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Cultura 14 febrero 2026

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Cultura

elCaribe, SÁBADO 14 DE FEBRERO DE 2026 elcaribe.com.do

El compromiso de escribir desde la honestidad

Marino Berigüete reflexiona sobre el papel del escritor en estos tiempos en que el mundo se ve más propenso a mantener los ojos cerrados. P.11

Las vainas de Mercader

Los estudiantes ametrallados el 9 de febrero del 66

La página de OGM rememora aque fatídico episodio en que una marcha pacífica estudiantil fue reprimida a balazos y dejó varios muertos. P.7

Un diálogo sobre la conciencia del ser humano...

Con esos términos la poeta dominicana Lery Laura Piña define la sustancia de su poesía, en una interesante charla con este suplemento. P.13

La lengua de los dioses

Cervantes

JOSÉ MERCADER 666mercader@gmail.com

El estudio del lenguaje, una verdadera autopsia de la lengua, no solo su gramática y leyes de “uso correcto”, siempre ha estado vinculado con el poder y la posibilidad de acceso a una “buena educación”.

Existe, aun más importante, la “filosofía del lenguaje” para entender su relación con el pensamiento, la realidad y sus expresiones en los diferentes contextos sociales, siempre colocándolo como base de aquella.

La Lingüística se queda en la estructura gramatical y deja a la Semántica que busque el sentido del lenguaje. ¿Cuál sentido?

El sentido de las “malas palabras” que se inventan y que gritan, insultan y molestan, se refiere a su poder de rebelión e inconformidad cuando el hambre y la pobreza se adornan de resabios con altoparlantes.

En una sociedad normal, donde el trabajo no sea una esclavitud, el lenguaje revelará un estado emocional de conformidad que se regirá por las normas de su gramática sin necesidad de recurrir a explosiones verbales, enumerando elementos prohibidos del sexo y los componentes “más sagrados” de cualquier religión y que, eufemísticamente, conocemos como “lenguaje soez”. En este entorno de normalidad, la evolución es más lenta y es más notoria la invasión de otras lenguas.

Una sociedad culta no es solo porque tiene elevados niveles de educación y/o adoctrinamiento cultural. Es, sobre todo, porque su estado económico es elevado, es decir, que los altos ingresos abarcan a la gran mayoría de la población, con tiempo para ver el cielo, oír buena música y leer libros, entre otros disfrutes de la vida. l

por Mercader.

elcaribe.com.do

historia de la medicina

El doctor Ramón Emeterio Betances

salón de la fauna

da consultas y opera a todos los que requerían sus servicios.

versos homenajes, en que se le reconocen sus cualidades y su dedicación al servicio público. Se decía que venían a verle todos los

dores. El periódico El Porvenir del 1875 decía que la llegada del doctor Betances a Puerto Plata “había sido tes”. Los puertoplateños le llamaban

ños “padre de los pobres y los negros”. Escribió diversas obras entre las que se destaca la biografía que realizó del

dencia del primer gobierno provisional independiente de su natal Puerto Rico luego del Grito de Lares”. El doctor Betances nació en Cabo Rojo, Puerto Rico en 1827, hijo de un dominicano y una puertorriqueña. Estuvo por primera vez en Santo Domingo en el 1857. Las circunstancias politicas le hicieron regresar a Puerto Rico en 1859. Betances estableció una práctica muy exitosa de cirugía y oftalmología en Mayagüez. Incluso enemigos políticos aguerridos como el periodista español pro-monarquía José Pérez Morís consideraban a Betances como el mejor cirujano en Puerto Rico en ese tiempo. Su buena reputación en Puerto Rico sobreviviría su estadía en la nación insular por muchos años. Betances introdujo nuevos procedimientos quirúrgicos y asepticos en Puerto Rico. Con la ayuda del anestesiologo venezolano Pedro Arroyo, Betances realizó el primer procedimiento quirúrgico bajo cloroformo en Puerto Rico, en noviembre de 1862.

Regresa a nuestro país en el 1867 luego de haber sido expulsado de Puerto Rico. Entre 1867 y 1869 realizó numerosas intervenciones quirúrgicas en Santo Domingo, y es expulsado de nuestro país en 1869 por el presidente Báez. Desde aquí se dirige a París, y allí conoce al general Gregorio Luperón. Regresa de nuevo al país en 1875, y se establece en Puerto Plata desarrollando una gran obra, en las que

El doctor Castro Ventura, autor de una extensa biografía del doctor Betances afirmó en 2012: Es lamentable que Betances sea hoy un héroe ignorado, y que ni siquiera una calle dominicana se honre con su nombre, mientras grandes avenidas han sido bautizadas con nombres de personalidades extranjeras que posiblemente nunca se interesaron en conocer ni siquiera la ubicación geográfica de la isla. La obra narra parte de lo que hizo Betances en el país como exiliado vinculado al bando patriótico de los Azules, entidad en la que se solidarizó con los más nobles intereses del pueblo dominicano. Se trata de una narrativa sobre los ajetreos patrióticos de Betances, ilustre médico insurgente, quien de forma clandestina se trasladó a República Dominicana y al igual que Eugenio María de Hostos realizó una obra trascendental en pro del progreso de los dominicanos y el afianzamiento de su independencia. En París se desempeñó como diplomático dominicano con gran éxito y contribuyó siempre con causas nobles y positivas. Ofreció en nombre de Luperón refugio en República Dominicana para los judíos rusos que estaban padeciendo persecuciones.

Este hombre extraordinario, quien fuera no solamente oftalmólogo, sino filántropo, escritor, humanista y prócer, murió en Neuilly-sur-Siene, París, el 16 de septiembre de 1898. l DR. HERBERT STERN

José del Castillo Saviñón

(DÉCIMA CIBAEÑA)

No se quiere ya juntai

Catillo en ei Peledé

Ni con Nano ni Memé

Ni en penco quiere montai

Ni vei de lejo ei locai

No lo trataron de rata

Que dei baico saca pata

Y aunque allí majnunca vueiva

Se va puna sombra e ceiba

A comei sopa de lata.

Lionei ya lo recibió

Con bombo y hata platillo

“Eshta esh shu Casha Cashtillo

Lash puelta she la abro yo

Aquí no hay mango y arró

Y sheguro vamo a ganal

En Barahona va a votal

Veldeshito veldeshito

No quedará un chivito

Que no nosh quiera apoyal”.

l JOSÉ MERCADER

elCaribe,

Los extraños vericuetos del lenguaje

Cuando leemos de los grandes avances económicos de una nación y los aumentos de tasas y otras explicaciones técnicas de grandes ganancias, no necesariamente estas llegan a todos. Esa distribución es la que afecta, socialmente, el lenguaje del pueblo.

Una campaña para el “buen uso de las palabras” no se logran resultados sin que no la preceda un equilibrio económico total. Porque el uso de la “mala palabra” está con la violencia y esta a su vez como una rebeldía e inconformidad relacionada con la estabilidad económica. A mayor olla, mayor truño.

Siempre hemos visto que es en los barrios, poblados de gente pobre, donde se origina un tigueraje como mecanismo de supervivencia, de avivatez y surgen ahí los nuevos vocablos, creativos siempre, mamasijaya, que se incorporan a la lengua, aunque “oficialmente” sean rechazados por no estar registrados “como tiene que ser” en ningún diccionario ni academia. Es aquí donde reinan los dioses, los erudictos, la intelectualidad y sus espacios para su uso “correcto”.

Tanto la sabiduría campesina, sin moños en la lengua, como el tíguere, han contribuído al “decalabro” del “rico idioma que por suerte nos dieron los españoles”, frasecita vargallosiana que se repite como la gota de un tinaco pichao.

Y esa lucha del idioma es una lucha de clases.

Ninguna academia de la lengua, repleta de defensores del idioma oficial y representante de las altas esferas, va a aceptar “las barbaridades” y “masacre” de la lengua con expresiones que solo el pueblo de abajo usa.

El “ele, ele, a”, de Corporán se generalizó en la lengua de todos los dominicanos y hasta cayó en gracia, pero solo cuando ya este había escalado desde las chancletas a la yipeta y era parte, de esa capa que lo domina todo, hasta tal punto, que lo honraron con el nombre de una calle. (aplausos).

El doble sentido es también una forma de rebeldía y disgusto que se cuela en bachatas, merengues y otras expresiones de comunicación.

“El macuteo”, “la mordida”, “la picada”, “lo mío”, expresan y denuncian una corrupción evidente y vigente que dicen mas que cualquier editorial, artículo de palabrerías en desuso e incomprensibles.

El inútil esfuerzo de aquellas famosas comisiones de censura contra “el guardia con el tolete” pretendían callar una protesta encubierta contra un régimen, que no solo no resolvía una situación de pobreza nacional, sino que se constituía en un estado de terror represivo.

El machismo, como ingrediente que no falta, como el ajo en la sopa, “aportó” muchísimos vocablos que popularmente han sido parte del lenguaje normal de la gente. El toño de antaño, que sustituía al “coño”, fue reemplazado por mama-

güeso, la crema, la cebolla, el piso, el fuiche, aunque el “hijoetumarditamadre” no encontró modelo nuevo, quizás por las piezas de reemplazo, que en la 20 no aparecen.

Los chifles de las infidelidades han sido abundantes en expresiones maravillosas así como los “lucios tragados” por deudas no honradas y, los chivos escolares, pasaron a montón de malos estudiantes, para desgracia del desarrollo normal del país.

Ninguna de esas manifestaciones lingüísticas fueron aceptadas en la prensa oficial o se hacían “traducciones”, adaptaciones, que fuesen “correctas” a los ojos de la hipocresía. El más reciente caso es de una frase

de mi infancia que Víctor G. recuerda de su abuelo y que lo usa como título de un ensayo, “Ese toto ya no es suyo”, publicado, como tiene que ser, por el amigo Persio Maldonado y desvirtuado , en otro medio, “puritanamente correcto”, aunque ridículo.

Esa expresión, como bien lo explica G. no puede traducirse porque le quita la esencia. No se puede confundir “vulgaridad” con el lenguaje llano. Por suerte que ellos no son los editores de García Márquez. Ese “garabombismo” del lenguaje lo reduce, lo empobrece y le quita la magia. Es lo mismo que hicieron algunos escritores de cuentos dominicano cuando pusieron a hablar a los campesinos sin faltas ortográficas y con palabras que nunca usaron porque las desconocen.

Por otro lado, no estoy justificando el “alofokismo”, que pretende “conectar” con la juventud, cuando en realidad contribuyen a una pasividad social, y a un embrutecimiento, a un empuje a comportamientos incivilizados.

Hay que decir, que con la baja calidad en el sistema educativo, es imposible que un estudiante “hable bien”. ¿Quién puede enseñar lo que no sabe?

Tenemos, en escuelas y universidades, una enorme deficiencia para enseñar español y pretendemos que aprendan inglés, francés y pronto, quizás, chino; cuando lo lógico sería que aprendiéramos creole, para entendernos con los vecinos, que al parecer son buenos solo cuando recogen papa o pegan blocks.

