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ROBERT GREENE

MAESTRÍA

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MAESTRÍA Título original: MASTERY © 2012, Robert Greene Traducción: Enrique Mercado Diseño de portada: Ivonne Murillo Imágenes de portada: cuaderno de notas de Albert Einstein, dibujos de Leonardo da Vinci, ilustraciones de las primeras ediciones de las obras de Charles Darwin y partituras autógrafas de Wolfgang Amadeus Mozart. Fotografía de Robert Greene: Susan Anderson D. R. © 2019, Editorial Océano de México, S.A. de C.V. Homero 1500 - 402, Col. Polanco Miguel Hidalgo, 11560, Ciudad de México info@oceano.com.mx Tercera edición: 2019 ISBN: 978-607-527-979-4 Todos los derechos reservados. Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita del editor, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo público. ¿Necesitas reproducir una parte de esta obra? Solicita el permiso en info@cempro.org.mx Impreso en México / Printed in Mexico

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A Anna

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Índice INTRODUCCIÓN 21 El poder supremo 21 Inteligencia superior—definición de maestría—las tres fases de la maestría—inteligencia intuitiva—conexión con la realidad— el poder latente en todos nosotros Evolución de la maestría 26 Nuestros antepasados primitivos—evolución del cerebro humano— capacidad de distanciamiento y concentración—inteligencia social de los primeros homínidos—neuronas espejo—pensar dentro—dominio del tiempo—trabajar con la esencia del cerebro humano—recuperar nuestras raíces primordiales Claves para la maestría 33 Charles Darwin sigue su inclinación—rasgos de todos los grandes maestros—nuestra singularidad e inclinaciones primarias—barreras políticas al desmoronamiento de la maestría—definición de genio— el concepto de maestría denigrado—papel del deseo en la maestría— el peligro de la pasividad—la plasticidad del cerebro—panorámica de estrategias y figuras biografiadas en este libro

I. DESCUBRE TU LLAMADO: TU TAREA EN LA VIDA

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Posees una fuerza interior que te guía a tu tarea en la vida: lo que estás destinado a cumplir en el tiempo de tu existencia. El primer paso a la

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maestría siempre es interno: saber quién eres y recuperar esa fuerza innata. Una vez resuelto esto, hallarás tu profesión y todo lo demás se aclarará. Nunca es demasiado tarde para iniciar este proceso.

La fuerza oculta 45 Leonardo da Vinci Claves para la maestría 50 Ejemplos de maestros guiados por una sensación de destino— la semilla de tu singularidad—la recuperación de tus inclinaciones— definición de “vocación”—elegir una vocación—la búsqueda de tu nicho—el afán de realización—averigua quién eres Estrategias para buscar tu tarea en la vida 55 1. Vuelve a tus orígenes: la estrategia de la inclinación primaria 56 Albert Einstein—Marie Curie—Ingmar Bergman— Martha Graham—Daniel Everett—John Coltrane 2. Ocupa el nicho perfecto: la estrategia darwiniana 59 A. V. S. Ramachandran B. Yoky Matsuoka 3. Evita la senda falsa: la estrategia de la rebelión 64 Wolfgang Amadeus Mozart 4. Deja atrás el pasado: la estrategia de la adaptación 67 Freddie Roach 5. Retoma tu camino: la estrategia de vida o muerte 69 Buckminster Fuller Reverso 73 Temple Grandin

II. RÍNDETE A LA REALIDAD: EL APRENDIZAJE IDEAL 77 Después de tu educación formal, entras en la fase más importante de tu vida: una segunda educación, esta vez práctica, conocida

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como aprendizaje del oficio. Antes de que sea demasiado tarde, debes aprender las lecciones y seguir la senda establecida por los grandes maestros, pasados y presentes: una especie de aprendizaje ideal que trasciende todos los campos. Entre tanto, dominarás las habilidades necesarias, disciplinarás tu mente y desarrollarás opiniones propias, lo que te preparará para los retos creativos en el camino a la maestría.

