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A4 4.7cSi lo piensa bien no lo comería

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Si lo piensa bien... ¡No lo comería! Noviembre-Diciembre 2019 Douglas S. Winnail Las leyes dietéticas en el libro del Levítico, para mucha gente, están entre las instrucciones más desconcertantes de la Biblia. Quienes las cumplen desde hace milenios en cierta forma se han separado del resto del mundo, y al hacerlo ha sido motivo de controversias. ¿Por qué prohibió Dios el consumo de ciertas carnes? ¿Deben seguirse esas instrucciones en la actualidad? Desde hace siglos, muchos críticos han afirmado que las indicaciones dietéticas del Levítico son arbitrarias e irracionales, producto de primitivas supersticiones consideradas un mandato divino. Por otro lado, especialmente quienes han sentido en carne propia los beneficios de esas leyes, las consideran sabias y razonables; tal como se esperaría de algo dictado por Dios. Pese a lo que digan los detractores, el hecho es que Dios proclamó que sus leyes son para nuestro bien y que prolongan la vida: “¡Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre!... para que viváis y os vaya bien, y tengáis largos días en la tierra que habéis de poseer” (Deuteronomio 5:29, 33). Sus ordenanzas en materia alimenticia no fueron arbitrarias, sino que se dictaron para nuestro provecho. Siendo así, ¿por qué inspiró Dios ciertos pasajes en el Nuevo Testamento que parecerían abolirlas? ¿Acaso un Creador omnisapiente se contradice? Si usted se ha hecho preguntas como estas, le conviene estudiar el tema a fin de llegar a la verdad. El Dios Todopoderoso nos reta en estos términos: “Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21). ¡Las respuestas pueden cambiar el rumbo de su vida y mejorar su salud! La Biblia revela varias razones importantes para sus leyes alimentarias. En el Éxodo aprendemos que Dios eligió a la nación de Israel para que cumpliera un propósito especial (Éxodo 19:5-6). Dispuso las leyes dietéticas para que Israel fuera distinta de las demás naciones. Pero ¿por qué? A Moisés le dijo: “Yo el Eterno vuestro Dios, que os he apartado de los pueblos. Por tanto, vosotros haréis diferencia entre animal limpio e inmundo… Habéis, pues, de serme santos, porque yo el Eterno soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos” (Levítico 20:24-26). Dios eligió a Israel para que fuera una nación modelo, luz y ejemplo ante el resto del mundo, sobre el bien y el mal, lo santo y lo profano (Deuteronomio 4:6-8).


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