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José Luis Sanz Ruiz
Queridos amigos:
Un año más nos encontramos inmersos en la celebración de nuestra fiesta más universal: la Feria de Abril. Esta Fiesta Mayor de Sevilla es el gran escaparate de la ciudad al exterior, donde los sevillanos hacemos de anfitriones durante unos días llenos de alegría y amistad, trasladando nuestras casas al Real de la Feria y conviviendo en la ciudad efímera más bonita del mundo.




Para el buen desarrollo de la Fiesta, venimos trabajando incansablemente desde el mismo momento de la terminación de la Feria del año pasado, redoblando los esfuerzos en los días previos y en esa misma semana, para que todo salga como nuestra ciudad merece. Todo está a punto: seguridad, movilidad, limpieza, control de instalaciones y alimentos, bienestar animal, etc. Los distintos servicios municipales se refuerzan y realizan un trabajo excepcional durante los días de celebración.

En este año 2026 se consolida el modelo de Feria que los sevillanos eligieron, y volverá a empezar con la noche del Lunes del Alumbrado, con la tradicional cena del pescaíto, y terminará con el espectáculo pirotécnico de los Fuegos Artificiales a las 12 de la noche del domingo de Feria, día 26 de abril.





Tenemos como novedad la apertura de un tramo de la calle Pepe Luis Vázquez que conecta con la Avenida de Juan Pablo II, que aunque de manera provisional pues no está permitido aún el tráfico rodado, sirve como vía de seguridad y evacuación, y abre el Real de la Feria a Tablada. En este tramo de calle se han









instalado cuatro casetas nuevas permitiendo disfrutar de la Feria a más familias y entidades sevillanas.
Seguimos apostando por mayor seguridad en los días de celebración, con casi 1000 policías locales operativos, con la unidad específica de agentes tutores que centrarán sus funciones en todo lo relacionado con los menores de 18 años, y una treintena de cámaras para funciones de videovigilancia.
En materia de movilidad, se seguirán manteniendo las paradas de taxis que implementamos el pasado año en Costillares y la Línea




Exprés Sevilla Este del Prado de San Sebastián a la Contraportada, llegando los usuarios directamente en autobús a la Feria desde Sevilla Este. Como es habitual Tussam va a habilitar 1,6 millones de plazas en el servicio directo al Real de la Feria en diferentes líneas.
Otra parte fundamental de la Feria es su limpieza. Para ello Lipasam pondrá todos los recursos necesarios para la limpieza y recogida de residuos en el Real de la Feria y alrededores. Existen servicios de limpieza y recogida desde las tres de la mañana en el Real de la Feria, culminando a las 12 de la mañana, hora de comienzo del Paseo de Caballos, con la retirada de los camiones estacionados en distintos puntos del Real para la recogida de bolsas de basura. Paralelamente, se instalarán unos módulos con contenedores en calle Flota de Indias y Contraportada para que durante las horas que Lipasam no puede acceder al Real, los distintos usuarios puedan depositar las bolsas de residuos. A las 20 horas,
con la evacuación de carruajes, caballistas y amazonas, se limpiarán las calles como viene siendo tradicional, para su puesta a punto durante la noche.
En materia sanitaria, el Ayuntamiento instala un año más uno de los mayores hospitales de campaña de España, con más de 6.000 m2, además del punto de primera atención en pleno Real de la Feria, concretamente en la Calle Juan Belmonte 105-107, otra de las novedades que implantamos y que cada año venimos perfeccionando.
Solo me queda agradecer el esfuerzo de todos los servicios públicos que muestran lo mejor de su profesionalidad en estos días, e invitar a disfrutar de estos días a los sevillanos y a todos los que quieran compartir con nosotros esta celebración. La Feria de Abril, única e inigualable, volverá a hacer que Sevilla se convierta de nuevo en estos días, en la capital del mundo.
Feliz Feria de Abril. Feliz Feria 2026.





















































El niño que ven es el mismo niño que pintó este cartel y su lema: “La fiesta del patio de mi abuela”
El azahar funciona como una cápsula del tiempo, un detonante inmediato que nos transporta a los recuerdos más profundos. Ese olor fresco —azul y verde—, cítrico —amarillo— y dulce, que evoca pureza, vitalidad y la calma de la infancia. Su traducción a pintura enmarca la escena:
Número 30 de la calle Padre Coloma, Nervión. Primavera del 89. Quince kilos de peso, 104 centímetros de altura. Pantalones de pana, camisa blanca de manga larga y zapatos negros. Una capa de un disfraz de enfermera de la Cruz Roja Española de mi prima Rocío, con un lazo deshecho, y un cucurucho de papel con dos agujeros improvisados que mi abuela Araceli me había hecho a modo de capirote.
Dicen que consolidamos nuestras primeras experiencias significativas alrededor de los tres o cuatro años —no antes—. Este recuerdo está fragmentado en dos: el sonido de las tijeras de mi abuela cortando la cartulina blanca y la sensación de un disgusto enorme. Mis padres me encontraron así, vestido y listo para salir, en el zaguán de la casa. En la puerta, una procesión, la cofradía de la Sed acababa de salir de la iglesia de la Concepción (imaginen el pastel). Frustraron la salida de aquel niño que pretendía hacerse un hueco e incorporarse a la procesión que pasaba por allí, por supuesto con el apoyo incondicional de Araceli. El instante quedó inmortalizado en el patio, a través de una cámara Zenit.











Para el cartel se han añadido a la escena claveles y una sillita de enea que representan la feria.
Inocencia y arrojo. Un niño viviendo —y viendo— su alrededor a través de dos agujeros. Cucurucho, como diría la canción de Lole y Manuel, de blanco amor de su abuela.
Hoy es este adulto quien vuelve a asomarse, desde otro tiempo, a esos dos huecos del capirote. Y al buscar al niño, vuelve a ver a su abuela riendo y aplaudiendo la función.
Cuando llega la primavera a Sevilla, el azahar contiene en su aroma el recuerdo de ese espacio sagrado con forma de patio. Contiene sonrisas, y también el sonido repetido del giro de la válvula de vapor de una olla a presión, y a una mujer siendo testigo del tiempo sin tiempo del niño.
«Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla».
Segunda aclaración: me he dado cuenta de por qué pinto. Para llamar la atención y detener el tiempo. Para ver la reacción de mi abuela ante un teatrillo improvisado.
“Quédate aquí un ratito más y para el puchero. Mira, abuela, soy un nazareno. Mira, abuela, un torero. Soy un bailaor en medio de este ruedo. No te vayas, abuela, quédate un poco más, que ahora sale una cofradía, ya verás.”
Cuando uno escribe para sí mismo, lo entiende todo el mundo. Este es mi cartel de fiestas de la primavera, un niño, un juego. La víspera de lo que está por llegar.


«Porque en Sevilla no queremos que las cosas sucedan, sino soñar con ellas.»
Daniel Franca Camacho
La propuesta tipográfica para este cartel nace de un ejercicio de arqueología visual y de síntesis.
El objetivo ha sido capturar la “voz” gráfica de los primeros carteles de las Fiestas de Primavera de Sevilla para llevarla a lo contemporáneo. La fuente es una amalgama, una revisión historicista que aglutina rasgos característicos de algunas tipografías usadas en esos primeros carteles. Una letra actual con un innegable sabor añejo.
El rótulo principal se presenta como una tipografía stencil (plantilla) intervenida. Esta elección no es casual; busca una conexión sensorial directa: es la rotulación de los burladeros de la Plaza de la Maestranza y las botas de vino.
Para separar las palabras, los boliches se han transformado en pictogramas geométricos. Estos pequeños iconos rinden homenaje a la flora de Sevilla, representando, en orden de aparición, las flores que adornan y marcan el calendario de la ciudad: jazmín, geranio, azahar y jacaranda.
En la zona inferior, el texto se compone en un bloque denso y justificado, recuperando la estética informativa de los primeros carteles del siglo XX. Aquí se plantea un juego narrativo entre el pasado y el presente: las actividades extintas aparecen tachadas —aunque legibles, como huellas de la historia—, mientras que las tradiciones que perduran se destacan en negrita, celebrando su vigencia.
Finalmente, la marca municipal (NO8DO) ha sido redibujada para integrarse en este sistema visual, tal como hacían los autores de esas décadas, muy influenciados por las vanguardias de principios de siglo —especialmente el Art Decó—, que bebían del Modernismo y el Secesionismo Vienés. El uso del rombo como elemento constructivo y separador sirve como guiño final a ese modernismo geométrico que definió una era dorada del diseño gráfico en la ciudad.
Ale Rojas


















Davide Gambini
El origen de la idea
El punto de partida surgió casi por casualidad. En noviembre del pasado año leí un artículo que mencionaba una serie de estudios sobre el Cenador de Carlos V y recordaba que en 2026 se cumple el 500 aniversario de la boda entre el emperador e Isabel de Portugal.







