Cultura elCaribe, SÁBADO 11 DE FEBRERO DE 2023
elcaribe.com.do
El Doctor Fausto Sicard Espinola
Las teorías de Édouard Glissant
Héctor Farías, bailarín y gestor cultural
En esta edición, el doctor Herbert Stern relata sobre la vida y trayectoria profesional del doctor Sicard Espinola, quien nació en La Vega en 1906. P.2
Sara Carini habla sobre las teorías del filósofo y escritor Édouard Glissant nacen y se conciben a lo largo del siglo XX pensando en las Antillas. P.6
El bailarín habla de su desarrollo propfesional, destacándose en el sector artístico, cultural y académico en escenarios nacionales e internacionales. P.10
Josephine Baker, la princesa del Tam Tam y las Bananas Josephine Baker fue modelo del suizo y famoso pintor Kees Van Dongen JOSÉ MERCADER 666mercader@gmail.com
¿
Fue Josephine Baker la primera mujer pelotera? El racismo tiene, lo sabe Tïtirimundachi, un largo trayecto. Su historia de miles de abusos, que conocimos por las vicisitudes de nuestros peloteros firmados en los inicios de la década del 60. Todas esas anécdotas sufridas por Marichal, Felipe Alou y sus hermanos, Manuel Mota, Ricardo Carty, entre muchos otros, hacen que todas las demás, por increíbles que parezcan, sean ciertas. No solo los negros que poblaron el sur de Los Estados Unidos fueron maltratados como esclavos, sino que en la misma guerra entre ellos fueron usados de carne de cañón cuando se crearon las llamadas brigadas de “buffalo soldiers” y que Bob Marley, el músico jamaiquino, difundió en una de sus canciones con igual título. Freda Josephine McDonald vino al mundo en ese sur difícil cuando los negros hacían los trabajos duros del campo y en las casas de los dueños eran sirvientes sin paga. Con apenas trece años la obligaron a casarse con un tal Willie Wells quien no pudo apagarle la inmensa pasión de cantar y bailar, a como diera lugar, lo que hizo que el “matrimonio” fuera más breve que Pipino. No había concurso que ella no se interesara y participara, por aquí y por allá, hasta que su gran oportunidad le llegó en el 1925 para irse a París y ser parte de unos programas de espectáculos que los franceses llamaban la Revue Nègre con músicos que tocaban el charleston y jazz por un tubo, como una novedad y una variación al escandaloso can-can. Lo único que llevó de su país de origen fue
Freda Josephine McDonald, por Mercader. MERCADER
el apellido de su segundo marido William Baker y que ella olvidó como se olvida la Tabla Periódica de elementos químicos. París se arrodilló a sus pies, mucho antes que a la novia de Sandro, medio siglo después, por la alegría, la chispa de vida que contagiaba y el entusiasmo que le llegaba a cualquier espectador por amargao que estuviese. Su pelo corto alisado, con un risito en la frente como Supermán, su vestuario mínimo y menor que el de la Mata Hari, su sonrisa de oreja a oreja, sus ojos saltones y enormes como faros, su faldita originalísima hecha de bananas (de tela rellena) hacían que fuera la dueña de “la capital mundial del arte”. La Torre Eiffel apenas tenía treinta y cinco años y sobrevivió a la intención de quienes la hallaban horrible y querían tumbarla después de haberla exhibido en
Josephine Baker, por Al Hirschfeld.
sus exposiciones universales como para que se olvidaran las horrorosas masacres coloniales al norte de África y en las islas que incluían a la lejana Madagascar. Modigliani ya pasaba al olvido cinco años después de su muerte, Jules Pascin armaba unos bacanales propios del que gana mucho dinero y tiene deseos de compartir, Monet pintaba sus grandes obras de nenúfares o lilas flotantes muy apresuradamente como si supiese que el año siguiente quedarían solo sus pinturas de su mundo de color y magia. Josephine Baker fue modelo del suizo y famoso pintor Kees Van Dongen, pintor “colabó” de marquesas, baronesas, duquesas, condesas, princesas… ESAS que dominaron la historia sin la menor doblez. Van Dongen había realizado un cuadro tamaño natural al célebre boxeador Jack Johnson con una economía de trazos que lo convirtió en una silueta gigante, desnuda con un bombín en la mano, flotando en algún jardín de les Champs-Élysées. El cubismo que ya decaía la tomó de modelo y la inmortalizó descuartizada. Todos los cabarets de Montmartre se la disputaban, pero era el Folies Bergère el que más tenía saliva a pesar de que el Casino de París la anunciaba como “La joie de París”. París vio desfilar a la “crema y nata” del mundo, tanto políticos como artistas. Esos políticos que dominaron a sangre y fuego en sus respectivos países y esos “artistas” que, como alcahuetes, más que adulones, le hacían el coro como los diplomáticos de amarres, cónsules, embajadores, agregados a cancillerías, que en la mayoría de caso fueron parásitos de sus países, dilapidando unos sueldos inmerecidos e improductivos. l CONTINÚA EN LA PÁGINA 3