenguaje de las artes visuales y ha dejado una huella decisiva en la historia de la gráfica. Consolidada durante el siglo XX como una de las técnicas más versátiles del grabado, la serigrafía encontró un lugar privilegiado tanto en la creación artística como en el diseño gráfico y el cartel. Su aparente sencillez es engañosa, pues detrás de cada estampa existe un proceso donde la precisión, el dominio técnico y la
experiencia del maestro impresor son determinantes para alcanzar el resultado esperado. En la serigrafía, imprimir es también interpretar. En la República Dominicana, uno de los nombres que están contribuyendo a preservar ese oficio es Gustavo Fermín. Artista visual y maestro impresor, ha dedicado gran parte de su trayectoria a mantener viva una disciplina que hoy enfrenta el desplazamiento de los procesos artesanales por las tecnologías digitales. Su formación trasciende la ejecución técnica, ya que supone comprender la intención del artista, resolver los desafíos propios de cada matriz y acompañar el nacimiento de la obra desde el taller. Ese compromiso quedó particularmente evidenciado en “Carteles en Dos Calles”, proyecto concebido como homenaje a Salomé Ureña de Henríquez. Desde el taller Axioma, Gustavo Fermín dirigió la impresión de las serigrafías realizadas por Ani Mederos, Freddy Jana, Jesús Jiménez R., Lena Tokens, Olga Valdez y Rafa Melo, demostrando que el cartel continúa siendo un espacio de encuentro entre arte, memoria y pensamiento. Cada una de las estampas reivindica no solo la vigencia de la gráfica contemporánea, sino también el valor de un oficio indispensable para comprender nuestra cultura visual. l
crítica cine Etzel Báez etzelbaez@gmail.com
Los infiltrados
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ay remakes que copian; este no. Los infiltrados (2006), obra maestra de Martin Scorsese, que se inspiró en el elegante thriller de Hong Kong Infernal Affairs (2002), reconfigura y ancla la historia profundamente en la mafia irlandesa de Boston, en sus códigos de lealtad callejera y en las actitudes sociales de un entorno donde el cinismo y la violencia son monedas de cambio. La estructura de ambos filmes es idéntica, pero el alma cambia: donde el original era filosófico y triste, la versión de Scorsese es visceral, cruda y explosivamente americana. El corazón de la película late en el ambiguo punto medio entre el criminal declarado y el policía corrupto. Colin Sullivan (Matt Damon) es la imagen del astuto policía irlandés de la agitada metrópolis: de sangre caliente, poco principiado y brillante en su trabajo, mientras alerta a su patrón mafioso ante cualquier amenaza. Su dualidad alcanza su máxima tensión en la relación con Madolyn (Vera Farmiga), una psicóloga que trata tanto a policías traumatizados como a criminales. Ella se convierte en el nexo inconsciente entre ambos mundos, y su romance con Sullivan añade una capa de traición emocional que eleva la apuesta más allá del género policiaco. Es una exhibición de excelencia técnica im-
pecable: la fotografía sombría, el montaje rítmico y preciso, y un reparto estelar (DiCaprio, Damon, Nicholson) entregando actuaciones de primer nivel. Los infiltrados plantean una pregunta fundamental: ¿qué hace a un director ser catalogado como el mejor entre sus pares? Scorsese encarna esas virtudes con claridad. Primero, tiene historias que contar, alimentadas por sus raíces italoamericanas y su mirada aguda sobre la sociedad estadounidense. Segundo, domina el oficio con una maestría absoluta, rodeándose de colaboradores excepcionales para dar vida a un cine rápido, apasionante y físicamente vibrante. Tercero, se niega a ser encasillado: ha transitado el drama, el musical, el documental y la comedia negra con la misma soltura. Cuarto, extrae lo mejor de sus actores, convirtiendo a De Niro, DiCaprio y Nicholson en leyendas de la pantalla. Por último, su obra trasciende los premios; su legado se construye en la memoria colectiva del cine, y Los infiltrados no es solo un thriller, sino una tragedia moderna sobre la identidad y la traición. En manos de Scorsese, una historia prestada se convierte en una declaración de principios: el cine de género, cuando lo dirige un maestro, puede ser tan profundo y conmovedor como el arte más elevado. No son los premios lo que validan, sino la impecable factura de cada fotograma. En Netflix. l HHHHH Género: Thriller de mafia y policías.. Duración: 149 min. H H H H H excelente | H H H H muy buena H H H buena | H H regular | H mala
el libro vive
desde mi ventana
Frank Núñez franknunez463@gmail.com
Santiago Almada salmada@elcaribe.com.do
Poemas y relatos Fantasmas y de Ida Hernández espíritus Caamaño a creencia en fantasmas, es-
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epública Dominicana posee una literatura de calidad apenas conocida en círculos muy estrechos que merece ser disfrutada por las nuevas generaciones de lectores, las cuales podrían entender que la gran creación literaria pertenece a quienes viven en permanentes actividades culturales, con presencia en publicaciones, plataformas electrónicas y redes sociales. Ocurre con obras de la escritora montecristeña Ida Hernández Caamaño, como Viajera del polvo, de poemas, y El amor todos los días, de relatos, que entendemos merecedoras de un mayor conocimiento en los círculos literarios nacionales. Un sabor criollo, abandonado hace tiempo por escritores dominicanos fascinados con la globalidad, atrapa desde la primera línea hasta la última a todo el que gusta de la gran literatura, en los textos de Hernández Caamaño. El poema “Desde el lejano tren de Manzanillo”, recrea el productivo poblado costero de Montecristi que vio nacer a la autora, se convierte en inspirador de su canto cuando expresa con un lirismo muy escaso en estos tiempos: “Otra vez, retorno al norte/en mi sueño postrero/ vuelvo al norte/ regreso a la frontera/ viajando entre la sombra del recuerdo/ hacia la extraña línea/ hacia el eterno vuelo”. En el prólogo a El amor todos los días, el reconocido escritor José Alcántara Almánzar destaca que Hernández Caamaño dio a conocer muchos de sus relatos, 16 en totalidad, en las revistas Ysabela y Mujer única, con transgresiones alejadas del maniqueísmo, contrario al afán de la española Corín Tellado, en sus novelas rosa, siempre comprometida con un final feliz. El prologuista argumenta que “El amor todos los días hace de la digresión su nota distintiva. En ellas encontramos resentimiento (“Extraña luna de miel”), infidelidad (“Encuentros”), celos (“La boda”). Señala que también hay “orientaciones y prácticas anatemizadas por la sociedad”, en “La flor del diamante”, “Primer amor” y “Era un ladrón”, con romances de un sacerdote con una joven, una relación homosexual y la pasión incestuosa de dos hermanos, en la que Antonio mata a su cuñado Ulises. Ambos libros resultan lecturas cautivadoras, sorprendentes y fascinantes. l
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píritus y presencias paranormales de todo tipo, se origina en la conciencia mítica primitiva con la que los primeros seres humanos interpretaban el mundo, de manera que todo cuanto no se podía explicar se convertía en mito y posteriormente en religión, de ahí que el sol era una de las ruedas del carro de Apolo y la luna uno de los ojos de Horus, por ejemplo. Todas las investigaciones científicas hechas hasta hoy para demostrar que los fantasmas existen han concluido en que no hay nada demostrable, ningún indicio, nada, en definitiva. Las redes sociales han encontrado en esta cuestión un filón para explorar y para explotar, de manera que todos los videos sobre seres naturales, desde fantasmas hasta supuestas sirenas, son inventos y falsificaciones, a veces hechas con efectos especiales muy burdos. Sin embargo, es la conciencia mítica que pervive en el ser humano actual, la misma que lleva a los adolescentes a creer en supersticiones románticas, lo que el propio Borges en su poema El amenazado llama: “…el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles”, la que del mismo modo hace que muchas veces el dolor ante la pérdida de un ser querido sea capaz de