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Trànsit Projectes y Vivero de Iniciativas Ciudadanas Colectivo Lento Paisaje Transversal Intermediæ Pensart Cultura Pedagogías Invisibles Fundación CyberPractices Organismo Internacional de Juventud Cultumetría Impact Hub Madrid

Queremos sonreír Activar la Cultura Local


Es un proyecto editorial de: Trànsit Projectes Barcelona - Madrid www.transit.es https://blog.transit.es Dirección Àngel Mestres Conceptualización Tomás Guido, Mario Hinojos y Àngel Mestres Equipo editorial Gemma Lladós y Betania Lozano de Trànsit Projectes & Ned Ediciones Dirección de arte Marc Català & Tomás Guido Diseño gráfico Mucho & Salvador Huertas Coordinación gráfica Ursula Pereira Fotografía Leila Méndez Rami http://www.leilamendez.com/ Estilismo fotográfico Andrea Xuclà Dirección de arte Tamara Pérez Autoría de los textos Trànsit Projectes: Mario Hinojos, Ángel Mestres (VIC) Vivero de iniciativas Ciudadanas: Esau Acosta, Susana Zaragozá Colectivo Lento: Susana Gutiérrez Padín Paisaje Transversal: Guillermo Acero, Jon Aguirre, Jorge Arévalo, Pilar Díaz, Iñaki Romero Intermediæ: Francisca Blanco, Gloria G. Durán Pensart Cultura: Vanesa Cejudo Pedagogías Invisibles: Andrea De Pascual, David Lanau Fundación CyberPractices: J. Francisco Álvarez, Claudia Gordo, Daniel Domínguez Organismo Internacional de Juventud para Iberoamérica: Silvia Ramírez Monroy, Antonio Vázquez Bernardini Cultumetría e Impact Hub Madrid: Álvaro Fierro, Mikel Oleaga

Con la colaboración de Daniel Abreu Yassine Belahcene Cali Caparrós Paula Frochoso Castro Gloria Duran Mónica Escrig Luis Segura Ferreras Miquel García Mari Carmen Martínez Anna Mastrolito Miguel Missé Anna Morancho Charly Rueda Lia Domíngåuez Elias Carvalho Rolph Magali Paut Castillo En el marco del proyecto Travesías para activar la cultura local https://plataformac.com/travesiasherramientas-para-activar-la-cultura-local de Plataforma/C https://plataformac.com Gracias a la colaboración de: Organismo Internacional de Juventud. Intermediae Matadero. Cabildo de Tenerife. (Dir. Insular de Cultura, Educación y Unidades Artísticas). Ministerio de Cultura Educación y Deportes. Gobierno de España

Esta obra ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura y Deporte.

Impresión Ulzama Ned Ediciones www.nedediciones.com Depósito legal: B.17817-2019 ISBN 978-84-16737-76-5 Impreso en España Las opiniones expresadas en los capítulos de este libro son de exclusiva responsabilidad de los autores firmantes y no necesariamente representan la opinión de Trànsit Projectes.


Hay muchas formas de ser de Barcelona, cada cual a su manera, dice Javier Pérez Andújar. Porque toda la gente de Barcelona cabe en los barrios de Barcelona, dice. Joan Pedregosa era, y es, para nosotros, una o quizá la manera de ser alguien de barrio en Barcelona. No hay mejor aproximación a cualquier sugerencia sobre lo local que pensar en la idea (y el amor) que Juan tenía del barrio. Para él estas páginas que en su espíritu compartiría y en su palabrería académica acabaría por desechar. O como diría él, «sea porque las cosas se digan por su nombre, y las bibliotecas den fe». Para JJ, 1966-2018.


