Joanna Walsh
MUNDOS DEL FIN DE LA PALABRA t r a d u c c i ó n d e va n e s a g a r cía cazorla
EDI T ORIAL PERIFÉRI CA
primera edición :
septiembre de 2020 Worlds From the Word’s End colección : Julián Rodríguez
título original : diseño de
La presente publicación ha sido beneficiaria de una de las ayudas a la Edición convocadas por la Consejería de Cultura e Igualdad de la Junta de Extremadura.
© Joanna Walsh, 2017 (Publicada por acuerdo con And Other Stories Publishing, UK) © de la traducción, Vanesa García Cazorla, 2020 © de esta edición, Editorial Periférica, 2020. Cáceres info@editorialperiferica.com www.editorialperiferica.com isbn:
978-84-18264-66-5
d e p ó s i t o l e g a l : c c -208-2020 impresión: i m p r e s o e n e s pa ñ a
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Kadmos p r i n t e d i n s pa i n
El editor autoriza la reproducción de este libro, total o parcialmente, por cualquier medio, actual o futuro, siempre y cuando sea para uso personal y no con fines comerciales.
hauptbahnhof
Proposiciones de doble sentido: en el primer ejemplo, el complemento preposicional describe un destino. En el segundo, describe un lugar determinado. El alemán señala esta distinción a través del uso de casos (wohin? / ¿adónde? wo? / ¿en dónde?).
Sé lo que estás pensando. Pero se puede dormir en la estación. Siempre y cuando no parezcas un sintecho, te mudes de ropa con una regularidad razonable y, por encima de todo, parezca que estás esperando a alguien. He perfeccionado el aspecto de quien espera. Al fin y al cabo, aun cuando ya no esté segura de si estoy esperando o de si sólo desearía aparentar estar esperando, es mi responsabilidad no causar una «situación embarazosa», un incidente. Es mi responsabilidad proteger a la gente que pasa por la estación de ver a una mujer sola que no está esperando a nadie. Aunque, por supuesto, yo lo estoy. Y no hay mejor lugar para esperar que Hauptbahnhof. En vista de lo grande que es, puedo cambiar de andenes con frecuencia. Hay infinitamente menos palomas que en cualquier otra estación central en Europa. 115
Hauptbahnhof huele a café, a abrillantador de suelos, a cigarrillos, a las sustancias que empleamos para corregir, para marcar el tiempo, para mantenernos en pie. Fumar está prohibido, por supuesto, pero esto es difícil de controlar. Antes de subirse al tren, la gente siempre querrá un último cigarrillo. Me precio de viajar ligera. Aguardar: es preciso tener aspecto de estar esperando una llegada o de estar a punto de partir; de otro modo, deberás cambiar de andén con una regularidad razonable si quieres rehuir la atención de las autoridades. Para ambos propósitos, una maleta pequeña y ligera es lo ideal. Hauptbahnhof está abierta las veinticuatro horas los siete días de la semana. Las coincidencias tienen lugar en cualquier momento del día o de la noche. Me he acostumbrado al sonido de los trenes. Hay dos ruidos: el persistente chirrido de las ruedas en la vía y el más suave traqueteo de las partes superiores del material rodante. A veces parece irrisorio que coincidan. Naturalmente, me decepcionó que no vinieras. Al llegar, te busqué en el andén, pensando que no me habrías visto entre la multitud, que te habrías equivocado de planta. Al cabo de un rato, me di cuenta de que eso era improbable: las Señales hacen que sea imposible perder un tren, esto es, si sabes leer las Señales, claro. Aquella noche tuve problemas con las Señales. Al no verte, llegué a la conclusión de que debías de 116
estar esperándome en tu apartamento. Quizás habría habido un malentendido o un compromiso que hubieras olvidado mencionar. No me habías enviado tu dirección, pero, como sabía el nombre de tu parada de U-Bahn, fui a la planta cero de la estación. En el quiosco de libros para turistas no hice caso de los planos que mostraban Berlín página a página. Necesitaba saber dónde estabas y dónde estaba yo al mismo tiempo. Necesitaba ver la ciudad entera. Disimuladamente saqué un plano de su compartimento de plástico en la parte posterior de una guía de la ciudad. Berlín era más grande de lo que me había figurado. El mapa se desplegó y se desplegó hasta que, de su propio peso, se cerró él solo, y una larga rasgadura serpenteó atravesando su centro. El sonido fue ensordecedor. Mi intención había sido robar el plano, claro está, ya que lo necesitaba más que nadie. Pero el ruido hizo que me sintiera tan violenta que rápidamente lo volví a plegar y lo embutí en su sobre de plástico. Desde la estación anduve una breve distancia atravesando la Europlatz en dirección a las escaleras que conducían a la boca de lo que parecía el metro. Al final de un túnel blanco, fui a parar a dos andenes, ambos vacíos, con sus Señales describiendo unas paradas que no podía reconocer en el plano del U-Bahn. Subí por una escalera mecánica con la esperanza de ver más andenes, pero de buenas a primeras me volví a ver bajo la bóveda acristalada de la estación. 117
