El arte de la guerra
Título original: 孙子兵法 © de la traducción del chino, introducción y notas: Luo Huiling y Mariola Moncada Durruti, 2026 © de esta edición: Arpa & Alfil Editores, S. L. Primera edición: junio de 2026 ISBN: 979-13-88182-08-2 Depósito legal: B 10791-2026 Diseño de colección: Enric Jardí Diseño de cubierta: Anna Juvé Imagen de cubierta: Fude, destacado oficial manchú de la dinastía Qing (s. XVIII) Maquetación: Àngel Daniel Impresión y encuadernación: CPI Black Print Impreso en Sant Andreu de la Barca Este libro está hecho con papel proveniente de Suecia, el país con la legislación más avanzada del mundo en materia de gestión forestal. Es un papel con certificación ecológica, rastreable y de pasta mecánica. Si te interesa la ecología, visita arpaeditores.com/pages/sostenibilidad para saber más. Arpa Manila, 65 08034 Barcelona arpaeditores.com Reservados todos los derechos. Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida por ningún medio sin permiso del editor.
Sunzi
El arte de la guerra Traducción del chino, introducción y notas de Luo Huiling y Mariola Moncada Durruti
índice iNTRODUCCIÓN DE Luo Huiling. El legado de Sunzi en nuestro tiempo
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INTRODUCCIÓN DE MARIOLA MONCADA Durruti. Un clásico sensato para tiempos convulsos
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EL ARTE DE LA GUERRA I. Sobre los cálculos iniciales 计篇
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II. Sobre la conducción de la guerra 作战篇
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III. Sobre la estrategia ofensiva 谋攻篇
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IV. Sobre la forma 军形篇
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V. Sobre la fuerza 兵势篇
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VI. Sobre lo vacío y lo sólido 虚实篇
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VII. La pugna en el enfrentamiento 军争篇
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VIII. Las transformaciones 九变篇
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IX. El despliegue del ejército 行军篇
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X. El terreno 地形篇
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XI. Los nueve tipos de terreno 九地篇
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XII. El ataque con fuego 火攻篇
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XIII. El uso de los espías 用间篇
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Biografía de Sunzi por Sima Qian
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COMENTARIOS SOBRE EL ARTE DE LA GUERRA
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INTRODUCCIÓN
EL LEGADO DE SUNZI EN NUESTRO TIEMPO El arte de la guerra de Sunzi fue concebido en China hace más de dos mil quinientos años, hacia el final del periodo de las Primaveras y los Otoños, y es considerado el «clásico sagrado de la ciencia militar». No solo constituye una obra fundacional de la teoría militar mundial, sino también un tesoro de sabiduría que trasciende el tiempo y atraviesa fronteras culturales. Hoy, este texto de poco más de seis mil caracteres ha sido traducido a decenas de idiomas y se aplica globalmente en ámbitos tan diversos como la competencia empresarial, la diplomacia, el deporte e incluso la toma de decisiones personales.
EL ARTE DE LA GUERRA EN LA MENTALIDAD ESTRATÉGICA CONTEMPORÁNEA Más que un tratado sobre la guerra, esta obra ofrece claves para comprender la conducta humana, la toma de decisiones y la gestión de situaciones complejas en la
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vida cotidiana. Su lectura contribuye a desarrollar una forma de pensamiento caracterizada por la prudencia, el autocontrol y la capacidad de anticipación, cualidades todas ellas que resultan aplicables a prácticamente cualquier esfera de la vida social. El pensamiento de Sunzi subraya la importancia de evaluar cuidadosamente las circunstancias antes de actuar, evitando así decisiones impulsivas o basadas en percepciones incompletas. Puesto que la forma más elevada de victoria consiste en «someter al adversario sin combatir», invita a resolver los conflictos mediante la inteligencia y el diálogo, en lugar de recurrir a la confrontación directa. Esta lógica de la guerra se refleja también en la jerarquía estratégica propuesta por Sunzi, que privilegia la anticipación y la comprensión del otro. En el ámbito de la vida cotidiana, ello se traduce en una actitud orientada a prevenir los problemas antes de que se agraven, a buscar soluciones equilibradas y a evitar escaladas innecesarias. El pensamiento fomenta una cultura de la contención y la armonía. En un mundo marcado por la incertidumbre y la complejidad, la capacidad de mantener la calma en situaciones adversas y de actuar con mesura constituye una virtud cívica. En este sentido, El arte de la guerra puede leerse hoy como una obra que, más allá de su contexto original, ofrece orientaciones valiosas para cultivar una mentalidad reflexiva y una forma de interacción social basada en la responsabilidad y la búsqueda de soluciones no conflictivas.
