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Academias Literarias

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S A I M E D A C A S A I R A R E T I L

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ANTOLOGÍA DE TEXTOS LITERARIOS DE LOS ALUMNOS Academias literarias


PRÓLOGO

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BOTELLA AL MAR El poeta Paul Celan afirmaba que el poema era una “botella arrojada al mar” que desafiaba la inmensidad de la distancia oceánica bajo la secreta ilusión de “ser recogida” algún día desde la “playa del corazón”. Ese ejercicio, creo, lo podemos hacer extensivo a toda escritura. Voces que buscan a otras voces, sorteando los escollos de tiempo y espacio, impulsadas por un hambre de vínculo cuyo tejido está hecho de palabras, palabras que interpelan, conmueven y convocan. Ese testimonio necesario y valioso es el que aquí se reúne, con creaciones de estudiantes de diferentes edades y zonas geográficas, gracias al trabajo de profesores que, en el contexto del programa de Formación de Mentores de Academias Literarias, impulsado en 2020 por la Fundación Irarrázaval y Grupo Educar, están implementando en colegios de todo Chile academias literarias donde se fomente el amor por la lectura como herramienta indispensable de formación intelectual y desarrollo espiritual de alumnos y docentes. Esta apuesta ve aquí uno de sus primeros frutos. Nuestros jóvenes creadores, con pulso firme, sensibilidad e imaginación, han podido plasmar en sus escritos un puñado de vivencias, sueños, recuerdos, anhelos y miedos en los que palpita la esperanza y el asombro, el amor y la rabia, el fervor y la duda. Son historias y poemas que cada cual arroja en su botella para que las mareas puedan empujarlas hasta orillas hospitalarias del lector. Armando Roa Vial

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ACADEMIAS LITERARIAS RED de colegios Fundación Irarrázaval

ACADEMIA PUELCHE

ANTOLOGÍA DE TEXTOS LITERARIOS DE LOS ALUMNOS 5


ELLA Convivir con Ella ha sido bastante complicado. Cuando me enteré de su llegada, estaba muy exaltado, pensaba que era un regalo divino caído del cielo, creía que no sería extenso y letal. Desde su llegada, todo ha cambiado, ya no me encuentro en esa ruidosa sala con mis compañeros; ya no me encuentro contando esos valiosos minutos para salir a recreo… Solo me encuentro deseando que Ella haya sido un terrible sueño. Alumno: Matías Sotomayor Curso: 4º medio F, Escuela de la Industria Gráfica, San Miguel.

INSTRUMENTAL DE UN ESTUDIANTE La estrecha calle le decía que sí, Las dos grandes puertas, bienvenido, La pizarra lo contradecía, los recreos lo decidían, La casa lo juzgaba, él se perdía, en un solo lugar se encontraba, El parlante lo esperaba los libros lo acompañaban El tumulto lo sofocaba los nervios lo consumían los minutos lo empujaban La campana lo vigilaba una base hip-hop lo sostenía con las palabras dispersas Y una lengua empapada fue escribiendo su identidad a través de rimas. Alumno: Gibson Carvajal Hernández Curso: 4º medio D, Colegio Salesiano Valparaíso.

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CORAJE: EL ENJAMBRE Aquello era un enjambre, niños corriendo, saltando, escabulléndose, sus gritos eran ensordecedores zumbidos. Era un patio enorme, pasillos, túneles y laberintos listos para explorar. Con su mano apretada a la mía, ella pretendía evitar la separación. –¡Coraje!... –le susurré– ...es la casa grande de que me hablaste, no estoy solo, señalándole la escultura de María acicalada de flores. Soltó mi mano y partí... A la salida corrí a sus brazos. –¿y? –preguntó. –bien… –contesté. –¿peleaste? –no. –¿hiciste amigos? –no. –¿regresarás mañana? –¿si regreso, tendrás coraje? –…lo intentaré, dijo ella. –si regresas... ¿harás amigos? –me preguntó. –lo intentaré –respondí, atravesando el enjambre. Alumno: Jean Franco Tognia Curso: 6° básico A, Colegio Salesiano Valparaíso.

LA ESENCIA DE UNA ISLA Mis oídos expectantes al sonido de los árboles, mi piel erizada al ver la transparencia del cielo, el río de mi vida avanza lentamente por esas corrientes de la suerte, mis pies se vuelven morados al pisar el cuerpo de Dios aún sin pulir, veo el horizonte rodeado de montañas que me ayudan a despertar de un sueño dormido y así apreciar esta obra sin maestros. Alumna: Jessenia Contreras Gutiérrez Curso: 4º medio, Colegio María Reina Inmaculada, Isla de Maipo.

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HONOR SIN GLORIA I

VI

Cielo azul, campo verde colmado de miseria, noche oscura, ceñida en tristeza.

Cada mortal con miedo en sus ojos, sin apartar de ellos el coraje de vivir, de luchar.

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VII

Ojos llenos de ira en apariencia y en sus almas desborda la agonía de presenciar batalla sin justicia, sin verdad, ni valor.

Nunca la muerte será fácil donde reina el coraje.

III

Hombres avivados por la Esperanza de un futuro real e inmutable.

Hombres sin libertad, carentes de sueños, corazones derrumbados por la ira, por la amenaza en sus vidas. IV Solo niños y mujeres con ojos brillantes, inocentes a la luz del sol, de la luna, el tesoro de los hombres abatidos. V Hombres fuertes y valientes defienden sus tesoros.

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VIII

IX Noches largas, días efímeros, tierra acuosa, por la sangre que descansa, son todos los valientes y cobardes. X Jamás una lucha tuvo tanto sentido, jamás una lucha tuvo tanta razón. Alumna: Morelia Olivares Curso: 4º medio, Escuela Agrícola Familiar Valle del Elqui, La Serena.


MI NIÑA

PETORCA

Hoy es día ocupado Mi niña siempre hermosa Lleva su pelo rizado Y viste de forma graciosa.

Hay una Rabia en Petorca, una cólera por su tierra, una furia por lo que queda a orillas de su río.

Estoy un poco cansado, Espero Salir al campo, oler las flores, Correr por los prados.

En Petorca existe un silencio cómplice, el derecho de apropiación de agua, ¿quién quisiera regar su gran jardín?

Qué linda mi niña Ya no lleva el vestido apretado Jugamos, nos divertimos. La tarde es nuestra, Ella vuelve a ser niña.

En Petorca están asombrados, lo que los nutre ya no los nutre, lo que les limpia ya no les limpia, lo que les moja ya no les moja.

