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COORDINADOR DE LA COFRADÍA
DEL SANTÍSIMO Y REAL CRISTO DEL SOCORRO
JAVIER PAVÍA GALÁN
COORDINADOR DE LA COFRADÍA
CALIFORNIA
RAFAEL MANUEL DEL BAÑO ZAPATA
JOSÉ DIEGO GARCÍA MERCADER
COORDINADOR DE LA COFRADÍA MARRAJA
MIGUEL FERNÁNDEZ GÓMEZ
COORDINADOR DE LA COFRADÍA DE NUESTRO PADRE JESÚS RESUCITADO
SUSANA MENDOZA BERNAL
DEL SANTÍSIMO Y REAL CRISTO DEL SOCORRO
La Agrupación de la Virgen de la Soledad del Consuelo. Algunos de sus Principales Hitos Históricos
Los antecedentes de la procesión california del Viernes de Dolores
Evolución histórica de la procesión california de Viernes de Dolores: de 1987 a la actualidad
Exposición “El trono del Prendimiento de Luis de Vicente. La renovación estética de la procesión del Miércoles Santo”
Presentación del libro y exposición “Semana Santa de Cartagena la gran desconocida”
L a Virgen California. Estudio y restauración de una escultura de Benlliure
COFRADÍA
EDITA: JUNTA DE COFRADÍAS DE LA SEMANA SANTA DE CARTAGENA.
PRODUCCIÓN EDITORIAL:



Saluda
ESTE AÑO TENEMOS UN IMPORTANTE RETO
Carta a las 713 hermandades y cofradías de la Diócesis de Cartagena
Que Dios os bendiga a todos los hermanos cofrades, a todos los que estáis viviendo ya desde ahora una Semana Santa intensa, nueva y cargada de esperanza en la cercanía de nuestro Señor. En este tiempo, la Iglesia celebra los misterios de la salvación actuados por Cristo en los últimos días de su vida entre nosotros, comenzando por el Viernes de Dolores y su entrada mesiánica en Jerusalén. Para nosotros es una semana grande, puesto que constituye el centro y el corazón de la liturgia y de la vida de la Iglesia durante todo el año. Pensad que lo que celebramos los cristianos es el misterio de la redención. Los cristianos de la antigüedad estaban bien persuadidos de su grandeza. Es importante entrar en la Semana Santa con un espíritu de paz interior y de recogimiento, aunque para vosotros sean días de actividad frenética, porque preparar a la cofradía, cuidar y organizar bien las procesiones os lleva mucho tiempo y estáis absorbidos en estas tareas, pero es un reto no perderos la serenidad y la calma que merece la Semana Santa. ¿Quién dice que es imposible sacar tiempo para dedicarlo a Dios? Al menos, podría ser interesante buscar espacios para atender con paz la propuesta de procesión que nos ofrecen las otras cofradías por las calles de nuestra ciudad o pueblo o, sencillamente, participar en los Oficios de Semana Santa en la comunidad parroquial y poder escuchar en silencio meditativo la Palabra de Dios, la pasión de nuestro Señor en el calvario y el gozo de la resurrección. No descartéis esta oportunidad a pesar de las múltiples complicaciones que tiene vivir en este mundo tan complejo. Buscad los espacios de paz y serenidad que son tan necesarios. Pensad si está a vuestro alcance, a ver si lo conseguís este año.
La Cuaresma ha sido un largo viaje, un tiempo de trabajo y disciplina, pero ahora, en la Semana Santa, el barco entra en el puerto y ha llegado el momento de descansar en la pasión de Cristo. De lo que se trata es de respirar un poco, de escuchar con atención la Palabra, el pensamiento del amor de Dios, que está en el origen de todos los acontecimientos que conmemoramos en esta semana: «Porque tanto ha amado Dios al mundo, que le ha dado a su Hijo unigénito» (Jn 3, 16). Toda la pasión fue motivada por amor, el amor de Dios hecho visible en Cristo. El evangelio de san Juan nos lo confirma: «Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo» (Jn 13, 1). Todavía hay mucho que aprender de la devoción de los primeros cristianos de Jerusalén, donde Jesús sufrió su pasión, muerte y resurrección. Los escritos de aquella experiencia se conservan y nos ayudan mucho a los hombres y mujeres de este siglo XXI . Es verdad que los cristianos de Jerusalén tenían la ventaja de estar más cerca del Señor en el tiempo y en el espacio; pero no por eso nuestra devoción ha de ser menor. Después de todo, participamos en los misterios de Cristo no mediante imaginación o sentimiento, aunque estos tengan también su cometido, sino por la fe y los sacramentos. Pensad que, en la liturgia de Semana Santa, la Iglesia revive en la fe el misterio salvador de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.
Os deseo a todos una Semana Santa vivida en la esperanza y en la paz de Dios.



Saluda

Queridos nazarenos y cofrades de la diócesis de Cartagena:
Con profundo afecto y sincera cercanía me dirijo a todos vosotros, hombres y mujeres que, generación tras generación, mantenéis viva una de las expresiones más hondas de la fe de nuestro pueblo, y que llega hasta lo más profundo del alma. Aún resuenan en nuestro interior esas estampas de fe y de devoción que pudimos vivir íntimamente en la Magna Procesión Jubilar celebrada el pasado mes de noviembre, en el jubileo de cofrades y nazarenos de nuestra diócesis cartaginense, en un momento que queda para la historia en la retina y en el alma de todo cofrade diocesano o de los miles que nos visitaron.
La Semana más Santa que se aproxima vuelve a convocarnos en torno al misterio central de nuestra vida cristiana: la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Os saludo con gratitud y esperanza, reconociendo en cada cofradía, en cada hermandad y en cada nazareno, un testimonio vivo de amor a Cristo y a su Iglesia.
Vuestra presencia silenciosa en las procesiones, vuestro esfuerzo constante y muchas veces oculto, vuestro compromiso fiel e ilusionante durante todo el año, son un verdadero servicio evangelizador. No solo conserváis una tradición valiosa, sino que proclamáis con signos, imágenes y gestos el Evangelio en medio de las calles de pueblos y ciudades de nuestra diócesis, y que sigue conmoviendo el corazón del mundo. Cada túnica vestida, cada trono portado, cada marcha interpretada y cada cirio encendido hablan de una fe encarnada, humilde y perseverante, Fe y entrega que nos ayudan a imitar a tantas personas que fueron testigos directos en la vida real y cotidiana de personas que se acercaron a contemplar y vivir experiencias únicas al lado de Jesús de Nazaret.
La Semana más Santa no es solo un recuerdo piadoso ni una expresión cultural; es un tiempo de gracia en el que somos invitados a entrar, con el corazón abierto, en los momentos más decisivos de la historia de la salvación. Acompañar a Cristo en su Pasión es aprender del amor que se entrega sin reservas, del silencio que perdona, de la cruz que no es derrota sino camino. Y celebrar su Resurrección es dejarnos alcanzar por la alegría que vence al miedo, por la vida nueva que renace incluso en medio de la noche.
Os invito, queridos cofrades y nazarenos, a vivir estos días santos con intensidad interior, con espíritu fraterno y con mirada creyente. Que las procesiones no sean solo un caminar exterior, sino un verdadero itinerario del alma; que cada estación sea oración, y cada encuentro, comunión. Caminemos juntos, como Iglesia diocesana, fortalecidos por la fraternidad que nace de sabernos hijos del mismo Padre y discípulos del mismo Señor. Que María Santísima, que acompañó a su Hijo hasta la cruz y fue testigo de la aurora pascual, os sostenga en vuestro caminar. Y que esta Semana Santa renueve vuestra fe, avive vuestra esperanza y ensanche vuestro amor, para que, al anunciar con gozo a Cristo Resucitado, seáis luz en medio del mundo y fermento de vida nueva para nuestra diócesis de Cartagena. Y que todos sea siempre para mayor gloria De Dios y de su beatísima Madre. Y todo vivido con un inmenso afecto fraterno y en una verdadera comunión de fe.
Porque después de tanto, nos quedamos con la realidad de aquel testimonio del apóstol San Juan: ¡Verdaderamente ha resucitado el Señor y lo hemos visto!

Alfonso Alburquerque García
Delegado Episcopal para las Hermandades Y Cofradías
Saluda
TIEMPO DE CREAR Y DE CREER

Un año más, nuestra ciudad se prepara para vivir la celebración más honda y sentida de nuestro calendario, la Semana Santa de Cartagena. Un tiempo único donde el alma cartagenera se asoma a las calles para conmovernos y recordarnos quiénes somos.
Además, este 2026 adquirimos una relevancia cultural sin precedentes. Con el programa “De Ceniza a Pascua: Tiempo de crear y creer”, nuestra Semana Santa ocupa un lugar primordial en la programación cultural de la ciudad.
Fe y arte caminan juntas, proyectando a Cartagena como referente más allá de nuestras fronteras.
La Semana Santa siempre nos habla de encuentro y de comunión, que este año se reafirma aún más con la imagen de la Santa Cena como protagonista. Qué paralelismo tan hermoso con nuestra ciudad, porque si algo nos distingue es que Cartagena comparte sus tradiciones, su historia, su riqueza. En esa mesa imaginaria que es nuestra Semana Santa, nos sentamos todos: procesionistas y ciudadanos, creyentes y quienes se dejan envolver por la emoción.
Compartimos un sentido profundo de solidaridad, sabiendo que juntos somos más fuertes, y que la Junta de Cofradías valida con su trabajo y acción.
Es importante reseñar también que nuestra Semana Santa brilla con luz propia gracias a quienes la encarnan y la pregonan. Por un lado, el pregonero de esta Semana Mayor, Pedro Luis de la Puente García-Ganges, ex Almirante Jefe del Arsenal, simboliza el vínculo inquebrantable que une a la Armada con nuestra ciudad. Una relación que ha forjado nuestro desarrollo y ha impregnado nuestra forma de ser y de vivir la fe. Por otro lado, Toñi Gabarrón, nuestra Nazarena Mayor, es el reflejo vivo de lo que significa ser procesionista. Mujer de familia, comprometida con los más desfavorecidos, ejemplo de que la fe auténtica se traduce en obras y cercanía. Ambos representan lo mejor de nuestra Semana Mayor y de nuestra ciudad.
Que esta Semana Santa nos encuentre, como siempre, unidos en la fe, con el corazón abierto y el orgullo de pertenecer a esta tierra.
Noelia Arroyo Hernández Alcaldesa de Cartagena



Estimados hermanos cofrades, cartageneros y visitantes:
Un año más, llega a vuestras manos la revista de la Junta de Cofradías de nuestra Semana Santa, testimonio vivo del trabajo, la ilusión y la fe que sostienen esta tradición centenaria. Desde la Junta de Cofradías os saludo con afecto e invito a recorrer estas páginas, en las que nuestras cuatro Cofradías comparten con todos vosotros retazos de su historia, su patrimonio y su permanente vocación de servicio.
La Semana Santa de Cartagena, declarada de Interés Turístico Internacional, es una de las manifestaciones más singulares y sobrecogedoras de España. No solo por la belleza de sus desfiles procesionales, la precisión de sus formaciones o la riqueza de su imaginería, sino por el alma que la sostiene: la de un pueblo que vive su fe con hondura, disciplina y emoción contenida.
En estos días santos, nuestra ciudad se transforma. Las calles se convierten en templo abierto donde la oración se hace música, el silencio se hace paso acompasado y la luz de los hachotes rasga la noche anunciando el misterio que celebramos. Cada trono que avanza, cada bordado que resplandece, cada toque de tambor que marca el ritmo es fruto del esfuerzo callado de todo un año de trabajo. Es también expresión de un legado recibido y transmitido con orgullo y responsabilidad.
La Semana Santa no es solo memoria; es presente y es futuro. Desde quienes han sostenido esta tradición durante décadas hasta los niños que, con mirada ilusionada, sueñan con vestir la túnica por primera vez, todos formamos parte de una misma hermandad que late unida en torno a la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. En cada procesión renovamos nuestro compromiso de fe y reafirmamos nuestra identidad como pueblo.
Quiero expresar mi agradecimiento sincero a todos los que hacéis posible este milagro anual: hermanos cofrades, músicos; a las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad, que velan por el buen desarrollo de nuestros desfiles y por la protección de nuestro patrimonio humano y artístico; a las instituciones y autoridades que respaldan y apoyan nuestra labor; y, de manera especial, a los cartageneros y visitantes que nos acompañáis con respeto y emoción. Vuestra presencia da sentido a nuestro esfuerzo y convierte cada procesión en auténtico testimonio público de fe, cumpliendo lo que San Pablo nos dice a los cristianos Anunciar el evangelio no es para mí ningún motivo de orgullo, sino una obligación ineludible. (1 Corintios 9:16)
Los procesionistas renovamos nuestro compromiso de seguir trabajando con unidad y dedicación para que la Semana Santa de Cartagena continúe siendo motivo de orgullo, ejemplo de excelencia y faro de espiritualidad.
Que estos días nos ayuden a crecer en fe, esperanza y caridad.

Javier Pavía Galán Presidente






Fue en el año 1977 cuando el entonces hermano mayor de la Cofradía del Cristo del Socorro -que tenía la idea en mente desde hacía tiempo- propuso en el cabildo de la hermandad celebrado el 27 de mayo la inclusión de una imagen mariana en el Vía Crucis de la madrugada del Viernes de Dolores. Se retomaba con ello una antigua vinculación entre el denominado Cristo Moreno y la advocación de la Soledad, que, según los estatutos fundacionales, aprobados el 1 de marzo de 1691, debía figurar en el estandarte de la cofradía. También, por antiguas fotografías y por la descripción que hizo del desaparecido retablo de la capilla del Cristo del Socorro en la Catedral Antigua hizo Manuel González Simancas en 1905, sabemos que a los pies del crucificado existía un busto de una Virgen, aunque en este caso se trataba de una Dolorosa. Para convertir en realidad el proyecto de Jorquera, la principal necesidad era contar con una imagen, lo que en un principio no fue posible sufragar a las arcas de la cofradía. Por ello, para no demorar más la incorporación de la Virgen, en 1978 se solicitó, y obtuvo, la cesión de la imagen de la Soledad del Monte Calvario, imagen realizada en 1966 por José Sánchez Lozano y que, el 17 de marzo de dicho año, sobre unas sencillas andas, protagonizó la primera presencia mariana en el Vía Crucis penitencial.
Pero esa únicamente podía ser una solución provisional, por lo que en junio de 1978 se encargó al escultor murciano Antonio García Mengual —entonces “de moda” entre las cofradías cartageneras, que le encargaron numerosas obras que, en ningún caso, alcanzaron la calidad necesaria para formar parte de las procesiones de nuestra ciudad— una efigie de la Virgen, que se-
ría denominada Soledad del Consuelo, y que se puso bajo el patronazgo de poetas y toreros. Esa fue la escultura que, de nuevo sobre las sencillas andas cedidas por la Cofradía de la Soledad del Monte Calvario, tomó parte en el Vía Crucis del año 1979. Al año siguiente, gracias a la generosidad de José Luis Meseguer Jorquera, que lo donó, se contó con un sencillo trono que, curiosamente, tenía la particularidad de que las varas estaban por debajo de la altura del cajón, lo que provocaba que, al contrario de lo que sucede en los restantes tronos de la Semana Santa, los portapasos de mayor altura debían ir en los costados y los de menor lo hacían en los varales. Las pequeñas dimensiones del trono hacían posible que fuera llevado por tan sólo 16 personas, todos ellos cofrades muy jóvenes.
Los portapasos de la Soledad del Consuelo eran, como todos los participantes en el cortejo, hermanos de la Cofradía del Cristo del Socorro, pero no estaban integrados en ninguna agrupación

La Soledad del Consuelo y el Cristo del Socorro

ya que en dicha hermandad no existía tal tipo de organización, habitual en las demás cofradías locales. Pero esta situación cambió cuando el 17 de octubre de 1982 se constituyó, tras la redacción de unos estatutos y la formación de una directiva propia presidida por Eduardo Vilar Rico, la Agrupación de la Santísima Virgen de la Soledad del Consuelo.
La imagen realizada por García Mengual —que estuvo al culto durante unos años, entre 1986 y 1992, en la capilla de la plaza de toros de Cartagena— no era, como hemos comentado de gran calidad artística, por lo que en 1990 se intentó mejorar su fisonomía, sometiéndola a unos pretendidos trabajos de restauración a cargo de Juan Ros Marí, artista valenciano que en esos años actuó sobre diversas imágenes de las cofradías marraja, del Resucitado y del Socorro. En ésta última, y el año anterior, había efectuado una desafortunada labor “restauradora” sobre el crucificado titular, por lo que no es entendible que se volviera a confiar en él un año más tarde para intervenir sobre la talla de la Soledad del Consuelo.
Ese año, el de 1990, y bajo la presidencia de Germán Parrado, fue el primero en el que los portapasos vistieron túnicas y capuchones negros, sustituyendo a las blancas, prestadas, que se utilizaban hasta entonces y que no iban acompañadas de ningún tipo de mocho, llevando los portadores del trono el rostro descubierto, lo que no era habitual en el Vía Crucis. Novedad importante como sería, al año siguiente, una sencilla corona realizada por el orfebre valenciano Manuel Orrico. En 1992, siendo presidente Domingo Andrés Bastida, que sustituyó a Germán Parrado, fallecido el 25 de enero de ese mismo año, se intentó que la cofradía autorizara la sustitución de la imagen y que delante del trono, al igual que lo hacían ante el del Cristo del Socorro, pudieran salir hermanos de la agrupación de la Virgen como alumbrantes. Ambas peticiones fueron rechazadas, por lo que, en el caso de la escultura, se optó por intentar una
nueva intervención sobre la escultura de García Mengual. En esta ocasión se eligió para los trabajos a Manuel Feria del Río, un tallista y escultor onubense afincado temporalmente en Cartagena, ciudad a la que vino inicialmente para trabajar en la restauración del retablo de la capilla de la Cofradía Marraja.
La actuación de Manuel Feria dejó la imagen aún peor de lo que estaba, ya que optó por decapar la policromía, retirando también la base de yesos sobre la que aquella, como es normal, se había aplicado por su autor, y por retallar partes del rostro. El resultado no fue bueno y, lo que es peor, dejó a la Virgen sin posibilidad de volver a su estado original ya que, en contra de lo que es normal en tareas de restauración, lo que Feria llevó a cabo era irreversible. Con ese nuevo aspecto, y tras un fugaz paso por la capilla de los Cuatro Santos en la Iglesia de Santa María de Gracia, la escultura pasó a venerarse en la Iglesia de Santo Domingo, donde aún permanece en la actualidad.
En el año 1995, concretamente el 17 de junio y tras la dimisión de Bastida, llegó a la presidencia de Juan Pedro García, iniciándose con éste y sus colaboradores una etapa donde se consiguieron los mayores logros de la agrupación. Así, ya para el Vía Crucis de 1996 se contó con un nuevo trono, realizado bajo los diseños de Luis Pelegrín y José Pérez —ambos marrajos, de la Agrupación de los Estudiantes—, que los realizaron de forma altruista. En los trabajos del trono intervinieron la empresa Tamar, el carpintero Francisco Sarabia y el orfebre de Redován Benedicto Martínez Vicente. La otra novedad de ese año fue la salida del primer número de “Vía Crucis de Cartagena”, la hoy desaparecida revista de la agrupación. Pero el gran objetivo que se tenía era que la imagen de Mengual reformada por Feria dejara su lugar sobre el trono a otra de mayor calidad artística. Así, en una junta general celebrada el 27 de junio del año 2000, tras debatir las distintas posibilidades que había de mejorar la escultura
La escultura aún sin policromar existente, que eran prácticamente nulas, se votó por amplia mayoría encargar una nueva talla. El escultor elegido sería el murciano José Antonio Hernández Navarro, con quien el 27 de julio se firmaba el correspondiente contrato, comprometiéndose el artista a tenerla concluida para el Vía Crucis del año 2003, cuando se cumplían 25 años de la primera presencia de la Soledad en el cortejo de la madrugada del Viernes de Dolores.


José Hernández Navarro con su obra


Para su estreno la efigie que salió de las manos del citado artífice contó también con un nuevo trono —para los que el escultor dio algunas sugerencias que permitieran que luciera mejor la obra que se le había encargado— cuyas tallas fueron realizadas por Juan Miguel Cervilla, un tallista granadino que vino a Cartagena a cumplir el servicio militar y por circunstancias personales se afincó en nuestra ciudad, donde fue discípulo y colaborador de Rafael Eleuterio Aguilar. Lo más novedoso de la nueva Soledad del Consuelo — que Hernández Navarro considera una de sus mejores obras— fue su configuración, ya que aparece sentada sobre una peña, sosteniendo entre sus manos el sudario y la corona de espinas de Cristo. Así, el 22 de marzo de 2002 la imagen de García Mengual recorría por última vez las calles de Cartagena en el Vía Crucis, dejando su lugar, a partir del año siguiente, a la creación de Hernández Navarro.
Dado el carácter austero de la procesión del Cristo del Socorro, y el importante patrimonio conseguido, desde entonces los logros en la agrupación, al menos en lo material, han sido escasos, limitándose en ese aspecto a los periódicos cambios y mejoras en el vestuario. Sin embargo, sí que podemos citar dos hitos de importancia para la participación de la Soledad del Consuelo en el Vía Crucis y la veneración de la imagen. El primero consiste en que 2005, y tras años de intentos y polémicas, el trono de la Virgen va precedido de hermanos de la agrupación como alumbrantes, ataviados con un vestuario similar al de los portapasos. El segundo es que, tras una estancia en Santa María de Gracia, en la capilla de la Sagrada Familia, donde se vio afectada por la humedad, desde 2018 la magnífica escultura de José Antonio Hernández Navarro recibe culto en la Iglesia de San Fulgencio.
Fulgencio. CVC












Estamos en tiempo de ensayos. Aún no se han abierto las puertas del templo ni han resonado los primeros acordes en la calle, pero la procesión ya camina en el interior de cada uno de nosotros. En cada orden, en cada paso medido, en cada túnica que se ajusta, hay algo más que preparación: hay oración.
La Semana Santa no es solo tradición ni estética; es, ante todo, manifestación pública de nuestra fe en Jesucristo. Cada trono que se alza, cada imagen que procesiona, es catequesis viva que anuncia la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Por eso esta revista anual de la Junta de Cofradías —que alcanza ya su octava edición mostrando con detalle todas las procesiones californias— no es únicamente una publicación informativa: es también un instrumento de evangelización y memoria creyente. Durante estos ocho años hemos querido recoger con rigor cada procesión, cada, agrupación, formando una colección que guarda no solo datos, sino el testimonio de una fe que se hace visible en las calles de Cartagena. Porque detrás de cada línea escrita y de cada fotografía hay promesas, sacrificios silenciosos, agradecimientos íntimos y oraciones que solo Dios conoce.
La Semana Santa es, además, una llamada personal. Nos recuerda que el dolor no tiene la última palabra, que la cruz no es fracaso sino camino, y que después del Viernes Santo siempre amanece el Domingo de Resurrección. En un mundo marcado por la prisa, la incertidumbre y tantas cruces cotidianas, nuestras procesiones proclaman con solemnidad que la esperanza es más fuerte que el sufrimiento y que el amor de Dios se manifiesta precisamente en la entrega.
Procesionar es, en el fondo, un acto de fe humilde. Caminamos en orden, en silencio muchas veces, sosteniendo sobre nuestros hombros no solo madera e imágenes, sino el misterio de nuestra redención. Y mientras la ciudad contempla, nosotros meditamos. Mientras Cartagena se engalana, el cofrade se examina por dentro. La Semana Santa nos invita a reconciliarnos, a perdonar, a agradecer y a renovar nuestro compromiso cristiano.
Este año, además, lo vivimos con especial emoción. Después de dos años en los que los niños no pudieron procesionar con normalidad —uno suspendido y otro interrumpido— volvemos a preparar su salida completa. Ellos representan la esperanza. “Dejad que los niños se acerquen a mí”, nos dice el Señor. Verlos ensayar con ilusión es contemplar cómo la fe se transmite de generación en generación, cómo la llama no se apaga. Que esta revista sea, por tanto, algo más que una crónica anual. Que sea reflejo de nuestra condición de cofrades creyentes. Que cada página nos ayude a recordar que procesionamos no para nosotros, sino para mayor gloria de Dios, proclamando en silencio y con orden cartagenero el misterio central de nuestra salvación.
Mi felicitación sincera a la Junta de Cofradías y a todos los que hacen posible esta publicación. Que el Señor bendiga nuestros ensayos, nuestros desvelos y, cuando llegue el momento, nuestra estación de penitencia por las calles de Cartagena. Y que María Santísima nos acompañe siempre bajo su amparo.
Pedro Ayala Gallego Hermano Mayor Cofradía California.


La procesión california del Viernes de Dolores, denominada Procesión del Santísimo y Real Cristo de la Misericordia y María Santísima del Rosario , fue creada oficialmente en el cabildo celebrado el 6 de mayo de 1987 1 , siendo hermano mayor de la hermandad don Pablo López Álvaro, donde se decidió tutelar a la agrupación del Cristo de la Misericordia , entonces no adscrita a ninguna otra cofradía, para que desfilase la noche del Viernes de Dolores junto con la agrupación de María Santísima del Rosario en sus Misterios Dolorosos , como ya lo había hecho el Viernes de Dolores de ese mismo año 1, a pesar de las reticencias de varios hermanos 2 . La organización de este nuevo cortejo procesional, por parte de la cofradía california, supuso una solución acertada al problema que se había planteado en la hermandad por el hecho de haber acogido en el año 1983 la agrupación de la Virgen del Rosario 3, cuya advocación no tenía fácil encaje en las procesiones californias existentes hasta la fecha, condicionadas, como el resto de los cortejos pasionarios cartageneros, por la costumbre de que cada día desfilase una única procesión, salvo el Viernes Santo, que se organizaban dos, y además por la necesidad de adecuarse a un estricto orden cronológico en el relato de la Pasión, Muerte y Resurrección del Salvador. Una moda surgida después del primer cuarto del siglo XX, no se sabe exactamente cuándo ni por qué razón, ya que, hasta entonces, como en la mayoría de las localidades españolas, no existía tal norma. Prueba de ello era la configuración de la procesión de la antigua cofradía infantil de San Juan Evangelista, activa en la ciudad entre los años 1910 y 19234, donde figuraba entre sus pasos, la noche del Lunes Santo, el de “Jesús en la calle de la Amargura” 5, es decir, una pasaje evangélico posterior a los hechos acaecidos en el huerto de Getsemaní, que conformaban el discurso narrativo del Miércoles Santo californio, sin que en la prensa cartagenera de la época se encuentren referencias criticando dicha circunstancia, o simplemente comentándola. Lo que demuestra su aceptación en esos años como algo natural y consustancial a la propia Semana Santa. Estas dos agrupaciones, la del Cristo de la Misericordia y la de María Santísima del Rosario en sus Misterios Dolorosos , habían sido constituidas en el seno de la “Subcofradía del Cristo de la Misericordia y Virgen del Rosario” , integrada, hasta su disolución en junio de 1982 6, en la cofradía del Santísimo y Real Cristo del Socorro. No era la primera vez, en la historia de la
Semana Santa de Cartagena, que una agrupación fundada dentro de una cofradía se emancipaba para integrarse en otra hermandad; tal había sido el caso de la agrupación de Nuestro Padre Jesús Resucitado , instituida en el seno de la cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno (Marrajos), en abril de 19407, y constituida como cofradía independiente tres años después, por decreto del obispo de Cartagena fechado el 29 de diciembre de 1943 8. Pero sí, el hecho de que varias agrupaciones, que procesionaban juntas y formando un único cortejo procesional, bajo la tutela de otra cofradía, en este caso la del Cristo del Socorro, fuesen repartidas entre las otras tres cofradías pasionarias de la ciudad en el transcurso de una reunión de la Junta de Cofradías, celebrada el primero de junio de 1982 a instancias del obispado 9. El camino recorrido por los hermanos de las agrupaciones pertenecientes a la “Subcofradía del Cristo de la Misericordia y Virgen del Rosario” , hasta esa fecha, había sido largo. No tanto por el tiempo trascurrido desde sus inicios, sólo seis años, sino por los muchos acontecimientos y pormenores que habían tenido que vivir en ese corto período.
La primera referencia moderna a la cofradía del Cristo de la Misericordia en Cartagena la encontramos en una noticia fechada en julio de 1976, en el diario La Verdad , dando cuenta de la visita realizada al consistorio de la ciudad por un grupo de jóvenes, para informar al alcalde de su intención de crear la “Cofradía del Cristo de la Misericordia y Nuestra Señora del Mar” , que desfilaría la mañana del Viernes Santo con dos pasos: “Jesús ante Pilatos” y la “Virgen del Mar” , siendo su color distintivo el azul 10. El hecho de que las advocaciones titulares de la futura hermandad fuesen las mismas que tuvieron otras dos cofradías que habían existido en la ciudad en el siglo XVIII 11 , hace pensar que el referente de estos jóvenes, probablemente, era la “Hermandad del Santísimo y Real Cristo del Socorro” , constituida en el año 1961 12, ya que sus hermanos se presentaron como herederos de la cofradía del mismo nombre fundada en 1691 por el duque de Veragua13, a la vez que ofrecieron el nombramiento de hermano mayor al entonces titular del ducado 14. Tras una serie de avatares y propuestas para nominar la nueva cofradía, finalmente se institucionalizaron en abril de 1978 como una subcofradía integrada en la cofradía del Cristo del Socorro 15, desfilando por primera vez la noche del Viernes de Dolores de 1979, como “Agrupación del Cristo de la Misericordia y María Santísima del Rosario en sus Misterios Dolorosos”16 , integrada en la mencionada cofradía del Socorro.