La primera transformación 79 Charles Darwin Claves para la maestría 85 Definición del aprendizaje ideal—la meta del aprendizaje como autotransformación

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La fase del aprendizaje: los tres pasos o modos

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Paso uno: observación profunda. El modo pasivo Atenúa tus colores—observa las reglas—observa las relaciones de poder—interpretación de la historia de Charles Darwin— conoce tu entorno

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Paso dos: adquisición de habilidades. El modo práctico Obtención de conocimientos tácitos—el sistema de aprendizaje de la Edad Media—el ciclo de rendimientos acelerados— aceptación del tedio—la corteza frontal y el aprendizaje de tareas— fijación del conocimiento—el número mágico de diez mil horas

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Paso tres: experimentación. El modo activo Autoafirmación gradual y experimento-vencer el temor— adquisición de habilidades en el mundo moderno—relevancia del aprendizaje—la conexión ojo-mano—eres un constructor

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Estrategias para llevar a cabo el aprendizaje ideal 99 1. Valora el aprendizaje más que el dinero 100 Benjamin Franklin—Albert Einstein—Martha Graham— Freddie Roach 2. Amplía siempre tus horizontes 103 Zora Neale Hurston 3. Recupera tu sensación de inferioridad 108 Daniel Everett 4. Confía en el procedimiento 112 Cesar Rodriguez 5. Ataca la resistencia y el dolor 116 A. Bill Bradley B. John Keats 6. Aprende del fracaso 120 Henry Ford 7. Combina el “cómo” y el “qué” 124 Santiago Calatrava 8. Avanza por ensayo y error 128 Paul Graham Reverso 132 Wolfgang Amadeus Mozart-Albert Einstein

III. ASIMILA EL PODER DEL MAESTRO: LA DINÁMICA DEL MENTOR

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La vida es corta, y limitado tu tiempo para aprender y crear. Sin orientación, podrías perder años muy valiosos tratando de alcanzar práctica y conocimientos en fuentes diversas. En vez de esto sigue el ejemplo de los maestros a lo largo de los siglos y busca el mentor adecuado. Elige el que mejor satisfaga tus necesidades y responda a tu tarea en la vida. Una vez que hayas interiorizado sus conocimientos, sigue adelante; no te quedes a su sombra. Tu meta debe ser siempre superar a tus mentores en brillantez y maestría.

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La alquimia del conocimiento 137 Michael Faraday Claves para la maestría 145 La importancia de la humildad—el valor de los mentores— la dinámica mentor-protégé—el aprendizaje como alquimia— interpretación de la historia de Michael Faraday—Alejandro Magno— el valor de la interacción personal—búsqueda y atracción de un mentor—figuras o libros famosos como mentores—el mentor como figura paterna—cuándo dejar al maestro Estrategias para profundizar la relación con el mentor 153 1. Elige al mentor según tus necesidades e inclinaciones 154 Frank Lloyd Wright—Carl Jung—V. S. Ramachandran— Yoky Matsuoka 2. Mírate en el espejo del mentor 159 Hakuin Zenji 3. Transfigura sus ideas 163 Glenn Gould 4. Crea una dinámica de vaivén 167 Freddie Roach Reverso 171 Thomas Alva Edison

IV. VE A LA GENTE COMO ES: INTELIGENCIA SOCIAL

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A menudo el mayor obstáculo para nuestra búsqueda de la maestría procede del desgaste emocional que experimentamos por la resistencia y las manipulaciones de quienes nos rodean. Confundimos sus intenciones y reaccionamos en formas que causan desconcierto o conflicto. La inteligencia social es la capacidad para ver a la gente bajo la luz más objetiva posible. Al desplazarnos plácidamente por el entorno social tendremos más tiempo y energía para concentrarnos en el aprendizaje

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y la adquisición de habilidades. Sin esta inteligencia, el éxito no es maestría verdadera y no durará.

