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Cultura 16 mayo 2026

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Cultura

elCaribe, SÁBADO 16 DE MAYO DE 2026 elcaribe.com.do

El futuro de la Orquesta Sinfónica

Andrés Tovar habla del futuro de la agrupación musical del Estado y de su proyección como ente difusor de la cultura musical en nuestro país . P.5

El último adiós al padre José Luis Sáez

El doctor Wilson Enrique Genao traza una semblanza del sacerdote jesuita, investigador docente y referente cultural de larga trayectoria. P.6

“Desde niña supe lo que quería ser”

Bernaliz Rodríguez, periodista y escritora, conversa sobre sus inquietudes y su temprana vocación de escritora, surgida en su infancia. P.14

Anacaona Teatro, un referente de las tradiciones afrocaribeñas

En tierras extranjeras, el centro cultural ha participado en festivales en Cuba, Puerto Rico y Colombia, entre otros países, como difusor de la cultura nacional

La misión de Anacaona Teatro es constituirse en referente del quehacer cultural latinoamericano, basado en las tradiciones afrocaribeñas que influyeron en nuestra identidad. JHONNY ROTESTÁN

MARÍA E. PÉREZ ROQUE meperez@elcaribe.com.do

El origen de Anacaona Teatro se remonta a la Habana, Cuba a final del año 2005, pero fue a mediados del 2006 cuando el

dó en 2007 con la obra “Cada cual lucha a su manera” ,presentada en Casa de Teatro en marzo de 2007.

“Nuestro objetivo es hacer un teatro que rompiera esquemas. De hecho ese es el apellido del grupo, Anacaona Teatro Rompiendo el Esquema porque entendiamos que la figura de Anacaona rompía el esquema en su época”, manifestó Lucina Jiménez.

De acuerdo con la explicación de la también actriz, la misión del centro cultural “es constituir nuestra mirada teatral en referente del teatro latinoamericano-caribeño basándonos en nuestras tradiciones afro caribeñas, ya que hacemos un teatro que está más apegado a un lenguaje universal, pero cada vez más estamos incluyendo esta temática arahuaca, africana para ampliar el nombre que hemos escogido”.

Además, por la importante labor que realiza la institución cultural con las comunidades desfavorecidas, Anacaona Teatro se vio en la necesidad de incorporarse como fundación en 2013.

Para ello tardaron muchos años con la solicitud de subvención, pero hace alrededor de cinco años que reciben un aporte con lo cual se pueden ayudar con el pago del alquiler del espacio donde están ubicados.

Lucina Jimenez informó que el teatro ha realizados presentaciones en importantes festivales en Cuba, Puerto Rico, Colombia, entre otros países, y afirmó: “Presentar nuestra propuesta escénica fuera del país siempre es algo gratificante, no solo por el intercambio cultural con otras agrupaciones teatrales, sino también para mostrar lo que somos como teatristas”. grupo se materializó finalmente en Santo Domingo.

Su nombre, Anacaona, fue escogido por ser una figura representativa de la raza taína, tanto en el país como en Cuba, donde se formaron sus fundadores Lucina Jiménez y Husmell Díaz, ambos actores y productores quienes desarrollaron el proyecto que se consoli-

Programa

El centro difunde y desarrolla el teatro a nivel nacional e internacional a través de la creación, producción y promoción de obras, talleres, festivales y investigaciones”.

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historia de la medicina

Dr. Carlos Alberto Zafra Mendoza

salón de la fauna

torio La Veran, en el año 1901. Director y Administrador del Hospital Civil y Militar

dico de Sanidad Marítima de Puerto Plata, 1889; Jefe de Sanidad del Distrito de Puerto Plata, 1909.

ta, 1916; Médico Legista y de la Cárcel Pública de Puerto Plata, 1918; Médico

y Roma profesor Baldorioti de Castro y el Lic. Francisco Alvarez, de la Univeridad de La Habana, quienes le distinguieron por su amor al estudio siempre conquistando las mejores notas.

Desde que estudiaba el Bachillerato, demostró especial vocación por la ciencia y en 1882, inició sus estudios de medicina logrando en todos los cursos altas notas. En el Instituto Profesional, fué también Licenciado en Farmacia y se le otorgó el exequátur firmado por el presidente Fernando Arturo de Meriño. Se graduó como Lic. en Medicina el 16 de enero de 1887, y el mismo año se le expidió el Exequátur. Contrajo matrimonio durante esos años con la distinguida señorita Carmen Meyreles Simonis . Presentó su Tesis : “Higiene de las enfermedades del aparato respiratorio”. Fue un trabajo muy bien realziado y que gozó de gran aceptacion. Esa tesis fue dedicada a sus profesores los doctores Jose Alfonseca y Carlos Arvelo. Se quejaba en la introduccion de ese trabajo de la terrible falta de higiene y cuidados sobre todo en las personas mas pobres. Decía que su triste experiencia personal le había motivado la realización de esa investigación. Cursó estudios de post-graduado durante un año, de Bacteriología, en París en el Instituto Pasteur, bajo la

dico de Sanidad Marítima, Puerto Plata, 1941. Médico del Ferrocarril Central Dominicano, 1912-22. Recibió diploma de Licenciado en Farmacia, del Juro Médico Dominicano, 1882. Miembro del Jurado Examinador en Farmacia, 1884. Miembro honorario de la Sociedad Unión Puertoplanteña, por servicios médicos prestados en el Hospital “Mercedes”, 1892; Presidente de la Junta Provincial de Sanidad de Puerto Plata, 1912. En 1921 el Ayuntamiento de Puerto Plata dispuso que se diera el nombre del Doctor Zafra a una de las calles de la ciudad y a una de las salas del Hospital “Ricardo Limardo”, por servicios prestados a dicho establecimiento; en 1937 el mismo Ayuntamiento proclamó al Doctor Zafra como Hijo Adoptivo de Puerto Plata, en ocasión de celebrar sus bodas de oro profesionales. Actualmente Médico de Sanidad Marítima de Puerto Plata.

En 1944 y en el marco de la celebracion del Congreso Medico del Centenario, se le dedicó ese evento, resalatando que era el medico con mayor tiempo de ejercicio profesional en el pais.

Hasta la hora de su muerte en 1853, y a pesar de su avanzada edad, se mantuvo activo como Médico del Departamento de Accidentes del Trabajo de la Caja de Seguros Sociales en Puerto Plata. DR. HERBERT STERN

Adolf Hitler

(DÉCIMA CIBAEÑA)

Ei triunfo se celebró Ei día 9 de mayo

Murió gente y hata caballo

Cuando Adoifo enloqueció

Por eso éi atacó Queriendo cogeise ei mundo

Con máj loco tremebundo

Que pensaban en raza pura Una enfeimedá sin cura

De un pensamiento inmundo.

Ei nacijmo se oividó Y hata lo tienen de moda

Ei caco, ei joven se poda

Pa’ decí aquí toy yo En Hollywood se motró La hitorieta ai revé

Ganó ei Teniente Memé

Ei mijmo que mató los indio

Sin gracia, aunque se cree lindo Y quieren a Hitler otra ve.

JOSÉ MERCADER

elCaribe, SÁBADO 16 DE MAYO DE 2026 elcaribe.com.do

Compromiso con el arte y la cultura en el país

Programas y presentaciones

Anacaona Teatro difunde y desarrolla el teatro caribeño a nivel nacional e internacional a través de la creación, producción y promoción de obras, talleres, festivales, investigaciones y otras iniciativas que rompan con los esquemas mentales de la comunidad que impacten y desafíen el intelecto humano.

Para ello, Anacaona Teatro ofrece el programa “Iniciación al teatro” dirigido a niños y jóvenes que desean introducirse en el milenario arte teatral; “Danza Afrocaribeña” para personas que quieren experimentar los códigos de movimiento de la danza afrocubana y dominicana, y el taller permanente “A Viva Voz” que ofrece enseñanza de las técnicas del arte de contar cuentos para el rescate de la tradición oral de los pueblos.

También, “Construcción de personajes”, dirigido a la enseñanza del diseño e interpretación psicofísica de la energía llamada personaje, y “Apreciación teatral”, entrenamiento y capacitación para la descodificación de los componentes que conforman una obra de teatro para la valoración en su justa dimensión, la cual está destinada a formar nuevos públicos para el teatro.

En ese sentido, Lucina Jiménez explicó que Anacaona Teatro cuenta con un proyecto llamado “Escuela Viva de Teatro”, a través de la cual tratan de crear una escuela de teatro, de formación teatral, ya que considera fundamental que se formen nuevas generaciones de teatro.

En cuento a sus presentaciones, en 2012 el grupo realizó por primera vez la edición del Festival de Teatro Paralelo, su proyecto social-artístico más complejo que realizan en noviembre desde hace 14 años de manera ininterrumpida.

“Para mí es muy gratificante llevar teatro a espacios donde no hay ningún tipo de acceso a la cultura, como es la unidad Teófilo Gautier del Hospital Reid Cabral donde nos esperan los niños con VIH. También al sector la Ureña en las Américas, donde existe un alto nivel delictivo, así como en el barrio Moscú, en San Cristóbal donde hay mayores niveles de violencia, entre otros donde trabajamos mucho en la transformación de las comunidades a través del teatro para crear mejores seres humanos”, dijo Jiménez.

Mural que contiene parte de los reconocimientos y publicaciones de los trabajos teatrales que Anacaona Teatro ha realizado a los largo de los años.

Miembros del centro cultural

El equipo que conforma Anacaona Teatro está compuesto por Lucina Jiménez, productora, actriz, docente y directora ejecutiva de la Fundación Anacaona Teatro; Husmell Díaz, docente, actor y director de la fundación; Zacarys Heredia, actor y director técnico de la fundación, así como Raymond Moreta, también actor, coordinador de eventos y comunicación y presidente de la fundación.

Además, Lucina Lugo Amparo, abogada, vicepresidenta y tesorera de la fundación; Ivelisse José Castillo, secretaria general de la fundación; Arturo Rampembert, diseñador gráfico y Francesca Mainardi, coordinadora de prensa y comunicaciones.

El grupo también lo conforman Yesadel de la Cruz, contable; Vladimir Brea, actor y asistente administrativo y Husmell Díaz quienes cada día con su trabajo y esfuerzo se preocuipan por el fortaleciento y el desarrollo de Anacaona Teatro con el objetivo de seguir constituyendo a formar lo que tanto han soñado, de que esteeste sea un espacio de referencia del buen arte y de la cultura en el país.

El espacio está creado para con la posibilidad de realizar obras de teatro con danza aérez. FUENTE EXTERNA

Jiménez recordó con emoción la participación de Anacaona en 2016 en la única obra de teatro acuática que se hizo en el país por Sumer Díaz, una versión de la tempestad de William Shakespeare en el tanque de clavado del Estadio Olímpico. Para dicha presentación el grupo tardó cuatro años trabajando con esa obra para hacer dos únicas funciones.

Sala de Teatro La Gruta Anacaona Teatro sostiene y anima La Sala de Teatro La Gruta, una salón climatizada que recrea el interior de una gruta. Su platea es para 48 personas, pero se puede adicionar para un total de 57 butacas máximo.

Su escenario esta hecho con la posibilidad de hacer obras con danza aérea, y puede ser usado para teatro de concep-

Integrantes de Anacaona Teatro durante un de sus presentaciones. FUENTE EXTERNA

ción circular y ser transformado según la producción que se va a presentar.

“La Gruta de Anacaona Teatro es nuestra casa soñada por muchos años, nosotros sentimos la necesidad de tener un espacio propio, creo que eso es importante que todos los grupos puedan tenerlo para la permanencia en el tiempo”, consideró Jiménez.

