DIFÍCILES de MANEJAR Vida y muerte de
THE BLACK CROWES Memorias
STEVE GORMAN Con la colaboración de
STEVEN HYDEN
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Para Rose Mary, mi ancla, y Jim, mi mentor, por su amor y apoyo inquebrantables, a pesar de mi incapacidad y mi reticencia a hablar con claridad de todo esto cuando estaba ocurriendo. Para vosotros, con todo mi amor.
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ÍNDICE
Prefacio. En The Black Crowes, un buen día era cualquiera que no fuera del todo malo ........................................................................ 11 1 Los inicios ....................................................................................... 21 2 No te unas a ese grupo, porque están todos como una puta cabra ... 32 3 «Está podrido por dentro» ............................................................... 41 4 «No, no, no. Prueba en Sol abierto, como Keith» ............................ 50 5 Los KKK ........................................................................................... 64 6 Michael Corleone les recibirá ahora ................................................ 74 7 ¿Vamos a perderlos o a ganárnoslos? ............................................. 78 8 El tío Bob ......................................................................................... 90 9 Cuando el alumno esté listo, aparecerá el maestro .......................... 95 10 Bienvenidos a casa. Estáis despedidos ............................................ 99 11 El agotamiento del éxito ................................................................... 105 12 El fin de Shake Your Money Maker .................................................. 113 13 Segundo round ................................................................................ 122 14 Perdiendo la cabeza ......................................................................... 131 15 La caída ........................................................................................... 138 16 High as the Moon ............................................................................ 148 17 Tall ................................................................................................... 158 18 Björk, Hans Gruber y un gran terremoto .......................................... 170 19 Best Buy o no Best Buy .................................................................... 177 20 Dinero .............................................................................................. 184
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21 Lárgate. Vete a casa y ya está ........................................................... 194 22 Pato a la pequinesa en el menú .. ...................................................... 206 23 «¿Que si los conozco? ¡Pero si los he escrito yo!» .......................... 216 24 Three Snakes y un hombre honorable .............................................. 222 25 Cosas que hacer en Denver cuando tu grupo está muerto ............... 230 26 Band o el infierno ............................................................................ 241 27 «Ponte ropa de verdad, ¿quieres?» ................................................. 253 28 El monstruo de tres cabezas ............................................................ 260 29 La cruda realidad ............................................................................. 267 30 By Your Side .................................................................................... 278 31 ¡The Black Crowes han vuelto! (aunque realmente nunca nos fuimos) ..................................................................................... 285 32 «Justo cuando pensaba que estaba fuera, llega el señor Jimmy Page» ................................................................................... 290 33 Siesta en The Greek ......................................................................... 304 34 Sven Pipien, cambio y corto ............................................................ 317 35 Incipientes problemas en el Valhalla ................................................ 329 36 «¿Cuál de esos dos hijos de puta gilipollas es el culpable de esto?» ......................................................................................... 338 37 Por fin, después de mucho tiempo… fuera ..................................... 352 38 Una píldora de veneno ..................................................................... 369 39 Hunter S. Thompson, Bruce Springsteen y yo entramos en un bar… ..................................................................................... 379 40 El largo adiós ................................................................................... 390 Epílogo. La lápida ..................................................................................... 405 Agradecimientos ....................................................................................... 411
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PREFACIO En The Black Crowes, un buen día era cualquiera que no fuera del todo malo
Mi grupo, The Black Crowes, tuvo una trayectoria espectacular. Pero no se puede negar que fue todo muy raro. Nuestro primer disco, que salió en 1990, tuvo un éxito impresionante. Nuestro segundo álbum también triunfó y nos consolidó como uno de los mejores y más importantes grupos de rock del mundo. Y entonces… las cosas se torcieron. Durante los más de veinte años que vinieron después perdimos el noventa por ciento de nuestro público original. Y en gran medida fue por elección propia. Evitamos a propósito hacer cosas que nos habrían ayudado a aumentar, o como mínimo mantener, nuestro número de fans. Hicimos lo que hicimos y hubo cosas que no hicimos, para bien o para mal. La vena autodestructiva de The Black Crowes acabó con nuestros seguidores ocasionales y puso a prueba la lealtad de los fans más inquebrantables. Al final la gente que se quedó con nosotros nos quería mucho, de verdad. Y es a esa gente a la que le debemos toda nuestra carrera. Gracias a su apoyo, The Black Crowes pudieron mantener el lucrativo negocio de las giras durante décadas. Años después de que Hard to Handle, She Talks to Angels y Remedy llegaran y desaparecieran de la MTV, seguíamos agotando las entradas en teatros de todo Estados Unidos a principios de los 2000, e incluso de 2010 en adelante, aunque nunca dejamos de poner a prueba la paciencia de esos mismos fans con una serie de decisiones frustrantes e inevitables broncas.
