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Rossana Reguillo

PAISAJES INSURRECTOS Jóvenes, redes y revueltas en el otoño civilizatorio

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© Rossana Reguillo, 2017

© Imagen de cubierta: Rossana Reguillo

Montaje de cubierta: Juan Pablo Venditti

Derechos reservados para todas las ediciones en castellano

Primera edición: octubre de 2017

© Nuevos Emprendimientos Editoriales, S. L., 2017 Preimpresión: Moelmo, S.C.P. ISBN: 978-84-16737-23-9 Depósito Legal: B.20469-2017 Impreso en España por Service Point Printed in Spain La reproducción total o parcial de esta obra sin el consentimiento expreso de los titulares del copyright está prohibida al amparo de la legislación vigente. Ned Ediciones www.nedediciones.com

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Para Eva, mi madre. Para Daniela, mi hija. Para Aliah, mi nieta. Tres mujeres que me han ayudado a entender quién soy.

Todo simbolismo se edifica sobre la ruinas de los edificios simbólicos precedentes, y utiliza sus materiales, incluso si no es más que para rellenar los fundamentos de los nuevos templos, como lo hicieron los atenienses después de las guerras médicas. Por sus conexiones naturales e históricas virtualmente ilimitadas, el significante supera siempre la vinculación rígida a un significado preciso y puede conducir a unos vínculos totalmente inesperados. Cornelius Castoriadis (1983: 209)

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ÍNDICE

#PressEnter: repensar las preguntas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Itinerarios . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Agradecimientos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

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Paisaje I. Crisis y declive del proyecto civilizatorio. . . . . . . . . . . Devenir precario . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Ayotzinapa o el fin de la política . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Endriagos y Perseus en el otoño civilizatorio . . . . . . . . . . . . . . . . . . La carencia y el exceso . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Perseo: la ligereza y los monstruos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

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Paisaje II. Políticas del lugar, la reinvención del locus. #Occupyeverywhere #allday #allweek . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . De las pasiones tristes a la insurrección de la esperanza. . . . . . . . . Políticas del deseo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Topografías insurrectas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Zuccotti: la micrópolis, inventar la ciudad. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . El espacio intermedio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Las plazas ocupadas operan como un espacio intermedio. . . . . . . Em-plazamiento, des-plazamiento, desem-plazamiento. . . . . . . . . ¿Ocupar una plaza puede cambiar el mundo? . . . . . . . . . . . . . . . . Romper el hechizo: la fiesta de la luz. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

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Paisaje III. Superficies de inscripción digital. Decodificar las expresiones del malestar contemporáneo . . . . Expresiones contemporáneas del malestar colectivo . . . . . . . . . . .

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Primera entrada: espacio público expandido . . . . . . . . . . . . . . . . . . Segunda entrada: trabajo de la imaginación, acción conectiva y heterogeneidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Participar, tomar parte, ser parte, interrumpir. . . . . . . . . . . . . . . . . . El epicentro del estallido. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Repertorios de la acción conectiva. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Streaming, imágenes en tiempo real . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Memética, el mapa infinito de la imaginación . . . . . . . . . . . . . . . . . El micrófono humano: el habla que escucha . . . . . . . . . . . . . . . . . . Hashtag, movilizar y acuerpar. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Producción de presencia y narrativas de contestación . . . . . . . . . . Desanclaje y articulación de antagonismos en clave tecnopolítica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Itinerarios . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

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Paisaje IV. De las pasiones políticas y los afectos enREDados . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Afectos y sistemas de paso . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Zonas de intensificación afectiva . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Cadenas de emoción. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . #Embrague(s). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . De emociones, resistencias y mashups . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Imaginarios de nación. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Hablar el mundo: redes insurrectas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Imaginario radical . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

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#Reset: interrumpir la pregunta. A modo de conclusión sin conclusión. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 181 Líneas de petición de interrupción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 182 Conversaciones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 185 Referencias y compañeras/os de ruta . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 193

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#PRESSENTER: REPENSAR LAS PREGUNTAS