¿Por qué no reforzar el español con mas horas y mas lecturas, en vez de incursionar en otra lengua? Eso sí, se reparten títulos como si fueran sobrecitos de campaña electoral para legalizar puestos del tren burocrático de la politiquería.

Claro que es importante otra lengua, para leer mas y expandir los niveles culturales, pero nunca eliminando lo que es nuestro, lo que es parte de nuestra identidad.

Para conocer la lengua de los dioses, hay que conocer el lenguaje del Infierno. (Nota: este escrito no es de chatGPT ni con IA). l

<VIENE DE LA PORTADA

4 Cultura

El llano en llamas y la Guerra Cristera

Pocos acontecimientos han sacudido a México de manera tan brutal como la Guerra Cristera o de los Cristeros, la también llamada Cristiada, cuyo escenario principal fue el estado de Jalisco y los de la región del Bajío, el centro y el oeste de México.

Fue más bien una procesión de guerras y calamidades: una guerra a la que sucedió otra guerra a la que siguió una tercera, que se remontaban a otra.

Primero, una guerra devastadora, la de la Revolución Mexicana (1910-1917), que dejó un país en ruinas y un millón de muertos, quizás mucho más, porque a la guerra se sumaron el hambre, pandemias y enfermedades que causaron más víctimas que las balas. Después de la revolución vino la Guerra de los Cristeros (1926-1929), con un saldo estimado en doscientas cincuenta mil bajas. A ésta siguió una segunda parte de menor intensidad, la segunda Cristiada (1934-1941. Ambas tenían su origen en la Guerra de la Reforma (18581861), en un largo y amargo conflicto entre el estado y la iglesia católica.

La guerra se desató a raíz de la promulgación de las Leyes de la Reforma por el Presidente Benito Juárez —día 6 de septiembre de 1860—, y fue una de las más sangrientas.

La guerra y las leyes de la reforma tenían por objetivo limitar el poder económico y político de la iglesia católica, separar de una vez por todas la iglesia del estado, secularizar la sociedad, eliminar incluso los irritantes privilegios del fuero eclesiástico y militar (las jurisdicciones especiales que eximían de ser juzgados a miembros de la fuerza pública y el clero por tribunales civiles ordinarios y obligaban a someterlos a sus propias cortes, a sus propios jueces y prelados).

Las leyes establecían, entre otras cosas, la dolorosa nacionalización de los bienes del clero y la extinción de las corporaciones eclesiásticas, la secularización de cementerios y fiestas cívicas la promulgación de la libertad de culto.

Se trataba, en definitiva de transformar el estado, dejar atrás las lacras del virreinato y el imperio, establecer un estado moderno, capitalista, idealmente democrático. Fue una transformación radical de la estructura política y social. Una modernización del estado. Fue, sin lugar a dudas, uno de los acontecimientos más

importantes en la historia de México.

Las hostilidades entre iglesia y estado se habían mantenido, sin embargo, desde la promulgación de las leyes y no parecían tener fin. La iglesia se resistía a la pérdida del poder y sus privilegios, mantenía en sus filas un constante movimiento de agitación y pretendía revertir los cambios. Algo que con el triunfo de la revolución se puso más difícil. Desde el gobierno, el presidente, Álvaro Obregón y sus funcionarios criticaban ácidamente a los eclesiásticos, que no se quedaban callados y persistían en las protestas. Los ánimos, en ambos bandos, se caldearon de tal manera que ocurrió algo que hasta ese día —en el catolicísimo México—, resultaba impensable: un atentado terrorista contra la mera virgen de Guadalupe. Un atentado contra la fe, contra el más venerado símbolo religioso del pueblo mexicano. Una aberrante provocación. Una canallada. Atentado, explosión y milagro en el santuario de la Virgen de Guadalupe La historia del Santuario de la Virgen de Guadalupe es una de las más llamativas y divulgadas de la Iglesia Católica, ya que el 14 de noviembre de 1921 sufrió un atentado que marcó su historia y la de todos sus devotos. Esa mañana, un hombre es-

condió una bomba dentro de un ramo de flores y la colocó a los pies de la imagen de la Virgen que en ese momento estaba en la Antigua Basílica.

Cuando la bomba estalló, arrasó con casi todo a su alrededor, pero la Virgen no sufrió ni un rasguño. Un Cristo Crucificado de hierro y bronce, que estaba justo adelante de la imagen de la Virgen, cayó y la protegió, salvándola de la explosión. Este suceso fue interpretado como un milagro en el que la figura metálica de Jesús protegió a la de su madre, por lo que se lo llamó el Santo Cristo del Atentado. El crucifijo, a diferencia de la Virgen, quedó totalmente deformado.

Tras el estallido, la multitud, indignada, comenzó a buscar al culpable para hacer justicia por mano propia. Los reportes de la época describen al sospechoso como un hombre con “rostro alterado” que intentó abandonar el lugar.

En el templo aún se conserva el recorte de una crónica periodística sobre lo ocurrido ese día. Según testimonios, un grupo de mujeres siguió al sospechoso y pudo informar a las autoridades que lo habían visto descender por las escaleras de la iglesia. Un artículo de la revista Mexico Desconocido publicó, en su versión digital, que “de un grupo de trabajadores que se encontraba dentro de la Antigua Basílica salió un

hombre con un ramo de flores, camino hacia la imagen de la virgencita de Guadalupe y colocó el ramo al pie del altar. Luego, salió a toda prisa.”

Las investigaciones en torno al atentado no se hicieron esperar y comenzaron las especulaciones en torno al presidente del momento, Álvaro Obregón, por sus constantes críticas a la iglesia católica. Según un relato publicado por radio INAH, la investigación llevó varias semanas durante las cuales hubo protestas, marchas y pedidos de justicia por parte de asociaciones católicas. Finalmente, un tiempo después, se detuvo a un trabajador ferroviario conocido como Luciano Pérez.

(LA NACIÓN, Día de la Virgen de Guadalupe: el atentado y el hundimiento de la Basílica que no dañaron la imagen sagrada, https://www.lanacion.com.ar/estados-unidos/dia-de-la-virgen-de-guadalupe-el-atentado-y-el-hundimientode-la-basilica-que-no-danaron-la-imagen-nid12122024/).

La gota que desbordó la copa de la discordia la puso el presidente Plutarco Elías Calles con la Ley sobre Delitos y Faltas en Materia de Culto Religioso y Disciplina Externa, del 14 de junio de 1926. La ley que todo el mundo llamó La Ley Calles. La ley que establecía la más estricta aplicación de los artículos constitucionales anticlericales, en especial los que limitaban el ejercicio del culto y los privilegios del clero, prohibían la enseñanza religiosa y establecían como obligatoria la educación laica. La separación o ruptura con la iglesia católica, la separación de iglesia y estado iniciada por Juárez.

A la iglesia sólo le quedó como recurso la protesta violenta y organizada contra un poder que debilitaba y amenazaba su existencia o por lo menos la minimizaba. Pero la iglesia no carecía de recursos: aparte de sus cuantiosas riquezas y el apoyo de la Santa Sede, contaba con el apoyo de su inmensa feligresía, contaba sobre todo con los devotos y miserables campesinos y contaba con Cristo. El pleito era entre el gobierno y la iglesia, pero la iglesia metió a Cristo en el medio y mandaron a los campesinos a pelear y a morir por Cristo. Los mandaron los curas y los mandaron las madres y las esposas. No sean cobardes, güevones, vayan a pelear por Cristo.

El 31 de julio de 1926 entró la Ley Calles en vigor, los obispos hicieron sentir su protesta mediante una carta pastoral, suspendieron el culto, abandonaron las iglesias, se organizó la resistencia… Los primeros levantamientos importantes de milicias campesinas armadas comenzaron en agosto de 1926 en Valparaíso, Zacatecas, Jalisco…

Las milicias combatían bajo el lema «¡Viva Cristo Rey!» y sus combatientes se convirtieron en Cristeros. La iglesia luchaba por la iglesia y los campesinos por Cristo. l

El Cristo del atentado. F.E.

La dominicana que le canta al amor en el templo de Brahms

ANDRÉS TOVAR

Especial para elCaribe

Viena respira música. Allí, en pleno corazón del Ringstrasse, se levanta el Musikverein, un edificio dorado por fuera y legendario por dentro. Su Sala Dorada no es solo un espacio de conciertos: es el lugar donde cada primero de enero el mundo escucha el Concierto de Año Nuevo; donde resonaron las sinfonías de Brahms; donde la tradición pesa y la excelencia no se negocia.

Este 14 de febrero, mientras medio planeta intercambia flores y promesas, una voz dominicana se eleva en ese escenario. Nathalie Peña-Comas regresa -por tercera vez- a la Sala Dorada para protagonizar el “Concert for Lovers”, acompañada por la Orquesta de Cámara de Viena, bajo la dirección del maestro Francisco Navarro Lara. La tercera vez ya no es casualidad, es consolidación.

Cantar en el Musikverein no es una anécdota exótica para una artista latinoamericana, es una validación dentro del circuito europeo más exigente del mundo. Peña-Comas no llega como invitada circunstancial: regresa como intérprete reconocida, luego de cerrar 2025 con una intensa agenda internacional -Austria, Italia, México, Rusia, Turquía y Taiwány comenzar 2026 con dos conciertos a casa llena en el Auditorio Nacional de Música de Madrid y en el Auditorio Miguel Delibes de Valladolid. A ello se suman sus nominaciones a los Premios Soberano 2026 y el anuncio de una nueva producción discográfica en preparación.

Pero este concierto no es uno más. El programa, pensado para el Día de San Valentín, propone algo más profundo que una sucesión de melodías románticas. Propone una pregunta: ¿qué es realmente el amor cuando suena en música?

No todo amor suena igual La música clásica ha hablado del amor durante siglos, pero nunca de la misma manera. Y el repertorio que Nathalie interpretará en Viena: nos recuerda que el amor no es de una sola melodía.

Está, por ejemplo, el amor adolescente y fatal de Romeo y Julieta. Ese amor que arde sin cálculo, que crece como un crescendo orquestal y que, como en la tragedia, se consume con la misma intensidad con la que nació. Musicalmente es tensión armónica, impulso, vértigo.

Luego aparece el amor contemplativo, casi suspendido en el aire, como el de Rusalka cuando canta a la luna. Aquí la línea vocal se estira en un legato infinito. El tiempo parece detenerse. No hay urgencia; hay espera. Es el amor que mira al cielo y susurra.

El amor también puede ser espectáculo. Basta pensar en el célebre Can-Can de Orfeo en los infiernos: fiesta, ironía, des-

enfado. El sentimiento se convierte en escena pública, en celebración compartida. Es el amor que se ríe de sí mismo.