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Cuando el grupo decidió separarse por primera vez, en 2002, la causa principal de nuestros problemas internos eran las constantes peleas entre Chris y Rich Robinson. Siempre estaban discutiendo, incluso el mismo día que los conocí. No es que después de hacerse famosos dejaran de soportarse; nunca estuvieron en la misma onda. Pero, como tenían el mismo apellido, supongo que se dijeron: «Bueno, tenemos que hacer esto juntos y ya está». Para entonces la rivalidad fraternal entre los Robinson era omnipresente y había llegado al límite. Ya no éramos jóvenes y ambiciosos como antes. Cuando empezamos, todos tolerábamos mejor las chorradas de los demás. O al menos podíamos ignorarlas, fingir que no era todo tan malo y seguir con lo nuestro. Pero con treinta y muchos, hacer lo mismo resultaba mucho más difícil. La actitud general era: «Tíos, esto ya es bastante jodido. ¿Por qué os pasáis el día peleando por las mismas mierdas?». Y los hermanos siempre decían: «Esto es cosa nuestra. No os preocupéis». Pero resultaba imposible. Su rivalidad incomprensible se colaba en todos los aspectos de la existencia del grupo. Todos los demás músicos y el resto del equipo nos veíamos obligados a elegir un bando u otro, a pesar de nuestras mejores intenciones de permanecer neutrales y hacer lo que hiciera falta para mantener la maquinaria funcionando. Era agotador. The Black Crowes se separaron en 2002, aunque en ese momento lo calificamos de «paréntesis»: la palabra perfecta si crees que la cosa se ha terminado para siempre, pero no estás seguro del todo. En 2005 a todos nos invadió un sentimiento de «mierda… esta vez vamos a hacerlo bien». Todos habíamos madurado (supuestamente) y, tras probar la realidad fuera de The Black Crowes, nos habíamos dado cuenta de que seguramente no era tan buena como la vida dentro del grupo. Inicialmente había un deseo muy real y muy fuerte de no repetir los errores. Pero pasados dieciocho meses quedó claro que habíamos vuelto a meternos otra vez en la misma rueda, como hámsteres: pelea, gira, disco, pelea, gira, disco. La gente no cambia a menos que realmente quiera hacerlo. Y The Black Crowes no querían cambiar en realidad. La sensación que teníamos todos era la de siempre: «Somos un buen grupo, pero estar en él es una verdadera tortura».
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De todas formas, siempre prevalecerá una verdad fundamental sobre The Black Crowes: fuimos, en nuestro mejor momento, un grupo increíble. A mucha gente le gustaba la música que hacíamos. Pero en The Black Crowes nunca se pudo disfrutar de eso. Es frustrante que el grupo nunca pudiera evolucionar hacia un estado en el que hubiera una apreciación genuina de lo que habíamos logrado y del hecho de que habíamos encontrado nuestro público y lo habíamos mantenido a lo largo del tiempo. Yo puedo culpar a los demás y ellos me culparán a mí. Todo el mundo tiene su punto de vista. Pero el ambiente general era tenso, crispado y difícil. Voy a ser muy sincero: por el camino hubo un millón de carcajadas y momentos de verdadero compañerismo. Pero muchas de esas risas y gran parte de esa unión nacían de la negación y el miedo desesperado y persistente a enfrentarnos a la tóxica realidad de nuestras relaciones interpersonales y a admitir las consecuencias de nuestras decisiones y estilos de vida autodestructivos. Entre 2005 y 2010 hicimos tres discos y estuvimos de gira prácticamente sin parar. Y nos vimos sometidos a la misma dinámica que en los años anteriores. E, igual que antes, nos resultó imposible ponernos de acuerdo y establecer unos objetivos claros. Para diciembre de 2010 el grupo ya no daba para más. Chris pasaba de todo completamente. Ya no quería tener nada que ver con un grupo en el que él no tomaba todas las decisiones. Necesitaba tener el control total, a pesar de su larga sucesión de decisiones desastrosas y elecciones equivocadas que tuvieron dolorosas consecuencias. Formó un grupo que se llamaba The Chris Robinson Brotherhood y, por segunda vez en nueve años, decidió hacer un paréntesis en su trayectoria con The Black Crowes con la intención de abrirse un nuevo camino que no le exigiera tener que trabajar con su hermano. Yo fui a ver a su grupo en 2012, en Nashville. Y en el escenario lo vi sonreír, sonreír de verdad. Muy pocas veces sonreía así, de esa forma tan auténtica, cuando estaba con The Black Crowes. Así que pensé: «Vaya, me alegro por él. Espero que esté feliz de verdad». Así que me sorprendió mucho cuando, después del concierto, me habló de hacer una gira con The Black Crowes en 2013.