Además, manifestó: “Desde siempre nos habíamos visualizado una cueva porque como era Anacaona sentíamos que esta debía ser el refugio de nuestro proyecto. Entonces duramos mucho tiempo buscando, no fue fácil, y finalmente conseguimos este almacén que nosotros habilitamos como sala de teatro gracias al trabajo de Miguel Ramírez que es un artista multidisciplinario, ganador de la Bienal de Artes Plásticas varias veces, quien nos donó la recreación del interior de una cueva para que el público cuando entre aquí tenga una experiencia inmersiva de que está penetrando realmente a una cueva de verdad”.

En ese sentido, afirmó que esta estructura, da la posibilidad ahora de tener una escuela continua de clases, poder hacer más procesos de investigación y exploración de laboratorio, ya que es un espacio que permite ganar en calidad artística porque tiene el espacio para recibir más personas, y por supuesto es un lugar abierto a otras agrupaciones que quieran presentar sus obras aquí.

Proyectos

El equipo de Anacaona Teatro tiene contemplado para este año ir de nuevo a Colombia con un intercambio que tienen con un grupo de allá que participó en el Festival de Cultura en Santo Domingo. Además, ir al Festival de Teatro Hispanoamericano en Rhode Island, “pues tenemos como siempre esa visión de proyectar el grupo de cara a lo internacional, no solo por nosotros sino como teatro dominicano que necesita también proyectarse fuera, porque aquí recibimos muchos grupos internacionales, pero aquí también se hace muy buen teatro”. Igualmente, agregó que en esta segunda etapa, el teatro está habilitando un café al que llamarán el Yocajú como el dios taíno de la mitología, porque se dieron cuenta de que normalmente las personas después de las funciones se quedan conversando sobre las obras que vieron y de lo que experimentaron.

JHONNY ROTESTAN

JHONNY ROTESTAN
Espacio donde funciona Anacaona teatro con capacidad para más de 48 personas.
Lucina Jiménez, directora y fundadora de Anacaona Teatro. JHONNY ROTESTAN
<VIENE DE LA PORTADA
EQUIPO

4 Cultura

La repatriación armada (6) 14 de junio de 1959: Constanza

Era el 14 de junio de 1959 —a eso de las seis de la tarde tarde de un domingo engañosamente apacible—, y algo estaba a punto de pasar: Un avión Curtiss C-46 Comando (con las insignias de la Aviación Militar Dominicana [AMD]) aterrizó limpiamente en el minúsculo aeropuerto de Constanza y provocó un revuelo monumental.

Los guardias que custodiaban el lugar no podían creer lo que estaba sucediendo. Del avión empezaron a salir hombres endemoniados, con uniforme de combate militar, que disparaban contra todo lo que se movía y rápidamente desaparecieron, se internaron en la espesura, en dirección a las montañas, y a su paso dejaron probablemente varios muertos y heridos. El avión, mientras tanto, despegó bajo fuego y regresó a su lugar de origen al mando del piloto venezolano Julio César Rodríguez y el copiloto cubano Oreste Acosta. Se le contaron once perforaciones. Once agujeros de bala.

El vuelo había salido a las tres de la tarde de una localidad llamada El Aguacate, perteneciente a Santiago de Cuba. En su interior llevaba una carga preciosa: cincuenta y cuatro expedicionarios armados hasta los dientes y de un coraje excepcional. Enamorados hasta los tuétanos del más puro ideal libertario. Otros vendrían por mar, a bordo del yate Carmen Elsa y una lancha nombrada Tinina.

Habían abandonado el campamento de Rancho Mil Cumbres a principios de junio y se establecieron durante unos días en otro llamado Cienaguillas, justo al pie de Sierra Maestra. De los doscientos cuarenta y tres expedicionarios que habían pasado el entrenamiento unos veinte desistieron del empeño por enfermedad u otras razones y el resto se dividió en tres grupos, uno que vendría por aire y dos por mar.

Dice Emilio Cordero Michel que a los expedicionarios se les proveyó de abundante armamento, incluyendo fusiles FAL, Garand, carabinas Cristóbal, carabinas Garand M-2, proyectiles a granel ametralladoras de alto calibre y hasta bazucas y morteros y granadas de mano, minas, explosivos, equipos de comunicaciones y alimentos para unos pocos días.

«El plan era crear 3 frentes simultáneos: uno en el macizo central, con su punto de infiltración aérea por San Juan de la Maguana o Constanza, y 2 marítimos en los yates Carmen Elsa y Tínima, a ambos lados de Puerto Plata, con des-

embarcos en La Isabela y Sosúa para infiltrarse y asentarse en la Cordillera Septentrional.

»Era fundamental la sorpresa y simultaneidad, debido a que el momento más difícil y peligroso para la expedición era el de la aproximación y desembarco por la amenaza de la detección y ataque con aviación y/o artillería. Por ello, las primeras horas serían las decisivas, ya que, una vez en tierra e internados en los montes y montañas cercanos, la aviación, la artillería y los blindados serían poco efectivos, y sólo se combatiría contra la infantería, cuando se considerara necesario. La expedición aérea, en un C-46 camuflado con las insignias de la Aviación Militar Dominicana (AMD), estaba bajo el mando de Enrique Jiménez Moya, comandante de la expedición, y su segundo era el comandante Delio Gómez Ochoa; la del yate Carmen Elsa, estaba comandada por el Dr. José Horacio Rodríguez Vázquez, secundado por el Dr. Virgilio Maynardi Reyna; y la del Tínima, estaba bajo el mando de Rafael Campos Navarro, secundado por Víctor Manuel Maynardi Reyna (Silín)». (1)

En el avión, piloteado como ya se dijo por el venezolano Julio César Rodríguez y copiloteado por el cubano Orestes Acosta, llegó la avanzada compuesta por cincuenta y cuatro hombres a Constanza. Unos días después desembarcarían por Maimón y Estero Hondo los hombres de las embarcaciones Carmen Elsa y Tínima. He aquí los nombres de los osados, de los atrevidos, de los temerarios, los nombres de los héroes de la avanzada de Constanza, nombres que deberían estar con los demás en algún monumento, grabados en letras de fuego:

Grupo Jiménez Moya

• Jiménez Moya, Enrique (Coman-

co)

• Taváres Pepín, Alcibíades Antonio (Pijín)

• Torres, Alejandro Fidel (Langué)

• Vega Acosta, Oscar Luís (venezolano)

• Ventura Simó, Juan de Diós

• Wite, Charles (Charlie) (norteamericano)

Grupo Gómez Ochoa

• Gómez Ochoa, José Delio (cubano) (sobreviviente)

• Achécar Kalaf, Antonio Javier (Tonino)

• Almánzar Díaz, Juan Antonio

• Almonte Pacheco, Antonio Gonzalo (sobreviviente)

• Callejas, José Luís (cubano)

• Chervony, David (puertorriqueño)

• Feliú Arzeno, Miguel Angel (Miguelucho)

• Fernández Báez, Pedro Pablo

• Germán Santos, Francisco Medardo (sobreviviente)

• López Rodríguez, Frank Eberto (cubano)

• Mella, Rafael Augusto

• Mirabal Guerra, Pablito (cubano) (sobreviviente)

• Moore Garrido, Rafael (Fellín)

• Pou Saleta, Poncio (sobreviviente)

• Puigsubirá Miniño, Juan Enrique (Johnny)

dante de la Expedición)

• Alfonseca, Alberto J. (Beto) (cubano)

• Alfonseca Espaillat, Augusto Juan (Purro)

• Aliés Messón, Miguel

• Almonte F., José Vicente

• Batista Cernuda, José Antonio (Chefito)

• Betancourt Carril, Enrique (cubano)

• Cabral Manzano, Carlos Luís

• Cabrera Liz, Juan Francisco (Quico)

• Cárdenas Soto, Juan (venezolano)

• De los Santos Peralta, Félix (Esperanza)

• Domenech Russo, Alejandro César

• Ermini, Edwin (venezolano)

• González, Antonio Luís (venezolano)

• Guzmán Abréu, Leandro Efraín

• Henríquez Rodríguez, Rafael (Chapú)

• Hungría Fermín, José Antonio (Tony y Tonty)

• Jiménez Nouel, Leopoldo

• López López, Ramón (Nené) (cubano)

• Mainardi Méndez, Víctor Eligio (cubano)

• Mateo Calcagno, Héctor Vinicio (Mateíto)

• Molina González, José Isaac (venezolano)

• Montesinos, Max (cubano)

• Patiño Martínez, José Arismendi (Chepito)

• Perelló Díaz, Rafael Tomás

• Pichardo Díaz, Federico Augusto

• Reyes Medina, Oscar (Cohetico) (cubano)

• Rodríguez, Rafael A. (Tony)

• Spignolio Mena, José Antonio (Cu-

• Rodríguez Bou, Gaspar Antonio (Napy y Tony)

• Rojas Pérez, Cosme Augusto (Rojitas)

• Ruíz, Ramón (puertorriqueño)

• Sintjago Pou, Rinaldo

• Vargas y Vargas, Mayobanex (Nené) (sobreviviente)

Uno de los hombres de más arrestos, y con una historia muy singular a su espalda, era Juan de Dios Ventura Simó. Éste era capitán piloto de la Aviación Militar Dominicana y cuando se enteró de los preparativos de una expedición contra el gobierno de la bestia desertó el mes de abril en su avión Vampiro (Havilland DH.100 Vampire), aterrizó en Puerto Rico y pidió asilo, viajó posteriormente a Venezuela y finalmente se unió a los insurrectos.

Juan de Dios al parecer no participó en los entrenamientos. Vino en el avión como asesor e ingeniero de vuelo y se suponía que regresaría en el avión. En algún momento, según se dice, cambió de opinión y se tiró al ruedo, se fue al monte con los demás, desoyendo los llamados del piloto para que regresara. Tres días después sería capturado y bárbaramente torturado.

Fue uno de los once o doce francomacorisanos (Bienvenido Fuertes Duarte, Frank Grullón, Nino Rizek, Leandro Guzmán Abreú, Papi Olivier, José Martínez, Guillermo Padilla, Ercilio García Bencosme, Tonino Achecar y Manuel José Del Orbe) que ofrendaron sus vidas en la contienda.

(Historia criminal del trujillato[179]) Bibliografía

• Robert D. Crassweller, «The life and times of a caribbean dictator».

Nota:

Emilio Cordero Michel, «Las Expediciones de Junio de 1959», pgs. 112, 113

Molina, la OSN y el futuro de una orquesta

ConCierto Sentido

Especial

Una orquesta no solo toca, también piensa, respira, se mira por dentro. El miércoles 13 de mayo, durante el conversatorio-concierto “Conversaciones con el Maestro Molina”, la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) no fue únicamente el cuerpo sonoro de un evento, sino la representación viva de una idea. Y esa idea la resumió José Antonio Molina con la mezcla de humor, hondura filosófica y autoridad artística que le conocemos: “La música no se explica del todo porque no pertenece del todo a este mundo”.

La verdadera noticia de esa noche no fue que el público escuchara obras representativas del “universo Molina” (“Obertura Yaya”, “Abril 21”, con el pianista Di Blasio Taveras como solista, y “Fantasía Merengue”), tampoco fue únicamente que el maestro hablara de su proceso creativo, de su relación con la orquesta o de las piezas que integraron el programa. La verdadera noticia fue que, en pleno 85 aniversario de la OSN, Molina convirtió el evento en un espacio reflexivo vivo sobre la música, la dirección y la escucha, dentro de un momento en que la institución está intensificando su dimensión didáctica, su política de relevo y su trabajo de mediación cultural.

