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Cultura 23 noviembre 2024

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Cultura elCaribe, SÁBADO 23 DE NOVIEMBRE DE 2024

elcaribe.com.do

Homo sapiens, destinado a ser su propio Dios

Zona industrial para San Pedro de Macorís

“La literatura es un lugar para ser libre”

Jorge García comparte las principales ideas que desarrolla Yuval Noha Harari en su obra “Homo Sapiens, de animales a dioses”. P.6

En esta entrega de Zona Retro viajamos al 25 de noviembre de 1973, cuando quedó inaugurada la zona franca industrial en “La Sultana del Este”. P.7

José Arias, periodista, escritor y retratista literario de la Zona Colonial, habla sobre el proceso creativo y la importancia de ser sobre todo un buen lector. P.10

Tamboril de ayer y de siempre Una exposición de fotos tomadas por Francisco Rodríguez invita a viajar al pasado JOSÉ MERCADER 666mercader@gmail.com

E

l título de ese artículo corresponde al mismo que lleva una exposición fotográfica realizada en el marco de las fiestas patronales del Tamboril de San Rafael Arcángel, esfuerzo del Centro Cultural & Museo Horacio Vásquez con el patrocinio de la Alcaldía. La muestra cuenta de más de 350 tomas, cuyo autor, en su mayoría, es Francisco Rodríguez, que se fue de Moca “porque ya había muchos que hacían lo mismo”, incluidos los de cajón, especializados en 2x2 para cédula y pasaporte. Recogió sus motetes y cogió el tren que lo dejó a tres casas de la Estación Tamboril y que sería su estudio con el que se ganó la vida y la de su familia, incluyendo a Teo, perdón, a Antony, y Juan Camarita. Sin darse cuenta reseñaba gráficamente la memoria del pueblo que él eligió. Solo el negocio de Ramoncito Amaro lo separaba, un bar que no cerraba sus puertas en un “vaivén con las olas del mar” desde una vellonera de cinco cheles. Francisco tenía cara de obispo-español-arrepentido-después-que-una-jovenviuda-le-confesara-sus-pecados, amable, parsimonioso y con una sangre fría para dispararle a cualquiera, a boquejarro, con su Reflex de doble cañón. Don francisco no tenía tapujos a la hora de sugerirle a cualquier sarataco de Seboruco que se pusiera el saco que era talla única y que le servía a cualquiera, aunque le quedara grande o chiquito, y que vigilaba el estudio, hasta los días “de fiesta de guardar”. Ese espacio era modesto, con cortina y todo, por donde desfiló la población completa, que presentó allí su antropología que caracteriza a los tamborileños con “un no sé qué” que los destaca, y un “trasendimiento” que va más allá de la picardía. l Francisco Rodríguez. F.E.

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