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No pude evitar preguntarle con una sonrisa: «¿Pero por qué quieres volver a hacer algo que te hace sentir tan mal?». Poco después de eso ya estaban listos todos los planes para hacer una gira en 2013 como «prueba» antes de hacer otra de aniversario en 2015, para celebrar los veinticinco años de la salida de nuestro primer disco, Shake Your Money Maker, que publicamos en 1990 y que consiguió varios discos de platino. La gira de 2015 sería también probablemente una despedida en toda regla, pensando en nuestros fans más incondicionales. Pero quedaban unos cuantos obstáculos que superar. Los hermanos Robinson llevaban casi un año y medio sin hablarse. Mientras nuestro mánager estaba preparando la gira, Chris y Rich se escribían emails amenazantes todos los días. «Te voy a matar si haces eso…», «Cancelo la gira si te atreves a…». La misma mierda de siempre. En nuestro primer ensayo, en Brooklyn, el resto del grupo pasamos el rato haciendo apuestas sobre cuánto tiempo iba a pasar antes de que llegaran a las manos. La media estaba en tres horas. En nuestro primer descanso, los dos se juntaron y tuvieron una conversación en voz baja en un rincón. Para el completo asombro de todos los demás, esa breve charla fue lo único que hizo falta para que los dos enterraran el hacha de guerra. Terminamos el ensayo sin incidentes. Y lo mismo pasó con el siguiente y el siguiente. Hicimos ciento veinte conciertos ese año, casi todos con las entradas agotadas. Los promotores estaban felices. La reacción de los fans fue positiva en todos los casos. Los hermanos se llevaban estupendamente, al menos al principio. Parecía todo listo para la gira de 2015. Hablamos, y mucho, sobre sacar temas nuevos para 2015; tal vez no un disco entero, pero sí un EP con cuatro o cinco canciones nuevas. Si la de 2015 iba a ser nuestra última gira, era importante no forzar la máquina. Menos conciertos seguidos, descansos más largos. Mejor hacerlo bien. Ser inteligentes. Dejarlo en lo más alto. Habíamos hecho ya dos tercios de la gira de 2013 cuando la cosa empezó a torcerse. Nadie lo vio venir, porque poco antes de que todo se fastidiara los hermanos habían tenido un importante acercamiento. Falleció su padre, Stan, y Chris y Rich compartieron su dolor de una forma que parecía ser el punto de partida para que alcanzaran una aceptación y una apreciación mutuas.
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Pero no duró mucho. Tres semanas después tuvimos un descanso de diez días en la gira. Cuando nos reunimos en Portland, Maine, quedó claro al instante que, fuera cual fuera el vínculo que hubieran desarrollado antes, para entonces se había desvanecido. Chris solo necesitó esos días de descanso para decidir que ya no necesitaba a su hermano, y mucho menos a The Black Crowes. Terminamos la gira como todas las anteriores, con todos los recursos agotados y aguantando en la cuerda floja. Un año que había empezado con una extraordinaria sensación de promesa y positividad, terminó con un gran suspiro de alivio, en el mejor de los casos, y una profunda tristeza ante otra oportunidad perdida. A principios de 2014 hicimos cuatro conciertos corporativos en Las Vegas, Nueva Orleans, Nueva York y Boston. Al final esos resultaron ser los últimos conciertos de The Black Crowes: unos conciertos privados para unos pocos elegidos, en vez de la grandiosa gira de aniversario que originalmente habíamos previsto. Tras nuestro último concierto, en Boston, fui al aeropuerto en el mismo coche que los hermanos Robinson: el último viaje juntos de los tres miembros fundadores de The Black Crowes. Volábamos en diferentes aerolíneas. Yo tuve que bajar del coche primero. —Bueno, tíos, nos vemos —me despedí. —Vale, tío. Hasta pronto —contestó Rich. Miré a Chris, pero él no dijo nada. Me estaba mirando fijamente, pero parecía estar a un millón de kilómetros de allí; la verdad es que no me miraba a mí, sino a través de mí, y tenía una expresión incómoda en la cara. Yo lo miré también, inexpresivo. Y volví a decir: —Nos vemos, tío. Y esa vez tampoco hubo respuesta. Tras unos segundos me reí y dije: —¡Bueno, pues ya está! Salí del coche y entré en el aeropuerto. Le escribí un mensaje a Rich, que seguía en el coche con Chris. «Lo va a volver a mandar todo a la mierda, ¿verdad?», escribí. «¿A qué te refieres?», contestó Rich. «No hay más que verlo. Ya ni me habla. Está maquinando algo».