En Viena, el amor inevitablemente baila un vals. El vals no es solo un ritmo en tres tiempos: es una coreografía social. Se baila con elegancia, con códigos implícitos, con distancia refinada. Es el amor diplomático, ceremonial, el que se muestra sin perder compostura.

Y luego está el amor-deseo. El fuego libre de Carmen y su Habanera, donde el amor no promete fidelidad sino libertad. “El amor es un pájaro rebelde”, canta Carmen. No se deja domesticar. Esa música tiene ritmo, sensualidad y desafío.

Finalmente, el amor puede volverse obsesión. El Boléro de Ravel lo explica mejor que cualquier tratado psicológico: una frase que se repite, que crece, que se intensifica hasta el límite. El deseo que no descansa, que vuelve una y otra vez, como un pensamiento que no se puede expulsar.

Eso es lo que sonará en la Sala Dorada. No una sola historia, sino muchas formas de amar. Y allí, en ese templo donde cada nota queda expuesta a la acústica más honesta y a un público acostumbrado a la excelencia, una soprano dominicana interpreta ese mapa sentimental con rigor y elegancia.

Amor universal con voz dominicana La grandeza del acontecimiento no está solo en el repertorio, sino en el contexto. Interpretar estas páginas en el Musikverein implica dialogar con una tradición que ha hecho de la música un lenguaje universal. Cada cantante que pisa ese escenario entra en conversación con la historia. Que una artista dominicana ocupe ese espacio tiene una dimensión que va más

ConCierto Sentido

El amor según Nadine

Hija de padres apasionados por la música que buscaron una vida mejor en Estados Unidos, There’s a Place for Us (2018), el disco debut de Nadine Sierra -a quien finalmente tendremos en el país el 21 de agosto en la esperada Gala de Grandes Intérpretes de la Fundación Sinfonía y Amigos del Teatro Nacional- es un disco de amor: amor a sus propias raíces y a las experiencias de compositores de todo el continente americano, todo sintetizado en un mensaje que, parafraseando a Bernstein, dice: “Hay un lugar para nosotros”.

allá del aplauso. Es un gesto de diplomacia cultural silenciosa. No hay discursos ni banderas en el escenario, pero sí hay identidad. La identidad de una intérprete formada con disciplina, capaz de insertarse en el circuito europeo sin concesiones. Nathalie Peña-Comas no representa una curiosidad exótica en Viena. Representa la normalidad de una carrera bien construida. Y eso, quizás, es lo más significativo. En un país donde la música clásica muchas veces parece confinada a nichos reducidos, su presencia reiterada en uno de los escenarios más prestigiosos del mundo envía un mensaje claro: el talento dominicano puede dialogar con la tradición centroeuropea sin complejos.

Así, este 14 de febrero, mientras el mundo celebra el amor con gestos cotidianos, en Viena el amor sonará en todas sus formas. Suena adolescente y fatal. Suena contemplativo. Suena festivo, elegante, sensual, obsesivo. Y suena, con Nathalie, con acento dominicano.

En la sala donde Brahms escuchó sus propias sinfonías, una voz caribeña recuerda que el amor, el verdadero, es una orquesta completa.

Coordenadas

Nombre del concierto: Concert for Lovers

Soprano: Nathalie Peña Comas

Tenor invitado: Jörg Schneider

Flautista invitada especial: Francisca Gavilán Zurita

Director: Francisco Navarro Lara

Orquesta: Orquesta de Cámara de Viena

Fecha: 14 de febrero

Hora (hora dominicana): 2:30 p.m. (8:30 p.m. en Viena) l

A través de una hábil selección de canciones antiguas y modernas de América del Norte y del Sur, Nadine busca conectar a la gente más allá de sus orígenes o creencias. La sensual música del compositor brasileño Villa-Lobos comparte espacio con las canciones de Bernstein, cuyo musical West Side Story resume perfectamente el sueño de Sierra de un mundo unido, un mensaje con mucha más vigencia hoy en tiempos de divisiones. En The Rake’s Progress de Stravinsky, se sumerge en la historia de un compositor ruso aceptado en su nueva patria americana, y Stars, escrita por Ricky Ian Gordon, es un afectuoso homenaje al cielo de Harlem.

En todo momento, la radiante voz de Sierra flota exquisitamente sobre una Royal Philharmonic Orchestra tan suntuosa como delicada. Un disco para enamorarse… y para esperarla. l

Nathalie Peña Comas le canta al amor en el Musikverein. CORTESÍA
ANDRÉS TOVAR EDITOR

6 Cultura

elCaribe, SÁBADO 14 DE FEBRERO DE 2026 elcaribe.com.do

Bitácora del congreso internacional El Caribe: Encrucijada del Mundo Atlántico

WILSON ENRIQUE GENAO NÚÑEZ

PROFESOR A TIEMPO COMPLETO WilsonGenao@pucmm.edu.do

Los días 9, 10, 11 y 12 de febrero del 2026 se celebró en Puerto Rico el congreso internacional El Caribe: Encrucijada del Mundo Atlántico en memoria del historiador Josef Opatrny. El evento fue organizado por la historiadora Consuelo Naranjo Orovio directora del proyecto de investigación europeo Transatlantic Crossroads Lab, TransatlanticLab-101235830, HORIZON-MSCA-2024-SE-01 y Miguel Ángel Puig-Samper ambos del Instituto de Historia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Libia M. González López del Centro de Investigaciones Sociales de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras y Mª Teresa Cortés Zavala de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, teniendo como secretaria del Congreso a Lucía Navarro Jiménez del Instituto de Historia-(CSIC).

En el evento participaron de forma presencial y virtual investigadores de diversos países. Participaron expertos del Instituto de Historia-CSIC, de la Universidad de Valencia, Universitat Pompeu Fabra, Universidad Complutense de Madrid, Universidad de La Laguna, Universitat Jaume I, Universidad de Sevilla, Universidad de Extremadura, Université Bordeaux Montaigne, Cy Cergy Paris Université, Universidad de Glasgow, Universidad de Strathclyde, Universidad de La Reunión. De América participaron investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles, Columbus State University, Lehigh University, Princeton University, University of Central Florida, UNAM, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura de México, Universidad de Costa Rica, Universidad UTE, Universidad Técnica de Manabí, Universidade Federal Fluminense, Universidade Federal da Bahia, Universidad del Valle, Instituto Caro y Cuervo de Colombia, Universidad de los Andes, Universidad del Magdalena, Universidad de La Habana y The University of the West Indies. De Puerto Rico la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras, de Cayey, de Ciencias Médicas y del Recinto de Mayagüez, Universidad Ana G. Méndez, Recinto de Gurabo, Universidad Interamericana de Puerto Rico, Recinto Metropolitano y de República Dominicana de la UASD y la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). Además de otros centros e investigadores independientes. Del programa de Doctorado en Historia del Caribe de la PUCMM entre egresados de las diversas cohortes y otros que están trabajando su tesis doc-

toral participaron 12 investigadores.

Las actividades del 9 y 10 se celebraron en los anfiteatros 3 y 5 de la Facultad de Estudios Generales de la Universidad de Puerto Rico, Recinto Río Piedras. El 9 de febrero inició con las palabras de bienvenida de los organizadores y la conferencia magistral de apertura a cargo de Ángel Quintero de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras con la disertación “La estética sonora compartida de la Iberoamérica mulata”. Luego se continuó con las ponencias en las diversas mesas temáticas dividido en dos sesiones: mañana y tarde. En la mesa “Esclavitud, resistencia y abolición en el Mundo Atlántico” presentaron en la sesión de la mañana María Bárbara Zepeda, Yury Parra, Claudia Varella, Lloyd Belton, Jesús Sanjurjo, Isabel Bedoya Palop y Elsa Capron. Mientras que en la tarde Ronald J. Raminelli, Carlos Alberto Murgueitio, Roraima Estaba Amaiz y Wilber López Moreno. A su vez en la mesa “Estéticas caribeñas: arte, literatura y cine” disertaron en la ma-

ñana Antonio Canela-Ruano, Alessandra Galimberti Prince, Humberto Figueroa Torres, Roberto Fernández Castro, Harold J. Leonard Navarro y en la tarde Beatriz Cruz Sotomayor, Naida García Crespo, Luis Galanes Valldejuli y José Ángel Rosado.

El martes 10 de febrero en la mesa “Esclavitud, resistencia y abolición en el Mundo Atlántico” presentaron sus ponencias Consuelo Naranjo Orovio, Francisco Moscoso, Raúl Mayo Santana, Lizette Cabrera Salcedo, Javier Alemán Iglesias, Imilcy Balboa Navarro, Yaimara Izaguirre Martí y María Elena Meneses Muro. Mientras que en la mesa “Estéticas caribeñas: arte, literatura y cine” presentaron Nina Bruni, Adolfo Fabricio Licoa Campos, Françoise Moulin Civil, Werner Mackenbach, Nadja Fuster Pérez, Miviam Ruiz Pérez y Farren Yero. En la tarde en la mesa “Territorio y Arquitectura del Caribe” presentaron Milagros Flores Román, Rosa Lázaro, Emilio Luque, Eduardo Azorín, Harold Paz y Carlos Jorge Guilbe. A su vez en la

mesa “Gobernanza y procesos políticos en el Caribe” estuvieron Sigfrido Vázquez Cienfuego, Antonio GaztambideGéigel, Gerard Llorens DeCesaris, Ángel Dámaso Luis León, Glenys Carolina Caba, Luis Ferrao Delgado, Marcos Prados, Iyari González, Juan Cordero y Carlos Ernesto Severino.

Las actividades del 11 y 12 se celebraron en el Museo de las Américas y la Oficina Estatal de Conversación Histórica en el Viejo San Juan. El día 11 luego de las palabras de los organizadores se iniciaron las presentaciones. En la mesa de “Relaciones culturales y redes intelectuales en el Caribe” presentaron Alberto García Mendoza, Alberto Bejarano, María Finke Brugal, Ronald Soto-Quirós, Héctor López Sierra, Manuel Ramírez Chicharro, Joseph Harrison Flores, María Teresa Cortés Zavala y Wilson Enrique Genao. En la tarde presentaron Iraneidson Santos Costa, Jorge Figueroa Irizarry, Luis Martínez Fernández, Luis Sánchez Ayala, Jaime Bofill Calero y Rafael Cabrera Collazo.