Pensar dentro 177 Benjamin Franklin Claves para la maestría 185 Los seres humanos como animales sociales por excelencia— la perspectiva ingenua que nos detiene—interpretación de la historia de Benjamin Franklin—ajuste de tu actitud Conocimento específico: entender a la gente Comunicación no verbal—atención a las pistas—búsqueda de experiencias emocionales comunes—estudiar intuitivamente a las personas—búsqueda de patrones—el peligro de la primera impresión

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Conocimiento general: las siete verdades capitales Envidia Conformismo Rigidez Autobsesión Pereza Inconstancia Agresión pasiva

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Inteligencia social y creatividad

Estrategias para adquirir inteligencia social 202 1. Habla por medio de tu trabajo 202 A. Ignaz Semmelweis B. William Harvey 2. Elabora la imagen adecuada 209 Teresita Fernández

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3. Mírate como te ven los demás Temple Grandin 4. Tolera a los necios Johann Wolfgang von Goethe—Josef von Sternberg— Daniel Everett

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Reverso 224 Paul Graham

V. DESCUBRE LA MENTE DIMENSIONAL: LA FASE CREATIVA-ACTIVA

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Al acumular habilidades e interiorizar las reglas de tu campo, tu mente querrá ser más activa para usar esos conocimientos en formas más acordes con tus inclinaciones. En vez de contentarte con lo que ya sabes, extiende tus conocimientos a campos afines, incitando así a tu mente a hacer nuevas asociaciones. Terminarás oponiéndote de este modo a las reglas mismas que interiorizaste, definiéndolas y reformándolas a fin de ajustarlas a tu espíritu. Esta originalidad te conducirá al pináculo del poder.

La segunda transformación 229 Wolfgang Amadeus Mozart Claves para la maestría 236 La mente original—la mente convencional—la mente dimensional— interpretación de la historia de Mozart—los tres pasos esenciales Paso uno: la tarea creativa Alteración de tu concepto de creatividad-búsqueda de la gran ballena blanca—Thomas Edison, Rembrandt, Marcel Proust y los retos creativos supremos—la ley fundamental de la dinámica creativa—buscar contra qué rebelarse—ser realista siempre— el abandono de la seguridad

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Paso dos: estrategias creativas 244 A. Cultiva la capacidad negativa 245 Keats sobre el proceso creativo—definición de la capacidad negativa—Mozart y Bach—Einstein y la capacidad negativa— Shakespeare como ideal—Faraday sobre la humildad— la capacidad negativa como herramienta para abrir la mente B. Da cabida a la casualidad 248 El cerebro como sistema dual de procesamiento—definición de “casualidad”—William James y el impulso mental—mantener un espíritu abierto—Louis Pasteur y la casualidad—Thomas Edison, la casualidad y la grabación de sonidos—la mente fluida—estrategias de casualidad de Anthony Burgess y Max Ernst—el cultivo de la casualidad—el pensamiento analógico y Galileo C. Alterna la mente con “la corriente” 252 Charles Darwin y la corriente—definición de “la corriente”— nuestros antepasados primitivos y la corriente—un atajo a la corriente—Buckminster Fuller y los artefactos—la importancia de crear objetos—el ciclo de la retroalimentación D. Altera tu perspectiva 257 Patrones mentales usuales por alterar Ver el “qué” en lugar del “cómo” 258 Evita la jerga especializada—concentración en la estructura— hacerse una idea del conjunto—importancia de las relaciones en la ciencia Apresurarse a generalizar e ignorar los detalles 259 Pasar de lo macro a lo micro—Charles Darwin y el microestudio de los percebes—la atención de Leonardo da Vinci al microdetalle en la pintura—deja que los detalles te guíen Confirmar paradigmas e ignorar anomalías 260 Dependencia extrema de los paradigmas—el valor de las anomalías—Marie Curie y la anomalía de la radiactividad— los fundadores de Google y las anomalías—las anomalías promueven la evolución

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Fijarse en lo presente, ignorar lo ausente 261 Sherlock Holmes y las pistas negativas—Gowland Hopkins, las pistas negativas y el escorbuto—resolución de necesidades insatisfechas—Henry Ford, pistas negativas y la línea de montaje—invierte tu perspectiva emocional—los reveses como oportunidades E. Recupera formas primarias de inteligencia 263 La inteligencia de nuestros antepasados primitivos—el cerebro humano como instrumento de usos múltiples—la gramática como limitación—pensar más allá del lenguaje—ejemplos de personas famosas que pensaban en imágenes—las limitaciones de la memoria—uso de diagramas y modelos—Schiller, Einstein, Samuel Johnson y la sinestesia Paso tres: el salto creativo. Tensión y discernimiento Las elevadas normas internas de los maestros—postergación— Einstein, la postergación y el descubrimiento de la relatividad— Richard Wagner completa su ópera en un sueño—cómo alcanza el cerebro las cumbres de la creatividad—obstáculos que preceden a la iluminación—el súbito arranque de genio de Evariste Galois— necesidad de tensión—inventar plazos—la invención de presiones por Thomas Edison