El contenido de este libro es fruto de un largo proceso de investigación liderado por Trànsit Projectes, ITD y CEPS Projectes Socials. Sus orígenes se remontan al Encuentro Cultura y Ciudadanía celebrado en Madrid en octubre de 2015, y organizado por el Ministerio de Cultura de España. Las inquietudes recogidas entonces arrojaron una serie de cuestionamientos que revelaban la necesidad de localizar (y teorizar acerca de) un conjunto de prácticas culturales que, desde hace algunos años, trabajan a favor de la participación ciudadana y de la activación de la cultura en el territorio. La intuición inicial creció gracias al apoyo de las Ayudas Públicas del Ministerio de Cultura 2016, que permitieron activar el proceso de investigación y vincular a cada uno de los colectivos y organizaciones que firman los textos que forman QUEREMOS SONREÍR: organizaciones, colectivos y gestores culturales de referencia en España, con una dilatada experiencia en el trabajo cultural de base y con un amplio conocimiento sobre la dinamización de la cultura en el territorio desde sus diferentes capas. Ha sido un honor contar con su confianza, apoyo, participación y compromiso con la cultura. Qué mejor pretexto para pensar juntos y encontrarnos que la tarea de hacer un libro: trabajar en abierto; explorar nuevamente la capa educativa, la vocación crítica y activista de la cultura; repensar la mediación y la gestión compartida de lo público y lo común; examinar la sostenibilidad de las prácticas culturales con impacto social y zambullirnos, en fin, en los retos vinculados a lo anterior; temas todos de una rabiosa actualidad.


1. El primer volcado de contenido y sistematización de estas investigaciones se encuentra disponible en su integridad en el aula de formación online en cultura: www.plataformac.com.

No podemos dejar de mencionar al Organismo Internacional de Juventud (OIJ), a Intermediae-Matadero Madrid, al Cabildo Insular de Tenerife, a la municipalidad de Concepción (Chile) y al Ayuntamiento de Madrid. Cada uno a su manera, han posibilitado superar las barreras virtuales y del papel para dar forma a estas ideas, para conseguir el objetivo primordial de toda investigación: compartir conocimiento. Gracias a su compromiso, el programa TRAVESÍAS PARA ACTIVAR LA CULTURA LOCAL (Plataforma/C), germen inicial de este libro1, se ha convertido en una oportunidad formativa y de intercambio de experiencias para las organizaciones juveniles de todo el espacio Iberoamericano, a través del apoyo a la implementación de sus proyectos colaborativos (OIJ); se ha conseguido explorar territorios de manera presencial poniendo a prueba los contenidos (del programa y del libro) junto a grupos de agentes culturales en el entorno de Santa Cruz de Tenerife (Cabildo Insular de Tenerife), de la región de Biobío de Chile y de Madrid (Intermediae-Matadero Madrid, Ayuntamiento de Madrid); y, en general, se han compartido las ideas, intuiciones, experiencias y saberes que dan forma a estas páginas con agentes, creadores, entusiastas y personas vinculadas con la activación de la cultura local. Madrid / Barcelona, mayo de 2019 Tomás Guido, Trànsit Projectes.


Índice

Poema MacDonald’s Manuel Vilas Gracias por creer/crear Trànsit projectes


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«I’m lovin’ it» Prólogo Trànsit projectes Queremos habitar Ciudadanía, espacios colectivos y cultura abierta [VIC] Vivero de iniciativas Ciudadanas Queremos volver Lo rural: un espacio de nuevas relaciones y procesos Colectivo Lento Queremos convivir Revisar lo público y lo común Paisaje Transversal Queremos hacer Participar, ¿estamos preparados? Intermediæ Queremos conversar Mediación: De los eventos a los procesos Pensart Cultura Nos encanta verte sonreír Trànsit projectes Queremos aprender Cultura = Educación. La ecuación pendiente Pedagogías Invisibles Queremos compartir La capa digital: Empoderar y visibilizar Cyberpractices Queremos decidir Cultura y juventud: Diversidad, visibilidad y acción Organismo Internacional de Juventud Queremos transformar Impacto social en cultura Cultumetría e Impact Hub Madrid

