
Vicente Merlo
![]()

Vicente Merlo

© Vicente Merlo, 2026
Para esta edición:
© Editorial Siglantana S. L., 2026
www.siglantana.com
Instagram: @siglantana_editorial
YouTube: www.youtube.com/siglantanalive
Reservados todos los derechos. No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea este electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal).
Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra. Puede contactar a través de la web www.cedro.org o por teléfono en el 91 702 19 70 / 93 272 04 47.
ISBN: 978-84-10179-86-8
Depósito legal: B 22077-2025
Impreso por Winihard Gràfics, S.L. - Moià (Barcelona) en papel ecológico certificado por FSC®.
CAPÍTULO 2 ALGUNAS DEFINICIONES DE PSICOLOGÍA
TRANSPERSONAL Y LA FIGURA FUNDACIONAL DE STANISLAV GROF ..................................................................... 53 Introducción .............................................................................. 53
Algunas definiciones de Psicología Transpersonal ................... 54
Stanislav Grof: LSD, respiración holotrópica, matrices perinatales, experiencias transpersonales 60
Estados holotrópicos y tipos de experiencias ..................... 61
Más allá de la psiquiatría y la psicoterapia tradicionales .... 69
Sobre el marco general del pensamiento de Grof 71
CAPÍTULO 3 MICHAEL DANIELS, MICHAEL WASHBURN, DAVID R. HAWKING ................................................................. 73
Una visión general e introductoria a la psicología transpersonal: M. Daniels 73
Una teoría transpersonal psicoanalíticamente orientada: Michael Washburn .................................................................... 76
David R. Hawking: experiencias transpersonales, mapa de la conciencia, test kinesiológico 87
CAPÍTULO 4 KEN WILBER Y LA PSICOLOGÍA INTEGRAL ......... 97 Introducción .............................................................................. 97
Obras de Ken Wilber y etapas de su pensamiento .................. 99
Desarrollo y Despertar: Estados de conciencia y estructuras del desarrollo 112
Un enfoque integral ................................................................ 114
Los cuatro cuadrantes ............................................................. 124
El sistema del yo: ego, alma, Testigo, Talidad 128
Disfunciones y patologías en el camino del desarrollo 134
Modalidades de tratamiento (intervenciones terapéuticas) ... 137
Una pregunta que se hacen muchas personas es: ¿qué tiene que aportar en el momento actual la Psicología Transpersonal? La historia de la humanidad ha sido, tradicionalmente, transpersonal, no individual. Cuando nuestro antepasado, el Homo sapiens, se desarrolló en el Paleolítico Superior, hace más de cuarenta mil años, las condiciones ambientales eran tan adversas y el peligro que generaban los depredadores era tan intenso, que un humano aislado tenía nulas probabilidades de subsistir. Por tanto, aprendimos a convivir en grupos de cazadores y recolectores, a colaborar y cuidarnos, olvidándonos de cualquier meta y proyecto personal ante el gran reto común de la supervivencia. Y cuando más tarde, hacia el 6000 a. C., ya en el Neolítico, nos transformamos en sedentarios porque desarrollamos la agricultura y el pastoreo, y establecimos sociedades agrarias, continuamos siendo transpersonales. Dábamos una gran importancia a la identificación con el grupo humano en que vivíamos; la sociedad se encontraba fuertemente estructurada —sin duda demasiado rígida según patrones actuales—, y las omnipresentes normas sociales regulaban la convivencia, siendo mucho más poderosas que los deseos particulares de los individuos. Y así continuaron las sociedades llamadas
INICIACIÓN A LA PSICOLOGÍA TRANSPERSONAL
colectivistas, muchas de ellas permaneciendo hasta la actualidad, manteniendo unos poderosos lazos interpersonales y ponderando más los intereses globales que los personales.