A lo largo de los tres años siguientes, la subcofradía fue evolucionando y se estructuró en agrupaciones cofrades, siguiendo el modelo de organización que había surgido en las dos cofradías seculares de la ciudad, la del Nazareno y la del Prendimiento, a mediados de la década de los años veinte del pasado siglo XX. Así, la noche del Viernes de Dolores de 1981 la procesión la componían cuatro agrupaciones: Cristo de la Misericordia , Jesús ante Pilatos , San Juan Evangelista y María Santísima del Rosario 17, con sus respectivos tercios y tronos. Además, estaba previsto añadirle otras dos nuevas agrupaciones, la de La resurrección de Lázaro y la de la Virgen de las Angustias18, que no llegaron a constituirse.
La cofradía del Socorro, a la que entonces estaba adscrita la subcofradía de la Misericordia y el Rosario, que no formaba parte de la entonces denominada Unión de Cofradías, con el fin de acometer estos proyectos de expansión, solicitó, en noviembre de 1981, participar de la subvención municipal y de la parte correspondiente del arrendamiento de las sillas, ya que su intención era que se colocasen a lo largo del recorrido de la procesión vespertina de la cofradía la próxima Semana Santa 19 . Esto no agradó a las otras cofradías pasionarias de Cartagena, que desde el primer momento habían manifestado su rechazo a la salida de la segunda procesión del Socorro 20 y a la posibilidad de que se crease en la ciudad una nueva cofradía de Semana Santa 21. El malestar creado en los ambientes cofrades de la ciudad, por esta decisión de los hermanos del Socorro, llevó a que el hermano mayor de la cofradía, don Juan Jorquera del Valle, presentase su dimisión al obispo la madrugada del Viernes de Dolores de 1982, tras expresarle monseñor Azagra
su desagrado por la organización de la procesión del Cristo de la Misericordia, que según un portavoz oficial del obispado nunca había sido autorizada 22. La consecuencia de estos acontecimientos fue la disolución de la subcofradía y la distribución de las agrupaciones que la formaban entre las otras cofradías pasionarias en junio de ese mismo año 23 .
La cofradía california asumió desde el primer momento la agrupación de El lavatorio de Pilatos , denominada también como La sentencia de Jesús , y aunque, en el verano de 1982, la agrupación de la Virgen del Rosario decidió que seguiría su propio camino, al igual que la del Cristo de la Misericordia 24, la noche del Domingo de Ramos de 1983 desfiló junto con la de La sentencia , después de haberse recogido la procesión de La entrada de Jesús en Jerusalén , en una procesión organizada por los cofrades californios 25, que resultó ser un auténtico fracaso, como reseñaba la prensa local del día siguiente 26 .
La decepción causada por la falta de éxito de la improvisada procesión de la noche del Domingo de Ramos, obligó a los californios a buscar nuevas propuestas para las dos agrupaciones que se habían incorporado a la cofradía 27. La ubicación de la de La sentencia de Jesús fue fácil, ya que el pasaje evangélico que procesionaba seguía el discurso narrativo de la procesión del Prendimiento, por lo que al año siguiente se incorporó al Miércoles Santo californio 28. Sin embargo, no fue sencillo buscar el sitio adecuado para que desfilase la agrupación de la Virgen del Rosario, por lo expuesto anteriormente, y sus hermanos comenzaron a procesionar a partir de 1984 en diferentes días de la Semana Santa, con distintos horarios e itinerarios, sin que

ninguna de las propuestas planteadas resultase de su agrado ni tampoco del de la cofradía.
El Jueves Santo de 1984, la agrupación de la Virgen del Rosario salió de Santa María de Gracia a las siete y media de la tarde y terminó su recorrido frente al colegio de Santa María Micaela de las Reverendas Madres Adoratrices29. Así, como había ocurrido en los años finales de la década de los cincuenta de la pasada centuria, cuando desfilaban la noche del Jueves Santo las procesiones del Silencio y del Cristo de los Mineros, separadas por un pequeño intervalo de tiempo30, la cofradía california volvió a organizar dos procesiones en ese día tan señero de la Semana Santa, y además por primera vez en la historia de las procesiones cartageneras un cortejo pasionario atravesó el paseo de Alfonso XIII adentrándose unos pocos metros en el ensanche de la ciudad 31
Al año siguiente, la agrupación del Rosario desfiló la noche del Martes Santo de 1985, partiendo del colegio de las Adoratrices a las once menos cuarto de la noche, una vez que se había recogido la procesión del Traslado de los Apóstoles , entrado en la iglesia de Santa María de Gracia pasada la medianoche 32. Esta solución no estuvo exenta de polémica, ya que los días previos se extendió por la ciudad el rumor de que la procesión del Traslado los Apóstoles se iba escindir para que el trono de San Juan acompañase a la Virgen del Rosario 33, hasta el punto de que la cofradía tuvo que emitir un comunicado oficial manifestando que la procesión del Martes Santo se desarrollaría como siempre34, sin que se viese alterada por la procesión de la Virgen del Rosario. Al margen de la controversia suscitada, ese itinerario y ese horario resultaron ser un auténtico fracaso, ya que la procesión discurrió por calles semivacías de público 35. De manera que, en 1986 la procesión volvió a salir de Santa María de Gracia la tarde del Jueves Santo36, siguiendo el itinerario habitual de las procesiones de Semana Santa, aunque sólo procesionó hasta llegar a la altura del Parque de Artillería, donde se recogió 37
A comienzos 1987, antes de la Semana Santa, confluyeron dos problemas que
podían tener una misma y fácil solución. Uno, el de la cofradía california, que no terminaba de encontrar el lugar adecuado para que procesionase la Virgen del Rosario. Otro, el de la agrupación del Cristo de la Misericordia , en principio ajeno a los californios, ya que esta agrupación, desde la disolución en 1982 de la subcofradía del mismo nombre, había decido seguir desfilando la tarde-noche del Viernes de Dolores sin la tutela de ninguna de las cofradías existentes y sin contar con el beneplácito del obispado ni de la Junta de Cofradías 38. Sin embargo, en 1986 el presidente de la agrupación, posiblemente cansado de la situación, había remitido una carta dirigida al secretario general de la cofradía california, solicitando acogerse al amparo de la hermandad del Prendimiento. Propuesta que fue rechazada por la mayoría de los cofrades californios, con el argumento de que si se integraba la agrupación en la cofradía se rompería el orden cronológico de las procesiones 39

Así, ante las circunstancias que se vivían, don Pablo López Álvaro, hombre pragmático y resolutivo, ejerció su autoridad de hermano mayor para que la noche del Viernes de Dolores volviesen a desfilar juntas las agrupaciones del Cristo de la Misericordia y de la Virgen del Rosario en sus Misterios Dolorosos , tal como habían hecho en sus inicios, aunque ahora bajo el patrocinio de la cofradía california, dado que era la mejor solución, y posiblemente la única factible, para zanjar el problema que se había planteado en el verano de 1982, cuando la Junta de Cofradías decidió disgregar la “Subcofradía del Cristo de la Misericordia y Virgen del Rosario” . La procesión en esta ocasión sí obtuvo el éxito esperado y en el cabildo celebrado tras finalizar la Semana Santa, en mayo de 1987, se oficializó la nueva procesión del Santísimo y Real Cristo de la Misericordia y María Santísima del Rosario 40, que desde entonces viene organizando la cofradía del Prendimiento la noche del Viernes Dolores.
Ángel Julio Huertas Amorós

1. La Verdad (Cartagena), 10 de abril de 1987.
2. ACNPJPP. Cabildo de Mesa celebrado el 6 de mayo de 1987.
3. La Verdad (Cartagena), 29 de marzo de 1983.
4. Or tiz Martínez D. La cofradía infantil de San Juan Evangelista de Cartagena (1910-1923). Cartagena. Imprenta Nicomedes Gómez. 2020.
5. El Porvenir (Cartagena), 23 de marzo de 1918.
6. La Verdad (Cartagena), 15 de junio de 1982.
7. Or tiz Martínez D. La Cofradía de N.P. Jesús Resucitado de Cartagena. 75 Años de Historia. Cartagena: Ed. Real e Ilustre Cofradía de N.P. Jesús Resucitado; 2018: 24-26.
8. Ibidem. pág. 54.
9. La Verdad (Cartagena), 15 de junio de 1982.
10. La Verdad (Cartagena), 24 de julio de 1976.
11. Torres Sánchez R. Las cofradías de Cartagena durante el siglo XVIII. En: Las cofradías pasionarias de Cartagena. Vol. I. Murcia; 1991: 145-147.
12. El Noticiero (Cartagena), 10 de marzo de 1961.
13. Ferrándiz Araujo C. La casa ducal de Veragua y la cofradía del Cristo del Socorro de Cartagena. Murcia; 1989: 18.
14. El Noticiero (Cartagena), 2 de marzo de 1961.
15. La Verdad (Cartagena), 21 de abril de 1978.
16. La Verdad (Cartagena), 5 de abril de 1979.
17. La Verdad (Cartagena), 2 de octubre de 1979; y La Verdad (Cartagena), 12 de abril de 1981.
18. La Verdad (Cartagena), 14 de abril de 1981.
19. La Verdad (Cartagena), 3 de noviembre de 1981.
20. La Verdad (Cartagena). Suplemento de la Semana Santa de 1981.
21. Línea (Cartagena), 31 de enero de 1978.
22. La Verdad (Cartagena), 3 de abril de 1982.
23. La Verdad (Cartagena), 15 de junio de 1982.
24. Ibidem.
25 ACNPJPP. Cabildo de Mesa celebrado el 11 de mayo de 1983.
26. La Verdad (Cartagena), 29 de marzo de 1983.
27. ACNPJPP. Cabildo de Mesa celebrado el 11 de mayo de 1983.
28. ACNPJPP. Cabildo de Mesa celebrado el 19 de diciembre de 1983.
29. Huer tas Amorós AJ. Regina Coeli. Cartagena: Ed. Agrupación de María Santísima del Rosario en su Misterios Dolorosos. Cofradía California; 2023: 56.
30. Huer tas Amorós AJ. Las imágenes de la procesión del Silencio, un recorrido por su historia. Cartagena Semana Santa 2022; 2022: 41-44.
31. La Verdad (Cartagena), 6 de marzo de 1985.
32. La Verdad (Cartagena), 2 de abril de 1985.
33. La Verdad (Cartagena), 12 de marzo de 1985.
34. La Verdad (Cartagena), 16 de marzo de 1985.
35. Huertas Amorós AJ. Regina Coeli. Ob. cit.: 57.
36. La Verdad (Cartagena), 22 de febrero de 1986.
37. La Verdad (Cartagena), 2 de abril de 1986.
38. La Verdad (Cartagena), 25 de marzo de 1983.
39. ACNPJPP. Cabildo de Mesa, celebrado el 10 de febrero de 1986.
40. ACNPJPP. Cabildo de Mesa, celebrado el 6 de mayo de 1987.


En los últimos años del siglo XX y principios del XXI, en algunas de las ciudades españolas con mayor tradición cofrade y procesionista, ha ido surgiendo una serie de lo que se ha denominado “nuevas corrientes asociativas-cofrades” 2, coloquialmente denominadas “hermandades de vísperas”,3 que se caracterizan por una nueva concepción del fenómeno pasionario, al margen de las cofradías tradicionales. En general, esas nuevas asociaciones han estado muy mal vistas por los hermanos de las cofradías tradicionales y, ante sus pretensiones de creación de nuevas cofradías y procesiones, han obtenido de las autoridades diocesanas negativas, restricciones o, en el mejor de los casos, sugerencias de integración en las cofradías existentes. Dicho surgimiento, a nivel general, obedecería a muy diversas causas, destacando entre ellas, sobre todo en el caso de las diócesis andaluzas, la de la expansión territorial de sus ciudades que, con la creación de nuevos barrios o entidades poblacionales alejados de los centros históricos, provocaban que sus habitantes quisieran crear nuevas cofradías que llevaran a cabo estaciones de penitencia, siguiendo el modelo de las cofradías históricas. Además, el hecho de que dichos barrios nuevos estuviesen habitados en general por personas jóvenes provocaba un alejamiento de las cofradías tradicionales existentes, no considerando factible por parte de dichas personas su integración en estas cofradías, ya que los hermanos y, sobre todo, los directivos de dichas cofradías solían contar con edades avanzadas que les generaban rechazo.
En Cartagena, a mediados de los años 70 se produjo también algo similar con el deseo de creación de una cofradía nueva, al margen de las tradicionales, por parte de un grupo de jóvenes que no se identificaba con estas. Desde luego, el carácter territorial señalado para este movimiento en Andalucía no tuvo prácticamente ninguna incidencia en nuestra ciudad, pues tampoco tenían dicho carácter las cofradías tradicionales, pero sí el hecho de que sus promotores fueran personas muy jóvenes, resaltado por la prensa al comentar los primeros movimientos para la creación de dicha cofradía4. Lo que sí fue prácticamente idéntico a lo que ocurría en Andalucía fue la negativa de la autoridad eclesiástica a la ampliación del número de cofradías pasionarias, aunque se transmitió la responsabilidad de la decisión final sobre ello a las cofradías existentes, en vez de que fuera el Obispo quien tomara la decisión.
Los procesionistas marrajos, californios y resucitados se negaron a la creación de la nueva cofradía. No obstante, a pesar de ello y de la falta de decisión por parte del Obispado, no se evitó que la nueva procesión, con bastantes carencias patrimoniales, comenzara a desfilar en 1979. Sus componentes se acogieron, en un intento de soslayar la situación de la falta de reconocimiento eclesiástico, a la protección de la Cofradía del Socorro,5 considerada también en esos momentos por parte de las cofradías clásicas al margen de la tradición pasionaria cartagenera, pues la misma ni siquiera formaba parte entonces de la incipiente Junta de Cofradías.6 Ello provocó la realización de desfiles procesionales durante varios años que no sólo no contaban con el apoyo del Obispo, sino que incluso eran prohibidos, dando lugar finalmente a que, en la madrugada del Viernes de Dolores de 1982 en la sacristía de la iglesia de la Caridad, se produjera una tensa entrevista entre el obispo Azagra y Juan Jorquera del Valle, Hermano Mayor del Cristo del Socorro, en la que aquel manifestó su profundo disgusto por la celebración de la procesión y su decisión de no autorizarla. Como consecuencia de dicha entrevista se produjo la dimisión de Jorquera ese mismo día y la desvinculación de la Cofradía del Socorro de las agrupaciones que conformaban la procesión 7 . A pesar de ello, esta se celebró esa tarde para que el trabajo y el gasto realizado por las agrupaciones no hubiese resultado en vano, pero con la recomendación de Jorquera de que, para años sucesivos, se buscase una solución definitiva mediante un acuerdo con la Junta de Cofradías que supusiera la integración en las otras cofradías. 8 Finalmente, la Virgen del Rosario y la Sentencia se integraron, de forma más problemática que eficaz, en la Cofradía California en 1983,9 desfilando por primera vez improvisadamente ambas en la noche de Domingo de Ramos 27 de marzo, pretendiéndose a posteriori realizar los ajustes necesarios para que tuviera algo de coherencia su presencia en las procesiones tradicionales californias para años sucesivos. 10
Antecedentes del Viernes de Dolores californio: La procesión de la Virgen del Rosario entre 1984 y 1986
Tras la procesión nocturna de Domingo de Ramos de 1983, organizada en apenas unos días, en la que participaron, como se ha comentado, la Sentencia y la Virgen del Rosario con un patrimonio escaso y

notablemente mejorable, se quiso modificar la situación de ambas agrupaciones en las procesiones californias, evitando repetir para años sucesivos lo que, en definitiva, había sido una solución de emergencia para la Semana Santa de ese año, que les había permitido desfilar a la finalización de la procesión de la burrica tras su incorporación a la Cofradía. Así, la Sentencia, que durante algunos años se denominó Lavatorio de Pilatos, tuvo un relativamente fácil acomodo en la procesión de Miércoles Santo a partir de 1984. Sin embargo, la Virgen del Rosario sufrió un auténtico peregrinaje de días, horas y lugares de salida y recogida que, aparte de provocar la insatisfacción de los hermanos de la Agrupación, por la incertidumbre de su situación en la Cofradía que tales cambios denotaban y por la ausencia de público contemplando la procesión en algunas calles totalmente inhabituales en el recorrido de las procesiones, hizo que se produjeran importantes tensiones con la Mesa de la Cofradía 11 y con otras agrupaciones californias. De este modo, la Agrupación de la Virgen del Primer Dolor consideraba que no debería haber dos agrupaciones de la Virgen en la Cofradía,12 la de San Pedro Apóstol, con motivo de lo ocurrido en 1985 y que se comentará más adelante, se oponía rotundamente a que el Martes Santo hubiera ningún otro desfile aparte del Traslado de los Apóstoles. 13 Y el resto de las agrupaciones no veía clara la oportunidad de la incorporación de ambas agrupaciones a la Cofradía y dudaba de su auténtico carácter californio.
La procesión de la Virgen del Rosario en los años siguientes se desarrolló en días, lugares y horas muy variados. Así, en 1984 la procesión, en la que aparte del tercio y trono de la Virgen, debieron de participar los granaderos con el carro bocina,14 salió de Santa María a la finalización de los oficios, en las últimas horas de la tarde de Jueves Santo y se recogió, para no coincidir con la procesión del Silencio por las calles del centro, en el patio del Colegio de las Adoratrices,15 cuya puerta de entrada se quiso dignificar para la ocasión, construyendo un dintel elevado aún hoy existente en la calle Príncipe de Asturias. El hecho de que el final de la procesión transcurriese por calles apartadas del itinerario tradicional y de que ya estuviese en la calle la procesión del Silencio por el centro histórico motivó que no hubiera prácticamente nadie viéndola por dichos lugares.16
Los problemas del año anterior se quisieron solventar en 1985 cambiando las cosas que se creía que no habían funcionado, para lo que se pensó en que la procesión debería salir desde las Adoratrices para recogerse en Santa María y, en vez del Jueves Santo hacerlo el Martes Santo,17 además de incorporar unas representaciones de tercios californios que hacían

alusión a algunos de los misterios dolorosos del Santo Rosario.18 No obstante, el hecho de querer realizar la procesión el Martes Santo generó el rechazo rotundo de la Agrupación de San Pedro, provocándose una gran polémica durante la Cuaresma que hubo de solventarse por la Cofradía ratificando la decisión del Cabildo Técnico. 19 A pesar de los cambios, la procesión nuevamente se vio rodeada de escaso público en gran parte de su itinerario, ya que, además de salir de las Adoratrices bastante tarde, hubo de esperar para acceder al centro histórico no sólo a que se hubiese recogido el Traslado de los Apóstoles, sino también a que hubiera retornado al Arsenal el piquete de Infantería de Marina.20
La tardía recogida de 1985, la polémica con San Pedro y, nuevamente, la falta de público obligó a buscar otra alternativa para 1986, que fue la de volver a realizar la salida en la tarde de Jueves Santo desde Santa María de Gracia, pero circunscribiendo la procesión al casco histórico por lo que, para evitar interferencias con la del Silencio, se decidió recogerla en el patio anexo al Parque de Artillería que se encontraba en la zona que actualmente es la calle de San Juan.21

¿Una procesión california en Viernes de Dolores? 19871992: Los problemas tras la incorporación del Cristo de la Misericordia
La oposición generalizada a la procesión antes de 1983, tanto por parte de los cofrades de las tres cofradías tradicionales como del Obispado, había forzado, probablemente a petición de este, un intento de repartir los pasos existentes entre las cofradías marraja, california y resucitada. Prueba de ello fue, aparte de la anexión de la Sentencia y de la Virgen del Rosario por parte de la Cofradía California, la incorporación del San Juan a la del Resucitado, también para la Semana Santa de 1983. Circulaba entre los procesionistas la idea de que el Cristo de la Misericordia lo haría finalmente a la Cofradía Marraja,22 llegando a realizarse unos llaveros de la Agrupación con el escudo marrajo,23 pero finalmente no se consiguió materializar un acuerdo, manteniéndose la salida del Cristo de la Misericordia en solitario en la tarde-noche de Viernes de Dolores durante varios años, sin autorización eclesiástica y sin pertenecer a ninguna cofradía. No obstante, parece que por parte de sus directivos había intención de normalizar la situación, aunque manteniendo sus peculiaridades, integrándose en cualquiera de las cofradías. Prueba de ello fue el escrito que enviaron a la Cofradía California, con fecha 9 de febrero de 1986, en el que solicitaban ponerse “bajo la protección california para lograr los fines que nos son comunes, el glorificar a Cristo en los diferentes momentos de su Pasión ante el pueblo de Cartagena”.24 En el Cabildo de Mesa californio hubo división de opiniones al respecto, posponiéndose por parte del Hermano Mayor cualquier decisión relativa a este asunto. 25
La situación se estaba enquistando cada vez más, tanto por que se consideraba inapropiado que hubiese una procesión no autorizada por el Obispo, que salía de sitios poco adecuados, como los tinglados del muelle de Alfonso XII, como por la descontextualización de la procesión california de la Virgen del Rosario, que desfilaba aislada y en solitario, algo totalmente inusual en la tradición procesionista cartagenera, cada año en un día distinto, y con los fracasos de público que conllevaba. Probablemente fueron dichos motivos los que llevaron al Hermano Mayor californio Pablo López Álvaro, parece que poniendo en práctica una idea de Tomás López Castelo26, a realizar una gestión que acabase con ambos problemas: la absorción del Cristo de la Misericordia por la Cofradía California y la conformación de una procesión con ambos pasos en el día que ocupaba aquel, contando más con una tácita aceptación que con la expresa autorización episcopal.27
Esta solución parecía, en principio, que debía poner fin
al problema de la procesión del Cristo de la Misericordia del Viernes de Dolores, en tanto que este se incorporaba a una de las cofradías existentes, que era la exigencia principal del Obispado desde los años 70. Con ello también se evitaría la salida de la Virgen del Rosario en solitario cada año en días distintos y con itinerarios diversos y poco prácticos. No obstante, los problemas continuaron, especialmente con respecto al día de la procesión, pues la Junta de Cofradías no vio con buenos ojos la absorción del Cristo de la Misericordia por la Cofradía California y que se continuara ocupando el día de la Patrona con una procesión, aunque ahora fuera california. Así, a pesar de que en principio se expuso por la Cofradía la obviedad de que era una procesión “de penitencia”, considerándola al margen de las de Semana Santa, y que había obtenido la aceptación verbal del Vicario General, enseguida se vio que la procesión tal y como desfiló en 198728 era inviable y que era necesario darle empaque a la misma, intentando igualarla al resto. No obstante, las otras cofradías no veían bien la política de hechos consumados del Hermano Mayor californio y se opusieron a normalizarla,29 convirtiéndose casi en un arma arrojadiza entre las cofradías, gravemente enfrentadas por otros temas30. El Obispado, apoyándose en los argumentos señalados por algunos de los componentes de la Junta de Cofradías, publicó una nota oficial en 1990 en la que hacía constar que la procesión de Viernes de Dolores seguía sin estar autorizada, a pesar de que fuese organizada por la Cofradía California y aun reconociendo la buena voluntad de su Hermano Mayor, que había tratado de dar una solución definitiva a un problema que se estaba arrastrando desde hacía años para descrédito de la propia Semana Santa de Cartagena.31
Por otro lado, el integrar en la Cofradía California ambas agrupaciones garantizaba únicamente darles una protección para procesionar, pero ni conseguía que los hermanos de ellas se sintieran plenamente californios, ni aseguraba la acogida por parte del resto de agrupaciones californias que veían en ellas más problemas para la Cofradía que beneficios y que consideraban que la procesión no estaba a la altura del resto de desfiles californios. Pese a ello, el Hermano Mayor señaló que había sido un gran acierto incorporar al Cristo de la Misericordia, opinión compartida por Francisco Cánovas Carretero, presidente de la Agrupación, quien resaltaba sentirse californio y haber sido acogido muy cariñosamente.32 No obstante, debieron de empezar en ese mismo momento a plantearse iniciativas para darle cierta personalidad a la procesión que en su primer año, 1987, había estado constituida únicamente por el carro bocina, sin ningún tercio de representación, y los tercios y tronos del Cristo y de la Virgen. La procesión siguió




el itinerario tradicional de las procesiones, en sentido contrario al habitual, para evitar pasar por la esquina de Cañón y Mayor a primera hora, ya que en ese momento se estaba celebrando un sorteo de la ONCE en la plaza del Ayuntamiento, y a la recogida se rezó un rosario, sin demasiada participación, por las intenciones del Papa, para darle ese carácter “penitencial” que había señalado el Hermano Mayor.33
Lo que estaba claro era que, aparte de intentar solucionar los problemas con el Obispo y el resto de las cofradías por el día en que salía la procesión, había que mejorarla ya que, aunque con la salida de los dos tercios del Cristo y la Virgen tenía algo más de sentido que anteriormente, adolecía de dos defectos fundamentales: por un lado, el patrimonio artístico era escaso y mejorable y, por otro, se carecía de referencias claras que identificaran inequívocamente dicha procesión como california, pues la escasa presencia de algunos nazarenos vestidos con la túnica roja california y la presencia del carro bocina no eran suficientes.
Pronto debieron de lanzarse algunas ideas para subsanar los defectos señalados. Así, el bordado de la túnica del Cristo de la Oración en el Huerto, realizado en 192634 , que había dejado de utilizarse en los años 60 por su mal estado, se traspasó a un nuevo terciopelo de color negro para que el Cristo de la Misericordia estrenase al año siguiente una túnica bordada, siendo donado el coste del trabajo por la madrina de la Agrupación, Maribel López, esposa del Hermano Mayor, y bendecida en la Salve Grande de 1988.35 También estrenó el Cristo en su salida de este año el bastón de mando que le había donado
el alcalde de Archena.36 Y en 1991 el tercio estrenó capas por primera vez, pues anteriormente desfilaban únicamente con túnica y capuz.37
Con respecto a la procesión se consideraba necesario arroparla para que no diera en la calle la sensación de no pertenecer a la Cofradía California. Para ello propuso Carlos Ferrándiz, presidente en ese momento de la Agrupación de la Oración en el Huerto, que participaran los granaderos,38 idea que no contaba con el beneplácito del presidente de estos.39 No obstante, el Mayordomo Principal señaló definitivamente que en ese año de 1988 se saldría como se pudiera, sin incluir siquiera el carro bocina, y que para el año siguiente se verían más novedades.40 Lo que sí se intentó fue darle un carácter especial a la procesión con la idea de que, con motivo de su celebración cada año, se liberase un preso, imitando tradiciones de cofradías de Semana Santa de otros lugares de España. Para ello se iniciaron unas largas negociaciones con el Ministerio de Justicia, que finalmente no fructificaron.41
En definitiva, la nueva procesión se debatió en estos primeros años entre el deseo, expresado fundamentalmente por el Hermano Mayor, de mejorarla a toda costa, involucrando a otras agrupaciones en ella, y la negativa de estas a participar, pues la consideraban al margen de la tradición california, no contaba con ningún atractivo que incentivara la participación de los hermanos de estas y suponía más gastos para dichas agrupaciones.
Así, en la práctica, las incorporaciones que se realizaron