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Escollos emocionales Complacencia Conservadurismo Dependencia Impaciencia Ampulosidad Inflexibilidad

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Estrategias para la fase creativa-activa 1. La voz auténtica John Coltrane

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2. El hecho de mayor rendimiento 282 V. S. Ramachandran 3. Inteligencia mecánica 288 Los hermanos Wright 4. Poderes naturales 295 Santiago Calatrava 5. El campo abierto 301 Martha Graham 6. El fin más alto 306 Yoky Matsuoka 7. El secuestro evolutivo 310 Paul Graham 8. Pensamiento dimensional 317 Jean-François Champollion 9. La creatividad alquímica y el inconsciente 324 Teresita Fernández Reverso 328 John Coltrane-August Strindberg

VI. FUNDE LO INTUITIVO CON LO RACIONAL: MAESTRÍA

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Todos tenemos acceso a una forma superior de inteligencia, que puede permitirnos ver más en el mundo, predecir tendencias, responder con precisión y rapidez a cualquier circunstancia. Esta inteligencia se cultiva sumergiéndonos profundamente en un campo de estudio y siendo fieles a nuestras inclinaciones, por desacostumbrado que los demás juzguen nuestro enfoque. Este poder es al que nuestro cerebro propende en forma natural, y seremos llevados a ese tipo de inteligencia si seguimos nuestras inclinaciones hasta sus últimas consecuencias.

La tercera transformación 333 Marcel Proust

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Claves para la maestría 341 Ejemplos de maestros que han visto más—la sensibilidad en la punta de los dedos—un poder mitificado—intuición de alto nivel—la dinámica— obtención de una sensibilidad intuitiva al todo—la sensibilidad de Jane Goodall para los chimpancés—la sensibilidad de Erwin Rommel para la batalla—la fusión de lo racional y lo intuitivo—maestría a las veinte mil horas—el tiempo como factor crucial—volver cualitativamente rico el tiempo de estudio—interpretación de la historia de Proust Las raíces de la intuición magistral La avispa amófila—la intuición y nuestros antepasados primitivos — redes de recuerdos del cerebro—Bobby Fischer y las huellas de la memoria—encuentro con la complejidad— adquisición de tolerancia al caos—aumento de capacidad de la memoria—ejemplos de intuición de alto nivel y juventud

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El regreso a la realidad Panorámica de la evolución desde sus inicios—interrelación de todas las formas de vida—la realidad máxima—nuestro Renacimiento moderno—vuelta al todo—el cerebro alterado del maestro

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Estrategias para alcanzar maestría 359 1. Relaciónate con tu entorno: facultades primarias 360 Los isleños de las Carolinas 2. Explota tus fortalezas: concentración suprema 365 A. Albert Einstein B. Temple Grandin 3. Transfórmate por la práctica: la sensibilidad en la punta de los dedos 379 Cesar Rodriguez 4. Interioriza los detalles: la fuerza de la vida 384 Leonardo da Vinci

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5. Amplía tu visión: la perspectiva global 390 Freddie Roach 6. Sométete al otro: la perspectiva desde dentro 395 Daniel Everett 7. Sintetiza todas las formas de conocimiento: hombre/mujer universal 402 Johann Wolfgang von Goethe Reverso 410 El yo falso—el yo verdadero—genio desmitificado—tu propósito en la vida—realiza tu potencial

BIOGRAFÍAS DE MAESTROS CONTEMPORÁNEOS 413 AGRADECIMIENTOS 419 BIBLIOGRAFÍA SELECTA 423 ÍNDICE ANALÍTICO 427

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Introducción EL PODER SUPREMO Cada cual tiene su suerte en las manos, como un escultor la materia que convertirá en figura. Pero con ese tipo de actividad artística es igual que con los demás: nacimos apenas con la capacidad de realizarla. La habilidad para hacer de ese material lo que queramos debe aprenderse y cultivarse atentamente. —Johann Wolfgang von Goethe