Alumna: Bianca Arriagada Contreras Curso: 2º medio, Escuela Agrícola Familiar Valle del Elqui, La Serena.

En Petorca hay una pena, se ha formado un funeral, ha muerto el manantial, se levanta una miseria. En Petorca existe la injusticia, los gritos ignorados, la ayuda que se prometió, pero no llegó; existe un silencio cómplice. En Petorca hay una pena, si pasas por ahí cerca, y sólo alzas la mirada podrás escuchar los sollozos de Petorca. En Petorca ya no hay jardín, ahora hay una zona de sacrificio, entre lágrimas secas se escuchan los sollozos de Petorca; ya no hay justicia, ya no hay río. Alumno: Joaquín Morales Curso: 4º medio, Colegio María Reina Inmaculada, Isla de Maipo.

HOMO SAPIENS El mono, por más sapiencia que tenga, mono se queda. Alumno: Felipe Fernando Santis Grandón Curso: 3º medio E, Colegio Salesiano de Concepción.

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BOTÓN DE AUTODESTRUCCIÓN. El doctor Heinz Doofenshmirtz crea el botón de autodestrucción con la intención de autofrustrar su plan. Va Dios, ve que es útil, copia el botón y lo llama hombre. Alumno: Javier Ignacio Garrido Valenzuela Curso: 3º medio F, Colegio Salesiano de Concepción.

INCONSECUENCIA HUMANA Con esta máquina lograré reducir los niveles de contaminación que hay en la Tierra, ¡estoy muy feliz! –¿Y qué harás cuando tu máquina ya no funcione? –me preguntaron. –La botaré al mar –respondí. Alumno: Vicente Agustín Pereira Lattut Curso: 3º medio E, Colegio Salesiano de Concepción.

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CARTA ROMÁNTICA Recoleta, 17 de septiembre de 2020 Mi querida prima, Viviana: Espero que los abrazos que deseo darte vuelen hacia ti, para reconfortarte todo este tiempo sin vernos. Es un infierno no poder salir de mi hogar y tampoco poder verte, pero ya se hará corto el largo tiempo de espera para reencontrarnos. Me he enterado que tu familia está bastante bien, tanto de salud como económicamente y creo que mereces una respuesta de cómo están las cosas acá. Lamentablemente, la situación con mi familia arrasa como el huracán, en la cual, algunas veces, encontramos la calma. Creo que también necesitas esa calma. Mi padre ha perdido uno de sus dos trabajos y no ha dormido hace como tres años. Ahora convivimos con un mapache, al parecer. Mi madre se estresa con facilidad, aunque es difícil verla enojada. A veces discute con mi padre, pero cuando está molesta nos echa en cara problemas inexistentemente realizados por cada uno. De mi hermana no hay mucho que hablar, está escondida en su cueva o como chicle con su pareja. Sí puedo recalcar que está más irritable y bipolar de lo usual. Nos grita a mí y a mi hermano de la nada, al punto de que el corazón se va corriendo de nuestro cuerpo por el susto para, a continuación, irse tranquilamente a su habitación. De mi hermano lo que puedo decir es que es igual que un tornado, por donde pasa va dejando desorden. También es muy parlanchín, está transmitiendo todo el día. Lo gracioso es que, generalmente, cuando nos quiere hablar, parte diciendo “sabías que…”, entonces, más de una vez, cuando nos damos cuenta de que nos quiere hablar, le decimos eso. Lo malo es que algunos días es un manojo de nervios, está muy tenso y todo es provocado por el estrés del encierro. Últimamente soy una montaña rusa de emociones. Puedo estar feliz y con mucha energía, pero rápidamente esas emociones me abandonan, quedando vacía y triste. No estoy segura de por qué cambia tan rápido mi humor y no puedo armar el rompecabezas de mi interior. Me he dado cuenta de que algunos sollozos nocturnos suenan como gritos callados, sin embargo, no los logro liberar. Tal vez sea para no molestar a los demás. No sé, pero es horrible. Me he enterado de que también te has sentido así. Según mi madre, es parte de la adolescencia, sumándole el encierro de la cuarentena: da ese resultado. También sé que estás cargada de tareas del colegio y ves que tu vida es un laberinto sin salida, pero quiero recordarte algo: nuestros corazones pueden ser fuertes; sin embargo, pueden caer y necesitan ayuda. Te recomiendo que hables con alguien sobre cómo te sientes, tu estabilidad emocional y psicológica también es importante. No estás sola, lo que te está sucediendo no son cosas sin importancia y no es raro que pase. Te estaré acompañando en este proceso, aunque estemos a kilómetros de distancia, ya que en los momentos más oscuros siempre se asomará un rayo de luz. Se despide tu querida prima, Fernanda. PD: Ten felices Fiestas Patrias con tu familia, cuídate. Alumna: Fernanda Lorca Polanco Curso: 1º medio B, Centro Educacional San Lorenzo, Recoleta.

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EN MI VENTANA Así como pasan los días las hojas caen, desde el borde se aprecia el vacío de las calles, la soledad se ha vuelto compañera de muchos, se ha dejado sentir, su presencia está llegando. Tranquilo, todo ha cambiado, desde mi ventana se ve cómo un manto blanco ha cubierto las llanuras, atrás quedaron los días ruidosos, las sonrisas puras y la inocencia del primer día. Verte sonreír era la esencia de un mañana. La espera es larga y ella dejó de brillar, ¿esta noche nos dejas? Cerraré mis ojos con la ilusión de un día mejor, aventurero, incierto. Alumno: Francisco Garrido Curso: 2º medio A, Complejo Educacional Padre Nicolás, Vilcún.

UN SUSTO MATUTINO Caminaba tranquilamente cuando una mujer se acerca y me dice: “Ya viene…”, no la pude identificar, soy nuevo en la ciudad y no conozco muchas personas, pero sus palabras fueron extrañas. Minutos más tarde alguien grita: “¡Se está acercando!”, y las personas corrieron asustadas, no entendía lo que pasaba. ¿Quién viene? ¿Debería preocuparme? No le tomé importancia y seguí caminando; de pronto, noté movimientos en el suelo con ruidos extraños, no podía moverme y entonces desperté. Al abrir los ojos, sentí a mi madre acercándose enojada porque no entregué mis tareas del liceo, en ese momento comenzó la verdadera pesadilla… Alumna: Yerald Moncada Curso: 4º medio HC, Complejo Educacional Padre Nicolás, Vilcún.