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Para entonces ya todos nos conocíamos demasiado bien. No podíamos ocultarnos nada entre nosotros. «Sí, creo que tienes razón. Se ha quedado mirando por la ventanilla, sin más», me escribió Rich, todavía sentado al lado de su hermano y preguntándose si se estaba gestando algo dramático en su cerebro alterado por las drogas. Unos días después obtuvimos nuestra respuesta. La mujer de Chris le envió un email a Pete Angelus, que llevaba veinticuatro años siendo nuestro mánager. En él detallaba las exigencias de Chris para seguir trabajando con The Black Crowes. Desde ese momento en adelante, Chris quería el setenta y cinco por ciento de los ingresos del grupo. Eso era bastante más del 331/3 por ciento que había estado recibiendo. Estaba claro que el contrato de la sociedad que teníamos hasta el momento ya no tenía ningún significado para él. Y los términos no eran negociables. No había discusión posible. Era darle lo que pedía o no volvería. Pete y Rich se reunieron y me llamaron. Pete me leyó el email por teléfono. El email de la mujer de Chris era largo e intrincado, pero la respuesta de Pete fue simple y directa: «Los otros dos integrantes del grupo rechazan los nuevos términos». Y ese fue el fin de The Black Crowes. Veintisiete años. Un email. Hasta donde yo sé, Chris y Rich no han vuelto a hablarse. Yo tampoco he hablado con Chris. No creo que volvamos a hacerlo nunca. Lo vi una vez en el aeropuerto de Nashville y él se fue hacia otro lado en cuanto me vio. No guardo rencor por cómo acabaron las cosas. De hecho, sinceramen-
te me asombra lo bien que nos las arreglamos todos durante el tiempo que lo hicimos, teniendo en cuenta las circunstancias. Creo que The Black Crowes rindieron siempre más de lo que se esperaba de nosotros. No hay ni una sola razón en este mundo para que esas personas llegáramos a tener esa trayectoria. Simplemente no estábamos hechos de la pasta que hace falta para tener éxito a largo plazo. Éramos demasiado autodestructivos, sobre todo cuando estábamos juntos.
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Había fortalezas tremendas y debilidades catastróficas dentro de The Black Crowes. El grupo nunca pudo ignorar durante mucho tiempo esas debilidades y centrarse en las fortalezas. Y en las raras temporadas en las que lo conseguimos, los resultados siempre han hablado por sí mismos. El resto del tiempo fue una verdadera lucha. En general, estaré siempre agradecido por la experiencia. En cuanto a Chris y a mí, tuvimos unos altibajos enormes a lo largo de los años. Él y yo teníamos conversaciones que duraban horas y horas, que me hacían sentir una verdadera conexión con él, como si fuéramos hermanos, pero al día siguiente, o incluso diez minutos después, ya estábamos mandándonos a la mierda otra vez. Durante casi treinta años desempeñamos distintos papeles en momentos muy diferentes de nuestras vidas: fuimos compañeros de cuarto, compañeros de grupo, amigos y enemigos. Pero nada más. No echo de menos estar en The Black Crowes. Hemos tenido infinidad de momentos geniales, verdaderos momentos álgidos, cosas que parecían un auténtico sueño hecho realidad, pero en pocos minutos todo se oscurecía otra vez. Era la naturaleza inherente del grupo cuando estábamos juntos. El más alto de los subidones interrumpido por el más bajo de los bajones. En The Black Crowes, un buen día era cualquiera que no fuera del todo malo. Esa es la sensación que yo tenía. Ahora la idea de volver a la carretera de nuevo, o simplemente volver a estar en la misma habitación, me parece impensable. The Black Crowes han terminado para siempre, como debe ser. Pero hay una cosa de la que me arrepentiré eternamente: de que no hicimos esa última gira. El objetivo principal de ella era dar las gracias: a nuestros fans, las personas verdaderamente responsables de nuestra existencia, y también a los otros miembros del grupo. Ojalá la hubiéramos hecho. De verdad que desearía que así fuera. Pero no pudo ser. Tengo la sensación de que ha quedado algo pendiente. Ni Chris ni Rich han demostrado ni el más mínimo interés en preservar nada que tenga que ver con The Black Crowes. Chris parece pensar que cantar de vez en cuando unas cuantas canciones de The Black Crowes, acompañado de un grupo montado a tal efecto, tiene algún
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significado, pero no tiene sentido sugerir que esos conciertos son nada más que una muestra de desesperación financiera. Por eso me siento obligado a contar esta historia. Si no lo hago yo, ¿quién lo hará? Al menos así podré contar lo que pasó desde mi punto de vista.
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