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EL ARTE DE LA GUERRA Y EL ORDEN MUNDIAL CONTEMPORÁNEO En el debate contemporáneo de las relaciones internacionales, Sunzi vuelve a estar de moda. El peso de China y su fulgurante ascenso de las últimas décadas han propiciado este giro tras los acontecimientos que cierran este primer cuarto del siglo XXI. En 2012, Graham Allison enunció la teoría de la «trampa de Tucídides», una teoría que afirmaba la tendencia histórica al conflicto entre una potencia emergente y otra dominante, y ofrecía una concepción casi fatalista de la guerra. Años más tarde el mismo Allison cuestionaba en su obra Destined for War: Can America and China Escape Thucydides’s Trap? si China y Estados Unidos, como potencias emergente y dominante respectivamente, serían capaces de superar la trampa, una cuestión de trascendencia mundial. Frente a esta concepción casi fatalista de la guerra, la voz de Sunzi cobra cada vez más fuerza, ya que ofrece una alternativa clara: no asumir el choque como inevitable, sino gestionarlo, desactivarlo o incluso evitarlo mediante la inteligencia, el cálculo y el manejo de la situación. La tradición china, heredera de Sunzi, propone una racionalidad estratégica orientada no a vencer en la batalla, sino a hacerla innecesaria. Las ideas y reflexiones contenidas en El arte de la guerra adquieren una relevancia particular en el contexto actual de transformaciones que están teniendo lugar a nivel mundial. La prolongación del conflicto en Ucrania y las tensiones persistentes en Oriente Medio reflejan un entorno internacional cada vez más complejo, en el que
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los conflictos combinan dimensiones militares, políticas, tecnológicas e informativas. En este escenario, los principios formulados por Sunzi —como la prudencia en el uso de la fuerza, la prioridad del cálculo estratégico y la preferencia por soluciones indirectas— ofrecen un marco de referencia significativo para repensar la seguridad internacional. Su énfasis en evitar la confrontación directa siempre que sea posible conecta con la necesidad contemporánea de privilegiar el diálogo, la negociación y los mecanismos multilaterales como vías para la resolución de disputas. El valor de este pequeño gran clásico reside en mostrar el marco filosófico en el que se basa China para exponer su teoría sobre la gobernanza global. Frente a enfoques basados en la confrontación o en la lógica de suma cero, China promueve una visión del orden internacional orientada al beneficio mutuo, al multilateralismo y a la cooperación. Una perspectiva que subyace en los «Cinco Principios de Coexistencia Pacífica», axiomas de la política exterior china desde los años cincuenta del siglo XX, y que siguen constituyendo una referencia fundamental de su proyección internacional. Asimismo, iniciativas como la Iniciativa de Seguridad Global, la Iniciativa de Desarrollo Global, la Iniciativa de Civilización Global y la Iniciativa de Gobernanza Global reflejan una concepción holística de la seguridad, que no se limita solo al ámbito militar, sino que integra múltiples dimensiones. En este marco, la seguridad se entiende como un bien compartido, inseparable del progreso común y de la estabilidad a largo plazo.