Con la Ilustración y el debilitamiento de las ideas religiosas subsiguiente, la no creencia en una vida ultraterrena produjo que las élites intelectuales considerasen que la fama individual post mortem era la única forma de inmortalidad posible. Muchos expertos consideran que eso fue lo que produjo el ocaso de las culturas colectivistas y el inicio de las sociedades personalistas, como la occidental. En los últimos cien años, este proceso se ha disparado, incrementando la focalización en los logros y el enriquecimiento individuales junto al culto a la personalidad, todo ello a cualquier precio. La consecuencia ha sido una sociedad capitalista y de consumo rampante, con una búsqueda desenfrenada del propio placer junto al desprecio por el resto de los seres vivos y por el planeta.
Por eso ahora, más que nunca, es tiempo de lo transpersonal: solo una conciencia colectiva bien estructurada, más allá de nosotros mismos y de nuestras pequeñas necesidades, prosocial y preocupada por la sostenibilidad del resto de los seres vivos y del planeta, nos unirá en la búsqueda no solo de la supervivencia colectiva —como en tiempos del Paleolítico—, sino en la mayor de las metas posibles: la búsqueda global y sostenible del bienestar y de la felicidad para toda nuestra especie.
De eso habla este libro: de la Psicología Transpersonal, de en qué consiste y cómo desarrollarla, y de su importancia para el ser humano actual. Y quien lo describe es Vicente Merlo, filósofo e indólogo especializado en yoga, hinduismo y budismo, quien ha estudiado en diferentes lugares de India, como Bombay, Pondicherry o Aurobindo, y es el mayor
experto en español de la obra de Sri Aurobindo. Este libro constituye una obra fascinante y clarificadora que agradará a todas las personas interesadas tanto en la psicología, la filosofía o las religiones como en el misterio increíble que constituye el ser humano.
Catedrático de Psiquiatría
Director del Máster de Mindfulness y de la Cátedra de Ciencias Contemplativas
Universidad de Zaragoza
MIS PRIMEROS RECUERDOS DE LA PSICOLOGÍA
TRANSPERSONAL
Los primeros recuerdos que conservo relacionados con la psicología transpersonal proceden de la recomendación que nos hizo Antonio Blay (1924-1985) de leer a Dane Rudhyar y a Ken Wilber. Ninguno de los dos había sido traducido al castellano todavía. No soy capaz de recordar las fechas exactas, pero tiene que haber sido entre finales de los años 70 y comienzos de los 80. Son esas las fechas en las que a través de Manuel Palomar, en Valencia, conocí a Antonio Blay y realicé en varias ocasiones los Cursos de Psicología de la Autorrealización que impartía. La mayoría de ellos los hice en Barcelona –cuando yo todavía vivía en Valencia, y luego en Cartagena y Murcia–, en el centro Martí Codolar, curiosamente a trescientos metros de donde ahora vivo. Creo que solo a uno asistí en Valencia. Y en esa ocasión fuimos a cenar juntos con Antonio (así le llamábamos, aunque la mayoría de quienes le conocen le sigan llamando, más bien, Blay) un grupito de amigos que nos reuníamos en el “Centro de Yoga Aurobindo” de Valencia, dirigido por Manuel Palomar, quien no solo nos introdujo a muchos en el yoga, sino también en la Escuela Arcana y en el conocimiento de Blay. Probablemente
INICIACIÓN A LA PSICOLOGÍA TRANSPERSONAL
fue durante esa cena cuando nos aconsejó leer a Rudhyar y a Wilber.
El propio Antonio Blay ha sido presentado en los últimos años como pionero de la psicología transpersonal en España y me parece justo considerarlo así, del mismo modo que ha sido considerado (y esto lo es con mayor razón todavía) como uno de los precursores del Yoga en España. Inolvidables son, para muchos de nosotros, esos pequeños libritos de la editorial Cedel dedicados a diversos Yogas (raja, bhakti, karma, maha, jñana) y otros no tan breves en otras editoriales, como el de Hatha yoga y el de Tantra Yoga. Buena parte de ellos fueron recogidos posteriormente en un solo grueso volumen titulado Los Yogas.