A su vez en la mesa “Movimientos migratorios en el Caribe” presentaron en la mañana Marcelo Luzzi, José Lee-Borges, Gerardo Hernández, César Augusto Salcedo Chirinos, mientras que en la tarde Nikteha Cabrera, Rufina Báez, Pridah Suero y Ángela Fernández. Cerró el día con una conferencia magistral del historiador Jorge Rodríguez Beruff con el tema “Educación y geopolítica: La Comisión Bowman y el ideal panamericano” y un performance de Yury Parra. El último día inició con una conferencia magistral a cargo de Silvia Álvarez Curbelo con el tema “La Constitución, la Plantación y la Invasión: Puerto Rico en tres momentos atlánticos del Caribe (siglo XIX)”. Luego en la mesa “Economía en el Caribe” expusieron Jorge Elías-Caro, Petronila Dotel, Ronny J. Viales-Hurtado, Jeannette Domínguez, César Ayala Casás, y Soraida Vásquez. En la mesa “Imágenes y representaciones del Caribe” disertaron Lanny Thompson, María Dolores Luque, Ligia Domenech, María Collazo Rivera, Mauricia Domínguez Rodríguez. Luego Miguel Ángel Puig-Samper, José Orlando Sued, Jorge Crespo Armáiz, y por último la presentación del libro “La mirada en construcción. Ensayos de cultura visual”, vol. II, con José Orlando Sued y René Rodríguez Ramírez como editores.

Fue un exitoso evento marcado por la calidad de las ponencias, el alto nivel académico, la excelente organización y acogida. El desarrollo de este congreso fortalece la cooperación académica y aporta nuevas perspectivas para el estudio de una historia que tiene el Caribe como punto de encuentro de grandes procesos históricos que han sido fundamentales en la configuración del mundo atlántico. l TransatlanticLab-101235830, HORIZONMSCA-2024-SE-01.

Centro estudios caribeños. PUCMM.

Dra. Consuelo Naranjo Orovio. F. E.

elCaribe, SÁBADO 14 DE FEBRERO DE 2026 elcaribe.com.do

El ametrallamiento de 1966

“Ellos

no han muerto, viven en la conciencia de cada uno de nosotros”, dijo el reverendo Sergio Figueredo durante la honra fúnebre dedicada un año después a las víctimas

joven se inclinó sobre un estudiante que yacía agonizante en el pavimento,

LENÍN RAMOS lramos@elcaribe.com.do

Con motivo del 60 aniversario del violento ametrallamiento de una manifestación estudiantil realizada frente al Palacio Nacional en febrero del 1966, en el que varios jóvenes perdieron la vida, la Zona Retro de esta semana evoca cómo, un año después de aquel suceso, el recuerdo permanecía vivo en la memoria y en el corazón de todo el país.

Antecedentes

En la mañana del 9 de febrero de 1966, en la puerta sur del Palacio Nacional, durante una marcha estudiantil organizada en defensa del derecho a la educación, los jóvenes participantes fueron atacados a tiros, un hecho que terminó transformándose en una tragedia marcada por la sangre.

Lo que inició como una manifestación pacífica para exigir el cumplimiento de la ley en favor de la Universidad Autónoma de Santo Domingo terminó convirtiéndose en un tiroteo que dejó civiles y agentes policiales heridos, además de varias víctimas fatales en el lugar

Primer aniversario: la memoria que no se olvida

Al cumplirse un año de aquellos hechos trágicos, el 9 de febrero de 1967, que todavía permanecían presentes en la memoria y el sentir del pueblo dominicano, la Universidad Autónoma de Santo Domingo realizó diversos actos conmemorativos en recuerdo del ametrallamiento de los estudiantes frente a la Casa de Gobierno.

Los actos comenzaron con una ceremonia fúnebre oficiada por el reverendo Sergio Figueredo, quien expresó que, como asesor de los estudiantes, consideraba un deber de todos mantener viva la memoria de quienes habían caído un año atrás.

Asimismo, recordó que estuvo presente cuando trasladaron a Persio herido a la clínica de Abel González, donde falleció en la madrugada; también evocó a Carmelita Ricart y a otros más que perdieron la vida

en aquel trágico suceso que marcó al país. “Ellos no han muerto, dijo ellos viven en la conciencia de cada uno de nosotros”.

En ese contexto, el rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, doctor Julio César Castaños Espaillat, manifestó que aún se percibía sobre todos el recuerdo sombrío y doloroso de aquellas muertes. Señaló que las víctimas parecían seguir presentes, exigiendo con su sangre una voz que perpetuara en el tiempo el sufrimiento con que cayeron y la profunda tristeza del pueblo dominicano, en un momento en que la injusticia se transformó en balas para truncar la esperanza juvenil de una protesta legítima y de un clamor necesario.

Recuerdo y tributo: ceremonia con tarja y flores

Además, al momento de develar una tarja en honor a los estudiantes fallecidos, afirmó que eran mártires y que aquella placa constituía un sacrificio de bronce frente a su muerte causada por el plomo. Expresó que la inscripción grabada en ella simbolizaba las lágrimas solidificadas por el dolor de sus heridas y por su partida innecesaria, injusta y prematura, derramadas por su madre espiritual, la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

La tarja contenía la siguiente inscripción: “In Memoriam. Homenaje a los mártires del día 9 de febrero de 1966: estudiantes y hombres del pueblo caídos frente al Palacio Nacional bajo la metralla de las fuerzas represivas, mientras defendían con su voz de protesta los derechos del pueblo, los de esta universidad y la soberanía mancillada. 9 de febrero de 1967”.

Por su parte, la Federación de Estudiantes Dominicanos (FED) depositó una ofrenda floral que decía: “A los caídos frente al Palacio el 9 de febrero 66, FED”.

A los actos asistieron representaciones de las distintas facultades, con sus catedráticos. Además de centenares de alumnos universitarios.

Un año después, la memoria colectiva no olvida la tragedia

Por otra parte, la cancelación de una mar-

cha estudiantil, junto con la realización de varios micros mítines y la quema de neumáticos, generaron disturbios en distintos puntos de la zona baja de la capital.

Durante estos disturbios, que surgieron al cumplirse un año del ametrallamiento frente al Palacio Nacional, en el que varios estudiantes perdieron la vida, la Policía Nacional detuvo a quince personas.

En este contexto, diversas agrupaciones habían planeado una marcha para “conmemorar” el suceso ocurrido el 9 de febrero de 1966, en el que perdieron la vida varias personas, entre ellas la estudiante y dirigente Amelia Ricart Calventi.

Los grupos, compuestos por estudiantes y otras personas no vinculadas a la organización estudiantil, intentaron reunirse en distintos puntos de Santo Domingo, pero la Policía se lo impidió, con el argumento de que la actividad podía generar incidentes y alteraciones del orden público.

Los grupos no lograron reunirse en el parque Enriquillo, que desde temprano estaba custodiado por efectivos policiales. Más tarde caminaron por algunas calles, pero fueron dispersados sin que se registrara violencia.

La actividad continuó en el cementerio de la avenida Independencia, donde se realizó una ofrenda en la tumba de la joven Ricart Calventi. La policía ingresó al camposanto; mientras algunos estudiantes huyeron, otros permanecieron alrededor de la tumba.

Al salir del cementerio, los grupos se dirigieron al parque Independencia con la intención de llevar a cabo una manifestación, pero la Policía se lo impidió. A partir de ese momento, comenzaron a registrarse incidentes en distintos lugares.

En la intersección de las calles Santomé y Santiago Rodríguez, varios jóvenes prendieron fuego a neumáticos. Al ser sorprendidos por la Policía, algunos fueron detenidos. l

Calzado femenino, cuadernos y manchas de sangre esparcidas evidencian la magnitud de la violencia . OGM

El rector de la UASD, doctor Julio César Castaños Espaillat, en la ceremonia fúnebre.
Una
junto a las verjas del Palacio. OGM
El rector Castaños Espaillat, junto al estudiante Alexis Licairac, descubrió una tarja en honor a los estudiantes fallecidos.
Cuando comenzó el tiroteo, los estudiantes se tiraron al suelo a la entrada del Palacio.
Estudiantes universitarios marchaba por la calle Doctor Báez hacia el Palacio Nacional.
Miembros de la comunidad del Alma Mater, mientras el reverendo Sergio Figueredo oficiaba la ceremonia fúnebre. OGM

crítica arte

LILIAN CARRASCO

lilycarrascor@hotmail.com

Miguelina Rivera y Mehdi en Bandol

Bandol es una ciudad portuaria francesa abierta al Mediterráneo donde el arte contemporáneo ha encontrado una forma particularmente elocuente de hablar del mundo. Esta vez, por medio de dos voces extraordinarias que, inspiradas en la piel, de la sal y del horizonte han conformado la exposición “Les sel de nos peaux” –la sal de nuestras pieles–, la cual no se limita a ocupar un espacio público, sino que lo transforma en un territorio sensible donde materia, memoria y migración se convierten en lenguaje. El título funciona como una metáfora de extraña precisión. La sal es residuo y permanencia, huella física del mar sobre el cuerpo, pero también signo de travesía, de desplazamiento, de aquello que se conserva incluso después del viaje. En este marco, la presencia de Miguelina Rivera, artista dominicana radicada en Francia, adquiere una resonancia especial: su obra no lle-

ga como representación folclórica ni como excepción exótica, sino como una voz plenamente contemporánea, rigurosa y necesaria.

Rivera comparte el proyecto con Mehdi, escultor de origen marroquí y alemán, en una colaboración que parece menos una suma que una convergencia. Sus piezas monumentales —acero inoxidable, plexiglás termoformado, materiales reciclados y abisales— dialogan con la luz marina como si el paisaje no fuera fondo, sino coautor. En algunas obras, el vacío pesa más que la masa, pues el espectador no solo mira, sino que atraviesa. El propio cuerpo activa la escultura.

Instaladas fuera del cubo blanco, expuestas al mistral, al salitre, al tiempo, las obras aceptan la intemperie como escritura. Se oxidan, se alteran, se marcan. La transformación no es deterioro, sino que se convierte en concepto. El mar no rodea la muestra; la determina.