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Desde esta perspectiva, la propuesta de construir una «comunidad de futuro compartido para la humanidad» puede interpretarse como una formulación contemporánea de una tradición de pensamiento que privilegia la armonía sobre la confrontación. Esta visión se vincula también con el reconocimiento del papel creciente del llamado Sur Global en la configuración del orden internacional, así como con la aspiración a una gobernanza más inclusiva y representativa. En este sentido, El arte de la guerra no solo constituye un legado intelectual del pasado, sino también una fuente de inspiración para comprender la manera en que China articula hoy su posición en el mundo: como una potencia en ascenso que, sin renunciar a su desarrollo, afirma no perseguir la hegemonía, sino contribuir a un orden internacional más equilibrado. En un momento en que el sistema internacional experimenta cambios profundos, la relectura de esta obra permite no solo redescubrir la vigencia de sus enseñanzas, sino también comprender mejor las aportaciones de la tradición estratégica china al pensamiento global. Sus principios de prudencia, contención y resolución indirecta de los conflictos ofrecen herramientas conceptuales para superar las inercias del pensamiento de suma cero y avanzar hacia un modelo de relaciones internacionales basado en el respeto mutuo, la equidad, la justicia y la cooperación de beneficio compartido, orientado en última instancia hacia la paz duradera y la prosperidad común, anhelos que sin duda comparte todo el género humano.
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¿POR QUÉ ELEGIR LA EDICIÓN COMENTADA DE HUANG PUMIN? La presente traducción al español se basa en la edición anotada de Huang Pumin, coronel y catedrático del Instituto de Estudios Nacionales de la Universidad Renmin de China, reconocido especialista contemporáneo en estudios militares chinos. Entre las numerosas versiones comentadas existentes, hemos optado por la suya porque logra el mejor equilibrio entre rigor académico, claridad interpretativa y aplicabilidad contemporánea. Para que el lector hispanohablante comprenda mejor esta elección, conviene exponer brevemente las ventajas de esta edición y situarla en el contexto de una tradición exegética de más de dos mil años. A lo largo de su transmisión histórica, El arte de la guerra se ha articulado principalmente en tres grandes sistemas textuales: las versiones en tiras de bambú (竹简本), la edición del Canon Militar (武经本) y la tradición de los comentarios de los once maestros (十一家注本). El coronel Huang Pumin adopta como texto base la edición grabada en madera de la dinastía Song del Sur titulada El arte de la guerra comentado por once autores, que reúne las anotaciones de figuras eminentes como Cao Cao y Du Mu, entre otros, y se considera una versión fiable con una transmisión textual bien establecida. Sobre esta base, la edición de Huang Pumin incluye un extenso aparato crítico en cada uno de los trece capítulos de la obra: una introducción, el texto original en chino antiguo, la traducción al chino actual, y una profusa
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sección de notas y comentarios. Este último epígrafe, el núcleo más valioso de la obra de Huang Pumin, nos ha proporcionado una base interpretativa sólida y detallada y ha resultado extraordinariamente útil a la hora de traducir esta obra al español. Solo una comprensión precisa del tono intelectual y conceptual del original permite evitar errores de interpretación derivados de una lectura literal, y aquí la autoridad del propio Huang Pumin es indiscutible. Además de haber alcanzado la categoría de coronel en el ámbito militar, posee una trayectoria académica singular: es doctor en Historia, fue colaborador del Departamento de Estudios Estratégicos de la Academia de Ciencias Militares del Ejército Popular de Liberación de China y actualmente es profesor en el Instituto de Estudios Nacionales de la Universidad Renmin de China, así como miembro permanente de la Asociación China para el Estudio de El arte de la guerra. Esta doble formación —erudición histórica y experiencia en el ámbito militar— confiere a su interpretación tanto el rigor de la investigación filológica como la claridad de una visión estratégica. Su edición es una de las que mejor conjuga, en los estudios contemporáneos sobre la obra, el valor académico y la legibilidad; tomarla como base para la traducción al español permite preservar en la mayor medida posible la fisonomía intelectual del texto original. LUO HUILING
INTRODUCCIÓN
UN CLÁSICO SENSATO PARA TIEMPOS CONVULSOS «孙子曰Sunzi dice». Con esta breve y contundente fórmula arranca cada uno de los trece capítulos que componen El arte de la guerra. El chino, a diferencia del español, del latín o del ruso, es lo que en lingüística se denomina una lengua aislante. Esto significa que carece de flexión: las palabras no se modifican mediante terminaciones para expresar género, número, tiempo o persona, sino que permanecen invariables, y es el contexto el que determina su función y sentido. El verbo 曰 en chino clásico no expresa un tiempo verbal específico, solo la acción de «decir»; admite tanto la lectura en pasado «dijo» como en presente «dice». En esta traducción hemos optado deliberadamente por traducirlo en presente, porque con este giro de nuestra lengua que sí es flexiva y, además, extraordinariamente rica en matices con los tiempos verbales, subrayamos el carácter atemporal y la vigencia de las enseñanzas del maestro Sun, o Sunzi, como se le ha conocido por
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incontables generaciones de chinos, autor del tratado que el lector tiene entre sus manos.