generar alucinaciones que llevan a los dolientes a escuchar o a ver a la persona fallecida en “visiones” fugaces. La sicología y la siquiatría moderna han establecido que la creencia en una categoría de fenómenos irreales, si es lo suficiente firme y apoyada por un entorno que la comparte, hará que esos fenómenos irreales sean reales en sus consecuencias, lo que explicaría no solamente la creencia religiosa, sino también creer en otras categorías de mitos, en la que entrarían los fantasmas, los ovnis y la posibilidad de comunicarse con el más allá, donde supuestamente habitan las almas de los que han muerto. El Caribe, y República Dominicana como parte de él, tienen una riquísima mitología que, unida a las creencias animistas de origen africano ha dado lugar al vudú, los luases, el bacá y otros fenómenos que la antropología actual continúa estudiando como fenómeno folklórico y cultural. La industria del misterio, que genera miles de millones de dólares con el comercio de bulos como la astrología, el tarot, la cartomancia y la ufología se llena los bolsillos gracias a estas creencias. Los escépticos, notable minoría, nos limitamos a decir: “Yo no creo en fantasmas ni en brujas ni en platos voladores, pero que los hay… los hay”. l
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6-Una gracia que debemos cuidar
CERTIFICO Y DOY FE
Hijos de Dios antes que cualquier otra cosa Ramón de la Rosa y Carpio
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Arzobispo de Santiago
Introducción
ay preguntas que acompañan nuestra vida: ¿quién soy?, ¿qué hago?, ¿qué he conseguido?, ¿cuánto valgo?, ¿qué lugar ocupo en la sociedad? Desde pequeños vamos construyendo respuestas a esas preguntas. Nos identificamos por nuestro nombre, nuestra familia, nuestros estudios, nuestro trabajo, nuestras capacidades, nuestros bienes y hasta por el reconocimiento que recibimos de los demás. Sin embargo, hay una identidad mucho más profunda que todas esas. Una identidad que no depende de nuestros éxitos ni desaparece con nuestros fracasos. Una identidad que no nos concede el mundo y que, por tanto, el mundo tampoco puede quitarnos: somos hijos de Dios. Esa verdad fue sembrada en nosotros de manera especial el día de nuestro Bautismo. Quizá muchos no lo recordemos porque éramos apenas unos niños. No tuvimos entonces conciencia de lo que estaba sucediendo, pero Dios sí sabía lo que hacía. Mientras nuestros padres y padrinos nos llevaban a la fuente bautismal, comenzaba para nosotros una vida nueva en Cristo. 1-Una identidad que recibimos como regalo
Hoy somos invitados permanentemente a demostrar quiénes somos. Hay que destacar, competir, alcanzar metas, acumular méritos y mostrar resultados. Las redes sociales han aumentado todavía más esta necesidad de exhibir lo que hacemos y lo que tenemos. Parece que debemos convencer continuamente a los demás, y a veces a nosotros mismos, de que somos importantes. El Bautismo nos coloca ante una verdad diferente. Nuestra dignidad no es algo que tengamos que conquistar. Es un regalo. Dios nos llama hijos suyos. San Pablo lo expresa con claridad: “Todos ustedes son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (Gál 3,26). Antes de cualquier título, cargo o reconocimiento, existe esa condición fundamental. Somos hijos antes que profesionales. Hijos antes que empresarios o emplea-
dos. Hijos antes que personas conocidas o anónimas. Hijos antes que vencedores o derrotados. Hijos incluso cuando hemos cometido errores. Esto no significa que nuestras responsabilidades, capacidades o logros carezcan de importancia. Significa que ninguno de ellos constituye el fundamento último de nuestra dignidad. 2-Una dignidad que no depende del éxito
Lamentablemente muchas personas terminan creyendo que valen según lo que poseen o según el reconocimiento que reciben. Si tienen dinero, se sienten importantes. Si ocupan una posición, creen tener mayor valor. Si reciben aplausos, consideran que están triunfando. Y cuando pierden aquello que los hacía sentirse importantes, experimentan un vacío profundo. Pero la dignidad de una persona no aumenta cuando adquiere riquezas ni disminuye cuando las pierde. El niño que acaba de nacer tiene dignidad. El anciano que ya no puede trabajar tiene dignidad. La persona que vive en pobreza tiene dignidad. El enfermo, el preso, el inmigrante, el desconocido, el que ha fracasado y aquel que nadie reconoce tienen dignidad. Todos poseen un valor que precede cualquier circunstancia. Son criaturas amadas por Dios y, para quienes hemos recibido el Bautismo, hijos adoptivos en Cristo. Por eso, una sociedad creyente en Cristo no puede medir la importancia de las personas por su utilidad. Nadie puede ser tratado como mercancía, instrumento o número. Cuando olvidamos que el otro tiene una dignidad que viene de Dios, comenzamos fácilmente a utilizarlo en beneficio propio. Gran error. 3-Cuando olvidamos quiénes somos
Muchas veces nuestros problemas comienzan cuando olvidamos nuestra identidad. Nos comparamos con los demás porque hemos olvidado que Dios tiene una mirada particular sobre cada uno. Envidiamos el éxito ajeno porque creemos que el triunfo de otro disminuye nuestro propio valor. Buscamos desesperadamente reconocimiento porque hemos dejado de escuchar la voz de Dios que nos recuerda que somos amados. También podemos caer en el extremo contrario, sentirnos superiores a los demás. Pero quien sabe que es hijo de Dios no necesita humillar a nadie para sentirse grande. La grandeza cristiana no es estar por encima de otros, sino en aprender a vivir como hermano. El Bautismo no solamente establece una relación nueva con Dios; también nos introduce en una familia. El que ha sido bautizado no camina solo,
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pertenece a Cristo y forma parte de un pueblo. Por eso, nuestra fe debería transformar la manera en que miramos a quienes tenemos cerca. 4-Ser hijo cambia la manera de vivir
Decir “soy hijo de Dios” no puede quedarse en una frase bonita. Creerlo de verdad tiene sus consecuencias. Un hijo de Dios procura vivir con honestidad aunque nadie lo esté vigilando. Procura decir la verdad aunque mentir pudiera beneficiarlo. Trata con respeto al pequeño y al poderoso. No utiliza a las personas para conseguir ventajas. No se alegra del fracaso de otro. Aprende a perdonar. Se preocupa por quien sufre. Ayuda cuando puede. Reconoce sus errores y sabe pedir perdón. La gracia bautismal no es una decoración espiritual que llevamos sobre nosotros. Es una llamada a una vida nueva. El agua del Bautismo nos recuerda que hemos sido llamados a morir al pecado y a vivir para Cristo. La vela encendida nos recuerda que hemos recibido la luz de Cristo. La vestidura blanca expresa esa vida nueva que estamos llamados a conservar. Pero todos esos signos adquieren sentido cuando se convierten en vida. De poco serviría haber recibido el Bautismo si después vivimos alimentando el odio, practicando la injusticia, engañando, abusando del débil o utilizando la religión solamente como apariencia. El Bautismo nos compromete 5-Una sociedad que necesita recordar la fraternidad
También nuestra sociedad necesita recuperar esta conciencia. Cuando el dinero se convierte en la medida de todas las cosas, las personas terminan siendo valoradas por lo que pueden producir. Cuando el poder se convierte en un fin, el otro puede ser visto como un obstáculo. Cuando el egoísmo domina, la necesidad del prójimo deja de importarnos. Y de ahí nacen muchas formas de indiferencia. Nos acostumbramos a ver personas necesitadas sin detenernos. Nos acostumbramos a escuchar denuncias de corrupción sin indignarnos. Nos acostumbramos a la violencia, al abuso, a la mentira y a la injusticia como si fueran inevitables. Pero el cristiano no puede acostumbrarse al mal. Cada persona que encontramos tiene una dignidad que reclama respeto. No porque piense como nosotros, vote como nosotros, tenga nuestra misma posición social o pueda ofrecernos algún beneficio, sino porque es una persona. Y si además recordamos nuestra fe bautismal, comprendemos algo todavía mayor, que estamos llamados a reconocernos como hermanos.
