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El Tecolote Vol. 52 Issue 25

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PUBLISHED BY ACCIÓN LATINA

December 15, 2022-January 12, 2023

Vol. 52 No. 25

THE INTERNATIONAL FIGHT TO MAKE ABORTION LEGAL, SAFE, AND FREE Mara Cavallaro El Tecolote Mara Cavallaro is El Tecolote’s Report for America Corps Member who reports on mental health and healthcare inequality in the Latinx community.

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pike Kahn had been fundraising for abortion clinics in Texas when the Dobbs ruling forced them all to shut down. “I’m watching the rights of women go backwards,” the 64 year-old, who celebrated Roe v. Wade in high school, lamented. “I have to do something.” So she followed the clinics she had been funding closely, supporting from afar as they moved to neighboring states where abortion remained legal. At the same time, she began searching for other solutions. “The clinic model is no longer sustainable,” she said, or enough—especially considering how difficult traveling for healthcare can be. When she was just 22 years old, and making $300 a month working in Visalia, California, Kahn got pregnant. “I couldn’t support myself, let alone another person,” she remembers. And because Visalia had no clinics, she had to travel to Fresno for her abortion. Even with Roe as the “law of the land,” and even in a blue state like California, Kahn saw massive inequalities in abortion access.

A few years later, at the women’s center of San Francisco General, she saw a sign on the door about abortions: Do you need a ride? Do you need childcare? Do you need translation? We can help you, it said. At the time, she was working as a union representative, commuting back and forth between San Francisco, where she now lived, and Merced. “I contacted the number...because I had an empty car and could provide rides,” she explained. From then on, Spike began hosting girls and women who traveled to have abortions on her couch, a leather sofa in a brick-walled apartment a couple blocks from the hospital. Over the next three decades, up until COVID, she estimates that she hosted hundreds of women—“maybe even 1,000.” Most of them came up from the San Joaquin Valley, when complicating factors like prior C-sections demanded specialized care that local clinics couldn’t offer. Most were already mothers. And because Spike spoke Spanish, most were Latina. In California, 40 percent of counties—mostly rural—have no clinics that provide abortions. The San Francisco Chronicle calls the broader Central Valley, which is also largely Latinx, an abortion “access desert.” Traveling either north to the Bay Area or south to L.A. has been a common practice for people in need of abortion care for a while now—a reminder that legality doesn’t guarantee access,

and that, as is often the case, already marginalized communities are most affected by abortion restrictions. The 1976 Hyde amendment, for instance, famously prevented the federal funding of abortions, leaving it up to state governments—many of them hostile—to decide whether healthcare programs would cover the costs of abortion care. “Even before the fall of Roe, Latinas/xs…didn’t have equal access to abortion,” the National Latina Institute for Reproductive Justice tweeted in August. Post-Roe, they will also be disproportionately affected. The contemporary abortion justice movement in the U.S. recognizes exactly that—and seeks to ensure equitable access for people of color and low-income folks to reproductive healthcare. In its mission and strategy, it draws heavily from Latin American feminist groups that have mobilized for decades for abortions to be not only legal and safe but also free. One of those groups, Las Libres— the Mexican feminist organization guaranteeing free abortion pills for people in the U.S.—started making national headlines post-Roe. Volunteers in its network, known as acompañantes, share stories about their own experiences with “the pill,” and walk pregnant people through what to expect. It’s a model designed to deliver interpersonal care when social structures fail us. And it has been successful. See LAS LIBRES, page 9

LA LUCHA INTERNACIONAL POR EL ABORTO LEGAL, SEGURO, Y GRATUITO Mara Cavallaro El Tecolote Mara Cavallaro es miembro de Report for America y reporta para El Tecolote sobre la salud mental y la desigualdad en la atención médica de la comunidad Latinx.

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pike Kahn había estado recaudando fondos para clínicas de aborto en Texas cuando el fallo Dobbs obligó al cierre de todas. “Estoy viendo cómo los derechos de las mujeres dan marcha atrás”, se lamentó la mujer de 64 años, que celebró la resolución Roe vs. Wade cuando estaba en la escuela secundaria. “Tengo que hacer algo”. Así que siguió de cerca las clínicas que había estado financiando, apoyando durante su proceso de mudarse a los estados vecinos donde el aborto seguía siendo legal. Al mismo tiempo, comenzó a buscar otras soluciones. “El modelo de la clínica ya no [es] sostenible”, ella dijo, o suficiente–especialmente considerando lo difícil que puede ser trasladarse para recibir atención médica.

