La honestidad como obligación de los intelectuales
Marino Berigüete reflexiona sobre el papel de estas personas que no siempre cambian la historia, pero ayudan a interpretarla y a entenderla. P.12
El asesinato de Orlando Martínez
La página de OGM rescata crónicas e imágenes de este imfame crimen, orquestado desde el poder, para acallar a un periodista que decía la verdad. P.7
“Quería estudiar algo que la gente pudiera leer”
La periodista y escritora Mitri Jiménez habla de sus inquietudes y de la génesis de su libro de cuentos Mi abuela le puso un mal nombre a su perro. P.14
Las brujas macabras de Chabouté
Es un dibujante francés de gran formación
JOSÉ MERCADER
666mercader@gmail.com
Christophe Chabouté, con cara de Alejandro Alsina, como si fuera su gemelo, es un dibujante de gran formación, como lo indica su paso por la Escuela de Bellas Artes de Angoulême y Strasbourg, en Francia.
Se ha destacado por sus historietas, que muchos piensan que ha sido influenciado por Alberto Breccia, Tardí y Hugo Pratt, en su economía de trazos en las hazañas de Corto Martés. Pero Chabouté tiene un estilo muy de él, como se comprueba en “Tout Seul”, “La Bete”, o el cuento que él adaptó de Jack London sobre la “construcción de un fuego” de 1907; y muchos álbumes más. A mi me llamó la atención “Sorcieres” (Brujas), de 12 cuentos, casi emulando los peregrinos del Gabo, que más bien parecen pequeños films dibujados, con texto sumamente reducido a lo mínimo “necesario”.
Resumo una selección de sus brujas:
•DIVINATION
Cuando el grupo de gitanos que presentaban un pequeño circo, de pueblo en pueblo, paró cerca de la granja de Henri Berchoux, él aprovechó la ocasión para visitar la bruja adivinadora que le anunció una larga carrera. “… viajarás, conocerás la gloria”.
De regreso a su casa, dos de los payasos lo atacan, lo mutilan y lo cuidan.
Se anunciaba, luego, la gran atracción
Estilo
Se ha destacado por wsus historietas, que muchos piensan que ha sido influenciado por Breccia, Tardí y Hugo Pratt...”
del circo: “Aprochez, vengan a ver lo nunca visto, ¡el hombre tronco! Era el propio Henri sin brazos y sin piernas.
•MALÉCDICTION
El periodista Eduard Gondrut llega al campo para averiguar sobre viejas creencias y allí encuentra a una señora y su marido que la acompaña. Este está en el suelo a cuatro patas.
Ella le dice que no existen esas diabluras por ahí y, cuando ya se retira Eduard, ella le dice a su marido, que ahora come yerba. -Vamos Marcel, ya es hora de volver a la casa. Este le responde, - Muuuuuuuuu.
•CHAT O EL GATO NEGRO
A un hotelucho llegó un viajero en una noche de lluvia. Lo recibe el hotelero y una vieja en silla de rueda que dice en voz alta: - Esta noche las sombras vienen con el Diablo.
En la noche, mientras el visitante duerme, siente unos pasos sobre su sábana. Un gato negro lo ataca y él se defiende con el libro que leía al acostarse. Le da un librazo en un ojo y el gato se pierde.
Al día siguiente, el visitante baja a pagar la noche y retirarse cuando aparece la vieja con un ojo vendado.
•PACTE
En una casona vieja de campo, vive una señora. En el piso del salón de su casa, realiza un dibujo con una tiza: un círculo con la estrella de David. En cada punto de encuentro de las líneas, coloca una vela y la enciende. Colocada, en medio del círculo, lee, de un viejo libro: “Par Belzebeth, par Astarot, por todas las fuerzas ocultas… Lucifer, emperador de todos los demonios del Infierno, te llamo, ven…
En ese instante se oye un ruido. Tocan a la puerta.
Alguien pregunta, -¿Mathilde Claquelémie?
- Si, soy yo.
CONTINÚA EN LA PÁGINA 3
Chabouté por Mercader. FE
Las vainas de Mercader
historia de la medicina
Dr. Ramón Emeterio Betances
salón de la fauna
las que da consultas y opera a todos los que requerían sus servicios. Por este motivo el ayuntamiento de Puerto Plata le rindió diversos homenajes, en des y su dedicación al servicio
le todos los enfermos y ciegos de
venir del 1875 decía que la llegada del doctor Betances a Puerto Plata “había sido una providencia para sus habitantes”. Los puertoplateños le
llegar a protagonizar diferentes episodios que le condujeron a la presidencia del primer gobierno provisional independiente de su natal Puerto Rico luego del Grito de Lares”.
El doctor Betances nació en Cabo Rojo, Puerto Rico en 1827, hijo de un dominicano y una puertorriqueña. Estuvo por primera vez en Santo Domingo en el 1857. Las circunstancias politicas le hicieron regresar a Puerto Rico en 1859. Betances estableció una práctica muy exitosa de cirugía y oftalmología en Mayagüez. Incluso enemigos políticos aguerridos como el periodista español pro-monarquía José Pérez Morís consideraban a Betances como el mejor cirujano en Puerto Rico en ese tiempo. Su buena reputación en Puerto Rico sobreviviría su estadía en la nación insular por muchos años. Betances introdujo nuevos procedimientos quirúrgicos y asepticos en Puerto Rico. Con la ayuda del anestesiologo venezolano Pedro Arroyo, Betances realizó el primer procedimiento quirúrgico bajo cloroformo en Puerto Rico, en noviembre de 1862.
Regresa a nuestro país en el 1867 luego de haber sido expulsado de Puerto Rico. Entre 1867 y 1869 realizó numerosas intervenciones quirúrgicas en Santo Domingo, y es expulsado de nuestro país en 1869 por el Presidente Báez. Desde aquí se dirige a París, y allí conoce al General Gregorio Luperón. Regresa de nuevo al país en 1875, y se establece en Puerto Plata desarrollando una gran obra, en
torriqueños “padre de los pobres y los negros”. Escribió diversas obras entre las que se destaca la biografía que realizó del arzobispo Meriño.
El doctor Castro Ventura, autor de una extensa biografía del doctor Betances afirmó en 2012: Es lamentable que Betances sea hoy un héroe ignorado, y que ni siquiera una calle dominicana se honre con su nombre, mientras grandes avenidas han sido bautizadas con nombres de personalidades extranjeras que posiblemente nunca se interesaron en conocer ni siquiera la ubicación geográfica de la isla. La obra narra parte de lo que hizo Betances en el país como exiliado vinculado al bando patriótico de los Azules, entidad en la que se solidarizó con los más nobles intereses del pueblo dominicano. Se trata de una narrativa sobre los ajetreos patrióticos de Betances, ilustre médico insurgente, quien de forma clandestina se trasladó a República Dominicana y al igual que Eugenio María de Hostos realizó una obra trascendental en pro del progreso de los dominicanos y el afianzamiento de su independencia. En París se desempeñó como diplomático dominicano con gran éxito y contribuyendo siempre con causas nobles y positivas. Ofreció en nombre de Luperón refugio en República Dominicana para los judíos rusos que estaban padeciendo persecuciones.
Este hombre extraordinario, quien fuera no solamente oftalmólogo, sino filántropo, escritor, humanista y prócer, murió en Neuilly-sur-Siene, París, el 16 de septiembre de 1898. l DR. HERBERT STERN
Juan Isidro Jimenes Grullón
(DÉCIMA CIBAEÑA)
Juan Isidro lo decía
Que mucho había que etudiai
Para así podei lograi
Entendei la Filosofía
La Hitoria y la Geografía
Y sabei ma de la vida
No hay que daila poi peidida
A pesai de laj dejgracia
En nombre e la Democracia
Ei mundo encontrará salida.
Eplicó con claridá
Don Juan en todo suj libro
Que no se avanza con chivo
Sino con to la veidá
La inorancia e feaida
Que noj lleva al atraso
Ej ei peoi fracaso
Dejde una mala educación
Pone a brutoj en función
Que no llegan ni a payaso.
l JOSÉ MERCADER
elCaribe, SÁBADO 14 DE MARZO DE 2026
elcaribe.com.do
Chabouté, el dibujante de brujas
Buen día Sra. Claquelémie, yo soy… - Sí, yo se quien es usted… no me lo imaginé así.
-¿Tiene listo el Pacto?
-Personalmente, prefiero llamarlo “contrato”, pero, si pacto le conviene… sí. Por favor, firme aquí.
-Claro, enseguida.
- … es el pacto para mi futuro? ¿Para cuándo?
- Más rápido de lo que cree, señora… Saliendo de la casa y un poco más lejos, lo esperaba el marido de la señora Claquelémie.
- ¿Y?
-Todo bien, ella firmó. Mañana la expulsamos.
-Gracias, señor alguacil.
•PHILTRE
Marcel, un campesino bobo, se enamora de Marie, quien lo rechaza.
Él visita una bruja que le da una receta para que ella se enamore de él.
-Es una mezcla de varios ingredien-
tes más un poco de leche de las tetas de la propia Marie.
Marcel sorprende, en el camino, a un jovencito vecino que se ha escapado de la escuela, “se la curó”. Debajo de un árbol se deleitaba con una revista de imágenes titulada HOT SEX.
Marcel lo chantajea y le pide al joven que vaya a donde Marie y que le llene un frasquito con su leche “para el bebé de la Simone”.
A la caída de la tarde vino el jovencito con el frasco lleno de leche y reclamando la revista incautada.
En la noche, Marcel oyó un ruido en la puerta.
-¿Marie, eres tú?
-Muuuuuu – una de sus vacas se apareció a la puerta muy contenta.
•SABBAT
Un campesino revisa, en el bosque, las trampas de liebres cuando, en un claro, oye unos gritos. Desde su escondite de arbustos, alcanza a ver unas 10 viejas desnudas bailando, besándose, riendo a car-
cajada, tocándose por todas partes.
El campesino va donde el cura y le cuenta las diabluras vistas .
-Mi amigo, esas imaginaciones son de la literatura y del cinema. Vayase tranquilo, eso no existe.
Cuando el campesino sale de la parroquia el cura se dirige al convento de monja.
- ¡Se acabaron los escapes nocturnos!. ¿Entendido?!!!
•MALÉFICE
Una señora autoritaria, sangrúa y odiosa, le grita a su marido miles de insultos. Este sigue comiendo como si nada. Ella lo amenaza con hacerlo lo mismo “que al viejo Marcel”.
- Tú te acuerdas, ¿no verdad”. Puedo hacerte lo mismo con un poco de tu cabello sobre una foto tuya. Le clavo una aguja y te da un ataque cardíaco al tiro. Él se pone el abrigo, sin hacerle caso, y se va con su perro.
-Tú te lo buscaste- dice la doña. Busca una foto y un peine de donde co-
ge los pelos que se enredaron en él, lo pone encima de la foto, busca una aguja de tricoté y se la clava al tiempo que dice.
- ¡Jódete!
Inmediatamente siente un fuerte dolor en el pecho y cae muerta en el acto.
Cuando el marido regresa y la ve en el suelo con la foto perforada donde aparecen ambos, dice.
- Pa’ que aprenda a no peinarte con mi peine.
•CARTOMAMANCHE
Un campesino va a que una vieja bruja le lea las cartas.
Cuando este toma la primera, le sale una calavera.
-Bueno, bueno, digamos que esta no vale, empecemos de nuevo.
Ella baraja las cartas y se las presenta. Él vuelve a tomar la misma carta: la muerte.
Ella le dice, no te preocupes, recomencemos. Cógela con la mano izquierda esta vez.
De nuevo la calavera.
-No hay duda querido amigo. Tres veces… las cartas no se equivocan.
