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Cultura 5 Septiembre 2026

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Cultura elCaribe, SÁBADO 5 DE SEPTIEMBRE DE 2026

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A 96 años del La llegada de paso del huracán Balaguer al San Zenón poder en 1960

“Sufro del insomnio de los escritores”

El ciclón que azotó país el 3 de septiembre de 1930 dejó una estela de destrucción en una capital mucho más pequeña que la de ahora. P.6

Randolfo Ariosto Jiménez, escritor, poeta y gestor cultural, habla de su trayectoria literaria y de su trabajo por la cultura en el interior del país. P.13

Zona Retro rememora la jornada del 4 de agosto de 1960, cuando Héctor B. Trujillo renuncia a la presidencia y Joaquín Balaguer lo reemplaza. P.7

documento que él tituló “Santiago a Principios de Siglo”. Se refería, claro está, al siglo XX, el que inició transformándolo todo por la cantidad de inventos de la modernidad que aparecían. Es ese el momento más importante para lo producción literaria amplia. Aunque ya Alix venía, desde que era capitán del ejército de la Restauración, con una producción sistemática, criticando a los españoles, relajando a los haitianos, adulando a su compadre Lilís o burlándose de lo que le diera la gana, que para eso era poeta y libre, valga la redundancia. Anexión

Alix por Mercader.

LAS VAINAS DE MERCADER

A Santiago vino y Alix se quedó (1ª. décima parte) Es importante hacer este resumen histórico para entender a Juan Antonio Alix en su tiempo NOMBRE APELLIDO 666mercader@gmail.com

CAPITÁN

E

ntre el año 1900 y 1918 se produce en Santiago uno de los acontecimientos culturales más importantes: la difusión de las décimas

de Juan Antonio Alix Rodríguez por él mismo, calle arriba y calle abajo. Este periodo coincide además con ese momento de la Historia en que se unen elementos para que queden para siempre. Es así como Pedro Batista, un eminente hijo de este pueblo que desempeñó numerosas posiciones políticas y hasta llegó a ser síndico, se inspira en sus vivencias y las condensa en un maravilloso

Alix ...venía (....) con una producción sistemática criticando a los españoles, relajando a los haitianos o burlándose de lo que le diera la gana”

Para que la Anexión pueda ser entendida por los pequeños lectores y jóvenes, hacemos un pequeño alto y para que se entienda la Independencia, también. Pues bien, dividamos ahora la Historia en varios pedazos grandes: 1- La República Dominicana vivió muchos años poblada de indígenas que fueron los primeros pobladores. 2- Llegan los españoles con Colón a la cabeza y dominan saquean, matan. Eso duró desde 1492 hasta 1822. 3- Haití fue el primer pueblo del continente americano en liberarse de los europeos colonialistas en 1804. Ya para 1822 invade esta parte de la isla y la somete a su mando hasta 1844. 4- Gracias al grupo de los Trinitarios, dirigido por Duarte, en 1844 se declara la Independencia de la República Dominicana y los haitianos vuelven a la parte oeste a su país Haití. De manera que la isla, con la Independencia, tiene dos países: uno en el este desde el rio Masacre o Artibonito que es la República Dominicana y del otro lado la República de Haití. La Independencia dura desde 1844 hasta 1861. 5- En 1861 el país es anexado, agregado, regalado a España hasta 1865. 6- Desde el 1865 al 1916 es otro periodo después de las guerras de Restauración, o sea del esfuerzo por restaurar de nuevo el país. 7- De 1916 al 1924 el país es ocupado de nuevo, ahora por los Estados Unidos. 8- De 1924 al 1930 gobierna Horacio Vásquez. l

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historia de la medicina

salón de la fauna

Dr. Federico Loinaz Salomón

U

no de los aspectos de la historia de la medicina dominicana que me interesa mucho tratar es el de la diáspora médica dominicana. Muchos médicos dominicanos han sido importantes figuras en países tan diversos como Estados Unidos, España, Reino Unido o Dubai, en donde colegas se han destacado y hecho grandes aportes. En esta ocasión publicamos datos sobre la vida de Federico Alfredo Loinaz, a quien considero familia pues fiue el hermano de la esposa de mi tío Arnoldo, mi querida tía Josefina. Pese a que lo traté poco, pues no venía mucho al país, lo recuerdo con mucho afecto. Cuando inicié mis estudios de medicina me regaló libros importantes y valiosos que conservo al día de hoy. A raíz de su fallecimiento compartimos la publicación de su esquela y recuerdo, escrito por su familia. El Dr. Federico A. Loinaz nació en Santo Domingo, República Dominicana, el 5 de julio de 1938, hijo de Fred y María (Solomón) Loinaz. Tras obtener su título de doctor en Medicina en la Universidad de Santo Domingo, se trasladó a Canadá para realizar un internado en el St. John’s Hospital. Fue allí donde Federico conoció y se casó con su esposa, Annie Gorman, quien completaba su formación como enfermera titulada (R.N.). Federico y Annie vivieron y trabajaron en hospitales de la ciudad de Nueva York y Boston antes de establecerse en Lisbon para formar su familia. Sirvió con orgullo a su país en el Cuerpo Médico del Ejército de los Estados Unidos de 1969 a 1971, prestando servicio en Tailandia y Alabama. Fede-

rico estableció una práctica médica privada, el Ogdensburg Medical Group, donde dedicó su carrera a servir como un respetado internista durante 51 años. Federico conoció y atendió a personas de toda la región de North Country; durante su trayectoria médica, trabajó en centros de cuidados paliativos (hospice), hogares de ancianos, la prisión del estado de Nueva York (NYS), así como en clínicas de salud rural establecidas en colaboración con el Ogdensburg Medical Group. Federico fue un ávido lector y un eterno estudiante de la medicina. Disfrutaba de las caminatas en las montañas Adirondack y de remar en canoa por el río San Lorenzo. Amaba la naturaleza y la vida silvestre, y disfrutaba alimentando a gatos, aves y cualquier otro animal que tuviera la suerte de encontrarse por la zona. Pero, sobre todo, fue un médico entregado que se preocupaba genuinamente por sus pacientes: se tomaba el tiempo de conocerlos, hacía visitas a domicilio, escuchaba sus historias de vida y les ayudaba a sentirse mejor. A Federico le sobreviven sus hijos: William (Aimee), Francine, Anthony y Nicole; sus nietos: Damian, Gabriel y Sabine; y su hermana, Josefina Stern; además de numerosos amigos y familiares que le extrañarán profundamente. El amado padre y abuelo Federico A. Loinaz, MD, FACP, de 87 años, residente de Ogdensburg, NY, falleció el 20 de octubre de 2025 en St. Joseph’s Home of Ogdensburg. Como vemos, una vida fructífera y entregada a la profesión de medicina con bondad y conocimientos. l DR. HERBERT STERN

Johvanny de js. Cruz (DÉCIMA CIBAEÑA) No lo firmaron los Mets A Yovani alia ei machazo E tremendo tiguerazo Que de aquí sacó loj pie A Jamaica llegó en Jet O quizá se fue nadando A éi lo taban bucando Como aguja en un pajai Por, ai camionero matai Ei barrio lo ta eperando. ••••••

Jefe de loj motoconcho Tenía a Santiago en sosobra No aituaba bajo la sombra Ni era tampoco tonto Aquí lo trajeron pronto Pa cobrai su fechoría Va pa´ Rafey sin poifía Ya no hay ángei que lo guaide Le pasa a to loj cobaide Y hata ei sobrino e tu tía. l JOSÉ MERCADER


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Las décimas de Juan Antonio Alix <VIENE DE LA PORTADA

9- Desde 1930 al 1961 se conoce como la Era de Trujillo. 10- Desde el 1961 hasta hoy es el periodo conocido como de la Democracia. (cuadro CRONOLÓGICO DE ESTOS PERIODOS) Niñez

Es importante hacer este resumen histórico para entender a Alix en su tiempo. Así, cuando al matrimonio de los mocanos Félix Alix y María Magdalena Rodríguez le llega en 1833 un hijo de seis libras, rojizo y con los ojos azules, no dudaron en ponerle Juan Antonio. El país, en ese momento, estaba dominado por la ocupación haitiana y ningún mocano podía saber gran cosa de lo que ocurría en el país. Se enteraron que el territorio se había liberado cuando en 1844 empezaron a desfilar por los caminos reales, de este a oeste, los ejércitos de tropas haitianas que regresaban a su nación. Alix ya tenía doce años y sabía leer y escribir de corrido sin machucar las palabras y respirando cuando aparecían las comas y puntos, cosa que hoy día pocos universitarios pueden hacer. El esfuerzo que hicieron los dominicanos por construir una república, era enorme porque el territorio era pequeño y la población muy reducida. Para uno darse una idea hay que pensar, por ejemplo, que la capital, que era la ciudad más grande, no pasaba del Parque Independencia hacia el oeste. Su espacio lo limitaba el río Ozama por el Este y la Puerta del Conde por el Oeste. En el norte había unas cuantas casas por la muralla cercana a la avenida Mella. Por el sur, el malecón que comprendía un pequeño tramo desde la curvita, al final de la Espaillat, hasta la estatua de Montesino. Eso era el paseo Billini. En Santiago en ese momento, solo había 38 calles que no pasaban del Cementerio Cosmopolita y en sentido contrario, por el sur, no pasaba de la barranca del río. Por el Este la ciudad se paraba por donde pasa la avenida Juan Pablo Duarte y hacia el Oeste, hasta la Presidente Guzmán. Desde ahí, hasta el río, por la Joya, había una inmensa sabana con un claro donde luego se haría el Parque Plaza Valerio. Cuando en 1861 llegaron las tropas de ocupación española, por la anexión pactada por el General Pedro Santana, ya Alix tenía 28 años y oía los rumores de la organización de un ejército para sacar del país a ese ejército odioso. La llegada de las tropas de España causó un verdadero escándalo en el país porque a muchos los trasladaron desde Cuba, donde España gobernaba y donde se consideraba a la población como una raza inferior y a los negros como esclavos. Eso mismo ocurría también en Puerto Rico. Desde que Juan Antonio Alix vio, en uno de esos desfiles de arrogancia y demostración de dominación, al general Manuel Buceta, se dio cuenta inmediatamente de que era un ser despreciable, impertinente y prepotente, lo que reunimos en el Cibao en una sola palabra: sangrú. Probablemente que ya su pluma se de-

Alix y sus padres. F. E.

Buceta por Mercader .

Ese mismo ánimo se quedó en Santiago y desde que llegaron los soldados españoles a la Fortaleza San Luis en la anexión, con la arrogancia de sus patrullajes en las calles de lodo, se empezó a conspirar para sacarlos. A Juan Antonio Alix le enculillaba el alboroto que hacían desde muy temprano, que impedía a la gente despertarse tranquilamente a colar su café. Fue cuando él decidió engancharse en los grupos de las primeras sublevaciones contra la anexión por allá por los lados de Guayubín y Guayacanes, en la Línea. Los ejércitos de dominicanos, en contra de los representantes de la Reina de España, empezaron a organizarse en varios puntos del territorio nacional. Al momento en que Agustín Pepín le pegaba fuego a Santiago por órdenes de Gaspar Polanco, en la casa final de la calle la Chancleta (hoy Estrelleta), los españoles quedaron acorralados y tuvieron que irse. En esos movimientos estuvo el joven Alix con el rango de capitán y es entonces cuando conoce a otro capitán que seguiría desde 1863 hasta el 1865 correteando las últimas tropas que luego se fueron a Cuba por Puerto Plata. Ese capitán que más tarde sería su compadre era el puertoplateño Ulises Heureaux y que el General Gregorio Luperón llamaba, cariñosamente, Lilís y a quien trataba como a su hijo. Todo este movimiento de la Restauración se unió en el Partido Azul de Luperón y gobernaron con varios presidentes hasta 1899. Aunque se considera la salida definitiva de las últimas tropas españolas el año 1865, en realidad ya en 1863, en medio de la guerra restauradora, se sucedieron varios gobiernos de dominicanos agrupados en el Partido Azul.