EL AUTOR Como la gran mayoría de los clásicos de la China antigua, El arte de la guerra no está exento de polémica en cuanto a su autoría. El gran historiador del siglo II a. C. Sima Qian, a menudo comparado con Heródoto, es quien nos proporciona la referencia que se ha mantenido en la historiografía china tradicional: Sunzi sería, según Sima Qian, el general Sun Wu, un célebre militar que vivió a caballo entre los siglos VI y V a. C. al servicio del rey Helyu del estado de Wu. De haber viajado al otro extremo del continente euroasiático, nuestro general podría haber presenciado la victoria triunfal de su colega griego Milcíades contra el poderoso imperio persa en Maratón, o tener una interesante charla con Heráclito o Pitágoras, personajes que, sin duda, le habrían resultado interesantes en extremo. No obstante, muchos estudiosos de El arte de la guerra, tanto chinos como occidentales, se muestran escépticos acerca de la datación de la obra —a la que consideran claramente posterior— y también acerca de la historicidad de este general Sun Wu. Según esta corriente, Sunzi no sería un personaje histórico sino una figura legendaria, solo un nombre al que se acogieron varios autores que, en diferentes momentos y con distintos añadidos, llegaron a conformar un tratado homogéneo y completo sobre El arte de la guerra.
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Frente a esta postura escéptica, Huang Puming, autor del manuscrito que hemos utilizado para esta traducción, mantiene una actitud intermedia; no cuestiona la historicidad del maestro Sun, pero sí admite que El arte de la guerra no es una obra unitaria escrita de una sola vez. Según Huang Puming, este clásico es la suma de un núcleo original, atribuido al célebre general Sun Wu, y de interpolaciones de otros autores posteriores que se habrían ido añadiendo a lo largo del proceso de transmisión de la obra, como resultado de las exégesis y comentarios a los que había sido sometido el tratado en sucesivas generaciones de comentaristas. Sea como fuere, obra de un solo autor o fruto de varias plumas a lo largo de unos cuantos siglos, la redacción final de El arte de la guerra presenta un estilo sorprendentemente homogéneo. Conforme vayan desfilando sus ojos por las líneas, el lector va a encontrarse con Sunzi, un personaje con, digamos, bastante personalidad, que cuando habla no sugiere, ni evoca, ni siquiera polemiza; Sunzi se dirige al lector con aplomo, contundencia y asertividad; es un general, y, como tal, su palabra es de todo menos superflua. Lo que sí es indiscutible es que El arte de la guerra ha sido, durante más de dos milenios, el clásico por excelencia en estrategia militar en China y en gran parte de la esfera asiática. La lucidez de su contenido ha suscitado en muchas mentes un uso más extenso, no relegando sus enseñanzas exclusivamente a la esfera militar, sino a cualquier situación que requiera la solución a un conflicto. Cuando Sunzi afirma con aplomo cómo debe ser el estratega sabio
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o el general victorioso, en realidad interpela a un elenco humano mucho más amplio. Este tratado por supuesto se dirige a militares y diplomáticos, no en vano se habla de arte de la «guerra», pero también puede dar lecciones en los negocios, en la política, en la familia… He aquí la grandeza de este pequeño gran clásico: en poco más de seis mil caracteres, el general Sun disecciona la anatomía del conflicto y nos ofrece soluciones que son aplicables a cualquier «batalla» que libremos en esa guerra tan desgarradora como hermosa que es la condición humana.