Cuando el campesino se retira, la vieja vira todas las cartas en la mesa. Todas son iguales: marcadas con la muerte.
•AMULETTE
Una señora va donde una bruja porque su marido no la atiende.
La bruja le receta una fórmula:
- Ve a la Cruz del Pueblo a media noche, traza un círculo y párate ahi hasta las 6 de la mañana y, repítelo cada noche, durante 30 días.
En la cama del marido, la noche siguiente.
-Tú crees que ella no va venir ? – dice él.
-Tenemos 30 noches de tranquilidad… vamos, quítate el piyama- dice la bruja l
Sorcieres por Chaboute. F. E.
Caballo dibujado por Chabouté. F. E.
Portada de uno de sus libros. F. E.
Dibujo por Chabouté. F. E.
Bruja por Chabouté. F. E.
Dibujo de Chabouté. F. E.
<VIENE DE LA PORTADA
4 Cultura
El llano en llamas y la segunda guerra cristera
PEDRO CONDE STURLA pinchepedro65@yahoo.es
Nadie protegió a los cristeros una vez que depusieron las armas. Una supuesta amnistía precedió el extermino, la persecución y el exterminio. Terminó la guerra y de una vez empezaron los federales a matar generales y coroneles y a todo el que fuera mínimamente sospechoso de haber sido miembro de la milicia cristera.
Dice Rulfo que «Era raro que no viéramos colgado de los pies a alguno de los nuestros en cualquier palo de algún camino. Allí duraban hasta que se hacían viejos y se arriescaban como pellejos sin curtir». (1)
Se produjo además un éxodo de cristeros hacia California:
«De mi pueblo de San Gabriel salieron unos seiscientos hombres para la Cristiada, casi todos los que tenían edad de pelear. Regresaron para quedarse solamente unos cien. Los otros habían muerto durante los tres años de la guerra, o se escondieron en Guadalajara y Los Ángeles. Después de los arreglos fue cuando Los Ángeles se llenó de mexicanos; la gente se agrupaba por pueblo, tal calle pura gente de San Gabriel, la calle siguiente, pura gente de Etzatlán. Fue un sálvese quien pueda, una dispersión general. Muchas rancherías quedaron despobladas y varios pueblos se convirtieron en pueblos fantasma. Mi pueblo nunca se repuso. Y es que no tardó en empezar la cacería contra los antiguos cristeros. Eran muy buenos para correr y esconderse». (2) «Otros cristeros —dice Rulfo—, para sobrevivir, se remontaron en el viejo cráter del Nevado [de Colima] a vivir en cuevas y grutas, como trogloditas. Eran cazadores. Con sus 30-30 mataban animales que venían a comer sal y a beber “agua de leoncillo” [agua de nieve derretida]; era un ganado remontado, cimarrón. Hacían cecina y bajaban a Zapotlán [Ciudad Guzmán] a venderla junto con las pieles. Les decían los “salitreros”. Entre el Nevado y el Volcán hay un enorme arenal, sin agua, y una barranca muy estrecha, a la que le dicen la “barranca del muerto”; es un pasaje natural que deja pasar apenas un hombre. Los cazadores cuidaban ese paso para venadear a los animales». (3)
En fin, que todo estaba peor que antes y, para agravar la situación, durante el gobierno de Lázaro Cárdenas el Congreso modificó el artículo 3 de la constitución, incluyó un párrafo poco menos que hereje y disociador:
«La educación será socialista y además de excluir toda doctrina religiosa combatirá el fanatismo y los prejuicios, para lo cual la escuela organizará sus enseñanzas y actividades en forma que permita crear en la juventud un concepto racional y exacto del universo y de la vida social».
La palabra socialista, en aquel ambiente caldeado, provocó un terremoto académico y social.
Sucedió entonces lo que tenía que suceder. Se produjo un nuevo alzamiento, una nueva cristiada, que se prolongó desde 1934 a 1941 y fue mucho menos masiva e intensa, aunque más larga. En algunos lugares se limitó a levantamientos guerrilleros esporádicos y nunca tuvo un gran apoyo de la iglesia. De hecho, los cristeros consideraban que había traicionado la causa. En su mejor momento, 1935, la segunda cristiada congregó a unos ocho mil combatientes que fueron mermando paulatinamente, hasta finalmente desaparecer.
En un cierto sentido, esta segunda edición de la cristiada fue más fanática e intolerante. El odio se volcó contra los maestros, sobre todo maestros rurales que se negaron a abandonar sus escuelas y sus pueblos. Algunos fueron víctimas de las peores crueldades, de un brutal ensañamiento. Unos trescientos maestros fueron asesinados, linchados en algunos casos, incluso torturados, algunos fueron quemados vivos, a muchos se les cortaron las orejas, algunas maestras fueron violadas, muertas, ultrajadas… Sólo en un
ses se le había gangrenado una pierna por el balazo que le dieron abajito de la nalga, allá, cuando nos balacearon por detrás. Estábamos allí, empezando a sentir que ya no servíamos para nada. Y de no saber que nos colgarían a todos, hubiéramos ido a pacificarnos
Pero en eso apareció un tal Armancio Alcalá, que era el que le hacía los recados y las cartas a Pedro Zamora. Fue de mantildeanita, mientras nos ocupábamos en destazar una vaca, cuando oímos el pitido del cuerno. Venía de muy lejos, por el rumbo del Llano. Pasado un rato volvió a oírse. Era como el bramido de un toro: primero agudo, luego ronco, luego otra vez agudo. El eco lo alargaba más y más y lo traía aquí cerca, hasta que el ronroneo del río lo apagaba.
Y ya estaba para salir el sol, cuando el tal Alcalá se dejó ver asomándose por entre los sabinos. Traía terciadas dos carrilleras con cartuchos del “44” y en las ancas de su caballo venía atravesado un montón de rifles como si fuera una maleta
Se apeó del macho. Nos repartió las carabinas y volvió a hacer la maleta con las que le sobraban.
—Si no tienen nada urgente que hacer de hoy a mañana, pónganse listos para salir a San Buenaventura. Allí los está aguardando Pedro Zamora. En mientras, yo voy un poquito más abajo a buscar a los Zanates. Luego volveré.
Al día siguiente volvió, ya de atardecida. Y sí, con él venían los Zanates. Se les veía la cara prieta entre el pardear de la tarde. También venían otros tres que no conocíamos.
—En el camino conseguiremos caballos —nos dijo. Y lo seguimos.
país donde el catolicismo haba adquirido un tinte tan fundamentalista y fanático podía producirse algo semejante. Esa es la otra cara de la misma moneda, la otra cara de la misma gente, de esos personajes y situaciones siempre al límite, de esas sombras sonámbulas a las que Juan Rulfo dio voz con tan inusual intensidad en una obra que parece y que es siempre un interminable monólogo, un solo río, un mar de voces en permanente monólogo. Una voz poética, melancólica, derrotada, apagada, la voz un poco quebradiza y melancólica de los personajes de Rulfo, el tono coloquial, la oralidad desesperanzada, la sugestiva omnipresencia de la muerte. Esa voz que es un enjambre de murmullos, de quejidos difuntos. La voz de esos miserables de los que nadie quiere hablar y nadie quiere oír. La de mayor raigambre telúrica, sin duda. La más honda, la más profunda voz de Mexico. El llano en llamas [Fragmento]
Juan Rulfo
Hacía cosa de ocho meses que estábamos escondidos en el escondrijo del Cañón del Tozín, allí donde el río Armería se encajona durante muchas horas para dejarse caer sobre la costa. Esperábamos dejar pasar los años para luego volver al mundo, cuando ya nadie se acordara de nosotros. Habíamos comenzado a criar gallinas y de vez en cuando subíamos a la sierra en busca de venados. Eramos cinco, casi cuatro, porque a uno de los Jose-
Desde mucho antes de llegar a San Buenaventura nos dimos cuenta de que los ranchos estaban ardiendo. De las trojes de la hacienda se alzaba más alta la llamarada, como si estuviera quemándose un charco de aguarrás. Las chispas volaban y se hacían rosca en la oscuridad del cielo formando grandes nubes alumbradas. Seguimos caminando de frente, encandilados por la luminaria de San Buenaventura, como si algo nos dijera que nuestro trabajo era estar allí, para acabar con lo que quedara.
Pero no habíamos alcanzado a llegar cuando encontramos a los primeros de a caballo que venían al trote, con la soga morreada en la cabeza de la silla y tirando, unos, de hombres pialados que, en ratos, todavía caminaban sobre sus manos, y otros, de hombres a los que ya se les habían caído las manos y traían descolgada la cabeza.
Los miramos pasar. Más atrás venían Pedro Zamora y mucha gente a caballo. Mucha más gente que nunca. Nos dio gusto. Daba gusto mirar aquella larga fila de hombres cruzando el Llano Grande otra vez, como en los tiempos buenos. Como al principio, cuando nos habíamos levantado de la tierra como huizapoles maduros aventados por el viento, para llenar de terror todos los alrededores del Llano. Hubo un tiempo que así fue. Y ahora parecía volver. l
Nota:
(1)Juan Rulfo habla de la cristiada | Letras Libres, Por Jean Meyer Fuente: Letras Libres (https://share.google/ dEOWlUHibO1rYYGJe).
(2)ibid
(3)ibid
Timothée, te invito al Metropolitan
ANDRÉS TOVAR
Especial para elCaribe
Timothée Chalamet, el “it boy” por excelencia de Hollywood, ha estado en el ojo del huracán (y, para el momento en que ve la luz este texto, a un día de los Premios Oscar 2026, lo cual no es una precisión de mero contexto) por un desliz que va más allá de un simple comentario desafortunado.
En una reciente entrevista realizó un comentario sobre la ópera y el ballet que revela una sorprendente miopía estética. “No quiero trabajar en ballet u ópera, o ya sabes, cosas en las que es como, ‘hey, mantengamos esto vivo’, aunque a nadie más le importe esto ya. Con todo el respeto a la gente del ballet y la ópera”. El comentario buscaba cuestionar la necesidad de “salvar” formatos artísticos (específicamente, hablaba del cine frente al streaming), argumentando que no le interesa participar en disciplinas que dependen de “discursos de preservación cultural” en lugar de la demanda del público.
La declaración inmediatamente fue interpretada por muchos como un menosprecio a la ópera y el ballet, provocando respuestas de instituciones como la Royal Opera House, Teatro Alla Scala de Milán, la Ópera de Sydney, el Teatro Real de Madrid y el Metropolitan Opera de su natal Nueva York, así como de directores como Alondra de la Parra y Gustavo Dudamel, solo por mencionar dos que, además, son emblemas culturales de su ciudad natal hoy.
Pero, más importante que el “toma y dame” de las redes, el tropiezo mediático de Timothée nos exhibe un problema mayor: cómo medimos el valor del arte con la misma regla con la que medimos “clics”, “tendencia” y “relevancia”. El blanco, para quien suscribe, no es Chalamet: es una idea.
El hijo malagradecido
Lo primero que me llama la atención es lo irónico del divorcio de Chalamet con sus propias raíces: el actor es un neoyorquino bilingüe, hijo de padre francés y madre de ascendencia austríaco-judía, además bailarina. Me resulta curioso que alguien moldeado por la tradición europea ignore el peso del arte que definió la identidad de sus antepasados.
También es una paradoja que un actor de cine ignore la ópera, pues el séptimo arte es su heredero directo. El cine no solo “se inspiró” en ella; literalmente le robó su estructura, su narrativa y su terminología. Desde el cargo de Director hasta la concepción de la iluminación, todo nació en el foso y el escenario operístico.
