Diseño e ilustración de cubierta e interiores: Marcia Fernández (@luperka_fantasy)
Primera edición: octubre de 2025
ISBN: 978-84-19467-71-3
Depósito legal: B 12993-2025
Impreso en España - Printed in Spain
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Este libro tiene fines informativos y educativos únicamente. No está destinado a sustituir el consejo médico de ningún profesional de la salud. Las lectoras deberán consultar con su médico cualquier asunto relacionado con su salud. La información contenida en este libro no tiene la intención de tratar, diagnosticar, curar ni prevenir ninguna enfermedad. Este libro no está patrocinado ni respaldado por ninguna organización. La información que aparece en este libro se basa en la experiencia y las investigaciones llevadas a cabo por la autora. Ni el editor ni el autor asumen ninguna responsabilidad por los daños de cualquier tipo que puedan derivarse, directa o indirectamente, del uso de la información contenida en este libro. Los nombres de los clientes y los datos identificativos han sido modificados para proteger la privacidad de las personas involucradas.
Para Seren
Capítulo 1: Evita la trampa de la productividad 23
Capítulo 2: Identifica tu arquetipo de productividad 37
HACEDORA
Capítulo 3: Define el éxito en tus propios términos 53
Capítulo 4: Descansa lo que necesitas para prosperar 69
Capítulo 5: Aprovecha tus ciclos de energía únicos
Capítulo 6: Confía en tu intuición para guiar tus decisiones
Capítulo 7: Aprovecha tus fortalezas
Capítulo 8: Abraza la mezcla y encuentra el flujo 141
PARTE 3
Capítulo 9: Descubre el Método de la alegría 165
Capítulo 10: Pon en práctica el Método de la alegría 187
Un manifiesto para una nueva forma de hacer las cosas
INTRODUCCIÓN
Cuando te enfrentas a un momento importante y abrumador, ¿cuál es tu estrategia para afrontarlo por defecto? ¿Llamas a una amiga? ¿Sales a tomar aire fresco? ¿Escribes en tu diario? O tal vez, como yo, te encuentras de pie junto a la nevera comiendo bocadillos por el pánico.
He probado todas estas estrategias, pero mi solución por defecto siempre han sido los libros. A lo largo de mi vida —ya sea durante un duelo, un cambio profesional o una nueva etapa vital— las palabras de otras personas han estado ahí para guiarme y reconfortarme. Y siempre que una amiga tiene problemas, tengo un libro para recomendarle. Es mucho más probable que recibas de mi parte un libro de tapa blanda por correo que un ramo de flores.
Por eso, cuando me enteré de que estaba embarazada en el verano de 2022, no fue ninguna sorpresa que lo primero que hice (después de mirar incrédula el test con mi marido durante al menos una hora) fuera empezar a añadir libros a la cesta de mi compra online. Pero no eran libros relacionados con los bebés como Qué esperar cuando se está esperando o El embarazo no es como te lo contaron los que estaba pidiendo frenéticamente. No, el primer lugar al que me dirigí, al darme cuenta de que nuestras vidas estaban a punto de cambiar para siempre, fue al género de productividad y gestión del tiempo.
Cuando me imaginaba la vida con un bebé, una pregunta me rondaba por la cabeza: ¿Cómo voy a gestionarlo todo? Había trabajado duro para construir una carrera exitosa que al fin estaba floreciendo. Trabajaba con clientes de ensueño y escribía para revistas que había leído desde la adolescencia, y estaba a punto de publicar mi primer libro. Pero lo estaba haciendo sola. Como dueña de una empresa unipersonal, no tenía a nadie más que asumiera la carga, nadie más que tomara las riendas mientras yo me iba de
baja por maternidad. Y tenía la sensación de que todo el mundo con el que compartía mi noticia estaba deseando hablarme de lo mucho que cambiaría mi vida y del poco tiempo que tendría una vez que llegara nuestra pequeña. Había deseado tener un bebé, pero ahora que tenía la suerte de estar esperando uno, no podía dejar de preocuparme por la logística de cómo conseguir que funcionara. Mi vida ya estaba llena y estaba a punto de estarlo aún más. Tendría que ceder en algo.
Desesperada por encontrar respuestas, recurrí a los expertos. Devoré todos los libros que encontré sobre productividad y gestión del tiempo: Hábitos atómicos, Esencialismo, Make Time: Cómo enfocarte en lo que importa cada día, El club de las 5 de la mañana; todos los clásicos. Me puse a escuchar pódcasts que prometían ayudarme a convertirme en mi mejor versión y seguí a influencers que juraban que sus rutinas probadas y comprobadas me ahorrarían tiempo y energía. Vi innumerables videos en YouTube e hice clic en todos los artículos que encontré. Incluso me gasté un dineral en un diario de productividad que garantizaba que me ayudaría a manejar mi agenda con éxito.
De la noche a la mañana, me convertí en una erudita en el arte de hacer las cosas y estudié a fondo toda la información que pude encontrar durante esas tentativas y agotadoras primeras semanas de embarazo. Y, aunque aprendí algunos consejos útiles, me di cuenta rápidamente de dos cosas. En primer lugar, esos libros no estaban escritos por o para personas como yo. La mayoría estaban escritos por hombres, de hecho, cuando realicé mis compras, los únicos libros escritos por mujeres acerca de la gestión del tiempo en la sección «Negocios» en Amazon eran acerca del batch cooking 1… en serio. Y la mayoría de esos hombres parecían ser actores clave en el mundo corporativo o en la creación de las empresas, con una gran abundancia de recursos para respaldarlos en su búsqueda de la productividad. Sus consejos, aunque sólidos, a menudo me resultaban difíciles de aplicar a mi vida y a mi situación. También había una evidente ausencia de contenidos que abordaran las cargas específicas a las que se enfrentan las mujeres. No encontraba consejos ni herramientas relacionados con las conversaciones que mis amigas y yo manteníamos sobre la carga mental, la expectativa de la sociedad de que las mujeres «lo tengan todo» o las fluctuaciones diarias de nuestras hormonas que repercuten en nuestras vidas. Todos esos factores influyen de forma significativa en nuestros niveles de productividad, pero no pude encontrar ningún material que los reconociera. Mi segunda conclusión al leer estos libros y escuchar aquellos pódcasts fue la dominante sensación de seriedad y pesadez. Se hacía especial hincapié en la fuerza de voluntad, la determinación y el trabajo duro, o en tener un «sistema» infalible que favoreciera la productividad. Parecía asumirse que podríamos tratarnos a nosotras mismas como máquinas, una idea que
1. El batch cooking consiste en preparar varios alimentos en grandes cantidades en un solo día y congelarlos para luego a lo largo de la semana realizar distintas preparaciones con ellos.
choca con el trabajo de mi vida, que se basa en la alegría y en ayudar a las personas a encontrar más de ella. La gestión del tiempo y el mundo de la productividad parecen operar de acuerdo con las nociones aceptadas de que el único objetivo es lograr más y que el éxito se define solo por los logros. Pero ¿no deberíamos centrarnos en hacer más de lo que enriquece nuestras vidas? Este aspecto parecía en gran medida inexplorado, y me preguntaba por qué.