¿Es posible hablar de insurrecciones 2.0?, ¿de nuevas formas de acuerpamiento social?, ¿de nuevas formas de protesta y organización colectiva? ¿Qué desafíos plantea la ola de insurrecciones que han irrumpido en la escena del siglo XXI? ¿Es posible hablar de jóvenes y nuevas formas de subjetivación política? Quien se hace la pregunta, decía Maturana, ha de trabajar por responderla; ésta es una buena manera de enfrentar el trabajo de investigación y producción de conocimiento. Sin embargo, no es suficiente con buscar las respuestas que nos hemos formulado; hay que ir más allá, en el intento por generar nuevas preguntas que puedan dialogar con las profundas transformaciones sociales que sacuden el paisaje contemporáneo. De ahí, este pequeño libro, que busca repensar las preguntas que nos hacemos en torno a las culturas políticas de los jóvenes, en torno a la acción colectiva, a la idea de sujeto y sus hablas, que busca deslindarse de los determinismos o las obsesiones adultocéntricas, que sale a campo abierto, en plena tempestad, arriesgando, sin certezas; no para decretar, sino para comprender; no para formular un relato acabado de la realidad, sino para asir lo inasible «garantizando su estatuto de inasible», como quería Lévinas. Lo que llamo «paisajes insurrectos» es el espacio-tiempo del llamamiento a una revuelta de la imaginación en el que es posible pensar y sentir de otro modo, con otras y con otros, a través de la acción colectiva y conectiva. Un espacio-tiempo de revueltas de la imaginación que ha logrado cambiar la demanda por la entrega de un mensaje tan pode11

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roso como generoso: «Nuestros sueños no caben en sus urnas». Un mensaje que dice sin decirlo que la democracia electoral ha dejado de ser el continente de los cambios posibles y necesarios de un sistema que no quiere ceder un milímetro en su carrera desbocada hacia el agotamiento del planeta entero. Movimientos en red, insurgencias de nuevo cuño, novísimos movimientos sociales, expresiones del malestar contemporáneo, son y serán formulaciones inacabadas, titubeantes, imperfectas para nombrar y hacerse cargo de lo que más profundamente se mueve bajo las capas visibles de #OccupyWallStreet, #YoSoy132, #15M, #NuitDebout, #PasseLivre y otras expresiones que de norte a sur, de sur a norte, han reclamado ya su lugar en la historia. Este libro parte, pues, de una incomodidad interpretativa: no le interesa la definición que busca captar la esencia, la forma y los límites de las expresiones políticas y culturales a través de las cuales los jóvenes —principalmente— han dicho «¡basta ya!» a este sistema predador y avaro; por ello, éste es un libro que habla acerca de y especialmente con quienes han construido una inmensa red de conversaciones colectivas, de acciones, de estéticas y lenguajes que, de la red a la calle, han logrado interrumpir el monólogo de los poderes propietarios. Dice Rancière: Hay interrupciones: momentos en que se detiene una de las máquinas que hacen funcionar el tiempo —puede ser la del trabajo, o la de la Escuela. Hay asimismo momentos donde las masas en la calle oponen su propio orden del día a la agenda de los aparatos gubernamentales. Estos «momentos» no son solamente instantes efímeros de interrupción de un flujo temporal que luego vuelve a normalizarse. Son también mutaciones efectivas del paisaje de lo visible, de lo decible y de lo pensable, transformaciones del mundo de los posibles (2010: 9).

Yo no lo podría decir mejor. Los movimientos en red, que de Tahrir a Zuccotti Park, de Barcelona a México, se convierten en contramáquinas de producción de afectos y pensamientos, son como irrupciones en el espacio de disputas planetarias por la construcción de nuevos sentidos sociales sobre la vida o sobre el mundo. Estos movimientos, 12

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#PressEnter: repensar las preguntas

