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Cultura elCaribe, SÁBADO 15 DE ABRIL DE 2023

elcaribe.com.do

Los inicios del siglo XX

La política como esperpento

Silverio Bello, escritor dominicano

En su artículo Historia de la Medicina, el doctor Stern destaca el Hospital Militar creado en el gobierno de Heureaux en la Fortaleza Ozama. P.2

Antonino Vidal habla sobre la comparecencia de Donald Trump ante una corte de Manhattan, ante el juez Juan Merchan y el fiscal Alvin Bragg. P.6

En esta entrevista, el catedrático habla de los temas de sus libros y del deseo de que cada uno sirva de orientación para los lectores. P.10

JOSÉ MERCADER 666mercader@gmail.com

M

Máximo Gómez, por Mercader. F. E.

General Máximo Gómez después de las sombras Gómez siguió hasta la puerta de la Fortaleza donde había dos centinelas más, especialistas en dormir parados sin caerse

áximo Gómez, chiquito, de tacones altos, rostros de ojos y boca escondidos detrás de un enorme bigote a lo Friedrich Nietzsche, apresuraba el paso aquella mañana lluviosa de enero de 1864. Sus polainas lo llevaban por la Calle Colón a la Fuerza, tan rápido, que “las cañas pal ingenio” le quedaban corto. En la puerta, los dos centinelas se sorprendieron al verlo, se convirtieron en estatuas y dejaron de reír y pestañar. No se podía saber si las gotas en sus caras eran lágrimas o gotas de lluvia. - ¿…y ustedes, de qué se ríen? Preguntó Gómez entre serio y taciturno. Gumercindo Espínosa le pidió, con la mirada, a Gervasio Espomuceno que le contara. Este empezó gagueando y con una seriedad fingida. - Es un cuento del Diablo… - Ja, ja, ja, ja, ja , ja, ja . Estalló Gumerdindo sin poder contenerse. Se le salió ese espíritu campesino acostumbrado a oír y celebrar cuentos de Juan Bobo y Pedro Animal en cenas amistosa de batata con arenque y un buen chocolate de agua. Entonces el raso Espomuceno dejó de contar, se dobló como si le doliera la barriga al tiempo que emitía unos gritos de carcajada estruendosos. Gumercindo le hizo eco con mayor fuerza y es posible que hasta despertaran a los presos de la Fuerza atrapados doblemente entre los barrotes y gruesas paredes que la ficción de “La Sangre” de Tulio, abogado de ellos, pero tiempo luego, dio a conocer. Ninguno de los dos podía parar. Y estaba claro que ni se acordaban que eran centinelas, ni que estaban delante de un superior. Gómez ni siquiera intentó a que volvieran a la rigidez debida y menos que se callaran. - ¿Y es tan gracioso el cuento? Se atrevió a decir. Con esto se aceleraron mucho más los dos guardias con ojos lluviosos que contagiaron al capitán. l

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