Hay algo profundamente significativo en que dos artistas pertenecientes a minorías en Francia ocupen el espacio público con una palabra propia. En el caso concreto de Miguelina, desde su ADN caribeño y su inteligencia formal, confirma que el talento dominicano además de circular, se valora y trasciende con un respeto natural, ganado por méritos propios. l

crítica cine

ETZEL BÁEZ etzelbaez@gmail.com

Cien años de soledad (2 de 3)

La serie de TV “Cien años de soledad” empezó a seducirme en mitad del capítulo 3. Pero no es hasta el capítulo 4, con el título significativo de “El castaño”, que viene cargado de acontecimientos y personajes que revitalizan la trama, y es cuando se produce una transición clave en José Arcadio Buendía, ya adulto, que enloquece. Los guionistas le llamamos a esto “punto de inflexión en una narrativa”; y es cuando logra que la serie vuele y con ella nuestra imaginación, intrigándonos y literalmente emocionándonos hasta más no poder por la formidable puesta en escena y las actuaciones. En el momento en que estalla la locura del personaje, notamos dos cosas: la puesta de escena (la teatralidad) magníficamente creíble y la exactitud en la gestualidad de Diego Vásquez, que lo encarna, pero sobre todo en la expresividad de su mirar, que marca la inflexión de un mirar “sano” a unos “ojos de loco”; que no es una mirada, es un ser humano que ve, pero no ve. Mirar y ver depende de la intención y la atención que se orienta en las imágenes que capta; y es que cuando se ve algo, es un transcurso distante y mecánico. Muy contrario al mirar en que el cerebro procesa calidad en un acto

el libro vive

FRANK NÚÑEZ

intencional de observación y análisis que le genera una respuesta en milésimas de segundos, por supuesto cuando hay un desarrollo cognitivo sin tropiezos. Llama la atención la posición de la cuerda que lo sujeta al árbol, pues esta apenas lo rodea sin nudos que le impidan desamarrarse. Como es una novela y no un diagnóstico médico, el tipo de padecimiento mental podría interpretarse como esquizofrenia; no obstante, puede suceder como en el fenómeno llamado ‘aprendizaje condicionado’, relativo a los elefantes jóvenes cuando se les ata con cuerdas fuertes que les hace imposible romper, y aprenden, mientras crecen estos elefantes, que no pueden escapar aunque se hagan mucho más fuertes físicamente, pero mentalmente se quedan atados. Eso expresa claramente que José Arcadio está atado mentalmente a un mundo y condición de la que nada ni nadie puede sacarlo. Esto nos retrotrae a la película “La Naranja Mecánica” (adaptación, guión y dirección de Stanley Kubrick), donde Alex, el protagonista, interpretado por Malcolm McDowell, es sometido a un proceso torturante de condicionamiento aversivo llamado “Ludovico” (un invento narrativo), que rompe su comportamiento violento y lo hace padecer malestar físico solamente de pensarlo. En Netflix como One Hundred Years of Solitude. l

HHHHH GÉNERO: Drama, realismo mágico. DURACIÓN: 8 episodios de 60 minutos c/u.

SANTIAGO ALMADA

franknunez463@gmail.com o

Doña Tina, la novela seibana

Cada día se torna más sorprendente la riqueza de la literatura dominicana, en cantidad y calidad, lo que descubrimos con obras como la novela Doña Tina, cuya autora es la escritora Ana María González Puente, nacida en El Seibo, provincia oriental de la República Dominicana, establecida desde hace muchos años en Nueva York, ciudad estadounidense donde ha recibido importantes galardones por obras anteriores, del International Latino Book Awards, en la categoría de ficción.

“Doña Tina” es el personaje femenino de Santa Cruz de El Seibo, bautizada con el nombre de Agustina Ambrosia, hija de los esposos Ramón Ortiz y Doña Agripina García de Ortiz, quienes declinaron nombrarla acorde con el Santoral Católico que publicaba religiosamente el Almanaque Bristol, tan respetado por las familias latinoamericanas. Prefirieron los nombres de las abuelas, tanto por el lado materno como por el paterno.

Casi un siglo de historia dominicana se ambienta en Doña Tina, cuyo nacimiento coincidió con el asesinato del presidente Ulises Hereaux (Lilís), por lo que vivió etapas de grandes convulsiones como los gobiernos efímeros de Horacio Vásquez, Juan Isidro Jimenes, Alejandro Woss y Gil y Ramón Cáceres (Mon), este último asesinado en momentos en que se empeñaba en poner al país en orden, liberándolo de la montonera que no permitía la paz y el progreso de la nación.

La novela de González Puente logra retratar la dominicanidad, con el romanticismo bucólico de sus merengues, los romances previos a los enlaces matrimoniales, como el narrado en la relación que culminó con el matrimonio del joven José Ramón Puente con Agustina Ambrosia, marcado por la tragedia de su asesinato, hecho sombrío en el que la viuda llega a solicitar la intervención del ya dictador Rafael Leónidas Trujillo para su debido esclarecimiento.

Desde el principio hasta el final, Doña Tina reseña con preciosismo narrativo casi cien años de vivencias auténticamente dominicanas, con menciones de figuras trascendentales de sus diferentes etapas, en la política, el arte, la milicia y la comunicación, con epígrafes de poetas locales e internacionales. Su autora merece nuestras congratulaciones. l

salmada@elcaribe.com.do

Dato mata relato

Es un viejo adagio que acuñó algún anónimo periodista dominicano y que marca una realidad innegable, pese a que, en todos los medios del mundo y en los de este país en particular, persisten las narrativas que tratan de “pintar” la realidad del color que poderosos intereses económicos y políticos pretenden que se vea. Hace unos días, el show del entretiempo en el juego del Super Bowl entre los Seattle Seahawk y los New England Patriots, que tuvo a Bad Bunny como animador, fue visto, según la NFL y otros medios, por más de 135 millones de espectadores, y si se cuentan plataformas como Tik-Tok y YouTube, totalizan 142 millones. Fue una reivindicación del ser latino, con referencia a los cañaverales caribeños, a las danzas de origen africano y el reggaetón y el trap, además de otros simbolismos que hicieron mención de América, pero “toda América” subrayó el artista. No es mi deporte favorito, no conozco su reglas, tampoco es “mi” música; mis preferencias recorren ritmos rioplatenses, clásicos del barroco y del siglo XIX, pero como “dato mata relato” no puedo sustraerme a la repercusión de un espectáculo que desató reacciones de todo tipo, algunas demasiado notorias como la del presidente estadounidense que lo describió como “una afrenta a la grandeza de EE.UU.”, que no representa “nuestros estándares de éxito” y “nadie entiende una palabra de lo que dijo este tipo”…

Reacción explicable si tenemos en cuenta que un grupo llamado MAGA (Make America Great Again o hagamos grande a América nuevamente) organizó un show alternativo que solo alcanzó algo más de seis millones de vistas…

Me viene a la mente un viejo poema del argentino Armando Tejada Gómez, que figura en una antología publicada originalmente en 1974, Profeta en su tierra (así se titula el libro, prefiero omitir el título del poema) que en un segmento dice: “Yo, que siento y consiento la piedad por la vida/ que amo desde hace siglos la salud de los árboles/ pienso que él debería regresar al origen/ y aprender con la flor los rituales del agua (…) él, que no entiende nada que no sea de acero/ de dólar, consistente, de exacto porcentaje/ ¿soportará de pronto adentro de su pecho/ el estallido enorme del amor en su sangre?”… no tengo respuesta para esta pregunta. l

elCaribe, SÁBADO 14 DE FEBRERO DE 2026 elcaribe.com.do

Microrrelatos de Ibeth Guzmán

VALENTÍN AMARO

Especial para elCaribe

Ibeth Guzmán. Narradora, ensayista, docente e investigadora universitaria. Reside en Santo Domingo. Miembro de la Academia Dominicana de la Lengua. Completó un Doctorado en Estudios del Español, Lingüística y Literatura en la PUCMM. Tiene una Maestría en la Enseñanza del Español en la Universidad de Alcalá de Henares. Realizó una licenciatura en Letras Puras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Obtuvo el fondo concursable Curando Caribe 2020 con la investigación: La cuerda como sujeto lírico en la bachata dominicana. Ha publicado los libros de microrrelatos: Tierra de cocodrilos (2012), Yerba mala (2015), Tiempo de pecar (2017) y El personaje haitiano en la narrativa dominicana (2024). Coautora de la antología Voces del valle (2005) y autora de la antología de mujeres microrrelatistas: Mujer en pocas palabras (2013). Durante más de una década publicó crítica literaria en la sección Qué leer del periódico Listín Diario. Produce la sección Interacción Académica del programa A Partir de Ahora en el canal Acento. Desde 2020 produce el espacio académico semanal: Diálogo Académico donde se reflexiona, junto a personalidades del mundo universitario y sociocultural, sobre pensamiento, creación, gestión cultural e investigación científica.

El microrrelato, como subgénero narrativo, se caracteriza por la hiperbrevedad, la densidad semántica, la elipsis y la construcción simbólica del sentido: en pocas líneas se configura un universo narrativo donde lo esencial no se dice, sino que se sugiere, convirtiendo al lector en coautor del significado. En esta muestra, Ibeth Guzmán, con manos de fina alfarera, nos presenta piezas donde se percibe una poética común basada en la ruptura de la lógica cotidiana, la ironía trágica, el desplazamiento de lo real hacia lo alegórico y el giro final como mecanismo de resignificación. Las narraciones parten de situaciones aparentemente normales: amor, rutina, infancia, fe, familia, consumo, deseo, que se transforman en escenarios simbólicos o perturbadores, y que generan una tensión entre lo reconocible y lo inquietante. Los personajes funcionan como figuras arquetípicas, no como psicologías individuales, lo que permite que cada historia trascienda lo anecdótico y se convierta en metáfora social, moral o existencial. Predomina una estética del extrañamiento, donde lo absurdo o lo grotesco no rompe la realidad, sino que la revela. El lenguaje no explica: condensa, sugiere e impacta, produciendo una poética de lo mínimo con máxima expansión interpretativa, propia del microrrelato contemporáneo, y en esto nuestra invitada tiene ya un recorrido muy especial.

SUPERGIRL

Mi novia es una Súper Chica. Puede volar, cargar cosas muy pesadas, destruir paredes enormes con su vista de rayos láser, transportarse a súper velocidad. En fin, puede hacer de todo. Lo único que no puede hacer mi Súper Chica es salir de ese bendito póster y hacerme compañía.

TRAVESÍAS DE UN LUNES

Los olores de la mañana son muy característicos. El mal aliento, las sábanas aromatizadas con los sudores de la madrugada. Es por ello que la rutina de higienización diaria empieza con el artesanal cepillado de dientes, porque nuestras bacterias bucales aprovechan la noche para su orgiástica reunión con las pestilencias de nuestro subconsciente. Lo peor sucede cuando a nuestra hediondez malhumorada se le adicionan, en la frontera de la medianoche, incontables tragos de ron lava gallo. Es ahí donde nuestros compañeros de vida y trabajo tienen el honor de saludar al Señor Tufo, que no es más que el honorable representante de su primo hermano, Jumo de Perro, y a quien se le debe la pleitesía de empatarlo sentimentalmente con el Señor Clorets para que, juntos, ayuden al Señor Lunes por la Mañana a empezar su trabajo.

QUE NADIE NOS VEA

Que el gusano no quiera dejar salir a la mariposa, constituye un raro acontecimiento en la especie animal. Lo mismo pasa a los humanos que se niegan a crecer para quedarse enanos. Así también sucede a los capullos, que no dejan crecer la flor que está dentro de ellos. Estos fenómenos ocurren muy raras veces en el mundo que conocemos. No así sucede en esta otra parte del universo. Aquí, lo normal es que abunden los gusanos, que escaseen las mariposas, que hombres y mujeres se queden enanos al impedirse el crecimiento unos a otros. Ya casi no quedan rosas,

los jardines están atestados de capullos secos. Todo esto solo sucede aquí, en este lado del mundo: la tierra.