Incluso en la era de los efectos visuales, sagas como James Bond o Star Wars recurren a la ópera y a la música clásica en momentos cumbre (¿quien podría olvidar a John Williams?). Y lo hacen cuando necesitan inyectar fantasía, relax y profundidad emocional, elementos que solo estos estos géneros pueden alcanzar con tal pureza.
Así, cuando alguien dice “nadie se interesa” por la ópera, casi nunca está describiendo al público; está confesando el filtro con el que consume cultura: “Si no es masivo, no merece existir”. Ese filtro empobrece todo, incluido el cine al que pretendía defender.
El verdadero problema Volviendo al debate, considero aceptables (y, en algún ángulo, bien argumentadas) las lecturas que interpretan el comentario del actor como económico más que estético. No son pocos los que interpretan su frase como un comentario sobre economía cultural, nichos, y el riesgo de que el cine termine dependiendo de élites y filantropías, igual que las artes “finas”.
Pero incluso así, el giro de “a nadie le importa” convierte un debate legítimo (acceso) en una simplificación tóxica (desprecio) e introduce una “jerarquía moral” donde solo lo masivo merece respeto. Ahí la conversación ya no es “¿cómo financiamos artes complejas sin convertirlas en club privado?”, sino “si no es viral, estorba”. Y ese desplazamiento, del acceso al desprecio, es exactamente el populismo del gusto y una forma moderna de snobismo: el snobismo del algoritmo.
Por otra parte, contrario al diagnóstico de Chalamet, la ópera está rejuveneciendo. En escenarios como el Teatro Real de Madrid (con el programa “Real Joven” para edades 18-35 o en el Met Opera con el programa “Under 40”, el público de entre 25 y 35 años no deja de crecer. Durante la pandemia, los cantantes, verdaderos atletas de la voz, usaron las redes para mostrar cómo “exponen el pellejo” y el alma en cada ensayo, humanizando un oficio que antes parecía distante.
Otro dato: una nota de Associated Press sobre la temporada 2026-27 recoge una frase clave del gerente general Peter Gelb: el Met vuelve a niveles prepandemia en ocupación, pero recauda menos por ticket promedio porque hay “audiencia más joven y más boletos con descuento”. Lo importante no es la contabilidad: es la señal cultural de fondo, están cambiando las condiciones de entrada.
En otras palabras: si alguien aún cree que la ópera “no le importa a nadie”, que explique por qué tantas instituciones es-
ConCierto Sentido
La Génesis de Puccini
ANDRÉS TOVAR
EDITOR DIGITAL
“tán invirtiendo en bajar fricción (precio, experiencia social y acceso) justo donde se supone que no hay demanda.
La “Casta Diva” y lo masivo Hay además otra ironía profunda en que un actor desprecie el oficio escénico. Chalamet, aunque brillante, suele ser un instrumento de la visión de otros (Gerwig, Villeneuve o Scott), dice lo que otros escribieron. En cambio, en la ópera, el artista es el creador de un milagro físico irrepetible que sucede en tiempo real. A diferencia del cine, donde un actor puede repetir cincuenta tomas hasta que salga bien, el cantante de ópera actúa sin la posibilidad del “¡Corte!” y con un sonido sin amplificación, una proeza física y emocional que un joven curioso como Chalamet debería, al menos, respetar por puro rigor profesional. Descartar este esfuerzo es, en esencia, un desprecio al oficio mismo y una postura tremendamente superficial que ignora el valor de quienes se suben a las tablas a entregar el todo por el todo, sin la red de seguridad que ofrece la edición de una película. Cuando escuchamos a una María Callas en Casta Diva o a un Pavarotti en Nessun Dorma, asistimos a una manifestación que se mete en la psiquis y no te abandona. Ignorar esto porque “no es masivo” es entrar en un terreno político peligroso, pues sugerir que solo lo popular tiene valor equivale a decir que las minorías no cuentan.
Lo que necesita Timothée Así las cosas, posturas como la de Chalamet no son nuevas para la ópera, un arte que renace día tras día y que ha sobrevivido (y sobrevive) a quienes han intentado decretar su muerte durante cuatro siglos. Y Chalamet no necesita (ni hará el esfuerzo) para defender su ignorancia; pero lo que sí necesita es aceptar un abono para la temporada completa en el Metropolitan Opera House de su natal Nueva York para redescubrir su propio legado.
Al final, su error es una lección para todos: ¿Qué otras maravillas estamos ignorando por culpa de prejuicios generacionales o falta de curiosidad? Tal vez, solo necesitamos sintonizar la frecuencia adecuada y permitir que la voz humana, en su estado más puro, nos acompañe.l
Puccini: Orchestral Music” de Sinfonia of London & John Wilson, más que un deslumbrante álbum, es casi un documento sonoro. Se centra en las obras de los años de estudiante de Giacomo Puccini, con música orquestal concebida para, o reciclada en, sus primeras óperas: Le villi y Edgar. También presenta dos piezas creadas para su primer gran éxito operístico, Manon Lescaut.
Wilson y su Sinfonia of London, una extraordinaria mezcla de talentos principales de otras bandas, solistas y excelentes intérpretes de cámara, extraen una paleta de colores infinita de las instrumentaciones del compositor. Escucha, por ejemplo, el intermezzo de Manon Lescaut. En esta pieza, las cuerdas, tanto en solos como en conjunto, se adueñan del escenario como apasionadas divas de la ópera.
O presta atención al Capriccio sinfonico, donde cada sección de la orquesta demuestra una entrega profundamente emotiva.
Esta obra guarda también una sorpresa en su centro: un potente preeco de la música que Puccini usó para dar vida a La bohème. El Scherzo-Trio, por su parte, incluye una tierna melodía que reaparecería décadas después en Madama Butterfly. Una producción que cualquier amante de la ópera (que, aquí en RD y en el mundo somos muchos, aunque Timothée Chalamet diga lo contrario) debe tener en su playlist.l
Centro de Estudios Caribeños: espacio de investigación en PUCMM
DR. WILSON ENRIQUE GENAO
PROFESOR A TIEMPO COMPLETO wilsongenao@pucmm.edu.do
La investigación constituye uno de los ejes esenciales de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. Su compromiso con la investigación evidenciado en sus estatutos y misión se cimienta en la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae del Papa San Juan Pablo II que establece que “La Universidad Católica, en cuanto Universidad, es una comunidad académica, que, de modo riguroso y crítico, contribuye a la tutela y desarrollo de la dignidad humana y de la herencia cultural mediante la investigación, la enseñanza y los diversos servicios ofrecidos a las comunidades locales, nacionales e internacionales”.
Acorde con la importancia de la investigación para la PUCMM fue creado el Centro de Estudios Caribeños (CEEC), adscrito a la Vicerrectoría de Investigación e Innovación con la misión de desarrollar investigaciones de carácter interdisciplinario sobre el Gran Caribe. Su participación en proyectos internacionales de alto impacto como el finalizado proyecto Connected Worlds: The Caribbean, Origin of Modern World (20192024) que coordinó la Dra. Consuelo Naranjo desde el Instituto de Historia del CSIC, así como en diversos proyectos nacionales y actividades de investigación ha convertido al CEEC en un referente regional que ha motivado a investigadores de otros países a realizar estancias en la PUCMM.
Actualmente está participando en el proyecto europeo Transatlantic Crossroads Lab, aprobado en la convocatoria Horizonte 2024, MSCA Staff Exchanges grant agreement no. 101235830 dirigido desde el Instituto de Historia del CSIC por la destacada historiadora Dra. Consuelo Naranjo Orovio. En el proyecto participan 24 instituciones de 17 países (5 de Europa, 8 del Caribe y América Latina, y 4 de África). De Europa participan el Instituto de Historia-CSIC, Universidad de Sevilla y la Fundación Ignacio Larramendi de España; la Université Gustave Eiffel, Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales y Université des Antilles de Francia; la Università Cattolica del Sacro Cuore de Italia; la Universität Mannheim de Alemania y de Portugal el Instituto de Ciências Sociais de Universidade de Lisboa, la Universidade Nova de Lisboa y el Centro de Estudos sobre África e Desenvolvimento.
De América Latina y el Caribe, además de la PUCMM, participan la University West Indies de Jamaica; el Museo de Las Américas de Puerto Rico; la Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre de Cuba. También la Asociación Mexicana de Estudios del
Imagen del campus Santo Domingo de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. FUENTE PUCMM
Caribe de México; la Universidad de Costa Rica de Costa Rica; la Universidad del Norte y la Universidad del Magdalena de Colombia y de Argentina el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). De África participa la Université Félix Houphouët-Boigny de Costa de Marfil; la University of Bertoua de Camerún; la Associação Roça Mundo-Cultura e Desenvolvimento de Sao Tomé y Puerto Príncipe y de Cabo Verde el Instituto da Biblioteca Nacional de Cabo Verde.
En el marco de dicho proyecto durante el año 2026 investigadores de España, Italia, Francia y el Caribe estarán realizando en la PUCMM estancias de investigación. Del 1 de febrero al 3 de marzo estuvo realizando una estancia el profesor Gonzalo Ramírez desde la Universidad de Sevilla. Ramírez está finalizando su tesis doctoral y desde finales del año 2022, forma parte del Departamento de Historia de América de la Universidad de Sevilla, con un contrato predoctoral del tipo «Ayudas para la Formación del Profesorado Universitario (FPU)» del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades del Gobierno de España. Compartió la disertación “El desorden social: una perspectiva desde las Antillas urbanas (1760-1840)”.
El próximo 26 de marzo y hasta el 19 de abril estará Jaime Aragón, doctor en Ciencias Políticas por la Université Paris-Cité Sorbonne y profesor titular de la Faculté Roger Toumson, UFR Humanités Caribéennes Université des Antilles. Sus líneas de investigación se orientan básicamente hacia temas de desigualdad social, el turismo, la brecha urbana y los procesos de democratización en Améri-
ca Latina y el Caribe.
En el proyecto participa de Italia, la Università Cattolica del Sacro Cuore. Del 5 de junio al 5 de julio realizarán su estancia la Dra. Benedetta Belloni y la Dra. Sara Carini. Belloni es profesora asociada de Literatura Española en el Departamento de Ciencias Lingüísticas y Literaturas Extranjeras de dicha institución. Igualmente, la Dra. Carini es catedrática adjunta titular de Lengua y Literatura Hispanoamericana en el Departamento de Ciencias Lingüísticas y Literarias y ha sido profesora visitante en la Universidad de Milán, la Universidad del Valle de Aosta y la Fundación Universidad de Mantua.
De la misma Universidad estará del 27 de junio al 5 de septiembre el escritor, crítico literario y profesor de Literatura Española en el Departamento de Lenguas y Literaturas Extranjeras de la Facultad de Ciencias Lingüísticas y Literaturas Extranjeras el Dr. Dante José Liano. Liano quien posee una variada producción literaria, que incluye cuentos, novelas y artículos periodísticos es miembro de diversos comité científico y asociaciones y miembro fundador de REDISCA la Red Europea de Investigaciones sobre Centroamérica.
También, estará del 15 de abril al 15 de mayo Naël Belhadi de la École des Hautes Études en Sciences Sociales, EHESS de Francia y en octubre Alejandra Barrio García, doctora en Lingüística Hispánica y profesora titular de la Université des Antilles.
De igual forma, estudiantes internacionales han realizado estancias incluyendo estudiantes de la Universidad Stanford, Estados Unidos; la Universidad Na-
cional Autónoma de México (UNAM); la L’École des hautes études hispaniques et ibériques (EHEHI) y Université de Bretagne Occidentale, Francia; la Universidad Simón Bolívar y la Universidad del Norte de Colombia. Este año Yurier Fernández Cardoso estudiante del doctorado en Estudios Latinoamericanos en Territorio, Sociedad y Cultura de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), México está desde el 1 de diciembre de 2025 hasta el 30 de noviembre de 2026.