La productividad ha sido un tema de debate durante siglos, y se ha examinado desde muchas perspectivas: la biología evolutiva, la tecnología, la moralidad y el mindfulness por nombrar algunas. Consulta la lista de los libros de no ficción más vendidos en una semana cualquiera y encontrarás al menos un libro sobre la gestión del tiempo y la productividad. Sin embargo, como descubrí, gran parte de la literatura existente aún se siente incompleta. Tal vez se deba a que el panorama ha evolucionado con tanta rapidez en relativamente poco tiempo, con más mujeres que nunca en el mercado laboral, la tecnología que avanza a una velocidad vertiginosa y las presiones a las que nos enfrentamos que son cada vez mayores. Tal vez se deba a que, hasta hace relativamente poco, solo hemos invitado a un tipo de persona a la conversación sobre productividad, lo que significa que se está pasando por alto toda una parte de la experiencia vivida. En los libros que leía no me encontraba a mí misma ni los desafíos a los que me enfrentaba, y mis conversaciones con amigas y clientes revelaron que ellos sentían lo mismo.
Este es un punto crucial para tener en cuenta porque el contenido que consumimos —ya sea a través de la lectura, escuchándolo o viéndolo— determina cómo nos percibimos a nosotras mismas. Cuando no vemos nuestras realidades reflejadas en lo que consumimos, podemos empezar a creer que estamos haciendo algo mal o que tenemos que corregirlo de alguna manera. Yo lo sé de primera mano porque ha sido la experiencia que he vivido.
Llevo leyendo libros como los que acabo de describir desde que era una adolescente. Recuerdo que buscaba en las estanterías de desarrollo personal de la biblioteca, y que cada semana me traía mis últimos hallazgos a casa con entusiasmo. Cuando me hice mayor, llené mis propias estanterías con títulos similares. Cada vez que compro un libro de desarrollo personal, lo abro y me sumerjo en él entusiasmada, subrayo párrafos y marco ejercicios para volver a consultarlos más tarde. Creo planes que me ayuden a poner en práctica los consejos y las estrategias, convencida de que este será el método o la rutina que por fin me permita realizar un cambio. Empiezo con ambición, cargada de energía y optimismo.
Y luego, inevitablemente, fracaso. Acabo dándole al botón de posponer la alarma porque despertarme a las cinco de la mañana me parece una hazaña imposible. Dedico tanto tiempo a intentar clasificar a la perfección mis listas de tareas pendientes que me quedo sin tiempo para realizarlas.
Trazo una nueva rutina que parece «ideal» según los consejos de los expertos y me lanzo a seguirla, solo para abandonarla unos días después cuando me doy cuenta de que es incompatible con mi desordenada y caótica vida real. Cada vez que lo he intentado he fracasado, y he interiorizado ese fracaso como un reflejo de mi carácter. Me he dicho a mí misma que soy demasiado perezosa, débil o que estoy desmotivada. Me he regañado por no desearlo lo suficiente. Me he sentido avergonzada porque, a pesar de que alguien me había proporcionado un modelo, no había podido hacer un cambio. Tal vez hayas tenido una experiencia similar. No sé qué cambió en el verano de 2022. Tal vez fueron los años de experiencia como coach en mi haber y la certeza de que no era la única que se enfrentaba a estos problemas. Tal vez las experiencias que buscaba leer eran, obviamente, demasiado escasas. O tal vez fuera el hecho de que mi cuerpo estaba ocupado en el crecimiento de otro ser humano y ya no me parecía preciso calificarme a mí misma como débil o perezosa. Pero a medida que leía esos libros y no encontraba nada relacionado con mi vida en sus páginas, la frustración se alejaba de mí. En su lugar, me frustró la idea de que solo un pequeño subgrupo de la sociedad se considera cualificado para ser experto en productividad. Me frustraba que estos libros parecieran ignorar nuestra humanidad inherente: los flujos y reflujos de energía, los imprevistos que nos arroja la vida y la realidad de que, a veces, por mucho que nos esforcemos, no podemos confiar únicamente en nuestra determinación o fuerza de voluntad. Me frustraba la visión superficial de la productividad que predominaba en la literatura, con su gran énfasis en el hacer y mucha menos atención en la exploración de lo que realmente queremos conseguir. Me asaltaba una pregunta: ¿por qué nadie escribe libros como este para personas como yo; para los que hacen malabares con muchas obligaciones y tienen pocas probabilidades de perfeccionar una rutina infalible; para las personas ambiciosas y motivadas que se niegan a sacrificar su alegría; para los que quieren hacer cosas, pero no tienen el mismo nivel de energía todos los días; para las personas que han probado todas las estrategias efectistas y buscan algo que funcione en sus vidas desordenadas, caóticas e imperfectas?
Busqué ese libro por todas partes, pero no encontré nada. Así que decidí escribirlo yo misma.
Deja ir lo que te han dicho
Quiero empezar advirtiéndote que este no es el típico libro de productividad. No encontrarás ningún estímulo para seguir adelante y trabajar duro hasta tachar todos los elementos de tu lista de tareas pendientes. No habrá consejos sobre cómo realizar varias tareas a la vez de forma más
eficaz ni sobre qué técnica de bloqueo del calendario te ayudará a sacar el máximo partido a tu día. No repetiré los típicos mantras de productividad como «Las decisiones que tomas son un voto para la persona que quieres ser» o «Tienes que trabajar más inteligentemente, no más duro». De hecho, te insto a que olvides toda la retórica que puedas; sé que es más fácil decirlo que hacerlo cuando llevamos tanto tiempo absorbiéndola consciente y subconscientemente.
En cambio, el objetivo de este libro es ayudarte a conocerte mejor a ti misma. Te guiará para que explores tu relación con la productividad y descubras los orígenes de tus creencias sobre cómo hacer las cosas. Reconocerá tus circunstancias particulares, las presiones a las que te enfrentas y las diversas responsabilidades con las que haces malabares, y te permitirá ver por qué tal vez te ha costado hacer cambios en el pasado. Este libro te proporcionará las herramientas que necesitas para definir el éxito en tus propios términos y para aclarar qué añadirá más alegría a tu vida, y te permitirá sentirte motivada por tus propios deseos auténticos en lugar de esforzarte para alcanzar los objetivos de otra persona. Y lo que es más importante, te ayudará a abrazar tus puntos fuertes, a conectar con tu intuición y a aprovechar tu energía de la forma que mejor te funcione. Creo de todo corazón que el mejor enfoque de la productividad es aceptar que todos somos individuos únicos. ¿No tiene más sentido celebrar esa singularidad y utilizarla en tu búsqueda para lograr más en lugar de malgastar tu energía limitada intentando ser alguien que no eres? ¿No es más lógico centrar tus esfuerzos en las cosas que te aportarán más alegría a la vida en lugar de quemarte intentando seguir el ritmo de la lista de tareas pendientes de otra persona?