LA CHINA DE SUNZI El arte de la guerra es una de las muchas perlas escritas en lo que podríamos llamar el clasicismo chino, un periodo de aproximadamente cinco siglos (siglos VIII-III a. C.) cuyo telón de fondo fue el lento declive político de la última de las grandes dinastías antiguas, la dinastía Zhou. Los monarcas Zhou, tras un periodo de esplendor que marcó un antes y un después en la civilización china, fueron perdiendo el poder fáctico progresivamente a manos de la nobleza. Los señores feudales, encumbrados en sus señoríos a cientos de kilómetros de la capital, Luoyang, acabarían erigiéndose como reyes de sus territorios y conformando el mosaico de reinos que era la China preimperial. El clasicismo chino coincide con un momento de gran atomización política, una era que la historiografía tradicional china (escrita en tiempo imperial, todo hay
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que decirlo) ha descrito como una era de caos y de guerras. ¡Cuántos lamentos de insignes consejeros políticos de la antigüedad producía el anhelo por la unidad del imperio! Pero, al mismo tiempo, estos tiempos convulsos coinciden con el momento más fecundo desde el punto de vista filosófico que jamás ha tenido China. En esa época transitaron por China personajes como el autor del Daodejing, Laozi (o su leyenda), Confucio, Mencio, Hanfeizi o Zhuangzi, sabios antiguos que, con sus mentes y sus corazones, forjaron la grandiosa y profunda tradición del humanismo chino, todavía tan desconocida en Occidente. Tras una intensa competencia de escuelas filosóficas, fueron tres las corrientes de pensamiento las que cristalizaron al final de este periodo: la escuela taoísta, centrada en la armonía con el dao y la primacía de lo natural; la tradición letrada confuciana, orientada al orden moral, la ética social y el buen gobierno; y el legismo, que propugna un Estado fuerte basado en la ley, la disciplina y el control. Varios siglos más tarde irrumpirá el budismo que, atravesando la Ruta de la Seda desde la India, terminará de conformar la esencia del «alma china». China distaba mucho, por tanto, de ser un imperio unificado. El declive de la dinastía Zhou en la época de las Primaveras y los Otoños (770-481 a. C.) dio alas a los señores feudales, que competían militarmente por adquirir poder e influencia. Lejos quedaban aquellos monarcas sabios y benevolentes que habían reinado en el orbe chino en los albores del primer milenio antes de nuestra era: el muy sabio rey Wen, a quien se atribuye la autoría del Yijing o Libro de los Cambios, y el gran pacificador,
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el duque de Zhou, a quien Confucio evoca melancólicamente —¡quinientos años después de su muerte!— como arquetipo político de la bonhomía y el buen gobierno. «¡Cuán grande es mi decadencia! —dice Confucio en las Analectas—; hace ya tiempo que no sueño, como solía, con el duque de Zhou». A partir del siglo V a. C. los antiguos señores feudales habían ganado el pulso por completo al poder imperial y sus feudos se habían transformado en auténticos reinos, espacios políticos con una rivalidad bélica cada vez más potente. Esta es la época de los Reinos Combatientes, donde situamos históricamente la redacción de El arte del guerra y donde adquiere plenamente sentido su contenido. Del texto podemos inferir que es el resultado de un proceso de maduración intelectual que refleja la profunda transformación de la política, y por tanto de la guerra, en esta época de la historia china. De un tipo de guerra aristocrática y ritual propia de la época de las Primaveras y los Otoños, se pasa a una guerra más técnica y estratégica; en definitiva, a la profesionalización de los ejércitos. La época de los Reinos Combatientes concluirá a finales del siglo III a. C., cuando Qin Shi Huang, el rey de Qin, un personaje célebre y terrible de la historia china, se proclame emperador tras haber vencido militarmente a todos los reinos vecinos y unificado el espacio chino inaugurando la historia imperial de China. La fulgurante expansión del estado de Qin y la unificación de todos los estados chinos en 221 a. C. constituyen, en cierto
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modo, la plasmación histórica de los principios estratégicos formulados en la tradición militar de los Reinos Combatientes, tradición cuya obra nuclear es, indiscutiblemente, El arte de la guerra.