que van de lo digital a lo analógico, de lo festivo al análisis reflexivo, están conformados, constituidos por jóvenes que se mueven con comodidad entre la escala micro de la ocupación local y la apropiación de la web, con un cosmopolitismo que grandes corporaciones envidiarían. Su fuerza (y vulnerabilidad) es su (aparente) ausencia de estructura, su intermitencia y los múltiples nodos en que anclan su utopía. Son movimientos porque los une un objetivo y buscan ser reconocidos y escuchados; son movilizaciones porque se constituyen a través de las prácticas y buscan movilizar a otras personas; son revueltas porque expresan un conflicto, y son insurrecciones porque se sublevan contra algún poder instituido. Pero son, ante todo, configuraciones políticas en red. Suponen la apropiación y el uso político de internet y la creación de redes de acción coordinada on/off line. Emergen como expresiones, procesos y prácticas que dan forma y visibilidad a múltiples y diversos malestares y agravios que se derivan del modelo tardocapitalista de desarrollo. Y se caracterizan por la conexión, el enlazamiento y la articulación de subjetividades diversas que no habían encontrado —en el espectro de la política moderna— instancias de reconocimiento y participación. Hay una dimensión que me ha resultado fundamental en estos intentos por producir (y devolver) un mínimo de inteligibilidad sobre todo lo que han significado estas revueltas de la imaginación en conflicto con la pretendida homogeneidad inapelable del relato neoliberal: su espíritu hacker. Porque, como señala de manera inmejorable Arnau Monterde, no es posible comprender las transformaciones sociocomunicativas de la sociedad actual sin entender las reapropiaciones y reformulaciones de los productos mediáticos y —también añadiría yo— las reapropiaciones en clave interrupción de los sentidos sociales de la vida. Dice Monterde: La propia noción de «hackeo» que alude a la capacidad individual o colectiva de modificación del uso de algún producto comunicativo, trozo de código, o plataforma hacia otro para el cual no había sido diseñado [...]. Las sociedades, y más en la era de la comunicación, tienen esta ca13

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pacidad de modificar, reapropiarse y resignificar mensajes, medios y herramientas reinventando permanente sus usos, como han hecho los hackers desde los orígenes de Internet (2015: 40).

Aunque Monterde está hablando principalmente de la comunicación y de los medios de comunicación, me parece que su formulación ayuda a profundizar en el sentido de lo hacker como una disposicióncapacidad para intervenir piezas del sistema a fin de traer o producir otro significado. Si bien lo hacker se vincula a internet, es posible ampliar su significación hacia las prácticas de resistencia que las culturas subalternizadas han generado a través de siglos de explotación y extracción por parte de las culturas metropolitanas. Contrabandear códigos y lenguajes e incluso infectar con una pequeña alteración los sistemas maestros, que en una analogía entiendo como el proyecto neoliberal en sus múltiples rostros y ropajes. Los jóvenes de Yo Soy 132 proyectando un video sobre los muros de Televisa, con el mensaje «ahora nosotros damos las noticias»; los zapatistas declarando la guerra en 1994, con rifles de madera y un pasamontañas que, al ocultar la cara, mostraba la identidad; grupos de indígenas brasileños enfrentándose con arcos y flechas a la policía brasileña durante la Copa Mundial en 2014, protestando por la reducción de sus territorios y sumándose a la intensa movilización anticopa que se viralizó en redes con el hashtag #NaoVaiterCopa, y la escultura El Toro de Wall Street, intervenida de variadas y creativas formas por Occupy Wall Street, son apenas unos pocos ejemplos de los códigos dominantes interceptados por «pequeñas» acciones que alteran profundamente la narrativa pretendidamente invencible de los poderes. En junio de 2015 se estrenó la serie de televisión Mr. Robot, con una estética ciberpunk, un subgénero de la ciencia ficción que se ocupa de narrativas distópicas en las que la tensión principal se da entre un enorme avance tecnológico y el detrimento de la vida de ciertos grupos de la población. Mr. Robot es ya una serie de culto en la escena hacker global, que trata —dicho de manera muy simple y quizás reductora— de la lucha de un misterioso grupo de hackers y activistas para desesta14

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#PressEnter: repensar las preguntas

bilizar el poder de las grandes multinacionales que gestionan el mundo entero. Elliot, un técnico de seguridad y hacker, que padece depresión, es reclutado por el aún más misterioso líder de Fsociety, Mr. Robot. Me detengo en uno de los diálogos iniciales entre Elliot y el propio Mr. Robot: —No eres real. —¿Y qué? ¿Tú lo eres? ¿Acaso esto es real? Quiero decir, mira. ¡Mira! ¡Un mundo hecho de fantasía! Emociones sintéticas en forma de pastillas. Una guerra psicológica en forma de publicidad. Químicos que alteran la mente en forma de comida. Seminarios de lavado de cerebro en forma de medios de comunicación. Burbujas aisladas controladas en forma de redes sociales. ¿Real? ¿Quieres hablar de realidad? No hemos vivido nada ni remotamente parecido desde principios de siglo... Vivimos en casas demarcadas con el sello de corporaciones construidas con números bipolares saltando y saltando en pantallas digitales, hipnotizándonos en el mayor letargo que la raza humana haya visto jamás.