Si eres como yo, es probable que hayas probado la antigua forma de hacer las cosas y te hayas dado cuenta de que no te funcionó bien. Es hora de probar un enfoque diferente. Abandonemos la idea de que otra persona tiene todas las respuestas y empecemos a utilizar nuestra propia magia única.
Nota sobre a quién está dirigido este libro
Sería también un descuido por mi parte no reconocer que este libro está escrito principalmente para mujeres, así como para personas no binarias que pueden experimentar muchos de los mismos desafíos. Tomé esta decisión porque, al haber trabajado con personas de todos los géneros en mi práctica de coaching, me ha quedado claro que la carga que soportan las mujeres y las personas no binarias es significativamente diferente a la de nuestros homólogos masculinos. Aunque nos enfrentaremos a muchos de los mismos desafíos, hay experiencias que serán únicas para nosotras, como el sexismo, el edadismo y el impacto de nuestra biología (tanto si elegimos
tener hijos como si no), y las expectativas que la sociedad y nuestras comunidades tienen puestas en nosotras suelen ser mayores. Quería crear un espacio para que reconociéramos esas experiencias y comprendiéramos cómo influyen en nuestra relación con la productividad y nuestra búsqueda de logros. Mi esperanza es que, centrándonos específicamente en los desafíos a los que se enfrentan las mujeres y las personas no binarias, podamos empezar a abrir las conversaciones en torno a la productividad de una forma que resulte más inclusiva.
A lo largo del libro, comparto ejemplos de mis propias experiencias vividas, así como las de mis clientes. Por esa razón, también es importante para mí reconocer el privilegio que tengo. Escribo desde la perspectiva de una mujer blanca, cis, sin discapacidades, y sé que mis experiencias y oportunidades han sido moldeadas por esos privilegios. Me he esforzado por hacer este libro lo más inclusivo posible, pero, si en algún momento lo que estoy escribiendo no te parece fiel a ti y a tu realidad, está bien. Cada vez que leo un libro de desarrollo personal últimamente, guardo un pequeño mantra en mi cabeza: «toma lo que es útil y deja lo que no lo es». Por favor, siéntete libre de tomar prestado ese mantra mientras te sumerges en estas páginas.
Como te contaré muchas veces en los próximos capítulos, no hay una manera correcta de hacer las cosas en la vida, solo la que tú sientas que es la correcta. Espero que este libro no solo te ofrezca nuevas perspectivas sobre el tema de la productividad, sino también herramientas y ejercicios que te ayuden a considerar tu realidad y tus necesidades para que puedas empezar a hacer los cambios que te parezcan más felices y significativos.
Cómo está organizado este libro
Este libro se propone explorar un nuevo enfoque de la productividad, uno más accesible y centrado en lo humano. Un enfoque que no solo reconoce nuestras cualidades y peculiaridades únicas, sino que también nos ayuda a utilizarlas en nuestro beneficio. Este enfoque nos permite abrazar nuestro yo defectuoso, imperfecto y a veces caótico sin sentirnos culpables o avergonzadas. Y lo que es más importante, promueve una forma de ser productivas más intencionada, alegre y con mayor impacto.
Mi formación en psicología positiva ha demostrado que, cuando abrazamos nuestras fortalezas y perseguimos nuestros objetivos de una manera que se alinea con nuestros valores, aumentamos de manera significativa nuestras posibilidades de éxito. Cientos de horas dedicadas a asesorar a personas brillantes me han demostrado que no existe un enfoque único para la productividad. Además, mis propias experiencias personales me han demostrado que, cuando empezamos a desprendernos de todo lo que
nos han enseñado sobre la productividad y la gestión del tiempo, podemos descubrir una forma mucho mejor de hacer las cosas. A lo largo de este libro entrelazaré conocimientos de psicología positiva, estudios de casos de mis clientes y mis propias experiencias para ayudarte a descubrir cómo hacer las cosas de una manera que te funcione a ti.
En la Parte 1 evaluaremos nuestra relación con la productividad y comenzaremos a replantearla. Exploraremos los orígenes de nuestro incansable deseo de productividad y examinaremos cómo la búsqueda constante de «más» afecta nuestra alegría y nuestro bienestar. A continuación, definiremos nuestras propias versiones del éxito y determinaremos qué es «suficiente» para cada una de nosotras, y rechazaremos las expectativas que no nos ayuden en el proceso. Además, profundizaremos en el papel del descanso para mejorar la productividad, y exploraremos las distintas formas en que podemos recargarnos y por qué son tan importantes.
La Parte 2 se centrará en la importancia de hacer las cosas a tu manera, y te equiparé con las herramientas que necesitas para lograrlo. Examinaremos nuestros ciclos naturales de energía y exploraremos cómo podemos aprovecharlos para aumentar la productividad, y nos centraremos en el impacto que pueden tener en nosotras factores como nuestras hormonas o nuestras preferencias de sueño. También exploraremos por qué aprovechar tus puntos fuertes puede ser el superpoder que no sabías que tenías y descubriremos cómo son para ti la fluidez y el equilibrio.
Por último, en la Parte 3 nos adentraremos en el Método de la alegría, mi modelo probado y comprobado que te ayudará a liberarte de las reglas y los programas de productividad prescriptivos que has encontrado hasta ahora. En su lugar, aprenderás a adoptar la productividad de una manera que te resulte alegre, satisfactoria y significativa. Como todo este libro trata sobre cómo hacer que la productividad funcione para ti, también te guiaré sobre cómo personalizar el método para que se adapte a tu vida y a tus prioridades.
Para ayudarte a aplicar las ideas y los conceptos compartidos en este libro a tu propia vida, te presentaré los arquetipos de productividad en el Capítulo 2. Existen cuatro arquetipos de productividad: la hacedora, la perfeccionista, la soñadora y la procrastinadora. Estos arquetipos se han desarrollado a partir de mi amplia experiencia ayudando a clientes con todo tipo de cambios y desafíos. Una vez que identifiques qué arquetipo de productividad resuena más contigo, encontrarás herramientas y sugerencias personalizadas en todo el libro que te ayudarán a pasar a la acción, independientemente de tu estilo o preferencia. También encontrarás secciones recurrentes diseñadas para asegurarte de que pones en práctica todo lo que has aprendido. Las secciones «Prueba esto» te proporcionarán ejercicios prácticos para que lo intentes, mientras que las secciones «Déjalo ir» te inspirarán para liberarte de cualquier cosa que no
sirva a tu deseo de productividad feliz, ya sea una expectativa o una tarea no deseada. Por último, las secciones «Hazlo a tu manera» te recordarán que no existe un enfoque único para la productividad y la planificación. Mi más profundo deseo es que, cuando hayas terminado este libro, seas capaz de deshacerte de la sensación de que te estás quedando atrás o de que luchas por mantener todos los platos girando. Espero que, cuando pases la última página, te sientas más segura de ti misma, más optimista y más decidida a llenar tu vida de alegría. Se acabaron los días de trabajo duro sin fin. Es hora de hacer las cosas de otra manera.