El Bautismo se recibe una sola vez. No necesitamos repetirlo, porque Dios no juega con sus regalos. Pero la vida bautismal necesita crecer. La semilla puede haber sido plantada, pero necesita ser cuidada. Por eso, no basta con recordar que fuimos bautizados. Tenemos que preguntarnos qué hemos hecho con esa gracia. ¿Nuestra manera de vivir refleja que somos hijos de Dios? ¿Nuestra familia puede descubrir en nosotros el rostro de un cristiano? ¿Nuestros compañeros de trabajo encuentran en nosotros honestidad y respeto? ¿Los más necesitados pueden experimentar nuestra solidaridad? ¿Las personas que piensan diferente encuentran en nosotros comprensión y caridad? Estas preguntas son más importantes que muchas otras que nos hacemos diariamente. Porque podemos tener una buena reputación y una vida espiritual vacía. Podemos conocer muchas cosas sobre la religión y, sin embargo, no vivir el Evangelio. Podemos llevar años llamándonos cristianos y necesitar todavía descubrir lo que significa seguir a Cristo. 7-Volver a la fuente
Tal vez necesitamos volver espiritualmente a nuestra pila bautismal. No para repetir el sacramento, sino para recordar lo que Dios hizo en nosotros. Recordar que fuimos llamados a una vida nueva. Recordar que no somos huérfanos espirituales. Recordar que Dios nos conoce, nos ama y nos llama por nuestro nombre. Quizá la vida nos haya golpeado. Quizá hemos cometido errores. Quizá nos hemos alejado. Quizá hemos dejado enfriar nuestra fe. Pero la gracia de Dios sigue invitándonos a comenzar de nuevo. San Juan nos deja una expresión preciosa: “Miren qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!” (1 Jn 3,1). No dice solamente que algún día seremos hijos. Dice: lo somos. El mundo podrá preguntarnos cuánto tenemos, cuánto ganamos, qué posición ocupamos o cuántas personas nos reconocen. Dios nos recuerda algo más grande, que somos sus hijos. Y quien descubre esa verdad ya no necesita vivir desesperadamente buscando valor en todas partes. Porque antes de cualquier otra cosa, antes de nuestros éxitos y nuestros fracasos, antes de nuestros títulos y nuestras posesiones, antes de los aplausos y de los olvidos, existe una verdad que no pasa, la gran verdad de que somos hijos de Dios. Vivamos, entonces, de acuerdo con esa dignidad. Que nuestra manera de hablar, de trabajar, de amar, de perdonar y de servir permita que los demás descubran en nosotros algo de la vida nueva que un día comenzó en las aguas del Bautismo. Porque el Bautismo fue el comienzo de una identidad que estamos llamados a vivir cada día. CONCLUSIÓN
CERTIFICO que fuimos hecho hijos de dios por las aguas del Bautismo, por ende, esa es nuestra identidad, por encima de cualquier otra. DOY FE en Santiago de los Caballeros a los siete (7) días del mes de agosto del año del Señor dos mil veintiséis (2026). l
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Espejo de tinta
Textos de Helen Agramonte
Valentín Amaro Especial para elCaribe
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uestra invitada en «Espejo de tinta» es la escritora y educadora Helen Agramonte, graduada de la Licenciatura en Lengua y Literatura orientada a la Educación Secundaria por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). Se ha destacado por una activa producción intelectual, divulgado su trabajo a través de ensayos y artículos educativos y literarios en medios de gran alcance como los periódicos Listín Diario y Acento, el portal Educando, el Plan LEA, así como en las revistas Micros y Letras Salvajes. Su labor periodística y ensayística refleja un constante interés por tender puentes entre la creación estética y la reflexión socioeducativa. Actualmente, ejerce como docente de Lengua y Literatura en el nivel secundario, firmemente comprometida con el desarrollo de la competencia lectora y la promoción del pensamiento crítico en sus estudiantes. Su labor en el aula no solo busca transmitir conocimientos gramaticales, sino también despertar en los jóvenes la sensibilidad y la pasión por la palabra escrita. Asimismo, es integrante activa del Taller Literario PUCMM. La muestra literaria de Helen Agramonte revela una voz en plena formación que apuesta por la exploración emocional y la construcción de imágenes de marcada intensidad sensorial. En sus textos confluyen la reflexión íntima, la evocación de la memoria, la afirmación de la identidad y las variadas facetas del amor, el desamor y la soledad, valiéndose de una escritura que persigue transformar el palpitar cotidiano en pura materia poética. Como miembro del Taller Literario PUCMM, ha demostrado una constante voluntad para experimentar con diversos registros expresivos, alternando con destreza entre el poema lírico y la prosa poética. Nos encontramos ante una autora sincera y rigurosa que, sin duda, continuará ensanchando los límites de su propio universo literario. Su obra promete seguir madurando y enriqueciendo el panorama de nuestras letras. MI HOMBRE
Mi hombre con ojos de primavera Con piel espesa como el cielo Con caminar del sol a una velocidad impaciente. Mi hombre con boca de gato Con dientes de arena y labios de agua Con voz rugosa como el viento Que pasa lento por mi rostro. Mi hombre con mirada de tsunami y huracán Que pasa suavemente por mi vida Que deja huellas en mi casa Como lo hace un árbol. Mi hombre esbelto como la gárgola Con pies de ciguapa que está sentado Hermosamente cálido como el calor de la estufa.