CASTIGO Sara al infierno cayó De su cuello un alma emergió Pero esta estaba sellada A un árbol de llamas moradas. Solo un puro la salvaría Pero solo huecos había Solo un condenado sabría Que la muerte no lo salvaría. Lloraba, gritaba, temía La eternidad se acercaría Ni dios ni demonio la sacaría De ese abismo de llamas malditas. En eso, un caballo llegó Montado por un extraño príncipe Una máscara de culpa y una corona de espinas Este forastero vestía. Sara acercó su mano A la capa de este oscuro príncipe, Este respondió a su llamado Y del castigo Sara salió. Antes de poder agradecerle El soberbio príncipe se esfumó, Abandonado a Sara En eterno vacío. Un vacío cielo gris, Una vacía arena gris, Una vacía mirada gris, Un eterno castigo gris. Alumno: Dante Araos Curso: 3° medio, Colegio Salesiano Santo Domingo Savio, Alto Hospicio.

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BLANCO Y NEGRO Veo el mundo en blanco y negro, porque nuestra ambición y odio ha destruido los colores, hombres destruyendo a hombres. La humanidad está en llamas. Veo el grito de auxilio de un niño inocente que no entiende tanta maldad y destrucción, creo que su mejor destino es la muerte. Veo el desgarrador llanto de su madre que ante todo quiere protegerlo y no separarse de su alma, o tal vez rogando para irse junto a su angelito. Ella no podrá acurrucarlo en sus brazos. Él no podrá jugar por los prados. Todo lo ha destruido el hombre. Bombas de horror caen desde el cielo; odio, destrucción y sangre. Siento miedo y dolor, veo sangre, mi fuerza interior quiere crecer, como la fuerza de un toro que quisiera arrancar con el mal y sacar de sus entrañas toda la ira para defender a estos inocentes. Veo un guerrero cubierto de sangre, muriendo con su espada en la mano, que ha luchado hasta el final, dando su vida por la libertad hasta su último aliento, dejando su cuerpo en la batalla. Junto a él veo una flor.

LA CASA MÁGICA

Hay una luz que ilumina toda esta masacre, una luz que tal vez haga que levantemos la vista y podamos ver por sobre nuestros intereses personales, quizás algún día podamos ser hermanos y volver a empezar, recuperar el mundo que perdimos, que destruimos. Quizás así un día recuperemos la vida, la libertad y los colores.

Y los ladrillos fueron encarcelando cada átomo de libertad, acunando en las cicatrices del concreto pobres anhelos de desesperación.

Alumna: Mikaela Quiroga Curso: 4° medio, Escuela Agrícola Familiar Valle del Elqui, La Serena.

–Lo abstracto, lo intocable, construyó su propio hogar en los escombros de cada cuerpo– El aire escapó por narices y bocas, y sin paisaje: las lágrimas fueron charco para el pie invisible. Y de los techos con hongos cayó el maná con sabor a asfixia, para confirmar que la verdad no era una invención. Y sin más remedio que nombrar al espejo verdugo: nos conformamos con existir. Alumno: Javier Meneses Bassi Curso: 4° medio, Colegio Marcelino Champagnat, La Pintana.

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LA NIÑA Bien sabe usted que es de mala suerte llevar una mujer a bordo –le dijo el Capitán–, muy hermana suya será la niña, pero en los cincuenta años que lleva funcionando el barco, jamás hemos dejado subir una chiquilla, y ve que estamos todos enteritos, ni siquiera nos hemos llevado un susto. –Pucha, Capitán, si tuviese de otra, no le estaría pidiendo nada; pero mis papás partieron de urgencia y no vuelven a Chiloé en cinco días, cómo quiere que deje sola a la niña, se ve grande, pero está chica y es mañosa y bien cobarde, la viera usted empezar a rezar tres noches antes de que me vaya, como si nos fuera a tragar el mar. El Capitán miró serio a Mateo, el chiquillo era alto y flacuchento, con suerte tenía veinte años, y aunque seguía reacio a subir a la mujercita esa a su barco, empezaba a entender por qué no quería su hermano dejarla sola; cuánto se había hablado esa semana de que andaba un hombrecillo horrendo caminando a altas horas de la noche, natural que se asustara Mateo, qué edad tendría la lola esa, a lo más unos catorce años, y era igual de flaca que el hermano, cómo iba a defenderse del Trauco ella, con esas canillas flacas y esas manos chicas. Tras pensarlo, dijo: –Tenga a la niña lista, partimos a las cinco de la tarde, se me atrasa un minuto y ambos se quedan acá. El capitán asintió con la cabeza a los agradecimientos del chiquillo y partió a comprarse un café, el día estaba helado y seco, no se veían nubes de lluvia, a lo más un par de pompones, blancos como el plumaje de las lechuzas, de esos que predecían un viaje tranquilo. –Deme un desayuno, doña Helena, que me está matando el hambre. La anciana le sonrió y se sentó con él una vez que estuvo listo. –¿Y esa cara larga, hijo? –Nada, doña; la hermana de Mateo parte con nosotros hoy día; me da algo en pensar que se suba una mujer al barco. –¿La de los González? Pero si esa no es mujer todavía, hijo –dijo riendo al final–, es recién una chiquilla, qué daño va a hacerte. –Dios la escuche, doña Helena. No me hace gra-

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cia, verá usted, pero menos gracia me hace que se quede sola. –Partieron a la región sus papás, según me enteré. –Sí, eso mismo. ¿Qué tanto habla ese noticiero que anda viendo usted? –Nada importante, hijo, es de la región… viera usted el montón de gente que salió con temporal, parece que hace unos días se perdió otro barco. A las cinco en punto llegó el capitán al muelle, ni un alma se paseaba a esa hora, la mayoría de barcos ya habían zarpado y el suyo solo lo esperaba a él para partir. Saludó a los cinco hombres en cubierta que conformaban su tripulación y asintió conforme cuando se le informó que la niña ya estaba abajo con el cocinero. Entonces tomó el timón y dio por comenzado el viaje. –¿Tiene nombre la niña? –dijo presentándose un hombre mayor, canoso y grande–, yo me llamo Miguel. –Marite –le respondió la chiquilla con una vocecita baja. –María se llamará entonces, hija, porque Marite no es nombre. La chiquilla sonrió y evitó corregirlo. –¿Es verdad que se va a hundir el barco porque yo me subí? –¿De dónde sacó eso, niña? –Me lo dijo Mateo una vez, cuando era chica y quería ir con él a pescar. El hombre soltó una risa cálida y ruidosa que la hizo reír también. –¡Ay, niña!, yo llevo veinte años en este barco y más o menos cincuenta en esta isla; si se ha perdido un barco, no es porque se suba alguien. –¿Y los de este mes? –Habrán salido en mal tiempo, la gente es bien porfiá’ pues, niña; avisaron temporal y salieron igual, ya deje la carita de pena, va a ver cómo volvemos todos a puerto. Ayúdame a pelar papas, hija. La niña se acomodó cerca de la ventanita y comenzó a pelar mientras miraba el paisaje: agua a montones, cada poco un trozo de tierra, unos