HOGAR DE ENSUEÑO

En una tienda por departamentos pasan muchas cosas. Lo que más a menudo sucede es que los niños se les pierdan a los padres. Junior, con solo tres años de edad, decidió embriagarse con la agradable música, las brillantes luces y el paraíso de juguetes que había en ese maravilloso lugar. Tres horas anunciando que “quien haya encontrado al niño con overall azul y sweater rojo, favor llevarlo a Servicio al Cliente”. Junior salió al parqueo y se sentó cerca de la puerta. Cuando iban a cerrar la tienda, entró nuevamente al establecimiento. Sus padres, desesperados, asumieron que lo habían secuestrado. Así pasaron diez años. Junior, ya un adolescente, había encontrado la manera de vivir en su lugar de ensueño. Su dicha terminó cuando anunciaron que esa sucursal iba a ser clausurada.

QUIÉN MATARÁ AL MUNDO

Las papas fritas son la lepra de la modernidad. Puede afirmarse que casi un noventa por ciento de la población mundial disfruta de su textura y sabor. Investigadores las han considerado responsables de haber engordado países enteros en menos de diez años. Salvo África y Haití, todos los países del mundo están en alerta roja. La esperanza del mundo está puesta en el hambre y en las lenguas en vías de desaparición.

INFIDELIDAD

“Por esta vía se hace pública la recompensa de un millón de dólares para quien encuentre la cura a la infidelidad”. De inmediato se desató en el mundo científico una ola de investigadores con raras hipótesis que daban respuestas incoherentes: unos decían que era una conducta social adquirida desde antaño; otros afirmaban que era el modus vivendi primitivo de la

humanidad... en fin. Los científicos recaudaron la atención, hasta que el pastor Juan de Dios tomó la palabra: “La infidelidad existe por la simple razón de que cuando Dios creó a la esposa, el diablo, en su afán de imitarle, inventó a la amante”.

COMO A UNA VERDERA PRINCESA

Tania, a sus diecisiete años, llevaba una vida típica de jóvenes de su edad. Iba al liceo en las mañanas y en la tarde trabajaba en una banca de apuestas. Cuando terminó sus estudios secundarios, se fue a estudiar a la capital. Vivía donde una tía materna. Siempre que le preguntó a su madre por el paradero de su papá, una respuesta vaga llenaba su solicitud. En el transcurso de su carrera conoció el amor de su vida: un hombre bueno y considerado que la trataba como a una verdadera princesa. Inmediatamente terminó la universidad, se fueron a vivir a España. Y así es como en estos momentos, en algún lugar de Europa, se está cumpliendo el incesto más hermoso que jamás haya existido.Tania, a sus diecisiete años, llevaba una vida típica de jóvenes de su edad. Iba al liceo en las mañanas y en la tarde trabajaba en una banca de apuestas. Cuando terminó sus estudios secundarios, se fue a estudiar a la capital. Vivía donde una tía materna. Siempre que le preguntó a su madre por el paradero de su papá, una respuesta vaga llenaba su solicitud. En el transcurso de su carrera conoció el amor de su vida: un hombre bueno y considerado que la trataba como a una verdadera princesa. Inmediatamente terminó la universidad, se fueron a vivir a España. Y así es como en estos momentos, en algún lugar de Europa, se está cumpliendo el incesto más hermoso que jamás haya existido.

PROFECÍA

Quien gusta de las películas de vaqueros, tiene incrustado en el interior del codo derecho una insignia que dice: “Vive en la oscuridad y goza de la dicha eterna”. Un prodigio de diez años reveló esta peculiar verdad, hace poco tiempo, a los apasionados de este revoltoso lado del séptimo arte. Aparentemente a ningún mortal le impactó la profecía del infante. El niño, asombrado por la nulidad de respuestas a sus palabras, se pronunció nuevamente: “A quien haya radiografiado, quemado o cortado su brazo derecho para verificar la veracidad de mis palabras, éste le quedará inmóvil. Se les secarán primero los brazos, luego las dos piernas y luego la cara”. Otra vez las reacciones se hicieron esperar.

–¿Qué es lo que sucede?

–Amo.

–¿Sí?

–Debe usted recordar que las prédicas se hacen ante multitudes interesadas. Los desiertos y los cuartos de albergue para niños desquiciados son para recuperar la razón y el buen gusto. Déjeme curarle el codo. Está sangrando mucho. l

Nicolás Guillén o el canto a la identidad caribeña

En el camino de descubrimiento de la obra de Guillén nos encontramos con que ofrece una intensa exploración de la identidad caribeña que se vio marcada por el mestizaje, la herencia africana, la lucha social y la constante discriminación. Sus “Poemas Negros,” describen, dan voz y ritmo a una realidad compleja, tomando como recurso un lenguaje que nos sumerge en los tonos de habla popular caracterizada por aquellos sonidos vibrantes y despreocupados.

El eje central que sitúa este análisis se ve motivado por cuatro de sus poemas encarnan dicho carácter: “Los negros trabajando”, “Ayé me dijeron negro”, “Canto negro”, y “El negro mar”, también comparando los recursos estilísticos utilizados por el autor y destacando los temas predominantes en ellos y cómo estos se entrelazan con el concepto de mestizaje en el Caribe. Los cuatro poemas experimentan similitudes temáticas. Sin embargo, son abordados desde perspectivas y tonos distintos.

“Los negros trabajando” y “Ayé me dijeron negro” son los poemas que abordan de forma más directa la crítica social y la conciencia de la discriminación.

En “Los negros trabajando”, Guillén transforma sus palabras en vividas imagenes del puerto, una forma reducida de la estructura social de la época colonial: “Los negros, trabajando Junto al vapor. Los árabes, vendiendo, Los franceses, paseando y descansando, Y el sol, ardiendo.”

La imagen que presenta Guillén es una poderosa metáfora de la desigualdad económica y racial. Los negros se asocian con el trabajo físico y agotador, bajo la rudeza de “el sol, ardiendo”, mientras que los franceses, representantes de la élite, disfrutan del “paseando y descansando”. El lamento del hablante es emotivo, “Yo grito: ¡Guadalupe!, pero nadie contesta”, subrayando un sentimiento de aislamiento e impotencia dentro de un sistema que solo sabe ser opresivo.

En cambio, “Ayé me dijeron negro” mantiene su enfoque en la discriminación interna y la negación de la propia identidad racial por parte de algunos mestizos que buscan ascender socialmente. El poema es un grito de reivindicación y autoaceptación.

La anécdota central es un insulto fallido:

“Ayé me dijeron negro

Pa que me fajara yo:

Pero e que me lo desía Era un negro como yo.”

El giro irónico reside en que el insultador es de su misma raza, lo que lleva a la famosa estrofa que desenmascara la hipocresía del colorismo:

“Tan blanco como te ve Y tu abuela sé quién é.

¡Sácala de la cocina:

Mamá Iné!.”

“Mamá Iné” es el símbolo de la raíz africana que se intenta esconder en la “cosina” (cocina), el espacio inferior, pero cuya existencia es innegable. El poema es un llamado a la honestidad racial y al reconocimiento de la herencia africana como parte del mestizaje caribeño.

En contraste con la denuncia social, “Canto negro” y “El negro mar” se centran en la celebración rítmica y sensorial de la herencia africana.

“Canto negro” es quizás el ejemplo más genuino de la poesía afrocaribeña de Guillén. Su tema principal es el ritmo, el sonido y la danza como manifestación espiritual y cultural. El poema está inundado de palabras sin significado conceptual, pero que evocan sonido, y un ejercicio de onomatopeya que busca replicar el sonido del tambor:

“¡Yambambó, yambambé!

Repica el congo solongo, Repica el negro bien negro; Congo solongo del Songo Baila yambó sobre un pie.”

El lenguaje es puramente acústico, con frases como “Mamatomba, serembe cuserembá” y “Acuememe serembó. Aé; yambó, aé”. El poema no tiene una narrativa, sino que es un acto de sumergirse en la musicalidad y la euforia impulsiva (“El negro canta y se ajuma El negro se ajuma y canta”), afirmando la vitalidad de la cultura africana en el Caribe.

“El negro mar” es más subjetivo y sensorial, utilizando el mar, un elemento geográfico central en la identidad caribeña, como un símbolo de la negritud profunda y misteriosa. El mar es más que solo un cuerpo de agua, se transforma de tal forma que adquiere identidad racial: “El negro mar”. El poema mezcla la imagen

y retrocede, imitando el vaivén del mar y la cadencia de la música que se escucha en el puerto.

Guillén utiliza un simbolismo conciso y poderoso para vehicular su mensaje: En “El negro mar”, el mar es “negro”, un símbolo de la raíz africana, que se opone y se une a la “mulata de oro y plata”, colores que aluden a la mezcla y el valor.

En “Los negros trabajando”, la personificación del mar que “se acuesta” y el aire que “tuesta / las palmeras” intensifican la atmósfera opresiva del trabajo. El mar en “El negro mar” es también “hambriento y masculino”, dotándolo de una fuerza telúrica y sexual.

Por otro lado, el mestizaje, entendido como la fusión cultural y racial de las herencias europea, africana e indígena, es el trasfondo y el subtexto de toda la obra de Guillén:

En “Ayé me dijeron negro”, el mestizaje es visto como una fuente de conflicto interno y negación. La persona que insulta al hablante lírico busca distanciarse de su propia raíz negra (“Mamá Iné”) en un intento de aproximación a los cánones de la blancura hegemónica, ilustrando la presión social y el colorismo que resultan del encuentro de razas.

nocturna y soñadora del mar con la aparición de la mujer mestiza, la “mulata de oro fino, ay, mi mulata de oro y plata”. La conjunción del “mar hambriento y masculino” con la “mulata de oro y plata” es una sugerente metáfora del mestizaje como un encuentro sensual y poderoso entre la naturaleza -el mar negro, masculino- y la belleza caribeña-la mulata, femenina y mestiza-.

La genialidad estilística de Guillén se destaca en su capacidad para integrar el lenguaje popular y los ritmos africanos en la estructura poética clásica, logrando una poesía rítmica, musical y auténticamente caribeña.

En “Ayé me dijeron negro”, vemos el uso de: “Ayé” (Ayer), “pa que” (para que), “desía” (decía), “é” (es), “cosina” (cocina). Esta fonética no es un error, sino una decisión estilística que subraya la realidad lingüística de los personajes y el entorno.

En “Los negros trabajando”, aunque es más formal, la presencia de “Guadalupe” (que remite a las Antillas francesas, un contexto de trabajo y migración) y la sencillez de la combinación también apuntan a un registro directo.

La musicalidad es el alma de Guillén. En “Canto negro”, la repetición anafórica y la jitanjáfora crean un ritmo de tambor constante. Las frases rítmicas como “Tamba, tamba, tamba, tamba” y la rima interna en “congo solongo del Songo” son puramente percusivas. Este recurso estiliza la cultura africana y la convierte en la base estructural del poema.

En “El negro mar”, el ritmo se logra a través del estribillo o la repetición de un verso clave:

“Por entre la noche un son, Desemboca en la bahía; Por entre la noche un son.”