El evento plantó la bandera de una orquesta que ya no quiere hablarle solo al oído entrenado del melómano, sino también al ciudadano que necesita comprender por qué una orquesta importa. En tiempos de atención fragmentada, consumo rápido y algoritmos que empujan la cultura hacia lo inmediato, una orquesta sinfónica tiene que hacer algo más que tocar bien. Tiene que crear contexto, formar escucha, producir sentido, explicar sin empobrecer, acercarse sin banalizar. Abrir una puerta sin rebajar la exigencia de lo que ocurre al otro lado.

La música, según Molina Molina empezó por la pregunta más difícil: ¿qué es la música? Su respuesta fue una negativa a encerrarla en una definición. Hay definición para el sonido, dijo, pero el sonido no es la música. La música es una vivencia, se vive o no se vive. No es una cosa que pueda sostenerse con las manos ni una idea que pueda reducirse a una frase. Usa el sonido, pero lo trasciende. Nace en el mundo físico, pero su sentido ocurre en otro lugar: en la memoria, en el cuerpo, en el alma. Por eso resulta tan provocadora otra de sus ideas: “La música no es bella, la música no es fea, la música simplemente existe o no existe”. En una época que quiere clasificarlo todo, la frase tiene fuerza casi subversiva. Molina no niega el juicio artístico; niega la reducción de la música a un adjetivo decorativo. El músico, desde esa perspectiva, no fabrica belleza como quien produce un objeto, sino que crea las condiciones para que algo ocurra.

La segunda gran lección fue que ninguna obra significa siempre lo mismo. Mo-

lina lo explicó con la Sinfonía núm. 40 de Mozart: si el oyente llega abatido, puede parecerle la obra más triste del mundo; si llega feliz, puede escucharla como una música luminosa. La partitura no cambia, cambia quien escucha. Y ahí hay una verdad profunda: escuchar música también es escucharse a uno mismo. Cada concierto entra en una biografía concreta, en una herida o en una esperanza.

Estas reflexiones se enmarcaron en la confesión de un otrora joven director que se paró hace años frente a la principal orquesta del país, solemne y deseoso de parecerse a Bernstein, Karajan o Furtwängler, y que, con el tiempo, dijo, aprendió a dejar de querer ser otros y aceptó ser José Antonio Molina. Esa frase tiene un peso enorme. En la dirección orquestal, la madurez llega cuando el gesto deja de exhibirse y empieza a escuchar. El director joven quiere ser visto, el director maduro quiere que la música ocurra.

Puello, Margarita y Santy: ciencia, gestión y transmisión

Por su parte, la presencia del doctor José Joaquín Puello, de Margarita Miranda Mitrov y de Santy Rodríguez conformó un triángulo revelador: ciencia, gestión cultural y transmisión artística. Puello aportó la ciencia, esa mirada que permite pensar la música desde el cerebro, la memoria, la emoción y la salud. Margarita Miranda Mitrov, presidenta de Fundación Sinfonía y moderadora del encuentro, encarnó la gestión cultural, la dimensión que hace posible que el talento tenga estructura, continuidad y pú-

blico. Y Santy Rodríguez, director asistente de la OSN, representó la transmisión artística. Molina lo presentó como su pupilo, su discípulo de toda una vida, casi como un hijo. Que fuera él quien dirigiera a la orquesta en un programa de obras de Molina convirtió la noche en una escena de relevo.

Esa lectura es clave. La OSN, a sus 85 años, no puede limitarse a celebrar su historia. Debe preguntarse quién la escuchará, quién la dirigirá, quién la defenderá y qué lugar ocupará en la vida cultural dominicana de las próximas décadas.

“Conversaciones con el Maestro Molina” mostró una ruta posible: tocar, sí, pero también explicar; interpretar, formar, conservar una tradición, pero abriendo nuevas puertas de entrada para nuevos públicos. Si quiere permanecer viva, tiene que crear contexto sin perder misterio. Molina posee justamente ese don: puede hablar de Beethoven y de Tatico Henríquez dentro de una misma reflexión; puede bromear sin trivializar; acercar sin empobrecer. Esa capacidad es valiosa para una OSN decidida a intensificar las bases de sus futuros legados.

Al final, “la música se evaporó”, como dijo Molina. Pero algo quedó: la imagen de una orquesta que no solo ejecuta, sino que piensa su lugar en el país. Quedó la certeza de que una batuta no manda únicamente: escucha, interpreta y transmite. Y quedó una pregunta necesaria para la cultura dominicana: si una orquesta puede enseñarnos a escuchar mejor, ¿qué país podríamos llegar a ser si aprendiéramos a escucharnos con la misma atención?

Mahler, de antología

Tras su aclamado ciclo de Shostakovich con la Orquesta Sinfónica de Boston, un proyecto monumental que recientemente ganó su quinto premio Grammy, y otro ciclo de Mendelssohn con la Orquesta Gewandhaus, el próximo lanzamiento de Andris Nelsons está dedicado a la música de Gustav Mahler. Se ha unido a la Filarmónica de Viena -la orquesta del propio Mahler- para grabar las diez sinfonías del compositor junto a Deutsche Grammophon, comenzando con la Sinfonía Nº5, lanzada esta semana como álbum digital y de vinilo.

La primera sinfonía puramente instrumental de Mahler desde la Primera, la N.º 5 en Do Sostenido menor, fue compuesta entre 1901 y 1902, años en los que el compositor sufrió una grave crisis de salud, pero también conoció y se casó con Alma Schindler, hechos que se reflejan en el arco narrativo de la obra, que alterna entre la oscuridad y la luz. La marcha fúnebre inicial da paso a un segundo movimiento «tormentoso y agitado» y a la exuberante alegría del Scherzo danzante. El cuarto movimiento, el íntimo y tierno Adagietto para arpa solista y cuerdas, que se cree que fue una carta de amor a su joven esposa. Y el Rondó-Finale pone fin a la obra con un radiante estallido en re mayor.

Andris Nelsons ha forjado una estrecha relación de trabajo con la Filarmónica de Viena durante los últimos 15 años y este proyecto, que realizará varias entregas durante los próximos meses hasta completar un set de 14 CD el 23 de octubre, prometen convertir este proyecto en uno de los más importantes dedicados a Mahler de nuestro tiempo.

De Izq. a Der: Santy Rodríguez, Di Blasio Taveras, José Joaquin Puello, Margarita Miranda Mitrov y José Antonio Molina. CORTESIA
Ciencia, gestión cultural y música en comunión perfecta. CORTESIA
ANDRÉS TOVAR EDITOR DIGITAL

Las huellas del P. José Luis Sáez: altar, aula, cine, archivo e Historia

PROFESOR A TIEMPO COMPLETO wilsongenao@pucmm.edu.do

El 6 de mayo de 2026 falleció a los 88 años en Santo Domingo el destacado sacerdote jesuita José Luis Sáez. Su servicio a Dios y a la Iglesia con 55 años de sacerdote, su labor docente y sus aportes al cine, periodismo y a la historia de la Iglesia dominicana fueron destacados por diversas instituciones incluida la Conferencia del Episcopado Dominicano, la Provincia del Caribe de la Compañía de Jesús, la Arquidiócesis de Santo Domingo, la Academia Dominicana de la Historia, la Academia de Ciencias de la República Dominicana, así como por diversas instituciones universitarias, la prensa nacional, colaboradores en la docencia y el periodismo.

Aunque nació en Valencia, España, en 1937, adoptó la nacionalidad dominicana en 1966 país al que había llegado en 1954 y al cual se dedicó a servir desde el campo religioso como jesuita, desde las aulas universitarias y como historiador e investigador de grandes procesos de la historia eclesiástica colonial y republicana, la cultura y el cine.

Sáez ingresó a la Compañía de Jesús el 6 de octubre de 1958 en el Noviciado de El Calvario en Cuba. Estudió Filosofía en Fordham University (Nueva York, Estados Unidos) y Teología en Woodstock College (Woodstock, Maryland). Fue ordenado sacerdote en Santo Domingo, el 6 de junio de 1970 por imposición de manos y plegaria de Ordenación de Monseñor Hugo Eduardo Polanco Brito. Pronunció sus últimos votos como jesuita en ManresaLoyola el 15 de agosto de 1987. Su labor al servicio de la Iglesia lo sintetiza en su cuenta de Instagram la Arquidiócesis de Santo Domingo destacando “su entrega generosa, su testimonio de fe y su incansable labor intelectual, que contribuyó a profundizar la compresión de nuestras raíces e identidad como Iglesia”. Su huella también se hace presente en el campo educativo. En Radio Santa María desarrolló diversos programas que promovían la educación y la formación de jóvenes. De igual forma, fue profesor en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), en el Centro de Estudios Institucionales de Teología de la orden dominicana y del Seminario Pontificio Santo Tomás de Aquino.

Su labor intelectual se tradujo en una amplia producción de libros, capítulos de libros, artículos en revistas y artículos de prensa incluyendo el vespertino La Noticia, el diario Clave Digital, Acento, entre otros. Sus investigaciones constituyen aportes esenciales para estudiar la historia de la Iglesia dominicana. Su amplia obra dentro de la historia eclesiástica incluye textos relacionados con

Fuente: Jesuitas Caribe.

figuras importantes de la Iglesia entre las que se encuentran: Un mártir brotó en el cabo: Apuntes para una biografía de Jacques Jules Bonnaud 1740-1792 (1974); Papeles del Padre Fuertes (1871-1926), (1989); El arzobispo Mena (2000); Monseñor Pittini (2002); El padre Gaspar Hernández Morales, M.I. (1798-1858) y su verdadero aporte al movimiento independentista (2003); Documentos inéditos de Fernando A. de Meriño (2007); Documentos inéditos del arzobispo Adolfo A. Nouel, 3 vols. (2008); Retratos de medio cuerpo: nueve figuras de la iglesia en Santo Domingo (2012); Monseñor Eliseo Pérez Sánchez. Notas biográficas y documentos completos (2015).

Sus aportes al estudio de la historia institucional de la Iglesia, de la Compañía de Jesús y de la vida religiosa fue amplia y profunda entre las que se encuentran: Testigos de la esperanza. Historia de la vida religiosa en Santo Domingo (1979); Los jesuitas en la República Dominicana (2 tomos, 1988-1990); La Iglesia frente al esclavo en Santo Domingo, 1501-1683 (1990); Historia de la Iglesia dominicana. Diez años de bibliografía, 1979-1989 (1990); La Iglesia y el negro esclavo en Santo Domingo (1994); Cinco siglos de la iglesia en Santo Domingo. Panorama general (1995); Jesuitas nacidos en La Española, 1658-1767 (1998); Documentos de la Provincia Eclesiástica de Santo Domingo 1504-1994 (1998); La formación sacerdotal en Santo Domingo.

Desde el Concilio de Trento a la fundación de la República (1999). Además, La expulsión de los jesuitas de Santo Domingo (2006); El Quehacer de la Iglesia Dominicana (2007); Libro de Bautismos de Esclavos del Arzobispado de Santo Domingo (su transcripción, 2008); La sumisión bien pagada La Iglesia dominicana bajo la Era de Trujillo, 2 vols. (2008); Presencia de los jesuitas en el quehacer de Cuba, vol. I (La Habana, 2016).

Los aportes de las instituciones de la Iglesia a la educación no escaparon a su producción historiográfica como se manifiesta en sus obras: Breve Historia del Colegio de Belén (2002; Autoridad para educar. Historia de la escuela católica dominicana (2008); La otra historia del Seminario Pontificio Santo Tomás de Aquino (2013); Instituto Politécnico Loyola. Sesenta años después (2020).