hombres con unas ovejas, más y más agua, luego otro trozo de tierra; este era diferente, en este había una mujer; la niña se enderezó cuando la vio, tenía la cabeza gacha y el pelo largo y quemado. ¿La sal del mar quizá? La cubría un par de algas amarradas a la cadera, bailaba al son de las olas con los pies inmersos en el agua, la chiquilla parpadeó asombrada y la miró casi hipnotizada, pensando en ir buscar a Miguel; la mujer se giró lento dándole poco a poco la espalda al agua, y como si se rompiera un hechizo, la niña se levantó de golpe asustada por nada aparentemente, lista para salir corriendo, pero cuando fijó la vista de nuevo, la mujer ya no estaba. La hicieron dormir en el camarote con su hermano, uno de los hombres en cubierta se negó a que cualquiera compartiera habitación con la nenita, así que él mismo llevó sus cosas al silloncito del comedor y le entregó en mano la llave de la puerta. –Eche llave para que duerma tranquilo –le dijo, y se despidió de ambos. Estuvo en vela gran parte de la noche, tenía calor, el oscuro cuarto le parecía una cajita llena de vapor, una jungla tibia y húmeda, la mareaba el rumor del agua y su tambaleo constante y decidió que su lugar estaba en el muelle y el de su hermano en el agua.

–Hace buena noche, capitán –dijo uno de los hombres, pasando de largo sin esperar respuesta de su parte; por lo sumido que estaba en el horizonte, le fue el doble de sorprendente cuando el rayo partió el cielo durante un instante, aún estaba asombrado cuando segundos después lo envolvió el sonido tardío de aquel haz de luz. Marejadas enormes despertaron a la niña que se tambaleó hacia su hermano, ya vestido y en pie. –Calma, no, no llore, si esto pasa siempre, hay que ir a ver si necesitan algo arriba; eso, abrígate. Mateo ayudó a la nena a enfundarse en una manta y la dejó sentada en el silloncito para después correr tras los demás hombres que subían a ayudar. Los escuchó maldecir y gritar de extremo a extremo, llamarse unos a otros, incluso los escuchó varias veces preguntar por ella, que había tirado lejos la manta presa de un calor que la abrumaba y de una culpa que la hacía sentir enferma. Se paseaba de un lado a otro como en una jaula, hasta que finalmente subió los escalones: baldes y barriles rodaban por la madera resbalosa, peces muertos caían de cajones que antes habían estado apilados, vio a los hombres arremolinarse para sujetar cuerdas que no llegaban a nada que ella viera, y movida por las olas llegó al borde. El movimiento del agua acrecentó su mareo y dejó

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caer la cabeza hacia adelante, vaciando el estómago al agua salada. Al alzar la cabeza, los oídos tapados por el esfuerzo le impidieron escuchar lo que dijo su hermano mientras la sujetaba con fuerza, ella hizo ademán de levantar la mano. –Hay un barco, Mateo, hay un barco –dijo su voz cansada y jadeante. El rostro de Mateo palideció bruscamente y vociferó cosas que la niña no entendió. Los hombres cesaron toda actividad por un segundo y solo se escuchó el repiqueteo constante del agua cayendo sobre el barco, y sobre la mar. Entonces, todos corrieron hacia abajo, el Capitán, que estaba más lejos que todos, caminó en dirección a su hermano, que estaba quieto como una estatua y lo tomó del brazo para hacerlo reaccionar. Nadie sabe bien qué pasó después, pero de pronto resbaló la niña y nadie pudo agarrarla. Ella cayó por lo que parecieron horas respirando esa humedad propia de alta mar, escuchando el agua chocar contra todo, viendo el resplandor verde de ese barco que venía, quizá, a salvarlos a todos, cerró los ojos al sentir por fin el golpe del agua, era todo igual de oscuro y cálido que el lugar en el cual había dormido. Sin embargo, despertó contra la cubierta fría de un barco.

Cuentan que las tormentas arrastraron el barco hasta un lugar que nadie conoce en el mar, y que, entre tanto viento y agua, llegaron a una costa argentina dos hombres solamente, el Capitán y un cocinero. La tragedia se narró por ambos países, y los padres de los chiquillos partieron de la isla para jamás volver a pisarla; ambos hombres, en cambio, volvieron a la isla, uno de ellos no conocía otra cosa que ser Capitán, y tragándose el miedo, volvió al agua; el otro se aprisionó en tierra, para buscar en su quietud, la paz. Desde entonces zarpa con los pescadores la niña, enfriando el agua para que no los toquen las tormentas, y puedan regresar a casa. Los capitanes esperan con ansias verla sentada allá en la punta de sus barcos, mirándolos con una ternura que no parece real, para después soplar una brisa fría que convierte la neblina en nubes. Quién diría que siendo así, tan chica y tan miedosa, tendría el poder de reunir familias, quién diría que hoy nadie dudaría en subirla a su barco, que ahora la rodearía ese resplandor verde propio de aquella tripulación a la cual ahora pertenecía. Quién diría que, después de todo, sí iba a cuidarlos la niña. Alumno: Jesús David Riquelme Gutiérrez Curso: 1º medio B, Escuela Agrícola Las Garzas, Chimbarongo.

