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COLUMBINE

DAVE CULLEN

Traducción de Gabriel Cereceda

Columbine © 2009, Dave Cullen

Dirección editorial: Didac Aparicio

Diseño: Endoradisseny, a partir del diseño original de Hachette Book Group

Maquetación: Endoradisseny

Primera edición: Marzo de 2026

© 2026, Contraediciones, S.L. c/ Elisenda de Pinós, 22 08034 Barcelona contra@contraediciones.com www.editorialcontra.com

© 2026, Gabriel Cereceda, de la traducción © 2024, Dave Cullen, del prefacio © 2010, Dave Cullen, del epílogo © 2016, Dave Cullen, del posfacio © 1999, Steve Peterson vía ZUMA Wire / ZUMA Press Inc. / Alamy, de la imagen de la portada

ISBN: 978-84-10045-38-5

Depósito Legal: B 2729-2026

Impreso en España por Liberdúplex

Queda prohibida, salvo excepción prevista en la ley, cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación de esta obra sin contar con la autorización de los titulares de la propiedad intelectual. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual.

Para Rachel, Danny, Dave, Cassie, Steven, Corey, Kelly, Matthew, Daniel, Isaiah, John, Lauren y Kyle. Y para Patrick, por darme esperanza.

ÍNDICE

TERCERA PARTE: LA ESPIRAL HACIA ABAJO

CUARTA PARTE: RECUPERAR EL INSTITUTO

QUINTA PARTE: EL DÍA DEL JUICIO

PREFACIO

El club de fans de los asesinos de Columbine1

Los tiroteos de multitudes no empezaron en el Instituto Columbine, pero la época del tiroteador de multitudes sí. El plan audaz y los móviles malinterpretados de Eric Harris y Dylan Klebold multiplicaron los riesgos e inspiraron una oleada tras otra de emulación. ¿Cómo podíamos saber que estábamos presenciando la historia de un origen?

La leyenda de Columbine es ficción. Hay dos versiones del ataque: lo que sucedió en realidad el 20 de abril de 1999 y la historia que todos aceptamos entonces. La versión mítica lo explicaba todo de la manera más nítida. Un par de marginados solitarios apodados «la mafia de la gabardina» se fijó el objetivo de los alumnos deportistas para vengarse de años de acoso. A Dwayne Fuselier, el agente especial supervisor que dirigió la investigación de Columbine por parte del FBI, le gusta citar a H. L. Mencken a modo de respuesta a la creación de mitos: «Siempre hay una solución conocida para todos los problemas humanos: ingeniosa, verosímil y errónea».

La leyenda se basa en el acoso, pero los asesinos no lo sacaron a colación en ningún momento en la gigantesca colección de diarios, publicaciones en línea y vídeos que dejaron para explicarse. El mito era tan insidioso porque a los despiadados asesinos les asignaban el papel de héroes de los inadaptados de todas partes. Fuselier avisó de lo atractivo que resultaría aquel mito a cualquiera que se sintiera aislado. A los pocos años, la naciente comunidad de seguidores se encontraría en las redes sociales, donde ha operado desde entonces.

1. Este artículo de Dave Cullen apareció originalmente publicado en The Atlantic el 19 de abril de 2024. El autor ha preferido que sea este texto, y no el prólogo que encabezaba la «25th Anniversary Memorial Edition» de 2024, el que abra esta versión en castellano. [Todas las notas son del traductor a menos que se indique lo contrario.]

Por todo el mundo idolatran a Eric y Dylan como paladines de los «donnadies». Eric odiaba a los donnadies. Se burlaba de ellos sin piedad en su página web y en su diario. No era un solitario ni un marginado, y Dylan tampoco. Eric y Dylan dejaron claro en sus escritos que planearon el ataque por motivos personales egoístas, desde luego no para ayudar a los chicos de la parte más baja de la cadena alimentaria social a los que ridiculizaban.

Ellos no eran de la mafia de la gabardina. Ellos no eran nazis ni supremacistas blancos, y ellos no planearon el ataque el día en que nació Hitler. Ellos no se fijaron el objetivo de los alumnos deportistas, de los cristianos, o de los negros. Ellos no se fijaron ningún objetivo concreto. Ellos dispararon al azar y diseñaron las bombas para matar de forma indiscriminada. Aquí termina el «ellos»: sus personalidades, totalmente opuestas, impulsaron unas motivaciones opuestas. Los psicópatas carecen de empatía; Eric era un psicópata sádico que mató para el engrandecimiento y el disfrute personal. Dylan padecía una depresión suicida y se odiaba a sí mismo. Eric lo convenció para que castigara al mundo por el dolor que este le causaba, en vez de castigarse a sí mismo. Columbine era un plan suicida, pero el «Día del Juicio», como lo llamaron, Dylan mostraría al mundo aquel «alguien» que no habíamos visto nunca.