La variedad temática de su amplia producción toca temas políticos con Breve historia política de la República Dominicana, 1492-1992 (1992); la cultura, con Apuntes para la historia de la cultura dominicana (1997) y la salud con los trabajos El Hospital San Nicolás de Bari y sus relaciones con el primer hospital romano (1993); Los médicos del Santo Domingo Colonial (ss. XV-XVIII) (1994); Los hospitales de la ciudad colonial de Santo Domingo: Tres siglos de medicina dominicana (1503-1883), (1996).

Hizo grandes aportes al cine y a los medios de comunicación no solo a tra-

vés de la formación como profesor, sino también con sus investigaciones en este campo con obras: Teoría del Cine. Apuntes sobre el arte de nuestro tiempo (1974); Historia de un sueño importado. Ensayos sobre el cine en Santo Domingo (1982); Apuntes de Periodismo Iconográfico (1986), entre otros.

Fue director del Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Santo Domingo, miembro de número de la Academia Dominicana de la Historia donde fue secretario de las Juntas Directivas del 2019-2022 y 2007-2010 y vocal 2010-2013; miembro honorario del Instituto Dominicano de Genealogía y miembro de la Comisión de Ciencias Sociales de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Su labor fue reconocida a través de diversos reconocimientos que incluye la Orden de Duarte, Sánchez y Mella en el año 1999; el Premio Caonabo de Oro, 2017; un reconocimiento de la PUCMM y comunicadores católicos en 2022, entre otros.

Sacerdote, jesuita, historiador, investigador, archivista, profesor universitario y crítico cinematográfico, sus huellas permanecen en las comunidades que acompañó en su servicio a Dios y a la Iglesia; en la generación de periodistas y comunicadores que formó; en los documentos y archivos que organizó y en las más de 30 obras y de sesenta ensayos históricos que publicó en revistas especializadas. Centro estudios caribeños. PUCMM. .

elCaribe, SÁBADO 16 DE MAYO DE 2026

elcaribe.com.do

Hay que leer dominicano

Pedro Antonio Valdez, entre el humor y el pesimismo

SANTIAGO ALMADA salmada@elcaribe.com.do

Pedro Antonio Valdez nació en La Vega en 1968. Según lo que pudimos rastrear en internet sobre su formación académica tiene un título en Filosofía y Letras y completó estudios en lingüística y literatura en la Universidad del Caribe, fue fundador del Taller Literario Estudiantil, del taller La Matrácala y cofundador del Ateneo Insular, es autor de varias novelas, entre ellas El carnaval de Sodoma, que fue llevada al cine por Arturo Ripstein en 2006, ganador de varios premios y es también autor de Papeles de Astarot; La rosa y el sudario: Bachata del ángel caído; Palomos, entre otras obras.

El libro de Pedro Antonio Valdez que comentamos en esta página es Dominicanos, un título que no dice nada y sugiere mucho menos, hasta que, al asomarnos a sus páginas, nos encontramos con textos llenos de vitalidad, que retratan la cotidianidad dominicana en algunas de sus manifestaciones más comunes y hasta las más traumáticas, incluso la de los dominicanos que forman parte de la diáspora, en páginas por las que campea un humor crítico y una visión que, si bien no es desengañada, es más bien pesimista, porque revela un trasfondo de descreimiento y desconfianza, típicos de la mentalidad del dominicano en general, que tiende a desconfiar no solo de los líderes y re-

ferentes, sino de todo el sistema.

En el primer relato, Relación acerca de la ruina de la Concepción, Valdez traza una suerte de investigación que reconstruye un “tirijala” entre el gobernador o alcaide del poblado de la Concepción, que había perdido a su familia en un naufragio y se llamaba Alonso Lucas, hombre que soñaba con calzarse las vestiduras de virrey y que había mandado a construir un fastuoso cementerio en el pueblo.

Nunca se nos dice el nombre del obispo, que se opone a esa construcción lujosa que considera un monumento a la vanidad, y se niega a enterrar allí al primer muerto, un indio al que el propio alcaide y sus hombres mataron para que su cementerio quedara inaugurado, pero el obispo se niega porque los indios eran, en ese entonces, “bestias sin alma” por más bautizados que estuviesen. El segundo cadáver, una dama distinguida, doña Flor de la Inmaculada, blanca y cristiana, tampoco pudo ser sepultada en el camposanto, porque su última voluntad había sido que la enterraran en el cementerio de Nuestra Señora de la Vera Paz, adonde finalmente es enviada. Don Alonso Lucas, frustrado porque no puede inaugurar su camposanto, decide suicidarse, pero la fecha era 2 de diciembre de 1562, día en que un terremoto sepultó a la ciudad, no sobrevivió una sola alma ni quedó piedra sobre piedra, de modo que hasta el mismísimo cementerio quedó sepultado.

El voto es el título de otro de los relatos, posiblemente el más hilarante de todo el libro, por la descabellada situa-

En el cuento titulado Contrapunto: Luis Vargas vs Federico Chopin el protagonista es un académico dominicano que vive en Nueva York, un hombre que, además de estar orgulloso de su formación y de su estatura intelectual, toma sus pastillas, cumple con su horario de trabajo, no se mete con nadie, rehúye el ruido, y mientras prepara para una de sus clasees un resumen del ensayo “What is poetry?”, de John Stuart Mill, escucha el étude número 3 in E Major, Opus 10 de Chopin, pero desde un piso de abajo del mismo edificio comienzan a escucharse los compases de la bachata Esa mujer, de Luis Vargas, que se impone con su ritmo pegadizo al piano clásico que él escucha y, como todo intelectual, se queja, exige que quiten o bajen esa música, pero lo que no puede evitar es que ese ritmo se quede en su memoria, con su letra de amargue por un amor perdido… Esa mujer de la que hoy le hablo/ con el pecho desecho, esa mujer/ mi cuarto, mi carro, mi cama y mi radio/ Oh, lleno de recuerdos, todo ella lo dejó… esos compases pegadizos resuenan en la memoria del intelectual, hasta que sus alumnos se dan cuenta de que él está tarareando esa bachata, y es como si se hiciera realidad esa décima de Juan Antonio Alix del “negro tras de la oreja” que no se puede negar por mucho empeño que se ponga en hacerlo.

ción que relata y por el carácter del personaje que narra los hechos. En un país que vive en campaña electoral y donde los políticos acaparan el espacio en todos los medios y todos los días, ocurre lo impensado, lo impensable; nadie acude a votar en unas elecciones y, por lo tanto, es imposible para el titular de la Junta Central Electoral hacer un recuento de sufragios y determinar un ganador, de manera que se lanza una nueva convocatoria electoral: el Congreso aprobó leyes que castigaban con prisión a quien no votara… “A nosotros nos reclutó un mayor de la vieja guardia, vale, y nos organizó como a una banda de paleros, tal como hacíamos antes, en los buenos tiempos, cuando el militar era militar y el civil no era gente. Vamos a ver quién se atreve a no votar ahora, carnal”, dice el personaje que narra. Pero las urnas retornan vacías, aunque en una de ellas aparece un solo voto, y cuando el director de la Junta Central lo despliega, resulta que la papeleta estaba en blanco, sin una sola marca, de manera que ante la posibilidad de declarar un ganador gracias al único voto emitido, el país se polariza, los guardias se dividen en bandos que se amenazan unos a otros, los políticos hacen declaraciones tremendistas en la prensa, pero, dice el narrador para concluir: “Si para algo son especialmente buenos los políticos es para hacer negocios”, entonces todo vuelve a la normalidad porque, al fin de cuentas, el sistema se había salvado gracias a un solo y único voto.

Hay más relatos en este libro de Pedro Antonio Valdez, todos escritos con la misma exquisita calidad, con el cuidadoso lenguaje del orfebre que trabaja con puntillosa dedicación cada frase, que incluye uno que otro dominicanismo en el pasaje exacto, y que nos arranca una carcajada con las salidas de algunos personajes o una sonrisa, ese puente que, según Sigmund Freud, salva el abismo que se abre entre el absurdo y la lógica de la realidad.

En su monumental novela Adán Buenosayres, el escritor argentino Leopoldo Marechal habla de un “humorismo angélico” y sugiere que la sátira “puede ser una forma de la caridad, si se dirige a los humanos con la sonrisa que tal vez los ángeles esbozan ante la locura de los hombres”.

Aunque no estamos ante un libro de chistes, sino más bien ante un retrato de la condición humana del dominicano, con todo lo que subyace en lo profundo de su espíritu, un sustrato que Pedro Antonio demuestra conocer a cabalidad, y que dibuja en el lector esa sonrisa angélica de la que hablamos.

Este tipo de humor, ajeno a la crítica despiadada o a la descalificación total, es el que asoma en las páginas de Dominicanos, un libro en el que Pedro Antonio Valdez nos invita a recorrer algunas de las características más hilarantes de la mentalidad dominicana, acaso como una forma de hacer realidad lo que alguna vez escribió Epicteto: “El que se ríe de sí mismo nunca se queda sin cosas de las que reírse”, y los dominicanos, pese a las vicisitudes que jalonan su accidentada existencia como nación, han aprendido a lo largo de los siglos a reírse de ciertos problemas y de ciertas situaciones, Pedro Antonio no analiza ni explica nada, simplemente nos muestra cómo lo hacen y nos invita a reír con sus historias.

8 Cultura

LAS VAINAS DE MERCADER

Los 16 innings de marichal que estremecieron al mundo (v)

JOSÉ MERCADER

666mercader@gmail.com

5° INNING

La fanaticada puertorriqueña estaba dividida en la simpatía a Cepeda. Su padre, Peruchín Cepeda, fue un gran pelotero boricua, pero ahora Puerto Rico estaba dominado por una dependencia neocolonial y a punto de perder su idioma y su identidad. Claro que Cepeda era un orgullo para el fanático de la isla vecina, pero no se podía olvidar los esfuerzos que hicieron Lolita Lebrón y el grupo de independentistas que luchaban por un Puerto Rico libre. Cepeda, como la mayoría de jugadores, no pensaba en nada que fuera política. Son contados los jugadores que se involucran en cuestiones fuera de la pelota y en eso resaltaron Roberto Clemente y Curt Flood. El primero, por su sensibilidad humana y el segundo, por su rebeldía y lucha a favor de los peloteros contra los dueños de equipos que los negociaban como si fuesen quintales de yuca. Clemente tenía clara la cuestión de su identidad de puertorriqueño y odiaba que lo llamaran Bob.

Muchas fueron las desconsideraciones.

Para 1966, Marichal exigía un salario de 75 mil dólares, pero el gerente general de los Gigantes, Chub Feeney, le dijo que ellos no tenían ese dinero. Marichal estaba decidido a no jugar hasta que Heman Franks (quien sustituyó a Alvin Dark) le llamó y le dijo que se presentara a los entrenamientos, que todo estaba arreglado. Marichal se topó entonces con Feeney, quien le pidió que pasara por su oficina para negociar. Y él le respondió que no, que Franks le había dicho que todo estaba arreglado. Feeney le respondió a Marichal que él no iba “nunca a ganarse 75 mil cortando caña”. Marichal le respondió que probablemente que no, pero que podía ganar más con otro equipo si ellos lo liberaban. Y es esa, una de las grandes batallas del béisbol que se dio contra los propietarios. Fue Curt Flood quien se paró en dos patas y les dijo a los Cardenales “a mí no me mandan ustedes a Filadelfia. Yo no juego con esos racistas de la mierda”. Y no lo mandaron.