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ACADEMIA TROVADORES

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12 PM Un día… no recuerdo cuándo, caminaba por el bosque, sola, al medio día. Esa tarde no me favoreció, pues por mi gran torpeza me tropecé y un cepo me atrapó… para mi gran suerte solamente la pierna me fracturé y la llegada de una joven de rojo carmesí vi. ¡Era Caperucita!, quien con delicadeza se acercó y sus suaves manos en mi pierna apoyó, lentamente me sostuvo en su hombro y con el contrapeso de su pierna la trampa abrió. Y a una casa que desconozco me llevó. Llegamos a una humilde cabaña, claro que yo estaba cojeando y sangrando, y una señora de aspecto mayor me atendió, con sumo cuidado mis heridas curó. Apurada llegó la noche y la angustia me envolvió, por paranoia o demencia me marché, pero no me fijé en los rastros de sangre que dejé. Corrí, sin importarme el dolor, pero la adrenalina me apoyó… A la orilla de un lago cedí y caí desmayada, y de reojo una pantera vi… a mi lado saltó y la espalda me arañó, comprobando si seguía con vida. En el lago se reflejaba la hermosa luna de aquella noche… pero unos pequeños, pero decididos pasos, retumbaban en mi oído que cedía en el pasto mojado; resuelta, me apoyé en la pantera, la que accedió ante mi pedido desesperado de ayuda. Esas pisadas que hace rato sentí, eran de una Caperucita furiosa, quien miraba todo con desdén hacia la pantera, lo que el animal simplemente ignoró, ya que éste solo una capa roja y furiosa vio. Con toda su rabia hacia el hermoso, pero salvaje animal, arremetió. Aún sigo sorprendida: ¿por qué el animal no decidió atacarla?, simplemente esperó, y cuando Caperucita no podía volver atrás, se preparó “para su cacería”, la comenzó a rodear y la joven herida cayó. Caperucita se acercó para ayudarla, en el mismísimo momento en que la pantera se abalanzó hacia ella y la empujó apartándola de mí, tal cual como si fuese su cría. Caperucita no entendía el actuar del animal, pero eso casi le fue fatal. El animal esperaba y atacaba, no de una forma letal, pero sí dando a entender que no debíamos acercarnos… comprendí que esta pantera estaba aquí para complementarme tanto como “el Yin y el Yang”, comprendí que la pantera estaba para ayudarme, no para atacarme, pero Caperucita no desistía. Traté de formar un diálogo, pero ella no entendía, le pedía a gritos que dejara de atacar, pero ella no desistía y la pantera seguía y seguía, hasta que Caperucita me dijo: –“Deberías agradecerme por cuidar tu otro zapato”. Cenicienta miró sus pies y le faltaba un calzado, y el otro estaba impregnado de un líquido aceitoso, siendo que ese no fue el pie que quedó atrapado… miró a Caperucita y en sus manos aún había aceite, quizás la trampa ella había colocado, pero pensó por qué tomaría ese camino, por donde yo tenía que pasar, siendo que la cabaña estaba muy lejos de donde yo me encontraba, hay una gran posibilidad de que hubiese un camino más corto. De tal manera unió los cabos sueltos y comprendió que Caperucita era la causante de su dolor, ¿y el “Lobo”, dónde está? En su cuento nunca se dijo que murió y, además, ¡en este bosque no he visto ningún oso! Cenicienta preguntó ¿Qué hora es? Caperucita respondió: Son las 12 PM, ¿Estás segura de eso? Caperucita dijo: “No hay Sol en este momento…” Cenicienta recordó el reflejo de la luna en el lago y dijo: –¡Pero la luna dice lo contrario! El reflejo demuestra que son las 6 AM, porque la luna está a medio camino y además es luna llena, una noche perfecta para un Lobo, ¿no crees?, pero no tienes miedo, ya que por algo hay trampas de oso… Tan pronto un aullido se escuchó y el lobo del bosque salió, era imparable, corría desesperado contra su presa marcada de rojo, la pantera a la Caperuza empujó y protegió; el lobo, sin pensarlo, se abalanzó, pero la pantera en sus ojos ira e impotencia vio y corriéndose de su camino a la Caperuza sentenció.

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Desde ese momento las canastas de manzanas se perdieron y el delicado canto de una joven Caperuza desapareció… un grito de dolor quebró el ambiente y por todo eso acabó. El “lobo” por fin se satisfacía y lentamente se alejó. Cenicienta se dio cuenta de que la pantera no existía y que Caperucita verdaderamente a ella atacaba y que simplemente ese animal bello y salvaje era su verdadero ser que simplemente se desató para defenderse. Finalmente, se alejó en el crepúsculo de la oscuridad y de la luna y una cabaña de “Dulces” y gritos de niños escuchó y pensó: “Basta de cabañas por hoy”. Alumna: Eylinn Villanueva Curso: 2º medio, Liceo Técnico Profesional Santa Rosa, Rancagua.

CUARENTENA EN MENOS DE CIEN PALABRAS Oh, querida cuarentena, tan temida y pedida a la vez, que nos cuida y nos calaveriza también, ¡que pase rápido! antes de que llegue mi vejez. Oh, perversa cuarentena que me haces elegir, ¡ser o no ser! ¡salir o no salir! esa es la cuestión, será difícil aquella decisión. Oh, cuarentena, tú que eres tan aburrida, tú que eres la que nubla mis días, eres tú la que nos priva la salida, y soy yo el que anhela salir de aquella pesadilla. Alumna: Jehison Peralta Curso: 2° medio D, Escuela Industrial Salesiana Cristo Redentor, Copiapó.

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AMOR RECÍPROCO Afuera cuesta un poco distinguir El sol arriba o tu sonreír Los edificios se derrumbarán La gente viene y luego se va Y estoy girando en un espiral El tiempo pasa y sin preguntar Y en las calles se oyen murmurar, susurrar voces llenas de intranquilidad. Intentar despegar, dejar la bulla atrás Y podernos tomar un té y algo más Lejos de la ciudad, de su inmensidad. Y no sé por qué sigues estando aquí Pero me gusta que estés. Y aunque es poco lo que quiero decir Espero que me puedas oír Quisiera ya poder enumerar (un, dos, tres) Risa, besos y películas Y en el parque sentarnos a hablar un rato más De las cosas que nadie quiere hablar. Y ver el sol bajar y la noche subir Y poder madrugar no importa el lugar Solo estar junto a ti Y verte sonreír. Alumno: Vicente Hernández Colegio Polivalente Don Orione, Cerrillos.

