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A Luciana Sica, a su fuerza


El regalo mĂĄs precioso que me hizo el matrimonio fue el de brindarme un choque constante con algo muy cercano e Ă­ntimo pero al mismo tiempo indefectiblemente otro y resistente, real, en una palabra. C. S. LEWIS, Una pena en observaciĂłn


INTRODUCCIÓN

Un psicoanalista escucha cotidianamente los suplicios de la vida amorosa: aislamiento emocional, inhibiciones y síntomas sexuales, búsqueda compulsiva de relaciones que no proporcionan satisfacción alguna, decepciones que siguen inevitablemente a los primeros éxtasis del enamoramiento, infidelidad, aburrimiento, celos, caída del deseo, separaciones, malos tratos, incapacidad de amar, dificultades para encontrar al hombre o a la mujer adecuados. Sin embargo, en nuestros días las penas de amor parecen haber adquirido un estatuto diferente al que tenían en el pasado. La libertad sexual y la emancipación femenina, por citar sólo dos de los fenómenos más importantes de las últimas décadas, han desbaratado ciertos estereotipos del sufrimiento amoroso. El platonismo desesperado de quienes cultivaban en secreto sus pasiones, inhibidas frente a una realidad frustrante, ha dado paso a una difusa desinhibición y a la multiplicación en plena libertad de las experiencias sexuales y amorosas. Todo parece consumirse más rápidamente, sin obstáculos ni censuras morales. La crítica a toda forma de institucionalización de los vínculos entre los sexos parece haberse convertido en un estereotipo políticamente correcto. Con todo, el culto colectivo a un amor sin constricciones es una ilusión que sólo ha generado fuegos fatuos. La invocación de la libertad absoluta y la irritación ante cualquier forma de vínculo que implique responsabilidad ha dado vida a un nuevo amo. No ya aquel que blandía el garrote de la interdicción, sino el que exige un goce siempre Nuevo, y, en consecuencia, vive las relaciones que se prolongan en el tiempo como cámaras de gas que acaban con la fascinación misteriosa del deseo. A rey muerto, rey puesto: el periodo de duelo es rechazado de forma maníaca como innecesariamente triste y costoso. En vez de elaborar con dolor la pérdida del objeto amado, preferimos encontrar en el menor tiempo posible su sustituto, adaptándonos a la lógica imperante que gobierna el discurso del capitalismo: ¡si un objeto ya no funciona, nada de nostalgia! ¡Reemplacémoslo con su última versión! En una época en la que todo parece perseguir a las perversas sirenas de lo Nuevo, este libro pretende ser un canto dedicado al amor que resiste, al que insiste en la reivindicación de sus vínculos con lo que no pasa, con lo que es capaz de perdurar en el tiempo, con lo que no se puede desgastar. No trata de los