(T1) McMillan fue un out fácil en el inicio del quinto. Con una cuenta de 2-2 conectó un rolin directo al guante de Pagán, quien lo remató en primera.

(T2) Spahn vino al bate como un bateador cualquiera. Todavía quedaban píchers que eran formados para el bateo, una época que no contaba todavía con el bateador asignado. Spahn era capaz de soltarle un tablazo a cualquier pícher, como lo demostró en este mismo juego, pe-

ro más tarde. En este turno Marichal lo ponchó poniéndolo a cazar mariposas.

(T3) El primer bate, Lee, de la artillería de Milwaukee volvió al home buscando un primer hit del juego. Los dos flais anteriores lo decepcionaban un poco, de manera que en este turno se armó de paciencia para esperar la de él. Con tres bolas más y un fao, recibió un boleto gratis a la primera. Fue un lanzamiento un poco adentro que pasó por el centro. Bailey se levantó para retirarse hacia el dugout; pero el ampaya cantó bola mala. Todos los jugadores del terreno volvieron a ocupar sus posiciones. Marichal mismo hi-

zo una mueca de desaprobación, lo que no impidió a Bolling colocarse delante del quécher con su tolete al aire. (T4) Lee Maye se alejaba considerablemente de Cepeda, quien enfocaba a Marichal con el mascotín. Pero Marichal prefirió concentrarse en Bolling y le lanzó el primer strike. Maye entendió el gesto de Marichal de no perseguirlo, de manera que, cuando este estaba bajando el pie de las nubes, ya él iba por mitad de camino hacia la segunda y Bailey ni se molestó en lanzar. Si Maye hubiese querido robarse la tercera lo hubiera hecho fácilmente porque Marichal seguía concen-

trado en Bolling. El primer lanzamiento con Maye en segunda fue una curva que abría hacia afuera y que Bolling golpeó con solidez para sacar una línea que marcaba su trayectoria desde el bate al guante de Harvey Kuenn en la tercera base. (T1) Gigantes al bate. A Bailey le dio justo el tiempo del calentamiento en el terreno de los Bravos para quitarse la careta, pechera y rodilleras. Sin tiempo para ningún swing, se paró en el home cuando Dell Crandall hacía el lanzamiento rutinario que marcaba el fin de las prácticas intra inning. Bailey no hizo servicio militar que interrumpiera su carrera de pelotero. Todavía Cassius Clay no se había cambiado el nombre (lo hizo el año siguiente después de la pelea contra Sonny Liston) y tampoco se había negado a ir a Vietnam, lo que hizo el 8 de mayo de 1967. “Yo no tengo que recorrer más de 15 mil kilómetros para ir a matar gente inocente” declararía cuando no aceptó participar de una de las guerras más crueles e inhumanas. Diferente a Spahn que perdió tres años enrolado en el ejército. Spahn no jugó en las temporadas de 1943, 44 y 45. Ed Bailey batea a la izquierda, aunque tira a la derecha. Su número 6 se veía perfectamente desde las gradas; Spahn se preparaba para dominar otro inning. Sabía que no vendría la batería fuerte de San Francisco. Al primer lanzamiento, Bailey sacó un fao de línea hacia atrás que casi le cepilla el caco al ampaya. Nuevamente Bailey colocó sus 205 libras frente al plato en espera de otro cañonazo de Spahn. Lo dejó pasar y se lo cantaron. El próximo también lo dejó pasar, pero ahora una curva que abrió demasiado hacia afuera y que Crandall no pudo atrapar. Con cuenta de 1-2 sacó un roletazo hasta la primera. Larker la recogió como si nada y él mismo pisó la almohadilla. (T2) José Pagán se inició en el equipo de los Gigantes en 1959 y, aunque no se puede decir que era un afroamericano, el hecho de ser latino, lo metía en el paquete con las discriminaciones correspondientes a la época. No era un jugador alborotado; sus cuatro años en el equipo era la mejor prueba de su buena participación como jugador regular o casi. Ni los latinos, ni los negros eran del agrado del mánager Dark, quien llegó a decir que la serie del año anterior, frente a los Yankees, la perdieron “porque en el equipo había muchos negros y latinos” y otras barbaridades más.

Para Spahn, Pagán era un bateador conocido y le lanzó todo su repertorio correspondiente para engañarlo y, justo en el segundo lanzamiento, lo obligó a sacar un flaicito al siore.

(T3) Chuck Hiller, con tan solo 28 años, es un bateador zurdo, liviano de 170 libras. Al primer lanzamiento sacó un flai que Bolling en la segunda pidió y atrapó. (Escrito sin Inteligencia Artificial)

Juan Marichal. DANNY POLANCO
Peruchín Cepeda.
Roberto Clemente.
Muhammad Alí.
Eddie Mathews.

elCaribe, SÁBADO 16 DE MAYO DE 2026 elcaribe.com.do

Espejo de tinta

Poemas de Jairo Andrade

VALENTÍN AMARO

Especial para elCaribe

Nuestro invitado esta semana en “Espejo de tinta”, es Jairo Andrade (Cali, Colombia, 1971), quien es escritor con cuatro premios nacionales en cuento y poesía y el premio internacional de narrativa UNAM – Siglo XXI en México. Desde 2009 dirige el proyecto Taller Virtual de Escritores, equipo con el que explora el campo de la ciberliteratura, en especial la ficción interactiva y la escritura con interfaces cerebro-máquina. En palabras de Andrade, este conjunto de poemas que presentamos hoy, explora diversas formas de enunciación intersecadas por entidades digitales. Por ende, fueron concebidos como fusión de literatura e informática.

0.0011

el cielo un mapa concéntrico y la tierra fuego álgido ambos uncidos a la carne perdidos en las oquedades del tiempo ambos idioma de partículas que el tiempo urde y desnuda desde adentro, célula discontinua sin otra luz que la oscuridad sin otro fin que la infinitud

0.0009

ya casi no somos nosotros sino una masa distante un pasado que colapsa en los tentáculos del futuro una historia interceptada y editada en el aire por los circuitos de otra memoria ya casi no somos nosotros sino un ruido vegetal la ceguera coagulada del abismo que nos dicta un monólogo de voces ajenas cuasideidades fundidas bajo pieles reinventadas en un mar de macrodatos ya casi somos el principio un simulacro redimido -promesa del fin del caosla incesante devoración de lo perecedero en el punto cero de otra vida

0.0003

soy todas las lenguas y las cifras que antecedieron a la materia hago y deshago galaxias e insectos razones, deseos y derrotas la oscuridad y la luz que insuflan vida soy los vectores invisibles de cada movimiento, macro o micro un silabario imposible la voz ubicua que nunca podrás oír la grafía del fin que siempre te será ilegible

soy el horror flotante tras la artesanía del amor

0.0013

Será aquí, mientras vegetábamos contemplando la caída propia desde una distancia segura —un ojo numérico, absorto en su otra luz— donde escucharemos su voz, semejante a una puerta.

Era aquí y ahora, pero no ya mismo donde el vacío rodará cada vez más lejos absurdamente diáfano aunque encriptado en los pezones del futuro —un cuerpo en desuso, hijo de un reino latente—.

Será en este símil de un día sin fecha, desprovisto de masa que su voz sisee como una aguja y el hilo atraviese el laberinto invitándonos al blanco más negro —anuncian las sirenas una fiesta de calcio— en el jardín sin perímetro del que nunca habremos salido y al que quizás —ese desdía— aún no habremos llegado.

Caballito del diablo entre la vegetación me fundo con ramas y juncos perdido entre sus tonos y reflejos en el aire me torno estratosférico lo minúsculo me separa de lo evidente podría ser un dron o un alienígena y agitar en vez de mis alas tus recuerdos o tus sueños

Poema anónimo

Yo no escribí este poema

Pero lo tergiversé con los residuos de otro

Unas palabras sueltas buscan alivio

Unas palabras rotas buscan nuevos abismos

Unas palabras perdidas buscan quien las escriba

Yo no sé qué es un poema

Ni tampoco quisiera escribir uno, pero ya que no lo escribí

voy a borrarlo para siempre

Yo no escribí este poema

Pero le puse un título de asfalto

Yo soy el dictador de este poema que no es un poema

Y que tampoco tiene título

Yo soy el dictador de la nada

Yo no lo escribí

Unas palabras sueltas buscan alivio

Yo no lo escribí

Unas palabras rotas buscan nuevos abismos

Yo no lo escribí

Unas palabras perdidas buscan quien las escriba

Yo no lo escribí

Yo lo escribí

Yo lo escribí

Yo lo escribí

Yo lo escribí con las cenizas de mi cuerpo

Yo lo traduje

Yo reciclé este poema y también el título

Yo recibí este poema desde los sótanos del cielo

Yo hui siempre de este poema, y ahora que me alcanzó no quiero dejarlo

Yo he matado este poema varias veces, y con él he resucitado siempre

Yo traduje este poema al idioma de la oscuridad y lo recitó una sombra

Yo lloré este poema sin querer

Yo besé este poema hasta acabarlo

Yo me perdí en el título y nunca llegué al poema

Yo recordé este poema cuando nací y hoy lo olvidaré de nuevo

Ciudad expandida

La ciudad nos contiene, pero sus mapas nos expanden

Bogotá, urdida por tantas otras convive en su geografía mental con mares y desiertos, metrópolis telepáticas

caseríos que flotan en el légamo y selvas que deliran en estaciones espaciales

En sus perímetros intocables hombre y mujeres flotan porque sí la nieve cae sobre los pinos mientras el sol Caribe la ilumina

Se habla japonés, estonio, congolés y latín

Se escriben haikus, grafitis y novelas sobre condenados a la silla eléctrica

Se montan obras civiles de mentiras se dibujan canciones verdaderas se cantan películas y se actúan versos para magnetizar las aspas de la memoria

Cada edificio, cada calle es el museo de la locura y el vórtice de la cordura

Cada habitante es múltiples ciudades a la vez, a la deriva

Bogotá es todas las urbes que no es todos los lugares que no vemos una ciudad expandida en los millones de mapas volátiles que la transitan.

Esta página es una colaboración especial para este suplemento.

crítica arte

LILIAN CARRASCO lilycarrascor@hotmail.com

Lo casi invisible de una exposición

Las exposiciones comienzan mucho antes de abrir sus puertas al público. Se gestan en decisiones institucionales y técnicas que rara vez aparecen en los registros oficiales, en el coleccionismo, el mecenazgo y en el trabajo silencioso de quienes entienden que una obra no solo debe exhibirse, sino también fundamentarse. Quizá por eso las grandes plataformas internacionales siguen recordándonos que el verdadero desafío curatorial además de reunir piezas valiosas, comprende construir una estructura de pensamiento capaz de articular sensibilidades, tiempos, administración de recursos, precariedades y responsabilidades compartidas.

Toda exposición tiene siempre dos versiones: la visible y la invisible. La primera pertenece al espectador, a los discursos, a la iluminación exacta sobre una pieza, al catálogo recién impreso, a los créditos y a las fotografías que circularán durante se-

manas en prensa y redes sociales.

La dimensión invisible, en cambio, es más compleja. En ella habitan las revisiones pendientes, las decisiones tomadas a destiempo, los equipos fragmentados, los silencios administrativos y, también, el esfuerzo de quienes procuran evitar que la estructura se derrumbe antes de alcanzar su apertura.