CAPÍTULO 1:
EVITA LA TRAMPA DE LA PRODUCTIVIDAD
Hace un par de meses, me encontraba sentada alrededor de una mesa en un bullicioso restaurante comiendo el brunch con algunas de mis amigas más antiguas. Hacía tiempo que debíamos ponernos al día: el hecho de estar dispersas por todo el país significa que, aunque siempre estamos en contacto por nuestro grupo de WhatsApp, las reuniones en persona son mucho menos frecuentes de lo que a cualquiera de nosotras nos gustaría. Cuando empecé a degustar mi comida y observé los rostros de las personas que han sido testigos de algunos de los momentos más importantes de mi vida, me di cuenta de algo: en la hora que habíamos pasado juntas, de lo único que habíamos hablado era de lo ocupadas que estábamos todas. Estas son personas cuyas vidas están íntimamente entretejidas con la mía. Lo que realmente quería saber era cómo se estaba recuperando de una operación el padre de una de ellas o qué tal le iba en el colegio a la hija de otra. Quería conocer todos los detalles de sus viajes más recientes y preguntarles qué opinaban del último drama político. Quería recordar anécdotas divertidas de nuestro pasado, compartir chistes y apretar sus manos. Había esperado meses para volver a reunirme con algunas de mis personas favoritas, para ponerme al día sobre las cosas más importantes para ellas, para escuchar sus sabias e interesantes perspectivas, y sin embargo parecía que todo lo que habíamos conseguido hacer era comparar listas de tareas pendientes y hablar de lo agotadas que estábamos. No fue a propósito. No creo que ninguna de nosotras fuera a ese brunch con la intención de utilizar nuestro precioso tiempo juntas para hablar de ese tema. De repente, nos sentíamos total y completamente consumidas por las presiones —que al parecer son interminables— que conlleva ser mujer en sus treintas, tanto que nos quedaba poca energía para pensar o
hablar de otra cosa. Así que, en lugar de eso, hablamos de lo agotador que es seguir siendo ambiciosas en el trabajo y, al mismo tiempo, controlar la vida social de nuestros hijos y llegar a tiempo a la guardería. Nos disculpamos por olvidarnos de los cumpleaños de las demás y nos comprometimos a intentar vernos más en los próximos meses, antes de esforzarnos por fijar una fecha en nuestros calendarios, ya de por sí repletos. Nos comparamos con las compañeras con las que nos habíamos graduado y con las mujeres de nuestra edad a las que seguíamos en las redes sociales y nos preguntábamos en voz alta cómo todas las demás parecían estar haciéndolo todo. Hablamos de lo difícil que era ir al gimnasio últimamente y de lo culpables que nos sentíamos por no cuidarnos como correspondía. Estábamos todas tan abrumadas intentando gestionar las cargas físicas y mentales que soportábamos, tan desesperadas por ver si nuestras amigas sentían lo mismo y si tenían algún consejo que fuera de ayuda, que era difícil dejar de lado lo ocupadas que estábamos y llegar a las cosas importantes. Y creo que es una buena metáfora de cómo muchas de nosotras nos sentimos día a día, como si hubiera tanto que organizar y conseguir y hacer que simplemente no queda espacio para las cosas que realmente importan: las cosas que nos aportan alegría.
Descubrir qué nos aporta alegría y plantearnos por qué a menudo nos falta son dos de los temas más comunes que exploro con mis clientes en mi trabajo como «La coach de la alegría». Durante nuestra primera sesión juntos, los clientes suelen expresar su anhelo de tener más felicidad en sus vidas y su deseo de un cambio positivo, pero se sienten abrumados e incapaces de encontrar espacio para ello en medio de sus innumerables obligaciones. Han probado varias estrategias como bloquear el tiempo, cambiar los horarios, despertarse más temprano y han seguido todos los consejos populares, pero el difícil equilibrio entre gestionar sus responsabilidades y tener tiempo suficiente para la alegría sigue pareciendo una ecuación imposible. Empatizo profundamente con su lucha porque yo también he pasado por eso. Me he visto demasiadas veces sobrecargada de compromisos, con una agenda repleta que deja poco espacio para las cosas que de verdad importan.
Este último año he sentido esa presión con más intensidad que nunca. Desde que soy madre nunca he tenido tan poco tiempo. A pesar del inmenso privilegio que tengo en términos de flexibilidad como trabajadora autónoma y del apoyo inquebrantable de mi marido —que asume más de la parte que le corresponde de las responsabilidades domésticas— integrar el cuidado de una nueva persona en una vida ya de por sí plena me ha exigido más de lo que hubiera podido imaginar. A menudo me parece imposible dar lugar a las cosas que más aprecio —el tiempo de calidad con mi hija, crear recuerdos con la familia y los amigos, pasar tiempo en
la naturaleza— entre la lista de tareas pendientes que no deja de crecer, los plazos que se avecinan y la carga mental que supone mantener a la pequeña alimentada, vestida y entretenida. Y sé que no soy la única. En el transcurso de una semana, una clienta me dijo que le costaba disfrutar de sus hermosas vacaciones en la playa porque, al tomarse un descanso, le preocupaba retrasarse con un proyecto de trabajo, y otra me confesó que se sentía culpable por no poder estar plenamente presente para sus amigos de la manera que quería porque su mente estaba preocupada por la logística operativa de ocuparse de una casa atareada y mantener un trabajo. Parece que todas nos sentimos más desbordadas que nunca, y eso afecta a nuestra alegría y nuestro disfrute.
Como has elegido este libro, imagino que esto ha resonado en ti. Nos han vendido la idea de que la productividad es la solución a nuestros problemas, que es la clave para gestionar por fin la interminable carga que, como mujeres, solemos llevar. Nos han hecho creer que la alegría nos espera más allá de una nueva rutina o un nuevo enfoque. Pero ¿y si, en realidad, la búsqueda incesante de la productividad nos está alejando cada vez más de nuestras verdaderas prioridades? ¿Y si, al intentar constantemente hacer más y ser más y conseguir más, en realidad estamos sacrificando las cosas que más nos importan, como nuestra felicidad, nuestras conexiones y nuestro bienestar? ¿Y si, al presionarnos a nosotras mismas para cumplir las expectativas de la sociedad y seguir el ritmo de nuestros homólogos masculinos, estamos ignorando las cosas que pueden ayudarnos a rendir al máximo, como nuestros propios ciclos de energía y nuestras fortalezas únicas? ¿Y si, para lograr nuestros objetivos y al mismo tiempo encontrar más alegría en nuestras vidas, tenemos que enfocar las cosas de otra manera?