En mi opinión, Blay merece ser considerado un “psicólogo transpersonal”, aunque sea a posteriori, pues que yo sepa él no usó ese nombre, y difícilmente podría haberlo hecho cuando la psicología transpersonal en España estaba en sus comienzos. Psicólogo era él de formación y de profesión, aunque terminó dedicándose a esos extraordinarios cursos en los que nos reuníamos cerca de cien personas a escuchar –asombradas y cautivadas por su experiencia y su saber– el nítido desarrollo de su curso de psicología de la autorrealización, creo recordar que durante cuatro o cinco días. Y merece ser considerado así porque reunía, además de forma magistral, los principales requisitos que, a mi entender, caracterizan a la psicología transpersonal y al psicólogo transpersonal.
En primer lugar el tomarse en serio, tanto teórica como prácticamente lo prepersonal, lo personal y lo transpersonal. Blay había realizado primero el trabajo sobre sí mismo, y estaba al tanto de las publicaciones recién aparecidas, sobre todo a través de sus viajes a Londres y a París, de donde venía cargado de las últimas novedades. El trabajo
con lo pre-personal queda perfectamente recogido en su diálogo con el inconsciente, en su diálogo con el niño o la niña. El trabajo con lo transpersonal queda perfectamente recogido en lo que él denominaba “la apertura a lo Superior”. Y el trabajo con lo personal puede verse en su propuesta del “centramiento” y en la importancia concedida a lo que podríamos llamar hoy “relaciones personales conscientes”, como manera de desarrollar la afectividad.
También mediante el descubrimiento del “personaje” que uno adopta, tratando de recorrer el camino que imaginariamente conduce desde el “yo-idea” (lo que creo ser) hasta el yo-ideal (lo que me gustaría ser).
Pero, es que además, Antonio Blay no era solo un teórico de tales aspectos de nuestro ser, sino que su búsqueda le había llevado a experiencias tanto en las profundidades como en las alturas, con el inconsciente y con lo supraconsciente, en la Afectividad superior y en la Mente Superior, sin olvidar la Voluntad superior, por utilizar su terminología. De todo ello había en él no solo experiencias muy significativas, sino también una notable realización. No en vano, para muchos de quienes siguieron sus cursos, algunos durante muchos años, era un verdadero “maestro”. Puede verse en la obra recopilada póstumamente Palabras de un Maestro. Y esa unión de teoría y práctica, en el mejor de los casos de comprensión y de realización, es otra de las características del enfoque transpersonal, pues no olvidemos que, en cierto sentido, este término puede verse como un sinónimo de “espiritual”. Por tanto, la búsqueda de la realización espiritual (y con mayor razón si la concebimos de un modo “integral”) caracterizaría a la psicología transpersonal; y no cabe duda de los logros de Blay en esa unión, no siempre fácil en la práctica.
Otro rasgo que me hace no dudar a la hora de considerarlo un verdadero psicólogo transpersonal es su unión de
INICIACIÓN A LA PSICOLOGÍA TRANSPERSONAL
Oriente y Occidente. Tal como suele ser en el caso de bastantes psicólogos transpersonales, de Occidente a través de la psicología; de Oriente a través de la experiencia espiritual, encarnada en algunos Maestros espirituales. Sabemos que Blay viajaba a la India con cierta frecuencia. Y como comentó posteriormente, muy importante fue su encuentro con Ananda Mayee Ma, así como con Mirra Alfassa (La Madre del ashram de Pondicherry y co-creadora del yoga integral y supramental junto a Sri Aurobindo). A Sri Aurobindo no llegó a conocerlo personalmente, pero me consta que fue una de sus influencias mayores. No por casualidad, el enfoque de Blay era un enfoque “integral”.
Un tercer elemento a tener en cuenta en el enfoque de Blay es menos conocido, como no podía ser menos cuando se trata de enseñanzas esotéricas. Y más concretamente a través de la obra de Alice Bailey. Se me quedó grabada la expresión, con el gesto admirativo incluido, en la que decía algo así como: “Cuando creo estar muy elevado, vuelvo a leer la obra de A. Bailey Tratado sobre fuego cósmico y se me bajan los humos”. Más allá de esa significativa frase, me consta que también el reconocimiento de dicha corriente esotérica era muy grande.