estos primeros años realmente fueron forzadas por el Hermano Mayor. La primera de ellas fue la de la Agrupación del Ósculo que, con el sudario de la Cofradía y el carro bocina, pasó a ostentar la representación de esta, abriendo la procesión, de forma que a los símbolos californios los acompañase, al menos, un tercio de los capirotes, vestidos con los colores del Ósculo y no con el color rojo californio que hubiese sido de esperar, y de esta forma no fuesen en solitario, como había ocurrido anteriormente. La participación de la representación del Ósculo fue aprobada por mayoría en la Junta General de la Agrupación de 1989,42 coincidiendo con el cincuentenario de dicha Agrupación y, probablemente, como contraprestación a la ayuda en los gastos del aniversario en los que había colaborado la Cofradía. Evidencia del carácter casi forzoso de la participación del Ósculo en esta procesión fue que, al año siguiente, se aprobó en Junta General que, si volvían a ostentar la representación de la Cofradía, fuera esta la que facilitara el vestuario, pues el de la Agrupación no podía soportar tantas salidas, y también se exigía que colaborara en la reparación de los hachotes de Jueves Santo que eran los que se utilizaban también en la procesión de Viernes de Dolores.43
La participación de los granaderos en la procesión también fue forzada y compleja ya que en diversos años se había ido esquivando dicha participación por

parte de la Agrupación, con la excepción del Jueves Santo de 1984 en el que acompañaron a la Virgen del Rosario, a pesar de la insistencia de la Cofradía; era evidente que sus directivos no deseaban tomar parte en ella.44 Por un lado, la Cofradía consideraba que el que los granaderos abrieran la procesión era la mejor manera de manifestar su carácter californio y, por otro, la Agrupación sólo veía más gastos en su participación en una procesión no tradicional que se había introducido casi a la fuerza en la Cofradía. No obstante, la decisión final de que la Agrupación participara en la procesión se tomó en un “Cabildo de Convivencia” que se celebró en el Coto Dorda, al que no había asistido el presidente Juan Castelló el 18 de marzo de 1990. En el siguiente Cabildo de Mesa manifestó su sorpresa por que se hubiera tomado la decisión sin consultarle, aunque accedió a la participación del tercio en la procesión, señalando, de todas formas, que la Agrupación no deseaba salir.45 Ese año también desfilaron como escolta del trono del Cristo de la Misericordia cuatro soldados romanos.46
En definitiva, la procesión, con serias dificultades, iba sobreviviendo, debatiéndose entre el desinterés de la mayoría de la Cofradía y las ideas dispersas que iba materializando el Hermano Mayor para darle mayor empaque. El desinterés por la procesión en la Cofradía era tan evidente que provocó que Jerónimo Martínez pidiera en un Cabildo que participaran en ella, tal y



como ocurría en el resto de las procesiones californias, los miembros de la Mesa de la Cofradía vestidos con su hábito de nazareno.47 A todo esto, se vinieron a sumar, nuevamente, las presiones del Obispado y de la Junta de Cofradías que obligaron a fijar la salida de la procesión a las 23.00 horas en 1991, a lo que se opusieron rotundamente las agrupaciones del Cristo de la Misericordia y de la Virgen del Rosario.48 Del mismo modo, en 1992, año especialmente problemático en el seno de la Cofradía por la intervención eclesiástica de sus órganos de dirección, se llegó a plantear el cambiar de día la procesión, acomodándola el Sábado de Pasión, pues el Obispo no la quería en el Viernes de Dolores. Finalmente, la autoridad eclesiástica decidió, probablemente para no aumentar la tensión en la Cofradía, que ese año podría salir a las 21.30 horas del Viernes de Dolores, pero que para el siguiente tendría que decidirlo la Junta de Cofradías.49
Parecía, pues, que por un motivo u otro finalmente la procesión california de Viernes de Dolores fracasaría, estando condenada a no salir dicho día, cuando no, incluso, a desaparecer totalmente.
El interés de las agrupaciones y el afianzamiento de la procesión (1993-2008)
El año 1993 marcó probablemente un hito muy significativo en el devenir de esta procesión, ya que significó el inicio de su afianzamiento como tal desfile californio y el de su aceptación por el resto de las
agrupaciones de la Cofradía. Dos fueron los hechos que lo acreditan.
Así, en primer lugar, la aceptación por parte del Obispado, a través de un decreto,50 de que la procesión pudiera tener lugar el Viernes de Dolores, siempre que se desarrollara de tal manera que no interfiriera en los actos del día de la patrona, lo que permitiría normalizarla, dejando de esta forma de tener la consideración de no autorizada por parte de la autoridad eclesiástica. Desde la Cofradía se consideraba que era perfectamente factible cumplir con la condición impuesta, pues el horario vespertino de la procesión permitía que pasase por la puerta de la iglesia de la Caridad a una hora a la que ya habrían finalizado los actos principales del día.
Por otra parte, el periodo de expansión que habían significado los años 80 en el mundo cofrade, analizado por nuestra parte ya en otras ocasiones en relación con el resto de procesiones de la Cofradía,51 provocó un aumento exponencial del número de hermanos de las distintas agrupaciones, al cual había que dar salida, ya que, en caso de no poder participar en alguna procesión, se produciría el desencanto entre los nuevos cofrades y su consiguiente abandono. Es por ello por lo que se vio en esta procesión, por parte de algunas agrupaciones modestas, la oportunidad de crear tercios filiales que permitiera desfilar a dicho importante contingente, fundamentalmente femenino, y el cual no tenía cabida en las otras procesiones, en especial la del Miércoles Santo, por rechazarse en estos momentos la idea de

crear tercios mixtos o por la imposibilidad material de aumentar el número de penitentes en los tercios titulares.
Así, la Agrupación del Ósculo participaba como representación de la Cofradía desde el año 1989 en la procesión de Viernes de Dolores, pero no será hasta 1993 cuando sus directivos se den cuenta de que el tercio “mayoritariamente estaba compuesto por mujeres” y que sería conveniente convertirlo definitivamente en femenino e incluso nombrar alguna mujer en la directiva para que se encargara del mismo.52 La Agrupación se puso manos a la obra para llevar a cabo dicha conversión, aunque se tardaría todavía varios años en que adquiriera totalmente dicho carácter.
La Oración en el Huerto, por su parte, contaba en la procesión de Domingo de Ramos con dos tercios infantiles, uno masculino y otro femenino, lo que inevitablemente con el paso del tiempo generó la necesidad de dar salida a los jóvenes de ambos sexos que ya no podían desfilar en esta procesión. Fue por ello por lo que a partir de 1986 incorporaron delante del tercio titular de Miércoles Santo un grupo de penitentes femeninas que acompañaban a la bocina El Castillo, 53 manteniendo el tercio de alumbrantes como exclusivamente masculino. No obstante, el número de mujeres era mayor que el de puestos que tenía la representación de Miércoles Santo, por lo que, a propuesta de Hilarión Marín, se decidió sacar en 1993 también la bocina el Viernes de Dolores con 15 mujeres, como forma de aumentar el número de chicas provenientes del tercio infantil que podrían participar en una procesión de adultos,54 vistiendo un traje con cola que rememoraba el vestuario que portaban los penitentes del siglo XVIII.55
La salida de las penitentes de la Agrupación de la Oración en el Huerto acompañando a la bocina El Castillo tenía cierto sentido en la procesión de Miércoles Santo; no ocurría así el Viernes de Dolores, en que estaba un poco fuera de lugar, por lo que se decidió eliminar la bocina y mantener a las penitentes, dotando a la representación de un significado alegórico. Así, inicialmente, para el año 1995, se pensó en colocar una penitente portando el Santo Cáliz, parte fundamental del escudo de la Agrupación,56 ampliándose la idea más adelante con otros símbolos: la cruz, la palma y la rama de olivo. Las penitentes vestirían túnicas blancas e irían flanqueadas por capirotes de negro y verde.57 Estas representaciones simbólicas, comunes en algunas otras semanas santas de España, llamaban poderosamente la atención del público, por salirse de lo habitual en la Semana Santa cartagenera. Ello hizo que los directivos no estuvieran satisfechos y que buscaran otras alternativas que,
finalmente, con el consejo de la propia Iglesia, se recondujeron hacia una alegoría de los siete dolores de la Virgen, propia de la festividad del día en que salía la procesión,58 y que consistiría en “un corazón atravesado por siete puñales, sobre una pequeña nube”,59 ya no portada por penitentes sino en un pequeño trono. La alegoría se materializó por el orfebre cordobés Cristóbal Cubero en el año 2000,60 situándose sobre el trono que la Agrupación utilizaba para el ángel el Domingo de Ramos. Aun así, parece que quedaba desproporcionada por el pequeño tamaño de la alegoría, por lo que se decidió completarla añadiendo a ambos lados un par de ángeles que se conservaban en el almacén de Villa Samaritana.61 Para mejorar el conjunto de la alegoría en 2002 se realizó una peana por parte de la empresa murciana Victoria Delís,62 que sería sustituida finalmente por el trono actual tallado por los Hijos de Esteban Jiménez en 2008.63
La Agrupación del Prendimiento, por su parte, de acuerdo con lo que se estaba convirtiendo en habitual, había decidido la creación de un tercio femenino en el año 1991, con la idea de que abriese la procesión del Miércoles Santo con el carro bocina, aunque la Cofradía vio en él la oportunidad de que encabezase también el resto de los desfiles californios con los colores propios de la hermandad, del mismo modo que hacía la Cofradía Marraja con la Agrupación del Santo Cáliz. El Prendimiento vio con nulo interés su participación en la procesión de Viernes de Dolores y lo consideraba, como así era, una maniobra del Hermano Mayor “para realzar la procesión”.64 Por ello, en ese año de 1991 no participaron este día y en 1992 lo hicieron con una representación muy reducida, de apenas 7 penitentes con galas.65 Sin embargo, a partir de 1993 pasaron a acompañar al carro bocina, aumentando cada vez más su participación en años sucesivos, aunque ello provocó un enfrentamiento con el Ósculo, que llevaba realizando tal papel en la procesión desde 1989.66 El malestar de esta última agrupación estaba fundamentado en que, cuando ninguna agrupación había querido participar en la procesión, el Ósculo se había hecho cargo de los símbolos californios y ahora se veía en una situación comprometida67 pues, al hacerse cargo el Prendimiento del carro bocina, el Ósculo desfilaría a partir de ese año sin trono, lo que obligó a buscar un pasaje de los evangelios acorde con el día para realizar un paso en el futuro, pues, según la estructura tradicional de las procesiones cartageneras, no era razonable la presencia en la procesión de un tercio sin trono.
De esta forma, una procesión que inicialmente se había considerado como extraña a la tradición california se estaba convirtiendo en algo imprescindible para sus hermanos que, incluso, luchaban por permanecer en



ella, como ocurría con la representación del Ósculo. No obstante, aunque la Cofradía aceptase que desfilaran sin trono, los espectadores no entenderían tal situación, por lo que decidieron reconvertir la representación en un tercio femenino completo y avanzar un paso más con una innovación radical: la creación de un paso portado por mujeres portapasos.68 Ello conllevó un gran esfuerzo por parte de la Agrupación y la necesidad de buscar un pasaje evangélico, que fue el de la Despedida de Jesús de la Santísima Virgen, así como la construcción por fases de un trono para ser llevado a hombros y la conformación, primero provisional, con imágenes de baja calidad existentes que ya desfilaron en 1998,69 y posteriormente definitiva del grupo de Hernández Navarro, escultor elegido a propuesta de la Comisión de Arte, quien terminó el grupo actual en 2004.70
La procesión estaba alcanzando una importancia tal que no sólo eran las agrupaciones pequeñas las que se interesaban en ella, sino incluso algunas de las grandes, con la finalidad de crear tercios filiales femeninos que les permitieran seguir manteniendo sus tercios titulares exclusivamente con carácter masculino. Así ocurrió en el caso de la de Santiago Apóstol que pidió autorización al Cabildo para crear su tercio femenino y que desfilara en esta procesión.71 Esa misma idea fue adoptada por la Agrupación de la Santísima Virgen del Primer Dolor,72 que al cabo de unos años sí la llevó a cabo, a diferencia de la de Santiago Apóstol que finalmente no lo hizo, sino que orientó dicho tercio, al igual que habían hecho las agrupaciones de los otros dos apóstoles californios, a su participación en la procesión de Miércoles Santo con el trono del Lavatorio de los Pies. La Agrupación de la Virgen, tras algunas vacilaciones en la elección del pasaje

evangélico, en las que intervino también la Comisión de Arte y el capellán, se decidieron por el de Jesús y María en casa de Lázaro, pues consideraban imprescindible que en el grupo a procesionar figurara la imagen de la Virgen. Fue realizado por Hernández Navarro, quien se convertía de esta forma en el escultor exclusivo de esta procesión en los pasos figurativos, saliendo dicho grupo por primera vez a la calle en el año 2008.73
En estos momentos se plantearon dos nuevas cuestiones con relación a esta procesión. Por un lado, las agrupaciones fundadoras de esta, Virgen del Rosario y Cristo de la Misericordia, consideraban que el crecimiento incontrolado de la procesión podría llevarla a la pérdida de su carácter propio, por lo que abogaron por ponerle límite en un intento de evitar que se convirtiera en un nuevo Miércoles Santo. 74 Y por otro, entre algunos procesionistas se había ido extendiendo la idea de que predominaban demasiado en esta procesión rasgos que no eran propios de la tradición pasionaria de nuestra ciudad y que estaban más cercanos a la forma de hacer procesiones de Andalucía, especialmente en el tercio de la Virgen del Rosario. En defensa de su carácter cartagenero salió Carlos Ferrándiz, hermano mayor californio, señalando que, a pesar de ciertas peculiaridades indudablemente andaluzas en el tercio de la Virgen, tenía “el verdadero contenido que debe tener”,75 pues los rasgos propiamente cartageneros (forma de desfilar, forma de portar los tronos, orden, flor, luz, etc.) eran lo suficientemente evidentes como para no tener que justificarse ante nadie.
Pero no serían únicamente tercios femeninos los que se incorporaron a la procesión de Viernes de Dolores, sino que también lo hizo un tercio infantil, en este

caso el de los Granaderos, que con su participación desde 1994 aportaba a la cabeza de la procesión un rasgo netamente cartagenero. De esta forma, además, se daba protagonismo y una salida más a dicho tercio infantil, fundado en 1992,76 evitando así que fuera el tercio mayor el que participara abriendo la procesión, pues la directiva de la Agrupación seguía siendo muy reticente a ello.77 Igualmente, esta Agrupación fue también la solución a otro problema que se llevaba manifestando varios años, no solamente en esta procesión, y que era el de la falta de piquetes, a causa de la profesionalización de las Fuerzas Armadas. En el año 1996 los granaderos hubieron de salir cerrando la procesión y escoltando a la Virgen del Rosario,78 por lo que la creación de la Sección de Honores fue la solución.79 Su primera salida en procesión fue precisamente el Viernes de Dolores de 1997.80
En definitiva, la procesión era ya una cita imprescindible en el calendario pasionario cartagenero, aunque para los puristas quedara fuera estrictamente del marco temporal de la Semana Santa,81 y se había convertido en un gran éxito para los propios cofrades californios que pugnaban por incorporarse a ella, para el público en general e incluso para la prensa, pues un periodista tan considerado como Monerri comentaba ya en el año 1996 que este desfile californio se había consolidado, pues “la procesión vespertina del Viernes de Dolores, después de tantas vicisitudes, está ya consolidada y se nos está convirtiendo en una procesión mayor”.82
No obstante, cuando todo parecía encarrilado y que la procesión se había afianzado definitivamente, no sólo entre los propios californios sino también en la opinión pública en general, se volvieron a reproducir los problemas generados por la forma tan particular en que habían surgido algunas de sus agrupaciones y por el hecho de que la incorporación a la Cofradía California, sobre todo por parte de algunos miembros de la Agrupación del Cristo de la Misericordia, especialmente entre sus portapasos, era considerada realmente como la única forma que habían tenido de legalizarse a ojos del Obispado, de la Junta de Cofradías y de los cartageneros en general, y no una necesidad auténticamente sentida.83 Así, el presidente del Cristo de la Misericordia, Francisco Cánovas, según se señalaba en la prensa por el periodista Monerri,84 después de 10 años de la acogida por parte de la Cofradía California, retomó nuevamente la idea de convertir a la Agrupación en una cofradía independiente, generando una fuerte polémica general y un rechazo absoluto por parte de la Cofradía, que le obligó a, de momento, abandonar la idea, pero no su actitud contestataria ante el Hermano Mayor,85 lo que puso de manifiesto la fragilidad de su relación con la Cofradía. Esta situación que denotaba un deseo de separarse de la Cofradía California y volver a las ideas
que habían llevado a su fundación en los años 70, llevaría pocos años después a una crisis de gran importancia a la procesión,86 que terminó manifestándose a raíz del proceso electoral para Presidente de la Agrupación del Cristo de la Misericordia que se celebró en 2001 y que no analizaremos aquí,87 pero que tuvo como consecuencia final la marcha de un cierto número de penitentes y, especialmente, portapasos de la Agrupación, llevándose con ellos una parte significativa del patrimonio, singularmente la imagen del Cristo de la Misericordia,88 arguyendo que la imagen que se procesionaba, atribuida sin fundamento documental a Salzillo, era propiedad personal de Francisco Cánovas y no de la Cofradía, obviando intencionadamente que, en el resto de los casos de incorporaciones a la Cofradía de agrupaciones preexistentes, estas habían sido disueltas, sus hermanos habían ingresado en la Cofradía a título individual y, posteriormente volvían crearse dichas agrupaciones en el seno californio, pasando su patrimonio, al igual que ocurre con todas las agrupaciones californias, a ser propiedad de la Cofradía.89
No obstante, lo que realmente nos interesa de todo este asunto, en cuanto a la conformación de la procesión de Viernes de Dolores, es que hubo de recurrirse a conseguir precipitada y provisionalmente, además de algunas otras cosas para la procesión, una imagen que pudiera sustituir al Cristo en el desfile de 2002, pidiéndose prestada la imagen del Cristo de Medinaceli, obra de Carrillo Marco, propiedad de la parroquia de Los Dolores.90 Además provocó que se encargara rápidamente a Hernández Navarro, gracias a la generosidad de algunas otras agrupaciones californias que cedieron su turno en los encargos que ya tenían concertados con este escultor, una nueva imagen del Cristo de la Misericordia con una iconografía absolutamente novedosa.91
Todo esto motivó que ya se pudiera estrenar la imagen en la procesión de 200392 y reformar el sudario tapando el rostro del otro Cristo que llevaba en su centro, siendo sustituido por el emblema de la Agrupación y más adelante por un sudario nuevo.93
La quinta procesión california desde 2009
La procesión de Viernes de Dolores, como se puede comprobar por lo expuesto hasta ahora, se había caracterizado durante el casi cuarto de siglo en que pertenecía a la Cofradía California, por los cambios muy frecuentes, propios de un desfile en construcción, no exentos en algunas ocasiones de importantes tensiones y dificultades que la habían puesto en peligro en más de una ocasión. No obstante, a partir de este momento la madurez como procesión california hará que únicamente


sean reseñables las innovaciones que las agrupaciones han ido llevando a cabo para completar y mejorar su patrimonio, como suele ser habitual en el resto de las procesiones.
No creemos necesaria la enumeración de todas esas novedades, puesto que son detalles más propios de cada agrupación que de la procesión en su conjunto. No obstante, citaremos algunos de los más significativos. Así, en 2009 la Agrupación del Cristo de la Misericordia estrenó un nuevo sudario, diseñado por Salvador de la Cerra Hódar y bordado por Ana Cánovas, María Pérez y Trinidad Conesa.94 Ese mismo año, la Virgen del Rosario estrenaba en la procesión el manto que había sido bendecido en el triduo a la Virgen del año anterior, diseñado por Juan Carlos Romero y realizado por el Taller de Bordados Santa Lucía de Cádiz que él mismo dirige.95 Algunos años después, para completar el trono que había realizado Terón para la Virgen del Rosario, la agrupación encargó a los artesanos cordobeses Cabello y Jurado una nueva peana sobre la que se dispone a la imagen.96 En 2024 se estrenó un sudario para la Virgen del Rosario, también diseñado y bordado por Juan Carlos Romero, basándose en un antiguo boceto de Balbino de la Cerra.97 No sólo las agrupaciones titulares de la procesión han llevado a cabo mejoras, pues, por ejemplo, la del Ósculo realizó en 2017 unas nuevas cartelas y puntas de vara para su trono de la Despedida98 y la de la Santísima Virgen del Primer Dolor sustituyó el trono que portaba
al grupo de Jesús y María en casa de Lázaro, que era el mismo del Domingo de Ramos, por uno nuevo construido expresamente para esta procesión.99
Para finalizar, es preciso comentar un hecho que, aunque estrictamente no tiene que ver con la propia procesión, simboliza la plena inclusión de esta y de las agrupaciones que la conforman en la Cofradía California. Se trata del nombramiento en noviembre de 2025 del Presidente de la Agrupación del Cristo de la Misericordia, Juan Francisco Sevilla San Nicolás, como Mayordomo Principal de la Cofradía, hecho muy significativo que demuestra la total y plena incorporación de unas agrupaciones que se habían unido a la Cofradía de una forma bastante accidentada e inusual. En esta evolución de 40 años se había pasado de agrupaciones que no contaban con mayordomos y consiliarios que los representaran en los cabildos de la Cofradía a que uno de sus miembros ejerza el segundo puesto institucional de la Hermandad.
Y, del mismo modo, la procesión actual representa, sin lugar a duda, el tesón y el amor por su Cofradía y por sus advocaciones de los hermanos que la conforman cada año.
Rafael Manuel del Baño Zapata Mayordomo Archivero Cofradía California


NOTAS
1. El comienzo de nuestro estudio se sitúa en 1987 cuando, con la integración en la Cofradía California del Cristo de la Misericordia, los californios empezaron a desfilar dicho día. No obstante, a modo de introducción y por la necesidad de contextualizar brevemente las circunstancias de dicha procesión, se analizan muy brevemente las procesiones de años anteriores que se estudian en profundidad en otro artículo de esta misma revista.
2. Guevara Pérez, Enrique, “El renacimiento cofrade del siglo XXI. El caso de las hermandades y otras asociaciones de vísperas en las capitales de Andalucía”, en Campos y Fernández de Sevilla, Francisco Javier (coord.), Religiosidad popular. Cofradías de penitencia, Real Centro Universitario Escorial-María Cristina, 2017, pp. 43-58
3. Ya que, habitualmente, realizan el desfile procesional antes de la Semana Santa, lo que se conoce en algunas ciudades de Andalucía como “vísperas”
4. La Verdad, 24-7-1976, citado por Huertas Amorós, Ángel Julio, Regina Coeli, 2023, p. 27
5. La Verdad, 4 de abril de 1979, citado por Huertas Amorós, Ángel Julio, op. cit., p. 28
6. Archivo de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús en el paso del Prendimiento (en adelante ACNPJPP), Libro de Actas nº 1 de la Junta de Cofradías 1981-1993, Reunión de 26-11-1981
7. Línea, 4-4-1982, citado por Sevilla San Nicolás, Juan Francisco, Tesón y corazón. Blasones de la Misericordia (1978-2012), sin publicar, p. 51
8. ACNPJPP, Libro de Actas de la Junta de Cofradías 1981-1993. Hay varias reuniones dedicadas a este tema 19-5-1982, 1-6-1982 (reunión que estaba prevista, pero de la que no hay acta), 19-11-1982
9. ACNPJPP, “Acuerdo entre el hermano mayor californio y los presidentes de la Agrupación de la Sentencia, Francisco Espinosa Vilar, y de la Virgen del Rosario, José López Pérez, para su integración en la Cofradía California”, 23-3-1983 en Documentación de Secretaría General 1983. Véase también ACNPJPP, Libro de Actas de la Junta de Gobierno 1983-1985, Reunión de 28-4-1983 y Libro de Actas de la Junta de Cofradías 1981-1993, Reunión de 10-3-1983
10. ACNPJPP, Libro de Actas de Cabildos de Mesa y Pleno 1980-1983, Cabildo Pleno de Mesa de 11-5-1983
11. Se llegó a llamar proponer que no salieran más con la Cofradía California, llamándose al orden al Presidente de la Agrupación. ACNPJPP, Libro de Actas de la Junta de Gobierno 1983-1985, Reunión de 20-11-1984
12. ACNPJPP, Libro de Actas de Cabildos de Mesa y Pleno 1980-1983, Cabildo Pleno de Mesa de 19-12-1983
13. ACNPJPP, Libro de Actas de la Junta de Gobierno 1983-1985, Reunión de 213-1985
14. ACNPJPP, Libro de Actas de Cabildos de Mesa y Pleno 1983-1987, Cabildo de Mesa de 6-6-1984
15. ACNPJPP, Libro de Actas de Cabildos de Mesa y Pleno1983-1987, Cabildo Permanente sin fecha en la Cuaresma de 1984
16. ACNPJPP, Libro de Actas de Cabildos de Mesa y Pleno 1983-1987, Cabildo de Mesa de 6-6-1984
17. ACNPJPP, Libro de Actas de Cabildos de Mesa y Pleno 1983-1987, Cabildos Permanentes de 26-2-1985 y 4-3-1985
18. Parece ser que participaron representaciones de la Oración en el Huerto, Flagelación, Virgen del Primer Dolor y Cristo de los Mineros, en La Verdad, 2-41985, citado por Huertas Amorós, Ángel Julio, op. cit., p. 38
19. ACNPJPP, Libro de Actas de la Junta de Gobierno 1983-1985, Reunión de 21-3-1985
20. ACNPJPP, Libro de Actas de Cabildos de Mesa y Pleno 1983-1987, Cabildo Pleno de Mesa de 13-5-1985
21. ACNPJPP, “Composición e itinerario de la procesión de Viernes de Dolores de 1986”, en Documentación Secretaría General 1986 y La Verdad, 2-4-1986, citado por Huertas Amorós, Ángel Julio, op. cit. p. 39
22. ACNPJPP, Libro de Actas nº 1 de la Junta de Cofradías 1981-1993, Reuniones de 6-3-1983 y 13-10-1983
23. Huertas Amorós, Ángel Julio, op. cit. p. 40
24. ACNPJPP, “Carta de la Agrupación del Cristo de la Misericordia a la Cofradía California solicitando ponerse bajo la protección de la Cofradía”, 9-2-1986 en Documentación Secretaría General 1986
25. ACNPJPP, Libro de Actas de Cabildos de Mesa y Pleno 1983-1987, Cabildo de Mesa, 10-2-1986
26. Sevilla San Nicolás, Juan Francisco, op. cit., pp. 64-65
27. ACNPJPP, “Carta del Hermano Mayor californio al Obispo de Cartagena comunicando la absorción del Cristo de la Misericordia”, 1-4-1987, en Documentación diversa de la Agrupación del Cristo de la Misericordia
28. La Verdad, 10-4-1987
29. ACNPJPP, Libro de Actas nº 1 de la Junta de Cofradías 1981-1993, Reuniones de 30-3-1987 y 7-4-1987
30. En 1991 la Cofradía Marraja decidió abandonar la Junta de Cofradías en absoluto desacuerdo con el nombramiento de la Nazarena Mayor de ese año: ACNPJPP, Libro de Actas nº 1 de la Junta de Cofradías 1981-1993, Reunión de 4-2-1991 y Sevilla San Nicolás, Juan Francisco, op. cit, p. 83
31. La Verdad, 19-4-1990, reproducido en “El Obispado desautoriza la procesión vespertina de Viernes de Dolores”, Capirote, 27, Mayo 1990, p. 5
32. ACNPJPP, Libro de Actas de Cabildos de Mesa y Pleno 1983-1987, Cabildo de Mesa de 6-5-1987
33. La Verdad, 10-4-1987 e información oral facilitada por Pedro Juan Moliner Ros, septiembre de 2025
34. Cartagena Nueva, 28-3-1926. Véase también Baño Zapata, Rafael Manuel del, “El origen del bordado de la túnica del Cristo de la Misericordia”, Crux Misericordiae, 15, 2025, pp. 37-40
35. ACNPJPP, Libro de Actas de Cabildos de Mesa 1988-1993, Cabildo Permanente de 14-3-1988
36. ACNPJPP, Libro de Actas de Cabildos de Mesa y Pleno 1983-1987, Cabildo de Mesa de 19-11-1987
37. Sevilla San Nicolás, Juan Francisco, op. cit., p. 83
38. ACNPJPP, Libro de Actas de Cabildos de Mesa 1988-1993, Cabildo Permanente de 22-3-1988
39. ACNPJPP, Libro de Actas de Juntas Generales de la Agrupación de Granaderos 1964-2002, Junta General de 4-6-1987
40. ACNPJPP, Libro de Actas de Cabildos de Mesa 1988-1993, Cabildo Permanente de 22-3-1988
41. ACNPJPP, Libro de Actas de Cabildos de Mesa 1988-1993, Cabildo Permanente de 22-3-1988 y “Expediente relativo a la solicitud por parte de la Cofradía del indulto de un preso con motivo de la procesión de Viernes de Dolores 1987-1989” en Documentación de Secretaría General 1987
42. ACNPJPP, Libro Actas de la Agrupación del Ósculo 1989-1995, Junta General de 27-2-1989
43. ACNPJPP, Libro Actas de la Agrupación del Ósculo 1989-1995, Junta General de 16-3-1990
44. ACNPJPP, Libro de Actas la Junta Directiva de la Agrupación de Granaderos 19891993, Junta Directiva de 7-2-1989
45. ACNPJPP, Libro de Actas de Cabildos de Mesa 1988-1993, Cabildo de Mesa de 3-4-1990
46. La Opinión, 8-4-1990, citado por Sevilla San Nicolás, Juan Francisco, op. cit., p. 79
47. ACNPJPP, Libro de Actas de Cabildos de Mesa 1988-1993, Cabildo de Mesa de 11-21991. Tal solicitud demuestra que la mayoría de la Mesa de la Cofradía no participaba habitualmente en la procesión.
48. ACNPJPP, Libro de Actas de Cabildos Plenos de Mesa 1988-1993, Cabildo Pleno de Mesa de 16-3-1991. Ante el desacuerdo de ambas agrupaciones se decidió tratarlo con el Obispo y adelantar el horario de salida.