Estas estancias vinculadas a proyectos y actividades de investigación reflejan el creciente liderazgo que ha ido adquiriendo el CEEC en la región. De igual forma, constituye un espacio que contribuye al desarrollo de la visión de la PUCMM, a la realización del Plan Estratégico PUCMM 2023-2028 y los planes de la Vicerrectoría de Investigación e Innovación y del CEEC que permitirán seguir caminando por el sendero de la investigación.
Referencia
Juan Pablo II (15 de agosto de 1990). Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae sobre las Universidades Católicas. https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_constitutions/documents/hf_jp-ii_apc_15081990_ex-corde-ecclesiae.html
Colocar como nota al final esta parte tanto en el pdf como en el que saldrá digital. •TransatlanticLab-101235830, HORIZON-MSCA-2024-SE-01. l
Centro estudios caribeños. PUCMM.
elCaribe, SÁBADO 14 DE MARZO DE 2026
Orlando Martínez: La pluma que el plomo no pudo borrar
Memoria, verdad y justicia en uno de los asesinatos más impactantes de la República Dominicana
LENIN RAMOS lramos@elcaribe.com.do
Con motivo de cumplirse el 51 aniversario del asesinato del periodista Orlando Martínez, recordamos un hecho que no solo conmocionó profundamente al país, sino que también indignó a los trabajadores de la prensa y sacudió los cimientos de la democracia. Este trágico acontecimiento marcó un antes y un después en la historia nacional, sumando otra vida truncada en la lucha por la verdad y por la libertad de un pueblo soberano.
En las portadas de los distintos periódicos del 18 de marzo de 1975 se informaba sobre el asesinato del periodista, ocurrido cuando iba rumbo a su residencia de su lugar de trabajo. La noticia ocupó los principales titulares y, desde ese momento, comenzaron a surgir diversas especulaciones sobre las circunstancias del atentado. Otro violento episodio contra la libertad de expresión
La noche del 17 de marzo de 1975, disparos asesinos acabaron con la vida del periodista Orlando Martínez, quien había hecho del periodismo su vocación y forma de vida. Con apenas 29 años de edad, fue asesinado alrededor de las 7:40 de la noche mientras conducía su automóvil rumbo a su residencia.
El suceso ocurrió en un lugar poco iluminado de un sector residencial de Santo Domingo, casi en la intersección de las calles José Contreras y Alma Mater. Los responsables, cuya identidad no fue conocida en ese momento, huyeron del lugar inmediatamente después de cometer el crimen. Mrtínez fue asesinado cuando se dirigía a su residencia, ubicada en la calle Antonio Maceo número 32, luego de haber to-
mado un té en Publicaciones Ahora junto al vicepresidente y administrador de esa empresa, el doctor Luis Ramón Cordero.
En ese momento se desempeñaba como director de la revista Ahora y columnista del diario El Nacional. Recibió dos impactos de bala: uno en el pómulo izquierdo, sin orificio de salida, y otro en el brazo izquierdo, con salida. Fuentes policiales consultadas por el periódico El Caribe indicaron que los disparos contra Martínez fueron realizados a muy corta distancia.
Atentado contra la prensa y la libertad
El doctor Luis Ramón Cordero, administrador de Publicaciones Ahora, manifestó a su salida del hospital militar Lithgow Ceara que la muerte del periodista representaba una profunda pérdida tanto para esa casa editorial como para el periodismo nacional.
Asimismo, señaló que el asesinato de Martínez constituía un grave ataque contra la libertad de prensa en el país, destacando que Orlando ejercía un periodismo de opinión caracterizado por la seriedad, la honestidad y el compromiso con sus principios.
Cordero llegó al hospital cerca de las 9:40 de la noche, visiblemente afectado y acompañado por varios familiares del periodista asesinado.
En ese mismo sentido, otro ejecutivo de Publicaciones Ahora, Ramón A. Reyes, afirmó que la muerte de Martínez constituía “un crimen atroz que no debía quedar impune”.
Reyes y Cordero también tuvieron dificultades para entrar a la morgue del hospital militar, aunque finalmente lograron acceder gracias a las gestiones de un civil cuya identidad no fue revelada.
Por su parte, el presidente de la Asociación Dominicana de Periodistas y Escritores (ADPE), doctor Salvador Pittaluga Ni-
7 Cultura
tores celebraba su reunión semestral en una capital centroamericana para analizar la situación de la libertad de expresión en el continente, envió un cable al mandatario dominicano en relación con el asesinato de Martínez.
var, expresó su indignación y profundo pesar “porque un hecho como el asesinato de Martínez haya ocurrido en el país”.
Agregó que este suceso representó un serio atentado contra la libertad de prensa en la nación, considerando la trayectoria y el prestigio del periodista asesinado.
Lo habían amenazado
Una tía del periodista Martínez informó a la prensa que, en los días previos, este había recibido varias amenazas de muerte anónimas a través de llamadas telefónicas.
Lucila de Moreta explicó que, debido a esa situación, los familiares le habían recomendado que evitara usar siempre la misma ruta para ir a su trabajo y regresar a su hogar.
“No te preocupes, tía, yo sé cómo defenderme”, recordó la señora que le decía Orlando, mientras lloraba desconsoladamente. Entre sollozos añadió que lo habían matado de manera injusta.
En adición a esto, su madre, Adriana de Martínez, expresó entre lágrimas que “no sirvieron de nada las oraciones que hacía para que el Sagrado Corazón de Jesús protegiera a mi hijo”. También señaló que él recibía amenazas con frecuencia, pero que, confiado, no les daba importancia y seguía adelante con su trabajo periodístico.
Crece el reclamo para que se investigue a fondo
La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) manifestó su consternación e indignación por el asesinato del periodista Martínez y solicitó al presidente Joaquín Balaguer que se aplicara todo el peso de la ley contra los responsables materiales e intelectuales del crimen.
La organización, cuya junta de direc-
“El asesinato de Martínez constituye el segundo caso de un periodista ultimado en mi país en apenas dos años”, declaró Germán Ornes, presidente de la Comisión de Libertad de Prensa de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y directivo de El Caribe, de Santo Domingo, aludiendo al crimen del periodista Gregorio García Castro ocurrido el 28 de marzo de 1973, dos años antes.
Ornes agregó que, aunque había informado previamente sobre la existencia de libertad de prensa en la República Dominicana, las condiciones no podían considerarse adecuadas cuando un periodista era asesinado cada año. Señaló además que era imprescindible llevar ante la justicia tanto a los autores materiales como a los instigadores de esos crímenes, sin importar su ideología o afiliación política.
En respuesta al comunicado de la organización periodística continental, el presidente Joaquín Balaguer afirmó, mediante un cable, que su gobierno “no escatimaría esfuerzos” para llevar ante la justicia a los responsables del asesinato del periodista Orlando Martínez.
Intentos de silenciar la verdad: la pluma frente al plomo
En ese marco, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) señaló que los ataques contra periodistas en ese período, ocurridos en tres países de América Latina, incluida la República Dominicana, “demostraban que los adversarios de la libertad respondían con balas al reto de la pluma”.
Al finalizar su reunión semestral, la comisión declaró que los periodistas independientes se enfrentaban no solo a la censura y a las presiones de los gobiernos, sino también a riesgos para su vida y su libertad “en gran parte de América Latina”. Germán Ornes, presidente de la comisión y directivo de El Caribe de Santo Domingo, manifestó que “ser periodista en esa época implicaba el riesgo de perder la vida, amenazado por el fuego asesino de francotiradores, terroristas y quienes recurren a explosivos”. l
OGM
Orlando Martínez. OGM
Un cura ofició una misa de cuerpo presente por el descanso del alma del periodista. OGM
Adriana H. de Martínez, madre del periodista asesinado Orlando Martínez, consolada por un familiar. OGM
El automóvil que manejaba Orlando Martínez al momento de su asesinato. OGM
El padre del joven asesinado, Luis Martínez, se inclina sobre el féretro entre sollozos. OGM
El padre de Orlando, Luis Martínez, sostiene a su esposa frente al féretro de su hijo asesinado.
crítica arte
LILIAN CARRASCO lilycarrascor@hotmail.com
Niñas Escarlatas
En el mapa del cine contemporáneo, los documentales más memorables no son necesariamente los más sonoros, sino que son aquellos que logran escuchar con paciencia, con respeto, con la intuición suficiente para reconocer que las historias más difíciles rara vez se dicen en voz alta. El largometraje “Niñas Escarlata”, de la joven cineasta dominicana Paula Cury Melo, nace precisamente de esa escucha. Su película reúne testimonios íntimos de mujeres de distintas regiones de la República Dominicana que hablan, muchas veces desde el anonimato, sobre maternidad forzada, aborto clandestino y las complejas decisiones que atraviesan la vida femenina en sociedades donde el silencio ha sido durante demasiado tiempo la única respuesta posible. Que esta obra tenga su estreno en el prestigioso CPH:DOX (Festival Internacional de Cine Documental de Copenhague) uno de los más influyentes de Europa, no es un hecho menor. Desde su fun-
dación en 2003, este encuentro se ha convertido en un espacio donde el cine de no ficción dialoga con el arte contemporáneo, la política y las preguntas más urgentes de nuestro tiempo. Hay películas que nacen de la técnica; otras, de la investigación. Algunas nacen de una convicción profunda: la de que ciertas historias deben ser contadas porque forman parte de una verdad colectiva. “Niñas Escarlata” pertenece a esta categoría. Su estructura híbrida —entre el testimonio, la observación y una sensibilidad visual casi poética— construye un relato donde el dolor y la dignidad conviven en un mismo plano.
La historia del arte no debe limitarse a los museos ni a las galerías. El cine, cuando alcanza esta densidad ética y estética, entra también en ese territorio. Porque el arte, en cualquiera de sus formas, es, al final, una manera de mirar el mundo y de devolvernos preguntas incómodas que todavía no sabemos responder.