Mi hombre vuela en el agua Nada en los cielos Canta en mi corazón Y endulza mi alma. ____________________________________ ME SENTÉ Y MIRÉ
La luna reflejando su tristeza El cielo acariciando su dolor La brisa fría llevándose sus lágrimas Llevándose lo que alguna vez Se llamó luz en su mirada. Un ambiente desolado Una atmósfera totalmente vacía Que en medio de la nada Una compañía estaba esperando. Pero nunca llegó Solo se escuchaba a la soledad Murmurando cosas a la distancia Pero no entendía su lenguaje Eran tan difícil de comprender Que se rindió ante aquel idioma. Siguió buscando esa presencia Una presencia que se sintiera ahí, Presente, nunca ausente Cómo la compañía que nunca llegó. Y miró hacia su horizonte Dónde ya no había luna Dónde el cielo se ocultó Y lo único que estaba ahí presente Era la soledad.
Aquella soledad Que estaba presente cuando veía la luna Que estaba presente cuando había dolor Que estaba presente cuando brotaban sus lágrimas. Aquella soledad Siempre estuvo ahí Cuando esperaba otra compañía Cuando se apagó su luz ante las estrellas Cuando seguía esperando otra presencia Que estaba ocupada por la soledad. La soledad siempre estuvo ahí Pero nunca se detuvo a verla.
PLATO DE SEGUNDA MESA
Aquel era un buen día Para quedarse en la cama Arropados hasta el cuello Escondidos entre las sábanas Suspirando lentamente Mientras recorremos despacio Una aventura exquisita Que tiene por destino El lóbulo de su oreja. Aquel era un buen día Para transmitirnos más que amor Pero la alarma sonó con fuerza Y recordamos de a poquito Que además de ser pobres No nos pertenecíamos.
JURONA
Soy jurona Pétalo cerrado en primavera Tierra que se esconde debajo de la tierra Grito ahogado en labios abiertos Lluvia que cae en un día soleado.
Soy jurona Verdad escondida en sociedad corrupta Empatía atrapada en la intolerancia Sensibilidad asfixiada por el orgullo Cara sin filtro Caminando por un mundo repleto de máscaras. Soy jurona Y no pretende ser otra cosa Nací del amor, pero me crié en la confusión Camino por los aires Escuchando como todos intentan definirme Vuelo por el agua y miro Miro cómo mis raíces se están hundiendo A medida que pasa el tiempo. Soy jurona Se lo que soy No intento cambiar y tampoco adaptarme a nada. Simplemente soy jurona Y no pretendo ser otra cosa.
______________________________________ ¿QUÉ ES LA POESÍA?
La poesía ha sido… Ha sido refugio de aquellas personas que divagan en pensamientos vacíos. Ha sido destino de aquellos que deambulan sin norte por las calles. Ha sido grito de auxilio de personas que hablan en silencio. Ha sido fuerza de oposición y resistencia a las injusticias. Ha sido la cámara que colecciona momentos amargos. Ha sido el recuerdo de momentos emocionantes. Ha sido testigo de decepciones y traiciones. Ha sido el domo que retiene la ira. Ha sido oxígeno en medio de la asfixia. Ha sido luz en densas tinieblas. Ha sido brisa cálida en días fríos. Ha sido pañuelo que seca las lágrimas. Ha sido suspiro de muchos enamorados. Ha sido éxtasis cuando las luces se apagan. Ha sido cómplice de ciertos delitos. Ha sido el secreto de corazones que callan. Si aún te queda duda, de lo que ella ha sido, Te invito ahora a conocerla.
INSTRUCCIONES PARA HACER MASITAS AGRIDULCES
Saco del freezer la funda de masitas y siento el frío de inmediato. Al instante recuerdo esa partecita de ti, helada como siempre. Procedo a sacarlas de la funda para lavarlas, pero luego recuerdo que no son pollo y que si las lavo se quedan sin gusto. Así como hiciste tú conmigo, que intentaste cambiarme y me dejaste sin esencia. Tomo el cuchillo y comienzo a quitar toda la grasa que tienen, abuela decía que esta partecita de ellas es mala para la salud. Pero tú, ilusa, ya me habías enfermado con tu toxicidad. Comienzo a tirar todo exceso de grasa y ahí mismo tiro todas las esperanzas y recuerdos bonitos que pintaste para mí. No eran más que desechos disfrazados de algo bueno. Tomo el ají y la cebolla. comienzo a cortar y cortar, y sin darme cuenta un torrente de lágrimas corre por mi rostro, similar al día en que destrozaste mi alma. Tomo la sartén para hacer el sofrito y lo pongo encima de la estufa. Enciendo la hornilla y lo siento, siento ese ardor dentro de mí, ese que sentíamos tú y yo en medio de la oscuridad, pero que era alumbrada por nuestra llama. Vierto el aceite y espero a que se caliente. Procedo a hacer el sofrito añadiendo el ají y la cebolla y ahí mismo vierto las masitas. Pienso en cómo los ingredientes se completan, ja, así de ingenuo fui, yo pensando que tú eras mi media naranja. Esparzo un poquito de azúcar, para darle el toque dulce, sí, como tu voz, esa que me envolvió tanto que me dejó en un abismo. Luego agrego el vinagre, que pondrá la carne agria, así, como tus palabras, aquellas que me dijiste aquel día en el parque, sin tacto y totalmente crudas. Paso el tiempo pensando, tanto que no me doy cuenta de que las masitas se queman y en ese momento recuerdo lo que dijo la abuela, van a terminar haciéndose cenizas por no saber cocinar el amor. l
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Carlos Piantini:
Cultura
fotos y memorias (1) En el centenario de su natalicio Antonio Gómez Sotolongo Especial para elCaribe
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arlos Alberto Piantini Espinal nació el 9 de mayo de 1927 en la barriada de San Carlos, en la ciudad de Santo Domingo, capital de la República Dominicana, por lo que el pasado 9 de mayo de 2026, estaría dando sus primeros pasos a través del año de su centenario. Por ese motivo, y para celebrar la vida y obra de quien es reconocido hoy como uno de los más destacados músicos dominicanos, comienzo con este artículo una serie en la que compartiré algunas de las fotos que el maestro Carlos Piantini me dejó en custodia, y las ilustraré con sus propias palabras, las que me dijo para crear sus memorias. Espero que FOTOS Y MEMORIAS te acerquen a la vida y obra de uno de los artistas más sobresalientes de la historia de la música dominicana y caribeña. AGS ----------------------------------------------
Mi primer «recitalito» (**)
Cuando yo tenía alrededor de unos siete años, más o menos, me pusieron a estudiar solfeo con Josefita Heredia, y poco después empecé el violín con Guillermo Jiménez, y a los diez años, un día de mi cumpleaños, el 9 de mayo de 1937, toqué mi primer «recitalito». Digo recitalito porque fueron varias piezas cortas, de principiantes, y eso dio inicio a mi vida musical. Fue un momento memorable porque fue así que inicié lo que ya son más de sesenta años de labor musical ininterrumpida. Esto es por la parte de mi padre, fue él quien puso la voluntad y el deseo de que yo fuera músico, pero mi vena musical viene de los Espinal; es decir, por parte de mi madre, quien se llamó Marina Espinal Maceo, de una familia en la que hubo varios músicos, incluso un tío de mi madre, que se llamó Arcadio Espinal, fue profesor de voz, y su estudio estaba nada más y nada menos que en el mismo edificio que ocupaba la Metropolitan Opera House. A aquel «recitalito» que hice a los diez años de edad asistieron distinguidos músicos y connotados amantes de las artes en Santo Domingo. Toqué acompañado al piano por doña Josefita Heredia... eso fue en la casa de unos tíos que vivían en la calle 16 de agosto, ellos eran José Ernesto Acevedo y Altagracia Piantini, hermana de mi padre. A partir de ese día continué tocando y haciendo música sin parar hasta hoy. De aquel concierto, el músico y crítico musical dominicano Enrique de Marchena escribió un artí-
culo en el que predijo mi futuro. (Enrique de Marchena. Listín Diario. Santo Domingo. may. 1937). Entre nosotros, el domingo en la noche, se nos reveló que tenemos un niño-artista digno de mejor suerte, de una educación profunda, y sobre todo, de la disciplina de cualquier Conservatorio extranjero en el cual sea un Maestro el que tome la dirección de esa capacidad juvenil, aun inocentemente in-
fantil, que ya sabe a sus diez años, con gracilidad encomiable arrancar al violín sonidos ajustadísimos: nos referimos al niño-artista Carlos Alberto Piantini y Espinal, quien ofreció un recital que fue un verdadero acto público –en la residencia de sus tíos los esposos Acevedo-Piantini en esta ciudad-, admirado por grandes y chicos y aplaudido calurosamente en aquella inolvidable fiesta musical.