49. ACNPJPP, Libro de Actas de Cabildos de Mesa 1988-1993, Cabildo Técnico de 30-3-1992 y La Opinión, 17-3-1992
50. La Verdad, 2-4-1993
51. Véase Revista de la Junta de Cofradías, artículos dedicados a las procesiones californias de Domingo de Ramos (revista del año 2019), Jueves Santo (revista del año 2022), Martes Santo (revista del año 2023) y Miércoles Santo (revista del año 2024)
52. ACNPJPP, Libro Actas de la Agrupación del Ósculo 1989-1995, Junta Directiva de 24-4-1993
53. ACNPJPP, Libro de Actas de la Agrupación de la Oración en el Huerto 19791994, Juntas Directivas de 15-4-1985, 2-12-1985 y 24-2-1986
54. ACNPJPP, Libro de Actas de la Agrupación de la Oración en el Huerto 19791994, Junta Directiva de 11-2-1993
55. Parece que inicialmente la cola no se arrastraba, arreglándose los trajes para que, a partir de 1996, sí se pudiera hacer. ACNPJPP, Libro de Actas de la Agrupación de la Oración en el Huerto 1979-1994, Junta Directiva de 20-12-1995
56. Libro de Actas de la Agrupación de la Oración en el Huerto 1994-2000, Junta Directiva de 6-6-1994
57. Libro de Actas de la Agrupación de la Oración en el Huerto 1994-2000, Junta Directiva de 13-10-1994
58. ACNPJPP, Libro de Actas de Cabildos de Mesa 1993-2000, Cabildo de Mesa de 1-10-1996
59. ACNPJPP, Libro de Actas de la Agrupación de la Oración en el Huerto 19942000, Junta Directiva de 5-11-1996
60. ACNPJPP, Crónica Memoria 2000-2001
61. ACNPJPP, Libro de Actas de la Agrupación de la Oración en el Huerto 19942000, Junta Directiva de 8-11-1999
62. ACNPJPP, Crónica Memoria 2002-2003
63. ACNPJPP, Crónica Memoria 2008-2009
64. ACNPJPP, Libro de Actas de la Agrupación del Prendimiento 1978-1991, Junta General del 8-2-1991
65. “Formación de tercio Viernes de Dolores 1992”, facilitado por el entonces guardalmacén de la Agrupación y actual presidente, Juan Antonio García Bermúdez.
66. ACNPJPP, Libro Actas de la Agrupación del Ósculo 1989-1995, Juntas Directivas de 24-4-1993 y 21-2-1994
67. ACNPJPP, Libro Actas de la Agrupación del Ósculo 1989-1995, Junta Directiva de 21-2-1994
68. ACNPJPP, Libro Actas de la Agrupación del Ósculo 1995-1996, Junta Directiva de 18-6-1996
69. ACNPJPP, Libro de Actas de Cabildos de Mesa 1993-2000, Cabildo de Mesa de 30-6-1997 en el que se expuso el informe de la Comisión de Arte de 17-6-1997 y Crónica Memoria, 1998-1999
70. ACNPJPP. Crónica Memoria 2004-2005 y Libro de Actas de Cabildos de Mesa 2004-2005, Cabildo de Mesa de 17-2-2004
71. ACNPJPP, Libro de Actas de Cabildos de Mesa 2001-2003. Cabildos de Mesa de 2-5-2001 y 5-6-2001.
72. ACNPJPP, Libro de Actas de Cabildos de Mesa 2001-2003. Cabildo de Mesa de 5-6-2001
73. ACNPJPP, Crónica Memoria 2008-2009
74. ACNPJPP, Libro de Actas de Cabildos de Mesa 2001-2003. Cabildo de Mesa de 5-6-2001
75. ACNPJPP, Libro de Actas de Cabildos de Mesa 1993-2000, Cabildo de Mesa, 23-4-1996
76. ACNPJPP, Libro de Actas de Juntas Directivas de la Agrupación de Granaderos 1993-2004, Junta Directiva de 11-3-1994
77. ACNPJPP, Libro de Actas de Juntas Directivas de la Agrupación de Granaderos 1993-2004, Junta Directiva de 9-3-1995
78. ACNPJPP, Crónica Memoria, 1996
79. ACNPJPP, Libro de Actas de Juntas Directivas de la Agrupación de Granaderos 1993-2004, Junta Directiva de 4-5-1995
80. ACNPJPP, Crónica Memoria, 1997
81. Cosa que ocurre en numerosos lugares de España, donde existen procesiones fuera del estricto marco temporal comprendido entre el Domingo de Ramos y el Domingo de Resurrección.
82. La Verdad, 31-3-1996
83. En la carta de 1986 en la que solicitaban incorporarse a la Cofradía California señalaban que lo hacían “para no molestar a la Iglesia” y se referían al Hermano Mayor y al resto de cargos institucionales californios como “hermanos nuestros” (del Cristo de la Misericordia) y no a los miembros de la Agrupación como californios, que hubiera sido lo lógico. Vid. ACNPJPP, “Carta de la Agrupación del Cristo de la Misericordia a la Cofradía California solicitando ponerse bajo la protección de esta”, 9-2-1986, en Documentación Secretaría General 1986
84. La Verdad, 19-4-1997
85. Carlos Ferrándiz se dirigió a Silvestre del Amor comunicándole los problemas con Francisco Cánovas. Vid. ACNPJPP, “Carta del Hermano Mayor al Delegado Diocesano de Hermandades y Cofradías”, 18-2-2000 en Documentación diversa de la Agrupación del Cristo de la Misericordia
86. Sevilla San Nicolás, Juan Francisco, op. cit, pp. 107-109
87. Véase Sevilla San Nicolás, Juan Francisco, op. cit, pp. 182 y ss.
88. ACNPJPP, “Carta del Presidente de la Agrupación del Cristo de la Misericordia al Hermano Mayor informando de la desaparición de la imagen del Cristo de la capilla de la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús”, 4-12-2001, en Documentación Diversa de la Agrupación del Cristo de la Misericordia
89. Así ocurrió en el caso de las agrupaciones de la Sentencia y de la Virgen del Rosario. Se da la circunstancia que el documento que debió de realizarse entre Pablo López Álvaro y Francisco Cánovas Carretero para la incorporación del Cristo de la Misericordia a la Cofradía California no figura entre los fondos del Archivo de la Cofradía.
90. ACNPJPP, “Acuerdo entre el Presidente de la Agrupación y el Párroco de Nuestra Señora de los Dolores para la cesión de la imagen del Cristo de Medinaceli para la procesión de Viernes de Dolores”, 5-2-2002, en Documentación Diversa de la Agrupación del Cristo de la Misericordia
91. Así nada más finalizar la Semana Santa de ese año, el Presidente anuncia la intención de encargar la nueva imagen: ACNPJPP, Libro de Actas de Cabildos de Mesa 2001-2003, Cabildo de Mesa de 16-4-2002 y a los pocos días ya se contaba con el “Boceto y presupuesto de la nueva imagen del Cristo de la Misericordia de Hernández Navarro”, 27-4-2002, en Documentación relativa a obras de arte de la Agrupación del Cristo de la Misericordia.
92. ACNPJPP, Crónica Memoria 2003-2004
93. ACNPJPP, Crónica Memoria 2003-2004
94. ACNPJPP, Crónica Memoria 2009-2010
95. ACNPJPP, Crónica Memoria 2009-2010
96. ACNPJPP, Crónica Memoria 2014-2015
97. Comunicación oral de Pedro Juan Moliner Ros, diciembre de 2025
98. ACNPJPP, Crónica Memoria 2017-2018
99. ACNPJPP, Crónica Memoria 2019-2020










“SEMANA

DEL 16 DE NOVIEMBRE AL 14 DE DICIEMBRE DE 2025











COFRADÍA CALIFORNIA
La Virgen del Primer Dolor es una escultura de vestir encargada en 1946 por José de la Figuera y Calín, Marqués Fuentes el Sol, a fin de suplir la efigie del mismo título realizada por Francisco Salzillo tras su destrucción en el verano de 1936. Forma parte del patrimonio escultórico correspondiente a la Cofradía de Nuestro Padre Jesús en el Doloroso Paso del Prendimiento y Esperanza de la Salvación de las Almas de Cartagena culminando, cada noche de Miércoles Santo, la “Magna Procesión California”. Mariano Benlliure y Gil (1862-1947) aceptó el encargo con ciertas reticencias, conocedor del difícil cometido de sustituir la carismática talla precedente que, desde su llegada a la ciudad portuaria en 1750, había concitado la admiración y el sentir popular. El pasado mes de octubre la efigie hizo su ingreso en el Centro de Restauración de la Región de Murcia (CRRM) para ser intervenida y restituir los valores estéticos impresos originariamente por el escultor valenciano.
Estética para la reposición de un símbolo
El contexto de la pérdida de la “Virgen california” de Salzillo así como las problemáticas reposiciones de posguerra –con una talla precedente de Enrique Pérez Comendador, de 1943, en el horizonte– definen brevemente la casuística ligada a la

talla resultante de Benlliure. La elección del artista en 1946 para este cometido se produce tras los primeros tanteos del artista en Cartagena ( Cristo de la Fe , en 1941, para la iglesia del Carmen según el referente pétreo del Crucificado de la cripta del Duque de Gandía en Madrid) y la ejecución de algunas primeras labores para los californios entre las que se encontraría la efigie del propio titular. Este caso supone un paradigma en la historia de esta renovación estética ligada a la posguerra dado el apego al carismático prototipo y la necesidad de ofrecer una alternativa solvente.
La ancianidad y resistencia de Benlliure al respecto es la constatación de la importancia que para la corporación tenía adquirir una efigie que proporcionase, al menos, una autoría de contrastado prestigio. La tardía dedicación del valenciano a estas labores es otro de los elementos que no deben perderse de vista dado que, pese a ello, ya había consumado obras cimeras como el famoso paso Redención que, en 1931, entregó a la Semana Santa de Zamora. Por tanto, esta producción supone un punto de inflexión en una carrera ya consagrada. Después vendrán los encargos para Málaga y, por último, los de Cartagena: el citado Cristo del Prendimiento en 1942, el Ósculo y San Juan en 1946 y, por último, el Cristo de la Flagelación en 1947, año de su óbito.



Para comprender la problemática estética de la Virgen del Primer Dolor debe volverse, como ha hecho solventemente la historiografía, sobre la influencia de la Dolorosa correspondiente al grupo de Las Tres Marías y San Juan (1946) de Crevillente (ideado catorce años antes para incorporarse tras aquel flamante conjunto zamorano). Se hace realidad, pues, la versión vestida para los californios a la par del grupo del que era originario el modelo. La configuración de la talla en desmayo en el grupo -confortada por San Juan- presenta cierta similitud con la Soledad al pie de la Cruz realizada en 1930 por Aniceto Marinas para Segovia, cuya estética abunda en la idea del pasmo parcial de la Virgen según modelos de la pintura romántica [Fig. 1].
Para su retrato, sin embargo, Benlliure se inclina por una versión naturalista de sugestiva originalidad. Para ello se ampara en las facciones de Juana de Oteyza (emparenta matrimonialmente con la familia Ussía, uno de cuyos miembros es el marqués de Cubas, tracista de la Catedral de la Almudena de Madrid) que se ha tenido como referencia para esta obra [Fig. 2].
No obstante, la analítica fisionómica desarrollada en el CRRM de forma paralela a su restauración aporta ciertas matizaciones al respecto. Así, las notables coherencias con el semblante de Carmen de Quevedo Pessanha, tercera mujer del escultor y biógrafa de este, abren un debate interesantísimo [Fig. 3].
De este modo, la efigie de la Virgen del Primer Dolor se revela como la amalgama de los rasgos de ambas modelos, debidamente integradas por el escultor en una pieza de acusado valor naturalista.
En esta relación de hechos debe recordarse el relato del periodista Luis de Oteyza quien, al glosar la figura de su pariente,

cita que su retrato sirvió para una escultura mariana ejecutada para Carcaixent (Valencia). Sin embargo, figuran obras de Benlliure en esta localidad por lo que, dadas las fechas, acaso pueda referirse a la Verónica labrada en 1944 para los poblados marineros de la ciudad del Turia cuyo retrato, en efecto, revela facciones acordes a la aristócrata. Sobre los rasgos correspondientes a la Virgen del Primer Dolor es preciso insistir en los rasgos faciales marcados que le otorgan una expresión grave pese a la serenidad acostumbrada. El artista ha efigiado un rostro alargado y enjuto, nariz larga y aguileña, frente despejada y boca de labios perfilados por donde asoma la pared dental (intervenidos, según relatan las crónicas, por el escultor Sánchez Lozano).
Marcado afilamiento morfológico de la mandíbula que remite directamente al trazo aguileño de Quevedo Pessanha cuya área peribucal, conceptuada por el aguzado mentón que le otorga un aire de notoriedad, supone una caracterización muy definida. En este sentido, mientras la zona del entrecejo remite –en cierto modo también la boca- a los rasgos conocidos de Oteyza las facciones acusadas del perfil dibujan un parentesco únicamente asociable a la última esposa de Benlliure. Por último, la sugestiva caída de los párpados de la “Virgen california” es ensayada por el escultor en una parte relevante de sus retratos que, junto al marcado mentón, evidencian que la expresión final de la talla no es sino resultado de la amalgama fisionómica de ambas mujeres. Resulta extraño que tal pormenor no fuese apuntado, precisamente, por la biógrafa, aunque, puede inferirse, una preferencia por desligar su figura de una cuestión que, como ha apuntado constantemente la historiografía, generaba un halo “legendario” a la labor creativa.




A nivel formal, el juego dispositivo es sumamente interesante porque sugiere cierta inestabilidad emocional en la modelo al presentarla caída, resultando la mirada resultante la que entabla comunicación con los fieles de modo sugerente. Es, pues, resultado de un estudio retratístico estudiado que, en el modelo originario del paso de Las Tres Marías y San Juan de Crevillente conjuga como contrapeso un elegantísimo juego de manos caídas. Produce, con esta disposición, una sensación absorta y reposada que se acentúa por el uso cetrino de la policromía que abunda en la sensación enfermiza del modelo: acorde con las angustias atravesadas por la Virgen durante la Pasión. Es aquí donde el formato para vestir elegido para Cartagena se distancia permitiendo, a través de un interesante juego de rótulas, la disposición declamatoria de las manos. Tal efecto, unido a la menor inclinación de la cabeza hacia atrás, ofrece la dimensión de una escultura más mesurada y sometida, como es lógico, a las características estéticas de las imágenes en Cartagena. Es por ello por lo que el exorno bordado y el contexto procesional juegue un papel determinante –tal como advirtió Hernández Albaladejo– a la hora de conformar la obra. No hay duda de que la doble casuística de la perdida traza salzillesca y su inserción en la desbordante atmósfera del trono determina las pautas al artista. De este modo, la alteración de aquel efecto declamatorio de las manos del grupo crevillentino –evocando el planteamiento alzado de la destruida escultura de Salzillo– y la presencia sobrepuesta del suntuoso ajuar confirió a la talla un contexto genuino. Este decorativismo de naturaleza barroquizante y de, más apropiado, sesgo modernista no se detuvo al exornar el renovado concepto estético de Benlliure desarrollándose, más bien, una asimilación de los recursos procesio -

nales fraguados –tiempo atrás– alrededor de la iconografía barroca. Así las cosas, la escultura será destinataria de hasta dos soberbios mantos bordados que, como el bordado por Consuelo Escámez, sobre diseño de Miguel Fernández Rochera (1953), o el posterior de Anita Vivancos, con dibujo de Balbino de la Cerra (1960), no harán sino acentuar esta idiosincrasia. Un hecho ratifica esta inmersión de Benlliure en estos rasgos genuinos cartageneros pues, ciertamente, la mixtura ofrece aquí un efecto más recurrente que en las esculturas destinadas, con anterioridad, a las procesiones malagueñas. En aquellos casos marcó una austeridad providencial que condujo, como también es palpable en Redención , a la puesta en escena propuestas procesionales monumentales de líneas sobrias. En Cartagena, por el contrario, la creatividad se condicionó a una contemplación afectada por el esplendor del oro –sobre la viveza de tejidos de vivos colores– que otorgaba a la plástica una condición simbólica y una organicidad que difícilmente puede desligarse de la herencia modernista. A ello debe sumarse la peculiar idiosincrasia del “trono cartagenero” que ofrece su potencial como pedestal enaltecido de la escultura. Atmósfera de pretendida fastuosidad a la que se añade la introducción de la luz eléctrica que, como sinónimo de modernidad y desarrollo tecnológico, enaltecerán los rasgos definitorios de su puesta en escena.
En este sentido, parece evidente que la labor de Mariano Benlliure –quien conocía en primera persona la problemática de las procesiones cartageneras– se pensó para insertarse en toda esta dramática arquitectónica. La llegada de la efigie, pese a todo, no se limitará a esta tramoya, sino que alimentará, quizá, el despliegue de un derroche mayor que vendrá marcado por la ejecución de los citados mantos de 1953 y 1960. La




conjunción de estas riquísimas piezas, ejecutadas respectivamente sobre tejidos de simbólica coloración azul y encarnada, se guiará por el impulso de reverdecer el brillo esteticista de la época precedente insistiendo en los criterios ornamentales de aquel conjunto recamado por la Casa Burrillo de Valencia para la antigua Virgen del Primer Dolor en 1912.
La adecuación de los valores retratísticos del modelado ideado por el escultor –con el sugestivo dramatismo ofrecido por la elección diferenciada de los rasgos femeninos– con estos aditamentos sugiere la relevancia de un proceso estético de marcado interés donde la incorporación de la gasa de encaje para componer el rostro de la efigie –amén de su semántica como medio de transición entre la sustancia tallada y la bordada– muestra la atención a esta integración armónica de cada una de las partes en el todo.
La Virgen del Primer Dolor de Mariano Benlliure llega al Centro de Restauración de la Región de Murcia en octubre 2025. Se trata de una escultura de tamaño natural, de las denominadas “de vestir”, en madera tallada y policromada. La pieza, además de recibir culto en el templo parroquial de Santa María de Gracia de Cartagena, forma parte de los desfiles procesionales de la Cofradía California. Precisamente es este carácter procesional de la imagen el que le confiere una especial complejidad a la hora de ser intervenida: las esculturas de esta tipología, además de mantener su función devocional y litúrgica, deben estar preparadas para soportar el movimiento propio de la procesión, los cambios climáticos exteriores así como las manipulaciones propias de su exorno y su posterior ubicación en el trono, todo ello preservando y manteniendo la esencia de la expresión de la imagen originaria del autor.
Antes de iniciar los trabajos de restauración propiamente dichos, se realiza un registro fotográfico pormenorizado del estado de conservación en el que llega la obra, así como un estudio de investigación con RX y luz ultravioleta con el que se determina su estructura interna, así como la existencia de repintes de intervenciones previas. Practicada esta etapa de análisis, se constata que el estado de conservación de la imagen es muy deficiente [Fig. 4]. A pesar de ser una talla de vestir y que, por tanto, sale en procesión ataviada con su ajuar, el escultor realizó el tallado de un atavío íntegro como estructura interna: se trata de una sencilla superficie plegada –trabajada enteramente en madera–sobre la que se superpone el exorno procesional textil con sus característicos bordados. Hay que resaltar que, a pesar de que esta zona queda oculta a la vista, está ejecutada con la misma destreza y con todos los detalles de si quedara visible ante el espectador, otorgando a la escultura de modo permanente –vestida o no– una gran solidez y majestuosidad.


Llamaron la atención, primeramente, los roces y arañazos presentes alrededor de los tres vástagos de hierro que sobresalen de la cabeza de la efigie. Se pensó, en un primer momento, que estaban motivados por el contacto con la diadema metálica de la misma. Con ese motivo, se programó una visita con la camarera María Ángeles Valverde Ruiz, acompañada por su esposo Francisco Ramón y por su




hija Elena Ramón Valverde (presidente de la Agrupación de la Virgen del Primer Dolor ), a fin de estudiar in situ la problemática. Tras comprobar que las rozaduras no estaban provocadas por el roce de esta pieza se reparó en que eran las arandelas ceñidas al manto procesional –que le sirven de sujeción con la finalidad de no desgarrar la tela– las que habían causado esta patología. En este sentido, se










convino en la necesidad de forrar debidamente estas piezas para evitar en lo sucesivo que se reproduzcan estos deterioros [Fig. 5].
Otro de los daños más llamativos observados corresponde a la proliferación de hongos en la zona de contacto entre el atavío procesional y los pliegues del paño tallado, así como en el área del escote. Este hecho ha provocado numerosas manchas de coloración marrón por la acumulación de esporas muertas de

hongos y que fueron erosionando puntualmente la policromía. También se aprecian numerosos arañazos con pérdidas puntuales de policromía en el escote y hombros por acción de los alfileres que se empleaban para sujetar la blonda y el manto en el proceso de vestir de la efigie [Fig. 6]. Asimismo, como en tantas imágenes procesionales, aparecen desgastes en pies y manos por la acción del contacto con los fieles, ejercida sutilmente, pero durante muchos años, dejando entrever puntualmente, la propia madera [Fig. 7].
Culminando esta prospección previa, quizás los daños más importantes son revelados por el estudio con luz ultravioleta donde se aprecian repintes generalizados en túnica, manos, pies y rostro, siendo estos últimos los más importantes ya que ocultan, aproximadamente, el 80 % de la policromía original [Fig. 8]. Únicamente se mantiene la policromía de Benlliure en los ojos y boca, permaneciendo el resto oculto por un cromatismo superficial de color carne. Probablemente, estos repintes estuvieron destinados a ocultar los deterioros de la frente, la nariz y las pequeñas fisuras laterales del rostro que corresponden con la unión de los bloques de madera correspondientes al rostro o careta ejecutada por el artista [Fig. 9].
Proceso de intervención
Para conservar su valor artístico y devocional se han acometido los siguientes procesos de intervención. Tras comprobar que la policromía se mantenía estable se dio paso, primeramente, a la limpieza en seco con ayuda de cepillos suaves y aspirador. Para la eliminación de las numerosas manchas marrones de esporas muertas, que se encontraban tanto en los pliegues del paño tallado como en la policromía del escote, se emplearon ondas de ultrasonidos, labor muy laboriosa con la que se fueron eliminando puntualmente todos los restos de antiguos hongos [Fig. 10].
Posteriormente, se acometió una limpieza físico-química con disoluciones suaves como gel de agua, combinaciones de alcoholes e hidrocarburos, así como el empleo de jabones neutros. Se dio paso a la reconstrucción volumétrica del soporte que, en este caso, sólo afectó a la parte posterior de su brazo derecho, que protege el sistema de rotación de las articulaciones de la escultura. Para ello se reconstruyo la zona perdida con resina epoxídica de dos componentes dando así forma a la laguna de material existente [Fig. 11].
A continuación, se procedió a la fase de estucado de todas las zonas faltantes, realizándose un estuco tradicional a base de sulfato cálcico y cola de conejo aplicado en caliente. Una vez seco, se rasuró a nivel de la policromía con ayuda bisturí y lijas de distinto gramaje. Finalizados los trabajos de desestucado se realizó un primer barnizado de toda la imagen, quedando todas las zonas estucadas protegidas, lo que permitió dar paso a la reintegración cromática de todas esas lagunas [Fig. 12].
Esta reintegración cromática es uno de los procesos más relevantes de la restauración de obras de arte, consistente en devolverle la unidad visual a la obra empleando materiales estables y reversibles como pigmentos naturales aglutinados con barniz y aplicados mediante la técnica de rigatino . Se trata de una técnica italiana basada en pequeños trazos verticales paralelos que, al mezclarse ópticamente, reconstruyen el color ausente. Con este proceso se busca que las reintegraciones sean invisibles a la distancia, pero diferenciables de cerca, respetando en todo momento la obra original y evitando falsos históricos [Fig. 14].
Para finalizar se procedió a la protección última de la imagen empleando barniz Lefranc satinado y esencia, aplicado en caliente mediante compresor. Las actuaciones empleadas en la restauración de la Virgen del Primer Dolor han sido en todo momento respetuosas, realizando un trabajo delicado y minucioso que contribuye a la preservación de su valor histórico original y de la devoción que en ella tienen depositada sus cofrades.
AA.VV., Los Californios, Cartagena, Cofradía del Doloroso Paso del Prendimiento, 2006: pp. 174-189.
Belda Navarro, C. y Hernández Albaladejo, E., “El arte en la pasionaria cartagenera. Imagen sacra: la retórica de la Pasión” en Las Cofradías Pasionarias de Cartagena, Murcia, Asamblea Regional, 1990: p. 820.
Blasco Casanova, J. A., “La escultura valenciana entre 1863 y 1923” en El arte valenciano en la época de Sorolla. 1863-1923, Valencia, Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, 2008: pp. 89-119.
Fernández Sánchez, J. A., “La nueva retórica de la escultura procesional: la renovación plástica durante la primera mitad del siglo XX” en Actas III Congreso Internacional de Cofradías y Hermandades, Murcia, Universidad Católica, 2017: pp. 378-381.
-“Francisco Salzillo y la configuración escenográfica de la Dolorosa” en Actas Congreso Internacional <<Me felicitarán todas las generaciones>>, Sevilla, Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores de Arahal, 2025.
Gutiérrez-Cortines Corral, M. C., “Escultura profana e imagen sagrada (1930-1980)” en Historia de la Región Murciana, Murcia, Ediciones Mediterráneo, 1980: pp. 299-301.
Hernández Albaladejo, E., Los Californios y su Virgen del Primer Dolor. Libro del Cincuentenario (1929-1979), Murcia, Agrupación de la Virgen del Primer Dolor, 1979.
Sánchez López, J. A., El alma de la madera. Cinco siglos de iconografía y escultura procesional en Málaga, Málaga, Hermandad de Zamarrilla, 1996: pp. 356-358.
Zambudio Moreno, A., La renovación de la imaginería religiosa en la Región de Murcia durante la Edad Contemporánea, Murcia, Academia Alfonso X el Sabio, 2022: pp. 151 y 152.
https://www.youtube.com/watch?v=H4hRNI6FMCk (visto el 02/10/2025)












Este año 2026 es especial para la Agrupación, pues se cumple el centenario de la decisión de un grupo de hermanos, reunidos en el desaparecido Club Gavira en la cartagenera calle del Aire, de constituir la Agrupación de San Juan Evangelista. Cien años de historia no son solo una cifra redonda: son la expresión de una trayectoria marcada por la devoción, la identidad cofrade y, de manera muy singular, por un espíritu innovador que ha dejado huella profunda en el modo de entender y vivir las procesiones marrajas.
Desde su constitución, la Agrupación asumió la responsabilidad de rendir culto y acompañar en procesión a la imagen del apóstol San Juan Evangelista, el discípulo amado, figura clave en los desfiles pasionales por su simbolismo de fidelidad, juventud y esperanza. A lo largo de estas diez décadas, generaciones de hermanos han sostenido el testigo de la tradición, combinando respeto por la herencia recibida con una constante voluntad de mejora y actualización.