Alix Joven. F. E.

Gobiernos de 1863 A 1899

dicaba a burlarse de este tipo de personaje, cosa que él aprendió en la escuela y con algunos amigos de la familia, que contribuía a formar al futuro poeta. Ya Santiago había tenido una lucha tratando de mantener su independencia cuando dos meses después del 30 de marzo del 1844, demostró su determinación de no dejarse gobernar más por Haití en la batalla del 30 de marzo, conocida también como la Batalla de Santiago. Eso lo supieron Juan Antonio Alix, su familia y los mocanos que ya habían vivido y sufrido la saña de aquellos en su retirada. En Santiago se organizó bien la defensa cual tortuga en su carapacho. La ciudad concentrada en la Fortaleza San Luis, en el Cerro del Castillo, por el camino de Gurabo lo que hoy es Bartolomé Colón y se empeñaron en crear tres fuertes por el oeste. Recuerde el lector que la ciudad llegaba hasta la barranquita de la Presidente Guzmán. Ahí se formaron los tres fuertes con nombres de la consigna escrita en el escudo dominicano: Dios, Patria y Libertad. El Fuerte Dios estaba donde hoy está el parquecito Imbert. El Fuerte Patria en la hoy calle Restauración con Pte. Guzmán y más allá, hacia el río, el Fuerte Libertad. En esa época no existía ningún puente y el río era anchísimo y muy caudaloso y solo se podía cruzar con barcas o a nado, si

se era buen nadador. Desde estos tres fuertes se dominaba perfectamente, con la mira de los rifles, a cualquiera que se acercara, porque había una llanura desde ellos que abarcaba el horizonte hasta el rio por el final de la hoy avenida Hermanas Mirabal. Estamos, según este esquema de defensa, en una era medieval tardía. Con esa colocación y el valor y decisión de rechazar a las tropas haitianas, las fuerzas del general José María Imbert les dieron una derrota que hasta hoy se celebra con grandilocuencia cada aniversario.

1863-64Antonio –Pepillo- Salcedo 1864-65Gaspar Polanco 1865 Benigno Filomeno de Rojas 1865 Pedro Antonio Pimentel 1865 José María Cabral 1865 Pedro Guillermo 1865-66 Buenaventura Báez 1866-68José María Cabral 1868-74Buenaventura Báez 1874-76Ignacio María González 1876 Ulises Francisco Espaillat 1876 Ignacio María González 1876 Marcos Antonio Cabral 1876-78 Buenaventura Báez 1878 Cesáreo Guillermo 1878 Ignacio María González 1878 Jacinto de Castro 1879 Cesáreo Guillermo 1879-89 Gregorio Luperón 1880-82 Fernando Meriño 1882-84Ulises Heureaux –Lilis1884-85Francisco Billini 1885-87 Alejandro Woss y Gil 1887-99 Ulises Heureaux 1899 Wenceslao Figuereo 1899 Horacio Vásquez ----------------(continuará, siempre sin IA)l


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La luz al final del túnel (2 de 2) PEDRO CONDE STURLA pinchepedro65@yahoo.es

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l estado de zozobra e incertidumbre de aquellos hombres (la noche previa a su liberación), solamente es posible imaginarlo. Les habían dicho que mañana los soltarían y era como para ponerse locos. Pensarían una y mil veces que era una broma macabra. En la noche les habían dicho que los iban a fusilar y después que mañana los iban a poner en libertad. No había tortura como esa. Mayobanex no dejaba de recordar que en un cierto momento, cuando todavía estaban en La 40, pidió permiso para orinar y el esbirro al que llamaban Juan Mi Sangre lo llevó al baño y al regresar abrió la puerta de una celda donde había un preso, un muerto viviente. «Parecía una momia —dice Anselmo Brache— y estaba desfigurado. Quizás con rasgos de locura, era el prisionero de la agonía más prolongada: el capitán Juan de Dios Ventura Simó». (1) Lo peor es que todavía tendría que esperar hasta el 9 de marzo de 1960, hasta un día después de su cumpleaños, el día que la bestia quería celebrar poniendo fin a sus días en un fingido accidente de aviación. Ese era el tipo de cosas que podían esperarse del régimen de la bestia. Podían ponerlos en libertad y podían llevarlos al paredón y ejecutarlos. También podían fingir que los iban a fusilar y regresarlos a sus mazmorras y repetir el simulacro al día siguiente. Una tortura sicológica que podía destrozar el sistema nervioso, desajustarlo, impedir el tránsito entre el estado de alerta y el de descanso y mantener a los reclusos en un permanente estado de enervamiento. Esta vez, sin embargo, las cosas saldrían bien. A principios de febrero de 1960 los dominicanos Gonzalo Almonte Pacheco, Francisco Merardo Germán, Poncio Pou Saleta y Mayobanex Vargas fueron puestos en libertad, se les concedió un indulto. El excelentísimo Trujillo, en su excelsa magnanimidad, les concedió un gracioso indulto y los entregó a sus familiares. La excarcelación fue en parte una jugada propagandística del régimen de la bestia para conjurar la presión que estaba recibiendo por parte de la prensa extranjera y la OEA. Una jugada propagandística para hacer frente al escándalo que habían desatado en el país y en extranjero las más recientes atrocidades contra los integrantes del Movimiento 14 de junio. Para peor, a la presión de la prensa extranjera y la OEA se había sumado ahora la inesperada condena de la propia igle-

sia católica y un fuerte repudio local provocado por una carta pastoral de la Iglesia Católica. La famosa Carta Pastoral leída en el púlpito de todas las iglesias del país el día domingo 31 de enero de 1960. Es decir, la misma iglesia católica que durante casi toda la era gloriosa había sido aliada del régimen de la bestia, ahora había denunciado a su benefactor y padre de la patria, al aspirante al título de benefactor de la iglesia. Había causado, de hecho, un grave malestar, una confrontación de pronóstico reservado. Más que un enfrentamiento, lo que se produjo a partir de la explosiva Carta Pastoral de la Iglesia Católica fue una ruptura. En ese contexto se inscribe la puesta en libertad de los cuatro expedicionarios. Aquellos prisioneros que fueron presentados graciosamente al público como una muestra de clemencia y magnificencia por parte del gobierno, casi como un desmentido a las acusaciones de la iglesia y la prensa extranjera. Se montó un gran espectáculo, se invitó al público y los medio nacionales y extranjeros. Todos pudieron ver y fotografiar a los agraciados en compañía de sus familiares, todos felices y aliviados en virtud de un indulto que se presentaba como un ejercicio de clemencia. Dicen que ningún familiar se presentó a recibir a Francisco Merardo Germán y fue reingresado a La Victoria, hasta que una tía lo fue a reclamar pocos días después. La libertad no quería decir que la bestia les había perdonado la vida, solamente se estaba divirtiendo con ellos y a la larga probablemente los habría hecho asesinar a todos. Si tres de ellos sobrevivieron, si no terminó matándolos a todos, se debe en parte a que a la bestia la mataron primero. Lo que se les otorgó fue una liberación condicional, una condena a prisión domiciliaria en el mejor de los casos. Pero Tru-

jillo aprovechó la ocasión para inflar su ego y dar una nueva muestra de cinismo. Mandó traer desde Restauración a la anciana madre de Gonzalo Almonte Pacheco para fotografiarse con ella. Se hizo fotografiar junto a la anciana de la manera más humillante. Con ella abrazándolo, abrazando al ofidio, sosteniendo un fajo de billetes en una mano, confundiéndose con él en un abrazo de agradecimiento y la bestia sonriendo con su sonrisa de hiena mientras se dejaba abrazar. Dos meses después le pagó el abrazo mandando a matar al hijo, a Gonzalo Almonte Pacheco. Dicen que Almonte Pacheco cometió una imprudencia, dicen que salió o se alejó de la casa y de inmediato fue hecho preso por agentes del Servicio de Inteligencia Militar e internado en La 40. Allí le darían muerte, lo torturaron y desaparecieron. Los demás vivían al salto de la mata, empezando por Poncio Pou Saleta, al que mantenían bajo el más estricto régimen de vigilancia. Pou Saleta permaneció nueve meses encerrado en su propia casa, temiendo que en cualquier momento los esbirros de SIM irrumpieran y le dieran muerte o se lo llevarán a un torturadero para matarlo despacito. Sabia que eso era lo que lo esperaba tarde o temprano y prefirió jugarse el todo por el todo. Se organizó, pues, para burlar la vigilancia, salir sin que lo vieron y asilarse en la Embajada de México. Un plan temerario, sin duda, pero mucho menos riesgoso que permanecer en su casa…, y que además tuvo éxito. Las vidas de Mayobanex Vargas y Merardo Germán se complicaron, de seguro, a partir de aquel hecho, y quedaron desde entonces bajo una más estricta vigilancia, una vigilancia constante y asfixiante. Los mantenían en un estado permanente de desasosiego e intranquilidad, temiendo que cualquier día a la bestia se le antojara poner fin a sus días.

Solo después de su ajusticiamiento recobrarían el control de sus vidas. Solo entonces supieron que iban a vivir. A Delio Gómez Ochoa lo mantenían en cambio en La 40 y a veces lo llevaban a San Isidro donde le mostraban periódicos y le hacían escuchar noticias que hablaban de su muerte, de su posible muerte. Era un ejercicio cruel, de extrema crueldad, puro sadismo. Igual que a Mayobanex y Merardo lo mantenían en permanente estado de ansiedad. A Pablito Mirabal, en cambio, después de su paso por el manicomio, lo recluyeron en un reformatorio. El calvario terminaría para ellos con un indulto a raíz del ajusticiamiento de Trujillo y con el regreso a Cuba el 9 de junio de 1961. Pablito moriría diez años después, el 21 de junio de 1969, cuando apenas tenía 25 años, al ser alcanzado por un rayo cuando se encontraba en un parque con su pareja encinta. Pablito moriría al instante, pero su pareja recibió daños menores y tuvo una hija llamada Tamara Mirabal Silva, que ha venido varias veces al país y ha solicitado más de una vez la nacionalidad dominicana. Mayobanex Vargas murió el 17 de diciembre de 2016 a los 80 años de edad. Poncio Pou Saleta murió de un ataque cardíaco el 21 de agosto de 2010, en Santo Domingo, a la edad de 88 años. Francisco Merardo Germán murió de un cancer de próstata y murió de pobreza y olvido en Santo Domingo el 15 de agosto de 2001, a los 91 años. l La repatriación armada (22) (Historia criminal del trujillato[194]) Notas: •

Anselmo Brache Batista, «Constanza, Maimón y Estero Hondo: Testimonios e investigación sobre los acontecimientos», p. 254


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Siete años después, José Antonio Molina vuelve a su “Resurrección”

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ConCierto Sentido

Una “Eroica” para tres

ANDRÉS TOVAR EDITOR DIGITAL

Q Siete años después, el maestro Molina retoma el timonel de una obra que ya forma parte de la memoria de la OSN. CORTESÍA

L

a memoria musical nacional no se construye solo con estrenos, nombres ilustres o aplausos, sino con obras que regresan para preguntar si seguimos siendo los mismos que las escuchamos alguna vez. En 2019, José Antonio Molina dirigió la Segunda Sinfonía de Gustav Mahler, Resurrección, en la primera audición dominicana de una partitura que exige a la orquesta, al coro y al público entrar en un gran relato sonoro sobre muerte, memoria y esperanza. El 4 de noviembre de 2026, siete años después, Molina volverá a levantar la batuta ante esa obra, como clausura de la Temporada Sinfónica 2026, en la gala que celebra los 85 años de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) y los 40 de Fundación Sinfonía, nía, que nació en 1986 prepre cisamente en un momento en que la orquestaa atravesaba una crisis que amenazaba menazaba su conticon ntinuidad: Carlos rlos Piantini planteó entonces es a Pedro Rodríguez Villacañas añas la creación de una fundación ción que sirviera de soporte a laa orquesta, iniciativa que dio origen a la entonces Fundación n Orquesta Sinfónica Nacional. nal. En 1991 el Estado lee confió la gestión n de la OSN, responsaonsabilidad que mantuvo hasasta 2000, paara transfor-marse en n Fundación Sinfonía y convertirse en bas-tión del immpulso y desarrollo arrollo de la música académica en el país. ís.