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¿CUÁNTO PESA TU VASO? Cuarentena, creo no ser la única que pensó que cuarentena eran cuarenta días. Ese viernes estaba en mi sala de clases con la cabeza llena de metas que, sí o sí debiera cumplir este año 2020, estaba contenta porque al fin estaba en mi especialidad, párvulo, que desde que tengo memoria la amé. Ya habían pasado dos meses desde que decretaron cuarentena para mi comuna y las cosas en mi hogar se volvían tristes, mis papás casi no se hablaban, mi mamá se volvía casi loca por tanto encierro. Yo, por otro lado, me sentía perdida, no sabía qué iba a pasar con mi especialidad. Pasó marzo, pasó abril y con ello mayo. Debo decir que mayo fue el mes más difícil que me tocó vivir en esta cuarentena porque mis papás se separaron y en mi casa quedamos mi mamá, mi hermano, mi sobrino y yo. Tuve que ser la mano derecha de mi mamá en todo momento. El dinero no estaba alcanzando para cubrir los gastos básicos de la casa y se me ocurrió la idea de salir a vender ensaladas a la calle; pasó de todo, conocí a personas que fueron capaces de ayudarnos sin siquiera conocernos, gente que nos miraba raro solo por estar en una esquina vendiendo.

ella y le di el siguiente ejemplo: Tomé un vaso de agua y le pregunté: –¿Cuánto crees que pesa este vaso con agua? Ella me respondió: –Creo que 200 o 250 gramos. Yo contesté que el peso no importaba, lo que importaba es cuánto nos pesa, y eso depende de cuánto tiempo lo sostenemos. Si lo sostenemos un minuto no hay problema, si lo sostenemos una hora nos dolerá el brazo, y si lo sostenemos un día el brazo se entumecerá y se paralizará. Mi mamá se quedó mirándome sin entender nada, la miré y le dije: –Eso pasa con las preocupaciones que tienes en tu cabeza, mamá. Si piensas un rato en ellas, no pasa nada; si piensas un poco más, comienzan a doler, y si piensas en ellas todo el día, te paralizarás y serás incapaz de vivir. Pasaron los días y noté que reía más, gritaba menos y apreciaba más las cosas pequeñas. Hasta hoy somos una familia más pequeña que en enero, tenemos menos cosas materiales que un año atrás, pero… qué importa realmente si tengo las mejores zapatillas o el mejor televisor, si tengo a la mejor mamá del mundo que me sacó adelante sin importar cuánto pesara su vaso. Alumna: Denise Guerrero Curso: 3º medio E, Colegio Técnico Las Nieves, Puente Alto.

Un día mi mamá estaba cansada de lo que estábamos viviendo y quise ayudarla, quizá no monetariamente, pero sí psicológicamente, así que me puse a averiguar cómo ayudar a las personas que se encierran en sus problemas y no ven que a veces las cosas que nos hacen felices están al lado de nosotros y no lo notamos porque solo estamos pendientes del mañana y no de lo que tenemos ahora en el presente. Al día siguiente estábamos desayunando, eran tipo 9:15 am, mi mamá estaba callada leyendo en Google las últimas cifras que había dicho el ministro de Salud. Me puse de pie al frente de

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EL GIGANTE ES MI AMIGO En las faldas de una gran montaña vivía en total soledad un famoso gigante. A escasos kilómetros de su casa vivía una dulce y encantadora niña llamada Caperucita Roja. Se notaba que la pequeña era feliz, pues contaba con una hermosa familia conformada por su madre y su abuela. Un día, Caperucita Roja decidió aventurarse e ir a conocer la montaña, porque ella disfrutaba de la naturaleza. En este interesante recorrido encontró una casa gigante, se acercó a ella lentamente para investigar, se detuvo a la entrada, dio un empujoncito a la puerta y entró sin temor, fue de un lado para otro y observó que todo en aquella casa era extremadamente grande, ventanas gigantes, asientos gigantes, puertas gigantes. La pequeña, como era tan curiosa, ingresó hasta la cocina, y grata sorpresa se llevó, había una torta gigante sobre la mesa, se acercó a ella y, sin pensarlo, se decidió a probarla, no podía negarse a esa tentación, una torta de chocolate, su favorita. De pronto, escuchó un ruido y decidió averiguar qué era, estaba por salir de la cocina, cuando la sorprende un hombre gigantesco. A Caperucita Roja le provocó mucho temor, pues había reconocido que se trataba del ¡Gigante Egoísta!, quien con su fruncido ceño observaba a la niña, dándole a entender su enojo por haberse atrevido a probar de su torta. –¿Por qué has entrado a mi casa sin permiso? –le pregunto el Gigante. Caperucita recordó que al Gigante no le gustaban los niños, y con voz temblorosa, le contestó: –Disculpe, señor Gigante, perdón por entrar a su casa sin su permiso, solo quería averiguar qué misterio encerraba este enorme lugar y no me pude resistir a probar de su torta. El Gigante la miró con dulzura y le sonrió; aun cuando le pareció una niña amorosa, la despidió rápidamente, pero sin negarle un trozo de aquella exquisita torta de chocolate. Caperucita Roja, de regreso en su hogar, conversó con su madre y su abuela de lo ocurrido, mientras compartían el trozo de torta que aquel

hombre le había regalado. La pequeña decidió que al día siguiente visitaría al Gigante Egoísta, y le llevaría algo para el té, pancito amasado calientito, una mantequilla y una paté. Cuando llegó a la casa del Gigante, lo saludó muy cariñosamente y le dijo: –Buenas tardes, señor Gigante, ayer me sentí muy arrepentida de haber entrado a su casa sin su permiso y haber comido un poco de su torta; hoy le traje pancito amasado, mantequilla y paté para compartir con usted. El hombre, un poco incrédulo, y a raíz de tanta insistencia de Caperucita, aceptó tomar el té. Se sentaron a la mesa, con pan en mano, se dispusieron a conversar. Fue una tarde agradable, la pasaron muy bien riendo. Se oscureció y Caperucita tenía que regresar a su casa. El gigante comprendió que nunca había sido tan feliz. Cierto día, la pequeña tuvo un resfriado muy fuerte, y tuvo que quedarse en su casa por tres semanas. El gigante, preocupado, se preguntaba con extrañeza qué será de Caperucita, echaba tanto de menos su compañía, hasta que un día decidió ir a visitar a la niña, hizo su mejor torta de chocolate y se animó. Llegó hasta un pequeño hogar y con su dedo meñique golpeó la puerta, retumbó toda la casa, salió la madre de Caperucita y el Gigante le preguntó: –¡Hola, madre! ¿Estará Caperucita? –¡Hola, señor Gigante! Me da mucho gusto conocerlo, Caperucita nos ha hablado mucho de usted. Alumna: Hellen Espinoza Curso: 2º medio, Liceo Técnico Profesional Santa Rosa, Rancagua.