enamoramientos que se agotan en el plazo de una noche sin dejar rastro. Indaga en los amores que duran toda la vida, que dejan huella, que se resisten a morir, que reniegan de la cínica sentencia de Freud según la cual el amor y el deseo están destinados a vivir separados porque la existencia de uno (el amor) excluye necesariamente la del otro (el deseo sexual). Trata de esos amores en los que el deseo crece y no se marchita con el paso del tiempo, puesto que ensancha eróticamente el horizonte de los cuerpos de los amantes y, al mismo tiempo, el del mundo. De esos amores en los que el éxtasis del encuentro se obstina en repetirse, en desearse una vez más, en permanecer fiel a sí mismo, en el que la ebriedad no se desvanece, sino que carga el propio sentido del tiempo volviéndolo eterno. Son esos amores animados por lo que el poeta Paul Éluard, citado en una ocasión por Jacques Lacan, denomina «el duro deseo de durar».1 En este libro nos preguntamos qué ocurre en esa clase de relaciones cuando uno de los dos traiciona, falta a la promesa, vive otra experiencia afectiva en el secreto y en el perjurio. ¿Qué sucede con los amores embestidos por el trauma de la traición y del abandono? ¿Qué sucede después, si quien traiciona pide perdón? ¿Si pide, después de haber decretado que ya no era como antes, seguir siendo amado y quiere que todo vuelva a ser como antes? ¿Es realmente posible el perdón en estos casos? ¿O debemos limitarnos a evocar la sentencia freudiana de que todo amor es un sueño narcisista, de que no existen promesas, de que no existen amores «para siempre», de que no existe amor por el Otro que no sea amor propio? ¿Hemos de escupir sobre el amor, hemos de ridiculizar a los amantes en sus esfuerzos para que el amor dure? Los análisis que Freud desarrolla en sus Contribuciones a la psicología del amor se limitan a describir la versión neurótica de la vida amorosa. Su tesis relativa a la escisión entre deseo sexual y amor, que lleva al hombre a desdoblar el objeto de su goce erótico del amor afectivo, ha sido malinterpretada a menudo, como si se diera una imposibilidad estructural de conciliar el ámbito del goce sexual del cuerpo con el del amor como don de uno mismo al Otro. Debe quedar bien claro: el que la clínica psicoanalítica se ocupe de esta escisión (neurótica) entre el goce sexual y la ternura amorosa hacia el Otro no quiere decir que esta división proporcione el sello estructural del amor. ¿Qué objetivo puede tener el psicoanálisis si no el de hacer posible precisamente la existencia de vínculos en los que el deseo amoroso hacia el Otro converja con el goce erótico del cuerpo? ¿No es ésta una de sus apuestas más relevantes? La experiencia lo constata: hay amores en los que el deseo amoroso no se escinde en absoluto del goce sexual, sino que crece exponencialmente junto a la pasión


erótica por el cuerpo del Otro. Era lo que llevaba a Lacan a definir el amor como la única oportunidad de hacer converger, sin disociarlos neuróticamente, el deseo con el goce.2 Este libro no pretende cuestionar la patología de la escisión entre deseo y placer, sino examinar un aspecto de la vida amorosa tan importante como extrañamente dejado de lado por el psicoanálisis como el del perdón. Aborda el perdón como una de las pruebas más altas y más difíciles que pueden aguardar a los amantes. El trabajo del perdón viene siempre precedido por el trauma de la traición y el abandono. El objeto amado se desvanece, se transfigura, se aleja. Sabemos que cada trauma carga, con un solo movimiento sísmico, contra el sentido global del mundo y el de nuestra existencia. No es sólo el objeto amado el que se derrumba, sino que también el propio orden del mundo, a causa de esa pérdida, se resquebraja, se vuelve irreconocible, deriva en un puro sinsentido. ¿Cómo puede uno vivir en las cenizas de esa retirada del Otro sin destruirlo todo? ¿Cómo resistir a la traición de la promesa? Al igual que el trabajo del duelo, el trabajo del perdón también requiere un suplemento de tiempo para poder completarse. A veces se topa con el muro, imposible de superar, de la pérdida de confianza en la palabra del Otro. Puede suceder, en ese caso, que el perdón se vuelva imposible precisamente a causa del amor. Es una de las tesis de este libro: el fracaso del perdón no ha de considerarse de segunda clase respecto a un trabajo del perdón que llega a buen puerto. Varios pacientes hablan de un colapso irreversible de la confianza en el Otro que ya no puede recomponerse. ¿Cómo culparles? También en estos casos choca el sujeto contra el muro de lo imposible: no puede perdonar, no puede olvidar la herida del perjurio porque perdonar supondría olvidar, no querer saber, hacer la vista gorda, no abordar todas las consecuencias que la verdad traumática de la traición y el abandono ha comportado. Otras veces, por el contrario, el trabajo del perdón desafía a lo imperdonable y salva el amor resistiendo a la tentación del espíritu de venganza. Es una de sus alegrías misteriosas; la que consiente un nuevo comienzo, una reanudación absoluta. El lector encontrará dos libros en uno. Por un lado, una reflexión teórica y clínica acerca del trabajo del perdón en la vida amorosa. Por otro, las vicisitudes de O., que nos relatan la historia de un hombre en la plenitud del éxito profesional, de la serenidad familiar y de la alegría erótica por su compañera de toda una vida que se topa, sin aparente aviso previo, con la arista, dura y traumática, de la traición y el abandono. La figura de O. surge de una mezcla