Quizás el signo más claro de la influencia que Antonio Blay ejerció en el joven buscador que en esos momentos yo era, sea el hecho de que Sri Aurobindo, por una parte, y Alice Bailey por otra parte, terminarían convirtiéndose en dos de mis influencias mayores. Y en el campo de lo transpersonal, como hemos visto y vamos a ver, Wilber se convertiría, al comienzo sobre todo, en el autor por excelencia de lo transpersonal. Y algo similar sucedería con Rudhyar en el campo de la astrología.
El consejo de Antonio no cayó en saco roto y no tardamos, tanto Manuel Palomar como yo en hacernos con varios
libros de estos dos autores. Recuerdo que el primero que leí de Wilber fue The Atman Project y el segundo Up from Eden. Había que pedirlos a alguna librería, no sé si ya se trataba de Amazon. Y de Rudhyar recuerdo comprar The Astrology of Personality y The Astrology of Transformation, al menos fueron los primeros, pues luego recuerdo, The Planetarización of Consciousness , así como Occult Preparations for a New World . ¡Ah, también An Astrological Triptych , y The Astrological Houses!
La influencia de Blay acerca de Bailey me llevó a estudiar en la Escuela Arcana –por ella fundada– y más tarde a entrar en contacto con V. Beltrán Anglada, quien representaba de modo excelente esa corriente posteosófica. Durante varios años, el grupo de Valencia, junto con otro de Onteniente, veníamos una vez al mes a la charla-encuentro que ofrecía Beltrán en “Amigos de la India”, y luego nos íbamos a cenar todos juntos. Vemos, por todo ello, que las Enseñanzas Esotéricas Contemporáneas han desempeñado un papel central en mi concepción del mundo. Después vendrían otras influencias importantes en esta línea, especialmente la de OMnia (Ghislaine Gualdi/Pastor), y más recientemente, aunque esta ya no podría encuadrarse en la corriente que denomino posteosófica, la de Rodrigo Bazán.
Pero no es cuestión aquí de desarrollar la influencia del “esoterismo” (nombre tan vapuleado y manoseado que preferiría no utilizar ya, pero no he encontrado una alternativa viable hasta el momento, y al mismo tiempo quiero transmitir el respeto que dicho término conserva para mí, cuando pienso en sus aspectos más nobles, elevados y positivos) en mi propia concepción. Tan solo advertir que buena parte de la psicología transpersonal (la mayoría probablemente) no vería con buenos ojos estas veleidades esoterizantes. De hecho, que yo sepa, referencias significativas
INICIACIÓN A LA PSICOLOGÍA TRANSPERSONAL
al esoterismo serio en el caso de la psicología transpersonal no abundan excesivamente, aunque tampoco están totalmente ausentes. Pienso en R. Assagioli, en D. Rudhyar, en cierto sentido en M. Daniels, de modos que veremos en su momento.
No sucede lo mismo con las referencias a Oriente. Al contrario, la mayor parte de las presentaciones de lo Transpersonal incluyen, integran, incluso ponen en un primer plano a una o varias tradiciones orientales. Es el caso de Grof, de Wilber, de Welwood, de Ferrer y de otros muchos. En ocasiones más bien vía hinduismo y concretamente Vedanta o Neovedanta no-dualista (Grof, Wilber), en otras más bien a través del budismo (Wilber, Welwood, Ferrer, etc.). De hecho, hemos dicho ya y repetiremos que la psicología transpersonal se caracteriza también por esa unión entre Occidente (sobre todo a través de la Psicología, pero no solo) y Oriente (sobre todo a través del hinduismo y el budismo, pero no solo).
