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Cultura 23 mayo 2026

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Cultura

Un profesor dominicano en Berklee College

El santiaguero Carlos Manuel Vargas, que estudió en esa institución americana, ahora es docente en el Departamento de Estudios Instrumentales. P.5

Septeto que hizo historia en la música caribeña

Antonio Gómez Sotolongo rescata la historia del Speteto Nacional de Ignacio Piñero, que una vez tuvo como vocalista al reconocido Bienvenido Granda. P.9

“Nuestro país tiene mucho talento...”

Lía Lockhart, una actriz y cineasta dominicana, habla de sus inquietudes artísticas y de su apuesta por el arte y por el cine dominicano. P.13

Las Vainas de Mercader

Los

16 innings de Marichal que estremecieron el mundo (VI)

elCaribe rinde homenaje a Juan Marichal con esta serie de 16 entregas sobre el que ha sido, quizás, el juego más famoso de las Grandes Ligas

JOSÉ MERCADER

666mercader@gmail.com

6° INNING

Henry Aaron es considerado hoy como uno de los más grandes peloteros de todos los tiempos. El fanático gusta del jonrón y Aaron emo-

cionó al público más que nadie hasta que Barry Bond lo superó para establecer el récord en las Ligas Mayores de los Estados Unidos porque Sadaharu Oh conectó 868 en las Grandes Ligas japonesas. El béisbol fue la salvación porque, de no salir de su natal Mobile en Alabama, hubiese continuado, como su padre, dedicado a recoger algodón toda su vida a precio de esclavo. Las escuelas y universidades eran imposibles por

las distancias y el odio a los negros. Cuando Ruby Bridges, una niña negra, quiso estudiar en una escuela de blancos, vivió una experiencia amarga y traumatizante. Cuando asistía a la William Frantz Public School tuvo que ser escoltada por un buen tiempo para impedir que de los insultos pasaran a agresiones físicas. Todos los jóvenes de su generación conocían esa realidad y muchos se empeñaron en jugar bien al béisbol y otros

a pegar fuerte en el cuadrilátero, única forma de romperle la nariz a un blanco sin coger cárcel. Pero Aaron en el plato no veía a Marichal ni como negro, ni como latino. Lo veía como el pícher rival al que debía conectarle de hit sin el más mínimo sentimiento de odio. Marichal, de su parte, trataba de dominar a todo el que se la parara con una estaca frente al diamante.

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Juan Marichal. F.E
elCaribe, SÁBADO 23 DE MAYO DE 2026 elcaribe.com.do

historia de la medicina

Bosquejo Histórico de la Odontología Dominicana

Epuntos clave del documento

“Bosquejo Histórico de la Odontología Dominicana” escrito por el Dr. Ramón M. de Soto Ruiz. Fecha de publicación: 1959. El autor señala que los historiadores no se habían ocupado previamente de narrar los acontecimientos importantes de la odontología en el país. Se mencionan comparaciones con la fundación de escuelas dentales en otros países: Colombia: 1888 (particular). Chile: 1888 (oficial). Argentina: 1892. Cuba: 1898-1900. Y México: 1909. En nuestro país hay muy poca información de la evolución de la odontología. En el libro del doctor Rafael Miranda hay interesantes notas que publicamos anteriormente.

El doctor Soto Ruiz nos lleva a través de la historia de su profesión en la historia de nuestro país. Y empieza en la época colonial: El Barbero Dentista: En las colonias españolas, los barberos (hombres pseudo-letrados que acompañaban a los conquistadores) tenían autorización para fungir como enfermeros flebotomianos y extraer dientes. Regulación Española: Las leyes de 1500 de los Reyes Católicos ya exigían un examen para ejercer como barbero, sangrador y sacamuelas. No hay muchas referencias adicionales hasta luego de proclamada la República Dominicana. Ley de 1853: El Congreso Nacional votó la primera ley que regulaba el ejercicio de dentistas titulados en el extranjero (Ley de Exequátur). Ley de 1883: La Ley de Juro Médico estatuyó por primera vez estudios de dos años y exámenes teórico-prácticos para la profesión dental. La Escuela de Cirugía Dental fue creada el 15 de julio de 1899, bajo la dependencia de la Facultad de Medicina del Antiguo Instituto Profesional de Santo Domingo. Se instaló en la calle “Episcopal” (actual Arzobispo Meriño) No. 10. Examen de Grado: Inicialmente, para el examen de operativa (extracciones), el rector solicitaba reclusos de la Fortaleza Ozama para que los

alumnos practicaran. Plan de Estudios Inicial: Se dividía en tres cursos que abarcaban materias como Física Médica, Química, Anatomía, Histología, Prótesis, Higiene y Dentística Operatoria. Los Primeros Graduados fueron: Alcibíades Ramírez Guerra: 27 de octubre de 1900, Diógenes Mieses Lajara: 13 de abril de 1901 y Elizardo Hernández Llorente: 8 de septiembre de 1909. Las primeras mujeres graduadas fueron: Victoria Sofía Oliva: 20 de octubre de 1917. Gladys E. de los Santos Noboa: 21 de julio de 1924, quien fue también la primera mujer con cargo docente y la primera en ocupar el cargo de subsecretario de Salud Pública, Violeta Espaillat Brache: 20 de diciembre de 1928 y América Colombina Cabral: 9 de enero de 1936.

Categoría de Facultad: El 6 de noviembre de 1928, la escuela fue elevada a la categoría de Facultad. Edificio Moderno: En 1946, la Facultad se trasladó a su edificio actual en la Ciudad Universitaria. Primer Equipo: En 1903 consistía en una silla “Ideal Columbia” con bandejas de madera caoba. Anestesia en Puerto Plata: En 1904, el Dr. José Mota Ranché realizó la primera operación de cirugía oral bajo anestesia regional en el país. Ampliación de Estudios (1954): Por ley, los estudios se aumentaron a cinco años para obtener el título de Doctor en Cirugía Dental.

El personal docente en 1950 lo conformaba el Decano: Dr. Fernando Camino Cestero. Profesores Numerarios Destacados: Dr. Mairení Cabral Navarro, Dr. René Augusto Puig Bentz, Dr. Héctor Franco Santoni, Dr. José Enrique Aybar. Profesores Adjuntos: Dra. Bienvenida Montás y de Soto, Dr. Fernando Morban Laucer. La facultad contaba en 1950 con: Clínica Operatoria con 28 unidades. Departamentos de Diagnóstico, Exodoncia, Prótesis Clínica y Radiografía. Laboratorios de Histología y Farmacología. Un Museo con trabajos de estudiantes e instrumentos antiguos. Interesante trabajo que publicamos como un homenaje a tantos grandes profesionales de la odontologia dominicanos. DR. HERBERT STERN

salón de la fauna

Papa Doc

(DÉCIMA CIBAEÑA)

Haití se degüañangó Deján la vaca en ei güeso Oideñarán una e yeso Como hizo Papa Doc Aquei que todo arrasó Junto con su pichón Lo siguieron poi montón Hata que no quedó na No puede habei vueita atrá Ni que lo mande ei patrón.

Haití, de Duvalié heredó La maña así como ei robo Hoy se comen aquei lodo Que dei dotoi le quedó Con la ignorancia jugó Por eso la brujería Que iguai que la lotería A ningún pueblo saivó Ai que protetaba mató Cosa que ya se sabía.

JOSÉ MERCADER

elCaribe, SÁBADO 23 DE MAYO DE 2026

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Marichal, un grande entre los grandes

(T1) Hank Aaron, bateador derecho, vio pasar las dos primeras bolas malas desde sus seis pies de estatura. Su musculatura de hierro y su aguda visión le permitían seleccionar con bastante acierto los lanzamientos de su preferencia. Marichal no podía equivocarse con Aaron: cualquier tiro errado podría convertirse en un jonrón. Marichal pensó en Viruta Pichardo en la época que ganaba 52 pesos, aunque le daban 100 más por debajo, “regalo directo de Ramfis”.

“...Cuando me seleccionaron para el equipo de las Fuerzas Armadas, todavía no sabía nada sobre Trujillo, salvo que él controlaba todo y si quería algo había que hacerlo. Cuando el teniente me vino a avisar a mi casa, supimos que era una orden de Dios. Mi madre era quien lo sabía, yo tenía apenas 18 años y no sabía que era malo. Solo sabía que Trujillo era un hombre poderoso...”

Marichal se balanceó en la lomita, levantó la pierna que le daba el impulso a su lanzamiento y soltó la pelota tan rápido que sorprendió al right field de los Bravos, quien sacó el bate con retraso para convertir la curva en un flaicito a Bailey, que lo atrapó casi empujando al ampaya. Aaron lamentó el flaicito y pensó en el anuncio que había hecho para los cigarrillos Camel. Su madre le jaló las orejas cuando regresó a casa por estar promoviendo los vicios contrarios a lo que dice la Biblia. Él dijo que no había nada de malo en eso y que ya Willie Mays salía anunciando los cigarrillos Chesterfield, la Coca-Cola y la salsa picante RedHot Sauce. Tommy Davis promovía los cigarrillos Tareyton. No se promovían los mejores valores y comportamientos, pero eso dejaba muchos dólares. (T2) Denis Menke era el más joven de la tribu de Milwaukee. Con solo 22 años ya se había ganado el campo corto del equipo. Derecho contra derecho. Por su juventud, quizás, era el más desconocido para el lanzador dominicano. Con cuenta de 2-2, Menke mandó un lineazo hacia el bosque izquierdo de hit que sorprendió al mismo Marichal. La pierna de Marichal subía tan alto que en una ocasión se le rajó el pantalón en la costura de la nalga. Para terminar el inning siguió tirando chata. Bailey vino al montículo a averiguar y Marichal le dijo que le explicaría luego. En el dugout, cuando terminó el inning fue que le dijo. (T3) La agilidad de Menke quedó demostrada no solo con este hit sino con el robo de segunda con Norman Larker en cuenta de 1-1. El tiro de Bailey a segunda fue perfecto pero tardío. Frank Walsh abrió los brazos en señal de SAVE! Después de un fao que voló la cerca del right, Larker chocó de nuevo la pelota hacia el cielo. Hiller abrió los brazos indicando que la tenía ubicada y, luego de una danza india mirando siempre hacia el infinito, logró atrapar la pelota casi al lado de la almohadilla de segunda. Menke ni se movió. (T4) Mark Jones es un muchachón de 24 años que cubre el jardín del centro con suma eficiencia. Sus 180 libras están bien

distribuidas en sus 6’1”. Para un jardinero, Jones no es lo suficientemente jonronero, aunque sea un bate fuerte de la artillería brava. Marichal no le teme y su primer lanzamiento dejó un zumbido en el aire que nadie vio, salvo Bailey... “STRIKE ONE!”, gritó el ampaya, al mismo tiempo que se acomodaba el buche de tabaco que masticaba. Para Jones, Marichal era demasiado incómodo, pues la pierna al aire era una gran distracción que le impedía ubicar la trayectoria exacta de la pelota. El segundo lanzamiento fue exactamente igual y cayó en el mismo sitio, pero al ampaya se le antojó cantar bola. Con una bola y un strike, Marichal se apresuraba a cerrar el inning. Una curva alta fue chocada con fuerza, pero no en el centro del bate y la bola describió un arco entre el home y la tercera base para el tercer out.