Queremos explorar Tenerife: laboratorio de procesos culturales Cabildo de Tenerife Colectivo Lento

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Trànsit Projectes 00 I'm lovin' it


«I'm loving' it»

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Prólogo

Ciudadanía, espacios colectivos y cultura abierta


Algo está sucediendo en el McDonald’s

El lugar es un McDonald’s. Un local de la conocida cadena de hamburguesas McDonald’s. La sucursal no está ubicada, como podría imaginarse, en Arkansas, o en Kentucky, o en Michigan, o en Oklahoma, regiones de Norteamérica con la tasa máxima de restaurantes de comida fastfood por habitante. El McDonald’s del que hablamos aquí está en Europa. Concretamente en el suburbio de Saint-Barthélémy de la comuna de Marsella, «una burbuja africana junto al Mar Mediterráneo», la ciudad con más inmigración de toda Francia y próxima a convertirse en el territorio de mayoría musulmana más grande del viejo continente. Gente venida de Armenia, de Marruecos, de Túnez, de las islas Comoras; pero también de Rusia, de Italia, de Israel. A la amplia diversidad de los orígenes se opone la aparente uniformidad del restaurante. El imaginario es, por demás, conocido: los mismos colores rojos y amarillos, similar arquitectura, idénticos productos y reclamos comerciales, siempre la misma ideología. En el exterior del edificio, sin embargo, se encuentra la diferencia: los más de 70 empleados de la filial se manifiestan frente a la fachada del negocio. En nada, los 70 son 200: vecinos, residentes y personas vinculadas al barrio se adhieren con igual rabia y entusiasmo a la muchedumbre sublevada. Pero las pancartas que alzan entre sus manos y agitan al ritmo de los cánticos no protestan, como cabría intuir, contra el modelo imperialista de consumo masivo, ni denuncian el déficit nutricional de los menús de la cadena. El popular comercio de la eme gigante no cumple aquí la función de sinécdoque del capitalismo, ni ejemplifica las perversidades de la industria alimentaria. El tumulto protesta por el cierre inminente del restaurante y la orfandad en que su desmantelamiento deja al barrio: «No combatimos a favor de McDonald’s», asegura uno de los amotinados, «combatimos por lo que McDonald’s representa para las personas de esta comunidad», dice. El enfrentamiento comenzó en mayo del año 2018, cuando el propietario de seis de las franquicias de McDonald’s repartidas por Marsella decidió prescindir de sus negocios y amenazó con el cierre de las sucursales. Al final del proceso de negociaciones se decidió que cinco de los restaurantes continuarían bajo la marca McDonald’s,

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1. El término halal (en árabe ‫لالح‬, también transliterado halāl o halaal) . hace referencia a las prácticas que son permitidas por la religión musulmana. Aunque el término en sí engloba a todo tipo de costumbres, es comúnmente asociado a los alimentos aceptables según la ley islámica.