Existe una forma de poder e inteligencia que representa el punto más alto del potencial humano. Es la fuente de los mayores logros y descubrimientos de la historia. Es una inteligencia que no se enseña en las escuelas ni los profesores analizan, pero de la que, en algún momento, casi todos hemos tenido destellos en nuestra experiencia. Esa forma de inteligencia suele llegar a nosotros en un periodo de tensión: un plazo por vencerse, la necesidad apremiante de resolver un problema, una crisis de uno u otro tipo. O bien, puede ser resultado del trabajo incesante en un proyecto. En un caso u otro, presionados por las circunstancias, nos sentimos inusualmente vigorosos y concentrados. Nuestra mente se sumerge por completo en la tarea a la vista. Esta concentración intensa despierta todo tipo de ideas, las cuales se nos presentan mientras dormimos, de la nada, como surgidas del inconsciente. En momentos así, los demás parecen menos reacios a nuestra influencia; tal vez les prestamos más atención, o parecemos tener un poder especial que les inspira respeto. Quizá normalmente

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experimentamos la vida de modo pasivo, reaccionando sin cesar a este o aquel incidente, pero en esos días o semanas sentimos que podemos determinar los acontecimientos y hacer que sucedan cosas. Este poder podría expresarse de la siguiente manera: la mayor parte del tiempo estamos inmersos en un mundo interior, de sueños, deseos y obsesiones. Pero en aquel periodo de creatividad excepcional, la necesidad nos empuja a hacer algo con efectos prácticos. Nos obligamos a salir de nuestra cámara interna de pensamientos habituales y a enlazarnos con el mundo, los demás, la realidad. En vez de ir de acá para allá en un estado de distracción perpetua, nuestra mente se concentra y penetra la médula de algo real. En esos momentos es como si nuestra mente —volcada al exterior— se anegara en la luz del mundo que nos rodea, y como si, expuestos de súbito a nuevos detalles e ideas, fuéramos más inspirados y creativos. Una vez vencido el plazo o superada la crisis, esa sensación de poder y creatividad acrecentada suele desaparecer. Volvemos entonces a nuestro estado de distracción y la impresión de control se esfuma. ¡Si pudiéramos producir esa sensación, o mantenerla viva más tiempo…! Pero parece misteriosa y elusiva. El problema es que esa forma de poder e inteligencia es ignorada como objeto de estudio, o está rodeada de toda clase de mitos y falsedades, lo cual no hace sino contribuir a su misterio. Imaginamos que la creatividad y la destreza salen de la nada, y son fruto del talento natural, o del buen humor, o de la correcta alineación de las estrellas. Nos sería muy útil esclarecer este misterio: poner nombre a esa sensación de poder, examinar sus raíces, definir el tipo de inteligencia que conduce a ella y entender cómo puede producirse y conservarse. Llamemos a esa sensación maestría: la impresión de que tenemos un mayor dominio de la realidad, los demás y nosotros mismos. Aunque esto podría ser algo que experimentemos un breve momento, para otros individuos —maestros en su campo— es un modo de vida, su manera de ver el mundo. Entre ellos se cuentan Leonardo da Vinci, Napoleón Bonaparte, Charles Darwin, Thomas Edison, Martha Graham y muchos más. Y en la raíz de este poder está un procedimiento sencillo que desemboca en la maestría, el cual se halla a disposición de todos nosotros.