(T1) Para abrir la tanda de los Gigantes apareció su pícher con cuatro bates que fue soltando a medida que se terminaban las prácticas rutinarias. Y en esa corta espera, Marichal pensó en la pensión de San Francisco donde se alojaba con una familia negra que los acogía como parte de ellos. Esa familia fue la que le contaría las vicisitudes de la niña negra Ruby Bridges que tuvo que ser escoltada por marshalls, debido al rechazo de los blancos a que negros se mezclaran en las escuelas y en cualquier sitio. Eso fue en 1960 y la escuela William Frantz acudía a un encuentro con la Historia. La señora Blanche Johnson le contaba a Marichal y a Mateo Alou que en las pancartas

de protesta había una que daba risa: Race Mixing Is Communism, algo así como La Mezcla de Razas Es Comunismo. En los Estados Unidos el miedo de moda usado por el Departamento de Estado era, desde finales de la II Guerra Mundial, el comunismo. Se podía leer Communism hasta en las sopas Campbell de letras y fideos. Mrs. Johnson conservaba una revista LOOK con una ilustración de la niña escoltada donde aparecen tomates explotados en la pared, fruto de la imaginación de Norman Rockwell. La señora aprovechó para mostrar otras pinturas de Rockwell. Marichal le dijo que Rockwell se parecía al Dr. Pildorín, quien tenía un programa en La Voz Dominicana, la televisión oficial del país. Esa ilustración fue instalada en la oficina oval de la Casa Blanca por Obama, con la presencia de la niña, ya con casi 60 años. La verdad es que eso lo hizo Obama para hacerse el gracioso, porque él no es “el presidente negro” que demuestra que no hay racismo en los Estados Unidos. De hecho, Obama no es un negro como los otros que han vivido en la esclavitud, la pobreza y lamentando sus penas en el jazz en algún rincón de Harlem. Obama es un “negrito refinado” de la última generación de inmigrantes que cogió un swing después de ser presidente. Ninguna de estas historias de segregación perturbó a Marichal y, menos, a Mateíto. Ahora en el home, su concentración era para dar un jonrón. Marichal no hacía mucho alarde con el bate para, de cierta manera, engañar al rival; en realidad

estaba observando el más mínimo movimiento del pícher en el montículo para descifrar el tipo de lanzamiento que le serviría.

Las dos primeras que cantó el ampaya fueron muy evidentes y no pudo decir que eran strikes, como hubiese querido. El próximo tiro Marichal sabía que venía por el medio con una recta. Sin ningún titubeo, el número 27 de los Gigantes chocó la pelota medio a medio. Fue un metrallazo que se elevó con fuerza por el jardín central. El estadio entero se levantó de sus butacas con la boca abierta y los ojos estacados como si hubiesen visto a Drácula. El asombro duró hasta que la pelota cayó en el guante de Mack Jones, allá pegado a la pared. El trote de Marichal se interrumpió poco después de parar por primera con un zapateo que expresaba su descontento. Si hubiese jalao el bate un poquito hacia la izquierda en su swing, nadie le hubiese quitado la primera carrera del juego. Este batazo se pareció a un jonrón que dio Marichal frente a los Piratas tres años más tarde para decidir el juego que terminó 6 a 5. (T2) El tablazo de Marichal al center inspiró a Kuenn, quien soltó un cañonazo por el right field que la agilidad de Aaron atrapó para permitir a la fanaticada seguir respirando normalmente.

(T3) Willie Mays se presentaba al home muy calmo; su agitación corporal se iniciaba cuando el pícher levantara los brazos. La pierna izquierda se levantaba un poquito y luego se apoyaba firmemente, al mismo tiempo que le hacía swing al tiro. La pelota salió hacia atrás de fao, una línea que el instintivo reflejo de Crandall no llegó a tiempo para coincidir con la trayectoria de la bola.

Después de varios faos, Mays soltó un leñazo hacia el right field que Aaron se llevó en el guante virao. Mays recordó un batazo similar que hizo en la Serie Mundial de 1962. Fue un gran duelo contra los Yankees y contra Whitey Ford. En el quinto inning, Marichal se rompió el índice derecho tratando de tocar. Logró ponchar dos veces a Mickey Mantle. Amadée, el gran ilustrador, divulgó un “retrato” de Marichal que se reprodujo en los principales diarios del mundo. Ese bolazo impidió que los Gigantes se coronaran campeones de la Serie Mundial.

(Escrito sin Inteligencia Artificial

Escultura de Marichal frente al Estadio de los Gigantes en San Francisco. F. E.
Hank Aaron. MERCADER
Sadaharu Oh. F. E.
Ruby Bridges. NORMAN ROCKWELL
<VIENE DE LA PORTADA

4 Cultura

La repatriación armada (7) Infierno en las montañas

En principio, el avión estaba supuesto a aterrizar en San Juan de la Maguana, pero Juan de Dios Ventura Simó lo desaconsejó. Ventura Simó viajaba como asesor, como ingeniero de vuelo por haber sido piloto de la Aviación Militar Dominicana (AMD) hasta el momento de su deserción dos meses atrás y por su mayor experiencia. Conocía los aeropuertos del país y, a su juicio, la pista de San Juan era demasiado corta y el avión llevaba mucho peso y muchos explosivos, lo que obligaba a un difícil y peligroso aterrizaje, con el riesgo de que la nave sufriera averías que le impidieran regresar a Cuba, como estaba previsto.

Fue un cambio de planes probablemente favorable a pesar de que Constanza, por ser un aeropuerto de montaña, estaba fuertemente custodiado. Había mercenarios de la Legión Extranjera y había una numerosa presencia militar, pero el lugar se prestaba quizás mejor que ninguno para un desembarco guerrillero.

Constanza, muy pronto, estaría a la vista. Varias veces se oyó cantar el Himno Nacional. Lo cantaban con emoción, con verdadero sentimiento.

El momento había llegado. Después de tanto fatigar durante tantos meses de duro entrenamiento en el campamento de Mil Cumbres, el momento decisivo había llegado. La expectación crecía en la medida en que el avión se acercaba a la pista y en el momento en que aterrizó los nervios se tensaron. Quizás al mismo tiempo empezaría la balacera.

Al final de la pista, mientras los pilotos del avión se preparaban para maniobrar y levantar el vuelo de regreso, los hombres empezaron a desembarcar rápidamente usando un tablón por el cual se deslizaban como por un tobogán, pero el tobogán no duró mucho. A causa de la vibración, el fuerte viento que tiraban las hélices, la prisa y los nervios y un probable descuido, el tobogán cayó al suelo y nadie se ocupó de recuperarlo. Los demás, incluyendo al ingeniero de vuelo, se tirarían o se descolgarían del avión desde una altura considerable. Aparte de las balas, la posibilidad de romperse un hueso o quedar inutilizado por la caída representaba la muerte, la captura, la tortura y la muerte.

Afortunadamente no hubo daños ma-

yores entre los expedicionarios. Lo lamentable es que en la prisa dejaron una de las cosas más importantes: un equipo portátil de comunicación, aparte de bazucas y minas y explosivos quizás demasiados pesados y engorrosos. Por lo demás fue todo un éxito. Incluso el avión, según se sabe, pudo regresar a Cuba con apenas unos cuantos agujeros en el fuselaje.

Tanta fue la suerte que hasta en un primer encuentro con una patrulla motorizada de la aviación los insurgentes salieron bien librados. En cambio lograron matar, según se dice, a varios guardias y un oficial.

En algún lugar se dividieron en dos grupos, aunque quizás sin proponérselo. Quizás, como afirma Emilio Cordero Michel: «se dividieron, inconscientemente, en dos grupos: uno con 34 expedicionarios al mando del comandante Enrique Jiménez Moya; otro de 20, comandado por Delio Gómez Ochoa. El primero tomó el rumbo hacia El Río y Tireo, al nor-

te, zonas muy pobladas y con vías de comunicación, mientras el segundo buscó la zona de Los Botados, hacia el sureste, donde la densidad de población era bajísima y muy escasas las fuentes de suministros alimenticios. Los integrantes de ambos grupos jamás volvieron a encontrarse, a menos que fuera siendo prisioneros en San Isidro o en las cámaras de tortura de La 40 y El 9». (1) Ramfis Trujillo (que detentaba en ese momento el muy pomposo cargo de Jefe de Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Aire, Mar y Tierra), tomó desde el primer momento el mando de las operaciones de aire, mar y tierra. Dice Emilio Cordero Michel que tanto Ramfis como sus envanecidos oficiales creían poder liquidar a los expedicionarios en menos de veinticuatro horas. Contra ellos se lanzó, con tal propósito, una manada de unos tres mil soldados. Creían firmemente que «la limpieza y exterminio final los harían sus compañías de fusileros, las tropas regulares del Ejér-

cito, la Legión Extranjera Anticomunista y los llamados “Cocuyos de la Cordillera”». (2)

A la infantería se sumaría la aviación.

Lo que se desató en esas lomas, apenas un día después del desembarco guerrillero, fue un pandemonio, un verdadero pandemonio, un bombardeo indiscriminado que acabó con las vidas de numerosos campesinos. De los mismos campesinos que hostigaban y perseguían espontáneamente a los guerrilleros.

Dice Emilio Cordero Michel que se utilizó hasta napalm y se utilizó desde luego toda la infernal parafernalia de que disponía el régimen de la bestia. Las aterradoras escuadrillas de bombarderos y caza iban y venían todo el día esparciendo bombas explosivas e incendiarias sobre todas aquellas montañas donde se suponía que pudieran estar los insurrectos.

Los continuos bombardeos, sin embargo, no provocaron bajas entre los guerrilleros, pero el efecto sicológico fue terrible.

«Quizás —como dice Emilio Cordero Michel—el efecto más importante de esos brutales y permanentes bombardeos y ametrallamientos aéreos fue que el grupo de Jiménez Moya comenzó a dividirse y a perder volumen de fuego. De este grupo, se escindió uno comandado por el capitán cubano Ramón López (Nene), que marchó en forma paralela hacia el norte, y luego de su muerte, algunos de sus integrantes llegaron hasta El Corocito, cerca de Jarabacoa. El día 16, después del combate de La Guamita, Jimenes Moya sufrió otra división: José A. Batista (Chefito) se desprendió con 9 más hacia el Noreste, hacia Los Chicharrones. Al día siguiente, el 17, Rafael Tomás Perelló cayó prisionero al descomponérsele el fusil FAL». (3)

Las cosas comenzaban ahora a ir de mal en peor. Entre el acoso de los guardias, los campesinos, los bombardeos y el hambre, los grupos empezaron a descomponerse en fracciones cada vez más pequeñas y aisladas. En realidad nunca tuvieron la menor oportunidad de formar un frente guerrillero.

(Historia criminal del trujillato[179])

Bibliografía

Robert D. Crassweller, «The life and times of a caribbean dictator».

Notas:

(1)Emilio Cordero Michel, «Las Expediciones de Junio de 1959», p.114

(2) Ibid.

(3) Op. cit., p. 116.

De Santiago a Berklee: el viaje de Carlos Manuel Vargas

ANDRÉS TOVAR

Especial para elCaribe

Hay nombramientos que superan la biografía de quien los recibe. El del pianista dominicano Carlos Manuel Vargas como profesor a tiempo completo en el Boston Conservatory at Berklee pertenece a esa categoría. Después de trece años vinculado a esa institución, su nueva posición como profesor asistente en el Departamento de Estudios Instrumentales confirma una carrera construida con disciplina, docencia, escenario, repertorio y vocación comunitaria. Pero el verdadero valor de esta historia va más allá del ascenso profesional: Carlos Manuel Vargas encarna una posibilidad para la música clásica dominicana.

Él lo dice con una frase que debería quedar resonando en el país cultural: “El hecho de que yo esté en este nivel no significa que seré el único. Solo significa que soy el primero de muchos”.