Ver hoy a una cineasta dominicana llevar su obra a escenarios internacionales con el auspicio principal de KahKow, confirma que nuestra generación de creadores está encontrando nuevas maneras de narrar la isla. Historias que se atreven a tocar zonas incómodas de la realidad para convertirlas en reflexión colectiva. Enhorabuena a Paula y a todo el equipo.l
crítica cine
ETZEL BÁEZ etzelbaez@gmail.com
Múnich: En víspera de una guerra
Dos jóvenes diplomáticos, compañeros de estudios en Oxford, uno alemán y el otro británico, se encuentran al servicio de sus respectivos países en el periodo previo a la Segunda Guerra Mundial. A partir de un acontecimiento real: en 1938, durante la proclamación de la invasión de Checoslovaquia por parte de Adolf Hitler. Ante la posibilidad de una guerra mortal, el primer ministro británico, Neville Chamberlain, busca una solución pacífica al conflicto y se dan los Acuerdos de Múnich, firmados por los líderes alemanes, italianos, británicos y franceses en septiembre de 1938. Se crea una trama que procura mostrar las verdades del para entonces moribundo imperio británico. Mezcla personajes reales con ficticios que exponen los dilemas de la diplomacia y la geopolítica enfrentados al monstruo nazista que ellos mismos crearon, financiando un complejo industrial de armamentos de guerra con la tecnología militar más avanzada de su época, ya en el 1938, dejando obsoletas las doctrinas militares basadas esencialmente en una conducción de la guerra principalmente táctica y operacional. Como todo buen thriller
el libro
vive
FRANK NÚÑEZ
político histórico, nos brinda un telón de fondo: que con Hitler al poder desde 1933 se complicó el cuadro de las relaciones internacionales ya de por sí enrevesado con las apetencias territoriales de Alemania, Italia y Japón, la declarada irritación de la URSS para con sus vecinos fronterizos, la expansión de regímenes autoritarios en Europa y las exhibidas intenciones de Inglaterra por añorar el absurdo de un imperio global en momentos en que se defendía el derecho a la autodeterminación de los pueblos desde el final de la Primera Guerra Mundial. El filme no lo dice, pero el mayor logro del Tercer Reich fue la implantación del cáncer del nazismo, que continúa haciendo la guerra sin Hitler hasta los días de hoy. Pues bien, esta historia novelada examina esa propaganda de rememorar la eficacia de la Alemania nazi cuando en verdad fue y es la mentira mejor contada del siglo XX. Una película sobre la diplomacia de crisis que, ambientada en una época pasada, gana lados bastante presentes, tal cual el match Rusia-Ucrania, o el EE.UU./Israel vs Irán y al mismo tiempo despliega hipótesis revisionistas que aún cautivan. El punto más interesante, que le da valor al filme, es la exposición del Acuerdo de Múnich. Este acuerdo estuvo matizado por una política de apaciguamiento, ya que se ganó tiempo para que Inglaterra se preparara para la guerra. En Netflix. l
Un recurso comunicacional efectivo para hacer entendible el comportamiento humano en esa circunstancia acuñada por el gran filósofo José Ortega y Gasset es narrar sus vivencias como una novela realista. Es lo que ha logrado con “Sable”, el periodista y escritor Manuel Nova, en la obra inspirada en la vida de ese mártir de la prensa que fue su homólogo Orlando Martínez, en un proceso histórico que no garantizaba la supervivencia de quienes como él, se enfrentaban a poderes “incontrolables”. Personajes que aún viven, como el abogado Marino Vinicio Castillo, junto a otros que ya no están, que es el caso del también jurista Víctor Gómez Bergés, según la novela de Nova, le advirtieron a Martínez, director de la revista ¡Ahora!, además de autor de la columna Microscopio, del periódico El Nacional, que “se estaba abriendo muchos frentes”, con gente que no perdonaba, por lo que llegaron a recomendarle que se ausentara del país. Corría el primer lustro de los años 70 del siglo XX, cuando los crímenes por razones políticas formaban parte de la cotidianidad.
El más pequeño de los seis hijos procreados por los esposos Mariano Martínez y Adriana Howley, originarios del municipio Las Matas de Farfán, en la sureña provincia de San Juan, entra la vida en un mundo dividido por las luchas ideológicas protagonizadas entre los que buscaban derribar el sistema capitalista para sustituirlo por el socialista y los que se empeñaban en mantenerlo. Hechos como el fin de la dictadura trujillista, golpe de Estado a Bosch, levantamientos guerrilleros, la Revolución del 1965, la segunda intervención al país de los Estados Unidos y los sangrientos 12 Años de Balaguer, que llegaron como consecuencia de lo anterior, forjaron el carácter del comunidador. Esta cuarta obra publicada de Nova, a ser presentada la mañana de este domingo 15 de marzo en la Biblioteca Nacional, demuestra que Orlando pagó con su vida denunciar acciones de “incontrolables” cuya crueldad parecía atemorizar al propio gobernante. La “página en blanco” pendiente queda aclarada en el libro. l
salmada@elcaribe.com.do
El tiempo, esa extraña dimensión
Posiblemente la mejor definición del tiempo que conozco es la del poeta argentino José Hernández en su poema gauchesco Martín Fierro: “El tiempo solo es tardanza/ de lo que está por venir”, y aunque para la relatividad de Einstein es una dimensión que incluye el espacio, que se deforma por influencia de la materia, para nosotros los mortales es solo una sucesión
Ese transcurso que envejece a los seres y las cosas, se compone de ciclos como las estaciones climáticas y encierra la historia humana con su cronología de guerras desde que los hombres y los pueblos aprendieron a matarse los unos a los otros.
En la escuela lo encerramos en relojes que marcan las horas y los días y los profesores de literatura lo confinan a los verbos que se conjugan en modo indicativo, condicional, subjuntivo e imperativo, y en presente, pretérito y futuro, para que los pobres estudiantes se rompan la cabeza al tratar de recordar todos esos “accidentes”.
Según algunos filósofos solo existe el presente, porque el pasado ya fue y el futuro todavía no ha llegado, y la imposibilidad de retroceder hacia ayeres más felices, de regresar a lo que alguna vez nos hizo vivir en plenitud, es lo que da lugar a la nostalgia… Los que hemos tenido la suerte de que pasaran por nuestra infancia maestras enamoradas de los buenos libros, aprendimos que el pasado de los pueblos es una fuente de conocimiento, que conservar las tradiciones de nuestros ancestros equivale a cuidar la propia identidad, y que honrar a los héroes es asumir como propia la nacionalidad que nos legaron.
También aprendimos que el pasado se puede conservar en poemas, en relatos y en historias reales o inventadas, y que envejecer es inevitable, pero podemos anticipar el futuro y prepararnos para su llegada. El ayer, que casi siempre se compone de aprendizajes y de equivocaciones a las que llamamos experiencia, el ahora, que cuando somos jóvenes parece una eternidad que se niega a transcurrir, y el mañana, que en la madurez nos asusta cada vez más por la cercanía de la muerte, forman parte de ese ciclo que es la existencia humana, que en la adolescencia matamos de a poco con la prisa por ser adultos y el desmedido afán por parecerlo. l
elCaribe, SÁBADO 14 DE MARZO DE 2026 elcaribe.com.do
Leyendo periódicos viejos
Nicolo Paganini o el arte de los industriosos para generar industria
ANTONIO GÓMEZ SOTOLONGO
Especial para elCaribe
No basta con ser industrioso, es necesario tener además la capacidad para crear riquezas suficientes para sí y para los demás, es necesario ser capaces de crear industrias.
Un 27 de octubre de 1782 nació Nicolò Paganini, un violinista que en su época fue tan famoso como lo han podido ser en el siglo XX y lo que va del XXI las más rutilantes estrellas del cine, la radio, la televisión o el rock. Hubo multitudes que adoraron al Violinista del Diablo, quien de cierto transformó para siempre el modo de tocar el violín y de quien se cuentan leyendas asombrosas.
El 3 de septiembre de 1845, el Diario de la Marina, que se publicó en La Habana desde 1844 hasta 1961, insertó un artículo de la revista France Musical en el que se cuenta un pasaje de la vida del increíble violinista italiano que es para creer o no creer, y aquí lo transcribo a continuación:
EL CABRIOLÉ DE PAGANINI
Muchos escritores en sus artículos sobre Paganini han supuesto que este eminente artista había recibido una brillante educación, y hablaba y escribía con la mayor facilidad todas las lenguas vivas: esto es inexacto. Paganini no hablaba ni escribía más lengua que la italiana. En los últimos años que pasó en París, había llegado a hacerse comprender zurciendo bien o mal algunas palabras francesas, las unas tras las otras. No había podido nunca sujetarse a los serios estudios de la pronunciación y cosa extraña, su memoria que era maravillosa para retener motivos o frases musicales más complicadas se negaba a conservar las palabras más simples de los idiomas. En el extranjero, sobre todo en Alemania, donde Paganini pasaba por hombre de extremada avaricia, se pretendía que el ilustre violinista fingía no comprender el alemán, a fin de sustraerse a las importunidades de los criados que lo asediaban pidiéndole dinero antes y después de sus conciertos. Esta es otra invención de los periódicos alemanes.
Buscaba con preferencia las personas que hablaban italiano. Cuando tenía la dicha de encontrarse con gentes que no hacían una especulación de sus visitas, se entregaba por momentos a una loca alegría, su palabra corría rápidamente. Era feliz en estas horas de
charla en que podía contar sin restricción y con grandes carcajadas historias singulares. Así le hemos oído repetir muchas veces una anécdota bastante conocida: pero que en boca de Paganini tenía un sello enteramente particular.
Hallábase una noche -decía-, en las calles de Viena: «el trueno bramaba en el cielo y la lluvia sonaba en las ventanas. Salía de mi hotel y caminaba muy despacio, sin objeto, mirando a las buenas cabezas de los austríacos rubias y cuadradas, cuando la lluvia y la tempestad me sorprendieron repentinamente en un arrabal: iba solo, cosa que me sucedía rara vez. Para volver a mi casa me hubiera sido necesario andar media legua por lo menos: no me quedaba más que un medio, tomar un carruaje. Detuve sucesivamente tres góndolas; pero no comprendiendo los conductores la lengua en que les hablaba, continuaban su camino y se negaron a abrirme la portezuela de sus carruajes. Llegó a pasar la cuarta góndola: la lluvia caía fuertemen-
de la noche la multitud se oprimía a las puertas de la sala en que yo debía hacerme oír. Acababa de entrar, cuando un comisario vino a llamarme diciéndome: «Hay un hombre en la puerta muy mal vestido que quiere entra a viva fuerza». Seguí al comisario, y me encontré con el cochero de la víspera que usando del derecho que yo le había dado quería introducirse con su billete: gritaba que se le había regalado y que no se le podía impedir la entrada al concierto. Yo levanté la consigna, y a pesar de su mal vestido, sus gruesos zapatos mal encerados, hice entrar a mi buen hombre pensando que se perdería entre la multitud. ¡Mas, qué sorpresa la mía!, desde que me presenté en el estrado percibí delante de mi al cochero, que producía grande sensación por el contraste que ofrecían sus vestidos y su rostro con los lindos palmitos y los ricos adornos de las señoras colocadas en las primeras galerías. Cada trozo que ejecuté fue aplaudido con frenesí: obtuve el mejor éxito; pero mi hombre no lo tenía menor que yo. Batía las manos y gritaba en medio de un trozo, cuando todo el mundo estaba en silencio. Sus gestos, sus gritos, sus aplausos hasta el delirio, le hacían notar tanto como su porte que era de los más burlescos. La soirée se terminó, gracias al cielo, sin ningún accidente. Por la mañana al levantarme, se me anunció que un hombre solicitaba hablarme; no quería nombrarse, y como tardaba demasiado en responder, vi llegar al mismo individuo que había excitado tanto gozo en mi concierto. Mi primer impulso fue hacerle arrojar por las escaleras; sin embargo, tenía un aire tan humilde, que no me sentí con valor para ello.
-Diávolo, ¿qué queréis? -le dije-.
-Excelente -me respondió-, vengo a pediros un servicio, un gran servicio: soy padre de cuatro hijos, soy pobre, soy vuestro compatriota. Vos sois rico, tenéis una reputación sin igual; si queréis, podéis hacer mi fortuna.
-¿Qué quieres decir?
-Y bien, que me deis el permiso de escribir en gruesos caracteres detrás de mi carruaje, estas dos palabras: CABRIOLE DE PAGANINI.
te; el tiempo era horrible. Esta vez el cochero me había comprendido: era italiano, verdaderamente italiano. Al subir quise convenir en el precio con él; pero a esta pregunta que le hice:
-¿Cuánto llevarías por conducirme a mi hotel?
-Cinco florines -me respondió-, el precio de un billete de entrada a los conciertos de Paganini.
-¡Qué pícaro eres! -le respondí-. ¿Cómo te atreves a exigir cinco florines por tan corto camino? Paganini toca con una sola cuerda, pero ¿puedes tú hacer andar tu carruaje con una sola rueda?
-¡Eh, señor!, no es tan fácil como pretende tocar con una sola cuerda, soy músico, y he doblado el precio de mis viages para ir a oír a ese señor que se llama Paganini.
-¡Toma!, he aquí la suma que me has pedido -dije al cochero-, y además un billete para ir a oír a ese señor que se llama Paganini, en un concierto que debe dar mañana en la sala filarmónica.