Los asesinos de Columbine tienen admiradores. Los seguidores en línea que adoran a Eric y Dylan se extienden por casi todos los continentes, y crecen por muchas plataformas. En Rusia, el Gobierno, atormentado por una explosión de seguidores y también de tiroteos de multitudes, calcula que hay más de setenta mil miembros. Se autodenominan la TCC, es decir, la «True Crime Community», y los últimos quince años los he pasado en gran parte dentro de su mundo en línea. Mi libro Columbine me convirtió en el enemigo número uno por el hecho de retratar a Eric y a Dylan como unos asesinos despiadados.

En 2016 una admiradora joven tuiteó: «Oye @DaveCullen bloquéame o tiroteo el instituto». Llevaba horas despotricando, colgando fotografías de tiroteadores escolares y tuits como: «También es algo que necesita mucha gente, Morir… Ojalá estuviera muerta…

ME GUSTA LA VIOLENCIA… Quiero que me maten delante de un público… Creo que alguien no consiguió abortarme (:».

Marjory Stoneman Douglas High School

Fr eeman High School Washington: 2017

Townville Elementary School

Carolina del Sur: 2016

Colégio Goyases

Brasil: 2017

Connecticut: 2012

Colegio Cervantes México: 2020

Aztec High School Nuevo México: 2017

Umpqua Community College

Oregón: 2015

Seattle Paci c University Washington: 2014

Forest High School Florida: 2018

Lycée Alexis de Tocqueville Francia: 2017

Danforth Avenue Canadá: 2018

Sandy Hook Elementary School

Centro comercial Ridderhof Holanda: 2011

Per ry Hall High School

Maryland: 2012

Waller Texas: 2012

Orange High School Carolina del Norte: 2006

Granite Hills High School California: 2001

Florida: 2018 Dawson College Canadá: 2006

Arapahoe High School

Colorado: 2013

Northern Illinois University Illinois: 2008

Geschwister-Scholl-Schule Alemania: 2006

W.R. Myers High School Canadá: 1999

Pine Middle School Nev ada: 2006

Centur y 16 Colorado: 2012

Instituto Kauhajoki Finlandia: 2008

Red Lake High School Minnesota: 2005

Heritage High School Georgia: 1999

COLUMBINE

Littleton, CO: 20 de abril, 1999

Fo r t Gibson Middle School

Oklahoma, 1999

Noblesville West Middle School Indiana: 2018

Hudson Valley Mall Nueva York: 2005

Virginia Tech Virginia: 2007

Santana High School California: 2001

Gutenberg-Gymnasium Erfurt Alemania: 2002

Springwater Trail High School Oregón: 2007

Deer Creek Middle School Colorado: 2010

Nizhni Nóvgorod Rusia: 2020

Instituto Jokela Finlandia: 2007

Sparks Middle School Nevada: 2013

Escuela Kronan Suecia: 2015

E.E. Prof. Raul Brasil Brasil: 2019

Weston High School Wisconsin: 2006

New Life Church / Youth With A Mission Colorado: 2007

Escuela Albertville Alemania: 2009

Centro comercial Columbia Maryland: 2014

WDBJ Roanoke Virginia: 2015

Weis Markets P ennsylv ania: 2017

STEM School Highlands Ranch

Colorado: 2019

Escuela n.º 88 Rusia: 2022

FedEx, Indianápolis Georgia: 2014

Escuela n.º 175 Rusia: 2021

Islamic Cultural Centre de Quebec Canadá: 2017

Instituto Politécnico de Kerch Ucrania: 2018

Universidad Estatal de Perm Rusia: 2021 Safeway Oregón: 2022

Estos adolescentes están atrapados en una tragedia estadounidense que no deja de empeorar.

He tratado de dejar esta historia muchísimas veces, pero este diagrama me obsesiona, al ampliarse inexorablemente como una telaraña incontenible y devorar todas las vidas y todos los futuros a su paso. Exige que abordemos la causa… veinticinco años tarde. Esa telaraña está formada por cincuenta y cuatro tiroteos de multitudes donde han muerto casi trescientas personas y más de quinientas han quedado heridas. Y todos los armados dejaron pruebas de que los asesinos de Columbine los inspiraron o influyeron. El efecto Columbine.