La frase importa porque desplaza el relato individual hacia una pregunta colectiva. ¿Qué significa que un pianista dominicano ocupe una plaza de autoridad en una institución como Berklee? ¿Qué dice eso del talento nacional? ¿Qué revela sobre los caminos que aún faltan para que más músicos dominicanos puedan llegar a espacios semejantes? Vargas entiende su lugar con gratitud, pero también con responsabilidad. “Para mí es un honor ser una de las voces que representan el talento latinoamericano dentro de una institución que está marcando la pauta educativa en las artes, como lo es el Boston Conservatory at Berklee”, afirma. Su recorrido comenzó lejos de ese reconocimiento. Salió de Santiago hacia Estados Unidos, estudió en otro idioma, atravesó el rigor de la formación musical superior y terminó enseñando en la misma institución donde se formó. “Ha sido un viaje totalmente inesperado, algo que nunca imaginé que se desarrollaría de esta manera”, recuerda. Luego añade una confesión que permite entender mejor el peso de su logro: “La perseverancia es la palabra clave. Desde mis años de estudiante, entendí que tenía que dar lo mejor de mí, especialmente siendo una minoría dentro de las artes clásicas. Y siendo honesto, a veces se siente como si uno tuviera que dar muchísimo más para ser tomado en serio”.

Un pianista para este siglo Carlos Manuel Vargas pertenece a una generación de músicos clásicos que ya no puede definirse únicamente por el dominio del repertorio. Su carrera combina interpretación, enseñanza, mentoría, gestión cultural, grabaciones, trabajo comunitario e internacionalización. Él mismo la describe como una “portfolio career”, una trayectoria versátil en la que el artista se mueve por varios espacios con flexibilidad, creatividad y sentido de propósito.

Ese modelo resulta especialmente pertinente en una institución como Berklee, donde la tradición del conservvatorio convive con lenguajes contemporáneos y con la industria musical. Vargas lo explica con una imagen reveladora: “En sus pasillos uno puede encontrarse con alguien estudiando el Segundo Concierto para Piano de Brahms y, al mismo tiempo, escuchar a otra persona trabajando transcripciones de los solos de Art Tatum”. En esa convivencia hay una lección para el músico clásico actual: el canon sigue siendo indispensable, pero el mundo ya no cabe en una sola tradición.

Vargas lo entiende desde su propia identidad. “Como artista, uno debe buscar su identidad, y yo no puedo separar de mí el hecho de que soy dominicano y latinoamericano”, afirma. Por eso defiende la presencia del repertorio dominicano y latinoamericano dentro de la conversación musical más exigente. “Si para mí tiene coherencia interpretar obras de Juan Francisco García junto a sonatas de Beethoven, o combinar repertorio latinoamericano con Scriabin, lo haré sin ninguna duda”, sostiene. Y remata con una idea esencial: “La música escrita por compositores de nuestros países tiene una voz propia, una identidad única, y ese solo hecho ya la hace necesaria dentro de cualquier conversación artística seria”.

Ahí está uno de los puntos más valiosos de su pensamiento. La música latinoamericana no aparece como ornamento identitario, sino como repertorio con derecho pleno a dialogar con Beethoven, Brahms, Scriabin, Granados o Mompou. En esa visión hay madurez artística y también una tarea pendiente para República Dominicana: investigar, programar, grabar y difundir con mayor fuerza su producción pianística.

Excelencia, comunidad y país

El nombramiento de Vargas adquiere mayor profundidad cuando se observa

su trabajo comunitario. En 2008 fundó el Roxbury Piano Program, un programa gratuito por el que han pasado más de 300 niños. En 2022 creó la Roxbury Concert Series, una iniciativa que ha crecido en una comunidad de Boston habitada mayoritariamente por minorías afroamericanas, latinas y asiáticas.

“Creo firmemente que todos tenemos un deber ciudadano de aportar, de alguna manera, al bien común”, dice. Esa frase permite comprender una idea central en su trayectoria: la excelencia musical no se reduce al escenario prestigioso ni al cargo académico. También se mide por la capacidad de abrir puertas. La historia de Carina Lopes, una joven que pasó por sus clases de piano y fue aceptada en Berklee College of Music para estudiar songwriting, resume ese impacto. Vargas lo cuenta con emoción: “Lo que hace este momento tan especial es que Carina es el primer ejemplo concreto de alguien que dio sus primeros pasos musicales en el Roxbury Piano Program y que ha logrado abrirse camino hacia una carrera artística formal, lo cual me llenó de una alegría y un orgullo que son difíciles de describir con palabras”.

Desde esa experiencia, su mirada hacia República Dominicana resulta especialmente útil. Vargas identifica un problema estructural: “Uno de los mayores problemas que tenemos en términos artísticos es que la producción y expresión cultural está mayormente concentrada en Santo Domingo”. También reconoce el talento que existe fuera de los centros tradicionales y la necesidad de formar públicos desde temprano. “Existe un talento enorme que hace sacrificios enormes para formarse y expresarse, pero las oportunidades siguen siendo muy limitadas”, advierte. Su propuesta apunta a programas de desarrollo musical desde la infancia, descentralización de la oferta cultural y mayor circulación del repertorio dominicano. Es una visión que merece atención. Si el país quiere producir más músicos capaces de dialogar con el mundo, necesita estructuras más sostenidas, inversión pública y privada, formación territorial y una comprensión más amplia del arte como desarrollo humano.

Carlos Manuel Vargas prepara además un nuevo álbum, Voyage, continuación de Souvenirs, con música de compositores hispanohablantes como Granados, Mompou, Aldo López-Gavilán y Andrea Casarrubios. “Para mí, grabar este repertorio no es solamente un proyecto discográfico, sino una afirmación de que esas músicas pertenecen a la conversación artística más alta”, afirma. Su historia, entonces, no se limita a Berklee. Habla de Santiago, Boston, Roxbury, México, Latinoamérica y una República Dominicana que todavía tiene que escucharse mejor a sí misma. Carlos Manuel Vargas ya cruzó una puerta importante. Su frase queda como desafío y promesa: es el primero de muchos. Ahora falta construir el país musical capaz de que esa promesa se cumpla.

ConCierto Sentido

Sofiane Pamart: el piano como película

De Sofiane Pamart admiro su premeditada intención de no encajar en el molde clásico del pianista de conservatorio. Formado en música académica desde niño en Lille, donde obtuvo medalla de oro, pero criado también entre influencias urbanas, rap, moda y cultura pop, ha construido una figura rara: la del virtuoso que no quiere parecer intocable. Pamart es el pianista clásico del siglo XXI y su carrera se entiende mejor desde esa tensión: Chopin y Ravel en una mano; el hip hop francés, la narrativa visual, así como el espectáculo contemporáneo en la otra. Movie (2026), su nuevo disco, lleva esa idea al extremo. El disco, concebido como una banda sonora para una película imaginaria, reúne 20 piezas, una gran arquitectura orquestal y colaboraciones internacionales que van de Sia y Nelly Furtado a J Balvin, Wyclef Jean y Christine and the Queens. También aparece la Orquesta y Coro Filarmónico de Praga, con 70 músicos y 24 coralistas, lo que explica su ambición casi cinematográfica.

Pero lo más interesante no es el tamaño del proyecto, sino su intención: Pamart quiere devolverle al piano una función narrativa. A veces lo logra con una belleza directa, casi de primer plano; otras, la producción roza el exceso y amenaza con convertir la emoción en decorado. Aun así, Movie confirma algo importante: la música clásica no habla solo desde el gran auditorio, también puede hacerlo desde la pantalla, la calle y el deseo de una generación que quiere sentir antes de entender.

Carlos Manuel Vargas. CORTESÍA.
TOVAR

Bitácora de la presentación y conferencia del libro Panorama actual del Caribe 2024-2026

DR. WILSON ENRIQUE GENAO

PROFESOR A TIEMPO COMPLETO wilsongenao@pucmm.edu.do

PROF. GINA ESTHER DÍAZ GÓMEZ, M.A. CENTRO DE ESTUDIOS CARIBEÑOS, PUCMM GinaDiaz@pucmm.edu.do

El pasado jueves 21 de mayo el Centro de Estudios Caribeños de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra con los auspicios de la Embajada de los Estados Unidos en República Dominicana puso en circulación el libro “Panorama actual del Caribe 2024-2026”. El acto de puesta en circulación se desarrolló en el Auditorio I, edificio A2 del Campus de Santo Domingo y contó con una conferencia magistral del Dr. Jorge Rodríguez Beruff.

Las palabras de bienvenida en nombre del Señor Rector Pbro. Dr. Secilio Espinal estuvieron a cargo de la Dra. Virginia Flores Sasso, vicerrectora de Investigación e Innovación quien agradeció a la Embajada de Estados Unidos por el auspicio de la obra que se puso a circular, destacó la importancia de la conferencia de Beruff en el contexto caribeño actual y finalizó reafirmando el compromiso de la Universidad “con la investigación, el pensamiento crítico y la construcción del conocimiento al servicio del Caribe y la sociedad en general”.

Asimismo, en representación de la Embajadora de los Estados Unidos compartió unas palabras Chelsia Hetrick consejera de Asuntos Públicos de la Embajada. En su participación destacó que la puesta en circulación del libro y la conferencia “tienen un significado especial pues se celebra en el marco de la iniciativa Freedom 250 la iniciativa de la Embajada de Estados Unidos para conmemorar los 250 años de la independencia de los Estados Unidos”. Finalizó esperanzada en que el evento “contribuya a una comprensión más profunda del panorama cambiante del Caribe e inspire una colaboración continua en favor de una región más segura, fuerte y próspera”.

En nombre del Centro de Estudios Caribeños habló su directora la Dra. Mukien Sang Ben. En sus palabras agradeció el apoyo de la Embajada de los Estados Unidos para desarrollar esta y otras investigaciones. Agradeció a Irene González quien trabaja en la Embajada como Established Opinion Leaders Specialist por el apoyo a las iniciativas y actividades del Centro. Destacó los programas académicos que desarrolla el Centro, las cátedras y los proyectos de investigación, señalando que la presentación del libro forma parte de esas actividades de investigación. Finalizó realizando una breve radiografía del Caribe y del libro “Panorama actual del Caribe”.

La obra consta de tres trabajos con una introducción general y unas conclusiones.

Los trabajos fueron elaborados por investigadores de alto perfil y amplio conocimiento en los temas de seguridad, relaciones internacionales y en el ámbito económico. El primero se titula “El Gran Caribe: desafíos al desarrollo y relaciones internacionales en un mundo en transición” y lo elaboró la Dra. Jaqueline Laguardia Martínez, profesora titular del Instituto de Relaciones Internacionales en The University of the West Indies. En su análisis, Laguardia realiza una radiografía de los rasgos esenciales de la situación sociopolítica y económica y los desafíos de la integración y el regionalismo grancaribeño. Examina los temas de gran interés e impacto en la región incluyendo el cambio climático, la reforma de la arquitectura financiera internacional, la inseguridad alimentaria, la transición energética y la crisis multidimensional en Haití. Además, se estudian las relaciones del Gran Caribe con sus socios tradicionales, Estados Unidos y Europa y con los actores emergentes del BRICS.

El segundo trabajo fue escrito por el destacado historiador, Jorge Rodríguez Beruff -conferencista invitado- bajo el título de “Retos actuales a la seguridad caribeña”. Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de York en Inglaterra en su trabajo recuerda los viejos y describe los nuevos retos que existen a la seguridad regional. En su análisis incluye temas como los flujos migratorios, el tráfico de drogas y la internacionalización del crimen organizado. También la com-

plejidad del Caribe incluyendo en su abordaje un examen de los viejos y nuevos actores que gravitan en la dinámica geopolítica regional y los riegos de conflictos fronterizos existente especialmente en el caso de Venezuela y Guayana y las implicaciones para la seguridad regional.

El tercer trabajo titulado “Relaciones comerciales de la Cuenca del Gran Caribe con Estados Unidos en el siglo XXI” fue escrito por la economista y profesora titular de tiempo completo de la Universidad del Magdalena en la Facultad de Ciencias Empresariales y Económicas Dra. Etna Bayona Velásquez y por el historiador y economista, Gerente del Centro Cultural del Banco de la República en Santa Marta y profesor catedrático de la Universidad del Magdalena Dr. Joaquín Viloria de la Hoz. En su texto ambos expertos estudian el desempeño económico de los países y territorios de la Cuenca del Gran Caribe entre 2000 y 2024, con especial atención a las relaciones comerciales con los principales socios de la región, Estados Unidos, la Unión Europea y China, así como el comercio intrarregional, las finanzas y los flujos energéticos.