mientras que un sexto, el de Saint-Barthélémy, sería reconvertido en un local de Hali Food, una desconocida marca de comida halal1. Según el diario francés Le Monde, el argumento para la transformación era económico: la central de McDonald’s no podía permitir los cerca de 3,3 millones de euros en pérdidas que la sede en cuestión registraba desde el año 2009. Una parte de los afectados, sin embargo, sugerían razones muy distintas: a las dificultades asociadas al hecho de mantener un negocio operativo en uno de los distritos más castigados por el paro, la violencia y el tráfico de drogas de la ciudad mediterránea, se agregaba el incómodo papel que la sucursal había ido adquiriendo como eje aglutinador del barrio. El conflicto cristalizó tres meses después, la mañana del 7 de agosto, cuando Kamel Guemari se atrincheraba dentro del restaurante y, bañado completamente en gasolina, amenazaba con prenderse fuego: «Escuchadme, no voy a hacer el idiota. Quiero dar un mensaje», decía en un vídeo transmitido vía Facebook y reproducido por el diario El País. «McDonald’s es responsable de este restaurante. Hace tres meses que los estamos llamando sin que nos hagan caso. Decidle a McDonald’s que me llame. Si nadie entra aquí no habrá problemas», espetaba Guemari. Para fortuna de los protagonistas, el episodio no pasó de ser un incidente gracias a la persuasión de los gendarmes. Pero el acto temerario de este hombre alto y delgado de 37 años, lo convirtió en un pequeño símbolo de una de la más rocambolescas luchas sociales de la Europa reciente. Las protestas se extenderían cerca de cuatro meses y, luego del intento del vecino por inmolarse, el tribunal local acabaría dando la razón a los huelguistas. A pesar de que los propietarios de la franquicia amenazaron con recurrir la sentencia, el juez no permitió la operación y dio validez al argumento que atribuía al local de McDonald’s un papel indispensable en el entramado social de Saint-Barthélémy. Resulta imposible no pensar en lo ocurrido por las mismas latitudes hace más de una veintena de años, cuando otro de los aguerridos líderes locales, el carismático José Bové, se autoproclamaba un moderno Astérix que combatía el hostigamiento voraz del gran imperio. La disputa de

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Prólogo


2. Un sorbo de globalización en el otro Brasil, el caso del McDonald’s de Cidade Tiradentes; nuevos modelos de imperialismo cultural: https://elpais.com/ internacional/2018/12/13/america/1544733160_331749.html 3. Extracto del poema MacDonal’s de Manuel Vilas, incluído en Resurrección (DVD Ediciones, Barcelona, 2005).

entonces era también contra McDonald’s, aunque en calidad de invasor de la última aldea gala que resistía contra la influencia cultural de las corporaciones extranjeras. El gigante de la hamburguesa era, para Bové y media Francia, el enemigo de su soberanía alimentaria. Se defendía entonces la calidad y salud de los productos locales frente a «la carne hormonada, la dioxina en los pollos y, en general, la masificación y uniformización del gusto en los comestibles». La lucha identitaria de aquel tiempo parece refundada. Otros argumentos, si bien igualmente válidos y apremiantes, marcan las necesidades de la aldea en el presente. Porque el McDonald’s de Saint-Barthélémy es ahora mucho más que un McDonald’s. Sin apenas darse cuenta, los empleados y habitantes del distrito convirtieron los escasos metros del restaurante en el centro social del pueblo, un lugar de reunión y convivencia en un barrio desamparado por la administración. Sin ningún equipamiento o espacio público para su convivencia y con la mayoría de los comercios cerrados a causa de la degradación, la violencia y la crisis económica de los últimos tiempos, lo que ocurría en Saint-Barthélémy ocurría en su McDonald’s. Con los años, la sucursal se erigió en el lugar de reunión para la comunidad, el único en que se prohibía traficar. Niños, abuelos, familias, jóvenes… todos acudían al restaurante, lo de menos eran las hamburguesas. Los políticos locales de izquierdas ya no boicoteaban, como habría ocurrido en otra época, a la multinacional norteamericana. McDonald’s fue allí, por una vez (o quizá no2), más que emblema de la cultura desechable y el capitalismo desalmado, símbolo de lucha y convivencia. «Algo importante está sucediendo en este MacDonald’s... pero no sé lo que es. De un momento a otro, vamos a arañar la felicidad. En MacDonald’s, allí, allí estamos3».