Las bombas de Eric y Dylan fallaron. Sin embargo, la leyenda los volvió heroicos para sus epígonos y dio origen a la comunidad de seguidores. En el décimo aniversario, ya se había formado un pequeño grupo de «columbineros» en línea. La TCC, Ted Bundy, el pequeño de los hermanos Tsárnayev, Dylann Roof y otros eran polos de atracción para ellos, pero Eric y Dylan son las superestrellas. Los grupis se multiplican a medida que las nuevas cosechas de adolescentes pasan a engrosar sus filas cada temporada.

La mayoría de los armados muere en el atentado, de modo que los cincuenta y cuatro ataques detallados en el diagrama solo son aquellos de los que tenemos conocimiento y que se llevaron a cabo. Una investigación de 2015 de Mother Jones a propósito de los imitadores de Columbine halló más de dos ataques frustrados por cada uno cumplido. Identificó a catorce conspiradores que se habían fijado el objetivo del aniversario de Columbine y a trece que se habían esforzado por superar el número de muertos. Los tiroteadores de multitudes que han sobrevivido han reconocido que competían entre sí.

Todos los caminos llevan de vuelta a Columbine. Seung-Hui Cho, el tiroteador del Instituto Politécnico de la Universidad de Virginia, escribió en un trabajo de clase que quería «repetir Columbine» y que idolatraba a los «mártires» de aquel centro. El asesino de la Universidad del Norte de Illinois marcó una tercera generación, inspirado explícitamente en el Instituto Politécnico de la Universidad de Virginia y también en Columbine. Sandy Hook fue la cuarta generación: Adam Lanza había estudiado a los tres. Después seis tiroteadores escolares más aludieron a Sandy Hook y a Columbine. Cinco generaciones de repercusiones, y todas recrearon la leyenda original.

La mayoría de los primeros columbineros eran solo adolescentes curiosos interesados en la mente criminal o en el análisis de Columbine. Muchos todavía lo son, y con frecuencia sus análisis son provechosos. Muchos están enfadados por llevar la mancha de la reputación del grupo, pero los han superado en número los recién llegados que se declaran admiradores sin ningún reparo. Muchos utilizan los rostros de los asesinos a modo de avatar, ensalzan sus virtudes y componen poemas de amor, fanficción o memes sangrientos a propósito de ellos. Sue Klebold afirmó que la había escandalizado la cantidad de cartas que había recibido donde calificaban a Dylan de «heroico», y la de chicas que decían: «Ojalá pudiera tener un hijo con él».

Lo poco que saben estos grupis de los asesinos con que se obsesionan es irónico. No dejan de repetir la desinformación desacreditada hace décadas, convencidos de que es correcta porque se ha extendido perjudicialmente al dogma de la TCC. La TCC tergiversa la historia para cambiar los papeles de los asesinos por los de las víctimas, y los de los muertos, heridos y traumatizados por los de los malos. Los grupis no originaron estos mitos: nosotros los de los medios de comunicación cargamos con esa vergüenza. Pero los grupis son ahora los portadores, al propagar la leyenda de Dylan y Eric hasta lugares remotos del planeta.

Setenta mil es una fracción muy pequeña de la población adolescente, pero un imán para una cohorte peligrosa de muchachos marginados, desafectos y desesperados: una reserva importante de tiroteadores en potencia. La mayoría de los miembros de la TCC dice abiertamente que aprueba los asesinatos de Columbine, a menudo en sus perfiles. Han convertido a Eric y Dylan en héroes populares, y los exaltan como si fueran ángeles vengadores. Adam Lanza se obsesionó con los asesinos de Columbine y pasó años inmerso en estos grupos en línea. Luego mató a veinte críos y a seis adultos en el Colegio de Primaria Sandy Hook. La sorpresa: la mayoría de los miembros de la TCC con los que he tratado se define como marginada y torpe, desesperada por encajar. La TCC los acepta de buena gana. Parece que la TCC mola —Eric y Dylan molan mogollón— y entonces por fin a ellos les parece que molan. Encuentro desgarrador oírlos relatar el dolor que soportan en los centros educativos y la simpatía que

sienten por «Dylan» y «Eric», los personajes ficticios que han construido. Estos chicos se indignan cuando les digo que los demás miembros de la TCC me han asegurado lo mismo: que fingen lo mismo, seguros de que todos los demás van en serio. ¿Adam Lanza creyó a los que afectaban una pose? Nunca lo sabremos, pero podemos tener la seguridad de que mientras lean estas páginas algún crío angustiado y solitario estará pensando en perpetrar un ataque en alguna parte, y la única comunidad en la que confía le grita: ¡Adelante!