La puesta en circulación del libro en la que participaron miembros de la comunidad académica, funcionarios, miembros del cuerpo diplomático, investigadores, historiadores e instituciones académicas del país, contó con la conferencia magistral del Dr. Jorge Rodríguez Beruff quien es actualmente director de

la Academia Puertorriqueña de la Historia y catedrático retirado del Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Estudios Generales de la Universidad de Puerto Rico. Beruff quien es experto en temas de seguridad en el Caribe ha escrito múltiples libros, capítulos de libros y artículos en revistas indexadas. Su obra incluye trabajos relacionados con la seguridad caribeña entre los que hay que destacar “Fronteras en conflicto: guerra contra las drogas, militarización y democracia en el Caribe Puerto Rico y Vieques”,1999 y “Problemas y políticas de seguridad en el Caribe posterior a la Guerra Fría”, 1996 ambos textos coordinados junto con el historiador Humberto García Muñiz.

En su conferencia titulada “Los retos de la seguridad caribeña”, Beruff realizó una síntesis de los aspectos centrales del ensayo que trabajó en el libro con el interés de provocar la lectura del texto. Destacó que en el análisis de la realidad caribeña hay que tomar en cuenta que la región está en constante cambio y que el tema de la seguridad caribeña “es un tema que nos interesa a civiles, militares y policías porque se trata de la estabilidad democrática de nuestra sociedad y el bienestar de la población”. Finalizó con un resumen de los desafíos más urgentes del Caribe y una invitación a leer el ensayo dentro del libro “Panorama actual del Caribe”.

Centro estudios caribeños. PUCMM.

El doctor Jorge Rodríguez Beruff, junto a Chelsia Hetrick, Virgina Flores Sasso y Mu Kien Sang Ben. FUENTE PUCMM

crítica arte

LILIAN CARRASCO lilycarrascor@hotmail.com

Nuevas lecturas

Vi “Atonement” (Expiación) por primera vez siendo estudiante, durante el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana en 2007. Entonces la entendí desde la indignación. Robbie Turner, acusado injustamente, representaba para mí la tragedia del hombre noble destruido por la imaginación ajena, por la especulación y por la diferencia de clases.

Hay una escena que todavía me persigue: cuando habla francés y sus compañeros se sorprenden de su formación, creyendo que proviene de una familia privilegiada. Sin embargo, lo verdaderamente revelador es otra cosa, pues la educación eleva. La formación transforma. Uno puede venir de un origen humilde y, aun así, conquistar un lugar en el mundo a partir del esfuerzo, la disciplina y la sensibilidad cultivada. Con los años comprendí también que la película no trataba únicamente sobre una injusticia amorosa, sino sobre la ma-

nera en que construimos relatos equivocados acerca de los demás. Acusamos sin medida, interpretamos desde el deseo, desde el prejuicio o desde nuestras obsesiones personales. Confundimos a los protagonistas de la historia mientras la vida, silenciosamente, desarrolla capítulos paralelos que solo el tiempo logra revelar. Desprecié a Briony. Me parecía imperdonable. Pero ahora entiendo era, en realidad, el personaje más complejo y quizás el más trágico. Una niña inteligente, sensible, llena de imaginación, atrapada en un entorno rígido donde también era ignorada y desplazada. Fue víctima de su tiempo, de sus fantasías y de una lectura equivocada de los hechos. Años después descubre al verdadero agresor, protegido por las convenciones sociales, mientras el inocente cargaba con una culpa imposible de reparar. Allí aparece una de las ideas más devastadoras, ya que llega un momento en que no es posible hacer justicia. Tal vez por eso la frase “Vuelve a mí” resulta tan dolorosa. No es solo una súplica desde el amor más puro y sublime; es un intento desesperado de regresar a una vida que ya no existe. Nadie vuelve realmente. Apenas sobrevivimos en la memoria, en las palabras y en las versiones que otros construyen sobre nosotros.

crítica cine

ETZEL BÁEZ etzelbaez@gmail.com

La Balada de Buster Scruggs

The Ballad of Buster Scruggs en Netflix. Es la construcción de un largometraje con 6 cortometrajes a partir de adaptaciones de cuentos que retratan historias del momento de la colonización del oeste norteamericano, todos con cara de western Cada historia tiene un abordaje narrativo donde resaltan esos enfoques de humor cáustico tan presentes en el estilo de los hermanos Coen. Como igual, ciertas alegorías para explicitar hondas reflexiones. Asimismo, esas tramas procuran sorprendernos con remates absurdos en que caen los personajes y terminan las historias. El común denominador de todas las historias es la muerte, y de estados o actitudes o conductas o comportamientos de los personajes donde son víctimas o victimarios, pero casi siempre víctimas del destino que todos tenemos, personajes en una lucha constante consigo mismos, y tienen que decidir siempre cómo avanzar sin los lastres del pasado. Así es como somos enfrentados a simbologías del ego, o al enfrentamiento entre la barbarie y el conocimiento, o a la codicia por el oro, o a las actitudes religiosas de cuño metodista y episcopal, pero también una lección sobre la vida en el cuento fi-

el libro vive

7 Cultura

desde mi ventana

nal cuando los personajes debaten sobre sus juicios sobre la vida y la muerte mientras avanzan en un carruaje (cuya puesta en escena retrotrae al filme La Diligencia, 1939, dirigido por John Ford). La sabia narrativa empieza con el inicio de la noche en un viaje que nos acerca a una atmósfera de terror, muy bien llevada por la cinematografía esplendorosa y el apoyo musical. Nos queda en la memoria el plano del cochero arreando los caballos en una corrida loca mientras un pasajero le pide que se detenga, pero no lo hace porque, como dice otro personaje, “Nunca se detiene. Es la norma”. Pues bien, el suspense es su mejor herramienta para el desarrollo de acciones y conflictos claves en cada historia, pues desde la primera que da título al universo y marca el tono, ya intuimos que los personajes protagónicos tendrán un final nefasto. Y todas las tragedias tienen un contrapunto visual de imponente belleza de los escenarios y ambientes en que discurren las tramas, con encuadres y ángulos perfectamente justificados. Los seis cuadros nos muestran en gran medida lo que fue esa colonización implacable del oeste norteamericano: robos de bancos, linchamientos, juicios sumarios por un juez autoerigido como tal, el despojo de tierras, caravanas de artistas, duelos de pistoleros, batallas de cowboys contra indios, cazadores de recompensas, lucha a muerte por el oro.

GÉNERO: Western. DURACIÓN: 132 minutos

SANTIAGO

ALMADA

franknunez463@gmail.com o

Oscar Peña visualizado por Adrian Javier

N

acido en Las Matas de Farfán en 1964, el poeta, periodista y profesor universitario Oscar Peña no participa asiduamente de las actividades literarias cada vez más frecuentes en nuestro país, pero su creación poética fue valorada por uno de los críticos más agudos de su generación, el laureado intelectual Adrian Javier, nacido en Santo Domingo en 1967 y fallecido en el 2013 a la edad de 46 años, con grandes manifestaciones de consternación entre sus amigos y compañeros de tertulias.

Fue en septiembre del 2004 que el autor “matero” publicó su poemario Danza del Instinto, con prólogo del poeta y publicista Adrian Javier, texto introductorio en el que aseguraba que como la poesía era “la parienta pobre” de las editoriales, el también profesor universitario, “como tantos otros poetas de este mundo, tiene que hacer sus propias ediciones”.

Con el sentido del humor y la ironía que caracterizaban al autor de Bolero del Esquizo, celebraba “esta nueva andanada de versos contra molinos de vientos”, en un libro que “brinda sobriedad desde la cubierta y la definición de colores”, mientras “las ilustraciones que acompañan los versos pertenecen al talento de Cuquito Peña”.

El ganador del Premio Internacional de Poesía Casa de Teatro en 1988 y del Pedro Mir en el 2007 y el 2010, dice que el poeta Peña reflejaba la tendencia del momento, que remitía a “zonas donde el lirismo íntimo se da la mano con el tono conversacional, heredero del nicaragüense Ernesto Cardenal y del argentino Juan Gelmán, por solo citar algunos, sin desdorar las influencias de la música, como la surgida del talento español Joaquín Sabina”.

Las influencias referidas estarían reflejadas en el poema “La creación”, donde declara “Amo el caos:/ principio y fin de todas las cosas”.

Javier concluyó en que Danza del Instinto de su colega y compañero generacional, Oscar Peña, “es un libro intenso y hermoso, que el lector agradece”, aunque en algunos casos hubiera preferido un poco más de contención y síntesis, porque “la poesía es sugerir más que decir”.

salmada@elcaribe.com.do

La Luna

Según los astrónomos la Luna se formó tras un choque de un protoplaneta del tamaño de Marte con la joven Tierra, que esparció millones de trozos que la gravedad unió para formar este satélite. Tan unida está a la Tierra que influye en las mareas, en el clima, en los primeros calendarios de los clanes primitivos que relacionaban los ciclos lunares con las cosechas, con la navegación, con las lluvias y hasta con los periodos femeninos.

Para los egipcios era el ojo izquierdo del dios Horus, en Grecia se llamaba Selenne, una titánide que recorría el cielo nocturno en un carro de plata.

En la literatura aparece como cómplice de los poetas enamorados, quizás porque la noche funciona como territorio que libera los sentimientos y las fantasías: “La luna vino a la fragua/ con su polisón de nardos…” escribió García Lorca en Romance de la luna luna, “Góndola de alabastro bogando en el azul” dice Rubén Darío en Claro de luna, un título que se repite en composiciones de grandes músicos como Beethoven, Debussy y Massenet.

En un fragmento de su oda al duque de Osuna, Quevedo escribe: “Su tumba son de Flandes las campañas/ y su epitafio la sangrienta luna”, en referencia al guerrero cristiano que combatió contra los musulmanes, cuyo símbolo es la media luna.

En mi infancia, en la luna llena estaban pintadas las siluetas de San José, la Virgen María y el burrito que transportaba al niño Jesús, según contaban las abuelas campesinas, pero había también, acaso como parte del misterio que envuelve su origen y su relación con la oscuridad, otras leyendas terroríficas, como la del lupus homo (hombre lobo) que en cada plenilunio procedía a “emperrarse”, es decir se convertía en “lobizón” y salía por los caminos a matar gente.

Desde el siglo pasado forma parte de la carrera espacial y se la disputan las grandes potencias a partir del programa Apolo, una competencia que está lejos de detenerse. Quien esto escribe prefiere esa imagen de la luna enamorada del poema 18 de Neruda que fosforece “sobre las aguas errantes”, la “ilustre anciana de las mitologías” de Leopoldo Lugones, o la de Borges: “Alto en la cumbre/ todo el jardín es luna,/ luna de oro,/ más precioso es el roce/ de tu boca en la sombra”.

Santo Domingo, ciudad vestida de Armani que devora a sus hijos más vulnerables

MONTERO

Especial para elCaribe

“Santo Domingo, primada y última, ciudad laberinto, ciudad abismo. Santo Domingo, puta vestida de Armani, calzada con chancletas de goma y perfumada de Rococó. Tus axilas grajientas despiden vapores de salitre, mariscos y podredumbre.

Santo Domingo, ciudad que se traga a sus hijos más vulnerables, los digiere, los defeca y tira en sus cloacas inasequibles”.