APORTE INTELECTUAL DE LA OBRA El principal aporte intelectual de Sunzi es presentar una lógica de la guerra, donde el punto de partida es que la guerra es, en última instancia, lo que el buen estratega, el general sabio y esclarecido, debe evitar. Toda la estrategia está encaminada a evitar el conflicto bélico, lo que convierte a El arte de la guerra de Sunzi en un tratado de paz más que de guerra. En la guerra, la mejor política consiste en mantener intacto el reino enemigo. Destruirlo es una opción inferior. Mantener intacto su ejército es lo mejor; derrotarlo, algo secundario. Por eso, vencer en todas las batallas no es la excelencia suprema. La excelencia suprema consiste en someter al enemigo sin combatir.
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La guerra, de ser inevitable, debe hacerse con previsión, reflexión, cálculos, y sobre todo, debe ser corta. Por eso, se ha oído hablar de rapidez torpe, pero nunca de una habilidad que se complazca en la duración. Jamás ha existido una guerra prolongada que haya beneficiado a un reino. Quien no comprende los perjuicios de la guerra no puede comprender sus ventajas.
No es Sunzi un adalid del pacifismo per se, como a veces se le ha querido presentar desde cierta lectura romántica, sino un estratega que maneja una noción mucho más sutil de la eficacia. No se trata de una eficacia entendida en términos de acción directa, de intervención visible o de imposición de la fuerza, sino de una eficacia que opera de manera indirecta, casi silenciosa, apoyándose en el curso mismo de las cosas. Esta concepción hunde sus raíces en el trasfondo cosmológico del pensamiento chino, caracterizado por una visión relacional y dinámica de la realidad, en la que todo está interconectado y sometido a un proceso constante de transformación. Desde el juego de alternancias del yin y el yang hasta la comprensión del cuerpo en la medicina tradicional china, la lógica es siempre la misma: no forzar, no romper, no oponerse frontalmente
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al proceso, sino acompañarlo, desviarlo, aprovechar su potencial. Es precisamente en este punto donde adquiere todo su sentido uno de los conceptos clave del pensamiento estratégico de Sunzi: el de shi (势), que traducimos como «fuerza», pero que también se puede entender como «propensión» o «potencial». El buen estratega no actúa imponiendo su voluntad sobre la realidad, sino que sabe leer ese potencial latente en cada circunstancia y apoyarse en él, dejándose llevar por su impulso para obtener el máximo resultado con el mínimo esfuerzo. En este sentido, toda acción que implique un choque directo —ya sea en la guerra o en cualquier otro ámbito— resulta, en última instancia, menos eficaz. La ruptura genera resistencia, desgaste y efectos imprevistos. Por el contrario, la verdadera maestría, el verdadero arte consiste en favorecer una evolución progresiva de la situación, de modo que el resultado se alcance sin violencia innecesaria, minimizando al máximo el coste del enfrentamiento y lo lesivo del choque frontal. Frente a la tradición estratégica occidental —de Alejandro Magno a George S. Patton, de Julio César a Napoleón Bonaparte—, que busca en la batalla el instante decisivo en que la historia se inclina hacia un lado u otro, el momento heroico del general, el pensamiento de Sunzi abre una vía más sutil y, en cierto modo, más calculada. Allí donde estos generales avanzan hacia el choque, concentran sus fuerzas y confían en la energía del combate para quebrar la voluntad del enemigo, el estratega chino prefiere deshacerlo antes: lo desplaza, lo desorienta, lo