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PINOCHO SE VUELVE EGOÍSTA Pensando en su última travesura, Pinocho se alejaba de la ciudad pensando en lo aproblemadas que viven las personas, a tal punto que ya han perdido completamente el sentido del humor. Pronto llegará la primavera y Pinocho se preparaba para vender juguetes junto a su padre. En esa misma época, la ciudad estaría de aniversario y seguramente mucha gente la visitaría, esa sería una buena instancia para ganar bastante dinero. Durante el arduo trabajo que ejecutaban Pinocho y su padre, sostenían interesantes conversaciones. El pequeño preguntaba a su padre por qué él no podía decir mentiras, su progenitor le respondía que él era un niño de bien y que resultaba de gran valor decir la verdad. Tras recibir aquella respuesta, el niño rezongaba porque, al no poder decir unas mentirillas blancas y no hacer pequeñas travesuras, lo llevará más adelante a ser un viejo serio, amargado y egoísta. Al oír tal afirmación, el papá le manifestó que él no será así, ya que decir la verdad, actuar con sinceridad, es uno de los valores más importantes entre los seres humanos. Pinocho, muy enojado, salió a caminar por las praderas, sin darse cuenta de que se había alejado lo suficiente como para no recordar el camino de regreso. Un poco desorientado, se encontró frente a una imponente reja de muchos metros de alto, capaz de tocar las nubes. –¡¿Qué rayos hace esta casa en este lugar?! –se preguntaba el niño. Al sentirse impactado por aquel inmenso caserón, pensó rápidamente en cómo poder entrar a él, así que comenzó a rodearlo hasta encontrar algún espacio para ingresar. La buena suerte estaba del lado de Pinocho, pues logró entrar por un espacio parecido a una guarida de ratas. Ya dentro de ella se percató de que el patio estaba nevado y que se sentía un intenso frío. Pino-

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cho pensó que el invierno estaba atrapado allí. Terminando con aquel pensamiento, de pronto se escucharon unos ensordecedores gritos repletos de ira. Se trataba de un hombre de apariencia muy gigantesca, rabiosa y egoísta. Pinocho se quedó quieto, mudo y atemorizado. Se escabulló prontamente al interior de la casa y solo se limitaba a observar detenidamente las acciones de este descomunal hombre. Se daba cuenta de que este poseía características de egoísta, lloraba y criticaba mucho a las personas de las ciudades aledañas. Pinocho no aguantó más, salió de su escondite, se enfrentó a este hombre y sostuvieron la siguiente conversación: –¿Por qué criticas tanto a las personas si tú eres el que vive aislado de ellas? –¿Quién eres tú? ¿Cómo entraste a mi casa? –Soy Pinocho, el niño de madera y entré hasta aquí solo por curiosidad. –¡Ya mataste tu curiosidad, puedes irte! –Estás enojado con los de afuera, ¿cierto? –¡Eso no es asunto tuyo! –¡Yo también estoy molesto con los demás, siempre critican mis travesuras y me hacen mentir solo para verme crecer la nariz y se burlan! –¡Por culpa de niños como tú, traviesos, es que me fui de la ciudad para que nadie me molestara! –¡Eres un gigante y aparte eres un egoísta, solo piensas en ti y en estar tranquilo y no aceptas la diversión, las travesuras, eres igual que todos! –¡No necesito de nadie de afuera, solo quiero estar tranquilo en mi casa! –A mí me gustaría quedarme para siempre en este lugar tan bello y tú deberías estar allá, con todas las personas egoístas de la ciudad. El Gigante, reflexionando sobre lo que le había dicho el pequeño, lo miró fijamente y le dijo: –Quizás tengas un poco de razón, he dejado pasar la vida sin hablar con nadie y por primera vez en muchos años, estoy conversando con alguien, aunque este alguien sea de madera. Pinocho, al escuchar la confesión del Gigante, se puso muy contento y le contó que su papá lo había creado justamente porque se sentía solo y de


la noche a la mañana él se vio con vida. –¡Suerte la de tu padre! –le dijo el hombre–, yo me volví egoísta cuando falleció mi hijo. ¡Mi amado ochonip!, con tan solo ocho años murió sin causa alguna. Después de un prolongado silencio, Pinocho, muy agitado, le comentó: –¡Un momento, tu hijo tenía ocho años, y mi edad es ocho años, y se llamaba ochonip y ese nombre es Pinocho al revés! ¡Yo soy la reencarnación de tu hijo! Un largo silencio invadió aquel instante, y repentinamente, sin darse cuenta siquiera, se dieron un fuerte abrazo. Alumna: Mariana Elías Curso: 2º medio, Liceo Técnico Profesional Santa Rosa, Rancagua.

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EN CASA ESTÁS SEGURO Puedo jurar a los cielos que yo iba a huir de esta relación que desde años me estaba desgastando y dañando, estaba confiada de que mis hijos y yo abandonaríamos esa vida, confié en el gobierno porque se estaban tardando en tomar medidas respecto al virus, pero mientras recibía un puñetazo, llegó de golpe la cuarentena, publicidad de “quédate en casa” y mis planes de irme a vivir con una amiga a las afueras de la ciudad se destruyeron por el cordón sanitario. Estoy segura de que, si no me mata este virus, lo hará él. Alumna: Sigrid Valenzuela Curso: 4º medio G, Liceo TP Ernesto Pinto Lagarrigue, Rancagua.

DEVUÉLVEME MI LUNES Como cada día domingo, me encontraba paseando por la calle Huamachuco, tomando mi helado favorito, ¡me gusta el clásico de piña! Al momento de probar el primer bocado, escucho en una radio fuerte y claro: Y se suspenden las clases en todo Chile. Por un momento no creí lo que escuchaba, saqué de mi bolsillo esa pequeña carta que escribí con tanto cariño, ¡te quiero de siempre!, primera vez que quería ir al colegio, solo quería a esos ojos negros hablarles del corazón. Llego a casa y pregunto: ¿Quién robó mi lunes?, mi madre me mira y dice: Un murciélago. Alumno: Jorge Miranda Rivera Curso: 8º A, Escuela Industrial Salesiana Cristo Redentor, Copiapó.

TRANSPORTE FANTASMA Todos los días, a eso de las 8:00 a. m., por Juanita y Eyzaguirre, aparece un transporte fantasma de color azul, con el logotipo “Colegio PuenteMaipo”. Tiene apariencia oscura y tenebrosa, no se ve nada por dentro, en la cabina todo es negro, no se observa el conductor, nadie sabe quién es, tampoco su nombre, ni lo han visto bajarse. Vuelve a las 5:00 p. m. para continuar su recorrido. Los niños se preguntan: ¿Lo has logrado ver tú? Y mientras sus voces dicen que no, sus miradas cuelgan fijamente hacia el fondo del pasillo más largo. Alumno: Eros Villarroel Cordero Curso: 7º B, Colegio Puente Maipo, Puente Alto.