Desconocía que un acontecimiento de esta magnitud se hubiese celebrado en Sevilla. Todavía el Ayuntamiento no había publicado las bases del concurso, y yo no tenía claro si finalmente participar. Pero a partir de ese momento, la idea de la boda de Carlos V quedó rondando en mi cabeza y supe que quería realizar una propuesta con algún tipo de vínculo con este acontecimiento.
Descubrimiento de los arcos efímeros
Comencé entonces a leer y a buscar informaciones y documentación histórica sobre la boda de Carlos V. Profundizando en la investigación encontré una página de la Universidad de Sevilla que describía la llegada del emperador a la ciudad. Lo que más me llamó la atención fue el hecho de que, con motivo de la boda, se construyeron siete arcos efímeros
Es un placer poder compartir con ustedes el proceso creativo que he seguido para desarrollar la propuesta de portada de la Feria de Abril de 2026. A lo largo de este artículo, voy a hablar sobre las ideas, las referencias históricas y los criterios de diseño que han dado forma al proyecto que finalmente he presentado.
desde la Macarena hasta la Catedral. Me pareció un episodio histórico fascinante, y mi primera idea fue de reinterpretar esos arcos de triunfo y usar este concepto como referencia para la portada. Sin embargo, comprendí que sería un ejercicio demasiado conceptual, poco reconocible para el público. Yo quería que cualquier persona pudiera identificar la portada con elementos reales de Sevilla.





Por ello, decidí abandonar la idea de los siete arcos reinterpretados y seguir buscando una referencia más concreta, más cercana y más identificable por todos.
La solución más lógica fue volver al edificio que desde el principio había despertado mi interés: el Cenador de Carlos V. Una construcción vinculada directamente a la boda imperial y muy reconocible dentro del patrimonio sevillano. Decidí, por tanto, adoptarlo como referencia principal para la portada. Sin embargo, su escala reducida y su estética renacentista, aunque elegante, no me parecía encajar del todo con el carácter monumental y festivo que se espera de una portada.




















Comprendí entonces que el Cenador debía funcionar sobretodo como una referencia simbólica, pero que la portada necesitaba también otra referencia arquitectónica más potente desde el punto de vista visual. Para definirla decidí mirar hacia las portadas recientes. Desde 2019 todas se inspiran en edificios de la Exposición Iberoamericana de 1929. Me pareció adecuado mantener esta continuidad, más aún ante la cercanía del centenario.
La pregunta era: ¿qué edificio de la Exposición de 1929 podía fusionarse con el Cenador de Carlos V? La respuesta fue inmediata: el Pabellón de Portugal. No solo establecía un vínculo simbólico perfecto con la boda imperial, sino que además no había sido utilizado como referencia enportadas anteriores. Su estética exuberante y singular

lo hacía ideal para convertirse en la base visual de la portada.
Inicio del diseño
Con ambos edificios definidos como referencias —el Cenador de Carlos V y el Pabellón de Portugal—, el siguiente paso consistía en estudiar cómo fusionar ambos lenguajes arquitectónicos. Pero antes de iniciar el dibujo, esperé a la publicación de las bases del concurso, con el fin de confirmar que mis referencias encajaban con los requisitos técnicos y formales.
Adecuación a las bases






Las bases, una vez publicadas, confirmaron que los edificios seleccionados se ajustaban perfectamente a los criterios establecidos. Además, no había cambios significativos respecto a años anteriores, por lo que el marco técnico era plenamente compatible con la propuesta que tenía en mente.





























Composición general

Llegó entonces el momento de diseñar la composición general de la portada. Para la estética que buscaba, opté por una composición tradicional, con proporciones clásicas y una presencia marcada de elementos decorativos que reforzaran la identidad del conjunto.
Cuerpo central
En primer lugar definí un cuerpo central de gran importancia visual. Este debía ser el elemento de mayor altura e importancia visual, el eje de toda la composición.
Torres laterales
A los lados, incorporé dos torres laterales, de menor tamaño y altura, que cerraran la composición en los extremos y aportaran equilibrio volumétrico al conjunto.
Arquería inferior

En la zona inferior, situada en la base de la portada, diseñé una arquería, que constituye el elemento más importante desde el punto de vista funcional: la entrada a la Feria. Quise que esta zona tuviera una lectura visual uniforme, con arcos de proporciones similares.
Cuerpo horizontal de unión
Por último definí un cuerpo horizontal de unión, una pieza arquitectónica esencial para cohesionar la composición y relacionar el cuerpo central con las torres laterales. Este elemento sería clave para dar continuidad visual a la portada.
Desarrollo de la arquería



No deseaba arcos excesivamente altos, sino una sucesión de arcos similares, con solo el central ligeramente mayor. Las curvas están directamente inspiradas en las formas del Pabellón de Portugal, así como las decoraciones de los pilares y la base de las torres laterales, que reinterpretan las ventanas laterales del pabellón.
El cuerpo horizontal de unión debía ser un elemento expresivo y capaz de cohesionar el conjunto. Por ello seguí trabajando con líneas curvas, muy marcadas, evocando la estética neobarroca del Pabellón de Portugal. La decoración también está inspirada en él, manteniendo la continuidad con la arquería inferior.
El cuerpo central es el de mayor tamaño y altura. Quise que tuviera el papel protagonista, con una presencia imponente. Su diseño está claramente inspirado en la fachada del Pabellón de Portugal y, sobre todo, en su elemento más característico: la cubierta de inspiración oriental, única en Sevilla. Considero que esta cubierta es el rasgo más reconocible del pabellón y, por ello, debía jugar un papel igualmente esencial en la portada.

La primera zona que comencé a desarrollar en detalle fue la zona de los arcos. Opté por cinco arcos, en parte para diferenciarla de las portadas de los últimos años —que habían utilizado tres—, y también porque encajaba mejor con la estética que buscaba.
Las torres laterales siguen la estética general del conjunto, pero sus remates superiores se inspiran directamente en el Cenador de Carlos V. Tomé como referencia sus arcos y su cubierta a cuatro aguas.
Primer diseño y ajuste necesario






Una vez definidos todos los elementos y proporciones, elaboré el primer diseño completo. Sin embargo, detecté un problema: más allá de los remates de las torres, la presencia del Cenador era demasiado discreta. La estética predominante seguía siendo la del Pabellón de Portugal.





Necesitaba incorporar un recurso decorativo que equilibrara la presencia de ambos edificios.
Uso del azulejo como elemento unificador
La solución llegó al estudiar los azulejos del Cenador de Carlos V. El cenador posee una gran variedad de ellos, y los azulejos, además, constituyen un elemento cultural compartido entre España y Portugal. Me pareció una oportunidad ideal para reforzar esta conexión simbólica en la portada.
Decidí, por ello, utilizar dos tipos de decoración cerámica, inspiradas en dos azulejos concretos del Cenador: uno de motivos florales-vegetales y otro de carácter geométrico. Preferí limitarme a dos modelos para evitar un efecto visual excesivamente complejo.


El cuerpo central es el de mayor tamaño y altura. Quise que tuviera el papel protagonista, con una presencia imponente. Su diseño está claramente inspirado en la fachada del Pabellón de Portugal y, sobre todo, en su elemento más característico: la cubierta de inspiración oriental, única en Sevilla.