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vacía de consistencia hasta que la victoria se vuelve inevitable. No se trata simplemente de dos estilos de combatir, sino de dos maneras de entender la victoria. Para unos, vencer es imponerse en el campo de batalla; para Sunzi, es hacer que ese campo de batalla deje de ser necesario. Hay muchos autores que han querido ver en Sunzi la huella sutil del taoísmo. Lo cierto es que El arte de la guerra no es exactamente una obra filosófica, pues está muy lejos de la profundidad cosmológica del Daodejing o del Zhuangzi y no tiene la hondura moral de Los Cuatro Libros de la tradición Confuciana. El arte de la guerra es un tratado eminentemente práctico, pero está escrito por un estratega culto de la época de los Reinos Combatientes, y su autor (o autores) era alguien evidentemente impregnado del horizonte mental del taoísmo y formado para discurrir en esos pliegues de pensamiento. No resulta difícil en absoluto reconocer en Sunzi principios e imágenes muy afines al taoísmo: la idea de vencer en la guerra no por la fuerza, sino por la inteligencia de lo cambiante; la utilización del símil de agua como metáfora del potencial estratégico; la enumeración de conceptos en pares contrarios y complementarios según el patrón yin yang (lo fuerte y lo débil, lo sólido y lo vacío, lo regular y lo extraordinario…); todas ellas son, efectivamente, delicias propias de una mente taoísta. Son muchas las referencias valiosas en El arte de la guerra que bien pueden servir para el arte de la vida; no vamos a enumerarlas en esta introducción, porque anularíamos en gran parte el poder mágico de evocación que tiene leer al general de primera mano.
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Ojalá esta pequeña joya del clasicismo chino anime al lector a zambullirse en las corrientes, ya tranquilas, ya tumultuosas, del pensamiento chino, y a descubrir con asombro, en su diferencia y alteridad intelectual, la extraordinaria oportunidad de completar el gran puzle que constituye la sabiduría perenne de la humanidad. Sunzi estaría de acuerdo en que esta es una magnífica estrategia para superar el eurocentrismo que tantas veces subyace en nuestros planteamientos y conquistar la cámara secreta del pensamiento chino. Para acercar dos mundos, nuestro general propondría la mejor de las estrategias: audacia intelectual y, al mismo tiempo, humildad —la del agua que, como enseñó Laozi, es «la suprema bondad: blanda y poderosa, desciende siempre, fluye hacia lo más hondo, carece de forma y adopta la del recipiente que la contiene…». ¡Adelante, valientes! Mariola Moncada Durruti
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计篇 I
Sobre los cálculos iniciales Sunzi dice: La guerra es un asunto de vital importancia para el reino. Es el terreno de la vida y de la muerte del pueblo. Es el camino que conduce a la supervivencia o a la destrucción del Estado. Por ello, no puede dejar de ser examinada con detenimiento.
— Han de evaluarse cinco factores fundamentales que afectan tanto a las propias fuerzas como al enemigo. Han de compararse siete circunstancias que permitirán esclarecer la verdadera situación.
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Los cinco factores son: el principio moral;1 el clima; el terreno; el mando; la organización y disciplina.
— El principio moral hace que el pueblo esté en concordia con su soberano, de modo que lo siga en la vida y en la muerte sin temor al peligro. El clima se refiere a la alternancia de luz y oscuridad, de frío y calor, al curso de las estaciones.
1 En el chino antiguo, la palabra que traducimos aquí como «principio moral» es dao (道): uno de los conceptos más arcanos y profundos del pensamiento chino clásico y que ha sido traducido como «vía», «camino», «curso», incluso «sentido». Huang Puming lo traduce al chino actual como 政治 («política», «buen gobierno»). En este primer capítulo queda bien explícito que, para Sunzi, es primordial que el principio moral por parte del soberano se halle en la base de toda consideración sobre la estrategia.