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LA METAMORFOSIS

Título original: Die Verwandlung

© de la traducción y prólogo: José Rafael Hernández Arias, 2025

© del posfacio: Lorenzo Silva, 2025

© de esta edición: Arpa & Alfil Editores, S. L.

Primera edición: septiembre de 2025

ISBN: 979-13-87833-13-8

Depósito legal: B 12995-2025

Diseño de colección: Anna Juvé

Maquetación: Àngel Daniel

Impresión y encuadernación: CPI Black Print

Impreso en Sant Andreu de la Barca

Este libro está hecho con papel proveniente de Suecia, el país con la legislación más avanzada del mundo en materia de gestión forestal. Es un papel con certificación ecológica, rastreable y de pasta mecánica. Si te interesa la ecología, visita arpaeditores.com/pages/sostenibilidad para saber más.

Arpa Manila, 65 08034 Barcelona arpaeditores.com

Reservados todos los derechos.

Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida por ningún medio sin permiso del editor.

Franz Kafka

LA METAMORFOSIS

Traducción y prólogo

de José Rafael Hernández Arias

Posfacio de Lorenzo Silva

PRÓLOGO

El relato La metamorfosis (Die Verwandlung), o «La transformación», como algunos prefieren traducirlo, ha cautivado a lectores durante décadas. Para desentrañar su sentido se han investigado minuciosamente todos los entresijos de su gestación, y abarcar la avalancha de interpretaciones que ha suscitado se convierte en una empresa ardua. Asombra que un texto, cuya primera edición de 1915, en la colección Der jüngste Tag de la editorial Kurt Wolff,1 contaba 72 páginas, haya desencadenado semejante interés entre el público lector y el mundo académico. El monumental estudio de Hartmut Binder dedicado exclusivamente a esta «obrita» ocupa 600 páginas.2

1 El texto se había publicado con anterioridad en la revista Die weissen Blätter.

2 Hartmut Binder, «Kafkas Verwandlung». Entstehung. Deutung. Wirkung, Stroemfeld Verlag, 2004.

Gracias a la correspondencia de Kafka y a sus diarios no entraña ninguna dificultad seguir el proceso creativo del relato. En la cronología de su vida, bosquejada por el gran experto en el escritor praguense, Reiner Stach,3 leemos que el 17 de noviembre de 1912 escribe a su novia Felice Bauer que estaba en la cama, deprimido, porque no le llegaba ninguna carta y que entonces se le ocurrió la idea de la metamorfosis, obra que esperaba poder compatibilizar con el trabajo en El desaparecido. A partir de aquí se encuentran numerosas referencias al relato, manifestando el disgusto que le producía interrumpir la narración y anotando los momentos que dedicaba a escribir, sobre todo a partir de la medianoche, pues Kafka era, ante todo, un escritor nocturno.

Concluyó el relato el 6 de diciembre de 1912 y comunicó a Felice Bauer su insatisfacción con el final. Más adelante, consignará en su diario que tiene un final ilegible, imperfecto casi hasta la raíz. En cualquier caso, no debió de quedar tan descontento con el resultado, pues envió el manuscrito a Franz Blei, a Robert Musil y a Franz Werfel, quien, en una carta, le escribió: «Es usted tan puro, tan nuevo, tan independiente y consumado que en realidad habría que tratarle como si ya estuviera muerto y fuera inmortal».

Durante el periodo posterior leyó la obra a sus amistades con frecuencia. Enterado el editor Kurt Wolff de

3 Reiner Stach, Kafka von Tag zu Tag. Dokumentation aller Briefe, Tagebücher und Ereignisse, Fischer, 2018.

la existencia de la pieza literaria, pidió a Kafka que se la enviara, petición que le repitió con insistencia, por las dudas que albergaba el autor. Kafka le responderá que le gustaría publicarla junto con El fogonero y La condena en un solo volumen bajo el título «Hijos», ya que, según Kafka, los tres textos estaban relacionados interior y exteriormente. Entre ellos existía una conexión evidente; más aún, una conexión secreta.

¿Cuál podría ser esta conexión secreta? Son tres estudios literarios sobre la posibilidad de emanciparse del padre y de la familia, de lograr una independencia que libere de unos vínculos considerados asfixiantes y que permita llevar una vida auténtica. Y estos vínculos se conciben en términos de relaciones de poder y de lucha. Pero al mismo tiempo gravita sobre los protagonistas un sentimiento de culpa, difuso y opresivo, de origen desconocido. Para entender el relato, por lo tanto, es importante conocer el contexto biográfico de Kafka, pues él mismo declaró «yo soy mis historias». Ahora bien, este contexto, tomado en su sentido más banal, desde luego no esclarece del todo, ni mucho menos, las intenciones del autor. Es probable que La metamorfosis sea el relato más desesperanzado y provocador de los mencionados. Sirviéndose de la fábula animal, de rancia raigambre en la literatura y, como ha destacado Karl Grözinger,4

4 Karl Erich Grözinger, Kafka und die Kabbala. Das Jüdische im Werk und Denken von Franz Kafka, Fischer, 1994.

frecuente en muchos textos cabalísticos para expresar el tema de la expiación y la culpa, Kafka expresa el sentimiento de exclusión social y de falta de perspectivas vitales. Recordemos también la tradición judía del Gilgul, de la transmigración de las almas como castigo a un comportamiento inmoral. En los tres relatos parece emitirse una sentencia por la cual se castiga el hecho de que el protagonista haya traicionado sus propias inclinaciones existenciales.