Con esta embestida verbal, el escritor Luis R. Santos nos arroja dentro de Lukio Santo Domingo. No es una descripción ni un saludo cortés al lector, sino una cruda declaración de principios estéticos y sociales. Estas líneas iniciales funcionan como una radiografía de nuestra propia esquizofrenia urbana: esa capital que presume torres de cristal y etiquetas de lujo mientras, en sus costuras invisibles, se desgarra la dignidad de los que sobreviven con las chancletas rotas. Antes incluso de presentar a personaje alguno, Santos convierte a Santo Domingo en una entidad viva, contradictoria y devoradora; una ciudad capaz de exhibir belleza mientras esconde, entre sus márgenes, la tragedia silenciosa de quienes crecen en el abandono.

Existe algo que muchos lectores llaman “resaca literaria”: esa especie de vacío emocional, de intranquilidad persistente, que dejan ciertas novelas después de terminadas. Lukio Santo Domingo me dejó exactamente en ese estado. Recuerdo haber llamado a mi padre y a mi hermana porque necesitaba hablar de lo que acababa de leer; el silencio parecía insuficiente después de una novela así. Había admiración ante la potencia narrativa de la obra, pero también una sensación desconcertante frente a la crudeza humana y social que acababa de atravesar.

Ahora bien, lo que desconcierta y lo que atrapa desde la primera página, es que al dar vuelta a esa hoja el lector no se encuentra con el niño de la calle que el título anuncia, sino con Orestes Sotero, un niño que a los ocho años amputaba patas a sapos, torturaba ratones y vaciaba cuencas de conejos en un laboratorio financiado por su pa-

dre. Este salto brusco entre la miseria de la intemperie y la podredumbre de la mansión anuncia la apuesta narrativa más ambiciosa de la novela: construir un sistema donde cada personaje encarna una forma distinta de violencia y donde el verdadero tema no es la pobreza, sino la deshumanización absoluta que atraviesa todas las capas sociales. Porque la crueldad, parece decirnos Santos, no entiende de clases; sencillamente cambia de forma según el dinero que la financie.

La estructura de la obra es el primer mecanismo que sostiene esa idea. La historia no avanza de manera lineal, sino que alterna tiempos y escenas mediante una especie de contrapunto narrativo que mantiene una tensión constante. Mientras asistimos al descenso de Lukio hacia la marginalidad, también se desarrolla la perturbadora obsesión científica de Orestes. Ambas trayectorias corren paralelas hasta encontrarse, pero lo fundamental no es el encuentro, sino el contraste que se genera mientras se espera. Santos fractura el tiempo y siembra pistas que el lector no descubre sino cuando ya es demasiado tarde. La primera página menciona a “aquellos que son capaces de eliminar a su padre para que no obstaculice sus planes”, y uno lo lee como una digresión del narrador. Solo mucho después, cuando se revela que Orestes asesinó a don Vicente intercambiando su insulina, se entiende que aquello no era especulación, sino confesión. El dato estaba ahí, escondido en la niebla de una estructura que solo revela sus secretos a quien presta atención. Esa misma lógica de la pista sembrada opera en el plano de los personajes. Santos nunca dice “la sociedad dominicana es violenta”. Nunca coloca a Ramón y a Orestes en la misma página ni los compara explícitamente. Sin embargo, ambos infligen daño a seres más débiles. Lo que cambia es el contexto que los envuelve. Ramón tortura a un niño en una casa sin recursos, empujado por el alcohol, la frustración y la certeza de que nadie va a pedirle cuentas. Orestes tortura sapos, ratones y conejos en un laboratorio privado, con instrumental quirúrgico, bajo la mirada indulgente de un padre que cree estar criando a un genio. Es el lector quien, al recibir ambas historias, hace la conexión; y en ese instante el sistema se revela con una nitidez desgarradora. La deshumanización no es un fenómeno exclusivo de la miseria. En el barrio se llama abuso doméstico. En la mansión, vocación científica. Que una misma novela pueda contener tantas formas sin contradecirse dice más sobre la sociedad dominicana que muchos tratados de sociología.

Este hallazgo (que la violencia no distingue entre el callejón y la residencia) encuentra su mayor respaldo en los personajes secundarios, que no son menos importantes para el engranaje. Milenia, la hermana gemela de Orestes, cose su vestido de novia mientras su hermano entierra el cadáver de Lukio en el patio. La novela nos dice al inicio, con la misma naturalidad con que se describe un mueble, que ella padece deficiencias mentales. Y durante decenas de

páginas el lector la ve cocinar, soñar con casarse, sin comprender del todo qué lugar ocupa en la casa ni qué lazo la une al doctor. Cuando el dato regresa a la memoria, la incomodidad es inevitable: el incesto ha estado flotando sin que nadie lo nombre, sin que ella lo sepa, sin que Orestes se inmute. Su silencio no es complicidad; es otra forma de la invisibilidad, la de quienes habitan la tragedia sin comprenderla. Por su parte, Melchor Polanski (el detective por correspondencia que se cambió el apellido Polanco por Polanski para darse más “filin”) encarna la imposibilidad de la justicia en un mundo donde los cuerpos descartados no dejan rastro. Acepta el caso de Lukio movido por una mezcla de necesidad económica y soledad afectiva, y su muerte, encerrado en el baúl del Mercedes de Orestes mientras el médico duerme la siesta, es de un absurdo tan cruel que roza lo grotesco. Lo más amargo, sin embargo, no es la muerte del detective, sino lo que ocurre después. Orestes va preso, sí, pero por el único crimen que no cometió. Por Lukio, por su padre, por quienes sí asesinó, no responde. El sistema penal castiga, pero a ciegas, sin entender qué está juzgando realmente. Y ahí la novela deja de ser ficción para convertirse en un comentario punzante sobre la realidad dominicana: un país donde la justicia llega tarde, mal y contra quien no debe; donde la incompetencia del sistema no solo deja crímenes sin resolver, sino que castiga a los culpables por razones equivocadas, como si el expediente se armara con los retazos que van quedando y no con la verdad. Orestes muere en su celda sin haber enfrentado jamás el peso real de lo que hizo. Y esa impunidad de fondo, esa desconexión entre el crimen y la condena, es quizás una de las denuncias más filosas que la novela deja caer sobre nuestra forma de entender (o de no entender) lo que debería ser la justicia. Mayra, en cambio, es quizás la figura más compleja, porque encarna a la vez el abandono y la búsqueda, la culpa y la venganza. Emigra a Italia porque en su país “los hombres creen que una mujer vale un pica pollo y una cerveza”, y allí trabaja, envía dinero y luego se enamora de un muchacho italiano y desaparece durante dos años. Cuando regresa y descubre que su hijo se ha fugado de casa tras los abusos de Ramón, decide hacer justicia por su cuenta y contrata a un sicario de Capotillo. Pero la violencia, una vez desatada, no distingue entre culpables e inocentes: el asesino mata a Mercedes, no a Ramón. La confusión no es un capricho del azar, sino la consecuencia inevitable de un sistema donde el daño se ramifica y se equivoca de víctima. Leer ese desenlace es enfrentarse a una verdad dolorosa y amarga. Y es que en una sociedad donde la justicia institucional falla, la que se toma por mano propia tampoco acierta. Uno de los mayores aciertos de la novela es que nada de esto se enuncia desde un narrador externo que observa la miseria con distancia piadosa. El lenguaje de Lukio Santo Domingo está tejido con la oralidad y el habla popular dominicana. Los perso-

najes hablan como habla el dominicano real: con expresiones callejeras y ritmos propios de la cotidianidad. “Abimbar a patadas”, “palomos”, “vitamina” para el cemento: cada voz refleja un contexto, una clase social y una forma de sobrevivir dentro de la ciudad. Ese registro no es decorativo, es una toma de posición. Significa que el narrador no viene de afuera a contar la pobreza; está adentro, conoce los códigos, respeta los nombres que las cosas tienen en la boca de quienes las viven. La literatura dominicana ha ensayado muchas formas de contar la marginalidad, pero pocas veces con esta cercanía: aquí no hay un escritor que traduce el barrio para un lector ajeno, sino un barrio que se cuenta a sí mismo con sus propias palabras. La novela no romantiza la marginalidad ni la convierte en espectáculo, enfrenta al lector con una realidad incómoda y dolorosamente cercana. Hay fragmentos que parecen desgarrados directamente de la memoria colectiva dominicana, escritos con una sensibilidad que humaniza los espacios más hostiles.

Lukio muere sin que su madre lo sepa. Melchor se pudre sin que nadie lo llore. Mayra huye hacia Italia cargando un cadáver equivocado. Orestes se corta las venas en su celda, no por arrepentimiento, sino porque ya no le quedan cuerpos que inyectar. No hay redención. Lo que sí hay es una arquitectura narrativa que, al negarse a separar a las víctimas de los victimarios, al insistir en mostrarlos como productos de un mismo suelo, obliga a quien lee a hacerse cargo de la conexión. La ciudad que abría la novela como una “mala madre, mal parida” cierra sus fauces sin haber soltado a nadie. Y quizás lo más perturbador no sea la violencia que narra, sino la naturalidad con que se reconoce. Ese realismo sin adornos, ese lenguaje dominicano filoso y legítimo, esas pistas sembradas en los pliegues del tiempo narrativo, son los recursos con los que Luis R. Santos ha construido una obra maestra, un espejo donde la sociedad dominicana puede mirarse, si se atreve. Porque esta es nuestra realidad, es la de los niños que vemos todos los días en los semáforos, en las esquinas. Basta con levantar la vista una tarde o una mañana para ver el paisaje cotidiano de una ciudad que se viste de Armani mientras abandona a sus hijos más vulnerables a la intemperie. La misma ciudad hermosa y ruidosa es la que deja que sus hijos duerman en las cuevas del malecón mientras nosotros pasamos ajenos. Y este es el resultado de una capital que aprende a convivir con la herida sin mirarla. La pregunta que queda flotando es cuántos Lukios están siendo digeridos ahora mismo mientras se camina por la ciudad con el perfume del Rococó. La voz poética que abre el libro lo preguntó sin rodeos: “Dime, Santo Domingo, hermosa, ruidosa, mala madre, mal parida, ¿qué hiciste con tu hijo Lukio?”. La respuesta no está en la última línea, sino en la mirada de quien cierra el libro y ya no puede fingir que no sabía.

Referencias: Santos, L.R (2025). Lukio Santo Domingo. Santo Domingo, República Dominicana.

elCaribe, SÁBADO 23 DE MAYO DE 2026 elcaribe.com.do

16 Grandes Éxitos del Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro

ANTONIO GÓMEZ SOTOLONGO

Especial para elCaribe

«El Septeto Nacional murió y nació muchas veces, por él pasaron muchos músicos y cantantes notables».

Esta afirmación la hizo Lázaro Herrera, trompetista de la agrupación, en entrevista con Félix Contreras. El Septeto Nacional, según apunta Sergio Santana Archbold, salió a la calle por primera vez el 27 de enero de 1927 y fue disuelto diez años después.

En 1940, Miguelito Valdés volvió a reunir al Septeto para grabar algunos temas y luego, pasarían 20 años de silencio. No es hasta 1954, a instancias del musicólogo Odilio Urfé, que la agrupación vuelve a la palestra para entrar en los estudios de grabación y hacer radio y televisión. «16 Grandes Éxitos del Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro», es un fonograma que contiene obras que fueron producidas durante esta última época y que se nos presentan ahora por Discos Fuentes, en su Línea Media.

En la obra se incluyen dieciséis piezas imprescindibles para la comprensión del son como algo más que un género musical, algo que se convirtió en un modo de hacer la música y filosofar. Esas dieciséis obras fueron éxitos indiscutibles desde la primera época del Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro.

Piezas como Échale salsita, Suavecito, Guanajo relleno, Bardo, Esas no son cubanas, La cachimba de San Juan, de Piñeiro; Son de la loma, de Matamoros; Trompeta querida, de Lázaro Herrera y otros tantos clásicos nos llegan en este disco increíble en una versión fresca, renovada y con técnicas de grabación más modernas.

