Cultura elCaribe, SÁBADO 6 DE SEPTIEMBRE DE 2025
elcaribe.com.do
San Zenón, una catástrofe que dejó heridas
Condenas por ofender a Balaguer
El arte no necesita un control total
Aunque la bibliografía sobre el ciclón que se abatió sobre el país el 3 de septiembre de 1930, dejó huellas trágicas en la historia dominicana. P.6
Zona Retro relata cómo hace 58 años dos periodistas y dos sindicalistas fueron condenados por ofender a Balaguer y a su hermana. P.7
Ronny Ramírez, joven poeta ganador de varios galardones, habla de su reciente poemario titulado Condeno a la noche y sus perros de caza. P.11
Las vainas de Mercader
Eduardo Brito, el dueño de la noche Aprendió sus primeras canciones en “El Venus”, para después cantar para el mundo JOSÉ MERCADER 666mercader@gmail.com
E
lauterio Aragonéz Brito nació el 21 de febrero de 1905 en pleno gobierno de Carlos Morales Languasco, quien llegó a diciembre, de ese mismo año, para cederle el trono a Mon, cuando se impuso a Juan Isidro, Horacio y Federico Velásquez, el único presidente tamborileño (aunque provisionalmente en el Consejo de Secretarios de Estado). La fama de hombre “con cojones” por haber matado a “L’Ulise”, del Partido Azul, lo dejó en el poder hasta el 1911 cuando lo mató el mismo hierro. Pero ese ambiente político no existía en Ranchito, un pueblito perdido en las lomas de Puerto Plata embriagado de pobreza y nubes, en medio de cafetales. Allí aterrizó la cigüeña que trajo en un bulto verde-olivo, al chiquitín de Liboria y Julián. Sin embargo Elauterio (no Eleuterio) pasó su niñez descalzo y sin escuela en Bajabonico, allá, por la entrada de Imbert. Para 1915 Liboria tenía cuatro hijos (“Lauterio”, Daniela, Martín y María Eugenia) y un cansancio de cuernos que la hizo mudarse a Quebrada Honda primero, y a Puerto Plata después. Ella recogió lo que pudo y en la Estación de Quebrada Honda compró un boleto por $2.75 para ella y pagó un peso por cada niño. La ruta atravesaba lomas, llanuras y pequeños puentes que parecían pedazos de la Torre Eiffel. El paisaje era como un dibujo de Hazard con arbus-
tos que acariciaban los rieles. En la Estación Puerto Plata, con sus hijos y sus féferes como bacalao, caminó por el malecón como gallina sacá. La furia del mar despedía un huracán y con una sonrisa espumosa y salada, le daba la bienvenida. De ahí fue directo a casa del cubano Amancio Martínez, que administraba uno de los mejores restaurantes, por el Parque: El Venus. En “El Venus” Elauterio oyó, y se aprendió de memoria, las canciones de moda “te vi pasar cual mariposa”, “en el silencio del camposanto”, y el tango “La galleguita” que él cantaba como loco y mejor que los originales, rayados por la aguja de la vitrola. Ni la herrería de Juan, ni la zapatería del “Timacle Chu” lograron amarrarlo. Él prefería colarse “de chivo” en el cine que le sirvió de primera ventana al mundo. Eran las mismas cintas de los Lumière que se venían proyectando en el Teatro Curiel desde 1900 según lo relata Sáez. Eso fue mucho antes del Rex y del Roma. Con tan solo 16 años y en plena Ocupación (1921) Brito recibió de Liboria una letanía de tililá que terminó con “...uté no se gobieina, ¡Carajo! “ y un encojonamiento violento. Reunió como pudo los $5.10 del boleto del tren para viajar en segunda y se fue, con un truño que no lo abandonó en todo el viaje. Llegó a Santiago mareado y “deguañangao” por lo largo del trayecto, la dureza de los asientos y el humo negro del carbón de las calderas, que penetraba por las ventanas. En la Estación Marte, sin más bulto que una funda de gallo con una remúa de más, se encaminó por la Calle Sebastián hasta la Plaza de Armas y bajó hasta la San Severo, por El Matadero, donde había una pensión “de mala muerte” que él podía pagar, si no pasaba de la semana. A la semana justa no tenía ni una mota y tuvo que irse a “La casa de las Palmas” de una tal Belica que lo acogió como un hijo.
Comienzos En “El Venus” Elauterio oyó, y se aprendió de memoria, las canciones de moda (...) y el tango La galleguita que él cantaba como loco...” Eduardo Brito. POR MERCADER.
CONTINÚA EN LA PÁGINA 3