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Ese procedimiento puede ilustrarse de este modo: supongamos que vamos a aprender a tocar el piano, o que tenemos un nuevo trabajo en el que debemos adquirir ciertas habilidades. Al principio somos extraños. Nuestras impresiones iniciales del piano o sitio de trabajo se basan en prejuicios, y suelen contener un elemento de miedo. Cuando emprendemos nuestro estudio del piano, el teclado parece más bien intimidatorio; no entendemos la relación entre las teclas, los acordes, los pedales y todo lo demás que interviene en la creación de música. En la situación de un trabajo nuevo, desconocemos las relaciones de poder entre la gente, la psicología de nuestro jefe, las reglas y métodos considerados decisivos para el éxito. Nos confundimos; los conocimientos que necesitamos están en ambos casos fuera de nuestro alcance. Aunque quizá enfrentemos estas situaciones novedosas con la emoción de lo que aprenderemos o haremos con nuestras nuevas habilidades, pronto nos percatamos de la ardua labor que nos espera. El gran peligro es que cedamos al aburrimiento, la impaciencia, el miedo y la confusión. Dejamos de observar y aprender. El proceso se interrumpe. Si, por el contrario, controlamos esas emociones y dejamos que el tiempo siga su curso, algo extraordinario empieza a cobrar forma. A medida que observamos y seguimos el ejemplo de los demás todo se aclara, porque aprendemos las reglas y vemos cómo las cosas operan y embonan entre sí. Si continuamos practicando, adquirimos fluidez; el dominio de las habilidades básicas nos permite aceptar retos nuevos y más emocionantes. Comenzamos a advertir entonces relaciones antes invisibles para nosotros. Poco a poco obtenemos seguridad en nuestra aptitud para resolver problemas o subsanar debilidades mediante la persistencia. En cierto momento pasamos de estudiantes a profesionales. Ponemos a prueba nuestras ideas, obteniendo con ello una realimentación valiosa. Usamos nuestro mayor conocimiento en formas cada vez más creativas. En vez de limitarnos a aprender cómo los demás hacen las cosas, ponemos en juego nuestro estilo e individualidad. Con el paso del tiempo, y en tanto seamos fieles al procedimiento, otro salto tiene lugar: a la maestría. El teclado ya no nos es ajeno; lo interiorizamos hasta volverlo parte de nuestro sistema nervioso, de las yemas de

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nuestros dedos. En nuestro trabajo, somos sensibles ya a la dinámica del grupo, al estado de las actividades en marcha. Podemos aplicar esta sensibilidad a situaciones sociales, analizando mejor a la gente y previendo sus reacciones. Podemos tomar decisiones rápidas y muy creativas. Nos llegan ideas. Hemos aprendido tan bien las reglas que podemos ser ya quienes las rompen o rescriben. En el procedimiento que conduce a esta forma suprema de poder podemos identificar tres fases o niveles. El primero es el aprendizaje del oficio; el segundo, la fase creativa-activa; el tercero, la maestría. En la primera fase, estamos fuera de nuestro campo, aprendiendo cuanto podemos de los elementos y reglas básicos. Sólo tenemos una imagen parcial del campo, así que nuestras facultades son limitadas. En la segunda fase, gracias a la práctica e inmersión intensas nos asomamos al interior de la maquinaria para ver las relaciones de las cosas entre sí, lo que nos permite entender mejor el asunto en cuestión. Con esto llega un nuevo poder: la capacidad de hacer experimentos con los elementos implicados y jugar creativamente con ellos. En la tercera fase, nuestro grado de conocimiento, experiencia y concentración es tan profundo que vemos ya el cuadro completo con toda claridad. Tenemos acceso al corazón de la vida: la naturaleza humana y los fenómenos naturales. Por eso las obras de arte de los maestros nos tocan en lo más hondo: el artista ha captado un fragmento de la esencia de la realidad. Por eso los científicos geniales pueden descubrir una nueva ley de la física, y los inventores o emprendedores dar con algo que nadie ha imaginado nunca. Podríamos llamar intuición a este poder, pero la intuición es apenas una aprehensión repentina e inmediata de lo real, sin necesidad de palabras ni fórmulas. Palabras y fórmulas pueden llegar después, pero ese rayo de la intuición es lo que nos acerca en definitiva a la realidad, cuando nuestra mente es repentinamente iluminada por una partícula de la verdad antes oculta para nosotros y los demás. Un animal tiene capacidad para aprender, pero depende en gran medida de sus instintos para relacionarse con sus circunstancias y evitar el peligro. Gracias a sus instintos, puede actuar con rapidez y eficacia. En cambio, los seres humanos confiamos en el pensamiento y la razón para