Distribución de decoraciones
En esta lámina puede verse qué zonas de la portada reciben cada tipo de decoración. Las áreas marcadas en naranja incorporan el motivo floral- vegetal; las áreas en amarillo, el motivo geométrico. De esta forma garantizo una distribución equilibrada y coherente de ambas decoraciones.
Resultado final
Y aquí pueden ver el resultado final de mi propuesta: la portada completa, con sus colores definitivos y las decoraciones aplicadas. Una composición que fusiona dos edificios emblemáticos y que pretende celebrar, al mismo tiempo, la historia compartida y el patrimonio arquitectónico que une a Sevilla con Portugal y con el mundo. Espero que os guste.



















En 1973, la Feria de Abril se celebró por primera vez en el barrio de Los Remedios. Lo hizo en mayo. El traslado obligó a ajustar calendario y costumbres, pero también marcó el inicio de una nueva etapa: más espacio, más casetas y una feria reconocible en su formato actual.
Durante los primeros años en Los Remedios no todo el mundo tenía claro dónde estaba cada caseta. Algunas optaron por colocar carteles visibles desde la calle para guiar a los visitantes. Una solución sencilla que refleja bien el crecimiento rápido y algo desordenado de aquella nueva feria.
















En la madrugada del 28 de abril de 1964 un incendio arrasó buena parte del recinto ferial en el Prado de San Sebastián. Las casetas, construidas con materiales ligeros, ardieron con rapidez. Fue uno de los episodios más graves en la historia de la feria.
A pesar del incendio de 1964, la Feria de Abril no se suspendió. En pocas horas se reorganizó el recinto y muchas casetas volvieron a levantarse de forma provisional. La decisión refleja la importancia que ya tenía la feria en la vida de la ciudad.































La proclamación de la Segunda República tuvo su reflejo inmediato en la feria. Las banderas monárquicas fueron sustituidas por la tricolor en el recinto. Un gesto simbólico que muestra cómo los cambios políticos también se hacían visibles en el Real.


A finales del siglo XIX, algunos cocheros aprovechaban la llegada de visitantes para ofrecer sus servicios con un reclamo directo: «¡Al Real!». No siempre tomaban el camino más corto. La escena ilustra un tipo de picaresca muy vinculada al ambiente festivo.
La primera Feria de Abril, en 1847, contó con corridas de toros en su programación. Desde entonces, la relación entre feria y temporada taurina en Sevilla se ha mantenido como uno de sus ejes tradicionales.
En 1990, la Feria de Abril se celebró sin caballos debido a un brote de peste equina africana. La imagen del Real cambió de forma notable durante esos días, recordando hasta qué punto el paseo de caballos forma parte de su identidad.





































La Feria de Abril nació con tintes de iniciativa económica, muy alejada del carácter festivo. En 1846, los concejales José María de Ybarra y Narciso Bonaplata propusieron al Ayuntamiento de Sevilla la creación de una feria anual de carácter agrícola y ganadero. La idea fue aprobada y, en abril de 1847, se celebró la primera edición en el Prado de San Sebastián.

















La Feria de Abril fue aprobada en 1846 como una iniciativa económica impulsada por los concejales José María de Ybarra y Narciso Bonaplata.
Detrás de esa propuesta había dos perfiles muy concretos. José María de Ybarra, de origen vasco, pertenecía a una familia vinculada al comercio y a la actividad empresarial. Representaba a una burguesía emprendedora que veía en este tipo de eventos una oportunidad para dinamizar la economía local.
Narciso Bonaplata, de origen catalán, procedía de una familia ligada al desarrollo industrial, especialmente en el ámbito textil. Su trayectoria estaba asociada a una mentalidad práctica, orientada a la producción y al intercambio comercial.

Ambos compartían una misma visión: dotar a Sevilla de un espacio estable para el negocio y la actividad económica. Aquella feria inicial, con apenas diecinueve casetas y centrada en la compraventa de ganado, respondía a ese objetivo.
Con el tiempo, el componente festivo fue ganando protagonismo hasta transformar por completo el sentido original de la iniciativa. En su origen, la Feria de Abril fue el resultado de una idea concreta y bien definida: la de dos concejales, un vasco y un catalán, responsables de un proyecto que el tiempo convertiría en una seña de identidad para Sevilla.
La transformación de la Feria de Abril no fue inmediata, pero sí constante. Desde sus primeras ediciones, junto a la actividad ganadera aparecieron elementos de carácter social: reuniones, música y espacios para el encuentro.
A medida que avanzaba el siglo XIX, ese componente festivo fue ganando peso frente al comercial. Las casetas dejaron de ser únicamente lugares de negocio para convertirse en espacios lúdicos. Así, la feria no solo atrajo a comerciantes sino también a visitantes festivos.


El proceso se consolidó con el tiempo. La actividad ganadera perdió protagonismo mientras que la dimensión lúdica se convertía en el eje principal. Lo que había nacido como una feria económica terminó siendo una celebración popular hasta alcanzar la forma en la que hoy se nos presenta.

La primera edición, en 1847, contó con diecinueve casetas y se centró en la compraventa de ganado.

















| Feria de abril 2026

La Feria de Abril se realizó durante décadas en el Prado de San Sebastián, donde se forjó buena parte de su identidad. Esta propuesta, a través de la Fototeca del Ayuntamiento de Sevilla, invita a mirar atrás y redescubrir aquel emplazamiento histórico, evocando cómo eran sus casetas, sus calles y el ambiente que marcó a generaciones.





















Voladoras de la calle del Infierno. Detrás, Loterías Renee y el pabellón de la Bella Crisantema. 1942. ©ICAS-SAHP, Fototeca Municipal de Sevilla, fondo Serrano.

Real de la Feria en el Prado de San Sebastián. Perspectiva de la portada en la avenida del Cid. 1968. ©ICAS-SAHP, Fototeca Municipal de Sevilla, fondo Serrano.



Real de la Feria en el Prado de San Sebastián. Caballistas con flamencas a la grupa ataviadas con mantilla blanca. 1949 ca. ©ICAS-SAHP, Fototeca Municipal de Sevilla, fondo Serrano.




Real de la Feria en el Prado de San Sebastián. Baile por sevillanas delante de la caseta Patio de los Quinteros. 1940. ©ICAS-SAHP, Fototeca Municipal de Sevilla, fondo Sánchez del Pando.
Vista general del mercado de ganado en el Prado de San Sebastián. Toma realizada desde uno de los cuerpos de la Plaza de España, entonces en construcción. Anterior a 1921, fecha de desaparición de la Pasarela. ©ICAS-SAHP, Fototeca Municipal de Sevilla, fondo Serrano.

Real de la Feria en el Prado de San Sebastián. Caseta del Ateneo. Mujeres ataviadas con mantilla, una blanca y otra negra, y con los mantones de Manila sobre el regazo. Se aprecia una pequeña barandilla de forja con un rosetón central en que aparece el emblema municipal NO8DO. 1926. ©ICAS-SAHP, Fototeca Municipal de Sevilla, fondo Sánchez del Pando.









































































La duquesa convirtió el Real de la Feria en un espacio donde convivían la identidad andaluza, la alta costura y la socialite internacional.
La Feria de Abril fue uno de los escenarios predilectos para la XVIII duquesa de Alba. Entre farolillos y albero, fue una figura reconocida y reconocible, reforzando uno de los rasgos más característicos de la feria: la convivencia entre lo popular y lo aristocrático.





Más que una asistente casual, la duquesa participó de forma activa en la vida social del ferial. Su afinidad con el flamenco, la tauromaquia y las tradiciones locales formaba parte de su identidad libérrima, alejada de convencionalismos e integrada de forma natural en la noche y el día del Real.

En el Real, uno de sus aspectos más recordados fue su estilo. El traje de flamenca, símbolo en las ferias de Andalucía, encontró en ella una embajadora inesperada al introducir variaciones con base en la alta costura.
No era extraño verla combinar mantillas y peinetas con diseños de casas como Balenciaga o Dior, en una síntesis que proyectó una capa de sofisticación sobre el carácter tradicional de las casetas. Su forma de vestir no rompía con la tradición, la actualizaba desde dentro.
Más allá de su papel con la moda, la duquesa de Alba cultivó relación con personalidades internacionales a las que llevó de su mano por la Feria de Abril o la Real Maestranza de Caballería. Su presencia junto a Jacqueline Kennedy o Grace Kelly ilustra bien su importancia en la proyección mundial de Sevilla en tiempo donde la apertura el exterior seguía siendo, en gran medida, un cierto tabú.
La duquesa encontró en el ferial un espacio coherente con su forma de entender la tradición y la vida pública; la feria, por su parte, encontró en ella una figura capaz de representar su equilibrio entre raíces populares, refinamiento y proyección al exterior. Su recuerdo sigue ligado a esa Sevilla que cada primavera se reúne en torno al albero y los farolillos.