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Carlos Alberto, hombrecito en ciernes, artista temperamental, tiene un sentido rítmico como pocos grandes pueden tenerlo o adquirirlo a fuerza de método. Esta, su gran condición, sea quizás la que le llevará más lejos dentro de un estudio riguroso de Conservatorio. Luego reúne otras dos condiciones esencialísimas para triunfar: su tono, fuerte, afinadísimo para su poca edad, su alcance de posiciones; y luego, la más difícil aún, como es la de no temer al público y ejecutar ante él con absoluta naturalidad y despejo. Oír como Carlos Alberto Piantini, pequeñito con sus ojos vivaces, con ese rostro de musicalidad, toma el violín en sus manos y con todo el estilo de un violinista hecho, ejecuta un grupetto de obras, entre ellas el Minueto en sol de Beethoven, La Serenata de los Ángeles, de Braga y con ellas muchas otras composiciones, es de pensar que no debe perderse tiempo en procurar un mejor ambiente ya que, está predestinado a convertirse en luminaria de nuestra cultura pudiendo ser con el tiempo, y siempre y cuando salga a cursar estudios fuera del país, uno o tal vez el más grande violinista que haya producido la República. Hasta el presente Carlos Alberto ha recibido su instrucción de un miembro de nuestra sinfónica: del Profesor Guillermo Jiménez, discretísimo maestro que teniendo en sus manos la piedra natural de arte del niño-violinista, le ha forjado ya un porvenir y le ha inculcado el sentido de la interpretación y la técnica preparándole para entrar en la férrea disciplina del Conservatorio... Para éste unas felicitaciones cordialísimas, porque en verdad, modestamente, ha hecho despertar en el alma de Carlos Alberto el amor a la música desde temprana edad... tan difícil hoy en estos tiempos mecánicos en los cuales la juventud no detiene su espíritu por las cosas hermosas del arte. ¡La impresión de Carlos Alberto en nosotros ha sido de gozo indecible, y de tristeza! Lo primero porque en él podríamos tener algo grande si se le estimula, se le prepara, se le cultiva; de tristeza de pensar que tal vez la apatía de nuestro medio, contra la cual ya tantos golpes hemos dado, no les permita a sus progenitores llevarle más allá, donde únicamente pueden arribar los que han tenido una firme ayuda pedagógica y una disposición temperamental –que de antemano ya tiene Carlos Alberto-, hacia los grandes misterios de la música del violín. ¡Un voto de anhelos y un estímulo al niño violinista! (*) Historiador. Master en investigación musical por la Universidad Internacional de Valencia, España. Miembro Correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio (AHCE). Licenciado en Música por la Universidad de las Artes de Cuba. Contrabajista Principal de la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana. Correo-e: agosto_ultimo@yahoo.com (**) Tomado de Los Sonidos y el Tiempo, las memorias inconclusas de Carlos Piantini, de Antonio Gómez Sotolongo. NOTA: Si este artículo te gustó compártelo con tus amigos, y si no te gustó compártelo con tus enemigos. Esta página es una colaboración especial para este suplemento. l
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Donde arde la memoria, de Víctor Escarramán Daniel Olivo Polanco Especial para elCaribe
E
l escritor nos hace una nueva entrega de una biografía novelada, la cual denominó “novela policiaca del Caribe”. El argumento narrativo está dividido en tres partes, cada una con su respectivo título: TRONADAS, ILUSIONES y LA OTRA PÁGINA. Con 24 capítulos cortos desarrollados en 307 páginas, el personaje central, el profesor universitario Narciso González (el último revolucionario), más que un protagonista es el antagonista de la historia que tiene como escenario el campus de la Universidad Autónoma de Santo Domingo y otros lugares afines donde el personaje solía concurrir. Le digo personaje porque, aunque sea real, una vez que forma parte de una obra literaria, ya es un personaje; el narrador posee licencia y puede sugerir detalles ficticios, valga la libertad narrativa para ayudarse con los hechos. En la novela, el personaje funge como “villano” ante lo que le ha tocado vivir desde temprana edad, dado que es secuencia de un antecedente dictatorial donde el país vivió por treinta años la más cruenta dictadura. En la novela biografiada hay un ambiente de espionaje, propio de la época, que dota a la trama de un interés intenso y hace al lector interesarse cada vez más por la vida del profesor González. El elemento perseguidor se presenta de principio a fin, buscando profundizar más el nudo al convertirlo en un enigma. El narrador empieza la historia in media res, es decir, donde la acción se desarrolla de manera activa, sin necesidad de una descripción o alguna floritura que adorne un inicio común. Solo tienen participación aquellos personajes que intervinieron en su vida de manera relevante. Una biografía es un relato real e histórico cargado de humanidad; por ende, la novela que se narra no deja la ficción a un lado, sino que la incorpora a la diégesis, haciendo que la narración exponga los hechos de manera convincente. Hay hechos que son invariables, pero con el debido tratamiento, en algunos casos poético, el narrador hace uso de recursos retóricos que lo transforman en una realidad estética. El espionaje, como tema central, según he dicho en los primeros párrafos, es fundamental y propio de las latitudes del Caribe, dados los gobiernos de represión que hemos vivido. El narrador hace sentir lo humano del personaje ante tanto ímpetu revolucionario: la sensibilidad de su pensamiento plasmada en poesía, su ideología de izquierda orientada al bien común, el padre y su familia entre el miedo de la observación permanente de sus espías, es decir, su calma. Narrar la vida del último revolucionario de otrora, desaparecido
en tiempos modernos donde el mundo ya no era el que él conoció, es ajustar su ideología y lucha donde no encajaba. En esto último que he dicho es donde entra nuestra definición: “novela policiaca del Caribe”. Narrar hechos reales en los momentos más destacados de su vida sin perderla, como les sucedió a buena parte de sus compañeros, fue cosa de suerte. El narrador lo sitúa en un tiempo difícil; haberse escapado de una muerte inmediata y, después, en una reforma moderna del mismo gobierno, desaparecer donde ni la dictadura ni la represión existían, es lo interesante de esta biografía. Por ejemplo: ¿qué hace que la biografía novelada de Mon Cáceres del escritor Molina Morillo sea interesante? El espionaje, el tiranicidio de Ulises Heureaux fuera de planeamiento y que, a pesar de su error, salió bien. Luego, la trama espionajil se extiende al asesinato del presidente Mon Cáceres, es decir, una serie de hechos acaecidos en cadena que la imaginación desconocía. La novela biográfica de Mon Cáceres es un contrapunto: cambia los hechos por completo. Es una novela propia del Caribe, donde la víctima resulta ser el héroe. Y volviendo a Narciso González, destaca ese cambio de época donde al personaje en cuestión pudieron haberlo desaparecido en esos años de represalia y no ocurrió. Los convulsos años de los gobiernos de Joaquín Balaguer son donde el narrador cuenta su antecedente como activista y dirigente de la Federación de Estudiantes. Pues la novela es un punto de giro temporal técnicamente narrado; los hechos acaecidos en los doce años de Balaguer hacen que el narrador formalice un tiempo secuencial o cronológico sacando al personaje de su tiempo y cayendo en otro donde sigue gobernando el mismo presidente Balaguer, pero donde la juventud ya piensa en tecnologías y en la búsqueda del dinero fácil. Con esta atmósfera es donde el punto de giro tiene lugar, es