Estas dieciséis piezas clásicas en el repertorio popular vienen en el cantar de Carlos Embale, un sonero de voz increíble, de

voz perfectamente afinada, de amplio registro, potente, de un timbre arrullador y capaz de improvisar los más inusitados malabares rítmicos con la poesía.

Según nos dice la Wikipedia, «Embale nació en La Habana, en el populoso barrio de Jesús María» y debutó, como muchas estrellas de la época, en La Corte Suprema del Arte, un programa de radio que alcanzó gran popularidad.

La misma fuente afirma que «fue vocalista del Sexteto Boloña y la Orquesta Melodías del 40, conjunto que acompañó también al pintoresco Trespatines». Integró el Conjunto Matamoros y en la década del 70 integró el «legendario Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro».

George Gershwin y échale salsita

En el citado libro, Orovio nos dice que en 1932 el compositor norteamericano George Gershwin visitó La Habana y en una de sus frecuentes visitas a la emisora radial CMQ, donde se presentaba el Septeto Nacional, entabló amistad con Piñeiro y conoció las piezas del repertorio de aquella agrupación, llegando a utilizar como tema principal de su Obertura cubana la melodía del son montuno Échale salsita. Según nos dice la Wikipedia, la obra se tituló en principio Rumba y así se estrenó en agosto de 1932 en el desaparecido Estadio Lewisohn de Nueva York, en un concierto dedicado a obras de Gershwin, pero tres meses después, en otro concierto dirigido por el compositor en la Metropolitan Opera le cambió el nombre a Obertura Cubana, porque así, según el propio Gershwin, se ofrecía una idea más precisa del carácter y la intención de la música.

Bienvenido Granda con el Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro

Ignacio Piñeiro nació en la Habana, Cuba, en el año 1888 y ya en 1906 se le conocía como uno de los músicos más impor-

tantes que andaban alegrando las fiestas de entonces. Según Helio Orovio en su Diccionario de la Música Cubana (1992, 356), Ignacio Piñeiro «trabajó desde joven, en los más diversos oficios» y «paralelamente asimilaba los toques y cantos de los cabildos africanos de Pueblo Nuevo», hasta que «en 1906 integró la agrupación de clave y guaguancó Timbre de Oro, como improvisador decimista», después «dirigió el grupo Los Roncos», «en 1926 fue contrabajista del Sexteto Occidente de María Teresa Vera» y «en 1927 fundó el Sexteto Nacional» que poco después se convertiría en Septeto con la entrada del trompetista Lázaro Herrera. Este instrumento sería el que daría finalmente consistencia y permanencia al septeto como formato orquestal para interpretar los sones cubanos, y el que perduraría en el tiempo por su capacidad sonora y de empaste con la guitarra, el tres, las claves el contrabajo, las voces y el bongó.

En 1929, el Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro viajó a España, para representar allí a su país en la Exposición de Sevilla, donde obtuvo la Medalla de Oro y el Diploma de aquel legendario certamen. A partir de entonces la obra musical de la agrupación quedó en lo más profundo del acervo cultural americano.

Bienvenido Granda (Cuba 1915-México 1983) según nos dice Orovio en el mencionado diccionario, «comenzó cantando desde niño los ritmos cubanos y se presentó; entre otras, en las emisoras de radio habaneras CMQ, RHC Cadena Azul, Radio Cadena Suaritos y Radio Progreso». Y según otras fuentes fue conocido en la farándula habanera de la primera mitad del siglo XX con el sobre nombre de «El bigote que canta», alcanzó su fama como vocalista de la Sonora Matancera, una agrupación por la que pasaron estrellas como Alberto Beltrán y Celia Cruz.

Granda fue cultor de todos los géneros y dejó una extensa discografía en la que se pueden encontrar piezas increíbles, pero su especialidad fue el bolero, el que interpretó con un estilo muy propio y un timbre inconfundible.

Según nos dice la Wikipedia «en una de las tantas presentaciones que tuvo Bienvenido Granda con la Sonora Matancera, en la emisora habanera Radio Progreso, los locutores Gustavo Pimentel Medina y Óscar del Río lo bautizaron co-

mo “El Bigote que Canta”, por sus abundantes y llamativos bigotes y por la espléndida voz nasal que poseía».

El fonograma «Bienvenido Granda con el Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro», del catálogo Kubaney, en su línea Torre, es un excelente compendio de obras emblemáticas en el repertorio sonero que, según aparece en la cubierta del compacto, fueron grabadas en Cuba durante el año 1936. Contiene también, y como grata sorpresa para el coleccionista, piezas en las que además aparecen las voces de Alfredito Valdez, Marcelino Guerra y Cheo Marquetti. Piezas antológicas en las que Bienvenido une su voz a la de otros grandes. Tiene además este disco increíble un par de piezas en las que Granda es acompañado por el Cuarteto Marcano con la inclusión de la inconfundible trompeta de Lázaro Herrera. Títulos imprescindibles en el repertorio del Son como Calla campanero, A gozar la conga, Carta de amor, Bardo, Desvarío y otros más hasta llegar a catorce, hacen que este disco de colección tenga un incalculable valor.

Estos son motivos más que suficientes como para incluir este fonograma en la colección del más exigente aficionado, es una razón contundente para que todo aquel que se interese por la música popular de nuestro continente, por conocer las raíces de lo que hoy llaman Salsa, se acerque a este disco increíble y lo disfrute, lo estudie en su riqueza rítmica y, por qué no, también lo baile.

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(*) Historiador. Master en investigación musical por la Universidad Internacional de Valencia, España. Miembro Correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio (AHCE). Licenciado en Música por la Universidad de las Artes de Cuba. Contrabajista Principal de la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana.

Correo-e: agosto_ultimo@yahoo.com.

Esta página es una colaboración especial para este suplemento.

Espejo de tinta

Microrrelatos de Niurca Herrera Mejía

VALENTÍN AMARO

Especial para elCaribe

Nuestra invitada en “Espejo de tinta” es la escritora Niurca Herrera Mejía: escritora, deportista y gerente. Miembro del Taller Literario Narradores de Santo Domingo y del colectivo Mujeres de Roca y Tinta. Ha publicado en importantes antologías, entre ellas El fondo del iceberg, Sospecha colectiva, 13 después de las 6:00, Voces de arena y sal, Abrazos del Sur (2013 y 2015), Se nos fue poniendo viernes la tarde, La minificción en República Dominicana, Sororidad, Ellas narran y la Antología Virtual de Lectures d’ailleurs, de las universidades de Burdeos y Poitiers, Francia. Asimismo, ha dado a conocer los libros Salto al cuento, Corticos, cortos y no tan cortos, Pollo cojo y La tortuga presumida. Su cuento A cualquier lugar obtuvo el tercer lugar en el concurso Alianza Cibaeña, mientras que Desperdigadas alcanzó el primer premio en el Festival Literario del Sur. Recuerdo la tarde en que Niurca Herrera llegó al Ministerio de Cultura para integrarse al Taller Literario Narradores de Santo Domingo. Me comentó que René Peguero, amigo y compañero de inquietudes literarias, le había hablado del grupo y que deseaba iniciar seriamente el oficio de escribir. Venía con disposición de aprender y con una convicción poco común. Desde el año 2011 ha sido una participante constante y entusiasta de nuestras reuniones y actividades. Una de las ideas que siempre defendió fue que la escritura no debía quedarse únicamente en la pasión o en el ejercicio íntimo de la vocación, sino convertirse también en un libro capaz de encontrar lectores y abrir caminos. Recuerdo que un día me dijo, con la firmeza característica de su espíritu banilejo: “Mire, Amaro, muy bien eso de la pasión literaria, la vocación y el llamado que usted y Héctor Santana enseñan con tanto entusiasmo, pero lo que producimos aquí también puede venderse”. Y así lo ha demostrado. Niurca nos enseñó que los libros pueden escribirse, circular y viajar junto a sus autores. En los últimos años ha participado en diversos eventos internacionales en Perú, Boston, Nueva York y Miami, entre otros lugares, llevando siempre sus obras consigo, compartiéndolas con el público y acercando la literatura a nuevos lectores.

Los microrrelatos que hoy presentamos se distinguen por su especial brevedad, intensidad expresiva y manejo eficaz del giro sorpresivo como recurso narrativo. Sus textos exploran conflictos humanos y sociales vinculados con la violencia, la muerte, la memoria, el deseo, la desigualdad y las relaciones de poder, abordados desde una mirada crítica y, en ocasiones, atravesada por la ironía. En esto último, es terrible y mordaz. La autora posee la capacidad de condensar emociones

y tensiones complejas en pocas líneas, logrando relatos de gran impacto mediante finales contundentes y atmósferas cargadas de tensión. A ello se suma una escritura ágil y sugerente, donde conviven el humor negro, la denuncia social y una notable sensibilidad humana.

¡Adelante, guerrera!

INTELIGENCIA FEMENINA

Cuando él empezó a verlo todo claro, ella apagó la luz.

EL RÍO

Se presentó con título de propiedad en las manos, exigiendo su territorio. No les dio tiempo a empacar sus pertenencias. Los trató como lo que eran... invasores.

HOY ES VIERNES Y CINDI LO SABE

Los viernes por la noche Cindy se apodera de mí. Se pone mi mejor vestido, se maquilla como si fuera a salir en televisión y sale de cacería. Frecuenta restaurantes y hoteles caros. Con trucos de puta cándida, se las ingenia para regresar acompañada.

En el departamento me hace presenciar su rito sexual. A veces me invita a hacer un trío. Hasta aquí ella me simpatiza. Confieso que disfruto tanto ver como participar. Pero el final siempre es igual: ella se marcha dejando todo el reguero. Yo tengo que deshacerme de los cuerpos. La carne humana ha empezado a repugnarme.

PRESENCIA INOPORTUNA

Hace rato que noto tu presencia. Me rondas como queriendo acercarte. Yo te miro de reojo y pienso en la satisfacción que representaría ponerte una mano encima. A veces parece que vienes derecho hasta mí y me preparo, pero luego te devuelves y te pierdes entre la gente y me quedo con las manos vacías.

Yo sé que tus propósitos no son buenos, que de consumarlos terminaremos a la fuerza emparentados, que puedes hacerme daño. Sin embargo, estoy avisada y no dejaré que me incites. Por fin veo que avanzas hacia mí. Te detienes un poco, das unas cuantas vueltas a mi alrededor como buscando el lugar indicado. Te decides de una vez y vienes directo, atrevido. Preparo la mano. Cuando estás lo suficientemente cerca, la aprieto de un solo movimiento con fuerza, luego la abro lentamente para que no te escapes y estás ahí, en medio de mis dedos, aplastado.

¡QUÉ RICO!

Comenzó observándolo con malicia, con curiosidad de niño, con deseos. Luego lo acarició apaciblemente con la punta de los dedos, sintió su masa firme, pero suave al tacto. Está al punto, pensó y se le hizo agua la boca. Provocaba introducirlo por completo en la boca. Estaba seguro de que entraba sin problemas, tenía el tamaño perfecto.

Trató de establecer por donde comenzar el festín, si por arriba o por abajo. Luego de un escrutinio minucioso, decidió iniciar por arriba para ir bajando lentamente hasta la mejor parte, más rica y placentera. Empezó con pellizquitos suaves, como para no terminar nunca. Disfrutó cada pellizco, cada mordisco, cada movimiento. Al finalizar, se quedó mirando la provocadora semilla y la lamió extasiado. Pasó lentamente la lengua por la punta, la introdujo por completo en la boca y la chupó una y otra vez hasta dejarla sin gusto.

Al terminar llevó las manos a la nariz y aspiró su aroma único y peculiar, luego exclamó:

“¡Dios, qué rico... Qué viva el mango banilejo!”