Muchos chicos fantasean con la idea de matar. Dos días después de Columbine, Salon publicó «Inadaptados que no matan», donde tres personas confesaron sus fantasías juveniles a propósito de ejecutar una masacre. Se informó ampliamente del fenómeno aquella semana. Pero ninguna de esas personas hizo nada, porque sabían lo espantoso que habría sido cumplir la fantasía. Dentro de la burbuja de la TCC, el mensaje constante es que, si los compañeros de clase te martirizan, matarlos no es solo moral, es heroico y noble.

La TCC tiene un comportamiento revelador: los tiroteos reales la desconciertan. Los posts se vuelven sosegados, respetuosos e incluso tristes después de que algún joven desazonado haya respondido a la llamada de la comunidad. Aprecio el cambio al instante, porque el acoso constante al que me someten para en seco… hasta pasadas un par de semanas. Parkland fue distinto: pasaron seis meses antes de que empezara otra vez el goteo de insultos, y no he recibido una amenaza de muerte en los seis años que han transcurrido desde entonces. ¿Por qué? No tengo ninguna manera de estar seguro, pero puedo conjeturar con cierta base que David Hogg, X González y los demás chicos de March for Our Lives de repente molaban más que los jóvenes tiroteadores. Y eran mucho más poderosos. Eric y Dylan no eran poderosos: el plan que tenían fracasó. Habían planeado poner bombas en Columbine, que es la táctica principal de los terroristas. Pensaron que iban a iniciar una tragedia en tres actos: las bombas de la cafetería iban a matar al instante a seiscientas personas; la que llamaron la parte «divertida» iba a ser coser a tiros a cientos de supervivientes, y las bombas enormes de los coches colocados en el aparcamiento fuera iban a ser el golpe de gracia. Aquellos temporizadores estaban preparados para que explotaran cuarenta y cinco minutos después del primer estallido y aniquilaran a muchísimos su-

pervivientes más y a los primeros que acudieran a prestar socorro, en directo por la televisión nacional. La representación de los asesinos de Columbine estaba escenificada como el telefilme de terror más apocalíptico de la historia estadounidense. Eric se quejó en su diario de que su «público» no iba a comprender. En eso acertó. En todo lo demás se equivocó.

Todas las partes salieron mal. Todas las bombas grandes fallaron. Eric y Dylan bajaron a la cafetería en un último paso desesperado para activar las bombas con disparos y un cóctel molotov. No surtió efecto. Los expertos en psicópatas aseguran que se aburren después de las primeras muertes, y es probable que Eric hubiera perdido interés. El retroceso de la escopeta le había roto la nariz, de modo que pasó ese rato con un dolor agudo. Los policías se negaron a matarlos con las botas puestas, que era como ellos habían descrito la bajada del telón. El olor de toda la sangre y de los cuerpos que ya estaban descomponiéndose era insoportable. Sin más alternativas, los dos se pegaron un tiro en la cabeza.

Cuesta imaginar una forma de morir más repulsiva y lamentable. Sin embargo, los admiradores nunca han hecho frente a esa desagradable realidad, porque se afianzó la historia opuesta, donde Eric y Dylan eran los cerebros del «peor tiroteo escolar de la historia de Estados Unidos».

El efecto Columbine se ha vuelto global. Ha inspirado tiroteos de multitudes en Finlandia, Suecia, Brasil, México, Canadá, Francia, Alemania, Países Bajos, Ucrania y Rusia, además de ataques con cuchillos y hachas en sitios tan remotos como Siberia. En 2022 Rusia calificó el «movimiento Columbine» en línea como grupo terrorista. A fin de acatar la resolución, mi editor me pidió que repudiara el grupo en la traducción rusa de Columbine. Las matanzas inspiradas por aquellos autores ineptos son la cosa más repugnante que ha exportado Estados Unidos en el plano cultural.

Sé cuándo la TCC coloniza una nueva región, porque empiezo a recibir un aluvión de insultos en otro idioma. Es un contagio social. Los investigadores han definido los tiroteos escolares como el equivalente estadounidense de los atentados terroristas suicidas: una ideología acompañada de una táctica. Es un fenómeno creciente que se perpetúa por sí mismo.

Los grupis de Columbine no tienen ni idea de que están exportando una superchería. Los medios de comunicación pusieron en marcha todo esto hace veinticinco años. Desmentir una leyenda es una tarea formidable. Solo será posible cuando los medios de comunicación por fin empiecen a transmitir lo lamentables y espantosos que fueron los últimos momentos de los asesinos. Los admiradores tienen que oír esa desagradable verdad. Eric y Dylan mataron salvajemente a chicos inocentes por sus prioridades egoístas y mezquinas y murieron como unos tristes fracasados.

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