

LAS PENAS DEL JOVEN
WERTHER
JOHANN WOLFGANG GOETHE
Título original: Die Leiden des jungen Werthers
Texto: Johann Wolfgang Goethe
Ilustración de la cubierta: Shutterstock (exterior, Tatiana Kasyanova; interior, Mikhail Bakunovich; fondos, PhotoMavenStock)
Traducción española: José Mor de Fuentes, corregida y adaptada por David León (La Letra, S.L.)
Realización editorial: La Letra, S.L.
Impresión y encuadernación: Liberdúplex (Barcelona)
Collana «Vola la pagina junior» © Gribaudo - Giangiacomo Feltrinelli Editore, S.r.l. info@editorialgribaudo.com www.editorialgribaudo.com @editorialgribaudo
Primera edición: Octubre de 2025
ISBN: 978-84-129782-7-8
D. L.: B. 13192-2025
Todos los derechos reservados, en España y en el extranjero, para todos los países. Ninguna parte de este libro puede ser reproducida, memorizada o transmitida con cualquier medio y en cualquier forma (fotomecánica, fotocopia, electrónica, química, sobre disco u otros, incluidos cine, radio y televisión) sin la autorización escrita del Editor. En cada caso de reproducción abusiva se procederá de oficio según la ley. Toda referencia a personas, cosas o empresas tiene como única finalidad la de ayudar al lector en la memorización.
PREFACIO
Aquí va, recopilado con esmero, cuanto he podido rastrear acerca del desventurado Werther, y lo saco a luz contando con el agradecimiento del lector, quien no podrá negar cierta admiración y cariño para con su ingenio y su temple, ni dejar de derramar lágrimas por su destino.
Y tú, alma candorosa, acosada de iguales quebrantos a los que sufrió él, encuentra consuelo en su tormento y haz de este librito un amigo entrañable si, por causa de la fortuna o de tu propia culpa, no aciertas a dar con otro compañero más cercano.
4 de mayo de 1771
¡Cuánto me alegro de haberme ido! ¡Hay que ver, amigo del alma, cómo es el corazón del hombre! ¡Dejarte cuando te amo tantísimo y cuando pensaba que jamás podría separarme de ti… y sin embargo estar contento…! Sé que me lo perdonas. ¿No fueron todos mis demás enlaces como entresacados a mano por el destino, para traspasar un pecho como el mío? ¡Ay de Leonor! Pero no tuve yo culpa de lo que le ocurrió. ¿Cómo voy a ser responsable de la pasión que iba tomando cuerpo en aquel pobre corazón mientras los pertinaces encantos de su hermana me brindaban un placentero entretenimiento? Sin embargo, ¿soy en realidad tan inocente? ¿No estuve dando pábulo a su sensibilidad? ¿Y no fui yo quien fomentó aquellos naturalísimos arranques que, aun siendo tan poco chistosos, solían hacernos reír? ¿No fui yo? ¿Y quién es el hombre que se lamenta de sí mismo? Voy a enmendarme: se acabó el andar paladeando y rumiando los sinsabores que nos depara el destino, como hasta ahora he estado haciendo. Voy a disfrutar el presente, y lo pasado, pasado está. Es verdad que tienes mil razones, mi querido amigo; los hombres no sufrirían tanto si no se empeñaran —¡sabrá Dios por qué los hizo así!— en dedicar su imaginación a rememorar desdichas ya pasadas en lugar de a avenirse con presente tolerable.
Tendrás a bien informar a mi madre de que su encargo queda ventajosamente desempeñado, como se lo haré saber yo mismo en breve. He hablado con mi tía, que no es, ni por asomo, tan malvada como nos la figurábamos. Es una señora vivaracha y vehemente, pero de sanísimas entrañas. Le expliqué la desazón que sentía mi madre por la retención de su parte de herencia, y ella me expuso sus motivos, fundamentos y las condiciones que pone para estar dispuesta a desprenderse de lo que le pedíamos y hasta de más. En suma: no me detendré en pormenores; me basta con que le digas a mi madre que el asunto quedará resuelto. En todo esto, amigo del alma, acabo de apreciar de nuevo que los malentendidos y la inercia ocasionan en el mundo más desconciertos que el antojo y la maldad. Por lo menos, estos dos últimos causantes son, sin duda, menos frecuentes.
Por lo demás, me encuentro muy a gusto. La soledad es un bálsamo eficacísimo para mi corazón en estos lugares paradisíacos, y la actual estación de la juventud enardece y cuaja mi pecho palpitante. Cada árbol, cada mata es un ramillete, y me dan ganas de volverme abejorro y revolotear por este mar de aromas para convertirlo en mi alimento.
El pueblo, que en sí no es feo, casi lo parece en contraste con sus alrededores, que atesoran una belleza natural indescriptible. Por eso el conde de M*** colocó su jardín sobre uno de los oteros que se entrecruzan con primorosa variedad y van abrazando hermosísimos valles. Su planta es sencillísima, y a primera vista se hace evidente que quien la trazó no fue un jardinero de espíritu científico, sino un corazón sensible que pretendía solazarse en él a sus anchas. He derramado ya ríos de lágrimas por el difunto conde en el cenador, hoy en ruinas, que tanto nos gustaba a él y a mí. No tardaré en hacerme con las riendas del jardín. Aunque solo llevo aquí dos días, me he atraído ya la amistad del jardinero, cosa de la que también él va a sacar provecho.