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REENCUENTRO I Los patios lloran, ya no se escucha tu cantar Pasillos vacíos… tanta soledad Me duele el alma, el timbre sin sonar no hay anuncio, los alumnos ya no están. II Me perdí en la oscuridad de un frío despertar Ya no estaban los maestros ni mis compañeros más Ay de mi amiga, no la podré abrazar El uniforme colgado, ya no podremos regresar. III Experiencias nuevas, clases online Classroom, guías, exámenes, hay que trabajar En época de pandemia, ¿quién se lo iba a imaginar? El celular sería una herramienta fundamental. IV Pero, no te rindas, la fe es primordial… Cumpliremos las metas, sin descansar Siempre que te esfuerces, lo conseguirás Y si Dios así lo quiere, Algún día nos volveremos a reencontrar. Alumna: Anais Bravo Curso: 7º B, Escuela Agrícola Salesiana Don Bosco, Linares.

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TIEMPO ESTANCADO He visto amaneceres, lluvias, tormentas, atardeceres, He visto las hojas caerse en otoños fríos por la helada de la madrugada, He visto la luna posarse desde que está nueva hasta cuarto menguante. Pero no he visto que el tiempo se estanque, que todo se detenga, que las horas avancen y yo no pueda avanzar, he visto y pasado por muchas cosas, pero jamás algo así. El tiempo me detiene, la tormenta me opaca, mi casa se ha convertido en mi mayor refugio o en mi mayor prisión, ya no veo a la gente, solo veo ojos llenos de miedo y preocupación, ¿pasará todo esto algún día? es la pregunta que todos se hacen, pero la que nadie sabe responder. Nada, nada se puede hacer, el virus se propagó en las calles como un tsunami al parecer, La gente pierde la esperanza de algún día florecer, pero el camino no está escrito hasta el recorrer. Mis pasos esperarán sedientos de un nuevo camino encontrar, Porque mis ojos nunca se cerrarán antes de mis sueños lograr, El tiempo estará estancado, pero eso no me impedirá volar. Alumno: Leonardo Villalobos Escuela Agrícola Salesiana Don Bosco, Linares.

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ABSORBIDO Después de la pandemia todo fue diferente, la tecnología avanzó rápidamente, gracias a eso se pudo terminar rápido el coronavirus, lo malo fue tener que estar encerrado y aburrido. Algunas cosas quedaron atrás, como los colegios y universidades. Era lunes, subí mis gafas de realidad virtual, pasé mi mano por el sensor del computador y comencé a jugar, pero algo estaba mal, sólo lo ignoré, comencé a jugar Roblox. Cuando terminé, mi computador comenzó a hacer un ruido extraño, lo malo era que el sitio de Roblox era pirateado. Fui absorbido por el sitio y supe rápidamente que debía escapar. Alumno: César Olave Sáez Curso: 6° básico B, Liceo Técnico Profesional Jorge Sánchez Ugarte, Concepción.

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CÍRCULO CON ESPINAS 2020, un año congelado, el año que pensé que sería de cambios, por ser mi primer año de enseñanza media, el sueño de asistir al liceo O.C.B. se ha derrumbado. Desperté una mañana y ese círculo con espinas aún estaba entre nosotros, ¡esto es muy loco! ¿cómo un simple virus cambió nuestras vidas? Al comienzo nadie entendía nada, había que lavarse las manos, tapar la boca, no abrazar, no besar, separarnos de quienes más queremos, nuestra familia y amigos, solo porque ese círculo con espinas no debía seguir expandiéndose. Al pasar el tiempo, días, horas, meses, nos encierran, todo cambia, ya no sabíamos el día que vivíamos, todos los días pasaban iguales. Las cifras de contagiados siguen en aumento y con ello los fallecidos a causa de este círculo con espinas. Esto ya es una pesadilla a nivel mundial. Clases online, teletrabajo y todo vía internet. Pero, no olvidar la mala señal, no da abasto, se cae, se cae, reuniones, clases con mala señal, y uno aprende a medias detrás de una pantalla. Autoridades comienzan a confinar a las personas y llegan las famosas cuarentenas; hasta para sacar al perro había que solicitar permiso, ¡qué loco! Permisos para salir… Largas filas en el comercio, almacenes de barrio… las compras que se hacían en minutos ahora son horas tras horas… El círculo con espinas aún sigue entre nosotros, ya han pasado unos seis meses y seguimos igual, encerrados en nuestras casas.

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Los cubrebocas son la nueva moda, hay de todos los colores, de artistas, con logos, mensajes. La gente se vuelve más solidaria, aprende a ponerse en el lugar del otro, las ollas hirviendo, el pan amasado, son entregados en los comedores abiertos en las poblaciones. ¿Será que este círculo con espinas vino a cambiar el mundo, nos habrá convertido en buenas personas? Alumno: Sebastián Araya Curso: 1° medio A, Liceo Técnico Profesional Óscar Corona Barahona, La Calera.

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ESTACIONES Después de pasar día tras día admirando el paisaje desde mi ventana, he comenzado a notar como el clima cambia sin la intervención del humano. A lo largo de la cuarentena presencié cómo el otoño afectó mi jardín convirtiéndolo en un paisaje de colores cálidos, lleno de hojas secas y de fuertes vientos. Después de un tiempo, el viento se volvió más violento y el clima más furioso. Además, vi cómo mi vista se tiñó de blanco y finalmente, después de varios años, pude observar el esplendor del invierno en su máxima expresión, dejando que todo siga su curso natural. Alumna: Katalynna Muñoz I medio A Liceo Polivalente San José de la Preciosa Sangre, Quinta Normal

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ILUSIONES MAÑANERAS Había una vez, en una comuna muy lejana, alejada de todo el ruido mundano, una niña que soñaba un mundo irreal. Cada mañana por su ventana veía un mundo lleno de ilusiones. Cada pedazo de madera tenía algo que contar, un paraíso que mostrar, un sinfín de emociones, todas compactas y calladas, ya que dentro de cada plancha de madera que cubría su visual, todos los colores y formas se asomaban como visiones. Lo más importante era el uso de la imaginación, cada día podía volar y soñar con muchos lugares, gracias a la pared que desde su ventana podía observar. Alumna: Alicia González Paillalef 4° básico B Liceo Polivalente San José de la Preciosa Sangre, Quinta Normal

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