Cuando tenía 22 años y ganaba $300 al mes trabajando en Visalia, California, Kahn quedó embarazada. “No podía mantenerme a mí misma,​​ mucho menos a otra persona”, recuerda. Y debido a que en Visalia no había clínicas, tuvo que viajar a Fresno para abortar. Incluso con la Roe como “ley de la tierra”, incluso en un estado azul como California, Kahn vio desigualdades en el acceso al aborto. Años después, en el centro de mujeres del Hospital General de San Francisco, vio un cartel en la puerta sobre abortos en el que se leía: “¿Necesitas un aventón? ¿Necesitas ayuda con el cuidado de niños? ¿Necesitas [ayuda con la] traducción? Podemos ayudarte”. En ese momento, trabajaba como representante sindical, yendo y viniendo entre San Francisco, donde ahora vivía, y Merced. “Me puse en contacto con el número... porque tenía un automóvil y podía apoyar con transporte”, explicó. A partir de ese momento, Spike comenzó a hospedar a niñas y mujeres que viajaban para abortar, a quienes les ofreció un sofá de cuero en un apartamento a solo un par de cuadras

del hospital. Durante las próximas tres décadas, hasta la COVID-19, estima que recibió a cientos de mujeres: “tal vez mil”. La mayoría provenientes del Valle de San Joaquín, cuando factores complicados como cesáreas previas exigieron atención especializada que las clínicas locales no podían ofrecer. La mayoría ya eran madres y, como Spike habla español, la mayoría eran latinas. En California, el 40 por ciento de los condados, en su mayoría rurales, no tienen clínicas que ofrezcan abortos. El San Francisco Chronicle llama al más amplio Valle Central, que también es en gran parte latino, un “desierto de acceso” al aborto. Viajar desde el norte hasta el Área de la Bahía o desde el sur hasta Los Ángeles ha sido una práctica común para quienes necesitan servicios de aborto desde hace un tiempo, un recordatorio de que la legalidad no garantiza el acceso y que, como suele ser el caso, las comunidades ya marginadas son las más afectadas por las restricciones al aborto. La enmienda Hyde de 1976, por ejemplo, impidió su financiamiento federal, dejando en manos

Verónica Cruz, fundadora de Las Libres, la organización feminista mexicana que garantiza píldoras abortivas gratuitas para las personas en los EEUU, durante un evento de recaudación de fondos en Acción Latina el 10 de diciembre. El grupo recaudó $2,220 para financiar los kits de aborto de Las Libres. Verónica Cruz, founder of Las Libres, the Mexican feminist organization guaranteeing free abortion pills for people in the U.S., poses for a portrait during a fundraising event at Acción Latina on Dec. 10. The group raised $2,220 to fund Las Libres’ abortion kits. Carteles sobre Abortion Justice, creados por SF Poster Syndicate, en exhibición durante el evento de recaudación de fondos de Las Libres un evento llevado a cabo en Acción Latina el 10 de diciembre. Abortion Justice posters, created by the SF Poster Syndicate, on display at the Las Libres fundraising event at Acción Latina on Dec. 10. Photos: Mara Cavallaro de los gobiernos estatales, muchos de ellos hostiles, decidir si los programas de atención médica cubrirían los costos de la atención del aborto. “Incluso antes de la caída de la Roe, lxs latinas/xs… no tenían igualdad de acceso al aborto”, tuiteó el Instituto Nacional de Latinas para la Justicia Reproductiva en agosto. Después de la Roe, también serán afectadas de manera desproporcionada. El movimiento actual por la justicia del aborto en los EEUU reconoce exactamente eso y busca garantizar un acceso equitativo a la atención médica reproductiva para las personas de color y de bajos ingresos. Esta misión y estrategia se basa en gran

medida en grupos feministas latinoamericanos que se han movilizado durante décadas para que los abortos no solo sean legales y seguros, sino también gratuitos. Uno de esos grupos, Las Libres, la organización feminista mexicana que garantiza píldoras abortivas gratuitas para personas en los EEUU, comenzó a aparecer en los titulares nacionales después de la Roe. Voluntarias de su red, conocidas como acompañantes, comparten historias sobre sus propias experiencias con “la píldora” y explican a las personas embarazadas qué esperar. Es un modelo diseñado para brindar atención interpersonal cuanVea ABORTO SEGURO, página 9


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