10 de mayo
Un bienestar asombroso embarga todo mi espíritu, idéntico a la madrugada apacible de primavera que paladeo hasta lo último de mis entrañas. Aquí, solito, me voy recreando con mi existencia, por sitios creados expresamente para almas como la mía. Me encuentro, amigo del alma, tan feliz, tan de extremo a extremo sumido en el regazo de mi plácido sosiego, que desfallece mi arte en tan sumo abandono. Nada he acertado aún a dibujar, ni siquiera una pincelada, y, sin embargo, jamás he venido a ser pintor tan grande como en este momento. Cuando este hermoso valle me envuelve en sus vapores y el sol encumbrado baña la impenetrable oscuridad de mis arboledas, de modo que tan solo algún destello llega a calar a duras penas hasta el santuario, entonces me tiendo por el mullido césped, junto al arroyuelo despeñado, y allí, cerca del suelo, me llaman la atención miles de hierbas diferentes. Cuando percibo de cerca en mi pecho el torbellino de un mundo en miniatura y, entre los tallos, formas innúmeras e incomprensibles de gusanillos y de mosquitos, y me encarna la presencia del Todopoderoso que nos creó a su semejanza, el aliento del amor mismo, que nos lleva y nos sostiene en dicha eterna… ¡Ay, amigo!, cuando luego anochece delante mismo de mis ojos, y tierra y cielo se agolpan allá sobre mi espíritu como la imagen del dueño idolatrado, entonces me asalta el anhelo y recapacito: «¡Ah! Si acertases a plasmar todo esto, si pudieses dar vida en el papel a cuanto vive y arde en tu esencia, de tal modo que fuera espejo de toda tu alma, como esta es espejo del sumo Creador…!». ¡Ay, amigo! Pero estos pensamientos me hacen daño y me rindo al glorioso poderío de tales fenómenos.
12 de mayo
Ignoro si por estos sitios rondarán espíritus hechiceros o si mi acalorada y sobrehumana fantasía es la pobladora que, desde sus
íntimos senos, hace brotar paraísos a mi alrededor. Tengo aquí delante un manantial, y manantial es donde resido, como el hada Melusina con sus hermanas. Allí se explaya una loma en declive, y se arquea luego una enramada con más de veinte tramos bañados por la corriente cristalina que mana entre mármoles. La paredilla que cerca el recinto, los grandiosos árboles que entoldan los alrededores, la frescura del lugar…; todo este conjunto embelesa a un tiempo y desconsuela. No hay día que no me siente allí por espacio de una hora. Las muchachas del pueblo acuden por agua; quehacer tan inocente como indispensable que en lo antiguo solían desempeñar las hijas de los reyes. Estando allí sentado, me asaltan intensísimos recuerdos de tiempos patriarcales, de cuando nuestros mayores acudían a las fuentes para festejar a las damas y revolotean espíritus cariñosos por veneros y manantiales. No habrá por cierto quien, tras el angustioso ejercicio del estío, se haya recreado con el frescor de una fuentecilla y no se empape de idénticos pensamientos.
13 de mayo
Me preguntas si quiero que me envíes mis libros… Querido amigo, déjame en paz, por Dios santo. Se acabó el orientarme, alentarme, inspirarme… Bastante estímulo tiene ya mi corazón. Lo que quiero es quien me arrulle, y para eso me sobra con mi Homero. ¡Cuántas veces no habré adormecido así mi sangre incendiada! Pues no has visto corazón más desigual, más alborotado que el mío. ¡Ay, querido amigo! ¿Necesitas que te lo cuente, a ti, que te echaste a los hombros el peso de entretenerme en mis desconsuelos y me has visto ir a parar de una melancolía halagüeña a congojas mortales? Debes saber que trato a mi corazón como a un niño enfermizo y le consiento cuanto quiere. Callémoslo, porque hay gentes que lo aprovecharían para zaherirme.
15 de mayo
Los humildes lugareños me van conociendo y se han encariñado conmigo, y más los niños. Cuando, al principio, me arrimaba a ellos para hacerles tal o cual pregunta amistosamente, pensaban algunos que trataba de mofarme, y me evitaban sin la menor consideración. Yo no me enojaba por eso, pues me hacía cargo de lo que tengo más que comprobado, a saber: que los sujetos de cierta posición social prefieren mantener una fría distancia con el pueblo llano, como si temieran que su roce les fuese a provocar menoscabo, mientras que los frívolos y los majaderos se fingen complacientes para que la pobre plebe sea más consciente aún de su arrogancia.
Me hago cargo de que ni somos iguales, ni podemos serlo; pero doy por sentado que quien considera necesario alejarse de la plebe para lograr acatamientos es no menos reprensible que el cobarde que se aleja de su adversario por miedo a ser vencido.
Hace poco fui a la fuente, y me encontré con una criada que tenía el cántaro apoyado en el escalón inferior y no dejaba de mirar a un lado y a otro en busca de alguna compañera que la ayudase a colocárselo sobre la cabeza. Me acerqué a ella diciéndole:
—¿Necesita ayuda, señorita?
Ella se sonrojó toda y exclamó:
—No, por Dios, caballero.
—Si no es molestia alguna —le repliqué. Alzó su vasija, la ayudé, me dio las gracias y se marchó.
17 de mayo
Tengo ya toda clase de conocidos, pero aún no he encontrado un compañero. No caigo en cuál puede ser la parte de mi carácter que resulte agradable a los hombres. Son muchos quienes acuden a mí y están pendientes de mí que me apura no poder ir con