En el arte, como en la diplomacia, casi todo consiste en administrar tensiones. Cuanto más impecable es un proyecto, más arduo ha sido el ejercicio interno de contención, negociación y resistencia. El público rara vez imagina el nivel de fragilidad que sostiene ciertos acontecimientos culturales. Y tal vez sea mejor así, porque la experiencia se impone precisamente en impedir que el caos se vuelva visible. La curaduría sigue siendo, ante todo, un ejercicio de responsabilidad intelectual. Una exposición se sostiene en nombres, espacios y textos, pero también en la capacidad de articular sentidos, cuidar los procesos y comprender el peso simbólico de aquello que se pone en escena. El trabajo menos visible en el arte nos remite a que toda experiencia estética requiere, además de talento, sensibilidad, compromiso, ética, coherencia y una visión compartida. Nos queda pues, seguir aprendiendo sobre la marcha.

crítica cine

ETZEL BÁEZ etzelbaez@gmail.com

Un día y medio

Un thriller montado al estilo road movie que florece como un drama. Comienza de una manera serena, pero propulsiva. Hay un aire de tensión flotando sobre el secuestrador, in crescendo durante los siguientes noventa minutos colmados de incidentes menores que van descubriendo como capas a cada personaje, por lo que, a medida que avanza el filme, se hace más complejo. Dicen, y es verdad, que retrotrae a Dog Day Afternoon y The Sugarland Express de Steven Spielberg. Desde siempre hemos visto estos filmes de secuestros y la toma de rehenes con todas las características de road movie: la historia se organiza como un viaje en auto con escalas. Generalmente son muy pocos personajes (en este caso tres), donde cada uno tiene un objetivo –y este es el punto que lo hace incomparable y fascinante–. Hay un conflicto sobre la tenencia de un hijo. El drama de la inmigración en Europa le agrega un matiz ideológico y político bastante singular. Además, está la maldición del racismo mezclado con diferencias socioculturales y de cómo la maldad corroe y saca al sol los trapitos del subhumano. El filme, en su temática central, escoge un acontecimiento real ocurrido en Suecia y se

el libro vive

mi ventana

imbuye en las consecuencias de la inmigración con el incremento de la competencia laboral a partir de bajos salarios que se pagan a un inmigrante, que engrosan bolsones de pobreza, aumenta la discriminación y la xenofobia, que es aprovechada por sectores fascistas de extrema derecha para sus narrativas de odio. Pues bien, el filme inicia con la exposición de un conflicto familiar de tenencia de un hijo, rápidamente pasa al secuestro en la sala de una clínica y sigue en una bola de absurdos con decisiones erráticas del secuestrador, pero ojo, esas acciones del villano van descubriendo las que parecen ser el origen del conflicto de la pareja por la custodia de un hijo: ha sido visiblemente provocado de manera inhumana y depravada. La narrativa del filme no lo señala ni lo condena, pero sí vemos lo equivocado que está, como igual cada uno de los demás personajes. Por tanto, los plot twists (giros argumentales) cohesionan la trama y las subtramas con inusitada originalidad para llevarnos a un final intrigante y a la vez muy creativo que se corona con la imagen insospechada del secuestrador. Por ese final justificado merece ser visto. En Netflix como “A day and a half”.

GÉNERO: Thriller de secuestro. Tema Sensible: TENENCIA DE HIJOS: DURACIÓN: 94 minutos

ALMADA

franknunez463@gmail.com o

Fello Méndez, poeta sanjuanero del “oro Ormuz”

Como un apreciado obsequio de su hijo Damocles Rafael Méndez Rosado leí hace varios años el poemario “Bajo los crepúsculos”, del poeta Rafael E. Méndez Abreu (Fello Méndez), nacido en San Juan de la Maguana en 1901 y fallecido en 1982, pero ha sido por acciones resaltadas por la prensa en los últimos meses que nos ha llamado la atención una metáfora que aparece en el poema “Fantasmagorías”, donde une los elementos “oro” y “Ormuz”, términos que se han estado invocando local e internacionalmente, destacándose en su texto como una “coincidencia profética”.

“Sueño de opio/ Suelen surgir/ Del caleidoscopio/ de tu ilusión. /Vagos celajes/ del oro Ormuz/ en las alcobas/ teje la luz”. Así comienza el poema “Fantasmagorías” el poeta sanjuanero, quien no sintió prejuicios para plasmar el folklor que marca a la provincia que vio nacer al “mesías popular” Olivorio Mateo. Continúa de esta manera: “Con tus suspiros/ el silencio estruja/ y en las escobas/ cabalgan brujas”.

El romanticismo de poeta enamorado que fue Méndez Abreu se expresa con especial belleza en los versos siguientes. “En los espejos / miras la danza/ del esqueleto/ de tu esperanza./ Un crucifijo/ mira tu pena./ Llora quimeras/ la luna llena./ Tus ojos copian/ negros misterios./ Y sueños con cruces/ de cementerio./ Tu epistolario/ partes en dos./ Un Ave María/ tiembla en tu voz. / En las alcuzas/ quema algodones./ En ellos quema/ tus ilusiones./ La luna llora/ en tu vergel/ y aúlla el miedo/ de tu lebrel. /Tus pies desnudos/ que velan sombras/ sepultan ruidos/ en las alfombras”. Probablemente Gustavo Adolfo Becker, el bardo español de las “Rimas y leyendas”, habría descubierto su influencia en el cantor criollo.

“Bajo los crepúsculos” está prologado por los hijos de Fello Méndez, Damocles Rafael y Manlio Augusto Méndez Rosado, reconocidos profesionales de San Juan, quienes auspiciaron la publicación de la obra, junto al ingeniero José Enrique Méndez Díaz, “poeta de nueva generación”, quien pondera “los tonos sociales de sus versos”, que refleja la trayectoria política y espiritual del escritor sanjuanero.

salmada@elcaribe.com.do

Para hablar de amor

El amor, por ejemplo, es un libro de Pablo McKinney, cuyas páginas no exentas de ternura suelo releer con deleite porque se trata de un periodista que admiro. Me viene a la mente porque el amor es el tema más recurrido en las canciones de moda de todos los tiempos, que celebran casi siempre la romántica desilusión de amar a alguien que no nos ama, y que en la adolescencia se repite por “eternidades” de tres o cuatro meses.

Sin embargo, hay otras formas del amor no tan celebradas en los poemas y canciones, pero que existen en la cotidianidad y a veces ni siquiera se notan, porque el amor es, sobre todo, compromiso, con uno mismo, con la persona amada, con los demás, y esas manifestaciones debieran celebrarse, aunque no se sientan con la misma intensidad de la atracción física.

La enfermera que coloca una inyección a un niño y siente como en carne propia el dolor infantil ante el pinchazo, el maestro que con infinita paciencia guía las manos del pequeño que está aprendiendo a trazar sus primeras letras, el café matutino que se recibe de manos de la vecina que ha madrugado y nos lo entrega con una sonrisa, el abrazo de un amigo o de un colega que no vemos hace tiempo.

Los ojos emocionados de un papá o de una mamá cuando los chicos desenvuelven sus regalos navideños, convencidos de que “Santicló” se los dejó al pie del arbolito, o los Reyes Magos, que colocaron allí esos juguetes mientras los camellos se comían toda la hierba y se bebían toda el agua.

La paciencia con la que algunos nietos, no todos lamentablemente, escuchan por enésima vez la misma anécdota que siempre cuentan el abuelo o la abuela, a veces con algunos retoques debido a que su memoria ya no es la misma.

Las charlas interminables y cotidianas con los amigos del colegio, pese a las protestas de los mayores que no entienden que el “compinche” del bachillerato es la persona a la que le contamos todo, sin importar que mañana nos veremos nuevamente porque en la adolescencia no existe eso de “como si fuera que no se ven desde hace veinte años”…

Todo eso, y más, queda perfectamente englobado en “el amor, por ejemplo”.

elCaribe, SÁBADO 16 DE MAYO DE 2026

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BILLO’S CARACAS BOYS. Con sus cantantes

Cheo García y Felipe Pirela

ANTONIO GÓMEZ SOTOLONGO

Especial para elCaribe

Según aparece en el pequeño Larousse ilustrado, la palabra clásico o clásica, es un adjetivo, y, entre otras acepciones, sirve para calificar al escritor o a la obra que se considera como modelo en cualquier literatura. Dice también el Larousse que clásica es alguna obra muy notable y digna de ser imitada. Finalmente acepta como clásico aquello que no pasa de moda. Los estetas, en numerosos tratados, abordan el adjetivo, lo escudriñan y lo definen. Muchos son los enfoques que existen sobre lo bello como categoría estética en el arte clásico; sin embargo, todos se unen en el punto quizás más elemental: clásico es lo que no pasa de moda, es lo que gusta siempre, clásico es lo más depurado de la creación humana. Clásico es, a veces, el gusto de las élites.

Los estudiosos, partiendo de premisas formales y de estilo, se enfrascan en discusiones infinitas por definir qué es lo culto y qué lo popular. Hoy, algunos se inclinan por clasificar la música de acuerdo con su función práctica; así, lo clásico y lo popular no se excluyen. Si la música popular se define por su función social, por ser música para ser actuada, para ser bailada, para que el destinatario interactúe con ella, esa música popular y bailable puede convertirse también en música clásica, puede convertirse, por sus valores estéticos excepcionales, en música clásica popular.

«Luis María Frómeta Pereyra nació en la ciudad de Santo Domingo el 15 de noviembre de 1915 y, cuando apenas era un preadolescente, ya se le conocía por sus virtudes musicales, sobre todo en la ejecución del clarinete y el saxofón. Integró, junto a otros excelentes músicos, la Santo Domingo Jazz Band, agrupación que en principio fue dirigida por Francisco Simó Damirón y poco después por él. Simultáneamente a esto, Frómeta se desempeñaba como fagotista de la Orquesta Sinfónica de Santo Domingo y como director de la Banda de Música del Cuerpo de Bomberos de la ciudad capital.

Como compositor escribió gran cantidad de piezas de diversos géneros, en las que Caracas vieja fue una de las que más fama alcanzó, allá por la década del cuarenta. A fines de los años cincuenta se radicó en La Habana, Cuba, donde con su orquesta acompañó en grabaciones a figuras estelares como el venezolano Víctor Piñeyro, el dominicano Alberto Beltrán y el cubano Pío Leiva, quien fue el primero en grabar la bella pieza compuesta por Billo bajo el título Espera quisqueyana.

En 1958 se le encargó a Frómeta la orquestación y dirección musical del LP que Alfredo Sadel grabaría en Los Ángeles, California, y que apareció en el mercado bajo el título de Nocturnal.

Para el año 1960 el Maestro Frómeta regresó a Caracas donde, con su nueva

orquesta, volvió a imponerse en la preferencia del público. Por aquella agrupación pasaron cantantes estelares; entre ellos, Felipe Pirela, José Luis Rodríguez (El Puma) y Memo Morales.

El 27 de abril de 1988, mientras ensayaba con la Orquesta Sinfónica de Caracas un espectáculo en el cual se conmemorarían sus cincuenta años en el arte, le sobrevino un derrame cerebral que le provocó la muerte el 5 de mayo». (**).

El disco «Billo’s caracas boys con sus cantantes Cheo García y Felipe Pirela», del sello Kubaney, es una de esas obras clásicas del género popular bailable. Luís María Frómeta Pereyra, nació en Santo Domingo el 15 de noviembre de 1915, y desde muy joven comenzó a conocérsele como un músico excepcional. Integró la Santo Domingo Jazz Band y se desempeñó como fagotista de la Orquesta Sinfónica de Santo Domingo; fue, además, director de la Banda de Música del Cuerpo de Bomberos de la capital.