De modo que escoger Resurrección, una obra sobre la esperanza y la trascendencia, para celebrar simultáneamente los 85 años de la orquesta y los 40 de una fundación creada para ayudarla a sobrevivir genera una conexión histórica que convierte a esta cita en una celebración mucho más profunda que la coincidencia de dos aniversarios: es un símbolo idóneo para una noche que celebrará 85 años de música ininterrumpida de la Orquesta Sinfónica Nacional y 40 años del compromiso de la Fundación Sinfonía con la formación y difusión de la música clásica en el país. Una Celebración a la eternidad

Esta noche irrepetible contará además con dos grandes solistas, la soprano dominicana Nathalie Peña-Comas, embajadora cultural de la República Dominicana y nominada al Latin Grammy, y la aclamada mezzosoprano estadounidense Joyce DiDonato, una de las voces líricas más admiradas de nuestro tiempo, n ganadora de varios premios va Grammyy y del Olivier Award Aw ward en 2018 por su excepcional trayectoria en la óperraa y una de las (Der)Joyce DiDonato y (Izq)Nathalie Peña-Comas. CORTESÍA

ANDRÉS TOVAR Especial para elCaribe

cantantes más potentes de su generación. DiDonato aportará una voz de autoridad internacional; Peña-Comas, una presencia dominicana dentro de una partitura universal; junto a ellas, el Coro Nacional Dominicano, más de cien voces, aporta la imagen de una comunidad que termina respirando junta, y Jose Antonio Molina, frente al podio, llevará la batuta de una obra que ya forma parte de su biografía artística, de la memoria reciente de la Orquesta Sinfónica Nacional, y que las grandes orquestas del mundo tratan con respeto ritual. Por ello, la cita del 4 de noviembre no es cualquier cosa: la Orquesta Sinfónica Nacional celebra a sus 85 años como la gran columna sinfónica del país, mientras Fundación Sinfonía celebra cuatro décadas de una labor vinculada al sostén, la proyección y continuidad de la vida musical dominicana. Que ambas celebraciones se encuentren alrededor de Mahler ya ofrece una lectura cultural poderosa: una orquesta también resucita cada vez que una generación consigue entregarla viva a la siguiente, y eso s la convierte en e una cita ineludible para par quienes celebramos la l música y la cultura en nuestro país.l ______________________ _________ Dónde cconseguir entradas las entr l Las b boletas ya es-

tán a la venta en Uepa Tickets, Ue en la Fundación ci Sinfonía y en el Teatro Nacional. Para Na platea pla tienen un c o s t o d e RD$5,640.00 y RD$ RD$3,405.00, mientras que las mien de balcón tienen ba un costo de RD$4,525.00 y RD RD$2,290.00. RD

uienes conocen la Sinfonía n.º 3, “Eroica”, de Beethoven, probablemente al conocer este álbum se preguntarán: “¿Es en serio?”. Emanuel Ax, Leonidas Kavakos y YoYo Ma han publicado su nuevo álbum “Beethoven for Three: Symphony No. 3 Eroica and Leonore Overture No. 3”, bajo el sello Sony Classical. Este lanzamiento es la quinta entrega de la aclamada serie “Beethoven para tres”, que presenta las grandes obras sinfónicas de Beethoven arregladas para música camerística. El proyecto busca revelar las complejidades de la escritura orquestal de Beethoven, poniendo en primer plano la esencia musical de cada obra. En esta quinta entrega, Ax, Kavakos y Ma colaboran con el violista Antoine Tamestit para interpretar la “Eroica” de Beethoven junto con la Obertura Leonora n.º 3 de la única ópera del compositor, Fidelio, con arreglos realizados por Shai Wosner. Ciertamente, “Eroica”, que depende tanto del color orquestal y el contraste de texturas y donde la pura contundencia sonora parece ser tan importante, podría perder su fuerza en un arreglo para tres cuerdas (violín, viola y chelo) y piano. Pero cualquier duda se disipa con los acordes iniciales de la obra, tan audaces aquí como en la más dinámica de las interpretaciones orquestales. No pasa un segundo sin que un nuevo detalle de la partitura de Beethoven llame la atención: desde las resonantes disonancias que aparecen hacia el primer tercio del movimiento inicial y la intensa conversación musical que las sucede, hasta la fuerza arrolladora del intrincado contrapunto del finale. Mientras la interpretación de las cuerdas equilibra una belleza sobrecogedora con una audacia creativa. En definitiva, un logro asombroso. l


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Santo Domingo y el ciclón San Zenón: Solidaridad caribeña y prensa. DR. WILSON ENRIQUE GENAO PROFESOR A TIEMPO COMPLETO

wilsongenao@pucmm.edu.do

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l pasado jueves 3 de septiembre se cumplieron 96 años del paso destructivo por la República Dominicana del ciclón San Zenón. San Zenón que también causó daños en menor grado en Dominica, Martinica, Puerto Rico, Cuba y en los estados de Florida y Carolina del Norte en Estados Unidos, se formó al este de las Antillas Menores y afectó la República Dominicana como huracán categoría 4 en la escala Saffir-Simpson. Destrozó la ciudad de Santo Domingo provocando más de 3,000 muertos, más de 6,000 heridos, unas 30,000 personas sin hogar, y enormes pérdidas económicas que se agregaban a los efectos que había provocado en la economía dominicana la crisis de 1929. El huracán destruyó la ciudad dieciocho días después de que se juramentara como presidente de la República Rafael Leónidas Trujillo Molina lo que le permitió instrumentalizar políticamente la tragedia. Al día siguiente de la devastación, el Congreso Nacional aprobó una Ley que “suspendió las garantías constitucionales y le otorgó al Presidente poderes extraordinarios para tomar todas las medidas económicas y de cualquier carácter que sean necesarias para socorrer los pueblos, socorrer las personas y las propiedades; para levantar fondos sobre crédito público, distribuir socorros y en general para que obre según entienda y lo demandaban las circunstancias”. La magnitud de la devastación la recoge de manera expresiva la prensa de la época. En la edición del 5 de septiembre el periódico La Información señalaba que: “Las primeras noticias llegadas, sobre la capital, dan impresiones pavorosas sobre la magnitud del desastre producido por el ciclón”. El 6 de septiembre el mismo periódico resaltaba que: “La ciudad Capital fue arrasada por el ciclón, quedando completamente barrido el ochenta por ciento de sus casas”. El 8 de septiembre expresaba que: “El impetuoso huracán que azotó con inusitada furia la ciudad Capital, ha sembrado por doquiera, la muerte, la ruina y la desolación”. Por su parte el periódico Listín Diario en su edición del 10 de septiembre describía la magnitud de la catástrofe en el título de: “Fue azotada la ciudad por un huracán de intensidad apocalíptica, el cual la redujo a escombros en pocas horas, sembrando el exterminio”. La catástrofe provocada por el ciclón puso de manifiesto la solidaridad que caracteriza al pueblo dominicano. En los días siguientes al devastador fenómeno, en la prensa aparece constantemente las muestras de solidaridad y de apoyo. Se mencionan los diversos comités de so-

corro pro damnificados del ciclón de diversos pueblos del país; aparecen las listas de los contribuyentes, se menciona la realización de recolectas en las escuelas y en las logias y el apoyo de empresas realizando funciones a beneficio de las víctimas del ciclón. Igualmente, en los titulares de la prensa se muestra el apoyo del pueblo ante la tragedia provocada por San Zenón en la ciudad de Santo Domingo. Por ejemplo, la edición del 9 de septiembre del periódico La Información señala que: “El pueblo dominicano da muestras de tesonera solidaridad en el desastre de Santo Domingo”; la del 10 de septiembre dice que: “Sigue el incesante envío de socorros del Cibao para los damnificados capitaleños”. Así mismo, la edición del 11 de septiembre describe que: “Ha quedado probada una vez más la proverbial generosidad de los dominicanos. Dinero en efectivo, víveres en cantidad considerable y materiales de abrigo, han sido enviados a la Capital desde los distintos puntos de la República”; mientras que el 12 de septiembre expresa que: “Los distintos pueblos de la República y de las naciones amigas han correspondido al llamamiento que se les hiciera en demanda de socorros en favor de los damnificados de la capital”. La diáspora también dio muestra de apoyo. El Listín Diario en su edición del

10 de septiembre, señala que: “Los miembros de la colonia dominicana han organizado un comité bajo los auspicios del consulado dominicano para levantar fondos para socorrer el área afectada por el huracán”. La Iglesia Católica fue otra institución de gran impacto en la ayuda a través de sus parroquias, iglesias y del clero tanto nacional como internacional. El periódico La Información en su edición del 12 de septiembre señala que: “Su Santidad el Papa Pío XI ha contribuido con 50.000 liras destinadas a socorrer los damnificados. Al mismo tiempo comisionó al Nuncio Monseñor Taffi expresar en su nombre su condolencia al Gobierno dominicano en la persona del presidente de la República”. El mismo periódico señala el 15 de septiembre que: “El Ilustrísimo Obispo de San Juan ha ordenado que en todas las parroquias y capillas de la diócesis se haga una colecta general para ayudar a los damnificados”. La solidaridad internacional y de los pueblos caribeños también se expresó en la formación de comités de ayuda, actividades de recaudación de fondo, entre otras actividades. Los titulares publicados en los días siguientes muestran dicho apoyo. En la edición del 10 de septiembre del decano de la prensa dominicana se podía leer: “La noticia del desastre despierta en el mundo el sentimiento

caritativo, de todas partes envían médicos, medicinas, dinero y abundantes provisiones y otros auxilios”; mientras que en la edición del 12 de septiembre se podía leer que: “Las naciones del viejo y nuevo mundo tienden amorosamente sus manos a Santo Domingo, con motivo de la catástrofe”. La prensa reseñó el apoyo de los Estados Unidos y Puerto Rico a través del envío de aviones y barcos con medicamentos, médicos, enfermeras, ropas y alimentos para atender a los damnificados y apoyo monetario. De igual forma, la prensa constantemente describía los aportes y el apoyo de Cuba, Haití, México, Venezuela, Curazao y de Europa de España e Inglaterra, entre otros. La catástrofe y la respuesta del gobierno de Trujillo fue utilizada políticamente por el régimen para construir una narrativa que elevaba a Trujillo al rango de constructor de la nueva nación. Este aspecto es analizado de forma profunda por el historiador Frank Moya Pons en su obra “El ciclón de San Zenón y La Patria Nueva: reconstrucción de una ciudad como reconstrucción nacional” y por la historiadora Lauren Derby que en su trabajo “La seducción del Dictador: Política e imaginación popular en la Era de Trujillo” le dedica al tema, el capítulo 2, bajo el título de: “San Zenón y la construcción de ciudad Trujillo”. l


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zona retro Cultura

El ocaso de Trujillo y la llegada de Balaguer A tres años de su reelección, Héctor B. Trujillo Molina presentó su renuncia irrevocable a la presidencia por razones médicas, y dio paso a Joaquín Balaguer, quien asumió el poder

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En el salón de actos lo recibió el licenciado Porfirio Herrera, quien le manifestó la confianza de los legisladores en que sabría asumir con dignidad la nueva investidura. También le ofreció la cooperación de ambas Cámaras del Congreso para el desempeño de sus labores como presidente de la República. Ante los legisladores, miembros del cuerpo diplomático, altos funcionarios y oficiales de las Fuerzas Armadas, Balaguer prestó juramento como jefe de Estado. Prometió cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes de la República, defender su independencia, respetar los derechos y desempeñar fielmente los deberes inherentes al cargo. La Guardia Presidencial, comandada por el coronel Agustín R. Plúyer Trujillo, le rindió los honores correspondientes tanto a su entrada como a su salida del Congreso. Un discurso en tiempos difíciles

El presidente Joaquín Balaguer lee su discurso de juramentación durante la ceremonia oficial de toma de posesión. OGM

LENIN RAMOS lramos@elcaribe.com.do

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n esta edición de Zona Retro recordamos los acontecimientos de agosto de 1960, cuando la República Dominicana fue testigo de un inesperado relevo en la Primera Magistratura. La renuncia de Héctor B. Trujillo Molina y la posterior llegada de Joaquín Balaguer a la Presidencia ocurrieron en cuestión de horas, en una jornada que quedó registrada en las páginas de la historia política nacional, así como del periódico El Caribe.