La duquesa no solo acudía a la feria: la habitaba como un espacio propio, donde tradición y vida social se entrelazaban





















La duquesa convirtió la ciudad en su escenario más querido y habitual, con el Palacio de las Dueñas como escenario clave en su vida personal y legado patrimonial.


La relación entre Cayetana Fitz-James Stuart (19262014) y Sevilla fue una constante a lo largo de su vida. Residió largas temporadas en el Palacio de las Dueñas, donde también falleció en 2014, haciendo del conjunto histórico el centro de su vida en la ciudad y uno de sus espacios cotidianos más queridos.




Desde joven, Dueñas fue el escenario para muchos momentos de su biografía. En 1947 celebró allí su primer matrimonio, y más de sesenta años después, en 2011, volvió a situarse en el foco con motivo de su
última boda. La imagen de la duquesa bailando alegremente a las puertas del palacio reflejó su forma de ser y estar en la ciudad, donde era capaz de ser ella misma sin necesidad de cumplir reglas y protocolos.
El Palacio de las Dueñas fue el centro de su vida en Sevilla durante décadas
Desde Dueñas, su presencia se extendió a la vida social sevillana. Participó en celebraciones y actos culturales, mantuvo implicación con la Semana Santa, el flamenco o la tauromaquia y siempre ejerció como la mejor embajadora de Sevilla en el mundo, un aspecto bien visible en las celebridades que llevó hasta el Real de la Feria.
Su visión comprometida con la puesta en valor del patrimonio de la Casa de Alba también sumó en su relación con Sevilla. Su principal aportación fue la apertura del Palacio de las Dueñas al público, incorporándolo al recorrido museístico al tiempo que abría la puerta a muestras temporales como la que allí conmemora el centenario de su natalicio.
También impulsó eventos culturales, préstamos de obras y la organización de los archivos nobiliarios, facilitando el acceso de los investigadores a un legado histórico hasta entonces cuasi oculto.
En el ámbito de la moda, mantuvo relación con diseñadores como Cristóbal Balenciaga, uno de los grandes nombres de la alta costura española del siglo XX, sin olvidar la selección de modistos internacionales. En Sevilla, esa alta costura adquiría un significado especial gracias a la duquesa, quien la combinaba con el uso de mantillas, piezas de inspiración andaluza o joyas históricas. Era su forma de combinar ámbitos bien distintos y, sobre ella, aquello funcionaba con la elegancia natural de lo auténtico. Sus elecciones, a menudo alejadas del rígido protocolo, contribuyeron a consolidar un estilo propio que mezclaba herencia, identidad local y proyección internacional.




La apertura del palacio al público lo incorporó al circuito cultural de la ciudad
A cien años de su nacimiento, la semblanza de la duquesa de Alba y Sevilla se entrelazan en un baile donde tradición y modernidad, ciudad e individuo, crean una seña de identidad para la historia reciente de Sevilla, La Maestranza y el Real de la Feria.
























Entrevistamos a Francisco Valderrama, director de la Cátedra Internacional de Moda Flamenca, por el éxito de Sevilla de Moda en la Semana de la Moda de Nueva York.



















Francisco Valderrama es el director general de ESSDM, Centro de Enseñanzas Artísticas Superiores de Diseño de Sevilla, una institución que cuenta entre sus líneas académicas con una Cátedra Internacional de Moda Flamenca Flamentex, que está llevando el nombre de nuestra ciudad a decenas de destinos internacionales en lo que ya se ha convertido en








la mayor acción promocional que jamás se haya realizado de la moda flamenca. Buena prueba de ello es que ha logrado un hito histórico para la moda española: entrar por derecho propio en el calendario oficial de la Semana de la Moda de Nueva York, un privilegio reservado solo para los grandes, como es Sevilla de Moda. Estas son las claves de su éxito.

Hacemos marca Andalucía y España y nos sentimos muy orgullosos de ello.
El traje de flamenca ha llegado a Nueva
York para quedarse | Feria de abril 2026
¿Qué retos te has encontrado al llevar la moda flamenca fuera de España?
Ciertamente, ha sido un recorrido vertiginoso e imparable. Las claves principales han sido aunar la moda con la formación empresarial y la marca ciudad, y el producto resultante ha sido sencillamente arrollador, como lo es nuestra ciudad. El mundo entero se está rindiendo a la moda flamenca; llevar nuestro traje al centro financiero del mundo, desfilarlo en pleno Times Square o proyectarlo en sus icónicas pantallas ha sido un revulsivo que ha despertado la ilusión por un mayor conocimiento de nuestra cultura y tradiciones. Hacemos marca Andalucía y España y nos sentimos muy orgullosos de ello. El traje de flamenca ha llegado a Nueva York para quedarse. De la mano de Flamentex, volverá a desfilar en la Quinta Avenida el próximo mes de septiembre y en el río Hudson en febrero de 2027. Cientos de periodistas se han hecho eco de estas acciones internacionales, y lo que más se ha destacado es precisamente que el traje de flamenca haya entrado en ese calendario oficial por sí mismo y no solo como elemento inspirador de otros diseñadores. Es decir, por derecho propio: todo un hito histórico del que nos sentimos muy orgullosos.


















¿Cómo ha acogido la Gran Manzana al traje de flamenca?
Con enorme entusiasmo. Buena prueba de ello es que las invitaciones se agotaron inmediatamente y fueron numerosas las autoridades y entidades empresariales que asistieron a la presentación. La cobertura mediática ha sido impresionante y los contactos institucionales transversales, decisivos para el futuro de la moda flamenca en los próximos años. El público estaba familiarizado con las señas de identidad flamencas: lo español siempre es bien recibido, pero como un elemento que completaba, enriquecía o simplemente inspiraba; la diferencia ahora ha sido que el traje de flamenca ha llegado tal cual, en su esencia, sin complejos y con grandes miras empresariales. Esto no ha hecho más que empezar.
¿Qué otros destinos internacionales esperan a la moda flamenca próximamente?




En los próximos meses, además de las ediciones de la Semana de la Moda de Nueva York, esperamos también entrar en las semanas de París, Venecia, Bogotá y Mónaco, repitiendo asimismo en destinos en los que ya hemos estado recientemente, como Londres, Costa Rica, Nápoles, Turín o Perugia. Da vértigo pensar que en todos esos escenarios, auténticos referentes para la moda, esperan con máxima expectación nuestra marca y la de nuestra ciudad.
¿Qué alianzas académicas tiene Sevilla con otros países en torno a este proyecto?
La alianza estratégica entre universidades es la clave de este proyecto. Desarrollamos proyectos de investigación sumamente enriquecedores que permiten la movilidad de estudiantes y profesorado y generan productos únicos. Se está trabajando precisamente en una colección muy original con la artesanía en cristal de Murano para presentarla en el Festival de Cine de Venecia. Me encan-


tan los retos creativos, y poder desfilar trajes de flamenca en góndolas por el Gran Canal nos hace soñar despiertos a todos los que formamos parte de este proyecto. En esta línea de trabajo internacional, han sido más de trescientos los estudiantes extranjeros que han venido en los últimos meses, procedentes de numerosos países, a estudiar a nuestro centro. En un momento en el que se comenta que el talento espa-









ñol tiene que salir para triunfar, en Sevilla estamos consiguiendo justo lo contrario, siendo un polo de atracción del mejor talento mundial para desarrollarse aquí como artistas y empresarios. Podemos afirmar, sin lugar a duda, que estamos contribuyendo a crear riqueza en torno a la industria cultural y creativa de nuestra ciudad. Y tenemos una gran ventaja: la poderosa marca Sevilla de Moda, que ejerce de talismán por donde la llevamos.