EL FUTURO

“El futuro está al doblar de la esqui-

na”, decía mi madre cada vez que yo caía en una depresión producto de la situación económica. Yo creí en sus palabras cuando terminé el bachillerato, pero cuando tuve que hacer de tripas corazones para ingresar a la universidad, dudé. Volví a creer, cuando a pesar de las adversidades, logré obtener un grado universitario, pero el andar de empresa en empresa con el título debajo del brazo, me hizo dudar de nuevo. Cuando conseguí mi primer empleo. Al poco tiempo me ascendieron y obtuve un préstamo para comprar un vehículo, volví a creerlo, pero el día que el camión de la basura lo desbarató, estacionado al frente de la casa, dudé. Sí, dudé otra vez.

Cuando la empresa sirvió como garante para que los empleados pudiéramos obtener un préstamo hipotecario para viviendas, me retornó la fe. Cuando perdí mi empleo, la casa y los ahorros de toda la vida pensé, en realidad: “No tengo futuro”. Temí que mi madre estuviera equivocada. Hoy me encontré con mi futuro. No llegó de la forma que lo esperaba: un hombre culto y adinerado que me quisiera mucho ni llegó como el título de propiedad de una casa o vehículo, ni como un viaje por países exóticos ni como un nuevo trabajo.

Estaba justo al doblar de la esquina, como decía mi madre. Primero lo percibí con el olfato, miré al suelo y estaba ahí... embarrando mi zapato.

PREFIERO SALUDARTE

El anciano, desconsolado desde su viejo sillón, observaba el corazón de cartulina que había realizado para ella el día que saldría del hospital. Era enorme, con letras distorsionadas en escarcha dorada decía: “¡Bienvenida a casa, vieja!”. Bienvenida a casa, vieja, repetía, mientras miraba su fotografía a través de la nube de humo que salía del tabaco de marihuana medicado y se hundía poco a poco en el fondo de la botella de alcohol sin prescripción. La mente, desgastada por la enfermedad, se resistía a comprender la situación. ¿Cómo era posible que fuese ella, la fuerte, que nunca enfermaba, que lo cuidaba día y noche desde que le diagnosticaron cáncer terminal? ¿Cómo podía estar ella muerta y no él? No encontraba respuesta.

Maldijo y acusó de injustos a Dios, la vida y los hospitales con sus médicos. Miró la foto tomada en la boda de oro en la que unían sus labios arrugados e intercambiaban miradas de agradecimiento, y comprendió que no volvería a verla, que no le diría nunca más “¡Hola vieja!”, que al día siguiente tendría que ir a la funeraria para decirle adiós. Repitió la palabra de despedida en voz alta, no le gustó como sonó. Empinó la botella hasta el fondo. Empañó los sentidos y fulminó la cordura con una larga chupada al cabo del cigarro. Arrimó el sillón a la ventana. Con una sonrisa y los brazos abiertos, se arrojó al tiempo que gritaba “¡Hola viejaaaaa!” ...Plash.

elCaribe, SÁBADO 23 DE MAYO DE 2026

elcaribe.com.do

Andrés L. Mateo y la venganza como acto de justicia definitiva

SANTIAGO ALMADA salmada@elcaribe.com.do

Andrés L. Mateo nació en 1946, según lo que pudimos averiguar en Wikipedia, hizo sus estudios primarios en el colegio Don Bosco y el bachillerato en el liceo Juan Pablo Duarte. Entre los años 1971-77 estudió en la Universidad de La Habana, donde obtuvo una licenciatura en Literatura Hispanoamericana. Posteriormente, y en esa misma universidad, se graduó en un doctorado en Ciencias Filosóficas. Ha recibido varias distinciones, como el Premio Nacional de Novela 1981 y el Premio Nacional de Literatura 2004. Es autor de las novelas Pisar los dedos de Dios (1979), La otra Penélope (1982), La balada de Alfonsina Bairán (1992) y El violín de la adúltera (2007), además de obras de poesía y ensayos. La obra de la que nos ocuparemos en esta columna es precisamente La balada de Alfonsina Bairán, una historia que transcurre en los años oscuros de la dictadura trujillista y finaliza en los días en que el sátrapa fue ajusticiado.

Escrita en primera persona, un narrador testigo va relatando los hechos en un tono intimista, en un lenguaje maravillosamente trabajado que en algunos pasajes se asemeja a la prosa de Valle Inclán en su Sonata de primavera y en otros al estilo con el que el poeta Leopoldo Marechal traza una mitología absolutamente argentina en su Adán Buenosayres, so-

lo que el personaje que Andrés L. Mateo pone a narrar esta historia escribe desde una melancolía que se plantea profundos interrogantes y divaga en luminosas intuiciones con las que reconstruye, y a veces solo imagina, los contrastes de la vida de Alfonsina Bairán.

La muchacha es hija de un comerciante llamado Haffe Bairán, de origen turco, dueño de “La estrella de Oriente” y amiga de “las turquitas Sahir”, en una época en que el trujillismo ya había mostrado suficiente ferocidad como para que todo el mundo supiera a qué atenerse.

Un día llega a Santo Domingo un español de ojos azules, Alberto Cuadra González, que se instala en la casa de un tío, don Paco Cuadra, del que Alfonsina se enamora y con el que se casa y vive un matrimonio feliz, sin hijos. Su padre, que la había criado solo y que amaestraba perros, detalle que explica el final de la historia, muere al poco tiempo y Alfonsina cierra la tienda y vive del sueldo de su esposo, que se convierte en profesor de varios colegios de la capital.

“Catorce años después de la partida de los españoles; veintitrés de la tarde en que se quitó el sombrero en la dársena del río Ozama, y veintiuno de su matrimonio con Alfonsina Bairán, lo trajeron muerto, con una bala en la cabeza, en el anochecer del 16 de julio de 1958. Tenía cincuenta y dos años…” dice el narrador, y a partir de este segmento la novela cambia de ritmo, de escenario, y los personajes parecen destinados a ejecutar un plan minuciosamente diseñado por la propia Alfonsina.

Los pasajes previos describen una eta-

que recorren las casas de los esbirros, de los soplones, para ponerlos en evidencia, para castigarlos por sus delaciones y por las torturas, por las muertes de jóvenes estudiantes, por las violaciones de muchachas, por la pobreza y la miseria…

El establecimiento de Alfonsina Bairán es quemado por la multitud y el muchacho que narra consigue rescatar del fuego un diario íntimo y una vieja foto de Alfonsina junto a su Alberto, (“Me dio la impresión de que él se inclinaba en el muro y sonreía para quedarse en ella, para marcarle con fuego la memoria, para sobrevivir y hacerse verdadero en esa fotografía”) y con eso, más algunos testimonios, con intuiciones, con imaginación, reconstruye una historia que es la ejecución de una venganza que, ahora lo sabe, ha sido largamente acariciada por una mujer que decidió que se trataba de un acto de justicia superior, al que tenía derecho. Nadie sabe por qué mataron al marido de Alfonsina Bairán, en esos tiempos bastaba que algún “calié” escuchara una opinión, un comentario y lo denunciara a los agentes del régimen, las vidas no valían nada… el narrador dice que un alumno, hijo del asesino, escuchó que Alberto dijo algo, y eso solo le costó un balazo en la cabeza…

pa de encierro monacal, hasta que un día Alfonsina aparece seguida por un grupo de albañiles, transforma esa casa en un cabaret, contrata un grupo de trabajadoras sexuales y se muda a la parte de atrás del negocio, donde cuatro de las chicas viven con ella, y también dos perros feroces que solo Alfonsina puede controlar con un golpe de manos.

El cabaret es frecuentado por militares y gente del régimen, entre ellos “El señor Matías”, un asesino que se destaca por su crueldad y su sadismo, un hombre que masacró a una de las prostitutas en el mismo local, una chica que era la novia o amante de Nelson Nova, el portero, que en sus alucinaciones creía verla… una noche el asesino golpea a ese hombre con tal ferocidad que nuestro joven narrador interviene y después es amonestado por la misma Alfonsina por exponerse a un tremendo peligro; el hombre pudo haberlo matado ahí mismo y nada hubiera sucedido después.

El joven conoce a un viejo abogado que frecuenta el cabaret, y a una de las muchachas, Bartolina, con la que comparte agotadoras jornadas de sexo sin amor, sin la fantasía de soñarse en pareja, solo la carne, solo la despreocupada ignorancia de no entender otra cosa que abrirse de piernas mientras él busca en ella ese pobre, frugal consuelo de compartir una cama que no promete nada, hasta que aparece en los medios la noticia que, otra vez, lo cambia todo. Mataron a Trujillo, la gente sale a las calles a llorar esa pérdida, mientras el país secreto, el país que estuvo sometido por el terror, comienza a despertar en forma de turbas feroces

El asesino, el mismo que Alfonsina identifica como tal, aparece en los días posteriores al ajusticiamiento, sentado en una silla, con una pistola que ni siquiera alcanzó a sacar para defenderse, muerto a dentelladas, con un ojo colgando fuera de su cuenca, con la piel desgarrada debajo de las ropas, hecho un guiñapo sangrante, definitivamente muerto, mientras que el mismo fuego que destruyó el vacío “Bar de la Turca” disipó también en humo la presencia de Alfonsina, de la que nadie sabe nada, esfumada para siempre.

La balada de Alfonsina Bairán tiene varios contrastes compuestos a propósito por su autor, un hombre que, como muchos escritores europeos que no pueden sacudirse a muchas décadas después de la segunda guerra el fantasma del nazismo, necesita volver sobre el trujillato, ese oscuro periodo de un país aplastado por una horda de sicópatas que servían a un amo y a las élites depredadoras que se lucraban de esa dictadura.

El principal contraste es la ferocidad de la venganza, la violencia que acecha, el miedo que se hace carne en los personajes, con la prosa delicadamente pulida, intimista y melancólica de la narración.

Nada es concreto en la figura de Alfonsina Bairán, todo es intuido mediante detalles, figuraciones que surgen de las anotaciones en su diario o cosas que le cuenta al narrador una de las turquitas Sahir, y la charla final que tiene con el abogado que le dice que, finalmente, tanto él como el resto de los testigos de esta historia fueron, en cierta medida, “inventados” por Alfonsina como parte del engranaje de su venganza.

“Las personas felices no tienen historia”, escribió Simone de Beauvoir en su libro La mujer rota, y esta historia extranjera de la alegría, exiliada y enajenada de la felicidad, es una obra maestra que aborda el sufrimiento, la angustia, la desolación, la soledad, reivindicados por un propósito superior, y que desata en el lector una inquietud que solo queda satisfecha cuando se termina de leer la última línea.

NOVELA POR ENTREGAS

La Fortuna Escarlata: crónica de Nassau

La llaman “la república pirata”, pero eso no alcanza para describirla...

Especial

Capítulo 2: El encuentro

La noche había caído sobre Nassau como una manta caliente y húmeda. Las hogueras en la playa crepitaban, lanzando chispas que se perdían en la brisa cargada de salitre y sudor. En las tabernas, los cánticos marineros y el estrépito de vasos rotos competían con el estruendo de tambores improvisados. La ciudad parecía un monstruo insaciable que devoraba ron y ruido, siempre hambriento de nuevas historias, nuevas victorias, nuevas vidas por consumir.

Elías había terminado su encargo y, con unas monedas en el bolsillo, se aventuró al “Tridente Dorado”. Aunque sabía que los marineros podían ser peligrosos, necesitaba un trago para callar las voces de la memoria, aquellas que le recordaban que era un fugitivo sin rumbo. Caminaba con cautela, observando las siluetas que pasaban: corsarios con cicatrices en la cara, mujeres pintadas con colores intensos, desertores que se ocultaban bajo sombreros de ala ancha.