Ocaso y alba

La mañana del 4 de agosto comenzó con una noticia que tomó por sorpresa al país. El presidente Héctor B. Trujillo Molina había decidido abandonar la Primera Magistratura. El día anterior, 3 de agosto, había remitido a la Asamblea Nacional su renuncia irrevocable, alegando razones de salud y el cumplimiento de una prescripción médica que, según explicó, le impedía continuar desempeñando cabalmente sus funciones. Su decisión no cambió después de recibir en el Palacio Nacional a una comisión que acudió para tratar el asunto. La dimisión estaba tomada y correspondía ahora a la Asamblea Nacional conocerla. En su comunicación, Trujillo sostuvo que, de acuerdo con la Constitución, tanto el presidente como el vicepresidente

El presidente de la República, doctor Joaquín Balaguer, recibe los honores de la Guardia Presidencial, acompañado por legisladores y el embajador encargado del protocolo. OGM

de la República debían presentar su renuncia ante ese organismo. Amparado en esa disposición, formalizó su salida del cargo y explicó que sus quebrantos de salud le imposibilitaban continuar ejerciendo con normalidad las responsabilidades presidenciales. También aprovechó el documento para reconocer la cooperación que, según expresó, había recibido del Congreso Nacional durante su gestión gubernativa, así como la solidaridad mostrada en respaldo de los ideales patrióticos del partido que anteriormente había dirigido Rafael Leónidas Trujillo. La renuncia se hace pública

La noticia llegó rápidamente a los hogares dominicanos. Radio Caribe transmitió desde el salón de sesiones del Congreso el desarrollo de aquella jornada y permitió que la población conociera de primera mano el contenido de la renuncia. A las 10:10 de la mañana, el senador, licenciado Manuel Joaquín Castillo, comenzó la lectura del documento. En el salón, la atención estaba concentrada en cada palabra del mensaje presidencial. Luego tomó la palabra el presidente de la Asamblea Nacional, senador, licenciado Porfirio Herrera, quien afirmó que el organismo se encontraba ante “el doloroso deber de tomar una decisión”. Sus palabras antecedieron al momento en que los legisladores tendrían que pronunciarse sobre la dimisión. La reacción popular, de acuerdo con las informaciones de la época, se mantu-

vo dentro de la tranquilidad. El anuncio fue recibido sin grandes manifestaciones de agitación, en una demostración de civismo que contrastaba con la trascendencia política del acontecimiento. Una decisión que cambió el poder

A las 11:04 de la mañana, la Asamblea Nacional aceptó por unanimidad la renuncia. Con aquella votación quedaba formalizada la salida de Héctor B. Trujillo Molina de la Presidencia de la República. Después de la decisión, se designó al senador, doctor Luis Ruiz Trujillo, y al diputado Jafer Cabrera para integrar una comisión que tendría la responsabilidad de acudir ante el presidente saliente y comunicarle oficialmente la aceptación de su renuncia. La misma comisión tendría luego otra misión: informar al vicepresidente Joaquín Balaguer que, como consecuencia de la dimisión del jefe del Estado, quedaba investido de pleno derecho con las funciones presidenciales. El relevo, por tanto, no surgía de unas nuevas elecciones. Era la propia Constitución la que establecía el camino para llenar la vacante presidencial. Balaguer entra en escena

Poco después, el doctor Joaquín Balaguer llegó al Palacio del Congreso acompañado por los legisladores R. Paino Pichardo, licenciado Jesús María Troncoso, licenciado Pablo Otto Hernández y Elías Brache Viñas, así como por el mayor general Santos Mélido Marte.

Ya investido como presidente, Balaguer pronunció su discurso de juramentación. Sus palabras estuvieron cargadas de referencias al momento político que atravesaba el país y a las circunstancias que, según explicó, rodeaban su llegada al poder. Definió aquel momento como crucial para el pueblo dominicano y habló de una “confabulación internacional” en la que, según su interpretación, participaban corrientes ideológicas de origen comunista y sectores de orientación conservadora. Balaguer también se refirió a las voces que planteaban la necesidad de democratizar las instituciones nacionales. Dijo coincidir con esa aspiración, aunque marcó distancia respecto de los métodos que, a su juicio, pretendían utilizarse para alcanzarla. En esa dirección, sostuvo que el régimen dominicano estaba encaminado a crear un clima de mayor libertad política y a favorecer la formación de partidos capaces de participar en la vida nacional y ejercer legalmente la oposición al Gobierno, siempre al margen de actividades subversivas. Su discurso fue recibido con reiteradas ovaciones y elogios entre quienes se encontraban presentes en el salón de actos. Un relevo sin urnas

La salida de Héctor B. Trujillo Molina y la llegada de Joaquín Balaguer modificaron en pocas horas la figura que ocupaba la Presidencia de la República. El primero dejaba el cargo alegando motivos de salud; el segundo asumía la jefatura del Estado en virtud de la sucesión establecida por la Constitución. Balaguer permanecería en la Primera Magistratura hasta el 16 de agosto de 1962. Aquella jornada de agosto de 1960, marcada por una renuncia inesperada, una sesión legislativa seguida por radio y una juramentación ante los principales representantes de la vida pública, mostró cómo el poder podía cambiar de manos sin que mediara una nueva elección. Más allá de las razones expuestas para la dimisión, el episodio abrió una etapa distinta en la historia política dominicana. El ocaso de un Trujillo y el ascenso de Balaguer quedaron así unidos en una misma jornada, como dos momentos de una transición que el país siguió con atención a través de la radio y que quedó registrada en las páginas de la prensa. l


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crítica arte LILIAN CARRASCO lilycarrascor@hotmail.com

Ani Mederos

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ay personas a las que primero conocemos por su obra y, después, tenemos el privilegio de descubrirlas por lo que son. Así fue como conocí a Ani Mederos: antes que su voz, llegó su trazo; antes que su presencia, la certeza de que en su creación nada está puesto al azar. Debo ese encuentro a las conexiones que con generosidad teje Lidia León desde Dos Calles, Espacio Creativo. Al invitar a Freddy Jana a participar en “Carteles en Dos Calles” —proyecto concebido en homenaje a Salomé Ureña de Henríquez, donde tuve el honor de ejercer la curaduría—, fue él quien propuso sumar a Ani. Su pieza evocó a la educadora mediante una figura femenina cuya falda se transforma en libro abierto, síntesis visual de que “Saber es poder”. Educación, conocimiento y emancipación se volvieron, en sus manos, posibilidad de transformación. Desde entonces he podido acercarme a una creadora para quien el pensamiento no se separa de la vida misma. Todo

obedece a un propósito, a una manera de observar, de relacionarse, de asumir sus afectos. Hay en Ani una combinación fascinante de perfeccionismo, lógica y sensibilidad; una exigencia que no nace de la pose, sino de la convicción de que las cosas deben hacerse bien, muy bien. Percibo en ella, además, ese sentido de pertenencia que la hace estar, incondicional, para los suyos. Este miércoles 2 de septiembre fui testigo de la concreción de ese rigor, al asistir a la presentación de su libro “Juego de Sillas”, donde reflexiona sobre el liderazgo a través de diecinueve personalidades y sillas conceptualizadas por ella misma. El encuentro, celebrado en LMH Collection, convirtió al libro en experiencia espacial —sillas, imágenes y páginas ampliadas dialogando entre sí—, mientras la curaduría editorial de Rab Messina y el prólogo de Cristian Martínez Villanueva acompañan el discurso que da forma a la propuesta. Lo que más admiro de Ani es que se interese por las decisiones que sostenemos cuando nadie más las ve. De modo que su apropiación de un objeto cotidiano se convierte en diecinueve maneras de asumir un lugar, no para dar respuestas, sino diseñar preguntas que se puedan habitar. l

crítica cine ETZEL BÁEZ etzelbaez@gmail.com

Así nos ven

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asada en hechos reales, nos trae a 5 jóvenes condenados por violación. Ellos son negros adolescentes; la víctima es una joven blanca. Los 5 eran inocentes. Si para uno es indignante hasta la saciedad, no consigo imaginar lo que para ellos significó cada día de esos 23 años de tinieblas, desde la ocurrencia inicial en 1989 hasta el 2002, cuando son absueltos. Pero es precisamente eso lo que nos trae su narrativa: el curso psicológico y físico ejercido por sus verdugos y que se sufre abismalmente sabiéndose inocente. Es humillante que, sin pruebas físicas, condenen por las feroces “pruebas circunstanciales”, como suelen ser cantidades significativas de las condenas a negros, que son el 90 % de los 2,16 millones de personas en prisiones, una tasa de 655 presos por cada 100.000 habitantes –la mayor del mundo–. Los negros son el 12 % de la población de USA, y el 40 % de su población carcelaria (como se ve en el documental “The Central Park Five” de Ken Burns sobre el caso y el revelador dato de las cárceles privadas contratadas por el gobierno). Pues bien, la orientación auspiciosa de su narrativa contradice la realidad: ser negro y latino son de esas “cir-

cunstancias” adversas para que te condenen. Que los 5 estuvieron en el lugar a la hora de la violación, les basta tanto a la justicia (de clase) como a quien te arresta y te incrimina, te tranca, y cuando sales se asegura de que solo puedas trabajar como peón “limpiando mierda” –dice un diálogo–. Destaca que jamás dieron su brazo a torcer cuando la justicia los conminaba a un acuerdo de aceptación de los cargos. Ese intento manifiesto de proclamar la inocencia es un leitmotiv de la narrativa y de la construcción de los personajes, en contra del prejuicio social que se profundizó contra ellos por la fama de violadores que los medios, disfrutando, los sometieron a una tortura moral. El magistral guion y la puesta en escena nos llevan de las manos, mostrándonos lo que son esas prisiones: un submundo esférico que te intima a una conducta cónsona con la de un perro amaestrado. La dirección de arte se ocupa de darnos esa atmósfera. De todas las actuaciones, la que se acentúa por el desarrollo del personaje y su intensa empatía es la de Jharrel Jerome, que encarna a Korey Wise, con un sazonado paquete de diálogos, envuelto en una trama pensada a partir de los detalles. En Netflix, con ese título o como When They See Us. l HHHHH GÉNERO: drama judicial. DURACIÓN: 4 episodios de 60 minutos cada uno.

H H H H H EXCELENTE | H H H H MUY BUENA H H H BUENA | H H REGULAR | H MALA

el libro vive

desde mi ventana

FRANK NÚÑEZ fnunez01@gmail.com

SANTIAGO ALMADA salmada@elcaribe.com.do

Guerra y Paz en Licey al Medio

¿Son negros los dominicanos?