En efecto, al día siguiente a las ocho
-¡Vete al diablo! Pon lo que quieras. Ese hombre no era ni loco, ni imbécil. En algunos meses fue más conocido en Viena que yo mismo hubiera podido serlo. Con esta inscripción, que no le había prohibido poner, hizo fortuna considerable. Dos años después volví a Viena; el cochero había comprado el hotel en el que yo había vivido con el producto de su carruaje, en dos años su fortuna se había elevado a cien mil francos, y había revendido el carruaje en cincuenta mil. (France Musicale)
Créalo o no lo crea, pero esta historia, tomada de un periódico del siglo XIX y contada supuestamente por el mismísimo Paganini, nos recuerda una verdad como un puño: no basta con ser industrioso, es necesario tener además la capacidad para crear riquezas suficientes para sí y para los demás, es necesario ser capaces de crear industrias. l
Esta página es una colaboración especial para este suplemento.
Retrato de Nicolo Paganini por Eugéne Delacorix. F.E.
10 Cultura
Espejo de tinta
Relatos de Elsa Báez
VALENTÍN AMARO
Especial para elCaribe
Esta semana en “Espejo de tinta”, nuestra invitada es Elsa Báez (Santo Domingo, República Dominicana), quien es gestora cultural, escritora, actriz de teatro, locutora y periodista, con un máster en Comunicación Política y Marketing Digital. Ha colaborado con medios como El Caribe, El Afán Diario y Perspectiva Ciudadana, y dirige el periódico digital Alasunto.com. Fundadora del movimiento literario Poetas de la Era (2010) y de Editora Poetas de la Era (2018), desde donde impulsa la publicación y promoción de autores independientes. Fue coordinadora en República Dominicana del movimiento internacional 100 Thousand Poets for Change. En 2020 recibió el Premio Voluntariado Solidario en Cultura. Es autora de Mi infierno, Historias de cicatrices, El funeral interno y de la novela La erosión aprendida, además de coordinadora de las Antologías Poetas de la Era. Intensa y mordaz, Elsa Báez nos muestra en estos relatos la soledad y la incomprensión que muchas veces rodean la vida del escritor, incluso cuando entrega su pasión a la enseñanza y a la literatura. También evidencian cómo el dolor y las experiencias personales se transforman en materia de creación artística. El texto critica la tendencia social a reconocer a los autores solo cuando se cree que han muerto o cuando ya no están presentes.
LA AUTORA QUE MURIÓ ANTES DE SU MUERTE
Durante años nadie supo muy bien qué hacer con ella. No era una mujer difícil. Saludaba a los vecinos, se reía con facilidad y podía conversar durante horas si el tema eran los libros. Pero había algo en su manera de estar en el mundo que producía una ligera incomodidad, como si detrás de su cordialidad existiera una zona inaccesible que nadie lograba atravesar.
Vivía sola. O, mejor dicho, vivía acompañada por los animales que recogía de la calle. Perros, gatos, pájaros heridos que permanecían unos días en su casa hasta que volvían a volar. Aquella casa era un refugio improvisado para criaturas que habían aprendido demasiado temprano lo que era el abandono.
Nunca tuvo plantas. Las había intentado cuidar muchas veces, pero siempre se le morían.
—Las plantas necesitan una ternura distinta —decía—. Yo solo sé cuidar lo que también está roto.
Durante algunos años vivió con un hombre que la quiso con paciencia. Se marchó una noche cualquiera. No fue una pelea escandalosa ni un portazo dramático. Fue algo más simple: el cansancio de alguien que ha comprendido demasiado.
Ella provocaba discusiones sin darse
cuenta. Necesitaba el dolor para escribir. Convertía cualquier grieta en una tormenta emocional que luego aparecía, transformada, en sus novelas. Él terminó por entender que estaba siendo utilizado como materia prima para historias tristes.
Antes de irse le dijo algo que ella tardó años en comprender:
—No quiero seguir siendo el personaje que sufre para que tú escribas bien. Después de eso, su vida quedó organizada alrededor de tres cosas: sus clases, sus animales y sus libros.
Era profesora de literatura. Pero sus clases no se parecían a las de otros profesores. Su aula era un laboratorio. Una vez llevó un poema a clase y lo escribió en la pizarra sin decir de quién era.
—Léanlo en voz alta —pidió. Un estudiante comenzó a leer con timidez. A mitad del poema se detuvo.
—No entiendo esta parte.
Ella sonrió.
—Perfecto.
Los estudiantes se miraron entre sí.
—Si lo entendieran todo a la primera, el poema estaría muerto.
Caminó lentamente entre los pupitres.
—Un poema no se explica —dijo—. Se pelea.
Entonces tomó la tiza y borró un verso.
—Ahora escriban el que falta.
Al principio nadie se movió.
Luego una muchacha levantó la mano.
—¿Y si lo arruinamos?
—Eso es lo que hacen casi todos los escritores —respondió ella—. Arruinar poemas hasta que uno queda vivo.
Ese día nadie terminó el ejercicio.
Pero durante semanas los estudiantes siguieron discutiendo ese poema en los pasillos.
De ese salón salieron algunas de las plumas más interesantes de su generación. Ella entregaba todo: conocimiento, pasión, paciencia. Sin embargo, nadie hablaba demasiado de ella.
Para los críticos, su obra todavía “no terminaba de madurar”.
Para algunos lectores, sus textos eran complicados. —Hay que releerla —decían. Para la gente común, escribir era una pérdida de tiempo. Y así los años fueron acumulándose como polvo sobre los libros.
LA PRIMERA MUERTE
Una tarde cualquiera, alguien publicó en internet una nota anunciando su fallecimiento. Nadie supo exactamente de dónde salió la noticia. Tal vez una confusión. Tal vez un error.
Pero el rumor comenzó a expandirse.
Una vecina pasó por su casa, tocó la puerta, pero nadie respondió. Miró por la ventana: los libros seguían en el mismo lugar, un gato dormía sobre la mesa y los platos del desayuno aún estaban en el fregadero. Eso bastó.
En pocas horas la noticia se convirtió en certeza. La escritora había muerto.
Esa misma noche comenzaron a aparecer los homenajes. Personas que nunca la habían leído hablaban de su talen-
to. Otros recordaban con emoción alguna conversación lejana.
Alguien escribió:
—Era una de las voces más importantes de nuestra literatura y entonces ocurrió algo inesperado.
La gente comenzó a buscar sus libros. Las librerías vendieron los pocos ejemplares que quedaban. Sus poemas empezaron a circular en redes sociales. Alguien musicalizó uno de sus versos. La ciudad parecía descubrir, de repente, el valor de alguien que había estado siempre allí.
Lo curioso era que ella no estaba muerta, simplemente había salido de la ciudad. Un escritor extranjero al que admiraba estaba de visita en el país y ella, que estaba de vacaciones en la escuela y no tenía que dar explicaciones a nadie, decidió viajar para escucharlo.
Cuando regresó al día siguiente, retomó su rutina, caminó por las mismas calles, saludó a algunos vecinos y, de manera irónica, nadie pareció notar nada extraño. Hasta que unos días después vio algo que la detuvo: Un hombre caminaba leyendo uno de sus libros. No era un estudiante. No era un amigo. No era alguien a quien ella se lo hubiera regalado. Lo había comprado.
La emoción que sintió fue tan profunda que tuvo que apoyarse en una pared. Alguien había decidido leerla. Aquello despertó algo que creía perdido: el deseo de escribir. Las historias comenzaron a aparecer en su cabeza con una claridad nueva. Entró a la única librería que le quedaba cerca… El librero levantó la mirada y se quedó inmóvil. La observó como si estuviera viendo algo imposible porque él también había escuchado la noticia.
Para él, la escritora estaba muerta, pero además tenía otro problema.
Su librería era pequeña. No tenía sis-
tema de inventario; anotaba las ventas en un cuaderno y cuando comenzaron a venderse los libros de la autora “fallecida”, decidió no registrarlos.
Después de todo, ¿a quién iba a pagarle? Ahora la tenía frente a él. Viva.
La noticia de su regreso empezó a circular y algo extraño ocurrió. La gente comenzó a leerla de verdad. Sus poemas aparecían citados. Sus libros se discutían. Por primera vez fue invitada a un gran evento literario.
El auditorio estaba lleno.
Cuando subió al escenario sintió algo que nunca había sentido: la sensación de haber llegado.
Abrió su libro.
El silencio del público era absoluto. Comenzó a leer.
Mientras pronunciaba los versos finales de uno de sus poemas, levantó la mirada y vio algo que nunca había visto antes:
Personas escuchándola con verdadera atención.
Entonces sonrió.
Fue una sonrisa tranquila, casi agradecida.
Su cuerpo se inclinó lentamente. Cayó…
El silencio se volvió absoluto y esta vez, sí estaba muerta.
Horas después, alguien volvió a escribir en internet: —Murió la escritora que había muerto hace unos días. La publicación comenzó a circular. Algunos pensaron que era una broma. Otros dijeron que se trataba de una confusión.
Pero esta vez la noticia era cierta.
Y por primera vez en su vida, nadie dudó de ella. l
Esta página es una colaboración especial para este suplemento.
elCaribe, SÁBADO 14 DE MARZO DE 2026
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Visión holística de la educación y su función social
MANUEL DE JESÚS RAMOS
Especial para elCaribe
La educación suele ser entendida de manera reducida como un proceso de transmisión de conocimientos, en el cual el estudiante escucha al docente y memoriza información. Sin embargo, para pensadores pedagógicos como Johann Heinrich Pestalozzi, Eugenio María de Hostos y John Dewey, la educación implica una concepción mucho más amplia. Estos autores defienden una visión holística de la educación, entendida como un proceso integral que busca el desarrollo pleno del ser humano.
Coincidencias
Aunque pertenecen a contextos históricos y geográficos distintos, los tres coinciden en una idea fundamental: la educación no debe limitarse a transferir información, sino que debe contribuir a la formación completa de la persona. En este sentido, el proceso educativo debe atender al desarrollo de la inteligencia, la formación de valores y la capacidad de convivencia social. El objetivo último de esta perspectiva es la formación de ciudadanos libres, críticos y comprometidos con el bienestar de la sociedad.
Johann Heinrich Pestalozzi planteó
que la educación debía responder al desarrollo natural del ser humano. Según este autor, “la educación es el desarrollo natural, progresivo y armónico de todas las facultades” (Pestalozzi, 1801). Con esta afirmación, cuestiona los métodos educativos tradicionales de su época, basados principalmente en la memorización mecánica de contenidos.
Para Pestalozzi, el aprendizaje debe partir de la experiencia directa del estudiante con la realidad. El niño debe observar, explorar y comprender el mundo antes de acceder a explicaciones abstractas. De esta manera, el estudiante se convierte en un sujeto activo dentro del proceso educativo.
Asimismo, el autor insiste en que la educación debe ser armónica. Esto significa que el proceso formativo no debe fragmentarse en áreas aisladas, sino que debe integrar conocimientos, actitudes y valores. Desde esta perspectiva, educar implica desarrollar tanto la dimensión intelectual como la dimensión emocional y moral del ser humano.
La visión de Hostos
Siguiendo una línea similar, Eugenio María de Hostos profundiza en la relación entre educación, moralidad y libertad. Para este pensador antillano, la educación tiene una función social fundamental: formar ciudadanos conscientes de sus derechos y de sus responsabilidades
dentro de la sociedad.
Hostos sostiene que no basta con transmitir conocimientos académicos; es necesario promover la formación ética del individuo. En este sentido, afirma que “instruir al ignorante es un bien; pero educarlo para la virtud y para el ejercicio de sus derechos es el bien supremo” (Hostos, 1906).