Uno de los rasgos que definen a la Agrupación de San Juan Evangelista ha sido su carácter pionero en la introducción de innovaciones técnicas y estéticas dentro del cortejo procesional. En un tiempo en que la iluminación de los tronos y de los penitentes dependía de sistemas rudimentarios, la Agrupación fue de las primeras en apostar por la instalación de luz por cable, una solución que mejoraba notablemente la seguridad, la uniformidad estética y la intensidad lumínica del conjunto. Esta incorporación no solo supuso un avance técnico, sino también una apuesta decidida por dignificar el desfile y realzar la belleza del patrimonio procesional.
Recuerdo, como en el año 1990, el gran sanjuanista Luis Amante Duarte, creador de los singulares hachotes de butano que utilizan sus dos tercios desde hace casi 70 años, me contaba el funcionamiento y lo impresionante que era ver desfilar a los penitentes con esos inconfundibles hachotes.
Frente a los sistemas tradicionales, el uso de butano ofrecía mayor limpieza, estabilidad en la llama y una imagen más homogénea del tercio. Aquella decisión, que en su momento pudo parecer arriesgada, terminó marcando su diferencia con el resto, consolidando un nuevo estándar en la iluminación procesional. Estas innovaciones no fueron fruto del azar, sino expresión de una mentalidad abierta y comprometida con la mejora continua. La Agrupación de San Juan Evangelista entendió que tradición e innovación
no son conceptos opuestos, sino complementarios. Mantener viva una tradición centenaria exige saber adaptarse a los tiempos sin perder la esencia, y ese equilibrio ha sido una constante en su historia.
Junto a su aportación técnica, la Agrupación ha desempeñado un papel esencial en la consolidación del estilo marrajo: orden, sobriedad, precisión y armonía en el desfile. El cuidado en la formación de los tercios, la atención a los detalles del vestuario y la preocupación por la belleza en el desfile, la austeridad, la sobriedad y la solemnidad de su paso han contribuido a engrandecer a la Agrupación, haciéndola todo un referente en el conjunto de la Cofradía y reforzando la imagen de excelencia que caracteriza a los marrajos.
El centenario invita también a mirar hacia atrás con gratitud. Tras cada innovación y cada procesión hay nombres propios —presidentes, directivos, portapasos, penitentes, nazarenos, damas, hermanos y colaboradores— que, desde el anonimato o desde la responsabilidad cofrade, han hecho posible que la Agrupación llegue a este aniversario con vitalidad renovada. Son cien años de esfuerzo silencioso, de reuniones, de proyectos, de dificultades superadas y de ilusión compartida. Pero este aniversario no es solo memoria; es también compromiso de futuro. En una sociedad en constante transformación, la Agrupación de San Juan Evangelista está llamada a seguir siendo referente dentro de la Cofradía Marraja, conjugando fidelidad a su identidad con apertura a nuevas mejoras que continúen enriqueciendo la experiencia procesional y el testimonio público de fe.
Celebrar cien años es celebrar una historia viva. La Agrupación de San Juan Evangelista, pionera en innovación y firme en su tradición, representa el mejor ejemplo de cómo la pasión, el trabajo colectivo y la visión de futuro pueden convertir una iniciativa de 1926 en una realidad sólida y admirada un siglo después.
Que este centenario sea, más que una meta, un nuevo punto de partida para seguir escribiendo páginas memorables en la historia de la Semana Santa cartagenera.
Sin duda, un orgullo y un privilegio poder vivir este centenario como Hermano Mayor.
Francisco Pagán Martín-Portugués Hermano Mayor

COFRADÍA MARRAJA
“Agrupación que todo el mundo conoce y admira hasta el extremo que decir Sanjunanistas, nadie pregunta a qué Cofradía pertenecen, porque Sanjuanistas no hubo ni hay más que unos que, a través de los años dieron la tónica a nuestras Procesiones, espíritu religioso de sacrificio y su paso solemne y elegante”1 (Juan Muñoz Delgado).

MOTIVACIÓN
La década de los años veinte del pasado siglo reactivaron el significado de la Semana Santa de Cartagena, como a continuación se dirá.
La Agrupación de San Juan Evangelista de la Cofradía Marraja, esto es, San Juan Marrajo, desde sus albores se ha caracterizado por sembrar de hitos su trayectoria. Éstos han cambiado, cuando no revolucionado, distintos elementos de la procesión, siempre buscando la magnificencia en todo lo que tenga que ver con el entorno de ese conjunto, que para el sanjuanismo forman un bloque, que comienza con el sudario y termina con los sotavaras traseros del trono.
Este trabajo quiere homenajear a todos los que han hecho posible los grandes hitos que han jalonado estos primeros cien años de esta agrupación marraja. Y, como diría el clásico, esto no va de nombres -se quedarán muchos en el tintero- sino de hechos. Vamos a ello.
El consenso historiográfico (Hernández Albaladejo, López Martínez, Victoria Moreno, Ortiz Martínez, Centeno González) señala el año 1924 como el inicio del cambio
de canon estético consciente y voluntario, impulsado por el mecenazgo del hermano mayor marrajo Juan Antonio Gómez Quiles y materializado en la elección del escultor José Capuz Mamano como artífice de dicha renovación estilística. Todos le reconocen a este hermano mayor un papel decisivo en la transformación de la procesión marraja del Santo Entierro. En el cabildo celebrado el 21 de mayo de ese año, se adoptó la decisión de contratar un escultor de prestigio capaz de realizar obras que supusieran un auténtico “derroche de arte”2. López Martínez afirma que “Las aspiraciones a las que hacía referencia Gómez

Logo del centenario (autor: Juan Luis Aguirre de la Monja).
Quiles eran, sin duda, las de poseer un importante número de grupos procesionales en la procesión del Santo Entierro”3. Las consecuencias inmediatas serán la entrega en los siguientes años de tres obras señeras para la Cofradía, La Piedad (1925), El Cristo Yacente (1926), y El Descendimiento (1930), triada escultórica que sobrevivió a la Guerra Civil y que marca el cambio de canon iconográfico marrajo.
Guarda plena relación con este cambio estético, el que también se produjo en la organización de las Cofradías, que pasaron en los años veinte a subdividirse en Agrupaciones encargadas de procesionar las distintas advocaciones o pasos, y que permitió descentralizar las Cofradías sin restar capacidad de decisión a sus cúpulas, pero también encontrar devotos dispuestos a sufragar su sostenimiento4
Los estudios de López Martínez, Hernández Albaladejo o Pérez Rojas5, coinciden en valorar la obra de Capuz como una ruptura radical con el barroquismo murciano, cuya contratación conllevo a los marrajos un abandono meditado de los modelos heredados de antaño, y la búsqueda de un lenguaje escultórico acorde con la modernidad. La elección de Capuz respondió a este planteamiento y, desde sus primeras
esculturas citadas, se evidenció la ruptura con lo anterior. Centeno González afirma sin ambages que la llegada de José Capuz significó “la liberación del yugo salzillesco” como paso valiente de la Cofradía, pero añade que su importancia aún no ha encontrado el eco que merece6 La culminación de esta ruptura se produjo con el encargo del grupo El Descendimiento (1930), obra que ha centrado buena parte del debate historiográfico, Hernández Albaladejo, López Martínez y Pérez Rojas, entre otros7. Mientras que su presentación en Madrid fue acogida con entusiasmo -fue portada del diario ABC el 17 de abril de 1930-, su recepción en Cartagena resultó controvertida. Los cofrades esperaban aún una escultura monumental conforme a los modelos barrocos de Gregorio Fernández, lo que explica la incomprensión inicial. Centeno González señala que, pese a su carácter rupturista, el grupo sigue “estando indefectiblemente marcado por la condición de estar supeditada a la religiosidad popular y al culto”, pues de lo contrario conllevaría contemplarlo en un museo8 .
Juan era hijo de Zebedeo y hermano pequeño de Santiago el Mayor. También se le conoce como Juan el Divino. Primero fue discípulo de Juan el Bautista y luego de Jesús, que le hizo apóstol y le llamó, junto a su hermano Santiago, Boanerges (del griego, “hijos del trueno”), por su celo. Al igual que Santiago y Pedro, fue uno de los tres discípulos que acompañaron a Jesús al huerto de Getsemaní en la noche en que lo prendieron auspiciada por la delación


COFRADÍA MARRAJA
de Judas Iscariote. Junto a Pedro, participó activamente en la organización y enraizamiento de la primera Iglesia en tierras de Palestina, y más tarde por toda Asia Menor. Según la tradición, durante el periodo de persecuciones romanas, huyó a la isla de Patmos, donde se cree que escribió el Apocalipsis, también llamado Libro de la Revelación. Más tarde viajó a Éfeso, donde las mismas tradiciones sostienen que escribió tres cartas y el cuarto Evangelio9 .
Junto con San Andrés, fue el primer apóstol en encontrar a Cristo y el último de ellos que le sobrevivió. Juan fue el discípulo a quien el Nazareno le confió a su Madre al pie de la cruz. Los primeros cristianos de Éfeso y Asia Menor recordaban como un diálogo constante la relación con su apóstol, conocido como el mejor amigo de Cristo. El desterrado de la isla de Patmos y el más anciano que, a todo el que se le acercaba, le decía: “Hijos míos, amaos los unos a los otros. —¿Pero por qué nos dices siempre lo mismo?, le replicaban. —Porque es mandato del Señor, y quien lo cumple hace cuanto debe”10 .
Hacia el año 1752, coincidiendo con la renovación de los fondos procesionales que llevaba a cabo la Cofradía Marraja, se incorpora al patrimonio la imagen de San Juan Evangelista, realizada por el genial escultor Francisco Salzillo Alcaraz, considerándose que a partir de entonces el santo comenzó a formar parte de sus procesiones11. Algunos años después, en 1791, coincidiendo con el traslado de ubicación de la escenificación del Encuentro, de la plaza Mayor a la de la Merced, ya consta la imagen del Santo entre el inventario de tronos que la Cofradía Marraja sacaba en las procesiones del Viernes Santo12 . Mínguez Lasheras describe la imagen primitiva como de expresión pensativa y cavilosa, considerada como una joya del arte español, y que competía en popularidad con la obra del Evangelista propiedad de la Cofradía California, obra también de Salzillo13 .

Avanzando en el tiempo, ya con el auge que empezaron a mostrar los cortejos pasionales a fines del siglo XIX, resalta Mínguez Lasheras que los penitentes de los tercios de la Cofradía Marraja estaban compuestos por soldados de la guarnición cartagenera y por marineros, a los que se pagaba una cantidad fija y un “conco”14, o una empanada por estos servicios. Estos penitentes hacían que el desfile de los tercios resultara poco vistoso. A partir de 1926 esta situación cambiará, cuando comenzaron a integrarse como penitentes, en concreto de San Juan Marrajo, los hermanos de la Cofradía, preludio de lo que terminará en la constitución formal de la Agrupación de San Juan Evangelista. En 1926, las dos salidas de San juan fueron costeadas por Juan Antón, hermano de otro mecenas sanjuanista, dedicado a la falsificación de billetes de veinte duros (cien pesetas, algo menos de un euro), y más conocido como “el Patriarca”15 .
Son varios los autores que han escrito durante la última centuria sobre el origen de la Agrupación. Entre los primeros
está el cronista de la ciudad Federico Casal, quien afirmaba que su carácter de Agrupación arranca del año 1926, en que fue fundada por un grupo de jóvenes reunidos a tal fin en el desaparecido “Club Gavira” siendo su primer presidente Manuel García Verdugo. Hasta esta fecha la formaban los penitentes que lo interesaban, en unión de soldados de la guarnición de la Plaza16 . Hijos de fundadores de la Agrupación aseveran esta circunstancia, recordando la intención fundacional de sus progenitores que, por su juventud, eran conocidos en el ambiente cofrade como “La Pandilla”. Igualmente cuentan que debido a que ninguno tenía entonces la mayoría de edad -fijada en los veintiún años- la constitución con las formalidades burocráticas de la “subcofradía” se pospuso al año siguiente, y su definitiva constitución formal al año 1929. Sin embargo, la Agrupación en recuerdo, respeto y tradición a sus orígenes y fundadores, ha celebrado desde el cincuentenario a hoy este hito señalando el origen fundacional en el año 192617 . El hermano mayor Juan Muñoz Delgado, en 1953 recordaba los albores de la Agrupación, cuando en las procesiones de 1925 se vieron por primera vez en Cartagena penitentes con capirote largo y capa de raso que pregonaron el resurgir de la Cofradía Marraja. El primero fue el tercio de San Juan, que lució el auténtico traje que llevan hoy en la procesión de la Madrugada y lo vistieron unas criaturas que en su primera salida llamaron la atención de la gente por su atuendo, por su seriedad, disciplina y elegancia en el andar. Ante la perfección la gente entusiasmada los bautizó con el nombre de “la Pandilla”, por similitud con un grupo de niños que, con el mismo nombre, en el cine hacían las delicias de grandes y chicos con su perfecto trabajo. Y de esta pandilla surgió la Agrupación18 . La revista Ecos del Nazareno de 1982 tuvo que utilizar como fuente al citado cronista Casal al reseñar que, en vísperas de la Semana Santa del año 1926, un grupo de jóvenes de la Cofradía Marraja se encargó

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de vestir, en la procesión de la Madrugada y en la del Santo Entierro, los trajes que la Cofradía había adquirido para el tercio de San Juan. Con tal motivo se reunían en el almacén de la calle del Adarve, donde se procedió al reparto de túnicas y capas, habiendo incluso alguna lágrima de rabia e impotencia por parte de aquellos que por su corta estatura arrastraban los trajes y se quedaron sin salir19. Esta misma publicación recoge como punto de reuniones y tertulias sanjuanistas al “desaparecido “Club Gavira”, coincidiendo en la presidencia Sanjuanista de Manuel García Verdugo y Rodríguez20, aventurando como fecha oficial constitutiva la de 12 de marzo de 1927; y afirmando que en dicha fecha fueron aprobados sus primeros estatutos por la Mesa de la Cofradía21 .
En el libro del Cincuentenario de la Agrupación en 1976, en la sección ¿lo sabía usted? López Paredes afirma que “la actual agrupación data de 1926 y fue creada inicialmente por un grupo de jóvenes cartageneros pertenecientes al “Club Gavira””22 . Sin embargo, en esta misma publicación Jorquera del Valle variará la fecha recordándolo así: “yo os puedo decir que, en el año 1927, el día 15 de abril, un grupo de jóvenes, casi chiquillos, salió a las calles con las ropas del tercio del San Juan Marrajo, pero que la Agrupación no fue fun-

dada hasta más tarde. Tal vez agosto, septiembre u octubre de ese mismo año”23. Lo que significa que en la misma publicación existen dos años diferentes, 1926 y 1927. Sin embargo, el propio Jorquera en una publicación de 1977, solo un año después de la anterior, afirmará que “nunca he sido un prodigio para recordar cosas” 24 . Hernández Gómez, el presidente-alcalde sanjuanista, recordará que la Agrupación de San Juan fue la segunda creada en Cartagena, -la primera fue la del Santo Sepulcro-, que inició su andadura en el año 1927, y se organizó teniendo como base y levadura a un grupo de jóvenes que desde bastantes años antes estaban ya saturados de entusiasmos procesionistas, adquiridos en su actuar como ayudantes de tercio en los desfiles del Viernes Santo. Su punto de reunión, en la mayoría de los días del año, era el almacén que la Cofradía tenía en la calle del Adarve; donde pasaban horas y horas escuchando las anécdotas que contaban los marrajos de pro que allí tenían su tertulia habitual. Es fácil deducir que, tras este aprendizaje, organizar la naciente Agrupación no había de ser cosa difícil al adaptar a este nuevo empeño la experiencia de aquellos nuevos sanjuanistas, pero viejos cofrades25 . Por último, Mínguez Lasheras parte de 1926 para contar que “durante al menos tres años se estuvieron integrando cofrades marrajos en el tercio de capirotes de San Juan, penitentes que lo interesaban por ellos mismos mezclándose con los soldados de la guarnición (de ahí arrancan las conmemoraciones fundacionales de la Agrupación, tomando como punto de partida el año 1927 para celebrar las Bodas de Plata, el 1926 para las Bodas de Oro), vistiendo túnicas blancas de percalina con cola y capirote del mismo color y tejido” y continúa narrando que “la Agrupación se funda, quedando oficialmente constituida, el 12 de marzo de 1929, vísperas de la Semana Santa, celebrándose la reunión fundacional en el “Club Gavira”, donde al parecer, pertenecían algunos miembros
de la primera directiva de la Agrupación” 26 . La conmemoración de los dos siguientes aniversarios, setenta y cinco y centenario, toma como fecha inicial el año 1926.
El historiador del arte y sanjuanista López Martínez afirma, sobre la iconografía tradicional de San Juan, como nos lo presenta señalando el camino del Nazareno a la Virgen. No obstante, dice, la postura de la mano puede dar lugar a otras interpretaciones, no tanto indicar a la Virgen el camino de Cristo como señalar la divinidad del Maestro, interpretación que queda más clarificada en la imagen del antiguo San Juan de Salzillo de la Cofradía California, que incluso dirigía el dedo hacia lo alto27 En la iconografía cartagenera del santo, un elemento singular es la palma que sujeta con la mano izquierda, recordando este autor que según la “Leyenda Dorada” fue entregada la palma a la Virgen por el ángel que le anunció su inmediata asunción, palma que a su vez ésta entregó al apóstol para que la portara portada delante de ella en su funeral, tal y como se recoge en la representación del “Misterio de Elche”, cuando la Virgen dice a San Juan:
“Ay hijo Juan. Si os place Esta palma vos tomad Y hacedla delante traer Cuando me lleven a enterrar”
Se trata, por tanto, de una palma sobrenatural y como tal aparece en ocasiones ornamentada, como en Jerez de la Frontera, o rutilante, como en la representación ilicitana o como en ocasiones la portó el San Juan Californio de Benlliure. De todas formas, la palma puede tener otras significaciones, tanto de tipo funerario como triunfal alusiva a Cristo y su doctrina, de la que San Juan sería el más elevado conocedor28 . Sobre los colores utilizados para caracterizar al santo, habitualmente aparece vestido con túnica verde y manto rojo,

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en respectiva alusión a la regeneración del alma mediante las buenas obras, y a los sentimientos de entrega y caridad. Sin embargo, en Cartagena existe variación cromática; considera López Martínez que, aunque se mantiene el rojo para el manto, el color verde de la túnica ha sido sustituido por el blanco, lo que no deja de tener su significado, porque el blanco es el color de la Gracia y, según la Leyenda Dorada, “Juan” significa “gracia de Dios”, o “en quien está la gracia”. Al mismo tiempo, el blanco va unido a la luz refulgente y, ambos elementos unidos al rojo, del ardor del amor de Dios29
Respecto de la imaginería, el cronista Federico Casal cuenta que en la Guerra Civil se perdió “además de la totalidad del vestuario y hachotes donados por el señor Maestre, la maravillosa imagen que tallara el gran Salzillo”. Terminada la contienda los sanjuanistas investigaron el posible paradero de la cabeza del santo, pero “fracasadas todas las pesquisas, se encargó una imagen de circunstancias con la que se salió en la primera procesión de la postguerra”30
Minguez Lasheras precisa este acontecimiento y cuenta que la talla “desapareció la tarde del 25 de julio de 1936, en la que fueron saqueadas la mayoría de las igle-

sias de la ciudad”. No obstante, durante cierto tiempo se confió en que la imagen no se hubiera perdido definitivamente, “corriendo el rumor de que fue vista por esas fechas en la bodega del puerto, conocida como “Café Málaga”, colgada de la puerta”31
Terminada la búsqueda, con el ánimo de restablecer el patrimonio destruido -o perdido-, en 1940 se encargó una nueva imagen al escultor de origen valenciano José Alfonso Rigal, afincado en la época en Cartagena, y que no supo plasmar la categoría que los Marrajos querían dar a sus procesiones, desestimando pronto dicha imagen32 .
Cuenta Mármol Pérez que “el destino hizo que la directiva que entonces presidía Inocencio Moreno Quiles llamase a las puertas de un joven escultor valenciano llamado José Alfonso Rigal, que había llegado a Cartagena de la mano de Aladino Ferrer para hacer frente a la gran demanda de imágenes religiosas que iban a ser destinadas a suplir a las desaparecidas en la guerra”, pero esta tarea resultó complicada por el reciente e intenso recuerdo que los sanjuanistas atesoraban de la imagen de Salzillo. “El sereno semblante de la imagen primitiva todavía seguía presente en las mentes de los sanjuanistas, que rechazaron en bloque el trabajo de Rigal, otra escultura de vestir que respondía a los cánones clásicos: el discípulo señalando a la Virgen Dolorosa el camino de su hijo, Jesús Nazareno”. Era evidente que aquel San Juan de tez aceitunada y aspecto desproporcionado nunca iba a sustituir a la añorada obra de Salzillo. Ni siquiera el retoque que le dio Sánchez Lozano para rebajarle el acentuado moreno de su policromía logró contentar a los cofrades. No obstante, la imagen cumplió el cometido para el que había sido encargado, la salida en las procesiones de 1940, las primeras organizadas después del lapsus del a guerra; pero poco después terminó guardada en el almacén. Pero su arrinconamiento durará poco, puesto que por aquella época el vecino munici-
pio de La Unión vivía el renacer de sus tradiciones más genuinas amparada en una época de bonanza económica, por lo que la imagen fue adquirida en 1946 por Miguel Celdrán a los Marrajos33 Recuerda Mínguez Lasheras que la escultura, nada más ser mostrada a los cofrades sorprendió por el policromado de su rostro, muy marcado en el colorido, y que dio origen a varios apodos con los que se la calificó, entre ellos el “apache” y “piel roja”34 . La Cofradía Marraja recurrió a José Capuz para la recuperación de su patrimonio, una tarea que resultó especialmente compleja, pues el escultor debía, por un lado, recrear obras desaparecidas y, por otro, ajustarse a los cánones de imágenes emblemáticas perdidas, como San Juan de Salzillo, paradójicamente la única que procedía directamente del taller del imaginero, conservada por los marrajos hasta los inicios de la Guerra Civil. Hernández Albaladejo y López Martínez35 señalan que las obras realizadas por Capuz en la posguerra se alejan de las tendencias más vanguardistas para adoptar soluciones más tradicionales, pero sin renunciar totalmente a la modernidad formal del escultor, que manifestará abiertamente en su última obra hecha los marrajos, el Santo Amor de San Juan.
En el caso de la nueva imagen de San Juan, López Martínez afirma que el planteamiento era o bien realizar una copia mimética del icono desaparecido, o bien el encargo de una obra original a un artista de reconocido prestigio, en la esperanza de que el valor artístico de su nueva creación pudiera estar a la altura del referente desaparecido. Que Capuz antes de guerra fuera el escultor elegido para renovación estética de la imaginería de la Cofradía marraja “facilitaba la elección del criterio a adoptar, puesto que las obras desaparecidas o bien eran obra del propio Capuz -que se encontraba disponible y en plenitud de facultades creadoras- o bien carecían de un destacado valor artístico”. Pero “en el caso de la antigua imagen de San Juan destacada obra de Francisco Salzillo, alabada por intelectuales y poe -

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tas, y de indudable éxito popular” cabía la justificación de “encargar una copia fiel del icono salzillesco que, a buen seguro, hubiese contado con el inmediato beneplácito de los cofrades y cartageneros en general”. Finalmente, y con buen criterio, “el hermano mayor Juan Muñoz Delgado decidió apostar por la oportunidad que ofrecía el desgraciado suceso de la desaparición de la imagen del siglo XVIII para profundizar en la unidad del lenguaje estético que ofrecería poder contar también con un San Juan de Capuz”36
Es conocida la correspondencia cruzada entre Muñoz Delgado y el escultor; entre ellas la carta remitida por el hermano mayor a Capuz de 6 de abril de 1942, en la que le refiere que los marrajos “deseamos además un San Juan Evangelista; teníamos uno de Salzillo que nos quemaron, y soñamos con un reemplazo digno. Este San Juan sólo consta de busto (hombros
y cabeza) y mandaré a Vd. una foto del viejo para que vea la postura de la mano izquierda con la que debe llevar una palma, y los detalles del pelo y vestimenta”.
Tras aceptar el escultor el encargo, con fecha de 22 de abril el Muñoz Delgado le remitió nueva misiva que acompaña una fotografía de la anterior imagen37 .
Afirma Pérez Madrid, quien fuera capellán de la Cofradía Marraja, que “cuando fueron los marrajos a encargarle esta imagen, el escultor tenía un busto de acentuado gusto helénico y que pensaba destinar al dios Apolo, el dios del sol y de la luz”38. López Martínez39 cita al profesor Hernández Albaladejo para corroborar la filiación clásica de la imagen de San Juan entre ellos el especialista en el escultor, profesor Hernández Albaladejo40 . La investigación hecha por López Martínez permite pasar del terreno de la evocación a la constatación, “mediante la investigación de los modelos escultóricos de la Antigüedad a los que habitualmente tenía acceso José Capuz, como profesor de Modelado y Vaciado, y como académico de Bellas Artes”. El autor buscó en el catálogo del Taller de Vaciados de la Real Academia de Bellas Artes donde encontró, marcado con el núm. 70, el denominado busto de joven bárbaro, vaciado en yeso de un mármol romano del siglo II, d.C. conservado en el Museo del Prado41. Sin embargo, el modelo directamente utilizado por Capuz para elaborar su imagen de San Juan habría sido el vaciado en yeso del original, disponible en el citado Taller de la Academia de Bellas Artes42. la sopresa es que al superponer. la imagen en madera policromada de San Juan a la del vaciado

en yeso “ofrece una total coincidencia de volúmenes que sólo puede responder a un trabajo de sacado de puntos del modelo de yeso, al busto en madera”43. En resumen, la comparación formal entre ambas piezas, “no deja lugar a dudas de la utilización por parte de Capuz del modelo clásico para transformarlo a divinis, en una imagen religiosa procesional del Apóstol San Juan”44
La viuda del escultor, Elvira Danieli, presenció en 1970 las procesiones marrajas, afirmando que para la imagen de San Juan su marido tomó como modelo a su hijo José, nacido en 191845, dato anecdótico más propio del amor de madre que de la acreditación artística.
Los orígenes del grupo del Santo Amor de San Juan en la Soledad de la Virgen se remontan al Cabildo marrajo celebrado el 9 de abril de 1948, tras la Semana Santa, en el que un grupo de sanjuanistas presentó “un proyecto de cara a evitar la duplicidad de salida de la imagen de San Juan en las dos procesiones de Viernes Santo. “Este era un asunto sabido y comentado en la Cofradía respecto a las imágenes de San Juan y de Jesús Nazareno. Unos años después, en 1952 se materializó el encargo; y al año siguiente, 1953, el grupo del “Santo amor” llegó a Cartagena antes de Semana Santa. Dice Alcaraz Peragón que de inicio generó “cierto rechazo, que motivará que con posterioridad se separen las tres figuras que lo componen y que en un principio formaban un único bloque”. La polémica se extendió también al trono elegido, por la forma circular de su peana superior, por lo que los bordesicos cartageneros lo denominaron “la tarta”, y que motivó la dimisión de Juan Muñoz-Delgado como hermano mayor46 Sobre la nueva composición de la procesión del Santo Entierro, tampoco quedaron satisfechos los sanjuanistas por la ausencia de “San Juan de la Palma”, lo que provocó que en 1954 salieran ambos tronos sanjuanistas en el cortejo del Santo Entierro. Pero la polémica continuó, y 1955