¿Cómo llegamos hasta aquí?
La idea de que aumentar nuestra productividad nos dejará más tiempo para las cosas que importan no es un concepto nuevo. En 1930, el economista John Maynard Keynes propuso que el aburrimiento sería el mayor desafío al que se enfrentarían sus nietos y bisnietos. Predijo que para 2030, nuestra típica semana laboral se reduciría a solo quince horas, al suponer que a medida que mejorara el nivel de vida y la tecnología avanzara en formas que ahorraran el trabajo, las personas optarían por trabajar menos y disfrutar de más tiempo libre. En resumen, preveía una semana laboral de dos días y un fin de semana de cinco, al revés de lo que estamos acostumbradas. En pocas palabras, era optimista: al aumentar nuestra productividad, tendríamos más tiempo para dedicar a las actividades que disfrutamos (1963).
Todas las condiciones que Keynes predijo que serían necesarias para este cambio —crecimiento económico, rápidos avances tecnológicos, aumento de la productividad mundial— se han cumplido o superado. Sin embargo, nos sentimos más abrumadas que nunca. En lugar de reducir nuestras horas de trabajo o reservar más tiempo para el descanso, nuestra sociedad cada vez más capitalista ha exigido que utilicemos los avances del siglo pasado para atiborrar aún más nuestras agendas. Parece que a medida que han aumentado nuestras oportunidades de productividad, simplemente nos hemos exigido más a nosotras mismas.
La tecnología, por ejemplo, puede agilizar ciertas tareas laborales y ahorrarnos tiempo en otros aspectos de nuestra vida, pero también ha introducido una presión adicional para ser aún más productivas. Las redes sociales son un buen ejemplo de esto. ¿Cuántas veces has abierto Instagram y te has visto inundada de publicaciones de las personas a las que sigues compartiendo sus últimos logros y te quedas con la sensación de que te estás quedando atrás en algún aspecto? A mí me pasa a menudo: estoy feliz con mi día y, de repente, empiezo a preocuparme porque no me estoy marcando objetivos lo suficientemente ambiciosos para mi negocio, porque mi casa no es lo suficientemente grande o porque mi rutina de ejercicio no es tan exigente como debería. Como mujer millennial, me resulta imposible abrir Instagram y no encontrarme con un anuncio, ya sea relacionado con un embarazo, un ascenso o cualquier otro ítem en la lista de todo lo que hay que tener. Este sentimiento ha sido captado por un nuevo término, «la cultura del anuncio», acuñado por la empresaria e influencer británica Grace Beverley. En su libro publicado en 2021, Working Hard, Hardly Working, define la cultura del anuncio como «nuestra creciente necesidad de anunciar todo lo que hacemos, perpetuando así nuestra ansiedad por tener “cosas” que anunciar en primer lugar. Juzgamos nuestro éxito y el de los demás por la cantidad (más que por la calidad) de los anuncios que hacemos». Y aunque la tecnología ha creado sin dudas un terreno fértil para compartir anuncios, noto que la presión por tener algo que anunciar se filtra también en mis conversaciones con amigas, sobre todo con las que no veo muy a menudo. Cuando por fin nos reunimos, es tentador contarnos nuestros mejores momentos y centrarnos solo en los logros y los elogios que nos hacen sentir productivas y valiosas, en lugar de permitirnos ser vulnerables unas con otras.
El concepto de la cultura del anuncio parece estar respaldado por la investigación académica. Un artículo de 2017 de Bellezza, Paharia y Keinan reveló que un estilo de vida ocupado y con exceso de trabajo se ha convertido en un símbolo de estatus que se utiliza para transmitir importancia, del mismo modo que lo hacen los automóviles caros o los artículos de diseño llamativos. Las autoras concluyeron que estar ocupada crea la percepción de que una persona posee características de capital humano,
como la competencia y la ambición, y que estas cualidades son escasas y están en demanda. Cuando alguien nos pregunta cómo estamos y enumeramos rápidamente nuestros logros recientes o las actividades que llenan nuestras agendas (como hicimos mis amigas y yo en aquel brunch), lo que intentamos transmitir es que somos importantes, que tenemos éxito y que los demás nos valoran. Si lo vemos así, no es de extrañar que todas nos esforcemos por ser más productivas y conseguir aún más cosas.
Pero creo que hay algo más en nuestra búsqueda de productividad que un deseo de estatus. Es innegable que las presiones y las exigencias reales a las que las mujeres se ven sometidas se han disparado en las últimas décadas. Lo noto mucho cuando hablo con mi propia madre sobre la crianza de los hijos. Mientras yo me preocupo por los estilos de apego y me aseguro de que mi hija alcance todos sus hitos a tiempo, mi madre me recuerda a menudo que cuando ella me criaba, la crianza no tenía el mismo peso ni las mismas expectativas. No había libros que ensalzaran las virtudes de los distintos estilos de crianza, ni aplicaciones que te informaran de las distintas fases de desarrollo que debería experimentar tu hijo o hija, ni redes sociales que crearan un crescendo de comparaciones.
Las mujeres también tienden a soportar la carga cuando se trata de asumir otras presiones familiares, en particular el cuidado de los padres o los parientes mayores, algo que es cada vez más común dado el envejecimiento de nuestra población, y a menudo viene acompañado de toda una serie de desafíos emocionales y logísticos. Tal vez te toque formar parte de la generación sándwich antes de lo esperado, y tienes que hacer malabares para atender a tus niños pequeños y a tus padres ancianos a la vez. Incluso si tienes hermanos, puede que descubras que la responsabilidad recae de manera desproporcionada sobre ti por ser la hija mayor o simplemente por ser hija. O tal vez cargues con más responsabilidades a la hora de mantener los lazos familiares, ya sea comprando los regalos de Navidad u organizando viajes para visitar a tus suegros. Además, aunque siempre ha existido la presión de que las mujeres tengan un aspecto determinado, a medida que se dispara el número de tratamientos y procedimientos estéticos disponibles, también lo hace la presión de mantener un aspecto joven e impecable. Si eliges mantenerte al día con los estándares de belleza en constante evolución (que parecen cambiar más rápido que nunca gracias a las redes sociales), puedes encontrarte dedicando horas de esfuerzo y gastando mucho dinero en tu régimen de belleza semanal. Y aunque adherirse a los cánones de belleza pueda parecer un empeño motivado por la vanidad, la investigación demuestra que nuestro aspecto puede influir en nuestra empleabilidad. Un estudio, por ejemplo, demostró que era más probable que los jefes de contratación consideraran adecuados para un puesto a los candidatos
que encontraban atractivos (Tews, Stafford y Zhu 2009), y otro estudio reveló que el peso de una mujer podía influir en su salario hasta en un 9% (Cawley 2004). La presión por tener un aspecto determinado no es un indicio de que todas estemos ensimismadas, sino una consecuencia más de nuestra sociedad altamente capitalista.