literaria de diferentes materiales, sobre todo de historias de pacientes extraídas de mi trabajo como psicoanalista, debidamente transformadas para volverlas irreconocibles y amalgamadas con elementos más autobiográficos. El resultado es un relato que no pretende exponer lo que la teoría trata de formular conceptualmente. Según la concepción clásica, el psicoanálisis trata más bien de alcanzar, a través de la singularidad de un caso (¿«clínico» o, más radicalmente, «humano»?), no la confirmación de la doctrina, sino el lugar del que la doctrina mana. Con la diferencia de que el caso en cuestión no es una historia clínica auténtica, ni el informe de un tratamiento psicoanalítico, sino una suerte de material existencial expuesto en su realidad más desnuda, deliberadamente desprovisto de cualquier comentario interpretativo. Con un estilo narrativo, puede constatarse el tremendo impacto del trauma de la traición y el abandono en la vida de O., su caída en el vacío del sinsentido y su resistencia a la tentación de la autodestrucción y al aniquilamiento del Otro hasta confrontarse con la posibilidad (o imposibilidad) del perdón. No hay amor, ni siquiera el que vive en la promesa del «para siempre», que esté a salvo del riesgo de su final, porque todo amor humano implica siempre la exposición absoluta al Otro, que nunca excluye la posibilidad de su apartamiento y desaparición. En todas esas situaciones en las que el impacto traumático de la traición ha puesto el amor de rodillas, ¿es realmente posible que el trabajo del perdón devuelva la vida a lo que parecía irremediablemente muerto? Ésta es la apuesta más auténtica de este libro. Agradecimientos Quiero expresar mi agradecimiento a mi amigo y editor Raffaello Cortina por haber creído en mí en estos últimos años, y a Maria Egidi, con quien comparto buena parte de mi tiempo de trabajo y que, en estos diez años de colaboración, me ha soportado con paciencia, amor y alegría. También a Federica Manzon y a Lucrecia Lerro, por su amistad y por haber leído y comentado las partes narrativas del libro, dándome valiosos consejos. A Mauro Grimoldi, por haber prestado atención a este libro desde su primera concepción durante nuestras carreras matutinas por el parque Sempione y en otros lugares. Por último, a Enzo Bianchi por su presencia silenciosa en mí.


Título de la edición original: Non è piu come prima. Elogio del perdono nella vita amorosa

Edición en formato digital: septiembre de 2015

© de la traducción, Carlos Gumpert, 2015 © Raffaello Cortina Editore, 2014 © EDITORIAL ANAGRAMA, S.A., 2015 Pedró de la Creu, 58 08034 Barcelona ISBN: 978-84-339-3643-1 Conversión a formato digital: Newcomlab, S.L. anagrama@anagrama-ed.es www.anagrama-ed.es


1 P. Éluard, «El duro deseo de durar», en Ultime poesie d’amore, Passigli, Florencia, 1996. [Trad. esp.: Últimos poemas de amor, trad. de Jesús Munárriz, Hiperión, Madrid, 2005.] 2 «Sólo el amor permite al goce condescender al deseo», J. Lacan, Il Seminario. Libro X. L’angoscia (1962-1963), ed. de A. Di Ciaccia, Einaudi, Turín, 2007, p. 193. [Trad. esp.: El Seminario. Libro 10. La angustia, Paidós, Buenos Aires, 2006.]


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