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la Cofradía decidió que San Juan saliera en la procesión de la Madrugada y el Santo Amor en la de la noche. El cambio en la liturgia de la Iglesia Católic, convirtiendo el antiguo Sábado de Gloria en Santo , promovió que en esos años los marrajos pujaran por sacar procesión la tarde de dicho día, estrenándose en 1959 con los tronos de la Vera Cruz, y la Soledad de los Pobres, ese año sin tercios sino con los sudarios representando a las distintas agrupaciones marrajas, y una sucesión de penitentes que portaban cruces. Será en 1960 cuando la procesión del Sábado Santo se conforme con la tradicional estructura de procesión, esto es, tercios música y trono, a la que se incorpora el grupo del “Santo amor” con la intención de darle consistencia a este cortejo47 . Respecto de la intitulación del grupo escultórico, cuenta Mas García que “todos estuvimos de acuerdo en cederle este honor al hermano José Bonmatí”, quien se apartó de la costumbre cartagenera de adjudicarle un nombre corto (ej. San Juan, Descendimiento, etc.), “proponiendo el entrañable “Santo Amor de San Juan en la Soledad de la Virgen”, que fue unánimemente aceptado”48
Explica Jorquera del Valle el significado del grupo, donde el rostro de la Virgen “habla de tristeza, de dolor, de resignación. Ha superado en parte, ese momento de “ausencia”, de “no comprender aquello”
que tiene en el Descendimiento”. Sobre Santa María Magdalena, ésta “sigue el ritmo creador del artista y trueca el ademán de intentar recoger el cuerpo del Maestro, por el de “estar” más cerca de la Madre, y Juan, sabe, tal vez mejor que sus acompañantes, el motivo, el porqué de todo el drama. Y piensa, en ese gesto grave de su semblante, —que da la sensación de hombre cuajado al que hasta hace poco era sólo un adolescente—, en la gran importancia de la misión que, desde hace unas horas, acaba de asumir”49 . Así, la lectura del grupo es fácil de comprender si se sigue la mirada de las tres imágenes que convergen en un mismo punto, el del cuerpo del Cristo Yacente. Capuz, pleno conocedor -y autor principal- del discurso marrajo del Santo Entierro, concibió en su visión totalizadora de la procesión, un grupo para ir situado tras el Yacente50. Y para ello el artista huyó de la artificiosidad del barroco para definir los rostros, que ganan en expresividad. En Capuz también hay que fijarse en el vigor del tratamiento de los paños, donde están marcadas las herramientas utilizadas para devastar la madera, y la geometría de unos pliegues duros cuyas hendiduras son capaces de transmitir un patetismo superior al de los rostros51 .
Considera López Martínez que con este grupo “Capuz completa su procesión marraja del Viernes Santo y confirma el mensaje del Descendimiento. Este novedoso
grupo escultórico vendría a ser una interpretación del tema denominado grupo de los llorosos, San Juan, La Virgen y la Magdalena, que podría formar un solo grupo con el Yacente dando lugar al tema iconográfico conocido como lamentación sobre Cristo Muerto. En la procesión marraja se conjugaban admirablemente ambos valores, el de solemnizar el Santo Sepulcro sin renunciar al grupo de los llorosos que, con la inclusión del Santo Amor de San Juan en la Soledad de la Virgen tras el Yacente, ponía una vez más de manifiesto la pluralidad y riqueza de sugerencias y lecturas de este cortejo”52. Hoy en día ese grupo de los llorosos participa en la procesión del Santo Entierro pero individualizados y por este orden Santa María Magdalena, San Juan Evangelista y la Santísima Virgen de la Soledad.
Para concluir este apartado, se recoge la consideración de Jorquera del Valle sobre esta obra: “discutida, discutidísima que, no obstante, ello reúne originalidad atrevimiento y genio. Que continúa, como antes el Descendimiento, rompiendo moldes de imaginería y haciendo entrar un espíritu renovador en estas tallas de recia tradición católica española”53
En 1934 la agrupación nombró presidente honorario al Excmo. Sr. D. Miguel


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Maestre Zapata, quien, junto con cofrades como el hermano mayor Juan Antonio Gómez Quiles, costeó la construcción del actual trono de San Juan que según Jorquera del Valle, “es sin duda el modelo de mayor grandiosidad y más puro estilo cartagenero que poseen hoy nuestras Cofradías, y que se debe al artista Aladino Ferrer”54. El trono, tallado en madera de pino albar 55, se concluyó en 1935, destinado, en principio, para procesionar la imagen de Francisco Salzillo. En su ejecución colaboraron también los artesanos locales Santiago Monteverde y Rafael Baillo.
Mínguez Lasheras cuenta que Ferrer proyectaba sus obras “con refinada elegancia en el estilo, habiéndose hecho con una personalidad propia ejecutando sus creaciones tan delicadamente que daba con la madera tallada en forma de flor la suavidad y justeza de dibujo de la flor misma”. El trono fue considerado como una “obra perfecta”, donde su autor ejecutó un trabajo que, por sus atrevidas líneas y perfecta construcción, acreditaba que para esos menesteres no había que buscar fuera, preocupación que siempre había tenido la Cofradía Marraja56 . Sánchez Artés dice que “curiosamente este trono de planta rectangular se realizó buscando la belleza divina por lo que sus
dimensiones mantienen la proporción del número áureo, también conocido como “divina proporción” la cual se ha ido manteniendo hasta nuestros días”57
A lo largo de los años el trono ha sido objeto de reformas y ampliaciones, la más destacada en el año 1964, en la que intervino Gerardo Martínez Guerra ampliando el trono con el añadido de talla de la plataforma inferior, realizada por Rafael Terón, con relieves de imágenes de la Pasión realizadas en plata por el orfebre Vicente Segura sobre bocetos de Rafael Puch, y vuelto a dorar por el artista valenciano Enrique Carabal. Una nueva y considerable ampliación se realizó en 1992, cuando se reformó para ser vuelto a llevar por portapasos en la procesión del Santo Entierro; y donde se eliminó la última peana para añadir un primer cuerpo de madera vista, lacado en tono oscuro parecido a la caoba58. Participaron en esta reforma la Empresa Nacional Bazán, los Talleres de Andrés Martínez, los carpinteros Francisco Sarabia Albaladejo y Julio Sarabia Ros, y el escultor Manuel Feria del Rio59 . Con motivo de su restauración en el año 2003, el técnico de patrimonio Bernal Casanova, lo describió como representante del modelo clásico de trono de estilo cartagenero; conformado con esbelta peana de gran desarrollo vertical, concebida para realzar la imagen con el ornato de
flores y luminarias, sin por ello descuidar el trabajo de talla en madera dorada, que en este caso alcanza mayor exuberancia y atención al detalle de cuantos tronos responden actualmente a este modelo60. En el año 2004 se estrenó la peana superior, tallada en madera y dorada en pan de oro, realizada por el escultor Arturo Serra61 . Pocos años después, en 2011 el trono de Aladino fue profundamente reformado, fruto de un estudio hecho en 2008 por la Agrupación, que pretendía mejorar la distribución de los portapasos y el reparto de la carga que éstos han de soportar, incorporando una sexta vara. Estos cambios “hombros-rueda-hombros” son los que le han dado al trono su actual configuración estética, consistente en “un altar de madera dorada, sobre el que se sitúa el Titular, y este altar a su vez colocado sobre tres cajones rectangulares dispuestos de menor a mayor tamaño [de arriba para abajo]. Esta reforma también pretendía regresar a la composición original del trono desvirtuado por las sucesivas reformas a las que ha sido sometido, de manera que se vuelve a la configuración piramidal del típico trono cartagenero62. Aparte de la evidente mejora estética, otros aspectos prácticos de esta última reforma consistieron en que dos varas más aumentan el número de portapasos, distribuyéndolos mejor en función del reparto de cargas; también se logra una apreciable disminución


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de peso, y se gana tanto en iluminación como en la esbeltez del trono, despejando la visión de la imagen63 . De esta forma, cuenta Terry Andrés que “el Viernes Santo de 2012 se vio desfilar al trono de San Juan como nunca. Desde la reconversión de trono a ruedas a trono a hombros en 1992, han sido muchos los años buenos y muchos los años malos. Tantos unos como otros han requerido de los portapasos de San Juan un esfuerzo casi sobrehumano. Este esfuerzo se veía recompensado cuando todo salía bien, pero ese mismo esfuerzo desmoralizaba mucho cuando algo salía mal. Y es que han sido demasiados años sufriendo mucho para llegar a Santa María”64 .
Echando la vista atrás, el inicial cambio de hombros a ruedas fue causado por el inadecuado comportamiento de los porteadores profesionales del trono, que provocó que en 1958 se decidiera sacar el trono con ruedas. Mínguez Lasheras recuerda que “a pesar de haberse reforzado el trono ornamentalmente, pronto se echó de menos la cadencia de su desfile a hombros” por lo que en 1960 un grupo de sanjuanistas con Juan Pérez-Campos López al frente pidieron el regreso a hombros. A partir de 1961 se comenzó a elucubrar con la construcción de un nuevo trono de aluminio, compuesto por portapasos voluntarios, previendo que el trono de Aladino Ferrer, “mediante una pequeña reforma (supresión de cartelas superiores y peana alta, ensanchamiento de su base media y dorado de las tablas), podría servir” a tal efecto. Este proyecto fue aceptado por unanimidad, pero no se llevó a efecto65
Habrá que esperar al año 1984 para que se reactivara el retorno de San Juan a hombros, cuando los sanjuanistas unánimemente lo solicitaron a la Cofradía que aprobó el proyecto. De esta manera, en diciembre de 1984 se le encargó el trono a Juan Lorente Sánchez, que se estrenaría en la madrugada del Viernes Santo de 1985 en una primera fase de realización. El trono tiene reminiscencias del primiti-
vamente conocido debido a Francisco Requena66; y se realizó con tallas plateadas, previniéndose inicialmente iluminarlo de forma mixta, con cera y luz eléctrica, aunque finalmente se optó por la electricidad. La idea del proyecto fue de Ángel Joaquín García Bravo, encargándose de la estructura y electricidad Fulgencio Soto y Juan Cervantes, respectivamente67. El 4 de marzo de 1985 llegó a Cartagena, instalándolo en el pañol de cañones número 2 del Arsenal Militar, donde tuvo de vecino frente a frente el trono de San Pedro68 Para completar el cambio, era obligado constituir el grupo de caballeros portapasos, que se efectuó el día el 31 de enero de 1985, en el salón de convenciones del “Gran Hotel” de Cartagena. El doblete a hombros en las dos procesiones de Viernes Santo se realizará durante los años 1990 y 1991 con el trono de la Madrugada; y desde 1992 se saldrá en la procesión del Santo Entierro con el de Aladino Ferrer69 . Por último, el inicial trono del Santo Amor de San Juan se estrenó en 1953. Era de estilo cartagenero y fue realizado por la empresa Soto. Ya ha sido contada su polémica inauguración con dimisión incluida del hermano mayor, por lo que cuatro años después fue reformado totalmente añadiéndole un cartelaje nuevo obra de Aladino Ferrer70 .
López Martínez considera que la novedad de su lenguaje estético y la complejidad como obra de arte religioso fueron otros motivos no menos determinantes para la aceptación del grupo del Santo Amor. A esta incomprensión contribuyó su inadecuada presentación en la procesión, sobre un trono inacabado que no contribuía a la adecuada lectura de la obra. Tampoco benefició trasladar al Sábado Santo el grupo, fuera del contexto original para el que fue concebido. Por ello, la idea de un nuevo trono pensado exclusivamente para el grupo del Santo Amor ha sido una constante en la Agrupación. Pese a lo digno y elegante del trono originario, el deterioro en su conservación y el carácter poco excepcional de sus tallas, llevaron a la junta directiva de la Agrupación a elaborar un
proyecto de nuevo trono que fuese algo singular y pensado para este grupo, que realzase la concepción escultórica de Capuz y facilitase su comprensión71
Habrá que esperar hasta el año 2009 para que el grupo estrenase un nuevo trono. Se tuvo en cuenta el carácter predominantemente frontal del grupo escultórico, y que condicionó la estructura de este; así el trono presenta un ligero desnivel, progresivamente ascendente hacia el fondo, donde se sitúa el grupo, dejando un espacio vacío delante de las imágenes. Esta disposición inclinada de la parte superior permite la mejor visibilidad de las imágenes a la vez que favorece su visión frontal72
Con una peana de estas características, un grupo escultórico tan contemporáneo como el Santo Amor, se mostraba propicio para trasladar también a la talla del trono un lenguaje tan renovador como el que Capuz utilizó en sus imágenes73. Lo aquí narrado se le planteó al escultor Arturo Serra, cuya propuesta asumía el carácter barroco de los tronos cartageneros, que reinterpretó formalmente con unas claves estéticas contemporáneas74. Así pues, Serra recoge el módulo compositivo habitual para los tronos de grupos escultóricos en Cartagena, con doble peana, ocho cartelas, realizado en unos materiales habituales -madera tallada, pan de oro, vidrio, luz, flor- y con una combinación cromática de dorado sobre madera. Pero a la vista, el trono resulta nuevo y distinto en cuanto a su solución formal, al transformar Serra las tradicionales volutas barrocas doradas en retorcidas formas orgánicas, desarrollando hasta el infinito el juego de paños convulsos que Capuz utilizó como carácter expresivo de su imaginería. En la talla del nuevo trono son visibles grandes planos de madera, donde se aprecia claramente los golpes de gubia, en una continua torsión que no encuentra lugar para una sola línea recta, y que emula la desesperanza del momento de la pasión que escenifica el grupo75. También la luz, otro elemento fundamental en los tronos cartageneros, se singulariza por medio de unas tulipas únicas, todas diferentes,

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sopladas artesanalmente una a una en la Real Fábrica de Cristales de La Granja. Por último, el escultor sitúa al frente del trono, pero escorado en esa asimetría calculada de toda la composición, al águila de Patmos emergiendo de la madera como símbolo zoomorfo de la altura del Evangelio de San Juan y cuyas primeras palabras lleva agarradas76
Cuenta Mas García que, en la veintena del siglo XX, la manera de colocarse de los capirotes, su dudoso recogimiento y espíritu de penitencia, llenaría de estupor a cualquier hermano vara de nuestros tercios de hoy; pero aquel entonces esto era un dechado de perfección. Los penitentes, en gran número soldados de la guarnición, abandonaban el hachote a manos de los portacables en la puerta del primer café que cogían al paso; también era frecuente que arrojaran sus “dulces proyectiles” a los balcones, por lo que la autoridad tuvo que prohibirlo como medida de seguridad77
En esta situación, los jóvenes componentes de la Agrupación de San Juan Evangelista de la Cofradía Marraja implantaron su austera disciplina que comenzó por hacer voto de silencio durante la procesión y
que luego se amplió a la perfecta inmovilidad del penitente durante las paradas. La atención del sanjuanista, por encima del cansancio, se centrará en los hermanos que los dirigen; afirma Más García que “todo ello no se hace por pueril alarde de exhibicionista, sino como sacrificio que ofrendan a la mayor gloria de Dios Nuestro Señor, a través de su amado Discípulo”78
Recuerda García Soler que, hito importante en este itinerario de consecución de un cortejo ordenado de alumbrantes fue el presidente-alcalde Miguel Hernández Gómez, quien era “partidario acérrimo de los 33 penitentes en el tercio, con 30 alumbrantes dos borlas y el portaestandarte” estructura del tercio que, desde 1927, ya se configuraba como un “elemento más de la estética ordenada de paradas y arrancadas sincronizadas, y que Juan Pérez-Campos se encargó de perfeccionar hasta el límite”79
Para ello se crea “un sistema para que los penitentes inicien su marcha simultáneamente, y se detengan todos al mismo tiempo, resolviéndose cuantos inconvenientes provocan en la marcha la sujeción a los cables”. El ejemplo pronto cundió y ya en 1935 son varias las agrupaciones que se unen a este sistema80


Ortiz Martínez considera que el origen del orden pudo estar en la Cofradía de San Juan Evangelista, una hermandad de carácter infantil que existió en Cartagena entre 1910 y 1923, y que sacó su procesión en la tarde noche del Lunes Santo entre los años 1910 y 1919. Dice este historiador que el cortejo de 1915 era descrito por el diario “Eco de Cartagena” de esta forma, “cofrades liliputienses, graciosísimos, que apenas si podían marcar el paso, abrumados por los pocos años y el fastuoso ropaje”. Disuelta esta Cofradía infantil, con posterioridad existió relación entre sus miembros y los de la naciente Agrupación de San Juan Evangelista de la Cofradía Marraja, motivo probable por el que la influencia de los primeros llevara, consciente o inconscientemente, a que los sanjuanistas marrajos heredaran y perfeccionaran esta seña de identidad de nuestras procesiones81 . Tras el paréntesis de la Guerra Civil, el orden sanjuanista se retoma en 1941, Sánchez Artés recoge. una anécdota interesante del regreso del orden; así en la madrugada de Viernes Santo los sanjuanistas tuvieron que desenchufar los cables debido a una llovizna y el consiguiente peligro, lo que provocó que se unieran estas circunstancias propias del momento con el afán de hacerlo mejor que nadie, de superación, y que dio lugar a que el tercio marchara suelto, pero manteniendo el mismo orden, demostrando que de esa manera que se podía desfilar sin depender de los cables. Éste y no el mito militar es el origen del actual desfile de los tercios de penitentes en la Semana Santa de Cartagena82 . En definitiva, en la treintena del siglo XX los sanjuanistas marrajos crearon un sistema para que los penitentes inicien detengan la marcha todos al mismo tiempo. Son los fundadores del estilo disciplinado con el que desfilan hoy todas las agrupaciones83 . Contaba Jorquera del Valle las características de esta forma de andar. Los primeros años el estandarte carecía de borlas y por tanto de hermanos a ambos lados. Cuando creía que el tercio de delante estaba a suficiente distancia, para lo que había que vigilar las vueltas que al brazo llevaban los
portacables del tercio, se ponía en marcha. Segundos después, cuando ya todo el tercio se había dado cuenta de que el estandarte andaba, iniciaban el paso los dos primeros que así “tiraban” del resto de las filas, y ya estaban todos en movimiento. Dos o tres años más tarde, todos querían descubrir donde ensayaban los sanjuanistas marrajos, resultando infructuoso, “por la sencilla razón de que nosotros no ensayamos nunca”. También se instauró el sistema del “parón”, o sea, el de detenerse todo el tercio al bajar el estandarte, ya con los hermanos borlas en acción84
El “pináculo de la fama” del tercio, según el cronista Casal, se alcanzó en 1944, siendo presidente Hernández Gómez, al lograrse “la consecución más depurada de su estilo sanjuanista que tan radical transformación ha originado en nuestras procesiones de Semana Santa”85. Casal se remite a las informaciones publicadas por el diario “El Noticiero” de fechas 16-IV-1949 y 24-III-1951, sobre el paso de San Juan que “es acogido con aclamaciones en homenaje a ser los fundadores de este estilo disciplinado con el que desfilan hoy todas las Agrupaciones, en la nueva etapa iniciada por ellos”86 . Con los años, el desfile sanjuanista ha evolucionado con la llamada “salida sincronizada” convertida en “seña de identidad del desfile de los sanjuanistas marrajos”, por ser nuevamente la única Agrupación que ha añadido a sus peculiaridades en el desfile esta forma de arrancar. Cuenta Terry Andrés su improvisado origen allá por el año 1990 “cuando Sergio Pérez-Campos era sudarista y Juan Ignacio Fontcuberta Oliver era vara de música” y “la total compenetración entre ellos originó que Fontcuberta adivinara el momento en que el estandarte iba a arrancar y coordinó con la banda que ésta empezara a tocar la marcha en ese preciso momento”. Posteriormente, en el año 1998 se extendió también al trono esta peculiar salida. Esto lo facilitó el estreno de campana en vez de timbre, que permitía dar un toque seco en el compás adecuado, y que con el timbre hubiera sido imposible. El inconveniente inicial de esta salida era que siempre se arrancaba con el principio de la marcha,
y había que estar cortándola cada vez que el tercio paraba. La solución pasaba por que hubiera comunicación entre el trono y el sudario, con el conocimiento de ello del vara de música. Gracias a los radioteléfonos y los pinganillos y un buen tañido de campana que se oyera por el estandarte, la salida sincronizada evitaba tener que cortar las marchas; aunque para Terry Andrés, la salida más impresionante “sigue siendo la original de hacerlo cuando empieza la música”87 .
En el año 1900 la luz eléctrica se convirtió en la forma habitual de alumbrado de los tronos cartageneros, y en 1909 este sistema llegará a los hachotes. Los marrajos de San Juan estrenarían hachotes eléctricos en 1915, siendo su diseño de supina sencillez: “una caña de madera, un platillo de hojalata con un portalámparas y la bombilla”88 .
En 1930, siendo presidente Jacobo Sánchez Rosique, se estrenaron los hachotes en metal blanco que vinieron a sustituir a los de madera y hojalata descritos que usaron hasta entonces89. Y en 1947 se fabricó un vistoso juego de hachotes por Rafael Baillo, que fueron destinados exclusivamente para alumbrar al tercio en la procesión del Santo Entierro”90 .
Con la implantación de la Refinería de Petróleos en Cartagena allá por 1950, surge en la agrupación la idea de aplicar uno de los productos derivados del petróleo -el gas butano- como energía para la iluminación de los hachotes, y romper así con la dependencia de los cables eléctricos que dificultaban el desfile y deslucían las procesiones, pero sin prescindir de la profusión de luz, característica de la Semana Santa cartagenera. El hermano Luis Amante Duarte estudió el sistema previendo el mantenimiento del diseño de los hachotes que se venían empleando hasta ese momento. Para ello utilizó la propia caña del hachote como recipiente para el butano, sustituyendo la bombilla por el

Portada del diario ABC mostrando los hachotes de San Juan iluminados por primera vez con gas butano, se trataba de los antiguos hachotes de los años 20 modificados en los talleres Martínez Cebrián de la Calle del Parque (Fotografía: Abril de 1960, Sáez).
quemador y la camisa incandescente. Estas intervenciones se realizaron en “Talleres Martínez Cebrian”, sito en la calle del Parque de Cartagena, situando el “cuartel general” del invento en la sastrería Vilar91 .
Sánchez Artés refiere las numerosas gestiones e intentos que se realizaron hasta conseguir que, primero en 1959 con cuatro faroles, y luego en 1960 pudieran salir en procesión un juego de hachotes iluminados por gas butano. Todos los autores coinciden en que el alma mater del proyecto fue Luis Amante Duarte, marrajo sanjuanista y jefe de administración de Repsol en Cartagena92, quien tuvo la idea del empleo del gas butano, la gestionó y desarrolló. El resultado exitoso era fácil de observar por la luz tan blanca e intensa conseguida93
Como anécdota del año del estreno, José F. Londres recuerda que se citó al tercio para las últimas instrucciones en el reservado de la cafetería “Denver”, en la Puerta de Murcia. El vicepresidente Luis Amante, informó que, al suprimir los hachotes con luz eléctrica, iban a llevar otros de gas butano. Entretanto se personó en la reunión Pérez-Campos que llevaba algo envuelto en la gabardina y que resultó ser el nuevo hachote; lo encendieron y lo mostraron a los presentes, aconsejando no golpearlo

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Hachotes estrenados en 1964 (Fotografía: Archivo de la Agrupación)

Hachote de prismas de cristal, diseñado por D. Luis Amante Duarte, fabricados en la Casa Orrico de Valencia y estrenados en 1970, se utilizan en la procesión de la madrugada (Fotografía: Andrés Hernández)
al andar para no romper la camisa, que no tenía peligro alguno, y advirtiendo que, si se desfilaba dentro de las pautas habituales sanjuanistas, se marcaría una nueva pauta en las procesiones de Cartagena94 Desde entonces, la camisa ha sido el caballo de batalla que, junto con la delicadeza del penitente y las reformas y mejores técnicas o artísticas hechas a lo largo de los años, ha permitido diferenciar también la forma de iluminación sanjuanista del resto de agrupaciones95 .
Durante la procesión de la madrugada de 1960, recuerda J.F. Londres, al paso del tercio por “la Glorieta” de San Francisco, hubo bastantes cambios al pedir varios penitentes su sustitución porque “el butano les mareaba”; salvo algún caso au-

En 1973 se sustituyeron en la Procesión del Santo Entierro los cabezales de prismas, reservándolos para la Procesión del Encuentro, por tulipas de cristal, primero con forma de copa y, posteriormente, sobre 1980 - 1981, por las tulipas actuales (Fotografía: SAGA)

Hachotes del Santo Amor, iluminados a cera, que se usaron entre 1990 y 2000 (Fotografía: SAGA)

Hachotes actuales del Santo Amor iluminados a cera, estrenados en 2001, diseñados por José Luis Martínez González y fabricados en la Casa Martos de Málaga (Fotografía: Bressonts).
téntico a causa de una mala digestión o el nerviosismo propio del novato, se dio la casualidad de que los sustituidos momentáneamente para reanimarse, eran los mismos que, años anteriores -y sin butano-, también tenían que ser relevados96 .
A primeros de los años setenta varió la estética de los hachotes por las modificaciones hechas en el cabezal; la primera, poco tiempo después de empezar a utilizarse el butano, fue la sustitución del platillo por un porta-tulipas con el águila de Patmos

como motivo, y sobre éste unas elegantes tulipas en forma de copa de las que nacía a su vez un largo cilindro de cristal pyrex protegiendo las camisas. Y, más tarde, en el año 1969, en la procesión del Santo Entierro, se estrenaron nuevos hachotes diseñados por Amante y fabricados por la Casa Orrico de Valencia, cuyo porta-tulipas se conformaba por tres águilas fabricadas en bronce y un cabezal a base de prismas de cristal. Su elevado peso obligó durante unos años a utilizar los anteriores hachotes en la procesión de la madrugada, reservando estos nuevos con los prismas para la del Santo Entierro. Finalmente, en 1975 se resolvió el problema del sobrepeso fundiendo las águilas en aluminio. Entretanto, en 1973 se comenzó a utilizar el hachote de los “prismas” en la procesión de la madrugada, sustituyendo por la noche el cabezal por una tulipa de cristal97. Desde entonces, refiere Sánchez Artés, los hachotes apenas han variado su diseño, salvo las camisas que, al dejar de fabricarse con amianto a fines del siglo XX, provocaron un nuevo quebradero de cabeza. El problema quedó resuelto en 2005 por Santiago Andreu, quien trajo camisas de Austria, suministradas por la empresa americana “Coleman Inc.”, que obligó a sustituir los quemadores, los inyectores y los cristales de pirex98 .
En los hachotes utilizados por el tercio del Santo Amor, hasta 1989 se empleó también iluminación de gas butano, pero con un diseño más sencillo y liviano, sustituyendo el porta-tulipas con las águilas en aluminio por un platillo del que nacía una tulipa color caramelo. Con la conversión del tercio en femenino en 1990, y por las características de la procesión del Sábado, se prescindió de estos hachotes a butano, realizándose con cierta temporalidad unos nuevos iluminados con velas de cera, a cargo de José Sánchez Lázaro y Benito Pastor. Finalmente, en 2001, con motivo del 75 aniversario de la agrupación, se estrenaron los actuales, diseñados por José Luis Martínez González y fabricados por la Casa Martos de Málaga99