Cuando Gregor Samsa despierta una mañana, convertido en una suerte de escarabajo (algunos lo identifican con una cucaracha; Vladimir Nabokov, en su Curso de literatura europea, 5 se inclina por el coleóptero, pero con ojos humanos), se limita a plantear hipótesis causales que sorprenden por su aparente desconocimiento del fenómeno inaudito que le ha acontecido. La metamorfosis se produce durante el sueño, y es precisamente el sueño uno de los temas recurrentes en Kafka que ofrece otra de las claves del relato. En un pasaje suprimido del primer capítulo de El proceso, se encuentra la siguiente reflexión: «Es curioso», dice Josef K., «que cuando uno se despierta temprano encuentra todo, al menos en general, en el mismo sitio en que quedó por la noche». Se requiere, continúa diciendo, una infinita presencia de ánimo, o más bien un ingenio pronto, para poder captar todo lo que está ahí cuando abres los ojos, 5 Vladimir Nabokov, Curso de literatura europea, Libro Amigo, 1987.

en el mismo lugar donde lo dejaste por la noche. «Por eso», concluye, «el momento del despertar es el más arriesgado del día; una vez superado sin haber sido desplazado de tu lugar, se puede uno quedar aliviado para el resto de la jornada».

Al sueño le es inherente una faceta subversiva de la que Kafka era consciente, de ahí su fascinación por los sueños, que se vislumbra en el carácter onírico de sus personajes y en los paisajes y ambientes en que se mueven.6

Esto no quiere decir que la obra de Kafka sea susceptible de interpretaciones freudianas. El mismo Kafka rechazó esta aproximación y manifestó su rechazo del psicoanálisis. En cualquier caso, la furia hermenéutica ha intentado destripar y descomponer el relato con tal contundencia que comprendemos al Kafka de diecinueve años cuando dijo, refiriéndose a la filología germánica, que debería arder en los infiernos. Cierto es que el relato de Kafka sigue resistiéndose a cualquier interpretación dogmática y cada lector saca sus propias conclusiones, fascinado por su fuerza narrativa. Tal vez, para entender el relato, fuera más provechoso recurrir a las influencias confesadas por el mismo Kafka, que cita a Flaubert, Kleist y Dostoyevski como sus parientes sanguíneos, y agregar a Kierkegaard y a Grillparzer, así como ciertas tradiciones judías, hoy muy desconocidas, pero que inspiran claramente varios motivos kafkianos.

6 Vid. Franz Kafka, Aforismos, visiones, sueños, Valdemar, 2024.

Hay que añadir que la fascinación que ejerce el relato de Kafka no obedece exclusivamente a la excentricidad enigmática del argumento: un viajante de comercio que se convierte en un escarabajo y cuya conversión incide a su vez en una transformación positiva de la familia. Es el fruto de la obsesión perfeccionista de Kafka, que deja de lado cualquier preciosismo y emplea una prosa depuradísima, hipnótica, que toma como referente el lenguaje científico y jurídico. No sé si, como dijo Nabokov, Kafka es el escritor alemán más grande de nuestro tiempo. O si a su lado, poetas como Rilke o novelistas como Thomas Mann son enanos o santos de escayola. Lo que sí queda claro es que nadie había escrito como Kafka y nadie lo ha vuelto a hacer después de su muerte. Y no me refiero a una imitación, sino a alcanzar sus cotas de pureza lingüística, de precisión y, sí, también de frialdad.

La primera traducción al español de La metamorfosis vio la luz en 1925, en la Revista de Occidente, en dos entregas correspondientes a los meses de junio y julio, como ha recogido Paz Gago en un artículo en la misma revista de junio de 2024.7

Sorprende, indudablemente, la precocidad con que se tradujo este texto al español, pues se adelantó en tres

7 José María Paz Gago, «Primera traducción de un texto de Kafka a una lengua extranjera: La metamorfosis de Revista de Occidente», en Revista de Occidente, junio, 2024, págs. 59-68.

años a la traducción francesa y doce años a la inglesa. El hecho de que la versión de la Revista de Occidente se publicara anónima desató toda índole de rumores y atribuciones. Jorge Luis Borges fue uno de los candidatos de más solvencia. Pero si al principio el autor argentino calló al respecto, pareciendo constatar la atribución, después confesó que no era el autor de esa versión, pero sí de la traducción de otros relatos kafkianos como Un artista del hambre, Un artista del trapecio o La muralla china. Para negar la atribución, adujo que la obra de Kafka se titulaba Die Verwandlung y no «Die Metamorphose», por lo que él habría sabido que la traducción correcta tenía que ser «La transformación», no como la traducción francesa que se había decantado por La metamorphose, en clara alusión a las Metamorfosis de Ovidio.

Jorge Luis Borges ignora que la traducción española, con el título La metamorfosis, se había adelantado a la francesa. Paz Gago llega a la conclusión, bien fundamentada, de que el traductor del texto no pudo ser otro que Ramón María Tenreiro, traductor avezado de autores como Goethe, Hebbel o Stefan Zweig que gozaba de una gran reputación y estaba al tanto de las novedades literarias europeas. En cualquier caso, en los últimos tiempos se ha preferido, siguiendo la reprimenda borgiana, retraducir el título por «La transformación», en un arranque de revancha filológica algo petulante, pues la metamorfosis, al fin y al cabo, se define como la transformación de una cosa en otra o,

figuradamente, mudanza que hace una persona o cosa de un estado a otro. El arraigo del título La metamorfosis y la clara faceta zoológica que incluye tampoco son factores desdeñables.

JOSÉ RAFAEL HERNÁNDEZ ARIAS

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