Pues bien, en mi caso, junto a la influencia de Bailey, Beltrán, Omnia y la tradición esotérica (incluida la teosofía de Blavatsky)1 destaca, con la misma importancia, la influencia de la tradición oriental. En cierta medida el budismo2, pero mucho más claramente el hinduismo3 y muy especialmente el Vedanta y el Yoga integral y supramental de Sri Aurobindo.4 No es casualidad que Blay apreciase tanto el pensamiento y la obra de Sri Aurobindo, que el centro de yoga de Manuel Palomar llevase ese nombre… el caso es que en 1987 marché con una beca del Minsterio de Asuntos Exteriores a la India, para realizar la tesis doctoral sobre el pensamiento de Sri Aurobindo. Los dos años allí transcurridos marcarían un antes y un después en mi vida. Gracias, Antonio Blay por tus enseñanzas, por tus consejos, por tu presencia.
Me fui a India con “el Tibetano” en la cabeza (el Maestro Djwal Kuhl, relacionado con Alice Bailey) y volví con Sri Aurobindo en el corazón. Se unían así una tradición esotérica y una tradición oriental. En 1990, tras los dos intensos años en Pondicherry –en el ashram de Sri Aurobindo–, un año en Lourmarin y Aix-en-Provence (Francia) y cuatro meses en Auroville, leí/defendí mi tesis doctoral en Filosofía, sobre Sri Aurobindo, bajo el título “La Realidad supramental y la Transformación integral”, en la Universidad de Valencia, muy agradecido con Adela Cortina, catedrática de Filosofía moral y política de la Universidad de Filosofía de Valencia, quien se prestó a dirigir la tesis, y a Raimon Panikkar, presidente del tribunal que la juzgaba. Posteriormente tendría la suerte de convivir y trabajar con él en Tavertet durante un año aproximadamente. También en Panikkar asistimos a una extrarodinaria y pionera síntesis de Occidente y Oriente, sobre todo en el campo de lo filosófico-religioso, muy especialmente en el terreno del diálogo inter-religioso. Su pensamiento y el contacto con él, se convirtió también en una influencia importante.
Mientras tanto, la psicología transpersonal no estaba en un primer plano en mi vida, pero iba leyendo algunas de las publicaciones que comenzaron a ser traducidas. Sobre todo las obras de Wilber, que iba comprando y leyendo con gran fidelidad, ahora que la editorial Kairós y la editorial Gaia habían decidido traducirlas. No obstante, resulta obvio por el recorrido esbozado que mi tendencia era más orientalizante y esoterizante que psicologizante. Quizás situado más bien entre los “ascendentes” que entre los “descendentes” (véase en Wilber y en Daniels más tarde), la realización espiritual
INICIACIÓN A LA PSICOLOGÍA TRANSPERSONAL
me atraía más que los detalles picológicos. Eso a pesar de que mi primera vocación, mi primera ilusión intelectual, en tiempos de freudo-marxismo, era estudiar psicoanálisis (como veremos una de las tendencias más importantes en muchos de los teóricos de lo transpersonal). Y como aquí en España no estaban tales estudios muy vivos, mi sueño era ir a Francia, donde el psicoanálisis estaba más vivo, quizás sobre todo debido a la obra de J. Lacan. Era solo un sueño. Decidí, pues, comenzar a estudiar Psicología en la Universidad de Valencia. Pero estábamos a mediados de los años 70… ¡y ni siquiera existía todavía como especialidad, al menos en Valencia! así que la mejor opción era estudiar “Filosofía pura” (sic) y elegir entre las optativas todas las asignaturas posibles de Psicología. Pronto me cansé de asignaturas como Fundamentos biológicos de la personalidad, Psicofisiología, Estadística, y mi mente y mi corazón comenzaron a sentirse más atraídos por las cuestiones filosóficas, metafísicas, abstractas, que por los detalles biológicos y fisiológicos que abundaban en el estudio de una psicología fundamentalmente conductista, quizás con los primeros destellos de cognitivismo.