Y aunque estoy agradecida de pertenecer a una de las primeras generaciones de mujeres que tienen total autonomía profesional, no se puede negar que intentar seguir siendo ambiciosa mientras se asumen todas estas otras responsabilidades puede resultar abrumador. Al crecer, me han repetido que puedo ser lo que quiero ser y, aunque la intención era empoderarme, lo interioricé como una presión por conseguir cosas impresionantes y no conformarme nunca. Alcanzar nuestras ambiciones profesionales puede parecer un desafío aún mayor si decidimos tener hijos y debemos tener en cuenta las responsabilidades del cuidado de los niños y el costo de la guardería en la planificación de nuestra carrera. Una encuesta realizada por las Cámaras de Comercio Británicas en 2023 reveló que dos tercios de las mujeres sienten que han perdido la oportunidad de progresar en lo profesional por tener que asumir más responsabilidades en el cuidado de los hijos, lo que aumenta la sensación de frustración y confusión
Si añades las fluctuaciones hormonales que afectan nuestro estado de ánimo y nuestros niveles de energía, y la presión constante de mostrarnos perfectas, amables y compasivas pase lo que pase, te darás cuenta de repente de que nos enfrentamos a una tarea imposible. La sociedad a menudo nos enseña a avergonzarnos o incluso a sentir culpa del impacto real de nuestras hormonas, lo que hace aún más difícil enfrentar esta realidad. Se espera de las mujeres una entrega constante hacia los demás, incluso cuando luchan contra el estrés, la ansiedad social o la depresión, lo que les deja poco tiempo y espacio para explorar sus emociones, sus necesidades y sus deseos. Como resultado, a menudo acabamos ignorando nuestro propio bienestar o enfrentándonos al agotamiento u otros desafíos similares.
Hemos crecido escuchando que las mujeres podemos tenerlo todo, y también nos han vendido la creencia de que solo tenemos que ser un poco más productivas para conseguirlo. Pero eso es un mito. A medida que los objetivos se alejan cada vez más, las expectativas de lo que significa estar a gusto y tener éxito como mujer siguen cambiando, y nuestra confianza y autoestima se debilitan en el proceso.
Ocupada no es lo mismo que feliz
El verdadero quid de la cuestión, la creencia que sustenta el afán de productividad de muchas de nosotras, es la idea de que hacer, ser y conseguir
más nos hará más felices. ¿Cuántas veces has oído a alguien decir «Seré feliz cuando...»? ¿Cuántas veces lo has dicho tú misma? Sé que he pronunciado esa frase innumerables veces en mi propia vida. Seré feliz cuando consiga un nuevo trabajo. Seré feliz cuando termine este proyecto. Seré feliz cuando gane un poco más de dinero. Seré feliz cuando me sienta más en forma. Seré feliz cuando mi bebé duerma toda la noche. Seré feliz cuando hagamos el viaje de nuestros sueños, compremos una casa nueva, o cuando consiga un nuevo y emocionante cliente.
Sin embargo, incluso cuando logramos aquello por lo que nos esforzamos, puede parecer que la felicidad que esperábamos no llega. Yo misma he tenido muchas experiencias de este tipo. Los nuevos trabajos o los ascensos fueron importantes para mí cuando ascendía en la escala empresarial. Hubo un trabajo en particular para el que trabajé muy duro, y al que dediqué mucho tiempo en solicitudes, tareas y entrevistas, mientras me perdía los cumpleaños de mis amigas y una reunión familiar en el proceso. Todavía recuerdo perfectamente la sensación de hundimiento que tuve a las pocas semanas, cuando me di cuenta de que seguía sintiéndome igual de infeliz, incluso con un reluciente nuevo puesto de trabajo. Tuve una experiencia similar con la pérdida de peso. Durante mucho tiempo creí que adelgazar me haría más feliz, y me pasé meses corriendo durante las noches frías y oscuras y evitando las comidas que me gustan en busca de esa felicidad. Fue devastador darme cuenta de que llevar unos vaqueros más pequeños no era la llave mágica para la felicidad que yo esperaba.
No soy la única que experimenta esto: me había encontrado con lo que se llama la falacia de la llegada. El término, acuñado por el psicólogo de Harvard Dr. Tal Ben-Shahar (2019), se refiere a la falsa creencia de que una vez que alcanzamos una meta o llegamos a un determinado destino, lograremos la felicidad eterna. La falacia de la llegada derriba el mito de que «seremos felices cuando...».
Ben-Shahar sostiene que somos más propensas a experimentar la falacia de la llegada si empezamos siendo infelices y creemos que lograr un gran objetivo o hito curará nuestra tristeza. Cuando el éxito no nos hace sentir más felices, podemos llegar a estar desilusionadas, incluso desesperanzadas y deprimidas. Entonces canalizamos toda nuestra energía en alcanzar un objetivo diferente, y creemos que el siguiente logro aplacará nuestra tristeza y el ciclo se repite. Podemos encontrarnos encerradas en una espiral negativa y, lo que es peor, mientras volcamos toda nuestra energía en lo siguiente que creemos que nos hará felices, a menudo nos perdemos la alegría que tenemos disponible aquí y ahora.
En pocas palabras, es muy poco probable que un único objetivo o logro sea suficiente para hacernos sentir satisfechas y realizadas. La idea
de que habrá algún momento en el futuro en el que lo tendremos todo y habremos alcanzado el ansiado «felices para siempre» es falsa, y también perjudica nuestra felicidad en el presente. Porque cuando estamos ocupadas persiguiendo lo que sigue en la lista de logros, nos distraemos y perdemos oportunidades de alegría que nunca recuperaremos. Puede parecer exagerado, pero si alguna vez has cancelado una cena con amigas para quedarte hasta tarde en el trabajo o has mirado a escondidas el correo electrónico mientras estabas con tus hijos, es probable que ya hayas sacrificado parte de la alegría de la que disponías en busca de una felicidad futura que nunca llegó. Si nuestro objetivo es ser felices, tenemos que priorizar la felicidad en el momento presente en lugar de sacrificarla en la búsqueda de más logros.