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n los libros de geografía de mi adolescencia figuraba un capítulo que hablaba de las razas que habitaban el planeta, la negra, predominante en África, el Caribe y minoritaria en Norteamérica, la amarilla, predominante en Asia, la blanca, que estaba en todo el mundo y la roja, de la que quedaban pocos remanentes en reservas indias de EE.UU. Al descifrarse el genoma humano se demostró lo que muchos antropólogos ya decían desde mediados del siglo XX, que las razas humanas no existen y que hay más diferencias genéticas entre individuos que se suponen de una misma raza que entre otros que, supuestamente, son de razas diferentes. Pero el racismo, una clasificación de los seres humanos que responde más que nada a intereses de explotación del hombre por el hombre, todavía persiste en el imaginario de la humanidad en general, y es agitado por las derechas europeas y americanas, y por cientos de grupos supremacistas neonazis que persisten en todo el mundo y se expresa, primero, en el odio a los migrantes, que es más profundo si son de piel oscura, a tal punto que los negros durante muchas décadas fueron considerados seres de segunda o tercera categoría. En un país como República Dominicana, donde la negrofobia persiste aunque se insista desde distintas instancias en que aquí no hay racismo, la gente se ha inventado una serie de categorías que hasta figuran en los documentos de identidad para no considerarse negra: indio oscuro, indio claro, trigueño, moreno, blanco oscuro, y cuando ya no hay posibilidad de negar el color de piel porque es demasiado oscuro, se usa la palabra prieto. En mi caso vengo de un país donde mi color de piel se considera negro, fue el sobrenombre con el que los amigos y conocidos me llamaron toda la vida, pero aquí en Dominicana nadie me considera negro pese a que me reconozco como tal. Esto me lleva a pensar que el concepto de negritud actúa más bien como un constructo, y que puede motivar la negación al punto de que muchas personas, pese a tener la piel más o menos oscura, no se autoperciben como negras. Obviamente, no todos los dominicanos son negros, los hay rubios, blancos, pelirrojos y hasta albinos, pero negar la propia negritud es una falacia tan grande como decir que las razas humanas existen. l

na experiencia en la solución de un sangriento conflicto entre las familias Reynoso, Gil y Paulino, residentes en el sector Canca La Reyna, del municipio Licey al Medio, de la provincia Espaillat, motivó al mayor general retirado de la Policía Nacional, ingeniero Luis Darío de la Cruz Consuegra a relatarla en un libro, puesto a circular la noche del pasado jueves 27 de agosto en la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña. Ante decenas de familiares y amigos, de la Cruz Consuegra comentó en el acto de puesta en circulación de “Guerra y Paz entre familias de Licey al Medio”, que al llegar a la comandancia regional Norte del cuerpo del orden, en el año 2005, se encontró con los enfrentamientos armados de las familias, con varios muertos entre las partes, sin que fueran suficiente para pacificarlas los esfuerzos de las iglesias, grupos políticos y sociales, conscientes del daño que la virtual masacre le provocaba a los habitantes de la productiva región agropecuaria. “Mi experiencia en labores de policía comunitaria me llevó a la conclusión de que con el diálogo entre las familias enfrentadas, con una estrategia de comprensión para la solución del conflicto, la paz retornaría a Licey al Medio”, dijo el hoy oficial jubilado, quien incursiona en estos momentos en la conformación de una organización política inspirada en los valoes comunitarios. En los relatos recogidos en Guerra y Paz entre familias de Licey al Medio se precisa que el primer homicidio se produjo en un lavadero de autos donde un miembro de la familia Reynoso mató a tiros a uno de los Gil, lo que originó una cadena de venganzas que parecía no tener fin, lo que era reseñado frecuentemente por la prensa escrita, radial y televisada de todo el país. El prologuista del libro de De la Cruz Consuegra sostiene que el policía escritor demostró, en los hechos que hoy relata, que ejercer autoridad en el orden público es más que represión, sino que “también se requiere de investigación para buscar soluciones pertinentes”. l

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Una noche en la árida montaña: traducción y traición «Ночь на лысой горе» (noche en la montaña calva) ANTONIO GÓMEZ SOTOLONGO Especial para elCaribe

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ace muchos años, cuando vi por primera vez la película Fantasía, de Walt Disney, en el Cinecito de La Habana, sentí una profunda impresión con todos los cuentos, incluso por aquellas abstracciones de arcos y violines que concibió el genial dibujante para la Toccata y fuga de Bach, y recuerdo perfectamente el tremendo aquelarre -por supuesto que entonces no conocía la palabra «aquelarre», pero sí entendí que era una fiesta de brujas y muertos en una montaña-, que se desarrollaba sobre la música de Modest Músorgski a la que, en aquella versión de la película Fantasía, de 1940, habían traducido al castellano como: Noche en la árida montaña. La película

Fantasía es una película creada en los estudios de Walt Disney en la que con dibujos animados se recrean varias obras del repertorio sinfónico, interpretadas por la Orquesta Sinfónica de Filadelfia bajo la conducción de Leopoldo Stokowski; entre ellas, la que da pie a este artículo: Una noche en la árida montaña, de Modest Músorgski y otras como El Aprendiz de Brujo, de Paul Dulkas; Toccata y fuga, de Johann Sebastian Bach; La Suite del Cascanueces, de Piotr Ilich Chaikovski; La Consagración de la Primavera, de Stravinski; y otras. El compositor y su obra

Modest Músorgski fue un compositor ruso nacido en 1838, a quien se le considera como un innovador de la música rusa del período romántico, y que, según sus biógrafos, comenzó a componer la pieza Una noche en la árida montaña en 1867, tomando como inspiración el cuento «La noche de San Juan», de Nikolai Gogol, y una obra de teatro escrita por un amigo. Pero Músorgski no la pudo terminar y fue otro compositor ruso, Rimski-Korsakov, quien recuperó los manuscritos y la terminó. El Cinecito

Cinecito fue un cine pequeño que abrió el 9 de julio de 1942 en La Habana bajo el nombre de Cine Periódico Resumen, que tenía tan solo unas 400 butacas donde se proyectaba lo mejor de los animados norteamericanos en colores, y cuando yo lo conocí ya le llamaban Cinecito. La traición del traductor

De un tiempo a esta parte he podido leer y escuchar que también se ha traducido el título de la obra de Músorgski como: Una noche en el monte pelado o Una noche en el monte calvo, pero eso; en principio, me molestó al oído, y después, por esas tozudeces quizás innecesarias e in-

útiles que se me posan en la sesera, comencé a averiguar por qué me sonaba mal y cuál sería la causa, si la había, de que mi oído fuera tan quisquilloso. Me lancé a la red y al primero que encontré con los mismos caprichos fue a Paco Lema, quien administra el blog LemaTraductores y ha publicado un artículo con el título Traductor ¿traidor? Y según su investigación, el adagio que reza: Traduttori, traditore (traductor, traidor), es de uso extendido y por supuesto viene del italiano. Según Lema, a pesar de que existen errores y traiciones en las traducciones, ese no debe ser en realidad el trabajo del traductor, sino el de llevar a otras lenguas la esencia de lo que los autores han querido decir en realidad. Sus ejemplos son ilustrativos, entre ellos el cambio del significado de las palabras esenciales en un pasaje del Antiguo Testamento, que «decía en hebreo que una muchacha concebiría y pariría a un niño que sería el hijo de Dios (Isaías

7, 14). Sin embargo, los traductores de esa parte al griego tradujeron «muchacha» por «virgen» y ya sabemos lo que todo esto trajo por consecuencia. Pero no me pude quedar con su visión solamente, porque en todo caso su oficio es traducir y aún lo tenía bajo sospecha y me fui a buscar a alguien que hubiera sido víctima de la traición de un traductor. Y lo encontré. Fue en la reseña que publica Espéculo, Revista de estudios literarios de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid en su No. 40, año XIV, noviembre 2008-febrero 2009, donde aparece una reseña de Alexander Caro Villanueva del libro Decir casi lo mismo, de Umberto Eco[1], y solamente con el título me hubiera bastado para responder a mis dudas y a las de mi oído, pero Caro Villanueva cita a Eco y con eso me responde por qué las palabras «calvo» o «pelado» me resultan infieles al texto, al contexto y a la cultura de la que proce-

den los signos que han sido traducidos. Según Eco la fidelidad expresa «la convicción de que la traducción es una de las formas de la interpretación y que debe apuntar siempre, aun partiendo de la sensibilidad y de la cultura del lector, a reencontrarse no ya con la intención del autor, sino con la intención del texto, con lo que el texto dice o sugiere con relación a la lengua en que se expresa y al contexto cultural en que ha nacido». (Eco 2008, 22) Muchas veces el título de esta obra de Músorgski se traduce del ruso al inglés y de este al castellano como Una noche en el monte calvo o Una noche en el monte pelado utilizando acepciones de las palabras anglosajonas «bald» (calvo) y/o «bare» (pelado) y del ruso «лысой» que significa «calvo» en una de sus acepciones; sin embargo, en ruso la palabra «лысой» en este contexto puede ser también sinónimo de «árido»; por su parte el Diccionario de la Real Academia Española nos dice que la palabra «calvo, va», en su primera acepción nos refiere a las «personas que carecen total o parcialmente del pelo de la cabeza» y en su segunda acepción es sinónimo de «desarbolado». En conclusión, aunque es posible adjetivar las montañas con las palabras «calvas» y «peladas», esto es metafórico, porque en sentido recto «calvas» y «peladas» pueden ser las cabezas de las personas, así que, usar la palabra «árida» se ajusta más a la «intención del texto» que en castellano sí denota una cualidad que en sentido recto solamente puede tener una montaña o un terreno, siendo esto así la mejor manera de traducir el título de la obra que hace muchísimos años conocí como parte de la película Fantasía, de Walt Disney, en el Cinecito de La Habana es: Una noche en la árida montaña. l ______________________________________ [1] Decir casi lo mismo. Experiencias de traducción. Umberto Eco, Lumen, Barcelona, 2008. 537 pp. Traducción: Helena Lozano Millares. NOTA: Si este artículo te gustó compártelo con tus amigos, y si no te gustó compártelo con tus enemigos. Para escuchar la música escanea los códigos QR • (*) Historiador. Master en investigación musical por la Universidad Internacional de Valencia, España. Miembro Correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio (AHCE). Licenciado en Música por la Universidad de las Artes de Cuba. Contrabajista Principal de la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana. • Correo-e: agosto_ultimo@yahoo. com • Esta página es una colaboración especial para este suplemento.


10 Cultura

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Espejo de tinta

Microrrelatos de Quibian Castillo Fernández en la mano como suplicó. Era un día muy lluvioso semejante al de su nacimiento. Roberto despertó sobresaltado. El corazón latía rápido, se sofocaba, un dolor en su brazo izquierdo, la vista neblinosa, no le salía una palabra, cayó desplomado sobre la cama. Roberto tenía los ojos abiertos, pupilas enormes. No servía de nada untarle Bay Rum, frotarles en las plantas de los pies y en las manos con hojas de guanábanas.