La repetición de “Por entre la noche un son” actúa como una ola que avanza

En “El negro mar”, el mestizaje se identifica en la figura de la mulata, que es el modelo de la belleza caribeña. Ella es de “oro y plata”, una combinación de metales preciosos que simboliza el alto valor y la riqueza de la mezcla. La unión sensual de la mulata y el mar negro es una metáfora de la fusión de culturas que da origen a la identidad caribeña.

Aunque no se trata directamente sobre la mezcla racial, “Canto negro” es un ejemplo de mestizaje cultural y lingüístico. Guillén integra la musicalidad, el ritmo y el léxico (o la evocación léxica) africana, como “Yambambó” y “Mamatomba”, dentro de la estructura de la poesía en lengua española, creando una forma poética híbrida que refleja la mixtura de la cultura caribeña.

Es así qué, la trascendencia de estos poemas de Nicolás Guillén es inmensa. Su obra no solo es de una alta calidad estética por su manejo magistral del ritmo, la oralidad y el simbolismo, sino que también posee un profundo valor sociológico y político.

Guillén logra lo que otros poetas negristas, a menudo blancos, solo rozaron: la auténtica voz de la experiencia afrodescendiente. Al utilizar el dialecto, los ritmos del tambor, y el tema de la injusticia social, dota a sus poemas de una fuerza revolucionaria y fundacional. Él no se limita a describir el “folclore” afrocaribeño, sino que lo integra como una fuerza viva y activa en la construcción de la identidad nacional y regional. Al final, la poesía de Guillén, ejemplificada en “Los negros trabajando”, “Ayé me dijeron negro”, “Canto negro” y “El negro mar”, es un canto a la autoafirmación y a la dignidad. Es una obra que descoloniza el lenguaje y el ritmo para celebrar la riqueza del mestizaje caribeño, recordándonos que la cultura y la identidad son el resultado de la unión, a menudo conflictiva, de todas las raíces que componen la región. Su contribución es una de las más relevantes y duraderas en la literatura universal. l

elCaribe, SÁBADO 14 DE FEBRERO DE 2026 elcaribe.com.do

La honestidad al escribir

Aprendí a leer en un colegio católico llamado Divina Pastora, de monjas franciscanas, en un pueblo del sur de la República Dominicana donde el tiempo parecía avanzar con cautela, como si temiera romper algo frágil. Allí los días no se precipitaban: se deslizaban lentamente, marcados por el sol, por el polvo de las calles y por el rumor persistente del mar. En ese lugar comencé a entender, sin saberlo, que la vida no se mide por la velocidad, sino por la atención.

La maestra que me enseñó había llegado de la madre patria, era valenciana. Durante muchos años olvidé su nombre, pero no su rostro. Lo recuperé un día por azar, al encontrar unas notas antiguas firmadas con tinta sobria: Sol Angélica Paz. Bastó esa firma para que todo regresara. Su voz firme. Su paciencia sin dulzura fingida. Su manera de corregir sin humillar. Su convicción profunda de que leer no era repetir signos, sino aprender a mirar. Ella no nos enseñaba a memorizar, sino a comprender. No celebraba la rapidez, sino la precisión. No premiaba el ruido, sino la claridad. De algún modo, sin discursos ni teorías, nos transmitía una idea esencial: la palabra es una responsabilidad.

A mi tío Wilson le debo la afición por los libros que luego, sin proponérmelo, me condujo a la escritura. No me habló de métodos ni de vocaciones. No me dio consejos solemnes. Simplemente dejaba libros sobre la mesa y se iba. En esa ausencia aprendí algo fundamental: leer es un acto solitario, pero no estéril. Es una conversación silenciosa con alguien que no está, pero que sigue hablando.

Cuando regresábamos de vacaciones, la maestra nos pedía escribir un viaje imaginario. Yo no lo sabía entonces, pero esa tarea era una escuela secreta de aprender a escribir con honestidad. Escribir no era inventar mundos brillantes, sino sostener la mirada durante mucho tiempo sobre una cosa sencilla hasta que revelara su verdad. Un árbol, una calle, una casa, una tarde cualquiera podían convertirse en universo si se los miraba con fidelidad.

En el sur, la mar traía palabras. No metáforas. Palabras reales, golpeadas, salobres, que chocaban contra las piedras de la orilla frente a las montañas inmóviles. El horizonte era azul y múltiple, como si la mar tuviera varias voces. La llamada mar de siete colores no necesitaba ser adornada. Estaba ahí. Bastaba mirarla. Bastaba decirla sin traicionarla.

Un día, Sol Angélica me llevó un libro: Las fuerzas morales, de José Ingenieros. No recuerdo el pasaje exacto. Recuerdo la sensación. Allí comprendí que la honestidad no es una virtud decorativa. Es una exigencia. Una forma de disciplina interior. Escribir es un acto moral, no

porque pretenda enseñar, sino porque obliga a no mentir. A no mentirse.

El escritor que miente se acostumbra pronto a la impostura. Aprende a acomodar la realidad a sus intereses. A suavizar lo incómodo. A exagerar lo insignificante. Y cuando se acostumbra, deja de ver. Se vuelve ciego a su propia experiencia.

Un escritor debe ser honesto con las palabras. Escribir lo que mira y lo que escucha, aunque duela. Aunque no convenga. Aunque no produzca aplausos. La honestidad no es crudeza deliberada ni confesión ruidosa. Es precisión. Elegir una palabra y no otra porque es la única que corresponde a lo visto. No porque sea hermosa, sino porque es justa.

Aprendí a mirar a los hombres del sur, hijos de la tierra seca y del trabajo silencioso. Aprendí a observar cómo caminan, cómo guardan silencio, cómo dicen poco y cargan mucho. Su hablar es breve. A veces parece tosco. Pero en esa brevedad hay sentencias que pesan como epitafios. No necesitan explicación. Dicen lo necesario y callan el resto. Ese silencio también es lenguaje.

Vi mariposas amarillas cruzar el centro de la carretera, indiferentes al polvo y al calor. No las convertí en símbolo. No hizo falta. Estaban allí. Su vuelo bastaba.

La honestidad del escritor consiste en no forzar significados donde la realidad ya es suficiente. El exceso de metáfora suele ser una forma de miedo. Se adorna lo que no se quiere decir de frente.

Con el tiempo aprendí que no existen sinónimos inocentes. Cada palabra trae una historia, una intención, una herida. Juntas construyen un mundo. Y ese mundo, si es honesto, no necesita defensa. Se sostiene por sí mismo.

La sureñidad habitaba en mis ojos antes de habitar en mis textos. Miraba el sol perderse detrás de la montaña por donde una vez caminó Enriquillo. No como héroe de bronce, sino como hombre que pisó polvo real. La historia, cuando se vuelve estatua, deja de doler. El escritor honesto devuelve la carne a lo que fue convertido en mármol.

Con los años comprendí que escribir no es embellecer la vida, sino acompañarla. Decir las cosas como son no las vuelve más duras. Las vuelve respirables. La mentira, incluso la piadosa, termina asfixiando. La honestidad, en cambio, abre un espacio donde el lector puede reconocerse sin sentirse manipulado. No se trata de escribirlo todo. La honestidad no exige exhibicionismo. Exige conciencia. Saber qué se dice y por qué se dice. Saber también qué se calla y asu-

mir la responsabilidad de ese silencio. El escritor que escribe para agradar pierde pronto el oído. Empieza a escuchar aplausos donde debería escuchar pasos. He aprendido a desconfiar de lo banal no porque sea pequeño, sino porque suele ser cómodo. La vida cotidiana tiene una profundidad silenciosa que no se revela al primer vistazo. Hace falta insistir. Mirar de nuevo. Permanecer. Hoy, al caer a los pies de los años, llevo más conciencia en los ojos. Las palabras ya no salen con prisa. Las pienso. Las pruebo. Las descarto. No por perfeccionismo, sino por respeto. La palabra escrita permanece más tiempo que quien la escribe. Dejar una palabra falsa es dejar una huella falsa.

Creo que el principal instrumento de un escritor es su honestidad con las palabras. No corta para herir, sino para separar lo verdadero de lo accesorio. Para quitar el exceso. Para dejar lo esencial a la intemperie. Es un instrumento sencillo y peligroso. Exige pulso firme y mirada limpia.

Escribir, al final, es aceptar una condición: la de estar despierto en un mundo que invita constantemente a cerrar los ojos. La honestidad no promete consuelo. Promete claridad. Y, a veces, eso es suficiente. l

Espejo de tinta

Capítulo 7. La Virgen de la Altagracia y los milagros oscuros

El viaje a Higüey me devolvió un poco de esperanza. Después del Bacá, sentía que la oscuridad me había marcado. Necesitaba luz, aunque fuera prestada. Y en la República Dominicana no había símbolo más poderoso que la Virgen de la Altagracia. Llegué al pueblo en plena mañana. El aire olía a café recién tostado y a incienso. La basílica, con su arco enorme apuntando al cielo, dominaba el paisaje. A sus pies, cientos de fieles entraban y salían con velas, rosarios, estampitas. Entré con ellos. El interior estaba iluminado por vitrales de colores, y en el altar mayor brillaba el famoso cuadro de la Virgen: una imagen sencilla, casi ingenua, con María inclinada sobre el Niño Jesús.

Me impresionó la devoción de la gente. Había mujeres de rodillas, hombres con lágrimas en los ojos, niños dejando flores. Todo el país parecía condensarse en ese acto de fe.

Un anciano me habló en voz baja: —Aquí no solo se piden milagros. Aquí se reciben. Y algunos, señor periodista, son más de lo que uno desea. No supe qué contestar.

En una esquina encontré a una mujer llamada Juana, de unos cuarenta años. Me contó que había venido desde San Pedro de Macorís porque su hijo estaba enfermo.

—No había cura —dijo—. Los médicos lo desahuciaron. Pero vine aquí, recé toda la noche. Y al volver al hospital, el niño estaba sano.

Vi la fe brillar en sus ojos. No era mentira. Para ella, aquello era tan real como el aire que respiraba.

Sin embargo, bajó la voz al añadir: —Desde entonces, él no duerme tranquilo. Dice que ve sombras en su cuarto. Dice que la Virgen le devolvió la vida… pero que algo se quedó mirándolo.

Se estremeció y yo con ella. Me quedé en la basílica hasta la noche, observando. Los fieles seguían llegando, algunos en peregrinación de rodillas. En un momento, una mujer anciana gritó, se levantó de su silla de ruedas y caminó, mientras todos aplaudían y lloraban.

Yo quise alegrarme, pero algo en su rostro me perturbó. Sus ojos no miraban al altar, sino hacia el vacío, como si una presencia invisible la guiara.

De pronto, la mujer cayó desmayada. El murmullo se volvió caos. La cargaron entre varios, y al pasar cerca de mí, escuché cómo sus labios murmuraban una frase incomprensible en un idioma que no parecía español. Sentí un escalofrío. Decidí hablar con un sacerdote de la basílica. El padre Esteban me recibió con paciencia.