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conocer nuestro entorno. Pero esta razón puede ser lenta, y en su lentitud volverse inútil. Así, muchos de nuestros procesos mentales internos tienden, por obsesivos, a desconectarnos del mundo. En el nivel de la maestría, las facultades intuitivas son una mezcla de lo instintivo y lo racional, lo consciente y lo inconsciente, lo humano y lo animal. Ésta es nuestra forma de hacer asociaciones súbitas y eficaces con el entorno, para sentir o pensar las cosas por dentro. De niños tuvimos algo de esa espontaneidad y facultad intuitiva, la cual suele ser expulsada por la información que recarga nuestra mente al paso del tiempo. Los maestros regresan a ese estado infantil, y sus obras exhiben cierto grado de espontaneidad y acceso a lo inconsciente, aunque en un nivel muy superior al del niño. Si seguimos el procedimiento que conduce a este punto final, activamos la facultad intuitiva latente en todo cerebro humano, que quizá hemos experimentado de paso al trabajar con ahínco en un problema o proyecto. De hecho, en la vida solemos tener atisbos de este poder cuando, por ejemplo, tenemos un presentimiento sobre una situación particular, o cuando nos llega de la nada la solución perfecta a un problema. Pero estos momentos son efímeros y no se basan en experiencia suficiente para ser repetibles. Cuando alcanzamos la maestría, la intuición es un poder a nuestro mando, el fruto de haber seguido el proceso completo. Y como el mundo premia la creatividad y la aptitud para descubrir nuevos aspectos de la realidad, también nos brinda un poder práctico enorme. Concibe la maestría de esta manera: a lo largo de la historia, hombres y mujeres se han visto atrapados por las limitaciones de su conciencia, por su falta de contacto con la realidad y la facultad para influir en el mundo que los rodea. Han buscado todo tipo de atajos a esa mayor conciencia y sensación de control, en forma de rituales mágicos, trances, conjuros y drogas. Han consagrado su vida a la alquimia, en busca de la piedra filosofal, la escurridiza sustancia que convertiría todo en oro. Esta ansia por el atajo mágico ha sobrevivido hasta nuestros días bajo la forma de simples fórmulas de éxito, antiguos secretos finalmente revelados según los cuales un mero cambio de actitud atraerá la energía indicada. Hay algo de verdad y sentido práctico en esos afanes; por ejemplo, en el énfasis en la magia antes que en la concentración profunda. Pero, al

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final, todas esas búsquedas giran en torno a algo que no existe: el camino fácil al poder práctico, la solución simple y rápida, El Dorado de la mente. Al mismo tiempo que se pierden en esas fantasías interminables, muchas personas ignoran el verdadero poder que poseen. Y a diferencia de las fórmulas mágicas o simplistas, los efectos materiales de este poder pueden verse en la historia: en los grandes inventos y descubrimientos, construcciones y obras de arte majestuosas, la destreza tecnológica que poseemos, todas las producciones de la mente magistral. Este poder brinda a quien lo posee la conexión con la realidad y la aptitud para cambiar el mundo con que los místicos y magos del pasado sólo pudieron soñar. Al paso de los siglos, la gente ha levantado una barrera en torno a la maestría. La ha llamado “genio” y la ha creído inaccesible. La ha visto como resultado de privilegios, talento innato o la alineación correcta de las estrellas. La ha hecho parecer tan elusiva como la magia. Pero esa barrera es imaginaria. El verdadero secreto es éste: nuestro cerebro es producto de seis millones de años de desarrollo y, más que nada, esta evolución buscó llevarnos a la maestría, el poder latente en todos nosotros.

EVOLUCIÓN DE LA MAESTRÍA Durante tres millones de años fuimos cazadores-recolectores; y gracias a las presiones evolutivas de ese modo de vida, con el tiempo surgió un cerebro sumamente adaptable y creativo. Hoy nos valemos de ese cerebro de los cazadores-recolectores presente en nuestra cabeza. —Richard Leakey En la actualidad nos cuesta trabajo imaginarlo, pero nuestros más antiguos antepasados humanos, quienes hace seis millones de años se aventuraban en las praderas del África oriental, eran criaturas muy débiles y vulnerables. Medían menos de metro y medio de estatura. Caminaban erguidos y corrían usando las piernas, aunque para nada tan rápido como los veloces cuadrúpedos predadores que los perseguían. Eran escuálidos; sus brazos no podían brindarles mucha defensa. No tenían garras, colmillos