decir, se mantiene el contenido revolucionario en la mente del personaje, aunque ajeno a la motivación del colectivo juvenil de los tiempos modernos. Trama: el personaje del profesor universitario Narciso González es espiado por dos personajes de ficción: Simé y Mirian, esta última asignada a la Federación de Estudiantes. El primero (asignado en el tiempo actual de la novela) se mantiene mirando y observando sus movimientos para luego informar a sus superiores. Simé, como todo espía, vive detrás de su objetivo y es quien más lo conoce. De hecho, sabe para qué da el profesor y reconoce que es un tipo inofensivo e idealista; pero sus superiores, buscando un pretexto de culpabilidad y de individuo non grato para la salud del gobierno, le piden al espía que ofrezca datos probatorios que lo incriminen si es posible. Es decir, aunque el nuevo gobierno ya no es el de los doce años, todavía quedan células serviles que, por prebendas, aún se dan a la tarea de manejarse como la vieja guardia. “Es normal dijo Ismail. Tu trabajo por los próximos meses será espiarlo a él. Para eso, la sugerencia es que te acerques y trates de ser su amigo; no te asustes, es un trabajo que todos hemos hecho”. p. 198 Aunque los escenarios cambian a la vez que la trama se desarrolla, el interés de su persecución sigue el hilo conductor. Es obvio que el narrador no busca un detective especializado ni mucho menos lo necesita, ya que a la víctima sus detractores la hacen ver como villano en la diégesis y, además, es quien va a morir como desenlace final. Este es el estilo de “novela policiaca” del Caribe. “Era habitual, en los gobiernos, que el contraespionaje operara en las sombras: nunca se sabía quién era quién”. p.199 El narrador se vale de diálogos directos e indirectos para mostrar la intensidad real del espíritu revolucionario del personaje central; también certifica la
narratología con discursos verídicos y constatables que marcan la historia del país. Discursos que se interpretaron, según las diferentes mentes de la época, como burla, apología, idolatría, etc. (el panegírico leído y compuesto por Balaguer ante el féretro del dictador). Otro detalle que aumenta la actividad del espionaje son los movimientos de la CIA desde los tiempos del dictador: las operaciones de búsqueda de posibles sospechosos de actividades comunistas, cosa que la nación americana no iba a tolerar en la latitud del Caribe. Por otra parte, el Servicio de Inteligencia (SI) y, luego ampliadas las siglas a Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), era el terror de los jóvenes de izquierda de la época. “Los espías del balaguerismo y la CIA acechaban en las sombras”. p. 202 Otra cosa que enriquece la narratología son los discursos televisivos y los artículos en la prensa escrita: la revista Fuego Cruzado de la época de los doce años y las misivas. La novela está narrada con detalles esenciales de los hechos, todo vinculado a una crónica de una muerte anunciada. Más que una biografía novelada, se extiende como un libro de consulta histórica dados los datos que aparecen escritos como referencias. Hay que destacar que el narrador lleva, de manera dosificada y como parte de la estilística, unos párrafos poéticos según el caso. La poesía es propia en la novela porque el profesor era decimero y llegó a presentar obras de teatro. Estamos hablando de un intelectual a carta cabal, un hombre de ley y de letras. “De que hay conspiradores controlados por la CIA, / es una fría que no me causa rubores;/ se sospecha sin temores/ que los yanquis se jartaron/ y que les entraron a palos / al general preferido que ya hoy no es un herido/ y sí un pobre diablo/ en uniforme de mendigo. //” p.117 “Narciso se estrenó en la dramaturgia con la obra: Muerto sin sepultura, evocaba la memoria colectiva…” p.184 Otra condición humana que el narrador expone es el amor. Aquí no hay actividad sexual per se, sino un romántico tratamiento narrativo que hace de la novela un atractivo poético y fílmico. El personaje principal no es un James Bond o un Marqués de Sade. “Narciso y Naty hablaban con serenidad, envueltos en una atmósfera de noviazgo y compromiso”. p. 193 “…Naty y Narciso sintieron cómo la electricidad contenida desde hacía meses buscaba una salida. Fue en mitad de una escena banal, cuando los colores de la pantalla iluminaban a ratos sus rostros, que Narciso giró el rostro y la besó. Fue un beso tembloroso y largo”. p.195 Con una cubierta de fondo negro luctuoso y una foto en montaje se presenta el libro Donde arde la memoria, del escritor Víctor Escarramán, donde se biografía en novela a quien fue la última figura revolucionaria que osó perseguir y cruzar el portal del tiempo para cumplir una cuenta pendiente con el presidente y el gobierno de turno. Entendía que, mientras él viviera, permanecería ardiendo su memoria en una lucha reivindicativa de los valores por los que su padre luchó también. Se trataba de un enfrentamiento a ultranza donde uno de los dos debía sucumbir. l
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El hombre que vuelve
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Marino Berigüete
Poeta m.beriguete@gmail.com
D
urante años pensé que volvería a escribir una novela breve. No era una promesa ni un propósito anotado en una agenda. Era una idea persistente que aparecía mientras terminaba un poema, cuando cerraba un libro o regresaba de una conversación sobre literatura. Nunca desapareció del todo. Permanecía en un lugar discreto de mi memoria, recordándome que había una historia esperando en el computador. Hoy comprendo que no era yo quien la esperaba a ella. Era la novela la que aguardaba el momento en que pudiera escribirla con una conciencia distinta. Con el tiempo aprendí que el escritor envejece de una manera particular. No envejece únicamente porque acumule años, sino porque cambia la forma de leer, de recordar y de juzgar lo que escribe. Hay páginas que a los cuarenta años parecían suficientes y que veinte años después resultan superficiales. También ocurre lo contrario. Uno encuentra en antiguos borradores una sinceridad que ya no sería capaz de reproducir. Esa contradicción acompaña todo el oficio. Escribir consiste, en buena medida, en aceptar que nunca