Así pues, junto a la formación oriental y la formación esotérica hay que añadir la formación filosófica-occidental, pues terminé dedicándome al estudio de la filosofía, a disfrutar con Platón, con Descartes, con Kant, con Hegel, con Husserl, con Heidegger, etc. Y profesionalmente he pasado también buena parte de mi vida enseñando filosofía occidental. En 1978 obtuve, pues, mi licenciatura (así se llamaba entonces al título otorgado tras cuatro años de inmersión en las aguas filosóficas) y tras unos seis años de trabajo como docente y los cuatro años fuera del país (Pondicherry, Aix, Auroville), en 1990 obtuve el título de doctor en filosofía. Gracias, Adela Cortina (y Jesús Conill,
su marido, catedrático de Metafísica, con quien compartí múltiples viajes a Madrid para participar en el seminario Xavier Zubiri que dirigía Diego Gracia) y gracias Raimon Panikkar, por los momentos compartidos y por lo mucho que aprendí de vosotros. No dudo que, con vosotros, tuve la suerte de aprender de tres de los más grandes intelectuales que en esos años enseñaban en España. Creo que fue un día de julio de 1993 cuando nos reunimos en Madrid, por iniciativa de Manuel Almendro, para fundar la Asociación Transpersonal Española (ATRE). Fue la ocasión para profundizar algo más en las nuevas publicaciones que iban apareciendo, algunas traducidas, otras todavía teniendo que comprarlas en su versión original. No recuerdo a todos los presentes en aquella ocasión, tan solo a Manuel Almendro, quien convocaba, a Octavio García, a Alfonso Colodrón, a Fernando Rodriguez, no estoy seguro de si Javier Castillo y Enrique Galán estuvieron ya en esta o en alguna reunión posterior. Seríamos unos 8 o 10.
Y uno de los resultados de los Congresos organizados sobre la psicología transpersonal fue conocer a Jorge N. Ferrer y su obra. Pero eso es otro capítulo aparte.
“ESTE LIBRO ES MUY INTERESANTE”
No es necesario entrar en detalles sobre ATRE, la Asociación
Transpersonal Española. Siguió su camino durante un buen tiempo. Recordar aquí tan solo que en diciembre del 2002 (creo que era esa fecha) se organizaron unas Jornadas sobre Sabiduría, Ciencia y Consciencia, aquí en Barcelona, en las que presenté una ponencia titulada “Huellas de lo transpersonal en la tradición hindú”, en la que incluía algunas reflexiones sobre R. Assagioli, M. Washburn y A.H. Almaas, a quienes pronto conoceremos en las páginas que vienen. La ponencia
INICIACIÓN A LA PSICOLOGÍA TRANSPERSONAL
formaría el capítulo 8 de La fascinación de Oriente. 5 Pero lo que quería contar aquí no es tanto eso como lo relacionado con la afirmación que titula este apartado. En las Jornadas había una mesa con exposición de libros que podían adquirirse. Mientras daba una vuelta ojeándolos, Jordi Pigem se acercó por detrás y me dijo “este libro es muy interesante”. El libro era Revisioning Transpersonal Theory. No conocía al autor. Era Jorge N. Ferrer. Y Jordi me comentó que estaba en las Jornadas. Así que compré el libro y Jordi nos presentó.
Efectivamente, el libro era muy interesante, como veremos en uno de los capítulos posteriormente y como pude comprobar poco después al descubrir su deconstrucción de algunos puntos de la teoría transpersonal y su innovadora y sugerente reconstrucción, a través de lo que denominaba el enfoque participativo. Tendremos ocasión de entrar en diálogo con él. Ahora se trataba más bien de un reconocimiento de la deuda que tengo con Jorge, por diversas razones, pero especialmente por las recomendaciones de libros clave sobre psicología transpersonal, y no solo sobre ello, a lo largo de la amistad que todavía conservamos. Bien por las referencias que había en su libro, bien por recomendaciones directas, leí a John Heron, a Hollenbach, a Michael Daniels y a muchos otros que me ofrecieron otra visión de la psicología transpersonal. En ocasiones he afirmado que Jorge N. Ferrer me despertó del sueño dogmático del perennialismo, algo que se comprenderá mejor cuando analicemos su obra. Años después llegaría su segunda obra, El giro participativo, publicada (igual que la primera, que fue traducida como Espiritualidad creativa) por Kairós. Y más recientemente llegaría Participation and the Mystery. Gracias Jorge, por el camino recorrido y por todas las aportaciones realizadas.