La
productividad tóxica
y el aumento del agotamiento
La falacia de la llegada nos muestra que perseguir más con la esperanza de que nos hará más felices es una economía falsa, pero no es la única razón por la que necesitamos reevaluar nuestras nociones sobre la productividad. Presionarnos sin descanso para conseguir más puede llevarnos por el camino de la productividad tóxica, que se produce cuando estamos tan centradas en producir que descuidamos otros aspectos importantes de nuestra vida. Si priorizamos la productividad por encima de nuestras necesidades básicas, como el descanso o el tiempo de calidad con nuestros seres queridos, nos ponemos en la vía rápida hacia el agotamiento. Muchas de nosotras ya estamos en esa situación. La investigación muestra que los niveles de agotamiento están en un máximo histórico, con un estudio del año 2023 del Future Forum que reveló que el 42 % (en aumento) de la fuerza de trabajo informó haberlo experimentado. La misma investigación también reveló que las mujeres corren un mayor riesgo de agotamiento que los hombres (la brecha de género en el agotamiento se ha duplicado desde 2019, potencialmente exacerbada por el hecho de que las mujeres asumen una mayor carga mental y doméstica desde la pandemia), y los jóvenes (los que tienen treinta años o menos) también parecen estar sufriendo más, con la ansiedad por ser despedidos y la falta de capacitación que les causan una mayor presión para rendir en el trabajo.
Lo que me preocupa de estas cifras es que es fácil olvidar que el hecho de que el agotamiento sea frecuente no significa que no sea grave. Si nunca
has experimentado el agotamiento, se te podría perdonar por pensar que se puede remediar con unos cuantos baños de burbujas y acostarte temprano, pero la realidad es que puede ser debilitante. Sé que cuando lo sufrí en 2017, tardé meses en recuperarme por completo y me dejó con tan poca energía que apenas podía gestionar lo esencial para mantener mi vida en funcionamiento. He apoyado a clientes que han experimentado desafíos similares: a una le costó disfrutar el día de su boda porque estaba en las profundidades del agotamiento por estrés. Otra hablaba con tristeza de cómo apenas recordaba los días de recién nacido de su hijo: se había llevado tan al límite con las prisas por tenerlo todo listo antes de su baja por maternidad que se pasó los primeros meses de maternidad sumida en una agotadora niebla de adrenalina.
No hablamos lo suficiente del impacto que el agotamiento puede tener en nuestra confianza. Experimentarlo me dejó con una duda paralizante sobre mí misma, algo que tuve que trabajar durante años para sentirme lo suficientemente segura como para perseguir mis sueños y ambiciones. Sé que no soy la única a la que le pasa. He trabajado con cientos de personas brillantes, talentosas, creativas y motivadas, pero que luchan contra la ansiedad o la baja autoestima que les provoca el agotamiento. También está la vergüenza que conlleva tener que bajar el ritmo o parar, cosas que en nuestra sociedad se consideran debilidades. Es mucho más fácil centrarse en lo que no hemos sido capaces de hacer que en lo que sí hemos hecho, y el miedo a quedarnos atrás o a defraudar a los demás puede llevarnos a acortar el periodo de recuperación que necesitamos. Existe un riesgo real de que se desencadene un ciclo negativo que se autoperpetúa: sentimos que perdemos el control o que no conseguimos ser productivas, lo que agota aún más nuestra energía y nuestro optimismo, y nos atrapa en una rutina de la que puede parecer imposible salir. Qué ironía que, al intentar hacer más, muchas de nosotras nos encontremos en una posición en la que no podemos hacer mucho.
HAZLO A TU MANERA
La vida es mucho más que ser productiva. Utiliza este diario para reflexionar sobre el papel que ha desempeñado el trabajo duro en tu vida y sobre quién eres más allá de tus logros:
¿Qué papel ha desempeñado el trabajo duro en tu vida hasta ahora?
¿Cómo te hace sentir estar más ocupada de lo que eres capaz?
¿Has experimentado alguna vez la falacia de la llegada? Escribe qué ha ocurrido y cómo te hizo sentir.
¿Cómo ha afectado tu relación con la productividad y la felicidad la expectativa de la sociedad de que las mujeres deben tenerlo todo?
¿De qué maneras te has sentido presionada para ser la «perfecta» mujer, madre, esposa, empleada, amiga, hija o cualquier otro papel? ¿Cómo ha afectado esto a tu salud mental, tu identidad o tu bienestar?
¿Alguna vez te has sentido culpable por dedicarte tiempo a ti misma o dar prioridad al autocuidado? ¿A qué crees que se debe?
¿Te has comparado alguna vez con otras mujeres que parecen estar haciéndolo todo? ¿Cómo te hizo sentir eso y cuál crees que puede ser la realidad detrás de esas vidas que parecen perfectas?
¿Qué es importante para ti más allá de los logros? ¿Qué te hace ser quien eres que no tenga nada que ver con lo que haces?
Cuando eras una niña, ¿qué te hacía sentir feliz? ¿Mirar atrás te inspira alguna idea sobre cómo puedes encontrar más alegría de adulta?
¿Qué mejorarías en tu vida si tuvieras más tiempo para las cosas que te hacen feliz?
Un nuevo enfoque sobre la productividad que honra tu necesidad de alegría
No podemos seguir así, esperando que la próxima rutina o el próximo truco de gestión del tiempo que probemos sea la solución mágica a nuestros problemas de productividad mientras sacrificamos nuestra alegría o, peor aún, nos enfermamos. No podemos seguir esperando que alguien que no conocemos tenga las respuestas, mientras desestimamos nuestras necesidades, nuestros recursos y nuestras experiencias únicas. Hemos intentado hacerlo de esa manera, y solo hemos conseguido estar más ocupadas y agotadas que nunca.
Es hora de hacer las cosas de otra manera. Es hora de empezar a confiar en que te conoces a ti misma mejor que nadie y empezar a usar ese conocimiento para ayudarte no solo a domar tu lista de cosas por hacer, sino a enamorarte más de tu vida en el proceso. No estoy hablando de renunciar a la ambición. Te estoy pidiendo que redefinas tu relación con ella de una forma más alegre e intencionada. Todos hemos oído la frase «nada que merezca la pena se consigue con facilidad», pero ¿y si eso fuera un error? ¿Y si encontrar la alegría en el camino y abrazar tus propios superpoderes es la clave del éxito? Como compartiré más adelante en el libro, las investigaciones del campo de la psicología positiva sugieren que todos deberíamos hacer precisamente eso.