volveremos a ser el autor que fuimos. Mientras la novela esperaba, la poesía ocupó casi todo mi trabajo. Publiqué libros, corregí poemas y pasé muchas horas intentando encontrar una palabra más justa. La poesía me enseñó a desconfiar de la facilidad. Cada verso me recordaba que la primera versión casi nunca es la definitiva. Aprendí a borrar sin remordimientos y a aceptar que una página mejora cuando desaparecen las frases escritas únicamente para demostrar habilidad. Esa disciplina terminó acompañándome cuando decidí regresar a la novela. Durante ese tiempo abría el manuscrito de vez en cuando. Leía algunas páginas y volvía a cerrarlo. Nunca sentí frustración. Sentía otra cosa, más difícil de explicar. Advertía que todavía no podía acompañar al protagonista hasta el final porque yo mismo no había recorrido suficiente camino. Un personaje no puede comprender aquello que el autor todavía ignora. Esa certeza me obligó a esperar. Recuerdo las largas conversaciones en la librería con Basilio Belliard y Plinio Chahín. Hablábamos de novelas, de poesía, de filosofía y de los escritores que admirábamos. Sin embargo, siempre terminábamos hablando de la vida. Descubrí que después de cierta edad los libros
dejan de ser simples objetos de estudio y pasan a convertirse en compañeros de conversación. Ya no buscamos únicamente una buena historia. Buscamos experiencias que nos ayuden a comprender mejor nuestro propio recorrido. Las ferias internacionales del libro de Bogotá y de México reforzaron todavía más esa convicción. Conversé con Mario Bojórquez, con Rolando Kattan y con otros escritores cuya dedicación por la literatura continúa siendo ejemplar. Ninguno hablaba del éxito con entusiasmo. Hablaban del trabajo, de la lectura, de la paciencia y de la responsabilidad que implica publicar un libro. Me alegró comprobar que todavía existen escritores interesados en perfeccionar una página antes que en conquistar una fotografía o una entrevista. Vivimos un tiempo extraño para la literatura. Nunca se habían publicado tantos libros ni existido tantos autores visibles. Al mismo tiempo, pocas cosas envejecen con tanta rapidez como la celebridad literaria. Un libro ocupa durante unas semanas las conversaciones y poco después desaparece de los escaparates. Esa velocidad no favorece la escritura. La literatura necesita lentitud. Exige tiempo para escribir, para leer y también para olvidar. Ninguna obra importante nace de la prisa. A comienzos de este año abrí nuevamente el manuscrito. Lo hice sin expectativas. Pensé que volvería a corregir algunas líneas y lo guardaría otra vez. Pero ocurrió algo distinto. Mientras avanzaba comprendí que el texto seguía esperando exactamente donde lo había dejado. El que había cambiado era yo. Mis preocupaciones eran otras. Había conocido pérdidas, alegrías, decepciones y aprendizajes que inevitablemente modificaban mi manera de mirar el mundo. Ya no podía escribir
aquella novela con la voz del hombre que la había comenzado. Entonces comprendí que el título también debía cambiar. “La casa y el silencio” describía correctamente el escenario, pero no alcanzaba el verdadero sentido del relato. El centro nunca fue la casa. Tampoco el silencio. Todo dependía de un hombre que decide regresar cuando supone que el tiempo ya ha pronunciado su última palabra sobre su existencia. Mientras escribía descubrí que regresar constituye una experiencia profundamente humana. Yo mismo he vuelto muchas veces a Barahona. Siempre encuentro la mar, las calles, las voces conocidas y la memoria de quienes ya no están. Sin embargo, nunca regreso siendo la misma persona. Cada viaje modifica también el lugar al que vuelvo porque la memoria selecciona, corrige y reorganiza el pasado. Comprendí entonces que la novela hablaba tanto del personaje como de mí. Nunca escribí este libro para demostrar una idea. Desconfío de las novelas que pretenden convencer al lector de una tesis previamente elaborada. La literatura comienza donde terminan las respuestas fáciles. Prefiero que las preguntas permanezcan abiertas. Mi protagonista intenta comprender cómo seguir viviendo cuando desaparecen muchas de las razones que habían orientado su existencia. Mientras escribía advertí que esa pregunta también me pertenecía. Los años obligan a revisar convicciones que parecían inamovibles. Esa revisión no produce tristeza. Produce lucidez. También confirmé algo que había aprendido escribiendo poesía. La novela breve no admite distracciones. Cada escena debe justificar su presencia. Cada diálogo necesita acercar al lector al conflicto. Cada personaje debe ocupar el
espacio exacto que le corresponde. Eliminé muchas páginas. Algunas me gustaban especialmente, pero comprendí que el afecto del autor nunca puede convertirse en un criterio literario. Es necesario renunciar incluso a lo que uno aprecia cuando deja de servir al conjunto. Terminar “El hombre que vuelve” produjo en mí una satisfacción serena. No sentí euforia. Sentí alivio. Cerraba una conversación que había mantenido conmigo mismo durante muchos años. Comprendí que algunos libros llegan cuando el escritor posee finalmente la experiencia necesaria para escucharlos. Antes de ese momento únicamente existen apuntes, intuiciones y borradores. Sigo escribiendo poesía. Continúo trabajando en ensayos y pienso en nuevas novelas. Nada de eso cambia mi manera de entender el oficio. Hoy escribo con menos ansiedad y con mayor exigencia. Ya no me preocupa publicar rápidamente ni participar en todas las conversaciones del momento. Me interesa escribir libros que puedan seguir siendo leídos cuando desaparezca el entusiasmo de la novedad. Si esta novela tiene algún valor, no será porque haya esperado tantos años, sino porque me obligó a comprender algo que había olvidado. El tiempo no mejora automáticamente una obra. Lo que puede mejorar es el escritor. Cuando eso ocurre, el manuscrito deja de ser un proyecto inconcluso y encuentra, por fin, la voz que llevaba años buscando. Ese descubrimiento representa para mí el verdadero regreso. No solamente el del personaje que vuelve a su pueblo. También el del hombre que volvió a encontrarse con la literatura desde un lugar más consciente, más libre y dispuesto a aceptar que escribir continúa siendo la forma más rigurosa que conozco de examinar mi propia vida. l
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Elsa Báez Amorós Escritora y comunicadora
Nacida en Azua, desde muy temprano, a los once años, decidió dedicarse a las artes, participó en grupos de teatro y su primera inclinación fue dedicarse a la actuación, quería ser actriz en princi-
pio, participó en programas de radio y televisión local a los catorce años y además fue desde temprana edad una ávida lectora. Entre sus tantas facetas; es poeta y narradora, locutora y comunica-
dora, también novelista, además de gestora cultural y editora de libros. Fue colaboradora en diferentes periódicos, entre ellos El caribe, Perspectiva Ciudadana y CDN radio.