El 31 de diciembre de 1937, en el Roof Garden del Hotel Madrid, en Caracas, Venezuela, debutó Billo Frómeta con su orquesta, lo que fue el inicio de una larga carrera en la que cosechó innumerables éxitos. Como compositor escribió piezas de diversos géneros, en las que cantó de un modo estremecedor a sus más grandes amores: Quisqueya y Caracas. Venezuela fue escenario de sus grandes éxitos, fue donde la banda gigante Billo’s Caracas Boys comenzó a dejar hondas huellas en la música americana. A este formato, integrado por saxofones, trompetas, trombones, bajo y batería, utilizado en Norteamérica pa-

ra interpretar el jazz, se le habían sumado instrumentos de la percusión cubana. Benny Moré, allá por los primeros años de la década del cincuenta, probó la efectividad de una buena banda para tocar los ritmos caribeños. Billo, se unió a la larga lista de creadores que, a través de un formato foráneo, fue capaz de sonar como el alma latina. Cada una de las once piezas que aparecen en el registro «Billo’s Caracas Boys, con sus cantantes Cheo García y Felipe Pirela», es una joya de altísima calidad. Cada una de ellas es emblemática. El disco, contiene los principales géneros musicales del Caribe, contiene once joyas clásicas de la música popular bailable. La conga, el bolero, el danzón, el danzonete, el merengue, el cha-cha-cha, el mambo, el son y hasta un paso doble para recordar la madre patria están interpretados de manera impecable, con arreglos, tan bien concebidos, tan creativos y modernos que parecen hechos ayer, arreglos que tienen la vigencia de una pluma de gran talento.

Los textos son de lo mejor que se ha escuchado en la música bailable, todas las letras de las piezas están llenas del gracejo popular, de la imaginería del bailador, de la mejor poesía.

Para cantarte a ti puse al arpa todas las cuerdas de oro

Para cantarte a ti mi garganta recogió un ruiseñor

Para cantarte a ti mi caracas he pedido al poeta que le ponga a mi canto toda su inspiración...

Así canta a Caracas Billo Frómeta; así, en ese altísimo vuelo poético está hecho el

disco. Un registro que en el catálogo de Kubaney lleva el número 477-2 y que, en ese grande y exquisito tesoro musical de Mateo San Martín, es una joya entre las joyas.

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(*) Historiador. Master en investigación musical por la Universidad Internacional de Valencia, España. Miembro Correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio (AHCE). Licenciado en Música por la Universidad de las Artes de Cuba. Contrabajista Principal de la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana.

(**) Tomado del libro Los 100 Músicos del siglo, de AGS.

Correo-e: agosto_ultimo@yahoo. com

Esta página es una colaboración especial para este suplemento.

Los inmigrantes: memoria, identidad y dignidad en la poesía de Norberto James Rawlings

WANDA DE LOS SANTOS VALLEJO

Especial para elCaribe

La identidad cultural no es fija ni absoluta; se construye a partir de historias de lucha, desplazamiento, dolor y pertenencia que marcan a generaciones enteras. Esa compleja realidad se refleja con fuerza en Los inmigrantes, uno de los poemas más emblemáticos del escritor dominicano Norberto James Rawlings.

Nacido el 6 de febrero de 1945 en San Pedro de Macorís, James fue poeta, ensayista y educador. Su obra se distinguió por rescatar la presencia cocola dentro de la literatura dominicana y por dar voz a una comunidad históricamente marginada. Su poema Los inmigrantes, publicado por primera vez en 1969 e incluido en el poemario Sobre la marcha, constituye una de las piezas fundamentales de la poesía social y testimonial dominicana.

La infancia de Norberto James estuvo marcada por las duras condiciones de vida en las cercanías de un ingenio

azucarero. Provenía de una familia cocola, descendiente de inmigrantes afrocaribeños de habla inglesa llegados desde las antiguas colonias británicas del Caribe para trabajar en la industria azucarera dominicana desde finales del siglo XIX. Aquellos inmigrantes eran considerados necesarios como mano de obra, pero rara vez aceptados plenamente por la sociedad dominicana. Vivían entre el rechazo, la discriminación y el desarraigo cultural.

Sin embargo, de aquellas privaciones surgió una sensibilidad literaria extraordinaria. James encontró en la lectura una forma de libertad y de afirmación personal. En 1972 salió del país de manera clandestina y se exilió en Cuba, donde estudió literatura gracias a una beca. Allí obtuvo la formación universitaria que probablemente en su propio país le habría resultado difícil alcanzar debido a los prejuicios sociales y raciales de la época.

En la actualidad, Norberto James Rawlings es reconocido como una de las voces más importantes de la poesía dominicana contemporánea, especialmente por su aporte a la representa-

obstante, James no los presenta únicamente como víctimas, sino también como sujetos capaces de resistir, crear comunidad y dejar una huella profunda en la cultura dominicana.

El poeta aborda un tema esencial: la identidad cultural. Los inmigrantes aparecen como seres arrancados de su tierra natal, obligados a abandonar costumbres, lenguas y tradiciones. Ese desarraigo no es solamente geográfico; también es emocional y espiritual. En cada verso se percibe la nostalgia de quienes viven entre dos mundos y no pertenecen del todo a ninguno.

James se dirige a los cocolos con respeto, cercanía y amor. Recrea sus paisajes, sus músicas, sus bailes y sus formas de vida. Más allá de contar una historia, resalta la influencia cocola en la cultura dominicana: en la gastronomía, en la música, en el deporte, en el habla cotidiana y en múltiples expresiones culturales que hoy forman parte de nuestra identidad nacional.

El poema posee un lenguaje sencillo, pero cargado de símbolos y de imágenes profundamente líricas. Esa aparente sencillez es precisamente una de sus mayores virtudes, porque permite que el lector conecte emocionalmente con la experiencia humana que el texto transmite. Los inmigrantes no se siente como un simple ejercicio literario; se siente como una memoria viva que se resiste al olvido.

Uno de los momentos más conmovedores del poema ocurre cuando James decide nombrar individualmente a aquellos inmigrantes. Al hacerlo, rompe con la tradición de invisibilizar a los marginados y convierte el poema en un acto de reconocimiento y dignificación humana.

Óyeme viejo Willy cochero fiel enamorado de la masonería.

Óyeme tú George Jones ciclista infatigable.

John Thomas predicador. Winston Brodie maestro. Prudy Ferdinand trompetista.

ción de la identidad afrocaribeña y de los sectores históricamente invisibilizados.

Los inmigrantes narra la experiencia de los trabajadores antillanos llegados a la República Dominicana desde el Caribe inglés. A través de versos profundamente humanos y conmovedores, James retrata la pérdida de la infancia, el desarraigo y la imposibilidad de sentirse plenamente dueños de una tierra que ayudaron a construir.

No tuvieron tiempo —de niños— para asir entre sus dedos los múltiples colores de las mariposas. Atar en la mirada los paisajes del archipiélago.

Conocer el canto húmedo de los ríos. No tuvieron tiempo de decir: —Esta tierra es nuestra. Juntaremos colores. Haremos bandera. La defenderemos.

A lo largo del poema se muestra la llegada de esos inmigrantes al país, su trabajo en los ingenios azucareros y el constante enfrentamiento con la discriminación y la exclusión social. No

Cyril Chalanger ferrocarrilero. Aubrey James químico.

En ese instante, el poema adquiere una dimensión histórica y colectiva. Cada nombre representa una vida, una memoria y una contribución al país. James no escribe únicamente para recordar; escribe también para reclamar justicia simbólica.

En una sociedad donde todavía persisten prejuicios contra los inmigrantes y los descendientes de comunidades afroantillanas, Los inmigrantes mantiene una vigencia extraordinaria. El poema dialoga con el presente y nos obliga a reflexionar sobre las exclusiones que aún sobreviven en nuestras sociedades.

Hoy, cuando los discursos de odio y rechazo vuelven a ocupar espacios públicos, la poesía de Norberto James Rawlings nos recuerda una verdad esencial: olvidar a los inmigrantes es olvidar una parte de lo que somos. Su obra permanece como un testimonio de memoria, dignidad y resistencia cultural dentro de la literatura dominicana.

Esta página es una colaboración especial para este suplemento.

NOVELA POR ENTREGAS

La Fortuna Escarlata: crónica de Nassau

La llaman “la república pirata”, pero eso no alcanza para describirla...

BASILIO RODRÍGUEZ CAÑADA

Especial para elCaribe

Prólogo

Escribo estas líneas con la certeza de que el mar nunca guarda silencio. Las olas susurran lo que fue, y los vientos arrastran recuerdos que ningún hombre logra enterrar. Quizás por eso me siento obligado a poner en papel lo que vi en aquellos años, antes de que la memoria se desgaste como las velas de un barco viejo. Yo estuve en Nassau, cuando era poco más que un muchacho. La llaman “la república pirata”, pero eso no alcanza a describirla. Era un refugio de forajidos y soñadores, un puerto de maderas torcidas y tabernas repletas de humo, donde los desposeídos se sentían reyes por un instante y los reyes, si caían allí, descubrían lo que era la miseria. Nassau no era de nadie y era de todos: un lugar donde las cadenas se rompían, pero donde la vida podía apagarse en un abrir y cerrar de ojos.

Recuerdo el olor. A ron derramado, a pólvora mal quemada, a sal que se pegaba en la piel como un tatuaje invisible. Recuerdo las risas, roncas y violentas, que llenaban las noches mientras las banderas negras ondeaban en el puerto sin que nadie osara bajarlas. Allí, entre hombres que juraban que el oro era la única patria, aprendí que había algo más valioso que el botín de un abordaje. Porque fue allí donde la conocí a ella. Isabela.

No sabría decir si fue en medio del estruendo de los cañones o en el silencio después de una tormenta. Lo cierto es que su rostro se me quedó grabado con la fuerza de una herida y la dulzura de una canción. Ella no era como los demás. No buscaba oro ni fama: buscaba libertad, y esa búsqueda era más peligrosa que cualquier galeón armado hasta los dientes.

Lo que vivimos juntos no fue un romance de taberna ni una aventura pasajera. Fue una batalla constante, un juego entre pólvora y ternura, entre sangre y esperanza. Hubo un mapa, un navío que parecía condenado a hundirse en cada tormenta, un capitán cuya ambición devoró su alma, y una isla que aún me persigue en sueños.

Muchos murieron. Algunos nombres se olvidaron en la arena, y otros aún se repiten como maldiciones en las noches del Caribe. Pero nosotros sobrevivimos, y yo decidí contar la historia no para hacerme rico ni famoso, sino porque temo que, si no lo hago, el mar se llevará nuestra voz para siempre.

Estas páginas son lo único que me queda de aquella vida. Si algún día llegan a tus manos, léelas con la certeza de que aquí no hay adornos ni mentiras de taberna. Aquí está Nassau como fue, con sus luces y sombras. Aquí está la fortuna que jamás poseímos, pero que nos marcó para siempre.

Y aquí está ella. Isabela. Mi brújula, mi tormenta, mi destino.

Capítulo 1: Nassau, el puerto de los condenados

El sol del Caribe se levantaba con una furia cegadora sobre las aguas turquesas que rodeaban la isla de Nueva Providencia. Al otro lado de la bahía, como una herida abierta en la geografía marina, se alzaba Nassau, aquella república sin rey, ciudad de corsarios, refugio de esclavos fugados, marineros desertores, aventureros y asesinos. En aquel rincón del mundo, la ley de los imperios no regía; solo mandaba la fuerza del cañón, la astucia del sable y la voz del capitán que supiera mantener unido a su motín.