VALENTÍN AMARO Especial para elCaribe

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sta semana en “Espejo de tinta”, nuestro invitado es Quibian Castillo Fernández, quien nació en Villa Tapia, Provincia Hermanas Mirabal, en 1973. Médico en ejercicio, artista de la plástica, narrador y poeta. Coordinador del Grupo Literario “Árbol invisible”, del Ateneo Insular en Villa Tapia. Miembro del Taller de Narradores de Santiago. Primer Premio en Cuento en la 14º Feria Regional del Libro Cotuí 2018. Segundo Premio en el 28º concurso de Cuentos Radio Santa María en 2021. El silencio de la sangre (2018), El Cristo que se ahorcó en el árbol de Judas Iscariote (2020), Los perros del Conde (2018), Vida de cal (2018), Marcus (2018), El dominicano en Marte (2024), Cruz de espuma (2024), Cristo made in Dominican Republic (2024), La mujer que se lanzó por el balcón (2024), Sombras de mármol (2024), La vida no era eso (2024), Raíces de esperanza (2024), Poesías sin corbata: (La calle en que habito) (2024), La Güi (2024). Hablar de Quibian es hablar de un artista multifacético: Poeta, narrador, artista de la plástica, activista cultural y por demás, médico humanista en pleno ejercicio. Lo conocí en una de las reuniones del Taller Literario Francis Livio Grullón de Tenares, y desde entonces nos une una amistad franca y sincera. Es fácil ser amigo de alguien que a todas luces, es bondadoso, afable y respetuoso. Me he preguntado muchas veces cómo nuestro invitado puede ser tantas cosas a la vez. Esta entrega reúne microrrelatos de atmósfera inquietante donde lo cotidiano se quiebra ante lo fantástico, lo sobrenatural y lo absurdo. A través de una imaginación capaz de transformar lo ordinario en insólito, el autor explora la muerte, la fe, la enfermedad y la fragilidad de la existencia. Resalta su mirada a la tradición cultural y religiosa dominicana, tratada con irreverencia, agudeza y un sutil humor negro. Pese a su brevedad, cada pieza despliega un universo singular que desemboca en giros imprevistos, borrando los límites entre razón y locura, o vida y muerte. Una narrativa notable que, desde el norte de nuestro país y para el mundo, se despliega con gracia, asombro y singular encanto.

EL RETRATO

Héctor pintaba el retrato. Cobraría una fortuna. Cayendo el sol, dio los toques finales. He ahí el retrato: expresión patética de labios, ojos amarillos por la hepatitis, camisa a rayas y un bastón de plata en la empuñadura agarrado con la mano izquierda. La otra en el bolsillo. Su esposa Brígida, se oponía a la realización de la pintura en la pared. Le advirtió a don Arturo Roque, que lo borraría de la pared. Dos días después, cuando Arturo dormía, Brígida, borraba el retrato sintió una

EL HOMBRE Y LA BIBLIA

sensación extraña, pero continuó. Después de Brígida lavar la brocha y las manos, y entró a la habitación sobre la cama había la silueta fresca de pintura sobre las sábanas color rosa.

libro fue lanzado al mar y al instante se secó el mar. Aun, ahí habita el libro como una gigantesca montaña de papel mirando al cielo, tragándose las estrellas y el firmamento.

ELLA PASA

EL SIGUIENTE

Viste de negro desde que tengo uso de razón. A diario acude al cementerio con ramos de flores rojas y amarilla. No sé, si había fallecido algún familiar o apenas era una rigurosa promesa o trauma de paranoia. No sé. Un día de Pascuas y de cielo nublado, pasó un carro fúnebre. Jamás la vi pasar, pero a diario, a la misma hora que pasaba circula en el aire el olor a rosas y su mirada triste puesta en mí.

En el aire circulaba el aroma a flores que entraba a la habitación en donde dormía la mujer. En su mesita de noche había una Biblia abierta. Numerosas celebridades bíblicas saltaban de la Biblia a los azulejos. Un hombre y una mujer con manzanas en manos, otros construían una barca, un separaba las aguas del mar, otro casi estocaba a un jovencito acostado sobre ramas, otro lanzaba flecha al cielo desde una torre, Jesús resucitando a Lázaro. Todo esto y otros hechos acontecían en la habitación. Un hombre luchaba por trepar las sábanas, hasta lograrlo. La mujer se estremeció y despertó y tomó la biblia en manos, leyó y la cerró. Los personajes quedaron fuera de la Biblia y huyeron hacia debajo de la cama. ahí se amontonaron. Llegó la noche. La mujer abrió la Biblio y entraron. Solo uno quedó fuera de la Biblia. Este trepó las sábanas, la besó entregándola a la muerte. Horas después se ahorcó bajo la cama.

El hombre tomó la Biblia y empezó la lectura por el libro de Génesis. Algo le impidió continuar. Inició el desayuno y lo terminó feliz. Comenzó una oración y no pudo recordarla por entero. El hombre un día de Pascuas se levantó temprano en la mañana y fue a la iglesia, lo cual no acostumbraba, pero ese día no fue posible efectuarse la misa, el sacerdote había fallecido. El hombre se percató que las cosas del Creador no le eran favorables. Así que se apartó de las cosas relacionadas a la religión y se convirtió al ateísmo y pregonaba sin cesar: «Dios no existe, Dios es una quimera que el hombre ha inventado para ocultarse de sí mismo». Un día, el hombre, un anciano decide tomar la Biblia, la desempolva. La abre. Al leer el primer versículo, quedó ciego, clamó una oración y enmudeció, fue a misa y falleció en la iglesia. El templo en donde falleció al tercer día se derribó, el cementerio en que fue sepultado la tierra lo expulsó y baja por el universo en lluvia de estrellas. LA MUJER

LA MUJER Y EL LIBRO ROJO

Siempre está en la galería leyendo el mismo libro rojo, luego contempla el cielo. No sé si es que no sabe leer o quizá pretende memorizar el libro. Lo dudo. La conocí sin lentes, los primeros eran de cristales finos, los de ahora, gruesos. Nadie podía tocar el libro ni leerlo. Lo había traído de Egipto en su segundo viaje. Pagó una fortuna. No se casó y vive a solas, quizá para dedicárselo a su libro. El viernes cuando la brisa de pascuas traía del este un olor a guayaba, sus manos temblaban conservando el libro en su mano. El sábado estaba inmóvil, no agitó ni un dedo. Pasaron los imperios, las guerras, los años. Una lápida fue removida por confusión. Aquel libro que conservaba intacto en el ataúd de caoba. Cuentan que un señor intentó leerlo y cegó, otro lo tocó con el dedo pulgar y permaneció paralitico. El ataúd junto al

REENCUENTRO

Roberto tenía los ojos abiertos, pupilas enormes. No servía de nada untarle Bay Rum, frotarles en las plantas de los pies y en las manos con hojas de guanábanas. Carmela dijo: «Ahora se es verdad que se nos fue». La cambiaron con su mejor ropa y lo entraron al ataúd. Lo sepultaron con la imagen de la Virgen de la Altagracia y con un rosario de bolitas de metal

La mujer se sentó en el inodoro, al terminarse el papel de baño arrancó un par de hojas del Apocalipsis de la Biblia, la mojó y se la pasó por el culo. Al limpiarse vio que tenía un poco de sangre, pero no le prestó atención. Mas tarde sintió dolores abdominales que la obligaron acudir al baño y sin esfuerzo defecó en abundancia. Casi gastó todos los libros de la Biblia. Asistió al médico, y fue referida a un gastroenterólogo, pero este vacacionaba para el extranjero, y se dirigió a un hospital público. No la atendieron, por las huelgas médicas. Acudió a un brujo, quien le suministró una pócima. La mujer pagó algo menos y se retiró a casa. Esta mujer vive solo porque nadie la ha soportado y no cree ni en el demonio. Lo suyo son los hombres, el baile, el dinero y el alcohol. A la iglesia asistió una vez en su atolondrada juventud, encariñada de un sacerdote, pero fue enviado para la Amazona en donde dicen que fue devorado por un caimán. Desde aquel tiempo juró no creer ni acercarse a la iglesia. compró una biblia y una botella de ron. Tomó fósforos, le echó gasolina a la Biblia y la incendió. Minutos después la mujer sintió un dolor intenso de barriga, cayó al suelo, y al mismo tiempo que la Biblia se convirtió en un montón de ceniza en forma de cruz, la mujer en un montón de ceniza que el viento sopló a pocos metros de la iglesia. l


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La vendedora de periódicos NOS QUEDA!» Se plantó en el mismo corazón del islote del semáforo. Llevaba su delantal desgastado, sus chancletas de goma y los únicos doce periódicos que la distribuidora le había entregado esa madrugada. Amarró el cartón a su cuello con un pedazo de pita. No le importaba parecer una demente a los ojos de la masa indiferente. Sentía el pecho henchido de un orgullo quijotesco: era la última trinchera contra la estupidez humana. El semáforo cambió a rojo. La masa de hierro se detuvo. A tres vehículos de distancia, un hombre maduro en un sedán negro bajó la ventanilla con desesperación y agito un billete. Esa mañana, en la página catorce, salía un artículo con su nombre; un pequeño logro profesional que necesitaba tocar, oler y guardar en un marco para convencerse de que su vida había tenido algún sentido. Clara vio la seña. Un chispazo de triunfo le iluminó el rostro curtido: ¡Aún hay alguien que necesita la verdad! Apretó el paquete de diarios contra el costado y corrió entre los carrilera, esquivando los espejos retrovisores con la agilidad de sus viejos tiempos. Pero antes de llegar a la puerta del sedán, un limpiavidrios joven, con los ojos inyectados en sangre por el vicio y la miseria, se cruzó en el camino. Roció el parabrisas con un líquido turbio y comenzó a golpear el cristal con el harapo, exigiendo dinero con una agresividad animal, acorralando al conductor. —¡Apártate! —gritó Clara, interponiendo su cuerpo enjuto con la dignidad invencible de quien defiende un templo sagrado—. ¡Déjalo en paz! ¡Aquí estamos trabajando gente honrada, respeta el pan ajeno! El limpiavidrios la empujó con desprecio. Clara no retrocedió; le cruzó el cartón en el pecho como un escudo. El muchacho, fuera de sí por la furia del síndrome de abstinencia y la humillación, sacó un punzón casero del bolsillo y arremetió a cie-

gas. El metal frío atravesó la tela raída de la blusa de Clara. Una, dos, tres veces. Un rugido metálico tapó sus ahogados gemidos: el semáforo cambió a verde. La masa de autos comenzó a avanzar violentamente. El limpiavidrios echó a correr perdiéndose entre el callejón del barrio. El hombre del sedán, aterrorizado al ver la sangre manando sobre el capó y empujado por el grito ensordecedor de cientos de bocinas que le exigían avanzar, aceleró despavorido y desapareció en la corriente. Clara se desplomó sobre el asfalto hirviente. El dolor físico era un hilo lejano; lo que le dolía era el estruendo de esa ciudad que caminaba ciega sobre su propia ruina. A pocos centímetros de sus ojos, bañado por el charco espeso y oscuro que brotaba de su pecho, quedó el último ejemplar del día. La pancarta de cartón quedó doblada a su lado. Con los dedos manchados por la mezcla de su propia sangre y la tinta fresca, Clara hizo un esfuerzo sobrehumano y apretó el borde del periódico. Se lo llevó milagrosamente cerca del rostro para aspirar, por última vez, ese perfume a madera, a prensa, a dignidad. Cerró los ojos lentamente. En el silencio final de su mente, su prodigiosa memoria comenzó a desplegar las páginas del pasado: escuchó el canto lejano de sus antiguas compañeras en la avenida, sintió el retumbo de las grandes rotativas girando a medianoche y repaso, palabra por palabra, cada titular que intentó salvar del olvido. El semáforo volvió a cambiar a rojo, pero en la avenida ya no quedaba nadie para vender la historia. El periódico impreso no murió en los balances de una junta directiva; murió desangrado en el asfalto, apretado en las manos de su última, más pobre y más fiel devota. l ______________________________________ Esta página es una colaboración especial para este suplemento.