En esta línea de trabajo internacional, han sido más de trescientos los estudiantes extranjeros que han venido en los últimos meses, a estudiar a nuestro centro
¿Qué papel juegan la artesanía y la tradición en un contexto global cada vez más competitivo?
Esa es la principal fuerza competitiva de nuestra marca: la reinvención de las artesanías más tradicionales adaptadas a nuevos consumos y comportamientos. La artesanía andaluza está muy valorada en sus aplicaciones en la alta costura, y ese ha sido el principal motivo por el cual el próximo mes de septiembre comenzará un nuevo «Máster Internacional de Técnicas de Alta Costura: Artesanía y Moda de Autor», que se impartirá en nuestra sede de Sevilla, un nuevo programa académico con el que elevar aún más el producto y seguir posicionando a nuestra ciudad como referente mundial.


¿Cuáles son los próximos proyectos académicos de ESSDM?
Anunciamos que acabamos de constituir la Academia de la Moda Hispanoamericana, como marco institucional donde dar cabida a numerosos proyectos empresariales internacionales que sirvan como homenaje al centenario de la Exposición Iberoamericana, como legado cultural y como base para recuperar el papel estratégico de Sevilla en la unión de América con Europa. Queremos volver a convertir a nuestra ciudad en un centro de referencia cultural, al igual que lo fue en el Siglo de Oro. Ese es nuestro sueño: volver a llevar a Sevilla a un nuevo Siglo de Oro a través de su capitalidad en la moda intercontinental. Esa es nuestra hoja de ruta y nuestro empeño como empresarios.







































































La conducción de coches de caballos, antaño reservada a unos pocos, vive hoy un auge en Andalucía gracias a exhibiciones como las de Sevilla y Ronda, donde tradición, espectáculo y patrimonio se dan la mano.
En la arena dorada de la Real Maestranza de Sevilla, el sonido de los cascos sobre el albero marca el ritmo de una tradición que no desaparece. Los carruajes desfilan con precisión, los cocheros mantienen la compostura y el público observa en silencio antes de romper en aplausos. No es una escena del pasado: es el presente del enganche, una práctica que en Andalucía ha encontrado la forma de sobrevivir entre la historia, el espectáculo y la cultura popular.




El enganche es, en esencia, la habilidad de conducir coches de caballos. Pero reducirlo a eso sería simplificarlo en exceso. En realidad, es un sistema complejo donde cada detalle cuenta: la elección de los caballos, la calidad del carruaje, las guarniciones, la vestimenta y hasta la forma de entrar
en la pista. Todo responde a una tradición codificada que mezcla herencia aristocrática, usos rurales y evolución deportiva.
Durante décadas, este mundo estuvo vinculado a un círculo reducido. Hoy, sin embargo, su alcance es mucho mayor. Nuevas genera-
ciones se han incorporado a una afición que ya no pertenece a unas pocas familias. El crecimiento se percibe en cifras: el paseo de caballos de la Feria de Sevilla puede reunir más de 1.300 enganches, una imagen que habla tanto de continuidad como de transformación.


















El resurgir contemporáneo del enganche tiene una fecha clave: 1984. Ese año se funda en Sevilla el Club de Enganches de Andalucía —hoy Real Club de Enganches de Andalucía (RCEA)— con un objetivo claro: recuperar, organizar y difundir esta tradición.

El impulso fue inmediato. Ese mismo año se celebró la primera Exhibición de Enganches de la Feria de Sevilla, que acabaría convirtiéndose en el evento central del calendario. El respaldo institucional llegó poco después: en 1987 el Rey Juan Carlos I aceptó la presidencia de honor y, en 1992, el club obtuvo el título de «Real».
Desde entonces, el RCEA ha actuado como motor del sector, no solo con exhibiciones, sino tam-



Más de 1.300 carruajes pueden llegar a reunirse en el paseo de caballos de la Feria de Sevilla, reflejo del crecimiento de esta afición.























bién con cursos, publicaciones y actividades que han contribuido a consolidar el enganche como patrimonio cultural.
Sevilla y Ronda: dos escenarios clave

Cada primavera, la Real Maestranza de Sevilla se convierte en el gran escaparate del enganche. La exhibición que allí se celebra —en el arranque de la Feria de Abril— es considerada una de las más importantes del mundo. No solo por el número de participantes, que supera el centenar de carruajes, sino por el nivel de exigencia y la calidad de los conjuntos que desfilan.
La escena se repite, con matices, en otros puntos de Andalucía. Ronda, con su plaza histórica, acoge cada primer domingo de septiembre otra de las citas señaladas. Más íntima, pero igual de simbólica, esta exhibición refuerza el vínculo entre el enganche y los espacios monumentales.











A ellas se suman eventos en Jerez, Córdoba, Málaga o Granada, además de participaciones fuera de la comunidad y en escenarios internacionales. El resul-


tado es una red de citas que mantiene la tradición en movimiento.
Aunque la estética ocupa un lugar central, el enganche también se somete a reglas. En las exhibiciones se entregan premios que valoran desde la destreza del cochero hasta la armonía del conjunto. Hay categorías para profesionales, aficionados y jóvenes, lo que evidencia un esfuerzo por garantizar el relevo generacional.





Pero el componente visual es inseparable. El Concurso de la Mantilla Española, por ejemplo, premia la elegancia, la colocación y el estilo. A su lado conviven galardones al mejor vestido de flamenca o al mejor sombrero, en una combinación donde moda y tradición se dan la mano.






Más allá de la pista, los eventos incluyen cenas de gala, reconocimientos institucionales y encuentros sociales que refuerzan el carácter híbrido del enganche: a medio camino entre disciplina ecuestre, patrimonio cultural y acto social.
Un patrimonio que sigue vivo
El enganche no solo conserva carruajes antiguos. Mantiene en activo una cadena de oficios —carroceros, herreros, guarnicioneros— que dependen de esta actividad para subsistir. En ese sentido, su continuidad no es solo simbólica, sino también económica y cultural.

En la arena de Sevilla o Ronda, cada desfile es una demostración de equilibrio entre pasado y presente. Un recordatorio de que algunas tradiciones no sobreviven por inercia, sino porque encuentran nuevas formas de seguir avanzando. Aunque sea, como en este caso, sobre ruedas tiradas por caballos.

























Carlos Crivell Charneco
De forma algo artifi ciosa, siempre se ha hablado de la escuela sevillana y de la rondeña en el toreo. Como me dijo en muchas ocasiones el gran Pepe Luis Vázquez Garcés no hay escuelas, hay quienes son buenos toreros y los que no lo son. Lo decía porque Pepe Luis arrastró toda su vida que le asignaran a la escuela típicamente sevillana, cuando el fondo de su toreo era muy diferente. Sin embargo, de lo que no quedan dudas es que hay un concepto del toreo que puede inscribirse con toda razón en el toreo sevillano, lo mismo que hay toreros más cerca de lo que se ha llamado escuela rondeña. Ya saben que la escuela sevillana es alegre, pinturera, de pies juntos y de graciosa movilidad, mientras que la llamada rondeña es de toreo a compás abierto, templanza, quietud y dominio.

Es preciso recordar a Joaquín Rodríguez Costillares, nacido en San Bernardo e innovador de la lidia con la implantación del volapié. Sin embargo, el primer torero sevillano por concepto fue Pepe Hillo. Fue rival de Pedro Romero en las plazas, aunque su fama se incrementó con la publicación de su Tratado de Tauromaquia, donde queda claro que todas las suertes son buenas por sí mismas, que es necesario el valor y la ligereza, y que hay que aprender la técnica. Ese concepto de ligereza se ha interpretado como el garbo y la gracia torera, pioneras del llamado toreo sevillano. Pepe Hillo, un torero muy popular, murió en Madrid por las cornadas del toro Barbudo. Pepe Hillo fue un precursor del toreo sevillano más característico, pero además fue un valiente.
Curro Guillén. De Curro Guillén, de la tierra taurina de Utrera y muerto en el ruedo de Ronda, se podría hablar de su marchosería, de su gracia natural, de su capacidad y de sus recursos. De Sevilla son también Curro Cúchares y Desperdicios, ambos alumnos de la Real Escuela de Tauromaquia de Sevilla, fundada en 1830 y de vida efímera.
Más adelante surgieron toreros como Espartero, Antonio Fuentes, Reverte y Fernando el Gallo, patriarca de la saga. Este último está considerado como otro antecedente de lo que se ha conocido como toreo sevillano. Aportó a la fiesta el cambio de rodillas, fue un banderillero excelente, toreó de forma elegante con el capote, aunque no se distinguió por su destreza en la suerte suprema. Su casa, la Huerta del Algarrobo de Gelves, se convirtió en una Escuela Taurina. Allí aprendieron sus hijos Fernando y Rafael. Allí, apenas con dos años, cogió los avíos por primera vez el pequeño José. El padre murió cuando este niño apenas tenía dos años.