La complejidad de la trama de la serie, que navega entre la personalidad atormentada de Elliot y la acción contenciosa y hacker contra una corporación, que llevan a cabo Fsociety y el propio Elliot, orienta justamente uno de los dilemas fundamentales de estos paisajes insurrectos: no es posible hackear el sistema sin hackear tu propia mente, tu propia vida. Ése es el conflicto central que atraviesa la narrativa de Mr. Robot. Lo que quiero decir es que en vez de preguntarnos por el éxito o el fracaso de estos movimientos en red, de estas nuevas expresiones del malestar colectivo, en clave electoral, por ejemplo, o en clave repliegue de la precarización, las preguntas deberían desplazarse a las complicidades de los cuerpos enredados en la calle y las redes, a la configuración de nuevos climas afectivos, en los que lo común y lo posible se tejen de una manera poco escandalosa en las dimensiones de lo cotidiano, del trabajo de la imaginación que busca que el mundo «vuelva a ser de nosotros», como dice Mr. Robot. 15

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Pero es también importante la pregunta por los aprendizajes, la búsqueda de pequeños atisbos que ayuden no sólo a comprender sino a reelaborar nuestras teorías; así, este libro apuesta por las teorías meso, esas de alcance intermedio que no buscan la explicación del «todo», sino contribuir a generar pequeñas piezas epistemológicas que tiendan lazos, caminos, puentes, para navegar estos océanos en los que estallan contra la dominación capitalista. Armado a partir de datos, metodologías múltiples y diversas, éste es un libro sobre jóvenes en revuelta y una socioantropología del espacio-red. El trayecto no ha sido sencillo, ni lineal: he avanzado, retrocedido; he estado ahí a la manera Geertz, pero también he analizado miles y miles de metadatos; he conversado, he dudado incluso de lo que veía o de lo que escuchaba, por lo que acudí a los propios protagonistas en busca de una luz, de una pista, de una ratificación sobre mis interpretaciones. No siempre obtuve ratificaciones o aprobaciones; fue difícil, tuve que corregir, borrar, tachar, rearmar y, sobre todo, busqué en todo momento no optar por el camino fácil de lo ya conocido, sino aprender de ellas y de ellos, de otros saberes y destrezas, para romper la inercia de la definición. «Que nadie entre aquí si no está en revuelta», decía un improvisado dintel en la plaza de la República durante la insurrección que conocemos como Nuit Debout en la Francia de 2016. El mensaje es claro: aproximarse a los territorios de la insurrección exige haberse dejado hackear previamente; exige haber hecho del sufrimiento propio, de las preguntas propias, un vestíbulo para abrazar la disidencia. ¡Si no ardemos juntos, quién iluminará esta oscuridad!, decía una enorme manta en la UNAM (Universidad Autónoma de México), cuando la insurrección por el México deseado y posible, con el nombre de Yo Soy 132, interrumpió el guion de unas elecciones amañadas y anunciadas. Ese llamamiento a «arder juntos» no era posible sin un previo contacto con ese sufrimiento social que han padecido los jóvenes mexicanos. De lo individual a lo colectivo, de la experiencia personal a la construcción de un colectivo, multitud, red de disensos y de acuerdos que han venido a interrumpir este sistema. 16

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Por ello, quizás, quiero empezar este libro justamente como termina y afirmar que los movimientos-red son configuracionales y no afiliativos: uno no se afilia a Occupy Wall Street, Yo Soy 132 o 15M, sino que se configura en un espacio de intercambios, reconocimientos y reenvíos con otras y con otros, en el devenir de lo insurrecto frente al paisaje de la crisis civilizatoria. Es importante decir que en estos últimos meses se abre paso una nueva fase que este libro no aborda, no tanto por su reciente irrupción en el espacio del mapa de lo posible, como porque aún mantengo una posición de atenta expectación: la fase municipalista y reelectoral por la que han optado algunas de estas insurrecciones, disputar no sólo sentidos, sino poder formal. Esto, sin duda, ha abierto una nueva fase y una nueva etapa en las revueltas de la imaginación.