Brito: lo que hay que buscai siempre (son) las cosas bonitas de la vida

do se trata de una vida que alcanzó un fulgor intenso, un brillo que competía con las más refulgentes estrellas de su época. Eduardo Brito merece una investigación profunda de su muerte, envuelta en una nube de supuestos y dichos no documentados debidamente, pero más que eso Eduardo Brito merece una exaltación de sus bien documentados éxitos, de sus talentos excepcionales, de la divulgación de sus grabaciones disponibles y la búsqueda de las que aún esperan por ser descubiertas. l ______________________________________ Esta página es una colaboración especial para este suplemento.

ELSA BÁEZ AMORÓS Especial para elCaribe

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lara tenía sesenta y dos años y las manos marcadas por el surco indeleble de la tinta. No usaba crema; decía que la grasa arruinaba las hojas frescas. Vivía en una habitación de madera y zinc en la parte alta del barrio, donde el techo retumbaba con la lluvia y el olor a humedad se batía en duelo con el vapor del café barato. Cobraba una miseria por comisión: unos cuantos pesos por cada ejemplar vendido que apenas alcanzaban para pagar el alquiler atrasado, un plato de víveres con huevo y la medicina de la presión. Pero su estatus no se medía en su monedero gastado. Clara se sabía depositaria de un sacerdocio. Era una mujer enjuta, de piel curtida por el sol inclemente de las avenidas, de ojos pequeños pero afilados que habían leído miles de titulares antes de que el país despertara. Tenía valores de una solidez casi arcaica: la honestidad brutal, la puntualidad del alba y una fe inquebrantable en la verdad escrita. Soñó de joven con ser periodista, con llevar una libreta de taquigrafía y ver su firma en las letras de molde, pero la pobreza de su casa la empujó a las calles a vender las historias que otros redactaban. Nunca sintió rencor. Para ella, sostener el periódico era sostener la memoria del mundo. Guardaba en su mente una hemeroteca prodigiosa: recordaba las fechas exactas de las grandes sequías, los nombres de los ministros corruptos olvidados por la amnesia colectiva y los rostros de los niños desaparecidos que solo ella seguía buscando en el recuerdo. Pero la ciudad se fue volviendo ciega. Clara fue testigo directo de la masacre silenciosa. Años atrás, en la avenida, se juntaban hasta ocho mujeres en

ANTONIO GÓMEZ SOTOLONGO Especial para elCaribe

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urante seis noches de agosto (21, 22, 23, 28, 29, 30) en la sala Ravelo del Teatro Nacional Eduardo Brito, de Santo Domingo, estuvo en cartelera la obra teatral Brito, escrita por Reynaldo Disla, bajo la dirección de Manuel Chapuseaux con las actuaciones de Héctor Aníbal Estrella, Elvira Taveras, Ernesto Báez, Augusto Feria, Michelle Cruz, Orestes Amador y Lidia Ariza; las escenografías de Liliana Soto, los vestuarios de Laura Guerrero y las coreografías de Wyleydy Contreras. Después de haber visto (23 ago. 2026)

el mismo cruce. Cantaban los titulares como si fueran pregones de fiesta; se prestaban el agua, se acompañaban en el frío de las cinco de la mañana. Luego vino la peste de la prisa y la frialdad del cristal. Primero cerraron los diarios de la tarde; las rotativas dejaron de rugir al mediodía. Después, las empresas empezaron a recortar páginas, a despedir a los fotógrafos de calle, a reemplazar la investigación con párrafos redactados por máquinas para pescar la atención rápida de un público anestesiado. Las compañeras de Clara fueron cayendo una a una: a unas las echó la falta de ventas; a otras, el cansancio de las piernas golpeadas por el asfalto. Al final, solo quedaron ella y una anciana al otro lado del puente, dos sobrevivientes de un naufragio cultural. La crítica le quemaba por dentro. Veía a los conductores encerrados en sus cabinas de aire acondicionado, con los cuellos doblados hacia abajo, escroleando infinitos muros de basura digital, consumiendo mentiras empaquetadas en tres segundos, mientras los niños en los asientos traseros crecían con la mirada perdida en pantallas encandilantes, incapaces de sostener un pensamiento largo, de oler la madera transformada en hoja, de aprender a pensar con paciencia. La sociedad no solo estaba dejando morir el periódico impreso; estaba sacrificando su propia capacidad de recordar. Sentía que si el papel se extinguía, la gente quedaría a merced de una realidad volátil que se borra con un click. Esa mañana, el dolor superó a la resignación. Agarró un pedazo de cartón sucio de una caja de aceite, buscó un marcador negro y escribió con un trazo tembloroso pero furioso: «LA PANTALLA TE VENCE, EL PAPEL TE HACE LIBRE. Leer en la mañana le enseña a sus hijos a pensar, no a obedecer. No deje que le borren la historia. ¡EL PERIÓDICO IMPRESO ES LA MEMORIA QUE

la obra y leído algunas de las críticas publicadas, siento que algo falta por subrayar y es lo que voy a argumentar a continuación. Teniendo en cuanta que esta es la primera vez que se registra el estreno mundial de una obra teatral basada en la vida y obra de Eduardo Brito, un artista dominicano que durante la primera mitad del siglo XX brilló en los escenarios más exigentes de su época, de quien se conserva una muestra más que fehaciente de su gran popularidad en cada una de las sesenta grabaciones que registra la Discografía de grabaciones históricas estadounidenses, teniendo en cuenta el brillo, la energía, el fulgor y el latir de esa voz que aún hoy nos retumba en el pecho al escucharla, no merecía que el golpe de vista de la escena en la que se desnudaba

su vida fuera tan lúgubre. Una de las líneas que Disla pone en boca de Brito dice lo siguiente: «Lo que hay que buscai siempre (son) las cosas bonitas de la vida, las cosas feas y desagradables de la vida, no hay que buscailas, poique vienen solas», y ese debió ser el horcón para sostener la obra; sin embargo, el autor optó por buscar las cosas que vienen solas. El autor optó por remachar en la memoria las leyendas urbanas, las que se conservan en una nube de dichos y testimonios verdaderos o falsos, removiendo la supuesta o cierta animadversión del tirano hacia la figura del gran artista, optó por replantear la verdadera o falsa enfermedad y locura, optó por buscar las cosas feas y eso en mi criterio como espectador no es bueno cuan-


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El regreso como alucinación de la memoria.

MARINO BERIGÜETE

Poeta m.beriguete@gmail.com

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a lectura de “El hombre que vuelve” (Ilíada Ediciones, Berlín, 2026) de Marino Berigüete deja desde sus primeras páginas la impresión de encontrarnos ante una novela construida sobre el regreso, pero no sobre un regreso entendido simplemente como retorno físico a un lugar conocido. El regreso que propone Berigüete es mucho más profundo: es el retorno a la memoria, al origen, a los muertos, a las voces del pasado y, sobre todo, a un territorio interior donde el tiempo parece haberse detenido. “El hombre que vuelve” no regresa únicamente a un pueblo: regresa a una existencia que ya no puede recuperar, a un mundo que permanece y, al mismo tiempo, ha desaparecido. De ahí nace buena parte de la atmósfera inquietante, mágica y fantasmagórica de la novela. Desde el inicio, el retorno al pueblo funciona como una entrada en un espacio donde la realidad comienza a perder sus fronteras habituales. El protagonista se encuentra nuevamente con los lugares, los personajes y las experiencias que forman parte de su historia, pero ese encuentro no produce una recuperación del pasado, sino una extraña reconstrucción. El pueblo aparece como una geografía de la memoria. Todo parece reconocible y, sin embargo, todo está atravesado por una sensación de extrañeza. Lo conocido se vuelve desconocido; lo cotidiano adquiere una dimensión fantástica; los vivos parecen convivir permanentemente con los muertos. En ese sentido, uno de los grandes aciertos de la novela consiste en convertir el espacio del pueblo en un espacio psicológico. El pueblo no es solamente el escenario donde ocurren los acontecimientos: es también la representación de una conciencia. Sus calles, sus casas, sus habitantes, sus recuerdos y, especialmente, su cementerio, constituyen fragmentos de una memoria que insiste en regresar sobre sí misma. El cementerio adquiere así una importancia fundamental. La reiterada ida al cementerio no debe entenderse únicamente como una acción narrativa, sino como un verdadero ritual de la memoria. Volver al cementerio significa regresar al lugar donde el pasado permanece en su forma más radical: como ausencia. Allí la novela encuentra una de sus imágenes centrales: el hombre que vuelve está rodeado por aquello que ya no está. Los muertos se convierten, paradójicamente, en una de las presencias más fuertes del relato. La memoria, por tanto, no funciona en “El hombre que vuelve” como una sim-

ple evocación sentimental. Es una fuerza que domina al personaje. El pasado no puede ser superado rado porque continúa hablando. Y precisamente samente ahí aparece uno de los recursos formales más interesantes de la novela: a: la voz. Hay una vozz que atraviesa el relato y que progresivamente vamente adquiere una condición fantasmagórica. asmaNo parece ser solamente la voz de un persoersonaje determinado, sino una voz que see desdobla y se expannde. Es la voz del nael rrador, pero tammbién parece serr la voz del pueblo, o, la voz de los muertos, rtos, la voz de la memomoria y, en cierto modo, la voz del proropio protagonista frente te a sí mismo. Esa ambigüedad proeduce una sensación de despersonalización particularmente poderosa. La voz deja de ser simplemente un instrumento para contar la historia y se transforma en una presencia. Habla desde un lugar incierto. No sabemos siempre si procede de afuera o de adentro, si pertenece al presente o al pasado, si es una conciencia individual o una conciencia colectiva. Y precisamente esa indefinición es la que permite que la novela adquiera su dimensión fantástica. Pero el elemento que quizá determina con mayor fuerza esa atmósfera es la reiteración. Berigüete utiliza la repetición, la elipsis, la prosopopeya, la anáfora y la reduplicación no solamente como procedimientos estilísticos, sino como mecanismos de construcción de la conciencia narrativa. Lo que se repite no parece repetirse porque el narrador haya olvidado que ya lo ha dicho: se repite porque el mundo narrado está atrapado en la repetición. La forma reproduce así el contenido.

La existencia de los personajes parece avanzar, pero en realidad vuelve continuamente sobre los mismos lugares, los mismos recuerdos, las mismas acciones y las mismas voces. La repetición crea la sensación de que el tiempo no transcurre verdaderamente. Todo vuelve. Todo se reproduce. Todo parece condenado a repetirse. Esta estructura genera lo que podría llamarse un estado de alucinación permanente, una especie de iluminación alucinada de la conciencia. El lector tiene la sensación de estar dentro de una realidad que nunca termina de definirse completamente. Las cosas aparecen bajo una luz extraña, como si fueran vistas desde el sueño, desde el recuerdo o desde una conciencia que ha perdido la seguridad de distinguir entre lo vivido y lo imaginado. La reiteración, entonces, deja de ser únicamente un procedimiento retórico para convertirse en una concepción del tiempo. El tiempo de “El hombre que vuelve” no es lineal. Es circular, obsesivo, recurrente. El pasado no queda atrás, sino que regresa constantemente al presente. El presente tampoco constituye una ruptura con el pasado, sino su prolongación.

En esta perspectiva adquiere especial importancia la reconstrucción reconstrucci de las figuras familiares: la abuela, la maab dre y la m u jer. je Cada una de ellas forma m parte de e cadena de esa m memoria que e protagoel nista intenta reconstruir. No son solamente personajes indiviperson duales, sino presencias que participan participa en una genealogía afectiva. afect A través d e ellas, el hombre qu que vuelve intenta recuperar una identidad que paident fragmentado. rece haberse fragmentad La abuela representa una un profundidad temporal que antecede al protagonista; la madre prolonga esa memoria; la mujer establece una relación con el presente. Pero todas terminan integrándose en una misma corriente de recuerdos. La familia se convierte así en otra forma de permanencia del pasado. La novela construye, de este modo, una especie de arqueología de la existencia. El protagonista excava en su propia memoria y encuentra voces, imágenes, personas y acontecimientos que no están completamente muertos ni completamente vivos. Todo permanece suspendido en una zona intermedia. Esa zona intermedia es precisamente la que produce la atmósfera mágicofantástica de la obra. Sin embargo, lo fantástico en “El hombre que vuelve” no parece surgir de la incorporación de acontecimientos extraordinarios en una realidad perfectamente estable. Surge, más bien, de la transformación de lo cotidiano. El pueblo, el cementerio, la familia, las conversaciones y los recuerdos adquieren una condición extraña porque son vistos desde una conciencia que ya no puede relacionarse con ellos de manera normal. Lo fantástico nace de la memoria.