No fue sino más tarde cuando descubrí que el U-Bahn todavía no está conectado con la Hauptbahnhof. Por supuesto, en aquel entonces yo no hablaba alemán. Pero he mejorado (estarías orgulloso). La sucursal de Relay de la planta uno tiene revistas de quince países diferentes. Asimismo, hay guías de conversación, diccionarios y periódicos. Si dispones de tiempo, puedes aprender un idioma. Aquella primera noche te llamé un par de veces, pero no contestaste. Puede que apuntara mal tu número. Te escribí un correo electrónico comentándotelo, pero no respondiste. Pensé que tal vez estuvieras jugando, que acabarías ablandándote o que, cuando nos viéramos, me darías una buena razón. Quizá se tratara de una broma. Pensé que se te habría quedado sin batería el teléfono, que estarías desconectado. Pensé que lo habrías perdido, que te lo habrían robado. Pensé que estarías ocupado, que te retrasabas por causas ajenas a tu voluntad, que me contestarías más tarde. Pensé que te habrían arrestado o que estarías en el hospital. Pensé que te habrías muerto. Había muchas explicaciones posibles: no vi razón para no albergar esperanza. Por el momento mi dieta no es la que me habría gustado, pero no me sale cara. Dado que las raciones son grandes, puedes limitarte a comprar la comida cada 24 horas, y hay una gran variedad. Me 118
he acostumbrado a la cocina internacional y cada día elijo un destino distinto. Dunkin’ Donuts tiene el café más barato de todos; Starbucks, el más caro. Prácticamente están pegados, separados únicamente por una peluquería. Ésta no es la clase de peluquería a la que normalmente iría –del tipo de las que tienen pósteres de mujeres cuyas melenas están teñidas y tiesas artificialmente–, pero es preciso guardar las apariencias, puesto que podemos vernos en el momento menos pensado. Con un poco de cuidado, si te peinan con el secador, el peinado te puede durar una semana entera, tras lo cual viene el champú en seco. Podrías pensar que me he arrepentido de mi maleta ligera o que me he cansado de mi única barra de labios, pero el surtido de las tiendas de cosmética y las farmacias hace que pueda probar un nuevo color cada día. A veces, un demostrador me cambia de imagen y parezco otra persona. Por esta misma razón, mi piel nunca ha tenido un aspecto mejor. He oído que cambiar de productos con frecuencia hace que éstos se vuelvan más efectivos (me he puesto al día de los últimos avances en el cuidado de la piel). En ocasiones, eliminar el mal olor puede ser un problema, pero si no te importa usar un desodorante de aerosol con gases CFC, por lo general puedes pulverizarte mientras el dependiente está mirando hacia otro lado. ¿Que si echo de menos mi casa? ¿¡Cómo la voy a echar de menos!? En la última planta hay una tienda 119
con artículos para el hogar. Realistas muñecos de plástico yacen en tumbonas junto a una ventana. Todo es nuevo, perfecto. Las cosas se compran y se llevan, y se sustituyen por cosas novísimas. Nada en Hauptbahnhof se desgasta. Habrás pensado que las dependientas podrían reconocerme después de todo este tiempo, pero no lo hacen, solamente las peluqueras, en cuyo establecimiento mis datos figuran en una ficha para que cada vez que vaya me peine mi peluquera habitual. Pasa tanta gente por aquí… La única dificultad que tengo es a la hora de cargar el móvil. Te lo digo para que sepas por qué no siempre puedo estar localizable. Puesto que no quiero llamar la atención hacia mi espera, soy reacia a preguntar en las tiendas o en la taquilla de billetes, y sólo de cuando en cuando puedo emplear clandestinamente el enchufe en Relay, que me figuro que es para conectar el aspirador. ¿Que cómo me las arreglo con el dinero? Sí, sé lo que estás pensando, pero no te preocupes. No estoy sin blanca. No tengo que pagar alojamiento. Mis fondos no son infinitos. Sin embargo, soy frugal y tampoco pienso pasarme toda la vida esperando. Lo que llevo mal es tener que pagar por el agua. Gracias a los diccionarios, los periódicos y las guías de conversación, he llegado en mis estudios a las preposiciones y adverbios alemanes de tiempo y 120
lugar: nach (a / después / hacia / antes y todavía) y jetzt (hasta /ahora / todavía no y justo). Sólo de vez en cuando pienso que quizás ya no vivas en Berlín. Llegó a mis oídos que andabas por Edimburgo, una ciudad donde la estación está emplazada en una grieta entre dos orillas verdes, con esos raíles que simplemente van hacia adelante y hacia atrás. Desde la calle miras hacia abajo las líneas que se entrelazan, pero no se cruzan. No hay ángulos rectos –no hay cruces– solamente una larga vía hacia Escocia y otra hacia Inglaterra. Si estás en Edimburgo, tendrás que volver. Sé que puedes coger un avión, pero tengo entendido que una línea enseguida conectará Hauptbahnhof con el aeropuerto. Puedo esperar. Sí, hay autobuses, pero ese no es tu estilo. Si te has hecho famoso en Escocia, siempre quedará la posibilidad de que cojas un taxi, aunque lo veo poco probable. Prefiero las Salidas a las Llegadas, momento en que todo ya ha sucedido. Incluso mientras se acerca el alba en alargados rombos de luz inconstante, las Llegadas no prestan atención a la preciosa estación. Miran hacia abajo, dirigiéndose hacia algo conocido, hacia casa, hacia la cama. A algunos los vienen a buscar, desde luego, pero a menos de los que te imaginarías, y tampoco es que se queden mucho tiempo. Los heroísmos están reservados para las Salidas: las miradas pretendidamente animosas, los últimos abrazos, los besos que alargan los minutos. 121
Está claro que, en un momento dado, todas las personas que viven en Berlín deben de pasar por Hauptbahnhof. Es sólo cuestión de tiempo. Pronto construirán el enlace del U-Bahn. Mientras desespero, esperaré en las Llegadas. Si leo las Señales correctamente, tal y como puedo hacerlo ahora, no me perderé ni una.34 Es bueno saber exactamente dónde estás.
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