Itinerarios El libro está formado por cuatro paisajes fundamentales, cuya organización ha sido complicada. En el primer paisaje o capítulo me aproximo a lo que llamo «crisis del proyecto civilizatorio» con el convencimiento de que no es posible entender las resistencias y las insurrecciones sin atender-entender la profundidad del colapso que las estructuras de dominio han producido. Voy de #BlackLivesMatter a #TodosSomosAyotzinapa y me centro en la ideología extractivista del modelo neoliberal con el objetivo de construir el horizonte en el que emerge Perseo, ese héroe que no lo quiere ser, pero que ha optado por enfrentar a los monstruos y ha resistido la embestida de un sistema que le da pocas alternativas. Entender el locus, el territorio en el que nos convertimos actores y protagonistas de la historia, es el tema del segundo paisaje. Su título viene de la consigna que escuché y canté repetidamente durante mis meses de etnografía situada en Occupy Wall Street, en Nueva York, durante el otoño de 2011. #Occupyeverywhere-allday-allweek, entonaban a diferentes ritmos los ocupacionistas. Mi vena antropológica me indi17

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caba que en las políticas de lugar, en las formas de construir un espacio, se configuraba y se anunciaba una nueva estrategia, la de reinventar la ciudad-el mundo, a la medida de esos deseos que Perseo, en su devenir insurrecto, era capaz de dibujar en el espacio de una plaza, de una calle, de un símbolo, de un tiempo, en diálogo permanente con las redes digitales. No hay modo de calibrar las transformaciones en la escena política contemporánea sin atender lo que hoy significa el espacio-red, la tecnología y sus rostros diversos y contradictorios. Así, en el paisaje tres navego aguas adentro en las implicaciones tecnológicas, tecnoafectivas, tecnopoéticas y tecnopolíticas de las formas de habitar y construir las protestas. Es el capítulo que intenta producir esa teoría de alcance meso a la que ya aludí. Lo he titulado «Superficies de inscripción digital». Finalmente, en el paisaje cuatro vuelvo —de otras maneras— a un tema que me ha ocupado durante muchos años: los afectos y las afecciones. La relación entre lo subjetivo y la tecnología; la noción de multitud conectada y ya afectada por el devenir insurrecto. Paisaje de las emociones que construyen de lo analógico lo digital, un espacio expandido en el que ya somos libres porque nos hemos acercado para desear y traer un mundo en el que caben todos los mundos. No afiliarse, configurar con otras y con otros en estos sistemas de paso que marcan la pauta y la posibilidad de creer que sí, que otro mundo es posible.

Agradecimientos Ningún libro, trayectoria o discurso es individual. Este pequeño libro está lleno de enormes deudas; repasarlas no es fácil: son muchas. Debo un agradecimiento enorme y agradecido a los jóvenes insurrectos que en diferentes geografías han hablado conmigo y me han enseñado, a veces con paciencia y otras veces con la prisa nerviosa de los que han cruzado lagos y montañas. Esas y esos jóvenes con los que hablo cada día. Un gracias enorme y sin palabras para El Onda, que ha sido 18

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mi guía y mi interlocutor en esos mundos analógicos de la violencia y que me enseñó que lo que hacemos on line es «la pinche vida real». A mis nuevas y nuevos brillantes maestros en el tránsito hacia un entendimiento menos normativo y asustadizo del mundo de la tecnopolítica: Javier Toret, cómplice de noches tormentosas en las que nos ha desvelado el devenir rebelde; a Pablo Benson, que ha sido una presencia fundamental en estos años; a César Alan Ruiz Galicia, que se ha ido convirtiendo en una conversación necesaria cuando las certezas flaquean; a Luis Guillermo Natera que, siendo mi estudiante, se convirtió en mi maestro en el intrincado mundo del big data y tuvo la paciencia de enseñarme a perder el miedo al algoritmo. Debo decir que estas páginas no serían posibles sin el apoyo de los becarios de investigación que me han acompañado durante todo este trayecto. No tengo palabras para agradecer a Fernando Gutiérrez Champion, por su capacidad de estar y ocuparse de mis fallos, sin dejarme nunca sola; a Eduardo Rodríguez Mendoza, que se dejó la piel en varias partes del proceso; a Lorena García, que estuvo en las fases iniciales del proyecto. Por ello debo dar un gracias enorme a mi Universidad, el ITESO, que me acompaña en la travesía en busca de un mejor mañana. Llegamos aquí en compañía de Carles Feixa, que dirige esta colección que ha ganado derecho, la de jóvenes en el mundo contemporáneo, y Alfredo Landman, editor inquieto y escucha cómplice de estos mundos que se dibujan en los perfiles de lo por venir.

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