Y es justamente en este punto donde la novela alcanza una dimensión filosófica. La reiteración de acontecimientos y voces termina construyendo una determinada visión de la existencia: una vida atrapada en la repetición, incapaz de romper completamente con aquello que la determina. La monotonía se convierte entonces en una forma de destino. La repetición produce una sensación de vacío. Los acontecimientos pueden cambiar superficialmente, pero debajo de ellos parece existir siempre la misma estructura. Se vuelve una especie de filosofía de vida vacía, monótona y circular. El hombre regresa porque no ha conseguido escapar; pero también porque quizá nunca hubo realmente un lugar hacia donde escapar. De ahí surge lo que considero uno de los tonos más singulares de la novela: un pesimismo alucinado. No se trata de un pesimismo racional, argumentativo o explícitamente filosófico. Es un pesimismo que se experimenta como atmósfera. Está en las voces, en los silencios, en el cementerio, en los regresos,

en la repetición de las palabras y en la imposibilidad de salir del círculo de la memoria. El lector no recibe una teoría sobre el vacío de la existencia: lo experimenta mediante la estructura misma del relato. La novela, por eso, no necesita declarar que la vida es repetitiva. Lo demuestra repitiendo. No necesita explicar que el pasado domina al presente. Lo demuestra haciendo regresar continuamente al protagonista. No necesita afirmar que los muertos continúan hablando. Los hace hablar mediante esa voz ambigua y espectral que recorre el texto. Hay aquí una correspondencia profunda entre escritura y mundo narrado. La estructura formal de la novela reproduce la experiencia existencial de sus personajes mediante la gramática de un universo cerrado. Por eso “El hombre que vuelve” puede leerse como una novela sobre el regreso, pero también como una novela sobre la imposibilidad de regresar. Porque volver físicamente no significa recuperar lo perdido. El que vuelve encuentra el lugar, pero no encuentra necesariamente aquello que buscaba. Encuentra sus huellas, sus fantasmas, sus voces y sus recuerdos. El regreso se convierte entonces en una experiencia de confrontación con la pérdida. El verdadero viaje de la novela no es geográfico. Es interior. El protagonista vuelve al pueblo para descubrir que el pueblo también está dentro de él. Y al entrar nuevamente en ese espacio, entra en una conciencia poblada por los muertos. En última instancia, “El hombre que vuelve “construye una poderosa metáfora de la existencia humana: somos seres que regresamos continuamente a aquello que creemos haber dejado atrás. La memoria nos devuelve a los lugares, a las personas y a las voces que constituyeron nuestra vida, pero ese retorno nunca es idéntico al pasado. Es una reconstrucción, una alucinación, una tentativa de recuperar lo irrecuperable. La novela de Berigüete convierte esa experiencia en una escritura de la recurrencia. Todo vuelve: el pueblo, el cementerio, las figuras familiares, las voces, las palabras, los recuerdos. Y en ese movimiento circular la literatura encuentra su fuerza. “El hombre que vuelve” es, finalmente, el hombre que regresa a sí mismo y descubre que ese regreso no conduce a una identidad estable, sino a un territorio de voces y fantasmas. Por eso la novela permanece suspendida entre la memoria y el sueño, entre la realidad y la alucinación, entre la vida y la muerte. Su mayor virtud consiste precisamente en haber convertido esa incertidumbre en una forma narrativa. Una excelente novela, construida desde la ausencia y la reiteración como principios estéticos y desde el regreso como experiencia existencial. Una novela donde la memoria no recupera el pasado, sino que lo reinventa; donde la voz no pertenece enteramente a nadie; y donde el tiempo, en lugar de avanzar, parece volver eternamente sobre sus propias huellas. En ese círculo de voces, recuerdos y ausencias reside la singularidad de “El hombre que vuelve”, del poeta y novelista dominicano Marino Berigüete. l


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Randolfo Ariosto Jiménez ESCRITOR Y GESTOR CULTURAL Randolfo Ariosto, poeta, escritor y gestor cultural, se graduó de licenciado en Pedagogía, mención Filosofía y Letras, en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). En su juventud cultivó la poesía,

pero también ha incursionado en la narrativa y el ensayo. Es el fundador y director del Círculo de Escritores de Valverde y, en su tarea de gestor cultural, se ha dedicado a promover la lectura y la escritura, en

un trabajo que ha derivado en la formación de nuevos autores. Su más reciente novela, Emisarios de ausencia, publicada este año, es un hito más en una trayectoria que no abandona sus raíces poéticas.

“Sufro del insomnio de los escritores desde muy joven” SANTIAGO ALMADA FOTO: CEDIDA

l ¿Cuál es su nombre real, dónde nació, dónde estudió y qué carrera cursó? l Me llamo Randolfo Ariostto Jiménez, soy nacido en Santiago de los Caballeros, aunque por la familia materna soy de Esperanza y por la paterna de Mao. Cursé una licenciatura en pedagogía, mención Filosofía y Letras en la UASD, y actualmente curso una maestría en escritura creativa en UNIR. l ¿Cómo fue su infancia, cuántos hermanos tiene? l Me crié con mi madre, la profesora Edda, en Esperanza, con dos hermanas maternas, por parte de padre somos más de dieciocho hermanos, la cuenta no se ha completado aún. A mi padre lo veía una o dos veces al año, era el locutor Rafael Jiménez Merette, que por cincuenta años produjo un programa denominado “Merette con los choferes” en Santiago. l ¿Está casado? ¿Dónde conoció a su esposa? l Me catalogo como padre soltero; tengo cuatro hijas, la mayor la engendré con apenas dieciocho años, las otras tres con una profesora de Mao que conocí en la biblioteca de la UASD de Mao, hace ya 18 años. l ¿Cómo fue su acercamiento a la cultura en general y a la literatura en particular? l Tuve la fortuna de que mi madre era una mujer erudita, profesora normal de vasta formación literaria, por eso en mi casa siempre hubo estantes con libros. Aprendí a leer alrededor de los tres a o cuatro años, pero puede que antes, según mi madre. En Esperanza había tres bibliotecas que escudriñé una a una con fruición, siendo apenas un adolescente. Leía literatura griega y latina, filosofía, historia, sociología, antropología; la poesía de César Vallejo, Etc. A los doce años dirigía a un tiempo una patrulla Scout, y un grupo de poesía coreada “Juventud Progresista”; desde entonces he estado al frente de algún grupo cultural o formándolo. Por esa fecha apareció un poema mío en el periódico Guajana de Esperanza. Mi primer poemario vio la luz cuando tenía catorce años. l ¿Cuántas obras ha escrito, cuántas

ha publicado y cuántas permanecen inéditas? l Mi primer poemario La poesía Romántica (1984) fue precedido de El amor entre cristianos (1995). Le siguieron un estudio escatológico del Padre Nuestro (1996), inédito; la novela breve La Soraya, (2007) de corte indianista, autopublicada; Alba sin madre (2008), es un poemario publicado por las editoras Nacional y Ángeles de fierro. Villa Agreste, (2009) mi primer libro de cuentos, publicado por Editora Somos Literatura. Poética de la palabra, (2020) un libro de ensayos publicado por Editora Santuario y Emisarios de ausencia (2026) publicado por la Editora FLAM, de San Cristóbal. He sido publicado en la Antología Letras del Sol, recopilación de autores de la Línea Noroeste, R. D. 2009, Antología Cien Poetas Escriben a Juan Bosch; Antología de la Fundación Iberoamericana Escorza, 2010; “Sosegados alaridos en el silencio” y “Cien poetas cantan a Nelson Mandela”. Además, mis textos aparecen en la Revista Literaria Adjalala y los periódicos El Día, Hoy; Guajana, La Hoja, Acento y El Universal de Mao, Valverde. He obtenido Men-

ción de Honor en el Concurso Nacional para Talleristas, Feria Internacional del Libro, Santo Domingo, 2007 (Poesía). Mención de Honor Concurso Nacional de la Alianza Cibaeña, 2008 (Poesía). Mención de Honor Concurso de la Fundación Para la Cultura Iberoamericana escorza, 2009. (Poesía). Ha leído de forma individual en voz alta más 82 horas continuas. (2016). Segundo Lugar Concurso Nacional de Poesía de la Alianza Cibaeña. (2019). l ¿Cuál es el trabajo de un gestor cultural? l En mi caso implica la oportunidad de servir a aquellos que como yo sienten genuino amor por el arte y que muchas veces necesitamos una mano extra para poner en marcha una actividad literaria, musical, de pintura y otras cosas más. Los artistas valoran tener a alguien a quien acudir para externarle sus necesidades, a veces por algo tan simple, como la edición de un libro o presentar una obra. Cuando pienso lo difícil que fue para mí emprender un aprendizaje autodidacta en el arte, no quisiera que otros jóvenes puedan hacer lo mismo. l Si pertenece a alguna asociación

relacionada con la cultura, ¿cómo se llama esa asociación y qué trabajo hace? l Actualmente dirijo el Círculo de Escritores de Valverde, fundado el 22 de junio del 2008 y colaboro con el Ministerio de Cultura y la Alcaldía de Mao en las actividades culturales de mi provincia. l ¿Cómo es su método de trabajo a la hora de escribir? l Escribo cuando me llega la oportunidad, pero prefiero las altas horas de la noche, sufro el insomnio de los escritores desde muy joven, lo que hace que en ocasiones amanezca escribiendo sin que me dé cuenta. Parte importante de mi creación es dejar descansar un escrito varios días, a veces meses, antes de corregirlo, y repetir ese proceso hasta que mis amigos me obligan a publicarlo, de otro modo continúo revisándolo por siempre. l ¿Cuáles son sus autores favoritos y los que más han influido en usted? l En poesía Miguel Hernández, César Vallejo, Arthur Rimbaud, T. S. Eliot; Vicente Huidobro, por supuesto; Domingo Moreno Jiménez, Franklin Mieses Burgos, en narrativa René del Risco; José Saramago; Boris Pasternak; Juan Bosch, Lev Tolstoi; el dominicano José Acosta en poesía y narrativa. Julio Cortázar, Jorge Luis Borges; Las hermanas Brontë, de manera muy especial Cumbres borrascosas y La conjura de los necios de John Kennedy Toole y El perfume de Patrick Sünsky, y hay muchos otros. l ¿Qué consejo les daría a los jóvenes escritores? l No te rindas, si quieres ser famoso canta o ve a la televisión, pero no intentes ser escritor, porque ser un escritor es ser un artista y el arte implica sacrificios, desapego, esfuerzo constante, muchas decepciones y amar lo que haces. Si no estás dispuesto a sacrificarte para escribir tu mejor libro posible, ser escritor no es lo tuyo. Busca un estilo tan propio que desemboque en una nueva creación, pero para eso debes leer. l ¿Es necesario leer mucho para escribir bien? l Setenta por ciento de lectura y treinta de escribir. Léelo todo, no importa si a los demás les molesta que leas. Lee, la felicidad existe en la lectura, el resto es superficial, superfluo. Una mente que lee, tiene los pensamientos acomodados a los mejores consejos del mundo. Lee.


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Cultura 5 Septiembre 2026 by Periódico elCaribe - Issuu