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Sobre el cambio de la electricidad al gas butano, Bonmatí Azorín, en un artículo publicado en “El Noticiero” en su número extraordinario de la Semana Santa de 1960, se refería a este cambio así: “Los sanjuanistas, hijos predilectos de la luz, como respondiendo a aquel «In ipso vita erat et vita erat lux hominum, et luz in tenebris lucet»100 y luego «Non erat ille lux, sed ut testimonium perhiberet de lumine. Erat lux vera quae iluminat omnem hominem»101 , quisieron liberarse de toda atadura del cable rígido que electrifica, pero ata y traba la procesión y buscan en el gas butano o en otra llama de la tierra, la luz y la libertad «La verdad os hará libres» dice el texto sagrado. Verdad, libertad y luz se confunden con el alma cristiana y el Divino Maestro dijo, con palabras que recogió cuidadosamente San Juan Evangelista: «¿No son doce las horas del día? Quien camina de día no tropieza porque ve la luz de este mundo: más quien camina de noche tropieza porque no hay luz en él»”102 .
La simbología del águila en el contexto de la Iglesia Católica tiene una significación que va más allá que la de simple ave. El águila sanjuanista se relaciona con la isla de Patmos, donde San Juan estuvo desterrado y aprovechó para escribir el libro del Apocalipsis. En su época, el águila estaba vinculada al valor, al poder y también de los representantes máximos de la divinidad tanto griega como romana. El Imperio Romano la utilizó como símbolo de su poderío militar, y de allí esta ave pasará a ser utilizada por la heráldica de reyes y emperadores. En el caso del águila de Patmos, hay que significarla junto con el contenido de los cinco escritos atribuidos a San Juan: el Evangelio, tres cartas y el Apocalipsis. Estos textos comparten la altura teológica de su contenido, en la visión más completa y global, como la que puede tener un águila abarcando con su vista un mayor territorio al sobrevolarlo; de ahí la importancia no sólo del símbolo sino de su correcta interpretación103 .
El origen del actual escudo de la agrupación, de 1952, también tiene su particular historia. Afirma Mas García que, tras la Guerra, estaba pendiente la remodelación del escudo para bordarlo sobre las nuevas capas, “teníamos en mente el proyecto de ir a una simbología más acorde con los modelos de la heráldica en lo que se refiere al águila del escudo”, y es que la representación zoomorfa que se venía utilizando no encajaba en la heráldica que empleaban las cofradías y órdenes como las de San Juan de Jerusalén, Malta, Calatrava, Santiago, etc. Al frecuentar Mas García la ciudad de Granada y el entorno de su Catedral decide tomar como “base de partida el escudo imperial de Carlos V, eliminando de su águila una cabeza para dejar la otra mirando hacia la derecha (según figuraba en nuestro primitivo emblema)”, también eliminó los atributos imperiales, el cetro y globo terráqueo, dejando libres las garras del rapaz para sujetar el pergamino con el texto inicial del Apocalipsis de San Juan”. Y que recurrió a su íntimo amigo Vicente Mustieles, que trabajaba como delineante en el Ayuntamiento mientras cursaba la licenciatura de Farmacia, para que le calcara en papel vegetal el boceto que acababa de aprobar la directiva de la Agrupación, y que “por error de transcripción se le atribuyó a él [Mustieles] la autoría del escudo cuando en realidad fue el resultado final del proceso relatado”104. Sin embargo, el hijo de Mustieles, Pedro Luis, entrevistado por García Soler para Prisma en 2017 atribuye a su padre la autoría del dibujo105 .
Empero lo anterior, en la revista Prisma de 2015, se reseña que “en el año 1952, Julio

Emblema actual, diseñado en 1952 por Julio Más y dibujado por Vicente Mustieles
Mas y Vicente Mustieles diseñan y dibujan el emblema de la Agrupación que todos conocemos en la actualidad”106, afirmación más acorde con las consideraciones hechas por Mas García respecto a la creación del actual escudo.
Una vez diseñado, el escudo se bordó en las capas de raso blanco estrenadas ese año de 1952, junto con los remates de las varas del tercio y un nuevo estandarte para la procesión del Santo Entierro, proyectado por Julio Mas García, diseñado por Agustín Wenceslao y bordado por Consuelo Escamez107 . Previamente, en 1934, siendo presidente David Nieto Martínez, los sanjuanistas encargaron la elaboración de un nuevo sudario para la procesión de la mañana, sufragado con los ingresos obtenidos por el grupo artístico dirigido por el entusiasta sanjuanista D. Antonio Vera García108. Este estandarte fue diseñado por Francisco Portela y se realizó en el obrador de bordado del Asilo de la Purísima Concepción (San Miguel), en plata y oro, fabricándose asimismo un varal para el mismo, cincelado en plata, por la “Casa Meneses”109. Por su época de confección el mismo fue bautizado como “el estandarte de la república”110 . En 1972 se estrenó un nuevo estandarte para la procesión del Santo Entierro, bordado sobre terciopelo encarnado por Anita Vivancos, bajo diseño de Rafael Puch. Con el sudario se estrenó también un nuevo varal, obra de Manuel Orrico111. Aprovechando la confección de este nuevo sudario, se retocó el “de la república” eliminándole completamente el motivo central del sudario, siendo sustituido por un emblema similar al del nuevo. Minguez Lashera considera que este cambio pudo estar motivado bien porque no gustase el águila inicial, bien por unificar la imagen institucional de la Agrupación, en congruencia con el escudo de las capas y el nuevo estandarte. Pero debido a la carencia de medios técnicos para reducir la escala, al águila que se borda en el sudario de 1935 se le eliminaron cinco plumas de la parte superior de cada ala, con la finalidad de que el nuevo bordado no se superpusiera a los motivos ya existentes. El sudario así reformado desfiló en la procesión de la Madrugada, entre 1972 y 2005112

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Sudario antiguo del viernes noche, estrenado en 1952 y realizado por Consuelo Escámez (Fotografía: Archivo de la Agrupación)

Modificación realizada al sudario actual de la madrugada en 2015, para incorporar el escudo actual, así es como desfila actualmente (Fotografía: Antonio Ballester)
En 2006 se estrenó un nuevo sudario para la Madrugada, realizándose una reproducción fiel del de 1935, acordando remitirse al motivo primario, es decir, restituyendo el águila original de 1935 y no el de 1972. La pieza es encargada a la bordadora Encarnita Bruna, pero el resultado final del águila no resultó del agrado de muchos sanjuanistas, por lo que tras Junta General de la agrupación de 13 de septiembre de 2014 otra vez se acuerda “sustituir el águila que actualmente aparece en el sudario de 2006 por el emblema de la Agrupación”, que se bordará ligeramente reducido en escala, para que pudieran ser bordadas todas sus plumas, lo que realizará también la citada bordadora113 .
Recoge Mínguez Lasheras que, en 1935 “el tercio ya no sacaba las primitivas capas de raso, vistiendo tanto en la procesión de la mañana como en la de la noche, sin éstas, y sólo con túnica y capuz blancos, y cordón de seda encarnado”114

Sudario actual del viernes noche, estrenado en 1972 y realizado por Anita Vivancos, según diseño de Rafael Puch (Fotografía: SAGA)

Modificación realizada al anterior sudario en los años 70, pretendiendo incorporar el emblema actual de la Agrupación en sustitución del anterior, desfiló así hasta 2005 y actualmente se conserva en perfecto estado en Bretau (Fotografía: SAGA)
Será tras la Contienda Civil, cuando se proyecte la reposición de las tradicionales capas rojas sanjuanistas, lo que presentó inicialmente dificultades, porque la industria textil catalana estaba en plena reestructuración en esas fechas, y aún no tenían en marcha la sección de tintado, por lo que sólo podían servir dicho tejido, pero en color blanco. Afirma Mas García que la Agrupación lo aceptó, y “provisionalmente” salieron con capas blancas en la noche del Viernes Santo, sin embargo, este color “ya no las abandonaríamos ante la magnífica imagen que nos ofreció”. De aquí parte el doble vestuario que desde entonces luce el tercio de San Juan, que no se debe “a un meditado proyecto, sino a la imposibilidad de conseguir raso rojo en aquel momento”115 . Será en 1950 cuando se vista nuevamente al tercio de capas de raso rojo para la procesión del Encuentro116
Sobre la situación del escudo en las capas blancas de la Agrupación —las de la mañana no lo llevan—, el mismo va bordado en el lado izquierdo, también las del Santo Amor, excepto en el juego de capas iniciales. El origen del bordado en el lado izquierdo arranca en la Edad Media, sobre el siglo XII, cuando surgen los escudos de armas para distinguir a los caballeros en el campo de batalla. Se denomina “escudo” porque, sobre estos objetos defensivos, se pintaban los emblemas elegidos por los caballeros. Y es que la heráldica sirve de ayuda para la identificación de las personas o de las pertenencias de éstas, que quedan así identificadas, al igual que las circunstancias o características de su portador. Al vivir en un mundo de diestros (aproximadamente el noventa por ciento de la población lo es), y portar las armas los caballeros sobre esta extremidad, los escudos sobre capas y ropajes se situaban sobre el lado izquierdo, tradición mantenida por las órdenes de caballería. La evolución del escudo los convierte en insignias familiares sobre las que se tiene derecho de herencia. Y, en cierta manera, la herencia de la ropa de caballero es en gran parte la de penitente, asemejándose y motivando el porqué de las capas sanjuanistas mantienen esta tradición de mostrar tan solo el escudo sobre el lado izquierdo de sus capas117 .
Sobre el año 1935 se estrena la marcha “San Juan”, una de las composiciones para desfile penitencial más queridas y conocidas en Cartagena, que los sanjuanistas -de ambas cofradías- la han adoptado como propia, dado su título. Dice Minguez Lasheras que fue escrita por Juan Victoria, aunque también se ha atribuido a Juan García. Según el compositor Torres Escribano, que afirmaba interpretarla conforme la escribió su autor, la marcha está actualmente mutilada en su parte central, sin saber por qué causa, manteniendo en la versión que se toca, normalmente, sólo la esencia de la melodía primitiva. Este mismo autor compuso en 1976 la marcha “El Discípulo Amado”, por una promesa hecha por Torres Escribano al sanjuanista Juan Pérez-Campos López118
A cuenta de la salida sincronizada, en 1991 José Vélez compuso la marcha “El Evangelista”,

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dedicada a la Cofradía de San Juan Evangelista de Calasparra; pero esta composición ha encajado a la perfección en el desfile de San Juan marrajo y con la salida simultánea que practican como unidad de todo el conjunto en procesión, tercio, banda y trono; dando así un paso más en la evolución del orden en nuestra Semana Santa119. Refiere Sánchez Artés que en 2015 “pudo hacerse por primera vez en la calle Sagasta y fue una experiencia fantástica” al iniciarse esta salida con el “crescendo” de la composición.
Cuenta Mínguez Lasheras que en la Semana Santa de 1935 acompañó a San Juan la banda de Infantería número 33 por la Madrugada y la de Torrevieja, en la procesión de la noche. Esta última seguiría desfilando con los sanjuanistas esporádicamente, hasta que a partir de las procesiones de 1966 ya lo haga de forma ininterrumpida hasta hoy120 Toro Carrasco, director de la banda torrevejense recuerda que la participación de la banda en las procesiones de Cartagena se remonta al año 1935, donde aparece recogida expresamente su participación en la “Cofradía de los Marrajos”. A partir de ese año se inicia una vinculación con la Agrupación de San Juan Evangelista que ha llegado hasta nuestros días; así esta banda pone el acompañamiento musical a los tercios sanjuanistas de las procesiones del Encuentro, del Santo Entierro y en la del Sábado Santo121. En 1985 la banda fue distinguida por la Agrupación como hermana de honor, y en 2002 la banda otorgó a la Agrupación su Escudo de Oro.
El papel de la mujer antes de 1936 fue destacado en la Agrupación, sin embargo, tras la Guerra Civil y el nuevo régimen quedó en un segundo plano122 . Habrá que esperar al año 1977, cuenta Mínguez Lasheras, para que los sanjuanistas realicen una cena homenaje a las esposas y novias de los penitentes, continuada después. Éstas en el año 1978 se interesaron por la creación de una Junta de Damas, pero la idea no se retoma hasta 1986, haciéndose realidad el 13 de junio de 1988, con el acto fundacional
de constitución de la Junta, que tiene lugar en el restaurante “Chamonix”, sito en la Puerta de Murcia, nombrándose vicepresidenta a María José Rodero Paterna, Entre los cometidos de esta Junta, está la preparación de los actos anuales conmemorativos de la festividad de San Juan Evangelista, costumbre iniciada el 27 de diciembre de 1940, con una misa cantada123. Será también por intervención de esta Junta la creación, en 1989 de la distinción anual de “Palma de Oro”124, que ese primer año “se entregó a francisco Martínez Candell125 . Pero, dice Mínguez Lasheras, “La auténtica feminización de la Agrupación llega en 1989, cuando el 4 de marzo se convierte en tercio femenino el correspondiente al Santo Amor de San Juan, empresa en la que ponen su empeño y dedicación Fabián Martínez Juárez, Miguel Fernández Albaladejo y José Sánchez Lázaro”126. Recuerda Martínez Juarez que éste “no era un proyecto femenino sino un proyecto de Agrupación”127 Dice Vitaller Prieto, que a partir de 1989 el tercio que había sido la cantera del titular, se hace


femenino, saliendo por primera vez el Sábado Santo 14 de abril de 1990, “vistiendo todo el vestuario de estreno: capas blancas bordadas con el emblema del águila y la cruz de Malta diseñada por Mustieles, cíngulos y sandalias negras al igual que el sudario, obra de la bordadora Fuensanta Jiménez sobre dibujo de Rafael Puch128
Recuerda José Luis Martínez González que la creación del tercio femenino supuso la ruptura de muchos de los esquemas de la Agrupación, como por ejemplo los ensayos o que inicialmente se pusieran los bordados en las capas a ambos lados que en San Juan siempre lo hemos llevado en el lado izquierdo o la inclusión de monaguillas. En 2017, el tercio estrenó nuevo vestuario, y con éste se completó el proyecto de reforma de vestuarios que se inició con los cambios en el Reglamento de la Agrupación en 2014129; la importancia de la reseña está en que también las capas del Santo Amor se bordan ahora con el escudo únicamente en el lado izquierdo, como es tradicional en una Agrupación cuyos valores tras cien años se mantienen fieles a su esencia.
Y para terminar, qué mejor que hacerlo con el resumen que el hermano José Medrano130, realiza de las señas de identidad sanjuanistas, entre las que se destacan que su desfile empieza en el estandarte y acaba en el trono; que todos se mueven como una unidad, lo que redunda en beneficio de toda la procesión; que comienzan a andar con dos pasos cortitos y dan las curvas en arco; que el bordado sólo lo aprecia el público situado a la izquierda de la procesión; que sólo llevan dos hermanos vara que, cuando no tienen cometidos, desfilan al final como dos penitentes más; que sus vestuarios son sobrios, porque la riqueza va encima del trono; que no les gustan las pilas, sino el gas butano; que salen donde los ponen y, por supuesto apechugan cuando se equivocan. Vale.
Miguel Fernández Gómez
Comisario Cronista de la Cofradía Marraja

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NOTAS AL FINAL
1. Redacción: “Fundación de las Agrupaciones: San Juan Evangelista”, Ecos Nazareno, 3, (1982) pg. 11.
2. López Martínez, José Francisco: Configuración estética de las procesiones de Cartagena. Cartagena, Real e Ilustre Cofradía de N. P. Jesús Nazareno (Marrajos), 1995, pg. 52; o Victoria Moreno, Diego: “Las Cofradías de Cartagena durante el siglo XX”, en Las Cofradías Pasionarias de Cartagena, t. II. Cartagena, Asamblea Regional de Murcia, 1991, pg. 418-424, entre otros.
3. López Martínez, José Francisco: Configuración estética…, pg. 67.
4. Victoria Moreno, Diego: op. cit., pg. 476.
5. Hernández Albaladejo, Elías: José Capuz: un escultor para la Cofradía Marraja. Cartagena, Real e Ilustre Cofradía de N. P. Jesús Nazareno (Marrajos), 1996. pp. 21-24; López Martínez, José Francisco: Configuración estética…, pp. 7, 30, 48; y Pérez Rojas, Francisco Javier: “José Capuz: la modernidad figurada”, Ecos del Nazareno, 44 (2023), pp. 61-62.
6. Centeno González, Enrique: “La procesión marraja, una antología de la mejor escultura del siglo XX”, Ecos del Nazareno, 26 (2005), pg.24.
7. Hernández Albaladejo, Elías: José Capuz…, pp. 50-55; López Martínez, José Francisco: Configuración estética…, pg. 68; y Pérez Rojas, Francisco Javier: José Capuz…, pg. 62.
8. Centeno González, Enrique: op. cit., pp. 24-29.
9. Bastida Martínez, Domingo: El Nazareno y el Discípulo Amado, 1926-2001, 75 aniversario Agrupación San Juan Evangelista (Marrajos), Cartagena (2001), pg. 71.
10. Minguez Lasheras, Francisco: Ser Sanjuanista, 19262001, en 75 aniversario Agrupación San Juan Evangelista (Marrajos), Cartagena (2001), pg. 23.
11. Mínguez Lasheras, Francisco: Águilas Marrajas, Cartagena, Gráficas F. Gómez, 1992, pg. 12.
12. Mínguez Lasheras, Francisco: Águilas Marrajas…, pg. 12.
13. Mínguez Lasheras, Francisco: Águilas Marrajas…, pg. 13.
14. [Nota del autor], denominación cartagenera del dulce conocido como “mona de pascua”.
15. Mínguez Lasheras, Francisco: Águilas Marrajas…, pg. 21.
16. Casal, Federico: “Historial de la Agrupación de San Juan Evangelista, de la Real e Ilustre Cofradía de N. P. Jesús Nazareno”, Ecos del Nazareno, 2 (1982),pag. 7-8.
17. [Nota del autor], en concreto cito con su permiso a José Luis Martínez González, hijo de uno de los fundadores, Francisco Martínez Candell.
18. Muñoz-Delgado, Juan: «Recuerdos Sanjuanistas de nuestro hermano mayor”, Anales de la Agrupación de San Juan Evangelista de la Real e Ilustre Cofradía de N. P. Jesús Nazareno (Marrajos), (1953), pp. 51-52.
19. Redacción: Fundación…, pg. 11.
20. Redacción: Fundación…, pg. 11.
21. Redacción: Fundación…, pg. 11.
22. López Paredes, Manuel: «¿Lo sabía usted?»: Agrupación de San Juan Evangelista (Marrajos). Cincuentenario 1926-1976, Cartagena», Edita: la Agrupación, (1976), pg. 13.

23. Jorquera del Valle, Juan: “El San Juan Marrajo”: Agrupación de San Juan Evangelista (Marrajos). Cincuentenario 1926-1976, Cartagena”, Edita: la Agrupación, (1976), pg. 20.
24. Jorquera del Valle, Juan: “José Capuz y su “regreso del Calvario”, Santo Amor de San Juan, Edita: Agrupación de San Juan (Marrajos), (1977), pg. 46.
25. Hernández Gómez, Miguel: “Querido Presidente:”, Agrupación de San Juan Evangelista (Marrajos); Cartagena, 1984, Edita: Agrupación de San Juan Evangelista (Marrajos), (1984), pg. 14.
26. Mínguez Lasheras, Francisco: Águilas Marrajas…, pg. 22.
27. López Martínez, José Francisco: “Aproximación a la iconografía pasionaria de San Juan”, Ecos del Nazareno, pg. 12.
28. López Martínez, José Francisco: Aproximación a la iconografía…, pg. 12.
29. López Martínez, José Francisco: Aproximación a la iconografía…, pg. 12.
30. Casal, Federico: Historial…, pg. 7-8.
31. Mínguez Lasheras, Francisco: Águilas Marrajas…, pp. 29-30.
32. Redacción: Fundación…, pg. 11.
33. Mármol Pérez, Gregorio: El corto viaje del Evangelista de Rigal, 1926-2001, 75 aniversario Agrupación San Juan Evangelista (Marrajos), Cartagena (2001), pg. 91-92.
34. Mínguez Lasheras, Francisco: Águilas Marrajas…, pg. 32.
35. Hernández Albaladejo, Elías: José Capuz: un escultor para la Cofradía Marraja. Cartagena, Real e Ilustre Cofradía de N. P. Jesús Nazareno (Marrajos), 1996. pp. 61-63; y López Martínez, José Francisco: Configuración estética de las procesiones de Cartagena. Cartagena, Real e Ilustre Cofradía de N. P. Jesús Nazareno (Marrajos), 1995, pg. 47.
36. López Martínez, José Francisco: “El San Juan de Capuz, una imagen procesional del siglo II”, Ecos del Nazareno, 2015, pp. 28-29.
37. López Martínez, José Francisco: El San Juan de Capuz…, pg. 29. [la correspondencia ha sido sacada de este artículo].
38. Pérez Madrid, Antonio: “San Juan Marrajo, Luz y Audacia”, Agrupación San Juan Evangelista (Marrajos), Cartagena, (1984), Edita: Agrupación de San Juan Evangelista (Marrajos), (1984)
39. López Martínez, José Francisco: El San Juan de Capuz…, pg. 29.
40. Hernández Albaladejo, Elías: José Capuz: un escultor para la Cofradía Marraja, Cartagena, 1996, pg. 83.
41. López Martínez, José Francisco: El San Juan de Capuz…, pg. 30.
42. López Martínez, José Francisco: El San Juan de Capuz…, pg. 31.
43. López Martínez, José Francisco: El San Juan de Capuz…, pp. 31-32.
44. López Martínez, José Francisco: El San Juan de Capuz…, pg. 32.
45. Mínguez Lasheras, Francisco: Águilas Marrajas…, pg. 38.
46. Alcaraz Peragón, Agustín “El devenir del grupo del Santo Amor y el Sábado Santo”, Prisma, núm. 3 (2007), pg. 9.
47. Alcaraz Peragón, Agustín: El devenir…, pg. 10.
48. Redacción: Entrevista a Julio Mas…, pg. 21.
49. Jorquera del Valle, Juan: “José Capuz y…, pg. 47.
50. Vitaller Prieto, Luis, “Breves apuntes sobre el grupo escultórico “El Santo Amor de San Juan en la Soledad de María”, Ecos del Nazareno, 2002, pg. 12..
51. Vitaller Prieto, Luis: Breves apuntes…, pg. 12.
52. López Martínez, José Francisco: La Pasión según San Juan, 1926-2001, 75 aniversario Agrupación San Juan Evangelista (Marrajos), Cartagena (2001), pg. 45.
53. Jorquera del Valle, Juan: “José Capuz y…, pg. 48.
54. Casal, Federico: Historial…, pp. XX.
55. Ortiz Martínez, Diego: “Aladino Ferrer, tallista y marrajo. Su producción artística anterior a la Guerra Civil”, Ecos del Nazareno núm. XX, (2012), pg. 16.
56. Mínguez Lasheras, Francisco: Águilas Marrajas…, pg. 29.
57. Sánchez Artés, José: “El trono de San Juan”, Prisma, núm. 3, pg. 22.
58. Sánchez Artés, José: El trono…, pg. 22.
59. Mínguez Lasheras, Francisco: Águilas Marrajas…, pg. 59.
60. Bernal Casanova, Javier: “Restauración del trono de San Juan de la Cofradía Marraja de Cartagena”, Ecos del Nazareno, 2003, pp. 15-16.
61. Sánchez Artés, José: El trono…, pg. 23.
62. López Martínez, José Francisco; Sánchez Artés, José: “Reforma del trono de San Juan”, Prisma núm. 7, (2011), pp. 22-23.
63. López Martínez, José Francisco; Sánchez Artés, José: Reforma del trono…, pg. 26.
64. Terry Andrés, Ernesto: “El desfile del “nuevo” trono”, Prisma núm. 9, (2013), pg. 24.
65. Mínguez Lasheras, Francisco: Águilas Marrajas…, pg. 58. Información sacada del libro de actas de la Agrupación.
66. Redacción: “Memoria fundacional del Grupo de Caballeros Portapasos”, Prisma núm. 5, (2009), pg. 39.
67. Mínguez Lasheras, Francisco: Águilas Marrajas…, pg. 59.