Se fue forjando un concepto del torero sevillano en contraposición al rondeño. Costillares es su precursor y se desarrolla plenamente con Pepe Hillo y






A comienzos del siglo XX Sevilla alumbró a los dos toreros más grandes de la historia: José Gómez Gallito y Juan Belmonte. El primero es el torero más grande; el segundo, el más genial. Y ninguno puede incluirse en la nómina clásica de toreros de la escuela sevillana. Joselito el Gallo fue la inteligencia poderosa en la cara de los toros. Su presencia en los ruedos supuso un cambio en la mentalidad de la fiesta, popularizó las plazas, comenzó con la selección de los toros. Su legado, en la brevedad de su vida, fue inmenso. José no era un torero de alardes pintureros, pero fue la piedra sobre la se cimentó el toreo de otros matadores que llegaron más tarde y que sí se puede considerar somo sevillanos.





Juan Belmonte fue el temple en un toreo de arabescos barrocos, fue el adelantado que se paró para construir un toreo distinto, tiene perfiles que le acercan más a la escuela sevillana, aunque con goterones de ingenio trianero.
Rafael el Gallo es un apunte necesario. Siendo un Gallo, y por tanto Ortega, es el más gitano de su familia, pero es un digno heredero de su padre por la clase de arte que poseyó su tauromaquia. Rafael fue único y personal en la plaza y en la calle. Famoso por sus espantás, es un precursor de los toreros de todo o nada. Más que seguidores, Rafael tuvo devotos.
La Edad de Plata del toreo, tras la muerte de Gallito en Talavera de la Reina, alumbró a un torero clave en la escuele sevillana: Manuel Jiménez Chicuelo. El torero de La Alameda bebió en las fuentes de Gallito. Es, por derecho propio, el padre del toreo sevillano. Renovó las suertes de capa y llenó de categoría un lance clásico del repertorio de los toreros cómicos, que desde entonces se llamó la chicuelina. Tenía Chicuelo gracia a raudales en todos sus movimientos, talento natural para andar por la plaza y un cierto aire conformista que le perjudicó de manera notable. Chicuelo fue el primero que ligó el natural en su famosa faena al toro Corchaíto de Graciliano en 1928 en Madrid.

Por su heroicidad y su importancia cultural, siempre hay que recordar a Ignacio Sánchez Mejías, muerto en los ruedos y al que García Lorca dedicó la mejor elegía escrita en castellano.
Habría que hacer un paréntesis para hablar del toreo gitano, fundamentalmente nacido en la Cava del barrio de Triana. El origen sería Rafael El Gallo, pero el epicentro lo forman Cagancho y Gitanillo de Triana, el malogrado Curro Puya. Son toreros de duende, de arrebato, capaces del todo y de la nada. Sevilla, sin embargo, llegaría a tener el máximo esplendor de su torería después de la guerra. Aquel toreo, entre gitano y personal, de Rafael El Gallo, el del talento y los aromas que derramó Chicuelo, son el antecedente de Pepe Luis Vázquez.



Curro Romero en el callejón de la Plaza de Toros. Botán.

Pepe Luis fue el torero de la gracia infinita en sus verónicas a pies juntos y orfebre exquisito de la chicuelina. Con la muleta elevó a rango fundamental el toreo a pies juntos, el kikirikí floreció siempre perfecto y fue el torero de la improvisación en los adornos. Fue la quinta esencia de lo que podíamos llamar el toreo sevillano. Hay un tipo de gracia, de ángel, característico de Sevilla, que participa de lo


















que parece intrascendente, como la espuma, como también de lo preciso y profundo de la intención. En toreo, lo grácil es arte, pero lo intencionado es dominio. El toreo de Sevilla es de pura fantasía con una dosis muy alta de poder, es un torero de matices alegres, basado en el poderío, es decir es un torero de talento con mucho sentimiento. Pepe Luis fue Sevilla vestida de luces.
Pepe Luis abre el camino a Pepín Martín Vázquez, torero sevillano donde los haya, que dejó su huella personal en numerosas faenas en una carrera corta, marcada por una cornada tremenda en Valdepeñas. Pepín fue algo menos profundo que Pepe Luis, pero derrochó salero no exento de buen gusto. La película Currito de la Cruz es un testimonio fundamental para conocer su categoría. Aún en nuestros días sobrecoge contemplar un toreo al natural tan bello y limpio.
La terna de oro del toreo sevillano la remata Manolo González. Fue un matador típico de esta escuela que aunó valor sin cuento, gracia natural y mucha casta torera. Como dejó escrito Cossío, «Manolo González fue el más valiente de todos los sevillanos». Esta terna compone la edad de oro del llamado toreo sevillano.




Manolo Vázquez es otro representante del toreo de Sevilla, aunque no entendió el arte como simplemente gracia o pellizco. A pocos metros del toro,

los pies juntos, la figura menuda, la muleta bien asida por el centro del palillo, Manolo citaba al natural para engendrar muletazos de frente. Es la imagen de un maestro, que nos regaló tres años finales para que toda una generación gozara de su toreo traslúcido y elegante, a veces el más sevillano de todos.
Nadie puede dudar que Diego Puerta hacía el toreo de Sevilla, sobre todo con el capote, pero nadie podrá tampoco ocultar que se trata de uno de los toreros más valientes de la segunda mitad del siglo XX. Sevillano y valiente, muy valiente, lo que puede parecer algo paradójico. Diego Valor, El Espartero de los años sesenta, así se le llamó a este matador de toros del barrio de San Bernardo.
Cómo es Sevilla que casi dejó pasar en silencio a Paco Camino porque estaba embelesada en otros sueños. El tiempo, siempre justo, nos dice hoy que el llamado Niño Sabio de Camas fue un torero privilegiado, tan clarividente en la cara de los toros que lo que hacía parecía muy fácil. Fue un torero poderoso, técnico y artista. Ha sido uno de los más grandes de la historia. Otro torero importante fue el astigitano Jaime Ostos.

Torero de Sevilla en su variopinta expresión es el mítico Curro Romero. Sevilla lo acogió como algo propio, le dio su aliento, le amó y le odió, para subirlo a los altares en el fracaso y en el triunfo. No ha existido, y es posible que no exista nunca más, otro torero que despierte tantas pasiones en una afición como despertó Curro en Sevilla.
Sevilla aún fue capaz de lanzar al mundo de los grandes a alguien tan personal como Emilio Muñoz, torero sevillano, clásico, pero dotado de esas gotas de tragedia barroca en sus maneras que aportó en su día Juan Belmonte y que hoy se asimila con el toreo de Triana. Y también toreros poderosos y buenos lidiadores, como José Antonio Campuzano, al que algún día habrá que darle su sitio en este firmamento, y a Espartaco, forjado en la voluntad, la preparación, el dominio, para lograr con esta base el







mando en la fiesta durante tantos años. También es sevillano Espartaco, la expresión de que Sevilla no sólo ha gestado espadas de pinturería y gracia, sino también toreros completos.
En una relación tan amplia hay que mencionar a otros muchos que le dieron categoría a Sevilla. Doy un salto hacia atrás para encadenar los recuerdos. Sevillano fue El Algabeño, estoqueador de época; Varelito, una esperanza frustrada por una cornada mortal en la Maestranza; Maera, trianero de pura cepa; José Ignacio Sánchez Mejías, hijo de Ignacio; Rafael Gallito, genial con el capote y de estirpe gitana; Paquito Casado, otro valiente y sevillano; Bartolomé Jiménez Torres, un astigitano de finura y elegancia única; Manolo Villalba, Jaime Maraver, el grandioso Julio Pérez Vito, Manolo y Rafael Martín Vázquez, hermanos de Pepín, hijos de Curro Vázquez. Un apunte para Rafael, fallecido hace unos años, y poseedor de una elegancia torera llena de encanto. Cuántos paseíllos llenos de torería, como los diera Luis Fuentes Bejarano, que no era sevillano, pero como si lo fuera.