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Prólogo


Interrogar la actividad

La pregunta que nos asalta ahora mismo, más allá de las evidentes paradojas que la anécdota despierta, es una interrogación sobre la naturaleza de nuestra actividad. Porque es imposible acercarse a la historia que retrata el McDonald’s de Saint-Barthélémy sin detenerse a analizar (y cuestionar) el caso desde la perspectiva, los retos y las incertidumbres de la gestión de la cultura: — ¿Qué hace que un equipamiento diseñado desde los criterios de la administración; o desde los preceptos más rabiosamente contemporáneos de la teoría de la gestión cultural, no consiga vertebrar el tejido local y en cambio, un espacio aparentemente ajeno a toda pauta de dinamización, logre por sí solo construir y fomentar la comunidad? — ¿De qué están hechas las dinámicas, las relaciones, las participaciones, las herramientas, los intereses, los aprendizajes, los intercambios y los afectos que componen esa sólida red de convivencia alrededor de un impersonal y hasta aburrido McDonald’s? — ¿Qué estamos desatendiendo y qué debemos tener en cuenta los profesionales de la cultura para conseguir promover no sólo aproximaciones a lo cultural sino, sobre todo, la posibilidad de poner en marcha procesos que activen el entorno local y empoderen a la ciudadanía? Las respuestas son diversas y seguramente contradictorias. El camino que buscamos trazar para intentar resolverlas está guiado por las voces de una decena de colectivos que, a nuestro entender, están generando acciones que responden al imperativo de la activación de la cultura local: una cultura que se aleja de los grandes centros, de los escenarios que normalmente se consideran el hábitat natural de las producciones culturales; para reconocer, analizar, comprender e intervenir en territorios con frecuencia relegados del núcleo (discursivo, presupuestario y de concentración de la oferta) del sistema cultural. Colectivos, activistas, artistas y gestores culturales que producen proyectos para crear tejido, empoderar a la ciudadanía, dinamizar procesos de aprendizaje y pensamiento crítico, promover soluciones a problemas sociales concretos y, en general, ofrecer alternativas, al margen de las agendas institucionales, que favorezcan el acceso al capital cultural.

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Batalla naval

El acercamiento parte de la convicción de que las prácticas en el territorio son la mejor vía para investigar y generar soluciones de innovación a las demandas y problemas del entorno. Si bien tan compleja pretensión es una derrota manifiesta, el reto supone también la posibilidad de hacer hallazgos por el camino que generen maneras distintas de abordar lo que hacemos. El compendio que da forma estas páginas no es un catálogo de buenas prácticas, sino más bien una colección de intuiciones con vocación de mapa. Un recurso para guiar posibles acercamientos de otros interesados en materia de desarrollo cultural comunitario. Es por eso que lo vemos como una suerte de tablero de Batalla Naval en el que la combinación de ejes permite, de vez en cuando, acertar en algún blanco. Así, en el eje de las abscisas (x) alineamos los nombres: Vivero de Iniciativas Ciudadanas; Colectivo Lento; Paisaje Transversal; Intermediæ; Pensart Cultura; Pedagogías Invisibles; Fundación CyberPractices; Organismo Internacional de Juventud; Cultumetría e Impact Hub Madrid. Mientras que en el eje de las ordenadas (y) colocamos sus líneas de trabajo y pensamiento que, a la vez, dan forma a los temas abordados: Espacios colectivos y cultura abierta; Nuevas ruralidades; Revisar lo público y lo común; Participar, ¿estamos preparados?; Mediación cultural; La ecuación pendiente: cultura + educación; Juventud y cultura; La capa digital; Impacto social. El espacio del origen (0,0) es el centro de partida para lanzar los puntos (P) y sugerir así las intersecciones: los encuentros que han motivado y dado forma a las ideas que componen este libro. Las páginas que siguen ahondan, pues, en las razones e intuiciones que nos han llevado a acercarnos a estos proyectos y no a otros. Una mínima fotografía del presente que valida su presencia, resalta su valor y evidencia los trazos materiales de las relaciones (afectivas y conceptuales) que hemos ido encontrando por el camino. Los objetos puestos sobre la trama, por muy suntuoso que resulte afirmarlo, miran hacia el futuro. Experimentando sobre lo que pueden ser los emprendimientos culturales de las próximas décadas, nos ayudan a interrogar la actividad que desarrollamos y a interrogarnos a nosotros mismos.

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Prólogo


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Prólogo


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