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ni veneno a los que recurrir bajo ataque. Para recolectar frutas, nueces e insectos, o hurgar en pos de carne de animales muertos tenían que salir a la sabana a descubierto, donde eran presa fácil de leopardos o manadas de hienas. Así, débiles y reducidos en número, habrían podido extinguirse fácilmente. Pero en el espacio de unos cuantos millones de años (periodo muy corto en la escala temporal de la evolución), esos antepasados nuestros, físicamente insignificantes, se convirtieron en los cazadores más formidables del planeta. ¿Cómo explicar un cambio tan milagroso? Algunos han especulado que todo se debió a que esos seres se irguieron sobre sus piernas, lo que dejó sus manos en libertad de hacer herramientas, gracias a sus pulgares opuestos y agarre de precisión. Pero esas explicaciones físicas son inexactas. Nuestro predominio, nuestra maestría no se deriva de las manos, sino de nuestro cerebro; de que hayamos hecho de nuestra mente el instrumento más poderoso conocido en la naturaleza, mucho más eficaz que cualquier garra. Y en la raíz de esta transformación mental están dos simples rasgos biológicos, el visual y el social, que los seres humanos primitivos convirtieron en poder. Nuestros antepasados más remotos descendían de primates que por millones de años prosperaron en las copas de los árboles, desarrollando por eso mismo uno de los sistemas visuales más notables de la naturaleza. Para moverse con rapidez y eficiencia en ese mundo perfeccionaron una refinada coordinación ojo-músculo. Sus ojos fueron ocupando poco a poco una posición completamente frontal en la cara, lo que les proporcionó una visión binocular, estereoscópica. Este sistema ofrece al cerebro una perspectiva tridimensional muy precisa, pese a ser estrecha. Los animales que poseen esta visión —en oposición a ojos de lado o medio lado— suelen ser predadores eficientes, como los búhos y los gatos. Usan esta vista poderosa para ubicar a su presa a la distancia. Los primates de los árboles desarrollaron esta visión con otro propósito: desplazarse entre las ramas y ver frutas, moras e insectos con más eficacia. Llevaron asimismo a su madurez una elaborada visión en colores. Cuando nuestros antepasados más antiguos dejaron los árboles e incursionaron a descubierto en las praderas de las sabanas, adoptaron una

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postura erecta. En posesión de aquel eficiente sistema visual, podían ver hasta muy lejos (jirafas y elefantes eran más altos, pero tenían los ojos de lado, lo que les procura una visión panorámica). Esto les permitía avistar en el horizonte predadores peligrosos y detectar sus movimientos aun en el crepúsculo. Dados algunos segundos o minutos, podían tramar un retiro a salvo. Al mismo tiempo, si dirigían su atención a lo inmediato, eran capaces de identificar todo tipo de detalles importantes en su entorno: huellas y señas del paso de predadores, o colores y formas de piedras por recoger para usar como herramientas. En las copas de los árboles, esa visión eficaz surgió con fines de velocidad: ver y reaccionar rápidamente. En los pastizales a la intemperie fue al revés. Seguridad y comida dependían de la observación lenta y paciente del entorno, de la aptitud para captar detalles y saber qué podían significar. La sobrevivencia de nuestros antepasados dependía de la intensidad de su atención. Cuanto más detenida y esforzadamente miraban, mejor distinguían entre oportunidad y peligro. Si exploraban con premura el horizonte, podían ver mucho más, pero esto sobrecargaba su mente de información, demasiados detalles para una visión tan aguda. El sistema visual humano no se formó para explorar, como el de la vaca, sino para la profundidad de foco. Los animales están encerrados en un presente eterno. Pueden aprender de hechos recientes, pero lo que está ante sus ojos los distrae con facilidad. Sin prisa, a lo largo de un periodo enorme, nuestros antepasados remediaron esa debilidad animal básica. Mirando un objeto el tiempo suficiente —aun unos cuantos segundos— sin distraerse, podían desligarse un momento de sus circunstancias inmediatas. Esto les permitía advertir patrones, hacer generalizaciones y pensar por adelantado. Tenían la distancia mental necesaria para pensar y reflexionar, aun en la más pequeña escala. Los seres humanos primitivos desarrollaron la capacidad de pensar y abstraerse como su principal ventaja en la lucha por evitar a predadores y hallar alimento. Eso los ponía en contacto con una realidad a la que los demás animales no tenían acceso. Pensar en este nivel fue el momento decisivo de la evolución: la aparición de la mente consciente y racional.

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