“Yo empecé escribiendo poesía, y todo lo guardaba” santiago almada foto: orlando ramos
l ¿Cómo fue tu paso por la universi-
dad? l A grandes rasgos fue bien, uno cuando es joven y apenas comienza sus estudios al principio coquetea con la izquierda, yo viví ese proceso de estudio entre varias huelgas, tuve problemas con un par de profesores a los que denuncié y se me burlaron en la cara, y todavía siguen haciendo lo mismo. En mi caso yo tuve que espaciar un poco porque me casé y tuve hijos, pero finalmente me gradué en comunicación social mención periodismo. l ¿Cuántos hijos tienes? l Tengo tres, o sea que mi vida es hermosamente caótica, porque tienen diferentes edades, la mayor tiene diecinueve años, el otro tiene dieciséis y la menor es una niña que tiene doce años y está entrando en esa edad difícil, pero esa es la vida que me ha tocado vivir y la disfruto. l ¿Cómo fue tu acercamiento a la literatura? l Una parte esencial de ese acercamiento es mi madre, porque ella es maestra y le gusta mucho la literatura, ella también solía esconderme algunos libros que consideraba ‘inconvenientes’ para mi edad, y que eran los que a mí más me interesaba leer... yo empecé escribiendo poesía, y al principio todo lo que escribía lo guardaba, o más bien lo escondía, pero mi mamá me ponía a leer cosas que le gustaban y me hacía leer mis poemas… mi papá en cambio es un apasionado de la historia, como en esa época había muchos apagones, nuestro entretenimiento solía ser que mi papá nos hacía preguntas de historia y nosotros contestábamos, eso nos entretenía muchísimo. l ¿Y cómo comenzaste a escribir narrativa? l Primero descubrí el microrrelato, me resultaba interesante esa posibilidad de crear mundos en tan poco espacio, con tanta brevedad, en una feria del libro hice un taller de eso y me fue más fácil a partir de entonces escribir esos cuentos tan cortos, después pasé a la novela, que ya es una cosa más elaborada, porque escribir una novela no es tarea fácil, hay que tener mucha disciplina y a mí me cuesta porque yo soy un poquito indisciplinada, pero
aprendí… y así conseguí darle forma a mi novela La marca de la gaviota, en la que trabajé con mucha dedicación. l ¿Cómo es tu método de trabajo para escribir? l No es uno solo, es decir, depende de cómo me llegue la inspiración, porque también depende de lo que surja, es decir a veces la inspiración llega y le voy dando forma y después, cuando me parece que todo está listo en mi cabeza, es cuando me siento a trabajar, así fue como empezó La marca de la gaviota, me pareció que a eso que apareció inicialmente yo tenía que darle forma, pero para sentarme a trabajar tiene que llamarme algo, porque yo soy apasionada. l ¿No te sucede que a veces los personajes te despiertan o te tocan la puerta para que te levantes a escribir? l Aunque a mí me gusta escribir de noche y en la madrugada, porque es cuando todo está más calmo, y también porque es cuando ya se terminan mis ocupaciones de madre, pero me ha sucedido muchas veces, y cuando elijo no levantarme me da como una sensación de que se me ha muerto alguien muy querido, y termino lamentándome por eso, me pregunto y me angustio ¿por qué no me levanté? Así que
trato de hacerle caso a mi inspiración. l ¿Cómo se llama tu editorial? l Le puse de nombre Editora Poetas de la era, primero empezó como un movimiento literario, comenzamos en 2010 conectándonos en las redes sociales, con el objetivo de dar a conocer a los poetas actuales, incluso llegamos a hacer varios festivales, y hasta hicimos tres antologías, pero la idea era hacer el sello editorial, porque es muy difícil publicar en este país, y arrancamos el mismo día de mi cumpleaños. l ¿Cómo se gestó la editorial? l Antes de lanzarla de manera oficial, me formé al respecto; tomé un diplomado de Gestión editorial en España con el CCE, uno de Gestión de ISBN y ya con la editorial en funcionamiento, uno de Bibliotecología en la UASD, es decir que la editora no arrancó de manera improvisada. Surgió también con el apoyo de muchas personas que me trajeron sus obras para que se las publicara. Por ese proyecto de Poetas de la Era fui nominada por Diario Libre al premio Mujer del Año en 2013, y en 2020 gané el premio Voluntariado Solidario, otorgado por la Vicepresidencia de la República. l Recientemente ganaste un premio
literario ¿puedes contarnos de qué se trata? l Es un premio que lo otorga la Fundación Héroes del 30 de Mayo, junto con la Unión de Escritores Dominicanos, de un concurso de cuentos, yo soy muy mala perdedora y por eso no me gusta concursar en nada, para no perder, pero lo terminé y lo mandé sin demasiadas expectativas, así que cuando gané, pues fue una sorpresa que me dio mucho gusto, y más gusto me dio el premio en metálico que siempre es bienvenido. l ¿Cuál es el tema del cuento? l Es una historia de una pareja, que no tiene hijos, y que transcurre en los días de abril del 65, el protagonista es un radioaficionado que en esos días difíciles se pasa todo el tiempo pegado a sus aparatos y la mujer se siente muy sola, porque ese hombre está demasiado atento a todo lo que pasa y no le presta atención a ella. Esa mujer se siente invisible, hasta que ella se interesa por el movimiento y termina descubriendo que alguien, del pasado, lo está llamando por ese dial. l ¿Cuáles fueron los autores que más influyeron en tu forma de escribir? l Aunque soy muy mala para recordar nombres en momentos específicos, pudiera decir que Alejandra Pizarnik y Clarice Lispector me influyeron y me gustan muchísimo, también Cortázar y Borges, por sus “mundos” y los juegos intelectuales que son capaces de inventar, hay muchos otros autores, y aunque soy periodista, te puedo decir que ni García Márquez ni Vargas Llosa me gustan demasiado, siento como que no me llegan lo suficiente como otros autores. l Un consejo para la gente que escribe y que sueña con publicar. l Lo primero es que tienen que leer mucho, escuchar a la gente que sabe, sobre todo a los editores y correctores, porque hay mucha gente que no le gusta que la corrijan, pero hay que partir de que es imposible saberlo todo, siempre hay gente que puede aportar sugerencias para mejorar lo que se escribe. Y ya al momento de publicar, dejar que sean los editores los que tomen las decisiones importantes respecto al formato del libro, por ejemplo, las benditas portadas. Una manera de atraer lectores está en la elección de una buena portada y eso solamente lo saben los editores.