El “Tridente Dorado” hervía de actividad. Un grupo de piratas franceses jugaba a las cartas mientras discutía a gritos. Un marinero negro entonaba un canto melancólico en creole, acompañado de un tambor golpeado con manos callosas. El aire estaba saturado de humo, ron y promesas de violencia.

Allí, entre las mesas, Isabela iba de un lado a otro, repartiendo jarras rebosantes de ron, esquivando manotazos descarados, devolviendo sonrisas cuando era útil y respuestas cortantes cuando era necesario. Había aprendido a sobrevivir en aquel entorno como una gata que conoce cada sombra.

Elías la vio enseguida. Sintió un salto en el pecho, una mezcla de sorpresa y alivio. No estaba seguro de por qué, pero aquella joven parecía ser un punto fijo en medio del caos. Dudó en acercarse, pero no hizo falta: el destino se adelantó.

Un estruendo hizo temblar las paredes. No era el ruido habitual de una taberna: era un cañonazo. Seguido de otro. Y luego gritos que no nacían de la embriaguez, sino del pánico.

—¡Los ingleses! —vociferó alguien—. ¡Han llegado los casacas rojas!

En segundos, la música se detuvo. Los piratas se levantaron derribando mesas, algunos sacaron pistolas y sables, otros huyeron por las ventanas como ratas sorprendidas. El rumor de pasos y gritos invadía las calles. Nassau estaba siendo atacada.

Elías se quedó paralizado, la jarra en la mano temblando. Su instinto le decía que corriera hacia el muelle, pero sus piernas no reaccionaban. Entonces la vio: Isabela recogía una daga escondida

bajo el delantal y buscaba una salida, los ojos encendidos como brasas.

Una ráfaga de mosquetes quebró los ventanales. Vidrios y astillas volaron. Elías cayó al suelo, aturdido, mientras un soldado irrumpía por la puerta con la bayoneta calada. Fue un instante, un latido apenas, pero lo suficiente para que Isabela saltara sobre él. La daga brilló bajo la luz de las lámparas, y el soldado cayó con un grito ahogado, la garganta abierta.

—¡Levántate, inglés! —le gritó ella, tendiéndole la mano—. ¿Quieres morir aquí como un cordero?

Elías, temblando, tomó su mano. Corrieron juntos entre el tumulto, esquivando cuerpos y mesas volcadas. Afuera, la calle era un hervidero de fuego y pólvora. Los soldados británicos avanzaban en formación, disparando contra todo lo que se moviera, mientras los piratas respondían desde las azoteas con arcabuces. El humo de la pólvora convertía el aire en un velo irrespirable. Isabela tiraba de él con fuerza, moviéndose entre las sombras como si conociera cada recoveco. Elías, con el corazón desbocado, apenas lograba seguirla. Nunca había estado tan cerca de la guerra. Los gritos, la sangre, el olor a pólvora: todo lo golpeaba como una tormenta enloquecida.

Se refugiaron en un callejón estrecho, donde la penumbra los cubrió. Ambos respiraban agitados, sudorosos, con los ojos abiertos de par en par.

—¿Qué demonios…? —balbuceó Elías, apoyándose contra la pared.

Isabela lo interrumpió con dureza: —Nassau nunca está a salvo. Hoy los ingleses intentan reclamar lo que creen suyo, pero esta isla pertenece a quien sepa defenderla.

Elías la miró, y por primera vez vio más allá de la muchacha que había recogido mangos. Había en ella una fuerza salvaje, una determinación que lo deslumbró. Era la encarnación de aquel puerto: libre, peligrosa, indomable.

Antes de que pudiera responder, una sombra se abalanzó sobre ellos. Un soldado había seguido sus pasos. Elías, sin pensarlo, levantó el codo y lo golpeó torpemente en el rostro. El hombre vaciló, lo suficiente para que Isabela hundiera su daga en su costado. Elías se quedó helado, mirando cómo el soldado caía entre convulsiones.

—Primera sangre —murmuró ella, sin apartar la vista del cadáver—. Ya eres parte de Nassau.

Elías tragó saliva. Nunca había matado, pero sabía que, en ese instante, ya no había retorno.

Las campanas de la iglesia repicaban

con furia, señal de alarma. La batalla se extendía por toda la ciudad. Isabela tiró de él una vez más. —Si quieres vivir, ven conmigo. Sé dónde escondernos.

Elías la siguió, no porque entendiera qué ocurría, sino porque en aquel caos ella parecía ser la única brújula. Corrieron por callejones, saltaron sobre charcos de sangre, esquivaron hogueras improvisadas. El ruido de la guerra quedaba atrás poco a poco, hasta que llegaron a una pequeña bodega abandonada, oculta tras un almacén de sal. Allí, al fin, se dejaron caer al suelo, exhaustos.

Por primera vez desde que se conocieron, hubo silencio entre ellos. Solo el lejano eco de la batalla recordaba que el mundo seguía ardiendo afuera.

Elías la observó mientras recuperaba el aliento. Sus manos aún temblaban, pero su pecho se llenaba de algo nuevo: no solo miedo, también admiración y un impulso inexplicable de quedarse junto a aquella mujer que parecía capaz de enfrentarse a un imperio entero.

Isabela, al sentir su mirada, arqueó una sonrisa ladeada.

—¿Y bien, inglés? ¿Vas a seguir escribiendo cartas falsas o vas a vivir de verdad?

Él no respondió. No podía. En su interior, algo había cambiado para siempre.

elCaribe, SÁBADO 23 DE MAYO DE 2026 elcaribe.com.do

ACTRIZ Y CINEASTA

Lía es una actriz y cineasta nacida y criada en Santiago de los Caballeros, cuyo sueño “siempre ha sido ser una actriz dominicana destacada en el extranjero”. Descubrió su pasión por la actuación desde niña, al presentarse por primera vez en un escenario. Mientras estudiaba Comunicación Social con mención au-

diovisual, se mudó a Santo Domingo para acercarse a la industria, pero al notar que le daban más oportunidades a influencers que a los actores, entonces creó su canal de YouTube “LiodeLia”, donde durante cinco años interpretó múltiples personajes. “Ese proyecto, junto con mi formación actoral, me ha convertido

13 Cultura

en la actriz que soy hoy”, afirmó Lockhart, quien emigró a Estados Unidos donde amplió y consolidó su trayectoria en cine, teatro y contenido digital, y construyó una carrera marcada por historias que dialogan con la experiencia migratoria, la identidad cultural y la mujer latina contemporánea.

“Nuestro país tiene mucho talento y muchas historias que contar”

¿Cuándo empezaste en el mundo del cine y el teatro, y qué te impulsó a elegir el arte cinematográfico como tu carrera profesional?

Me presenté por primera vez en un teatro a los 12 años y desde entonces no he dejado de actuar. Me consolidé como actriz en 2018 con mi participación como “Celina” en la película Hermanos, dirigida por Archie López y protagonizada por Raymond y Miguel. Amo el teatro, pero la magia de este solo ocurre cuando se está en un espacio y momento específico. El cine, en cambio puede llegar a cualquier lugar donde haya una pantalla. Me impulsa la posibilidad de entretener, educar y conectar con personas de distintas culturas de manera simultánea, y a través de historias dominicanas mostrarle al mundo lo que significa ser dominicano.

¿Cómo describirías tu formación?

Además de mis estudios universitarios y entrenamiento actoral continuo desde los 12 años con base en el método Stanislavski, formé parte de grupos de teatro juvenil y universitario, y me he seguido preparando en técnicas como el método Meisner y el de Uta Hagen. También realicé un curso intensivo de ocho meses con la HAPA (Hollywood Academy of Performing Arts) y actualmente entreno con una coach de actuación para cine y televisión. A la par, he desarrollado experiencia en teatro, cine y plataformas digitales, destacando mi canal “LiosdeLia”, donde interpreté múltiples personajes, y continúo en constante formación explorando métodos como el Chubbuck.

¿Como parte de una nueva generación de actores, cuál es tu objetivo?

Como parte de una nueva generación de actores, creo que nuestra voz es necesaria y valiosa. Nuestra manera de ver y enfrentar la vida aporta nuevas perspectivas que merecen ser escuchadas. Mi objetivo es seguir preparándome y llevar esa representación a cada espacio que alcance, tanto en el cine dominicano como en el internacional.

¿Puedes reconocer técnicas o procedimientos escénicos a los que recurres frecuentemente cuando participas en una obra o película?

Diría que mi enfoque es una combina-

Lía consideró que hay que seguir apostando al arte y a nuestro cine, y mostrarle al mundo lo que significa ser dominicanos.

Encanto

Amo el teatro, pero la magia de este solo ocurre cuando se está en un espacio y momento específico. El cine, en cambio, puede llegar a cualquier lugar donde haya una pantalla”.

Inspiración

Me impulsa la posibilidad de entretener, educar y conectar con personas de distintas culturas de manera simultánea, y a través de historias dominicanas mostrarle al mundo todo lo que tenemos para dar”.

ción de los distintos métodos que he aprendido a lo largo de mi formación. Actualmente, los que más utilizo son Uta Hagen, Meisner y Chubbuck, ya que me permiten trabajar desde la verdad emocional, la escucha activa y las necesidades del personaje.

¿Combinas tu formación actoral con la escritura y proyectos narrativos?

¿Qué similitud existe entre ambas?

Lo que busco es contar historias desde la verdad. A través de ambas exploro la identidad, las emociones y procesos reales de transformación. Con la escritura tengo más libertad y control sobre los mundos que construyo, pero con la actuación les doy vida. Ambas se complementan y me ayudan a entender mejor a los personajes, sus conflictos y sus contextos, especialmente en historias de migración, identidad femenina y transformación personal.

¿Qué es lo primero que haces al abordar un nuevo personaje?

Lo primero es desarrollar una biogra-

fía del personaje a partir de la información que ofrece el guion. Luego, busco las similitudes que tenemos, porque para interpretar a alguien primero necesito entender quién es realmente. A partir de ahí, trabajo la voz y el movimiento corporal para darle vida de forma auténtica. ¿Cuál ha sido el mayor desafío en tu carrera profesional?

Uno de los mayores desafíos ha sido mi primer protagónico en Estados Unidos, el cortometraje “Proxy”, con miras a desarrollarse como largometraje y próximo a estrenarse en verano de 2026. En este proyecto interpreto dos personajes: un holograma de una mujer creado con inteligencia artificial con inglés neutral, y una víctima de secuestro y abuso sexual, con su acento dominicano. Ha sido un reto muy exigente y transformador, y estoy orgullosa del resultado. Tengo muchas ganas de que el público pueda verlo. Asumes tu primer protagónico en el largometraje del actor y director dominicano Manny Pérez, La vida chueca ¿Cómo te preparaste para este rol y cuál fue el aprendizaje?

Empecé con un diario actoral donde desarrollé cada una de las escenas de “Yuleisy”, mi personaje, y su relación con los demás personajes de la película. A partir de ahí construí un arco emocional que espero se vea reflejado en pantalla. Un dato curioso es que tuve que aprender a colocarme una peluca, ya que la versión joven de Yuleisy lleva mi cabello natural, mientras que la versión mayor usa el cabello lacio. Trabajar con Manny fue una verdadera masterclass, sumamente inspiradora, especialmente porque también estoy trabajando para eventualmente producir mis propias películas. Pero lo más importante que aprendí es que el resultado depende en gran parte del equipo de trabajo: si tu crew es bueno, la película será buena.

¿Cómo te imaginas el futuro del arte escénico y cinematográfico en República Dominicana?

Lo imagino brillante. Nuestro país tiene mucho talento y muchas historias que contar. Existe una creatividad muy particular que nace de la necesidad, y eso es algo que he visto en el talento dominicano: encontramos la manera de crear, haya recursos o no. Por eso, hay que seguir apostando al arte y al cine dominicano, y mostrarle al mundo todo lo que tenemos para dar.

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Cultura 23 mayo 2026 by Periódico elCaribe - Issuu