Y El Trianero, Antonio González, estilista del capote, Carriles, Antonio Cobo, Susoni, Facultades, Juanito Gálvez, Macareno, Rafael Roca (un saludo al cielo por este torero), Capillé, Antonio Espartaco, Rafaelito Chicuelo, una joya de torero de Sevilla, El Bormujano y su hermano Marcelino, El Almendro, Macandro, Antonio Chacón y el mismo El Bala, ahí es nada, un sevillano tremendista.
En esta nómina, es necesario un apartado especial para Rafael Torres. ¿Hablamos de toreo sevillano en estado puro? Todavía se habla por las esquinas de la ciudad de cómo toreó el día de su presentación en la Maestranza. Curro Durán, torero de Utrera de corte excelente no siempre acompañado por el ánimo; Pepe Luis Vázquez Silva, tal vez agobiado por la enorme importancia de su progenitor Pepe Luis, pero fiel heredero en las formas y la pureza. Manili, el tigre de Cantillana, precursor del toreo de quietud y cercanías. Y si hablamos de sevillanía, Pepe Luis





Alternativa de José Gómez Ortega, «Gallito» de manos de su hermano Rafael en la Real Maestranza de Caballería. Intercambio de trastos. 28/09/1912. ©ICAS-SAHP, Fototeca Municipal de Sevilla, fondo Serrano.
Vargas. Y que nadie olvide tampoco a ese ejemplo de honradez que ha sido Tomás Campuzano.
Y también es de Sevilla Manolo Cortés, simplemente un artista, más rondeño que sevillano. Ligeramente indolente, capacitado para figurón, pero que se ha quedado en un torero de tardes de ensoñación torera. De Gines llegó para plasmar el mejor torero Fernando Cepeda, artista de la verónica.


No solo de artistas pintureros ha vivido el toreo sevillano. La mano izquierda del torero de Salteras, Manuel Jesús El Cid llenó las plazas de toreo bueno. Y si hablamos de toreros buenos, ahí está Daniel Luque en los ruedos. Y en estos tiempos, Rafa Serna, Pepe Moral, Manuel Escribano, Calerito, Alfonso Cadaval, Javier Zulueta y Borja Jiménez. El torreo sevillano actual sigue en candelero con dos nombres señeros: Juan Ortega y Pablo Aguado, dos toreros de calidad, hondura y pureza. Son el presente y el futuro del toreo sevillano.
Toda esta nómina, en la no están todos los posibles, la cierra el genio de Morante de la Puebla, el mejor torero que vieron estos tiempos, dotado de valor, clase, talento, gracia e ingenio. El toreo vive el tiempo de Morante, un sevillano de La Puebla que ha logrado que las plazas vivan gozosas ante su nombre. Morante es el compendio de todas las virtudes de tantos y tantos toreros sevillanos.

















































Llegamos a la décima edición del premio que Sevilla tiene a bien conceder al toreo y hogaño nos encontramos con la excelente nueva de que ese premio recaiga en las manos de un genio que nos llegó como un regalo de la margen derecha del río. Este galardón fue en primera instancia para el torero de Sevilla por antonomasia, Pepe Luis Vázquez, que fue reconocido a título póstumo y que tuvo como lógico heredero a quien heredó su trono, al irrepetible Curro Romero. Posteriormente, la hipocresía vigente, aliada con ese sectarismo que dividió al país en una desafortunada facción de buenos y malos, entró en una dinámica en la que parecía que estaba mal visto premiar a un torero. La razón volvió años después con el premio a Espartaco, que llevó las riendas del toreo durante un decenio para que fuese un torero de toreros como Paco Camino, a título póstumo, el coletudo que de esa forma recibía parte de lo que Sevilla le debía. De esa forma, el premio continuaba con la esencia de su nacimiento, confirmándose en señalar a José Antonio Morante como destinatario de un galardón que bien puede considerarse el más importante de cuantos se otorgan. Y es que el nombre de Sevilla le imprime un carácter de indiscutible supremacía, porque ¿qué sería del toreo sin Sevilla? Cuna de un número incalculable de toreros y tierra de múltiples ganaderías de bravo, la Giralda es la que le da sombra al mejor cahíz del toreo. Y nada más sevillano que Morante de La Puebla, ese torero que ha sido bautizado con el magnífico adjetivo de









ser el más valiente de los artistas y el más artista de cuantos se visten de seda a la hora de jugarse la vida ante un animal salvaje. Torero de toreros, la temporada de 2025 pasó a la historia como una de las que vivieron más sucesos trascendentes. Lo ocurrido en Las Ventas el pasado 12 de octubre ya está en los anales, pues rara vez se dio en un ruedo combinar la apoteosis del éxito con ese arrancamiento de coleta que nos metió en una suerte de sinvivir del que tardamos en salir. Fue un suceso que sigue erizándonos el vello, pero hay que convenir que esa explosión del Día de la Hispanidad fue como el remate de una serie de explosiones que nos traslada a aquel rabo de Ligerito la tarde del 26 de abril de 2023 para consagrarse como el legítimo rey del toreo. Pero ese 2025 fue tan rotundo que esa inesperada retirada nos tuvo con el corazón contrito aunque esperanzado en que no fuese definitiva. Hacer una Feria sin Morante habría sido empresa complicada, de ahí que la noticia de que suspendía el tiempo sabático y acce-






día a torear en Sevilla fuese la noticia más deseada, más gozosa y menos sorprendente de cuantas nos brindó el Universo de Tauro. Bien hallado José Antonio Morante, enhorabuena por este reconocimiento de su tierra, orgullosa que está de que un hijo suyo sea lo más importante que en años ha ocurrido en el mundo de Tauro.
















































El empresario sevillano José María Garzón Mergelina y su empresa Lances de Futuro inician una nueva etapa al frente de la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, en un relevo cargado de simbolismo tras los 93 años de gestión de la empresa Pagés.







Garzón afronta este nuevo ciclo con la responsabilidad de quien conoce el peso de la historia y la ilusión de quien cumple un sueño largamente anhelado. «Para mí es un honor inmenso y una responsabilidad que asumo con humildad. La Maestranza no es una plaza más: es historia viva del toreo, un referente mundial y un lugar sagrado para la afición. Llegar aquí supone el mayor compromiso profesional de mi vida y, al mismo tiempo, la culminación de un sueño personal», señala.

La nueva etapa se proyecta para los próximos cinco años con una idea clara: situar al abonado en el centro. Memoria, criterio y fidelidad definen a una figura que, generación tras generación, ha sostenido la plaza con su presencia constante, su exigencia y su compromiso con el toreo bien hecho.
Carteles con equilibrio entre figuras y renovación
En cuanto a la confección de los carteles, Lances de Futuro ha diseñado una feria con personalidad propia, en la que se combinan las máximas figuras con la apuesta por toreros jóvenes y la presencia de





novilleros con proyección. Un abono que busca conjugar experiencia y renovación, con propuestas de interés para el aficionado y carteles rematados del gusto sevillano.
Lances de Futuro ha diseñado una feria con personalidad propia, en la que se combinan las máximas figuras con la apuesta por toreros jóvenes.



































La empresa presentó la temporada en el Cartuja Center de Sevilla en una gala de gran formato, la primera de estas características en la historia reciente de la ciudad. El acto reunió a alrededor de 2.000 asistentes y congregó a autoridades, toreros y representantes de la vida social sevillana, además de numerosos aficionados.