Durante mucho tiempo hemos creído que la clave de la productividad reside en la fuerza de voluntad, los sistemas, o los hábitos inquebrantables. Yo creo, en cambio, que la clave para ser productiva y a la vez sentirse equilibrada reside en utilizar tus fortalezas, respetar tus ciclos de energía y aprovechar tus motivaciones. A lo largo de este libro, haremos exactamente eso. Adoptaremos un enfoque más compasivo y centrado en lo humano, uno que se basa en tu realidad, y compartiré herramientas e ideas del campo de la psicología positiva que te ayudarán a hacer más cosas de una forma que te haga sentir bien. También te presentaré el Método de la alegría, mi proceso probado y comprobado que te ayudará a liberarte de las normas y las expectativas tradicionales en torno a la productividad y a adoptar un enfoque más alegre y satisfactorio.
Pero antes, quiero invitarte a cuestionar tu definición de productividad. Como tantas otras cosas en la vida, absorbemos nuestras creencias sobre la productividad de la sociedad, la cultura y los entornos en los que crecimos. Si tuviste una madre que nunca se quedaba quieta, es probable que creas que ser productiva significa estar siempre en movimiento. Si creciste en una cultura que valora los logros por encima de todo lo demás, tal vez asocies la productividad con tener un trabajo de alto estatus, sin importar lo insatisfactorio que te resulte. Si alguna vez has trabajado para un jefe que envía correos electrónicos por las tardes o los fines de semana, es posible que creas que para ser productiva tienes que trabajar a todas horas. Si alguna vez has experimentado la escasez o la carencia, es posible que hayas absorbido la creencia de que no es seguro reducir la velocidad y desconectarte de tu lista de tareas pendientes, por lo que no lo has hecho a pesar de que tu vida es muy diferente ahora.
Independientemente de las experiencias que te hayan marcado, te invito a reconsiderar tu método de trabajo. Porque la verdadera productividad no consiste en hacer todo lo que podemos. Se trata de concentrar nuestras energías en lo que realmente nos importa. La verdadera productividad no consiste en lo rápido que podemos conseguir algo. Se trata de encontrar la alegría en el camino y saborear el proceso de trabajar hacia un objetivo o un hito. La verdadera productividad no consiste en tenerlo todo. Se trata de ser intencional en la visión del tipo de vida que quieres tener, y luego usar tus habilidades y recursos únicos para construirlo. Y, como aprenderás en este libro, una de las grandes ventajas de centrarse en la alegría en lugar de en la productividad es que, al hacerlo, serás más productiva que si te limitaras a intentar hacer todo lo que puedas, porque te estarás moviendo en la dirección que quieres que tome tu vida.
Como has elegido este libro, es probable que sepas, en el fondo, que el viejo enfoque ya no funciona. Probemos algo diferente.
Déjalo ir
Todas tenemos experiencias, entornos y comunidades únicos que han moldeado nuestra forma de mostrarnos en el mundo. Si nos tomamos el tiempo para reflexionar sobre nuestras creencias, podemos empezar a identificar de dónde vienen y ser conscientes de si queremos aferrarnos a ellas. Mediante las siguientes preguntas y consignas, tómate un tiempo para reflexionar sobre las creencias que tienes sobre la productividad:
• ¿Qué te mostraron sobre la productividad cuando eras una niña? Por ejemplo, ¿cuánto veías relajarse a tus padres o a tus cuidadores? ¿Te recompensaban por terminar rápido tu trabajo en la escuela y, en caso afirmativo, cuál era la recompensa?
• ¿Qué mensajes recibiste al crecer sobre lo que significa ser una mujer «exitosa»?
• ¿De dónde viene tu afán de ser productiva? Piensa en desencadenantes específicos que puedas tener, por ejemplo, tal vez sientas que el dinero ha escaseado en tu vida y crees que, si bajas el ritmo, arriesgarás tu seguridad económica.
• ¿Has adquirido alguna creencia específica sobre cómo debería ser la productividad para ti como mujer? ¿La presión por tener un aspecto determinado influye en tus creencias, por ejemplo? O quizá sientas la presión de lograr ciertas cosas para mostrar a otras mujeres lo que es posible.
• ¿Cómo han influido en tu percepción de la productividad y el éxito las distintas funciones y responsabilidades que desempeñas como mujer, por ejemplo, cuidadora, ama de casa o sostén de la familia?
• ¿Están entrelazadas de alguna manera tus creencias en torno a la productividad y la alegría? Por ejemplo, ¿crees que solo serás merecedora de alegría cuando hayas alcanzado un determinado objetivo?
• ¿Tienes alguna creencia en torno a la productividad que esté obstaculizando tu alegría y tu felicidad? Por ejemplo, ¿tu afán por ser la mamá perfecta que lo hace todo en realidad te hace estar menos presente con tu hijo?
• ¿Has sentido alguna vez la presión de restar importancia a tus ambiciones o a tus logros para encajar en las expectativas sociales
sobre las mujeres? ¿Cómo ha afectado esto a tu relación con la productividad y el éxito?
• Como mujer, ¿has sentido alguna vez que tenías que trabajar el doble de duro para demostrar tu valía o para que te tomaran en serio? ¿Cómo ha influido esto en tu enfoque de la productividad?
• ¿Has luchado alguna vez con la creencia de que tu valía como mujer está ligada a tu productividad o a tus logros? ¿De dónde crees que proviene esa creencia?
• ¿Cómo ha influido el estereotipo de «supermujer» (la idea de que las mujeres deberían ser capaces de gestionar sin esfuerzo sus carreras, sus familias y sus vidas personales) en tus creencias sobre la productividad y la autoestima?
• Escribe una lista de creencias que quieras dejar atrás. A continuación, piensa en las nuevas creencias con las que las podrías sustituir. Por ejemplo, tal vez quieras sustituir «Seré feliz cuando...» por «La alegría está disponible para mí ahora mismo si reduzco la velocidad lo suficiente para experimentarla».
Además de examinar cómo las normas sociales han moldeado nuestra relación con la productividad y el éxito, es fundamental tener en cuenta los desafíos y las presiones específicos a los que se enfrentan las mujeres cuando se trata de cómo la productividad influye en los sentimientos de autoestima. Esta curiosidad puede ayudarnos a desarrollar una comprensión más profunda de cómo las expectativas sociales y los roles de género han moldeado nuestras creencias y nuestros comportamientos, lo que a su vez puede ayudarnos a practicar más la autocompasión y adoptar un enfoque más alegre y satisfactorio de la productividad.
RECAPITULEMOS
A pesar de los avances tecnológicos, nuestras vidas parecen más atareadas que nunca y la presión por conseguir logros es inmensa. Muchas de nosotras nos esforzamos por lidiar con todo y la alegría suele quedar relegada al final de nuestras listas de tareas pendientes.
En la búsqueda de una mayor productividad, tendemos a buscar la sabiduría en fuentes externas en lugar de abrazar nuestro propio conocimiento interior. Como resultado, nos encontramos agotadas o atrapadas en un ciclo de vergüenza y culpa. Nuestras definiciones de productividad no siempre son intencionadas, lo que puede impedirnos dar prioridad a lo que más nos importa.