Esta visión destaca que la educación debe contribuir al desarrollo de una conciencia moral capaz de orientar la conducta de las personas. A través de la educación, los individuos aprenden a reflexionar críticamente, a ejercer sus derechos y a cumplir con sus deberes como ciudadanos. De esta forma, la escuela se convierte en un espacio clave para la construcción de sociedades más libres y democráticas.
La pedagogía de Dewey Por su parte, John Dewey incorpora a esta visión educativa la importancia de la experiencia y la acción. Para este filósofo y pedagogo estadounidense, la escuela no debe limitarse a ser un espacio de transmisión de conocimientos, sino que debe funcionar como un entorno dinámico donde los estudiantes aprendan mediante la práctica y la participación.
En su obra Mi credo pedagógico, Dewey afirma que “la educación no es una preparación para la vida; la educación es la vida misma” (Dewey, 1897).
Con esta afirmación, el autor subraya que el aprendizaje ocurre de manera más efectiva cuando los estudiantes se involucran en actividades reales, resuelven problemas y colaboran con otros.
Desde esta perspectiva, el aula debe funcionar como una pequeña comunidad en la que se practiquen los principios de la vida democrática. Los estudiantes aprenden a dialogar, a trabajar en equipo y a tomar decisiones colectivas. Así, la educación contribuye no solo al desarrollo individual, sino también a la construcción de una sociedad más participativa y solidaria.
A pesar de las diferencias de época y contexto, las propuestas de Pestalozzi, Hostos y Dewey convergen en una concepción amplia de la educación. Los tres autores coinciden en que el estudiante debe ocupar un papel central dentro del proceso educativo y que el aprendizaje debe ir más allá de la simple acumulación de conocimientos.
Las ideas de Pestalozzi resaltan la importancia del desarrollo afectivo y humano; Hostos destaca la dimensión moral y cívica de la educación; y Dewey enfatiza el aprendizaje a través de la experiencia y la participación. En conjunto, estas perspectivas configuran una visión educativa integral que busca el desarrollo pleno de la persona.
Las reflexiones de Pestalozzi, Hostos y Dewey permiten comprender que la educación es un proceso complejo que abarca múltiples dimensiones del desarrollo humano. Educar no significa únicamente transmitir información, sino también contribuir a la formación intelectual, moral y social de los individuos.
Desde esta perspectiva, la función social de la educación consiste en formar ciudadanos capaces de pensar de manera crítica, actuar con responsabilidad y participar activamente en la vida democrática. Una educación verdaderamente integral favorece el desarrollo de personas libres y comprometidas con el bienestar colectivo.
En consecuencia, la adopción de una visión holística de la educación continúa siendo un desafío fundamental para los sistemas educativos contemporáneos. Promover este enfoque permitiría fortalecer la motivación de los estudiantes y contribuir a la construcción de sociedades más justas y humanas.
Referencias
Dewey, J. (1897). Mi credo pedagógico. Biblioteca de Actualidad Educativa. Hostos, E. M. de. (1906). Moral social. Imprenta de Bailly-Bailliere e Hijos. Pestalozzi, J. H. (1801). Cómo Gertrudis enseña a sus hijos. Librería de Victoriano Suárez.l
Esta página es una colaboración especial para este suplemento.
12 Cultura
Los intelectuales y la honestidad
MARINO BERIGÜETE Poeta m.beriguete@gmail.com
En toda sociedad aparece una figura singular: la del intelectual. No gobierna ni administra el poder, pero participa en algo que a veces resulta más duradero que el poder mismo: la conciencia pública. Sus palabras viajan por libros, periódicos, aulas y conversaciones privadas. A través de ellas una época intenta comprenderse. Los intelectuales no siempre cambian la historia, pero ayudan a interpretarla. Y en esa tarea se decide, con frecuencia, la calidad moral de una cultura. Por esa razón la honestidad intelectual no es una virtud secundaria. Es la condición que hace posible la existencia misma del intelectual. Cuando se pierde esa honestidad, la inteligencia deja de ser una herramienta de comprensión y se convierte en un instrumento de conveniencia. El pensamiento deja de ser una búsqueda y se vuelve un cálculo. Entonces la voz que antes parecía crítica empieza a sonar como un eco. Pensé en esto una madrugada reciente. La ciudad aún no despertaba del todo. El aire tenía esa quietud que aparece antes del amanecer, cuando las calles parecen suspendidas en una especie de pausa. En ese silencio comenzaron a surgir nombres en mi memoria. Nombres de personas que durante años ocuparon un lugar en el paisaje intelectual de mi vida. Durante unos minutos pensé en escribirlos aquí.
Pero decidí no hacerlo
Los he visto caminar por plazas públicas, hablar en universidades, aparecer en debates televisivos o escribir columnas que durante un tiempo parecían necesarias. Algunos participaron en protestas ciudadanas. Otros defendieron ideas desde tribunas políticas. Durante ciertos momentos de nuestra vida pública parecían encarnar una convicción simple pero rara: la inteligencia podía ser una forma de valentía.
No siempre fue así
Con el tiempo algunos de esos nombres comenzaron a volverse inciertos. No porque les faltara talento. El talento rara vez escasea entre los intelectuales. Lo que empezó a diluirse fue otra cosa más difícil de conservar: la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. La mirada crítica se volvió cautelosa. Las palabras comenzaron a medir demasiado bien sus consecuencias.
La prudencia, cuando se vuelve hábito, termina pareciéndose al silencio.
También están los casos más visibles.
Intelectuales que terminaron orbitando alrededor del poder político. A veces no ocurre de forma escandalosa. El proceso suele ser casi imperceptible. Primero aparece la invitación a colaborar. Después llegan los reconocimientos públicos, las comisiones, los cargos honoríficos, las cercanías que parecen oportunidades legítimas.
Con el tiempo llega algo más difícil de notar: el silencio selectivo.
No siempre se trata de dinero. A menudo el poder seduce de otra manera. Ofrece prestigio, influencia, una sensación de pertenecer al círculo donde se toman decisiones. Para alguien acostumbrado a vivir entre ideas, esa cercanía puede parecer la ocasión de intervenir en la historia. El intelectual comienza a creer que su inteligencia puede orientar al poder.
Pero el poder rara vez acepta orientaciones que lo incomoden.
Así empiezan las pequeñas concesiones. Primero se omite una crítica que antes habría sido natural. Luego se justifica un error político en nombre de un objetivo mayor. Finalmente se instala una forma de autocensura casi automática. El intelectual continúa escribiendo y hablando, pero ciertas preguntas ya no aparecen en su pensamiento.
Es una renuncia silenciosa
La historia moderna está llena de ejemplos. Durante el siglo XX algunos de los pensadores más brillantes defendieron sistemas políticos que terminaron oprimiendo a millones de personas. No todos lo hicieron por ambición. Muchos estaban convencidos de que participaban en una transformación histórica necesaria. Creían que los abusos eran temporales o inevitables.
La inteligencia, en esos casos, sirvió para justificar lo que debería haber cuestionado.
Pero la honestidad intelectual tampoco consiste en vivir sin convicciones. Nadie observa el mundo desde una neutralidad absoluta. Todos pensamos desde
ciertas ideas, ciertas experiencias, incluso desde ciertas heridas personales. Las convicciones forman parte inevitable del pensamiento. Sin ellas el intelectual no tendría una mirada propia.
El problema comienza cuando las ideas se vuelven más importantes que la realidad.
En ese momento aparece una forma de ceguera. Los hechos que contradicen nuestras creencias empiezan a parecer incómodos. Se interpretan como excepciones, como errores de interpretación o como manipulaciones del adversario. Poco a poco el pensamiento deja de observar el mundo y comienza a proteger una teoría.
La honestidad exige algo más difícil: la capacidad de rectificar.
En la vida pública rectificar suele interpretarse como una señal de debilidad. El político evita hacerlo porque teme parecer inconsistente. El intelectual, sin embargo, debería comprender lo contrario. Cambiar de opinión frente a la evidencia no es un fracaso del pensamiento. Es precisamente su funcionamiento natural.
El orgullo intelectual suele resistirse a esa idea.
El pensador honesto mantiene una cierta distancia incluso frente a sus propias convicciones. No se instala dentro de ellas como en una fortaleza. Las examina con la misma severidad con la que examina las ideas de otros. Esa actitud introduce una diferencia fundamental entre dos figuras que a veces se confunden.
El propagandista defiende una causa El intelectual intenta comprender la realidad.
La diferencia puede parecer pequeña, pero en realidad es decisiva para la salud de una sociedad. Las comunidades libres necesitan desacuerdo, crítica y vigilancia moral frente al poder. El intelectual no reemplaza a las instituciones ni a los ciudadanos, pero puede recordar algo que el entusiasmo político suele olvidar: el poder necesita límites.
Esa función tiene un precio
Quien insiste en señalar contradicciones rara vez resulta cómodo. Los gobiernos prefieren intelectuales leales. Los movimientos políticos prefieren intelectuales disciplinados. Incluso el público, en ciertos momentos, prefiere voces que confirmen sus certezas antes que voces que introduzcan dudas.
Decir lo que se piensa puede producir soledad
Pero esa soledad no siempre es una derrota. La memoria cultural suele mostrar un respeto particular por quienes conservaron su independencia cuando hacerlo implicaba incomodidad o riesgo. No porque hayan sido infalibles. Ningún pensador lo es. Lo que se recuerda es otra cosa más simple: su fidelidad a los hechos.
La honestidad intelectual tampoco implica una superioridad moral. El intelectual no es un juez universal situado por encima de los errores humanos. También está expuesto a prejuicios, a vanidades y a cegueras. La diferencia no está en evitar esos defectos, sino en reconocerlos cuando aparecen.
La honestidad comienza con uno mismo
Significa sospechar de nuestras certezas demasiado cómodas. Significa preguntarse si hablamos para comprender o para impresionar. Significa aceptar que la inteligencia no nos protege de la ilusión de tener razón. En ocasiones incluso la vuelve más sofisticada.
Nuestro tiempo hace este ejercicio más difícil.
La velocidad de la información empuja hacia opiniones inmediatas. Las redes sociales recompensan la afirmación contundente y castigan la duda. El matiz se interpreta como indecisión. La prudencia se confunde con falta de carácter. En medio de ese ruido permanente, pensar requiere una forma particular de paciencia.
Pensar exige detenerse
Exige observar con cuidado antes de emitir juicio. Exige escuchar argumentos contrarios. Exige aceptar que el mundo es más complejo que nuestras preferencias ideológicas. En una época dominada por la rapidez, esa lentitud se convierte en una forma discreta de resistencia. Por eso la honestidad intelectual sigue siendo necesaria.
Cuando el debate público se llena de consignas, alguien debe recordar que la verdad no pertenece a ningún partido ni a ninguna ideología. No pertenece al gobierno ni a la oposición. No pertenece a los vencedores de una discusión ni a quienes hablan más fuerte.
Pertenece únicamente a quien tiene el coraje de buscarla.
Quizá esa sea, al final, la tarea más simple y difícil del intelectual. No conquistar poder. No acumular prestigio. No ganar todas las discusiones. Su tarea consiste en algo más modesto y al mismo tiempo más exigente.
No traicionar lo que sabe cuando llega el momento de decirlo. l
elCaribe, SÁBADO 14 DE MARZO DE 2026 elcaribe.com.do
Hay que leer dominicano
Rafael Chaljub Mejía y una invitación a la inocencia
SANTIAGO ALMADA salmada@elcaribe.com.do
Don Rafael Chaljub Mejía es un veterano luchador, militante del MPD, del 1J4 y del Partido Comunista del Trabajo, nacido en una sección llamada Las Gordas en 1942, de un municipio que en aquellos años llevaba el nombre de Julia Molina de Trujillo, madre del dictador que tiranizó a este país durante treinta años.