José María Garzón, una trayectoria forjada desde abajo
La llegada de Garzón a la Maestranza culmina una trayectoria empresarial iniciada desde muy joven, cuando comenzó organizando festejos en plazas portátiles. A lo largo de su carrera ha estado al frente de cosos de relevancia como Córdoba, Málaga, Santander, Cáceres, Almería, El Puerto de Santa María, Algeciras o Granada, destacando por la recuperación de ferias, el equilibrio en los carteles y la atención al aficionado.
Su perfil se ha caracterizado también por la modernización de la comunicación y por la apertura de la tauromaquia a nuevos públicos.
tancia, entendidos como único camino para salir adelante.
Desde sus inicios mantuvo una vinculación estrecha con el mundo del toro, más allá de una afición circunstancial. «las chapas», como denomina a las plazas portátiles con las que comenzó su andadura, forman parte de un recorrido que cumple ahora dos décadas desde la creación de Lances de Futuro.

Su trayectoria resume una historia de superación personal que culmina con su llegada a la Maestranza, considerada la catedral del toreo.
Huérfano desde los 14 años, Garzón forjó su carácter en la adversidad. Aquella circunstancia marcó una personalidad basada en el esfuerzo y la cons-







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Fotógrafo, actor y cronista de lo cotidiano, Eulogio Serrano dejó un archivo visual que hoy permite recorrer con soltura y diversidad la Sevilla del siglo XX con una mirada espontánea y cotidiana.
Sevilla es una de las ciudades más fotografiadas de España. Sin embargo, captar perspectivas y monumentos no implica capturar el espíritu del lugar, sus gentes, sus requiebros y contrastes, su identidad.
Eulogio Serrano sí lo hizo, quizá porque en él la cámara no era un simple útil de trabajo, sino una prolongación de su propia mirada, la cual comprendía Sevilla desde la vivencia en sus calles.
Nacido en Riotinto en 1917, su nombre quedó ligado a Sevilla con la naturalidad de quien acaba siendo un personaje en la memoria colectiva del lugar. Llegó en una época compleja y encontró un territorio donde desarrollar una vida marcada por la constante inquietud creativa. Serrano fue fotógrafo, pero también actor, empresario teatral, hombre de radio


y presencia habitual en los círculos culturales. Una trayectoria difícil de encajar en una sola etiqueta aunque complementaria en todas sus vertientes.
Su objetivo echó a andar por los difíciles años de la posguerra, sin estridencias y tampoco distancia respecto a lo que retrataba. Quienes lo conocieron hablan de un hombre carismático, expansivo, con una energía que lo llevó a ocupar el centro de la escena ya fuera en las tabernas donde late el pulso de la sevillanía, los estadios de fútbol, los teatros o el Real de la Feria.

En 1942, participó en la fundación de la Agrupación Teatral Álvarez Quintero y, a partir de ahí, su vida se repartió entre escenarios y calles. Actuó en teatro,






radio, televisión y cine, integrando todas esas facetas en una misma vocación: la de narrar Sevilla siendo, al mismo tiempo, una presencia querida y reconocida, parte misma del latir cultural y social de la ciudad.
Y sí, como buena vida de novela no podía faltar una biografía novelada en la que descubrir la vida y la obra de Eulogio Serrano. Su autora fue Charo López, quien publicó en 2022 Mientras alguien nos recuerde en la sevillana Extravertida.




Mientras Grace Kelly y Rainiero de Mónaco observan el espectáculo, Jacqueline Kennedy prefiere charlar mientras la duquesa de Alba ejerce de anfitriona. Archivo Eulogio Serrano. Cedida por su hija, Carmen














































Pepe el Escocés fue durante décadas uno de los personajes más singulares y recordados en la Feria de Abril. Alto y elegante, siempre ataviado con su inconfundible kilt , boina y bastón, paseaba por el Real como si aquel fuera su territorio natural, saludando a conocidos y curiosos mientras el tiempo lo convertía en una estampa tan característica como las casetas o los coches de caballos.
Detrás de aquella pose había una historia aún más sorprendente. Aristócrata nacido en el Versalles de 1897, su verdadero nombre era Bertrand Olivier Gaston de Bonnechose. Lejos de cumplir con lo esperado en un joven de su posición, su despertar estuvo marcado por el descubrimiento —cual si fuera un viajero del Romanticismo— hasta recalar en Andalucía, donde sería un personaje habitual en muchas de las ferias y fi estas de Córdoba, Sevilla o El Puerto de Santa María.




Circularon historias de una vida aventurera, con episodios difíciles de comprobar que él mismo alimentaba con cierta ironía y discreción. Nunca quedó del todo claro dónde terminaba la realidad y empezaba el adorno, pero esa ambigüedad formaba parte de su encanto y hoy, de su leyenda.
Hablaba varios idiomas, tenía modales refi nados y un aire cosmopolita que contrastaba con su
decisión —tan fi rme como desconcertante— de vestir siempre como un escocés. Además, en su bohemia hubo cabida para una interesante carrera artística, siendo especialmente ducho en la pintura de paisaje y rincón urbano.
Pero fue en la Feria de Abril donde Pepe el Escocés cosechó mayor cariño. Su presencia anual era casi un ritual. Año tras año acudía al Real, y con el tiempo su fi gura se convirtió en parte del propio imaginario de la fi esta. Es más, cuando en 1969 se ausentó hasta el propio ABC se preguntaba «¿es-




tás enfermo? ¿necesitas ayuda de los sevillanos? No te importe; pídenos lo que quieras».
Murió en 1979, dejando tras de sí una colección de anécdotas y un recuerdo que ha sobrevivido al paso del tiempo. Porque más allá de su origen francés o de las historias que lo rodearon, Pepe el Escocés fue, sobre todo, uno de esos personajes irrepetibles que dan recuerdos e identidad a una ciudad abierta y populosa como aquella Sevilla en la que, cada primavera, este aristócrata en kilt se dejaba caer por el Real de la Feria.






























































Como en años anteriores, se ha elaborado un plan de desmontaje de la Feria de Abril para la madrugada del día 27 de abril, con una programación exhaustiva que delimita por tramos horarios la entrada de vehículos al recinto ferial.

Este año, desde las casetas se podrá empezar a sacar la basura en las bolsas correspondientes a las 22:30 horas del día 26 de abril, ya que Lipassam empezara su recogida a esa misma hora, y podrán sacarla hasta las 00:15 horas del día 27 de abril.
Durante la madrugada solo se podrán sacar de las casetas suministro de alimentos y bebidas, así como todo lo relativo a su conservación y distribución: Neveras, mostradores, congeladores, tiradores, etc.



Las casetas que se vayan desmontando a partir de la madrugada del lunes, solo lo podrán hacer en su interior, no pudiendo descargar ni sacar nada fuera de la caseta (flores, cuadros, adornos en general, lonas, toldos, etc ) hasta las 16:00 horas del lunes 27 de abril.


















Madrugada del día 27 de abril
00:00 horas. Fuegos artificiales como culminación de la Feria de Abril
00:00 – 01:30 horas. Limpieza del recinto.
01:30-04:30 horas. Entrada de flota acreditada de 50 camiones de igual o superior a 18 toneladas. A las 4:30 horas deberán estar fuera del recinto ferial.
02:15 horas. Entrada de camiones de menos de 18 toneladas.
04:30 horas. Entrada de la segunda flota acreditada de camiones igual o superior a 18 toneladas.
05:15 horas. Entrada de camiones y vehículos acreditados.

La madrugada del 27 de abril comienza
El recinto ferial permanecerá abierto para la entrada de vehículos hasta las 11:30 de la mañana. A partir de esa hora se cerrarán las entradas. Todos los vehículos deberán abandonar el recinto ferial antes de las 13:00 horas del día 27 de abril.
13:00 horas. Limpieza del recinto ferial.
16:00 horas. Apertura del recinto ferial a los vehículos. A partir de esta hora podrán comenzar a sacar de las casetas todo lo relativo al montaje de las mismas.
Registro de vehículos para entrar en la madrugada del 27 de abril
el desmontaje de esta edición | Feria de abril 2026


Todos los vehículos que quieran entrar en el recinto ferial para el desmontaje durante la madrugada del 27 de abril, deberán registrarse en la siguiente dirección web:
https://feria2026.cesevilla.es/registro






