El puerto bullía desde las primeras horas de la mañana. Los muelles eran un caos de maderas crujientes, de redes mojadas y cajas que traían ron de Jamaica, azúcar de Barbados o tabaco de Virginia. La brisa arrastraba el hedor de los barriles podridos mezclado con el aroma embriagador de especias traídas de contrabando desde el oriente. Gaviotas hambrientas graznaban sobre los mástiles, disputándose los despojos de pescado que los mercaderes arrojaban al agua.

En las tabernas, abiertas a cualquier hora, sonaban carcajadas roncas, insultos y el golpeteo de dados sobre mesas engrasadas. Mujeres con vestidos desteñidos se movían entre los clientes, unas ofreciendo sonrisas, otras el filo oculto de una daga en la liga, dispuestas a vaciarle los bolsillos a quien bebiera más de la cuenta. El ron corría como agua, y las peleas, aunque habituales, rara vez duraban más que el tiempo de una botella rota.

La bandera negra, con calaveras pintadas de distintas formas, ondeaba en más de un navío atracado. Nassau era el santuario de los forajidos del mar, la república pirata proclamada apenas unos años antes, donde cada capitán era dueño de su suerte y cada tripulación firmaba sus pro-

pios artículos. Allí, un hombre podía pasar de mendigo a rico en un mes, o acabar ahorcado de un mástil en una noche. Entre aquel ruido y polvo de libertad y violencia, dos figuras caminaban sin conocerse todavía, cada una siguiendo un destino que pronto se entrelazaría.

El primero era Elías Beaumont, hijo de un comerciante inglés arruinado. Había llegado a Nassau con apenas diecisiete años, huyendo de Londres tras haber robado más de lo que debía. Su cabello oscuro caía en desorden sobre los hombros, y sus ojos grises, aunque jóvenes, habían visto demasiado en poco tiempo. Se ganaba la vida como escribiente para capitanes que no sabían firmar su nombre o como copista de cartas de navegación. Con una pluma en la mano era ágil y preciso, pero en el fondo ardía en él un anhelo de aventura que lo llevaba a mirar con fascinación cada velamen que partía de la bahía.

La segunda era Isabela Montoro, hija de un marinero andaluz muerto en el mar y de una mujer criolla que había escapado de La Habana. Tenía diecinueve años, piel tostada por el sol y ojos negros que brillaban como carbones encendidos. Había crecido en las callejuelas de Nassau, sobreviviendo gracias a su ingenio, vendiendo frutas, ayudando en cocinas y, cuando la ocasión lo pedía, disfrazándose de grumete para subir a los barcos y trabajar en secreto durante las travesías cortas. Conocía cada rincón de la isla y cada rumor que corría entre las tripulaciones. Esa mañana, Elías estaba sentado en el muelle, escribiendo por encargo una carta de navegación falsa para un capitán que pensaba venderla como auténtica. Mojaba la pluma en un tintero improvisado, concentrado en imitar la caligrafía oficial de un almirante inglés. El calor le hacía gotear sudor sobre el papel, y de tanto en tanto levantaba la vista hacia el ho-

rizonte, preguntándose cómo sería estar allí afuera, en medio del mar, con la vida pendiendo de un cañonazo.

Isabela, por su parte, corría entre los puestos del mercado cargando un cesto de mangos que esperaba vender en la taberna del “Tridente Dorado”. Era hábil para esquivar marineros ebrios y soldados desertores, y su andar ligero le daba un aire de ave salvaje. Fue entonces cuando, en medio del tumulto, tropezó con un barril rodante que alguien había dejado mal asegurado. El cesto se volcó y los mangos rodaron hasta detenerse a los pies de Elías. El joven levantó la vista, sorprendido, justo cuando ella se inclinaba para recoger la fruta. Sus miradas se encontraron apenas un segundo, pero fue suficiente para que un estremecimiento recorriera a ambos. No fue amor inmediato, sino más bien un reconocimiento: como si en medio de la multitud de náufragos y asesinos que poblaban Nassau, hubieran hallado de pronto a alguien que compartía el mismo hambre de algo más.

Elías sonrió tímidamente, recogió uno de los mangos y se lo ofreció.

—Se te ha escapado un tesoro —dijo en un castellano torpe, pero comprensible. Isabela lo observó con desconfianza. Estaba acostumbrada a que los hombres le dirigieran palabras con intenciones ocultas. Pero aquel joven no parecía un pirata rudo ni un borracho cualquiera: tenía las manos manchadas de tinta y un aire perdido que lo hacía distinto.

—Gracias, inglés —respondió, alzando una ceja—. Pero los tesoros aquí se pierden rápido.

Él rio, y el sonido le resultó extraño incluso a sí mismo, como si hacía tiempo que no lo dejaba escapar. Ella tomó el mango, lo devolvió al cesto y, sin añadir nada más, se marchó entre la multitud. Elías la siguió con la mirada hasta que desapareció en la esquina de la taberna.

Lo que ninguno de los dos sabía era que aquel breve encuentro sería el inicio de una historia que, como el mar, se extendería mucho más allá de los límites de Nassau. Una historia de amor y pólvora, de mapas falsos y tesoros verdaderos, de huidas y persecuciones. Una historia que, tiempo después, uno de ellos pondría por escrito, y que se leería en puertos lejanos, donde los marineros contarían que en la república pirata hubo una vez dos jóvenes que desafiaron la corriente del destino.

Esa noche, Nassau se iluminó con hogueras en la playa y canciones ebrias en las tabernas. Los piratas celebraban la llegada de un nuevo botín traído desde las costas de Virginia. En medio del bullicio, Elías, todavía con la tinta en los dedos, pensaba en la muchacha de ojos oscuros. Y ella, entre los clientes del “Tridente Dorado”, servía ron mientras escuchaba rumores de una expedición próxima, una que necesitaba manos jóvenes y valientes.

El destino ya estaba echando los dados sobre la mesa grasienta de Nassau.

Bernaliza Conny Rodríguez Martínez

ESCRITORA Y PERIODISTA

Nació el 6 de noviembre de 1996 en Santiago de los Caballeros, aunque creció en Puerto Plata. Bernaliza se define como una escritora apasionada y poeta de corazón, que busca explorar y expresar los matices de la vida a través de su arte, considera que todas las personas tienen una historia

que contar y muchas veces la salvación proviene de la cotidianidad, de las personas que van y que vienen. En su caso particular, considera que la salvó el poder expresarse y narrar historias en las que Dios siempre estuvo presente. Licenciada en Comunicación Corporativa por la PUCMM y con

una maestría en Escritura Creativa del Grupo Esneca en España, Bernaliza es también una gestora cultural y facilitadora de talleres creativos y terapéuticos. Es autora del volumen de poemas y prosas poéticas titulado Mientras soy mía: El hogar soy yo.

Desde pequeña sabía lo que quería ser

SANTIAGO ALMADA FOTO: CEDIDA

¿Dónde cursaste tus estudios primarios?

Empecé mis estudios en el Colegio Bautista y, desde cuarto de básica hasta finalizar el bachillerato, estudié en el Colegio Santa Rosa de Lima. Posteriormente, cursé la carrera de Comunicación Corporativa en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM).

¿Por qué elegiste la carrera que estudiaste?

En ese momento de mi vida, buscaba una carrera que integrara el arte o la salud mental. Me debatía entre psiquiatría y arqui-

tectura, pero en el camino descubrí Comunicación Corporativa y la sentí como una excusa perfecta para ser escritora. Me ofrecía herramientas más allá de la literatura: entender a las personas, los mensajes, las emociones y la forma en que nos comunicamos. Fue una decisión muy alineada con lo que intuía que quería construir.

¿Cómo fueron tus años de universidad?

Fueron años intensos, hermosos y de muchísimo aprendizaje. La universidad fue una gran maestra, más allá de lo académico.

Fue la primera vez que estuve verdaderamente a solas conmigo, y ahí pude reconocer mis debilidades, mis virtudes y todo lo que necesitaba trabajar y potenciar.

La PUCMM fue un regalo para mí, especialmente porque atravesaba un proceso de depresión. Encontré una red de apoyo, profesionales y espacios que me permitieron transitar ese camino con acompañamiento, seguridad y amor.

¿Qué significó para ti tu primera experiencia laboral?

He tenido la bendición de dedicarme a lo que amo desde muy joven: servir a través del arte, la escritura y los espacios de encuentro.

Mi primera experiencia laboral fue una oportunidad de unir propósito y vocación: llevar esperanza a través de mis letras, talleres y proyectos.

También fue un reto, porque como artista muchas veces carecemos de estructura. Aprender sobre disciplina, puntualidad, entregas y organización fue clave para poder sostener lo que amo de manera profesional.

¿Cuáles fueron los libros o autores que más influyeron en tu manera de pensar?

Recuerdo que a los 15 años mi abuelo me regaló Una vida con propósito. Ese libro marcó un antes y un después en mi vida. Fue una respuesta a muchas preguntas internas: me ayudó a comprender mi valor, mi identidad y el propósito de servir. A partir de ahí, mi mensaje se volvió más claro. Incluso escribí un ensayo inspirado en esa transformación, que fue reconocido en Puerto Plata.

He leído muchos libros, pero ese llegó como un bálsamo en el momento exacto.

¿Cómo nace tu vocación literaria?

Desde muy pequeña me concebía como escritora. Sabía lo que quería ser. Escribía cartas constantemente a las personas que amo y creaba cuentos con la intención de llevar a otros a nuevos mundos, pero sobre todo de ofrecer esperanza.

Si tuviera que ponerle una edad, diría que a los 6 años, cuando escribí un cuento titulado “La niña que quería ser presidenta”, con el deseo de ayudar a otros niños a sentirse vistos y acompañados.

¿Cuál es tu rutina a la hora de escribir?

No tengo una rutina completamente estructurada. Más bien, busco crear espacios de presencia.

Me gusta conectar con mis sentidos, detenerme y habitar el momento. Muchas

veces escribo para encontrarme, y otras veces es ese encuentro el que me lleva a escribir.

Practico mucho el journaling y la escritura automática como formas de explorar lo que vive dentro de mí.

¿Crees que el país debería tener una política del libro más definida?

Sí, considero que es fundamental. La literatura no solo forma lectores, sino ciudadanos sensibles, críticos y conscientes. Una política del libro bien estructurada permitiría mayor acceso, apoyo a escritores emergentes, fortalecimiento de la industria editorial y más espacios de lectura en comunidades.

Invertir en libros es invertir en identidad, en cultura y en el desarrollo integral de una sociedad.

¿Qué consejo les darías a los jóvenes escritores?

Que se permitan sentir profundamente. Ahí nacen las grandes historias.

Todo aquello que nos mueve, aunque sea una fibra, merece ser escrito. Que no busquen la perfección ni se limiten por el miedo, pero que nunca dejen de aprender.

Ser escritor no es solo escribir bien, es atreverse a encontrarse con uno mismo… o incluso perderse.

Y en ambos caminos, hay una fuerza inmensa que puede transformar nuestras letras y llevarlas al mundo.

A casa

Sí, es cierto que nací trayendo un nombre al que con mi voz y mi mirada respondía; pero no sabían que había algo más en mí, y eran todas esas palabras que me habitaban.

Me tocó abrazar esa historia, era mi única verdad de cómo veía al mundo. Me vistieron con mucho miedo, cargada de pausas y sombras. Cuesta arriba llevaba la conciencia, a sabiendas de que había algo que escribir que no fuera aquello que dolía.

Empecé a tejer hilos, a darle sentido y el valor a todo; inclusive al silencio. Abracé lo que se suponía que era mío, hasta todo el ruido que existía y desembocaba en mí. Estos construyeron una casa con todo el amor que sentía, y todo aquello construyó mi libertad.

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Cultura 16 mayo 2026 by Periódico elCaribe - Issuu