Hombre comprometido con la libertad desde su juventud, vivió mucho tiempo en la clandestinidad y se formó como autodidacta, también es autor de varias obras de historia, entre ellas Diccionario biográfico de los restauradores de la República.
El libro que comentamos en esta ocasión se titula Relatos inocentes, una obra de tintes autobiográficos en la que retrata el alma de los campesinos del siglo pasado, pero también toda la cosmología que formaba parte de su acervo espiritual, su tenacidad, su capacidad de adaptarse a las duras condiciones de vida del campo en aquellas épocas.
Recuerdos de la escuela es el primer relato de este libro, en un tiempo en que el concepto de “la letra con sangre entra” era aplicado al pie de la letra y la disciplina se mantenía a reglazos, de ahí que, según él mismo afirma, esos recuerdos no son muy gratos.
Como don Rafael es un experto en música típica dominicana, fue cuñado de Tatico Henríquez, aparecen a lo largo del libro muchos personajes, desde merengueros hasta los que tocaban música de palos y atabales, una expresión cultural absolutamente dominicana pese a las reacciones de cierta dirigencia que pretende atribuirle a esa música un origen haitiano.
En La Gallera el lector se asoma a lo que fue el ambiente de las peleas de gallos con todos los personajes que formaban parte de ese universo distribuido alrededor de un redondel, “el trabero”, que era el experto en preparar a los combatientes y conocedor de todo cuanto tuviera que ver con la lidia de los gallos. Este capítulo está matizado con coplas y versos populares de aquella época: “Ello no hay otra gallera/ como la de la salada/ donde baila señorita/viuda, soltera y casada”, aunque el autor señala que las mujeres en esos tiempos no podían apostar y solamente se les reservaba el papel de vender comida y bebidas, y algunas otras se acercaban a vender sus “servicios especiales” a los asistentes.
Los contadores de cuentos es quizás el capítulo más interesante del libro, en el que es posible hasta vislumbrar de dónde surgen las inquietudes literarias de
don Rafael, su estilo narrativo tan coloquial, desnudo de rebusques literarios y metáforas enrevesadas.
Narra don Rafael que un hombre llamado Juan Santana hizo traer algunos libros a aquella Sección, y contrató a un maestro que alfabetizó a algunos de los muchachos que, al crecer, habían leído obras como El Conde de Montecristo y el Martín Fierro, de José Hernández, entre otros, y de ahí salieron esos contadores que en las noches amenizaban con sus relatos las veladas de aquel perdido paraje.
Un capítulo especial le dedica la obra al miedo, un componente inseparable de la vida del campesino, originado en la
conciencia mítica con la que todos los seres humanos transitamos por esta vida, que es mucho más acendrada en gente que ha tenido que vivir expuesta a los peligros de los montes y de las inclemencias de la naturaleza, en un medio agreste donde no había caminos y en cada lluvia había que atravesar lodazales enormes, lejos de toda población o de presencias humanas.
El miedo toma otras características cuando la religión se asoma al espíritu simple de los hombres y mujeres en el medio rural, la amenaza del castigo del infierno para los pecadores se incorpora al imaginario de la gente y se suma a las supersticiones propias del medio rural, donde se multiplican los lugares “malditos” y las apariciones fantasmales.
Pero ese mismo miedo toma otra forma mucho más siniestra bajo la sombra de la dictadura que se abatió sobre este castigado país, cuando la sola mención de la presencia de “la guardia”, la milicia policial trujillista que tenía carta blanca para cometer todo tipo de tropelías contra una población, recorría los campos para amedrentar a los campesinos. Pedir posada es otro capítulo interesante porque en él aparece retratada la hospitalidad típica del campesino dominicano, debido a que en aquellas épocas cuando los viajes a las ciudades podían tomar varios días, era común que personas desconocidas pasaran la noche y hasta más de una, en casas donde eran aco-
gidas desinteresadamente, y donde además de cobijo y un catre, se les brindaba alimento, en un gesto que denota la bondad y la solidaridad del ser humano. El propio autor recuerda en un pasaje que cuando él estaba en la clandestinidad, para escapar de la persecución policial, se le brindó posada en una casa donde reconoció a un hombre al que su propia familia había acogido hacía muchos años, una muestra de que todo favor que se hace con buena voluntad, en algún momento retorna a la persona que ha hecho el bien sin mirar quién.
Hay mucho más en esta obra atrapante de Rafael Chaljub Mejía, desde los catequistas y los rezadores, las comadronas, los recuerdos que él pudo rescatar de lo que fue aquel tremendo terremoto que en 1946 azotó a este país, y que en el relato de los que lo vivieron cobra una intensidad que posiblemente es exagerada por los narradores, pero que de todas maneras deja una idea de la devastación que sufrieron los pueblos, sobre todo los costeros, que además del temblor de tierra recibieron el impacto del maremoto que acompañó a aquel desastre natural. Relatos inocentes es, en suma, un libro que se disfruta y que permite al lector de este tiempo de redes sociales y computadoras, asomarse al paisaje rural dominicano de mitad del siglo pasado, con toda su inocencia, pero también con su aspecto agreste y desafiante para el habitante rural. l
Rafael Chaljub Mejía es un conocedor del ambiente rural, de la música típica y de la idiosincrasia dominicana. F.E.
Mitri Jiménez
PERIODISTA Y ESCRITORA
Mitri Jiménez nació un día de lluvia abundante, pero con sol, lo que en este país es señal de que “se están casando las brujas” según una antigua tradición folclórica. Creció en un hogar común, con padres amorosos y una hermana mayor, que era quien la “cuidaba” y mimaba, y con la que siempre se llevó
muy bien. Aunque según ella, los maestros le decían a su madre que era muy inteligente, nunca llegó a figurar en el cuadro de honor porque hablaba “hasta por los codos”. Cursó la escuela primaria en el colegio “Cristo de los Milagros” y la secundaria en el liceo “Estados Unidos de América”. Fue inscripta co-
mo Mitrídate y de ahí viene el diminutivo Mitri. Posteriormente se graduó de licenciada en Comunicación Social en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, ha trabajado en diferentes medios y es autora de un libro de relatos cortos titulado “Mi abuela le puso un mal nombre a su perro”.
“Quería estudiar algo en que la gente me pudiera leer”
SANTIAGO ALMADA
FOTO: KELVIN MOTA
l ¿Cuáles son los mejores recuerdos que tienes de tu infancia?
l Lo que más recuerdo es que mi hermana Nordaline era quien me cuidaba; como íbamos ambas al mismo colegio, llegábamos juntas de regreso al mediodía, ella preparaba el almuerzo y entonces comíamos viendo la novela “La pícara soñadora” en la tele, hasta que a media tarde nos tocaba hacer la tarea. También que me tocó escribir obras de teatro para el cierre de curso y mis compañeros “se peleaban” por participar, así que a veces tenía que agregar más personajes para que todos pudieran decir aunque sea una línea.
l ¿Cómo fue tu relación con tu mamá?
l Fue muy buena. Mi mamá era muy independiente, una mujer empoderada y le interesaba mucho la política; ella militó durante mucho tiempo en el PRD, por ella llegué a conocer siendo niña a muchos dirigentes del partido, incluso a José Francisco Peña Gómez. Cuando ella enfermó y se fue apagando, aprendí de su resiliencia y eso me permitió sobrellevar su pérdida.
l ¿Cómo fue tu paso por la secundaria?
l De esa época recuerdo que tuvimos como directora a doña Clara González y a unos excelentes y exigentes maestros que nos enseñaron a investigar, eso me sirvió de mucho en la universidad cuando elegí la carrera de periodismo. De esos años me quedó un grupo de buenos amigos que hasta ahora conservo. l ¿Cómo empieza tu relación con la lectura y cómo es que te decides por estudiar periodismo?
l Mi papá siempre ha sido un gran lector, aún hoy a sus 94 años. Creo que aprendí eso de él. Como mi hermana me lleva cinco años, en la secundaria la pusieron a leer novelas como María, de Jorge Isaacs, que aproveché para también leer. Luego vino El puente hacia el infinito, de Richard Bach, un libro que me encantó tanto que me regaló el sueño de querer escribir como los escritores. Después leí Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell, al empezar la secundaria; me sentí identificada con el personaje de Scarlett O’hara, por su desenfado y porque di-
ce siempre lo que piensa, sobre todo porque yo estaba en plena adolescencia, que es cuando uno se pone un poco rebelde. Mi padrino José Miguel tenía un librero grandísimo y yo siempre se los pedía prestados. Gracias a él leí textos como La Naranja Mecánica.
l Pero, ¿por qué la carrera de comunicación y no literatura?
l Cuando me hicieron el examen vocacional salió que podía estudiar derecho, publicidad o algo relacionado a las artes. A mí, por ejemplo, me gustaba la moda, porque mi mamá cosía y me hacía la ropa que yo misma diseñaba. Pero cuando llegué a la universidad me preguntaron qué quería estudiar y dije que debería ser algo en que la gente me pudiera leer, “eso lo puedes hacer en un periódico” me respondieron y así surgió la elección del periodismo.
l ¿Qué recuerdas de la UASD?
l Tuve un profesor que se llama Tony Pérez, que me decía que mi nombre completo era demasiado largo para colocarlo como firma en el periódico, por eso cuando llegué a Diario Libre confirmé que, en efecto, había que acortarlo a Mi-
tri. Otro profesor, Rolando Forestieri, impartía Historia de las ideas políticas de una manera que todos quedábamos como hipnotizados, después de esa materia empecé el blog Santo Domingo Despierta, cuyo nombre lo tomé de la canción Despierta de Janio Lora. Gracias a ese blog conseguí mi primer trabajo en los medios de comunicación.
l ¿Qué escritores fueron los que más influyeron en ti?
l Edgar Alan Poe, y Horacio Quiroga, quienes tienen más o menos la misma línea. Me gustan sus universos y los giros dramáticos que saben darles a sus relatos. También Oscar Wilde, a quien me hubiera gustado entrevistar.
l ¿Cómo empiezan tus primeras inquietudes literarias?
l Cuando tenía nueve años escribía pensamientos, cosas que se me ocurrían, incluso mi papá todavía guarda un trozo de papel de esos textos porque él dice que para esa edad yo tenía una forma de pensar muy avanzada… en los cuadernos que me sobraban de la escuela escribía historias que aún hoy recuerdo.
l ¿Cómo fue la génesis de tu libro de cuentos?
l Inicialmente se iba a llamar La bola de nieve, que es uno de los relatos que figuran en él, pero cuando investigué descubrí que había varios libros con ese título, uno de ellos de Alejandro Dumas, de hecho lo estructuré para que los textos vayan del más corto al más largo, como una bola de nieve. Luego tomé un taller de creación de personajes con el escritor español Miqui Otero, y uno de los ejercicios era narrar algo ocurrido en la infancia, entonces me acordé de Beauty, que era el perro de mi abuela, una especie de pastor alemán. Como el perro me mordió, el libro terminó llamándose Mi abuela le puso un mal nombre a su perro. l ¿Crees que para escribir bien hay que leer mucho?
Por supuesto. Ahora que soy docente en Intec, donde imparto redacción, siempre les digo a mis estudiantes que es imprescindible la lectura. Si bien el relato como tal tiene su origen en la oralidad, y puede haber gente que tenga un talento natural para escribir, para aprender a estructurar ideas es necesario leer mucho. l
Mitri Jiménez se caracteriza por la frescura de su prosa y el fino humor en algunos de sus textos.