—Los milagros —dijo— son reales. Pero no todos provienen de la misma fuente. El demonio también sabe conceder favores, si con eso logra confundir.

Su mirada se endureció.

—Y a veces, periodista, la fe de la gente abre puertas que deberían permanecer cerradas.

No dormí esa noche. De regreso a mi habitación, abrí la libreta. El mensaje estaba allí, escrito con esa caligrafía que ya conocía demasiado bien: “No confundas milagro con redención. Lo que brilla también quema.”

Me quedé observando la frase una y otra vez, con el eco de la anciana que caminó y luego habló lenguas extrañas. Pensé en Juana y en su hijo, que veía sombras. Pensé en la posibilidad de que, en mi búsqueda de verdad, estuviera cami-

dían con un gesto nervioso, pero que nadie señalaba en un mapa. Comencé preguntando en cafés del centro histórico. Algunos se reían: —Eso es para asustar muchachos. Otros se ponían serios y cambiaban de tema. Finalmente, un taxista veterano, de nombre Camilo, accedió a hablar: —Usted quiere problemas, periodista. Ese callejón no sale en los planos, pero está. Queda detrás de unas casas viejas, cerca de la iglesia de Regina Angelorum. Solo aparece de noche.

—¿Cómo que “aparece”? —pregunté. Camilo me miró de reojo.

—Es como si la calle cambiara de forma. Usted dobla una esquina y, de pronto, está allí. Y si tiene mala suerte, no sale nunca.

Decidí ir solo. A medianoche caminé por la Zona Colonial. Las farolas iluminaban los adoquines húmedos. La catedral, imponente y silenciosa, parecía mirarme con severidad.

Di varias vueltas hasta que encontré un pasaje estrecho, uno que no recordaba haber visto antes. Dos paredes descascaradas lo cerraban, y más allá solo había oscuridad. Un letrero oxidado, apenas visible, decía: Callejón de los Fantasmas.

Me temblaron las manos. Pero avancé. El aire se volvió denso. Mis pasos resonaban como si alguien más caminara detrás de mí. La pared de la izquierda tenía marcas extrañas, como rasguños. A la derecha, viejas puertas tapiadas con madera.

De pronto, escuché susurros. Primero ininteligibles, luego cada vez más claros: “Fidel… Fidel…”. El corazón me dio un vuelco. Nadie sabía mi nombre allí. Apuré el paso. Pero el callejón se alargaba sin fin. No había salida. Las sombras comenzaron a tomar forma. Rostros desfigurados surgían en las paredes: ojos vacíos, bocas abiertas en gritos silenciosos. Reconocí algunos. El hombre muerto en La Isabela. La anciana que caminó en Higüey. El perro negro del Bacá. Todos estaban allí, mirándome, reclamándome.

El aire se heló. Una figura se materializó frente a mí: la mujer de cabello larguísimo, la Ciguapa.

nando en un terreno donde ni siquiera la fe ofrecía protección total. Y por primera vez desde que había llegado al país, sentí que la oscuridad no solo me rodeaba: empezaba a entrar en mí. Capítulo 8. El callejón de los fantasmas en Santo Domingo Volver a Santo Domingo después de Higüey me resultó extraño. La ciudad bullía como siempre: vendedores de frutas en las esquinas, turistas recorriendo la Zona Colonial, motocicletas que zumbaban como enjambres. Todo parecía normal, demasiado normal, después de tantas experiencias en el interior del país. Sin embargo, ya sabía que en este lugar lo cotidiano escondía grietas. Y en una de esas grietas se encontraba el Callejón de los Fantasmas, al que todos alu-

—Te lo dije, Fidel —susurró con su voz hipnótica—. El camino es hacia mí. Intenté retroceder, pero los muros se cerraban. De pronto, una campana sonó a lo lejos. Era el tañido de medianoche de la catedral. El sonido atravesó el callejón como un rayo. Las figuras se retorcieron, gritaron y se deshicieron en humo. El callejón vibró y, en un parpadeo, me encontré de nuevo en una calle normal, frente a la iglesia de Regina Angelorum. El letrero había desaparecido.

Regresé al hotel con las piernas temblando. Abrí mi libreta. Allí estaba la frase escrita con esa caligrafía que ya conocía: “No huyas. El callejón eres tú.”

Cerré la libreta con un golpe. Por primera vez sentí que ya no había distancia entre lo que investigaba y lo que era. Las leyendas no solo me rodeaban: estaban empezando a habitarme. l

La autora del artículo es estudiante de la Licenciatura en Lengua y Literatura en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM).

Especial para elCaribe

elCaribe, SÁBADO 14 DE FEBRERO DE 2026 elcaribe.com.do

POETA Y PERIODISTA

Lery Laura Piña nació en Padre Las Casas, el 24 de diciembre de 1984, su padre fue apicultor y su madre una maestra de escuela que hoy ya está jubilada. Creció en una familia con dos hermanos más peque-

SANTIAGO ALMADA

FOTO:

l ¿Qué es lo que recuerdas de tu paso por la escuela primaria?

l Recuerdo los pleitos, que ahora me causan un poco de risa, una vez alguien me tiró con una semilla de mango bastante jugosa, y después a la salida yo busqué a la presunta culpable y le di con mi sombrilla, obviamente con apoyo de mis amigas y de la madre de una de ellas que me enseñó que nosotras no nos podíamos quedar “dadas”. Recuerdo que tenía buenas notas, porque después de la muerte de mi papá yo sentía una necesidad de ayudar a mi mamá a superar esa pérdida y, con las capacidades limitadas que tenía entonces, llevarle buenas notas era una forma de alegrarla, de hacer que ella se sintiera bien.

l ¿Qué recuerdas del bachillerato?

l Recuerdo los amores secretos, los intercambios de miradas en los paseos escolares, y que me molestaba hacer deportes. Mi relación con los profesores siempre bastante buena, hubo una profesora de apellido Peña que me enseñó a colocar las tildes y eso es algo que hasta hoy no he olvidado, también aprendí de ella a identificar las palabras graves y esdrújulas, y un profesor llamado Urbano, creo que era su apellido, él era fotógrafo y sabía mucho de biología, de arte en general, de ellos aprendí mucho.

l ¿Cómo empieza tu relación con los libros y con la escritura?

l En eso hay algo que me viene de la música que escuchaba mi papá, a él le gustaban los boleros, se sentaba a tomarse su copita también, y yo escuchaba esas letras que fueron despertando mi sensibilidad, a los once años ya mi papá había muerto hacía unos años, así que empecé a mostrarle mis primeros escritos a mi padrastro que es un hombre muy culto, él tuvo mucha influencia en mi formación, él me corregía y me enseñaba el uso correcto de las palabras, porque cuando aprendía una palabra nueva, sobre todo si sonaba difícil, la metía en mis textos y a veces no tenía nada que ver, él me corregía eso y así fue como aprendí a escribir.

l ¿Qué fue lo que te motivó a estudiar periodismo?

l Yo estudié en la Universidad Católica de Santo Domingo, a mi casa llegaba todos los días el periódico, mi padrastro lo leía, al principio a mí solamente me interesaba la literatura, pero no me gustaba la docencia, recuerdo que una vez leí una columna de Rafael Molina Morillo, que decía que el periodismo es un puente hacia la literatura, y yo me lo creí, por estudié comunicación en la Católica.

l ¿Recuerdas algunos profesores que influyeron en tu formación?

l Yo estudié en la época en que Freddy Cruz era el director de la carrera, un hom-

ños, aunque tiene hermanos mayores con ellos tuvo poco contacto. Entre sus recuerdos más lejanos figuran largas caminatas con su papá que, según él, eran paseos, porque pasear y caminar no significa-

13 Cultura

ban lo mismo. El hecho de ser la más “negra” de la casa formaba parte de las bromas que le hacían sus hermanos. Cursó la primara en la escuela Félix Mota, y el bachillerato en el liceo Francisco Bobadilla.

Mi poesía es un diálogo conmigo misma sobre la conciencia de ser humano

Poemas

No recuerdo exactamente cuándo abandoné mis cuentos de la infancia (...) pero cuando llegué a la universidad ya tenía el género poético incorporado a mis cuadernos”

bre muy especial y maravillosa persona del que tengo muy lindos recuerdos, otros profesores que me influyeron fueron Berenice Méndez, Peterson González y Martha Ortiz. Había otro profesor que se llamaba Rafael, no me viene el nombre, que nos daba clases de geografía, y también Itania María, ella me invitó a visitar la redacción de El Caribe y esa fue mi primera experiencia como periodista. l ¿Cómo tú comienzas a escribir poesía?

l No recuerdo exactamente cuándo abandoné mis cuentos de la infancia y los reemplacé por la poesía, pero cuando llegué a la universidad ya tenía incorporado el género poético a mis cuadernos. En

la universidad conocí a otros poetas, que eran los peor vestidos, recuerdo a Alejandro González Luna y a Jennifer Rodríguez, ella escribía poesía, pero no ha publicado hasta ahora, esos compañeros influyeron en mí, a partir de ellos empecé a descubrir voces nuevas, estuve en el taller César Vallejo también… l ¿Cuántos poemarios has publicado hasta ahora y cuál es la sustancia de tus poemas?

l Solo he publicado dos, yo diría, de manera tentativa porque nunca me lo he planteado, que el nudo de mi poesía es un diálogo conmigo misma, con la vida, con el tiempo, sobre la conciencia de ser humano.

l ¿Cómo es tu método de trabajo para escribir?

l No tengo una metodología definida, pero por lo general las ideas me surgen y cuando trato de plasmarlas les doy forma, pero me siento a editar y corrijo mucho hasta sentirme conforme mínimamente, a vece soy tan invasiva con ese texto que termina surgiendo algo completamente nuevo, me gusta pasear por espacios abiertos como el malecón o por algunos par-

ques, en esos momentos me surgen ideas en esos entornos que son muy ricos en cuanto despiertan la sensibilidad. Casi nunca se me ocurre sentarme a pensar antes de escribir, primero tengo que estar en contacto con la naturaleza.

l ¿Cuáles son los poetas que han influido en tu formación?

l Fueron varios, Alejandra Pizarnik, que la descubrí en la universidad y me enamoré de su obra, Emily Dickinson, Octavio Paz y Roberto Juarroz, son los que más me gustan hasta ahora.

l ¿Qué es lo que más lees?

l Ahora estoy leyendo más en prosa, es decir narrativa, pero normalmente soy más lectora de poesía, de todas las épocas.

l ¿Qué consejo les darías a los jóvenes que están comenzando el camino de la literatura?

l Primero, que cuando se pongan a escribir no intenten repetir fórmulas que ya están probadas, sino que traten de buscar su propia voz, sobre todo ahora que es más fácil publicar, pero ser poeta sí es difícil, que lean a los clásicos, que al escribir no traten de pasarse de originales, solamente eso.

Lery Laura Piña es una poeta de exquisita sensibilidad.

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