68. Redacción: Memoria fundacional…, pg. 41.
69. Mínguez Lasheras, Francisco: Águilas Marrajas…, pg. 59.
70. Vitaller Prieto, Luis: Breves apuntes…, pg. 13.
71. López Martínez, José Francisco: “El nuevo trono del escultor Arturo Serra para el grupo del Santo Amor de San Juan en la Soledad de la Virgen”, Ecos del Nazareno, 2009, pg. 12.
72. López Martínez, José Francisco: El nuevo trono…, pg. 12.
73. López Martínez, José Francisco: El nuevo trono…, pp. 12-13.
74. López Martínez, José Francisco: El nuevo trono…, pg. 13.
75. López Martínez, José Francisco: El nuevo trono…, pp. 13-14.
76. López Martínez, José Francisco: El nuevo trono…, pg. 14.
77. Mas García, Julio: “Breve historial de un estilo”, Bodas de Plata de la Agrupación de San Juan Evangelista, Real e Ilustre Cofradía de N. P. Jesús Nazareno (Marrajos), Edita imprenta Gómez, (1952), pp. 20-21.
78. Mas García, Julio: Breve historial…, pp. 20-21.
79. García Soler, José Enrique: “Una teoría de movimientos sincronizados”, Prisma núm. 11 (2015), pp. 32-33.
80. Mas García, Julio: Breve historial…, pp. 20-21.
81. Ortiz Martínez, Diego: “El orden en las procesiones, cosa de sanjuanistas”, Prisma núm. 13, (2017), pg. 13-15.
82. Sánchez Artés José: Los hachotes…, pg. 7.
83. Mínguez Lasheras, Francisco: Águilas Marrajas…, pg. 27.
84. Jorquera del Valle, Juan: El San Juan Marrajo…, pp. 22-23.
85. Casal, Federico: Historial…, pg. 7-8.
86. Casal, Federico: Historial…, pg. 7-8.
87. Terry Andrés, Ernesto: “Nuestra salida sincronizada”, Prisma, núm. 11, (2015).
88. Sánchez Artés José: “Los hachotes de San Juan”, Prisma, núm. 4, (2008), pg. 6.
89. Casal, Federico: Historial…, pg. 7-8.
90. Mínguez Lasheras, Francisco: Águilas Marrajas…, pg. 43.
91. Sánchez Artés, José: Aspectos técnicos…, pp. 23-24.
92. Sánchez Artés, José: “Aspectos técnicos de los hachotes de butano sanjuanistas”, Ecos del Nazareno, 2009, pg. 22.
93. Sánchez Artés José: Los hachotes…, pg. 8.
94. Londres, José Francisco: “Apuntes de un año singular”, Agrupación de San Juan Evangelista (Marrajos); Cartagena, 1984, Edita: Agrupación de San Juan Evangelista (Marrajos), (1984), pg. 12.
95. Amante Duarte, Luis: “¡Y se hizo el milagro! La aventura del butano, 1926-2001”, en 75 aniversario Agrupación San Juan Evangelista (Marrajos), Cartagena (2001), pp. 82-83.
96. Londres, José Francisco: Apuntes de un año…, pg. 12.
97. Sánchez Artés José: Los hachotes…, pg. 10.
98. Sánchez Artés José: Los hachotes…, pg. 8.
99. Sánchez Artés José: Los hachotes…, pg. 10.
100. «En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres; y la luz brilla en las tinieblas» (Jn 1, 4-5);
101. «Él no era la luz, sino que vino para dar testimonio de la luz. Era la luz verdadera, la que ilumina a todo hombre» (Jn 1, 8-9).
102. Bonmati Azorín, Casimiro: «la pasión de la luz», en «50 años de hachotes con luz autónoma», Ecos del Nazareno, 2009, pg. 21.
103. Alcaraz Peragón, Agustín: “El águila, más que un símbolo”, Prisma, núm. 16, (2020) pg. 27-28.
104. Redacción: “Entrevista a Julio Mas García”, Prisma, núm. 3 (2007), pp. 18-19.
105. García Soler, José Enrique: “Vicente Mustieles Morales, El hombre que dio vida al águila sanjuanista”, Prisma núm. 13, (2017), pg. 36-39.
106. Redacción: Los estandartes…, pg. 18.
107. García Soler, José Enrique: “Vicente Mustieles Morales, El hombre que dio vida al águila sanjuanista”, Prisma núm. 13, (2017), pg. 36-39.
108. Casal, Federico: Historial…, pg. 12.
109. Mínguez Lasheras, Francisco: Águilas Marrajas…, pg. 29.
110. Redacción: “Los estandartes de la madrugada”, Prisma núm. 11, (2015), pg. 18.
111. Mínguez Lasheras, Francisco: Águilas Marrajas…, pg. 44.
112. Redacción: Los estandartes…, pg. 19.
113. Redacción: Los estandartes…, pg. 19.
114. Mínguez Lasheras, Francisco: Águilas Marrajas…, pg. 29.
115. Redacción: “Entrevista a Julio Mas García”, Prisma, núm. 3 (2007), pg. 18.
116. Casal, Federico: Historial…, pg. 12.
117. Martínez García, Pedro A.: “De por qué el escudo en el lado izquierdo de la capa”, Prisma, núm. 11 (2015), pg. 26-31.
118. Mínguez Lasheras, Francisco: Águilas Marrajas…, pg. 34.
119. Sánchez Artéz, José: “El Evangelista”, Prisma, núm. 20 (2025), pg. 27-29.
120. Mínguez Lasheras, Francisco: Águilas Marrajas…, pg. 33.
121. Toro Carrasco, José Miguel: “Medio siglo de música procesional”, Prisma núm. 12, (2016), pg. 34-36.
122. Redacción: “25 años de “santoamor”, Prisma núm. 10, (2014), pg. 9.
123. Redacción: 25 años…, pg. 14.
124. Mínguez Lasheras, Francisco: Águilas Marrajas…, pg. 61-62
125. Redacción: 25 años…, pg. 10.
126. Mínguez Lasheras, Francisco: Águilas Marrajas…, pg. 62.
127. Redacción: 25 años…, pg. 13.
128. Vitaller Prieto, Luis: Breves apuntes…, pg. 13.
129. Martínez García, Pedro Antonio: “Nuevo vestuario del tercio del Santo Amor de San Juan en la Soledad de la Virgen”, Prisma, núm. 14, (2018).
130. Medrano, José: “Las señas de identidad Sanjuanistas”, Prisma, núm. 15, (2019), pg. 15.





Este año 2025 ha sido un momento histórico y profundamente emotivo para la Real e Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Resucitado de Cartagena, año que quedará señalado de manera especial en nuestra historia al conmemorar ochenta años desde la primera procesión que salió del dintel de Santa María como Cofradía del Resucitado, que vio la luz en 1945 y que desde entonces se ha convertido en un solemne testimonio de fe, esperanza, relevo generacional y júbilo pascual.
La celebración de este 80º aniversario ha reunido a cofrades, familias y fieles en torno a una serie de actos religiosos, culturales y procesionales que han reafirmado nuestra devoción y el valor de la tradición que han supuesto poner en valor nuestra historia y reforzar los lazos que unen a la familia resucitada. Los cultos comenzaron con la eucaristía de Cumplimiento Pascual en la iglesia de Santa María de Gracia, continuaron con la exaltación en honor a Nuestro Padre Jesús Resucitado excelentemente pronunciada por D. Joaquín Bernal Ganga y la presentación de la marcha conmemorativa “Dies Triunfalis”, compuesta por el músico y compositor D. Jesús Añó Martínez e interpretada por la Unión Musical Cartagonova, creada especialmente para esta efeméride.
El punto culminante fue la Procesión Extraordinaria del 31 de mayo, que recuperó parte del itinerario original de 1945 y llenó de emoción las calles del centro histórico de Cartagena. La imagen de Nuestro Padre Jesús Resucitado, acompañado por penitentes, angelitos, heraldos, músicos y portapasos, recorrió con solemnidad plazas y vías emblemáticas, reforzando un legado de fe viva y comunidad cofrade que nos hizo revivir el espíritu fundacional y acercar nuevamente nuestra devoción a las calles de Cartagena.
De manera especialmente significativa, la Cofradía ha participado en la Procesión Magna Jubilar, organizada por la Diócesis de Cartagena
con motivo del Año de la Esperanza, una convocatoria de profundo calado espiritual y eclesial que reunió a numerosas hermandades y cofradías de la diócesis en un testimonio común de fe. La presencia de Nuestro Padre Jesús Resucitado en este magno acontecimiento supuso no solo un honor para nuestra Cofradía, sino también una oportunidad para proclamar, en comunión con la Iglesia diocesana, el mensaje central de la Resurrección como fuente inagotable de esperanza para el mundo.
La Resurrección de Cristo, piedra angular de nuestra fe, trasciende como mensaje de esperanza en cada latido de nuestra Cofradía. No se trata únicamente de rememorar un hecho pasado, sino de proclamar con alegría que la Vida vence a la muerte, la luz disipa las sombras y la esperanza renace cada Domingo de Resurrección. Esta verdad fundamental nos impulsa a caminar juntos, a sostenernos unos a otros y a transmitir con generosidad el testimonio de una fe que mira siempre hacia adelante.
Celebrar ochenta años de historia no es únicamente mirar al pasado con legítimo orgullo, sino renovar el compromiso de seguir transmitiendo este legado a las generaciones venideras.
Que este aniversario nos impulse a continuar trabajando con responsabilidad, unidad y fidelidad, para que la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Resucitado siga siendo, hoy y siempre, un signo visible de esperanza para Cartagena y para toda la Iglesia y que nos recuerde que, aun cuando el camino sea arduo, la Resurrección es siempre un horizonte de vida plena y de alegría compartida.
Marién García Boj
Hermana Mayor de la Real e Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Resucitado.

COFRADÍA DE NUESTRO PADRE JESÚS RESUCITADO

Queridos cofrades, a través de estas líneas y como Capellán de la Real e Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Resucitado, me dirijo a todos vosotros por primera vez. Mi intención es la de ser luz para todos aquellos que sacáis a las calles de Cartagena la gran Catequesis sobre la Pasión, Muerte y Resurrección.
El Santo Padre, el Papa León XIV nos decía en el inicio de su pontificado, el 18 de mayo de 2025, estas palabras: “ Hermanos, hermanas, ¡esta es la hora del amor! La caridad de Dios, que nos hace hermanos entre nosotros, es el corazón del Evangelio. Con mi predecesor León XIII, hoy podemos preguntarnos: si esta caridad prevaleciera en el mundo, «¿no parece que acabaría por extinguirse bien pronto toda lucha allí donde ella entrara en vigor en la sociedad civil?» (Carta enc. Rerum novarum, 20).
Con la luz y la fuerza del Espíritu Santo, construyamos una Iglesia fundada en el amor de Dios y signo de unidad, una Iglesia misionera, que abre los brazos al mundo, que anuncia la Palabra, que se deja cuestionar por la historia, y que se convierte en fermento de concordia para la humanidad”.
Creo que esto que nos dice el Santo Padre es la razón de existir de todo cristiano y toda persona. Por eso lo que celebramos en la Semana Santa es la mayor expresión del amor de Dios. Cristo da su vida por amor al Padre y por nosotros, sus hijos.
Si seguimos a Cristo y lo sacamos a las calles en las procesiones, por delante de todo eso ha de estar el amor.
San Agustín nos decía: “Ama y haz lo que quieras” y “La medida del amor es amar sin medida”.
Que la medida con que midamos en esta vida sea la medida de Jesucristo, “que pasó su vida haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal” Hch 10, 38.
Pero no un amor en minúsculas, sino un amor en mayúsculas y veraz. Un amor comprometido con el prójimo, amor que sabe perdonar, acoger, disculpar, un amor que se dona por entero sin esperar nada a cambio, solo la promesa de su salvación.
El Domingo de Ramos proclamamos a Jesús diciéndole: ¡¡Hosanna al Hijo de David!! ¡¡Bendito el que viene en nombre del Señor!!
En el Santo Triduo Pascual recordamos que Cristo muriendo destruyó la muerte y resucitando restauró la vida.
El Jueves Santo, con la institución de la Eucaristía nos regala su Cuerpo y Sangre, como alimento de vida eterna. Nos da un mandamiento nuevo, el AMOR.
El Viernes Santo miramos al que traspasaron, vemos a Cristo muerto en la Cruz perdonando al buen ladrón, dice: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” y nos entrega a su madre como heredad. TODO POR AMOR.
Pero la mayor expresión del amor del Señor es Resucitar para que tengamos vida y vida en abundancia.
Cristo vive y el dolor, el luto y la tristeza se tornan en gozo, esperanza y júbilo. Su Resurrección llena de alegría el mundo entero. No podemos quedarnos en el calvario o en el sepulcro. Hemos de salir corriendo y comunicar a los hermanos que el Señor ha vencido a la muerte, ha resucitado para nuestro bien.
Y por todo esto, “damos gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia”. “Este es el día que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo”.
Dios se nos muestra propicio en su Hijo muerto y resucitado, y eso nos da fuerza para seguir anunciando la gran noticia de la Salvación, que nos regala el que ha vencido a la muerte.
Seamos los mejores testigos de la luz y belleza de la Pascua. El bien, el perdón, la alegría y la justicia que nos trae Cristo Resucitado, afiancen nuestra fe en Dios.
Que el Cristo del Socorro, el Cristo del Prendimiento, el Jesús con la cruz a cuestas y el Señor Resucitado; junto con la Soledad del Consuelo, la Virgen del Primer dolor, la Soledad y la Virgen de Amor hermoso, nos ayuden a poner el Amor de Dios en todo, y así nuestro mundo cambiará.
Que Dios os bendiga a todos.


Jesús Gonzalo Conesa Rosique. Capellán de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Resucitado


COFRADÍA DE NUESTRO PADRE JESÚS RESUCITADO


Si preguntásemos a cualquier persona qué elementos son los que le evocan el concepto de Resurrección, una gran mayoría diría que la imagen de un Cristo que se eleva, casi levitando, victorioso y con un poder místico que irradia la luz del triunfo sobre la muerte.
Y sí, bien es cierto que esta iconografía, en contraposición a la de un yacente, un crucificado o un nazareno, es la que directamente nos lleva a la idea de Resurrección. Pero, ¿realmente es este el único motivo que nos anuncia la Resurrección?
A lo largo de los siglos, los símbolos han ido evolucionando, apareciendo y cayendo en desuso alternativamente en función de cada momento histórico y de muchos otros condicionantes. Así pues, si nos remontamos al arte paleocristiano, no encontraremos la imagen de Jesús resucitando como tal. Por aquel entonces se aludía a este concepto a través de pasajes bíblicos como el de Daniel en el foso de los leones o Jonás y la ballena. El arte era eminentemente simbólico, evocativo y alegórico, priorizando el mensaje teológico. Para las representaciones cristianas más antiguas la cruz no era un signo de tortura, ni se subrayaba el tema del sacrificio, sino la liberación de la muerte y la promesa de segunda venida.
Para dar cabida a todas estas enseñanzas, numerosos temas cotidianos en el mundo pagano fueron configurándose como símbolos mediante los cuales dar a entender una idea propia del cristianismo, y poco a poco, estos signos fueron calando en el ideario colectivo para expresar pasajes bíblicos. En este sentido fueron de especial relevancia textos como el Physiologus que fue la base de los bestiarios medievales y así, la pedagogía a través de los signos se convirtió en una constante para el fiel. De hecho, una característica básica de la Biblia es el uso del lenguaje simbólico. El Ave Fénix que resurge de sus cenizas; la corona de laurel rodeando el Crismón; el pelícano que se picotea el pecho para alimentar con su sangre a sus crías como símbolo de vida nueva a través del sacrificio; el león que rugiendo insufla vida a los tres días de su nacimiento a los cachorros que nacieron muertos; el pavo real que renueva cada año las plumas y cuya carne no se descompone como símbolo de inmortalidad... Y podríamos nombrar muchos más ejemplos teniendo todos ellos un denominador común: la victoria frente a la muerte, la Resurrección.

COFRADÍA
Con el paso de los años, los temas paganos que se habían utilizado para explicar con ejemplos sencillos y cercanos el concepto de Resurrección, eran ahora temas que difícilmente podían verse bajo un prisma que no fuera el religioso y empiezan a darse otros motivos iconográficos. Así, empezaremos a ver representaciones que muestran el momento en que Cristo vuelve a la vida, poniendo el foco no en el cuerpo saliendo de la tumba, sino en la evidencia del sepulcro vacío. Las variantes son numerosas (Cristo fuera de la tumba, la tumba abierta, la tumba sellada, Cristo con un pie sobre la losa...) y no será hasta la Contrarreforma cuando se fije la idea de Jesús ante el sepulcro, pero con la tumba sellada. Esta manera de mostrar el pasaje bíblico conecta directamente con la Encarnación de Jesús, que al igual que salió del vientre virginal de María, sale ahora de un sepulcro cerrado.


También se representará con frecuencia el tema de la Anastasis, donde un Cristo glorioso, rompe las puertas del Hades y las pisa, toma de la mano a Adán y a Eva y los levanta de sus tumbas, simbolizando así la victoria sobre la oscuridad, la liberación de las almas cautivas y la redención de toda la humanidad.
Y podríamos seguir hablando de cómo se ha representado la Resurrección a lo largo de la historia hasta llegar a nuestros días con obras tan rompedoras como la de Fazzini para la Sala de audiencias Pablo VI del Vaticano. La idea se centra en el huerto de Getsemaní mientras Cristo emerge de un cráter devastado, simbolizando la vida.


La Resurrezione, Pericle Fazzini,1970-1977
Por tanto, si retomamos la pregunta inicial, nos daremos cuenta de que cuando sólo nos viene a la mente un modo de representar la Resurrección, no es porque haya un único medio para ello, sino porque en muchos casos se ha perdido el valor simbólico que se atribuía al elemento en sí. Dicho de otro modo: hemos "olvidado" cómo leer los mensajes que se presentan ante nuestros ojos. Y es que un símbolo solo funciona cuando al significante se le asocia un significado que tiene sentido para quien lo sabe descifrar. En pleno siglo XXI, rodeados más que nunca de logos, marcas, símbolos, emoticonos, stickers y gifts ... es curioso que seamos incapaces, en la mayoría de los casos, de reconocer la alegoría de la Resurrección en un cordero con una cruz. No identificamos en el cáliz con los cuatro Evangelistas, los cuatro animales vivientes que rodean el trono de Dios (Apocalipsis 4:6-11) y el sacrificio de Cristo a través de su sangre. Desde estas líneas animo a todos a ver las procesiones con otra mirada, abriendo bien los ojos y buscando las señales que nos anuncian la Resurrección. Invito a que cuando amanezca
el Domingo de Pascua, veamos en los uniformes de los heraldos al León de Judá y al dragón que guarda los secretos divinos; que reconozcamos en el Santo Ángel a la protagonista de este paso... la Cruz Triunfante sobre la muerte; que al paso del sepulcro, entendamos la importancia de que esté vacío; que admiremos el Fénix y sepamos descifrar que no es un Ave la que resurge en este día; que si en el hachote de Emaús nos sorprende un pelícano, advirtamos el sacrificio y la Eucaristía; que en los dedos de Santo Tomás introduciéndose en la llaga encontremos una invitación a la fe a pesar de las dudas; y que al ver la red repleta de peces, recordemos lo que significa ser pescador de hombres.
Macarena Sevilla González Mayordomo de Arte de
la Cofradía del Resucitado


COFRADÍA

En los albores de una nueva Semana Santa, cuando aún resuenan con fuerza los acordes del Himno a Cartagena, interpretados magistralmente por la Agrupación Musical Carthagonova en la plaza del Cardenal Belluga de la ciudad de Murcia, en una fría tarde de noviembre, la Real e Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Resucitado inicia un nuevo ciclo pasionista.
El año 2025 quedará para siempre grabado en la memoria de todos los cartageneros, pues la cofradía blanca ha legado a la ciudad un año extraordinario, repleto de momentos únicos e irrepetibles, que han puesto de manifiesto que la Internacional Semana Santa de Cartagena está viva, sabiendo ocupar cuidadosamente su espacio y dotando de diversos valores a la más arraigada de nuestras tradiciones. 2025 será, sin duda, un año irrepetible para los resucitados, pues a través de los diversos actos desarrollados con motivo de esta efeméride se ha demostrado al mundo cofrade que la igualdad, la juventud y la madurez no son simples titulares facilones, sino realidades vivas e integradas en un magistral equipo de trabajo conformado por quien ha sido —y seguirá siendo durante cuatro años más— su Hermana Mayor.
A lo largo del pasado curso cofrade hemos vivido un sinfín de momentos memorables, desarrollándose todos los actos anun-
ciados en la pasada edición de esta ya tradicional publicación organizada por la Junta de Cofradías Pasionarias de la Semana Santa de Cartagena.
De entre todos ellos, deseo recordar aquella tórrida tarde del 31 de mayo de 2025, jornada en la que los resucitados celebramos la onomástica de nuestra Madre, la Santísima Virgen del Amor Hermoso Coronada, anticipándose ya el sofocante estío que habría de prolongarse durante meses. Aquella tarde volvieron a procesionar, por un recorrido añejo y de sabor puramente resucitado, los más pequeños de la cofradía, ataviados con sus túnicas de monaguillos, esta vez con alitas y las inconfundibles campanillas resucitadas.
Ochenta años después, en fecha extraordinaria, los pequeños angelitos volvieron a desfilar tras los heraldos de la cofradía, aquel personaje ideado por el inconfundible Miguel Fernández-Rochera en 1945, convertido desde entonces en el verdadero anuncio resucitado. Aquella inolvidable tarde, quien verdaderamente resplandeció fue Él, quien da sentido a todo: el Resucitado, el Jesús que vuelve cada año a la Jerusalén cartagenera para anunciarnos que la muerte ha sido vencida y que se abre paso la vida eterna.
Aleluyas y pétalos, lanzados por los jóvenes cofrades, acompañaron su caminar. Él volvió para recordarnos que junto a Cristo somos uno, y que el blanco no es más que la suma luminosa de todos los colores, por mucho que algunos se empeñen en silenciarlo.
La celebración de esta extraordinaria procesión, junto con el resto del programa de actos organizado por la cofradía, así como la participación de la imagen del Rey de Reyes en la Magna Procesión Jubilar organizada por la Diócesis de Cartagena el 15 de noviembre de 2025 en la ciudad de Murcia, dejarán estampas únicas e irrepetibles. Quedará para la historia la imagen del Resucitado transitando por primera vez por las naves de la Santa Iglesia Catedral de la Diócesis de Cartagena, compartiendo jornada con la Santísima Virgen de la Esperanza, patrona de Calasparra, junto a la arqueta de plata que custodia las reliquias de los santos hermanos cartageneros; o aquella recogida del 31 de mayo, a los sones de la marcha Esperanza de María, interpretada magistralmente por la Agrupación Musical Nuestra Señora de la Amargura del Paso Blanco de Lorca, cofradía vinculada a la del Resucitado a través de la Agrupación de San Juan Evangelista. Precisamente, tras estas palabras dedicadas al 80 aniversario de las procesiones resucitadas, deseo destacar otro hito especialmente relevante vivido por la Cofradía del Resucitado junto a la Agrupación del Discípulo Amado. La magnitud de los actos y su repercusión mediática, unidas a la clase y elegancia de la nueva obra creada por el imaginero ciezano Antonio Jesús Yuste Navarro, hacen que parezca ya lejano aquel 18 de enero de 2025, cuando el Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo de la Diócesis de Cartagena, D. José Manuel Lorca Planes, bendecía en la Arciprestal

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Parroquia de Santa María de Gracia la nueva imagen del Apóstol. Casi cuatro años de intenso trabajo culminaron alrededor de las 20:00 horas de aquel día en que Cartagena conocía, sin lugar a dudas, una de las imágenes más bellas y exquisitas realizadas en las últimas décadas. Yuste Navarro ha regalado a la imaginería procesional una obra cuya plasticidad y elegancia conjugan a la perfección con Nuestro Padre Jesús Resucitado y con su Madre, la Santísima Virgen del Amor Hermoso Coronada, guardando una proporcionalidad intencionada con las obras de Juan González Moreno.
Este San Juan ya no es el discípulo que acompaña a María en el duelo, sino el que acompaña a la Reina del Amor Hermoso en la alegría de la Resurrección, tal como recoge el propio Evangelista en el capítulo 20 de su Evangelio (Jn 20, 1-5).
Si bien la referencia murciana y salzillesca es inevitable al abordar, en cualquier rincón del sureste, la recreación procesional del joven Apóstol, en el caso particular de Cartagena puede afirmarse que, a lo largo de la última centuria, se ha desarrollado un modelo iconográfico con singularidades propias. Tanto el San Juan marrajo de Capuz (1943), como el californio de Benlliure (1956) —al igual que el realizado en 1980 por García Mengual, ahora sustituido— riman en su definida composición, de marcada frontalidad, y en la intención de subrayar el carácter por encima del movimiento narrativo.
Estas peculiaridades identitarias han condicionado el encargo realizado a Yuste Navarro. Y es en ese contexto donde debe valorarse el mérito de haber construido un discurso escultórico ajustado a las claves interpretativas que precisa el espectador cartagenero, sin oscurecer ni vulgarizar la voz singular del artista. La imagen de vestir, tallada en madera de cedro real y policro -

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mada al óleo, nos presenta al Evangelista en la mañana del Do mingo de Resurrección, cuando el joven discípulo comprende definitivamente el misterio del anuncio de Cristo y la plenitud de su misión redentora. El modelado del rostro, sutil en intención y puro en la síntesis de planos, transmite convicción y firmeza; el leve fruncimiento del entrecejo conjuga determinación y serenidad en una mirada franca que parece advertir al espectador de que tiene algo cierto y trascendente que anunciar.
Este San Juan ya no es simplemente el apóstol joven y predilecto: sobre su semblante, iluminado por el conocimiento, se vislumbra ya al Evangelista.
La rotundidad de su carácter, unida al leve paso adelantado que marca la tradición iconográfica —con el brazo extendido señalando el misterio— permite que se despliegue con elegancia el manto brocado sobre la túnica, ambos en los colores canónicos del santo: verde y rojo.
Una obra, en definitiva, poderosamente sugestiva que, más allá de su evidente belleza formal, sorprende por su solidez comunicativa y por la convicción con la que el escultor ciezano ha sabido abrirse paso, con personalidad propia, a través de unos severos condicionantes que a otros habrían desalentado. Por todos estos acontecimientos relatados, y por todos los que se vivieron en el seno de la cofradía, el año 2025 quedará siempre en la memoria de la cofradía.
Pedro Giménez Saura Primer Mayordomo de la Cofradía del Resucitado (Fotografías de Ángel Maciá Veas)

COFRADÍA DE NUESTRO PADRE JESÚS RESUCITADO
La Resurrección de Jesucristo es el corazón mismo de la fe cristiana. Como afirma san Pablo: “Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe” (1 Cor 15,14). En la Resurrección, Dios Padre confirma que el amor es más fuerte que la muerte, que el pecado no tiene la última palabra y que la esperanza vence toda oscuridad.
Jesucristo Resucitado es nuestro centro y fundamento. La Resurrección no es solo un hecho del pasado; es un acontecimiento vivo que transforma la historia. En Pascua celebramos que Cristo ha vencido la muerte y nos abre el camino a la vida eterna. Para la Cofradía del Resucitado, esta verdad no es simplemente una devoción particular, sino una misión: ser testigos visibles de la victoria de Cristo. Cada procesión, cada acto litúrgico, cada gesto de fraternidad anuncia que la tumba está vacía y que la vida nueva es posible.
Las apariciones que procesionamos son un fundamento del testimonio de Cristo porque el Evangelio nos narra que el Resucitado no permaneció oculto. Se manifestó a sus discípulos, fortaleciendo su fe y enviándolos en misión. Estas apariciones no son relatos

simbólicos sin más; son experiencia viva que transformó el miedo en valentía y es que entre las principales apariciones destacan a María Magdalena, que pasa del llano a la alegría al escuchar su nombre; a los discípulos de Emaús, que reconocen al Señor al partir el pan; a Tomás, invitándolo a tocar sus llagas para vencer su incredulidad y a los discípulos junto al lago de Tiberiades, confirmando a Pedro en el amor.
En todas ellas, Cristo hace tres cosas: se deja reconocer, ofrece paz y perdón y envía una misión.
Queridos cofrades, estas apariciones iluminan también nuestra vocación: ser hombres y mujeres que han reconocido al Señor vivo y que lo anuncian con alegría.
Porque la Resurrección es esperanza. La fe cristiana no niega el sufrimiento ni la cruz. Al contrario, la Resurrección da sentido al dolor humano. La cruz no es fracaso, sino paso a la gloria.
Para los hermanos cofrades la Resurrección es consuelo en la prueba, es luz en medio de la oscuridad y es certeza de que toda entrega por amor da fruto.
Ser cofrade del Resucitado implica vivir con esperanza activa, irradiando alegría cristiana incluso en medio de las dificultades.
En la Cofradía del Resucitado tenemos una misión y es, tal y como Cristo se apareció a los discípulos y les dijo “Id y anunciad”, nosotros tenemos la obligación y el privilegio de procesionar por las calles de Cartagena anunciando la buena nueva porque la experiencia pascual no se guarda en silencio; se comunica.
La Cofradía del Resucitado refleja la vida nueva en Cristo, vive la caridad como signo concreto de la Pascua y muestra al mundo que la fe nos es tristeza, sino gozo transformador.
Cada túnica, cada sudario y cada imagen que procesionamos son símbolos externos de una realidad interior: Cristo vive en medio de nosotros.
Pero debemos tener en cuenta que la Resurrección es una espiritualidad pascual permanente. No se limita al Domingo de Pascua, es un estilo de vida. Significa pasar del miedo a la confianza, del egoísmo a la entrega, de la desesperanza a la certeza en la promesa de Dios. Nuestra Cofradía está llamada a recordar al mundo que la historia no termina en el sepulcro, sino en la vida plena que Dios ofrece.
Queridos hermanos del Resucitado, nuestra vocación es profundamente luminosa: anunciar que Cristo vive. Que cada paso que demos, dentro y fuera de la procesión, sea un testimonio claro de fe, esperanza y caridad.
Porque la Resurrección no es solo un misterio que contemplamos, sino una vida que compartimos.
¡Cristo ha resucitado! Verdaderamente ha resucitado.



